SALUD NATURAL

den con purificadores de aire, mascarillas y tapando las rendijas, “atrincherándose” lo mejor posible en sus propios hogares, y padeciendo un cruel aislamiento físico y social que hace que su hogar, aparte de ser un “refugio” no deje de ser, al mismo tiempo, una suerte de “prisión”. Con frecuencia, se duda de su palabra y son víctimas del rechazo médico y social, siendo tildados injustamente de enfermos psicosomáticos, ansiosodepresivos, hipocondríacos…, y remitidos a psiquiatría, pese a que existan sobradas evidencias científicas de que nos encontramos ante una enfermedad con una base fisiológica real, generada por tóxicos, y no por factores psicológicos. Algunos afectados son incluso tachados de absentistas o simuladores. Tampoco los familiares o el entorno laboral suelen creer en la existencia real de la enfermedad. Como vemos, aún queda mucho por hacer en cuanto al conocimiento de los propios médicos, y de la población general, acerca de esta dolencia. Muchos de los afectados ven seriamente reducidos sus recursos económicos, dado que la propia enfermedad les obliga a perder su trabajo, y tampoco reciben las pertinentes ayudas económicas, ya que la SQM, por el momento, no ha sido reconocida de manera oficial en muchos países, entre ellos el nuestro. En España, al igual que en el resto de Occidente, la incidencia de SQM es importante y se estima que las vidas de cientos de miles de personas se ven gravemente deterioradas por ella. Es urgente, por tanto, adoptar todas las medidas para ayudar a los que ya la padecen y para prevenir nuevos casos. La demora en su reconocimiento no se corresponde con la realidad existente y no parece casual. Algunos de los motivos que subyacen a este hecho tienen que ver con que la SQM, por su propia naturaleza, supone una clara denuncia sobre el uso y abuso de muchas sustancias químicas perjudiciales y su impacto sobre la salud de las personas. No sorprende que muchos sectores de la poderosa industria química sean contrarios al reconocimiento de la SQM, porque ¿qué ocurriría si la población conociera la existencia de una enfermedad

La sensibilidad química múltiple:

una voz de alarma

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e entre todas las enfermedades que, de uno u otro modo, están relacionadas con la exposición a sustancias químicas variadas (cáncer, alergias, Parkinson, Alzheimer, diabetes, trastornos hepáticos, etc.) las cuales se están cobrando un masivo y creciente número de víctimas - , tal vez sea la Sensibilidad Química Múltiple (SQM) la más directa y elocuente manifestación de los efectos que la química puede ejercer sobre el organismo. La SQM es una enfermedad crónica, compleja, en la que confluyen alteraciones en diversos sistemas (límbico, endocrino e inmunológico). Suele aparecer tras una intensa exposición aguda a un producto tóxico concreto, o bien a raíz de reiteradas exposiciones, a niveles bajos, de una o más sustancias durante un largo tiempo. Una vez iniciada la enfermedad, se produce una progresiva pérdida de tolerancia a cada vez más compuestos químicos que habían sido tolerados con anterioridad. Además, cada vez que la persona se expone a una de estas sustancias, el umbral de tolerancia va disminuyendo. Los afectados sufren diversos síntomas físicos adversos tras una exposición, incluso a dosis bajas, que incluyen trastornos respiratorios, taquicardia, problemas gastrointestinales, dolores músculo-articulares, pérdidas de memoria, y un largo etcétera. Los desencadenantes más frecuentes

son los pesticidas, disolventes, pinturas, productos de limpieza, perfumes, cosméticos…, entre otros muchos. En numerosas ocasiones, la SQM se presenta acompañada de otras dolencias, como el Síndrome de Fatiga Crónica, la Fibromialgia y/o la Electrosensibilidad. Lamentablemente, hoy día no existe tratamiento para la SQM, más allá de evitar la exposición a los químicos. Sin embargo, son muchas las cosas que se puede hacer para mejorar la condición de los afectados. Entre ellas, está la desintoxicación (sauna, dieta hipotóxica, quelación de metales, retirada de empastes de mercurio, hidroterapia del colon, etc.). Es muy importante, además, fortalecer los propios mecanismos de eliminación de los tóxicos, así como los sistemas endocrino, inmunitario y nervioso. Un correcto aporte de minerales y vitaminas es, asimismo, esencial. El impacto sobre la calidad de vida de estas personas es, a menudo, enorme. El entorno frecuentemente les resulta agresivo, debiendo evitar los numerosos ambientes que les provocan reacciones adversas, ocasionadas por multitud de contaminantes químicos que se encuentran por todas partes. Ni siquiera en sus casas se sienten completamente a salvo de emanaciones perjudiciales (algunos incluso se ven obligados a abandonar su vivienda para habitar en coches, tiendas de campaña, etc.), de las que se defien-

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que delata a la química sintética de un modo tan evidente? ¿Cómo afectaría eso a su nivel de ventas? ¿Cuántas responsabilidades se les podría pedir, con las consiguientes sanciones e indemnizaciones? Con todo, la buena noticia es que la SQM ya ha sido reconocida en varios países, como Alemania o Japón. ¿Cuántas personas más habrán de caer afectadas, cuánto tiempo más deberán, las que ya lo están, seguir condenadas a este injusto olvido, para que se produzca dicho reconocimiento en nuestro país? Entre tanto, las cifras de enfermos crecen, a medida que también lo hace el número de nuevos productos químicos (cuyos efectos sobre nuestra salud nadie conoce), que son lanzados al mercado a diario, y que muchos de nosotros adquirimos y utilizamos inocentemente, considerando que, si están a la venta, será porque son inocuos. Nada más lejos de la realidad. Se nos dice que, a las bajas dosis autorizadas, estas sustancias no suponen peligro alguno, pero ¿se tiene en cuenta la suma de muchas “dosis bajas”, repetidas un día tras otro, de innumerables sustancias a la vez, y su efecto acumulativo en el organismo? Particular atención merecen los niños y los ancianos, más sensibles aún a los efectos de estos compuestos. ¿Podemos acaso sentirnos protegidos cuando, desde las autoridades pertinentes, se suele actuar, si es que se actúa, a posteriori - es decir, cuando se constatan daños graves ya causados a numerosos individuos (y, como hemos visto, en el caso de la SQM, ni siquiera esto es así) - , en lugar de seguir una política de prevención? En realidad, esta dolencia nos podría alcanzar a cualquiera. Estas personas, con anterioridad al inicio de la enfermedad, toleraban los químicos sin problemas y llevaban una vida como la de cualquiera de nosotros. Ante este panorama, nos queda protegernos a nivel individual, al menos parcialmente (totalmente es difícil, puesto que también estamos expuestos a estos compuestos en lugares públicos o a través de vías que escapan a nuestro control), dejando de utilizar el mayor número posible de sustancias nocivas. Existen sencillas

alternativas de limpieza del hogar e higiene personal, que son inocuas e igualmente eficaces, además de más económicas (jabón natural, bicarbonato sódico, bórax, vinagre, limón, aceites esenciales naturales…). Asimismo, en establecimientos especializados podemos encontrar numerosos preparados naturales y ecológicos a estos efectos. Igualmente, existen alternativas más inofensivas a los pesticidas, así como a los materiales de construcción y decoración. Además de la química que entra en nuestro cuerpo por inhalación, es necesario, asimismo, estar atentos a la que lo hace a través de la alimentación (aditivos), el agua o los fármacos. En este sentido, la alimentación ecológica, un buen filtrado del agua, así como los remedios naturales para preservar o recuperar la salud, constituyen las opciones más recomendables. La desintoxicación periódica supone otra medida importante a la hora de prevenir la acumulación de tóxicos en nuestro organismo. En definitiva, a todos nos hacen mella, de una u otra manera, las mismas sustancias tóxicas que determinan la aparición de la SQM. Por consiguiente, todo lo que ayude a los afectados, también beneficiará a los millones de personas que padecen otras enfermedades relacionadas con la contaminación química, así como a toda la población. Los enfermos de SQM, como verdaderos “sensores vivientes” de sustancias químicas dañinas, constituyen una voz de alarma que nos alerta sobre el mundo tóxico que estamos generando, y sobre cómo ello ya no sólo afecta al medio ambiente o a las especies animales (lo que, por otra parte, ya merecería nuestra preocupación de por sí), sino también, directa y claramente, al ser humano.*
Bibliografía: SQM. El riesgo tóxico diario. Carlos de Prada. Fundación Alborada. Blog sobre SQM, Fibromialgia, Fatiga Crónica y Electrosensibilidad: http://mi-estrella-de-mar.blogspot.com

Rosa Casas Terapeuta y Licenciada en Psicología CENTRO MÉDICO PRINCESA centromedicoprincesa@yahoo.es espacio HUMANO 11