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Terrorismo

Internacional.

Políticas de la
UE y de EEUU
para luchar
contra él.

JULIO LLEONART I CRESPO

ASIGNATURA: RELACIONES INTERNACIONALES II


PROFESOR: JOSÉ ELIAS ESTEVE MOLTÓ
ESQUEMA

1.Introducción

2.Concepto

3.Historia

4.Tipos de terrorismo internacional

5.Características del terrorismo internacional

6.Motivos del terrorismo

7.Consecuencias del Terrorismo

8.Instrumentos Internacionales para combatir el Terrorismo

9.Coordinación de las acciones contra el Terrorismo dentro y


fuera del Sistema de las Naciones Unidas

10.Acciones del Consejo de Seguridad contra el Terrorismo.

11.La estrategia de la UE ante el Terrorismo internacional y la


defensa de los derechos y libertades

12.La Estrategia de Seguridad Nacional del presidente Bush

13.La Estrategia de Seguridad Nacional del presidente Obama

14.Conclusiones

15.Bibliografía
INTRODUCCION

Pese a lo que se pueda imaginar o leer en documentos recientes, el terrorismo es un


arma política, religiosa y/o cultural que ha sido utilizada durante siglos en mayor o menor
medida y con mayor o menor impacto. Es bien cierto, por otra parte que en las últimas
décadas, y en gran parte debido a la mediatización de nuestra sociedad y a la propia
globalización, el impacto del terrorismo (en todas sus variantes) ha sido mucho más
acusado. El terrorismo se constituye así tanto en el ámbito interno como en el mundial,
como en una vía abierta a todo acto violento, degradante e intimidatorio, y aplicado sin
reserva o preocupación moral alguna. No es, por lo tanto, una práctica aislada, reciente ni
desorganizada pero no por ello estructurado.

Los fines buscados por esta forma de "guerra" no convencional pueden tener fines
políticos, religiosos, culturales y lisa llanamente la toma del poder por un medio totalmente
ilícito. Por dichas causas, el mundo se ve sacudido diariamente con noticias de atentados
producidos en la vía pública, donde pierden la vida gente inocente y totalmente ajena a
esa "guerra" o intereses diversos.

Este fenómeno es una de las formas de violencia más difíciles de contener debido a que
su campo de acción se extiende más allá de las regiones de conflicto. Es un fenómeno
que se caracteriza por: su violencia indiscriminada, involucrando a víctimas que no tienen
nada que ver con el conflicto causante del acto terrorista.; su imprevisión, actúa por
sorpresa creando incertidumbre, infundiendo terror y paralizando la acción; su
inmoralidad, produce sufrimiento innecesario, golpeando las áreas más vulnerables; ser
indirecto, el blanco instrumento es usado para atraer la atención y para ejercer coerción
sobre la audiencia o un blanco primario, a través del efecto multiplicador de los medios de
comunicación masivos. A los actos terroristas debe responderse por medio de normas
jurídicas que contemplen su prevención y sanción.

CONCEPTO

En su sentido más amplio, el terrorismo es la táctica de utilizar un acto o una amenaza de


violencia contra individuos o grupos para cambiar el resultado de algún proceso político.
Ahora bien, el terrorismo puede ser definido de manera más específica tomando en
cuenta diferentes aspectos.

a) Definición gramatical, que siguiendo el diccionario de la lengua española,


editado por la Real Academia Española, lo define así: "(del Latín terror).
Dominación por el terror.// Sucesión de actos de violencia ejecutados para
infundir terror".
b) Definición Histórica, "época durante la Revolución Francesa en que eran
frecuentes las ejecuciones por motivos políticos".
c) Definición Jurídica, que de acuerdo al diccionario de ciencias jurídicas, políticas
y sociales de Manuel Osorio, lo define así: actos de violencia en contra de
personas, la libertad, la propiedad, la seguridad común, la tranquilidad pública,
los poderes públicos y el orden constitucional o contra la administración pública"
d) Definición Militar: " serie de actos de violencia, destinados a infundir terror por
medio de la eliminación de personas. Crea un estado físico y espiritual que
prepara a la población para su captación y conquista y que facilita su
dominación. El terrorismo tiene un objetivo aparente y sin mayor sentido en sí
mismo, como es la difusión del miedo, pero su finalidad real pasada es ,juzgar
al pueblo, a través de la aplicación de un metodología activa y esencialmente
torturante".
e) Definición Política: " No existe una definición política concreta sobre el
terrorismo, Los países occidentales cuando internamente se ven afectados,(...)
lo incluyen dentro de las figuras tipificantes de violaciones, como delitos contra
las personas, la libertad(...).

Externamente, cuando deben calificarlos , lo hacen desde dos puntos de vista. El


primero , si ellos han acaecidos durante el estado de guerra, estarán dentro de las
violaciones a los tratados suscritos, tales como los Convenios de Ginebra de 1949, o de
aspectos particularizados, como aquellos que originaron el Acuerdo y Estatuto de
Londres, del 8 de Agosto de 1945, determinantes del Tribunal de Nuremberg.

Durante el estado de paz, por la aplicación de las normas previstas en la resolución de la


Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1974 , en la cual se define a la agresión,
por la violación de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En conclusión se le puede definir como:

"Es el uso real o amenaza de recurrir a la violencia con fines políticos que se dirige no
sólo contra víctimas individuales sino contra grupos más amplios y cuyo alcance
trasciende con frecuencia los límites nacionales."

El término implica una acción llevada a cabo por grupos no gubernamentales o por
unidades secretas o irregulares, que operan fuera de los parámetros habituales de las
guerras y a veces tienen como objetivo fomentar la revolución. El terror de Estado,
ejercido por un Estado contra sus propios súbditos o comunidades conquistadas, se
considera a veces como una modalidad de terrorismo. Más que la realización de fines
militares, el objetivo de los terroristas es la propagación del pánico en la comunidad sobre
la que se dirige la violencia. En consecuencia, la comunidad se ve coaccionada a actuar
de acuerdo con los deseos de los terroristas. El terrorismo extremo busca a menudo la
desestabilización de un Estado causando el mayor caos posible, para posibilitar así una
transformación radical del orden existente.

Existen además diferentes definiciones según:

· Brian Jenkins:

"Es el uso calculado de la violencia o de la amenaza de la violencia de inculcar miedo; se


prepuso forzar o intimidar a gobiernos o a sociedades en la búsqueda de las metas que
son generalmente políticas, religiosas, o ideológicas." Esta definición fue hecha a mano
cuidadosamente para distinguir entre el terrorismo y otras clases de violencia. El acto del
terrorismo es independiente definido de la causa que lo motiva. La gente emplea violencia
del terrorista en el nombre de muchas causas. La tendencia a etiquetar como terrorismo
cualquier acto violento de el cual no aprobemos es errónea. El terrorismo es una clase
específica de violencia. El terrorismo es el uso ilegítimo de fuerza para lograr un objetivo
político cuando las personas inocentes son los afectados.

· Walter Laqueur:
"Es el asesinato sistemático, la mutilación criminal, y amenaza del inocente para crear
miedo e intimidación para ganar un acto político o táctico y para ser ventajoso ,
normalmente para influir a un público."

· James M. Poland:

"El terrorismo es el uso ilegal o amenaza de violencia contra personas o propiedad.


Normalmente se piensa que intimida o coerce a un gobierno, individuo o grupo, o para
modificar su conducta o política."

· Definición de FBI:

"Es uno de los problemas claves con los que históricamente los países de América Latina
se han tenido que enfrentar. Las causas sociales y económicas de este fenómenos son
ampliamente conocidas. Los gobiernos de América Latina a menudo han respondido al
terrorismo con medidas altamente represivas, que no sólo incluyen a los presuntos
terroristas, si no que violan los derechos fundamentales de la población en general. La
otra respuesta típica, el terrorismo de estado, es la causa mayor de violaciones a los
derechos humanos en el continente."

HISTORIA

El terrorismo ha aparecido una y otra vez a lo largo de la historia. Las sociedades


secretas detectadas en algunas culturas tribales mantenían su influencia valiéndose del
terror. Ya en el siglo XII, un grupo ismailí de los musulmanes shiíes, los 'Asesinos', llevó a
cabo campañas terroristas contra musulmanes suníes.

En Irlanda, grupos protestantes y católicos se aterrorizaron mutuamente tras la Reforma.

En su forma moderna, sin embargo, el terrorismo sistemático recibió un gran impulso a


finales de los siglos XVIII y XIX con la propagación de ideologías y nacionalismos
seculares tras la Revolución Francesa. Adeptos y detractores de los valores
revolucionarios utilizaron el terrorismo tras las Guerras Napoleónicas.

El nacionalismo imperialista que en Japón condujo a la restauración Meiji en 1868 estuvo


acompañado de frecuentes ataques terroristas al shogunado Tokugawa.

En el sur de los Estados Unidos de América, se creó el Ku Klux Klan tras la derrota de la
Confederación Sudista en la Guerra Civil estadounidense (1861-1865) para aterrorizar a
los antiguos esclavos y a los representantes de las administraciones de la reconstrucción
impuesta por el Gobierno Federal.

En toda Europa, a finales del siglo XIX, los partidarios del anarquismo realizaron ataques
terroristas contra altos mandatarios o incluso ciudadanos corrientes. Una víctima notable
fue la emperatriz Isabel, esposa de Francisco José I, asesinada por un anarquista italiano
en 1898. El movimiento revolucionario ruso existente antes de la I Guerra Mundial tuvo un
fuerte componente terrorista.

En el siglo XX, grupos como la Organización Revolucionaria Interna de Macedonia, la


Ustashi croata (que posteriormente se vio involucrada en las Guerras Balcánicas), y el
Ejército Republicano Irlandés (IRA) realizaron a menudo sus actividades terroristas más
allá de las fronteras de sus respectivos países. Recibían a veces el apoyo de gobiernos
ya establecidos, como fue el caso de Bulgaria o de Italia bajo el líder fascista Benito
Mussolini. Este tipo de terrorismo nacionalista apoyado por el Estado provocó el asesinato
de Francisco Fernando de Habsburgo en Sarajevo en 1914, lo que dio origen a la I Guerra
Mundial. Tanto el comunismo como el fascismo utilizaron el terrorismo como instrumento
de su política, contando con defensores entusiastas como Liev Trotski y Georges Sorel
(quien representó intermitentemente ambos extremos del espectro político). La
inestabilidad política existente durante las décadas de 1920 y 1930 dio pie a frecuentes
actividades terroristas. El terrorismo tendió a integrarse dentro del conflicto más amplio de
la II Guerra Mundial.

Terrorismo de la Post-guerra

La manifestación más importante del terrorismo tras la II Guerra Mundial fue la ola de
violencia internacional que tuvo lugar a mediados de la década de 1960. Varios elementos
confluyeron para facilitar y hacer más evidente el terrorismo internacional: avances
tecnológicos, la creación de armas más pequeñas pero con mayor poder de destrucción;
los medios para una mayor rapidez de movimientos y de comunicación que disponían los
terroristas; las amplias conexiones mundiales de las víctimas elegidas y la publicidad que
generaba cualquier ataque terrorista.

Los orígenes de la ola terrorista que se inició en la década de los sesenta pueden
remontarse al conflicto que en el Oriente Próximo enfrenta a las naciones árabes contra
Israel. A finales de la década de los cuarenta, algunos radicales judíos, como la banda
Stern y el Irgun Zvai Leumi, utilizaron el terrorismo contra las comunidades árabes y otros
grupos en su lucha por la independencia de Israel. Durante y después de la década de los
sesenta, sus adversarios árabes decidieron utilizar el terrorismo de forma mucho más
sistemática. La expulsión de guerrillas palestinas de Jordania en septiembre de 1970 fue
conmemorada con la creación de un brazo terrorista extremista llamado Septiembre
Negro. La OLP (Organización para la Liberación de Palestina) ha llevado a cabo
operaciones terroristas y de comando tanto en Israel como en diversos países del mundo.
El terrorismo internacional con base palestina disminuyó durante la década de los
ochenta, en un esfuerzo de la OLP por ganarse el apoyo mundial hacia su causa, pero
surgieron nuevas formas relacionadas con la revolución acaecida en Irán y el auge del
fundamentalismo islámico. Aunque en ningún momento ha sido considerado de tal forma
oficialmente, podría considerarse que Israel ejerce también una especie de “terrorismo de
Estado” contra la facción Palestina en la zona de la Franja de Gaza.

El avance del terrorismo más allá del Oriente Medio en la década de los sesenta fue
evidente en las tres naciones industrializadas en las que la transición del autoritarismo a
la democracia, tras la II Guerra Mundial, había sido más rápida y traumática: Alemania
Occidental, Japón e Italia. En otros Estados occidentales surgieron asimismo grupos
radicales de izquierda, financiados a menudo por gobiernos comunistas durante la guerra
fría. Inspirados en vagas teorías revolucionarias y apoyados por simpatizantes
izquierdistas de distintos sectores sociales, los terroristas intentaban provocar el
derrumbamiento del Estado mediante una reacción violenta y autodestructiva. En
Alemania Occidental, la llamada Facción del Ejército Rojo, más conocida como la banda
Baader-Meinhoff, efectuó numerosos atracos a bancos y asaltó instalaciones militares
estadounidenses. Sus acciones más espectaculares tuvieron lugar en 1977 con el
secuestro y asesinato de un importante industrial, Hans-Martin Schleyer y el posterior
secuestro, realizado por simpatizantes árabes, de un avión de Lufthansa con destino a
Mogadiscio, en Somalia. Al igual que lo hiciera el grupo terrorista japonés Ejército Rojo,
los miembros de la banda alemana colaboraron a menudo con los terroristas palestinos,
siendo de especial relevancia el asesinato de atletas israelíes durante los Juegos
Olímpicos de Munich en 1972. A finales de la década de los setenta, la mayor parte de los
activistas de la Facción del Ejército Rojo se encontraba en prisión o había muerto.

La campaña terrorista llevada a cabo por el IRA tras la II Guerra Mundial surgió a partir del
movimiento irlandés a favor de los derechos civiles de los años sesenta, que reclamaba
mejores condiciones para los católicos de Irlanda del Norte. El terrorismo cada vez más
intenso utilizado tanto por católicos como por protestantes desembocó en la segregación
de ambas comunidades en zonas vigiladas por soldados y en la militarización de Irlanda.
Motivados por una ideología revolucionaria de izquierda y apoyados por Libia y otros
gobiernos simpatizantes de izquierda, el IRA Provisional realizó una serie de explosiones,
asesinatos y otros atentados terroristas dentro y fuera de Irlanda destinados tanto contra
objetivos militares como civiles. La campaña continuó hasta que el IRA declaró un alto el
fuego el 31 de agosto de 1994.

La fuerza de los terroristas italianos, de quienes los más importantes eran las Brigadas
Rojas, puede tener su origen en la tradición anarquista del país y en su inestabilidad
política. Sus actividades culminaron en 1978 con el secuestro y asesinato del antiguo
primer ministro Aldo Moro. El terrorismo de izquierda disminuyó años después, gracias a
las medidas policiales, aunque no desapareció en absoluto. No obstante, el terrorismo de
izquierda pareció aumentar en Italia, tal y como quedó patente en 1980 con la explosión
ocurrida en la estación de ferrocarril de Bolonia. La histórica Galería de los Uffizi de
Florencia fue uno de los objetivos de una serie de atentados terroristas que tuvieron lugar
en 1993, al parecer ejecutados por la mafia. Muchos de estos atentados están hoy
considerados como ejercicios de " propaganda negra" concebidos tanto por la derecha
como por otros grupos para propiciar un clima de inestabilidad favorable a un gobierno
autoritario.

Los movimientos terroristas de Latinoamérica tuvieron sus orígenes en antiguas


tradiciones de conflictos políticos localizados. La principal innovación la constituyó la
creación de los llamados movimientos de guerrilla urbana, ya que las actividades
terroristas se desplazaron desde el campo hasta las ciudades. Sendero Luminoso, grupo
terrorista maoísta del Perú, se convirtió en uno de los ejemplos más sangrientos y
famosos por el uso de tácticas muy cruentas destinadas a desestabilizar el Estado y a
provocar por parte de éste medidas de represión. En la década de los noventa, dentro de
una tendencia existente en Italia, con rasgos específicos por la cual el crimen organizado
emula a los terroristas para promover sus intereses, algunos miembros del cártel de la
cocaína en Colombia utilizaron tácticas terroristas para dificultar la aplicación de las leyes
orientadas a luchar contra el tráfico de drogas. Tanto en naciones del Tercer Mundo como
en otros lugares, se da el fenómeno de que antiguos grupos terroristas se legitiman una
vez que triunfa su lucha y obtienen el control del Gobierno o espacios concretos donde
ejercer el poder. Israel y Argelia son sólo dos ejemplos de Estados cuyos funcionarios y
dirigentes fueron en su día clasificados como terroristas. Los regímenes nacidos en este
tipo de circunstancias pueden mantener sus vínculos con el terrorismo una vez en el
poder. Se sabe que tanto Libia como Irán, ambos con Gobiernos revolucionarios, han
promovido actos de terror, con carácter institucional. Durante la guerra de Vietnam,
Vietnam del Norte respaldó una campaña comunista de terrorismo y subversión en
Vietnam del Sur.

Algunos comentaristas han considerado como terroristas acciones realizadas por agentes
israelíes del Mossad dirigidos contra la OLP y otros objetivos fuera de Israel. Corea del
Norte ha llevado a cabo varios atentados terroristas contra Corea del Sur, como la
explosión ocurrida en Rangún en 1983, en la que murieron 4 miembros del Gobierno y 13
surcoreanos más, y el atentado a un avión de pasajeros de las Líneas Aéreas Coreanas
en 1987 ocasionado por agentes norcoreanos. Existen algunos casos, no obstante,
registrados en el seno de democracias consolidadas, que evidencian la aplicación, a
través de métodos terroristas, del trasnochado y cruel concepto de "razón de Estado"
sobre la ciudadanía o sobre intereses generales. Uno de los ejemplos más
representativos sería el atentado sufrido por el barco estrella de la organización ecologista
Greenpeace, el Rainbow Warrior, en el puerto de Auckland en 1985, por obra de los
servicios secretos franceses.

Uno de los más trágicos ejemplos del terrorismo actual en Europa lo constituye el
protagonizado en España por la banda armada ETA, la cual, con sus constantes
atentados, secuestros, asesinatos y coacciones, ha teñido de sangre el pacífico proceso
español de consolidación de los valores democráticos.

TIPOS DE TERRORISMO INTERNACIONAL

Podemos encontrar tres tipos importantes de terrorismo:

Narco- Terrorismo

Se llama de esta manera a la utilización del tráfico de drogas para promover los objetivos
de ciertos gobiernos y organizaciones terroristas. El narco-terrorismo atenta contra los
derechos humanos esenciales como el derecho a la vida y a la integridad física; a la
tranquilidad y a la honra; a la participación política y a la libertad de expresión y
comunicación, para mencionar solamente los más vulnerados.

Los jóvenes constituyen hoy el segmento más afectado de la población por la droga, el
delito y la violencia. Las organizaciones de narcotraficantes los utilizan. En septiembre de
1989, ante la Asamblea General de la ONU, el representante colombiano propuso un
"Plan de Acción Global contra el narcotráfico y el narco-terrorismo".

Terrorismo nuclear

Este tipo de terrorismo será uno de los más preocupantes en los próximos años. La ex-
Unión Soviética es la principal fuente de esta preocupación. Allí se pueden encontrar
residuos de armas nucleares. Evitar el tráfico ilegal de material radiactivo es muy
importante porque a las sustancias con que se trafica se les puede dar uso militar o
terrorista y porque también puede producir un desastre sanitario.

Otros blancos probables de futuros atentados terroristas son las centrales nucleares. A lo
largo de los últimos años, en el mundo se ha incrementado el numero de atentados
terroristas. Tanto es así, que en agosto de 1994, poco después del ataque contra la AMIA
en Buenos Aires, el Instituto de Control Nuclear de los Estados Unidos giró una directiva a
todas sus centrales en la que advertía que debían considerar con seriedad la amenaza
terrorista y recomendaba la construcción de defensas de hormigón y diques contra
posibles ataques con coches-bomba.

Terrorismo de Estado

Es el uso sistemático, por parte del gobierno de un Estado, de amenazas y represalias,


considerado a menudo ilegal dentro incluso de su propia legislación, con el fin de imponer
obediencia y una colaboración activa a la población. Por su naturaleza es difícil de
identificar, y los conceptos varían en función del carácter de las épocas históricas, zonas
geográficas y características culturales. Los regímenes despóticos del pasado utilizaban
con frecuencia prácticas de este tipo, que las democracias modernas condenarían sin
necesidad de realizar una crítica contemporánea rigurosa.

Las formas más desarrolladas de terrorismo de Estado, para las que el término fue
inventado, han sido los sistemas empleados en el siglo XX bajo el fascismo y el
comunismo. Asimismo, la práctica de terror desde el poder se extendió en el siglo XX bajo
regímenes militares o militarizados en el seno de democracias formales.

Estos regímenes totalitarios se caracterizaban por un monopolio de los medios de


comunicación, la imposición de una ideología monolítica, la exigencia no sólo de
obediencia sino de participación activa en las medidas policiales del Estado, y un aparato
de policía secreta y de campos de concentración para disciplinar e incluso exterminar a
los adversarios y disidentes. Los líderes potenciales de la oposición eran aislados,
encarcelados, exiliados o asesinados.

A menudo, los tentáculos del aparato del Estado se extendían hasta el extranjero y
atacaban a enemigos que pertenecían a la población en el exilio, como fue el caso del
asesinato de Liev Trotski en México a manos de agentes estalinistas. Los componentes
de muchas organizaciones nacionales de seguridad e información han utilizado métodos
ilegales para hacer frente a los adversarios, tanto dentro como fuera del país. Lo que
diferencia estos episodios de un sistema donde se aplica el terrorismo de Estado es la
importancia de la operación y el total respaldo de la clase dirigente. En efecto, el aparato
de terror, el Estado y el partido en el gobierno suelen estar relacionados de un modo
indisociable. El sistema acaba destrozando a menudo a los elementos de su propia
cúpula, como sucedió con el líder nazi Ernst Röhm, jefe de la Sección de Asalto (SA), y el
jefe de la policía secreta soviética Lavrenti Beria, ambos ejecutados por las mismas
organizaciones que ellos crearon o dirigieron.

En otro plano, algunos regímenes han recurrido a medios extralegales para eliminar a
elementos específicos de la población, en especial en lo que a proscritos y presuntos
delincuentes se refiere.
Las manifestaciones autoritarias extremas del terrorismo de Estado han servido de
inspiración para una vasta literatura, conocida como ‘novela antiutópica’, donde destacan
las obras El cero y el infinito de Arthur Koestler y 1984 de George Orwell, en las que la
globalidad del terror convierte a los hombres en meros instrumentos mecánicos de
quienes ejercen el poder.

Terrorismo ideológico o religioso/cultural

Tras los atentados del 11-S, el 11-M, el de Londres en 2005 y diversos atentados
terroristas propiciados por corrientes radicales islámicas, una nueva forma de terrorismo
que incluye el autosacrificio de aquellos que provocan el atentado terrorista se ha ido
instaurando sobre todo el occidente (aunque se trata de una fórmula que se ha visto
repetida hasta la saciedad en sus países de origen). Este tipo de terrorismo es uno de los
que más preocupa en la actualidad, por su imprevisión y difícil contención.

CARACTERÍSTICAS DEL TERRORISMO INTERNACIONAL.

1. Su violencia indiscriminada: extiende sus efectos a la totalidad de la población.


2. Su imprevisión: actúa con sorpresa infundiendo terror.
3. Su inmoralidad produce sufrimiento innecesario: golpean las áreas más
vulnerables.
4. Es indirecto: desvía la mirada de la población a un punto, que no es el blanco que
se proponen.
5. El escape de la religión y en alguna medida del nacionalismo y sus conceptos
básicos, producto de la Globalización que desconoce fronteras.
6. El auge de la toma de rehenes y escudos humanos. Por ejemplo: Los serbios de
Bosnia tomaron de rehenes a cascos azules de Naciones Unidas, para evitar el
bombardeo de la O.T.A.N.
7. El Terrorismo por cuenta propia que tiene como blanco a la población civil.
8. Participación creciente de militares, ex – militares, y miembros de los servicios de
inteligencia.

MOTIVOS DEL TERRORISMO

Los estudiantes del terrorismo los clasifican en tres categorías: racional, psicológico, y
cultural. Un terrorista puede ser formado por combinaciones de éstos.

Motivación racional

El terrorista racional piensa con sus metas y opciones, haciendo un análisis de costes y
beneficios. Él intenta determinarse si hay maneras menos costosas y más eficaces de
alcanzar su objetivo que terrorismo. Para evaluar el riesgo, él pesa las capacidades
defensivas de la blanco contra sus propias capacidades para atacar. Él mide las
capacidades de su grupo para sostener el esfuerzo. La pregunta esencial es si el
terrorismo trabajará para el propósito deseado, dado condiciones sociales en ese
entonces. El análisis racional del terrorista es similaral de un comandante militar o de un
empresario de negocio que considera líneas de conducta disponibles.

La historia reciente ofrece ejemplos de varios grupos que tenían perspectivas al parecer
buenas del éxito que pagó el precio de la reacción al terrorismo. En los años 70s, el
Tupamaros en Uruguay y el ERP (ejército revolucionario de la gente) y Montoneros en la
Argentina provocaron una reacción popular hostil al terrorismo. Empujaron a las
sociedades más allá de su umbral de la tolerancia y fueron destruidos consecuentemente.
Igual es verdad de varios grupos que funcionan en Turquía en último los años 70 y,
posiblemente, varias familias de Mafiosi en Italia en los años 90.

Motivación Psicológica.

La motivación psicológica para el terrorismo deriva del descontento personal del terrorista
con su vida y las realizaciones. Él encuentra su razón en la acción dedicada del terrorista.
Aunque no se encuentra ninguna sicopatía clara entre terroristas, hay un elemento casi
universal en ellos que puedan ser descritos como " los terroristas verdaderos ." Incluso no
consideren que pueden ser incorrectos y que otros visión puede tener cierto mérito. Los
terroristas tienden para proyectar sus propias motivaciones antisociales sobre otras, el
crear polarizado " nosotros contra ellos " perspectiva. Atribuyen solamente motivos
malvados a cualquier persona exterior su propio grupo. Esto permite a los terroristas
deshumanizar a sus víctimas y quitar cualquier sentido de la ambigüedad de sus mentes.
La claridad que resulta del propósito suprime a las que anhelen violencia para relevar su
cólera constante.
La otra característica común del terrorista psicológicamente motivado es la necesidad
pronunciada de pertenecer a un grupo. Con algunos terroristas, la aceptación del grupo es
un motivador más fuerte que los objetivos políticos indicados de la organización. Tales
individuos definen su estatus social por la aceptación del grupo.

Los grupos del terrorista con motivaciones internas fuertes encuentran necesario para
alinear la existencia del grupo continuamente. Como mínimo, debe cometer actos
violentos para mantener autoestima del grupo y legitimidad. Así, los terroristas realizan a
veces los ataques que son objetivos no productivos o aún ineficaces a su meta
anunciada.

Otro resultado de la motivación psicológica es la intensidad de la dinámica del grupo entre


terroristas. Tienden para exigir unanimidad y para ser intolerante de la disensión. Con el
enemigo claramente identificado e inequívoco mal, la presión de extender la frecuencia y
la intensidad de operaciones está siempre presente. La necesidad de pertenecer al grupo
desalienta dimisiones, y el miedo del compromiso rechaza su aceptación. Se rechaza el
compromiso, y los grupos del terrorista se inclinan hacia posiciones del maximalista. Esto
puede explicar porqué los grupos del terrorista son propensos a fracturar y porqué las
astillas son con frecuencia más violentas que su grupo del padre.

Motivación Cultural.

Las culturas forman valores y motivan a gente a las acciones que se parecen
desrazonables a los observadores no nativos. Los americanos son renuentes apreciar el
efecto intenso de la cultura en comportamiento. Validamos el mito que el comportamiento
racional dirige todas las acciones humanas. Aunque el comportamiento irracional ocurre
en nuestra propia tradición, intentamos explicarla por otros medios. Rechazamos como
increíble las cosas tales como el comportamiento de uno mismo-destructivo del grupo
cuando los observamos en otros. Opinión con incredulidad las cosas tales como la
disolución de un estado viable para el motivo de la pureza étnica cuando los militares que
resultan son económicamente anémicos.

El tratamiento de la vida general e individual en detalle es una característica cultural que


tiene un enorme impacto en el terrorismo. En las sociedades en donde la gente se
identifica en términos de la calidad de miembro de grupo (familia, clan, tribu), puede haber
una buena voluntad para sacrificarse. Ocasionalmente, los terroristas parecen ser
impacientes para dar sus vidas por su organización y causa.

Otros factores incluyen la manera de la cual se acanala la agresión y los conceptos de la


organización social. Algunos sistemas políticos no tienen ningún medio no violento eficaz
para que la sucesión accione.

Un motivo cultural importante del terrorismo es la opinión "forasteros " y anticipación de


una amenaza a la supervivencia étnica del grupo. El miedo de la exterminación cultural
conduce a la violencia. Todos los seres humanos son sensibles a las amenazas a los
valores por los cuales se identifican. Éstos incluyen lenguaje, la religión, la calidad de
miembro de grupo, y el territorio del patria o nativo. La posibilidad de perder cualesquiera
de éstos puede accionar la defensiva.

La religión puede ser la más volátil de identificadores culturales porque abarca los valores
llevados a cabo profundamente. Una amenaza para su religión pone no solamente el
presente en el riesgo pero también su fin cultural y el futuro. Muchas religiones,
incluyendo cristianismo e Islam, han utilizado la fuerza para obtener a convertidos. El
terrorismo en el nombre de la religión puede ser especialmente violento.

CONSECUENCIAS DEL TERRORISMO

• Consecuencias I: Muerte, terror, inseguridad, incertidumbre, desolación,


desamparo, barbarie, pánico, consternación, desconcierto, desorganización,
ríos de sangre, etc.
• Consecuencias II: Venganzas, represalias, desquites, revanchas, amenazas,
intimidaciones, peligros y más peligros... más ríos de sangre...
• Consecuencias III: Galimatías, confusión, anarquía, incongruencia,
incoherencias, desgobierno... caos y más caos...

Si deducimos por las consecuencias -tomemos de "Consecuencias I" el primer término:


Muerte-, también deberíamos advertir de las miles de personas que se están muriendo a
diario mundialmente por los daños "Colaterales No Naturales".

¿Qué entendemos por daños "Colaterales No Naturales"? A todas las acciones


colindantes, adyacentes o secundarias que afectan en forma negativa sobre las personas,
en carácter individual o colectivo, que por el grado de gravidez, producen la muerte de las
mismas. Ejemplos de ello son: Las hambrunas; las grandes epidemias o pandemias de
enfermedades que pueden erradicarse; los graves accidentes antropogénicos; los
asesinatos en masa por motivos políticos, étnicos o religiosos; el uso de armamento de
destrucción masiva sobre poblaciones civiles, etc.

Si nos detenemos en analizar estos últimos ejemplos, encontraremos la dicotomía que


existe en algunos gobiernos: Los discursos donde levantan la bandera de "antiterroristas"
y con la realidad de sus acciones (o inacciones).

a) Hambrunas: Millones de toneladas de variados alimentos son desechados o


destruidos (muchas veces contaminando el ambiente), simplemente, para poder
mantener "un valor de mercado". Los seguidores de ese tipo de política económica,
opinan que los productos deben ser rentables en su totalidad para ser puesto a la
venta, caso contrario, no se justifica para nada, comercializarlos a menor precio, y
mucho menos... donarlos.
b) Las grandes epidemias o pandemias de enfermedades que pueden erradicarse: De
la misma manera que se erradicó la Viruela y casi la Poliomielitis, existen todavía
muchas otras enfermedades perfectamente erradicables, simplemente, realizando
campañas sanitarias masivas y especificas: Vacunación intensiva y simultánea de
la población expuesta; campañas de prevención de enfermedades endémicas
emergentes o reemergentes de acuerdo a los criterios de la OMS; el tratamiento de
las aguas residuales (negras); la potabilización del agua para el consumo humano
y animal; el correcto tratamiento de los residuos domiciliarios (RSU), los
industriales (peligrosos), los hospitalarios humano y animal (patogénicos) y los
resultantes de estudios o investigación en laboratorios (patológicos), son algunas
de ellas.
c) Los graves accidentes antropogénicos: La incorrecta producción, el
almacenamiento o el traslado de sustancias y/o elementos peligrosos como
consecuencias de la desidia o inexperiencia, sumadas al intento de economizar en
factores de seguridad y prevención haciendo caso omiso de las reglamentaciones
vigentes. También es un factor de suma importancia, las malas decisiones o
negligencias de las autoridades que permiten el asentamiento de poblaciones de
bajos recursos en zonas de altos riesgos: Anegadizas (fluviales o marítimas), de
alta o mediana actividades sísmicas (volcánicas o de placas tectónicas), climáticas
(en bases montañosas expuestas a los aludes de nieve o deslizamientos de rocas
y barro), muy cercanas a industrias o actividades peligrosas (manufactureras
químicas, recicladoras de desechos especiales, unidades o bases militares,
aeropuertos), entre otras.

La mayoría de esos intentos de golpes de Estados fueron apoyados e incluso


financiados por países o empresas extranjeras, ávidas de lograr posteriormente
suculentos contratos de la explotación de sus recursos.

En otras regiones, para lograr los objetivos comerciales o de explotación,


especialmente del petróleo y gas, se buscan o se declaran enemigos a gobernantes que
antes sirvieron a sus propósitos, pero que, por distintas razones, dejaron de ser aliados y
se pusieron en la vereda de enfrente.

Ejemplo de ello tenemos a la "Guerra del Opio" (1839-1842) entre China y Gran
Bretaña, a consecuencia de la prohibición del emperador chino a la introducción inglesa
de ese narcótico a China. La paz fue firmada en Nanking en 1842, pero Gran Bretaña
como compensación, logró importantes beneficios económicos y la isla de Hong Kong. La
"Guerra de la Triple Alianza" (1864-1870) -personalmente la denomino como la Guerra de
la Triple Vergüenza- entre la República del Paraguay y la "alianza" formada por Argentina,
Brasil y Uruguay. Con la excusa de las pretensiones expansionistas del "dictador"
paraguayo Francisco Solano López sobre Argentina y Brasil, se produjo una sangrienta y
atroz masacre de casi toda la población masculina del Paraguay, se destruyó su activa y
moderna (para la época) industria siderurgia y debió abrir obligatoriamente sus
mercados a las potencias extranjeras, especialmente, a las franco-inglesas. Argentina
aprovechó para sacarse de encima a gran parte de la población afroamericana ex-esclava
que todavía le quedaba para mandarla al frente de batalla a morir "por la Patria".

Hoy, con leer los diarios entre líneas nos daremos cuenta que los planes de
políticas económicas de las empresas más importantes, especialmente los bancos
internacionales, son muchos más poderosos que los de muchos gobiernos, incluso, que
los de algunos miembros del G7.

Ejemplos de las matanzas en masa por motivos religiosos. La historia universal


está colmada de ellos y creo que no podríamos enumerarlos a todos. Desde los sacrificios
en masas que se hacían a los dioses de la antigüedad (especialmente jóvenes y
prisioneros), pasando por los que murieron construyendo monumentos funerarios y
religiosos, hasta los millones que en nombre de la Santa Inquisición española brutal y
despiadadamente se torturaron y asesinaron simplemente por pensar distinto (o
simplemente por pensar), o el "suicidio" en masa de casi un millar de fieles en Guyana
hace casi tres décadas.

d) Los asesinatos en masa: Como consecuencias de las actividades beligerantes


subversivas, especialmente, para hacerse del poder político regidor de una nación.
Aunque su población está inmersa en la más paupérrima de la pobreza, hay países
que tienen un inmenso potencial en recursos naturales renovables y no renovables
que estos sicarios se disputan: Diamantes, oro, petróleo, metales estratégicos,
madera, agua potable, etc. Ejemplo de ello, tenemos a varios países de África:
República Democrática del Congo, Angola, Nigeria, Costa de Marfil y Sierra Leona,
para nombrar algunos. En ellos, se produjeron "golpes de estado" por parte de
facciones beligerantes contrarias, que en nombre de la libertad y bienestar de sus
pueblos masacraron a miles de sus conciudadanos opositores, cuando en realidad,
lo único que les importaba era tomar el poder y manejar esas riquezas.

e) El uso de armamento de destrucción masiva sobre poblaciones civiles: En los


últimos meses se le pone énfasis al armamento químico-biológico o gases
inhalantes tóxicos. Los ataques de Ántrax se pusieron de moda, pero solamente
éstos en su gran mayoría, eran realizados en la mente de los funcionarios que
querían aprovecharse psicológicamente del efecto en la población para sacar
ventajas propias. Siempre retornan algunos que quieren hacernos comer algunos
sapos. Aparecieron los aprovechados para comercializar cualquier tipo de
"efectivas" máquinas detectoras y destructoras de bacterias, virus y otros en las
correspondencias.

Pero, evaluemos otras variables. El defectuoso almacenamiento o la indebida


concentración de residuos peligrosos y/o especiales, o su vuelco a los cursos de agua
(superficiales), o su inyección a las napas (subterráneas), o a los basurales sin las
correspondientes medidas de seguridad (que producen el percolado de un lixiviado
tóxico), etc. ¿No se transforman en un arma de destrucción masiva, y para peor, lenta,
silenciosa y difícil de remediar?

Más aún. Los gobiernos que permiten a sus industrias que continúen emitiendo a la
atmósfera millones de toneladas de gases de efecto invernadero, de los cuales -según
muchos científicos- se conoce que fehacientemente afectan directamente sobre el cambio
climático, y que sumados a los CFC -y que también muchos afirman- que perturban y
destruyen la delgada capa ozono estratosférico, no hacen nada para evitarlo o muy poco
para r emediarlo ¿no deberían considerarse también como un arma de destrucción
masiva? Sí. Por supuesto que sí. ¿No correspondería considerarlos también a ellos como
terroristas?

INSTRUMENTOS INTERNACIONALES PARA COMBATIR EL TERRORISMO

El terrorismo ha sido uno de los temas del programa internacional desde 1934, en que la
Sociedad de las Naciones dio el primer paso importante para prohibir ese flagelo al
analizar un proyecto de convenio para la prevención y el castigo del terrorismo. Pese a
que ese convenio se aprobó finalmente en 1937, nunca llegó a entrar en vigor.

Desde 1963, la comunidad internacional ha elaborado 13 instrumentos jurídicos


universales y tres enmiendas para prevenir los actos terroristas. Esos instrumentos se
elaboraron bajo los auspicios de las Naciones Unidas y sus organismos especializados,
así como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y están abiertos a la
participación de todos los Estados Miembros. En 2005, la comunidad internacional
introdujo también cambios sustantivos en tres de esos instrumentos universales para que
se tuviera específicamente en cuenta la amenaza del terrorismo; el 8 de julio de ese año,
los Estados aprobaron las Enmiendas a la Convención sobre la protección física de
material nuclear, y el 14 de octubre aprobaron el Protocolo de 2005 del Convenio para la
represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima y el Protocolo de
2005 del Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de las
plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental.

Actualmente los Estados Miembros están negociando un decimocuarto tratado


internacional, un proyecto de convenio general sobre el terrorismo internacional, que
complementaría el marco actual de instrumentos internacionales de la lucha contra el
terrorismo y se basaría en los principios rectores fundamentales ya presentes en los
convenios contra el terrorismo recientes: la importancia de penalizar los crímenes
terroristas, la condena de éstos por ley y la exigicencia del enjuiciamiento o la extradición
de los perpetradores; en la necesidad de eliminar la legislación que establece
excepciones a esa penalización por motivos políticos, filosóficos, ideológicos, raciales,
étnicos, religiosos o de índole parecida; un enérgico llamamiento a los Estados Miembros
para que adopten medidas de prevención de los actos terroristas y hagan hincapié en la
necesidad de que los Estados Miembros cooperen, intercambien información y se presten
mutuamente la mayor asistencia posible en lo relativo a la prevención, la investigación y el
enjuiciamiento de los actos terroristas.

En la Estrategia Mundial de las Naciones Unidas contra el Terrorismo, aprobada por la


Asamblea General el 8 de septiembre de 2006, los Estados Miembros subrayaron la
importancia de los instrumentos internacionales vigentes contra el terrorismo al
comprometerse a considerar la posibilidad de ser partes en ellos cuanto antes y de aplicar
sus disposiciones.

Convenios internacionales
Incluimos aquí un resumen de algunos de los instrumentos jurídicos universales sobre
terrorismo internacional:

1. Convenio sobre las infracciones y ciertos otros actos cometidos a bordo de las
aeronaves ("Convenio de Tokio"), 1963-seguridad de la aviación
• Se aplica a los actos que afecten a la seguridad durante el vuelo;
• Autoriza al comandante de la aeronave a imponer medidas razonables, de carácter
coercitivo, contra toda persona que le dé motivos para creer que ha cometido o
está a punto de cometer un acto de esa índole, siempre que sea necesario para
proteger la seguridad de la aeronave; y
• Exige que las partes contratantes asuman la custodia de los infractores y
devuelvan el control de la aeronave a su legítimo comandante.

2. Convenio para la represión del apoderamiento ilícito de aeronaves ("Convenio de


La Haya"), 1970 -secuestro de aeronaves
• Considera delito que una persona que esté a bordo de una aeronave en vuelo
"ilícitamente, mediante la fuerza o la amenaza del uso de la fuerza, o cualquier
forma de intimidación, se apodere de la nave o ejerza control sobre ella" o intente
hacerlo;
• Exige que las partes en el convenio castiguen los secuestros de aeronaves con
"penas severas";
• Exige que las partes que hayan detenido a infractores extraditen al infractor o lo
hagan comparecer ante la justicia; y
• Exige que las partes se presten asistencia mutua en los procedimientos penales
incoados con arreglo al convenio.

3. Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la aviación


civil("Convenio de Montreal"), 1971 -relativo a los actos de sabotaje aéreo, como
explosiones de bombas a bordo de una aeronave en vuelo
• Establece que comete delito quien ilícita e intencionalmente perpetre un acto de
violencia contra una persona a bordo de una aeronave en vuelo si ese acto pudiera
poner en peligro la seguridad de la aeronave; coloque un artefacto explosivo en
una aeronave; o intente cometer esos actos; o sea cómplice de una persona que
perpetre o intente perpetrar tales actos;
• Exige que las partes en el convenio castiguen estos delitos con "penas severas"; y
• Exige que las partes que hayan detenido a los infractores extraditen al infractor o lo
hagan comparecer ante la justicia.

4. Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas


internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, 1973 -relativa a
los ataques contra altos funcionarios de gobierno y diplomáticos
• Define a la "persona internacionalmente protegida" como un Jefe de Estado,
Ministro de Relaciones Exteriores, representante o funcionario de un Estado o una
organización internacional que tenga derecho a protección especial en un Estado
extranjero y sus familiares; y
• Exige a las partes que tipifiquen como delito "la comisión de un homicidio,
secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona
internacionalmente protegida, la comisión de un atentado violento contra los locales
oficiales, la residencia particular o los medios de transporte de tal persona; la
amenaza de cometer tal atentado"; y de todo acto que "constituya participación en
calidad de cómplice" y los castiguen "con penas adecuadas en las que se tenga en
cuenta su carácter grave".

5. Convención internacional contra la toma de rehenes ("Convención sobre los


rehenes"), 1979
• Dispone que "toda persona que se apodere de otra o la detenga, y amenace con
matarla, herirla o mantenerla detenida a fin de obligar a un tercero, a saber, un
Estado, una organización internacional intergubernamental, una persona natural o
jurídica o un grupo de personas, a una acción u omisión como condición explícita o
implícita para la liberación del rehén, comete el delito de toma de rehenes en el
sentido de la presente Convención".

6. Convención sobre la protección física de los materiales nucleares ("Convención


sobre los materiales nucleares"), 1980 -relativa a la apropiación y utilización ilícitas
de materiales nucleares
• Tipifica la posesión ilícita, la utilización, la transferencia y el robo de materiales
nucleares, y la amenaza del empleo de materiales nucleares para causar la muerte
o lesiones graves a una persona o daños materiales sustanciales.
• Enmiendas a la Convención sobre la protección física de los materiales
nucleares
• Establecen la obligación jurídicamente vinculante de los Estados Partes de
proteger las instalaciones y los materiales nucleares de uso nacional con
fines pacíficos, así como su almacenamiento y transporte; y
• Disponen una mayor cooperación entre los Estados con respecto a la
aplicación de medidas rápidas para ubicar y recuperar el material nuclear
robado o contrabandeado, mitigar cualquier consecuencia radiológica del
sabotaje y prevenir y combatir los delitos conexos.
7. Protocolo para la represión de actos ilícitos de violencia en los aeropuertos que
presten servicio a la aviación civil internacional, complementario del Convenio para
la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la aviación civil, 1988
• Amplía las disposiciones del Convenio de Montreal (véase el No. 3 supra) para
incluir los actos terroristas cometidos en los aeropuertos que prestan servicios a la
aviación civil internacional.

8. Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación


marítima, 1988 -relativo a las actividades terroristas en los buques
• Establece un régimen jurídico aplicable a los actos cometidos contra la navegación
marítima internacional parecido a los regímenes establecidos respecto de la
aviación internacional; y
• Dispone que comete delito la persona que ilícita e intencionalmente se apodere de
un buque o ejerza control sobre éste por medio de la fuerza, la amenaza o la
intimidación; cometa un acto de violencia contra una persona que se encuentra a
bordo de un buque si dicho acto pudiera poner en peligro la seguridad de la
navegación del buque; coloque un artefacto o sustancia destructivos a bordo de un
buque; y perpetre otros actos contra la seguridad de los buques.
• El Protocolo de 2005 del Convenio para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de la navegación marítima:
• Tipifica la utilización de un buque como instrumento para favorecer la
comisión de un acto de terrorismo;
• Tipifica el transporte a bordo de un buque de diversos materiales a
sabiendas de que se pretende utilizarlos para causar o para amenazar con
causar muertes, heridas graves o daños, a fin de favorecer la comisión de un
acto de terrorismo;
• Tipifica el transporte a bordo de un buque de personas que han cometido
actos de terrorismo; e
• Introduce procedimientos para regular el embarque en un buque sospechoso
de haber cometido un delito previsto por el Convenio.

9. Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de las


plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental, 1988 -relativo a las
actividades terroristas realizadas en plataformas fijas frente a las costas
• Establece un régimen jurídico aplicable a los actos realizados contra plataformas
fijas emplazadas en la plataforma continental similar a los regímenes establecidos
respecto de la aviación internacional.
• El Protocolo de 2005 del Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de las plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental:
• Adapta los cambios en el Convenio para la represión de actos ilícitos contra
la seguridad de la navegación marítima al contexto de las plataformas fijas
emplazadas en la plataforma continental.

10. Convenio sobre la marcación de explosivos plásticos para los fines de


detección, 1991 -dispone la marcación química para facilitar la detección de
explosivos plásticos, por ejemplo, para luchar contra el sabotaje aéreo
• Su objetivo es controlar y limitar el empleo de explosivos plásticos no marcados e
indetectables (negociado a raíz de la explosión de una bomba en el vuelo 103 de
Pan Am en 1988);
• Las partes están obligadas a asegurar en sus respectivos territorios un control
efectivo de los explosivos plásticos "sin marcar", es decir los que no contengan uno
de los agentes de detección enumerados en el anexo técnico del tratado;
• En términos generales, las partes deberán, entre otras cosas: adoptar medidas
necesarias y eficaces para prohibir e impedir la fabricación de explosivos plásticos
sin marcar; impedir la entrada o salida de su territorio de explosivos plásticos sin
marcar; ejercer un control estricto y eficaz sobre la tenencia y transferencia de
explosivos sin marcas que se hayan fabricado o introducido en su territorio antes
de la entrada en vigor del Convenio; asegurarse de que todas las existencias de
esos explosivos sin marcar que no estén en poder de las autoridades militares o
policiales se destruyan o consuman, se marquen o se transformen
permanentemente en sustancias inertes dentro de un plazo de tres años; adoptar
las medidas necesarias para asegurar que los explosivos plásticos sin marcar que
estén en poder de las autoridades militares o policiales se destruyan o consuman,
se marquen o se transformen permanentemente en sustancias inertes dentro de un
plazo de quince años; y asegurar la destrucción, lo antes posible, de todo explosivo
sin marcar fabricado después de la entrada en vigor del Convenio para ese Estado.

11. Convenio Internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos


con bombas, 1997
• Crea un régimen de jurisdicción universal respecto de la utilización ilícita e
intencional de explosivos y otros artefactos mortíferos en, dentro de o contra
diversos lugares de uso público definidos con la intención de matar u ocasionar
graves lesiones físicas o con la intención de causar una destrucción significativa de
ese lugar.

12. Convenio Internacional para la represión de la financiación del terrorismo, 1999


• Insta a las partes a que adopten medidas para prevenir y contrarrestar la
financiación de terroristas, ya sea directa o indirectamente, por medio de grupos
que proclamen intenciones caritativas, sociales o culturales o que se dediquen
también a actividades ilícitas, como el tráfico de drogas o el contrabando de armas;
• Compromete a los Estados a exigir responsabilidad penal, civil o administrativa por
esos actos a quienes financien el terrorismo;
• Prevé la identificación, congelación y confiscación de los fondos asignados para
actividades terroristas, así como la distribución de esos fondos entre los Estados
afectados, en función de cada caso. El secreto bancario dejará de ser una
justificación para negarse a cooperar.

13. Convenio Internacional para la represión de los actos de terrorismo nuclear,


2005
• Contempla una amplia gama de actos y posibles objetivos, incluidas las centrales y
los reactores nucleares;
• Contempla la amenaza y la tentativa de cometer dichos delitos o de participar en
ellos, en calidad de cómplice;
• Establece que los responsables deberán ser enjuiciados o extraditados;
• Alienta a los Estados a que cooperen en la prevención de atentados terroristas
intercambiando información y prestándose asistencia mutua en las investigaciones
penales y procedimientos de extradición; y
• Contempla tanto las situaciones de crisis (prestación de asistencia a los Estados
para resolver la situación) como las situaciones posteriores a la crisis (disposición
del material nuclear por conducto del Organismo Internacional de Energía Atómica
(OIEA) a fin de garantizar su seguridad).
14. Conjunto de propuestas destinadas a mejorar la capacidad de la UE para luchar
contra el terrorismo, adoptado por la UE el 6 de noviembre de 2007
• Establece una serie de medidas contra los que apoyan el terrorismo
• Contempla medidas prácticas para reforzar la seguridad de los explosivos
• Crea un sistema de intercambio en la UE de los registros de los nombres de los
pasajeros (PNR)
• Contempla el segundo Informe sobre la aplicación de la Decisión marco sobre la
lucha antiterrorista

15. Estrategia común entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos de combate al
terrorismo internacional, que establece acciones prioritarias y los valores que se
deben respetar en ese marco, firmada el 3 de junio de 2010

• El acuerdo establece acciones prioritarias y los valores que se deben respetar en


ese marco
• Europeos y estadounidenses se comprometen a intercambiar información sobre
esos grupos

COORDINACIÓN DE LAS ACCIONES CONTRA EL TERRORISMO DENTRO Y FUERA


DEL SISTEMA DE LAS NACIONES UNIDAS

La estrategia mundial contra el terrorismo, adoptada por los Estados Miembros el 8 de


septiembre de 2006, constituye la plataforma común que aúna las actividades contra el
terrorismo de los distintos órganos del sistema de las Naciones Unidas en un marco
común, coherente y más centrado en la lucha contra el terrorismo.

La Estrategia apoya la labor práctica que está realizando el Equipo Especial, creado por el
Secretario General en julio de 2005 para garantizar la coherencia y la coordinación
globales de las actividades de lucha contra el terrorismo del sistema de las Naciones
Unidas. Los Estados Miembros expresaron su apoyo y aprecio de la labor del Equipo
Especial cuando se reunieron para evaluar el progreso de la aplicación de la Estrategia en
septiembre de 2008. En junio de 2009, el Secretario General inició los preparativos para
institucionalizar el Equipo Especial al establecer una Secretaría del Equipo Especial en el
Departamento de Asuntos Políticos (DAP). El Equipo Especial tiene como objetivo
catalizar y movilizar las actividades de lucha contra el terrorismo de diversas entidades del
sistema de las Naciones Unidas con el fin de ayudar a los Estados Miembros a poner en
práctica la estrategia.

Un informe del Secretario General en julio de 2008 recopiló las actividades realizadas por
el Equipo Especial para poner en práctica la Estrategia. Además, se ha actualizado un
folleto informativo con un resumen de las acciones emprendidas a este respecto por los
organismos del Equipo Especial. El propio Equipo Especial también elaboró un manual en
línea, el cual presentó el Secretario General en 2007, que contiene información sobre las
actividades de lucha contra el terrorismo de sus organismos miembros y que proporciona
información y acceso a recursos de la lucha contra el terrorismo a los que se puede
acceder a través del sistema de las Naciones Unidas.
Entidades del Equipo Especial sobre la Ejecución de la Lucha contra el Terrorismo:

• Dirección Ejecutiva del Comité contra el Terrorismo


• Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz (DOMP)
• El Departamento de Asuntos Políticos (DAP)
• El Departamento de Información Pública (DIP)
• El Departamento de Seguridad
• Expertos del Comité 1540
• El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA)
• La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI)
• La Organización Marítima Internacional (OMI)
• El Fondo Monetario Internacional (FMI)
• La Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL)
• Equipo de Vigilancia del Comité 1267
• Oficina de Asuntos de Desarme
• Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH)
• La Oficina de Asuntos Jurídicos (OAJ)
• La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ)
• El Relator Especial para la promoción y protección de los derechos humanos en la
lucha contra el terrorismo
• El Programa de las Naciones Unidades para el Desarrollo (PNUD)
• La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(UNESCO)
• El Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre la
Delincuencia y la Justicia (UNICRI)
• La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD)
• La Organización Mundial de Aduanas (OMA)
• El Banco Mundial
• La Organización Mundial de la Salud (OMS)

Los organismos miembros del Equipo Especial contribuyen a la acción antiterrorista de las
Naciones Unidas de conformidad con sus propios mandatos organizativos. Además, el
Equipo Especial organiza su trabajo a través de Grupos de Trabajo y proyectos e
iniciativas afines de lucha contra el terrorismo. Estos incluyen áreas de trabajo donde la
cooperación entre los participantes en el sistema de las Naciones Unidas puede añadir
valor para la puesta en práctica de la Estrategia:

Grupos de trabajo del Equipo Especial sobre la Ejecución de la Lucha contra el


Terrorismo:

• Facilitación de la aplicación integrada de la estrategia global de las Naciones


Unidas contra el terrorismo
• Prevención y resolución de conflictos
• Apoyo a las víctimas del terrorismo y divulgación de su situación
• Prevención de los ataques con armas de destrucción en masa y respuesta a ellos
• Lucha contra la financiación del terrorismo
• Lucha contra el uso de Internet con fines terroristas
• Fortalecimiento de la protección de los objetivos vulnerables
• Protección de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo
Otros proyectos e iniciativas del Equipo Especial sobre la Ejecución de la Lucha
contra el Terrorismo

• Centro del UNICRI sobre políticas para luchar contra el atractivo del terrorismo
• Proyecto documentales

ACCIONES DEL CONSEJO DE SEGURIDAD CONTRA EL TERRORISMO

El Consejo de Seguridad se ha estado ocupando de la cuestión del terrorismo desde


principios del decenio de 1990. En esos años, sus acciones adoptaron la forma de
sanciones contra los Estados a los que se consideraba vinculados con determinados
actos de terrorismo: la Jamahiriya Árabe Libia (1992); el Sudán (1996) y los talibanes
(1999 - ampliadas para incluir a Al-Qaida en 2000 en la resolución 1333). En la resolución
1269 de 1999, el Consejo de Seguridad hizo un llamamiento a todos los países para que
cooperaran entre sí con miras a prevenir y reprimir todo acto terrorista; el antecedente de
la intensificación de su labor contra el terrorismo desde el 11 de septiembre de 2001.

Antes del 11 de septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad había establecido un


poderoso instrumento contra el terrorismo: el Comité 1267, integrado por miembros del
Consejo, establecido en 1999 en virtud de la resolución 1267 y encargado de supervisar
la aplicación de las sanciones contra los talibanes (y posteriormente Al-Qaida a partir de
2000). A petición del Consejo de Seguridad, el Secretario General nombró un Equipo
encargado de prestar apoyo analítico y vigilar la aplicación de las sanciones para que
prestara asistencia al Comité. Este Equipo está integrado por expertos en lucha contra el
terrorismo y cuestiones jurídicas conexas, embargos de armas, prohibición de viajar y
financiación del terrorismo.

En 2001, a raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre contra los Estados Unidos,
el Consejo de Seguridad estableció un Comité contra el Terrorismo, compuesto asimismo
de todos los miembros del Consejo de Seguridad, en virtud de la resolución 1373. Esta
resolución obliga a los Estados Miembros a adoptar algunas medidas para prevenir las
actividades terroristas y penalizar diversas formas de acciones terroristas, así como para
adoptar medidas que asistan y promuevan la cooperación entre los países, incluso la
adhesión a los instrumentos internacionales contra el terrorismo. Los Estados Miembros
están obligados a informar periódicamente al Comité contra el Terrorismo sobre las
medidas que han adoptado para aplicar la resolución 1373.

Para apoyar la labor del Comité, en 2004 el Consejo aprobó la resolución 1535, en que se
pedía el establecimiento de una Dirección Ejecutiva del Comité contra el Terrorismo
encargada de vigilar la aplicación de la resolución 1373 y de facilitar la prestación de
asistencia técnica a los Estados Miembros.

También en 2004, el Consejo, por medio de su resolución 1540, creó un nuevo órgano
contra el terrorismo: el Comité establecido en virtud de la resolución 1540, integrado
también por todos los miembros del Consejo, al que encargó la tarea de vigilar el
cumplimiento de la resolución 1540 por parte de todos los Estados Miembros, en la que
se exhorta a los Estados a que eviten el acceso de agentes no estatales (entre los que
figuran los grupos terroristas) a las armas de destrucción en masa.

El Consejo aprobó, también en 2004, la resolución 1566 en la que se pidió a los Estados
Miembros que adoptaran medidas contra los grupos y las organizaciones implicados en
actividades terroristas que no fuesen objeto de examen por el Comité establecido en
virtud de la resolución 1267. En la resolución 1566 se creaba el Grupo de Trabajo
integrado por todos los miembros del Consejo encargado de recomendar medidas
prácticas contra esas personas y grupos y de analizar la posibilidad de establecer un
fondo de indemnización para las víctimas del terrorismo.

Paralelamente a la Cumbre Mundial, el 14 de septiembre de 2005, el Consejo de


Seguridad celebró una reunión de alto nivel y aprobó la resolución 1624 (2005) en la que
se condenaba todo acto de terrorismo independientemente de su motivación, así como la
incitación a cometerlos. También se instaba a los Estados Miembros a prohibir por ley los
actos terroristas y la incitación a cometerlos y a denegar protección a toda persona que se
considerase culpable de esa conducta

LA ESTRATEGIA DE LA UE ANTE EL TERRORISMO INTERNACIONAL Y LA


DEFENSA DE LOS DERECHOS Y LIBERTADES

Las acciones europeas contra el terrorismo internacional se iniciaron en los años setenta,
pero sólo a partir de los años noventa, tras la aprobación del Tratado de la Unión Europea
(TUE), se empezaron a crear los instrumentos necesarios para avanzar en una estrategia
antiterrorista común en el marco del tercer pilar del TUE, que dio lugar a la creación de la
Oficina Europea de Policía (Europol) en 1995 y de los magistrados de enlace en 1996. En
este contexto, y bajo presidencia española, el 14 de octubre de 1995 se aprobó la
Declaración de La Gomera, con el fin de reforzar los mecanismos de cooperación policial
y judicial para conseguir un mayor intercambio de información sobre los grupos terroristas.

Pero no fue hasta el Consejo Europeo de Tampere, en octubre de 1999, que se avanzó
definitivamente en la cooperación en Justicia y Asuntos de Interior (JAI), con el objetivo,
entre otros, de establecer una definición común del delito de terrorismo y de perseguir su
financiación, aunque los avances en los dos años que siguieron al Consejo de Tampere
fueron lentos y difíciles.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la UE empezó a implementar algunas


de las medidas que llevaban tiempo debatiéndose, aunque en este período se pueden
diferenciar claramente dos etapas: entre el 11-S y el 11-M y desde entonces hasta el
momento actual. La primera fue una etapa de impulso político, de medidas judiciales y de
cooperación policial, y la segunda, de perfil más técnico pero quizás más eficaz, con la
implementación de medidas concretas y la aprobación de una estrategia general y
coherente de lucha contra el terrorismo.

A lo largo de este proceso, el Parlamento Europeo ha intentado mantener un papel


relevante. Antes del 11-S, sus acciones se caracterizaron por la defensa del derecho a la
seguridad, realizando informes que advertían de los riesgos de la amenaza terrorista. Y en
los últimos años ha defendido de forma prioritaria los derechos fundamentales para evitar
que sean restringidos en el marco de la lucha contra el terrorismo, de modo que el
Parlamento se ha posicionado siempre en la defensa de los derechos de los ciudadanos.

La política antiterrorista de la UE

Del 11-S al 11-M

El Consejo Europeo extraordinario del 21 de septiembre de 2001 definió el terrorismo


como uno de los principales retos mundiales, y consideró la lucha contra el terrorismo
como uno de los objetivos principales de la UE. En diciembre de aquel año el Consejo
adoptó una posición común estableciendo una lista de personas, grupos y entidades
implicadas en actos de terrorismo para aplicarles medidas preventivas de embargo de
fondos y otros haberes financieros. Se hizo una definición amplia de lo que debía
considerarse como un acto terrorista, y se pasó a definir “grupo terrorista” como una
asociación estructurada de personas que actúan de manera concertada con el fin de
cometer actos terroristas independientemente de su composición y nivel de
estructuración. Un año más tarde, el 1 de enero de 2003, el código penal de todos los
miembros de la UE se había reformado con el objetivo que los actos terroristas fueran
perseguidos y penados de la misma manera en toda la UE.

En abril de 2002 se puso en marcha Eurojust (Unidad de Cooperación Judicial Europea) y,


también bajo presidencia española, se aprobó la Euroorden, la Orden de Arresto Europea
para facilitar los procesos de extradición dentro de la UE, que entró en vigor en enero de
2004. E incluso antes de poner en marcha estas medidas, se desmantelaron células
terroristas en Gran Bretaña, Alemania, Italia, Bélgica y España, gracias a la colaboración
entre cientos de policías, jueces y fiscales de toda Europa.

Pero estas medidas de cooperación judicial y policial se vieron superadas por la estrategia
estadounidense de “guerra contra el terrorismo”, que relacionaba el terrorismo con las
armas de destrucción masiva y los “Estados canalla”. En este sentido, la guerra de Irak
marcó un punto de inflexión en el pensamiento estratégico europeo, que tuvo que hacer
un ejercicio de redefinición de sus estrategias de seguridad en el nuevo mundo creado por
la estrategia estadounidense. Por ello el Consejo Europeo de diciembre de 2003 aprobó
una estrategia de seguridad europea que se posicionaba en todos los temas de la agenda
estadounidense pero marcando distancias con ella, y dejando claro que no todas las
nuevas amenazas tenían las mismas causas, de modo que para combatirlas se debían
aplicar estrategias distintas.

En relación al terrorismo, el documento “Una Europa segura en un mundo mejor” tras


considerar que “surge de complejas causas, entre las que se encuentran la presión de la
modernización, las crisis culturales, sociales y políticas y la alienación de los jóvenes que
viven en sociedades extranjeras”, asumía plenamente que este fenómeno “forma también
parte de nuestra sociedad” y que Europa “es al mismo tiempo objetivo y base de este
terrorismo”. Asimismo, dejaba claro que la nueva amenaza no era “meramente militar, ni
podía atajarse únicamente con medios militares”, sino que al contrario, la lucha contra el
terrorismo requiere “una combinación de los medios de los servicios de información,
policiales, judiciales, militares y otros”, una lucha multidimensional para la que la Unión
Europea “está especialmente preparada”. Finalmente, el documento asumía que para
luchar contra el terrorismo “resultaba fundamental mejorar la coordinación entre la
actuación exterior y las políticas en el ámbito de la Justicia y los Asuntos de Interior”. Con
la adopción de esta estrategia, Europa estaba políticamente preparada para empezar una
nueva etapa en la lucha contra el terrorismo. La estrategia definía un modelo a desarrollar
y esto ha sido lo que ha hecho la Unión desde entonces.

La política antiterrorista después del 11-M y del 7-J

El 11-M, el ataque terrorista a distintos trenes de cercanías de la ciudad de Madrid que


causó 191 víctimas mortales y más de un millar de heridos, fue vivido como un ataque a
Europa, hasta el punto que se planteó firmar la nueva Constitución en Madrid como
repulsa al terrorismo. Fue entonces cuando se empezaron a implementar eficazmente
muchas de las medidas aprobadas tras el 11-S.

El 25 de marzo de 2004, justo después de los atentados de Madrid, el Consejo Europeo


reunido en Bruselas aprobó un ambicioso Plan de Acción para Luchar contra el
Terrorismo, y creó la figura del Coordinador Europeo en la Lucha contra el terrorismo,
dependiente del Secretario General Javier Solana, y se nombró al holandés Gijs de Vries
para asumir esta responsabilidad. Este nombramiento inició una nueva etapa de mayor
eficacia en la implementación de medidas ya aprobadas. En 2004, y por iniciativa
española, se aprobó un Reglamento y una Decisión con el objeto de mejorar la
explotación del Sistema de Información Schengen por parte de Europol y de los miembros
nacionales de Eurojust. Y bajo presidencia holandesa, en noviembre de 2004, se aprobó
el Programa de La Haya que recogió las 10 prioridades de la UE para reforzar el espacio
de libertad, seguridad y justicia, entre los que cabe destacar la lucha contra el terrorismo
como segunda gran prioridad después del refuerzo de los derechos fundamentales y la
ciudadanía.

Esta etapa tendrá un impulso importante con la presidencia británica del segundo
semestre de 2005, que coincidió con los atentados de Londres del 7 de julio, que dejaron
56 víctimas mortales y 700 heridos, y que llevó finalmente a la aprobación de una
Estrategia de la UE contra el terrorismo en el mes de diciembre. El Consejo Extraordinario
de Ministros de Justicia e Interior celebrado el 13 de julio de 2005 solicitó a los Estados
miembros que hicieran un uso mayor de la Unidad Operativa de Lucha Antiterrorista de
Europol y de los equipos conjuntos de investigación. Pero también se
comprometió a adoptar Decisiones Marco sobre: retención de datos de
telecomunicaciones, exhorto europeo de obtención de pruebas, intercambio de
información entre los cuerpos de seguridad, y lucha contra la financiación del terrorismo,
que se aprobarían durante el semestre de la presidencia británica.

El balance de estos dos años de aplicación de las medidas de cooperación es claramente


positivo, como demuestran las estadísticas de la orden de arresto europea. Durante el
primer año y medio de aplicación se emitieron 2.600 órdenes, y en la actualidad ya se
superan las 3.500. Pero en estos dos años los atentados de Madrid y Londres pusieron de
manifiesto nuevas preocupaciones, entre ellas, el estudio de los factores que contribuyen
a apoyar el terrorismo, y el auge del extremismo religioso violento dentro de Europa, que
llevaron a la necesidad de definir una estrategia específica para combatir la radicalización
y el reclutamiento de terroristas.

La estrategia europea en la lucha contra el terrorismo internacional

La lucha contra el terrorismo como respuesta a la “guerra contra el terror”

La Unión Europea ha definido un perfil propio en la lucha contra el terrorismo internacional


que le ha permitido desmarcarse de la guerra contra el terror de Estados Unidos. Europa
ha asumido claramente que no es sólo objetivo sino base del terrorismo internacional, de
modo que es más vulnerable que Estados Unidos, y por ello ha definido una estrategia
distinta, más compleja y multidimensional para hacer frente a la nueva amenaza.

Europa ha apostado por una definición internacional y común de terrorismo. Y ha


intentado adaptar sus recursos a las nuevas amenazas. Y no a la inversa, como ha hecho
Estados Unidos, que ha querido adaptar la nueva amenaza a sus capacidades militares.
En consecuencia, Europa ha avanzado mucho más en cooperación policial y judicial, y en
intercambio de información, de modo que ha sido capaz de capturar un gran número de
células terroristas, aunque no ha podido evitar dos importantes atentados en su territorio.

El objetivo europeo es combatir el terrorismo con la ley en la mano y en el marco del


Estado de Derecho. Este ha sido y sigue siendo el leitmotiv de la lucha europea contra el
terrorismo. Se han reforzado y agilizado los procedimientos jurídicos, pero no se han
dejado de lado, como en Estados Unidos, ni se han creado jurisdicciones paralelas o
centros de internamiento en el limbo jurídico, como Guantánamo. Desde Europa se ha
tenido muy claro que la lucha contra el terrorismo debe respetar los derechos humanos
para poder aislar a los terroristas y atraer a esta lucha a la mayoría de los musulmanes,
en Europa y en todo el mundo. Y por ello la Unión Europea ha definido una estrategia
contra el reclutamiento, para poder enfrentarse a las causas del fenómeno terroristas. La
Unión Europea no entiende –como proclamó en su día el expresidente español José
María Aznar– que el terrorismo no tiene causas, sino solo consecuencias, puesto que si
un problema no tiene causas que se puedan abordar, se convierte en un problema
irresoluble. Al contrario, la política antiterrorista de la Unión no confunde causas y
consecuencias. Y por ello define las causas que hay que combatir, como el fanatismo
religioso, y las que hay que evitar, como la ofensiva militar en países árabes y
musulmanes, que se ha convertido en una forma muy eficaz de reclutamiento de nuevos
terroristas.

La aproximación europea a la lucha contra el terrorismo ha singularizado la Unión


Europea en la escena internacional. Hay un European way to fighting terrorism, distinto y
mucho más eficaz y eficiente que el estadounidense. Una forma de combatir el terrorismo
eficaz porque evita medidas desproporcionadas que puedan crear nuevos terroristas, y
eficiente porque utiliza de forma preferente recursos policiales, judiciales y de inteligencia,
mucho más baratos que los militares, y sin tantos daños colaterales causados por la
represión, ya sean físicos o morales.

La estrategia europea de diciembre de 2005

La estrategia europea de lucha contra el terrorismo, aprobada en diciembre de 2005,


responde plenamente a esta aproximación. La nueva estrategia se propone combatir el
terrorismo de forma global respetando los derechos humanos, con los cuatro grandes
objetivos de Prevenir, Proteger, Perseguir, y Responder:

Prevenir que las personas de religión musulmana, sobretodo las jóvenes, se sientan
atraídas por el terrorismo, asegurándose que la voz de la opinión mayoritaria y moderada
en el Islam prevalece sobre la extremista.

Proteger las fronteras exteriores y los medios de transporte transfronterizos desarrollando


FRONTEX, estableciendo el Sistema de Información de Visados y la segunda generación
del Sistema de Información Schengen.

Perseguir a los terroristas coordinadamente en todos los países de la Unión y utilizando


los análisis del Sit Cen (Situation Center) para desarrollar una comprensión común de la
amenaza que permita desarrollar políticas comunes para responder a la misma.

Y finalmente, aceptando que no se puede reducir la amenaza a cero, Responder a los


posibles ataques de forma conjunta, con acuerdos de cooperación en caso de crisis, y
reforzando el mecanismo comunitario de protección civil.

De entre estos objetivos, se podría decir que el más novedoso es el primer objetivo
−Prevenir−, que además se desarrolló en una estrategia propia, aprobada incluso antes
que la estrategia general: la estrategia para combatir la radicalización y el reclutamiento
de terroristas.

La estrategia para combatir la radicalización y el reclutamiento de terroristas

Esta es una estrategia basada en lo que, parafraseando la Estrategia de Seguridad


Europea, podríamos llamar “Compromiso Preventivo”. Su objetivo es aislar políticamente
y socialmente el radicalismo y el terrorismo de las comunidades musulmanas europeas, y
de la mayoría de la población de los países árabes y musulmanes. ¿Cómo?

Asegurando que los moderados son mayoría y se integran en el sistema. Promoviendo la


integración y la igualdad de oportunidades para todos. Consiguiendo que asociaciones
culturales y religiosas de origen musulmán tengan una posición activa en contrarrestar la
retórica de los extremistas y en denunciar los actos criminales de los terroristas.

El propio coordinador antiterrorista de la UE, Gijs de Vries, ha puesto reiteradamente el


acento en esta dimensión −la prevención de la lucha antiterrorista−, que no es sólo
importante, sino indispensable. Esta dimensión de la lucha contra el terrorismo, va muy
ligada a la respuesta a los actos terroristas, que en ningún caso puede dejar de lado los
derechos humanos. La lucha contra el terrorismo tiene que ser librada en el marco del
respeto a los derechos humanos y el Estado de Derecho. De no hacerlo así, se corre el
riesgo de perder la batalla de la opinión pública, como le ha ocurrido a Estados Unidos.
Después de Abu Ghraib, de Guantánamo, de los centros de detención ilegales de la CIA,
el apoyo a los EEUU, así como su credibilidad, han caído en picado. Por ello ahora son
incapaces de articular una nueva estrategia.

Esta constatación demuestra que los derechos humanos son clave en la lucha contra el
terrorismo, y que la Unión debería asumir una doctrina de seguridad humana que sitúe los
derechos y libertades en el primer orden de prioridades, como única vía para vencer el
miedo al terrorismo. En palabras del propio De Vries: “La libertad es más fuerte que el
miedo. Por ello debemos preservar y promover estas libertades, estos derechos y
libertades que constituyen el centro de nuestra identidad. En la lucha contra el terrorismo
nuestros valores son nuestra mejor defensa”.

El rol del Parlamento Europeo como defensor de una política antiterrorista que
respete los derechos humanos y ciudadanos

Los derechos humanos y ciudadanos como eje de la acción del Parlamento Europeo

El Parlamento Europeo se ha mostrado siempre activo en el seguimiento de la política


anti-terrorista de la Unión Europea, incluso antes de los atentados del 11 de septiembre
de 2001. En las semanas anteriores al 11-S el Parlamento Europeo se mostró muy activo
en relación a la lucha contra el terrorismo. En Julio de 2001 el Parlamento aprobó un
informe sobre los derechos humanos en la Unión donde se ponía de manifiesto que sólo
seis de los entonces quince estados de la Unión trataban específicamente el terrorismo en
sus legislaciones penales, y hacía un llamamiento a los Estados miembros “para que
intensifiquen la lucha contra el terrorismo con todos los instrumentos disponibles, con el
fin de garantizar la democracia y la integridad física y moral de los ciudadanos”. Y el 5 de
septiembre, sólo una semana antes de los atentados, y viendo que la UE avanzaba muy
lentamente en este ámbito, el Parlamento adoptó una resolución recomendando al
Consejo dos decisiones-marco con el objetivo de tipificar el delito de terrorismo y sus
penas correspondientes, y de instaurar una orden de detención europea.

Ambas decisiones se tomarían con celeridad después del 11-S, pero el Parlamento no ha
podido ejercer un rol central en esta lucha, aunque sí que ha ejercido un rol de impulso y
de supervisión, principalmente en relación a la preservación de valores, derechos y
libertades fundamentales. Tal y como han señalado distintos autores en relación a la
Política Exterior y de Seguridad Común, el Parlamento Europeo sólo puede ejercer una
influencia efectiva en relación a los valores y la defensa de los derechos humanos, ya sea
dentro de las fronteras de la Unión o en relación a países terceros. En esta batalla política
en defensa de los derechos humanos y ciudadanos, el Parlamento encuentra la cohesión
interna necesaria para hacerse oír institucionalmente y encontrar el eco necesario en la
opinión pública y los medios de comunicación.

Y ello coincide con el camino que ha seguido el coordinador europeo Gijs de Vries, de
modo que hoy la principal característica de la lucha europea contra el terrorismo es el
acento en los valores que deben caracterizar esa lucha. Mientras Estados Unidos sitúa a
menudo su “guerra contra el terrorismo” como una lucha moral del bien contra el mal en
cuyo desarrollo el fin justifica cualquier medio, la Unión Europea, sitúa su “lucha contra el
terrorismo” en el marco de unos valores que deben guiar la propia acción.

En este sentido, el Informe del Parlamento sobre la dimensión exterior de la lucha contra
el terrorismo16, señala que “la lucha contra el terrorismo se ganará en el terreno de los
valores o no se ganará”, y por ello “el respeto de los derechos y libertades fundamentales
no es sólo el límite sino la razón de ser de esta lucha”. Por el contrario, considera que “la
limitación de los derechos fundamentales no produce más seguridad en la población sino
más miedo. Y el miedo paraliza la acción, el miedo acobarda a la gente, el miedo es
esterilizante”.

Valores que deben servir para convencer a la opinión pública europea, y contar con el
apoyo activo de los ciudadanos a las medidas anti-terroristas, ya sean preventivas o
represivas, con el objetivo de contribuir así a su derrota moral, primer paso para lograr su
derrota policial. Pero también deben servir para convencer a la opinión pública
musulmana, dentro y fuera de las fronteras europeas, un elemento esencial para
conseguir el aislamiento total de los terroristas. Como apunta el citado informe del
Parlamento Europeo: “La detención y puesta a disposición judicial de personas y células
terroristas de las que se tienen indicios o pruebas de culpabilidad no despiertan en el
mundo musulmán virulentas reacciones en contra”, mientras que los discursos de
desprecio al Islam o de identificación del Islam con el terrorismo, sí que las despiertan.

Por ello el informe, tras defender “sin reservas” la libertad de expresión y no recomendar
la autocensura, considera que dicha libertad “debe ejercerse con sentido de la
responsabilidad y de la cordura”.

En esta misma dirección, el Informe recoge la opinión de la Comisión de Desarrollo, que


pidió incorporar algunas sugerencias en la propuesta de resolución en relación a la
defensa de los derechos humanos en países terceros. En concreto, la Comisión de
Desarrollo pide a la Comisión y al Consejo que “incluyan una cláusula de derechos
humanos y democracia en todos los acuerdos con países terceros y que la apliquen
coherentemente, sin permitir que la existencia de una eventual «cláusula de lucha contra
el terrorismo» afecte a la aplicación de esa cláusula de derechos humanos y tenga como
resultado una mayor tolerancia de las violaciones de los derechos humanos en nombre de
la lucha contra el terrorismo”. Y por ello piden que la Unión Europea “se abstenga de ser
portadora de esa amalgama que se hace cada vez con mayor frecuencia entre terrorismo
y conflicto, la cual permite y facilita ya a determinados países del Sur la adopción y
aplicación de leyes manifiestamente contrarias al respeto de los derechos humanos”.

Finalmente, y no por ello menos importante, por lo que implica de defensa de los
derechos de los ciudadanos europeos, el informe del Parlamento hace referencia a las
víctimas del terrorismo, y al necesario apoyo y asistencia de las instituciones les deben
prestar como acto de justicia y reparación, pero también como parte de la estrategia
colectiva de lucha contra el terrorismo, que siempre causa víctimas inocentes para crear
desazón en la opinión pública.

Los instrumentos institucionales que permitirían incrementar el rol del Parlamento en la


lucha contra el terrorismo

El Parlamento Europeo se puede convertir en uno de los principales garantes que la lucha
contra el terrorismo se realice desde el respeto a los derechos humanos y en el marco del
Estado de Derecho, pero para ello, deberá reforzar los instrumentos institucionales que le
permitan incrementar su papel en la lucha contra el terrorismo. En esta dirección, el
Parlamento deberá seguir exigiendo la activación de la cláusula pasarela prevista en el
artículo 42 del TUE para integrar dentro del marco comunitario lo esencial de la
cooperación judicial y policial.

Mientras este procedimiento no se active, deberá desarrollar su presencia en el marco del


“Diálogo Político de Alto Nivel en Antiterrorismo”, formado por la Comisión, el Consejo y el
Parlamento, diálogo establecido por la Estrategia Antiterrorista de la UE adoptada por el
Consejo Europeo de diciembre de 2005. Pero cabrá esperar si el diálogo político iniciado
se consolida con una reunión semestral, puesto que el segundo encuentro, que debía
tener lugar en noviembre de 2006 bajo presidencia finlandesa ya no se celebró.

En la primera reunión, celebrada el 10 de mayo de 2006 en Bruselas, las intervenciones


del representante del Parlamento, el diputado Jean Marie Cavada, ya fueron en esta
dirección, de modo que hay margen para que el Parlamento tenga un rol mayor en este
camino de luchar contra el terrorismo respetando los derechos humanos y defendiendo
valores y libertades. En este sentido, el Parlamento expresó su decepción por la
incapacidad de la Unión de adoptar garantías mínimas en el proceso penal o de asegurar
la protección de datos en el marco de la cooperación judicial y policial, y quiso poner el
acento en la necesidad que la cooperación con terceros estados, como en el caso del
acuerdo con los Estados Unidos, no debe afectar los estándares de protección de los
derechos de las persones en el seno de la Unión.

Con todo, y más allá de este diálogo político formal, la principal capacidad de acción del
Parlamento en la política de lucha contra el terrorismo internacional, como en otros
aspectos de la Política Exterior y de Seguridad Común, es su capacidad de decisión sobre
el presupuesto de la Unión. En la primera reunión del diálogo político de alto nivel en
antiterrorismo, el propio vicepresidente de la Comisión y responsable de Justicia,
Seguridad y Libertad, Franco Frattini, agradeció la iniciativa del Parlamento a finales de
2004 de establecer un artículo presupuestario (el 18 05 06) en un proyecto piloto sobre
terrorismo. Los siete millones de euros destinados en el presupuesto de 2005 se
convirtieron en diez millones en 2006, y permitieron poner en marcha el Programa
Europeo de Protección de Infraestructuras Críticas, y establecer una red de expertos en
radicalización violenta, así como establecer un servicio de gestión de crisis relacionadas
con el terrorismo integrado en el sistema europeo de gestión de crisis.
Gracias a la iniciativa del Parlamento, que permitió que la Comisión pusiera en marcha
estos programas, en las perspectivas financieras 2007- 2013, la Comisión dispondrá de
40 millones de euros anuales para la lucha contra el terrorismo, especialmente para los
programas de “seguridad” y “predisposición y gestión de crisis”.

El control parlamentario de la lucha contra el terrorismo internacional

Más allá del instrumento financiero y de las preguntas parlamentarias al Consejo o a la


Comisión, el Parlamento carece de posibilidades de influir en la política antiterrorista de la
Unión, a pesar de existir mecanismos que podrían darle un papel más relevante. En este
sentido, el Informe del Parlamento20 pide al Consejo “la revisión y puesta al día del
Acuerdo Interinstitucional de 20 de noviembre de 2002 entre el Parlamento Europeo y el
Consejo relativo al acceso por parte del Parlamento a la información sensible del Consejo
en el ámbito de seguridad y defensa”, con el objetivo de transmitir al Parlamento “todas
las informaciones disponibles en materia de lucha contra el terrorismo internacional”,
también aquellas que en ámbito interno “deban ser transmitidas al Parlamento nacional
por los gobiernos respectivos”, de modo que el Parlamento Europeo quiere situarse, en
relación con el Consejo y la Comisión, en el mismo nivel formal que los parlamentos
nacionales en relación a sus gobiernos.

En el citado informe, el Parlamento realiza una serie de peticiones concretas al Consejo, a


la Comisión y al Coordinador europeo para la Lucha contra el Terrorismo. Por un lado, se
pide al Consejo que, sobre la base del artículo 21 del TUE, “consulte verdaderamente al
PE sobre los aspectos principales y las opciones básicas de la lucha contra el terrorismo”,
si es necesario a través del Comité Especial previsto en el Acuerdo Interinstitucional de 20
de noviembre de 2002. Y, por otro, se pide a la Comisión y al Coordinador europeo para la
Lucha contra el Terrorismo que presenten un informe anual al Parlamento Europeo sobre
el desarrollo de sus actividades en dicha materia y que tengan en cuenta las
observaciones y recomendaciones del Parlamento Europeo al respecto, y que los
informes elaborados por el Centro de Situación (SitCen) para el Consejo de la Unión se
transmitan también regularmente al Parlamento Europeo. En relación al Diálogo Político
de Alto Nivel de Lucha contra el Terrorismo, propone que sus reuniones tengan lugar “al
menos trimestralmente” y que de la Delegación del Parlamento Europeo formen también
parte los presidentes de las comisiones permanentes para las tres grandes áreas de la
acción exterior (asuntos exteriores, comercio internacional y cooperación al desarrollo).
Finalmente, en el informe se propone “establecer un diálogo reforzado con los
Parlamentos nacionales sobre la lucha contra el terrorismo internacional, con miras a
asegurar un control parlamentario conjunto de las actividades de los diversos servicios de
seguridad y de inteligencia”.

Estas demandas son consecuencia directa de las limitaciones que tuvo el Parlamento
Europeo en su afán de resultar un actor clave en la investigación de los supuestos vuelos
de la CIA que utilizaron aeropuertos europeos para trasladar sospechosos terroristas
desde Irak y Afganistán hasta el campo de internamiento de Guantánamo. A finales de
2005, el Parlamento puso en marcha una comisión temporal para investigar la
colaboración de los países europeos con la CIA para el transporte y la detención de
prisioneros, y el ponente del informe, el diputado Claudio Fava, llegó a la conclusión que
al menos doces Estados miembros estaban al corriente de las actividades de Estados
Unidos en su territorio. El informe finalmente aprobado por el Parlamento en julio de 2006,
considera “inverosímil que los Gobiernos europeos no tuvieran conocimiento” de las
entregas extraordinarias que se desarrollaban en su territorio; “condena la práctica de las
entregas extraordinarias”, cuyo objeto es evitar que los sospechosos sean sometidos a un
proceso; y afirma que “es necesario verificar la existencia de pruebas sobre eventuales
cárceles secretas en algunos países europeo”, aunque señala que el trabajo de la
comisión parlamentaria “no ha revelado hasta la fecha evidencia o prueba alguna de la
existencia de prisiones secretas en la UE”.

Estas limitaciones, junto a la incapacidad del Parlamento para impedir que la Unión
firmara el 6 de octubre de 2006 un nuevo acuerdo con Estados Unidos legalizando la
transferencia, a través de las compañías aéreas, de una lista de 34 datos personales
(PNR) incluyendo la dirección, los números de teléfono y de tarjeta de crédito, los hábitos
alimentarios y el itinerario de todos los pasajeros, a las autoridades americanas, han
puesto en entredicho la capacidad del Parlamento para salvaguardar los derechos
fundamentales de los ciudadanos de la Unión, toda vez que este acuerdo sustituye al
anterior, firmado en 2004, sobre una nueva base legal que impide la acción del
Parlamento, que consiguió en mayo de 2006 la anulación por parte del Tribunal de
Justicia Europeo del anterior acuerdo.

LA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL DEL PRESIDENTE BUSH

El 28 de septiembre de 2005, el Presidente Bush destacaba los cuatro puntos esenciales


de la estrategia de Estados Unidos para lograr la victoria en la guerra contra el terrorismo.
En su declaración presidencial titulada Fighting a Global War on Terror, Bush enfatizaba
los cuatro puntos clave aplicados por su Administración para enfrentar el desafío del
terrorismo global: (1) combatir al enemigo en el exterior; (2) impedir a los terroristas que
obtengan el apoyo de Estados santuario; (3) impedir a los terroristas el acceso a las
armas de destrucción masiva; y (4) extender la democracia.

Igualmente, en un discurso pronunciado ante el National Endowment for Democracy el 6


de octubre de 2005, el Presidente Bush señalaba los cinco elementos que configuran la
estrategia antiterrorista de Estados Unidos: (1) prevenir con el fin de evitar ataques
terroristas antes de que sucedan; (2) impedir el acceso a las armas de destrucción masiva
a regímenes no democráticos y a sus aliados terroristas: (3) impedir el apoyo de estos
regímes a los grupos terroristas; (4) evitar que los terroristas accedan al control de un
Estado o de áreas sin gobierno que sirvan de base para el terror; y (5) evitar el
reclutamiento de futuros militantes fomentando la extensión de la democracia en la región
de Oriente Medio.

Y más recientemente, en la nueva National Security Strategy for United States of America
2006, publicada el 16 de marzo de 2006, el Presidente Bush volvía a insistir en los cuatro
puntos de su estrategia contra el terror: (1) prevenir posibles ataques perpetrados por las
redes terroristas; (2) evitar el acceso a las armas de destrucción masiva tanto a los
Estados hostiles como a sus aliados terroristas (3) impedir que Estados hostiles apoyen a
los grupos terroristas; y (4) impedir a los terroristas el control de Estados y áreas sin
gobierno que sirvan como base y santuario para lanzar su estrategia de terror.

Sin duda, la propuesta resulta reiterativa. Y es que, desde febrero de 2003, cuando se
formulara la denominada National Strategy for Combating Terrorism, la política
antiterrorista de la Administración Bush, basada en un modelo construido a partir de la
estrategia 4D -defeat-deny-diminish-defend-, permanece prácticamente inalterable frente
a un fenómeno terrorista cambiante, difuso, creciente y, aparentemente, fuera de control.

La Administración Bush, sin embargo, se ha apresurado en constatar los éxitos de su


guerra contra el terrorismo: fin de los brutales regímenes de Afaganistán e Irak;
incorporación de Libia a la comunidad internacional tras el acuerdo de 2003 y su renuncia
a continuar con sus programas de armas de destrucción masiva; control del mercado
negro atómico abierto por el científico Abdul Qader Jan, padre de la bomba atómica
paquistaní, -castigado y perdonado por el Presidente Musharraf-; control de la
proliferación nuclear mediante el acuerdo logrado con India en marzo de este año, por el
que este país someterá a control de la OIEA 14 de sus 22 reactores nucleares a cambio
de recibir tecnología atómica civil y aviones de combate por parte de Estados Unidos;
captura de líderes de grupos terroristas en Pakistán e Irak, además de las continuas
detenciones de cientos de insurgentes en Irak.

Aun reconociendo estos avances, teñidos por otra parte de cuestionamientos y críticas,
-los vergonzosos casos de Guantánamo y Abu Ghraib, el apoyo incondicional a Israel o la
guerra civil larvada en Irak son sólo algunos lamentables ejemplos-, cabe plantearse, sin
embargo, algunos interrogantes sobre la continuación de la guerra contra el terrorismo
tras las intervenciones de dudosa eficacia en Afganistán e Irak. Verdaderamente, ¿qué
opciones le quedan a Bush más allá de la estrategia 4D?, ¿hasta qué punto la aplicación
de esta estrategia supone una garantía de victoria a largo plazo?, y aún más importante:
¿es factible la extensión de la guerra contra el terrorismo a otros países declarados
hostiles como Irán, Siria o Corea del Norte?, ¿cuál será el siguiente paso de Estados
Unidos en su lucha contra el terrorismo?

De acuerdo con la doctrina de defensa preventiva formulada por la Administración Bush


tanto en la National Security Strategy de 2002 como el la última de 2006, es preciso
prevenir y enfrentar la amenaza antes que sufrir sus devastadoras consecuencias como
estrategia para garantizar la seguridad nacional de Estados Unidos. Por tanto, y de
acuerdo con esta estrategia de prevención, Siria e Irán se presentan como posibles
objetivos, dado su apoyo a grupos terroristas, su intervención encubierta en Irak y, en el
caso de Irán, sus programas de armas de destrucción masiva. Asimismo, el grupo libanés
Hezbollah se considera una amenaza aún más letal que la propia Al Qaeda, en la medida
que supone un importante desafío para la estabilidad en la región, dado su apoyo a los
que son catalogados como grupos terroristas palestinos, su estrategia de provocación y
guerra contra Israel y su vehemente retórica antiestadounidense.

Sin embargo, una hipotética tercera fase en la guerra contra el terrorismo sería muy
diferente, más compleja y desafiante, comparada con las dos fases anteriores de
Afganistán e Irak. Para empezar, a diferencia del régimen de Sadam Husein, Irán y Siria
no se encuentran aislados diplomáticamente; por otra parte, los regímenes de Siria e Irán
gozan de una cohesión nacional más sólida que en el caso del anterior régimen iraquí, por
lo que es más que probable que en caso de crisis las poblaciones de estos países
apoyasen incondicionalmente a sus respectivos gobiernos.

Además, ¿cuáles son las opciones que se abren para Estados Unidos?. Los bombardeos
limitados como en los casos de Afganistán y Sudán en 1998 durante la Administración
Clinton dejaron en evidencia las desastrosas consecuencias y la limitada eficacia que
supone la aplicación de este tipo de medidas para desactivar células terroristas; por otra
parte, una intervención a gran escala contra los denominados Estados santuario de los
grupos terroristas aseguraría una mayor eficacia en su eliminación; sin embargo, una
hipotética intervención militar en el caso concreto de Irán sería tremendamente costosa
dado que se necesitaría, cuando menos, duplicar las fuerzas desplegadas en la invasión
de Irak, dada la extensión del país, la hostilidad de la población y la amenaza que
supondría su programa de armas de destrucción masiva. Esta hipotética intervención
convertiría, esta vez sí, en un auténtico polvorín la región de Oriente Medio con
consecuencias trágicas e imprevisibles en todos los órdenes de la realidad internacional,
recrudeciendo, aún más si cabe, la espiral de violencia terrorista y contraterrorista.

Por otra parte, extender la lucha contra el terrorismo más allá de Al Qaeda y su red de
grupos terroristas se presenta aún más complicado como en el caso específico del grupo
libanés Hezbollah, ya que se trata de un grupo políticamente motivado, militarmente
entrenado y abastecido que cuenta con el apoyo mayoritario de la población libanesa.
Para contar con alguna posiblidad de éxito y golpear directamente al grupo, se necesitaría
un tremendo esfuerzo de inteligencia y contrainsurgencia en el propio Líbano, algo
bastante difícil, teniendo en cuenta el ejemplo de Israel que lleva más de 20 años optando
por la vía militar para poner fin al desafío de Hezbollah sin conseguir debilitar, ni mucho
menos derrotar, al grupo libanés. Más bien al contrario, los esfuerzos israelíes han
fortalecido la convicción política de sus integrantes, reforzando, incluso, la credibilidad del
grupo entre la población libanesa frente a la contundencia indiscriminada de la respuesta
israelí como desmuestra la reciente crisis iniciada el pasado mes de julio. Además, es
más que probable que Hezbollah decidiera activar sus células en Asia, Europa, América
Latina y Estados Unidos con el fin de golpear contra intereses norteamericanos en todo el
mundo.

Según Zbigniew Brzezinski, la incapacidad de la Administración Bush de reconocer el


trasfondo político de la amenaza terrorista supone un importante error de planteamiento
estratégico. Bush debe reconocer que los principales objetivos terroristas son los aliados
de los Estados Unidos: australianos en Bali, españoles en Madrid, israelíes en Tel Aviv,
egipcios en el Sinaí, británicos en Londres, indios en Bombay. De acuerdo con Brzezinski,
antiguo Consejero de Seguridad Nacional en la Administración Carter, el nexo político de
estos atentados resulta más que evidente: los objetivos son los aliados y los Estados
clientes de Estados Unidos en la cada vez más intensa intervención militar
estadounidense en Oriente Medio a la vez que su invariable e incondicional apoyo a
Israel.

De acuerdo con la interpretación de este autor, existe un odio político intenso contra
Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña, que se ve fomentado, a la vez que moldeado por
las imágenes que transmiten los medios de comunidación y que son percibidas como
muestras de la denigración embrutecedora de la dignidad humana, lo que explica la
continua captación de reclutas para el terrorismo procedentes no sólo de la región de
Oriente Próximo, sino también de Marruecos, Etiopía o Indonesia.

Si la estrategia de la Administración Bush para combatir la guerra contra el terror resulta


más que cuestionable, también lo es su capacidad para controlar la proliferación nuclear.
En Irak se desencadenó la invasión puesto que el régimen de Sadam Husein no pudo
ejercer la disuasión al carecer de armas de destrucción masiva; sin embargo, con Corea
del Norte Estados Unidos practica la autocontención, lo que contribuye a reforzar la
convicción de Irán de que sólo a través de su programa nuclear puede garantizar sus
intereses de seguridad, rodeado como está de bases y tropas norteamericanas y de
potencias nucleares no afines a su régimen.

De acuerdo con Haizam Amirah "los iraníes se sienten fortalecidos a escala regional. Ven
a los Estados Unidos rehén de su influencia sobre los chiíes de Irak; el enemigo talibán ya
no está en Afganistán, Hamás ha triunfado en las elecciones palestinas y el precio del
petróleo está muy alto. No hay que olvidar que el 25% del consumo mundial de petróleo
pasa cada día por el Estrecho de Ormuz que está bajo control iraní"; por otra parte, el
enfrentamiento abierto entre Israel y Hezbollah favorece los intereses de Irán en la
medida que ha contribuido a desviar la presión internacional sobre su programa de armas
de destrucción masiva, orientándola hacia su eterno enemigo: Israel, poniendo así en
evidencia la política de doble rasero de Estados Unidos y sus aliados.

Y es que mientras que el caso de Irán se encuentra en la agenda del Consejo de


Seguridad de Naciones Unidas y de la OIEA, Israel, Pakistán e India no han sido
sometidos a ningún tipo de verificación. Es más, India se ha visto recompensada por la
Administración Bush con el reciente acuerdo suscrito el pasado mes de marzo que implica
la transferencia de material y tecnología atómica. Pero, ¿por qué India sí e Irán no?. De
acuerdo con los intereses de Estados Unidos India se presenta como un aliado estable en
una región del mundo altamente volátil y que contribuirá en el esfuerzo por controlar la
proliferación iraní; por otra parte, India, de cara a la galería, puede ser presentada como la
democracia más poblada del mundo, con una demografía que puede sobrepasar a la
china en unas décadas. Y lo más importante: la alianza nuclear entre India y Estados
Unidos responde a una estrategia de mayor envergadura que consiste en la contención
del desafío que supone China, contemplada por los neoconservadores como el gran rival
de la hegemonía estadounidense para mediados de siglo. La aplicación de esta políticade
doble rasero ha convertido a Estados Unidos en un promotor selectivo de la proliferación
de armas nucleares, lo que complicará aún más la búsqueda de una solución constructiva
al problema nuclear iraní.

La estrategia política de la Administración Bush hace aguas en medio de la progresiva


degradación moral de Estados Unidos en el mundo, provocando una alarmante pérdida
de credibilidad política que le resta autoridad no ya para liderar la guerra contra el terror
sino para desempeñar las más elementales funciones como superpotencia del mundo
libre y modelo de democracia en un contexto internacional en precario equilibrio, dadas
las profundas desigualdades sociales, el deterioro del medio ambiente, la proliferación de
conflictos regionales o el hambre. En realidad, el argumento de la democracia y el respeto
por los derechos humanos hace ya mucho tiempo que dejó de ser creíble y respetado
como modelo. Quizá conscientes de estos problemas y para enfrentar el desafío político
que supone la merma de credibilidad de la superpotencia unipolar, la Administración Bush
ha realizado, al menos sobre el papel, un importante cambio de estrategia, impulsando el
multilateralismo y la cooperación para enfrentar de forma coordinada y eficaz la guerra
contra el terror.

En este sentido, la nueva National Security Strategy 2006 es continuista con respecto a la
NSS 2002, en la medida que sigue señalando el terrorismo como principal amenaza para
los intereses de seguridad norteamericanos, pero se aleja del sesgo unilateral de la
anterior NSS, apostando de forma decidida por el multilateralismo y la cooperación entre
aliados.

Este énfasis en el multilateralismo queda reflejado en la intención de la administración


Bush de continuar reforzando las alianzas para derrotar el terrorismo global y trabajar de
forma coordinada para prevenir ataques terroristas contra los intereses norteamericanos y
de sus aliados a la vez que colaborar con otros países para solucionar los conflictos
regionales que pueden surgir por múltiples causas como la corrupción, las rivalidades
étnicas, motivos religiosos. Estos conflictos precisan de la atención de Estados Unidos y
de sus aliados con el fin de evitar que estas áreas se conviertan en auténticos santuarios
para los terroristas.

La Administración Bush contempla una estrategia a tres niveles basada, en primera


instancia, en la prevención y resolución del conflicto, aunque si esta alternativa falla y los
intereses norteamericanos se encuentran seriamente amenazados, se contempla la
intervención en el conflicto para imponer la paz y la estabilidad para lo que se deberá
trabajar estrechamente con la OTAN con el fin de mejorar las capacidades de los Estados
aliados en misiones de imposición de la paz; en la última fase, se prevé la denominada
reconstrucción y estabilización post-conflicto con el fin de garantizar una paz y estabilidad
duraderas.

Asimismo, Estados Unidos pretende desarrollar agendas para una estrategia basada en la
cooperación con otros centros de poder global, particularmente con sus más firmes
aliados como los países de la Unión Europea. De acuerdo con la nueva NSS los nuevos
tiempos exigen nuevas relaciones, lo suficientemente flexibles, como para permitir una
acción efectiva, incluso cuando existan diferencias de opinión entre los aliados
tradicionales, y, al mismo tiempo, lo suficientemente sólidas como para enfrentar de forma
coordinada los desafíos actuales. En este sentido, y para reforzar la cooperación entre
aliados en un marco multilateral, es preciso contar con el apoyo de instituciones
internacionales regionales y universales con el fin de que esta colaboración sea lo más
amplia posible, a la vez que efectiva.

La nueva estrategia, sin embargo, también pretende diversificar los escenarios de


colaboración más allá del tradicional marco atlántico y de las potencias occidentales, en la
medida que la nueva NSS 2006 no descarta la conexión mediante coaliciones como la
Proliferation Security Initiative o la APEC Secure Trade .

La nueva NSS sigue, como es lógico, firmemente comprometida con la protección de los
ciudadanos e intereses norteamericanos, para lo cual, la Admnistración norteamericana
se anticipará y enfrentará las amenazas utilizando todos los instrumentos que sean
necesarios antes de que las amenazas se conviertan en serios daños y perjuicos para los
intereses y ciudadanos estadounidenses. La doctrina de defensa preventiva que tanto
debate suscitó en 2002 se mantiene, por tanto, como el eje fundamental de la NSS 2006.

El argumento de la Administración Bush para justificar esta doctrina se basa en que ante
las consecuencias devastadoras de un posible ataque con armas de destrucción masiva,
el Gobierno estadounidense no puede permitirse la inacción. Y aunque la Administración
se muestre a favor de opciones no militares, -como la vía diplomática que se ha seguido
para enfrentar la amenaza que supone Corea del Norte-, y aunque se reconozca el fallo
de evaluación de la amenaza iraquí, se sigue apostando por el error antes que por la
pasividad.

La Administración Bush considera un objetivo prioritario en su nueva NSS acabar con la


tiranía, concebida como una combinación de brutalidad, pobreza, corrupción, sufrimiento
e inestabilidad, fomentadas por sistemas despóticos como los de Corea del Norte, Irán,
Siria, Cuba, Bielorrusia, Birmania o Zimbawe. Estos regímenes tiranos impiden la
expansión y consolidación de la libertad en el mundo mediante la promoción del
terrorismo y mediante sus programas de armas de destrucción masiva. Por tanto, y con el
fin de combatir la amenaza que supone la tiranía, Estados Unidos sigue apostando por la
promoción de la libertad, la democracia, el justicia, el respeto a los derechos humanos y el
mercado libre de acuerdo con la más fime tradición del idealismo norteamericano.

Una mirada atenta a la realidad internacional que nos rodea sólo nos permite afrontar la
nueva propuesta con inquietud y escepticismo, ya que la Administración Bush sigue
apostando por soluciones continuistas basadas en la proyección de poder en un
escenario internacional cada vez más inestable, donde Estados Unidos está perdiendo la
principal batalla que es la de las mentes y corazones árabes y musulmanes.

Y, así, mientras el Presidente Bush persiste en su empeño por proclamar el mensaje de la


libertad y la democracia para lograr la victoria en la guerra contra el terrorismo, Bin Laden
y Al Zawahiri catalogan la democracia como "religión enemiga", contraria a los principios
del Islam, calificando la libertad religiosa y la libertad de expresión como prácticas
apóstatas, punibles con la pena de muerte.

De acuerdo con la interpretación de Bin Laden, las democracias, los gobiernos


constitucionales y las monarquías islámicas son formas inaceptables de gobierno para las
sociedades islámicas puesto que se basan en el poder del hombre en detrimento de la
Ley de Dios. Concretamente, en diciembre de 2004, Bin Laden pedía a todos los
musulmanes que se opusieran a la creación de gobiernos democráticos en Irak,
Afganistán y los territorios palestinos; urgía a que lucharan contra todos los movimientos
de reforma no-islámicos, a la vez que instaba a derribar regímenes insuficientemente
islámicos tales como la monarquía saudí.

Al Zawahiri ha venido insistiendo en las aseveraciones de Bin Laden a lo largo del pasado
año de 2005, manifestando un tono especialmente crítico contra los centros de dentención
estadounidenses en Guantánamo y Abu Ghraib, mostrándolos como ejemplo del modelo
de reforma de Estados Unidos para el mundo islámico. En sus manifestaciones, Al
Zawahiri también ha rechazado los procesos electorales en Afganistán, Egipto e Irak,
argumentando que Estados Unidos y sus aliados no hubieran apoyado estas elecciones si
los resultados hubieran dado la victoria a gobiernos islamistas que hubieran cuestionado
la política estadounidense en la región.

En general, se puede afirmar que la retórica política y religiosa de los líderes de Al Qaeda
a lo largo de estos años se ha mantenido coherente: los musulmanes deben contemplarse
a sí mismos como parte de una única nación y trabajar unidos para resistir la agresión
anti-islámica sobre la base de una jihad defensiva. Esta retórica de la denominada "unidad
islámica" normalmente viene acompañada con manifestaciones antisemitas de condena a
Israel y acusaciones contra Estados Unidos por su evidente complicidad en el sufrimiento
de los musulmanes.

Sin embargo, y partiendo de la base de esta consistencia, los líderes de Al Qaeda han
venido haciendo gala de un extraordinario pragmatismo para adaptar el contenido de sus
mensajes a las circunstancias cambiantes del momento, aunque manteniendo el
compromiso mesiánico de una agenda ideológica más amplia y a largo plazo. En muchas
de las declaraciones previas al 11 de Septiembre, Bin Laden amplió el contenido de su
mensaje con el fin de reclutar para su causa el mayor número de musulmanes posibles,
siendo el principal objetivo de sus mensajes los musulmanes no árabes, muy
especialmente aquéllos involucrados en conflictos como el de Chechenia, Bosnia,
Cachemira y Filipinas. Tras los atentados del 11 de Septiembre, Bin Laden apeló
directamente a los musulmanes que se encontraban en primera línea de las operaciones
contraterroristas lideradas por Estados Unidos, particularmente su mensaje se dirigía a las
poblaciones de Arabia Saudí, Pakistán e Irak, cuyos gobiernos son aliados de Estados
Unidos en la guerra contra el terrorismo.

Más concretamente, en sus declaraciones de 2004 y 2006 dirigidas a las audiencias y


gobiernos de Estados Unidos y Europa, Bin Laden combinó amenazas de violencia con
intentos por persuadir a líderes y ciudadanos de estos países para que cambiasen el
rumbo de sus respectivas políticas exteriores hacia el mundo islámico. En abril de 2004,
Bin Laden llegó a ofrecer una tregua a los europeos si éstos consentían retirar su apoyo a
las operaciones militares de Estados Unidos en Afganistán e Irak. Incluso, en octubre de
2004, en víspera de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Bin Laden se dirigió
a los ciudadanos norteamericanos, amenazando con la destrucción de su país si no
reconsideraban su apoyo a la política exterior de la Administración Bush hacia el mundo
islámico.

Lo cierto es que el rechazo cada vez más generalizado a la política exterior de Estados
Unidos en el contexto internacional, y muy especialmente en la sociedades musulmanas,
constituye un factor relevante para entender el cambio progesivo de los líderes de Al
Qaeda hacia una retórica política e ideológica cada vez más explícita y concreta en un
claro intento oportunista por ampliar las bases del movimiento, además de conseguir más
apoyo material y financiero. En este sentido, cabe destacar las aportaciones de Sayf Al
Adl, comandante de Al Qaeda, en sus esfuerzos por concretar un detallado marco
estratégico que sirva de base del movimiento jihadista, en una estrategia a corto, medio y
largo plazo donde la provocación de Israel y la explotación de la vulnerabilidad de Estados
Unidos y sus aliados con respecto a las reservas de petróleo destacan como puntos
especialmente relevantes de una estrategia terrorista que se caracteriza por la
versatilidad, la resistencia y el pragmatismo.

LA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL DEL PRESIDENTE OBAMA

El presidente de EEUU ha promulgado en mayo de 2010 una nueva edición de la National


Security Strategy (NSS). Su publicación viene obligada por el Congreso y debe servir para
enmarcar todas las políticas relacionadas con la seguridad. Las estrategias anteriores,
NSS de 2002 y NSS de 2006, tuvieron una gran repercusión por sus implicaciones en la
lucha contra el terrorismo de las dos Administraciones del presidente George W. Bush en
el entorno post-11S. Se recordarán por su reivindicación de las acciones preventivas y por
fijar como objetivo prioritario la lucha contra el terrorismo global. La nueva Estrategia de
2010 presenta más continuidades que novedades respecto a las anteriores y se recordará
por ser una estrategia de “transición” que permita a EEUU reducir el desfase entre sus
capacidades y compromisos como país líder de la seguridad global. En conjunto, el
documento es más una declaración política que una guía de acción: sabe señalar los
objetivos a conseguir pero no la forma en la que se deben conseguir.

La Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy, NSS) de 2010 presenta


la visión de la Administración estadounidense del presidente Obama sobre el mundo que
le ha tocado liderar, el papel de EEUU en él, sus objetivos en relación con el orden
internacional, el bienestar norteamericano y la seguridad nacional. Todas las estrategias
de seguridad sirven para articular los objetivos políticos de cada gobierno con los
instrumentos de influencia de los que disponen pero en el caso de una gran potencia
como la estadounidense, dadas su variedad y cantidad de instrumentos y el nivel de
ambición de los objetivos, el documento configura una estrategia de gran nivel (grand
strategy). Esto marca la diferencia entre cualquier NSS estadounidense y otras
estrategias europeas de seguridad nacional, ya que no disponen de los mismos medios y
voluntad de influencia internacional.

La finalidad práctica de las estrategias es la de alinear los objetivos y políticas


departamentales en materia de seguridad con las expresadas por la Casa Blanca en el
documento. No se trata, por tanto, de una declaración programática cuya utilidad se agota
en la publicación, sino que debe servir para orientar la continuidad o el cambio de las
políticas exterior y de seguridad de EEUU. Así, la NSS de 2006 influyó en la elaboración
de las estrategias de Lucha Contra el Terrorismo de septiembre de 2006 y la de
Homeland Security de octubre de 2007 que se han venido aplicando desde entonces. Por
eso, se supone que ninguna subestrategia puede anticiparse a la estrategia general –
estrategia de estrategias– que son las NSS. Sin embargo, la Estrategia de 2010 no alude
a la necesidad de actualizar las subestrategias sectoriales, a pesar de que, por ejemplo, la
Cyber-Space Policy Review recomendó la necesidad de desarrollar una estrategia de
ciberseguridad y, por el contrario, el Departamento de Defensa ha publicado la Nuclear
Posture Review antes que la NSS, lo que introduce un poco de confusión sobre la lógica
formal del documento.

Las estrategias de seguridad nacional no son, como el sentido común induce a pensar,
una estrategia militar o de defensa aunque delimitan los escenarios y condiciones en los
que EEUU podría emplear su poder militar. El factor de la fuerza tuvo más relieve en las
ediciones anteriores de 2002 y 2006 debido a la preocupación de la Administración del
presidente Bush por la lucha contra el terrorismo en un entorno post-11S. Aunque todas
las estrategias mantienen una estrategia similar y presentan más elementos de
continuidad que de cambio, aquellas tuvieron una mayor notoriedad porque sus
prioridades de seguridad “militarizaron” la estrategia y el flujo estratégico derivado de ella.
Por el contrario, las estrategias sirven para comunicar qué combinación de instrumentos
empleará cada Administración para resolver los problemas de seguridad que le toca
afrontar. En algunas ediciones, como en la NSS de 2006, esta labor de comunicación
estratégica y de diplomacia pública (estrategia) tiende a primar sobre la finalidad
primigenia de orientar las políticas (concepto estratégico), por lo que se identifican
objetivos y líneas de acción sin explicar suficientemente qué se hará para conseguirlos.
La NSS de 2010 enumera muchos objetivos a conseguir pero no da demasiadas
indicaciones sobre la forma de hacerlo. Así, y entre muchos ejemplos, no dice cómo debe
penalizarse el incumplimiento de las obligaciones contraídas sobre proliferación, comercio
o derechos humanos, ni qué consecuencias deben tener los incumplimientos o cómo se
puede aislar a los gobiernos que se burlan de las normas internacionales (¿qué hacer con
Irán y con Corea del Norte?). Mayor detalle ofrece sobre Afganistán, Pakistán y al-Qaeda,
donde se nota la existencia de estrategias específicas que permiten ampliarse en
explicaciones, y la lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva, algo que
se explica por la prioridad de estas cuestiones en la agenda personal de un premio Nobel
para la consecución de un mundo sin armas nucleares.

El mundo que se ve desde la Casa Blanca (“the world as it is”)

La NSS de 2010 constata que el mundo está cambiando y que ya que EEUU no puede
configurar la realidad internacional, debe adaptarse a ella. Las estrategias anteriores
apostaban por un enfoque proactivo de la acción exterior por la que EEUU debería
configurar (shape) el orden mundial fomentando la democracia, el desarrollo y la
seguridad por todo el mundo, especialmente allí donde los estados fueran más débiles o
fallidos, una estrategia que la antigua secretaria de Estado, Condoleezza Rice, tradujo en
su transformational diplomacy y en cambios en el Servicio Exterior. Ahora, la NSS de 2010
sustituye el liderazgo decidido y transformador por otro más pragmático y compartido, ya
que la Administración Obama entiende que hay que cambiar muchas cosas en casa antes
de poder cambiarlas fuera y que es necesario compartir la responsabilidad de la
seguridad global con los aliados, socios e instituciones internacionales.

Las estrategias establecen qué problemas de seguridad se solucionan solos y cuales


junto a otros. La NSS de 2010 acentúa el foco multilateral de la acción exterior. Tras
constatar que ninguna nación puede hacer frente a los retos globales individualmente, la
Administración Obama se compromete a conseguir sus intereses mediante un sistema
internacional reforzado en el que todas las naciones compartan derechos y deberes. En
materia de seguridad internacional, las distintas administraciones estadounidenses han
mantenido ese mismo patrón de actuación por el que tienden a actuar unilateralmente
cuando no es posible conseguir sus intereses actuando junto a terceros. Las dos
estrategias anteriores era más unilateralistas, especialmente en el ámbito militar, pero no
descartaban actuar mediante instituciones o alianzas cuando fuera necesario para
satisfacer intereses comunes. La diferencia entre esta NSS de 2010 y las dos anteriores
es que reconoce que las instituciones multilaterales no funcionan eficazmente como
debieran y que deben reforzarse para servir al interés global: una aproximación a los
enunciados del multilateralismo eficaz que acuñó la Estrategia Europea de Seguridad en
2003. Reforzar el orden internacional es una de las propuestas más reiteradas en la NSS
de 2010 aunque no se concreta suficientemente cómo hacerlo.

EEUU desea seguir comprometido (engaged) en los asuntos internacionales para influir
en ellos. Con sus aliados tradicionales, con las potencias emergentes e incluso con los
adversarios potenciales para explorar oportunidades de solución y mostrar a su población
que existe la voluntad de cooperar. Un aspecto novedoso en la NSS de 2010 es la
relevancia que atribuye a los actores no estatales, las potencias emergentes, el G-20, la
sociedad civil, el sector privado y los individuos como sujetos activos de la seguridad
global. En el lado oscuro de la seguridad, también reconoce la emergencia de actores
locales radicalizados y redes criminales trasnacionales. La diversificación de actores
ofrece la posibilidad de nuevas combinaciones de ellos en agrupaciones ( partnerships)
para hacer frente a nuevos problemas de seguridad mientras que para los problemas de
naturaleza militar siguen siendo necesarias las alianzas intergubernamentales.

Continuidad y cambios respecto a estrategias anteriores

Cada estrategia contiene un concepto de seguridad que refleja las preocupaciones de


cada período y Administración. En la NSS de 2010, el concepto de seguridad desborda el
limitado marco de los problemas de la lucha contra el terrorismo y el uso de la fuerza lejos
del territorio propio para establecer un continuo de seguridad entre lo que pasa fuera y lo
que pasa dentro. La estrategia dibuja un espectro de riesgos que van desde los que
afectan a la población y al territorio estadounidense (Homeland Security) hasta los que
afectan a la seguridad internacional y exterior y reconoce estar superando la distinción
entre ambas (en mayo de 2009, el presidente Obama decidió integrar los consejos de
Seguridad Nacional y Seguridad Interior).

Si en las estrategias anteriores irrumpió con fuerza el enfoque preventivo –con demasía
en el ámbito de los ataques preventivos– en respuesta a la gravedad de los efectos y a la
necesidad de prevenir los daños y agresiones, en la NSS de 2010 aparece el concepto de
recuperación (“resiliencia”). La dificultad de garantizar que se puedan evitar todas las
agresiones posibles mediante la prevención, obliga a desarrollar dentro de las sociedades
una capacidad de recuperación para que a pesar de la dimensión de los daños, puedan
recuperar su funcionamiento normal cuanto antes. Este enfoque ya figura en las
estrategias británica y francesa de seguridad nacional y, ahora, la NSS reconoce la
importancia de proteger los servicios e infraestructuras públicas, gestionar las
emergencias naturales o debidas a la acción humana y fomentar la colaboración público-
privada.

La comparación con las estrategias de 2002 y 2006 ofrece más continuidad que cambios
en los contenidos, aunque los cambios son importantes en el lenguaje de comunicación y
en la estructura respecto a las anteriores estrategias. Mantiene los contenidos de las
anteriores, salvo los relacionados con la lucha contra el terrorismo global y los cambios
orgánicos introducidos en el sistema de seguridad nacional que desaparecen en la nueva
estrategia, aunque el resto se redistribuye en una estructura clásica que describe el
contexto estratégico y los intereses de seguridad, prosperidad, valores y orden
internacional. La principal amenaza que ve esta Administración para su seguridad
nacional es la proliferación de las armas de destrucción masiva, sea entre actores
estatales o no estatales.

A diferencia de la NSS de 2006 que mantuvo la denominación de “guerra” para la lucha


contra el terrorismo global, la NSS de 2010 ha abandonado el término del terrorismo
global pero sigue utilizando el término de “guerra” para referirse no ya a la lucha contra el
terrorismo sino a la que llevan a cabo contra la red de al-Qaeda, dos guerras en Irak y
Afganistán-Pakistán, una guerra que diferencian de la guerra contra el islam –al igual que
ya hiciera la NSS de 2006, pero que sigue abierta contra al-Qaeda y quienes les ayudan–.
Si la estrategia de 2006 tenía un apartado dedicado a la lucha contra el terrorismo global,
la NSS 2010 tiene otro dedicado a perturbar, desmantelar y derrotar a al-Qaeda, por lo
que Afganistán seguirá siendo una guerra de necesidad para esta Administración mientras
–y sólo mientras– al-Qaeda actúe desde allí o desde nuevas plataformas en Yemen,
Somalia, Maghreb o el Sahel.

La NSS de 2010 ha abandonado el calificativo de global para definir el terrorismo y éste


pasa a ser “una entre muchas otras” amenazas y una táctica de actuación más que un
enemigo concreto, aunque sigue siendo una preocupación grave de seguridad como lo
son la proliferación de armas de destrucción masiva, junto a riesgos derivados de la
globalización como las epidemias, los tráficos ilícitos y los desastres naturales, tal y como
se identificaban ya en la NSS de 2006, aunque no los del cambio climático que sí
aparecen en la nueva estrategia de 2010. Las mayores novedades aparecen en el ámbito
interior de la seguridad, añadiéndose la seguridad de los medios marítimo, espacial y
cibernético (global commons), las infraestructuras críticas, las fronteras amenazadas y el
cambio climático como nuevos escenarios de riesgo, a los ya identificados en estrategias
anteriores como la seguridad energética, la criminalidad transfronteriza y las
enfermedades contagiosas.

A diferencia de la NSS de 2002, que admitió las acciones preventivas, y de la NSS de


2006, que mantuvo su validez, la NSS abandona ese tipo de acciones pero mantiene
abierto el recurso unilateral de la fuerza si es necesario para defender la nación o sus
intereses. Añade cautelas de legitimación internacional, valoración y de último recurso
pero la estrategia permite emplear la fuerza en todo el ámbito del espectro y decidir a su
presidente cuándo es necesario hacerlo (la dedicación de un apartado específico al
empleo de la fuerza es un reflejo de una cultura estratégica sin complejos, algo que sería
impensable en algunas estrategias y sociedades europeas). Dentro de esta dimensión
ética, cabe destacar que la prevención del genocidio, que ya fue una preocupación de la
NSS de 2006, se consolida ahora tras el respaldo estadounidense al principio de
Naciones Unidas de la “responsabilidad de proteger”, aunque lejos de aplicarlo en solitario
EEUU desea que esa responsabilidad se ejerza por la comunidad internacional y, en su
defecto, mediante acuerdos multilaterales o bilaterales, incluido el uso de la fuerza si es
preciso tal y como se venía reconociendo anteriormente. También resulta novedosa la
alusión a la aproximación estadounidense al Tribunal Penal Internacional para acercar
posiciones en asuntos de interés común, aunque no se acepta su jurisdicción para juzgar
al personal estadounidense que interviene en acciones de seguridad internacional.
La NSS de 2010, al igual que las precedentes, incluye el fomento de la democracia y la
libertad internacional. Proceden de la tradición de la filosofía política estadounidense que
parte de la alta consideración del modelo estadounidense y sus valores (“ejemplarismo”)
para proyectarlos como parte de su política exterior (“reivindicacionismo”). Todas las
estrategias consideran que la proyección de la democracia y la libertad son asuntos de los
que depende la seguridad nacional y tratan de fomentarlos pero, a diferencia de las
estrategias anteriores, la NSS de 2010 se ha vuelto más pragmática y continúa
fomentando la dignidad humana y la democracia aunque de forma indirecta. En lugar de
actuar directamente sobre los gobiernos poco democráticos, la NSS de 2010 propone la
doble vía de mantener abierto el diálogo con esos gobiernos mientras se promocionan los
derechos y libertades individuales apoyando a los activistas locales e internacionales
como instrumentos de acción.

En cuanto a aspectos regionales, la NSS de 2010 continúa prestando gran importancia a


Rusia, China, Indonesia y la India, algo que ya se venía haciendo en las estrategias
anteriores aunque pasara desapercibido. Ahora, la estrategia de 2010 se asoma a nuevos
centros de influencia como Brasil y otras organizaciones y foros como el G-20 como
actores estratégicos con los que estrechar relaciones. Por el contrario, pierden
importancia el Greater Middle East, del que apenas queda un apartado testimonial frente
a las pretensiones transformadoras de la NSS de 2006, e Irak, del que ya sólo se apuntan
las condiciones del relevo de responsabilidades. También es de resaltar que la NSS de
2010 ha eliminado a Siria de su lista de Estados patrocinadores del terrorismo mientras
que Irán sigue centrando las preocupaciones de EEUU debido a sus implicaciones en casi
todos los problemas graves que afectan a la seguridad nacional.

El desfase entre los objetivos y recursos (“building at home vs shaping abroad”)

Para que la visión del mundo deseada se materialice, y la visión se transforme en una
estrategia, los documentos deben describir cómo se van a utilizar los recursos disponibles
para conseguir los objetivos propuestos. La NSS de 2010 constata que EEUU ya no
dispone de los recursos ilimitados del pasado y reconoce que la seguridad final
dependerá de los recursos educativos, económicos, científicos y tecnológicos disponibles,
pero a partir de esa constatación, no determina sus prioridades de forma que los escasos
recursos se asignen a sus objetivos por orden de importancia. En su lugar, la NSS de
2010 vuelve a elaborar un listado de intereses a proteger: seguridad, bienestar, valores y
orden internacional sin que se mencione ningún orden de preferencia.

El problema de fondo es que en los últimos años ha crecido el desfase entre sus recursos
y objetivos. Sus instrumentos de acción siguen siendo el poder militar, la competitividad
económica, el liderazgo moral y el compromiso moral, pero esos instrumentos se han
visto afectados por los conflictos de Irak y Afganistán, la recesión económica y las
acciones de al-Qaeda. Por eso, la NSS de 2010 reivindica un período de transición, para
“reequilibrar” sus prioridades y poder recuperar sus instrumentos de acción, para volver a
liderar la seguridad global como en el pasado y poder configurar los cambios en lugar que
tener que adaptarse a ellos. La NSS acierta al identificar el descenso de los niveles de
bienestar, educación, capital humano y ventaja tecnológica o el mal gasto como la fuente
del desfondamiento del liderazgo estadounidense, pero la Estrategia de 2010 se equivoca
al prescribir los remedios contra esos males estadounidenses dentro de un documento
dedicado a la seguridad, no a la política general que es donde se deberían haber
encuadrado. Ni los instrumentos ni los responsables para solucionar esos problemas se
encuentran en el sistema de seguridad nacional, sino en el conjunto de la Administración,
por lo que su inclusión produce confusión y da la impresión de que la seguridad nacional
puede extenderse a todos los problemas nacionales, lo cual va en contra de la filosofía de
estos documentos.

La estrategia muestra el deseo de reequilibrar los instrumentos de acción exterior: reducir


el papel fundamental hasta ahora de la fuerza armada y desarrollar instrumentos
diplomáticos, de desarrollo propios y potenciar sus alianzas de seguridad con sus aliados
europeos, asiáticos o norteamericanos tradicionales o forjar nuevas asociaciones. Para
ello, y en condiciones de escasez de recursos, sólo queda aumentar la eficacia del
modelo de gestión. La NSS de 2006 ya mencionaba la necesidad de potenciar la
capacidad de planeamiento de todas las agencias y departamentos que contribuyen a la
seguridad, un llamamiento que reitera la NSS de 2010 al hilo del ya famoso enfoque
integral (comprehensive approach) que consiga no sólo coordinar las contribuciones de
las agencias sino fomentar en las civiles una capacidad de planeamiento estratégico y de
previsión que acabe con un modelo descentralizado de planeamiento y ejecución por
agencias. Las experiencias de Irak y Afganistán sugieren un cambio hacia un modelo
interagencias (whole of government approach) en el que se actualicen, equilibren e
integren sus distintos instrumentos. En esto la NSS de 2010 no hace más que seguir el
modelo de gestión por el que se encaminan tantos gobiernos europeos u organizaciones
como la UE o la OTAN. Aunque cambiar de modelo no será fácil, los progresos hacia ese
modelo podrían aliviar alguno de los problemas de ejecución de las anteriores estrategias
en las que el sistema de gestión empleado centralizaba en exceso las decisiones en el
presidente (Chief Executive Officer) y descentralizaba su ejecución en las distintas
agencias, sin que el Consejo de Seguridad Nacional contara con capacidad suficiente
para integrar y supervisar el planeamiento y ejecución de las decisiones y políticas
derivadas de las Estrategias.

La NSS de 2010 incluye como instrumentos a integrar la defensa, la diplomacia, la


economía, la seguridad interior (Homeland Security), la inteligencia, la comunicación
estratégica y la colaboración social. Este amplio elenco parece capaz de permitir una
adecuación flexible de instrumentos para lograr la mezcla adecuada en cada momento,
aunque su entidad está desequilibrada porque el instrumento militar es desproporcionado
en relación con los no militares. El desequilibrio se viene agravando desde 2001 y las
sucesivas estrategias no han servido para corregirlo, aunque ésta, al menos, reconoce la
necesidad de hacerlo y que de no conseguirlo se seguirá identificando el liderazgo
estadounidense con el poder militar. La NSS de 2010, al igual que las anteriores, no entra
en precisiones presupuestarias que permitan traducir sus prioridades en refrendos
materiales, y sólo establece el principio de la racionalidad del gasto, lo que se puede
traducir en cancelación de inversiones programadas y en la petición de mayores
esfuerzos a aliados y socios. La Estrategia afirma que, dado el estado de la economía,
habrá que conciliar los distintos programas en curso para asegurar las prioridades, pero
nuevamente no dice qué programas habrá que sacrificar. Al no establecer distribución de
gastos, habrá que esperar a los presupuestos de cada área para ver cuáles son las
prioridades de verdad en el gasto y cuáles son las que se anuncian para la galería.

CONCLUSIONES

Los avances evidentes que se han producido en los últimos cinco años de cooperación
antiterrorista en el seno de la Unión, no pueden hacernos olvidar las limitaciones de dicha
política y los propios límites del Parlamento Europeo en su capacidad de acción. La crisis
de los vuelos y las detenciones ilegales de la CIA en territorio europeo, que han terminado
conllevando la renuncia del coordinador antiterrorista Gijs de Vries, han evidenciado que a
pesar de los logros conseguidos en sus casi tres años de mandato, la voluntariosa política
antiterrorista de la Unión choca ante la realidad de las acciones ejercidas o permitidas por
los Estados miembros. La renuncia del coordinador ha sido consecuencia de su
incapacidad no sólo para tomar decisiones en materia de lucha contra el terrorismo sino
hasta para conocer las acciones que llevan a cabo los Estados. La crisis de los vuelos de
la CIA ha puesto de manifiesto que muchos estados no sólo no coordinan su política sino
que no consideran conveniente ni comunicar algunas de sus acciones a sus socios, como
en el caso de los supuestos centros de detención secretos en Polonia.

Las conclusiones del “Informe Fava”, que fue finalmente aprobado por el Parlamento el 14
de febrero de 2007, y las recientes revelaciones sobre las negociaciones entre la UE y
Estados Unidos sobre los límites de los procedimientos de detención estadounidenses, o
los interrogatorios en Guantánamo por parte de la policía española, han puesto de
manifiesto las contradicciones europeas en esta materia. La Unión ha defendido un
discurso oficial que no ha llevado a la práctica, principalmente en relación a Estados
Unidos, de modo que su credibilidad ha quedado en entredicho.

En este contexto, sólo el Parlamento Europeo se ha mantenido en una posición de


defensa de los derechos de los ciudadanos. Antes del 11-S en la defensa del derecho a la
seguridad, realizando informes que advertían de los riesgos de la amenaza terrorista.

En los últimos años, defendiendo los derechos fundamentales para evitar que sean
restringidos en el marco de la lucha contra el terrorismo. Y ahora reivindicando la vigencia
de los derechos humanos y del derecho internacional en la lucha contra el terrorismo por
parte de los Estados europeos y de países terceros.

Pero el Parlamento también ha demostrado sus limitaciones en el caso de los vuelos


secretos y las detenciones ilegales de la CIA en territorio europeo, de modo que sólo si se
producen los cambios legales necesarios para que el Parlamento tenga capacidad de
decisión en el tercer pilar, podrá desarrollar plenamente sus capacidades en el marco de
la defensa de los derechos y libertades fundamentales.

La defensa de estos valores podría ser uno de los principales activos de la acción del
Parlamento Europeo en el marco de la lucha antiterrorista, pero para ello deberá sortear
no sólo las dificultades del actual marco legal, sino las dificultades políticas opuestas por
los distintos gobiernos de la Unión, que no aceptan que el Parlamento pueda tener
capacidad de decisión en asuntos de justicia e interior. Y muy especialmente por algunos
Estados miembros que parecen haber colaborado directamente con gobiernos terceros
violando de forma flagrante los compromisos de la Unión Europea y los valores de la
lucha antiterrorista que la Unión dice defender.

Por otro lado las estrategias nacionales de seguridad deben servir para comunicar los
objetivos y políticas de seguridad a la audiencia nacional e internacional y, por otro lado,
para facilitar el planeamiento y ejecución de los distintos departamentos implicados en la
seguridad nacional. La NSS de 2010 tiene más de lo primero que de lo segundo. Ofrece
más una visión de la seguridad global hacia la que se desea ir que del modo de hacerlo,
es más una estrategia declarativa que un concepto estratégico normativo. Queda por ver
si la falta de precisiones generales obedece a la intención de precisarlas luego, sector por
sector, o porque no se dispone de ideas o de confianza para la consecución de los
objetivos que se plantean.

La Estrategia se autodefine de transición porque el reto de los compromisos contraídos le


obliga a ocuparse de los problemas heredados antes de afrontar los nuevos que emergen
en el horizonte. Siendo de transición, la continuidad prevalece sobre los cambios aunque
estos se apuntan para que la tengan en cuenta las próximas ediciones. Las primeras
críticas internas apuntan a una pérdida de ambición y liderazgo de EEUU, mientras que
los primeros apoyos proceden de su visión más realista y pragmática de la realidad
internacional y de las limitaciones estadounidenses para continuar siendo el líder de la
seguridad global que ha sido y que pretende volver a ser.

No pudiendo resolver todos los problemas por sí mismo, EEUU ha vuelto a la senda del
multilateralismo para corresponsabilizar a otros de la gestión internacional. El problema es
que al hacerlo, el resultado de su estrategia depende de otros en buena medida. La
interdependencia, multipolaridad en términos estratégicos, complica mucho la elaboración
de estrategias y genera incertidumbre sobre el resultado final de tantas interacciones y de
tantos actores en la seguridad global. Esto no significa que el margen estadounidense de
autonomía en la seguridad global no siga siendo el mayor conocido bajo la globalización y
que no vaya a emplearlo unilateralmente para conseguir sus intereses de seguridad,
como ha hecho en el pasado. El estilo del texto y la percepción de la nueva
Administración en la NSS de 2010 no alteran los patrones tradicionales de
comportamiento de la política de seguridad estadounidense que, como se ha visto,
mantienen la continuidad en lo esencial con estrategias anteriores. El multilateralismo no
es, por lo tanto, un fin en sí mismo, sino un instrumento para conseguir fines, siempre y
cuando sea eficaz, para lo que parece contar con la voluntad estadounidense de reforzar
el orden internacional e institucional.

Si hay que reseñar algún cambio estructural, podemos atender al creciente componente
interno de la seguridad. La preocupación por la Homeland Security se está equiparando a
la que tradicionalmente ha recibido la dimensión exterior de la seguridad y, a medida que
se resuelvan las “guerras” del presente, está por ver si se asumen nuevos retos
internacionales o se continúa prestando más atención a los nuevos riesgos. También se
debe prestar atención a la evolución del modelo de gestión interagencias (whole of
government approach) y al reequilibrio de los instrumentos, algo que precisará un tiempo
y un esfuerzo que trascenderá el marco temporal de esta Estrategia. Las experiencias y
buenas prácticas de EEUU servirán para cambiar el modelo de gestión de la seguridad
nacional e internacional más allá de las fronteras continentales, afectando a las nuevas
estrategias y sistemas de seguridad que se diseñan en las sociedades avanzadas.
BIBLIOGRAFÍA

• www.un.org/Pubs
• www.un.org/spanish/docs/sc98/scrl98.htm
• www.undcp.org
• www.usia.gov/journals/itgic/0297/ijgs/spgj-8.htm
• www.cnnenespanol.com
• http://www.interpol.com/Public/Terrorism/default.asp
• http://www.un.org/spanish/terrorism/index.shtml
• http://www.elfinanciero.com.mx/elfinanciero/portal/cfpages/contentmgr.cfm?
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• Política exterior y Parlamento Europeo : hacia el equilibrio entre eficacia y


democracia / coord. por María Esther Barbé Izuel, Anna Herranz Surrallés, 2007,
ISBN 9789282321836 , pags. 51-65

• EUU y la Guerra contra el Terrorismo: Estrategias de Futuro. Soledad Segoviano


Monterrubio. Profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad
Complutense de Madrid. Especialista en política exterior de EE UU.

• La Estrategia de Seguridad Nacional del presidente Obama. Felix Arteaga.


Investigador principal de Seguridad y Defensa, Real Instituto Elcano