“LA VIRGEN MARÍA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN”.

Ficha 1

ORACIÓN: Leer o cantar el Magnificat (Lc. 1, 4656) Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos. Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

OBJETIVO: conocer a la virgen María, su vida, sus pensamientos y actitudes a través del Evangelio, viendo en ella el modelo del ser cristiano.

Amen. MOTIVACIÓN: Todos sabemos que María siendo una jovencita común y corriente se crió en un hogar

bueno y creyente. Desde pequeña quiso consagrar su vida a Dios para servirlo con entera dedicación. Es Dios, quien tomando la iniciativa irrumpe en su vida, eligiéndola para que sea la Madre de su Hijo Jesús. La respuesta de María es clara y definitiva: “he aquí la Sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Dios ha descendido hasta ella para solicitar su si y ella, libremente, con entera responsabilidad y disponibilidad, da su consentimiento. Entra así de lleno en el núcleo más íntimo del plan de salvación. María, sierva y perfecta discípula del Señor por su SI divide la historia. Un SI no sólo a ser madre de un hijo, sino madre del Mesías anunciado por los profetas. Ella es, a partir de ese momento la verdadera arca de la alianza, que no contiene las tablas de la ley, sino al mismo Dios con nosotros. Por ese SI, su vida se une para siempre con la persona y la misión de Cristo Jesús, desde el mismo instante de su concepción.

Texto Bíblico “ Dijo María: yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38) “Por esos días, María se puso en camino y se fue con prontitud a la región montañosa de Juda, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” (Lc. 1, 39-40) “Y dijo María: Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador” (Lc. 1, 46-47) “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clópas y María Magdalena” (Jn. 19, 25)

Actitud (rasgo o virtud) de María

EJERCICIO: Para conocer mejor a María a través del Evangelio, se propone una serie de textos bíblicos y un cuadro en blanco para anotar la actitud correspondiente que nos llame la atención. Se forman grupos o dúos para realizar el siguiente ejercicio.

“María por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19) “Le dice a Jesús su madre: ‘No tienen vino’ Jesús le responde ‘¿Qué tengo yo contigo mujer?’ Todavía no ha llegado mi hora. Dice su madre a los sirvientes: ‘Haced lo que él os diga”. (Jn. 2,35) “todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús, y de sus hermanos" (Hch. 1, 14)

REFLEXIÓN: En el caso de María, el contenido teológico de los textos, su importancia en relación al papel que juega en el plan de redención, son de extraordinaria trascendencia. Lo que el Nuevo Testamento nos relata sobre María testifica claramente que estuvo presente en los momentos decisivos de la historia de salvación junto a su Hijo Jesús; que ya es inseparable de la persona y de la obra de Cristo, Redentor del hombre. El pleno significado de los textos marianos en la Biblia se comprende en el contexto de una sola historia salvífica, un solo plan de Dios para con el hombre. En este sentido, el SI de María juega un papel importantísimo. La plenitud de gracias que proclama el ángel corresponde a la elección y misión salvífica que recibe María. El centro del anuncio a María y de su vocación, es “que ha hallado gracia delante de Dios”, concebirá y dará a luz un hijo, el Dios con nosotros; al que debería poner por nombre Jesús: “Yahvé salva”. Así también, en el cántico del Magnificat, vemos a María invadida por la alegría de tener en su seno el Mesías prometido; está dichosa porque Dios ha puesto sus ojos en ella, más específicamente, en la humildad de su esclava, porque la ha elegido y ha hecho maravillas en su favor.

María es quien sabe mirar y conoce íntimamente a su Hijo. Es así como en las bodas de Caná, no sólo vemos la descripción del primer milagro de Jesús, sino también a María como colaboradora y socia de Cristo, la vemos en su función de mediadora entre Jesús y los hombres. Es quien invita, a nosotros los hombres, a vivir atentos a las palabras de Jesús. No podemos eludir la mirada cuando María al pie de la Cruz vuelve a tener un papel importante junto a su Hijo. Es ella, la primera cristiana que mira con dolor en cuanto madre, pero con profunda esperanza en el gran sacrificio redentor de Cristo. La Virgen María está en medio de la Iglesia naciente, como una madre junto a sus hijos, como lo estuvo en casa de Isabel o en la fiesta de Caná. No es que en ella tenga el papel fundamental, sino que podemos reflexionar en torno a su figura en medio de los apóstoles desvalidos y aún temerosos, implorando la venida del Espíritu Santo. Esta reflexión mariana a partir de los textos bíblicos, es sin duda, invitación y estímulo para observar en María, una verdadera madre nuestra. María ciertamente no es nuestra madre en sentido biológico de la palabra; el fundamento de su maternidad respecto de nosotros radica en que ella, al ser madre de Jesús lo es también de su cuerpo, es decir de la Iglesia.

En el cuerpo de Cristo nosotros somos sus miembros y el nuestra cabeza. Somos sarmientos de la vid verdadera, hijos en el Hijo. Y María es nuestra Madre, a quien sin duda nos podemos acercar como camino hacia el Camino, en sus manos de madre nos encontramos con su Hijo Jesucristo. María, canta la redención. La acción liberadora en el nombre de Merced, que nosotros aplicamos a María, hemos visto puede sustentarse en una serie de textos de la Sagrada Escritura. En la reflexión de ellos podemos afirmar que estamos ante un evangelio de liberación que se explicita, sobre todo, en el anuncio de Jesús de Nazareth (Lc. 4, 18-19). Hay un compromiso de acción liberadora que responde a las exigencias de nuestro mismo discípulado (Mt. 25, 31-46). Estamos ante un canto de libertad que ha recibido en su principio forma mariana en el Magnificat. Es significativo el hecho de que sea María, la mujer que asumiendo el anuncio y compromiso de liberación, lo lleve hasta su culmen, convirtiéndolo en un canto. Es el canto en que María nuestra Madre, ofrece ante los hombres el latido de una libertad que transfigura las mismas condiciones de la historia. Es oración, es diálogo jubiloso, es vivir en el gozo la experiencia de la entrega en manos de Dios; colaboración en su tarea redentora.

Ella se sabe enriquecida, transformada por la acción de Dios y canta; responde al don divino, pero su volver a Dios no ensimismado, sino ofrecimiento a los demás, regala a los demás el gozo de su gracia. El Magnificat se muestra, por tanto, como canto y profecía de liberación; revela el compromiso de Dios, aquello que realiza en la historia de los hombres; pero al mismo tiempo, anuncia la acción de aquellos hombres que, unidos a María, se ponen en las manos de Dios y explicitan su gracia redentora.

Espíritu de servicio: es estar dispuesto(a) al sacrificio del bienestar, de mi tiempo, incluso de lo que me gusta para socorrer al hermano que me necesita. Espíritu de libertad y de pobreza: nosotros queremos liberarnos de lo que nos estorba, de los pesos inútiles, queremos cerrar nuestras heridas resentimientos o rencores queremos alejarnos de la realidad del pecado. De todo eso queremos y tenemos que liberarnos. Para ello contamos con la ayuda de la Virgen María, pues ella vivió pobremente, conoció lo que es ser necesitado; en el Magnificat nos dice lo que piensa sobre la justicia, con la fuerza que sólo puede venir de una mujer plenamente libre. Fidelidad pese al sufrimiento: el sufrimiento, la desgracia y el dolor con frecuencia llevan al hombre a preguntarse y preguntarle a Dios ¿por qué? y cuando la respuesta es el silencio la fe se nos tambalea. A este silencio María responde con fidelidad, fe y sobre todo con mucha oración, o sea, vive en el diálogo amoroso con el Padre, donde más que hablar mucho se dispone a escuchar. ORACIÓN FINAL: Antes de terminar nuestro compartir, hagamos un ejercicio de imaginería. Situémonos

INTERPELACIÓN: A partir de una mirada a las actitudes de María, la invitación es a que puedas revisar TU VIDA. María contemplativa: así como lo fue María, también tú puedes ser contemplativo (a). ¿Cómo?, llevando una vida interior cargada de alegría, de oración y de conversación profunda y continúa con Dios. Tratando de encontrar en cada acontecimiento de la vida, simple o importante, una manifestación de la voz de Dios. María disponible: María estuvo siempre pronta para hacer la voluntad de Dios. ¿Cómo está mi disponibilidad para vivir la voluntad de Dios?

en el ambiente de un pasaje bíblico y dialoguemos en amistad filial con María. Dios te salve María…. Canto Final…

“MARÍA DE LA MERCED, REDENTORA DE CAUTIVOS”

Ficha 2

Dios te salve María, llena eres de gracia.... Guía: Y el Verbo se hizo carne. Todos: Y habito entre nosotros. Dios te salve María, llena eres de gracia… Guía: Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Todos: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo. Guía: Oremos. Derrama, Señor, Tu gracia en nuestros corazones; para que habiendo conocido la Encarnación de Cristo, Tu Hijo, por la voz del Ángel, por los meritos de su pasión y cruz seamos llevados a la gloria de la Resurrección. Por el mismo Cristo, Nuestro Señor. Amén. MOTIVACIÓN: La advocación de la Merced, referida a María, está íntima, histórica, originaria y esencialmente vinculada con el nacimiento de nuestra Orden de la Merced. Podría alguien hacerse la pregunta ¿Qué ha sido primero, la advocación de la Merced o la Orden de la Merced? La respuesta es clara; primero existió la fundación de la Orden, y después en María se vio la presencia de merced, es decir se vio en ella una Madre de la Misericordia. Si bien María inspira a Nolasco la fundación de una Orden consagrada a redimir cristianos cautivos, y en ese aspecto ella es anterior, hay

OBJETIVO: Descubrir la presencia de nuestra Madre de la Merced en medio de nuestra familia, sintiéndonos parte de su acción redentora. ORACIÓN: La idea es poder iniciar con un canto mercedario y luego el rezo del Ángelus. Guía: María. Todos: El Ángel del Señor anunció a

Y concibió por obra del Espíritu Santo. Dios te salve, María, llena eres de gracia… Guía: He aquí la esclava del Señor. Todos: Hágase en mi según Tu palabra.

que reconocer que el título de merced es en la identificación con el accionar de merced en el amor redentor. Es por ello que podemos decir que una de las manifestaciones de la función materna de María encuentra en la fundación de la Orden de la Merced su plena confirmación. Es con María que el caballero Nolasco, luego de acoger y querer responder al dolor del cautivo; inicia una tarea de rescatar y visitar cautivos. Es por ello que afirmamos que “merced” es misericordia, adquiere el rasgo de la compasión del Buen Samaritano del evangelio. Es tal la unidad que se establece entre María y merced que Nolasco no tarda en bautizar a la Reina del cielo con un nuevo título, le llamará como la obra iniciada “María de la Merced”. TRABAJO COMÚN: La idea es que preparado con anticipación se elija a dos miembros de la comunidad juvenil, los cuales puedan relatar a los demás el siguiente diálogo. Nolasco: ¿Quién eres tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata a Dios y meritoria para mí? María: Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios,

tomándola de mi sangre, para reconciliación del género humano. Soy aquella a la que dijo Simeón, cuando ofrecí mi Hijo en el templo: “Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción; y a ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma” Nolasco: ¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿quién podrá creer que tú me mandas? María: No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una Orden de este tipo en honor mío; será una Orden cuyos hermanos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos entre los cristianos y serán signo de contradicción para muchos” (Cf. N. Gaver, Speculum Fratum,
Toledo 1928)

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Luego de escuchar el diálogo, poner en común: - ¿Qué nos llama la atención del texto? - ¿Cuál es la actitud de Nolasco? - ¿Cuál es el papel de María? - ¿Dónde podemos ver a Jesús en la Merced? Juego:

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Para poder distender el encuentro y ejercitar nuestro conocimiento mercedario, se propone jugar el “Bachillerato Mercedario”, donde al elegir una letra tendrán que llenar las siguientes casillas, SÓLO con elementos que dicen relación con la Merced. (Libremente se pueden agregar otras columnas) Ejemplo: Letr Person a aje M Maria de la Merced Actitud Mansedum bre Lugar Madrid Objeto redent or Moneda s

R EFL XIÓ

E N: No nos cabe duda que, hoy como ayer, existen hombres privados de libertad y sometidos a la penosa realidad de no poder disponer libremente de sí mismos. Los cautivos están en manos de otros que los dominan y oprimen. Los

cautivos no tienen en sus manos la vida como propia, están soportando una de las pobrezas más hondas de la existencia humana, ya no viven como hijos dignos de Dios, el cautiverio hace desaparecer la libertad. En este sentido la misión redentora, llevada a cabo con fidelidad y entusiasmo, desde sus inicios y a lo largo de la historia, ha ido cobrando nuevas formas en su actuar, se ha tenido que ir buscando las nuevas formas de opresión, descubriendo, favoreciendo, visitando y liberando a cuantos sufrían y sufren la privación de su libertad. El gran consuelo y fortaleza es la convicción de no estar solos en la “travesía redentora”, es Cristo Redentor quien configura nuestro actuar, y es su Madre quien sostiene en la tarea. Sin embargo, hay que tener siempre muy presente que, la intercesión y fortaleza que encontramos en María es siempre subordina a la obra de Cristo. Jesús es el único mediador entre Dios y el hombre, es el único principio de salvación. Ninguna creatura puede compararse al Hijo de Dios; todos podemos participar y cooperar en la redención, pero siempre desde el único mediador que es Cristo. La Virgen María, se sitúa en este nivel de las creaturas, aún reconociendo que sea la más excelente de todas. Con María podemos seguir las huellas del Redentor, sabiendo que ella es modelo de ese seguimiento evangélico.

Hoy los problemas no son menores, vivimos y somos constructores de sociedad, en la cual muchas veces hemos dejado de lado la presencia de Dios. El papa Benedicto XVI recientemente ha reflexionado: “Hoy hay quien vive como si nunca debiera morir o como si todo acabara con la muerte; algunos se comportan considerando que el hombre es el único artífice de su destino, como si Dios no existiera, llegando a negar, en ocasiones, que haya espacio para Él en nuestro mundo. Los grandes éxitos de la técnica y de la ciencia, que han mejorado notablemente las condiciones de vida de la humanidad, no ofrecen soluciones a las preguntas más profundas del espíritu humano”. (Audiencia general, 16 de agosto de 2006). Sin embargo la realidad opresora del pecado no es la última palabra: “Sólo la apertura al misterio de Dios, que es Amor, puede saciar la sed de verdad y de felicidad de nuestro corazón, sólo la perspectiva de la eternidad puede dar auténtico valor a la vida humana” (Audiencia general, 16 de agosto de 2006). Así también podemos seguir reflexionando y descubrir que María de la Merced-liberadora, promueve en medio de nosotros un camino de transformación y redención. Es camino de Merced, de misericordia, donde hemos de andar conscientes en los pasos que damos: vivir la encarnación donde podemos experimentar de modo real los problemas y no sólo diagnosticar

desde fuera. Así también tendremos que discernir, pues no basta con vivir, hay que saber y entender lo que se vive; comprender la realidad de la cautividad. Finalmente no podemos dejar fuera el paso del compromiso; el mercedario no se puede quedar sólo contemplando desde lejos. La tarea no es fácil y nunca lo ha sido, sin embargo vivimos en la certeza del Resucitado, la Merced se siente parte de una gran familia que es la Iglesia. Un primer movimiento será entonces, sintiéndome parte del cuerpo místico de Cristo, “remar mar adentro” con la capacidad y entusiasmo que llevo en mi vida el grito redentor de Cristo, el canto liberador de María.

María, modelo de oración redentora.
(Material enriquecido con reflexión “María, modelo del mercedario” de Fr. Carlos Anselmo Espinoza O. de M.)

Un aspecto importante de María que no podemos olvidar es mirarla como modelo de oración, de plegaria redentora. Existe una oración mercedaria que en el caminar de nuestra familia se ha denominado “contemplación redentora” y “oración liberadora” (Mensaje del capítulo general de 1992) que consiste en encontrar a Cristo en la opresión y muerte de los hombres de la tierra; venerarle en los cautivos, amándole al amar a los que están necesitados. La oración mercedaria es una expresión del espíritu redentor que anima el ser y la misión de la Orden. El espíritu que mueve al seguidor de María de la Merced, supone como primer paso el descubriendo de Cristo vivo y que sigue padeciendo en muchos hermanos nuestros, que están oprimidos y cautivos, expuestos a perder su fe. El carisma redentor debe animar, por tanto, nuestro compromiso orante, evitando que la tarea liberadora pierda su identidad. La oración mantiene viva la llama, es un fuego que enciendo el fuego redentor; en ella se nutre nuestro andar. Las acciones que van configurando la imitación de María como modelo de nuestra plegaria podemos verlas en que: - vivimos la presencia de María al modo como aconteció en la primera comunidad

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cristiana, como lo indica el relato de los Hechos de los apóstoles (Hch. 1, 14) glorificamos a Dios como lo hizo María que “sobresale entre los humildes y pobres del Señor”. imploramos sus misericordias para los oprimidos, en referencia a las acciones salvíficas de Dios a favor de los pobres y oprimidos de la tierra. alabamos su justicia con los poderosos, en abierta referencia al canto de María. tratamos de imitarla en su unión con el Señor de las misericordias en el ofrecimiento de la propia vida, lo que nos remite a la caridad redentora del mercedario, expresada en el dar la vida como Cristo la dio por nosotros. María preside nuestra oración por cuanto es Madre que inspira la obra redentora de la Orden; es presencia actual en medio de la comunidad mercedaria. Preside como virgen orante, como cabeza y espiritual fundadora. María inspira nuestra oración en el sentido que ella ha sabido estar en el plan de salvación de Dios; ha sabido reconocer, contemplar y cantar las maravillas de Dios a favor de los sufridos de la tierra. Ella está hoy entre nosotros impulsando nuestra plegaria y nuestra misión.

Comprendemos que la oración mercedaria realizada con nuestra Madre nos conduce a un real compromiso, el seguimiento vivo de Cristo Redentor. No cabe duda que la infinidad de manifestaciones orantes de nota mariana, son el fiel reflejo de una certeza fundamental: la familia redentora es mariana por esencia, es mariana por su carisma y misión, es mariana por su relación íntima con el estilo de vida del mercedario. “Dependiendo totalmente de Dios y plenamente orientada hacia Él por el empuje de su fe, María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión” (Cf. Libertad cristiana y Liberación 1997) -

¿Cuál es el aporte mariano a mi vida como mercedario? En el ámbito en que nos movemos hoy ¿cerca de qué cautivos se encuentra María de la Merced? ¿la han descubierto como liberadora? ¿Qué he hecho yo para ello?

Canto:…

ORACIÓN FINAL: Recemos juntos Madre, Merced herida ¡cómo ofreces tu seno de luz y gracia lleno al alma desvalido! ¿quién sufre cautiverio, soledad y amargura, sin sentir tu ternura, Señora del Misterio? Tú, Madre, siempre estás junto al pobre cautivo

COMPARTIENDO: - ¿Qué espacio ha ocupado en mi vida la experiencia de María de la Merced, como liberadora de cautivos?

¡Muestras al Dios vivo a quien más lo busca! Tú, gracia mercedaria en materno carisma, te entregas a ti misma, hecha amor de plegaria. Contigo todo es gozo, Madre de la Merced: ¡Tú sacias nuestra sed a la orilla del pozo! Sigue, Madre y maestra colmando de alegría ¡Dios te salve, María dulce esperanza nuestra! Amén.

“MARÍA EN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA”.

Ficha 3

Lector: Te saludamos, Madre Inmaculada. El mundo entero te saluda como a su reina y como a la criatura más excelsa de nuestra raza. Todos: Te saludamos, María, porque el Señor ha hecho en ti maravillas. Lector: Dios te ensalzó y te hizo grande, por eso te llamarán bienaventurada todas las generaciones. Todos: Te saludamos, María, y te cantamos por ser la Madre de Dios y Madre nuestra. OBJETIVO: Reflexionar, a la luz de la reflexión eclesial, la figura de María integrada en el misterio redentor de Jesucristo y en su Iglesia. ORACIÓN: Se lee el texto bíblico y luego se hace el dialogo orante que se propone: “Todos ellos se dedicaban a la oración en común junto con algunas mujeres, entre ellas, María la Madre de Jesús, y con sus hermanos. Al llegar el día de Pentecostés estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente un ruido del cielo, como un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas como llamaradas, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. (Hech. 1, 14; 2, 1-4) Lector: Tú estás presente en nuestra vida y nos acompañas en nuestro caminar. Todos: Te bendecimos, María, porque eres la predilecta de Dios, la elegida y predestinada antes de todos los siglos para ser su Madre. Lector: Madre de Dios, Reina y Madre de todos los hombres, Madre de la Iglesia, en medio del rumor afanoso de la vida, tu corazón de madre alienta nuestras luchas.

Todos: Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros tus hijos ahora y siempre. Amén. REFLEXIONANDO: María en el misterio de Cristo. El hecho de que María es la Madre de Cristo no lo podemos dudar, pues es también un dogma de fe, proclamado en Éfeso en el año 431. Además en los Evangelios es llamada “la Madre de Jesús”. Cuando visita a Isabel, su prima, es aclamada por ella como “la Madre de mi Señor”, antes de que naciera Jesús, a quien concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. La Iglesia enseña que Cristo es el Hijo de María, así como cualquier madre le da todo lo que tiene a su hijo, así Ella le dio su naturaleza humana. Pero, María no solamente es Madre de Cristo, en cuánto hombre, sino que también, en cuanto que Él es persona divina, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Sabemos que para Dios todo es posible, por lo que el Hijo pudo encarnarse en un momento determinado en una persona adulta, pero no fue así. La Revelación nos dice que Él quiso venir al mundo de mujer, pasando por todo el proceso de gestación al igual que cualquier otro hombre. Su proceso de desarrollo en el seno materno fue exactamente igual al de cualquiera de nosotros.

Los Evangelios no nos dicen mucho sobre María. Pero por las pocas referencias que aparecen en ellos, sabemos que ella fue la Madre por excelencia. No ha habido, ni hay, ni habrá otra madre como ella. Cuando el ángel se le aparece a José y le dice que deben de huir a Egipto, porque Herodes había mandado a matar a todos los niños menores de dos años, Ella no pone objeción alguna, pues sabe que ante todo estaba su Hijo. A su regreso, en Nazaret, se ocupó de todo lo que era su responsabilidad, atendía a José, limpiaba la casa, es decir, no hacía nada espectacular. María siempre fue muy humilde y sencilla, virtudes que todos debemos imitar. Cuidando a su Hijo, atendiéndolo, enseñándole cosas. María amó más a Jesús que toda la humanidad. Ella no sólo veía en Él a su Hijo, sino que también veía a su Dios. Amó a su Hijo por toda la humanidad. Su deseo más ardiente fue y seguirá siendo el dar a Cristo a los hombres. Ella no conocía todo lo que iba a suceder, pero como dice el Evangelio: “todo lo meditaba y lo guardaba en su corazón”. Fue descubriéndolo poco a poco el querer de Dios, muestra clara de su ser peregrina. El Evangelio siempre nos la presenta meditando y reflexionando en las cosas de Dios. Esa interioridad fue la que le permitió decir SI al ángel y la que le ayudó a ser Madre de

Cristo, además de fortalecerla en los momentos difíciles que debería de pasar. En esa adhesión de María a su Hijo, hemos de entender también que, ella se asocia a su misterio pascual. María, al aceptar con plena disponibilidad las palabras del ángel Gabriel, que le anunciaba que sería la madre del Mesías, comenzó a tomar parte en el drama de la Redención. Su participación en el sacrificio de su Hijo, revelado por Simeón durante la presentación en el templo prosigue no sólo en el episodio de Jesús perdido y hallado a la edad de doce años, sino también durante toda su vida pública. Sin embargo, la asociación de la Virgen a la misión de Jesús se orienta hacia Jerusalén, en el momento de la pasión y muerte del Redentor. Como testimonia el cuarto evangelio, en aquellos días ella se encontraba en la ciudad santa, probablemente para la celebración de la Pascua Judía. El Concilio Vaticano II, en su constitución dogmática Lumen Gentium (Sobre la Iglesia) subraya la dimensión profunda de la presencia de la Virgen en el Calvario, recordando que “mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz” (LG 58), y afirma que esa unión “en la

obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte”. El recordado siervo de Dios Juan Pablo II, nos dice “La esperanza de María al pie de la cruz encierra una luz más fuerte que la oscuridad que reina en muchos corazones: ante el sacrificio redentor nace en María la esperanza de la Iglesia y de la humanidad” (Audiencia general 2 de abril de 1997) TRABAJO COMÚN: A partir de la reflexión anterior que quiere situar a María en el misterio de su Hijo Jesucristo, la idea es que podamos comentar: ¿Qué significado tiene para mí el que María se asocie al misterio redentor de su Hijo? ¿Cómo vivo mi relación con Cristo, asumo la donación de amor por mi?

María, Madre de la Iglesia. El título de María, como Madre de la Iglesia, ha sido proclamado solemnemente el 21 de noviembre de 1964 por el Papa Pablo VI en los siguientes términos: “...así, pues, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, Nos proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir,

Madre de todo el Pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los Pastores, que la llaman Madre amorosa; y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título”. El título de Madre de la Iglesia expresa una verdadera maternidad eclesial y es consecuencia del hecho mismo de la Encarnación. En efecto, si por la Encarnación se crea una unión vital entre Cristo y los fieles, por el mismo motivo se crea una unión vital entre María y la Iglesia. Y la razón de ello radica en que la Iglesia es el “cuerpo místico de Cristo”; la cabeza es Cristo y su cuerpo son los fieles, miembros de la Iglesia. María, por ser Madre de Cristo-Cabeza, es también Madre de todo el cuerpo, en virtud de que ese cuerpo forma parte de una persona mística con el Cristo único, el hijo de María. Para comprender mejor este nuevo título de María, dentro de los diversos nombres que se utilizan para describir la naturaleza de la Iglesia, se puede decir que la expresión “casa de Dios”, resulta particularmente apta. Así, la Iglesia es contemplada como “casa de Dios” (1 Timoteo 3,15) donde habita la “familia” de Dios, “habitación de Dios en el espíritu” (Efesios 2,1922). Y también es claro que toda familia tiene una madre, y en la familia de los hijos de Dios esa Madre es María, de ahí que con propiedad pueda llamarse "Madre de la Iglesia".

Se puede decir, finalmente, que María es “tipo y modelo de la Iglesia”. La Virgen María es tipo de la Iglesia en orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo. Es modelo porque vivió las virtudes con ejemplaridad suprema. Por ello, la Iglesia imita a la Madre de su Señor que conservó la fe íntegra, la sólida esperanza y la sincera caridad. Canto:… ORACIÓN FINAL: Podría ser oportuno, que al termino de este encuentro se de la instancia de rezar un misterio del santo Rosario, el cual nos ayudará en la contemplación del misterio de su Hijo, el Redentor.