El hundimiento del Titanic

escrito por Rick Joyner Aprendamos de los barcos en aquella trágica noche… El Titanic navegaba alegremente por el océano, pero su tripulación jamás había recibido instrucción para casos de salvataje y emergencia. No tenían plan para la evacuación de los pasajeros, y la mayoría de los tripulantes ni siquiera sabía cómo bajar un bote. Todo debió planearse y aprenderse mientras el barco se hundía, lo cual seguramente hizo que se perdieran muchas más vidas. El barco había sido sorprendido con la guardia baja, por los eventos de esa trágica noche, y el precio fue muy alto. ¿Nos sucederá lo mismo a nosotros? Si es así, pagaremos un precio alto también. La capacidad de poder enfrentar con éxito una crisis es algo que todo líder necesita, pero el objetivo más alto es el de tener la sabiduría de actuar antes de que la situación se convierta en crisis. ¿Cuántas de nuestras crisis son innecesarias, y surgen como resultado de un liderazgo pobre? Otros dos en escena: Había otros dos barcos que tuvieron un papel importante en el drama del desastre del Titanic: el Californian y el Carpathia. Los capitanes de estos barcos, junto con Smith del Titanic, reflejan las mejores y peores características del liderazgo. El Californian tenía un capitán reservado y cauteloso. Cuando oyó que había hielo en su ruta, redujo la velocidad. Cuando vio el hielo, ordenó que se detuviera el barco, y que esperaran hasta el amanecer. El operador de radio de su barco comenzó a advertir a otros barcos acerca del peligro en el área. A las 19:30 el Titanic recibió el mensaje y lo registró. Fue esta una de las seis advertencias que recibió el Titanic esa noche, y a ninguna se le prestó atención.

Esto nos cuenta la historia de la indiferencia que había en su puente de mando. No era solo el capitán, sino todo el personal del puente, quienes no prestaron atención a las advertencias recibidas. Cuando esta actitud se presenta en un líder, el desastre es inminente. El por lo general tormentoso Atlántico Norte estaba muy calmo esa noche. Más de un oficial dijo que jamás había visto tal tranquilidad en el mar. El Primer Oficial Lightoller, del Titanic, observó en su declaración más tarde: “Todo estaba en contra de nosotros”. La calma del mar también habrá alcanzado a la tripulación del Californian. El guardia vio que el Titanic se acercaba a unas millas, y luego vio que se detenía. Primero pensaron que estaba tomando precauciones a causa del hielo, como lo habían hecho ellos. El capitán le dijo al guardia que lo despertara si sucedía algo. Luego el Titanic disparó una señal de emergencia. Cuando despertaron al capitán, este pensó que la señal sería para otro barco que no alcanzaban a ver. El operador de radio estaba dormido, y ni siquiera lo despertaron para ver si podía contactarse con el Titanic. Se dispararon más señales, mientras la tripulación del Californian seguía barajando la misma hipótesis. ¡Vieron cómo el Titanic se hundía, cómo sus luces se apagaban y desaparecían en el mar! Si hubieran respondido a la primera señal, el Californian podría haber salvado a quienes murieron. La complacencia en el Titanic y el Californian puede parecer increíble, pero ¿serán capaces de hacer algo diferente nuestros líderes económicos y políticos? Cuando se llega al final de la historia ¿seremos juzgados del mismo modo? ¿Seguirá tocando la orquesta mientras nos hundimos? La racionalización es un escudo popular que utilizan los cobardes mientras los que tienen el coraje de proclamar las advertencias son tildados de “alarmistas” con un mensaje negativo. El otro barco en el drama del Titanic era el Carpathia, capitaneado por Arthur H. Rostron. Era conocido por su capacidad de tomar decisiones rápidas y de infundir energía en quienes trabajaban bajo su mando. Era un hombre creyente, que oraba siempre. A las 00:35 el operador de radio de Carpathia irrumpió en la cabina de Rostron para informar que el Titanic había chocado contra un iceberg. Rostron reaccionó como debía: inmediatamente ordenó que el Carpathia diera la vuelta y acelerara a toda velocidad en dirección al Titanic; ¡y recién después de hacerlo, le preguntó al operador si estaba seguro del mensaje! Esto marcaba un notable contraste con la reacción de la tripulación del Californian. Rostron luego demostró lo que es un líder preparado de verdad: pensó en todo. Le ordenó al médico inglés que fuera a primera clase; al italiano que fuera a la segunda

y al húngaro, a la tercera. Y les envió todas las provisiones necesarias para atender a los heridos o enfermos. Ordenó a diferentes oficiales que su ubicaran en distintas cubiertas, instruyéndolos para que trajeran los nombres de los sobrevivientes y los transmitieran por radio. Prepararon con sillas una serie de camillas para los heridos. Se aseguraron líneas de boyas a los lados del barco, con sogas para atar los botes salvavidas. Se abrieron todas las puertas de cubierta. Ordenó a los oficiales para que estuvieran a cargo de sus pasajeros, que se ocuparan de ellos y los mantuvieran fuera del área donde estaban los heridos. Todos recibieron órdenes de preparar café, sopa y provisiones. Designó a los oficiales que atenderían los camarotes, salas de fumar, biblioteca, etc., acomodando a los sobrevivientes. Luego hizo que parte del personal explicara a los pasajeros lo que había sucedido. Rostron entonces, debió enfrentar el mayor problema: el hielo. Se acercaba a toda velocidad al mismo campo contra el que había chocado el Titanic. No podía reducir la velocidad, pero se aseguró de reducir el riesgo para su propio barco y sus pasajeros. Agregó un hombre en el puesto de guardia, dos más en la popa, uno a cada lado del puente, y él mismo también se apostó allí. Su segundo oficial, James Bisset, observó que el capitán luego utilizó el recurso que más le importaba: oró. A las 02:45 Bisset vio el primer iceberg. Lo rodearon y siguieron avanzando. Durante la siguiente hora, evitaron cinco más. A las 04:00 alcanzaron la posición avisada por el Titanic la última vez, y comenzaron a levantar los botes salvavidas. A medida que amanecía, la escena se volvía más desoladora e impactante: el mar estaba lleno de témpanos de hielo, hasta donde alcanzara la vista. Ni siquiera los centinelas del Carpathia habían observado tantos. El difícil rescate de los sobrevivientes del Titanic se llevó a cabo en tal orden que la paz reinaba por sobre todos. Los pasajeros del Carpathia se contagiaron del espíritu solidario de la tripulación. Los pasajeros de primera clase les dieron sus camarotes a los sobrevivientes; otros hacían todo lo que podían. En una de las noches más oscuras y trágicas de la historia en el mar, el capitán, la tripulación y los pasajeros del Carpathia se destacan como luces brillantes de coraje y heroísmo. Son una demostración de lo que es el verdadero liderazgo. No dormía como lo hacían otros; y no se dejaron engañar por la calma del mar: estaban preparados y actuaron. El valor de un liderazgo sabio: Las lecciones que esta historia contiene pueden aplicarse a cualquier situación de crisis. El orgullo y/o la complacencia pueden llevar cualquier emprendimiento a la tragedia. La preparación puede darnos la capacidad de enfrentar cualquier tragedia y salvar lo que de otro modo se perdería. El liderazgo sabio puede evitar que se presente la crisis, en muchos casos. Sin embargo, hay algunas que vendrán, sin importar cuán sabios o vigilantes seamos.

Hay demasiados factores en este mundo que no podemos controlar, y no podemos siempre estar a salvo de ellos. Es correcto intentar evitarlos, pero también es atinado estar siempre preparado. Los sabios aprenden de los errores de los demás. La catástrofe del Titanic probablemente haya salvado a muchos otros barcos de un destino similar. También puede salvar al nuestro si aprendemos de ella.
Fuente: Lidere.org

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