ALUMNO: Rafael Adrián Plata Flores. TEMA: “La tarea de formarse”. Ensayo Núm.

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Las múltiples situaciones complejas de la vida han provocado que, cada día, la sociedad esté más inmiscuida en los procesos que se hacen presentes indistintamente de su tipo; por consiguiente, lo que ella misma exige es que cada persona en su actividad o especialidad o profesión cuente con todo lo necesario para llevar a cabo sus tareas, con lo que se puede dar a entender a los demás que, en su afán de ser o dedicarse a una u otra profesión, siempre debe aprender todo lo relacionado a lo que en un futuro puede enfrentar; todo esto a favor de sí mismo y para mejorar su medio y contexto. En relación a lo que la educación trata de dar a entender, un concepto que viene inmerso es el de formación. Lo primero que viene a la mente al escuchar esta palabra es, inmediatamente, relacionarla e incluso hacerla sinónimo de educación, no sabiendo que una y otra incluyen diferentes aspectos así como condiciones para ser utilizadas en el interior o en el exterior de una institución y en la cotidianidad misma. Ahora, tomando conciencia acerca de lo que es realmente la formación, se comprende que absorbe distintos aspectos en un individuo, como también requiere de un contacto con el entorno. La formación es un proceso individual mas no puede lograrse individualmente, como en este sentido lo enuncia Gilles (1991) formarse no puede ser más que un trabajo sobre sí mismo, libremente imaginado, deseado y perseguido, realizado a través de medios que se ofrecen o que uno mismo se procura. La formación es un algo, quizá de poca convocatoria para muchos pero de apreciable valor a largo plazo, con relevante importancia en el marco de la progresión humana hacia nuevas maneras de vislumbrar la educación, la convivencia, la evolución en las relaciones, que solo en el surrealismo pudieron estar concebidas y que, sin embargo, tenemos a nuestro alcance, porque lo que hace falta es aterrizar la ideas conforme a las condiciones y el contexto de vida. La profesión del docente conlleva, tanto en su proceso de preparación como en su actualización, una formación en dos sentidos y/o aspectos, una formación científica y una formación profesional, que son base para el ejercicio posterior. Por lo que se hace necesario que todo lo que se realice, con relación a ésta, sea considerando lo ocurrido en el ámbito local e internacional, pues sabemos que “los vertiginosos cambios tecnológicos, la informática, la biotecnología, la investigación genética abren nuevos horizontes al conocimiento humano; empero, éste no llegará por igual a todos los sectores de la población y las aplicaciones de los desarrollos tecnológicos” (Ruiz, 2001, p. 132) Siguiendo esta dirección, no hay que olvidar que en la formación de los futuros enseñantes entra en juego factores del Estado con políticas que tienden a modernizar las vías de acción en los gobernados, que al toparse con instituciones para docentes (escuelas normales, universidades) ven en ellas un obstáculo para el fluir de sus ideas, que pueden ser

hasta ambiciones; donde, no importando los beneficios que éstas otorgan, se minimiza o neutraliza su labor, desconociendo que son las que han ido edificando cada conciencia, cada ciudadano que integra al país. Es de considerar la definición de Giles (1991) de la formación como “un proceso de desarrollo individual tendiente a adquirir o perfeccionar capacidades” (p. 52); pero tampoco hay que ignorar que la formación se realiza también en conjunto. Nos queda a cada uno de nosotros como actores de nuestro propio destino dar el mejor de los esfuerzos, otorgarnos el lugar que merecemos dentro de las distintas profesiones, pues ninguna es más o menos, todas tienen igual importancia. Lo único que en ocasiones no se hace, es realizarla con el debido procedimiento, con la voluntad de entrega del mejor trabajo, de calidad. Si actuamos de esta manera se va a hacer visible que todos salimos ganando, reflejándose en mejores seres humanos y en una mejor sociedad, realmente colectiva, en menos necesidades y más propuestas de cambio.

Gilles, F. (1991). El trayecto de la formación: los enseñantes entre la teoría y la práctica. Barcelona: Paidós Educador. Ruiz, A. (2001). Educación superior y globalización; Educar, ¿para qué? Madrid: Plaza Y Valdés.