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CARLOS RAFAEL DOMÍNGUEZ

FORMALISMO Y LINGÜÍSTICA

VARIACIONES SOBRE UNA MISMA CLAVE

RECOPILACIÓN DE CONFERENCIAS,

NOTAS Y RESEÑAS DEL AUTOR

-IV-

MAR DEL PLATA

1982
PROYECCIÓN Y LÍMITES DE LO
LINGÜÍSTICO

UN PROBLEMA CRUCIAL

**********

Conferencia pronuncioada en las Cuartas Jornadas de Filosogía. Facultad de


Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata. Octubre, 1982.

**********

Transparecia formal y adecuación a lo real no son fácilmente


conciliables. ¿Hay que renunciar a los modelos formales? ¿No
será mejor y suficiente reconocer sus límites?

El lingüista David Crystal deslizó alguna vez la siguinte


consideración: Los lingüistas se sentirían molestos, si por error, se
hiciera referencia a ellos como filólogos; y muchos filólogos mirarían
con cierta compasión, a la disciplina recién surgida, que carece de las
décadas de trabajoso análisis textual sobre el que se basa el enfoque
filológico” 1

Este preámbulo enmarca, de alguna manera, la delicada posición


de quien toma la palabra en estas Jornadas de Filología, organizadas
por el Centro de Letras clásicas, ligado por ende a la que ha sido sin
disputa la filología par excellence.

Quiien se dirige a ustedes lo hace, pues, imbuido de un profundo


respeto hacia una tradición más que secular a la que, por otra parte,
alguna vez se ha asomado.
Tomo la palabrano diré en representación, pero sí consubstanciado
con la actitud de esa otra disciplina relativamente joven que es la
lingüística. Digo que no asumo ningún tipo de representación no solo
porque no me siento con títulos personales para ello sino
fundamentalmente porque, tal como lo reconoce el Comité Permanent
des Linguistes, que tuvo lugar en Tokyo hasce poco más de un mes,
la caracteruistica más saliente de la lingüística de nuestros días es la
multiplicidad teórica: “It is intended that it should provide an
opportunity to survey and discuss the diversity of theoretical
viewpoints which characterizes linguistics at the present time.” 2

Sería, por lo tanto, prácticamente imposible representar hoy a la


lingüística. Mi intención, más modesta, es efectuar un despliegue
orgánico y sintético, muy personal, de aquellas tendencias teóricas
hoy vigentes que pudieran ser de untilidad como un aporte de
convergencia hacia la densa problemática de la filología.

Esta búsqueda de convergencias entre lo filológico y lo lingüístico


puede resultar, paradójicamente, mucho más difícil en un medio
como el del mundo hispanohablante donde la distinciónj entre
filología y lingüística, de hecho, no ha existido, al menos con las
características que señalamos al comienzo, como lo atestigua, por
ejemplo, Malkiel: “Como resultado, los boletines, revistas, series
monográficas, colecciones de libros, institutos de investigación, y
currículas académicas, que ostentan filología en sus nombres,
pueden llegar a incluir en el espectro de su interés y curiosidad, no
solo el sólido núcleo de la filología propiamente dicha, especialmente
ediciones paleográficas y críticas de textos, glosarios e inventarios
bibliográficos, sino también abigarradas muestras de folclore,
estudios del tipo Wörter-und-Sachen, dialectología, métrica,
gramática histórica, etimología, ensayos descriptivos, estéticos o
sociales, interpretaciones filosóficas de obras literarias, así como su
trasfondo histórico, etc”.3

Indudablemente, creo que esta distinción no disciplinar, puede ser


estimadfa como un beneficio, por cuanto ha producido un
acercamiento a la realidad de tipo más global en algunos aspectos,
pero puede significar también el haberse privado, por carecer de la
ncesaria distancia, de las herramientas de trabajo especializadas. Que
hoy existe una búsqueda sumamente interesada de tales
herramientas de trabajo lo prueban las numerosas traducciones al
español de variadas obras estrictamente lingüísticas de distinta
procedencia.
Si se me permite una síntesis caracterizante de la Escuela
Española, desde este punto de vista, creo que podría decirse que es
lña de haber fundido o, por mejor decir, no haber fragmentado, en
general, (y conste que no es esta una afirmación peyorativa), lo
filológico, lo literario y lo lingüístico. Pero quizás una toma de
distancia conceptual no sería negativa, sobre todo para evitar una
distorsión en la apreciación del punto de vista de la lingüística en
cuanto disciplina específica. Una caracterización muy simple pero
muy ilustrativa de la filología y la lingüística puede ser la ofrecida por
Yuen Ren Chao:”Según la terminología de la teoría de la
comunicación, la lengua es un sistema de tipos (types); una
declaración o alñgo hablado en el lenguaje es una señal (token)...
Como la filología es el el estudio de la forma y del significado de las
apariciones reales de formas en un texto, se puede afirmar que la
filología es el estudio de las señales, y la lingüística, que se ocupa
solo de los tipos generales dondequiera que aparezcan, es el estudio
de los tipos”. 4

Para dar a mis palabras una amplitud suficiente y no alejarlas


demasiado de la consideración de los hechos concretos, trataré de
moverme en una zona fronteriza entre una visión lingüística
puramente teórica y el terreno estrictamente práctico de la aplicación
o interpretación.

El teórico debe ubicarse siempre entre dos polos: el de la


coherencia interna de su modelo y el de la comprehensividad, es
decir, el de la capacidad abarcadora del mismo. El equilibrio es harto
difícil, y de ordinario se produce con mayor o menor sacrificio del
segundo en aras del primero, con un lógico efecto reduccionista en el
objeto. Quien está, en cambio, inmerso en los hechos, el práctico,
precisado a la acción, debe optar, por adaptarse a los aspectos del
objeto que está tratando, de la forma más adeciada posible, aun con
sacrificio de la coherencia del modelo, si así la realñidad lo exige.

Proyección y límites

Tomando el término lenguaje en el más amplio de sus sentidos, el


objeto de la ciencia que lo estudia sin aditamentos es, por su misma
naturaleza, coextensivo con todo lo que la actividad linguística del
hombre significa, en cualquiera de sus manifestaciones, requisitos y
alcances. Vale decir que lo lingüístico se extuiende, de derecho, a
dondequiera pueda extenderse lo humano. Su pproyección parece
ilimitada. Pero, evidentemente, la necesidad de estudio obliga a
reducir la amplitud el objeto para permitir su focalización adecuada.
Esto requiere un reconocimiento de límites que históricamente se ha
dado por medio de una doble serie de factores que han convergido
opara producir un efecto reductor en el modelo. Por una parte, desde
un ámbito exterior al modelo mismo se produce ese efecto de
influencia generalizada que afecta por igual a todas las disciplinas en
una misma época y en una misma área geográfica. Los grandes
movimientos del pensamiento y la cultura han envuelto y teñido con
su particular color los modelos lingüísticos nacidos en su seno, sea
por acción paradigmática o de otro modo más sutil aún.5 Son
evidentes, por mencionar solo algunos casos, el sociologismo
saussureano, el conductismo del último Bloomfield, el biologismo
evolucionista de los indoeuropeístas decimonónicos, o el modelo
integrador del comportamiento de Pike.

No todo es tan simple, sin embargo, pues un modelo lingüístico


suele ser la resultante de numerosos rasgos no siempre reducibles al
paradigma básico.

Por otra parte, desde el interior del modelo mismo, el linüista que
le da forma, lo hace perfilándolo ya sea en una línea de continuidad
con la atmósfera intelectual del momento, ya en reacción contra ella
en circunstancias de crisis y fracturas.

El estrechamiento del objeto se produce a menudo por la


acentuación de uno de los términos de una serie de dicotomías que,
en proporciones diversas, son los ingredientes normales de todos los
modelos existentes: individuo/sociedad; concreto/abstracto;
producto/producción; sustancia/forma; particular/universal;
temporal/atemporal...

La precedente es solo una breve lista ejemplificadora de la serie de


dicotomías que, además, se dan en una gama de grados y matices.

No es difícil advertir, a título de ejemplo, que en el modelo


chomskyano se da un desplazamiento desde el producto hacia la
producción; que en el modelo glosemático de Hielmsley, el
corrimiento hacia la forma alcanza un grado mayor que en Saussure:
que en el modelo firthiano la aproximación hacia lo concreto tiende a
ser considerable; que la concepción de Sapir está m,ás lejos de lo
universal que la de Jakobson... Y en las menciones anteriores hemos
tomado un solo parámetro por vez en consideración. Agrupando
varios de ellos el mosaico descriptivo puede resultar bastante
adecuado como caracterización comparativa.

El énfasis y priorización de términos se formula en los modelos por


medio de la defiinición de conceptos operativos tales como:langue,
parole, sincronía, competencia, contexto de situación
competencia comunicativa, potencial ilocutivo, etc...

En los términos explícitos de la definición de tales conceptos


operativos, y, más de una vez, en los presupuestos que subyacen en
los mismos, radica la capacidad descriptiva y explicativa de cada
enfoque teórico, estableciendo ese equilibrio inestable entre un objeto
disciplinario que se quiere preciso y una realidad siempre
desbordante.

Me atrevería a afirmar que podría escribirse una historia completa


de la lingüística siguiendo esta línea sinuosa que sigue en su marcha
a través del tiempo esta dupla de interacción dinámica constituida por
impulso natural del objeto a proyectarse para cubrir todo el territorio
que por derecho parece pertenecerle y los límites que impone una
metodología que se ajuste a los parámetros de cientificidad vigentes.

No es del caso aquí analizar los factores que actúan a su vez sobre
estos parámetros, pero en el caso particular de la lingüística
parecería poder sintetizarse en una tendencia sumamente
pronunciada y constante hacia la búsqueda de objetividad o, más
bien, la huida de todo subjetivismo, mentalismo o psicologismo.

Dicha búsqueda cristaliza en el intento de formalización, es decir,


en el intento de convertir la lingüística, en los términos de lo posible,
en una disciplina que utilice los procedimientos matemáticos,
provocando un viraje más y más acentuado desde los modelos
observacionales hacia los hipotético-deductivos.

La constricción metodológica, altamente positiva desde numerosos


puntos de vista, produce como efecto no deseado pero inevitable la
reducción del objeto formal. Cuando esta reducción llega a ser
experimentada no ya como una más perfecta focalización de una
problemática, sino como una carencia de adecuación explicativa, por
falta de alcance y profundidad, se produce el movimiento de
proyección.

Desde el primer momento de la vida institucional de la lingüística a


nivel internacional, en la celebración del primer congreso en La Haya,
en 1928, se inicia un proceso que podría llamarse de “recuperación
de áreas”, al discutirse el problema de la integración de los histórico.

En realidad, ya la concepción de Ferdinand de Saussure,


considerada algo así como el proyecto fundacional de la lingüística
como disciplina autónoma, contiene en sí el germen fecundo de esta
dinámica interna que estoy puntualizando en la forma de interacción
entre proyección y límites. Saussure redujo casi vioentamente las
condiciones del objeto, estrechando los límites mediante el juego de
pinzas de sincronía y langue, pero al mismo tiempo le inyectó a su
modelo una proyección de alcance impredecible al ubicar
decididamente a la lingüística en el seno de una semiología social
cuyos límites no son fácilmente determinables. 6 La lingüística, si se
me permite la expresión, se había marchado del hogar de su madre,
la filología, con pasaje de ida y vuelta.

Las últimas décadas han asistido sorprendidas a esta irrupción de


la lingüística en áreas que inicialmente hubieran parecido vedadas: la
psico-lingüística, la socio-lingüística, la filosofía del lenguaje, el
análisis del discurso, la retórica, la poética, el psicoanálisis, la
etnología, la ciencia de la literatura sobre modelos lingüísticos...

Este avance que, insisto, no es más que un regreso adulto, se da


en todos los niveles. En lo sintáctico, se ha avanzado a la frase y al
discurso. En lo semántico, se han superado barreras que parecían
infranqueables, y se ha penetrado en el ámbito de la referencia. En lo
contextual, se está produciendo un sinceramiento con la aceptación
de lo que eran presupuestos no siempre declarados.

Dentro de estas líneas de avance se advierte también un neto


desplazamiento desde un enfoque estático a uno dinámico y a un
predominio de lo funcional sobre lo relacional.

He querido presentar toda esta problemática de aislamiento y


reinserción desde el punto de vista de la lingüística, dado que desde
el ángulo de la filología nunca se produjo un acto de renuncia a esa
área que jamás dejó de considerar como propia.
Así las cosas, el estado de la cuestión es tal vez claro para el
estudioso o el crítico de la lingüística, o aun para el epistemólogo,
pero ¿qué pensar del usuario de la lingüística? El consumidor de la
lingüística necesita directivas precisas, aun a riesgo de esa cierta falta
de coherencia absoluta o comprehensividad total inherente a todo
modelo lingüístico, particularmente en estos últimos años en que las
neo-tendencias y las post-tendencias aparecen casi en
simultaneidad con las tendencias mismas.

¿Puede ser el estudioso de filología consumidor de lingüística? Para


circunscribir la respuesta en dimensiones razonables, voy a centrar el
desarrollo de esta segunda parte, orientada a la práctica, en torno a
tres preguntas que procuraré contestar en forma concisa y
pragmática.

1) ¿Cuáles son los posibles terrenos concretos de convergencia?

2) ¿Cuáles son los instrumentos de aplicación?

3) ¿Hasta dónde puede extenderse este aporte?

¿Cuáles son los posibles terrenos concretos de convergencia?

No es necesario detenerse demasiado para encontrar un punto


común de interés entre los varios que podrían proponerse. Enclavado
en el vasto e indefinido campo de lo cultural, cercado en las brumas
de lo semántico, firmemente apuntalado por el devenir histórico en
un área en la que se cruzan la intersubjetividad más absoluta y todo
el colorido vigor de lo individual, el manejo consciente de un
complejísimo código comunicativo de recursos casi infinitos y esos
misteriosos resortes que a través de lo inconsciente se hunden en lo
más profundo de lo biológico. Allí está el texto, que la filología
conservó siempre en un lugar de privilegio. El lingüista Dell Hymes
destaca como característico de la filología ese admirable interés por el
valor intrínseco de los materiales, el respeto a su integridad y
exactitud y la reverencia por las comunidades de las que provienen
dichos materiales. 7

La convergencia en un territorio común no es, pues, tan difícil.


Mucho más arduo es compatibilizar las distintas actitudes. La
reverencia no es cabalmente la actitud hacia el texto por la que yo
definiría a la lingüística.
La preocupación por el texto surge en la lingüística, además de
como culminación del del proceso de proyección antes descripto,
como el resultado de la intersección de dos vías externas principales.
La primera viene desde la filología clásica, a través de la oriental y
por manos de la antropología cultural. La segunda, desde los
formalistas rusos, a través de la Escuela de Praga y sus
preocupaciones literarias.

La actitud lingüística hacia el texto no es susceptible de una


caracterización simple. Dejando de lado los enfoques calificados como
“idealistas” y ciñéndome al dominio generalmente aceptado como
lingüístico, me arriesgaría a escoger cuatro características
definitorias:

1) La lingüística tomo el texto como un sistema cerrado,


susceptible de un análisis formal.

2) La actitud lingüística es decididamente no valorativa en cuanto a


apreciaciones estéticas, afectivas, éticas, lógicas, o de jerarquía
social.

3) La lingüística ubica al texto en un modelo comunicativo en el


sentido más amplio del término.

4) A partir de aquí puede calificarse como lingüístico todo lo que,


enraizado en un núcleo léxico-sintáctico, pude admitir un cierto
grado de codificación.

Ese núcleo, que puede ser denominado microlingüístico, es


analizable en niveles que, en el modelo semiótico típico, son el
sintáctico, o sea, la combinatoria de los elementos; el semántico, por
el que dichos elementos se convierten en signos; y el pragmático, o
nivel de uso. 8 Sucesivamente y en ese orden estos tres niveles
captaron el interés prioritario de los lingüistas, proyectándose con
posibilidad de trabajo sobre el texto a través de distintos modelos.

En coincidencia con la recuperación de áreas antes mencionada,


nuevas consideraciones pasaron a enriquecer y por ende a
complejizar el código lingüístico comunicativo, ampliando el espectro
hasta dimensiones casi incontrolables.

Lo macrolingüístico se fue conformando con la integración de


aspectos de una semiología social generalizada, de los aspectos
psicológicos de la producción y la recepción así como de la
adquisición de la lengua, y más aún hacia la realidad toda en cuanto
filtrada a través de las grillas de ese código de casi infinitos recursos.

Dentro de esta coincidencias en cuanto al interés sucesivo por


ciertos niveles, pueden, a su vez, distinguirse dos grandes
orientaciones: En las corrientes de vertiente americana hay una
marcada acentuación de lo comunicable como tal, tendiendo a
enfatizar el texto en su fase de producción y dándole, en general, el
carácter de un proceso ergótico, en el marco de las disciplinas del
comportamiento. En las corrientes de vertiente europea o, por mejor
decir, francesa, el énfasis continúa puesto en lo sígnico y sus
problemas con una marcada dirección hacia aquellos estratos
subyacentes más profundos del proceso de significación. Con todo,
especialmente después de Chomsky, la confluencia es cada vez
mayor en lo dinámico y productivo con la ramificación dada por las
técnicas empleadas, la terminología, la comprehensividad del modelo,
el punto de arranque y, quizás, de una manera decisiva, los
presupuestos. 9

Tenemos así modelos estructurales de distinto tipo, con mayor o


menor inclusión de lo semántico, modelos generativos sintácticos
puros, modelos generativos con inclusión o con prioridad de lo
semántico, y la enorme irrupción de los modelos praxiológicos o
funcionales en variada gama.

En definitiva, el texto, bajo este nombre o el de discurso, dentro de


un espectro variado de matices y connotaciones, concita hoy el
interés prioritario de los lingüistas que lo enfocan con una actitud
diferente de la del filólogo, pero no contradictoria y tal vez
complementaria.

¿Cuáles pueden ser los instrumentos de aplicación?

En cuanto a la segunda pregunta quiero dejar establecidas


algunas precisiones terminológicas, no de carácter absoluto, sino
ordenadas a clarificar el sentido de las propuestas contenidas en
estas reflexiones.

Entendemos aquí por teoría lingüística un conjunto orgánico,


coherente, jerárquico, de principios fundamentales, explícitos o no,
que conforman un modelo, en sentido amplio, del lenguaje.
Este modelo puede ser más o menos comprehensivo, es decir,
abarcador, y generalmente enfatiza algún aspecto particular que se
toma como pivote. Tenemos modelos relacionales, modelos
generativos, modelos funcionales.

Cada tipo de modelo utiliza un número mayor o menor de


conceptos operacionales que enmarcan una toma de posición precisa
y definida con respecto a las áreas de aplicación. Tal, por ejemplo,
entre otros, el concepto de sincronía en los modelos relacionales, el
concepto de competencia en los modelos generativos, el concepto de
contexto de situación o potencial ilocutivo en los modelos funcionales,
la dupla emic/etic en el modelo comportamental de Pike.

Tales modelos teóricos no deben ser entendidos como posturas


definitivas e inconmovibles. Cito a Ballón Aguirre en la Presentación a
la edición castellana de la Texttheorie de Siegfried Schmidt: “Este es
un modelo teórico textual de elaboración del texto. Pero ¿qué es un
modelo? Un artefacto, un globo sonda de evaluación y regulación
teórica y metodológica. Es, por supuesto, solo un índice
epistemológico, pero nada menos y nada más que un ensayo
(elección y síntesis de una problemática) o si se quiere mejor, una
tentativa provisional que reclama la crítica desde sí y para sí”. 10

En estricta dependencia de estos conceptos operacionales y de los


otros que integran coherentemente una teoría, surgen técnicas de
aplicación en áreas determinadas. Tal el caso en el modelo
fonológico, por recurrir a un ejemplo conocido, de la técnica de los
pares mínimos, o la de las oposiciones binarias para la determinación
de ciertos rasgos distintivos en un corpus dado, aplicando
simultáneamente los conceptos operacionales de sincronía y de
relevancia significativa.

En este orden de cosas considero que una posible vía de aporte


lingüístico sistemático a la consideración filológica del texto podría
describirse así: Como una sucesión de los pasos siguientes:

1. Tomar algún aspecto textual muy concreto y determinado, casi


de detalle.

2. Elegir algún o algunos conceptos operacionales en un


determinado modelo, que se estiman adecuados para ese
tratamiento.

3. Escoger la o las técnicas adecuadas.


4. Buscar siempre la base en lo microestructural para lo que se
requiere una descripción coherente con el modelo.

Personalmente consideraría como negativo en el estado actual del


desarrollo teórico:

a) El intentar la trasposición de un modelo completo y el


establecimiento de un plan demasiado abarcador y general.

b) El utilizar en totalidad una abultada terminología lingüística de


difícil manejo y escasa transparencia.

En todos lo casos juzgo como de suma importancia el incluir una


declaración introductoria en la que se cite el modelo de referencia y
se describa el concepto empleado, sus alcances y las técnicas
relativas. De otro modo los resultados carecerían de interpretación
teórica y no se lograría el fecundo efecto de retroalimentación desde
la praxis al modelo. Además, en continuidad con un modelo, un
concepto puede ser reelaborado y matizado. Cito como ejemplo el
tratamiento que Roland Harweg da a los ya tradicionales y siempre
nuevos conceptos langue / parole en su comunicación al Congreso
sobre Lingüística Textual, en Génova, en 1981: “D´altronde, tuttavia
io considero i testi non solo come fenomeni di parole ma anche come
fenomeni di langue. La mia concezione di langue e parole,
comunque, non è precisamente quella tradizionale (sebbene le si
avvicini abbastanza di consentirmi di mantenere la terminologia
tradizionale). Ciò che io intendo per parole è lingua a referenza
valida (geltungehafte Referenze) o, in termini pragmatici, “linguaggio
non communicativo... mi sento tenuto a distinguere tra due strati nell
´ambito della langue: una lange competenziale e una langue
performazionale”. 11

¿Hasta dónde puede llegar este aporte?

Algunas de las consideraciones preliminares ya vertidas nos


permiten extraer alguna respuesta. Habíamos dicho que el límite de
lo lingüístico resulta casi imposible de establecer en el ámbito de la
lingüística pura a no ser por la vía de una reducción arbitraria en el
espacio de cada modelo. Quizás el camino sea más fácil en el terreno
de la aplicación en áreas concretas. Tomemos el caso particular bajo
análisis que nos ocupa: el texto.
La pregunta concreta del “usuario” suele ser repetida y es muy
clara. Podría reformularse así: ¿Cuál es el aspecto, o el nivel, o el
estrato del texto que puede ser objeto de un tratamiento lingüístico
propiamente dicho? Así formulada, no creo que esa pregunta pudiera
ser contestada conscientemente por ningún lingüista. Me arriesgaría,
sin embargo, a dar una respuesta, trasladando el problema de la
materialidad del objeto a un problema de actitud básica y de técnicas
de trabajo.

El lingüista encara el texto bajo su lupa y esta ostenta la grilla de


un código. Esta grilla fue muy simple y estática para el
estructuralismo naciente. Se hizo más y más compleja con la
incorporación de otros niveles. Se ensanchó hasta abarcar contextos
de situación y marcos socioculturales cada vez más amplios, hasta
tocar incluso los estratos más oscuros del inconsciente y las
ideologías. Esta grilla de codificación pasó de la rigidez estática de los
primeros modelos fonológicos a la extraordinaria flexibilidad dinámica
de los modelos generativos y cibernéticos. No todos los modelos
manejan la misma grilla, pero todos tienden a dotar a la que usan de
las mismas características fundamentales ya descriptas y que pueden
resumirse en la palabra “formalización”.

Lamentablemente el concepto de ·formalización” no es tan unívoco


como para solucionar nuestra cuestión sin ambigüedades. Leamos a
Fuchs y Le Goffic: “La `formalización´ no debe ilusionarnos en este
sentido ya que es a menudo doblemente engañosa: primeramente,
porque en general se les da este nombre a diversos procedimientos
de notación que son solo codificaciones y no aportes enriquecedores
que permitan un trabajo más potente a partir de determinados datos
– incluso se corre el riesgo de que esta codificación sirva solo para
reemplazar y ocultar una insuficiencia de reflexión propiamente
lingüística, o una falta de atención a los hechos de lengua -; en
segundo lugar, porque pueden hacernos olvidar que una
formalización (aun técnicamente irreprochable) no es más que la
formulación de una teoría en un lenguaje que permita cálculos de tipo
matemático o lógico; aunque contribuya a comprobar o hacer
avanzar una teoría, una formalización no deja de ser simplemente un
instrumento al servicio de esta”. 12

Aun aceptando con restricciones la afirmación de Benveniste: “Nada


puede ser comprendido, hay que convencerse de ello, que no haya
sido reducido a la lengua”...”Hay una metalengua, no hay una
metasociedad”. 13 añado una consideración más de fundamental
importancia. Cito al respecto a Héctor Padrón, quien, en una
comunicación al IIº Simposio Interdisciplinario sobre Metodología de
la Investigación en Ciencias Humanas, realizado recientemente en
Córdoba, siguiendo a Granger en relación con la situación
comunicativa, expresa: “La situación contiene dos polos: 1) El de la
experiencia que comprende el volumen complejo y confuso de lo
vivido y que es definida por Granger como `un moment vécu comme
totalit, par un sujet ou des sujets formant une collectivité´; 2) el del
objeto o unidad de estructura que pertenece a la gruilla de
codificación en la cual la experiencia es vertida. Esta operación de
codificación deja residuos que escapan a las mallas de la red
lingüística”. 14

Concluyo. La interacción dinámica proyección / límites se


mantiene en permanente recursión como hemos advertido, sin duda
alguna. Rescato algunas observaciones prácticas:

1) Filología y lingüística encarnan actitudes distintas hacia el


lenguaje, pero posiblemente complementarias.

2) Tienen una problemática central común: el texto.

3) La lingüística no aborda todo ese cúmulo de actividades


propias de la filología en torno al texto y que calificaría
como peritextuales.

4) La actitud básica de la lingüística es contemplar el texto a


través de una grilla de codificación comunicativa de
precisión y amplitud variables según los modelos.

5) Esta grilla a su vez tiene como núcleo lo que hemos


denominado espacio microlingüístico.

6) Técnicas y conceptos operacionales deben ser tomados en


el marco de un modelo determinado.

7) Más que préstamos de tecnologías serían deseables


emprendimientos comunes

Termino haciendo mías palabras de David Lagmanovich en ocasión


del 1er. Simposio Interdisciplinario de Metodología de la Investigación
en Ciencias Humanas, en la ciudad de Salta, en 1980: “Enseñar
lingüística es enseñar a pensar lingüísticamente”...”mantener abiertas
las compuertas del diálogo con las demás disciplinas y acometer
tareas en común. Hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que
caben en una disciplina académica o en el trabajo de una cátedra.
Nuestra época está buscando desesperadamente perspectivas
integradoras, conjuntos de conocimiento que hagan sentido por
encima y más allá de los contenidos de una sola ciencia o disciplina.
No se trata de propugnar un vano eclecticismo sino de propiciar
proyectos comunes. El diálogo del que esta reunión es ejemplo
eminente no de be interrumpirse”. 15

Notas:

1
D. Crystal. Linguistics. Penguin Books, Ltd., Harmonsworth,

Midlessex, England, 1971, p. 145. La trducción del párrafo es

nuestra.
2
Comité International Permanent des Linguistes.The XIIIth.

International Congress of Linguists. Annou8ncement. 3rd. Circ.

Tokyo, May, 1982.


3
Y. Malkiel. Linguistics and Philology in Spanish America. A Survey.

Mouto, The Hague-Paris, 1972. p. 13. La traducción del párrafo es

nuestra.
4
Yuen Ren Chao. Iniciación a la Lingüística. trad, esp, Madrid,

Cátedra, 1977. p. 29
5
Puede verse al respecto G. Sampson. Schools of Linguistics.

Standford University Press. Standford, Cal., 1980. p. 15


6
Cfr. M.K.Halliday. Language as Social Semiotic. E. Arnold, London,

1978.
7
D. Hymes. Anthropology and Sociology: An Overview. En Sebeok et

al. Current Trends in Linguistics. The hague-Mouton, 1974,. XIII.

pp. 1445-75.
8
Nauta Doede Jr. The Meaning of Information.Mouto, The Hague,
1972.Ofrece una amplia descripción de un modelo cibernético.
9
El autor enfatiza particularmente este último aspecto sobre el que

está elaborando un trabajo cuyos lineamientos en una

comunicación enviada en resumen al XIIIer. Congreso

Internacional de Lingüistas de Tokyo, ag-set, 1982:

C.Domínguez.The Boundaries of Theoretical Linguistics. Otra

versión de los mismos lineamientos fue presentada en el IIº

Simposio Interdisciplinario sobre Metología de la Investigación

en Ciencias Humanas, en Córdoba, set. de 1982. C Domíguez.

Aplicación de una metodología residual en una ciencia humana.


10
S.J.Schmidt. Teoría del texto. ed. esp, Madrid,1978. p. 15
11
R. Harweg. I testi come elementi della parole a della langue. En:

S.L.T. XV Congresso Internazionale di Studi di Linguistica

Testuale. Riassunti delle Communicazioni. Genova, 1981.


12
C. Fuicccs y P. Le Goffic. Introducción a la problemática de las

corrientes lingüísticas contemporáneas. ed.esp, Hachette,

Bs.As, 1979. p 12.


13
E. Benveniste. Problemas de lingüística general. ed.esp., S.XXI,

Madrid, 1977. p. 101.


14
H.Padrón. Algunas observaciones al pensamiento espistemológico

de Gilles Gaston Granger Semiologías I-II-II. Comunicación al

IIº Simposio Intrdisciplinario sobre Metodología de la

Investigación en Ciencias Humanas. Córdoba, set, 1982.


15
D. Langmanovich. La lingüística actual: Tendencias en la investigación y

perspectivas interdisciplinarias, EN: Actas del Primer Simposio

Interdisciplinario sobre Metodología de la Investigación en Ciencias


Humanas. Salta, 1980. pp. 186-87