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John Milbank

EL MERCADO MORAL ES UN MERCADO MÁS LIBRE

Introducción.

Creo que mi aproximación diferirá considerablemente e la del último orador,


Andrew Dilnot. Sin embargo, estoy completamente de acuerdo con que uno no
debería exagerar la magnitud de la crisis reciente, no es ciertamente el fin del
capitalismo, y a la postre quizá lo veremos como un problema pasajero de
menor importancia. Sin embargo, eso no significa que como cristianos no
debamos tomarnos esto muy seriamente ni que esto no nos revela ciertas
cosas de crucial importancia. Al revés que el orador anterior, creo que sería
una notable equivocación decir que esto es simplemente una manifestación del
comportamiento natural del hombre y el ciclo natural de crecimientos y
descensos. También creo que sería una equivocación decir que la actual crisis
económica es de alguna manera una manifestación directa de la codicia
humana, porque, muy al contrario, es la consecuencia de que la gente actúe
precisamente de la manera que se supone que deben hacerlo, de acuerdo a
nuestro actual sistema económico.

No creo que sea una manifestación de algo meramente natural porque estas
crisis económicas son algo muy específico de una economía capitalista. Por
supuesto, desde los albores de la historia humana habido crisis económicas,
pero siempre han tenido que ver con desastres naturales, desastres en las
cosechas, faltas de carácter ético, ausencia de gente para trabajar duro y ser
productivos. Lo que es completamente diferente y peculiar de las crisis del
capitalismo es que tienden a ser crisis de especulación, crisis causadas no por
factores físicos concretos, ni únicamente por factores humanos, sino
precisamente fallos de los mecanismos abstractos del propio sistema. No es
necesario que uno sea anticapitalista para reconocer este fenómeno. Un buen
número de economistas completamente pro-capitalistas lo reconocen así. Así
pues, incluso desde los albores de la era capitalista hemos tenido este tipo de
crisis, piénsese en la burbuja del mar del sur en el siglo XVIII. Por tanto, estas
crisis son recurrentes. También es importante caer en la cuenta que el
capitalismo es algo inherentemente inestable, tiende a reorganizar la vida de
los pueblos para bien y para mal de forma muy dramática.

Es absolutamente cierto que el tamaño de la tarta, si hablamos de riqueza de


un modo abstracto, se ha incrementado, pero también ha traído consigo una
increíble cantidad de rupturas sociales y en ocasiones también ha
incrementado la desigualdad social. Por tanto, porque tengamos otra crisis en
nuestro sistema económico y esto sea normal, no significa que no sea tiempo
de pararse a pensar una vez más sobre nuestro sistema económico como
cristianos a la luz de una crisis como esta.

Hay algo cualitativamente nuevo sobre el tipo de crisis que estamos viendo hoy
y se debe a que la globalización ha acelerado el ritmo de los mercados libres
capitalistas, el capitalismo estuvo siempre en continua globalización pero
sabemos como a veces un proceso llega tan lejos que llega a percibirse como
algo cuantitativamente diferente, y creo que a esto es a lo que se refiere la
gente cuando habla de globalización, porque lo que vemos es que empresas
internacionales, movimientos internacionales de finanzas tan poderosos que
frecuentemente sobrepasan la capacidad de los gobiernos para reaccionar a
estos fenómenos, y esto tiende a colocar la propia vida política en crisis. En el
caso de la reciente crisis financiera, esto ciertamente tuvo algo que ver con la
velocidad de los flujos de capital internacionales y la forma en que el capital en
exceso de otras partes del mundo fluye hacia nuestro sistema occidental y lo
desestabiliza todo. Ahora pues, ¿qué lecciones, qué lecciones específicas,
podemos aprender, no sólo sobre nuestra economía capitalista como tal, desde
el inicio de la reciente crisis, sino también sobre la globalización?. Creo que hay
tres cosas sobre la reciente crisis en la banca que han afectado a todo el
mundo y son esas tres cosas en las que quiero centrarme. Todos nosotros
hemos registrado estas tres cosas de una forma bastante incipiente.

En primer lugar está el fenómeno de la abstracción, ninguno de nosotros


entendemos que lo que hacen los banqueros y ni hasta ellos se entienden a si
mismos, se mueven alrededor de sumas abstractas de dinero que no saben ya
con qué relacionar de ninguna manera, especulan con cosas que apenas
medio entienden. Esta es una crisis de abstracción, hay algo muy extraño en el
hecho de que el dinero es, por supuesto, una completa ficción, la deuda es una
completa ficción y al menos durante los próximos 15 años estaremos
dominados por esta completa ficción. Es como si los seres humanos estuvieran
atrapados en sus propios sistemas abstractos que supuestamente la mayor
parte del tiempo les ayudan a dirigir el mundo. William Blake habló sobre los
“grilletes forjados por la mente”, y la economía es el más impactante ejemplo
de unos grilletes forjados por la mente, no hay nada erróneo en nuestra
tecnología, no hay nada erróneo en nuestra capacidad humana, no hay nada
erróneo en nuestros recursos naturales en su origen, hemos llegado a esta
crisis porque de alguna manera el extraño juego de parchís que jugamos nos
ha enredado en sus propias reglas. Por tanto, tenemos una crisis de
abstracción.

En segundo lugar, tenemos una crisis de la empresa, los banqueros no son


individuos aislados, operan en grupos bancarios y tenemos la sensación de
que esos bancos operan en su propio interés y están premiando con bonuses
absurdos a sus empleados. Por tanto, la cuestión de la empresa, la cuestión
del banco como una institución es la segunda después de la de la abstracción.

Y la tercera cosa que creo que nos golpea es cuál es ¿qué tipo de antropología
es la que está inserta en todo esto, que consideración del ser humano es la
que funciona aquí?. Seguimos utilizando la palabra codicia, egoísmo,
percibimos que estos son cada vez más dominantes en nuestra sociedad como
un todo, pero el problema no es que yo crea que el negocio tradicional ha sido
interrumpido por un espasmo de avaricia, el problema es mucho más que todo
el sistema en que vivimos en función de la primacía del propio interés y la del
egoísmo material. Esta es la forma en que opera y que periódicamente se nos
pone de manifiesto en glorioso technicolor y nos sentimos horrorizados. Así
pues, estas tres cosas - la cuestión de la abstracción, la naturaleza de la
empresa y la cuestión de la antropología (la cuestión de un modelo de la
naturaleza humana) - son el foco de mi charla de hoy.

La economía abstracta

Por tanto, en primer lugar está la cuestión de la abstracción. Como cristianos


tenemos que ver el mundo como creación de Dios y por lo tanto tenemos que
ver el mundo sacramentalmente, esto significa que todo en el mundo es a la
vez una cosa y un signo. Nuestro sistema económico existe a base de dislocar
la cosa y el signo, por lo tanto nuestro sistema económico es esencialmente
contrario a los principios de la sacramentalidad cristiana, la idea de que todo el
mundo muestra la gloria de Dios y sobre todo que los seres humanos son
imagen de Dios. Nuestro sistema económico, sobre todo, desacraliza, trata las
cosas como objetos que pueden ser manipulados, como cosas que
simplemente pueden ser compradas y vendidas, trata a los seres humanos
como cosas en vez de como personas, los trata simplemente como fuentes de
mano de obra para la economía. También trata a la tierra
despersonalizadamente, esta es la razón por la que el mundo está siendo
profanado.

En lugar de tratar el dinero como instrumento de cambio, que, se supone, debe


medir una cosa contra la otra y así lograr la justicia distributiva, trata el dinero
en sí como algo que se puede perseguir como objetivo, especular con él, usar
para explotar a otras personas que están cortos de dinero. Esto conduce a la
dominación de la usura. Hasta la década de los 80 se conservaba un sentido
residual de que la usura en los préstamos a interés debía ser, al menos,
restringida. La Biblia es firme en su condena de la usura. Atendiendo al Antiguo
Testamento, a los judíos no se les permite prestar dinero a interés a otros
judíos. En el Nuevo Testamento, porque ahora somos todos judíos en ese
sentido, nadie en el mundo debería estar haciendo eso con ningún otro. Los
usureros en el infierno de Dante ocupar uno de los círculos más bajos. Para
nosotros haber construido una economía basada en su conjunto en el principio
de usura es, como John Ruskin dijo, equivalente a la más grave apostasía
contra el corazón mismo del evangelio cristiano.

Yo creo que, al separar el signo de la cosa, lo que conseguimos, por un lado es


una cruda materialización de los recursos, todo se considera como susceptible
de ser explotado. La economía se mueve de un lugar a otro, saca lo que puede
de las cosas, estruja la tierra y a la gente hasta secarlos y luego sigue
circulando. Por otra parte, la economía es increíblemente abstracta, persigue
meramente signos, persigue el dinero abstracto. Hemos escuchado un montón
de evidencias en el sentido de que todos ahora tenemos mucho más dinero
abstracto que tuvimos en la década de os ‘50, pero estoy de acuerdo con el
interviniente que dijo que no es tan simple como eso. Tampoco creo que el
caso sea que sólo estamos mejor económicamente, pero nuestra calidad de
vida puede haber bajado. No, también hay otras formas de medir. Por ejemplo,
mi padre era un maestro de escuela, mi madre no trabajaba, vivíamos en una
casa de buena calidad en los años 50 y 60, y a mi me ha llevado toda la vida
trabajando, como profesor con mi mujer trabajando también, para llegar a
disfrutar de una casa de calidad equivalente, esto no es una queja, es sólo una
ilustración. No se trata de un mero cambio de manera que la calidad de vida
puede haber disminuido, también es una medida económica, porque si se mide
el desarrollo económico sólo en términos de estos signos abstractos, no
puedes medir la forma en que nuestra vida material, no sólo nuestra calidad de
vida, puede haber disminuido. También es completamente cierto que las clases
medias tienen que trabajar más y más duro y que, como efecto, se han
proletarizado. Tampoco creo siquiera en esta historia acerca de las clases
trabajadoras, con un montón de gente teniendo que hacer varios trabajos, el
taxista que me llevó a la estación esta mañana se levanta a las ocho de la
mañana y va a la cama a media noche a altas horas de la noche, está bien, su
trabajo no es tan sucio y peligroso como el de un minero, pero él soporta sin
duda muchas más horas de trabajo.

Así que no creo que los números lo estén diciendo todo, y los números se
pueden utilizar de forma muy selectiva. Creo que esta abstracción lleva en gran
medida a la globalización, porque la globalización permite al capital financiero
moverse más y más rápido alrededor del mundo, permite que todo sea más y
más desagregado. Y en ese sentido la globalización fomenta esta acumulación
de riqueza completamente abstracta y una situación en la que nadie en las
finanzas sabe ya muy bien de que está hablando, y al final del día si no se
puede relacionar el capital abstracto de nuevo con algo material que, en última
instancia lo asegura, esto es precisamente parte de lo que tiende a dirigir al
sistema en los precios.

Si la globalización aumenta la abstracción, al final también aumenta la forma


que la abstracción tiene de relacionarse de nuevo con la economía material
real, porque el punto es que si usted vive en un globo, al final no hay donde
esconderse, no hay paraíso fiscal seguro en resumen. Al final, como podemos
ver, incluso Dubai se hunde. La pobreza de la gente en una parte del mundo
comienza a afectarnos incluso a nosotros en occidente y, sobre todo, por
supuesto, la depredación ecológica de la tierra llega finalmente a golpearnos,
precisamente por esta dicotomía entre el signo y la cosa, esta dualidad entre lo
puramente material y el puro signo nominal, o la abstracción contra todos los
principios religiosos de la sacramentalidad, esta es la razón por la que la
economía capitalista como tal, es un movimiento de de-sacralización frente al
que los cristianos tienen que levantar sus sospechas.

La necesidad de la empresa

Ahora, la segunda cosa de la que quiero hablar es la cuestión de la empresa o


la cuestión de la institución. En teoría, parecería que los banqueros deberían
operar como llaneros solitarios. Precisamente, ¿por qué los banqueros operan
en grupos?, y esta es parte de una pregunta más amplia sobre la empresa
capitalista como tal. ¿Por qué no tenemos sólo mercados sino también
empresas? Desde la década de los 70 la economía neoclásica ha estado en
crisis, la economía neoclásica trataba simplemente sobre los mercados, sobre
el equilibrio de los mercados, sobre la idea de que los mercados registran
automáticamente la información exacta. Pero desde la década de los 70 ese
modelo de la economía moderna se ha roto en favor de los modelos post-
modernos. Es algo paralelo a lo que ha ocurrido en la física. Érase una vez …
teníamos el universo estable newtoniano en el que todo estaba en una especie
de equilibrio y armonía, entonces la gente introdujo el tiempo y la entropía y la
contradicción. Justo lo mismo que ha sucedido en la disciplina de la economía,
la gente ha introducido el factor de tiempo, el hecho de que no hay un sistema
estable a largo plazo, siempre hay factores que conducen a la degeneración y
el colapso en el final. Además, los economistas se han dado cuenta de que la
sola actuación racional del individuo puede a menudo producir resultados
irracionales, también se han dado cuenta de que a veces es realmente más
racional colaborar pero el individuo no siempre es capaz de ver eso. Por último
se ha producido un desmarañamiento del punto de Hayek de que los
mercados, de alguna manera, le dan a uno información perfecta sobre lo que
ocurre en cada momento. Por supuesto, Hayek tenía toda la razón en que uno
no puede verlo todo desde el estado, esto no es un argumento a favor de la
planificación central del estado contra la que estoy totalmente en contra. Él
tenía toda la razón en eso, no se puede tener un mapa en el centro de lo que
está pasando en los márgenes.

Pero el problema en decir que el mercado sabe es que en este caso ninguna
persona en ningún momento sabe lo suficiente para cualquier situación de
seguridad. Una vez más, este es el problema del tiempo. Aunque al final el
mercado nos dirá dónde la oferta está satisfaciendo la demanda, esa
información va a llegar demasiado tarde para el especulador individual. Y aquí
es dónde, según yo lo veo, la mayoría de los economistas piensan que el papel
de la empresa entra en juego. La gente tiene que reunirse y cooperar
precisamente porque mediante la formación de una empresa puede crear
información económica relativamente estable, se puede crear por sí mismo un
nicho de mercado que se vuelve relativamente predecible, esta es la razón de
la empresa, esta es la razón por la que ahora la economía es principalmente la
economía institucional y no la economía pura de mercado. ¿Por qué entonces
se habla tanto, desde Margaret Thatcher, de economía libre mercado, del
retorno del modelo neoclásico?

Este es un pequeño misterio. Pero creo que la respuesta es más bien como la
respuesta de por qué tenemos un Sr. Dawkins cuando desde la década de los
70 ese tipo de cientificismo se ha hecho filosóficamente imposible. Desde la
década de los 70 sabemos que la ciencia es muy restringida en sus
conclusiones, sólo nos puede hablar acerca de ciertos tipos de cosas, incluso
esas cosas son realmente bastante inciertas y sujetas a todo tipo de revisiones
revolucionarias. ¿Por qué entonces es el modo completamente victoriano del
cientificismo de Dawkins puede tener tal impacto en la era post-moderna? La
respuesta es, creo, que éste es un fenómeno post-moderno en si mismo, es
una especie de kitsch post-moderno, es un reciclaje kitsch del modernismo. Y
lo que quiero decir con esto es que ya no hay ningún fundamento filosófico
para la posición de Dawkins, por lo que se convierte en una especie de “farol”,
se vuelve precisamente una especie de moda. Creo que exactamente lo mismo
es cierto sobre el neoliberalismo. Ningún economista de mercado, ni siquiera
de derechas, realmente cree de forma precisa en el neo-liberalismo. Pero es un
tipo de ideología fácil de entender y presentar, que comenzó con Reagan y
Thatcher, pero que no se refiere a lo que realmente está pasando.
Lo que realmente está pasando es el problema de la institución, el problema de
la empresa capitalista. Del mismo modo la cuestión de las instituciones de
gobierno - es el mismo problema. Y esta es la clave para el proyecto Blair, esta
es la clave del nuevo laborismo. Porque podríamos decir, bueno, si vemos la
importancia de la empresa, entonces vemos la importancia de la colaboración
humana después de todo, pero no un pedazo de ella, el problema es que todo
nuestro modelo económico heredado se basa en el individualismo y el
utilitarismo atómicos , no hay duda sobre esto, toda la disciplina de la
economía, el modo en que conforma políticas de gobierno, se basa en la idea
de que en el fondo todos somos personas egoístas principalmente
preocupadas por nuestro bienestar material tratando de maximizar nuestra
utilidad. Así que el conmutador de la economía para mirar a la empresa ha
tratado de leer la empresa aún en términos individualistas y utilitaristas. Esto
significa entonces que las empresas no pueden confiar en sus empleados,
tienen que tratar de manipularlos porque en realidad actuar colectivamente les
beneficiará de forma individual, pero ellos no necesariamente lo verán, por lo
que tenemos esta cultura de incentivos, bonos, evaluación de las personas,
empleando sin fin a personas que revisan a los demás empleados, esto va de
suyo en toda economía capitalista, pero también pasa en instituciones
gubernamentales, es absolutamente clave para la forma en que el nuevo
laborismo ha funcionado. Se asume, utilizando la teoría de la elección pública,
que, básicamente, las personas siempre se pondrán a si mismos en primer
lugar y pretenderán explotar la empresa en la que están. Mi visión es que esto
ha fastidiado totalmente el funcionamiento de la sociedad civil y ha fastidiado
bastante el funcionamiento de la economía y que finalmente ha conducido a la
total ruptura de cualquier elemento de una cultura de confianza dentro de la
ciudad de Londres.

El asunto de hablar de una cultura de confianza no es una especie de ilusión


moralista, el punto sobre una cultura de confianza es que en realidad una
cultura empresarial necesita la confianza. El punto es que incluso si usted cree
en el libre mercado, resulta que el modelo del utilitarismo individualista que va
de vuelta a Adam Smith, es en realidad el modelo equivocado. Es el modelo
equivocado para el mismo mercado libre, porque si usted somete a un sinfín de
evaluaciones a las personas, si no tiene confianza, eso en realidad inhibe la
iniciativa, el riesgo y la creatividad. Por ello, el economista italiano, Stefanos
Zamagni está diciendo muy claramente que hay que volver a los principios de
economía política italiana, no a la economía política escocesa, porque los
economistas políticos italianos del siglo XVIII en adelante vieron la solidaridad
como parte del contrato en sí, no como algo que permaneciese al margen del
contrato.

Al final Adam Smith subordina la solidaridad al egoísmo, al propio interés, y


dice que si el carnicero nos vende carne no lo hace por la bondad de su
corazón. Pero esto es falso. De hecho, las personas entran en relaciones
económicas a nivel local por razones sociales, por razones personales, y
Zamagni argumenta de una manera muy poderosa de que cuantos más
contratos relativamente informales hay entre la gente, más se basan en la
confianza, menos necesidad hay de intervención tanto de la ley estatal, por una
parte, como de control interno de las empresas por otra. Así que esta es una
manera diferente de pensar sobre el libre mercado. El mercado en realidad
sería más libre si se tratase de un mercado moral, es el tipo de argumento que
ahora se está elaborando, y curiosamente esta manera de argumentar es aún
más crítica con el capitalismo que la mayoría de los socialismos, porque tanto
el socialismo como el estado, incluso algunas formas de socialismo
asociacionista, están casados con la idea del individuo utilitarista egoísta. En la
práctica no se ha dicho lo suficiente acerca de la fraternidad. No se ha dicho lo
suficiente acerca de la primacía de la reciprocidad, sobre la primacía de las
personas que buscan la interacción personal como el origen de la existencia
humana, esto no es fantasía ética, es también realismo económico, este es el
punto de partida para la gran sociedad y subordinar el gobierno y el mercado a
esa gran sociedad en vez de la situación que tenemos en el momento en que el
gobierno y el mercado están en connivencia en la consecución del poder
gubernamental y el bienestar utilitarista de la persona.

Uno de nuestras herencias en Occidente es la división entre el interés propio,


por un lado y el altruismo por el otro. Pero el altruismo no es un término
cristiano. Fue inventado por el ateo Auguste Comte. La caridad siempre es
recíproca, la caridad no es nunca un regalo de un solo sentido, es siempre una
cuestión de toma y daca. Si en ocasiones se convierte en un regalo de una sola
dirección, ocurre en circunstancias excepcionales, porque el punto de la
caridad es la vinculación mutua, lean el Nuevo Testamento otra vez,
especialmente el evangelio de Juan y verán que lo que estoy diciendo es así.
La caridad es reciprocidad, caridad, tú y yo, yo y tú, nosotros en Cristo, Cristo
en el Padre, unidos por el Espíritu Santo.

Antropología, reciprocidad y economía moral

Esto me lleva a mi último punto sobre la antropología. La economía misma,


desde los años 70, empezó a romper con la antropología de Adam Smith, con
su idea de que todos somos naturalmente individuos que nos buscamos a
nosotros mismos. El testimonio de toda la antropología, como Karl Polanyi
señaló, es que los seres humanos no son principalmente criaturas
materialistas, lo que los seres humanos quieren sobre todo es el
reconocimiento social. Esta es la razón por la que la mayoría de las economías
tradicionales e incluso la denominada “economía feudal”, funcionaron de
acuerdo con la primacía del intercambio de regalos, de acuerdo con las
relaciones interpersonales. Funcionaron de acuerdo con la idea de que yo te
doy algo y espero, más o menos vagamente, tu reciprocidad. No se trata de
una ley escrita. Esto es lo que Zamagni llama coacción no obligatoria. Es la
paradoja, la paradoja de la espiral de la donación. Das algo y en cierto modo
esperas algo a cambio, pero no lo puedes exigir. Y esto no tiene que ver con
dar un regalo, así es como funciona toda la sociedad humana, incluso hoy en
día. Y el problema sobre la economía política es que se trata de un intento de
negar este hecho fundamental sobre la naturaleza humana, sobre la sociedad
humana. Se basa en la reciprocidad que se extiende también más allá de lo
humano: el barrunto de que los dioses, la divinidad, o Dios o quien nos ha dado
el mundo y al que de alguna manera debemos algo a cambio en términos de
culto. Así que podemos ver cómo esta idea de intercambio de dones está
profundamente relacionada con la idea de lo sacramental, cuyo abandono es
tan absolutamente peligroso para nosotros. El problema, entonces, sobre el
tipo de economía que tenemos ahora, es que se inventa una humanidad animal
natural que no ha existido siempre. De una manera extraña se nos hace
demasiado primitivos, se nos trata y luego se nos hace comportarnos como si
ese tipo de puro animal egoísta fuese la lo primigenio. Por supuesto, esto se ve
masivamente favorecido por la influencia del darwinismo en el siglo XIX y es
parte de la razón del popular retorno del darwinismo hoy. Así que si alguien
tiene esa idea de que la reciprocidad, el reconocimiento mutuo, las relaciones
interpersonales no son lo principal, ésta no es la forma en que la economía
debería funcionar, si se dice que lo principal es el egoísmo utilitarista, lo que
ocurre a continuación es que la esfera social se va corroyendo poco a poco,
abolida de forma incremental. Y es por eso que todo el mundo en Gran Bretaña
tiene la sensación de que la decencia humana común, el respeto básico hacia
otras personas se está rompiendo y vivimos en un mundo cada vez más frío.

Así que no hay nada natural en el tipo de economía de mercado que tenemos
en este momento. Incluso los economistas admiten que el mercado es artificial,
algo que tiene que ser creado por el Estado, por las leyes. Incluso los que
creen que es el tipo de mercado correcto, piensan eso. Yo no creo que sea el
tipo de mercado apropiado. Creo que está basado en lo que Marx llamó
acumulación primitiva: una expropiación inicial de los recursos y una
monopolización inicial de los recursos según lo registrado por James Stewart,
que era mucho más honesto sobre el proceso de la economía política escocesa
de lo que fue Adam Smith. Y cuando los escoceses pusieron rápidamente
estos nuevos principios en acción, una de las primeras cosas que hicieron fue
expropiar a todos los propietarios de algodón en el sur de Estados Unidos,
quebrantar todas las reglas de su caballerosidad y asegurarse de que todos los
beneficios volvían a Glasgow. Para mayor crédito de Adam Smith, Smith
comenzó a darse cuenta de que un nuevo tipo de proceso de monopolización
estaba creciendo, y trató de encontrar maneras de resistir a esa situación. Pero
lo principal es que el mercado se crea por una serie de leyes que consagran los
derechos de propiedad absoluta, que hacen el intercambio contractual
absolutamente irreemplazable por ninguna otra cosa, que tienden a inhibir las
formaciones de gremios y corporaciones, y que ponen restricciones sobre el
comercio . Es el propio gobierno y el egoísmo de la nación-estado lo que ha
creado para nosotros un tipo particular de mercado.

Para finalizar con las implicaciones antropológicas de lo que estoy diciendo de


la naturaleza de la empresa, lo que puede decirse es que la existencia misma
de la empresa sugiere un cierto tipo de monopolio como absolutamente
inherente al capitalismo y el funcionamiento del libre mercado. La pregunta es,
¿qué tipo de monopolio hay? Si hay lo que Smith describió como una pandilla
de personas que conspiran contra el interés público, lo que sigue es que la
mala práctica siempre expulsa a la buena. La gente busca los monopolios con
el fin de producir los productos de peor calidad, conseguir los materiales para
los productos lo más barato posible y vender lo más caro posible y, por último,
ese tipo de mala práctica despide a la gente que está tratando de hacer las
cosas mejor, porque no pueden hacer suficiente dinero. Los Estados Unidos es
el país donde la mala práctica ha conseguido expulsar a la buena práctica de
una forma prácticamente uniforme. Kraft, que está a punto de hacerse con
Cadbury, destruyó la producción local de quesos en América, ¿por qué el buen
queso es tan difícil de encontrar en la América de hoy?, hay una respuesta:
Kraft. Del mismo modo, el fenómeno de Walmart.

Sin embargo, aquí llegamos al meollo de la cuestión teológica. A veces sucede


lo contrario, a veces las buenas prácticas expulsan a las malas. ¿Por que
debería ser así? ¿Cuál es un ejemplo de eso? John Lewis. John Lewis es un
ejemplo de buenas prácticas que expulsan a las malas prácticas.
¿Por qué son estas cosas verdad? Son verdad, porque como cristianos
sabemos que hemos sido creados buenos, pero que nuestra naturaleza está
caída. Eso no quiere decir, como Calvino sostenía, que estamos totalmente
depravados, sino que significa que somos buenos hasta cierto punto. Y, por
supuesto, por la gracia de Cristo somos capaces de ser perfeccionados. Así
que no es una cuestión de naturaleza dada, es una cuestión de hábito. Un mal
hábito puede destruir un hábito bueno, pero un buen hábito puede destruir un
mal hábito. Y yo apunto que en caso de haber monopolios relativamente
buenos, buenas empresas, empresas que adhieren a ciertas normas de
asociaciones profesionales, con toda libertad, que poco a poco en el largo
plazo este tipo de práctica, basada en la confianza, basada en la reciprocidad,
basada en la idea de que somos esencialmente seres destinados a ser
caritativos, puede triunfar en ese largo plazo. Es cierto que el diablo puede
triunfar durante tanto tiempo. Jesús nos dice que una casa dividida contra sí
misma, basada en el conflicto, no puede sobrevivir al largo plazo, sabemos,
como cristianos, que al fin la buena práctica expulsará a la mala. Que junto a la
noción de reciprocidad caritativa está la clave para el establecimiento de una
economía cristiana.

Gracias