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VILLAVIEJA DE YELTES LAS HUELLAS DE LA PREHISTORIA

Autor: Mariano Serna Martínez
Colabora: Eduardo Martín González.

VILLAVIEJA DE YELTES

LAS HUELLAS DE LA PREHISTORIA
Desde hace algún tiempo venía pensando en realizar un breve trabajo con el objeto de reunir lo que, sin duda, constituyen importantísimas huellas del paso del hombre prehistórico por Villavieja de Yeltes, localidad verdaderamente afortunada en este aspecto, si bien, hasta hoy, fui dejando pasar el tiempo. LA PREHISTORIA. Como sabemos la Prehistoria, dedicada a estudiar la etapa más larga de la humanidad, es un gran periodo de tiempo que va desde la aparición de los primeros homínidos –especie humana- sobre la Tierra, hace 3 millones de años aproximadamente, hasta el conocimiento de la escritura, periodo que, investigadores y antropólogos, han dividido en dos etapas: el Paleolítico –piedra vieja o tallada- y el Neolítico –piedra nueva o pulimentada etapas ambas, como ahora veremos, que, han dejado su huella, en Villavieja. EL PALEOLÍTICO. Perteneciente a la primera etapa, esto es el Paleolítico – 3.000.000, 10.000 años antes de Cristo-, cuenta Villavieja, desde el pasado verano de 2005, con un bifaz achelense: una herramienta lítica fabricada por la especie humana en el periodo achelense del Paleolítico Inferior, el más antiguo.

Foto 1.- Situación y estado del bifaz en el momento de encontrarlo.

Denominados hachas de piedra por algunos entendidos, los bifaces son los primeros útiles realizados por el hombre obtenidos a partir de un núcleo de piedra al que golpeaban por sus dos caras para obtener un filo más o menos sinuoso. Aunque no se sabe exactamente cual era su utilidad se cree que sirvieron para quebrar los huesos y poder consumir las sustancias interiores, curtir pieles, y, quizás, también como arma ofensiva. El hallazgo del bifaz de Villavieja tuvo lugar el día 28 de agosto de 2005, sobre las 19,30 horas, momento en que casi todo el pueblo se encontraba presenciando la corrida de toros. Lo encontré, exactamente, en la parte alta del borde este de la charca de la dehesa, situada cien metros al noroeste de la piscina municipal de Mampalancar. En superficie y a la vista. Foto 1. Está elaborado sobre un aplanado núcleo de cuarcita –un guijarro- de color marrón y presenta todas las características de los bifaces: tallado en las dos caras –aunque más en una

que en otra-, y forma amigdaloide o de almendra. Mide 11 cm. de largo, 7,5 de ancho y 3 de grosor. Pesa 360 gramos. Foto 2.

Foto 2.- Cara “A” del bifaz achelense perteneciente al Paleolítico Inferior.

Foto 3.- Primer plano de la cara “B” de la herramienta.

Es pequeño pero está magníficamente elaborado. La talla de su cara “A”, la más y mejor trabajada, se consiguió mediante la ejecución de, aproximadamente, diez fuertes golpes; mientras que la de la cara “B”, que remataría su elaboración, debió lograrse mediante siete u ocho pequeños y cuidadosos golpes. El instrumento, como casi todos los bifaces, presenta un talón para poder empuñarlo sin resultar dañada la mano. Es en definitiva, en palabras del veterano antropólogo y profesor de Prehistoria de la Universidad de Salamanca, Luis Benito del Rey: una joya. Fotos 3 y 4. El periodo de fabricación de los bifaces fue muy extenso, perfeccionándose su técnica a lo largo de los milenios. En un principio su tallado era parcial observándose perfectamente el soporte o núcleo en el que estaban fabricados pero, posteriormente, en el Achelense final, la talla e incluso el retallado, se extiende a todo el soporte del bifaz resultando por ello difícil o imposible identificarlo.

Foto 4.- Forma de empuñarlo por el lado que presenta el talón.

Atendiendo a la apuntado, el bifaz de Villavieja de talla parcial y sin retallado, bien podría pertenecer al periodo arcaico –más antiguo-, aunque no se debe descartar, como cree Eduardo Martín, que se trate de una pieza “excelente” –extraordinaria- perteneciente a periodos más avanzados del achelense. Y, en este sentido, aunque es difícil aventurar fechas, es probable que fuese realizado entre los años 150.000 a 100.000 antes de Cristo. ¡Casi nada!. En relación con este asunto, Eduardo Martín González -natural de Villares de Yeltes y maestro durante muchos años en Lumbrales, hoy jubilado, experto en arqueología-, me comunicó, vía telefónica durante los días de elaboración de este trabajo, que, él mismo, había descubierto algunos bifaces en las inmediaciones de Villares de Yeltes; y que a su vez, Grande del Brío, doctor en Historia, había descubierto algún tipo de industria lítica, junto al río Yeltes en la zona de Villavieja que podría pertenecer al Paleolítico aunque desconoce los objetos en cuestión. EL NEOLÍTICO. Pasada una corta etapa de transición entre el Paleolítico y el Neolítico denominada Mesolítico –10000, 5000 a, de C.-, en la Península ibérica, comienza otro corto periodo de tiempo –dos milenios y medio aproximadamente- denominado Neolítico -piedra nueva- que comprende, desde el año 5000 al 2500 a. de C. en la Península periodo que se caracteriza, además de por la introducción de una nueva técnica de fabricación de las herramientas -la pulimentación-, por un profundo cambio social que tiene como consecuencia: la aparición de los primeros poblados estables –a veces protegidos por zanjas o cercas-, el inicio de la agricultura y de la ganadería y la invención o desarrollo de la cerámica. Es, en definitiva, para algunos autores, el final del salvajismo para dar paso a la socialización de la especie humana. En cuanto a industrias líticas –de piedra- se refiere, siguen en antigüedad a las herramientas talladas, correspondientes al Paleolítico, las pulimentadas, obra de las gentes del Neolítico que, por cierto, en nada se diferenciaban de las personas actuales. Una huella de este periodo en Villavieja, lo constituye el talón de un hacha pulimentada realizada en durísima piedra negra –Diorita o Corneana- encontrada por mí, un día del mes de agosto de 2004 en mitad del camino de Villavieja a Fuenteliante, un centenar

de metros al este de la vía férrea. Herramienta lítica que debió llegar a tal sitio desde algún lugar próximo revuelta con un montón de guijarros recogidos, probablemente, junto a la charca de la Idesilla destinados a la pavimentación del camino. La pieza en cuestión presenta dos fracturas: una transversal y total que tuvo como consecuencia la inutilización de la herramienta hace varios milenios; y otra pequeña y reciente, localizada en una esquina, causada por el paso sobre ella de una máquina moderna. Mide 6 cm. de longitud, 4,5 de anchura, 2,5 de grosor y pesa 130 gramos. Foto 5.

Foto 5.- Talón del hacha de piedra pulida encontrada en el camino de Fuenteliante.

Aunque podemos equivocarnos en muchos años, pues las herramientas de piedra pulimentada se siguieron realizando hasta, al menos, la Edad del Bronce, lo más probable es que el hacha de piedra pulimentada a la cual corresponde este trozo, fuese realizada por el hombre prehistórico entre los años 3500 al 1000 antes de Cristo. Otro trozo de hacha de piedra pulimentada, realizado en el mismo material, correspondiente esta vez a la parte delantera de la herramienta, esto es al filo, fue encontrada por el referido Eduardo Martín en la zona de la Cotorra, próxima a Pedro Álvaro, lugar bastante distante del anterior lo cual evidencia que la actividad humana en todo este territorio debió ser intensa. La encontró en superficie. Presenta una gran fractura y mide 59 mm. de largo, 59 mm. de ancho y 32 mm. de grueso.

La Época Megalítica. Un periodo importantísimo en la Prehistoria del hombre sobre la Tierra, a caballo del Neolítico y de la Edad de los Metales, del que Villavieja ha salido beneficiada, lo constituye la época megalítica durante la cual se levantan los primeros monumentos de la humanidad. Su cronología abarca desde el final del Neolítico hasta la Edad del Bronce –4000, 1000 a, de C.- superponiéndose, por tanto, con la piedra pulimentada y con los primeros metales. Característicos de esta etapa son los monumentos megalíticos o megalitos a secas estructuras realizadas con grandes piedras con un función funeraria o religiosa, principalmente- de los cuales existen en Villavieja dos ejemplares o más exactamente los restos de dos.

Foto 6.- Restos de alineamientos hacia el este donde queda Villavieja.

El primero y más impresionante de ellos está situado a poco más de un kilómetro al noreste del pueblo, 200 metros al norte de la carretera a Villares de Yeltes, al pie de una suave loma desde cuya cima se contempla un amplia panorámica sobre los alrededores, incluido el río y la pequeña población de Pedro Álvaro. Consistía el monumento, originalmente, en una serie de alineamientos, orientados en dirección este-oeste, al menos diez calculo que debió tener, formados por grandes lajas de piedra negra traída de otros lugares de los que sólo quedan hoy, seis o siete piedras grandes y poco más de una decena de las destinadas a su calzo. Foto 6. Las líneas de piedras, en el sentido del fondo, se encontraban muy juntas, 2 m. aproximadamente, estima Eduardo Martín, debiendo estar formadas, cada una de ellas, por unas 15 piedras cuyo tamaño debía oscilar –a juzgar por las que hoy quedan- entre el 1-1,5 m. de altura y seguramente algo menos de anchura. La longitud de las líneas, en dirección Este-Oeste, debía rondar los 28 m. y, similar distancia en la dirección Norte-Sur, por lo que la superficie total que ocupaba el megalito debía aproximarse a los 1.000 metros cuadrados. Todas las lajas, excepto la que preside el monumento que lo hace al lado contrario, presentaban inclinación hacia el monte –el Norte-, encontrándose calzadas, precisamente en este lado, con otras más pequeñas. Foto 7.

Foto 7.- Parte alta del alineamiento donde se observan algunas piedras de calzo.

Foto 8.- Gran laja antropomorfa que preside el alineamiento megalítico de Villavieja de Yeltes.

Todos los alineamientos daban frente a una gran laja -seguramente más grande que el resto-, cuya parte superior ha sido trabajada en forma antropomorfa. Situada 7,5 m. al sur – ladera abajo- de la línea de piedras más meridional, mide esta piedra 1,80 m. de altura y 1,60 m. de anchura. Por su tamaño, forma, y preeminente posición –centrada al conjunto y fuera de éste- es evidente tenía por objeto presidir el monumento megalítico. Fotos 8 y 9.

Foto 9.- Lo que queda del megalito visto desde el sur.

El monumento fue descubierto, a finales del pasado siglo, por el referido Eduardo Martín aunque llevaba muchos años observándolo en sus idas y venidas a Villares, su pueblo natal. Y en verdad que si, por una parte, da alegría contemplar lo que queda de él; por otra, da pena que la obra que tanto debió representar para aquellas gentes, un gran centro de culto sin duda –aunque no sepamos exactamente a qué-, se encuentre en tan lamentable estado con casi todas sus prehistóricas piedras sagradas dispersas por los alrededores integrando tapias, apoyando cercas u orilladas miserablemente junto a caminos. Ciertamente este monumento debió ser espectacular y más aún si, como creo, en la parte norte de la colina, dando vista al río Yeltes y al pequeño núcleo urbano de Pedro Álvaro, existió otro de similares características pues así parecen evidenciarlo la gran cantidad de lajas de piedra negra, similares a las que conformaron éste, recogidas unas, en montones situados en la finca allí existente; y trasladadas otras, fuera de ella junto a las márgenes del camino, lo cual, si fuese así, nos situaría ante un caso parecido a los alineamientos de la zona de Carnac –Francia- a los que seguidamente haremos referencia. Significado o función. Eduardo Martín, en su día, trajo a Villavieja a un grupo de experimentados arqueólogos e historiadores, cuyos nombres no cito, para que se pronunciasen sobre el monumento pero, según me informó, no llegaron a ninguna conclusión definitiva sobre lo que pudo ser y significar. Puestas así las cosas quizás lo más correcto sería el que yo optase por el silencio pero, como no he acudido a este boletín informativo para callar, quiero expresar mi humilde opinión sobre lo que debió ser y también, aunque esto último es una cuestión más oscura recordemos que estamos en la Prehistoria- lo que debió representar. Con respecto a lo que, con toda probabilidad fue, decir que dentro de los monumentos megalíticos fueron muy frecuentes los alineamientos de los llamados menhires –piedras más o menos estilizadas-, formando líneas –rectilíneos-; o círculos –curvilíneos-, encontrándose dentro de estos últimos los Cromlech –“Kroumn”, corona, y “lech”, piedra sagrada-, tipo del que constituye un extraordinario ejemplar el inglés de Stonehenge.

Foto 10.- Monumento megalítico de Carnac –Francia-. En primer plano, piedra antropomorfa.

Los alineamientos rectilíneos, por su parte, a juzgar por los restos que nos han quedado, debieron ser tan frecuentes como los de estructura curva o cerrada constituyendo magníficos ejemplos de éstos los de Carnac, en la Bretaña francesa levantados, según se cree, entre los milenios IV-III a. de C. Existen varios de estos alineamientos en la zona de Carnac compuestos, algunos de ellos, por centenares de menhires caso del de Le Menec, que cuenta con 1.169 menhires dispuestos en 11 líneas paralelas; o el de Kerlescan, formado por 594 menhires dispuestos en 13 alineamientos de 100 m. de anchura entre los cuales se encuentran altares, círculos y tumbas. Y éstos son tan sólo los elementos residuales. Teniendo a la vista la fotografía de uno de los referidos alineamientos franceses de Carnac, quiero llamar la atención sobre algunas de sus características, bastante parecidas, por cierto, a las del alineamiento que existió en Villavieja como son: La gran cantidad de piedras que integran cada línea, el intervalo lateral de éstas, la existencia de piedras de claro aspecto antropomorfo –la primera de la izquierda-, el número de líneas de que se componen –11 y 13-, etc. Foto 10. Aunque nada cierto se sabe sobre el auténtico significado de estos alineamientos posible sería –así lo creen algunos entendidos-, que, dada la forma de algunas de sus piedras, cada una de ellas representen a una persona fallecida cuya tumba, en algunos casos, como ocurre en el referido de Kerlescan, podría encontrarse junto a su pie. En cuanto al tamaño de cada piedra –menhir- e incluso su burda labor, bien podría tener relación: con la edad del fallecido, con la importancia del papel social que desempeñó, el interés puesto por sus familiares para levantar el monumento funerario, etc., lo cual nada tendría de raro pues, como sabemos, las inmediatas gentes del Bronce y del Hierro marcarán las tumbas de sus difuntos con estelas -piedras alargadas más o menos burdas-, algunas de ellas decoradas con antropomorfos, representaciones planetarias, herramientas de guerrero, etc. E incluso, salvando las distancias claro, en nuestros tiempos seguimos alineando las estelas de nuestros difuntos en los cementerios.

Otra posibilidad es que este tipo de monumentos megalíticos representen únicamente un espacio sagrado, un pueblo unido en asamblea rindiendo culto a una deidad, que en el caso de Villavieja podría ser el Sol -la principal para la mayor parte de las gentes y pueblos prehistóricos- al cual podría representar la gran piedra antropomorfa ya que los alineamientos dan frente al Sur, punto en el que el Sol alcanza su cenit, y que, por tanto, nos encontremos ante un santuario que para aquellas gentes debió tener el mismo significado que las iglesias, mezquitas, sinagogas, etc., tienen para las gentes de nuestro tiempo. Una obra, en definitiva, movida por sus creencias religiosas que debió costarles sobrehumanos esfuerzos y desmedidas penalidades y sufrimientos.

Tampoco se debe descartar que el alineamiento de Villavieja, en concreto, represente a un pueblo reunido, ante su caudillo –la piedra antropomorfa-, en simbólica y permanente asamblea para rendir pleitesía a éste o a otra deidad.

El dolmen de la dehesa. Otro monumento megalítico existente en Villavieja, obra del hombre prehistórico, esta vez de finalidad funeraria, principalmente, es el supuesto dolmen de la dehesa. Foto 11.

Foto 11.- Lajas que formaban el corredor del supuesto dolmen de Villavieja.

Existen numerosos tipos de dólmenes –mesas de piedra- que van, desde los constituidos por tan sólo unas cuantas lajas verticales dispuestas en círculo cubiertas por una o más piedras, llamados de “cista” –quizás los más antiguos-; hasta los de “galería” , largo túnel formado por varias decenas de grandes piedras, caso del de Menga.

Un tipo bastante común de dolmen de la Meseta, es el de “corredor”, constituido por una cámara circular o poligonal, de varios metros cuadrados de superficie, donde,

principalmente, se realizaban las inhumaciones; y un pasillo de varios metros de longitud, tipo al que perteneció el de Villavieja de Yeltes. Respecto a su función decir, que aunque en algunos dólmenes no se han encontrado restos humanos nadie pone hoy en duda, que estas estructuras fueron monumentales tumbas colectivas de inhumación donde se rindió culto a los muertos y, quizás, también a algunas deidades naturalistas relacionadas con ellos como: la Luna que, seguramente, por iluminar la noche fue considerada por no pocos pueblos de distintas culturas como la morada de los muertos; el Sol, como se ha dicho, la deidad más importante para muchísimos pueblos de la antigüedad; las estrellas, etc., pues así parecen demostrarlo algunos petroglifos practicados sobre las piedras que los conforman. También han aparecido en algunos dólmenes petroglifos –grabados- representando hachas, hoces, ganchos, espirales, e incluso antropomorfos, algunos de aspecto femenino, posibles representaciones de deidades relacionadas con la madre Tierra, la Naturaleza, etc.

Foto 12.- Aspecto general del lugar donde se encuentra la charca y el dolmen.

La orientación de estas megalíticas estructuras funerarias las cuales dirigen, con mucha frecuencia, sus corredores o puertas al este o sureste, caso del de Villavieja; y su situación, junto a cauces de agua o fuentes son pruebas de que debieron tener relación con los astros y, probablemente, también con el agua, elementos considerados desde siempre, como fuentes de la vida. Foto 12.

Sobre el dolmen de Villavieja, decir que, aunque seguramente eso es lo que fue, pues todo parece indicarlo –la actividad humana que en tal tiempo, 4000-1000 a. de C. debió existir en la zona, la disposición de las lajas, la opinión de Gómez-Moreno, autor del Catálogo Monumental de la Provincia de Salamanca, etc.-, nada, al menos que sepamos, se ha recogido en él o en su contorno inmediato –hachas de piedra pulimentada, puntas de

flecha, objetos metálicos de cobre o bronce, cerámica, etc.- que certificar pueda tal suposición. Y no será porque no los he buscado pero, sorprendentemente, en vez de alguno de los elementos referidos, como he dicho, lo que encontré fue un bifaz, que de ninguna forma se puede relacionar con tal estructura pues a uno y otros elementos les separan más de cien mil años. Y por cierto que los megalitos y otras prehistóricas o protohistóricas obras del hombre, como los verracos vettones, por ejemplo, han sufrido a lo largo de la Historia numerosas tropelías y agresiones, algunas intencionadas llevadas a cabo por la propia Iglesia Católica quien se interesó en su cristianización y, con frecuencia, en su destrucción por considerarlas obras paganas; malintencionadas otras, destruir por destruir; negligentes e interesadas, etc., respondiendo, quizás, a lo último apuntado el daño causado en este monumento por la construcción de una charca -que podía haberse hecho unas decenas de metros más arriba o más abajo-, lo cual ha ocasionado el destrozo de lo que debió ser la cámara mortuoria, destrozo, por cierto, que duele más al haberse producido en tiempos recientes.

Foto 13.- Cámara mortuoria del dolmen del Prado de las Cruces de Ávila.

Otra opinión sobre la funcionalidad de los dólmenes además de la funeraria-religiosa ya apuntada, por la que actualmente se inclinan algunos investigadores es que éstos también debieron servir como elementos de visualización dado que una vez construidos se les cubría por un gran túmulo de piedras y tierra que los debía hacer visibles a largas distancias, algo parecido a lo que actualmente ocurre con los templos de todas las confesiones religiosas, opinión por cierto que, humildemente, no comparto. Foto 13.

LA EDAD DE LOS METALES. A la Edad de la Piedra le sucedió la de los metales últimos tres milenios a. de C.- pero tal hecho no debe ser entendido como una completa sustitución –como debió pasar con el Paleolítico y el Neolítico- pues de la misma forma que hoy se dan juntos en un hogar, los instrumentos electrónicos y los de hierro y madera, coexistieron entonces, durante mucho tiempo –al menos hasta finales del Bronce-, la industria lítica junto a la metálica produciéndose, a mi parecer, hasta que el hierro se impuso definitivamente, una dura competencia entre ambas lo cual debió tener como consecuencia una mejora de las técnicas de elaboración de unas y otras herramientas. Volviendo a la Edad de los Metales, según algunos entendidos, es a mediados del tercer milenio a. de C. cuando surgen, en el interior peninsular, los primeros poblados calcolíticos en los que se daba la industria del cobre y aunque, como afirma Eduardo Martín, en el término de Villavieja no se ha encontrado hasta la fecha, al menos que sepamos, ningún resto metálico correspondiente a este periodo de tiempo y tampoco ningún asentamiento humano, es seguro que existieron pues, debieron ser las gentes del Cobre o sus inmediatos antecesores los que levantaron el monumento megalítico de la carretera de Villares y el dolmen de la charca de la dehesa en el que, además de en otros que sin duda existieron, se enterraron colectivamente hasta mediados de la Edad del Bronce -1300, 1000 a de C. aproximadamente-. Es difícil saber donde se encontraron los hábitat de estas gentes pero lo más probable es que, en torno a la actual población de Villavieja, existieran al menos dos poblados calcolíticos quizás localizados: uno de ellos, a no más de quinientos metros del dolmen de la dehesa; y, otro, en las proximidades del alineamiento megalítico de la carretera de Villares -quizás un kilómetro al sur, en la cabecera de la vaguada que desde la loma del Barrero vierte aguas hacia el kilómetro 18 de la carretera de Villares, lugar que reúne excelentes condiciones para un asentamiento de su época -está en un punto elevado, protegido de los vientos del norte, y con agua pues hay manantiales en la zona- en el cual, según Eduardo Martín, se han recuperado lo que pudieran ser piedras de molino barquiformes –pilas según sus descubridores-, cuyo paradero ignoro. Petroglifo de la carretera de Vitigudino. Suposiciones a parte, una importantísima huella de la Prehistoria o Protohistoria de Villavieja perteneciente, probablemente, a la Edad del Bronce –1500, 800 a. de C. aproximadamente en nuestras tierras-, la constituye el petroglifo antropomorfo –forma de persona- existente junto a la carretera de Vitigudino, descubierto, en 1997, por Remedios Corral Rodríguez y publicado en el boletín informativo de Villavieja, el 1 de febrero de 2004. Foto 14. Grabado sobre una superficial lancha de granito, se encuentra situado a la salida de Villavieja a Vitigudino, a la altura de la caseta de aguas residuales existente antes del arranque del camino del Zarceral. Su tamaño es considerable, 80 cm. de altura y 60 de anchura y quizás, como propone su descubridora, pudo constituir un tótem protector. Se encuentra con la cabeza al oeste y los pies al este, como en posición de dirigir su mirada hacia este último sentido en el que, a casi dos kilómetros de distancia, se encuentra el megalito de la carretera de Villares. ¡Sorprendente!. Significar además, que a tan sólo cuatrocientos metros al noroeste del petroglifo, se encuentra el dolmen de la dehesa, estructura funeraria-cultual con la cual bien pudo tener relación pues su autor, bien pudo ser enterrado en éste o en algún lugar de sus inmediaciones. Con respecto a este grabado decir que, aunque alguna persona de Villavieja cree que de prehistórico no tiene nada pues fue realizado por un cantero del pueblo, dadas las características de la figura, en especial su cabeza, es poco probable que tal cosa ocurriera aunque se puede aceptar, como refiere Eduardo Martín, que alguien relacionado con el trabajo de la piedra, retocase la figura dando mayor profundidad a los iniciales relieves que, muy probablemente, no debieron tener la entidad que hoy presentan.

Foto 14.- Petroglifo antropomorfo junto a la carretera de Vitigudino.

Así aceptando, sin ningún tipo de reservas, su autenticidad y su pertenencia a la Edad del Bronce –antropomorfos similares a este han aparecido en asentamientos de este periodo, caso de uno grabado sobre una estela en Castillo de Bayuela, Toledo-, tendríamos que el grupo humano que ocupó estos territorios se mantuvo en ellos a lo largo del tiempo; y que, aunque lo bueno hubiese sido que hubiésemos encontrado rastros más importantes de estas gentes de la Edad de los Metales –sus poblados, necrópolis, herramientas metálicas o líticas, etc.- al menos podemos alegrarnos de contar, con las huellas de sus actividades cultuales o religiosas.
Una de ellas ya la hemos visto -el petroglifo de la carretera de Vitigudino-, pero existen otras aun más imperceptibles e incluso más dudosas, aunque seguramente, de la misma finalidad, que el tiempo no ha destruido por estar labradas sobre las rocas. Sí sobre las rocas pues era sobre las superficies pétreas donde las gentes del Bronce al Hierro, principalmente, solían realizar sus actos cultuales labrando previamente sobre ellas, petroglifos, majestuosos altares o elementos mas simples como hoyuelos y cazoletas. Hoyuelos rituales. Uno de estos lugares donde las gentes de finales del Bronce o inicios del Hierro debieron realizar algún tipo de actos religiosos relacionados, quizás, con el agua y con los astros, pues practicaban religiones naturalistas –rendían culto al agua, fuego viento lluvia, árboles, animales, astros, etc.-, fue el roquedo que se encuentra a la izquierda del inicio del camino del zarceral, una vez pasado el arroyo, donde hoy se encuentra una cochiquera. En la parte alta de esta roca, parcialmente partida por los canteros, a la que se accede por una rampa que incluye un burdo escalón, se encuentra una pila, quizás natural, de 75 cm. de longitud, 50 de anchura y 12 de profundidad máxima, abierta al norte, la cual presenta, en su parte sur, tres hoyuelos de distinto tamaño. Los dos más próximos situados a 10 y 12 cm. de su borde tienen respectivamente 3-4 cm. de diámetro y 1-1,7 de profundidad. El tercer hoyuelo, de mayor tamaño que los otros, situado 20 cm. al sur del

más pequeño, formando ángulo recto con ambos, tiene 4,5 cm. de diámetro y 2 de profundidad. Fotos 15 y 16.

Foto 15.- Rampa de acceso a la roca donde se encuentran elementos cultuales prehistóricos.

Foto 16.- Trío de hoyuelos rituales sobre una roca junto al camino del Zarceral.

Estos elementos parecen insignificantes, incluso habrá quien piense que son obra de la naturaleza o de la acción de algún caprichoso pero nada más lejos de ello. Representan algo, ¿pero qué?. ¿Tres dioses?. Recordemos la Trinidad cristiana procedente, seguramente, de triadas divinas mucho más antiguas. Una de estas triadas divinas relacionada con los astros pudo ser, según creen algunos investigadores actuales de estas cuestiones: el Sol, la Luna y el planeta Venus, gran lucero de la mañana o de la tarde, según las estaciones del año. Tres planetas de distinto tamaño. La pila, en cuyo borde se hayan labrados los referidos elementos, bien podría representar la Tierra en torno a la cual parecen girar los anteriores

astros. Otra posibilidad es que los hoyuelos en cuestión representasen a los tres elementos básicos de la naturaleza: la tierra, el agua y el aire -la materia sólida, líquida y gaseosa. Sean o no las expresadas las finalidades que desempeñaron estos elementos, es indudable que tuvieron una funcionalidad ritual o religiosa pues, en mis investigaciones sobre esta misma cuestión en el abulense castro de Ulaca, he encontrado otros elementos similares a este, aunque compuestos por mayor cantidad de hoyuelos. Otra pila natural, de mucho mayor tamaño, existe sobre las mismas rocas, unos metros al oeste, pila que también debió tener una función cultual, quizás recoger agua de lluvia para la practica del rito en honor de los anteriores planetas. Un baño con agua del cielo, enviada directamente por los dioses, similar a los bautismos cristianos, con cuyo acto la persona podía ser consagrada, para su protección, a los referidos astros.

Foto 17.- Trío de cazoletas cultuales sobre el verraco vettón de San Felices de los Gallegos.

Llevo tiempo investigando sobre estas cuestiones y he observado que, con frecuencia, se producen estos tres elementos sobre lo que sin duda fueron lugares sagrados –altares-. Uno de ellos, aunque correspondiente ya al Hierro II –500 al 200 a. de C.-, es el verraco vettón de San Felices de los Gallegos situado junto a la ermita del Cristo -el burro de san Antón creo que lo llaman-, el cual presenta en su lomo, como algunas aras clásicas, tres profundas cazoletas. Tres elementos cultuales sin duda, pues estas esculturas, en la época prerromana, sirvieron de tótems protectores de los ganados y quizás –según Manuel Gómez-Moreno- también de altares desde los cuales se practicaron actos mágico-rituales tendentes a obtener la protección de los animales. Foto 17.

Posibles elementos cultuales de finalidad sexual. Cuatrocientos metros al norte del punto anterior, en la zona de la dehesa donde el día de La Perla se come el hornazo, existe una curiosa roca alargada, con forma de barco, orientada en sensible sentido Este-Oeste en cuya base existen los siguientes elementos, quizás cultuales, realizados por la mano humana hace, probablemente, 2500 o 3000 años. Foto 18.

Foto 18.- Roca próxima al monumento de la dehesa con posibles elementos cultuales.

Foto 19.- Posible representación estelar al pie de la roca, con forma de barco.

Tres hoyuelos perpendiculares a la gran roca, alineados en sentido noreste-suroeste, del mismo diámetro que profundidad, de 6 cm., el más próximo a la roca; 7 cm. el siguiente, situado a 26 cm. del anterior; y 5 cm. el tercero y más pequeño, situado a 22 cm. del anterior. Los tres se encuentran unidos por un canalillo de forma que el líquido vertido en el hoyuelo más próximo a la roca se comunica con los otros dos. Otros tres elementos como los que presenta el verraco de San Felices de los Gallegos, esta vez dispuestos en línea. Quizás los mismos planetas o elementos anteriores; o tres estrellas, pues así se ven en el cielo tres de ellas de gran tamaño e intensidad de brillo en la zona de la constelación de las Pléyades aunque en un plano más bajo. ¿Quién sabe?. Foto 19.

Pegados a los elementos anteriores, en la parte este, se encuentran otros tres elementos de posible finalidad cultual.

Foto 20.- Probables petroglifos de significado sexual, al pie de la roca con forma de barco.

Uno bien pudiera ser una vulva –genital femenino-, de 20 cm. de longitud con una profunda supuesta cavidad vaginal en su centro, de 10 cm. de longitud; a la que parece intentar penetrar un falo –miembro viril- de 10 cm. de longitud. Foto 20. El segundo elemento, supuestamente cultual, lo constituyen dos diminutos hoyuelillos situados a tan sólo 12 cm. del supuesto falo. ¿Unos genitales masculinos?. Un tercer elemento, quizás también cultual, situado a 15 cm. de la pareja de hoyuelillos, consiste en un rebaje rectangular de 12x18 cm. de lados y 2 de profundidad, con un aparente relieve en su interior que no alcanzo a descifrar, quizás un pequeño antropomorfo. ¿Representa todo ello el ciclo o ritual del origen de un ser humano encomendado a la protección de tres dioses, o de tres estrellas?, ¿O nada?. Junto a los anteriores elementos, quizás debido a la percepción de su existencia, se ha grabado un nombre actual que nada tiene que ver con ellos.

El por qué se situaron tales elementos en este lugar parece pregunta fácil: fue la curiosa forma de la roca quien lo determinó, como vamos a ver en el siguiente caso.

Elementos cultuales sobre un petrozoomorfo. Doscientos metros al noreste del punto anterior, próxima a la antigua casa del vaquero, en la parte más alta de esta zona, se encuentra una gran roca con clara forma de RANA o CONEJO, vista desde el sur, que, aunque los canteros han intentado partir, por suerte, aun sigue allí. Pues bien, seguramente, como en el caso anterior, debió ser su curioso aspecto zoomorfo y su privilegiada situación -en lo más alto del lugar- lo que pudo atraer el interés de las gentes del Bronce Final o del Hierro Inicial, pues en ella hallo dos posibles huellas cultuales. Foto 21.

Foto 21.- Gran roca con forma de rana o conejo en la dehesa, próxima a la casa del vaquero.

La primera de ellas consiste en un aplanado rebaje rectangular, especie de escalón, en su parte sureste a un metro de altura del suelo. Quizás un rudimentario altar.

Foto 22.- Pila natural sobre la roca con forma de rana. La segunda posible huella cultual hallada en esta roca se encuentra en su parte alta, próxima a la cabeza. Una pileta natural ovalada de 130x90 cm. y 25 de profundidad que

desagua al oeste, en cuyo borde superior, sur, se han labrado cuatro hoyuelillos dispuestos en rombo materializando los puntos cardinales. Otra vez, elementos de posible relación astral y una pileta con agua. Fotos 22 y 23.

Foto 23.- Grupo de cuatro hoyuelos sobre la roca con forma de conejo. Sobre el probado hecho de que, con mucha frecuencia, las gentes de la antigüedad escogieron las rocas que ofrecían curiosos aspectos –zoomorfos, antropomorfos, etc-, para situar en ellas sus altares y, en general, lugares sagrados, decir que, seguramente, consideraron el que tales formas eran obras de la divinidad, esto es, que habían sido puestas allí o labradas, por la misma mano de Dios, proporcionándoles así el escenario adecuado para que desde ellas se le rindiera culto. Elementos cultuales en un refugio natural. Otro grupo de elementos cultuales pertenecientes, probablemente, a las gentes que entre los años 1000-500 a. de C. poblaron los territorios de Villavieja, descubiertos por mí el verano de 2005, se encuentra situado ochocientos metros al norte de la piscina municipal, junto al cauce del arroyo por el que se evacuan las aguas fecales del pueblo. En tal, lugar en el interior de un refugio natural formado por una gran roca, se encuentran siete hoyuelillos, bastante dispersos –70 cm. los más alejados-, de 3-4 cm. de diámetro y 1 de profundidad, trabajados sobre una gran lancha de durísimo granito y es probable que existiesen más pero, quizás, un corte en la lancha de piedra haya causado su pérdida. Fotos 24 y 25. Junto a los hoyuelos anteriores, separada de ellos 1,5 m. hacia el sureste y trabajada sobre la sólida superficie de la roca, se encuentra una burda cazoleta, obra humana seguramente, de seis cm. de diámetro y 1,5 cm. de profundidad que completa este conjunto de elementos cultuales prehistóricos que aunque, a ciencia cierta, no sepamos a quien o a qué se pretendía rendir culto, es muy posible que nos encontremos ante una representación

planetaria o estelar en la que la cazoleta grande representaría al Sol o a la Luna y los hoyuelos una constelación. Foto 26.

Foto 24.- Roca formando un refugio, al norte de la piscina, con elementos cultuales.

Foto 25.- Conjunto de hoyuelos en un refugio natural, al norte de la piscina municipal.

Foto 26.- Cazoleta ritual situada próxima a los hoyuelos anteriores. Y hasta aquí han llegado mis investigaciones sobre el prehistórico pasado de Villavieja de Yeltes, pasado sobre el que seguiré investigando y, en su caso, incorporando a lo ya obtenido los nuevos hallazgos. También deseo ofrecer a los interesados, investigadores y descubridores de algún elemento de interés sobre los tiempos que se han tratado, mi colaboración desinteresada para lo que sea necesario: valorar, documentar, publicar, etc. para lo cual pueden contactar conmigo a través del Boletín Informativo de Villavieja.