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ALIMENTACIÓN INFANTIL

Dra. María Isabel Hodgson B.


Dra. Pascuala Urrejola N.

Introducción

La alimentación infantil debe cubrir adecuadamente los requerimientos de energía y


nutrientes en cada una de las etapas, a fin de promover un óptimo crecimiento y desarrollo,
evitar o enfrentar oportunamente cualquier trastorno por carencia o exceso de nutrientes y
favorecer el establecimiento de un patrón de alimentación sana y variada que perdure en
etapas posteriores de la vida y contribuya a la prevención de patologías asociadas a la
nutrición que se expresan en la edad adulta.

El primer año de vida se caracteriza por ser una etapa de rápido crecimiento y de cambios
en la composición corporal. La mayoría de los niños sanos, duplican su peso de nacimiento
a los cuatro meses de edad y lo triplican al año, mientras su talla aumenta en un 50% en
igual período. Por esta razón, los requerimientos de energía y proteínas son muy superiores
a los de otras etapas de la vida, y expresados por unidad de peso corporal, triplican o
cuadruplican los del adulto.

Bases Fisiológicas

Las indicaciones de alimentación durante el primer año deben considerar no sólo los
requerimientos nutritivos de esta edad, sino también las características de maduración y
desarrollo de los sistemas neuromuscular, gastrointestinal, renal e inmunológico, de manera
de establecer una transición gradual desde la alimentación al pecho materno hasta la dieta
mixta habitual del niño mayor y del adulto.

Al nacer, el niño está preparado para recibir alimentos líquidos, lo que realiza con la ayuda
de los reflejos de succión y deglución que permiten la expresión de la leche y su propulsión
hacia la faringe. Sin embargo, los alimentos sólidos o semisólidos son rechazados por el
empuje de la lengua o reflejo de extrusión, el cual desaparece entre los cuatro y seis meses,
haciendo posible el inicio de la alimentación no láctea complementaria. Además, a esta
edad el lactante es capaz de mantener la cabeza erguida y tiene un control parcial del
tronco, lo que facilita el proceso de alimentación. Alrededor de los ocho meses empiezan a
aparecer movimientos rítmicos de masticación, lo que junto a la aparición de los primeros
dientes y al desarrollo posterior de destrezas motoras finas permite la incorporación gradual
de alimentos semisólidos y la participación creciente del niño en el acto de alimentarse.

La digestión de hidratos de carbono ocurre principalmente en el intestino delgado. El recién


nacido de término tiene una actividad adecuada de lactasa, sacarasa-isomaltasa y
glucoamilasa, lo que le permite digerir adecuadamente lactosa, sacarosa y algunos
oligosacáridos; sin embargo posee bajos niveles de amilasa salival y sólo un 10% de la
actividad de amilasa pancreática lo que limita la capacidad para digerir hidratos de carbono
complejos (harinas, cereales) antes de los tres ó cuatro meses de edad, y recién después de
los seis meses presenta niveles adecuados de amilasa pancreática.

La digestión parcial de la lactosa en lactantes alimentados con leche materna cumple un rol
fisiológico, ya que el pH ácido intestinal resultante contribuye al desarrollo de una flora
intestinal no patógena y evita la implantación de anaerobios y coliformes.

La digestión y absorción de proteínas funcionan eficientemente en recién nacidos de


término y en prematuros, sin embargo, debe evitarse una ingesta excesiva porque esto
implica un aumento de la carga renal de solutos y puede inducir acidosis metabólica. La
absorción de algunas proteínas intactas en los primeros meses, permite el paso de
inmunoglobulinas de la leche materna, pero esta mayor permeabilidad puede tener
consecuencias adversas si se incorporan proteínas extrañas, con capacidad antigénica, que
pueden gatillar el desarrollo de alergias alimentarias.

La digestión y absorción de grasas es insuficiente en el recién nacido de término y en el


prematuro debido a que la actividad de lipasa pancreática y el pool de sales biliares son
insuficientes. Esta baja actividad se compensa parcialmente con una mayor actividad de
lipasa lingual y gástrica y especialmente por una lipasa específica contenida en la leche
materna que se activa al llegar al duodeno, lo que no ocurre cuando la leche materna es
reemplazada por fórmulas lácteas.

Los riñones del recién nacido se caracterizan por una baja tasa de filtración glomerular y
una capacidad de concentración limitada. Ambas son suficientes cuando la alimentación
aporta suficiente cantidad de agua libre y una baja carga renal de solutos, como es el caso
de la leche materna. Sin embargo, la ingesta de leche de vaca no diluida o de fórmulas
concentradas, en los primeros meses de vida, puede producir alteraciones del equilibrio
hidroelectrolítico y ácido-base que resulten en hiperosmolaridad, hipernatremia, acidosis
metabólica y en algunos casos hiperfosfemia e hipocalcemia. La capacidad funcional renal
aumenta rápidamente en los primeros meses, preparando al niño para el inicio de alimentos
con mayor carga de solutos.

Lactancia natural

La leche materna constituye el alimento fundamental durante el primer año de vida, ya que
es la más apta para satisfacer las necesidades nutricionales e inmunológicas a esa edad.
Además, tiene importantes efectos positivos en la relación afectiva que se desarrolla entre
la madre y el hijo. Si el lactante mantiene buen crecimiento y la madre desea seguir
amamantando, puede hacerlo hasta más allá de cumplida la edad de un año.

El incremento de peso de los niños es el mejor indicador de la suficiencia de la leche


materna. Los estándares de crecimiento en uso (OMS/NCHS) se basan en mediciones
hechas en niños alimentados con fórmulas artificiales, pudiendo- los que reciben leche
materna- tener aumentos de peso inferiores al promedio después de los tres meses de edad,
sin que esto implique crecimiento insuficiente.

En general, es preferible iniciar el pecho a libre demanda procurando que sea la propia
dupla madre-hijo quienes logren posteriormente el mejor horario que permita a la madre
realizar otras actividades. En el caso de la madre que trabaja, se debe enseñar las técnicas
de extracción y conservación de la leche, en estos casos es especialmente importante
recomendar mamadas nocturnas.

Alimentación láctea artificial

Cuando las circunstancias no permiten amamantar a un niño es necesario ofrecerle otra


modalidad de alimentación que satisfaga sus necesidades nutricionales.

Primera opción: Fórmulas comerciales (formulas adaptadas) basadas en leche de vaca, que
intentan acercarse a la composición de la leche materna para hacerla compatible con la
madurez gastrointestinal y necesidades del recién nacido y lactante. Estas fórmulas
reconstituidas al 13% (13 g de polvo en 100 ml de agua hervida). Tienen un aporte de
nutrientes similar a la leche materna y cumplen con las recomendaciones establecidas para
la preparación de fórmulas lácteas infantiles.

Segunda opción: Leche de vaca modificada en el hogar. La leche de vaca no modificada es


inadecuada para los lactantes menores de un año, ya que contiene una concentración
excesiva de proteínas, calcio, fósforo, y sodio y, además es deficiente en ácidos grasos
esenciales, vitamina C, E, D, y niacina: El hierro, zinc, y cobre, junto con ser insuficientes
en cantidad, se absorben pobremente.

La fórmula para los primeros meses de vida, a base de leche de vaca al 26% de materia
grasa, debe estar reconstituida al 7,5% con el fin de adecuar el aporte de proteínas, calcio,
fósforo y sodio. Para cumplir las recomendaciones de energía para la edad, se agrega
maltodextrina o sacarosa al 5% y es necesario además, agregar 1,5% de aceite vegetal para
cubrir los requerimientos de ácidos grasos esenciales. Después de comenzar la alimentación
no láctea, el aceite de la mamadera puede ser reemplazado por polisacaridos del tipo
almidón (maicena, cereales dextrinados) al 3 ó 5%

En niños sanos, antes de los dos años, no está indicado el uso de leches descremadas o
semidescremadas.
Alimentación no láctea.

La introducción de la alimentación mixta depende de la edad como también del desarrollo y


madurez fisiológica individual. En condiciones de lactancia materna adecuada, a los 6
meses de vida se recomienda iniciar la sopa-puré y la papilla de frutas. En niños que
reciben alimentación láctea artificial, la papilla o puré puede iniciarse después de los cuatro
meses de vida.

Segunda comida puede introducirse en el esquema de alimentación dos meses después de la


primera.

Trigo, cebada, avena (cereales con gluten): se deben indicar después de los seis meses de
edad. Cuando existe el antecedente familiar de enfermedad celíaca es aconsejable posponer
esta indicación hasta después del octavo mes.

Leguminosas: se introducirán gradualmente desde los 10 meses en adelante según


tolerancia.

Huevo y pescado: es preferible indicarlos después del año de vida por el riesgo de alergia.

Alimentación durante el segundo año de vida

Durante el segundo año de vida se debe introducir gradualmente la comida de la casa,


incorporando al niño a la mesa familiar. Se recomienda incluir las carnes (pollo, vacuno,
pavo) y huevo dos o tres veces por semana; pescado y legumbres una o dos veces por
semana; frutas y verduras diariamente.

La fórmula láctea a esta edad se basa en leche de vaca con 26% de materia grasa,
reconstituida a 10%, a la que se agrega sacarosa 5 % y cereales 3%. Puede usarse también
leche líquida. Debe limitarse al azúcar o cereal si hay tendencia al sobrepeso. Se
recomienda suspender la mamadera de la noche entre los 12 y 18 meses de edad (siempre
antes de los 2 años), en un niño con buen estado de nutrición, dejando su alimentación en
los cuatro horarios definitivos, desayuno, almuerzo, once y cena. Los alimentos sólidos
deben ofrecerse molidos con tenedor desde los 12 meses y picados desde los 18 meses,
acomodando, en general, el cambio de consistencia a la salida de los primeros molares y al
desarrollo psicomotor relativo a la masticación.

No es recomendable el consumo de golosinas en la medida que el niño está formando sus


hábitos y preferencias de alimentación. Las colaciones a media mañana no son
indispensables y, en caso de darlas, es preferible que sean en base de frutas.
Los líquidos para beber deben consistir idealmente en agua o jugos de fruta, con un mínimo
o sin agregado de sacarosa.

Es importante restringir el aporte adicional de sal, en especial en la mesa (salero), el


consumo de azúcares refinados, la ingestión excesiva de grasas saturadas y, por otra parte,
estimular la ingestión de vegetales y fibra. Es aconsejable introducir a esta edad las
verduras crudas.

Suplementación de vitaminas y minerales

En el lactante alimentado con pecho exclusivo es necesario suplementar con:

Vitamina D

400 UI diarias hasta el sexto mes, y si es invierno prolongar hasta el verano. Si no es


posible realizar el aporte diariamente indicar 100. 000 UI al mes de edad (media ampolla de
300,000), y repetir en regiones con escasa luz solar a los seis meses de edad.

Hierro

Debe efectuarse suplementación con 1 mg kg/día desde los 4 meses en adelante. En niños
con bajo peso de nacimiento o prematuros dar 1- 2 mg kg/día desde los 2 o 3 meses de
edad, cuando hayan duplicado el peso de nacimiento.

En el lactante alimentado con fórmulas adaptadas, no es necesario suplementar con hierro o


vitaminas ACD, a menos de que el lactante haya sido prematuro o bajo peso de nacimiento,
en cuyo caso se debe aportar 1 mg/kg de hierro extra.

En el menor de un año alimentado con leche purita fortificada es necesario suplementar con
vitaminas ACD, pero no con hierro

Floruro de Sodio

En aquellas zonas del país en que no exista fluoración del agua potable es necesario indicar
0,25 mg de Floruro de Sodio desde los seis meses en adelante

Referencias bibliográficas

1. K.M. Hendicks, S.H. Badruddin: Weaning Recommendations: The Scientific Basis:


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