La música (del griego: μουσική [τέχνη] - musiké [téjne], "el arte de las musas") es el arte de organizar sensiblemente una combinación

coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psico-anímicos.[1] La música, como toda manifestación artística, es un producto cultural. El fin de este arte es suscitar una experiencia estética en el oyente, y expresar sentimientos, circunstancias, pensamientos o ideas. La música es un estímulo que afecta el campo perceptual del individuo, así, el flujo sonoro puede cumplir con variadas funciones (entretenimiento, comunicación, ambientación, etc.).

Elementos de la música

Notas musicales en un teclado de piano La música está compuesta por dos elementos básicos: los sonidos y los silencios. El sonido es la sensación percibida por el oído, que recibe las variaciones de presión producidas generadas por el movimiento vibratorio de los cuerpos sonoros y que se transmiten por el medio que los separa que generalmente es el aire. La ausencia perceptible de sonido es el silencio; que es relativo, ya que el silencio absoluto no se da en la naturaleza al haber atmósfera. El sonido tiene cuatro parámetros fundamentales: la altura (frecuencia o tono), la duración, la intensidad (volumen) y el timbre.

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La altura es el resultado de la frecuencia (cantidad de vibraciones por segundo que produce un cuerpo sonoro), de acuerdo con esto se pueden definir los sonidos como "graves" y "agudos"; a mayor frecuencia (vibraciones, ciclos por segundo o Hercios (Hz) ), más agudo será el sonido. La longitud de onda es la mínima distancia que existe entre dos puntos en los cuales la presión sonora toma el mismo valor, comparable a la distancia entre las ondas que produce una piedra al caer en el agua. La duración corresponde al tiempo que duran las vibraciones que producen un sonido. La duración del sonido está relacionada con el ritmo. La duración viene representada en la onda por los segundos que ésta contenga. La intensidad es la fuerza con la que se produce un sonido; depende de la energía. La intensidad viene representada en una onda por la amplitud. El timbre es la cualidad que permite distinguir los diferentes instrumentos o voces a pesar de que estén produciendo sonidos con la misma altura, duración e intensidad. Los sonidos que escuchamos son complejos, es decir, son el resultado de un conjunto de sonidos simultáneos (tonos, sobretonos y armónicos), pero que nosotros percibimos como uno (sonido fundamental). El

timbre depende de la cantidad de armónicos que tenga un sonido y de la intensidad de cada uno de ellos, a lo cual se lo denomina espectro. El timbre se representa en una onda por el dibujo. Un sonido puro, como la frecuencia fundamental o cada sobretono, se representa con una onda senoiodal, mientras que un sonido complejo es la suma de ondas senoidales puras. El espectro es una sucesión de barras verticales repartidas a lo largo de un eje de frecuencia y que representan a cada una de las senoides correspondientes a cada sobretono y su altura indica la cantidad que aporta cada una al sonido resultante.

Principios organizativos musicales
La organización coherente de los sonidos y los silencios (según una forma de percepción) nos da los principios fundamentales de la Música, que son la melodía, la armonía y el ritmo. La manera en la que se definen y aplican estos principios varía de una cultura a otra (también hay variaciones temporales).

La melodía es un conjunto de sonidos —concebidos dentro de un ámbito sonoro particular— que suenan sucesivamente uno después de otro (concepción horizontal), y que se percibe con identidad y sentido propio. También los silencios forman parte de la estructura de la melodía poniendo pausas al "discurso melódico". El resultado es como una frase bien construida semántica y gramaticalmente. Es discutible —en este sentido—si una secuencia dodecafónica podría ser considerada una melodía o no. La armonía, bajo una concepción vertical de la sonoridad, y cuya unidad básica es el acorde, regula la concordancia entre sonidos que suenan simultáneamente y su enlace con sonidos vecinos. El contrapunto formando una concepción horizontal de la armonía, nota contra nota, la relación de los sonidos entre las dos melodías es lo importante) son la interrelación de dos o más sonidos que suenan a la vez. Ritmo se refiere a la pauta de repetición a intervalos regulares y en ciertas ocasiones irregulares de sonidos fuertes o débiles, y silencios en una composición.

Cultura y música
Todas las culturas tienen manifestaciones musicales. Incluso se ha demostrado que las ballenas se comunican gracias a un lenguaje sonoro que podríamos llamar musical al igual que la mayoría de las aves, lo que sugiere un posible origen filogenético común. La música está ligada a un grupo social y a sus acontecimientos, y es expresión de estos últimos. Estos acontecimientos no son universales, por tanto no podemos decir que la música sea universal, por lo menos en cuanto a su contenido, significado e interpretación. Por ejemplo, es probable que las obras de Mozart carezcan de sentido musical para un indígena de Borneo (quien entiende la música a partir estructuras psíquicas diferentes a las del mundo occidental).

El compositor (creador de música), delega en el intérprete (emisor) la ejecución de sus obras que en ocasiones, transmiten en la música determinados hechos y sentimientos a través de una secuencia de sonidos. También existen culturas musicales que no tienen en cuenta la separación occidental entre creador/intérprete ya que la música es improvisada principalmente.

Este artículo trata la época clásica (1750-1800) de la música académica europea; para la música culta europea (habitualmente llamada “música clásica”) vea Música docta y Música clásica europea El clasicismo musical comienza aproximadamente en 1750 (muerte de J. S. Bach) y termina en 1820 aproximadamente. La música clásica propiamente dicha coincide con la época llamada neoclasicismo (que en otras artes se trató del redescubrimiento y copia de los clásicos del arte grecorromano, que era considerado tradicional o ideal: clásico). En la música no existió un clasicismo original (ya que no había quedado escrita ninguna música de la época griega o romana). La música del clasicismo evoluciona hacia una música extremadamente equilibrada entre armonía y melodía. Sus principales exponentes son Haydn, Mozart y el primer Beethoven (ya que en su segunda época se volvió más romántico).

Al final de este período, en 1759, Haydn recibió una oferta de empleo importante, que fue la de director musical del conde Morzin. Su misión consistía en dirigir la pequeña orquesta del conde y programar la música para cada evento. Al mismo tiempo componía, y escribió sus primeras sinfonías para la orquesta. El conde Morzin padecía dificultades económicas, por lo que a los dos años despidió a todos sus músicos. No obstante, Haydn encontró enseguida un empleo similar como asistente del director musical de la familia Esterházy, una de las más ricas e influyentes del imperio austríaco, y que residía en invierno en Viena y en verano en dos palacios de su propiedad, uno al sur de la capital y otro en Hungría. Los Esterházy eran amantes y conocedores de la música y le dieron todo el apoyo que necesitaba para su labor, incluso su propia pequeña orquesta. Empezó a trabajar para el príncipe Paul Anton Esterházy en 1762, y muerto éste al año siguiente, en 1763, sirvió a su hermano Nicolás llamado el magnífico durante casi treinta años. En su nuevo cargo, Haydn tuvo una gran responsabilidad, que consistía en componer música para cada ocasión, dirigir la orquesta, interpretar música de cámara con miembros de la orquesta y también de la familia, y organizar el montaje de óperas (presentaba todas las semanas dos operas y dos conciertos, además de las obras especiales para los visitantes destacados, y conciertos de música de cámara diarios en los que tocaba el propio príncipe la viola de bordón). A pesar del intenso trabajo, Haydn se consideró un hombre afortunado: " mi príncipe está satisfecho con toda mi obra, se me elogia, y yo como director de orquesta puedo hacer experimentos, observar qué refuerza un efecto y qué lo atenúa y hacer mejoras, intentando cosas nuevas".

Al ver que su situación era estable, Haydn se casó en 1770, pero el matrimonio no se entendía y no tuvieron hijos. Tuvo por el contrario una larga relación sentimental con una cantante de los Esterházy, con la que, según algunos biógrafos, tuvo uno o varios hijos. Transcurrieron casi 30 años en los que Haydn trabajó en este cargo y en los que compuso un sinfín de obras. A lo largo de este tiempo su estilo fue desarrollándose y su popularidad fue creciendo. Con el tiempo llegó a componer tantas obras para su publicación como para los Esterházy. Obras tan conocidas actualmente como sus Sinfonías de Paris fueron compuestas en aquellos años. En 1781 Haydn estableció una estrecha amistad con Mozart, sobre cuyo trabajo había tenido alguna influencia en los años anteriores. Sintió una gran admiración por Mozart y por la maestría con la que había escrito sus recientes óperas y conciertos. Por su parte, Mozart se esforzaba en componer música de cámara que estuviese en su opinión a la altura de Haydn, a quien dedicó unos cuartetos de cuerda. Un año después de la revolución francesa de 1789 que conmocionaba a toda Europa, en 1790, murió el patriarca de los Esterházy y su sucesor resultó ser un hombre sin interés por la música, que despidió a la orquesta y jubiló a Haydn. Con tal motivo aceptó la oferta de un empresario musical alemán para viajar a Inglaterra y dirigir sus nuevas sinfonías con una gran orquesta. Su estancia en ese país fue un gran éxito. Haydn alcanzó una amplia fama y tuvo considerables ingresos. En Inglaterra compuso también algunas de sus obras más sobresalientes, como las Sinfonías de Londres (entre ellas la Sinfonía nº 104 "Londres") y las Sinfonías Militares, el Cuarteto Reiter o el Rondo Gitano para trío con piano. Habiendo considerado quedarse en Inglaterra, Haydn finalmente volvió a Viena, donde se hizo construir una gran casa, y decidió dedicarse a la composición de obras sacras. Escribió dos grandes obras, el Oratorio La Creación y el Oratorio Las Estaciones, así como seis Misas. También compuso los últimos nueve Cuartetos de cuerda. A partir de 1802 una enfermedad que había tenido anteriormente volvió a aparecer y se desarrolló hasta tal punto que ya no era capaz de componer, si bien en su mente las ideas de nuevas obras fluían con facilidad. A pesar de estar bien cuidado y no faltarle de nada, así como de tener amigos y ser un músico apreciado, Haydn debió pasar sus últimos años entristecido por no poder trabajar en su música. Haydn murió a los 77 años de edad, mientras Viena era atacada por las tropas de Napoleón. Sus últimas palabras fueron las que dirigió a sus sirvientes, tranquilizándoles acerca de las bombas que caían en la vecindad.

Principales obras

Obras orquestales. 104 sinfonías, mencionamos: o Sinfonía n.º 45, "Los Adioses" o Sinfonía n.º 48, "María Teresa" (1769) o Sinfonía n.º 99 o Sinfonía n.º 101, "El Reloj". o Sinfonía n.º 102, "Militar". o Sinfonía n.º 103: "Redoble de timbales".

Sinfonía n.º 104: "Londres". Concierto para trompeta Sinfonía concertante (1794) Música de cámara y para piano o Trío baryton para viola y violonchelo n.º 63 o Sonata n.º 52 para piano o "Cuartetos rusos", seis cuartetos del op. 33 o Seis cuartetos, op. 76 o Dos cuartetos, op. 77 o Seis tríos, op.100 para flauta, violín y violonchelo o cuatro Londoner Tríos para 2 flautas y violonchello Óperas o El farmacéutico (Lo speziale, 1768) o L'infedeltà delusa (1773) o L'incontro improvviso (1775) o El mundo de la luna (Il mondo della luna, (1777) o La vera costanza (1779) o La isla desierta (L'isola disabitata, 1779) o La fedeltà premiata (1780) o Orlando paladino (1782) o Armida (1783) Otras músicas vocales o Cantata Ariadna en Naxos (1789) o Misa para tiempo de guerra o Misa Nelson o Harmonienmesse (Misa de la Armonía o Misa de los vientos, 1802) o Himno "The spacious firmament on High" , que sirvió de base para "La creación" con letra de Joseph Addison escrita en 1712 y su música por 1798 o Oratorio La creación o Oratorio Las estaciones o Doce canzonetas inglesas
o o o

Johannes Chrysostomus Theophilus Wolfgang Amadeus Mozart [ˈjo:hanǝs kʁy ˈzɔstomus ˈtʰe:ofilus ˈvɔlfgaŋk ʔa:maˈdeus ˈmo:ʦat], más conocido con el nombre de Wolfgang Amadeus Mozart nació en (Salzburgo, actual Austria; 27 de enero de 1756 Viena; 5 de diciembre de 1791), es considerado como uno de los más grandes compositores de música clásica del mundo occidental. A pesar de que murió muy joven (apenas a los 35 años), nos ha legado una obra tan importante que abarca todos los géneros musicales de su época. Según el testimonio de sus contemporáneos era, tanto al piano como al violín y la viola, un virtuoso. A los cuatro años practicaba el clavicordio; y componía pequeñas obras de considerable dificultad; a los seis, tocaba con destreza el clave y el violín. Podía leer música a primera vista, tenía una memoria prodigiosa y una inagotable capacidad para improvisar frases musicales.

Padre e hijo llegaron a Roma el 11 de abril de 1770. En el Vaticano, Wolfgang Amadeus escuchó el Miserere de Gregorio Allegri. Esta obra tenía carácter secreto, pues sólo podía interpretarse en la Capilla Sixtina y su publicación estaba prohibida bajo pena de excomunión. Sin embargo, el joven compositor apenas llegó a la posada donde se alojaba, escribió de memoria una versión muy aproximada de la partitura completa. El Papa Clemente XIV, admirado ante el talento del músico de catorce años, no sólo no lo excomulgó sino que lo nombró Caballero de la Orden de la Espuela de Oro, título que —a pesar de los privilegios que otorgaba— nunca interesó a Mozart. Otro gran triunfo fue el estreno de la ópera Mitrídates, rey del Ponto, estrenada en 1770, en Milán. Resolviendo en media hora un examen que al resto de los postulantes les llevó tres, fue admitido como compositor en la Academia Filarmónica de Bolonia, considerada el centro de erudición musical de la época. El ingreso de Mozart a la Academia fue extraordinario, ya que aún le faltaba mucho para los veinte años, edad mínima exigida por el reglamento. En ese lugar conoció al padre Giovanni Battista Martini, importante teórico de la música en aquel tiempo, y por el cual Mozart siempre guardó un gran afecto Mozart realizó un segundo viaje a Italia, para asistir al estreno de su ópera Ascanio en Alba (Italia). En Milán, Wolfgang estrenó una ópera y escribió el motete Exultatejubilate. Buscó un puesto digno y estable, pero en vano. Tuvo que regresar a Salzburgo. A los 17 años, Wolfgang ya no podía pasar por «niño prodigio». Empezaba ahora la lucha por la vida. En enero de 1775 Mozart estrenó con gran éxito en Múnich su ópera La falsa jardinera. Fueron para Mozart años fecundos: escribió óperas, sonatas para piano, conciertos para violín, divertimentos, cuartetos y mucha música sacra por encargo de su nuevo patrón. Sin embargo, Mozart se sentía prisionero, sentía que no progresaba y —sofocado por el ambiente provinciano de Salzburgo—, en agosto de 1777 reclamó al arzobispo Colloredo la libertad para abandonar su puesto. Luego, en compañía de su madre, inició un largo viaje a París. En una escala en Múnich, conoció a la familia Weber y se enamoró de la hija mayor, Aloysa. En Mannheim hizo amistad con un grupo de compositores de esa ciudad (la cual era conocida porque sus orquestas —por primera vez en la historia de la música—, exageraban la diferencia entre los pasajes suaves y los fuertes; este estilo se dio en llamar «estilo de Manheim» y pocas décadas después sería una característica principal del romanticismo). A pesar de que Mozart aún no lograba su madurez y profundidad definitiva, en esta obra se expresa quizá por primera vez la dimensión dramática que veremos en las posteriores operas del genio de Salzburgo. Esta ópera le dio a Mozart el mayor éxito teatral que conocería en vida. En este año conoció a través del barón Gottfried Van Swieten —un entusiasta coleccionista y aficionado musical que tenía en su poder una biblioteca con gran

cantidad de obras de compositores barrocos— la obra de Georg Friedrich Händel y Johann Sebastian Bach. Tomó contacto con los oratorios de Händel y algunas obras de Bach, entre ellas El clave bien temperado. Mozart asimiló los modos de composición de ambos, fusionándolo con el propio, dando a la mayoría de las obras de este período un toque contrapuntístico, apreciable en las transcripciones que hizo de algunas fugas de El clave bien temperado KV 405, las fugas para piano KV 394, KV 401 y KV 426 (luego transcripta para cuerdas con el número de catálogo KV 546). Pero por sobre todo, podremos ver la influencia de Händel y Bach en la Misa en do menor KV 427. El estudio de estos autores fue para Mozart tan importante que llegó a realizar arreglos para obras como El Mesías (K.572) o Alexander´s Feast (K.591), ambos oratorios de Haendel. Mozart compuso la inconclusa Misa en do menor (KV 427). Por entonces dedicó a Joseph Haydn algunos cuartetos de cuerda. La anécdota cuenta que, al oírlos, Haydn manifestó a Leopold ante Dios que Wolfgang Amadeus era el más grande compositor que hubiera conocido. Fue un gran periodo creador. En 1786 Mozart estaba en la cumbre. Estrenó la ópera Le nozze di Figaro con gran éxito, la cual no estaba exenta de polémica debido a su contenido político. Sin embargo, Mozart y Da Ponte se las arreglaron para excluir de ésta todo aquello que pudiese «poner nerviosas» a las autoridades vienesas. Así la obra de Beaumarchais logró pasar la censura y Mozart pudo estrenar su ópera. La preocupación del Emperador residía en que la obra sugería la lucha de clases, y en Francia ya había generado no pocos disturbios a su hermana María Antonieta. En el aria de Figaro «Se vuol Ballare» podemos notar parte de ese contenido que quiso minimizarse y que ponía en jaque a las clases dominantes de la época La ópera Don Giovanni, al contrario de lo sucedido en Praga, resultó un rotundo fracaso en Viena y poco a poco, esta ciudad iría perdiendo el interés musical por Mozart, probablemente por el advenimiento de otros pianistas con una técnica mucho más aguerrida, como en el caso de Muzio Clementi, con escalas en terceras y acordes más sonoros, ideales para los pianos de construcción inglesa de una sonoridad más robusta, al contrario de los de sonoridad delicada vienesa, aptos para las escalas y sutilezas del pianismo mozartiano. En marzo de 1791, Mozart ofreció en Viena uno de sus últimos conciertos públicos; tocó el Concierto para piano N.º 27 (KV 595). Pocos días antes se presentó en su casa un desconocido, vestido de gris, que rehusó identificarse y que encargó a Mozart la composición de un réquiem. Le dio un adelanto y quedaron en que regresaría en un mes. Pero el compositor fue llamado desde Praga para escribir la ópera La clemencia de Tito, para festejar la coronación de Leopoldo II. Cuando subía con su esposa al carruaje que los llevaría a esa ciudad, el desconocido se presentó otra vez, preguntando por su encargo. Esto sobrecogió al compositor. Más tarde se supo que aquel sombrío personaje era un enviado del conde Franz Walsseg, cuya esposa había fallecido. El viudo deseaba que Mozart compusiese la misa

de réquiem para los funerales de su mujer, pero quería hacer creer a los demás que la obra era suya y por eso permanecía en el anonimato. Mozart, obsesionado con la idea de la muerte desde la de su padre, debilitado por la fatiga y la enfermedad, muy sensible a lo sobrenatural por su vinculación con la francmasonería e impresionado por el aspecto del enviado, terminó por creer que éste era un mensajero del Destino y que el réquiem que iba a componer sería para su propio funeral. Mozart al morir, consiguió terminar tan solo tres secciones con el coro y orgánico completo: Introito, Kyrie y Dies Irae. Del resto de la Secuencia sólo dejó las partes instrumentales, el coro, voces solistas y el cifrado del bajo y órgano incompletos, además de anotaciones para su discípulo Franz Xaver Süssmayer. También había indicaciones instrumentales y corales en el Domine Jesu y en el Agnus Dei. No había dejado nada escrito para el Sanctus ni el Communio. Su discípulo Süssmayer completó las partes faltantes de la instrumentación, agregó música en donde faltaba y compuso íntegramente el Sanctus. Para el Communio, simplemente utilizó los temas del Introito y el Kyrie, a manera de reexposición, para darle cierta coherencia a la obra. El estreno de este Réquiem se produjo en Viena el 2 de enero de 1793 en un concierto en beneficio de la viuda del músico austriaco. Fue interpretado de nuevo el 14 de diciembre de 1793, durante la misa que conmemoraba la muerte de la esposa de Walsegg. Mozart escribió el Concierto en La Mayor para clarinete (KV 622) compuesto para el gran clarinetista Stadler.

Sus obras
La obra de Mozart fue catalogada por Ludwig von Köchel en 1832. Comprende 626 opus. La producción sinfónica e instrumental consta de:

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41 sinfonías, entre las que destacan la 35, Haffner (1782), la 36, Linz (1783), la 38, Praga (1786) y las tres últimas (la 39, en mi bemol, la 40, en sol menor y la 41, Júpiter) compuestas en 1788; conciertos (27 para piano, 5 para violín y varios para otros instrumentos); sonatas para piano, piano y violín y otros instrumentos, que constituyen piezas clave de la música mozartiana; música de cámara (dúos, tríos, cuartetos y quintetos); Adagios 61 divertimentos, serenatas, marchas; y 22 óperas.

Con respecto a su producción operística, después de algunas obras «menores», llegaron sus grandes títulos a partir de 1781: Idomeneo en Creta (1781); El rapto del serrallo (1782), la primera gran ópera cómica alemana; Las bodas de Fígaro (1786), Don

Giovanni (1787) y Cosí fan tutte ('Así hacen todas', 1790), escritas las tres en italiano con libretos de Lorenzo da Ponte; La flauta mágica (1791), en la que se reflejan los ritos e ideales masónicos, y La clemencia de Tito (1791). El grueso de la música religiosa que escribió forma parte del período salzburgués, donde encontramos gran cantidad de misas como la Misa de Coronación, KV 317, sonatas da chiesa y otras piezas para los diversos oficios de la iglesia católica. En el período vienés disminuye su producción sacra, sin embargo las pocas obras de carácter religioso de este período son claros ejemplos de la madurez del estilo mozartiano. Compone la monumental misa en do menor KV 427 (la que queda inconclusa, al igual que el Réquiem), el motete Ave Verum Corpus KV 618, y el Réquiem en re menor, KV 626. También compuso bellísimas canciones tales como Abendempfindung an Laura KV 523 entre otras. Compuso también bastantes arias de concierto de gran calidad muchas de las cuales fueron usadas en operas de otros compositores a modo de encargos. De sus arias de concierto se pueden destacar por su calidad y encanto: Popoli di Tessaglia K.316, Vorrei spiegarvi K.418, ambas para soprano, o Per pietà K.420 para tenor.

Franz Peter Schubert (Viena, 31 de enero de 1797 - Viena, 19 de noviembre de 1828). Compositor austriaco, uno de los continuadores del Romanticismo musical iniciado por Beethoven. Gran compositor de lieder (breves composiciones para voz y piano) y música de cámara. Uno de los principales musicos austriacos que vivió a comienzos del siglo XIX. Vivió apenas 31 años de edad, tiempo suficiente para una obra musical notable por su belleza e inspiración. Su talento creció a la sombra de Beethoven, a quien admiraba; murió al año siguiente de su ídolo. Su existencia fue opaca; sólo después de muerte su arte comenzó a ser reconocido.

Infancia
Hijo de una familia de procedencia humilde, era el duodécimo de catorce hijos. Residía en el barrio de Liechtental de Viena, donde su padre ejercía de maestro. A los once años entró como cantor en la capilla imperial, consiguiendo una beca que le permitió estudiar gratuitamente en la escuela municipal de Stadkonvikt. Allí fue alumno de Antonio Salieri y gracias a la orquesta de la escuela, para la que escribió sus primeras sinfonías, se familiarizó con la obra de Franz Joseph Haydn y Ludwig van Beethoven.

Juventud
A los 14 años crea sus primeros lieder y antes de cumplir los 18 ya había creado una de sus obras maestras, Gretchen am Spinnrade, el primero de los muchos lieder inspirados en poemas de Johann Wolfgang von Goethe. A los diecinueve años había escrito ya más de 250 lieder.

Pese a sus dotes musicales, su padre pretendía que Franz se dedicara a su misma profesión y ejerciera de maestro. Esto motivó el enfrentamiento entre ambos y el abandono de Franz de la casa paterna.

Madurez
Fuera del hogar de nacimiento y decidido a ganarse la vida con la música, Franz Schubert se refugió en la casa de su amigo Franz von Schober. Éste fue el inicio de un largo peregrinaje, ya que nunca consiguió mantenerse sólo con sus composiciones y sobrevivió gracias a la generosidad de sus numerosos amigos, que lo fueron acogiendo sucesivamente en sus respectivas casas. Schubert nunca mantuvo una relación duradera y no tuvo hijos. Pero se adscribió a un círculo íntimo de amigos que le brindó muchas satisfacciones personales, además que constituyó un público fiel y sensible a su arte. Schubert no consiguió estrenar o publicar ninguna de sus obra operísticas u orquestales. A lo sumo se interpretaron algunas composiciones vocales o pianísticas en las célebres schubertiadas. En estos años Schubert contrajo sífilis. Habitualmente pasó estrechez económica. Se volvió inseparable de sus gafas, que conformaron parte indisoluble de su apariencia, acentuando su fisonomía tímida.

Las schubertiadas
En Viena Schubert llevó una vida bohemia rodeado de intelectuales, amante de las tabernas y de los ambientes populares, alejado de los salones y de la etiqueta de la nobleza. De este entorno procede el famoso término de schubertiadas: reuniones de artistas de todos los ámbitos que formaban un círculo brillante y animado dedicado a la música y a la lectura.

Últimos años
Durante sus últimos años escribió piezas magistrales, fruto y reflejo de sus experiencias personales y siempre con el sello inconfundible de una inagotable inspiración melódica. Por ejemplo, una tensa profundidad marca la Wanderer-Fantasie (1822) o La bella molinera (Die schöne Müllerin) (1823), estos últimos inspirados en poemas de Wilhelm Müller. Escribiría La muerte y la doncella, uno de sus cuartetos más conocidos en 1824, y ya hacia el final de su vida, el intenso dolor y el aislamiento dejaron su impronta en el Winterreise, D.911 Op.89 (1827), también con textos de Müller. En 1827, además del ciclo de lieder Viaje de invierno (Winterreise), compuso la Fantasía para piano y violín en Do (D.934), y los dos Tríos para piano (n.º 1 en si bemol, D. 898; n.º 2 en mi bemol, D. 929). En 1828 compuso una colección de canciones publicadas póstumamente con el nombre de El canto del cisne (Schwanengesang, D.957), que sin ser un verdadero ciclo de canciones, mantiene unidad de estilo entre las distintas canciones, entre la profunda tragedia y lo mórbidamente sobrenatural. Seis de estas canciones son sobre versos de Heinrich Heine, cuyo Buch der Lieder apareció en otoño.

Por aquel entonces, Schubert tenía solamente 31 años y acababa de matricularse para estudiar fuga. Pero una sífilis, complicada finalmente con una fiebre tifoidea, lo llevaron a la muerte el 19 de noviembre de 1828. El último deseo de Schubert, ser enterrado al lado de Beethoven, muerto un año antes, es finalmente una realidad, ya que en estos momentos, Schubert reposa en el mismo lugar, reservado a músicos ilustres, donde también se encuentra la tumba de Beethoven, en el Zentralfriedhof (cementerio principal) de Viena.

Obra musical
Los grandes temas de la música schubertiana son el amor, el viaje y la muerte. Su producción fue clasificada por el crítico y musicólogo Deutsch, por eso sus obras suelen estar acompañadas por la letra D. y un número, que asigna el orden cronológico de composición. Schubert es uno de los grandes creadores de melodías; en esto está a la altura de Mozart. Le llevó tiempo llegar a dominar la composición orquestal; cuando llegó a la cumbre en este aspecto con su Sinfonía No 9 se podía esperar más obras maestras, pero la muerte se lo llevó joven. En cambio, Schubert mostró un talento innato y una rara maestría para la música de cámara y ciertos géneros considerados injustamente "menores": el lied y la pequeña pieza para piano. Su producción total bordean el millar.

Sinfonías: nueve, de ellas una perdida, la Séptima, y otra incompleta, la Octava (llamada precisamente Incompleta o Inconclusa, tiene apenas dos movimientos, suficientes para ser reconocida como una obra maestra del género sinfónico). La Sinfonía Cuarta se conoce como Trágica; la 'Quinta' es una breve composición de gran belleza y hermosos temas; la Sexta, en do mayor, se conoce como "La Pequeña", para diferenciarla de la Sinfonía No 9, también en do, llamada "La Grande" y la cumbre del repertorio orquestal de Schubert. Oberturas: Rosamunda y otros segmentos de música escénica y proyectos inacabados. Hay que anotar una de las características del compositor vienés: cierta inconstancia que le llevó a dejar sin concluir muchas composiciones mayores. Música de cámara: Schubert cuenta con más de una obra maestra en este campo extenso de su producción. Entre los cuartetos, muestra el influjo clásico y, sobre todo, beethoveniano; destaca el cuarteto conocido como "La muerte y la doncella" por estar basado en el lied homónimo; tríos para piano, sonatas para violín y piano, el genial Quinteto para cuerdas en do, el Quinteto "La Trucha", etc. Música vocal: Schubert fracasó como operista; en contrapartida, dejó más de 600 lieder (lied: palabra alemana equivalente a canción en español) compuestos en gran parte sobre poemas de Goethe (como el hermoso lied "Margarita a la rueca"), Schiller, Muller y otros autores menores. Hay que anotar que Schubert admiraba la obra de Goethe y le dedicó algunas de sus composiciones, pero el autor de "Fausto" ni siquiera se dignó contestar. El más famoso lied de Schubert es el "Ave María", habitual en los servicios religiosos. Otros: "La trucha", "La muerte y la doncella", "El rey de los alisos" (también sobre un texto de Goethe). Son muy destacables los tres ciclos de canciones "La bella molinera", "Viaje de

invierno" y "El canto del cisne". En los últimos años se han hecho varias excelentes grabaciones de estos ciclos. Piano: sonatas, algunas inacabadas; los célebres "momentos musicales", bagatelas, temas con variaciones e impromptus, piezas con cierto aire de improvisación y que también están entre lo mejor de su repertorio.

Johann Christian Bach (Leipzig, 5 de septiembre de 1735 – Londres, 1 de enero de 1782) es el menor de los veinte hijos del compositor alemán Johann Sebastian Bach. También conocido como "el Bach milanés" o "el Bach londinense". Desde muy pequeño tomó lecciones musicales y de composición de su padre, quien debido a su carácter infantil y juguetón solía decir (en broma) de él, tal como contó Friedemann a su biógrafo: "El más pequeño seguramente se abrirá paso en la vida por sus tonterías" o "Mi Christian es tonto, por eso algún día tendrá fortuna en el mundo". Él, por su parte, solía llamar a su padre "viejo peluca" en referencia a su apego por las formas musicales ya anticuadas en su época (cánones, fugas, contrapunto...); en alguna ocasión, ya adulto, él mismo reconoció que (debido a su complejidad) no estaba capacitado para interpretar mucho de lo que su padre había escrito. A la muerte de su padre, en 1750, se quedó en Leipzig con su madre Anna Magdalena Bach y sus hermanas pequeñas: en la herencia recibió de su padre tres claves con pedales. Ese mismo año se trasladó a la casa de su hermano Carl Philipp Emanuel Bach en Berlín, se formó musicalmente con éste (utilizando su célebre Tratado) y recibió estímulos del círculo musical berlinés y de la Ópera. Viajó a Italia en 1753, donde estudió hasta 1759 con el Padre Martini; en 1760, después de convertirse a la fe católica, fue nombrado organista en la catedral de Milán. En 1762 viajó a Londres en donde fue profesor de música de la reina. En 1764, en su viaje por Inglaterra, entabló amistad con el joven Mozart, quien contaba ocho años, sobre el que ejerció una influencia decisiva. Es autor de una extensa obra musical: música sacra, sinfonías, música de cámara y conciertos para piano. Ludwig van Beethoven (Bonn, 16 de diciembre de 1770 - † Viena, 26 de marzo de 1827), compositor alemán de música académica (o música clásica). Uno de los más grandes y admirados de todos los tiempos. Se le considera como el principal precursor de la transición del clasicismo al romanticismo. Su producción incluye los géneros pianístico (32 sonatas), de cámara (16 cuartetos de cuerda, 7 tríos, 10 sonatas para violín y piano), vocal (lieder y una ópera: Fidelio) y orquestal (5 conciertos para piano y orquesta, uno para violìn y orquesta, oberturas...) Parte única de su repertorio lo constituye el genial ciclo de las Nueve Sinfonías, entre ellas: Quinta Sinfonía en do menor, la Tercera Sinfonía, también llamada Heroica, en mi bemol mayor, y la Novena Sinfonía, en re menor, cuya música del cuarto movimiento, basado en la Oda a la Alegría de Schiller, ha sido elegida como Himno de la Unión Europea (UE). Parece que durante este viaje a Viena, la capital europea de la Música, tuvo lugar un fugaz encuentro con Mozart. Sus ilusiones sufren un duro golpe cuando a las pocas

semanas fallece su madre. Entonces se ve obligado a regresar a Bonn. En esta ciudad Beethoven encuentra un cuadro desolador: su padre se halla detenido por su alcoholismo y es incapaz de cuidar a sus hermanos menores. El joven Ludwig asume la responsabilidad y se ve obligado a mantener a su familia tocando el violín con una orquesta y dando clases de piano durante cinco años. El joven Ludwig demostró un innegable talento; por lo cual su padre, hombre con ansias empresariales y muy dado a la bebida, le obligó a estudiar música desconsideradamente, encerrándolo durante muchas horas y maltratándolo cuando no cumplía con las tareas agobiadoras que le señalaba. Johann quería mostrar a todo el mundo que Beethoven era un niño prodigio como Wolfgang Amadeus Mozart, por lo que además de obliglarlo al estudio musical, mintió sobre su edad, dejándolo con dos años menos, para que se demostrara su prodigiosidad. Sus avances en el dominio del piano le llevan a dar su primer concierto a los 8 años. El elector Maximiliano Franz, noble acaudalado y poderoso, ve en él una promesa y lo apadrina, dándole trabajo como organista suplente. Esta labor le exige dedicación total: el joven Ludwig pasa entonces toda su infancia y adolescencia consagrado a la música, sin juegos ni amigos, “tutelado y en un ambiente familiar nefasto, factores todos ellos que influirían en su carácter rebelde y romántico”. A los 11 años Beethoven era violinista de una pequeña orquesta de teatro y a los 13 sustituyó a su maestro en el órgano de la iglesia. Parece que durante este viaje a Viena, la capital europea de la Música, tuvo lugar un fugaz encuentro con Mozart. Sus ilusiones sufren un duro golpe cuando a las pocas semanas fallece su madre. Entonces se ve obligado a regresar a Bonn. En esta ciudad Beethoven encuentra un cuadro desolador: su padre se halla detenido por su alcoholismo y es incapaz de cuidar a sus hermanos menores. El joven Ludwig asume la responsabilidad y se ve obligado a mantener a su familia tocando el violín con una orquesta y dando clases de piano durante cinco años. En 1792 el elector de Bonn vuelve a financiar un viaje a Viena, ciudad en la que permanecerá el resto de su vida componiendo, enamorándose trágicamente y sufriendo un mal particularmente terrible para él: la sordera. En Viena recibe clases del célebre compositor Haydn(autor de 104 sinfonías) y de Salieri, operista. Durante este período tuvo varios duelos musicales con otros pianistas. El primero fue en 1792 durante un viaje con la orquesta de la corte, en éste tocó con Franz Sterkel, ejecutando obras de dicho compositor. En 1800, ocurre el famoso duelo (en el palacio de Lobkowitz) donde Daniel Steibelt lo reta a que tocasen juntos. En dicha ocasión Beethoven tomó partituras de una obra de éste modificándolas (al mismo tiempo que las iba tocando) con tanta gracia, que Steibelt declaró que no volvería a Viena mientras Beethoven viviera allí y abandonó la ciudad, radicándose en Paris. Con 25 años de edad da a conocer sus primeras obras importantes: tres tríos para piano (Opus 1) y tres sonatas para piano, entre éstas, la op. 13, “Patética”, y la op. 27 Nº 2, “Claro de Luna”; además de lo anterior, ofrece su primer concierto público como compositor profesional. Viena acoge su música, en especial la corte, la nobleza y la

iglesia. Por esa época se desliga de Haydn, con el que no concuerda musicalmente pero a quien, a pesar de esto, dedica los tres tríos. Secuencialmente recibe clases secretas de Schenk y del organista de la corte Albrechtsberger; deja de escribir para la nobleza y para la iglesia y se establece como compositor independiente. Su música inicial, fresca y ligera, cambia para convertirse en épica y turbulenta, muy acorde con los tiempos revolucionarios que vivía Europa.

Éxito y sufrimiento (1802-1824)
Muy pronto Beethoven dejó de necesitar de los conciertos y recitales de los salones de la corte para sobrevivir. Los editores se disputaban sus obras; además, la aristocracia austriaca, quizás avergonzada por la muerte de Wolfgang Amadeus Mozart en la pobreza, le asignó una pensión anual. Mientras, por un lado, había resuelto sus necesidades económicas, por otro lado vivía asustado por la pérdida de sus capacidades auditivas; debido a ello se entregó a una febril actividad creadora, a la par de sus penalidades personales producidas por dos desengaños amorosos. Beethoven no llegó a casarse nunca. El gran amor de su vida fue Antoine von Birkenstock, casada con Franz Brentano. A los 26 años empezó a notar los síntomas de una sordera que más adelante sería total. A pesar de ello siguió componiendo, y las últimas obras fueron terminadas cuando ya se había quedado completamente sordo. Cuando Viena se enteró de su mal, el compositor recibió un golpe en su orgullo y en su situación financiera: los aristócratas no confiarían sus hijas a un sujeto huraño, con fama de seductor y, además, sordo. En todo caso, fue consolidando un círculo íntimo de amigos y admiradores. La tragedia de su prematura sordera le causó un enorme desánimo (“qué gran humillación experimentaba cuando alguien estaba a mi lado oyendo desde lejos la flauta mientras yo, por el contrario, no podía oír nada… tales situaciones me llevaron al borde de la desesperación y faltó muy poco para que acabara con mi vida. Sólo la fuerza del arte me retuvo".) agravado por la muerte de su hermano y su decisión de acoger a su sobrino en contra de la voluntad de su cuñada. En los años comprendidos entre 1810 y 1820 dedicó gran parte de sus energías y su tiempo a la batalla legal para ganar la custodia de su sobrino Karl; al vencer en los tribunales, se dedicó a su formación musical con falsas esperanzas.

Últimos años en Viena (1824-1827)
Beethoven pasó los últimos años de su vida casi totalmente aislado por la sordera, relacionándose solamente con algunos de sus amigos a través de los "cuadernos de conversación", que le sirvieron como medio de comunicación. Su último gran éxito fue la Novena Sinfonía, ejecutada en 1824. En los tres años finales se dedicó a componer cuartetos de cuerda y la grandiosa Missa Solemnis. La salud del maestro parecía escapársele de las manos: comenzó a empeorar inexorablemente durante su estancia en Gneixendorf, a pesar de los cuidados de su familia. Su hermano Nikolaus recordaba: "Al almuerzo comía únicamente huevos pasados por agua, pero después bebía más vino, y así a menudo padecía diarrea, de modo que se le agrandó cada vez más el vientre, y durante mucho tiempo lo llevó

vendado". Tenía edemas en los pies y se quejaba continuamente de sed, dolores de vientre y pérdida de apetito. El 1 de diciembre de 1826 Beethoven y su sobrino Karl parten para Viena. La premura de la decisión determinó que carecieran de un transporte adecuado y solamente pueden conseguir un viejo carromato descubierto. El viaje resulta terrorífico para una persona en el estado en que se encontraba: Beethoven lleva ropa de verano y se ve obligado a pasar la noche en una taberna de aldea donde la habitación no tenía calefacción ni persianas que lo protegieran del frío. Hacia la medianoche sufre un escalofrío febril y comienza una tos seca acompañada de sed intensa y fuertes dolores en los costados. Al maestro no se le ocurre nada mejor que beber grandes cantidades de agua helada que casi acaban con su vida. Sin embargo, logra recuperarse de su crisis gracias a la atención del doctor Wawruch y llegar a Viena. El 20 de diciembre se le extrajeron fluidos abdominales. Karl permaneció durante todo el mes a su lado hasta su incorporación en enero a su regimiento. El joven se había reconciliado totalmente con su tío tras el lamentable episodio del suicidio: "Mi querido padre: Vivo satisfecho y sólo me pesa verme separado de ti". Cuando se difundió en Viena el estado terminal de Beethoven, todos sus antiguos amigos que aún vivían acudieron a su domicilio de la Schwarzspanierhaus para expresarle sus deseos de una pronta recuperación, aunque en realidad su propósito era despedirse del envejecido genio. A pesar de los cuidados de su médico y el cariño de todos sus amigos, la salud de Beethoven empeora entre sufrimientos cada vez más intensos. El 20 de marzo escribe: "Estoy seguro de que me iré muy pronto". Y el 23, entre los estertores del moribundo, su amigo Schiller ("Oda a la alegría") exclama: "Aplaudid amigos, comoedia finita est ("La comedia ha terminado"). Esa misma tarde tomó la pluma por última vez para designar a su sobrino Karl legatario de todos sus bienes. La pluma se deslizó entre sus dedos y con un suspiro causado por el tremendo esfuerzo que había realizado, dijo: "¡Ya está! No escribiré ni una palabra más." Al día siguiente, 24 de marzo, Beethoven recibe la extremaunción y la comunión según el rito católico. Cabe señalar que las creencias personales de Beethoven fueron poco ortodoxas y estuvieron más cercanas al panteísmo. Esa misma tarde entra en coma para no volver a despertar hasta dos días más tarde, justo en el instante de su muerte. Nikolaus Johann, su cuñada y su admirador incondicional Hüttenbrenner no se separan del lecho en los próximos dos días. Hüttenbrenner relata los últimos momentos del genio: "Permaneció tumbado, sin conocimiento, desde las 3 de la tarde hasta las 5 pasadas. De repente hubo un relámpago, acompañado de un violento trueno, y la habitación del moribundo quedó iluminada por una luz cegadora. Tras ese repentino fenómeno, Beethoven abrió los ojos, levantó la mano derecha, con el puño cerrado, y una expresión amenazadora, como si tratara de decir: " ¡Potencias hostiles, os desafío! ¡Dios está conmigo!" Cuando dejó caer de nuevo la mano sobre la cama, los ojos estaban ya cerrados. Yo tenía mi mano derecha detrás de su cabeza algunos dicen que murio el 26 de marzo cerca de las 6 PM. No hubo más suspiros ni latidos de su corazón...".

Asistieron al entierro más de 20.000 personas, entre las que se encontraba Schubert, gran admirador suyo. En su escritorio de trabajo se encontró el Testamento de Heiligenstadt, redactado en 1802, en donde explica a sus hermanos el porqué de su profunda amargura. También se encontró una desgarradora carta de amor dirigida a su “amada inmortal” a la que llama “mi ángel, mi todo, mi yo”. La identidad de esta dama sigue generando discusiones hasta el día de hoy, aunque la mayoría de las tesis apuntan a la propia Antoine. Recientemente se ha desatado cierta controversia sobre las causas de la muerte de Beethoven. El análisis de un mechón de su cabello dio como resultado la existencia de altas concentraciones de plomo. Aparentemente Beethoven ingería agua contaminada con plomo, que se extraía de un arroyo campestre creyendo que tenía propiedades curativas.

Obra

Sonata para piano Op. 109 En su prolífica trayectoria musical, Beethoven dejó para la posteridad un importante legado: nueve sinfonías, una ópera, dos misas, tres cantatas, treinta y dos sonatas para piano, cinco conciertos para piano, un concierto para violín, un triple concierto (para violín, violonchelo, piano y orquesta), dieciséis cuartetos de cuerda, una gran fuga para cuarteto de cuerdas, diez sonatas para violín y piano, cinco sonatas para violonchelo y piano e innumerables oberturas, obras de cámara, series de variaciones, arreglos de canciones populares y bagatelas para piano.

Sinfonías
Beethoven había cumplido los 30 años de edad cuando presentó su Primera Sinfonía (Op. 21), fascinando a sus contemporáneos por su frescura y originalidad. Mucho se ha hablado de su original inicio, pues la obra arranca con un acorde distinto a la tonalidad principal de do mayor. En todo caso, ésta era una de las rúbricas del viejo Haydn. En 1803 da a conocer la Segunda Sinfonía en re mayor (Op. 36), cuya alegría contrasta con la tristeza que vivía el autor. La influencia haydniana se deja sentir en estas composiciones de juventud. Dos años más tarde, Beethoven rompe todos los moldes clásicos con su Tercera Sinfonía en mi bemol mayor (Op. 55). Esta sinfonía contiene una de las anécdotas más interesantes de su vida: admirador de Napoleón, el músico de Bonn le consideraba un liberador de los privilegios de las coronas europeas, por lo que fue bautizada

originalmente "Bonaparte". Sin embargo, al enterarse de la coronación de Napoleón como Emperador, Beethoven tachó el encabezado y lo cambió por el nombre definitivo: Heroica: en recuerdo de un gran hombre. Esta sinfonía dura dos veces más que cualquier otra de la época, la orquesta es más grande y los sonidos son claramente anunciadores del Romanticismo. La obra se compone de un primer movimiento (Allegro con brío) de una duración aproximada de 20 minutos: hasta esa fecha no se había compuesto un movimiento sinfónico tan extenso. Del II movimiento, una "Marcha fúnebre" (Adagio assai), se ha dicho que al enterarse de la muerte de Napoleón, Beethoven comentó "Yo ya escribí música para este triste hecho". El III movimiento es un agitado Scherzo (Allegro vivace), en el que se recrea una escena de caza; destaca el uso de los cornos. El "Finale" (Allegro molto") evoca una escena de danza y es apoteósico, con una gran exigenca de virtuosismo para la orquesta. La siguiente sinfonía es muy diferente... La Cuarta Sinfonía en si bemol mayor (Op. 60), 1806 recupera la frescura de sus dos primeras composiciones sinfónicas. En el IV movimiento se muestra una de las características del genio de Bonn: el virtuosismo que demanda de los intérpretes. El Finale de la Cuarta es muy exigente para el fagot. Esta sinfonía ha sido, según algunos críticos, injustamente relegada al lado de sus excepcionales antecesora y sucesora: La grácil criatura griega en medio de dos gigantes germánicos. En 1808, Ludwig Van compone la colosal Quinta Sinfonía (Op. 67). Esta sinfonía en Do menor destaca principalmente por la construcción de los cuatro movimientos basados en cuatro notas (tres corcheas y una negra), las cuales abren la obra y retornan una y otra vez dando a la sinfonía una extraordinaria unidad. Para el músico significaban "la llamada del destino". El II movimiento es un hermoso tema con variaciones. El III movimiento, Scherzo, comienza misteriosamente y prosigue salvajemente en los metales con una forma derivada de la "llamada del destino"; un pasaje tejido por los pizzicati de las cuerdas se encadena sin pausa con el triunfal IV movimiento, Allegro. La Coda es memorable. Los románticos admiraron mucho esta obra y las tres corcheas con una negra del inicio (¿quién no las ha escuchado?) son quizá la firma más personal de Beethoven. Simultáneamente compuso la Sexta Sinfonía en fa mayor, conocida como Pastoral (Op. 68). Es difícil imaginar dos obras tan distintas: toda la fuerza y violencia de la Quinta se convierten en dulzura y lirismo en la Sexta, cuyos movimientos evocan escenas campestres. Es el mayor tributo dado por Beethoven a una de sus grandes fuentes de inspiración: la Naturaleza. Es también su única sinfonía en 5 movimientos (todos con subtítulos: Escena junto al arroyo, Animada reunión de campesinos, Himno de los Pastores, etc.), tres de ellos encadenados (es decir, que Beethoven elimina las habituales pausas entre segmentos sinfónicos). Como nota curiosa señalemos que Walt Disney ilustró esta obra en uno de los números de su película Fantasía. Para los puristas fue un sacrilegio añadir imágenes a la música beethoveniana. La Séptima Sinfonía en La mayor (Op. 92) aparece en 1813, el sordo maestro se empecinó en dirigirla en su estreno, con tragicómicos resultados. Pero la crítica reconoció una nueva genialidad de Beethoven; aún hoy hay expertos que la consideran como la mejor de sus sinfonías. Richard Wagner, otro ferviente beethoveniano, calificaría a la Séptima como la “apoteosis de la danza” por su implacable ritmo dancístico y notable lirismo, particularmente hondo en su célebre segundo movimiento.

Es un aobra de gran potencia. Al año siguiente, 1814, Beethoven concluye la Octava Sinfonía en Fa mayor (Op. 93), cuya brevedad (poco más de 20 minutos) no eclipsa la compleja elaboración que a esta altura había dejado patente. Es su sinfonía más alegre y desenfadada. Alguno la ha llamado: "la Octava de Beethoven... y la última de Haydn". La Octava parece un grato adiós al mundo clásico, definitivamente superado por él. El genio dejará pasar diez años para cerrar su ciclo sinfónico con ua obra maestra total... En 1824, por último, Beethoven se consagra con su Novena Sinfonía “Coral” (Op. 125). Su orquestación y duración es superior a la de la Heroica. Fue la primera sinfonía en incorporar la voz humana en un deslumbrante final para orquesta, 4 solistas y coro mixto que cantan en alemán los versos de Friedrich von Schiller: Alegría hermosa chispa divina,/ hija del Eliseo,/ ebrios de entusiasmo entramos,/ ¡oh diosa! a tu santuario... Esta obra, mundialmente famosa y objeto de un sinfín de arreglos y versiones, ha sido declarada recientemente Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. El último movimiento de esta sinfonía fue adoptado además en 1972 por el Consejo de Europa como su himno y en 1985 fue adoptado por los jefes de Estado y de Gobierno europeos como himno oficial de la Unión Europea.

Oberturas
Las 10 oberturas de Beethoven son piezas cortas que, posteriormente, serían ampliadas y trabajadas para su incorporación en obras mayores. En el fondo es música compuesta para musicalizar obras de teatro. Se trata de composiciones cerradas y uniformes que expresan emociones e ideas llenas de heroísmo. Por ejemplo, la obertura “Coriolano” (Op. 62) ilustra musicalmente el drama homónimo de Shakespeare, y “Leonora Nº 3” (Op. 72a) es una de las cuatro oberturas escritas para la ópera “Fidelio”. De idéntica valía son “Las Criaturas de Prometeo” (Op. 43) y “Egmont” (Op. 84), siendo esta última un buen ejemplo de composición “beethoveniana”, que se puede definir como “música vigorosa que empieza de forma fragmentaria, cobra un componente épico a medida que avanza y finaliza en apoteosis”.

Conciertos
Cada concierto de Beethoven es distinto al anterior, y en ello radica gran parte de su éxito con la música orquestal. Beethoven desarrolla una escritura pianística de gran virtuosismo. Quizá el más famoso sea el Concierto para piano no. 5 “Emperador”, de 1809, en donde el virtuosismo y el sinfonismo se combinan a la perfección. El Primer y Segundo Concierto para piano destacan por su concepción alegre, mientras que el Concierto para piano Nº 3, de 1801, es de una amplitud y calidad incomparables. Por su parte, el Concierto para piano Nº 4, de 1808, apuesta por la profundidad lírica. En cuanto a los conciertos en los que participan más instrumentos, hay que señalar el Concierto para violín, la sinfonía “La victoria de Wellington” y el Triple Concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta, en donde Beethoven sustituye el sinfonismo por un entretenimiento al gusto de la época. El origen del sobrenombre del Concierto Nº 5 (Emperador) se debe a que durante una de sus interpretaciones más tempranas, un soldado francés que se encontraba en el público, maravillado por el virtuosismo del concierto, se habría levantado gritando "es el emperador", en alusión a Napoleón. El único Concierto para violín (que cuenta además con una versión para piano, denominada a veces como el sexto concierto para piano y orquesta) fue en su tiempo y hasta nuestros días una obra controvertida que atrajo poca atención en su estreno, el cual

correspondió al violinista Franz Clement. Fue solo en 1850, de la mano del violinista Joseph Joachim, que el Concierto alcanzó notoriedad. La explicación de este fenómeno se debe a lo complejo de su interpretación, que hizo que pocos violinistas se atreviesen a tocarlo por años, argumentando que la participación del violín a la par con la orquesta les restaba protagonismo, lo que se unía a la fuerte exigencia de Beethoven. Hoy en día esta obra es considerada como el punto de madurez que requiere un violinista para hacer carrera internacional. Dentro de esta categoría deben incluirse además dos Romanzas para violín y orquesta.

Sonatas para piano
Sus 32 sonatas conforman el ciclo más extenso, complejo y difícil de toda la historia del pianismo universal. En ellas se manifiesta la personalidad revolucionaria y de transición de Beethoven, y el compositor se sitúa como el más destacado de la forma Sonata del periodo comprendido entre Clasicismo y Romanticismo. Presentan nuevas sonoridades, audaces experimentos, queda encerrado el mundo interior del compositor y también el recién llegado lenguaje expresivo de la revolución romántica. En la temprana Patética, en la tempestuosa Appassionata, en la brusca y laberíntica Hammerklavier, en las definitivas sonatas op. 110 y 111, se va llegando a las fronteras de la exposición pianística, que serán alcanzadas en el op.120. El inadecuado entrenamiento que tuvo Beethoven en sus primeros años de estudios musicales, se refleja en las tres sonatas para piano escritas en 1783. El piano súbito, los repentinos arranques, las figuras de arpegios (ejecutadas a altas velocidades en varias octavas de forma ascendente o descendente) conocidas como los "cohetes de Mannheim", son característicos de la personalidad musical y sentimental de Beethoven. Él es el primero en usar el acorde de novena sin preparar, y que se puede observar en el primer movimiento de su sonata op. 27 N° 2 "Claro de Luna", dedicada a otro de los grandes amores de su vida, la Condesa Giulietta Guicciardi). Las sonatas para piano de Beethoven transportaron la música a un nuevo orden. En las del op. 2, se advierte un aliento y un dominio estructural que rompían con la elegancia dieciochesca. Después de 1800, Beethoven empezó a desarrollar el género con proyecciones románticas. La Sonata op. 22, en Si bemol mayor, es la última sonata del primer período de composición, la cual Beethoven declaró como su sonata preferida. La op. 26 en La bemol (la primera que compuso desde el comienzo del nuevo siglo), se abre con un tema lento con variaciones, sigue con un scherzo temerario y vertiginoso, una marcha fúnebre "a la muerte de un héroe" y concluye en un final que es un torbellino. A ésta le siguieron las dos sonatas Quasi una fantasía op. 27 (a la segunda se le suele llamar Claro de Luna) que formalmente son cualquier cosa, menos convencionales. Los siguientes hitos de su composición pianística coincidieron con la gran crisis que le produjo el agravamiento de su sordera. La brillante Waldstein (el apellido del conde dedicatorio, más conocida por Aurora en los países hispanófonos) y la arrolladora Appasionata fueron de concepción tan revolucionaria, que hasta el propio Beethoven se abstuvo de escribir para piano solo, durante algunos años. Pero la cima de su pianismo son las cuatro últimas de las treinta y dos sonatas, desde la Hammerklavier, hasta la op. 111 en Do menor, la tonalidad de la que se valía para su música "Sturm und Drang", como por ejemplo, su Quinta Sinfonía. Las sonatas exigían un virtuosismo

pianístico sin precedentes hasta entonces y eran prácticamente intocables en la época. Liszt fue quien demostró que era "tocable". En la categoría de obras para piano, el maestro compuso composiciones cortas a las que llamó bagatelas. La más famosa es la denominada [[Para Elisa]] que, pese a su corta duración, es una de las más conocidas no sólo dentro de la obra de Beethoven, sino de la música en general.

Ópera y música vocal
El genio de Beethoven se centró sobre todo en la música orquestal, compaginándola con la música de cámara y para piano. También intentó desarrollar obras vocales, aunque con suerte muy diversa. Por ejemplo, su única ópera escrita, “Fidelio”, revisada desde 1805 hasta 1814, fue un fracaso el día de su estreno. El genial músico tuvo que esperar hasta la primavera de 1814 (23 de mayo) para ser aclamado entusiásticamente por un público enfervorizado. La nueva versión representaba para el público más que la recreación de los principios del Iluminismo, como fue su primer objetivo en 1805, la celebración de las victorias sobre Napoleón y como una alegoría de la liberación de Europa. Fue entonces cuando, ruborizado ante tales muestras de apoyo y cariño del público, escribió en su libro de conversaciones: "Es evidente que uno compone más bellamente cuando lo hace para el gran público." Se trataba, sin duda, del mismo compositor que había escrito nueve años atrás tras el desastre de su primer Fidelio: "No compongo para la galería, que se vayan todos al infierno." Lo cierto es que Beethoven no mostraría particular interés en escribir óperas. Un proyecto largamente conversado con Goethe para transformar en ópera el Fausto no llegaría jamás a concretarse por razones desconocidas hasta hoy. Sin embargo, algunos autores, basados principalmente en anotaciones del propio Beethoven, han descrito algunas de sus sinfonías como "óperas encubiertas"; tal carácter ha sido asignado tanto a la "Sexta Sinfonía" como a la "Tercera Sinfonía". La celebrada Missa solemnis, escrita en 1818, su segunda obra para la iglesia católica, es un canto de fe a Dios y a la naturaleza del hombre. Es una de sus obras más famosas, compuesta por encargo de su alumno, el archiduque Rodolfo, nombrado en esa época arzobispo de Olomouc. La Missa solemnis provocó no pocos problemas a Beethoven. La obra fue estrenada parcialmente junto con la Novena sinfonía. La versión definitiva sólo sería conocida por completo después de su muerte. Otras obras corales de Beethoven son la Fantasía para piano, coro y orquesta (Op. 80), la Misa en Do mayor (Op. 86), así como numerosos lieder, arias, coros y cánones, un ciclo de melodías, una cantata y el oratorio Cristo en el monte de los Olivos, en 1803.

Cuartetos de cuerda
Hablar del ciclo de los 16 cuartetos de cuerda beethovenianos, es hablar posiblemente del ciclo camerístico más trascendente de la historia musical. Hay algunos críticos musicales que incluso opinan que este género desarrollado por Beethoven es más representativo que el de las sonatas para piano y el de las sinfonías. Ciertamente,

Beethoven murió componiendo cuartetos... (eterno perfeccionista, los seguía revisando en el lecho de muerte). En los cuartetos hallamos una vez más el desarrollo de Beethoven a través de sus "tres estilos": los primeros cuartetos, fieles a Haydn, el segundo período dominado por los llamados "Cuartetos Rusos", compuestos por encargo del aristócrata Razumovski; pero los más significativos son los seis finales, compuestos entre 1824 y 1827, es decir, correspondientes a la última etapa, la algunas veces llamada "esotérica". La importancia del género en Beethoven rebasa los límites del Romanticismo, al grado de que sus últimas obras son una genial anticipación estilística y técnica que habrá de influir en Dmitri Shostakovich, Bela Bartók y en la escuela dodecafónica austríaca de inicios del siglo XX; los cuartetos nos muestran al Beethoven más profundo y original. Es obligado un estudio a fondo de dicho ciclo para comprender al Beethoven más revolucionario.

Cuartetos del primer período
El op. 18 constituye el primer esfuerzo importante de Beethoven en este complejo género musical y engloba 6 obras dedicadas a su maestro Joseph Haydn: Aunque evidentemente aquí encontramos todavía evidencias de los trabajos anteriores de Mozart y Haydn, ya hay un deseo de mostrar la originalidad que se verá plasmada en sus trabajos posteriores, como el movimiento final del cuarteto no. 6 en Si bemol Mayor, “La malinconia”, el cual es una introducción lenta que casi rebasa los limites tonales para luego dar paso al rondo concluyente.

Cuartetos del período intermedio
En el periodo medio, ya contemplamos a un Beethoven maduro, plenamente consciente de su poderío como creador y artista, así como en plena lucha contra la sordera. La primera parte de este período medio se constituye con el poderoso opus 59 "Razumovski", constituido por tres cuartetos. Varios críticos musicales han tratado de ver un ciclo en este grupo de piezas dedicadas al conde Razumovski, el cual le proporcionó a Beethoven acceso a diversas melodías rusas como motivo de inspiración, aunque esto no condujo a una influencia definitiva. Hay varios motivos para creer que el punto de vista cíclico es cercano a la realidad, tomando en cuenta que el primer movimiento del primer cuarteto es una especie de síntesis de la forma sonata y que justamente el último del tercero es una compleja fuga, la cual tiene bastantes elementos de herencia con respecto al movimiento final de la Sinfonía Júpiter, aunque el desarrollo estilístico del cuarteto se hallan a años luz más adelante de dicha sinfonía mozartiana.

Algunos comentarios
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El prototipo del artista romántico, libre y rebelde hasta el fin. Beethoven corregía muchas veces sus obras, incluso después de ser estrenadas. Su perfeccionismo era casi obsesivo. Seguía los esquemas propios de la época, pero adaptándolos a su personalidad. Este camino le llevó a un sendero que ningún otro músico había recorrido.

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Su influencia en la música: de Schubert a Berlioz, de Mendelssohn hasta Mahler y aún hoy... sigue vigente. A Brahms le complacía que le llamen "La Tercera B alemana". Las dos primeras eran, por supuesto, Bach y Beethoven. "El Partenón. La Capilla Sixtina. Las tragedias de Shakespeare. Y las Nueve Sinfonías de Beethoven". Alguien ha escrito: "¿puede haber acaso un nombre tan musical como Beethoven? "Este sordo escuchaba al infinito" (Víctor Hugo). "Hizo estallar una carga tan profunda de pensamiento y pasión que el mundo vibra todavía con la explosión" (Schlauffer).

Georg Friedrich Andel. Nació en Alemania, en el seno de una familia sin tradición musical. No obstante, su talento se manifestó de tal manera que, antes de cumplir los diez años, comenzó a recibir, de un organista local, las únicas clases a las que asistió en toda su vida. Aunque su primer trabajo, a los 17 años, fue como organista de iglesia en Halle, sus gustos musicales no correspondían con ese cargo. Se trasladó a Hamburgo, el centro operístico de Alemania por aquel entonces. Fue allí donde compuso su primera ópera, Almira. Poco más tarde, insistiendo en su deseo de conseguir prestigio como compositor de ópera, se fue a Italia. En Roma disfrutó del mecenazgo tanto de la nobleza como del clero. En Italia compuso óperas, oratorios y pequeñas cantatas profanas. Händel abandonó Italia y se fue a Londres. Bajo el mecenazgo del duque de Chandos, compuso su oratorio Esther, En 1719 el rey le concedió una subvención para fundar la Royal Academy of Music (centro del que fue presidente), destinada a los espectáculos operísticos. Händel obtuvo la nacionalidad británica. Academy se derrumbó y al año siguiente fundó una nueva compañía. Se vio forzado a trasladarse a un nuevo teatro por las presiones de compañía rival y continuó componiendo ópera hasta que las dos empresas dejaron de funcionar. Murió en 1759. Una de sus mejores obras fue “El Mesías” junto con “Música acuática”.

Música acuática:
Esta obra se la encargo el rey Jorge I para escucharla durante un pasea por el río Ténesis. Consta de tres suites. Cada suites corresponde a un momento determinado del paseo. 1º suite - paseo de ida. 2º suite - para la cena y posterior fiesta en el barco. 3º suite - paseo de vuelta. La segunda suite consta de tres tiempos:

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Allegro: Gran solemnidad, instrumentos de metal y viento. Aria: Efectos de eco y lentitud. Minueto: colorido y vitalidad.

Cabe destacar lo difícil de obtener la grandiosidad en una estructura tan sencilla como la suite, de la que se dice que deriva las danzas tradicionales y une las melodías lentas con otras mas rápidas y que todas son claramente diferenciadas.

El Mesías:
Es la obra más popular de este autor. El tema principal es la alabanza a Dios creador. Su aleluya tiene un fuerte carácter dramático y glorioso. El coro esta compuesta por la palabra “aleluya”. Fue escrito en 24 idas. Posee un ritmo marcado con trompeta y percusión. Esta dividido en tres partes: - Anunciación y nacimiento. - Pasión y triunfo. - Redención y vida eterna.