Carácter de clase del docente universitario Para la formulación de un programa de acción es importante ponernos de acuerdo en la naturaleza social de los

docentes universitarios y del estudiantado. Trataremos la cuestión de los docentes en este punto, y la de los estudiantes en el próximo. De acuerdo a lo visto hasta ahora, podría pensarse que los docentes universitarios conforman una capa relativamente homogénea, dado que tienen una fuente de ingreso común, el presupuesto estatal. Pero el asunto no es tan sencillo, porque hay que considerar también a los docentes de universidades privadas. Y en general está la cuestión de hasta qué punto los docentes universitarios pueden ser considerados como un conjunto social homogéneo. En principio, y en la medida en que los docentes de las universidades privadas y estatales venden su fuerza de trabajo, pertenecerían a la categoría de trabajadores intelectuales asalariados (productivos o improductivos, según el caso), en un proceso de proletarización creciente. Sin embargo este criterio de análisis no es suficiente, ya que una cantidad importante de no tiene en la docencia su fuente principal de ingresos. Para este sector sus intereses de clase no están determinados sólo, ni principalmente, por la relación que mantienen con la Universidad para la que trabajan. Para ilustrar nuestra posición, pongamos el ejemplo de un docente que está al frente de un gran estudio de abogacía, y que recibe una parte sustancial de plusvalía por su colaboración en los asuntos del capital, al tiempo que utiliza su cátedra universitaria como elemento funcional para el cobro de sus honorarios profesionales. Este individuo no puede ser englobado en la misma clase social que la de aquel docente que trabaja exclusivamente en la Universidad por un salario que apenas le alcanza. El primero puede pertenecer a la burguesía, o a la pequeña burguesía acomodada, en vías de ascenso, etc; el segundo se acerca a la clase obrera. Por eso en el análisis de un grupo social híbrido, como el de docentes universitarios, deben intervenir muchas determinaciones. Hay docentes universitarios que están "haciendo producción", y "en masa", que trabajan por apenas 500 o 600 pesos, corrigen cientos de exámenes, agotan su voz ante clases multitudinarias y deben seguir las pautas fijadas autoritariamente por sus jefes de cátedra. Son intelectuales en vías de proletarización (decimos "en vías" para establecer cierta distinción con el proletario que está completamente subsumido a las condiciones impuestas por el capital). Sin dudas hay que distinguirlos del docente para el cual la cátedra es sólo un ingrediente en un conjunto de actividades de las que derivan altos ingresos. Esta situación explica por qué en muchas universidades en las que este último tipo de docente está muy extendido, los llamados a defender los intereses gremiales tienen un eco muy parcial. Por otra parte existe una aristocracia de altos funcionarios universitarios cuya posición se diferencia aunque no realice actividades fuera del ámbito académico. Se trata de los que manejan fondos presupuestarios, o pueden generar redes internas de poder y clientelismo político (que se hacen valer en un nivel social más general). Que también tienen fuerza para insertarse en los circuitos mercantilizados de la transferencia de conocimientos, desde el manejo de publicaciones, pasando por la relación con editoriales, hasta los convenios con empresas privadas. En otros casos ejercen el tráfico de influencias; en economía o abogacía, por ejemplo, determinadas funciones académicas se constituyen en trampolines para proyectarse en cierto momento hacia altos puestos de la administración pública, de las empresas privadas u otras estructuras de poder del capital. Paralelamente están los "bienes de prestigio": congresos internacionales y simposios (con sus correspondientes viajes, hoteles, contactos internacionales, viáticos y siempre más prestigio); la publicación en revistas de renombre; y la siempre presente distribución de becas a protegidos y seguidores. A todo esto hay que agregar el brillo que da la alta consideración social en que se tiene a muchos "gurús" del ambiente académico, consultados ritualmente por los grandes medios de prensa, generadores de ideologías y justificadores (o explicadores) de políticas concretas tomadas desde el poder. Es claro entonces que estos sectores -si bien minoritarios- conforman un grupo dentro de la docencia universitaria que de alguna manera no puede englobarse en el mismo grupo social que el docente-asalariado-en vías de proletarización1. Por supuesto, entre estas categorías existen muchas formas intermedias, de transición. Por ejemplo, el docente para el cual su salario universitario representa una parte importante de sus ingresos, pero lo complementa con ingresos como pequeño profesional independiente, constituiría un caso intermedio entre la
Es interesante destacar que algunos de estos distinguidos profesionales se "reciclan" en la universidad luego de haber accedido a altos cargos del Estado. Recientemente se conoció que más de 300 docentes universitarios reciben jubilaciones de privilegio.
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pequeña burguesía y el proletariado intelectual. O el jefe de cátedra que complementa sus ingresos con la comercialización de sus escritos y la venta ocasional de servicios derivados de sus conocimientos, entraría en un caso parecido, aunque más cercano a la pequeña burguesía. Las formas pueden ser múltiples y refuerzan una conclusión: no podemos considerar a los docentes universitarios como un sector homogéneo 2. Las diferentes actitudes ante los paros convocados por la Conadu, por ejemplo, expresan estas diferencias sociales profundas. Esto apunta a un nuevo cuestionamiento de la unidad de la llamada "comunidad universitaria". De hecho ésta está profundamente dividida, por encima de la identidad formal de la común pertenencia a una institución (de la misma manera en que está dividido el personal integrante del Estado, como hemos visto). Por eso también es imposible que las reivindicaciones y formulaciones de una corriente socialista de docentes universitarios pretendan englobar al conjunto de la docencia. Más aún, la agudización de la lucha de clases eventualmente agudizará las diferenciaciones, como ya sucedió en tantos otros períodos de la vida universitaria argentina. Recordemos al respecto la actitud opuesta de tantos sectores de la docencia ante la "noche de los bastones largos", en 1966, o ante la intervención Ivanisevich, bajo el gobierno de Isabel. Carácter de clase del estudiantado Meses atrás la ex ministra Decibe se refirió a un pasaje de la obra de Marx en la que éste hablaba de la Universidad como de un ámbito exclusivo para los hijos de la burguesía. Con esto la ministra pretendía darle un tinte "progre" a su propuesta de arancelamiento de la Universidad. Pero la referencia es desafortunada, porque desde el siglo pasado a éste las circunstancias han variado, y mucho. Si bien los hijos de la clase obrera siguen mayoritariamente ajenos a la Universidad, ésta se ha masificado con la incorporación de capas provenientes de las clases medias, de la pequeña burguesía e incluso de algunos (pequeños) sectores de la clase trabajadora. Es claro que los estudiantes universitarios -en cuanto tales- no están directamente involucrados en las relaciones de producción; se preparan para ocupar en el futuro una posición en la economía. Por eso su caracterización social debe tener en cuenta varios factores. Uno de ellos -siguiendo una idea de Daniel Bertaux3es la posición que ocuparán al terminar los estudios. Esto es, debe tomarse en cuenta la posición del estudiante con relación a su futuro, o "como parte de una trayectoria de clase". Explicado con un ejemplo, digamos que la actitud y la posición del estudiante que se prepara para ser administrador de empresas es distinta a la de aquél cuyo futuro más probable sea, por ejemplo, el de intelectual semi proletarizado (caso de un docente de escuela secundaria). La determinación según la trayectoria de clase debe complementarse, sin embargo, con otras tales como el origen social y la situación actual (por ejemplo, trabaja o no), factores que reactúan sobre las perspectivas del estudiante, sobre su trayectoria de clase. Así un joven de familia burguesa puede asegurarse una inserción laboral muy distinta a la de uno proveniente de los sectores medios o bajos. Esto ejerce entonces una influencia central en la visión ideológica del estudiante y en la definición de sus intereses de clase. Y siempre estará mediada por los factores presentes, sociales y políticos (como la coyuntura de la lucha de clases). En los últimos años la universidad se ha convertido en una vía para intentar el ascenso social por parte de sectores medios y bajos. La concentración de capitales y la ruina de pequeños propietarios han vedado otros caminos tradicionales de la movilidad social. Además la desocupación empuja a muchos a intentar mejorar su calificación. De todo esto se deriva una presión social, y creciente, por acceder a la universidad. Como ilustración sirva decir que a comienzos de los noventa se calculaba que en América latina había unos 6 millones de estudiantes en establecimientos terciarios. Esto representaba en promedio un 18% de los jóvenes en edad de estudios terciarios, contra el 2% que había en los años sesenta. De ellos, unos 500.000 egresaban anualmente. Pero en el terreno de la oferta laboral las condiciones son restringidas y muy distintas a las del sueño del tradicional joven que ascendía desde las clases bajas asalariadas a la de profesional independiente, de prosperidad medianamente asegurada. De hecho, miles de egresados no conseguirán empleo. En Argentina esto sucede muy particularmente con las carreras vinculadas al desarrollo tecnológico (salvo las de informática, pero allí la oferta de egresados también es muy alta) y la investigación científica y técnica (la situación de
Se podría argumentar que también en la clase obrera existen muchos casos intermedios; por ejemplo, el obrero que a su vez recibe ingresos de un pequeño negocio que explota con su familia. Pero estos casos no llegan a conformar una situación de la amplitud e importancia de las heterogeneidades que atraviesan la docencia universitaria. La docencia de los colegios secundarios, en cambio, presenta un panorama más homogéneo; y mucho más todavía la primaria.
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Citada por Erik Olin Wright, en Clase, Crisis y Estado p.87.

matemáticos, físicos, astrónomos, biólogos, es desesperante). También hay sobreoferta de arquitectos, contadores, egresados de carreras humanísticas y ciencias sociales, abogados, médicos. Por otra parte, a muchos que antes se insertaban como profesionales independientes ahora les espera un destino como asalariados de grandes corporaciones de "servicios". Médicos, odontólogos, abogados, periodistas, arquitectos, contadores, entre otros, están experimentando un proceso de semi proletarización. Algunos combinarán trabajos como asalariados para el Estado o empresas privadas con una actividad independiente; otros deberán someterse totalmente a los dictados de la empresa privada o del Estado. Como lo reconocen directores de empresas encuestados, muchos de estos profesionales realizarán tareas que no tienen que ver con su profesión específica, o que requieren menor capacitación que la implicada en su título. Además, en estas trayectorias perderán buena parte de su vieja calificación, ya sea por falta de actualización o por unilateralización de sus actividades profesionales. Entre ambos polos -desocupados o asalariados en proceso de creciente subsunción al capital, y ocupantes de las altas jerarquías de mando de empresas y del Estado- se ubicará una franja que muchos marxistas han llamado, con razón, "pequeña burguesía moderna". Son los que ocuparán una posición de agentes de la dominación capitalista, como cuadros medios de empresas o del aparato estatal. No sólo cumplirán funciones técnicas, sino también de concepción (parcial) y de correas de transmisión del dominio del capital. Este sector recibirá ingresos en parte provenientes de la plusvalía (es decir, ingresos por encima del valor de su fuerza de trabajo calificada) y en parte como retribución a su función productiva. La ambición de insertarse en esta franja social es parte integrante de la ideología y las motivaciones políticas de miles de estudiantes, y debe ser tenida en cuenta por la actividad socialista. La existencia de esta franja desmiente la tesis de que el sector "orgánicamente no socialista" del estudiantado estaría compuesto sólo por una delgadísima capa de hijos de la alta burguesía. En los años setenta esta idea llevó a los teóricos del capitalismo monopolista de Estado (por ejemplo, del PC francés) a sostener una nueva forma de frente popular de colaboración de clases, planteando la alianza entre los obreros y las "nuevas capas medias", que incluían a los mandos medios del capital y personal superior del Estado. Pero estos sectores nunca adherirán en forma masiva -y es posible que ni siquiera en cantidad importante- a la causa de la revolución socialista, por lo menos hasta que ésta no triunfe. Y si bien cada vez más los cuadros de la burguesía terminan formándose en los cursos de post grado, las adscripciones de clase y las perspectivas de integrarse como cuadros intermedios del capital están presentes y atraviesan al estudiantado. Del análisis se desprende que la posición de buena parte del estudiantado se define según coyunturas políticas, económicas y sociales. Por supuesto, algunos definen desde el inicio una trayectoria claramente burguesa; pero una inmensa mayoría tendrá una posición oscilante. Y muchos ya adquieren conciencia de que los caminos están bloqueados, o por lo menos de que las perspectivas son restringidas y su futuro será precario. Esta división también pone límites insalvables a los proyectos de "universidad al servicio de los trabajadores" dentro del modo de producción capitalista. No sólo por el carácter de clase de la institución universitaria, y su inserción en el conjunto social, sino también porque en el seno de la misma "comunidad universitaria" hay sectores que procuran limitar la oferta de egresados y asegurar sus posiciones futuras (a lo que se suma muchas veces la presión de los colegios de graduados por limitar la producción de egresados). Es claro, además, que el proceso de proletarización está atravesando a estudiantes. Miles de jóvenes, en curso de capacitación universitaria, presionan en el mercado laboral, lo que es aprovechado por las empresas para imponer condiciones de trabajo cada vez peores al conjunto de los asalariados. Las angustias de la desocupación subyacen a la utilización de las pasantías, que deprimen aún más los salarios y las condiciones de trabajo generales, y de la gran proporción de estudiantes universitarios que combinan sus estudios con el trabajo. Para la burguesía este cuadro global presenta en cierta medida una ventaja, dado que se trata de abundante mano de obra calificada, que trabaja -o va a trabajar- por bajos salarios y condiciones de subsunción creciente al capital. Pero también genera tensiones sobre los presupuestos educativos, con el resultado de que la universidad es recusada por el arco burgués por "improductiva". De allí provienen las exigencias de racionalización, de aplicar criterios de productividad capitalista en la formación de los egresados. Pero esto implica enfrentarse con masas de jóvenes, para segregarlos, para decirles que al terminar su secundario deben renunciar a cualquier posibilidad de avance, que deben conformarse con un puesto como asalariados descalificados, y de por vida. Las implicancias ideológicas, los peligros que esto tiene para la legitimación del sistema, debieran ser evidentes. Por eso sectores de la clase dominante han optado por el camino de la disuasión "administrada", del desánimo organizado. Se permite formalmente el ingreso masivo, para utilizar al CBC como una playa de estacionamiento-filtro, que "demuestre" a miles de jóvenes que la universidad "no es para ellos", que no alcanzan el nivel. Jóvenes provenientes de escuelas secundarias de mediocre o muy bajo nivel académico, sin

posibilidades económicas de proveerse de ayuda, que trabajan y/o viven en lugares alejados, terminan abandonando sus estudios, desanimados. La discusión en el seno del campo burgués sobre la "crisis de la universidad" discurre sin cuestionar esta estructura social básica, que hace a contradicciones en el fondo irresolubles. La crítica socialista, por el contrario, debe apuntar al conjunto de la problemática implicada. Exigimos el ingreso irrestricto y la gratuidad de la enseñanza, consignas que se han convertido en banderas democráticas para inmensas masas empobrecidas y agobiadas por la opresión del capital. Pero al mismo tiempo desnudamos la naturaleza irremontable de la contradicción de fondo: es imposible que los hijos de la población trabajadora se liberen de la explotación, de los trabajos alienados, de la desocupación, accediendo todos a la educación superior en este sistema. Bajo el modo de producción capitalista sólo unos pocos -muy pocos- van a llegar a la meta soñada. Otros, componiendo la franja "media", lograrán insertarse como la "nueva pequeña burguesía", a la que hicimos mención. Y la inmensa mayoría quedará en el camino, proletarizados luego de su egreso, o antes, o peor aún, desocupados. Por eso el ingreso irrestricto, o las mayores facilidades para el egreso, no resuelven la cuestión de fondo, que no es otra que la extensión creciente del ejército de desocupados a más y más campos de la vida económica. Dicho de otro modo, no es la solución de la cuestión educativa -ingreso irrestricto y egresos masivos- la que solucionará la cuestión social, sino que "es la solución de la cuestión social, es decir, la abolición del modo de producción capitalista" lo que hará posible la solución de la cuestión educativa4. Sólo la abolición de la propiedad privada capitalista y de la división entre el trabajo manual e intelectual permitirán una verdadera "universidad de los trabajadores", inserción laboral y pleno empleo. En tanto trabajamos por una perspectiva socialista, para generar un movimiento político del estudiantado, crítico de la sociedad actual, que abra una alternativa liberadora y anticapitalista. La Universidad - empresa Las quejas de los capitalistas porque la Universidad -y en general la escuela- no forma personal adecuado a sus necesidades es de larga data. En un trabajo de fines de 1988, la UIA sostenía que "la escuela argentina transmite conocimientos obsoletos y lo que es más grave aún, actitudes y valores negativos que dificultan el progreso personal y de la comunidad"5. Quejas del mismo tenor se pudieron escuchar de la Asociación de Bancos, Cámaras empresarias, el Banco Mundial y otros. De aquí proviene un creciente empuje a la subordinación de los contenidos de la enseñanza a las necesidades del capital. En buena parte esta tendencia está operando a través de la transformación gradual de la misma universidad en empresa capitalista, proceso en el cual juega un rol relevante el ahogo financiero de la educación. En realidad se trata de una tendencia que ya está plenamente en desarrollo en otros países, en primer lugar en Estados Unidos. Crecientemente las universidades norteamericanas están vendiendo la producción de conocimiento a los capitales; para esto utilizan mano de obra no asalariada -los estudiantes- o muy barata -los profesores investigadores6. Las universidades firman contratos de investigación con la industria, patentando inventos, dando licencias de tecnología, formando asociaciones con el mundo de los negocios y ofreciendo cursos de entrenamiento a las industrias. Se comercializa tecnología informática, investigación en medicina, biología, química, economía e incluso sociología. En Canadá también se está en este curso, y lo mismo se detecta en México y otros lugares de América Latina. De esta manera las universidades están produciendo valor y plusvalor. El conocimiento, incorporado a las innovaciones, siempre jugó un rol muy grande en la competencia capitalista, pero hoy la misma producción de ciencia y tecnología es comercializada; o sea, el conocimiento se transforma en mercancía. También en Argentina se está avanzando en esta dirección y la Ley de Educación Superior da forma y refuerza esta tendencia; la búsqueda de recursos ante el ahogo presupuestario se usa como justificativo para
Por supuesto, parafraseamos a Engels cuando criticaba a los que pensaban que la solución de la cuestión de la vivienda solucionaba la cuestión social. "Mutatis mutandi" se aplica al discurso sobre educación de muchos reformadores, la dirección de CTERA o de la Franja.
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"Estudio sobre la oferta y la demanda laboral de graduados universitarios en la Argentina", elaborado para la UIA por el Instituto Gallup de la Argentina.
5

Robert Ovetz (1996): "Student Struggles and the Global Entrepeneuralization of the Universities" en Capital & Class Nº 58.
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avanzar. Así se venden cursos de idiomas, cursos de postgrado, de especializaciones y se establecen acuerdos comerciales con empresas privadas. Económicas y UTN han firmado convenios que implican la venta de conocimientos e investigación. En Medicina, Farmacia y otras facultades están en marcha planes en el mismo sentido. En algunos casos son con el Estado, como sucede en Económicas -con la Auditoría General de la Nación, la Secretaría de Hacienda-; otro ejemplo es el convenio de la escuela de Antropología, de la Universidad Nacional de Rosario, con la Municipalidad, para proveer asistencia a trabajos comunitarios. Casos parecidos se encuentran a lo largo y ancho del país. El sistema de pasantías -que implica mano de obra barata para las empresas- también crece. Están muy extendidas en Económicas, Ingeniería, Comunicación. Techint, Quilmes, Siemens, Siderca, Siderar, Clarín, las telefónicas, y otras empresas están operando con el sistema de pasantías con relación a universidades y/o colegios de formación profesional. Los institutos de formación de enfermeras es otro ejemplo de fuente de mano de obra barata -o prácticamente gratis- para clínicas y hospitales. A medida que la universidad se transforma en empresa la toma de decisiones en materia de enseñanza se somete a las leyes del mercado, ya que la institución educativa se convierte en una parte productiva del capital. Por eso se tenderá a investigar lo que es rentable como mercancía, mientras que los estudios no convenientes para el sistema (por ejemplo, investigaciones críticas en ciencias sociales) no encontrarán "mercado". El capital intentará aprovechar de manera creciente una mano de obra capacitada y barata que el aparato educativo le proporcionará en abundancia. Obsérvese que este proceso conecta con la proletarización de sectores de la docencia universitaria, que también tiene su correlato en la flexibilización y precarización del trabajo de los docentes en general. Por supuesto, la arancelación universitaria se inscribe en el mismo proceso de sometimiento de la universidad a las necesidades del mercado, de mercantilización del conocimiento y de introducción de las pautas "racionalizadoras" en la producción de egresados.