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Cerebro, violencia y agresividad.
(1) Fernando Guzmán Toro* (2) Cesar Marín Marcano

RESUMEN
Los avances de la ciencia en las investigaciones acerca del funcionamiento del cerebro, enfatizan en la relación de la agresividad con la mayor o menor actividad en ciertas áreas del cerebro, cambios hormonales y neuroquímicos; sin embargo, implica una visión determinista del estudio de la violencia, que está influida por múltiples factores y no necesariamente explicaría los comportamientos agresivos o las conductas antisociales. Es importante enfatizar que todos estos cambios neuroquímicos, hormonales, fisiológicos y anatómicos, no podrían por sí mismos explicar todos los comportamientos agresivos, debido a que el comportamiento humano es complejo y no puede ser interpretado desde una sola visión o perspectiva; sin embargo, es importante tenerlos en consideración como uno de los factores asociados, además de los sociales, familiares, políticos y culturales. Palabras claves: ciencia, cerebro, hormonal, violencia, conductas, antisocial.

Es importante destacar la influencia que pudiese tener en la génesis de la violencia, la actividad de algunas de las áreas del cerebro anteriormente mencionadas, según como lo señalan diferentes investigaciones en el campo de la neurociencia; sin embargo, existe la posibilidad de concebir un problema de una gran complejidad y multifactorial como es la violencia desde una perspectiva determinista, con el riesgo de ignorar otros factores de igual o mayor importancia tales como: económicos, sociales, familiares y educativos . ANATOMÍA CEREBRAL Y VIOLENCIA. En una visión simplificada, el funcionamiento cerebral y muchas de las conductas humanas pueden considerarse como el producto de la actividad del neocórtex y del sistema límbico , que se complementarían para generar la conducta humana, y en este proceso de complementación, el neocortex regularía principalmente la comunicación espacio temporal con el medio ambiente y sería responsable de ejecutar las funciones cognitivas e intelectuales, mientras el sistema límbico sería el responsable de las emociones (1) . Existen diferentes áreas en el cerebro que se han relacionado con la agresividad tales como: la amígdala cerebral, donde existen grupos de neuronas que tendrían un efecto inhibidor sobre la agresividad; sin embargo, también existiría en esta estructura anatómica otros grupos de neuronas que serían facilitadoras de conductas agresivas. La amígdala cerebral intervendría en la génesis del comportamiento agresivo según la parte anatómica activada: - La parte córtico - mediana tendría influencia inhibitoria sobre la agresividad de naturaleza apetitiva. - La parte central tendría una influencia facilitadora sobre esta agresividad. - La parte baso - lateral, facilitaría la agresión de naturaleza aversiva La amígdala intervendría en dos procesos distintos. La integración de la información sensorial en función de una experiencia pasada y el registro de sus consecuencias sobre el comportamiento (2) . Se ha observado que la lesión bilateral de la amígdala en animales de experimentación se manifiesta por ausencia de conductas agresivas, que se exacerban cuando se extirpa el lóbulo temporal conjunto (1). La estimulación de la región basolateral de la amígdala se acompaña de agresividad, y en pacientes epilépticos cuyo foco de estimulación se encuentra cercano a esta zona , se traduce en conductas violentas y agresivas , y es posible como lo señala Elliot, que en algunas personas con alteraciones anatómicas o funcionales en el sistema nervioso central y en particular en las áreas anteriormente señaladas, pueden experimentar en el transcurso de su vida conductas violentas y agresivas (3) .

ABSTRACT
The science advance in the investigation about the brain function , emphasizes in the relation with the aggressiveness with the greater or smaller activity in certain areas of the brain, hormonal and neurochemical changes , but is a determinist view of the violence , that is influenced by multiples factors and not necessarily would explain the aggressive behaviors or the antisocial conducts . It's important to emphasize that all this neurochemical, hormonal , physiological changes could not by themselves explain all the aggressive behaviors, because the human behavior is so complex and cannot be interpreted from one single vision or perspective and is important to consider them like one of the associated factor, in addition to social , familiar , political and the cultural factors. Key words: science, brain, hormonal, violence, conducts, antisocial.

INTRODUCCIÓN Una de las preguntas que surge es si la agresividad tiene un componente biológico y que tendría su expresión en un aumento de actividad o una disminución de actividad en ciertas áreas del cerebro y que ha determinado un marcado interés en la identificación de esas zonas que se relacionarían con conductas agresivas, cuya actividad pudiese sugerir, cuales personas en determinados momentos son susceptibles a experimentar comportamientos agresivos. La evolución del cerebro humano implica la yuxtaposición de niveles funcionales cada vez más elaborados y complejos, y según la concepción de cerebro triuno existirían tres cerebros en uno. Este sistema define tres niveles de integración: - Nivel mesencefálico ( cerebro reptiliano) - Nivel límbico (cerebro paleomamífero) que comprende estructuras tales como: el hipotálamo, la amígdala, el hipocampo, el septum y los bulbos olfativos. - Nivel cortical (cerebro neomamífero): el más elaborado, e interviene en la intersubjetividad de los intercambios sociales y afectivos.

(1) Médico Cirujano. Doctor en Ciencias Médicas. Licenciado en Filosofía y Magíster en Filosofía, Universidad del Zulia. Profesor Agregado de Ética Médica y Deontología en la Universidad del Zulia. (2)Especialista en Psiquiatría. Profesor titular de Ética Médica y Deontología en la Universidad del Zulia.

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La región basolateral de la amígdala es una de las zonas más complejas del cerebro, y se ha demostrado la existencia de receptores para neurotransmisores como el GABA, neuropéptidos y receptores para endorfinas. Muchas de las aferencias de la amígdala y del lóbulo temporal se dirigen hacia la corteza prefrontal, y lesiones en estas áreas se pueden acompañar de conductas agresivas y violentas. Otras de las alteraciones encontradas, es la existencia de una asimetría en una estructura anatómica que es el hipocampo que tendría una función facilitadora sobre la agresividad, y en individuos con personalidad antisocial o en asesinos, se ha observado un aumento de su actividad en el lado derecho del cerebro y una disminución en el lado izquierdo del cerebro. Raine es partidario de una teoría que plantea la existencia de una asimetría en el desarrollo del hipocampo, que se relacionaría con una tendencia a manifestar una conducta agresiva, debido a que en esta área anatómica existen múltiples conexiones con la corteza frontal que son fundamentales en la adaptación del individuo a su entorno, y la existencia de estos cambios en el hipocampo pudiesen producir una tendencia a manifestar conductas violentas (4). Strueber, Lueck y Roth consideran que la conducta agresiva o violenta es multifactorial ; sin embargo, uno de los factores que han adquirido una mayor relevancia en los últimos años es lo que se ha llamado la hipótesis del lóbulo frontal (5). Raine, psicólogo de la Universidad de Southern de California, considera que la corteza prefrontal desempeña un papel muy importante en modular y controlar las conductas agresivas. Es importante enfatizar que no es accidental que el lóbulo frontal se haya desarrollado en los primates, que son eminentemente sociales y se ha observado, que los pacientes con lesiones del lóbulo frontal tienen una mayor tendencia a la ruptura de normas; y es posible que una disminución de la actividad del lóbulo frontal y una mayor del área subcortical, sería un factor que determinaría la presencia de conductas agresivas en algunas personas y en particular en los que desarrollan conductas delictivas (6) . En asesinos convictos, Raine observó una disminución de la actividad metabólica en el lóbulo frontal en comparación con la población general, y un hallazgo interesante del trabajo de Raine, es que esta disminución de la actividad del lóbulo frontal se observa en aquellos individuos que cometieron sus crímenes como consecuencia de un impulso violento y no como el resultado de una actividad planificada, mientras que los asesinos quienes planificaban sus crímenes, no tenían un aumento de la actividad en esta área del sistema nervioso central (6). Raine plantea que una baja actividad de la corteza prefrontal predispone a la violencia por una serie de razones, entre las cuales enfatiza en una pérdida de la inhibición de estructuras subcorticales, filogenéticamente más primitivas tales como: la amígdala que se vincula, como se señaló anteriormente con las conductas agresivas. En los pacientes quienes han presentados traumatismos craneoencefálicos o heridas por

arma de fuego que lesionan el lóbulo frontal , los pacientes comienzan a presentar posterior a la lesión, comportamientos agresivos que incluyen actos violentos e impulsivos, así como una tendencia a violentar las reglas. Uno de los hallazgos más importantes que señala Raine, es que las lesiones prefrontales causan una disfunción severa que ocasionan trastornos en la capacidad de razonar y reflexionar, que son capacidades que filogenéticamente se adquirieron posteriormente en la evolución humana y que se relacionarían con el desarrollo de la neocorteza (4) . Los avances de la ciencia y en particular el desarrollo de técnicas como la tomografía de emisión de positrones y la resonancia magnética funcional, han permitido evaluar con certeza algunos cambios y alteraciones anatómicas que se presentan en individuos quienes han cometido algún delito o desarrollado alguna conducta delictiva. Mediante los estudios de resonancia magnética se han observado la existencia de diferencias en el volumen de materia gris en algunos individuos involucrados en actividades delictivas, con un volumen que es menor en comparación con los sujetos control que no han estado involucrado en delitos. Estos hallazgos de Raine son interesantes; sin embargo, es importante enfatizar que son múltiples los factores sociales, familiares, educativos y económicos, que pueden estar implicados en la aparición de conductas que predisponen al delito. NEUROQUÍMICA, NEUROTRANSMISORES Y VIOLENCIA También se han relacionado las conductas agresivas con alteraciones en las concentraciones de neurotransmisores tales como la serotonina. El sistema serotoninérgico es uno de los principales moduladores de la conducta emocional, incluyendo a la agresividad y a la impulsividad, y se relacionan bajos niveles de serotonina, con las conductas violentas. La serotonina tiene un efecto que inhibe las conductas agresivas, mediante un conjunto de vías que se dirigen hacia la conducta prefrontal y producen una disminución de la actividad dopaminérgica; y autores como Cocaro, señalan la existencia de una relación o vínculo entre la disminución de las concentraciones de serotonina con las conductas agresivas (7) . Young plantea que la disminución de la serotonina se relaciona con el miedo y la agresión, y la modificación genética en ratones de los genes que se relacionan con la producción de este neurotransmisor, pueden modificar las conductas agresivas (8) . Westergaard y Suomi examinaron la relación entre las concentraciones de los metabolitos de monoaminas en el líquido cefalorraquídeo de macacos rhesus y obtuvieron muestras de líquido cefalorraquídeo, y observaron la existencia de una correlación entre bajas concentraciones de un metabolito de la serotonina que es el ácido hidroxiindoalacético y la presencia de conductas agresivas (9) . Chamberlain, observó en investigaciones realizadas

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en monos, a quienes administraban mezclas de aminoácidos con concentraciones variables de triftófano ( uno de los precursores de la serotonina) ; que los monos con una alimentación con concentraciones reducidas en las concentraciones de triftófano presentaban una mayor frecuencia de conductas agresivas, al compararlo con los animales a quienes le fueron suministrados dietas ricas en triftófano; y estos resultados para Chamberlain son evidencias que las modificaciones en la dieta del aminoácido triftófano, pueden influir en la conducta de una manera indirecta, a través de una disminución de las concentraciones de serotonina (10) . Otros neurotransmisores también desempeñan un papel muy importante en la agresividad tales como. - La noradrenalina, cuyos cambios y variaciones tienen repercusión sobre el comportamiento agresivo, por sus efectos sobre la vigilia y el estrés. - La acetilcolina - El GABA que es un neurotransmisor que ejerce un efecto i n h i b i d o r s o b re l o s c o m p o r t a m i e n t o s a g re s i v o s . - La Dopamina , que se eleva por efecto de drogas tales como la cocaína que inhibe la recaptación de dopamina, aumentando sus concentraciones en los sitios donde se encuentran los receptores para este neurotransmisor, y que es uno de los factores inductores de conductas violentas en consumidores de drogas. - Las encefalinas, que ejercen una influencia inhibidora También las hormonas y en particular las masculinas ( andrógenos ) se han relacionado con la génesis de la violencia. Varios estudios como lo señala Zaczyk revelan que existe una correlación entre las tasas circulantes de testosterona y la existencia de los actos agresivos (2). Las hormonas y en particular las sexuales desempeñarían un papel muy importante en el desarrollo y la presencia de conductas agresivas; sin embargo, su efecto es controversial, debido a que las conductas que se relacionan con estas hormonas suelen ser complejas y multifactoriales. Dabbs, quien ha investigado acerca de la relación entre las hormonas masculinas y la agresividad, refiere que en los primeros experimentos con ratas y ratones, los científicos relacionaron la agresión con las hormonas masculinas y muchas de esas conductas agresivas eran suprimidas con la castración (11). En monos, cuando se produce un enfrentamiento o una pelea, la testosterona aumenta en el ganador y disminuye en el perdedor, y también se eleva en aquellas circunstancias caracterizadas por la presencia de una intensa competitividad. Dabbs observó en reclusos quienes habían sido convictos por crímenes tales como: robo , asalto, asesinato y violación; concentraciones más elevadas de testosterona, y aquellos reclusos quienes presentaban niveles más elevados de la hormona, frecuentemente manifestaban un comportamiento destructor y combativo. También observó que las mujeres quienes cometieron crímenes violentos, tenían niveles más altos de testosterona, que aquellas quienes cometieron crímenes no violentos (11).

Otras de las alteraciones observadas en personas con tendencias a conductas agresivas es la existencia de una relación negativa entre los niveles de la hormona cortisol y la tendencia a la agresividad como se evidencia en los trabajos realizados por Tennes y Kreye (12). Una explicación de las bajas concentraciones de cortisol en adolescentes con conducta antisocial, es el resultado de una baja reactividad a situaciones que usualmente producen estrés y elevación de las concentraciones de esta hormona; pero también es posible, que factores genéticos o sociales tales como: el abuso físico o sexual desempeñen un papel muy importante en el funcionamiento del eje hipotálamo hipofisiario, que ocasionen alteraciones en las concentraciones del cortisol como lo señalan Bremner y Vermetten (13) . También se ha observado en personas con tendencia a conductas antisociales una baja tolerancia y una sensibilidad disminuida al estrés, que se traduce en insensibilidad al miedo, caracterizada además por una actividad del sistema autónomo disminuida, que se manifiesta en una frecuencia cardiaca baja y una disminución de la conductancia eléctrica en piel, como lo señalan los trabajos realizados por Raine (14) . Raine se hace la pregunta acerca de las implicaciones que tienen esos hallazgos anatómicos, cambios hormonales, de neuroimágenes y neuroquímicos; y surge la pregunta para Raine, si existe el libre albedrío o estaría limitado por la existencia de algunas alteraciones o cambios neuroestructurales; sin embargo, existe el riesgo de una visión reduccionista y determinista en el análisis de la violencia al establecer estos vínculos . Raine plantea una posición intermedia, y señala que existirían dos grupos diferenciados de personas: por una parte, aquellos individuos que estarían en la capacidad de controlar casi por completo todas sus acciones y por otra parte, en el otro extremo, personas con un libre albedrío limitado, por la existencia de una serie de alteraciones en el Sistema Nervioso Central, que los predispondría a comportarse agresivamente con facilidad . Es posible que estos hallazgos anteriormente señalados en el futuro pudiesen tener implicaciones jurídicas, debido a que abogados penalistas pudiesen argumentar en los casos de homicidios o crímenes violentos, de la existencia de alteraciones neuroquímicas, anatómicas o funcionales que pudiesen predisponer a comportamientos violentos, y que muchos criminales tendrían alterados los mecanismos necesarios para controlar y asumir la responsabilidad por sus acciones. Existe un antecedente ocurrido en el año de 1991 y que señala Raine, cuando a un procesado por homicidio, quien estranguló a su esposa y arrojó su cuerpo al vacío desde un piso 12, se le redujo la pena porque la Tomografía de Emisión de Positrones, reportó una disminución de la actividad del lóbulo frontal. DETERMINISMO, CEREBRO Y VIOLENCIA

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Se comienza a observar nuevamente una marcada influencia de la medicina en la criminología, como se observó durante el siglo XIX en el positivismo criminológico que tuvo una notable influencia en el campo científico, y que se caracterizó por la utilización del método experimental y científico, pero que degeneró en un determinismo en diferentes áreas del saber. El positivismo estaba en la búsqueda de explicaciones acerca de la conducta transgresora, y profundizó en la exterioridad (fisonomía, frenología) o en los desórdenes de conducta de carácter patológico (15). Los estudios de Lombroso, establecían la existencia de una relación de carácter biológico con las conductas violentas, y que existía una tendencia malvada innata ligada a la estructura física y psíquica, que se ha trasladado en la época contemporánea a estudios complejos de imágenes cerebrales tales como: la tomografía axial computarizada, la resonancia magnética funcional, la neuroquímica; para establecer una caracterología., determinada por la actividad o su ausencia en diferentes áreas del cerebro, de ciertos cambios hormonales o neuroquímicos. Los planteamientos del hombre delincuente que señalaba Lombroso se retoman nuevamente desde la ciencia, y específicamente desde la psiquiatría contemporánea, donde resurge nuevamente el paradigma etiológico, que implica la búsqueda de los orígenes patológicos de comportamientos desviados, violentos o criminales. Se evoluciona desde una caracterología somática de las personas que delinquen, a una fundamentada en la actividad de las diferentes áreas del cerebro y falta de actividad en otras, que implicaría el surgimiento de una definición, en función de complejos análisis imagenológicos y neuroquímicos. Esta visión de la ciencia y la psiquiatría contemporánea, cuestionaría el libre albedrío, y consideraría al ser humano como una especie de máquina biológica influenciada por diferentes factores, que en un momento determinado ejercerían una influencia determinante en la comisión de un delito o en la génesis de conductas violentas, y según estos planteamientos de la ciencia y la psiquiatría contemporánea, nada sucedería al azar, sino que todos los acontecimientos y sucesos obedecerían a causas necesarias, y al conocer las condiciones previas de un suceso, sería posible predecir su existencia y características en el futuro. Los avances en las investigaciones acerca del funcionamiento del cerebro, que enfatizan en la ausencia o una disminución de actividad en ciertas áreas del cerebro se relacionan con una mayor posibilidad de presentar en el futuro conductas agresivas, implicaría una visión determinista de la violencia, y es importante enfatizar, que esos cambios neuroquímicos, hormonales, fisiológicos o anatómicos, no necesariamente explicarían los comportamientos agresivos o las conductas antisociales. Es importante enfatizar que todos estos cambios, alteraciones y modificaciones señaladas, no podrían por sí

mismos explicar la agresividad y la violencia, debido a que el comportamiento humano es complejo y no puede ser interpretado desde una sola visión o perspectiva; sin embargo, es importante tenerlos en consideración como uno de los factores asociados, además de los sociales, familiares, políticos y culturales. BIBLIOGRAFÍA 1. Cardinali, DP : Neurociencia aplicada. Sus fundamentos. Madrid: Editorial Médica Panamericana, 2007 . 2. Zaczyk CH : La agresividad. Barcelona: Editorial Piados, 2002 . 3. Elliott FA : Violence: the neurological contribution: an overview. Arch Gen Neurol 1992; 49: 595-603. 4. Raine A, Sanmartín J : Violencia y psicopatía. Barcelona: Editorial Ariel, 2000. 5. Strueber D, Lueck M, Roth G: The violent brain. Scientific American Mind 2007; 17(6): 20 - 27. 6. Raine A, Meloy JR, Bihrle S, Stoddard J, LaCasse L, Buchsbaum MS: Reduced prefrontal and increased subcortical brain functioning assessed using positron emission tomography in predatory and affective murderers. Behav Sci Law 1998; 16 (3): 319 - 32 7. Cocaro EF : Central serotonin and impulsive aggression. Br J Psychiatry 1989; 8: 52-62. 8. Young EJ, Lipina T, Tam E, Mandel A, Clapcote SJ, Bechard AR, Chambers J, Mount HT, Fletcher PJ, Roder JC, Osborne LR: Reduced fear and aggression and altered serotonin metabolism in Gtf2ird1-targeted mice. Genes Brain Behav 2008 ; 7(2): 224-34. 9. Westergaard GC, Suomi SJ, Chavanne TJ, Houser L, Hurley A, Cleveland A, Snoy PJ, Higley JD: Physiological correlates of aggression and impulsivity in free-ranging female primates . Neuropsychopharmacology 2003; 28(6): 1045-55. 10. Chamberlain B, Ervin FR, Pihl RO, Young SN: The effect of raising or lowering tryptophan levels on aggression in vervet monkeys. Pharmacol Biochem Behav 1987; 28(4):503-10. 11. Dabbs JM, Godwin M: Testosterona , héroes, amantes y villanos. México: McGraw - Hill, 2001. 12. Tennes K, Kreye M : Children's adrenocortical responses to classroom activities and tests in elementary school. Psychosomatic Medicine 1985; 47: 451-460. 13. Bremner JD, Vermetten E : Stress and development: behavioral and biological consequences. Development and Psychopathology 2001; 13: 473-489. 14. Raine A, Venables PH, Mednick SA: Low resting heart rate at age 3 years predisposes to aggression at age 11 years: evidence from the Mauritius Child Health Project. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry 1997; 36: 1457-1464. 15. Elbert CA: Manual básico de criminología. Buenos Aires: Editorial Eudeba, 1988.

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