You are on page 1of 3

Domingo 18/04/10

COLUMNA PERIODISTICA por el Dr. Fernando Azzi

EL ESTADO NACIONAL
principal empleador en negro

El Congreso Nacional a través de las comisiones competentes en


legislación del trabajo se ha ocupado permanentemente de tutelar los derechos
e intereses de los trabajadores en el ámbito privado. Es así que se han logrado
magníficos avances en las relaciones del trabajo, protegiendo a los
trabajadores como motor fundamental de la economía y el progreso de nuestra
Nación.

Sin embargo, creo que tenemos dos asignaturas pendientes. La debida


protección de la empresa, que, en modo alguno, significa disminuir los
derechos de los trabajadores, sino brindarles un juego armonioso del que
resulte un justo equilibrio para los intereses de ambos. No cabe duda, por
ejemplo que le debemos al sector laboral dos regimenes diferenciados, uno
para las grandes empresas y otro para las pymes y microempresas.

La otra deuda es con respecto al empleado público, al que hace


referencia con particular énfasis el artículo social de nuestra ley fundamental.
Crisólogo Larralde supo darle rango constitucional a los derechos de los más
necesitados y, entre ellos, no sólo no olvidó a los empleados públicos, si no
que les otorgó una protección especial cuando les consagra la estabilidad
propia o absoluta para protegerlo de una eventual persecución política, evitar
alineamientos forzados, favores a los funcionarios de turno, afiliaciones no
deseadas y hasta manifestar lutos y cumplir con duelos no sentidos, como
hemos vivido en otras épocas. Ello, sin dejar de recordar cuando, durante
gobiernos neoliberales o de facto, la economía del país se ha pretendido
recuperar a través de leyes de prescindibilidad, pretendiendo recalar en los
empleados públicos la corresponsabilidad de la debacle económica y
convirtiéndolos en la variable de ajuste mágica, como si con sus magros
sueldos pudieran compensar el resultado de las pésimas políticas económicas
llevadas a cabo por iluminados ministros de economía.

Desde hace unos años la principal corruptela instalada en el Estado


Nacional y los estados provinciales y municipios, es la violación del precepto
constitucional a través de diversas modalidades de empleo precario que
permiten al funcionario de turno disponer del personal como si fuera suyo o de
una empresa privada. Se prescinde del personal que no responde a sus
simpatías o creencias políticas y es reemplazado para cumplir con
compromisos políticos, familiares o, simplemente, para brindar favores a los
amigos.

El empleo precario fue consagrado durante la década del 90 como


la panacea y quienes lo votaron en aquel momento, hoy se rasgan las
vestiduras renegando de esas modalidades denominadas “contratos
basura”. Sin embargo, simultáneamente, no reparan –o no quieren
hacerlo- que esa precaria y perniciosa modalidad de relación laboral
desde hace tiempo se celebra dentro del marco del empleo público.

A nadie escapa que, mientras se persigue al empleador privado


-cualquiera sea su dimensión- con extremas sanciones para combatir el
trabajo no registrado o registrado deficientemente, el estado se ha
convertido en el principal empleador “en negro” echando mano a
subterfugios pseudolegales que no resisten el más mínimo análisis ético ni
jurídico. Plantas transitorias, contratos de locación de servicios o de
obra, “factureros” que son obligados a inscribirse como monotributistas,
etc. Todo ello, para poder consumar el fraude laboral y fiscal.

El Estado, quien debe usar su poder para velar por el cumplimiento de


los derechos del hombre, paradójicamente, utiliza ese poder para conculcarlos
y servirse de los trabajadores en provecho de los gobernantes de turno

No debemos soslayar que ante un despido arbitrario (aún por razones


de fuerza mayor o falta de trabajo no imputable al empleador, art. 247 LCT) a
una PyME o a una MICRO-EMPRESA dadoras de trabajo, se las castiga no
sólo con la indemnización prevista por el art. 245 de la LCT (y, durante su
vigencia, con el art. 16 de la ley 25561) sino, además, con las indemnizaciones
especiales incorporadas por la leyes 24013, 25323 y 25345, cuando el trabajo
no está registrado o lo está en forma deficiente. Cuando no, con lo prescripto
por el art. 275 de la LCT ya que la actitud del empleador configura una
conducta maliciosa, temeraria e injuriosa.

En cambio el Estado, que es solvente y es su responsabilidad directa


hacerlo, lo elude mediante fraudes creados por leyes inconstitucionales hechas
a su medida.

Hoy el Bloque de la UCR a través de la Diputada Nacional por


Catamarca, Lic. Mariana Veaute, viene a saldar esa deuda con los empleados
públicos mediante su proyecto de “Ley de Protección del Empleo Público”. El
proyecto le brinda al trabajador la opción de exigir judicialmente la
reinstalación en su puesto de trabajo con fundamento en el art. 14 bis de
la C.N. o de ser indemnizado mediante la aplicación de la normativa
laboral común.

Dicho proyecto fue abonado por el reciente fallo de la CSJN dictado en


la causa impetrada por un empleado del Ministerio de Defensa contratado por
la Armada Nacional durante 21 años en fraude a nuestro derecho positivo.
(extender un poco más lo del fallo?)

En la otra cara de esta misma moneda -que de un lado constituye la


desprotección del trabajador público- aparece otra tan repugnante a
nuestros principios éticos como la ya descripta y es la de los contratos
sobreabusivos por los excesivos montos en que son celebrados,
contribuyendo a incrementar el gasto público innecesario. Por un lado se
engaña a los ciudadanos con leyes prohibitivas de nuevas designaciones
como gesto de austeridad y, por otro, se celebran contratos por montos
siderales. Encima, en muchas oportunidades, a personas inidóneas para
desempeñar el cargo para el que fueron designados o, simplemente, que
nunca concurren a trabajar, los vulgar y sabiamente denominados
“ñoquis”. Esta constituye otra corruptela deleznable de la que tiene que
ocuparse este Poder Legislativo mediante el dictado de una norma ad-
hoc. Nuestro bloque, que está empeñado en acabar con todo tipo de
perversión que contamine las instituciones del Estado, está trabajando en
su redacción.

Más, sin duda, con la consagración de esta norma vamos a dar el primer
paso en la protección de la mayor parte de los trabajadores, los que dependen
del sector estatal; sector de quien resulta tan inimaginable como bochornoso el
abuso que hace de sus subalternos.

El bloque oficialista, sin duda, apoyará el proyecto, siguiendo la saga


publicitaria de La Presidencia de la Nación con su lapidario slogan: “El
trabajo en negro, mata” !!!

BIENVENIDO ESTE PROYECTO PUES, SI EL TRABAJO EN


NEGRO MATA, EL ESTADO SE HA COVERTIDO EN EL PRINCIPAL
HOMICIDA.