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Darío Fernández Faucón

Cobi ha muerto

¿Cuál es el primer principio de la doctrina sagrada? Un enorme


vacío y nada sagrado dentro. De la leyenda de Bodidharma.

Charles Landry califica Barcelona, en PopCity Media, de “obra de arte


viviente”, haciendo referencia a su vibrante vida urbana, un arraigado sentido
del diseño y de la calidad de vida. Un elevado nivel de creatividad que requiere
de un liderazgo fuerte y visionario. Ese liderazgo procedente de la Transición y
de la conversión de una estructura industrial en una urbe terciarizada,
desemboca en un enorme orgullo de pertenencia de la población con una fecha
muy clara como apertura a la modernidad y la postmodernidad urbana: 1992.
En efecto, los Juegos Olímpicos supusieron el fin del retraso franquista y una
mirada desenfadada y proactiva hacia el mundo, un deseo de empuje, de
creatividad y vanguardia que, aún hoy, caracteriza el espíritu de la ciudad.

Una imagen, sin embargo, queda gravada en las retinas de muchos


barceloneses. El adiós de Cobi en un barco, surcando por el cielo barcelonés,
en la clausura de los JJOO, alejándose en el horizonte y despertando a la
ciudad del sueño. Hoy, podemos decir que la despedida de la mascota era
mucho más profunda que una mera escenificación lacrimógena y simpática de
los mejores días de nuestras vidas. Una marcha que aún no se ha superado
por la política cultural de una ciudad que se agarra a tiempos felices planeando
unos nuevos Juegos, en este caso, de Invierno.

Durante todo este tiempo, Barcelona, a pesar de la melancolía olímpica, no ha


querido quedarse quieta. Al contrario, ha potenciado el hito del 92 para explotar
todo su potencial con una línea de visualización muy clara patentada a través
del modelo Barcelona y la marca BCN. Grandes eventos, ansias de
vanguardia, exploración de los caminos e industrias creativas, una identidad
forjada en el cosmopolitismo y el turismo de crecimiento exponencial, la
inserción de la ciudad en los grandes circuitos culturales del mundo (como hub
arquitectónico, creativo, musical,…). De la “Barcelona, posa’t guapa”, a la
“Ciutat del disseny”, pasando por la sintomática “Barcelona, la millor botiga del
món”. Una propaganda institucional, urbanística y cultural que ha encontrado la
complicidad de unos medios de comunicación que han hecho suyos los
eslóganes que posicionaban a Barcelona como the place to be.

Los medios de comunicación han canalizado las ansias y éxitos de una ciudad
que ha acabado siendo un ejemplo en el urbanismo internacional, que como
publica el Spiegel (por poner sólo una muestra) es sinónimo de “sensaciones y
sensualidad”, en un artículo que repasa la experiencia olímpica, el carácter
puntero del 22@, el cine de Woody Allen en la ciudad condal o el cultivo de
“profesionales de élite” en el campo creativo. Un buen ejemplo de la estrategia
poliédrica de una ciudad que subió al escenario mundial en los 90, y ha mutado
en un esforzado hombre orquesta que se resiste a salir de él.

A lo largo del blog, ya hemos analizado cómo los medios de comunicación


viven del dinamismo continuo, de la generación constante de estímulos
vendibles, publicables, generadores de contenidos, capaces de provocar
estados de opinión, de seguidores, de debate político… En este sentido, la
energía barcelonesa nutre de forma constante una sociedad civil y unos medios
de comunicación que, como los espermatozoides, si decide parase en su
carrera diabólica, muere sin haber fecundado nada. Es por ello que el
transformismo camaleónico de la ciudad, su efervescencia y su regeneración
urbana son una buena señal de negocio para una industria mediática que vive
de la novedad, del movimiento de ideas, personas y capitales. Un sector que
respira el flujo de los acontecimientos (de las noticias, de la publicidad
generada, del debate público) y se ahoga en el quietismo.

Los medios de comunicación, en este sentido, mantienen unos criterios y una


capacidad líquida y dinámica idéntica a Barcelona como modelo de ciudad
cambiante que no puede permitirse el lujo de dormirse y dejar de generar
nueva (sobre)información. La persecución de las tendencias y la modernidad
en base a la festivalización, el turismo de experiencia, la gentrificación, etc, son
valores que los medios de comunicación se hacen suyos, como doctrina a
seguir y asumiendo la cultura como recurso para resolución de conflictos y
base de explotación económica. En este punto, los medios asumen el discurso
hegemónico del modelo Barcelona, el mismo que resuelve los problemas
barriales a golpe de museo contemporáneo, que diversifica económicamente
una zona fabril de Barcelona montando un mercantilizado foro de encuentro de
culturas, que llena las calles de juguetes arquitectónicos de prestigio
internacional o que habilita una gran fiesta de música avanzada para colgarse
medallas de progresía sociocultural.

Los medios convergen con las políticas urbanísticas en difundir una ciudad
proyectada (marca BCN), una ciudad creativa (con la difusión y promoción de
industrias culturales de diversa índole) y una ciudad construida (arraigada en
un territorio concreto, con una visualización determinada y con un proceso de
gentrificación evidente). Una explosión económica y marketiniana que interesa
por intereses informativos, económicos y de lobby (relaciones con empresarios,
artistas, inversores, clientes, relaciones públicas, programadores, mecenas…).
Una alineación con el masterplan urbano que asume plenamente la cultura
como herramienta de progreso de forma acrítica, y que sólo saca a pasear la
dialéctica en cuanto ésta implica batallas políticas.

Con un rol decimonónico, los medios de comunicación reflejan las luchas y


análisis políticos de las decisiones culturales, pero nunca el modelo
prestablecido y asumido por todos, que no es otro que la instrumentalización de
la cultura con fines que la política ha renunciado a perseguir a cara
descubierta. Se exige un espíritu crítico más profundo que ponga en duda los
cimientos de la ideología urbana, y no tanto los efectos políticos que originan.
En definitiva, falta una enriquecedora mirada sociológica al fenómeno urbano
en lugar de la personalización de su gestión política. Una costumbre ancestral
de los medios de comunicación que miran los árboles mientras éstos tapan el
bosque. Faltan artículos sobre la sostenibilidad del sistema, las tensiones
sociales originadas, la definición y usos de cultura,… y no tantos textos
valorativos en torno al oportunismo, o no, político a la hora de ejecutar acciones
que no son otra cosa que contraindicaciones de un plan urdido con mucha
anterioridad.

Volviendo a la connivencia de los medios con la base hegemónica del


planeamiento urbano de Barcelona, y habiendo mostrado como éstos bañan de
prestigio a instituciones y personalidades que refuerzan el modelo de la ciudad
(el “relato” mascarelliano), cabe felicitar la impagable tarea de mantener a la
ciudad en el escaparate. Un candelero que se queda a menudo en la corteza
(imagen) y elude lo máximo posible el núcleo (identidad) de los intereses
económicos, inmobiliarios, sociales, etc.

Pero no caigamos en la trampa de demonizar de forma apriorística un caso de


éxito, revitalización y efervescencia sociocultural. A nadie le amarga el dulce de
ver a Barcelona incluida en campos en los que, años atrás, jamás hubiera
soñado gozar de visibilidad. ¿Alguien podría imaginarse a Batman luchando
contra el dragón de Sant Jordi y sobrevolando la Sagrada Familia? ¿O poder
echar unas partidas a un videojuego de coches (Blur), circulando a toda
velocidad por el Carmel? Más evidente es la repercusión fílmica que ha
experimentado Barcelona, ya señalada en el mapa mundial pese a no ser
capital de estado. Como analizábamos en otro post, Barcelona se asocia a
vitalismo, festividad, mediterraneidad, placer y libertad. Un escenario en el que
cumplir tus sueños a través del (sobre todo) turismo. Una fama recogida no
sólo por el cine como medio de comunicación per se, sino por todo el resto de
cabeceras fascinadas por el propio eco que generan. El problema surge, no
obstante, cuando ese positivismo está más orientado al visitante que al
residente, que siendo habitante de un entorno tan estimulante también es
capaz de tener sus demandas al respecto. Como citábamos en otro post, “una
ciudad muchas veces más enfocada en su imagen (su proyección vivencial)
que en su identidad (su gestión convivencial)”.

Esforzándonos para no caer continuamente en el pesimismo o un sentido


demasiado apocalíptico de la experiencia urbana, cabe reconocer la minuciosa
y exitosa tarea de la ciudad y los medios de comunicación, como aparato de
difusión, para potenciar las industrias creativas. Sin ánimos de entrar en la
precariedad del sector creativo (hecho que atañe a una perspectiva más global
que la barcelonesa y, por lo tanto, no abordable en este blog) podríamos citar
varios: el diseño gráfico, el marketing, la edición, la generación de contenidos
multimedia, la música, la moda e, incluso, como hemos dedicado en un blog, la
alta cocina. Ésta última, precisamente, paradigma de sector creativo que
combina la sacralización de nuevos artistas (que se emplean en los fogones),
el estímulo al consumo en una extensa red de restaurantes, la inclusión de la
cocina en las secciones periodísticas de Cultura, y el activo papel de los
medios como prescriptores de tendencias y difusores de una oferta en auge.
Encomiable es, por otra parte, la pasión con la que se defienden ferias tan
estratégicas y alineadas con los valores de Barcelona como la moda de The
Brandery o las últimas tecnologías del Mobile World Congress, ambas
beneficiarias de una gran atención mediática, que las consideran eventos que
huelen a futuro, y por lo tanto, elogiables sin fisuras. Es por ello que no es
extraño ver suplementos especiales en los diarios (y su consiguiente beneficio
económico a través de publicidad) anunciando el desembarco de coolhunters
de la moda urbana o gurús de la telefonía celular. ‘Chances for changes’ es el
lema, precisamente, de The Brandery. Oportunidades para cambiarse, como lo
hacen los reptiles, de piel. Una vez más, la necesidad de movimiento en esa
huida hacia adelante que es la modernidad. Estímulos para unos ciudadanos
que tienen en la creatividad y la innovación su particular droga para seguir
consumiendo en la ciudad, para ser auténticos prosumers de lo que es la urbe.
Para ello, se requiere de ferias, festivales y eventos para escenificar, como en
una misa pagana, la evidencia de estar “al día”, de formar parte de una
comunidad que mira hacia delante y que se reinventa a través de la cultura del
ocio y el consumo identitario. Una colectividad que, por su parte, también utiliza
la cultura como recurso, en este caso de evasión de una cotidianidad muchas
veces demasiado precaria, como bien ejemplifican los tan cool como
deprimidos personajes de En la ciudad de Cesc Gay.

Pero ¿hacia donde se dirige la autodenominada Ciutat del disseny? El Avui del
31 de enero de 2011 se hace eco del debate que se genera en las cabezas
pensantes de la ciudad. Se busca una nueva vuelta de tuerca en la
profesionalización de la marca BCN (local branding) y su posicionamiento
económico (es decir, buscar los réditos crematísticos de la intangiblidad
asociada a la ciudad). Se revela, además, que se ha encargado un ambicioso
estudio al Centro de la Marca de Esade para estudiar el city marketing de
Barcelona y calibrar la imagen y los valores que la gente asocia a la ciudad, en
gran medida analizando el discurso de los líderes de opinión. En definitiva,
consumo simbólico de capital cultural y explosión económica de la creciente
terciarización de la ciudad. Un ejemplo reciente, la creación de días de
consumo a través de medidas de estímulo para “vivir” la ciudad en teatros,
cines, hoteles, salas de conciertos y restaurantes con la BCN Opportunity
Week; iniciativa que quiere revitalizar las industrias culturales de la ciudad y
que ha gozado del aplauso y atención unánime de los medios de comunicación
(El Periódico del 28 de enero de 2011). Barcelona vuelve a ser, “la millor
botiga del món” enlazando de nuevo el consumo y el ocio con la sostenibilidad
de sus sectores (creativos). ¿O es, acaso, baladí, por poner un ejemplo más,
que la Ruta del Disseny marcada por el Ayuntamiento de Barcelona y la FAD,
no sólo acoja arquitectura, sino también bares, restaurantes y tiendas de
shopping?

Todo lo indicado hasta ahora, sobre la función de los medios de comunicación


en el mantenimiento, difusión y robustez del modelo Barcelona y su marca
asociada, lo podríamos sintetizar en cinco puntos:

1. - Los medios de comunicación canalizan el discurso hegemónico de una


Barcelona cuyo modelo y marca es incontestable en aras de ser un nodo
de referencia mundial del avance urbanístico y cultural, aplicando una
crítica política poco audaz con la base del sistema.
2. - Los medios de comunicación vertebran en su discurso la llamada al
gasto cultural (masivo) y el apoyo a las emergentes industrias creativas
de explotación económica.
3. - Los medios de comunicación explotan su fascinación por lo novedoso
y lo dinámico para confraternizar con una determinada imagen urbana y
la adhesión a valores de vanguardia y progresía civil.
4. - Los medios de comunicación ponen en contínuo valor el creciente
capital simbólico de la ciudad con su comercialización a través de la
experiencia y la festivalización por interés de estímulo informativo y
económico-industrial.
5. - Los medios de comunicación, a pesar de vertebrar crítica ciudadana,
tienden a idealizar una ciudad (festiva, libre, creativa…) que utiliza el
recurso de la cultura para gentrificar su propia iconografia y fisonomía, y
competir con otras urbes punteras del mundo en el mercado de city
marketing.

A favor: efervescencia de las industrias creativas, presencia y visibilidad en la


Liga de las grandes ciudades, búsqueda del impacto económico positivo. En
contra: falta de análisis de los efectos y límites de la cultura como arma de
gestión política y de cohesión urbana, superficialidad de la marca BCN frente a
la realidad territorial y vecinal, obsesión acrítica y ciega respecto la modernidad
como continente más que como contenido. En todos estos puntos, hemos
intentado demostrar cómo los medios de comunicación tienen un papel
evidente y decisivo.

Despediremos estas conclusiones con dos documentos que nos ponen en


alerta sobre el presente y futuro del modelo Barcelona. Uno es la carta (no
exenta de oportunismo, cabe reconocer) de Josep Bohigas a Javier Mariscal,
negándose el primero a escribir el prólogo de la biografía del segundo por
razones de índole personal y de decepción hacia la ciudad que su gremio ha
contribuido a crear. Bohigas denuncia que “hemos pasado en pocos años del
barcelonismo, basado en el optimismo transformador y en un incipiente
patriotismo urbano, a la barcelonitis, una infección e inflamación exagerada de
ese orgullo”; una urbe que elude cualquier atisbo de conflictividad.

El otro texto, es el artículo de Antoni Puigverd en La Vanguardia del 17 de


mayo de 2010 titulado ‘Decadencia de una visión de Barcelona’, en la que
recita una letanía de una ciudad que “ha fatigado los dientes del barcelonés
más entusiasta. La visión de la Barcelona abierta al mar y al mundo, lúdica y
simpática, solidaria con todas las causas, pacífica y bailonga, envejeció con
aquellos que la idearon”. “Una Barcelona con mucha música pero sin letra”.

En ambos textos (a pesar de estar publicados en entusiastas medios de


comunicación) se alude al cadáver olímpico de Cobi; esa mascota que trajo la
ilusión, nos contó el secreto del éxito, pero acabó difuminándose en el
firmamento para no volver. Una criatura que, en lugar de ver publicada su
esquela en los diarios, éstos aún le utilizan como argumento de autoridad,
como palabra sagrada. Sin embargo, jugando y reinterpretando con la leyenda
del Bodidharma, el mítico monje zen, la sacralización esconde el vacío y, por
consiguiente, o nos lanzamos ciegamente a los brazos de una doctrina de falsa
infalibilidad, o revisamos nuestras creencias y actos de fe para no caer en la
celebración de la vacuidad. Si Zaratustra bajó de las montañas para decirnos
que Dios había muerto, quizá alguien (¿los medios de comunicación como
guardianes de la vida pública?) debería sugerir que la idea eufórica que trajo
Cobi, se fue con él a bordo de un inflable barco de papel.

Darío Fernández Faucón


anastasiamediatica.wordpress.com
Febrero de 2011