EDITORIAL

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DOMINGO 3 DE AGOSTO DE 2008

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El Siglo de Torreón

| 7A

Mezquindades
LUIS RUBIO

A

unque podría orientarse a la grandeza, al desarrollo y al futuro, la política mexicana vive, navega y se reproduce en la mezquindad. Todo nuestro mundo político, con excepción, claro está, de las ambiciones personales e individuales, es chiquito. Chiquita es la visión y chiquitos son los criterios con que se eligen equipos de trabajo. Esa forma de ser ha creado incentivos por demás perniciosos para el comportamiento de toda la sociedad política activa: igual quienes cobran como favores lo que deberían hacer por obligación, que los medios que chantajean sin el menor rubor; el Gobierno que es pusilánime a la hora de regular a la economía y a sus actores prominentes, y el Legislativo que siempre está presto a congelar cualquier iniciativa, buena o mala. ¿Qué no habrá una mejor manera de hacer política? He aquí algunas consideraciones al respecto: 1. Política ¿para qué? Esta es una vieja forma de discusión que emplean sobre todo los historiadores para definir su marco de referencia y acción. Lo mismo debemos preguntarnos sobre la política: ¿es un instrumento para lograr algo o un objetivo en sí mismo? Una definición de diccionario diría que se trata del “arte de gobernar” o “el arte de lo posible”. Ambas definiciones, que desde luego no son exhaustivas, entrañan un sentido de propó-

sito: la política sirve para lograr algo, así sea meramente “lo posible”. En México parece que hemos caído en lo más primitivo: la búsqueda del poder por el poder a cualquier precio y sin reparar en costo alguno. Ahí están los plantones y la toma de la tribuna; también la llamada “congeladora”, el basurero al que se envían las iniciativas de ley que nuestros legisladores decidieron no tocar, no porque fueran buenas o malas, sino para evitar controversia o la afectación de intereses. Ahí están las consultas diseñadas para impedir en lugar de proponer, resolver o construir. Mezquindad pura. 2. ¿Actuar dentro de las instituciones? Sólo cuando me convenga parece ser la lógica de algunos prominentes actores políticos. Trabajan dentro de los marcos institucionales mientras eso favorezca sus intereses o avance sus preferencias. Pero la alternativa no institucional se mantiene siempre vigente y disponible. La mezquindad no se limita a los que ostentan cargos públicos. Pero, a diferencia de aquellos, quienes coquetean con la violencia y la no institucionalidad constituyen un riesgo de estabilidad para todos. 3. La política social es motivo de permanente conflicto. Quien está en el poder cree que tiene derecho absoluto sobre su diseño; quien está en la oposición quiere institucionalizarla y transformarla en “política de Estado”. Ninguno de los dos bandos

repara en el hecho de que la política social corresponde hoy al reino de los Gobiernos estatales, ese hoyo negro que se ha convertido en uno de los intocables de la política nacional, a pesar de sus cada vez más deleznables prácticas. Razonable pretender limitar los excesos, pero una política de Estado, si eso es lo que se va a construir, tiene que ser integral, incluyendo a la totalidad de sus participantes y no sólo a los de la oposición, quien sea que se encuentre en el Gobierno en un momento dado. 4. Las llamadas “políticas de Estado” son una gran idea en concepto, pero en nuestro país no son más que un medio para limitar al Gobierno Federal. ¿Por qué no comenzar por ponernos de acuerdo en cuál debe ser el contenido de, por ejemplo, la política exterior y, si eso se logra, entonces incorporarlo en ley? Nuestra naturaleza mezquina lleva a primero aprobar la ley, para luego intentar los acuerdos o, usualmente, imponer una postura partidista: la carreta adelante de los bueyes. 5. Los equipos de trabajo son siempre chiquitos, para que no opaquen al jefe o jefa. Tampoco hemos logrado trascender el amiguismo. Baste observar los gabinetes estatales o federal para atestiguar lo obvio: hay personajes incompetentes, contraproducentes y hasta peligrosos para el cumplimiento de su función pero, eso sí, son amigos del go-

bernador o del presidente y que “el jefe les tenga confianza” es carta suficiente para dejarlos ahí. Nadie quiere funcionarios destacados y competentes que pudiesen opacar al superior. Lo importante es la imagen y la apariencia, no la trascendencia de la actividad política en la forma de progreso y desarrollo del país. ¿Alguien piensa en el ciudadano? ¿Hay visión de país? 6. La mezquindad parece perenne. Pasan los años, pero no cambian las perspectivas. Nixon perdió la Presidencia por corrupto y trató de recuperar su credibilidad a través de una renovada visión del futuro de su país. Aquí seguimos en las rencillas de antaño. Lo importante es seguir saldando cuentas, no intentar inducir una nueva visión de grandeza y prosperidad. 7. Los medios de comunicación, los líderes religiosos, los empresarios, los líderes sindicales, todo ese submundo que es parte integral de la política nacional, vive de los favores y los intercambios. Nadie construye nada más que imperios personales o intereses grupales. Fiel reflejo de la política, con la que guardan una relación simbiótica, todas estas personas y grupos viven en la rayita entre la legalidad y la ilegalidad, el chantaje y la extorsión. Como la ley no se aplica, la ilegalidad no existe: un inmenso lodazal que juega, como espejo, al estancamiento y a la mezquindad.

8. Parecería que hemos pasado a la posmodernidad, aquella etapa en la que los actores políticos (como los partidos políticos) y los proveedores de servicios públicos (igual empresarios que Gobiernos) se regulan solos. Aquí ya no requerimos autoridad que limite los abusos de los medios de comunicación o de los proveedores de energía, comunicaciones y demás. La autoridad es innecesaria y la Suprema Corte puede limitarse a lo formal: ¿para qué entrar al fondo de los asuntos si eso se puede esquivar? 9. Los ciudadanos no nos quedamos atrás. Quizá como efecto reflejo, la ciudadanía rechaza todo proyecto de desarrollo (como puede ser un puente o un segundo piso). Buenas razones hay para ello, pero nadie piensa más allá de lo inmediato. La mezquindad y bajeza es posible porque así lo hemos permitido los ciudadanos. En lugar de forzar a los políticos a responder a las necesidades y reclamos de la población y a las realidades evidentes –caos vial, calidad de servicios, insuficiente crecimiento económico y, sobre todo, el rezago creciente del país respecto al resto del mundo-, la ciudadanía se ha contentado con evitar males mayores. Mucha historia justifica actitudes como ésa, pero si los ciudadanos no estamos dispuestos a pelear por nuestros derechos nadie más lo hará. www.cidac.org

RELATOS DE ANDAR Y VER
ERNESTO RAMOS COBO

A última hora

Asignatura pendiente: cultura del mantenimiento
L
os mexicanos en general trabajamos como el mejor de los mortales, cuando se nos manifiesta la emoción inicial para emprender algo, el problema es que nos falta en muchas ocasiones empeño y voluntad para proseguir el esfuerzo, nos falta perseverancia para colocar las últimas piedras, habiendo puesto primorosamente y con todo entusiasmo la primera, o las primeras. Una derivación de este hecho la podemos constatar en la forma con que dejamos que obras materiales incluso suntuosas, vayan deteriorándose al paso del tiempo, sin que nos preocupemos por darle ese mantenimiento necesario que provocaría que se siguieran viendo estéticas y siguieran siendo funcionales; tal y como sucede en otras partes del mundo, donde el paso del tiempo no significa obligatoriamente el de-

JUAN DE LA BORBOLLA R.

Y

así ha sido siempre, en situaciones como ésta, donde ocasionalmente ocurre quedarme solo en las noches, entre el peregrinar de las imágenes, y la sangre que no fluye a ninguna parte. Ahora lo que me sorprendió fue un ruido verdadero y turbio y osco que pareció venir del fondo de la calle. Un golpe en el cuello y otro en la pierna —similar a una puñalada vacía en el costado. Y así fue, y aquí me tienen, tendido en la acera entre canto de lamentos, y un rechinido de llantas raudas que se fugan por la calle tercera, tal vez con el frente estropeado. Carajo… ignoro si de ésta podré salir vivo. Es de noche y la sangre –por ahora— no fluye a ninguna parte. Todo ocurrió como zumbando, la herida aún reciente, un golpe opaco tan solo, una distorsión, y todas las ambiciones detenidas. Desde esta cama de acera los árboles parecen más mudos o tal vez más marchitos, tendido, apenas restregándome el iris, intentando horadarme aquello, moviendo los labios para sacar estas palabras, sin éxito, apenas balbuceando, sin poder hablar, ni siquiera recordando cuáles ambiciones se quedaron detenidas. Carajo… ignoro si de ésta podré salir vivo. Por qué entonces en ocasiones –me pregunto, no encontramos descanso, no hay sitio para descansar los ojos. Y todo esto es un fluir continuo de aferrarnos a cualquier piedra aunque nos cueste la vida, aunque ignoremos su valía, aunque fallezcamos en el Espero hayan sido intento, y apenas una ellos los llamaron a sirena que ya a lo lejos la ambulancia. No se escucha, alguien llamó a la ambulancia, un sé. El dolor es en el círculo de caras mudas hombro. Pero rodeándome tal vez me también comparecen, o sólo esdiseccionado peran que cierre los aquello… y la ojos para robarme la cartera, para arrancarpierna hecha me el diente de oro que pedazos, algo en el tanto me costó embucostado. No sé. tirme. Aquí hay focos. La Espero hayan sido noche parece ellos los llamaron a la llenarse de sirenas. ambulancia. No sé. El dolor es en el hombro. Pero también diseccionado aquello… y la pierna hecha pedazos, algo en el costado. No sé. Aquí hay focos. La noche parece llenarse de sirenas. Y aquí todo gira rápido y como queriéndose ir, tal vez los recuerdos de entonces, y todo aquello que dejé por hacer viene a arremolinarse ahora. Carajo… de haber sabido que aquí acabaría… tal vez con más crudeza hubiera pensado que todo esto, al final de cuentas, no tiene ninguna importancia. Siento que alguien me habla, que alguien me ve, o que me grita, pero no lo escucho, como si tuviera que leerle los dedos. Alguien que llegó con un respirador a inmovilizarme el cuello. Alguien que grita, pero no lo escucho. Siento un hilo de sangre desperdigado por alguna coladera. Sangre que fluye hacia alguna parte. E ignoro si podré continuar. Y de nuevo todo aquello que dejé de hacer viene hacia mí, a arremolinarse ahora. Parece que ese paramédico quiere con una gasa sacarme el ojo, y lo veo, y no escucha, y las caras se alejan pidiendo aire. No sé. Simplemente se alejan así mostrándome sus espaldas, probablemente cabizbajos. Es como una premonición de todo lo ya acabado. Así debía de ser… finalmente, un antes y un después, un principio y un final, y alrededor de todo aquello un cúmulo de tiempo perdido, y un montón de cosas sin hacer entre la distracción de las preocupaciones diurnas. http://ciudadalfabetos.blogspot.com

Sería de emular la cultura que en otras partes existe, en torno al cuidado y mantenimiento respecto de las cosas. Ello provoca que objetos, edificios, bienes muebles e inmuebles además de lucir como nuevos, sirvan efectivamente durante mucho mayor extensión de tiempo y espacio.
terioro y el abandono de los bienes. Ejemplos de lo dicho los tenemos en la mayoría de los sanitarios en estaciones de gasolineras de carreteras, las oficinas públicas, sobre todo de juzgados y de clínicas, los puentes y pasos a desnivel, los jardines de muchos parques, y un larguísimo y lamentabilísimo etcétera. Son famosas esas fastuosas inauguraciones oficiales de obras públicas, con presencia del presidente de la República, en las que inclusive se pintaba el pasto de verde, para que todo se viera como “set” de estudio de Hollywood, pero que justo a la manera de la industria de la imaginación, una vez que se terminaba el acto protocolario, la obra recién inaugurada se convertía en verdadera pocilga. Sería de emular la cultura que en otras partes existe, en torno al cuidado y mantenimiento respecto de las cosas. Ello provoca que objetos, edificios, bienes muebles e inmuebles además de lucir como nuevos, sirvan efectivamente durante mucho mayor extensión de tiempo y espacio. Hacer un buen uso de las cosas es algo que debe de enseñarse desde muy temprana edad y en todos los estratos so-

ciales. No es problema ni de los muy pobres, ni de lo muy ricos; es una clara deficiencia nacional, que ojalá podamos revertirla en beneficio personal y de toda la nación, porque si no nos acabaremos nuestra patria en muy poco tiempo. Como parte de ese cuidado que debemos de tener para con las obras materiales se requiere dedicar dinero y esfuerzo al tema de la conservación y la reparación constante de los pequeños y grandes deterioros que pudieran irle surgiendo a dichos bienes de modo que con una acción previsora de mantenimiento programado y de reparación rápida de desperfectos surgidos, las obras tengan una vida útil mucho mayor a la que desgraciadamente en estos momentos tiene, merced a esa actitud de desidia, pereza e irresponsabilidad con que los mexicanos muchas veces actuamos en este tema.

Fox, Guanajuato y el fracaso de Calderón
JORGE ZEPEDA PETTERSON

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ada exhibe mejor las dificultades políticas por las que transita Felipe Calderón que su decisión de echarse en brazos de Vicente Fox y del grupo Guanajuato. El ex presidente acaba de ser designado el personaje clave del panismo para la recuperación de electorado de cara a las elecciones de 2009; y Germán Martínez, líder del PAN, ha presentado la guanajuatización del resto del país como la panacea para el resto de los mexicanos. Un giro de 180 grados en la estrategia de los calderonistas. Hace apenas seis meses el grupo compacto de Los Pinos intentaba quitarle foros y micrófonos a Fox, a Marta Sahagún, y a Manuel Espino; y hacían lo imposible para desmarcar al PAN de todo lo que oliera al Yunque y sus proximidades. Ahora han reconocido que les necesitan y les han dado, de nuevo, la plataforma para expresarse. El gobernador de Guanajuato, Juan Manual Oliva, representante de la ultraderecha y considerado como impresentable en círculos panista moderados, hoy es la es-

Hace apenas seis meses el grupo compacto de Los Pinos intentaba quitarle foros y micrófonos a Fox, a Marta Sahagún, y a Manuel Espino; y hacían lo imposible para desmarcar al PAN de todo lo que oliera al Yunque y sus proximidades. Ahora han reconocido que les necesitan y les han dado, de nuevo, la plataforma para expresarse.
trella del firmamento azul. Es una decisión que debió costarle insomnios y pesares al presidente Calderón, y a tragar una fuerte dosis de orgullo. Y es que el PAN está entrando en zona de desesperación. Una encuesta tras otra revela que el PAN será barrido por el PRI en las elecciones para la renovación del Congreso en 2009, lo cual reducirá aún más los márgenes de operación de Los Pinos. El problema para el blanquiazul, es que en 2009 se trata de una elección en cada uno de los 300 distritos y en ese terreno se presume que el PRI podría ganar en casi 200 de ellos (no olvidar que aún gobierna en 60 por ciento de las entidades federativas). La elección presidencial de 2012, aunque lejana, pinta aún peor. Frente a los poderosos candidatos del PRI (Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones) y del PRD (Marcelo Ebrard y López Obrador), el PAN no sólo carece de opciones atractivas, ni siquiera se ve de dónde los pueda extraer: una rápida revisión del Gabinete o de los gobernadores lo confirma. El S.O.S. que invoca a Fox es una estrategia para ganar tiempo. El panismo calderonista carece del carisma o el liderazgo para sortear con éxito los malos tiempos que se avecinan. Las elecciones coincidirán con un entorno flagelante para la economía popular: bajos niveles de empleo, encarecimiento de la canasta básica. Ni la rijosidad intolerante de Germán Martínez, ni el estilo “palacio” de Camilo Mouriño resultan empáti-

cos al grueso de la población. Y la media docena de discursos, tranquilizantes a veces, envalentonados en otras, que Calderón pronuncia cada semana, hace tiempo que dejaron de surtir efecto o llamar la atención. Traer al Og Mandino de la política mexicana, es una medida desesperada, arriesgada. Alejarlo de los reflectores llevó tiempo, deshacerse de Espino generó costos internos. La incorporación al CEN del PAN de “emisarios del pasado” es una derrota presidencial. El PAN está obligado a trabajar en tres frentes de manera simultánea. Uno, asegurar un mínimo de liderazgo frente a la inestabilidad que se avecina producto de los malos tiempos. Dos, preparar el terreno para minimizar las pérdidas en la elección de 2009. Tres, producir un par de precandidatos atractivos para la Presidencia dentro de los próximos dos años. El regreso del foxismo impondrá un precio en cada uno de esos frentes. Lo veremos en las listas de precandidatos al Congreso (¿Marta, por ejemplo?). www.jorgezepeda.net