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El uso de los recursos hídricos en la agricultura

El presente informe resume las principales nociones del uso del agua en la agricultura, su importancia,
su potencial y sus posibles efectos negativos. Además, define su rol en la reducción de las
consecuencias de desastres naturales como las sequías.

Para la elaboración de este informe se recogieron datos de la Organización de las Naciones Unidas para
la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el Instituto
Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Secretaría de Secretaria de Agricultura, Ganadería,
Pesca y Alimentos (SAGPYA). Además, se contó con información aportada por la Estación Experimental
Agropecuaria en Manfredi, Córdoba, del INTA.

Los sistemas de riego permiten optimizar el uso de los recursos hídricos en la producción de alimentos.
Frente a los pronósticos de crecimiento de la población mundial y el consecuente incremento de la
demanda de alimentos, lograr el mayor rendimiento del agua dulce disponible es un desafío para las
autoridades gubernamentales. Sin embargo, el desarrollo de diferentes técnicas de aprovechamiento de
los recursos hídricos tiene que ser tratado con responsabilidad, para evitar la saturación o salinización
de los suelos.
Recursos hídricos

Sólo el 2.5 por ciento del volumen total de agua en la Tierra corresponde a agua dulce. Ese porcentaje
es suficiente para satisfacer las necesidades de toda la población. Sin embargo, los recursos hídricos no
están equitativamente distribuidos y no siempre son gestionados de manera adecuada.

Muchos países enfrentan problemas de escasez de agua. La cantidad de agua dulce se redujo
significativamente por la contaminación causada por la agricultura, la industria y el consumo diario de
las poblaciones. Desde 1900 se han perdido la mitad de las fuentes renovables de agua dulce.

La falta de agua puede tener consecuencias como la suba de precios de los alimentos y la merma de la
producción en algunos países.

Recursos hídricos y agricultura

La agricultura representa el 70 por ciento del consumo total de agua dulce, comparado con el 20 por
ciento de la industria y el 10 por ciento para uso urbano y doméstico.

El 80% de la tierra cultivada obtiene el agua de las lluvias, mientras que el otro 20% que utilizan riego
producen el 40% de los alimentos del mundo. Es que los sistemas de riego permiten obtener mejores
cosechas.

Como se puede ver en el siguiente cuadro, ello se vio reflejado en la baja durante 30 años de los
precios de los alimentos en varios países, generada por el avance de la agricultura de riego. Esta
tendencia se frenó hace pocos años.
Las últimas proyecciones muestran en promedio un crecimiento del 0.6 por ciento anual del riego
desde 1998 hasta 2030. También en ese período, por el aumento de la producción agropecuaria, un 36
por ciento más de comida será producida, con un 13 por ciento más de agua.

Así, el desafío de la agricultura mundial es obtener más alimentos con cantidades


menguantes de agua y tierra. Esto resulta clave debido al incremento de la población
mundial, que pasó de 2500 millones de habitantes en 1950 a los 6500 millones de hoy.
Además, los precios de los alimentos volvieron a aumentar y, con la previsión de que la
población alcance los 9000 millones en 2050, el mundo necesita mejorar de forma masiva
la productividad del agua en la agricultura.

Un ser humano necesita beber entre 2 y 4 litros de líquido al día, pero consume entre 2 y 5 mil litros
con el agua utilizada para producir sus alimentos. Por otra parte, el aumento de la urbanización y de la
riqueza en varias regiones del mundo ha hecho crecer la demanda de una dieta variada, incluyendo
una mayor cantidad de carne (las dietas ricas en proteínas requieren mucha más agua que las
vegetarianas).

En este contexto, la destinación de recursos al desarrollo de sistemas de riego suplementario puede


tener resultados muy positivos, porque los mayores rendimientos que pueden obtenerse del riego
representan más del doble de los mayores rendimientos que pueden ser alcanzados por los cultivos que
se abastecen del agua de lluvias. Si el riego es implementado eficientemente, combinado con
fertilizantes y diferentes semillas mejoradas, es el mejor camino para incrementar la producción de
alimento.

Además, la tecnología del riego es ideal para los pequeños y medianos productores ya que asegura
rendimientos, estabilidad, diversidad productiva y calidad. Otro factor importantísimo es que da la
posibilidad a pequeños y medianos productores de ser competitivos y de ocupar más terrenos, algo
estratégico para el sostenimiento social y económico de las regiones. Cabe tener en cuenta que estas
ventajas están condicionadas a la disponibilidad de créditos al alcance de este tipo de productores.

Tipos de riego

El riego gravitacional o por surco consiste en la instalación de tuberías y bombas para distribuir el agua.
Se puede utilizar principalmente para el cultivo de maíz y en terrenos con pendientes adecuadas. Para
su buen funcionamiento requiere, además, suelos con infiltración moderada y la sistematización del
terreno para facilitar la conducción del agua. Resulta adecuado para pequeños establecimientos o
empresas familiares debido a que es de baja inversión inicial y permite la ocupación de mano de obra
excedente.

El riego por aspersión, en tanto, produce una lluvia artificial. Está compuesto por una bomba y un
motor para dar presión al agua, una tubería para conducirla hasta el lugar donde será distribuida y
aspersores para fraccionarla en forma de lluvia.

Recursos hídricos y biocombustibles

Cerca del 2 por ciento del agua para el riego se utiliza para la producción de biocombustibles líquidos.
Son necesarios 2500 litros de agua para producir un litro de biocombustible líquido utilizado para el
transporte. Esa agua sería suficiente para suministrar alimentos básicos para una persona durante un
día.

Aunque a nivel mundial la cantidad de agua destinada a la producción de biocombustibles es modesta,


puede agravar los problemas de escasez existentes en algunas zonas.

Recursos hídricos y sequías

En lo que refiere a la agricultura, la amenaza climática más común es la sequía. A escala global, este
riesgo es mucho mayor que el de los ciclones, inundaciones y tormentas. En los países en desarrollo,
aparece como una de las principales causas de escasez de comida.

Las sequías pueden ser controladas a nivel de las parcelas, de cuenca y nacional. El primer nivel
requiere decisiones de los agricultores, mientras que las decisiones a nivel de cuenca y nacional deben
ser tomadas por los gobiernos o agencias estatales.

Las alertas tempranas y las respuestas a las mismas pueden prevenir las consecuencias de las sequías
y otros desastres naturales. Las formas de minimizar las causas son pocas, como la provocación de
lluvias. Las formas de minimizar la vulnerabilidad pueden incluir el desarrollo de facilidades para riego
superficial –incluyendo el bombeo desde corrientes de agua– y el riego con aguas subterráneas, el
manejo integrado de los recursos hídricos, el desarrollo del ecosistema y su diversificación, la educación
y la capacitación de los agricultores, los sistemas de alertas tempranas, el pronóstico estacional del
clima y los seguros de los cultivos.

La evolución histórica de la agricultura bajo riego fue una respuesta para reducir el riesgo de los
fracasos de los cultivos en tierras que estaban sometidas a sequías periódicas.

Consecuencias negativas del riego

Muchos sistemas agrícolas pueden producir grandes cantidades de alimentos pero también pueden
tener importantes impactos negativos sobre los recursos naturales del suelo y el agua. Un problema
básico en este contexto es que los beneficios y los costos son recibidos por distintas personas.

Gran parte del impacto ambiental de la agricultura bajo riego está ligado al manejo del balance del
agua y las sales. Un buen manejo ha demostrado ser una actividad difícil porque, si bien los problemas
de la salinidad inducidos por el hombre se pueden desarrollar rápidamente, las soluciones pueden
necesitar un largo tiempo y ser costosas.

Es posible introducir varios mejoramientos en las prácticas agronómicas y el riego dependiendo del tipo
de salinidad y de la causa de la acumulación de sales a niveles peligrosos en la zona radical. El hecho
de que se hayan usado exitosamente aguas salinas para algunos cultivos, demuestra que bajo ciertas
condiciones el agua salina puede ser útil. La experiencia en otros lugares donde hay efectos negativos
importantes causados por el riego con aguas salinas o ricas en sodio indica que son necesarias
intervenciones de larga duración para equilibrar el balance del agua y las sales.

En este aspecto, como regla general, el agua con un contenido salino de hasta 0,5 gramos por litro
puede ser utilizada en casi todos los casos. Si el contenido es superior, hasta 2,5 gramos por litro, sólo
se podrán regar suelos con una muy buena permeabilidad y en cultivos con buena tolerancia a la
salinidad. Agua con contenido salido superior a 2,5 gramos por litro no sirve para el riego.

Recursos hídricos en la agricultura argentina

En Latinoamérica hay 78 millones de hectáreas disponibles para el riego, pero sólo se aprovechan 19.
En la Argentina, según los últimos datos oficiales correspondientes al Censo Nacional Agropecuario
(2002), el riego se utiliza sólo en un 2.7 por ciento del total de hectáreas cultivadas.

Estimaciones oficiales señalan que en la Argentina hay cerca de 95 millones de hectáreas de suelo apto
para riego. Sin embargo, la disponibilidad de agua limita esa cifra. Si esta condición y las características
del suelo son tenidas en cuenta, la FAO sostiene que son aproximadamente 6.1 millones de hectáreas.
El 44 por ciento de ellas se encuentra en zonas áridas, mientras que el resto está en zonas húmedas.

En los últimos años, el riego experimentó en el país un crecimiento acelerado. En la provincia de


Córdoba, por ejemplo, en 1994 se regaban aproximadamente 8000 hectáreas, mientras que en 2008
esa cifra había ascendido a 110.000 hectáreas. La principal causa de este desarrollo es la necesidad de
las empresas de expandirse en tierras no aptas, que sólo la irrigación de agua permite utilizar.

La estabilidad de los precios es otra variable por la cual se ha expandido. El costo de la tierra aumentó
más de 10 veces en los últimos años, mientras que el riego tiene costos muy similares o levemente
superiores a los que tenía hace 10 años.

La evolución de las áreas de riego en el país es heterogénea. En la zona de la Cuenca del Plata, por
ejemplo, el desarrollo de los sistemas de riego, enfocados en los cultivos de granos y cereales, es
mayor.

Los tipos de cultivos en los que se utiliza el riego varían según la zona. A nivel nacional, el 32 por
ciento corresponde a granos. Como el maíz, el trigo y la soja son los principales cultivos que se riegan,
en la mayoría de los casos, se hacen en siembra directa y con muy buen nivel tecnológico (rotaciones,
fertilización, manejo integrado de plagas).

Aproximadamente el 95 por ciento de los sistemas que se utilizan en Argentina son de pivote central
(aspersión). Estos están formados por una tubería montada sobre una serie de torres con ruedas
conectadas a una estructura que fija el centro del sistema, rotando alrededor de ésta para regar un
área circular.

Todos los sistemas intentan estabilizar los rendimientos, reduciendo la variabilidad provocada por la
falta o inadecuada distribución de las precipitaciones. En las diferentes zonas se pueden utilizar desde
el riego gravitacional (por surcos) hasta el sistema de goteo, según el cultivo, recurso hídrico, manejo,
etc.

El uso del agua subterránea es escaso en la agricultura de riego, si lo compara con el uso del agua
superficial. En la Argentina, el agua subterránea se utiliza desde la década del 50. La FAO estima que
medio siglo después cerca del 25.7 por ciento del riego utiliza el agua subterránea y que las zonas
húmedas son las que tienen la mejor calidad de este tipo de recurso.
Los costos de producción son muy variados. En un sistema bajo riego suplementario lo que cambia,
comparando con un sistema de secano, son las densidades de siembra, los niveles de fertilización
(aumentan ambos) y el costo del riego, que hoy es aproximadamente de 0.80 U$S por milímetro
aplicado (considerando gas oil o energía eléctrica).

A pesar del desarrollo del riego, según especialistas del INTA, en la Argentina hay muy poco
conocimiento sobre el comportamiento de los acuíferos y un escaso monitoreo de los mismos para
asegurar la sostenibilidad del sistema.

En un contexto de continuo aumento de la población mundial y de la demanda de alimentos, incentivar


el desarrollo de los sistemas de riego puede ayudar al país a refrendarse como abastecedor
internacional.

Además, puede mitigar las consecuencias de las sequías, reduciendo los riesgos. Una mayor estabilidad
se traduce en mejores cosechas y, por lo tanto, en más competitividad a nivel mundial.

Por otra parte, la utilización de los recursos hídricos en la agricultura es una herramienta que permite a
los pequeños y medianos productores volverse más competitivos. Además, algunos métodos, como el
riego por surcos, pueden generar nuevos puestos de trabajo para su instalación.

Sin embargo, el riego suplementario puede traer consecuencias negativas como la salinización del
suelo. Por eso, medidas que pueden ser muy positivas como el otorgamiento de créditos, deben estar
acompañadas por una campaña de capacitación para los productores. En este sentido, apoyar la
investigación sobre este tema resulta clave para evitar que el agua que se utiliza en determinadas
zonas, falte en otras.
Informes:

- Descubrir el potencial del agua para la agricultura. (FAO - ISBN: 9253049111)

- The United Nations World Water Development Report 3. Water in a Changing World. UN World
Water Assessment Programme. (UNESCO- ISBN 9781844078394)

- La Plata Basin case study: final report. UN World Water Assessment Programme.(UNESCO)

- Obtener más alimentos-Utilizar menos agua. (FAO)

- Water at a Glance The relationship between water, agriculture, food security and poverty. (FAO
WATER)

- Censo Nacional Agropecuario (CNA) 2002. (INDEC)

- Manuales relacionados a recursos naturales. (INTA)

Fecha de publicación: 08-04-2009