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Mientras caminaba a la Montaña

Mientras caminaba a la Montaña
Alejandro Espinosa
2004
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Mientras caminaba a la Montaña

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Era una mañana clara y alegre, mientras soplaba una fuerte brisa los pequeños pájaros revoloteaban por doquier y el sol daba sus primeros rayos a los pobladores de una ciudad, una ciudad grande y radiante, poblada por no menos 2 millones de habitantes, personas que circulaban y habitaban sin motivo ni explicación. A lo largo se podía observar miles de casas, edificios, y una nube de smog que claramente mostraba el paisaje de una urbe imponente y deslumbrante. En contraste las imponentes montañas y nevados cercanos daban una sensación de vitalidad, de alegría y serenidad. Y entre un ambiente tan opuesto, Josué se levantaba como todos los días, encendía su radio y escuchaba su programa de costumbre. Como la mayoría, disfrutando un poco más las reconfortantes sabanas, se quedo en cama unos 5 minutitos más (que en realidad fueron 10) y comenzó su rutina diaria. Se aseó, se vistió, tomó una caliente taza de café y salió de su casa, encendió un cigarrillo y se enrumbo para su trabajo. Él era asistente en un buró de abogados, después de estudiar casi 3 años él tenia que hacer practicas para su profesión, era una de las cosas que lo apasionaban. Desde su niñez soñaba con cortes, jueces y poder defender a los necesitados, pero tras un solo mes de estar ahí, estaba decepcionado. En escaso tiempo estaba envuelto en infinitos actos de corrupción, mentiras, injusticias que lo despertaron de su sueño. Tras 3 años de estudios y 24 años de edad, él no quería renunciar a
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lo que había soñado, luchado y sacrificado durante mucho tiempo. Finalmente llego a su oficina, tenia que recoger un testimonio de la señora Jiménez, a la cual se le acusaba de ser la culpable de un accidente de transito y haber atropellado a un niño. La Sra. Jiménez era una mujer de edad avanzada, muy elegante para el poco dinero que tenia, ella era muy presuntuosa y gozaba de buenas amistades. Ella siempre hacia alarde de su ya difunto marido que había sido general del ejercito. Josué estaba lleno de esos casos, casi inmediatamente después de leer el oficio, llegó la señora Jiménez con su acostumbrado regalo para su abogado. Saludándolo cordialmente le entregó uno de los mejores vinos de la región y le agradeció por acoger su caso. Ella parecía muy informada de lo que debía hacer y comenzó preguntando que deberían hacer y decir. Su tono arrogante y sin rodeos mostraban que ella se inclinaba por su inocencia. Josué que había leído su caso creía que ella era la culpable pero no podía dejar de ayudarla. Llamó de inmediato a su asistente para que tomara apunte de todo lo que ella diga. Andrea era su secretaria y amiga. Con ella pasaba mucho tiempo conversando y ya se tenían mucha confianza entre ellos. Ingresó en la oficina, se sentó en la computadora y después de un momento ella estaba lista para transcribir todo cuanto se decía. Bueno, entonces le contare lo que ocurrió. Me encontraba manejando mi auto por la avenida Italia, iba aproximadamente a 50 km/h, que es lo que la ley permite, estaba escuchando mi emisora predilecta cuando de repente un niño en una bicicleta trató de
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rebasarme y no vio cuando yo puse mi direccional entonces yo curve pensando que el chico había visto mis luces, ahí él se estrelló contra mi vehículo. Además que él venia muy rápido para andar en una principal, él tuvo toda la culpa y no se porque él quiere incriminarme. Pero usted cree que alguien en una bicicleta pueda hacer daño a una persona en un auto? – preguntó Josué en un tono un poco irónico. Claro porque el se me abalanzó y pudo haberme lastimado. Pero él salió muy lastimado y usted nada – él se dio cuenta que fue una replica un poco insinuante a su culpabilidad. Pero el accidente afectó mis nervios y mi auto terminó con abolladuras y yo tuve que pagar los daños.

Josué asintió con la cabeza y comenzó a pensar en la persona que enfrente de él quería culpar a un niño por un accidente cotidiano y absurdo. Casos como este aminoraban su confianza en el sistema, en su profesión y en sus convicciones. A la final él tenia que defenderla a pesar de creer que era culpable. Ella notó que Josué tenía su mente turbia, él estaba distraído de la conversación y ella un poco picara dio un aplauso fuerte para que él reaccionara. Josué reaccionó de nuevo y se dio cuenta que su cliente se había dado cuenta de su distancia. Él, eficazmente como era su costumbre, retomó la conversación y aseguró estar pensando en la manera de ayudarla. Josué la tranquilizó diciéndole unas cuantas leyes que la podrían ayudar y prometió encontrar la manera de salir victoriosa estudiando la conversación y las pruebas
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que la incriminaban. Empero su pensamiento seguía distante de su palabra. Tras otras cuantas preguntas, pidió a Andrea que imprimiera todo eso y le pasara para que él pueda revisar de nuevo. Al quedarse solos él volvió con sus preguntas: Entonces Sra. Jiménez ahora que estamos solos de nuevo, puede decirme si es usted inocente como lo afirma? Claro que si, usted no me cree?. Ahora los jóvenes tienen la osadía de querer hacer lo que les da la gana, no piensan en lo que a nosotros los mayores nos puede ocurrir por sus actos. Muy bien, entonces la espero mañana para ultimar datos para nuestra presentación ante un juez. Muchas gracias Josué, le recompensaré muy bien si me salva de esto. Hasta mañana que tenga una buena tarde.

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La Sra. Jiménez salió sonriente y tranquilizada por lo bien que le había ido con su joven abogado. Creyó que Josué era muy atractivo y pensó en que le podría presentar a su hija, a fin de cuentas el casarse con un abogado seria muy bueno, es bien remunerado y además tendría quien la defienda en sus cosas. Se dirigió a su casa en su auto con la idea de presentar a su hija el día siguiente cuando lo vuelva a ver previo a la audiencia. En su pequeña oficina con vista a la calle, Josué se quedó pesando en lo que aquella señora le estaba tratando de convencer, - que es inocente! con que descaro las personas pueden mentir para salir ilesas de sus culpas. Divagó con eso mientras por su ventana veía
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los autos circular junto con personas inmutables y recordó que este era un caso menor, porque al acompañar a su jefe el doctor Aguirre en casos de narcotrafico o dolo, los acusados eran mas descarados que la propia señora Jiménez. Aun así era su obligación defenderlos, esa era su profesión, su sueño que se veía violado o una triste realidad que se revelaba ante sus ojos. No percibió la entrada de Andrea a la estancia y pegó un brinco al verla a su lado con las hojas que le había pedido. Las revisó sin ganas como si con ellas tuviera que pasar largo tiempo. Tu también estas estudiando abogacía verdad? Si, estoy en 3 nivel ya pronto podré estar en tu puesto, jejeje Y te lo imaginabas así?, tener que encontrarse con gente sin vergüenza sin sentido, a la cual debemos defender? Pero no lo veas desde ese punto, son simplemente casos, no todos son así, además puede que solo sea desde tu visión, puede que la Sra. Jiménez este diciendo la verdad y sea culpa de ese chico, velo por ese lado Como? estas queriendo decir que una simple bici puede hacer daño a un auto, o que una piedra derribaría a este edificio, o que... No no, o no te acuerdas de David y Goliat?, David el chiquillo mató al grande y fuerte Goliat. Es solo como lo mires. Es solo como lo mire – bajo la mirada y su razón no entendía semejante aclaración, acaso existían cosas que eran buenas para unos y malas para otros - no, no es así estamos aquí para ser justos, para encontrar y defender la verdad, y lo peor es que es
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así no encontramos en ningún lado la justicia, la razón.... Oye levanta ese animo, en poco tiempo seremos ya doctores y ahí si podemos hacer todo eso, mientras tanto nos toca aguantarnos que nuestros jefes nos obliguen a eso. Y no crees que hasta que nos toque eso ya estaremos tan metidos en eso que no podremos salir? Espero que no, porque seria muy decepcionante.

Josué seguía sin entenderlo, por su buena suerte ya no tenía que recibir a nadie y el resto del trabajo podría hacerlo desde su casa. Andrea creyó que era mejor que él se fuera a su casa y que descansara – hay días en los que uno no debería salir de casa – dijo con voz alegre pensando en su acongojado amigo. Josué salió y a lo lejos observo que el doc. Aguirre salía de su vehículo, se hizo el desentendido y caminó por el otro lado, no quería ver a nadie, estaba cansado, sin ilusiones y sin rumbo. Por temor a ver que su jefe lo estuviera viendo y tal vez lo llamara caminó con mas rapidez. Andaba con la mirada perdida entre tanta gente que no lo conocían ni los conocía, caminó sin mirar a nada ni nadie, como alma en pena o como si algo terrible le hubiera sucedido. Pasaba por calles llenas de gente, edificios y tiendas llenas de luces, colores y una imprevisible atmósfera de indiferencia tocaba sus sentidos. En su cabeza sólo pensaba qué había ocurrido, cuándo su mundo perfecto había cambiado, cuándo aquellas personas que veía todos los días no eran mas que inertes entes continuando una vida sin motivo.

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Imaginaba que había muchas personas semejantes a él que en ese momento se sentían igual. Pensó en sus actos, en lo que hacían; se suicidaban?, encontraban una de esas religiones que los llevaba a otro mundo?, se casaban?, se desahogaban en el licor?. Encontraba millones de posibilidades y maneras de cambiar o terminar con su sufrimiento. De repente desvió su pensamiento mientras paraba en una esquina y vio como niños en busca de un pan diario hacían piruetas o vendían algo para poder sobrevivir. Y aun así sorprendentemente reían, jugaban aunque su rostro estaba sucio y sus sacos y pantalones estaban rotos, a pesar que su propia madre o la mujer que los cuidaba estaba sentada a un costado esperando que le lleven el dinero que habían ganado. Cambió el semáforo y siguió caminando, ahora tratando de comprender esas risas sin sentido y esa alegría irracional. Como era costumbre en la ciudad, después de una mañana soleada y esplendorosa por la tarde el cielo se nublaba y esa misma brisa cálida de la mañana se estaba convirtiendo en un viento frío, víspera de lluvia. Josué seguía sin dirección, continuaba filosofando sobre la vida, sus personajes y sus escenarios, seguía en ese mundo abstracto y displicente en el cual se encontró toda la mañana. Observando a la misma gente continuando su vida tal ves sin preguntarse cosas tan elementales como las que él buscaba respuesta. Comenzó a aborrecer a aquellas personas que no razonaban igual que él o que solo se divertían sin saber que el mundo se había transformado en un mundo sin ley, sin dirección, ignorante de lo bueno o malo y por sobre todo sin justicia.

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Continuó y encontró un viejo café en el que él antes disfrutaba con sus amigos, familiares o allegados, pero nunca había entrado solo. No era la primera vez que él reflexionaba sobre eso empero era la primera que le había afectado tanto. Tuvo ganas de entrar pero vaciló, no sabia que iba a hacer solo, como sea en la calle nadie le pedía explicaciones o no conocía a nadie pero al entrar se encontraría con el Sr. García, el dueño, que lo conocía muy bien hace mucho tiempo y comenzaría a hacer preguntas y tratar de que el cambie su ánimo. Irónicamente no quería que nadie lo moleste en su pesimista meditación y decidió continuar. Seguramente encontraría otro lugar ya que aquel aroma de café lo había cautivado y ahora tenia ganas de su acostumbrado café de la tarde acompañado de sus compañeros de toda la vida: sus cigarrillos. Prosiguió su caminata y a lo lejos un pequeño café se abría paso entre una selva de tiendas que él no había observado antes. Pensó que sería el lugar exacto para continuar su reflexión y además saborear un delicioso café. Por otro lado no recordaba que nadie lo haya mencionado o recomendado por lo que nadie debía conocerlo. La gente continuaba con su acostumbrado ritmo de ciudad, pasaban y conversaban sin notar ese lugar. Josué se postró delante de la entrada y al estar en la puerta notó algo muy peculiar a un costado, un letrero
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de madera un poco viejo en el cual con unas letras claras y grandes estaba la frase: “No olvide su disfraz!”. Josué frunció el ceño contrariado, estaba asombrado. Volteó la mirada para cerciorarse si alguien lo miraba, como si hubiera malentendido la frase la volvió a leerla pero estaba en lo correcto. Era un anuncio permanente por lo que no podía ser solo una fiesta. Era un Café y especuló en la que clase de personas iría todos los días disfrazados solo para poder tomar una taza de café?. Permaneció en la puerta unos instantes y luego concluyó que era muy extraño. Tuvo ganas de entrar pero no tenía el singular requisito. Y como con vergüenza nuevamente viró la cara y al ver que nadie lo miraba frente a ese ridículo lugar continuó su camino con la cabeza baja. Alguien podía haberlo visto y la sola idea lo sonrojaba, lo mezclarían con esas extravagantes personas. Así que siguió caminando pero ahora sus pensamientos se limitaban a una sola cosa, aquel café. Había pasado por ese lugar muchas veces y nunca lo había visto. Qué querrían sus dueños con ese letrero y porque hay que disfrazarse para tomar un café. Sería un juego de palabras o un anagrama de esos que solo los cultos personajes de la urbe darían a un lugar para hacerlo exclusivo, eso no lo sabía. Lo que él entendía era que necesitaba un traje para entrar y le parecía muy absurdo. En el camino decidió regresar a su casa. Su larga y extenuada caminata le había dado hambre. Además tenia que arreglar ese testimonio para la Sra. Jiménez para el otro día.

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Al llegar a su casa preparó una comida ligera y se acomodó en su sala tras ponerse ropa mas cómoda. Encendió su equipo de sonido con la música suave que a él le gustaba, encendió su cigarrillo y finalmente tomó su café. Él vivía solo en un departamento con vista a uno de los parques más grandes de la ciudad. Hace ya 4 años que él vivía solo, sus padres vivían en el exterior y su hermano se había casado el año anterior, su departamento era pequeño, su sala estaba separada de la cocina por una pequeña barra, tenía su agradable dormitorio adornado como él quería y un pequeño baño. Todo era muy modesto nada lujoso ni de ultima tecnología, era lo que podía tener con su sueldo y con ayuda de sus padres. Ahora si a gusto, leyó el informe, tratando de ver la manera de justificar y poner en tela de duda el pequeño accidente de la Sra. Jiménez. Buscó en sus libros de leyes e investigó inclusive en internet casos similares que lo ayudaran con su trabajo. Después de un par de horas había terminado y ya era casi hora de descansar. Encendió su televisión y vio su programa favorito, cuando nuevamente se acordó de aquel café y su extraña frase. “No olvide su disfraz” y en de su cabeza brotaron nuevamente muchas conjeturas, podría tratarse de algo metafórico o simplemente una frase
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para seleccionar a su clientela. También podría ser que ahí había todos los días alguna especie de fiesta de disfraces o algo así pero cualquiera que fuera la excusa concluía de la misma forma, era un absurdo. Estaba totalmente intrigado, pero no iba a disfrazarse para entrar a un simple café, pensó en preguntar a sus amigos pero le parecía tan ridículo que lo avergonzaba, por lo que no era buena idea. Siguió divagando hasta no dejar ninguna posible buena respuesta propuesta, y ya cansado se propuso que al otro día después de su cita iba a dirigirse decididamente a ese café y si no lo dejasen entrar por no tener disfraz por lo menos ya habría podido observar que había adentro. No se atormentó más y decidió dormir para estar listo y lúcido para el otro día. Resolvió que después de todo ese café había por lo menos cambiado su pensamiento negativo ante la vida y lo había distraído un poco tratando de descifrar su significado. Durmió a gusto toda la noche.

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A la mañana siguiente, la ciudad se despertó con un poco de lluvia, era un día triste y oscuro. Desde el inicio a Josué las cosas no le estaban saliendo muy bien, tuvo que bañarse en agua fría, no tuvo pan para su desayuno, olvidó su paraguas para ir a su trabajo, etc. Llegó a su trabajo un poco irritado, en la entrada se encontró con su jefe el Doc. Aguirre que llegaba del juzgado. Había ganado un caso de unos narcos, dejándolos libres y sin culpa alguna. El doctor muy amable le consultó sobre el caso de la Sra. Jiménez. Ellos habían sido amigos largo tiempo desde cuando el esposo de ella estaba aún en el ejercito y había tenido un problema legal. Ante la pregunta de él, Josué contestó escueto y dejando muchas respuestas sin contestar prefirió dirigirse rápidamente a su oficina para incorporarse a su labor. Al ingresar a su oficina saludó atento a Andrea, quien lo informó que su cliente estaba ya esperándolo en su oficina hace quince minutos. Ella había venido con su hija y eso molestó sobremanera a Josué. Tomó unos cuantos papeles y pidió a Andrea que nadie lo molestara. Entró rápidamente a su oficina y observó de espaldas sin mucha atención a la Sra. Jiménez acompañada por su hija, siguió directo a su asiento después de un cordial saludo de Josué, la Sra. Jiménez, como lo había
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planeado presentó a su hija Sofía. Al estar frente a frente con ellas, alzó su mirada de los muchos papeles que estaba leyendo en su mano y vio a aquella mujer que acompañaba a su cliente. Era hermosa, joven y con aires de desinterés, encajaba justo en los gustos de él. Y de repente sus ojos se agrandaron en señal de admiración junto con sus levantadas cejas y su mirada fija, nunca hubiera imaginado que aquella molestosa señora tenga una hija tan bella. Volviendo a tomar consciencia de las cosas volvió a mirar sus papeles y enseño algunos a la Sra. Jiménez. Explicó algunas cosas y dijo con gran convicción su defensa. Él quería impresionar a Sofía con su firmeza y su profesionalismo; y a su vez la Sra. Jiménez hacía insinuaciones a su hija. Josué siguió explicándoles su osado plan, por instantes cuando se detenía para sacar algún papel, regresaba su mirada a Sofía y notaba que ella no mostraba el más mínimo interés en él, él sonreía cada que sus miradas se cruzaban pero ella no respondía sus miradas. Hace mucho tiempo que Josué no sentía algo así, en su colegio se había enamorado de una chica, duraron cerca de 1 año y con ella él conoció el amor. Proseguía con su explicación, la Sra. Jiménez estaba encantada por su solución y por el interés que Josué mostraba por su hija. Era muy evidente que ella lo impactó, y por eso estaba emocionada. Concluyó con la hora de encuentro para la audiencia y ahora estaba todo listo para su defensa. Se despidieron muy amablemente a pesar de la apatía de Sofía. Josué sintió recelo de decirle algo. Él quería invitarla a algún lugar para poder conversar y conocerse, es más penso por un momento en invitarla a aquel café que lo tenia intrigado, pero su recelo pudo mas que sus ganas.
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Josué quedó desconcertado, bueno no era la primera ocasión que una mujer se comportaba de esa manera, por lo general las mujeres son así! – penso él. No le dio mucha importancia y continuó con su trabajo.

Su día terminó en su fría y calmada oficina, al fin podía ir a ese extraño café y quitarse la duda. Estaba decidió a entrar, a no dejarse invadir por la vergüenza. Quiso nuevamente caminar a su destino a pesar de que la lluvia seguía cayendo desde la mañana. Decidió seguir su camino a pie, esa era una de las cosas que disfrutaba mucho. Caminar bajo la lluvia y sentir como esas pequeñas gotas de agua caían sobre su rostro. No obstante el regreso a su casa sería incómodo y por último no lo dejarían entrar a ese lugar todo mojado. Esperó en su oficina hasta que la lluvia se apaciguara, después de una hora, solo quedó una pequeña garúa en el ambiente y emprendió paso. Caminaba por entre la multitud como el día anterior, aunque estaba vez se le notaba diferente. Soltaba sonrisas por doquier, miraba a la gente esta vez a sus ojos. La vida a su alrededor continuaba y ya no le molestaba, no había ocurrido nada nuevo en su vida, pero ahora ya no pensaba en cosas existenciales y deprimentes. Sus nuevos pensamientos eran qué hacer el momento de entrar en el café, cómo comportarse y que tenía que fijarse en cualquier detalle para descubrir el porqué esa frase a la entrada. Muy cerca a la entrada algo distrajo su vista. Sus ojos no podían evitar el cautivante paso de una singular mujer cruzando la calle. Era una mujer que por su porte y su delicadeza era destino ineludible de las miradas
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masculinas. Su mirada elevada y un paso raudo y contoneado denotaban mucho estilo. Un traje azul pegado al cuerpo muy serio pero muy provocativo indicaba que iba vestida muy a la moda. Su cabello largo hasta la cintura color negro y su tez blanca. En sus manos llevaba únicamente un libro y se dirigía hacia aquel café. Su expectativa creció al observar que aquella chica no tenía puesto ningún disfraz. Se quedó esperando a ver que hacía ella además su aspecto le recordaba a alguien, trataba de recordarla pero no sabía a quién se le parecía. Josué se escondió entre la multitud para que aquella mujer no lo viera mientras él, con mucha curiosidad, la observaba. Ella regresó la mirada como quien nota que alguien lo esta siguiendo y Josué pudo verla mientras se escondía tras un señor que caminaba a su lado. Era ella, era Sofía, extrañamente no llevaba el mismo atuendo de la mañana, no estaba tan deportiva y ahora parecía muy intelectual y apurada. Ella no lo vio y mientras Josué volvía del susto la vio entrar. Ella ingresó sin ninguna presentación, ni identificación; - ella debe frecuentar mucho ese lugar, bueno por lo menos ya tengo a alguien para conversar – Josué trataba de consolarse. Y después de superado el susto que le dio el ver a Sofía entrar a ese lugar aún su corazón latía inquieto. Todo el día anterior había perdido su tiempo pensando en eso y hoy se había despertado con la firme intención de entrar. Decidido y con su cuerpo palpitando por temor a su desconocido encuentro, continuó y se postró frente a la entrada. Leyó por otra ocasión el letrero, una vez tras otra, como si haciendo eso la frase cambiaría. Esta vez
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quiso ser mas observador y captó toda la imagen de la entrada y al levantar su mirada el nombre del café lo impresionó. “El Café de los Perdidos” decía. Era una entrada vieja, toda hecha de madera, en los dos letreros había una luz que los alumbraba para indicar si estuba abierto o cerrado. No había ventana alguna como para poder observar lo que adentro se estaba haciendo y unas enredaderas cubrían gran parte de las paredes. Todo estaba bien ubicado para cubrir por completo el pórtico, como si sus dueños quisiesen con ello ahuyentar a cualquier curioso. El día anterior no había visto su título y ahora con aquellas dos frases quedó más desconcertado. No se quedaría con la intriga, entraría y observaría lo que en su interior tenía. –Esto ahuyentaría a cualquiera – se dijo mientras soltaba una ligera sonrisa. Empero todo estuvo a su favor aquel día, inesperadamente comenzó a diluviar otra vez y ya tenia a alguien conocido adentro para no estar solo y no verse tan extraño en un café que para él era diferente. Estaba aún nervioso por lo que primero golpeó la puerta en espera de que alguien lo abriera. Pensó que sería lo mejor ya que si alguien saliera le proporcionaría algún tipo de información y en caso de que le denegaran la entrada, no pasaría ningún chasco. Por segunda vez golpeó y entendió que nadie lo ayudaría. Inhaló fuerte y procedió a entrar. Era un lugar oscuro en la entrada por lo que sus ojos se nublaron por un momento. Cerró la puerta y a su costado había una barra donde una mesera algo ocupada daba la impresión de preparar una bebida. Y
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mientras sus ojos volvían a la normalidad se acercó a aquella empleada. Al caminar junto a la barra una luz que nuevamente lo cegó se abría paso por el pasaje oscuro y pudo ver todo el lugar. Tras el corto pasadizo casi sin luz, había una sala circular grande en medio. En esa sala había unas 8 mesas redondas y unas 6 puertas iguales a la de la entrada que circunvalaban a la sala. En cada mesa estaba una persona sentada con un libro en sus manos y sobre la mesa había una taza con alguna bebida. Algunos estaban fumando un cigarrillo y todos concentrados no despegaban sus ojos de su lectura. Alumbraba las mesas una vela con forma de pirámide de color distinto y las paredes unas antorchas artificiales que colgaban al puro estilo medieval. El techo del hall era un gran vitral por el cual se podía ver el cielo aunque en ese instante estaba oscuro por la lluvia. A Josué le dio la sensación que las personas en el circulo estarían esperando a que puedan entrar en cada puerta. Y ahí notó que misteriosamente nadie traía un disfraz. Para pasar desapercibido por la mesera alzó su mirada para tratar de indicar que estaba buscando a alguien. Quiso buscar a Sofía, en espera de poder sentarse con ella y que ella le explicara ese extraño lugar. Lastimosamente Josué no la encontró, debe estar dentro de alguna de esas puertas – penso él. No tuvo más remedio que preguntar a la mesera. Buenas tardes. Cómo estas, disculpa hay alguna mesa libre, me gustaría tomar un buen café! Bienvenido – dijo ella, con voz agradable – me parece que eres nuevo aquí verdad?, mi nombre es Nadia. En realidad si, vi el letrero en la puerta y como siempre me gusta visitar lugares nuevos .... – mintió
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para dar alguna razón más que su curiosidad para su entrada – .... para tomar un buen café, mi nombre es Josué. Bienvenido de nuevo Josué, este es el Café de los Perdidos, y veo que pudiste entrar, muchos se quedan en la entrada, se dan media vuelta y se van – al parecer Nadia sabía que él la había mentido pero solo sonrió y no le dio mucha importancia. En realidad tuve el mismo pensamiento, además acabo de ver que una persona que conozco entró hace un momento. Se llama Sofía, tú la conoces? Sofía?, mm... claro, pero no puedes conversar con ella, creo que esta ocupada. Por cierto, cuál es tu disfraz?

Josué desconcertado, volteó la mirada a la sala en busca de dar una respuesta tácita. Nadie a su alrededor traía un traje semejante a un disfraz, pero Nadia tras una breve bienvenida le estaba preguntando por el suyo. Aún no entendía lo que ahí ocurría y esa incertidumbre comenzaba a trastornarlo. – Un disfraz, un disfraz para qué? - respondió indignado Josué. No obstante Nadia no perdía su carisma y alegría. Esto despreocupó mucho a Josué, que tras una leve carcajada de Nadia temía que se tratase de alguna broma. Empero ella sin otorgarle ninguna respuesta comenzó por querer adivinar la profesión del muchacho irritado que tenía enfrente. – Tú debes ser abogado o periodista, verdad? – y tras este vaticinio de Nadia, Josué pensó en su rostro. Tal vez sus gestos decían mas de lo que él creía. - Soy abogado – con voz fuerte y clara para despejar cualquier indicio de debilidad que pudo brindar. Nadia indicaba que sabía algo mas de lo que decía. Ella
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parecía mucho más astuta y perspicaz por que comenzó a indagar en él sin hacerle preguntas directas. Como un hábil don de algunas personas que terminas diciéndoles todo sin querer. Josué notó que toda la conversación comenzaba a tornarse en sus pensamientos del día anterior. Ella por alguna extraña razón sabía que él había tenido algún encuentro con la desesperación y el pesimismo. Y por lo mismo parecía poco convencida de la visita al lugar por el solo hecho de tomar café. Reiteradamente ella daba un toque de exclusividad al lugar diciendo – aquí solo entran los que tienen que entrar y si la gente se decide puede encontrar aquí todo cuanto quiere – y luego soltaba una sonrisa que se esparcía por todo el lugar. Era una frase confusa que Josué no pasaba por alto, que podría encontrar ahí y además porque estaba tan enterada en su crisis existencial del día anterior. Nadia continuaba hablando mientras la mente de Josué intentaba conjeturar esas dos circunstancias, pero no encontraba conjetura lógica alguna. Por medio de la sala un hombre de edad mayor se levantaba de su silla e iba en dirección a la entrada. Aquel sujeto algo canoso con aspecto de intelectual traía consigo un libro y una taza de café en su mano como parecía costumbre de ese lugar. Josué notó su presencia ya cuando el hombre estaba muy cerca de ellos. Él dejo la taza en la barra e interrumpió su conversación. Disculpa Nadia, me podrías dar otra taza de café. He estado largo rato leyendo este libro. Tengo que esperar a Pepe que se esta demorando en la Montaña, ese chiquillo siempre me tiene esperando, ojalá que la esté pasando bien.
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Josué, poco interesado en lo que él decía, volteó la mirada a la estancia. Veía que la misma gente seguía impávida leyendo sus libros. Su mirada atravesaba la sala tratando de captar cualquier detalle que se le hubiera pasado por alto. Descubrió que cada puerta tenia un nombre; imaginó que en orden ascendente comenzaban en el océano, después la playa, el bosque, el valle, la ciudad y por último la montaña. Seguía descubriendo detalles que lo hacían inducir que todo ahí era extraño. Entre las personas que se encontraban en la sala nadie se movía, continuaban clavados en sus libros sin señal de respuesta. El silencio y la quietud de la sala eran impactantes, nadie salía o entraba en las puertas ni hacían el menor ruido o movimiento. Con su rostro en torno a la sala percibía la única conversación a su lado y sin señal de interferir o entrar en ella, la escuchaba sin mostrar interés. Todo daba a interpretar que era una especie de grupo, o una de esas sectas que engañan a la gente pensando que después de un tiempo obtengan la satisfacción personal o algo así. Inconscientemente algo lo mantenía ahí, puede que sea Sofía o la simple curiosidad pero Josué no quería salir aún. Además esperaba terminar su conversación inconclusa con Nadia que le estaban ofreciendo unas respuestas a algo que él no se había preguntado. Y en busca de ellas divagó con un sin fin de preguntas que todo humano desconoce su respuesta. Entre esas aun seguían latentes las que él, el día anterior, se estaba preguntando. Aun así como sabían que él se estaba haciendo esas preguntas, mera intuición o acaso podían leer su mente.

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.....sabes él es Josué y vino por un café – irrumpió Nadia en su conversación con el señor – puede que comience a venir seguido por aquí. Él se llama Arturo, aquí todos le decimos rey Arturo es el mas viejo de todos, ja ja. Como siempre la juventud no respeta canas – comentó Arturo – mucho gusto José, espero verte por aquí seguido, no te arrepentirás. Josué, señor, mi nombre es Josué, y gracias por la sugerencia – quiso ser muy parco en su respuesta, a la final ni siquiera conocía a aquel personaje, que ahora le estaba tratando como su amigo – pero creo que solo vine por un café y a esperar a una amiga que entró aquí. Solo un café?, bueno y a quien esperas, por tu rostro esa chica debe ser tu novia o algo así.

Josué sonrió apenado, Sofía no era precisamente su novia pero solo con la insinuación se había enrojecido. La conversación entre ellos estaba durando mucho y Josué estaba cansándose de tanta pregunta, respuesta y de parecer amable con alguien que no conocía. Meditó en su absurda espera, no tenía motivo para perder ahí su tiempo con cafés, puertas y demás cosas extrañas. Tenía trabajo, estudios y otras preocupaciones para continuar ahí y decidió irse. Es Sofía, tal vez la conozca, pero creo que no la esperaré más, esta haciéndose tarde y tengo otros compromisos. Compromisos?. – en un tono incrédulo dijo Nadia bueno tú verás. Nuestra puerta esta abierta para ti, igual ya te decidiste a entrar y el regresar es más fácil. Gracias, en otra ocasión disfrutare ese café que por su aroma parece bueno. Chao
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Josué salió con un alivio que no comprendía. Todo lo que involucraba a ese sitio era sombrío, nada parecía congruente. Las personas que había visto y la sala en si eran muy extrañas. La lenitiva certeza que tenía era que su intriga había desaparecido. Ahora no lo tenía reflexionando el lugar, mas bien eran esas personas que había conocido y su no menos peculiar conversación. Por otro lado no vio a Sofía dentro y eso lo extrañaba más. Qué hacían ahí era la pregunta, pero ciertamente esa incertidumbre era mucho menor que la anterior. Concluyó en dejar ahí ese tema, ya sus interrogantes estaban respondidas, no valdría la pena continuar con eso. Regresó a casa en un autobús y entre otras cosas que percibía su mente se desvió. Sentado junto a la ventana todos sus pensamientos se fueron desvaneciendo con el pasar de las casas, de personas, las conversaciones a su alrededor y sobre todo las luces de la ciudad que por la noche mostraban su mejor esplendor, era un espectáculo casi invisible para la mayoría de personas pero que a él era una de las imágenes más impactantes que desde niño guardaba en su mente.

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La mañana siguiente al levantarse era un hombre nuevo, sin preocupaciones ni ideas raras en su cabeza, estaba presto para comenzar un día nuevo. No tuvo contratiempos al llegar a su oficina, se sentía feliz con un naciente sentimiento de paz en su vida. Posiblemente el cálido día que hacía lo estimuló. No reparó en su visita al Café y continuó sonriente. En su oficina tomó unos papeles que necesitaba y se dirigió al juzgado en el auto del buro a la hora señalada. Su cabeza estaba en su trabajo, en lo que iba a decir y defender. Llegó puntual al lugar acordado pero la Sra. Jiménez no estaba todavía. Encendió un cigarrillo, se sentó en una banca afuera de la corte y esperó leyendo el periódico matutino. Tras cuarto de hora, divisó en la escalera la llegada a su ubicación de dos mujeres que se acercaban presurosas, que mientras se acercaban las fue reconociendo. Era en efecto la Sra. Jiménez y Sofía, las dos estaban más formal que la tarde anterior. Sofía traía un libro en la mano, él pudo haber descuidado ese detalle en su oficina pero después de su experiencia en el “Café de los Perdidos” estaba más atento a ese tipo de detalles.

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Buenos días Josué, discúlpenos la demora pero había un trafico terrible y no pudimos estacionar el vehículo rápido – aclaró casi sin aliento la Sra. Jiménez. Si, discúlpenos, pero parece que aun no llega nadie o nos hemos perdido de algo – dijo Sofía, pero ahora con una sonrisa que delataba que se había enterado de algo, tal ves de la visita que tuvo el día anterior. No, no se preocupen están ahí adentro todos, pero no hay problema, mejor apurémonos para concluir ágilmente este percance.

Ingresaron todos y los esperaba el joven de la bicicleta, su abogado y el juez, y prosiguió el juicio. Josué apreció que Sofía se encontraba más atenta con él, sus ojos escondían un toque de picardía y lo miraba directamente a los ojos, a veces aportaba con datos o solo le ayudaba organizando sus papeles o ideas. Él solo quería que eso terminara, quería hablar con ella y conocer la razón de su actitud. Finalmente el juicio concluyó, todo salió como Josué esperaba, la señora Jiménez tuvo que pagar una ínfima multa y todo se pudo solucionar sin ningún problema. Sofía junto a su mama esperaron a que Josué terminara de dialogar con el Juez, ellos eran conocidos y charlaron un momento después de la sentencia. Josué salió y vio a aquellas dos mujeres. Todo salió perfecto Josué, no podía resultar mejor – se acercó en tono agradecido la Sra. Jiménez. Sí, todo perfecto. Ahora vaya con cuidado, trate de no meterse mas en problemas y si los tiene ya sabe a quien recurrir – dijo Josué, igualmente alegre – y bueno, a donde tienen que ir? Tal vez podría
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llevarlas. Yo voy para mi oficina y estoy en el auto del bufete. Yo tengo que regresar a casa, tengo unos asuntos pendientes, no sé tu Sofía que vas a hacer?. Yo eh eh..... nada, no tengo nada que hacer, mmm si gusta Josué puedo acompañarlo porque después tengo que ir cerca de su oficina. Claro no hay problema es mas si me permites, podemos ir a tomar un café y ...... Bueno bueno, mejor los dejo – dijo su madre con una sonrisa que demostraba la alegría de ver a su hija relacionada con su joven abogado – continúen yo creo que estoy sobrando, me voy me voy, adiós.

Dio media vuelta y como alma que lleva el diablo salió del juzgado, mientras tanto Josué miró fijamente a los ojos de Sofía y ella con una mirada retraída que notaba timidez, tal ves era nerviosismo, lo vio y bajo la mirada. Josué estaba igual de nervioso que ella; mientras su corazón latía a mil por hora su cuerpo comenzó a transpirar, sus reacciones se aletargaron y su mente se nubló. De repente había un inexplicable interés de Sofía para él, pensó que la gente extraña del café había dicho algo a Sofía de su visita. Y su nueva actitud se trasmitía con una repentina atención. Tras un corto silencio Josué le invitó a tomar una taza de café y ella pensó en un lugar muy bueno que conocía. El primer pensamiento que se vino a la cabeza de Josué era que ella lo llevaría al insólito lugar al que la había ido a buscar, al “Café de los Perdidos”. Y todo comenzó a tener explicación, al parecer Nadia y Arturo la habían persuadido para que lo llevara nuevamente a ese lugar. A pesar de sus reflexiones aun cavia la posibilidad de estar equivocado por lo que no quiso mostrar debilidad,
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se dedicó a ver alguna forma de salir de esa trampa si, como él pensaba, estuvieran confabulado contra él. En camino, comenzaron a conversar acerca de ellos. Sofía tenia 22 años, estudiaba Restauración en una de las Universidades de la ciudad, entre sus hobbies estaba el resolver crucigramas, el caminar por los parques y la lectura cosa que no sorprendió al chico después de conocer el Café, además le contó lo de su padre militar y lo de su madre que aunque un poco presuntuosa era buena persona. Josué muy astuto siguió las indicaciones para ir al lugar que ella invitó, donde podrían tomar algo y charlar largo rato, ella por su parte muy segura comenzó a guiarlo. Josué estaba cada vez más seguro que su destino seria el Café de los Perdidos, pero a pocas cuadras ella lo hizo cambiar el rumbo. Continuaron con su conversación mientras ella lo guiaba por una parte de la ciudad un poco despoblada y poco conocida por Josué. Finalmente lo llevó a un parque a orillas del río de la ciudad donde la vista era hermosa. Estaba recién construida por la alcaldía de la localidad razón por la cual aun no era muy conocida, al río lo atravesaba un puente de madera colgante mientras los vados gozaban de vías y bancas de madera al igual que pequeñas piletas y cascadas artificiales, todo estaba iluminado y pocas personas caminaban por el lugar. Era un lugar a su medida, que los permitiría conversar y conocerse a pesar de no poder tomar nada, cosa que no incomodo a Josué. Sofía seguía conversando de la vida con su madre. Ella ahora vivía sola pero su madre aun la ayudaba en su hogar, ella subsistía de las practicas que realizaba para su carrera, además le comentó que no tenía novio y sus amigos eran como sus hermanos porque era hija única.
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Después de largo tiempo de hablar de ella, cuando Josué conocía casi su vida entera, a él lo perturbaba una sola pregunta, que era y que tenía que ver con el Café de los Perdidos?. Ellos congeniaban muy bien, sonreían con dulzura al chocar sus miradas y sus manos ahora se tocaban, no escuchaban mas voz que la de ellos mientras la corriente pasaba cerca de ellos tornando el ambiente en un sueño. Un sueño que para Josué era extraño por su rapidez, creía que se encontraba frente a una de las mujeres que más deprisa lo habían conmovido e interesado, no se explicaba el motivo y su razón lo abandonaba de a poco. Fue una sorprendente jornada llena de sentimientos encontrados, lo único malo que seguía rondando su cabeza era el repentino interés de ella que él seguía asociándolo con el café. Cortó la conversación acerca de sus amigos y con un tono dubitativo dijo: Sofía discúlpame pero debo hacerte una pregunta, tal vez te suene ridículo pero quiero saber porque de repente estas aquí a mi lado, hoy has sido una de las mejores mujeres que he podido conocer, siendo tan buena y sincera conmigo?. Por que el cambio de ayer a hoy? Que te hizo cambiar? Ufff......... como decirte – y con la mirada baja como buscando una buena explicación, guardó unos instantes silencio - sabes hace un tiempo estoy compartiendo con unas personas que me han enseñado muchas lecciones para mi vida, con ellos he aprendido muchas cosas y he conseguido escoger a las personas que tengo a mi alrededor, de pronto te vi, y he imaginado toda la vida a tu lado, no te puedo explicar que nos une, pero sé que terminaremos nuestra vida juntos.
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Como?, una vida a mi lado?, me halaga pero estoy realmente estupefacto, pero acaso ellos te han dicho que yo debo estar contigo?....... No, espérame, no me entiendes. Mira no sabría explicarme, tengo esa sensación desde lo de ayer. Ayer, si no lo recuerdas, estuviste en mi cama, me abrasaste, me dijiste cuanto me amabas, dormimos juntos y al alba nuestros cuerpos estaban desnudos, cansados y transpirados después de una noche agitada e inolvidable, tu te levantaste, me miraste fijamente a los ojos y me dijiste que me esperabas en el juzgado porque hoy después de eso vendríamos aquí a conversar y despejar nuestras dudas.

Josué tenía un gesto de asombro, atónito siguió con atención todo cuanto Sofía decía. Perplejo no sabía que decir, aquella niña estaba loca. Ahora lo quería convencer que había estado con ella antes, a pesar de saber que en ese momento se acababan de conocer. Además que era lo que en ese Café le habrían dicho para que tuviera esas ideas locas, y más aun quiera convencerlo de algo que no había realizado. En fin, el había disfrutado de la mañana a su lado y no quería ser grosero con ella o llamarla loca, prefirió seguir indagando en el asunto tal ves solo sería una forma de explicar algo, pero que forma!. No había escuchado a ninguna mujer que lo haya intimidado tanto con su forma de hablar. Acaso soñaste conmigo y ahora por eso crees que soy el hombre de tu vida?, tu me pareces muy linda, y tal ves con el tiempo podamos llegar a ser novios pero aun ni lo somos. Eso a mi no me importa, claro que fue un sueño pero no lo recuerdas?, no estuviste físicamente conmigo
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pero eso lo vivimos juntos, o me puedes negar que eso fue lo que soñaste toda la noche? Tu mirada lo delataba a la hora de nuestro encuentro, y porque quieres ahora cambiar tus sentimientos y tus anhelos. En realidad, Sofía tu me gustas mucho, eres una persona muy interesante, tal ves un poco extraña pero esto que me dices me ha dejado desconcertado.

Encendió un cigarrillo y comenzó a caminar de un lado a otro pensativo. Josué anonadado recordó cada detalle que ella había descrito de la noche anterior, increíblemente él recordaba todo eso pero podía ser una simple asociación de lo descrito. Un sueño es un sueño pensó él, pero ella conocía lo que el soñaba y solo la conocía un día. Podía ser únicamente su imaginación pero algo le decía que no era así, estaba impávido y cada cierto tiempo regresaba a ver a Sofía que lo miraba con deseo y con ternura. En sus ojos no encontraba malicia, ni ningún tipo de sentimiento perverso, no sabia que pensar. Después de que ella lo hiciera recordar su sueño, él sentía como que algo había cambiado en su ser y algo dentro de él lo llamaba o ataba a Sofía. Él sabia que no era amor, solo se relacionaban un día, eso no era amor, pero un fuerte sentimiento creció ese instante. No quería dejarla ir, ni que pensara que no la quería a su lado, tomó una decisión y se acercó sutilmente a ella. Sofía en realidad ayer soñé contigo y aunque aún no entiendo como lo sabes, no quiero también echar a la basura todo este maravilloso día. Me gustaría salir contigo mas a menudo para poder ver si algo entre nosotros podría pasar.

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Aún no puedes reconocer las oportunidades de la vida verdad? – sonrió ella – estamos aquí y ahora, no dejes para luego lo que puede pasar ya, no te estoy pidiendo que estés conmigo porque eso no lo puedes evitar.

Sonó un celular, lo salvó la campana. Lo estaba llamando Andrea, aparentemente el doc. Aguirre estaba contento por lo que Josué había hecho con la Sra. Jiménez y le había dado el día libre y la libertad de salir la noche con el auto. Era como una recompensa por su buena labor, nunca antes había pasado y ahora estaba completamente libre para Sofía. Le dio mucha alegría ya que sin nada más en su agenda podrían pasar todo el día juntos y conocerse mas. Al comentarlo con Sofía, ella se alegró. Entonces prefirieron buscar otro lugar para continuar su conversación. Caminaron hacia el auto y Josué manejó hacia un lugar especial para él, era un mirador en el cual se veía gran parte de la ciudad y además al igual que ese parque anterior, él sabia que no había nadie más. En el trayecto conversaron de él, de lo que hacia, de su familia y de su trabajo. Parecían amigos de toda la vida, cosa que para ambos era nuevo. Llegaron al lugar y en realidad había una vista sorprendente de la metrópoli, comenzó a atardecer y ellos aun no habían comido, al parecer no les importaba por lo que continuaron dialogando. Sofía dime, como sabes todo lo que me dijiste?, debes ser una especie de clarividente que tiene esos negocios de lectura de cartas o algo así y ahora quieres atraparme a mí – rió un poco, quería romper el hielo, así sería más fácil que ella le soltara todo 33

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además quiero ser sincero contigo, yo conozco el Café de los Perdidos y ayer te vi por casualidad entrar... Osea que me estabas espiando, ja ja, pero ya lo conoces?, sabía que tenia que pasar algo así primero. Si, lo conocí por casualidad, pero aun no lo entiendo, ahí me atendió Nadia y charle un momento con un tal Arturo pero aun no se de que se trata, que hacen ahí? Porque todos pasan leyendo y qué hay tras cada puerta?, y porque todos me dicen que ese era mi destino? Todo eso lo vamos a conocer luego, no te impacientes, solo confía en mi, solo ocurre lo que tiene que ocurrir, no existen las casualidades, cada acto en la vida nos enriquece, nos hace mas fuertes y nos ayuda a continuar, hasta que ya no queramos seguir. No me lo podrías decir antes?, osea que vamos a ir juntos?, serás mi madrina o algo así? No, yo solo seré tu conclusión. Mi conclusión?, sigo sin entender, pero nada pierdo con intentarlo – un poco decepcionado por la respuesta Josué prefirió hablar de ellos - Sofía dime que pasara después de hoy, inexplicablemente veo en tus ojos amor, y solo tengo unas ganas locas de besarte, de que entres en mi vida y yo en la tuya, no lo entiendo, pero se que me arrepentiré si no lo hago. Josué, en este instante estamos solos, tu me perteneces como yo a ti y así será hasta tu muerte, no debemos echar la culpa a nadie ni creer que estamos locos, porque tu lo sabes, me amas y yo a ti.

Se quedaron mirando fijamente, el viento soplaba y el sol se escurría en el horizonte, apareció la primera estrella y como era costumbre comenzó a garuar. Parecía que nada les importaba, sus ojos se llamaban con tanta locura que ninguno sabia como empezar.
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Llovió un poco mas fuerte pero estaban inmutables, Josué no soportó mas, agarró su mano, se acercó a sus labios y después de rozarlos con tanta dulzura contra los suyos y de que sus manos acariciaran su rostro mojado, su cabello, sus manos, y acompañado de un abrazo cálido, sus labios se unieron con tanta pasión que en ese momento para ellos eran los únicos seres sobre el planeta, fue un beso tan apasionado que sus cuerpos comenzaron a moverse solos, sus manos acariciaban todo su cuerpo con delirio mientras un interminable beso los mantenía unidos. Continuaron así por largo tiempo hasta que la lluvia maliciosa los obligó a retornar al vehículo. Ingresaron casi sin aliento y todo empapados, no tenían palabras para describir lo que les había ocurrido, guardaron silencio un lapso hasta que ella lo invitó a su casa para que vayan a cambiarse y a comer algo. Él, complacido, siguió la ruta que ella le indicaba hasta que llegaron a un edificio de apartamentos. En el trayecto no hablaron mucho, no por vergüenza mas bien por alegría, solo se miraban, sonreían y proseguían el camino tomados la mano.

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Entraron a un estacionamiento abajo del edificio, dejaron ahí el vehículo y subieron por las escaleras; entre risas, juegos, besos, llegaron a su departamento. Josué comenzó a meditar que estaba haciendo, había recién conocido a aquella joven y después de una locura en el mirador, ahora estaba a punto de entrar a su casa; en eso ella lo distrajo haciéndolo pasar. Sofía estaba como una niña, entre asustada y emocionada, parecía que había estado esperándolo desde mucho tiempo atrás. Le dijo que le esperara hasta que le trajera algo de ropa para que se cambiara, en eso fue a la cocina y se puso a calentar algo de comida que ella tenia guardada, él mientras tanto aguardaba en la sala con un millar de pensamientos en su mente, todos con relación a aquella extraña tarde. Sofía regresó con una camiseta y un pantalón y le pidió que esperara mientras ella se duchaba y se cambiara,
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ninguno de los dos quería que ese momento acabara por lo que a ninguno se le pasaba por la mente sus quehaceres o sus obligaciones. Mientras ella estaba en la ducha, Josué entró a la habitación para cambiarse. Cuando él estaba sacándose la ropa mojada, escuchó el ruido de la ducha y su mente recordó aquel sueño que apenas la noche anterior había tenido. Comenzó a escuchar un sonido que inevitablemente venía del cuarto de baño, era como el canto que utilizaron las sirenas para llamar a hombres para que estuvieran con ellas. Sus pensamientos llenos de locura y pasión lo llevaron a la puerta del baño, él quería que ella sea suya. Nunca había él hecho algo semejante, pero era una llamada, un sonido, una voz en su cabeza que lo obligaba, tal ves por la locura, tal ves por el amor que comenzó a sentir. Tenía mucho miedo, su cuerpo temblaba mientras se acercaba a esa puerta que lo separaba de ella, el sonido del agua cayendo indicaba que ella continuaba en la ducha. Él acarició la puerta como si la estuviera tocando a Sofía, y notó que la puerta estaba abierta; una luz tenue brotó por una pequeña abertura. En ese momento se asustó más, pero ahora podría verla desde ese agujero; se agachó con cuidado de no hacer mucho ruido y observó adentro. El cuarto lleno de velas y al igual que la habitación todo tenia un toque astral; estaba lleno de estrellas, lunas, soles. Al fondo de aquel espectáculo inigualable, Sofía estaba acostada en la tina con los ojos cerrados y como esperando que él entrara por ella. La ansiedad y la impaciencia terminaron con Josué. Ese sonido que lo llamaba no era de ella, o por lo menos eso pensaba, era la vieja voz en su cabeza que lo estaba llevando a entrar. No esperó más tiempo, su ropa
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mojada quedó en la entrada y su delirio se unió con su corazón; decidido y emocionado ingresó. Sofía parecía no verlo y él se acercaba con tanta emoción a su lecho. Ella continuaba cerrada los ojos, él primero se sentó a su lado y se quedo observándola, era la imagen que tenia en su cabeza. Era hermosa, su cuerpo en el agua y ella cerrada los ojos dispuesta para él y él sin saber como reaccionar. Aún temeroso pensó en retirarse, parecía que ella no lo había notado, pero seria peor si se daba cuenta que estaba ahí. Ella pensaría que era alguien malo, que solo le interesa estar con ella. Con toda la ansiedad del mundo pero con lo poco de cordura que le quedaba se levantó, dio media vuelta y la voz de Sofía lo detuvo – acaso vas a irte?, aun no entiendes lo que es entregarse, estoy aquí para ti, así que ven, no tengas miedo. Josué solo volteó su cabeza y ella estaba aun cerrada los ojos. Ella podía sentirlo!, su cabeza estalló, ya no quiso mas respuestas ni preguntas, solo quería estar con ella e ingreso a la ducha. Fue increíble para ambos, como si su mundo se acabara en ese momento, sus cuerpos entrelazados parecían conocerse tiempo atrás, sus labios besaron el contorno de sus cuerpos, hasta que no hubo lugar desconocido. Sus gritos, gemidos, eran fuertes; capaces de derrumbar las paredes. Sus manos acariciaban suavemente sus rostros y Josué veía a Sofía no abrir los ojos a pesar de que sus gestos demostraban pasión intensa. Se amaron con una locura inimaginable, se entregaron como nunca lo habían hecho, se acariciaron con tanta pasión e hicieron el amor con tanta intensidad mientras su alrededor, lleno de velas, música tenue y un
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ambiente celestial completaban un cuadro que jamas él podría olvidar. Sus cuerpos exhaustos tras un largo momento, sofocados y débiles por el gran esfuerzo, no distinguieron entre el calor de la pasión y un calor que se propagaba por todo el cuarto. Un humo negro comenzó a llenar la habitación, pararon y Josué salió para ver que pasaba. Al tocar la perilla la sintió caliente, empezó a pensar que algo muy malo estaba pasando al otro lado. Con ayuda de una toalla abrió la puerta y en efecto, el dormitorio estaba completamente lleno de humo, la casa se estaba quemando. Se vistieron lo más rápido que pudieron, Josué había dejado su atuendo en la entrada del baño y ésta estaba ya quemada y destruida, por lo que se puso lo primero que encontró. Su urgencia era salir del apartamento. Josué la tomó de la mano e iniciaron su salida, la vivienda estaba casi en su totalidad en llamas, él no entendía como no lo habían notado y peor aun qué lo ocasionó. Con mucho cuidado pudieron salir, afuera ya estaban los bomberos tratando de apagar y salvar al edificio y a sus vecinos. Josué empero notaba a Sofía totalmente tranquila, él no la vio en ningún momento alborotada o descontrolada, era como si ella supiese que eso iba a pasar. Sofía, estas bien?, ahora que vas a hacer?, imaginas que pudo pasar?, quieres ir esta noche a mi casa, donde dormirás? Lo que haré y donde dormiré esta noche no es problema, ahora lo que ocasionó el fuego debió ser la cocina que estaba encendida mientras estabamos en la bañera, no lo recuerdas?
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Si, mierda, como no pudimos apagarla, ahora tú estas sin casa y es por mi culpa, no sé que hacer, no quieres ir a buscar algo que puedas salvar? No eso no importa, tenemos que irnos, ahora estas listo puedes salir. Qué?, de que me hablas, acaso hiciste esto a propósito?, y a donde salimos?, ya salimos toda la noche, es hora de descansar, debes estar cansada y agotada por todo esto. No, vamos cojamos el vehículo, yo te guiaré.

Josué ya se estaba acostumbrando a no entender mayor cosa de lo que Sofía le decía, prefirió no pelear mas, así son siempre las mujeres!. Buscaron el auto en la planta baja y salieron de ahí, sin nada mas que sus deseos e ilusiones. En efecto, ella lo comenzó a guiar, ella seguía con esos ojos cándidos y dulces, aun en el ambiente se notaba toda la pasión que parecía que había incendiado el apartamento. Josué sin rumbo, solo seguía la ruta que ella le describía, no obstante él se percató que estaban dirigiéndose al Café de los Perdidos, pensó que a esa hora de la noche no estaría abierto. Se sentía muy paranoico y tonto por lo que pensaba y decía, no buscó mas excusas y continuó la ruta. Antes de pasar por delante del Café, ella le indicó que paran. Por las ventanas se veían luces encendidas y el mismo ambiente de todas las veces que había pasado por ahí, debía estar abierto. Al salir del auto, ella asió su mano dulcemente, lo besó y su rostro ahora si denotaba tristeza, como una despedida. Él, con la frustración de no entender nada, solo continuaba sin ningún pensamiento. Josué ahora estas listo, - dijo Sofía suavemente a su oído mientras se postraban frente a la puerta - todo
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lo que paso aquí, es cierto, yo te amo, y estaré en tu vida cuando más lo necesites. Solo búscame que estaré aquí para ti. Por que me dices eso? Acaso me vas a dejar aquí? No, no te preocupes, vamos a entrar juntos, yo estaré a tu lado. Solo espero que lo comprendas.

Era una noche fría por la lluvia vespertina, aun caían pequeñas gotas de los arboles o de los edificios. Las personas deambulaban por las calles muy arropadas, pero Josué y Sofía estaban sin abrigo. Como todo buen caballero, él abrió la puerta para que pasara Sofía y en ese instante vio a Nadia por la abertura. Ella con una alegre sonrisa lo estaba esperando. Al fin llegaste, te estaba esperando. Cómo estuvo el mar? – decía Nadia mientras lo tomaba de la mano y lo invitaba a pasar. Hola nosotros vinimos para tomar café, hace mucho frío – muy parco, Josué no quería divulgar lo que les había ocurrido.

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Tú y quien más? – mientras veía tras él en busca de alguien - Qué te trajo la marea? De que hablas, vine con .... – él volteó para invitar a Sofía a entrar, pero ella no estaba – y Sofía? Dónde esta? La has visto irse? Pero, ..., estaba de mi mano? Tranquilo, esto es así. Has salido del mar, es el inicio de tu escalada hacia la montaña.

Nadia lo halo hacia dentro y él atónito no entendía nada. Todo el día no había entendido que estaba pasando y ahora, termina en el mismo lugar con Nadia y Sofía había desaparecido. Al traspasar la puerta, estaba en el hall del Café, en ese circulo lleno de puertas y las mesas con gente tomando café y leyendo. En un instinto de comprender lo que ocurría regresó su mirada con dirección a la puerta, un letrero decía con letras grandes EL MAR, era una de esas extrañas puertas que componían la estancia. Nadia guardó silencio mientras lo ubicaba en una mesa libre, solo le brindó una caliente taza de café junto con uno de esos libros. Josué desconcertado por lo que pasaba, qué estaba haciendo ahí? y porque nadie le dijo nada y peor aun donde estaba aquella mujer con la que había estado, la que le había jurado su amor hace ínfimos instantes. No quería quedarse con esa intriga, se acercó a Nadia que estaba en la barra preparando una bebida, como si nada fuera de lo normal acaeciera. Nadia exijo una explicación. Que me ha pasado, dónde esta Sofía y porque salí de esa puerta?. Yo no quise volver aquí, tu me invitaste a regresar pero no tenía ninguna intención de hacerlo. Y como pude

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entrar desde esa puerta si la entrada esta por este lado. Josué, en serio, yo no puedo ayudarte. Si tú estas aquí es porque quisiste y nadie ha hecho nada en contra tuya. Discúlpame pero puedo hablar mas, solo continua, que todo aparte de ser real es una experiencia que no olvidaras. Pero dime algo, no puedes hacerme esto o en todo caso dime que debo hacer ahora. Tengo que encontrar a Sofía, ahora la amo y sé que ella me trajo y que ella viene aquí. Por Sofía?, mm no sé, cada uno le va diferente en el mar. No se qué tiene que ver ella en esto pero bueno. Ahora anda a tu casa, y vuelve cuando estés listo, todo saldrá bien, eres fuerte y ahora debes descansar para mañana.

Josué enojado, pero a la vez intrigado y nervioso, regresó a ver a la sala llena de puertas y otra vez por la oscuridad de aquel corredor, su vista se nubló de nuevo y poco a poco comenzó su visión a la normalidad. Sabia que Nadia no le diría nada mas; despechado, salió en busca de su vehículo para ir a su casa. El auto no estaba frente al Café y eso fue el acabose para el pobre Josué. En que extraño mundo estaba, acababan de robar su carro y ahora que diría a sus jefes que en buena lid se lo prestaron. Desesperado buscó al cuidador, pero él no había visto ni al auto ni a Sofía ni a nadie. Era lógico en esas personas, uno les pagaba para que cuiden pero no hacen nada. Inmediatamente llamó a Andrea, era ya la 1 de la mañana, pero debía reportar eso a alguien. Ella mas confundida y somnolienta que él, le pidió que se calmara. Andrea no sabia de lo que hablaba y para
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apaciguar a Josué le contó que en efecto él había ganado el caso de la señora Jiménez pero que nunca le habían prestado el auto, que este estaba seguro en la oficina. Colgó el teléfono mas tranquilo por la responsabilidad del vehículo, mas no por los hechos. Josué no entendía nada, todo era demasiado extraño y absurdo; como si le estuvieran jugando una broma o como si todo lo malo se hubiera puesto de acuerdo para que le llegara unido. Tomó un taxi a su casa. Cuando estuvo en ella, se cambió de ropa, comió algo ligero y se fue directo a la ducha. En algo tan iluso como eso pudo saber que todo lo que había ocurrido era cierto, él traía la ropa de Sofía que por el apuro le había tocado ponerse. No podía comunicarse con ella porque recordó que nunca le había pedido su número telefónico y comprendió que su única opción era llamar a su madre. Optó por descansar, ya era muy tarde, y solo tendría que esperar a la mañana siguiente para conseguir ese número en su oficina.

Esa noche soñó con Sofía, no podía olvidarla, era como una ninfa que había conocido, que había cambiado su ser, sus ganas de vivir y le dio otra perspectiva de su vida. Ella era, era la mujer de su vida, no la había conocido mucho pero ahora era parte de sí. Era esa mirada desbocada que te cegaba y te llevaba a hacer cosas que nunca hubieras imaginado que harías; entre sus caricias, sus manos, sus ojos, él estaba alegre se sentía satisfecho y ahora nada mas le importaba.
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Un suspiro consolador lo hizo abrir sus ojos, que mientras miraban un techo de madera cafe, su mente deseaba acariciar una piel que lo complementaba. Se levantó y aun no amanecía, su corazón estaba ahogado. No se explicaba la razón pero no podía dormir mas, no pensaba en nada más. Encendió su radio y la misma melodía emancipadora de un recuerdo de bañera con Sofía sonaba, como si el mundo se empeñara en recordarla. Su anhelo acronico de un momento en el que solo existían los dos, mientras se pertenecían y se amaban. Pero ahora el camino para encontrarla se le tornaba extraño, fue como un sueño que lo obligaron a despertar. Y ahora no sabia que hacer. Paso largo tiempo en eso, fue amaneciendo poco a poco. Las tenues luces de la acera fueron cambiando lentamente por unos rayos cálidos de un astro que no entendía su apremio, mientras la brisa fría de la mañana lo calmaba su alma. Las cobijas le estorbaban, su ansiedad era basta y de un brinco salto de la cama tratando de ocuparse en algo, pero en todo cuanto hacia estaba la figura de aquella mujer, de Sofía. Llegó por fin la hora de salir a su trabajo. Y rápidamente, como nunca, estuvo en su oficina antes que sus compañeros. Un número telefónico y una llamada posterior eran lo único que necesitaba, sería una explicación a un día inolvidable. Mientras revisaba la agenda telefónica de la empresa en el escritorio de Andrea, llegó ésta, y con una agradable sonrisa le preguntó que hacía. Josué sin temor le pidió el número que necesitaba y ella muy servicial se lo dio. Andrea era muy amable y muy confiable, ella nunca le preguntaría nada ni le reclamaría nada. Con el dato en mano fue corriendo a su despacho.

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Después de un momento entró apresurada Andrea, ella había recordado que la Sra. Jiménez le había indicado que estaría de viaje. Y con esto a Josué se le perdieron las esperanzas, no lo podía creer, todo estaba en su contra. La Sra. Jiménez había salido de vacaciones por tiempo indefinido y esto empeoraba las cosas. Ahora nadie podía contactarlo con su dama fugaz, y su desesperación lo hizo pensar en correr hacia el Café para encontrar explicación. Como la mayoría de abogados, Josué no tenía un horario fijo en el que tenía que estar en su oficina y eso lo ayudaba para salir cuando él quisiese. Corrió entre la gente con destino fijo. Todo a su alrededor no existía, todo pasaba a su lado como sombras o leves colores salpicados en una pintura que tenía movimiento. Y cuando pudo divisar a lo lejos su objetivo su corazón le resquebrajaba, notaba a lo lejos todo el lugar apagado pero con mucha esperanza continuaba corriendo. Sus esfuerzos y sus ganas fueron en vano, el Café de los perdidos estaba cerrado. A esa hora en la ciudad, casi todas las tiendas y almacenes estaban abiertos; indagó un poco el lugar sin encontrar nada y se postró frente al pórtico en un intento por descansar de su larga maratón. Su respiración volvía a normalizarse, pero su ansiedad retumbaba en su cabeza. Esperaba buscar otra solución y en ese instante sintió que alguien tocaba su hombro. Con mucha esperanza, su adrenalina volvió a elevarse, pero soltó una sonrisa de incredulidad al ver a un joven que lo miraba. Inmediatamente supo que no conocía al chico y fue cuando él comenzó a dialogar. Disculpa estas buscando a alguien?
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Si, estoy buscando a la camarera de este lugar se llama Nadia, tal vez la conoces? – muy perspicaz, Josué bajo su mirada y observó que aquel Joven llevaba un libro en su mano, debía ser una de las personas que frecuentaban el Café – acaso tu también visitas este Café? Mira esto abren mas tarde, yo soy un vecino y creo saber que buscas, pero vamos tienes algo que hacer?, te invito a desayunar, me muero de hambre. No, ahora estoy libre, gracias – Asintió la cabeza pensando que no podría hacer nada mas, por lo menos estaría conversando con alguien y podría cambiar sus ideas. Yo me llamo Carlos, Carlos Suarez y tú? Yo soy Josué mucho gusto y estudio abogacía .......

Caminaron a un restaurante cerca de ahí, parecía que Carlos ya era cliente y pidió 2 desayunos. Carlos, que era menor a él, le comentó que tenia 20 años, que estudiaba periodismo, que aún vivía con sus padres y ellos aunque un poco excéntricos eran buenas personas, que ya había hecho un par de publicaciones en el diario de la universidad y que estaba pasando por su mejor momento. Por otro lado Josué bien parco, solo le contó un breve resumen de su vida, no le comentó nada del Café ni de Sofía, era muy callado con las personas que no conocía mucho. Aunque Carlos parecía un poco loco, se notaba que era buena persona. Él era de esas personas que a los 20 años aun tienen sueños e ilusiones, a esos que la vida aun lo los golpeaba tanto como para ya no creer mas en la humanidad. y bueno para que buscabas a Nadia? – preguntó repentinamente Carlos.
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La conoces, no?, bueno quiero que me explique algunas cosas. Si, pero creo que no entiendes aun este momento. El océano es algo inmenso, té llena de ilusiones, de ganas de vivir, te concede solo con una mirada un sin fin de alegrías. Pero cuando tu llegas a la playa y observas tanta agua a tu alrededor y esa inmensidad que esta a tu lado, te sientes pequeño y muchas veces hasta lo llegas a retar. Nadie sabe que le espera, una buena puesta de sol o una esperanza que te trae la marea y en ese instante aguardas como un niño una respuesta. Una ayuda a algún problema o simplemente té quedas observando que más te traerá, porque te sientes tan pequeño para luchar por lo que ya te trajo.

Josué escuchaba todo con admiración, aquel joven sabía algo. Pero en vez de simplemente darle una salida, le otorgaba una explicación. Josué seguía la conversación callado, como que si no supiera nada. A la final aquél muchacho no lo conocía y ahora le estaba dando una cátedra de vida. Pero como sabes cuando la lucha te dará algo – irrumpió Josué después de un largo silencio que acompaño su meditación. Eso es como lo asimiles, tu debes arriesgarlo. Hay momentos en la vida que no tienen explicación ni sentido. Pero cuando los logras asimilar, cuando en vez de una explicación solo buscas seguir viviendo y asimilando cada cosa que te pase, serás mas feliz, porque no te amargas con un problema, más bien te fortalece una situación. Y tu donde aprendiste todo eso?, eres menor a mi pero hablas con tanta convicción que pareces un viejo.
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Eso tu también lo sabrás, espero que lo hayas comprendido, ayer Nadia te dijo que esperes, que no te impacientes, que cualquier explicación lo sabrás a su tiempo. Pero como sabes eso, dime algo, porque me están pasando estas cosas, la anterior semana era feliz, bueno tenia problemas pero estos días solo cosas absurdas y extrañas me ocurren, ayúdame. Yo soy hijo de Nadia, y ahora el Café esta abierto, té esta esperando. Todo eso tienes que aprenderlo tú, nadie mas que tu puede ayudarte. Cuando estés en la cumbre resolverás tus dudas y sabrás la verdad, sabrás porque nada te parece coherente y porque todo es tan excitante.

Carlos pagó la cuenta y llevó a Josué hacia el Café. Ahora él estaba mas resignado a lo que le pasaba, ya no quería mas preguntas, le tocaba continuar en algo que no entendía aun, pero que lo estaba llevando a conocer muchas cosas y sentimientos que lo estaban haciendo crecer. Carlos llegó al portón del Café de los Perdidos, golpeó la puerta y se puso tras Josué en señal de ser su invitado. En eso se abrió y Nadia otra vez apareció. Lo tomó de la mano y lo llevó adentro sin decir una sola palabra. Josué volteó para que Carlos entre con él, pero como en otra ocasión, este había desaparecido. Volteó nuevamente para ver a Nadia y ese cuadro que lo había deslumbrado el día anterior aparecía ante sus ojos otra vez. Unas mesas, unas personas, libros, tazas de café y una luz tenue; estaba de nuevo en la estancia del Café. Leyó lo que la puerta decía y con lo poco de cordura que le quedaba, quería desear que no fuera lo

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que estaba pensando. Una placa desalentadora con letras iluminadas en un tono dorado, decía LA PLAYA. Volvió inexplicablemente al mismo lugar de la noche anterior. Nadia lo llevó a una mesa, lo sentó y se alejó; después de un momento otra vez se acercó con una taza de café y un libro para Josué. Otra vez Nadia no dijo nada, pero Josué sabia que así él le preguntase ella no diría nada. Estuvo absorto por varios minutos, ojeaba el libro que tenia en mano, pero en realidad no le importaba que decía. Repasaba y repasaba cada acontecimiento que desde el día anterior le había sucedido, lo que había pasado con Sofía y ahora hace poco con Carlos. Todo lo conducía a ese Café, pero porque? Para eso no encontraba explicación. Dejó el libro en la mesa y se dirigió a la puerta, pero esta vez no quiso ni conversar con Nadia. Estando a punto de abrir la puerta, escuchó la voz de Nadia que lo estaba llamando, él regresó su mirada y no pudo ver nada por un instante cuando la luz de la entrada le llegó a sus ojos. Esto ya le había pasado, ese corredor era demasiado oscuro para la sala que tenia un espléndido resplandor. Pero había sido una alucinación, extrañamente no había nadie cerca. Era una cosa mínima comparada con las cosas que antes le había ocurrido por lo que continuó su salida.

Al encontrarse afuera, tuvo un poco de hambre, había ya comido con Carlos hace no mucho tiempo, pero igual buscó algún restaurante cerca. En su búsqueda, recordó que tenía preparada la comida en casa y prefirió ir para allá.
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Pasó cerca de su oficina, y de repente volvió a escuchar que alguien lo llamaba. Volteó y vio a una mujer que venía hacia él corriendo un toco alborotada. Josué sonrió al verla, ella era conocida para él, llevaba una mochila que parecía pesada. Josué, como estas, vas a comer?. Hola Andrea, como vas. Sí, me iba a mi casa para comer algo y tú?. Ya saliste de la oficina, si quieres ven a comer conmigo - Josué preguntó mas por cortesía que por gusto, tal vez hablando con alguien se le quitaría esa melancolía.

Continuaron camino a casa, Andrea le contaba sobre un cierto chico que le andaba cortejando en la Universidad, mientras Josué con la conversación iba volviendo al mundo que para él era real. No caminaron mucho y llegaron pronto a su casa. Entraron y Josué le pidió a su asistente y amiga que se pusiera cómoda mientras él calentaba la comida. Era solo una excusa para estar lejos mientras ella seguía con una conversación que a él no le interesaba. Ella sentada en la sala mientras él en la cocina solo respondía o afirmaba con frases precarias. En un momento estuvo listo, Josué puso la mesa y en eso, al pasar vistazo a Andrea observó con estupor que tenía un libro en la mano y que lo estaba ojeando mientras conversaba con él. Qué libro es ese? – Preguntó rápidamente Josué, no quería ninguna sorpresa más. No sé, apareció en mi maleta ayer, ahora pregunté a mis amigos y en la oficina si pertenecía a alguien, pero nadie me dio respuesta.
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Y cual es el tema, tal vez por ahí podrías encontrar a su dueño. Sabes que trata, en lo poco que he leído, sobre un joven que ya no creía en la vida. Parecido a tu caso, ja ja, pero a este le comienza a pasar muchas cosas raras, lo más feo es que le faltan hojas, parece que alguien me lo dio pero no quiso que sepa el final. Es mejor no saber algunas cosas, pero lo que sé es que te han tomado el pelo, je je. Bueno acércate que el almuerzo esta listo.

A la mesa, estuvieron mas relajados, bromearon un poco sobre el trabajo y el Doc. Aguirre. Andrea continuó comentando sobre su vida, mientras Josué tenia toda la intención de compartir con alguien los insólitos sucesos que le estaban ocurriendo. Ambos no tenían apuro, ninguno tenía nada pendiente y Josué comenzó a pensar en que seria buena idea el comentar su historia con alguien. Pasó gran parte de la tarde y Josué no logró contenerse. Cambio rápidamente de conversación, le contó todo con lujo de detalles esperando algún consejo. Quizás Josué no pensó que su historia sonaría tan absurda como para que ella no le creyera o que tal vez ella no le diera ninguna idea. Solo se arriesgó, no muchas veces había realizado algo tan osado, intimidando mas de la cuenta con alguien. Pero no le importaba nada, a razón de quedar como loco o de mentiroso, continuaba con su historia. Él quería estar con Sofía y quería librarse pronto de esta infeliz aventura. Entre los dos podrían encontrar alguna explicación o mejor aun Andrea podría ir a ese Café y averiguar algo. Estaba echándolo a la suerte, una suerte que ignoraba y que se estaba arriesgando como nunca lo había hecho.
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Andrea un poco desconcertada escuchaba palmo a palmo la historia que su amigo relataba, un poco incrédula porque había conocido a Sofía, a su mamá y no parecía ninguna chica sectaria o algo parecido. Con respecto al Café, ella lo había visto pero nunca había despertado mayor atención en él, le parecía un lugar común, sin ninguna particularidad. El problema era que tanto Andrea como Josué no encontraban ningún cabo que uniera todos los sucesos, es mas nada tenía congruencia y eso era peor. Por qué comenzó esa serie de acontecimientos que para cualquiera sonaban extraños. Además por qué después de un tiempo terminaba saliendo por una de esas puertas y encontrándose en el mismo lugar de partida. Cuándo entraba y cuándo salía, cuándo era real y cuándo era fantasía, cuándo volvería ahí y que tenia que ocurrirle para acabar ese camino que ahora comprendía como inevitable, aunque aun se resistía a aquello. Concluyeron que lo mejor sería que Andrea vaya al Café a buscar algún tipo de información. Podía ella también entrar a ese juego y entre dos seria más fácil. Andrea estaba un poco nerviosa, ella no quería que nada extravagante ocurriese en su vida, ya bastante tenía con su universidad y su empleo, pero Josué ya era casi uno de sus mejores amigos y lo veía muy exhausto y confundido. Salieron del apartamento, no era muy tarde como para que ella fuese al Café, investigara y le contara todo a Josué. Pero igual que la noche que había pasado con Sofía por ahí, el Café estaba cerrado, cosa que era igual de curiosa que la historia de Josué. Andrea comentó nada sobre el tema y sugirió a Josué volver a casa y
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buscar el teléfono de Sofía en su agenda, había la posibilidad que ella lo tuviese. Su madre salió de viaje pero era muy probable que ella no. En busca de una de las últimas cartas que Josué se jugaba, llamaron desde su departamento a personas que podían tener ese dato y consiguieron con mucha suerte el teléfono de Sofía. Un alivio y un angustiado pensamiento se entrelazaban en la mente de Josué. Era momento de llamarla y conocer si pudiesen volverse a ver o por lo menos que le explicara él porque de esos acontecimientos. Llamó una y otra vez pero nadie contestó el teléfono. Josué en ese instante recordó con mucha rabia que la casa de Sofía se había incendiado y que ese teléfono debió ser de su casa. En medio de tantas cosas, lo había olvidado, soltó un débil y desalentador suspiro que terminó con todo tipo de esperanza. Le tocaría estar solo en esto y sin ninguna explicación.

Como todo el día Josué se había descuidado de toda responsabilidad, Andrea continuaba en su casa y ya era tarde para que volviera a casa. En esa gran ciudad increíblemente los buses dejaban de funcionar temprano
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y en contraste los taxis cobraban una tarifa absurda solo por ser de noche. Ella no tenía ninguna intención de pagar mucho dinero por un viaje largo, ya que ella vivía al otro extremo de la ciudad. Josué le ofreció posada ese día en su casa, era lo menos que él podía hacer por una amiga que lo estaba ayudando. Él estaba un poco temeroso ya que una chica de 20 años que se quede en la casa de un joven de 25, que viva solo, no es muy aprobado por muchos papás. Pero Josué también andaba con poco dinero y no podía ayudarle para pagar el taxi, era la única opción que ella tenía. Igual él sabía que ella no corría ningún peligro ahí, él era su amigo y no pasaría nada. Ella no tuvo inconveniente en quedarse, es mas, no llamó a nadie para informar que no iba esa noche a casa. Esto extrañó mucho a Josué, él creía que le tocaría hablar con su madre y explicarle los hechos y pedir permiso como la mayoría de chicas, pero al contrario Andrea solo aceptó la proposición de Josué y continuó con la conversación acerca del Café. No obstante en el transcurso de la conversación y de la noche, Andrea tuvo un cambio en su actitud. Ahora parecía mucho más amable y cariñosa que de costumbre. Josué como buen anfitrión, para proseguir la conversación, invitó a Andrea a tomar algo y ella muy abiertamente le pidió una cerveza. Josué siempre tenia una que otra en su refrigerador, sacó 2 y acompañado de un cigarrillo continuaron. El único consenso que tenían de la serie de sucesos posteriores a su depresión, de su apatía total contra lo que estaba viviendo era lo que había surgido acerca de un sitio que le otorgaba una salida de la nada. A partir de eso había conocido personajes que después de una
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charla, una experiencia o una vivencia lo retornaban a aquel Café y lo hacían volver a sus pensamientos. Dos personas; una a la que comenzó a amar de manera inexplicable y otra que le había dado muchos consejos a pesar de su corta edad. Posiblemente ahora mismo estaría en la otra puerta esperando que llegue esa persona que lo haría regresar a ese lugar. Él estaba sintiendo la ausencia de su amada, de esa persona que en solo una noche le había cambiado su perspectiva y le había dado nuevos bríos para continuar, le había dado mucho mas que un beso y el mismo se había entregado a ella en una sola noche como a ninguna mujer en toda su vida. La noche transcurría a paso lento pero era producto de la buena compañía que tenía. Andrea y Josué tomaron una cerveza tras otra sin darse cuenta que tras la tercera ya estaban un poco alegres. Andrea seguía más cariñosa y ahora estaba desinhibida, poco a poco se acercaba mas a él. Ya habían cambiado de tema, como si al fin Josué había comprendido que no tenía la más mínima posibilidad de hacer nada. El silencio de una noche estrellada y el cálido ambiente en torno a ellos, ese sentimiento de poder que da un poco de alcohol en el cuerpo y la compañía de toda una tarde encendieron los ánimos. Andrea comenzó a desprestigiar a Sofía, a indicar sus errores y a desmerecerla con respecto a Josué, era una típica arma de seducción que él conocía muy bien. Le daba buenas razones para que se olvidara de una pequeña aventura que había tenido el día anterior y para que aterrice en el mundo real. Y ya muy directamente le insinuaba la eventualidad de una mujer muy cercana que era mucho mejor que Sofía.
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Andrea mostraba sus intenciones en forma abierta, pero no se notaba ninguna mala fe en sus palabras. Era simplemente una mujer que luchaba por lo que quiere. Trataba de decir a Josué muy tímidamente, que ella lo amaba hace mucho tiempo, que le parecía un hombre muy bueno y bello. Ella, por efectos del alcohol o de la intimidad que ese momento había en la habitación, estaba declarando su amor a Josué con mucha ternura y con tanto miedo al rechazo que podía tener de ese hombre. Pero ella había encontrado el momento preciso para decírselo y ahora estaba decidida, era ahora o nunca. Ella le abrió su corazón y su alma para que él la tomara en brazos y la haga suya. Josué no esperaba esta declaración, se sentía muy halagado y en contraste estaba más desconcertado. Era definitivamente una semana completa con ese sentimiento, se encontraba en medio de situaciones que darían una jaqueca a cualquiera. Sus pensamientos chocaban en su cabeza, con la mirada perdida se levantó del sofá y anduvo por medio de la sala de un costado al otro queriendo organizar sus ideas. Sin embargo había una mujer en su sofá, un poco embriagada, que lo observaba deambular por la sala esperando una respuesta a un secreto que había escondido mucho tiempo. Esa mujer era su amiga, su confidente, su asistente, una de las mujeres en la que él mas confiaba y quería, pero nunca la había visto como una posible novia, una amante. Su tierna mirada le traspasaba el alma y Sofía iba desapareciendo de su cabeza. Josué no entendía lo sublime de ese momento para Andrea y solo pensaba fríamente en que debería hacer, pensar y decir. Largo tiempo no dijo nada y eso estaba desesperando a Andrea, al creerse rechazada no encontraba ninguna
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otra salida mas que marcharse de ese lugar. Se levantó, tomó su maleta y se dirigió a la salida. Quería salir de ese lugar. Sin embargo él no quería que se fuera y que quedara inconclusa esa conversación. Sofía podía no regresar mas y ahora en una fracción de tiempo tendría que decidir por una. Josué aun indeciso, la tomó de la mano y la regresó a su asiento. Sintió una cálida caricia en su mano y su mirada ahora recayó sobre la mesa central, notó que ella había dejado aquel libro ahí, tal vez lo había olvidado o tal vez quería regresar por él. Cada minuto contenía una experiencia distinta, una decisión nueva. Pero este pensamiento tan normal era recién palpado por Josué, era el típico refrán que solo lo recuerdas el instante en el que las cosas te pasan. Y sobre la marcha, nadie sabe como aplicarlo o concluirlo. Andrea, me has tomado por sorpresa, no sabia nada de esto y ahora estas aquí, me miras con una dulzura y no sé que hacer. Josué, no digas nada, si no me quieres, bien, aun somos amigos y te ayudare a encontrar a Sofía, igual trabajamos juntos, no quisiera dejar de verte.

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La habitación enmudeció de nuevo, empero era el silencio que precede a una acción, a una palabra. Los dos no sabían que hacer y solo se miraban. Sus ojos atraídos, acompañados de una fuerte palpitación que se escuchaba como un suspiro. Una ansiedad desesperante, una agitación tácita, un impulso vago que no encontraba fin y dos personas quietas era la imagen de ese momento. Josué sentía una atracción casi magnética que se apoderaba de su cuerpo, un instinto que lo condujo a únicamente a acariciar el rostro
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tiritante de Andrea. Y con solo un acto, ella supo que ahora él le iba a corresponder. En una caricia apasionada, Josué cerró sus ojos. Y la consciencia entorpecida le trajo la imagen angelical de Sofía. Imaginaba que era a Sofía a la que estaba mimando y sus reflexiones divagaron en ella. Pero hasta él no sabía quien a ciencia cierta era Sofía, a sus ojos era una extraña mas que había llegado a perturbar su inexistente tranquilidad. En realidad la amaba? o era una ilusión mas que llegaba a su vida. Tenía ese sentimiento que mal dicho se lo llama amor, envuelto de otra mentira denominada necesidad de esa persona. Con eso en mente, él no querría hacerle daño a Andrea porque creía que amaba a Sofía. Abrió los ojos y permaneció quieto un momento al ver a Andrea. Ella con los ojos igualmente cerrados, estaba temblando, acariciando su rostro en su mano. Su expresión ingenua, encantadora, divulgaba ternura. Josué no pudo contenerse, veía al frente unos labios que lo llamaban, una mujer que lo quería y un solo camino. Él se decidió, quería probar, quería saber que pasaría con un simple beso. Con eso habría otra puerta, acabaría o comenzaría ahí una nueva historia. Josué se acercó lentamente a los labios de Andrea. Ese instante duró una eternidad, como un primer beso de niños, con tanta dulzura pero a la vez con tanto deseo, que los dos juntos se fueron perdiendo en el momento. Pero un infame sonido retumbó el cuarto. Al principio no le dieron importancia, pero ella saliendo de su trance, cortó el momento. Él contestó el teléfono, y para su sorpresa era su jefe, el doc. Aguirre, que con alegría inusual, comenzó a
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contarle que había tenido una buena propuesta de cambiar de trabajo. Por su buena labor, lo habían contratado para dirigir la sección legal de una petrolera grande en el país. Josué comenzó a comprender lo que su viejo jefe le decía. Iban a cerrar su oficina, iban a cancelar a todos. Éste nuevo tropiezo no impactó a Josué. Después de todas sus desgracias comenzaba a comprender el sentido de lo inevitable. A no buscar ni explicación ni reproche, solo continuar y dejarse llevar por la nueva aventura. Él estaba perdiendo su trabajo, sus ingresos, ahora no tenía empleo, justo en el momento que estaba dudando de su verdadera profesión. Y quiso ver el lado positivo, tal vez era una señal para que dejara de plano la abogacía y comenzara un nuevo rumbo. Esa noticia había venido en el momento justo en el que él acababa de tomar otra decisión, que había dado oportunidad a que otra puerta se abriera en su vida. Al colgar contó todo a Andrea, que no pareció muy impresionada. Ella le contó que no le iba a afectar mucho, ya que sus padres que vivían en el extranjero le pagaban todo e igual ella tenia planes de irse fuera del país. Eso explicaba el por qué no tuvo reparo en quedarse. Josué, como quien recibiera una buena noticia, comenzó a replantear su vida. Seria la abogacía para él? o tal vez algo mas humano, más social, más científico o más artístico. Se enfrentaba a un nuevo reto, el continuar o el dar media vuelta y salir por otro lado. Andrea aportó mucho en la conversación, y Josué ahora mas calmado pensaba en su siguiente paso. Era un momento de decisiones inmediatas y eficaces.

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Su vida estaba cambiando intempestivamente, se tornaba llena de escombros, de laberintos, de salidas falsas y luces oscuras; como si se encontrara... si, podía ser, como si se encontrara en un bosque, un bosque escabroso y oscuro. En ese momento recordó aquella sala redonda llena de puertas; la siguiente era en efecto el bosque. Pensó en correr a ese Café, sintiendo la certeza que ahora si estuviese abierto. Había por fin encontrado su respuesta. Las palabras sobraban para contar todo eso a Andrea y ella muy elocuente, lo serenó diciéndole que si eso era cierto, tenía que encontrar la salida de ese bosque. Tenía que encontrar soluciones a esas interrogantes y después volver al Café. Era cierto, para salir de un bosque que estas perdido debes encontrar la salida correcta y para él esas salidas eran decisiones. Un ajetreado día concluía para ambos, a Andrea se le notaba mucho mas el cansancio que a Josué. Él no quería esperar para tomar esas decisiones, no le importaba hora ni fecha. Sin embargo ella ya tenía mucho sueño y él como era de esperarse le ofreció su habitación. Ella no quería incomodarlo, era muy respetuosa pero a la vez muy persuasiva; propuso dormir juntos en la alcoba, no habría problema por ella y él tampoco vio nada malo. Igual él tenia muchas cosas en que ocupar su mente y seria naturalmente mucho más cómodo para ambos. No ocurrió nada extraordinario antes de acostarse, Josué le prestó una mudada a Andrea para que duerma placentero y él se puso su piyama. Se recostaron y apagaron la luz aunque Josué no tenía la más mínima intención de dormir. Después de un largo tiempo en el que ambos no decían nada a pesar de no dormir completamente, ella lo abrazó.
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A Josué se le pasó por la cabeza la idea de hacer el amor con ella, ella tal vez ya se había dormido, pero respiraba fuerte y su cuerpo enrollado al de él, se movía con una delicadeza que Josué comenzó a exitarse. Tras largo tiempo y una fuerza de voluntad digna de admirar, él concilio el sueño sin pensar siquiera en las decisiones que debía tomar.

Un ruido en la calle los despertó muy temprano. Continuaban abrazados pero en una postura distinta a la que se habían dormido. Ella con la camiseta al cuello y él encima de su pecho. No había ocurrido nada pero
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los dos se asustaron al despertar. Después de esa jocosa escena, se vistieron y desayunaron ligero. Y aún con mucha vergüenza salieron con dirección al Café. En el trayecto ella le preguntó si ya tenia respuestas a sus inquietudes y él, aun asustado por la escena en la cama, mintió diciéndole que sí, que toda la noche había pensado en eso. Ella no indagó mucho y continuaron el paso. A escasos pasos del lugar, ella lo agarró de la mano, lo frenó y lo besó; volteó y continuó sin decir nada a pesar de haberlo dicho todo con ese beso. Josué solo soltó una sonrisa tierna, él quería averiguar si eran ciertas sus especulaciones y si se encontraba en el bosque. Ahora estaba consiente de su inevitable camino y ese grado de consciencia lo ayudaba a pisar mas firme la tierra. Llegaron al Café y ahora la puerta se visualizaba abierta, Andrea lo halo de nuevo, él penso que quería otro beso. Empero ella lo miró a los ojos y con una ternura le dijo – Josué, no olvides nada de lo que paso, todo esto es mas real de lo que crees, y lo que te dije ayer nada tuvo que inducir el alcohol, si así lo crees. Muy pronto tendrás que elegir. Ahora continúa solo, esta es tu decisión, es tu vida, y creo que alguien te esta esperando. Josué comprendió que no faltaba nada para salir del bosque, la persona que lo había acompañado en este pasaje era ella, era Andrea, su amiga, su compañera, su nueva amante. Tenía un ánimo de victoria, sonrío y continuo hacia la puerta resignado a su destino. Golpeo la puerta, en un acto de cortesía y después de un momento abrió en efecto Nadia. Josué quiso ver a Andrea como si temiera que no la volvería a ver, pero como esperaba ella ya se había ido.
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Prosiguió como las ocasiones anteriores, Josué atravesó la puerta que decía EL BOSQUE con aires de satisfacción. Ahora estaba comprendiendo esa extraña aventura y lo que cada puerta traía consigo. Se sentó sin esperar invitación y aguardando su taza de café, su libro y con ganas de continuar hasta el final. No sabía si había ganado algo aún, pero ahora ya no andaba ciego. Tenia un brillo nuevo, sabia la dificultad de las pruebas que tenía, de las decisiones que iba a tomar, él estaba dispuesto a dar la cara o lo inentendible. A lo que Nadia apareció con su café y con su libro, notó la alegría de aquel muchacho que las otras ocasiones le reprochaba el estar ahí, ella sorprendida le dijo: - eres de las pocas personas que traspasan un bosque y son felices, puede que no haya sido muy oscuro para ti. Pero ahora fue Josué quien no respondió. Ojeó el libro por primera vez tratando de entender de lo que se trataba y si tenía alguna pauta para poder continuar. Era un libro inconcluso, casi la mitad estaba en blanco. Josué era muy observador, y su mente le recordó la imagen de los libros de las anteriores veces y al compararlo con el que tenía en manos supo que se trataba de un único libro, no eran varios, era uno solo. Leyendo varios párrafos no consecutivos, encontró muchas de sus historias en él. Alguien estaba escribiendo su epopeya, su vida ahora era distracción de y para otra persona. Levantó su mirada meditando eso, quién sería y quién se tomaría la molestia de escribir la vida de un chico que no era ni famoso ni ilustre y como sabía con tantos detalles todos esos hechos. En una rauda mirada a la habitación en busca de su supuesto biógrafo, vio algo de igual extrañeza, las puertas por las que él había salido eran opacas, mientras que las que le faltaban tenían un
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brillo especial casi imperceptible a simple vista. Divagando un momento sintió que no iba a tener ninguna explicación inmediata y siguió repasando el libro. Tras unos minutos se aburrió y prefirió salir, nadie le diría nada como en ocasiones anteriores. Se dirigió a la desolada puerta atravesando la sala sin mirar a nadie, no quería consejo alguno. Al abrir la puerta se encontró con el acostumbrado resplandor. Estaba ya molesto por ese repetitivo suceso, siempre lo dejaba ciego unos cuantos instantes, era muy desagradable.

Caminó por la calle dispuesto a enfrentar a la vida, a mirar de frente a esa aventura. Ya tenía una pauta, estaba en el valle. Ideaba su camino, su vivencia y a la persona que acompañaría su andar. Observaba en la
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calle a las personas tratando de fijarse en las que anduvieran con algún libro en mano, imaginando que serían su acompañante. Esa sería su señal, la próxima persona que se le acercara con libro en mano, sería su nuevo guía. Y las horas pasaron, él continuaba en la calle a la expectativa. No quería llegar a su casa, sabía que ahí no encontraría a nadie y se impacientaría en cada momento. Pero nadie se le acercaba y ninguno de sus conocidos pasaba, era como si de repente estuviera solo en esa ciudad. Aunque eso era normal, siempre que uno quiere encontrar algo, no aparece nunca y por lo general las mejores cosas se nos presentan cuando menos lo esperamos. Es humano el impacientarse y el querer que todo nos venga cuando queremos. Ya en su casa tras largas horas de búsqueda infructuosa, preparó su comida. No entendía la razón de que ninguna persona se le presentase y que en su defecto, le haya tocado regresar solo a casa y con mucha hambre. Sus manos preparaban su cena, mientras su mente se encontraba a años luz de la tierra, es común el divagar mientras se realiza una tediosa actividad. Trataba de fusionar lo que estaba ocurriendo; ya no tenía empleo, habían dos mujeres que decían que lo amaban, sus amigos no lo habían buscado en días y estaba viviendo una situación que no había deseado. Estaba solo contra su vida o estaba dando rumbo a su vida, era muy difícil para él encontrar diferencia. Recordaba las decisiones importantes que le habían sugerido que tome, pero si alguien le estaba obligando o insinuando a que las tome, la premura era para él desconocía. Lo único que reconocía, era que su vida con esto se había tornado interesante. Una aventura nueva todos los días y lo
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estaban obligando perspectivas.

a

mirar

su

vida

desde

otras

Su empleo, su profesión, después de su decepción y de su despido repentino era como una señal para cambiar su destino. Algo o alguien en el mundo le estaba dando la oportunidad de cambiar, de probar o intentar algo que no tenia planeado. Josué cuando era un poco más joven había planeado su vida palmo a palmo y con mucha suerte y empeño había alcanzado todo lo que se había propuesto. Sin embargo, él no contaba con que la vida un día le diría que había otras opciones, que existían muchas otras puertas. Otros métodos para llegar a esa felicidad que todos buscamos y que se escabulle rápidamente. Esa felicidad que dura un instante pero luchamos toda la vida por conseguir ese momento. Ese momento con Sofía, que apareció de repente y por solo una tarde lo llenó de alegría. Lo había embargado de algo que él denominó amor, que mientras estuvieron en la bañera lo llamó pasión, y mientras se besaron en un mirador lo llamó ternura. Y después de todo eso estaba Andrea, que con una mirada en una noche de incertidumbre lo había desarmado y lo había transportado al cielo. Acaso sería esa su felicidad, como una recompensa en su vida, eso él no lo sabia. Había pasado muchas alegrías e incertidumbres en tan poco tiempo. Pese a eso estaba feliz, había descubierto que la felicidad le había llegado de muchas maneras y no como él lo había pensado. No solo en su profesión, ni en una planeada relación, con las personas que menos imaginaba y en lugares que no conocía. Simplemente era vivir y ahora contrario a sus pensamientos, a sus preguntas, a su soledad, a sus dudas se sentía feliz.
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Al levantarse muy temprano a la mañana siguiente, abrió sus cortinas y su habitación se llenó de una cálida luz que lo colmó de esperanza. Quería salir y hacer todo lo que no había podido hacer durante mucho tiempo debido a su trabajo o a sus estudios. Salió a correr toda la mañana y visitó a su hermano que no lo había visto. Su hermano muy admirado por esa nueva vitalidad esta sorprendido. Al partir de ahí fue a remar en los botes de su parque favorito mientras respiraba el mejor aire de toda su vida. La alegría resplandecía en su rostro, todo lo veía de manera diferente. Pasó un día inolvidable sin preocupaciones, no tenía apuros, no tenía restricciones; se sentía liberado. En cuanto a su guía, comprendió que no debía buscarlo, lo que había vivido no necesitó de búsqueda alguna, vino sin imaginar nada y sin calcular nada. Estaba por primera vez en su vida solo viviendo, solo eso, viviendo. Las puertas se abrirían y se cerrarían cuando debieran, las personas llegarían y se irían de igual manera y el dinero llegaría haciendo lo que le gustaba. La tarde acaecía, era un indicio para Josué, un día completo en su nueva puerta. Ningún personaje nuevo, no había encontrado a nadie con las señas que él creía que eran acostumbradas. Era un valle muy largo y desolado, sin compañía ni guía alguna, como si por fin su experiencia estaría llegando a su final o como si se alargaría más de lo que el quisiese. Pero todo lo acontecido hasta ahí le estaban convirtiendo en ese hombre nuevo del que había hablado con su hermano. Un hombre valiente y decidido que no se dejaría ganar por la vida. Tras su agitado día y dirigiéndose a su hogar, sus pensamientos no cesaban. A escasos pasos de la puerta de su departamento, vio que ésta estaba entre abierta. La adrenalina recorría su cuerpo, mientras en
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microsegundos su subconsciente trataba de calmarlo y dejarlo pensar. Todos sus amigos, conocidos, compañeros, familiares, Sofía, Andrea y los del Café no tenían la confianza suficiente para entrar a su casa de esa manera; no podrían ser mas que ladrones. Bajo los escalones a grandes trancos para buscar o ayuda o explicación al conserje del edificio. No lo había visto a su entrada por lo que no le había dado ningún recado, podría tratarse de alguna cosa sin importancia pero igual lo buscó con desesperación hasta encontrarlo. El portero estaba en su caseta tomando café, leyendo el periódico mas amarillista de esa ciudad y con la televisión encendida. Josué ingresó y al preguntar por lo sucedido en su vivienda, éste como todos los de su gremio no sabía nada, no había visto a nadie entrar y al contrario se enojó por el reclamó de Josué por su incompetencia. Estaba confirmado, alguien ajeno estaba o estuvo en su casa y su “preparado conserje” no había hecho nada. Pensó inmediatamente en ladrones y corrió como alma que lo lleva el diablo a su departamento; y detrás, el portero que continuaba con sus reproches y excusas que no tenían la menor lógica. Con cuidado abrieron la puerta; al tiempo que se abría todo lo veía en orden, no faltaba nada. En eso un hombre que estaba adentro apareció por la abertura de la puerta, de un salto ambos le gritaron que se alejara y él con una mirada muy confiada sacó su billetera, buscó dentro y sacó una placa; era de la policía. De inmediato se identificó como un policía y pidió a ambos que se calmaran al tiempo que pedía que se presenten igual. Josué con una mirada fulminante en dirección a su portero le pidió que se marchara, el hombre avergonzado por la situación y su ineficacia se
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retiró sin pronunciar palabra. Caminaba e imaginaba que todo lo ocurrido se reportaría al día siguiente por Josué, esto podría costarle su trabajo. Mirada al piso y desganado regresó a su caseta. El policía Arguello trató de explicar a un furioso Josué que al llegar nadie lo ayudó en la entrada del inmueble, razón por la que el portero no lo había visto. Que al golpear la puerta de su vivienda, ésta se abrió y por la urgencia de su encuentro con él se había tomado el atrevimiento de pasar. Esas confianzas a Josué lo disgustaban mucho y él como abogado sabía que eso era penado, aquel policía había violado su privacidad. Pero muy diplomático y paciente esperaba callado a oír a aquel desconocido personaje. El policía Arguello había ido debido al incendio que había ocurrido en la casa de Sofía. Ella no aparecía desde aquel incidente ni por su universidad ni por su casa, sus amigos no daban razón de ella y en casa de su madre le habían contado del viaje de su madre sola. El detective tomando declaraciones de los vecinos del edificio, había averiguado sobre Josué. Él era la última persona que estuvo con ella y tras largas investigaciones dio con su paradero. Necesitaban localizar a Sofía y encontrar el motivo de su desaparición y del incendio. Josué no aportó nada en las investigaciones, no sabía sobre el paradero de Sofía, es más el también trató de buscarla sin ningún fin. Lo que él no quiso decirle al agente era su extraña historia en el café, temiendo pasar por loco; además nadie le creería, no pensó mucho el comentar eso. A diferencia del policía, Josué se enteró de mucha información que él desconocía. El Sr. Arguello preguntó y preguntó pero no encontró nada. Una hora de una
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intensa indagación pasó, el detective se marchó muy desilusionado sin nada que adjuntar en el caso, quería llegar a una conclusión sobre la extraña desaparición; mientras Josué solitario en su sala recordaba y unía los escasos cabos sobre el caso. Ideas iban y venían, la desaparición fue desvaneciéndose mientras una nueva reflexión se apoderaba de sus pensamientos. Sofía volvía a su vida, esos recuerdos de una tarde volvían. Una confusa situación se le presentaba, Josué creía que todo lo que le ocurría en cada puerta concluía tras el advenimiento de la otra, pero esta visita denotaba que estaba equivocado. Sofía estaba realmente desaparecía, eso era una prueba de que lo que ocurría no era fantasía y ahora si comenzó a preocuparse. Muy en el fondo esperaba que se encontrara en una especie de trance mientras todo eso ocurría. Empezó a tomar muy en serio su situación profesional, económica y amorosa, lo de Andrea había sido cierto, su amiga estaba enamorada. Era un balde de agua fría que lo retornó al mundo lleno de problemas, decisiones y eventos. A esa eterna búsqueda de la felicidad, eso por lo que luchas toda la vida pero la tienes un instante y de esa felicidad no se puede comer ni se vivir. El momento de actuar, de tomar decisiones y de moverse raudo había llegado. No tenia tiempo para dudar y lo primero que debía hacer era acabar con esa experiencia y volver a su vida normal. Salió rumbo al Café en busca de finiquitar lo más rápido posible con eso, no estaba dispuesto a desvíos ni a mentiras, estaba decidido a encontrar respuestas y conclusiones.

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No pensó en la posibilidad de que él lugar estuviera cerrado hasta que se encontró muy cerca de este. A la distancia divisó que las luces estaban encendidas y resuelto a lo que iba a hacer no esperó que alguien le abriera la puerta y pasó como dueño de casa.
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Sorprendido vio que estaba saliendo nuevamente de una de las puertas, que por supuesto era EL VALLE. Nadia estaba en la barra impresionada por la salida repentina de Josué y éste se acercó a ella muy enérgico. Nadia necesito que me digas que pasa, es esto real?, que hago aquí, por qué tantas cosas, por qué tantas aventuras, preguntas, respuestas, personas.... Hola Josué, no te esperaba aún por aquí, ponte cómodo ya te traigo tu libro y tu café. No quiero nada, quiero terminar con esto, quiero ser normal otra vez, quiero salir de aquí definitivamente. Tranquilo Josué, el tiempo ha llegado, es ahora tu decisión continuar, tengo que decirte algo. Acaso yo quise entrar aquí y que todo esto me ocurra, ustedes de alguna manera me trajeron aquí y ya quiero salir. Te repito ponte cómodo, siéntate, tenemos que hablar ya vengo.

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Trató de calmarse y esperó sereno a Nadia, se sentó y aguardó a que ella fuera con el acostumbrado café y su libro. Ella no tardó mucho, parecía que no estaba ocupada; se acomodó a su lado, encendió un cigarrillo y bebió un poco de café, parecía que trataba de organizar sus ideas antes de hablar. Josué si llegaste hasta aquí, me imagino que querrás terminar. Lo que te ha pasado no lo sé ni tengo porque saberlo, pero me imagino que fue reconfortante para ti. Situaciones y personajes habrás encontrado y de alguna forma te dejaron enseñanzas buenas y malas. Has concluido el valle y solo dos puertas más están por delante. Pero desde aquí tu tienes la opción de continuar, es tu decisión. Puedes afrontar y pasar por esa puerta que sigue, o
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puedes ir por la salida y esperar algo que a mi opinión no quisieras saberlo. Este lugar, mi café, no se equivoca con las personas que atrae y si estas aquí, es por algo. Me preguntaste que tan real es esto y te contestaré que es lo más real que en este momento puedas vivir. Te repito, la decisión es tuya, continúa por LA CIUDAD si así lo quieres o por el contrario ahí esta la salida a tu mundo. Te dejaré solo para que puedas meditar bien tus siguientes pasos. Nadia se marchó sin apuro, se acercó a dos personas que estaban tomando su café. Josué la seguía con sus ojos muy desorientados, ella al sentir su mirada lo sonrió y continuó atendiendo a los demás clientes. Veía las expresiones de sus compañeros de sala, todos con miradas perdidas en sus libros, muy parecidas a sus gestos en anteriores visitas. Sus ojos circunvalaban la habitación al igual que sus pensamientos, no sabía que hacer. Nadia era muy amable, su voz daba confianza y eso confundía a su cabeza. Tenía una extraña decisión que tomar, ahora podría decir si continuaba ahí o no. No había motivos ni razones, solo una pequeña sugerencia de una amable desconocida. Esa conversación no tenía mucha lógica, no lo guiaba en nada. Estaba por continuar su vida ciego, no tenía indicios para poder decidir. No tendría mas remedio que continuar por puro instinto. Y su mente, la mente de hombre curiosa y desmedida, le decía que siguiera. A Josué le gustaba ese reto, no es muy sabio hacer las cosas por retos pero eso es algo que todos los seres humanos hacemos y muy a menudo son esos los impulsos que nos hacen tomar las decisiones en momentos desconcertantes. Sería esa la
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idea de Nadia, no lo sabría jamas, pero él quería entrar por LA CIUDAD y conocer que le deparaba. Dio un último vistazo a la sala, a sus extraños vecinos que clavados en sus libros no reaccionaban a factores externos. Josué pensó que nunca había observado con detenimiento quien estaba en la sala, si conocía a alguien ahí. Pensó que ellos estaban en su misma situación, aunque él ahora estaba por concluir eso. Se levantó decidido y traspasó la puerta sin esperar aviso. Al cerrarla su curiosidad lo ganó y quiso ver dentro del café pero estaba todo apagado, no tenía opción a regresar, la decisión estaba tomada.

El mundo continuaba su rumbo, las personas nacían, se enamoraban, trabajaban, morían y todos indiferentes entre sí. Cada personaje ensimismado con sus problemas y entre ellos un joven caminaba sin rumbo cierto, sin idea alguna sobre su vida. Prefirió no pensar
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más sobre sus aventuras y se centró en su vida. Disfrutó la fría brisa nocturna mientras sus ojos se clavaban en esas pequeñas luces de las casas, el sonido de los pocos vehículos que a esa hora transitaban y con la luz tenue de una luna llena espectacular que iluminaba toda la ciudad. Tenía por delante una nueva vida, una profesión, un amor. Con respecto a la abogacía concluyó que la dejaría y daría su vida a otra de sus pasiones, el periodismo. Sería difícil volver a comenzar pero aún era muy joven, tenía toda su vida para cambiar. Pensó en donde estudiar y con quien podría aprender más rápido. Entre sus amigos había un periodista y él podría ayudarlo. Imaginó como sería su vida con ese cambio y que le podía deparar eso, todo cambio te trae nuevas vivencias, nuevos amigos, nuevos proyectos, nuevos sueños y eso quería, quería un cambio radical. El motivo, ni el mismo se explicaba, pero quería hacerlo, deseaba cambiar de vida. Sofía y Andrea eran lo de menos, alguna de ellas llegaría y se acoplaría a él. Ese momento le pertenecía a él y a nadie más, ese cambio era suyo y se sentía en la gloria. Era otro tipo de felicidad, pese a que sabía que le costaría mucho. Ese cambio radical vendría acompañado de nuevos inconvenientes pero era algo que había aceptado vivir. No podía dejar de sentir un poco de tristeza al recordar etapas de su vida anterior, tenía añoranza pese a que reconocía que todo lo que había vivido le había preparado en su determinación y su decisión. Recordaba éxitos, novias, vivencias que ahora los veía muy lejos; se iban y no regresarían, solo habían dejado una huella en él y eso procuró asimilarlo.
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Llegó a su casa cansado, deseando una buena ducha caliente, tomar una cerveza fría y descansar en su sofá mirando el amanecer que en poco llegaría. Al salir de la bañera, se puso cómodo y movió su sillón a una posición frente a su ventana. Tomó su cerveza del refrigerador, se sentó en el sofá y sin motivo alguno recordó a Sofía, no dejaba de amarla. Trataba de recordar con minuciosos detalles su cita inolvidable. Recordaba su rostro sonriente y vacilante, su sonrisa cautivadora y sus ojos penetrantes. Comenzaba a cabecear de sueño, cerró sus ojos pero ese rostro no se alejaba. Dormitó con la idea de Sofía a su lado y ella en su sueño continuaba con esa alegría que tuvo todo aquel día. Tras su descanso se levantó con muchos ánimos y quiso salir, gritarle al mundo que estaba ahí y que no se dejaría vencer por una decepción ni por un amor irrelevante. Llamó a su amigo que estaba en la Universidad para que le ayudé. Para su suerte estaban abiertas las inscripciones para el siguiente semestre en periodismo, el ciclo iba a empezar en poco tiempo y él sin dudar se quería matricular. Pasó días muy ocupados, la burocracia en las universidades le aletargó sus tramites y no pudo encontrarse con nadie. Las intensas semanas que pasaron no le dieron tiempo para pensar en otra cosa. Comenzó sus clases y encontró a muchas personas buenas. El periodismo era para él, captaba todo mucho más rápido que sus compañeros. Por obvias razones él era el mayor de su clase, el más experimentado y todos le pedían consejo tanto en sus problemas de materias como en sus vidas. El tiempo transcurría irremediablemente, Josué estaba cada vez con más ganas de vivir. Tenía una alegría por dentro que irradiaba a todos sus conocidos.
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En lo económico consiguió dinero con su antiguo jefe, lo ayudaba en casos menores o daba asesoría a las personas que necesitaban. Pero él sabía que no iba a regresar a ese mundo irritante y absurdo, era una forma para subsistir mediante sus antiguos recursos. Una ocasión que acompañó al Doc. Aguirre a ver a un amigo, se encontró con Andrea. Ambos muy nerviosos, no encontraron que decir a pesar de que Josué estaba emocionado de encontrarla. Él creyó que no volvería a verla y con temor se acercó a conversar. Ella muy linda como de costumbre, no podía verlo directamente a los ojos, le había declarado su amor sin tener respuesta favorable. La conversación terminó y fijaron un día para salir. Su primera cita fue emocionante para los dos. Se conectaban muy bien, tenían gustos en común y ahora ambos se veían con otros ojos. Fue inevitable que salieran mas de una vez, fueron enamorándose poco a poco y tras un mes de felices salidas él le propuso que fuese su novia. Tres meses después Josué conoció a sus padres, eran unas personas muy amigables y ellos estuvieron rápidamente de acuerdo con su relación. A Sofía no la volvió a ver, las primeras semanas trató de buscarla pero fue como si le hubiese tragado la tierra. Con el paso del tiempo se fue olvidando de su amor por ella, cambió el amor por nostalgia. Fue una amor raudo y sus recuerdos volvían cuando Andrea la recordaba y se ponía celosa. En muchas ocasiones pasó frente al Café pero éste estaba cerrado. Pensó que lo habrían cerrado o que aun no podía regresar, no sabía que tenía que pasar para que vuelvan a abrir esas puertas. Investigó poco tiempo
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sobre la existencia del mismo, pero no encontró mayor información; todos lo ubicaban como un café normal. Poco a poco se fue olvidando de eso y continuó su vida, pasó mucho tiempo y tenía muchas otras cosas en que ocuparse. Con la única persona que comentaba sobre eso era Andrea, los dos agradecían al lugar por tan grande experiencia. Había aprendido mucho y lo había ayudado a reordenar su vida. El tiempo implacable continuó y todo hacía creer que solo se había tratado de un buen sueño, ni Nadia, ni Sofía, ni Carlos, ni nada respecto a aquella semana volvió. Josué dejó por completo el mundo de la abogacía, con su excelente rendimiento consiguió rápidamente un trabajo nuevo, era escritor en un diario local. Andrea por su parte estaba a punto de graduarse. Ellos continuaban juntos, más enamorados que nunca, al poco tiempo ella se mudó con él y todos imaginaban un pronto casamiento.

Un gran acontecimiento llegó, la graduación de Andrea. El día se levantó con un sol imponente en el cielo azul que sin nubes cobijaba a la perturbada ciudad de una alegría casi imperceptible para todos. En el corazón de Andrea, un poco descontrolado por la emoción, se llenaba de amor y felicidad. Lo tenía todo y eso
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contagiaba a Josué, muy cariñosamente la levantó con un beso y un ligero desayuno. Ambos estaban en su mejor momento, habían alcanzado el cielo y el infierno juntos, ese día Josué tenía planeado pedirla en matrimonio. Sería el mejor final para un cuento de hadas. La ceremonia fue inolvidable llena de alegría y emoción; los amigos, padres, novios de todos los recién graduados tomaban fotos, se abrazaban, lloraban, todo pleno de una desordenada algarabía. Josué sentado junto a los padres de Andrea, temblaba esperando el momento preciso para pedir su mano. Como la mayoría de los momentos felices, y Josué lo sabía mejor que nadie, pasó veloz y en un pestañear todos estaban ya despidiéndose y deseándose todo lo mejor para sus vidas. Andrea iba a salir con sus padres a una cena familiar, desde mucho tiempo no habían estado juntos. Josué lo comprendió y prefirió esperarla en su hogar. En el trayecto ideaba el momento perfecto para tan grande hazaña, compró champan y muchas rosas para decorar la habitación. Quería que fuera una escena inolvidable para su futura esposa. Llegó y comenzó los preparativos, esparció rosas por todo el cuarto como en las mejores películas de amor. Prendió muchas velas con cuidado de no ocasionar un accidente y puso el champan en la nevera para que este a punto. Preparó un pato a la naranja que era su especialidad culinaria, eso lo había aprendido estudiando la producción de un programa de cocina. Estaba todo listo, Josué sentado en su sofá solo esperaba la llegada de su amada. De repente el teléfono sonó, al mismo tiempo un viento helado abrió la ventana
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de la habitación. Una mala idea pasó por la mente de Josué, no lo explicaba. Dejó de vaticinar quien sería y alzó el auricular: Aló, Josué, aló, soy Margarita, la mama de Andrea, tuvimos un accidente en el taxi que nos regresaba a casa, un chico en una bicicleta se nos atravesó y Andrea salió muy mal, estamos en la Clínica .... ven rápido, ella solo pregunta por ti.

Cerró el teléfono y salió apresurado hacia la clínica, su mente recordó aquel enfrentamiento legal de la Sra. Jiménez con aquel joven en bicicleta. Por primera vez pensó en la culpabilidad de ese joven, tenía una rabia contenida pero tenia mejores cosas en que pensar para recordar aquel incidente. En la calle un taxi lo esperaba, no dio mucha importancia a ese hecho hasta que pudo ver la cara del conductor. Era ese viejo del Café de los perdidos, era Arturo y él lo estaba llevando ahora. Por miedo a que sea otra de esas historias que lo conducían de vuelta a ese lugar prefirió guardar silencio. El pánico se apoderó de él, no sabía como actuar. Se refregaba el rostro en señal de incredulidad. Ahí pudo observar por la ventana llena de luces, que no estaba dirigiéndose a la clínica. Furioso preguntó a Arturo el motivo de su desvió - ella té esta esperando - dijo con voz seca y ruda. Suspiró al entender que el lugar había regresado. Era otra de esas aventuras, estaba por fin saliendo de la ciudad; el se preguntaba mientras su mente trataba de tranquilizarse. Arturo se estacionó frente al café y Josué recordó esa vieja lección de lo inevitable. Tomó un respiro y con decisión se dirigió a la puerta que había
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estado por mucho tiempo cerrada. No regresó su mirada, tampoco le interesaba; continuó lento pero plausible a su destino. Abrió la puerta con su temblorosa mano y sus ojos cayeron rendidos al ver a Sofía en la puerta. Su agitado corazón y su tenso cuerpo no comprendía nada. Ella lo invitó a pasar y él indeciso, vaciló un momento pero sabía que no tenía otra opción. Él, en el fondo, quería abrazarla, besarla y conocer que había pasado; pero recordó a Andrea, su amor, su futura esposa, la mujer que lo acompañó mucho tiempo en sus altas y bajas. Tras dejarlo sentado, fue ella quien ahora volvió con un café, su libro y se sentó junto a él. Josué seguía con desesperación sus actos. Al tener su libro en sus manos, todos sus recuerdos volvieron, abrió el libro y leyó vacilante lo escrito. Esperaba equivocarse pero estaba escrito todo lo ocurrido, todo con Andrea hasta su entrada a ese Café. Sofía lo miraba con ojos de deseo, como aquella mujer que atrae y despierta en un indefenso hombre los más bajos instintos. Josué no podía dejar de alzar su vista a ella cuando estaba leyendo. Su rostro lo capturaba y sus manos, ahora entrelazadas, lo acariciaban lenta y sensualmente, sus labios mojados e insinuantes lo regresaban a tiempos pasados. Él no quería romper ese silencio, era como observar tras un aparador un objeto que más deseas. Ella después de una sonrisa picara, rompió el silencio: Josué, has regresado aquí tras un largo tiempo. Después de ser feliz y haber retomado tu vida, enamorarte y amar tanto a tu futura mujer. Decidirte y transformar tu estilo de vida en algo más llevadero
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para ti. Pero no debías olvidar un pequeño detalle que aún no concluías; cuando la vida se torna feliz se nos pasa desapercibido los antiguos e insignificantes asuntos pendientes. El tiempo sin miedo continuó y tu poco a poco te fuiste olvidando de este lugar, de mí y de tu experiencia aquí. Pero creo que ha llegado el momento que estabas esperando por meses, estas por concluirlo. Ahora por fin sabrás la verdad de todo esto, porque para pasar hasta LA MONTAÑA debes estar convencido de entrar..... Josué la miraba decir cosas que él sabía. Ella era como un fantasma que se le presentaba, pero esas palabras aunque verdaderas lo llevaban de nuevo a su pasado. El libro que continuaba ojeándolo estaba casi concluido, tenía dos hojas libres al final. Eso hizo pensar a Josué que esto iba a terminar muy rápido, la salida estaría tras la montaña. Por fin Josué tuvo respuesta a sus preguntas de la persona que desde un principio lo había llevado ahí. Por alguna extraña razón ella era la indicada para responderle todo cuanto quería. El inició de inmediato con las preguntas y ella muy animada respondía. Ese lugar era el destino de la gente moribunda, de los perdidos; de gente que ya cansada de vivir era propensa al suicidio. Sofía le explicó que si el no hubiera decidido a entrar, su vida hubiese terminado en una semana o menos, era eso el motivo de ese lugar. Cada vez que salía por la puerta, un rayo de luz lo molestaba y era precisamente eso lo que le hacía entrar a la siguiente aventura. Ese rayo de luz al salir por la puerta era la ilusión nueva a su nueva vida.
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Él, en efecto, había decidido comenzar eso. Solo existía una pequeña persuasión a las personas que debían ingresar pero por último cada uno decidía que hacer. El había tenido su disfraz, era un abogado, agobiado e indeciso y con eso había completado el ritual de iniciación. Con respecto a sus vivencias, solo él conocía la razón y la lección de cada una. Nadia realmente no sabía ni podía aconsejarle nada; eso si era como la verdadera vida. Ese termino hizo meditar a Josué, verdadera vida, lo hizo dudar sobre la veracidad de lo vivido. Josué seguía preguntando como niño que va a conocer las respuestas del universo. Lo único que Sofía no explicó era quien había creado ese lugar. Con ímpetu Josué preguntó por Andrea, la bella Andrea, y no podía haber tenido una providencia más grave. Su cuerpo no había aguantado y antes de llegar a la clínica había fallecido. Sus padres no lo sabían al momento de la llamada. Josué no pudo controlar su llanto, buscó en su camisa el anillo con el que ese mismo día iba a pedir su mano y recostó su cabeza en la mesa. Lloró mucho, Andrea estaba muerta, el amor de su vida ya no estaba con él. Duró mucho tiempo esta conversación explicativa, Josué era periodista y sabía algunas mañas para sacar más información de la que las personas por lo general dicen. Estaba por fin todo aclarado y con los ojos aún sollozos solo esperaba que le hablara sobre esa última puerta que aún estaba oscura. LA MONTAÑA, era el último peldaño y estaba frente a él. Josué por entre sus llorosos ojos pudo notar a Sofía viendo la puerta con firmeza. La distrajo haciéndole su última pregunta – que le deparaba esa puerta.
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El salón seguía con un aire siniestro, un viento de cambio y de culminación. Sofía explicó a Josué la gravedad de su última decisión; como con la anterior, él tenía opciones. Pero contraria a ésta, Sofía podía explicar cada consecuencia que cada una conlleva. La tensión que Josué tenía frente a su nueva decisión, lo hizo apurar ese momento, no quería tomar mucho tiempo en eso, quería salir corriendo en busca de Andrea. La primera opción, en vista de la irremediable idea de volver con Andrea, era volver por la entrada sin voltear la mirada, así podría retomar su vida antes de conocer aquel lugar. Obviamente todo recuerdo de lo vivido sería borrado y todas las personas previas estarían ahí intactas. Esto incluía el conocimiento del amor de Andrea y el conocer incluso a Sofía. Sería como si nada de esto hubiera ocurrido. Sofía aclaró que sería la única manera de volver al lado de Andrea. En cambio la segunda era el voltear la mirada y entrar de nuevo por el VALLE que tras la enseñanza final, a Josué se le permitiría continuar con su vida normal, sin olvidar nada y con todos los sucesos acontecidos. Andrea estaría muerta, él sería periodista como lo estaba haciendo y como la ocasión anterior Sofía predijo que no volvería a saber nada de los actores de ese Café incluyéndola a ella y al lugar en sí. Era quedarse en un episodio de su vida que él había construido. No obstante había una última oportunidad, que lo mantendría con una esperanza futura de encontrar a alguna de ellas y continuar sin ningún inconveniente, sin problemas ni ataduras. Previamente esta agradó mucho a Josué que incrédulo dudaba de la veracidad de aquella propuesta, algo tendría de exigente.

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Y como auguraron sus pensamientos, esta idea tenía un trasfondo ingente. Tendría que entrar directamente por la puerta de LA MONTAÑA y así perdería su vida. Con esto, y sin mentiras, encontraría su felicidad al lado de una de ellas. No tendría mas preocupación que el dar amor, y sus almas vagarían eternamente. Josué advirtió que Sofía había dicho “una de nosotras”, acaso era una trampa para quedarse con él. Pero aun así era una oportunidad. Se levantó con un suspiro mortal, sus manos cubrieron su rostro en señal de desconcierto. Atisbó su mirada a Sofía, su amor de una tarde, que lo miraba esperando una respuesta. Caminó de un lado a otro sin encontrar solución alguna a aquella encrucijada. Veía cada puerta como si se tratara de su ataúd, sabiendo que sería su morada para toda su vida. Por un lado estaba la idea de regresar a su vida normal, que según el relato de Sofía iba a terminar en suicidio. Recordó los instantes previos a la entrada al Café y todo lo que estaba en ese momento sintiendo. Nada de lo que había aprendido ni de las personas que estaban ahora en su vida recordaría. No era una buena opción, quería sentir esa felicidad, recordar a su Andrea. No quería que todo lo que le había costado, muriera por solo regresar a una vida que en ese momento no tenía sentido. Por el otro estaba el continuar en el valle y estar pleno de experiencias, vivencias y conclusiones, pero solo. Cada cosa que viera en la ciudad o en su apartamento estarían acompañadas de alguna anécdota con Andrea. Vaciló con la idea de encontrar a otra mujer y continuar su vida, empero estaba convencido de haber encontrado el amor en una de esas mujeres y ya no quería seguir buscando más. Le había tocado comenzar una carrera nueva y ya no quería volver a ese sufrimiento repetitivo,
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ya había enrumbado su vida y no quería renunciar a ella. Estaba por decidirse por esta puerta, su lamento no lo hacía pensar bien. Meditó y un truco tenía esta puerta. Sofía había dicho “quedarse en un episodio de tu vida que tu has construido”. Se quedaría en esa puerta viviendo un mal sueño, con una vida que le había costado mucho pero sin ilusiones. Y por último esta la más espantosa idea, tendría que matarse para buscar una eterna felicidad en los brazos de una mujer. Estaría renunciando a su ser, a su espíritu para unirlo al de una mujer que amaba. Cualquiera de las opciones le llevaban a su muerte. La una sin sentido, la otra por sufrimiento y la última por decisión. Era muy fácil darse cuenta de eso. Sofía aguardaba la respuesta y Josué aun muy dolido no tenía concilio. Meditó largo tiempo y repetidas veces sus manos tapaban su rostro y refregaba su cabello. Aquella tierna pero penetrante mirada de Sofía continuaba con él. No lo dejaba un solo momento en esa desolada habitación, ahora no había ningún estrépito sonido de tazas de café ni el sonido de hojas de libros volteándose, ni los pasos, ni voces que a lo lejos repiqueteaban. Estaban solos y esperando una sola palabra de Josué. Tras media hora de ininterrumpido silencio, Josué abrió la boca y dijo: - ya lo sé, estoy decidido!. Volteó con dirección a la puerta de LA MONTAÑA y su cuerpo tembloroso, agitado y asustado dio pasos estremecidos por el miedo a su conclusión. Se podían ver lagrimas cayendo por sus mejillas, cada eterno paso hacía recorrer el viento a su alrededor, millones de voces
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irrumpieron la sala en señal de aliento, un olor a muerte emanaba por esa puerta. Estaba decidido a morir sin dolor y con una vaga esperanza de encontrarse con Andrea. Continuó y mientras más cerca estaba su entorno cambiaba, ahora un fuerte viento frío perturbaba cada pisada, las voces de aliento se escuchaban más claras, podía ahora distinguirse que eran voces de lamento y desesperación. Sus ojos fijos miraban espantados a su último destino y olía con pavor un letal olor a flores frescas. Asió la chapa de su última morada, cerró sus ojos, dio su terminante respiro. Con los ojos cerrados abrió la pesada puerta vieja de LA MONTAÑA, dio un pequeño paso adentro y al abrir sus ojos lentamente observó la silueta de una mujer desnuda. Las lagrimas en sus ojos no dejaron verla con claridad al principio. Miró a su alrededor, era un cuarto completamente vacío y al voltear su rostro en busca de la entrada notó que ya no la había. Sintió una mano en su desnudo hombro y sus ojos se perdieron con esa mujer bella como ninguna. Josué estaba muerto y junto a Sofía.

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