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Debates actuales de la política contemporánea (8 y 9 de noviembre de 2019, Mar del Plata)

Bracco, Olga N. olga.n.bracco@gmail.com

Pertenencia institucional: IdIHCS-CONICET-UNLP Instituto de Investigaciones en Humanidades y


Ciencias Sociales - Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación- Universidad Nacional de La
Plata - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

Eje 9.- “Lenguajes políticos contemporáneos y articulación de lo político en democracia”

Argentina en discusión. Conceptos polémicos en los pronunciamientos


públicos de colectivos intelectuales (2008-2015)

A principios de 2008, con el controversial conflicto entre el “campo” y el gobierno de


Cristina Fernández de Kirchner (CFK), Argentina se enfrentaba a una convulsión que
parecía encarnar la primera crisis política del kirchnerismo. Al calor de aquel conflicto,
la acción intelectual colectiva se activó y abrió un espectro diverso de intervenciones.
En principio, como pocas veces en las últimas décadas, el espacio social quedó dividido
en dos campos constituidos por agentes movilizados. Así, Espacio Carta Abierta (C/A
de ahora en adelante) redactó un primer documento que marcó el inicio de varios
pronunciamientos durante 10 años. Algo similar sucedió con el Club Político Argentino,
el cual se conformó para plantear una mirada distinta.

Es posible interpretar los discursos intelectuales como una variante de discurso


político (y polémico) en tanto construyeron esas interpretaciones sobre el proceso
histórico y se difundieron con el objetivo de tener participación activa en el proyecto de
futuro y los acontecimientos por venir. A su vez, al conformarse como agentes de
circulación de discursos comunes y legitimados, su palabra se erigió como ineludible en
el quehacer diario de los medios de comunicación dominantes y de aquellxs que se
encontraban ejerciendo la función pública.

Ahora bien, ¿cómo realizar ese análisis? Pensar en el modo de interpretar los textos
nos llevó a interesarnos por el cruce de algunas disciplinas que servían a nuestro
propósito: la nueva historia intelectual, la historia conceptual y el análisis político del
discurso.

En el presente escrito, de todos los aspectos que podrían analizarse de los


pronunciamientos públicos de esos dos colectivos, nos centraremos en pensar los
gobiernos de CFK como contexto de debate de ideas y la Democracia como lenguaje y
como significante político disputado. Para ello, en una primera instancia, repasaremos
el hilo conductor de cómo elegimos interpretar los textos que nos llevan a aquella
polémica y luego presentaremos brevemente el contexto de debate y cuáles fueron los
protagonistas de la discusión.

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¿Cómo interpretar los textos?

Desde el comienzo de la investigación uno de los interrogantes que se nos presentó


fue cómo interpretar y qué destacar de los pronunciamientos públicos de los colectivos
intelectuales. Ello nos llevó a preguntarnos desde donde cada colectivo se manifestaba
y decía lo que decía, con lo cual, intuitivamente, no fue difícil etiquetar a cada uno dentro
de alguna tradición particular teniendo en cuenta el espectro político ideológico que
abarca la derecha y la izquierda argentina en sus extremos. Ahora bien, hacer esa
interpretación no aportaba demasiado al conocimiento ni tampoco nos sugería cómo
continuar. Si queríamos trascenderla y decir algo más, era necesario otro tipo de
análisis. El enfoque de la Nueva Historia Intelectual y su articulación con otros enfoques
nos permitió empezar a desentrañar el enjambre.

El problema de las tradiciones político-ideológicas operando en los discursos, o,


más bien, las relaciones entre política, ideología y lenguaje se fundaba en un largo
debate. Elías Palti, pensador latinoamericano, resultó ser un buen punto de partida para
ir hacia el embrollo de la cuestión. En principio, el autor refleja el ahistoricismo de los
enfoques centrados en tipos ideales. Para superar eso, entonces, era necesario hallar
aquellas marcas que historizan los discursos y “ampliar nuestra perspectiva del universo
simbólico, penetrar aquellas instancias de simbolización de la realidad que yacen más
allá del plano más superficial de los contenidos ideológicos de los discursos, así como
incorporar a nuestros análisis aquellas otras funciones adheridas a los usos públicos del
lenguaje que no se reducen a la estrictamente referencial (a las ideas como meras
representaciones de la realidad)” (Palti, 2014: ). Pensar de este modo la forma de
abordar los textos nos permitió hallar un sentido al estudio de la historia intelectual
latinoamericana que ya no pasara por la expectativa, siempre inevitablemente frustrada,
de encontrar peculiaridades locales, “desviaciones”. Una historia de los lenguajes
políticos, o la Nueva Historia Intelectual tal como la planteaba Palti, permitía así arrancar
a la historia intelectual latinoamericana del lugar de mera anomalía local en que había
sido colocada y reintegrarla como parte constitutiva de la historia intelectual occidental.

Dejar de lado el esquema dicotómico entre modelos y desviaciones suponía una


reformulación de los supuestos de base en que toda la disciplina de la historia de las
ideas se fundaba hasta el presente (Palti, 2005). A esa reconfiguración del campo,
Pocock la definió como “revolución historiográfica” (cuyos efectos se sintieron incluso
más allá del ámbito de la disciplina histórica) (Palti, 2014).

Esta perspectiva buscó analizar los procesos de producción de significados,


enfatizando tanto en el producto final de esos procesos, con sus contenidos, como en
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los productores y en los contextos de producción de los mismos (Myers, 2005). Poner
en relación posturas intelectuales implicaba entonces situarnos en un enfoque que
enfatizara las particularidades de los contextos en los cuales ocurrían los
pronunciamientos públicos intelectuales en tanto actos de enunciación.

Palti (2005) reorientó la mirada hacia los lenguajes políticos, es decir, las
condiciones de producción-desarticulación de los discursos, señalando la importancia
de complementar las dimensiones semánticas, sintácticas y pragmáticas (quién habla,
a quién le habla, cómo lo hace, en qué contexto) de los mismos. Es aquí donde toma a
Quentin Skinner para armar su teoría:

“En definitiva, no bastaría ya con comprender el significado de aquellos


postulados o ideas contenidos en los textos en cuestión sino que habría que poder
reconstruir su sentido, el cual es una función del contexto de enunciación particular
en el que se produjeron los mismos; es decir, aun cuando las ideas contenidas en
los textos sean las mismas, el sentido de ellas variará según quién las dice, a quién
las dice, cuándo, cómo, etc. Es sólo aquí, en lo que podemos llamar la dimensión
retórica de los textos, que se nos descubren aquellas marcas que historizan a los
discursos, las huellas lingüísticas de sus contextos particulares de enunciación”
(Palti, 2014: 12).

Los lenguajes políticos no son meros conjuntos de ideas sino un modo


característico de producirlos, por ello es necesario reconstruir los contextos de debate.
Lo importante no es observar como cambiaron las ideas sino cómo se reconfigura el
sistema de sus posiciones relativas. Asimismo, señala el autor, resulta crucial
comprender cómo es que la temporalidad irrumpe en el pensamiento político, cómo
circunstancias históricas precisas hacen manifiestas aquellas aporías inherentes a una
forma de discursividad dada, dislocándola: “los lenguajes políticos, a diferencia de los
‘sistemas de pensamiento’, no son entidades autocontenidas y lógicamente integradas
sino sólo histórica y precariamente articuladas. Se fundan en premisas contingentes;
(...) ninguna formación discursiva es consistente en sus propios términos, se encuentra
siempre dislocada respecto de sí misma” (Palti, 2007: 55-56).

El pensar en el contexto de intervención de los colectivos intelectuales posibilita,


además, la comprensión sobre lo que hacían al hacer lo que hacían y sobre cómo
pensaron lo social y lo político. Por otra parte, ello supone asimismo realizar una lectura
de los pronunciamientos en términos metodológicos que acompañe a una lectura a nivel
de contenidos para entender desde donde se piensa lo que se plasma en el papel,
rescatando de esa manera, las condiciones de producción de los discursos. De ahí que
lo importante no sea tan sólo lo que se dice, sino los sentidos que se ponen en juego en
ese decir: el potencial que esos pronunciamientos públicos adquieren en la producción

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de identificaciones propias y ajenas y en la construcción de diferentes concepciones de
pasados, presentes y futuros asumidas frente al devenir de la realidad social, política y
económica del país.

Los efectos del giro lingüístico en la historiografía, y en particular, en la historia de


las ideas y, por otra parte, en el campo del análisis del discurso es el punto de contacto
entre los enfoques aquí articulados.

La encrucijada entre historia (intelectual), lenguaje y política no es una novedad ya


que “el estudio de la historia nunca ha sido ajeno a los problemas relacionados con el
lenguaje” (Revista Ayer, 2004: 12). En efecto, para J. G. A. Pocock la historia intelectual
se define como “un movimiento que lleva de enfatizar la historia del pensamiento (o,
más crudamente, ‘de ideas’) a enfatizar algo diferente, para lo cual ‘historia del habla’ o
‘historia del discurso’, aunque ninguno de ellos carece de problemas o resulta
irreprochable, pueden ser los mejores términos hasta ahora hallados” (Pocock, 1991.
Citado en Palti, 2007: 3).

A decir de Palti, “una historia de los lenguajes políticos muestra hasta qué punto
historia política e historia intelectual resultan indisociables entre sí, que no existe una
historia política que no sea al mismo tiempo una historia intelectual, y viceversa, que no
existe una historia intelectual que no sea al mismo tiempo una historia política” (2014:
15).

De esta manera se manifiestan los modos de nombrar y las representaciones del


mundo. La “lingüisticidad” y la “historicidad” son dimensiones inherentes a eso que se
entiende por “mundo”, “experiencia” o “realidad social”: “En el fondo es esa misma
conciencia de la distancia inevitable entre los «hechos» y el lenguaje la fuente común
de donde surgen tanto la historia de los conceptos, como el reconocimiento de que todo
relato histórico es una construcción discursiva de esa realidad pasada, más que una
simple traslación de los hechos en sí” (Palti, 2014: 13)

En ese sentido, el enfoque planteado por Palti es compatible con una concepción
pos-fundacional de lo político ya que comparten fundamentos filosóficos. Laclau
entiende la noción de discurso como una “totalidad relacional” de secuencias
significantes (Laclau y Mouffe, 2004). Siguiendo a Buenfil Burgos (1994), el discurso
refleja una totalidad/configuración significativa, nunca totalmente fija, completa o
suturada, sino más bien, como estructura abierta, incompleta y precaria que involucra el
carácter relacional y diferencial de los elementos. La formación de un discurso concreto
es el resultado de una serie de articulaciones. Articulación se define como cualquier

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práctica que establezca relaciones entre elementos de manera que sus identidades
sean modificadas como resultado de la práctica articulatoria (Laclau y Mouffe, 2004).
Las prácticas articulatorias tienden a organizar el discurso en torno a una serie de puntos
nodales y éstos cumplen el papel de significantes maestros/vacíos, capaces de unificar
una superficie discursiva entrelazando una variedad de identidades disímiles en un nudo
de significados. La concepción posfundacional de lo político propone entonces pensar
lo político no como un subsistema de lo social o como una actividad específica, sino
como una lógica que da cuenta de las condiciones de surgimiento, existencia,
reproducción y finitud de lo social.

Dado que esta perspectiva se sostiene sobre la aceptación de la contingencia


radical de toda categoría universal, se entiende lo político como el momento de la
construcción de sentido siempre parcial y fallido. Es decir, “esta concepción intenta
vincular la política con la significación, partiendo de la idea de que ningún significante
político es esencialmente homogéneo y puro en su significado. (...) Se propone concebir
cualquier categoría universal (...) como inherentemente impura, cuyo estatuto analítico
y relevancia política no pueden ser precisados fuera de una disputa por el sentido”
(Reano, 2013). Es en este punto donde creemos que puede complementarse con una
concepción de los lenguajes políticos. Al respecto, Palti alega lo siguiente: “Como afirma
Pocock [1991], toda sociedad relativamente compleja alberga pluralidad de códigos o
lenguajes políticos. Lo cierto es que la tesis de la esencial refutabilidad de los conceptos
no niega, en principio, la posibilidad de fijar sentido de los mismos, aunque afirma sí que
ello es posible únicamente dentro de los marcos de una determinada comunidad política
o lingüística” (Palti, 2005: 20).

En el mismo texto, Palti (2005) advierte que para comprender por qué toda fijación
de sentido es constitutivamente precaria, debemos reconstruir un entero campo
semántico e ir de la historia de los conceptos hacia una historia de los lenguajes
políticos. En ese sentido, recrear un lenguaje político conlleva no solo la tarea de trazar
cómo los conceptos cambiaron su significado a lo largo del tiempo (y podríamos agregar
también como lo hacen sincrónicamente), sino también, y fundamentalmente, la de
comprender qué les impedía alcanzar la completitud semántica y descubrir aquellos
puntos de fisura que le eran inherentes. El siguiente paso es rescatar lo que Pierre
Rosanvallon llama “una historia conceptual de lo político”: de lo que se trata es de partir
de las antinomias constitutivas de lo político, antinomias cuyo carácter se revela en el
transcurso de la historia. “El meollo del argumento rosanvalloniano es afirmar que la
reflexión sobre lo político es conceptual en la medida en que las situaciones sociales y

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políticas se hacen inteligibles a través de ciertos conceptos (como libertad, igualdad,
democracia, soberanía) y que esta se torna una cuestión problemática porque los
conceptos sobre los que la sociedad se estructura son aporéticos” (Garategaray y
Reano, 2018: 37). La noción de aporía nos permite explicar cómo ciertas tensiones
están alojadas en los conceptos mostrando el fondo contingente de lo político.

En otras palabras, la combinación de enfoques que tomamos nos lleva a afirmar


que el lenguaje es polémico y que puede ser aprehendido por medio de los debates en
torno a ciertos significantes que lo articulan. Por ello, siguiendo la misma lógica, estas
perspectivas resultan complementarias con algunas nociones que plantea Amossy
(2016) sobre la polémica. Según la autora, el discurso polémico consiste en una
confrontación de opiniones en cuyo seno cada uno lucha por asegurar la supremacía de
su propia posición. Así, la polémica es guerra verbal en tanto divergencia de opiniones
que se traduce en un intercambio agonal entre adversarios y la misma se lleva a cabo
mediante tres procedimientos constitutivos: la dicotomización, la polarización y el
descrédito hacia el otro. Todo lo cual supone un desacuerdo que es irreconciliable.

Al respecto, para Montero (2016):

“Si lo polémico designa, en un nivel ontológico, el fenómeno general del conflicto


en el lenguaje, ‘el lugar del malentendido’ (Garand, 1989) en tanto dimensión
inerradicable de la práctica del lenguaje humano (...), la polémica sería, en un nivel
óntico, una de sus manifestaciones discursivas en el plano de las prácticas e
intercambios discursivos corrientes. (...) En la medida en que el criterio
asociativo/disociativo de lo político es un criterio fundante, lo polémico le es co-
sustancial” (2016: 14)

Las polémicas político-intelectuales resultan así un registro discursivo privilegiado


para mostrar el fondo polémico de determinadas dimensiones porque es el que mejor
nos permite evidenciar su carácter aporético.

La perspectiva teórica en la cual se posiciona Montero resulta pertinente para


nuestro trabajo, ya que rescata el interés creciente por lo polémico en el campo de las
ciencias del lenguaje, de la retórica y el análisis del discurso ante la tradición que
desdeña y rechaza la inclusión de la polémica en el campo de los estudios
argumentativos: muchas de las teorías contemporáneas de la argumentación “expulsan
lo polémico de su ámbito de interés, en la medida en que se conciben como teorías
normativas y reguladoras de las interacciones verbales, con el objeto de llegar al
acuerdo, a la negociación y a la resolución de conflictos” (Montero, 2016: 10). La autora
plantea tres hipótesis que se desprenden de esta nueva ola de reflexiones: la hipótesis
rectora es que lo polémico es constitutivo de la argumentación y del lenguaje mismo.

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Una segunda hipótesis es que en la medida que el desacuerdo es lingüísticamente más
rico que el acuerdo, la polémica constituye un campo de interés para los estudios
lingüísticos y discursivos. Por último, una tercera hipótesis es que la polémica (atraviesa
la totalidad de las escenas políticas, sociales y mediáticas (incluyendo a las nuevas
tecnologías y las redes sociales) (Montero, 2016). La postura política-ideológica de la
autora indica que todo discurso es polémico y todo discurso polémico es político. En ese
sentido, la politicidad se marca por una frontera antagónica que divide el espacio político
y mediante la cual comienzan a moldearse identidades contrapuestas.

Para dar cuenta de ello y de los lenguajes políticos que se pusieron en contradicción
debemos primero reconstruir brevemente el contexto de debate de ideas que habilitó el
kirchnerismo y en el cual se conformaron los colectivos intelectuales en cuestión.

Contexto de debate y protagonistas de la contienda

El complejo proceso post-crisis y la llegada de Néstor Kirchner al poder en 2003


con una legitimación inicialmente baja, concitaron la necesidad de interpelar a diferentes
sectores para consolidar el gobierno (lo que fue conocido como la idea de
transversalidad). Ese llamado, acompañado por un discurso de crítica al neoliberalismo
y de reivindicación de los derechos humanos, produjo acercamientos tanto de aquellos
sectores asociados a la tradición nacional-popular como a la izquierda no peronista. No
obstante, ya desde sus inicios comenzaron a disputarse sentidos sobre aspectos
sociales, políticos, económicos y culturales. Si por un lado aquéllos van a enfatizar en
la ruptura con la etapa anterior, otros, con diferentes orientaciones político-ideológicas
(que cubren todo el espectro político-ideológico), van a marcar las continuidades, así
como a denunciar al kirchnerismo como un régimen político autoritario y populista. Esas
disputas promovieron al principio intervenciones individuales, sin embargo, es en la
coyuntura de 2008, ya bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que se fue
configurando un nuevo escenario que marcó un punto de inflexión en los planes de
gobierno a partir del realineamiento de alianzas y de posiciones políticas y en el cual se
puso en entredicho la legitimidad que el proyecto político kirchnerista había alcanzado
hasta ese momento. En ese marco, se conforma un contexto de debate en el cual se
pusieron en juego intervenciones intelectuales en forma de colectivos. Para este trabajo
solo nos centraremos en dos de ellos:

Espacio Carta Abierta se creó en el año 2008. La primera carta ya marcaba los ejes
que se profundizarían en las siguientes: la certeza de que el gobierno kirchnerista se
había constituido en oposición al neoliberalismo, el clima destituyente marcado por el
conflicto con el campo y el monopolio de los medios masivos de comunicación (CA/1,

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13 de mayo de 2008). Carta Abierta ha heredado cierta tradición discursiva del Club de
Cultura Socialista, ahora mezclada con el espíritu de las asambleas de 2001-2002, en
medio de la crisis argentina (Pavón, 2013). En su página web se autodefinieron como
“un espacio no partidario ni confesional conformado por personas de la cultura, la
educación, el periodismo, las ciencias, el cine, las artes, la poesía y la literatura, entre
otras disciplinas. (...) Se trata, pues, de una iniciativa ciudadana, plural, democrática,
horizontal y participativa”1 (Quienes-somos. www.cartaabierta.org).

El Club Político Argentino hizo su presentación pública también en 2008. Según


expresaron en su página web, el Club nació “en un contexto político que ya estaba
mostrando signos preocupantes de descomposición” (Pavón, 2012). Participan
principalmente personas provenientes del campo de la política o del periodismo. El
espacio se conforma como una asociación civil cuyos propósitos son: (a) promover un
espacio plural y constructivo de diálogo y debate político sobre las asuntos públicos
nacionales e internacionales; (b) construir un puente entre el mundo de las ideas y el
mundo de la acción, acercando a los actores representativos de los diversos sectores
sociales y políticos y ofreciendo alternativas y propuestas de acción a quienes conducen
los asuntos públicos en los distintos poderes y niveles de la gestión (Estatuto, Art. 2)2.

Los lenguajes políticos de la democracia durante el kirchnerismo

Como veníamos adelantando, el así llamado Kirchnerismo abrió un amplio proceso


de discusión de ideas. Los documentos públicos de los colectivos que estudiamos
permiten verlo como un proceso político e intelectual de debates y lecturas, y de debates
con esas lecturas donde surgen y se revisan ideas tanto para repensar el pasado como

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El colectivo se conformó, entre otros, por Nicolás Casullo, Ricardo Forster, Horacio González, Norberto
Galasso, Juan Gelman, David Viñas, José Nun, Noé Jitrik, Federico Andahazi, Carlos Heller, María Pia
López, Eduardo Rinesi, Juan Forn, Guillermo Saccomanno, Jorge Boccanera, Fernando Birri, Octavio
Getino, Roberto "Tito" Cossa, Federico Schuster, Alejandro Kaufman, Julio Godio, Néstor García Canclini,
Jorge Dubatti, Adriana Puiggrós, Liliana Heker, Patricio Contreras, Cristina Banegas, Lorenzo Quinteros,
Manuel Callau, Horacio Fontova, Eduardo Tato Pavlovsky, León Ferrari, Jaime Sorín, Eduardo Jozami,
Jorge Gaggero, Sergio Pujol, Sergio Caletti, Vicente Muleiro, además de 1300 firmas (las cuales fueron
recibidas por correo electrónico). Cabe aclarar que no todos siguieron asistiendo a las reuniones y/o
suscribiendo a las demás intervenciones del principio.
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Algunos miembros del CPA fueron: Henoch Aguiar, Ruth Andrada, Guillermo Ariza, Lilia Ana Bertoni,
Alejandro Bonvecchi, Antonio Camou, Segundo Campos, Marcelo Cavarozzi, Marina Chiaramonte, Ema
Cibotti, Martín D´Alessandro, Julio Dreizzen, Gustavo Dufour, Pepe Eliaschev, Stella Escandell, Roberto
Faur, Graciela Fernández Meijide, Guillermo Genta, Carlos Gervasoni, Gustavo Esteban González, Ernesto
Gore, Roberto Guareschi, Claudia Guebel, Victoria Itzcovitz, Pedro Joselovich, Luis Katz, Sebastián Katz,
Pedro Kesselman, Héctor Ricardo Leis, Mariana Llanos, Nancy Madera, Paula Mahler, Mariano Manuele,
Ricardo Mazzorín, Federico Merke Ana Miranda, Daniel Muchnik Carlos Mundt, Marcelo Nazareno, Marcos
Novaro, Guillermo O´Donnell, Raúl Ochoa, María Matilde Ollier, Vicente Palermo, Astrid Pikielny Luis
Rappoport, Rodolfo Rodil, Jesus Rodríguez, Luis Alberto Romero, Guillermo Rozenwurcel, Gabriel Salvia,
Constanza F. Schibber, Mariano Serrafero, Lucio Simpson, Leonardo E. Stanley, Juan Tokatlian, Cristina
Tommassi, Leonor Wainer, Mariano Winograd, Ivana Zacarías, Carlos Zurita.

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el presente y el futuro político, todo lo cual constituye un desafío para interpretar la
Democracia ya no solo en términos de orden institucional sino reivindicando su carácter
inherentemente contingente y conflictivo en tanto lógica de lo político.

Veamos ahora cómo esa disputa de sentidos aparece representada. En los documentos
colectivos la palabra democracia se ha tratado de manera significativa en torno a
diversas cuestiones.

Veamos sólo algunos ejemplos. Espacio Carta Abierta alegaba lo siguiente:

“El proceso que aquí se desea es envolvente, popular, participativo, no se reduce a la


mera emisión de un voto eligiendo a los que en la situación serían los constituyentes. El mandato
se cuece en un intenso debate democrático y masivo, en algún caso entremezclado con
innovaciones más sensibles de las formas de representación. Un nuevo cuerpo normativo,
realizado y sostenido por un sujeto constituyente popular, debe establecer una barrera
antineoliberal, en el reconocimiento de la multiculturalidad, la reconstrucción de la geometría
del Estado, la inclusión de nuevas formas de propiedad, el dominio nacional-estatal de los
recursos naturales, la protección del ambiente humano y natural, el reconocimiento de la salud
como derecho y la responsabilidad del Estado para ofrecer respuestas integrales a la necesidad
de salud de las poblaciones con eje en servicios públicos, el respeto a la heterogeneidad
lingüística del territorio nacional, las relacionales colaborativas entre sociedad y Estado: en suma,
el reconocimiento de áreas que requieren un gran debate imprescindible”. (“La diferencia”.
CA/12. 25 de agosto de 2012)
“Los años del proyecto popular en curso recuperaron el paradigma del trabajo, la
vocación de autonomía nacional, el rol de lo público y los ideales de igualdad y justicia.
(…) Lejos de reflexiones como las de “fin de ciclo”, en las que se sumerge una intelectualidad
antipopular, incluso perteneciente al antiguo cuño de una extraviada progresía liberal, que anida
y alienta una restauración de gravosas consecuencias, elegimos ampliar nuestro compromiso
con ideales y sueños de liberación nacional y emancipación humana, cuyo devenir juega su
suerte en la etapa histórica argentina junto al actual proyecto. La crítica no es, afirmamos, el
ascético ademán de la disolución, la descalificación y la injuria. Es, ante todo, el acto libertario
de develar las formas que asumen la dominación, la injusticia y otras formas de violencia
invariablemente ejercidas sobre nuestro pueblo, y como tal su ejercicio es inherente a la
alternativa política que ha dado en llamarse kirchnerismo” (“Vivimos tiempos de urgencia y
esperanza”. CA/14. 13 de octubre de 2013).
“Cristina, como en otras ocasiones, recuperó algunas palabras clave de la mejor tradición
de la democracia popular. Porque dentro de las marcas fundamentales que han dejado sobre
el cuerpo argentino estos años únicos, una de ellas tiene que ver con la reconstrucción de la
vida democrática reuniendo, en un movimiento de correspondencia, aquello que había sido
separado: el Estado de derecho y las instituciones republicanas con los derechos sociales,
la revalorización del papel central del Estado y la ampliación de los caminos hacia la igualdad”
(“Con convicciones, sin pantomimas”. CA/19. 31 de mayo de 2015.)
Por otro lado, el Club Político Argentino argumentaba:
“El CPA propone, a los ciudadanos y a los actores políticos, la adhesión a un Acuerdo para
un Desarrollo Democrático, para acordar objetivos de convivencia en la transición hacia un nuevo
período presidencial.
A. Valores democráticos
La estabilidad democrática es una exigencia y un valor compartidos por los argentinos.
Pero hay desesperanza. Muchos piensan que sus hijos tendrán un futuro más difícil. No basta
recuperar el respeto de las instituciones, la división de poderes, el Estado de Derecho y
los mecanismos de control, queremos alcanzar un piso de convivencia que respete cada
vida y permita su desarrollo. (...) Libertad, crecimiento y equidad se necesitan mutuamente,
son objetivos complementarios e integrados de toda política pública. La libertad, sin
crecimiento es estancamiento, sin equidad exacerba el individualismo. El crecimiento, sin

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equidad corroe la cohesión social, sin libertad hace de los ciudadanos meros consumidores. La
equidad, sin crecimiento socializa la pobreza y sin libertad impide la innovación social.
B. Un piso mínimo de Dignidad
En la sociedad se consolida un grupo cada vez mayor de excluidos, con carencias de
educación, trabajo o salud. (...) Será difícil desarrollarnos si la política no refleja el respeto por la
vida de cada persona, atender las urgencias sociales más graves.
C. Fortalecimiento de la democracia republicana
Es necesario fortalecer la democracia republicana, asegurar la división de poderes y
limitar los procedimientos de excepción. Se propone, por tanto: 1. controlar la aplicación del
presupuesto nacional (...);2. el uso excepcional y limitado de los DNU, sujetos a control del
Congreso;3. la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción pública y reapertura de los casos
en que se verifique falsedad ideológica;4. asegurar la independencia, modernización y
profesionalización de la Justicia;5. la elaboración participativa de las normas de alcance general,
abiertas a la opinión ciudadana, a los expertos y a los sectores sociales involucrados;
6. la reforma electoral, sin listas sábanas, con voto electrónico y mayor transparencia del
financiamiento político;7. el funcionamiento independiente y profesionalización del INDEC, con
reporte directo al Congreso;8. establecer objetivos estrictos de la publicidad oficial del gobierno
nacional y subnacionales, con control independiente de su distribución;9. que los responsables
políticos ofrezcan conferencias de prensa periódicas, con temáticas abiertas, sin discriminar
medios o periodistas.
D. Un Estado eficaz e inteligente
El Estado perdió operatividad y capacidad al vaivén de manejos políticos
clientelares. (...). Los cuadros de la administración pública sufren hoy graves carencias: faltan
formación, admisión y ascensos por concurso, estabilidad laboral y autonomía de la gestión
técnica. Hay apropiaciones corporativas y hechos de corrupción”. (“Acuerdo para un
desarrollo democrático”. 28 de Octubre de 2013)

“…no parece imaginable que la Argentina tome en el futuro decisiones correctas que
confieran sustentabilidad al crecimiento económico y a las políticas públicas, sin una
reestructuración significativa del sistema de representación. El sistema de partidos debería
hacer posible un juego de competencia y cooperación simultáneas, y expresar tanto las
demandas y las expectativas sociales como proporcionar las condiciones para la tarea
de gobierno. Nuestro actual sistema de partidos no es tal, y está muy lejos de dar cuenta de
esos desempeños con la altura debida. Es verdad que hay algo nuevo bajo el sol: no importa
si el PRO se considera de derecha, de centroderecha, de centro o ninguna de esas cosas; lo
cierto es que algunos de los valores e ideas que alienta han encontrado, quizás por primera
vez, una encarnadura partidaria que nos promete un clivaje político menos afín a las pujas
facciosas, y a la excarbación de las disputas intestinas y más proclive a la competencia
reglada y a la cooperación que podrían contribuir a encarrilar a la Argentina en ese sendero de
mayor dinamismo económico y mayor inclusión, conjugando las condiciones capitalistas de
la prosperidad, las condiciones republicanas de la libertad y las condiciones
democráticas de la igualdad. Otra novedad, aunque apenas en ciernes, se nos presenta en el
lado opuesto del clivaje esbozado. Los doce años kirchneristas son un ciclo que tendrá
probablemente un impacto profundo sobre el peronismo: es posible que la nueva renovación
del mismo ofrezca un perfil menos populista y más centrado en las nuevas demandas de la
sociedad y sus valoraciones en torno a las instituciones, los derechos y deberes
republicanos y el crecimiento económico. Si así fuera, y si el peronismo renovado se
convirtiera en el principal competidor político de la alianza actualmente gobernante, entonces la
competencia político partidaria tendería a converger hacia un campo de construcción de
consensos institucionales y políticos, y aunque no por eso sería menos dura, crearía
condiciones más favorables para la cooperación” (“Sesenta días del nuevo gobierno. Balance
crítico y dilemas futuros”, Febrero de 2016).

Si tomamos esos ejemplos y la mayoría de los pronunciamientos públicos,


podemos ver cómo hacen uso de determinadas palabras o puntos nodales asociados a
la vida política que ambos colectivos enmarcan en torno a la Democracia:

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Club Político Argentino Carta Abierta

Ciudadanía -
Ciudadanía heterogénea y plural, cuya
Pueblo representación se tramita a través del Sujeto popular excluido y avasallado
sistema de partidos históricamente por diferentes poderes
corporativos

Política como consenso y deliberación.


Competencia y cooperación entre
Política como conflicto. Política Vinculada a las
Concepció partidos y fuerzas políticas, dentro de un
ideas de emancipación, de justicia social y de
n sobre la marco institucional y reglamentado,
un Republicanismo social y democrático.
Política limitando las pasiones. Política asociada
Democracia participativa.
a valores “democráticos”. Democracia
republicana

Proyección Enfatiza en las “cuestiones pendientes” y en la


Primacía de la “deliberación”, “respeto
a necesidad de proyectar las imaginaciones
por la Constitución Nacional”, principios
futuro/Sujet colectivas hacia una “sociedad emancipada y
de igualdad y libertad. Sujeto de cambio:
o de justa”. Sujeto de cambio en permanente
partidos políticos
cambio construcción (popular y participativo)

Kirchnerismo = “imposición del


Libertad de
pensamiento único”. No existe libertad Pluralidad de voces
expresión
de expresión

Estado interventor, regulador, garante de


Estado eficaz. Estado de derecho y
derechos sociales, impulsor de la política
Estado mecanismos de control. Estado “anti-
económica y responsable de la distribución del
populista”
ingreso. Estado de Bienestar. Antineoliberal

La concepción sobre la política de Carta Abierta se relaciona al conflicto o a la


batalla del Poder dominante vs. el Poder democrático. El kirchnerismo abre para ellos
la oportunidad de una nueva época de emancipación, justicia social e igualdad en el
marco de un proceso Nacional-Popular, pero también regional y latinoamericano.
Proceso transformador que además habría que alentar permanentemente interactuando
con una dinámica de encuentro y diálogo plural.

El contramodelo o enemigo lo imaginan en torno a sectores históricamente


dominantes y concentrados del poder económico local e internacional que amenazan
poner en peligro el proceso democrático generando un clima destituyente. A su vez,
estos pretenden llevar al país a la pobreza y al hambre y limitar y domesticar la
democracia poniéndola al servicio del mercado con la pura gestión de saberes
tecnocráticos.

En cambio, la concepción sobre la política que podemos rescatar del Club


Político Argentino se relaciona con una visión consensualista y con una vocación cívica
en la cual se compartan valores e ideas que lleven a un debate público, plural y
colaborativo. El conflicto político, para ellos, se limita dentro de un marco institucional y
el juego de la competencia electoral se desarrolla sin excesos ni fanatismos. Imaginan

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una comunidad de ciudadanos libres e iguales, con sus derechos y obligaciones, lo cual
representa el fundamento de la libertad y la igualdad.

El enemigo o contramodelo que construye el CPA es el que para ellos


representaba el kirchnerismo: un modelo “populista” en donde primaba la arbitrariedad,
la corrupción, el pensamiento único y un sistema clientelar. Las decisiones de gobierno
de CFK, sobre todo en materia de política internacional, erosionaban el sentido de
pertenencia nacional al propiciar la exclusión y el retraimiento. A su vez, las
desigualdades continuaban mientras se generaba una noción ficticia de lo que sucedía
en torno a la vida cotidiana, la actividad política y la actividad económica.

Podemos asociar ambas posturas contrapuestas a lo que Reano y Garategaray


pensaron para el contexto de la transición democrática en los años ’80: una vez más se
reactualiza el binomio conceptual democracia formal-democracia sustantiva:

“lo que se repite es la tensión entre un modo de pensar la política como orden, sutura
o reconstrucción y otro como conflicto, dislocación o antagonismo. Mientras que lo que
cambia son los nombres a partir de las cuales se comprende la relación y se imaginan las
posibles articulaciones entre, por ejemplo, democracia política y democracia social;
democracia procedimental y democracia real; democracia representativa y democracia
participativa; democracia gobernada y democracia gobernante” (Garategaray y Reano,
2018).

Reflexiones finales

Es posible pensar el kirchnerismo como un proceso político incierto e


indeterminado en el que afloran distintos problemas ligados a la representación y a la
participación, a la libertad y a la igualdad, al conflicto y al consenso que puede ser
captado a partir de sus debates. En nuestro trabajo nos interesa entenderlo como un
contexto de ideas y de debates político-intelectuales desplegados en el cual es posible
mostrar la imposibilidad de completitud semántica de algunos significantes y lenguajes
políticos fundamentales que son parte de la forma conceptual de lo político.

Los pronunciamientos públicos intelectuales y su puesta en debate son discursos


que nos permiten dar cuenta de que esa disputa por los sentidos refleja la disputa real
por el poder de representación ya que aquellos que no son tenidos en cuenta o no se
sienten representados, reclaman serlo.

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