Eder Morales Medina Semestre V Sección 09

Conrads, Ulrich, Programas y Manifiestos de la Arquitectura del Siglo XX, Barcelona, Editorial Lumen, 1973, pp. 129-130 Si algo caracteriza a LUDWIG MIES VAN DER ROHE a lo largo de toda su trayectoria como arquitecto es la búsqueda de la belleza en la esencia de la arquitectura, o la estética a través de los materiales, cuyas cualidades, por su origen y formación, sabe entender y apreciar. Llega a decidir plantas en función de las dimensiones y propiedades de un solo elemento. Tal es el caso de la pared de ónice del pabellón de Alemania en la Exposición Universal de Barcelona de 1929; había previsto utilizar mármol, pero por diversas circunstancias se ve obligado a cambiar de parecer, y ello le hace reestructurar la planta del pabellón según las medidas de la nueva pieza. Experimenta con las posibilidades de los distintos materiales –con el ladrillo, al principio- y empieza a plantear en los muros los juegos de los planos casi lisos. Su primera obra, la casa Riehl (Berlín-Neubabelsberg, 1907), realizada antes de entrara a colaborar en el taller de Peter Behrens –donde no coincide con Gropius y apenas con Le Corbusier-, a pesar de que es aún una obra clásica, anticipa un tipo de solución que más tarde ofrece en otros proyectos: construye una pared de carga apaisada para cubrir el desnivel que separa la fachada del jardín. Sigue aplicando esta solución en los siguientes encargos que recibe, en los que entra de lleno en la ponderación del ladrillo, trabajado como elemento estético. Obras como el monumento a Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht (1926), erigido en Berlín y posteriormente derribado, o la casa de ladrillo, proyectada en 1923, son dos ejemplos de un concepto distinto de lo que hasta entonces podía ser el acabado en arquitectura. Mies provoca y desafía dejando este material al descubierto, elevándolo así a la categoría de un material noble. La obra que desarrolla a lo largo de la década de los veinte es un avance de su devenir arquitectónico, y define los principios que caracterizarán toda su producción. Trabaja en proyectos para rascacielos, villas o viviendas unifamiliares y pabellones, y tiene la oportunidad de conocer su proyección internacional, al tiempo que recibe un reconocimiento oficial a través de las exposiciones de Stuttgart (1927) y de Barcelona (1929). Es la década de su afirmación como arquitecto de prestigio, rica en experiencias y satisfacciones. Uno de sus trabajos es el proyecto de un edificio de oficinas ubicado en el centro de Berlín, en la Fiedrichstrasse. Su propuesta, consistente en dos rascacielos revestidos de cristal, que nunca llegan a construirse, tiene el valor de introducir un tipo de estructura ligera, en una planta irregular, en la que los materiales son fundamentales:

Eder Morales Medina Semestre V Sección 09 hormigón. sino también en la disposición de plantas libres con iluminación natural. acero y cristal. . paradigmas de la posterior edificación de rascacielos. pero se convierte en pionero desde el momento en que sus fachadas a gran escala están así revestidas. ofreciendo un concepto distinto no sólo en cuanto a los exteriores. Mies no es un innovador en la adopción del cristal –su uso ya ha sido ponderado por los miembros de Die Glässerne Kette-.

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