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CONSTRUCCIONES EN PSICOANALISIS ¿VERDAD O POESIA?

Antonio García de la Hoz


- Clínica y Análisis Grupal, 54, (Vol.12), 217-227, Madrid. (1990)

El poeta no puede por menos de ser algo psiquiatra, así como el


psiquiatra algo de poeta
(Freud, 1907a)

Tu esfuerzo y tu dirección indeclinable se cifran en dotar a lo real de


forma poética; buscan los demás el dotar de realidad a lo poético. a lo
imaginativo, y de ahí no pueden salir sino sandeces.
(Goethe, Poesía y Verdad. Palabras de Merck a
Goethe que éste hizo suyas)

Konstrucktionen in der Analyse (Freud, 1937d),


trabajo que a menudo he denominado en mi enseñanza como
el testamento técnico de Freud, plantea una cuestión de
vital importancia que no siempre se ha comprendido
acertadamente. Se trata de saber cuándo lo comunicado
por el analista al analizando responde o no a la verdad
histórica del mismo. O dicho de otra manera, cómo
averiguar si lo presentado al paciente es correcto o no.
dado que Freud, como Goethe, es un apasionado defensor
de la Verdad, parecería que ésta ha de corresponder con
la Historia y las construcciones del analista han de
ajustarse a ésta para ser denominadas correctas. pero
son oportunas ciertas matizaciones.

El texto freudiano es ejemplar en cuanto a la


exposición de un movimiento dialéctico. parte de una
crítica sutil formulada al Psicoanálisis con respecto a
hecho de que se ajustaría al aforismo Heads I win, tails
you lose. Si la interpretación que el analista formula
es aceptada con un "si" por el analizando, Heads I win,
la interpretación es correcta. Si es rechaza con un
"no", Tails you lose, el analizando pierde puesto que se
está resistiendo. Con lo que el psicoanalista siempre
tiene razón frente al "pobre diablo" inerme que estamos
analizando.

Enseguida Freud nos va a demostrar la relatividad de


los 'sies" y de los "noes". Partiendo del NO=resistencia
y el SI=bien, llega a la concepción del SI=resistencia.
Lo principal se encuentra en otro lugar: En las formas
indirectas de confirmación, que no se vinculan con la
aceptación o el rechazo explícito de lo presentado, sino
con un efecto de conmoción que provoca reacciones muy
particulares en los pacientes. Tanto el "si" como el
"no" sin más, no significarían nada. Lo fundamental es
la reacción posterior. Freud deja aquí la palabra a
Nestroy, en una de sus farsas Der zerrisen, ("El
desgarrado"), cuando uno de sus personajes -un criado-
afirma: "Todo se aclarará en el curso de los
acontecimientos futuros" (OC-3370)

De esta forma, una construcción que deje


inconmovible al paciente, tanto si responde a ella con
un "si" o con un "no", sería incorrecta. Lo importante
es que provoque una reacción posterior, que ponga en
marcha o relance el proceso analítico y no que lo cierre
o lo complete con la aceptación o el rechazo. Freud
coloca a continuación las palabras que se me antojan
fundamentales del trabajo:

El camino que empieza en la construcción del analista


debería acabar en los recuerdos del paciente, pero no siempre
se llega tan lejos. Con mucha frecuencia no logramos que el
paciente recuerde lo que ha sido reprimido. En lugar de ello, si
el análisis es llevado correctamente, producimos en él una
forme convicción de la verdad de la construcción que logra el
mismo resultado terapéutico que un recuerdo vuelco a evocar.
El problema de en qué circunstancias ocurre esto y de cómo es
posible que lo que parece un sustituto incompleto produzca un
resultado completo, todo esto contribuye el objeto de una
investigación posterior. (OC-3371, subrayado mío)
Es la tesis principal de este artículo de Freud, que
ahora, en sus últimos años (de hecho le quedan dos de
vida), se coloca en las antípodas de su inicial teoría
del trauma en las neurosis. En el inicio buscaba
afanosamente el acontecimiento traumático y además con
total convicción de halarlo. Para comprobar esto no
tenemos mas que leer el "caso Lucy" y una nota al pie
del mismo (OC-93, nota 38). Toda la trayectoria
freudiana que culmina con la famosa carta 69 a Fliess,
está preñada de su creencia total en la verdad histórica
de los hechos clínicos hallados. la teoría traumática de
las neurosis, así como su correlato fenoménico, la
teoría de la seducción, dieron paso más adelante a la
teoría del complejo de Edipo y de las fantasías
inconscientes. Freud, de todos modos, y al menos
públicamente, no renunció de manera total a esta teoría
traumática, que volveremos a encontrar en un trabajo
sobre la sexualidad femenina (Freud, 1931, OC-3086).
Ahora es la madre o sus sustitutos, con sus cuidados
corporales y de limpieza del niño/a, quien iniciaría la
seducción temprana.

Freud, en 1937, nos viene a decir que lo que


presentamos al analizando, ¡si el análisis es
correctamente llevado!, puede tener la misma validez
terapéutica que el recuerdo confirmado históricamente;
que un sustituto incompleto (la construcción) puede
producir un resultado completo (terapéutico), aún si el
paciente no puede asegurar que aquello le ha ocurrido o
no. Es un pena que Freud nos deje con la miel en los
labios al anunciar que es una investigación posterior la
que debe esclarecer en qué características ocurre esto.
Porque la pregunta vuelve a plantearse: ¿Cómo catalogar
un análisis de correcto?

Podemos esbozar un intento de respuesta. Y para ello


daremos a Goethe la palabra. Creo que la idea freudiana
expuesta en Construcciones en análisis tiene raíces en
el pensamiento de Goethe, en concreto con la
autobiografía del mismo, Poesía y Verdad.

Antes hay que señalar algo obvio y muy importante.


Una construcción correcta, que no se deje impresionar
por un "sí" o un "no", debería ser aquella que no deje
síntomas tras de sí (es decir,terapéutica) y/o que
provoque asociaciones, recuerdos o impresiones que
relancen el proceso analítico. Cuando un sujeto demanda
ayuda psicoanalítica, no olvidemos, ya ha intentado una
solución fallida a su historia, ya se ha "construido"
unas explicaciones para lo que le pasa o siente; pero no
han bastado, no han sido correctas puesto que no
produjeron alivio, y sobre todo han estancado el proceso
de elaboración (Verarbeitung), deparándole angustia,
síntomas, etc... Por lo tanto, lo que busca en el
análisis, lo manifieste o no, es otra construcción, algo
que le de sentido a su biografía, una autocomprensión
que le permita salir del callejón sin salida a que fue a
parar en sus propias elaboraciones. De ahí la utilidad
de las construcciones hipotéticas, con núcleo de verdad,
del analista, sin importar si alguna vez es errónea: Si
es así, simplemente "desaparece como si nunca se hubiera
hecho" (OC-3368)1

A la tesis freudiana de Construcciones en análisis


sólo faltaría, en mi opinión, agregarle el factor de la
relación trans- y contratransferencial, que aunque
implícito, no queda suficientemente subrayado:

El trabajo analítico...afecta a dos personas, a cada una de


las cuales le es asignada una tarea distinta. Por un momento
puede parecer extraño que este hecho tan fundamental no hay
sido señalado hace tiempo (OC-3368)

1 Para la cuestión de las falsas interpretaciones, ver Glover, 1931 y 1856


Podríamos definir la terapia psicoanalítica como la
construcción de la biografía del sujeto en el seno de la
relación actual trans- y contratransferencial; relación
no dual, no fusional ni empática, sino dialéctica, de
rememoración, de construcción. Siempre me pareció
oportuna la concepción de la finalización del análisis
que formuló Lacan (1954): Un paciente inicia su análisis
hablando de él sin tener en cuenta al psicoanalista, o
hablando al psicoanalista sin tenerse en cuenta a sí
mismo. Cuando consigue hablar de sí mismo al
psicoanalista, puede decirse que el análisis ha
terminado. Esta definición se ajusta a lo planteado por
Freud, en cuanto se marca que la relación es
intersubjetiva, y dialéctica, añadiríamos nosotros,
aunque uno de los sujetos (el analista) no ponga (al
menos de manera explícita) el material para analizar.
Debe ser intersubjetiva, ha de haber una transferencia y
contratransferencia individualizada y puesta en juego,
que sirva de continente para las construcciones que
presentamos; y dado que no vamos a poder estar
completamente seguros de si han acaecido o no en la vida
del sujeto (puesto que éste no lo va a poder
certificar), al menos vamos a comprobar su efecto de
verdad en el aquí y ahora, por esos signos indirectos
que nos dice Freud en el artículo. Y eso es lo que
buscamos: Un efecto de verdad, del cual es lícito
preguntarse: ¿Es verdad o poesía? Cuando formulamos
construcciones correctas (e interpretaciones) producimos
algo que no está demasiado lejos para ese analizando
concreto e individual, de un acto poético, pues se
encuentra conmovido. Con esas construcciones ejercemos
una labor simultánea de poesía y verdad. En ese momento
somos a la vez psicoanalistas y poetas para ese sujeto
concreto; hemos aunado saber teórico y técnico con el
arte de exponerle a un sujeto su historia. Nos hemos
convertido en Dichter.
¿Qué nos enseña Goethe en esta dimensión?

Goethe aborda la construcción de su biografía


alrededor de 1809, cuando ronda los 60 años. En plena
madurez de pensamiento (1811) da inicio a Poesía y
Verdad. Es cierto que no es una autobiografía completa
que alcance el momento mismo de la redacción, pero el
mismo Goethe afirma:

Esos años posteriores debo exponerlos más bien en forma


de anales; y en ellos, más que mi vida, debe aparecer mi
actuación [en efecto así ocurrió, ver Diarios y anales]. En
términos generales, la época más principal en la vida de un
individuo es la de su desarrollo; y por lo que a mi respecta, ya
la tengo expuesta en los abultados volúmenes de Poesía y
verdad (Conversaciones con Goethe, Eckermann, 27 de enero de
1824) (II-1073, Subrayado mío)

Totalmente freudiano. O más bien a la inversa: Freud


es goethiano, y por dos razones. La primera porque para
Freud la época del desarrollo (infancia, pubertad,
adolescencia) es igualmente determinante que para
Goethe. Sólo hace más hincapié en la infancia, lo que
también es opinión de Goethe en multitud de pasajes. La
segunda es que Freud, cuando se planteó la autobiografía
(Selbstdarstellung, 1925d) siguió esa consigna de
Goethe: Sólo la actuación, no la vida personal y
privada. Para los biógrafos de Freud ese texto es
poco,utilizable y como ya he señalado e otro lugar
(García de la Hoz, 1986), para ese fin biográfico, los
hay mejores entre sus propios escritos científicos. En
este sentido, la "autobiografía" de Freud debe
relacionarse con los Diarios y anales de Goethe, en
cuanto al mero relato de hechos y actuaciones, donde lo
personal está escasamente comprometido. Poesía y verdad
es diferente. Posee cierto tono emocional que está
ausente en otros escritos posteriores de índole también
biográfica.

En los Diarios y anales vemos cómo surge en Goethe


la necesidad de escribir sobre su vida:
Pero aquello que de mis esfuerzos de este año (1909) miraba
más resueltamente hacia el futuro, fueron los trabajos
preliminares para esa principal empresa de una autobiografía,
pues había que proceder ahí con cuidado y cautela, ya que
parece cosa delicada eso de querer evocar recuerdos de una
juventud hacía ya tiempo desaparecida. Pero finalmente, quedó
hecho el propósito con la resolución de ser sincero conmigo
mismo y con los demás, y aproximarse todo lo más posible a la
verdad, y siempre que la memoria quisiera ayudarnos. (III-676,
subr. mío)

Goethe se plantea Poesía y verdad sobre dos puntos:


1) Sinceridad consigo mismo y con los otros (realmente
difícil de satisfacer ambos jueces si no es con una
solución de compromiso). 2) Verdad basada en la memoria
(también muy difícil, como Freud ha demostrado hasta la
saciedad, con conceptos como "novela familiar",
"recuerdos encubridores", etc. Los recuerdos conscientes
de la infancia y primeros años no son sino retoños de
verdad, a la que están unidos tras multitud de
operaciones psíquicas, tales como desplazamientos,
condensaciones, inversiones, etc.). Es virtualmente
imposible evitar el escamoteo del olvido o de la
represión necesaria en la vida infantil.1

Comprobamos, pues, cómo los dos pivotes son


planteamientos ingenuos "a priori" del comienzo mismo
del trabajo. Goethe se encuentra de entrada en la misma
posición de Freud, cuando éste sostenía la teoría
traumática de las neurosis.: Creyendo aún en la
veracidad histórica de los recuerdos y relatos de los
pacientes. Progresivamente se irá dando cuenta de la
imposibilidad de seguirlos fielmente. La verdad buscada
se irá entremezclando con la poesía de su recuerdo de la
vida. Dos años después -1811- ya tomó conciencia de la
dificultad insuperable que suponían sus puntos de
partida iniciales e ingenuos, y ello le lleva a la

1 Cansinos opina con justeza psicoanalítica: "Tiende el espíritu a hacer poesía con la historia, y hay

también una valoración afectiva de los sucesos que puja siempre sobre la tasación justa". (II-1456)
recogida de datos fuera de su memoria, en los otros
significativos:

[1811] Apliqueme a escribir la propia biografía... debía de


haber acometido esa tarea cuando aún vivía mi madre, pues
entonces habría tenido yo más cerca aquellas escenas
infantiles, y además, ella, con su vigorosa memoria, habríame
trasladado cumplidamente a aquellos tiempos (III-683, subr.
mío).

Piensa que la memoria de su madre será mejor que la


suya, sin darse cuenta que en definitiva está
constituida por los mismos procesos, y por lo tanto, por
las mismas deformaciones. El "recurrir a la madre" no
estará ausente en Freud cuando se plantea el
autoanálisis (V. carta a Fliess nº 71), ni en los
pacientes de Freud (V. el caso del "Hombre de las
ratas", 1909d, OC-1466). La madre, seguramente, es la
persona menos neutra y objetiva para confirmar o denegar
algo que un hijo le solicite.1 Goethe y Freud parecen
pasar por el mismo proceso, e incluso los pacientes de
éste son alentados a lo mismo.

Más adelante Goethe, que cuando escribe los Diarios


y anales ya se ha percatado del verdadero estado de
cosas, nos dice certeramente:

Tenía yo que describir el desarrollo de un chico que luego


hubo de adquirir importancia, según se produjera en ciertas y
determinadas condiciones, y hacerlo, no obstante, de un modo
conforme en general al psicólogo y a sus puntos de vista.

Habida cuenta de ello, denominé harto modestamente esa


obra, realizada con la más escrupulosa lealtad Poesía y verdad,
íntimamente convencido de que así en lo presente como en el
recuerdo, y todavía más en este último caso, moldea el espíritu
el mundo exterior plásticamente de acuerdo con sus propias
cualidades. (III-684, subr. mío)

1 Freud mismo desaconseja (1918b) esta manera de llenar algunas lagunas mnémicas: "Todo relato que

pudiera ser contado por familiares, respondiendo a averiguaciones y preguntas, está a merced de
cualquier temor crítico que alcance ponerse en actividad. Invariablemente uno llega a lamentar haber
dependido de tal información" (OC-1945, n.1327)
Goethe es claramente consciente ("íntimamente
convencido") del hecho siguiente: Al escribir mi
autobiografía hay un moldeamiento (deformación más o
menos ajustada o enfocada) que ejecuta mi espíritu (el
"aparato anímico" de Freud) hacia el mundo exterior (el
mundo de los objetos), moldeamiento basado en las
propias cualidades de mi espíritu. En la medida en que
ese "moldeamiento" se acerque lo más posible, se enfoque
lo más ajustadamente a las "cualidades de mi espíritu",
tendremos una construcción correcta. Si se separan
"moldeamiento" (la "construcción" freudiana) y lo que
podríamos denominar las propiedades del sí-mismo, la
identidad personal íntima, tendremos una construcción
incorrecta, sintomal, patológica... como queramos.
Goethe ha entrado ya en el mundo de la poetización de
los recuerdos y por eso, por hacer como los psicólogos,
titula su biografía Poesía y verdad, pues debido a los
efectos del moldeamiento del "mundo exterior por el
espíritu", no puede adivinar dónde acaba la verdad
(histórica o biográfica) y dónde empieza la poesía
(moldeamiento del espíritu).1 Goethe insiste en que esa
poetización o moldeamiento espiritual de los objetos
exteriores (por ejemplo, escribir un libro
autobiográfico), es especialmente pertinente para los

1 Explicando el título de su trabajo, Goethe escribe en una carta las frases siguientes: "Por lo que se refiere

al título.... de esas confidencias de mi vida, motívase el hecho de experiencia de que siempre abriga el
público alguna duda tocante a la veracidad de tales ensayos biográficos. Para obviar esta duda opté por
una suerte de ficción... pues era mi intención más seria representar y expresar en todo lo posible lo
fundamentalmente verdadero que se hubiese dado en mi vida, en cuanto a mi se me alcanzase. Más no
siendo posible semejante cosa en edad ya avanzada sin dejar entremeterse el recuerdo posterior
(Ruckerinnerung), y por ende, también a la fuerza de la imaginación, viniéndose en cierto modo pues, a
echar mano del caudal poético, resultaba evidente que hemos de exponer y de resaltar antes los resultados
que ahora del pasado tenemos, que no los pormenores aislados según en su tiempo ocurrieron... Todo
esto, que al narrador y a la narración atañe, lo he comprendido aquí bajo el nombre de poesía, para poder
servirme para mis fines de lo verdadero de que soy consciente" (II-1455)
recuerdos pasados, aunque también funciona en el
presente actual. Son frases decisivas y muy pertinentes
para entender el pasaje de Freud arriba expuesto.

La tesis de Poesía y verdad, por lo demás, es


aplicada por Goethe no sólo a sí mismo y a sus
recuerdos, sino a la Historia en general. Por ejemplo,
en las Conversaciones (15-X-1825) afirma lo siguiente
del mundo romano:

Hasta hoy creyó el mundo en el heroísmo de una Lucrecia y


un Mucio Sceuda; y ese heroísmo alentaba y entusiasmaba.
Pero hoy viene la crítica histórica y nos dice que esos
personajes no existieron jamás y que no son sino fábulas y
ficciones inventadas por el sentido grandiosos de los romanos.
Pero, ¿de qué puede servirnos tan pobre verdad? Ya que los
romanos fueron lo bastante grandes para inventar tamañas
cosas, nosotros deberíamos, cuando menos, tener la suficiente
grandeza para creérnoslas. (II-1112)

Y también, más pertinentemente, de la grandeza de


los griegos (Conversaciones, 31-1-1827)

La grandeza de los griegos, en este punto, consiste


precisamente en que daban más importancia que a la verdad del
hecho histórico. al modo como el poeta lo trataba. (II-1145).

¿No son los mismos planteamientos, mutatis mutandis,


de Freud en sus Construcciones en análisis? Lo
importante no es la verdad del hecho histórico (el "sí"o
el"no" freudiano), sino lo que el sujeto hace con la
construcción planteada, con ese acto poético del
analista. la interacción verdad/ficción es decisiva para
la construcción de la personalidad.

Ese efecto de "moldeamiento" o poetización se puede


aplicar al presenta actual, como dijimos. Dentro del
mero acto de autobiografiarse aparecen introvisiones
sorprendentes que nos hacen ver de otra manera lo ya
vivido. Son las ocurrencias espontáneas, esas que Freud
nos ofrece a cada momento mientras está interpretando
sus propios sueños. Son Einfallen que vienen precedidas
por un "se me ocurre que..", o "en este momento me doy
cuenta de..."1 Este efecto le acontece asimismo a Goethe
mientras escribe Poesía y verdad. Por ejemplo, cuando
relata en el libro segundo de la parte primera una
decepción que sufrió por cuestiones de afiliación
política, dice:

Pero ahora que reflexiono [se construye la vida a la vez que


habla o escribe sobre ella] más exactamente, hallo aquí el
germen de aquel desvío, mejor dicho, de aquel menosprecio del
público, que a mí hubo de perseguirme durante toda una época
de mi vida. (II-1483)

Para terminar, una cita más, de nuevo de las


Conversaciones (30-3-1831), a un año de la muerte de
Goethe:

Titulé el libro Poesía y verdad porque en él nos remontamos


por encima del terreno de la realidad rastrera, a impulsos de
tendencias superiores. Jean Paul [J.P. Richter] por espíritu de
contradicción, tituló su autobiografía Verdad. ¡Como si la vida
de un hombre así pudiese ser otra cosa y como si ese autor no
fuese un filisteo de tomo y lomo...! Ningún suceso de nuestra
vida tiene valor por ser verdadero, sino por lo que significa. (II-
1280)

¡¡Como si la cercana muerte hermanara a Goethe y a


Freud en el pensamiento!!

Lo que Goethe nos quiere trasmitir es un llamado


ético, de significado del hecho y no una advertencia
para no seguir la realidad. Esta puede ser o no
"rastrera", pero lo fundamental es el sentido que
adquiere para el sujeto cuando se la apropia. Tras leer
el pasaje anterior, no cabe la menor duda que Freud
bebió en la fuente goethiana para sus Construcciones en
análisis. Acostumbro a denominar la "construcción" como
el delirio lógico del analista.Freud me dio pie para esa
definición cuando comparó la analogía existente entre
las formaciones delirantes en los psicóticos y las
construcciones del psicoanalista:

1 Ver Freud, 1900a: "Me recuerda de repente.." "Recuerdo ahora..." (OC-414 -hasta tres veces -) o

"Recuerdo ahora..." OC-433, y así en multitud de ocasiones)


Los delirios de los paciente se aparecen como los
equivalentes de las construcciones que edificamos en el curso
de un tratamiento psicoanalítico: intentos de explicación y de
curación. (OC-3372)

Claro que uno, el delirio, se define como juicio


falso, morboso e irrebatible a la argumentación lógica,
mientras que la otra, la construcción, es un delirio
lógico del terapeuta y con aspiraciones de verdad, y
ahora, yo añadiría, el acto poético del analista. Si
producimos en el analizando "una firme convicción de la
verdad de la construcción que logra el mismo resultado
terapéutico que el recuerdo vuelto a evocar" es que
hemos hecho poesía, poesía profunda, que conmueve. es el
nivel más alto del tratamiento psicoanalítico, lo que
Goethe llama los efectos de "tendencias superiores".

Freud, a dos años de su muerte, convierte en Poesía


al Psicoanálisis.