GRUNDTVIG 2006-2008

Vivencias

Introducción Este libro es una recopilación de historias, cuentos, anécdotas y recuerdos, que con el título “Vivencias” recoge textos aportados por los alumnos/as del IES Politécnico Las Palmas y personas adultas para el Proyecto Grundtvig 2006/08, con la colaboración de los países socios Grecia e Italia. A través de sus páginas ilustradas recorremos el ayer y hoy de varias generaciones con el sabor de la nostalgia, la añoranza y lo arcaico de algunas costumbres. Porque -como ejemplo-,en poco tiempo se ha pasado de una sociedad medrosa, injusta con las mujeres, beata y pobre, a la actualidad que se caracteriza por la igualdad de oportunidades, el respeto y la emancipación de la mujer. Si nuestras abuelas se levantasen quedarían boquiabiertas. Ha sido el paso de unas estructuras políticas dictatoriales y caducas a una democracia activa y progresista. Invito a la generación joven a que hablen con sus padres y familiares mayores, porque lo que tenemos hay que valorarlo y cuidarlo. Ellos a base de tesón, sufrimiento y penalidades lograron una sociedad más justa y con un bienestar aceptable. Qué menos que un reconocimiento y regocijo porque levantaron los cimentos de esta sociedad. Ahora les toca a ustedes continuar con la labor, estudiando, formándose de manera permanente, portando valores para construir los muros de esta casa nueva en la que todos cabemos sin distinción de credos o color de piel. Gracias a todos los que han participado porque han puesto alma en sus letras. David Santana Coordinador

Diseño y maquetación: Adela Mª Santana Pulido

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Arroz a la cubana
Cuenta mi madre que hacia el año 1986 se fue de luna de miel con el hombre de su vida, o sea, mi padre. El primer día de sus exquisitas vacaciones mi madre le preparó su especialidad, arroz a la cubana, mi padre se lo comió todo e incluso repitió. A llegar de su luna de miel mi abuela -madre de mi padre- le preguntó qué hizo de comer... Tal fue el tortazo que se llevó mi padre y la sorpresa de mi madre cuando su suegra le dijo que a él nunca le había gustado el arroz a la cubana... Lo que hace el amor...

Un día de Reyes
Sonreía. Por fin era el Día de Reyes, el día favorito del año para cualquier persona de mi edad. Era muy temprano, no debían de ser más de las siete de la mañana y, por algún motivo, había algo que me resultaba muy extraño. Poniéndonos nuestras batas corrimos al salón a ver nuestros regalos. Para mí, una muñeca y una bolsa de golosinas; unos zapatos y más golosinas para mi hermano. Nunca había estado tan feliz, mis padres sonreían al vernos tan contentos; hoy tocaba pasar el día en familia, contando y jugando a muchas cosas juntos. Me di otra vuelta más, incómoda, y escuché la música de despertador de mi móvil, lo paré y me quedé tumbada boca arriba, pensando en que era la primera vez que tenía un sueño tan real. Entonces vi la fecha y recordé que era día de Reyes también en la realidad. Me levanté y traté de despertar a mi hermano quien, con desgana, me pidió que le dejara dormir un rato más. Dos horas después fuimos a abrir nuestros regalos, nunca habíamos tenido tantos y yo me sorprendí una vez más al ver a mi hermano pequeño, quien, sin ninguna ilusión, desenvolvía sus regalos para comentarme después en el cuarto que, a pesar de todo lo que tenía, había esperado recibir más cosas. A partir de ese sueño me dí cuenta de cómo habían cambiado los valores morales, cómo parece ser cierto que

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Juguetes
cada día olvidamos un poco más lo simple que, si queremos, puede ser sentirse feliz. Las formas de vivir de ahora y la de nuestros abuelos o nuestros padres son muchas y variadas. Un claro ejemplo de ello son los juegos y los entretenimientos que tenían en aquella época. Mientras en la actualidad jugamos al futbol, por ejemplo con una pelota de cuero que dibuja una circunferencia casi perfecta, nuestros abuelos se conformaban con un calcetín relleno de muchos calcetines. La mayoría de las veces no se conseguía ni un amago de esfera. Las niñas, por otra parte, se conformaban con lo que ahora llamaríamos una simple muñeca de trapo, pero que en aquella época era toda una obra de arte y un regalo que cualquier niña deseaba con más ahínco. Ahora mismo, las muñecas son de plástico e incluso hacer caca solas. De hecho, cuantas más guarrerías sepan hacer, más reales parecerán y más querrán comprar una las niña de hoy en día. Si este es el cambio que han dado los juguetes en apenas cincuenta años, cómo serán las muñecas del futuro, en el dos mil veinte.

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Recuerdo cierto día a comienzo de año que pusimos un buen almanaque nuevo, como en ocasiones anteriores ,en la pared del comedor, presidiendo el lugar de encuentro común por excelencia. Pero ahora no se trataba de un paisaje idílico sino de una mujer del estilo de Silvana Mangano, con un escote que pronunciaba más si cabe unos senos ciertamente voluptuosos, con una sonrisa complaciente y diría hasta cómplice: no se ruborizaba caso de que la observara más de la cuenta. Desde cualquier ángulo te penetraba con la mirada. La verdad es que yo era muy pequeño, pero su imagen rondaba ya en mis primeras fantasías. Y he aquí que mi abuela en ese afán por curarse en salud y de paso no fomentar posibles miradas pecaminosas en la prole masculina de la casa, me dijo un día: - Fonsito, coge un bolígrafo y tápale el pecho a la del almanaque. Entonces presuroso acometí la tarea mediante trazos suaves, casi imperceptibles.- ¿Pero, hasta dónde?-, pregunté. Hacía una línea límite pero mi abuela me decía que más arriba y así creo que hasta el cuello. Y a rellenar, linea para acá y para allá. A medida que la tapaba me costaba mirarla a la cara. Creo que sonrió y me guiñó el ojo. Me sentía mal. Cuando acabé la mano me dolía y la obra resultó un pegoste. Mes a mes fueron cayendo las hojas del calendario. Lo curioso es que la fragancia que desprendía aquella imagen había desaparecido y no le hacíamos caso.

El escote

Simplemente la matamos. Durante tiempo siguió en el cajón de los sueños inconfesables. Al año siguiente pusimos un almanaque de no sé que virgen que pasó sin pena ni gloria.

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Antes y ahora
-Si, la vida de antes era muy dura,- esas son las palabras que más suelen salir de la boca de mi abuelo cuando salta el tema del pasado, como se vivía antes, etc..Todo empezaba con el parto que, como podríamos Pensar, sucedía en el lugar adecuado con el personal, material y demás elementos adecuados, pero no, los partos de antaño se llevaban a cabo en la casa de la futura madre y se las apañaban como podían con la ayuda de la familia. La infancia era muy dura, a medida que se iba creciendo se iba abandonando el ambito colegial para poco a poco irse incorporando al laboral. Desde muy jóvenes se veían obligados a ayudar a sus padres en todo lo que les pidieran en condiciones muy duras, como por ejemplo , me recuerda que tenía que cargar garrafas de agua o sacos de papas de treinta o cuarenta kilos, cantidades que podían casi doblar su propio peso. A ello debemos añadirles las otras incomodidades que se le sumaban como la ausencia de calzado, el terreno abrupto y las largas distancias a recorrer. Pasaban los años, y ya cerca de la mayoría de edad mi abuelo comienza a realizar viajes con su mula, en ocasiones sobrecargada, de cincuenta o sesenta kilómetros como mínimo con el fin de traer material a su pueblo para venderlo de la mejor manera y al precio m beneficioso posible Eran viaje s eternos en los que se pasaba hambre y a la vuelta La mayor parte era caminando. Con enseñanzas básicas para saber leer y escribir se hacía complicado para un joven de pueblo obtener el carné de conducir, por lo que en una graciosa anécdota me cuenta mi veterano familiar que viajó a La Palma para allí comprarlo debido a los obstáculos que tenía presentes aquí. A partir de esto , mi narrador reconoce que ha sido un hombre con
suerte, aunque esta haya venido de su esfuerzo. Consi guió comprarse un camión y tener mas facilidad para traer el material necesario para la venta en su negocio del pueblo de siempre, aunque esto significaba un mínimo de cerca de doscientos kilómetros diarios, todo ello para poder alimentar a su familia numerosa como era normal en la época. Ya en los últimos veinte años y a pesar de su larga trayectoria el viejito se sigue dedicando a cultivar sus tierras, ahora ya tiene nietos , a los que envidia y ve con asombro sus peinados, sus ropajes con sus altos precios, y todo este tipo de lujos que hoy en día no les damos valor pero que para la gente de antaño era un imposible en su época en la cual pasaban grandes penurias para poder subsistir de la mejor manera posible.

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The Beattles
En mi casa había una radio grande que presidía el salón; mi padre había estudiado algo de electrónica, por lo que le tenía puesta una buena antena en la azotea para oír el mundo. Un día hice un gran descubrimiento: el mando para cambiar de banda y oír emisoras muy lejanas como la BBC. Por entonces comenzaban a radiarse las primeras canciones de los Beatles como She loves you, I Feel Fine... Esperaba a que todos se acostasen y entonces descubría un mundo nuevo, unos sonidos maravillosos. Sólo en la oscuridad pegadito a la radio. Las canciones de los Beatles tenían en mí un efecto orgásmico; la piel se me ponía de gallina, los pelos se me erizaban. La sensación interna era muy placentera. El corazón se me salía del pecho. Quería gritar, llorar para desahogar tanta emoción. Cada noche la cita con el Hit Parade, el encuentro con las sensaciones auditivas que contagiaban los otros sentidos . Como nunca. Mientras las emisoras españolas con canciones, culebrones horteras y fútbol para matar el hastío. Aquella música en el corazón de la noche tenía muchas críticas y boicot. Estos sonidos nos identificaba, teníamos algo nuestro, diferente, innovador, radical. Peligro para el sistema! ¡Cuando al día siguiente me veía con los amigos era capaz de tararear las nuevas canciones! Alguno más mayor las tocaba a la guitarra y me quedaba hipnotizado; me prometí que aprendería a hacerlo. ¡Y así fue! Toda una vida de autodidacta con la guitarra, en escenarios divulgando la época dorada de los 60 y 70. Aún hoy pongo música, la música de mis maestros, la mejor música rock de todos los tiempos. Parece que la hicieron ayer. Hace poco me hicieron un regalo, un single de vinilo con sus primeras canciones, twist and south.. ¡Me emocioné! Porque la música de entonces es como las esculturas de Miguel Angel: ¡inigualables aunque pase el tiempo! Ahora lo que siento es nostalgia, recuerdos de amigos, primeros bailes en azoteas con un pick up y sobre todo juventud radiante, alma limpia, corazón vibrante, mente abierta y espíritu entusiasta. Qué fácil llegar con la mente y qué lejos con el cuerpo. Me gustaría en mi funeral pusiesen a los Beatles. Los oiría una eternidad.

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El Cucharón
Aunque no hayan pasado tantos años, pues mi padre cuenta con cuarenta años, la historia que paso a contar les parecerá de mucho tiempo atrás. El protagonista procede de una familia numerosa, ya que son nueve los hermanos que tenía, más sus padres. La hora de comer en esta familia era algo muy peculiar y paso a decirles porqué. Lo primero que llama la atención es que en lugar de sentarse alrededor de una mesa, lo hacían alrededor de un mantel colocado sobre el suelo. Una vez sentados cada uno en su sitio habitual, comenzaba el reto de comer en silencio, sin levantar la vista y sobre todo sin reír, pues si tan solo se les escapaba una sonrisa, con el cucharón en la cabeza te daban, estas eran las normas de mi abuelo que hacía cumplir a rajatabla y doy gracias a Dios de que ya no sea así.

El horario
Según los recuerdos de mi madre, ella me ha contado un hecho que le pasó hace muchos años. Ella quedó con sus amigas para ir al cine, se lo comentó a sus padres, le dieron permiso y le pusieron hora de llegada las ocho de la tarde. ¡¡Todo más o menos normal si no fuera porque en ese tiempo tendría mi madre 22 ó 23 años!!. Bueno, seguimos, ellas van al cine y como la película está muy entretenida deciden quedarse a pesar de que llegarían un poco tarde. Al terminar salieron deprisa hacia casa, llegaban tarde cuando llegaron a casa la madre lo comprendió pero su padre del susto que se había llevado al ver que no llegaba, ya que no era común en ella, la regañó un poco, pero un pequeño detalle por llegar a las ocho y cuarto.

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De Asturias a Canarias
Después de una larga travesía, o al menos así me lo pareció, mis padres , dos hermanos menores y yo llegamos a “la isla” a finales de 1934. Mi primer recuerdo es aquella luminosidad casi cegadora, que lo invadía todo, el mar, las casas, el cielo y los arenales. Mi madre no terminaba de acostumbrarse al ritmo lento y cadencioso de la que iba a ser mi tierra hasta el día de hoy. Mi padre, a principios de 1936, y tras el último parto de mi madre, decidió que regresáramos a Asturias, mientras él debía seguir trabajando como encargado de la fábrica de pescado hasta que pudiera reunirse allá con nosotros. Sin embargo ese extraño, dañino y macabro juego que los adultos llaman guerra, nos impidió reencontrarnos hasta finales de 1939, año en que regresamos a Las Palmas. Mi vida a partir de aquel momento iba a dar un vuelco total, poco a poco iba olvidando lo que era sentir frío, caer las hojas de los innumerables árboles de las alamedas de mi tierra natal, pasar las tardes de invierno ante la cocina de carbón , el cielo oscuro y aquel mar siempre bravo del Cantábrico. Mi infancia transcurrió entre el cole, los juegos en la calle y la playa que ocupaba la mayor parte de mi tiempo de ocio. A mi madre le seguía sin gustar que fuera con el resto de los chiquillos al solar donde por una perrina, es decir, una “perra chica”nos llenaban los tazones que llevábamos mi hermano y yo, de la leche de la cabra que vivía junto con su Dueño Perico. Tampoco era de su agrado aquellas horas que pasábamos correteando por las inmensas dunas, que rodeaban todo mi barrio, Las Alcaravaneras, o que me pasara las largas mañanas del verano en la playa, en donde un grupo de vecinas me enseñó a asar y comer piñas, es decir, “mazorcas de maíz” o hacer agujeros a los membrillos, que después tirábamos al mar, para que absorbiera ese agua salada, siempre cálida y que le daba un sabor peculiar, propio del Atlántico. Aprendí a jugar al clavo y a la comba no era tal, sino saltar a la soga, mi vocabulario no solo se iba transformando sino que se enriquecía. Ya no jugaba a la “rayuela”, sino al teje, no pedía el “clayón” sino la tiza, las “patatas cocidas” de mi madre, eran mis papas sancochadas, dejé de jugar a los “cromos” para jugar a las estampitas o a la levantada. Mi mundo se debatía entre dos culturas, la de mi madre, que seguía haciendo una magnífica fabada o un exquisito pote y la de mis amigas y vecinas, que me invitaban a comer sancocho o un estupendo potaje de berros. Así evolucioné hasta un punto en el que confluyeron ambas culturas. En 1944, la muerte de mi hermano, con tan sólo quince años, hizo que pasara de ser una alegre adolescente de dieciséis años , a una mujer que empezó a observar cómo se movían las chicas de mi edad, a pesar de que en mi casa se seguían las costumbres de mis padres.

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El plátano vendado
Me resultaba gracioso , como las tardes del domingo , todas las chicas de mi edad, paseábamos Triana arriba, Triana abajo, después de haber ido al cine o haber tomado un helado con nuestros padres, en busca de Dios sabía qué. En 1947 me casé, cómo no, con un asturiano, años después entendí la finalidad de aquellos interminables paseos por la tan medida calle de Triana.

Cuenta mi tía que a corta edad, tendría unos diez años, cuando estaba en la calle jugando con unas amigas, cerca de donde vivía, un señor se les aproxima y les pide que por favor les ayude que tenía un pequeño problema con la cremallera de su pantalón. Les dice a ella y a una amiga que si les pueden ayudar en lo que él arregla la cremallera, acercándose a un portal le pide a una de ellas que se quede en la puerta y a la otra que controle la escalera por si baja alguien. El señor en cuestión mientras mi tía estaba de espaldas le rozó con algo, mi tía se dio la vuelta y vio como el señor sacaba sus atributos, en ese momento salen corriendo ella junto con su amiga despavoridas, intentando llegar lo antes posible a su casa para anunciar que alguien le había enseñado ¡“un plátano vendado”! Al llegar a casa y comentárselo a su hermano mayor y a su hermana, salen en busca del señor del plátano vendado, no encontrándolo y mi tía hoy después de madurar recuerda el momento y se ríe porque no alcanza a comprender de donde sacó la comparación entre un plátano vendado y lo que en realidad era.

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Una nuez y un puño de castañas
En aquellos tiempos no tenían ni la mitad de lo que tenemos hoy, no existía ese consumismo que invade nuestro mundo, todo era diferente. Hace unos años...en tiempos de mis abuelos muy pocos eran los que tenían una buena economía y muchos los que vivían de su esfuerzo y trabajo, malamente a causa de la guerra y mantenimiento en muchos casos como mínimo a tres o cuatro hijos. Las navidades eran unas fiestas adoradas por los niños, al igual, tal vez, que hoy en día pero evidentemente diferente. Cuando llegaba la esperada noche de reyes los niños impacientados por la larga noche, se acostaban muy pronto y aunque les costaba coger el sueño hacían lo posible por quedarse dormidos, el momento lo valía. Tras las horas de sueño y el cantar del gallo, debajo del árbol navideño y al lado de los zapatos, allí estaban, sus regalos, los regalos esperados...”Una nuez y un puño de castañas”. La sonrisa de los niños invadía sus rostros, estaban felices, los reyes habían pasado por sus casa y para ellos la nuez y las castañas era una bendición. Tal vez esto nos haga pensar qué ha pasado y por qué hemos llegado al punto de convertir la ilusión de unas fiestas en un consumo interminable.

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Buscando el amor
Siempre había oído decir que el amor llega antes si se busca. Dado que no tenía un amor podía ser por dos motivos, o no sabía buscar o había estado toda mi vida buscando en el lugar equivocado. No importaba cual de los dos fuera, lo único que importaba es que me tenía que poner las pilas. Después de varias semanas me convencí a mí mismo de que sentado en casa no resolvería el problema. Eran las ocho de la mañana de un Viernes Santo. Era muy temprano para salir. Por ello pensé en ver la televisión un rato. No me lo podía creer, en los dos únicos canales existentes estaban poniendo cosas religiosas, en uno ponían una película sobre la vida de Jesús y en el otro sólo música sacra. Por ello, cogí mi chaqueta y salí a la calle. Era la primera vez que un día de fiesta salía tan temprano, y me sorprendió, no sabía que había tanta actividad en ese día y a esa hora. Después de intentar salir ileso por meterme en medio de una procesión, la vi. Llevaba un coqueto traje que seguro iba estrenando, como dictaban los cánones. Era un traje entero. Empezaba en el cuello y terminaba un poquito más abajo de las rodillas, era de un color gris que le sentaba muy bien. Estaba claro, Cupido había lanzado su flecha, me sentía raro, insignificante, transparente... Empecé a seguirla. No sabía a donde se dirigía pero, con cada paso que daba, estaba más cerca de mi corazón. De repente entró en la iglesia. Mis ganas de seguir viéndola o mi impaciencia Por esperar a que la misa terminara me hizo entrar. Me sentía como si acabara de cometer allanamiento de morada. El motivo estaba claro, no entraba en “la casa de Dios” desde que hice la primera comunión. Después de recorrer con la mirada varios bancos, la encontré otra vez. Para ser la primera ocasión que buscaba el amor, ya lo había perdido y encontrado varias veces en el mismo día. Cuando terminó la misa, tras intentar evitar la manada que salía de allí, seguí con mi camino, o lo que es lo mismo, con su camino. Creo que sabía que la estaba siguiendo, pero no dio señal alguna que confirmara esto. Tenía ganas de volver a casa, llamar a alguien, decirle que había visto un ángel, pero me sentía incapaz de dejarla escapar. Ella se fue y yo...

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Recuerdos de El Aaiún
Una calurosa tarde de los años sesenta, dos jóvenes paseaban a escondidas por la desértica ciudad de El Aiún. La joven, llamada Loly, le daba consejos al chico acerca de como tratar a una mujer, a su mujer, ya que ella la conocía muy bien. Aquella chica había sido su mejor amiga, y ahora, con solo trece años, estaba tristemente casada con él, el chico que paseaba ahora junto a ella. Este joven, Abdula, era una buena persona, un buen estudiante de medicina y un buen amigo. Por eso Loly quería ayudarlos, tanto a él como a ella. Mientras andaban y conversaban, unos gritos rompieron la tranquilidad del momento, Loly estaba asustada, pues eso gritos contenían su nombre, y estaba mal visto que una chica paseara con un chico a solas, aunque solo fueran amigos. A medida que las voces sonaban más cercanas, ella se percató de que eran su padre y un amigo quienes la estaban buscando. Abdula y Loly corrieron hasta llegar al río, y ella se escondió en la ribera, tumbada sobre la tierra. El chico o se escondió con ella, sino que se adelantó y esperó a que los propietarios de aquellos gritos le alcanzaran. Loly estaba cada vez más asustada. Tenía verdadero miedo a ser vista. Entonces los oyó. Escuchó con atención y solo logró oír murmullos de su amigo y de su padre. De repente todo se quedó en silencio...y apareció su amigo donde ella. Los había convencido de que estaba allí solo y se fueron. Loly se dio cuenta de que tenía muy poco tiempo para otro camino para no ser vista. Pero no tenía otro remedio si no quería que la castigaran sin salir, a pesar de que casi nunca la dejaban. Tal vez por eso lo intentó y corrió lo más rápido que pudo. Corrió y corrió... Hasta que llegó a su casa Antes de entrar, recordó que tenía la ropa sucia y se sacudió. Por fin entró. Por fortuna, había conseguido llegar antes que su padre. Lo primero que hizo fue saludar a su madre acercándose a su habitación. Su corazón latía con fuerza, pero intentó calmarse antes de que su padre entrara. Cuando lo hizo, la interrogó con rudeza, convencido de haberla visto con aquel joven. Pero ella lo negó todo, argumentando que si era cierto lo que él decía, no le habría dado tiempo de llegar antes que él. Su padre, no muy convencido, lo dejó pasar, y Loly aprendió una buena lección de aquel tiempo: “no se debe salir con chicos a solas”

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El reloj
De pequeño tenía asma: para el que no la ha tenido diré que te cuesta respirar, te pones nervioso, y se cierra el círculo; es decir, una dolencia jodida que se quita a base de ponerte el brazo como un colador con las vacunas y con el desarrollo. El desarrollo era algo que llegaría algún día pero lo único que sabía era que se te quitaban todos los males. Los primero no funcionó y lo segundo sí, tanto que fuí atleta durante años, es decir, correr y correr par quitarme el desconsuelo, porque mientras los demás jugaban, yo en un rincón respirando con esfuerzo. El silbido en la garganta era mi sombra. Cierto día oí a mi abuela decir a mi madre: -A este niño hay que operarlo de garganta y nariz. Como quiera que en casa se hablaba lo justo y que mi abuela era de “dicho y hecho” pregunté en que consistía.-Vas al médico y te colocan un reloj-, dijeron. Esas respuestas daban confianza y te anulaba cualquier elucubración, que es la madre de “aquí hay gato encerrado”. Supe que llegó la hora cuando me dijeron: -Fonsito, mañana no vas al colegio; te levantaremos temprano para ir al médico. Me bañaron y me vistieron de domingo. Se puso en marcha la comitiva: abuela, madre y tío con la ropa nueva. Debía de tratarse de una ceremonia importante para tal compañía. Yo de protagonista. Las vecinas miraban tras las puertas entornadas. Silencio. Ya en el centro hospitalario, en una sala que no reconocía, harto de deambular por todos los despachos horas y horas desde que la memoria alcanzaba en busca de una poción mágica. Las vitrinas con tijeras, alicates y cuchi llos relucientes no presagiaban nada bueno. Y el olor. Era lúgubre. Pero todo por el reloj. Me sientan y observo que la silla tiene cinturones para sujetar manos y piernas, como una silla eléctrica; empecé a mosquearme porque no entendía tantas medidas para ponerme un dichoso reloj. ¿Donde estaba? Los acontecimientos iban más rápido que mis deducciones y al momento me sujetan y me ponen una mascarilla que me quita la respiración. Me asfixiaba, y ante la impotencia comencé a llorar. Oía : -Respira, respira..¡el cloroformo actuó y perdí el conocimiento!. ¡Adiós vida! Cuando volví en sí, me decían: ¡no hables, no hables.! Pero yo estaba indignado, dolido por el engaño. ¡Y sin reloj! Me llevaron en taxi, un lujo igual que los helados que tomé en la recuperación . Para comunicarme escribía en una libreta. Mi padre me compró unos lápices pastel y tebeos de Hazañas Bélicas para entretenerme. Al cabo de unos días ya no pude más y deje mis primeras palabras:¡ Coño!

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Volver la vista atrás
Recuerdo jugar alrededor de mi casa, y ver llegar los buques a puerto, pues ningún edificio perturbaba la vista. Mi padre, que era “cambullonero” llegaba cada tarde cargado de obsequios traídos de todas partes del mundo. El dinero escaseaba y más de un día pasé sin comer. Pasaron los años, no muchos, pero avanzaron y tuve que empezar a trabajar. Cada día pasaban por mis manos decenas de galletas “Tamarán”, unas que empaquetaba como parte de mi trabajo y otras que me llevaba a escondidas a casa porque a esa edad y siendo la mayor de mis hermanos, con una madre enferma y un padre alcohólico, prácticamente eran mi responsabilidad. Me entristece recordar lo que pude ser y no fué. Empecé a sacarme el carné de conducir con un amigo profesor que se ofreció a enseñarme, pero durante mi aprendizaje murió y tuve que seguir cogiendo la guagua, que por ese entonces costaba una ”perra chica”. Esas guaguas abiertas atrás, con un cobrador y un chofer, cuya forma de solicitar una parada era gritar-”¡chófer, me quedo en la próxima!-y en las que el bono consistía en una serie de papeletas enrolladas que entregábamos al cobrador en cada viaje. Sin embargo apareció el hombre de mi vida, que no sé cómo se ganó el cariño de mi familia y el respeto. Era un hombre de negocios que había recién levantado una empresa. Sacó a todos mis hermanos adelante contratándolos en ella y con ese dinero pudimos empezar a vivir dignamente.

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Salir adelante
Era una tarde de verano, una calurosa tarde de verano, del año 1965. Estaba en Barcelona, la cara de España para el mundo durante años, yo había estado allí y en otros lugares decenas de veces, pero aquel viaje nunca lo olvidaría, esta vez sería distinto, no sería un viaje más de esos, en los que una tarde yo y tu abuelo colocaríamos las fotos en el álbum para tener un bonito recuerdo. Te preguntarás por qué prefiero olvidar este viaje: fue porque yo , una muchacha que llevaba felizmente casada 20 años con su primer y único amor: tu abuelo. Me acababa de quedar viuda (hecho que ya esperaba hacía años y al que no quería enfrentarme por la enfermedad de tu abuelo), viuda a los 38 años y con tu madre y tu tío en este mundo, yo hasta entonces estuve rodeada de lujos y comodidades, las propias de la mujer de un representante de conocidas marcas y finalmente practicante. -(Suspiró)...En fin lujos y más lujos a los que una se acostumbra de una manera rápida y fácil. Yo al ser una “protegida “ de mi marido (tu abuelo), nunca me planteé las cosas pero, una vez que te ves sola y desamparada, ves las limitaciones que tienes simplemente por ser mujer. Yo hice cosas (reconozco que otras muchas mujeres habían empezado “el movimiento” años atrás y yo llegué en su final)que unos años atrás eran impensables para mí: paseé sola de noche, fumé en la calle, viajé por España sin compañía masculina (impensable no tanto en esta época sino con la cultura que me había enseñado mi madre: vivir por y para el varón) y lo más importante llegué a ser alguien en una empresa de moda (a la que hoy puedes seguir yendo y ver “el legado de tu abuela”) -risas-, pero al fin y al cabo una empresa. Muchas de las amigas que antes me admiraban por la vida que tenía ahora me llamaban “loca”. Si, loca por pretender cambiar parte de mi mundo, mundo que añoraba por las noches mientras pensaba en que a la única persona a la que más quise se fue con tal solo yo 38 años, dejando atrás multitud de recuerdos vivencias y anécdotas que contar a sus hijos.

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Antonio y Ofelia
A Antonio, mi abuelo, le gustaba una linda muchachita llamada Ofelia, trabajaba en el auxilio social, donde también trabajaba el padre de Ofelia, el siempre la había visto pero nunca había hablado con ella, hasta que un día decidió mandarle una carta a su casa, ella le respondió de manera entusiasta, se estuvieron mandando cartitas de amor durante casi un año. Cuando comenzaron las fiestas de su barrio, Antonio é acudió a casa de ella y hablo con su madre pidiendole permiso para invitar a su hija a un baile. El día ddel el esperado baile se presentaron allí Ofelia, su hermana y la madre de estas, ellas no hacían mas que vigilar y rodear, hasta que Lolita, la madre de Ofelia, se sintió cansada y se fue a su casa, pero dejo al cargo de vigilar, Ó a Maruca, la hermana de Ofelia. Ellos tenían ganas de estar a solas, así, que Antonio , le dio 9 céntimos a Maruca para comprar golosinas, con el disimulo de poder darle la mano a Ofelia. á En la actualidad las parejas tienen unas relaciones mas liberales y menos encorsetada por las reglas sociales, aunque desde mi punto de vista, las antiguas relaciones tienen su parte bonita.

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El triquini
Era un verano como otro cualquiera. Todos los años las familias nos dirigíamos a la playa donde pasábamos los veranos. Siempre nos reuníamos el mismo grupo de amigas e incluso algunos años se alteraba ese número. Como era de esperar todas íbamos con los bañadores (sin enseñar nada). Todas con uno distinto aunque al fin y al cabo todos eran iguales. Isa, la madre de Ana, una de las chicas que solía pasarse el verano con nosotras, trabajaba en el sur; es decir, conocía más de cerca lo que era el turismo, ya que en nuestro pueblo apenas existía. Todos los días que Isa iba a trabajar volvía con un regalo para su hija. Cosa que a nosotros nos impresionaba ya que no era normal verlo. Un día, cuando quedamos para ir a la playa, Ana bajó un poco más tarde ya que estaba esperando la vuelta del trabajo de su madre. Cuando Ana llegó a la playa todas nos quedamos impresionadas. ¡¡Ana traía puesto un triquini!! ¡Qué descaro el de esa niña al ponerse esos tres trapos encadenados!. Todo el mundo en el pueblo hablaba de ello. Era descarado, pero a la vez nos gustaba. Esa misma tarde mientras jugábamos en la playa, a Ana se le rompió el triquini. Fue una gran desilusión para ella, con lo cual salió corriendo hacia su casa. A partir de ese día Ana siempre venía con un triquini, cada vez más extravagante, pero dio paso a una nueva moda imponiéndola en el pueblo. Al año siguiente, todas dejamos el bañador a un lado y empezamos a usar el triquini.

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Héroe
Cuando era pequeña siempre estaba en el salón con mi abuelo, y é me contaba chistes, cuentos...Hasta que un el día me contó una historia de uno de sus muchos vuelos, ya que era mecánico aéreo. “Todo empezó el 3 de septiembre de 1973. El Servicio de Búsqueda y Salvamento del 802 Escuadrón de las Fuerzas Aéreas de Ejército del Aire y perteneciente a la Base Aérea de Gando, integrado por el primer piloto, el segundo piloto, el mecánico de vuelo sargento D. Alfonso Carvajal Clecico, es decir, mi abuelo; el rad iotelegrafista y el rad rastreado, se desplazaban a la isla de Fuerteventura. Antes de despegar, realizaron el correspondiente chequeo del avión y comprobaron que estaba todo correcto. El avión inició el rodaje a pista y sobre la marcha despegaron. Cuando estaban volando se encendió una de las dos luces rojas de emergencia indicadoras del nivel de aceite en el integral de la hélice del motor izquierdo. Los dos pilotos y el mecánico (mi abuelo) confirmaron la existencia de dicha pérdida de aceite. El piloto después de hacer varias maniobras, conciente del peligro, dió la máxima potencia al motor con el objetivo de mantener la velocidad y altitud, pero el avión continuaba descendiendo, A unos 200 m. Se iban a interponer unas torretas con tendido de cables eléctricos de alta tensión y a unos 100m el cauce de un

barranco. Comunicaron a la Torre de Control que no llegarían a la pista. Todos corrieron a sus asientos para asegurarse con los cinturones de seguridad. El avión se desplomó y chocó contra un terreno pedregoso, durante el deslizamiento sobre el terreno penetraron grandes piedras por la parte del morro, y la parte delantera del avión quedó totalmente destrozada. En el interior del aparato había una gran cantidad de piedras y de polvo que les impedía la visibilidad. Abandonaron el avión ante una posible explosión por pérdida de combustible y saltaron a tierra por la parte trasera desde una altura de mas de dos metros. Una e vez en tierra se dieron cuenta que no se encontraba entre ellos el segundo piloto. Ante un posible incendio en el avión, mi abuelo con un gesto de valor, se dirigió rápidamente al avión, introduciéndose en su interior, localizando en la ando cabina, atrapado en su asiento, a su compañero. Después de desatarle de los cinturones y quitar varias piedras, lo liberó y consiguió subirlo hasta la escotilla de salida de la cabina..” Cuando me contó esto, yo no le creí, y mi abuela que nos estaba escuchando salió corriendo del salón, cuando regresó, en su manos tenía un trozo de periódico amarillento y muy viejo, donde salía la noticia. A partir de siempre hassido un héroe. ahí,mi abuelo, siempre ha sido mi héroe.

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El día de los Finaos
1 de Novienbre de 1960. Era uno de mis días favoritos del año, ese día en el que toda la familia y algún que otro vecino nos juntábamos para celebrar este día, de los “finaos”, que viene a ser una persona muerta. Después de jugar con mis amigos en la plaza del pueblo me fuí rápidamente hacia mi casa. Ca´José, como la llamaban los demás (por aquello del nombre de mi padre). Allí estaban esperándome mis tíos, mi hermano, mis padres y mis abuelos. -¡Paco, vete encendiendo la chimenea p´a asar castañas y ten cuidado de no hacer mucha jumacera*!, Me dijo mi tío Armando. -Tranquilo tío, tú pásame las almendras, las castañas y lo demás, que yo tengo todo controlado.-le dije. Aquella noche la aprovechamos al máximo, unos contando chistes, otros historias y otros simplemente hablando del día. Lo último que recuerdo de todo aquello es que llegué a mi cuarto, me senté en la cama, y caí rendido con el estómago lleno.

Juguetes de la historia
Recuerdo que un día estaba jugando con un coche teledirigido que me habían regalado en Reyes Magos. Estuve todo el día jugando con él, y como todos sabemos, los coches teledirigidos tienen batería limitada y recargable. Pues resulta que yo desconocía ese detalle, y cuando se me descargó pensé que se me había roto. Empecé a llorar y a llorar por mi conche nuevo. Mi padre se me acercó, me tranquilizó y me contó una historia. Me dijo que él de pequeño no tenía juguetes y que mi abuela no se los podía comprar. Pero él no lloraba, sino que se hacía sus propios juguetes. Me contó que construía barcos con hojas de palmera y con cáscaras de plátano. También me dijo que se construía sus propios juguetes automovilísticos como un coche que formó con unos trozos de madera de unas cajas que le sobraban a la abuela de la compra del mes. Como ruedas ponía erizos de mar muertos y sin púas, y le adjuntaba una cuerda medianamente larga para llevarlo cómodamente. Siguió contándome más cosas de su infancia. Cuando terminó a mí ya se me había olvidado llorar y también el coche teledirigido. Entonces corrí al patio y empecé a buscar materiales para construirme mis propios juguetes. La conclusión que saqué de todo esto es que hay que conformarse con lo que uno tiene y saber apreciar las cosas que se poseen ya que no todo el mundo se puede permitir las mismas cosas.

*Jumacera: Humo

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Cambiando cánones
Me llama mucho la atención , la manera en la que las “costumbres” de nuestros abuelos gracias a la resignación de las “costumbres” de los nietos. Una anécdota de la que me acuerdo es de un día de otros muchos que fuí a visitar a mis abuelos cuando aún era pequeña: Llegaba la hora de comer y desde que tenía un poquito más de razón para darme cuenta de las cosas, me fijaba en cómo mi abuelo y mis tíos ganduleaban mientras mi abuela, mi madre y mis tías trabajaban en la cocina para tenerlos callados y satisfechos. Varias veces me limité a mirar y a callar por respeto, pero era extraño para mí, en mi casa, jamás veíamos comportamientos machistas , y me resultaba arrogante la forma de estar de los hombres a la hora de trabajar en labores caseras. Un día, escuché a mi abuelo como nos mandaba a las “mujeres” a preparar la mesa y le pregunté: -Abuelo, ¿ Y tú porqué no haces nada y los tíos tampoco?dije dispuesta a protestar. -Porque siempre ha sido así cariño, las HEMBRAS trabajan en casa y los MACHOS trabajamos fuera. Me respondió satisfecho mi abuelo. Irritada, le obligué a recoger con nosotras y ayudarnos a poner la mesa (ya saben que los abuelos jamás nos dicen que no) -¡Ay hija! Lo que no me ha hecho hacer tu abuela me lo estás haciendo hacer tú ahora...-se quejó mi abuelo. -¡Claro abuelo!Es que tú ya estas jubilado y como no tienes la excusa de que trabajas fuera, ¿algo tendrás que hacer aquí dentro no?...-dije segurísima de mi misma. Mi abuelo soltó una carcajada y sin excusa que poner, lo hizo como todas las demás; y aunque no siempre, suele ayudarnos más a menudo desde que yo estoy en casa.

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La mentalildad de los profesores

La educación en la escuela
La escuela ha pasado por varias etapas hasta llegar a lo que es actualmente. Antes, a los alumnos se le enseñaban cosas más básicas pero, con el paso del tiempo, las nuevas tecnologías han permitido muchos descubrimientos que estudiamos hoy en día. Otro cambio ha sido que anteriormente un profesor era el que enseñaba todas las asignaturas pero ahora tenemos a distintos profesores cada uno especializado en su materia lo cual nos prepara a nosotros mucho mejor. En mi opinión, el cambio más drástico ha sido que antiguamente, los profesores eran mucho más severos con sus alumnos y se les estaba permitido insultar o maltratarlos si estos no cumplían con su deber o no se comportaban como era debido. Si esto sucediera en estos días, el alumno no dudaría en denunciar a su profesor y este sería expulsado del centro. Otros cambios han sido que antes, principalmente, eran los hombres quienes recibían educación ; aún así los colegios no podían ser mixtos. Estos son, entre otros muchos, los cambios que han habido en nuestra educación y ¿quién dice que cuando nuestros hijos vayan al colegio no se habrá evolucionado hasta el punto de que piensen que lo que hacemos actualmente está mal?

Cuando era más pequeña, rondando los seis o siete años, era un pequeño saco de nervios, no paraba quieta en todo el día, no dejaba de correr, jugar, saltar o brincar, sin importarme lo que la gente pensara de mí, y es que fuera como fuera vestida, siempre iba al colegio, jugaba al fútbol con mis compañeros, aún siendo una niña; jugábamos todas integradas en el grupo, tanto en el recreo como por la mañana antes de entrar... Y contándome mi abuela, cómo había cambiado la mentalidad de los profesores, me relató que cuando ella era pequeña, en el pueblo en el que ella vivió, satisfizo su deseo de jugar al futbol unos minutos en el recreo, siendo castigada por su profesora todo el día, por haber jugado a un “juego de niños”.

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Cambios en nuestra cultura
Pienso que uno de los cambios más importantes que ha ocurrido desde el principio del siglo XX ha sido la comunicación; ya sea hablada, escrita, por televisión ó rádio, sin contar con la telefonía móvil, internet, y todas las nuevas tecnologías que utilizamos con frecuencia. Antiguamente, nuestros abuelos y bisabuelos hablaban si se veían casualmente por el barrio o por el pueblo. Hoy en día podemos hablar con alguien situado al otro lado del planeta con sólo hacer unos “clics”. ¡Fíjate! Con las tecnologías han entrado palabras nuevas, como clic, ratón, bluethooth o GPS. En internet hay tanta información que somos absolutamente incapaces de asimilar un tercio de toda ella. Con esto quiero mencionar también el importante cambio que ha sufrido la educación , ya que antes no se disponía de casi ningún medio de búsqueda de información. Sólo se tenía un par de libros en la casa, si es que la familia disponía algo mínimo de dinero para pagar el material de sus hijos.

Y comieron perdices...
Como en todos los cuentos, los matrimonios eran símbolo de familia y felicidad eterna. Mi abuela, que en paz descanse, se casó con un general, y cómo no, era un casamiento de gran importancia, en la época de los años 30. Tras once hijos, harta de su alcohólico marido, dejó el hogar, y se trasladó de lugar, con los hijos más pequeños. Consiguió su trabajo, ganó algo de dinero, y se hospedó en casa de su madre, mientras su hijo (mi tío), contaba a menudo que su padre había muerto ante las curiosas preguntas de las vecinas. Como decía la vecina: “Uno se casa para toda la vida, si no es así, es porque la muerte los separa”.

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La ilusión
La ilusión se pierde en cada generación, al igual que la inocencia; esa fe ciega en creer en lo que no se ve, ni se toca; pero sí se siente. En el corazón se enciende una llama abrasadora que da calor a nuestra alma, cada vez que la certeza de algo que no percibimos por nuestros sentidos, cobra presencia. El cambio de los niños de antes a ahora se nota en la pérdida de fe, en esa alegría que todos añoramos, en la despreocupación que tanto necesitamos hoy en día. Yo, cuando era niña, creía. No había cosa para mí que fuera imposible. Una vez, en Navidad, el Papá Noel vino a mi casa y yo necesitaba por todos los medios, saber si era él en verdad. Cuando se sentó en la silla, vi colgada de su cinturón, una pelotita rosa. Para mi fue suficiente ese pequeño objeto, para darme cuenta de que nunca estuve equivocada, él existía. Otro de esos días llenos de magia, en Reyes, me levanté para ver mis regalos; pero lo que más me llamó la atención fue el rastro de manices y agua que dejaron los camellos al comerse la comida, que yo, el día anterior, les había dejado. Me puse tan contenta que todos los años lo repetía. Hasta que un año no había manices detrás de la puerta, ni agua, para saciar la sed de los camellos. Todo se derrumbó, me sentí traicionada durante un corto tiempo, hasta que me di cueta Cuenta de que Papá Noel y los Reyes Magos siempre seguirían ahí, en mi corazón. ¿Qué es la ilusión sino la luz en los ojos de un niño, intentando alcanzar, con sus pequeñas manos alzadas, a su Rey Mago favorito?. Todos queremos sentirnos así, saber que nada ni nadie nos puede hacer daño. Los sueños no son inalcanzables cuando estamos subidos sobre la espalda de nuestro padre, desde ahí se puede alcanzar las estrellas; una experiencia que los niños de hoy en día se están perdiendo.

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El calcetín
Como todos los años, diciembre hacíamos una pequeña cena que no era nada del otro mundo, pero para nosotros cuatro (yo, mi hermano y mis padres) era una buena cena ya que nosotros éramos pobres. Vivíamos en un pueblo pobre donde todos aquellos amigos que vivían por mi zona en la mañana del 25 se conformaban con un simple material de colegio o si acaso, una blusa, o una muñequita de esas tan pequeñas que se compraban en cualquier minitienda del barrio... En uno de esos años en los que rezábamos, comíamos lo que había y eso que oíamos por ahí que se acostaban a la una o dos, nosotros a eso de las once ú once y media ya estábamos soñando... Eso sí, siempre teníamos la ilusión de dejar por la noche un calcetín, un zapato y unas galletitas para hacer saber a aquel hombre del cual mamá nos hablaba, que nos traía un pequeño regalito, que existíamos para que nos dejara algo. Como decía, ese mismo año, dejamos un zapato mi hermano y yo un calcetín en el sofá de nuestra casa y como en nuestra casa no había tejado (como decían los niños ricos) dejamos la puerta media entornada aunque sabíamos que nadie iba a entrar a “robar” ya que a parte de tener confianza con nuestros vecino, nadie iba a entrar a robar porque éramos pobres y sabían que no había nada de valor. Entonces aquella noche lo hicimos y nos acostamos, habíamos oído que había un hombre por ahí que era más pobre que nosotros y que no tenía ni que vestir, que últimamente rondaba por el barrio; pero a pesar de eso de eso dejamos la puerta entornada. Pues esa noche el zapato y el calsetín desaparecieron , no sabemos como pasó pero cuando nos levantamos por la mañana el regalo estaba en el sofá pero el calcetín y el zapato no. En otros años, nos levantábamos y veíamos el regalo junto con la prenda que poníamos, pero este año no fue así. Buscamos por todas partes y encontramos a los cuatro días el zapato, que estaba debajo de la cama. Al año siguiente no puse nada y me trajeron el regalo igual, yo era muy pequeño y no podía sospechar de aquel hombre que no tenía ni que vestir pero mi madre me decía que era aquel hombre que nos tría los regalos el que se llevó mi calcetín de lana que era uno de mis preferidos...

Queridos reyes Magos

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El dinero ya no es lo que era
El otro día fuí a ver a mi abuela y ella me dio 3 € para ir al cine. -Abu, esto no me da ni para la entrada- dije yo, mirándola. Ella extrañada me contesta: -¿Cuanto será 3€ en pesetas? -Pues...unas 500 pesetas- dije. Muy sorprendida me pregunta: -¿Cuánto cuesta ir al cine en tu tiempo? -Abu, pues unos 6 € sólo la entrada. -¿Cómo?- Me respondió con brusquedad, como si estuviese enfadada conmigo. -Sí, Abu. -Pero, ¿Cómo va a ser eso?. Cuando tu padre y tu madre estaban de novios, yo le daba a tu padre 500 pesetas y con eso compraba las dos entradas para el cine, pagaban la guagua, se compraban roscas, refrescos, golosinas, frutos secos... Y aún le sobraba para el día siguiente salir para otro sitio. -¡Ños, qué pasada! Pues ahora, esas 500 pesetas, es decir, los 3€ te dan para las roscas y con suerte para algo de golosina. -Pues toma, toma 10€-Mi abuela suspira muy profundo- El dinero ya no es lo que era.

Refléxionando
Recuerdo como si fuese ayer, las conversaciones que tenía con mi abuela, ella hablaba y yo callada solo escuchaba... Insistía mucho sobre cómo ha cambiado la sociedad desde su época hasta ahora, pero claro, para mí no era más que lo que una abuela le dice a sus nietos sobre el paso del tiempo. Decía que antiguamente solo salía con pocas pesetas, pero que con esas podía ir al cine, comprar golosinas y muchas cosas más . Yo prácticamente no me lo creí, pues, ¿quién va a pensar que lo que tu te gastas ahora, casi mil pesetas, ella lo hacía con cinco? A menudo, cuando veía la tele o leía una revista, se quedaba pensando varios minutos , yo la miraba discretamente esperando que me dijese lo que yo sabía. María, me casé con un solo hombre y con él pasé toda mi vida hasta que Dios me lo arrebató ...¿Cómo ahora pueden faltarse el respeto públicamente? Yo nunca contestaba porque para mi era algo normal, y lo sigue siendo, pues nada más enciendo el televisor vemos programas “basura”.Hoy por hoy comprendo lo que mi abuela decía. Algo que me llamó mucho la atención fue cuando me contó que antes no se podía salir a la calle con un gran número de amigos, porque la policía rápidamente los separaba...Ante esta situación pienso en muchas cosas y una de ellas es si verdaderamente no necesitamos más disciplina, no llegar a esos extremos, claro está, respetando siempre los derechos nuestros y los de los

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El biquini
demás, pero sinceramente me da pena de la sociedad actual, creo que no existe respeto alguno. A pesar que piense esto también me siento muy afortunada, tanto como ciudadana como mujer ya que esta sociedad es más igualitaria que la que existía antiguamente. No me imagino contando mis historias a mis nietos como hacía mi abuela, sin embargo, me ilusiona pensar que un día seré yo quien deje una huella de mi vida narrando mis historias, al igual que mi abuela hizo conmigo...

Con el paso del tiempo la mentalidad o la forma de pensar de las personas ha ido cambiando poco a poco, y se van abriendo a nuevas experiencias y más libertad de expresión. En la actualidad el divorcio se ha convertido en algo muy corriente y normal, ya que a diario muchas parejas se separan. Lo mismo pasa con la aceptación de las bodas homosexuales, ya que cada vez la sociedad lo va asumiendo mejor. Hoy en día también está de moda los calendarios y posters de mujeres en biquini o desnudas. Es curioso ya que hace unos 35 años ver a una mujer en biquini no estaba muy bien visto, o por lo menos eso es lo que pensaba mi abuela, que cuando se empezaron a poner de moda a mi madre no la dejaban ir con biquini a la playa, mientras que sus amigas si lo llevaban.

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Un día en la escuela
Juan acababa de entrar en clase, había llegado tarde debido a la nieve que se amontonaba en esa época del año en el camino de su casa a la escuela. Al llegar, el maestro le castigó con quedarse después de que tocara el timbre en clase. Cuando el maestro preguntó por los deberes, Juan no los tenía hechos y lo castigó haciendo que se pusiera de pié con los brazos extendidos en horizontal aguantando dos libros muy pesados. Al acabar la clase y cuando todos sus compañeros se habían marchado, el maestro le quitó los libros y le dijo que fuera a su mesa. Juan con los brazos doloridos hizo lo que le indicaba su maestro. Cuando se sentó, el maestro se acercó con una regla de madera y le ordenó que extendiera la mano. Juan ya sabía lo que iba a ocurrir y pensó que no hacerle caso sería peor, así que extendió las manos, el maestro descargó la regla sobre sus manos unas cuantas veces. Cuando terminó, el maestro dijo a Juan que podía irse pero que llamaría a sus padres. Cuando Juan llegó a su casa con las manos y los brazos doloridos y magullados, lo primero que hizo su padre fue gritarle y enfadarse con él por su comportamiento en la escuela

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Recuerdos
n Mi abuela me contaba que en su época las cosas que hacer los jóvenes de hoy en día no se les pasaba en absoluto por la cabeza y, si era así, decía ir a confesarse por pensamientos impropios. Todo parte desde la educación, antes se instruían las clases Í de religión en todas los colegios y la materia tenia mucho mas peso a nivel educativo que ahora. La mayor parte de las cosas estaban relacionadas con algo religioso y, si no era así, al final acababa siendo de dicho a á modo. Mi abuela con siete años, no mas, comiendo desesperada en el comedor del convento la fruta que tenia Í á , cascara, les obligaban a pelar con tenedor y cuchillo. Incluso s hermana, zurda de pelar un diminuto níspero.A Su a á nacimiento, le castigaban atandole la mano izquierda con una cuerda a la silla para que aprendiese a escribir con la mano diestra, y, si su caligrafía no convencía a la santa monja, la penalizaban aun mas sin salir del aula hasta que lo ú á é hiciese de la manera correcta según dictaba la santa no se que. é Hoy contemplo la gente en clase escribiendo de lado, con los pies sobre la mesa o alguien comiendo una fruta con cascara porque no sabe pelarla como lo aprendió mi abuela .

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Sistemas de educación
Don Manuel
Era lunes por la mañana y mi abuela iba al colegio a eso de las siete, como un día cualquiera. Tenía clase con D. Manuel, un profesor muy listo, muy sabio, pero muy estricto; tanto, que obligaba a los niños a escribir con la mano derecha. Y a los zurdos les ataba la mano izquierda y, hasta que no escribiesen bien con la derecha no salían de clase. Bueno, pues ese día tocó un examen sorpresa oral. Mi abuela tenía mucho miedo. Ella se lo sabía todo, pero miró a Don Manuel y lo vió más enfadado de lo normal y cogiendo una regla de metal por si alguien se equivocaba, le tocó el turno a Juanito, un niño que no se lo sabía. -¡¡Juan!! Levanta y dime el resultado de 3x4...¡¡ya!! Juan temeroso y muy nervioso respondió... -Creo que es 2, Don Manuel. Después de esa contestación lo único que recuerda mi abuela es que el profesor no paró de pegarle con la regla hasta que Juan dijo con un profundo llanto... -¡Doce Don Manuel, es doce, perdón! Mi abuela dijo que era un gran profesor, pero nació y se crió en una mala época. Cualquier día, desde por la mañana, los profesores intentan poner orden las aulas y sus alumnos saquen el mayor provecho de su lecciones . La profesora de lengua solo se calla, la de filosofía empieza a hablar y otros nos amenazan con echarnos. Esto es así porque los tiempos cambian, un par de generaciones atrás ya nos hubieran dado “leña” ya sea por el consabido método de la vara de madera joven o la humillación ante la clase. Y esto sí que es un método estricto, llegabas a clase y te preguntan, Miguel, la lección, y entonces se oía:”lo siento pero no me lo sé”. Después venía el castigo, o el golpe o la permanencia de rodillas con libros en las manos. Pueden parecernos malos castigo los de hoy, pero soy más feliz con ellos.

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Castigos

Mano dura
Cuando mi padre tendría diez años, mi abuelo le mandó hacer un recado a la tienda: comprar un paquete de tabaco y pan; pero las tentaciones a encontrarse con amigos en la calle llevaron a mi padre a distraerse unas buenas horas tras hacer el recado, y con la inocencia de esa edad se presentó tras el tiempo que he mencionado en la puerta de su casa; lo que no sabía era que su padre, mi abuelo que en paz descanse, guardaba en su espalda una fusta de burros con la que le iba a dar un castigo exagerado a nuestros ojos pero que en aquellos tiempos se veía con normalidad debido a la ignorancia que existía por culpa de la dictadura. Mi abuelo cogió a mi padre por la mano, y la alzó y le dio un azote que tuvo en carne viva varios días y aún guarda la cicatriz. Quizá la mano dura sea una manera de enseñar, pero es errónea, aunque a veces necesaria.

Mi padre iba al colegio tan contento, pero nunca esperaba lo que le iba a pasar. Ese día, como todos los demás, no había hecho los deberes y el profesor le preguntó que porqué no los había hecho; mi padre no contestaba sino que lo miraba con cara de pena para ver si colaba, el profesor pegó un grito en el que dijo:”siempre lo mismo, ven aquí y ponte de rodillas” Él fue y se puso de rodillas con los brazos en cruz. El profesor le puso unos libros y si bajaba los brazos, éste le pegaba con la regla. Lo que han cambiado las cosas, hoy si no hago los deberes me ponen un negativo.

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Cruce entre culturas
Es febrero, una mañana cualquiera en la Palmas de Gran Canaria. Sarah se prepara para ir a clase por primera vez tras su llegada de Pakistán. A su cargo, una familia canaria con bastantes medios que había decidido adoptar una niña. Tras su llegada al colegio no creía lo que sus ojos veían, los jóvenes caminaban por todo el patio con ropa de marca, camisas que ella misma había podido hacer semanas atrás en fábricas clandestinas de su pueblo para poder ayudar a su familia. Cual fue su sorpresa cuando entró en clase; al fondo, en el techo había un aparato de aire acondicionado que jamás antes había visto, no habían huecos libres, unas cuarenta mesas acompañadas de su silla. Pizarras, no una sino dos, y junto a ellas un viejo proyector al cual no hacían caso ni los alumnos ni los profesores. Para terminar, un mapamundi enrollado encima de las pizarras y en unas estanterías una gran televisión...que ni el presidente de su país se podría permitir acompañada de un vídeo y un aparato de música. Sin contar con todos esos medios, todos los alumnos tenían mochilas, libros y estuches llenos de utencilios que jamás había visto. Al llegar a casa se preguntó cómo podía ser posible que, con esos medios, los niños de su clase no estudiaran.

Un día normal, hace mucho..
Hace más o menos sesenta años, un chiquillo de barrio se levantaba a las seis de la mañana para acudir a la escuela. El chiquillo tenía que recorrer tres kilómetros andando hasta llegar al colegio a las nueve. Allí se despedía de su madre, que lo había acompañado, saludaba a la señorita y se ponía a jugar con sus compañeros. Ya acabado el colegio, tenía que ir a misa a las doce. Al niño le parecía aburrido tener que ir a escuchar al cura decir los relatos de la biblia y el largo sermón, además de tener que esperar que su madre termine de charlar con las vecinas de los cotilleos de la semana, pero tenía que ir porque su madre le había advertido que si no acudía, Dios le castigaría. De vuelta a casa, se puso a ver en la tele la película de vaqueros que echaban y cuando acabó se puso a jugar con su hermano pequeño a indios y vaqueros con los disfraces que le habían puesto los Reyes. Ya de noche, a la hora de acostarse, los hermanos querían acostarse con los disfraces puestos, pero su madre les reprochó argumentando que se dormían con los disfraces se les quedarían pegados a la piel. Así que los dos hermanos durmieron con sus pijamas y con sus muñecos de vaqueros.

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El verano
El verano de 1984 fue un verano inolvidable, cumplí mis ansiados 16 años. Me llevaba mucho mejor con mi hermano mayor y había desarrollado un gran poder de convicción para con mi padre. Había planeado que fuera “el gran verano”. Lo primero que quise fue conseguir un bikini, mi padre era de estos sargentos que no permiten hacer grandes cosas, pero no lo conseguiría todo ese año. Ese verano, dejé atrás el bañador y a cambio el bikini se incorporó a mi vestidor. Soñaba con el momento en que lo usaría y no fueron pocas las tardes que pasé mirándome frente al espejo, esa nueva imagen que tanto me gustaba... Por fin llegó el día, llegué a la playa y me convencí de que ese día ni el sol estaría tan radiante como la sonrisa que llevaba en la cara. Me quité la ropa y caminé hacia el agua con paso decidido, firme, con un orgullo digno de cualquier modelo que se precie. Pero todo eso se desvaneció cuando, no sé si porque me resultaba muy irreal o por buscar una mirada que se posara en mí, me giré, y entonces descubrí que nunca debí dejar atrás mi antiguo bañador, porque la única mirada que estaba posada en mí, era la de mi padre que además venía corriendo hacia mí con una toalla de ositos para cubrirme el cuerpo, porque según sus gritos: ¡todos me estaban mirando!!

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La trilla
Salía un reportaje el otro día por televisión en el cual se mencionaba cómo se separaban actualmente los granos de la paja, y mi abuela estaba en ese momento en la sala, entonces ella se sentó muy interesada en el tema en el sillón de al lado. Cuando el reportaje comenzó a dar información y se vio el procedimiento por el cual las máquina separan el grano de la paja, ella se sorprendió porque no tenía ni idea de que eso se hiciera así hoy en día. Ella comenzó a hablar explicando como separaba el grano en sus tiempos mozos, el proceso se llamaba “LA TRILLA”. Entonces mi abuela comenzó su pequeña historia y utilizaba palabras que yo nunca había oído, y empezó así: -¡Ay mi niño! En mi época nosotros no usábamos máquinas sino animales que al juntar unas cuantas bestias, se las hacía caminar sobre las mieses para separar el grano de la paja; y el hombre que dirigía la trilla llevaba en una mano una especie de látigo que se llamaba rebenque. Mi abuela se ponía nostálgica al recordar su vida de antaño, con sus caballos, sus trabajos sin horario fijado y sus miles de anécdotas. Mientras contaba el proceso de la trilla volvía a revivir aquellos días por momentos en el salón de su casa, y seguía contando... Pues para que los animales pudieran caminar sobre la paja, esta se ponía en la era, una especie de circulo empedrado, una vez puesta la paja, aquí los animales caminaban sobre ella y se separaba el grano, que luego se hacían dos montones, uno con paja para los animales y otro con grano para uso doméstico.” Y así se hacía en mis tiempos queridos.”

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Culturas
Para poder hablar de una cultura tenemos que saber primero qué es la cultura en general. La cultura es el conjunto de conocimientos, creencias, artes, leyes, oficios, formas de vida y todo cuanto el hombre ha heredado de sus antepasados; es un fenómeno social que no puede reducirse a un hecho de orden individual. Yo voy a comparar la cultura islámica con la cultura norteamericana. La palabra Islam significa “sumisión a Dios”.Comprende tres instituciones religiosas fundamentales: el Corán, la tradición del Profeta y las enseñanzas escritas y orales de los juristas, a través del doble testimonio de la fe. El Corán proclama su mensaje esencial, el cual declara los derechos del Creador por encima de todo lo relativo a nuestra existencia terrenal y se realiza en la existencia individual de todo aquel que aproxime lo más posible a Dios sus pensamientos y acciones. Con ese fin se incita a la lectura del Corán , a la invocación de los nombres de Dios y a las prácticas obligatorias de la oración, al ayuno, la limosna y la peregrinación a la Meca, al menos una vez en la vida. Mientras, la cultura norteamericana es muy distinta; esta cultura se encuentra tan extendida por el mundo que uno de los principales atractivos de ver el país por primera vez reside no tanto en las diferencias, cuanto en el delicioso impacto repetido de algo que resulta familiar: taxis amarillos en las animadas calles de la ciudad, buzones al lado de la carretera, porches de madera presidiendo los campos de algodón, matorrales por el desierto, interminables autopistas con caminos de reparto, restaurantes de fachadas cromadas, la primera vista del Gran Cañón. Pero la gran diferencia entre las dos culturas es que el Islam es una cultura que vive de la religiosidad mientras que los norteamericanos son más libres.

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Puertas con gancho
Antiguamente, en los barrios y pueblos, se dejaban las puertas abiertas con el gancho, no sé si como signo de confianza o simple inocencia de la gente de antes, pero las puertas de las casas siempre estaban así. Todos los vecinos de esos pueblos y barrios se conocían y estos, para entrar en las casas no tocaban a la puerta ni preguntaban si podía pasar a ellas, sino que solo quitaban el gancho, abrían la puerta y pasaban. Ahora también en algunas casas se puede observar como tienen la puerta abierta con el gancho. Sin ir más lejos, yo tengo una tía que vive en el barrio de Arenales, en Las Palmas, que mantiene vivía la costumbre, o tradición, según cómo se mire, y siempre tiene la puerta principal de la casa abierta con el gancho. Los vecinos de allí, la gente que la conoce, y demás personas, al entrar en la casa solo tenemos que quitar el gancho a la puerta, abrirla y pasar. Con respecto a esto, mi padre de pequeño vivía en el barrio de San Juan, y ahí siempre tenían las puertas de las casas abiertas con el gancho; y cuando iba a casa de la vecina a buscar leche sólo quitaba el gancho y pasaba, y hacía lo mismo cada vez que iba a alguna casa de allí.

La ignorancia de antes
Cuando mi madre era pequeña, nadie la había hablado que la mujer pasa por varias etapas; la niñez, la adolescencia y la madurez. Ella oía a sus amigas hablar de la menstruación y lo que harían cuando les viniese por primera vez. Una decía que empezaría a maquillarse, la otra que saldría sola... Antes no se le preguntaba a nadie por esas cosas, pues era un tema tabú. Contaba mi madre con solo diez años cuando le vino la regla por primera vez y no se le ocurrió otra cosa que encerrarse en el baño y empezar a afeitarse las piernas. Cuando su tía tocó a la puerta del baño solo se había afeitado media pierna. Salió sin haberse preocupado de lo más importante que era lavarse y ponerse una compresa, ya que ella pensaba que afeitándose ya era una mujer.

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Con diez años en los sesenta
Cualquier día de la semana, sobre las siete de la mañana, mi madre despertaba a mis hermanos y a mí para desayunar. Después, mi hermano Juan y yo, teníamos que ir a la naciente o al barranco para traer agua, ya que en casa no había agua corriente. Luego teníamos que prepararnos para ir al colegio y esperábamos a que Luis pasara con su jeep (un todoterreno) y así poder hablar y jugar con nuestros compañeros. -Ya estoy aquí, venga, a la escuela que hay que estudiarllama luis tocando la pita de su jeep. -Ya van los niños- dice mi madre-Venga chicos, coged vuestras mochilas e ir al colegio que llegáis tarde. Besitos. Llegamos al colegio y entramos cada uno en su clase. -Buenos días alumnos- dice la profesora. -Buenos días señorita- dijimos nosotros. -Hola señorita, una pregunta: ¿por qué las clases tienen que ser individuales, todos niños y no puede haber niñas con nosotros?- dijo Enrique -Eso yo no te lo puedo contestar. Ayer domingo, ¿Fuiste tú a misa? Le dijo la señorita a Enrique. -No profesora, no pude ir. Tuve que ayudar a mi padre en sus tierras. -Pues Enrique... Ponte de rodillas con los brazos estirados y con las manos abiertas, que te voy a dar con la regla, porque todos los domingos tienes que ir a misa. Siguió el día y llegamos a las cinco de la tarde a casa y mi madre tenía preparada la merienda para mis hermanos y para mi. Más tarde, nos ibamos mi hermano mayor, Juan y yo a las tierras de mis padres para ayudarles. Y así...los demás días de la semana. Luego los sábados, como no había que ir al colegio, teníamos que ayudar a nuestros padres en las tierras por la mañana y por la tarde podíamos jugar con nuestros amigos, mientras mis padres charlaban con los vecinos y nos vigilaban por si acaso no pasara algo. Y por último, los domingos eran nuestros únicos días en el que mis padres nos dejaban descansar y poder jugar algo más de tiempo con nuestros amigos, aunque a las siete y media de la tarde teníamos que estar bien vestidos para estar a las ocho en punto en misa.

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Contrastes
Las diferencias que yo he encontrado entre la cultura actual y la que tenían nuestros abuelos, padres, etc. Son que los niños tenían mucho más respeto y educación hacia sus padres, a su profesores...y nunca se les podía levantar la voz hacia ellos; antes no se tenía la libertad que existe hoy en día, antes se llegaba a casa sobre las once de la noche y ahora salimos a esa hora; había menos diversión que hoy, se iba, nada más, una vez al mes al cine, no existían las discotecas, las salas de juego, centros comerciales, etc., Se deseaba que llegaran las fiestas del pueblo, y para poder estrenar ropa, había que esperar al día del santo; apenas iban a la playa, la única diversión que encontraban era cuando llegaba la hora del recreo en las escuelas para poder jugar y divertirse con los amigos. Había muchas menos peleas callejeras que las que existen actualmente; antes los jóvenes tenían muchas menos posibilidades de poder estudiar, ya que la situación económica en la que vivían sus padres era bastante baja, la mayoría de los padres pensaban más en que sus hijos trajeran un sueldo a casa, para poder ayudar a la familia y que los niños, cuando llegaban del cole a casa, tenían que ayudar a sus padres en las tareas, tanto en la casa como en la agricultura, ganadería etc.

El móvil

Los jóvenes de hoy en día disfrutamos de muchos avances tecnológicos que nuestros padres no tenían. Por ejemplo, los móviles, mp3, ordenadores...en muchas situaciones hubiesen resultado muy útiles; por ejemplo, cuando mi madre tenía unos catorce años salió con sus amigas en bicicletas a merendar al campo, como acostumbraban. Se fueron a unos dos o tres kilómetros del pueblo y, de repente, les cogió una tormenta de verano. Por la zona en la que estaban había un cuartucho donde los labradores guardaban sus utensilios. Forzaron la puerta y se metieron allí con las bicis. Unas cuantas horas después apareció mi padre en el coche con unas amigas de mi madre y traían paraguas, porque alguien del pueblo les avisó de que sus hijas estaban allí. Tuvieron que dejar las bicis en el cuartucho porque estaba todo lleno de barro e ir a recogerlas al día siguiente. En ese momento, les hubiese venido muy bien un móvil para poder avisar a sus padres cuando comenzó a llover. Ese es un lujo que nosotros tenemos y el cual nos resulta necesario y no nos imaginamos sin él.

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Aventuras
Como bien se sabe, cuando nuestros padres eran pequeños y no existía lo que hoy en día tenemos (videojuegos, consolas...),pues se montaban sus propias aventuras. Cuando mi padre tenía diez u once años, todo empezó en un pequeño bosque en un pequeño pueblo, cuyo lugar es ahora un gran pantano. Un joven y sus tres amigos, aparte de un perrito que les acompañaba, fueron a buscar culebrillas, pero no unas culebrillas normalitas e indefensas; era un “bastardo” (reptil que al atacar a la presa no muerde, entierra su cabeza bajo tierra y pega un latigazo).Vieron uno, pero..., no se atrevían a acercarse así que dejaron que el perro, envalentonado, avanzase hasta el pequeño bastardo. El perro lo fue a atacar y el reptil metió su cabeza en el barro y dio tal latigazo al perro, que dijeron que los aullidos se escucharon en el pueblo... A las pocas semanas, esos chicos volvieron al mismo lugar... Pero el pobre perrillo decidió mantener una distancia más segura.

Nuestros abuelos
La forma de vivir antiguamente era muy diferente a cuando mi abuelo trabajaba en el campo; era una persona muy sana, (aunque fumaba) vivió hasta los noventa y seis años, y él mismo construyó la casa donde ahora vive mi abuela, mi tío en la parte de abajo y la hermana de mi abuela por la otra parte. Para mí es algo muy importante ya que, si yo lo hubiese intentado, ya se hubiera caído. Yo le tengo mucho aprecio a mi abuelo, fue una persona que me enseñó mucho y me trató muy bien. En su vida sucedieron muchas cosas, largas historias de las que conozco alguna y desconozco cientos, por supuesto muy largas para contar aquí. Sinceramente no sé si se vive mejor que antes porque no he vivido ese antes, pero si es verdad que ahora todo parece mucho más estresante y todo es muy material y todo hay que trabajarlo demasiado, para al fin y al cabo vivir menos que antes.

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Un día cualquiera
Recuerdo que salíamos a la calle a jugar porque en casa nos aburríamos, no había consolas y la tele además tenía dos canales. Tocaba en el portal de enfrente y preguntaba:¿Está Pedro?-.Su madre me salía a contestar que sí. Juntos tocábamos abajo a otro amigo y salíamos a jugar a todo tipo de juegos: el teje, indios y vaqueros, el boliche, la cogida y demás. Pasábamos las tardes en la calle hasta que alguna de nuestras madres gritaban desde el balcón: -¡¡venga para arriba que ya es tarde!!-. Entonces la respuesta era: -¡¡cinco minutos más que estamos terminando!!-. Era en vano. Subíamos y llegaba la ya repetitiva “bronca” de siempre: “que sucio llegas, ese pantalón está todo roto, contigo no gano para disgustos” eran ya frases que se me hacían monótonas y hacía caso omiso de ellas. Acto seguido me bañaba, cenaba y me preparaba para irme a la cama y estar listo para el siguiente día, el cual empezaba en el colegio, donde recibía todo tipo de golpes y castigos ya que no era gran estudiante.

Roqui
Era la primavera del 78 por aquel entonces yo era una chica ingenua y obediente, por eso cada tarde salía a comprar el pan a la tienda que se encontraba cerca de casa. Un día se cruzaron en mi camino dos perrillos que no paraban de ladrar y mordisquearse, yo intenté separarlos y claro como es lógico me mordieron y me dieron un buen bocado en cada una de mis piernas. Yo me asusté y lloré mucho; después, cuando pasó todo, en mi cama por la noche, me prometí que jamás acariciaría a uno. Y así durante muchísimos años. Ahora tengo cuarenta años y un perrito que se lama Roqui al que quiero muchísimo.

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Una vieja foto
“Los jóvenes de hoy en día no sabéis valorar lo que teneis”, Por primera vez estas palabras causaron en mí un efecto que no habían tenido hasta ahora. Por primera vez me paré a reflexionar sobre todo lo que tenemos la suerte de tener hoy en día; sobre las cosas “necesarias” de las que nuestros abuelos e incluso nuestros padres en su infancia no pudieron disfrutar. Llevaba toda la tarde viendo fotos con mi abuela, ella me las enseñaba con ilusión, recordando cada instante fotografiado como un momento feliz, pero lo cierto es que alguno de los niños que allí sonreían alegres ni siquiera llevaban zapatos. Esto me hizo recordar la tarde anterior y la rabia que había sentido al no poder comprarme unos pantalones vaqueros que, para ser objetiva, no necesito; pero a pesar de esto me había pasado la tarde disgustada. Realmente...¿merece la pena? Mi abuela me enseñó aquel día con esa foto más de lo que podía haber imaginado. Inmersos en una sociedad materialista, donde las normas morales e incluso los sentimientos y las sensaciones han sido condicionados por este desenfrenado consumismo que nos lleva a desear conseguir todas las cosa que veamos para luego apartarlas y olvidarlas ansiosos de nuevo por conseguir algo más. Mi abuela, sin zapatos y con un único conjunto de ropa para toda la semana, era capaz de pasar una tarde feliz con sus amigos mientras yo renunciaba a esos instantes, enfadada con el mundo y conmigo misma por no tener un algo más” de lo que ya tenía...¿merece la pena?

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Un cambio radical
María es una joven ecuatoriana que ha llegado a Gran Canaria muy asustada después de los últimos acontecimientos acaecidos en su tierra natal que han obligado a sus padres a embarcarse en esta aventura que les supondrá un cambio radical en sus vidas. Se afincaron en uno de los barrios más humildes por no decir conflictivos de la ciudad, ya que la situación económica familiar no era precisamente buena. En sus primeros días de estancia, María los pasó en su nueva casa, asustada esperando su primer día de clase, en su habitación muy pequeña y sin mucha opción de ver la calle debido a la ausencia de ventanas, pero sí lograba oir los gritos de las reyertas sucedidas a escasos metros de su casa y el impensable sonido de las pequeñas motos conducidas por niños de apenas doce años que nunca había visto en Ecuador. Llegó el gran día y María se enfundó su uniforme del nuevo colegio, cosa que le extrañó, ya que antes tenía hacer todo lo posible para ocultar cualquier forma o posibilidad de estudio. Su nuevo colegio le quedaba lejos de casa, pero no le resultaba costoso acudir a él porque su padre también iría cerca a su trabajo. La joven cogió una camisa para ponérsela encima del uniforme y una blusa cualquiera de una tienda de ropa para camuflar los libros. Se dispone a salir de su casa; daba lo que fueron sus primeros pasos de una vida que no esperaba muy distinta a la de su país, y así fue, los primeros cinco minutos en su barrio hacia la parada de guagua se le hicieron eternos por la miseria que veía a su alrededor, pero tenía que girar a la derecha, y después de esa esquina agrietada, que se caía a pedazos esta niña con trece años vio nacer una nueva vida. Pasaban coches de todo tipo, jóvenes escotadas, chicos con peinados que rezaban la extravagancia e incluso lo que más le asombró, niños y niñas con maletas rosas, e incluso firmadas por sus compañeros. Todos ellos estaban uniformados cada uno con la ropa de su respectivo colegio. Llegaron a la parada, y el semblante de María era otro, su vida había empezado de cero. En el colegio todo fue genial, iba vestida como todos y se compró una maleta, sus amigos eran excelentes y había recuperado las ganas de levantarse temprano cada día y ver a sus nuevos amigos.

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Un nuevo camino
Todo comienza a principios del mes de Septiembre. Gisele y yo nos dirigimos a mirar las listas de clases de nuestro nuevo centro: el Politécnico. Después de haber permanecido en el colegio Marpe cinco años, que abandonamos con gran nostalgia meses atrás, llegamos al instituto con mucho nerviosismo, porque deseábamos estar en la misma clase. Cuando nos dirigimos al tablón y nos vemos las listas preguntamos en secretaría, y nos comunican que todavía no estaban, que sobre la una y media ya se hallarian a nuestra disposición. Nos vamos hacia Triana a realizar una compras de ropa para el nuevo instituto, puesto que en nuestro colegio siempre llevábamos chándal y uniforme. La idea de no repetir ropa nos agobiaba. Después de efectuar dichas compras, volvimos a mirar las listas y nos dicen que hasta el día siguiente, en presentación, no se encontraría a nuestra disposición. Con muchos nervios llegamos el día de la presentación, nos dirigimos a inspeccionar las listas; cuando vemos que estábamos ubicados en la misma aula comenzamos a gritar, saltar y alegrarnos mucho de permanecer juntos. He de reconocer que la idea de comenzar en un nuevo centro sin conocer a nadie me asustaba bastante. Hoy por hoy me encuentro perfectamente y muy contento en el instituto.

Avanzando en la educación
Hoy en día la forma de castigar a un alumno es muy distinta a la de dos generaciones atrás. Antiguamente utilizaban castigos que hoy en día son un abuso, aunque en su momento se consideraba lo correcto para educar a los niños. Por ejemplo si un niño cometía una travesura, le pegaban en la palma de las manos con una regla o le colocaban las famosas orejas de burro para que sus compañeros se riesen de él, o simplemente lo ponían de espalda a la pared. Pero por suerte la sociedad ha avanzado, y esto ya no se efectúa ni se repite, ya que es considerado un abuso hacia el alumnado.

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Un día cotidiano
Todo empezaba a las cinco de la mañana cuando la mujer se levantaba para desayunar y preparar el desayuno a su esposo. Mientras éste desayunaba ella se encargaba de arreglar la casa. Luego salían juntos e iban a trabajar, allí, la mujer aprovechaba para lavar la ropa en el canal que llevaba el agua para regar los tomateros que su marido estaba cuidando. A la hora del mediodía se reunían para comer un poco de gofio, queso tierno hecho por ellos mismos y agua junto con algún fruto de su finca, y algún que otro tomate que cogían prestado de la finca que ellos atendían. De vuelta a casa el hombre se quedaba con sus amigos hablando mientras que la mujer se iba para hacer la cena.

Recuerdo de un noviazgo
Aún recuerdo con nostalgia y gracia aquellas tardes en que solía pasear con mis amigas del brazo, por aquella alameda que a pesar de no estar marcada, todos seguíamos de forma casi innata, para mirar a los chicos que también paseaban por allí. Los rayos de sol acariciaban nuestros rostros y aún recuerdo las primeras miradas cómplices que intercambié con aquel chico de ojos verdes y cara pícara, no hicieron falta palabras para saber que no faltaríamos la semana siguiente a nuestro próximo encuentro no programado. Era muy simpático, y al poco tiempo ya pudo ir a buscarme a mi casa. Aún recuerdo las ganas que tenía de que llegara el martes, el jueves o el sábado que eran los días de noviazgo y sabía que él vendría; y cómo no, Margarita, mi hermanita pequeña salía de carabina con Manuel y conmigo; pero nada podía estropear aquellas tardes largas en que íbamos a la dulcería de Nicolasita a compartir una milhoja y un royal-crown y a dar un paseillo por el parque. Alguna vez pudimos ir juntos, los tres al cine, pero lo que realmente me gustaba era la noche del baile, que era cuando único podíamos tocarnos un poquito.

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Plátanos de La Palma
Mi abuelo por parte de mi padre, era de La Palma, y allí, tenía una enorme plantación de plátanos. Todo el mundo en La Palma conocía los plátanos de mi abuelo. Iba los domingos con mi padre y mi tío a venderlos al mercado y en casa nunca faltaba plátanos de la cosecha de mi abuelo. Pero hoy en día nadie compra plátanos de agricultores como mi abuelo. Hoy se compran en los supermercados, comercios y otras tiendas. Mi abuelo tuvo que vender su plantación de plátanos a una cadena de supermercados porque ya no le aportaba beneficios y ya nunca hay plátanos de mi abuelo en casa para comer.

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Cosas del vestir
Mi madre me contaba que cuando era pequeña, y en la época de Semana Santa, todos los niños estrenaban ropa, deseaban que llegara ese tiempo para dejar de ponerse ropa de sus hermanos, ya que pasaba de unos a otros para aprovecharla, y para tener su propia ropa a estrenar. Ese día era especial, no sólo por la vestimenta sino por el significado que tenía la Semana Santa; en fin, comparado con lo que me he ha tocado vivir a mí, en este tiempo en el que cada día se estrena una prenda de ropa nueva, esos se quedan como recuerdos agradables ya que estamos viviendo una sociedad consumista donde sólo existen rivalidades en todos los sentidos. Espero que algún día volvamos a vivir las cosas como las vivió mi madre; con ilusión y un granito de arena se convertían en una montaña. Así estaríamos más unidos y sin problemas de vestimenta, con respeto, humildad y solidaridad; así habría menos violencia y seríamos más felices.

Quiero trabajar
Una fría tarde más de enero , en la radio había escuchado algo las mujeres trabajadoras pero mi madre apagó la radio rápidamente. Desde hacía años una idea rondaba en mi cabeza, estaba harta de seguir las tareas de mi madre, yo no quería eso. Estaba harta de planchar, coser, lavar...¿yo no podía aprender matemáticas, geografía o simplemente trabajar tal y como había escuchado en la radio? Tras meses de reflexión me acerqué a papá, las piernas me temblaban y el corazón me latía tan fuerte como nunca. -Err... Papá, no quiero acompañar a mamá en la casa y quiero empezar a trabajar fuera de casa. Un silencio inundó el cuarto y solo la sombra de una mano se avecinó sobre mi cara. Supongo que para una joven de 16 años el destino en 1943 ya estaba decidido.

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La familia

Brujas y espíritus
Mi padre se crió en San Lorenzo con sus padres y una tía mayor, la cual le contaba relatos y sucesos que producían miedo a mi padre y a sus hermanos, cierto miedo y respeto, lo que visto ahora es una bobería. En frente de la casa había una montaña sin carretera y sin luz y por la que no pasaba nadie. Se divisaba luz moviéndose lentamente producto de algún pastor o alguien que simplemente pasaba por allí, pero se relacionaba con espíritus y brujas. También era típico el comentar sobre alguna vecina bruja como el caso de “la bicha”de la que tras su muerte, se decía que cada noche salía una paloma blanca de su tumba. Estas historias hacían de los jóvenes personas con respeto pero lo que nos produce a nosotros es cierta risa o, incredulidad o algunos, los más osados, se atreven hasta a jugar con ello.

Las cosas antiguamente eran muy diferentes sobre todo en Navidades porque no había un consumismo como el de hoy en día; antes se conformaban con una cosita pequeña porque no había dinero para más mientras que hoy en día los niños quieren juguetes y juguetes aunque a la mitad de ellos no les hagan ni caso y aunque los padres no tengan dinero para pagarlos. Antiguamente los familiares estaban más unidos sobre todo en Navidad, ya que todos se reunían en una misma casa y pasaban allí las fiestas navideñas; se solía visitar los belenes en familia. En esos tiempos las escuelas no eran como las de hoy en día sino que los profesores muchas veces eran curas y monjas y no todos los niños tenían a oportunidad de ir a la escuela. Además los profesores maltrataban a los niños cuando hacían algo mal. Los fines de semana para divertirse solían salir con su familia y cuando eran algo mayores iban al cine o a las fiestas del pueblo.

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El gofio
Antiguamente el gofio era mucho más habitual en los desayunos y comidas de nuestras madres y abuelas. Ahora esta costumbre canaria no está tan de moda como antaño. Mi madre, por ejemplo me cuenta cómo en su época todos los días había leche con gofio para desayunar, mientras que ahora está muy de moda el cacao o el café con leche. Creo que habría que recuperar esta costumbre tan propia de nuestras islas.

Relato
Cuenta mi madre que en su casa vivían nueve personas, sus padres y siete hermanos; de ellos, tres chicas y cuatro chicos. Esta situación establecía por norma diferencias esenciales. Los varones tenían incluso autoridad sobre ellas. Los chicos podían entrar y salir de casa sin horarios. Eran machos y tenían “ese derecho”, en su casa nadie podía imaginar que ellos barriesen, lavaran la loza...eso eran “cosas de mujeres”. No importaba tampoco que las mujeres tuvieran que trabajar fuera de casa; a ellas, además se les asignaba las tareas domésticas. Aparte de esto, como las condiciones de las viviendas y carencias de los servicios públicos como conocemos hoy provocaba unos “trabajillos” añadidos. Naturalmente en su casa no había lavadora. Las chicas se encargaban de llevar la ropa a la acequia para lavarla a mano. Luego se tendía al sol sobre piedras. En la casa tampoco había mucho espacio, así que varios dormían juntos en la misma habitación y llegaron a dormir dos en la misma cama.

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Cambios generacionales

Relaciones y mentalidades
La forma de vivir el noviazgo era muy diferente a la naturalidad con la que se lleva a cabo en la actualidad. Hasta hace un par de generaciones la pareja estaba obligada a establecer una relación con la familia sin vida íntima alguna. En el caso de que se diera una salida, tenía que ser con un acompañante (que podía ser un miembro de la familia, un amigo, etc..) En cuanto a la relación de pareja, estaba mal visto que tuvieran relaciones sexuales ( y por lo tanto tener hijos) antes del matrimonio, y si lo hacían, estos hijos estaban mal vistos por la sociedad; y recibían otro trato. Además la homosexualidad no era nada aceptada por la sociedad y se discriminaba. En los papeles familiares la única firma que aparecía era del cabecera de familia, es decir, el hombre, o una autorización firmada por éste; era el único método , por lo que se limitaba la libertad de la mujer (por ejemplo, para hacer trámites con dinero en el banco).

La sociedad ha cambiado mucho desde años atrás. La sociedad era muy cerrada y era muy difícil aceptar cosas como el noviazgo de los hijos, el matrimonio, etc... Tan sólo remontandonos dos o tres generaciones atrás el noviazgo y el sexo era una tabú, utilizando como referencia a mi abuela, tal y como me cuenta, las madres o hermanas de los novios no paraban de vigilar a la pareja por el simple hecho de que no ocurriese nada. Otro factor importante es el hecho del divorcio. Si por cualquier motivo el marido dejaba a la esposa, esta quedaba soltera de por vida. El sexo era totalmente secreto hasta el matrimonio, solo se producía algún beso, como mucho se daban la mano por la calle y la virginidad se mantenía hasta el casamiento. Si una chica tenía un hijo soltera, solo poseía un camino: la soledad y la prostitución. Aparte de todos estos factores amorosos existían cambios en la familia y la casa. El hombre era respetado en la casa y éste se imponía a base fuerza y gritos. En conclusión, la cultura ha cambiado, se ha abierto a todo tipo de cambios y acepta cualquier tipo de opiniones.

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Canciones
Recuerdo algunos días en mi casa, viendo la televisión programas muy conocidos como Operación Triunfo. A mi padre no les agradan nada y, cada vez que pasaba por delante de la televisión, miraba con cara de repulsión a los distintos aspirantes a cantantes que por allí pasaban. Cierto día él, al ver a uno de los chicos del programa, me soltó: “Hay que ver como cambian los tiempos, antiguamente lo que costaba ser cantante y ahora meten a todos estos aquí con cuña, sin saber lo difícil que es construirse su propio camino, como los buenos cantantes”. Continuando la actuación del cantante prosiguió diciendo: “Es que parece mentira cómo un simplón que está de moda solo sabe dar brincos, vueltitas y gritar seeeee, pero si encima ese hombre parece un maricón, y eso es lo que es, -vociferó mi padre muy motivado por su razonamiento- ¿y esa porquería de música les gusta a la sociedad ? ,“ dijo con cara de desagrado...luego hizo memoria y pensó: ¡”Cómo añoro los tiempos de antes,: la buena música. Yo , ya cansada de sus opiniones, pensé que ya había llegado el peor momento, el del tostón, Y ciertamente así era, comenzó a explicar lo siguiente: “Antes había que ir a la península para poder grabar un disco, como hizo José Velez, ese sí es un gran cantante que empezó con 16 años, etc... Y la música era calidad, las letras de las canciones eran preciosas con contenido, no como ahora, unas como “bomba de no sé qué movimiento sexual”, porquerías nada más” -. Yo ya estaba bastante cansada deseando que se quedara sin saliva y fuera a tomar agua; en vista de que no sucedía decidí apagar la tele e irme a mi habitación. Una vez allí aún se le oía hablar de sus épocas, desde ese momento decidí que cada vez que viera otra vez el programa y él pasara por ahí cambiaría enseguida de canal, y así lo hago, por mi propio bien y el de la salud de mi cabeza.

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El paso del tiempo
Quedaba poco para comenzar con los preparativos navideños. Estábamos a 17 de diciembre y tan sólo quedaba una semana para la gran cena. Mi madre y mis tíos sacaban dinero de todos lados para ofrecernos como cada año todo tipo de manjares a los que ni siquiera prestábamos atención. Mi abuelo, se caracterizaba por ser una persona afable y divertida que estaba constantemente haciendo bromas, pero no entendía el porqué de su actitud en estas fechas. La noche del 24, mientras todos cenábamos marisco y las mejores carnes, él veía la tele mientras se comía un escueto caldo de papas que le había preparado mi abuela. Yo no le encontraba la explicación, al igual que el día de reyes, cuando todos cardiacos abríamos regalos sin parar y él, se limitaba a esbozar una tímida sonrisa y a colocar sus regalos sobre la cama. Un día; después de todo el revuelo navideño, le pregunto intrigada por qué y de forma tranquila y cariñosa, me responde: “sólo necesito salud, a mi familia y un plato de comida para estar en paz y ser feliz”. En ese momento pude comprobar de primera mano el cambio de mentalidad. Aumenta la superficialidad, las prioridades en la vida y nos convertimos en unos egoístas que no ven más allá ¿Estámos destinados a no conformarnos con lo esencial? ¿A ser esclavos de nuestros deseos?

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Nuevos horizontes

Juguetes artesanales
En pasadas generaciones se jugaba con juguetes artesanales hechos por los mismos niños porque no había medios económicos en algunas familias. En una de ellas había un niño que, junto con sus amigos fabricaba lo que ellos llamaban “carretilla”. Hecho con un caja de madera, le ponían una rueda vieja y dos palos para sujetarla.También fabricaban “motos” con una lata de aceite que agujereaban por dos laterales, le introducían un palo y dentro de la lata ponían pedazos de velas para alumbrar; la diversión estaba garantizada pues jugaban hasta que se hacía de noche, cuando sus madres les llamaban para ir a dormir. Al día siguiente volverían de nuevo a la cita y a construirse otro artefacto contando con algunos trastos y mucha imaginación, aportados por cada miembro del grupo de niños.

Con la idea de descubrir y sentirnos pequeños en una ciudad más grande que la nuestra, parte de mi familia y yo nos decidimos por viajar a Madrid capital,ciudad que te brinda numerosas actividades a realizar, todo relativamente a nuestro alcance; monumentos históricos, avenidas inmensas, espectáculos, fútbol de élite, tiendas y medios de transportes rápidos y baratos, un sitio que , al igual que en nuestra ciudad, viven personas de múltiples nacionalidades, pero sobre todo personas de diferentes partes de España con sus propias costumbres, fiestas populares, acentos e incluso diferentes idiomas. Puedo decir sin duda que viajar es una de las experiencias con la que aprendo y disfruto. Me doy cuenta de la gran diversidad que existe solamente en este país, dividido en comunidades autónomas, siendo, por ejemplo la nuestra, Canarias, la más alejada y muy rica en costumbres. Creo que el secreto está en entender que la diversidad es tan importante como bonita porque nos enriquece culturalmente a todos y, junto con el respeto, es la clave para una buena convivencia.

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Juegos del recuerdo
Antes, más o menos hace unos 25 años, existía otra clase juegos como el teje, la cuerda, el elástico, la cogida... Pero ahora en la actualidad se han perdido esa buenas costumbres y poco a poco se irá olvidando de todos estos juegos que eran la alegría de los barrios. Desde hace unos años atrás se inventaron los juegos informatizados, los cuales han ido dejando sin uso los juegos cotidianos de antes; entre ellos, los juegos de ordenadores, psp ... En los juegos de antes se relacionaban más los niños porque son de grupo, en cambio, los juegos de hoy en día son más individuales y los niños no se relacionan nada y encima a veces son contraproducentes para la formación del niño, porque en el mercado hay juegos que incitan a los niños a la violencia.

Cuenta la abuela ...
Mi abuela me contó que cuando era joven el noviazgo se vivía de otra forma a la actual. Me contó que ella cuando tenía novio no podía salir sola son él. Siempre tenía que ir acompañada por alguien más, ya sea con una amiga o con sus hermana, pero bajo ningún concepto salir sola con el chico. En esa época no se solía llamar novio sino compañero o amigo. Antiguamente la palabra novio se utilizaba cuando ya había un compromiso por ambas partes incluyendo la aceptación de los padres y un proyecto matrimonial a corto plazo. Sin embargo, hoy por hoy, la palabra novio la utilizamos mucho cuando salimos con algún chico/a. Tampoco tenían tanta libertad para salir como ahora, antes había que estar pronto en casa, pero ahora los jóvenes llegan a altas horas de la madrugada a casa. Muchos han sido los cambios desde la época de mi abuela a la de hoy en día.

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El relato
Cuando mi abuela era pequeña solo podía vestir con faldas que llegaban a las rodillas e incluso un poco más abajo; en cambio ahora las chicas pueden vestir con pantalones largos y hay veces que se ponen faldas tan cortas que en otra época habría resultado escandaloso.

Viaje hacia la felicidad
No ha sido fácil emprender una nueva búsqueda de la felicidad, luchar por mis ideales y no caer en el literado desánimo de las adversas situaciones vividas. No siempre la vida recompensa de forma justa en cada momento vivido, pero aún así hoy puedo afirmar que realmente hoy soy feliz. Hoy, al mirar el evidente paso de los años ante mis ojos y recordar intensamente el hilo que recorre mis emociones y pensamientos, puedo aún afirmar lo que un día de mi vida, encontrar en mi mente recuerdos y entender hoy que levantando la más difícil lección, la enseñanza de toda una vida; aprendí que era capaz y hoy puedo firmemente contemplar mi futuro que me brinda estabilidad, un camino que sólo está por comenzar, y es que jamás es tarde para continuar. Empecé con tan sólo ocho años a entender, a comprender que incluso la propia felicidad llevaba precio. La guerra había comenzado en aquel 18 de Julio de 1936 y tras mi cálida y tierna inocencia pude vivir escondida en la ilusión de que aquello solamente era un juego, junto a mis seis hermanas y mi único hermano. Arcentales, un precioso pueblo donde ----mis primeros años, recuerdos e ilusiones de estudiar a pesar de la falta de recursos. Nuestro hogar, una pequeña finca que nos proporcionaba el más básico alimento, allí encontramos durante muchos años la paz y el amor de una familia realmente unida. Con el transcurso de la guerra, nuestro pequeño pueblo dejó de ser un lugar

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Seguro y nos vimos obligados a marchar a Santander, debido a la continua presencia de cañones y militares, incluso en la noche. Son muchos los recuerdos y las sensaciones que puede llegar a sentir durante tres interminables años, pero sin embargo mi hermano nos dejó sin despedida alguna; y todo ello marcó por completo aquellos años de nuestra vida. Joven y valiente, marchó junto a mi padre y algunos de mis tíos, recibíamos periódicamente sus visitas donde sus ojos mostraban junto con sus relatos desaliento y penurias, sin embargo teníamos la esperanza de que volviera la normalidad. No todo es de esperar..., Y mi hermano murió en Lérida, en la batalla del Ébro derrumbando así parte de nuestras esperanzas. Tan solo conseguimos un paquete que hicieron en el hospital con el nombre Ignacio--------; Objetos del soldado fallecido. Con el paso de los años regresamos a nuestro pueblo, nuestra casa, lo que fue nuestro hogar tuvo que ser totalmente reconstruida. Finalmente tras crecer y vivir todo tipo de situaciones logré muchos de mis objetivos, encontré a felicidad para nunca abandonarla y con ella descubrí que todos los años de dolor sirvieron para encontrar eternamente un inolvidable amor.

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El exprimidor eléctrico
Atrás quedaron los tiempos en que íbamos a un restaurante y cuando pedíamos un zumo de naranja natural, teníamos que esperar un buen rato hasta que en la cocina exprimieran las naranjas y nos los servían. Esta sociedad moderna y mecanizada ha conseguido muchos avances que han facilitado nuestra vida. Es de destacar la cantidad de electrodomésticos que en los últimos 20 años han inundado nuestras cocinas, aligerando en tiempo y facilidad algunas de las tareas más engorrosas de la cocina doméstica. Este invento que he escogido, el exprimidor eléctrico, al que damos poca importancia, significa un ahorro considerable de tiempo, al menos eso comenta mi padre, que es quién día a día nos prepara el desayuno y nos hace nuestros zumos frescos cada día. Así que doy las gracias al inventor de este aparato que permite que diariamente pueda disfrutar de zumos frescos y llegar a tiempo al colegio sin que estos hayan perdido propiedades.

Barriendo calles
En aquel tiempo las calles no estaban asfaltadas. La noche de reyes era tradición que los niños limpiaran todas las calles para que pudieran pasar los Reyes Magos. El día cinco de enero todos los niños del barrio salían de sus casa a limpiar las calles y por la carretera (de tierra) iban dejando centeno (o comida para los camellos), para que, cuando llegaran los Reyes Magos esa noche, pudieran encontrar el camino y así, también, los camellos se alimentarían, a la vez que llegaban a las casas a dejar los regalos. Al día siguiente, los niños se despertaban con la ilusión de encontrar sus regalos y ver que ya no había centeno en las calles, ya que los camellos de los Reyes Magos se los habían comido...

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En una calle de Paris
Mi abuela nació en una calle antigua de Paris que se llamaba Charlerois, se casó con un hombre de su familia y vivió en la época de los cincuenta en una casa pequeña con dos habitaciones, un baño y una cocina. En esa época no tenían fuego para hacer comida. Tenía una niña y dos niños e iban a la escuela sólo tres horas por la tarde. En navidades van a casa de su familia junto con sus niños y se celebraba una pequeña fiesta con arroz. Su costumbre era en las fiestas rezar a Dios. Mis abuelos eran analfabetos porque con cinco y siete años no había escuelas en esa época y sus ropas sólo eran faldas largas y jersey. Trabajaban mucho en las tareas de casa: lavaban ropa a mano, no tenían luz eléctrica sólo linternas y el agua la traían de un pozo que estaba al lado de su casa. Gracias a las tecnologías se va desarrollando todo poco a poco hasta la actualidad.

Urbanidad
Antiguamente nuestros padres y abuelos vivían de de una forma diferente; no les daban dinero, lo tenían que ganar por su propia cuanta trabajando de muy pequeños o para amigos de sus padres que tenían tierras de cultivo e iban a trabajar allí; pero ahora nosotros tenemos todo lo que queremos. La educación y el saber estar se recibían en el propio hogar, enseñaban a los niños cómo había que comportarse en las visitas que se efectuaban entre familias o amistades, en la mesa, en la consulta de un médico, en misa o en la guagua. Pero en fin, era una época diferente...

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Actitudes machistas
El otro día cuando fuí a casa de mi abuela para una cena familiar ocurrió algo que no esperaba. Yo siempre he pensado que mi abuela y su pareja eran bastante progresistas, pero el otro día y, tras una situación que ahora contaré, me quedó claro que pertenecemos a distintas generaciones y que de progresismo, poco. Después de la cena mi tío Javi y yo nos pusimos a recoger los platos mientras los demás hablaban animadamente. En la cocina, fregando, estábamos mi tío y yo cuando la pareja de mi abuela dijo a Javi que se fuera a ver el futbol con él mientras “las mujeres de la familia nos encargábamos de esas cosas de mujeres”. A mi me hervía la sangre y mi tío estaba asombrado de lo que aquel hombre decía. Al final, educadamente, Javi le dijo que prefería quedarse acompañándome y entre los dos nos encargaríamos de la loza. Así termina una historia que pensaba que no podría ocurrir en el siglo XXI.

Avances
La vida ha cambiado de una generación a otra, la alimentación, las modas, los lugares de ocio, costumbres y otros muchos cambios. En anteriores generaciones con respecto a la alimentación se comía más verdura, la carne era más ecológica, se manipulaban menos los alimentos, aunque también es cierto que había menos higiene ya que no existían los avances tecnológicos de hoy en día. Referente a la moda, antes la sociedad era más humilde a la hora de vestir y, con respecto a los lugares de ocio, las alternativas que habían eran cine y bailes de pueblos y barrios, mientras hoy en día casi ya no existen esos bailes, sustituidos por discotecas. En definitiva, estos cambios se han producido por los grandes avances tecnológicos que sin darnos cuenta forma una gran parte de nuestra cultura y ya no nos imaginamos sin ellas.

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Un sueño
¡Ring...Un nuevo día ha comenzado. Como todas las mañanas me dirijo al baño; llego, abro el grifo y no encuentro agua, ni una sola gota. Mientras le pregunto a mamá lo que sucede, voy a la cocina a prepararme el desayuno pero esto no puede ser ya que ha desaparecido la nevera. ¡Algo extraño está ocurriendo! Mamá no me contesta, estará bajando al perro, pensé. Ya comeré algo en el camino. Me dirijo hacia mi cuarto donde solo encuentro dos trapos sucios que ponerme y me empiezo a preocupar. Pero no llego, no llego; me pongo la ropa y salgo corriendo. ¡Cual fue mi sorpresa cuando abrí la puerta! Todo lo que vi no era lo que era: las calles vacías: coches , guaguas y medios de transporte no había. Seguí mi camino hacia la escuela, giré a la derecha y con una pequeña caseta me encontré. A ella todos los niños se dirigían, ¿Eso se suponía que era la escuela?. No había puertas ni ventanas, ni una simple pizarra. ¡Cual fue mi sorpresa al comprobar que celebraban la llegada de una pequeña pizarra, sin tizas y sin nada!. Por estar descalzo me dolían los pies, me fui a sentar pero no sabía donde porque no había ni sillas ni mesas. Al final me senté en el suelo. Cuando me puse a escribir, no tenía con que hacerlo, no había lápices, ni colores, ni goma, ni boli, no había libro, ni folio. En ese momento, cuando no tenía ninguna esperanza de sobrevivir a ese mundo suena el despertador, la vida real sigue corriendo. Siempre han dicho que soñar es bueno y en este caso es cierto. He reflexionado: ahora comprendo que cada cosa más que tengo me es insuficiente, cuando hay niños que no tienen ni un simple pan que comer.

Foto el grito

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Diferentes culturas
Las diferencias culturales entre varios países siempre han sido muy diversas y variadas. Cojamos como ejemplo a dos grandes potencias mundiales: los Estados Unidos de América y el Reino unido. Para entender la situación actual de estas dos naciones, debemos remontarnos al pasado de ambas. Reino Unido fue conocido mucho antes que Estados Unidos; de hecho, después de innumerables batallas, guerras y demás, fue Inglaterra quien, una vez conocido el continente americano, lo colonizó y envió a allí a sus esclavos para que trabajasen día y noche. Dentro de Inglaterra, al igual que en cualquier otra parte del mundo, se observaba un tipo de multiculturismo formado por diversos grupos étnicos. En aquella época, aquellos grupos marginales que se sentían marginados y presionados por el resto de la sociedad, fueron hechos esclavos a colonias americanas. Hubo un momento en que la presión llegó a un punto crítico en el continente americano y derivó en una posterior revolución. Miles de esclavos se rebelaron contra el poder inglés. Los unos de los otros vivían en culturas diferentes y ambos luchaban por hacer notar sus ideales e intereses. Al final, fue Reino Unido quien tuvo que ceder a pa presión de los que un tiempo fueron sus propios esclavos,. Desde ese momento, Estados Unidos fue declarado y reconocido como nación independiente.

La marginación de la mujer
En los años 60, existía una familia humilde compuesta por una mujer, su marido y su querido hijo. Esta familia pasaba una época de malas rachas. Todo iba bien hasta que la empresa en la que trabajaba el marido cayó en quiebra y fué despedido. La mujer estaba preocupada por su familia. Su marido después del despido se encerró en casa y no salía a buscar trabajo. Tuvieron que vivir con los pocos ahorros que tenían guardados. Ella advirtió a su marido de la situación económica por lo que debía buscar empleo para no endeudarse más. El hombre ya tenía una avanzada edad y no poseía una buena formación laboral; el trabajo anterior lo había conseguido a través del dueño de la empresa que era amigo suyo, pero ahora no sabía qué hacer, y buscando por todos lados donde le ofrecieran trabajo, por fin encontró uno como camarero en una pequeña taberna del barrio, que no les permitía grandes gastos. Al fin del segundo mes después de conseguir el empleo, las facturas eran demasiado altas, así que la mujer le dijo al marido que tendrían que pedir un préstamo para pagar las deudas pero este se negó y dijo que al niño se lo llevaría a trabajar con él. La mujer intenta persuadirle de que ella puede pero él se niega a esta decisión alegando que las mujeres no deben trabajar, sino quedarse en casa a cocinar y limpiar, y eso era lo que ella debía hacer, como hasta ahora. Ella por su cuenta intenta buscar algún trabajo que le aportase un buen sueldo para salir de la si-

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tuación caótica por la que pasaban pero lo mejor que encontró fue un trabajo en casa de una vecina limpiando por un salario casi inexistente. Era lo máximo que podía conseguir para su familia, ya que nadie daba trabajo medianamente importante a una mujer, éstas a lo más que podían llegar era a ser criadas o sirvientas. Quiso alejar a su hijo del trabajo porque éste le obligaba a dejar los estudios y eso no lo iba a permitir quería un futuro grande para él, así que fue al banco a pedir un préstamo. Allí le dijeron que no habría problema en darles un préstamo si venía con su marido a firmar todos los documentos y hacer los trámites necesarios para tal fin, porque ella no tenía autoridad para firmar ni hacer nada por sí sola. Ni siquiera su firma era válida para las notas de su hijo, así que cuando fuese al banco con su marido se formalizarían los trámites sin ningún problema. Esta mujer ahora ya es una anciana que ha tenido una vida muy dura e infeliz, y piensa que si las cosas en España hubiesen sido antes como ahora, las mujeres podrían haber tenido una vida digna, sin limitaciones por haber nacido, como se decía en aquella época, perteneciendo al sexo débil.

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Cosas de antes
A principios del siglo XX , había una forma muy diferente de ver las cosas pues todo en aquel entonces era tabú; lo peor era el trato que se le daba a la mujer, pues nosotras en aquel entonces sólo servíamos para atender a la casa y las que éramos del campo, cuidábamos nuestra casa, criábamos y atendíamos a nuestros hermanos pequeños, ya que éramos nosotras las que cuidábamos de ellos y les dábamos de comer, mientras nuestras madres hacían queso, recogían el trigo o estaban en la era, o simple y llanamente cuidaban a nuestros mayores, abuelos, tíos, etc... Nosotras hacíamos pequeñas cosas en el campo como ir a buscar agua con unas tallas a la cabeza a los barrancos para dar a las gallinas y cabras que teníamos en el patio exterior de casa. En esas cuestiones la situación de la mujer no era muy difícil, ya que tan sólo eramos inocentes niños que deseábamos jugar más que otra cosa e ir a la escuela para aprender. Pero la cosa se complicaba cuando ya éramos mayorcitas, pues en aquellos tiempos no importaba que fueras mayor de edad, ya que mis padres mandaban en mí igualmente. Con los chicos esto no sucedía tanto, pues a éstos se le daba más rienda suelta. Era entonces cuando se nos complicaban a las chicas las cosas, cuando empezábamos a salir con nuestros amigos. Cuado yo conocí a mi marido, es decir,a tu abuelo, allá por los años cuarenta, no se dejaba salir mucho con los novios. Mis padres me tenían siempre vigilada y, para ir a un baile, tu abuelo tenía que pedir permiso a mis padres un par de semanas antes; lo peor de todo esto es que yo no tenía ni voz ni voto en este ni en ningún asunto. Recuerdo cuando nos quedaban tres semanas para casarnos, pues ya teníamos fecha de boda, y yo tenía que decirle a tu abuelo que nos habíamos olvidado de invitar a un par de familiares míos que vivían enfrente de mi casa; sólo había que bajar el barranco y luego subir, como a un kilómetro de mi casa, o quizás menos, pero mis padres no me dejaron ir a buscar a tu abuelo a su casa; me dijeron que si yo estaba loca o en qué estaba pensando. No me quedó más remedio que esperar a que tu abuelo viniese a verme para decírselo; pero aquí no queda todo. Cuando se lo comenté , me dijo que teníamos que ir a invitarlos, que no podíamos dejar de hacerlo, así que decidimos ir en ese mismo instante. Cuando estábamos saliendo por el patio de la casa salieron mi padre y mi madre corriendo e impidiendo que fuéramos los dos solos. Uno de mis hermanos, mandado por mi padre, nos acompañó; claro, mi hermano era mayor que yó. La casa de mi tía, a la que iba a invitar, , se veía perfectamente desde mi casa, e incluso el camino, porque vivíamos cerquita. Y tu me dirás a mi quees lo que hiba a hacer tu abuelo el pobre, no me iba a hacer nada , pero claro, como antes eran tan desconfiados

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A la antigua
mandaron a mi hermano conmigo . Así que mira cómo han cambiado las cosas; y me parece muy bien, porque antiguamente la mentalidad de la personas era muy cerrada. Esta anécdota es una que se repite todos los domingos cuando vamos toda la familia a comer a casa de la abuela. Lo que ocurre es que a la hora de poner la mesa, recogerla y además fregar, siempre se han de encargar las mujeres porque en la época en que mi abuela era joven todo eso lo hacían las mujeres de la familia y, como la han educado no cambia. Además en la familia no hay ninguna hija por lo que todas las que limpian, ponen la mesa, etc.. Son las nueras..

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Cuentos griegos
óôéò äïõëåé¹ôáí öèéíüðùñï üôáí Ýóðáóå
ôï äåîß ôçò ðüäé, óõãêåêñéìÝíá ôçí êíÞìç ôçò. Âñéóêüôáí óå ìßá óêÜëá êüâïíôáò ñïäÜêéíá, üôáí ìå ìßá êßíçóç Ýðåóå êáé ðñïêëÞèçêå ôï áôý÷çìá. Åêåßíá ôá ÷ñüíéá ëüãù ôùí ïéêïíïìéêþí êáôáóôÜóåùí äåí õðÞñ÷å ÷ñüíïò êáé ÷ñÞìáôá ãéá áññþóôéåò Þ áôõ÷Þìáôá. ¸ôóé ìå äõóêïëßá ôç ìåôáöÝñáíå óôï íïóïêïìåßï ÅäÝóóçò ðïõ áðåß÷å 30 ÷éëéüìåôñá áðü ôçí ÎéöéáíÞ. Åêåß âñÞêáíå ôï óðÜóéìï êáé ôçò ôïðïèÝôçóáí ôï ãýøï. Ïé ïäçãßåò ôïõ ãéáôñïý Þôáí ïé åîÞò, íá öïñÜåé ôïí ãýøï ãéá 2 ìÞíåò , íá êÜíåé ÷ñÞóç ôçò ðáôåñßôóáò êáé íá ôïí îáíáåðéóêåöôåß ìåôÜ áðü 2 ìÞíåò ãéá ôçí áöáßñåóÞ ôïõ. Áêïëïýèçóå ôéò åíôïëÝò ôïõ ,ü÷é ïéêåéïèåëþò áëëÜ õðï÷ñåùôéêÜ, ôçò Þôáí áäýíáôï íá êéíçèåß, ôï áôý÷çìÜ üìùò ôçò óôïß÷éóå ðïëý êáé øõ÷ïëïãéêÜ ãéáôß Ýíéùèå áíÞìðïñç óôï íá âïçèÞóåé ôçí ïéêïãÝíåéÜ ôçò Ýò. Ãíþñéæå üôé ç Ýëëåéøç åíüò áíèñþðïõ óôï ÷ùñÜöé óÞìáéíå ðåñéóóüôåñç äïõëåéÜ ãéá ôïõò Üëëïõò êáé ëéãüôåñç ðáñáãùãÞ, Üñá êáé ìåßùóç åóüäùí.

Historia de la abuela
Era otoño cuando se rompió la pierna derecha, exactamente su espinilla. Estaba subida en una escalera cortando melocotones, cuando de repente se cayó y se produjo el accidente. Aquella época debido a la situación económica, no había tiempo para enfermedades y accidentes. Como consecuencia de la caÍda la llevaron al hospital de Edessa, cuya distancia del pueblo llamado,Xifiani es de 30 kilómertos. Las instrucciones del médico fueron las siguientes, llevar el yeso durente dos meses, uso de muletas y al cabo de los dos meses visita al hospital para quitar el yeso. Siguió sus instrucciones no volutariamente sino porque no era capaz de hacer otra cosa debido a su d o l o r. E l a c c i d e n t e l e c o s t ó m u c h o sicológicamente porque se sentía incapaz de ayudar a su familia en el trabajo. Era consciente de que su ausencia en el trabajo significaba más trabajo para los demás, menos producción y por lo tanto menos ganancias.

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ÌÝóá ó' áõôïýò ôïõò 2 ìÞíåò Þñèå óå åðáöÞ ìå ìßá ãåéôüíéóóá ìå ðáñüìïéï ðñüâëçìá ç ïðïßá åß÷å âãÜëåé ôïí ãýøï ìüíç ôçò êáé ôçò åîÞãçóå ôïí ôñüðï. ¸ôóé êáé Ýãéíå, üôáí Þñèå ï êáéñüò, ãéá íá áðïöýãåé ôçí ìåôáöïñÜ ôçò óôçí ¸äåóóá , ç ïðïßá èá óðáôáëïýóå ÷ñüíï, Ýêïøå êáé áöáßñåóå ôï ãýøï ìüíç ôçò. Ç åéêüíá ôïõ ðïäéïý ôçò Þôáí ðïëý äéáöïñåôéêÞ áðü ôçí áñ÷éêÞ, åß÷å áôñïöÞóåé êáé áéóèçôÜ áäõíáôßóåé ëüãù ôçò Ýëëåéøçò êéíçôéêüôçôáò. Ôï ðÜôçìá ôïõ ðÝëìáôïò ãéá ôïí âçìáôéóìü ôçò Þôáí áäýíáôï. Ãíþñéæå üôé ÷ñåéáæüôáí ÷ñüíïò áíÜññùóçò êáé ãõìíáóôéêÞò, ùóôüóï Ýíéùèå üôé äåí ôïí äéÝèåôå êáé üôé åß÷å Þäç åß÷å ÷Üóåé áñêåôü. Ôï áðïôÝëåóìá áõôþí ôùí óêÝøåùí Þôáí ç ÝëåõóÞ ôçò óôïí áãñü ìå ôç óôÞñéîç ôçò ðáôåñßôóáò. ¼ôáí ôçí åßäáí îáöíéÜóôçêáí êáé áðüñçóáí, êáíåßò äåí Þôáí óå èÝóç íá óõíåéäçôïðïéÞóåé ôá çñùéêÜ ôçò óõíáéóèÞìáôá. Åêåßíç ðëçóßáóå ìå áñãïýò ñõèìïýò êáé ç äýíáìç ôçò èÝëçóçò êáé ç áßóèçóç ôïõ ÷ñÝïõò ôçò õðåñíéêïýóáí ôïí ðüíï ìå áðïôÝëåóìá íá ãõñßóåé óôçí äïõëåéÜ ôçò.

En estos dos meses conoció a una vecina la cual había sufrido un accidente similar y se había quitado el yeso sola, asi que le indicó la forma y, Í cuando pasaron los dos meses, se lo quitó sola para no perder tiempo yendo al hospital. La imagen de la pierna era completamente diferente a la primera. Su pierna se había atrofiado y adelgazado debido a v su inmobilidad. El simple Hecho de dar un paso era imposible. Necesitaba tiempo, para recuperarse y ella sentía que no disponía de él debido a que ya había perdido mucho. El resultado de estos pensamientos fue la toma de la siguiente decisión, ir al campo con la ayuda de la muleta no teniendo en cuenta el dolor durante el movimiento de la pierna. Cuando llegó al campo donde estaba su familia trabajando, todos se quedaron mirándola y ó dudando, nadie podía entender como era capaz de caminar y haber llegado hasta allí. Ella se acercó silenciosa y lentamente, su fuerza de voluntad fue la que la revitalizó y venció el dolor, ayudandola a á trabajar de nuevo.

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Los años 20
Corrían los años 20 cuando mi abuela, joven entonces, quería salir de casa y darse una vuelta por el pueblo. Para la mayoría de las personas mayores las mujeres debían quedarse en casa resguardadas por las cuatro paredes como en paño. Decían que los chicos tenían conocimiento de las jóvenes que había en el pueblo y además sabían muy bien cómo era cada una de ellas y sus cualidades. Por esta razón no era necesario dejarse ver más que para lo imprescindible, como era, por ejemplo hacer la compra o ir por agua a la fuente. Esto, claro está, lo tenían que hacer en el menor tiempo posible y además siempre iban acompañadas por alguien. Tenían algo preciado que debían guardar para la noche de bodas y dar solamente a su esposo. Así pocas eran las posibilidades que tenían las jóvenes de dejarse ver y relacionarse con los chicos. Como algo especial algunos domingos hacían baile en la plaza del pueblo y allí acudían las más atrevidas, por supuesto, acompañadas. Una vecina de mi abuela salía poquísimo y la ponían como ejemplo de mujer virtuosa ya que prácticamente se la veía sólo en la iglesia, hasta que un día- como mi abuela ya había anunciado la fecha de su matrimonio- esta joven pidió al cura que la casara a ella también el mismo día. La gente del pueblo se sorprendió, ya que nadie tenía conocimiento de su noviazgo. Al poco tiempo todos comprobaron que dicha joven se había casado embarazada creando en la pequeña sociedad en la que vivía el cotilleo, los comentarios y las caracterizaciones no tan halagadoras para una joven que, si hubiera vivido en nuestros días, habría pasado inadvertida y en mejor de los casos, le habrían felicitado por su maternidad. Por todo esto mi abuela siempre me decía que había que salir, divertirse y disfrutar, pero...con la cabeza bien puesta sobre los hombros.

¹ôáí ç åðï÷Þ ôïõ 20 üôáí ç ãéáãéÜ ìïõ, íÝá ôüôå, Þèåëå íá âãåé áðü ôï óðßôé êáé íá êÜíåé ìéá âüëôá óôï ÷ùñéü. Óýìöùíá ìå ôçí ðëåéïøçößá ôùí ìåãáëõôÝñùí, ïé ãõíáßêåò Ýðñåðå íá ìåßíïõí êëåéóìÝíåò óôï óðßôé, áíÜìåóá óôïõò 4 ôïß÷ïõò êáé êáëÜ öõëáãìÝíåò. ¸ëåãáí üôé ôá áãüñéá ãíþñéæáí ôéò êïðÝëåò ôïõ êáé ôéò áñåôÝò ôéò êáèåìßáò ôïõò. Ãéá áõôüí áêñéâþò ôïí ëüãï äåí Þôáí áðáñáßôçôï íá Ýñèïõí óå åðáöÞ ìáæß ôïõò Þ áêüìá êáé íá ôéò äïõí ðåñéóóüôåñï áðü ôéò áíáðüöåõêôåò óôéãìÝò üðùò ãéá ðáñÜäåéãìá, üóï ïé êïðÝëåò Ýêáíáí ôá øþíéá ãéá ôï

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óðßôé Þ ðÞãáéíáí óôç ðçãÞ ãéá íåñü. Áêüìá êáé ãéá áõôÝò ôéò äñáóôçñéüôçôåò Þôáí õðï÷ñåùìÝíåò íá áñãÞóïõí üóï ôï äõíáôüí ëéãüôåñï êáé öõóéêÜ ðÜíôá Ýðñåðå íá óõíïäåýïíôáé áðü êÜðïéïí ôçò ïéêïãåíåßáò. Ç áãíüôçôÜ ôïõò Þôáí üôé ðïëõôéìüôåñï åß÷áí êáé Ýðñåðå íá ôçí êñáôÞóïõí ìÝ÷ñé ôçí ðñþôç íý÷ôá ôïõ ãÜìïõ êáé íá ôçí äþóïõí ìüíï óôïí Üíôñá ðïõ èá ãéíüôáí ï óýæõãüò ôïõò. Óýìöùíá ìå ôá ðáñáðÜíù åßíáé åýëïãï üôé ïé ðéèáíüôçôåò ãéá íá óõíáíáóôñáöïýí ïé êïðÝëåò ìå ôá áãüñéá Þôáí åëÜ÷éóôåò. Óáí åîáßñåóç ìåñéêÝò ÊõñéáêÝò ãéíüôáí óôçí ðëáôåßá ôïõ ÷ùñéïý ãëÝíôéá óôá ïðïßá ðáñáâñßóêïíôáí ïé ðéï ôïëìçñÝò áðü áõôÝò. Ìßá ãåéôüíéóóá ôçò ãéáãéÜò ìïõ äåí Ýâãáéíå ó÷åäüí êáèüëïõ áðü ôï óðßôé, ðáñÜ ìüíï ãéá íá ðÜåé óôçí åêêëçóßá. ÁõôÞ ôçò ç óõìðåñéöïñÜ êáé ç åëÜ÷éóôç ôçò ÝêèåóÞ, áðïôåëïýóå ðáñÜäåéãìá ðñïò ìßìçóç, óýìöùíá ìå üëåò ôéò ìçôÝñåò. Ç Ýêðëçîç Þñèå áñãüôåñá, óõãêåêñéìÝíá üôáí ç ãéáãéÜ ìïõ áíáêïßíùóå ôçí çìåñïìçíßá ôïõ ãÜìïõ ôçò, åêåßíç æÞôçóå áðü ôïí ðáðÜ

íá ôçí ðáíôñÝøåé êáé áõôÞí. Ïé ÷ùñéáíïß Ýìåíáí Ýêðëçêôïé, ìéá ðïõ êáíåßò äåí ãíþñéæå üôé áõôÞ ç êïðÝëá åß÷å äåóìü. ÌåôÜ áðü êÜðïéï êáéñü åðéâåâáéþèçêå ç áéôßá ôïõ îáöíéêïý ôçò ãÜìïõ, ç ïðïßá Þôáí ìßá áðñüóìåíç åãêõìïóýíç. Áõôü ôï ãåãïíüò óõíÝâç óå Ýíá ìÝñïò üðïõ ëüãï Ý÷åé ôï êïõôóïìðïëéü, ôá ó÷üëéá êáé ç êñéôéêÞ ôùí áíèñþðùí êáé ôùí ðñÜîåþí ôïõò, ìå áðïôÝëåóìá ôïí êáêï÷áñáêôçñéóìü ôçò êïðÝëáò. ÌéÜò êïðÝëáò ðïõ áí æïýóå óôçí óçìåñéíÞ åðï÷Þ, ç æùÞ ôçò èá Þôáí ðïëý äéáöïñåôéêÞ, èá Þôáí ü÷é ìüíï áðïäåêôÞ áëëÜ óôçí ÷åéñüôåñç ôùí ðåñéðôþóåùí èá ôçí åß÷áí óõã÷áñåß ãéá ôçí ìçôñüôçôÜ ôçò.

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La señora Paz
Cuando empecé mi pequeña encuesta tenía en mi mente algunas ancianas señoras que tendrían algo interesante para contarme y estarían, por supuesto, muy dispuestas a hacerlo. Solo en una ocasión me engañé de todo, con mi querida señora Paz, de 73 años, la portera desde hace 20 años de nuestro bloque de pisos. Corre arriba y abajo los pisos desde las 6.00 de la mañana y luego regresa a su despacho de la entrada. Como las buenas amas de casa termina las tareas de la casa y se acurruca en el sofá para mirar la tele. Solo que ella lee sin parar. Con sus gafas de presbiope devora los libros que le dan losinquilinos del edificio, en su mayoría médicos. Libros de literatura, de historia, biografías y los best sellers de la temporada. Libros que todos, quien más quien menos, habíamos leído en nuestra adolescencia, cuando nuestros profesores nos daban listas de ellos para pasar un verano constructivo, que no fuese solo juegos y paseos, sino que mejorásemos nuestras expresiones comunicativas. Por supuesto, la mayoría de nosotros preferíamos expresarnos de modo diferente, quizá porque leímos esos libros por obligación. Pero ella se los lee en esta edad, los “traga”, en una palabra. Le preguntan graciosamente: “Señora Paz, ¿Cuándo se presenta en los exámenes?”. Yo, normalmente, le pregunto cuándo se licencia y así los dos nos echamos a reír. Así me acerqué hacia ella con entusiasmo para preguntarle varias cosas y esperaba que, como siempre, me abrazaría, me besaría y que contestaría a mis preguntas. Pero cuando me referí al tema de la “educación”, ella se puso seria, como si le provocase melancolía y me contestó de mal humor. ¿Por qué me preguntas eso?, ¿ Qué sabes de mi vida?. No es posible que me lo preguntes sin despertar mis heridas. Para que yo contesté en tu encuesta tengo que sangrar de nuevo. “Yo entendía lo que ella sentía , la abracé y le pedí que me perdonara. Ella me había contado muchas veces de su vida, como capítulos de una novela, escrita en Grecia en el periodo de entreguerras. Ella nació en 1930 de padres refugiados de Asia Menor, donde hubiera podido encontrar dinero para estudiar. Pudo llegar hasta el 3º de la escuela primaria, (una hazaña para poder convencer a sus padres que se lo permitieran). Entretanto hacía trabajos auxiliares en el campo, aprendió modista a sus 10 años, aún una niña. No obstante era la más inteligente y estudiosa hija de la familia. Ahora , a sus 73 años, lee los libros de nuestra adolescencia. Ella, nuestra señora Paz , sigue siendo una adolescente con su pasión y su ardor, aún en la puesta de la vida. La podemos entrever detrás de sus gafas de presbiope, su chispeante mirada. Dos mujeres de la misma generación y origen pero de diferente clase social- estarían , seguro, de acuerdo en una cosa: con los hombres la mujer tiene que aparentar ser tonta, ingenua. Aunque, ocultamente dirija ella todo.

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Mi madre
Me recibiò en su gran salòn burguès, sentada comodamente, y apuntò que no quiere mentir sobre su edad note que est llegando a los 70 por eso preferirìa no mencionarla para nada. La tranquilicè y empezò a contestarme. Mas yo avanzaba con mis preguntas y mas ella se ponìa decidida, casi “excommunicativa” (imperativa!) Cuando le pregunte si tuvo algun problemade estudiar como una mujer, contestandome dijo que nadie se habia opuesto y que su fánulia tenia los presupuestos para apoyarla pero porque estudiar (y para que...). aùn asi para su generaciòn los estudios para una mujer eran un lujo, superfluo. En su ambiente alto burguès bastaba (tener)una “educacion social” y una cultura general para que una mujer pudiera moverse en los salones al lado de un marido, politico o cientifico, sin ponerle en ridianlo. “Sin embargos me dijo con tristeza y amargura :no me dejaron ser actriz, porque las acrices en mi tiempo no tenian una buena reputacion, se les consideraba mujeres de dudosa moralidad. Y ademas su padre le habia dicho que una vez casada hubiera podido hacerse si lo querìa aùn actriz. Su padre se lo habia decidido y (pasò) cedrò la iniziativa a su marido para que decidera èl. Se recordò cuantas veces habia oido a su padre reprochandole : “¿que màs quieres?” Te casaste con un medico. Cuando vio la palabra feminismo en el cuestionario me dijo enfadada : “¡No quiero oir esta palabra! ¡Buen lio que hicieron tambien ellas! ¡Solo palabras grandes y pesadas!”

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La muñeca de trapo
Recuerdo un día, hace muchos años, cuando vivía en casa de mi abuela, en el que yo jugaba tranquilamente y mi abuela se acercó y se sentó a mi lado...Ella me contó que cuando era pequeña todo era muy distinto, pues no había dinero para comprar tantos juguetes como los que tenía yo, también porque eran familias mucho más numerosas, me contó que ella y sus hermanas se hacían muñecas de trapos para poder jugar, les hacían vestidos, lo único malo era que si se les mojaba, se quedaban sin muñeca.

Mi novio
Hace dos años empecé a salir con un chico al que conocía de hace mucho tiempo. Mi madre lo supo desde el primer momento, y lo entendía y podía hablar con ella de todo, en cambio a mi padre tardé un par de meses en contárselo porque era algo estricto y no sabía si lo aceptaría, aunque ahora se llevan muy bien. Al contárselo a mis abuelos me pasó algo parecido; mi abuela lo supo cuando llevábamos más o menos seis meses, se extrañó y no hacía más que decirme que tuviera cuidado... Mi abuelo lo supo cuando llevaba más de un año y no le sentó muy bien que digamos , hasta se enfadó un poco, todavía parece que sigue sin aceptarlo pero se hace mejor a la idea.

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Anécdota
Yo tenía un profesor de matemáticas muy bueno, pero muy exigente, tanto que cuando llegaba un poco enfadado en la clase no se oía ni una mosca. Era bajito, tenía unos ojos azules preciosos que se le ponían rojos cuando se enfadaba; y tenía la peculiaridad de tener un brazo más corto que otro, no recuerdo cuál de ellos. Se llamaba José de la Nuez y en esa época además era jefe de estudios. Recuerdo que todos los viernes nos hacía una especie de examen; nos ponían a todos de pié en un extremo de la clase y ponía ejercicios en la pizarra. Nos iba llamando por el orden de la lista o sencillamente a dedo. Si lo hacías bien te ponía un diez o si lo hacías mal un cero, no había termino medio. Su hijo estaba en mi clase, era un chico un poco conflictivo, pasaba de estudiar. Un viernes su padre lo sacó a la pizarra, y él le dijo que no sabía hacerlo. Debió decirle algo más que los demás no oímos , porque acto seguido le dio un bofetón y su cabeza dio contra la pizarra. Nos quedamos que ni respiramos; no soltó ni una lágrima aún recuerdo la cara de ira con la que miró a su padre. Creo que desde entonces no puso más ceros en la clase. Terminó siendo director y, a pesar de todo, lo apreciábamos mucho porque cuando le encontrabas el punto era estupendo, nos hacía “uis uis” las mates.

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El Padre Blanco
Contar anécdotas de otros tiempos. De repente, se te agolpan en la memoria recuerdos, se te hacen presentes acontecimientos. Como aquel día que recibimos en el colegio de monjas, - todo hay que decirlo-, la esperada llegada de los niños de las misiones y del Padre Blanco, ejemplo de misionero fuerte, entusiasta, con desmesurado sentido del deber, viviendo una vida de privaciones y dificultades, como el hecho de que había sufrido en su aldea la erupción de un volcán y la lava había solidificado antes de llegar a la puerta de la iglesia.-Milagro, decían. Cuál fue nuestra sorpresa cuando descubrimos que el Padre Blanco estaba morenísimo debido a su trabajo de sol a sol y los niños de las misiones no eran morenos como nos habían dicho, sino negros como el carbón...No entendíamos nada, no buscábamos explicación. Ahora con el paso del tiempo entiendo lo que sucedía. La denominación de “morenitos” no era un hecho aislado, sino una realidad que reflejaba la actitud racista de la época. África estaba empobrecida y maltratada. Sus habitantes negros y pobres humillados por los grandes monopolios internacionales. Nos decían que los blancos y enriquecidos debían practicar la solidaridad y caridad. Repetían: El mundo se olvida de los pobres de África. Dios, no. Quizás por eso la lava respetó la iglesia; pero pienso que no se trató de un milagro, conos nos enseñaron, pues arrasó a numerosas cabañas de los humildes habitantes de la aldea. Entiendo pues, que nadie estaba dispuesto a resolver los problemas de África y pocos entre ellos mismos eran Conscientes de las raíces de sus problemas. Las cosas no han cambiado mucho; seguimos practicando la solidaridad y caridad, olvidando enseñarnos que es de justicia, pues África es la víctima del hombre blanco.

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Emigrantes
Yo no soy un personaje de este relato, los protagonistas son mis antepasados a los que las penurias ocasionadas por la guerra civil española propiciaron su salida de la isla hacia la Argentina. Buscaban un sitio donde tuvieran una oportunidad pero al llegar se sentían como un barco varado, fuera de lugar, todo desconocido, todo por descubrir. Tenían que encontrar una manera de sobrevivir y debían de hacer algo para no olvidar. Todos los domingos se reunían en torno a una mesa con un sancocho acompañados con la música de una folía y rememoraban la belleza de nuestras playas y nuestras cumbres a través de fotografías del Roque Nublo, las doradas dunas....testigos mudos en las paredes. Así pasaron los años recordando y añorando las islas, desnudando sueños, cayendo en la melancolía. Finalmente llegó la hora del retorno, el destino marcado, añadiendo más nostalgia a la colección de sueños. Ahora, en torno a un asado acompañado con la música de un tango y rememorando la belleza de la Pampa Argentina que se pierde en la mirada. ¿Cuál es el sentido de todo esto? ¿cómo proteger los recuerdos que queremos y que nos llenan de nostalgia? Entiendo que los emigrantes son parte de aquí y de allá. Las experiencias se entremezclan y les hace ser lo que son.

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Detrás de cada mato hay un gato
Hace años comencé en un nuevo trabajo, para mí suponía una esperanza de futuro. No gozaba de buena salud y apenas dormía, aun así madrugaba y trabajaba ocho horas, durante las cuales lo que más me costaba era sonreír. Trataba de mantener mi trabajo al margen de mi vida privada y así fue, al menos el primer año. Después todo cambió, cuando un compañero vio cómo mi marido me haló del pelo, tan fuerte que casi me tira y luego siguió caminando como si nada hubiera pasado. Al llegar al trabajo, este “señor”se apresuró a contar lo que había visto sin importarle quién estuviera delante. Le dije que estaba equivocado, que se había confundido de persona y traté de pasar el mal trago, lo mejor que pude. Una vez en privado, lloré desconsolada, pues habían descubierto mi feo secreto y me sentí avergonzada. Ya no miraba a la gente a la cara. Pero no contento con esto, este “señor” aprovechó durante meses cuanta ocasión se le presentaba, para hacer comentarios malintencionados como: ¡A las mujeres hay que pegarles duro, para que entren en vereda!, y cosas así. Yo hacía como que no era conmigo, pero lo cierto es que cada vez lo soportaba menos, así que se lo comenté a dos compañeros con el fin de buscar consejo; ellos se enfadaron mucho y aunque no volvieron a hablarme del tema, sé que hicieron que ese hombre no me molestara nunca más. Años más tarde, estando en el ascensor junto a dos compañeros, uno frente a mí y el otro a mi derecha; se abrió la puerta y entró otro compañero cargado con varias cosas. El compañero le dijo:-¡cuidado, que le das a la muchacha! Y el que estaba a mi lado contestó -¡no te preocupes, ella está acostumbrada a los golpes! Sin decirle nada le pequé un pellizco y le retorcí la carne con tanta rabia que saltó y dijo -¡eh, que eso duele! Y yo le contesté -¡no te preocupes, a eso te acostumbras! Ya no sentía vergüenza. Maltratada, sí ¿y qué? Yo soy de las privilegiadas, yo lo puedo contar, eso sí, con la cabeza bien alta. Y con todo el respeto del mundo para las que ya no lo pueden contar.

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Hola, soy Consuelo
Hola , soy Consuelo: Recuerdo que cuando era niña y jovencita mis padres y mis hermanos íbamos a la playa de Las Alcaravaneras a pasar el Domingo y nos divertíamos mucho con más familiares nuestros, allí conocí a mi esposo, me casé muy joven y seguí yendo a la playa de Las Canteras con la familia de mi esposo, pero yo ya estaba un poquito más gorda, porque había tenido un hijo. Entonces era muy pechugona, cogí bastante complejo y dejé de ir porque me parecía que todo el mundo miraba para mí; pero una noche llegó mi esposo con un amigo y me dijo que en un barranco del sur había gente de acampada y que le había gustado mucho. Me animó a ir de nuevo a la playa con esas personas que eran familia del otro chico; Pasé aquella noche en una caseta. Me gustó y a mis hijos también. Compré feliz una caseta, mesas, sillas y me fuí a la aventura porque para mí eso era cosa nueva. Me gustó tanto que íbamos todas las semanas de viernes a domingo y en tiempo de vacaciones nos quedábamos fijo hasta el mes de octubre que levantábamos las casetas. Un día llegó la orden de desalojar las playas para acampar. Me dio mucha pena marcharnos pues allí había gente maravillosa, éramos muy felices, igual que los niños. Hacíamos asaderos, paellas, todos juntos, cantando y tocando las guitarras . Hoy en día hecho todo eso de menos, pues éramos muy felices al aire libre, ya que en los apartamentos no te dejan disfrutar lo mismo.

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Tiempos difíciles
Una nochenació en La Culata, un pequeño y hermoso barrio Mi abuelo de luna de luna llena, de esas mágicas que los hombres alde Tejeda. Él me suspiranque después de al del pueblo mirar al cielo cuenta emocionados la contemplar tanta grandeza. un tiempo en el que se pasó Guerra Civil Española hubo La luna se fijó ser uno de los azul, y vio nueve mucha hambre. Al en el planeta menores entre como disimuladamente suerte de no tener que ir a la guerra. Al no hermanos tuvo la este lloraba. Al ver esas lagrimas oscuras el satélite dos hermanos mayores, milloras tierra,? Tu que estar sus le preguntó:¿pero, por que abuelo se vio con la lo tienes sustituir a sus hermanos por lo que se desplazó a carga de todo y eras envidiada en el universo, tu agua, tu atmósfera, para belleza y dinero y pasar elvida, plantas Las Palmas tu conseguir sobretodo la invierno en su animales, miles su padre enfermo. Según él, una familia casa cuidando a de especies, yo siempre te admiré y envidié desde el principioalgún que otro potaje, era feliz. que tuviera gofio e higos y de los tiempos orgullosa de ser tu acompañante por la galaxia. En invierno, cuando llovía, recorrían el campo en busca de La Tierra sin poder vocalizar por el llanto le contestó: poder unas plantas llamadas jingos y jaramagos para -Mi ciclo los potajes. mi más querido morador, el enriquecer se acaba, serHumano, se ha empeñado en destruirme y no entiende nada, ya no lloro por mí, mis lágrimas son por mis hijos, que sin su Madre Tierra están llegando a su propio final. La Luna entristecida se cubrió por una nube negra para también poder llorar amargamente por su planeta. La pobre Tierra.

El respeto
Recuerdo cierto día a comienzos de mi adolescencia que mi madre estaba muy chapada a la antigua, es decir, acostumbrada a lo que hacían sus padres y era entrar en la habitación y mi madre esconderse porque le daba vergüenza estar desnuda delante de mí y yo le dije: ¿mamá por qué te tapas? Y contesta mi madre, - porque eso es feo, y entonces yo me quedé muy rara, y aparte de eso no podíamos ver nada en la tele que fuera de desnudo porque decía que eso era muy feo y teníamos que quitarlo y poner otra cosa. Yo me casé y luego mi marido y yo teníamos una vida normal, no nos quejábamos de nada. Nosotros andábamos por casa como si nada, quería acostumbrar a mis hijos a una vida normal, que ellos tuvieran confianza con nosotros, que ellos vieran que era una cosa normal, a medida que ellos iban creciendo nos ibamos ocultando un poco más, porque ellos mismos, sobre todo mi hijo varón, era muy tímido y reservado le notaba yo que tenía mucha vergüenza. Yo pienso que con el paso del tiempo cada familia tiene sus costumbres y creo que eso viene de generación en generación. Cada familia es un mundo.

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Mi primer beso
¡hay que ver como ha cambiado la vida! Cómo han cambiado los tiempos, mejor las personas, cómo las cosas que antes parecían tan serias ahora parece que no tienen importancia. Digo todo esto para contarles lo que me sucedió siendo adolescente. Vivía con mis padres en un barrio muy pequeño, donde los jóvenes una vez que terminaban sus estudios primarios se incorporaban al mundo del trabajo. En mi caso pude seguir estudiando, así que era considerada por los vecinos la muchacha seria que llegaría a ser maestra. No lo crean pero resulta arduo que tus vecinos te consideren y tengan esa imagen de ti a pesar de la juventud. Como casi todas las jóvenes de mi edad me llegó la hora de tener novio, eran otros tiempos, salíamos sólo en determinados días de la semana, que normalmente eran los fines de semana (sábados y domingos) y entre-semana nos podíamos ver los jueves (día de novios). Pasaba el tiempo y con esto quiero decir lo meses y nuestro contacto físico se limitaba a tocarnos las manos. Pero un buen día, mejor una buena noche, o más acertadamente una noche “rara”, como de costumbre solía acompañar a mi novio hasta el zaguán de mi casa que era donde nos despedíamos. Esa noche iba a ser distinta, y vaya que si lo fue, parecía que por mucho que nos dijéramos adios, no parecía querer marcharse, hasta que se produjo lo inevitable, se acercó a mí y me dio el primer beso en la boca, imaginense como me pude quedar, temblaba desde La cabeza hasta los pies, no supe que decir ni que hacer, pero mi temblor no fue sólo por ese beso inesperado, sino porque justo en ese momento, se abre tras de mí la puerta de la calle i irrumpe como un estruendo “la vecina más informada del barrio”, preguntandome si mi madre se encontraba en casa, yo apenas pude balbucear palabra. Aparte del golpe que me dio en la cabeza con la puerta, el inesperado momento y pensando sobre todo, que iba a ser la “comidilla” del barrio, yo no me podía creer que aquello me estuviera sucediendo a mí, tenía pánico a sus comentarios; “fijate tú tan seria como parecía, y besuquiándose con el novio”. En cuanto salí del asombro despedí al muchacho, llamé a mi madre y yo sin mediar palabra tiré escaleras arriba, me metí en mi habitación y a que no saben lo primero que hice, me pude de rodillas a rezar, no para que no me quedara embarazada por aquel beso, porque aunque algo asustada y dudosa, no creía que fuera para tanto, sino sobre todo pedía:”por favor Dios que la vecina no cuente nada, por favor que no me haya visto, que no recuerde ese momento si algo vio” Según pasaron los días, cada vez que salía a la calle y me la encontraba yo la analizaba esperando que algo me pudiera decir lo sucedido, lo cierto es que no sé si mis oraciones fueron escuchadas o la vecina hizo ojos ciegos a lo que vio, nunca me enteré, si de mi hablaron sobre aquel acontecimiento. Lo cierto es que seguí siendo considerada ¡ustedes no saben lo que es ganarse ese título en un barrio!

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Le mie tre generazioni
A proposito della donna IERI, OGGI…. l' unica riflessione che posso fare viene dalle vite vissute da mia nonna, mia madre e da me stessa. Quella di mia nonna, nata alla fine del 1800 è stata sicuramente una vita vissuta tra mille difficoltà per le condizioni economiche precarie perchè sposata con un militare, spesso lontano da casa, a causa delle varie campagne militari alle quali ha preso parte: Africa, 1.a guerra mondiale…. Una famiglia composta da quattro figli da tirare su, senza la presenza costante di un uomo che desse non solo un sostegno economico, ma anche un supporto morale e che è morto troppo presto per poter vedere “sistemati “ i propri figli. Va detto che, per quei tempi, la situazione vissuta da mia nonna era condivisa da moltissime altre donne. Forse tra le tre donne delle quali sto parlando quella che ha avuto la vita più difficile e faticosa, anche fisicamente, è stata mia madre che già a 19 anni lavorava, pur continuando a studiare. Era un'insegnante e, per raggiungere la scuola di montagna dove prestava servizio, percorreva ogni giorno 10 Km in bicicletta su strade non asfaltate e con una notevole pendenza che comportava tanta fatica. Il ritorno non era certo da meno visto che, mi racconta, la bicicletta prendeva velocità e per quanto lei tenesse i freni tirati, veniva sballottata incessantemente a causa dei sassi e delle buche presenti sul fondo stradale non asfaltato con il rischio e la paura di cadere. Una volta non riuscì a tenere la bici mentre affrontava una buca e finì in un canneto. A volte veniva rincorsa dai cani che uscivano dalle case che costeggiavano la via. Tutto ciò succedeva per tutto l'anno scolastico e, quindi, sia con il caldo sia con il freddo, con il sole o con la pioggia, con la luce e con il buio. Quando arrivava in paese era distrutta. Tutti la conoscevano e questo, oltretutto, in un piccolo borgo era un punto a suo favore, poiché qualche volta si poteva fermare a dormire a casa di qualche famiglia di contadini che la ospitavano volentieri. C'è anche da ricordare che il periodo della guerra lei lo ha vissuto in pieno, compreso quello dell'occupazione da parte dei tedeschi che avevano una base nel paese. Ha sperimentato, quindi, la paura per i bombardamenti, le corse nei rifugi, le ristrettezze alimentari, quando si era felici di scambiare i pochi gioielli di famiglia per un po' di pane, per le verdure essiccate per fare il caffè, per una bottiglina di olio, di farina e di zucchero che erano beni preziosi per quei tempi. Come per tutti, del resto. Quando la guerra finì, lei tornò a Roma e ha continuato la fatica. Infatti, insegnando nel territorio di Maccarese (40 Km da Roma), dove ha conosciuto mio padre anch'egli insegnante, vi si recava con il treno e poi, dalla stazione, a piedi o in bicicletta percorreva 6-7 Km per raggiungere la scuola in campagna. Penso che mia madre abbia veramente faticato e sopportato uno stress che pochi possono immaginare.

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Le donne della mia vita
Ed io continuo la sua vita, ma in situazioni totalmente diverse…. Con una vita confortevole a Roma. Manuela M. Le donne che ho conosciuto da ragazzo, in un ambiente paesano, erano giovani irreprensibili, nonne e mamme come veri angeli tutelari della famiglia. Donne dalle molteplici attività: prima di tutto figlie, madri, nonne premurose e accorte, poi, fornaie, cuoche, lavandaie, sarte, tessitrici, ricamatrici. Donne artigianalmente creative. Chi non prova ancora oggi una forte emozione, asciugandosi il viso con gli asciugamani tessuti e ricamati dalle nostre mamme, dalle nostre suocere, dalle nostre zie? n quel “piccolo mondo antico”, l'amministrazione della casa, con tutte le incombenze che comportava, era affidata alla donna. Non c'era un momento di respiro per lei. Una continua corsa contro il tempo. Neppure nelle rigide giornate invernali se ne stava con le mani in mano. Anzi, durante l'inverno assumeva interamente la responsabilità della famiglia, perché gli uomini della casa partivano per andare a svolgere lavori stagionali in altre regioni. Allora lei, la donna, non solo doveva accudire i figli, ma doveva badare anche agli animali domestici. E come tornava la buona stagione, si prestava a far fronte ai lavori agricoli. n quel tempo, comunque, nonostante la sua ammirevole industriosità, la donna viveva in uno stato di subordinazione, di grande dipendenza dall'uomo. Se aveva modo e volontà di sposarsi, al corredo dovevano provvedere il padre o i fratelli, poiché da sola non era in grado di sostenere le spese per l'acquisto del mobilio. Se rimaneva nubile e non aveva una casa di proprietà doveva convivere e lavorare con la nuova famiglia che il fratello

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La donna “centro” della famiglia.
si era formata, subendone non di rado i ricatti o le angherie o le umiliazioni. Tutto era dovuto al fatto che la donna non aveva l'indipendenza economica. Nel secondo dopoguerra la donna ha cominciato a prendere coscienza di sé, delle proprie forze, del proprio valore e della propria indipendenza culturale, economica e sociale. Maria F. La donna nell'antichità era…” ALT! Sappiamo tutti com' era trattata la donna nell'antichità! Niente vita pubblica, nessun diritto sociale, subordinata all'uomo padre o marito che fosse ecc. Oppure DEA o sirena! O quasi Dea dalla vita tragica e solenne, come Elena di Troia o Penelope di Itaca o Cleopatra d'Egitto! Non c'erano vie di mezzo! Ritengo che sia più interessante offrire una piccola riflessione sulla condizione femminile odierna. Forse perché sono una donna non più giovane e con alle spalle una vita non proprio facile. Mi sento di ringraziare prima di tutto quelle donne che hanno lottato per conquistare i diritti civili e sociali, per aver permesso a tutte noi di essere indipendenti ed autonome, perché si sono battute per la parità con l'uomo affinché fossero riconosciuti i meriti legati alle capacità intellettuali e manageriali che esprimono. Questo, ovviamente, ha i suoi costi! Spesso la donna è contemporaneamente lavoratrice, casalinga, madre, moglie, amante, amica, figlia… e così via. a donna in quanto fulcro e “centro” delle relazioni familiari che a lei fanno capo, come nel passato, anche oggi è penalizzata perché nel quotidiano deve conciliare i vari ruoli che le competono con estrema difficoltà, con sacrificio e spirito altruista. Pertanto, mi inchino con

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Le donne della mia vita
rispetto davanti alle tante donne, anche mie amiche, che ci riescono egregiamente. Spesso la donna odierna, ma che pesca i sani valori di vita in qualche decennio fa, deve essere anche madre e padre per tutti: i figli, il marito, i genitori, i vecchi della casa! Che fatica essere donna! Anche se poi qualcuno cerca di regalarti una rosa, di corteggiarti e ti pone su di un piedistallo costruito di poesie medioevali o di pitture rinascimentali come la Beatrice di Dante Alighieri o la Gioconda di Leonardo. Marisa C. Riprende forma nella memoria, ripescata nel crogiuolo dei mie ricordi di bambina, la nonna Gina, la mia bisnonna, figlia di un altro secolo, sposa amata e devota di un uomo d'armi, madre di un figlio che le armi le odiava, ma che alle armi fu richiamato dalla Grande Guerra, ultima leva di una follia mondiale. Ma lei non si diede per vinta, non si rassegnò ad abbandonare al suo destino quel figlio che tanto aveva desiderato e allora lo seguì: lo seguì in trincea, a dorso di mulo, incurante dei colpi d'artiglieria, comprensiva dinanzi ai malumori del suo soldatino, sempre pronta a dare una mano a chiunque, ormai madre di tutti quei ragazzi, i suoi ragazzi! Un legame strano, non comune, quello che legava mia nonna a sua suocera, ma vero e solido, forse perché erano così simili: forti e decise! Anche la nonna Dina, a suo modo, aveva scritto una pagina di storia; figlia della Milano bene di inizio secolo, aveva ceduto tardi alle lusinghe del bel Luigi, che aveva sposato “quando ormai non ci sperava più nessuno” e che aveva seguito in un minuscolo paese dell'Amiata, dove lui era stato chiamato a dirigere la miniera. Non nascose mai il suo disagio, la sua incapacità di adattarsi a quella nuova vita semplice e lontana anni luce dallo sfavillio della Milano mitteleuropea. …. Questa rapida corsa nella storia della mia famiglia, una corsa tutta al femminile si conclude con mia figlia: la cosa che mi ha turbato di più è che non sapevo da che parte cominciare per raccontare i suoi splendidi tredici

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Una nonna in… Breve!
anni! Mi sembra che corra troppo, quando trovo le parole per fissare un sentimento o un'emozione che provo davanti ai suoi progressi, tutto è già passato per lasciare il posto ad un sentimento nuovo, a un nuovo brivido, in una corsa forsennata che la porterà in un batter d'occhio ad essere donna, un'altra donna della mia vita: la più importante! Maria Luisa La terra in cui sono nata e mi sono formata è la Sicilia la cui mentalità ha condizionato e ancora condiziona, seppur in misura minore, le scelte e il comportamento delle donne. Tindara, la mia nonna materna nacque nel 1903 nelle campagne che si arrampicano alle spalle di un piccolo paese della costa tirrenica. Il padre presto emigrò in America e lei rimase da sola ad accudire i due fratelli più piccoli e la madre che divenne ancora giovanissima paralitica, probabilmente perché affetta dalla sclerosi multipla. Mia nonna era una bella donna: alta, dal corpo armonioso e dai lineamenti delicati e proporzionati. I suoi occhi grigio-verdi mi affascinavano e lasciavano trasparire una certa durezza di sentimenti sconfessata invece dallo spirito di sacrificio e dall'abnegazione dimostrati nei confronti dei figli, dei nipoti e del marito in modo particolare. Suo padre, dall'America, le scelse un marito più anziano, brutto e molto ricco ma lei si era innamorata di mio nonno, un bel giovane dagli occhi azzurri, povero “zappa acqua” cioè pescatore. I due innamorati pensarono di eliminare ogni ostacolo al loro matrimonio ricorrendo alla classica “fuitina” che consisteva nel fuggire insieme e consumare il matrimonio, prima del fatidico e ufficiale sì davanti all'altare. Il consenso al matrimonio ufficiale diventava, a questo punto, obbligatorio poiché la donna, persa la verginità, era ormai “disonorata” e solo col matrimonio poteva riacquistare l'onore. Iniziò per i miei nonni una vita d'amore e di sacrifici; lei cuciva vestiti in cambio dei prodotti della terra e mio nonno con la sua barchetta e le sue reti trascorreva notti

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Una madra
intere sul mare. Neanche mia nonna dormiva, poiché appena sentiva “fraiare” le onde sulla battigia, con il suo lungo e famoso fischio segnalava al marito che il mare si stava alzando e in quel piccolo golfo i cavalloni diventavano altissimi in pochi minuti. Mia nonna Tindara ha educato i quattro figli, soprattutto le tre femmine con molta severità anche se si toglieva il pane dalla bocca per tutti. Aveva una corda, con un nodo finale, attaccata ad un appendipanni e bastava che alzasse gli occhi alla corda per ottenere prima dai figli e poi da noi, nipoti più grandi, obbedienza. Nella sua vita non si è concessa mai un capriccio, un divertimento, anzi l'unico fu un viaggio a Roma per il matrimonio di mio fratello e la visita alla Basilica di San Pietro la lasciò meravigliata. …Ora io vivo in … altri tempi non lontano da quella Basilica! Maria F. Lina, mia madre, aveva solo diciannove anni ed era stata educata “alla siciliana”, passare dal sentimento al sesso non fu facile se dopo cinque giorni mio padre dovette portarla dal medico che le prescrisse dei calmanti. Dopo un anno nacqui io (1947) e mi diedero il nome delle due nonne Concetta. Quell'anno di convivenza con la suocera e le cognate, entrambe insegnanti di lettere, non era stato per Lina facile a causa della differenza sociale e culturale. Quando si trasferì nella casa sbloccata e divenne finalmente la regina della casa e la madre della piccola famiglia, toccò il cielo con un dito. Quando avevo 2 anni e mezzo nacque mio fratello Marcello e mia madre, intanto, aveva cominciato a fare la sarta di nascosto di mio padre. “Fare la sarta” era considerato, nella famiglia borghese di mio padre, un lavoro servile di cui quasi vergognarsi mentre per mia madre, la sua arte era più valida della laurea di tutti i suoi cognati. Alla fine, dopo tanta pressione da parte di mia madre, mio padre le diede il permesso e così mia madre iniziò e continuò quell'attività di sarta che avrebbe esercitato per più di cinquanta anni e che le permise di realizzarsi e di guadagnare il necessario per integrare lo stipendio di mio padre. Lina aiutò anche la sua famiglia, che ospitò nella nostra casa, insegnò alle sorelle a cucire, fece loro la dote e le diede in sposa mentre mio nonno si era ormai ammalato del morbo di Parkinson. Mio padre accondiscendeva ad ogni richiesta della moglie e trattò sempre con rispetto ed affetto i suoceri e i cognati anche se in casa nostra ci ritrovammo in otto persone. Altri tempi, ma era appena ieri! Concetta F.

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Una “donna” figlia
Claudia, mia figlia, rappresenta la quarta generazione in linea femminile della mia famiglia; è lei la donna del domani. Il mio difficile rapporto con mia figlia e il tipo di educazione che le impartivo facevano esplodere in me quelle contraddizioni che pensavo di non avere. Credevo di essere una donna moderna, aperta e priva di pregiudizi, invece non era così: mi ritrovai a fare a mia figlia gli stessi discorsi sulla verginità che mia madre aveva fatto a me. Claudia è sempre stata ribelle, bugiarda, impulsiva e affettuosa; è bella, canta, compone canzoni e scrive poesie. Si è laureata in lettere, studiando tra un divertimento e l'altro ma non vuole fare l'insegnante perché non vuole fare la mia fine. Ha sovvertito praticamente tutte le regole che noi genitori le davamo e i conflitti con me erano quotidiani. All'età di 18 anni, si è innamorata del suo attuale uomo che l'accontenta in tutti i suoi capricci ma che è lui a comandare sia nel “mènage” quotidiano sia nelle importanti scelte della vita (non vuole né il matrimonio né i figli). Claudia lavora e possiede una casa, lui ha un assegno di ricerca e si spera che entri in servizio nella scuola o all'Unversità. Vanno d'accordo, hanno gli stessi interessi, collaborano nei lavori domestici, ma devono ancora stabilire un progetto di vita che vada bene ad entrambi ed intanto gli anni passano e la precarietà rimane. Inutile dire che io desideravo rapporti normali, secondo la tradizione e non accetto questa situazione, ma mi consola il pensiero che a mia figlia non manca nulla perché lei possa prendere autonomamente qualsiasi decisione come d'altro canto ha sempre fatto. I ribelli di oggi, saranno come noi un domani? La mamma di Claudia.

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Una vita matriarcale
Le nostre donne degli inizi del secolo erano dedite essenzialmente al lavoro ed alla riproduzione: almeno dai 12 ai 18 figli!. Servivano braccia da lavoro. Così raccontano, anche se molti si perdevano per strada tra le malattie, le “febbri strane” (dicevano) o emigravano lontano e non tornavano mai più (mio zio Demetrio “l'americano”, ad esempio). Rimanevano in pochi a dividersi l'eredità che consisteva nei terreni meticolosamente coltivati, tutti in riga e neanche un centimetro fuori dall'azione della vanga o con le “bestie” in stalla o all'aperto che erano la vera ricchezza della casa. Un ricordo da bambino. Scendeva a valle molto spesso dal suo Convento anche un frate dalla lunga barba bianca che precedeva un mulo dall'andatura stanca. Si fermava a casa. Mia mamma era sola con i figli. Il Duce gli aveva mandato il marito al fronte lontano! Riempiva le bisacce del frate di ogni ben di Dio. Recitavano una preghiera con il capo chino tutti e due. Soltanto io e il mulo eravamo silenziosi. Guardavo la pancia del frate e quella del mulo: si somigliavano così anche la pelle. Il colore del saio e la pelle del mulo erano identiche. Pensavo che il frate faceva presto a vestirsi la mattina, un sacco infilato in testa sul corpo nudo ed una corda, come quella del mulo, a reggere la pancia. Era tanto buono quel frate. Un sant'uomo! Poi una carezza, una benedizione e i “due” frati” (anche il mulo mi sembrava che facesse parte del convento!) ripartivano a passo lento su per la collina verso il monastero che si vedeva da casa mia in tutta la sua imponenza. Là dentro vivevano altri frati e altri muli dediti alla preghiera ed al lavoro, mentre altri uomini e altri muli vivevano sulle montagne trascinando munizioni e cannoni. La vita è un mistero ! Alberto P.

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Anche una mamma…in guerra
Era il 1944/45. Ero un marmocchietto, con i calzoncini corti. Ancora non indossavo i calzoni alla zuava o quelli lunghi che si usavano da grandi, dai quindici in su. Ero molto patito, ma sveglio, con due occhioni grandi grandi che volevano curiosare dappertutto e talvolta rimanevano imbambolati a fissare le persone o gli oggetti per carpirne i segreti. “Due soldi di cacio”, diceva anche mio nonno, ma ne aggiungeva uno, di soldo, rispetto a mia nonna. Sapeva che avevo allattato di meno! …… Un giorno i Tedeschi e gli esperti della zona ci dissero che dovevamo fuggire perché la guerra era vicina e c'erano tanti eserciti nei dintorni. Ricordo i bombardamenti aerei notturni dalla parte dei fronti di guerra di Anzio e Cassino (ho saputo solo dopo che si chiamavano così). Aspettammo ancora qualche giorno. Eravamo due fratelli aggrappati e stretti alla gonna di mamma che piangeva sommessamente, ma non lo dava a vedere. Era sola, poverina. Mio papà lo avevano mandato al fronte, poi fu fatto prigioniero e ritornò in un tempo indefinito, alla fine della guerra. Io non lo conoscevo. Il Duce ce lo aveva portato via e non era tornato mai. Scriveva qualche rara volta. Forse si faceva aiutare! Le donne erano state sempre le “matriarche”, cioè le padrone della casa. Dovevano provvedere a tutto. In questo caso far fronte alla paura della guerra che era in casa nostra con la presenza dei tedeschi. Ma dovevano tirare avanti con la vita, con energia, coraggio e intraprendenza. La vita era molto complicata senza gli uomini: i vecchi e i bambini da accudire come le bestie nelle stalle o i campi da coltivare. Tutti. Ed a tutti provvedeva mia mamma. Senza mai stancarsi. Solenne, semplice e rassegnata. Si raccomandava al Signore, lei che non perdeva mai una messa che sapeva a memoria e con il cagnolino che l'attendeva di fuori. Ricorderò sempre quella mamma in preghiera! Alberto P.

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Oggi. Donna madre? Non sempre!
a difficoltà ad avere figli oggi è proprio una scelta consapevole che vivono alcune donne che lavorano e vogliono mantenere alcuni privilegi (istruzione, lavoro, ricchezza, stabilità). Quindi, la scelta 'no kids' è radicata e voluta. Infatti, l'Italia è a crescita zero! Così, a differenza dei 'Childless' definiti fin dagli anni '70 coloro che rinunciano ad avere i figli nella maggior parte dei casi per il sopraggiungere di problemi di coppia, i 'Childfree' scelgono a priori di essere 'liberi dai figli'. "Abbiamo deciso di chiamarci 'Childfree' più che 'Childless' perché ci sembra che il termine 'Childless' implichi la mancanza di qualcosa che vorremmo, e non è così", recita la comunità “internettiana” di 'Childfree.net' . Tra le motivazioni alla base della scelta dei 'Childfree' di rinunciare a paternità e maternità c'è pure la denuncia di una visione della società troppo “bambinocentrica”. I cosiddetti “Bamboccioni”, come li ha definiti un Ministro. Pperché la scelta di non avere figli? Spesso si riceve una comune risposta: il pianeta è “sovrapppolato” e, forse, una diminuzione dei figli obbligatoria come avviene in Cina renderà la terra un po' più autosufficiente.E' un'aberrazione, naturalmente. La Cina limita per legge la proliferazione. In Occidente le donne si autolimitano. In A f r i c a c ' è g ra n d e p ro l i f i c i t à . S p es s o, q u es t i bambini…”ecedenti” vengono adottati clandestinamente in Europa. In modo particolare le bambine. E' un dramma…del mondo moderno! Valeria B

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La nonna buona
La mamma di mia mamma per me non aveva nome. Si chiamava Nonna e basta. Era una santa donna. Gli altri la chiamavano Fausta.Tutta casa, chiesa, lavoro e famiglia. Mi voleva tanto bene. Quando andavo a trovarla (lontano quattro salti) mi regalava sempre qualche minuzia e qualche soldino, piccole cose che io riportavo di corsa a casa: caramelle, aranci, mele, dolci, ciambelle, centesimi, ma soprattutto i “suoi” mandarini del suo grande albero prediletto…. Mio nonno e i suoi due figli commerciavano in bestiame all'ingrosso. Nella zona erano ritenuti ricchi. Frequentavano tutte le fiere vicine e lontane, anche al Nord Italia. Compravano soprattutto mucche, cavalli e tori che caricavano su un grande camion o su autotreni. Le stalle spesso si riempivano all'improvviso, poi si svuotavano perché le bestie facevano rotta per qualche altra fiera. La prima macchina della zona, la Balilla, fu la loro, anche se mio nonno amava più il calesse ed il cavallo che guidava solenne come un patriarca con la sua frusta in aria e con il suo orologio a ciondolo nel taschino. Mia nonna era la sola donna di casa. Poi vennero le nuore e l'aiutavano a riempire le mangiatoie di fieno, di mangimi e di erba fresca. E lo stesso si faceva con le tavole per gli uomini con montagne di fettuccine, di gnocchi, patate, carne fumante. Un lavoro massacrante fatto con carretti trainati da asini o cavalli per il mangime delle bestie e con il “matterello” per tirare la pasta o la pizza che riempivano i grandi recipienti di rame per gli uomini dal robusto appetito. E mia nonna guidava con lo sguardo dolce a cui non sfuggiva nulla questa schiera di persone! Tavole d'altri tempi!..... Alberto P.

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Mia nonna
Un giorno mia nonna Fausta (era il suo nome vero) mi disse di andare a riprendere un cavallo in una rimessa non lontana. Lei ci parlava con gli animali, li carezzava e le ubbidivano. Il cavallo la seguiva docile come un cagnolino. Con me, forse, il cavallo voleva divertirsi. Non mi conosceva. Era chiuso in un grande recinto. Quando aprii il cancello cominciò a correre come un forsennato scalciando e sparando in aria le zampe posteriori. Poi mi girava intorno schiumando e fumando dalle narici. Mi spaventai a morte e riuscii a salire di corsa su una pianta di ulivo. E il cavallo correva a dirotto e passava sotto la “mia” pianta. Sbruffava, alzava le zampe anteriori, si ergeva con tutta le sua enorme altezza, nitriva e mi soffiava in faccia. Mi accorsi solo dopo che i miei calzoncini erano tutti bagnati. Chiamai mia nonna con tutte le forze che avevo. Venne, si meravigliò che ero abbracciato fortemente alla parte più alta della pianta. Chiamò per nome il cavallo che non aveva le briglie. Lo precedette e lui docile come una pecora lo seguì di nuovo nel recinto e senza più nitrire. Una scena nitida nella mia mente. Da allora capii che mia nonna era come S. Francesco. Per me è una donna di ieri e di sempre. Irripetibile! Carole P.

La mia adolescenza
A quest'età iniziano i primi amorazzi più o meno duraturi, al massimo una stagione, incontri di sfuggita, scontri soventi, gelosie frequenti, amicizie vere o false che ti porti dietro tutta una vita.. Le esperienze le hai già fatte molti anni prima, almeno molte di noi. In fatto di sessualità noi siamo molto precoci. Diventiamo donne molto presto. Non si sa perché, mentre le nostre nonne, da come raccontano, lo erano dai 12 anni in poi. Ma si sposavano molto presto, appena appena donne, a 14 anni e via a letto con un uomo scelto da altri senza sapere il perché. E si facevano figli a ripetizione. E' vero, noi siamo un po' figli dello sballo o “spensierate” o “superficiali” (così dicono gli adulti!). E la mattina qualcuno di noi rimane appiccicato a qualche pianta vittima della velocità e degli stupefacenti. Mentre voi, vecchietti miei, alle nove di sera vi appisolate ronfando davanti alla TV. Per noi la vita inizia dopo mezzanot te, almeno nelle discoteche di fine settimana dove i giovani si ritrovano, ballano, flirtano e fanno amicizia. Questo mi preoccupa: siamo figli della notte! Francesca S.

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Le varie epoche delle mie donne
Ieri: i giochi semplici della trottola, dei bottoni, delle figurine dei giocatori famosi, le bamboline fatte in casa, qualche bici scassata, le prime TV in bianco e nero che tutti vedevano assorti al bar vicino, il rispetto per i grandi di famiglia, le nascite e le morti di cui si era tutti protagonisti in casa o in quelle dei vicini… Oggi: le moderne moto, i PC di ultima generazione, le tante diavolerie elettroniche, i cellulari che i giovani smanettano velocemente e poco rispetto per i grandi, nessuna (o poca!) confidenza con la nascita e con la morte perché appartengono ad altri… o avvengono negli ospedali…lontani da casa! E le ragazze, le donne di oggi che sembrano già quelle di domani, sono le più smaliziate di fronte agli “gnoccoloni / bamboccioni” dei compagni maschietti. Tutti a “consumare” il tempo e lo spazio in modo rapido con le mamme che non riescono a tener dietro ai nuovi valori, tutti uniformi, appiattiti, americanizzati, veloci, di famiglie che si costruiscono e si distruggono, si uniscono e si separano, con pochi figli rimpiazzati a mala pena dai giovani emigrati di altre latitudini…. E le donne dell'Est che “sfasciano” tanti matrimoni! O i vecchietti raggirati dalle stesse per il miraggio della cittadinanza e di un po' di sesso gratuito! Oggi noi costruiamo una società eterogenea, forse disgregata, ma non più felice della nostra che era avvezza al sacrificio ed al rispetto nei confronti delle donne e degli anziani.. Un'epoca o tante epoche sono finite in poco, in pochissimo tempo. Siamo appena entrati in un altro secolo che promette accelerazioni ancora più veloci degli ultimi cinquant'anni. Forse andremo, o le nuove generazioni andranno, sulla luna nel fine settimana, ma l'uomo e la donna continueranno ad amarsi allo stesso modo, a far figli alla stessa maniera, a nascere e morire piangendo, a provare gioie e dolori come sempre è successo nella storia dell'umanità. Mario, il moderno!

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Una giovanissima…smaliziata
Nella mia classe c'è una ragazza che non dice mai le cose in faccia, ma dice alle altre cose false per far litigare tutte ed avere l'attenzione su di sé. Vorrei specificare che ha problemi familiari, ma è giusto che si comporti così? E noi come ci dovremmo comportare? La sopportiamo, ma fino a quando? Ma fanno anche riflettere. E se mi trovassi anch'io nelle sue stesse situazioni? Noi non siamo più in tempi di principi azzurri e bisogna occuparci di riparare i danni morali degli altri, ma guarda un po'!…A proposito, esistono ancora ai principi azzurri?.. Quelli vestiti di azzurro, cavallo bianco…Mi sembrano favole d'altri tempi! Cioè, dei tempi dei nostri genitori! Quando ancora si usavano le stornellate, i baciamani o i fiori alla ragazza… che sognava il grande amore della vita: il suo principe azzurro, come nelle favole! Non so se devo avere nostalgia, desiderio o rimpianti di quei tempi remoti vissuti da altri! Però la nostra compagna di classe piange e ci rompe le scatole con i suoi problemi. Ma alla fine l'ascoltiamo! Vogliamo salvarla. Anche contro i suoi genitori egoisti!...Separati e accoppiati con altri! Però la nostra compagna di classe piange e ci rompe le scatole con i suoi problemi. Ma alla fine l'ascoltiamo! Vogliamo salvarla. Anche contro i suoi genitori egoisti!...Separati e accoppiati con altri! Eh, sì. Le situazioni familiari difficili sono brutte da vivere. Tolgono sicurezza ed equilibrio a chi le vive. Per questo un po' di pazienza e di sensibilità non guastano. E chi ha avuto la fortuna di crescere in un clima sereno, in una famiglia cosiddetta normale, ha un “bonus” in più forse per aiutare chi questa fortuna non l'ha avuta...La vita a scuola non trascorre sempre serena, ma sono anni indimenticabili! Te li ricordi per sempre, nel bene e nel male! Come la gioia dei primi amori, le lacrime delle prime sofferenze, gli abbandoni, le solitudini e le amarezze che affoghi in un bicchiere o una dose….che ti lasciano più vuota di prima! Marcella B.

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Convivenze di fatto
Attualmente non esiste in Italia nessuna normativa che tuteli le convivenze di fatto, col risultato che le coppie non legate dal matrimonio rischiano di vedersi negati alcuni diritti fondamentali. Ecco in sintesi i diritti riconosciuti e negati al convivente: - Se uno dei due partner ha bisogno di un intervento medico urgente e rischioso, l'altro non può autorizzarlo, visto che non figura come parente; - Il convivente non può chiedere permessi di lavoro se il partner si ammala; - Il convivente che collabora all'impresa dell'altro non ha nessun diritto. Meglio, quindi, premunirsi con un regolare contratto di società o di lavoro dipendente; - Se la convivenza termina, il convivente in stato di bisogno non ha diritto a nessun sostegno economico da parte dell'altro; - Se dalla convivenza sono nati dei figli e questi sono ancora minorenni nel caso in cui la convivenza cessi, l'affidamento è stabilito in base al criterio dell'interesse del minore. Se vi è disaccordo, l'affidamento è deciso dal tribunale per i minorenni. Anche dopo la cessazione della convivenza, il genitore ha l'obbligo di mantenere il figlio che conviva con l'altro partner. Giusy Appendice d'approfondimento sulla donna Esperienze diverse / Pubblicabili o meno! Donne e lavoro Nell'ultimo secolo la condizione femminile ha avuto un'inarrestabile evoluzione che ha attraversato molte battaglie. Alcune vittoriose, altre meno. Un secolo in cui, oltre ai problemi legati al conflitto tra i ruoli di lavoratrice-moglie-madre, le donne hanno dovuto fare i conti anche con la dura quotidianità del doppio lavoro: quello fuori casa e quello domestico non meno impegnativo, che continua a gravare soprattutto sulle loro spalle. Oggi sono stati fatti molti passi avanti soprattutto sul piano legislativo, ma forti freni vengono ancora posti dalla mancanza di strutture sociali adeguate. Andando oltre i dati e considerando lo scenario sociale in cui vivono le donne che lavorano, appare che il basso numero di candidature femminili a ruoli dirigenziali sia dovuto non tanto a una carenza vocazionale, quanto alla difficoltà molto concreta di dover conciliare carriera e famiglia. Purtroppo, ma in quasi tutti i Paesi Europei, sono proprio i blocchi psicologici nei confronti della condizione femminile che impediscono la vera uguaglianza tra i due sessi. Amalia C.

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La donna e la flessibilità
Nonostante le difficoltà di riuscire a trovare un lavoro in grado di garantire un'indipendenza che non sia solo sussistenza, le donne italiane ed europee si sono adeguate con rapidità alle nuove proposte del mercato flessibile, mostrando di apprezzare queste forme di lavoro prima sconosciute. Il tema della flessibilità assume una rilevanza particolare in riferimento alle donne lavoratrici. Le diverse forme di lavoro atipico, infatti, le hanno attratte moltissimo, soprattutto le giovani donne che si inseriscono per la prima volta nel mondo del lavoro. In relazione alle diverse risoluzioni del Consiglio Europeo ed alle raccomandazioni del Parlamento Europeo (molte delle quali legate all'attuazione della piattaforma di Pechino), il governo italiano ha individuato nella flessibilità uno degli strumenti principali per favorire l'ingresso delle donne nel mercato del lavoro…. Ma è una libera scelta o una direzione obbligata nella scelta dei “lavori atipici”? Non si può negare, infatti, che qualsiasi lavoratrice ( o lavoratore) in una posizione precaria accetterebbe di buon grado un contratto a tempo indeterminato, soprattutto quando nel progetto di vita individuale è contemplata la formazione di una famiglia con relativi figli. Nelle motivazioni che spingono una donna verso forme di lavoro più flessibili confluiscono vari fattori esterni ed interni, ma non va sottovalutata la difficoltà che una donna oggi incontra,per accedere a professioni più qualificate, resistenze sociali e imprenditoriali. Una madre non potrà essere assidua nel lavoro, secondo la concezione corrente. Nei Paesi dell'UE, le donne in media guadagnano meno degli uomini ed i settori caratterizzati da una forte presenza femminile sono quelli con i salari più bassi, soprattutto nel settore privato. E non è raro, inoltre, che una donna svolga un lavoro inferiore alla sua qualifica professionale. Si spera in un cambiamento radicale di mentalità da parte degli uomini e della società “intelligente”. Ada D.

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Una donna in carriera
Anna Maria D'Ascenzo è la donna dei primati: è stata la prima in Italia a diventare Prefetto, ha ricoperto la posizione di Capo del Dipartimento della Protezione Civile, e oggi è Capo del Dipartimento dei Vigili del Fuoco del Ministero dell'Interno. Insomma è arrivata dove nessun esponente del gentil sesso era mai giunta prima. Un posto sempre occupato da uomini! Ecco una breve intervista. Come è riuscita a farsi strada in un settore nel quale la rappresentanza femminile era nulla? "Due cose mi hanno sempre aiutata: la forte determinazione avuta nel mio lavoro e il fatto di non avere paura di essere sincera. Il mio settore è quello della gestione del personale e ho sempre lavorato con estrema trasparenza con le persone. In principio ho temuto che l'esagerata schiettezza mi avrebbe penalizzata, invece è stato ciò che mi ha fatto andare avanti.” Nessuna strategia quindi per farsi rispettare da uomini sicuramente poco avvezzi a farsi comandare da una donna? "No, impostare i rapporti sul principio della chiarezza nel lungo periodo paga e dà soddisfazioni. Nessun problema con i colleghi maschi che dirigo e sono tutti obbedienti e docili.” Lei lavora in un mondo prevalentemente maschile, ma con le donne come si trova? "Sempre molto bene. In tanti anni di lavoro mi è capitato di formarmi opinioni o estremamente positive o estremamente negative, nessuna via di mezzo. Le donne sono molto professionali ma metti la donna sbagliata nell'ufficio sbagliato e te lo distrugge. E poi è meglio che troppe donne non stiano insieme. Per esempio, le classi femminili sono peggio di quelle di soli uomini. Diventano 'pettegolandia', mentre la presenza maschile rappresenta un ottimo freno alle lingue lunghe e stimola a una maggiore attenzione". Trova che nel mondo del lavoro ci sia più solidarietà femminile o più competitività? "C'è più competitività ma questo è anche un fatto che può giovare alla produttività. Se la competizione non diventa conflittualità il lavoro ne guadagna. Certo dispiace vedere che le donne non si aiutino."
Intervista di Luciana C.

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Una donna di successo: Emma Marcegaglia
L'azienda, per i Marcegaglia, è la famiglia stessa, e non e' un caso che i consigli d'azienda un tempo si svolgevano a colazione o a pranzo. “Imprenditori poveri di un'azienda ricca” amano definirsi i Marcegaglia che reinvestono gli utili per crescere e rinnovarsi e concepiscono la fabbrica come un patrimonio di tutti, una ricchezza per il territorio mantovano. E Steno, che conosce i suoi dipendenti uno per uno, abitua, fin da piccoli, Emma e Antonio, ad avere una grande attenzione per il sociale, a considerare le risorse umane. Cosi' Emma, a scuola, frequenta i figli dei dipendenti del padre e sviluppa uno spirito di appartenenza molto forte. Spirito d'appartenenza ma anche senso del dovere, cui si accompagna un certo rigore morale, d'impronta cattolica. Emma Marcegaglia non ostenta mai e non si concede lussi, neanche oggi. Soprattutto ha una predisposizione all'ascolto che ne fanno una persona attenta, non presuntuosa e avveduta nel confronto dialettico. “Emma non parla a sproposito, si documenta sempre prima e quando non sa, tace e ascolta”, dicono i suoi più stretti collaboratori. Il tutto con una consapevolezza: quella di essere una donna fortunata. Una manager corretta e rigorosa quindi ma anche una mamma scrupolosa e amorevole con la piccola Gaia, la bimba avuta tre anni fa da suo marito Roberto Vancini, ingegnere informatico. Ed è proprio con Gaia e Roberto che Emma ha scoperto una 'azienda' tutta nuova, una proiezione di vita che va oltre la sua professione. Una maternità che Emma Marcegaglia ha vissuto e vive intensamente e con impegno , anche per la sua battaglia a favore delle cellule staminali, che l'ha vista schierarsi in prima linea per la donazione del cordone ombelicale, in veste anche di presidente della Fondazione Areté onlus per il sostegno dell'attività Vita-Salute San Raffaele. “Una scelta importante che va fatta dalle future mamme due mesi prima del parto - dice - perché avere a disposizione le cellule staminali può voler dire salvare la vita non solo dei propri figli in caso di bisogno, ma anche di altre persone”. Oggi, la Signora Marcegaglia è Presidente degli industriali italiani. Un ruolo di altissimo prestigio. Luigi M.

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Affinità di coppie astrali
Tra due persone "innamorate" esiste un fitto rapporto di simboli astrali che segue regole ben precise di reciproca “gravitazione”. Difficile innamorarsi di qualcuno "a caso", per la semplice ragione che gli incontri fatti durante la vita seguono i binari della complessa dinamica creata dall'armonia o disarmonia tra gli elementi astrali. L'Astrologia comparativa permette di vedere più chiaramente le forze che agiscono nei rapporti personali e di approfondire i rapporti di coppia, fornendo alcune soluzioni per accedere a una migliore comprensione e a un ascolto più attento dei bisogni del proprio partner. Insomma,gli astri ci seguono!... Rosa Maria

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Indice
A d r iá n P é r e z T e je r a A d r iá n B á e z G a rc ía A d r iá n E s te v e z T r u j il lo A d r iá n P é r e z T e je r a A í to r M o n zó n S a n t a n a A l b a M . O r a m a s C ru z A l b a S a r m ie n to A l b a V e g a G o n za l e s A l e j a n d r o C a b re r a In ie st a Alejan dro G o nz alez A l e j a n d r o S a n ta n a R o d r íg u e z A n a I sa b e l M e n d o z a D ía z A n a I sa b e l M e n d o z a D ía z A n g e la P a lo m a A y ll ó n S u a r e s A n ó n im o A n ó n im o A n ó n im o A n ó n im o A n ó n im o A n to n io F r a g e la D u q u e A r a n tz a O r te g a G o n z a l e s A r i d a n e S a r r i o n a n d ia d e L e ó n A r m a n d o S a n ta n a S u a r e z A t te n a r i M . G o n z a l e s H e r re r a B a r b a r a G a r c ía C a r d in a R e ye s S u a r e z C a r l o s D ie g o F r a n c o C a r l o s D ie g o F r a n c o C a r l o s P u i g C a b r e ra C a r o li n a R e y e s S u a r e z C on s uelo C r is ti a n C a st e ll a n o P e r e z C r is ti n a R i ve r o C u e n to s g r i e g o s C u e n to s g r i e g o s C u e n to s g r i e g o s D a n ie l V il la r L o p e z D a u r a A le m á n P e ñ a D a v i d F a lc ó n lu já n D av id R odrigue z P os a da D a v i d R o d r íq u e z P o s a d a D a v i d S a n ta n a P u l id o D a v i d S a n ta n a P u l id o D a v i d S a n ta n a P u l id o D i a n a G il H e r n a n d e z D i e g o N o g u e ir a M a rt in e z E f r a ín R o d r íg u e z R o d r íg u e z E f r a ín R o d r íq u e z R o d r íg u e z E l a i n e R u b id o A r te a g a E l d a g a rc ía H e r n a n d e z E n r iq u e A . M a r r e ro d e C a st ro
Pu erta s co n g anc h o M a no dura T ie m pos d if íc iles Q uiero t raba ja r Bu s ca nd o el a m o r Ac titud es m ac h is tas R elac ione s y m e nta lidad es An ton io y O f elia U n día no rm a l h ac e m u ch o U n ca m bio rad ic al An tes y ah ora C on diez añ os en los s es en ta C on tras te s R elat o D e As tu rias a C a nari as La s eño ra P az M i m ad re El r es p eto M i pri m er be s o Sa lir ad ela nte El pl át ano ve nd ado Sis tem as d e e du ca c ión D on M anu el La ilus ió n Av en tura s C ultu ra s c am bios en nu es tra cu ltu ra El dí a d e los fina os A la ant igu a C as tigo s H ola, s oy C on su elo C ruc e ent re c ultura s Viaj e h ac ia la fe lic id ad H ist ória de la ab uela Sin t ítulo Lo s año s 20 El biqu in i C os a s del v es tir U n día c ualqu iera J ugu ete s D ifere ntes c u ltu ras El es c ot e El reloj T he B eatles C an c io nes R ec u erdo s Av an c es J ugu ete s artes a nales El di ne ro y a no es lo q ue era D et rás de c ada m ato ha y u n g ato El e xp rim idor
36 31/3 2 77 46/4 7 12 59 49/5 0 17 32/3 3 42 6 37 38 48/4 9 9 69 70 77/7 8 78 16 10/1 1 30/3 1 30 24 39 35 23 20 64 31 76 32 55/5 6 65 66/6 7 67 27/2 8 46 40 4 /5 61 5 14 7 50 29/3 0 59/6 0 53/5 4 26 75 57

Es te fan ia Me dina Arte aga F aidal A jadd a Irio m e B rito Me nd oza Iv án Alons o Be the nc ou rt J es s ic a L lo rena A ciañ a J ona tha n P ulid o M elián J orge G utierrez Ro dríg uez J orge Rey es S ua rez J os é d e la N uez G o nza le s jo s é He rib erto Sa nta na N ue z J os é J u an D íaz B onilla J os é M . R odríg ue z H erna nde z J os é M ario M on zón M artel Ke ví n T ru jillo P erd om o La ura G . Carv ajal La ura R eniz Rod riqu ez La ura V ie it es G on za les Le tic ia P az o H id alg o Lione l C ab re ra J ime nez Mª Na yra C as tro S ua rez Mª Na yra C as tro S ua rez Ma ria del M ar S os a C ác ere s Ma rio Nav arro Q ues a da Ma rta G o nz ález Prieto Miria n M ena M uño z Mó nica Ca balle ro G a rc ía Nat alia Rod riqu ez O rtega Nat as c ha Cha co pino Sa nta na Nere id a V eg a S ant ana Noe lia R . F . Norm a n M anu el G il F ue nte s Pa blo H . H. Pa lo ma J im e nez P as tor Pa tric ia D elg ad o M artín Pa tric ia R om ero G uillé n Raf ae l C ris tób al Arm as Ram s és M .C eba llo S an tan a Rita Su arez Su arez Rita G a rcí a Ra m irez Rub én La orfen B enitez Sa ra B arrera Sa nc he z Sa ra B arrera Sa nc he z Sa ra J en if er G on za le s Pé re z T .I. G .S. T am a r Mo ntilla T iño ly T ib is a y S agris ta H erna nd ez T oñ i L op ez Me din a T oñ i L op ez Me din a Ya zm ina P ére z R odrigu ez

El v eran o En un a c alle de P arís N ue v os ho riz onte s U n nue vo c am ino C ue nta la ab ue la N ue s tros ab ue los U n día en la es c ue la An éc do ta La trilla C os a s de ant es U n día c otidiano El relato J ugu ete s de la hist oria U rba nidad H éro e El c uc ha rón La ig nora nc ia de an tes El ho rario La m arginac ión de la mu jer La m uñe ca de trap o Mi no vio R ef le xion and o La fam ilia U n su eñ o El triquini J ueg os de l re c uerd o U na nu ez y u n p uñ o de c as ta ñas El pa s o d el tie m po C am b ia ndo c áno ne s La edu c ac ió n e n la e sc u ela Vo lv er la v ist a a trás Pláta no s de La P alm a El m óv il Ba rrien do c alles R ec u erdo de un nov iaz go Arro z a la c uba na C am b io s gen erac iona le s Bru ja s y e sp írit us El c alc etín El go fio U n día de reye s U na v ie ja fot o Y c o miero n p erdice s R oq ui R ec u erdo s de El A iún La m enta lida d d e los pro fes ore s El P adre B lan c o Em igran tes Av an za ndo en la ed uc ac ión

33 58 53 43 54/5 5 39/4 0 28 72 34 63 44 55 20/2 1 58/5 9 19 8 36/3 7 8 /9 61/6 2 71 71/7 2 26/2 7 47 60 18 54 11 52 21 22/2 3 15 45 38/3 9 57/5 8 44/4 5 3 49 47/4 8 25 48 3 /4 41 23/2 4 40/4 1 13 22 73 74 43/4 4

Relatos italianos
Rosa María Affinitá di coppie astrali Luigi M. Una donnda di sucesso Una donna in carreira Entrevista di Luciana C. La donna e la flessibilitá Ada D. Convivence di fatto Gusy Una giovanissima smaliziata Marcela B. Le varie epoche delle mie donna Mario, il moderno La mia adolescenza Francesca S. Mia nonna Carole P. La nonna buona Alberto P. Oggi. Donna madre non sempre! Valeria B. Anche una mamma...in guerra Alberto P. Una vita matriarcale Alberto P. Una donna figlia La mamma di Claudia Una madra Concetta F. Ina nonna in...Breve! María F. Le donna della mia vita María luisa La donna “centro “della famiglia Marisa C. La donne della mia vita María F. Le mie tre generazioni Manuela M. 118 116 114 112 110 108 106 104/105 104 102 100 98 96 94 92/93 90/91 88/89 86/87 84/85 82

IG DT V UN GR 08 -20 6 200

Vivencia

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VIVENCIAS son relatos enmarcados en un periodo histórico apasionante, unos con sentido del humor, otros con fuerza y dramatismo en un intento de reivindicar la figura de la mujer anónima. Historia de nuestras madres y abuelas. Los autores de cada relato presentan un retablo detallista de tiempos no muy lejanos, haciendo viajar al lector a la Italia de principios del siglo XX, a Grecia, España e Islas Canarias. Personajes anónimos e historia se dan la mano para presentar este libro ideado para conocernos mejor y dar fe de acontecimientos y costumbres de nuestros orígenes. Adela Santana