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Memorias de Ariadna.

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MEMORIAS DE ARIADNA

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Virasoro, Mónica
Memorias de Ariadna / Mónica Virasoro. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos
Aires : Fundación CICCUS, 2020.
320 p. ; 23 x 16 cm.

ISBN 978-987-693-813-6

1. Literatura Argentina. 2. Memorias. 3. Narrativa Argentina. I. Título.


CDD 808.883

Primera edición: febrero 2020

© Ediciones CICCUS - 2020


Medrano 288 (C1179AAD)
(54 11) 4981-6318 / (54 11) 2127-0135
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Honorable Congreso de la Nación. (UNESCO).

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MEMORIAS DE ARIADNA

Mónica Virasoro

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Memorias de Ariadna / Mónica Virasoro

UNA MÁSCARA AUTOBIOGRÁFICA

Juan Albin

E
scribirse a uno mismo: ese proyecto suele balancearse en-
tre dos polos extremos y las Memorias de Ariadna –diga-
mos– parecen moverse entre uno y otro, recorriendo la distan-
cia entre ambos y también los puntos en que ellos se vuelven
indiscernibles.
En primer lugar, la escritura autobiográfica puede pensar-
se como aquella en que llegado a un punto importante de su
desarrollo un sujeto decide frenar la carrera y mirar el tiempo
transcurrido: se trata entonces de hacer un relato de lo vivido
y ello implica darle un orden, reorganizarlo, señalar etapas,
enfatizar y jerarquizar momentos, salvarlos de su trivialidad.
Sin dudas, en esa reorganización de la experiencia que posi-
bilita el relato, se trata de tejer un hilo entre las vivencias dis-
persas y así acceder a un sentido global de esa experiencia; el
sujeto, por medio de la escritura autobiográfica, escribe para
saber lo que piensa y siente y así termina por acceder a una
verdad respecto de sí mismo. Expresémoslo en términos he-
gelianos: a fin de cuentas, el sujeto accedería a algún tipo de
autoconciencia. Todo ello se puede pensar en las Memorias de
Ariadna: a pesar de su trabajo a partir de fragmentos textua-
les, la experiencia en ella se organiza y se ordena en grandes
estructuras de sentido que implican etapas y momentos dife-
renciales –los primeros tiempos de la infancia y la juventud;
los años del exilio; etc.– y a través de ellas, podríamos decir,
Mónica Virasoro construye el sentido de su propia existencia.
Claro que lo hace de una manera particular: desdoblándose
en varios personajes –Ariadna, sí, pero también Ivana Matus
u Omar Olivas– y dándole así a la autobiografía una inflexión
decididamente ficcional. Digamos, entonces, que incluso en

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esta primera modalidad de la autobiografía –aquella cuyo re-
lato reorganiza lo vivido, da sentido total a la existencia, y en
que el sujeto accede a algún tipo de autoconciencia– se da una
posible inflexión ficcional: al tomarse el sujeto como objeto,
en el acto de autoconciencia, por momentos puede aparecerse
como un doble. ¿No les ha ocurrido verse en fotos del pasado y
sentir que ese que está ahí no es uno mismo, sino precisamen-
te otro? Al mirar hacia atrás, el yo del pasado puede muy bien
percibirse durante un momento como una suerte de doble y
en ese desdoblamiento se produce una particular experiencia
de extrañamiento. Momento ficcional de toda autobiografía,
en las Memorias de Ariadna ello se radicaliza especialmen-
te: el yo se desdobla y se desplaza intermitentemente hacia la
tercera persona y el nombre propio se enmascara bajo otros
nombres.
En esa radicalización, podríamos decir, la escritura auto-
biográfica termina por rebotar hacia el otro polo hacia el que
suele orientarse. Porque la autobiografía no tiene por qué pen-
sarse necesariamente como la escritura de un sujeto que ac-
cede a una verdad respecto de sí mismo; también puede pen-
sarse –en la vereda opuesta– que todo relato autobiográfico
es invención de sí, desfiguración o incluso transfiguración: no
acceso a una supuesta verdad de sí mismo, a un momento de
autoconciencia, sino liberación del primado de la conciencia,
entrega de uno mismo a un juego que implica jugar a ser otro
y volverse otro en el juego. Expresemos esta segunda vertien-
te, entonces, en términos nietzscheanos: en la autobiografía
así entendida se expresaría esa potencia que el arte tiene para
permitirnos vernos a la distancia, simplificada y transfigura-
damente, ponernos en escena y convertirnos así en persona-
jes, no importa si son trágicos o cómicos. En esta modalidad
autobiográfica, podríamos decir, la ficción no es solo un mo-
mento sino que se revela en un lazo inevitable con la escritu-
ra de sí. Las Memorias de Ariadna, pensamos, se trabajan en
este registro fundamental que cruza autobiografía y ficción, y
el mayor indicio de ello es que falta algo básico en el género: la

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Memorias de Ariadna / Mónica Virasoro

identidad de los nombres –de autor, de narrador y de perso-


naje– que funda el pacto del género autobiográfico. Si hay una
primera máscara ficcional, esa máscara es el nombre.
“Los artistas, y especialmente los del teatro [...] son los pri-
meros que nos han enseñado […] el arte de poder verse a sí mis-
mo como héroe, desde la distancia y, por así decir, simplificada
y transfiguradamente –el arte de “ponerse en escena” ante sí
mismo–, escribía Nietzsche en La ciencia jovial. No es casual
que en varios de sus libros previos –pienso en De ironías y
silencios de 1997 y, sobre todo, en Zaratustra, la experiencia
del guerrero de 2007– Mónica se haya dedicado especialmen-
te al pensamiento de Nietzsche y que este haya sido también
uno de los núcleos permanentes de sus clases como profesora
en la Universidad Nacional de las Artes. Para quienes hemos
asistido tanto tiempo a sus clases, este nuevo libro se nos apa-
rece como un pasaje al acto. Digámoslo rápidamente: de en-
señar y pensar Nietzsche en el espacio del aula, de pensar y
volver a pensar ese llamado que hace Nietzsche respecto de la
importancia del arte para la filosofía y para la vida, a la prác-
tica concreta de jugar el juego de ponerse en escena, transfi-
gurarse y enmascararse. Tal vez, finalmente, la única verdad
del sujeto sea la de esas máscaras múltiples que se construye e
inventa a sí mismo.
En la construcción de sí que acontece en Memorias de
Ariadna, son especialmente constitutivos dos procedimientos
básicos. Del primero ya hemos dicho algo: se trata del pasaje
intermitente entre la primera persona –ese yo que no deja de
irrumpir en el texto– y la tercera que remite a esos nombres
o máscaras que son Ariadna, Ivana u Omar. La reproducción
y el retoque de textos pasados es sin dudas el segundo pro-
cedimiento fundamental: se trata de un trabajo de collage o
incluso de bricolaje que tiene la función de despertar la me-
moria. Por ese procedimiento, entra al relato el anacronismo:
retocando, reescribiendo, sobreescribiendo e interviniendo
los textos pasados desde el presente, lo que se termina por
producir por momentos es una fusión de los diferentes tiem-

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pos, fusión que es un rasgo central del funcionamiento de la
memoria. Por otro lado, en relación al retoque y reinterven-
ción permanente de esa escritura del recuerdo y también al
trabajo por momentos involuntario y por otros voluntario de
esa memoria, surge también su vinculación fundamental con
la invención: como se dice explícitamente en las Memorias de
Adriana aquello que no se sabe del todo al recordar el pasado,
como la imagen de una casa de infancia de la que no se tie-
ne recuerdos conscientes o incluso la numeración de su calle,
puede ser finalmente imaginado e inventado incluso sin mu-
cha conciencia de ello. Por eso, también, el texto propone una
conexión entre memoria y sueño: con la memoria de la propia
vida acontece algo similar a lo que sucede al recordar los sue-
ños; uno sólo recuerda un pedazo y –el resto lo va acomodan-
do–, se nos confiesa.
En varias conversaciones, Mónica ha insistido en que, al
empezar a escribir este libro, tuvo la intención de escribir una
novela, pero al fin se dio cuenta que estaba escribiendo algo
diferente. Pienso, sin embargo, que si se tiene en cuenta la lar-
ga tradición de experimentación con el género novelístico que
nos dejó el siglo XX y a la que las Memorias de Ariadna remite
constantemente, incluso desde su título, podemos afirmar que
sí: su obra es a fin de cuentas una suerte de novela autobio-
gráfica hecha a partir de retazos textuales. Tal vez a algunas
sensibilidades puedan chocarle aún las astillas de la memoria
que forman esta obra y que señalan su carácter fragmentario;
pienso de todos modos que la mayor parte de los lectores dis-
frutará, aun en su dispersión, de esos recuerdos y de la luz
ficcional que arrojan sobre una experiencia de vida.

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Indice

Prólogo. Una máscara autobiográfica por Juan Albín . . . . . . . . . . . 7

Ariadna en la ciudad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
La ciudad y el tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
La voz en el teléfono . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
Penélope… eterna... Gea... por siempre tierra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
Cuestión de ritmo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
Sustancia acuosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Jóvenes líquidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
Los vaivenes de la angustia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
Los tantos compartimentos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
El túnel del tiempo… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31

Primeros tiempos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
La valijita de mimbre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
El día en que yo nací . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
La casa grande . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
Recuerdos ajenos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
De tías y velas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
Leyendo a Puig . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
Cara de tonta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 46
Alma solitaria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
Sobre comienzos y regresiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
La del Salvador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53
El Coto y sus sucursales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56
De activos y reactivos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63
La felicidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
Energías no renovables . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
Leyendo Ulises . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
Oficio encuestadora . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 68
Días de náusea . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 70

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El dilema de OO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74
La pregunta de Piglia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93

Del exilio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 96
París no era una fiesta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 96
Chambre de bonne . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99
Norte-Sur . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100
Más Norte-Sur . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
De plagios y robos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
Vendiendo biblias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105
Como de película . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 106
Lima, primera impresión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
Los ojos de Marito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
Ramas y ramales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 121
Ruido de mar… y la Pavlova . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 124
Lima..., algo más . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127
Amor mudo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 128
Trenes rigurosamente vigilados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 128
Como una misa de Bach . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131

Del lado de acá . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135


La novela . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135
De sombreros y manifestaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135
Colombia y la memoria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137
Carta a Uli . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139
El arcón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140

De chamanes y filósofos… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141


Poder de la risa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
Aprender a reír . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .141
Eleicer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142
Tiempo de comedia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143
Masculino-femenino . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
Los modos de la energía y los ojos nuevos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 146
Y dónde colocamos a Sócrates . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147
Otro personaje, el guerrero del infinito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 148
Silencio interno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149
El narrarse . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149
Leyendo a Sartre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 150
Sobre el papel de los intelectuales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 150
La tarea del pensador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 151
El pensar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152

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Mudanzas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 154
El alma de las cosas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 154
Las palabras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
La ciudad alienada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .155
Soledad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156
Más sobre mudanzas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156
La culpa de la rata . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
El alma de las cosas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
Mapuches . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159
La vida, glosa sobre motivos nietzscheanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159
La poesía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160
Cuidado de sí . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161

Últimos tiempos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 162


Tanto he viajado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 162
Ateísmo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 162
La liebre y Dios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 163
También Sartre… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167
Desapego . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168
El camino del medio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
El gran Brasil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
La ética del psicoanálisis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 174
La mirada de los otros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
Pájara de frías alturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
El Tomi de los jueves . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 176
La cosa en sí . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179
El secreto encanto de los académicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 184
Variaciones semánticas sobre la libertad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 188
La inútil rebelión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
Público o privado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
La fe en la importancia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
Cuestión de tierras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195
Chestov, la dialéctica y la ironía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 199
Borges, los patios, las higueras, …y yo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 200
De por qué no novela . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 200
El chino y la música de las palabras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201
Cien días de telenovela, la 125 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 202
Del apoyo crítico y otras yerbas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203
La opo… qué pena . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 204
Me acordé de los mapuches . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
La posmo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 209

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El tiempo perdido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 210
Libertad de estilo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 210
Cosa de peso el ritmo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211
Buscar un ritmo... y la cuestión de los pares . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211
Sören de cuerpo entero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 213
O bien, o bien . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 216
Sören y la comunicación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 216
Filósofos del dibujo y de la música . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 217
Leer para encontrarse . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219
“Deportivo y social” o el espectador emancipado . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219
Instrucciones para ser poeta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 220
Lector o escritor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 222
Ahora que sufro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223
Yo..., mujer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223
Conciliar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225
La repetición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225
En son de efemérides . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 226
11 de setiembre de 2011 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 228
11 de septiembre de 2013 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229
Sobre Ante la ley de Kafka . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229
Incertidumbre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 230
La bufanda protectora . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 231
In memoriam . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 232
De la imposibilidad de borrar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 233
Entre el convento y la servidumbre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 234

Entre el sueño y la vigilia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 236


Sueño con palabras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 236
Espejos o campañas de medianoche . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 236
La hora, el sueño y la vigilia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 238
A veces cuando sueño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 239
Lo uno y lo múltiple . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 240
Trilogía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 243
I. Alivio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 243
II. Las redes del sueño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 244
III. Extraños al amanecer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 246
Del que ya no despierto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 268
La fisis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 268
Déjalo ser . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 269
Por el viento y la ola . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 270
Pájaro de patas azules . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 271
Quién es un lector . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 271

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Pájaro laborioso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 272
El teatro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 273
Escribir por encargo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 274
A Prometeo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 277
Aprender la soledad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 278
Leyendo diarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 281
De por qué escribo poco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 281
Entre todas las mujeres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 282
La otra intrusa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 284
De la mecedora a los Apeninos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 286
Dice Sloterdijk en… Haz de cambiar tu vida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 288
Pensamiento devaluado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 288
Diario para un cuento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 290
Hoy murió Piglia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 291
Aeropuertos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 292
A la negra Sosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 296
El Zen y el Buda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 296
La inútil rebelión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 297
Cuaderno Gloria, año 1991 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 297
Las artes del secreto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 298
Ni para la nostalgia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 299
Filósofos franceses . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 300
Leyendo a Beauvoir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 301
La muerte rondando . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 303
12 de agosto - Volvemos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 304
Cuaderno Rivadavia 11/02/92 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 305
Ser otra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 306
11 de noviembre de 2019 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 306
Sueño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 306
La vida… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 306
Narrarse para narrar al otro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 307
8 de enero de 2020 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 308
13 de enero de 2020 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 309
La casa grande . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 310
Dónde estás infancia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 311

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SOMOS GENTE DE PALABRA

Tomamos de ella su capacidad de construir comunidad, conciencia y


una cultura de hermandades.

Palabra escrita hecha libros/semilla que nos ayuden a transitar el ca-


mino hacia una sociedad más justa e igualitaria, rumbo al Buen Vivir.
Palabras puentes y no muros.

Corren tiempos en los que se las manipula para el desencuentro, la


división, la xenofobia. Se las usa como excavadoras para ensanchar y
profundizar grietas; como señuelos consumistas que enmudecen el
daño a nuestra casa común.

Si la verdad nos hará libres, el engaño premeditado persigue esclavizar-


nos, colonizarnos. Palabrerío irresponsable de pícara impostura, enfer-
mando el entendimiento común de los sentidos, martillando informa-
ciones falsas. Naturalizar la posverdad no es otra cosa que la celebración
de la mentira. Nosotros somos los que le gritan al rey desnudo.

Queridos lectores: reciban y circulen los libros de CICCUS como una


buena nueva, más allá de la temática que aborden, como un don para
el discernimiento, la paz y el amor a la vida, que no es poca cosa.

Consejo Editorial:
Juan Carlos Manoukian, Mariano Garreta, Hugo Chumbita, José Muchnik,
Diana Braceras, Héctor Olmos, José Luis Coraggio, Roberto Benencia, Nerio Tello,
Federico Giménez, Pablo Medina, Adrián Scribano, Gabriela Merlinsky
María Miguel, Enrique Del Percio

CENTRO DE INTEGRACIÓN
COMUNICACIÓN, CULTURA Y SOCIEDAD

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