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ODISEO: RUMBO AL PASADO

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Odiseo: Rumbo al Pasado, 4, Marzo 2002


Depósito Legal: MA-691-2002
ISSN: 1579-5705
http://www.odiseo.es.vg/

COMO APARECIERON LAS CIUDADES DEL


NUEVO MUNDO
Mª Teresa Padilla Aguilar
(Lda. en Historia)

RESUMEN: Señala cuales fueron las causas y el proceso de fundación de las ciudades. Hace un
recorrido histórico a través del territorio hispanoamericano, explicando la importancia de dichas
ciudades para el proceso de conquista y como se creó la legislación para su desarrollo

El fin primordial de toda colonización es la explotación de los recursos humanos y


naturales del espacio colonizado; secundariamente puede hablarse de la
descongestión demográfica de la metrópoli: la colonización de América por parte de
los españoles participa de estos objetivos, aunque habría que añadir alguno.

Pero lo que no ofrece dudas es que, una vez descubierto, era necesario poblar el
Nuevo Mundo para explotar sus riquezas, que desde el primer momento se
adivinaban inmensas; y para ello la Corona tomó la iniciativa de fundar ciudades.

Durante los cuatro siglos posteriores al descubrimiento de América la fundación de


ciudades fue continua. Ese proceso ininterrumpido, que muchos califican como el
más importante, trascendental, intenso,…de la historia, se inició con los
asentamientos de españoles, cuyo primer exponente fue el fuerte de la Navidad,
construido con los restos de la nao Santa María, una de las naves del descubrimiento.
A partir de entonces se produjo la sucesión de fundaciones más numerosa que en la
historia se ha dado. A finales del siglo XVIII y principios del XIX todavía España
estaba ocupando las zonas periféricas, limítrofes de California y Florida.

1. La localización de los asentamientos en América

La fundación de ciudades en América no sigue criterios caprichosos, sino que


obedece a una serie de parámetros. La elección del lugar adecuado para la fundación
era objeto de un cuidadoso estudio, para que la ciudad pudiera desarrollarse y
creciera. Dado que los colonizadores llegan a través del mar, las primeras ciudades se
instalan en parajes de fácil acceso en barco. Las primeras agrupaciones poblacionales
se sitúan en el Caribe y en el golfo de México, y las tres primeras ciudades

1
importantes estuvieron en las islas de Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico:
concretamente el primer asentamiento permanente estuvo en Santo Domingo,
fundado en 1496. Pero en las islas sólo encontraron a indígenas con un nivel de
civilización primitivo, y pocas riquezas, por lo que saltaron hacia el continente.

En la segunda década del siglo XVI se fundaron La Habana, Guatemala,


Campeche, Panamá,…con planos sencillos y prácticos, trazados a regla y cordel,
pero adaptándose al terreno.

La primera ciudad del continente fue Veracruz, en la costa. Allí llegó


Cortés, que se encontró con una serie de pueblos dominados por el imperio
azteca. La capital de este imperio era Tenochtitlán. Cortés destruyó el imperio
de los aztecas, pero mantuvo algunas estructuras anteriores, entre ellas la capital.
En el sur de América los españoles encontraron una situación bastante similar a
la del norte. Igualmente comenzaron asentándose en las costas (Caracas, Santa
Marta, Cartagena de Indias,…) en la primera mitad del siglo XVI, pero pronto
supieron que los pueblos más ricos estaban hacia el interior, en la franja andina:
allí se encontraba el imperio inca y su capital, Cuzco. Pizarro fue el conquistador
de esa zona, y también se ocupó de fundar ciudades sobre las afloraciones
mineras: Quito, Chile, Santiago,…y una nueva capital, más cercana a la costa
del Pacífico, Lima.
Se dividió la extensa zona conquistada en dos virreinatos, Nueva España,
con México como capital; y Perú, capital Lima. A su vez estos se subdividieron
en capitanías generales, y con el tiempo las capitanías generales del virreinato
del Perú se convirtieron a su vez en virreinatos: Nueva Granada, en el norte;
Perú, en la franja costera de los Andes; y Plata, que tuvo su capital en la nueva
ciudad de Buenos Aires.
En Centroamérica la conquista sufrió varias interrupciones a lo largo del
siglo XVI porque la región no tenía riqueza agrícola, ni minera. La única
fundación temprana fue Guatemala. Con la llegada de los holandeses a Jamaica
se reactivó la ocupación, ya en el siglo XVII. El norte de México tampoco
interesó en inicio, y será en el siglo XVIII cuando se conquisten Florida y
California, para frenar los avances de otras potencias europeas.
En suma, los motivos de las fundaciones urbanas son cuatro:
1.-Razones comerciales y de control de las rutas marítimas, que
interesa fortalecer. Así, se establecieron una serie de puntos a lo largo de la costa
atlántica, y luego de la pacífica.
2.-Razones económicas y agrícolas; la ciudad es el punto de inicio para
explotar el territorio, cultivarlo,…
3.-Razones militares, de defensa. Se crearon presidios, que con el tiempo
van a generar a su alrededor auténticas ciudades. En este sentido se ha llegado a
elaborar toda una teoría que considera que el avance de la colonización de
América se hizo a base de ir adelantando una línea de frontera: frontera frente a
lo indígena, a los elementos naturales, a otras potencias europeas. Así, puede
decirse que la expansión europea en las nuevas tierras descubiertas se
2
materializó en construcciones y formas de asentamiento propias de una tierra de
frontera. Muchas de ellas habían sido experimentadas en la península Ibérica,
desde la edificación a casamuro, a las torres con un recinto cerrado que sirvieron
para las guarniciones o presidios, o a los mismos conventos fortificados, pero la
magnitud de la empresa americana confirió a esas formas unas peculiaridades
que acabaron siendo propias.
Fueron las modernas formas abaluartadas, experimentadas por los
ingenieros al servicio de la monarquía española en Europa, las que se aplicaron a
la defensa de los puertos americanos, primera frontera que guardar en el proceso
de colonización y explotación de las nuevas tierras descubiertas. Los presidios
(el significado de la palabra es el de guarnición, es decir, que no implica
necesariamente una fortificación aunque a veces se haya podido emplear
indistintamente) de frontera, establecidos fundamentalmente para salvaguardar
la producción minera, acabaron convirtiéndose en ciudades con el correr del
tiempo. Ambos, presidios y fortalezas, llegaron a ser considerados en el siglo
XVI en la Península casi sinónimos de frontera, pues, como se decía, “presidiar
era hacer frontera” frente al enemigo. La misma dinámica se dio en las Indias,
aunque fuera la capacidad ofensiva de los posibles enemigos la que condicionó
la mayor o menor envergadura de las defensas.
4.-Intereses evangelizadores: con esas miras se crearon los pueblos de
indios. Los indígenas vivían bastantes dispersos, por lo que era difícil acceder a
ellos y controlarlos (fiscalmente); para solucionar este problema se crearon
pueblos para indios, separados de los pueblos de españoles, a menudo en torno a
un convento. Estos conventos tenían dos partes: la privada o clausura, y la de
evangelización (atrio, capilla abierta,…).
Hubo también barrios de indios en las nuevas ciudades. Los barrios se
diferenciaban de los pueblos en que estos estaban cercanos, pero fuera de la
ciudad (veremos que los límites de la misma se establecían meridianamente), a
la que abastecían de mano de obra. Los dos pueblos-hospitales para indios que
fundó Vasco de Quiroga hacia 1535 (en los que se ha comprobado la influencia
de la “Utopía” de Tomás Moro y en los que los indígenas se especializaron en
distintas artesanías y oficios) son una excepción en el proceso de agrupamiento
en poblaciones a que fueron sometidos los indígenas.
En general, la segregación estratificada de españoles e indígenas es clara:
podemos remitir al caso los calpullís mexicanos, o a las parroquias cuzqueñas.
Esta segregación se repetirá en otros trazados de ciudades donde los núcleos
indígenas preexistentes son localizados en agrupamientos específicos, por
ejemplo el barrio del Cercado en Lima, en Guatemala o en Potosí. Las
Ordenanzas de población no hicieron sino confirmar esa política reduccionista.
Esta división inicial fue perdiéndose en el proceso de integración social y
cultural que se observa desde la segunda mitad del siglo XVII. También se irán
diluyendo (en las grandes ciudades) los valores simbólicos y metafísicos que
precedían en el mundo indígenas las estructuras urbanas y les daban coherencia.
En el caso de los conventos (la otra estructura evangelizadora), no sólo se
concibieron en un principio como una fortaleza autosuficiente, sino que
3
determinadas construcciones pensadas para la evangelización, como las capillas
abiertas, se dieron también en los pueblos de indios de Nueva Granada,
siguiendo el modelo de Nueva España y configurando así una de las tipologías
que, con muchos precedentes peninsulares tal como ha estudiado Bonet, se
dieron en América asociadas a la idea de frontera religiosa. También es cierto
que habría que diferenciar el funcionamiento de cada orden religiosa en el
territorio, pues no fue lo mismo para los franciscanos (llegados a Nueva España
en 1524) que para los dominicos (1526) o los agustinos (1533) ni mucho menos
para los jesuitas, llegados con posterioridad y que concebían su misión dentro de
unas coordenadas claramente contrarreformistas.

2. Función de la ciudad

La fundación de ciudades marcó el avance de la expansión española en las


nuevas tierras descubiertas. Es probable que el cambio de escala espacial que
suponía la ilimitada disponibilidad de tierra en América favoreciera una política
generosa de distribución del suelo, y facilitó la amplitud de las ciudades. Esto
facilitó que las ciudades fundadas por los españoles, si bien en ocasiones se
superpusieron a las ciudades prehispánicas, en otros muchos casos fueran
ciudades nuevas. Con unas y otras se fue creando, desde el siglo XVI, una red
urbana en la que tuvieron su marco de actuación las instituciones políticas, a
través de la cual se dieron los intercambios comerciales y, en definitiva, se
desarrolló la vida durante tres siglos.
Las ciudades fueron nudos del entramado que articuló la vida
iberoamericana durante el periodo colonial. La organización urbana tenía
asignada un papel de centro de servicios para una actividad predominantemente
agropecuaria, de tal modo que su escasa complejidad sólo se manifiesta en la
intensidad de las funciones burocráticas administrativas que le son inherentes
según el rango y función en el entramado colonial.
La necesidad de conocer las nuevas tierras y de informar acerca de ese
conocimiento se materializó en una gran cantidad de imágenes que, en su
mayoría, estuvieron referidas a las ciudades. Cuando Francisco Lagarto dibujó
en 1638 el valle de México indicó las poblaciones que en él había y cuando el
capitán Pedro Ochoa de Leguiçano (que se había examinado como ingeniero de
fortificaciones en España en 1596) dibujó el puerto de Iztapa (Guatemala) en
1598, representó también parte del territorio y el camino a la ciudad, reduciendo
esta a las manzanas que formaban la plaza. Si bien estos son dos ejemplos de
cómo la ciudad se concibió en el marco de lo que fue la ordenación del
territorio, en muchos otros casos la imagen que se transmite de la ciudad la hace
aparecer casi como un ente autónomo y autosuficiente. En realidad, la noción de
ciudad equivalía a un área más amplia que la del núcleo urbanizado,
proyectándose la idea de ciudad-territorio con una jurisdicción amplia que se iba
reduciendo a la par que tenían lugar nuevas fundaciones.
La sociedad, la economía y la vida política se desarrollaron en las
ciudades desde el momento de su fundación. Cuando Francisco Hernández en
4
las “Antigüedades de la Nueva España” describió cómo era México “en el año
quincuagésimo más o menos de que fue ganada” alabó de ella las buenas casas,
las amplias vías públicas, “los mercados anchísimos y los amplios palacios
reales”, con lo cual la noción de espacio urbano que estaba transmitiendo no
podía dejar de admirar desde la Península, donde ampliar una calle o hacer una
plaza nueva podía encontrar mil dificultades. Alababa también la presencia de la
iglesia (los muchos templos, monasterios, hospitales,…), pero no olvidaba decir
cómo la engrandecían “el virrey, la Real Audiencia, los magistrados, el
arzobispo, artífices habilísimos para hacer cualquier cosa y cultivadores de las
bellas artes y de las ciencias”. El espacio para las instituciones, eso parecía ser
la ciudad.

3. La tipología de los asentamientos

Fernando Chueca Goitia establece una tipología de los asentamientos


americanos, basándose en diferencias apreciables en la traza, a pesar de que
destaca la monotonía y la regularidad de las nuevas poblaciones:
1.-Ciudades irregulares: se trata de algunas ciudades muy antiguas
fundadas sin plan preestablecido, o ciudades en parajes de accidentada
topografía, como Ixmiquilpán (México), Loja (Ecuador),... También ciudades
mineras, como Potosí (Bolivia), Guanajuato (México),…
2.-Ciudades semirregulares, muy numerosas. Son producto de la
adaptación de la rígida cuadrícula a las condiciones del lugar, a las leyes del
crecimiento,…
3.-Ciudades regulares, que son la inmensa mayoría y las que definen el
urbanismo hispanoamericano en cuanto tal.
4.-Ciudades fortificadas de trazado regular: aunque en América escasean
los trazados regulares poligonales o estrellados, frecuentes en los tratadistas
(mucho menos en la realidad) del renacimiento, a veces razones militares y la
mayor cultura técnica de los maestros de la fortificación (Antonelli, Fomento,
…) hicieron que surgieran algunas que recuerdan los modelos italianos. El mejor
ejemplo es Trujillo (Perú) con una fortificación poligonal de quince lados y
quince baluartes inscrita en un elegante óvalo (que recuerda en todo al modelo
vitrubiano de ciudad amurallada y no cuadrangular, sino subcircular, y por tanto
con un centro equidistante). El trazado de calles no es radiocéntrico sino
cuadricular. La ciudad nueva de Portobelo (Panamá) presenta un plano regular
fortificado de elegante traza, rectangular con un ángulo achaflanado.
5.-Casos singulares. Hay algunas ciudades, rarísimas, sin plaza: la
Concepción de Tucumán, Nuestra Señora de Luján (Argentina). Algunas, como
San Juan Bautista de la Rivera (Argentina), Panamá, Santa Clara (Cuba),
Portobelo (Panamá), tienen sus calles principales desembocando en la plaza en
los centros de sus lados, solución muy rara (aunque canónica) porque la plaza se
genera siempre por eliminación de uno de los cuadrados del imaginario damero.
Otros autores elaboran otra tipología, atendiendo no a la traza, sino a
características distintas:
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1.-Ciudades reutilizadas: se trata de las ciudades preexistentes sobre las
que los españoles construyeron. Sobre ciudades indígenas los conquistadores
realizaron una adaptación a estructuras hispánicas. En algunos casos, por
ejemplo Tenochtitlán o Cuzco, que eran ciudades bien trazadas, los españoles
construyeron encima, literalmente: por ejemplo sobre la plaza central del Cuzco
incaico los conquistadores construyeron su plaza Mayor, con la catedral y los
edificios ceremoniales. Caso análogo es el de Quito, y el de numerosos pueblos
de indios.
2.-Ciudades irregulares: también hubo ciudades irregulares, con calles
no rectas, sin plano reticular; pero también tienen su plaza con la catedral y los
principales edificios civiles en torno. Su irregularidad deviene o de su
nacimiento previo a las Ordenanzas, o de su forma de producción y tipo de
emplazamiento.
Dentro de este último grupo de poblaciones destacan las ciudades
mineras. La irregularidad de su trazado responde a motivos funcionales: los
habitantes se distribuyen atendiendo a la dirección de la explotación minera, y
no a criterios de ordenamiento urbanístico. Caso curioso es el de Guanajuato,
que tiene calles subterráneas para el paso de carros, mientras que las calles
peatonales están en superficie.
Hay ciudades de tipo lineal, nacidas a lo largo de caminos; y circulares,
surgidas en torno a pantanos; también se ha hablado de ciudades espontáneas,
las generadas de esa forma alrededor de un edificio principal, religioso o no.
Por último, las ciudades portuarias suelen modificar su plan original (que
puede ser perfectamente regular) trasladando la plaza a las cercanías del puerto,
o con alguna otra modificación.
3.-Ciudades fortificadas: la estructura de estas ciudades es variable,
pudiendo ser regular, pero su característica es que sus posibilidades de
desarrollo se condicionan a sus características defensivas. Casos paradigmáticos
son Trujillo (Perú) y Montevideo (Uruguay).
4.-Ciudades espontáneas: pueden coincidir con algunas otras de las
clasificadas. Se trata de ciudades que nacieron sin acta explícita de fundación,
sin rollo y reparto de solares, sin tan siquiera la traza inicial. Su nacimiento
resulta ser un lento proceso evolutivo a partir de un núcleo generador.
El edificio religioso es el elemento aglutinador más habitual en las
poblaciones rurales, donde el edificio sacro sirve de punto de referencia
dominical común. Las funciones religiosas se complementaban con la fiesta y el
mercado y pronto junto a estas capillas rurales aparecen pequeños asentamientos
que devenían en poblados: Rosario de Santa Fe (Argentina) es un caso.
También hay poblaciones que nacen de fuertes. Desde el siglo XVII la
política de avanzar fronteras contra el indio va a traer aparejada la aparición de
muchos, como Emboscada (Paraguay).
Otros núcleos de concentración de población rural serán las haciendas
agrícolas y las estancias ganaderas. El carácter autosuficiente en lo económico
que adquieren ciertos asentamientos de este tipo conduce a que se rodeen de
instalaciones complejas, que abarcan desde almacenes para la comercialización
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de productos manufacturados y materias primas, hasta edificios que vinculan la
hacienda con los habitantes de la región (capillas, por ejemplo). Tenemos los
modelos de Paysandú (Uruguay), formada en una antigua estancia de los
jesuitas, Lucre (Perú),…
Muy relacionados con las ciudades lineales están los pueblos que nacen de
postas. Jalonando los antiguos senderos indígenas o los caminos reales, en las
encrucijadas más importantes, se fueron ubicando postas donde el viajero podía
alojarse o cambiar de cabalgadura. En estos puntos neurálgicos se concentran
otros servicios (capilla, almacen, pulpería,…) que formaron incipientes enclaves
urbanos.
5.-Pueblos de indios: las normativas específicas para los núcleos
españoles eran válidas genéricamente para los asentamientos indígenas. Sin
embargo, hubo diferencias según los casos: a veces se respetaron asentamientos
anteriores a los que se añadían las nuevas estructuras edilicias de gobierno y
evangelización. Otras veces se dio amplio margen de libertad al indígena para
organizarse de acuerdo con su experiencia previa; lo más común fue subsumirlo
en el modelo indiano.
En el caso de superposición, la antigua estructura indígena sirve de marco
de referencia simbólica a la nueva ocupación española: Chincheros (Perú),
Tentenango (México),…
La realización de las reducciones indígenas del siglo XVI posibilitó la
planificación de conjunto de pueblos de indios en la región andina, donde no
sólo se definieron las trazas urbans sino que también se diseñaron las propias
estructuras arquitectónicas, como los templos. No faltó tampoco desde el siglo
XVII la concentración de antiguos poblados en crisis demográfica. En Sutatusa
(Colombia) se refundieron cinco antiguos asentamientos.
Dos casos especiales de planificación del poblamiento de indios son las
misiones jesuíticas y los barrios especiales de indios, de los que hablaremos.
Ervin Galantay establece otra tipología de ciudades coloniales,
atendiendo a la funcionalidad original de los asentamientos:
1.-Asentamientos agromilitares: su función es asegurar una frontera
disputada e indicar la intención de la potencia colonizadora de mantener una
presencia permanente. Todas las ciudades americanas “de primera generación”
son de este tipo.
2.-Centros comerciales. Son fundamentalmente ciudades portuarias cuya
función es mantener las comunicaciones con la metrópoli y redistribuir los
productos llegados desde esta, así como enviar la producción colonial.. Son
ciudades “extrovertidas”, a menudo fortificadas y por ello con alta densidad de
población intramuros.
3.-Centros regionales: sirven de mercado y centro administrativo y de
servicios a su zona. Creadas en la segunda fase de colonización, no requieren
murallas, con lo que su densidad es menor.
4.-Ciudades mineras e “industriales”: crecieron rápidamente en torno a
la explotación, y hasta el siglo XIX no se ordenaron urbanísticamente.

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4. Ritual fundacional

La fundación de la ciudad se realizaba siguiendo una ceremonia


codificada desde los tiempos de Colón, y que permaneció durante siglos. La
ceremonia se iniciaba con la toma de posesión del terreno. El fundador podía ser
un monje o un funcionario, que realizaba una apropiación simbólica del espacio
cortando hierba y ramas de los árboles del lugar. Luego el fundador retaba a los
presentes a que alguno impidiera la fundación. A continuación se procedía a
erigir en el centro de la plaza la picota, que era el símbolo de la jurisdicción y de
la justicia. Asimismo se hincaba una cruz en el lugar en el que se proyectara
levantar la iglesia principal de la ciudad.
Tras esta ceremonia al aire libre se procedía al reparto de solares, sobre un
plano previamente trazado. Se hacía la traslación de los solares, desde el plano
hasta el terreno, repartiendo a partir de la plaza; en ella se señalaban los solares
de los edificios principales. Los colonos se repartían los solares por orden
jerárquico: los personajes más importantes se quedaban con los más cercanos a
la plaza. Se seguía trazando manzanas hasta llegar a los límites de la ciudad.
En cuanto a los límites hay que decir que las ciudades no se amurallaban,
excepto en el caso de que estuvieran en la costa (a causa de los ataques de
corsarios y piratas), pero siempre había límites para la extensión de la ciudad.
Para señalarlos se dejaban algunos solares vacíos, que pasaban a posesión del
ayuntamiento; también se reservaban algunos para las órdenes religiosas,
hospitales de indios y de españoles, o mixtos; o para futuras instituciones
benéficas o colegios… Había que reservar un cinturón de terrenos libres con una
superficie tres o cuatro veces mayor que la de la trama urbana original.
Más allá de este “cinturón verde” se establecían las explotaciones
agrícolas de los plebeyos (peonerías) y los nobles (caballerías).Todo esto
quedaba reflejado en el acta de fundación.
Los primeros planos de ciudades que se conocen son un registro de los
derechos adquiridos por conquista, ya que la ciudad fue un botín de guerra. Por
eso, lo primero que se hacía al fundar una ciudad era ese reparto sobre un plano,
siendo los siguientes pasos: alzar el rollo y árbol de justicia, nombrar a los
miembros del cabildo de entre el grupo de afines al jefe de la conquista, y
señalar la advocación de la iglesia mayor. Se conocen de hecho varios planos de
fundación de ciudades con el reparto de solares y los nombres de los
beneficiados: al fundar la ciudad de Mendoza (Argentina) en 1561, se
especificaron en el plano los nombres de todos los propietarios de los solares,
reservándose el fundador de la ciudad (el capitán Pedro del Castillo) todo un
frente de la plaza mayor para sus propias casas. Se indicaba además que, de
trasladarse la ciudad de sitio, había que “mantener los solares a los vezinos y
moradores en la parte que en la traça desta los tienen azia los vientos que están
señalados”. Con ello se prevenían las consecuencias de un fenómeno frecuente,
como fue el que las ciudades cambiaran sus emplazamientos después de ser
fundadas. Ocurrió con Mendoza, con Guadalajara (en México, fundada por Juan

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de Oñate en 1531 y que se trasladó de lugar varias veces antes de 1542) y con la
Salamanca fundada en1527 por Francisco de Montejo en Yucatán.
Todas estas diposiciones previas se tomaban para garantizar la viabilidad
del proyecto fundacional. Asimismo, había que comprometer a 30 vecinos para
la fundación. Teniendo en cuenta el tamaño medio de las familias y el número
habitual de sirvientes esto implica unas 300 personas. La correspondiente planta
eneacuadrada, de unas 12 hectáreas, constaba de una plaza pública en el centro y
8 manzanas circundantes. Generalmente, cada manzana se dividía en 4 solares,
lo que da un total de 32 parcelas, de las cuales 2 se reservaban a los edificios
públicos. Más ambiciosos eran los planos del tipo de “100 vecinos” o 25
manzanas de Caracas y Mendoza. Durante los siglos XVII y XVIII se usaron
también trazados de 7 por 7 y 9 por 9 manzanas. Excepcionalmente se
proyectaban grandes trazas cuando la ciudad estaba destinada a ser una capital
virreinal, como en el caso de Lima o Buenos Aires.

6. Las ordenanzas de poblamiento

Los fundadores de las ciudades en América fueron adelantados, soldados,


políticos, administradores,… Esta diversidad en el origen de sus creadores no se
refleja en las ciudades, que mantienen una notable, que no absoluta,
uniformidad. Y esto por dos motivos principales:
1.-La tradición hispana: en España los avances de los cristianos en la
reconquista habían sido acompañados de una repoblación. Esta práctica
colonizadora será reproducida en América.
2.-La legislación que surge desde la metrópoli y que trata de dar unidad a
ese complejo proceso de colonización. Este código urbanístico tiene una fecha
de inicio, 1513, cuando la Corona promulga las “Primeras Ordenanzas de
Colonización”, que recomiendan que la ciudad tenga un trazado regular,
ortogonal. Durante el reinado de Carlos I hay una serie de reordenamientos
orgánicos que intentan mejorar todo el movimiento colonizador.
A mediados del siglo XVI se ve la necesidad de establecer un
ordenamiento que recogiera la tradición anterior y le diera unidad. El 13 de julio
de 1573 Felipe II dio unas “Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y
pacificación de las Indias” en las que, entre otras muchas cuestiones, se
enumeraban una serie de normas acerca de la fundación de ciudades que venían
a codificar una experiencia previa. Por ejemplo, entre las indicaciones
urbanísticas y arquitectónicas, se indica que las ciudades debían estar
organizadas en torno a la plaza mayor, llamada en América “plaza de armas” o
“zócalo”, plaza de forma rectangular, ya que es la más adecuada para
ceremonias y carreras de caballos, pudiendo así cumplir una función lúdica.
Estas Ordenanzas no eran las primeras, pero sí las más completas y las
que mayor repercusión tuvieron: en cualquier caso, lo que se pone de manifiesto
es una cierta preocupación urbanística en las más altas instancias del reino, que
no dejaba las decisiones al libre albedrío de los nuevos pobladores o al manejo
de las autoridades locales. Desde el momento en que la Corona supo que tenía
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ante sí un nuevo continente para poblar, su intervención se orientó siempre a
controlar las iniciativas particulares que menudearon en los primeros años tras el
descubrimiento. Sin embargo hay que constatar que las Ordenanzas sólo fueron
seguidas en aquellos núcleos originados en fundaciones expresas
En el tema de la ciudad las Ordenanzas reflejan la influencia de tratados
manejados en la Europa del XVI que remiten a modelos clásicos, siendo el de
Vitrubio el más reiteradamente citado en ese sentido, pero no el único; de hecho,
se ha discutido mucho sobre los orígenes espirituales de las ordenanzas, que
Reps calificó de “los documentos más importantes en toda la historia del
desarrollo urbano”. Stanislawski demostró que las instrucciones referentes a la
selección del lugar habían sido copiadas de Aristóteles, pero se equivocó al dar
excesivo peso a los elementos renacentistas y humanistas que sólo constituyen
embellecimientos tardíos del corpus básico. Kubler acierta al señalar que la
mayor parte de las urbanizaciones reales ya estaban realizadas en 1573, año en
que se codificaron por primera vez las diversas normas. Un factor más
importante, que suele pasarse por alto, fueron las instrucciones de los miembros
de órdenes monásticas (que dominaban el Consejo de Indias), muy influidos por
las especulaciones teológicas sobre la ciudad cristiana ideal. Esta concepción la
describe con gran precisión el enciclopédico franciscano Eiximenis en un
volumen que apareció impreso por primera vez en 1484, en el que ya se insiste
en que el templo principal o iglesia mayor se sitúe en un lugar tranquilo, alejado
del ruido y de la animación de la plaza.
Pero las Ordenanzas codifican ante todo una experiencia que pudo,
cuando menos, tanto como la teoría. Por poner un ejemplo de ello, en la
recomendación de que las carnicerías, pescaderías, tenerías,…que causaban
suciedad y malos olores se alejaran del centro de la población, coincidían lo que
aconsejaba la experiencia y la recomendación de los tratados urbanísticos del
renacimiento, sin olvidar que estos fueron a su vez el resultado de una reflexión
sobre la ciudad basada en la experiencia. Por ejemplo, una premisa general para
instalar las ciudades era buscar terrenos saludables (no sólo para el caso
americano, sino que se trata de una constante). Sin embargo no se sabía
exactamente qué era lo más deseable para una ciudad, por lo que hubo
numerosos traslados de ciudades por haberlas ubicado originalmente en lugares
insalubres. El problema principal eran las aguas y las enfermedades transmitidas
por los mosquitos.
En sentido práctico, los antepasados directos de las fundaciones
americanas son la ciudad-campamento de Santa Fe de Granada (1492) y las más
antiguas villas agromilitares de la reconquista peninsular, basadas en los trabajos
medievales de castramentación. Sin embargo las primeras fundaciones
americanas no presentan referencias inequívocas al modelo de Santa Fe, y sólo
la traza de Santo Domingo, replanteada por Nicolás de Ovando a principios del
siglo XVI presenta cierta regularidad. Y eso porque construir la ciudad de
acuerdo a un modelo preconcebido era algo absolutamente ajeno a la práctica
habitual del diseño urbano, donde pesaba más el crecimiento espontáneo (como

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en la edad media, alrededor de núcleos generatrices: castillo, iglesia,…) que la
planificación.
No siempre hubo coincidencia entre teoría, norma y realidad. En concreto,
para la plaza se indicaba en las Ordenanzas unas medidas que daban para el
largo una vez y media el ancho de dicha plaza, por ser esa la mejor proporción
para “las fiestas de a cavallo y cualesquiera otras que se hayan de hazer”. Con
esto se estaba siguiendo casi literalmente lo que Vitrubio había escrito en su
libro V, que aconsejaba también esa medida por ser la más cómoda para los
espectáculos, pero rarísima vez se encuentra una plaza rectangular en las
ciudades hispanoamericanas, pues suelen ser cuadradas por lo lógico que
resultaba tirar entonces, a partir del espacio de la plaza, las líneas de la
cuadrícula para las manzanas. Además, salvo en casos de grandes plazas, como
la de Puebla, en las que las fuentes no entorpecían el desarrollo de espectáculos
públicos, lo frecuente fue que tanto la fuente como la picota o rollo estorbaran
de algún modo esa finalidad de la plaza como escenario para las fiestas que se
establecían en las Ordenanzas del año 1573. Una síntesis de lo que fue la plaza
en la ciudad hispánica se puede ver en el plano de Tlaxcala de 1585, en el que
además de los edificios de gobierno, soportales y fuente aparece la picota,
compañera siempre de la fundación de una ciudad.
Otra muestra de cómo las famosas Ordenanzas no fueron seguidas
exactamente es que, a pesar de que en ellas se indicaba la conveniencia de que la
iglesia mayor no estuviera en la plaza sino en lugar más aislado para que así se
pudiera apreciar mejor su grandeza (lo cual puede recordar algunas
apreciaciones de Francesco di Giorgio Martini), lo cierto es que fue la plaza
mayor su lugar natural, aun cuando su fachada principal diera en algunos casos a
una plaza secundaria.
También en las Ordenanzas de 1573 se indicaba que “toda la plaça a la
redonda y las quatro calles prinçipales que dellas salen tengan portales porque
son de mucha comodidad para los tratantes que aquí suelen concurrir”, pero los
soportales rara vez definieron todo el espacio de una plaza y sus calles
adyacentes, aunque sí es característico de toda plaza mayor hispánica que
ocupen uno, dos, tres o sus cuatro lados. Tal como ha apuntado Bonet, si bien
los soportales se pueden relacionar con una tradición urbana proveniente de la
antigua Roma, no es menos cierto que en España quedan ejemplos famosos de
calles medievales con soportales y que los pórticos de algunas iglesias
medievales (que sirvieron de lugar de reunión a los concejos) podrían ponerse en
relación con los soportales de los cabildos que en América tuvieron también su
lugar en la plaza mayor.
Hubo otras Ordenanzas en tiempos de Felipe II, las “Ordenanzas de
descripción”, realizadas mediante una encuesta en América: las respuestas al
cuestionario planteado se remitían a España para que integraran un libro que
describiría las Américas, pero ese libro no se publicó hasta el siglo XIX. La
encuesta iba acompañada de planos de ciudades, dibujos de edificios,…
Las Ordenanzas estuvieron vigentes un siglo, al cabo del cual se creyó
conveniente realizar unas nuevas, que fueron publicadas en 1681, bajo Carlos II:
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fueron la “Recopilación de las leyes de Indias”, que a su vez estuvieron vigentes
hasta la independencia de América.
Además de esta legislación general hay numerosas disposiciones
municipales que tienen especial valor desde el punto de vista artístico.

BIBLIOGRAFÍA

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2ª ed.
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ODISEO, RUMBO AL PASADO


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