Dignidad

Núm Órgano Expresión del Movimiento de Bases Magisteriales
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Movimiento Huelguístico Estudiantil de los Cincuenta Días

El presente es un homenaje a los egresados de las normales. Esto que aquí se narra
es una serie de experiencias de la lucha estudiantil de la Normal Rural “Miguel Hidalgo” de Atequiza estado de Jalisco y otras normales del país en los años de 1980-1981; fue publicado por primera vez en 1987, rescatado por los estudiantes de la misma escuela en el año de 1990 y reproducido por su Comité Estudiantil en 2009.
Dignidad órgano de expresión del MBM, presenta el mismo testimonio (en versión electrónica con subtítulos) ahora que Elba Esther Gordillo, el gobierno de Felipe Calderón y hasta la OCDE han declarado públicamente que las normales en la situación en la que se encuentran no tienen razón de existir, según la charra del SNTE y otros que se cobijan bajo su sombra las escuelas normales “son semillero de guerrilleros”. 1

Presentación
Dentro del movimiento estudiantil, la carencia de testimonios escritos por sus propios protagonistas, es grande y es una etapa que tiene que ser superada. Cientos de acciones, movilizaciones y represiones quedan en el olvido histórico; son frecuentes la elaboración de leyendas provocadas, principalmente por la ausencia de escritos fieles a la verdad. La necesidad actual insoslayable, es que seamos nosotros mismos quienes interpretamos y escribamos nuestra historia. La prensa burguesa y las autoridades capitalistas propagan sus reaccionarias versiones. La consigna es ¡contra la propaganda burguesa, la Propaganda proletaria! Se impone teorizar lo hecho, dejar testimonio de las luchas estudiantiles, escribir toda experiencia, inmortalizar los enfrentamientos estudiantiles con el sistema opresor. Se trata de propagar nuestra versión de los hechos, escrita por quienes participaron en primera fila. En la medida que se cumpla esta tarea, estaremos asegurando el avance y enriquecimiento teórico del movimiento estudiantil independiente. Pretendemos publicar todos los documentos sobre las movilizaciones. Con ese ánimo es que hemos rescatado el presente trabajo, valioso aporte de los estudiantes de principios de la pasada década. Tenemos la convicción de que propagandizando lo mayor posible las experiencias pasadas y actuales se enriquece no únicamente el sector estudiantil, sino el conjunto de las organizaciones democráticas. Y se cumple el compromiso con nuestros camaradas, nuestro pueblo y nuestra historia. FRATERNALMENTE Grupo activista “Arturo Gámiz García” Escuela Normal Rural Atequiza, Jalisco Febrero de 1990

Reimpresión Comité Estudiantil de la Escuela Normal Rural de Atequiza en octubre de 2009

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MOVIMIENTO HUELGUÍSTICO ESTUDIANTIL DE LOS CINCUENTA DÍAS
Nuestro origen
Las normales rurales fueron fundadas con el propósito de preparar mano de obra calificada suficiente a las necesidades industriales del país. Desde el surgimiento de las tres primeras normales rurales en 1922, estas han jugado un papel relevante; pero hoy los mismos que un día se sirvieron de ellas para sus fines, han decretado su paulatina desaparición. El objeto del escrito no es hablar de las normales rurales ni del papel que han jugado a través de la historia, sino más bien, pretende hacer un recuento del movimiento estudiantil más prolongado que recuerde la Federación de Estudiantes Campesinos Socialista de México (F.E.C.S.M.) en su nueva época (1972 a la fecha), nos referimos al movimiento de la normal “Miguel Hidalgo “de Atequiza, Jal., ocurrido en el año de 1981. Se aborda la cuestión desde el inicio del ciclo escolar 1980-1981 pero se hace remembranza en lo ocurrido del 2 de febrero al 21 de marzo de 1981. Lo narrado son vivencias personales de quienes participamos directamente en los acontecimientos. La mentada “Revolución Educativa”, además de traer consigo fallas administrativas, represión al magisterio, etc., afectó considerablemente al pueblo de México al restringir la entrada de los aspirantes a los internados que no estuvieran dentro de la zona de influencia. En agosto de 1980, las autoridades educativas en Jalisco, llegaron al descaro de manifestar: “La Normal de Atequiza solo dará servicio educativo a los jaliscienses”, esa aberración chauvinista de René Nucamendi Sánchez (entonces Delegado de la SEP en Jalisco) generó una protesta que encarnó en el “Movimiento de Rechazados”.

Lucha por más becas y represión en Acatlán de Juárez
Transcurrirían los últimos días del mes de agosto de 1980. Fueron apresados 18 compañeros cuando trataron de rescatar la camioneta (basurera) propiedad de la Normal, que se encontraba en un corralón. Después de comprobar que no traían la camioneta robada, fueron dejados en libertad 16 de los presos e hicieron responsables de todo a los dos restantes (un compañero de Atequiza y otro de El Quinto, Sonora). A esas alturas las Normales de San Marcos, Zacatecas, Cañada Honda, Aguascalientes y el centro regional de educación normal (C.R.E.N.) de ciudad Guzmán estaban enterados de los sucesos y acudieron en auxilio de los detenidos. Era ya el 26 de agosto por la tarde, un convoy de aproximadamente 15 autobuses llegó a la población de Acatlán de Juárez, Jalisco, se inició el mitin, los oradores denunciaron el motivo de la plaza principal; comenzaba a lloviznar, algunos planteaban incluso, invadir la cárcel por la fuerza. En ese momento llegaron dos camiones de granaderos provenientes de Guadalajara, sin duda eran los refuerzos que habían solicitado las autoridades municipales. Hubo unas horas de calma, de pronto se escucharon los gritos de los compañeros presos: “¡nos van a sacar por la puerta de atrás!”, se dio la orden de rodear la manzana, la lluvia cesó, las horas caminaban lentamente; era la 1:00 de la madrugada del día 27 de agosto, el cansancio nos comenzaba a vencer, recibíamos cobijas y alimentos por parte de la población. En eso los granaderos lanzando fuertes alaridos y golpeando con su macana el escudo que portaban, se abalanzaron sobre nosotros y con saña nos desalojaron de nuestro puesto de vigilancia, alguien grito: “!Concéntrense frente a la presidencia!” y así se hizo, _ahí nos volvieron a golpear, muchos de los nuestros yacían en el suelo inconscientes, otros nos arremolinábamos en el centro de la plaza, no podíamos correr, el ejército había tendido un cerco, la cara nos ardían y los ojos nos lloraban a causa de los gases. Tuvimos que pasar
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por en medio de la valla de soldados hasta donde estaban los autobuses. Entre tanto, los dos presos fueron vestidos con uniforme militar y sacados violentamente de la cárcel de Acatlán y trasladados a Zacoalco de Torres nuevamente. Nos refugiamos después de la represión en el C.R.E.N. de Ciudad Guzmán. Ahí se analizó el incidente y nos percatamos que no hacía falta nadie, los heridos no eran de gravedad y las pérdidas materiales consistían en zapatos, cobertores y objetos de otra índole de los participantes. A raíz de la presión ejercida, los normalistas fueron puestos en libertad el mismo 27 de agosto.

La primera experiencia fue dura para los contingentes de las escuelas, nutridos de jovencitos que, con el interés de obtener una beca, habían ingresado al Movimiento de Rechazados. Después del incidente –a decir verdad, muchos se retiraron a sus casas, los restantes reemprendieron la lucha con más ahínco. Así concluyó la protesta por la no estatalización de la escuela; el movimiento de rechazados fructifico 45 días después al formarse un grupo más de nuevo ingreso.

Otro conflicto y “La Mosca”
Apenas terminaba el movimiento de rechazados, cuando surgió la lucha por la expulsión del profesor Eustaquio Isaac Robles de la Normal de Atequiza. Había argumentos de peso, dos de sus hijos acompañados de ocho individuos drogados, con armas blancas y de fuego habían invadido las instalaciones de la Normal el mes de abril próximo pasado; y golpeando con brutalidad a los normalistas de la guardia permanente. Todo debido a que la sociedad de Alumnos hizo respetar la cláusula que negaba la permanencia de hijos de catedráticos de la misma institución. Otra acusación era su incapacidad como maestro; resultado de los dos accidentes (provocados por él) en los cuales se escapó de morir. Esas y otras anomalías se denunciaban en un documento que llevamos a la SEP, y hablamos con Eliseo Mendoza Berrueto, entonces subsecretario de Educación Pública (ex presidente de la Cámara de Diputados y exgobernador del estado de Coahuila), le planteamos el problema y giro órdenes a la Dirección General de Educación Normal (D.G.E.N.), pero como siempre, solaparon al corrupto de Eustaquio y este no abandonó la Escuela a pesar de haber aceptado firmar su retiro, pocos días después de lanzarnos a huelga y a última hora las autoridades le dieron todo el apoyo. Dicha etapa terminó con la promesa por parte del catedrático acusado, de cambiar y no interferir en la vida política del estudiantado. La última noche (décimo día), según los medios masivos de comunicación, entraría el ejército a la Escuela, para tal efecto se redoblaron las guardias pero no aconteció nada, salvo un estallido de dinamita a escasos doscientos metros de la escuela. Nos alteró los nervios, pero por fortuna fue por causa ajena a la huelga estudiantil. Hasta ese momento René López Dávila –Director de la Escuela— no había aflorado sus verdaderas intenciones. Podría decirse que fue complaciente con nosotros.

Exceso de confianza al Estado
Llegó el periodo vacacional, unos cuantos (16 aproximadamente) integramos la guardia permanente; posteriormente nos quedamos sólo siete compañeros, el resto partió a un Seminario que tuvo lugar en la Normal Rural de Mactumactzá Chiapas. Con la finalidad de recabar fondos para nuestra alimentación fuimos a colectar por la carretera, a la altura de la gasolinera en Atequiza. Ahí atropellaron al Secretario General, rompiéndosele el brazo, fue un lamentable descuido, aun así tomamos al chofer y torton procediendo luego a exigir la indemnización.
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Todo salió bien, el dueño del torton era de La Barca y pago todos los gastos provocados por el accidente. Fuera del accidente hubo otro de carácter político: una expulsión “disque” por tomar la combi a la fuerza (transporte de la sociedad de Alumnos –ganado en el Paro de octubre de 1979. Presentíamos lo que nos esperaba y era solo el principio. Para exigir la reinscripción del compañero expulsado se organizaron en la primera semana de enero unas pintas, nos dividimos en dos brigadas, una pintaría al interior de la escuela y en Atequiza; la otra en la colonia de los maestros y en Atotonilquillo, los que pintaron dentro de la escuela no tuvieron más remedio que amenazar al velador en turno (Pedro Covarrubias), sabíamos de lo indiscreto del tipo y no convenía arriesgarse. “…antes de salir a pintar deben elaborarse cuidadosamente las consignas para que sean revisadas por el comité de lucha, recomendamos tener listo el material necesario: brochas, pintura, ropa negra; para confundirse con la noche. Se puede utilizar móvil o andar a pie según el caso…” ABC del Normalista Rural, 1982. La semana llegó a su fin sin contratiempos, tal parece que los directivos estaban esperando el momento para comenzar con la publicación del reglamento. Si averiguaron sobre quien hizo las pintas no hubo respuesta inmediata. Creemos que no tuvieron necesidad de investigar mucho, pues, en la actividad participó un normalista de primer grado apodado “El pato” que después se descubrió lo rastrero e incondicional de su actitud policiaca. Nos fuimos a prácticas intensivas, a nuestro regreso las autoridades del plantel por conducto de los maestros (obligados) dieron a conocer el Código de los Cien Puntos. Dicho código rayaba el militarismo y más que para un internado era para una correccional; alguna de sus partes expresaba:   Por embriagarse………….. menos, 30 puntos Por no estar en su dormitorio a la hora señalada….……... 5 puntos

Por ser homosexual y ejercer como tal…….. 30 puntos.  Por no tender la cama…. 5 puntos  Por fumar……. 5 puntos  Etc. En el mismo Código de los Cien Puntos (que era para todo el año) se desconocía la organización estudiantil, anteponiendo a ésta un consejo escolar que se integraría por dos alumnos de cada grupo y por el resto de la comunidad escolar. El rechazo al Código y el Consejo Escolar fue unánime, sobra decir quienes si lo aceptaron de buena gana. Ahora René López Dávila había cambiado de máscara; ya no fue el director comprensivo egresado de la misma escuela, no aceptaba el diálogo y su agresividad fue en aumento. ¿Qué hacer?, a esas alturas eran contados los días que habíamos asistido a clases. Las condiciones objetivas para lanzarse a movimiento no eran favorables del todo; los cuartos años se preparaban para realizar el Servicio Social y las prácticas de mes y medio. Además algunos maestros nos hostigaban seriamente. Llegó el sábado 30 de enero. A las 22:00 horas, el profesor Rodolfo Gil Vargas se presentó a los dormitorios para hacer respetar el código, a esa hora, según el reglamento todos deberíamos permanecer en nuestros dormitorios. Al encontrar desiertas la primera y segunda planta se dirigió a la tercera, la gente lo recibió con “porras”, un baño de orines y arrojaron unas piedras, pero sin agredirle físicamente. La respuesta no se hizo esperar, el lunes 2 de febrero, después de los honores a la Bandera; René López, mejor conocido como “la mosca” (por un lunar que tiene en una de sus mejillas), nos citó a la dirección para decirnos: “tienen dos horas para entregarme los nombres de los alumnos que la noche del 30 de enero pasado agredieron al profesor Rodolfo”. Tenía sobre el escritorio una de las piedras que se le habían arrojado al “mariguano” (apodo del profesor “agredido”). Finalmente amenazó con sacar las huellas dactilares, no sin antes balbucear algunas “consignas”.

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Citamos urgentemente a los activistas de más confianza y entre todos decidimos la respuesta. Entregar al director las 16 listas de los grupos diciéndole: “éstos son los culpables”. A las 10 horas, la Dirección ordenó la salida de la totalidad del personal que laboraba en la escuela. Era una abierta provocación. Ya se dejaban sentir los fuertes golpes de la devaluación –en 1981 la inflación había disminuido un 1.10%, hubo una alza real en el salario de 3.00 pesos; por otro lado un auge en el movimiento de masas se denotaba, la CNPA, CONAMUP y la CNTE

aún con sus pocos años de vida (sobre todo ésta última) llenaron el zócalo de la ciudad de México. Vivíamos un repunte del Movimiento Nacional de Masas adormecido desde 1968. En esos días, 30 mil maestros de los estados de Guerrero, Hidalgo y Morelos estaban concentrados en las instalaciones de la Escuela Normal de México y desde ahí salían a diferentes actividades para presionar a las autoridades educativas para la pronta solución a sus demandas.

Condiciones objetivas y subjetivas
Confluyeron varias cuestiones para el estallido del movimiento estudiantil:  La alimentación estaba por los suelos.  Se exigía una auditoria general.  Se habían formado frentes regionales y con ello renació el de CREN de Ciudad Guzmán.  El año anterior, la sede del Comité Central de la FECSM, había estado en Atequiza.  Diferentes grupos al interior de la Normal se reunían de manera secreta para discutir los problemas candentes de la misma.  Estaba aún reciente el triunfo del FSLN en Nicaragua. han ofrendado su vida por darnos patria, dignidad, igualdad. Estos son los que con una sotana desde el pulpito de una iglesia o desde las montañas con un fusil, desde la presidencia de la república o al calor de una asamblea agrarista han hecho suyos los tantas veces traicionados nobles ideales de un pueblo hambriento de justicia. Como buitres, los Estados Unidos de Norteamérica nos han robado descaradamente más de la mitad de nuestro territorio, sus soldados han alzado su bandera en nuestro palacio nacional. Los franceses formaron en México sus sueños de imperio. Los ingleses saciaron sus ambiciones en nuestra patria y la inmensamente rica burguesía mexicana funda su poder, sus gozos y sus lujos a costa de la miseria, la desnutrición crónica y el trabajo explotado de la mayoría de los mexicanos. Hoy cualquier palabra que se hable en contra del estado de cosas existentes está cargada de justicia. Hoy cualquier acción que se realice en contra del actual estado de cosas existentes está cargada de justicia. Porque no podemos hablar de igualdad para todos, no podemos hablar de salud para todos, educación para todos, vivienda para todos, renovación moral para todos; cuando el que construye carreteras no las utiliza, el que construye escuelas no sabe leer, el que construye palacios no los habita, el que produce cosas no tiene cosas. ¡¡El que construye México no es dueño de México!!
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“¡¡Nadie es lo suficientemente miope para ver maravillas a su alrededor!!
¡¡La injusticia no ha terminado!! La historia de México, es una historia forjada en los sacrificios, en el heroísmo de la lucha indomable de un pueblo contra la injusticia, para alcanzar su libertad. Los seguidores de Cuauhtémoc no vacilaron en comer lagartijas, ratas, lodo; para después morir luchando, antes que permitirle al perro invasor español nombrarse amo y señor de hombres y tierras mexicanas, saqueando nuestro oro y plata que hicieron brillar durante tres siglos las cortes de Castilla, Córdoba y Versalles. Desde entonces no han cesado de surgir los mártires: Canek, Morelos, Guerrero, Zapata, Villa, Carrillo Puerto, Rubén Jaramillo, Genaro Vázquez, Lucio Cabañas. Estos son algunos hombres que

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¡¡Hoy toda persona con dignidad ocupa un puesto en la lucha de clases!! ¡¡Hoy toda persona con vergüenza es un revolucionario!! ¡¡No nos importa el calificativo de comunistas!! SÍ somos comunistas, porque el comunismo pertenece al futuro de la humanidad y nadie

podrá detener nuestra marcha de hombres rumbo a la victoria.” ABC… 1982.” Durante el día, decidimos que por la noche una comisión de dos activistas asistiera a una conferencia radiofónica a Notisistema en la ciudad de Guadalajara, para informar de los sucesos.

Inicia la huelga de los cincuenta días
La disyuntiva era declarar la huelga o irnos a casa; después de largas discusiones optamos por la primera solución, y el martes tres de febrero por la mañana, colocamos a la entrada de la escuela la bandera rojinegra. A las primeras 72 horas de huelga nos quedamos sin agua a causa de una avería en el “poste”. El director había ordenado desconectar una “cuchilla”, no solo faltaba el agua, la máquina tortilladora por ser trifásica no funcionaba, los recursos monetarios escaseaban, para hacer nuestras necesidades fisiológicas teníamos que brincarnos la barda. Se realizó una marcha nacional convocada por la FECSM para el día 5 de febrero; más de mil gentes marcharon para exigir pronta solución al conflicto estudiantil; a nuestro regreso a la escuela, el panorama era desolador, todo faltaba, la única existencia era la firme decisión del alumnado para dar continuidad al Movimiento. Intentamos al día siguiente negociar con las autoridades, pero su cerrazón no lo permitió, ni siquiera se dignaron recibirnos. La impaciencia de algunos de nosotros se materializo con acciones como cortar la luz a las oficinas e invadir las mismas, otros se introdujeron en el sótano de la entonces Delegación de la SEP en Jalisco (ubicada en Hidalgo No. 2074); y sustrajeron papel, material de aseo y otros implementos. Los granaderos solo esperaban un motivo para caer sobre nosotros, subieron a los autobuses en nuestro poder y decomisaron lo expropiado; nos retiramos en forma organizada; al llegar a la Escuela la gente bajo escobas papel, trapeadores y clips… Se acercaba la visita del presidente de la República José López Portillo a la ciudad de Guadalajara, iba a conmemorar un aniversario más de la muerte del “Reformador” Valentín Gómez Farías. Por ningún motivo convenía que a nivel nacional llegara el rumor de la intranquilidad reinante en el Estado, habría que imponer una calma ficticia; ello fue la causa de la negociación repentina en el local que sirve como Delegación Municipal en Atequiza el 9 de febrero, el convenio se realizó estando presente el Director de Educación Terminal en el estado, el Ing. Guillermo Arrieta Flores, el representante de la D.G.E.N. el Prof. Marco Aurelio Rodríguez, el representante sindical de la Normal de Atequiza, el Prof. Francisco Alcaraz Figueroa “El Tigre”, el Prof. Alejandro Castillón Valencia “El gato”, el delegado municipal de Atequiza “El corto” y una comisión negociadora integrada por cinco compañeros. Para respaldad las negociaciones, el Comité de Lucha –obrando con apego a los acuerdos emanados de la base—incluyó en las actividades la toma de pipas y carros oficiales (TELMEX, C.F.E., SARH, Poder Ejecutivo Federal, etc.). La urgencia de las autoridades por negociar, los llevó a ceder en un 90% en nuestras peticiones, firmando los acuerdos que nunca respetarían, en ellos se estableció la modificación del Código en algunos de sus puntos por medio de una comisión tripartita; el correcto uso de los remanentes en la misma institución y la restitución de los servicios académicos y la asistenciales en los siguientes tres días. Se hizo saber a la asamblea general de la Sociedad de Alumnos la respuesta al pliego petitorio. Todo parecía fácil, tanto que uno de mente liviana propuso que nos retiráramos a nuestras casas porque estábamos “cansados” y que el regreso fuera el lunes 16 de febrero. Intentamos detener la retirada pero fuimos incapaces; ese error nos costó en lo posterior muchos dolores de cabeza. Como algunos no confiamos en la “buena voluntad” de las autoridades tomamos precauciones, la primera fue visitar las Normales Rurales del Mexe, Hidalgo;
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Tételes, Puebla y Panotla Tlaxcala para solicitar provisiones alimenticias; a nuestro retorno lavamos la loza y pusimos en orden la cocina. Como eran de esperarse, los acuerdos firmados no se respetaron, tarde nos dimos cuenta de la jugarreta. José López Portillo visitó tranquilamente Guadalajara al siguiente día, después nada importaba, todo volvió a ser igual. Al regreso de los compañeros nos reunimos para decidir en vista del no cumplimiento de lo acordado –la continuación de la huelga--; convencer no fue difícil, pues todos sentíamos la necesidad de luchar. “Cuando el grueso de la gente se había retirado, los maestros de la Normal realizaron una reunión semisecreta, ahí acordaron no presentarse el lunes (16 de febrero) a trabajar hasta que fueran expulsados de la Escuela los dirigentes del movimiento; presentaron un número exagerado de alumnos que según “nuestros catedráticos deberían ser expulsados” ABC… 1982. La preocupación seguía siendo la carencia de agua y de electricidad trifásica; una infección generalizada era la amenaza. Por otro lado la alimentación que habíamos conseguido era suficiente para tres días a lo sumo, ¿y después? Si no poníamos en práctica algo rápido y efectivo, la desbandada seria irremediable, las veces que salíamos a las comunidades aledañas se nos brindó amplia ayuda. No habíamos podido crearnos la cobertura necesaria, la solidaridad era deficiente, urgía acelerar las acciones, el tiempo nos estaba ganando. Forzamos la puerta del cuarto de las herramientas e iniciamos la proyección a la comunidad; limpieza de zanjas, pintado de fachadas, programas socioculturales… “Que en tiempos de paz se organice y prepare un equipo de estudiantes que puedan proyectar ante

la sociedad de alumnos o a las comunidades varios números artísticos con sentido político…” ABC… 1982. La propagandización se intensifico, se tomaron las radiodifusoras de La Barca, Atotonilco el Alto, Cd. Guzmán, Zacoalco de Torres y Ameca en Jalisco; Ixtlán del Rio y Tepic en Nayarit. Continuamente partían brigadas hacia diferentes partes del Estado, pero nuestro problema seguía siendo la comida, el agua y la electricidad. La cuestión de la comida, según acuerdo, se solucionaría con la toma de unidades que transportaran alimentos; así en la primera ocasión tomamos un tráiler de Marínela y se le incautaron siete mil panes; luego un camión de CONASUPO que llevaba el abastecimiento quincenal al Regimiento de Caballería de Capulines, se le expropiaron desde cebollas hasta piezas completas de res. Esa fue la raíz de las primeras divergencias al interior de la dirección del movimiento. Nuestros argumentos eran –ABC del normalista Rural—“En años anteriores la alimentación de los alumnos en huelgas era un verdadero problema, la deserción por falta de alimentos, el debilitamiento general, incluso la derrota del movimiento eran efectos de las deficiencias enormes en este servicio. Una huelga en 1977, 1978, 1979, implicaba en la alimentación, un bolillo, unos frijoles y un vaso de café en las mañanas; unas tortillas, unos frijoles y cualquier postre en la tarde, y una taza de café por las noches; esto provoca merma en los planes de trabajo y muchos otros problemas”. En fechas recientes y como producto de cambio de actividades, se pudieron destinar mucho más fondos para la alimentación, además, de que preocupados por la magnitud del problema, analizamos que medidas justas deberían tomarse.

Naturaleza de la huelga y formas de lucha
Por un lado veíamos que una huelga responde siempre ante un anhelo de justicia, ante una arbitrariedad cometida contra nosotros, ante un acto de corrupción es un acto digno y justo. La privación de alimentos es una medida tomada por la SEP, (por el gobierno y todo su poder). Es una medida tomada contra nuestro acto digno y justo. Por otro lado veíamos que una clase social se mantiene como
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parásito en la sociedad, como ladrona de los productos del trabajo de los obreros, ladrona del producto del trabajo de los campesinos. Así pues la riqueza de los grandes comercios, de las grandes industrias, no es más que el trabajo, la miseria, el sacrificio y desvelos de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros amigos; del pueblo trabajador mexicano. “En ningún momento puede surgir la inquietud de repartir alimentos en las colonias y rancherías necesitadas; esto debe analizarse con cuidado y actuar según el caso”. ABC… 1982. Resurgieron dos tendencias, “los tibios” y “los acelerados” a nosotros nos ubicaron dentro de los segundos. Los tibios de principio no aceptaban la recuperación de alimentos por esa vía, pero la corriente de los acontecimientos los siguió arrastrando tanto que la “Nestlé” nos entregaba cada tercer día 40 litros de leche, la Coca-Cola tenía sus clientes de la Normal, hasta dos carros que transportaban cerdos cooperaron con seis ejemplares cada uno. En un escueto documento que elaboraron “los tibios” sobre el movimiento, decía al respecto: “2do. Movimiento se implementaron algunas (medidas) que rebasaron el nivel de la lucha estudiantil; entre las cuales podemos mencionar la toma de pipas, cometiendo el error de recibir dinero por el rescate de estas; la toma de móviles con alimentos y algunos que no eran indispensables (sabritas, gansitos, etc.) por lo cual aquí la prensa nos tachó de asaltantes de caminos federales; la toma de móviles de empresas fuertes para pedir dinero por el rescate, la toma y secuestro de móviles oficiales sin tener un control estricto sobre estos, cosa que influyo después sobre compañeros al hacerlos responsables de móviles perdido…” (Sic) Por eso en el ABC del Normalista Rural escribimos en 1982: “tendremos especial cuidado en que el grupo que secuestre determinada unidad con alimentos no se sienta el dueño y quiera disponer de los productos”.

La presencia de escuelas hermanas nos fortalecía. En vista de la directa responsabilidad de “la Mosca” en el caso de la carencia de la energía eléctrica y agua, decidimos responder con la misma moneda y una noche la colonia magisterial quedó a oscuras y sin agua. Procedimos luego a visitar a la C.F.E. en Poncitlán y trajimos obligadamente a un técnico con todo y camioneta, para reparar el daño. El director vociferó amenazador, pero el electricista le respondió con palabras no muy halagadoras. Para reparar la bomba del agua, se contrató a un especialista. Los grupos de cuarto año salieron a las comunidades, salvo siete compañeros, entre los que se fueron a “cumplir con la academia” estaba Jesús Poblano Anaya (a) “El Tejón”, quien después nos acusara de bomberos del movimiento. “… Nos consta que “El Tejón” además de estar mamando del presupuesto de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), milita con los electoreros tristemente nombrados “Nuevos Cívicos”, renegados de la Organización que fundó el profesor y comandante Genaro Vázquez Rojas, la A.C.N.R.” ABC… 1982. La SEP puso en marcha un plan desintegrador, para ello difundió que las clases se continuarían para los verdaderos estudiantes fuera de las instalaciones de la Normal e invitaba a reinscripción en tres lugares: Ixtlahuacán de los Membrillos, Tequila y Arandas. Los desertores del movimiento acogieron con gusto la propuesta, pero muchos no aguantaron ni una semana pues a cada uno le entregaban $23.00 (veintitrés pesos) diarios de la ración ¡para comer y dormir en Guadalajara! Para evitar el abandono en masa de los compañeros, utilizamos el saboteo de reinscripciones, pero pronto pusieron soldados en todos los lugares. Ante la impartición de clases en Las Juntas (a un lado de Guadalajara) nos dimos a la tarea de localizar a maestros democráticos, para conformar una especie de Normal Popular; el lema fue: “Aquí se lucha y se estudia”. Otro recurso fue la huelga de hambre. Alrededor de veinticinco personas, entre normalistas y padres de familia iniciaron la empresa. A los dos días de ayuno,
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con la finalidad de una mayor difusión decidimos trasladarlo a la ciudad capital del Estado. A nuestra llegada se avizoraba una huelga de choferes del transporte urbano, estaba plagado de policías uniformados y de policía secreta. Al arribar a la plaza de Las Sombrillas (hoy Plaza Universidad) se inició a vocear desde el sexto piso del edificio “Barreto”, entonces local del Centro Independiente de Política y Cultura Proletaria (CIPCP), En el lugar mencionado, los huelguistas se estaban instalando cuando se presentó ante la comisión organizadora del acto, un coronel que estaba al mando del cuerpo de granaderos y dijo: “Tienen 5 minutos para desalojar la plaza, si no, aténganse a las consecuencias”. Era necesario evitar un enfrentamiento y nos retiramos ordenadamente. Así concluyó la huelga de hambre y la última movilización en el centro de Guadalajara. Luego intentamos penetrar a la urbe por el lado de Tonalá, rodeando por Tototlán, mientras un grupo selecto de cuarenta gentes se encargaba de distraer a las fuerzas represivas con una falsa toma de instalaciones de la Delegación de la SEP. Para cumplir con la misión se tuvo que burlar el cordón militar en Atequiza, el retén localizado en Santa Rosa y a la entrada de Guadalajara, pero, volvimos a fracasar, solo un autobús llego al corazón de la ciudad. En el ABC del Normalista Rural lo narramos así: “…Anteriormente muy de mañana cuarenta elementos fueron a hacer una falsa toma de delegación, logrando llamar la atención de la ciudad, incluso hicieron tal alboroto que dos helicópteros sobrevolaban la zona, dos carros de granaderos y patrullas llegaron a evitar la falsa toma. En ese momento unidades con supuestos estudiantes partían a la ciudad de Guadalajara. Minutos después, trece unidades con los contingentes salían tomando rumbo distinto, pero que también conduce a Guadalajara por un camino de terracería. Para la falsa toma de delegación tuvimos la ocurrencia de trasladarnos en tráiler vacíos protegidos por la oscuridad…”el rompimiento de

cercos es fácil si se tiene el conocimiento pleno de todo el terreno que circunda a la escuela y la voluntad de salir o entrar en ella, la oscuridad, los ocultos pero transitables caminos de terracería y un buen chofer son nuestros aliados, no importa que tan férreo sea el cerco militar…” ABC… 1982. Nos obligaron a regresar por la carretera de Chápala, ahí provocamos un embotellamiento, sacamos pancartas y repartimos volantes sin descender de los autobuses, es decir, realizamos una marcha bloqueo de carretera. Reconocemos que nos dieron una cátedra de valentía los choferes de los autobuses que traíamos “prestados”; cuando el ejército nos interceptó, algunos esbirros cortaron cartucho, los trabajadores del volante les arrojaron las unidades encima, la persecución terminó en las afueras de la población de Atequiza, cuando nos obstruyeron el paso los agentes federales, ahí nos quietaron los autobuses, quemaron la propaganda, se robaron el dinero de las colectas, objetos personales, un aparato de sonido y por si fuera poco nos golpearon. “… Cierta vez queriendo entrar un contingente en autobús a una ciudad (Guadalajara) este fue rechazado y ya cuando se dirigía a la Escuela; en la carretera (de Chápala) se acomodaron todos los autobuses de tal manera que cubrieron todos los carriles… impidiendo el paso de vehículos provocando un gran embotellamiento que duro más de dos horas, ahí aprendimos que de esa manera no se expone a la masa y se puede uno trasladar rápidamente, también se puede volantear, mostrar las mantas por los costados de los autobuses; no se permite el paso a los granaderos ni de las patrullas de la policía… los choferes de los autobuses secuestrados demostraron comprensión, exponiéndose al encarcelamiento, pues cuando los soldados se atravesaban apuntando con su ametralladora los choferes no se detenían y los guachos se tenían que hacer a un lado”. ABC… 1982. Llegamos caminando a la plaza de Atequiza para informar públicamente lo sucedido, se efectuó un mitin, cuyo final fue chusco. Llegamos caminando a la plaza de Atequiza para informar públicamente lo sucedido, se efectuó un mitin, cuyo final fue chusco:
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Lázaro Valencia y Ofelia Castillón, profesores charros de la Normal, iban pasando por el lugar en su coche cuando un reducido número de estudiantes los detuvo; pero, al responder groseramente alguien (estudiante apodado “la sopa”), subió al techo del automóvil y bailó un zapateado, luego le pintaron las llantas. Ofelia comenzó a lloriquear, en eso se acercó un individuo de piel blanca y amplia frente y le dijo: “Comprenda a los estudiantes, yo soy comerciante de aquí”…ella se alteró y expreso: “Usted es un salvadoreño viejo cabrón…” Después llegamos a saber que aquel hombre era el mismo que días antes había entrado a negociar la salida de tres pipas de “Figuermex” y empleado de confianza de gobernación del Estado. Golpeados una vez más, pero con la frente en alto regresamos a nuestro centro de operaciones, las escuelas hermanas del Mexe, Hidalgo; Tiripetio, Michoacán; Cañada Honda, Aguascalientes; Panotla, Tlaxcala; Amilcingo, Morelos y el Instituto Superior de Educación Tecnológica Agropecuaria (ISETA) de Roque, Guanajuato nos ayudaron decididamente, comenzando por el Comité Central de la FECSM con sede en Tiripetío, que desde la expulsión del ex secretario General, estuvieron siempre atentos al desarrollo de los acontecimientos.

El principio de solidaridad establecido por la FECSM, fue honrosamente cumplido. Las Normales Rurales fueron nuestro fuerte, un amplio respiro a las presiones de todo tipo, Panotla – por ejemplo—renovaba sus grupos cada semana, Cañada fue semiconstante, Amilcingo mantuvo una comisión permanente, la escuela de Roque por algo se ganó su desaparición definitiva como ISETA; de ellos recibimos lecciones completas de disciplina y arrojo. “… Mientras mayores sean nuestras fuerzas, mientras mayor sea el número de enemigos que tenga el enemigo (SEP-ESTADO), mayor es la probabilidad de nuestro triunfo… debe ser una preocupación constante el hacer extensivo el movimiento huelguístico a otras escuelas. O emprender acciones conjuntas con el mayor número de fuerzas… (Escuelas, organizaciones campesinas, obreras y populares). En parte esto puede lograrse mediante el envío de comisiones que expliquen nuestros objetivos, que realicen propaganda de nuestros problemas…” ABC… 1982.

Movimiento con repercusión nacional
La cobertura nacional creada para el movimiento le permitió durar casi dos meses. Con altas y bajas, con fuertes censuras de parte de los medios masivos domesticados del Estado, figuro en Jalisco como la huelga noticia durante todo el tiempo, el canal 4, Televisa en Guadalajara, asistió a la Escuela con sus cámaras, pero al momento de verter las noticias, aprovecho la existencia de mujeres (eran las compañeras normalistas solidarias), para declarar que estábamos viviendo en completa promiscuidad y mas según versiones –chismes venenosos—“Los anticonceptivos en la población de Atequiza estaban agotados”. Por su parte “Notisistema”, jugó un papel espurio generalmente, aunque se nos permitió expresarnos, fue más el daño que el beneficio. Desde ahí se lanzó la frase: “No estamos en contra de la disciplina en sí, estamos en contra del código dictatorial y carcelario que nos tratan de implantar”. La prensa con grandes letras anunciaba “los atracos de los pseudo estudiantes”, informaba que los verdaderos normalistas estaban recibiendo clases en otro lugar e invitaba a la población a no ayudarnos. Hemos de reconocer errores graves de ejecución, entre ellos está el deficiente control de entradas y salidas de las instalaciones de la escuela, que permitió al Estado y al mismo oportunismo tener a la mano información fresca a toda hora. “Las guardias son en esencia la garantía de la seguridad de los alumnos. Si bien es cierto que no es posible de tener una ofensiva del ejército, también es cierto que la guardia significa resistencia, prevención, estado de alerta, puntos
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de contención para la retirada. Al tener siempre una guardia vigilante nos evitara dolorosos reveses… que vigilen todos los trechos alrededor de la Escuela, toda salida, toda entrada, no olvidemos que los espías pueden ser cualquier campesino, cualquier vendedor ambulante…” ABC… 1982. El comité de lucha en cierto momento no pudo con el “paquete”; la desbandada de compañeros obstruía la planificación y la ejecución. Ningún grupo académico se mantuvo completo, eso aunado a la ausencia de los cuartos grados nos condujo a un desgaste acelerado. El delirio de persecución se acentuó – error fatal ver en cada camarada un policía – pero era difícil evitarlo cuando toda la maquinaria estatal nos asediaba. “El timonel de un barco en una tempestad tiene gran semejanza con el Comité de Lucha, en una escuela durante un movimiento huelguístico debe de comprender el arte y la ciencia de disponer adecuadamente de los recursos en cualquier momento y en cualquier circunstancia (…) el ser dirigente implica poner el ejemplo en todo trabajo que se impulse, someterse a las más duras pruebas de sacrificio, ser sencillo, comunicativo, ágil de palabra y pensamiento, conocedor de los más diversos métodos de trabajo y lo más importante, tener claridad política (…) para esto se deben seleccionar los elementos más consecuentes, que hayan demostrado su desinterés personal en los grupos del movimiento, en ningún momento se debe permitir que a ese nivel se vaya a experimentar y que los normalistas sirvan de conejillos de indias”. ABC… 1982. En las negociaciones no fuimos muy cautos – para mencionar un caso – Marco Aurelio, representante de la DGEN, se presentó a la Normal con la intención de terminar de una vez por todas el movimiento mediante la negociación. La concertación se efectuó en la sala audiovisual. Ahí se lanzó la consigna de “Escuela o muerte”, pero la gota que derramo el vaso fue un “teatrito innecesario”. —Me permite dijo X (le apodaban el güero meco). —Sí como no, respondió Marco Aurelio.

— “Vamos a suponer que yo soy Marco Aurelio, con el perdón de usted ¡maestro! Y que les digo: Jóvenes su problema debe resolverse a la mayor brevedad posible… yo les ofrezco…” El funcionario respondió ofuscado, —“no voy a permitir que se burlen en mi presencia”. Luego se levantó y antes de marcharse le dio boleto al “güerito atrevido”. Hechos como el relatado estancaban las negociaciones mientras el tiempo seguía su curso. “Las negociaciones las deben hacer elementos bien fundamentados en la justeza de nuestras demandas. No deben arrendarse ante los cargos de responsabilidad o amenazas que las autoridades lancen sobre ellos, tratar siempre que las negociaciones se realicen en un terreno o momento favorable, puede ser: el punto máximo de una manifestación, la toma de la Delegación (SEP) o realizarse dentro de la misma Escuela en huelga (…) La comisión negociadora debe ser lo más amplia posible, deben contemplarse todos los detalles y establecerse todas las condiciones – mantener ampliamente informada a la base estudiantil – no olvidemos que de ello depende el prestigio moral del negociador”. Op. Cit. Las autoridades educativas utilizando la “cerrazón” seguía en la postura de no ceder, incluso presentaron una “lista negra” de 53 alumnos, en ella se encontraban los nombres de algunos policías y de compañeros que abandonaron el movimiento, entre ellos estaba el Sr. Jesús Poblano Anaya, que al saberse expulsado se regresó a la Escuela a reactivar el movimiento. El desgaste generalizado se dejaba sentir, había pasado ya más de 30 días de huelga, en la posterior negociación se logró que el número de expulsados se redujera a 30, aunque como era esperado a quienes omitieron fue a los policías y a los estudiantes rastreros. En otras Normales Rurales se había registrado expulsiones como parte de la nueva escalada represiva lanzada a finales de los 70’s e inicio de los 80’s. Ayotzinapa, Hecelchakán, Panotla, El Quinto, habían sido las víctimas iniciales y le continuaron Aguilera, Tamazulapan y Atequiza.

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La fundamentación de los iluminados teóricos al servicio de la SEP era, no permitir fuertes llamaradas, apagar fogata por fogata donde se fuera presentando. Pero resultó lo contrario, por cada expulsado surgieron 10 activistas, por cada escuela golpeada ya no encontraron en el resto eco sus falacias, sino una cerrada resistencia, muchas veces codo con codo, con el pueblo trabajador. Los padres de familia también estuvieron con nosotros en las buenas y en las malas aunque en ocasiones no muy firmes. “… Los padres de familia en los movimientos estudiantiles son navaja de doble filo: actúan como bomberos o como incendiarios, según la situación que se presente...” ABC, 1982. Honrosamente podemos decir: esa vez le ganamos la delantera a la SEP. Realizamos reuniones regionales de padres de familia, tanto en Jalisco como en Nayarit. Recordamos la reunión de Compostela, Nayarit; “…en un principio los padres de familia nos imputaban, se dijeron adversos al movimiento, pero en cuanto nos permitieron hablar y explicarles el desarrollo de los acontecimientos, hasta aportación económica nos dieron…” ABC, 1982. Por eso cuando la Dirección de la Escuela envió telegramas a nuestras familias donde decía:

“…Sr. X no nos responsabilizamos de su hijo Y, por lo que le rogamos venga a recogerlo…” No todos se espantaron, muchos de nuestros padres participaron en las movilizaciones. Lo que si afectó bastante fue la noticia que corrió sobre todo Tuxpan, Nayarit; “…quemaron la normal...” Cada día había motivo para sobresaltos y para variar sucesos curiosos. Cuando se tomó una radiodifusora en Tepic, los técnicos y locutores se pusieron “bravos”, por fin cedieron; el discurso de un compañero duró unos minutos (muy acalorado por cierto) y cuando preguntó a la gente que estaba afuera ¿Qué tal me escuche?, le contestaron “no saliste al aire”. El locutor mañoso había cortado la comunicación. Un hecho del cual nos da vergüenza es haberle destruido un coche a un vecino de la normal por falsas sospechas. Era un mustang color negro que trajo un “norteño”, y como había sucedido un accidente donde se fueron al canal con todo y camioneta unos compañeros, se creyó que el coche era de la judicial y se le expropió. Cuando se hicieron las aclaraciones se le pagó al dueño el coche y quedó para la Sociedad de Alumnos. Después del desalojo –a nuestro regreso– “El gato”, Alejandro Castillón Valencia, lo había vendido al igual que los cerdos que quedaron en las porquerizas.

Marcha desde Atequiza a la capital del Estado
El 8 de marzo en la Asamblea General, en vista de la negligencia de las autoridades para dar solución favorable al conflicto y de los retenes permanentes en los principales accesos a Guadalajara, decidimos marchar a pie hacia la capital del estado, para tal efecto, se formó una comisión coordinadora de la marcha, con algunas comisiones, Coordinadora General, Prensa y Propaganda, Finanzas, Orden y Avanzada. Partimos al día siguiente después del almuerzo, cuando el sol aun no calaba, al frente iban los contingentes formados de tres en fondo, cubriendo un carril mientras los autobuses los protegían de la retaguardia. El grupo de avanzada provisto de un automóvil, iba y venía incansablemente repartiendo cítricos y comunicando las órdenes de la Comisión Coordinadora, cada determinado número de kilómetros bloqueábamos ambos carriles, repartíamos volantes, platicábamos con todos los choferes y colectábamos; así, el primer día llegamos al crucero de Cajititlán, nos hicimos a un lado de la carretera, cenamos, luego las compañeras ocuparon los autobuses para dormir y los compañeros se tendieron en el pasto. Se sacaron guardias para vigilar durante la noche y se dijo: “El día siguiente partiremos a las 5 de la mañana”. La noche transcurrió sin novedad. Volvimos a tomar la carretera, pero al llegar al crucero de “Montenegro” (vía alterna a El Salto) se interpuso una doble fila de granaderos y se llamó a la comisión negociadora para platicar, pero no se llegó a ningún acuerdo concreto; ya era de medio día. La policía
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judicial nos había quitado una camioneta que por indisciplina se separó demasiado del contingente. Se golpeó a los que en ella viajaban mientras se les preguntó: “¿Dónde está X?” ¿A qué organización armada pertenecen? Y ¿Qué armas portan? ¡Cabrones los vamos a chingar! Regresamos a la escuela después de faltarnos solo 5 kilómetros para llegar a Guadalajara. El cordón militar cada día se estrechaba más, los contingentes de otras escuelas – prestas a ayudarnos, eran rechazados no sin antes despojarlos de los autobuses y golpearlos. Se impuso el estado de sitio en Atequiza, el toque de queda era a las 8 de la noche; nadie merodeaba por la calle después de esa hora. Tuvimos que ingeniárnosla para salir de la escuela a rastras, sobre el lodo amparados por la obscuridad, después no permitían siquiera colectar, todo nos era requisado por el “glorioso ejército”. La propaganda no fluía como al principio, los víveres escaseaban, la tensión nerviosa no era menos, las provocaciones iban en ascenso, nuestro campo de acción se restringió a la misma escuela. Nuestro ahogo era evidente, solo quedaba lograr todavía por nuestra fuerza una solución negociada. En virtud del evidente desalojo, se redoblaron las guardias, varias rondas hacíamos en la noche llevando café o palabras de aliento que subsanaran en parte el decaimiento íntegro de los compañeros. Era el día 48 de huelga, por las razones ya expresadas sólo a la comisión negociadora se le dejaba salir, otros lo intentábamos pero sin éxito. Nos integramos a las tareas internas; aseo, cocina, ahí nos dimos cuenta de la ardua labor de los cocineros en su mayoría “delicaditos”, pero eso sí, valientes, limpios y buenos administradores de los recursos. Esos días comimos mucha carne de cerdo, estábamos consumiendo las últimas reservas, algunas gentes preparaban bombas molotov u otros artefactos para usarlos en caso de intervención directa del ejército. Las reuniones por plantas y generales se intensificaron, dos días antes del desalojo apareció

Por la marcha a pie fuimos criticados duramente, sobre todo por la dirigencia de la Normal Rural de El Quinto, Sonora, se expresaron más o menos en estos términos: “Los demócratas cometieron el error de promover actividades desgastantes como la huelga de hambre y la marcha a pie…”.

Lecciones de dignidad
un desplegado con el siguiente mensaje: “pidámosle a nuestros dirigentes que no den las nalgas antes de que se las pidan” Tal reclamo era de “los tibios” pues ahora querían hacerse pasar por héroes cuando las condiciones no eran nada favorables. Nada anormal se dejaba sentir como otras ocasiones de movimiento, las pertenencias o parte de ellas se habían sacado a lugar seguro, poca gente solidaria nos acompañaba. Éramos en total unos 350 “atequizos” (de 756), el resto andaban de comisión o habían desertado (los cuartos grados se retiraron desde el principio). Alguien fue a llamar por teléfono a Marco Aurelio que se encontraba en Guadalajara y le dijo en nombre de la comisión negociadora que no se platicaría hasta que el ejército se retirara “…pues diles, que el ejército no se retirara y además que tienen 3 horas para desalojar la escuela o si no, aténganse a las consecuencias; voy para allá, los espero en la Delegación Municipal de Atequiza para platicar…” Nos tenían en sus manos, esa información se dio en la Asamblea General y se decidió la retirada: “…un movimiento de huelga puede culminar con una negociación forzosa de los estudiantes sometidos o presionados por los batallones del ejército. En caso de suceder esto último debemos estar preparados para ello… el Comité de Lucha es el responsable de los alumnos y de sus bienes, la retirada debe hacerse en completo orden, en masa compacta. Todos tendrán lo necesario para una retirada. Es fundamental que los dirigentes no sean los primeros en correr sino los que se mantengan
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vigilantes hasta la salida del último de los alumnos. …los compañeros que más participan, deben tener cuidado de no dejar ni un papel, ninguna cosa o huella comprometedora, deben limpiarlo todo, quemarlo todo. También deberá proveerse alguna comisión que haga entrega a las autoridades de las instalaciones de la Escuela… es necesario proponer a compañeros que no tengan probabilidades de sufrir ataques a manos de la policía”. ABC… 1982. En la última negociación no estábamos completamente sin fuerza. El federal de caminos a nuestro nombre solicitó autobuses “Ómnibus de México” y “Flecha Amarilla” para desterrarnos, aprovechando lo dicho por todos los medios de comunicación que los alumnos, los verdaderos alumnos estaban fuera del movimiento. “…son gente extraña a la normal”. Que la escuela estaba ocupada por alumnos de otras normales, planeamos la retirada rumbo a Cañada Honda, Aguascalientes; solo un autobús se fue a Nayarit. Al llegar a la gasolinera nos detuvieron y abordaron los autobuses elementos del ejército para inspeccionarnos – disque – para ver si no traíamos armas. Uno de los sabuesos tocó en la mochila de un compañero algo duro y quiso abrirlo bruscamente, él que lo acompañaba le dijo: “cuidado pendejo que puede ser una bomba”; cuando se bajaron los del retén todos nos reímos pues lo duro que tocó era un frasco de crema Nívea. Una patrulla nos escolto hasta la salida de Jalisco; en las inmediaciones entre La Barca y Michoacán nos regresamos para tomar el camino a la Normal de Cañada Honda, allá llegaron otros dos autobuses. El día 22 de marzo nos reunimos los “sin plantel” para decidir hacia dónde ir. J. de Jesús Bañuelos Hernández ex director de la Normal de Atequiza (Director de Cañada), nos había corrido de allí no sin antes llenarnos la cajuela de un autobús de alimento. Nuestro siguiente objetivo fue Amilcingo, Morelos allá llegamos al amanecer del día 23, participamos en una marcha en Temoac; desplegamos comisiones a distintas partes, se asistió a la DGEN en México. Ahí se sostuvieron pláticas con las autoridades, la lista de 32 gentes estaba dada, no estábamos en posición de fuerza para negociar. Se dijo lo ya expresado el 21 de

marzo pasado. Nadie será encarcelado ni nada por el estilo, “nosotros nos comprometemos a enviar a los expulsados de primero a tercero a otras escuelas, en lo que respecta a los de cuarto año no tienen cabida en ningún lugar, el resto del alumnado puede pasar a reinscribirse”. Pasamos a la normal después de lo sucedido en México y los choferes, al reinscribirnos fueron nuestros tutores. En los dormitorios encontramos todo en desorden, todos los candados habían sido forzados, muchas de las pertenencias del alumnado yacían regadas en el pasillo. Para la reinscripción nos hicieron firmar un documento donde “adquiríamos” el compromiso de aceptar el Código Disciplinario y el Consejo Escolar. Transcurridos algo así como quince días después del desalojo iniciaron las clases, era lunes, a todos los que nos quedamos hasta el final del movimiento nos integraron en un solo grupo por grado, la gente firme recelaba de los blandengues y a su vez los que abandonaron la huelga se incomodaban con nosotros; en los grupos donde nos encontrábamos, los maestros no podían dar su clase, la gente les obstruía las actividades, pero luego se normalizó el problema. Las rencillas entre el alumnado todavía duraron su tiempo. El segundo día de clase las autoridades de la SEP en el Estado se presentaron a darle formalidad al Consejo Escolar, ahí estaba de nuevo Guillermo Arrieta Flores, si, aquel que el día del desalojo lloró en los hombros de un compañero (de Carlos Rea), diciéndole “yo no quería esto”, cuando acudió a recibir las instalaciones de la escuela. El tercer día – el miércoles – suspendimos clases y citamos a Asamblea General, ahí se nombró la representación estudiantil. La comisión representativa se integró por cuatro compañeros, ya que casi la totalidad de los miembros del Comité Ejecutivo habían sido expulsados.

Podría decirse que no perdimos el movimiento porque:
 los maestros cambiaron su actitud con los alumnos.  Salió el director “la mosca”.  El dinero de remanentes se invirtió en la compra de mobiliario para el comedor.
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 Se estableció el Consejo Escolar pero nunca funcionó, lo mismo pasó con el Código Disciplinario.  Prevaleció la autonomía de la organización estudiantil.  A los expulsados se les reubicó sin problemas, excepto a los de cuarto grado que perdieron el año. El siguiente ciclo escolar los de cuarto grado, unos estudiaron en el CREN de Aguascalientes y otros en la Universidad Autónoma de Guerrero y al resto les perdimos la pista. En el movimiento de los cincuenta días aprendimos nuevas formas de lucha e implementamos algunas ya conocidas. Dura fue la represión, sin embargo no nos doblegamos, si elegimos la retirada táctica fue porque las condiciones eran muy desfavorables:    Tres días de completo sitio Escasez de alimentos Mala información al pueblo (de parte de los medios de comunicación)

  

Aumento de la represión física y psicológica El extenuamiento físico y mental de los que estuvieron hasta el final La disminución del apoyo del exterior

Estábamos completamente aislados, no había otra alternativa, ni convenía enfrentarnos al ejército, por eso salimos, pero no en desbandada sino ordenadamente. A nadie se le golpeo al salir abordamos los autobuses en la puerta principal de la escuela, todo parecía normal, la gente no se apresuraba, nos caló hondo terminar el movimiento de esa manera pero era la mejor alternativa. Acusamos al grupo de “los tibios” por adoptar una posición cómoda y no ser consecuentes hoy con lo que un día nos echaron en cara. “Poblano” se encuentra en la actualidad en la Universidad Autónoma de Guerrero, otros invernan tranquilamente en el “hogar” o militan en el oportunismo, cuando la consigna es continuar con los lineamientos políticos que la FECSM nos heredó.

Al final del ABC del normalista rural (1982) así escribimos:
I. Ante el agotamiento de todos los medios burocráticos en pro de la solución de las demandas: La Huelga. Ante el cese al servicio de alimentación: El secuestro de carros de alimentación. Ante el saboteo al servicio de electricidad: El Secuestro de Técnicos de la CFE. Ante la carencia del agua: La construcción de sequias, Fosas y toma de pipas. Ante la represión psicológica: La confianza y firmeza de los dirigentes. Ante la represión física masiva: La organización y la retirada táctica de las masas. VII. VIII. Ante las reinscripciones: El saboteo de las mismas. Ante la impartición de clases a los claudicantes: El saboteo y en caso extremo, la formación de una escuela popular. Ante las posiciones oportunistas: La denuncia y el rechazo total. Ante la intransigencia de las autoridades: La Radicalización del Movimiento. Ante cualquier embestida brutal de la SEP-ESTADO: El Estudio del Marxismo Leninismo.

II. III. IV. V. VI.

IX. X.
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