La marca del apocalipsis en James Betancourt

Por: luix flow
I

Creo que corría el comienzo de los años noventa, yo era muy jovencito, había un

concierto en un pueblito cercano a Los Ángeles, cuyo nombre no recuerdo. Llamé esa

tarde a mi “novia” Mêle que vivía en San Bernardino para ver si cuadrábamos el tiempo

para ir juntos a ver a los Misfits. Luego de diez minutos de labia sobre el amor y sus

concupiscencias carnales, más las vibras emocionales de pareja, me echó el cuento de

que no podía ir, que estaba enferma. Me sonó en mi intuición a mentira, me entristeció

un poco, me sentí engañado, sentí muchas cosas, pero no dije nada, solo me despedí. El

principal obstáculo en nuestra relación, fue que cuando la conocí, ella ya tenía novio, yo

me metí fue de colado. El novio era un chico alto, rudo y con pinta de bacán de esos que

manejan un automóvil a toda madre, un auto que trae un motor que truena sin miedo ni

temor a perder su virginidad cuando le pisan el acelerador. Mínimo era un Camaro, que

echaba chispas en los piques y que debería hacer con frecuencia, tendría de seguro más

de 400 caballos de fuerza, y deberían de ser caballos de paso fino, fuerte y veloz. A lo

mejor en los fines de semana, bajo una noche romántica de estrellas, antes de sentarse

sobre el capot con su noviecita a decirle cositas bellas, le hacía el amor en la parte

trasera de su vehículo, donde tenía cubierto el asiento con piel de oveja.

Yo conocí a Mêle, a través de una revista underground que me dio por publicar en una

década como la de los noventa, época que había comenzado de forma desordenada

puesto que estaba untada de cosas ocultas que se manejaban en otros niveles

corporativos a los que uno no tenía acceso ni de madres; creo que por ello nació el

Punk-Rock como música y como expresión artística y social de rebeldía. De todos

modos para no apartarnos del cuento, les sigo contando que la revista hechiza que hacía,
era una publicación temática de las que se conocía en el mundo musical como fanzine,

le había dado el nombre de “No Future”, en blanco y negro estilo fotocopia, formato

collage que incluía fotos que yo colocaba en forma muy original recortándolas y

poniéndolas sobre diferentes fondos. Armada en media página doblada a la mitad y

zunchada con grapa normal y silvestre. La mayoría de las fotos provenían de las que

había tomado a bandas de punk-rock en conciertos recientes, y en veces a algunos de los

presentes. Le agregaba al “zine” también, fotos urbanas por ahí regadas, de locaciones

abandonadas o tomas a pordioseros o gente que dormía sobre los andenes. Los collages

se centraban más que todo en la tocada de una banda que me encantara, a la que le

dedicaba algunas páginas y a veces una que otra entrevista cuando tenía la oportunidad.

Incluía además reportes gráficos de una escaramuza que no dejaba de faltar en cada

concierto entre los chicos y la policía. La más grande de todas las revueltas que

presencié fue una que sucedió durante un concierto gigante de los Dead Kennedys.

Cada edición salía al aire gratis, o mejor dicho al ruedo, porque cada mes, yo mismo la

repartía a mano en todos los conciertos a los que iba durante las semanas venideras.

Incluía en las notas aunque fuera una reseña de cada gig ya que no me alcanzaba el

tiempo ni el espacio para cubrir todas. Acompañaban al despliegue visual: frases que

aprendía durante mi experiencia diaria o de alguna frase famosa por ahí, le anexe

también una página de correos donde la gente colocaba sus clasificados y comentarios

personales. A todo aquel que me escribía le contestaba, y adquiría así un resumen de

cartas sobre lo más relevante, para anexarlo junto a la lista de correos; era mi forma de

interrelacionar al publico entre sí publicando sus correos electrónicos o teléfonos para

que fuera creciendo mi fanzine, algo que consideraba como mi pequeño aporte al

crecimiento y embellecimiento, por así decirlo, de la escena local.
Mêle me escribió directamente, no como comentario a un texto o una imagen o a un gig,

me decía que la había impresionado un artículo que yo había publicado sobre mi

experiencia personal en determinado gig y sobre las ideas personales que describía

sobre la escena juvenil. Así continuamos intercambiando correo como por unos 6

meses, recuerdo que me envió fotos suyas todas tiernas, una de ellas junto al piano;

hasta que decidimos de común acuerdo conocernos. Para entonces alquilaba un

apartamento en uno de esos edificios feos que encierran a Hollywood, era un bloque

donde vivían un torrencial de individuos de todos los estilos más extraños y bizarros

vistos sobre la tierra, me imagino que yo era uno más de ellos. Lo bueno del área, es que

por su contenido de extrafalariedad, nadie se percataba de mi presencia o si lo hacían

me regalaban una sonrisa pero nunca una mirada de crítica como pasaría si viviera en un

barrio de esos “normales”. Mi forma de vestir y mis peinados me obligaban a vivir

recluido en este tipo de vecindarios, especialmente para evitar contacto con los tombos

que siempre me detenían pensando que cargaba armas o drogas. El día que decidimos

conocernos, Mêle y yo, tuve que viajar en mi viejo pero resistente Toyota Corolla, casi

noventa kilómetros que me tomaron más de dos horas por la congestión de la autopista.

La idea de visitar a alguien que viviera tan lejos de forma repetida me aterrorizaba. Por

ser mi primera vez no me molesto el viaje, aunque el viaje de ida se me hizo más largo

que el de la vuelta, claro que siempre pensé que había valido la pena el trip.

Mêle era una chica excepcional y atractiva que olía a flor urbana. Su sonrisa compenso

los gastos de gasolina del Toyota. Su piel era suave y paliducha, su voz tenia la gracia

de una chica moderna e inteligente, además de un dulce tono original; eso me atraía en

una mujer, la dulzura; que no la confundan con la suavidad reprimida de algunas chicas
dominantes con vocecita de pajarito y con corazón de bruja, no. Mêle era dulce de

corazón, aunque desordenada, desorientada y descontrolada. Jajaja, aun así me

fascinaba. Unos largos dedos le salían de las manos que colocaba grácilmente sobre el

piano entonando alguna melodía genial y sentimental, sus uñas un toque amarillentas

mostraban las lisonjas que compartía con el mundo de las drogas de vez en cuando. Le

analizaba sus dotes corporales mientras deslizaba esos dedos gentilmente entre el piano

vertical viejo de la casa de sus padres, por la relación que demostraba tener con el piano

podría decirse que lo venia acariciando desde muy temprana edad, tal vez desde la

infancia. Sus padres no estaban en casa, había coordinado los tiempos muy bien para

nuestra primera cita, mas tarde terminaríamos metidos entre espejos en un motel barato

del vecindario acariciando nuestro idilio, el uno muy cerca del otro realizando algunas

faenas de amor carnal muy superficiales dado que ella estaba saliendo con su novio, me

imagino que se preguntan que quiero decir con esto último, mejor no lo averigüen...

Claro que estoy suponiendo la voluntad de una relación que ni existía de verdad. Su

novio el chico alto y rudo con carro deportivo poderoso, me podía cascar si quisiera si

se diera cuenta de la bestialidad que estaba yo cometiendo, además para mi disculpa,

ella, durante el tiempo que nos estuvimos escribiendo no indicaba que tuviera un

amante, lo cual me embrujo a ella y a su aroma salvajemente mágico. Pobre el tipo de

su novio, pensé, en cómo era engañado con mi presencia ahí incrustada en ese barrio

ajeno que me hacía sentir bajo muy bajo y un poco sucio; claro que no me arrepentía

para nada de haber estado con Mêle esa tarde y esa parte de la noche.

Con la bella y confusa Mêle me asumí desde el principio y automáticamente que era su

novio y le derrame en su aura y sobre todos sus movimientos un poquito del chorrito
machista de mi propiedad, algo que el chico rudo y alto se había olvidado hacer, porque

si no, lo hubiera detectado desde el principio y me hubiera negado en avanzar.

Esa noche que se presentaban los Misfits en aquel pueblo cercano a L.A., del cual no

me acuerdo del nombre, localizado entre San Bernardino y Los Ángeles, fui con dos

amigos; uno era una chica que usaba un mohawk verde en su cabeza a forma de

serrucho rompe energías; tenía la piel oscura como la noche e igual de brillante al betún

que el aplicaba a veces en invierno a mis botas baratas y viejas que había comprado ya

casi dos años atrás en K-Mart. Se llamaba Belle Betún, sus labios eran gruesos como las

selvas de África que había coloreado de un rojo bermellón violento listo para la

acción… la verdad que al verle los labios de ese color tan pegajoso, no me daban ganas

de dejarme besar por ella, creo que si los hubiera dejado sin colorete y en cambio los

hubiera humedecido suavemente sin que me diera cuenta con su salivita, me hubieran

entrado unas ganas tremendas de besarla, pero no fue así. Cada vez que necesita decirle

algo a ella, el “rojo-ámame” se entrometía y se me escapaban las palabras o me

enredaba todo, por eso tenía que voltear la vista muchas veces cuando hablábamos, sus

labios me deseaban y me sentía incomodo en no reaccionar por el pegote rojo en los

labios y por tener mi mente ocupada en la desilusión de que Mêle no había querido ir

conmigo al concierto. Me sentí como un tonto también por jugarle a la fidelidad a ella y

por no haber cogido una servilleta para quitarle el colorete a Belle Betún y limpiarle esa

boleta de amor inconcluso. El amigo de Belle Betún que nos acompaño al concierto de

los Misfits, era un chico gay amigo de ella con olor a aleteo imbécil, hablaba hasta por

los cordones, estaba caliente y quería sexo inmediato. Con este par de personajes

maneje esa noche hasta el pueblito este en las afueras de L.A., del que no me acuerdo el
nombre, en el viejo Toyota Corolla. Cuando llegamos ya estábamos copetones de tanto

alcohol y fumaringa.

Volviendo a la pista con los Misfits, luego de un borolo de pogo violento y relajante, me

recosté cansado sobre una pared por donde pasaba obligatoriamente toda la tropa de

asistentes, unas tres mil personas que continuamente iban al baño o al bar por

provisiones. Por todos lados habían momias esa noche, cada una con su movimiento

original, eso me gustaba de estos chicos, su actitud original frente a la moda o al

movimiento de vanguardia que se estuviera inventando. De pronto como salido de una

visión, el rostro pálido y la figura bellamente urbana de Mêle se fue acercando hacia mí,

era ella como saliendo de entre un tumulto de gente que hacía de bulto de fondo de esa

foto que quedó impresa en mis recuerdos, donde aparecía ella como alguien que me

mantenía presente en sus pensamientos. Toda ella con su pelito rubio, afeitado en un

lado de la testa y en el otro dejado largo que caía como una ola a media barbilla; la parte

superior engominada formando punticas salvajes en piquitos eléctricos como si hubiera

metido la cabeza en un toma de energía. En su oreja descubierta un arete africano o

indígena, parecía hecho a mano y de gran proporción. No tenía los labios pintados, lo

que me hizo comparar. Estaba hermosa y mi corazón pálpito fuerte llenándose de gozo.

El vapor que venía del hall donde se danzaba emitía olores mezclados entre sudores

fuertes, humos de todo tipo y podredumbres mentales, que se desvaneció totalmente de

mis sentidos cuando vi a Mêle, creo que era amor lo que sentía. Los ojazos de ella se

cruzaron con los míos y de su piel cálida salió una sonrisa, nos abrazamos y quede en

silencio, aunque alcance a decirle que qué hacia ahí, no estabas enferma? -yo tan

inocente… “oh, vine con mi novio y sus amigos” me dijo con una sonrisita inocente y
segura, señalándome el área arriba donde posiblemente estarían sentados, se disculpo al

rato de mirarnos y mirarnos profundamente entre nuestras almas por largos minutos sin

decir nada, para ir al baño, me sentí engañado otra vez dentro del trama de propiedad de

novio en que me había metido con solo verla la primera vez. Cuando Mêle volvió del

baño me cogió la mano y me invito al ruedo del pogo, olía a pachuli y ahora se había

coloreteado los labios de un rosadito suave, bailamos un rato abrazados con una mano

sobre el cuello del otro. ¡Como pogiaba esa chica!, no éramos violentados por las otras

momias por estar ella. Al rato me dijo que estaba cansada que volvía donde su novio y

nos despedimos, no volví al pogo durante el resto de la presentación por más que mi

amiguita Belle Betún me lo proponía, me arrime por el contrario a un lugar lejano y

opuesto de donde podía ver hacia las escalinatas del hall colegial donde posiblemente

estaría sentada mi “novia” con su novio el chico alto y rudo y sus amigotes. Me senté

medio achantado a mirar, solo a mirar, de vez en cuando venían el gay y la negrita con

cresta verde a entusiasmarme, hasta que Belle Betún se sentó y seriamente me pregunto

qué me sucedía, entonces le conté todo lo referente a mi relación con Mêle desde el

principio hasta hace un momento que la había visto allá abajo junto a los baños. Al

terminar la velada entre ruidos de guitarra espeluznante y rastrillada eléctrica, pata,

puños y carcajadas, fuimos saliendo poco a poco hasta el lobby cerca de la puerta de

salida, donde nos detuvimos a tomar un cambio de aire antes de emerger al sereno.

Desde donde estábamos recostados sobre la pared frente a la salida, vi que se acercaba

Mêle con el chico alto y rudo, le mostré a mis amigos quien era Mêle. Belle Betún la

mando su mira típica de hostilidad. Mêle se detuvo a escasos metros de donde

estábamos nosotros con su novio a espaldas y ella se abrazada mirando hacia nosotros,

sacando su rostro por encima de la ancha espalda cubierta con una chaqueta de cuero
llena de letreros hechos con marcador blanco que mostraban rebeldía. El rostro urbano

de Mêle salpicado por el underground de sus sentimientos, se asomaba por encima de

un estremecimiento de culpabilidad del que no podía apartarse, me miraba todo el

tiempo como pidiéndome un perdón no solicitado. Pero no me dedique a traducir el

pensamiento que me enviaba, la tristeza me nublaba no solo el lado visual sino el

pensamiento; de buenas que Mêle no se atrevió a mirar en ningún momento a Belle

Betún a los ojos, la que al tiempo trataba de aprovechar la situación para abrazarme y

acariciarme diciéndome que la besara para que le dieran celos a ella… aunque fuera por

el placer de la infidelidad o por darle celos, lo que me pareció buena idea, pero al mirar

el manchón rojo en sus labios, la idea desaparecía de mi mente. No lo hice, persistía en

permanecer afligido como buscando una compasión autodestructiva de forma diferente

y tal vez milagrosa.

Al rato, todos salimos, solo miradas nos despedían, el chico alto y rudo no se percato de

nada de lo que hizo Mêle para tratar de distraerme de mi angustia y traspasarme lo que

tenía en su mente, yo no escuchaba… Soy el tarado de James Betancourt, que sé casi

nada de estas cosas de los sentimientos, soy un salvaje del desamor, corazón roto de las

calles, viento acortado por el veneno de las infidelidades, poema amorfo del amor

fallido... Caminé mirando solo a mis botas raídas por entre todas las calles, pretendiendo

buscar mi auto, donde lo había dejado?, a lo mejor no lo quería encontrar, recuerdo que

caminaba gruñendo ruidos calle arriba y calle abajo, con Belle Betún siguiéndome

tratando de hacerme entrar en razón, ella y su amigo el gay. Después de muchas

palabras me tranquilice y encontramos al Toyota Corolla, blanco y medio oxidado que

nos esperaba tranquilo y sumiso, pobrecito mi cacharrito.
Nos largamos de ese pueblo sin nombre, que ahora ya sé porque no recuerdo su nombre.

Durante todo el trayecto hasta Los Ángeles, mis dos amigos hablaban y hablaban

mientras seguían tomando, me invitaron a quedarme con ellos en el apartamento del

gay, este chico quería orgia, algo que no me pasaba ni por la mente ni por el pene y

menos bajo semejantes circunstancias casi melodramáticas y trágicas por la que pasaba

mi corazón. Después de haber dejado a Bella Betún y al amigo gay en su apartamento,

por allá en uno de esos barrios periféricos del oriente angelino, manejaba a eso de las

dos o tres de la mañana en dirección a mi hogarcito sucio y revuelto, única guarida para

mi tristeza, cuando una llanta del Toyota exploto en agonía sobre el Hollywood

Highway; creo que no aguantó más el trajín que le ponía yo en las curvas, y creo que el

desequilibrio de mi cerebro fue el culpable que reventó las lonas de caucho de la llanta

en la intemperie de la autopista de forma salvaje y endemoniada, como si estuviera ella

brava por algo que le hice o por algo que no hice, además siento que el aroma de mi

carro había llegado a su fin. Las lonas negras fueron quedando como testigos sobre el

pavimento frio de la carretera nocturna dejando la existencia de una llanta abandonada a

su propio destino, que en este caso se convertía en el mío… Ellas allá tiradas, yo acá re-

tirado y abandonado en una autopista aparentemente sin transeúntes… todos ellos ya

dormidos entre sus sueños.

Sin llanta de repuesto y en medio de la intemperie me senté sobre la calzada de

piedrecitas sucias y desperdicios inorgánicos que despedían los automotores. Más allá

de donde estaba sentado había un pedazo de metal que se le había caído a algún camión

de esos gigantes, uno que otro tarro vacío de aceite, un destornillador oxidado y

tornillos o tuerquitas por aquí y por allá. Comenzaron a aparecer unos pocos vehículos,
y me levante en mi posición, había dejado levantado antes el capó del Toyota a forma

de mostrar que estaba varado. De pronto, un Volkswagen rojo de esos convertibles que

le gustaba a Jenna, apareció de la nada y se detuvo más adelante, se bajo un man y

ofreció su ayuda, me conto que me había visto en el pogo del concierto de los Misfits, y

nos saludamos otra vez más efusivamente. Se ofreció a llevarme hasta mi casa, recogí

un par de cosas del coche y nos fuimos.

Una vez dentro del Volkswagen rojo, perfumado a mujer, sentí o me ocurrió una

transformación inusual: como si se me hubieran borrado los 21 años de mi existencia así

de rápido, como con el click de los dedos, lo sentí muy dentro de los huesos, en la

columna vertebral, como si hubiera traspasado un portal inter-dimensional, no a mi

voluntad… En el carrito venían con el chico que me recogió, dos chicas canadienses

que eran hermanas, vivían en la provincia de Alberta sobre las praderas occidentales de

ese país. Las hermanas oriundas de Vancouver por el lado oeste, vivían junto a las

Montañas Rocosas en las afueras de una pequeña ciudad de nombre Calgary a unos mil

metros sobre el nivel del mar. Me dijeron que lo más maravilloso de todo era que desde

su hogar, que resulto siendo una especie de finquita muy cuca, se podía contemplar los

grandes picos de una cordillera nevada hermosísima que descansaba al pensamiento con

solo mirarla… pensé que eso me serviría de consuelo a veces, como para olvidarse uno

del frio tan tremendo en ese territorio, pensaba y meditaba el viaje, mientras las

escuchaba describir su finca. Me entere de que saldrían muy temprano al otro día de

vuelta a su pueblo, adema de que me invitaron a venir con ellas, pensé un segundo más

de largo en el Toyota tan fiel, luego, decidí simplemente en dejarlo abandonado y ya,

además como mi vida de editor de revistas en fracaso había llegado a su fin, no me

molesto para nada irme con ellas hasta Canadá.
II

Aun corría noviembre y entre mas subíamos el paralelo, mas se asentaba el frio, no

volví a pensar en mis perdidos 21 años, me sentía bien donde y como estaba… sucedió

que el Volkswagen rojo pertenecía a las hermanitas canadienses, el chico resulto ser un

primo que vivía en la gris L.A.; una de las chicas se llamaba Rosa y la otra Rosita, se

apellidaban Girardot, de descendencia francesa. Rosa era medio rubia, no sé si teñido o

que el sol se lo quemaba cuando bajaba al sur. Rosita en cambio tenía el cabello medio

rojizo que le caía a los hombros, lizo con una nariz maravillosa, olía a flores silvestres y

traía unos ojazos color miel que me envolvían. La piel de las hermanitas estaba entre

transparente y rosadita. Se dedicaban las Girardot a la orfebrería, de la cual sobrevivían,

vendiendo su producido en diferentes ferias artesanales desde Canadá hasta México.

Así fue que me fui acostumbrando a vivir entre el frio y la contemplación de los altos

picos nevados en Alberta. Dos semanas ya habían transcurrido, y una tarde decidí ir a

visitar a un viejo amigo de nombre Hongux que vivía en Jasper, no muy lejos de donde

me estaba quedando. Hongux era un chico de Cali con el que me había criado desde

jovencitos y que había emigrado hacia Canadá un buen día, según él, porque la

violencia de los noventas en Colombia le tenía amargada la sangre. Así fue como

encontró una pequeña comunidad y nuevos amigos cerca de Jasper dentro del Parque

Nacional muy dentro de la cordillera de las Montañas Rocosas. La vida era tranquila,

lenta, y agradable. Un día que nos fuimos de caminata a ver hasta donde llegábamos

subiendo montaña y roca como nos gustaba hacer allá en los Farallones de Cali,

mientras el olor del aire limpio de la montaña cambiaba los sentidos y refrescaba el
pensamiento y después de varias horas de trayecto, nos encontramos con un grupo que

venía bajando, entre ellos un chico que era conocido de Hongux, de nombre Acid

Licergik , el cual me pareció fantástico por la buena energía que tenía. Me conto él que

tenia familiares en Colombia en la ciudad de Bogotá, unos primos en segundo grado por

lado de su padre. Lo que encontré increíble de Acid, fue su capacidad para poder

interlocutar entre la verborrea apocalíptica de mis pensares. Con Acid, me podía aun

sumergir más dentro del conocimiento porque él aportaba contenido a las divagaciones

donde nos topábamos a veces, y a la final nos reventábamos de risa al escucharnos

hablando de tal manera, volvíamos y subíamos a la superficie de la dialéctica para

hablar de cosas más livianas como el apreciar el color de las flores y sus diferentes

aromas, o hacer bromas sobre cualquier pendejada que se nos ocurriera. Eso me gusto

bastante de mi estadía en la finca de Hongux, un tiempo que pude aprovechar en forma

vital y en rumbo hacia un crecimiento evolutivo del que me sentía en parte destinado a

desdoblar por mi mismo, por ese deseo de conocimiento sobre el Todo que me urgía y

que me hacía gárgaras en el cerebro.

Acid estudiaba Filosofía y Letras en una academia de Calgary durante tres días de la

semana, el resto del tiempo se venía para las Rocosas donde era vecino de Hongux. El

viaje donde las hermanitas Girardot desde la finca de Hongux, lo hicimos en el Renault

de Acid. Durante la travesía el paisaje embellecía el fondo de nuestra conversación,

como si estuviéramos en una película de ficción. Me sentía como en Alaska por la

cantidad de nieve acumulada de la neviza de la noche anterior. Acid hablaba de todo,

estaba bien sensible con aquel fenómeno del final de los tiempos del que la gente a

veces señalaba o esquivaba.
Como a mí ya se me había destapado el coco desde que termine con mi fanzine, todo lo

que Acid me decía me parecía que tenía mucho sentido, y me sensibilizaba cada vez

más con el tema. Rosa y Rosita se portaron bastante amables con Acid a la llegada a su

casa, lo incorporaron dentro de su corazón de hermandad, lo que me gusto bastante, no

nos sentíamos incómodos, más bien como una pequeña familia de andariegos. Acid era

una persona que encajaba fácilmente en cualquier escenario social, a diferencia de la

tosca agilidad verbal mía para comunicarme. Por el contrario Acid rimaba con todo tipo

de palabra, con todo vaivén y canción, con todas las miradas y corazones; siempre

encontraba la frase perfecta para alentar, acompañar, aplaudir o hacer sentir a todo el

mundo como su hermano, eso admiraba yo de él.

Las hermanitas Girardot nos esperaban con un gran almuerzo. El aroma de la comida se

expandía por toda la casa haciéndonos apreciar una sensación a hogar agradable. No fue

sorpresa el salmón rojo dorado al carbón sobre la parrilla que sirvieron cuando

llegamos, acompañado de légumes sautés con muchas especias especialmente curry,

galletitas recién salidas del horno hechas de nueces y dátiles y un jugo fresco de frutas

de temporada. Nuestro ameno almuerzo no terminó hasta dos horas más tarde. Pudimos

repetir algo de salmón y galletas.

Cuando cayó la noche, luego de una tarde perezosa donde Rosa nos leía poemas de su

inspiración, bellísimos como para adormecernos en brazos de Morfeo, y después de una

larga siesta que tomamos Acid y yo porque veníamos cansados del viaje, las chicas nos

llevaron a un concierto local en el centro de Calgary, tocaban varias bandas del noroeste
del territorio. Una de las bandas que vi, resulto siendo la de mi amigo Dave de Portland.

El nombre de su banda era “The 4 Riders”, no sé si hacían referencia a los cuatro jinetes

del apocalipsis, pero conociendo a Dave, supuse que era así. Junto con los chicos de la

banda de Dave, sus amigos o seguidores y mis amigos terminamos esa noche la rumba

en una pequeña finca a las afueras de la ciudad hacia el norte por la ruta 772 hasta una

intersección antes de Township Road, de ahí volteamos a la derecha hasta donde había

un laguito y al fondo sobre el lago quedaba la propiedad de alguno de los chicos de la

fiesta. La campiña olía a invierno. Y ya parecía que entraba la madrugada del nuevo día.
III

No sé de donde salió la idea, pero al poco rato se comenzó a montar una obra de teatro

tipo ópera rock, alguien escribía el guion apresuradamente sobre hojas de papel

reciclable que parecían de periódico, usaba un marcador y escribía con letras grandes

como para que todos alcanzáramos a leer. Parecía que el tema principal de la opera era

sobre el caos de una familia adinerada típica campesina de clase alta por herencia. Los

personajes de la famosa familia Terror eran:

Papa: Per-ro

Mama: La Mère

Hijo mayor: Trinity

Hijo menor: Jesse James

Las 3 hermanitas: Roucha, Controlla e Higada.

Era ya de madrugada cuando comenzó la preparación del escenario. La finca tenía

dentro de su predio, no muy lejos del establo habitacional donde estábamos reunidos,

una casita que había sido destruida hace tiempos por el fuego, permanecían sus ruinas.

Me imagine que la irían a usar para la obra, parecía un perfecto exterior. Para llegar a

esa antigua casita destruida desde el establo, no habría que caminar más de 30 metros

sobre pastos cubiertos de nieve, atravesados estos en su mitad por un riachuelo semi

congelado que lo sobrepasaba un puente en madera vieja. El establo habitacional, no

tenia por dentro nada que lo relacionara con una vivienda normal, simplemente lo

adaptaron a sus mínimas necesidades y ya. Arriba en el mezzanine, un ventanal gigante

con un vidrio grueso, con vista a un lago nublado, era de seguro la habitación del chico,

me imagino que estaba perfecta en ese nivel.
A un lado, divididos por una cortina vieja de arabescos, habían unos camarotes y una

cama doble en el lado opuesto del ventanal. Abajo un gran portón de madera fina

formaba la entrada principal. Aunque parecía que a este lo abrían totalmente solo en los

veranos, la gente entraba por una pequeña puerta entre puesta. El establo habitacional

tenía más de diez metros de altura en su interior, lo que creaba una gran sensación de

espacio.

La mayoría de la gente estaba tirada sobre una alfombra inmensa vieja y gruesa de color

rojo árabe, enseguida de ella una chimenea en piedra hermosísima recién hecha que

calentaba el lugar. La chica que escribía el guion comenzó a darnos instrucciones casi al

final de la tarde, su novio comenzó a escoger gente entre la audiencia, a mi me dieron el

papel de Jesse James, el niño malo que carácter sereno pero que actuaba con instinto de

violencia cuando reaccionaba ante algo inesperado que le contradijera su manera de

pensar. Al hermano mayor lo interpreto Acid, que era Trinity, un tipo rudo con barba

larga, que le colocaron a mi amigo, junto con una peluca sucia de pelo largo toda

alborotada del mugre y del abandono, Trinity manejaba una moto Harley Davidson con

motor en V gigante, y vestía en cuero negro. Gafas oscuras a todo hora, no se

comunicaba nunca, solo daba golpes a cada rato sobre las cosas. El dueño de la finca, un

chico albino con facciones africanas de unos dos metros de alto hizo de papa, esa noche

se afeito la cabeza totalmente y le pintaron una cruz roja en la testa con marcador

indeleble. Su personaje permanecía sentado casi todo el tiempo en un gran sillón de

cuero relleno de lana con la cabeza de un oso con la boca abierta a sus pies. Usaba un

gran bastón que parecía tener el grosor de un bate de beisbol.
El bastón rudamente hecho en una pieza de un tronco fuerte de árbol, lo sostenía el

“padre” siempre en su mano izquierda a modo de control y superioridad. Gritaba todo el

tiempo órdenes y contradicciones. La chica que hizo de mama, fue su hermana; una

negra altísima, sipote de mujer de ojos claros profundos y unos labios rojos sensuales,

no pintados como los de Belle Betún. El pelo se lo había teñido esa noche de verde

también como el de Belle; uff que coincidencias, pensaba yo mientras la observaba.

Todo el mundo estaba pendiente de cómo iban maquillando a todos los personajes de la

obra, allí estaba yo también. La “mama” usaba unos tacones altísimos, mini-falda, una

blusita transparente que mostraba el grosor de sus pezones y se movía entre todo el

escenario con el esplendor de sus curvas enviándole picos a todos los chicos. No

hablaba, solo abrazaba y besaba a los que se dirigían a ella. Habían varios gatos todos

regados por entre el escenario, pareciera que entendían lo que se estaba haciendo, ellos

se iban acomodando poco a poco a medida que se iba armando las pequeñas locaciones,

mirando siempre hacia todos los lados, y a veces se incorporaban en las escenas que

íbamos desarrollando lo que le daba una nota natural a la opereta. Las tres hermanitas

fueron interpretadas por las dos hermanitas Girardot y la novia de Dave que vestía a la

usanza hippy con su cabello de india lleno de flores y descalza, a la altura de sus

tobillos varias cadenitas con campanitas de colores pintadas a mano que titilaban a

medida que ella se movía por el escenario. Fumaba marihuana todo el tiempo. Parecía

que las tres hermanitas representaban la drogadicción. Siempre estaban drogadas y

tenían un genio cada vez mas endemoniado que las hacia entrar en conflicto entre ellas a

cada momento armando los agarrones a puño y pata halándose de las mechas. A veces

las tres se entraban a puños con Trinity cuando se cruzaban caminos.
Mi papel me destinaba a estar en un rincón sentado sobre el piso cogiéndome de las

piernas y mirando con furia hacia todos. El único dialogo al principio de la opera se

realizo en un interludio de silencio donde la música de la banda de Dave se detuvo.

Mientras las tres hermanas estaban agarradas de las greñas y Trinity las miraba, Per-ro

se levanto y grito con fuerza: ¡Silencio!, escuchen todos, su madre tiene algo que

comunicarles.

Y comenzó ella:

Hola queriditos, en el bello día de hoy, los he reunido en este nuestro dulce hogar para

leerles el testamento que vuestro padre con gran amor redacto pensando en todos, antes

de que le llegue la hora de su muerte que se cerca. En primer lugar, dijo La Mère

subiéndose a la mesa del centro de la sala y habiéndose quitado los tacones verdes

untados de ciudad que traía, mostrando sus sensuales piececitos de una piel oscura que

brillaba con la luz de las lámparas de aceite que habían sido colocadas alrededor del

escenario sobre el piso de madera negra.

Y continua La Mère: …es deseo de vuestro padre dejar el rancho de la propiedad a las

tres hermanitas Terror, a mi querido Trinity veinte mil euros y diez mil a J.J., el resto de

nuestro dinero, unos ochenta mil euros me los entregara su padre a mí. Trinity se

levanto, rompió la puertica de un estante y cogió sus veinte duros y se lanzo desde el

mezzanine como un gato salvaje sobre su Harley y se largo. J.J. abrazo a su madre y

luego escupió el piso y gritando un sonido salvaje se dirigió a sus hermanitas

pidiéndoles que lo siguieran a la casa destruida. Todo el mundo se puso sus chaquetas y

los siguieron hasta la casa abandonada. Había un gran árbol seco que murió en el

incendio junto a la casa. Al lugar cerca del árbol petrificado llego jadeante J.J., todos los

demás asistentes seguían la procesión. No entendía nadie el apresuramiento de J.J. ni su
propósito; al llegar junto al árbol este cogió la soga rígida que traía del establo y la

colgó del árbol seco. La soga, a juzgar por la rigidez de su condición, pareciera que hace

mucho tiempo la habían guardado humedecida y nadie más había vuelto a usarla. Así

fue que J.J. repitió la faena de Judas y se ahorco, como estaba escrito en el guion, nadie

temía nada. Cuando termino de temblar y corcovear, quedo inmóvil, las tres hermanitas

diabólicas decidieron bajar el cuerpo y embalsamarlo en medio de un rio de blasfemas y

maniobras como si estuvieran haciéndole magia negra o un vudú a su hermano.

El cielo estaba despejado, las aves de carroña imaginarias serpenteaban el espacio

encima de todos. Higada no paraba de arrojarles piedras a las aves, que en realidad no

sé si eran verdaderos gallinazos o buitres. Luego de la embalsamada que habían hecho

las hermanitas, colocaron el cuerpo de J.J. sobre el piso sucio de las ruinas de la casa,

dejando a J.J. todo manchado de ceniza saturada, la turba que habían estado

construyendo sobre los restos de la chimenea, cerca de un mini bosque ficticio, una pira

alta de troncos y desperdicios tomados de las ruinas, exigía la ejecución en la hoguera

como ofrecimiento a Odín su dios. Las tres hermanitas cargaron en hombros el cuerpo

de su hermano J.J. con gran ceremoniosidad, mientras que arriba en lo alto de la colina

se dibujaba el perfil de la figura barbuda y peluda de Trinity con el viento acariciando

su rostro con gran violencia, montaba él sobre su Harley y observaba con ira… la tarde

caía rápidamente en el horizonte de las rocosas lejanas.

Se cubría de rojo morado el cielo con los últimos vestigios de luz y el gris caía

levemente como una mancha. Las tres hermanas-catástrofe continuaban su peregrinaje

hasta la pira, cargando el cuerpo de su hermano muerto. Los padres de los chicos

observaban el ritual y esperaban un desenlace. Per-ro sentado sobre su trono de pieles
ostentoso y con la cabeza de oso a sus pies a un lado del granero-vivienda sobre un

altillo del terreno, sostenía su bastón gigante con la mano izquierda. A su lado su mujer

ahora totalmente desnuda tiraba lucecitas como estrellitas que le salían de las manos

cuando las sacudía contra el cielo. De la forma como lo hacía, parecía que estuviera

arrojando estrellas al firmamento, mientras el universo de la Vía Láctea se asomaba

cada vez más acompañando la velada enfurecida de la familia Terror. La banda hacia su

número musical al otro lado de la casa destruida junto a un par de arboles que hacían la

vez de pequeño bosque. La música llenaba el ambiente hasta que las tres hermanitas-

temibles dejaron el cuerpo embalsamado de su hermano J.J. sobre la pira de restos de

madera vieja y leños del pequeño bosque. En ese mismo instante su padre se levanto del

gigantesco sillón y camino con solemnidad hasta donde estaba acostado y listo para ser

incinerado su hijo J.J. mientras que su mujer desnuda comenzó con una danza extraña

mientras continuaba enviando estrellitas al firmamento. Se escucho un tenaz zumbido

del motor en V de la moto de Trinity, mientras este se alejaba rápidamente hacia la

colina superior hasta que se le vio desparecer entre el perfil de la montaña contra lo

ultimo del gris rojizo del cielo. Todos los presentes habían volteado a mirar en como

Trinity en su Harley se desvanecía entre la oscuridad. Al final, la banda que se había

detenido, volvió a encender su música; las guitarras desgarraban lo que quedaba de aire

respirable rayando la noche en angustia y volvieron los chicos de la audiencia a sentarse

sobre la grama húmeda en silencio.

Higada: Que queres, que queres Per-ro, tu hijo está muerto, ¿ya? no jodas más, soy la

perra hija malparida de tu podrido ultimo matrimonio, nacida de un amor construido

sobre los pilares de la violencia. Soy la boca cochina de la hija de las hijas feministas

del siglo XXI, muero pero me importa un culo, porque todo me vale huevo. Tengo el
corazón adolorido y la mente masturbada. Los putos de esposos y maridos que he tenido

han sido como puercos en cochinera, que con sus pesuñas me han dejado abierta llagas

que no sanaran nunca, por eso me salen serpientes y veneno de mi boca. Estoy maldita y

en maldición parí mis dos hijos, uno de ellos nació un monstruo producto de mis

demonios heredados de vuestra vulgaridad oculta… no soy culpable, soy víctima de una

sociedad podrida, y entre ella me deslizo como víbora... bien arregladita, culo apretado

y pecho al medio aire expuesto a los deseos ajenos, jugando a ser una chica más del

montón de las feminazis que llenan las grandes ciudades de este sistema que apesta. Por

ello llevamos a la hoguera a tu hijo J.J., para sellar el pacto que nuestra familia tiene con

los infiernos, para pagar por los errores, por nuestras barbaries disimuladas entre títulos

universitarios y posiciones elegantes de sociedad. Nuestro dinero ha cubierto todos los

trueques fraudulentos de nuestra historia desde antes de nuestro bisabuelo Isaac Ángelo

allá en la Grecia bizantina, allá en el podrido Shanghái de porquería del siglo XII. Soy

la perra de vuestros sueños encarnada en puta decente de sociedad con boca amarga y

mirada endurecida por culpa de mis propias concupiscencias. Ahora siéntate tranquilo

padre mío, en tu butaco de coronado reyecito de la basura humana. No sos nada de lo

que aparentas, no sos nada de lo que tan orgullosamente sentías de tus años como

profesional que fueron un gran logro de mierda y continuos errores de malas decisiones.

Todos tus viajes una falsa peregrinación entre descansos lujuriosos con tus prostitutas

baratas que alegraban el vacío de tu pieza de motel mientras que paralelamente a tu lado

el recuerdo familiar de una foto de nosotros de niños donde todos juntos te

suplicábamos clemencia. Porque de niños no parecíamos lo que somos ahora, éramos

inocentes a lo que se estaba desarrollando, a lo que se venía entre el aire del siglo XXI,

en un 2012 de mierda, cuando el clima se torno una confusión cataclismica de errores

por culpa de la generación de los padres, porque Ustedes nunca valoraron el eco-
sistema, les valió huevo los animales, el aire, las plantas, el agua… al agua pretenden

protegerla ahora para ocultar codicias de posesión de sus recursos. Todo les vale huevo

a Ustedes, les valió huevo su hijo que no hizo lo que Ustedes querían que él hiciera, por

su manipulación y control de querer que siguiera sus pasos sobre sus caminos huecos,

pisando el planeta solo para producir dinero, y aquí estamos llenos y tupidos de euros,

¿para qué?, para asesinarnos a cada uno lentamente entre el odio y la falsedad de

nuestras propias creencias?, de que nos sirvió la educación que Ustedes nos brindaron

de niños?, si ahora todo es un solo asco. No sé, dime tu padre mío algo que valga la

pena y no ejecutamos en la hoguera el sello de muerte para J.J….

Nadie dijo nada durante un largo momento, la menor de las hijas de Per-ro con su

discurso, había desatado la furia en los cielos y llegaron las nubes oscuras furiosas que

se removían amenazantes. Desde la transformación, Per-ro miraba atónito a todos, su

mirada se perdía entre le nubarrón del cielo, él sabía que los años que habían vivido

juntos como familia, habían roto cada una de las infinidades de conexiones de amor

posible, de gozo saludable, de crecimiento juntos. Por esto le pareció prudente y

necesario al padre hablar de forma diferente a sus hijos, y con voz de trueno pero serena

comenzó:

Per-ro: Hoy creo que mis hijos me han hecho caer en cuenta sobre nuestros males que

nos vienen acongojando por siglos desde nuestros antepasados. Pero las palabras de

Higada han despertado un sueño limpio que dormía en mi corazón durante toda mi vida.

Fui hijo de un esclavo, descendiente de reyes de tierras salvajes, todos conocemos

nuestras raíces y su historia, el color del ébano contra la luz no miente, pero mi hija

Julia no será nunca más la Higada, de hoy en adelante, cada uno tendrá su propio
nombre, y llamen a Trinity porque su nombre real es Jacobo, y no quiero que deje mi

lado… ¡llámenlo!

El grupo de los asistentes corrieron por entre la niebla que descendía suavemente como

acariciando la colina de donde Trinity se había desvanecido. Todos gritaban y gritaban

y soltaban estrellitas como la mama de Trinity, hacia un cielo ahora más tranquilo y

despejado. La tormenta se alejo rápidamente, la confesión de los corazones rotos había

hecho renacer una lucecita de esperanza entre la oscuridad de sus noches. Y mientras

los asistentes gritaban en la colinita. La Mère que había como caído en un éxtasis, corría

hacia el granero ahumado mientras que con sus manos trataba de taparse la desnudes

alborotada por el sudor de la noche. La experiencia de la muerte del ahorcado y la danza

de vampiros había cesado, pero se reclamaba un cadáver que no había podido ser

consumado, el de J.J. que aun permanecía como momia sobre la pira seca.

Al irse todas las nubes que cubrían las estrellas, la banda de Dave volvió a dejar sonar

sus guitarras. Esta vez la voz de Dave acuñaba los terrores que se habían levantado

antes como polvareda contra las ruinas de la casa abandonada, mientras que toda ella se

iba desmoronando al paso momificado de J.J., mientras este se levantaba de su muerte

como Lázaro. ¡Lázaro se ha levantado!, gritaron sus hermanas al unísono, padre mira a

tu hijo amado Lázaro que ha vuelto a la vida. Una lagrima brillo en la noche, mientras

esta recorría el rostro de Per-ro. La motocicleta de Trinity se volvió a escuchar a lo

lejos, los asistentes danzaban ahora alrededor de él, como acompañándole mientras este

lentamente se acercaba al granero sonriendo con sus gafas negras puestas y su melena

moviéndose contra la brisa. J.J. se alejo de la casa que había dejado de desmoronarse. El

viento había esparcido todas las cenizas de la edificación sobre la amplia grama junto al
lago, y J.J. comenzó a quitarse el vendaje que le cubría el rostro en cámara lenta.

Cuando la música cesó, comenzó diciendo en voz alta a todos los presentes, con una voz

que nadie antes había escuchado de él.

J.J.: Los cuatro jinetes cabalgan por entre nuestra casa familiar, me mostraron el terror

del miedo y el sendero hacia el Hades. Me pude dar cuenta de lo mal que estaba todo, y

eso me derrumbo totalmente. Mi maldad no estaba lista para entrar en el reino de las

luces. El Señor me devolvió con una sola frase: “Ve y salva tu mundo”, me hicieron ver

Ustedes que mi mundo eran Ustedes mismos, la misma familia a la que yo había tratado

día a día de destruir en mi ciego furor de venganzas desconocidas que quemaban mi

interior. Llevo la marca del apocalipsis grabada en mis genes, he renacido de las cenizas

de nuestra cuna, hacia el horizonte de las estrellas de un nuevo mundo. De mi muerte

nació la esperanza por una nueva comunidad de naciones absorbidas entre el paisaje de

la Paz y la Libertad del alma, como nadando sobre las superficies de todas las aguas. No

nací en lo oculto, sino en el abierto poema de una hermandad, somos como una

transformación de pensamientos que nos cambian desde el centro nervioso de nuestros

huesos. Aunque sea yo solo carne también, soy el rayo de luz de mi alma que viaja entre

esta nueva coyuntura… díganme hermanos que estoy en lo cierto!...

Roucha: Perdona hermano nuestras agudas ponzoñas con que te arrastramos a una

muerte entre los despojos de nuestro hogar; como mi hermana Julia lo dijo, nos

despertó, y nuestros seres luz fueron activados de repente por los ángeles que

escuchaban nuestra opera teatral nocturna del arrepentimiento…
Controlla: Ni Julia ni nadie es culpable, nuestras malas decisiones nos llevaron a

fabricar los cajones y las fosas de nuestras tumbas. Gracias Lázaro por dejarte entregar

como cordero de sacrificio que redimía nuestras faltas. Ahora las estrellas han vuelto a

relucir en el firmamento.

La Mère se acerco por primera vez vestida en forma decente. Su cabellera caía sobre su

pecho que el viento llevaba y traía desde su espalda a su antojo. Su rostro reflejaba una

tranquilidad inmensa, llevaba puestas las sandalias hechas de papiro que habían

fabricado los asistentes mientras miraban el desarrollo de la opera teatral.

La Mère: Hijos míos, esposo mío… los amo con toda la fuerza de madre que me

comunica con el centro de la Tierra. Somos los hijos de la creación reivindicados bajo el

perdón del Universo. Se nos ha concedido la vida, y no una cualquiera, la vida dentro

del espiral de los siglos y los siglos… gracias por acompañarme en tan maravillosa

travesía.

Al tiempo de que La Mère termino su última palabra, la banda de Dave volvió a entonar

sonidos acústicos y de tambores desde una batería inspirada en los dioses. Una chica

dejaba salir de sus congas unos zumbidos como a ritmo cardiaco desde el grupito de los

asistentes que habían acompañado a Trinity. Él se bajo de su caballito metálico, y

amarrándose el cabello con una liga de caucho en la parte de atrás, y con una sonrisa

sincera después de sobarse la barba un par de veces, hablo por primera vez en años y

con una gran delicadeza:
Trinity: Soy Jacobo, hijo de mis padres desde antiguo. La piedra fija donde se

construye la primera mansión de los dioses sobre la nueva Tierra. Nuestro camino está

cubierto de flores y colores, y esta vez no habrá lluvia que desvíe nuestros pasos. La

muerte ha despertado en vuestros ojos nada más que el ¡ARREPENTIMIENTO! (dijo

esto él gritando), he visto en vuestras miradas el terror de un fin siniestro. Nuestro

sentido de culpabilidad se elevo a la máxima potencia, al descubrir que estábamos

cubiertos de la coraza del ¡MAL!, y se apodero de vosotros el terror de las muertes más

próximas, y os habéis apegado en miedo al arrepentimiento como única salida. Por ello

es que repentinamente habéis realizado un cambio de ciento ochenta grados en vuestras

pequeñas vidas. El aire con sabor a fin de los nuevos tiempos, os ha vencido y te habéis

finalmente entregado como ovejas a escuchar la tonada de un nuevo corazón. No sé si

alegrarme o totiarme de la risa, sois el típico resplandor patético de vuestra condición

humana…

J.J.: Dejemos de enterrar nuestros defectos con más dolor, aumentemos el volumen de

la música y emprendamos unidos la nueva danza de los sobrevivientes al último diluvio

universal.

La noche parecía que se hubiera apagado, el sentimiento de que algo llegaba a su fin, se

hacía cada vez mas latente en todos los asistentes a la opera teatral. “Les quatre

cavaliers” habían cesado en forma drástica y transcendental la parte musical con un gran

sacrificio de guitarras en medio de sonidos acústicos irremediables. El escenario había

bajado su telón y dentro del cansancio de la noche, los personajes se fueron

sumergiendo en un gran sueño profundo uno a uno.
IV

Al otro día cuando desperté, me sentía algo diferente, más liviano; y como todos

dormían, me dirigí hacia donde pensé que estaba Acid recostado, o mejor dicho, donde

había quedado tirado de la noche anterior, pero no pude encontrarlo. Salí afuera del

granero, y el campo estaba lleno de langostas que se comían todo por donde volaban. A

las hermanitas Girardot las vi correr hacia un vehículo entre los muchos parqueados, y

percibí que Acid estaba ya dentro de él, corrí con un instinto de supervivencia hacia

ellos como si me estuviera cayendo a un abismo sin fondo. No olía a nada, al acercarme

a ellos, vi sus pupilas mirándome dilatadas totalmente y expandidas las cavidades de los

ojos en horror por lo que estaba sucediendo. Salte dentro del vehículo que Rosa ya tenía

encendido y a medio mover y nos largamos de esa finca. El abismo que sentíamos era

parecido a cuando el piso de la conformidad donde uno vive, se le mueve de forma

repentina y sin aviso.

La tierra comenzó a temblar a nuestros pies levemente sin detenerse, los arboles se

sacudían, los voltee a mirar y me dio la impresión que me estaban mirando, que me

hablaban, pero no mostraban el pánico que sentíamos nosotros. Como animales de

costumbres, nos fuimos poco a poco adaptando al movimiento de la tierra y

comenzamos otra vez a sentir y a pensar más claramente. Algo que me gustaba bastante

de las hermanitas Girardot, era su tenacidad hacia la vida sin nada de zalamerías, esa

cualidad las había llevado a adaptarse a la pesadilla que estábamos experimentando.

Rosa manejaba una camioneta vieja doble cabina que fue lo primero que encontró, yo

trataba de calmar los ánimos de Acid que estaba algo inquieto mientras que Rosita en la
parte de atrás donde estábamos sentados, me apretaba el brazo con sus dos manos.

Usaba mi mirada serena para tratar de tranquilizar los nervios de todos, y los míos al

mismo tiempo. Pensé que no había necesidad de sentir temor, la tierra seguía

moviéndose y pensábamos seguramente en un terremoto cataclístico de gran

envergadura si se aceleraba el movimiento continuo. Recuerdo que le pedí a Rosa que

se dirigiera hacia el sur, que deberíamos de dejar el hemisferio norte y bajar lo mas sur

que pudiéramos, hasta donde aguantara la camioneta y la gasolina.

Salimos de Canadá, Acid que se había encontrado un mapa de rutas en la guantera, nos

guiaba por los caminos vecinales, al rato nos encontramos una gasolinera y cargamos

combustible, el terror de la gente en las carreteras era eminente, todos parecían sentir

una agonía como en la antesala de la muerte, era dramático y producía un cambio de

consciencia impresionante en las reacciones de la gente. Al cabo de las horas

encontramos otra gasolinera abandonada de esas de pueblo agricultor al lado de una

carretera vecinal que funcionaba al estilo antiguo donde llenaba el tanque de gasolina un

superintendente. Allí pudimos tanquiar gratis y aprovechamos para hacernos a otros

artículos de necesidad, como alimentos chatarra, cosas de primeros auxilios, toda el

agua que encontramos, herramientas, mapas, el repuesto del vehículo, aceites, y

gasolina extra para el viaje al poder llenar un tanque de esos grandes que estaba en el

garaje del taller. Continuamos sur, seguíamos presenciando caos a nuestro alrededor.

No se podía usar las grandes autopistas por estar estas medio destruidas o en parte

congestionadas. El temblor incrementaba lentamente, se producía además un ronquido

interno dentro la tierra, algo que nunca se había escuchado, que se metía dentro de los

huesos, además que olía un poco a azufre, así viajamos un par de días por todo el oeste

del territorio gringo hasta que llegamos a México. No sin antes habernos detenido mil
veces a proveernos de lo que encontrábamos en el camino al tiempo nos íbamos

adaptando cuando pisábamos la tierra: a sentir el ronquido dentro del cuerpo y a

adaptarnos a caminar en movimiento. Creo que ya a lo último lo hacíamos tan normal y

estábamos tan tranquilos que nos reíamos de la gente cuando esta todavía corría en

terror, que brutos, pensábamos. Ahora hasta dormíamos en los sacos de dormir afuera

bajo los árboles, sentíamos que los arboles era un lugar seguro para estar, además uno se

sentía protegido junto a ellos, lo mismo que una vez al día comíamos bajo un árbol al

estilo picnic; hasta una vez las chicas enloquecieron cuando encontramos un restaurante

en el camino que hacia hamburguesas al carbón y como la parrilla estaba toda lista, lo

único que tuvimos que hacer fue sacar las provisiones de sus neveras y nos hicimos un

gran asado con pescado, papas y algunas verduras.

Tratábamos de sentir que viajábamos en forma invisible más bien, para evitar el

contacto con los humanos. El olor del aire no era lo mismo que antes de comenzar el

temblor, ahora olía cada vez más fuerte a azufre. La reacción en los animales era similar

a la nuestra, tranquilos divagaban por entre las calles y pueblos; perros buscando

comida, persiguiendo gatos, venados pasteando, ganado en su rutina en las praderas, las

aves iban y venían, etcétera. Por un instante mientras pasamos por Tijuana, pensé otra

vez en la fiesta en aquella finca en Alberta donde hicieron esos chicos la ópera rock, no

encajaba yo la realidad oculta de la opera con los hechos medio siniestros por los que

estábamos pasando, no acertaba como había sucedido, me daba la impresión que era

como una premeditación desde un suceso al otro. De todos modos me distrajo Rosi

contándome algo sobre una chica de su colegio que le pareció ver unas cuadras atrás.
La realidad es que llegamos en menos del tiempo pensado a Yaviza donde acababa la

carretera Panamericana. Los únicos grandes obstáculos fueron en México y Guatemala.

El resto casi vacía la carretera principal. Ahora nos faltaban unos 90 kilómetros hasta

Colombia atravesando una serranía, lo que nos hizo pensar que si caminábamos nos iba

a tocar unos dos días y la otra era ir hasta el mar Caribe y buscar donde embarcarnos.

De donde nos detuvimos, había una finquita donde vivían unos campesinos muy

tranquilos sentados en la entrada de la casa tomando cafecito, se pusieron a conversar

con nosotros sobre el apocalipsis, sobre el cambio de los tiempos. Por todos lados era lo

único que la gente hablaba últimamente. Habían unos caballos detrás de la casa que

pasteaban, Rosi los vio y me señalo, luego Rosa que era la que frentiaba la conversación

con los campesinos, les ofreció compra por los caballos, ellos accedieron, diciéndonos

que no había necesidad de pagarles, que ya para qué. Eso fue muy inusual por los

conceptos de compra venta a que nos había acostumbrado el Sistema. De todos modos

les dejábamos la camioneta a cambio temporal en caso de que volviéramos algún día,

les propuso Rosa. El temblor de la tierra continuaba, nada de aquello cesaba.

Por los pequeños caseríos por donde cruzábamos con los caballos, la gente se había

acostumbrado al temblor y hasta muchos de los campesinos, seguían normalmente

cultivando la tierra, aun con el runruneo del sonido que salía del fondo de tierra que se

le metía a uno por entre los pies. El terror existía más que todo en Gringolandia, poco en

Canadá y México, y casi nada en los pueblos de Centro América. Pasamos muchas

casas y fincas en nuestra travesía hacia Colombia, fue la parte más emocionante del

trayecto de migración hacia el sur. Nos sentíamos atravesando una gran selva sin leyes,

llena de bichos y sin nada civilizado, era hermoso el sentimiento de libertad que se
sentía al correr sobre lomo de yegua por esos trayectos. Una vez mientras nos

encontramos de descanso bajo un árbol, algo que cogimos como costumbre, un chico se

nos acerco y nos contó que si alguien iba a hacer una carretera, que la construyeran bajo

tierra, pero que era prohibido tocar la belleza de la piel de la selva en este sector.

Cuando tocamos tierra Suramericana, sentí gozo, me sentía como en mi hogar, en mi

terruño. Inmediatamente cruzamos la frontera, cesó el temblor de tierra. A la altura del

Paso de Letras encontramos un vehículo que decían era de la guerrilla abandonado, no

lo pensamos dos veces y se los robamos, al fin y al cabo era también robado. Le

quitamos la placa y nos largamos.

Cuando llegamos a Medellín solo nos quedaba un día en el calendario para el 21 de

diciembre, y estábamos a solo 70 kilómetros de Guatapé donde pensaba yo que

deberíamos de ir a hacer una parada de reflexión y ver el estado de mi familia. Antes de

llegar a Guatapé, nos detuvimos cerca al lago donde mi prima María tenía su casa que

había construido cuando se vino del todo a vivir a Colombia. El área era encantadora a

pesar de haber temblado por varios días. La naturaleza había soportado el temblor

inicial y todo lucía casi igual. María había construido su casa en una elevación de tierra

con mirador al lago. Ella había sido para mí como una hermana mayor y pensé que este

momento, sería muy propicio para los dos. Con ella me comunicaba muy bien cuando

charlábamos sobre temas cotidianos, familiares o transcendentales. El tema este del

apocalipsis, fue un tema que me imagine podríamos abordar. Principalmente ahora que

la gente ya no lo tomaba como tabú, escepticismo o burla. Los medios acostumbrados

de comunicación habían colapsado. Los satélites se habían salido de las orbitas, algunos

habían caído de vuelta a la tierra. Bajo el mar, la fibra óptica se había hecho pedazos, la

misma suerte había tenido las antenas de señal, afectando así la telefonía, la televisión,
el internet y la radio modulada entre otras. Los refugios de concreto construidos bajo

tierra por los gringos como el de Montauk, todos se resquebrajaron y quedaron

destruidos, las antenas gigantes como la de Haarp habían corrido la misma suerte. Los

únicos medios masivos que prevalecían eran pocas frecuencias de radio AM y alguno

que otro canal regional de televisión. Por medio de estos dos medios de comunicación

las autoridades locales trataban de encargarse de la situación. Ya las emisoras trataban

de tranquilizar a la gente y animarlas a que continuaran con sus labores normales lo más

posible que se pudiera mientras se restauraba el orden. A mí me pareció sorprendente

que aun continuaran pegados a algo que parecía extinguirse. En la radio los líderes

primer mundistas habían definido la catástrofe como “El principio del Fin”. A los pocos

días en las Naciones Unidas surgió una especie de líder carismático que hablaba con

arrogancia y dominio, que parecía tomaba control y dirigía ahora los hilos del destino

humano aprovechando el caos.

En Guatapé todo era diferente, al menos entre la población campesina. Mis amigos se

sentían bien y a gusto. Un día fuimos caminando a pie hasta el pueblo y nos dimos

cuenta en como muchos de los dueños de finca abandonaban la comarca, algunos de los

campesinos también lo hacían, parecía un éxodo hacia la capital de la montaña.

Recogimos algunas provisiones del pueblo que necesitábamos. Con los días, las

emisoras de radio comenzaron a transmitir algo que me pareció aterrador o el comienzo

de algo que sabía se venía encima. La nueva noticia era que en la ONU los líderes

mundiales habían accedido a que se formara una especie de triunvirato constituido por

un líder religioso escogido de un concilio de religiones, un general gringo que

representaba según ellos el ala protectora y de reconstrucción de algo que ellos llamaron

“el nuevo mundo”, nosotros apenas nos reíamos de tan predecibles decisiones
conociéndolos como actuaban ellos. El tercer participante del triunvirato era ese tipo

arrogante de la ONU. El gran cambio prometía estabilidad económica, restablecimiento

de las comunicaciones, el florecimiento de la raza humana, y la formación de un gran

ejercito para protegernos de cualquier “invasión”, allí fue donde pensamos que vendría

otra sorpresita más adelante. El mundo civilizado, o lo que quedaba de él aceptaba a

gran velocidad las condiciones del triunvirato. El triunvirato haría el papel de guía, líder

espiritual y de protección. En casa de María, la propiedad era casi autosuficiente, ella

había venido adaptando su finca y su manera de ser y a una forma diferente de vida,

pensando en su retiro profesional, tenía unos cincuenta años y estaba según ella,

mamada de trabajar dentro del sistema. Le había ido bien en una agencia de viajes que

tuvo por varios años en California.

Diariamente todos en la casa trabajábamos en la huerta y en la pesca. La propiedad de

María no es que fuera muy grande, un poco más de una hectárea, con una casita

pequeña en tres pisos sobre la parte alta del terreno. La casa la habían fabricado en

piedra y madera con unos ventanales grandes que el temblor había quebrado totalmente.

Dos pisos estaban sobre la ladera, el otro quedaba como incrustado en la tierra en la

falda. Fuera de la huerta de hortalizas, habían sembrado hace años árboles frutales que

parecían bien distribuidos en forma sistemática: aguacate, unas tres variedades de

mango, papayas, guayaba, guanábana, un platanal inmenso entre banano, manzano y

plátano verde. Algunos árboles aborígenes muy altos proveían protección contra los

rayos del sol que ahora parecían más intensos. Junto al lago había una cabañita y un

garaje donde una lancha de motor medio golpeada por el terremoto y una canoa a remo

descansaban, esta ultima la usábamos Acid y yo para salir a pescar casi a diario y de

noche, no nos iba muy mal con la pesca, al menos comíamos pescado unos tres días de
la semana, ya habíamos localizado un par de sitios donde los peces se reunían con más

frecuencia. Hasta un día pudimos sacar un pejerrey grande. Un gato jovencito que

apareció de cualquier lugar comenzó a apegarse a mí, me seguía a todo lugar como

perrito, era negro y maullaba demasiado. En las tardes antes de caer el sol, me gustaba

salir a caminar por la campiña subiendo las colinitas del terreno ahora casi vacías de

humanos, lo que me parecía genial. Esa tarde Salí con Rosi, ella traía otro gato, una

siamés grande y juguetona. Corrimos por las laderas y jugábamos con los gatos que se

prestaban para corretearlos, era divertidísimo. Luego de un par de horas nos sentamos

sobre la grama muy cerca del lago a comer algo que Rosi había traído, después de

comer nos quedamos dormidos todos, mientras el sol calentaba suavemente sobre

nuestros cuerpos.

Cuando nos levantamos ya estaba oscuro; unos tipos largos de grandes ojos y cabello

blanco nos rodeaban, mire a los gatos y estos no se asustaron, pensé que estaba bien, no

parecían humanos por su tamaño pero eran completamente iguales a nosotros. Parecían

corteses y de suave mirar, manejaban una sonrisa tranquilizadora que me pareció

familiar, por un segundo me dieron la impresión de que venían de alguna aldea

ecológica desde algún lugar de los Andes…

ET #1: Hola, venimos de las Pléyades, nuestra nave nodriza se encuentra ya dentro de

vuestra atmosfera, estamos en modo invisible por el momento, debemos hacer algo

primero… es necesario de que antes de que comience la fase final de este evento

universal, Ustedes deben de ser transportados…
V

Así fue como nos desmaterializaron a los dos con nuestros gatos y fuimos a dar a un

ambiente totalmente diferente a la tierra. Con un cielo espacial transformado que

parecía como si estuviera pintado en el techo de alguna casa, pero no, era tan real y se

movía lentamente. Estaba lleno de planeticas. El lugar nos gusto muchísimo, se sentía

seguro y agradable, olía bien, suave y saludable por alguna razón. No habían casas

normales, no sentí noción de tiempo. Un humanoide que venía en la nave, muy amable

él, nos dio las pautas en cómo construir una vivienda a nuestro gusto, solo teníamos que

imaginarla con amor y extender nuestra mano sobre el sitio que iba a colocarse y ya!,

voila, la maison. No sentíamos la sensación de hambre, sed o de ganas de hacer del

cuerpo. Tampoco estábamos solos, ahí cerca de donde nos dejaron, había una

comunidad no muy grande de humanos y animales de todo género. Las casas de ellos

eran simples y delgaditas alargadas hacia arriba, con muchas perforaciones que hacían

de ventanas o de salidas, los humanos se transportaban si querían por el aire y se veían a

algunos salir por los orificios de las casas. La comunidad estaba junto a un acantilado

que daba hacia un desierto muy vasto de color rojizo con picos y montañitas, y lagos

diminutos entre colinas de color azul claro muy intenso. Encima del desierto, se veía el

inmenso palpitar del universo que pasaba como en cámara lenta por sobre nuestras

cabezas. Una vegetación muy verde como esmeralda que cambiaba y se volvía

transparente a veces, de diferentes formas y tamaños, se agrupaba en distintos lugares

alrededor de las casitas alargadas de diferentes colores. De una casita central no

alargada, pero más ancha, salía un humito que se desparramaba por toda la aldeíta,

dejándole impregnado a las casitas un olor a acacia y a eucalipto mezclado. Había unos

árboles más altos que las ceibas que expandían sus ramas continuamente y con
movimiento giratorio alrededor de donde estaban sembrados. Aves de todos los colores

trinaban encima de nosotros y de rama en rama jugando, cantando y mirándonos a todo

momento, los niños más pequeños las recibían sobre sus manos. La mayoría de la gente

que vivía en esa pequeña aldea, era más que todo niños y ancianos, y por su bio-tipo,

parecían terrestres. El aire era dulce, como si nos alimentara constantemente a medida

que respirábamos. Los ancianos de la aldea, no parecían impedidos físicamente como en

la tierra, parecían jovencitos, solo que sus cabellos eran blancos. De vez en vez, desde la

vegetación, como cumpliendo un ciclo, aparecían desde diferentes lugares una especie

de florecillas que titilando salían disparadas realizando una especie de danza mientras

una pequeña brisa las transportaba lentamente por entre una corriente de aire. Había un

éxtasis en la atmósfera además, que parecía absorbernos a todos y a todo entre un

unísono, era como una tonada que divagaba por entre los paisajes y que lo mantenía a

uno como embobado de tanta belleza y la satisfacción de vida junta. A la izquierda

alcancé a distinguir a lo lejos un lago gigante que se perdía su extremo más lejano al

unirse con el lienzo del firmamento.

Un día mientras cruzábamos el desierto, pudimos darnos cuenta que el liquido del lago

era transparente como cristalino en donde nadaban muchos delfines en un constante

jugueteo saltando y salpicando agua, o el liquido del lago para todos lados. Del agua

parecían salir unos globitos de aire de colores que explotaban más arriba dejando libres

unas haditas diminutas de color blanco con alitas como pétalos de flor, que se esparcían

por todo el desierto. Más tarde nos dimos cuenta que la musiquita que escuchábamos

venia era desde el lienzo de planetas encima de nosotros que iba cambiando los tonos a

medida que se iban deslizando nuevas formas. La música dejaba una sensación de

infinito que parecía que viniera del Creador. Al fin pudimos comprender que no existían
seres extra-terrestres como los dibujaban en las películas que veíamos en ese tiempo en

la Tierra, estos individuos eran humanoides como nosotros, solamente unos cambiaban

de color de acuerdo al planeta o sistema solar donde vivían, o tenían diferentes tamaños.

Las orejas cambiaban, unos no tenían ese ovulo alrededor del oído, sino una

perforación. El tamaño de los ojos cambiaba mucho, lo mismo que el color. El tono y

las formas de cabello, también. O sea que los detalles cambiaban, pero en resumidas

éramos iguales, lo mismo que en los géneros y la forma de comunicación entre todos,

que era más bien de forma mental, o como presintiendo dentro de uno cuando sentía una

pequeña vibración interna de lo que otros seres querían comunicar, pura telepatía. Como

no vivíamos bajo una noción de tiempo, sentía uno que el ser interno descansaba

ágilmente sobre una luz eterna que lo iba como transportando entre muchas otras luces

invisibles que se cruzaban, y así uno, poco a poco desarrollaba la acción de

transportarse de un lugar a otro dependiendo de lo que quisiera hacer o a donde debiera

de ir.

En realidad no supe cuanto tiempo estuvimos en ese planeta como invitados. Se suponía

que más adelante, nos llevarían a nuestro próximo destino, y que mientras tanto nos

deberíamos ir adaptando en este planeta de cuarta o quinta dimensión y a las nuevas

sensaciones que nos brindaba el universo donde estábamos. Desde donde estábamos se

podía ver la Tierra, o lo que pensábamos que era ella. Pero antes que nada, decidimos

construirnos unos cambuches como para irnos sintiendo parte de esa creación…Rosi y

yo nos miramos a los ojos y concluimos en lo mismo: materializamos unas cabañitas

pequeñas suficientes y rusticas al tiempo que confortables y amenas, además de

graciosas, sobre una planadita muy arriba con buena vista, junto a otras dos que habían

hecho Acid y Rosa, que para no-sorpresa, nos los habíamos encontrado en esa aldea.
Nos sentíamos ya instalados y ahí fue cuando decidimos ir de paseo hasta el lago ese

que se divisaba muy atractivo, el viaje fue demasiado rápido, puesto que ir, solo era

desearlo y pum, ya, estas allá, nos metimos al liquido cristalino y podía uno nadar como

pez, y nos dio por pedirle permiso a los delfines a ver si nos dejaban sentar en sus

lomos, a lo que accedieron llevándonos por dentro a su más profundo jardín debajo de

las aguas, que era súper cálido y con muchos colores marinos. Después del paseo al

lago, en una colina del desierto, nos pusimos a observar la Tierra, y sentimos en nuestra

mente que en ese momento sobre la Tierra las cosas no eran para nada de maravilla.

Comencé a desear cambiar mi posición de observación y gire hasta encontrarme con

Rosita que jugaba en ese momento con los gatos que trajimos de Guatapé. La sensación

de apreciación y perspectiva visual dentro de mis nuevos sentidos se había

intensificado. En el primer segundo se me pasó la idea de comunicarme con Rosita, vi

que ella ya me miraba con esos grandes ojazos transformados y llenos de cariño y

entonces sentí en mi mente al instante algo como si sus pensamientos acariciaran los

míos por medio de un murmullo dentro del mismo éxtasis de vida que

experimentábamos afuera. En el intercambio de miradas nos dimos cuenta que nos

comunicábamos sin pronunciar palabra. Me uní al juego que ella tenía con los gatos

entre una sensación liviana que nos hacia flotar en el aire menos denso. Luego nos dio

por incursionar en el resto del planeta y ahí mismo comenzamos a trasladarnos a través

del lugar y vimos mucha gente y animales en diferentes lugares. Cuando queríamos nos

comunicábamos con otros individuos y parecía que todo era felicidad, no sé qué tipo de

felicidad, pero había un gozo que no se nos acababa y que tampoco nos dejaba acercar a

pensar en sensaciones opuestas de dolor o tristeza.
Entre los rostros de las gentes muchas veces sentí la impresión de que eran rostros

conocidos, pero no los podía ligar a ideas de un pasado, parecía que el pasado del que

apenas había salido, se iba lentamente diluyendo en el olvido. Nuestros “ahoras”

parecían bastante flexibles o fáciles de estirar, por así decirlo, como si fuese plastilina.

En ese instante Rosi, yo y los dos gatos, estábamos junto a una gran nave construida

como en material orgánico que parecía palpitar, y junto a ella varios otros humanoides,

sonreímos y subimos. El platillo volador similar a los observados antes en la Tierra,

cuando todo era un gran misterio, partió hacia el universo enfrente de nosotros, dentro

de ella nos encontramos a Acid y a Rosa y otros amigos, nos alegramos todos juntos y

nos abrazamos, compartimos un poco sobre las experiencias que habíamos tenido… El

grupo de trabajo asignado a nosotros estaba formado por mis amigos del alma Acid y

las hermanitas Girardot; además de nuestros dos gatos, el delfín de Rosa, y el halcón de

Acid. Nuestra pequeña nave era maravillosa, nos transportaba a grandes velocidades,

muchas de ellas invisibles o dentro de ríos de Luz.
VI

Teníamos algunas limitaciones con nuestra nave, podíamos ir solo entre la Primera

Densidad y la 5D., por el momento y por muchos siglos venideros, creo que nuestra

misión tenia las suficientes ocupaciones que necesitábamos para mantenernos atareados

sirviendo con gran diversión en los ahoras que teníamos al frente. Rosita tenía el gusto

de viajar en los intervalos libres que teníamos, a una nebulosa lejana conocida como

“Cabeza de Caballo”, donde vivía una estrellita que alimentaba una colonia pequeñita

de humanoides que habitaban en unas casitas medio redondeadas con techo en forma

ovalada hecho en algo como paja, todas sobre un risco alto que daba al borde de un

acantilado con una vista a un mar gigante e impresionante de muchos colores, todos

estos transparentes que se mezclaban con el paisaje gaseoso de la nebulosa que giraba

vertiginosamente alrededor de un núcleo marrón con un círculo alrededor de él como

anillo, del núcleo salían a cada rato nuevas estrellitas que se iban acoplando alrededor

del anillo.

Cuando llegamos a un caserío de casitas redondeadas, nuestra nave se quedo suspendida

en el aire y bajamos al sitio en modo mental, como en una proyección holográfica de

esas que veíamos en las películas antes. La gentecita era muy similar a nosotros en el

aspecto general, solo que más pequeños; nuestro nuevo tamaño que me había olvidado

mencionar era de tres metros con sesenta centímetros, por ello, estos nuevos seres de un

metro ochenta nos parecieron pequeños. Solo pasamos por la comunidad a saludar. Con

nuestros tamaños alargados, Rosi había adoptado unas facciones fascinantes: sus

grandes y ovalados expresivos ojos color verde ahora delineados con una liniecita

verde-oscuro, me miraban de la mejor forma en que ella manejaba la belleza. Llevaba
su cabello suelto rojizo entre un cobre arena de desierto húmedo que brillaba con el

reflejo de la luz que provenía de las estrellitas. Usaba muchas florecitas espaciales

dentro de su cabello que recogía en nuestros viajes, duraban estas florecitas cósmicas

muchísimo entre su cabellera, dada su constitución orgánica que les cambiaba de forma.

Era de verdad un espectáculo diferente ponerse a contemplar el cabello de Rosi. Sus

labios se movían al hablar como pétalos dando piquitos que parecían flores delicadas y

frágiles de un rojo claro. La piel de su rostro entre pálido y rosado, su piel en los

hombros era fuerte y dorada por el sol. Le gustaba vestir faldas blancas y largas con

unas sandalias estilo romano que dejaban ver el rosadito de la palma del pie cuando se

sentaba. Cintas de muchos colores de ramas escogidas de diferentes vegetaciones de

donde visitábamos, que las colocaba alrededor de sus muñecas. La nariz que tenia Rosi

me llamaba mucho la atención, mejor dicho me embobaba. Tenía una forma elegante,

que llevaba y traía de un lugar a otro mientras ejecutaba sus conversaciones.

Cuando volvimos al sistema solar de la Tierra, esta vez dentro de la 5D, nos dirigimos

al nuevo planetica donde vivíamos… se llamaba Nambira, con una órbita elíptica

alrededor del nuevo sol, que nos llevaba y traía alrededor de todos los planetas

cercanos. Desde donde estábamos en este momento veíamos muy cerca a Júpiter, el

portal desde su luna Europa era para pasar a otros Universos. Nambira era grande, roja y

las zonas verdes tenían tonos esmeralda. El rojo por sus formaciones desérticas en la

superficie, aunque no era uniforme, tenia cavidades de sus pasados por haberse

estrellado más de una vez con otros planetas, pero por su tamaño, no se había destruido,

así que tenía una grande cavidad en el centro de él que le daban un atractivo de cueva.

Dentro de la cavidad, sobre una superficie verde en la parte medio alta del fondo de la

concavidad, podíamos divisar desde las cabañitas que construimos, una parte del
desierto distante donde habitaban muchas formas de vida aladas. Cada uno de nosotros

había hecho su propia cabañita al gusto, como nuestra consciencia era colectiva,

podíamos unificar las ideas y llegar a conclusiones en nuestros planes, así fue que las

cabañitas eran ahora como de roca, rodeada cada una de ellas por un árbol que parecía

como abrazándolas. Dentro de los arboles se daban diferentes formaciones que eran

parte del hogar y diseñadas para cada uno de acuerdo a sus deseos. Con el tiempo de

estar viviendo en nuestras nuevas casas, nos dimos cuenta que recibíamos diariamente

datos informativos de acuerdo al movimiento de expansión del universo, era como si

tuviéramos dentro del hipotálamo un código activo que se repotenciaba periódicamente

dentro de nuestro sistema celular. A medida que nos transformábamos en una especie de

educadores espaciales, se nos asignaron nuevos nombres, Acid se convirtió en Al-Flo-

Lux, Rosi en Ri-Ga-Lux, su hermana en Ro-Ga-Lux y yo termine siendo Ur-Flo-Lux,

parecía que éramos la familia Lux.

Desde nuestros hogares nos proyectamos muchas veces hacia la Tierra en misiones

especiales y diferentes cada una de la otra, la mayor parte del tiempo eran misiones

individuales. Mi trabajo era de enseñanza dentro de una parte especial de la mente de

las personas, y solo cuando necesitaban recibir los individuos un adelanto dentro de su

evolución, yo iba y les activaba un código en su ADN celular modificado. Estos nuevos

humanos primitivos, al menos tenían tres cordones en su sistema celular, y podían

evolucionar sin caer en repeticiones karmáticas. Así iban avanzando sus generaciones,

que para nosotros pasaban rapidísimo, para ellos debería de ser un segundo nuestro

como un trillón de años luz. Lastima sentía por ellos, pero al tiempo gozo, al poder

cooperar en muchos aspectos de su evolución.
Ahora nosotros teníamos permiso de ayudar, esa ley de no interferencia se había

cambiado, pero debería de hacerse solo a medida que ellos alcanzaban otro plano en la

evolución karmática. Por Rosi supe que su labor principal aquí, era materializarse en el

planeta Tierra de vez en cuando como humana y hacer de profesora de filosofía

nómada, iba de pueblo en pueblo enseñando las leyes del universo al nivel que

estuvieran en capacidad de recibirla. Nosotros llevábamos 12 cordones de luz en nuestro

sistema celular del ADN, lo que nos permitía hacer grandes cosas dentro de las cinco

dimensiones. Todo parecía facilito y ameno, y me gustaba muchísimo poder ayudar a

otras personas de diferentes maneras dentro de sus dificultades de evolución.

Uno también aprendía cosas nuevas, cuando no estaba en misión, o en los descansos,

porque una parte del sistema celular estaba conectado con un transmisor invisible de

multi niveles que nos actualizaba la memoria. A veces dicha información venia de

lugares tan altos como la 9D. También podíamos actuar como Co-Creadores en la 3D.

Era maravilloso, en como materializábamos gases de colores en nebulosas que nos

inventábamos y estas rápidamente dentro de nuestros deseos iban transformándose

dentro de ellas en sistemas vivientes de muchos medios orgánicos diferentes. Aquello

me gustaba muchísimo, especialmente el formateo de permitirle a uno imaginarse una

nueva extensión, nuevos planetas y estrellas, nuevos soles y nuevas galaxias… era una

experiencia renovadora. Muchos seres espirituales contribuían a la materialización de

ese nuevo algo, todos juntos o a veces unos pocos tenían sus propias especialidades, mi

función primordial era crear formas físicas dentro los diferentes planetas, como

animalitos y formas humanas primitivas.
Las hermanitas Girardot coloreaban todo y se encargaban del diseño y la decoración. La

Luz que provenía del Espíritu Maternal Infinito creador era la que daba vida a nuestras

obras. Parecía un sueño agradable en el que uno se dejaba llevar a través de una gran

noche de descanso. Como decía una canción de Cerati… el Universo esta a mi favor y

es tan mágico.
VII

Alguien toco a mi hombro en ese momento y desperté, para darme cuenta que todo lo

sentido o vivido hace un rato y de antes, parecía haber sido parte de una experiencia

extra-sensorial o un sueño, en ese instante no supe si fue culpa de los alucinógenos o del

éxtasis de la melodramática opera teatral en que se había convertido la pieza de teatro

en la finca a esa hora de la madrugada. El caso es que desperté dentro de un saco de

dormir de color violeta sobre la grama medio húmeda de la finquita allá en Canadá,

donde habíamos terminado nuestra fiesta después del conciertico. Junto a mi cuerpo

sentí el cálido, suave y largo tamaño de la bella Rosita abrazándome y mirándome con

esos ojazos. Su desnudes me saco de las impresiones que traía del sueño y comencé a

acariciar las curvas deliciosas dueñas de esos ojazos miel, hasta dejarme inhalar por

sensaciones y deseos de la materia y envolvernos en una danza de amor físico y mental

de chacras por largo rato. Era nuestro ritual de amor mañanero, era la energía que nos

metíamos el uno al otro para comenzar un día nuevo, así fue como se me olvido todo.

De vuelta a casa de las hermanitas Girardot, la travesía fue en total silencio de parte de

todos nosotros. El paisaje de la llanura de Alberta a un lado y del otro las Rocosas era

fenomenal, el susurro del motor y el aire que entraba por la ventana medio abierta de

Rosa, dejaba escuchar una especie de armonía sonora medio metálica con olor a

naturaleza intensa. Me sentía bien estando en la Tierra en pleno siglo XXI. Sobre mis

piernas descansaba la cabellera brillosa de la hermosa Rosi que dormía. Pensándolo

bien, no recuerdo el momento en que nos pusimos de acuerdo para comenzar una

relación amorosa, de amantes, de amigos, bueno, de amigos ya éramos con buena onda,

pero lo otro? Al fin y al cabo eso no tenia peso en este momento, menos con la vista que
me regalaban las montañas nevadas a mi lado. Contagiado por el murmullo de la

realidad y el sueño de Rosi, comencé a cabecear entre dormido y despierto, e

inmediatamente volví como arte de magia a mi sueño anterior, no podía evitarlo, era

como parte de una continuidad intima conmigo mismo.

En el sueño me encontré con Rosi, al menos ahora lo sabía, eso pensé, que todo era

parecido a un sueño pero que en perspectiva estábamos viviendo diferentes realidades

entre estas densidades; aunque iguales de surrealistas y abstractas como los sueños. Me

sentía algo bien y muy real y relajado dentro de ellas, como si estuviera vivo y no

solamente observándome reflejado desde alguna esquina. Cuando nos encontramos, ella

corrió hacia mí y me abrazó; nos miramos y vimos que estábamos en la pequeña aldeíta

de nuestro planetica de recorrido elíptico. Nuestros gatos jugaban revoloteando y

persiguiéndose entre ellos, parece que era lo único que hacían los animales, jugar. Hasta

que Rosi comenzó a comunicarse conmigo dentro de la mente…

Ri: Porque estamos aquí Ur?

Ur: (Me quede un momento en silencio, sintiendo y analizando todo, parecía que Rosi

también había experimentado lo mismo que yo)… creo –le dije, que estamos viviendo

varias y diferentes experiencias al mismo tiempo en dimensiones diferentes o paralelas,

no lo sé exactamente… (y luego me quede cómo mudo)

Ri: Esto… no es un sueño… verdad Ur?

Ur: No tengas temor…
Ri: No tengo, solo quiero estar segura de lo que estoy haciendo.

Ur: Esto no es un sueño Rosi, (la llame Rosi, sabiendo que era Ri, parecía que eso

afirmaba mi pensar), hagamos lo que tenemos que hacer cuando estemos acá o en

cualquier lugar, al menos hasta que todos estos momentos se unan en un ahora en algún

otro punto, de todos modos nos estamos divirtiendo, cierto?.

Caminamos un largo trecho en silencio, de la arboleda cercana nos llegaba un aroma a

flores bien profundo que caía bien, parecía que buscábamos un silencio que nos

acomodara a lo que estábamos experimentando y el aroma nos ayudaba. Tratábamos de

sentir todos los nuevos ahoras, divididos en diferentes lugares, pero al tiempo

seguíamos siendo cada uno de nosotros, así mismos.

Al fin del tanto rato de mirar a nuestro gatos jugar y jugar, optamos, absorbidos por el

gozo de ellos, que esa era una forma fácil de alegrarnos. Cómo invitándonos a salir de

nuestras pre-ocupaciones, y nos pusimos a corretearlos, y les cuento, que eso si era otra

cosa. Se convirtió todo en una correteadera entre humanos y gatos, ellos contra nosotros

y viceversa, ellos siempre nos ganaban por su agilidad felina. No les había contado, que

los gatos también tenían otro tamaño, proporcional a nuestra nueva altura física. Al fin

después de tanto jugar, nos sentamos todos a contemplar el paisaje que parecía

dándonos la bienvenida. Sentimos por un instante cuando nos mirábamos, que todo

alrededor nuestro se alegraba de vernos. Eso nos entusiasmo a Ri y a mi muchísimo, y

nos acercamos el uno al otro un poco hasta que un beso de esos suavecitos llenos de

magia, nos unió.
La inmensa vista que teníamos al frente de toda la 5D era tremenda, como para pasarla

desapercibida; parecía un regalo, tan vivo y tan cercano y sobre todo, tan visual. Ri se

disculpo un momento y se dirigió a su cabaña seguida de su gato. Y me quede solo

acariciando a Miau que miraba también todo eso al frente nuestro.
VIII

En un segundo sentí un llamado dentro de mi mente y cerré los ojos. Me transporte

hacia la tierra 3D, donde estaba la niña especial que yo ayudaba bastante; dentro de su

ADN podía ver el brillo de sus cordones elevarse como bailando. Se llamaba Mo, vivía

esta vez en una cueva subterránea en el centro de un conglomerado de tótems. Ella

nunca hablaba y vivía sola, por algún motivo similar me recordó a esa niñita de la Tierra

de antes de nombre Momo. Active un código y me disponía a partir, cuando la niñita se

comunico conmigo, parecía haberme detectado de alguna forma.

Mo: Quien eres, eres mi ángel?.

Como nunca me había sucedido tal cosa y no recordaba que tuviera órdenes de no

hacerlo, pensé un momento, vacilé y me comunique finalmente con mi consejero mayor

Ram-Ri-Dam allá en el planeta central de luz de las Pléyades. Sintiendo en mi realidad

una afirmación, aun así sentí deseos de hablar con él, que nunca lo había hecho

directamente.

Ur: Hola Ram, hermano, soy Ur de la Tierra.

Ram: Hola Ur de Nambira, (sentí que sonrió), como estas Hermano?.

Ur: (Ese “Hermano” que El pronunció me sonó a más Hermano que cualquier hermano,

como reafirmándome que éramos de la misma manada, algo como un parcero de

verdad)… experimentando mi nueva existencia… ya ves, nada perfecto todavía.
Ram: Disfrútala, cuando vienes a visitarnos?.

Ur: Cuando quieras, estoy listo, muy pronto (me ponía nervioso)… por ahora necesito

saber algo, necesito tu consejo…

Ram: Lo que deseas preguntar está bien, ya lo habías sentido que estaba bien, siempre

que vaciles, siente por dentro y desde adentro te llegara la respuesta. Tu centro de

impulsos celulares esta en tu corazón, allí se encuentra tu Cristal, él te guiará siempre,

está conectado conmigo y yo con el Padre Universal, no vaciles jamás.

Ur: Gracias hermano Ram…

Volví donde estaba antes con Mo, el tiempo no se me movía para nada, podía estar en

varios sitios al mismo tiempo, era maravilloso…

Ur: Si, soy tu ángel de la guarda, soy luz en tu interior, no temas, como estas hoy?

Mo: Un poco solitaria, los humanos acá son muy salvajes, a veces siento temores,

nunca puedo hablar, siempre los ruidos exteriores que producen ellos, me callan, creo

que me estoy volviendo como una muda salvaje…

Ur: Eres una niña formidable, vives sola porque tu destino es escuchar a los salvajes,

trata de no hablarles, solo escucha en silencio con amor y sin temor, para que

influencies sus pensares y estos a sus acciones y emociones, y así puedan evolucionar
rápidamente. Tenés una energía que alimenta tus alrededores, no sos muda, ya llegara

alguien con quien compartir conversación, por ahora esa es tu misión… Mo, tenés una

misión, te das cuenta? No te hace feliz? Recuerda en no hablarle a los salvajes, no te

entenderán jamás, ellos están en un estado primitivo donde solo escuchan la voz interna

de sus egos, en otras palabras, solo se escuchan a sí mismos. Cuando te sientas otra vez

solitaria, me llamas…
IX

Cuando volví a la aldeíta donde vivía, encontré que Ro también había vuelto, aunque a

Al aun no lo veía. Rosi salió de su cabañita y nos pusimos a jugar un rato con nuestros

animales, Rosi le había puesto al tanto a su hermana de nuestras nuevas formas de vivir,

Rosa no decía nada al respecto, luego de un rato nos dijo: “Tenemos que volver”, y nos

despertamos dentro del Volkswagen rojo, y Acid nos sonrió al vernos despertar…

Acid: Hola chicos, casi no se levantan, los estaba llamando porque ya vamos a llegar a

casa.

Rosa: Tengo mucho hambre.

Rosita: Te acompaño a hacer algo.

En eso el celular sonó en mi bolsillo, hace tiempos que no escuchaba ese sonido

ensordecedor que me unía a las carreras desesperadas entre el consumismo humano del

siglo XXI de donde me había sentido desconectado desde hace tiempo como si nunca

hubiese existido, pero el timbre continuaba y como en cámara lenta me dirigí hacia él,

era Belle Betún.

BB: Hola nene, ya estas mejor?.

JB: (Sin saber a qué se refería ella), hola Belle, que milagro escucharte (dije).
BB: Siempre pienso en vos bebé.

JB: Gracias Belle, como seguís en tu vida, contame? (no sabía que decirle).

BB: Lo mismo: conflictos con los tombos, tropeles con mi mama que porque no voy a

la escuela, el puto de mi amigo gay ya no me acompaña a los gigs, parece que se

consiguió un novio nuevo que lo absorbe, que según él es un sol de verano… como la

vez?.

JB: Lo mismo de siempre Belle, no has pensado alguna vez en darle un giro a tu

realidad?, hacia un horizonte más agradable?.

BB: Nene, no sé de que estas parlando, vivo como encarcelada en este cuerpo que a

propósito es hermoso, negro y salvaje, que nunca has querido disfrutar, entonces me

toca buscar otros lugares donde hallar satisfacción. Con mi cuerpo puedo manipular a

otros y también estrellarme contra todo…

JB: Por eso mismo Belle, no te gustaría liberarte de esa cárcel?.

BB: (Se quedo en silencio, susurró unos ruiditos con sus labios que me imagine

estarían coloreteados de un rojo intenso y que a lo mejor sonreían en ese momento)…

uhmm, a veces siento otras cosas, muy dentro de mi: (quedo unos segundos en silencio)

“Viven reprimidas u oprimidas

Como si quisieran volar,
como buitre en agonía por la presa

y duermo, y cuando sueño,

vuelo como ave libre

sobre toda mi existencia.

Me veo salir de mi casa

negra como la noche y vuelo

solo vuelo, bebé… es todo lo que

sé hacer, ahora lloro, bebé…

lloro, y mis lágrimas buscan

una ventana por donde salir

salir y volar

pero no sabría donde ir…”

JB: Cuando revientes las cadenas, sabrás donde ir… el sentido de libertad te guiara

hacia lo desconocido… como no le tenés miedo al cambio, lo encontras Belle, hallaras

tu nuevo destino y no solo serás feliz, sino que sentirás que estas realizada dentro de

algo que tiene sentido.

BB: Chao bebé, por eso te amo

porque se que sos libre

por eso te llamo

porque tu voz libera mis alas

gracias bebé, gracias…
Cuando colgué, quede pensando en Mêle, en que sería de su vida, estaría igual o peor

que Belle?, buscando su ventana?. Me olvide y mire en como las chicas sabían lo que

hacían en la cocina. Rosa era una gourmet: habían preparado unos vegetales salteados

con hierbas, torta de almendras y nueces, queso recubierto de humus casero, agua

aromática de hierbas y una fruta. Comí torta como loco, estaba vacío, parecía que no

había comido en siglos, ya que de todo lo que nos alimentamos en las últimas semanas

fue de barras energéticas y comida chatarra de paquete, y mucha agua. El teléfono de la

casa sonó y unos amigos de las hermanitas Girardot las invitaron para ir a la playa, que

quedaba algo retirada, había que cruzar toda una provincia. Cuando pensé en el mar, me

dio frio, y me preguntaba en como podrían estos canadienses ir al mar en -15°C?, no

entendí, era otra cultura y me tenía que acoplar.
X

Terminamos yéndonos todos, metidos dentro de un bus viejo de colegio que paso a

recogernos muy temprano al otro día. El bus estaba lleno de chicos y chicas, guitarras,

perros, dos gatos erizados, mucho alcohol y humos. Esa noche estábamos en la playa,

en algún lugar de la Colombia Británica, al norte de Vancouver entre alguno de los

fiordos de esa costa fenomenal. No había nadie a la redonda, se hizo una fogata, yo

había decidido parar de beber alcohol, desde la última fiesta después de la casa de

Hongux.

Mi vida había dado un giro ahora de 360°, solo me puse a contemplar las llamas del

fuego, en como danzaban con el viento y las chispitas que salían veloces como

buscando algo arriba, algo invisible. Arriba en el cielo lleno de estrellas, pasaban unas,

otras titilaban y me acorde del cielo de Nambira. Rosi se abrazaba a mi buscando

calentarse, era una personita llena de una ternura fascinante por dentro y por fuera, que

me hacía sentir bien, me sentía a gusto junto a ella, era como mi alcohol en ese

momento que me serenaba mientras observaba el fuego y las estrellitas jugando con las

chispitas.

Cerré los ojos y vi dentro de mi imaginación a Mo, ella estaba también junto a una

hoguera, solo que parecía que la tenían atada a un poste y era incinerada en vivo por una

horda de salvajes. Una lagrima rodo por mi rostro hasta la arena junto al tronco de árbol

caído donde estaba sentado. No sentí tristeza, sentí alivio, seguramente Mo reencarnaría

otra vez en alguna otra época más adelantada, eso me alegró. Luego pensé en Belle, y vi

como era violada en un callejón oscuro por tres manes que la golpeaban y la
violentaban, mientras su piel oscura rosaba el cemento sucio del pavimento. El rostro de

Belle sonreía de felicidad, entendí que ella en ese momento trágico, sentía que estaba

comenzando a ver o a vislumbrar dentro de ella la ventana de luz dentro de la oscuridad

de sus pensamientos y la negrura de la noche. Vi como la acuchillaron varias veces los

tres hombres, vi su sangre empapar el cemento sucio y vi como de su cuerpo salió un

ave negra como un buitre nocturno que voló por el firmamento oscuro de esa ciudad

poluta y sonreí con ella, sonreímos en gozo y sentimos alivio los dos juntos.

Esa noche al frente de las chispitas, dos amigas mías muy cercanas acababan de cambiar

sus vidas y pronto escucharía de ellas otra vez, y sentí alivio. De seguro ellas habían

luchado con sus almas tratando de impartir justicia y palabras de amor a sus adversarios

antes de morir asesinadas vilmente. Por eso sonreían en sus patíbulos. Por eso, en lo

contrario de las dimensiones, lagrimas de gota salada salían y rodaban por mis mejillas

a remojar una arena desatendida junto al mar.

Cuando abrí los ojos, Rosi me miraba sonriente y con ternura. Nos abrazamos y nos

quedamos quietos. Después de un rato, entre los bullicios de la gente, escuche que iban

a hacer una obra de teatro, uhi no, pensé, otra obra dramática, estos canadienses están

locos. Pensé que esta vez, no participaría, seria parte de la audiencia, las experiencias

anteriores me habían dejado saturado de obras teatrales roqueras. En ese momento

pensé en la obra allá en Alberta conde participé como el ahorcado, donde había muerto,

en si esa escena tendría algo que ver con los cambios que se me estaban dando

últimamente, no lo sé. Los tiempos se me cruzaban fácilmente.
Esta noche después de la obra de teatro, más liviana que la otra, nos fuimos a dormir en

una carpa que Acid había traído, que colocamos junto al mar, sabíamos que la marea

comenzaría a bajar, estábamos tranquilos. Los cuatro nos metimos en la carpa,

dormimos toda la noche. Al otro día, volvimos a Alberta. Y después de unos días, las

chicas nos dijeron que ya casi terminaban con la producción de platería que necesitaban

para la travesía navideña. No sabía a qué se referían. Parece que debido a que diciembre

se venía encima, ellas acostumbraban cada año al comenzar el mes migrar lentamente

hacia el sur vendiendo sus artesanías y joyería en las diferentes ferias locales del

Pacifico. Le habían anexado al Volkswagen un trailercito pequeño un poco alargado

donde colocaban todo su trabajo y mucha ropa.
XI

Salimos de viaje anunciado para el día primero de diciembre del 2012, el invierno

arreciaba con sus vientos helados provenientes del polo norte pero a medida que

bajábamos se iba mejorando. Comenzamos en Vancouver, pasamos a Seattle, Portland,

San Francisco, Big Sur, Venice, San Diego, Tijuana y el puerto de San Blas que parecía

ser nuestro último destino. Durante la travesía conocimos mucha gente: nómadas,

gitanos, viajeros, mochileros, etc. Mucha gente mágica con los que cruzamos

almuerzos, cenas, días de campo, tertulias, etcétera. Algo interesante fue que junto con

los agradables extraños, nos sentíamos siempre como una gran familia que terminó

convirtiéndose como en una colorida caravana de autos, buses, mini-vans, tráileres y

motocicletas; desde Vancouver hasta el puerto de San Blas como una pequeña tribu de

gitanos artesanos.

La travesía fue maravillosa, casi dos semanas de pueblo en pueblo. Cuando nos

sentíamos renovados, seguíamos con el viaje, lógicamente siempre después de que las

chicas nos recreaban con su ronda musical de danza y algo que cantaban mientras

nosotros las acompañábamos con los instrumentos. Yo estaba en unos timbales y en una

conga y Acid en la guitarra, que sabía hacerla sonar bellísimo. Como las chicas habían

podido vender toda la producción de platería y artesanías durante el recorrido,

estábamos seguros, económicamente hablando. No crean que Acid y yo no hacíamos

nada, durante los días que las chicas laboraban en la producción de cositas, ellas

siempre nos involucraban a ayudarlas en diferentes trabajitos, terminando Acid y yo

siendo sus asistentes.
Bajamos bien al sur y cruzamos otra vez el canal de Panamá, sentí un deja-vu, pasamos

el Darién en nuestro pequeñito Volkswagen rojo convertible. El ejercito en la frontera

nos revisaba, un sargento en forma de burla pregunto, que porque no viajábamos en

algo más cómodo, nos miramos los cuatro y nos reventamos de risa, nunca se nos pasó

por la mente en haberlo cambiado a un van o un tráiler. Parecía que el autico rojo nos

sentaba bien. Para economizar tiempo de recorrido nos turnábamos los cuatro al timón;

primero Acid y Rosa estaban al frente, ella le hacía de timonel o viceversa, mientras

nosotros dormíamos atrás, y cuando cambiábamos al frente, nos tocaba la guía.

Dormir atrás nos parecía cómodo, el sitio era algo amplio, lleno de almohadas, y

cobijitas. Y así fue que al fin llegamos a los Andes, me sentía como en casa al tocar

tierra suramericana “otra vez”. Encontramos en internet una eco-aldea de nombre

Atlántida que nos llamo la atención, quedaba al sur de Cali. Allí nos instalamos a gusto.

Colocamos la carpa en un plancito encima de una montaña, lejos, muy lejos del

mundanal ruido -como alguien dijo. Hablamos con los que dirigían la aldea y nos

permitieron quedarnos el tiempo que considerábamos necesario en nuestra travesía a

cambio de colaborarles con el laborar del campo, el cuidado de los animales y algo de

construcción. Acordamos y estuvo bien. Las chicas se unieron a un grupo de danza y a

la cocina. Todo parecía lleno de un aire de paz y progreso en la aldea.

Mañana seria el 21 de diciembre del 2012, Acid se encontraba ansioso. Se reunió con un

grupo de la aldea que compartía sus mismas ideas. Yo por mi lado pensé que esperaría

solo. Fui a una planada encima de la montaña más alta dentro de la propiedad. Cuando

llegué a la cima, encontré una planada despejada encima de una gran roca al final de la
ladera donde parecía haber un nido de gallinazos, y junto a ella un gran árbol. Arreglé

mi cambuche con una carpita pequeñita anti frio que conseguí en Canadá y un saco de

dormir que también aguantaba temperaturas extremas, mi cuaderno de apuntes, un

lapicero de mil pesos, crema de dientes, queso y dos manzanas. Me instale a distancia

prudente para no acelerarle el ambiente a los chulos. Desde mi posición se podía divisar

aun con lo poco de luz del atardecer, las cabañitas todas allá abajo dispersas entre la

vegetación. Desde donde estaba, se podía ver el rio surcando como serpiente verde

lentamente, los sembraditos todos cuadraditos, el inmenso platanal, los espesos arboles

y el atardecer al fondo adornando todo de forma inocente y dulce, todo olía rico, a

tranquilidad, a silencio… me sentía a gusto. Estuve por un momento algo ansioso,

presentía que a lo mejor empezaría algo sobre natural, estaba sentado como esperando a

que una nueva película comenzara, y quería verla desde donde estaba sentado

observando, sí, solamente observando, tranquilo y listo.

Pero me quede dormido, y al amanecer entre el alba, abrí los ojos y medio me moví

desde mi posición horizontal perezoso, desde la puerta de entrada de la carpita me puse

a mirar hacia fuera… todo parecía igual, tanta ansiedad para nada?, pensé. ¿Sería que

fue pura habladuría todo? Que desperdicio de letras, que desperdicio de energía, o sería

un error en nuestro estúpido calendario?, no sé. Pensé en los escépticos que estarían

todos sonrientes y burlándose de nosotros los inocentes… O de verdad el peso del

pensamiento colectivo de tanta gente a través de los siglos tendría que haber hecho

algún efecto.
XII

Salí de mi pereza y dejé la carpita, mire al cielo, y voila!, el cielo estaba morado, un

azul rojizo nos abrazaba, una bandada de aves gruñía o cantaba o ululaba al pasar como

buscando dirección o destino, deje todo tirado y baje como pude a grandes zancadas

hasta que llegue al centro de reuniones, donde habían varias mujeres con los ojos

cerrados congregadas en un gran círculo, habían permanecido en total vigilia y ayuno

durante la noche, parecían muy serenas y tenían todas una sonrisa en su rostro.

A la distancia pude distinguir en el ala contigua a esta área, como otras mujeres

entraban y salían apresuradas y murmurando de la cocina. Como las chicas del circulo

estaban en silencio, me dirigí a las de la cocina y cuando pude hablar con una de ellas

les pregunte que cual era el alboroto, a lo que me dijeron que se rumoraba que el eje de

la tierra, que venía desde hace tiempo moviéndose poco a poco, se había salido

totalmente de su sitio en dirección opuesta, algo como un giro de 360°; lo que

significaría que estaríamos ahora mirando patas arriba. La luna matutina estaba roja,

recordé en ese momento que a veces la veía color naranja en las ciudades dependiendo

del grado de contaminación en el aire o de la luz inclinada que le mandaba el sol. Pero

hoy estaba roja de verdad, más roja que la camiseta que llevaba puesta Rosi ayer. Se me

paso por la mente en un segundo el apocalipsis de la Biblia y salí del centro de

reuniones, pensé que ahí no estaba haciendo nada.

Corrí hacia donde estaban mis amigos, que ya bajaban de la colina, nos encontramos en

la planada que conducía a la entrada de la aldea, afuera divise por un segundo el

vehículo en que habíamos llegado ayer.
Me preguntaba y me seguía preguntando cosas, pero nada, no sabía en ese momento

concreto que preguntarme, no sabíamos que hacer, solo abrazarnos. Un aire de

incertidumbre parecía envolvernos a todos. Preguntamos alrededor a la otra gente que

veíamos, pero nada, todos estaban peor que nosotros. Todo mundo parecía alterado y

desubicado por una confusión que aparentemente nos acechaba pero que no se veía de

donde. Decidimos sentarnos sobre la grama, hasta que Acid dijo muy claro algo:

“Debemos hacer algo rápido, deberíamos de girar nuestros pensamientos y percepciones

sobre nuestra ubicación para ajustarnos al cambio que estaba sintiendo la tierra”… de

repente, a medida que nos ayudábamos en cuanto a cómo ubicarnos bien, cerramos

nuestros ojos y cogidos de las manos hicimos un circulo en silencio. Yo pensaba en ese

momento cosas como: que no estábamos muy lejos del círculo ecuatorial, así que no

estaríamos muy lejos de la nueva realidad. Cambiábamos la ubicación polar en nuestro

pensamiento y ya, forzándonos a ubicarnos en forma opuesta; por ejemplo, si la luna y

el sol habían cambiado su eje magnético también, todo debería estar funcionando en

otro ciclo o al revés mejor dicho, habían cambiado su recorrido y la tierra estaría

girando hacia el otro lado, o sea que todo era opuesto, el sol saldría por el oeste y la luna

por el otro lado.

Así fue que comenzamos a sentir más fuertemente el eje de la Tierra, su nueva posición,

reconocimos también su cristal en el centro de ella que irradiaba luz a través de nuestra

columna vertebral pasando por un cristal interno clarito que brillaba dentro de nuestro

corazón, y que luego salía suavemente hacia el infinito… nuestro sistema nervioso se

expandía con la luz que pasaba y nos íbamos adaptando a un nuevo pensar, una nueva
consciencia que se expandía y se sentía sólida por dentro; como un camaján cuando

camina por su urbe: seguro, confiado, adornado, perfumado, con su peinado volteado,

caminando sus calles como dueño, sintiéndose rodeado de masas de gentes temerosas y

confundidas. Abrimos los ojos y nos miramos, nos tocábamos y nos cagamos de la

risa… salimos corriendo de la eco-aldea, no queríamos estar encerrados entre alambres

de púa y conceptos de propiedad… Rosa corría adelante como cabra loca, gritando con

voz sonora:

“SOY LIBRE… SOY LIBRE

soy una bacán

que me agito a millón…”.
XIII

En eso vimos un bus chiva que creímos venia desde Popayán, estaba toda llena de

grafitis de muchos colores en su exterior, como si hubieran sido editados en fotoshop.

En su interior un mundo de loquitos todos muertos de la risa, muy alegres ellos nos

miraban, sacando sus manos saludando. El bus se detuvo y un chico de los que iba en la

parte de arriba de la chiva nos grito: “Hey chicos, vinimos por Ustedes”, nos montamos

mirándonos estupefactos pero tranquilos.

Los rostros de todos los blogueros dentro del bus parecían también como si alguien les

hubiera tomado una foto y la hubiera pasado por fotoshop, como con un filtro comic.

Voltee a mirar a mis amigos y también, nos tocábamos los rostros como si lo que

viéramos no fuera real, solo nos reíamos y ya, no sé si era una risa contagiosa, o el

ambiente era demasiado mágico como para no estar riéndose a cada rato y por todo.

La chiva se dirigió al norte, o sea al antiguo sur, hacia Popayán. Nuestro busecito

folclórico con forma de “chiva” toda pintureada y con aspecto de comic animado y con

nosotros adentro metidos, se fue introduciendo dentro del Cauca colombiano. Antes de

llegar a Popayán, nos desviamos hacia la derecha en dirección la selva del Pacifico; a

medida que nos compenetrábamos mas y mas dentro de la jungla, veía como la

vegetación se iba transformando en dibujos de comic también, hasta el punto que en un

momento estábamos todos inmersos en un comic real, que a veces parecían cuadritos o

viñetas de comic cambiantes, y en otras ocasiones un videíto animado.
Al rato de estar profundizándonos dentro de esa selva, ya me sentía que estaba como

dentro de un proyecto de animación y no en la tierra que conocía, y que lo que veía

tampoco era una distorsión visual, como si el proyecto fuera una realización hecha por

nosotros mismos y los blogueros. Parecía que teníamos ahora la capacidad de cambiar

los ahoras, al tiempo de que podíamos disfrutar al máximo lo que nos inventábamos.

Una sonrisita de gozo se doblo en mi boca, me sentí por primera vez como formando

parte de algo vital, valioso, importante… y tan solo me reía, jajaja todo el tiempo…

Todo estaba como tan retirado de aquel tiempo que había vivido cerca a Mêle, en Los

Ángeles. Sentía las posibilidades acá en esta realidad de una forma infinita, con tantas

opciones disponibles dentro de mi pensamiento. Comencé a pensar en un como guion a

medida que me distraía con el espacio lleno de planeticas moviéndose. Y a medida que

cavilaba, se sucedía lo que estaba pensando, voltee a mirar donde estaba Ytox, el chico

que hacia de director del comic, y vi como levantaba su pulgar derecho en aprobación,

sonreí. Y volamos con los caballitos alados entre el universo colorido al frente nuestro,

algunos de los chicos volaban en perros, otros tenían gatos con alas, jirafas, ballenas,

iguanas, delfines, cóndores, etcétera.

Comenzamos en fila india a volar por nuestro sistema solar, pasamos junto a todos los

planetas y sus lunas, incluso cerca a Urano con sus lunas y anillos. Allí nos evaporamos

y cambiamos de universo, aparecimos dentro de un castillo inmenso hecho en gelatina

de colores, donde vivía un rey y su reina de gelatina. Todos los habitantes del castillo

eran de gelatina, cada uno de diferente color. El hijo mayor del rey un chico de nombre

Glotun, nos invito a la mesa principal donde comimos gelatina verde dulce, muy dulce
con sabor a fresa. Nos contó Glotun que para viajar por el universo de las canciones

ocultas deberíamos de comer otra porción más de gelatina. Por un momento me salí de

lo que estaba haciendo, y no supe si todo eso era real o no y me sentía algo culpable.

Cuando sentí un golpecito suave en mi hombro, era Rosita.

Rosi: No es tu culpa hermanito del alma, no es solo tu aventura… somos todos,

estamos todos metidos en este video, en esta película animada. Todos éramos en aquel

entonces muy similares en nuestros sueños, todos y cada uno de los chicos que vistes en

la chiva. Treinta y tres en total, somos los “loquitos” perdidos dentro de la magia de la

creación a nuestro propio modo original. Nos han dado la libertad del libre albedrio y la

hemos aprovechado para el bien de crear esta realidad, esta película donde todos

compartimos y disfrutamos, al tiempo que usamos las herramientas que nos brinda la

quinta dimensión… no te parece fantástico...!?.

Cerré los ojos y cuando los volví a abrir estaba en mi otra habitación escribiendo,

convertido en carácter comic con vida animada, estaba bien dibujadito y graficado con

el simplón Flash 3D. Los retoques a mi rostro los arreglaron en fotoshop, porque tenía

la cara llena de líneas y los ojos llenos de lágrimas derramadas por Mo y Belle Betún.

Cerré el cuaderno donde escribía con lapicera roja de esas de mil pesos y me comencé a

desvanecer, pensé en la Rosi que me había “inventado” y se me dibujo una mueca de

alegría en el rostro al recordar sus ojazos divinos, el color de su cabello, su falda blanca

larga a media pierna que le dejaba ver ese comienzo de pierna de mujer que me

satisfacía, su voz, su olor a mujer mágica, su piel, sus labios que cuando hablaban

parecía enviarme piquitos, su bolsito en blanco y negro que llevaba cuando me imagino
que nos conocimos en la biblioteca departamental de Cali, que parecía una copia de esos

que hacen los Koghis en la Sierra Nevada de Santa Marta… y Rosi me sonrió otra vez

con esa alegría, con ese respeto, con esa consideración, con esa inteligencia, y me dijo:

“James, no te desvanezcas

si te vas, dejo de existir

olvida los sinsabores

recupérame, búscame

estoy en la 5D

en la cabañita,

cuando ya no hacíamos el amor

porque vivíamos dentro de él,

cuando mirábamos

a toda la creación

desde nuestro sitio favorito

soy las letras de tus poemas

la canción que florece

en tus muertes anunciadas;

soy las dimensiones, y

tu tiquete de salida

hacia el infinito

porque soy creación tuya

y con estos poderes me creastes

para poder tomar tu mano,

la de la imaginación
y acompañarte en tus

viajes por tus universos;

no importa donde vayas

si al ayer o al mañana

de todos modos, todos los lugares

son tus ahoras

sabes eso bien James…

soy la flecha que Gibran

soltó de su arco

cuando te enseñó al Profeta

sos Siddhartha y soy Govinda

somos las hadas creativas

de Hermann Hesse

soy la Gioconda, sos Leonardo

soy un girasol, sos Van Gogh

soy las modelos, sos Picasso

somos Godard, somos Wenders

soy los colores y el b&n

sos Andrés, soy el pantano

sos Teresa, soy el marido malo

soy una canción, sos Kristofferson

soy el mar agitado, sos la ballena

soy la presa, sos el predador

soy la víctima, sos el criminal

soy el principio, sos el final
Soy el éter, sos la eternidad

juntos somos el todo

juntos somos la unidad

juntos vencemos la oscuridad

juntos sacamos a una niña

de su sutil caída a la prostitución

juntos convencimos a un niño

de escribir un poema y de dejar el revolver

juntos cantamos rap en Medallo

juntos somos la Tribu de Omerta

juntos somos potencia por naturaleza

juntos somos pasión

juntos somos Cali, Chipichape y Yumbo

juntos somos la sucursal del cielo

juntos somos el valle, el rio y la montaña

la ola y el acantilado

el desierto y el sol

la cucaracha y el zancudo

la Sabiduría y el Amor

la Fe y la Consciencia

Radiónica y el aletoso de Tato

Gustavo Andrés y Biblioghetto

los Farallones y Pance

las Rocosas y Alberta

Mount Hood y Mount Helens
Nepal y el Everest

el oso y el perro

el gato y la lagartija

soy tu sangre, soy tu hermana

soy tu mujer

soy tu amante

soy tu ninfa

soy tu diosa

soy tu inspiración

soy el regazo

soy la media naranja

soy hembra, sos macho

soy mujer y sos hombre

soy femenina, sos masculino

soy el polo negativo, sos el positivo

somos juntos el equilibrio

soy tierra, sos espacio

soy la luna, sos el sol

soy miel, sos la sal

soy imagen digital, sos el fotógrafo

soy el papel en blanco, sos la tinta

soy el poema, sos el escritor

soy el bolero, sos el tango

soy la rubia, sos el negro

soy un tambor, sos las manos que golpean
soy África, sos Europa

soy Atlántida, sos Ártica

soy Andexa, sos Axia

soy escudo, sos espada…

En estas posibilidades de efectos,

no te desvanezcas James

ya sabes que si te vas

dejo de existir… te necesito muchísimo

ámame… amémonos.”

FIN

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