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Disputas simbólicas en la celebración del Centenario de la Independencia de

Colombia en 19101.

Por Carolina Vanegas Carrasco.

Resumen

La presente ponencia esta basada en la investigación “Representaciones de la

Independencia y la construcción de una “imagen nacional” en la celebración del Centenario

en 1910”2, en la que se propuso una aproximación crítica a los procesos de construcción del

imaginario identitario del Centenario para evidenciar la heterogeneidad del discurso oficial

al presentar algunas contradicciones surgidas en la organización y desarrollo de la

celebración. Por su parte, esta ponencia busca profundizar en los retos simbólicos que

demandó sustentar este discurso de unidad al analizar las relaciones de Colombia con

Estados Unidos, España, Ecuador y Venezuela; así como ciertas pugnas interregionales. El

objetivo es develar algunas de estas disputas simbólicas entre “centros” y “periferias” a

partir de algunas representaciones visuales, como estatuas e impresos conmemorativos, así

como de artículos de prensa y discursos realizados con motivo del Centenario. El análisis

de estas relaciones en 1910 pretende hacer eco sobre el estado de estas cuestiones en el

bicentenario de la Independencia.

1
Agradezco especialmente a Gerson Ledesma, Catalina Zapata y Camilo Páez por su valiosa y desinteresada
colaboración en la documentación de la presente investigación.
2
Parte de la exposición conmemorativa del Bicentenario de la Independencia organizada por el Museo
Nacional de Colombia en 2010.
Colombia: tu desidia en el mandar, tus prácticas anti-republicanas y tus guerras civiles, te

tienen en la decadencia actual3.

I. Las relaciones internacionales de Colombia en 1910

Desde la separación de la provincia de Panamá en 1903 y casi hasta la década de 1920 se

vivió un intenso rechazo a la injerencia norteamericana en los asuntos nacionales. Diversos

sectores de la sociedad parecieron coincidir en que, tal como lo había demostrado el caso de

Panamá, las divisiones internas hacían más proclive al país de ser intervenido por potencias

extranjeras, en alusión a la actitud asumida por los Estados Unidos en este caso. El tema

estaba a la orden del día, ya que en febrero de 1910 se anunció la instalación de una

Comisión Investigadora de los responsables de la separación de Panamá4. La amenaza de

una posible invasión permanecía latente. Un periódico bogotano anunciaba que “La ciudad

de Guayaquil esta predestinada a ser de los americanos, de los mismos que nos arrebataron

a Panamá y poco a poco las regiones del Sur. Es necesario poner alguna trampa a la

ambición odiosa de los yankees”5. Es interesante comprobar la instrumentalización que

diversos actores hicieron de este sentimiento antinorteamericano y cómo, durante la

celebración del Centenario, se pusieron en juego dos estrategias simbólicas con el fin de

rechazar la intervención: el hispanismo y la unión grancolombiana.

3
El Centenario. Crónica, comercio y literatura, El Banco, no. 3, serie 1, enero 20 de 1910, p. 1.
4
“Se avisa a la Nación que se ha instalado este Tribunal de investigación creado por la Ley 37 de 1909, para
que todos los colombianos en general y los escritores y periodistas, en particular, que hayan escrito o editado
periódicos de 1903 en adelante, se sirvan hacer llegar al conocimiento de esta comisión todos los documentos
y escritos de importancia, impresos o inéditos que tengan relación con el grave asunto de la secesión de
Panamá. El presidente Juan B. Pérez y Soto”. El Centenario (dir. Rafael Reyes Daza y Leopoldo Niza)
Bogotá, serie I, no. 4, 27 de febrero de 1910, p. 3.
5
El Centenario (dir. Rafael Reyes Daza y Leopoldo Niza) Bogotá, serie I, No. 4, 27 de febrero de 1910, p. 3.
En el ámbito político llama la atención que ninguna de las controvertidas acciones del

gobierno de Rafael Reyes6 fuera tan determinante para presionar su dimisión, como sus

gestiones para firmar un acuerdo con los Estados Unidos para sellar el caso de Panamá. En

este sentido Jorge Orlando Melo afirma que

“quienes se lanzaron a las calles a agitar a las masas y quienes conspiraron en clubes

y casas particulares lo hicieron con la idea de que era necesario reemplazar el

régimen de Reyes por un gobierno que siguiera reconociendo los derechos de los

liberales, e hiciera este reconocimiento más estable al basarlo en prácticas legales

claras”7.

Con respecto a los intereses económicos, el ejemplo paradigmático es el boicot al tranvía de

la Bogotá City Railway Company en marzo de 1910. Dicho boicot consistió en un llamado

a la ciudadanía a abstenerse de utilizar este medio, para lo cual un grupo de empresarios

organizó servicios alternativos de transporte8. La ciudad fue empapelada con letreros que

advertían “Tranvía. Todo colombiano que use de este vehículo será considerado como

yanqui [...] Tengamos la energía de protestar evitando consumir sus artículos y ocupar sus

6
Disolvió el Congreso y eligió una Asamblea Nacional que aprobó leyes que debilitaban a la Corte Suprema,
permitían al presidente convocar y despedir al Congreso a voluntad, eliminaban las restricciones del
presidente para fijar impuestos, anulaban algunas garantías constitucionales de los intereses regionales y
permitían al presidente modificar las fronteras internas de los departamentos, entre otras. Henderson, 2006:
80-90.
7
Melo, 1989, s.p.
8
Entre ellos Tomás Samper Brush, Félix y Nicolás Lievano, Hernando Holguín y Caro, Carlos Dávila y
Francisco Olarte Camacho. Suárez Mayorga, Adriana María, 2006: 141.
vehículos. Seamos patriotas y dignos”9. Para llevar a cabo este bloqueo, también fue

fundamental el apoyo de la prensa en donde se utilizó el mismo argumento nacionalista:

“Ojalá que todos los ultrajes los correspondiéramos así. Bien por el pueblo y por él

saludamos al Honorable Concejo Municipal...”10.

De manera que la celebración del Centenario, ocurrida entre el 15 y el 30 de julio de 1910,

se produjo con un exacerbado clima antinorteamericano, bajo la presidencia de transición

del general Ramón González Valencia, quien fue designado para completar el periodo de

Rafael Reyes hasta el 7 de agosto de 1910, cuando sería sucedido por Carlos E. Restrepo.

Uno de los documentos más importantes que circuló con motivo del Centenario, fue la

circular que el nuncio apostólico, Francesco Ragonesi, envió a los obispos y arzobispos. En

este advertía con preocupación que

“Al paso que la superficie del orbe se va estrechando en comparación del número

cada día creciente de sus habitantes, las regiones más fértiles y mejor situadas, como

Colombia, habrán de sentir con incesante porfía, golpear á sus puertas el oleaje de

mercaderes y colonizadores de países rebosantes de población y poderío”11.

9
Iriarte, Alfredo, Breve historia de Bogotá. Bogotá: Academia de Historia de Bogotá y Tercer Mundo
Editores, 1989, p. 178. Citado por Suárez Mayorga, Adriana María, 2006: 140.
10
El Centenario (dir. Rafael Reyes Daza y Leopoldo Niza) Bogotá, serie I, No. 5, 16 de marzo de 1910, p. 3.
Finalmente el 1 de septiembre de 1910 se firmó la venta de The Bogota Railway Company y de The
Chapinero Co. por ochocientos mil dólares con lo cual nació la Empresa de Tranvías de Bogotá. Ver la
transcripción del contrato en Suárez Mayorga, Adriana María, 2006: 142-143.
11
Iglesia Católica. Nunciatura Apostólica, 1910: 19.
Con esta intervención Ragonesi veía no sólo la posibilidad de perder la independencia

política sino la “libertad religiosa” y la pureza del idioma. Para este efecto, anunció que

“el Clero unirá su delicada acción a la del Gobierno y de las compañías privadas a

fin de buscar con atinada selección los manantiales de corrientes pobladoras, no en

capitales contagiadas por el socialismo, inmoralidad e irreligión; sino en

poblaciones vigorosas, católicas, morigeradas, inteligentes y activas”12.

Es decir que en su discurso, además de alertar sobre la amenaza que pesaba sobre la

religión católica, también lo hacía sobre cuestiones raciales y políticas.

Sin duda este discurso prohispánico fue fundamental en la celebración del Centenario:

desde la primera ceremonia en la tumba de Gonzalo Jiménez de Quesada hasta la

colocación de placas en “memoria de aquellos gobernantes españoles que se hicieron

dignos de la gratitud nacional por sus esfuerzos a favor del progreso del país”13,

prácticamente no hubo discurso en el que no se pusiera en primer plano que se debían

olvidar las rencillas surgidas por las luchas de Independencia y en cambio, debería darse

gran reconocimiento y agradecimiento a los aportes de la cultura hispana a la cultura

colombiana. Este reconocimiento llegaba hasta el punto de generar contradicciones como la

producida en la estatua de Francisco José de Caldas (primera copia de la estatua original

ubicada en Popayán, ver fig. 1) en la que se eliminó de la representación el atributo militar

del fusil. Las implicaciones simbólicas de esta modificación pueden constatarse en el

discurso de inauguración de la obra pronunciado por Carlos Cuervo Márquez, en el que

exaltó de tal manera el movimiento científico y educativo colonial, que la actividad militar

12
Ibid: 37-38.
13
Sesión 27 de diciembre de 1909. Revista del Centenario, Bogotá, no. 3, 23 de febrero de 1910, 23.
de Caldas durante la Independencia quedó en un segundo plano14. Así, muchos de los

discursos del Centenario reflejaron, como afirma Gerson Ledesma, que

“El collage propuesto por las élites políticas e intelectuales tomaba el periodo

colonial como punto de partida de la nacionalidad, de la civilización y del progreso

y así mismo el periodo de las guerras de Independencia que daría como buen fruto

la construcción de la Gran Colombia. Después, negaba el pasado reciente en el

intento de omitir el recuerdo de las guerras civiles. Volvían a desempeñar papeles

primordiales la Madre Patria, la religión católica y la lengua castellana”15.

Por su parte España, con su participación en los Centenarios de las Independencias

suramericanas, consolidó una posición americanista que coincidía con las aspiraciones de

las dirigencias locales. España se planteaba como una solución regeneradora gracias a la

que podía “refugiarse en una postura de liderazgo y de tutela moral sobre las antiguas

colonias”16.

Sin embargo no existía en todos los sectores y regiones el esperado consenso prohispánico.

En este sentido se destacó el discurso de Ramón Gómez Cuéllar durante la sesión de la

Academia de Jurisprudencia, en el que se contrapuso a los discursos hegemónicos del

momento al rechazar tanto la violación de la soberanía nacional por parte de los Estados

Unidos, como la presencia de España en la celebración del Centenario17.

14
Ver el análisis de esta obra en Amaya, José Antonio y Vanegas Carolina, 2007.
15
Ledesma, Gerson, 2000: 325.
16
Rodríguez, Miguel, 2004: 33.
17
Ledesma, Gerson, 2000: 328.
“La historia de la conquista es una historia de sangre: no se puede leer sin angustia

los dolorosos episodios que en ella abundan. El exterminio de una raza inocente y

sensible, dueña de un territorio independiente, regida por leyes y costumbres

peculiares [...] constituirá siempre, para quienes aun conservamos huellas de esa

sangre, el atentado más injusto que se puede cometer en nombre de la

civilización”18.

Otras voces se escucharon en este sentido, por ejemplo en el discurso de inauguración del

Parque Caycedo el orador Andrés Lenis señaló que España era un recuerdo negativo pues

“los atavismos que nos legó aquel gran pueblo siguen perturbando nuestra marcha hacia el

adelanto”19. Otra importante grieta en la representación de la Independencia como una

reconciliación con la memoria hispánica, estaba relacionada con los sucesos de la

Reconquista y se presentó, entre otros, con la emisión conmemorativa de estampillas. El

director de correos mandó hacer una edición conmemorativa que difería de la propuesta por

la Comisión Nacional del Centenario20 principalmente al incluir a José Acevedo y Gómez

(5 centavos. Acuse de recibo), Policarpa Salavarrieta (1 centavo) y los Fusilados de

Cartagena (10 centavos. Recomendado)21. El gobierno español se opuso a la inclusión de

ésta última (fig. 2) por su referencia a los mártires de la Reconquista española. Atendiendo

a esta queja, la emisión fue retirada e incinerada22.

18
Marroquín, 1911: 193.
19
Ledesma, Gerson, 2000, 346.
20
Sesión del 18 de noviembre de 1909. Revista del Centenario, 18 de febrero de 1910, 9. Sesión del 6 de
diciembre de 1909. Revista del Centenario, 23 de febrero de 1910, 17.
21
Las demás estampillas correspondían a Camilo Torres (1/2 centavo), Antonio Nariño (2 centavos), Simón
Bolívar (5 centavos), Francisco José de Caldas (10 centavos), Francisco de Paula Santander (20 centavos),
Bolívar demandando libertad de los esclavos (1 peso), Bolívar renunciando (10 pesos).
22
Por ello hoy subsisten pocos ejemplares de la misma. Entrevista a Ricardo Botero Escobar, 2009, s.p.
La reflexión sobre los cien años de vida de la Patria derivaron en alertar sobre su

“verdadera independencia”, los intelectuales quisieron dejar testimonio de la pérdida de la

integridad y la cultura nacionales en algunos impresos conmemorativos23, dentro de los que

se destaca el del presidente de la Academia Nacional de Historia Adolfo León Gómez,

quien como ofrenda personal en el Centenario reunió en un libro24 varios artículos

publicados en el periódico Unión Suramericana. Llama la atención uno de ellos que fue

titulado “U.S.A: sigla que debe dejar de ser leída bajo los ojos yanquis para que signifique

UNION SUR AMERICANA” en el que expresó su rechazo a la intervención

norteamericana y destacó la importancia de la unión de los países suramericanos, y

especialmente de los países que conformaron la Gran Colombia: Ecuador, Venezuela y

Colombia.

Muchos sectores veían en el fortalecimiento de estas relaciones una posible estrategia anti-

intervencionista. En este sentido, por ejemplo, la Junta departamental del Centenario del

Tolima envió un comunicado al gobierno en el que proponía que las tres naciones hicieran

“un tratado de Federación que resuelva sus dificultades internas y atienda a la defensa de

cada una de ellas en el exterior”25. Durante la celebración del Centenario se realizaron

numerosas acciones diplomáticas en pro del mejoramiento de las relaciones como

banquetes para el personal diplomático de dichas repúblicas26, se ordenó tocar sus himnos

nacionales en todos los eventos conmemorativos, se decretaron festivos los días de sus

23
Por ejemplo Vicente Olarte Camacho, uno de los fundadores de la Academia de Jurisprudencia publicó el
libro Centenario de la Independencia. Homenaje a los hombres civiles y la escritora Soledad Acosta de
Samper en Biblioteca histórica: época de la independencia y presidentes de la Nueva Granada. En ellos se
mencionaba la importancia de generar una mayor unión de los países de la grancolombia para resistir la
intervención norteamericana.
24
León Gómez, Adolfo, 1910.
25
El Centenario, Ibagué, año I, serie I, no. 4, 10 de junio de 1910, p. 15.
26
Triana, Miguel, 1910: 202.
Independencias27, se levantaron placas en honor a sus próceres y se invitaron representantes

de la Academia de Medicina de Caracas y de la Sociedad Médico-quirúrgica del Ecuador28.

En el homenaje a los próceres de dicho país se destacó el hecho de “la categórica y repetida

negativa del gobierno ecuatoriano al reconocimiento de un Cónsul o de un agente

confidencial en la República parásita”29, en alusión a Panamá.

Con este mismo espíritu se organizó el Congreso Internacional de Estudiantes de la Gran

Colombia en el que -en consonancia con las preocupaciones del nuncio Ragonesi- se

manifestó preocupación por “el mantenimiento de la raza en condiciones que garanticen su

independencia de la acción absorbente de otras razas”30 y en este sentido “acordaron

solicitar a los gobiernos latinoamericanos que recomendaran a los jóvenes que viajaban a

estudiar al exterior que lo hicieran a países que no sirvieran al progreso de imperialismos

adversos”31. En las conclusiones del Congreso se propuso la unificación de programas

universitarios y un mayor intercambio cultural e intelectual entre los tres países, así como la

conveniencia de no entregar las grandes empresas nacionales a naciones con “tendencias

imperialistas”32 también en clara referencia a los Estados Unidos. El impreso

conmemorativo de este congreso (fig. 3) presentaba las alegorías de las tres repúblicas

hermanas unidas: mientras una coloca una corona de laurel sobre un medallón de Bolívar,

la otra sostiene una bandera -de la que se ven las tres franjas comunes a las tres naciones- y

27
República de Colombia, 1911: 49.
28
Marroquín e Isaza, 1911: 306.
29
Ibid: 360.
30
Villegas Vélez, Álvaro Andrés, 2005: 218
31
Ibid. Como el mismo autor apunta, Luis López de Mesa “incumple sus propias recomendaciones y en 1916
toma cursos de psiquiatría y psicología en Harvard University [...] Esta posición ambigua no fue exclusiva del
profesor, y si bien muchos intelectuales se dolieron profundamente por la pérdida de Panamá, no por eso
dejaron de adoptar una relación pragmática con Estados Unidos”.
32
Marroquín e Isaza, 1911: 406.
la tercera sostiene un gran libro, que puede ser una alusión a la Constitución, a la lengua o a

una cultura común. En segundo plano, un arco triunfal sobre el cual están colocados los

escudos de las tres repúblicas y alrededor las fotografías de los participantes del encuentro.

La estatua de Antonio José de Sucre33 también fue “utilizada” simbólicamente para hacer

referencia a la unión grancolombiana. Manuel Dávila Flórez, el orador encargado en la

inauguración, se dirigió al héroe para decirle que las “tres hijas mayores” de éste y de

Bolívar se reunían de nuevo para fomentar la unión después de la pérdida de Panamá. Este

sentimiento de reconciliación ocultaba las dificultades diplomáticas entre los tres países y

ponía el acento en la necesidad de hacer votos de buena voluntad:

“Si en ocasiones, creyendo hacer el bien de la patria, nos cegamos y hacemos un

mal, ya hemos formado nuevos propósitos [...] Y si un triste eclipse de la noción del

deber, la traición y el abuso de la fuerza causaron el desgarramiento de la que debió

ser túnica inconsútil de la República, para obsequiar con un jirón al extranjero,

juremos morir todas antes que continúe el desgarramiento, y no sancionar el

consumado jamás, jamás jamás”.

Estaba claro que Colombia debía negociar un tratado con los Estados Unidos, lo cual

después de intensas discusiones sucedería diez años despúes34. Por eso Dávila establecía

33
Esta estatua fue la última en encargarse al escultor francés Raoul-Charles Verlet y por ello la Junta
Nacional solicitó a la Escuela de Bellas Artes que hiciera una estatua temporal de yeso la cual fue realizada
por Eugenio Zerda.
34
Uribe Vargas, Diego, Los últimos derechos de Colombia en el Canal de Panamá: El tratado Uribe Vargas-
Ozores. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales y
Empresa Editorial, 1993, en http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/canal/can14.htm. Consultado el
20.07.2009.
que si bien debían unirse “antes que continúe el desgarramiento”, también era preciso “no

sancionar el consumado jamás, jamás, jamás”. Tal como lo establece Gerson Ledesma era

claro que “Las diferencias, contrario a lo que afirmaban los discursos del Centenario, eran

grandes desde el punto de vista étnico, geográfico y económico [...] Las tres repúblicas se

enfrentaron en graves guerras durante el siglo XIX y entraban al siglo XX sin resolver

antiguos problemas de fronteras”35.

Después de la separación de Panamá se hizo patente la posibilidad de perder más territorio

en las demás fronteras que habían sido descuidadas por el poder central. En 1910 la prensa

reseñó con recelo la situación del territorio en la frontera con el Perú y la poca presencia del

Estado en esa zona. En este momento se desencadenó un conflicto debido a los abusos de la

Amazon Peruvian Company y a la omisión de los mismos por parte del ministro de

relaciones exteriores (y presidente de la Junta Nacional del Centenario) Carlos Calderón

Reyes, pues como se mencionó en la prensa no podía “tratarse ningún asunto relacionado

con el Caquetá sin dejar constancia de lo íntimamente ligado que está aquel apellido a esta

inmensa región”36. Este conflicto tendría su descenlace hasta 1934 cuando se firmó el

Protocolo de Río.

II. Pugnas interregionales

35
Ledesma, Gerson, 2000, p. 32.
36
El Centenario (dir. Rafael Reyes Daza y Leopoldo Niza) Bogotá, 8 de mayo de 1910, p. 2 . La Ley 24 de
1910 decretó la creación de una Comisaría Judicial en el territorio del Caquetá. República de Colombia, 1911:
46. Sin embargo esto no logró evitar el ataque peruano el 11 de julio de 1911. “Después de amagos de guerra,
los peruanos aceptaron retirarse, tras la firma de un modus vivendi por el ministro colombiano Enrique Olaya
Herrera y el diplomático peruano Ernesto de Tezanos Pinto, negociado apresuradamente y que dio amplio
margen a la diplomacia peruana para hacer sus alegatos posteriores”. Melo, 1989: s.p.
La organización de la celebración del Centenario de la Independencia dejó al descubierto

las tensiones que se vivían entre la capital y los departamentos, así como entre algunas

regiones. El carácter centralista y excluyente de dicha celebración inició con la decisión de

integrar una Junta Nacional del Centenario con sede en Bogotá encargada de organizar un

conjunto de eventos en la capital con la aspiración de que fuera representativo del conjunto

de la nación. A ello siguió la inequidad en la repartición de recursos estatales con destino a

la celebración: de los cien mil pesos asignados inicialmente (se gastó más del doble37), se

proyectó invertir 88.000 en la capital y repartir los doce mil restantes entre los

departamentos38. Además, en esta repartición no estaban incluidas las intendencias (que en

ese momento eran Chocó, San Martín, Casanare, Caquetá y Guajira)39.

Tal vez a estas condiciones responda la poca receptividad a la convocatoria a participar en

la Exposición Agrícola e Industrial de carácter nacional que se realizó en el Parque de la

Independencia40; optando muchos por hacer parte de las exposiciones departamentales que

se organizaron en Cali, Medellín, Tunja, Manizales, Pasto y Bucaramanga. Sin contar con

los innumerables comunicados a la Junta Nacional desde todos los rincones del país en los

37
Solamente en la Exposición Agrícola e Industrial se invirtieron $118.710 pesos. Revista del Centenario,
Bogotá, no. 24, 30 de septiembre de 1910, p. 187.
38
Revista del Centenario, Bogotá, no. 12, 16 de abril de 1910, p. 90.
39
En la sesión del 17 de mayo de 1910 se contestó un telegrama de Quibdó en que preguntaba por el auxilio
del Chocó para la celebración, que sólo había auxilio para las capitales de los departamentos, pero que si se
conseguía que la asamblea concediera una nueva partida pedida se daría alguna participación a esa
Intendencia. Revista del Centenario, Bogotá, no. 18, 13 de junio de 1910, p. 137.
40
Revista del Centenario, Bogotá, no. 12, 16 de abril de 1910, p. 92.
que se notificaba que el estado de pobreza en que se encontraban les impedía participar en

manera alguna de los festejos del Centenario41.

Por su parte la Junta Nacional del Centenario en las diferentes conformaciones que tuvo

entre 1907 y 1910 dio especial atención al encargo de monumentos conmemorativos en

Europa. Así, mientras una primera Junta42 propuso hacer una estatua de Simón Bolívar en

bronce, con alegorías de las cinco repúblicas fundadas por él, además de nueve bustos de

otros próceres43 y algunas placas en bronce con los nombres de próceres y miembros de la

Legión Británica, en enero de 1909 una segunda comisión44 intentó descentralizar la

celebración suprimiendo la orden anterior y solicitando estatuas para Pasto, Popayán,

Medellín y Barranquilla, además de un monumento conmemorativo al 11 de Noviembre

para Cartagena45. Finalmente con el argumento de la limitación de recursos tomaron la

decisión de hacer sólo dos obras: la estatua ecuestre de Simón Bolívar para Bogotá (sin

alegorías) y una estatua de Francisco José de Caldas para Popayán46 (fig. 4). Los miembros

de la Junta eran conscientes de la importancia simbólica de estas obras por ello dieron

preferencia a estas costosas obras, que a la realización de muchos otros proyectos que se

41
Estas notas se publicaron en su mayoría en la sección de documentos de la Revista del Centenario.
42
Integrada por el secretario general de la presidencia Manuel Vicente Umaña, el gobernador del distrito
capital Jorge Vélez, Enrique de Argáez, Rafael Uribe Uribe y Marceliano Vargas.
43
Antonio Nariño, Francisco de Paula Santander, José María Córdova, Antonio Ricaurte, Francisco José de
Caldas, José Acevedo Gómez, Camilo Torres, Pantaleón Germán Ribón, Atanasio Girardot y Antonio José de
Sucre.
44
Integrada por el ministro de relaciones exteriores, Carlos Calderón, el ministro de obras públicas, Carlos J.
Delgado, el gobernador del Distrito Capital, Daniel Reyes, Lorenzo Marroquín, Emiliano Isaza y Silvestre
Samper Uribe.
45
“Informe de Juan Evangelista Manrique Convers y Ricardo Santa María Hurtado al Ministerio de
Relaciones Exteriores, fechado el 11 de octubre de 1909”, en Revista del Centenario, núm. 14, Bogotá,
27 de abril de 1910, p. 106.
46
Contratos firmados con Emmanuel Frémiet y Raoul-Charles Verlet.
cancelaron por falta de fondos47. En este orden de ideas, estimaron que la estatua ecuestre

de Bolívar para Bogotá y la estatua de Caldas para Popayán eran insuficientes para la

celebración y consideraron indispensable la realización de otras dos estatuas para la capital:

la estatua de Antonio Nariño y la de Antonio José de Sucre48. Con esta elección

profundizaron la tendencia centralista de la celebración49.

Podría decirse que la lógica de construir la imagen de la capital como la imagen de la

nación se cristalizó en la medalla conmemorativa del Centenario (fig. 5) en la que la

alegoría de la República tiene como fondo la Plaza de Bolívar en Bogotá. Con este mismo

sentido, en el libro conmemorativo del Centenario se publicaron solamente las actividades

y discursos realizados en Bogotá, con la única excepción del discurso que Guillermo

Valencia pronunció durante la inauguración de la estatua de Francisco José de Caldas en

Popayán. Ello lleva inevitablemente a preguntarse cuál sería el motivo de esta especial

deferencia.

Es posible pensar que la creación de esta estatua fuera una forma de “reparación simbólica”

que las élites bogotanas dieron a Popayán debido a que el decreto 340 de organización

departamental dado en abril de 1910 ratificó la resolución que en 1904 separó el estado

soberano del Cauca, conocido como el Gran Cauca, dividiéndolo en los departamentos de

47
Algunos de los proyectos eliminados por falta de presupuesto fueron la Exposición histórica de objetos de
la Independencia, la erección de un arco de piedra en Bogotá, la publicación de un libro con biografías de los
escritores colombianos y reseña crítica de sus obras llamada Historia del Pensamiento en Colombia y la
compra de la Quinta de Bolívar para instalar allí el Museo Nacional entre otras.
48
Las cuales fueron encargadas a Henri Léon Greber y Raoul-Charles Verlet, respectivamente.
49
La Junta apoyó además las iniciativas de otros sectores de la sociedad bogotana para levantar placas bustos
y monumentos. El Jockey Club encargó el busto de Antonio Ricaurte a Henri-Leon Gréber; el Gun Club
encargó a Raoul-Charles Verlet el busto de Camilo Torres. Los estudiantes de la Facultad de Matemáticas e
Ingeniería hicieron un concurso para levantar un busto de Caldas. Por su parte, la Sociedad de la Caridad
levantó el Monumento a los héroes ignotos en el Parque de la Independencia.
Valle, Cauca y Nariño. Con ello “la clase dominante se vio relegada a una región que,

desde el punto de vista geográfico, no ofrecía muchos atractivos, pues se trataba de una

zona montañosa, plagada de langosta, de indios y negros, según lo anotan algunos

historiadores payaneses de principios del siglo XX”50. En todo caso, la estatua de Caldas

que había sido contratada desde 1909, no logró impedir la reacción adversa ante la

expedición del decreto y generó la inmediata renuncia de la Junta departamental para el

Centenario51, la cual poco después fue restablecida por la gobernación. Popayán, contrario

a lo sucedido en muchos otros departamentos en los que se acudió a las exposiciones

industriales para hacer los balances del progreso alcanzado hasta el Centenario, se refugió

en el pasado para autolegitimarse52.

Una tercera estatua de Caldas (tomada de la copia modificada instalada en Bogotá) fue

encargada por la Junta Departamental de Caldas para ser ubicada en Manizales (fig. 6). Este

departamento encarnaba valores opuestos a los del Cauca, pues mientras éste se reducía,

Caldas era ratificado por el mismo decreto territorial. Por ello no parece casual que con sus

propios recursos encargara una copia de la estatua del prócer que le daba nombre al

departamento y cuya memoria reclamaba el Cauca. Las imbricaciones entre el decreto

territorial y las tensiones entre estos dos departamentos ya eran explícitas en la prensa

manizalita en diciembre de 1909:

“Con cifras muy claras se ha demostrado al gobierno que aquí si se produce de

sobra con qué sostener la entidad departamental [...]. Está también probado que por

50
Ledesma, Gerson, 2007: 73.
51
Sesión del 23 de abril de 1910. Revista del Centenario, Bogotá, no. 16, 11 de mayo de 1910, p. 122.
52
Para un análisis detallado de este caso ver Ledesma, Gerson, 2007.
acá si se trabaja, que Manizales no es una ciudad que vive de recuerdos, sino de

esperanzas, que aquí no es Popayán, donde el gobierno nacional tiene que sostener

el departamento”53.

Por otra parte, la estrategia unificadora del pasado nacional a través de la cual el 20 de julio

se convertía en símbolo, también fue objeto de discusiones. Entre ellas se destaca la

controversia suscitada en Cartagena, en donde un grupo de intelectuales se opuso a la

imposición de esta fecha como la indicada para celebrar el Centenario de la Independencia,

con la cual se omitían o desconocían eventos fundamentales del proceso que le

precedieron54. Este grupo hizo pública su insatisfacción y señaló que el 20 de julio era la

fecha de la Independencia “del pueblo bogotano”55. Es posible que esta polémica diera

origen a la Ley 57 de 1910, según la cual se declaró fiesta nacional el 11 de noviembre y se

asignaron treinta mil pesos al departamento de Bolívar para contribuir “a solemnizar esta

fecha patria”56. Los desacuerdos producidos por la imposición de la fecha “marginando

memorias locales y regionales, llevó a la fragmentación de la memoria, como lo demuestra

la celebración de otros centenarios que también se postulaban iniciadores de la

República”57. Así lo confirman también, por ejemplo, los concursos propuestos por el

desaparecido departamento de Buga en los que se ofrecía premiar la mejor historia del

53
El Centenario. Política, Literatura y Variedades. (Dir. Ricardo Mejía A.) Manizales, serie I, no. 4,
diciembre 18 de 1909, p. 2.
54
Principalmente los acontecimientos del 22 de mayo y el 14 de junio de 1810 en Cartagena. Para una
ampliación de este tema ver Román Romero, Raúl, 2005.
55
La polémica se publicó en el periódico El Porvenir de Cartagena entre el 10 y 19 de julio de 1910. Citado
por Román Romero, Raúl, 2005: s.p.
56
Ley 57 de 1910 (29 de septiembre). República de Colombia, 1911: 84.
57
Román Romero, Raúl, 2005: s.p.
“alzamiento de Llanogrande, anterior al de los Comuneros en el Socorro; así como de las

biografías de los generales José María Cabal y Pedro Murgueitio”58.

Conclusión

La aproximación a la época del Centenario de la Independencia en Colombia implica

diversos retos. Uno de ellos es el de tomar como objeto de estudio los diferentes

dispositivos simbólicos de la celebración para saber cuáles fueron los intereses que se

pusieron en juego en la construcción de los imaginarios identitarios de la nación en 1910.

Contrario al ánimo consensualista con que algunos autores han querido mostrar la

celebración del Centenario59, es decir como el momento de la unión partidista, la

civilización y el progreso, como se muestra en esta ponencia, el discurso de las élites fue

excluyente y entró constantemente en contradicción por la situación social, política y

económica del país en donde reinaban los desacuerdos entre la capital y las regiones. Así

mismo la intervención norteamericana pretendía ser contrarrestada con alianzas estratégicas

con España, Ecuador y Venezuela. Estas relaciones a su vez acarreaban sus propias

complicaciones debido a que era necesario reinventar la tradición para borrar el pasado

conflictivo de la conquista, la colonia y la reconquista españolas, así como los conflictos

que desde la separación de la llamada Gran Colombia en 1830, permanecían en las

fronteras con Ecuador y Venezuela.

58
Revista del Centenario, Bogotá, no. 12, 16 de abril de 1910, p. 95.
59
Melo, 1989; Zambrano y Castelblanco, 2002; Cano, 2008; Posada Carbó, 2010.
Por supuesto estas reflexiones hacen un fuerte eco en la situación actual de Colombia

respecto a sus vecinos y llevan a confrontar la posición política de los gobiernos de turno

con respecto a la intervención norteamericana en el Centenario y en el Bicentenario. Si en

1910 diferentes sectores de la sociedad propusieron un discurso unificador en contra de la

injerencia norteamericana en territorio suramericano; el actual gobierno ha tomado

distancia de los intereses regionales -e inclusive propios, o en favor del bienestar de la

mayoría de sus habitantes- para ubicarse como el principal aliado norteamericano en

Latinoamérica. La presencia de militares norteamericanos en territorio colombiano60, habría

desencadenado en 1910 una nueva guerra civil. Así lo confirma además de lo dicho hasta

acá, una comunicación del 12 de marzo de 1910 al Departamento de Estado en Washington

en la que se alertaba que “la sola presencia de los barcos en las costas provocaría la

masacre de todos los norteamericanos en Bogotá”61.

Resulta indispensable establecer que los propósitos de la celebración del Centenario

tuvieron un marcado énfasis centralista y cómo en favor de una unificación simbólica se

desplegaron discursos excluyentes de raza, clase y credo. En este punto, de nuevo, surge la

comparación con la posición que la celebración del Bicentenario plantea en este sentido. En

la Constitución de 1991 se modificaron en profundidad las bases de la constitución que

regía en Colombia desde 1886 para establecer el carácter pluriétnico y multicultural de la

nación colombiana. Estas condiciones transformaron radicalmente las perspectivas

simbólicas del Bicentenario, en donde se acude a un discurso si se quiere opuesto al del

60
Lagos Camargo, 2010, s.p.
61
Iriarte, 1989: 178, citado en Suárez Mayorga, 2006: 141.
Centenario, al tener como principios la inclusión, la participación, la diversidad y la

apropiación62, en donde todos los actores de la sociedad tienen cabida. Sin embargo, este

proceso se enfrenta a numerosas contradicciones debido al estado de guerra en que se

encuentra el país, el cual afecta principalmente a las regiones y sectores de la sociedad a los

que simbólicamente se pretende dar voz en la actual celebración.

Fuentes citadas

Primarias

Libros

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62
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Consultado el 17 de enero de 2008.

Anexos

Fig. 1. Raoul-Charles Verlet / Fotograbado de Pedro Carlos Manrique.


Maqueta de la estatua de Francisco José de Caldas para Popayán en
Bogotá y Manizales. 1910. Marroquín e Isaza, 1911: 365.
Fig. 2. American Bank Note Co. Estampilla conmemorativa del
Centenario. Fusilamiento de los próceres de Cartagena de Generoso
Jaspe, 1910. Colección Banco de la República.

Fig. 3. Domingo Moreno Otero / Aristides Ariza. Cuadro alegórico del


Primer congreso internacional de estudiantes de la Gran Colombia. 1910.
Marroquín e Isaza, 1911: 132.

Fig. 4. Raoul-Charles Verlet / Fotografía Roseman, París. Maqueta de la


estatua de Francisco José de Caldas para Popayán dedicada a Juan
Evangelista Manrique. Ca. 1909. Colección del Museo Sociedad de Cirugía
de Bogotá. Hospital de San José.

Fig. 5. Medalla conmemorativa del Primer Centenario de la


Proclamación de la Independencia de la República de
Colombia 1810 - 1910. Museo Nacional de Colombia, reg.
1404.2

Fig. 6. Raoul-Charles Verlet / Fotografía de Jorge Eduardo Arango. Vista


actual de la estatua de Caldas en Manizales, 2006.