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T r a d u c c i ó n NO o f i c i a l

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A Rose Hathaway no le gusta sentirse enjaulada, pero la cárcel te hace así. Lo que realmente la molesta es lo que ella no lo hizo, ella no asesino a la reina Tatiana. Pero dile eso a la multitud de Morois y dhampirs― mitad vampiros como ella― que se reunieron para el funeral... !y piden por su sangre! Last Sacrifice es la novela final de la épica serie de vampiros de Richelle Mead... y ella guardo lo mejor para el final. Asesinato... Amor... Celos ― todo reunido en el ultimo episodio. Lisa, la mejor amiga de Rose enfrenta a enemigos quienes no quieren verla en el trono. Rose es rescatada de la cárcel por su único y verdadero amor, Dimitri, el tiempo es esencial. Ella debe probar su inocencia y salvar a su amiga, aunque eso signifique hacer un ultimo sacrificio.

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Capitulo 1
NO ME GUSTAN LAS JAULAS.

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Ni siquiera me gustan los zoológicos. La primera vez que fui a una, casi me da un ataque de claustrofobia al ver a los pobrecitos animales. No puedo imaginar a ninguna criatura viviendo de esa manera. Algunas veces incluso me siento un poco mal por los criminales, condenados a pasar su vida en una celda. Ciertamente no espero nuca pasar mi vida en una. Pero últimamente, la vida parece estar a punto de tirarme demasiadas cosas que nunca hubiera esperado, porque aquí estaba, bajo llave. - ¡Hey! - grite, agarrando las barras que me aislaban del mundo - ¿Cuánto tiempo mas voy a estar aquí? ¿Cuándo en mi juicio? ¡No pueden mantenerme en está mazmorra para siempre. Está bien, no era exactamente una mazmorra, no en el sentido oscura y cadenas oxidadas. Estaba dentro de una pequeña celda con paredes planas, piso plano, y bueno… todo plano. Sin manchas. Estéril. Fría. Era de hecho más deprimente que cualquier mohosa mazmorra. Las barras de la entrada se sentían frías contra mi piel, duras e infexibles. Luces fuorescentes hechas de metal destellaban en una forma que parecían casi alegres con el escenario. Podía ver el hombro de un hombre rígidamente parado en el lado de la entrada a las celdas, sabia que probablemente hubiera cuatro guardianes mas en el pasillo fuera de mi vista. Sabia tambien que ninguno de ellos iba a contestarme, pero eso no me había detenido para constantemente exigir respuestas desde los últimos dos dias. Cuando el usual silencio llego, suspire y me desplome en el catre de la esquina de la celda. Como todo lo demás en mi nueva casa, el catre era descolorido y rígido. Sí. De verdad estaba empezando a desear que estuviera en una verdadera mazmorra. Ratas y telarañas me hubieran dado tan siquiera algo que observar. Mire hacia arriba e inmediatamente tuve la desorientada sensación que siempre me daba aquí: que el techo y las paredes se estaban cerrando a mi alrededor. Como si no pudiera respirar. Como si las paredes de la celda siguieran viniendo hacia mi hasta que no tuviera espacio sufciente, quitándome el aire…

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Me senté abruptamente jadeando. No veas las paredes o el techo, Rose. Me castigue. En ves de eso mire hacia abajo a mis manos juntas y trate de pensar como me había metido en este lió. La respuesta inicial era obvia: alguien me había acusado por un crimen que no cometí. Y no era un crimen cualquiera. Era asesinato. Tuvieron la audacia de acusarme de el mayor crimen un Moroi o dhampir pudiera cometer. Ahora, no es como si dijera que no he matado antes. Lo he hecho. Tambien he cumplido mi parte justa de la regla (e incluso ley) de ultima hora. Asesinato a sangre fría, como fuera, no estaba en mi repertorio. Especialmente no el asesinato de una reina. Era cierto, la Reina Tatiana no había sido amiga mia. Ella había sido una gobernante calculadora y fría de los Moroi—la raza de los vivos, usuarios mágicos vampiros que no mataban a sus victimas por su sangre. Tatiana y yo tuvimos una relación inestable debido a diferentes razones. Una era que yo estaba saliendo con su sobrino-nieto, Adrián. La otra era mi desaprobación de sus políticas en como pelear contra los Strigoi: malvados, no-muertos vampiros que nos acosaban a todos. Tatiana me había engañado varias veces, pero nunca la quise muerta. Alguien aparentemente si, como sea, tenian evidencia que los condujo hacia mi, lo peor es que tenian mis huellas dactilares por toda la estaca que había matado a Tatiana. Claro que si, era mi estaca, asi que naturalmente tenía que tener mis huellas. A nadie parecía pensar que esto fuera relevante. Suspire de nuevo y saque un pequeño trozo de único material para leer. Lo apreté en mi mano, palabras. Las había memorizado ya desde hacia nota me hacia cuestionarme que conocía preguntarme muchas cosas. papel arrugado de mi bolsillo. Mi sin tener la necesidad de ver las mucho tiempo. El contenido de la acerca de Tatiana. Me hacia

Frustrada con mi alrededores, me introduje en los de otra persona: mi mejor amiga Lissa. Lissa era una Moroi, ambas compartíamos un lazo psíquico, uno que me permitía estar en su mente y ver el mundo a través de sus ojos. Todos los Moroi ejercían un tipo de elemento mágico. El de Lissa era el espíritu, un elemento ligado a los poderes psíquicos y la curación. Era extraño entre los Moroi, quienes normalmente usaban mas elementos físicos, y apenas entendíamos sus habilidades—las cuales eran increíbles. Ella uso el espíritu para traerme de regreso del mundo de los muertos algunos de años atrás, y asi fue como nuestro 4

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enlace surgió.

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Estar en su mente me liberaba de mi jaula pero ofrecía poca ayuda a mi problema. Lissa había estado trabajando para probar mi inocencia, desde la audiencia que había puesto toda la evidencia en mi contra. Mi estaca siendo usada en el asesinato solo había sido el comienzo. Mis oponentes habian sido rápidos en recordar a todos mi antagonismo en contra de la reina e incluso encontraron a un testigo para testifcar mi paradero durante el asesinato. Ese testimonio me había dejado sin coartada. El consejo había decidido que había sufciente evidencia para mandarme a un juicio con toda regla— donde recibiría mi veredicto. Lissa había estado desesperadamente tratando de atraer la atención de la gente y convencerla de que yo había sido engañada. Había estado teniendo problemas en encontrar a alguien que la escuchara, mas que nada, porque toda la Corte Real Moroi estaba consumida con los preparativos para el detallado funeral de Tatiana. Un monarca muerto una gran cosa. Moroi y dhampirs—mitad vampiros como yo— vendrían de todas partes del mundo para ver el espectáculo. Comida, fores, decoraciones, incluso músicos… Negocio completo. Si Tatiana hubiera estado casada, dudo que este evento hubiera sido tan elaborado. Con tanta actividad y murmullo, nadie se preocupaba por mi ahora. En cuanto a la mayora de la gente le preocupaba, yo estaba seguramente guardada e incapaz de matar de nuevo. El asesino de Tatiana había sido encontrado. La justicia se había hecho. Caso cerrado. Antes de que pudiera tener una clara imagen de los alrededores de Lissa, una conmoción que sacudió la carcel me trajo de vuelta a mi propia cabeza. Alguien había entrado y estaba hablando con los guardias, preguntando si podía verme. Era mi primera visita en dias. Mi corazón palpitaba, y salte a las barras, esperando que fuera alguien que me dijera que esto había una terrible equivocación. Mi visitante no fue exactamente quien esperaba que fuera. - Viejo - dije con cansancio - ¿Qué estas haciendo aquí? Abe Mazur se paro frente a mi. Como siempre, era un espectáculo para la vista. Estábamos en la mitad del verano—caliente y húmedo, como si estuviéramos en la mitad de la rural Pensilvania—pero eso no lo detuvo para usar traje completo. Era uno ostentoso, perfectamente adaptado y adornado con una corbata de seda 5

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brillante color púrpura y una bufanda a juego que sólo parecía excesivo. Joyas de oro brillaban contra el tono oscuro de su piel, y parecía que había recortado recientemente su negra barba. Abe era un Moroi, y a pesar de que no era de la realeza, ejercía la sufciente infuenza como para serlo. También pasaba que era mi padre. - Soy tu abogado - dijo alegremente - quien está aquí para darte consejo legal por supuesto. - No eres un abogado - le recordé - Y tu ultimo consejo no funciono muy bien. Era malo de mí parte. Abe —a pesar de no tener formación jurídica o lo que sea —me había defendido en la audiencia. Obviamente, desde que había sido encerrada para esperar por mi juicio, el resultado no había sido tan grande. Pero, en toda mi soledad, me había dado cuenta de que había estado en lo cierto acerca de algo. Ningún abogado, no importa lo bueno que fuera, me hubiera librado de la audiencia. Tuve que darle crédito por dar un paso adelante para una causa perdida, aunque teniendo en cuenta nuestra relación incompleta, todavía no estaba segura de porque lo había hecho. Mis mayores teorías eran que no se faba de la realeza y que sentía obligación paternal. En ese orden. - Mi presentación fue perfecta - argumento - Mientras que tu convincente discurso en el que decías “si yo fuera la asesina” no nos hizo ningún favor. Poner esa imagen en la cabeza del juez no fue lo mas inteligente que pudiste haber hecho. Ignore el sarcasmo y me cruce de brazos. - Entonces, ¿qué estas haciendo aquí? Se que esto no es solo una visita paternal. Nunca haces nada si no tienes una razón. - Por supuesto que no. ¿Por qué hacer nada sin una razón? - No empieces con tu lógica circular. Guiño un ojo. - No hay necesidad de estar celosa. Si trabajas duro y pones tu mente en esto, tal vez heredaras mis brillantes habilidades de lógica algun día. - Abe - advertí - Acaba con esto. 6

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- ¿Q…qué? ¡Esas son excelentes noticias!

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- Bien, bien - dijo - Vine a decirte que la fecha para tu juicio ha sido cambiada.

Al menos eso era lo que yo creia. Su expresión decía otra cosa. Lo ultimo que escuche, mi juicio podría ser en meses. El solo pensar en eso—en estar en la celda tanto tiempo—me hacia sentir claustrofobia de nuevo. - Rose, te das cuenta de que tu juicio será casi idéntico a tu audiencia. La misma evidencia y el mismo veredicto culpable. - Sí, pero debe de haber algo que podamos hacer, ¿verdad? ¿Encontrar evidencia que me libere? - de repente tuve una buena idea de cual era el problema ¿Cuado dijiste “cambiada” de que tan pronto estamos hablando? - Idealmente, les gustaría hacerlo después de que se coronara a un nuevo rey. Ya sabes como parte de las celebraciones post-coronación. Su tono era ligero, pero a medida que sostuvo su mirada oscura, tomé el signifcado completo. Números sacudían mi cabeza. - El funeral es está semana, y las elecciones son justo después… ¿Estas diciendo que podría ir a juicio y ser condenada en, que, prácticamente dos semanas.? Abe asintió. Volé hacia las barras de nuevo, mi corazón latía en mi pecho. - ¿Dos semanas? ¿Hablas en serio? Cuando dijo que el juicio se había cambiado, me imagine que quizás seria en un mes. Tiempo sufciente para encontrar nueva evidencia. ¿Cómo sacaría esto? No me quedaba claro. Ahora el tiempo corría para mi. Dos semanas no eran sufcientes, especialmente con tanta actividad en la corte. Momentos antes, resentía el largo tiempo que podría tener. Ahora, tenía muy poco de este, y la respuesta a mi siguiente pregunta podría hacer las cosas peor. - ¿Cuánto tiempo? -pregunte tratando de controlar el temblor de mi voz ¿Cuánto tiempo después del veredicto para que… cumplan la sentencia? Aun seguía sin saber exactamente todo de saber lo que todo lo que había heredado Abe, pero parecía claro que compartíamos un rasgo: la capacidad inquebrantable de dar malas noticias. 7

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- Probablemente inmediatamente.

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- Inmediatamente - retrocedía, cerca de la cama, y sentí de pronto surgir la adrenalina - ¿Inmediatamente? Así que. Dos semanas. En dos semanas, yo podría estar… muerta. Porque así era—lo que había estado pasando por mi cabeza el momento que se volvio claro que alguien había plantado sufciente evidencia para culparme. Las personas que matan reinas no son enviadas a la cárcel. Son ejecutadas. Pocos crímenes contra Moroi y dhampirs tienen esa clase de castigo. Tratamos de ser civilizados en nuestra justicia, mostrando que somos mejores que los sanguinarios Strigoi. Pero hay ciertos crímenes, a los ojos de la ley, que merecen la muerte. Algunas personas la merecían tambien—por ejemplo asesinos traidores. A medida que el impacto cayó sobre mí, me sentí temblar y con lágrimas peligrosamente acercándose a derramar de mis ojos - ¡Eso no está bien! - le dije a Abe - ¡No está bien, y lo sabes! - No importa lo que yo piense - dijo calmadamente - Simplemente estoy entregándote los hechos. - Dos semanas - repetí - ¿Qué podemos hacer en dos semanas? Quiero decir… ¿tu tienes algo cierto? O…o…¿puedes encontrar algo para entonces? Esa es tu especialidad. Estaba divagando y sabía que sonaba histérica y desesperada. Claro que era porque me sentía histérica y desesperada. - Va a ser difícil lograr mucho - explico - Con la preocupación de Corte por el funeral y las elecciones. Las cosas están algo desordenadas—lo que es a la vez bueno y malo. Sabia acerca de los preparativos por estar viendo a Lissa. Había visto el caos comenzando. Encontrar cualquier tipo de evidencia en este lío sería difícil. Se podría decir que talvez imposible.

Dos semanas. Dos semanas, y podría estar muerta.
- No puedo - le dije a Abe con mi voz rompiéndose - No puedo…morir de esa manera. 8

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- ¿Oh? - arqueo la ceja - ¿Ya sabes como es que vas a morir?

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- En batalla - Una lagrima se me escapo, y rápidamente la seque. Siempre había vivido mi vida con una dura imagen. No queria que eso se hiciera trizas, no ahora cuando más importaba - Durante una pelea. Defendiendo a los que amo. No…no por una ejecución planeada. - Esta es una lucha de clase - refexionó - Solo que no una fsica. Dos semanas aun son dos semanas. ¿Es tan malo? Sí. Pero es mejor que una semana. Y nada es imposible. Tal vez nueva evidencia salga. Simplemente tienes que esperar y ver. - Odio esperar. Este cuarto… es demasiado pequeño. No puedo respirar. Me matara antes que cualquier verdugo lo haga. - Claramente lo dudo - la expresión de Abe seguía siendo fría sin ningún signo de simpatía. Amor duro - Has luchado sin miedo contra grupos de Strigoi, sin embargo, ¿no puedes manejar una pequeña habitación? - ¡Es mas que eso! Ahora tengo que esperar cada día en este hoyo, sabiendo que hay un reloj acercándose a mi muerte y no hay casi forma de detenerlo. - A veces la mayor prueba de nuestra fuerza son situaciones que no parecen tan obviamente peligrosas. Algunas veces sobrevivir es lo más difícil de todo. - Oh. No. No - me aleje caminando en pequeños círculos - No empieces con toda esa basura. Suenas como Dimitri cuando me daba sus lecciones profundas de la vida. - Él sobrevivió a está situación. Él ha sobrevivido a otras cosas también. Dimitri. Tomé una respiración profunda, calmándome a mí misma antes de contestar. Hasta este lío del asesinato, Dimitri había sido la mayor complicación en mi vida. Hace un año—aunque parecía ya una eternidad—había sido instructor en la academia, entrenándome para ser uno de los guardianes dhampir que protegen a los Moroi. Lo habia logrado—y mucho más. Nos habíamos enamorado, algo que no estaba permitido. Lo habíamos manejado lo mejor que habíamos podido, fnalmente encontrando una manera de estar juntos. Esa esperanza había desaparecido cuando él había sido mordido y convertido Strigoi. Había sido una pesadilla para mí. Luego, a través de un milagro que nadie había creído posible, Lissa había utilizado el espíritu para transformarlo de 9

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nuevo en un dhampir. Pero las cosas lamentablemente no había vuelto a la forma en que habían sido antes del ataque de los Strigoi. Mire a Abe. - ¡Dimitri sobrevivió, pero estaba horriblemente deprimido! Todavía lo esta. Sobre todo. El peso de las atrocidades que había cometido como Strigoi aun atormentaba a Dimitri. No podía perdonarse a sí mismo y juró que nunca podría amar a nadie ahora. El hecho de que yo había comenzado a salir con Adrian no facilitaba las cosas. Después de una serie de esfuerzos inútiles, había aceptado que Dimitri y yo habíamos pasado. Seguí adelante, con la esperanza de que podría tener algo real con Adrian ahora. - Bien - dijo Abe secamente - Él está deprimido, pero tú eres la imagen de la felicidad y la alegría. Suspiré. - A veces, hablar contigo es como hablar conmigo misma: una maldita molestia ¿Hay alguna otra razón por la que estés aquí? ¿Además de entregar la terrible noticia? Habría sido más feliz viviendo en la ignorancia.

No se suponía que moriría de está manera. No se suponía que lo vería venir. Mi muerte no es una cita escrita con lápiz en un calendario.
Se encogió de hombros. - Sólo quería verte. Y a los arreglos. Sí, lo había hecho, me di cuenta. Los ojos de Abe siempre volvían a mí cuando hablábamos; no había habido pregunta que llamara su atención. No había nada en nuestras bromas a la preocupación de mis guardias. Pero de vez en cuando, veía a Abe, la mirada grabando alrededor, teniendo en la sala, mi celda, y lo que otros detalles que le parecía interesantes. Abe no había ganado su reputación como zmey—la serpiente—por nada. Siempre estaba calculando, siempre en busca de una ventaja. Parecía que mi tendencia hacia trazar locuras venia de familia. - También quería ayudarte a pasar el tiempo - sonrió y de debajo de su brazo, él me dio un par de revistas y un libro a través de las barras - Tal vez esto mejore las cosas. Dudaba que cualquier entretenimiento fuera a hacer mi cuenta regresiva de dos semanas hacia la muerte más manejable. Las revistas eran de moda y el pelo 10

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orientado. El libro era “El conde de Monte Cristo”. Lo levante, necesitando hacer una broma, necesitando hacer cualquier cosa para hacer esto menos real. - Vi la película. Tu simbolismo sutil no es realmente tan sutil. A menos que hayas escondido un archivo oculto en su interior. - El libro siempre es mejor que la película - empezó a alejarse - Tal vez tengamos una discusión literaria próxima vez. - Espera - arrojé el material de lectura sobre la cama - Antes de irte. .. En todo este lío, nadie se ha planteado quien realmente la mató. Cuando Abe no respondió de inmediato, le dio una mirada penetrante. - Tú realmente crees que no lo hice, ¿cierto? - por todo lo que sabía, él podría creer que yo era culpable y estaba tratando de ayudarme de todos modos. - Creo que mi dulce hija es capaz de asesinar - dijo al fnal - Pero no está vez. - Entonces, ¿quién lo hizo? - Eso -dijo antes de irse - Es algo en lo que aun estoy trabajando. - ¡Pero acabas de decir que se nos agotaba el tiempo! ¡Abe! - no queria que se fuera. No queria estar sola con mi miedo - ¡No hay manera de arreglar esto! - Solo recuerda lo que te dije en la sala de justicia - grito. Salió de mi vista, y me senté en la cama, regresando a ese día en la corte. Al fnal de la audiencia, él me dijo, muy frmemente, que no iba a ser ejecutada. O incluso ir a juicio. Abe Mazur no era uno de hacer promesas, pero yo estaba empezando a pensar que aun él tenia límites, sobre todo porque nuestro calendario acababa de ser ajustado. Tome de nuevo el pedazo de papel arrugado y lo abrí. También había venido de la sala del tribunal, secretamente me lo había entregado Ambrose—el chico juguete de Tatiana. Rose, Si estás leyendo esto, es que algo terrible me ha sucedido. Es probable que me odies, y no te culpo. Sólo puedo pedirte que confíes en que lo hice con el decreto de la edad era lo mejor para tu gente, si se compara 11

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con lo que otos habían planeado. Hay algunos Moroi que quieren obligar a que todos los dhampirs a estar a su servicio, quieran o no, mediante el uso de la compulsión. El decreto de edad ha disminuido esa facción. Sin embargo, me dirijo a ti con un decreto que debes corregir, y es un secretó que debes compartir con la menor cantidad de gente posible. Vasilisa necesita su puesto en el Consejo, y se puede hacer. Ella no es la última Dragomir. Hay oto con vida, el hijo ilegítimo de Eric Dragomir. No sé nada más, pero si puedes encantar a este hijo o hija, le darás a Vasilisa el poder que se merece. No importa tus defectos ni tu peligroso temperamento, eres la única que creo que puede asumir esta misión. No pierdas el tempo en el cumplimiento de la misma. Tatana Ivashkov Las palabras no habían cambiado desde las otras cientos de veces que lo había leído, ni tampoco habian resuelto la pregunta que siempre se disparaba. ¿La nota era verdad? ¿Tatiana realmente la había escrito? ¿Había, a pesar de su actitud hostil hacia el exterior—confado en mí con este conocimiento peligroso? Había doce familias reales que tomaban decisiones para los Moroi, pero con todas las intenciones, pudieron ser once. Lissa era la última de su línea, y sin otro miembro de la familia de Dragomir, la ley Moroi decía que ella no tenía poder para sentarse y votar con el Consejo para tomar decisiones. Algunas muy malas leyes ya se había hecho, y si la nota era verdad, vendrian más. Lissa podía luchar contra esas leyes—y algunas personas no les gustaría esto, la gente que ya había demostrado su disposición matando. Otro Dragomir. Otro Dragomir signifcaría que Lissa podría votar. Otro voto en el concejo cambiaria mucho. Podría cambiar el mundo Moroi. Podría cambiar mi mundo— decir, como, si yo fuera encontrada culpable o no. Y ciertamente, podría cambiar el mundo de Lissa. Durante todo este tiempo ella había creído que estaba sola. Sin embargo… Me preguntaba con inquietud si daría la bienvenida a un medio hermano. Acepté que mi padre era un sin vergüenza, pero Lissa había mantenido siempre al suyo en un pedestal, creyendo lo mejor de él. Esta noticia vendría como una

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sorpresa, y aunque había entrenado toda mi vida para mantenerla a salvo de las amenazas físicas, estaba empezando a pensar que había otras cosas de las que tenía que ser protegida también. Pero primero, yo necesitaba la verdad. Tenía que saber si esta nota había llegado realmente de Tatiana. Estaba bastante segura de cómo lo podría averiguar, pero se trataba de algo que odiaba hacer. Bien, ¿por que no? No era como si tuviera otra cosa que hacer en este momento. Levantándome de la cama, di la espalda a las barras y me quedó mirando la pared en blanco, utilizándola como punto de enfoque. Preparándome, recordando que yo era lo sufcientemente fuerte para mantener el control, saqué las barreras mentales que siempre subconscientemente mantenía alrededor de mi mente. Una gran presión se levantó de mí, como el aire que se escapa de un globo. Y de repente, estaba rodeada de fantasmas.

Traducción Maris Belikov

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