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DESCARTES

El barroco tiene un arte que


plasma el movimiento, lo
inestable, la complejidad de
todo. En la literatura se mezcla
la realidad con la apariencia o
el sueño:
• Segismundo de La Vida
es sueño.
• El Hamlet de
Shakesperare
• Don Quijote, Cervantes.

Descartes, el padre de la
filosofía moderna es la
respuesta racionalista a la
inseguridad y confusión del
barroco. “después de viajar y estudiar el libro del mundo... un día tomé la
resolución de estudiar también en mí mismo” (Descartes). La verdad se va
a buscar en uno mismo.

El siglo XVII es el siglo de la “crisis de la conciencia europea”.


Fragmentación del cristianismo en diversas confesiones. Guerras entre las
naciones. Inestabilidad del comercio y la economía con las
correspondientes hambrunas. Antagonismos sociales entre nobles y
burgueses, señores y campesinos.

Las ciudades crecen sin parar, todo lo importante pasa ya aquí.

Absolutismo monárquico centralista. Es en lo político la garantía de la


unidad frente a la fragmentación y el particularismo. Ej. es Luis XIV

En filosofía, la crisis que empezó con el nominalismo llega en el XVII a la


ruptura total con el medievo. El racionalismo renacentista conduce a lo
específico humano: la razón, la racionalidad.

El hombre se va a refugiar en sí mismo y en su razón, por eso la nueva


etapa que abre Descartes se va a llamar: racionalismo.

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Características del racionalismo filosófico:

Elementos comunes presentes en: Descartes, Malebranche, Spinoza y


Leibniz.

• La razón como única fuente de conocimiento válido. (no la


experiencia)
• El innatismo de las ideas. Las ideas no provienen de la experiencia
sino que surgen de la razón como consecuencia de la experiencia.
• Aspiración a una ciencia o filosofía universal puramente racional.:
válida para todo hombre y todo aspecto de la realidad. El hombre es
el dominador de la naturaleza.
• El proceder matemático como modelo o paradigma del conocimiento
científico.

Rene Descartes.

Nace en la Haye, Francia, en 1596. Su madre muere al año y su padre


consejero en el parlamento de Bretaña está fuera de casa. Es el tercer hijo.
Entra interno en La Fèche, colegio de jesuitas para la formación de la
nobleza y lucha contra los protestantes hugonotes.

Después del colegio, tras unos años de diversiones, se apunta en la milicia


en la guerra de los treinta años. En 1619 tiene una de sus iluminaciones tras
un periodo de desasosiego y escepticismo: “la visión de los fundamentos de
una ciencia admirable”.

Sale de la milicia, viaja por Europa, en 1628 en París comienza a escribir


“Las reglas para la dirección de espíritus”. Se traslada a Holanda que acaba

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de liberarse de España y es un país tolerante con el libre pensamiento, allí
escribirá la mayoría de sus obras.

Sus obras principales son:

 1628 Reglas para la dirección del espíritu (inconcluso)


 1633 Tratado del mundo.
 1637 Discurso del método
 1641 Meditaciones metafísicas.
 1644 Principios de filosofía.
 1649 Tratado de las pasiones del alma.

La cuestión del método.

Desde el siglo XIV la ciencia ha comenzado a liberarse de los principios de


la física aristotélica. Estaba en cuestión la validez del método deductivo.
Para Aristóteles todo conocimiento parte de los sentidos y tiene la
capacidad de abstraer de ellos la esencia que podía ser tomada como
principio universal para la deducción de nuevas verdades.
El nominalismo había suprimido esta teoría de la abstracción como inútil,
invalidando el método deductivo aristotélico.

Descartes tras su etapa de escepticismo, llega a la convicción personal de la


unidad de la ciencia. La ciencia como tal sólo es una, puesto que la razón
es una y la misma en todo hombre. La confusión y dispersión se debe no a
una supuesta debilidad del entendimiento, sino a la falta de un método
universal que sea acorde con la razón.

Como la matemática es la única ciencia en claro progreso y resultados


incuestionables, comienza a pensar en una matemática universal como
método.

En 1620 Descartes, establece las grades líneas de la geometría analítica


como primera concreción del método racional universal. Según esta ciencia
cualquier figura puede definirse en términos algebraicos sencillos a partir
de la distancia de sus puntos a los ejes abscisa y ordenada o “ejes
cartesianos”. Es decir hay una reducción de los datos sensibles que estaban
en la figura a datos algebraicos. Es por tanto una ciencia de relaciones y
proporciones, independizada de lo sensible pero aplicable a los objetos
sensibles.

La geometría analítica viene a convertirse en el paradigma del método


universal de conocimiento que persigue.

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En las “Reglas para la dirección del espíritu” define como esencia del
proceder matemático dos únicas fuentes de conocimiento válido: la
intuición y la deducción.

Intuición: “no la confianza fluctuante que dan los sentidos..., sino el


concepto que forma la inteligencia pura y atenta, sin posible duda, concepto
que nace sólo de la luz de la razón y cuya certeza es mayor, a causa de su
mayor simplicidad, que la de la misma deducción.” Intuición es pues la
captación inmediata de una verdad simple por el entendimiento: por
ejemplo dos y dos son cuatro.

“Habiendo advertido que los principios de todas las ciencias debían ser
tomados de la filosofía, en la que no encontraba todavía ninguno seguro,
pensé que, ante todo, era menester que tratase de establecerlos en ella”.

Un método científico sin una fundamentación última filosófica no tendría


garantía de ser universal al no ser plenamente racional o ajustado a la
razón.
Pero la búsqueda de fundamentación en el hombre es anterior a la búsqueda
científica: ”deseaba aprender a distinguir lo verdadero de lo falso para ver
claro en mis acciones y caminar con seguridad en la vida”.

“Después de viajar mucho, un día tomé la resolución de estudiar en mí


mismo y emplear todas las fuerzas de mi espíritu en elegir el camino que
debía seguir”. Toda filosofía nace de una decisión ética de buscar la
verdad.

Reglas del método:

1. El precepto de la evidencia: No admitir como verdadero cosa


alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar
cuidadosamente la precipitación y la prevención y no comprender en
mis juicios más de lo que se presentase tan clara y distintamente a
mi espíritu, que no hubiese ninguna posibilidad de ponerlo en duda.

2. El precepto del análisis: el segundo, dividir cada una de las


dificultades que examinase en cuantas partes fuese posible y en
cuantas se requiriese para su mejor solución.

3. El precepto de la síntesis: conducir ordenadamente mis


pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles

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de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el
conocimiento de los más complejos.

4. El precepto de la comprobación de los análisis y síntesis


realizados: hacer en todos los casos unas enumeraciones tan
generales que llegase a estar seguro de no omitir nada.

La fundamentación metafísica del método.

En 1637 a los 41 años publica “El discurso del método” como un primer
esbozo de esa fundamentación última. Pero va a ser en las “Meditaciones
metafísicas” donde establezca una verdad simple como fundamento
metafísico de su sistema filosófico y científico. El fundamento primero ha
de ser una evidencia primera y absoluta, independiente de cuanto se pueda
pensar.

Todo comienza por lo que él llama la duda metódica. Dudar


metódicamente de todo cuanto sea posible dudar.

En las meditaciones metafísicas marca un primer nivel de duda: duda de


los sentidos. “Si los sentidos alguna vez nos han inducido a error, como es
bien seguro, nunca más podré aceptarlos como fuente de conocimiento
absolutamente cierto.” Luego desaparece la evidencia, clara hasta ahora, de
la existencia de un mundo exterior a nuestro pensamiento. De paso descarta
toda certeza física, astronómica, médica, etc... porque todas ellas parten de
los sentidos. Es más la duda me hace dudar de la existencia de mi propio
cuerpo.

Segundo nivel de duda: la imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño.


A veces los sueños se nos presentan las cosas con más viveza que cuando
estamos despiertos. ¿Cómo decidir que las de los sueños son falsas y las de
la vigilia verdaderas? ¿No podría ser que todos mis recuerdos de la vida
pasada no son más que un sueño de cuna?

Tercer nivel de duda: el genio maligno. Los niveles anteriores no nos


permiten dudar de las verdades matemáticas: 2+2 son cuatro esté yo
dormido o despierto, los ángulos de un triangulo suman siempre 180º... a
no ser que haya un Dios que todo lo puede y que haya querido que yo me

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engañe cuantas veces sume 2+2. Dios es libre omnipotencia... esto conduce
a la total incertidumbre.

El primer principio de la filosofía: no hay certeza de los sentidos, ni del


mundo exterior, ni de mi propio cuerpo, ni de las verdades matemáticas... la
segunda de las meditaciones comienza con la duda total. Entonces surge
como una iluminación la primera y radical certeza: Así lo dice en el
discurso del método: “Inmediatamente caí en la cuenta de que, mientras de
esta manera intentaba pensar que todo era falso, era absolutamente
necesario que yo que lo pensaba fuese algo; y advirtiendo que esta verdad:
cogito ergo sum, era tan firme y segura que las más extravagantes
suposiciones de los escépticos eran incapaces de conmoverla, pensé que
podía aceptarla, sin escrúpulo como “el primer principio de la filosofía
que andaba buscando”.

Lo singular y único de la verdad del cogito es que es una autoevidencia,


porque incluye un pensamiento y al sujeto que lo piensa. Por ello su certeza
es inconmovible ante el mismo poder del genio engañador: si pienso que el
genio maligno me está engañando, no deja de ser cierto que pienso que me
está engañando. El cogito es una evidencia absoluta y primera, la única que
resiste a la duda metódica.

El sistema metafísico de Descartes.

Hasta la duda metódica cartesiana, el pensamiento filosófico se relacionaba


ingenuamente con la realidad. Se creía que el pensamiento pensaba cosas
del mundo, las ideas eran un medio por el que pensábamos las cosas reales
existentes. Pero la metáfora del genio maligno, reflejo de la inseguridad del
hombre del XVII, hace que pensemos sobre ese intermediario entre el
mundo real y nosotros que son las ideas.

El pensamiento piensa ideas y no cosas. Las cosas no están en el


pensamiento como trataba de decir la teoría de la abstracción. Nada sé
fuera de mi pensamiento y de mis ideas.

Descartes piensa que no hay ninguna falsedad en las ideas, mientras no les
atribuyamos una realidad fuera del pensamiento. El error viene sólo al
hacer juicios, a la voluntad le corresponde evitar el apresuramiento como
prevención, tal y como dice la primera de las reglas.

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Se abre así la puerta del idealismo: el pensamiento piensa ideas, y la
realidad exterior al pensamiento es una incógnita.

actividad contenido realidad


extramental
realismo pensamiento ideas objetos
aristotélico reales
racionalismo pensamiento ideas ingónita
cartesiano

La deducción cartesiana de la metafísica.

Es verdad que la idea del cogito ya estaba en varios escritos de San


Agustín, pero Descartes es el primero que dice que esto puede derivarse el
conocimiento de las restantes cosas que hay en el universo. Ha encontrado
la primera realidad de la que puede partir la deducción.

Primer momento de la deducción: la res cogitans o sustancia que piensa.

Dice Descartes, ya sé que soy pero aun no sé lo que soy. Recorre todo
aquello que creía ser pero no hay certeza ni del cuerpo ni de ningún
atributo salvo del pensamiento. “El pensamiento es un atributo que me
pertenece, siendo el único que no puede separarse de mí” ¿qué soy
entonces? una cosa que piensa. Es una cosa que duda, entiende, afirma,
niega, quiere, no quiere, imagina y siente... (incluye voluntad y sensibilidad
en el pensamiento).

Pero ha introducido la palabra cosa “res” y la piensa en sentido aristotélico:


como la sustancia aristotélica. El pensar es una actividad que requiere un
sujeto. Así el cogito no sólo da la verdad primera, sino además una cosa
real: la realidad primera o sustancia. El pensamiento es la realidad
sustancial por antonomasia.

En la realidad del cogito, Descartes piensa haber descubierto la realidad del


alma. No necesita del cuerpo para pensar esto demuestra la absoluta
independencia del alma. El pensar demuestra la existencia y la inmortalidad
del alma.

Ahora tiene el yo que piensa y el contenido de su pensamiento, pero no


puede salir de su ensimismamiento. Es el momento del solipsismo. (del latín
solus ipse. Reducción de la realidad a mi propia conciencia o sus contenidos).

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Descartes tiene que volver a la verdad primera para salir de este
solipsismo. Se pregunta ¿qué hay en el cogito que lo hace indudable e
inconmovible? lo que hace que el cogito sea una evidencia absoluta ha de
servir de criterio de verdad para examinar otras pretendidas verdades.
Lo que hace evidente al cogito son sus caracteres de claridad y distinción.

Claro: es aquello presente y manifiesto a un espíritu atento”


Distinto: es lo preciso y diferente, que corresponde a las naturalezas
simples.

Es decir claro es lo inmediato que se capta por la intuición, en


contraposición a los deducido o razonado. Distinto es lo inconfundible en
su realidad simple.

Luego claridad y distinción son el criterio seguro de verdad para avanzar en


la deducción metafísica.

Segundo momento de la deducción metafísica: de las res cogitans a la res


infinita.

La deducción cartesiana tiene que partir del contenido del pensamiento,


esto es, de las ideas. Aplicando la regla metódica del análisis se han de
identificar y clasificar las ideas que pienso.

• Ideas adventicias: provienen de un supuesto mundo exterior a mi


pensamiento a través de los supuestos sentidos de mi cuerpo.

• Ideas facticias: ideas que mi pensamiento construye a partir de otras


previas: la quimera, la sirena, el alienígena...

• Ideas innatas: No las he construido yo, puesto que son simples y


no provienen del exterior. No son muchas en número, pero sirven de
base para todo el pensamiento... hemos de concluir que pertenecen al
pensamiento mismo o son innatas, no en el sentido platónico, sino
ideas connaturales a la razón no provenientes de la experiencia: la
idea de “pensamiento”, la idea de “existencia”, que ya están en la
primera certeza del cogito ergo sum. También son innatas para
Descartes otras ideas como la de libertad.

En la tercera parte del método dice que cuando piensa y piensa que duda se
conoce a sí mismo como imperfecto, puesto que lo perfecto sería conocer

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sin dudar. Pero no podría reconocerme como imperfecto si antes no
estuviera en mí la idea de perfección. La idea de perfección no es la
negación de lo imperfecto, al contrario tiene una realidad infinita como tal
idea.

Si me pregunto por el origen de esta idea veo que no puede venir de la


experiencia sensible, pues en ella no hay nada infinito. La existencia de
esta idea requiere una causa proporcionada que no puede ser inferior al
efecto, requiere pues una realidad exterior que sea infinita: Dios. En la
tercer meditación se detiene en las pruebas de la existencia de Dios, no sólo
porque le parecen inválidas las pruebas que partían de los datos sensibles,
como las vías de Sto Tomás, sino porque la demostración de la existencia
de Dios viene a ser la clave de su sistema filosófico.

Tercer momento de la deducción metafísica: de la res infinita a la res


extensa.

Existen pues para la razón filosófica: el alma y dios, pero nada puedo decir
sobre la existencia del mundo, mientras no podamos descartar la hipótesis
del genio maligno. Pero como Dios es infinito en poder y en bondad, no
puede dejar que yo sea engañado por un supuesto genio maligno. Dios que
es infinita perfección no puede obrar de mala fe. Así pues la deducción
metódica cartesiana nos lleva a la prueba de la existencia del mundo desde
la existencia de Dios, justo al contrario que hasta ahora.

Así pues tenemos que existe el mundo de los cuerpos, ¿pero qué es un
cuerpo? Esta es la pregunta fundamental de la física, que Descartes quiere
responder metafísicamente. Toma como objeto un trozo de cera recién
sacado de la colmena. Una vez calentado al fuego, ha perdido aquellas
cualidades por las que creíamos haberlo conocido: tiene otra figura, color,
olor... Si yo sé claramente que es el mismo trozo de cera que había antes de
calentarlo, ha de admitirse que no lo conozco realmente por ninguna de
aquellas cualidades sensibles. Lo que hay ante mí es algo extenso, flexible
y cambiante. La conclusión es que conozco los cuerpos por su propiedad de
ser extensos, por el atributo de la extensión, pudiendo cambiar de forma y
situación. No son los sentidos, sino la intuición intelectual lo que nos da a
conocer el mundo físico.

La longitud, anchura y profundidad, son las cualidades primarias, que


pueden conocerse en términos matemáticos, son ideas claras y distintas y
tienen correspondencia con el mundo real.

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Lo olores, colores, sonidos, temperatura, etc... son cualidades secundarias
que no se pueden tomar como reales porque son ideas confusas.

Incluso el movimiento es sólo geometría, el cambio de relaciones de


distancia entre los cuerpos.

El mecanicismo.

El universo queda reducido a su atributo que es la extensión. Queda


eliminada toda riqueza y complejidad que proporcionan los sentidos. El
universo se concibe como un gigantesco mecanismo, que puede definirse
parte a parte algebraicamente en ecuaciones a partir de los ejes cartesianos.
Es decir toda la naturaleza está escrita en caracteres matemáticos.

Desde la idea cartesiana de la unidad de la ciencia, ésta viene a se “como


un árbol cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física y las ramas son
la medicina, la mecánica y la moral.

Muchas veces reconoce Descartes que lo que se deriva de los principios no


concuerda con la experiencia, entonces no hay que dudar de los principios
sino de la experiencia. Habrá que seguir realizando experiencias hasta que
coincidan con los principios.

Esta misma visión mecanicista, se da en su idea de el hombre que es un


dualismo alma-cuerpo. El cogito ha demostrado la existencia del alma
espiritual, esencialmente libre e independiente. Pero como es preciso
admitir una unión, aunque sea accidental, entre el alma y el cuerpo, puesto
que los fenómenos corporales tienen repercusión en el alma, así como las
decisiones del espíritu se ejecutan por el cuerpo, tiene la dificultad de
explicar la dependencia de dos sustancias que por definición son
esencialmente independientes.

Recurre a la insostenible teoría de los “espíritus animales” de materia sutil,


que harían de mecanismo de comunicación entre el alma y el cuerpo. Lo
harían a través de la glándula pineal.

La moral cartesiana.

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El presupuesto cartesiano acerca de la unidad de la ciencia y el método
conquistado debían conducir finalmente al crecimiento de esa tercera rama
que es la moral en el árbol del conocimiento.

Pero mientras llega es necesario una “moral provisional” a modo de


alojamiento en que vivir mientras construye el nuevo edificio de al ciencia
desde sus cimientos.
Esta moral provisional va a tener tres reglas:

1. Obedecer las leyes y costumbres de mi país, conservando la religión


y siguiendo las opiniones más moderadas de los hombres más
prudentes. Prudencia
2. Ser lo más firme y resuelto que pudiese en mis acciones. Decisión.
3. Tratar de vencerme siempre a mí mismo antes que a la fortuna.
Vencimiento de uno mismo.

El conocimiento de la naturaleza de nuestra alma inmortal nos impide


temer a la muerte.

En el “tratado de las pasiones del alma” habla de las pasiones. No es


enemigo de las pasiones como lo eran los estoicos, pero Descartes habla de
que hay que dominarlas. En el combate entre las pasiones y la racionalidad
no puede haber ninguna duda de la soberana libertad de la voluntad. La
libertad es alga tan evidente que hay que considerarla como un idea innata
en nosotros. La libertad es tan evidente como el cogito.

Sólo cuando la voluntad consiente en una inclinación racional hacemos


actos libres moralmente buenos.

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