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Audiencia Pública en el Congreso

Víctimas de Anchicayá siguen en la lucha por atentado ambiental

Bogotá, diciembre 9 de 2019

Este miércoles 11 de diciembre comunidades afrocolombianas de Anchicayá


(Buenaventura) se darán cita en el Congreso de la República para seguir denunciando las
graves afectaciones que sufren desde hace 18 años a causa de la contaminación del Río
Anchicayá por parte de la Empresa de Energía del Pacífico S.A. (EPSA), tras la construcción
de la hidroeléctrica en 2001 y que afecta a más de seis mil personas que viven en las
riberas de río.

“Son casi 20 años de impunidad que han vivido estas comunidades por la
irresponsabilidad de la empresa española EPSA, al verter, tras la construcción de la
represa, más de 500 mil metros cúbicos de lodo y residuos tóxicos al hermoso Río
Anchicayá que no sólo es patrimonio de los vallecaucanos, sino que significa la vida y la
supervivencia de miles de familias que viven y se alimentan del río desde hace más de 200
años”, dijo el Senador Wilson Arias, del Polo Democrático Alternativo, citante a la
Audiencia Pública Víctimas de la represa de Anchicayá.

El Senador Wilson Arias, explicó que en 2001, cuando se construyó la represa y se produjo
el daño ambiental, EPSA ya pertenecía a Unión Fenosa, compañía eléctrica española que
se hizo al 65% de la empresa colombiana en el año 2000, mediante un negocio de 225
millones de dólares. Unión Fenosa era también propietaria de Electrocosta-Electrocaribe.

Hoy, según información de prensa (El Espectador, mayo 26 de 2019), la participación


accionaria de EPSA es: Colener S.A.S. (propiedad de Celsia), 50,01 %; Celsia (del Grupo
Argos), 13,14 %; Empresas Municipales de Cali, 18,02 %; Corporación Regional Autónoma
del Valle del Cauca (CVC), 15,88 %; Banca de Inversión de Bancolombia, 1,96 %, y otros,
0,99 %.

La Audiencia Pública también convocada por organizaciones sociales como Ríos Vivos,
CENSAT Agua Viva, la Organización de Negros Unidos del Río Anchicayá (ONUIRA) y el
Consejo Comunitario Mayor de Anchicayá, pretende llamar nuevamente la atención sobre
la problemática que viven las poblaciones ribereñas totalmente abandonas por el Estado:
El objetivo es buscar alternativas frente a la situación de calamidad y riesgo en que viven
las comunidades afrodescendientes afectadas por los vertimientos de la represa del Bajo
Anchicayá.

La comunidad no sólo ha venido denunciando su situación de calamidad pública y la


afectación ambiental, las personas se enferman por la contaminación del agua, sufren de
hambre, sed y perdieron sus cultivos, sino que emprendió una batalla jurídica contra EPSA
que luego de múltiples palos en la rueda, demoras y arbitrariedades hoy está en manos de
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en el ámbito internacional y del
Consejo de Estado, en el ámbito nacional.

“Nuestra comunidad negra, habitante de las veredas de la cuenca Río Anchicayá que fue
uno de los ríos más productivos del Valle del Cauca, hoy pasa hambre, necesidades y
enfermedades porque la multinacional mató la cuenca, el Estado nos abandonó y la
justicia está en veremos. Nuestros cultivos no prosperan, los peces no llegan y tampoco se
da la producción pecuaria. Nosotros no tenemos acueducto, dependemos en un 80% del
río que hoy está contaminado y taponado. Sentimos un desprecio total de todas las
autoridades que deben ayudarnos”, asegura Silvano Caicedo, líder comunitario,
vicepresidente de ONUIRA y parte de Ríos Vivos

Por los hechos demandados existe toda la posibilidad que la CIDH condene al Estado
colombiano por no hacer justicia social y ambiental. Lo anterior implicaría que todos
paguemos por los daños ocasionados por una empresa privada (en 2001 cuando se
ocasionaron los daños era propiedad de Unión Fenosa - España) y hoy es mixta con una
importante participación del Sindicato Antioqueño.

“Este caso de Anchicayá ha tenido una serie de eventos que ha llevado a una dilación
injustificada cuando: 1) se profirió en la acción de grupo (2009) la sentencia de segunda
instancia favorable a las comunidades, el tribunal administrativo decidió enviar el
expediente original al Consejo de Estado, en vez de velar por el pago de la condena y
enviar la copia del expediente. 2) se profirió la sentencia de tutela T-274 de 2012 de la
Corte Constitucional que anuló la sentencia de segunda instancia, cuando ya estábamos
listos para el pago por orden del Consejo de Estado. 3): se profiere la Sentencia
Unificadora de Jurisprudencia SU-686 de 2015 por la Sala Plena de la Corte Constitucional
que anuló la T-274 de 12 de la misma Corte constitucional y le da plena validez a la
sentencia de segunda instancia; estábamos otra vez listos para el pago, pero esta vez un
auto del Consejo de Estado ordena suspender el pago de la condena. 4) El Consejo de
Estado niega la solicitud de audiencia de conciliación solicitada por las partes porque ya
teníamos un acuerdo en cifras y víctimas”, explica el Dr. Germán Ospina, abogado
apoderado de las comunidades de Anchicayá.

“Mientras el caso de Anchicayá va y viene en los estrados judiciales y administrativos, la


región está sumergida en la pobreza extrema, pasa hambre y sufre la desidia estatal y el
abandono. Sus comunidades no cuentan con acueducto, alcantarillado y vías de acceso,
entre tanto la justicia sigue sin llegar. Lo más probable es que ahora que la empresa es
mixta, con una participación importante del Sindicato Antioqueño, terminemos como
siempre pagando todos el negocio que hacen los privados. Por estas razones, es necesario
pensar en otras formas de producir energía en nuestro país, la transición energética no se
hace esperar, se requieren soluciones locales y adaptadas a las comunidades para
responder a problemas globales”, puntualizó el Senador Arias.

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