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Sin palabras.

Notas sobre la
inexistencia del término ‘suicida’
en el latín clásico y medieval

Alejandro Morin [Universidad de Buenos Aires]

a palabra ‘suicida’ (y sus

L
Resumen: La palabra ‘suicida’ prácticamen-
te no se registra hasta el siglo XVII, lo que
obligaba al uso de perífrasis o a recurrir a derivados latinos y ro-
términos emparentados desde cierta lógica
pero que, con su historia a cuestas, aca- mances) prácticamente
rreaban otros sentidos que excedían al de
una aséptica noción de muerte autoinfligida.
no se registra hasta en-
El objetivo del trabajo es problematizar trada la Edad Moderna.
la inexistencia de este término en el latín
clásico y medieval, abordando las interpre- El objetivo de este tra-
taciones ya ensayadas en algunos trabajos
dedicados a la historia del suicidio en la
bajo es problematizar
Antigüedad y en la Edad Media. la inexistencia de este
Palabras clave: suicidio - homicidio - léxico término en el latín clásico y medieval,
- latín clásico - latín medieval. abordando las interpretaciones ya en-
sayadas en algunos trabajos dedicados
No words. Notes on the inexistence
of the term ‘suicida’ in Classical and a la historia del suicidio en tiempos an-
Medieval Latin tiguos y medievales.
Abstract: The word ‘suicida’ is not practical- En efecto, hasta mediados del si-
ly detected until the XVIIth century, and this
fact explains the forced use of periphrasis or glo XVII las ocurrencias del vocablo
related terms that accomplished on the one
hand the function of designing suicides but
‘suicida’ o similares en las lenguas oc-
involved on the other senses that exceeded cidentales son casi nulas. Hasta hace
an aseptic notion of autoinflicted death. The
objective of this article is to raise the prob- unos años, los diversos estudios sobre
lem of the nonexistence of this term ‘suicida’
in classical and medieval Latin, approaching
el tema asignaban a un teólogo de me-
the interpretations already tried in some diados del XVII, Caramuel, la primera
works dedicated to the history of suicide in
Antiquity and Middle Ages. mención registrada del término latino
. ‘suicida’. Pero en 2000, Alexander Mu-
Keywords: suicide - homicide - Lexicon rray, el principal investigador sobre el
- Classical Latin - Medieval Latin.
suicidio en la Edad Media, consignó
una mención en el siglo XII del voca-
blo ‘suicida’, la única, por otra parte, en

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tiempos medievales. La detecta en un mia entre desesperados y suicidas. Por
texto de escasa difusión, el De quatuor ejemplo, en el concilio de Toledo del
labyrinthos Franciae (ca. 1178). Allí su año 693 el canon 4 se titula sin más
autor, Walter de San Víctor, critica la indicaciones De disperantibus. Este
influencia de Séneca sobre los filósofos vocabulario ligado a la desesperación
de su época (se trata de una polémica impregna también a los comentadores
antiabelardiana) y, según Murray, viene del derecho romano cuya normativa
a señalar el punto de colisión entre los contempla, en ciertos casos, la cues-
sistemas morales estoico y cristiano en tión de los bienes de los suicidas pero,
torno del problema de la muerte vo- obviamente, sin referencia alguna a la
luntaria (Murray 2000: I, 38-39 y II, desesperación. Así, cuando Alberico
205). de Rosate ( 1360) hace su glosa a C.
Nos encontramos, entonces, frente 9, 50 (texto que lleva por título De bo-
a un panorama de inexistencia de pa- nis mortem sibi consciscentium) expre-
labra, que tampoco se soluciona con el sa Quod non debeat quis desperare in
aporte de un sustituto de otra lengua. aduersitatibus [...] Quod nullus debeat
Ello obliga al uso de perífrasis o a re- desperare propter multa peccata, quae
currir a términos emparentados desde fecerit, sicut Iudas.
cierta lógica pero que, con su historia En un punto, el lenguaje teológico
a cuestas, acarrean otros sentidos que de la desperatio parece teñir todas las
exceden al de una aséptica noción de referencias medievales a los suicidas.
muerte autoinfligida. Por ejemplo, en Ahora bien, la desesperación presenta,
los textos medievales proliferan las re- por su parte, todo un cúmulo de senti-
ferencias a personas que se dan muerte dos que no hacen de la palabra despera-
a sí mismas, pero la definición de tales tus propiamente un terminus technicus.
acciones queda finalmente encuadrada, En primer lugar, existe un sentido que
bien bajo la perífrasis sui homicida, bien llamaríamos ‘literal’, aquel que poco se
con el término desperatus. despega del sentido etimológico del
Esta referencia a la desperatio, que término desperare, es decir, la referen-
según J. C. Schmitt (1976) representa el cia más inmediata al hecho de carecer
maître-mot del suicidio medieval, pro- o perder esperanzas de alguna cosa o
viene del ámbito teológico y reenvía el sobre algún punto. De este sentido ‘li-
homicidio de sí mismo a un pecado gra- teral’ derivan otros sentidos a partir
vísimo, el que se constituye cuando se de un objeto que especifica aquello de
desespera de la merced divina, lo que en que se desespera y que en el uso puede
última instancia implica una negación obviarse. Por otro lado, en contexto no
de los poderes de Dios así como de la siempre puede determinarse claramen-
vida eterna. El término a menudo se te si se trata de este sentido ‘literal’ o de
utiliza directamente, sin referencias a sus deriva­dos. En esta línea, si el objeto
este origen teológico, de forma tal que (elidido o no) de la desesperanza es la
prácticamente se produce una sinoni- merced divina, nos internamos en el

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sentido teológico, generalmente en ro, y de morir, después, para llegar sólo
textos donde se recalca la relación exis- en una segunda instancia a la nomina-
tente entre este pecado y la administra- lización. La formación del sustantivo
ción del sacramento de la penitencia y correspondiente implicaría desde este
en contextos no ligados necesariamen- análisis una evolución de las formas de
te a la comisión de un suicidio. Este conceptualización, proceso que puede
sentido teológico, por otra parte, no implicar un lapso incluso plurisecular.
agota en absoluto el conjunto de usos Por su parte, Yolande Grisé (1982:
y acepciones del término. De hecho, 23) apunta en su análisis que nada im-
se puede rastrear en muchos textos pedía la creación del término y, por lo
una amplia gama de sentidos ‘bélicos’ tanto, ha de verse allí el efecto de una
implicados en el lexema desperatus. Y decisión: los romanos no generan el
otro sentido que parece haber obteni- vocablo por cuanto no conciben al sui-
do una mayor autonomía que otros es cida como un homicida. Señala el uso
el que podríamos denominar ‘sentido de numerosos sintagmas que cubren
médico’, donde la desperatio remite al la ausencia del término, clasificables
cuadro del desahucio. ¶ grosso modo en dos grupos: por un
lado, aquellos que recalcan el rol de la
Interpretando la ausencia voluntad y la conciencia del suicida, y
por lo tanto enfatizan el carácter de-
obre los motivos de la inexis- cisional del hecho (como la expresión

S tencia del término ‘suicida’ en la


Antigüedad romana, la biblio-
grafía es discordante.
mortem sibi consciscere que emplean
los juristas) y, por el otro, aquellos
que conciernen al aspecto material,
Por un lado, el trabajo de David operacional, del suicidio, es decir, ex-
Daube (1972: 391-397) sobre la lingüís- presiones ligadas al específico méto-
tica del suicidio aborda en plan general do empleado en la muerte voluntaria.
la inexistencia de vocablos que denoten La proliferación de circunlocuciones,
el suicidio tanto en lenguas antiguas unida a diversos ejemplos de neolo-
(hebreo, griego y latín) como modernas gismos con el compuesto caedo (cita
(francés, inglés, alemán). Partiendo de al respecto a Plauto y Apuleyo), indica
la evidencia de la inexistencia en innu- para Grisé una abstención deliberada
merables idiomas de un término único por parte de los romanos para crear un
para el suicidio por fuera de la forma vocablo similar y ello estaría en fun-
compuesta, el análisis de Daube pasa ción de su negativa a pensar el suicidio
más bien por las condiciones culturales en términos de crimen.
de posibilidad para la generación de vo- En una posición contraria, Anton
cablos. Plantea una evolución lingüís- van Hooff (1990: 136 y ss.) explicita
tica necesaria que habilita en primera su rechazo al “asombro” de Grisé por
instancia la aparición de unos verbos la ausencia del término en cuestión.
referidos a una forma de matar, prime- En efecto, señala el carácter opuesto

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a las normas gramaticales latinas de a un largo uso es biaioqa/natoj (cuya
construcción de palabras que presenta forma latina biothanatos oculta su eti-
el término ‘suicida’, cuya aparición no mología y parece plantear un binomio
podía sino ser postclásica en función vida/muerte) pero remite finalmente
de unir pronombre y verbo: en este a una forma violenta de morir, lo que
sentido, a oídos romanos, el vocablo excede a la muerte de propia mano4.
sonaría a ‘matador de cerdos’ y no a Ahora bien, la inexistencia de pala-
‘matador de sí’1. Más allá de esto, el tra- bras puede representar una trivialidad
bajo de Van Hoof apunta también a la lingüística, pero para los historiadores
disponibilidad de formas griegas en el se trata de un problema homólogo al
rico conjunto de circunlocuciones que de la existencia o no de las instancias
los romanos explotan para denotar la sociales: lo que está en juego es el pe-
muerte voluntaria. El griego, que pre- ligro del anacronismo. Partiendo del
senta mayor flexibilidad en la forma- presupuesto de que la existencia histó-
ción de neologismos, provee de ciertas rica es efecto de una decisión, resulta
formas con posibilidades de suplir la inevitable pensar desde qué perspec-
carencia del vocablo ‘suicida’ tanto res- tiva se ha de analizar la inexistencia
pecto del latín clásico y medieval como de términos.
del neolatín de la Edad Moderna. Sin Podemos pensar en términos gene-
embargo, estas formas tampoco son rales en dos formas posibles de encarar
unívocas. Términos como au)to/xeir el problema de la inexistencia de pa-
(“por propia mano”2), au)tofo/noj, labras, a graficar con dos ejemplos. El
au)qe/nthj se emplean para designar primero de ellos es el de la ausencia de
a quienes se matan a sí mismos, pero un término equivalente a homosexual
también incluyen a quienes matan a en la Antigüedad grecorromana. Por
miembros del mismo grupo de paren- un lado, existe un tipo de explicación,
tesco3. Otro vocablo helénico destinado
co, aunque su uso más general es en tanto
término relacional en el sentido de indicar
1 Cfr. también Daube (1972: 422).
una vinculación (eventualmente parental)
2 Este vocablo lo emplea, por ejemplo, Eu- entre sujetos que tienen muertos en común,
sebio en su Historia Ecclesiastica (2.7) para unos en calidad de víctimas y otros de vic-
describir el suicidio de Pilatos. Grisé (1982) timarios. Cfr. al respecto Belfiore (2000) y
indica, por su parte, que el uso clásico de Parker (1996: 122 y ss.) quien señala el ca-
la expresión latina sua manu para referir al rácter de polución que implica este tipo de
suicidio remite al valor de potestad que se relación. La relación entre comportamiento
le asigna a manus: el suicidio es el acto deli- autodestructivo y crimen cometido entre
berado de un hombre libre y consciente de familiares es rastreable en distintos contex-
sus actos y sólo respecto de quienes no son tos culturales y jurídicos, como en el caso
dueños de sí mismos (esclavos, soldados, del derecho temprano irlandés que clasifica
acusados) se puede, en principio, discutir la al suicidio entre las ofensas contra el grupo
licitud del suicidio, cfr. Grisé (1982: 26-27). de parentesco. Cfr. Kelly (1991: 127).
3 Respecto de authéntes, este vocablo griego 4 Sobre el caso particular de la forma biotha-
remite, en principio, al crimen producido natos, cfr. Murray (2000: II 474); Van Hooff
al interior del propio grupo de parentes- (1990: 139) y Daube (1972: 402).

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calificada luego de esencialista, que veía cuente por lo que no puede adjudicarse
allí solamente la no necesidad de un tér- la inexistencia del vocablo a su rareza.
mino en tanto no existía voluntad de Otra interpretación pedestre plantearía
identificar un grupo con fines persecu- que se trata de una situación que con-
torios5. En un punto, la postura de Grisé tradice el curso ‘normal’ de los acon-
antes mencionada está en sintonía con tecimientos, mas tenemos palabras
esta idea. Frente a esta perspectiva, se para cosas mucho menos normales y
planteó en su momento la idea de que el frecuentes, desde la necrofilia hasta los
vocablo en cuestión sólo tiene sentido alienígenas. Ahora, si se compara con
en el contexto de una sexualidad que se su correlato (que sí tiene nombre: el
defina por el sexo del parte­naire sexual, huérfano), lo primero que se observa es
mientras que la sexualidad antigua es- la fuerte disparidad que cada situación
tructura sus clasificaciones en torno de plantea en cuanto a urgencia en las de-
la relación de poder que se establece cisiones y a efectos sociales y jurídicos
entre los partenaires6. Por ello, no hay específicos. Efectivamente, la pérdida
homosexuales en Grecia y Roma por de hijos no presenta la articulación con
más que existan relaciones sexuales otras prácticas sociales que caracteriza
entre personas del mismo sexo7. Este a la orfandad (herencia, tutela, patria
primer acercamiento a la cuestión de la potestad, patronato de menores, etc.).
inexistencia de palabra se estructuraría Desde esta perspectiva, es la imbrica-
en principio por parámetros sociales: se ción con otras prácticas sociales la que
trataría de un concepto no habilitado genera un nombre específico. En este
por las coordenadas socioculturales de sentido, no sería de extrañar que, de
una época. generarse un término al respecto para
Nuestro segundo ejemplo se ex- nuestra sociedad, éste surja en sede psi-
trae de la actualidad. Muchas lenguas coanalítica.
occidentales modernas carecen de un Estos dos modelos de interpreta-
término para designar a padres a quie- ción nos permiten repensar cómo se
nes se les hayan muerto los hijos. Los interpreta historiográficamente la au-
términos que más se aproximan son la sencia del término ‘suicida’ en la Edad
forma griega aÃpaij o su equivalente Media. Alexander Murray expone una
inglés childless. Mas son términos que interpretación a dos puntas que le per-
engloban también a aquellas personas mite explicar por qué la primera men-
que no han procreado. La muerte de ción se produce en el siglo XII y por
los hijos conforma un infortunio fre- qué es la única hasta el siglo XVII. Este
autor plantea que la resistencia medie-
5 Cfr. Boswell (1992: 83). val a generar un vocablo que designe
6 Cfr. Veyne (1978: 50). al suicida se debe a la preeminencia
7 El problema en esta argumentación sería la del elemento material (el instrumen-
inexistencia misma de una instancia “sexua- to, la modalidad, el acto mismo: mo-
lidad”, siguiendo el concepto foucaultiano rir ahogado, morir ahorcado, etc.) en
del término, cfr. Foucault (1995).

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la conceptualización de los difuntos, vocablo que identifique a quienes se
sean éstos suicidas o no. Desde este matan con sus manos:
punto de vista, la relativa incapacidad After all, some other names of dread-
de sobrepasar este nivel material y de ful crimes or sins did emerge in the
pensar el suicidio desde el binomio twelfth century, equally compounded
acto/intención personal explicaría la of intention and act. Tracts on vices
inexistencia del término hasta el siglo and virtues abound in new names for
XII y su escasa difusión después: them, or old names used in new ways.
Law [...] was still studded with tes- Many of those new words acquired
timonies to its original preoccupation currency outside the theological circles
with results, regardless of intention. In that devised them. But suicide was dif-
the case of suicide it was preoccupied ferent. It was ostracized from this great
with method, above all –the noose, the verbal colonization. This was another
dagger and so on. What that preoc- result of, and witness to, the same tabu
cupation signifies for the history of the that engendered euphemism, a tabu
word ‘suicide’ –otherwise than for, say, that shied even, very often, from the
the word ‘individual’ –is that men’s old Roman synonims. Suicide was just
underlying moral conceptions were too terrible to talk about […] The very
not at the stage of needing a word for last thing people wanted was an accu-
so specific a definition, a definition rate term for the unmentionable thing
founded, that is, on a particular com- itself. (Murray 2000: I, 39)9
pound of intention and act. 8 Ahora bien, la primera vía ensayada
El segundo eje de la explicación por Murray parece encuadrarse en una
de Murray gira en torno del gran es- explicación del primer tipo, la falta de
collo para cualquier estudio histórico un concepto en determinado contex-
del suicidio, su pertenencia al orden to cultural10. Tan solo en el siglo XII,
de lo nefando. El tabú que rodea ge- con la preocupación clerical en torno
neralmente a los episodios de suicidio de las conciencias y de las intenciones
explicaría no sólo la renuencia de las personales y el desarrollo de las corres-
fuentes a explayarse sobre la cuestión pondientes prácticas de introspección,
sino la misma reticencia a producir un

9 Sobre la relación entre tabú y falta de pala-


8 Es por estas razones que el término lati-
bra para designar a los suicidas, respecto de
no más aproximado, por abarcativo, para
la Antigüedad clásica, cfr. Van Hooff (1990:
designar a los suicidas fuera precisamente
141).
suspendiosi. Este vocablo, que lógicamente
refiere en primera instancia a quienes mue- 10 “For if my construction is correct it would
ren ahorcados pero que pronto designa a imply that, at first, suicide not only lacked
quienes se cuelgan a sí mismos, experimen- a name but was not even a distinct concept.
ta según Murray (2000: II 439-440) una The very idea of suicide, that is to say, could
expansión de su campo de referencia hasta only lodge in priest’s minds as a complication
designar a suicidas más allá de la modali- in the burial of demoniacs.” (Murray 2000:
dad efectiva de muerte autoinfligida. II, 254).

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es factible una mención como la de cas? En este sentido, podría argumen-
Walter de San Víctor. Nos referimos a tarse que el término ‘suicida’ no prospe-
las prácticas de exploración del seipsum ra pues no se articula con las prácticas
que se detectan en el mundo medieval de introspección y conocimiento del
desde el siglo XII, que reciben un fuer- seipsum que vienen generándose en el
te impulso con la redefinición del sa- contexto del “Renacimiento” del siglo
cramento de la penitencia en el siglo XII y que, por otra parte, serán cen-
XIII, y que son destacadas por todos trales en la posterior medicalización
los autores implicados en el debate en del suicidio. Ni tampoco se registra
torno del ‘nacimiento’ del individuo en un mayor interés de los teólogos por
la Edad Media. Ello es así tanto entre engarzar sus disquisiciones psicológi-
quienes ven en esta exploración un sig- cas con las argumentaciones en torno
no del surgimiento del yo individual (C. de la ilicitud del suicidio. Si la muerte
Morris, J. Benton) como entre quienes voluntaria se articula con otras prác-
critican esta postura: sea señalando que ticas, lo hace con las correspondien-
la práctica de la introspección era ines- tes al mundo de lo penal. Por ello, las
cindible de la formación de sentimien- alternativas vigentes corresponden al
tos de pertenencia a un grupo (C. W. campo semántico del pecado y el cri-
Bynum); sea planteando que el proceso men: perífrasis como ‘homicida de sí’
de autoconocimiento que favorece la o vocablos como ‘desesperado’. En la
práctica de la introspección en última Edad Media, entonces, no hay suicidas.
instancia conduce a una disolución del Encontramos homicidas de sí mismos
sujeto en Dios o el pueblo cristiano (J. o desesperados. Es con estos nombres
C. Schmitt)11. que puede rastrearse la articulación
Sin embargo, el término finalmente con otras prácticas.
no se impone. Al contrario, se trata de Estas breves notas han tenido como
una presencia más que fugaz, mien- propósito plantear como problema la
tras que los factores que condicionaron inexistencia de un vocablo en una len-
su aparición (según la perspectiva de gua respecto de un asunto social, el sui-
Murray) sí terminan por instalarse en cidio, que en general ha sido objeto en
la cultura occidental. En este sentido, distintas culturas de encuadramientos
la impresión que deja la interpretación retóricos muy variados (el crimen, la
dual de Murray es que la tesis del tabú enfermedad, el sacrificio, etc.) pero con
(innegable, sin duda) viene en salvataje una subyacente tendencia general al
de aquella centrada en la desvincula- silenciamiento. Desde nuestro punto
ción acto/intención personal. de vista, una perspectiva anclada en las
¿Podría ensayarse una interpreta- articulaciones con otras prácticas se re-
ción desde el segundo modelo, es decir, vela como una modalidad más eficaz a
la falta de imbricación con otras prácti- la hora de interpretar la ausencia de un
término en determinado mundo cultu-
11 Cfr. Morris (1995), Benton (1999), Bynum ral que aquellas que apuntan a detectar
(1980) y Schmitt (1992).

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