Vega Robles, Isabel. Universidad de Costa Rica. Instituto de Investigaciones Psicológicas.

Indicadores psicosociales en la Microempresa: Organización Familiar y Trabajo Productivo. 1994 RESUMEN En el presente trabajo se discuten las políticas de desarrollo en Latinoamérica orientadas hacia la familia y la mujer y se hace una propuesta para incorporar aspectos psicosociales en la implementación y seguimiento de programas de crédito y capacitación dirigidos a las microempresas. Para ello, la autora parte de una revisión crítica de los resultados de diversos estudios sobre el tema y de los aportes de la Psicología Social en el estudio del comportamiento de las unidades familiares. INTRODUCCION Las Naciones Unidas designaron al año 1994 como el Año Internacional de la Familia. Este acontecimiento adquiere particular relevancia pues representa el reconocimiento oficial de la comunidad mundial acerca de la importancia de la familia como núcleo fundamental de la sociedad. El mensaje del Secretario General de la Naciones Unidas, Boutros Boutros-Ghali, en la Reunión Regional de América Latina y el Caribe Preparatoria del Año Internacional de la Familia, es contundente cuando afirma que las familias, en todo lugar y a lo largo de la historia son la esencia de la estructura social. Al ser la unidad social básica "son agentes importantes de desarrollo y ofrecen un enfoque singularmente amplio y sintético de los problemas sociales" (CEPAL, 1993b). Desde esta perspectiva, el apoyo a la familia debe hacer posible que ésta cumpla sus funciones, debe tratar de promover la fortaleza intrínseca y su capacidad para valerse por sí misma, así como estimular actividades autosostenidas. El éxito del Año Internacional de la Familia dependerá de las comunidades intergubernamentales y no gubernamentales, las instituciones que se dedican a investigar y del sector privado. Los conceptos de Estado benefactor y desarrollo han debido reformarse. El Estado debe desempeñar un papel subsidiario en relación con las iniciativas de la comunidad. El éxito de este cambio depende de la solidaridad que puedan desarrollar los grupos, proceso que comienza precisamente en las familias ya que son los agentes básicos de la comunidad. Las familias son los beneficiarios finales, tienen ingerencia en la actividad social, económica, ecológica y cultural y además se ven afectadas por las políticas y problemáticas de éstas y otras áreas (CEPAL, : 5). Porsu parte, representantes de los diversos gobiernos y organismos de cooperación internacional en la citada reunión preparatoria, hicieron hincapié en la importancia de estudiar la familia, considerando las siguientes cuestiones: -Los cambios que experimenta la familia repercuten en muchos otros ámbitos de la realidad social debido al nexo existente entre las transformaciones producidas en el marco del desarrollo, la productividad con igualdad y la problemática familiar. -La urgencia de avanzar en el conocimiento de las peculiaridades que presentan diferentes estructuras familiares existentes en la región, el grado en que cumplen funciones que la sociedad espera de ellas y la necesidad de evaluar el efecto de intervenciones de órganos gubernamentales y no gubernamentales en la situación de familias. las las las las

-Dentro del tema de la familia es necesario considerar variables de índole jurídico y económico, pero también el fomento de los valores fundamentales. -Un proyecto de familia debe sustentarse en la superación de la tradicional división del trabajo basada en el género. El énfasis en la democratización de las relaciones intrafamiliares

es un reconocimiento de los derechos humanos de sus miembros y un rechazo a toda forma de discriminación contra la mujer y violencia en el hogar. -La familia es una institución fundamental que tiene tanto funciones privadas como públicas. Esta función pública se podría llevar a cabo si se da una modificación en la concepción de los procesos de ajuste que en la actualidad toman en cuenta únicamente el gasto social. Por el ontrario debe implementarse un enfoque integral que modifique las estrategias de desarrollo logrando compatibilizar la política económica con la política social. -La complejidad de los programas de apoyo a la familia hace necesaria una complementariedad entre los estamentos gubernamentales y la sociedad civil, una nueva institucionalidad social capaz de asegurar el enfoque integrado del desarrollo humano, y una poderosa movilización de la opinión pública. -Las políticas que pretendan el mejoramiento de las familias, deben considerar el mejoramiento en las condiciones de empleo, la protección del trabajo y el crecimiento económico. -Las políticas sociales deberían poseer enfoques de familia, que fueran desarrollados por órganos de alta capacidad técnica y política. -La familia debe ser vista como una institución mediadora en acciones vinculadas con la promoción de la equidad, con la garantía de los derechos humanos básicos y con la integración del individuo a redes sociales y comunitarias que promuevan el reconocimiento mutuo y la participación democrática. Por otra parte, La Asamblea General de las Naciones Unidas convocó a una Conferencia Mundial en la Cumbre sobre Desarrollo Social en 1995. La agenda se centra en tres temas: la integración social, alivio y reducción de la pobreza y empleo productivo. Dentro de estas temáticas la desarticulación familiar en los sectores de menores recursos se enfoca como uno de los eslabones centrales y se plantea que el éxito de cualquier estrategia de integración social depende del desarrollo de la familia en los distintos estratos de la sociedad moderna. En la misma dirección -y como parte de los acuerdos de la Declaración de Cartagena de Indias y la Propuesta Regional para la elaboración de líneas de acción en favor de las familias de América Latina y el Caribe- se acuerda: -Reforzar los programas que apoyan la formulación de políticas y evaluar su impacto sobre el desarrollo familiar integral. Propiciar la investigación en el área de la familia en los sistemas nacionales de estadística y garantizar los medios para difundir ampliamente sus resultados. -Armonizar los procesos de ajuste económico con los procesos sociales que promuevan la estabilidad de las familias y el desempeño de sus funciones. -Integrar los principios del desarrollo sustentable en los programas fomento productivo y de desarrollo social orientados a la familia, con el fin de que la sociedad en su conjunto goce de los beneficios del desarrollo, asegurando el disfrute de los mismos para las generaciones futuras (CEPAL, : 33). Los planteamientos anteriores parecen ser el corolario de toda una trayectoria de estudios sobre el tema que, quizás por primera vez, es llevada a los foros políticos con el apoyo de los diversos organismos internacionales. Este hecho abre un espacio para la discusión y el esclarecimiento en torno a la vinculación entre desarrollo y familia, tanto en los aspectos teóricos-conceptuales y metodológicos como en lo que se refiere a las políticas y programas que utilizan a la familia como unidad de análisis y transformación de la realidad social. Al mismo tiempo, hace posible la articulación entre el quehacer académico y las esferas políticas e institucionales para ejecutar acciones que propicien el desarrollo humano de la población.

En esta dirección, el Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad de Costa Rica (IIP) tiene a su haber una fructífera trayectoria en estudios sobre familia, con investigaciones que directa o indirectamente se ocupan del tema (Alvarez, et al, 1983; Vega, 1992). Esta línea de investigación dentro del IIP ha experimentado gran impulso a partir de 1988, con la puesta en marcha de nuevos proyectos que incorporan un enfoque psicosociológico para analizar el cambio social, estructura y dinámica familiar en Costa Rica. En primera instancia, el logro de esta actividad investigativa ha sido la elaboración de un marco teórico-conceptual y metodológico de referencia que, con aportes de distintas disciplinas y enfoques téorícos, permite un acercamiento a la realidad familiar iberoamericana (Vega, 1988; 1990a). Dicho trabajo de revisión, sistematización y síntesis ha sido el marco de referencia utilizado para realizar una encuesta con el fin de establecer un perfil tipológico de las familias costarricenses. Esta tipología identifica la diversidad familiar a través de indicadores tales como nivel socioeconómico, composición familiar por relaciones de parentesco, etapas del desarrollo familiar y algunos aspectos de la dinámica familiar y estatus y autoridad de la mujer en el hogar (Vega, 1990b, 1993b). Igualmente, los resultados evidenciaron una gran diversidad de estructuras familiares y el liderazgo de la mujer en el hogar significativamente asociado a la composición del hogar por relaciones de parentesco y al trabajo económicamente remunerado. Además, se detectó el predominio de un sistema de valores, ideas y creencias de corte patriarcal que permea las interacciones en los distintos ámbitos de la vida familiar y de sus miembros con el entorno social más amplio (Vega 1993b). En 1990 el IIP da inicio a un segundo estudio con el objetivo de profundizar mediante una metodología cualitativa en el análisis de la participación de la mujer en el mercado laboral y sus implicaciones en la dinámica familiar. Sus resultados mostraron aún más en detalle la influencia que ejerce la ideología familiar en el trabajo productivo de las unidades familiares (Vega,1993c; 1994), corroborando los hallazgos de investigaciones previas (Vega, 1993b) y despertando otras interrogantes. El siguiente paso ha sido aplicar estos hallazgos en un ámbito específico del trabajo productivo femenino, considerando el contexto macroestructural actual de políticas y programas que buscan propiciar el desarrollo humano de forma integral. De esta manera, se ha elegido el ámbito del sector informal para implementar una investigación dirigida a establecer indicadores sociales sobre organización familiar y práctica laboral en la microempresa, estudio iniciado por el IIP en 1994. La importancia de este estudio radica en la posibilidad que ofrece de aportar conocimiento sobre un tema de enorme vigencia: familia, mujer y desarrollo son los ejes alrededor de los cuales giran las nuevas corrientes de ideas, políticas y programas para un mejoramiento de la calidad de vida en Latinoamérica. A continuación se reseñan los lineamientos teóricos conceptuales que guían dicho estudio, con el propósito de abrir un espacio de discusión e intercambio de opiniones entre investigadores, estudiantes y otras personas vinculadas al tema cuestión. I. MARGINACION DE LA POBREZA

Sector Informal y Microempresa En 1972 la 0ficina Internacional del Trabajo (OIT) introdujo por primera vez en un informe sobre los pobladores marginales en Nairobi el término sector informal, siendo la informalidad tácitamente entendida como la ubicación masiva en el sector informal urbano (Kruijt, 1992). El concepto abrió una polémica basada en un modelo dualista para explicar la lógica y la permanencia de la pobreza, a partir de una diferenciación entre un sector formal o

moderno y un sector informal de la economía. En sus orígenes, este modelo buscó describir las tendencias básicas de las sociedades subdesarrolladas pero gradualmente su radio de aplicación se amplió a sociedades avanzadas. Además, trascendió el contexto económico para incorporar la vida social, política, cultural y religiosa, igualmente invadidas por la informalidad. Para Kruijt, la informalidad engloba infinidad de actividades no registradas y por lo tanto desconocidas y no adaptadas en los modelos macroeconómicos. Consisten en actividades de pequeña escala, de producción diaria de servicios productivos y reproductivos. Son establecimientos de producción simple, con poco capital, maquinaria e infraestructura, basados en trabajo intensivo para la producción de bienes baratos y servicios regulares de dudosa calidad. La lógica que los sustenta es la sobrevivencia diaria. Las microempresas forman parte de este ambiente y constituyen un amplísimo y heterogéneo universo de negocios que tienen en común el ser negocios no estructurados y no registrados. La microempresa informal latinoamericana a diferencia de la microempresa dinámica, sofisticada y tecnológicamente avanzada de países desarrollados no se distingue tanto por su dinamismo sino por su capacidad de sobrevivencia. Frente a la racionalidad sustentada en contratos formales, reglamentos de trabajo y medidas de seguridad del sector moderno, la racionalidad del sector informal consiste en una amalgama de comportamientos solidarios y de explotación. Las redes de apoyo y soporte entre familiares y vecinos constituyen relaciones de dependencia paternales en donde el patrón determina los salarios, los honorarios, los descansos y las obligaciones del trabajador sin recursos. Políticas de apoyo a la microempresa La crisis económica de los años 80 llevó a los gobiernos de Centroamérica a tomar diversas medidas para reducir el empobrecimiento y deterioro en la calidad de vida de amplios sectores de la población. Un documento elaborado en 1987 por la Comisión de Asuntos Sociales de la OEA, puntualiza que "Esa crisis, económica y social ha acentuado la necesidad de insistir en la ejecución de estrategias de desarrollo dando prioridad al uso de programas que permitan acelerar la generación de empleo, incrementar los ingresos familiares, aumentar las divisas, utilizar al máximo la capacidad instalada nacional y aprovechar eficientemente los recursos internos a fin de minimizar los gastos externos." (OEA, 1987:91). Como vimos al inicio de esta exposición, el papel de la mujer y la familia en los planes de desarrollo de América Latina es tema de discusión en círculos políticos, económicos y jurídicos. De esta manera en 1979 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) aprueba el Plan de Acción Regional sobre la Integración de la Mujer en el Desarrollo de América Latina y el Caribe. En dicho documento se consideran las condiciones de vida de las mujeres de la región y su vinculación con los problemas de desarrollo de los países, enfocando especialmente los modelos de desarrollo deseables. Es en este contexto que la microempresa se perfila entonces como una estrategia de solución a los problemas en cuestión, dadas ciertas características como la capacidad de las microempresas para contribuir al desarrollo generando fuentes de empleo y servicios, oportunidades al empleo femenino y juvenil, proporcionando parte importante de la alimentación básica, posibilitando el desarrollo de las áreas rurales y los pequeños centro urbanos y sirviendo como mecanismo para atenuar los procesos de concentración poblacional en los cascos urbanos. A mediados de la década de los ochenta, los planes de desarrollo de los países centroamericanos comtemplan el apoyo a las micro, pequeñas, medianas empresas como parte de sus políticas sectoriales y globales, con el auspicio del BID, el Banco Mundial, la AID, la cooperación internacional y otros organismos internacionales (Fundación Arias, 1993).

El objetivo primordial de dichas políticas es crear fuentes de financiamiento que permitan a las familias del sector informal desarrollar sus actividades de comercio, industria y servicios y propiciar la participación de la mujer en el mercado laboral en condiciones menos desfavorables. En Costa Rica, estos programas son impulsados por el Gobierno a través de¡ Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, la banca estatal y ONGs, entre otros, con Fondos de AID, el BID y programas de cooperación internacional de diversos países. Considerando la influencia que ejerce este enfoque de desarrollo en las políticas de atención al sector informal en general y en las microempresas en particular, en el siguiente apartado se analizan de manera general y con una perspectiva psicosocial, alcances y limitaciones de dichos programas, de acuerdo a resultados obtenidos en diversas investigaciones sobre el tema. Como acertadamente señala Kruijt (1992), lo que estos planteamientos dejan de lado es el hecho de que la microempresa es expresión de la heterogeneidad del mundo de la informalidad y que sólo identificando las distintas lógicas que la sustentan harán posibles y efectivas las políticas y acciones dirigidas al sector. Diversos estudios llevados a cabo para analizar las características y problemas relacionados con la implementación y puesta en práctica de estos programas arrojan resultados que ponen en duda el logro de los objetivos inicialmente propuestos, particularmente en las microempresas cuyas responsables son mujeres. Algunos de los problemas que enf rentan buena parte de los programas de crédito y capacitación a la microempresa es el elevado porcentaje de morosidad y la poca participación de las usuarias en los cursos de capacitación. Este comportamiento tiene importantes repercusiones para la permanencia de los programas de crédito, dado que provocan su descapitalización y obligan a la búsqueda constante de nuevos fondos, situación aún más difícil considerando que actualmente las políticas de los organismos internacionales tienen como meta lograr la superación de los modelos asistencialistas y propiciar la autosuficiencia financiera de estos programas. ¿Cuáles son algunas de las barrerasque impiden el logro de las metas propuestas en losplanes para el fortalecimiento de la microempresa? Lo que se ha demostrado es que un alto porcentaje de los establecimientos microempresariales adolecen de capacidad acumulativa, poca incidencia en el uso de contabilidad formal, largas jornadas laborales de los propietarios y poca generación de empleo (Menjívar y Pérez, 1993; Fundación Arias, 1993,Vega,1993) Como bien lo señala la Fundación Arias (1993), las políticas de apoyo pretenden que con un pequeño apoyo, estas unidades productivas alcancen el crecimiento y den un salto hacia sectores de pequeña y mediana empresa de la economía. Sin embargo, no toman en cuenta que en el entorno económico, estas iniciativas deben enfrentarse a múltiples barreras que impiden su desarrollo (pp.23-24). En este mismo sentido, Gónzalez et al. (1992), al analizar la capacitación administrativa de la mujer microempresaria en el sector textil, constataron que existe una contradicción entre los programas de financiamiento del sector microempresarial y la política gubernamental respecto a la microempresa. Para las políticas gubernamentales la microempresa debe orientarse a producir para el mercado interno pero no le garantizan las condiciones económicas globales que le permitan desarrollarse con éxito; se aplican por el contrario disposiciones como las políticas arancelarias que imposibilitan que los programas crediticios cumplan con el objetivo de consolidar y desarrollar la actividad microempresarial. Una de las condiciones necesarias para que la microempresa pueda funcionar es una adecuada capacitación de las microempresarias que debe incluir Ias condiciones en que funciona la microempresa, las necesidades y expectativas del grupo al que va dirigida, la

motivación para el cambio, la metodología didáctica idónea y el seguimiento continuo que garantice la utilización de los conocimientos impartidos" (González et al., 1993: 173). Estas observaciones enfatizan las dimensiones políticas y económicas del problema. No obstante, investigaciones realizadasdesde una perspectiva psicosocial (Menjívary Pérez, 1993; Kruijt, 1992; Vega, 1993) profundizan en el análisis de factores socioculturales y de género que ejercen enorme influencia en el comportamiento diferenciado del sector. Al respecto, Menjívar y Pérez (1993), en una investigación realizada a nivel centroamericano, utilizando la variable género, observaron que los responsables de establecimientos dinámicos son en mayor número hombres y a la inversa, en establecimientos de subsistencia es mayor el número de responsables mujeres. Asimismo, estos autores determinaron que las lógicas de acumulación ganan fuerza cuando hay separación de las esferas productiva y reproductiva, siendo que en Costa Rica se observa tendencias de polarización: la práctica microempresarial en los hombres tiene fines mercantiles mientras que en las mujeres obedece a razones familiares. Los primeros tienden a laborizar sus espacios y a utilizar mano de obra masculina y remunerada, mientras que en las segundas la tendencia es a domesticar los espacios y a utilizar mano de obra familiar no remunerada. ¿A qué se debe esta domesticación del trabajo productivo femenino o a la inversa, a qué condiciones obedece la laborización del espacio doméstico? Un estudio piloto sobre el tema que incluyó entrevistas a profundidad con mujeres adscritas al Programa MAE (Mujer Autoempleada) de la Fundación Mujer (Vega, 1993), puso de manifiesto que la actividad microempresarial de las mujeres entrevistadas se sustenta en un sistema de valores, ideas y creencias muy tradicionales sobre la familia y que el trabajo de la microempresaria encuentra su sentido a la luz de estos valores. El trabajo de la microempresaria está mediatizado por la creencia de que ocuparse de un negocio atenta contra los cimientos de la convivencia familiar y de las relaciones con el esposo o compañero. Al ocuparse del negocio descuida los deberes que como madre tiene de velar por la buena alimentación, salud y comportamiento de sus hijos. La explicación que construyen para justificar su dedicación a la microempresa pasa por el abandono del esposo o compañero de sus deberes como proveedor económico y por la imposibilidad de brindarle a ella y a sus hijos seguridad material. Es por la incompetencia del padre para asumir esos deberes que a ellas no les queda otra salida que trabajar como microempresaria. A partir de esas concepciones sobre la familia y el sentido que le da a su trabajo, la microempresaria desarrolla una serie de estrategias, a veces tremendamente sutiles, en donde pone en juego todos los recursos a su alcance para construir una plataforma que le permita lograr sus metas sin sentir que atenta o transgrede "el deber ser". Ello involucra desde las prácticas de la doble jornada de trabajo hasta los arreglos familiares en donde intercambia bienes y recursos con otros familiares. No obstante, el trabajo remunerado con frecuencia es una actividad que realiza la mujer desde la infancia. Las mujeres entrevistadas debieron trabajar desde muy jóvenes, algunas siendo aún niñas, para ayudar económicamente al hogar. Sin embargo, ello supuso en muchos casos renunciar a deseos y aspiraciones personales en función de las necesidades del grupo familiar. Posteriormente esta actitud se mantiene y primero están las necesidades de los hijos y sus deberes como esposa pero, acompañados de una fuerte decisión de salir de la pobreza. La coyuntura que le a la mujer permite dar el paso hacia la microempresa se presenta cuando los ingresos de la familia no son suficientes o inexistentes desempleo del cónyuge, dedicación de éste a los estudios, etc. y se tiene la aprobación de una figura de autoridad masculina esposo, el padre o un hermano quién algunas veces hasta colabora con sugerencias e incluso aporte económico en la etapa de "arranque" del negocio.

En este mismo sentido, la búsqueda de recursos para el mejoramiento de la infraestructura productiva es un deseo que se actúa a través del apoyo de familiares y parientes. Más parece ser un acontecimiento producto del azar, de la casualidad y de la buena voluntad de terceros que una decisión producto de un planeamiento racional de la actividad productiva. Otra razón para iniciar la microempresa es más que una alternativa frente a la falta de oferta en el mercado de trabajo la posibilidad que ofrece de conciliar las obligaciones como madre, esposa o ambas, con una trayectoria laboral iniciada muchas veces antes de la unión conyugal o la llegada de los hijos sin arriesgar la armonía de la familia. La elección del tipo de actividad también está influida por antecendentes familiares, en donde las figuras de los padres y otros parientes juegan un papel fundamental. La mujer no sólo aprende que primero debe sacar a su familia adelante. También ha visto a su madre coser ajeno o vender chucherías para lograrlo. Es así que no se da separación entre las esferasde lo individual, familiar y laboral y esa situación se refleja en las prácticas cotidianas de la familia y en las metas y aspiraciones de logro de la microempresaria. Las entrevistadas tienden a priorizar las necesidades de la familia sobre las necesidades u obligaciones relacionadas con el negocio como el cumplimiento en el pago de cuentas o de algún crédito pendiente, e igualmente, a no llevar separadamente las cuentas del hogar y del negocio. De esta forma, las familias se constituyen en verdaderas asociaciones para el trabajo reproductivo/productivo y la microempresa opera dependiendo de la condición socioeconómica y de la etapa del desarrollo que atraviesa la familia, de las diversas características de sus miembros y de los cambios que se gestan en el entorno social. Los recursos materiales de que dispone la microempresaria para realizar su trabajo, sobre todo al inicio del negocio, son los mismos con los que se atienden las necesidades familiares. Por lo general la microempresa se ubica en el mismo lugar donde reside la familia y las habitaciones se utilizan indistintamente para la elaboración y/o comercialización de los productos así como sala de estar o comedor. Con ayuda de algún préstamo de un pariente o amigo sustituyen o complementan con otra máquina de coser la heredada de la madre o los utensilios de cocina con los que se preparan los alimentos de toda la familia. No es frecuente que se siga una estrategia administrativa que permita hacer proyecciones en función de la inversión, los recursos disponibles, el comportamiento del mercado y la capacidad de pago. En la etapa de expansión de la familia, la atención y cuidado que requieren los hijos pequeños dificultan la dedicación de la madre al trabajo productivo. Pero a la doble jornada de la madre se suma el esfuerzo de parientes que colaboran indirectamente en el negocio atendiendo parte del cuidado de los niños y de las tareas del hogar mientras la madre realiza el trabajo productivo. Conforme los hijos crecen, éstos se convierten en fuerza de trabajo que se canaliza directamente hacia la actividad productiva. Sin embargo, como la expectativa es que el fruto de tanto esfuerzo sea el ascenso social, con frecuencia la madre se cuida de no fomentar la participación de los hijos en el negocio, prefiriendo invertir buena parte de los recursos en el pago de sus estudios. El desarrollo de la microempresa sigue un recorrido acorde con el desarrollo familiar. El crecimiento de la prole permite la desviación de recursos para destinarlos al crecimiento de la microempresa. Entonces se hacen ampliaciones en la vivienda, se busca más financiamiento y se tiende a aumentar la productividad. De esta forma, la heterogeneidad que caracteriza a este sector se refleja en la utilización que hacen las usuarias de los cursos de capacitación. El nivel educativo, la experiencia laboral

previa y la situación familiar inciden dramáticamente en el interés y la demanda que tienen las microempresarias por este tipo de recursos. En resumen, una serie de factores macroestructurales, familiares y personales, amalgamados con un sistema de ideas, creencias y valores tradicionales llevan a la mujer microempresaria a desarrollar estrategias laborales cuya lógica está muy alejada de las concepciones mercantiles en que se sustentan los objetivos y metas de logro de los programas de crédito y capacitación dirigidos al sector microempresarial. Esta situación va en detrimento de la efectividad de los mismos para beneficiar a las mujeres microempresarias. De cara a estas cuestiones, cabe entonces preguntarse: ¿Se puede mejorar la labor de los programas concebidos para el desarrollo de la actividad microempresarial como miras a favorecer una calidad de vida más satisfactoria, particularmente entre aquellos sectores tradicionalmente menos favorecidos por condiciones de género, nivel educativo y acceso a fuentes tradicionales de financiamiento? La reducción en la oferta de fondos subsidiados o de donaciones de gobiernos y agencias internacionales para programas de crédito a la microempresa están llevando a las instituciones gubernamentales y a los organismos no gubernamentales a dar un viraje en cuanto a la índole de su intermediación. Para algunosde los programas impulsados por el Gobierno de Costa Rica y por organizaciones no gubernamentales, con fondos provenientes de donaciones o de créditos "blandos" con tasas de interés inferiores a las que operan en el mercado, lo prioritario ha sido atender las necesidades del sector informal y dentro de éste a los grupos aún más desfavorecidos como es el caso de las mujeres. Hasta hace muy poco no se consideró prioritario la recuperación de los fondos destinados a tal fin, en parte debido a las condiciones de pobreza del sector atendido y a las condiciones en que llegaban los fondos facilitados por los organismos e instituciones donates. No obstante, las políticas asistencialistas que en un inicio caracterizaron a los programas de apoyo financiero a la microempresa con tasas de interés que no permitían cubrir los costos de intermediación y con altos porcentajes de morosidad han dado paso a conceptos renovados que ante la escases de fondos subsidiados buscan la autosuficiencia financiera de los mismos y la participación de la banca pública y privada en la atención del sector microempresarial. Políticas asistencialistas han ido dado paso a políticas de autogestión, con lo cual los programas asistenciales con fondos asistidos destinados a dar asistencia a sectores pobres deben transformarse en programas con autosufiencia financiera para que los préstamos a los microempresarios sean, al menos, recuperables. Experiencias recientes a nivel centroamericano, como la de Servicio Crediticio en San Salvador, se empiezan a perfilar como modelos alternativos de atención al sector, con tasas de interés al tipo del mercado, criterios flexibles en cuanto a las garantías reales requeridas para otorgar los créditos y flexibilidad en las fechas de pago de las cuotas de acuerdo la índole de la actividad microempresarial. En cuanto a los costos de operación de los programas, se considera la utilización de una tecnología financiera que reduzca los costos de intermediación. (1) En Costa Rica, la implementación de este enfoque programas de crédito a la microempresa que conlleve autosuficiencia financiera está siendo impulsada por el Gobierno de Costa Rica y el BID a través del Programa Global de Crédito y Capacitación a la Pequeña y Microempresa, con la participación de la banca estatal y privada. Uno de los principales retos del proceso de liberalización y modernización financiera es proporcionar crédito y oportunidades de financiación al pequeño y microempresario en condiciones de mercado. Sin ello, el apoyo político a las reformas pendientes se erosionaría.

El Programa Global de Crédito a la Pequeña y Microempresa busca incrementar y apoyar de forma integral la participación efectiva de la pequeña y microempresa en el proceso de transformación productiva. El objetivo principal es dar oportunidad a los pequeños y microempresarios a quienes el sistema bancario formal usualmente no llega, sin incurrir en subsidios ni distorsiones en la asignación de recursos. Para ello se deberán implementar políticas y acciones crediticias flexibles que tomen en cuenta las condiciones económicas y sociales de dicho sector, en un marco riguroso de eficiencia financiera. El sector social que participa en el Programa debe comprender las variables financieras y el sector financiero conocer la dimensión social del Programa. De particular interés es lograr la coordinación entre ambos sectores para que el Programa funcione adecuadamente. Ahora bien ¿Significa ésto que los programas dirigidos a la microempresa deben abocarse a transformar la mentalidad y estrategias de los sectores atendidos con el fin de garantizar su efectividad?. Al intentar responder a esta interrogante se debe trascender un enfoque económico mecanicista para incorporar la heterogeneidad del sector informal. La efectividad de los programas de crédito y capacitación dirigidos a la microempresa concebidos como instrumento que propicien mejores condiciones de vida para el sector informal depende del adecuado planeamiento y ejecución de los responsables de los programas, diseñados y ejecutados a partir de la realidad misma de los actores involucrados y no de supuestos económicos ideales. Este planteamiento se hace prioritario en el caso de las microempresas de mujeres. La actividad microempresarial se da al interior de unidades familiares de producción simple y se carece de recursos contables que apoyen el proceso de toma de decisiones. Estas últimas se hacen de forma intuitiva y tienen prioridad las necesidades del grupo familiar frente a las estrategias mercantiles. De ahí la mezcla del flujo de caja de la actividad productiva con los gastos familiares que en algunos casos lleva a la fuga de capital de trabajo, impidiendo la capacidad de crecimiento del negocio y la posibilidad de hacerle frente a imprevistos (Villalobos, 1992). Sin embargo, el grado de involucramiento en la actividad productiva depende asimismo de los recursos materiales y humanos de las familias para hacerle frente a las demandas de la vida cotidiana y de los valores, actitudes y expectativas en relación a la actividad productiva. Un diagnóstico diferencial en este sentido es fundamental para determinar el tipo de oferta y las metas de los programas en cuestión. Lo que se puede observar en cuanto a la oferta institucional es que en su gran mayoría los programas intentan alcanzar objetivos de desarrollo económico y de capacitación, asumiendo que todos los potenciales beneficiarios tienen interés en capacitarse para ser empresarios exitosos. Lo que estos planteamientos no toman en cuenta es que, sobre todo en el caso de las mujeres, se da una tensión entre los valores particularistas y de adscripción propios de la familia y los valores universalistas y de logro del contexto laboral. Como lo hemos señalado previamente, la mujer da prioridad a las necesidades de educación y salud de la familia que a la acumulación de capital de trabajo. El efecto de este comportamiento es medible a mediano y largo plazo, pues repercute en la mobilidad social de las familias. Por otra parte, forzar este proceso en lugar de ofrecer recursos alternativos implicaría abortar cualquier programa independientemente de sus buenas intenciones. Los distintos organismos e instituciones que prestan servicios crediticicios deben articular las características de la población atendida con los objetivos de los programas y la forma de alcanzarlos, en un proceso que requiere de acciones diferenciadas de acuerdo a cada microempresa y con mediciones de impacto económico y social a corto, mediano y largo plazo. Desde esta perspectiva, la efectividad no se mide únicamente desde la capacidad acumulativa de los negocios dinámicos sino que se considera también a la microempresa de subsistencia como un vehículo capaz de propiciar la educación formal e informal de la prole y por ende, factor de movilidad social a largo plazo.

Como parte de la tendencia a enfatizar los aspectos de crecimiento económico, la experiencia recogida en diversos programas de apoyo a la microempresa ha sido sistematizada y analizada predominantemente con indicadores económicos y financieros (González y Miller, 1993; González, Jiménez y Quiróz, 1993), sin profundizar en el impacto que tienen en la actividad otras esferas del quehacer familiar y comunitario. Por otra parte, si bien algunos autores observan y analizan el comportamiento microempresarial desde un punto de vista social (Fundación Arias, 1993; Villalobos, 1993), lo hacen a partir de sujetos individuales, sin entrar a considerar a la familia como unidad de análisis, no obstante que las accciones se originan, están mediatizadas y se revierten al grupo familiar, tanto en un sentido positivo como negativo. Cada unidad productiva familiar concilia los distintos planos de la realidad individual, familiar y microempresarial en un momento determinado de su desarrollo, con el fin de satisfacer necesidades básicas materiales y afectivas. No obstante, el comportamiento productivo de las unidades familiares no depende únicamente de la disponibilidad de capital de trabajo o de la oferta de programas de capacitación, premisa de la que parten buena parte de los programas. Menos aún cuando los requisitos para acceder a los mismos están totalmente alejados de la realidad cotidiana que vive el sector. Los estudios comentados muestran que las concepciones del mundo y el sentido que tiene para los actores sociales la vida familiar y laboral, configuran un complejo sistema que orienta sus acciones. De cara a esta realidad, la Psicología Social tiene un ámbito de acción ineludible. En el siguiente apartado se exponen lineamientos conceptuales y una propuesta metodológica que constituye un primer acercamiento a la construcción de indicadores sociales para la medición y seguimiento de programas dirigidos a la microempresa. III. CUESTIONES SOBRE OBJETO Y METODO EN PSICOLOGIA SOCIAL Los acelerados cambios políticos, económicos e ideológicos ocurridos en el mundo en las últimas tres décadas del presente siglo, han transformado abruptamente las distintas instituciones sociales, incluyendo la familia (Alberdi, 1984). El fenómeno del cambio familiar ha sido preocupación de los estudiosos de la familia desde distintas disciplinas y enfoques teóricos -teoría estructural-funcional; teoría del desarrollo, teoría sistémica, interaccionismo simbólico etc., generando e integrando modelos teóricos y metodológicos que permitan la comprensión de la realidad familiar. La Psicología Social actual reintegra los procesos mentales y lingüísticos como procesos explicativos de las interacciones humanas en los distintos niveles de la realidad e investiga fundamentalmente el aspecto simbólico de la actividad humana comprometida en el establecimiento de lazos sociales (Moscovici, citado por Barriga, 1993, p.49). Desde este punto de vista teórico, sociedad significa "una red de relaciones constantemente recreada por individuos activos, mutuamente implicados que comunican entre sí, generando así representaciones compartidas a fin de preservar una vida y una realidad cotidiana comunes y, claro está, un marco institucional que permanece siempre problemático" (p.55) Asimismo, el concepto de representaciones sociales hace referencia al estudio de la vida cotidiana de los sujetos y se acerca a la cultura del momento, dado que lo importante es captar los contenidos psicosociales vehiculizados en la interacción diaria en cada sociedad y en cada momento histórico (Barriga, 1993; Vega, 1993a). De esta forma, se parte de que los problemas específicos de la Psicología Social deben ser abordados tomando en cuenta que: 1. Los problemas microsociales sólo pueden ser atendidos desde una perspectiva macrosocial, asumiéndose que las condiciones sociales son determinantes de los procesos psíquicos y de las relaciones interpersonales. 2. Lo prioritario es la capacidad de la gente de construir su realidad más que la adaptación a una realidad preestablecida. 3. La complejidad de los fenómenos estudiados exige el empleo de métodos variados (Barriga, 1993, p.49).

Por otra parte, el aporte del análisis histórico en el estudio del cambio familiar es fundamental pues destaca que los cambios macroestructurales inciden indefectiblemente tanto en la forma como en el carácterde los grupos familiares. Así, la llegada de la era industrial marcó pautas cualitativamente diferentes en la vinculación de la familia al proceso productivo y en las relaciones al interior de las familias, como respuesta a las necesidades que generan en los individuos las condiciones cambiantes del contexto social más amplio. En relación a la utilización de la familia como unidad de análisis en el estudio del comportamiento humano, su importancia se hace evidente en la comprensión de fenómenos en apariencia tan dispares como la explosión demográfica de los años 60, la incursión progresiva de la mujer en el mercado de trabajo o los problemas de salud mental (Del Campo, 1983; Escalante, 1988; Guzmán, 1983). El enfoque de familia permite reconocer que buena parte del comportamiento humano no depende de conductas individuales sino de acuerdos, desacuerdos, consensos, dependenciasy rebeldías entre los miembros del grupo familiar (Leñero, 1987). De igual manera, el análisis del cambio social pone en evidencia que la incursión de la mujer en el mercado de trabajo obedece, entre otras cosas, a una estrategia para suplir las necesidades básicas de todos sus miembros y lleva a una redefinición de las funciones y los roles en el seno de la familia, generando cambios sustanciales en las interacciones familiares que confrecuencia lleva a conflictos personales, familiaresy conyugales (Barrantes, et al., 1979). La construcción de indicadores psicosociales Partiendo de estos supuestos, la construcción de indicadores psicosociales sobre organización familiar y práctica laboral implica fundamentalmente la comprensión del significado que tiene para sus protagonistas el transitar en ambas esferas de la vida cotidiana y en determinado período histórico. Es decir, el comportamiento productivo de las unidades familiares en el contexto de las políticas de desarrollo vigentes -incentivos a la iniciativa privada, acceso a capital de trabajo mediante finaciamiento a la pequeña microempresa, etc.- no depende únicamente del acceso o no a capital de trabajo y la oferta de programas de capacitación, premisa de la que parten las políticas y programas impulsados por los organismos internacionales, las entidades gubernamentales y las organizaciones no gubernamentales. Este planteamiento conlleva un reduccionismo economisista que no toma en cuenta la diversidad de condiciones imperante en las familias costarricenses y en el contexto social más amplio. Los estudios realizados muestran que las concepciones del mundo y el sentido que tiene para los actores sociales la vida familiar, aunado al nivel educativo, la etapa del ciciofamiliar, etc., configuran un complejo sistema que orienta las acciones de los actores sociales (Vega, 1993). La construcción de indicadores psicosociales comprendería la operacionalización categorial de las representaciones de la vida familiar y del trabajo productivo que sustentan las interacciones entre los miembros de las familias y de éstas con el contexto institucional y comunitario. Develar cúal es el sentido que orienta las prácticas productivas -expectativas, ideas y creencias de las unidades familiares y los "arreglos familiares", roles, autoridad y estatus, etc. que guían la vida familiar para cumplir las funciones básicas de alimentación, vivienda, cuidado y socialización de la prole en el contexto institucional, permite orientar las acciones dirigidas a la microempresa desde la realidad misma de las familias en un momento histórico determinado situación política y económica, características de la oferta institucional a la microempresa, etc. y no desde concepciones ideales simplistas. Los indicadores psicosociales sobre organización familiary práctica laboral en la microempresa deben abarcar tres dimensiones que están estrechamente vinculadas entre sí: Dinámica familiar: comprende composición o estructura familiar, desempeño de roles familiares, ideología familiar y etapas del desarrollo familiar. Trabajo productivo de las unidades familiares: abarca tipo de actividad, el significado del trabajo microempresarial y aspiraciones, inicio de la actividad, tipo de economía

Recursos de los que se dispone para realizar el trabajo: incluye tiempo dedicado al trabajo productivo, recursos de mano de obra, educación formal y habilidades, capacitación técnica, redes sociales de apoyo, tecnología y acceso a capital de trabajo. Con estos indicadores se busca analizar algunos de los factores psicosociales del problema en cuestión. Ello no implica la exclusión de otros aspectos medulares a tomar en cuenta en el estudio psicosocial de la microempresa como por ejemplo la dimensión institucional, es decir, la ideología y acciones contenidas en las políticas y objetivos de las instituciones que atienden al sector microempresarial. En definitiva, el logro de las metas propuestas en los planes de desarrollo dirigidos al sector informal, será viable en la medida en que incorporen el análisis y operacionalización de los aspectos económicos, políticos e ideológicos de las instituciones y actores sociales involucrados en el proceso. BIBLIOGRAFIA Alberdi, 1. (1984). Actitudes de las mujeres hacia el cambio familiar. REIS, No.27, p.41-59. Arriaga, 1. (1990). La participación desigual de la mujer en el mundo del trabajo. Revista de la CEPAL N240, pp.87-92 Barrantes C., V., Masis B., D., Monge S.,M. y Segura R.,M. (1979) La mujer trabajadora con hijos y familia. Seminario de Graduación. Escuela de Trabajo Social. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Costa Rica. Barriga, S. (1993) Innovaciones en la Psicología Social Europea: la escuela de Serge Moscovici. Interacción social. Revista Semestral de Psicología Social. Nº3. Madrid: Editorial Complutense. CEPAL (1992) El impacto de los cambios sobre la mujer en América Latina y el Caribe. Notas sobre la economía y el desarrollo, No532 CEPAL. (1 993a). Cambios en el perfil de la familia. La experiencia regional. Chile: Naciones Unidas. CEPAL. (1993b) Informe de la reunión regional de América Latina y el Caribe Preparatoria del Año Internacional de la Familia. Cartagena de Indias, Colombia. LC/G.1777 (Conf.84/5). Cabezas G.,M.; Krauskopf R.,D. (1992). Características del padre del bebé en casos de madres adolescentes. Actualidades en Psicología. Vol.8, No.73 Chávez, O.E. (1987) Microempresas y Desarrollo Económico Nueva sociedad 90 p. 155-165. Escalante H., A. C. (1988). La realidad social de la mujer en América Latina. En González S., M.(Comp.), La mujer, conocimiento y cambio. Costa Rica: EDUCA. Jelin, E.; Feijoó, M. (1989). Trabajo y familia en el ciclo de vida femenino: el caso de los sectores populares de Buenos Aires. Buenos Aires: Hvmanitas-CEDES. Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano. (1993) Diagnóstico de la situación de las mujeres microempresarias en el Istmo Centroamericano. San José: Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano. 1 ed. Goldenberg, 0. (1992). Políticas de apoyo a la microempresa y perspectivas de género en Costa Rica. FLACSO (minneografiado). González M., F.E.; Poveda C., M.E.; Ramírez M., C.A. (1992) La capacitación Administrativa de la Mujer Microempresaría en el Sector Textil. U N.A. Facultad de

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