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(Vannes, 12 de enero de 1940), es un economista francés reconocido


defensor e investigador del sistema económico denominado decrecimiento.1

  
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J 1 Datos biográficos
J 2 Obras
J Ô Referencias
J 4 Enlaces internos
J  Enlaces externos

    


Nació en Vannes en 1940, vive en París y es profesor emérito de Economía en la
Universidad París-XI[1]. Está casado y tiene tres hijos.

Se define como objetor del actual modelo de crecimiento económico. Defiende un


cambio de dicho modelo. Mantiene que el actual crecimiento económico es insostenible
y hay que frenarlo y decrecer.2

Sus propuestas de decrecimiento coinciden y se apoyan en las del también economista


rumano Nicholas Georgescu-Roegen.

En 1998 recibió el Premio europeo Amalfi de sociología y ciencias sociales


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El activista francés ataca la adicción al consumo
de la sociedad occidental y propone una serie de medidas para frenarla
En los últimos años, el francés Serge Latouche se ha convertido en el portavoz y el
referente más conocido de la filosofía del decrecimiento, una crítica constructiva al
paradigma imperante de crecimiento ilimitado. Escritor, articulista y activista de la
simplicidad, Serge Latouche ha visitado recientemente España y ha dedicado unos
minutos de su apretada agenda a Integral.
El movimiento del decrecimiento que representa nació a finales de los años 70 de la
mano de pensadores críticos con el desarrollo y la sociedad de consumo como Iván
Illich, André Gorz, Cornelius Castoriadus o François Partant, pero es hoy cuando
sobresale más que nunca como un proyecto social, económico y político frente a la
sociedad del perpetuo crecimiento. Y ello es así porque son muchas las razones que en
el momento actual cuestionan la lógica del crecimiento económico. Por un lado,
padecemos una crisis de diversa índole (económica, financiera, ecológica, social,
cultural«) y, por otro, el aumento de nuestra renta per cápita en los últimos decenios ha
corrido paralelo a una aparente disminución de nuestro grado de satisfacción vital. Por
poner un ejemplo, sólo en 200 los franceses adquirieron 41 millones de cajas de
antidepresivos, mientras que el 49% de los norteamericanos aseguraba que la felicidad
se hallaba en retroceso, frente a un 26% que consideraba lo contrario.
Existen razones suficientes, por lo tanto, para revisar de manera profunda el actual
modelo de progreso y ver si revierte en justicia y en dicha para todos. Eso es,
esencialmente, lo que propone Latouche a través del movimiento del decrecimiento. ³Es
un eslogan provocador ±puntualiza el economista± que aglutina a los ateos de la religión
del crecimiento y a los agnósticos del progreso con el objetivo de romper el lenguaje
estereotipado de los adictos al productivismo.´
El punto de partida es el siguiente: las sociedades occidentales se han hecho adictas al
crecimiento y la capacidad regeneradora de la Tierra ya no puede atender nuestra
demanda. El mejor indicador para calibrar esta desproporción es la huella ecológica, que
mide la superficie del planeta necesaria para mantener las actividades económicas. Dada
la actual población de la Tierra, para ser sostenibles se considera que cada uno de
nosotros debería limitarse a consumir 1,8 hectáreas de ese espacio bioproductivo. Sin
embargo, para sostener nuestro actual nivel de vida, los españoles, por ejemplo,
necesitamos cinco hectáreas por persona y año. Si todos los habitantes del planeta
vivieran como nosotros, harían falta tres planetas, y seis, si tomáramos como referente
el modelo de vida de Estados Unidos. La mayor parte de los países africanos, por el
contrario, consumen menos de 0,2 hectáreas de espacio bioproductivo, una décima parte
del planeta. Ésta es la advertencia que lanza Serge Latouche: ³Si de aquí a 200 no
modificamos esta trayectoria, la deuda ecológica corresponderá a Ô4 años de
productividad, o a Ô4 planetas.´

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Para reducir la huella de nuestros excesos, los defensores del enfoque decreciente
abogan por producir y consumir de una manera distinta. Frente al temor de sus
detractores, que se echan las manos a la cabeza porque creen que decrecer significa
retroceder a la Edad de Piedra o a la Edad Media, Latouche responde: ³Para Europa, y
para España en concreto, volver a la impronta ecológica de los años 70 no significa
regresar a las cavernas. En los 70 comíamos igual o incluso mejor que hoy. Ahora
consumimos tres veces más petróleo y energía para producir las mismas cosas que
entonces. La diferencia es que el yogur de hoy, por ejemplo, no tiene nada que ver con
el yogur que consumíamos hace Ô0 años. El de antes se hacía con la vaca del vecino y el
de ahora lleva 9.000 kilómetros detrás. Sin contar que pagamos por otros servicios
incorporados, como el embalaje y el envasado. La clave está en producir y consumir a
nivel local, además, claro, de limitar la tendencia actual al hiperconsumo.´
Sin embargo, recortar nuestro consumo no es la receta que gobiernos y empresarios
insisten en prescribirnos. ³Nuestros gobiernos ±señala Latouche± están cerca de la
esquizofrenia porque saben perfectamente que el sistema camina hacia el colapso. El
síntoma más evidente es el cambio climático, pero también la extinción acelerada de
especies, la propagación de enfermedades relacionadas con la contaminación y el
declive que a la larga comportará el fin del petróleo. El problema es que los políticos no
han sido elegidos para cambiar el sistema. El poder no les pertenece a ellos, sino a las
grandes empresas transnacionales que actúan como los traficantes de la droga
alimentando nuestra adicción al consumo para perpetuar así la lógica del sistema. No
son capaces de imaginar otro modo de vida. El crecimiento negativo que vivimos es
dramático, pero hay que relativizarlo. Recibimos mucha propaganda mediática con el
fin de volver a comenzar y repetir los mismos errores. Berlusconi, por ejemplo, ha
llegado a expresar que debemos renunciar a Kioto para relanzar la industria
automovilística. Está claro que hay que frenar el desempleo, pero el primer paso en la
lógica del decrecimiento sería reducir el tiempo de trabajo.´
En efecto, compartir el trabajo y aumentar los placeres es una de las claves en la receta
del decrecimiento. Sus pensadores advierten de que no se trata de desmantelar el
sistema de un plumazo, sino de iniciar un proceso de transición para reducir ciertos
sectores industriales ±automovilístico, militar, aviación y construcción±, revisar la
durabilidad de los productos, fragmentar el espacio monetario, relocalizar la
producción, disminuir en dos tercios nuestro consumo de recursos naturales y generar
más empleo verde, entre otros cambios posibles. Trabajar menos y de otra manera
puede significar, desde la óptica decreciente, reapropiarnos del tiempo, reavivar el gusto
por el ocio, recuperar la abundancia perdida de sociedades anteriores y permitir el
florecimiento de los ciudadanos en la vida política, privada y artística, así como en el
juego o la contemplación. ³Lo que es absurdo es pedirle a un trabajador que hace 60
horas semanales que se lea los 600 folios del futuro Tratado Europeo. ¡Eso es una
caricatura de la democracia!´, ironiza Latouche.

  
Otra parodia es el concepto de crecimiento o desarrollo sostenible que ha centrado el
discurso ambientalista de los últimos 20 años. ³Es significativa la ausencia de verdadera
crítica a la sociedad de crecimiento en la mayoría de los discursos medioambientalistas,
que se van por las ramas con planteamientos sinuosos sobre el desarrollo sostenible.
Éste ha encontrado su instrumento favorito en los mecanismos de desarrollo limpio,
tecnologías que ahorran energía o carbono bajo forma de ecoeficiencia, pero seguimos
en el campo de la diplomacia verbal porque el desarrollo sostenible, en el fondo, no
pone en duda la lógica suicida del desarrollo. El ecocrecimiento ±asegura Latouche± es
objetivo del nuevo capitalismo verde, del márketing y de lo mediático.´
El decrecimiento, por el contrario, se plantea como un cambio profundo de paradigma y
como una modificación de las instituciones que lo conforman a favor de una solución
razonable: la democracia ecológica. Ya trabajan para ello numerosos grupos locales que
se autogestionan para decrecer en toda Europa y también nuevas iniciativas que se
proyectan en la misma línea.
³Si yo decido reducir mi consumo de petróleo, pero mi vecino no hace lo mismo, el
resultado que produciré es que él tenga más petróleo para consumir, pero no habrá un
cambio sustancial importante a nivel global. Por ello ±sugiere Latouche±, son mejores
las iniciativas colectivas, como los grupos de familia que se organizan para que la huella
ecológica del colectivo disminuya. Este tipo de experiencias son mucho más
interesantes.´
Una de las propuestas más novedosas es la que se engloba bajo el movimiento de
Ciudades en Transición, que ha empezado en Inglaterra e Irlanda y que utiliza el
concepto de ³resistencia´ para valorar la capacidad de un grupo o de un sistema para
resistir los cambios en su entorno, tales como el declive del petróleo o el aumento de la
temperatura. En opinión del economista, ³se trata de reabrir el espacio para la inventiva
y la creatividad dependiendo de los valores y de los objetivos de cada sociedad. El
decrecimiento es un sueño de hoy, pero hay que trabajar para convertirlo en realidad
mañana´.

      


Es necesario hacer frente a la desmesura del sistema, que se podría traducir en la raíz
³hiper-´ de ³hiperactividad´, ³hiperdesarrollo´, ³hiperproducción´,
³hiperabundancia´« Para conseguirlo, el movimiento del decrecimiento propone
aplicar las ocho ³R´:
Revaluar. Sustituir los valores dominantes por otros más beneficiosos. Por ejemplo,
altruismo frente a egoísmo, cooperación frente a competencia, goce frente a obsesión
por el trabajo, humanismo frente a consumismo ilimitado, local frente a global, etc.
Reconceptualizar. Significa mirar el mundo de otra manera y, por lo tanto, otra forma de
interpretar la realidad, que pasaría por redefinir conceptos como los de riqueza-pobreza
o escasez-abundancia.
   Adaptar el aparato de producción y las relaciones sociales en función
de la nueva escala de valores.
    Producir localmente los bienes esenciales para satisfacer todas nuestras
necesidades.
     Implicaría, básicamente, un reparto distinto de la riqueza.
   Hacer lo posible para disminuir el impacto que tienen en la biosfera nuestras
maneras de producir y consumir, además de limitar los horarios de trabajo y el turismo
de masas.
      La mejor forma de frenar el despilfarro y alargar el tiempo de
vida de los productos.
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[edit] 'Buy Nothing Day'

Buy Nothing Day occurs on the Friday following Thanksgiving Day in the United
States. This is the unofficial first day of the Holiday shopping season. Typically retail
stores offer goods for dramatically reduced prices, prompting consumers to buy more.
Buy Nothing Day is a rejection of this unabashed consumption.

[edit] Degrowth Vancouver

More than Ô00 people gathered in Vancouver from 29 April till 2 May 2010 to envision
a healthy society without an expanding economy.[19][20]

     
[edit] Liberal critique

Supporters of economic liberalism believe that economic growth brings about the
creation of wealth, by increasing employment, improving quality of life, and providing
better education and healthcare, in other words, there should be more resources in order
to make and improve on more things. From this point of view, degrowth constitutes
economic recession and is a destroyer of wealth.

An additional liberal criticism of degrowth is that progress is increasingly linked to


knowledge rather than the use of physical resources, and that the progress of technology
will solve the world's environmental problems. Free-market environmentalism is a
position that argues that most environmental problems are caused by a lack of property
rights and the extension of such to include externalities.

[edit] Self-regulation of the market

Supporters of the self-regulation of the market believe that if a particular non-renewable


resource becomes scarce, the market will limit its extraction via two mechanisms:

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This position argues that allowing market forces to take effect is the most rational way
of solving the problem, and consider that these forces are more efficient than centralized
decision systems (see economic calculation, dispersed knowledge, tragedy of the
commons). Market capitalism can take advantage of the exploitation of energy sources
that were not economically viable 10 or 20 years prior, because under new conditions
the required economic growth will necessitate their use.

In response to the theories of Georgescu-Roegen, Robert Solow and Joseph Stiglitz


noted that capital and labor can substitute for natural resources in production either
directly or indirectly, ensuring sustained growth or at least sustainable development.[21]

[edit] Creative destruction

The concept of degrowth is founded on the hypothesis that producing more always
implies the consumption of more energy and raw materials, while at the same time
decreasing the size of the labor force, which is replaced by machines. This analysis is
considered misleading from the point of view that technological progress allows us to
produce more with less, as well as provide more services. This is what is known as
creative destruction, the process by which the "old" companies from a sector (as well as
their costly and polluting technologies) disappear from the market as a result of the
innovation in that sector that brings down costs while consuming less energy and raw
materials in exchange for increased productivity.

At the same time, this reduction in costs and/or increase in profits increases the ability
to save, which simultaneously allows for investment in new advances, which will
replace the old technologies.

[edit] Marxist critique

Marxists distinguish between two types of growth: that which is useful to mankind, and
that which simply exists to increase profits for companies. Marxists consider that it is
the nature and control of production that is the determinant, and not the quantity. They
believe that control and a strategy for growth are the pillars that enable social and
economic development. According to Jean Zin, while the justification for degrowth is
valid, it is not a solution to the problem.[22]

[edit] Third world critique

The concept of degrowth is viewed as contradictory when applied to lesser-developed


countries, which require the growth of their economies in order to attain prosperity. In
this sense the majority of supporters of degrowth advocate the attainment of a certain,
acceptable level of well-being independent of growth. The question of where the
balance lies (i.e. how much the developed nations should degrow by, and how much the
developing nations should be allowed to grow), remains open.

[edit] Technological critique

Supporters of scientific progress argue that it will solve the problems of energy supply,
waste and the reduction of raw materials. This ideology draws inspiration from the
Enlightenment to develop an optimistic technologist vision. They point to the reduction
in the relation between energy consumption and production (or energy intensity) over
the past twenty years. They propose that research into nuclear energy could provide
temporary energy alternatives to the oil crisis, while technologies such as nuclear fusion
come online.

This argument is contrasted by the data obtained by the Global Carbon Project in 2007,
which notes the stagnation in the aforementioned decrease in energy intensity, which is
one of the variables of the Kaya identity, which tends to show that either the economic
downturn, or demographic decline are essential to prevent ecological disaster.

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