Metalúrgica Básica. (manual para sobrevivir entre balas, metales, implantes e imanes) Apuntes de fuentes diversas, de utilidad (?

) para entender la interacción entre campos magnéticos y elementos de acero u otras aleaciones presentes en materiales protésicos y esquirlas. Aníbal J. Morillo, M.D.1
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La fabricación industrial del acero se inicia hacia 1740, cuando Huntsman lo obtuvo por fusión de hierro y carbono vegetal en un crisol. Más adelante, Cort presentó un método conocido como pudelado, que utilizaba un horno, logrando reducir costos, a la vez que aumentaba la producción de acero. La producción de acero a gran escala se debe a dos sistemas que aparecieron en forma casi simultánea: el convertidor Bessemer y el método de Martin y Siemens. El primero permite obtener acero mediante la fundición asistida por un chorro de aire dentro del horno, mientras que en el segundo se mezclan chatarra y mineral en un horno de arco eléctrico. La forma moderna de obtener acero es a partir de hierro líquido, con el que se obtiene una mayor resistencia a la deformación y a la corrosión. El hierro puro a temperatura ambiente es magnético y tiene una estructura cristalina cúbica. El hierro es capaz de disolver pequeñas cantidades de carbono. El hierro a temperatura ordinaria es designado como hierro alfa (α). Las propiedades físicas de los diferentes tipos y aleaciones de acero dependen principalmente de la cantidad de carbono presente en la mezcla, y de la forma como se distribuye el carbono en la estructura del acero. Una aleación en sólido es una reacción entre sólidos a alta temperatura, junto con el líquido remanente. El resultado es un nuevo sólido diferente del original. El proceso para la formación de estos nuevos sólidos es conocido como reacción peritéctica. Un sólido formado por una solución líquida, con mezcla de metales, corresponde a un eutectoide. Antes del tratamiento por calentamiento, los aceros son una mezcla de diferentes proporciones de tres sustancias básicas: ferrita, perlita y cementita. La dureza y resistencia del acero depende de la proporción existente entre estos tres componentes. La ferrita es un componente estructural que se encuentra en casi todas las aleaciones en las que interviene el hierro. Consiste en una disolución sólida de carbono en el hierro α. Este hierro contiene una muy baja proporción de
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Director, Departamento de Radiología e Imágenes Diagnósticas. Jefe, Centro Javeriano de Resonancia Magnética.

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carbono y otros elementos en solución. La perlita es un eutectoide, constituido por ferrita y carburo de hierro o cementita. La cementita es un compuesto que tiene cerca de un 7% de carbono, es muy duro, pero a la vez frágil, pues es quebradizo. La cementita es conocida también como carburo de hierro, o Fe3C. A medida que el contenido de carbono en un acero aumenta, disminuye su contenido de ferrita y aumenta el de perlita. Al llegar a un 0.8 % de carbono, el acero estará constituido casi exclusivamente por perlita. El acero con mayor contenido de carbono es necesariamente uno que contiene una mezcla de perlita y cementita. El aumentar la temperatura del hierro α, se producen algunos cambios en sus propiedades físicas, entre las que puede estar la expansión, por lo menos en la fase inicial del calentamiento. El hierro α caliente es capaz de disolver en sólido mayores cantidades de carbono, y se hace menos magnético. El aumento progresivo de temperatura pasa por varios puntos críticos, en los que se producen cambios físicos fundamentales. El primer punto es el denominado A2 , a 770 oC. En este punto, el hierro deja de ser magnético, sin cambiar la estructura de sus cristales. Por encima del punto A2 , el hierro es denominado hierro beta (β) (o hierro α no magnético). El punto A3 se alcanza a los 900 oC. A partir de este punto, se obtiene hierro gamma (γ), que tiene cambios en su forma cristalina. En este punto también se observa una contracción abrupta, y un aumento en la resistencia eléctrica. Este hierro también es capaz de disolver mayores cantidades de carbono. El hierro γ se encuentra desde el punto A3 hasta llegar a 1400 oC, punto conocido como A4, en el que se produce una nueva transformación cristalina. Esta nueva transformación es el hierro delta (δ), que comparte con el hierro α la característica de ser magnético. Con el hierro a

1490 oC se puede lograr una reacción peritéctica con carbono en una concentración mayor al 4%, formando un eutectoide llamado ledeburita, que corresponde a carburo de hierro y austenita. El elevar la temperatura cambia la ferrita y la perlita a una forma alotrópica (es decir, que tiene diferentes formas cristalinas) de aleación de hierro y carbono, conocida como austenita, la cual tiene la propiedad de disolver todo el carbono libre presente. La austenita se forma entre los 760 oC y los 870 oC. El hierro se funde a 1535 oC. Al someter el hierro fundido a un enfriamiento gradual, desde temperaturas superiores al punto A4 hasta la temperatura ambiente, se van recuperando los estados previamente alcanzados, pero en forma inversa: el hierro δ pasa a ser hierro γ, luego hierros β y α. Debe anotarse que las temperaturas a las que se producen estos cambios no son exactamente iguales a las que llevaron a su modificación durante el calentamiento. En este enfriamiento gradual también se revierte la formación de austenita a ferrita y perlita.

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El enfriamiento que se hace en forma rápida y abrupta se conoce como extinción o quenching. Los medios utilizados para este enfriamiento rápido incluyen algunos aceites, agua, salmuera (solución de agua salina muy concentrada) y soluciones ácidas o caústicas. Este procedimiento produce nuevos cambios físicos en la estructura del hierro. Si se aplica un quenching sobre una combinación de austenita y perlita, se lleva a la formación de una variedad de perlita, conocida como “perlita fina”, o sorbita. También se puede obtener otra variedad de granos muy finos, la “perlita muy fina”, o troostita. La troostita es entonces una variedad de perlita con exceso de ferrita; es más dura, fuerte y dúctil que la sorbita. El enfriamiento a tasas muy altas, en el que se prefiere el agua al aceite para llegar más rápidamente a una temperatura de 288 oC, produce una especie de “congelación” de la martensita. austenita, una modificación alotrópica extremadamente dura, que se parece a la ferrita, pero con mayor carbono en solución sólida. Este producto se conoce como Si el procedimiento de quenching es un enfriamiento ultrarrápido, se produce alfa martensita. Al recalentar esta α martensita hasta 110 oC, se obtiene beta martensita. No siempre pueden diferenciarse los dos productos, por lo que a veces este resultado es descrito simplemente como una solución supersaturada de carbono y ferrita. Cualquier enfriamiento rápido produce deformidades en el metal, que se tratan mediante el templado (tempering) o el recocido (annealing). El templado disminuye la dureza, pero aumenta la ductilidad del acero. El principal objetivo del tratamiento con calor es el control de la cantidad, tamaño, forma y distribución de las partículas de cementita en la ferrita, lo cual determina las propiedades físicas del acero. Hay muchas variaciones de este proceso de tratamiento térmico. La ciencia metalúrgica ha demostrado que el cambio de austenita a martensita ocurre principalmente durante la fase tardía del período de enfriamiento. Si el enfriamiento se hace demasiado rápido, hay cambios en el volumen del metal que pueden llevar a fisuras del mismo. Para evitar estas fisuras, se han desarrollado procesos de enfriamiento que se hacen en el rango de temperatura en el cual se forma la martensita (alrededor de 288 oC ) y se basan en el tiempo de exposición al baño de extinción (time-quenching), en un templado asociado a un baño de temperatura constante, seguido de un enfriamiento lento en aire (martempering), o un templado en un baño salino o de metal que se mantiene a temperatura constante (austempering). Algunas de las técnicas básicas en metalúrgica que se utilizan para endurecer el acero, incluyen el calentamiento con compuestos de carbono o nitrógeno, para elevar su contenido de carbono o fomentar la formación de nitritos en su superficie (case hardening). La carburización es el calentamiento en carbón de leña, en carbón coque o en gases carbonáceos, como el metano o el monóxido de carbono. La cianurización consiste en el endurecimiento mediante el baño en sal fundida de cianuro; amoníaco. Morillo – Metalúrgica básica 3 la nitrización endurece los aceros mediante la exposición a gases de

Las aleaciones de acero se obtienen mediante el tratamiento con cambios térmicos extremos, además de la adición de otros metales que le proporcionan propiedades especiales, como su dureza, resistencia, ductilidad, maleabilidad y magnetismo. Los aceros así obtenidos se clasifican en cinco tipos principales: aceros al carbono, aceros por aleación, aceros de alta dureza y baja aleación, aceros inoxidables y aceros instrumentales. La gran mayoría de los aceros (más del 90%) son aceros al carbono. Como su nombre lo indica, contienen diferentes concentraciones de carbono, además de otros elementos como el manganeso (máximo 1.65%), sílice (0.6%) y cobre (0.6%). De acuerdo a la proporción de carbono, se subclasifica en acero dulce (menos del 0.3 %), duro (0.5 %) o extraduro (más del 0.65 %). Con este acero se hacen diferentes tipos de maquinaria y carrocerías, además de estructuras para la construcción y para los cascos de buques. Otros ejemplos de materiales hechos de acero al carbono son los resortes para colchones y los ganchos para el pelo. Los aceros por aleación se refieren a aquellos que contienen diferentes porcentajes de vanadio, molibdeno u otros elementos, además de una proporción mayor de manganeso, sílice y cobre que los aceros al carbono. Con estos aceros se fabrican, entre otras, automotriz, patines y cuchillos de trinchar. Los aceros de alta dureza y baja aleación (High-Strength Low-Alloy Steels), conocidos por su sigla en inglés como aceros HSLA, son los más modernos de las cinco clases de acero. Son de menor costo, por contener una baja proporción de elementos para aleación. Su proceso especial los hace mucho más fuertes que los aceros al carbono de peso equivalente. Esto significa que las paredes de los contenedores para carga que se fabrican con este tipo de acero pueden hacerse más delgadas, lo que le da mayor capacidad y menor peso a los contenedores, que si se fabrican con acero al carbono. Estos aceros se utilizan también en construcción. Los aceros inoxidables contienen cromo, níquel y otros elementos de aleación que les dan su apariencia reluciente y les imparten su característica de óptima resistencia a la corrosión. Se pueden denominar de acuerdo a la concentración de sus principales elementos de aleación: por ejemplo, un acero 18/8 contiene 18 % de cromo y 8 % de níquel. Algunos de estos aceros son además muy duros; otros mantienen sus características aún al ser sometidos a temperaturas extremas. Por su brillo, se han utilizado en arquitectura con fines decorativos. Se usan también para la tubería y tanques de las refinerías de petróleo y plantas químicas, además de su uso en aeronáutica y astronáutica. Algunos instrumentos quirúrgicos y equipos especiales se hacen de aceros inoxidables. Los elementos protésicos de acero inoxidable resisten la acción corrosiva de los líquidos corporales. Los elementos de cocina y de las plantas de procesamiento de alimentos utilizan aceros inoxidables, pues no manchan la comida y son de fácil limpieza. Los aceros instrumentales se fabrican directamente con la forma definida de herramientas o partes las piezas de engranaje

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de maquinaria diversas. Contienen proporciones variadas de molibdeno, tungsteno y otros elementos, que les proporcionan mayor dureza y resistencia a la corrosión. Las pinzas hemostáticas utilizadas para cierre de aneurismas intracraneanos (“clips”), se han clasificado de acuerdo a sus propiedades magnéticas, en ferromagnéticos y no ferromagnéticos (o débilmente ferromagnéticos). Estos últimos son considerados compatibles con equipos de resonancia magnética (RM). En 1993, poco después de la publicación de un caso local, en el que se sometió sin complicaciones a una paciente con una grapa tipo Yasargil a un equipo de 0.5T, se reportó un caso de una fatalidad asociada al desplazamiento de un clip, identificado erróneamente como tipo Yasargil, es decir, no ferromagnético. Retrospectivamente, luego de la muerte por hemorragia intracraneana, secundaria a desplazamiento del clip, se logró identificar que no se trataba de este modelo. Este caso produjo como reacción la evaluación de los criterios para selección de pacientes, en algunos casos llegando al extremo de descartar por principio la posibilidad de hacer estudios diagnósticos de RM en pacientes con el antecedente de tener cualquier clip intra craneano. Sin embargo, siempre y cuando se obtenga una clara identificación del material implantado y una certeza de sus características magnéticas, es posible hacer estudios a pacientes con clips intracraneanos cuya identidad ha sido verificada. Los elementos protésicos basados en acero martensítico son extremadamente magnéticos y tienen interacciones fuertes con los campos magnéticos utilizados en diagnóstico, por lo que representan una contraindicación al estudio. En contraste, los clips hechos de aleaciones austeníticas de acero inoxidable, son considerados compatibles con los equipos de RM. Entre las aleaciones consideradas “seguras” para RM, se encuentran el titanio puro, las aleaciones de titanio, Elgiloy, MP35N y Phynox. La divulgación de este conocimiento ha permitido a los pacientes el acceso a esta información, lo cual puede motivar la aparición de “síntomas” asociados a la exposición a RM en pacientes que tienen clips que son reconocidos como compatibles con RM. En casos aislados, se han presentado manifestaciones de cefalea y sensación de “peso”, cuyo origen no se ha explicado, no asociados a complicaciones clínicas. Este tipo de casos puede motivar la adquisición de consentimiento informado en todos los pacientes con materiales metálicos intracraneanos, aún si son claramente identificados como “seguros” para su exposición a RM. Las interacciones entre elementos protésicos metálicos y los campos magnéticos estáticos o dinámicos utilizados en diagnóstico son la paramagnética y la ferromagnética. La primera se refiere a la respuesta al campo magnético demostrada por elementos con número impar de electrones, y ocurre únicamente durante el período de exposición al campo magnético. La interacción ferromagnética se encuentra en materiales que presentan magnetismo

remanente, es decir, que al ser retirados del campo magnético persiste la magnetización.

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Los gradientes magnéticos utilizados en resonancia magnética tienen el riesgo adicional de generar corrientes eléctricas a través de los elementos metálicos. Esto no sólo produce artificios por distorsión de las imágenes, con posible compromiso de la capacidad diagnóstica del examen, sino que pueden inducir al calentamiento de los tejidos adyacentes a estos elementos metálicos. La mayor parte de la radiofrecuencia transmitida es transformada en calor. Esto se ha postulado como un potencial generador de efectos biológicos sobre tejidos sensibles, y se ha planteado como posible complicación en casos de implantes metálicos. Aunque hay reportes aislados de quemaduras asociadas a varios elementos metálicos internos o externos, en la mayoría de situaciones experimentales (ex vivo) y clínicas, los cambios en temperatura son considerados despreciables. Como no se han caracterizado los factores físicos responsables de los riesgos específicos, siempre debe actuarse con precaución cuando se exponen pacientes con implantes o con elementos de monitoría externa a estudios de RM. Estos conceptos aplican para diversos tipos de implantes o de electrodos, además de esquirlas metálicas de diverso origen. Específicamente, hay contraindicaciones descritas para varios elementos, como marcapasos, algunos elementos de fijación vertebral cervical, algunas grapas hemostásicas, implantes cocleares y oculares, algunas válvulas cardiacas y otros, incluyendo algunos tan variados como conectores de derivación ventricular y diafragmas para contracepción. Algunos estudios in vitro han demostrado fuerzas de deflección inducidas por campos magnéticos sobre cierto tipo de elementos balísticos. Uno de los factores que determinan el riesgo por un fragmento metálico balístico (esquirla, proyectil) es su vecindad con estructuras “vitales” como estructuras vasculares o neurales, la médula espinal y otras estructuras de tejidos blandos, como los globos oculares. Estas precauciones se toman tanto por su posible desplazamiento, como por su teórico potencial de calentamiento, con el obvio desenlace de una lesión térmica. Los estudios balísticos han demostrado que las balas utilizadas en armamento militar, que pueden tener recubrimiento metálico (“Full Metal Jacket”, como el título de la excelente película del fallecido Stanley Kubrick) y por ende gran potencial de desplazamiento, mientras que las originadas en armamento “civil”, que son las más comúnmente encontradas en situaciones policiales (como en “la balacera”, sólo que esta vez no se hace alusión a una producción cinematográfica), son de plomo y no se suelen asociar a fenómenos de deflección. Sin embargo, se ha reportado que aún las balas de plomo pueden tener algunas impurezas metálicas ferromagnéticas. Hay incluso estudios ( de Shellock, por supuesto, autor obligado si se quiere buscar literatura sobre casi cualquier tema relacionado con el de bioseguridad en RM) que muestran que la composición con que se fabrican los balines varía de región a región dentro de los EE.UU ( el Gobierno Federal exige balines de acero para la caza del pato en el Este de los EE.UU.) Además de su ferromagnetismo, otros de los factores relacionados con el potencial desplazamiento de elementos metálicos incluyen su tiempo de implantación, masa, localización, forma y orientación. La Fuerza de deflección (es decir el grado

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de atracción por el imán) se calcula teniendo en cuenta la masa, la aceleración gravitacional y el ángulo de deflección q, de acuerdo a la siguiente fórmula: F = mg senq / cosq. En cualquier situación en donde la aceleración gravitacional es igual a cero (es decir en un fragmento metálico intra tisular), la masa es directamente proporcional a la Fuerza de deflección. Traducción: ¡ mientras mayor sea el pedazo metálico, mayor potencial de desplazamiento! La forma puede afectar su desplazamiento. La forma oblonga típica de una bala hace que tienda a rotar para alinearse sobre su eje mayor, con fuerza máxima ejercida sobre la bala cuando ésta se encuentra perpendicular al campo magnético estático (Bo). Esto significa que una bala orientada en forma paralela al campo magnético no presentará rotación dentro del imán, pero esto también significa que hay que conocer la orientación del campo magnético del imán con que se trabaja (en el eje del túnel en los cilindros superconductores cerrados, pero del piso al techo en los equipos de configuración abierta). Los movimientos que más comúnmente se encuentran son de rotación, no los longitudinales. Esto significa que aún con una bala Full Metal Jacket, lo más probable es que no tendremos la experiencia cinematográfica de verla salir del cuerpo del herido durante un estudio de RM. En el caso de las balas esféricas (perdigones), al no tener un “eje” de rotación, en éstas es un poco más probable su desplazamiento longitudinal. Las balas que no tienen recubrimiento metálico, como las “civiles”, sufren deformación durante su paso a través de los tejidos, a veces en forma de hongo, lo cual aumenta su superficie, su potencial de lesionar tejidos, y la posibilidad de predecir su comportamiento en un campo magnético. Al estudiar el tema de la balística, resulta tan interesante como macabro descubrir la cantidad de ciencia que hay detrás de estos elementos, diseñados para infligir daño al prójimo, con la filosofía de que es mejor herir al enemigo que matarlo, pues al diseñar balas capaces de producir graves lesiones, el enemigo debe consumir sus recursos (humanos y otros) en la atención de los lesionados, mientras que a los muertos se les puede dejar atrás mientras se sigue atacando (o defendiendo). Pero, como se anunció en el título, el tema de esta revisión es más metalúrgica que balística... En el caso de balas alojadas en el cuerpo, lo común es que no se tenga tanta información balística como se requiere para tomar una decisión basada en evidencia. Por esto, se recomienda evaluar los riesgos potenciales contra los posibles beneficios. Como se mencionó, la localización del fragmento metálico puede decidir si se prosigue con un estudio de RM, teniendo en cuenta que los artificios producidos por el metal pueden hacer que un estudio sea inservible, como en el caso en que se quiera evaluar el tejido cercano al fragmento, en busca de complicaciones específicas. Se recomienda ser precavido, y hacer el estudio con cuidado, prestando atención a cualquier sintomatología que se presente para interrumpir el examen. Aunque se ha llegado a sugerir la instalación de costosos detectores de metales para evitar el ingreso de elementos potencialmente dañinos a la sala de examen de RM, la recomendación

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más ampliamente difundida, y que resulta más práctica, es el aplicar siempre una encuesta de tamizaje (o una revisión de la historia clínica en pacientes con compromiso de su estado de conciencia) en la que se identifiquen claramente los elementos metálicos con potencial de resultados adversos por su exposición a los campos magnéticos. Como dato anecdótico, en el primer equipo superconductor que se instaló en Colombia, el cual operaba a 0.5 T, se presentó un caso de un paciente septagenario sometido a RM cerebral, en el que se demostró una gran distorsión geométrica de la imagen, evidentemente debida a un objeto metálico que había ingresado a la sala de examen, a pesar de haberle dado instrucciones explícitas acerca de la necesidad de dejar objetos metálicos comunes (llaves, monedas, etc) en un casillero destinado para ese fin. Luego de reinterrogar al paciente, éste confeso que el único objeto metálico que había “escondido” para ingresar al magneto había sido su “ángel de la guardia.” El tecnólogo encargado, convencido de que se trataba de una medalla metálica, posiblemente alrededor de su cuello, se llevó una gran sorpresa al encontrar, bajo la blusa de examen, y desplazado hasta la axila del paciente, un revólver Smith & Wesson “38 largo” (cargado, por supuesto) paciente había ingresado inadvertidamente al magneto. Siempre es recomendable que en los servicios de RM se tenga disponible alguna de las listas publicadas de pruebas realizadas a diversos tipos de elementos protésicos, listas que permiten confrontar si un elemento protésico presente en un paciente dado es “seguro” o no para su exposición al campo magnético del un equipo diagnóstico. Al confirmar mediante encuesta o revisión de la historia clínica la presencia de elementos metálicos, se debe obtener información precisa acerca de su tipo y comportamiento magnético. Es importante conocer el fabricante del elemento metálico, el tipo de aleación metálica del que está hecho, el número de serie o lote y el modelo del elemento metálico particular, especialmente cuando se trata de materiales que pueden tener versiones ferromagnéticas. Esta información suele ser consignada en la historia clínica o ser conocida por el cirujano encargado del implante específico. Tanto si se identifica que el material en cuestión es ferromagnético (o incompatible con RM), como si no se conoce con exactitud el tipo de elemento metálico, se debe asumir que el procedimiento diagnóstico mediante RM se encuentra ABSOLUTAMENTE CONTRAINDICADO. La contraindicación para RM ante la presencia de clips ferromagnéticos INTRACRANEANOS, considerados incompatibles con el equipo de RM, aplica no sólo para pacientes que van a ser sometidos a CUALQUIER estudio diagnóstico (aún si no es cerebral), sino para sus acompañantes y para el personal que deba ingresar a la sala de examen de RM. Entre los elementos que usualmente se consideran como CONTRAINDICACIÓN ABSOLUTA para un estudio de RM están: Implantes cocleares : por tratarse de un pequeño electrodo, con potencial de generación de corriente eléctrica y lesión delos tejidos adyacentes, además de disfunción del implante. que el

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Cuerpos extraños intraoculares : por potencial lesión neural o retiniana. Válvula cardiaca modelo Starr- Edwards pre-6000: estudios recientes sugieren que sólo hay riesgo si existe sospecha de que este modelo específico (jaula y bola) esté dehiscente. En general, las fuerzas de deflección a que son sometidas diariamente las válvulas, a una frecuencia aproximada de 72 veces por minuto (latidos cardiacos), son mayores que las posibles fuerzas inducidas por los campos magnéticos usados en diagnóstico. Clips para aneurisma intracraneal: Esta contraindicación está suficientemente ilustrada arriba. Electrodo de marcapaso: aplica lo mismo que para cualquier cable eléctrico sometido a un campo magnético: se genera corriente que tiene el potencial de lesionar o estimular inadecuadamente al miocardio. Por supuesto, ya se han desarrollado cables “compatibles” con RM, que utilizan aleaciones especiales. Se puede asumir que son de alto costo, y que por ahora no se encuentran disponibles en el mercado, mucho menos localmente. Dispositivo intrauterino con ASA metálica: La presencia de asas, vueltas completas que forman círculos cerrados es lo grave: en estas “asas” se generan corrientes con alto potencial de quemadura. Esta precaución aplica para los elementos de monitoría externa (leáse electrodos),por lo que se tienen precauciones al colocarlos: ¡que no se formen círculos grandes con los cables! (aunque se pueden formar pequeñas asas, círculos pequeños que no producen corrientes mayores, por eso a veces se recomienda entorchar los cables). Unidades de estimulación eléctrica transcutánea (TENS): ya se ha dicho lo suficiente acerca de cables dentro de imanes. Baste recordar el experimento de física del colegio, en el que una puntilla se rodea de varias vueltas de cable, se conecta a una pila y listo: se obtiene un electroimán. Traducción: si se pasa corriente a través de un cable, se genera un campo magnético a su alrededor (en ciertas condiciones térmicas y geométricas que no vienen al caso). El fenómeno es de doble vía: si un cable se somete a un campo magnético: ¡se genera corriente por el cable! Esta corriente puede quemar... Marcapaso sensible a magnetismo: el generador mismo puede variar su programación (pulsos por demanda, por ejemplo) al acercarse a un campo magnético, lo cual por supuesto afecta su desempeño, con consecuencias obvias para los pacientes. Es por esto que incluso el personal técnico o cualquiera que tenga marcapasos NO debe ingresar a la sala de examen, pues dentro de ella hay campos magnéticos intensos. Es la misma razón por la cual un marcapasos afecta cualquier tipo de estudio: todo el paciente, incluso algunos metros alrededor del imán quedan expuestos al campo magnético, sin importar si se examina el cuello de pie, la cabeza o cualquier región anatómica entre estos dos extremos.

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Las medidas de precaución también aplican para otros tipos de materiales, como los que tienen electrodos (neuroestimuladores, marcapasos, etc). En general, antes de someter a un paciente con algún tipo de implante o estimulador eléctrico, debe hacerse una revisión de su tipo y una evaluación de su riesgo de exposición al campo magnético. Como se mencionó, además de la aleación específica utilizada en el elemento protésico, la configuración del mismo y el tiempo transcurrido desde su implante, son factores que influyen en el riesgo asociado a su exposición al campo magnético. Es el caso de las endoprótesis vasculares o Stents y algunos modelos de filtros de vena cava, que presentan endotelización al cabo de unas semanas, lo que hace que incluso aquellas que son fabricadas con materiales ferromagnéticos puedan ser sometidas a RM si se han incorporado biológicamente a los tejidos. Esto suele significar un período mínimo de 6 a 8 semanas antes de someter a un Stent al campo magnético de un estudio de RM. Sólo si se puede identificar con precisión que el material con que es fabricado NO es ferromagnético, es posible examinar pacientes con Stents y otros implantes inmediatamente después de su colocación. Por último, se recomienda también tener un protocolo para la evaluación de esquirlas metálicas de diferente origen, especialmente en áreas críticas o de mayor potencial de complicaciones, como en las órbitas. Estos protocolos suelen requerir de pruebas de tamizaje, proyecciones radiográficas simples o escanografía, métodos utilizados escalonadamente para la detección y localización de las esquirlas. La comunicación permanente con el centro diagnóstico permitirá evitar traslados innecesarios de pacientes, o accidentes graves por información incompleta.

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