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«LA ‘LEALTAD’, COMO VIRTUD ARISTOTÉLICA, DENTRO DE LA ‘COMPETENCIA

DESLEAL’»

Por: Manuel Fuentes Rivera R. (20061100)

En los últimos años,


hemos sido observadores y
partícipes de un cambio en la
manera como se desenvuelve el
Derecho, y particularmente, su
dimensión normativa. De los
muchos ejemplos de esto, en
esta oportunidad es pertinente
señalar uno en específico, el
mismo que se suscita cuando se
encaja dentro de un dispositivo legal (norma), contenidos de tipo valorativo o
axiológico, lo cual no sólo enriquece el alcance —cualitativo como
cuantitativo— de dicha norma, sino también, humaniza al Derecho y lo perfila
como un agente comprensivo de la experiencia humana. En ese sentido, se
trasciende la dimensión puramente ‘instrumentalista’ u ‘objetivista’ del Derecho,
tan propia del paradigma de la modernidad.

En ese sentido, un rasgo que recoge el Derecho post moderno —el cual
en un primer análisis parecería enteramente caótico y difuso, a pesar de tener
ciertos cimientos sólidos— es conjugar los principios y valores morales con el
potencial de las normas positivas. Precisamente, la heteronomía, remite la
cuestión jurídica —creación y aplicación del Derecho— a valores superiores, la
misma que en última instancia, legitima. Asimismo, fomenta el debate y el
análisis de los discursos morales al interior de la ciencia jurídica, a fin de
replantear al rol del Derecho en función a la circunstancia humana.

En las líneas siguientes, abordaré la particular situación de la


‘competencia desleal’ (Decreto Ley 26122) y al interior de esta última, ‘la

1
lealtad’, como componente valorativo, como virtud inscrita en el discurso
aristotélico1.

COMPETENCIA DESLEAL

La ‘competencia desleal’2 es una institución jurídica que agrupa una


serie de comportamientos nocivos para el mercado, estos son ejecutados por
distintos agentes económicos, los cuales se desenvuelven, bajo este supuesto,
de una manera tan particularmente motivada, que ha sido denominada por el
legislador como ‘desleal’, todo lo anterior, enmarcado dentro de una economía
de mercado. Cabe mencionar además, que la legislación pertinente no enuncia
o define claramente qué entendemos por ‘competencia desleal’, sino concede
ciertos atisbos y enumera ejemplos del mismo, denominados ‘actos de
competencia desleal’. Es más, existe un órgano estatal el cual dedica parte de
su actividad ha resolver controversias de competencia desleal, nos referimos a
INDECOPI.

En palabras del Dr. Baldo KRESALJA3; ‘la competencia desleal es un


tipo de actividad que persigue la atracción, consolidación e incremento de la
clientela utilizando medios que la consciencia social reprueba como contrarios
a la moral comercial’. Llama la atención, que se haga mención el término ‘moral
comercial’, en tanto, este podría ser considerado como el conjunto de
conductas, costumbres o usos valorados dentro de este ambiente circunscrito a
las dinámicas humanas del intercambio económico de bienes y servicios. En el
caso particular, la lealtad posee suma relevancia, ya que, asegura la conducta
o ajusta la misma, a un patrón de veracidad, consecuencia, seguridad,
fidelidad, entre otros. Supone además interacción, experiencia de lo humano,

1
ARISTÓTELES. Ética a Nicómaco. Madrid: Ed. Gredos. 1998. Libro VIII-IX
2
Decreto Ley 26122. Ley de represión contra competencia desleal, publicada en 1992 y posteriormente
modificada en 1996 y 2007.
3
KRESALJA, Baldo. Represión de la competencia desleal. Pág. 422-423 En: BOZA, Beatriz. Invirtiendo
en el Perú: Guía legal de negocios. Lima: Apoyo. 1994

2
intercambio no sólo de elementos materiales, sino además de conocimientos,
actitudes, circunstancias, discursos y su repercusión en otros individuos.

LEALTAD EN EL DISCURSO ARISTOTÉLICO

El enfoque al cual nos adscribimos, es el de localizar a la lealtad como


virtud presente en el discurso aristotélico, sobre el cual se puede decir que es
constitutivo del paradigma del Derecho Natural. La ‘lealtad’ aparece en la Ética
a Nicómaco4, particularmente, en el Libro VIII sobre la amistad, donde el
Estagirita aborda a la primera como componente de la segunda, como
elemento necesario en las relaciones entre los hombres afines, y también de la
comunidad —ya sea política o no— en tanto esta es, a fin de cuentas, ‘una
asociación de dos o más individuos que tienen intereses comunes y que
participan en una acción común’5. Es importante señalar en Aristóteles, la
posibilidad de considerar que las virtudes no sólo se desarrollan en el plano de
la consciencia, sino que pueden ser positivadas y desarrolladas en el uso que
efectúa la colectividad o como creación del intelecto (derecho consuetudinario).

Todo esto enmarcado dentro de un ‘proyecto en común, extraño al


mundo moderno liberal e individualista6’; lo que Aristóteles denomina ‘vida
buena’, una suerte de bienestar colectivo, el cual se consigue mediante el
ejercicio de la virtud de los individuos.

Coloquialmente, entendemos por lealtad, como calificativo a un actuar


consecuente, conforme a un determinado acuerdo o determinado sistema de
creencias. La RAE define a la misma, en su primera acepción, como
cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor7. De lo
anterior, dos elementos llaman la atención; el actuar consecuentemente, o sea,
la congruencia, y la fidelidad, ambas caracterizan a la lealtad, y la distinguen de
otras virtudes. En ese sentido, la lealtad, y su inclusión en el presente, tiene

4
Libro VIII
5
ARISTÓTELES. Ética a Nicómaco. Pág. 334
6
ISLER SOTO, Carlos. Alaisdair McIntyre sobre la virtud y la justicia en Aristóteles. Pág. 197. En:
REVISTA JURÍDICA DE LA UNIVERSIDAD BERNARDO O´ HIGGINS. Número 5.
http://www.ubo.cl/icsyc/wp-content/uploads/2010/01/revista-ubo-numero-5.pdf
7
Diccionario de la Lengua Española Vigésima segunda edición.

3
aquí su razón de ser, debido a que, es una conducta valiosa en la interacción
humana y propia de una comunidad de individuos que se autorrealiza.

LEALTAD, COMO VIRTUD, EN LA ‘COMPETENCIA DESLEAL’

Localizamos a la ‘competencia desleal’ en el escenario actual,


contemporáneo, y si bien muchos fenómenos y agentes han cambiado, otros
siguen tan vigentes como cuando Aristóteles las describió e incluyó en su
extensa obra. En ese sentido, los empresarios intervienen en la economía de
las sociedades y mantienen dinámicas, tanto entre ellos como con los
consumidores, los cuales jamás dejarán de adquirir bienes y servicios. Sin
embargo, advertimos que, son más notorios ahora que antes, intenciones,
medidas o situaciones las cuales perjudican las relaciones no sólo entre
empresarios, sus semejantes y los consumidores, sino también, al
desenvolvimiento regular —dentro de los límites que la economía y demás
ciencias considera como tales— de dichos agentes en el mercado, lo cual
resulta nocivo no sólo para los particulares, sino también, para los países, en
tanto, la actual situación de la economía mundial, configura una suerte de
interrelación y dependencia entre los mismos, debido a la creciente circulación
de capitales ingentes.

En ese escenario, el actuar consecuentemente y la confianza entre los


individuos resulta fundamental, ya que, no sólo redunda en el beneficio

4
personal. Un ejemplo, a mayor escala, el Estado —como entidad financiera—
aumenta sus ingresos y es visto como solvente y confiable frente a la
comunidad financiera internacional, en espacios donde la reputación basada en
la conductas y acciones crediticias previas son fundamentales para efectuar
transacciones. Sin embargo, concentrémonos en un ámbito más particular y
preciso, el mismo al recurríamos al inicio, el empresarial.

Tal como se mencionaba al inicio del presente artículo, es de particular


relevancia en la época contemporánea, una aproximación valorativa alrededor
de los distintos tópicos que propone el Derecho. Es característica de la
sociedad post industrial, la exigencia constante de eficacia y eficiencia8, un
ejemplo de esto último, es el papel que desempeña la empresa hoy en día, la
cual, después del Estado Social, ha sabido conjugar su esencial autonomía
privada y las exigencias del mercado con las prerrogativas estatales y sociales.
Sin embargo, exigir de la empresa, por ejemplo, únicamente eficacia y
eficiencia, sería nocivo tanto a corto como largo plazo. En ese sentido, la
modernidad nos mostró con nitidez y crueldad, la precariedad de las distintas
instituciones jurídicas, las cuales muchas veces, ajenas a la realidad, y
extremadamente positivas, permitieron inequidades de grandes magnitudes
(p.e. Genocidio Nazi, Violaciones sistemáticas a los DD.HH. entre otros). De
todo lo anterior, no queda sino afirmar lo siguiente. La lealtad juega un rol
importante al interior de las relaciones comerciales, tanto empresa-empresa,
empresa-individuo, empresa-Estado. Y este rol precisamente consiste en
asegurar una conducta de congruencia y fidelidad para con los medios y fines
trazados, en tanto, comunidad económica.

Por un lado, medios regulares consonantes con la moral comercial, los


cuales fomenten y reflejen un ambiente de transparencia y competencia
alturada y verificada, las mismas que, insten a las empresas a capacitar su
personal y optimizar el producto o servicio ofrecido, a fin de posicionarse de
una manera mejor en el mercado, en función a la preferencia de los mismos
usuarios. Por otro lado, la necesidad de articulación entre los objetivos

8
ORTIZ CABALLERO, René. El derecho en la sociedad postmoderna. Lima: Fondo Editorial PUCP.
1996. Pág. 56

5
particulares (bienestar personal, provecho económico, autonomía privada) con
los objetivos generales (proyecto nacional en común, economía de libre
mercado óptima, redistribución de la riqueza, justicia social).

Finalmente, en esta norma, se conjuga un elemento concreto, de


disposición y represión de ciertas conductas nocivas, con un elemento
inmaterial, como es la lealtad, el cual representa un seguro, una garantía, con
característica de gratuidad9, la misma que permite, tanto la relación
transparente entre uno y otro agente económico, como la concreción de un
objetivo provechoso tanto para el individuo como para la colectividad, como es
el normal desenvolvimiento del mercado, en el cual indirecta o directamente,
todos intervenimos. Asimismo, y siguiendo a Aristóteles en la voluntad de
extender un principio ético como es la lealtad a otros dispositivos jurídicos tanto
en el ámbito empresarial como en el de los negocios y demás.

9
En un análisis económico-jurídico, cabría confrontar a la ‘lealtad’ como garantía frente a otros seguros
de corte oneroso.