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ARTE CONTEMPORANEO EN COLOMBIA: APROPIACION Y

RUPTURA

En la mitología hindú, Indra, dios de la lluvia mata a Vitra, dragón de las aguas para liberar la

lluvia. Este relato mítico es una apropiación del lenguaje para representar en una alegoría o

metáfora un fenómeno con sus respectivos símbolos. Si se hace un recorrido por esta

apropiación, se encontrará más remotamente en el Enuma Elish donde Tiamat uno de los

protagonistas de la leyenda personifica al dragón de los océanos y comanda las hordas del

caos cuya destrucción era condición previa para crear un universo ordenado.

Aunque Vitra y Tiamat son apropiaciones del dragón que simboliza algo, la destrucción

respectiva de ellos es lo que se llamará en este ensayo ruptura. Si el Guernica es apropiación

de la guerra en un contexto local, su simbología es ampliamente universal. Esto implicaría que

la apropiación es de orden temático, estilístico, compositivo, tendencial y etcétera. El orden

etcétera aunque es una apropiación de “todas las demás cosas” que es lo que significa esta

expresión latina, contiene en sí una ruptura por la razón de que se requiere hallar “esas demás

cosas”. En tal sentido, cualquier hallazgo comprende una ruptura.

En la historia del arte se “hallan” cientos de ejemplo de apropiación y ruptura, pero este

hallazgo histórico no es una “ruptura”, sino una apropiación que arroja luz o conciencia sobre

una posible ruptura. En el arte contemporáneo, se verán cientos de rupturas pero todas ellas

originadas de una apropiación como podrá evidenciarse en el primitivismo. En efecto, la

repercusión de estos axiomas la encontramos en Henri Rousseau, Signac, Renoir, Rendon,

Toulouse Lautrec, Picasso, Chagal, Kandinsky, Miró y los niños del mundo. Esto se

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comprende si su retroprogresión la hallamos en el arte preclásico y prelógico como

antecedentes de sus apropiaciones, cuyas rupturas se van a definir en el carácter directo y sin

rodeo propio de los niños: “El rey está desnudo”, la técnica sencilla, los colores brillantes y

los escenarios exóticos e imaginativos pero insertados en una tendencia cifrada en el tiempo,

es decir, en un cierto hastío de la civilización, del tecnicismo y el refinamiento.

Ahora bien, para hacer un rastreo de la apropiación y la ruptura del arte contemporáneo en

Colombia, es menester seguir las huellas del dragón, considerando que al ser alado, no se

tienen instrumentos que detecten el vuelo de los seres alados, no obstante, el fuego que

consume todo, excepto la ceniza, es un rastro que se puede obtener en la arqueología de las

cenizas producto de sus fauces. La arqueología textual nos dice que el Apohis egipcio era

expulsado cada mañana por Ra, el dragón hebreo simbolizaba el pecado, el griego protegía las

manzanas de oro en el jardín de las Hespérides, el dragón de los nibelungos hace invisible con

su sangre a quien se unte con ella, para los celtas simboliza la soberanía, para los chinos y

japoneses el poder y el conocimiento. La apropiación del dragón en todas estas culturas es una

y la misma: un ser alado antiquísimo que exhala fuego, pero la ruptura es paradójicamente

una apropiación con otros atributos, si en una protege, en la otra aniquila. Es justamente, la

variación atributoria la que hace posible la ruptura.

En el arte contemporáneo encontramos a Basquiat con un primitivismo intuitivo, pero con la

innovación del graffiti y la aproximación al arte popular al constituirse en voz de las minorías

étnicas como tendencia de la cultura de las masas. Es ahora cuando habrá que cuestionar si la

incorporación de objetos cotidianos a la pintura o a la escultura con una completa

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modificación como sucedió en el Pop Art es una ruptura o una mera innovación. Se establece

entonces un problema de índole epistemológico al no saber discriminar cuando una tendencia

o movimiento son innovadores o hacen una ruptura con las apropiaciones que le antecedieron.

Dice José Francisco Ráfols ue en el siglo XX el sentido del arte cambia completamente de

signo con respecto al que ha tenido en su historia hasta ahora. Desde la antigüedad clásica

hasta el siglo XIX la historia del arte era el testimonio del mundo objetivo, de lo que el

hombre tenía ante sí, fuera de esta objetividad la naturaleza, la sociedad o las ideas o la

interpretación del mundo. A partir del siglo XX el arte se convertirá en el reflejo o

manifestación sensible de la subjetividad de lo que el artista piensa o siente en su intimidad del

mundo y la sociedad en la que vive. Se trata, pues, también en el arte, de una revolución

copernicana, pero al revés: el centro del arte deja de ser mundo exterior para pasar a

preocupaciones del mundo interior; abandona el macrocosmos para instalarse en el

microcosmos.

De esta reflexión surgen dos preguntas teleológicas: ¿hay una finalidad para necesitar una

ruptura o ha habido apropiación de estas rupturas en el contexto colombiano o

latinoamericano? Si es así, nos seguimos reencontrando con las apropiaciones mas no con la

misma ruptura, pues apropiarse de una ruptura no es per se una ruptura. El otro entramado

consiste en conseguir elaborar una ruptura. Se hace necesario si la realidad subjetiva del

objetivador de la realidad es impelida por las ondas de su tiempo y sus devenires. Si sus crisis

deforman la realidad objetiva y la subjetiva.

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El otro óbice con el que se tropieza a menudo es el concepto o reconceptualización de la

tendencia. Si continuamos con el ejemplo del primitivismo podríamos asumirlo en el arte

africano o amerindio y sus apropiaciones como se verá en el bachueismo o en el retorno a las

geometrizaciones inspiradas en los petroglifos del alto magdalena como lo hace el pintor

huilense Jairo Plazas. Si la mayoría de artistas del periodo colonial colombiano se apoyaron en

los grabados europeos en lo que respecta a nuestro ejemplo, el término primitivista sólo puede

aplicarse con justeza a los ejecutores de exvotos, quienes se vieron obligados a realizar una

interpretación personal debido a que los temas no existían en las estampas importadas. De

otra parte, el concepto de primitivo también alude a los artistas no profesionales que en el caso

colonial realizaban los exvotos por ser beneficiarios de un milagro. En esos términos el arte

primitivista o naif tal como se define en la actualidad sólo se inicia en Colombia a mediados

del siglo XX en la obra de Noé León, proliferando y llenando sus conceptos en la actualidad.

Retomando a Ráfols, ese intimismo del mundo, para el caso religioso, se da en la colonia en

cierta forma, pero se cumple con Noé León en el siglo que él señala. Se hace notoria la historia

de la apropiación con una innovación como lo fue el exvoto, que sin embargo no resulta

“novedoso” puesto que se encontraba ya en el arte precolombino con la salvedad de la

interpretación personal que corresponde al mundo subjetivo o microcosmos.

¿En estos términos y conforme al ejemplo propuesto, es el primitivismo una ruptura? ¿Es un

dragón que con sus flamas redujo a cenizas sus antecedentes?

¿El mito griego del Fénix es aplicable a estas cenizas que se constatan en el Renacimiento?

¿Un retorno es una vuelta a lo mismo? Sustancialmente no. Aunque los seres y las cosas se

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extinguen en su huida, si regresan, regresan a otra realidad histórica manifestada en

fluctuaciones sociales que precisa rupturas. Ese es probablemente un caso de una apropiación

que se torna ruptura. En esa ruta, ¿cómo distinguir las apropiaciones de las innovaciones y las

rupturas en el arte contemporáneo colombiano si las hay?

El periodo contemporáneo del arte en la historia del arte se inicia hacia 1872 con el

movimiento impresionista. Los pintores impresionistas rompen con la tradición pictórica

occidental del Renacimiento en cuanto a la técnica de aplicar el color, el concepto del

espacio pictórico y la representación de la profundidad. A partir de ese momento, comienza

y se establece de una manera más clara con el cubismo, una nueva concepción del lenguaje

plástico. Más adelante, lo que había sido concebido por la tradición como un mero objeto

común y ordinario (Por Art) o acaso curioso, va a ser transformado y considerado como un

objeto de arte. Resulta entonces crucial apuntar en esa particular visión, lo primitivo, las

formas esenciales y puras serán utilizadas como fuente de inspiración.

Con la Historia del Arte contemporáneo en Colombia se vinculan todas las actividades

estéticas y artísticas a la realidad social, económica y política develando las diferencias

históricas y las similitudes estéticas desde donde se pueden visualizar las apropiaciones, las

innovaciones y las rupturas. Por ejemplo, al originarse el Bachueismo en Colombia los

paisajistas no pretendían otra cosa que hacer arte nacional. Los jóvenes de 1930 valoraron ante

todo la dimensión plástica y social de los temas y asuntos de su obra. Se materializa la

ruptura de los hechos e ideas viejas para poder afirmar los nuevos. La sensibilidad de estos

artistas los llevó a interpretar la melancolía de la raza indígena. Los Bachues insistían sin

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embargo en el pasado pero sin nostalgia señoriales. No predicaban el retorno al indio sino que

se inspiraron en el entusiasmo que había despertado la Vorágine de José Eustasio Rivera, al

lado de la cual dijeron: “Son pocas las obras que exhiben sabor criollo, aire de junglas,

emanación de maniguas, melancolía de indio”. Así los Bachues constituyeron uno de los

varios grupos que surgieron en Colombia a raíz del agitado movimiento del 8 de junio de

1929, fecha en que los estudiantes universitarios bogotanos fueron abaleados y tuvieron el

primer mártir en la figura de Gonzalo Bravo Maury. De este modo los Bachues viven como lo

expresó Hena Rodriguez: “ Nosotros los Bachues, viviremos de la realidad cálida de nuestras

obras” y en efecto, lo que decía coincidía con los movimientos renovadores que en ese

instante estaban transformando las arte en América Latina. ¿Este testimonio podría arrojar

luces sobre la expropiación de viejas tendencias para apropiarse de un nuevo retorno? ¿Es eso

una ruptura? La paradoja continúa en una apropiación que se torna ruptura.

Aproximándonos al arte contemporáneo colombiano, pero situándolo en el departamento del

Huila encontramos a un caleño llamado Phanor Satizabal, que ha dedicado su vida a la pintura

en la ciudad de Neiva en un conjuro de denuncia social. ¿Qué nos relata este artista en su obra

aludiendo a los mitos del alto Magdalena? ¿Cuál es su metarelato? ¿Qué significan las lianas

que envuelven, sujetan, o surgen de todo lo existente con una rememoración primitiva? ¿Qué

hace un homínido en una pantalla electrónica contemporánea? ¿Por qué una representación de

una muerte tan dramática y jocosa? ¿Por qué persisten esos monstruos míticos y esos

laberintos sombríos? ¿No hay allí un relato de la historia íntima que propone Ráfols en la

ruptura que se hace en el siglo XX y que no puede objetivarse con la historia convencional?

¿No están allí plasmados los pensamientos recónditos de los colombianos de una región que se

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niega a desprenderse de sus taras feudales y de su mediocridad latente y tenebrosa que se

resiste a salir del fondo oscuro del laberinto? Esos monstruos peludos y arcaicos que este

artista representa ¿no son los que ocultan su piel y su rostro a la pulcritud de la luz solar y a la

rectitud de las líneas en una superficie plana?

Así expuesto, la historia del Arte contemporáneo en Colombia no es sólo la historia de una

actividad humana que se empeña en representar y duplicar la realidad de los mundos como

apropiación, sino que esta historia es la historia del hombre colombiano, la historia de sus

instrumentos, de sus técnicas y su maniqueísmos apasionados o esquivos para contar y

contarse, en un metarelato que deviene en una ruptura en el modo de servirse de la imagen

para relatar su historia íntima.

Siendo que los hechos del pasado repercuten en los del presente en el criterio de Benedetto

Croce y al parecer en un sentido común generalizado como forma de apropiación histórica en

procura de una elaboración de ruptura, se puede confirmar el fenómeno de apropiación

ruptural en el artista Jairo Plazas (Artista huilense, egresado de la Universidad

Surcolombiana), dotado de autenticidad, de amor por su tierra original, que por lo tanto no se

niega, y busca ansiosamente su interior (confrontando la reflexión de Ráfols), recreándola y

colocándola en el lienzo con firmeza),en su serie - Madre Tierra -, donde sobresale una

tendencia geometrizante propia de los aborígenes inspiradas en la naturaleza y al servicio de

un mundo mítico.

Si queremos hallar nexos inconexos que prueban la apropiación abarcando las tendencias del

arte contemporáneo, bastaría con decir que en el cubismo, de alguna manera prevalece un

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geometrismo aunque angular y volumétrico. En la obra de J. Plazas hay un abrazo amoroso a

un habitante de la tierra, un abrazo de consuelo que rescata la nostalgia primitiva y pacífica de

la tierra. Su mano abrazadora es a la vez una escalera que conduce al umbral de una puerta

cuya decisión de pasar, debe ser tomada por el observador haciéndole participe. Además, esta

decisión, es seducida por un aura solar apacible. A diferencia de Phanor Satizabal., el cuadro

es esperanzador, la obra de Phanor es delatora y condenadora, tiene un contenido social

críptico a través del mito. ¿Cuál es la intensión del autor? ¿A que escuela pertenece? ¿Qué

procedimientos y técnicas emplea el artista? ¿Por qué resulta difícil encuadrar a los autores

contemporáneos en una corriente o en una escuela? ¿Es esta tendencia indicio de una ruptura

o de un querer esa ruptura? Quizá, alguien aventurado respondería aventuradamente que

directamente corresponde a una realidad que convoca el sur del Huila con una referencia a

Tierradentro o cualquier otro lugar de San Agustín, pero solo sería una suposición. Los hechos

de ruptura en Colombia se muestran como indicios de una cuasimodernidad que se ve

reflejada en su arte.

La mayoría de los artistas trabajando solos o en colaboración, crean cierta clase de obra en un

sistema simbólico. Esta obra puede ser examinada, exhibida por otros que son reconocidos en

el área. En cualquier caso, hay una distancia entre la ocasión de la creación y los tiempos en

que la obra es hallada y evaluada.

En efecto, si proponemos un ejemplo en los sistemas de apropiación, el Quijote, en su

momento era muy divertido y muy español, representaba a la decadente y soñadora España

aferrada al modelo antiguo medieval. Hoy en día en cambio representa el poder de la

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percepción y la importancia de la perseverancia. Los surrealistas cuya influencia no cesa,

crearon un sistema simbólico que como lo describe Marcel Bron, es hostil a todo naturalismo,

pero recrea las formas y los objetos que utiliza para darles una eficacia nueva e imprevista.

Este sistema simbólico crea una atmósfera de visiones oníricas que en el caso de Dalí también

constituyen un lenguaje de humor negro y fantasmal.

En general, estos sistemas simbólicos se estructuran en formación de ataque para destruir una

corriente que les precede. Es la destrucción que simboliza en uno de sus contextos el dragón

que abre este ensayo para definir o evidenciar la ruptura. El surrealismo surge a comienzos del

siglo XX, reforzando la teoría del inconsciente. Dalí lo teoriza en su libro La Conquista de lo

Irracional, que concibe como actividad -paranoica-crítica-. Se hace notable una ruptura con

el racionalismo occidental del siglo anterior.

Esta ruptura es más patente a finales de este siglo; puede hacerse palpable en nuestro contexto

cercano y como prolongación en el literato de la Universidad Surcolombiana Antonio Iriarte

Cadena con un libro titulado La Razón Vulnerada, basado en las experiencia chamánicas de

un antropólogo de Harvard, y en libros internacionales como Filosofía y Ciencia del ilustre

físico Heisemberg y el Tao de Física del físico teórico Fritjof Capra. En realidad se pone de

relieve no solo un sistema simbólico que no solo es creado por la mayoría de los artistas

colombianos, sino que es secundado de muchas formas por una época. El surrealismo hoy en

día dista del tiempo en que fue creado, hoy lo hallamos difuso, ecléctico e incluso holista,

pero sus huellas permanecen por una sencilla razón: La consciencia no es gloria de nuestra

especie , los lenguajes nos atrapan con frecuencia en errores y mitos y debemos por tanto

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esforzarnos para entender cómo la cultura y su devenir controla lo que ocurre dentro de

nuestras mentes, pues en mucha medida la mente humana no puede considerarse

completamente consciente.

Un artista colombiano que reúne todos los elementos aproximativos a la apropiación ruptural

el arte contemporáneo en Colombia, pero que sobresale por el contenido, por la sencilla razón

de que sin el contenido sus cuadros no podrían ser lo que son es Enrique Grau. La

transformación de los objetos del mundo real en la pintura es lo que cambia el círculo de

patrones del observador. El contenido de la obra de Grau emana directamente de la

composición fundamentada por la constante inquietud intelectual y el exacto conocimiento de

lo que hace y de lo que quiere. Es su trasfondo cultural, su autenticidad, su sabrosa mezcla de

teatro y diversión de imagen estética y proliferación barroca lo que constituye su contenido

como lo infiere Germán Rubiano Caballero en la Historia del Arte Colombiano.

Dentro del contexto del arte colombiano queda claro el sentido que en la cultura humana nada

sale de la nada. Muchos de los hechos del presente sientan sus bases en hechos del pasado. En

la historia del arte colombiano siempre vamos a encontrar contradicciones. ¿Por qué

contradicciones? Por que nos encontramos ante la presencia de dos mundos en contradicción:

el uno en la superficie aflorado y dominador, el otro esperando emerger con toda la fuerza de

su pasado, tal contradicción se aviva en el vitalismo que de hecho hallamos en la obra de

Alejandro Obregón. En su obra el “Ultimo Condor”, intuimos un cóndor glorioso y por su

misma gloria trazada por el arte–verdad y el vitalismo de Obregón que surge de la condena y

el abandono en medio de los grandes espacios vacíos surgidos por las montañas y lo océanos.

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La historia del arte en Colombia comienza con el arte religioso y una encubierta influencia

manierista. Un arte cuyo fin era la propagación de la fe. ¿Desde donde proviene la

contradicción como fuente de ruptura? Ella ya viene dispuesta al continuismo con el encuentro

de dos mundos. España estaba impregnada de la influencia oriental con la invasión de los

árabes desde donde surgen contradicciones y anacronismos en el desarrollo de las artes.

Los estilos artísticos entran en España con años de atraso en relación con los demás países

europeos. Herencia que habrá de surcar la historia del arte colombiano hasta su

contemporaneidad. Se hace patente desde la fundación del criollismo artístico con Antonio

Acero de la Cruz el no reconocimiento social del artista, apenas superado en nuestros días con

talentos que no solo son talentosos sino que han tenido el privilegio de nacer en circunstancias

familiares de alta probabilidad y hacer sus estudios en las mejores escuelas de arte, motivo por

el cual no pueden desprenderse de las corrientes europeas (apropiación) y que inicia el

proceso de la difícil clasificación del arte en Colombia (intencionalidad de ruptura).

Como por lo general las obras de los pintores pasan por períodos de formación,

experimentación y madurez es escasamente en el último período que se puede clasificar en el

caso de Obregón como expresionista americanista distinguiéndose aquí en el expresionismo

la apropiación y en el americanismo la ruptura. No obstante, en Obregón también encontramos

elementos surrealistas y la comunicación de un mensaje hondo y fantasmagórico. Pero a lo

que a inclasificación se refiere, los primeros intentos se hallan en Gregorio Vázquez de Arce y

Ceballos que se encuentra ante dos actitudes estéticas. Una de ellas el naturalismo ilusionista,

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exuberante y sensualista preconizada por la estética barroca y la otra la estética renacentista

neoplatónica sustentada en la ideología del humanismo como lo sustentaría Francisco Gil

Tovar.

De muchas maneras se podría ver que la historia del arte en Colombia está cruzada por una

inconstante clasificación debido al supuesto principio de apropiación ruptural expuesto y

sostenido en el arte contemporáneo.

En esa vía,¿Cuál es el testimonio ruptural de la obra de Alejandro Obregón? ¿Qué nos relata

en la obra aludiendo a la flora y la fauna de un país mítico? ¿Cuál es su metarelato? ¿Qué

significan las barracudas que navegan en la incertidumbre, que sujetan, o surgen de todo lo

existente con una rememoración nacional? ¿Qué hace una mujer moribunda en medio de un

paisaje árido y elocuente? ¿Por qué su agonía es tan dramática? ¿Por qué persisten esos

animales fantásticos en esos espacios abiertos? ¿No hay allí un relato de la historia íntima que

no puede objetivarse con la historia convencional?

Si nos ubicamos en la influencia como elemento de apropiación, descubrimos que dos

apropiaciones generan un elemento de ruptura. Así el arte contemporáneo influencia al diseño

gráfico y éste a su vez se convierte en inspiración de obras de arte innovadoras. Ello es así por

que la pintura juega un papel importante en la mayor parte de las acciones del fenómeno de la

comunicación, unificando los significados, a través del aprovechamiento tecnológico de los

medios de comunicación que promueven la universalización de una estética aplicada

compartida. Esto se corrobora en la obra del bogotano Flanklin Aguirre.

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Dice el escritor colombiano Fernando Toledo, refiriéndose a este artista que “las apoyaturas

(apropiaciones) del Pop Art, quizá la directriz más relevante de los últimos cincuenta años, la

tensión que se da entre el oficio y el propósito, el uso de utensilios pictóricos como son el

dibujo, el manejo espacial y el domino del color, que siguen siendo esenciales, establecen

entonces una ligazón con el ícono, con la nostalgia del cómic o con el vigor de un lienzo

forjado a partir de un jirón de la memoria”. Aflora de nuevo un primitivismo ingenuo en la

sencillez del lenguaje (apropiación) pero se establece una ruptura según este escritor “en un

planteamiento pictórico y al mismo tiempo lleno de complejidades, que establecen los

paradigmas del hecho artístico. En efecto, de establecerse un paradigma, nos encontramos

ante una auténtica ruptura.

Es fácil concluir que es más factible apropiarse innovadoramente que hacer rupturas. Los

casos de apropiación en el arte contemporáneo en Colombia son sumamente detectables, lo

que se torna difícil de visualizar con claridad son las rupturas. Esto se comprueba, para

encontrarle un botón a la camisa, en la curaduría del XII salón regional de Artistas 2007, Zona

sur, efectuada en la ciudad de Neiva, cuyo curador, el profesor Jaime Ruiz Solórzano de la

Universidad Surcolombiana, atestigua la ausencia de ese otro primitivismo que consiste en

“las varias expresiones que no poseen formación académica, que está incipiente o

provenientes de sectores populares e indígenas, explicándose en que sus códigos no

alcanzaban el “nivel de canonización “ que determina las convenciones y criterios artísticos

establecidos dentro de cada proyecto curatorial implementado. Recuérdese que desde la

fundación del criollismo artístico con Antonio Acero de la Cruz, se hace patente el no

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reconocimiento social del artista. Por otro lado, dentro de las acepciones del fenómeno

primitivista se encuentra, el caso de Noé León que resultó ser exitoso pero muy efímero.

Este botón de la camisa es significativo por que refleja el estado actual del arte contemporáneo

en Colombia. El esteta Ruiz Solórzano enumera las apropiaciones que hacen los artistas en lo

que él denominó “hallazgos curatoriales” que restringió en tres categorías a saber: cúmulos,

convergencias y nudos. En los cúmulos identificó las características que se dan en las

producciones tradicionales y las contemporáneas heredadas del mundo mágico-mítico donde

se hallan los nexos entre la fantasía y la realidad, marcando un diálogo fecundo dado en la

diversidad cultural.

En las convergencias se identificaron elementos de contacto: los diálogos, los préstamos, las

apropiaciones y las combinaciones. De nuevo el pensamiento ancestral sirve de fundamento a

través del consumo de plantas sagradas, las enseñanzas constructivas se dirigen a la obtención

del bien común, temporalidades metafóricas imperantes en la historia universal, denuncias de

los mecanismos de poder, descontextualización de los íconos religiosos, expresiones culturales

ceñidas a las festividades y los tránsitos de un territorio de expresión a otro. En los nudos

identificó la intención de descubrir las proximidades, las articulaciones, los entramados y los

tejidos que puedan existir en las producciones tradicionales y las contemporáneas como

referentes de las diversas problemáticas que se viven en la cotidianidad. En estos nudos se

entrevieron la preocupación por los ecosistemas; estrategias para reconstruir la memoria

colectiva; la recuperación del rito de la renovación constituida en una eliminación simbólica

de los problemas; las condiciones de la violencia generalizada en los efectos del conflicto

social familiar y laboral.

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Si bien Aguirre se cierne desde el Pop Art internacional, otros artistas se consagran en lo

nacional. De cualquier modo, el fenómeno de la apropiación concebido en este ensayo se hace

patente, en tanto que la ruptura se entremezcla con las innovaciones o recombinaciones

tornándose efectivamente difusa.

En este recorrido, se hacen manifiestas la indeterminación y la certidumbre. Así pues, para

concebir la ruptura en nuestro arte contemporáneo, acudiendo a un préstamo universal y lo

que constituye una metáfora, Indra debe matar a Vitra para liberar la lluvia, en ese sentido, la

ruptura es una liberación o una elaboración de ruptura. Tiamat debe ser destruido a fin de

reordenar el universo artístico colombiano.

El hallazgo de “todas las demás cosas” requiere de una profundización en la filosofía y en la

ciencia en lo que respecta al arte contemporáneo en Colombia. Se requiere de hallazgos para

consolidar una elaboración de ruptura que escape a la clasificación pero que mantenga la

unidad. Dentro del conjunto de apropiaciones, se estima necesaria una “variación atributoria”,

es decir, cambiar la mirada del arte colombiano. Los casos escogidos como modelos

personales del A.C en C son vislumbres de rupturas y más certeza de apropiaciones con la

salvedad del modo de servirse de la imagen pero que funcionan como un muestreo que no

excluye artistas de renombre nacional e internacional y artistas poco conocidos o ignorados en

el ámbito nacional, lo que permite mostrar un panorama más acertado del arte contemporáneo

en Colombia referido al enfoque que asumió este ensayo.

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