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Cecilia Ceraso, Nilda Galina y Germán Rétola

El joven es un actor protagónico


para el desarrollo

En los últimos 50 años, distintas matrices de pensamiento explicaron la juventud e intentaron


encontrar generalidades sobre esto tan particular "de ser joven".
Desde la matriz psicoanalítica; la sociológica; la biológica; la jurídica; la política, la
marketinera, distintas teorías afirman y confirman la reciente creación de la juventud.
Una lógica usual para pensar a la juventud es reconocerla según la edad de los sujetos. Para
la ONU, los humanos son jóvenes de los 15 a los 24; para la OMS, de los 10 a los 19.
Actualmente, muchos Programas sociales se basan en la diferenciación de grupos por edad;
otros piensan a la juventud desde el lugar de la vulnerabilidad.
Lo cierto es que al pensar el tema nos encontramos frente a un universo complejo de
posibilidades de construcción social de la juventud. En el transcurso de la investigación
vamos a constituir una idea del ser joven que no opaque los diferentes brillos de las distintas
realidades que vamos a mirar. Las categorías cerradas también tienden a unificar la
diversidad y son muchas las variables que vemos pasar por el universo cultural de los
jóvenes.
Mirado desde una sola perspectiva se nos desdibujan los escenarios, las vivencias, los
distintos limites y posibilidades, fortalezas y debilidades del universo que queremos poner en
juego, cargado de multiplicidad, de diversidad y movimiento.

El joven con relación a la hegemonía del mundo adulto: los espacios.

"Creamos el cambio y nos aferramos al pasado; engendramos un nuevo entorno y vivimos


sometidos a la normalización del antiguo; generamos estructuras que nos aprisionan y
simulamos la libertad; damos nacimiento a un mundo supererotizado e hipócritamente
aparentamos un puritanismo trasnochado; predicamos la paz y nadie se detiene en la carrera
armamentista; nos paseamos por la luna y millones de hermanos nuestros mueren de
hambre". Francisco Gutiérrez; 1974.

La cultura de los jóvenes es una cultura que desafía, por diferente, a la cultura de los adultos.
Podemos ver a simple vista muchas formas de tipificación social en la experiencia del mundo
de los jóvenes. La primera que se nos ocurre es la necesidad de diferenciarse por la ropa y las
jergas.
Los jóvenes en un momento del siglo XX comenzaron a diferenciarse en sus prácticas de
habitar las ciudades, de consumo y producción cultural y de búsqueda de espacios nuevos y
propios en una sociedad que siempre se mostró en falta con relación a sus ideales fundantes.
Ya para mitad del siglo XX existen diversas compañías discográficas que facturaban mucho
dinero produciendo música para un sector cada vez más específico de la población mundial:
la juventud.
Paralelamente se ve como jóvenes de familias medianamente acomodadas de Europa imitan
las formas de vestir de la clase obrera, asumiendo la licencia juvenil a la informalidad.
La juventud a partir de entonces ya no imita las modas del mundo adulto y de los pantalones
cortos, los jóvenes pasan directamente al jean. Estos jóvenes que abandonaron los
emblemáticos pantalones largos, serios y adultos por el jean, estaban creando un nuevo
emblema de juventud; constituido en la afirmación de poder traspasar las fronteras de clase.
Más tarde, otra juventud fue demostrando que en la vertiginosa desaparición de modelos
adultos también se podían traspasar fronteras de identidad, culturales y de género.
La idea burguesa de la constitución del sujeto joven se basaba en una etapa preparatoria,
donde los jóvenes tenían la oportunidad de aprender las cosas mundanas antes de (en la
adultez) tener cosas a cargo con responsabilidad.
En este sentido, conocer el mundo antes de llegar a la adultez parece propio del deseo de todo
joven, lo llamativo es la conformación de circuitos propios, exclusivos y excluyentes.
También en los 60 y 70 aparecen, ahora sobre todo en el tercer mundo, generaciones de
jóvenes que denunciaban la crueldad de la sociedad burguesa y la perversidad de las formas
del capitalismo. Muchos de ellos actuaron políticamente en la construcción de alternativas
radicales de cambio. La política, en todas sus versiones, ya no pudo ignorar a la juventud
como un actor protagónico e independiente en los senos de sus organizaciones.
Otra característica importante en la conformación de la idea de juventud desde las prácticas
sociales es la ocupación de espacios propios. Los jóvenes comienzan a ocupar lugares
públicos, a circular por una ciudad particular, a ver otras cosas.
No nos referimos solamente a los negocios montados para ese público, sino a la
demostración de la necesidad de espacios propios, diferentes y comunes que hacen los
jóvenes de una ciudad o barrio cuando ocupan para sus multitudinarias reuniones de parques,
plazas y veredas. Los bares ocupan las veredas y algunas esquinas seleccionadas se llenan de
jóvenes que van simplemente a verse y a estar juntos. Actualmente ya son muchos los
movimientos genuinamente juveniles, que van desde las prácticas culturales propias como los
bailes, recitales, raves, peñas; a la conformación de movimientos que marcan línea y
elecciones culturales, como los hippies, punkies, revolucionarios; stones, los ricoteros.
Muchas de las mitologías en torno a las conductas y actitudes que fueron construyendo la
hegemonía del mundo de los adultos se nombran por la falta, por la negativa por el NO.
Entonces los jóvenes son pensados como inmaduros, falta tiempo para ser adulto, tiempo de
maduración. El joven como irresponsable; más cercano al deseo, menos entrenado en las
instituciones adultas, también le falta experiencia, no sabe de riesgos. El joven no maneja
dinero propio, aunque gaste mucho. El joven desde el derecho positivo no tiene ningún tipo
de decisión sobre sí mismo, todo esta en manos del juez de menores.
El joven como inestable, aquí es visto como en crisis, incapaz de asumir responsabilidades a
largo plazo. Cambiantes, pueden cambiar de objetivos. Los jóvenes no pueden asumir
compromisos a largo plazo.
Lo perverso, para ambos jóvenes y adultos, de estos discursos es que van de la mano de
mitologías que asumen a la juventud como el único momento de felicidad y goce, donde los
adultos reniegan de sí mismos e imitan las formas del ser joven, esto claramente se puede
observar en la moda. Desde el paradigma del goce, los adultos refieren a la juventud un bien
en sí mismo, otra vez vaciada de sentido propio, estas imágenes niegan al joven como sujeto.
Dentro de las múltiples imágenes, mitos y representaciones sociales podemos decir que la
juventud, como un bien en sí mismo, detenta belleza, salud, virginidad, goce, oportunidades,
energía, rebeldía, sinceridad, practicidad, creatividad, alegría, agilidad, potencia. Estas
connotaciones que aparecen entorno a la juventud, proclaman a los jóvenes como los
modelos de los adultos; cosa que separa todavía más la brecha generacional.

Del futuro. Los jóvenes hechos de promesas.

Desde nuestro marco teórico el futuro tiene una especial relevancia en los procesos de
planificación para el desarrollo. En éste sentido los jóvenes son actores vitales para pensar el
futuro, para reubicarlo en un estrategia de desarrollo, porque los jóvenes en nuestra sociedad
están cargados de futuro.
Los jóvenes son promesas a cumplirse o no. La sociedad los cargó con el futuro o peor les
encargó el porvenir y para ello los están formando.
Signados por portación de futuro, los jóvenes tienden también a convertirse en decepción,
generalmente por confirmar la repetición estructural del mundo de sus antecesores.
Alejado de la cultura juvenil y sus dimensiones temporales, el imaginario del mundo
hegemónico del adulto ubica al joven lejos del presente, como futuro ciudadano, futuro
dirigente, futuro de la patria, futuro padre, futuro trabajador, futuro marido, futuro amante,
futuro transformador de los actuales males.
"...Espero que ustedes no les dejen a sus hijos el mismo mundo que nosotros
lamentablemente les dejamos a ustedes", dice la voz adulta. El joven es la semilla de la
sociedad y muchas instituciones se encargan de velar por el futuro.
Los jóvenes están para ser formados y guiados en su camino a la adultez, hasta que logren el
status de sujetos capaces de asumir responsabilidades, y en nuestra sociedad, también
derechos.
"si queremos mejorar la presencia del hombre en este ´mundo nuevo´, no son los jóvenes los
que tienen que cambiar sino mas bien nosotros , los adultos." Francisco Gutiérrez, 1974.

¿Cómo es esto de pensar la juventud como protagonistas de espacios de transformación


en procesos de desarrollo local?

Los jóvenes, a partir de un interjuego de relaciones, definen sus roles en el mundo social,
adscribiendo o no a grupos sociales o culturales, determinando y protagonizando sus
biografías, sujetos a los imaginarios y las practicas sociales de cada época.
Históricamente los jóvenes tuvieron un trato especial por parte de los adultos, siempre
estuvieron sujetos a diferentes interpelaciones, tanto como hijo, alumno, como compañero,
amigo, novio. En los mecanismos de construcción de la identidad se relacionan con
diferentes instituciones normatizadoras que los acompañarán en su camino a la adultez.
Cada institución es socializadora y tiene requisitos específicos para pertenecer o para aprobar
y todas las instituciones buscan marcar rasgos de comportamiento presentes o futuros, según
la función y campo de interés y pertenencia de cada joven.
El campo de interrelaciones institucionales donde los jóvenes participan junto con los adultos
está determinado por diferentes concepciones del joven y de sus aptitudes y actitudes. Por
esto las instituciones adultas, cada cual desde su marco teórico, pueden adoptar diferentes
políticas basadas en diferentes interpretaciones de la juventud.
Considerando que generalmente se tratan de instituciones adultas que promocionan la
formación de los jóvenes, podemos considerar que existe una coherencia entre la idea de
joven y las propuestas institucionales. Es decir, que las propuestas de la institución adulta
dependen de la concepción de juventud que hayan desarrollado, determinando las formas de
comunicación y de educación.
La educación tradicional en nuestra sociedad tuvo históricamente una idea del joven como un
recipiente vacío de contenido, sin saberes previos. La idea de tabula rasa funcionaba para
garantizar una buena sociedad encaminada hacia un mundo mejor.
Formarse para aprender todos los contenidos que no saben y la escuela debe examinar. La
escuela tradicional tuvo como función, entrenar a los aspirantes a ciudadanos en la vida
social (la escuela como socializadora). Los chicos no solo aprenden contenidos, sino también
formas de actuar correctamente en sociedad, valores para convivir con los otros. Los valores
que se transponen no son coherentes con las formas de producción y reproducción de los
contenidos.
Las instituciones más controladoras pretenderán controlar lo que los jóvenes hacen o deben
hacer con su vida personal, grupal o para participar del mundo social.
Los que es evidente es la crisis de estas instituciones adultas y de los antiguos modelos. La
escuela, la fábrica (en sentido amplio) y la familia representan puntos clave para pensar la
crisis de la modernidad en relación con los jóvenes. Las instituciones adultas ya no son un
lazo de proyección intergeneracional y esto nos abre una nueva frontera entre la antigua
dicotomía jóven/adulto.
Los jóvenes dejan de estar contenidos por los mecanismos de inclusión que se crearon para
participar en el proyecto moderno de sociedad. De esta manera las culturas juveniles se
manifiestan desde el rechazo a los modelos que ya nadie puede sostener y también
desamparados a la hora de poner en marcha modelos nuevos y creativos.

La inclusión y la exclusión de los jóvenes

Los clásicos mecanismos de inclusión social se encuentran en crisis: la familia, el trabajo, la


escuela. Paralelamente han crecido en cantidad y eficacia los dispositivos de exclusión. Las
chances de entrar y permanecer en marginalidad son altísimas, especialmente para los
jóvenes.
La lesión posible no afecta solamente sus chances de incorporación al aparato productivo,
sino también y fundamentalmente a la constitución de su plena subjetividad adulta.
En el tránsito adolescente ha de refundarse la identidad, para trascender y ampliar el bagaje
identitario familiar, en camino hacia la incorporación de los roles sociales. Para ello se
impone la reconstrucción de la imagen propia y la construcción de nuevas representaciones
de la realidad.
La producción de sentido para la propia existencia se verifica en la posibilidad de elaboración
de un proyecto que genere líneas de acción. Óptimo modo de evitar los dos típicos
estancamientos del desarrollo adolescente: -la instalación de un soliloquio autocentrado
(aislamiento). -emergencia de impulsividad errática (estancamiento del pensamiento
reflexivo).
Los humanos generamos vínculos, a partir de los cuales nos reconocemos y reorganizamos.
Así aprendemos.
Los jóvenes, especialmente, necesitan crear sus propios mecanismos de inclusión, generar
sus códigos y lenguajes, modelarse y cotejarse con sus pares, ser protagonistas de su propio
desarrollo.
Diagnosticar, planificar, gestionar, co-protagonizar en un colectivo produce subjetividad. Las
prácticas sociales generan vínculos-en-la-tarea, negociación, alianza, disenso, consenso,
modelos de ser y de hacer, en un ejercicio yoico que posibilita la construcción de futuro
posible.
Los jóvenes son crecientemente target de políticas de consumo que favorecen el consumo
pasivo: televisión, juegos electrónicos, indumentaria. La pasividad demanda crear las
perfectas condiciones de la conducta adictiva. La ilusión amenaza con sustituir al proyecto.
La desilusión es su próximo paso.
La lógica de pertenecer es anterior a la lógica de creer. Creer en sí y en los pares es la base
del lazo social. Y esto se genera en espacios de participación reglados. El sostén de la salud
personal no puede disociarse del crecimiento social.
Estas nociones, que sustentan en gran parte nuestra mirada para la intervención, que permiten
diseñar una estrategia de cómo ir al otro, a los otros, también fueron generadas en las mismas
practicas sociales.
Consideramos que los jóvenes pueden constituirse en sujetos de conocimiento en el proceso
cognitivo de aprehender sobre la realidad para transformarla.
Para disparar estos procesos pudimos echar a rodar en nuestras prácticas herramientas
facilitadoras de la constitución de la plena subjetividad, cuyos emergentes dan lugar y
producen contención en el surgimiento de nuevos escenarios, nuevas racionalidades y nuevos
modos de percepción y producción de conocimiento.
La producción de mensajes propios y la planificación como proceso de aprendizaje y
producción de conocimiento recuperan la memoria colectiva, construyen y recuperan
identidades, promueven la toma de decisiones, la actitud de estar comunicados, combaten la
entropía, permiten comprender a la negociación desde el ejercicio de alteridad.

Jóvenes y transformación de lo local.

Si afirmamos que pensar el desarrollo local implica entre otras cosas definir un perfil
productivo para cada comunidad y además preparar la mano de obra para que sea calificada,
si además reconocemos la necesidad de que la comunidad y cada uno de los actores asuman
un rol protagónico desde la proposición y gestión de estrategias de desarrollo, si pretendemos
que en la comunidad se afiancen los lazos de solidaridad, si de la comunidad recortamos al
joven como actor de estos procesos de desarrollo no puede dejarse de lado la educación como
campo disciplinar y como escenario para encontrar respuestas a la pregunta guía de la
investigación.
Entendemos a la educación como un aspecto fundamental del desarrollo. También es un
componente imprescindible en la constitución del joven como actor de transformación,
porque es a partir de la educación que el joven puede apropiarse de su realidad para
transformarla.
Nos es imposible pensar un proceso de transformación desligado de un proceso de
aprendizaje. El joven como actor en las prácticas sociales esta inmerso en un movimiento que
lo va constituyendo y desde su propia identidad puede ir produciendo sentidos y saberes
fundamentales para lograr mejorar la calidad de vida en sus localidades y regiones.
Nos preguntamos ¿en qué medida la escuela y el sistema educativo contribuyen u
obstaculizan esos procesos?.
Entendemos que uno de los conflictos mas profundos de la escuela de hoy es su
imposibilidad de reconocer los modos de percepción que tienen los jóvenes. Este problema
atenta contra el logro de los objetivos educativos. No puede haber apropiación de saberes
cuando los actores del proceso no le encuentran el sentido a esos saberes. Otro de los
problemas primordiales que interfieren en el aprendizaje es la dicotomía entre teoría y
realidad cotidiana planteada desde la escuela, donde los contenidos se fundamentan en la
utilidad de estos en "el futuro". Sin embargo ,también la escuela tiene sus fortalezas, en la
mayoría de los pueblos de la provincia de Buenos Aires la escuela posee la cualidad de ser un
espacio de pertenencia y contención de los jóvenes. Además la escuela es uno de los espacios
de participación que los jóvenes consideran más legítimos. Por esto es fundamental tratar de
fortalecer el diálogo entre la escuela y la comunidad.
Miramos a la educación desde dos ámbitos: Un ámbito formal (la escuela) y otro no formal
(el barrio). En el primero, poniendo el énfasis en las relaciones escuela/comunidad y entre los
actores de esa institución. Y en el segundo, tratando de encontrar otros espacios que facilitan
el aprendizaje de los jóvenes, muchos de ellos, como en el caso de Florencio Varela,
expulsados del sistema educativo.
De todas maneras, en uno o en otro escenario es imprescindible no dejar de ver este doble
juego: el saber (en toda su complejidad) para intervenir en la realidad; y la intervención en la
realidad como modo de producción de saberes para el desarrollo.

La Comunicación, herramienta del joven para la transformación.

Uno de los desafíos más importantes que presenta la propuesta del desarrollo local es el
relacionado con la gestión de gobierno y el modelo de organización política. Pensar en
modelos de gestión comunicativos y en la construcción de redes implica introducirse en el
campo de la comunicación en diferentes sentidos.
Por un lado, pensar la relación entre los modos en que se organiza la comunicación y los
modos de construcción de poder. Por el otro, implica pensar cómo los medios pueden
contribuir en este sentido. Implica poder definir estrategias de comunicación que contemplen
a los medios como canales para la circulación de mensajes propios de la comunidad, como un
modo de generar encuentros entre los diferentes sectores. Esto hace más evidente la
importancia de que cada actor pueda introducir sus propios mensajes en diferentes lenguajes
en los medios locales.
La comunicación es una herramienta estratégica para los procesos de desarrollo local. Porque
facilita la interacción entre los diferentes actores sociales y las gestiones comunitarias.
Vemos que los jóvenes promueven la constitución de redes como un modo de construir la
comunicación en procesos de desarrollo local. Entendiendo que generar procesos de
comunicación los transforma en actores protagónicos.
Una herramienta fundamental en esa gestión desde la comunicación son los lenguajes
mediáticos (radio, gráfica y audiovisual), permitiendo a los jóvenes echar mano de diversos
recursos comunicacionales a la hora de construir relaciones en la comunidad, con sus propios
pares, con la escuela, etc. Los lenguajes permiten producir y luego insertar mensajes propios
en las agendas de los medios.
Otro aspecto a tener en cuenta es que la producción de mensajes a partir de los lenguajes
permite potenciar las posibilidades de expresión, de creación, de gestión del grupo y de
producción de sentido, a partir del compromiso y la libertad que implica y significa tener la
palabra.
A partir de herramientas, metodologías y miradas propias de la comunicación, los jóvenes se
convierten en sujetos capaces de llevar adelante estrategias que comprendan modos de
conocer la realidad: de los medios de comunicación, de su comunidad, etc. Para luego
diseñar propuestas y gestiones para el desarrollo según sus propios objetivos.
Desde este punto de vista, el diagnóstico y la planificación se convierten en tecnologías
propicias, en nuevos saberes, que desde la comunicación aportan a los procesos de desarrollo
local.