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¿Pactos de la Moncloa 'reloaded'?

Xavier Domènech 10/04/2020

Recortar salarios ha sido una receta universal desde los noventa hasta ahora y no ha servido
de nada.

Escribía Marx en el inicio de El 18 Brumario de Luis Bonaparte que "La tradición de todas las
generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos" y remataba esta idea unas
pocas páginas más adelante afirmando que "la revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos
entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido ". Y fuera de este
dramatismo histórico, ya que Marx se estaba enfrentando a la realidad de una revolución inconclusa
que había terminado con un golpe de estado, lo cierto es que intentar leer la situación actual con
metáforas de la Transición a veces puede encubrir más que descubrir tanto las realidades pasadas
como las presentes y futuras. A pesar de que el periodo de la Transición siga marcando el origen de
nuestro sistema político, como narrativa, otra cosa es como historia, lo cierto es que cada vez sirve
para explicarlo menos y lo que es seguro es que sus metáforas consensuales difícilmente pueden
contener la situación actual. No es sólo que han perdido toda efectividad hacia un público cada vez
mayor, es que en realidad la situación de entonces si ya no tenía nada que ver con la crisis de 2008,
cuando precisamente la narrativa de la transición se empezó a resquebrajar, menos aún mantiene
ninguna similitud con la actual. Sin embargo esto no ha evitado que, de golpe, se haya recuperado la
idea de hacer unos nuevos "Pactos de la Moncloa", quien sabe si con el rey oficiando su fotografía
final para ver si otra de las instituciones que transitaron del franquismo a la democracia recuperan
algo de su antigua brillo.

Los Pactos de la Moncloa, ahora presentados como una de las máximas realizaciones de una
generación de políticos -con “misteriosas” influencias venidas del laboratorio político italiano-, en
realidad forman parte de una historia mucho más amplia y nada exitosa. En un momento en que en
Europa se estaba rompiendo el pacto social de la posguerra, a partir del cual se había articulado del
Estado del Bienestar, las izquierdas mayoritarias intentaron rehacerlo en medio de la crisis
económica. Sin embargo esto las llevó a moderarse y autocontenerse justo cuando las élites se
estaban radicalizando hacia nuevas posiciones de derechas. En el momento en el que el
neoliberalismo iniciaba su camino desde la marginalidad académica y política -con la concesión del
Premio Nobel de Economía en Milton Friedman en 1976- hacia la hegemonía y nacía la revolución
neoconservadora que tuvo en Margaret Thatcher y Ronald Reagan sus principales adalides, una
parte de los izquierdas intentaban parar esta deriva apelando a la moderación y no al conflicto. La
primera versión, y en realidad la más claramente progresista, de este movimiento provino no de
Italia, sino de Gran Bretaña. Allí los líderes sindicales, señaladamente el poderoso dirigente del
Sindicato General de Trabajadores del Transporte Jack Jones, que habían tumbado el gobierno
conservador propusieron al nuevo gobierno laborista de 1974 un nuevo "Contrato Social". A cambio
de aceptar una moderación salarial escalonada se pactaba una igualación de los salarios, lo que
favorecía a las rentas más bajas, y una mayor inversión social. Esta propuesta se transmutó en
varias versiones para diferentes países de Europa, aterrizando en el caso italiano en el debate
planteado por el Partido Comunista Italiano de la austerità, entendida como una salida del
capitalismo consumista y una vía para alcanzar el compromiso histórico con la democracia cristiana
que permitiera el acceso del comunismo al poder. Esto llevó al ofrecimiento de nuevo de un pacto,
concretado en el Accordo Programmatico del 4 de julio de 1977, entre los partidos del arco
parlamentario, donde se intercambiaba moderación salarial por inversiones y estabilidad política. Si
el intento británico acabó con lo que se conoció como el invierno del descontento de 1979 y en la
derrota de las izquierdas, al haberse cumplido sólo la parte de contención salarial de los acuerdos,
en el caso de Italia, en un situación aún más dura, el PCI perdió ese mismo año 1,5 millones de
votos. Posteriormente, en la década de los ochenta los últimos socialdemócratas se convertirán en
los primeros socialiberales; en la de los noventa Margaret Thatcher podrá afirmar con tranquilidad
aquellos de que su mejor herencia era "Tony Blair y el nuevo laborismo".

En este marco, los Pactos de la Moncloa firmados en octubre de 1977 no forman parte de ningún
"milagro" español, sino del intento de lograr un gran pacto económico y social obviando,
precisamente, a los agentes sociales, ya que fue precisamente un pacto exclusivamente entre
partidos políticos donde los sindicatos no fueron invitados. Aparte de los "ofrecimientos" políticos del
pacto en forma de libertades, cuando en realidad éstos ya habían quedado suficientemente claros
con los resultados de las elecciones de junio de 1977, o de las reformas fiscales que se debían
realizar sí o sí para evitar la quiebra del Estado, básicamente el pacto versó y se aplicó en dos
ámbitos: acabar con la inflación, que en julio de 1977 había llegado al 30%, y mejorar la balanza de
pagos que era absolutamente negativa. Para hacer esto se acordó una desaceleración monetaria
conjuntamente con una devaluación de la peseta y, sobre todo, la contención salarial. El resultados
fue una caída de los salarios reales de 1978 a 1986 y un aumento de las tasas de paro que pasaron
del 5,32% en 1977 al 8,79% en 1979, hasta llegar al 21,12% en 1986.Cciertamente hubo una
expansión de la recaudación del Estado, que sirvió para financiar básicamente una seguridad social
con una carga cada vez mayor. Pero, de hecho, el aumento sustancial de inversión en sanidad y
educación no llegó realmente hasta la huelga general del 14D de 1988 (aumento al que por cierto los
neoliberales responsabilizaron de la crisis de 1993, ya se sabe que la culpa siempre es los derechos
que salvan vidas). Ciertamente Santiago Carrillo, que fue un entusiasta de aquellos pactos, podía
explicar que los mismos eran prácticamente un paso hacia el socialismo, dentro de una estrategia de
aquellos años que se llamaba eurocomunismo, pero la realidad era otra. Como también lo es ahora.
Ni la crisis de 2008 ni la actual tienen nada que ver con un crecimiento acelerado de ninguna
inflación, de hecho en algunos momentos hemos estado a punto de entrar en una crisis de deflación,
y recortar salarios y derechos ha sido una receta universal desde los años noventa hasta ahora. Una
receta que no ha servido de nada. Si lo que se quiere es otra cosa, hay metáforas mejores.

Xavier Domènech
Profesor de Historia de la Universidad Autónoma de Barcelona, co-fundador de Catalunya
en Comú, de la que fue portavoz en el Congreso de los Diputados.

Fuente: https://blogs.publico.es/fernando-luengo/2020/04/10/europa-aclamemos-el-
fracaso/
URL de origen (Obtenido en 13/04/2020 - 10:43):
https://www.sinpermiso.info/textos/pactos-de-la-moncloa-reloaded