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ORIGENES DEL CATOLICISMO NACIONAL EN ARGENTINA.

Desde la Revolución de Mayo la fe católica organizada como “la Iglesia del


Virreinato del Rio de la Plata”, mantuvo una posición afrancesada, libertaria
y constitucionalista, queriendo desde su emancipación política, acompañar
el patriotismo jacobino local con una posición filo jansenista en lo teológico
doctrinario y así poder romper con la dependencia que le era impuesta por
el Rey de España, Fernando VII.

Los ideales galicanos, encuadrados en la doctrina de Arnauld y Madame


Guyon de la Motte, ocupaban un espacio importante en la Mittel-Europa y la
pluma de autores eclesiásticos como De Pradt, Llorente y Villanueva,
influenciaban al catolicismo del Rio de la Plata, que manifestaba en sus
conventos y curatos la necesidad de obtener un Concordato o carta de
autonomía de la Santa Sede.

La Iglesia de Buenos Aires enfrentaba al cesáreo-papismo de Pio VII y León


XII, con la preclara inteligencia del Presbítero Diego Estanislao Zavaleta,
quien fuera autor del polémico articulo 12 del Congreso General
Constituyente de 1824, que establecía la primera ley nacional de tolerancia
religiosa, permitiendo que súbditos ingleses, holandeses o franceses,
practicasen libremente su religión anglicana, presbiteriana, reformada o
hugonote; en 1825 este mismo sacerdote impulsaba una nueva ley de
libertad religiosa, bajo el lema de “en comunión con Roma, sujetos no” y de
ese modo la Iglesia Católica de la nueva república se perfilaba como una
iglesia autónoma al papado romano.

El espíritu autonomista y regalista de la Iglesia Católica en las tierras del


plata, obligo al Pontífice Pio VII a que ante la ausencia de obispos españoles
para enviar a la ex colonia, crease la figura del “obispo titular”, un obispo
sin territorio, o sea que consagro obispos a los vicarios apostólicos
residentes en América pero no les concedió jurisdicción propia.

Roma, siguiendo una antigua tradición, a cada obispo titular de la naciente


república del Rio de la Plata, le daba un territorio que en realidad ya no
existía, denominado (en tierras de infieles) “in partibus infidelium”, era una
antigua sede episcopal que había quedado desierta por causa del avance
del Islam, o que dicha sede y ciudad hubieran sido destruidas por
cataclismos, guerras o cambios territoriales.

En la naciente república, la Iglesia Católica declaradamente autonomista a


la hegemonía de Roma, propuso a Fray Justo Santa María de Oro como único
postulante al recientemente creado obispado rioplatense, ante la presión de
las autoridades patriotas y para evitar el sisma el papado nombro a este
obispo como titular Taumasence de una mítica región incaica, pero se negó
rotundamente a nombrarlo como diocesano.

El asesinato del Coronel Manuel Dorrego a manos del partido anti católico
de las fuerzas rivadavianas bajo la conducción del Gral. Juan Galo Lavalle en
noviembre de 1828 frustro el movimiento católico independentista, y el
Gral. Juan José Viamonte como Gobernador Interino, ( Junio a Diciembre de
1829 ) negocio el reconocimiento internacional para la nueva República por
el Papa, a cambio de esto , la República otorgaba al vicario de Roma
potestad sobre la jurisdicción del Rio de la Plata, reconociéndolo a
perpetuidad como Obispo Primado de Honor.

La derrota del papado por Napoleón Bonaparte obligo a la Iglesia Romana a


la firma de un concordato donde renunciaba a la autoridad sobre todos los
obispados de Francia, los cuales pasaban a ser independientes de Roma y
subordinados al gobierno francés; el concordato dividió a los católicos
platenses, los sacerdotes Pedro Ignacio Castro Barros, José Manuel Estrada y
Mariano Medrano se declararon abiertamente papistas y de ese modo
obtuvieron finalmente que durante el primer gobierno de Juan Manuel de
Rosas el papado nombrara como primer Obispo Diocesano de Buenos Aires,
a Don Mariano Medrano, destituyendo a los sacerdotes revolucionarios y
regalistas que junto a Fr. Justo Santa María de Oro y Estanislao Zavaleta
habían luchado desde 1810 por una Iglesia Católica Autónoma y Nacional.

Otro intento autonomista fue el del gobernador de San Juan, Salvador María
del Carril, que aprobó en 1825 la famosa “Carta de Mayo”, documento
independentista que otorgaba autonomía religiosa a su provincia, pero los
papistas desde el unitarismo porteño, insuflados por el Padre Mariano
Medrano enviaron fuerzas militares que pusieron sitio a la capital
sanjuanina, derrocando al gobernador y hasta quemaron en la plaza
publica el decreto sobre la ley de libertad religiosa.

La idea de una Iglesia independiente de Roma, nacida en Buenos Aires a


través de los dominicos y franciscanos, se extendió a Bolivia y Perú, por el
contrario Chile permaneció siendo un baluarte papista.

En 1824, el Papa León XII envió a América del Sur “la misión Muzi ”,
encabezada por el Vicario Apostólico Monseñor Giovanni Muzi, auxiliado por
su secretario el joven sacerdote Giovanni Mastai Ferretti, que veintidós años
después asumiría la Santa Sede bajo el titulo de Pio IX en 1846.

La misión Muzi fracaso estrepitosamente. El gobierno de Buenos Aires no


reconoció oficialmente al legado papal, no lo recibieron en el puerto de Bs.
As. Y fue declarado persona no grata por los autonomistas, liderados por el
Padre Zavaleta, y por la mayoría de ex frailes regulares, dominicos,
recoletos, jesuitas y franciscanos, que se habían secularizado; la misión
Muzi debió abandonar Buenos Aires rumbo a Córdoba, escapando de los
indignados sacerdotes independentistas, de allí pasaron a lomo de mula
hasta Chile y luego por barco hasta Montevideo donde finalmente pudieron
embarcar a Italia.

En 1830 la Confederación Argentina, devolvió los conventos secularizados


por Rivadavia, a los sacerdotes locales a cambio del reconocimiento oficial
del Papa al gobierno rosista, época que duro veinte años y durante la cual el
gobierno nacional, de marcada influencia regalista nombraba los Obispos
que luego cabía al Papa la confirmación de los mismos.

La idea de una Iglesia Argentina separada administrativamente de Roma


estuvo posteriormente apoyada por los gobiernos de Sarmiento, Mitre y
Roca, pero la instauración del Poder Papal en la Santa Sede a partir del
Concilio Vaticano de 1870, con el Dogma de la “ Infalibilidad Pontificia” de
Pio IX, el cual nunca olvidó la humillación sufrida en 1824 durante la misión
Muzi, hizo que ante la necesidad de la mediación del Vaticano en política
internacional, doblegara a la República Argentina en todas sus
pretensiones separatistas del clero conciliarista y vinculado a los postulados
de la Sede de Utrecht y a la teología del Dr. Ignaz Von Dollinguer .

A partir de 1905 el clero autonomista de la Iglesia Argentina fuera


reemplazado totalmente por elementos romanistas y así fue hasta el inicio
de la década del ´70, donde los ideales del Deán Funes, Fray Justo Santa
María de Oro, Alberti o Zavaleta, renacieron en la politización del clero, ya
sea en las Asambleas de Obispos Nacionales, el Consejo Episcopal de
América Latina (CEPAL), o los Sínodos de Puebla y Medellín, Sacerdotes
Obreros, Movimiento del Tercer Mundo y Sacerdotes Casados.

Las doctrinas marxistas generan dentro del catolicismo argentino, una


fuerte corriente de repudio, y el anti comunismo local, se divide en dos
sectores, uno conservador y papista, que se organiza bajo la directriz de
obispos, como Pio Lagui Tortolo, Bonamin, Plazza, Aramburu, etc. Y que
cuenta con pleno apoyo vaticano, y con el beneplácito de las Fuerzas
Armadas, que gobiernan el país desde 1966 hasta 1973, y desde 1976 hasta
1983.

El otro sector del catolicismo es nacional y regalista, proponía la separación


de Roma y la creación de una Iglesia Nacional, semejante a la Iglesia
Católica de Méjico, surgida durante el Gobierno del Gral. Calles en 1927, o al
cisma brasilero del Arzobispo de Botocatu, Mons. Carlos Duarte Costa en
1947, amparada en la doctrina humanista del Justicialismo, y con la guía
doctrinaria del Sacerdote Pedro Ruiz de Badanelli, exilado desde el golpe
militar de 1956, y que a su retorno a Argentina en 1964, era el líder
espiritual de otros sacerdotes autonomistas y anti comunistas.

El Sacerdote Católico, Leonardo Morizio Dominguez, Capellán militar,


abandono la iglesia romana y se sumo a los sacerdotes ordenados en Brasil,
Alejandro Evaristo Geist, Guillermo Horacio Campos Inciarte y Oscar Álvaro
Quintero Robledo, con los cuales se fundo la Congregación Cristiana Católica
y Apostólica en Buenos Aires, en 1972 este grupo de sacerdotes disidentes,
envían a Leonardo Morizio Dominguez a San Pablo, Brasil, y allí es
consagrado como el primer Obispo Católico no romano de Argentina, por el
Arzobispo Don Luiggi De Mascolo.

El movimiento de sacerdotes nacionales, rápidamente creció y en 1973, los


Presbíteros Samuel Segundo Viccini Laguna , Argentino Garbin, Vicente
Nicolás Parula, Pedro Gianolla, y Pedro Gómez Ruiz de Badanelli, son
consagrados al episcopado junto a los 3 curas de la Congregación Cristiana
Católica de Monseñor Campos Inciarte.

En Noviembre de 1974, El Exarcado Ortodoxo de la Antigua Iglesia de


Ucrania, incardinado al Patriarcado Autocefalo de América, con sede en
Nueva York, envía al Arzobispo Eusebio Santo Pace, para dar reconocimiento
canónico a los Obispos y sacerdotes católicos argentinos que estaban
separados de Roma.

Junto al Arzobispo Pace, desde el Exarcado de Italia, vinieron a Buenos


Aires, el Arzobispo Oscar Cairolli y Fernandez, el Arzobispo Michael de
Valitchy Mons. Vittorio Francescone, los cuales re consagraron a Monseñor
Antonio Lozano Sánchez y a Monseñor Pedro Gomez Ruiz de Badanelli, como
Obispos de Rito Católico Ortodoxo.

La comunidad se registro en la Secretaria de Cultos, como “ Iglesia Católica


Ortodoxa Americana “, y entre sus innovadores postulados doctrinarios,
aceptaba el matrimonio de los sacerdotes y obispos, ponía fin a la
prohibición del divorcio y se declaraba autónoma de toda autoridad
eclesiástica, que residiese fuera del territorio argentino.

El golpe militar de 1976, proscribió de igual manera a los curas


tercermundistas y a los autonomistas, muchos fueron encarcelados,
muertos o exilados, recién en 1983, la Iglesia nacional, pudo reiniciar sus
actividades, de seis sedes y once parroquias, solo quedaba la Iglesia del
Buen Pastor, en la localidad de Virreyes, y de los diez obispos, solo
sobrevivía Monseñor Badanelli, que antes de fallecer, consagraría a
Monseñor Eugenio Tenca Rusconi, Oscar Arnedo Camino y Bruno Tinivelli
Fangelli.

El movimiento autonomista cuenta en el año 2008, con mas de 22 Obispos,


4 Catedrales, centenas de parroquias y sacerdotes, organizados de modo
episcopal, pero autónomos entre si, el catolicismo no romano de argentina,
continua su marcha, venciendo al tiempo y a las circunstancias.

Alfredo Montrezza

2 de Agosto de 2008