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Inauguracion Centro vasco de Caracas – Sede El Paraiso 5 de Marzo de 1950

El Centro Vasco de Caracas, Inauguración y legalización

Tras 11 años de la llegada de los primeros 3 barcos, el «Cuba», que salió de Le Havre con
centenar y medio de vascos para Venezuela y llegó a La Guaira el 14 de julio de 1939; el
«Flandre», con cerca de doscientos, que hizo el mismo recorrido para llegar exactamente un
mes después, y el «Bretagne», que salió de Bordeaux para entrar en La Guaira con otro
grupo de setenta y cinco. (Se posee las listas completas de los pasajeros y sus nombre y sus
ocupaciones) y la fundacion de dos centros vascos previos, Cipreses a Velasquez 5 Abril
1942, Truco a Balconcito 31 Julio 1942,

Se Inauguro la sede El Paraiso, el 5 Marzo 1950, con asistencia y Conferencias de Jose


Antonio Aguirre y Jesus de Galindez, el 7 de Marzo de 1950, quienes fueron recibidos en el
aeropuerto de Maiquetía por el delegado Dr. Luis Bilbao; el presidente del Centro, José de
Elguezabal, y Gonzalo de Aranguren.

Un poco de historia, entre los meses de octubre y diciembre de 1941 el Centro cuenta con
directiva, sede, empleados y primeras actividades. El día 10 de marzo de 1942 la Directiva
acuerda fijar el día 5 de abril como su fecha de inauguración.

Para organizar los actos se nombra una Comisión formada por Víctor de Elguezabal, Andoni
de Arozena, José Luis Otxoa de Txintxetru además de algunos miembros de la propia
directiva . Asimismo, el día 27 Santiago de Beristain era nombrado delegado del Centro en el
estado de Carabobo

Entre las esquinas de Cipreses a Velazquez 5 de Abril de 1942.

Los organizadores de los actos de inauguración desechan la idea de celebrar una gran
banquete por no poder hacerse cargo de los gastos que éste originaría, sustituyéndolo por un
«pequeño refrigerio».

La lista de invitados. destaca la presencia de criollos de origen vasco (Simón Gonzalo Salas,
Aguerrevere, Aranguren, Arraiz, Anzola, Iturbe), amén de representantes diplomáticos de las
potencias aliadas (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia Libre), además de numerosas
personalidades venezolanas encabezadas por el Presidente de la República, general Medina
Angarita.

El día 22 de mayo de 1942 se celebraba una Asamblea General del Centro Vasco. En ella se
elegía una nueva Junta Directiva formada por Aurelio de Artetxe (presidente), Santos de
Gárate (tesorero) y como vocales José Luis Martínez Bilbao y Andoni de Arozena,
manteniéndose el resto de los cargos. Se estudian asimismo dos importantes propuestas.
Por un lado, editar una revista; por otro, crear la Liga de Amigos de los Vascos

El día 28 se constituyen las comisiones de trabajo del Centro: Liga Vasco-Venezolana


(Artetxe), Asistencia Social (Goia), Enseñanza (Arozena), Interior (Mugarra), Tesorería
(Santos Gárate) y Propaganda y Cultura (16). Días más tarde se abría la inscripción para
iniciar las clases de euskera.

Apenas dos meses después de la inauguración de los locales del Centro la Junta Directiva
comienza a buscar una nueva sede. El día 25 de junio se acuerda alquilar unos locales en
Truco a Balconcito. Asimismo se convoca a los contratistas socios del Centro para construir
un frontón en la nueva sede. A principios del mes de julio se iniciaba el traslado.

El día 7 de julio la Junta Directiva presentaba ante la Dirección Nacional de Seguridad y


Extranjeros los Estatutos y lista de socios del Centro Vasco.

Por fin, el 30 de julio, el Ministerio de Asuntos Interiores «autorizaba el funcionamiento de la


expresada asociación» . El día 6 de agosto la Junta Directiva acusaba oficialmente recibo de
dicha autorización. De esta foma el Centro Vasco de Caracas adquiría plena personalidad
jurídica

De Truco a Balconcito 31 de Julio de 1942.

Entre las esquinas de Truco a Balconcito Un día antes de la inauguración de la nueva sede,
la Junta Directiva acordaba la publicación de una revista que se titulará Euzkadi. Órgano
divulgativo del Centro Vasco de Caracas, nombrándose director a José María de Barrenetxea
como presidente de la Comisión de Cultura y Propaganda. Sin embargo, por impedimentos
legales, en el primer número de la revista figurará como director el ilustre científico
venezolano Juan de Iturbe
.
Cuenta Ugalde: «La inauguración del nuevo local se llevó a cabo el día 31 de julio de 1942,
festividad de San Ignacio. Se trabajó día y noche bajo la dirección de Andoní de Borde para
construir el frontón, que se financió (20.000 bolívares) mediante bonos reintegrables de 25
bolívares cada uno».

Uno de los actos previstos era una Misa que debía celebrarse en la iglesia de Las Mercedes.
Los representantes franquistas presionaron para que los vascos no pudiesen celebrar un
oficio religioso específico, que finalmente es prohibido por la Jerarquía. Pero el día elegido
era domingo y los vascos acudieron en masa al templo, entre ellos el Hermano Ginés vestido
con sus hábitos. Ocho años más tarde era eí mismísimo Arzobispo de Caracas el encargado
de bendecir la primera piedra del nuevo Centro de El Paraíso.

En el Centro de Truco a Balconcito se consolida una serie de actividades y organismos que


marcarán el devenir de la comunidad vasco-venezolana hasta nuestros días.

De esta forma, mientras el día 6 de agosto de 1942 se constituía la primera Comisión de


Pelota formada por Fermín de Azkue, José de Elguezabal, José María de Etxezarreta,
Damián de Zalutregui y Miguel Pelay Orozco el 18 se forma otra Comisión para organizar la
primera visita de José Antonio de Aguirre a Venezuela. Está constituida por José María de
Gárate, Aurelio Artetxe, José María Barrenetxea, Ilari Ariño y Víctor Elguezabal .

El día 28 de octubre el Coro Vasco Pizkunde, dirigido por Antón de Gárate y acompañado por
el txistulari Segundo Atxurra hacía su presentación pública.

Entre sus directivos, Jon de Oñatibia y Víctor Elguezabal. Su finalidad es la de difundir la


cultura vasca (lengua, historia, música, danza)
.
El día 22 de mayo de 1943 se celebraba la Asamblea General Ordinaria. En ella se acuerda
por unanimidad mostrar «...al Sr. Simón Gonzalo Salas su agradecimiento a las gestiones
que realizó en 1938 para la emigración vasca en Venezuela», nombrándolo socio honorario
del Centro Vasco.

Pero en aquella reunión debían renovarse algunos cargos directivos. José María Diez de
Rekarte, militante de Acción Nacionalista Vasca (ANV) propone, como veremos, una
candidatura en la que se recogiesen todos los sectores de opinión del Centro

Asimismo en aquellos días, el Centro, consolidado ya, comenzaba a relacionarse con otros
organismos. En esta línea, el 30 de mayo la Junta Directiva acordaba establecer relaciones
fraternales con los demás Centros Vascos de América. También se iniciaba la elaboración de
un archivo de recortes de tenias vascos aparecidos en la prensa americana

Bernardino de Mugarra, hasta entonces secretario, se hace cargo de la presidencia. Es


ratificado por la Asamblea General celebrada el día 20 de mayo de 1944. Asimismo y por
unanimidad se elige la siguiente Junta Directiva: José Miguel Gomendio (vicepresidente),
Juan de Urbistazu (secretario), Vicente Arnoriaga (vicesecretario), Adrián de Zalutregui
(tesorero) y como vocales José de Abasólo, Blas de Gárate, Miguel Pelay y José Luis
Aránsolo

En julio la Junta Directiva acordaba por unanimidad nombrar socios honorarios a los
diplomáticos venezolanos Carlos Enrique Aranguren y Rómulo Araujo «en atención a su
apoyo pro-inmigración vasca y ayudar a José Antonio de Aguirre durante su estancia en
territorio ocupado por los nazis»

En la Asamblea celebrada el 19 de mayo de 1945 se renovaba parcialmente la Junta


Directiva: Francisco G. de Mardones (presidente), Santiago Beristain (tesorero) y los vocales
Juan Ignacio Trujo y Marcos Lekerika . Por otro lado, en aquellos días se creaba la Escuela
Vasca de Caracas-Caracas' ko Euzko Ikastetxea
.
Entre 1945 y 1948 fueron presidentes del Centro José María de Barrenetxea (XI. 1945), José
María Solabarrieta (11.1946), José Amuritza (XI. 1946), Francisco Orúe (V. 1947) y José
Elgezabal (XI. 1947).

los invitados:

General Isaías Medina Angarita, Presidente de la República (nombrado Presidente Honorario


del Centro Vasco «en testimonio de agradecimiento de los vascos por las atenciones
recibidas de las autoridades y pueblo venezolano»), Dr. Luis G. Pietri, Gobernador del Distri-
lo Federal; F. de Giulio Sánchez, Prefecto; S. E. el Embajador de los Estados Unidos en
Venezuela; Mr. Bret, Secretario del Agregado Naval de los Estados Unidos; S. E. el
Embajador de Gran Bretaña; Mr. Anderson, secretario de la Embajada Británica; Mr.
Raymond Vis, representante de la Francia Libre; Dr. Arturo Uslar Pietri, Secretario de la
Presidencia de la República; Eleazar López Contreras, ex-pre- HÍI lente de la República; Srta.
María Edilia Valero, del Hogar Ameri-i'iino; Dr. Enrique Aguerrevere, Ministro de Fomento; Dr.
Ángel Ague-ri'cvere, asesor jurídico del Ministerio de Fomento; Dr. Rafael Vera, médico de la
Asociación Vasca de Socorros Mutuos; Dr. José Izquierdo; Sres. Long y Rixon, del Club
Victoria; Mr. Stanley Ross, periodista norteamericano; Dr. Juan Iturbe; Sr. Alvarez de Lugo,
presiden-le de los Boy Scouts; Sr. Antonio Arraiz; Sr. Napoleón Arraiz, del Instituto de
Inmigración; Dr. S. Gonzalo Salas, «propugnador de la inmigración vasca», director del
Ministerio de Agricultura; Dr. Gerardo Sansón, director del Instituto de Inmigración; Sr.
Zozaya, cónsul ilc México; directores de los diarios «El Universal», «La Esfera» y «El
Heraldo»; director de la Radio Caracas; Director del Colegio La Salle, Sr. Aureliano Huertas;
Dr. Aranguren, ex-representante de Vene-/uela en Francia; Mr. John London; Mr. J. R. White;
Mr. Robert Bottome; Mr. William Coles; Mr. F. I. Martin, y Sr. Manuel Maten. Excusaron su
asistencia, por hallarse ausentes, el ex-presidente Kleazar López Contreras, Dr. Gerardo
Sansón, Dr. Enrique Aguerrevere y Dr. Arturo Uslar Pietri. Asistieron, además, el Sr. Luis
Churión, presidente del Hogar Americano; Sr. Faustino Moreno; Sr. Froilán Anzola, sin contar
con la numerosa concurrencia de invitados por amistad y relación.

En El Paraíso

Desde 1945 los incidentes entre el Centro Vasco y la propietaria del inmueble se multiplican,
impidiendo, por ejemplo, que se realizasen obras de mejora. El diciembre de 1947 esta
última anuncia a la Junta Directiva su intención de venderlo, ofreciendo una opción prioritaria
de compra de 300.000 bolívares . Pero para la Junta Directiva el precio resultaba excesivo,
rechazándose la oferta

En la Asamblea General Ordinaria del 29 de mayo de 1948, el presidente del Centro, José de
Elguezabal, propone la formación de una ponencia para buscar un nuevo emplazamiento. La
primera ponencia quedará formada por José de Abasólo, Ander Aranbaltza, Manuel Altube,
Francisco Badiola, Lorenzo Basagoiti, Joaquín Carrandi, B. Goikoetxea, José Luis Otxoa,
Miguel Salvador, Santos Ariño y Martín Gaubeka (42). Días más tarde la ponencia ya estaba
barajando varios terrenos y estudiando fórmulas concretas de financiación. El día 23 de junio
la ponencia proponía a la Junta Directiva la adquisición de un solar de 10.000 metros
cuadrados en El Paraíso que tenía un precio de unos 300.000 bolívares (43). Cuatro días
más tarde era presentado el plan de financiación a través de la creación de la Compañía
Inmobiliaria Euskalduna, que contaría con un capital social de 1.000.000 de bolívares,
dividido en acciones nominales de 500 bolívares
.
El día 3 de julio, con asistencia masiva, se celebra una nueva Asamblea General
Extraordinaria en la que se informa de las gestiones citadas. Al mismo tiempo se constituye
una ponencia financiera formada por Gonzalo de Aranguren, Julián de Lizarralde, Miguel
Pelay Orozco, Florentino Urarte, Adrián de Zalutregui, Juan de Urbistazu, Ilari Ariño, José
Estornés Lasa, Antxon Larrañaga y Juan de Iturri . Miguel Salvador se haría cargo del
proyecto.

El 14 de octubre se colocaba la primera piedra del nuevo Centro Vasco de Caracas. Fue
bendecida por el arzobispo Monseñor Lucas Castillo y, tras la actuación del coro Pizkunde,
los discursos corrieron a cargo de José de Elguezabal, presidente del Centro; Luis Bilbao,
delegado del Gobierno Vasco, y de José Antonio Aguirre, que había enviado una grabación
con tal motivo.

La prensa de la capital se hace eco del evento. La Esfera señalaba: «Ninguna de las colonias
extranjeras ha tomado una iniciativa de la índole que ahora toman los vascos». En El
Universal se decía: «Por su manera de actuar entre nosotros, laboriosa, honesta,
decididamente útil, debemos considerar como valioso aporte a nuestras actividades humanas
la presencia en Venezuela de un nutrido grupo de vascos»
Inauguracion del Centro Vasco Caracas El Paraiso 5 de Marzo de 1950

Hace diez años llegaron los primeros. La ikurriña en el asta de los pesqueros, y la decisión
en el corazón de cada cual. Lo habían perdido todo en la lucha por su Patria y llegaban a
tierra desconocida. La misma que siglos atrás divisó Lakotsa y Lope de Aguirre, la misma en
que nació Bolibar. Hoy la fortuna de varios se cifra en millones; pero la ikurriña sigue
enarbolada en el asta y en el corazón.

Una fila alargada de gudaris y ezpatadantzaris esperaba nerviosa la llegada del viajero.
Había venido de lejos; lejos en el espacio, y lejos en la historia. Venía, no de París donde
ahora reside exilado, sino de Gernika donde hace catorce años fue elegido Lendakari por los
apoderados de los pueblos vascos. Y los vascos de Venezuela querían darle la bienvenida
en su nueva casa -Euzko-Etxea-, para enlazar el presente de venturas con el pasado de
lucha, para demostrar a todos que su decisión sigue siendo la misma.

Dos días atrás, alguien se había permitido amenazarles con represalias. Si eran "buenos
chicos", el gobierno franquista estaba dispuesto a enviarles nada menos que al embajador
Aznar -el famoso traidor a su pueblo y a cuantas causas abrazó-, y hasta un puñado de
dantzaris traídos en avión desde Madrid; pero si eran malos, si eran malos, si invitaban a su
Lendakari, perderían toda ilusión de pasaportes y visados para visitar a sus familias allá en el
País Vasco natal. ¡Pobre hombre!. La respuesta se la estaban dando aquellos verdaderos
dantzaris, venidos diez años atrás o nacidos en el trópico, que escoltaban electrizados al
Lendakari Aguirre por la Avenida Principal del Centro Vasco.

Con él venía otro hombre. Casi todos le recordaban como fue un día: alto y fuerte, enérgico,
con voz de mando. Cayó prisionero en su puesto de mando, fue a la cárcel con sus gudaris y
fue condenado a muerte; cuatro veces estuvo en capilla para ser ejecutado como lo fueron
otros de su misma celda; después dirigió la resistencia clandestina... Aquel hombre, hoy de
figura encorvada y rostro torturado, pero siempre con sonrisa de optimismo, simbolizaba a
los hombres que no han cesado de luchar.

Y juntos los dos, el Lendakari y el Jefe de la Resistencia, caminaron hasta la puerta del
Centro Vasco, donde el txistu les saludó con los compases seculares del "Agur Jaunak".
Como antaño, como siempre.

"El Paraíso" es el barrio residencial de más raigambre en Caracas. Algún día le superarán los
nuevos barrios que se están construyendo hacia el Este, pero todavía conserva la
superioridad que le da la tradición. Y en su corazón, encaramada en la falda de una colina,
es donde los vascos de Venezuela han construido su Euzko-Etxea. Un inmenso caserío
diseñado por Miguel Salvador -el hombre que está vasquizando la arquitectura de la futura
Caracas-, que se desborda en terrazas superpuestas hasta el frontón y los jardines.

Aquella mañana del 5 de marzo de 1950, terrazas y jardines estaban colmados por más de
dos mil vascos y amigos, llegados algunos del interior de la República y aun de más allá de
sus fronteras. Para asistir a la misa y al izamiento de las banderas,

Allí estaban todos. Desde el Dr. Gonzalo de Aranguren, Carmelo de Elorriaga, Los Badiola,
Aguirrezabala, Lizarralde y demás magnates de la construcción; junto a los Olarso, Estornes,
Carranza y Las neskas de Euzko Gaztedi, soliviantadas por ese dinamismo trepidante de
Edurne Altuna.

Viejos y jóvenes, ricos ya y quienes van camino de serlo, gastetxus y emakumes. Y quizás
más sonrientes que ninguno, los dos hombres que hicieron posible la ejecución de aquella
casa: José de Elguezábal, el Presidente del Centro y el Dr. Luis de Bilbao, el Delegado
Vasco

Ocho días duraron las fiestas, una semana con dos domingos. Y el público siguió siendo fiel
a la convocatoria. Lo mismo en las conferencias culturales, que cuando se les llamó para
exprimir los bolsillos. Su generosidad fue digna de los hombres que han sabido triunfar. José
Antonio de Aguirre les habló de la historia vasca; y yo les hablé de los vascos en América. El
hombre del interior les narró la vida en las cárceles y en la resistencia. Nicanor de Zabaleta
acarició para ellos el arpa con su mano maestra. Los dantzaris reprodujeron el ballet de la
ópera "Amaya" y las figuras de la mascarada suletina. El orfeón Pizkunde de Antxon Gárate
entonó motetes religiosos a Jaungoikua, y cantó en euzkera las viejas melodías de la raza.
Los pelotaris inauguraron el frontón,

Una semana que pasa pronto, aunque rindió al más fornido. Una semana que quedará
grabada en el recuerdo de cuantos |a vivieron. Una semana, sobre todo, que emocionó a los
viajeros que en su peregrinación patriótica van conociendo tantos países y tantos vascos
esparcidos por el mundo,
.
El 5 de diciembre de 1949 la Junta Directiva del Centro Vasco acordaba invitar a José
Antonio de Aguirre a la inauguración de la nueva sede . El 2 de marzo de 1950 Aguirre y
Jesús de Galíndez, delegado vasco en Nueva York, llegaban a Venezuela. En el aeropuerto
de Maiquetía son recibidos por el delegado Luis Bilbao; el presidente del Centro, José de
Elguezabal, y Gonzalo de Aranguren.

El día 3 Aguirre ofrecía una rueda de prensa. Por fin, coincidiendo con el Aberri Eguna,
comenzaban los actos inaugurales. En estos participan, además de Aguirre y Galíndez,
Joseba de Rezóla, Andoni de Arozena (en euskera) y el arpista Nicanor Zabaleta. El día 12,
coincidiendo con la jornada de clausura, se plantó un retoño del Árbol de Gernika .

Palabras del primer Lendakari de Euzkadi José Antonio Aguírre Inauguracion Centro
Vasco Caracas (El Paraiso)
En tierras sujetas a la violencia, conocí el alma de América. Errante y solo, sentí la angustia
del que todo le falta. Seis meses y medio estuve en países dominados por el nazismo, de los
cuales cuatro y medio en Berlín. y en esas horas de incertidum-bre, de ansiedad y de
angustia, pedí a las almas de América que me instruyeran. Llevo en mi corazón no sólo la
gratitud y la admiración para el hombre que plasmó la más grande empresa de Libertad, sino
también una gratitud particular, exclusiva, para los hombres de América y de Venezuela que
en ese tiempo de inseguridad y de zozobra que he apuntado me ayudaron a salvar lo que
más quiero: a mi esposa y a mis hijos. Gracias a un diplomático venezolano y gracias al
Gobierno y a las Autoridades venezolanas, mi esposa con mis hijos, pudo salir de Europa,
como la señora viuda de Guerra, natural de la ciudad de Mérida, la andina ciudad de
Venezuela.
No es éste el tema de mi conferencia. Quiero apuntar únicamente que dentro del alma de
todo vasco existe para Bolibar un fondo de profunda admiración, respeto y afecto. Como li-
bertador de pueblos, como fundador de doctrinas magníficas que alumbrarán un día en todo
su esplendor, porque todavía la doctrina de Bolíbar, no ha dado todo su rendimiento. Yo os
hablo con esta emoción, como vasco, hacia aquel que, sabiendo libertar pueblos, tuvo
pensamientos que están inscriptos en siglos de historia nuestra.
Bolibar. Su época, la del enciclopedismo, la deí liberalismo en la conciencia y en las leyes
públicas, la de la emancipación de los pueblos sojuzgados. Su empresa, librar media
América del yugo español, reconstituyendo pueblos libres y prósperos.
Empresa digna de quien llevaba sangre vasca en sus venas, continuación de una historia de
universalidad vasca.
Decir que Bolibar, además de Libertador de América, fue defensor de la fe de aquellos na-
turales, podrá parecer a algunos un contrasentido.
A este propósito, un recuerdo que además de su actualidad tiene la fuerza de la prueba:
Corrían los años de levantamiento independentista americano contra la opresión española.
Como en tales casos acontece, el poder dominador aprovecha toda clase de recursos y
personas para su fin de avasallaje. Entre otros eran aprovechados los eclesiásticos que, lejos
de ser evangelizadores de una doctrina que es de todos, eran propagandistas celosos del
poderío español.
Bolibar se dirige a Pío VII, y, en forma personal en veces, otras por medio de embajadas, le
ruega con todo el calor de un gobernante libertador, que el clero español y españolizante de
Venezuela fuera sustituido por clero indígena, mejor conocedor del pueblo y más querido de
él; que los obispados fueran ocupados por americanos y, en todo caso, provistos desde
Roma y no desde Madrid, como acontecía en virtud del regio patronato.
Pío VII comprende rápido la magniiud del hecho expuesto por Bolibar y cruza con él
interesantísima, cordial y copiosa correspondencia, recibe algunos de sus enviados y se
dispone a adoptar medidas en consecuencia. Pero la dominación que no entiende el alto
lenguaje de amor que comienza a relacionar al Libertador de media América con el Padre de
todos los fieles, amenaza con romper con Roma, mueve las Cancillerías europeas, maneja la
intriga, sin importarle que con ello ponga en peligro inminente la fe de las nacientes
Repúblicas suramericanas. Bolibar, para aquellos "magnánimos defensores de la fe", es ma-
són, hereje y enemigo de la religión. . .
Sin embargo, Pío VII da la razón a Bolibar, salta por encima de cuantos obstáculos se le
oponen y el sacerdocio elegido desde Roma comienza a penetrar en el pueblo, al que por ser
el suyo quiere y comprende.
Es la eterna lucha entre el poder despótico y la razón y el derecho, sin que importe a su ce -
guera que de su actitud inicua pierda la fe pueblos enteros. . . El caso se ha repetido en
muchos pueblos, sin que pueda exceptuarse a Euzkadi.
Palabras de Jose Antonio Aguirre, en la nueva sede del Centro Vasco (El Paraiso) de
Caracas

Conferencia dictada en el Centro Vasco de Caracas el 7 de Marzo de 1950 por el Lic.


Jesús de Galíndez. Inauguración del Centro Vasco.

Hace pocos años, en una de esas reuniones que tanto gustan a los norteamericanos, el
chairman del banquete iba presentando a los distintos oradores con sus títulos académicos
de la Universidad de Harvard, de la Universidad de Columbia, de la Universidad de Yale;
cuando le llegó el turno al patriarca de la colonia vasca de New York, él mismo se adelantó
para autopresentarse como "Valentín Agirre, de la Universidad del Monte Sollube".

En esta frase, al parecer jocosa, y que indudablemente demuestra el profundo menosprecio


con que Valentín Agirre juzga a todos los intelectuales y más aún si son profesores, se
encierra, sin embargo, una de las razones de nuestra subsistencia como pueblo. Porque,
privados de Universidad y de enseñanzas propias, el vasco ha tenido que reaccionar por
encima de la cultura que le ha sido impuesta en centros de enseñanza ajenos, para
mantener su cultura, su modo de vida, su espíritu, su tradición. La Universidad del vasco ha
estado en cada caserío, en cada aldea, en cada valle, en el Monte Sollube.

Un pueblo está caracterizado, más aún que por sus características raciales, por su cultura,
por su tradición, por su espíritu. La cultura vasca tiene una recia personalidad a través de los
siglos y se ha proyectado ínter nacional mente.

Uno de los campos en que esa influencia se hace sentir de una manera más intensa es en la
colonización americana.

Los vascos llegaron a suelo americano siglos antes de su descubrimiento oficial por Cristóbal
Colón, aunque se limitaron a pescar el bacalao y la ballena, sin pensar en hincar banderas
que marcaran una conquista. Ya en el Fuero de San Sebastián del año 1150 se habla de la
pesca de la ballena por sus marinos; y consta documentalmente la presencia de los
pescadores vascos en Terranova desde 1413, probablemente estaban yendo regularmente a
estos parajes desde uno o dos siglos antes.

El piloto de la expedición colombina en 1492 es un vasco, Juan de Lakotsa (La Cosa para los
españoles), que al mismo tiempo es propietario de la nave almirante, la "Mari Galante",
rebautizada como "Santa María"; también son vascos la mayoría de los tripulantes de esta
nao. Desde entonces no faltan los vascos en ninguna de las expediciones descubridoras.
Sebastián de Elkano da la vuelta al mundo por vez primera en 1519-21. Urdaneta y Legazpi
colonizan las Islas Filipinas en 1564-5.

Es curioso observar que los vascos no proporcionan conquistadores, sino colonizadores. Es


decir, los hombres que vinieron al Nuevo Mundo no a conquistar fáciles riquezas, sino a crear
nuevas riquezas, a incorporarse a la vida de este continente, y con el transcurso de los siglos
a constituir las futuras repúblicas americanas.

Los primeros colonos del Nuevo Mundo son los que deja Cristóbal Colón en el Fuerte
Navidad; cuando al siguiente viaje regresa y encuentra la fortaleza destruida y sus hombres
muertos, se echa la culpa a los bizkainos que pelearon entre sí "por el oro e las mujeres".
Años más tarde, el gipuzkoano Hernando de Cebara es el primer europeo que se casa con
una princesa india, con Higuemota, hija de la reina de Jaragua Anacaona. Más tarde, Irala
funda Asunción de Paraguay en 1538, Legazpi funda Manila en 1571, Garai funda Buenos
Aires en 1580, Zabala funda Montevideo en 1724.

Los tres grandes problemas que provoca la colonización americana son luchas por la
libertad; y en ellas ocupan siempre papel protagonista los vascos.
El primer problema es el de la esclavitud de los indígenas. Su gran defensor es el dominico
vasco Francisco de Vitoria, que desde su cátedra de la Universidad de Salamanca pronuncia
la Relectio de Indiis, que, a la vez que defiende la libertad de los indios americanos, sienta
las bases para el futuro Derecho Internacional.

El segundo problema es la revuelta de los primeros colonos contra los poderes omnímodos
de gobierno que los reyes habían concedido a los descubridores y conquistadores. Esa
revuelta surge en la Isla Española, donde el vasco Adrián de Muxika secunda a Roldan en su
protesta contra los hermanos Colón. Y culmina en México, donde el obispo Zumarraga se
enfrenta a conquistadores y oidores, a la par que defiende a los indígenas.
El tercer problema será la futura independencia de los países americanos. Aunque ésta
tenga lugar a principios del siglo XIX, su primer estallido lo dirige el vasco Lope de Agirre el
año 1560, desde el corazón del río Amazonas. Su figura ha sido denigrada por los escritores
al servicio de Felipe II; pero, pese a los tintes sangrientos que aureolan su gesta, hay que
reconocerle la gallardía de haber sido el primero en proclamar la independencia del Perú y
declarar la guerra contra el rey de España.

Con estos antecedentes no es extraño que los vascos se incorporen plenamente a la gesta
independentista desde México a la Argentina. Esa participación vasca llega a su cumbre con
la figura del venezolano Simón Bolibar, por cuyas venas corría la sangre vasca. Su obra es
genial como libertador de naciones, pero quizás tenga aún más valor profético en su espíritu
panamericanista, cuando en plena campaña convoca el Congreso de Panamá. Frente a la
doctrina de Monroe, que es más bien de carácter negativo y egoísta, la convocatoria de
Bolibar supone un ímpetu positivo y altruista de colaboración internacional, que un siglo más
tarde llegará a plasmarse en las realidades internacionales y panamericanas que hoy
vivimos.

Todo esto tiene una honda raíz en la manera de ser, en la tradición, en la cultura vasca. El
vasco que corre por el mundo lleva consigo el mismo espíritu de los vascos que quedan en
Euzkadi. Y que en aquellos siglos practicaban una democracia ejemplar a través de sus
Juntas seculares.

Los Fueros vascos, que hoy son símbolo, en realidad fueron tan sólo expresiones históricas
de la lucha mantenida por los vascos para mantener sus instituciones tradicionales y
consuetudinarias de libertad. El primer Fuero, el de Nabarra de 1237, corresponde a la Carta
Magna inglesa de 1215; ambos documentos suponen el triunfo democrático frente al
absolutismo real que se impone en el resto de Europa. Y esos Fueros, a más de recoger
parte del derecho consuetudinario vasco, crean a veces nuevas instituciones para mejor
defenderlo.

La institución del "babeas corpus" está redactada en el Fuero de Bizkaya de 1452, dos
siglos antes del "bilí" inglés de 1679. Todos los Fueron vascos declaran que las órdenes
reales que no hayan sido aprobadas por sus Juntas, es decir, su Parlamento, "serán
obedecidas, pero no cumplidas"; máximas garantía de la soberanía popular. La misma
disposición de que todos los vascos son nobles fuera de Euzkadi es la proclamación de su
igualdad absoluta; porque es un precepto que se establece a fines de la Edad Media, cuando
los vascos que no reconocen la distinción de clases llegan a países donde los nobles tienen
privilegios sobre los plebeyos.

Hoy los vascos han perdido sus instituciones políticas y, pugnan por recobrarlas. Pero
conservan su cultura, y dondequiera que estén reaccionan como lo hicieron sus
antepasados. Esa es la actuación de los vascos en Venezuela y en toda América.

Es más, pese a la opresión y al exilio, sus instituciones reprensentativas mantienen una vida
internacional activa. El Gobierno Vasco y los organismos vascos se han visto representados
en Congresos internacionales, como el organizador de la futura Unión Europea; en las
mismas Naciones Unidas se ha hecho presente su actuación. Que casi siempre insiste en el
matiz cultural. Así, recientemente, el Departamento de Información de las Naciones Unidas
ha editado un documento en lengua vasca: la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Voy a terminar como empecé, recordándoos otra frase de Valentín Agirre. Se jactaba un día
ante él cierto profesional de la política, alardeando de facultades oratorias, y don Valentín le
cortó diciendo: "También los canarios y los jilgueros te están cantando todo el día y nada te
disen".

Vascos de Venezuela, vascos de América entera. No seamos canarios ni jilgueros. Nos lo


exigen los vascos que, encerrados en la jaula del franquismo, no pueden ni tan siquiera
cantar.

Extracto de la conferencia dictada en el Centro Vasco de Caracas el 7 de Marzo de 1950 por


el Lic. Jesús de Galíndez.
Inauguración del Centro Vasco. Marzo, 1950.

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Xabier Iñaki Amezaga Iribarren
Editorial Xamezaga
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