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Gar EDICIÓN Nº 20– STGO.

, DICIEMBRE 2010

REVISTA DE POLÍTICA Y CULTURA IBEROAMERICANA

¡COMPRA EN CUOTAS!

¡A celebrar al Consumismo!
EL NUEVO MINISTERIO DE PIÑERA ¡CHAO, 2010! TRAIDICION, POSTMODERNIDAD E IMAGINARIOS URBANOS

ACCIÓN DIRECTA es una publicación del Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista de Chile (MRNS). Su finalidad es difundir planteamientos y análisis, generar discusiones en torno a la realidad nacional e internacional, además de promover cultura y creación. ACCIÓN DIRECTA es también un espacio abierto para las personas que tengan la voluntad de expresar sus ideas a través de un medio dispuesto a ser un frente de lucha. § EDICIÓN Y DISEÑO Lug Pizarnik PORTADA “Feliz consumismo”, montaje, Lp. COLABORADORES Alex Walter Lug E-MAIL DE CONTACTO revista@mrns.cl DISCUSIÓN http://www.mrns.cl/foro § © Derechos Reservados. Se permite difundir y distribuir esta publicación, íntegra o parcialmente, con la debida mención de autoría y origen. MRNS – 2010

Navidad, noche buena, año nuevo ¡y se fue el 2010! Un año cargado de hechos terribles, cual más duro que el anterior. Damnificados, mineros, usuarios del transporte interurbano, presos calcinados, viejos pascueros a todo sol, en fin. ¡Puro sufrimiento! Que lindas fechas para olvidarse de todo eso y despreocuparnos. Total, para eso son estos días, ¿o no? El problema es que la gente tiene ya muy mala memoria y poco recuerda, especialmente, lo que a problemas se refiere. Basta con repasar críticamente las lecciones de este año para darnos cuenta que la realidad concreta dista mucho de la virtual que nos pintan todos los días…pero allá va el vulgo marchando al unísono de los tambores que retumban en lo rutinario. Inconsciencia, inconsistencia, una sociedad más enferma, estructuras más precarias, esquemas mentales más sólidos, un futuro más oscuro. Un abismo. Dantesco el panorama, la chusma inconsciente sigue los juegos de la sociedad de libre mercado y para estos días hay que recordar a los grandes porque es el cumpleaños del Viejito Pascuero que con su abrigo rojo viene desde el polo norte a darnos regalos en tan lindo día, olvidando que en el calendario dice otra cosa… (cuentan que nació un niñito en un pesebre con animalitos, en sencillez y humildad, pero parece que ya a nadie le importa un carajo). Y en realidad, poco ya debe preocuparnos lo que diga el calendario pues los Honorables aliados del Gran Comercio han propuesto la navidad como el nuevo “Día del Comercio”; siendo feriado el 23 y 24 de diciembre para que todos puedan comprar regalos con más tiempo, ¡obvio! Otra moción, en tanto, propone el primer domingo del mes de diciembre como el “Día de la dueña de casa”, cuestión que los sesudos parlamentarios fundamentan pues es “de toda justicia rendir un homenaje a las dueñas de casa, a quienes conforman el pilar fundamental del hogar y en consecuencia de la fortaleza de nuestra sociedad"…como si aquello bastara. ¿Comentarios?...

Equipo Acción Directa
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plasmado en diversos cambios legislativos y que el proyecto en estudio sólo iría a institucionalizar definitivamente. En lo relativo a las normas concretas del proyecto, éste amplía las competencias del actual MIDEPLAN, sobre todo en lo relativo el establecimiento de criterios para determinar “la consistencia, coherencia y atingencia” de los programas sociales, la evaluación de dichos criterios a posteriori, la definición de instrumentos de focalización, así como la administración de Bancos Integrados de Proyectos y Programas, entre otras. En lo orgánico, resulta de interés (y sólo parcialmente) la creación de un “Comité Interministerial de Desarrollo Social” integrado por diversos Secretarios de Estado, cuya misión esencial es asesorar al Presidente en la dirección estratégica de las políticas sociales. A primera vista -y desde la perspectiva del actual gobierno- parece un intento lógico y hasta encomiable por poner un poco de orden en el despelote de caridad estatal desarrollado por la Concertación. Los hombres de gobierno, más sujetos que los anteriores gobernantes al principio de “seriedad en las cuentas fiscales” han estimado que ello sólo es posible si los gastos en proyectos de educación, vivienda, salud y empleo se filtran de acuerdo a su rentabilidad, bajo criterios que evidentemente- están fuera del alcance de los simples mortales, asequibles sólo a los iniciados de la economía. ¿Se puede criticar el proyecto? ¿Existe alternativa? Desde la lógica tecnocrática no hay mucho que decir. Incluso es posible que varios sujetos del indefinido “mundo progresista” aplaudan la iniciativa. El problema no está en la ley. Es una concepción total sobre la llamada “política social” y la planificación del desarrollo la que está errada y debemos combatir, para establecer otra. Como insinuamos al principio, la tarea de la Comunidad Nacional frente al problema de la pobreza no pasa por priorizar la caridad estatal masiva o selectiva de bienes y
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EL NUEVO MINISTERIO DE PIÑERA: PARCHE LIBERAL
EN EL CAOS SOCIALISTA.
por Alex

F

ue tema de campaña, machacado especialmente desde los elementos del “mundo UDI” que consideran su misión sagrada la “superación de la pobreza” por medio del neoliberalismo. Actualmente en tramitación parlamentaria está la creación de un Ministerio de Desarrollo Social que debe reemplazar al actual Ministerio de Planificación y Cooperación (MIDEPLAN), sucesor a su vez de la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN) ¿Tiene algún sentido? Y de tenerlo, ¿cuál es el sentido de esta transformación? Del Mensaje Presidencial que remite el proyecto de ley se desprenden los principios de la reforma legal: En primer lugar, el entendido que el objetivo de la llamada “política social” es la erradicación de la pobreza (nótese, no la realización de la justicia), de lo que se sigue el segundo principio, muy caro a los neoliberales, “la focalización del gasto social”, así como la coordinación de dichas políticas a nivel de Ministerios y otros servicios públicos. A lo anterior se advierte cono un fenómeno positivo la evolución de MIDEPLAN desde un “modelo de planificación nacional” a la “planificación sectorial”, lo que se ha

servicios, sino de establecer relaciones de justicia en la distribución de las riqueza generada con el trabajo de todos, por lo que todo debe partir por cambiar las relaciones laborales y la estructura de la empresa. La llamada “política social” de la dualidad liberal-socialista asume como presupuesto intocable la relación bilateral de trabajo y todo el debate gira en torno a la mayor o menor flexibilidad de las leyes sobre salario mínimo, contratación de menores y otros aspectos que evidentemente chocan con la economía liberal, basada en la supuesta autonomía de las partes. En segundo lugar, se desprende de lo anterior la necesidad de que el Estado Nacional se centre en el diseño de grandes políticas que promuevan la justicia social, dejando el asistencialismo en manos de los gobiernos regionales y locales o de la iniciativa privada, quienes no deben más que paliar las deficiencias originadas en la distribución original de la riqueza. El enfoque neoliberal chileno sólo se diferencia del socialista en aspectos cuantitativos: Ambos insisten en la caridad estatal. En tercer lugar, y aunque esto parezca obvio, no se puede desvincular la lucha contra la extrema pobreza (el significado que nuestros políticos la dan al desarrollo social) del desarrollo económico de la Nación, sobre todo de su aparato productivo y de la capacidad de generar valor agregado a nuestras exportaciones, pues ahí entran los recursos necesarios para financiar servicios públicos y elevar el nivel de vida. Sin embargo, el Ministerio de Economía, no sólo ha ido perdiendo en los últimos 30 años una atribución tras otra en el campo del desarrollo productivo, sino que tampoco se le incluye en el Comité Interministerial ad hoc, aunque si se incluye a Hacienda, nada extraño si tenemos en cuenta el poder que ha asumido “el dueño de las platas fiscales” en los últimos años, adquiriendo un eje rector sobre todos los Ministerios. En cuarto lugar, el proyecto vuelve a caer en la manía concertacionista de los comités interministeriales, como un ridículo intento de
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generar una apreciación multisectorial de los problemas a resolver. El ridículo parte del simple hecho de que todos los Ministros no son sino agentes del Jefe de Estado (Vale recordarles que no estamos en un sistema parlamentario), y que los intereses involucrados sólo pueden incorporarse mediante representaciones directas de sus entidades: Trabajadores, universidades y colegios, comités de allegados y usuarios de la salud, etc., pero todo eso falta, y dudamos seriamente que alguien quiera integrar esos sectores. Finalmente, se mantiene el enfoque tecnocrático y cerrado sobre la determinación de las políticas sociales, centrando todo el poder al respecto en la Presidencia. Aquí hay un problema de fondo del régimen liberal, que circunscribe la participación del Parlamento o representación popular a la elaboración de “la ley”, considerada todavía como única expresión de la “voluntad general”, olvidando que las políticas sociales y económicas adoptadas por los gobiernos centrales tienen mucha más relevancia actualmente que las leyes. Un régimen participativo debe incorporar a la Asamblea popular a la determinación de las políticas sociales. A nuestro juicio, el “Ministerio de Desarrollo Social” no será ni un avance ni retroceso sustancial en la materia. Como en muchas otras materias, no pasa de ser un maquillaje o reajuste conforme a los diversos matices de nuestros dirigentes de turno. Pero los vicios de estos proyectos nos deben ayudar a perfilar los rasgos generales de un nuevo sistema de planificación nacional./alex.-

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Sin embargo, esta lucha por la gestión que cada individuo hace de su propia identidad y comportamiento, se encuentra conflictuada por pautas que escapan al mismo control de los ciudadanos, ya que son condiciones impuestas externamente. Esta vez, a nivel mundial, dando lugar a contextos cada vez más diversos desde el punto de vista cultural y, por ende, cada vez más complejos. De acuerdo a esto, la lucha por la apropiación de los espacios físicos, podría estar también asociada a una lucha por la “hegemonía cultural”, utilizando la expresión de Gramsci. El reflejo aspiracional de toda una cultura por poseer un “espacio vital” implica la utilización de ese espacio para el desarrollo y expresión de un particular proyecto de sociedad, compartido por muchos, y que constituye todo un modus vivendi. Los nuevos modelos de urbanización revisten un carácter importado que obliga a los ciudadanos a asimilar modos, usos y costumbres que hasta algunas décadas les eran ajenos. Perdiendo, de esta manera, gran parte de los lazos sociales que en los espacios urbanos obedecían a otras formas de imaginar y luego recrear su realidad. A raíz de lo anterior, lo que está en juego en esta dialéctica entre Tradición y Postmodernidad es la suerte que podría correr el lazo social. Desde una mirada favorable a la implantación de una cosmovisión liberal -que se refleje en la progresiva modernización de los espacios públicos y, por ende, de las costumbres de quienes ocupen esos espacios-, el lazo social se vería reforzado, al cohesionar a los ciudadanos en torno a nuevas formas de expresión que trasciendan lo cultural, el consumo, el comportamiento sexual, etc., entre tantas otras dimensiones de la vida humana. Un ejemplo de ello lo constituyen, en nuestro país, lugares como el Parque Forestal, donde cada ciudadano es libre de recrear su tiempo de las formas más disímiles. Entre ellas, la vida sexual (“pololeo”); expresiones artístico-culturales
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Tradición, Postmodernidad Imaginarios Urbanos.

e

El Parque Forestal de Santiago como reflejo de una dualidad cultural.
por Walter

L

a postmodernidad y la globalización han dado lugar a una serie de visiones y revisiones sobre las nuevas formas de convivencia de los ciudadanos alrededor del mundo. Esta discusión involucra una serie de factores a considerar, relacionados con los intereses de los habitantes, los cuales definen y redefinen cada día su correlato de existencia, en medio de un mundo cada vez más cambiante.

surgidas ocasionalmente (malabarismo, pantomima); prácticas deportivas realizadas de manera individual (“salir a trotar”); etc. Todas estas son prácticas que reflejan la cotidianeidad de un sector específico del Gran Santiago, donde el lazo social parece verse reforzado, en tanto construcción que se refleja de manera subjetiva en la vida de cada ser humano. Es decir, mientras cada uno ocupe un espacio individualmente y no sea objeto de ninguna coacción externa, reduciendo muchas veces a la futilidad el posible empleo de la fuerza pública frente a ciertas situaciones (por ejemplo, delincuencia, desórdenes, etc.). De acuerdo a lo anterior, en el marco de la recreación de un espacio como el Parque Forestal, todo tiene cabida. Incluso aquellos elementos que, aparentemente, constituyen una fuerza coactiva en un espacio y un territorio determinado (policía y otros servicios de vigilancia) -siguiendo las concepciones de M. Weber sobre el aparato policial del Estado. Y que, sin embargo, ya no actúan con la misma vehemencia en un contexto cada vez más democrático y respetuoso de la libertad individual, como lo hicieran en anteriores y no tan lejanos períodos de nuestra historia. Desde otra mirada, favorable a la conservación de las tradiciones que han marcado el devenir de Occidente, el lazo social se ve cada vez más raído en los extremos que constituyen el fundamento de su ser. Este continuo desgaste del tejido social se expresa en la inoculación de expresiones culturales, reglas mercantiles y principios característicos de una visión cada vez más liberal, con su consiguiente y progresiva racionalidad. En palabras de C. de Mattos, “(…) lo nuevo, si bien representa importantes cambios respecto a la metrópolis heredada, en lo esencial refuerza y profundiza tendencias preexistentes y, con ello, asegura que lo que existía siga existiendo (…)”1.

La afirmación de De Mattos podría interpretarse como una situación donde coexisten elementos tradicionales con elementos modernos, los cuales son posibles porque lo moderno posibilita materialmente su existencia, sobreponiéndose y obviando los elementos culturales cada vez menos visibles en un espacio donde la modernidad se impone no culturalmente, sino más bien de manera infraestructural y económica. En el caso del Parque Forestal, estamos ante un lugar donde lo económico tiene bastante presencia. No porque se trate de un lugar donde las transacciones comerciales fluyan de manera insistente, continua y visible, sino porque es un lugar donde la infraestructura -en cuanto dimensión de lo económico- se impone por sí sola al paisaje urbano. Para la existencia y mantención de un lugar como éste, ciertamente se requieren de grandes recursos económicos En torno a este nuevo devenir histórico, se tiende a ver desde esta óptica a la Globalización y a la Postmodernidad como portadoras de un germen que, aparentemente, implica mayor libertad e igualdad. Pero que, en realidad, esconde grandes beneficios de orden principalmente económico, dado su basamento racional, relativista y utilitario -recordando un poco la lógica de J. Bentham. Más aún, considerando que la transformación de la vida en las grandes ciudades recrea espacios donde las nuevas formas de vida son propiciadas, en gran medida, por los grandes poderes económicos (por ejemplo, empresas multinacionales; casas comerciales, “malls”; megaeventos; etc.). De esta manera, el lazo social se va resintiendo justamente en lo que constituye el fundamento de su ser. Nos referimos aquí a conceptos como la memoria, la herencia cultural, los rasgos identitarios, y tantas otras características que en medio de la Globalización y la Postmodernidad se
metamorfosis. En Revista EURE, vol. XXXIII, N°99. Santiago de Chile, agosto de 2007, p. 86.

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Citado por Márquez, Francisca. Imaginarios urbanos en el Gran Santiago: huellas de una

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niegan. Más aún, cuando la desaparición del Estado-Nación ha sido una de las condiciones necesarias para que los procesos globalizadores encuentren su expresión más eximia en países como Chile, donde la capacidad de absorber cualquier elemento foráneo, sin mayor cuestionamiento, es cada vez más manifiesta. En suma, estamos frente a un proceso donde las transformaciones urbanas están materialmente expresadas en espacios públicos que se transforman en focos que tradicionalmente han sido espacios de recreación y esparcimiento, y también de cambios en los estilos de vida. Estos cambios se reflejan potentemente en lugares como el ya mencionado Parque Forestal, cuya rutina vivenciada por quienes lo visitan es reflejo de las costumbres liberales e individualistas impuestas por una nueva mentalidad económica y cuya presencia en el gran Santiago intentaremos abordar a modo de ejemplo de la dualidad cultural expresada en torno a Tradición y Postmodernidad. Ello, intentando ejemplificar de manera concreta la evolución en la cosmovisión de toda una comunidad. En conexión con estas nuevas condiciones, comienza a hablarse de imaginarios urbanos para abordar un concepto que, en palabras de Alicia Lindón1 incluye “imaginarios, imágenes y representaciones” (ob. cit. p.8). La autora en cuestión sostiene una visión que distingue entre realidades concretas (“mundo de los sólidos”) y realidades que la propia comunidad comienza a elaborar, de acuerdo a las proyecciones que cada uno posee de lo que debiera ser un espacio urbano y las experiencias que cada cual pudo o podría recrear dentro de ese espacio (“mundo de los no-sólidos”). De acuerdo a esta noción, “las percepciones se transforman en representaciones y éstas, por un proceso simbólico se constituyen en imaginarios (ibídem)”. De acuerdo a esto,
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cada uno de los que participa en la creación y/o re-creación de un determinado espacio posee una visión particular y una aspiración de lo que debiera ser ese espacio. Ahora, esa visión -sea cual sea su expresión material y los aspectos económicos que lleven a concretarla- encuentra primero su base en lo que cada cual concibe como “cultura”. Este es el aspecto que marca el punto de inflexión al hablar de cómo se gestó el Parque Forestal, en cuanto espacio público, y la carga cultural que le dio fundamento a este espacio. En este punto, es necesario tomar en cuenta algunos antecedentes históricos. El Parque Forestal posee una larga tradición histórica que se remonta a comienzos del siglo XX, cuando el Gobierno de Chile encarga al ingeniero-paisajista francés Georges Dubois el remodelamiento de la ribera oeste del río Mapocho. Cabe destacar que los conceptos sobre lo que debían ser en ese momento las grandes urbes tomaban siempre como modelo de referencia lo sucedido en países europeos como Francia e Inglaterra, centros de la vida económica, social y cultural de aquellos tiempos. Las modas, expresiones artísticas y culturales, la literatura, etc., constituían aspectos susceptibles de ser cada vez más asimilados por los países de América. Y Chile no podía ser la excepción. En nuestro país, la creación de un espacio como el Parque Forestal poseía en un comienzo una importancia cultural formulada en torno a un criterio aristocratizante de la organización de la vida social. Este criterio o forma de pensar se expresaba en la conceptualización de ciertos espacios como algo bello y refinado. En consecuencia con esta conceptualización, la presencia de cierto sector social al interior de ese espacio, constituía un complemento muy lógico que reproducía la estructura social de aquel entonces. La aristocracia disponía de este y muchos otros lugares como espacios donde podía hacer uso de todo su capital social y económico. No obstante, el mismo sistema liberal fue posibilitando la transformación de lugares
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Lindón, Alicia. La ciudad y la vida urbana a través de los imaginarios urbanos, en Revista EURE, vol. XXXIII, N°99. Santiago de Chile, agosto de 2007.

como el Parque Forestal en lugares donde, a la par con las nuevas transformaciones urbanas, era posible la presencia de otros estratos sociales y, por ende, de una mayor diversidad. Diversidad que podría ser también asociada a nuevos estilos de vida, congruentes con esas transformaciones urbanas. Las transformaciones urbanas y los estilos de vida parecen haber tenido desde ya, a comienzos del s. XX, sus primeras manifestaciones más notorias. Hasta entonces, cuando no se hablaba de “Globalización”, los espacios urbanos como el Parque Forestal eran reflejo de una tradición que se estaba gestando y que conjugaría casi a la perfección aspectos tradicionales (estéticos, “bellas artes”) con aspectos más modernos, propios de los referentes culturales que estaban en boga. En medio de grandes crisis como las que acompañaban ese momento (de orden económico y social), el Parque Forestal constituía uno de esos lugares donde el lazo social aún no estaba totalmente en entredicho con la propia identidad cultural de un país. Pero, entonces, llegó la Globalización. La globalización, con su poderoso influjo económico, redujo muchos aspectos culturales a mera entretención, disociando la herencia cultural de una Nación de aspectos lúdicos y bastante triviales. En el caso del Parque Forestal, es frecuente ver placas recordatorias, pequeños monumentos y una que otra expresión de arte postmoderno cuyos significados no son totalmente asimilados por el común de los ciudadanos que hacen uso de este espacio. Para muchos de ellos, el Parque Forestal constituye simplemente un lugar de recreo y esparcimiento, un oasis en medio del caos de la gran ciudad, ignorando cualquier importancia histórica que se refleje en lo artístico o cultural dentro de ese espacio. La preocupación que acompaña estas páginas sobre aspectos culturales asociados a la conceptualización subjetiva sobre un determinado espacio público, cobra aún mayor relevancia si se tienen en cuenta las
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últimas medidas que se pretenden implementar en materia educacional, entre el segmento más joven de la población. Nos referimos aquí a la posible reducción de la enseñanza de Historia en los establecimientos educacionales chilenos, con su consiguiente falta de pensamiento crítico entre los estudiantes. Esta reforma pretende hacerse atendiendo aspectos pragmáticos, funcionales y quizás asociados a factores excesivamente economicistas, como la preferencia por carreras rentables, la reproducción de una mentalidad consumista en las generaciones más jóvenes, la primacía del propio interés individual sobre el bien común, etc. Sin embargo, los procesos de aculturación que puedan tener cabida dentro de las nuevas generaciones no son exclusividad de las salas de clases. La conceptualización de lo que es “cultura” no sólo es posible dentro de lo que determina una lógica educativa institucional. La cultura se construye también a través de los significados intersubjetivos que cada comunidad establece en la vida cotidiana. Y en esto, cobra importancia la apropiación de los espacios públicos, cuyos aspectos culturales debieran estar al alcance de toda la ciudadanía, ser promovidos especialmente entre los sectores más jóvenes y, por último, que estos estratos los asimilen realmente como algo propio y no limitarse a la inoculación de programas y contenidos que no siempre apuntan a la formación efectiva de un pueblo más “culto”. Entendiendo por “culto” a aquel que se identifica con lo que se construye entre iguales, más que como aquel que termina siendo un mero receptor de contenidos. La formación de un pueblo arraigado en sus aspectos culturales redundaría en la constitución de espacios culturales donde la ciudadanía tendría la posibilidad de resignificarse a sí misma y con ello resistir ciertos enclaves civilizadores impuestos desde afuera. Desde tiempos inmemoriales, los procesos de inculturación fueron muchas veces impuestos por la fuerza. Pero, ahora, se utiliza un arma mucho más poderosa y sutil: la intervención económica traída por el

modelo neoliberal y, con ella, todo un cambio en la mentalidad cultural de los pueblos. En contextos anteriores de la Historia Universal, la paz mundial poseía una fragilidad mucho más susceptible de ser quebrantada. Fue en esos contextos que tuvieron lugar las dos grandes Guerras Mundiales que asolaron a la humanidad. Actualmente, en cambio, la Postmodernidad es portadora de una serie de esfuerzos diplomáticos que intentan por todos los medios posibles y necesarios evitar cualquier derramamiento de sangre. Y en medio de todos estos esfuerzos, la inoculación de acuerdos económicos es un tema de capital importancia. La Globalización posibilita una serie de acuerdos cuyos resultados económicos se reflejan hasta en los aspectos más mínimos de la vida social. En el caso de espacios públicos como el Parque Forestal, asistimos a la presencia de una aparente tranquilidad en la que el diseño del espacio da lugar a una cierta comodidad de la cual todos son partícipes. Pero esa aparente tranquilidad, de vez en cuando, es interrumpida cuando los efectos económicos reflejados en la mera comodidad espacial son insuficientes para suplir otras necesidades tanto o más importantes que el mero confort, como la seguridad ciudadana. En otras palabras, el Parque Forestal es garante de un espacio de libertad, pero no necesariamente de bienestar, si es que queremos definir cuál de los dos aspectos determina lo que es un verdadero progreso en nuestro contexto postmoderno. La apropiación de un espacio público puede ser ahora llevada a cabo libre y democráticamente por los más diversos estratos de nuestra sociedad; a diferencia de períodos anteriores de nuestra historia, cuando la estigmatización del otro significaba una privatización de lo que era un espacio público (discriminación). Sin embargo, actualmente, la progresiva liberalización de muchos aspectos de nuestra vida social significa también asumir ciertos riesgos que amenazan esa misma convivencia, como la inseguridad ciudadana.

Frente a este problema, la misma liberalización y relativismo presentes en la postmodernidad impiden encontrar una solución definitiva, puesto que también las libertades individuales merecen ser respetadas y así evitar el riesgo de caer en estigmatizaciones territoriales o simplemente en la estigmatización del otro. Esta situación deviene en una aporía aún más difícil de abordar en el ámbito de las políticas públicas, ya que el factor económico determina una vez más en este punto la necesidad de destinar grandes recursos a la solución de los problemas asociados a la vida urbana (delincuencia). Para la solución de muchos de estos males, el Estado y los sectores privados no siempre poseen la voluntad o la capacidad de dotar grandes recursos a la solución de problemas que son atingentes a la esencia misma del cuerpo social. En cambio, esos mismos recursos son destinados a la construcción de espacios públicos donde prima una intención más bien lúdica y recreativa, en vez de destinar recursos a mejorar la infraestructura y calidad de otros servicios (como escuelas públicas), cuando no a la solución de grandes problemas sociales (como la delincuencia, por ejemplo). Al comienzo de este trabajo, mencioné dos visiones que daban cuenta de la dialéctica entre Tradición y Postmodernidad y las consecuencias que este juego podría tener en la suerte del lazo social. La primera visión era favorable a muchos, si es que no a todos, los cambios que se daban dentro de un contexto postmoderno, mirándolos como reflejo positivo de los efectos del multiculturalismo y la diversidad. A lo largo de esta reflexión, los principales puntos de esta visión fueron ya dibujados a grandes rasgos. La segunda mirada no era tan favorable a los cambios que se dan dentro de un contexto postmoderno y poseía muchas reservas frente a la globalización económica y sus efectos sobre el lazo social. Esta mirada es sostenida por pensadores contemporáneos como el filósofo francés
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Alain de Benoist, representante de corrientes críticas de la globalización y que se apoyan en una fuerte defensa de lo identitario. En su ensayo, “Cómo se ha roto el lazo social”, el pensador francés critica el individualismo y defiende las nociones identitarias, según las cuales el individuo es parte de su grupo social, de su clan, de su tribu y es allí donde encuentra su razón de ser. En palabras de A. de Benoist1 (2004), “precisamente porque el “yo” es sólo un momento de la elaboración del “nosotros”, cuando ambos términos se enfrentan, el “yo” no corre en ningún momento el riesgo de quedar enteramente destruido, sino que, al contrario, saca de ese enfrentamiento, una nueva fuerza. (…). Este lazo social es pródigo en relaciones fundadas en el parentesco o la vecindad”. Consecuente con esta lógica, Alain de Benoist responsabiliza a las nuevas condiciones postmodernas del desprestigio sufrido por el lazo social en la mentalidad colectiva. Dentro de esto, la “doctrina de la mano invisible”, formulada por Adam Smith, determina que todo hombre es su propio agente y los nuevos lazos que los nacientes “burgos” de la vieja Europa eran el centro del creciente liberalismo que ya en los albores del s. XVII comenzaban a caracterizar la vida de las grandes ciudades. Desde entonces, la presencia de un pensamiento económico liberal ha determinado hasta nuestros días que los espacios públicos sean meros epicentros de actividad lúdica y comercial y no siempre concentrada en la construcción de identidades que garanticen una convivencia más afianzada entre los ciudadanos. En el caso del Parque Forestal, tomado como modelo de referencia en esta reflexión, cabe dejar como reflexión pendiente si es que los ciudadanos van a tomar siempre este
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espacio como parte de un espacio ya instalado institucionalmente o si van a hacer de él algo donde la identidad tenga una expresión más eximia. De acuerdo al pensamiento liberal, son individuos son libres de obedecer a sí mismos. Entonces, surge la pregunta, ¿cómo se reconstruye un lazo social si todo hombre es su propio agente? La respuesta liberal -según A. de Benoist- la proporciona la lógica del mercado. Pero la lógica mercantil, por sí sola, no crea obligaciones entre los individuos, por mucho que el liberalismo critique cualquier política estatal. Más aún cuando, en nuestro país, se están efectuando políticas cada vez más privatizadoras en todo orden de cosas, las cuales podrían incluso alcanzar a espacios públicos, como el Parque Forestal. Quién sabe… Alain de Benoist, en tanto, refuta las tesis liberales y sostiene: “Por mucho que los liberales denuncien al Estado-Providencia como un sistema de “expoliación legal” (Bastiat), la verdad es que los responsables de su aparición son los propios liberales, pues cuanto más individualista es una sociedad, más recae sobre el Estado la carga de la solidaridad. Como constata Marcel Gauchet, “el Estado es el espejo en que el individuo ha podido reconocerse en su independencia y en su suficiencia, desgajándose de su inserción coactiva en los grupos reales” (op. cit., p. 7). La afirmación anterior da cuenta de que la presencia del Estado debe tener una adecuada participación en asuntos donde la lógica mercantil no basta para renovar un antiguo contrato social y que, al mismo tiempo, se debe salvaguardar el derecho de la gente a ocupar los espacios públicos como mejor les parezca, pero generando en ellos una conciencia cultural que los haga reforzar sus lazos sociales. No basta mejorar la infraestructura de un espacio bajo una lógica meramente material y económica si, además, no se garantizan otras condiciones importantes que posibilitan la debida convivencia social de los ciudadanos.

De Benoist, Alain (2004). Cómo se ha roto el lazo social. Disponible en la página web: www.alaindebenoist.com/pdf/como_se_ha_roto_el_l azo_social [Diciembre de 2010]

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Es de esperar que, al garantizar estos derechos en la ciudadanía, los habitantes de un espacio logren crear y recrear nuevos espacios de manera intersubjetiva, posibilitando el libre ejercicio de las acciones que los ayuden a crecer en cuanto comunidad y, de esa manera, den lugar a una identidad cultural aún más arraigada, donde los imaginarios urbanos redunden en proyecciones reales de las necesidades atingentes a todo un cuerpo social. Una construcción social donde se conjuguen perfectamente la “ciudad real” y la “ciudad imaginada”, como elementos que ayuden a regenerar un lazo social que merece ser preservado en beneficio de todos y no de unos pocos./Walter.-

Algunos, a su favor, arguyeron que ningún pueblo del mundo habría sido capaz de soportar como Chile lo hizo tamaña magnitud sísmica, destacando la rapidez con que se actúo, etc., pero pasando por alto la realidad concreta, cual fue que los vecinos organizados- tuvieron que salir a las calles provistos de armas o similares para hacer frente al caos y la inoperancia de la autoridad; los movimientos torpes del Estado amorfo que tardó días en desplazar unidades militares y organizar elementos básicos para afrontar problemas fundamentales como alimentación, vestuario, atención médica de urgencia, comunicaciones, etc. El Estado Liberal nos confirmó su precariedad: Todas sus supuestas fortalezas no son más que un bluff que los medios masivos adornaron con el show televisivo llamado Chile ayuda a Chile, espacio conducido por el “Don” de la Televisión, Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld; oportunidad en la que se ensalzaron los mejores valores del ser nacional (solidaridad, “buena onda”, fortaleza) dejando a un lado, como si nada, los horrores que el terremoto dejó a la vista (sin mencionar la putridez que la mar develó en nuestras costas…) Ya unos meses después, y habiéndose olvidado la gente de la catástrofe allá por el sur, 33 mineros quedaron atrapados en las profundidades de una mina en el Norte -por allí por Copiapó- por más de 2 meses. A la palestra, las precarias condiciones en que laburan los mineros, la falta de fiscalización efectiva por parte de los organismos estatales, la mordaza legal a los trabajadores y la explotación por parte de títeres de capitales de origen sospechoso (de los que, por cierto, nadie se refirió…) Así las cosas, el rescate fue con bombos y platillos y durante semanas Su Insolencia se paseó por el mundo mostrando a todos “el papelito de los 33”… Nuevamente nos encontramos con la fauna televisiva que realizó un “show especial” para recibir a los 33 mineros que ocuparon la caja maldita las 24 horas del día. ¿Y hoy, quién se recuerda de ellos? ¿Quién exige mejores condiciones
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¡CHAO, 2010!
por Lug

¿

Un año peor que este? Ninguno, sin duda. ¡Y vaya que sucedieron cosas! Valga la pena recordar:

Comenzó el año con un remezón de proporciones que nos despertó a todos la madrugada del 27 de febrero. Este golpe de la naturaleza nos vino a reiterar que pisamos una tierra altamente sísmica, mas, también, nos demostró lo frágil de nuestra “institucionalidad”, la torpeza de las autoridades y la completa, ineficaz e ineficiente estructura del Estado para hacer frente a situaciones de crisis y emergencia como las que se produjeron.

laborales? ¿Acaso se ha vuelto a tocar el tema?... Y hace no mucho, otra demostración de The Chilean`s way o el mos chilensis, esa particular manera de ser y hacer que nos caracteriza ante los ojos del mundo entero. ¿La gracia? La peor tragedia carcelaria en nuestra historia: 81 presos muertos en la Cárcel de San Miguel. De un día para otro, se volvió a hablar de la precariedad (otra vez esa palabrita) con que los presos cumplen condenas, se cuestionó el hacinamiento y las escasas -acaso nulas- posibilidades de rehabilitación. Paradójicamente, días antes se insistía en “la puerta giratoria” y los pocos delincuentes privados de libertad en tanto se concluían los procesos judiciales (mucha “libertad provisional” decían algunos…) Hasta hace unos días, continuaron los amotinamientos y conflictos en distintos penales del país, como modo de protesta de parte de los presos. ¿Soluciones? ¡Más y amplias cárceles! ¿Financiamiento? Bueno, es caro para el Estado así que no nos queda otra que cárceles concesionadas. ¡Pero qué mejor negocio! Y, al contrario, tal plan no habrá de reducir la población penal, sino que la ampliará. Si te pagan por preso, ¿qué prefieres, pocos o muchos?... Las filtraciones de Wikileaks, si bien no relacionadas directamente con nuestro país, algunos cables contenían curiosas observaciones sobre la política nacional. Llamó la atención la crítica al manejo sobre el conflicto mapuche, problema que persiste hasta nuestros días y que -a modo de “vaticinio”- se retomará en los primeros meses del año. Y es que hacer una huelga de hambre a fin de año es una mala “estrategia comunicacional”… En tanto, en lo económico, Asia asume el protagonismo: China e India se consolidan como 2 gigantes que “amenazan” con hacer temblar los mercados con su participación, cada vez mayor, en distintas áreas de la producción y de los servicios. Ya se lo propusieron los bancos chinos al intentar “entrar” al mercado del dinero, cuestión que fue rechazada en bloque por la banca
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nacional. Uf, qué divertido habría sido aquello y cuantos bancos que hoy conocemos habrían dejado de existir. Como sea, el dinero sale del país en dirección a naciones como Brasil y Colombia. Son las denominadas “inversiones en el extranjero” que entusiasman tanto a las AFPs. LAN en Brasil mediante su fusión con TAM; Cencosud hace lo propio y COPEC en Colombia compra TERPEL. Lo curioso es que las inversiones se focalizan en el extranjero, produciendo puestos de trabajo -en el extranjero- y permitiendo reinvertir -en el extranjero- lo que aquí, en chilito, unos cuantos usufructúan a cuesta de unos muchos (¿cotización individual obligatoria, le suena?) ¿Por qué no invertir en Chile para generar puestos de trabajo y verdaderas oportunidades de negocios, para acabar con los terribles números de la cesantía y promover la ocupación de varios que hoy hacen poco o nada. También en el plano internacional, la demanda marítima de Perú ante la Corte Internacional de Justicia sigue su curso con consecuencias insospechadas para nuestra nación. Tales son las repercusiones que la premiación del Nobel a Vargas Llosa no deja de ser sospechosa. Peruano que apoya a Piñera, ¿curioso, no? ¿Cuál será el papel de Bolivia en el litigio? ¿Y el 2011? Ya lo sabremos… ¡JO JO JO!