S o phi e K i n se l l a

¿TE ACUERDAS DE MÍ?

para Atticus

-2-

ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS .......................................................................... 4 Prólogo ........................................................................................ 5 Capítulo 1 .................................................................................. 11 Capítulo 2 .................................................................................. 17 Capítulo 3 .................................................................................. 24 Capítulo 4 .................................................................................. 31 Capítulo 5 .................................................................................. 41 Capítulo 6 .................................................................................. 46 Capítulo 7 .................................................................................. 56 Capítulo 8 .................................................................................. 74 Capítulo 9 .................................................................................. 84 Capítulo 10 ................................................................................ 98 Capítulo 11 .............................................................................. 109 Capítulo 12 .............................................................................. 129 Capítulo 13 .............................................................................. 146 Capítulo 14 .............................................................................. 157 Capítulo 15 .............................................................................. 168 Capítulo 16 .............................................................................. 179 Capítulo 17 .............................................................................. 191 Capítulo 18 .............................................................................. 204 Capítulo 19 .............................................................................. 213 Capítulo 20 .............................................................................. 227 Capítulo 21 .............................................................................. 235 RESEÑA BIBLIOGRÁFICA ....................................................... 242

-3-

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

AGRADECIMIENTOS
Mientras escribía este libro se me plantearon muchas dudas sobre la amnesia. Mi agradecimiento a Liz Haigh-Reeve, Sallie Baxendale y, en particular, Trevor Powell, por toda la ayuda que me prestaron. Tengo la suerte de contar con un magnífico equipo de editores, auténticos superhéroes. Un millón de gracias a toda la gente de Transworld y, muy en especial, a Linda Evans, Laura Sherlock y Stina Smemo. Como siempre, todo mi cariño y agradecimiento a mi agente Araminta Whitley, y a Nicki Kennedy, Sam Edenborough, Valerie Hoskins, Rebecca Watson, Lucinda Bettridge y Lucy Cowie. Y a quienes consiguen que siga conservando el juicio: mi clan familiar al completo y Henry, Freddy, Hugo y Oscar.

-4-

de hecho. Estamos todas en la esquina de una calle del sudoeste de Londres que no había pisado en mi vida. La lluvia me salpica el cuello mientras desplazo mi peso de un pie (lleno de ampollas) al otro (ídem). Es mono. con la música de la disco retumbando sordamente bajo nuestros pies. Sólo que ahora tenemos que volver a casa y parece que soy la única que se molesta en buscar un taxi. Lo único que quiero es encontrar un taxi. Pero llevamos esperando aquí diez minutos y ni rastro de un taxi. Me cubro la cabeza con la chaqueta tejana. —¡Y un cuerno llueven hombres! —replico de mal humor—. llevo puestos unos pendientes que me hizo para mi cumpleaños: unas L diminutas de plata con aljófares colgando. —¡Lexi! —me grita Debs. aunque muchos chicos lo son: no en balde mide uno ochenta. Pero esta noche no tengo ganas de -5- . No volveré a comprarme zapatos de Fashion Ocasiones en mi vida. en plan paraguas improvisado. llegar a casa. Yo le creí. La hermana de Carolyn es promotora y nos consiguió entradas con descuento. Eran medio número más pequeñas. yo nunca llevo tacones). se me veían las piernas muy largas. La verdad es que a boba no me gana nadie. Carolyn y Debs se guarecen bajo un periódico y aúllan It's Raining Men como si aún estuvieran en el karaoke. A un metro. Fi tiene el pelo largo y oscuro. Mis pies son una verdadera tortura. ¡Llueven hombres! Su largo pelo rubio tiene un aire medio andrajoso con la lluvia. ¡Aquí sólo cae agua! Normalmente también me gusta el karaoke. pero aún se le ve una expresión animada. Sus dos aficiones favoritas son el karaoke y el diseño de joyas. con ellas puestas. Fi se ha apoderado del único portal que hay cerca y está metiéndole la lengua hasta la garganta al tipo con el que se enrolló en el bar. pero resulta que no es impermeable precisamente. a pesar del extraño bigotito que lleva. En una escala del uno al diez estaríamos hablando de menos seis.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Prólogo La más horrible de todas las noches horribles de este asco de vida que ha sido siempre mi vida. una boca enorme y una risa descomunal. Cuando le da por reírse. Y más bajo que Fi. Estas botas las compré la semana pasada rebajadas (charol negro sin tacón. consigue paralizar a la oficina entera. quitarme de una vez estas malditas botas y darme un buen baño caliente. por eso nos hemos arrastrado hasta aquí. alargando el brazo para que me una a ellas—. Y no es que suela moverme en cifras muy altas. pero la chica me dijo que cederían y que.

Me llaman así desde los once años. porque él cree que se parece a Bruce Willis en Pulp Fiction. buscando otra luz amarilla. es verdad. No es sólo el plantón de Chungo. Es más: se esfuerza en que lo llamen de otra manera. Todos han recibido un resguardo con la cantidad que les corresponde y se han puesto a dar saltos de alegría. en realidad: es Fi la que dice que me dan carácter. más cutre es el trabajo. y los dientes más bien torcidos. Carolyn ha empezado a hacer planes para irse de vacaciones a Nueva York con su novio Matt. Con cero patatero. ¡Una semana! Menuda injusticia. Meto las manos en los bolsillos con desolación y escudriño la calle mojada. Y a veces Escarola. Si al menos Chungo Dave se hubiese presentado como prometió… Después de todos esos mensajitos de «T kiero Lexi». Hace un tiempo empezó a llamarse «Butch» a sí mismo. Era como si las Navidades hubieran llegado con diez meses de antelación. Y ésa es otra: tengo el puesto con el nombre más feo de la historia. y yo no lo he cumplido por una semana. Todos se han pasado la tarde cotorreando sobre cómo van a gastarse el dinero. en la barbacoa de unos amigos de Carolyn. sino porque para conseguir una bonificación tienes que llevar trabajando en la empresa un año. No porque no haya trabajado duro. nada más. la cosa no cuajó. Chungo Dave trabaja en televentas de coches y ha sido mi novio desde que nos conocimos el verano pasado. incluso cuando las demás chicas me decían que me olvidase de él.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? cantar. estoy pensando en arreglármelos en cuanto tenga dinero y consiga mentalizarme de llevar hierros en la boca… o sea. He llegado a la conclusión de que cuanto más largo es el nombre del cargo. De una tacañería impresionante. pero el parecido termina ahí. Ahora me siento como una gilipollas redomada. En todo caso. sino también el tema de las bonificaciones. Para sus colegas del curro él es Chungo Dave. departamento de Suelos y Alfombras. mirando la puerta. Me siento dolida y me gustaría acurrucarme y aislarme de todo el mundo. Por mi parte. A duras penas cabe entero en mi tarjeta. no porque no haya cumplido mis objetivos. Si pudiera decirles lo que pienso… Ya. pero siempre digo que le dan carácter a mi aspecto. (Una trola. Nadie recuerda cómo se lo pusieron y él se niega a contarlo. Se creen que van a deslumbrarte con -6- . Como si Simon Johnson fuera a pedirle su opinión a una adjunta júnior del director comercial. pero un grupo más adelante se me anticipa. seguramente. Fantástico. Es cierto que tengo el pelo muy rizado.) De pronto aparece un taxi y extiendo el brazo en el acto. Debs ya tiene hora para hacerse unos reflejos en Nicky Clarke —se moría de ganas de ir a esa peluquería—. Fi ha llamado a Harvey Nichols para reservar un bolso nuevo muy guay que se llama «Paddington» o algo así. porque resulta que las ventas de la empresa en el período 2003-2004 han sido mucho mejores de las esperadas. Está pelado al cero. Y luego venía yo. Hoy era el último día del año financiero en el trabajo. del mismo modo que yo soy Dientotes. Resulta incluso embarazoso. No lo llamo Chungo Dave para insultarle: es un apodo. después de jurar que estaría aquí a las diez… Me he pasado todo el rato sentada. nunca.

se insultan de tal manera que cuesta saber si lo hacen en serio. Cuando estamos todos juntos. Lexi. si eres tan despampanante como ella. murmurándole cosas al oído a ese chico tan mono. Voy a comprarme un cargamento de maquillaje —dice mirando el pintalabios gastado—. ¿Dónde se ha metido tu Romeo? —Ha ido a decirle a la chica que lo acompañaba que se marcha. a decir verdad. —¡Fi! —¿Qué? —Me mira sin remordimiento—. Pesco varias palabras y. Una noche. Por ejemplo. pero demasiado tarde: un chorro de agua me da directamente en la cara. «Menudo calentón». Aunque. tampoco necesitas un gran repertorio. pese a mi galopante mal humor. Carolyn lleva con Matt un millón de años y nos dijo que nunca habla en la cama. se cubre con mi chaqueta tejana y saca su barra de labios. Al punto levanta la vista. Debs confesó que la única palabra que se atreve a usar durante el sexo sin troncharse de risa es «caliente». —Eh.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? el título y que no vas a ver que te han mandado al último rincón para que te ocupes de las cuentas piojosas con las que nadie quiere apechugar. Perdona. me he dejado las tenacillas puestas». No hay derecho. salvo para decir: «Aggg» o «Más arriba» o incluso (una vez. Me llega la voz de Fi desde el portal. nos quedamos a dormir las cuatro juntas y acabamos confesándonos nuestras frases verdes secretas. Lexi. cuando él estaba a punto de eyacular) «Joder. Los dos son unos cerebrines excéntricos. dándose cuenta de la metedura de pata. pero lo llevan muy bien. Un coche cruza salpicando un charco junto a la acera y retrocedo de un salto. hace unos meses. a Chungo Dave siempre le digo: «Qué hombros más bonitos» o «Tienes unos ojos preciosos». Luego me tocó el turno y confesé la verdad. o sea. Se me acerca. ¡Ahora puedo permitírmelo! —¡Claro! —le digo. Con lo cual lo único que dice es: «Estoy caliente». «¡Qué caliente estás!». Tendrían que haberte dado una bonificación. No sé si lo decía en serio.» Pero bueno. Todo de Christian Dior. intentando sonar entusiasta. —Hola —digo parpadeando. Ni que eso no ha ocurrido hasta ahora. Fi dijo que siempre usaba la misma y que le funcionaba a las mil maravillas: «Creo que se me están derritiendo las bragas. No son pareja. igual que Matt. —Levanto la vista y veo que Fi se ha desenganchado del chico mono. porque tiene un sentido del humor bastante raro. teniendo en cuenta el historial de Fi. -7- . me gotea el agua por las pestañas—. que suelo decirle piropos al chico. O no mucho. Qué se le va a hacer. pero no creo que lo sepan ni ellos. —Ay. En fin. —Me rodea los hombros con un brazo y me da un achuchón—. mierda. —Se repasa los labios con una barra de rojo carmesí—. Está calentando el tema. tengo que apretar los labios para no echarme a reír. ¿hay algún tipo que se trague una cosa así? Pues eso parece. No reconocí que lo digo con la secreta esperanza de que alguno me responda que yo también soy preciosa.

—Me da otro achuchón—. Con las bonificaciones y tal… Lexi. sus ojos verdes resplandecen con los faros de los coches. lo siento. —Ya. Un plato delicioso de pasta. Seguramente sólo vamos a charlar de política internacional o algo así. Ya me estoy muriendo de ganas. —Me da un beso en la mejilla—. padre no hay más que uno… —¿No tendrás un condón de sobra? Vale. lo que necesito es meterme en la cama. —Hurgo en mi bolso verde Accessorize (un regalo de cumpleaños) hasta encontrar el monedero a juego y saco un Durex. Venga. —Jo. Estás pasando un momento de mierda. aunque me hayan plantado y dejado sin bonificación y aunque mi padre acabe de morirse. cuando haya terminado todo? Prepararé espaguetis a la carbonara. Fi había visto un par de veces a mi padre. ¿Quieres que vayamos a tomar una copa? —No. —Procuro sonreír—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —No pasa nada. —Sonrío agradecida—. cariño. Fi es capaz de volver divertidas las cosas más lúgubres y ya sé que acabaremos tronchándonos. Te llamaré. Y seguramente tiene razón. —Las cosas te van a ir mejor —dice. Oye. seguro. una copa de vino… y poder contarle el funeral con todo detalle. Se le ilumina el rostro al recordar y se muerde un labio. También se me había olvidado eso. ¿Qué eres: una mujer o una morsa? Fi usa esta expresión desde que tenemos quince años. Ya estoy bastante de los nervios y si encima me dice algo bonito de mi padre. y cada vez consigue arrancarme una sonrisa. que le entrego con disimulo. —Gracias. —Sólo por si acaso —añade con una mueca traviesa—. en fin. —¡No pasa nada! —digo rápidamente—. soy capaz de echarme a llorar. ¿quieres venir a casa mañana por la noche. Fantástico. A nadie le gustan las lloricas. —¿Estás bien? —Me observa con atención—. Eh… procuro no tomármelo a la tremenda. pero. —Sí. Así que me las arreglo para esbozar una sonrisa que demuestre que estoy de coña aunque sea una dentona. -8- . Yo creo que tu padre habría querido que te presentaras en su funeral con resaca. Fi se queda en silencio un momento. Lexi… Su voz se vuelve más suave de repente y me preparo por si acaso. He de levantarme pronto mañana. O sea que no tenía que preocuparme por un repentino acceso de compasión. Tú sólo tienes que creerlo. —¿Tú crees? —Ajá. —¿Y sabes qué? —añade—. —Oye. Tampoco es que yo lo conociera demasiado bien. —Asiente con energía—. El año que viene.

Voy a llegar a casa. Ni borrachos. Echo un vistazo alrededor. Con la chaqueta sobre la cabeza. Nunca vamos a encontrar un taxi. No puedes quitarte de encima a la gente sólo por cantar. ahí hay un taxi! ¡Taaaaxi! —Me abalanzo hacia el bordillo mientras el vehículo se detiene y llamo por señas a Debs y Carolyn. Carolyn tiene las gafas llenas de gotas de lluvia y le lleva a Debs unas cinco notas de ventaja. se aleja calle abajo. —¿Qué significa eso? —Que no voy a subir a esas de ahí para que me den dolor de cabeza con sus malditas canciones. Llego a un descansillo y. tendría que haberme plantado en el cuarto.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Eh. echando una mirada hosca a Debs y Carolyn. la lluvia tamborilea sobre mi chaqueta y me empapa el pelo. Debs y Carolyn siguen cantando Dancing Queen: un numerito tan atroz que ni siquiera puedo culpar del todo al taxista. ni drogas ni karaoke. ¡Aquí! ¡Aquí! Tengo que pillar ese taxi. gracias a Dios! Por fin. Se acerca con el intermitente parpadeando—. Lo miro desconcertada. Vamos a quedarnos aquí clavadas toda la noche. Esos cócteles de banana eran fatales. —¡¡Taxi!! ¡¡Taaaaaaxü! ¡Sí! ¡Está frenando. Fi ha vuelto a desaparecer en brazos de mister Monín. El tráfico continúa deslizándose a nuestro lado y salpicándonos a base de bien. Mañana es el funeral de mi padre. casi antes de divisar a lo lejos la luz amarilla. con el pelo chorreándome por la cara. Nada de karaoke —responde el hombre. Debe de estar de coña. —Pero… —Es mi taxi y son mis normas. diciéndole que es preciosa mientras ella gime: «¡Buten! ¡Butch!» Tengo los pies llenos de ampollas y. —¡No puede prohibir el karaoke! —le grito indignada—. congelados… —¡Taxi! —grito instintivamente. Me inclino junto a la ventanilla del taxista. echo a correr por la acera. —Y antes de que pueda replicarle. me inclino sobre la balaustrada y llamo desde ahí arriba. me daré un baño -9- . patinando un poco y chillando hasta quedarme ronca. ¿Qué pasa si me pongo a llorar y se me queda todo el mundo mirando? Chungo Dave debe de estar en la cama con otra chica en este mismo instante. ¡No gires! —Me pongo a hacerle señales frenéticas—. antes de bajar por el otro lado. —¡Taxi! ¡¡Taxi!! En la esquina hay un montón de gente. que ahora están canturreando a gritos Dancing Queen. ¡Es… discriminatorio! ¡Es ilegal! ¡Es…! Balbuceo hasta quedarme sin voz. las ideas me dan vueltas en la cabeza como un par de calcetines en la secadora. Nunca he estado en un funeral. cortante. Tengo que pillarlo. además. —¡Hola! ¿Podría llevarnos primero a Balham y luego…? —Lo siento. Los esquivo y subo los escalones de un edificio oficial.

en la acera veo a un tipo trajeado que se dirige hacia el taxi. Y esto va a hacerme muuuucho daño… .10 - . Manoteo desesperadamente hacia la balaustrada de piedra. ¡Ya voy! ¡Un seg…! Para mi consternación. ¡Es nuestro! ¡Lo he visto yo! ¡Ni te atrevas! ¡Arg! ¡Arggggg! Incluso mientras mi pie resbala en el escalón mojado. Al empezar a caer. mierda. rasguñándome. Estoy rodando por los peldaños como una cría de tres años. El suelo viene directamente hacia mí. —¡Aquí! —grito—. no puedo evitarlo. —¡Es nuestro! —rujo mientras bajo las escaleras corriendo—. no acabo de entender lo que sucede. He patinado con mis malditas botas de suela reluciente. pero ya no puedo frenar… Ay.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? y olvidaré este día nefasto. dándome golpes en la mano y perdiendo mi bolso Accessorize por el camino… Intento agarrarme. mi cerebro se acelera.

imágenes del pasado que surgen al azar. Recuerdos. Noto como si mi piel fuese papel de lija. Nunca más. Me esfuerzo en recordar la noche anterior. No volveré a beber nunca más. el calor del sol en la nuca. no digamos ya… Uf. tengo que dormir… ¿Cuánto llevo despierta? ¿Cinco minutos? ¿Media hora? No es fácil saberlo. Tengo la garganta seca. fumándose un puro y diciéndome: «Cómetelas. No volveré a beber. ¿Cuánto llevo despierta? Tengo la cabeza a punto de estallar y noto una especie de niebla. pero es demasiado tarde. ¿Qué día es hoy. en medio de la melé. una especie de iPod embarullado. Intento cerrarle el paso. no. ya se ha colado… Tengo siete años y voy ganando con una ventaja kilométrica. pero lo único que me viene a la cabeza son tonterías. una especie de taladradora gigantesca. por cierto? Permanezco tendida e inmóvil. Dios. no volveré a beber. oigo las carcajadas. Me muero de sed. Todavía siento la humillación. ¿Qué pasó anoche? La cabeza me duele un montón. tropiezo y llego la última. encima de una manta… Una bandeja de patatas fritas en una mesa de madera. cariño»… Aquella carrera de sacos en el colegio… Ay. Debo de haber sufrido una intoxicación etílica o algo así. ¿Dónde estuve anoche? ¿Qué pasa con mi cerebro? Es como si hubiese descendido una niebla que lo cubre todo.11 - . noto el polvo en la garganta y el sabor a banana… . ese recuerdo otra vez.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 1 ¿Cuánto tiempo llevo despierta? ¿Ya es de día? Me siento fatal. Está bien. con el aspecto de una salchichita rosada. me duele todo. Unos girasoles balanceándose sobre un cielo azul… Amy recién nacida. Ellas me dan alcance y entonces. mi padre sentado enfrente con un sombrero Panamá. pero me resulta tan incómodo estar ahí delante yo sola que me detengo y espero a mis amigas. Ésta es la resaca más monstruosa de mi vida. ¿Eso es una voz? No. Estoy tan mareada que no puedo ni pensar. Siento un martilleo rítmico en la cabeza.

deslizo una mano hacia mi pecho y oigo un crujido de sábanas. Esos horribles taburetes de la barra con todo el vinilo roto. Aunque eso no explica que esté en un hospital. cuando entré dando tumbos en el baño. no he sido infiel en mi vida. No es posible que estuviera tan borracha. Un ramo de flores en la mesilla de noche. ¿Qué pasa aquí? ¿Qué ha pasado? Trato de que mi cerebro recuerde. Habíamos salido con las chicas de la oficina. ¿Por qué me sentía tan fatal? ¿Qué había pasado? Las bonificaciones. pero mis ojos no están para pesquisas. Es lo único que recuerdo. Una fría decepción muy conocida me oprime el estómago. ¿no? Me aferró a mi único retazo de memoria como si fuera una isla en medio del océano. por darle alcance… Sí. Débilmente. contraigo los músculos de la cara para . otro recuerdo brilla tenuemente. ¿no? Uau. Aprieto los párpados. ¿Dónde estoy? No me echaría un ligue. No suenan como las de casa. Me habré quedado en casa de alguna de las chicas.12 - . Obligo a mi cerebro a estarse quieto un instante. Estábamos en una disco tomando unos cócteles. Con cautela. vuelvo a desplomarme sobre la almohada. cerrados a cal y canto. Ya lo tengo. sobre una cama metálica. pero no es más que un gran globo vacío. Estoy en un hospital. completamente deprimida. al día siguiente. Tragando saliva mentalmente (en la boca no me queda). Los noto pesados. como aquella vez que usé unas pestañas postizas con un pegamento medio chungo y. ¿Qué demonios les habrán puesto? Ni siquiera puedo abrir los párpados. Nachos con queso. Esa disco tan cutre con el techo de neón rosa en… Donde sea. Hay un panel con botones a mi derecha. ¡Sí! Ahora me vienen algunos recuerdos. Doble palo. Entre la niebla. Y Chungo Dave no se presentó. Cócteles de banana… cócteles de banana… Haz un esfuerzo… piensa… Las Destiny's Child. Poco a poco. vi que tenía un ojo totalmente pegado y una cosa negra encima que parecía una araña muerta. ¿Qué demonios…? Estoy en una habitación sumida en la penumbra. Bananas. Hago un esfuerzo desesperado por recuperarlo. sólo colirio y tres aspirinas. Mierda. a trozos. Tengo que recordar qué pasó. No quieren información. Necesito una taza de café bien cargado. veo que en el brazo izquierdo tengo un gotero conectado a una bolsa de suero. Hay un extraño aroma a limón en el aire y llevo puesta una camiseta de algodón que no reconozco. ¿Le fui infiel a Chungo Dave? ¿Llevaré la camiseta talla extra de algún chico cachondo? ¿La habré tomado prestada para dormir después de una noche de sexo apasionado? ¿Por eso me siento magullada y dolorida? No. Vamos. Claro. Muy atractiva. Esos malditos cócteles de banana. Lexi. Me propongo escudriñar la habitación para vislumbrar alguna pista. Tal vez si me levanto y me doy una buena ducha… Abro los ojos con gran esfuerzo y me incorporo unos centímetros. Cócteles de banana. Esto es increíble. cierro los ojos y aguardo un poco.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Espera. Yo estaba sola con mi cóctel.

Lexi! ¿Te encuentras bien? —Umm. Eso sí podría ser fatal. —Ahora te traeré un calmante. Nadie puede oírme a través de esa puerta tan gruesa. me fui al suelo y llamaron a una ambulancia… Me asalta una idea más horrenda todavía: ¿qué ropa interior llevaba? No logro evitar un gemido. —¡Hola. ¿no? ¿O quizá es una especie de spa de alta tecnología? La enfermera se echa a reír. Y sigo sin tener ni idea de qué estoy haciendo aquí. me muero por un vaso de naranjada fresca. desde luego. Y me duele la cabeza. O ese tanga limón descolorido. ¿No recuerdas cómo llegaste aquí? —No —contesto meneando la cabeza—. giro la cabeza a uno y otro lado. Me sonríe. Le mandaré un mensaje a Fi y le preguntaré qué pasó. Claro. el suelo mojado. No te vas a poner algo así para estar con Chungo Dave. con los bordes deshilachados y la tira de Snoopy. sí. Algún adolescente encapuchado me dio en la cabeza. Aguardo un momento. Los médicos deben de haberlas quemado en el Incinerador Especial de Lencería Andrajosa. Haciendo muecas de dolor. Es extraño. Me noto la garganta seca. . ¿me atracaron? Tiene que ser eso. las cuatro juntas.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? tratar de concentrarme. Pero más allá de eso… nada. No podía ser nada muy elegante. La carrera detrás del taxi. Mi voz suena como un rallador arrastrado por un suelo de madera. Elijo el que tiene la silueta de una persona y al cabo de unos instantes se abre la puerta. pero es un hospital. Estoy un poco confusa. cogidas del brazo. Sería un desperdicio. Quizá llevaba las andrajosas bragas verdes y el sujetador que sólo me pongo cuando la cesta de la ropa sucia está llena. como en una ráfaga. pero no veo ropa. ¿dónde están los médicos y las enfermeras? ¿Acaso me estoy muriendo? —¿Hola? —llamo débilmente. Entonces se me ocurre apretar un botón del panel. —Lo lamento. Ni en la silla ni en la cómoda. pero todo continúa en silencio. Entonces… supongo que esto es un hospital. Tengo sed. gracias. Bébete esto. —Gracias —le digo después de tragarme el agua—. Me acuerdo vagamente de haber salido dando tumbos en busca de un taxi. Me recuerdo bailando frenéticamente una canción de Kylie Minogue y cantando We Are Family en la zona de karaoke. ¿Y mi móvil? ¿Dónde están mis cosas? Ay.13 - . Y ahora que lo pienso. Vacío total. Debo de haberme dado un buen porrazo en la cabeza. el resbalón con mis malditas botas de ocasión… Vaya. —Es que te diste un buen golpe en la cabeza. —Me da un vaso de agua y me ayuda a incorporarme—. ¿Te acuerdas de algún detalle del accidente? Accidente… accidente… Y de pronto me viene todo de golpe. ¡Ha funcionado! Aparece una enfermera de pelo gris y uniforme azul oscuro. Dios. Alargo la mano hacia la mesilla y entonces caigo en que no hay teléfono.

¿Quieres que te traiga algo más? —Me encantaría un zumo de naranja. debería haber ido al funeral con mamá y Amy. No es que yo conociera demasiado a mi padre. Hoy era el funeral de mi padre. imaginándome los esfuerzos de mi hermana para comportarse con valentía. Y yo aquí. —Me quita el vaso de las manos—. Porque… Oh. Mientras permanezco tendida. Era a las once. noto una lágrima en la mejilla. Sí. Hemos mantenido ya varias conversaciones. ni si habrán avisado a mi familia. pero empieza a darme vueltas la cabeza. Aun así. aferrada a su harapiento león de peluche azul y con un aspecto muy serio bajo ese flequillo de pony escocés. No sólo llevo una ropa interior andrajosa: además lo voy comentando con desconocidos. mi novio me dio plantón anoche. Y… ¿qué hora es? —Las ocho de la noche. — La enfermera sale y me quedo contemplando la habitación silenciosa. o por lo menos no sin que su hermana mayor la coja de la mano. Ya no tiene remedio. Voy a comprobarlo. ¡Joder! El funeral de papá. Fantástico. Si me lo he perdido. Lo cual significa… ¿Que me lo he perdido? Instintivamente trato de levantarme. sí? —me sorprendo—. —Todas tus pertenencias deben de estar a buen recaudo. O «andrajosa» quizá. Sólo he conseguido montar una esquinita del rompecabezas. Tampoco fue una sorpresa tan tremenda su muerte. Tengo una visión repentina de ella. De pronto soy consciente de que . O algo parecido. esa clase de tío pícaro y gracioso que te trae caramelos en Navidad y huele a cigarrillos y alcohol. Era más bien como un tío. con dolor de cabeza y una pierna rota. me dejo caer otra vez a regañadientes. hay una sensación que no me abandona… Recuerdo que tenía muchas ganas de volver a casa. Más o menos.14 - . Creo que sí —digo—. exacto. Amy sólo tiene doce años y es una niña muy tímida. —¿Andrajosa? —Finjo sorpresa—. Y encima. Todavía no está preparada para ver el féretro de papá. ¿sabes? —¿Ah. Te han trasladado a esta habitación hace unas horas. no. ¿Y qué dije? —Te costaba hablar. ni cómo llegué aquí. No tengo ni idea. pero no parabas de preguntar si una cosa era… ¿«estropajosa»?—Frunce el entrecejo—. ahora pareces coordinar perfectamente. Le iban a hacer un gran bypass en el corazón y todo el mundo sabía que había un riesgo del cincuenta por ciento. Y no veo por aquí mi teléfono y mi bolso. Al final. —Maureen me ahueca la almohada—. como una persona mayor. No paraba de decir que debía llegar a casa. ¿Las ocho? Uau. en un hospital. Aún no sé en qué hospital estoy. todavía medio aturdida. él nunca pasó mucho tiempo conmigo. Al fin y al cabo. qué se le va a hacer. —Bueno. ¿He estado inconsciente un día entero? —Yo soy Maureen. sentada al lado de mamá en el crematorio.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Sí. Y además. porque tenía que levantarme temprano al día siguiente.

—Me trago la píldora—. ¡Vaya! ¿Qué demonios…? Mis uñas siempre han sido un muñón mordisqueado que trato de esconder. recordándolo con un escalofrío—. un poco complicado —dice por fin—. Pero ya verás como las cosas mejoran pronto. ¿No sería fantástico que por una vez. Pero. ¿no? —Me sonríe compasiva y extiende la mano para recoger el vasito. como es evidente. —¡Eso me decía mi amiga Fi! —Me viene el recuerdo repentino de sus ojos brillantes en medio de la lluvia—. pone en un lado. se arreglara todo por arte de magia? —La esperanza es lo último que se pierde. Y a Chungo Dave que le den. ¿Te duele? — Me tiende una pastilla y un vasito—. «Lexi Smart». Supongo que mamá habrá ido al funeral con Amy. pintadas de rosa claro. le pagamos una sesión de pedicura. mientras intento comprender qué ha ocurrido. Las cosas a veces pueden tener mal aspecto… —Créame. justo cuando se abre la puerta y entra Maureen. Es mi vida. Lo malo no es su aspecto. ¡Todo por una uña! Yo. Y muy largas. Éstas. Y mi padre acaba de morir. —¡Ay. en cambio. ¿Cómo quiere que mejore? —Pues… no sé. Pero no es por eso. — Abro las manos. Pero Fi y las demás… ¿dónde se han metido? Cuando pienso que todas fuimos a visitar a Debs cuando le extirparon un uñero… Prácticamente acampamos en el suelo de su habitación y le llevamos café de Starbucks y revistas. ¿Fuimos a una . Maureen parece patidifusa. Es un desastre completo. querida. ¿No tendrían que estar aquí mis amigas y mi familia. Y mire. —¡Nada de eso! —dice Maureen en plan tranquilizador—. Parpadeo. —Bueno. todos muy preocupados alrededor de la cama. todo eso suena… umm. ¡aún se pone más asqueroso! —Me sueno la nariz y suspiro—. impotente—. tomándome de la mano? Bueno. al hacerlo. Trae una bandeja y una bolsa de plástico. Mi novio me dejó plantada anoche. De principio a fin. son increíbles… Impecables.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? estoy sola. aunque sólo fuera por una vez. Otro grueso lagrimón se me desliza mejilla abajo. Los vecinos acabarán poniéndome una demanda. ¡he terminado en un hospital! —Me señalo a mí misma. Fantástico. —Estoy segura… —Mi supuesta carrera profesional no va a ninguna parte. —Cada vez que pienso que todo es un asco. Asquerosamente fantástico. —Muchas gracias. querida! —exclama al ver que me enjugo las lágrimas—. en cambio. como buscando ayuda. Se hace un silencio. desalentada—. Y luego. Se lo doy y. cuando ya estaba curada. incrédula. he estado inconsciente.15 - . reparo de golpe en mis uñas. Y no tengo un penique. Con un gotero y todo. Esto te irá bien. —Sus ojos se mueven inquietos. a nadie le importa. En casa hay un escape en el fregadero y una asquerosa agua marrón se filtra en la planta baja —añado.

Vaya. Me han confundido con otra. —Gracias. tu bolso está aquí dentro —añade Maureen. suspiro decepcionada. Voy a buscarte ese zumo de naranja.16 - . —Por cierto. Como si yo pudiese tener un bolso Louis Vuitton… —Perdone. . me desplomo sobre la almohada y cierro los ojos. Ya es algo haberlo recuperado. Pero la puerta ya se ha cerrado.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? sesión de manicura de madrugada y lo he olvidado? ¿Me puse unas uñas postizas? Deben de tener una técnica revolucionaria porque no veo junturas ni nada. —Menos mal. todo reluciente y con un aspecto carísimo. todavía tendré batería y podré mandar unos mensajitos… Maureen se dirige hacia la puerta y yo meto la mano en la bolsa de plástico. pero este bolso no es mío —le digo a la enfermera. Éste no es mi bolso. De alguna chica rica del fondo del pasillo… Lo deposito en el suelo. Saco un elegante bolso Louis Vuitton con asas de piel de becerro. porque creía que me lo habían birlado. Con un poco de suerte. dejando la bolsa en la cama—. Observo tristemente el Louis Vuitton y me pregunto de quién será.

No puedo dejar de mirar a mamá. El gotero ha desaparecido de mi brazo y yo me siento mucho más normal. No te alarmes —añade con una sonrisa—. pómulos altos y un pelo ondulado rubio ceniciento. —Lexi no está loca —responde Maureen sin inmutarse— y comprende todo lo que usted dice. —¿Te acuerdas de mí? —Claro —respondo sorprendida—. Mucho menos confusa que ayer. Y he tenido un día tan estresante… — Echa un vistazo hacia la cama. como si se le ocurriera de repente. Uau. No entiendo a qué viene la duda. me llevo la mano a la cabeza y noto un vendaje. Voy a traerte un zumo de naranja fresco. Y un poco… más vieja. que se abre para dar paso a una mujer alta y delgada de unos cincuenta años. aún tiene peor aspecto. —¡Cómo tienen aquí la calefacción! —exclama con su vocecita de niña. ¿Qué hora es? Ella se vuelve. Ayer era como hablar con una loca… o con una persona retrasada. —Estás mejorando mucho. —Mucho mejor. Viste un chaleco acolchado rojo sobre un vestido estampado y un collar de ámbar. Maureen —la saludo con voz rasposa—. Llaman a la puerta. veo unas franjas de luz matinal bajo las cortinas corridas. alzando las cejas. Instintivamente. Estuvimos hablando. —¡Casi estoy mareada! —Se abanica—. —¡Gracias a Dios! —Mamá baja un poquito la voz—. —¡Magnífico! Eso demuestra que has superado la amnesia postraumática. Pero la verdad es que apenas estoy escuchando. Más delgada. Hay un vaso de zumo de naranja en la mesita y Maureen trajina en una esquina de la habitación. estoy segura al noventa y nueve por ciento. Tiene ojos azules. ¿Qué le pasa? Parece diferente. Vale: es ella sin duda alguna. Es una fase normal de confusión después de una contusión en el cráneo. . Vamos. y trae una bolsa de papel en la mano. —Hola. algo desaliñado.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 2 Cuando despierto. —Me da unas palmaditas—. Cuando se me acerca y la luz de la ventana le da en la cara. Es mamá. Nos conocimos anoche. Debí de darme un buen porrazo en las escaleras.17 - . y le dice a Maureen—: ¿Cómo está? La enfermera sonríe.

desde hace años. como si le hubieran pedido que recordara sus días en un campo de concentración—. parecerá ridículo. pero sólo encuentro aire: ella se ha dado media vuelta y está consultando su minúsculo reloj de oro.18 - . Por ejemplo. La miro perpleja. mamá tuvo un antojo y compró un cachorro whippet. en general. Bueno. —Hola. se echa tres gotas en la lengua e inspira profundamente. mamá. Hay muchas cosas que mamá encuentra demasiado dolorosas para hablar de ellas. ya lo sé. —Tengo una postal para ti —dice mientras hurga en su bolso—. resulta que hay un perro sentado. Yo lo sabría. —Voy a abrazarla. Voy a consultar a un especialista sobre Roly. —El tráfico estaba horrible de camino para aquí —comenta—. —Me lanza una mirada de reproche— . Te acordarás del pequeño Roly. —Mejor no hablar de eso. He tenido un altercado muy desagradable con el conductor de una furgoneta. —¿Qué ha ocurrido? —pregunto. Decido que le compraré Crème de la Mer estas Navidades. Olvidémoslo. Y de un día para otro se le desató esa manía. —¿Quiénes? . la verdad. como si el mundo fuese a saltar por los aires en caso de que se entretuviera más de la cuenta—. En cuanto inhalo ese aroma suyo a perro y rosa de té. en la vida misma. que aparecieron destrozadas las pasadas Navidades. hasta el verano de mis diecisiete años. O cualquier otra cagada. todos whippet. —Hace una mueca de dolor. —Me alcanza la bolsa de papel. Y los regalos más gordos del árbol de Navidad son para los perros. En casa. que contiene un bote de champú. Soy yo. salvo cuando te saltan seis encima al abrir la puerta. es como si hubiese envejecido de la noche a la mañana. Pero. si intentas acomodarte en un sofá o una silla. No me había dado cuenta de lo abandonada que me sentía. —Aquí estás. —¿Roly? —De la última carnada de Smoky. La gente en Londres se ha vuelto muy agresiva. Mamá ha sacado una botellita de Flores de Bach de su bolso. o las continuas quejas del ayuntamiento por las cagadas de perro en nuestra calle. Mientras yo estaba en Gales de vacaciones. A mí me gustan los perros. y cada vez que voy a casa creo que hay otro nuevo. ¿Dónde se habrá metido? De Andrew y Sylvia. el asunto de mis sandalias nuevas. pero noto que las lágrimas acuden a mis ojos. ¿verdad? No sé cómo puede pretender que recuerde el nombre de todos sus perros. sabiendo de antemano que se negará a contármelo. —Me temo que no puedo quedarme más que un minuto —me dice con tensión contenida. Nosotros siempre fuimos una familia sin mascotas. Tu-ma-dre. cariño —dice subiendo la voz—. cariño. y me da un beso. cariño.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? ¿Estará enferma? No. Tiene veinte al menos. más o menos.

¿Puedes decirme cómo te llamas? —Me llamo Lexi Smart —respondo en el acto. poniéndose de pie—. Me hace mucha ilusión. Pero mamá presenta síntomas de una locura muy grave. ¿De qué estás hablando? —¡Aquí lo tenemos! —Maureen ha regresado con el zumo de naranja—. Como si me hubiera dormido encima y no me funcionara del todo… Al alzar la mano para mostrársela. Le echaremos un vistazo. Tiene que ser eso. Siento una opresión en el estómago. Soy el doctor Harman. que yo sepa. —Estupendo. no puedo dejar de admirar otra vez mi increíble manicura. uno de los neurólogos residentes del hospital. sino cinco. —Mamá… —Te mandan muchos besos —añade—.19 - . como si fuera obvio. Bueno. Ha empezado a sufrir demencia precoz. Mientras me bebo a sorbitos el zumo de naranja me siento consternada. cariño —dice mamá. ¿cómo te sientes? —¡Perfecta! Salvo que noto algo raro en la mano izquierda. Pero antes voy a hacerte unas preguntas.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Nuestros vecinos. ¡Ocho libras he tenido que pagar! Eso tampoco es así. Los vecinos se llaman Philip y Maggie. enfermera especializada. Él asiente y hace una cruz en su carpeta. nuestros dos médicos en prácticas. aunque yo no conduzca. seguido por otras tres personas con uniforme sanitario. Ten un poquito de paciencia aunque te parezcan obvias. Y encima. Tengo que preguntarle a Fi dónde estuvimos anoche. . Todo el mundo cree que su madre está algo loca. de pelo oscuro. El doctor Harman viene ahora mismo. He dejado el coche en una zona azul que cuesta un ojo de la cara. Tendré que hablar con algún médico. Lexi? —me dice con brío afable—. Estoy segurísima. la tarifa por circular por el centro. Dios mío. La tarifa contra atascos no cuesta ocho libras. ¿Eric? Les pone unos nombres muy raros a sus perros. —¿Qué tal. —Me lanza una sonrisa profesional y tengo la sensación de que este rollo ya lo ha soltado antes mil veces—. ¿Esquí? ¡Pero si yo no sé esquiar! —Pero mamá… —Me llevo una mano a la cabeza sin acordarme de la herida y hago una mueca de dolor—. ¿Y si tiene que ingresar en un manicomio? ¿Qué voy a hacer con toda su jauría? Mis pensamientos se ven interrumpidos cuando llaman a la puerta y entra un médico joven. —Está bien —asiente el médico—. Y Andrew quiere pedirte consejo sobre esquí. —Debo irme. —Volveré luego con Amy y Eric —dice. Y éstos son Nicole. hija. —Sonrío para animarla—. y Diana y Garth. Andrew y Sylvia —dice. Se ha puesto senil a los cincuenta y cuatro años. quizá necesites un poco de fisioterapia. ya en la puerta.

Y tampoco puedo comprarme un coche ahora mismo. armándome de paciencia—. pero la médica en prácticas requiere su atención y garabatea algo en mi expediente. Dos vehículos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¿Cuándo naciste? —En mil novecientos setenta y nueve. Eso es lo que ocurrió. lateral. pero parece que has tenido suerte. Salí de copas con mis amigas. no lo he necesitado. Yo no me estrellé con un coche. procurando suprimir un repentino temblor de voz—. ¿verdad? Si no. —Otra anotación—. Él parece extrañado y mira a la mujer. Lo recuerdo perfectamente. —¿No tienes un…? —El doctor pasa una página y parpadea—. Para empezar.20 - . me echa un vistazo y le señala otra vez el papel. El doctor se acerca un poco más a mí y me mira gravemente. no tengo coche. «Lexi. ¿de acuerdo? Y usted me dice si con eso puedo permitirme un Mercedes descapotable. —Muy bien. —Aquí dice que la paciente sufrió un accidente de tráfico. ¿Habla en serio? —Pero aquí pone… —Mire —digo. ¿no es así? —¡Perdone! —le digo moviendo la mano para que me vea—. Harman abre la boca. Lexi. ¡Ni siquiera sé conducir! Tengo intención de aprender algún día. claro. corrí detrás de un taxi y me caí. Hubo una ligera inflamación en el cerebro. voy a decirle lo que cobra un comercial de veinticinco años en Alfombras Deller. que arquea las cejas. —Fue sin duda un accidente de tráfico —murmura Maureen—. lo habrán anotado mal —insisto—. y las clases son carísimas. Él frunce el entrecejo y pasa dos páginas atrás en su carpeta. te hemos hecho un escáner y hemos descubierto algo que no nos esperábamos. buscando una confirmación. ¿vale? . —Bueno. ¿Por qué les pregunta a las enfermeras? La que se ha pegado el porrazo soy yo. viviendo en Londres. Díganmelo sin rodeos. Me parece que me ha confundido con otra. Aun así. interrumpiéndolo con buenas maneras—. he de hacerte algunas pruebas —añade sosteniendo su bolígrafo—. El doctor Harman y Maureen se miran perplejos. —No puedo haber tenido un accidente de tráfico —digo. Parecen dos estudiantes de mimo bastante mediocres. También vi al otro conductor. Yo estaba en Urgencias y la vi cuando ingresaba. Haz el favor de mirar el extremo superior de este bolígrafo mientras lo hago oscilar… Los médicos nunca te dejan meter baza. Hasta ahora. He visto Urgencias y sé lo que significa esa expresión. cuando te estrellaste con el coche. Puede que no sea nada…» Ya. Pero resulta que siempre es algo. ¿no? —Mira alrededor. Se me empieza a revolver el estómago. ¿Un Mercedes descapotable? —¿Un Mercedes? —Suelto una carcajada—. Me parece que él sufrió una fractura menor. te golpeaste la cabeza con el parabrisas. ¿para qué ibas a salir en el programa? —¿Es muy grave? —pregunto de un modo casi agresivo.

Todos se quedan inmóviles. Cáncer. Una pierna que ha de ser amputada. Y desperté en este hospital. todo eso sucedió hace más de tres años —me dice Maureen en voz baja. tanteo bajo las sábanas. lo comprendo todo: ¡me están tomando el pelo! —Ja. ¿Cómo podemos habernos saltado tres años? —Escuchen. una a una. poniéndome una mano en el hombro—. postrada en esta cama! —Lexi. Seguramente las dos mitades de mi cerebro se han desconectado o algo por el estilo. Vayamos poco a poco. —Lexi. hoy es seis de mayo de dos mil siete. —Me tiembla la voz—. Es 2004. —¿Qué más recuerdas? —pregunta el doctor—. ya sé que es un shock para ti —tercia Maureen.21 - . Ayer estábamos en 2004. como si nadie se atreviese a respirar. Antes de esa noche. con una ráfaga de alivio. Lexi —interviene la médica—. Tú sólo dime en qué año crees que estamos. —La voz del doctor suena más amable—. Pero enseguida. Tiene todo el aire de ser 2004. —Lexi. Estamos en dos mil siete. Los otros también. Es una pregunta de rutina. resbalé en unos escalones y me caí. O quizá ya la he perdido y ellos no quieren decírmelo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Mi mente repasa todas las posibilidades febrilmente. Muy gracioso. pero no acabo de comprender en qué consiste. Parece tan convencida… Todos lo parecen. Sé que me han tendido una trampa. Recuerdo la fecha con exactitud ¡porque era la víspera del funeral de mi padre! ¡Y me lo he perdido. estoy segura. ja. Empieza a entrarme pánico mientras vuelvo a repasar sus caras. tratando de no delatar mis nervios—. Disimuladamente. pero todo es absurdo. Y era viernes veinte de febrero. lanzando una mirada de advertencia a los demás—. Viernes por la noche. —Pero… eso es el futuro —digo estúpidamente—. Examino sus caras. —Habla en serio. —Ya. Estamos en dos mil cuatro. Lexi. Oigo lo que me dicen. —El doctor Harman se sienta en la cama—. no soy idiota… —No te alteres —me interrumpe Harman. . Un fallo en el corazón. Cuéntanos lo último que recuerdas. Nos fuimos de copas… Luego intentamos parar un taxi en medio de la lluvia. Lo último que recuerdo es que ayer salí del trabajo con unas amigas. Nadie me sigue. voy a hacerte otra pregunta. ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Fi? ¿Carolyn? —No conozco a esas personas —responde el médico sin desviar la mirada—. por favor. ¿Me está diciendo que han inventado la máquina del tiempo? —Suelto una risa forzada. —Muy bien… —Me restriego la cara con las manos—. no puede ser dos mil siete —digo por fin. ¿Puedes decirme en qué año estamos? —¿En qué año? —No te alarmes —me tranquiliza—. Y no estoy bromeando. Está muy serio. —Pongo los ojos en blanco—. Pero es verdad. Estamos en mayo de dos mil siete. Durante un instante parece abrirse en mi mente una grieta terrorífica. —Pues en dos mil cuatro —digo por fin.

se me ocurre. Como mamá. Se acerca a la cama y consulta al doctor con la mirada. La médica ha salido hace un momento y vuelve ahora con el Daily Mail. no son más que palabras impresas. Lexi. —¡Cómo ha envejecido. La oficina… la mudanza a mi apartamento… todo. han pasado noches en vela.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —No sé —respondo a la defensiva—. Aunque eso tampoco demuestra nada. Buena idea. señalo el anuncio—. Hace sólo cinco días que fuiste ingresada.»… Hasta que me llama la atención el anuncio de una librería: «Todo a mitad de precio en literatura fantástica. Recorro la portada con la vista y me detengo en una fotografía de Tony Blair. todos me miran abrumados por la emoción. y un súbito escalofrío me recorre la columna. que he estado aquí en coma… —trago saliva— ¿durante tres años? No me lo puedo creer. Se me escapa un grito. Contemplo el anuncio del periódico hasta que la verdad cobra forma ante mis ojos. —¿Un sexto Harry Potter? —¡Pronto saldrá el séptimo! —interviene con entusiasmo el otro médico en prácticas—.UU. ¿Qué es Harry Potter y el misterio del príncipe? —De momento es el último de la serie —dice la médica—. ¿Cómo? . cantando canciones y demás… Pero Harman niega con la cabeza. Se ha hecho un silencio completo.» Vale. Y no recuerdo ningún príncipe. Recorro con la vista los titulares: «Sube la tasa de interés». Ahora sí me hormiguea la piel. Seguramente mi familia y mis amigos han grabado vídeos caseros. paso la página. —¿Notas cierta niebla en la memoria? —Un poco —reconozco. He leído todos los volúmenes de Harry Potter: los cinco. —O sea. —No. —Me señala la fecha en la portada—. Quizá la luz no le favorecía cuando le hicieron esa foto. —Mira. por Dios! —exclamo. ¡No se lo cuentes! Siguen discutiendo. Todo el mundo ha estado esperando que despertara durante tres años enteros. —¿Le parece? —Sí —dice él—. «Visita de la reina a EE. Y adivina lo que pasa al final de la sexta entrega… —¡Chist! —dice la enfermera rubia. mientras se abre la puerta. pero ya no los escucho. No era mamá la que estaba confusa. Nicole—.» Pero bueno. —¿Y esto? —Con falsa indiferencia. Por eso nada parecía tener sentido. no demuestran nada. El mundo ha continuado sin mí. Éste es el periódico de hoy. Con manos temblorosas. Hace mucho que se publicó. He sido la Chica en Coma. Lexi.22 - . Soy yo. Siento un tremendo sobresalto al leer: «6 de mayo de 2007. incluido Harry Potter y el misterio del príncipe.

Son mis uñas auténticas. —¿Puedo echar otro vistazo al periódico? Lo cojo con manos temblorosas y voy pasando páginas. Parece de hace muchos meses. «6 de mayo de 2007»… Estamos en 2007 de verdad. estamos en 2007… ¿Qué es esto. asintiendo. Tengo la sensación de haberme alejado de la playa nadando y de hallarme en medio de un océano insondable. —¿Me está diciendo… que he perdido tres años de mi memoria? —Bueno. —¿Te encuentras bien? —repite. Una cicatriz que no había visto hasta ahora. El doctor Harman dice la verdad. Tengo un torbellino en la cabeza… Y de pronto me quedo helada. ¡Soy vieja! . Mientras los observo. Lo has olvidado. Parecen una pandilla de farsantes. ni si debo confiar en ellos o tratar de huir. —¿Te encuentras bien? —pregunta Harman. Mi corazón late desbocado. —Harman me sostiene la mirada—. me parece que sufres lo que llamamos una amnesia retrógrada. nadie quiere hacerte daño. Las acrílicas nunca son tan buenas. por arte de magia. Es un estado que suele producirse tras sufrir una herida en la cabeza. —Lexi —dice Nicole. ¿Estoy alucinando? ¿Me he vuelto loca? —¡No! —dice Harman con tono enérgico—. Pero eso parece por el momento —contesta Harman. Llegué al hospital hace cinco días. ¿Serán médicos de verdad? ¿Y esto es un hospital? —¿Es que me han robado un riñón? —Mi voz surge como una especie de gruñido aterrado—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Basta. Y no es posible que me hayan crecido tanto en cinco días. Me aclaro la garganta. ¿Qué me han hecho? No pueden retenerme aquí. no es fácil precisarlo. Que no reconozco. el maldito reino de Narnia? —¡No lo entiendo! —exclamo. Lo cual quiere decir que yo… Oh. —Es normal que te entre pánico o creas que hay una especie de conspiración. y ahora. No sé si me mienten o si todo esto es una broma monumental. me entra una sospecha repentina. Pero te estamos diciendo la verdad. Tengo los ojos clavados en la cicatriz. Has olvidado un trozo de tu vida. Nada más. Estas uñas no son postizas. Tengo veintiocho. sujetándome por los hombros—. Lexi. pero en tu caso se está prolongando… Él continúa hablando. Dios. pero sus palabras no acaban de llegarme al cerebro. en 2004. No puedo responder.23 - . Ya no aguanto más. Has perdido la memoria y estás confusa. Mientras forcejeaba para levantarme se me ha subido la manga de la bata y acabo de verme una pequeña cicatriz en forma de V junto al codo. apartando el periódico de un manotazo—. Me entran ganas de llorar. En todas aparece la misma fecha: «6 de mayo de 2007». No es nueva. Voy a llamar a la policía… —Intento levantarme. Desplazo la mirada hasta mis manos.

¿Quién es ahora primer ministro? ¿Y el presidente de Estados Unidos? —Pues Tony Blair —responde Nicole—. hasta que acabo mareada. —Cuando la gente sufre amnesia —me aventuro a preguntar—. claro.) Maureen ha terminado su turno y la enfermera rubia. Cierro los ojos y me empeño en que mi mente retroceda. Al menos es algo a lo que agarrarse. igual. Doy un sorbo de té y me desplomo sobre la almohada. —¿Te apetece una revista mientras te preparo el desayuno? —pregunta Nicole. retiro todo lo dicho sobre el té. —Aún no. No seas tan sarcástica. —Miro alrededor—. El 2007 me está dejando poco impresionada.» Pero por dentro no es así. ¿acaba recobrando la memoria? —Es lo habitual —dice con un gesto tranquilizador. Un remedio infalible contra la amnesia. yo me las arreglo para mantener la compostura. rara. —No me sorprende. —Sonríe comprensiva—. —Háblame del dos mil siete —digo. tratando de sonreír. no hay problema. Y el presidente Bush. de que se le enganche alguna cosa. sólo oscuridad: la nada más absoluta. espera. Todo lo contrario: estoy muerta de miedo. Estoy muy tranquila. se ha quedado en la habitación y está escribiendo en mi historial. No. aunque no entendiera lo que me estaba diciendo. (Vale. Mientras el doctor Harman habla de pruebas neurológicas y tomografías computarizadas. Tu cerebro está intentando reiniciarse por su cuenta. —Ah. Que el mundo habría cambiado. siento un inmenso alivio. Uno tendería a creer que habrían ocurrido más cosas en tres años. Pero no hay nada. Algo real. . Y… ¿ya han resuelto el calentamiento global? ¿O curado el sida? Nicole se encoge de hombros. La observo mientras consulta su reloj y anota la hora. Nicole. Ya no aguantaba una palabra más. abriendo los ojos—. Les agradezco esa taza.24 - . rara —respondo. —¿Cómo te encuentras? —Rara. hombre. Cuando por fin suena su busca y tiene que irse. como diciendo: «Sí. Con la esperanza de que pesque algo. aunque sea por casualidad.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 3 Me han traído una taza de té bien cargado. Voy asintiendo con mucha calma. la verdad. Tómatelo con calma. La verdad me golpea una y otra vez en las entrañas. Es lo mejor que he probado en mucho tiempo.

con veintiocho. —Nicole se encoge de hombros. Muchas gracias. Lentamente. Deberían haberme llevado a un hospital público. claro. —Nicole sigue mi mirada con indiferencia—. divorciados! El mundo ha cambiado radicalmente. ¿Privada? Pero si yo no puedo permitírmelo… —Te pondré un poco más de té. Ese bolso de diseño de trillones de libras. más propio de una actriz. Ya no soy yo. —¿Qué ocurre? —pregunta sorprendida. continental o cestilla de frutas? ¿O los tres? —Umm… continental. buscando alguna pista. me llevo un sobresalto. Examino mi mano. ¿Qué nuevo novio? ¿Para qué quiere otro? —Ah. ¿Inglés. No es posible. Ahora. Estás en el ala privada del hospital. y a saber quién demonios es ésa. No quiero ni una gota más. ¿No sabes que rompió con Brad Pitt? —¿Que Jennifer y Brad rompieron? —La miro horrorizada—. ¡No hablas en serio! ¡No puede ser! —Él se largó con Angelina Jolie. Una persona que puede pagarse un seguro privado y hacerse una manicura tan espectacular… Un momento. —«Jennifer Aniston y su nuevo novio»… —leo con voz vacilante—. ¿Tengo un seguro privado? Bueno. —La gente ya se ha hecho a la idea. pero no entiendo qué estoy haciendo en esta habitación de lujo. ¡Pero si Jen y Brad eran la pareja perfecta! Los dos tan guapos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Sale de la habitación y regresa enseguida con un ejemplar de Hello! En cuanto echo un vistazo a los titulares. Pero una Lexi de veintiocho años. Soy una persona distinta. como si no tuviese demasiada importancia. Estoy dispuesta a trasladarme… —Todo esto lo cubre tu seguro privado. No. No logro asimilarlo. claro que soy yo. no será… . De acuerdo. Perdona. —Me da unas palmaditas para calmarme—. No te preocupes. vuelvo la cabeza y me concentro en el reluciente bolso Louis Vuitton. ¡Veintiocho! La impresión se me concentra en la boca del estómago. —Ah. —No puedo permitirme todo esto —digo avergonzada—. O sea. he sentado la cabeza. Voy a buscar el desayuno. sí. como si acabara de enterarme. Un momento… ¿Cestilla de frutas? ¿Os ha tocado la lotería en la Seguridad Social? —Esto no es la Seguridad Social —sonríe—. Ahora tienen una hija. —¡Basta! —exclamo aterrorizada. ¡Jennifer y Brad. —Toma la tetera de porcelana y empieza a servirme. —Abro la revista y vuelvo a dejarla—. Seguro que cuesta quince pavos cada taza. —¡No! —aúllo—. Con esa preciosa fotografía de la boda y todo… —Pues se han divorciado.25 - .

¿Tú crees…? O sea.26 - . No te alarmes. —Percibe mi incredulidad—. Yo te ayudo… Me levanto con esfuerzo de la cama metálica. A lo mejor su contenido te refresca la memoria. Tan blancos. es tuyo. —Ya. Del interior emana olor a cuero mezclado con un perfume desconocido. Déjame ver… Busca dentro del bolso. —¿Pasa algo? —Nicole me arranca de mi confusión—. —Le da la vuelta a la billetera y me enseña una American Express platino con mi nombre impreso. ¿cuándo empecé a poder permitirme bolsos de diseño y Mercedes descapotables? —Mira en el bolso. No puedo creer que me pertenezca. —Se acerca a la cama—. como si me hubiera pasado la noche de besuqueo y… ¡Dios! Ésos no son mis dientes. Todavía soy yo. por favor —acierto a pedir—. Acaricio sigilosamente el asa. —Pero este bolso debe costar. ¿De dónde lo habré sacado? ¿Es que estoy ganando dinero a espuertas? —¿O sea. Muevo el espejo para mirarme mejor y me estremezco al ver el vendaje de la cabeza. se te acabarán curando. qué sé yo… mil libras —digo con voz ahogada. ¿Conducía yo? ¿Un Mercedes? —Eso parece. Esa tarjeta es mía. este bolso… ¿es mío? —Debería. —Sí. —Buena idea. ¿Tienes uno grande? —Hay uno en el baño. aunque tenga un gran rasguño en el párpado. Bueno. Tan deslumbrantes.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¿Nicole? —Trago saliva y procuro sonar despreocupada—. Mi cerebro sufre un cortocircuito al contemplar las letras en relieve. Y no sería mala idea que empezaras a moverte. cosa rara. Es tuyo. pero logro llegar hasta el baño tambaleándome. Siento un aleteo en el estómago mientras lo abro. Y el bolso. ¿No tenías un Mercedes en dos mil cuatro? —¿Estás de broma? ¡Yo ni siquiera sé conducir! ¿Cuándo aprendí? Por el amor de Dios. Quiero verme bien. saca una billetera Louis Vuitton a juego y la abre. Meto la mano y lo primero que saco es una polvera Estée Lauder chapada en oro. —Te hiciste algunos cortes en la cara—me advierte Nicole—. que sufrí un accidente de coche? —Levanto la vista. Es la boca de una extraña. ¿Lexi? —Necesito un espejo. Las piernas me tiemblan. Me apresuro a abrirla para echarme un vistazo. muy llenos y rosados. casi sin atreverme a tocarla. . de repente ansiosa por saberlo todo sobre mí: todo a la vez—. relájate. —Nicole suelta una risita—. Cuando me miro a los ojos en el espejito siento un alivio repentino. Lo inclino hacia abajo: ahí están mis labios.

—No. labios más llenos… Los miro de cerca con una repentina sospecha. —Sacudo la cabeza—. —¿Flamante? —repite riendo. Me agarro del toallero mientras intento dominarme. Yo ni siquiera miro los cortes. pintalabios rosa intenso del súper. son superficiales. —¡To-do! —balbuceo—. Una parte del pelo la tengo hecha una pena a causa del accidente. Tengo las piernas como flanes. —Yo… —Gesticulo ante mi reflejo—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Escucha —me advierte Nicole antes de cerrar la puerta—. ¿Ésta… soy yo? Me he quedado sin habla. Guapita de cara. —Vaya. —Nicole me sostiene por detrás—. ojos azules. la pinta habitual de Lexi Smart. tienes cortes y varios morados. Sin hacerle caso. con un leve matiz dorado. Dudo un segundo. —Mi pelo. todo liso y lustroso. no sé cómo narices… —Examino mis rasgos. como si fuesen a revelarme un mensaje.27 - . ¡mira qué cosas! Un llavero Tiffany. Me devuelve la mirada una chica muy distinta. No lo entiendes. Ella no ve la diferencia. —¿Qué ves diferente? —Nicole observa mi reflejo con curiosidad. un pintalabios Lancóme (no del super). —Arquea una ceja. Nicole cierra la puerta y de pronto me veo en el espejo de cuerpo entero que hay detrás. pero el resto es de un castaño desconocido. me . Tengo un aire… flamante. Y tengo las piernas bronceadas. Y aquí tenemos una agendita Smythson verde claro. Pelo pardusco y rizado. y mucho más delgadas que antes. así que tu aspecto quizá te cause cierta impresión. Por el amor de Dios. En fin. Deberías ir paso a paso. sin un solo rizo. Es lo que hay debajo lo que me tiene patidifusa. Lápiz de ojos negro. Déjame ver. Yo no soy así… Cierro los ojos y visualizo mi antiguo yo. ¡mis dientes…! —No puedo quitar los ojos de esos dientes nacarados. —Son bonitos —asiente. mis piernas. —Calma —dice Nicole a mis espaldas—. tratando de averiguarlo. Tienen que haberme costado un ojo de la cara. divertida. Ni el vendaje. un tipito más relleno de lo que quisiera. no. Llevo impecablemente pintadas de rosa las uñas de los pies. ¿Estás lista? —Sí. aunque nada del otro mundo. ¿Me habré hecho algo? ¿Me he convertido en una aficionada a los «retoques»? Me aparto bruscamente del espejo. Pero créeme. agarro el bolso Louis Vuitton y empiezo a sacar las cosas y examinarlas una a una. ni la grapa de la frente. Entonces vuelvo a abrir los ojos. Me llaman Dientotes. No importa. —Ya sé que las heridas tienen mal aspecto. —Respiro hondo y me armo de valor. Cejas más finas y arregladas. unas gafas de sol Prada. Yo tengo los dientes más espantosos del mundo. Más musculosas. Has sufrido un gran shock. —He perdido montones de kilos… y tengo la cara distinta. para asegurarme de que no me he vuelto loca. la cabeza me da vueltas.

Lexi! Escucha. Recojo una y… me quedo petrificada. pero aun así sencillo de manejar. Sintiéndome como si me espiara a mí misma. has llamado a Fiona Roper.30.» —Hola.28 - . «Hola. . Me siento flotar. pero he tenido un accidente. todavía sin leer: Llego tarde. por favor. garabateado en la primera página. ¿Cómo es posible? —Mi voz suena más chillona de lo que quisiera—. a mi familia. Cita Gill. aunque sí uno de texto. Fi—digo en cuanto suénala señal—. Tengo que encontrar el teléfono. ya sé que te sonará extraño. 2007». Estoy en el hospital. De aquí no puedo sacar gran cosa. Es una tarjeta de la empresa. Es mi tarjeta. me tropiezo con mi letra: «Lexi Smart. ¡Soy yo. E ¿Quién es E? Me devano los sesos. 12. He de llamar a mis amigas. El primero también es de E: «Creo que no. más modernillo.» Todo con iniciales y abreviaturas. necesito hablar contigo. Te buscaré uno. Y el nombre que aparece impreso en gris marengo es: Lexi Smart. procurando controlarme—. No hay mensajes de voz. Sólo llevo un año en la empresa. Con un sobresalto. ¿Alguien nuevo del trabajo? Voy a los mensajes guardados. Lo cual quiere decir… jefa del departamento entero. ¿Puedes llamarme? Ciao. E» ¿Será mi mejor amiga? Luego revisaré todos los mensajes. Tengo que haber sido yo la que escribió esas palabras y esbozó el dibujito de un pájaro en una esquina. Ahora he de hablar con alguien capaz de explicarme qué ha pasado conmigo en los últimos tres años… Llamo a Fi con la tecla de marcación rápida y aguardo tamborileando con mis uñas de película. Es importante. Hay anotaciones en todas: «Almuerzo. Nicole me reprende. vuelvo a introducir la tarjeta entre las páginas de la agenda y sigo hurgando en el bolso. a alguien que entienda qué demonios… Lo tengo. deja tu mensaje. aunque con un nuevo logo. Puedes utilizar un teléfono fijo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? mentalizo y la abro. pero no se me ocurre un solo conocido cuyo nombre empiece por E. —Le enseño la tarjeta. Mientras cierro el teléfono. te llamo en cuanto pueda. —Mira esto. Pero no recuerdo haberlo hecho. Copas. —¿Lexi? —se preocupa Nicole—. Estás muy pálida. Es un nuevo modelo extraplano que no reconozco. —Vale. Alfombras Deller. Llego al final y se me escurre un montoncito de tarjetas. pone «Directora». —No se pueden usar esos chismes aquí —dice—. Material gráfico. Directora de Suelos y Alfombras. ¡Ni siquiera me han dado la bonificación! Con manos temblorosas. empiezo a hojear las páginas. Gracias.

—¡Debes de estar casada! —dice Nicole alegremente. luego vuelvo a meter la mano en la bolsa y saco unos pendientes chandelier. Todavía estupefacta. ¿cómo te vas a poner unas botas por debajo de estos pantalones? —¡Son de Seven For All Mankind! —exclama Nicole. Yo lo sabría. Preciosos. ¿Seven qué? —Me encantaría tener unos iguales. —Aquí tienes tu ropa… —Deja una de las bolsas en la cama. —¡Dios del cielo! —murmura alguien. — Inclina la bolsa y da unos golpecitos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Me dispongo a repasar los mensajes antiguos cuando llaman a la puerta y entra otra enfermera con un par de bolsas. Hubo que quitártelas para el escáner. Las tres. un collar a juego y un reloj. muerta de miedo—. Le doy vueltas al anillo con torpeza. Hay una pulsera de oro trabajado de aspecto carísimo. mostrándome una bolsa de plástico transparente—. cojo la bolsa. ¡Qué pasada! Paso los dedos con precaución por la pulsera. querida? Meneo la cabeza en silencio. No puede ser. Con amnesia o sin amnesia. sintiendo calor y frío al mismo tiempo. ¿Qué es esto? Demasiado altos de cintura y demasiado estrechos. Saco unos tejanos oscuros y los examino. Cuando consigo apartar de él la mirada. Estás casada. El tipo de anillo que ves en el escaparate de una joyería sobre un fondo de terciopelo azul marino y sin etiqueta (no vale la pena ni preguntar). casi como unas medias. No me habré casado con Chungo . veo a las dos enfermeras tan fascinadas como yo. ¿Nada de tu marido tampoco? —No. Respiramos hondo. —¡Espera! —exclama Nicole de repente—. consigo desengancharlo. —Claro que sí —asiente la otra enfermera—. Hay otra cosa. —Acaricia la pernera con admiración—. —Levanto la vista. —Jo. Entre sus hebras de oro hay un anillo enredado. —Y aquí están tus joyas —añade la otra enfermera. —¿No recuerdas tu boda? —Nicole parece consternada—. Valen unas doscientas libras. en el fondo de mi ser. Después de maniobrar un rato. Y además. Noto un zumbido en los oídos. ¿no? ¿Doscientas? ¿Por unos tejanos? Esta tía alucina. Nunca he sido muy dada a llevar joyas (salvo que se incluyan en esa categoría los pendientes de Topshop y el reloj Swatch). alzando las cejas—. ¿no? Lo sentiría en mi interior. Se trata de un anillo con un enorme diamante solitario. Tras un instante me cae en la palma una alianza de oro. Pon la mano.29 - . meto la mano y saco un enredo de piezas doradas. Como una cría frente al calcetín de los regalos en Navidades. ¿No lo recuerdas.

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

Dave, ¿no? —¡Y yo qué sé! —Nicole suelta una risita, aunque se lleva una mano a la boca—. Perdona. Has puesto cara de pánico. ¿Tú sabes cómo se llama el marido? —le pregunta a la otra enfermera, que niega con la cabeza. —No; lo siento. Estoy trabajando en la otra sala. Pero sé que hay un marido. —Mira, tiene una inscripción —dice Nicole, quitándome el anillo—. «A.S. y E.G., tres de junio de dos mil cinco.» Se acerca el segundo aniversario. —Me lo devuelve—. ¿Eres tú? Respiro agitada. Es cierto. Está grabado en oro macizo. —Yo soy A.S. —le digo—. A de Alexia. Pero no tengo ni idea de quién es E.G. El «E» del teléfono, comprendo de sopetón. Ese mensaje era de él. De mi marido. —Creo que necesito un poco de agua fresca… Me voy al baño, tambaleante, y me echo agua por la cara. Apoyada en el lavamanos, observo mi rostro magullado, mi reflejo extraño y conocido a la vez. Creo que se me va a colgar el disco duro. ¿Me están gastando una broma monumental? ¿Sufro alucinaciones? Tengo veintiocho años, unos dientes perfectos, un bolso Louis Vuitton, una tarjeta de «Directora»… y un marido. ¿Cómo demonios ha ocurrido?

- 30 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

Capítulo 4
Edward. Ethan. Errol. Ha pasado una hora y continúo en estado de shock. No paro de mirar con incredulidad el anillo de boda que reposa a mi lado, sobre la cajonera. Yo, Lexi Smart, tengo un marido. No me siento lo bastante vieja para tener marido, qué caramba. Eliott. Eamonn. Egbert. Por Dios bendito, que no sea Egbert. He registrado a fondo el Louis Vuitton. He repasado la agenda, página por página. He mirado todos los números grabados en el móvil. Pero aún no he descubierto a quién corresponde esa E. Cualquiera diría que habría de acordarme al menos del nombre de mi marido. Que lo tendría grabado a fuego en mi mente. Cuando se abre la puerta me pongo en guardia, creyendo que es él. Pero es mamá otra vez, que llega muy sofocada. —Estos guardias de aparcamiento no tienen corazón. Sólo he pasado veinte minutos en el veterinario… —Mamá, tengo amnesia. —La interrumpo—. He perdido la memoria. Un trozo entero de mi vida. Estoy alucinada. —Sí. La enfermera me lo ha dicho. Nuestras miradas se cruzan sólo un instante, porque ella la aparta enseguida. Mirar a los ojos no es su fuerte, nunca lo ha sido. Lo cual me fastidiaba mucho cuando era más joven; ahora ya lo veo como una de las características de mamá. Como esa manera suya de no recordar los nombres de los programas de la tele, aunque le hayas explicado quinientas veces que no es La pandilla de los Simpsons. Ahora se sienta y se quita el chaleco. —Sé muy bien cómo te sientes —empieza—. Mi memoria cada día está peor. El otro día… —¡Mamá! —Respiro hondo, procuro no perder la calma—. No tienes ni idea de cómo me siento. Esto no es como olvidar dónde te has dejado las gafas. ¡He perdido tres años de mi vida! No sé nada de mí en dos mil siete. No tengo el mismo aspecto, mis cosas son distintas y, encima, me he encontrado estos anillos. Necesito saber una cosa… —Me tiembla la voz de pavor—. ¿Es cierto que estoy casada? —¡Pues claro! —Parece escandalizarla que se me ocurra preguntarlo—. Eric viene enseguida. Te lo he dicho antes. —¿Eric… es mi marido? Pensaba que era un perro. —¿Un perro? —Arquea las cejas—. ¡Por el amor de Dios, cariño! ¡Menudo golpe te diste!

- 31 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

Le doy vueltas al nombre, a ver qué pasa. «Mi marido Eric. Mi querido esposo Eric.» No me dice nada. Ni frío ni caliente. «Te quiero, Eric.» «Con este anillo te desposo y con mi cuerpo te adoro, Eric.» Espero a ver si se produce alguna reacción en mi cuerpo. Debería reaccionar ¿no? Mis células amorosas tendrían que despertar todas a una. Pero me siento totalmente en blanco. —Tenía una reunión muy importante esta mañana —prosigue mamá—. Pero ha estado aquí contigo día y noche. —Ya. —Trato de asimilarlo—. ¿Cómo… cómo es? —Delicioso —dice mamá, como si hablase de un bizcocho. —¿Y es…? —Me detengo. No quiero preguntar si es atractivo. Sería muy superficial de mi parte. ¿Y si esquiva la pregunta y me dice que tiene un excelente sentido del humor? ¿Y si es un obeso? Ay, Dios. ¿Y si llegué a conocer todas las bellezas de su interior por Internet? Sólo que ahora se me han olvidado y tendré que simular que no me importa su aspecto. Nos quedamos calladas y me descubro echándole una ojeada al vestido Laura Ashley de mamá, que debe de datar de 1975. Los volantes se ponen y pasan de moda cada cierto tiempo, pero ella no parece enterarse. Todavía lleva la misma ropa que cuando conoció a papá. El mismo pelo largo y encrespado, el mismo pintalabios antediluviano. Como si creyera que aún es una veinteañera. No es que yo le hable de estas cosas. Nosotras no mantenemos charlas íntimas madre-hija. Una vez, cuando rompí con mi primer novio, intenté hacerle unas confidencias. Tremendo error. Ella no me compadeció ni me abrazó. Ni siquiera me escuchó. Se puso roja y a la defensiva, toda cortante, como si tratara de herirla a propósito hablándole de relaciones. Tuve la sensación de estar cruzando un campo de minas; pisando zonas muy sensibles de su vida que ni siquiera sabía que existieran. Así que la dejé por imposible y llamé a Fi. —Lexi, ¿me hiciste el pedido de las fundas del sofá? —pregunta de repente—. Por la página de Internet —añade, al ver mi perplejidad—. Pensabas hacerlo la semana pasada. ¿Habrá oído algo de todo lo que he pensado? —No lo sé, mamá—respondo lentamente—. No recuerdo nada de los últimos tres años. —Perdona, cariño. —Se da una palmada en la frente—. ¡Qué estúpida soy! —No sé qué andaba haciendo la semana pasada, ni el año pasado… ni tampoco quién es mi marido. —Abro las palmas de las manos—. Para serte sincera, es espeluznante. —Claro. Desde luego —dice con aire ausente—. La cuestión, cariño, es que no recuerdo el nombre de la página web. Si llegas a recordarla… —Te avisaré, ¿vale? Si recupero la memoria, lo primero que haré será llamarte y

- 32 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

decírtelo. ¡Por Dios! —No hace falta que me levantes la voz, Lexi. Así que mamá tiene aún la exclusiva para sacarme de quicio. Se supone que ya no debería irritarme, ¿no? Sin pensarlo, empiezo a mordisquearme la uña del pulgar. Me detengo enseguida. La Lexi de veintiocho ya no se destroza las uñas. —¿Y a qué se dedica? —Vuelvo al asunto de mi supuesto marido. Todavía no puedo creer que sea una persona real. —¿Quién? ¿Eric? —¡Pues claro! —Vende propiedades —dice como si yo tuviera que saberlo—. Y es bastante bueno, por cierto. Me he casado con un agente inmobiliario. Pero ¿cómo? ¿Por qué? —¿Vivimos en mi piso? —¿Tu piso? —Me mira divertida—. Cariño, hace mucho que vendiste tu piso. ¡Ahora tienes tu hogar conyugal! —¿Que lo vendí? ¡Pero si me lo acabo de comprar! Me encanta mi piso. Está en Balham y es minúsculo, pero muy acogedor. Tiene los marcos de las ventanas pintados de azul (los pinté yo misma), un mullido sofá de terciopelo, montones de cojines coloridos por todas partes y bombillitas de fantasía alrededor del espejo. Fi y Carolyn me ayudaron a mudarme hace dos meses y entre las tres pintamos el baño de color plateado y luego, de paso, nos pintamos también los tejanos con el mismo spray. Pues ahora resulta que todo eso ha desaparecido. Vivo en mi hogar conyugal. Con mi marido conyugal. Por rnillonésima vez, examino la alianza y el anillo con su diamante. Le echo un vistazo a la mano de mi madre. Todavía lleva el anillo de papá, pese a su manera de tratarla a lo largo de años… Papá. El funeral de papá. Una garra me estruja el estómago. —Mamá —digo con cautela—. Siento haberme perdido el funeral de papá. ¿Fue…? Ya me entiendes, ¿todo bien? —No te lo perdiste, cariño. —Me habla como si me hubiera vuelto loca—. Tú también estabas allí. —Ah. —La miro, desconcertada—. Ya, claro. Lo que pasa es que no me acuerdo. De pronto siento que ya no puedo más y doy un suspiro antes de arrellanarme sobre las almohadas. No me acuerdo de mi propia boda ni del funeral de mi padre. Dos de los acontecimientos más importantes de mi vida, y es como si me los hubiese perdido. —¿Cómo fue? —pregunto. —Todo salió bien, como suelen salir las cosas… Se la ve inquieta, como siempre que sale papá a colación. —¿Había mucha gente?

- 33 -

No sé qué ocurrió exactamente. Yo tenía ocho años cuando oí que una de mis tías lo describía así en una fiesta de Navidades. de manera que yo creí que «tarambana» era una palabrota muy fuerte.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Ahora se le dibuja una mueca de dolor en la cara. Déjate ya de esa obsesión con los carbohidratos. ¡Por favor! ¿Cómo no vas a darte cuenta de que tu hija ha dejado de ser una dentona zarrapastrosa con varios kilos de más para convertirse en una chica esbelta. dijo. la verdad. ¿Han inventado un Kit Kat de menta? Este 2007 es otro mundo. con su chaleco rosa de lana. Fue hace años. Amy debe de estar al caer. —Me echa una ojeada—. Mamá me explicó que se había ido de viaje a América. ¿no? —No puedo dejar de decirlo. como para librarse de mis preguntas—. Cuando me vieron cambiaron de tema. Es mi hermana de todas todas. sus vaqueros con flores bordadas y esas zapatillas tan monas que se encienden cuando se pone a bailar. cariño. ¿Has almorzado? No he tenido tiempo de tomar nada. —Ha ido a comprar unas chocolatinas abajo —dice mientras abre la puerta—. Pero ha sido tan gradual que casi no me he dado cuenta. como mucha gente cree. Una patatita no mata a nadie. Se me ha quedado grabada. Lexi —añade—. Cuando me puse a preguntarle una y otra vez qué me había traído de . Voy a ver si consigo algo para las dos. El motivo oficial era que la sede de su empresa estaba en el extranjero. mi madre y mi padre rompieron antes de que ella naciera. y 2). «romper» quizá sea demasiado fuerte. Papá volvió a casa unas semanas más tarde con aspecto cansado. —¿Amy está aquí? —Se me levanta el ánimo al pensar en mi hermanita pequeña. Amy no es mi media hermana ni mi hermanastra. «Tarambana. El motivo real. al cien por cien. El pelo… los dientes… —Sí. sin un gramo de grasa. Y haz el favor de comer bien. que era un oportunista y un tarambana. Lo único que sé es que mientras crecía no le vi mucho el pelo a mi padre. sólo un poquito de huevo con una tostada. aunque sea con timidez—. No parecen saber qué es una patata. Bueno. bronceada y estilosa? —No tardaré —dice recogiendo su bolso bordado—. Del cambio de horario. yo le dije que era una mentirosa asquerosa. ¿Nada de carbohidratos? ¿Así es como he conseguido este tipito? Deslizo la mirada por estas piernas asombrosas. —He cambiado bastante. Mamá se va y me quedo mirando la puerta cerrada. —No hablemos de eso. Pero la gente se confunde porque: 1) nos llevamos doce años.34 - . Le encanta el Kit Kat de menta.» La primera vez que se fue de casa yo tenía siete años. Cuando Melissa me contó en el colegio que lo había visto en el supermercado en compañía de una mujer con tejanos rojos. —Se pone de pie. supongo que estás distinta.

Lleva unos vaqueros caídos. Mamá tuvo también varios «amigos» a lo largo de los años. prefiero no imaginármelo. La cría más adorable del mundo: siempre con la música puesta para jugar con su alfombra de baile y empeñada en hacerme trenzas un millón de veces… La habitación se ha quedado muy tranquila.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? recuerdo. tiene el pelo en punta con mechas azules y como seis capas de rímel. como si fuera el escenario de un campo de batalla tras el bombardeo. Quiero decir. —Ah —murmuro. Y evidentemente. Luego abrió en España un negocio inmobiliario que acabó quebrando. seguro que nos hemos visto… —¿Lexi? —Incrédula. Y finalmente. Ni a mamá. se trasladó de modo definitivo a Portugal. Me siento como una forense que va recogiendo hebras microscópicas para reconstruir el cuadro completo. siempre supe que no se había ido a América. y un piercing en el ombligo. Luego se fue a vivir un tiempo con una española… Pero mamá siempre volvía a abrirle la puerta. él sacó un paquete de chicles Wrigley.35 - . Me sirvo un vaso de agua y lo bebo despacio. Tengo una especie de nebulosa en la cabeza. vaya. hará unos tres años. El caso es que acabó apareciendo Amy. Ésta no puede ser mi hermana. ¿no? —¡Claro! —Pongo cara de disculpa—. casi dolida—. en una de sus joviales visitas navideñas (en plan: «Las copas corren de mi cuenta»). Ella hace una mueca nada más verme. Un par de años después desapareció de nuevo. Se oye un golpe ligero en la puerta y levanto la vista. Nunca le dije a papá que sabía la verdad. lo siento. hasta que Melissa me señaló el sello del super. En algún punto de todo este historial se volvió alcohólico. con la barriga al aire. Me reconoces. desconcertada. esta vez varios meses. Casi una adulta. Se asoma una chica de unos dieciséis años. pero ella y papá nunca se divorciaron. No tengo ni idea de quién es. —Lexi… soy yo. —Todavía tienes la cara hecha polvo. —¿Sí? ¡Adelante! —Hola. De alguna manera. Pero resulta que sí. sin duda debieron… Bueno. pero he sufrido un accidente y tengo ciertos problemillas de memoria. nunca se dejaron del todo. alta y delgaducha. Entonces se metió en una red tipo pirámide bastante chunga e intentó involucrar a nuestras amistades. al parecer para huir del fisco. Peor: turulata. Amy se ha convertido en una adolescente altísima de estilo descarado. Me observa entornando los ojos. ¡Soy yo! ¡Amy! Estoy sin habla. Mientras deambula por la habitación . Yo fardaba mucho de mis chicles americanos en el colegio y se los enseñaba a todo el mundo. Mira. Lexi.

Supongo que no te acordarás… —Ah —digo. —¿Saber qué? —Siento un espasmo de alarma—. Me acuerdo de todo hasta el día antes del funeral de papá… Luego no hay más que niebla. Claro. Es como si me hubiese despertado anoche por primera vez. Es horrible. ¿Qué. —Se encoge de hombros. como disculpándose—. —Tiene la voz dulce y algo ronca de siempre. —Seguro que sí —dice ella. —Genial. Podemos compartirlo. Más enrollada. sírvete tú misma. Aunque no sé si habrá dinero ahí. —Le señalo el bolso Louis Vuitton—. —Un momento. lo que me permite apreciar sus botines de ante gris con tacones afiladísimos: una pasada—. A mí me parece que deberías saberlo cuanto antes. Sólo me acuerdo de cuando tenías doce años. Lexi. —Nadie te lo ha contado. Fue guay. Oye. Con tu cola de caballo y tus aparatos dentales. ¿Supongo que sabes…? —¿Qué? Me mira incrédula. por la seguridad que rezuma. Y con aquellos pasadores tan monos que te ponías en el pelo.36 - . Juguetea con su colección de pulseras. Finalmente se pone de pie. No tenía ni idea. Tampoco recuerdo mis primeros días en el hospital. Pero vaya… —Menea la cabeza y se mordisquea las uñas—. Gracias. Entonces… a ver si lo entiendo bien. Los últimos tres años los tienes en blanco total. pero… Se retuerce un mechón. que no recuerdas mis otras visitas? —No. Así que no te acuerdas de nada. —Mamá ha ido a buscarme algo para almorzar. ¿Tú fuiste dama de honor o algo así? —Sí —dice distraída—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? toqueteándolo todo. con aire incómodo. ¿O sea. E incluso antes de eso lo tengo todo medio borroso. si quieres. boquiabierta—. caramba! Durante un momento parece debatirse. . Amy? ¡Dímelo ya. Qué guay. pero mejor modulada. Levanta la vista de sopetón. —Se sienta en una silla y pone las piernas (larguísimas) sobre uno de los brazos. ¿no? —¿El qué? —Joder. —Aggg. Según parece. Imagino que quieren informarte poco a poco. —Como un gran agujero negro. no me lo recuerdes. sigo hipnotizada por su estatura. —Suelto una risita nerviosa—. estoy casada. —No tiene nada de guay. Me los pediste la semana pasada cuando se te estropeó la tarjeta y me dijiste que me los devolverías. Se mete los billetes en el bolsillo y vuelve a poner las piernas encima del brazo de la silla. —Flipante. abriendo la cremallera rápidamente con una sonrisita—. —Es sólo que me debes setenta pavos. —Hace el gesto de vomitar—. —¿Qué? Dime. no me gusta sacar el tema justamente cuando te sientes fatal y demás. más espabilada. —¿Hay algo de comer? Me muero de hambre.

Comencemos por lo más obvio. —¿Para qué iba a fingir? —Quizá querías librarte de alguna cosa. Luego se echa hacia delante—. ¿De verdad es mío o me estás tomando el pelo? —Lo he visto antes en el pasillo —farfulla entre risas—. —¡Sí. —Amy le acaricia el pelo con cariño—. Te llama mó-má. Lexi —dice en voz baja—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Espera. No puedo ser mamá. Podrían colarte como si nada cualquier cosa. taconeando con sus botines—. —Saca una barra de chicle y empieza a desenvolverla. Tan fresca. seguro! ¡Esto es auténtico. muerta de terror. Menos mal. Como de una cita en el dentista. Oye. ¡Por poco te meten en el trullo! ¿Que adopté un bebé? Estoy helada. Lo adoptaste en Vietnam hace seis meses. —¡Dile hola a tu niño! —Me lo acerca a la cama. —Es Lennon —dice con expresión dulce—. Tengo muchas cosas que aprender y ni siquiera sé por dónde empezar. joder. Amy era dulce e inocente. Tu hijito. Lo que tú digas. Amy tiene razón. Tuviste que sacarlo de contrabando en tu mochila. La puerta vuelve a abrirse enseguida y aparece con un bebé de rasgos asiáticos en brazos. por cierto. ¿Mó-má? —Hola. Y no he podido resistirlo. —Me rodeo las rodillas con los brazos. —Se encoge de hombros y me ofrece un chicle. . ¿Qué está diciendo? —Supongo que no lo recuerdas. y me dirige una sonrisa radiante. No sé nada de bebés. —Sale de la habitación. No consigo sobreponerme. la niña—. ¿de verdad tienes amnesia o estás fingiendo? No se lo diré a nadie. Los miro petrificada.37 - . Toda una aventura. ¡Ven con mó-má! Levanto la vista y veo que a Amy le tiemblan los labios y se le escapa una carcajada. La gente podría aprovecharse de mí. con un temor repentino. Lleva unos pantaloncitos con peto y un vaso de zumo en la mano. —¿No me digas que son los padres? Mocosa descarada… ¡Devuélvelo ahora mismo! Me desplomo sobre la almohada con un alivio inenarrable y el corazón a cien. No estoy preparada. Si hubiese muerto. habría sido por tu culpa. Lennon—digo con voz ahogada—. ¿Qué demonios le ha pasado? —Por poco me da un ataque —la reprendo cuando vuelve con una lata de Coca-Cola light. Soy mó-má. —Trato de adoptar un tono maternal—. gracias. —¿Qué pasa? —La miro con suspicacia—. nena! —Vale. —No. —Necesitas espabilarte un poco —replica tan campante—. ¡Tendrías que ver la cara que has puesto! Fuera se oyen gritos y llantos amortiguados. Aparenta un año más o menos. Solía mirar Barbie Bella Durmiente una y otra vez con el dedo metido en la boca. No tengo ningún hijo.

Lo que ocurrió fue que te pusiste a hablar con un viejo vagabundo en la calle. —¡De verdad! Ahora no te tomo el pelo. pero ella se limita a echarle un trago a su lata de Coca-Cola. Es un juego superdivertido. ya no discriminamos a nadie por su aspecto. Lo conociste en un programa de la tele. —Es encantador —asiente. ¿Cómo es mi marido? ¿Qué… pinta tiene? —Uau. No debería mostrar estos prejuicios. todavía escéptica. —¡Está bien. Se levantó de la silla de ruedas para pronunciar sus votos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Bueno… —Intento sonar despreocupada—. muy seria—. No tiene ninguna puñetera joroba. No llegaste muy lejos en el programa. Él era uno de los jurados y tú una concursante. seguro que tuve mis motivos para elegirlo. El cura apenas podía hablar… Se le escapa la risa otra vez. —Venga ya. —Vale. Es mi vida. —Ahora parece ablandarse—. vale. a la muy… —¡Mocosa descarada! —exclamo—. —Bravo. Estamos en dos mil siete. no te pongas así! —Levanta las manos—. —¡No es ningún juego! —Me tiro del pelo sin acordarme de mis heridas y hago una mueca de dolor—. —Hago lo posible para disimular mis temores. Quizá sea cierto. sea cual sea su aspecto. Y resultó que se llamaba Eric… —¡Basta! ¡Cierra el pico de una vez! Si no me lo cuentas. nerviosa. Estoy esperando su carcajada y el final de esta historia tan graciosa. ¿Quieres saberlo de verdad? —¡Sí! —Vale. —¡Lexi! ¡Él se sentiría muy dolido si te oyera! —Parece consternada—. Y lo van a operar de la joroba. ni nada. Y ha conseguido tantas cosas… Es un caso impresionante Me arde la cara de vergüenza. —¿Participé en un reality? —pregunto. ¿no? —Pero… ¿puede andar?—pregunto. Amy. No tiene la culpa de que se le dañase la espalda de niño. donde la gente quiere triunfar en los negocios. —Pongo los ojos en blanco. Tiene un gran sentido del humor. A todo el mundo se le caían las lágrimas. Fuiste a ese reality que se llama Ambición. pero conociste a Eric y los dos tuvisteis buena onda desde el principio. Todos mis amigos lo miraron. —Fue una pasada. ¡Claro! ¡No tienes ni idea de cómo es! —Mamá dice que es delicioso. Y Eric es un tipo dulce y encantador. Y votamos todos por ti. —Caminó por primera vez el día de la boda —dice con una mirada evocadora—. —Amy pone los ojos como platos—. Buen intento. Se hace un silencio. ¡Tendrías que haber ganado! . me lo contará mamá. ni cómo lo conocí. No sé quién es mi marido. —Le ha entrado la risa tonta—. ¿verdad? —Perdona. Además. vuelve a intentarlo —le digo alzando los ojos al techo.38 - .

Quizá lo mirarás y dirás: «¡Eric. ¿Quieres decir… aquí. —Mamá. ¡Ha venido desde su oficina corriendo para verte! —¡Pero no lo conozco! No sabré qué decir o hacer… —¡Cariño. —Ahora mismo sube.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? La observo con atención. —Pero yo no soy ambiciosa. en plan tentador. Ahí fue cuando te arreglaste los dientes y el pelo. en el hospital? Mamá asiente. Te he traído lasaña. Salimos todos a celebrarlo y nos invitaste a champán. creo que no puedo —le digo muerta de pánico—. Y esa mousse es mía. O no tan ambiciosa… —¿Me tomas el pelo? —Abre los ojos de par en par—. Se abre la puerta y aparece mamá con una bandeja que contiene un plato tapado. «Lexi Smart. ¿Y sabes qué? ¡Eric ya está aquí! —¿Aquí? —Palidezco. Directora. Fue guay cuando te nombraron —añade—. Para progresar. ¿También lo has olvidado? —Y me pasa la cucharilla. Todos los peces gordos de tu empresa te vieron en la tele y fliparon contigo. poniendo los ojos en blanco—. ¿Me dice la verdad? ¿Salí en la tele? —¿Por qué demonios fui a un programa como ése? —¿Para ser la jefa tal vez? —Amy se encoge de hombros—. que se ha quedado con la mousse y le está quitando la tapa—. por delante de las narices. Le he pedido que te diera unos minutos para prepararte. —Ésta sí que es buena —le digo. todo esto va demasiado deprisa. ¿Cómo que unos minutos? Me hacen falta muchos. Aún no estoy preparada para afrontar mis veintiocho años. fuiste por su puesto. No me siento capaz todavía. Nunca.39 - . No puedes cerrarle la puerta en las narices a tu marido. —Quizá se te dispare la memoria al verlo —dice Amy. —Tú ya no comes chocolate. cuando esté un poco más centrada. mamá? ¡Ni siquiera te comiste el pastel de boda por las calorías! Ha de ser una tomadura de pelo. aterrorizada—. Yo no habría dejado el chocolate ni en un . —Aquí tienes —dice—. cariño! —protesta mamá—. Por eso te dieron el cargo. amor mío! ¡Ahora lo recuerdo todo!» —Cierra el pico —le espeto—. Mi mente me trae el recuerdo de las tarjetas que hay en mi agenda. —¡Lexi.» —Eres la directora más joven que han tenido. No digamos ya para conocer a mi marido. pero su expresión es del todo seria. No te preocupes. es tu marido! —Me da unas palmaditas para calmarme—. —Tú no tomas carbohidratos. una mousse de chocolate y un vaso de agua. —Estira el chicle que tiene en la boca hasta convertirlo en un hilo—. No sé. ¡Eres la tía más ambiciosa del mundo! En cuanto tu jefe dimitió. ¿No recuerdas nada? —Nada de nada. ¿Verdad. Para salir guapa en la tele. Yo jamás dejaría el chocolate. Quizá mañana.

O su pasado nazi. caramba.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? millón de años. Es algo demasiado raro. —¡No seas tonta. Pasa. —¿Se puede? —Dios mío. entra en la habitación el hombre más impresionante que he visto en mi vida. . —¡No! Espera… un segundo. Eric! —grita mamá a través de la puerta. —¡Amy! —Mamá chasquea la lengua y abre la puerta—. enloquecida—. —Las miro a las dos. Lexi. —¡Aggg! —chillo—. Y me susurra—: ¡Arréglate un poco. Mañana. ¡Se me va a agravar la amnesia! —Ya está. pobre chico! Mientras ella se dirige hacia la puerta. —Mamá. ¿acaso espera que vuelva y viva con él? —Tú improvisa sobre la marcha —dice mamá vagamente—. Es un chico estupendo. Estoy a punto de decirle que se vaya al infierno y arrebatarle la mousse cuando se oye un golpecito en la puerta y una voz masculina amortiguada. Ha estado preocupadísimo. Eric. Hay una pausa insoportable. cielo! ¡Cualquiera diría que te han arrastrado por un zarzal! —No la agobies. Perdona que te haya hecho esperar. Luego se abre la puerta del todo y. yo me aferró a las sábanas con fuerza. No puedo enfrentarme a un extraño que se supone es mi marido. Es tu marido. cariño! —dice riendo—. —¿Y si lo odio? ¿Y si no hay química entre nosotros? —Ahora ya disparo a la desesperada—. ¿recuerdas? —Te peinaré un poco… —Se me acerca con un peine de bolsillo y empieza a darme tirones. En serio. La sacaron a rastras de un montón de chatarra. Dile que venga luego. No debes preocuparte. Incluso podríamos aplazarlo unas semanas.40 - . Quiero decir. Se me revuelve el estómago de pavor. mamá. tras un enorme ramo de flores. y ahora lo tenemos ahí esperando. ¿Lista? —¿Abro la puerta? —pregunta Amy. —Si no mencionas su peluquín. ¡Dios mío! ¿Es él? ¿Tan pronto? —¡Un momentito. Todavía es demasiado pronto. ¡Ya está bien. por favor —le ruego—. —Me da un último tirón y me limpia la cara con la esquina de un pañuelo—.

En su caso tiene un aspecto fantástico. ¿Me permites? —dice señalando mi mano. vale. Curioso. ojos azules. un traje muy caro. Eric… Pero estoy segura de que. Tiene una mano bonita. y se sienta en la cama—. si se esfuerza de verdad. Yo soy Eric. ¿Cómo conseguí a este tipo? ¿Cómo. y ese reloj de diseño… Vuelvo a fijarme en su pelo. sin prestarle atención a mamá. querida —se defiende mamá—. —Estoy procurando recordar. Como un modelo de Armani. Pero es la mano de un extraño. impecablemente rasurada. Pero mira qué tórax tan musculoso… Debe de hacer ejercicio todos los días. —¡Hola! —consigo decir. Cojo el ramo de sus manos. —La coge suavemente. Eh… muchas gracias. Y mira qué zapatos más relucientes. —Eh… sí. —Bueno. firme. Lo siento tanto. Eso es. Es el ramo más increíble.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 5 Me he quedado sin habla. En realidad. ultramoderno y sofisticado que he visto. —Se acerca a la cama entre un rumor de flores carísimas—. Es tan brutalmente atractivo que casi resulta doloroso mirarlo. casi sin aliento. ¿vale? —le digo indignada—. nada. hombros anchos. Puedo percibir cómo la conmoción se propaga por todo su rostro. Pelo corto. cálida. pronto lo recordará todo. Nunca pensé que me casaría con un hombre de pelo rizado. Procuraré provocar algún recuerdo. ¿Dónde demonios se conseguirán rosas marrón? —O sea… que tú eres Eric —añado para estar del todo segura. —Te lo he dicho —le apunta mamá en voz baja—. todo en matices de blanco y marrón. Pareces mucho mejor que ayer. La mente sobre la materia. ¿Cómo te encuentras? —Bien. Sólo puedo mirarlo fijamente mientras en mi interior se agranda una burbuja de incredulidad. castaño y rizado. —Cariño. Y esta habitación es mejor que la otra. He leído que estas cosas dependen siempre de la fuerza de voluntad. por Dios? —Hola —dice con una voz grave y modulada de actor. ¿O piensas que me gusta estar así? —Vayamos poco a poco —interviene Eric. Mandíbula cuadrada. . —Sí. No es que tenga nada en contra del pelo rizado. —¿Qué se supone que significa eso? —le suelto con una mirada ofendida.41 - . pero aun así consigue sonreír. ¿Aún no me reconoces? —No mucho.

—Ah. París. visitamos el Louvre.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Lexi. Encantada de conocerte. —¡No te preocupes! —digo—. Venga. No pretendía interrumpir. y entra Nicole con una tablilla. ya me entiendes. —Nos conocimos hace casi tres años en una recepción de Pyramid TV los productores de Ambición. Todo esto suena muy adulto. Perdona. —Un placer —dice él inclinando la cabeza—. Y a ella—: Mi madre. sacándonos fotos… —No —lo interrumpo—. pero se detiene al ver a Eric con mi mano entre las suyas—. De cerca es todavía más atractivo. Se llama —la miro a los ojos— Eric. Estuvimos en Montmartre. Qué fascinante resulta. y unos dientes perfectos. la torre Eiffel… En fin. Y ni siquiera lo reconozco. —Tengo que echar un vistazo a esa presión —empieza. Debería esforzarme un poco. Cariño. Llevamos casi dos años casados. A saber qué cosas hemos hecho juntos.» El estómago me da un vuelco. soy yo —dice con voz grave y resonante—. hazlo. Trato de combinar su rostro con alguna imagen de París para provocar algún recuerdo… —¿Subimos a la torre Eiffel? —pregunto por fin. —Asiente decepcionado. ¿no? Tiene que ser bastante bueno… —¿Estás pensando en algo? —Eric se ha fijado en mi mirada—. He mantenido relaciones sexuales con este hombre. Y una alarma antirrobo. Lexi es muy . Continúa. tomamos café au lait cada mañana… —Se interrumpe—. me casé con él. —¡Eric! —Sus ojos se iluminan—.42 - . Soy su esposa. Me ha quitado la ropa interior. recorro su cuerpo con la vista. deslumbrantes… «Dios de los cielos. —¡Adelante! —digo. Para mi alivio. Ay. Quizá mamá tenga razón. lo clásico. —El placer es mío —repone Nicole con una sonrisa profesional—. —¡No. ¿No te suena de nada todo esto? —La verdad es que no —respondo en tono culpable—. ¿Empiezas a recordar? Nos quedamos allí disfrutando de la brisa. Eric. Me gustaría saber qué tal es en la cama. París. Nos sentimos atraídos en el acto. —¡Por supuesto! —Su expresión se ilumina—. Es Nicole. Me ha visto desnuda.» La idea me pasa por la cabeza como un relámpago. Intento empujar mi mente hacia el pasado. una de las enfermeras que me atienden —le explico a Eric. alguien llama a la puerta. Tu marido. Bueno. nada! —Me ruborizo—. mi hermana… y mi marido. Disimuladamente. Tiene la piel suave y bronceada. O sea… doy por supuesto que me ha quitado la ropa interior y demás. La Mona Lisa… Piensa. el reality en que participamos los dos. Nos alojamos en una suite del hotel George V. Nos casamos en junio y fuimos de luna de miel a París. ¿no? Seguro que hasta tenemos una hipoteca. «Esposa. No voy a preguntarlo con mi madre delante. y nos quedamos en silencio. caramba. nada más. Fue maravilloso. perdón. si quieres preguntar alguna cosa. Le estoy eternamente agradecido por cuidar de mi esposa. Lo siento. Lo he deducido.

Ninguno de mis novios ha corrido jamás una maratón.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? buena paciente. alzando las cejas mientras deja que se desinfle el manguito—. Y voy a tener que pedirles a ustedes que no se queden demasiado. —Voy a tomarte la tensión… «¡Es despampanante!». En mi vida había salido con alguien que jugara en esta división. Se me ha olvidado. Chungo Dave apenas lograba arrastrarse del sofá a la tele.43 - . Si están haciendo alguna cuestación o tienen un fondo… —¡Sería fenomenal! —exclama Nicole—. —Me gustaría hacer una donación a este hospital —anuncia Eric. —Bueno —dice Nicole. Quiero que mi esposa se recupere plenamente. es despampanante. —Hace una anotación en mi expediente—. Cierto. Eric me mira preocupado. —Suelto una risita. pero su estado aún es delicado. Si no te importa. —Qué situación más rara. ¿No habrá nada que yo pueda hacer para acelerar el proceso? —No lo sé —digo con impotencia—. Me pone el manguito en el brazo y se vuelve hacía mí. —Ah. Luego se cierra la puerta y nos quedamos a solas en medio de un extraño silencio. Lexi. me dice con los labios y alza disimuladamente el pulgar. Eric. Mamá y Amy se acercan para darme un abrazo (sobre la marcha mamá hace otro intento de alisarme el pelo). —Me gustaría hablar un momento a solas contigo —me dice—. Comprendo que quieran pasar todo el tiempo posible con ella. —Me sobresalto—. No hablemos ya de casarse. sí. —Haré lo que sea necesario —dice Eric apretándome la mano—. pero él no se mueve. que se desvanece enseguida. señalando la bandeja intacta. Pero no saben cuándo. esto está perfecto. —¿Han dicho los médicos si recobrarás la memoria? —Ellos creen que sí. —Bueno —dice él por fin. A mí se me escapa una sonrisa. Su voz grave de galán inunda la habitación—. Quizá podrías contarme algo más sobre . —Tienes que comer. Y debe tomárselo con calma. Ahora mismo estamos recaudando dinero para un nuevo escáner. Mamá y Amy empiezan a recoger sus cosas. Cada año corro la maratón por una causa distinta. ¿Ése es tu almuerzo?—añade. —Ay. —Así que se trata de esperar —prosigue—. Se incorpora y camina hasta la ventana. —Se vuelve hacia mamá y Amy—. —Quizá podría hacer la maratón por esa causa. Estoy a punto de explotar de orgullo. Ni de zamparme croissants en una suite del George V. Lexi. Ha sido un placer. Eh… perfecto.

Bueno. Ay. ¡Kensington! Paseo la vista por la habitación. Es que… eres un extraño. Las viviendas estilo loft. En un apartamento tipo loft. —¿Qué cosas compartimos? —pregunto finalmente. No eres la misma. como las tonterías que dices en una entrevista cuando quieres ganar tiempo. buscando alguna otra pregunta.44 - . —Eric se vuelve.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? nosotros. su cuerpo se recorta contra la ventana—. sino «un amigo que aún he de conocer». siento una punzada de alarma. —Yo… Instintivamente. te ayudaremos a ponerte bien. —¿Me permites? Cuando recoge el anillo y toma mi mano izquierda. no me hubiera casado contigo. Y tienes un aspecto estupendo —añado para animarlo—. luego se yergue otra vez—. Pero no hay manera. Parece herido. —Con delicadeza. Buena idea. aparto la mano de un tirón y Eric retrocede sobresaltado. sin pensarlo siquiera. Y luego cenamos en Ivy. Ya lo verás. intento arrancar mi cerebro como si fuera una moto. Si no. Son mi especialidad. todavía con el anillo en la mano—. Los médicos ya me lo habían advertido. ¿Por qué lo has dejado ahí? —Me lo sacaron para hacerme el escáner. Seguro que eres una persona maravillosa. —Por un momento parece abrumado. —Lo siento mucho. —Perdona—digo tras una pausa incómoda—. Vuelvo a abrir los ojos. y veo que Eric se ha fijado en los anillos que hay sobre la cajonera. —Me muerdo el labio—. Dios. —Claro. pero no me imaginaba que fuera tan acusado. Mi último novio no te llegaba a la suela del zapato. algo mareada. perplejo—. se sienta en la cama y me . Levanto la vista y veo que está mirándome fijamente. —¡Qué extraño! —dice al fin—. —Se vuelve hacia mí. deja el anillo sobre la cajonera. aprieto los párpados. —Lo dice con delectación y hace un gesto con las manos. Yo quiero conocerte y… quererte y tal. —Bueno… ¿Dónde vivimos? —En Kensington. Uau. ¿no? —Levanta la vista. ¿Qué quieres saber? Pregúntame lo que quieras. —Es el anillo de boda. Ni de lejos. pero todo me parece arbitrario y superficial. como poniendo ladrillos. vamos. Mira que soy idiota. No me esperaba a nadie tan atractivo. Cualquier cosa. ¿Por qué narices no recuerdo nada de todo eso? Cierro los ojos. —Claro. Eric. —¿En Ivy? —Sofoco un gritito. No debería haberlo llamado «un extraño». el cine… La semana pasada fuimos a ver un ballet. —La buena comida. Lo siento de verdad. —Pronuncia cada palabra como si fueran todas mayúsculas—.

» No. Brad Pitt ha tenido un hijo natural con Angelina Jolie y yo tengo un marido que está de muerte y que acaba de decirme que me quiere. Tengo la sensación de que voy a dormirme. —¿De veras? —Se me escapa una sonrisa encantada—.» No. Empiezo a notar otra vez ese martilleo en la cabeza. Y para que lo sepas. —Quizá me despierte mañana y lo recuerde todo —le digo en plan optimista. Quizá no será hoy ni mañana. Ahora yo tengo que corresponder. de que me despertaré otra vez en 2004. «Probablemente yo también te quiero. en el fondo de mi ser —digo por fin. —Hasta luego. en casa de Carolyn. Quiero decir… genial. . me siento algo aturdida. Voy a dejarte para que descanses. estoy segura de que yo también te quiero. mientras él se incorpora. como una persona adulta. siempre te quedará a ti. cariño. en conjunto. Parece un poco perplejo. y no durante una borrachera o cuando estás en plena faena. Y lo recordaré. Pero aunque no sea así. a la luz del día. y descubriré que todo era un sueño. apretándole la mano—. O por lo menos. o sea. Y a mí podrás contármelo. también lo arreglaremos. —Esperemos que sí. Sale en silencio de la habitación y permanezco inmóvil unos instantes. —Hago una pausa—.45 - . ¡Muchas gracias! Ninguno de mis novios me había dicho «te quiero» de esa manera. Ha sido demasiado. como es debido. Pero ¿qué digo? «Yo también te quiero. Amy lleva el pelo azul. Pero… siempre nos quedará París. —Me observa unos instantes—. —Eric. —Me da unas palmaditas en el hombro—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? coge la mano—. —Tómate tu almuerzo y descansa. Lexi… te quiero. con una resaca de campeonato. ¿Trato hecho? —Trato hecho.

¿Rosalie? Yo no conozco a ninguna Rosalie. A éstos tampoco los conozco. ¿Trescientas? Vaya chiste. ésta. Miro la cuarta tarjeta. Aunque eso explicaría las piernas tan musculosas que tengo. . —Uau. Será una tontería. querida. por fin. Mientras leo estos nombres conocidos. casi escupiendo el té. Lexi. noto una cálida sensación de bienestar. Se habían quedado en la otra habitación. —Todos. ¡y que pronto vuelvas a tus trescientas flexiones! De tus amigas del gimnasio.46 - . esperamos que te pongas bien. ¡Se nos han agotado los jarrones! —dice. Lexi. Nos vemos muy pronto. Estoy comiéndome la tercera tostada y dándole sorbos a mi taza de té cuando se abre la puerta y aparece Nicole. entregándome un montoncito de tarjetas. macetas de orquídeas y rosas de primerísima clase. Con nuestros mejores deseos. Dejo a un lado la tarjeta y miro la siguiente: Con nuestros mejores deseos. Me quedo fascinada ante semejante despliegue. entre buqués de flores. Recupérate pronto. —¿Es mío alguno de éstos? Ella me mira con sorpresa. Y también un gran agujero negro en la memoria. Carolyn y todo el personal de Suelos y Alfombras. Con todo mi cariño. Debe de haber veinte ramos distintos. Me despierto a la mañana siguiente y seguimos en 2007. Fi. Tengo aún una dentadura perfecta y el pelo castaño claro. empujando un carrito cargado de flores. —¿Todos? —farfullo. pero casi empezaba a pensar que mis amigas se habían olvidado de mí. —Eres una chica muy popular. Cuídate mucho y ponte bien. Tim y Suki. es de gente conocida: Recupérate pronto. Cojo la primera y la leo: Lexi.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 6 Pero no era un sueño. Debs. Rosalie.

—¡Buenos días! —Nicole les sonríe. yo… ¿y él? Se oye un golpecito en la puerta. que aquí estoy. La verdad. te hemos traído algunas fotografías.47 - . Y se me ve gorda. interrumpiendo mis pensamientos. arrastrando seis bolsas llenas de álbumes de fotos y cartas. —¡Venga. ¡Quiero verme! Estoy aprendiendo muchas cosas durante esta estancia en el hospital. Amy. —Yo no he salido en mi vida con un tipo como Eric —le confieso. aún no me creo que sea mi marido. mientras rompe las dos en pedazos. —¿Tú crees? —Me hago la indiferente—. deseando enterarme de mi vida perdida mientras mi hermana se dedica a destruir las pruebas. Me mostrarán cómo dejé de ser la Dientotes para convertirme… en Dios sabe qué. —¡Gracias a Dios! —Mamá advierte la expresión de Nicole—. ¡pero enséñale alguna! Han pasado diez minutos y aún no he visto una solo foto porque mamá y Amy continúan discutiendo por cuál empezar. querida. Una de ellas es ésta: si tienes un familiar con amnesia y quieres estimular su memoria. —Amy se la quita de las manos—. por ejemplo… —Elige una foto con un marco de cartón. Mamá y Amy entran muy acaloradas. —Ni hablar. —Pero si es un granito de nada. ayer se pasó por la sala para darnos otra vez las gracias. tienes un marido despampanante! —me dice Nicole. Quizá te refresquen la memoria. quiero decir… Lexi. Ahora que hemos cargado con las fotos todo el camino… ¿Sabe lo pesados que son estos álbumes? Y encima no encontrábamos aparcamiento… —Todavía sufre una grave pérdida de memoria —dice Nicole. Bueno. —¡No me diga que ya lo ha recordado todo! —dice mamá. Muy poca gente lo hace. —Lo que no debemos hacer es abrumarla —repite mamá una y otra vez. Tengo un grano en la barbilla. disparad! —Dejo a un lado las tarjetas y me siento en la cama—. O sea. Les alegrará saber que Lexi se encuentra mucho mejor. Sí. Esas fotos contienen la parte perdida de mi historia. descompuesta—. abandonando mi falsa indiferencia—. . Miro las bolsas con repentina excitación. mientras las dos hurgan en las bolsas—. enséñale una foto antigua. no importa cuál. imagino… —¡Es increíble! ¿Sabes?. Apenas se ve. sosteniendo la puerta—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Oye. —Vaya si se ve. es bastante atractivo. Y esta otra aún es más repulsiva —dice. —¡Adelante! —dice Nicole. O sea. Ésta.

ya me dirás qué otra cosa va a servir. . —¡Deja ya de romperlas! —chillo—. ¿Habré ido con uno de esos vestidos abullonados. Venga. Mira la imagen con atención. ¡Déjame ver una foto! ¡La que sea! —Muy bien. —Él… parece simpático —digo—. no sé. Ella sigue pasando una foto tras otra con aire insatisfecho—. El año pasado vendieron una parte de la empresa. No me dice nada. Te la enseñaré desde aquí. a ver si te enteras. Si eso no sirve para refrescarte la memoria. —Mamá —trato de controlarme—. Cada vez que lo pienso el estómago me da un brinco. —Guay. la semana pasada. ¿has traído fotos de otra cosa que no sean perros? ¿De personas. —No —le digo por fin—. me concentro para arrancarle algún recuerdo. pero él retiene la participación mayoritaria. —Es fantástico —dice mamá con tono ausente. Y éste es Raphael con Amy. —Ganó diez millones —dice Amy.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡No te miraré las espinillas! —le prometo—. herida—. Es un perro vestido de Santa Claus. No me imagino siquiera de novia. Da un montón de dinero para obras de caridad. no me digas que no lo habías adivinado. Lexi. Mamá. ¿lo sabías? O lo hace la empresa. quiero decir. —¿Cómo? —Está podrido de dinero. ¡es Tosca!—dice. ¿te acuerdas de esto? —Amy me acerca un collar muy especial con una rosa de jade. ¿Lista? Y le da la vuelta. cariño. quizá? —Oye. —¿Su propia empresa? ¿No habíamos quedado en que era agente inmobiliario? —Es una empresa que vende propiedades. ¡De mi boda! Es una idea extrañísima. Proyectos enormes de estilo loft. todavía repasando fotos de perros—. ¿Puedo quedármelo? —¡Amy! —exclama mamá. como si reaccionara por anticipado. Los dos monísimos… —Estoy espantosa. que sigue en cuclillas junto a las bolsas de fotos. El DVD de la boda. Tengo un DVD de la boda. De mi boda. —Amy le quita la foto y la rompe con saña antes de que yo pueda echarle un vistazo. ¿Cómo se te ocurre enseñarme un perro? —Cariño. Mi marido. casi extraterrestre. —Mamá se acerca a la cama con una fotografía sin marco—. Lexi. Eric. a ver si te despierta algún recuerdo. No seas ordinaria. así que viene a ser lo mismo.48 - . Ha cambiado mucho desde dos mil cuatro. Quizá debiéramos esperar a que venga Eric con el DVD de la boda. Yo lo miro con los ojos entornados. con velo y cola y un espantoso tocado floral? No me atrevo a preguntarlo. —¡Amy! —dice mamá—. Pero es su propia empresa.

Es él. Esto es del banquete. Estamos junto a un pastel monumental. Lleva camisa a rayas y pantalones color canela. Quizá ya está acostumbrado a las salidas de tono de mi hermana. ¿por qué no vas poniendo el DVD de la boda? —le dice a mamá. Eric y yo posamos con nuestros trajes de boda. Se abre la puerta… y ahí está. vestido de etiqueta. Si querías pruebas. me llega un rumor de charla y de risas desde la tele. Barbara. sosteniendo a pulso dos grandes bolsas. gracias —le digo con una sonrisa. recuerdos… Vamos a reintroducirte en tu vida. Me echo un vistazo rápido y me rocío con un frasquito de Chanel que he encontrado en el bolso. aquí están. Él no parece turbarse lo más mínimo. De repente. paso a la página siguiente. —Lo deja todo en el suelo. cómo sonreímos a las cámaras y volvemos a posar para alguien que no ha . Tenemos un aspecto de lujo. Como la gente de las revistas. otro ramo de flores y una cestilla de frutas. Levanto la vista y sufro otro shock. un suéter amarillo de cachemir y mocasines. —¡Pasa. He traído fotos. En la pantalla. Es mi boda. cariño. Me estoy viendo vestida de novia en una fotografía en blanco y negro. Y como aperitivo. —Alza la bolsa con aire animoso—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Creo que estoy mareada. ¿Diez millones? Llaman a la puerta. Por ahora sólo eres un tipo con un suéter amarillo. Ahí está Eric. DVD. Mi boda de verdad. Sin decir una palabra. —¿Lexi? ¿Puedo pasar? Ay. —Hola. Deposita sobre la cama un álbum de piel de becerro que debe de costar una fortuna y noto un pellizco de incredulidad al ver las letras estampadas en relieve: ALEXIA Y ERIC 3 DE JUNIO DE 2005 Lo abro y noto en el estómago una sensación igual que si cayera en el vacío. —Ya.49 - . Voy con un largo vestido blanco de tubo. Lexi… nuestro álbum. Eric! —grita mamá. No puedo quitarme los ojos de encima a mí misma. Dios. sosteniendo entre los dos un cuchillo y sonriendo a alguien que no aparece en pantalla. —Bueno. el pelo recogido en un moño impecable y un ramito minimalista de lirios. —Me sale una voz algo ronca. —Decidimos no grabar la ceremonia —me explica Eric—. En la siguiente levantamos sendas copas de champán y sonreímos. mi auténtica boda. Pero al mirar cómo cortamos el pastel. Yo nunca he sido demasiado ñoña con las bodas. ¿Cómo estás? —Mucho mejor. se acerca a la cama y me besa delicadamente en la mejilla—. dándole un disco—. de eso vamos a ocuparnos hoy. a mi lado. —Aunque todavía no sabe quién eres —le aclara Amy—. Nada abullonado a la vista.

con un modelito morado de tirantes. ¿Esa chica que camina por la playa soy yo? Tengo el pelo trenzado. tu mejor amiga. —Y aquí estamos en un baile de beneficencia… —prosigue Eric. estoy morenísima y delgada. ¿qué estás tramando?» Todo el mundo levanta la vista. no sé por qué… Y entonces la cámara enfoca hacia arriba. La cámara gira poco a poco y capta el rostro de un montón de gente que no conozco. Con cariño. ¡Lo reconozco! ¡Por fin! . y le doy un beso a Eric. que ha vuelto a avanzar la grabación. este trozo es muy divertido —añade. —Asiente—. me oigo riendo y diciéndole: «Eric.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? podido captar el instante… empiezo a sentir un peligroso cosquilleo en la nariz. Esta vez llevo un vestido de noche azul muy provocativo y aparezco bailando con Eric en una sala de aspecto majestuoso. y llevo un tanga rojo. —Es Rosalie. «Para mi queridísima amiga. —Eric es un benefactor muy generoso —dice mamá. Mira. todos murmuran y señalan con el brazo extendido. que me habla al oído. —¿Qué sitio es ése? —Cielo… —Eric suelta una risita—. Identifico a mamá. y yo no recuerdo nada. Es nuestra casa. con un vestido azul marino. ¿Será posible? ¿Mi marido hizo que me escribieran un mensaje en el cielo el día de mi boda y yo no recuerdo nada? ¡Por favor. lleva una pulsera grandiosa en la muñeca y unas gafas de sol alzadas sobre su pelo rubio de aire californiano. sillas de diseño y arreglos florales por todas partes. supuestamente el más feliz de mi vida. —¿Espacioso. ¿No lo conozco de algo? Sí. ¿Mi mejor amiga? No he visto a esa mujer en mi vida. señalando la pantalla. Muy espacioso. El lugar es un espacio ultramoderno con paredes de vidrio. Un momento.50 - . Ni que le hubiese contado un chiste—. haciendo visera con una mano. La cámara nos sigue a los dos mientras cruzamos la terraza.» En la pantalla. dices? Parece un campo de fútbol. yo miro hacia arriba. Me he quedado fascinada con un moreno guapísimo que está cerca de la pista. y la gente sale a tomar el aire a una gran terraza con sus copas de champán en la mano.» —¿También trabaja en Alfombras Deller? —¡Qué va! —dice Eric sonriendo. sí. te querré siempre. Rosalie. y a Amy. con unos enormes ojos azules. No respondo. Hay un mensaje escrito en el cielo: «Lexi. es para echarse a llorar! —Esto es de las vacaciones del año pasado en isla Mauricio… Eric ha hecho avanzar la grabación y contemplo la pantalla sin dar crédito a lo que veo. Parezco la típica chica a la que normalmente miro con envidia. ahora que lo recuerdo. Delgaducha y bronceada. Mi piso de Balham cabría entero en una de esas alfombras… ¿Y ésa quién es? —digo señalando a una chica muy mona con un vestido rosa de tirantes. Es el día de mi boda. Me envió unas flores. —¿Nuestra casa? ¡Pero si es gigantesca! —Es el ático.

—¿Notas algo? —Eric sigue rígido. toc… ¿Cerebro. Es decir. Ahora mismo no sé exactamente quién es. Mira que soy idiota. Recuerdo esa humillación como si fuese hoy. Eric levanta un brazo. ¿Se te está activando la memoria? —¡Sí! —Se me escapa una sonrisa de felicidad—. y creo que es médico… O quizá lo conocí en un casino… —Lexi —me corta Eric—. Ésa no es la cuestión ahora. bajo la vista y le miro la entrepierna. Eric? —En absoluto. —Venga —insiste Amy. —Cierto —interviene mamá—. nada muy fuerte… —Deberías olerle la entrepierna —dice Amy. Me dejo caer sobre la almohada. —Me froto la nariz. —¡Cielo! —susurra mamá. y hace un globo con su chicle—. Sólo una visión de George Clooney en Ocean's Eleven. claro. Sí. supongo. con el brazo en alto. Un olorcillo a madalena y. ¿no? Le echo un vistazo a Eric.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¿Lexi? —Eric ha captado mi reacción—. desanimada. —Se sienta en la cama y congela la imagen del DVD—. Ni cómo bailaba con mi marido en un esplendoroso baile de gala. Pero nada se remueve en mi interior. Sin poder evitarlo. Con aire solemne. Quizá deberías olisquear un poco a Eric. ¿Sabes cuál es el sentido que estimula más la memoria? El olfato. incómoda—. Vale la pena probar. En cambio. —¿Te importa si… te huelo. Será mejor que no lo comente. después de husmear por segunda vez—. —Aún no —contesto. pero lo conozco. O llevar un traje de baño blanco cuando tenía quince y verlo transparente al salir de la piscina y oír las risas de todos los chicos. —Lo que tendríais que hacer vosotros dos es practicar sexo —continúa Amy en medio del incómodo silencio que se ha creado. Me pregunto… No. Era uno de los invitados. no logro recordar cómo caminaba por una playa de arena perfecta en isla Mauricio. ¡paf!. hay alguien? ¿Y tiene algún criterio? —Anoche estuve leyendo sobre la amnesia —dice Amy de pronto. Hay que intentarlo. La entrepierna con la que me he casado. Proust. consternada. —Ah. George Clooney. Es George Clooney. avergonzada. exacto. . También detecto un ligero olor varonil. ¿Levanto los brazos o…? —Umm… sí.51 - . animosa—. divertido. el actor. Parece bastante generosa. sentada en el suelo con las piernas cruzadas—. —Señalo la pantalla—. Cuando pienso en la cantidad de cosas espantosas y humillantes que sí puedo recordar… Tener que comerme la sémola en el colegio cuando tenía siete años y casi vomitarla. Huele a jabón y loción de afeitado. ¡Lo conozco muy bien! Es simpático. Toc. Recuerdo a ese tipo de la izquierda. fluyeron todos los recuerdos. Me inclino hacia delante con cautela y olfateó su axila. Como ese chico francés. aunque nunca se sabe.

dadas las circunstancias. —No pasa nada. ¿sabes? —Pero ¿por qué? —Tiene que ver con el modo en que te golpeaste la cabeza. darle a un amnésico un golpe en la cabeza no sirve para que recobre la memoria. pero no podrías abrir la puerta. me examina un neuropsicólogo. ¡No es que haya sido un gran éxito! —No. Le brillan los ojos como si fuera fabuloso: como si yo misma tuviera que estar emocionada con «mi caso». por así decirlo. Un tipo simpático con tejanos. —Se inclina hacia delante. frustrada—. Miro a Eric con el rabillo del ojo. Tus facultades están intactas. Puede que tengas dañado tu almacén de recuerdos… o tu capacidad para recuperar esos recuerdos. bajando el brazo—. Así que no lo intentes en casa.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Percibir el olor acre de los fluidos… —¡Amy! —la corta en seco mamá—. O darme otro porrazo en la cabeza. Contra la opinión popular. ¡Cariño! ¡Ya está bien! —¡Yo sólo digo que es el tratamiento para la amnesia que nos ofrece la propia naturaleza! —Bueno —murmura Eric. aunque percibo su decepción en la voz. Son sólo los primeros días —dice con una sonrisa mientras cierra el álbum. no sé. tu cerebro sufrió una sacudida en el cráneo y una reducida región del mismo quedó. Se llama Neil. —¿Y si no recupero la memoria? —pregunto echando un vistazo alrededor—. me siento de repente indefensa y vulnerable. —Parece divertido—. Pero ¿cómo haces una copia de tu cerebro? A mediodía. Como cuando se me estropeó el ordenador y perdí todos mis e-mails. digamos. El técnico no paraba de decirme que tendría que haber hecho una copia de seguridad. Quizá deberíamos acostarnos. tu memoria a corto plazo es impecable. pellizcada. Te acompaño a tu habitación. Igual. Estoy segura de que está pensando lo mismo. también recuerdo bien un relato y hago un dibujo de memoria. el almacén permanecería intacto. y debo decir que lo hago bastante bien. En tal caso. ¿Y si se han perdido para siempre todos esos recuerdos y ya no puedo recobrarlos? Mientras examino sus rostros preocupados. —Funcionas a la perfección.52 - . y no padeces problemas cognitivos… Pero sufres una amnesia retrógrada focalizada muy severa. Quizá Amy tenga razón. traza en su bloc la silueta de una cabeza y empieza a dibujar dentro un cerebro—. De una lista de veinte palabras consigo recordar casi todas. —Me temo que no. Me siento ante una mesa para hacer unos tests. Un caso insólito. —¿No puede aplicarme un electroshock? — pregunto. . Has sufrido lo que nosotros llamamos una herida de aceleracióndesaceleración. —Se pone de pie—. Al golpear el parabrisas. sólo que un millón de veces peor. Lexi —me dice Neil tras revisar el último test—.

sacando un bolígrafo. mamá y Amy están mirando aún el DVD mientras Eric habla por teléfono. —Buena suerte. Termina su conversación de inmediato y cierra el móvil con un chasquido. Y ya no lo tengo. habrá ciertas molestias y tendrás que compartir el mismo espacio con Jake y Florian. . Y apesta. Mamá y Eric se miran. La verdad es que no. Si hay problemas. Seguro que es donde quieres estar. —¿Qué pasa? —Cielo. Eric se me acerca con aire preocupado. —Eh… esto… —Yo se la anoto —le dice Eric. —Estamos en una situación un poco rara —prosigue—. por así decirlo. me llaman. —Nada. Mientras pronuncio estas palabras. —Neil mira a Eric y mamá—. Lo mejor hasta entonces es que estés en casa. Yo diría que mañana podemos darte de alta. Al fin y al cabo… no me conoces. me doy cuenta de que no sé qué quiero decir exactamente con «casa». El chico de la constructora dijo que era sólo una cuestión de la madera seca o no sé qué… —Putrefacción seca —apunta Amy. Ustedes pueden ayudarla dándole toda la información posible sobre su vida. sin dejar de mirar la tele. ofendida—. a mí me llenaría de felicidad que quisieras venir a casa y reanudar tu vida sin más. solícito. tu madre y yo hemos estado hablando antes de cómo… —vacila un momento— afrontar tu libertad. —¡Sí! —exclamo tras una pausa—. —Neil hojea sus notas—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Cuando llegamos. Físicamente ya estás en forma. Pero soy consciente de que podría resultarte incómodo. ¿Y ahora qué? —Bueno. Anótenlo todo. —En cuanto Lexi regrese a su ambiente familiar. sin quitar los ojos de la pantalla—. Llévenla a los sitios donde ha estado. —Eric asiente con seriedad—. Mamá parpadea. sólo perturbado por la cháchara de la tele. —No. Lexi. Es demencial. es probable que vaya recobrando la memoria de un modo natural —dice Neil con tono tranquilizador—. —¿Qué tal ha ido? —¿Qué has recordado. Genial. —Me muerdo el labio—. Desde luego. Te citaré para dentro de un mes. Aunque puede llevar su tiempo. —No es verdad —replica mamá. cariño? —pregunta mamá. Lexi. —Sonríe—. diría que andan tramando algo. —Le he dicho a Eric que te acogeré en casa encantada para que pases conmigo una temporadita —interviene mamá—. Mi casa era el piso de Balham. disgustada. Obviamente. Como esas ancianitas desorientadas. pero son buenos perros… —Esa habitación apesta —dice Amy. tomando el bolígrafo. Si tuviera tendencia a ver conspiraciones. En casa. —Muy bien.53 - . «¡Afrontar mi libertad!» Ni que fuera una psicópata peligrosa a punto de salir de la cárcel. —¿Cuál es tu dirección? —pregunta. Ni siquiera sé dónde vivo. Se cierra la puerta y se hace un silencio.

por el amor de Dios.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Lexi. —Sí. que posee un enorme ático y me compra rosas marrón. vacilante—. Eric y yo aparecemos en una lancha motora. 2. —¿Sabes. Vale. Vamos a aclarar mis opciones: 1. vale. Es indudable que la mejor manera de recordar mi vida es viviéndola. Decidas lo que decidas.» —Lo último que querría es ser un obstáculo en tu recuperación —continúa Eric—. Pero la cuestión es que me he casado con un multimillonario que está cañón. de nuestro matrimonio… ¡Puedo descubrirlo todo de nuevo! El médico dijo que las circunstancias conocidas serían de gran ayuda. que sabe pilotar una lancha motora. midiendo mis palabras—. No puedo quitar la vista de la pantalla. Voy… a pensarlo unos minutos. Eric me sonríe mientras conduce la lancha y la verdad es que tenemos tanto glamur como dos personajes de una película de James Bond. —Aún parece inquieto—. Los dos vamos con gafas oscuras. Es la vida que me corresponde. Un loft palaciego en Kensington con mi atractivo esposo. pero el sol brilla y el mar es azul. Estimularán mi sistema de recuperación de archivos… Estoy cada vez más decidida. pero puede verse que está estupefacto. . —Doy un trago de agua. ¿Voy a tirarlo todo por la borda por el simple detalle de que no lo recuerdo? Todo el mundo tiene que esforzarse de un modo u otro en su matrimonio. cada vez más entusiasmada—. —Sería maravilloso que volvieras. lo comprenderé. no sé nada de mi marido ni de mi vida. Creo que debería irme a vivir contigo. Debo estar contigo. que me quiere. A saber dónde estábamos. No me conoces. me tiene hipnotizada. —Eres mi marido. no creas que voy a ofenderme. —Pero no te acuerdas de mí —contesta. Eric? —digo lentamente. —A mí me parece una gran idea —interviene mamá. Me la he ganado. pero me he distraído con una imagen de la tele. Pero no te sientas obligada… —¡No me siento obligada! Lo hago porque… es lo que me parece más acertado. No voy a dejar que se me escurra entre los dedos. de mí. —Eric. Estoy segura de que formamos un matrimonio lleno de amor. —Abre los brazos con impotencia—. Una habitación putrefacta en Kent que habré de compartir con dos perros whippet. —¡Tendré que conocerte otra vez! —insisto. ¿Por qué demonios ibas a querer venir conmigo? Me toca responder a mí. Yo tendré que concentrarme sobre todo en el apartado de recuerda-a-tu-marido. Bueno. Soy un extraño para ti.54 - . quiero ir a casa contigo. —¿En serio? —Su rostro se ilumina. Tú puedes hablarme de ti. de verdad —le digo con toda la sinceridad posible—. «Yo quiero vivir así —oigo en mi interior—. intento ganar tiempo—. Podemos conseguirlo. Comprendo lo difícil que tiene que resultarte esta situación.

—Bueno. «Joder. Lexi? —pregunta Eric—.55 - . Hace dos noches estaba de plantón en una disco infecta… ¡y ahora estoy casada! . ¿no? Echa un vistazo a los anillos. que siguen sobre la cajonera. Decidido. Quiero decir… yo ocuparé la suite de invitados. Coge los anillos y extiendo la mano con timidez.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Pues ya está—digo—. luego el enorme diamante solitario.» —¿Te van bien. Perfectos. si estás segura… —Su rostro se ha iluminado—. Primero la alianza. —¡Sí. Observo. Se hace un silencio mientras contemplo mi mano. paralizada. —Evidentemente. este diamante es grandioso. ¿No te molestan? —¡Me van de fábula! De veras. y parece consultarme con la mirada. Eric. Gracias. incómodo—. Tengo la sensación de que deberían tirarnos confeti o tocar la marcha nupcial. no querrás… —Eric titubea. cómo me los desliza en el dedo. venga! —asiento entusiasmada. imitando su tono formal—. Hagámoslo como es debido. —Te lo agradecería —respondo. Sonrío abiertamente mientras vuelvo la mano a uno y otro lado.

Había una tarjeta de una tal Clare diciéndome que me enviaría las actas de la última reunión de la directiva. En el asiento trasero van todos los ramos y regalos que tenía en la habitación. qué espanto». Me ahogué en un mar gélido y cruel. no conseguí nunca a Kate Winslet. ¡No puedo parar de sonreír ante cada superficie brillante que se me pone delante! No puedo parar de sonreír. Habré rescatado niños de un incendio o entregado mi vida a los leprosos o inventado la rueda. ¡Yo! Los cortes y morados han mejorado mucho y ya me han quitado la grapa de la cabeza. Lo que está claro es que a nadie le regalan una vida perfecta sin un buen motivo. El tipo de historia ante la que asientes con educación. Eric me ha traído una bolsa llena de cosas para que eligiera y era todo tan pijo que apenas me atrevía a tocarlo.» O sea. Y asisto a las reuniones de dirección. Aquí estoy. Llevo unos tejanos pirata dos tallas más pequeños de los que solía usar. Eso no ocurre nunca. no digamos ya a ponérmelo. Eric se muestra muy solícito y no para de decir que comprende lo difícil que debe de resultarme volver a subir a un coche. vamos a cuarenta por hora. Y un top Miu Miu. —¿Todo bien. O sea. que ahora tengo mi propia ayudante. Tengo el pelo recién lavado y la dentadura tan impecable como una actriz de cine. volando junto al Támesis con mi apuesto marido a bordo de su Mercedes descapotable. Yo no paro de echarme miradas incrédulas a mí misma.56 - . mientras dices: «Sí. y que esperaba que me encontrase mejor. cariño? —Eric pone un momento la mano sobre la mía. O fui ese chico del Titanic. Sí. Tiene todo el . En general. incluida una cesta gigantesca de fruta tropical que me enviaron de Alfombras Deller. Es la única explicación que se me ocurre a que me haya tocado esta vida de ensueño. Quizá fui Juana de Arco en una vida anterior y me torturaron hasta la muerte. Digo «volando» pero. y ésta es ahora mi recompensa. No recuerdo el accidente. aunque en realidad ya has dejado de escuchar hace rato. El viento le alborota el pelo rizado y el sol reluce en sus carísimas gafas de sol. ayudante de Lexi Smart. para que las leyera en un rato libre. Es como una historia que me hubieran contado de otra persona. A mí me da lástima decirle la verdad. que es una de esas marcas que hasta ahora sólo conocía por las revistas. que estoy la mar de bien. Debo de haber sido increíblemente buena en una vida anterior. en realidad. Y luego firmaba: «Clare Abrahams.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 7 Tiene que ser el karma. sencillamente.

con tragos de tequila a porrillo y la música atronando desde los altavoces. ¿No se te remueve nada por dentro? —No. —¿Recuerdas algo? —pregunta Eric. —Se mete por una entrada con dos pilares majestuosos. La ducha es una habitación entera revestida de mármol donde cabrían fácilmente cinco personas. Tendríamos que montar unas fiestas increíbles en este sitio. —Es un radiador —me dice Eric con una sonrisa. Nota mental: no se te ocurra beber vino tinto ni comer pizza encima. ¿no? Yo soy Cenicienta con una dentadura de película y un trabajo genial. dando gracias a Dios por no haber puesto mis posaderas encima. Es tan impecable y mullida que no creo que me atreva a sentarme aquí. con unas mesitas minúsculas y un pudín lleno de adornos con un sabor revenido. Es enorme. Pero esto es impresionante. pasa de largo frente a un portero metido en una garita y detiene el coche en una plaza del aparcamiento—. Ya se sabe que algunas cosas. con vistas al río. por no decir bordes. Ven a ver nuestra casa. Carolyn y Debs acodadas en la barra. Me detengo un momento junto al sofá y paso la mano por su tela suntuosa. No. observándome atentamente—. Ya me imagino a Fi. ¿Cómo es posible que un sofá cueste tanto? ¿Está relleno de caviar o qué? Me alejo. Como cuando ahorras durante meses para ir a un restaurante carísimo y te encuentras con unos camareros muy estirados. —¡Este sofá es increíble! —digo—. . son una completa decepción cuando por fin las consigues. Quizá tendré que simularlo y quedarme suspendida a unos centímetros. pues con mi nueva casa ocurre exactamente lo contrario. Debe de haber costado un pastón. Es muchísimo mejor de lo que imaginaba. —Me encanta este… eh… aplique. Deambulo sobrecogida por su interior. —Ya llegamos. Eric asiente. vale —respondo. —Ah. mejor que Cenicienta. Un ejercicio buenísimo para los glúteos. luminosa. —Me refiero a un anticuado radiador de hierro que han pintado de negro y colgado de la pared.57 - . confusa—. ni acercarte demasiado a esa pasada de sofá. Eric señala a la izquierda. —¡Sí! —le devuelvo la sonrisa—. porque ella sólo consiguió al príncipe.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? aspecto del tipo que la gente de Mercedes querría que condujera siempre sus coches (no como esos viejos con aire de playboy caducado). Yo creía que el radiador era aquello. Me siento de fábula. Soy Cenicienta. Bueno. después de tanta propaganda. un kilométrico sofá crema en forma de L y una barra de granito negro para las bebidas que es lo más chulo que he visto en mi vida. ¡Madre mía! Retiro la mano como si me quemara. —Señalo una pieza de metal ondulada. —Diez mil libras.

Me acerco. Es lo último en tecnología de pantallas domésticas —me explica con orgullo—. —Hago lo posible para sonar muy enterada sobre la materia. Un radiador negro. como si la cosa estuviera muy clara. y también he visto una en el dormitorio. —¡Claro! Yo también habría dicho que ese aspecto… que la cartera… sería… desde luego… —Me aclaro la garganta y doy media vuelta. Se le ven los pelitos de las patas repulsivas. Genial. Te la enseñé la primera vez que viniste aquí y entonces te pareció adorable. dije que me gustaba por pura educación y ahora he de aguantarme. Cierra el pico. —¿Sabes qué pasa? —le digo. Vacío total. — Acciona el mando y en la pantalla aparece una enorme araña rayada. Titán. —Es tan… estructural —aventuro. asintiendo—. y la pantalla muestra un pez de brillantes colores tropicales deslizándose entre una fronda de algas—. —Tal vez. o escuchar música. —Eric frunce el entrecejo y parece a punto de ponerle objeciones a mi .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Eso es una obra de arte —me corrige Eric—. —¿Una mascota? —No puedo quitar los ojos de la pantalla. por lo visto. Desintegración en cascada. que se pasea por una caja de cristal. —¡Uau! —O esto —dice Eric. Lexi.58 - . entretenimiento. A Eric le gusta la tele. De repente veo un incendio enorme que lo devora todo y chisporrotea ante mis narices. leer libros… Tengo miles de obras literarias cargadas en el sistema. —Tuvimos suerte de conseguirlo —dice Eric. parezca inteligente y «entendida». Ésta es la mía. Era nuestra primera cita. No tienes ni idea de arte moderno ni de carteras ni de lo que significa ser rico. ¡Se le ve la cara!—. ¿Podrías apagarlo. Desintegración en cascada. junto a la mesa. tan deslumbrada me he quedado. —Coge un mando a distancia y apunta a la pantalla. Incluso puedes tener una mascota virtual. espero. como si se lo hubiera oído al médico. Hay otra pantalla en el otro extremo. tratando de no mirar a ese bicharraco—. ni idea. Puedes enviar un e-mail desde aquí. A lo mejor el golpe me ha hecho desarrollar una fobia a las arañas. Hay espacio de sobras en el loft. Me alejo del radiador artístico y examino una pantalla gigante que ocupa casi toda la pared opuesta. Prueba esto. comunicación. Es de Hector James-John. Nunca me han entusiasmado las arañas y ésta debe de medir tres metros de altura. —Tenemos una cada uno —añade con una sonrisa—. por favor? —¿Qué sucede? —Me mira sorprendido—. Solemos invertir en alguna pieza de arte no figurativo cada ocho meses. Y se te nota a la legua. ladeo la cabeza y lo examino junto a Eric con una mirada que. Y tiene que ver también con la cartera de valores —añade encogiéndose de hombros. Es arte. —¿Qué te apetece? —me dice—. —¡Dios mío! —Retrocedo asqueada.

—Gracias. Te lo agradezco de veras. —Eric sonríe—. —Gianna también vendrá luego. —¿Y esta Rosalie… de dónde sale? —Es la esposa de Clive. Ya lo averiguaré. por favor. —¡Es monísimo! —Miro cómo juega con un ovillo. no deberías necesitarlo. las puertas. los libros de arte…). Y si necesitas algo entretanto. —¡Es parte del estilo loft! —Vuelve a hacerme aquel gesto con las dos manos en paralelo y yo asiento. mi socio. Seguirá siendo un gatito. O puedes enviarme un e-mail a través del sistema. Pero Rosalie viene de camino y te hará compañía. y percibo la maravillosa fragancia a sándalo de su loción de afeitado. Suena el teléfono de Eric. vale —murmuro tras una pausa. Tiene la piel suave e inmaculada incluso de tan cerca. Está todo programado. Ni tazas de cerámica de color chillón ni luces de fantasía ni pilas de libros de bolsillo. Vosotras dos siempre os lo pasáis bomba. Me quedo sola. Ella te ayudará a resolver cualquier problema. me llamas. . que va dando tumbos a cada empujón—. si quieres. Controla la calefacción. Mientras examino otra vez todo el espacio gigantesco que me rodea (ahora me fijo en la mesita de café de metacrilato. Toda tu vida.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? teoría. —¿Yo también tengo mascota? —pregunto para distraerlo—. Quizá es de esos tipos que no están al tanto de la vida social de su esposa. en principio. ¿Qué es? —Ahí está —dice accionando el mando—. —Cielo. —¿Tenemos una casa con mando a distancia? —Estoy a punto de echarme a reír. Tienen una capacidad vital de cien mil años. procurando no demostrar lo abrumada que estoy. —Ah. Ya te he dicho que tengo que pasarme un momento por la oficina. las sillas de cuero. Un gatito virtual de cien mil años. Retira la mano. va hacia la puerta y desaparece. Lo observo mientras se pone la chaqueta. Se llama Arthur. Aunque. Sola en mi hogar conyugal. los postigos… Es un edificio inteligente. ha llegado mi chófer. Nuestra ama de llaves. —No importa —añado rápidamente—. Eric. —Me da un cacharro rectangular blanco con una pantallita—. Doy un gritito de alegría. —Le aprieto la mano—. vacila y me coge la mano. la luz. me doy cuenta de que apenas hay indicios de mí misma. ¿Crece? ¿Será un gato grande? —No. Menuda extravagancia. el aire acondicionado. Éste es tu mando. —¿Sale conmigo y con las chicas de la oficina? ¿Salimos todas juntas? —¿Con quién? No parece saber de qué hablo. —Bienvenida de nuevo. —Se acerca. Él responde y luego acciona el mando y vuelve a poner en la pantalla el pez tropical. —Y aparece en la pantalla un gatito blanco y mullido. querida —dice con cierta brusquedad.59 - .

pareces un chico estupendo. Acabo de romper un adorno de valor incalculable y sólo llevo tres minutos sola. empezando por Eric. Sin darme cuenta. riéndome como una loca. burbujeante. pero ahora que estoy sola siento un acceso de euforia recorriéndolo todo. Y lo más probable es que recibiéramos en nuestra boda montones de regalos increíbles. aterrorizada. Por no saber. Yo. Mierda. Luego guardo el teléfono y giro sobre mí misma mientras el parquet reluciente rechina bajo mis talones.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Todavía. Enloquezco de pánico. ni siquiera sabía mi nombre cuando desperté. ¡Hola! Otra vez en casa. Mando el mismo texto a Carolyn y Debs. el de la cola. Yo… ¡en este sitio! Doy otra vuelta y empiezo a girar con los brazos extendidos. Tengo que barrer las astillas y entonces… . Esos floreros de cristal azul de la repisa de la chimenea tienen toda la pinta de costar una fortuna. No puedo reprimir una sonrisa mientras aprieto los botones. Esto no tiene arreglo.60 - . Paro de dar vueltas. ¡llámame! Me muero por verte. Besos. Ahora yace en el suelo partido en dos. le he dado con la mano a un leopardo de cristal que saltaba por el aire en un expositor de la pared. viviendo en este palacio de control remoto. que se extiende a mis pies. Nunca. Una risa repentina me sube a los labios. Lexi Smart. Le diré que se pase por aquí más tarde. Lexi. Le ha quedado un borde dentado muy feo y hay varias astillas de cristal por el suelo. Observo a un hombre con un paquete que se mete en un taxi y a una mujer que forcejea con la correa de su perro. Nunca pensé que llegaría a vivir en un sitio como éste. vamos! Perdón. Tengo que hablar con ella como sea. He procurado adoptar un aire despreocupado delante de Eric. Deambulo lentamente hacia los enormes ventanales y escudriño la calle. Saco mi móvil y empiezo a escribirle un mensaje a Fi. ¿Y si hubiera sido Tonta-del-Culo? ¿Qué habría hecho entonces? «Lo siento. Este pensamiento me provoca una risita incontrolable. nos acurrucaremos las dos en el sofá y me pondrá al corriente de mi vida. Seguramente queríamos empezar de nuevo y elegirlo todo entre los dos. Lexi Gardiner. dando vueltas como una tonta? Con mucho cuidado. Es que es una locura. pero por nada del mundo…» ¡Catacrac! El ruido de cristales interrumpe mis pensamientos. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Y si valía diez mil pavos como el sofá? ¿Y si es un preciado recuerdo de familia? ¿En qué estaría yo pensando. Eric. No me llega ningún sonido ni corriente de aire ni nada. recojo primero un trozo y luego el otro. ¡el último grito. Me agacho y examino el trozo más grande.

«Cuidado con el leopardo de cristal. gracias. «¡Gracias! —tecleo sonriendo—.» Pulso enviar y empiezo a pasearme arriba y abajo mientras espero la respuesta. Vale. Quizá era mío y Eric siempre lo encontró espantoso. Contengo la respiración y levanto la vista.¿Cómo te va?» ¡Joder! Puede verme. me pongo de pie y meto los dos trozos del leopardo debajo de un cojín del sofá.» Podría dejar la cosa ahí. Me acerco de puntillas ala pantalla y descubro un teclado adosado a la pared. tampoco sé con seguridad si es de incalculable valor. «Roto leopardo de cristal sin querer —tecleo—. a fín de cuentas. La pantalla gigante del otro lado se ha puesto azul y tiene un mensaje en mayúsculas verdes. Me habría dejado unas cuantas pistas. Soy una mujer hecha y derecha.» Siento un alivio brutal. Los cristales han desgarrado el maldito sofá. Y ahora la lujosa superficie crema está toda . Habré pillado la tela al meter con tanta prisa los trozos bajo el cojín. Y he de empezar a comportarme como tal. «¡Claro que no es irremplazable! No te preocupes. Ha sido sin querer. Quiero decir. Todavía sonriendo.» Otro pitido en la pantalla. Si hubiera sabido que iba a darme un ataque de amnesia. No romperé nada más. La pantalla no se mueve ni reacciona. ¡El Gran Hermano! Del susto. —Hola —le digo a la pantalla azul. ¡Lo prometo!» No puedo creer que haya reaccionado de una manera tan exagerada. «Hola Lexi . venga. ¿Cómo voy a saberlo? Me desplomo en una silla. vale una fortuna. con el corazón desbocado—. No puedo empezar mi nuevo matrimonio ocultándole secretos a mi marido. Siento mucho. está mirándome. quizá no pueda verme. me habría escrito una nota a mí misma. Posdata: Te gustan las arañas. Y encontrar el modo de arreglar el leopardo… o de reemplazarlo… No. No hay problema. abrumada por lo poco que sé de mi propia vida. ¿Acaso tengo cinco años? Ésta es mi casa. Hago clic en respuesta y tecleo despacio: «Bien. diciéndome a mí misma que no debo preocuparme. He de ser valiente y confesar mi culpa. Una mujer casada. Debe de estar tecleando desde el coche. Joder. No puedo creer que haya escondido los trozos debajo de un cojín. levanto el cojín… y me quedo petrificada. Al lado hay un diminuto ratón plateado. un accidente… Silencio. —¿Eric? Nada.61 - .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Me interrumpe un pitido electrónico y doy un respingo. Quizá lo ganamos en una rifa. Confío no sea irremplazable.

mi nueva mejor amiga. —¡Estoy bien! —digo para tranquilizarla—. —Pasa. La cuestión es… que no me acuerdo. hincha las mejillas y se muerde el labio. Yo no tomo café. ya. Encuentro un rollo de papel de cocina. Va con unos pantalones negros pirata. Ya está. La gente no mira debajo de los cojines. Mira tu pobre cara. El doctor André me lo prohibió. Eric no paraba de hablar de amnesia y de que no ibas a reconocerme. —¿Una extraña? —Parece herida. Llevaba una grapa de plástico en la cabeza. . Habría venido antes. El sofá de diez mil libras. envuelvo el leopardo. en realidad. Vale. ¡Qué pesadilla! —Recoge la bolsa y me besa en ambas mejillas—. un jersey de pico de cachemir rosa y unas grandiosas gafas de sol de Chanel montadas sobre su pelo rubio. Rosalie resulta incluso más flacucha de lo que parecía en el DVD de la boda. ¿Lo sabrá ya? ¿Se lo habrá dicho Eric? —No recuerdo nada de los últimos tres años. —Pobrecita. Me desperté y no sabía quién era. —Eric también —me apresuro a añadir—. Rosalie me mira de un modo educado e inexpresivo. No voy a destrozar nada más. —Ah. Tengo amnesia.62 - . Finalmente. más animada. Tengo muchas ganas de conocerla. ya lo sabes. abre los ojos como platos. Lo dejaré para un momento mejor. —Ay. Debe de ser Rosalie. pero sabes bien lo que tuve que esperar para conseguir esa reserva en el Cheriton Spa. —Hago una pausa—. arreglo los cojines otra vez para cubrir el estropicio. Lexi —exclama consternada—. da un gritito y deja caer la bolsa de Jo Malone que lleva en la mano. Todavía no lo sé. Lo que haré es… no decírselo hoy. —Segundo intento—. Suena un timbre por todo el apartamento y me incorporo. Está bien. Tendrías que haberme visto hace seis días. ¡Pensaba que era una broma! Me dan ganas de reírme de su expresión horrorizada. Como nuevo. No puedo decirle a Eric que además he arruinado el sofá. Ya está. En cuanto abro la puerta. Se hace un breve silencio mientras Rosalie procesa esta información. —Se lleva las manos a la boca—. —Dios mío. —Pues no lo era. toda reluciente con sus armarios lacados de gris y sus suelos de goma. No puedo. Dios. ¿Quieres un café? —Encanto… —Me mira perpleja—. Levanto la vista instintivamente hacia la pantalla pero desvío la mirada. Aturdida.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? rasgada. —Le indico la cocina con un gesto—. consigo localizar el cubo tras una serie de puertas aerodinámicas y tiro los trozos. ¿no? Cojo los trozos del leopardo y me voy a la cocina. Para mí… eres una extraña. Me golpeé la cabeza y se me ha borrado todo de la memoria. muerta de miedo.

como si sólo ahora empezara a darse cuenta de la enormidad de la situación—. Yo la imito mientras me pregunto si fui yo misma o fue Eric quien eligió esta mesa. Déjame que te ponga al día. ¿Qué quieres saber? —pregunta. salvo que tengo una mano algo más lenta. Entonces… ¿no recuerdas ningún cotilleo? —La verdad es que no. Tengo un gran agujero negro. —Flexiono la mano tal como me ha enseñado a hacer el fisioterapeuta y Rosalie me observa con horrorizada fascinación. —Entra en la cocina.63 - . —Y aparte de eso. —El problema es que no sé nada de mi vida desde dos mil cuatro. Los médicos dicen que debo hablar con mis amigos y tratar de hacerme una idea general. ¡Es una pesadilla! —No reconozco este lugar —digo abriendo los brazos—. Vamos a sentarnos. —Me encojo de hombros. —Alzo la mano izquierda—. —Parece concentrarse—. En una fiesta. —Bueno. —Claro. —Se da unos golpecitos en los dientes con el bolígrafo y . Es una situación extraña. ¿Por dónde empiezo? Vamos a ver.» ¡Así fue como nos conocimos! —concluye con una sonrisa radiante. como disculpándome—. —Medito un instante—. ¿te encuentras bien? —Estoy bien. o si la elegimos entre los dos. Ni sé cómo es mi vida.» Y yo dije: «Hola. Tengo que ponerte al corriente de muchísimas cosas. Si pudieras echarme una mano o… contarme algunas cosas… —Por supuesto. No lo recuerdo. Ya sabes. Estoy yo —saca un bolígrafo del bolso y empieza a escribir— y mi marido Clive. Carolyn. —¡Dios mío! —Suelta un resoplido—. —Ya. Y también están Jenna y Petey… —¿Salimos alguna vez con mis otras amigas? —la interrumpo—. Levanto la vista y me encuentro con sus ojos fijos en mí. Mi propia casa. y que tal vez así se desencadenará algún recuerdo. Eric me dijo: «Ésta es Lexi. Ni hasta qué punto. Davina. —Fue en casa de Trudy Swinson. Sonríe. —Ya lo sé —digo—. He de hacer unos ejercicios. Ni cuándo. ¿Cómo nos conocimos? —Fue hace unos dos años y medio. —Qué pesadilla —susurra. deja la bolsa de Jo Malone encima del mármol y se sienta frente a una mesa ultramoderna de acero. pero nadie lo sabe con certeza. —¿Es permanente? —Al parecer podría recobrar la memoria. y la mala pécora de su ex.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Dios mío. la que era azafata de vuelo y conoció a Adrian en un viaje a Nueva York. Todo el mundo dice que fue por él en cuanto vio su American Express negra… —Su voz se va apagando. Espera a que te hable de ella y verás lo que es bueno. ¿Con Fi y Carolyn? ¿O Debs? ¿Las conoces? —Carolyn. pero veo que está alucinando. Como si se le fueran a salir los ojos de las órbitas. echándose hacia delante.

pensativa—.64 - . «encanto» o «mala pécora»—. Los armarios de nuestro dormitorio están llenos de trajes de Eric. Carolyn: mi amiga del trabajo. Yo lo único que sé del vino es que me atonta. ¿Qué te apetece hacer? —Hagamos lo que solemos hacer cuando estamos juntas. seguro. Por lo que sé. procurando mostrar entusiasmo—. Ven conmigo. Deberíamos ir al gimnasio. pero me detengo—. era sólo un kilómetro y por poco me muero. al lado de cada uno. inquieta—. ¡Coge tu ropa deportiva y vamos! —¡Vale! —Me levanto enérgicamente y camino dos pasos. yo nunca te he visto tomarte un cóctel. —Pero no te apures. —¿Del vino? No puede ser. Tú y Eric estáis completamente metidos en el rollo del vino. Hemos sido amigas toda la vida… Salimos cada viernes… Rosalie me mira imperturbable. —¡Pero si es lo más divertido! Ir a las discotecas. tuvo una trifulca con los organizadores y le prohibieron volver a participar en futuras campañas contra el cáncer. Olvidemos por ahora los cotilleos. Yo te lo enseño. Pero me estoy dando cuenta ahora de lo espeluznante que ha de resultarte todo esto. . Te acaban doliendo las piernas y.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? arruga el entrecejo. o una deliciosa clase de estiramientos. —El gimnasio —repito. ¡eres una adicta! Corres una hora cada día a las seis de la mañana. cariño. bien emperifolladas. Rosalie parece del todo pasmada. es que nunca me has hablado de ellas. Perdona—dice tragando saliva—. además. encanto. Te he bombardeado con demasiada información. Verás. tú no te relacionas con la gente del trabajo. Claro… ¿Voy mucho al gimnasio? —Cielo. —Pareces un poco confusa —dice. —¿Que no sabes dónde está tu ropa? —De repente se le saltan las lágrimas de sus grandes ojos azules y empieza a abanicarse con una mano—. Debo de haberte hablado de ellas. me resulta un poquito embarazoso… pero el caso es que no sé dónde está mi ropa. por ejemplo. ¿Esa francesa encantadora del gimnasio? —No. y ponernos ciegas de cócteles… Rosalie se echa a reír. —Aparta el papel donde ha ido escribiendo una serie de nombres y. Un masaje. No he visto nada mío. ¡Que se te haya olvidado incluso tu guardarropa! —Respira hondo para serenarse y me aprieta la mano—. Aunque al menos quedé mejor que Fi. —Lexi. Para colmo. Y Fi. porque ella a los dos minutos dejó de correr y siguió caminando el resto del circuito mientras se fumaba un cigarrillo. —¡De acuerdo! —Reflexiona un instante y se le ilumina la cara—. Hoy haremos una sesión suavecita —me dice para tranquilizarme—. —La verdad. Una vez participé en una carrera benéfica con Fi y Carolyn. se te bambolean todo el rato las tetas. ¿A las seis? Yo no corro a ninguna hora.

es la chica por la que Eric está colado. vestidos en todos los matices desde el beige al marrón. No puedo creer que me haya gastado tanto dinero en ropa y que toda sea en distintas versiones del beige. —Rosalie parece defraudada mientras guarda otra vez el vestido de boda. No podía encontrar mi ropa porque no está en un armario. Mira. —¿Qué me dices? —Rosalie me mira con ojos chispeantes. Medias enrolladas en un cajón especial. éste es el vestido que llevabas cuando nos conocimos. Tienes que acordarte de tus zapatos. ni camisetas desaliñadas.» ¡Fue la comidilla de la fiesta! Y permíteme que te lo diga.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Vale. Paso la mano por una hilera de chaquetas. Braguitas de seda dobladas con etiqueta de La Perla. Lexi: un montón de chicas se llevaron un buen disgusto cuando os casasteis… —Alarga la mano hacia un vestido largo negro—. ¡Tu vestido de boda! —Muy despacio. —Ay. Podríamos montar una fiesta de estilo japonés y tú llevarías un kimono… —Quizá —la interrumpo—. Prueba con los zapatos. —Se lleva de pronto una mano a la boca—. —¿Y qué me dices de este Catherine Walker? De éste tienes que acordarte… O de tu Roland Mouret… —Va sacando un vestido tras otro. Con una estola de piel y unas perlas… ¿no te acuerdas? —No mucho. sino en una habitación aparte. —Umm. Vestidos de gasa de noche. tras una puerta disimulada con un espejo.65 - . casi con veneración. No hay nada que no parezca nuevo e inmaculado. Luego se le enciende una bombilla—. Éste es el que llevaste en mi velada de misterio criminal. Sólo de mirar esos percheros me mareo. ni viejos pijamas a los que has tomado cariño. ¿No te vienen todos los recuerdos de golpe? Miro el vestido y hago un esfuerzo para que mi memoria responda… pero nada. Es tu asistente de compras. —Saca un vestido azul marino con tirantes espagueti y unos volantitos diminutos—. pantalones negros de corte impecable. pero ninguno me resulta remotamente conocido. Llega a una funda de color claro y se detiene con un gritito— . Ya lo pensaré. Dios. Nunca había visto tal cantidad de ropa. . Recuerdo que pensé: «Ah. Quiero decir. —Me lo pega al cuerpo—. todas prácticamente idénticas salvo por los botones. —¿Tengo una asistente de compras? —Sólo para las piezas principales de la temporada. Es pronto aún. Blusas blancas almidonadas. Y el motivo de que se necesite una habitación aparte es la cantidad inaudita de cosas que tengo. fuera de una tienda. —¡Alucinante! —Ann tiene un ojo increíble —apunta—. abre la cremallera y saca el sedoso vestido blanco de tubo que vi en el DVD—. Ni tejanos holgados. ¡Tú y Eric tendríais que renovar vuestros votos! Yo me encargaré de organizarlo.

Y otro. Yo me quedo turulata ante semejante muestrario de calzado. Tierra de esperanza y gloriaaa… Venga. —Lexi. doy un paso adelante. Meneo la cabeza. —Me mira con los ojos como platos—. Dios sabrá para qué los he comprado. —Claro que sí. Y luego otro. Tú te pasas la vida con tacones. ¡Dios del cielo! Me está saliendo. doy un traspié y tengo que agarrarme a ella. ¡Sé andar con tacones! —¿Lo ves? —exclama ella. El tipo de zapatos que yo ni siquiera miro en un escaparate. —Nunca podré —me desespero. Alguien los ha usado. Lo tienes dentro. ¡Tú puedes. la mayoría de tacón alto. volviéndome hacia ella—. ¿Yo? —¡Póntelos! —me anima Rosalie. No pienses. Lexi. Todos ordenados. —No puedo. con una sonrisa de júbilo. Me quito los mocasines y. ¡Ya sé! Cantaremos una canción. Distráete. pero Rosalie me aprieta el brazo. Camino como una idiota. Casi al momento. introduzco los pies en los zapatos de tacón. —Cariño. Me caigo. me acabo torciendo el tobillo. —Fatal —exclamo frustrada—. —Y ahora camina —continúa. tú sabes andar perfectamente con estos zapatos —me repite con firmeza—.66 - . —Tierra de esperanza y gloriaaa… —Tratando de concentrarme en la canción. ¡Prueba otra vez! Busca el punto de apoyo. No estoy hecha para esto. —¡No! No te rindas tan fácilmente. la etiqueta de dentro se ha borrado. Las suelas están rozadas. —Habla como si me estuviera entrenando para los juegos olímpicos—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Me lleva al otro lado de la habitación y abre de par en par el armario. ¡Te lo he dicho! Tú eres una chica con tacones. Espero que Eric no tenga una cámara de seguridad enfocándonos. ¿Qué narices hago yo con zapatos de tacón? —Es increíble —digo. Por supuesto. ¡Me siento como una modelo en la pasarela! . Nunca he podido llevar tacones. Yo ni siquiera sé andar con tacones. Sólo tienes que… liberarlo. Llego al otro lado de la habitación. estoy segura. —Claro que sabes —replica desconcertada—. —¿Lo ves? No sé mantener el equilibrio. Intento dar otro paso y el tobillo se me dobla como plastilina. triunfal—. Llevabas éstos la última vez que salimos a almorzar —dice mientras saca un par de zapatos negros con tacones de aguja de diez centímetros. Lexi! Me tambaleo hasta el otro lado de la habitación y me agarro de una cortina. —Hago ademán de quitármelos. —Qué va. ¡canta! Le hago caso a regañadientes. —Claro que sí. con cautela. giro con toda confianza y regreso otra vez. Yo te he visto. cariño. dándome un suave empujón—. Venga.

sobre todo. sobre todo para amigos. —Se vuelve hacia mí y me mira muy seria con sus ojos azules—. —O sea. gracias. —¿De veras? —Bueno. mientras le dirige una sonrisa encantadora al conductor de un camión—. que Eric te cae bien. como buscando algo para . pero yo me encargo de hablar… ¡Hola! Se abre paso muy decidida hasta una elegante recepción con asientos de cuero curtido y una fuente con guijarros. Es una relación de amor y odio con todas las de la ley. Los dos somos muy volubles. aunque me muero por saber lo que piensa. para junto a un Porsche y apaga el motor. con las iniciales de su nombre en la matrícula y el asiento trasero lleno de bolsas de diseño tiradas de cualquier manera. Es un Range Rover lujoso. señor conductor… ¡Gracias! —Se mete en el otro carril y le lanza un beso por el retrovisor—. Hago algunas cosillas también para la empresa —añade—. —Echa un vistazo alrededor. En marcha.67 - . Ya sabes: si necesitan que les eche una mano con las flores o los regalitos de una fiesta. o lo que sea… —dice. ¿Ya te encuentras bien? —Muy bien. déjeme pasar. —La pobre Lexi sufre amnesia —explica Rosalie—. —Es el marido perfecto. Luego abre un cajón. ¿De qué tipo? —Planificación de eventos. No se acuerda de este sitio. se mete en un parking diminuto. —¿Y tú a qué te dedicas? —le pregunto mientras serpentea entre dos carriles. —¿Para alguna organización benéfica? —No. —Me siento un poquito avergonzada. ¡Ya llegamos! Sale zumbando otra vez. Por favor. en realidad yo también lo soy. señoras…? —La recepcionista levanta la vista y se queda boquiabierta—. Eric es un encanto y siempre me mete en la organización de almuerzos y cosas así. —Tú ahora no te preocupes —dice mientras me conduce hacia una doble puerta de vidrio—. me elige ropa de deporte y lo mete todo en una bolsa grande—. —Esbozo una sonrisa—. —Lo digo como quien no quiere la cosa. Vamos en el coche de Rosalie. Absolutamente perfecto. Ya sé que esto te resultará difícil. ¡Mierda. No se acuerda de nada. —Hago un montón de trabajo voluntario —contesta muy seria. —Se detiene en un paso cebra—. pero eso sólo demuestra que estoy llena de prejuicios—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Ya sé hacerlo! ¡Es fácil! —Ajá… —Alza la mano y chocamos las palmas. El mío es un monstruo. Muchas gracias por las flores. —Uau. ahí hay obras! —Esquiva a un grupo de coches que tocan la bocina enfurecidos y sube el volumen de la radio. A mí Rosalie no me pega demasiado como trabajadora voluntaria. ¡Lexi! ¡Pobrecilla! Nos enteramos de tu accidente. —¿Cómo están.

Trataré de hacerlo lo mejor posible. —Hola. Es una mujer delgada con el pelo rubio muy cortito y unos auriculares—. —Perdón por el retraso —dice muy seria. Vamos a empezar trabajando en la esterilla. —Me enteré de tu accidente. Por aquí. Pero al parecer no tengo otra cosa. —Se vuelve hacia mí—. bueno. Da la sensación de que está disfrutando. —Vale. Para mi sorpresa y horror. De ninguna de vosotras. Pero es que Lexi sufre amnesia. y me sale un bíceps que nunca había visto.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? ilustrarlo—. Tómatelo con calma por hoy. con una música ambiental agradable. —Saludo tímidamente con la mano. Vamos a cambiarnos. O sea que vosotras actuad todas con normalidad. tapándome los ojos. No puedo ponerme esto.68 - . a ver qué pasa. No se acuerda de nada. Doblo un brazo. de modo que me lo pongo de mala gana y salgo del cubículo. —Bueno. —Asiente con aire solemne—. Me encierro en un cubículo y empiezo a ponerme las mallas y el body. El culo se me verá enorme. donde ya hay un montón de mujeres acicaladas tendidas sobre esterillas de yoga. Lexi —dice la profesora mientras se acerca con una sonrisa compasiva. Retiro las manos del todo y me contemplo a mí misma. —Estamos procurando estimular su memoria —interviene Rosalie—. Cuento hasta cinco y me obligo a echar una miradita. La gimnasia nunca ha sido mi fuerte. ¿No te trae esto recuerdos. Esto puede ser un verdadero horror. todo en madera y mosaico. Siéntate donde quieras. aunque sé muy bien… ¡Anda! Me he tocado la punta de los pies. intento el siguiente ejercicio. Se me ve alta y delgada… distinta. Gracias. advierto que el body termina en tanga. . Estiro las piernas e intento tocarme la punta de los pies. —Venga —prosigue Rosalie. O sea que no se acuerda de esa puerta… ni de esa planta —añade señalando un helecho frondoso. Mientras las demás alzan los brazos. la verdad. Quizá te acuerdes cuando te pongas el equipo. Todo el mundo me mira emocionado. no estoy tan mal. Lexi? —Eh… no mucho. Una auténtica pesadilla. busco una esterilla y me siento. mirando alrededor—. tomándome del brazo—. Tengo la sensación de formar parte del Circo Amnesia. —¡Por Dios! —Ya. — Me guía hasta una sala muy espaciosa. ¡Y también me sale! ¡Me he vuelto flexible! Mi cuerpo adopta cada posición como si lo recordase todo. Los vestuarios son los más majestuosos que he visto en mi vida. Pues. lo confieso. Es más: incluso puedo apoyar la frente en las rodillas… ¿Qué ha ocurrido aquí? Todavía incrédula. —Rosalie se me acerca con una malla y un top—. aunque yo no lo recuerde. me digo. Lo miro estupefacta como si fuese un alien.

cielo —dice. —¿Yo me he hecho alguna cosa? ¿En la cara? ¿Botox? ¿O…? —Bajo aún más la voz. —Aún no puedo creerlo —le repito a Rosalie—. —Tienes una capacidad innata. ¿Qué más sabré hacer? ¿Desactivar una bomba? ¿Desnucar con el canto de la mano? —¿Qué te pasa? —me pregunta Rosalie. —Claro que sí. ¡Como una contorsionista! Me dan ganas de gritar: «¡Miradme. en menos de treinta segundos. sólo para las que se vean capaces —dice la profesora—. O . —La profesora me mira alarmada—. «¿Cómo demonios lo he hecho?» Mientras me miro las manos como si no fuesen mías. una vez terminada la clase. Eres la mejor de la clase. los ojos se me van directamente hacia esa dentadura de anuncio y esos labios tan llenos… Mi boca no tenía este aspecto en 2004. Vamos a saltarnos esta semana el spagat con las piernas abiertas. —Acabo de recogerme el pelo. distraída de repente por lo que veo en el espejo. embadurnándose de crema hidratante—. En los vestuarios. Mira. no puedo creer que esté haciendo esta pregunta—. eso seguro.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Y ahora. —Yo no lo recuerdo. —Rosalie —digo. Lexi. ¿No es increíble? No había hecho esto en mi vida. tienes que contármelo… Me quedo con la palabra en la boca. ¿Qué significa ese guiño? —Rosalie. lo que se dice todo. Será mejor que te lo tomes con calma. Eso ya es demasiado. empiezo a tirar de mi tobillo… ¡Obedece! Y me pongo… la pierna sobre la cabeza. Es… como si Superwoman se hubiera apoderado de mí. es cien por cien natural —dice guiñándome un ojo. bajando la voz—. —Señalo el espejo—. siento una especie de histeria. Sin pensarlo siquiera. Me siento frente al espejo para secarme el pelo y miro cómo va pasando de un marrón húmedo a un castaño resplandeciente. Yo siempre he sido muy patosa para estas cosas. escandalizada—. chicas!» —No te fuerces.69 - . ¿Puedo hacerte una pregunta muy personal? —Claro —susurra. Por millonésima vez. la posición de danza avanzada… Con precaución. Siempre lo llevas así cuando vas a la oficina. me he hecho un moño perfecto. me he ido recogiendo el pelo como una sonámbula y. ¡Chist! —Pero… —Chisssst… ¡Naturalmente que no! Todo. Yo apago el secador. me paso los dedos por el pelo y estudio mi reflejo. ¿Yo… haciendo un spagat? Ni hablar. estoy eufórica. he sacado horquillas del bote que tengo delante. ¿O algo de cirugía? —¡Cielo! —Se lleva un dedo a los labios.

—Cariño… —Pestañea—. La cama. Vaya vidorra. no digamos un ama de llaves en plan hotel de cinco estrellas. De verdad. Eric ha insistido en que me quede el dormitorio principal. Luego me voy a mi habitación. Rosalie me lanza un beso y cierra la puerta. Y será mejor que te acostumbres. Gracias. pues me voy a la cama. Estoy bien y luego vendrá Eric. Es Gianna quien la hace. Has sido muy amable. ¿Qué le preparo a Eric para cenar? Ella me mira atónita. Rosalie. —¡Bueno! —dice al entrar en el apartamento—. —Es que se me ha ocurrido que tú sabrías lo que le gusta —le digo riendo. —¡Rosalie! —la llamo—. —No seas tonta. creo que tiene su propio Jacuzzi. A decir verdad. así de sopetón. De hecho. ¿Te importa si me voy a descansar un rato? —Claro que no. cielo! —Rosalie me aprieta el brazo—. Almorzamos en un establecimiento de zumos y charlamos con un par de chicas que parecen conocerme. Luego vendrá. Mientras subimos en el ascensor. tapizada de ante. Debe de estar de compras ahora. —Bueno. preparará las camas… —Ah. es enorme. Sé andar con tacones. la habitación de invitados es bastante suntuosa también. Voy a cerrar los ojos y echar un pequeño… . Luego Rosalie me lleva a casa. Me quedaré por si necesitas algo. tu ama de llaves. pintada en tono crema y recubierta de lujosa madera oscura. Mmmm… qué placer. ¡Cuídate! Está a punto de salir cuando se me ocurre algo. como si ya lo supiera. vale. me siento repentinamente exhausta. Hasta luego. sé hacerme un moño en el pelo y un spagat en el suelo con las piernas abiertas… ¡Me siento como la mujer perfecta! ¡No soy yo! —¡Eres tú. me deslizo bajo la funda nórdica y siento un gran relax en el acto. Ésta es la cama más cómoda que he probado en mi vida. o sea que no se puede quejar. hará la cena. deleitándome con la suavidad de las sábanas y el tacto mullido de las almohadas. Tú no haces la cena. disculpándome—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? algo así. —¡Querida! —Me da un abrazo y recoge su bolso—. ¿Quieres que echemos otro vistazo a tu ropa? ¿A los trajes de baño? —La verdad es que estoy agotada —le digo. Supongo que es una pregunta un poco rara.70 - . —Me da una palmadita—. Me quito los zapatos de una patada. Te llamaré. Yo nunca he tenido una sirvienta. medio incómoda. Me remuevo un poco. lo cual es muy amable de su parte. ¡Claro! —Asiento rápidamente.

Pues yo he preparado este librito para ti. Paso la primera página y leo un encabezamiento: Eric y Lexi. El título reza: Eric y Lexi Gardiner: Manual Conyugal. coloca la bandeja en la cama y enciende la lamparilla—. —No pasa nada. ¿Ya estás despierta? Me incorporo con dificultad. Y he añadido un índice. Entre el texto aparecen intercalados titulares. —Lo cual me lleva a este pequeño regalito —prosigue Eric—. a los fines de semana… —He organizado las entradas en orden alfabético —me explica—. ha sido genial. fotografías e incluso esquemas hechos a mano. dos regalitos. Nunca compramos pan. Paso las páginas hasta el final y le echo un vistazo al índice. Ah. Creo que te resultará fácil de utilizar. Te traigo algo para cenar. que me entrega tras unas cuantas florituras en el aire. Sopa de pollo thai. a la familia. ¿te acuerdas? —Parece orgulloso—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Me despierta una luz tenue y un tintineo de vajilla. —¿Querida? —dice una voz detrás de la puerta—. —¡Me encanta la sopa tailandesa! ¡Gracias! Eric sonríe y me alcanza una cuchara. Hay apartados dedicados a las vacaciones. —Rosalie me ha dicho que habéis ido al gimnasio. ¿Podrías traerme un poquito de pan? —¿Pan? —dice. la sopa es deliciosa y estoy muerta de hambre—. . —Se encoge de hombros con modestia—. Se abre la puerta y entra Eric con una bandeja y una bolsa.71 - . —Has dormido durante horas. —Le sonrío y tomo otra cucharada. La respuesta a cualquier pregunta que te hagas sobre nuestro matrimonio y nuestra vida en común debería estar aquí. Creo que me adaptaré. ¿Qué te parece? —¡Fantástico! —Ojeo el cuaderno. cariño. vaya. Bueno. frunciendo el entrecejo—. —¿Tenemos un lema? —Se me acaba de ocurrir. Los dos seguimos una dieta sin carbohidratos. —El médico nos propuso que escribiéramos todos los detalles de nuestra vida juntos. —Sí. Éste es el primero… Mete la mano en la bolsa y saca un cuaderno plastificado de espiral. restregándome los ojos. —Se acerca. Un matrimonio mejor para un mundo mejor. Me había olvidado de ese detallito. —Tomo una cucharada. La portada es una fotografía en color de los dos con nuestros vestidos de boda. —Eh…hola. Todo controlado. a la colada.

perdón. porque eres eficiente. Somos profundamente competitivos. que he dejado tirados por el suelo de cualquier manera—. Me ha venido de fábula. ¡Me encanta! ¡Muchas gracias! Alarga una mano y me acaricia el pelo. —No es ninguna molestia. Miraré «Lenguas» más tarde.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Laca . Levanto la tapa y me encuentro un diamante resplandeciente ensartado en una cadena de oro. —Me retira la bandeja y la pone sobre la mesita. —Me alegro de que estés en casa. «Ha dicho “preciosa”. Eric. lo cual es incluso mejor. —Me toca suavemente el labio superior—. porque eres dinámica. —Se acerca a la cama y se lleva la mano al bolsillo—. —Muchas gracias. 5. De tus largas piernas. —Quiero que tengas algo que recuerdes que yo te he regalado —dice con una sonrisa triste. juguetea con un mechón de mi pelo. Pero quizá sí lo soy en 2007. pp.» . —No lo leas ahora. p. Lo digo casi de verdad. y señala el joyero—.ver Tocador Lechuga. —No pasa nada. —Vale —digo tras una pausa. yo nunca me he considerado tan competitiva. Hay mucho que aprender. Cuando se haya ido. La gente dice que somos duros. —Y me enamoré de tu preciosa boca. Él. eso sí. —Ah. querida. como yo. ¿qué viste en mí? ¿Por qué te enamoraste de mí? Una sonrisa nostálgica cruza su rostro.72 - . Necesitas comer y dormir. Cuando nos conocimos. —Eric me cierra suavemente el cuaderno—. Porque ambicionas el éxito. Repara en mis zapatos. Lexi.23 Lenguas. —¿Te gusta? —¡Es… alucinante! —balbuceo—. Lexi. Y éste es el otro regalito… Saca un pequeño joyero de cuero y siento un hormigueo de incredulidad. Quizá no pueda afirmar que me siento del todo en casa. con una expresión tierna. Lexi —dice con una sonrisa—. —Eric —empiezo con timidez—. Ábrelo. Pero sí me siento como en un hotel de cinco estrellas. pero no es verdad. 24 ¿«Lenguas»? Busco rápidamente la página 24. Termino la sopa y me vuelvo a echar con un suspiro. los zapatos van en el vestidor. —Y yo me alegro de estar en casa —respondo con fervor. —Me enamoré de ti. A decir verdad. Mi marido me da un regalo en el estuche más pijo que he tenido en las manos… Igual que en las películas. Y de la manera que tienes de balancear el maletín.

E incluso mejor.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Lo escucho sumida en un trance. Nos vemos por la mañana. —Hasta mañana —murmuro—. Por lo menos. Cierra la puerta y me deja sola con mi collar. mi manual conyugal y una sensación de euforia. Nunca. Me ha traído a la cama una sopa thai. Que duermas bien. —Me da un beso en la frente y recoge la bandeja—. Debo de haber sido Gandhi.73 - . me ha regalado un diamante y me ha dicho que se prendó de mi modo de balancear el maletín. Me gustaría que siguiera eternamente. Tengo un marido de ensueño. Eric… Y gracias. . —Ahora tengo que dejarte. Nadie me había hablado así. Buenas noches.

la verdad. 50 Preliminares. Lexi. Y no digamos a Eric. —Se limpia los labios con una servilleta de lino y se pone en pie—. p. leo: «… recorriendo. yo consulto el índice para ver qué como normalmente. en realidad. Eric lee el Financial Times. Tengo la sensación de estar espiándome a mí misma. me gustaría programar una cena . —Gianna te ha dejado beicon y huevos revueltos en el horno. ¿Te resulta útil el manual? ¿Encuentras lo que necesitas? —¡Sí! —digo. —El coche nuevo deberían entregártelo esta mañana—dice mientras bebe un sorbo de café—. saltando apresuradamente a otro apartado. —¿Todo bien. ver también Menú Diario y Comer Fuera Pasta e hilo dental. paso a la página 21. Quería saber qué suelo tomar de desayuno. Con disimulo. que aún me parece más interesante. p. Otra cosa. También sueles tomar zumo verde. Eric levanta la vista. sin saber qué decir. Lo sé todo: desde dónde se compra los gemelos hasta qué piensa del gobierno. Tampoco puedes hacerlo. También que cada mes se revisa el escroto por si le salen bultitos. —Me señala una jarra llena de una especie de agua turbia—. 49. Comida me remite a Paladar —¡qué sofisticado!— y dos líneas más abajo descubro Preliminares. cariño? —Me sonríe—. Es una bebida vitamínica y un supresor natural del apetito. hasta que vuelvas a pasar el examen de conducir. —Ya lo iremos viendo. ¡Ha escrito tres párrafos sobre los preliminares! Bajo el título «Procedimiento habitual». con un movimiento regular… por lo general en el sentido de las agujas del reloj… una suave estimulación del interior de los muslos…» Casi escupo el café. —Creo que me lo voy a saltar por hoy. Si te parece bien. p. (Lo cual es más de lo que esperaba. —Me sirvo beicon y huevos revueltos y trato de sofocar las ganas de zamparme tres buenas rodajas de pan integral. El otro quedó inservible. ¿Hacía falta mencionar el escroto?) Es la hora del desayuno y estamos los dos en la cocina.74 - .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 8 Paladar. Es una auténtica pasada. como un niño al que han pillado buscando palabrotas en un diccionario—. Aunque supongo que no tienes mucha prisa por volver a conducir. —No lo había pensado —respondo. 51 ¡No me digas que ha incluido un apartado de «preliminares»…! Llevo hojeando el manual conyugal desde que me levanté esta mañana. Yo suprimo un estremecimiento.

Ya estoy cansada de que todo el mundo me trate como a una inválida. —Aún no me he leído el manual entero. en efecto. —No tienes por qué preocuparte. desde luego. —Me pone las manos en los hombros con suavidad—. —Me siento muy torpe de repente—. Salvo que cuente en esa categoría un plato de pasta en el sofá mientras dan Willy Grace en la tele. tú eres un miembro importante del equipo directivo —me explica con paciencia—. mi adjunto? —No me lo puedo creer—. Todo irreconocible. la guarda y recoge su maletín. El trabajo —dice mientras se pone la chaqueta—. Byron Foster. consultando un bloc de notas de la cocina—. Sólo hasta que vuelvas. cariño. Llamó anoche. Me pongo de pie y él lo hace al mismo tiempo. Tuvimos una buena charla. Sólo unos pocos viejos amigos. Pues eso me lleva a otro asunto. —Ah. ¡Un miembro importante del equipo directivo! ¡Simon Johnson sabe quién soy! ¡Uf! —Nos pareció que podría serte de ayuda pasarte un rato por el despacho. Esta nueva vida cada vez se pone más interesante. Pero. —Tú también. —Que tengas un buen día. ¿Lo normal es… es que ahora te dé un beso? —Normalmente sí. Lo tengo apenas a unos centímetros. ver a las chicas. —¿Una cena? —repito con aprensión. Me muero de ganas de llegar a la oficina y ver qué narices pasa. Una corriente repentina fluye entre ambos. Mastico mi beicon. no te sientas… —¡No! ¡Si yo quiero! O sea… tenemos que hacer lo que hacíamos siempre. Y de paso servirá para tranquilizar al departamento. ¿no? . —Ni siquiera creo que haya oído hablar de mí. Pero si no te apetece. ¡Me encuentro estupendamente! —Bueno. —¿Byron. Gianna se encargará de la comida. Por supuesto que ha oído hablar de ti. vale. lo olvidamos… —¡Claro que me apetece! —me apresuro a responder—. Llega hasta mí la fragancia de su loción e incluso veo el minúsculo rasguño que se ha hecho en el cuello al afeitarse. No soy muy dada a ofrecer cenitas en casa. pero Simon se preguntaba si no te gustaría ir de visita a la oficina. eh… cariño. Es un gran tipo. Claro. almorzar con ellas… —Tu adjunto ha ocupado tu puesto —añade. Eric anota algo en su agenda BlackBerry. Quizá contribuya a refrescarte la memoria. —Él también está agarrotado—. Tú lo único que has de hacer es ponerte guapa. —Lexi. por favor.75 - . pero me dan ganas de dar unos gritos de alegría. Evidentemente. simulando indiferencia.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? para la semana que viene. ¿Te acuerdas de él? —¿Simon Johnson? ¿El director general? —Ajá—asiente—. ¡Si era mi jefe! El mundo al revés. Simon Johnson — me aclara—. —Me parece una gran idea —digo entusiasmada—. Podré empezar a familiarizarme con mi nuevo trabajo. aún no estás preparada para reincorporarte del todo.

Lexi. En cuanto oigo que la puerta se cierra. alzo la cabeza. he de buscar varias palabras por la F. —Bueno… no —digo. no siento más que un gran vacío en mi interior. Concéntrate en el beso. porque no he leído lo que ocurre tras la suave estimulación del interior de los muslos. Cojo el manual. —Le deslizo una mano hasta el hombro y dejo caer la otra. Ha ido por los pelos. ¡Nooooo! Aún no puedo acostarme con él. sí… ¡estoy excitada! —Las palabras me salen de sopetón. Que pases un gran día. Oh. O de nuestro primer morreo… Pero mientras él se aparta. Yo creía que nuestro primer beso desencadenaría una avalancha de recuerdos y sensaciones. Y segundo. —¿De veras? —Eric parece iluminarse y deja el maletín. Entonces… ¿yo te besaría en la mejilla?. ¿o en los labios? —En los labios. Entonces reparo en que tiene un extraño bultito en la punta de la lengua. Quizá una súbita imagen de la torre Eiffel o de nuestra boda. lo justo para saber… para darme cuenta… Es decir. Vale. Primero. porque ni siquiera lo conozco. Además de los Preliminares. Pero eso no significa que no haya sido… O sea. —Le dirijo la sonrisa más radiante que puedo—. Tengo para un buen rato. tenemos una gran… en el terreno… de cama. como disculpándome—. me dejo caer en una silla. ¿Por qué lo habré dicho? Yo no estoy excitada. no. —De acuerdo. Umm… —Le paso los brazos por la cintura para parecer natural—. . Y no digamos Felación. Y un poco más arriba. con la sensación de estar practicando bailes de salón. digamos… «Basta.» —Bueno. o casi. Manteniendo la posición. sin que pueda detenerlas.76 - . —Pero no excitada en ese sentido —corrijo a toda prisa—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Me estoy ruborizando—. Eso sería lo normal. Sólo se me ocurre la palabra «veloz». Él se inclina hacia mí y sus labios rozan los míos brevemente. O sea. —Se aclara la garganta—. —Tú también. Me mira con expectación y yo me apresuro a buscar algo estimulante que decir. —Vale —digo—. ¿Así? Dime si no lo hago exactamente… —Más bien con una sola mano —me corrige él tras un instante de reflexión—. que no me parece demasiado indicada. Frecuencia (Sexual) es una. No lo miraré. sentir… no siento nada. —¡Ha sido encantador! Muy… La voz se me atraganta. Sentir. —Me toca la mejilla con suavidad y se da media vuelta. —¿Te ha traído algún recuerdo? —Me mira con atención. obviamente. Cierra el pico.

además. Este tocador. Me levanto y me acerco a la ventana. cierro el manual conyugal y me reclino. Tiene que haber alguna clave por ahí. Supuso. que «detesto perder el tiempo» y que soy de la clase de personas que «aprecian las cosas buenas de la vida». esto tengo que verlo. adelanto la grabación hasta que surge mi rostro en pantalla. un cambio importante en mi carrera. Sin embargo. Toda una novedad para mí. ¡Soy yo. Me siento ante un tocador minimalista y lo examino en silencio. Que los dos compartimos una verdadera pasión por el vino y por la región de Burdeos. Que tuvimos opiniones muy distintas sobre Brokeback Mountain. ¿Cómo demonios me las arreglé para dejar de ser yo y convertirme… en ella? Con un impulso repentino. (¿Vaqueros gays? ¡Venga ya!) Me entero de más cosas. un DVD con la inscripción «Ambición: EP1» escrita con rotulador. Tarros plateados en hileras. Lo he leído de cabo a rabo y ahora sí me hago una idea de conjunto. Me preparo para morirme de vergüenza y esconderme detrás del sofá. está impoluto. mayor es la sensación de que es una persona muy distinta de mí. Entiende de vinos y jamás come pan. Mi antiguo tocador estaba pintado de rosa y era un desbarajuste total: un montón de pañuelos y collares colgados sobre el espejo y tarros de maquillaje desperdigados por todas partes. «centrada» y dispuesta a trabajar «veinticuatro horas para que las cosas salgan adelante».77 - . intentando digerir lo que acabo de leer. En ese reality show fue donde me vio Eric por primera vez. Enseguida aparecen los títulos del programa en todas las pantallas del apartamento. Que «no soporto a los idiotas». Es una adulta. Que nos gusta mirar documentales de negocios y también El ala oeste. Exactamente. y pulso play. Corro hacia el salón. Me miro en el cristal y mi rostro de veintiocho años me devuelve la mirada. Primero porque me muero por ver qué aspecto tenía cuando salí. me voy al dormitorio y entro en el vestidor. Nada más. Cuanto más descubro sobre esta Lexi de veintiocho años. No sólo parece diferente. en cambio. Encima. Lo examino perpleja hasta que comprendo de qué se trata. Seguramente yo no tenía ni idea entonces de lo decisivo que iba a ser. un platillo con un par de pendientes y un espejo de mano art déco. Lleva ropa beige de diseño y lencería de La Perla. He descubierto que Eric y yo pasamos a menudo el fin de semana en «hoteles con encanto». encuentro (no sin dificultades) el reproductor de DVD tras un panel translúcido y lo meto en la ranura.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Dos horas y tres tazas de café más tarde. Abro un cajón al azar y encuentro un montón de pañuelos doblados impecablemente. Los dientes ya los tengo . Y segundo porque es otra pieza importante del puzle. que es —primera noticia— una peli sobre vaqueros gays. la verdad es que no tengo tan mala pinta. para empezar. con la cabeza rebosante de información. Es diferente. en la tele! Dios. Es una ejecutiva. Esto mismo. Que soy una persona «motivada». Es ese programa del que me hablaba Amy.

Me vuelvo de un brinco y veo a una mujer cincuentona. No lo entiendo. yo soy Gianna. —Bueno. horrorizada—. «He de triunfar —le digo a un entrevistador que no aparece en pantalla—. ¿Qué mosca me habrá picado para querer ganar de repente un concurso de negocios? —Buenos días. —Estaba deliciosa —me apresuro a decir—. —Ay. pero no puedo pedirle a alguien que me prepare la cena. Me apresuro a pulsar stop y me la quedo mirando. va con un guardapolvo floreado y sostiene un cubo lleno de utensilios de limpieza. —¿Conque estaba mirando su programa de televisión? —me dice. —Me encuentro bien. pobrecilla. ¿Es que van a salir? —No. En conjunto. nena! Qué seria se te ve. En el bolsillo del guardapolvo lleva prendido un iPod. Me ha dado un susto de muerte. No tiene usted bien la cabeza. Señor. ella se acerca a la mesita de café y empieza a repasar con un plumero la superficie de vidrio mientras tararea la música de su iPod. aunque los labios se me ven mucho más finos. El señor Eric ya me lo advirtió. Como usted guste. Sólo que… quizá me encargue yo misma de la cena. y desde los auriculares que tiene en los oídos me llegan los compases de una ópera. A ver si lo recordaba.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? chapados o barnizados o como se diga. señora Lexi. Voy a tener que aprenderlo todo sobre mi vida otra vez. —Se persigna y se besa los dedos—. —Se señala con un dedo. —Ya veo —dice—.78 - . Espero que le gustase la sopa de ayer —añade sin mirarme. una mezcla de cockney e italiano. Lleva el pelo entrecano recogido en un moño. —¡Oh! —exclamo. nerviosa. —¿Usted es Gianna? —pregunto con cautela. —La apago a toda prisa. entretanto. —Genial. se pone a sacarles brillo a las fotos enmarcadas. en realidad—digo apresuradamente—. por si hubiera dudas. ¡Nada. Y… gracias. —¡Ya está levantada! —me dice con voz penetrante—. echando un vistazo a la enorme pantalla.) Llevo el pelo castaño recogido en una cola. mirando cómo me limpia la casa otra mujer? ¿No debería ofrecerme a ayudarla? —¿Qué le gustaría que prepare para cenar esta noche? —pregunta mientras ahueca los almohadones del sofá. agarra el siguiente almohadón y lo zarandea con vigor—. —Con aire tenso. —Pues… sí. gracias! ¡De veras! Ya sé que Eric y yo somos ricos. Me parece obsceno. —Me hago a un lado. —¿Nada? —Hace una pausa—. ¡Muchas gracias! Un sabor . Sólo he perdido un poquito la memoria. Tengo que ganar el concurso. ¿Cómo puedo estar aquí plantada. la tía. Ella. ¿Cómo se encuentra? ¿Mejor? —Su acento es difícil de identificar. un aire de ejecutiva total.» ¡Caray. Empiezo a retorcerme los dedos. traje chaqueta negro y una blusa verde mar. (Ya no hay duda: tengo implantes de colágeno.

Sería maravilloso. Deja el almohadón en el sofá y me da una palmadita en el brazo. Si lo que quiere es algo nuevo o diferente… Mierda. Gracias a Dios. Cuando yo me fui estaba en perfectas condiciones. Será mejor que responda. —Trago saliva—. Se arranca de los oídos los auriculares del iPod y me señala la tela rasgada con expresión horrorizada. suplicante.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? exquisito. Se ha ofendido. Ella me mira con los brazos cruzados. —Me alegro —responde con voz agarrotada—. —Me mira a la defensiva—. —Me sale la voz rasposa de puros nervios—. ¿Para cenar? —Bueno. —¿Cómo que no lo sabe? —repite. Con puntadas pequeñas. Lo hago lo mejor que puedo.79 - . Con un sándwich bastará. Su severo rostro se contrae por fin en una sonrisa. Gianna me mira fijamente sin poder creerme. Me alejo titubeante. —¿Está segura de que no le pasó algo raro cuando se dio en la cabeza? —dice finalmente—. ¿Cómo voy a acostumbrarme a todo esto? ¿Cómo he podido convertirme en una señorona con ama de llaves. —¿Suya? —Fue un accidente —digo a trompicones—. cojo una revista sobre propiedades inmobiliarias de una mesita rinconera y ojeo un artículo sobre fuentes japonesas. me doy cuenta de lo rematadamente estúpido que suena. —¡Mire! ¡Toda desgarrada! Ayer no estaba así. Incluso mientras lo digo. pensándolo bien… Quizá podría preparar alguna cosilla. Yo le sostengo la mirada. Dios. lo que usted quiera. ¿Se habrá ofendido? —Ya me dirá qué quiere que le compre para que prepare usted —prosigue. Él no lo sabe. —Puse el almohadón encima. —Eh… Bueno. ¿Sabe qué. Gianna?. . Se me rompió ese leopardo de cristal… —Casi estoy jadeando—. Lo que disfrute más cocinando. desconcertada. Encargaré otro sofá. conteniendo el aliento. Su marido no se enterará. Para taparlo. Pero no se lo diga a Eric. Como… ¿un trasplante de personalidad? —¿Qué? —Suelto una carcajada—. Ay. madonna! ¡El sofá! —aúlla Gianna. No creo… Suena el portero automático. —Es para mí. Se lo juro. todavía golpeando el almohadón—. —¿De veras? —Siento una oleada de alivio—. Pero. Ahora suena más italiana que cockney. —Yo lo coseré. ¿Diga? —¿Señora Gardiner? —dice una voz gutural—. Es culpa mía. No tenía una sola marca… Me sonrojo hasta la raíz del cabello. Vengo a entregarle el coche. Le estaría eternamente agradecida. —¿Un sándwich? —Me mira alucinada—. sin complicarse demasiado. Lo hice sin querer. no se preocupe. por el amor de Dios? —¡Ay. vaya. —Corro hacia la puerta y descuelgo el telefonillo—. —Fui… yo —tartamudeo—.

tampoco había tenido nunca tan a mano un Mercedes nuevecito. Abro la puerta. como si hubieran pasado mucho tiempo en esa posición. claro. aunque ahora no lo recuerde. sostengo el mando y aprieto un botoncito. Aunque es evidente que habrá costado una fortuna. Un Mercedes que. y además descapotable. me deslizo en el asiento del conductor y respiro hondo. Pero la cuestión sigue siendo que lo he hecho. Mierda. tal vez me encuentre de pronto . Voy a echarle un vistazo por dentro. ¿Y ahora qué? Reviso los mandos con la esperanza de encontrar alguna inspiración. esto lo he hecho otras veces. ¿Qué he hecho ahora? La vuelvo a girar con más cuidado y esta vez no hay rugido: sólo unas cuantas lucecitas que se encienden en el salpicadero. Pero. De hecho no quiero moverlas de ahí. según el portero. y el motor suelta una especie de rugido de protesta. Esto sí es un coche. Meto la llave (para ver qué pasa) en la ranura que hay junto al volante… y entra perfecta. Ya lo he dicho: nunca me han interesado los coches. Los asientos son amplios y muy cómodos. en una plaza de parking que. Las hago tintinear con un escalofrío de excitación. Por lo visto. un montón de papeles y un reluciente juego de llaves. como he visto hacer a la gente. —El tipo me quita el bolígrafo de la mano y se aleja hacia la entrada. Es de color plateado. Si logro distraerme.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Mi nuevo coche me espera frente al edificio. Y éste es un coche chulísimo. Lo único que tengo que hacer es permitir que mi cuerpo tome el mando. además. Sería una pena no dar una vueltita. De manera instintiva. Es igual que caminar con tacones: una destreza que está en mi interior. es mío. No tengo ni idea de cómo funcionan estos cacharros. Uau.80 - . Pongo lentamente las manos en el volante. Bueno. dejándome sola con el coche. —Muy bien. —Tiene que firmar aquí… y aquí —me dice el empleado. Permanezco sentada un rato mientras observo cómo se abre la entrada para dejar salir un BMW. Parecen aferrarlo con toda naturalidad. con una tablilla en la mano. Noto el maravilloso y embriagador aroma del cuero nuevo. un Mercedes (lo sé por la insignia que lleva en el morro). La giro. El salpicadero de madera reluce de barniz. Casi doy un respingo cuando se oye un pitido y destellan todos los faros. es mía. No sabría dar más detalles: no entiendo nada de coches. No tengo recuerdos de haber conducido en mi vida. la verdad. —Aquí están las llaves… La chapa del impuesto de circulación… Y los papeles… Gracias. En algún momento debí de aprobar el examen. La cuestión es que… sé conducir. No como el birrioso Renault de Chungo Dave (descalificado a perpetuidad). pero no me llega ninguna. —Hago un garabato.

Rápido. Allá vamos. el coche da un brinco y suelta un chirrido espantoso. A la desesperada. Libero los dos poco a poco y el coche empieza a moverse. Y el cambio de marchas. ay. recuerdo de golpe. La otra vez funcionó. Y no sé cómo controlarlo. Procurando conservar la calma. El freno de mano. Eso no ha sonado nada bien. Instintivamente.81 - . Serenidad. Mira que soy gilipollas. hace el gesto de girar el volante. Dios. Doy un brusco volantazo a la derecha (casi me disloco los brazos) y consigo desviarme del deportivo. Mierda. como un prototipo de carreras. pero no sirve de nada: esto no es un caballo. lanzo ambos pies a fondo y piso los dos pedales. aunque por dentro me está entrando pánico. Lexi. Respiro hondo. párate ya… ¡Quieto! —Tiro del volante. medio desafinando—. —Tierra de esperanza y gloriaaa—empiezo. pero el coche ya no . Claro. Ay. ¡Funciona! Mis manos y pies empiezan a moverse de modo sincronizado. por el amor de Dios! —chilla. luego se ha oído un ruido sordo y… ¡bingo! ¡Lo he arrancado! Siento la vibración del motor. En cuanto me ve avanzando hacia el deportivo. Deja que tu cuerpo haga lo que le surja espontáneamente. El motor sigue en marcha. No me atrevo a mirarlos. No estoy segura de querer que siga así. la.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? conduciendo de forma automática. El volante. reparo en un tipo moreno con tejanos que cruza la entrada. Nunca tendría que haberme subido a este coche. Relájate. Freno de mano. sigue adelante. como si quisiera salir zumbando. Bueno. —¡Quieto! —grito otra vez. Lo único que sé es que he girado la llave y pisado un pedal. Nos dirigimos poco a poco hacia un deportivo de lujo que está aparcado enfrente y a mí no se me ocurre cómo demonios frenar. lo que desencadena un chirrido de frenos tremendo. Sé lo que es: hasta ahí llego. Pero esta vez no se detiene. piso un pedal a fondo. Lexi! —Pero si no… —¡Frena. madre de los hombres libreees… Dios mío. Eric se divorciará de mí y no podré culparlo. Sujeto el volante con firmeza. Sólo que ahora voy directa al muro de ladrillo. vuelvo a pisar el pedal. se pone a gritar con la cara descompuesta: —¡Frena! —Su voz me llega amortiguada a través del cristal. De repente. —¡Frena! —El tipo corre a mi lado—. —¡Mierda! Vale. Retiro el pie y el coche se desliza hacia delante de nuevo. tranquila. La. Muy bien. Estoy frente a los mandos de un Mercedes en marcha y ni siquiera sé cómo ha ocurrido. Si acabo estrellándolo. la. Piensa en otra cosa. con una sacudida. las manos me sudan. ¡Frena. Quizá debería cantar una canción. Dios… Me arde la cara. Piso a fondo y el coche da un acelerón. No pienses en conducir. Tiro de él con las dos manos y el coche para en seco. Vale. —¡No puedo! —¡Gira! —Con ambos manos.

—Señalo los cortes que aún se me ven en la cara. —¿Qué ha pasado? —Me ha entrado pánico. —¿Estás bien? —El tipo se inclina junto a la ventanilla. como si estuviera buscando una interpretación alternativa. —No —le respondo. Está nuevecito. —¿No te acuerdas de mí? —pregunta por fin. Al menos no he chocado ni me he llevado nada por delante. —Sé que tuviste un accidente —dice por fin. Tengo amnesia. Y me golpeé la cabeza. El pelo castaño oscuro y desordenado. Antes me has llamado por mi nombre… ¿Nos conocemos? Una conmoción se apodera de su rostro. me lo . Ya me había enterado. De verdad.82 - . —¿Puedo soltarlo? ¿No empezará a rodar? Una ligera sonrisa le ilumina el rostro. que tengo casi agarrotada y la sacudo. Como si cada palabra tuviera importancia—. acierto a levantar una mano del freno. El tipo me mira como si le hablara en cantonés. ahora que me fijo. y se encuentra a una chica a punto de estrellar un Mercedes y que dice sufrir amnesia. Ni siquiera a mi marido. pensando en sus asuntos. —Tuve un accidente de tráfico hace unos días —le explico a trompicones—. —Muchas gracias —le agradezco mientras me bajo—. noto que me resbala una lágrima por la mejilla—. —Sí. Completamente flipado. por favor. imagínate: el hombre entra en un aparcamiento. No sé conducir. todavía aferrada al freno. No recuerdo a ninguna de las personas que he conocido en los últimos tres años. se me ocurre de pronto. Quizá no me cree. —No. Pómulos altos. le calculo. Sus ojos me examinan como si casi no pudiese creerme. Voy pulsando botones de la puerta hasta que se baja la ventanilla. Aún tengo las manos aferradas a la palanca del freno. Ahora se ha quedado mudo. Estoy jadeando. Su expresión me pone nerviosa. Con precaución. Nunca más. Puedes soltarlo. en realidad. Tiene una voz peculiar: seca e intensa. encogiéndome de hombros—. Me miro inquieta la mano izquierda. me pasa con todo el mundo. Lleva una camiseta gris sobre los tejanos y parece mayor que yo: treinta y pocos. Tiene una cara bastante llamativa. Creía que me acordaría. —Un momento —digo chasqueando la lengua—. Quizá piensa que estoy borracha y que todo lo demás es una excusa rebuscada. Estoy un poco desquiciada. No es para menos. abro la mano. No volveré a conducir. no es grosería. ¡Era un completo desconocido para mí! ¡Mi propio marido! ¿Puedes creerlo? Esbozo una sonrisa. ojos grises y cejas arqueadas en un entrecejo fruncido.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? se mueve. Lo siento —digo tragando saliva—. A nadie. Perdona. Tras unos instantes. —¿Quieres que te lo aparque? —dice con brusquedad. pero me he asustado… —Sin previo aviso. pero él no me la devuelve ni muestra ninguna simpatía.

Espero que él conteste: «De nada» o «A tu disposición». —Gracias. tratando de relajar el ambiente—. Eric me ayuda mucho. Te lo agradezco de veras. pero ¡ya me entiendes! Le tiendo la mano para estrechársela. —Adiós… —murmuro. —Adiós. Sube al coche. Estoy intentando aprenderlo todo sobre mi vida otra vez.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? acaban de traer. Ha sido un placer conocerte. Ni siquiera me ha dicho su nombre. coloca el coche marcha atrás en su sitio. Si lo hubiera escacharrado… no quiero ni pensarlo —digo con una mueca de espanto—. ya sé que nos conocimos en mi vida anterior. ¡Es el marido perfecto! —Sonrío. Con destreza. Y a ti… ¿dónde he de situarte? Él permanece en silencio. —Bueno. Qué tipo más raro.83 - . tras una pausa—. No entiendo qué le pasa. cierra la puerta y me indica que me quite de en medio. Se ha metido las manos en los bolsillos y mira al cielo. Me lo ha comprado mi marido. Por fin baja la cabeza y vuelve a mirarme. ¿Lo conoces? ¿Eric Gardiner? —Sí —contesta. —Y da media vuelta. Tiene la cara contraída. Nadie lo sabe. ¿Tus recuerdos se han evaporado para siempre? —Puede que vuelvan en cualquier momento —le explico—. como si lo estuviese pasando mal de verdad. O sea. pero parece sumido en sus pensamientos. —¿Qué te han dicho de la amnesia? —pregunta de sopetón—. . gracias otra vez —le digo educadamente—. Lo conozco. Lexi. me ha explicado lo de nuestra boda y demás. O puede que no. pero él la mira como si no tuviese el menor sentido. —Debo irme —dice.

vamos al cine los fines de semana y nos mandamos mensajes de texto mientras Gavin intenta echarnos una «bronca en equipo». nos hemos vuelto más amigas de lo que ya éramos. Y entonces. Cuando ha dicho lo que no debía. todos sus defectos. hoy iré a la oficina y la veré. ella va directa al grano. Por eso es tan extraño que no haya dado señales de vida. una blusa del cesto de saldos de New Looky un par de zapatillas con las suelas hechas polvo. También le he dejado un par en el buzón de voz. Los zapatos. Desde que trabajamos juntas. Muchos empleados nos acogimos a las bajas incentivadas.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 9 Fi es una de las personas más sinceras que conozco. me sugirió que le llevase el currículo a Gavin. Fi llevaba dos años allí cuando mi empresa de entonces —Frenshaws— fue vendida a un grupo español. Y el pelo. Y le he mandado algunos correos en plan chistoso. Comemos juntas. la primera en la que pienso cuando pasa algo divertido. de charol y con tacón de aguja. uno a uno. O tiene la gripe. que era su jefe… Y así fue. Mientras el resto de la gente se limita a enrollarse como una persiana. Le he enviado varios mensajes de texto desde que salí del hospital. En todo caso. cuando yo era la «nueva» en el patio del colegio. O está en alguna convención de trabajo. pone los ojos en blanco y se da una palmada en la boca. . Incluso le escribí una tarjeta dándole las gracias por las flores. Quizá esté muy ocupada. Me miro en el enorme espejo de mi guardarropa. Conseguí el puesto. me digo y me repito. Ella es así. por supuesto. Te puede herir con su franqueza. Fue ella quien me dio la idea de presentarme en Alfombras Deller. Y es fantástica en las reuniones de trabajo. También soy amiga de Carolyn y Debs. me ofreció la suya. Ya entonces era la más alta de las dos y tenía el pelo largo y una voz resonante y aplomada. y unas medias Charnos que me ciñen las piernas con su brillo inigualable. Fi me dijo que mi cuerda para saltar a la comba era una birria y me enumeró. La Lexi de antes solía presentarse en la oficina con unos tejanos negros de Next. como él las llama.84 - . sin rodeos ni tonterías. Como en Deller había un hueco en la sección de Suelos y Alfombras. Ahora tengo puesta la blusa más almidonada que he llevado en mi vida —un modelo de Prada con puño francés—. cuando ya estaba a punto de llorar. A ella y las demás. Ya no. Puede haber un millón de motivos. Pero en el fondo es una persona cariñosa y amable. Somos amigas desde los seis años. y lo sabe. pero Fi siempre es la primera en enterarse cuando tengo noticias. Pero no ha habido respuesta. un traje chaqueta negro con falda de tubo y cintura estrecha.

¡Qué romántico! ¡Es tan perfecto! —He de irme —añade—. aquel novio espantoso que trabajaba en un banco. —Uau. Confío en que salgamos todas a tomar una copa a la hora del almuerzo. Debs. Así nos pondremos al día. Recuerdo muy bien aquella noche. Nunca he usado un trasto de éstos. Parezco la ilustración de un libro infantil. Carolyn y yo. examino el maletín y me pregunto qué voy a poner ahí dentro. Vendrán a recogerte en cinco minutos. el muy lerdo. Debs acababa de dejar a Mitchell. es ir de punta en blanco—. Claro. En mitad de la juerga. por lo visto. Tengo la sensación de estar preparando la cartera para el primer día de colegio. Luego añado un bolígrafo. Yo siempre lo metía todo en el bolso a presión. Una fotografía antigua de las cuatro: Fi. en cambio. Después de reflexionar un poco. pero él apenas parecía recordarla. Eric entra en el vestidor y yo me vuelvo. Para mí. Voy a visitarla esta mañana. es Rosalie. Carolyn había estudiado ruso. Mitchell la llamó al móvil y Carolyn respondió en su lugar y fingió que era una profesional rusa de mil libras la noche. aunque no parece muy sorprendido. Fi me rodea el cuello con el brazo y yo tengo entre los dientes una sombrilla de cóctel. saca un delgado maletín negro y me lo alcanza—. pero quería que te llevases cada día a la oficina un trocito de mí. —¡No te olvides esto! —Eric abre un armario del rincón. Que lo pases bien. con las mejillas rojas y la cabeza cubierta de serpentinas. Una Dama de Hierro. para él este conjuntito debe de ser muy normal. saco del bolso un paquete de pañuelos y otro de caramelos de menta y los meto en el maletín. La única amiga mía que conoce. Antes de que me arreglase el pelo.G. y eso porque está casada con Clive. aunque luego lo . No. quizá una tarjeta. así que el papel le salió bastante bien. Mientras Eric sale y cierra la puerta. Se nos ve a todas enloquecidas y no puedo reprimir una sonrisa nostálgica. —Ya sé que usas tu nombre de soltera en el trabajo —dice—. un Bottega Veneta negro que he encontrado en el armario. Es una foto. seguro que hay alguna explicación y que todo vuelve a ser como siempre. y Mitchell se puso muy nervioso. —Me da un beso y me deja sola. y nos habíamos propuesto ayudarla a olvidar. aunque sea mi amiga más antigua y haya estado en nuestra boda y demás. Te lo regalé cuando nos casamos. Mientras deslizo el bolígrafo en un sedoso bolsillo del maletín. ¿Todo listo? —¡Creo que sí! —Recojo el bolso. muy acicaladas. que creía estar hablando con un cliente. cuando aún tenía los dientes torcidos.85 - .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? recogido en mi moño habitual. —¿Qué tal estoy? —¡Fantástica! —dice. noto con los dedos que hay algo dentro. Aparecemos en un bar. Ayer le pregunté a Eric por Fi. ¡Es precioso! —Está hecho de una piel suave y finísima y tiene estampadas mis iniciales: L. No importa.

Mientras me dirijo hacia el edificio de Victoria Palace Road. así que me las llevé a la oficina y las clavé en la pared. No me siento como una jefa. En cambio. Lo mismo ha ocurrido con cortinas y tejidos. Lexi Smart. Tengo en mi escritorio un viejo catálogo de estampados que hojeo siempre que mantengo una de esas aburridas e interminables conversaciones telefónicas. sorprendida. Ahí está: un gran bloque gris con columnas de granito en la entrada. Eran anuncios bastante horteras. ¡Tiene un aspecto muy chulo! Han desplazado . Pero. Lo cojo y me echo una última mirada en el espejo. bueno. vuelvo a guardar la foto y cierro el maletín con un chasquido. El vestíbulo está distinto. La empresa intentó hace pocos años cambiar de nombre para convertirse en Deller a secas. quizá me lo crea cuando esté allí. En absoluto. Sonriendo. Nadie las quería. La Dama de Hierro se va a la Oficina. Todas lo escuchamos por el altavoz. Porque entiendo que ahora me han ascendido. directora de Suelos y Alfombras. porque era tan mullida que había sentido la necesidad imperiosa de acostarse con un vendedor de aire timorato. las pobres alfombras se han quedado muy rezagadas. —Hola —le digo a mi reflejo. aún menos. O mejor dicho. Y luego tenían gemelos que no podían dormirse si no los tapaban en la cuna con una colcha azul de Alfombras Deller. Hicieron un nuevo logo y un eslogan. Alfombras Deller es esa empresa que todo el mundo recuerda por los anuncios de la tele en los años ochenta. secretamente. Sobre todo esos diseños retro de los setenta. El primero mostraba a una mujer tendida en medio de una tienda sobre una moqueta con un estampado azul en espiral. Nosotros vendemos parqué. Aunque yo.86 - . Ya sé que las alfombras no son guay. ¿Cómo te va? ¡Ja! Soy la jefa. Lo cual es parte del problema. pero nadie hizo caso. Luego vino la continuación: el anuncio en que ella se casaba con el vendedor y ponía en el pasillo una moqueta floreada Deller. y ahora las ventas por correo son una pasada. Qué tal. Si tú explicas que trabajas en Deller.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? negara. junto a mi escritorio. Ahora lo que se llevan son los suelos de madera y de pizarra. Aquello dio lugar a toda una gama de aparatos y productos de limpieza. el departamento de mantenimiento empezó a producir un limpiador de alfombras que se vendía por correo y se hizo tremendamente popular. Hará unos diez años. las adoro. En fin. un círculo vicioso. la gente arruga la frente y dice: «¿Quieres decir Alfombras Deller?» La cosa es especialmente irónica porque hoy en día las alfombras son sólo una pequeña parte del negocio. El problema de las alfombras es que ya no molan. mi antiguo escritorio. Empujo las puertas de vidrio de recepción y me detengo. pero casi nadie lo sabe porque todos creen que seguimos siendo Alfombras Deller. Y las estampadas. Dios mío. Y una vez encontré en el almacén una caja entera de muestras antiguas. siento una especie de hormigueo en el estómago. adoptando tono de ejecutiva—. yo creía que me moría de la risa. pero consiguieron que Alfombras Deller se convirtiera en una marca conocida.

Pero. los labios de color fucsia y zapatos de salón. gracias. Me guía con paso enérgico hasta la sala de reuniones. Todo esto es nuevo. Como es natural. como es obvio. Lleva mechas en el pelo. ¡Qué tal! —Lexi. Y se llama… Sí la conozco… La jefa de recursos humanos… —¡Dana! —Casi grito su nombre—. —Ella se instala en su escritorio. —La sigo por el vestíbulo de vinilo. Deben de haber sacado una nueva gama. Haré todo lo posible. ¡Bienvenida de nuevo! ¡Pobrecilla! Nos quedamos todos tan preocupados cuando lo supimos… —Estoy bien. —Siéntate. —Exacto. ¿Te acuerdas de Simon Johnson? —Por supuesto. sigo a Dana por el pasillo. tomo la tarjeta que me entrega y la paso por la máquina de seguridad. Antes sólo tenía un escritorio y una grapadora. asomar la nariz en la reunión de presupuestos y luego… Supongo que querrás echar una ojeada a tu departamento. Y el pavimento es de un vinilo especial de brillo metálico. —¡Estupendo! Por aquí… —Dana me va indicando el camino—.87 - . —Muy bien —digo tras una pausa—. ¿Y es permanente o temporal? —Bueno… los médicos me han dicho que podría empezar a recordar en cualquier momento. Que es cuando se celebra nuestra convención de ventas —añade con una mirada expectante. ¿Cómo no voy a acordarme del jefazo máximo? Lo recuerdo pronunciando su discursito durante la fiesta de Navidad. Antes no había barreras. Subimos en ascensor. desde nuestro punto de vista sería estupendo que pudieras recordarlo todo para el día veintiuno. —¡Fenomenal! —Su rostro se ilumina—. tenemos que hablar de tu… situación —dice bajando la voz. —Me tiende la mano—. He pensado que podríamos charlar un momento en mi despacho. bajamos en la segunda planta y Dana me hace pasar a su despacho. —Tú puedes hacerlo incluso mejor —me dice riendo con un gorjeo y se dispone a levantarse—. Bueno. Y también cuando se presentó en nuestra oficina y fue preguntando nuestros nombres mientras Gavin —entonces jefe del departamento— lo seguía a todas partes como un perrillo faldero. me encuentro bien. sólo un guardia que se llamaba Reg. . —¡Estupendo! —Anota algo en su bloc—. —¡Lexi! Una mujer rolliza con blusa rosa y pantalones pitillo negros se me acerca. aparte de eso. ¡Pues ahora asisto a reuniones con él! Procurando disimular mis nervios. como si yo tuviera una enfermedad vergonzosa—. Vamos a saludar a Simon y compañía. —¡Fantástico! Buena idea. Subimos en ascensor hasta la octava planta. muy bulliciosa. Mi departamento. en una silla muy lujosa—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? el mostrador y colocado una mampara de cristal donde antes había una pared. Tienes amnesia. Mucho mejor.

Daniel. simulando una gran urgencia—. con una de sus habituales corbatas retro. Esta joven ha protagonizado el ascenso más meteórico que se recuerda en esta empresa. Los médicos no saben si la amnesia de Lexi es permanente o temporal. ¿El director general besándome? —Eh… muy bien. —Te diste un buen golpe en la cabeza. ¿He de preocuparme? Estalla una carcajada alrededor de la mesa.88 - . vosotros dos no os conocéis. —Hablando en serio. —¡No seas modesta! —Simon me sonríe y se vuelve hacia Daniel—. —¡Perdón por la interrupción! ¡Lexi ha venido de visita! —¡Lexi! ¡Nuestra superestrella! —Simon Johnson se levanta de la cabecera de la mesa. Un tipo pálido y larguirucho de pelo oscuro. Echo un vistazo alrededor y observo a toda la tropa de ejecutivos trajeados. —Intento mantener la compostura—. Byron me lanza una mirada asesina. De veras. reconociéndome mientras nos damos la mano—. y se vuelve hacia un pelirrojo que tiene al lado—. confío mucho en ti —me dice Simon con firmeza. de complexión militar y un pelo castaño que ya empieza a clarear. Byron. me estrecha la mano como si fuéramos viejos amigos y me da un beso en la mejilla. ¿La chica prodigio? —Umm… No creo —digo. imitando su tono confidencial. querida? No puedo creerlo. —¿Cómo te encuentras. en tiempos mi jefe más directo. Mucho mejor. tenemos que retomar nuestras últimas… conversaciones —me dice Simon con un gesto de complicidad—. —Exacto. —Lexi. Es un hombre alto y cuadrado. —Pues date prisa en recuperarte —bromea. gracias. Se me acerca. Así que tú eres la chica prodigio de la que tanto he oído hablar. —Simon. De . tengo entendido —me está diciendo Simon Johnson con su voz meliflua. O sea.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? llama con los nudillos a la puerta de madera maciza y la abre. provocando otra carcajada. Lexi. ¿no? —¡Es verdad! —exclama él. que podría tener problemas de memoria… —Seguramente una ventaja en este negocio —comenta un tipo calvo al otro lado de la mesa. Sólo estaba bromeando. Aunque no sé si puedes confiar en que mantenga el presupuesto de tu departamento… —No sé… —Arqueo las cejas—. mirándolo de soslayo— quizá la habías visto ya en televisión. está en la otra punta de la mesa. —Lo señala con un gesto—. ¿verdad? Daniel es nuestro nuevo director financiero… A Lexi —dice. aunque no tengo ni idea de qué me está hablando. Porque Byron te ha reemplazado muy bien. Iremos a almorzar en cuanto te reincorpores. —Dana se adelanta tímidamente—. Por lo menos reconozco a alguien. —Desde luego —respondo. Me dirige una sonrisa cansada y yo se la devuelvo con cierto alivio. Más risas.

Tiene el aspecto de siempre: la misma moqueta marrón. Las piernas me tiemblan. Cuídate. —Claro —asiente él—. bromeando con el jefe supremo! ¡La chica prodigio! ¡Con sus visiones estratégicas! Espero haberlas dejado anotadas en alguna parte. Nunca lo habría creído.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? adjunta comercial a directora de su departamento en dieciocho meses. No acabo de creer que sea mi despacho. Simon —dice ésta—. Transmite entusiasmo. más segura de mí misma que antes. —Por supuesto.89 - . No hay nada que temer. Lexi —me dice Simon Johnson—. Todo el mundo se muere de ganas de verte. Estoy conmocionada. las mismas plantas de plástico. Debo contestar. ¡Yo. —Bueno… ¡gracias! —balbuceo. Se entrega en cuerpo y alma. —¡Uf! —exclama mirando la pantalla—. —¿No te has dado cuenta de que me hice esto para saltármela? —Señalo el último rasguño que me queda en la cabeza. Nadie ha hablado así de mí en toda mi vida. —Hasta pronto. es uno de los miembros de la empresa con más talento. Me detengo frente a la puerta un instante. los mismos avisos contra incendios. ¿Quieres acercarte tú misma a tu despacho? Yo te sigo enseguida. me siento flotar de pura euforia. fue una apuesta arriesgada darle el cargo. Al terminar. Puedo hacerlo: lo ha dicho Simon Johnson. Estoy colorada. Mejor dicho. A todo el mundo le encantan las reuniones de presupuestos —agrega con una mueca cómica. a la derecha. —Hoy no puede quedarse mucho. Y tiene algunas visiones estratégicas de futuro muy sugerentes… En fin. —¿Recuerdas dónde está el departamento de Suelos y Alfombras? —me pregunta Dana mientras bajamos en el ascensor—. me dirige una sonrisa radiante. Echo a andar por el pasillo. Vamos. Mientras Dana y yo abandonamos la sala de conferencias. Otra carcajada colectiva. para mentalizarme. En fin. Mientras pongo la mano en el pomo. veo a una chica de unos veinte años que sale . ¿Te apetecería quedarte para la reunión de presupuestos? —Eh… —Le lanzo una mirada de socorro a Dana. tú te lo pierdes. Y tenemos que pasarnos por Suelos y Alfombras aún. Salimos del ascensor y su teléfono da un pitido. El departamento de Suelos y Alfombras está al fondo a la izquierda. Mi despacho privado. Es una líder nata. —¡Y yo! —le digo. —Lexi… —Simon me señala una silla vacía—. mi despacho. Mi puesto. Como le he dicho a ella misma muchas veces. Y el despacho de Gavin. Pero nunca me he arrepentido de haber asumido ese riesgo. lo mismo hacen el tipo calvo y un par de ejecutivos más.

cierto. —¡Lexi! ¡Has vuelto! —Sí. —Esperemos que así sea. observándome—. Tendrás que perdonarme. Pero es ella. No había advertido hasta qué punto… —Sacude la cabeza—. con una falda negra cortita. Uau. cojo un documento al azar y empiezo a estudiarlo en plan ejecutiva eficiente. —En fin. tarde o temprano. Pero estoy convencida de que los recuerdos vendrán. como si yo fuera una loca peligrosa. Imagino que parezco algo más excitada de la cuenta. Giro sobre mí misma. un sofá… De todo. Tiene un amplio escritorio. corro a situarme ante el escritorio. Quizá luego podamos vernos y . Entonces… ¿yo estoy aquí? —digo señalando con un gesto el despacho de Gavin. Hasta lleva el juego de pulseras de carey que ha llevado siempre. Tu ayudante. —Parece muy nerviosa—. —Exacto. vamos al departamento. pero con el accidente he perdido la memoria… —Me lo han dicho. Pero aun así. ¡Dios mío! ¡Soy yo! ¡Lexi! ¡Ya estoy de vuelta! Ella se sobresalta. ¿qué tal? Me alegro de conocerte. Dejo el maletín sobre la mesa y me acerco ala ventana. Venga. —Ah. una planta. —Trato de recuperar la compostura—. ¡Una ayudante que me trae el café! No hay duda: he triunfado. ¿Ya te estás poniendo a tus anchas? ¡Clare me ha dicho que no la reconocías! Esto te va a resultar un poquito complicado. —¡Adelante! —¡Lexi! —Es Dana. estoy como borracha. Lexi —dice por fin. Si hubiese entrado alguien y me hubiera visto… Contengo la respiración. —Hola. Entro y dejo que se cierre la puerta con un agradable chasquido. Mierda. siempre acelerada—.90 - . me siento de un salto en el sofá y doy unos cuantos botes… Hasta que oigo que llaman a la puerta y me paro en seco. ¡Incluso tengo una vista! De otro edificio enorme. unas botas y un top verde sin mangas? ¡A Fi! Se la ve algo distinta: tiene un mechón rojo en el pelo y la cara más delgada.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? como una exhalación de la oficina principal y se lleva las manos a la boca. ¿Y tú? ¡Tienes un aspecto genial! ¡Me encanta lo que te has hecho en el pelo! Todos los ojos están fijos en mí. ¿Cómo te encuentras? —Muy bien. O sea… ¿no recuerdas nada? —Bueno… no —reconozco—. ¿Te traigo una taza de café? —Gracias. Se vuelve y me mira boquiabierta. Casi se me cae el bolso—. Me encantaría. Había olvidado lo grande que era este despacho. —La miro indecisa—. Pero es que me entusiasmo sólo de verla. Soy Clare. Intento ocultar mi entusiasmo. para que veas a todo el mundo… Salimos del despacho y entonces… ¿a quién veo saliendo de la oficina. ¡es mía! ¡Para mí sólita! ¡Soy la jefa! Se me escapa la risa. —¡Fi! —exclamo emocionada.

Estamos encantados de que haya venido hoy de visita. dejándome sola ante el departamento en pleno. o…! —Falta la ele —me interrumpe una chica que no conozco y que me mira con los brazos cruzados. Melanie y muchas otras. nerviosa—. Lo ocupa una chica teñida de rubio. —Y sale al pasillo. —No exactamente… . Para arengar a la tropa. —Umm… ¡Hola a todos! —Saludo con la mano pero nadie me corresponde—. Todas conocidas. —Que falta la ele. Las dos chicas que tiene al lado se están mondando de risa y se tapan la boca con la mano. nada impresionada. aunque con tres años más. e. como si acabase de volver de unas vacaciones exóticas. el maquillaje y la ropa son diferentes. Carolyn lleva unas gafas nuevas sin montura y el pelo aún más corto que antes… Ahí está mi escritorio. ¿Cuál es el mejor departamento de Deller? ¡El nuestro! ¿Quién se lleva la palma? ¡Suelos y Alfombras! —Agito el puño como una animadora—. «Esto es rarísimo». Quizá por eso no ha respondido a mis mensajes… Habremos tenido una buena trifulca y las otras se han puesto de su lado. que parece muy a sus anchas. que sigáis así… —Me debato buscando algo «motivador»—. me digo. Vamos. Lexi sufre algunos efectos colaterales de sus heridas. —Tú primera. que ya te reincorporas. Discúlpame. y me hace pasar a la oficina principal. u. Esto es lo que llaman un jarro de agua fría. Quince cabezas levantan la vista de su escritorio mientras trato de dominarme.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? ponernos al día. —¿Cómo? —Me detengo. Debs tiene los brazos muy musculosos y está muy bronceada. Estoy segura de que la ayudaréis a recordar cómo va todo y le daréis una calurosa bienvenida. Lexi? —pregunta una chica vestida de rojo. alzando la voz—. —Todos sabéis que Lexi ha estado de baja a causa de su accidente —dice Dana. Simon Johnson dice que eres una líder nata. sobre todo amnesia. Lexi. Lexi —dice Dana. Carolyn y Debs me miran con la boca abierta y los ojos como platos. casi sin aliento. —Cierto —asiento. Sólo quería decir que estaré pronto de vuelta y… Bueno. Pero yo no consigo acordarme. ¿quieres dirigir unas palabras motivadoras al departamento? —¿Motivadoras? —Algo inspirador —añade sonriendo—.91 - . Los peinados. Perdona. una sala grande sin tabiques. De «suelos» —explica poniendo los ojos en blanco. En fin. —Su teléfono vuelve a pitar—. ¿no? Con las demás… —Eh… sí. Debs. —Se vuelve hacia mí y murmura—: Lexi. —Asiente sin mirarme a los ojos. ¡Ese. Están Carolyn. ¿Por qué está tan desagradable? ¿Qué pasa? Siento un frío repentino. buen trabajo… habéis hecho entre todos una tarea increíble… —¿O sea.

desde debajo de una montaña de cartas y documentos—. Me siento frente al escritorio y cojo la primera carta. —¿Has hablado con Simon de nuestros objetivos? —Melanie se me acerca. sin levantar la vista y adoptando tono de jefa. y hay que autorizar el pago a Sixpack. y descarga la montaña de papeles en mi escritorio— . ceñuda—. me meto en mi despacho y cierro de un portazo. Lo siento. —Tu café. todo el mundo se arremolina a mi alrededor. Mientras deposita la taza a mi lado. Supongo que espera que yo pase a la acción a cámara rápida.» Clare da unos golpecitos y entra otra vez. Gracias. ¿Qué era todo eso? Alguien llama a la puerta. disparando preguntas. Lexi. —¡Hola! —dice Clare. Le echaré una ojeada. por lo visto. Y lo haré. —Ah. ¿podrías echar una ojeada a todo esto? Tienes pendiente una respuesta a Tony Dukes. . Es la previsión presupuestaria mensual que se hace en todos los departamentos. —Está bien —dice aliviada. ni mucho menos entiendo de qué van.92 - . Clare —digo. Sólo necesito un poco de tiempo… ¿Sabes qué? Déjalo todo aquí. —¿Sí? —contesto con voz ahogada. sí. —Pero… —Se asoma entre el montón de papeles y me mira con los ojos como platos—. Quizá lo vaya recordando. Y tampoco firmar nada. Son del todo impracticables tal como están planteados… —¿Y qué pasa con los nuevos ordenadores? —¿Has leído mi e-mail? —¿Ya está resuelto el pedido del Grupo Thorne? De repente. señalo los gráficos con un gesto—. —¡No lo sé! —grito desesperada—. Te traigo ahora mismo el café. Perdona que te moleste. No recuerdo una sola palabra de todo esto. ya que estás aquí. La cabeza me da vueltas. Mierda. y ese tal Jeremy Northpool ha llamado un montón de veces. Entonces ¿quién va a dirigir el departamento? —No tengo ni… Es decir. Interesante… Les daré una respuesta… más tarde. Con urgencia. yo. Es mi trabajo. Lexi. dice que espera que podáis reanudar las conversaciones… Me tiende un bolígrafo. —No puedo autorizar nada—digo muerta de pánico—. «Como sin duda sabrá… esperamos una respuesta inmediata…» Miro el siguiente documento. Nunca he oído hablar de Tony Dukes. Hay seis gráficos y un pósit en el que alguien ha anotado: «Esperamos tus comentarios. Casi no consigo oírlas. de Biltons. Es sobre una reclamación. pero. no me acuerdo… ¡Nos vemos luego! Salgo jadeando al pasillo. y ya de paso habría que firmar estas exenciones. —¡Yo también! —me dicen otras seis personas.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Es que necesito que me firmes mis gastos.

Le pasé por delante. Hurgo frenéticamente en mi cerebro. «Este tío quiere mi puesto. Por el puño de su camisa blanca asoma una muñeca huesuda. —Vacilo—. pero resulta ridículo. por lo que veo. —Intento parecer convencida—. ¿Me refrescas la memoria? Byron no me hace caso. Cuánto lo siento. —No del todo. —Eh… bueno… pues no. Ahora entra del todo en el despacho. —A ver si lo entiendo bien —dice despacio—. A decir verdad. —Otra vez en marcha. —¿Todo bien. Debe de odiarme a muerte bajo ese barniz educado. El gato y el ratón.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? En cuanto se marcha. Pues claro que lo quiere. nunca me he llevado bien con él. Apoya un brazo en el marco de la puerta. La cuestión es que he sufrido amnesia a causa del accidente y… —Me interrumpo mientras me retuerzo los dedos. Lexi? —Es Byron. Pero tú sabes tan bien como yo que en este negocio tres años son toda una vida. —¿Los últimos tres años? —Byron echa la cabeza atrás y suelta una carcajada—. —¡Santo Dios! —exclama—. pero no hay manera. En realidad… yo no… —Trago saliva. ¿es eso? Tony Dukes. me siento como una estúpida redomada por no haberlo deducido antes. —¡No recuerdo nada! —declaro casi sin aliento. dejo caer la cabeza sobre el escritorio.93 - . Lexi. desesperada. noto que me suben los colores—. ceñida por un reloj enorme de última generación. Pretende averiguar lo débil que es su presa. Creía que estabas en la reunión de presupuestos. como si una fuera idiota. con una botella de agua y un fajo de papeles. —Pronto seré la de siempre. —Bueno. Ahora está recorriendo con la vista el montón de documentos de mi escritorio. —¿Has decidido qué hacer con Tony Dukes? Los de Contabilidad vinieron ayer a darme la lata. Su rostro se ilumina de repente. —¡Estupendo! ¡Genial! —exclamo—. No sabes quién es Tony Dukes. golpeando la botella de agua contra la palma de su mano. ¿Cómo demonios lo hago? ¿Cómo sé lo que tengo que decir y las decisiones que debo tomar? Llaman de nuevo a la puerta.» En cuanto lo comprendo. por el amor de Dios? Esto es una pasada. —Le dirijo una sonrisa que él no me devuelve. como si la idea misma fuese absurda—. ¿Qué voy a hacer. Tony Dukes. —Hemos hecho una paradita para comer. Debe de costar mucha pasta. Byron habla siempre con un tonillo sarcástico. Los últimos tres años los tengo en blanco. ¿No recuerdas absolutamente nada? Se me disparan todas las alarmas. Me incorporo de golpe y cojo otro papel al azar. Es un trabajo muy difícil. Los médicos me .

Lexi. como quieras. Byron me está ayudando mucho. Me quedaré un rato más para repasar estos documentos. No voy a salir de aquí hasta que haya hablado con Fi. Hijo de perra. nos llamamos. —Finjo un tono amable—. Con todos los respetos para Lexi… La puerta se cierra con un chasquido. «No vas a asustarme tan fácilmente. ¿Estabais de charla? ¿Poniéndoos al día. —… evidente que no está en condiciones de dirigir el departamento… —le oigo decir mientras doblan por el pasillo hacia los ascensores. pensativo—. Tómate todo el tiempo necesario. Lexi? —Naturalmente. me ha pillado. —Por mí. Lo cual debe de provocarte una gran preocupación. —¿Qué tal? —Dana asoma por la puerta—. —Para cualquier cosa… —abre los brazos con falsa humildad— aquí me tienes.» —Seguro que todo volverá pronto a la normalidad —le aseguro con un gesto enérgico—. Hace el gesto de hablar por teléfono y yo la imito. De nuevo en mi puesto. ¿Y qué querías saber exactamente de Tony Dukes? Mierda. pero todavía puedo acompañarte a la puerta si quieres… —No te molestes. —O puede que no. Tú cuídate. Te lo agradezco. recupérate. Vuelvo al despacho. ¡Con la memoria intacta! —Fenomenal. —Sonrío con los dientes apretados—. Tiene que ver con primas de seguros. No tengo ni la menor idea de ese asunto y él lo sabe. Ya hablaremos sobre cuándo quieres reincorporarte.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? han dicho que puedo empezar a recordar en cualquier momento. —Vale.94 - . Bueno. encantado. Ni siquiera se ha molestado en esperar a que yo no pudiera oírles. Le sostengo la mirada con toda la frialdad que puedo. Un papiro egipcio no me resultaría más misterioso. me desplomo en la silla y me cubro la cara con las manos. —Me dirige una sonrisa condescendiente—. me . —Ahora adopta un tono compasivo—. —Sí. Lexi. Lexi. Me ha encantado verte. Toda mi euforia se ha volatilizado. Me acerco de puntillas. ¡No te preocupes por nada! —Bueno. abro una rendija y pego el oído. Byron. Salen los dos y oigo que Byron le está diciendo: —Dana. ¿tienes un momento? Tenemos que hablar. he de salir pitando a un almuerzo. —Le da unos golpecitos a la botella. Ordeno los papeles de mi escritorio para ganar tiempo. La posibilidad de que tu mente se quede en blanco para siempre. —Ajá. Saco al azar un papel del montón. Yo me hago cargo de todo. —Quizá… puedas tomar tú una decisión —digo por fin. —Dana consulta su reloj—. al frente del departamento… He mantenido antes una charla con Simon Johnson —le suelto para rematar.

—Intento reír—. —Me parece que ya han salido todas. Ni a Carolyn. Con un profundo suspiro. Gracias. voy contigo —le digo entusiasmada—. ¡Debs! Pero las puertas ya se están cerrando. Con Fi. Byron. —¡Quiero decir si podemos charlar un rato! Si es que no estás ocupada… —En realidad. No la veo por ningún lado. Suena tan… distante. Pero ahora mismo lo único que me importa es ver a mis amigas. ¿no? ¿No? Llego a la planta baja y poco falta para que me caiga de morros en medio del vestíbulo.95 - . Muchas gracias. Vale. Y la situación me tiene algo asustada. salgo corriendo. paso junto al escritorio de Clare y entro en la oficina principal del departamento. ¿Siguen haciendo en Morelli's esos panini tan deliciosos? —Lexi… —Fi. salvo que haya cambiado. iba a salir a almorzar. ¿Querías algo? —No. ¿Podemos hablar? —Claro —dice. Me muero por un chocolate caliente. Tengo que hablar con alguien. sí. —Ah. soy la jefa… Pero también puedes seguir siendo amiga de tu jefa. voy enseguida… Cuelgo y cojo un trozo de papel. Los pensamientos se agolpan en mi mente mientras abro la puerta de la escalera y empiezo a bajar a toda prisa con un redoble de tacones. soy yo! Lexi. escribo: «Dale curso a todo esto. Tras un instante de duda. —Procuro disimular mi desconcierto—. —Parece sorprendida—. dejo el documento en su sitio. ¿vale? —Me acerco más el auricular y bajo la voz—. —Vale. Lexi. Fiona Roper al habla. ¡Ahí están! Carolyn y Debs se dirigen hacia las puertas de cristal. Deben de esperarme en el vestíbulo. —¡Fi. Recojo el bolso y el maletín. Levanto el auricular y marco el 352: su extensión. gracias. Como en los viejos tiempos. Estoy segura de que me ha oído. Ni a Debs. Sabían que iba con ellas. Lexi —me dice una chica—.» Sé que estoy poniéndome en sus manos. tengo que hablar contigo. —Hola. He quedado con Fi para almorzar… —Miro alrededor. Me ha oído. ¿Quieres que vaya a tu despacho ahora? ¿O le pido cita a Clare? Se me cae el alma a los pies. muy formal—. —Suelos y Alfombras. Doy media vuelta y empiezo a cruzar el pasillo tan deprisa como me lo permiten mis tacones… Justo para ver cómo desaparece Debs en el ascensor. Espérame un segundo. bueno. Se te han escapado por los pelos. ¿Me están evitando? ¿Qué coño ha pasado en estos tres años? Somos amigas. Yo… no me acuerdo de nada.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? parece… ¿Cómo llegué a aprender estas cosas? ¿Cuándo? Me siento como si hubiese despertado en la cima del Everest sin saber siquiera lo que es un crampón. Fi va . —¡Espera! —grito echando a correr—.

lo que significa que está haciendo un esfuerzo para no reírse. Carolyn se quita las gafas para limpiarlas con su camisa blanca. He sufrido un ataque de amnesia y no recuerdo… ¿Tuvimos una pelea o algo así? —No. Debs juguetea con su colgante de plata mientras el viento alborota su pelo rubio. —Fi se encoge de hombros. Fi. Debo de tener un aspecto estrafalario. Hola. —Entonces no lo entiendo. —¡Eh! —chillo—. —¡No quiero que me perdonéis la vida! —Me sale un tono más cortante de lo que querría—. Lexi. —Fi parece incómoda—. vamos a dejarlo así. ¿por qué no has respondido a mis mensajes? ¿Hay… algún problema? Ninguna responde. Hicimos karaoke… ¿Os acordáis? Fi suelta un resoplido y arquea una ceja mirando a Carolyn.96 - . —Hago un esfuerzo para sonreír—. —¿Por qué no? —El corazón me va a cien mientras trato de conservar la calma—. Pero necesito que me digáis la verdad. —Chicas. Si he de serte sincera. Chungo Dave me dio plantón. Si no nos peleamos. Eso no tendría importancia si tú fueses… —Se interrumpe y mete las manos en los bolsillos. —De eso hace mucho. Lo último que recuerdo es que éramos íntimas y salíamos juntas un viernes. estás enferma y nosotras no queremos darte un disgusto… —Venga. ¡Esperad! Corro y las alcanzo por fin en los escalones del edificio. ¡Dilo! . —Ah. suspirando—. pero percibo un tono dolido en mi propia voz—. Lexi. —Las miro a las tres. —¿Qué pasa? —Trato de parecer tranquila. Es sólo… que ya no salimos contigo. —Creía que íbamos a almorzar juntas —digo jadeando—. —¿Y qué ha pasado desde entonces? —Mira —dice Fi. Tú has tenido un accidente. estoy fuera de onda. —Las miro una a una. Casi veo las burbujas de sus pensamientos yendo de una a otra. estoy bien. vamos a tomarnos un sándwich juntas. es porque eres… —¿Qué? —Miro las caras de las tres. suplicante—. rehuyendo mi mirada—. corriendo como una posesa con mi traje chaqueta y mi moño de ejecutiva. ¿Porque soy la jefa? —No es eso. Tenéis que echarme una mano. Ya no somos amigas. desesperada—. Por favor. Ninguna de las tres me mira a los ojos. ¡Te he dicho que iba con vosotras! Se hace el silencio. ¡Olvidaos del accidente! No soy ninguna inválida. Nos tomamos unos cócteles de banana.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? delante. Pero ya no sé leer esas burbujas. —Debs le lanza a Fi una mirada de síguele-la-corriente. —Fi suelta un bufido. perpleja—. ¿cuál es el problema? ¿Qué ha sucedido? —No ha pasado nada.

Me quedo helada. Pero no almorzamos ni salimos contigo. —Pero yo nunca… ¡Yo no soy así! —Ahora sí —me corta Carolyn. como siempre que se siente incómoda—. como si me hubiera abofeteado. Lexi —dice Fi con los ojos en blanco. No. buenísima. No puede ser. —Carolyn rezuma sarcasmo—. y nosotras al nuestro. —Tú lo has preguntado. —Lexi —me dice Fi casi con amabilidad—. Nos sometes a inspecciones sobre nuestros gastos… En fin. ¡Soy amiga vuestra! Nos divertimos juntas. Nos penalizas si llegamos tarde. —No soy una bruja —logro decir con voz temblorosa—. ¡Soy yo! ¡Lexi! ¡La Dientotes! ¿Es que no os acordáis de mí? Fi y Carolyn se miran. Miro desesperada esas tres caras que conozco tan bien (o que creía conocer) buscando algún signo de complicidad—. ¿Bruja tiránica? ¿Yo? —No… no lo entiendo —tartamudeo—. Tú vas a tu aire. Muchas gracias. ¿No soy buena jefa? —Uy. Me arden las mejillas. Por eso ya no salimos juntas. —Una engreída gilipollas. —Una bruja repulsiva y tiránica sería más exacto —musita Carolyn. diversión de la buena en Suelos y Alfombras. Escucha. nos ponemos ciegas… —Me asoman las lágrimas. Con las piernas temblando. me doy media vuelta y me alejo.97 - . Turulata. . herida—. tú eres nuestra jefa.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Fi se encoge de hombros. Y nosotras hacemos lo que nos dices. —Se coloca el bolso en el hombro y suspira—. ven hoy si quieres… —No —le digo. Nos cronometras el tiempo del almuerzo. sí. salimos a bailar.

Me envuelvo con una toalla limpia y entro de puntillas en el dormitorio. Todo pequeñito: no hay tallas grandes en este guardarropa. Ahora entiendo por qué los ricos son tan delgados. Ahora es media tarde y estoy en la bañera. Vuelvo sobre mis pasos y me dirijo al vestidor. Pero es mi marido. aunque iba cantando al mismo tiempo la ópera que atronaba por los altavoces. —¡Hola. No puedo parar de pensar. ningunos zapatones grandotes.98 - . no he de cocinar. Durante el trayecto a casa. Y la tostadora. pero ellas se apresuraron a sacarme de allí y acabé refugiándome en el baño. aún tuve fuerzas para hablar con Gianna de los preparativos de la cena y para aguantar un rato a mamá. Él puede verme. Jolines. Es por las excursiones que tienen que hacer a lo largo y ancho de sus mansiones. Es normal. Al volver al dormitorio. para tonificarme. Escojo un vestidito negro. Lexi! ¡Arggg! Casi doy un salto del susto. permanecí en el taxi sumida en una especie de trance. Cuando llegué. Dentro de una hora llegarán los invitados. En mi piso de Balham podía alcanzar el armario sin moverme de la cama. ¿Será posible que me haya convertido en una bruja en estos tres años? ¿Pero cómo? ¿Y por qué? El agua empieza a ponerse tibia y me decido a salir. La gran pantalla que hay a los pies de la cama se ha activado de repente y muestra una imagen gigantesca del rostro de Eric. «Soy una bruja repulsiva. Al llegar. Ningún jersey holgado y mullido. Por lo menos. Gianna estaba muy liada en la cocina con una de sus sobrinas. pero no me soporta. me estremezco. Pero no he parado de darle vueltas a lo mismo en todo el día. Todo minimalista y bien ceñido. me recuerdo. Había fuentes de sushi y canapés en todos los estantes de la nevera y un aroma delicioso a carne asada. Me tapo los pechos con las manos y me acurruco detrás de una silla. dejo caer la toalla al suelo. Intenté colaborar (el pan de ajo me sale bastante bien). que llamó para contarme su última trifulca con el ayuntamiento a cuenta de los perros. ¿Qué coño ha pasado?» Cada vez que recuerdo el tono mordaz de Carolyn. . Estoy en pelotas. Y la televisión. Me froto bien con la toalla. Dios sabe qué le habré hecho.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 10 Estoy como aturdida por el shock. unas braguitas negras y unos zapatitos de raso. Mis amigas me odian. Ya son las seis. Y ya ha visto todo lo que había que ver.

—Dispara. O una bruja tiránica. —Espera. Ahora sí te veo. y a mis amigas… —La voz se me ahoga y me sube el repentino calor de la humillación. —Fi me ha dicho… —Me cuesta horrores repetir esas palabras—. querida. tú eres una persona centrada. Bueno. Quizá se le han cruzado los cables a alguien. es imposible que seas horrible. Lo meto todo debajo de la funda nórdica. todo se arreglará… —Diría. —Sonríe—. ¿Todavía puedo describirlas como amigas? —¡Excelente! —No creo que Eric me escuche siquiera—. ¿Todo listo para la cena? —¡Eso creo! —¡Magnífico! —Su enorme boca pixelada se distiende a cámara lenta en una gran sonrisa—. será un malentendido. pero él sí me conoce. Eric —le digo con un impulso repentino. —¡Lista! —Me acerco a la pantalla y le doy a cámara. ¿Es cierto? —¡Claro que no! —¿De veras? —Siento una punzada de esperanza—. que eres… dura —añade. Parece tan convencido que me siento muy aliviada. Una cosa que he aprendido enseguida es que a Eric no le gusta que haya cosas tiradas por el suelo. —Eric. Tal vez no lo conozca apenas. pongo un almohadón encima y aliso la cama rápidamente. aliviada—. Ahora ya tendrías que empezar a arreglarte. ¿Qué tal por la oficina? —¡Genial! —acierto a decir con falso entusiasmo—. Tiene que haber una explicación. ¿me estás viendo? —pregunto con voz chillona. Me ha dicho que soy una bruja. cariño —responde asintiendo. La pantalla se apaga y me quedo mirándola con desasosiego. —Retrocede un poco —me dice Eric. Nos vemos luego. Manejas tu departamento con mano firme. Sus movimientos en la pantalla son lentos y entrecortados. Es mi marido. —Ahora mismo no —dice riendo—. He visto a Simon Johnson. —¿Quieres decir «dura» en el buen sentido? —Procuro sonar indiferente—. más . Ningún tipo de desbarajuste. Un segundo… Me pongo una bata y me apresuro a recoger toda la ropa que he dejado tirada por la habitación. Digamos… ¿dura. Me quiere. y a todo el departamento. Has de poner el mando en cámara. obedezco—. Y si hay alguien a quien debo confiarle mis problemas y que puede tranquilizarme es él. Una persona motivada. Nos vemos luego. pero simpática y agradable? —Querida. Y ahora he de dejarte. O en las sillas. —¡Ah. vale! —respondo. ¿Dura? No me gusta nada cómo suena. En realidad. ¿No soy una horrible y repulsiva bruja tiránica? —Cariño. eso sí. La sonrisa de alivio se me congela.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Sólo que a mí no me lo parece. ya sólo me queda una reunión y voy para casa. Eres una jefa de primera.99 - .

—¡Estás preciosa! —¡Gracias! —Noto un rubor de placer y me paso la mano por el pelo. El sistema de «iluminación inteligente» de esta habitación es mágico. O sea. Ha pasado por aquí la florista y hay ramos de lirios y rosas por todas partes. un vestido ceñido que me queda perfecto y unos pendientes de diamantes.» Retrocedo un paso y las luces cambian automáticamente: en lugar de los focos del espejo ahora brilla una luz más global. ¿Te parece un sitio adecuado? — Su sonrisa no se altera. ¡Incluso hay tarjetas con los nombres de los invitados en una preciosa caligrafía! Eric me dijo que sería «una cenita informal». Como si fuese a aparecer un rótulo en la pantalla: «Ferrero Rocher. un matrimonio maravilloso y un apartamento de narices.100 - . señor inteligente!» Cuando Eric no está. Quizá con diez mayordomos de guante blanco. Mierda. Ha pasado una hora y he recuperado un poco el ánimo. Llevo un moño de primera. Para los grandes momentos. tiene una pinta como para caerse de culo.» «Gas Nacional. por supuesto. quizá Byron quiera quitarme el puesto. La cuestión es que sigo siendo la chica con más suerte del mundo. Al acabar. —¡Cariño! Doy un respingo y me vuelvo. Tú maletín está en el vestíbulo. A mí me encanta despistarlo corriendo de un lado para otro y gritando: «¡Ja! ¡Te pillé. —Una cosita. Quizá me haya enfadado con mis amigas. Calcula tu posición con unos sensores de calor y se ajusta por sí solo. Calor y confort en su loft chachi de un millón de libras. Puedo arreglar las cosas con Fi y las demás. Estaba tan agitada al llegar que no me he dado . Dura. Eric asoma por la puerta con su traje de ejecutivo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? alarmada que nunca. Me he puesto la cadena con el diamante que me regaló Eric y me he echado litros de un perfume carísimo. Me aplico un pintalabios Laucóme con cuidado. ¿No es otra manera de decir «bruja repulsiva y tiránica»? Sea cual sea la verdad. Tengo que ver las cosas con perspectiva. completamente extendida. Parezco recién salida de un anuncio. Quizá las cosas no sean tan perfectas como había creído. Me lo habré dejado allí. Y he tomado de extranjis una copita de vino que me ha ayudado a verlo todo de otra manera. está cubierta de plata y de cristal y tiene un centro de mesa como en las bodas. nena! Esta noche. quizá yo no tenga ni idea de quién es Tony Dukes. no debo permitir que esto me afecte. pero percibo irritación en su voz. A saber cómo será una cena formal de verdad. La mesa de la cena. Pero todo eso puede arreglarse. más que nunca. me observo detenidamente en el espejo. Y puedo buscar en Google quién es Tony Dukes. Puedo aprender otra vez a hacer mi trabajo. ¡echa un vistazo. Tengo un marido despampanante.

ya lo creo. Totalmente pasado. —Me alcanza una copa de vino tinto—. Y ahora busca algo más sensato. sombría… Repaso la lista rápidamente. Me lo trago por fin y asiento con aire entendido. Con esto puedes anular el sistema. ¡Has dejado todo el apartamento con luz estroboscópica! ¡Gianna por poco se corta un brazo! —¡Ay! Perdón. —Su rostro es un remolino psicodélico—. —Bueno. Lectura… Disco… Eh. Perdona. Si te paras a pensarlo. —Se da media vuelta y desaparece. ¡No me habías contado que teníamos estas luces tan chulas! ¡Qué pasada! —Nunca las usamos. Asqueroso. —Parece algo ofendido—. —Me recupero sobre la marcha—. A ver qué opinas. Entro en la sala. —¿Sabes?. Una cosecha excelente. Escoge la modalidad que desees. Hay infinitas posibilidades a nuestro alcance. Con sabor a corcho. Día resulta muy intensa. ¿no? Vale. —Ya lo quito —me apresuro a decir—. Completamente caducado. Es Chateau Branaire-Ducru. ¿Qué narices voy a decir? Lentamente. —Eric —lo llamo. me parece una ex… —Espantoso ¿no? —Me interrumpe—. —Me pasa el mando a distancia—. ¿Podríamos ajustar la luz de manera que permaneciera igual toda la noche? No sé si será posible… —Todo es posible. No: de grosellas. doy un sorbo y lo paseo por la boca mientras busco en mi cerebro palabras de esa jerga que usan los chiflados del vino. Dejo la copa en una mesita y la iluminación inteligente se ajusta de nuevo. Por los pelos. busco iluminación en el mando y empiezo a probar modalidades. —Procuro aparentar seguridad—. son todo chorradas. con mucho cuerpo y un suave matiz de fresas salvajes. despejamos . Sabor a roble. por el amor de Dios. demasiado oscura. —Busco a tientas el mando y pulso botones hasta que volvemos a iluminación disco—. En eso consiste justamente el estilo de vida loft. sin manifestar mi exasperación—. Pero antes prueba esto. ¡Es igual que una disco! ¿Cómo no me lo había dicho Eric? Quizá también tengamos hielo seco y una bola de espejo… —¡Santo Dios. ¡Aggg! —Hago una mueca—. Cine. Lo compramos en el último viaje a Francia. Lexi! ¿Qué demonios haces? —La voz de Eric me llega desde el otro lado de la sala parpadeante—. Correoso. un momento. ¿Cómo es posible que no las usemos? ¡Qué desperdicio! ¡Tengo que invitar a las chicas y montar una fiesta monstruo! Un poco de vino. De inmediato.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? ni cuenta. Yo voy a elegir el vino. «¿Pasado?» —Oh… sí. Ahora probemos estroboscópica. Ahí tienes. Cómo no. Relax. ¿Luces de discoteca? Pulso el botón y me echo a reír cuando la sala se llena de vibrantes haces de colores. —Estupendo —asiente—. toda la sala parpadea en blanco y negro y me lanzo alegremente a bailar al estilo robot alrededor de la mesita de café. cosas para picar. Voy a decirle que es de una magnífica cosecha.101 - .

Al cabo de muy poco tengo los oídos zumbando y me siento mareada. averiguaré qué ha ocurrido y luego me reconciliaré con ellas. Una rara expresión cruza su rostro. —Jon es nuestro espíritu creativo —me explica Eric. —¡Hola…! —empiezo.102 - . Son mis amigas. Luego asiente. hace aquel gesto con las manos. y desaparece enseguida de mi vista. —Exacto. caras idénticas e incluso esposas idénticas. La cabeza me da vueltas. Suki y Pooky. Es él quien tiene el talento. ponemos el volumen a tope… Y entonces me acuerdo de todo y se me encoge el corazón. mi arquitecto —dice. —¡Estoy tomando un poco el aire! —Déjame presentarte a Jon. se ponen a hablar de unas vacaciones en la nieve que pasamos una vez juntos. Contemplando la vista de Londres. sólo un tipo manso y trajeado). que desliza la puerta corredera y se asoma desde el interior. me siento irreal. Una especie de decepción. ¡Eh. Eso no va a ocurrir por ahora. pero me interrumpo en el acto—. y le abre paso a un tipo moreno vestido con tejanos negros y una chaqueta gris marengo de lino. Yo quizá posea instinto comercial. qué más da. nosotros nos conocemos! —exclamo. El tipo del coche. Desinflada. Mick. Tú eres el tipo del coche. casi aliviada al ver una cara conocida—. O quizá nunca. Gianna sirve las bebidas y su sobrina los canapés. No voy a rendirme. —¡Cariño! ¡Conque estabas aquí! Me doy la vuelta y veo a Eric. Había pensado quedarme con las caras y los nombres de los invitados con técnicas de memoria visual. me acerco a la ventana y contemplo la calle. Salvo Rosalie. pero él ha creado el estilo de vida loft. por lo visto. Todo parece bajo control. En cuanto llegan.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? la sala. Mientras pronuncia estas palabras. así que farfullo una excusa al tipo calvo que me estaba hablando de una guitarra de Mick Jagger que acaba de comprar en una subasta benéfica y me deslizo furtivamente a la terraza. y con unos nombrecitos como Greg. mientras le da unas palmadas—. Yo le doy sorbos a mi copa y sonrío sin parar. Es como si interpretase el papel de una chica con un vestido de noche que se asoma con una copa de champán al balcón de un loft de ensueño. como . Cae un crepúsculo gris y azulado y empiezan a encenderse las farolas. me presenta a su marido Clive (no parece un monstruo. Me lleno los pulmones de aire fresco un par de veces. que llega como una exhalación. pongo las luces en zona de recepción 1: una modalidad que no está ni bien ni mal. Estoy decidida. y entonces se presentan otros diez invitados y ya no tengo ni idea de quién es quién. Dejo el mando. Pero mi plan naufraga a la primera cuando los tres compañeros de golf de Eric aparecen juntos con trajes idénticos.

nada. —No. —¡Exacto! Eric ha incluido un apartado entero… —Me interrumpo. ni siquiera lo conozco. pero tiene algo que me enerva. con una copa en la mano—. —Lo miro. —¡Genial! —Procuro sonar entusiasmada. —Ahí está Graham. Y Eric me ayuda un montón. ¡Los canapés son espectaculares! —Ah… ¡gracias! —Me avergüenza recibir elogios por algo que no he hecho—. extrañada. Le ha entrado un tic en la nariz—. —Créeme —responde por fin—. un manual. Si no. —Eric ni siquiera nos está escuchando—. ¡Me salvaste la vida! —Me vuelvo hacia Eric—. perdonad… —Vuelve a entrar en el apartamento y me deja sola con el arquitecto. Pero por mucho que sea el negocio de Eric. se dispone a hablar… Y entonces se abren las puertas a su espalda.103 - . ¿Cómo va? ¿Aún no recuerdas nada? Meneo la cabeza. cielo. —Debe de ser muy raro. Su boca se crispa como si estuviera aguantando la risa. Hasta me ha escrito un libro para refrescarme la memoria. pero quise probar el coche y por poco me estrello contra la pared. Se lo he dejado todo al pobre Eric. También para Eric resulta difícil. —¿Un manual? —repite Jon. lo del «estilo de vida loft» me está empezando a hinchar las narices. ¿O eso no se te había ocurrido? Se hace un silencio. —¿Qué tiene de malo un manual conyugal? —me oigo preguntarle. —Sí… pero me voy acostumbrando. dando un trago—. Es una idea muy sensata. Debo hablar con él un momento. —Nada. Pero tienen un aspecto maravilloso. Y nos ha ayudado mucho a los dos. Jon me salvó por los pelos. —Gracias otra vez por lo del otro día —le digo a Jon con una sonrisa educada— . tal vez no sabrías cuándo tenéis que besaros. Dios —digo con remordimiento—. ¿O sea que lo encuentra divertido?—. —Desde luego —dice él. El humor se ha evaporado de su rostro. cariño. —Fue un placer—repone él. Sí se me ha ocurrido. .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? poniendo ladrillos. —No tengo ni idea. —Ay. No sé qué pasa con este tipo. ¿Os conocéis? —prosigo mientras volvemos dentro. ¿En serio? —Sí. Organizado por temas y todo. Será mejor que entremos. Y Eric dice que la cena está a punto. Un manual conyugal. En absoluto. ¿Están buenos? Ella me mira perpleja. Apura su copa y se la queda mirando unos instantes. Luego levanta la vista. tener una esposa que no recuerda nada de él. El manual aborda todo tipo de cuestiones —añado con tono glacial—. es decir. Aún no los he probado. ¿sabes?. —Sacude la cabeza con seriedad—. —¡Lexi! —Rosalie se acerca tambaleante. No te lo conté.

teníamos camisetas y una furgoneta con el logo de la manzana. fenomenal. me siento como si estuviera viviendo un sueño extraño. cariño! —Una mujer de pelo muy negro me arrastra a un lado—. —¿Horrible? —repito asombrada—. Por si Christian pregunta. mujer. Estoy muerta de miedo. orgullosa—. ¿Verdad. ¿Y qué tal fue? —Empezó muy bien. se negó.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Jon y yo somos viejos amigos —comenta Rosalie con dulzura—. claro. bla. —Sí. vale. —Rosalie me pone una mano en el brazo—. Y Clive cree que es el no va más. ése es el problema con las obras benéficas —prosigue con aire sombrío—.104 - . —Nos vemos luego —dice. Veo cómo destellan las joyas y percibo el rumor de las risas y tengo de nuevo una sensación de irrealidad. Los funcionarios no quieren tu ayuda y te ponen toda clase de trabas. Un visionario que gana premios y bla. ¿no te parece? —Eh… sí. —¡Lexi. riendo y charlando y dando gritos. Se me ocurrió a mí sola. entre saludos y sonrisas. —Se sacude el pelo—. La idea era darle. —Sí. La que tiene ganas de mondarse ahora soy yo. —Ah. Repartimos miles de manzanas. —No debes preocuparte. —¡Qué lástima! —Me muerdo el labio. ¿De veras pasamos el día juntas? . ¿Vale? —¿Ah. ¡Qué espanto! ¿En qué consistía la campaña? —Se llamaba Una Manzana al Día —me explica. una manzana a cada alumno de un barrio deprimido de Londres. querido? Jon asiente y se apresura a cruzar las puertas de cristal. Veinte caras desconocidas. Mientras busco mi sitio en la larga mesa de vidrio. supuestamente. que se sienta enfrente. Cuando le pedí el año pasado que hiciera una donación para mi campaña benéfica. Todo el mundo se irá poniendo de pie y se presentará durante la cena. —¿Cómo que se echó a reír? —me escandalizo—. bla. ¡Fue tan divertido! Hasta que el ayuntamiento comenzó a mandarnos unas cartas del todo estúpidas sobre la fruta supuestamente tirada en la calle y los bichos que generaba. ¡En absoluto! Es mentira. Mi marido. Cielo. Y yo tengo la sensación de no haberlos visto en mi vida. —¡Qué tipo más horrible! —comenta Rosalie con una mueca. A Eric le cae muy bien. pareces asustada. el quince y el veintiuno pasamos todo el día juntas. ¡Una manzana llena de maravillosos nutrientes! Sencillo y genial. Pero es el tipo más grosero que he conocido en mi vida. ¿Tienes un minuto? —dice casi susurrando—. —Me señala al calvo de la guitarra de Mick Jagger. Cruzamos las puertas correderas y observo a toda la marabunta. —¡Qué va! —Consigo sonreír—. —Arruga la frente—. una vez al año. ya —dice con desdén—. —¿Sabes?. Eric y yo tenemos un plan. Oye. Peor aún: se echó a reír. y desaparece. sí? —respondo sin comprender. Todos me conocen. Éstos son mis amigos.

El tipo vuelve a sentarse y se incorpora la chica de su lado. —¡No voy a contarlo en público! —dice Rosalie. —¿En serio? —respondo casi conmovida—. ¡Claro que sí. soy Rosalie. Uau. . Lexi —me dice. ¿De golf? ¿De billar?—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Claro! —dice tras una pausa—. —Sonríe y vuelve a sentarse. —Nadie lo sabe a ciencia cierta —responde Eric con gravedad—. ¿El siguiente? ¿Charlie? —Soy Charlie Mancroft. Pero. Imagino que nuestro hecho memorable debe de ser aquella vez que fuimos todos a Wentworth. que se pone en pie de un salto—. Montgomerie hizo un birdie en el hoyo dieciocho. lo cual significa que no anda muy bien de memoria. tu mejor amiga. —Un hombre de aire tosco se levanta al lado de Rosalie y me hace un gesto—. saludándome con la mano—. no! —¡No. el hecho más memorable es el día de tu boda. —Muy bien —dice Eric. decís vuestro nombre y contáis algún hecho memorable que hayáis compartido con ella. sentado frente a ella—. cariño! Me aprieta la mano y se aleja.105 - . y esbozo una tímida sonrisa. Bienvenidos. Para mí. Lo que os propongo es que cada uno de vosotros se presente otra vez a Lexi. si no pasa nada! —continúa alegremente—. Una jugada increíble —añade. ¡Llevaré el mismo vestido que tú! ¡El mismo modelo de Vera Wang. fue inolvidable. no. —Como sabéis. yo creía que Matthew me lo propondría aquel día.» En realidad. Pero debemos intentarlo. Lexi y yo estamos encantados de teneros aquí. y se me queda mirando. —¡Por favor. la verdad. Os ponéis de pie. Y nuestro recuerdo más memorable fue aquella vez cuando nos depilaron a la cera y la chica se entusiasmó más de la cuenta… —Ríe tontamente—. La cara que pusiste… —¿Qué pasó? —pregunta una chica toda de negro. Soy Natalie. —¡Fue un día tan feliz! —Se muerde el labio—. ya lo sabes. Lexi sufre aún las secuelas de su accidente. ¡Ahora sí estamos prometidos! ¡Sólo han hecho falta tres años! —Me muestra su diamante de compromiso—. Todos se vuelven hacia mí. ¿Quién empieza? —¡Yo! ¡Yo! —Es Rosalie. —¡Claro! —No sé de qué me habla. —¿Qué dicen los médicos? ¿Esto podría servir para estimular su memoria? — pregunta un tipo que tengo a mi derecha. El tipo que tiene delante suelta una risita. Lexi. —Se le tensa la sonrisa. pero no lo hizo. Eh… muchas gracias. —Sonríe con tristeza. —Damas y caballeros… —Eric se ha puesto de pie en la otra punta de la mesa y todas las conversaciones se apagan mientras la gente toma asiento—. que se ha quedado a cuadros—. pero su esposa lo hace callar de inmediato—. muy digna—. —Hola. a la fiesta de la empresa. ¡Otra vez con esa historia. Natalie! —refunfuña un tipo. Estabas preciosa y yo pensaba: «Así me gustaría estar a mí cuando me case.

¡Qué maleducado! —¡Lexi! —dice Eric sonriendo—. Natalie! —la interrumpe Eric—. ¡No hace ninguna falta! —Quiero hacerlo —insisto—. ¿Qué hay de tu recuerdo más memorable? Jon me examina con sus ojos oscuros e intensos. ensalada de rúcula y peras al horno mientras charlo con un tal Ralph sobre su divorcio. —Sonrío en torno a la mesa—. Algún momento especial que hayáis compartido… Todos los ojos están fijos en él. Gianna me mira perpleja. extiende las palmas de las manos. ¿Algún poleo menta? —Te echaré una mano —dice Jon de repente. sigamos. Pero. Verla trajinar cargada de fuentes alrededor de la mesa me ha ido poniendo cada vez más incómoda. que vuelve a fruncir el entrecejo y se encoge de hombros. incorporándose. supongo. Soy Jon. Ya has trabajado demasiado esta noche. —Bueno. en fin. Pero bueno. Gianna. Jon —insiste ansiosamente una chica—. Gianna y su sobrina nos sirven un carpaccio de atún. Ni el modo que ha tenido de ladrarle ese tipo horroroso llamado Charlie porque quería más agua. No importa. —Hola —dice con su voz seca—. está bien —interviene Eric con impaciencia—. Luego retiran los platos y Gianna recorre la mesa anotando los cafés. —¿Y? —Lo anima Eric—. ¡A lo mejor sirve para estimular su memoria! —Lo dudo —responde él con media sonrisa. Vale. —¡Cualquier cosa! —dice Eric para alentarlo—. . —Tiene que haber algo. El que quiera café. Tampoco me ha gustado que los invitados no la miren siquiera mientras se sirven. Cuando todos se han puesto de pie y han contado su anécdota. Al fin. —No recuerdo nada—concluye—. frunce el entrecejo y bebe un sorbo de vino. —Se queda callado. es un comienzo. Tómate un respiro. No me refería a eso cuando le he dicho que se tomara un respiro. Siéntate. gracias. y se encamina hacia mi dormitorio seguida de su sobrina. —Del café me encargo yo —digo levantándome—. Vamos a continuar. como si se estuviese concentrando. —Bueno —respondo desconcertada—. Se rasca la nuca. —No se me ocurre nada. —Iré a prepararle la cama —dice al fin. se pone en pie. —¿Nada? —Me siento un poco picada. Nos hemos visto antes. —Vale. Jon.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? en blanco! —¡Muy bien. Nada que pueda contar. que levante la mano… —Empiezo a contar—. Yo puedo preparar perfectamente unas tazas de café. sentado frente a mí.106 - . De veras. ya no me acuerdo de los que han hablado primero. ¿Jon? Tu turno. Gianna.

Y entonces tuviste el accidente. ¿No tendrás un poco de agua con gas por ahí? —Aquí tienes. Jon sigue mi mirada. —No sé cómo decírtelo —empieza—. —Vale. . mientras me esfuerzo por recuperar la compostura—. ¿No has venido a ayudarme? Por fin se detiene y me mira con una expresión rarísima. ¿verdad? Ni siquiera parece oír la pregunta. —Se da media vuelta y empieza a pasearse de nuevo. —¡Lexi! —Aparece un tipo de cara colorada—. —¡Marchando! —acierto a graznar. Se hace un silencio: el silencio más espantoso que he soportado en mi vida. Por un momento se me van los ojos hacia el manual conyugal. —Supongo —dice secamente— que yo no figuro en ese manual. La puerta se cierra otra vez. medio irritada—. ¿De verdad no lo recuerdas? ¿No es una broma que me estás gastando? —¿Recordar qué? —le respondo. no pretendía ser grosera. —¿Hola? —Le hago señas—. Enseguida me tapo la boca. —Le pongo un par de botellas en las manos. Luego me pongo a buscar las tazas por los armarios. Vuelve a acercarse—. Ésta es la cuestión: te quiero. Rosalie desaparece y la puerta de la cocina se cierra sola. se me acerca y me mira fijamente—. Jon hunde las manos en los bolsillos. Supongo que tú no sabrás dónde están las tazas. Jon se pasea de un lado para otro.107 - . hablando rápido—. —Perdona. como si fuese a encontrar allí la respuesta. pero… ¿dejar a Eric? ¿Por ti? Antes de que pueda reaccionar. lleno el cazo y enciendo el hornillo. mientras se pasa las manos por el pelo. Quizá tenemos un juego especial para este tipo de cenas. —¿Te encuentras bien? —le pregunto por fin. —No… no entiendo —alcanzo a decir. como sumido en una ensoñación y sin ayudarme en lo más mínimo. flipada. Entretanto. ¿Qué significa «amantes»? ¿Me estás diciendo que teníamos… una aventura? —Llevábamos viéndonos ocho meses. Ni decir palabra. Estabas planeando dejar a Eric.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Me dirijo hacia la cocina. —Estabas a punto de decirle a Eric que no podías seguir con él —me dice. las puertas vuelven a abrirse. —¿Cómo? —Y tú me quieres a mí —añade sin darme tiempo a reaccionar—. habíamos hecho planes… —Se interrumpe y da un profundo suspiro—. No puedo mover una ceja. Se me escapa una risita. Somos amantes. Ibas a dejarlo. Así que te lo voy a decir sin más. —Tiene sus ojos oscuros fijos en mí—. que sigue sobre el mármol. Consulto un momento el manual conyugal. — Respira hondo. pero no encuentro nada. —¡Cielo! —La puerta se abre de golpe y Rosalie asoma la cabeza—. Vale. luego parece cambiar de idea. Dos poleos más y un descafeinado para Clive.

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

Está muy serio. Cree de verdad lo que me está diciendo. —¡Pero eso es absurdo! Por un instante me mira como si lo hubiera abofeteado. —¿Absurdo? —¡Sí, absurdo! Yo no soy del género infiel. Además, tengo un gran matrimonio, un marido fantástico, soy feliz… —Tú no eres feliz con Eric —me interrumpe—. Créeme. —¡Desde luego que sí! —replico asombrada—. ¡Es encantador! ¡Es perfecto! —¿Perfecto? —Da la impresión de que se está reprimiendo para no pasarse de la raya—. No tiene nada de perfecto, Lexi. —Pues se acerca bastante —le digo, nerviosa. ¿Quién se habrá creído que es este tipo para venir a soltarme en medio de la cena que es mi amante?—. Escucha, Jon… seas quien seas. No te creo. Yo nunca tendría una aventura, ¿vale? Tengo un matrimonio ideal. ¡Una vida de ensueño! —¿De ensueño, dices? —Se rasca la frente, como intentando ordenar sus ideas—. ¿Eso crees? Este tipo me está sacando de quicio. —¡Pues claro! —Le muestro la cocina con los brazos extendidos—. ¡Mira este sitio! ¡Mira a Eric! ¡Es fantástico! ¿Cómo iba a tirarlo todo por la borda por un…? Me detengo en seco al ver que se abre la puerta. —¡Cariño! —Eric me sonríe desde el umbral—. ¿Cómo van esos cafés? —Enseguida están —digo, aturdida—. Perdona, cariño. —Me doy la vuelta para ocultarle el rubor que me arde en las mejillas y empiezo a llenar la cafetera a cucharadas. La mitad se me cae fuera. Quiero que este tipo se largue ahora mismo. —Eric, he de marcharme —dice Jon a mi espalda, como si me leyese el pensamiento—. Gracias por esta magnífica velada. —¡Jon! ¡Genio! —Eric le da unas palmadas—. Hemos de vernos mañana, tenemos que preparar la reunión. —Por supuesto —responde él—. Adiós Lexi. Me ha encantado conocerte de nuevo. —Adiós. —Me obligo a darme la vuelta y dirigirle una sonrisa de anfitriona—. Encantada de verte. Él se inclina y me da un beso en la mejilla. —No tienes ni idea de tu vida —me dice al oído. Y sale de la cocina sin mirar atrás.

- 108 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

Capítulo 11
No puede ser. La luz de la mañana se cuela por las persianas; llevo un buen rato despierta, pero soy incapaz de levantarme. Contemplo el techo, respirando despacio. La teoría, supongo, es que si estoy lo bastante quietecita quizá se calme la vorágine que tengo en la cabeza. Por ahora ha demostrado ser una teoría muy chapucera. Cada vez que repaso lo ocurrido anoche siento mareos. Creía que me estaba adaptando a esta nueva vida, que todo empezaba a cobrar sentido. Y ahora es como si se hubiera abierto el suelo bajo mis pies. Fi dice que soy una bruja repulsiva. Y ese tipo va y me suelta que soy su amante secreta. ¿Qué más? ¿Va a resultar que soy agente del FBI? No puede ser. Y punto. ¿Por qué narices habría de engañar a Eric? Es atractivo, delicado, multimillonario. Y sabe conducir una lancha motora. Mientras que Jon es como… no sé, desaliñado. Como erizado de púas. En cuanto a esa frasecita: «No tienes ni idea de tu vida», ¡menuda cara, el tío! Yo sé un montón de cosas de mi vida, muchas gracias. Sé a qué peluquería voy, y qué pusieron de postre en mi boda, y con qué frecuencia nos acostamos Eric y yo… Está todo en el manual. Además, ¿no es de una grosería espantosa? Uno no se presenta y le espeta a una mujer casada «Somos amantes» mientras está dando una cena en su casa con su marido. En fin, al menos eliges otro momento. O le escribes una carta. No, una carta no… Bueno, lo que sea. Y deja ya de pensar. Me siento en la cama, aprieto el botón para subir las persianas y me paso los dedos por el pelo enredado, dándome tirones. La pantalla que tengo delante permanece apagada y un misterioso silencio me rodea. Después de vivir en mi piso de Balham, lleno de corrientes, se me hace raro este lugar tan hermético. Según el manual, no tenemos que abrir las ventanas porque eso distorsiona el sistema de aire acondicionado. Ese Jon debe de ser un psicópata. Seguro que se ceba en las personas con amnesia y les dice que es su amante, el muy descarado. Pero no hay ninguna prueba de que nosotros tuviéramos una aventura. Ninguna. No he encontrado nada que tenga que ver con él: una nota, una foto, un recuerdo. Claro que tampoco iba a dejarlo en medio para que Eric lo encontrase, ¿no?, dice una vocecita en mi interior. Permanezco unos momentos inmóvil, siguiendo el curso de mis pensamientos.

- 109 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

Luego, con un impulso repentino, me levanto y voy al vestidor. Me acerco al tocador y de un tirón abro el primer cajón. Está lleno de envases de Chanel perfectamente alineados. Lo cierro y abro el siguiente, atestado de pañuelos doblados. En el siguiente hay un estuche de joyas y un álbum de fotos de ante, vacío. Cierro el cajón lentamente. Incluso aquí, en mi rincón más íntimo, todo parece ordenado, esterilizado y como anulado. ¿Y el desorden? ¿Y los trastos, las cartas, las fotos? ¿Dónde están mis cinturones con tachuelas? ¿Y mis pintalabios de muestra, obsequio de alguna revista de cuarta? ¿Dónde estoy… yo? Me apoyo en los codos, mordisqueándome una uña. Y de repente tengo una inspiración: el cajón de las bragas. Si hubiera escondido algo, sería allí. Abro el armario, tiro del cajón y empiezo a hurgar entre un mar satinado de La Perla… Pero no encuentro nada. Tampoco en el cajón de los sujetadores. —¿Buscas algo? —Me vuelvo con un respingo y veo a Eric en el umbral. Me pongo roja como un tomate. Lo sabe. No, no seas estúpida. ¡Si no hay nada que saber! —¡Hola! —Saco las manos del cajón con toda la calma, o eso intento—. Estaba buscando… unos sujetadores. Vale, Lexi. Ésta es la razón principal de que no puedas tener una aventura. Mientes de pena. ¿Para qué iba a necesitar «unos sujetadores»? ¿Es que me han salido seis tetas? —Me estaba preguntando —continúo, medio aturullada—. ¿Hay más chismes míos en otra parte? —¿Chismes? —Eric arquea una ceja. —Sí, cartas, diarios, esas cosas. —Bueno, también está el escritorio del estudio. Ahí tienes todos tus archivos de trabajo. —Claro. —Se me había olvidado el estudio. O tal vez pensaba que era territorio suyo. —Una cena maravillosa, anoche. —Se adentra un par de pasos en el vestidor—. Te felicito, querida. No te habrá sido fácil. —Fue divertido. —Me pongo en cuclillas y jugueteo con la correa del reloj—. Había gente interesante. —¿No te resultó abrumador? —Un poquito —contesto sonriendo—. Todavía tengo mucho que aprender. —Ya sabes que puedes preguntarme lo que quieras. Para eso estoy —dice, abriendo las manos—. ¿Algo en concreto? Le devuelvo la mirada en silencio. «¿Sabes si me he tirado a tu arquitecto?» —Bueno. —Me aclaro la garganta—. Ya que lo preguntas… Estaba pensando… Nosotros somos felices juntos, ¿no? Formamos una pareja feliz… y fiel, ¿verdad? — Creo que he dejado caer «fiel» muy sutilmente, pero su oído aguzado la pesca al vuelo. —¿Fiel? —repite, con el entrecejo fruncido—. Yo nunca te he sido infiel, Lexi.

- 110 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

No me lo plantearía siquiera. Hicimos unos votos. Asumimos un compromiso. —Por supuesto. Sin duda. —No entiendo cómo se te puede haber ocurrido. —La verdad es que parece estupefacto—. ¿Te ha dicho alguien otra cosa? ¿Alguno de los invitados? Porque quienquiera que sea… —¡No! ¡Nadie me dijo nada! Sólo que… todo es tan nuevo y tan extraño… — Hablo a trompicones, la cara me arde—. Bueno… se me ha ocurrido preguntarte. Simple interés. Vale, así que el nuestro no es un matrimonio abierto y «moderno». Por si necesitaba saberlo. Cierro el cajón de los sujetadores, abro otro al azar y observo tres filas de medias primorosamente dobladas mientras la cabeza me va a mil por hora. Debería cambiar de tema. Pero no puedo evitarlo, tengo que investigar. —Eh… y ese tipo… —Arrugo la frente exageradamente, como si no pudiera recordar su nombre—. El arquitecto. —Jon. —Eso es, Jon. Parece buen tipo —digo encogiéndome de hombros. —De lo mejor que hay. A él se debe nuestro éxito en gran parte. Es la persona con más imaginación que conozco. —¿Imaginación? —Me aferró a ese detalle—. ¿Quieres decir que se pasa a veces de imaginativo? ¿Una especie de… fantasioso? —No. —Me mira perplejo—. En absoluto. Es mi mano derecha. Pondría mi vida en sus manos sin dudarlo. Antes de que pueda preguntarme a qué viene tanto interés, el teléfono da un timbrazo repentino para mi alivio. Eric sale del dormitorio para responder y me apresuro a cerrar el cajón de las medias. Estoy a punto de darme por vencida y abandonar el registro de mi propio armario cuando descubro una cosa en la que no me había fijado hasta ahora. Hay un cajoncito disimulado en la base del armario, con un pequeño teclado numérico. ¿Un cajón secreto? El corazón se me acelera. Me agacho y marco la clave que utilizo siempre: 4591. Se oye un chasquido y el cajón se abre. Mirando la puerta de reojo por si aparece Eric, tanteo sigilosamente con la mano y tropiezo con algo duro, el mango de un… Látigo. Me quedo tan pasmada que no puedo ni moverme. Es un látigo pequeño con tiras de cuero negro; vamos, un artículo directamente salido del Palacio del Sado. Su visión me deja paralizada. ¿Será esto el látigo de mi adulterio? ¿Me he convertido en una persona totalmente distinta? ¿En una fetichista, una asidua de los locales sadomaso que somete a los hombres vestida con un corsé de tachuelas? Siento unos ojos clavados en mí. Eric está en el umbral, mirando el látigo y enarcando las cejas con aire socarrón. Me llevo un susto de muerte. —¡Ah! Eh… ¡He encontrado esto aquí! No sabía… —Será mejor que no lo dejes a la vista —dice con aire divertido—. No vaya a ser

- 111 -

Jolines. cubierta de mantequilla… En fin. Ahí está mi escritorio. Yo era una chica normal con el pelo de escarola. ¿Desde cuándo me he vuelto tan minuciosa? . dejo la revista y voy al estudio. Sonríe. Me deja sola y un momento después oigo la puerta principal. Creo que me iría bien un chupito de vodka. Le echo una mirada nerviosa al látigo. pulcro y reluciente. Con un trabajo cutre. Dejo la taza de café y me miro las uñas impecables. Muy bien. Y las tostadas. pero la cierro a los dos minutos. absolutamente todo. ¿Y qué? Mamá viene a las once. No sé qué hacer. Deja de pensar en el látigo. —Eso es. Entonces… ¿cómo es la cosa? ¿Yo lo azoto? ¿O es él…? No quiero ni pensarlo. Estoy demasiado crispada. Hasta luego. Me siento y abro el primer cajón. me decido por una taza de café y un par de galletas que Gianna me cede de su alijo personal. No sé qué pensar. —Eric me guiña un ojo—. Vale. me siento en el brazo del inmaculado sofá y abro una revista. pero no tengo nada que hacer hasta entonces. Y el pan. echo mucho de menos las galletas. Me paseo por la sala. No puede ser. Deja de fantasear sobre carbohidratos. Un látigo en miniatura. Eric está al corriente. Y no veo mi personalidad reflejada por ningún lado en este apartamento. —Sus ojos destellan. Bien guardado. pero eso es cambiarme las reglas. con la silla perfectamente colocada en su sitio. Está lleno de cartas ordenadas en carpetas de plástico. En el segundo están los extractos bancarios. El reality show de la tele… los tacones altos… mis amigas que no quieren ni verme… un tipo que me dice que es mi amante secreto… No sé en qué me he convertido. ¡Ni hablar! —¡Esto no estaba en el manual! —Quería decirlo en tono ligero y burlón. Lo miro de hito en hito mientras mi cerebro alelado trabaja a marchas forzadas. atados con cordel azul. Vuelvo a meterlo en el cajón y lo cierro de un golpe. un grupo de amigas con las que echar unas risas y un piso diminuto y acogedor. Siguiendo un impulso. No comprendo qué demonios me ha pasado. Dios mío.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? que lo encuentre Gianna. los dientes salidos y un novio chungo. Al final. —No todo está en el manual. figuraba allí. Me muero por una buena tostada crujiente y doradita. Es como si hubieran empezado a surgir grietas en esta vida tan perfecta. Lo cual significa… No. Me sudan las manos. No es de extrañar que no supiera que es mío. Nunca he tenido un escritorio tan ordenado. pero me sale un chillido histérico. Y ahora… Aún reacciono con retraso cuando veo mi reflejo en un espejo. Yo creía que todo.112 - .

Mamá se ha traído tres perros: tres whippet enormes y llenos de energía a este loft impoluto e inmaculado. como demonios . La mayor parte del dinero sale de mi cuenta personal y va a la cuenta conjunta que tengo con Eric. ¿sabes? Vaya por Dios. Uno está escrito con mi letra. hay únicamente tres palabras garabateadas a lápiz con mi letra: Yo sólo deseo Las contemplo. Agnes se siente un poco vulnerable últimamente. Unito». ese cojín debe de costar mil libras él sólito. No ha sido fácil organizar este viaje a Londres. Pero una cantidad considerable va cada mes a una cosa llamada «Cta. mamá. En el otro. ¿podrías sacar ese perro del sofá? —Raphael. —Mientras recojo su raída chaqueta acolchada y voy a darle un beso. Me quedo estupefacta al ver mi sueldo. Doblo el papel con todo cuidado y me lo meto en el bolsillo. el más grande. el otro se ha subido al sofá y está mordisqueando un cojín. ¿Fue hace un año? ¿Seis meses? ¿Tres semanas? ¿En qué estaría pensando? Suena el timbre. dos chuchos salen disparados hacia el sofá—. —Ya. y ella se puso a la defensiva y me espetó que por supuesto pensaba hacerme una visita. Si el sofá vale diez mil.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Abro el último. esperando encontrar una hilera de frascos de Tippex perfectamente alineados. pero con tantas abreviaturas que no entiendo ni jota. Así que acabamos quedando para hoy. Dejo los extractos y saco los papeles del último cajón. que se apresura a reunirse con Raphael y con el otro. Uau… ¡Has venido acompañada! —Los pobrecitos se han puesto tan tristes cuando iba a salir… —Tiene al tercero abrazado y restriega la mejilla contra su hocico—. o algo por el estilo. Un perro ha puesto las patas en la mesita del café. Ya sabía yo que ella no quería venir. —Hola. ¡cuidadito con hacer estropicios! —le advierte. Que Dios nos coja confesados. ¿No podías dejarla en el coche? —¡Cariño! ¡No puedo abandonarla! —Eleva los ojos al cielo—. que es al menos tres veces más de lo que ganaba antes. Saco los extractos bancarios y los hojeo deprisa. Incluso —aunque sé que no tiene sentido— trato de recordarme escribiéndolas. Sólo le dije por teléfono que me sentía rara rodeada de tantos desconocidos. intento imaginarme a mí misma escribiendo esas palabras. Toda esta visita es fruto de un malentendido. aparte de un par de papeles. Pobrecita. Y a continuación suelta a Agnes. Casi parece un código cifrado. Tengo que averiguar qué es. un trozo de hoja arrancado de un bloc. Luego cierro el cajón de golpe. absorta. —Mamá. Pero está vacío.113 - . ¿Qué? ¿Qué deseaba? Mientras le doy vueltas al papel.

Espero que no se le ocurra encender las cámaras en este momento. Es muy ingenua. —No hay Coca-Cola light. Lo único que hice fue llevar al cole a esa vidente.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? se llame. Mamá no parece haberme oído. Sin un solo desperfecto. incrédula—. —¿Diez pavos por cabeza? —repito. ¿No tendrás Sprite? —Quizá. La conocí en un bar. Al contrario. ¡Perritos! ¡Fuera del sofá! Ni caso. Se le ven unas piernas larguísimas con esos vaqueros tan ceñidos y esas botas—. —Con aire arrogante. se sienta y pone las botas sobre la mesita. Ninguna de las dos responde de inmediato. la señorita Winters. pequeñines! —Mamá saca unas galletas de los bolsillos de su rebeca y los tres dejan de roer el tapizado y salen disparados hacia ella—. —¿Cómo que no? —Noto una repentina tensión en el aire. Les cobré diez pavos por cabeza y ella les dijo a todas que iban a conocer muy pronto a un chico. —¿A una vidente? —Bueno. —¿Expulsada? ¿Por qué? Silencio. —¿Por qué? ¿Qué más has hecho? —No gran cosa. —Amy regresa de la cocina desenvolviendo una piruleta. —¡Tampoco había para tanto! ¡Se han pasado un montón conmigo! —protesta. Hasta que un profesor se enteró. con aire enfurruñado y las manos en los bolsillos. —Amy tiene un problemilla —dice por fin—. —Se . —Me temo que Amy ha vuelto a hacer de las suyas —explica con una mueca. Vuelve a sonar el timbre. Raphael? —Estoy expulsada temporalmente. —¿Mamá? —insisto. pero todo el mundo se lo tragó. No sé si tiene poderes. Ahora hay tres whippet retozando en el sofá de Eric. —¿Tienes Coca-Cola light? —me suelta a modo de saludo. —¿Y eso qué significa? Amy nunca se ha distinguido por sus trastadas. —¡Venid. —Compruebo el cojín aplastado que Raphael acaba de soltar. Ahora estoy demasiado ocupada—. Ahora es Amy la que aparece. Oye… ¿tú no deberías estar en el colegio? —No —repone encogiéndose de hombros. Se quedaron encantadas. —Me mira con una sonrisita socarrona—. No vale la pena decir nada. creo —contesto distraídamente. Mamá se ajusta su cinta de terciopelo. Bueno… durante las vacaciones hice una recolecta para esa profesora de mates. Muy bien. ¿No. —En la cocina.114 - . que había sido internada en un hospital. ¡No me extraña que estés metida en un lío! —Es el último aviso —me dice. quitándose la piruleta de la boca—. orgullosa.

—Le regalé una caja de bombones. —Bueno. cielo. —En cuanto desaparece. bueno. Por si acaso.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? encoge de hombros—. Me saqué más de quinientos pavos. ¡Fue una pasada! —Cariño. ¿Pero qué ha pasado? ¿Cuánto lleva metiéndose en líos? —Pues… los últimos dos años —contesta sin mirarme. y desde entonces ha sido prácticamente una tras otra. deberías verla. Agnes? Sólo que se deja arrastrar por el mal camino. Es el último mensaje de tu padre. como si le hablara al perro que tiene en el regazo—. —¡Por favor. Ella simula no haberme oído. La señorita Winters estaba muy contrariada. Lexi —me dice. Fue un desafortunado incidente. Hizo una grabación de despedida antes de la operación. enseguida levanta la vista y me dice: —Tal vez puedas echarle a Amy una mano. cariño. La pusieron en el funeral. Te puedes morir de verdad por una liposucción. como si estuviese contaminada. —Será como volver a verlo. Unas chicas mayores la incitaron al robo. Es una buena chica. Dije que estaba en las últimas y todo el mundo puso un montón de pasta. Siempre tenía que ser el centro de atención. no fue culpa suya. —Esto me recuerda otra cosa. no era mentira. Se hace la loca y cambia de tema. —Pone expresión afligida—. En efecto. Tengo algo para ti. Le sentó muy mal la muerte de su padre. hurgando en su bolsa de lona y sacando un DVD—. Todavía no puedo creer que lleve tres años muerto. —Se ríe sorbiéndose la nariz—. —Sí. —Pero… ¿porqué? —Nadie lo sabe. —Me la entrega sosteniéndola con dos dedos. ya sabes cómo era. Estabas pensando en buscarle . ¿no? —replica Amy sin ningún arrepentimiento—. Quizá sea normal que una adolescente se desmande un poco después de perder a su padre. No sé qué responder. El último mensaje de papá. ¿Cómo es posible que mi dulce e inocente hermanita se haya convertido en semejante gamberra? —Necesito crema para los labios —anuncia ella. Se quedó con la chaqueta de un compañero de clase y cosió detrás una cinta con su nombre. ¿Puedo usar la de tu tocador? —Eh… claro. me vuelvo hacia mamá—. Qué impresionante que se le ocurriera hacer una grabación. —Mamá retuerce su collar de ámbar y acaricia con la otra mano a uno de los perros—. eso es obtener dinero de modo fraudulento. en el fondo. Si no la recuerdas. quitando los pies de la mesa—. —¿Qué robo? —pregunto alucinada. Estoy patidifusa.115 - . Su truco de siempre cuando la gente habla de algo que no le gusta. Además. mamá! A mí me parece normal ser el centro de atención en tu propio funeral. ¿verdad. Luego estaba muy arrepentida.

—Eso no tuvo nada de natural. ¿Por qué cambiaría tan de sopetón? —Cariño. Cada vez que desaparece algo. —Psé. Pero ahora todo es distinto. la he juzgado sin conocer los hechos. Nunca fui una de esas profesionales enérgicas. Ni robarles. que corretean por la cocina. Típico de ella.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? un puesto de interina en tu oficina. me convierto en el chivo expiatorio. Una quiere mejorar en su trabajo. tú lo sabes. Sólo se oyen los perros. ¿Te gustaría? —Cuando haya vuelto a incorporarme —aclaro. Tiene razón. Estoy segura de que no robaste nada. De asistente a bruja repulsiva en un solo paso. Ni siquiera parece agradecida. Y fue un malentendido. —No tengo ni idea. No quiero ni pensar qué estarán haciendo. ¡Por favor! —No fue sólo la chaqueta. —¡Yo no robo! —grita—. —Está pálida. ya no recuerdo… ¿No eres una buena chica? ¿No eres la chica más guapa del mundo? Le está hablando a un perro. —Sólo una semana o dos. —Todo el mundo piensa mal de mí. a ver si consigo captar su atención—. es natural.116 - . me doy cuenta de golpe. . cielo —dice mamá. —Perdona —le digo en tono conciliador—. Échame la culpa de todo si quieres. —Como quieras —replica sin mirarme—. —Estaba hablando con Lexi de que pases una temporada de interina en su oficina —le dice mamá—. Quiero reunir otra vez todas las piezas… y no me acaban de encajar. le brillan los ojos. Supongo. Se hace un silencio. Igual que los demás. —¿De interina? —Arrugo el entrecejo—. —Con algunas normas básicas. chupando aún su piruleta. Sólo era una chaqueta de mierda. Amy se acerca. Sí. Ahora parece muy ocupada buscando algo en su bolsa—. desde luego —le advierto—. —Justamente estaba pensando en eso —le digo—. Ni siquiera me escucha. Se encoge de hombros y yo me siento culpable. No puedes estafar a mis compañeros. ¿Por qué me presenté a ese programa de la tele? ¿Cómo me convertí en una mujer dura y ambiciosa de la noche a la mañana? No consigo comprenderlo. Ni siquiera me he reincorporado y tengo que volver a aprenderlo todo… —Tú has hecho una carrera brillante —continúa. Tú dijiste que habías hablado en la oficina y que estaba todo arreglado… —Quizá. —Me inclino hacia delante. hace mucho de eso. hija. impresionante. —Tampoco tiene mucho interés. No sé qué decirte… —Mi situación en la empresa ya es bastante complicada sin que Amy ande por allí quejándose y haciendo aspavientos.

—Claro que sí. Es evidente que ya han tenido esta discusión otras veces—. Tienes miles. Ésa no es la cuestión. ¿Satisfecha? —grita desafiante—. Dos cremas hidratantes nuevas. —¡Menuda tontería! —bufa mamá—. Un juego de perfumes Christian Dior. —Déjame en paz —exclama con brusquedad. ¿quieres tu vestido? Muy bien.117 - . Debajo lleva un vestido de tirantes de Armani remetido de cualquier manera en los pantalones. no. —¡Otra vez no! —exclama mamá. dos bolsitos de noche. como si fuera una agente de inmigración. —¿De maíz? —repito pasmada. —Como si fueras a enterarte —replica enfurruñada—. apenada—. Un cargamento de maquillaje. —¡Ay. Además. Amy. Amy! —dice mamá. Vacíate los bolsillos. Sé que todo ha sido muy duro desde que murió papá… Ven —le digo. una capa tras otra. —Ahora quítate la camiseta —le ordena mamá. furiosa y completamente colorada. —¡Esto es injusto! —murmura Amy. Son de Chanel. —Se quita todo. De atún y maíz. ¿qué has cogido ahora? —¡Déjame en paz! ¡No he cogido nada! Levanta la mano. —¡Venga. Tienes ropa a montones. —¿Son míos? —pregunto al fin. Ella le lanza una mirada asesina y empieza a sacarse cosas de los bolsillos y dejarlas en la mesita del café. Una vela de Jo Malone. Se quita la camiseta con cierto esfuerzo y me quedo boquiabierta. colgados de ellos. —Me acerco a ella. y lo tira sobre la mesa—. junto a la ventana—. No es culpa mía. —Pero… —¡Lárgate! —Retrocede y alza los brazos para zafarse de mí. —¡Toda pasada de moda! —responde Amy a gritos. ¡Uy! ¡Cómo pinchas! —¿Yo? Miro extrañada su chaqueta llena de bultos. —¡No! —responde Amy. esos sujetadores ni siquiera te van. Aterrizan en el suelo con estrépito y las tres nos quedamos mirándolos. Amy. cerrando los ojos—. ¡No todos vivimos en los setenta! ¿Cuándo vas a enterarte de que estamos en el siglo XXI? —Señala su vestido—. hermanita! —Insisto y la abrazo con fuerza. abriendo los brazos. ¡Es patético! —¡Basta. Mamá no me da dinero para ropa. perdona. —¿Has cogido un vestido? ¿Y sujetadores? —Vale. —¿Qué demonios llevas en los bolsillos? —Latas —dice a bote pronto—. . cuatro o cinco sujetadores La Perla en torno a la cintura y. Amy! —le digo—. airada. Pero me echo atrás enseguida—. y le salen disparados de la manga dos pintalabios.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —No. La observo con ojos desorbitados.

Lujosos sujetadores de fantasía. nena! —exclamo furiosa. por si acaso. Lo contemplo absorta. —Se le escapa una risita que se convierte en una tos seca. Pero seguro que hay un vínculo entre nosotras.» Hace una pausa y le da un trago a un vaso de whisky. A cualquier hora. En cuanto se ha ido. que no levanta la vista. Está en un sillón con una bata afelpada roja. me acerco al reproductor y lo meto en la ranura. ¿entiendes? No puedes sacarle dinero a la gente. O sea que he pensado en dejaros un pequeño mensaje. Además. me tienen enloquecida.118 - . Ella ha dejado el teléfono. Amy —empiezo con mi mejor voz de hermana mayor enrollada—. Luego me acuerdo del DVD de papá. —Amy. —Escucha. —A la mierda —me suelta—. Entre una cosa y otra. Tiene la cara demacrada. Amy sigue enviando un mensaje con una mano. Soy yo. La pantalla gigante de la pared opuesta se enciende en el acto y enseguida aparece el rostro de mi padre. Pero sus ojos verdes centellean y tiene un puro en la mano. La mano le tiembla cuando vuelve a dejarlo. Mamá. Sé que hay una gran diferencia de edad entre las dos. ya lo sabéis. He de ser comprensiva.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Se pueden vender en eBay —replica mordaz—. ¿por qué no vas a preparar café? Ella también está de los nervios y acoge la propuesta con alivio. por castigarme el cuerpo de esta manera. Maldita mocosa descarada. Si mamá se cree que le voy a dar un puesto en la empresa. Que te den… y que te den. Y es posible que te sientas sola viviendo con mamá. ¿Sabía que se iba a morir? Tengo un nudo en la garganta. ni siquiera recuerdo una parte de su vida. Se pone la camiseta. se ha quedado paralizada también. aquí estoy. Saldremos a tomar un café o nos iremos al cine… Me detengo. se sienta en el suelo y empieza a enviar un sms con su móvil. —¡Que te den a ti. como si fuese un trago de agua—. aunque no reconozco la habitación. haciendo acopio de paciencia—. sumidas en un espeso silencio. —¡Escucha! —le digo. Era como si se estuviese desinflando lentamente. «Hola —dice con voz ronca—. —Que te den —murmura ella sin levantar la cabeza. . —Te meterás en líos. quizá deberíamos mantener una pequeña charla. Llámame o mándame un mensaje. Pero si algún día quieres que hablemos. Te echarán a patadas del colegio. sin levantarme del suelo. Nos quedamos ahí sentadas. No puedes andar por ahí robando. Bueno. Él la alivia dándole una buena calada al puro. Todos sabemos que esta operación sólo tiene un cincuenta por ciento de posibilidades. como la tenía cuando se puso enfermo. me siento en el suelo frente a mi hermana. Sé que las cosas pueden ser duras. Miro de soslayo a Amy. Vale. si tienes problemas. Culpa mía. va fina. Normal: no llegué a ver la mayoría de los sitios donde vivió.

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

«Disfrutad de la vida —dice papá a la cámara—. Sed felices. Sed buenas entre vosotras. Barbara, deja de vivir a través de esos malditos chuchos. No son humanos. Nunca te querrán ni te apoyarán ni se irán a la cama contigo. Salvo que estés muy desesperada.» Me llevo la mano a la boca. —¡No puede haber dicho eso! —Ya lo creo —dice Amy con una risita—. Mamá se levantó y se fue en cuanto lo oyó. «Sólo tenéis una vida, queridas mías. No la malgastéis.» Mira a la cámara con los ojos brillantes y de repente me acuerdo de cuando venía a buscarme al colegio con su coche deportivo. «¡Es mi papá!», le explicaba a todo el mundo. Los niños miraban el coche boquiabiertos y las madres no podían dejar de echarle miradas furtivas, tan atractivo estaba con su chaqueta de lino y su bronceado español. «Sé que me he equivocado más de una vez —continúa—. Sé que no he sido un buen padre de familia. Pero, con la mano en el corazón, lo he hecho lo mejor que he podido. Adiós, queridas mías. Nos vemos en el otro barrio.» Levanta la copa hacia la cámara y echa un trago. Luego la pantalla se apaga. El DVD sale con un chasquido, pero ni Amy ni yo nos movemos. Mientras sigo contemplando la pantalla vacía, me siento más desolada que nunca. Mi padre está muerto. Lleva muerto tres años. No podré volver a hablar con él nunca más. Ni hacerle un regalo de cumpleaños. Ni pedirle consejo. No es que se le pudiera pedir consejo sobre demasiadas cosas. Tal vez sobre dónde comprar lencería sexy… Pero bueno. Miro a Amy; ella me devuelve la mirada y se encoge de hombros. —Un mensaje muy bonito —digo, decidida a no ponerme sentimental ni mucho menos a llorar—. Papá terminó bien. —Sí. Es cierto. El hielo entre nosotras parece haberse derretido. Amy hurga en su bolso y saca un estuche de maquillaje. Mirándose en el espejito, se pinta con destreza con un lápiz de labios. Nunca la había visto maquillarse, salvo cuando jugábamos a pintarnos. Amy ya no es una niña, pienso mientras la observo. Está a punto de convertirse en una mujer. Hoy las cosas no han ido demasiado bien entre nosotras, pero a lo mejor fuimos amigas en el pasado. Quizá era mi confidente. —Oye, Amy —le digo bajando la voz—. ¿Hablábamos a menudo antes del accidente? Nosotras dos, quiero decir. De… nuestras cosas. —Echo un vistazo hacia la cocina para asegurarme de que mamá no nos oye. —Un poco. —Se encoge de hombros—. ¿A qué te refieres? —Estaba pensando… —Intento parecer natural—. Por pura curiosidad… ¿te hablé alguna vez de un tal Jon? —¿Jon? —Hace una pausa, con el lápiz de labios en la mano—. ¿Quieres decir ése con el que te fuiste a la cama? —¿¡Cómo!? ¿Estás segura? —¡Dios mío! Es cierto.

- 119 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

—Claro. —Parece sorprendida de mi reacción—. Me lo contaste en Nochebuena. Estabas bastante borracha. —¿Qué más te conté? —El corazón me late enloquecido—. Dime todo lo que recuerdes. —¡Me lo contaste todo! —dice con los ojos brillantes—. Con detalles. Era tu primera vez, y él perdió el condón, y tú estabas muriéndote de frío en medio de las pistas del cole… —¿En las pistas…? —Me la quedo mirando—. ¿No querrás decir… no estarás hablando de James? —¡Ah, sí! —Chasquea la lengua—. Ése. James. El que estaba en el grupo de rock. ¿Por qué? ¿Tú en quién estabas pensando? —Termina de arreglarse los labios y me mira con interés renovado—. ¿Quién es Jon? —Nadie —me apresuro a decir—. Un… tipo. Nadie importante.

¿Lo ves? No hay pruebas. Si de verdad tuviera una aventura, habría dejado algún rastro. Una nota, una foto, un diario. O lo sabría Amy, algo así… Lo cierto es que estoy felizmente casada con Eric. Ésa es la verdad. Mamá y Amy se han marchado hace un rato, después de engatusar a un whippet para que saliera del Jacuzzi, donde se estaba peleando con una toalla. Ahora voy en el coche con Eric, deslizándome por la orilla del Támesis. Él tenía una reunión con Ava, su interiorista, y me ha propuesto que le acompañase a ver el piso piloto de su último proyecto: el Blue 42. Todos los edificios de Eric se llaman así, Blue y un número. Es la marca de la empresa. Y resulta que tener una marca es indispensable para vender el estilo de vida loft. Como lo es tener puesta la música adecuada y exhibir en la mesa una cubertería de diseño. Al parecer, Ava es genial eligiendo cuberterías. Yo ya sabía de Ava por el manual. Tiene cuarenta y ocho, está divorciada, trabajó durante veinte años en Los Ángeles, ha escrito una serie de libros de interiorismo y diseña todos los pisos piloto de la empresa de Eric. —Hoy he mirado mis extractos bancarios —le digo mientras avanzamos entre el tráfico—. Según parece, estoy enviando dinero regularmente a un sitio llamado Unito. Y en el banco me han dicho que es una cuenta de un paraíso fiscal. —Vaya, vaya —asiente. No parece ni remotamente interesado. Aguardo por si comenta algo más, pero él enciende la radio. —¿Tú sabías algo? —le pregunto, levantando la voz. —No. —Se encoge de hombros—. Pero no es mala idea tener un poco de dinero en un paraíso fiscal. —Vale. No me satisface nada su respuesta. Casi me dan ganas de empezar una pelea. Aunque no sé bien por qué. —He de poner gasolina —anuncia, desviándose y entrando en una estación de servicio—. No tardo nada…

- 120 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

—Oye —le digo cuando abre la puerta—, ¿me traes una bolsa de patatas? Con sal y vinagreta, si hay. —¿Una bolsa de patatas? —Me mira como si le hubiese pedido una dosis de heroína. —Sí, patatas. —Cariño, tú no comes patatas. Está en el manual. Nuestro nutricionista nos recomendó una dieta proteínica baja en carbohidratos. —Ya… ya lo sé. Pero todo el mundo tiene derecho a darse un gusto de vez en cuando, ¿no? Y a mí ahora me apetecen unas patatas. Eric no sabe qué decir durante un instante. —Los médicos ya me advirtieron que podrías comportarte de un modo irracional y tomar decisiones extrañas —murmura como si hablara consigo mismo. —¡Comerse una bolsa de patatas no tiene nada de irracional! ¡No son un veneno! —Cielo, lo digo por ti. —Ahora adopta su tono cariñoso—. Sé muy bien lo que te costó bajar esas dos tallas. Gastamos un montón en un entrenador personal. Si ahora quieres echarlo por la borda por una bolsa de patatas… tú sabrás. Aun así, ¿insistes? —Sí —replico, más desafiante de lo que desearía. Una sombra de irritación le cruza el rostro, pero enseguida la convierte en una sonrisa. —Como quieras. —Y cierra la puerta con estrépito. Unos minutos más tarde, vuelve con la bolsa. —Aquí tienes. —Me la tira en el regazo y arranca. —Gracias. —Le sonrío, aunque él no parece advertirlo. Mientras se concentra en el volante intento abrir la bolsa, pero tengo la mano izquierda algo torpe aún y no logro agarrarla bien. Al final, me la pongo entre los dientes, tiro con fuerza con la mano derecha y… explota la bolsa entera. Mierda. Hay patatas por todas partes. Por los asientos, por la palanca del cambio, por la ropa de Eric. —¡Dios! —exclama cabreado—. ¿Las tengo en el pelo también? —Perdona —digo mientras le sacudo la chaqueta—. Lo siento muchísimo… El aroma a vinagreta inunda el coche. Mmmm… delicioso. —Tendré que hacer lavar el coche de arriba abajo —refunfuña arrugando la nariz—. Y tengo la chaqueta llena de grasa. —Lo siento mucho, Eric —murmuro, quitándole los últimos trocitos—. Yo pagaré la tintorería. —Me arrellano en mi asiento, cojo una patata enorme de mi regazo y me la meto en la boca. —¿Pero te la vas a comer? —Parece fuera de sí. —La tenía en la falda —protesto—. ¡No la he cogido del suelo! Nos quedamos callados. Disimuladamente, me como unas cuantas más, procurando que no crujan demasiado. —No es culpa tuya —dice Eric, con la mirada fija en la calzada—. Te diste un

- 121 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

golpe en la cabeza. Aún no puedo esperar una normalidad total. —Yo me siento muy normal. —Claro que sí. —Me da unas palmaditas, aunque sólo logra ponerme todavía más envarada. Vale, quizá no esté recuperada del todo, pero sé que una bolsa de patatas no te convierte en una enferma. Voy a decírselo cuando él pone el intermitente, gira para cruzar unas puertas que se abren a nuestro paso y entramos en una explanada. Luego apaga el motor. —Ya estamos. —Percibo una nota de orgullo en su voz mientras señala el edificio—. Ésta es nuestra última criatura. Levanto la vista, abrumada. Ya se me han olvidado las patatas. Tengo ante mí un edificio blanco nuevecito, con balcones curvados, un toldo en la entrada y una escalinata de granito que termina en unas puertas imponentes de marco plateado. —¿Tú has hecho esto? —le digo por fin. —Bueno, no con mis propias manos —contesta riendo—. Vamos. Abre la puerta, se sacude un par de patatitas de los pantalones y baja del coche. Yo lo sigo, maravillada, mientras un portero de uniforme viene a abrirnos. El vestíbulo es todo de mármol blanquísimo y está decorado con columnas. Esto es un verdadero palacio. —Increíble. ¡Qué glamur! —No dejo de reparar en detalles de un gusto exquisito, como los zócalos con incrustaciones o el cielo pintado en el techo. —El ático tiene su propio ascensor. —El portero asiente y Eric me guía hasta el fondo del vestíbulo. El ascensor, con revestimientos de marquetería, es precioso—. En el sótano hay una piscina, un gimnasio y una sala de cine para los inquilinos. Aunque, por supuesto —añade—, la mayoría de los apartamentos tienen su gimnasio y su proyector de cine propios. Lo miro para ver si me toma el pelo; parece que no. —Ya hemos llegado. —Las puertas se abren con un leve chasquido y salimos a un vestíbulo circular lleno de espejos. Eric presiona con suavidad uno de los espejos. Es una puerta; en cuanto se abre, me quedo embobada. Ante mí se extiende una estancia kilométrica. Es un espacio, no una habitación. Tiene ventanales de cristal hasta el techo, una chimenea en la que puedes entrar andando y, en la pared opuesta, una enorme plancha de acero por la que cae en cascada una corriente de agua. —¿Es agua de verdad? —pregunto estúpidamente. Eric se echa a reír. —A nuestros clientes les gustan estos detalles únicos. ¿Divertido, no? —Coge un mando, apunta a la cascada y el agua se ve bañada de repente por una luz azul—. Hay diez luces distintas programadas… ¿Ava? —llama. Enseguida aparece por una puerta empotrada una rubia delgadísima con gafas sin montura, tejanos grises y una blusa blanca. —¡Eh, Lexi! —me saluda con su acento de la costa Este—. ¡Ya estás repuesta! — Me estrecha una mano entre las suyas—. Me enteré de lo que te pasó. Pobrecilla. —Estoy bien —sonrío—. Tratando de ponerme otra vez en marcha… ¡Este sitio

- 122 -

No tengo ni idea de lo que debe de costar todo esto. Cascadas de colores. —Ah. Los hemos alquilado expresamente. ¡Estábamos hablando de ti! ¿Es que está aquí? Aprieto la maqueta con fuerza. ¿Y cómo se te ocurrió todo esto? —pregunto señalando la cascada. El arquitecto. la escultura de vidrio colgada del techo. ahora de color naranja. Todo va bien. trágame. Lexi. los detalles sensuales. Eric. Es absurdo. . No tengo palabras. Luego me mira las manos… Tierra. Empiezo a darle vueltas a la maqueta del edificio. buscando alguna cosa que decir—. Nuestro mercado potencial. No quiero verle. sin hacer caso del calorcillo que me sube a la cara. —Mira. Peces alquilados. los tejidos. acercándose a grandes zancadas con sus tejanos y un jersey azul marino de pico. sí? No me acuerdo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? es increíble! Y toda esa agua… —El agua es el tema central del apartamento piloto —me explica Eric—. —Nos hace un gesto educado.123 - . Estás felizmente casada. Mi especialidad es el mobiliario. Lo conociste en la cena… ¿No me has preguntado antes por él? —¿Ah. —¿Jon? —repito ladeando la cabeza. —Eh… magnífico. Verás que he reflejado la línea curvada de los balcones en el borde festoneado de los almohadones —añade—. Es del edificio entero. Una fusión de Art Deco y Gaultier. Prefiero no saberlo. Ahí está. ¿verdad. El concepto en sí es de Jon. —¡Jon! —exclama Ava—. la sala situada en un nivel más bajo. como si fuera una palabra de un oscuro idioma. Gama extra no sé qué. La maqueta está medio aplastada. —El feng-shui es fundamental para esa gama social —asiente Ava—. Manten la calma. Siento un pequeño sobresalto. de ningún affaire o liaison con este hombre. Ava? Cosa que tiene suma importancia para nuestro target de gama extra alta… —¿Extra qué? —Los más ricos —aclara—. tiene el tejado roto y se ha desprendido un balcón. hecho de papel y palillos—. eso no fue idea mía. —Jon Blythe —apunta Eric—. Esto es otro mundo. Bueno. Me estoy comportando como una adúltera con sentimiento de culpa. me limito a mirar en derredor: la barra de bar curvada. echa un vistazo. Eric. acabo de recibir los peces para la suite principal. No quiero. ¡Son impresionantes! Cada uno cuesta trescientas libras —me explica—. —Hola. He de poner una excusa y marcharme… Pero es demasiado tarde. No has encontrado pruebas de ninguna aventurilla. Hemos seguido estrictamente los principios del feng-shui. —Ava me pone en las manos un detalladísimo modelo a escala. —Me devano los sesos.

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

—¡Lexi! —exclama mi marido—. ¿Qué ha pasado? —¡Jon! ¡Tu maqueta! —La cara de Ava es todo un poema. —Lo siento muchísimo —digo aturdida—. No sé qué ha pasado. La tenía en la mano y no sé como… —No te preocupes. —Jon se encoge de hombros—. Sólo me costó un mes hacerla. —¿Un mes? —repito horrorizada—. Escucha, si tienes un poco de celo, yo te la arreglo… —Le doy golpecitos al tejado aplastado, con la esperanza de ponerlo bien otra vez. —Quizá no fuese un mes —dice Jon, observándome—. Quizá un par de horas. —Ah, bueno. —Paro de dar golpecitos—. Perdona de todos modos. Me echa una mirada rápida. —Podrías compensarme. ¿Compensarlo? ¿Qué quiere decir? Sin pensarlo, me cuelgo del brazo de Eric. Necesito tranquilidad, un contrapeso para mantener los pies en el suelo. Un marido firme a mi lado. —El apartamento es impresionante. —Ahora adopto un tono insulso de esposa de ejecutivo—. Felicidades. —Gracias. Me siento muy satisfecho —dice de un modo igualmente insípido—. ¿Y cómo va esa memoria? —Más o menos igual. —¿Ningún recuerdo nuevo? —No. —Qué pena. —Ya. Intento actuar con naturalidad, pero entre nosotros hay una especie de corriente eléctrica cada vez más intensa. Se me está entrecortando el aliento. Le echo una mirada a Eric, convencida de que habrá notado algo, pero él ni siquiera pestañea. ¿No se da cuenta? ¿No lo ve? —Eric, tenemos que hablar del proyecto Bayswater —dice Ava después de hojear unos papeles que tenía en su bolso de piel—. Fui a verlo ayer y tomé algunas notas… —¿Por qué no das una vuelta mientras hablamos, Lexi? —me dice Eric, soltándome el brazo—. Jon puede enseñártelo todo. Me quedo rígida. —No te preocupes. —A mí me encantaría —comenta Jon—. Si te apetece a ti. —No, no hace falta… —Cariño, Jon ha diseñado este edificio. —Eric me mira con expresión severa—. Ahora tienes una oportunidad única para conocer la visión de la empresa. —Sígueme y te explicaré el concepto básico —insiste Jon, señalando el otro extremo del apartamento. No tengo escapatoria.

- 124 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

—Fantástico —accedo al fin. Bueno. Si quiere hablar, hablaremos. Lo sigo en silencio; él se detiene junto a las corrientes de agua coloreada. ¿Cómo va a vivir nadie con una cascada atronando en la pared? —Bueno —digo con educación—, ¿de dónde sacas todas estas ideas? Todos estos detalles tan exclusivos. Jon arruga la frente, pensativo. Espero que no me suelte ahora un discursito pretencioso sobre su genio artístico. —Simplemente —responde— me pregunto qué podría gustarle a un gilipollas. Y lo pongo en el proyecto. No puedo evitar una carcajada. Alucino con este tío. —Bueno, si yo fuera gilipollas, esto me encantaría. —¿Lo ves? —Se me acerca y baja la voz. Casi cuesta oírle con la cascada al lado—. ¿O sea que no has recordado nada? —Nada. —Muy bien. —Da un suspiro—. Hemos de vernos; tenemos que hablar. Hay un sitio a donde solemos ir. El Old Canal House de Islington. Te habrás fijado en la altura de los techos —añade en voz más alta—. Son el sello distintivo de todos nuestros proyectos. —Me mira un momento y ve mi expresión—. ¿Qué? —¿Tú estás loco? —le suelto con un silbido, cuidando que Eric no pueda oírnos—. ¡No voy a quedar contigo! Y para tu información —susurro—, no he encontrado una sola prueba de que tengamos una aventura. Ni una… ¡Qué sentido magistral del espacio! —digo casi a gritos. —¿Pruebas? —repite—. ¿Como qué? —Como… qué sé yo. Como una carta de amor. —Nosotros no nos escribimos cartas de amor. —O chucherías. —¿Chucherías? —Ahora casi se echa a reír—. Tampoco estábamos para chucherías. —¡Pues vaya una aventura más cutre! —le espeto—. He mirado en mi tocador, y nada. En mi diario, tampoco. Le he preguntado a mi hermana, y ni siquiera ha oído hablar de ti. —Lexi. —Hace una pausa—. Era un amor secreto. Lo cual significa que nadie estaba al corriente. —O sea: no tienes pruebas. Lo sabía. Doy media vuelta y echo a andar hacia la chimenea. Él me sigue. —¿Así que necesitas pruebas? —murmura incrédulo—. ¿Como, por ejemplo… una marca en la nalga izquierda? —No tengo ninguna. —Me doy la vuelta, victoriosa, pero me detengo en seco. Eric nos está mirando desde la otra punta—. ¡Es asombroso el uso que has hecho de la luz! —Le hago una seña a Eric; él me la devuelve y prosigue su conversación. —Sé muy bien que no tienes una marca en la nalga —me dice Jon, poniendo los ojos en blanco—. No tienes ninguna marca de nacimiento. Sólo un lunar en el brazo. Me quedo muda un instante. Es cierto. Vale, ¿y qué?

- 125 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

—Eso puedes haberlo adivinado de chiripa —digo, y cruzo los brazos. —Ya. Pero no es así. —Me sostiene la mirada—. No me lo he inventado, Lexi. Tenemos una aventura. Nos queremos. De un modo profundo, apasionado. —Escucha. —Me paso la mano por el pelo—. ¡Esto es una locura! Yo no tendría una aventura. Ni contigo ni con nadie. Nunca he sido infiel… —Hicimos el amor aquí, en el suelo, hace sólo cuatro semanas —me interrumpe—. Ahí mismo. —Señala con la cabeza una enorme piel de carnero, blanca y mullida. Yo la observo sin pronunciar palabra. —Tú encima —añade. —¡Basta! —Me vuelvo desquiciada y me alejo hasta el otro extremo del apartamento, donde una escalera de metacrilato ultramoderna asciende a un nivel más elevado. —Echemos un vistazo a la zona de baños —dice él en voz alta, a mis espaldas— . Creo que te gustará… —No lo creo —replico por encima del hombro—. Déjame en paz. Llegamos a lo alto de la escalera y nos asomamos por encima de la balaustrada de acero. Veo a Eric en el nivel inferior y, más allá, tras los ventanales, todas las luces de Londres. He de reconocerlo: es un apartamento espectacular. Jon se pone de pronto a olisquear el aire. —Eh —dice—. ¿Has comido patatas a la vinagreta? —Quizá. —Le echo una mirada suspicaz. Él abre los ojos como platos. —Estoy impresionado. ¿Has logrado pasar de extranjis una bolsa sin que se entere ese fanático de las calorías? —No es ningún fanático. Le preocupa la nutrición, simplemente. —Es Hitler en persona. Si pudiera encerrar el pan en un campo de concentración, no dudaría en hacerlo. —Ya está bien. —Lo gasearía: los panecillos, primero; luego los cruasanes. —¡Basta! —Casi se me escapa una sonrisa; doy media vuelta para que no me vea. Es más divertido de lo que parece. Y tiene su punto sexy, visto de cerca, con ese pelo desgreñado y oscuro. Pero bueno, hay muchas cosas graciosas y con su punto sexy (Friends, por ejemplo) y no por eso te las llevas a la cama ni tienes una aventura con ellas. —¿Qué quieres de mí? —le digo por fin, volviéndome y encarándolo—. ¿Qué pretendes que haga? —¿Qué quiero? —Hace una pausa y arruga el entrecejo—. Quiero que le digas a tu marido que no lo amas y que vengas conmigo para que empecemos una nueva vida. Habla en serio. Casi me da la risa. —Quieres que me escape contigo —repito—. Ahora. Sin más ni más.

- 126 -

SOPHIE KINSELLA

¿TE ACUERDAS DE MI?

—Bueno, en cinco minutos. —Consulta su reloj—. Tengo un par de cosas que hacer. —Estás como una cabra. —De eso nada —dice con paciencia—. Te quiero. Y tú me quieres. De veras. Tienes que creerme. —No tengo por qué creerte. —Me irrita su confianza—. Estoy casada, ¿vale? Tengo un marido. Lo quiero y he prometido quererlo toda mi vida. ¡Aquí está la prueba! —le digo mostrándole mi alianza. —¿Lo quieres? —repite sin mirar el anillo—. ¿Sientes amor por él? ¿Aquí dentro? —Se golpea el pecho. Me gustaría replicarle: «Sí, estoy desesperadamente enamorada de él» y cerrarle la boca de una vez por todas. Pero por algún estúpido motivo no me decido a mentir. —Quizá no lo sienta aún… pero llegaré a sentirlo —le espeto, desafiante—. Eric es fantástico. Todo es maravilloso entre nosotros… —Ajá. —Jon asiente con aparente educación—. Seguro que no habéis practicado el sexo desde el accidente… Lo miro con desconfianza. —¿Sí o no? —Sus ojos relampaguean. —Yo… eh… —Me aturullo—. ¡Tal vez sí, tal vez no! Mi vida privada no es asunto tuyo. —Ya lo creo que sí. —Ahora hay cierta ironía en su expresión—. Ya lo creo. Ésa es la cuestión precisamente. Para mi sorpresa, me coge una mano y la sostiene un instante, mirándola. Luego, muy despacio, empieza a desrizarme el pulgar por la piel. No consigo moverme. Siento una especie de hormigueo. Su pulgar va dejando a su paso una deliciosa sensación. Noto un estremecimiento en la nuca. —Bueno, ¿qué te parece? —La voz de Eric resuena desde abajo. Casi doy un brinco y retiro la mano de un tirón. ¿En qué estaría yo pensando? —¡Es genial, cariño! —gorjeo asomándome a la balaustrada—. Enseguida bajamos… Retrocedo para que no me vean desde abajo, y le hago una seña a Jon. —Escucha, ya he tenido bastante —le susurro a toda prisa—. Déjame tranquila. No te conozco. No te quiero, digas lo que digas. Y las cosas ya son bastante difíciles ahora mismo. Lo único que quiero es seguir con mi vida y con mi marido, ¿vale? — Me dirijo hacia la escalera. —No, no vale. —Me agarra del brazo—. Lexi, hay muchas cosas que no sabes. Tú no eres feliz con Eric. Él no te quiere ni te comprende… —¡Claro que me quiere! —Ya estoy hasta las narices—. Estuvo a mi lado en el hospital día y noche. Me trajo esas increíbles rosas marrón… —¿Y crees que yo no quería estar contigo día y noche? —Me lanza una mirada turbada—. Te aseguro, Lexi, que aquello por poco acaba conmigo. —Suéltame. —Intento zafarme, pero él me sujeta con fuerza. —No puedes tirar lo nuestro por la borda. —Me mira desesperado—. Lo tienes

- 127 -

128 - . cielo. Vamos. El suave tacto de su chaqueta Armani aplaca mis nervios. acabo soltándome—. Mientras nos dirigimos hacia la puerta. qué caramba. Tengo jaqueca. Ésa es la única realidad. —Me masajéalos hombros y echa un vistazo a las escaleras—. . Estoy seguro. me apoyo en su brazo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? dentro. ¿Podemos irnos ya? —Claro que sí. Y es de él de quien estoy enamorada. —Me toco la frente—. ¡No es cierto! — grito. y bajo las escaleras con un redoble de tacones y sin mirar atrás… directa a los brazos de Eric. —¡Eh! —exclama riendo—. Menudas prisas. —¡Te equivocas! —Con un gran esfuerzo. Éste es mi marido. En alguna parte. ¿Te has despedido de Jon? —Sí. ¿Pasa algo? —No me encuentro muy bien.

—¡Perfecto! —Le doy un beso. como si las respuestas estuvieran del otro lado. He escuchado canciones que la otra Lexi escuchó cientos de veces… Pero nada ha funcionado. Ya me he hartado de que la gente me cuente mi propia vida. le da un ataque. La memoria es mía. me he dedicado a hacer una inmersión en los últimos tres años. ¿quién manda aquí? ¿Él o yo? Ayer fui a ver a ese neuropsicólogo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 12 Bueno. te has dejado esto en la alfombra. Cuando le pregunté qué podía hacer yo con mi caso. Neil. Estoy hasta el moño de la amnesia. podía visitar a un terapeuta. ¿Te parece un sitio apropiado…? Lo cojo. Cariño. álbumes de fotos y envoltorios de caramelos. Re-cuer-da. Me pertenece. como cada mañana. con tanto secretito. He repasado álbumes de fotos y mirado películas que sé que he visto antes. Es mentira. además de un montón de revistas. Presiono el cristal con la frente. a sólo unos centímetros del vidrio. que igual escribía un artículo sobre mi caso. y como si pudiera llegar a captarlas si me concentro lo suficiente… —¿Lexi? —Eric entra con un DVD en la mano—. desde luego. O sea. No se va a abrir de par en par por muchas veces que escuche una canción titulada You're Beautiful. quedarme pegada al espejo de manera que sólo me veo los ojos. como si lo supieran todo pero no pensaran soltar prenda. Me hace sentir como si mirase a mi antiguo yo. Estúpido cerebro. El armario mental donde se hallan almacenados esos archivos es muy resistente. ¡Pero yo no necesito una terapia! Lo que necesito es recobrar la memoria. —Recuerda ya. Él fue asintiendo y tomando notas con simpatía mientras yo me desahogaba.129 - . frustrada. de James no sé qué. No sé cómo habrá ido a parar ahí. Y luego me dijo que era fascinante. Espero que te vaya bien. Me miro a los ojos en la puerta-espejo del guardarropa. me dijo que podría resultarme útil redactar una cronología y que. Doy un suspiro y apoyo la cabeza en el vidrio. so tonta—me digo—. Ahora sí que necesito recuperar la memoria. cuando esparcí por la alfombra más de veinte DVD. ¡Que tengas un buen día! —Tú también —dice apretándome el hombro—. Ya empieza a parecerme normal—. EP1. Es Ambición. . Se me olvidó recogerlo ayer. —Perdona. He empañado el espejo con mi aliento. Si llega a verme. Es una nueva costumbre. Mis ojos me devuelven la mirada. Me reconforta. —Tu taxi viene a las diez —dice—. en ese otro yo del espejo. el DVD que empecé a mirar el otro día. si quería. Desde el día que fuimos al apartamento piloto. Yo ya me voy.

aparezco yo recorriendo con paso enérgico una especie de almacén. sentado ante un escritorio. De hecho. Sólo he visto el principio y quizá lo que queda me ayude a conectarme con el rollo del trabajo. ¡Estaaaaás expulsado de mi equipo!» Me mareo de horror. Sólo hay veinticuatro puñeteras horas al día. Aunque esta vez… ¿no habrá ido la Cobra demasiado lejos?» ¿Qué cobra ni qué ocho cuartos? Cambia la escena. voy a la sala y pongo el DVD en el reproductor. ¿Esa ejecutiva feroz soy yo? En mi vida he hablado de ese modo. Paso de largo la primera parte hasta que me veo sentada en una limusina con dos tipos trajeados. No voy a hacerme cargo del departamento: obviamente. ¿Qué coño han hecho? Me han manipulado la voz. pero yo ni siquiera le dejo meter baza. chocando las palmas— . cada vez que pienso en ellos tengo ganas de darme besos a mí misma. «… Lexi y sus compañeros de equipo no lo van a tener fácil esta noche». lo haremos. A jornada completa.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Seguro que sí—respondo con confianza. Hoy me reincorporo a la oficina. «¡Estás despedido! —le espeto por fin con un tono implacable que me llena de vergüenza (no sé si propia o ajena)—. Sueno como una verdadera serpiente. Debs y Carolyn. dice una voz en off. Aparece uno de los tipos de la limusina. ¿Entendido? Pero vamos a ganar. Siento una punzada de pánico. ¡Veamos repetido ese momentazo!» Pero entonces… está diciendo… ¿que yo soy la Cobra? Con una música amenazadora. Tarareando. aún no estoy preparada. Pero sí voy a empezar a aprenderlo todo otra vez y ponerme un poco al día. «¡Estaaaaás despediiiiiido! —silbo con ferocidad—. yo (la espectadora) contengo la respiración. «¡Vamos a ganar esta prueba! —grito a mis compañeros. Él trata de defenderse. Pulso play. Tengo que hacer algo. Pero ¿te crees que a ella le importa?» Mientras habla. No puedo quedarme sentadita en casa toda la vida. Y . «¡Lexi está en plena forma venenosa esta semana! —dice la voz en off—. ¡Estás expulsado del equipo!» «¡La Cobra ha golpeado de nuevo! —comenta la voz en off con desenfado—. Sin excusas. «No es humana —murmura—. Y nosotros hacemos todo lo que podemos. Si hay que dedicar las veinticuatro horas. Sobre la cama tengo preparadas tres bolsas relucientes con regalos para Fi. ¿Estaba hablando de mí? Ahora hay otro corte y de repente se nos ve a los dos discutiendo ásperamente en mitad de la calle. Y recuperar a mis amigas. Se ve un cielo nocturno a través del ventanal que tiene a su espalda. Lexi está poniendo a punto a su equipo —dice la voz en off—.» Me miro a mí misma con la boca abierta. Han pasado cinco semanas desde el accidente. joder. repiten a cámara lenta la escena. empezando con un primer plano de mi rostro. La cámara me enfoca. «Como siempre. Me ha costado una eternidad elegirlos.130 - . Tengo que rehacer mi vida. Voy a llevárselos hoy.

Respiro hondo y me estiro el traje chaqueta de Armani. —Pero yo no quiero… —Me interrumpo al oír el timbre—. algo intimidada. Y tienen dientes salidos. chicas! —Las miro con la sonrisa más calurosa y amigable que logro esbozar—. No es de extrañar que todos me odien. Es mi taxi. veo junto a la máquina del café a Fi. El problema de darte esta clase de charlas a ti misma es que sabes muy bien que son una sarta de chorradas. Fi gesticula señalándose el pelo. Agresividad. ¿Cómo es posible? ¿Por qué nadie me ha dicho nada? ¿Por qué no me han advertido? Cojo el teléfono y marco casi a puñetazos el número de Eric. —Hola. no puedo evitarlo—. en el otro equipo…» Ahora aparece en pantalla otro grupo de gente trajeada. Tienes instinto. Además. Nadie cree que yo sea una serpiente repulsiva. Luego. Soy un reptil. Me gustaría sentir la misma excitación que sentía hace un rato ante el día que me aguarda. Lexi. O a un koala. ¡Ya estoy de vuelta! . lo sé. En primer lugar. Los koalas son peludos y mullidos. ¡acabo de ver el DVD del reality show! —le digo a trompicones—. Mientras el taxi se abre paso hacia Victoria Palace Road. Como si alguien hubiera desenchufado una radio. cualquiera sabe que en la televisión lo distorsionan todo. Yo no puedo ni moverme. Pero la charla se detiene en cuanto me ven. y me doy a mí misma una charla «motivadora». He de dejarte. ¡A nadie le gustan las serpientes! Yo me parezco más a… a una ardilla. Y tú estuviste magnífica. Corro al dormitorio y recojo las bolsas de los regalos. —¡Hola. Pero ahora toda mi seguridad se ha evaporado. —Pero si me llamaban la Cobra… —¿Y qué? —¡Que no quiero ser una serpiente! —Debo de sonar casi histérica. subo a la tercera planta. tú eres una cobra. permanezco rígida en el asiento. Nada más salir del ascensor. —Eric. ¡Me llamaban la Cobra! ¡Y yo me comportaba como una auténtica bruja! ¿Por qué no me habías dicho nada? —Cielo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? mientras tanto. y habla con Carolyn con gran animación. Carolyn y Debs. Lo cual te convierte en una gran ejecutiva.131 - . fue un programa impresionante —repone en tono tranquilizador—. —¿Un koala? —Eric ríe—. aferrada a las bolsas. ese programa ya es muy antiguo y todo el mundo lo ha olvidado… ¡Uf. El taxi me deposita frente al edificio de la empresa. tratando de recobrar el ánimo. Cariño. todos discuten sobre el precio de una negociación.

yo no puedo usar esto —interviene Carolyn. Los nervios me hacen hablar a borbotones y decir demasiadas tonterías. Se miran. —Bueno. —¡Tienes una pinta estupenda! ¡Me encanta esa blusa! —Fi me mira con extrañeza—. abrumada—. Ahora que ya creíamos que había . Antes de quedarme embarazada. Con razón me miran pasmadas las tres. pues por fin es tuyo… —En realidad… —dice incómoda—. Fi se ha cruzado de brazos. Vale. Hasta luego. y me devuelve el estuche de perfume que le he comprado y la bolsa de cuero en que iba envuelto—. se mete a toda prisa en la oficina. —¿Ah. Debs! ¡Y tú. no? Pero… ¿es que rompisteis? —No puede ser. Debs parece reprimir una risita. Las otras dos se han quedado mudas. Siempre nos parábamos delante del escaparate. ¡Dios mío. Debs… Ahora que se las entrego. —No me apetece hablar del asunto. Puedo cambiarlo y buscar otra cosa… —Lexi. —¿A qué viene esto? —pregunta Debs. —¡Pero si es tu favorito! —Lo era —me corrige—. Carolyn! ¡Vaya peinado! ¡Y qué botas más chulas! —¿Éstas? —Carolyn suelta una carcajada—. no importa. —Bueno. Las tengo hace siglos. veo que tiene los ojos rojos detrás de los cristales de las gafas—. Me lanza el envoltorio y la cinta y. —Bueno… todavía son llamativas. sarcástica—. esto es para ti. ¡Tú también estás fantástica. pero al menos es una reacción. Os he traído una cosita. Para mi horror. Lexi —dice Fi. Cada fin de semana. Bueno. Bueno. Todo el mundo daba por supuesto que seguirían juntos para siempre. no sé. Abridlas. no puedo aceptar… —Claro que sí. Se me cae el alma a los pies. —Intento calmarme un poco—. Por favor. Es un reloj de oro. las bolsas parecen demasiado llamativas y hasta ridículas. indecisas. —Bravo. sólo que algo más deslucido.132 - . —¿Estás embarazada? —La miro. Ella lo abre con un chasquido. —¿Te acuerdas? —le digo entusiasmada—. —Bueno. como encogiéndose de hombros. Carolyn. dándose media vuelta. Imposible. Lexi —dice Fi con un gesto. —¿Gucci? —exclama Fi boquiabierta mientras saca un estuche de joyería—. no será una sonrisa. Ábrelo y verás. Fi.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Hola. es mío desde hace dos años. Ese olor me da arcadas. Lexi. felicidades! ¡Es maravilloso! ¡Me alegro tanto por ti! Matt debe de estar contentísimo… —No es de Matt —me corta. ¿vale? —murmura. y luego cada una empieza a romper el envoltorio. Porque… sois mis amigas… Vamos. Se arremanga la blusa y veo que lleva exactamente el mismo reloj.

Le va a encantar. A ella las joyas la vuelven loca y. abre tu paquete. Mientras se alejan. Byron —le digo con un tono que quiere ser enérgico—. Le he comprado una cruz tachonada de diamantes diminutos. nos vemos. devolveré la cruz… y el reloj… y el perfume… Con dedos temblorosos. como si estuviera muy claro—. Debs lleva tantos anillos que no me había dado cuenta—. una cruz nunca falla. ¿Cuándo es la boda? —El mes que viene —dice. rehuyendo mi mirada—. en estos casos. Southey's. ¿Por qué siempre elige gente que no conozco? —Refréscame la memoria —le digo a regañadientes. Lexi. No sólo no has recuperado a tus amigas. —Bueno. —Me arde la cara de vergüenza—. Aunque hoy estaré casi todo el día con James Garrison. Me vuelvo y veo que viene por el pasillo con un café en la mano—. ¿Desde cuándo? —Desde que me comprometí con Jacob —me dice. A mí me hace mucha ilusión. —Ciao —añade Debs sin mirarme a los ojos. En Wiltshire. Y no te preocupes. —Es el jefe de la distribuidora. sino que lo has fastidiado todo un poquito más. Recuerdas a James.133 - . Debs desenvuelve su regalo en silencio. Pero quería algo realmente especial… —¡Una cruz! —Debs me devuelve la caja con la nariz arrugada. ya sabes dónde encontrarme. Se hace un silencio muy denso. —¿Un regalito para mí? —Es la voz sarcástica de Byron. —No sé por qué. ¿Estás prometida? —Ahora me fijo en el anillo de platino que lleva en la mano izquierda. Debs. Me alegro de verte. con un diamante en el centro. Lexi. ¡Qué amable de tu parte! Este tío me da repelús. —Ya sé que es un poquito desorbitado —digo nerviosa—. Lo encuentro admirable. —Bueno —dice Fi con una voz extraña—. No puedo desmoronarme. alzo la barbilla y me aparto de la cara un mechón rebelde. como si apestara—. Haciendo un esfuerzo. Espero que todo vaya de maravilla. meto todos los envoltorios en una de las bolsas. Yo no puedo llevar esto. Él sí que es un reptil. Bravo. Lo siento muchísimo. Quiero decir… eh… ¡felicidades! —Consigo mantener la sonrisa—. —Hola. No tenía ni idea. ¿no? Cabrón. —¡Uau! —exclamo con alegría—. ¡Soy judía! —¿Judía? Venga ya. Me he convertido. —Demuestras mucho valor volviendo —me dice mientras cruzamos el pasillo—. ¿Sí? Distribuyen nuestros productos . para cualquier duda.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? superado lo de Matt… —No lo sabía. Iba a decir que no tengo aún la invitación. No la tengo porque no estoy invitada—. siento unas ganas tremendas de llorar. —¡El mes que viene! ¡Dios mío. Debs! Pero si todavía no tengo… —Enmudezco de golpe.

televisión… —Sé lo que es una agencia. ¿Es que no sabe llamar primero? —Muy bien —digo a la defensiva—. tendremos que buscarnos otro distribuidor. Tengo sólo un par de preguntitas. Byron. Y aún no he terminado de leer el primer documento… —¿Cómo te va? —La puerta se ha abierto silenciosamente y Byron asoma la cabeza. Discusión presupuestaria. ¿Y Pinkham Smith? ¿Qué pasó con ellos? Teníamos una relación excelente… . alfombras. Hacen nuestros anuncios. —Muy bien. La verdad es que últimamente han perdido el norte. que contiene las actas de las reuniones del departamento. —Hace una pausa—. Primero: ¿qué es QAS? —Nuestro nuevo software de contabilidad. Sólo veinte minutos después. Tres años.Com? —Es la empresa que atiende a nuestros clientes on-line. Tampoco es tanto. —Dispara. Mantenme informada. —Hemos llegado a mi despacho—. Hubo una reestructuración y muchos departamentos fueron suprimidos. ¿Y nuestro departamento de atención al cliente? —Todos despedidos. Radio. —Me acuerdo de Southey's. —Se apoya en el marco de la puerta. Renovación de contratos. —Asiento con aire ejecutivo—. Valoraciones de rendimiento… Es como si hubiera vuelto al colegio y tuviera que pasar seis cursos a la vez. Todo el mundo ha recibido ya la formación necesaria. —Intento asimilar toda la información y vuelvo a mirar el documento—. No recuerdo haber leído nada serio o pesado en mucho tiempo. entonces también puedo recibirla yo —digo con energía—. Puedo ponerme al día. Abro el armario del archivo. O sea. Estupendamente. Nos vemos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? por todo el país. —¿Cómo?—pregunto desconcertada—. gracias —replico cortante—. —Está bien. ya me duelen las meninges. ¿qué es? —Nuestra agencia de publicidad —dice. saco un montón de carpetas. Están en crisis. Si no logran mejorar. y estos expedientes son densos y aburridos con ganas. como armándose de paciencia—. Y ¿qué es Services. Cierro la puerta y tiro las bolsas en el sofá. —Bueno. —Vale. me instalo en mi escritorio y me enfrento al primer expediente. Y BD Brooks. Los llevan en camiones —añade en tono socarrón. Y ¿por qué te reúnes con ellos? —Bueno.134 - . Sin dejarme vencer por el desaliento. baldosas y tal. Hace años —contesta con aire aburrido—.

no tienes ni pajolera idea. Es una gran idea. Me ha parecido lo más adecuado. —Espera —la detengo a la desesperada—. Ahora tengo la oportunidad de demostrarle que no soy una bruja tiránica. como si fuera a morderla o despedirla. alarmada. ¿De qué se trata? . — Me observa atentamente. Lexi. Lexi. ¿no? Abro la boca para replicar. ¿Querías algo? ¿Una taza de café? Parece aterrorizada. Lexi. —¡Hola. Muy bien. —Nunca llegarás a ponerte al día del todo. me gustaría conocerte mejor. más se estremece. Clare.135 - . por supuesto que no! —Levanta las manos—. —Estaba pensando… ¿quieres que te traiga un café? —¿Tú? —Ahora su mirada es de alarma. —Pone los ojos en blanco—. tú te has convertido en otra persona. Jo. —¿Ah. Es un asunto que te he dejado para que resuelvas tú. Es como si el paisaje que yo conocía hubiera sido barrido por un huracán. luego chasquea la lengua—. que sigue en el umbral de mi despacho y se está mondando de risa. ¿Alguna objeción? —¡No. ¿Todo bien? —Eh… sí. —¡No tengo ninguna enfermedad mental! —exclamo. No deberías someter tu mente enferma a una tensión como ésta. como directora del departamento. y me siento en la esquina de su escritorio—. Te la cuento antes de irme pitando. Clare levanta la vista. como si realmente pensara que soy una cobra—. ¿Sabes?. y echa a correr por el pasillo. No estás bien. —Tienes que afrontarlo. Clare! —le digo con mi tono más afectuoso. con los ojos fijos en mí. Lo cual me recuerda otra cosa. Me vuelvo y descubro a Byron. —Me mira con ojos desorbitados. ¿Traerme un café… a mí? —Sí. Que soy yo. Yo te lo traigo. Me pongo en pie y salgo bruscamente del despacho pasando por su lado. —Hola. ¿por qué no? —Cuanto más sonrío. —No… gracias. y cierra su móvil. Tal vez podríamos ir un día a almorzar juntas… a dar una vuelta… de compras… Clare me mira patidifusa. —Eh… sí. ¿no? —A lo mejor lo único que pasa es que quiero ser amable con mi gente y tratarla con respeto —respondo desafiante—. Lexi —murmura. —Se levanta despacio. —Claro que sí. Quebraron. todavía con una sonrisa sarcástica en los labios. sí? —Alzo la barbilla con orgullo—. Lo han reconstruido y no reconozco nada. como si sospechara una trampa—. —Me observa con lástima. Tiene razón.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Ya no existen. Por fin me trata como lo que soy. pero vuelvo a cerrarla. Como la jefa. Lexi Smart. —¿Qué pasa? —Oye —dice arqueando las cejas—.

salgo de mi despacho y entro en la oficina principal de Suelos y Alfombras. son los de arriba… O sea que vamos a intentar volver a la hora. todas las sillas giran en redondo. Quería saber… ¿Tenéis tiempo suficiente para almorzar? —¿Queeeé? —La chica sentada en mi antiguo escritorio me mira con . Encerrada en mi despacho. Lexi?» Y yo sonreiré medio apenada y diré: «No soy yo. S. Eh… ¿qué tal? ¿Cómo va la cosa? Nadie responde. Ni siquiera se inmutan. Sí. la asistente personal de Simon Johnson: Apreciados colegas. Suena bien. Puedo hablar del asunto sin ser desagradable. NATASHA Bueno. Simon os agradecería que se lo dejarais bien claro a vuestros equipos lo más pronto posible y que impongáis una política de control más estricta. —Procuro sonar simpática—. está bien. —Se lleva la mano al bolsillo y saca un papel—. Vuelvo a leerme el e-mail que ha enviado Natasha. Lo cual es intolerable. ¿Lo dejo en tus manos? Hijo de perra. No digamos ya a un departamento entero. Empezaré diciendo: «¡Eh. quiere que los directores les echen una bronca a sus equipos.J. Hay un murmullo general de gente al teléfono y teclados repiqueteando. Y menos aún mientras intento demostrar que soy una tía enrollada y no una bruja repulsiva. bueno. me lo meto en el bolsillo. Nunca le he pegado un buen chorreo a nadie. chicos! ¿Os hace falta más tiempo para almorzar?» Pondré los ojos en blanco para indicar que es una ironía y todos se echarán a reír. doblo el papel. camino de un lado para otro con el estómago atenazado por los nervios. ¿vale?» Y más de uno asentirá como diciendo: «Vale. Maldito hijo de perra.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Hemos recibido un e-mail de arriba sobre alguna gente que se está pasando con el tiempo del almuerzo. Se limitan a mirar al techo con una expresión de: «¡Venga ya!» —Bueno.» Y asunto arreglado. —¡Hola a todos! —empiezo—. Quizá podría hacerlo en plan simpático e incluso con cierto cachondeo. apartan la vista de la pantalla y las manos de los teclados. y alguien me preguntará: «¿Por qué? ¿Pasa algo. Respiro hondo. Ha llegado a oídos de Simon que algunos miembros de la plantilla están extendiendo sistemáticamente la hora del almuerzo mucho más allá de los límites estipulados. Todos se apresuran a colgar. Gracias. Durante medio minuto nadie advierte mi presencia. No hace falta que sea agresiva. preferiblemente — añade alzando las cejas—.136 - . que interrumpe su conversación telefónica en el acto. ésta a su vez le da un toque a la chica de al lado (no la reconozco). Pero no dice por ninguna parte «echadle una buena bronca a vuestro departamento». El departamento entero queda paralizado y en silencio. Hoy. hasta que Fi levanta la vista y le da un codazo a Carolyn.

—¡Escuchad. luego una goma. Lexi? —me pregunta. y entonces alguien la rasca hasta dejarla limpia… y vuelta a empezar. Ya sabes que tienes la llave de los servicios de dirección. —Trato de no perder la compostura—. —Sí —dice otra chica—. —Bueno. ¡Mucho más bonitos! —Aquí está bien —le digo con una sonrisa forzada—. Doy un respingo del susto y todos estallan en risotadas. Dejando de lado el episodio del traje de baño transparente. . Me meto directamente en el último cubículo. ¿de qué coño estás hablando? Fi y Debs explotan en una carcajada. Pero bueno. En serio. aunque no necesariamente ninguna de vosotras… —Lexi —interviene Carolyn—. Parece que no he logrado hacerme entender. Todo el mundo lo encuentra muy divertido. se va llenando y llenando. ¿Por qué habré querido ser la jefa? ¿Por qué? Lo único que consigues es perder a todas tus amigas. Justo para ir a King's Road y volver. por favor! —Se me está poniendo una voz estridente—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? incredulidad—. —Escuchad. —Muy gracioso. Y ahora hay dos chicas en el rincón que se han puesto a hablar. El personal de limpieza no se ha chivado nunca y los ejecutivos jamás entran aquí. Sobre la hora del almuerzo.137 - . ¡nos vemos! —acierto a decir—. o las dos cosas a la vez. Risitas por toda la oficina. ¿está claro? —digo. haciéndome eco. —Yo creo que está bien. Y todo. Otro avión de papel me da en la nariz. Yo me pongo roja como un tomate. levanto la cabeza y reparo en la puerta del cubículo. así que resulta bastante seguro. Algunas personas de la plantilla… eh… bueno. ¿a cambio de qué? ¿De un sofá en tu despacho? ¿De una Visa oro? Finalmente. Corro hacia el baño y me cruzo por el camino con Dana. Nadie me escucha. cierro de un portazo y me desplomo con la cabeza entre las manos. como de costumbre llena de grafitis. escuchad. No os colguéis demasiado durante el almuerzo. sorprendida—. De pronto me encuentro al borde de las lágrimas. Las carcajadas resuenan a mi espalda mientras salgo tambaleante. en realidad. Gracias por… vuestra magnífica labor. —Seeeeeerio —repite alguien. —Se encoge de hombros—. —Bueno. De golpe. ahora en serio… —¡Seeeeeerio! Ahora el departamento entero parece sisear por lo bajini o reír disimuladamente. Esto va en serio. Ha sido la experiencia más humillante de mi vida. Excepto yo. ¿Nos van a dar más? —¡No! O sea… Es demasiado. vale. Tengo una cosa que deciros. verte obligada a echar broncas y tener que soportar risitas y silbidos. Con una hora tienes tiempo de hacer unas compras. Con el tiempo. desesperada. —¿Vas a entrar en ese baño. —Esbozo una sonrisa—. un avión de papel pasa rozándome la oreja y aterriza en el suelo. Siempre hemos usado esta puerta como una especie de tablón de anuncios donde desahogar nuestras frustraciones y escribir chistes y diálogos idiotas.

— Levanto la mano izquierda. —Antes eran amigas mías… —Incluso yo percibo que arrastro las palabras—.» Sólo hay una salida. pero ya me va bien. Sufro un accidente de tráfico. —Llamo al camarero—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Repaso los mensajes. —No —dice él. Fría. Y de pronto tropiezo con un mensaje en rotulador azul que capta toda mi atención. —¡Ah! ¡Está coqueteando! Lo siento. —El norteamericano se acerca y se sienta en el taburete de al lado—. levantando la vista del Evening Standard. mejor. No quiero tomar nada para amortiguar el alcohol. Estoy casada. Yo no cambiaría ese cuerpo por nada. Siempre y cuando pueda conservar el equilibrio en el taburete. acida.» Debajo. apuro mi tercera copa. Tiene acento norteamericano y el pelo oscuro con grandes entradas—. me encuentro atrapada en el cuerpo de una bruja. ¿Es que no va a preguntarme por qué quiero otro? ¿No va a ofrecerme como en las películas un poco de sabiduría casera? Coloca el cóctel en un posavasos y añade un cuenco de cacahuetes. pero no hago ni caso y le doy un trago generoso a mi copa. Es lo que dicen todas mis amigas. Es la letra de Debs y dice: «La Cobra ha vuelto. Hay una historia calumniosa sobre Simon Johnson que me arranca una sonrisa. a la vuelta de la esquina. —Pues lo soy. No sé cuándo se fue a la mierda mi vida. Pero yo no lo sé de verdad —digo. levantando un dedo—. acodada en el bar del hotel Bathgate. Mi marido. . con boli negro. —Lo dirán algunas. Lo que quiero es que me suba directo a la cabeza. sonriendo. localizo la alianza tras unos instantes y se la señalo—. cuanto más borroso. El tipo alza las cejas levemente. que yo aparto con desdén. Por lo que a mí respecta. Lo observo perpleja. Y consiste en pillar una borrachera de campeonato. El mundo se ha vuelto un poquito borroso. he escupido en su café. Lo observo con cierto resentimiento mientras prepara la menta. Con un tipo. —Ya. alguien ha añadido: «No te preocupes. por favor. —Echo otro trago—. —Pues a mí me parece que está atrapada en el cuerpo de un bombón. —¿A usted le parezco una bruja? Sinceramente. —Eh. —¿Le preparo alguna cosa? ¿Un tentempié? Me señala con un gesto la carta. por lo visto. —Eso dicen todos —comenta un tipo al final de la barra. Perfecto.138 - . Sírvame otra. con sabor a lima. ¡bum! Y cuando despierto. —Desde luego. Una hora más tarde. Nadie sabe nunca en qué punto se jodio.

agarro la coctelera y me doy un porrazo en la frente. comprensivos. tío! —Doy otro trago y llamo al camarero—. —Reflexiono un momento—. cree que bromeo. Es fantástico. las lágrimas acuden a mis ojos—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? ¿Ve? Casada. —El camarero le lanza una mirada al norteamericano. Luego me doy por vencida—.139 - . el camarero me mira imperturbable. ¡Incluso olvidé que tenía un marido! —Ajá. Los médicos dicen que no funcionará. aguardando a que fluyan los recuerdos. Son todos gilipollas. E. Noto cómo me sube el alcohol. Estupendo. Voy para casa. ¿pero ellos qué saben? El camarero sonríe. —Sí. ¡No quiero café! Estoy a punto de decírselo cuando mi móvil lanza un pitido. —Y esto me parece de repente tan gracioso que me sale una risita incontrolable—. Y quizá también tengo un amante. dejando caer la coctelera. Es un mensaje de Eric: Hola. Antes de que pueda detenerme. me zumban los oídos. —¡Exacto! —Me vuelvo hacia él—. —Los médicos siempre se equivocan —remacha el norteamericano—. Ni uno. Se oye un resoplido. el local empieza a balancearse. Pero los médicos pueden equivocarse. ¿se encuentra bien? —El camarero parece alarmado—. consigo sacarlo. Tomo otro trago. ¡Está loca! —Señorita. —Levanto la mano y permanezco unos momentos inmóvil. —Suspiro con impaciencia—. ¡El mundo entero ha de balancearse! —No crea que bebo para olvidar —le digo al camarero—. —Asiento seis o siete veces—. Tras un pequeño forcejeo con la cremallera del bolso. Ya lo creo. —Es de mi marido —informo al camarero—. —Muy bien. Me di un coscorrón en la cabeza y lo olvidé todo. El matrimonio perfecto… —Me quedo pensativa un instante—. Vaya morro. —Yo le prepararía un café bien cargado —le dice por lo bajini el norteamericano al camarero. ¿Le he dicho que sabe conducir una lancha motora? —Fantástico —responde con educación. ¿Quiere que llame…? —Espere. el tío. ¿Puede hacerme un favor? Coja esa coctelera y deme en la cabeza. Lo haré yo misma. Yo ya lo he olvidado todo. —¡Joder! ¡Me he hecho daño! —gimo. Maldita sea. Nada. —¿Lo ha visto? —dice alguien a mis espaldas—. Cuando levanto la vista. Aunque no hemos tenido relaciones sexuales. ¡Cuánta razón tienes. ¿no os parece? —Ahora me dirijo a toda la concurrencia. —Me aprieto el estómago. —Y dicen que no tiene cura. A estas alturas hay unos cuantos escuchando y un par de ellos asienten. —¿No tienen relaciones? —repite el norteamericano .

pero sé muy bien lo que quiero decir. —Doy un trago y me inclino hacia él. . Se le fundieron los plomos. Cierro los ojos. Y otra con «lengüetazos suaves y luego acelerados». luego la cara interna de los muslos. Sólo que no me acuerdo. Y no sé si recuerdo del todo el orden de los preliminares. me siento bastante excitada. ¿Qué? ¿Los muslos? ¿El pecho? Tendría que habérmelo aprendido de memoria. tratando de olvidar el mareo que siento y de recordar exactamente lo que escribió Eric. quizá se me fundan los plomos. pero no hago caso. O sea. es el remedio para la amnesia que ofrece la naturaleza. a conjunto y toda la pesca. Había una cosa «en el sentido de las agujas del reloj». De seda. ¡A lo mejor es lo que necesito! Tal vez Amy tenía razón. Además. ¡Voy a acostarme con mi marido! —¡Bien hecho! —dice el norteamericano. Ahora se me ve el sostén. Lo que no recuerde puedo inventármelo. se me fundirán los plomos y todo se aclarará de golpe. Quizá eran ahí los lengüetazos. O habérmelo apuntado en una nota en el cabezal de la cama. Ésa es mi misión. Bueno. Quizá usted no se dé cuenta.140 - . no importa. Va a ser una pasada. ¿no? Se me fundieron los plomos. Mientras subo en el ascensor. Sus palabras iluminan mi cerebro como un neón deslumbrante. Tendremos una sesión increíble de sexo. —¿Sabe? —digo lentamente—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Sí hemos tenido relaciones sexuales. luego el escroto… —¿Cómo dice? —pregunta el taxista. ¡Que lo disfrute! Voy a acostarme con Eric. me quito de la boca el chicle que he venido mascando para refrescarme el aliento y me desabrocho un poco la blusa. Creo que ya lo tengo. riendo—. Llegamos y pago al taxista. llevo una ropa interior chulísima. ¡Uf! No me he dado cuenta de que hablaba en voz alta. Vuelvo a abrocharme. Bueno. en plan confidencial—. —¡Voy a hacerlo! —Dejo el vaso de golpe—. Primero los glúteos. La única pega que se me ocurre es que no llevo encima el manual conyugal. Se me fundieron los plomos. Voy a atacarlo en cuanto llegue. pero eso es muy… pero que muy… sificativo… significati… No sé si me ha salido del todo la palabra. entro en el apartamento y llamo a Eric. no tanto. ¿No? Siento una pequeña duda. Vale. tampoco es posible que seamos una vieja y aburrida pareja de casados y que cada vez hagamos lo mismo. Ya no hay nada «andrajoso» entre mis pertenencias. —¡Nada! Los lóbulos de las orejas aparecían por algún lado. —¿Tan bueno resultó? —Suelta una carcajada—. Si nos acostamos. Mientras me dirijo a casa en taxi. recuerdo de pronto.

no es que sea exactamente antisexy pero… —¿Te sientes cómoda. ¡Eric! —grito. Él me mira unos segundos. El médico del hospital dijo que debemos mantenernos en un nivel en el que tú te sientas cómoda… —Pues me sentiría muy cómoda si lo hiciéramos ahora mismo. —Arquea las cejas—. desafiante—. Lexi? —me dice al oído. —Me paso una mano por el pelo—. Sexo. Voy dando tumbos sobre los tacones y las paredes se acercan y se alejan de un modo muy extraño. se me acerca. —Me desabrocho dos botones. Quizá sea mejor que se te pase un poco primero y que comas algo. —¿Qué tal? ¿Cómo ha ido el día? —Eric… tómame. ¡qué grandes se me ven las tetas con este invento! Faltaría más. que está trabajando con su ordenador. Hasta que me doy cuenta de que lleva los auriculares—. y por fin se vuelve. agradable. —Cielo. Él. Lo importante es que me han hecho darme cuenta de lo que necesito.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? No hay respuesta. —Bueno… está bien. por sesenta libras—. Es… agradable. Dios. Estoy bastante borracha. De lo que me hace falta. O tres —asiento. Un poco raro en un hombre. Soy tu esposa. Llego a la puerta del estudio y veo a Eric. darse la vuelta y verme. Ya lo había notado antes. Sí. eso. En la pantalla aparece el folleto del Blue 42. Fúndeme los plomos. Pero no. Se quita los auriculares y sonríe. jadeante. ¿has bebido? —Quizá me haya tomado un par de cócteles. Esto es una decisión importante. agarrándome al marco de la puerta—. me rodea con sus brazos y empieza a besarme. Lo que mi marido debería hacer ahora es percibir las vibraciones sexuales que hay en el ambiente. —¿Vamos al dormitorio? —¡Vale! . la verdad. La fiesta de inauguración se celebra dentro de pocos días y él está dedicado por entero a preparar su intervención. Vamos. Quiero decir. Tiene una boca bastante suave. Bueno. Veo cómo trabaja su mente mientras me observa. Gianna ha preparado un caldo de marisco… —¡No quiero caldos! —Me entran ganas de patalear—. —Lexi. entornando los ojos. dejando a la vista mi wonderbra de La Perla. apaga el ordenador. como si nada. así que me dirijo al estudio.141 - . —Cierra el documento. yo no quiero forzarte a hacer nada. Será mejor que no intentemos hacerlo de pie. Hagámoslo. su nuevo edificio. —Alzo la barbilla. —Eric —digo con mi voz más roca y sensual. ¡Tenemos que hacerlo! ¡Es la única manera de que empiece a recordar! ¿Qué le ocurre? Yo creía que se me echaría encima sin más y lo que hace es frotarse la frente con el dorso del puño. —Bueeeeno. —¡Sí! —susurro.

Ahora me arrastra hacia la cama. pero yo no tengo la sensación de ir a ninguna parte. Bueno… no quería darle un empujón tan fuerte. me lo quito de encima de un empujón y ruedo hacia el otro lado de la cama. Escucha. —¿Sí? —susurro. pero ¿cómo? Pito. Para. vale. Parece todo un poquito raro. pito. reanudamos el besuqueo. ¡No! No debería. En el sentido de las agujas del reloj. Tengo un marido fabuloso con un cuerpo fabuloso y estamos en la cama… ¡Agggg! ¡Mi pezón! —Perdona —susurra—. como si fuese a hacerme una entrevista de trabajo. ¿Por qué me estruja tanto? Como si estuviese comprando fruta. cielo. Aunque Eric tal vez lo notaría. parece que ahora pasamos sin más al interior de los muslos. pero yo no sé muy bien qué debo hacer a continuación. Tiene un buen tórax. —Creo que sí—murmuro. ¡Lexi! ¿Estás bien? ¿Has tenido un . no sé si «cómoda» es la palabra apropiada. ¡qué buena! ¡Y qué caliente me pones! ¡Otro con la manía de decir «caliente»! Debería acostarse con Debs. Le desabrocho la camisa y empiezo a acariciárselo. Voy a concentrarme en… el pecho. Me va a hacer un morado. colorito… No. Por la manera que tiene de mover las manos. Borra esa idea. Me doy cuenta de que voy tres pasos por detrás en los preliminares. En fin. Vislumbro el manual conyugal sobre la otomana y me pregunto si podría abrirlo en la página de Preliminares con la punta del pie. obviamente. cielo —me murmura al oído. Esto es surrealista. En la habitación. —Lexi. Creo que ahora me toca a mí hacer alguna cosa. Estamos moviéndonos. ¿te sientes cómoda si te toco el abdomen? —Eh… ¡supongo! ¿Por qué me pregunta eso? ¿Por qué iban a parecerme bien los pechos y no el abdomen? Y para ser del todo sincera. Por Dios. gracias a su hora diaria de gimnasio.142 - . no digamos ya en la charla sexy. jadeando y haciéndolo todo tal como dice el manual. —¿Te parece bien que te toque los pechos? —murmura mientras empieza a quitarme el sujetador. —¡Qué buena estás! —dice con voz ahogada—. Él parece muy concentrado. Las nalgas tal vez o… Sí. —¿Qué pasa? —Se incorpora alarmado—. Firme y musculoso. demasiado formal. Pero Eric no parece haberlo notado. Déjate de melindres. preguntándome si me va a decir: «Te quiero.» —¿Te sientes cómoda si te meto el pene en tu…? ¡Argggggg! Sin pensármelo dos veces.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Sale del estudio y lo sigo dando tumbos. Tengo que corresponderle de algún modo. Esto es fantástico. Eric me echa su cálido aliento en la nuca. eso no puedo negárselo.

Habla muy en serio. por si pudiera oírme. Sabía que nos estábamos precipitando. ¿duermo aquí esta noche? —me dice por fin. El matrimonio sólo funciona si eres totalmente sincera. Pero quizá podríamos relajarnos un poco.143 - . Lo siento. Me he sentido de sopetón un poco… —Lo sabía. Ser más… espontáneos. «A mí “pene” me parece sexy. O sea. Suena un poquito. —Me muerdo el labio—. ¿No crees? —Sólo trataba de ser considerado —repone con frialdad—. Ha sido esa manía de preguntarme cada dos por tres si me sentía cómoda. Y te lo agradezco. —Le digo por fin. tenerlo durmiendo conmigo toda la noche me resulta… demasiado íntimo—. vale —rectifico—. Ha sido porque has dicho… «pene». Eric no está a la vista. Fenomenal. sí. Lo siento. No. —Se da la vuelta y empieza a ponerse la camisa con gestos bruscos. Lo comprendo. Eric se reclina sobre el cabezal.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? recuerdo repentino? —No. no puedo mentir. Ésta es una situación muy extraña para los dos. En fin. No he tenido relaciones sexuales. El teléfono junto a la cama empieza a sonar. de veras. En cuanto sale. —¿«Pene»? —repite estupefacto—. —No ha sido ningún recuerdo traumático. obviamente es bastante sexy… —¡Por favor! ¿Cómo puede parecerle sexy?—. —¡Oh! —Me echo atrás sin poder remediarlo. me desplomo sobre los almohadones. ¿Qué pasa con «pene»? —Es que… ya sabes. Seguro que es para Eric. ¿Qué me pasa? Es mi marido. Eric se queda callado. Dime. Soy Jon. —A mí «pene» me parece sexy—dice por fin. Tendré que mentirle. —Entonces. No resulta muy sexy. Lexi. no sé… formal. como sopesando lo que he dicho. Luego recuerdo que está en la ducha. Quizá podríamos dejarlo tal como está un tiempo. es sólo… —Perfecto. No recuerdo nada.» Me entra una carcajada y me tapo la boca. —Suspira y me toma de las manos—. Creo que voy a darme una ducha. ¿Estás . Como palabra. —¿Hola? —Hola —una voz seca y conocida—. con gesto desconcertado. —¡Lo sé! —digo—. Hace un momento estaba decidida a hacer el amor con él. —¿Jon? —Noto que me pongo al rojo vivo. pero al principio no me muevo. ¿por qué no te has sentido cómoda? ¿Te ha venido un recuerdo traumático? Ay. Y en cambio. —Me apresuro a cambiar de tema—. no sólo era eso. con la vista fija en el edredón—. He fallado estrepitosamente. —De acuerdo. pero aun así corro al baño adosado con el teléfono. —Se pone de pie sin mirarme a los ojos—. —Le pongo una mano en el hombro—. cierro la puerta y echo el pestillo—. Alargo el brazo y descuelgo un auricular Bang & Olufsen que es el último grito. —Bueno. Dios.

me bebo cada una de sus palabras. que sigue dándome vueltas. Me pregunto si se ha sentido ofendido y me ha colgado. Sin teléfono. Bueno… un poquito quizá. Ni siquiera estoy segura de por qué se lo he dicho. ¿En qué lío me estoy metiendo? —Basta. Bueno. ¿Se está riendo? —Te quiero —dice. Jon. Aquí estoy. Lexi. . —¡No puede ser! Tienes que parar. ¿A esa bruja repulsiva? Entonces debes de estar loco. mejor. —Tú no me conoces. Podríamos vernos y hablar. —¿Y? —resurge su voz. —¡Eric y yo acabamos de tener relaciones sexuales! —le suelto. Pero no eras una bruja repulsiva. Hemos de vernos. Quiero que mi matrimonio funcione. —Me examino la cara enrojecida en el espejo—. Que eres.144 - . —Todo el mundo parece creer que lo soy. ¡Estúpida de mí!—. —¿Qué…? —Trago saliva—. susurrándole a un tipo que no conozco. en mi propio cuarto de baño. Oigo una especie de bufido al otro lado de la línea. Camino de un lado para otro. desafiante. Ah. Tengo que pensar. —Suena desconcertado—. Se hace un silencio. —Intento salvar la situación adoptando un tono de atenta y solícita esposa—. O como sea. —Ah. —Me quedo de piedra. Que lo era. —Quiero a la chica… que eras. vale. Es como si estuviera poniéndome un bálsamo en una herida en carne viva.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? loco? —susurro furiosa—. Ahora voy a buscarlo… —Pero quiero volver a hablar contigo —me corta él—. Bajo la neblina del alcohol. pasándome la mano por el pelo y tratando de arrancarle alguna idea sensata a mi cabeza. ¡No! No puedo empezar a ver a alguien a espaldas de Eric. Tenemos que hablar. He de hablar con él. ¿Para qué me llamas aquí? ¡Es muy arriesgado! ¿Y si se pone Eric? —Yo esperaba que se pusiera Eric. —Estabas descontenta. Y cometiste algunos errores importantes. —¡Tú no eres una bruja repulsiva! —Ahora ríe abiertamente. ¿Qué clase de errores? —Te lo diré cuando nos veamos. Todo este… diálogo o lo que sea. Quiero seguir escuchándolo. Por supuesto. Al teléfono. ¡Basta! —lo corto en seco—. Hablaremos de todo. —Lexi… ¿estás borracha? —No. simplemente… No. te he echado tanto de menos… Su tono íntimo me incomoda de repente. —¿A la Cobra? —replico con brusquedad—.

no tienes ni idea de cómo te echo de menos. tengo que dejarte —le digo a toda prisa—. espera. me aturde. mesándose la nuca y dejando entrever la axila… La imagen resulta tan vivida que pestañeo—. Debería estar caminando con el teléfono en la mano y diciendo: «¿Cariño? Es Jon. —Eric —digo en voz bien alta al acercarme a su baño. quito el pestillo y salgo del baño apartando el teléfono ostentosamente. Te paso a Eric. Y también sé cómo es Eric al respecto. . Eso cambia las cosas. irónico. —¡No sé! —repito nerviosa. —No te sigo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Ya me entiendes. si lo fuera… —Lo siento. Lexi. pero no hago caso. —Su tono ha cambiado. En serio. Porque si fuera cierto lo que dice.» Pero algo me retiene en el baño. Vivir sin ti me está matando… Se me ha puesto húmeda la mano con que sostengo el teléfono. —Ha sido… —Me aclaro la garganta—. —Hemos de vernos —dice. para ti. Me confunde. ¿Cariño? Jon.145 - . para ti. No paro de pensar que quizá todos mis recuerdos estén ahí. como si estuviera contaminado. con la cara fruncida y el teléfono en una mano. Sexo. con su camiseta gris y sus tejanos. encerrados. Ya me entiendes. Hábil… considerado… con la imaginación de… —¡Basta! Lo dices como si fuesen defectos. —¿O acaso crees que tener relaciones sexuales con él es una prueba de que lo quieres? —Su voz suena implacable. No puedo seguir escuchándolo. Como si tuviera que detenerme. él sale envuelto en una toalla—. y que si consigo llegar… ¡Es tan frustrante! —Dímelo a mí —dice Jon. —Lexi. y de repente me lo imagino de pie. con el auricular pegado a la oreja—. Ya sabes cómo son estas cosas. Como si estuviera a punto de caer al vacío. suena más tranquilo. —Sí. —No podemos. —Oigo su voz en el aparato. ¿Y qué tal te ha ido? El sexo. ya sé. —Noto un temblor espantoso. —Te echo mucho de menos —prosigue con una voz grave y dulce—. sentándome en el borde de la bañera—. cortante—. Creí que me estimularía la memoria —digo al fin. El arquitecto. Ni siquiera debería mantener esta conversación. ¿Crees que dejaré de estar enamorado de ti sólo porque te has acostado con Eric? —No sé… Quizá. Con piernas temblorosas.

Lo dejo correr.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 13 Lo he intentado. Lo he intentado de verdad. me levanto y estiro las piernas. He venido cada día a las siete de la mañana para adelantar un poco con esta montaña de papeles. O sea que aquí estoy. Me siento de puta pena. A ver. Estoy cansada. me senté y anoté en una hoja. en mi despacho. He colgado un cartel pidiendo ideas para organizar una excursión con todo el personal y nadie ha apuntado nada. para tratar de cotejarlo todo. luego me acerco a la puerta de puntillas. No. con una jaqueca espantosa y ningunas ganas de venir a la oficina. Abro una pequeña rendija y echo una miradita a la oficina principal. ¡Sírvete tú mismo!» Me he dado una vuelta hace unos minutos por la oficina y no han tocado una sola madalena. Esta mañana. me sale un gigantesco bostezo y apoyo la cabeza en el escritorio. me desperté toda pálida. Pero no importa. Hoy he traído una cesta enorme de madalenas de chocolate. De improviso. Paso una página del expediente que estoy leyendo y abro un documento en pantalla. taché la primera opción. He hecho todo lo que se me ha ocurrido para demostrar al departamento que no soy una bruja. El problema de dejarlo es que nunca sabría si hubiera sido capaz de hacer este trabajo. Y ya estoy harta de no saber cosas sobre mí. Cierro el expediente. aún es pronto. Dejaré pasar otros diez minutos. He puesto flores en los alféizares de las ventanas y no ha habido el menor comentario. Estoy revisando expedientes y archivos informáticos al mismo tiempo. Nunca más. Poco me ha faltado hoy para no volver. vainilla y arándanos. no puede ser importante. y la he dejado encima de la fotocopiadora con un cartel que decía: «De parte de Lexi. haciendo muecas de dolor a cada movimiento: OPCIONES 1. Vislumbro la cesta a través del cristal: sigue intacta. me preparé una taza de té con tres cucharadas de azúcar. Al final. y tengo los ojos enrojecidos de tanto leer. No lo dejo correr. 2. al día siguiente de que Eric y yo tuviéramos relaciones (por así decirlo).146 - . repasando un análisis de variación de costes de las moquetas de fibra durante el 2005. Reventada. ¿Qué pasa? ¿Por qué nadie se anima a tomar una? A lo . Por si fuera importante. Me quedé una eternidad mirando el papel. Fui a la cocina dando tumbos. Venga ya.

Una vocecita juiciosa me dice que lo deje correr. Vamos a tener verdaderos problemas si no le damos la vuelta a la situación. Puedo mandar a buscar unas cuantas si quieres —dice Debs. —Mira alrededor. Muy divertido. ja. Estas cifras no hacen más que confirmar lo que ya sabía: los resultados del departamento son pésimos. bien. Sólo pretendía ser amable. ocultando mi disgusto—. Las de arándanos hasta tienen limón glaseado. Deben de odiarme a muerte. Sólo quería deciros que esas madalenas son para vosotros. Yo ya he cumplido. y si no también. Al cabo de un momento me reclino y me froto los ojos. me siento alicaída. Las he traído esta mañana de la panadería. Ahí está la cesta. perfecto. Recién hechas. y dejo a un lado el bolígrafo. Vuelvo a sentarme ante mi escritorio. Pero no puedo. Punto. ¿Es que me he vuelto invisible? —Bueno. Se lo dije a Byron el otro día y él no pareció inmutarse siquiera. todavía intacta. tienes que aborrecer a alguien de verdad para rechazarle una madalena. ¿Cómo es que le trae todo sin cuidado? Anoto en un posit: «Comentar ventas con Byron».SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? mejor debería dejar más claro que las madalenas son para todos. por Dios. como si estuviera perpleja—. No voy a quedarme aquí sentada. —¿Quieres decir madalenas inglesas? —Carolyn arruga el entrecejo—. Ja. Lexi! ¡Gracias!» Ahora. ¿Nadie quiere una madalena? ¡Son de las buenas! —¿Madalenas? —pregunta Fi. Gruesas. Las ventas subieron un poco el año pasado.147 - . ¿O francesas? —En Starbucks tienen. ¿Alguien ha visto esas madalenas? Todos se encogen de hombros. —Me obligo a sonreír—. Si quieren madalenas. abro un informe financiero y empiezo a recorrer con el dedo las columnas importantes. Si preferís comportaros como críos. Vamos. ¡Disfrutadlas! Giro sobre los talones y me retiro. Y mira que éstas son de primera. . Me importa un bledo. Olvidadlo. pero todavía son demasiado bajas. —¡Hola a todos! —digo jovialmente—. Sólo es una cesta de madalenas. ¿Por qué no quieren mis madalenas? Me sentía muy animada cuando las compré esta mañana. conteniendo a duras penas la risa. en cambio. que me olvide del asunto. O sea que… ¡adelante! ¡Servíos vosotros mismos! Nadie responde. Me levanto de un salto y me dirijo otra vez a la oficina. sin hacerme caso a mí ni a la madalenas. No las veo por ningún lado. recién hechas. arqueando una ceja—. Ni siquiera se dan por enterados de mi presencia. —¡Vale! —digo. como si también estuvieran desconcertados. Salgo del despacho a la oficina principal. —¡Bueno! —Procuro sonar relajada—. Todos están tecleando o hablando por teléfono. Me imaginaba que se iluminarían todas las caras al verlas y que dirían: «¡Qué buena idea.

No debo reaccionar ni encabritarme… ¡Por Dios! No puedo resistirlo. —Desde luego. ñam! —¿Lexi? Me doy la vuelta y se me encogen las entrañas. —¡Claro! —Me aliso el pelo mientras trato desesperadamente de tragarme el pastoso bocado—. Escuchad. No sé de qué estás hablando. —No tan perfecto. haciéndola retroceder—. Byron parece a punto de reventar de regocijo. me veo reflejada y casi me da un patatús. Simon Johnson y Byron están en la puerta. Umm. ya no hay nada que hacer. Lexi. Acabo de tener una larga conversación con Byron sobre junio de dos mil siete. Oigo risitas a mis espaldas. —Bueno. la verdad. obviamente… —Se interrumpe y arruga la frente—. con los ojos como platos. ¿qué tal? ¿Cómo estás? —Quería hablar contigo un momento. ¡Es una madalena! ¡Una maldita madalena! ¡Muy bien! ¡Si no os la vais a comer. ¡voy a comérmelas todas! ¿Por qué no? — Tomo una de arándanos y me la zampo también en la boca—. Caen migas enormes por el suelo. —¡Simon! —farfullo horrorizada y escupiendo migas en todas direcciones—.148 - . La discreción es crucial. Tengo los ojos rojos del cansancio y todo el pelo alborotado. Carolyn ahoga una carcajada y algo en mi interior se quiebra. Estoy convencida de que podremos resolverlo —digo con . El berrinche y la furia ascienden en mi interior como un volcán.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Salgo airada y soltando bufidos. Todos las tenemos. Simon me mira como miraría a un gorila desquiciado que se dedicara a esparcir su comida por todo el zoo. ¿De qué estará hablando? ¿De qué? —Bueno. —Asiento como si supiera a qué se refiere. Al cruzar la puerta de cristal. Vamos a mi despacho. ¿Cómo pueden ser tan mezquinos? Irrumpo otra vez en la oficina. —¡Hablo de esto! —Agarro una de chocolate y la agito ante sus narices. aunque a mí «junio de 2007» no me suena de nada. Si no estás muy ocupada —añade arqueando las cejas. ¡Mmm. Estoy seguro de que él te habrá puesto al día. Lexi —dice Simon mientras cierro la puerta y dejo en el escritorio las madalenas medio mordidas—. empiezo a masticar con furia y enseguida le doy otro mordisco. Y ahora fingís que ni siquiera las veis… —Perdona. ¿Pasa algo en junio? —Voy a convocar una reunión el lunes para tomar la decisión definitiva. Debería habérmelo recogido. Simon. Es más. Pero realmente no hay alternativa. no perder la compostura. Prefiero no añadir nada más por ahora. He de mantener la dignidad. pensándolo bien —jadeo—. me he tomado la molestia de traeros estas madalenas porque me ha parecido simpático daros una sorpresa. pero me da igual—. —Fi parece contrita y sorprendida—. Sé que tú tenías ciertas dudas. En fin. toda sofocada. pero me hago la sorda. me la comeré yo! —Arranco un trozo enorme con los dientes.

Lexi? —me pregunta Simon. Lexi. tratando de aparentar la seguridad y desenvoltura de un alto cargo—. más animado—. Se da media vuelta y se aleja por el pasillo con Byron. He de irme.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? falso aplomo. La cabeza me va a estallar. Otra cosa. Bueno. el tipo nuevo de Southey's. tengo la sensación de que el suelo ha empezado a moverse bajo mis pies. Nada más mirarlo. Byron suelta una carcajada. —Muy bien —dice por fin—. Se hace una pausa espantosa. ¿Qué opinas de él? Gracias a Dios. Lexi —me corta Byron—. Southey's acaba de ofrecernos una mejora en el porcentaje y los servicios logísticos. —Ya —dice tras una pausa—. Por fin algo que me suena. sí —respondo con energía—. Me ha jorobado del todo. Estoy… segura de que tienes razón. Sabía que acabarías dándonos la razón —replica. nos vemos. Quizá podamos programar ese almuerzo en algún momento… —Oye. Las chicas tienen ganas… de divertirse. Byron. Tendremos que buscarnos otro distribuidor. Lexi. rezando para que no me pida que me explique con más detalle. ¡Simon. James Garrison ha cambiado la empresa de arriba abajo. Me dejó impresionado. Simon. —¿Tú no estás de acuerdo. haciendo un gesto con la cabeza. házmelo! —¡Una travesura infantil! —Estrujo las dos notas con saña—.149 - . en compañía de Keith. de Soft Furnishings. —Así me gusta. ¿Te has reunido con Garrison? —Umm… no. Me alegro de verte. Simon no parece nada divertido. Busco a tientas por detrás y me encuentro un pósit pegado. Tienes algo en la falda. señalándome el trasero—. —Hay otro —añade. Oigo que éste le dice al cabo de un momento: . Hijo de perra. Espero ponerme completamente al día muy pronto. Atolondradamente. Lexi. Luego me voy a reunir con James Garrison. Lexi —dice Byron de repente. A propósito. —Ah. —Lo acompaño hasta la puerta. —Lamento disentir. —Trago saliva—. —Se vuelve hacia Simon—. sorprendido—. No me atrevo a mirar a Simon. deduzco que Southey's no está dando la talla. Ayer me pasé el día con ellos. Simon. Noto que Simon me mira perplejo y decepcionado. —Hasta luego. me arranco un segundo pósit. Alguien ha escrito con rotulador rosa: Simon Johnson me va. aún no. Por desgracia.

y me desplomo en la silla. Y que has de incorporarte a una nueva vida y convertirte en otra persona. No creíamos que fuese a aparecer Simon. —Arranco otro trozo de madalena. —Me tiembla la voz—. Aunque tampoco parece estarlo conmigo. Este último pensamiento me provoca una tremenda punzada de angustia y. No podíais saberlo. Hundo la cara entre los brazos y estallo en sollozos. —Creía que ya no comías carbohidratos. Está comprobado. Creía que iba a ser todo fantástico. Se hace un silencio y. . veo que Fi sigue mirándome desconcertada. Y el caso es que no reconozco a esa nueva persona. Nadie quiere mis madalenas. aturdida. Entro en mi despacho. así que… ¡qué más da! —Arranco un trocito de la madalena de chocolate. —Soy la antigua Lexi. Suenas como la antigua Lexi. —Se muerde el labio—. —Me da de repente una pereza terrible tener que explicarlo todo otra vez—. Y resulta… muy duro. —Doy un suspiro—. Perdona. Byron me ha hecho la cama. Fi… imagínate que mañana te levantas y te encuentras de sopetón en el año dos mil diez. No me atrevo a levantar la vista. de repente. Simon? Está totalmente… Me quedo mirándolos. —Le doy un buen mordisco a la madalena—. —No pasa nada. incómoda. perfectamente. —Sí. cuando levanto la vista. hola. con la respiración agitada. Pensaba que ser la jefa sería divertido y emocionante. —Ya. Miro fijamente el escritorio.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¿Te das cuenta. Ya está. pues eso es lo que me pasa. no vaya a ser que Fi diga algo sarcástico o se ría de mí y yo acabe deshaciéndome en lágrimas otra vez. —Qué raro —dice—. saco un pañuelo de papel y me sueno la nariz—. Bueno. Estoy hecha polvo. No puedo con este trabajo. Mi carrera arruinada antes de hacer siquiera el intento. Una décima de segundo. Hay un largo silencio. mientras voy desmenuzando la madalena en trocitos. —Ah. temblorosa y consternada. ya no puedo contenerme: una lágrima me resbala por la mejilla. —¿Qué ha dicho? —No pareció impresionado. seguro. me lo meto en la boca y de inmediato me siento mejor. Yo sólo… —¿Estás bien? —me pregunta. Como si yo pudiera vivir sin chocolate. —Hurgo en el cajón. Fi me mira fijamente. Levanto la cabeza y veo a Fi en el umbral. No me había dado cuenta… No había pensado… Una voz interrumpe mis pensamientos: —Hola. —Me enjugo los ojos torpemente—. Ni siquiera sé por qué es como es. Era sólo una broma. ¿Necesitas algo? —Perdona por las notas. lo examino un instante y lo dejo a un lado—. Las mujeres necesitamos el chocolate.150 - .

Parezco una Barbie morena. —Me levanto un mechón de pelo y lo dejo caer—. Incluso a mí. A lo mejor Chungo tiene algunas respuestas. Nos dejaste de lado. —Se queda callada. te he echado de menos! —me dice. —Está bastante bueno. Es como si me desahogara ahora de toda la tensión acumulada. Empecemos de nuevo. «Simon Johnson: lo haré. —Lexi —dice Fi con aire contrito—. todavía con la respiración entrecortada. Recomponer todas las piezas. .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Perdona. —Sonrío con tristeza—. —Ya. Creo detectar que aún se siente herida. —Vacilo un instante. se te ha olvidado uno. por los pósit y… por todo lo demás. mordiéndose el labio y retorciéndose las pulseras—. Pero hoy no puedo. No me había reído así desde antes del accidente. —Perdona. —No te preocupes. O por lo menos. —¡Es viejísimo! Seguramente ni siquiera es capaz… Nos miramos a los ojos y estallamos de repente en carcajadas. ¿Tú sabes por qué rompimos Chungo y yo? —Ni idea. Y al final. dejamos de intentarlo. No me… no nos habíamos dado cuenta.» —Ni loca lo haría —digo. La risa lo limpia todo. —Escucha —prosigue. —Se encoge de hombros—. Dejo la chaqueta y me siento en el brazo del sofá. casi me da un ataque. —¡Esto sí que es surrealista! ¡Disculparme por algo que no recuerdo! Como el hombre-lobo o algo así. estrujándolo. fuiste tú… pero no eras tú. —¿No? —Fi sonríe. —Será mejor que me vaya —anuncio. —Le dirijo una sonrisa agradecida—. ¿Por qué no vienes con nosotras a almorzar? —Se acerca a mi escritorio con un entusiasmo repentino—. No pretendía dejarte de lado. ¿Para qué? No estarás pensando… —¡No! ¡Claro que no! Sólo quiero averiguar qué ha pasado con mi vida en estos últimos tres años. —¡Dios mío. tienes el mismo aspecto. Perdona. Lexi —dice en voz baja. Yo sí. no creo haberlo hecho. —¿Con Chungo Dave? —repite tan anonadada que se me escapa una sonrisa—. Nunca nos lo contaste. dándome cuenta de que ella seguramente conoce las respuestas a muchas preguntas—. maliciosa—. No fuiste tú. agarrándome la barriga y sin poder parar de reír. mirando el reloj—. Fi —digo con torpeza—. Busco a tientas y me arranco otro pósit. Quiero decir. tan baja que apenas la oigo—. Por las madalenas. —Estaría bien. O sea. También ella parece confusa. Cuando me vi en el hospital en un espejo. —¡No me digas! —Se me escapa una risita. He quedado con Chungo Dave.151 - . Era como si lo único que te importara fuera tu carrera. No me reconocía. —Me señala la falda. como en los viejos tiempos.

En Ambición. Ahora estoy subiendo de manera meteórica. Durante todo el camino no para de hablar por el móvil sobre «ofertas» y «millones» mientras me recorre con la vista. Pero que muy bien. —¡Fantástico! Ya hemos llegado al restaurante. no me cabe en la cabeza cómo lo soportaba: calzoncillos cutres tirados por todo el apartamento. el pelo mucho más largo (antes lo llevaba casi al cero) y gafas sin montura. Perdona. Por la actitud que haya adoptado… por las cosas que haya hecho… —No seas tonta. Derecho a usar el chalet de esquí de la dirección. Anda. a Chungo Dave las cosas le han ido bien. Ahora sí eres un jefazo. abrir una lata de cerveza y poner el fútbol en la tele. examinándome de arriba abajo—. Pensándolo bien. un pequeño local italiano. En otra época me habría gustado participar en un programa de ese tipo. Te vi por la tele. —Me mira con lástima—. Ahora soy David. con la barbilla apoyada en las manos. Perdona… eh… David. muy elegante. juguetea con el menú de plástico y no para de revisar su móvil. ve a tu cita. Pues mira por dónde. ¿Butch tampoco? —le pregunto sin poder resistirlo. —Tienes buen aspecto. Él me lanza una mirada asesina. Fi. American Express de la empresa. pero no puedo tomarme en serio a Chungo Dave en su papel de David. —Ya nadie me llama Chungo Dave —dice en voz baja—. advierto mientras se inclina sobre el mostrador para hablar con el recepcionista. la absurda paranoia de que me moría por atraparlo. Habría estado de suerte. —Me corta de una manera amable pero firme y me tiende la chaqueta—. Pero ese nivel ya lo he superado. cuando se guarda por fin el teléfono—. no como antes. con un traje de raya diplomática.152 - . Salimos a la calle para dirigirnos hacia lo que describe como un «buen restaurante de la zona». de veras. —Se arremanga como quien no quiere la cosa para que vea sus gemelos—. —Inspiro hondo mientras intento dominarme—. Su barriga ha desaparecido también. Ha pasado mucho tiempo. ¿vale? —Claro. Nos sentamos. ¿Vamos? Lo lamento. Me levanto de un salto y exclamo: —¡Chungo Dave! ¡Pero mira qué pinta tienes! Él hace una mueca y recorre el vestíbulo con la vista. el ejecutivo meteórico. Me echo hacia delante. Ahora sí debe de hacer ejercicio como es debido. claro. Ahora trabaja en la central de Auto Repair Workshop y tiene un cargo directivo en el área comercial. por cargarlo con tres hijos y todas las tareas pesadas del hogar… O sea. —Uau —digo. cuando toda su actividad consistía en levantar pesas cinco veces. . Lo veo salir del ascensor. chistes brutales sobre las mujeres. Chungo parece nervioso.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Yo también. Lexi —dice al volverse del mostrador. —Tengo un Ford Focus.

SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —David —empiezo—. La cuestión es que tuve un accidente de coche. Habíamos terminado. ¿No te lo explicó tu secretaria? No me acuerdo de nada. con la lluvia. —¿Por qué? —digo perpleja. Más bien fue una conversación madura. Estaba en una disco. ¿Ocurrió alguna cosa… nos alejamos poco a poco… o qué? No responde enseguida. —Porque no me presenté a la cita. Coincidimos los dos en que lo mejor era dejarlo. Recuerdo esa noche. ¿Puede atendernos? ¿Un poco de vino? Una botella de tinto de la casa. en realidad… por eso cortamos. Arrugo el entrecejo. —Mis últimos recuerdos son de la noche antes del funeral de mi padre. —Sí. —Me inclino aún más hacia él—. Y estoy intentando recomponer todas las piezas mi vida. ¿Te di la patada? —A la mañana siguiente. Bueno. pero que no podías controlar tu carácter celoso y posesivo. tal vez charlar de nuestra ruptura. por favor. no sé si recibirías el mensaje en que te explicaba por qué quería verte. Tú me dijiste que quizá estabas cometiendo el error de tu vida. —Entonces. —¡Joder! —Menea la cabeza mientras llega el camarero y luego se entretiene con toda esa comedia de probar y hacer servir el vino—. sí —asiente. —Cariño. ¿te parece buena idea desenterrar otra vez todo eso? Ya dijimos lo que teníamos que decir en su momento… —¿Desenterrar qué? —Ya sabes… —Mira en derredor y consigue llamar la atención de un camarero—. —¡Es que no lo sé! No tengo ni idea de qué ocurrió. ¿tuvimos una gran pelea? —No tanto —prosigue tras un instante de reflexión—. Suspira. muy cabreada porque tú no te habías presentado y. —Mi secretaria me dijo que querías hablar de los viejos tiempos —dice con cautela. Me diste la patada. Finito. me caí por unas escaleras… Ya no recuerdo más. Chungo se vuelve muy despacio y me mira fijamente. Me observa por encima de su copa. —¿De veras? —Estoy patidifusa—. Estabas harta. —Bebe otro sorbo de vino. como temiéndose una tomadura de pelo. Y lo que quiero saber es por qué cortamos. Sufro amnesia.153 - . . —¿Tienes amnesia? —¡Sí! He estado en el hospital y toda la pesca. se acabó. —¿Hay algo de lo que sí te acuerdes? —pregunta al cabo. pensativo—. ¿O sea que no recuerdas nada? —Nada en absoluto de los tres últimos años. procurando imaginarme la escena. averiguar qué ocurrió con nosotros. —Sí.

—Perdona. Y me alejé. para darte mi apoyo. —¡Exacto! Me siento perdida. Y deja de llamarme así. —Me froto la frente—. Estamos abriéndonos a nuevos productos en Auto Repair. que no querías verme ni un minuto más. Por un momento creo que voy a explotar. Me siento como si hubiera caído en mitad de un mapa con una de esas flechas enormes que dicen «Usted está aquí». —¿Cómo? —digo. ¿no? No puedo creerlo… ¿Yo salí con este tipo? —Sí. Si pudiera rastrear el camino. —Que puedo conseguirte un GPS de oferta. Me mira tan abiertamente y con tanta inocencia como cuando engañaba a los clientes para que asegurasen su coche con una póliza totalmente chunga. Y tus deseos son órdenes para mí. cuando lo que yo quiero saber es cómo he llegado aquí. guiarme hacia atrás… Él asiente sabiamente. eso es —le digo—. —Punto por punto. ¿No recuerdas nada? Por ejemplo.154 - . Me ofrecí a acompañarte al funeral de tu padre.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¿De veras? —digo con suspicacia. —Claro —contesta ofendido—. como si fuera el Dalai Lama haciendo una declaración en lo alto de una montaña. —Coge la carta—. a mí siempre me vas a importar. —Chungo asiente. ¿Te apetece pan de ajo? ¿Son imaginaciones mías o está mucho más contento desde que se ha enterado de mi amnesia? —Chungo Dave. —Da otro trago de vino—. Claro. sin comprender. —¿Y no pasó nada más en esa época? —Parto el palito y empiezo a mordisquearlo—. —Puedo hacerte una oferta. ¡Es una metáfora! ¡Me-táfo-ra! —Vale. vale. frunciendo el entrecejo. Estaba cabreada con él. ¿de verdad fue eso lo que pasó? —Le dirijo mi mirada más severa y penetrante. como si asimilara mis palabras—.» Te di una rosa y un último beso. Pero no te guardé rencor. —Suspiro y empiezo a desenvolver un palito de pan. —Sí. O una versión Chungo Dave de la verdad. pero dijiste que no. Dejo mi copa y lo observo con atención. —Se da un golpecito en la nariz—. ¿por qué me obsesioné tanto con mi carrera? ¿Por qué dejé de lado a mis amigas? ¿Qué pasaba por mi cabeza? —A mí que me registren —dice. . Fue precioso. Es un sistema incorporado. eso es indudable. por supuesto. Quizá sí le di la patada. Vamos a pedir el pan de ajo. Chungo levanta la vista de la carta. Te dije: «Lexi. —Lo que tú necesitas es un GPS —dice. ¿Te apetece que compartamos una lasaña? —Es todo muy confuso. —¿O sea que eso fue lo que pasó exactamente? —le insisto. repasando las ofertas de la carta—. Lo ha fabricado Honda. —¡No necesito un GPS literalmente! —casi le grito—. Quizá me ha dicho la verdad.

percibo que no es el mejor momento. Eric se mueve de un lado para otro mientras habla por teléfono con aire estresado. Lexi—me dice tapando el auricular—. —Eh… claro. —Eso espero. O llegaremos tarde. Antes de que se me olvide. ¿Es que ya no uso broches? ¿O flores de seda. Estás perfecta. Ah. —Seguro que saldrá perfecto —le digo para animarlo. Puag. Va a ser un exitazo. Se pasa todo el camino pegado al teléfono y cuando lo deja por fin. y rayos láser barriendo el cielo nocturno. se vuelve hacia mí y me dirige una sonrisa tensa. —¿Qué es? —Sonrío mientras lo desdoblo. Hay antorchas flanqueando el camino hasta la puerta principal. empieza a tamborilear con los dedos sobre el aparato mientras mira por la ventanilla. —Eric.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Llego a casa decidida a preguntarle a Eric qué sabe de mi ruptura con Chungo Dave. ¡Qué pinta más sosa! Parezco una agente de seguros.» Leo sin dar crédito: . Me pongo también unos diamantes y me vuelvo para mirarme. Quería darte esto —dice tendiéndome un papel. o pañuelos. esto es increíble. Seguro que hemos hablado de nuestras relaciones anteriores. un montón de prensa. ¡Uf! Nunca lo había visto tan tenso e hiperactivo. y me hago el moño de siempre. —Claro. Vamos. me pongo a toda prisa un traje chaqueta negro de seda y mis zapatos de tacón más altos. le aprieto una mano—. —¿No tendrías que llevar el pelo recogido? —me dice con una mirada crítica—. Estupendo. no puedo evitar soltar un gritito. Arriba figuraba el nombre de Eric. Tienes un aspecto poco profesional. Lo sabía. Parece el estreno de una película. Esta noche es la fiesta de inauguración del Blue 42. Mientras cruzamos las puertas de entrada. El chófer abre la puerta y me sujeto el bolso—. Lexi. Pero cuando entro en el loft. —¿Para qué? —¿Para qué? ¡Para la inauguración! Mierda. —Corre. salvo una cinta para el pelo beige. —Debería —responde sin mirarme—. —Por primera vez. Es ahora cuando vamos a convertir el Blue cuarenta y dos en la comidilla de toda la ciudad.155 - . sí. pero se me había ido de la cabeza. —Impulsivamente. Mucha gente de alto standing. —Rebusca en un bolsillo—. Vaya nota más estilosa… —¿Lista? —pregunta Eric. o agujas brillantes para el pelo? ¿Algo divertido? Hurgo en mis cajones pero no encuentro nada. Hay una alfombra roja para los invitados e incluso un par de fotógrafos esperando. Hecha un manojo de nervios. Ésta es nuestra campaña más importante. entrando deprisa—. él lo ha tachado y ha escrito encima: «Para Lexi Gardiner. Pero la sonrisa se me evapora en el acto: es una factura. Enseguida estaré.

Está bien. bajamos del coche y sigo a mi marido por la alfombra roja. —Trago saliva—. ¿Con mi dinero? —Bueno. No. Cantidad: 1 A pagar: 3. Puedes pagarlo cuando quieras. me digo. —Parece sorprendido—. Con un cheque o una transferencia a mi cuenta… ¿Me está pasando una factura? —¿Quieres que pague el leopardo? —Suelto una risita. es encantador. .200 libras. y señala al chófer. ¿TE ACUERDAS DE MI? —Pedí que lo reemplazaran —explica Eric—. Te daré un cheque. así funciona nuestro matrimonio. lo rompiste tú. A él le parece correcto pasarme una factura. Evidentemente. para ver si me está tomando el pelo—.156 - . —No hay prisa —añade sonriendo.SOPHIE KINSELLA Chelsea Bridge. Será mejor que subamos. ¿Hay algún problema? —¡No! Está… bien. En cuanto lleguemos a casa. Meto el papel en el bolso y le dedico al chófer una sonrisa lo más radiante posible. Leopardo de vidrio soplado. Déjalo. Cuando llegamos. Está bien. Pero no debería funcionar así. que aguarda con la puerta abierta—. objetos de regalo.

y Eric sale disparado a su encuentro. Como si tuviera trece años otra vez y estuviese colada por él. Lexi. Le echo otro vistazo y esta vez me sorprende mirándolo. con quién habla. Esto es una fiesta de verdad. Dónde está. Se los presenta a Ava. chicos! —Eric choca palmas con toda la gente de su equipo—. Bravo. cariño. Jon y otros que no conozco están en corrillo junto al ventanal. bolsas de regalos para los invitados y una legión de camareros de uniforme negro superelegante que circulan con bandejas de champán. Es la única persona de la que estoy pendiente en este lugar abarrotado. qué hace. les ofrece champán y se los lleva para que vean las vistas. me giro de manera que quede fuera de mi campo visual. un party glamoroso y a todo plan. Queda muy raro que estés aquí en medio sola. Ava. Sarah? ¿Todo controlado? —Ya están aquí —anuncia una chica que llega a toda prisa y por poco tropieza con sus tacones de aguja—. con flores por todas partes. De vez en cuando. le echo una mirada de lejos y enseguida desvío la vista mientras el estómago me da un vuelco. me arrastra con firmeza hasta el corrillo que forma Jon con otra pareja de aspecto ricachón. El loft del ático tiene una pinta más espectacular que la otra vez. Y detrás hay otro nutrido grupo. ojea el folleto y examina con curiosidad la cascada de agua. No sé si me habrá visto. El edificio entero está lleno de luces e inundado con el rumor de una música de fondo. . —¡Buena suerte. Han traído a varios amigos. Aún no he hablado con él. a mi izquierda. La mujer va con un traje chaqueta estampado de Dior. Los Van Gogen han venido más pronto de lo previsto. Antes de que pueda impedírselo. contemplo a los invitados que llegan cuando Eric aparece a mi lado. No se ha notado ni nada. —A ver —dice—. y departe con los Van Gogen con gesto concentrado. y Eric se dirige rápidamente hacia ellos. me vuelvo y le doy un buen trago a mi copa de vino. Me muestra sus dientes de porcelana y su canoso marido suelta una especie de gruñido. Casi sumida en un trance. Adrede. —Lexi. ¡A vender el edificio! En ese mismo instante entra una pareja. con un traje oscuro. ¿está hecho el repaso de los invitados? ¿Tienes la lista de prensa.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 14 Joder. Con las mejillas ardiendo. desplegando todo su encanto. Ven conmigo. que charla. —Lleva puesta una sonrisa de reproche—. con todo el pelo teñido de rojo y una cantidad exagerada de pintalabios. Jon está a unos diez metros.157 - . Llega más gente y muy pronto hay una pequeña multitud. los dos con abrigos carísimos. mientras la mantiene posesivamente agarrada por el hombro.

Aquí cabría un avión. —El otro problema que vemos es el diseño —continúa el hombre. . —Aquí lo que veo es mucha plata. Por Dios. vale. evidentemente el loft siempre puede adaptarse a su gusto personal. —Por mi mirada advierte que no entiendo—. Lámparas de oro. —¿La chimenea? —dice ella. —Qué tal. —El matrimonio se aleja. Lexi. Y cromo. Bueno. rezando para no estallar en carcajadas. Y Lexi siempre puede echarles una mano para elegir la alfombra de oro.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Permítanme que les presente a mi mujer. El espacio. Eric nunca me ha hablado de ese proyecto. con tono educado. arrastrando la R—. Umm… Parece que ha perdido impulso. ¿y qué les parece el loft? —pregunto volviéndome hacia la mujer de Dior. Si será lo bastante grande. con cara de póquer—. —Procuro sonar tranquila. yo me pongo en tensión. —En nuestra casa tenemos algunos toques de oro —apunta el millonario—. ¿No sería excesivo? —¿Puede haber excesos cuando se trata de oro? —repone Jon con simpatía—.158 - . Por ejemplo. También podríamos añadir apliques de oro macizo. —Alfombrras —interviene la mujer. si necesitan más espacio. —¿El diseño? —repite Jon. —¿Qué es Ridgeway? —Nuestro proyecto de viviendas asequibles. Como oiga una vez más esa expresión. me pego un tiro. esperando que lo diga— ¡el estilo de vida loft. muy seria. hablando en una lengua irreconocible. ¿Verdad. —Ah. Cuadros de oro. Ellos se miran como dudando. ¿Cómo estás? —Muy bien. como si fuera un invitado cualquiera. —Que no es lo bastante grande. Sólo obtenemos licencia para un edificio como éste si construimos algunas viviendas asequibles. El hombre le da un golpecito al folleto. Lexi —les dice Eric con una sonrisa radiante—. y Jon apura su copa. —Nos preocupa una cosa —dice el marido con un acento europeo que no identifico—. Me quedo de piedra. dudosa—. Una chispa cruza su rostro. ¿Cómo no va a ser lo bastante grande? —Nosotros creemos que quinientos metros cuadrados es un tamaño bastante generoso —comenta Jon—. bueno. Lo pensaremos. —Jon me mira un instante a los ojos mientras Eric se aleja de nuevo—. —Sí. —Ya veo —asiente Jon. Bueno. podríamos chapar la chimenea en oro. De todos modos. Alfombrrras de orrrro. Lexi? —Claro —digo. se podrían juntar dos o tres unidades. como si no hubiera estado obsesionada con él desde que he llegado—. Una de las grandes fans de… —hace una pausa. gracias. Aquí cabrían diez de nuestras unidades de Ridgeway.

nosotros nos conocimos en una inauguración como ésta. La gloria se la cedo a Eric. me pica la curiosidad. que aparece con un casco recorriendo una obra. —Mueve las manos como poniendo ladrillos y los miembros de su equipo aplauden a rabiar. Él creyó en mí.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Supongo que su corazón no está del todo entregado a esa parte del trabajo. Es una presentación impresionante. sus ojos relampagueantes en la oscuridad—. no lo digas… —¡Al estilo de vida loft. dedicado a… Contengo la respiración. Es un gran tipo. Ya lo creo. —Da un trago a su bebida—. Me quedo en silencio unos instantes. En cuanto hablaste.» —No. Un momento después. es honesto. sin dejar de mirar al frente. me pego un tiro. puede quedársela toda. incrédula—.159 - . Bienvenidos a Blue cuarenta y dos. —¡Bienvenidos! —Su voz resuena por la estancia—. Éste es tu gran momento. como si estuviéramos sincronizados. —¿Sabes?. Todo mi cuerpo parece rechinar de temor. “estilo de vida loft”. dirige una gran empresa… —¿Que te cae bien? —Meneo la cabeza. Tu loft. sí —responde secamente—. Mientras se atenúan las luces ambientales y se enciende un foco que lo ilumina. —Dijiste: «Si oigo otra vez esa expresión. el último proyecto de la serie Blue. me dio mi primera oportunidad. Por mí. eso hay que reconocérselo a Eric. Jon y yo retrocedemos unos pasos más hasta quedar sumidos en las sombras. Y de excitación. —¿Entonces por qué…? . apartándose de la multitud. —Te contradices —le digo en voz baja—. —¿Qué fue lo que dije? —murmuro. —De veras. En ese momento. ¿por qué te dedicas a diseñarlos? —Buena pregunta. Eso no estaba previsto. Si crees que los loft son para gilipollas con dinero. —No. lo supe. El tipo de delante se vuelve enfadado y. —Lo miro fijamente y casi suelto una carcajada. Suena una música vibrante mientras la estancia se sume aún más en la penumbra. Miramos en la pantalla a Eric. La verdad es que debería dejarlo. —No deberías esconderte —le digo—. yo también retrocedo unos pasos. Una pantalla enorme se ilumina detrás de Eric con imágenes de los loft tomadas desde todos los ángulos. Yo no pretendo fastidiarle la vida —dice al fin—. —Jon habla en voz tan baja que la música casi me impide oírlo—. —¿El qué? —Que me gustabas. el rumor de las conversaciones se va extinguiendo. No lo digas. Por eso no paras de decirme que lo deje. Pero Eric me cae bien. —¿Te has acordado de algo? —me susurra. —Ya. Jon me echa una mirada y retrocede. mi marido sube a un pódium colocado frente a la chimenea. es leal… —Hace pausa. por favor.

. Los dos estiramos el cuello para ver. Seguiré con él dentro de cincuenta años. No tiene ni idea de quién eres. No quiero volver a verlo. —Acaban de llegar de Italia las piedras decorativas para la pecera del dormitorio principal. —Menea la cabeza—. no. —Por supuesto que sí —replico—. —¿Ya has visto el Mont Blanc? —me pregunta Jon.160 - . —Suspira—. —Escucha. Nadie se fija en nosotros. —Con los nervios. Claro. Cuando suceda te avisaré. —No. ¿quieres venir y echarme una mano? Noto una tenaza en la garganta. —Jon me lanza una mirada impenetrable—. ¡Yo soy feliz con Eric! —No. —Bueno —dice. Sólo has de colocar las piedras en la pecera. —Gracias por la advertencia —le espeto—. —No hay problema. Eric sube al pódium de nuevo envuelto en un aura de éxito y dinero. Apenas puedo respirar. Es una invitación. Al final no podrás seguir soportándolo. ¡No puedo seguir así! Con tanto susurro y tanto deslizarse a hurtadillas para intentar… sabotear mi matrimonio. ¿de acuerdo? Ahora vamos a poner las piedras. Deberías tener tiempo antes de que termine la presentación. porque algún gilipollas los ha desordenado todos. —Dímelo. —¡Dímelo! —¡Jon! ¡Por fin te encuentro! ¡Una emergencia! Los dos nos sobresaltamos al ver aparecer a Ava por detrás. Viste un traje pantalón negro. —Ya lo descubrirás. Está en lo más alto. Lexi. ahora de mejor humor. aplaudiendo. me aparto de él. ¿Puedes encargarte tú de esto? —Le pone el saco en las manos—. Todo el mundo sigue atento a la presentación. —¿Qué Mont Blanc? —replico. —Aprieta los labios. —Trago saliva—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Él no te entiende. Instintivamente. Un desafío. —Eh… sí. Pero yo tengo que revisar los cubiertos en la cocina. como aguantándose la risa—. —Me mira a los ojos—. Ya he visto cómo sucedía una vez. procurarás amoldarte… pero tu espíritu es demasiado libre para una persona como él. me sale una voz aguda—. suspicaz. —¿Y tú sí. Me siento casi mareada mientras lo sigo a través de la multitud y subimos por la escalera al nivel elevado. —Harás todo lo posible. supongo? —replico justo cuando las luces vuelven a encenderse y un gran aplauso resuena la estancia. Entramos en el dormitorio principal y Jon cierra la puerta. No. Dentro de un año no estarás con él. —Lo dice tan seguro de sí mismo que me resulta irritante. Te estropearía la sorpresa. sujeta torpemente un saco de arpillera y se la ve muy nerviosa. He de decir que no.

Está a unos centímetros nada más. esto es perfec… —¿Jon? —La voz de Ava llega a través de la puerta y. la aspereza de sus mejillas. Sus ojos no se separan de los míos. Lo tengo tan cerca que noto su suave aliento en la piel. Y entonces sucede: su boca se encuentra con la mía y todo mi cuerpo clama que esto es justamente lo que tengo que hacer. pero no tengo alternativa. Tengo la respiración cada vez más entrecortada. Ava. él cierra la puerta de una patada y se me acerca de nuevo. —No. —¿Y esto significa algo para ti? —Me ha puesto las manos en la cara. estudiando mi expresión. —Se pasa la mano por la frente—. Tengo los ojos cerrados. —¿De verdad no recuerdas nada? —No —le digo. —La tranquiliza Jon—. para mí.161 - . salpicando y provocando un violento chapoteo. Quiero besarlo. Cummings? ¿O las patatas con mostaza? —No sé de qué me hablas —respondo. Nada. O sea. Los pobres pececitos corren como locos de un lado para otro. porque me tiemblan las piernas. pero apenas consigo articular palabra. —Me coge la cara como si quisiera devorarme. En cuanto Ava desaparece. Besa bien. —Lexi. Me separo de él casi tropezando. pero… —¿Y la poesía de E. —Trago saliva. empiezo a devanarme los sesos. ¿Qué pasa? Las piedras. buscando algo. Besarlo de un modo que no deseaba cuando estaba con Eric. me estoy abandonando. me gustan los girasoles. Sabe bien. y me acaricia con los pulgares. Estoy a punto de traer a un grupo de invitados para hacer todo el tour… —No hay problema. —Con todo el tiempo que hemos pasado juntos y todo lo que hemos llegado a decirnos… Tiene que haber algún modo de estimular tu memoria. Ya casi estamos. Por millonésima vez. viene a ser como una descarga eléctrica. con ojos inquisitivos. —¿Y esto? —Se inclina y me roza el cuello con los labios. Huele bien. Cojo el saco y empiezo a sacarlas y tirarlas a la pecera lo más aprisa posible. pero él no me hace caso. o ambas . Girasoles. ¿No fui una vez…? No. impotente. ¿Los girasoles te dicen algo? A mi pesar. E. Era lo que se suponía que estábamos haciendo. —¡Para! —digo débilmente. —¿Va todo bien? —Ava asoma la cabeza por la puerta—. —¡Joder! —¡Chist! —Él también parece desconcertado—. Se me ha olvidado todo lo demás. —Nada —digo por fin—. Deja el saco en el suelo y se me acerca. Girasoles. y suelto varios tacos por lo bajini. se me ha ido. o abrazarme. Mantén la calma. Y además no siento lo que digo. Me estrecha entre sus brazos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Le señalo el saco con la cabeza. Hola. sobre las mejillas. cansada—.

—¿Qué? —Él no entiende lo que ocurre hasta que sigue mi mirada—. El pez sigue flotando. Tiro el pez en el váter reluciente y busco el botón de la cisterna.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? cosas—. Le he roto la crisma con una piedra. Pero no sé cómo va la cisterna. La cabeza me da vueltas—. Ve al panel que hay junto a la cama. Vale. Eric! ¿Cómo estás? —Se corta la comunicación. su color azul resulta aún más chillón. —¡El agua! —digo a la desesperada—. Puedes anular los sensores y accionar desde allí la cisterna. Salvo uno de rayas azules. ¡Eh. mierda. yo entretendré a Ava. Si supieras… Esto ha sido una tortura… —¡Basta! —digo. —¡Ha costado trescientas libras! ¿Qué voy a hacer? ¡Los invitados van a aparecer de un momento a otro! —Un feng-shui bastante nefasto. Estoy casada. Buena puntería. —¡La cadena! —exclamo. —¡Ya! ¡Pero ahora no funcionan! ¡Y hay un pez muerto en el váter. . luego sale. meto la mano en el agua templada y cojo el pez por la punta de la aleta. con la loza blanca. —¡He matado un pez! —Se me escapa una risa horrorizada—. —Sonríe—. Esto tiene que ser una pesadilla. Debe de ser él. Poniendo la otra mano debajo para no mojar el suelo. No hay. Debe de ser un váter inteligente. ¡Venga. Pulso «marcación rápida» y Jon responde al cabo de un instante. Me coge una mano y la sostiene un instante. Tú tíralo por el lavabo. apartándome. mirándome! ¿Qué hago? —No pasa nada.162 - . acercándose a examinar la pecera—. —¿Sí? —¡El pez está en el váter! —cuchicheo enloquecida—. que flota en la superficie. y me besa la punta de los dedos. —Eso parece —dice Jon. —No hemos terminado —dice. Todos los peces tropicales nadan tranquilamente entre las piedras de mármol. dejándome sola con la maldita pecera. ¡Mierda! Ya no miro a Jon. y aquí. —Lo siento de verdad—digo con una vocecita infantil. Oh. dispárate ya! Pero el váter permanece impasible. Me saco el teléfono del bolsillo y busco en Contactos hasta que encuentro la J. ¡Uf! La calma ha vuelto a la pecera. agitando los brazos para disparar los sensores—. Si algo puede disuadir aun cliente de comprarse un apartamento supersofisticado es un pez muerto en el váter. ¡Tira de la cadena! Nada. Estoy mirando la pecera. —Los sensores han de activarse automáticamente. corro hacia el baño de alta tecnología. Haciendo muecas de asco. No podemos… ¡No puedes…! —Doy un grito y me tapo la boca con la mano—.

Giro en redondo: es Jon. aguzando el oído—. Una sirena lejana. Alguien ha disparado la alarma. Hay rejas metálicas descendiendo automáticamente por todas partes y cubriendo las ventanas. «Temperatura». Repaso la lista. no somos víctimas de ningún atraco. Quizá sea ése.» Un movimiento en la ventana atrae mi atención. la sirena enmudece. ¡George. Todos los ricachones invitados a la fiesta se apiñan en medio del loft como si fuesen un grupo de rehenes. Eric me va a matar. Dios. —¡Viene del dormitorio principal! —le grita a Eric uno de sus ayudantes. Es un caos total. descubro otro panel abatible en el lado opuesto de la cama. se oye alguna risita nerviosa. Un aullido. He arruinado la fiesta. Me temo que voy a tener que sacar el dichoso pez con las manos… Un sonido me detiene en seco.» Ay. después de consultar un panel junto a la chimenea—. Y entonces. me asomo a la balaustrada y miro a mis pies. sin previo aviso. vestida con un traje chaqueta blanco. «luces»… ¿Dónde estará «baño»? Y ¿dónde «cisterna del váter»? ¿Estaré manejando el panel correcto? De repente. ¿Qué diablos…? Dejo de pulsar botones y examino con más atención el panel. —¿Es un atraco? ¿Tienen armas? —grita histérica una mujer. En la pantalla parpadean estas palabras en rojo: «Alarma. los cuadros. La policía ya está en camino. junto a la cascada. Permanezcan tranquilos. mientras forcejea con sus propios dedos—. —Damas y caballeros. ¿Cómo podrá vivir nadie en un sitio más complicado que la NASA? ¿Y por qué tendría que ser inteligente una casa? ¿Por qué no puede ser agradable y estúpida? Pulso torpemente menú y luego anular y opciones. la decoración. trágate mis anillos! —¡Un helicóptero! —exclama un tipo de pelo gris. lo abro de un tirón y empiezo a pulsar botones a voleo. —La voz procede de la escalera. Zona Segura. Levanto la vista y veo una reja metálica que desciende sobre el cristal. salvo un tipo corpulento que se ha quedado atrapado tras una reja. Una intimidante pantalla digital parpadea ante mis ojos y dejo escapar un gemido. ¿Qué he hecho? Salgo corriendo de la habitación. ¡Escuchad! ¡Están en el tejado! ¡Somos un blanco fácil! Observo la escena paralizada de pánico. Las rejas de todo el apartamento . Zona Segura.163 - . pero la pantalla me responde «No autorizado» y luego continúa parpadeando: «Alarma. Tiene un mando en la mano y me lanza una mirada antes de dirigirse a la multitud— . Esperamos que hayan disfrutado de esta demostración de seguridad. El silencio que se hace repentinamente viene a ser como si saliera el sol.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Corro hacia la cama y localizo el panel abatible que hay en la pared. Me apresuro hasta el otro lado. Hace una pausa. La sirena se oye aquí mucho más fuerte. —¿Qué coño…? Vuelvo a pulsar los botones frenéticamente. No puedo creerlo.

Me ha salvado la vida. Mientras él se retira. Nosotros hemos preferido que las vieran con sus propios ojos. —Tal vez voy a provocarte un pequeño shock —dice con una voz susurrante y entrecortada—. Que disfruten del recorrido. Yo no le dije una palabra a Eric. —Ensayo un tono indiferente—. Me entra flojera en las piernas. ¿Rosalie lo sabe? . de puro alivio. Lleva un minúsculo vestidito turquesa de lentejuelas y unos zapatos de tacón con plumas—. Espero unos minutos y bajo las escaleras discretamente. Hace un tiempo me contaste algo en secreto. sumerjo la mano. Cuento hasta tres. Me entra un miedo repentino. No pienso volver a tocar un panel en mi vida. desde luego… Estoy patidifusa. —Levanta su copa—. Luego me lavo las manos y salgo de nuevo. Este sistema es equivalente al de los centros de inteligencia y ha sido instalado para asegurar su protección. Me hago al vuelo con una copa de champán y bebo un buen sorbo. —¡Encanto! —Doy un respingo del susto. De amiga a amiga. Se me acerca aún más. Tengo los dedos agarrotados en torno a la copa de champán. —… gracias a este pequeño sobresalto —está diciendo— verán aún más claro que en Promotora Blue nos hacemos cargo de sus inquietudes incluso mejor que ustedes mismos. —Me toma del brazo y me arrastra lejos del jaleo—. Ni ningún pez. Por Dios. regreso tambaleante a la habitación y encuentro al pez azul flotando aún en el váter. —La seguridad —continúa— es una cuestión esencial hoy en día.164 - . Te he visto antes hablando con él. —Rosalie me mira pensativa—. Muchas zonas residenciales alardean de sus medidas de seguridad. Ya sé que te diste un golpe en la cabeza y tal.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? han empezado a replegarse. ¿No ha sido genial? Esto va a dar mucho que hablar mañana en los periódicos. Bueno. No digamos ya un váter. —Sí—digo—. sino socios nuestros en un estilo de vida ideal. Ahora Eric ha relevado a Jon. ¿Sabías que costó trescientas mil libras? ¡Sólo el sistema! Trescientas mil libras… y ni siquiera funciona la cisterna. La gente no para de elogiar este sistema de alarma de tecnología punta. Fenomenal. ¿Habrá visto algo? —Ah. Mientras sigue hablando. —Lexi. Pero ¿recuerdas algo sobre Jon? ¿Algo del pasado? —Eh… Pues no. No los consideramos simples clientes. Cariño… ¿podemos hablar un momentito? Sobre Jon. un aliviado rumor de risas y conversaciones se desata entre la gente. Menos mal que no se los había tragado. —Se inclina hacia mí—. Es Rosalie. Veo que la mujer del traje chaqueta blanco recupera tres anillos de diamantes de las manos de su marido y vuelve a ponérselos. sí. lo cojo con un escalofrío y me lo meto en el bolso. es el arquitecto de Eric y estábamos hablando del estilo del loft… —Lexi.

tan boba. Clive es un tarado integral. Ha hecho mal las reservas. Estuviste muy digna. ¿Me estás diciendo que lo ha intentado contigo? —¡Uf. he de irme corriendo y hablar con Clive de la cena de esta noche. La teoría de Margo es que ataca siempre a mujeres casadas y les dice lo que ellas quieren oír. Me lo he tragado todo. He pensado que tenía que prevenirte por si vuelve a intentarlo. ¡Nunca en la vida! Rosalie se pierde entre la multitud.165 - . Supongo que le producirá un extraño placer… Se interrumpe al ver mi expresión. A espaldas de Eric. es una auténtica pesadilla… —Se detiene otra vez y me mira. el hecho es que Jon no paraba de molestarte. Bien. —¡Claro! —Me las arreglo para sonreír—. Lexi. el tío. Estoy demasiado alelada para responder. —Me consta que tú no te tragarías nunca sus chorradas —añade apretándome el brazo. Y… ¿qué hice yo? —Seguiste diciéndole que te dejara en paz. que notaba que era una mujer muy sensual… ¡toda clase de sandeces! —Chasquea la lengua. y yo me siento como si tuviera los pies clavados al suelo. —¿Estás diciendo…? —No logro procesarlo—. ¿Molestarme? —¿Qué quieres decir? —balbuceo. arrugando la nariz desdeñosamente. —Me mira entornando un poco los ojos—. Es como una mosca fastidiosa. siendo la mujer de Eric y tal. ya lo creo! —exclama con los ojos en blanco—. ¿Como qué… exactamente? —Bueno. Menuda cara. Pero contigo estuvo muy insistente. sólo tienes que ahuyentarla. ¿No recuerdas nada de todo esto? Ava pasa por nuestro lado con unos invitados y Rosalie les dedica una amplia sonrisa. Le dijo que él la conocía mejor que su marido y que ella se merecía mucho más. Yo no puedo ni moverme. despectiva—. Ya me entiendes. Tú significabas «la más difícil todavía». —¡Cariño! No vayas a preocuparte. Yo le hubiese vaciado una copa en la cabeza. Me dijo que Clive no me comprende. —Veo de repente que tiene la vista fija en otro lado—. Lo cual es verdad —añade tras una pausa—. Nunca me había sentido tan humillada. No recuerdo nada. pero la cuestión es que algo pasaba entre tú y Jon.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Imagino que te resultará difícil creerlo —prosigue—. —Saluda a una mujer vestida de verde en la otra punta del apartamento—. me temo que… —Mira alrededor y se acerca tanto que casi me empuja—. pero eso no significa que vaya a echarme en sus brazos para que él haga otra muesca en la pata de la cama. ¿no te parece? Y también fue detrás de Margo. tan petulante. —¿Tú qué crees? Lo ha intentado con todas nosotras —dice. Era muy delicado. Tú no querías arruinar su relación con Eric ni complicar las cosas. preocupada—. al contrario. —No —contesto finalmente—. —¡Bromeas! —Me entra un sofocón brutal—. Me he dejado engatusar por su labia. Me alegro de que lo hayas hecho. ¿He hecho mal en decírtelo? Me ha parecido que debía avisarte… —No. .

echo a andar con la cabeza bien alta hasta que me encuentro a Eric y me cuelgo de su brazo. se acabó. Y lo único que quería era meterse en la cama conmigo… Un trofeo más. Eric le da una palmada en la espalda y le ofrece una copa de champán de una bandeja. ¡A la salud de Jon! —A su salud —repito mecánicamente y doy apenas un sorbito. Me lo voy a quitar de la cabeza. Old Canal House en Islington. Bueno. PD: borra este mensaje. Claro. —Creo que lo hemos conseguido.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? «Hemos tenido un aventura en secreto… Te conozco mucho mejor que Eric…» Todo gilipolleces. Eres genial. Me parece que este reloj adelanta. Se ha aprovechado de mi amnesia. ¡Lo sabía! ¡Sabía que yo nunca habría tenido una aventura! Yo no soy del género infiel. Sé cuáles son mis prioridades. la fiesta está yendo de maravilla. Déjame en paz. Saco el teléfono y veo que tengo un mensaje. empiezo a escribir con los dedos cargados de adrenalina. Saca su móvil y mira la pantalla entornando los ojos. no lo soporto. —A tu salud —exclama—. No lo soy y punto. Te quiero. como si fuese a comprobarlo. Y me he dejado encandilar estúpidamente. PD: ¿qué has hecho con el pez? Estoy sofocada de furia. Me acabo la copa. Tenemos mucho de que hablar. Bueno. De Jon. Jon ha salvado la situación. Me distrae un pitido procedente de mi bolso. Voy a responderle ahora mismo… Sin mirar a Jon. Las palabras de Rosalie resuenan en mi cabeza. Me ha halagado. Mira. Sí. Envío el mensaje y me guardo el teléfono. ahí está. No puedo creerlo.» —¡Es un mensaje de Amy! —le digo a Eric con voz estridente—. Poco me ha faltado para echarlo todo a perder. Lee el mensaje y se . Tengo un marido decente que me quiere. ahora ya conozco tus artimañas. —Querido. Las mejillas me arden de pura mortificación. Voy a hacer como si no existiera. ¡Jon! Me aferró a su brazo aún con más fuerza mientras Jon se acerca. Jon mira su reloj frunciendo el entrecejo y dice despreocupadamente: —No sé si voy bien. ¿vale? Soy una mujer casada. J. ¿Me envía mensajes delante de las narices de Eric? Pulso y aparece el texto. el más difícil.166 - . No quiero ni mirarlo. Supongo que te ha parecido muy divertido aprovecharte de la chica amnésica. Nos ha ido por los pelos con el asunto de la alarma. aunque percibo cómo pulsa botones con el pulgar. «Sólo has de ahuyentarlo. Un instante después. —Parece más relajado que antes—. se me ha subido a la cabeza. Cualquier tarde a partir de las 6.

Eric no le presta atención. Ya van seis unidades. Los Clarkson quieren volver a hacer una visita mañana. Te quiero incluso más que el día de nuestra boda. —Pulso borrar. radiante y lleno de entusiasmo—. me seco la boca con el dorso de la mano y echo una ojeada a la estancia. por mucho que te quisiera entonces… —me corrijo. Por el amor de Dios. Tendré que cambiar el reloj… No sé para qué se molesta en disimular. —Voy adelantado seis minutos —dice. mucho más. un beso de mira-cómoquiero-a-mi-marido-y-por-cierto-tenemos-una-vida-sexual-increíble. ¿Por qué habrá de ser tan literal este hombre? —Bueno. con aire consternado. Dejo la copa de champán y. —Buen trabajo. ¿Borrar un mensaje sin leerlo? —No me interesa. . sólo esta noche. Ja. Tres segundos más tarde mi móvil pita otra vez y vuelvo a sacarlo. Eric intenta separarse un poco. parece recobrarse. —¿Te parece buena idea? —se apresura a decirme—. —¡Bueno! —Eric se vuelve. Él abre los ojos como platos. no me interesa. cuando ya creo que voy a asfixiarme. atraigo a Eric hacia mí para darle un beso. —Pero si no te acuerdas de ese día.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? le queda cara de estupor. ruidoso. desconcertado. Un beso largo. no puedes saber cuánto me querías entonces. no puedes saber… —Como te he dicho —le dirijo una dulce sonrisa—. cariño. ¡Menudo plomo! —Le lanzo una mirada a Jon y pongo el dedo en borrar. me resulta evidente que finge. —Otro mensaje de Amy —murmuro.167 - . apago el teléfono y lo meto en el bolso. que ya se va vaciando. pero me aferró a él aún más estrechamente. —Pero si no lo has leído. Eric frunce el entrecejo. —Me encojo de hombros. Creo que tenemos otra venta. tras echarle una mirada desafiante a Jon. Jon ha desaparecido. en un gesto más bien extravagante—. Ahora que sé la verdad. Le he dado de lleno. pegando su cara a la mía. dándole unos golpecitos al móvil—. Ja. displicente—. Al final. conteniendo la irritación—. ¡Estoy tan orgullosa de ti! —le digo rodeándolo con un brazo. lo suelto. Ahora te quiero más. Tras unos instantes.

—Le lanzo una sonrisa. No tenemos tiempo. Aún no compartimos dormitorio ni hemos vuelto a intentarlo con el sexo.168 - . La cocina se halla sumida en la serenidad. —¿Cómo te sientes? —pregunta con una sonrisita críptica. —¡Buenos días! —Eric aparece tan campante. Quizá tendríamos que hacerlo a oscuras. estoy segura. —Perfectamente. gracias. Empiezo a acostumbrarme a estos desayunos bajos en carbohidratos. pero yo todavía estoy un poco de los nervios. Y sin hablar. De ahora en adelante voy a centrarme en mi relación con Eric. Pero si voy a cuidar de mi matrimonio. quizá deberíamos tener más contacto. Tengo que cuidarlo y mimarlo. Yo echo un vistazo rápido al reloj. que Gianna me ha dejado preparados. A veces me como también un bagel de camino al trabajo. El sexo con Eric va a ser de fábula. —¡Tú también! Le acaricio la mandíbula. Me levanto para coger la pimienta y me rozo deliberadamente con él.) También me sirvo un huevo y una taza de té. No me sorprende. He de ser positiva. como preguntando. Eric me mira a los ojos. Sólo he disfrutado de este matrimonio unas semanas y ya lo estoy poniendo en peligro. No. Eso no lo he pensado. Todavía me siento un poco alterada cuando entro a la mañana siguiente en la cocina y saco de la nevera la jarra de zumo verde. la mejor de toda su historia—. ¿Has dormido bien? —Muy bien. y me toma la mano. Lleva una camisa azul y parece pletórico. Pero sólo si estoy muerta de hambre. gracias a Dios. Ésa es mi gran prioridad. hasta que toma un aspecto de posos removidos. como cada mañana. —Tienes un aspecto estupendo esta mañana —le digo con una sonrisa. por lo visto. ¿Por qué habría de arriesgarlo todo? ¿Por qué besar a un tipo que no conozco de nada. Anoche debía de estar loca. Tengo un marido de ensueño servido en bandeja. pero no puedo decepcionar a Eric. Aunque tengo un poco de prisa. como una planta de yuca. por muchas historias que me haya contado? Me sirvo zumo en una copa y lo agito. me .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 15 Mi matrimonio. (Me cuesta tragarme estos hierbajos. ¿Y si hubiera ido más lejos con Jon? ¿Y si Eric lo hubiera descubierto? Podría haberlo echado todo a perder. La inauguración de ayer ha sido. Cada día me tomo sin falta un huevo hervido con beicon o una tortilla de clara de huevo. que los encuentra tan maravillosos como el estilo de vida loft.

Acabo de llevarme en una subasta una caja de Lafite Rothschild del ochenta y ocho. procurando compartir su excitación—. ¿Mil cien? —¿Por… cuántas botellas? —Una caja. ¡Esto es buena señal! —Tal vez —digo. No puedo responder: «Me lo dijo Jon.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? separo de él y me bebo el té antes de que se le ocurra proponerme un achuchón de urgencia contra la puerta de la nevera. —¡Uau! —exclamo—. compro un bagel y voy mordisqueándolo de camino al trabajo. me detengo. ¿Te acuerdas de Mont Blanc? He caído en la trampa. el hambre me abandona de repente y siento el estómago revuelto. nada. «Mont Blanc. Mientras me ajusto la chaqueta y me dirijo a la puerta. ¿Por doce botellas de vino? No. Se sirve una taza de té y saca su BlackBerry. Se acerca y nos damos un beso. ¡nos vemos luego! Salgo de la cocina devanándome los sesos. cariño. Enmudezco.» —No es que lo recuerde exactamente —improviso—. Y todavía no tengo la impresión de dominar nada de lo que hago… Cuando el edificio aparece ante mi vista. que está sonando. —Entreveo en su rostro un placer contenido—. parece captar el mensaje. Me tomas el pelo. Metí la pata a base de bien delante de Simon Johnson. ¿te pasa algo? —No. Pero me ha venido «Mont Blanc» a la cabeza y. —Oye. ¿Qué es Mont Blanc? —¿Mont Blanc? —Me mira incrédulo—. Esa sensación de ansiedad. . Fi quizá vuelve a ser mi amiga.169 - . Prefiero no decírtelo por ahora. Eric —le digo con naturalidad—. —Adiós. recuerdo algo. lo siento. me pongo la chaqueta y recojo el maletín—. ¡Bien hecho. Doce. Pero a medida que me acerco a la oficina. Estaba pensando… ¡Qué gran jugada! —Apuro el té. Bueno. cariño! —Mil cien libras. de no-quiero-ir-alcolegio. no sé por qué. me ha parecido importante. pero es la única. Una ganga. cariño. —Frunce el entrecejo como si fuera obvio—. Gracias a Dios. también de lujo. pero esto no está bien. Lo acabarás recordando todo. Bajo del metro en Victoria. muerta de miedo. —¡Ah! —dice complacido—. Ahora empieza a resultar casi normal.» ¿Una estación de esquí? ¿Esas estilográficas superpijas? ¿Un pico nevado? Ni idea. Adiós. —Lexi. ¿Significa algo especial? —Tú misma lo descubrirás. y todavía me sobraría dinero. ¿Tendrá idea de lo que son mil cien pavos? Con ese dinero podría comprarme cien botellas. cielo.

está bien. —Me toca la mano para interrumpirme. Tú eras una de mis mejores amigas. ¿Verdad? —No os preocupéis.170 - . Ya sé que las cosas han cambiado. —Una ambiciosa sin escrúpulos —apunta Carolyn. —Debs se acerca. afligida—. Lexi. risas y conversaciones que yo me he perdido. —Debs entra tímidamente en el despacho. ¡Hola! —exclamo sorprendida—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Venga. Tú y Eric. —Nos sentimos fatal. me siento al escritorio y me acerco el montón de documentos. —No nos habíamos dado cuenta—dice Debs. Levanto el auricular para marcar su extensión. también medio avergonzadas—. Debs. —Bueno. Subo a mi despacho sin tropezarme con nadie. —Escucha. Reuniendo todas mis energías. sin embargo. —¿Cómo estás? —dice con cierta incomodidad. ¿Va todo bien? —Les he contado lo que me dijiste —explica Fi—. toda colorada. No. Lo rasgo y saco un tarjetón grabado: una invitación de boda. —Bien… bien. —Ah —suspiro atemorizada—. —Procuro sonreír. Pensábamos que seguías siendo… —Busca la expresión adecuada. —Le doy la vuelta a la invitación y recorro el grabado con un dedo—. —¿Sí? —Hola. —La puerta se abre más y aparecen Fi y Carolyn. Pero has de venir. Me encantaría. Veo la nota que dejé ayer escrita: «Comentar ventas con Byron. Lexi. Es muy amable de tu parte… — Trato de meter el tarjetón en el sobre. no hace falta que lo hagas. pero vuelvo a dejarlo en su sitio al oír que llaman a la puerta. será divertido. Anoche salimos a tomar una copa y se lo conté. Han acabado convertidas en un trío. me siento de repente más sola que nunca. me digo con firmeza. Siento una oleada de humillación. Y yo soy una extraña. Éramos inseparables. qué va. muy seria. Debs. No te dimos una oportunidad. Lleva una chaqueta de punto turquesa y una falda tejana. No será divertido. Sus ojos no han cambiado: siguen siendo de un azul intenso. —Bueno… gracias —murmuro—. —Debs se muerde el labio y mira a las demás—. Hola. tiro el resto del bagel en una papelera y empujo la puerta de cristal. a mi vez ruborizada—. Éstas eran mis amigas. sí. Mientras las observo. y un sobre en la mano. y me entrega el sobre. Pero sé que en realidad tú no… —Sí. . sólo quería darte esto. ¿Cómo has conseguido que tu madre accediera a incluir otro invitado tan tarde? —Por poco me mata —responde.» Podría hacerlo ahora mismo. Pero no tengo alternativa. Su lenguaje corporal habla a las claras: lo último que desea es vernos en su boda. —Espero que podáis asistir —dice. Pero ellas han pasado tres años de juergas. Vale. con las manos en los bolsillos—. con esas pestañas larguísimas tiesas de rímel—.

sólo tú y Byron estáis al corriente. salgo disparada y cruzo el pasillo. reparo en un rótulo mecanografiado arriba: «Junio 07».SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Yo no puedo evitar una carcajada. aunque en realidad dejó de pasársela hace más de diez años. Lexi. mantén la máxima discreción. y tengo un mal presentimiento. Vuelvo a leerlo otra vez. Y otra. ¿Tienes un minuto? —Nos vamos —concluye Fi y arrastra a las demás fuera del despacho—. —¡Simon! —digo sobresaltada—. El lunes. me pongo de pie de un salto. —Magnífico. Por supuesto. y las tres reímos tontamente. No es de extrañar tanto secretismo. Simon. —Desde luego —asiento con aire ejecutivo. Simon Johnson está en el umbral. —Hemos comprado unas madalenas —tercia Fi—. reza el encabezamiento de la primera página. Un escalofrío me recorre la espalda. Me he quedado paralizada. me siento y abro de un manotazo la carpeta. —Nos vemos allí. . recorro el texto rápidamente: «Junio 07… reestructuración completa… reubicación en el mercado… replanteamiento global…» Tras unos segundos. En este departamento. Ayer estuve toda la tarde buscando en mis archivos y no encontré nada. —Le sonrío con aplomo—. hablando con Byron junto a los ascensores.171 - . Van a transformar la empresa de arriba abajo. Se acerca a mi escritorio con una carpeta. La madre de Debs viene amenazando con quitarle la semanada desde que la conocemos. me hundo en mi asiento. leyendo y releyendo las mismas líneas. en la sala de juntas. Vamos a comprar una compañía de tecnología doméstica… vamos a fusionar distintos departamentos… Salto hasta las últimas líneas: «… el contexto de su facturación actual… planes para disolver…» Alto ahí. abrumada. Hay un par de consejeros que tienen que salir disparados. Ahí está Simon. —No te robaré mucho tiempo —dice Simon. Sólo quería informarte con vistas a la reunión del lunes. Sé que debería habérselo preguntado a Byron. Nos será muy útil. No puede ser… no puede significar lo que creo… Con una descarga de adrenalina. —¿Te ha amenazado con quitarte la semanada? —¡Exacto! —exclama. En cuanto sale. Para pedirte perdón por lo de ayer… —Unos golpecitos en la puerta la interrumpen. a las doce en punto. Al coger la carpeta. pero no me lo permitió el orgullo. Aún no sé qué significa. —¡Hasta luego! —Le lanzo una sonrisa agradecida. Gracias. ¡No te había visto! —Lexi. Quería averiguarlo sola. Gracias… por la información. Ni documentos informáticos ni expedientes. cerrando la puerta—. —¡Estoy ansiosa! —Doy unas palmaditas a la carpeta con la esperanza de resultar convincente. «Sumario».

—¡Pues han subido! —replico. —Lexi. mirando alrededor. ¿Por qué quieren cargarse el departamento? —¿Has repasado las ventas últimamente? —Pone los ojos en blanco. Ahora no puedo perder más tiempo. sino hacer una reducción de plantilla. Eso lo valoramos todos y. no puedes poner de patitas en la calle al departamento entero… Demasiado tarde. Ciao. Todo su barniz amable se ha evaporado—. Estos planes para disolver el departamento de Suelos y Alfombras —digo dando unos golpecitos a la carpeta—. Es muy poco profesional… —Pero… —No tienes de qué preocuparte. —Pero. ¡Así empezó esta empresa! —No levantes la voz —me advierte. No es fácil saber por dónde empezar cuando tú has olvidado… bueno. Lo lamento. Lexi. sabiendo de antemano que ésta no es la táctica correcta. y entra en su despacho—. Tú has hecho auténticas maravillas con tu equipo de ventas. El mercado está muy duro. ¿Él lo sabía? Simon suspira. —¿Cómo tienes la cara de seguir aquí? —Giro sobre mis tacones. —Byron se cruza de brazos y menea la cabeza con tanta guasa que me entran ganas de darle un puñetazo. Simon—me desespero—. las alfombras son agua pasada. ¿Podemos hablar un minuto? —Lexi. —Hola. furiosa—. A ver si te expresas correctamente. Sólo quería… aclarar un par de cosas. —Miro alrededor para asegurarme de que no hay moros en la costa—. —No es «poner de patitas en la calle» —susurra Byron a mi espalda con voz sardónica—. desde luego. Las puertas se han cerrado. Y no hemos conseguido penetrar en los demás mercados del sector. . —¿Dónde están los expedientes? ¿Por qué no había visto antes este informe? —A lo mejor yo los había tomado prestados —dice con un encogimiento de hombros. —Detecto en su frente un tic de irritación. —¡Pero no puedes suprimir Suelos y Alfombras! Es la especialidad de Alfombras Deller. No lo entiendo.172 - . sube y pulsa un botón. Lexi. —¡No! ¡Espera! —Entro tras él a trompicones y cierro la puerta—. el departamento es insostenible. Lexi. ¿no te lo dije? —Chasquea la lengua y simula reprochárselo con sorna—. Tú y Byron tendréis un puesto en la dirección de la empresa. —Llega el ascensor. todo. ¿Y cómo se explica que yo no supiera nada de esto? —Ah. ya sabes que no me gustan los arrebatos. —¿Un tres por ciento? —contesta en tono de mofa—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Simon! —Jadeo de pánico—. Lo hemos estudiado todo minuciosamente. serás recompensada debidamente. Pero hoy en día. No pueden significar… no puedes pensar en serio… —Por fin se ha enterado. ya lo hemos discutido muchas veces.

tengo que pensar… —¡Lexi! Levanto la cabeza y me aprieto la carpeta contra el pecho instintivamente. he de deciros que creo que este accidente ha cambiado las cosas. Ya se ha ido. parecer simpática. ¡Te estamos esperando! No puedo negarme. —Bueno. ¿no? —Eh… sí —digo con voz ronca—. —¡Vamos! —Se echa a reír—. Fi está en la puerta de la oficina principal. —Eres muy graciosa. Estoy en una pesadilla. Estoy convencida de que va a ser una jefa fantástica y todos hemos de apoyarla. —Eres un hijo de puta —le digo con voz temblorosa. por mucho que esté a punto de sufrir un patatús. Sólo queríamos decirte que nos alegramos de que estés bien después del accidente. ¡A tu salud. —Pero no podemos desprendernos sin más del departamento. Johnson ya se ha ido. Lexi! Levanta su taza de café y la oficina en pleno estalla en un sonoro aplauso. —Son nuestras bonificaciones. Fi me tira del brazo y. Esto se ha terminado. No tienen ni idea. —No te habíamos dado la bienvenida como es debido —me dice—. Dijiste exactamente lo mismo en el primer gabinete de crisis. —Ven a tomarte una madalena. dándome un codazo—. haciéndome señas. A los que no conocisteis a Lexi hace años. ¿eh. Lexi? ¡Necesito un bolso nuevo! Esbozo una sonrisa mortificada. ¡Esos diseños originales son auténticos clásicos! ¿Qué me dices de… de las alfombrillas? Me mira incrédulo un instante y estalla en carcajadas. aferrando la carpeta y jadeando de tal manera que temo sufrir una hiperventilación. —Se sienta frente a su escritorio y me indica la puerta con un gesto—. ¿verdad? —dice Debs. entonces ven. Tengo trabajo. Salgo y doy un portazo. Sois… fenomenales. —Tómate un café. . —¡No! —Ahogo un grito y me la pego con más fuerza al pecho—. Afróntalo. —¡Pero se irán al paro! ¡Todo el equipo a la puta calle! —Ya. ¿lo sabías? —¿Cómo? —Es que te repites. Ríndete de una vez. en cuanto entro en la oficina. Es un poco… confidencial. —Gracias a todos —acierto a decir. Entre dos ventanas han colgado un cartel: «¡¡Bienvenida. —Se van a quedar todos sin trabajo. me quedo atónita.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Sólo tenemos un par de contratos para ir tirando. Procura que sean generosas.173 - . He de leerme todo esto. —Se dirige a todo el departamento—. Lexi!!» Encima del archivador hay una bandeja de madalenas y una preciosa cesta de regalo. La miro sin pronunciar palabra. Deja que te aguante esa carpeta. Y me han comprado madalenas y una cesta de regalo. «¡Podríamos reconvertir las alfombras en alfombrillas!» —imposta una vocecita chillona—. Lástima. He de aparentar normalidad. roja como un tomate—. —Fi me trae una taza—.

Antes no te preocupaba. Voy a trabajar todo el fin de semana para encontrar una solución. Byron me mira con lástima. por Dios. Me duele el corazón —repone. aparece Byron y se desliza a mi lado. en plan teatral—. Sobre todo cuando viste la tajada que sacarías. ¿No has leído la propuesta? Esto nos favorecerá a ti y a mí. —Me acompaña a un probador y me muestra un perchero portátil con . no digamos la solución. hay algunas piezas absolutamente fabulosas que quiero que veas. Tendría que haber anulado esta cita. —He de salvar el departamento —respondo secamente—. —¡Fantástico! Bueno. No te creo. tendremos más poder. Más poder. mi asistente de compras. a las seis y media. Y lo cierto es que apenas sé cuál es el problema. —¿Bromeas? —Menea la cabeza con incredulidad—. Están creando un nuevo equipo estratégico. Según el manual. —Ya lo creo que sí. ya con el abrigo puesto. Llego a los grandes almacenes Langridge y subo como una exhalación al departamento de modas.174 - . gracias. más dinero… ¿No es maravilloso? Un frío glacial se apodera de mí. además? En ese momento se abren las puertas del ascensor y él se aleja a paso rápido. —¡Lexi! ¿Cómo estás? —Ann es una chica menuda. —Hago lo posible por sonreír. —¿Trabajo para casa? —dice. Tengo una cita con Ann. la pesadilla no se ha desvanecido. de pelo oscuro y cortito. arqueando las cejas al ver mi maletín hasta los topes. Justo cuando estoy en el ascensor pulsando el botón de la planta baja. Tú no eres ninguna santa. ¿Por qué habrías de serlo. —Se detiene y me observa—. —No te creo —digo con voz entrecortada—. nos vemos una vez cada trimestre.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Cuando por fin salgo del trabajo. ¡Me quedé destrozada al enterarme de tu accidente! —Ya estoy bien. ella me elige algunas «piezas» y luego analizamos juntas las tendencias de la temporada. Tengo el fin de semana para preparar una defensa razonable de Suelos y Alfombras. Encontrarán otro trabajo. Lexi. Yo nunca habría vendido a mis amigas. Del todo recuperada. mayor radio de acción… —¡Ésa no es la cuestión! ¿Qué hay de los compañeros a los que les vamos a dar la patada? —Qué penita. No sé qué hago aquí. ¿sabes? —¿Qué quieres decir? —Antes del accidente estabas totalmente a favor de suprimir el departamento. pantalones pitillo negros y un perfume inconfundible que me revuelve el estómago—.

enseñándome un traje plisado beige—. —Éste. claro. Así eres tú. pero yo no la escucho. Y ésta también. ¿Algo un poco más… vivo? —¿Vivo? —repite. Perfecto para ir a la disco. —Qué va. tomando un vestidito morado con manchas de color más intenso—. —Le arrebato de las manos un vestido beige sin mangas y lo sostengo en alto—. pero creo que pueden servirte… ¿Diseños y estilos nuevos? Pero si todo son trajes en colores neutros… Ya tengo un armario lleno de «piezas» de éstas. —Desafiante. —Claro que sí. —¡No lo soy! Yo necesito diversión. sisas y bolsillos. —Se pone los dedos en el puente de la nariz y respira hondo un par de veces—. Exactamente las mismas cosas que habría elegido en New Look.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? gesto teatral—. —Éste —digo. y cada vez suena con más fuerza… —¿No tienes algo distinto? —la corto en seco—. atractivo y profesional que llevamos tiempo puliendo… —Es aburridísimo. —Lexi. Ann me enseña una chaqueta tras otra sin parar de hablar de largos. Yo no soy esta persona. — Endurece las facciones—. —Pues yo sí. Tengo la cara anegada en lágrimas y empiezo a . Verás algunos diseños y estilos nuevos. No lo soy. sencillamente. como si tuviese un insecto atrapado dentro. Noto un zumbido en la cabeza. por ejemplo —continúa Ann. como un espantapájaros. Tal vez yo haya cambiado. Ni la que se gasta mil pavos en vino. Ni la que traiciona a sus amigas… Ya estoy sollozando. —Lexi —murmura—. Tal vez las cosas hayan cambiado. El moño no se me deshace del todo y los mechones salen disparados. tú me dijiste expresamente la primera vez que nos vimos que necesitabas un guardarropa de trabajo en colores neutros… —Eso era entonces. Vacila y echa mano de otra chaqueta beige—. Ann parece al borde del desmayo.175 - . cojo una minifalda plateada—. Soy tu estilista y sé lo que te cae bien. Yo no diría… que sea de tu estilo. ¡No soy la clase de persona que lleva trajes beige! Ni la que lleva moño cada día. Lexi. Sólo que un millón de veces más caras. —Ya lo creo. ¿vale? —Trato de dominarme. de repente desesperada por librarme de él—. Sofocante. Estoy casi desquiciada. la verdad. Y color. Es una pasada. —Pues has vivido la mar de bien durante años con el beige y el negro. —¡Que no! ¡No soy esta persona! ¡No pienso serlo! —Estoy al borde de las lágrimas y empiezo a quitarme las horquillas del moño. Ésta es superelegante… Salgo del probador para tomar aire y noto el zumbido de la sangre en los oídos. Tú tienes un look práctico. pero es como si todos los acontecimientos del día hubiesen entrado en ebullición—.

—Y me marcho sin más. —Ah. Estoy pensándome una respuesta. Trabajaré todo el fin de semana. Alguien que te da ánimos. encontraré la solución. «¡Fantástico! —contesto—. Y sólo hay un modo de averiguarlo. Puedes quedártelo. aunque todavía con la mente acelerada. Al rato. Sabía que el matrimonio tenía sus ventajas. pido un chocolate caliente y me lo tomo mientras termino de quitarme las horquillas del pelo. y me siento mucho mejor. —¿Señorita? —Es el taxista. ¿Mola un Mont Blanc? ¡Y dale con el Mont Blanc! ¿Qué será? ¿Un cóctel? Evidentemente. que aprovecho para releer tres expedientes. horrorizada. acompañado de un donut. A Eric le importo. . «¡Yo también te he echado de menos!». los carbohidratos se han asentado en mi estómago formando un cálido colchón. Luego pido otro. «Voy para casa —le respondo—. Ya hemos llegado. Saco el móvil y veo un sms de Eric: ¿Qué tal? ¿Trabajando hasta tarde? Me conmuevo repentinamente. —Mientras busco el monedero en el bolso. Si pudiera montar una operación de rescate… Estoy segura de que la marca Alfombras Deller aún tiene valor. salvaré el departamento… Un pitido en el bolsillo interrumpe mis pensamientos. ¡Te he echado de menos!» No es del todo cierto. seguro. mientras que los resultados de los otros departamentos no cesan de crecer.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? enjugarme los ojos con el dorso de la mano.176 - . trata de arrebatarme el vestido beige. —¡No vayas a mojar el Armani! —me advierte. el móvil vuelve a pitar. Ann. Voy a la cafetería de la planta baja. Aquí están. —Toma —digo. Piensa en mí. pero suena bien. Gracias. contesta enseguida. Un par de mensajes como éstos me transmiten más calor que un millón de tazas de chocolate. es algo muy especial. tirándoselo con brusquedad—. Tiene que haber un modo de arreglarlo. Cierro los expedientes y miro por la ventanilla. que interrumpe mis divagaciones—. de un modo abrumador. Las ventas de alfombras nunca han sido tan malas. cuando el móvil da otro pitido. salgo de Langridge y paro un taxi. cada uno más deprimente que el anterior. Tengo sólo veinte minutos hasta casa. ¡Me muero de ganas!» Recojo el bolso. vale. Alguien que se preocupa por ti cuando todo es una mierda.

preocupado—. si no te importa.177 - . . Pero es mejor eso que decirle la verdad. Del mío. cariño! —Alza las cejas con un brillo de complicidad en los ojos y luego mira hacia abajo—. pero muy vivida. tomo una pizca de la cima y me la meto en la boca. He de inventarme una excusa. Me echo un vistazo en el espejo y me arreglo el pelo. Dios. cariño! —Frunce el entrecejo. ¡Dios mío. oficialmente. colgando el abrigo. ¿Esto es un Mont Blanc? ¿Esto? Eric está en la cama. Sólo una imagen fugaz de los dos. de los nervios. y pago al taxista. Ni hablar. salvo por un enorme cono de nata montada sobre su región… Ahí. Ay. Tómatelo con calma. aunque tan baja que apenas se oye. «¡Acabo de llegar! ¡Nos vemos en un minuto!». silencio absoluto. Parece esperanzado y yo me siento fatal por mentirle. las luces están muy tenues. —¡Estoy mareada! —No sé de dónde me salen las palabras. —Me sale la voz ronca. Luego cruzo el salón hasta el dormitorio. Con cautela. por lo demás. —¡Hola. —Sí. Cuando entro en el apartamento. Completamente desnudo. ¡Toda tuya! ¡Zambúllete de cabeza! ¿De cabeza? ¿Que me zambulla? Observo la montaña de nata.SOPHIE KINSELLA ¡Ya estoy listo! ¿TE ACUERDAS DE MI? ¿Listo? Esto se pone cada vez más misterioso. El panorama casi me arranca un grito. En modo seducción. Es mi marido. Consigo taparme los ojos y apartarme de la cama—. —¡Hola! —digo con cautela. —Está… endulzada. creo que me viene un flashback! —¿Un flashback? —dice Eric. paralizada de horror. ¿no? —Me voy a tumbar un rato fuera. Parece venir del dormitorio. no… No es posible que me esté pasando esto. Al parecer esto es… uno de los jueguecitos que solemos practicar. Todas y cada una de mis células gritan que no quiero zambullirme ahí. preguntándome de qué va todo esto. —Retrocedo hasta la puerta. Suena una música de fondo. —Baja en calorías —dice Eric con una amplia sonrisa. Pero no puedo dar media vuelta y salir corriendo. me ha venido una imagen de… de la boda —improviso—. Me ha cogido por sorpresa… —¡Siéntate. que tengo muy desaliñado. Ay. juraría. incorporándose de golpe. alargo un dedo. La puerta está levemente entornada y no veo el interior. Me detengo un momento. hasta que al fin me decido a empujar la puerta. Quizá te lleguen otros recuerdos. supongo que es el nuestro. ¿verdad? No puedo rechazarlo. me aproximo al montón de nata. Sin saber muy bien lo que hago. —¡Hola! Es la voz de Eric. Bueno. le respondo rápidamente. No.

no sé si por el horror del Mont Blanc o por todo el día en general… Lo único que sé es que me apetece acurrucarme bajo un edredón y convencerme de que el mundo no existe. Eric. cariño! Yo te ayudo… —Hace el gesto de incorporarse. .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? todavía tapándome los ojos para evitarme la pesadilla de la nata—.178 - . después de todas las molestias… que te has tomado… —¡No pasa nada. Yo enseguida me repondré. Con ninguno de sus apartados. Tú… tú arréglate por tu lado. salgo corriendo y me desplomo en el sofá de color crema. No puedo con esta vida que me ha tocado. —¡No! —Lo corto de un modo un pelín estridente—. Perdona. Antes de que pueda alegar nada. La cabeza me da vueltas.

—Le tiembla la voz—. ¿Estás ocupada? —¡Amy! —exclamo sorprendida—. Me he metido en un lío tremendo. ¿vale? Ella viene ahora. ahora mismo… —Estoy en un aprieto. tan nerviosa estoy. nada. apenas nos hemos visto este fin de semana. —¿Sí? —¿Lexi? —dice una vocecita—. Para ser sincera. He revisado los contratos de los últimos tres años. oigo que le dice a alguien: «Estoy hablando con mi hermana mayor. Seguro que fue eso lo que impresionó a Simon Johnson. Estoy en Notting Hill. Por favor. Otra vez tengo el estómago revuelto por los nervios. Ay. Hará falta algo de dinero y fe. Él estaba ocupado acompañando a unos clientes importantes y yo tratando de idear a la desesperada un plan para salvar el departamento.179 - . Pero no basta. He de hacerlo perfecto. Es la Cenicienta de la empresa. Cenicienta fue al baile. Anoche soñé que todo él estaba hecho de nata montada. ¡Qué tal! En realidad. Por favor.» Luego se pone otra vez—. pero podré darles un buen empujón a las ventas. No puedo dejar que todas mis amigas se queden en la calle. Pero todo eso va a cambiar si de mí depende. Me dirijo en taxi a la oficina. Lexi. es una situación de mierda. estudiado toda la información de nuestros proveedores y analizado la respuesta de los clientes. —¿Un aprieto? ¿Qué clase de aprieto? —Ven. La reunión empieza en una hora. . No es sólo que el nivel de los pedidos sea muy bajo. ¿no? Pues yo voy a ser el hada madrina. Si no. Tienes que venir. No era un sueño agradable. Por suerte. —¿En Notting Hill? ¿Por qué no estás en el colegio? —Un momento. —Con el sonido amortiguado. con el pelo impecablemente recogido y la carpeta de mi presentación en el regazo. Soy Amy. por favor. Los demás directivos van a votar a favor de desmantelar Suelos y Alfombras. sino que en la empresa nadie parece interesado en Suelos y Alfombras. Suelos aparece siempre en el último punto del orden del día. El año pasado tuve un pequeño triunfo cuando negocié duramente un contrato con una empresa informática. O si no… No. No organizamos ninguna promoción especial. En la reunión semanal de directores. Contamos únicamente con una pequeña parte del presupuesto de publicidad y marketing que manejan otros departamentos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 16 No puedo mirar a Eric sin pensar en una montaña de nata. y habrá que recortar gastos. A lo largo del fin de semana he elaborado un relanzamiento completo. Dios. He de conseguirlo como sea… Suena mi teléfono y casi salto del asiento. Por favor. Tengo que serlo.

180 - . Parece que tenga diez años—. súbitamente. No puedo. tratando de divisar a Amy. Demasiado tarde. ¿Por qué no podría haber llamado anoche? ¿Por qué habrá elegido precisamente este momento? —Amy. por encima del ruido de fondo de la línea. —¿Qué has hecho? —Intento imaginarme con qué tipo de gente puede haberse enredado. no lo hay. Y entonces. que eras mi hermana mayor y me apoyarías. No te preocupes. en cualquier otra ocasión… —Vale. ¿Y si tiene problemas con una banda peligrosa? ¿Y si están a punto de darle una paliza? —Amy. Le han disparado. Siento haberte molestado. mezclada con un sentimiento de frustración. Ve a tu reunión. Aterrorizada. le lanzo un billete al taxista y bajo. —Me dice con una vocecita indefensa. ¿Me deja pasar? Logro abrirme paso entre anoraks y chaquetas tejanas mientras me armo de valor para lo que tal vez me espera… .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Nunca había oído a Amy así. Suena desesperada. Me da un vuelco el corazón. me lo dijiste. Ya voy. primero hablando y luego chillando. En la esquina de Kensington Park Gardens. La culpa me reconcome. oigo la voz de un hombre. No hay tiempo. dime. De repente veo un coche de policía. —Me inclino y llamo a la ventanita del conductor—. por favor. La han apuñalado. No puedo dejar a mi hermanita en la estacada. Lexi. ¿qué ha pasado? —No importa. Ve a tu reunión. ¡No puedo! Tengo una reunión superimportante. —La voz me flaquea mientras me abro paso entre el gentío—. —¡Un momento! ¡Déjame pensar un segundo! —Miro sin ver por la ventanilla. Podría hacerlo si voy ahora mismo. —Disculpe. voy asomándome por la ventanilla. ¿No puedes llamar a mamá? —¡No! —Su voz se llena de pánico—. Pero no puedo arriesgarme a llegar tarde. consciente de lo poco convincente que sueno—. —Pero no quería decir… Tengo una presentación… —Me interrumpo. Delante del coche de policía se agolpa una multitud que me impide ver nada: todos aguzando la vista. Escucha. Sólo estamos a diez minutos de Notting Hill. Lo más rápido que pueda. Es mi hermana. Miró el teléfono con un escalofrío. Me dijiste que podía llamarte cuando te necesitara. Tenemos que dar un rodeo por Notting Hill. desquiciada de estrés e indecisión… Faltan tres cuartos de hora para la reunión. espérame —le digo bruscamente—. ¿Traficantes? ¿Usureros? —Estoy en la esquina de Ladbroke Grove y Kensington Park Gardens. gesticulando y hablando. Mientras el taxi sube resoplando por Ladbroke Grove. ¿Cuánto tardarás? —Amy… —Me agarro la cabeza—. Malditos mirones.

—¿Qué ha pasado? —pregunto. Sin dar crédito. lo es. Y ahí hay un montón de gente indignada —dice.181 - . sólo que algo más vieja y demacrada. que está tomando notas. un tipo bajo y fornido. —Eh… sí. No tendrá nada que ver con usted. ¿verdad? —¡No! ¡Claro que no! ¡Ni siquiera sé de qué me habla! —Rutas de famosos. no pienso firmarle ningún autógrafo! Se parece bastante a Gwyneth.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Y allí está Amy. Ahí está. de pelo rubio rojizo y unos gruesos antebrazos. que está en los escalones de una casa señorial con una niña de dos años en brazos. —¿Esto va en serio? El policía asiente. ellas negarán su identidad. —¿Usted está con ella? —La doble de Gwyneth me ha visto y baja enfurecida a . aliviada y aún temblorosa—. RUTA SECRETA DE LOS FAMOSOS Muchas estrellas de Hollywood se hallan afincadas en Londres. Ni apuñalada ni tiroteada. ¡Y no. alucinada. Creía que estabas en un apuro… —¿Ésta es su hermana? —me interrumpe el policía. incluida la guía de la A a la Z. Tiene el mismo pelo rubio lacio y un tipo de cara similar. —¿Y a quién han visto? —A personas como ésa—dice. prometiéndoles que verían a famosas estrellas de cine. —¡Lexi! —Amy se vuelve hacia el policía que tiene al lado—. sino sentada en un murete y con aspecto muy alegre. arqueando las cejas. Véalas en un tour único. —Su hermana ha guiado a un montón de gente por la ciudad. —¡Que no soy Gwyneth Paltrow! —le está diciendo airada a un par de turistas—. obviamente pergeñado con un ordenador muy cutre. señalando a una rubia delgada. señalando a la multitud—. por llamarlas así. ¡No se deje engañar! ¡Eso forma parte de su vida de incógnito! Levanto la vista. ¿La habrán pillado robando en una tienda? —Me temo que esta joven se ha metido en un lío. —Y me alcanza un folleto. con tejanos y una blusa campesina. Nota importante: Si interpela a las estrellas. Ya le he dicho que vendría. contemplo un folleto amarillo fluorescente. Disfrute sorprendiendo a: –Madonna poniendo la lavadora –Gwyneth en su jardín –Elton John reposando en casa ¡Impresione a sus amistades con cotilleos exclusivos! Diez libras por persona. Se ha dedicado a explotar a los turistas. —Tengo el corazón en un puño.

—Está bien —digo. obediente. —Cuanto más repito que no soy Gwyneth Paltrow.» ¿Que no la pierda de vista? Sólo me faltaba eso. Lo que usted diga. Finalmente. —¡Y tú deberías estar en la cárcel! —ladra la falsa Gwyneth. —Debería sentirse halagada —comenta Amy. y no es de extrañar. Puedo dejarla bajo su custodia. lanzándole una mirada asesina a Amy—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? la acera—. y parece dispuesta a atizarla en la cabeza. —De nada. La secundaría con gusto. Aún puedo… —Lexi… gracias —dice Amy con vocecita inocente. Sí. —Claro. si he de ser sincera. Pero será mejor que no la pierda de vista —añade el policía mientras me entrega un duplicado y un folleto titulado: «Guía práctica de la amonestación policial.182 - . —Victoria Palace Road. La mujer está hecha una furia. más convencidos están de que lo soy—le dice al policía—. pero sólo cuando haya rellenado estos impresos y concertado una cita en comisaría. —Echo un vistazo al reloj y me entra un espasmo de pánico. —Le dirijo una sonrisa forzada y meto los documentos en el bolso—. Son las doce menos diez—. joder! ¡Se lo digo por última vez! —le grita a una japonesa que no para de llamar «Apple» a la niña para sacarle una foto. Llevo toda la semana con gente sacando fotografías de mi casa y entrometiéndose en mi vida… —Se interrumpe y se vuelve como un rayo—. como si nada—. Y yo no tengo nada mejor que hacer ahora mismo. tronchante. —Pero yo quiero ir a Portobello… —¡Hemos de encontrar un condenado taxi! —chillo—. —Voy a tener que amonestar a su hermana oficialmente —me informa el policía mientras una agente acompaña a Gwyneth a su casa—. Nos lo estamos pasando bomba. ¡Rápido! Hemos de encontrar un taxi. —¡Vete a la mierda! —Gwyneth esquiva a un chico con aspecto estrafalario que no deja de perseguirla con un CD en la mano—. ¡Tengo que llegar como sea a la reunión! Ella abre los ojos como platos y empieza a buscar. Lo más deprisa que pueda. Lo haré lo mejor posible. Amy. Es imposible que llegue en hora. consigo parar uno y la meto dentro de un empujón. . —¿Podemos irnos ya? —Está bien. Voy a poner una denuncia. Relleno los formularios a toda prisa y estampo furiosamente un punto final después de mi firma. Aún puedo decir lo que tengo que decir. ¡Que no se llama Apple. pero al menos puedo llegar. Vamos. Tendré que mudarme. ¡No voy a darle ningún disco a Chris Martin! ¡No lo conozco! ¡Ni siquiera me gusta Coldplay! Amy se muerde los carrillos para contener la risa. La han tomado por una estrella ganadora de un Oscar.

Ha sido una medida experimental del gobierno. Y no hay chicos —añado para rematar—. —Bueno. quizá no lo tenga a montones… —No tiene nada. en todo caso. algo más tranquila. —¡No mola nada! ¿De dónde has sacado esa idea? ¡Es horrible! ¡Es brutal! Todo el mundo tiene el pelo fatal y no puedes depilarte ni usar crema limpiadora. —Claro —dice Natasha—.183 - . El trullo mola. O pídeselo a mamá. ¿Por qué no? —¡Porque cualquier día te vas a meter en un lío de verdad! Si necesitas dinero. marco el número del despacho de Simon Johnson y aguardo a que responda su asistente. Sobre todo en el caso de los adolescentes. ni el chocolate ni los DVD. —Se encoge de hombros—. Has de limitarte a dar vueltas al patio. —Lo siento —dice Amy. —¿A mamá? —replica con desdén—. mantengo los ojos fijos en la calzada. —Bueno. Amy? —Por dinero. Estoy metida en un atasco. tú no puedes seguir así. Cierro el móvil y me acomodo. pero es de vital importancia que participe en la reunión. —Seguramente no es así. Y no está permitido el iPod. —Hola. ¿Me haces el favor de pedirles que me esperen? Voy de camino en un taxi. Natasha—le digo impostando tono profesional—. —No sé. Se lo merece. No voy a llegar a tiempo. —Me lo estoy inventando. Estamos sin blanca. lo llevamos en los genes —dice. deseando con todas mis fuerzas que los semáforos se pongan verdes y el tráfico se mueva. —Han vuelto a instaurarlas —miento sin inmutarme—. Pero todo parece paralizado. Vale. Amy. Aunque ella no lo habría reconocido jamás. supongo —contesta bajando la mirada. ¿no lees el periódico? Amy parece un poco asustada.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Mientras el taxi baja por Ladbroke Grove. Por el amor de Dios. Seguro que hoy en día tienen centros termales y secadores para el pelo—. —Gracias. —Se echa atrás el pelo veteado de azul—. ellos tienen los radiadores encendidos. No mucho. Ella no tiene dinero. Con cadenas en los pies. pero ya estoy lanzada—. —Vale. —Pero eso es muy raro —digo—. Saco el móvil. ¿Cómo se explica? ¿Papá no le dejó nada? Ya sé que algunos negocios de papá no eran muy de fiar. . —Vale. ¿Por qué. adoptando otra vez su tono desafiante. pero tenía varios y sé que mi madre esperaba que le cayera una buena suma cuando muriese. Se lo diré. Soy Lexi. acabarás en la cárcel. Al menos. ¿Por qué crees que la casa se está cayendo a trozos? ¿Por qué crees que la calefacción siempre está apagada? Me pasé la mitad del último invierno en casa de mi amiga Rachel. —Ya no llevan cadenas —replica Amy con una mueca. Ja. En serio. búscate un trabajo. —Ya. —Suspiro y la miro de frente por primera vez desde que hemos subido al taxi—. Hasta luego.

—¿Un lechero? —Se me escapa la risa. encogiéndose de hombros. —Le gustaba bailar con las tres —digo. —¿Papá? —La miro fijamente—. No me cabe en la mollera. la niña. sólo que un poco más gorda. Tenía a Sting. —Reflexiono un instante—. malo. —¿Le preguntaste a mamá? —No. que es clavado a Elton John. Vaya. lo de papá no me lo he inventado. y también a un lechero muy simpático de Highgate. Oí que lo decían unos tipos en el funeral. —¿Quiénes eran los otros famosos? ¿No me dirás que había una Madonna? —¡Ya lo creo! —Su mirada se ilumina—. —¿Recuerdas que solía llamarnos «las chicas»? Sus tres chicas. Y no mola. Ya me entiendes. Dijeron que había estado en la cárcel. Papá no fue a la cárcel y tú tampoco vas a ir.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¿Cómo que lo llevamos…? —Papá estuvo en la cárcel —afirma. recordándolo. en realidad. —Seguro que no habría sido por algo… —Vacilo—. a Judi Dench. —¡No es para menos! Seguramente la han acosado más que a la auténtica Gwyneth. —Esboza una sonrisa—. Me odia a muerte. O sea que es mi destino. —Oye. —¿Y cómo los encontraste? —Buscando. —Se encoge de hombros y saca un paquete de cigarrillos. Ganarás experiencia y sacarás algo de dinero. Escucha. Las doce y veinte. ¿Cómo que papá? —La idea es tan descabellada que me dan ganas de reírme. —Les dije que Elton hacía servicios comunitarios de incógnito. El taxi se para en un semáforo en rojo y siento un espasmo de angustia al mirar el reloj por millonésima vez. Te lo pasarás bien. Espero que hayan empezado con retraso. —Es cierto. Tú. Nos acercamos a Victoria Palace Road. —Su seriedad me pilla por sorpresa— . —¿Cuánto? Por Dios. ¿Papá en la cárcel? Parece imposible. —¡Ya basta! —Le arranco el paquete de las manos y lo tiro por la ventanilla—. Amy… ven a trabajar a mi empresa. —Vale —dice por fin. Hay una mujer en Kensington igualita. se me escapa una sonrisa. Sonrío. muy a mi pesar. .184 - . Gwyneth fue la primera. Todo el mundo se lo ha tragado. —¡Lo suficiente! Y así quizá yo no le cuente esto a mamá… ¿Trato hecho? Se hace un largo silencio en el taxi. Ella me dio la idea. mamá y yo. Puede llegar a ser irritante. Es fatal. El taxi arranca. Era un plan ingenioso. Mi mirada se detiene en el folleto turístico y. Amy se está arrancando escamas de esmalte azul de la uña como si fuese lo más importante del mundo. Abro la carpeta y repaso mis notas para asegurarme de que tengo frescos los puntos esenciales.

—Uau. Natasha se mueve de aquí para allá. Lexi. hablando jovialmente con tres tipos trajeados. oprimo el botón de la octava planta y aguardo los segundos angustiosos que tarda en llegar arriba. A favor de la reorganización. estoy segura! ¡Por favor! —Me dirijo directamente a Angus—. ya hablaremos. ¡He encontrado un modo de salvar el departamento! ¡La marca aún tiene valor. subo volando los escalones y entro en el vestíbulo con media hora de retraso. —¿Qué… pasa aquí? Todos se vuelven. —Forcejeo con la manivela y bajo trastabillando—. Estamos haciendo un descanso. Entro en el ascensor. —Simon me mira con ceño. He de irme a otra reunión. Salgo disparada.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Sí. Simon. veo desfilar a los directivos hacia la sala de juntas. Lo siento. como el otro día—. Un hombre de traje azul se está poniendo el abrigo. —Lexi —me dice Simon—. Escuchadme hasta el final y volvéis a votar… Angus me da la espalda. . —Me mira indecisa—. por favor. Ya hemos terminado lo más crucial de la reunión y Angus tiene que marcharse —dice. —Desde luego. Y llego tarde. bien. ¿Quieres decir…? —Ya hemos votado. No quieren darse por enterados siquiera. desquiciada—. al pasar como una exhalación por el mostrador—.185 - . Tendrían que poner ascensores más rápidos. —El taxi se ha detenido frente al edificio. tengo que salir pitando. —¡Hola! —le digo a la recepcionista. Gracias. Apenas puedo hablar. —Y tú acababas enferma… —Alfombras Deller. —Me alegro de verte. —Gracias. —Tranquila. corro a la sala de juntas y… me paro en seco. —¿Cómo que terminado? —Siento una sacudida de terror—. instantáneos… Por fin. Simon Johnson está en el pasillo. señalando al tipo del abrigo. es superimportante. Le doy un abrazo. Amy. —¡Pero no podéis! —Me acerco a él. El pecho me estalla. Con piernas temblorosas. —Hay acero bajo su tono amable: está furioso. —Hurgo en mi monedero—. —¿Qué pasa? —Debo salvar a mi departamento. Encuentro admirable la lealtad que demuestras a tu departamento. pero no puedes comportarte así en una reunión de directivos. incómodo. Y compraba aquellas cajas de bombones enormes. señoras. Pues buena suerte. Podría ser peor. Ascensores de emergencias. No quieren escucharme. frente a la sala. sirviendo café entre un runrún de conversaciones. Tengo que convencer a doce directivos de algo que ya habían decidido no hacer. —Ah. No te vayas. ¡Ya estoy aquí! ¿Puedes avisarles? —Lexi… —empieza. pero no tengo tiempo de pararme.

Luego. En el ascensor. Me está degradando. —Ahora quizá quieras bajar a tu departamento. —¡Byron! —digo jadeante—. Pero Byron me ha puesto al corriente de tu situación. En silencio. —¿Está ahí dentro? —¿Dónde está? —¿Se ha escondido. Lo comprendo. Y cuando vuelvas. ¡No informes aún al departamento de los despidos! ¿De acuerdo? Quiero hacerlo personalmente. con aire acusador. —Suspira—. Salgo del ascensor a todo correr y me encierro en mi despacho. Nunca había estado tan muerta de miedo. lamento mucho cómo han ido las cosas. Simon desaparece en la sala de juntas. la he visto! ¡Está ahí dentro! ¡Lexi! ¡Sal! Alguien aporrea la puerta y me echo a temblar. que cualquier otra cosa… Un ruido me pone en guardia. —Bien —acierto a decir—. ¿De acuerdo? Me quedo lívida. —Sé que las cosas no te resultan fáciles desde tu accidente. considero la posibilidad de esconderme debajo del sofá. Su tono es terminante. marco en mi móvil el número de Byron. Me tiembla todo el cuerpo. retorciéndome las manos y con la sensación de que voy terminar vomitando. Esto es peor que un examen. Fi encabeza el grupo y me dirige una mirada glacial. Al menos eso tengo que hacerlo yo misma.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Simon. Luego me obligo a comportarme y abro. Lexi. Me sale el buzón de voz. . todo habría sido diferente. —Estoy bien. perdona… —Trago saliva. te encontraremos un puesto más… adecuado. la muy bruja? Por un momento. ¿Cómo voy a darles la noticia? ¿Qué voy a decirles? ¿Cómo contarles a tus propias amigas que se van al paro? Camino de un lado para otro. —¡No. que un análisis. No necesito ningunas vacaciones… —Yo creo que sí. Propongo que te tomes unas vacaciones pagadas de tres meses. Voces. He confiado a Byron la tarea de darles la mala noticia. —Hace una pausa— . No estás en condiciones de ocupar un puesto ejecutivo. Los quince miembros del departamento de Suelos y Alfombras. Están todos frente a la puerta. Me quedo mirando la puerta como si estuviera clavada al suelo. ¿Byron? Con una brusca inclinación. Si hubieras recuperado la memoria. No puedo permitir que Byron les dé la noticia. corro al ascensor. —¿Todavía está arriba? —Las voces suenan cada vez más fuertes detrás de la puerta. Lo saben. con un repentino acceso de pánico.186 - . Repito: no se lo digas. Como no estabas aquí… — Hace una pausa significativa—.

Pero son mis amigas. Conozco a Fi desde los seis años. —¿Te ha ido bien el día? —A decir verdad… no —respondo con voz temblorosa—. Ahora sí quiero pegarme un tiro. —Eric parece divertido—. Lexi y yo os agradeceríamos que sigáis trabajando con mayor eficiencia y rendimiento si cabe. Tú conservas tu puesto. leyendo el Evening Standard. Recordad que vamos a dar referencias vuestras. regreso a mi escritorio y me desplomo en la silla.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —No… no he sido yo —tartamudeo—. pero no lo he conseguido. Todas mis amigas van a perder su trabajo. La salvación del departamento dependía de mí. Entretanto. Cuando llego a casa. Creo que acabaré derritiéndome bajo el odio de sus miradas. gimiendo de desesperación. disfrutando del sol de la tarde y tomándose un gin-tonic. con lágrimas en los ojos. Son cosas que pasan. Uno puede evitar que pasen. Así son los negocios. —Querida. como obedeciendo a una señal. Uno puede luchar. —Niego con la cabeza—. me deshago en lágrimas—. No ha sido decisión mía. Van a despedir al departamento entero. Con las piernas como flanes. así que nada de holgazanear ni de cachondeo. Ha sido un día horrible. ¿Es esto lo que ha enviado? ¿Con mi nombre? A todos los colegas de Suelos y Alfombras: Como quizá sabéis. ¿no? —Sí. Una circular para todo el mundo con el título: «Colegas. los resultados del departamento han sido desastrosos últimamente. Luego. —Ya te lo he dicho. Me odian… y no las culpo. mientras voy mirando los rostros implacables—. Él parece reflexionar mientras da sorbos a su bebida. dan media vuelta todos a la vez y se alejan. Por tanto. ¿Cómo se lo habrá anunciado Byron? ¿Qué les habrá dicho? Y de repente lo veo en mi correo electrónico. Por consiguiente. son cosas que pasan. . BYRON Y LEXI Vale. el consejo directivo ha decidido suprimirlo.» Abro el mensaje y lo leo. por favor. —En cuanto lo digo en voz alta. —No pasan simplemente. me encuentro a Eric en la terraza. la empresa tendrá que prescindir de vosotros a partir de junio. —Cielo. Saludos. se encoge de hombros y vuelve a concentrarse en el periódico. Yo he intentado… iba a… —Se me apaga la voz. —Lo siento —susurro. Escuchadme. Soy la jefa.187 - . —Ya. Finalmente. Lo siento muchísimo… Se hace un silencio. —Eric deja el periódico—. Malas noticias.

He traído los planos de Bayswater. Todavía sigue intentándolo. Como si no existiera. Es increíble la desfachatez que tiene. aunque no lo estemos… Giro sobre los talones y me quedo sin aliento. —Jon. —Muy bien —digo por fin—. —Da un paso—. Tómate un gin-tonic. ¡Gianna! ¡Gianna! ¿Dónde se habrá metido? —Lexi —dice Jon. Se supone que soy su jefa y la he cagado. —¡Y tú demasiado a la ligera! Y no lo entiendo. Claro que no. O alquileres. —Te lo estás tomando demasiado a la tremenda —dice secamente y pasa una página del periódico. nada! —protesto impulsivamente—. —¡De unas cuantas. Como si no me hubiera oído. Tienen hipotecas que pagar. tenemos mucho de que hablar… —Se levanta y se asoma al salón—. me la seco de un manotazo. —¡Déjame en paz! —me revuelvo contra él—. —Lexi… —¡Esa gente necesita su trabajo! ¡No son superricachones de mierda! —Hago un gesto abarcando nuestra terraza reluciente—. ¿No comprendes lo terrible que es? Toda mi rabia contra Simon Johnson y el resto de directivos se vuelve ahora como un torbellino hacia mi marido. No hablemos. —Eric ni siquiera me escucha—. entonces? —Eric. con voz grave y acuciante. —Lexi está algo disgustada —le dice Eric. ahí sentado tan campante con su gin-tonic. No te entiendo.188 - . o sea que no veo su expresión. —Hola. Todo perfecto. ¡No quiero ningún gin-tonic de mierda! —¿Una copa de vino. Van a despedir a unas cuantas personas de su trabajo. O banquetes de boda.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —La empresa no se va al garete. Jon está en la puerta de la terraza. Finjamos que todo va bien y que estamos de acuerdo. acercándose. Pero no reacciona. —Me resbala una lágrima por la mejilla. ¿Cómo puede responder así? ¿Será humano? —No quiero un gin-tonic. Me dan ganas de tirarle el gin-tonic por la barandilla. Para rematarme el día. Va con tejanos. —Quiero que levante la vista. ¿No recibiste mi mensaje? ¡No me . una camiseta blanca y gafas de sol. Todo mi cuerpo palpita de pura frustración. Todo va bien. Pues no voy a mirarlo siquiera. Tenía que ser él justamente. que se explique. ¡Un departamento entero! Y no he podido hacer nada para evitarlo. ¿vale? —Estoy perdiendo los estribos—. que hablemos del asunto. ¿verdad? —No. ¿no lo entiendes? —levanto la voz—. bajando la voz como si compartiera una confidencia de hombre a hombre—. ¿Molesto? —¡No! —Me vuelvo rápidamente para que no me vea la cara—. Deja que te sirva una copa. —Pues ya está. Me ha abierto Gianna.

Tenías preparado en secreto un contrato gigantesco. —¡Descuida.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? interesa! No eres más que… un mujeriego y un charlatán de tres al cuarto. «No le hagas ni caso —dice una voz en mi cabeza—. Porque si hay un uno por ciento de posibilidades de que sea cierto… —No es ninguna mandanga. cielo! —Eric desaparece otra vez y me vuelvo a toda prisa.» ¿Y si no lo es? —Eric. no puedo dejar de sentir cierta humillación. —No lo entiendo. Ha sido un día difícil. Silencio. —Dime de qué narices estás hablando —le susurro—. No sé si puedo creerle nada. no sería buen momento. —No hablarás en serio… ¿No sabes nada? —¿De qué? —exclamo al borde del ataque—. Se lo ha inventado. incrédulo—. Si hubiera comprendido antes que no lo sabías… —Sacude la cabeza. ¿Qué pasó con el plan? —¿Plan? ¿Qué plan? —Ese contrato monstruo de alfombras. —¿Qué alfombras? ¿Qué contrato? Jon abre los ojos de par en par. Rápido. Dijiste que eso lo iba a cambiar todo. Incluso si me interesara. es otro truco suyo. escúchame bien. como compartiendo un chiste privado—. ¿Podrías traerme una copa de vino? A Jon ni siquiera lo miro. ¿eh. Y será mejor que no sea una de tus mandangas. Mientras lo miro a los ojos. pero tengo que asegurarme. Pero sí sé que pensabas aprovechar los diseños de alfombra retro de un viejo libro de muestras. Y que iba a ser un supercontrato. Estabas tan excitada que apenas podías dormir… —Pero ¿qué era? —No conozco los detalles. Preveo que va a salirme con alguna de sus frases baratas. Lexi. . Llevabas trabajando en ello semanas. que iba a suponer unos ingresos enormes. —Las palabras me salen con demasiada facilidad—. Lexi? —Cambia de chip automáticamente al ver regresar a Eric con otro gin-tonic. ¿vale? Todo mi departamento acaba de desmoronarse. Tenías la teoría de que soy gafe. cariño. Perdona lo de antes. O sea que si no tienes una solución para eso. que transformaría el departamento… Así que te gusta la vista. Eras demasiado supersticiosa para contármelo. ¿Un contrato monstruo? El corazón me va a cien mientras observo cómo Eric le alcanza la bebida y le ofrece una silla bajo el toldo. Por un instante me mira como si le estuviera tomando el pelo. pero no: lo que hace es quitarse las gafas de sol y rascarse la cabeza con aire perplejo. —Hace una mueca. vete al cuerno.189 - . ¡No sé de qué coño estás hablando! —Por el amor de Dios —resopla—. Está jugando contigo. Tenías una carpeta azul grande que llevabas a todas partes.

J» . Lo examina un momento y teclea una respuesta. Jon saca el teléfono del bolsillo sin mirar hacia donde estoy. Quizá yo sea una boba sin remedio por escucharlo siquiera.190 - . Lexi—me dice mi marido con aire jovial. Doy un buen trago de vino y saco mi móvil. —Aquí tienes. Tengo la cabeza a cien.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Pero ¿cómo es posible que yo no lo sepa? ¿Cómo es que nadie lo sabe? —Porque ibas a mantenerlo en secreto hasta el último momento.» Lo envío y de inmediato deslizo el móvil en el bolso y me concentro en el panorama que se domina desde la terraza. —De acuerdo. Tampoco es el fin del mundo. como si tal cosa. No puede dejarme así. todavía ocupado en su esquema. He hablado otra vez con el técnico de urbanismo… Me quedo inmóvil mientras ellos hablan. Lexi? —Eric me mira extrañado y sólo entonces me doy cuenta de que estoy en medio de la terraza tapándome la cara con las manos. —Quizá tengamos que replantearnos por completo el parking —dice Jon haciendo un esquema—. Eric no parece enterarse de nada. Me retiro al otro lado de la terraza y me siento en un balancín de acero galvanizado. Luego se sienta a la mesa y le indica a Jon que lo acompañe—. Si tú me dices que puede hacerse. —Eric suelta un gran suspiro—. tendiéndome una copa de vino. Noto el sol en la cara y apenas me llega el ruido del tráfico. Jon y Eric siguen estudiando los planos del proyecto. Con mano temblorosa. encuentro el número de Jon y escribo un mensaje: «¿Podemos vernos? L. Si todavía existe alguna posibilidad. Me siento como si me hubieran dado una bofetada. las dudas me corroen. abro mi teléfono. No puedo creer lo que estoy a punto de hacer. te creo. —Sí. «Por supuesto. Pero ¿cómo puede conocer la existencia de esa carpeta azul? ¿Y si resulta que es cierto? Siento un espasmo de esperanza. Podría ser todo un cuento. Me dijiste que no te fiabas de todo el mundo en la oficina y que era mejor… —Se interrumpe al ver a Eric. perfectamente. Me obligo a contar hasta cincuenta y luego. Un instante después. aunque sea mínima… —¿Te encuentras bien.

Ahora sé que eran todo tonterías. acudiendo a una cita ilícita. sin hacer caso de su expresión—. apartando la carta para verme la cara—. Lo que tú crees que quieren oír. Mientras sea capaz de recordarlo. todo irá bien. O quizá un café con leche. como si no acabara de entender—. —Me siento y dejo el maletín en una silla—. En contra de lo que me dice mi instinto. noto que me pongo en guardia. tomando un café. —Hola. ¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido que podía salirme con eso. Al entrar y echar un vistazo a la barra de granito. No eres más que un caradura que les dice a las mujeres casadas lo que quieren oír. hablé con Rosalie y me contó de tus… aficiones. Tal como él había pretendido desde el principio. —Pero Lexi… —No te atrevas a fingir. tengo la extraña sensación de haber estado aquí antes. ¿qué es todo esto? ¿Qué coño pasó en la fiesta? —No… no sé a qué te refieres. O tal vez me estoy haciendo ilusiones. ¿vale? Sé que lo intentaste con ella y con Margo. Bueno. Era nuestra tapadera. Y no me gusta que me tomen el pelo. Los dos somos gente ocupada. Hablemos de ese contrato. —Lexi. —Jon me mira fijamente. en Holland Park. en cuanto levanta la vista. a pesar de todas mis protestas. y. —Se me desliza en la voz un matiz de amargura—. estampo la carta en la mesa. Pero tú y yo estábamos de acuerdo en que lo hiciera.191 - . Tal vez sea el típico déjà vu. Jon está en la mesa del rincón. Un local pequeño y acogedor con las paredes pintadas de color terracota. ¿Qué ocurrió? Le parece muy divertido todo esto. —Cojo la carta y simulo estudiarla—. No vas a esconderte ahora. ¿Hay algo más que puedas contarme? —añado. la cafetera y el sofá medio desvencijado. el muy . Tengo la sensación de estar cayendo en una trampa… pero aún no sé en qué consiste. En cualquier caso. muchas gracias. Él no parpadea. —Ya que quieres saberlo —le digo muy tiesa—. aquí estoy. Creo que tomaré un capuchino. he venido por motivos profesionales.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 17 Quedamos en un café llamado Fabian's. Y tal vez fui… —vacila un instante— demasiado lejos. —Vamos… —dice él. con fotos de la Toscana y estantes llenos de libros italianos. Con una punzada de orgullo herido. Lo detecto en su voz. —Lo intenté con Rosalie y con Margo.

Por favor. —Tiro el papel al suelo. No era una situación cómoda precisamente y cometimos errores… —Alarga una mano hacia las mías—. La puerta del café se abre repentinamente y doy un respingo. Y por eso sólo pensabas presentar el contrato ante el consejo directivo cuando estuviera del todo atado. no es Eric. —Ya sé que es mi letra. Muy bonito. Tienes que dejarme que te lo explique. Sospechabas que quería que suprimieran el departamento. Y Rosalie se la tragó. Tengo la esperanza de que su mirada se ilumine de repente y me diga: «¡Ajá! ¡Ésta es la clave!». O algo así. Creías que intentaría sabotearte. Nos habría descubierto. Pero no sé qué significa. tal como queríamos. Tramamos toda esa historia para despistar a la gente y tener una coartada si alguna vez nos veían juntos. He ido al despacho y mirado hasta en el último rincón. Lo he buscado por todas partes. ¿Por qué demonios no tenía mis notas en el ordenador del despacho? —Hay un tipo en el trabajo… ¿Byron? —Sí —digo con precaución—. Ese contrato —prosigo en cuanto ella se retira— no existe. —¿O sea que no sabes nada más? —La culpa me pone agresiva. Northwick. ¡Basta! No estamos aquí para hablar de esto. Era todo fingido. Tengo ya una excusa en la punta de la lengua: «He salido de compras y adivina con quién me he tropezado. —Has de entenderlo. Puede decir lo que le apetezca y yo no tengo manera de saber si miente. frustrada—. —¿Querías que te considerasen un mujeriego? —¡Claro que no! Pero estuvimos a punto de fastidiarla un par de veces. y nada. Estaba en un cajón casi vacío de mi escritorio. Jon me sostiene la mirada con firmeza. como si fuéramos los protagonistas de El código Da Vinci. —Basta. Muy elegante. —Hurgo en el maletín y saco el papel con los códigos cifrados—. —Es tu letra —dice. Tu contacto era Jeremy Northam. Rosalie (especialmente ella) es muy avispada. —¿Jeremy Northpool? —El nombre me viene a la cabeza inesperadamente. —Tienes toda la razón. También he buscado en casa. Pero has de confiar en mí. He estado pensando en ello y me acuerdo de una cosa. —Retiro las manos bruscamente—. Además de otras treinta y cinco notas. Lo único que he encontrado es esto. sino un grupito de adolescentes que parlotean en francés. imaginando que es Eric. —Se acerca una camarera y pido un capuchino—. No estuvo bien.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? desvergonzado? Lo miro furiosa e impotente. casi acusadora—. —No puedo evitar el sarcasmo—. ¡Menuda coincidencia!» Naturalmente. —Yo no he dicho eso —responde con calma—. Recuerdo que Clare me pasó un pósit con su nombre. No puedes ayudarme. Lexi. Pero lo que hace es echarle un vistazo y encogerse de hombros.192 - . . en todos los archivos del ordenador. Centrémonos en el asunto. ¿Qué pasa? —Tú no te fiabas de él. —Motivo por el cual ligaste con ella. —Se inclina sobre la mesa—.

¿Qué voy a decirle? «Hola. En alguna parte. —Hace una mueca. soy Lexi Smart. —Arquea las cejas—. suspicaz. Que te fumaste tu primer y último cigarrillo con ella. noto cómo crece la esperanza en mi interior. Quizá te llevaste la carpeta. mientras la camarera le sirve otro café. Sólo por eso deberías hacer la llamada. —¿A casa de mi madre? —digo. —No soy adivino. saco el teléfono y marco el número de mamá. Existe. Muchas veces. —Me contaste que os conocisteis en la clase de la señorita Brady. Fuiste a Kent. —Vamos. Que fuisteis juntas a Ibiza tres veces. podría ser. —Ya lo sé. ¿tenemos un contrato a punto de firmar? Y por cierto. Es cierto. divertido. —Jon apura su café y pide otro a la camarera con un gesto—. Northpool. Debiste de cambiar de sitio la carpeta. —Señala con la cabeza mi móvil. ¿Dónde habré puesto esa maldita carpeta? ¿En qué estaría yo pensando? —Me acuerdo de otra cosa. —¿De veras? ¿Cuándo? —Justo antes del accidente. desanimada—. No quiero llamar a mamá. —¡Mamá! Soy yo.193 - . ¿Qué más sabrá de mí? Echándole miradas recelosas. Remuevo mi capuchino de malhumor. Hablábamos. Todo esto me pone los pelos de punta. Jon da un sorbo a su taza.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Sí. Tú me hablabas mucho de ella. estupefacta. O la escondiste. —No puedo. Llamarla me pone enferma. —Dejo caer las manos sobre la mesa. Llámala y pregúntale. ¿Qué eres: una mujer o una morsa? Alzo la cabeza. para que quedara a buen recaudo. Puedes hacerlo. —Se encoge de hombros—. Lexi. al ver mi expresión—. —Tal vez valdría la pena probar. Lexi. Perderla como amiga tiene que haber sido traumático. Escucha. Cojo la galletita de cortesía y empiezo a desenvolverla. Lexi. —¿Qué te conté? —pregunto. Teníamos una relación. escéptica. . —Ahí está. ¿usted a qué se dedica?» ¡No sé lo suficiente! ¿Dónde está toda esa información? —Tiene que estar por ahí —dice removiendo su capuchino—. —Pero ¿dónde? La camarera me sirve el capuchino. Con un sentimiento de excitación. —Me parece que me llamó mientras estaba en el hospital. —¿Sí? —La voz de mamá me arranca de la conversación. A lo mejor deberías devolverle la llamada. A casa de tu madre. ¿He oído bien? —Eso… es lo que dice siempre Fi. ¿te dejé algunos papeles en casa hace poco? ¿Una carpeta quizá? —¿Esa carpeta azul grande? Me quedo de una pieza. —Parece que tiene ganas de reírse—. que asoma en mi bolso entreabierto—.

pero estoy demasiado confusa. —¡Claro! —¡Estupendo! Guárdamela ahí. Está bien. Hace un día soleado. Seguro que hay un tren cada hora… —Calma. Conoce a Fi. Son todas tuyas. —Es en Kent —le indico cuando nos detenemos en el semáforo—. —Pero ¿todavía está bien? —pregunto con ansiedad. Tenemos lista nuestra coartada. —Pone los ojos en blanco mientras enciende el intermitente—. y se ha ofrecido a enseñarme. Luego se mete la mano en el bolsillo y me tiende una cinta elástica para el pelo. —Vale —digo por fin—. Miro las magníficas casas blancas sin verlas apenas. A la chica que yo era. Abro la boca para hablar. ¡Tenías razón! Está allí. donde la dejaste. —Estoy esperando uno nuevo ahora mismo. —Cierro el teléfono y miro a Jon—. Gracias. Salimos a la calle y nos dirigimos hacia la primera intersección. Bueno. —¿Que no tienes coche? —digo. sorprendida. Hace viento. Voy en bici o taxi. quizá tenga una esquina un poco húmeda. —¿Qué? —Hoy no estoy ocupado. Nadie pregunta. La cojo. Pero sé conducir un asqueroso Mercedes de lujo con techo deslizante. mamá. —La vas a necesitar. ¿La tienes aún? ¿Sigue ahí? —Está en tu habitación. Jolín. yo. Jon saca marcha atrás el coche de su plaza de parking y abre el techo deslizante. Si alguien pregunta. —Jon apura su café—. No sé qué haces con ellas. —¿Sabes ir a la casa de mi madre? —He estado allí. Cuídamela bien. Aunque tendrá que ser con tu coche. —Mamá parece a la defensiva—. de todos modos. He de irme pitando. —¿Cómo llevas esto en el bolsillo? —Tengo una colección entera. — Otra vez parece como si me estuviera recordando un chiste privado. pasaré hoy mismo a buscarla. extrañada. Se ha pasado por casa justo cuando me subía al coche. Ha estado en casa de mamá.194 - . ¿las compras por kilos? En silencio. yo no tengo. Te llevo en coche. Tiene una cinta elástica mía . Por lo menos. Tengo que llegar a la estación Victoria. No me cabe nada más en la cabeza. me recojo el pelo en una cola antes de que me lo alborote el viento. El semáforo cambia a verde y arrancamos. —Se encoge de hombros—. Has de salir de Londres en la… —Sé dónde es. Jon me está dando una clase de conducir.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Exacto. Algún perro se ha meado encima.

Da la impresión de que ésa sí es mi vida. En todos los sitios a los que íbamos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? en el bolsillo. —Se para en un paso cebra—. qué decíamos? Cuéntame cosas. —Jon asiente sin volver la cabeza. uno tras otro. como si reapareciera una pantalla. Siempre la misma historia: te quitas los zapatos para andar descalza por la arena. o bien… —Entonces… en el caso hipotético. Y desde entonces… ya no resultó tan inofensivo. — Salimos del cruce y entramos en una autovía. divertido—. Mi cerebro se está sintonizando. Me llevas dos partidas de ventaja. Jon acelera y ahora me cuesta más oírlo con el ruido del tráfico—. —Hace una pausa para tomar un desvío complicado—. Es como si el mundo se estuviera deslizando. Suena todo muy mío. y luego te entra frío y hay que buscarte unos calcetines. poniéndose en situación—. —Ya sé que te gusta. —¿Qué ocurrió exactamente? ¿Cómo fue…? —Ya te lo dije. ¿Continúo? Todo lo que dice resuena en mi interior. De acuerdo. pero que muy bien los deberes. de que hubiéramos sido amantes… —En el caso hipotético. O ha hecho muy. ¿Qué más? Me acostumbraste a poner mostaza en las patatas fritas. —¿Qué más ocurrió? —Nos veíamos lo más a menudo posible. —De eso nada —replico en el acto. —Me encojo de hombros—. Quiero decir… ¿cómo era? ¿Qué hacíamos. sólo hipotético —digo con cautela—. siempre acababa comprándote calcetines.» —Me gusta que me cuenten cosas. pero creo que estás a punto de venirte abajo. —Continúa. —Muy bien. . Hubo un fin de semana que llovió sin parar. —Me lanza una mirada—. salíamos a la terraza… Todo muy inofensivo. —Conduce en silencio un rato y se le va dibujando una sonrisa—. Fui a verte. Algo del pasado. Cosas del pasado. Llegaba pronto y Eric muchas veces estaba todavía liado. Eh… jugamos al ping-pong. Hasta que Eric se marchó fuera un fin de semana. —Menea la cabeza. pero percibo indicios de reconocimiento. Empiezo a creerlo. Los colores se vuelven más nítidos. Ha acertado en lo de la carpeta. jugando al golf. —Me das risa. Yo pasaba cada vez más a menudo por tu casa. por la hierba o lo que sea. Es increíble —dice. Al principio me parecía una aberración.195 - . —Eso ya lo entiendo. —¿Mostaza francesa? —Exacto. Charlábamos. —Anda que no. Es exactamente lo que me decías siempre en la cama: «Cuéntame cosas. Nos conocimos en una fiesta. y nosotros vimos en la tele todos los episodios de Doctor Who. Ahora soy un adicto. Nos encontrábamos continuamente en los actos de la empresa. Eric estaba fuera. No recuerdo lo que dice.

—Me aclaro la garganta—.196 - . Hemos pasado juntos cinco noches enteras en ocho meses. Continúa. Con un chirrido de frenos. Eso debe contártelo tu madre. —Hace una pausa—. a Jon se le han acabado ya los detalles que puede darme de nuestra relación. cuéntamelo. cuya flecha sigo como sumida en un trance. ahora que lo recuerdo. Todavía me pregunto cómo he llegado aquí. —¿Continúo? —dice por fin. Tú siempre duermes sobre el lado izquierdo. Yo crecí en Kent. La casa está tal como la recordaba: . así que ni siquiera me fijo en este paisaje pintoresco del «jardín de Inglaterra». Yo no puedo aportar ninguno. mirando una señal con los ojos entornados—. a arreglarme los dientes. no cuenta nada —asegura mientras cambia de carril—. —Esto es surrealista —dice—. —Nada. No sé qué responder. De repente. Es muy discreta. —¿Tu madre no te habló del funeral? —¡Claro que sí! Se celebró. ¿Qué me impulsó a hacer carrera. Cambió de tema enseguida cuando lo saqué a colación. Me conoce demasiado para poder engañarla. Ya llegamos. —Sale de la carretera y enfila un camino de grava—. Ahora sólo tengo ojos para la pantalla del GPS. Estoy segura de que mamá no me contó nada más. Lo de tu padre. no —respondo nerviosa—. —No es asunto mío. y papá fue… incinerado o algo así. detiene el Mercedes junto a un prado lleno de vacas y se vuelve hacia mí. Él mantiene la vista fija en la carretera. recuerdo mi conversación con Chungo Dave y doy un suspiro. —¿Qué pasa con mi padre? No sé de qué me hablas. Pero bueno. de manera que permanecemos en silencio mientras desfilan a nuestro lado los cultivos de lúpulo y los secaderos. supongo que todo empezó con lo sucedido en el funeral. Jon pone el coche otra vez en marcha. obviamente. —¿Y ya está? Me exprimo las meninges. con expresión concentrada. eso es normal en mamá. —¿Qué quieres decir? —Ya sabes. Ella siempre cambia de conversación. —Sí. ¿Hay algo de tu vida que sepas? —Por lo visto. Ni siquiera me había dado cuenta. —Bueno —dice él. Es cierto. Ella lo adivinó a la primera. —¿Qué pasa? —pregunta Jon. —Conociste a mi madre. si es tan importante. Meneando la cabeza. Pero no importa. Cuando cruzamos la campiña de Kent. Eric tuvo las doscientas treinta y cinco restantes.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Nunca! —Se me escapa una sonrisa. Está bien. a convertirme en esta… otra persona? —digo señalándome a mí misma.

Él está mirando fijamente a uno de los perros mientras le repite: —Las patas en el suelo. ¿Cuánto debe de hacer? ¿Ocho. habría preparado algo para almorzar. hace veinte años. vacilante—. es casi como si te asaltara una banda de forajidos. Maquilló las cosas. mamá —saludo casi sin aliento. tan claras como la luz del día. no ha cambiado gran cosa desde que vinimos a vivir aquí. Tiene un pestazo a pis de perro. Y si son unos diez los que se te vienen encima al mismo tiempo. Está perfectamente. Sólo está un poco más deteriorada. Como un mensaje enviado a mí misma. quitándome con esfuerzo un perro de encima—. Vamos. Echo una rápida ojeada a la primera página. Veo la carpeta encima de una cómoda y la agarro. Líneas y líneas escritas a mano. El problema con los whippet es que parecen poca cosa. para . cubiertos con una alfombra verde.197 - . Bajaos. y al punto pongo cara de asco. —Abre la puerta del coche—. por la humedad o porque se está pudriendo lentamente. y entro en mi habitación. Un… amigo. que sigue empapelada con el mismo diseño floral de Laura Ashley de toda la vida. Hay un trozo de canalón colgado del tejado y la hiedra ha trepado mucho más arriba. pero habría que hacerla arreglar. Bajo un toldo enmohecido. antes de que tuviéramos los perros. Se suponía que iba a venderlas para empezar un negocio. hay un buen montón de baldosas que papá dejó ahí hace años. Lo único que quiero es la carpeta. —Hola. la abro con dos dedos. Vaya guarrada. a un lado del camino. Éste es Jon. ¡Lexi. —No te mintió. Si lo hubiese sabido. En realidad. Ahora entiendo por qué mamá estaba a la defensiva. Arrugando la nariz.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? un edificio de ladrillo rojo de principios de siglo con una galería acristalada en un lado y el antiquísimo Volvo de mamá aparcado delante. Amy tiene razón: la casa apesta. —¿Me estás diciendo que mi madre me mintió? Jon niega con la cabeza. diez años? Vislumbro el jardín a través de la verja. —¡Vaya! —Mamá parece aturdida—. mamá. ¿Cómo quieres que compre algo tan tarde? —No pretendo que vayas a comprar nada. con su césped y sus macizos de flores. No sé si será por los perros. y tiene en las manos un trapo de cocina antediluviano de «Carlos y Diana». pero cuando se alzan sobre sus patas traseras son enormes. ¿Sigue en su sitio? —Por supuesto —dice. Subo corriendo los rechinantes escalones. Solía estar muy bonito. Es mi letra. —¡Ophelia!¡Raphael!—Apenas oigo a mamá con todos los gañidos y el alboroto de pataleo que me rodea—. cariño! ¡Qué rápido has llegado! ¿A qué viene todo esto? Lleva una falda de pana y una blusa de rayas azules con el dobladillo deshilachado en las mangas.

que .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? deducir qué planeaba y de qué iba todo esto. perpleja. Ophelia —dice. mordiéndolas y llenándolas de babas. Lexi! Ardo de impaciencia por contárselo a todo el mundo. Impresionante. no podrán dejar de lado las alfombras. Leo una especie de propuesta. Estarían locos. Levanto la vista. y luego otra. al pie de la escalera. levantándose bruscamente del sofá. —¡Bueno! —Mamá se acerca con unas tazas de café en una bandeja—. aún no ha llegado tu turno! —¡Deje de hablar de una vez con los malditos perros! La orden de Jon me hace saltar en el asiento. Es una idea genial. con el corazón desbocado. Tenemos que irnos ya mismo. Un perro se me abalanza e intenta masticarme el pelo. Jon se acomoda como si se sintiera muy a sus anchas. Toma. Mamá y yo lo miramos boquiabiertas mientras él se acerca a la chimenea. —Bueno. —¿Lo tienes? —me dice Jon. ¿Cómo? Fulminándolo con la mirada. —Yo sí me tomaría un café —dice Jon con amabilidad. cambiarlo todo… Con la adrenalina a tope. Lexi? Los perros se han lanzado sobre el plato de las galletas. pero ¿de qué exactamente? Paso una página. Raphael? ¿Café. ¡Yo. lo sigo a la sala de estar y nos sentamos en un sofá descolorido. ¡Es genial! ¡Una idea buenísima! —Idea tuya. perder a un padre siempre resulta traumático… —Mamá está muy concentrada partiendo una galleta—. En un instante lo comprendo todo. Alcanzo a imaginar todo su potencial. —No me refería a eso —aclara Jon—. Si funciona. Entonces veo el nombre. salgo corriendo y bajo los escalones de dos en dos. —¿Lo demás? —Ella parece distraída—. Y yo he pensado que enterarse de lo que ocurrió en el funeral de su padre tal vez la ayudaría. ¡Eso está muy feo. Es lo que necesitábamos. —Lexi estaba diciendo hace un momento que tiene que ordenar todas las piezas de su vida —dice mientras mordisquea una galleta—. Hablo de todo lo demás. ¿sabes? Es lo que tendríamos que haber hecho desde hace tiempo.198 - . No puedo creer que yo haya montado una operación semejante. dándole una mitad a la perra. ¿Se supone que hemos de comérnoslas? —Lexi no parece tener presente todo lo ocurrido —insiste Jon. Podría adquirir unas proporciones descomunales. —¡Smoky. Al menos puedo ofreceros un café y unas galletas. mamá—la atajo—. —¿De veras? —Me sube un rubor de orgullo y trato de dominarme—. Mamá parece demasiado consternada para pronunciar palabra o siquiera moverse. —No importa. pasándose las manos por el pelo y haciendo caso omiso de los perros. Dios mío. recojo la carpeta (ya no me importa el olor). pero eso ahora me trae sin cuidado. No ese bicho —añade. claro. —Su hija es ella —continúa Jon exaltado—. el cuadro completo. —¡Sí! —exclamo sonriente—.

—¿De qué estás hablando? —tercio con impotencia—. Pero si os veis en un aprieto. con gesto apesadumbrado—. Adiós. con la misma bata afelpada y el mismo aire encantador—. ¿qué pasó en el funeral? —La vida puede ser desagradable —dice Jon—. comienza a revolver en un cajón y saca un disco reluciente sin ningún rótulo. Y mi hermana. Y no me diga que no sabe dónde lo tiene. Ni con nadie. pero así es. Mudarnos a otra zona. Pero a Lexi. Tú dijiste que terminarías de . no. Ella quizá no se da cuenta. lo haré yo. Vosotras sois muy espabiladas y encontraréis la manera de arreglarlo. Y todavía más si vives en la ignorancia. —¿Y qué hicimos? —le pregunto. —Enséñele el segundo DVD —dice Jon—. —Le da una buena calada a su puro. ¡Pero ya era demasiado tarde! ¡Los alguaciles se habían presentado aquí el día del funeral! ¿Qué se suponía que debíamos hacer? Ahora acaricia al whippet casi furiosamente. con un gañido. Si usted no se lo cuenta. Yo no pretendía que tuvierais que cargar con las consecuencias. —Habríamos tenido que venderlo todo. A mí me importa su hija. En mitad de la recepción. —Aparece papá en la misma habitación del otro DVD. queridas mías. Cinco. Pretendían embargar la casa. ¿entiende? —¡De acuerdo! Lo que pasó… —La voz de mamá se convierte en un susurro. —Reflexiona un instante—. Y hay algo que debéis saber. y… tú misma. Porque ella me lo contó a mí. quiere decir que la he palmado. —¿Qué significa eso de «catástrofe»? —Que había vuelto a hipotecar la casa —contesta con voz temblorosa—. Resultó que tu padre no había sido… del todo honesto conmigo. Mamá. Él podría echaros una mano.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? se agolpan a su alrededor—. Quizá eso le sirve. mamá se pone en pie. —¿Los alguaciles? Pero… —Aparecieron sin previo aviso. —Mira fijamente al frente mientras acaricia con un movimiento obsesivo al perro que tiene en el regazo—. Lo pone en el reproductor y los tres nos arrellanamos en el sofá. Si estáis mirando esto. sin mirarnos. Así que intervino mi hermano amablemente. Ése era su verdadero mensaje. Se hace una pausa. hasta que éste. Pero no puede. Me vuelvo hacia mamá. Llevarse los muebles y todo lo demás.» Alza su copa y la imagen desaparece. Amy tendría que haber dejado el colegio… —Se pasa las manos por la cara—. —¿Qué? —¡Que se presentaron los alguaciles! —Se sonroja—. escapa de sus garras. «Queridas. Se ha producido una pequeña catástrofe en el frente económico. El DVD llegó por correo una semana después de su muerte. preguntadle al viejo Dickie Hawford.199 - . digamos… hacerse público. Luego. Tal vez usted —añade mirándola fijamente— tenga intención de pasarse la vida en un estado de completa negación.

En la medida de tus posibilidades. Papá… ¿estuvo en la cárcel? Ella hace una mueca. —¡Dejad de mirarme como si toda la culpa fuera mía! —suplica mamá con voz trémula—. mamá! No puedes vivir en una burbuja. ¿Cómo se atreve siquiera a decir eso? No puedo evitar que se me contagie su exasperación. todas las piezas parecen encajar. ¿El banco se llama Uni… no sé qué? —Tu padre hacía la mayoría de sus negocios en paraísos fiscales —prosigue—. ¿No comprendes que podría haberme ayudado a verlo todo más claro? No tenía ni idea de adónde iba ese dinero. como si no hubiera pasado nada. Dime.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? pagar la hipoteca. Demasiado tarde. En la habitación no se mueve ni una mosca. La cabeza me da vueltas mientras intento encajar todo esto en el cuadro general.200 - . Hace muchos años… Fue un malentendido. ¡Dejad de culparme! ¡No tenéis ni idea de lo que ha sido mi vida! ¡Ni idea! Tu padre. mi madre suena sincera. querida. Por primera vez. ¡Amy tiene razón! Tienes que salir de este… agujero en el tiempo. como en el Tetris—. Apenas me atrevo a animarla: —¿Qué? —Mi susurro parece romper el hechizo—. Ese funeral lo cambió todo. Con razón se ha metido en tantos líos… ¡Claro! —Súbitamente. y contengo la respiración mientras sus ojos azules se encuentran con los míos. El momento ha pasado. Por eso me volví de golpe tan ambiciosa. —Tú me lo habías contado —me dice Jon—. —¿Yo? Me hundo en el sofá. No entiendo por qué no podía comportarse con honradez… —¡Dijo que prefería mantenerte en la ignorancia! —exclama Jon airado. —Amy oyó que papá había estado en la cárcel. ese hombre… Se detiene bruscamente. —¡Lexi! —grita mamá. tú sabías que no recordaba el funeral y no me dijiste nada. —Mamá. y se quedó con la idea de que es fantástico. Mamá desvía la vista. —Le lanza una mirada despectiva—. —¿Es una hipoteca en un banco extranjero? —pregunto de repente—. Por eso estaba tan obsesionada con el trabajo. Me comprometí a pagar las deudas de papá. apuntando con un dedo acusador a mi madre—. Mamá. Para despistar a los de Hacienda. como si le hubiera pisado un callo. Cuando aparecieron los alguaciles ella se desmoronó. elude mi . quiero preguntarte otra cosa. Tuviste que ocuparte tú de mantenerlos a raya y tomar todas las decisiones… Cargaste con toda la responsabilidad. —Muy poco tiempo. ¡Escucha. —¡Ha sido todo muy difícil! —Mamá mira al techo con ojos desorbitados—. He tratado de mantenerlo en secreto por Amy… —Pero… —De pronto se me ocurre algo aún más siniestro—. pero no le hago caso. Dejemos eso. que yo recuerde. Voy a hacer más café… —¡No! —Me levanto de un salto y me pongo frente a ella—.

podría sufrir daños cerebrales permanentes. —Chungo Dave. deberías pensar en ese chico. ¿vale? Dicen que alguien me ha dado falsa información y que está interfiriendo en mis circuitos neuronales. ¿En serio? Es más lerdo que un whippet. Y que si no se corrige el problema de inmediato. en plan profesional—. cabeza de chorlito —le digo con una lentitud venenosa—. en el novio aquel que estuvo en el funeral. Salgo fuera como una exhalación. pero en cuanto ella levanta la vista. que me había regalado una rosa. alelada—. ¿Qué ibas a decir? No sé qué pretendo exactamente. —Es su voz. ¿O prefieres hablar con el médico? . elevando los ojos al techo. Quiero que vuelvas a contarme lo de nuestra ruptura. intentando arreglar los circuitos de mi memoria. Me dijo… —La voz se me apaga repentinamente al ver cómo Jon menea la cabeza. Así que quizá quieras hacer otro intento. ¿David? Él tiene mucha culpa. la veo como si la viese por primera vez: con su peinado juvenil y su cinta para el pelo. —¡Ay. Lexi —digo con tono glacial—. Estoy ahora mismo en el despacho de un especialista en neurología. con el anillo de papá todavía en el dedo. Tendrás que confiar en mí. Dios! ¿En que estaría yo pensando? ¿Llegué a creérmelo siquiera un poquito?—. —¡Ya es casi hora comer. Y esta vez quiero oír la verdad. Mientras la contemplo. Tiene otra vez esa expresión opaca. A ver qué encontramos para ti… —¡Mamá. El especialista está aquí. conmigo misma por ser tan crédula. pero que yo me negué. ¿Dave?. —Suena muy seguro de sí mismo—. ¡Qué ganas de darle un puñetazo! —Escucha. Pero si él… no asistió al funeral. ella busca a tientas la cabeza de un perro y empieza a darle palmaditas. Dave Lewis para servirle. —Por Dios —se asusta—. que todo había sido muy bonito. comprendo que no voy a conseguirlo. como si no hubiera pasado nada. Saco el móvil y llamo a Chungo Dave directamente a la oficina. Perdona. —Cariño. por favor! —Me acerco a ella—. a mi lado.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? mirada. con sus manos arrugadas. No puedes pararte ahora.201 - . soy yo. —Auto Repair Workshop. Me dijo que se había ofrecido a acompañarme. con mi padre. esta vez con la verdad. Deberías acusarlo a él. —¿Qué más te dijo? —Que habíamos roto aquella misma mañana. —¿Chungo Dave? —La miro. Con una punzada repentina. completamente decepcionada con mi madre. te dije la verdad. Agnes! —le dice al whippet con voz frágil—. —Iba a decir simplemente… —ha recuperado su habitual aire de mártir— que antes de que empieces a culparme de todo lo que te ha ocurrido. —Sí.

—¿Y luego? —No volvimos a vernos. repentinamente en guardia. —Ahora suena sincero—. apoyarte. me siento en la cerca del jardín y observo el rebaño de ovejas que hay al otro lado de la carretera sin hacer caso de los gritos que salen del teléfono. obviamente… —¡Basta! —Aparto el móvil de la oreja. Me pongo otra vez al teléfono. incrédula. en realidad no tendría que sorprenderme. Me lo imagino jadeando y pasándose un dedo por el cuello de la camisa—. Empezaste a quejarte a gritos de tu vida. ¿sabes? —Lo sé. —¿Qué? —Me tiré a una camarera. no! ¡Está bien! —Ahora suena acobardado de verdad. —¿Qué dijo? —Me pongo de pie y aferró el teléfono—. —Y cuelga.202 - . ¡Fue por el estrés emocional! —añade rápidamente—. Vuelvo a sentarme. Buena suerte con el médico. Podrías haberme dicho la verdad a la primera. sí que fui —responde tras una pausa—. estabas en la tele. —Sí. La siguiente vez que te puse los ojos encima. Sólo desahogarte a gritos. es cierto que no recuerdas… Eh… nada. Maldito cabrón. Quizá no fue exactamente como te dije. te ofrecí un bocadillo de camarones. cruzo el sendero de grava. —¿Qué dijo? —Ah. —¿Protegerme de qué? ¿Viniste al funeral? —Sí. Necesito unos instantes para asimilarlo. —Bueno. Jadeando. Yo tampoco me acuerdo. Y siento lo que ella te dijo. Me dediqué a pasear las bandejas de canapés. No estábamos desnudos ni nada. ya. que era una auténtica mierda. que estabas asqueada de todo… Te lo digo. Eso estaba fuera de lugar. Trataba de protegerte. —Vale. Lexi. —No. ¡Chungo Dave! —He de dejarte. un poco sí. con una pinta totalmente distinta. —¿Qué ocurrió luego? —Luego… —Se aclara la garganta. —Chungo suelta un suspiro—. Dime qué me dijo. Yo intenté calmarte. —¿Cómo reaccioné? Y no me vayas a decir que te di una rosa y que fue precioso. Pero tú no querías nada. Bueno. claro. La verdad es que te subiste por las paredes. que me odiabas. a decir que tenías que cambiarla de arriba abajo. leyendo un . Bueno. Perdona. Entro en la casa y me encuentro a Jon sentado todavía en el sofá. Vuelvo a marcar su número. de verdad. Creía que había cerrado con llave… —¿Te pillé con las manos en la masa? —digo. —Miro cómo vuelan en círculo un par de pájaros—. Pillé a Chungo Dave engañándome. Procuré echar una mano. Siento haberme tirado a aquella chica. Es eso lo que nos hace cometer locuras. —Sí. pero comunica. fue una cosa nunca vista.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡No.

es sólo un detalle. —No. Oye. —Su rostro se ilumina—. pese a que ya no tengo los dientes saltones. —Me siento a su lado y tiro de su barbilla para obligarlo a mirarme—. no puedes echarle la bronca a mi madre por vivir en un estado de permanente negación y luego no querer contarme algo que ocurrió en mi propia vida y que merezco saber. de ponerme en la piel de la Lexi de entonces: Estamos en 2004. —Le aparto la mano—. —Lexi… —Jon esboza una mueca afligida. Me encuentro a mi novio follándose a una camarera… Y ella me echa un vistazo y me llama Drácula.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? ejemplar de Planeta Whippet. Escucha. ¿Por qué darle tanta importancia? —Porque… la tiene. Ahora. Estoy bien. te llamó Drácula. Los alguaciles acaban de presentarse para desahuciarnos. Vale. Esto empieza a encajar. —Qué tal. —¡Está bien! —Alza las manos. Estamos celebrando el funeral de mi padre. Él suspira. — Lo fulmino con la mirada. Dímelo. ¿Cómo ha ido? —¿Cómo me llamó la camarera en el funeral? Jon adopta un aire evasivo. Dime cómo me llamó la camarera. me pongo de pie y me acerco a la ventana. rindiéndose—. ¿Drácula? Pese a mí misma. ¿has leído alguna vez Planeta Whippet? Porque es sorprendentemente interesante… —Sabes muy bien de qué te hablo. Con la cara todavía ardiendo. Ya que quieres saberlo. —Lexi. tratando de imaginarme la escena. . —No sé de qué me hablas. No me han dado la bonificación.203 - . noto cómo se me encienden las mejillas de pura mortificación. Sé que te lo conté.

SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 18 Durante el trayecto de regreso. Jon me mira de vez en cuando. Luego fuiste a la televisión y la cosa se disparó. pero eso creo. Voy rumiando todo lo que acabo de descubrir. Me siento como si hubiese hecho en media hora un doctorado sobre Lexi Smart. Una obsesa de los perros en permanente negación. pero no dice nada. —¿De veras? Me saco los zapatos. —Todo el mundo quería a papá. advierto de repente. Sin avisarnos siquiera. estable. —No seas tonta. —Vale —me ruborizo—. Solvente. rico. —No tienes una gran opinión de papá. a años luz de… —Enmudece. muy al principio. —Pone el intermitente y cambia bruscamente de carril. La historia completa. —Al menos. ¿Te había hablado del funeral? —Una o dos veces —dice con una sonrisa irónica. que decidiste cambiar por completo. Aferra el volante con fuerza. Le lanzo una mirada airada. Tengo bien aferrada la carpeta sobre el regazo. —Sus tres chicas —repite Jon. —Todavía no puedo creer que mi padre nos metiera en semejante lío —digo por fin—. Él parecía ideal. Un día. —Aparta una mano del volante y aprieta la mía un momento—. permanezco callada. En fin. Un trabajo impecable. . ahora sé un poco más de mí. —Me muerdo la uña del pulgar—. cuando sólo éramos amigos. —De mi padre. pongo los pies en el asiento y apoyo la barbilla en las rodillas mientras sigo contemplando la carretera. Michael. Aunque la cagase algunas veces. nos adoraba. ¿sabes? Era tan guapo. no lo conocí personalmente. No está mal. —No soy psicólogo. Pero bueno. Nos llamaba sus tres chicas. tan marchoso… Nos adoraba. salió el tema. Los campos pasan zumbando a nuestro lado. Creo que era un gilipollas y un egoísta. como si fuera a salir volando. una adolescente dedicada a la extorsión y una amnésica bien fastidiada. Me contaste cómo había cambiado tu vida. conociste a Eric. que asumiste la deuda familiar. tan divertido. A todas horas. que te pusiste a dieta estricta.204 - . Debo de haberte aburrido mortalmente con esa historia. Casi parece cabreado. ¿eh? —Creo que él se lo pasó muy bien y que os dejó el estropicio para que os las arreglaseis. más seco que nunca—. que al día siguiente pediste hora en un centro dental. Subiste como la espuma en el trabajo.

date un respiro. —¡De eso nada! —Levanto la vista. Te construiste esa imagen de dura. cuando desperté después del accidente creía que había aterrizado en una vida de ensueño —digo lentamente—. lo pones en modo «marido encantador» y listo. Hiciste algunas cosas mal. Que era parte de tu éxito. Tiene una gama enorme de posibilidades. Aunque no dejaron de captar algo cierto. por lo demás. yo no soy una cazafortunas cualquiera. Y no me gusta lo que ha dado a entender. Los Eagles cantan Hotel California. con Eric… Todo se ve distinto cuando desaparece el brillo de la novedad. Observo un avión pequeño que va dejando en el cielo una doble estela blanca. No entiendo por qué me convertí en una bruja. —Escucha.205 - . Estabas confusa. —Ahora habla en voz más baja—. —¿Buen sentido? ¿Qué buen sentido va a tener una cobra? Seguimos avanzando un rato en silencio. —Es un modelo de última generación. Es encantador. Querías impresionar a los directivos y que no te acusaran de favoritismo. tú te pareces bastante a una cobra. En otra vida. indignada—. Lexi. —Vivías bajo una tensión permanente. Cometiste algunos errores… —Duda un momento—. Los campos dorados se extienden a ambos lados hasta el horizonte. En todos los aspectos. Contigo misma. Eso fue idea de los productores del programa. en el trabajo. tiene todas las condiciones… De hecho. —¿Sabes?. Jon enciende la radio. Te alejaste de tus amigas. Cuando se trata de negocios. No me habría casado con un tipo sólo por el brillo de su dinero. Llegaste lejos demasiado deprisa y no sabías cómo manejar la situación. Tú no eras así. —Al principio creíste que era la elección perfecta —asiente—. —Sonríe con aire travieso.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Se hace un silencio. lo harías. Debí de enamorarme de Eric. —La Cobra —asiente él con una leve sonrisa—. Pensaba que era la chica más afortunada del mundo… Él menea la cabeza. —Tampoco lo pretendías. es como uno de esos sistemas inteligentes de nuestros loft. mientras nos deslizamos a toda velocidad con el sol destellando en el parabrisas. Jon habla como si todo eso formara parte del pasado. te sentías atrapada. me siento como si estuviéramos en otro país. —Una vez me dijiste que si pudieras retroceder y hacer las cosas de otro modo. Mejor que Cenicienta. —En el buen sentido. —La Cobra —digo con una mueca. ¿vale? —le espeto. Siento una punzada repentina cuando menciona a Eric. Te viste propulsada a un alto cargo y tenías que controlar un departamento muy grande. Pero no es así. Eso fue lo que más te costó. Estoy casada. horrorizada. pantalla táctil… . Aún no puedo creer que me pusieran ese mote. Creía que era Cenicienta. —¡Pero no lo entiendo! —exclamo exasperada—. Finalmente. —Basta.

precioso. Muy bien. fue muy romántico. todavía con los brazos cruzados. Se ha ido unos días para localizar nuevos terrenos de construcción. al detenernos en un atasco—. —¿Doy grititos? —Como una ardilla. ¿Por qué se las da de tan sabiondo? Me pone de los nervios. por si quieres saberlo. Quizá hayamos tenido una aventura en el pasado. Es algo que no puede transformarse en un listado. pero eso no significa… Quizá yo quiera conseguir que mi matrimonio funcione esta vez. Yo miro al frente. ¿Te querría si no tuvieras unas piernas largas? —¡Yo qué sé! ¿No puedes cerrar el pico por un rato? Fue un momento encantador. En realidad. —Cruzo los brazos—. Ha llegado a Manchester sin problemas. —Menuda sandez. El aire parece más gris y. Se hace un largo silencio. me cae en la mejilla una gota de lluvia. Ésa no es la cuestión. ya. ¿Y se habría enamorado de ti si no hubieras balanceado el maletín? Me quedo perpleja un segundo. —Cobra de día —asiente—. se me quedó grabado. escucha. —¿Ah. —¿Cómo que no? Es exactamente la cuestión. ya sé lo que quiero responder y vuelvo a bajar el volumen—. —Es de Eric —digo después de leerlo—. ¿Y a ti qué te gusta de mí? —No lo sé. como si hubiera olvidado la conversación. Me estremezco y Jon vuelve a cerrar el techo. pero se me escapa una sonrisa. mi móvil suelta un pitido de mensaje recibido. de mi manera de balancear el maletín. Me gustan los grititos que das mientras duermes. Subo la radio para hacerlo callar. tu esencia.206 - . De hecho. Todo. —Creía que me parecía a una cobra. de mis largas piernas. —¡No es ninguna sandez! ¡Es muy romántico! —No me digas. —Sí me quiere. Nos acercamos a Londres y el tráfico empieza a hacerse más denso. Tiene una expresión muy seria mientras va serpenteando por los carriles de . Estamos en las afueras. Mientras avanzamos a paso de tortuga. sí? —No parece nada impresionado—. Eric no te quiere. Un momento después. ¿Qué te dijo? —Que se había enamorado de mi preciosa boca. —Pues… no sé.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡He dicho que basta! —Me cuesta no reírme. —Alzo la barbilla—. —No puedo evitar sonrojarme. ardilla de noche. Siempre recuerdo a Eric diciéndome eso. de repente. Jon se concentra en la carretera. —Sí. —De acuerdo —dice por fin. Decídete. —Vale. —No lo conseguirás —responde impasible—. Procuro mantener los labios apretados. Me lo dijo. Cruzamos una rotonda. —Una gilipollez.

o sea que es muchísimo más grande de lo que parece por fuera. —¿Ahora? —El resto del día. Jon me mira. toda de ladrillo y con unos ventanales enormes en forma de arco. Se sacude . El sol. —¡Qué pasada! Me quedo casi sin habla mirando su espacio de trabajo. y un ordenador Mac. Y plantada en medio de todos sus papeles. paredes pintadas de blanco. antes de añadir—: Es que hay algunas cosas tuyas en mi apartamento. —No sé qué plan tienes ahora. Un suave latido que ni siquiera quiero reconocer ante mí misma. Ni qué pensar. Hay dibujos y bocetos tirados aquí y allá. un enorme escritorio inclinado. —Ya. —Muy bien. ¿Por qué? —Por nada. yo no necesito la ayuda de nadie. cenar. Jon vive en el apartamento más precioso que he visto nunca.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? la autovía. Nada en particular. Dejó que las pagaras tú. Ahora no sé qué decir. —Él también hace una pausa y arruga el entrecejo con la vista fija en la carretera. que se lleva a una cocina diminuta. reluce en los suelos de madera. Vale. Y no tienes que hacer caso del grafiti de la pared de enfrente.207 - . Pero la casa es grande. En un rincón hay un caballete de dibujo. —Se encoge de hombros—. —Adopto un tono formal—. Levanto la vista y veo a Jon mirándome desde el umbral de la cocina. Llegamos a un cruce y nos situamos detrás de un autobús. una botella de tequila y un paquete de almendras. Con Eric de viaje. —Da media vuelta y hacemos el resto del trayecto en silencio. Irme a casa. —Es su dinero —replico al fin—. A lo mejor quieres recogerlas. —Estas casas fueron construidas como estudios para pintores —me explica mientras se mueve de aquí para allá y recoge unas diez tazas de café. Techo muy alto. Ni siquiera hizo el gesto. y resulta que el apartamento abarca también una parte del edificio contiguo. Yo te lo propuse y no quisiste aceptar nada. ¿sabes? —me dice de pronto—. ¿Por qué tendría que hacerlo? Y además. Eres muy testaruda. leerme los documentos de la carpeta… —Me obligo a hacer una pausa que parezca natural—. —Bueno. La pared opuesta está cubierta de libros y cuenta con una de esas anticuadas escaleras de biblioteca con ruedas. que ha vuelto a salir y se cuela a través de los ventanales. Algo empieza a agitarse dentro de mí. sí. Pero no. —Bueno —digo encogiéndome de hombros. —Eric podría haber liquidado las deudas de tu padre sin el menor esfuerzo. está en una calleja más bien cutre de Hammersmith. cubierto de papeles.

¿Cómo es posible…? Miro alrededor alucinada. Poner mi vida en sus manos. con el pelo por la espalda. Quizá habría encontrado un modo de explicarlo y racionalizarlo. —Ya —asiente Jon. en la que solía envolverme. ¿Mi tostadora retro de color rosa? —Venías y te ponías a comer tostadas —dice Jon. mientras van apareciendo más cosas ante mis ojos. Me acerco para mirar la fotografía y doy un respingo. ¿habrías querido creerme? Me quedo cortada. tengo la cabeza echada atrás. plantas y… —Esa taza es mía —musito al ver entre los estantes una taza roja que Fi me regaló una vez por mi cumpleaños. Te atiborrabas como si estuvieras muerta de hambre. casi con acento acusador—. Todas mis cosas estaban aquí. como en un truco mágico: aquella colcha mullida. tipo piel de lobo. O mejor. Detrás del sofá hay unos estantes de madera hechos polvo. como para cambiar de chip. aunque percibo la esperanza que hay detrás. Es una foto mía y de Jon. —Podrías habérmela enseñado antes —le digo. —Se adelanta y me la da. el lado que creía desaparecido para siempre. Ahora veo de pronto el otro lado de mí misma. Incluso veo alrededor del tiesto del rincón las bombillitas de fantasía que tenía en mi apartamento de Balham.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? el pelo con las manos. han estado aquí todo el tiempo. Era verdad. siguiendo mi mirada—. Siguiendo su indicación. Quizá tiene razón. mientras me aferraba a mi marido perfecto y mi vida de ensueño. a mi espalda—. Llevo tejanos y zapatillas. . un enorme puf de cuero y un viejo televisor sobre una silla. Sólo de estas cosas de mi vida anterior… —Me interrumpo al reparar en un marco de cuentas de colores que no reconozco. Verdad de la buena. las fotos antiguas del colegio con sus marcos de cuentas de colores. —Tus cosas están ahí. Siento un hormigueo mientras contemplo nuestros rostros iluminados por el sol. atiborrados de libros.» Quizá fue eso lo que hice. Podrías habértela traído la primera vez. —¿Te acuerdas de algo? —me pregunta con aparente indiferencia. Y de golpe recuerdo lo que me dijo Eric cuando le pregunté por Jon: «Pondría mi vida en sus manos sin dudarlo. revistas. Esta foto. Es lo que te decía. y sonrío como si fuera la chica más feliz del mundo. —¿Me habrías creído? —Se sienta en el brazo del sofá—. me siento como en casa. —¡Y mi jersey! —Un jersey de cuello alto que he tenido desde los dieciséis años y que veo tirado en un sofá. O sea que Jon tenía pruebas. Estamos sentados en un tronco y él me rodea con sus brazos.208 - . Por primera vez desde que desperté en el hospital. —No. Te dejaste algunas cosas por aquí. cruzo un arco y entro en una acogedora salita amueblada con sofás de algodón azul.

Jon bebe un sorbo de vino. venga. —¿Plantamos semillas de girasol? —Pregunto con interés repentino. Se me hace un nudo en la garganta mientras contemplo este despliegue verde y amarillo. Una . —Entonces… ¿cuánto hace…? O sea… —Me inclino sobre la planta más diminuta. Una tontería. Debemos de habernos acostado unas cuantas veces. No importa. —Me tiende una copa. —La última vez que estuvimos juntos. Luego. —¿Qué pasa? —Lo miro. —No es nada —dice encogiéndose de hombros—. patidifusa. —Hace una pausa. Esto me suena.209 - . Entramos en un dormitorio sin apenas decoración. Es que había… —Sonríe como para sí—. —¿Fue la última vez que nos vimos antes de…? —Me muerdo el labio. hay girasoles. a ver si localizo las plantas con sus envases de yogur. Luego empezamos a hacerlo cada vez. metida en un tiestito y sujeta con dos palitos—. —Semillas de girasol —digo. O sea que tendría que haber varias plantas. Aquí hay toda una historia. Desde que… —Hace seis semanas. pero no va a despistarme así como así. la víspera del accidente. mientras él llena dos copas de vino—. e incluso algunos brotes verdes y larguiruchos que ahora empiezan a abrirse. me acerco a una mesa donde hay un montón de viejas novelas mías y un cuenco de pipas. Desde ejemplares casi monstruosos que se alzan hacia el cielo. Allí donde miro. no las he tirado. da media vuelta y me indica que lo siga por un pasillo. Deja que te sirva algo de beber. —¿Qué? Di. sin decir palabra. con una expresión indescifrable—. Decíamos que eran nuestros hijos. hasta flores muy jóvenes atadas con cañas. ¿Están buenas? —Claro.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Para aligerar la tensión. a punto de meterme una en la boca—. —No importa. Abre las puertas de un amplio balcón y yo contengo el aliento. ¿Las has guardado? —Miro por todos lados. entonces? —insisto con tono desafiante—. Me siento y bebo un trago de vino. O sea que era esto… O sea que éramos esto. extraña. Desde la primera hasta la última semilla. abrumada. Así que plantaste una en un envase de yogur y yo me lo traje a casa. —Ajá —asiente. —Se acerca al reproductor de CD y pone una música de fondo. —¿Y dónde están? —pregunto. Teníamos… una especie de tradición. pero cambia de tema—. Asiente tras un instante. Como un recuerdo o un chiste privado. —Ya lo sé. Hay una hilera de girasoles a lo largo de todo el balcón. cogiendo un puñado—. ¿Algo de nuestra relación? Tienes que contármelo. si lo que dices es cierto. —¿Dónde están. —¿Las has tirado? —No. Me encantan. Olvídalo. La primera vez que nos acostamos tú habías estado comiendo semillas de girasol. —Tiene una expresión insondable. He estado cuidando de ésa en particular.

Créeme. ya lo creo que sí! Pretendes que sea la de antes. como ahora mismo. cuando Eric estaba fuera. Yo misma apenas entiendo lo que me pasa. la chica que sonreía de esa manera sentada sobre un tronco. Yo sabía… —su voz suena amortiguada mientras sigue besándome las manos— que volverías. todo mi cuerpo me dice que me lance sin más. creciendo y desarrollándose. Sabía que volverías a mí. —¿Y la primera vez? —digo finalmente—. con una expresión tan desolada que me encoge el corazón. un tío guay. —No pretendo que estés enamorada de mí… —¡Sí. y las fotos. Es demasiado. Quiero ser ella. me quita la copa y toma mis manos. Luego. No recuerdo nada. Suavemente. nos quedamos callados de repente. Los dos lo sabíamos. Sigue inmóvil. pero no consigo pararlas. ¿Cómo podría estarlo? Yo no he hecho todo esto. ¿vale? ¿Soy ella? ¿O soy yo? Para mi horror. Y para mí sólo es el principio. consigo dominarme y me vuelvo hacia él. —Miro todos estos girasoles —digo. Alza sus ojos oscuros hacia los míos y siento una sacudida. —Lexi… —Se las lleva a los labios. tratando de mantener la calma—. Lexi. las lágrimas se me desbordan. —Sabíamos que era inevitable —susurra. —Doy un buen trago de vino. En la terraza. No me vengas con tonterías. Pero no estoy enamorada de ti. y soy consciente de que ocurrió de verdad. Hay un desequilibrio brutal. Me vuelvo y las enjugo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? relación completa. a media tarde. Yo también empezaré otra vez. . —¡No lo sé! —replico—. Pero para mí no deja de ser un maravilloso romance entre dos personas que no conozco. Lo solucionaremos. Finalmente. Tú eres la chica que yo amo.210 - . convirtiéndose en algo tan fuerte que al final incluso estaba decidida a dejar a Eric. el corazón desbocado—. y todas mis cosas. —Lo que ocurre es que… me siento abrumada. Y me gustas. Jon. ¡Tú… tú no sabes nada! —¿Qué ocurre? —dice anonadado. —¡Tú no puedes volver a empezar! —Me paso las manos por el pelo—. Se pone en pie y se acerca. Pero no puedo. Lo deseo con desesperación. tragando saliva—. eres un tipo atractivo e inteligente. Pero no lo soy. ¿Cómo empezó todo? —Fue ese fin de semana. No sé si lo soy. —¡Basta! —lo aparto bruscamente. —¡Es que lo eres! —Ahora parece irritado—. Estoy paralizada. cierra los ojos y me las besa con dulzura—. Estoy muchos escalones por debajo. Fui a verte y estuvimos charlando y bebiendo vino. —Volveremos a equilibrarlo —se apresura a decir—. No sé de dónde han salido. —¿Por qué? —¡Por todo esto! —Señalo el cerco de girasoles—. Me pones frente a… una relación con todas las de la ley.

He perdido toda mi credibilidad. La lluvia repiquetea con fuerza en el techo y de pronto estalla un relámpago. Lo digo en serio. —¿Qué quieres decir? —Digo… ¡que no lo sé! No lo sé. señalando la carpeta—. eludiendo mi mirada—. pero no lo siento. Llueve a cántaros. durante unos instantes. Por favor. Ya no tienen ni un minuto para mí. Detiene el coche en mi plaza de aparcamiento y. —Gracias. corre. me embarga el desánimo.211 - . ya sin irritación. Venga. Me detengo a la entrada y ordeno los documentos con un arrebato de esperanza. aunque sé que lo que he dicho es cierto: si no consigo reunirme con Simon Johnson. Si pudiese recordar aunque sólo fuera una cosa. Y tampoco lo sé. como asintiendo. —Lo lograrás. —Paso la mano por la tapa de cartón. Pero hará lo posible por eludirme. —Ya hablaremos —lo corto deprisa—. En otro momento. —Se despide con la mano y se aleja a grandes zancadas. —Lexi… Noto que está hecho un manojo de nervios. —¿Y tú cómo vas a volver? —No te preocupes. —Me enjugo las lágrimas y me echo el pelo atrás—. Y tú nos conoces a los dos.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Eres tú —murmura Jon—. tapándose inútilmente con las manos—. Voy a buscar un taxi. Soy yo. Empiezan a caer gotas. mordiéndome un labio—. Voy sentada con la carpeta en las manos y Jon conduce en silencio. — Vacila. En otro momento. Un recuerdo. Me ha degradado. al reflexionar acerca de mi situación real. no habrá problema. —¿Te llevo a casa? —Me mira a los ojos. pero no puedo pasarme aquí la noche. —Tendrás que correr hasta la puerta —dice Jon. Se levanta una ráfaga de viento y los girasoles se balancean. Hay un cuarto de hora hasta casa. absorto. Jon rompe por fin el silencio. —Me entrega las llaves. Echo a correr bajo la lluvia y poco me falta para perder varios papeles de la carpeta. —Si puedo hablar con él. no nos movemos. —Sí. Necesito tiempo… Necesito… —Me interrumpo. No tendrá el menor interés. —Aprieto el puño sobre el pecho. con la mandíbula tensa. y me da un beso en la mejilla. Aunque no sé cómo voy a arreglármelas para hablar de ello con Simon Johnson. Trato hecho. —De acuerdo —dice mirándome a los ojos—. —Suspiro y abro la puerta. agotada. todo habrá sido en vano. pero no hablamos durante el trayecto. un hilo… Jon mira las flores. Luego baja del coche. . notando que me vienen otra vez las lágrimas—. —Sé que es así en teoría. Y de pronto. Y buena suerte con eso —añade.

¿Y qué? Me he dejado llevar por el entusiasmo: con Jon. No sería capaz. Ha sido una especie de sueño imposible. todo sería diferente. resultan incómodos y. . Ante la estupefacción del portero.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Más allá de lo que haya en esta carpeta.» Si recuperase la memoria. la vergüenza de la empresa. como si fuera una banda sonora: «Si hubieras recuperado la memoria. No digas nada y escucha. No lograré salvar el departamento. además. Después de toda la adrenalina de este día. No me apetece subir en ascensor. Una vez arriba. ¿O…? Me quedo paralizada de la emoción mientras examino todas las posibilidades y oigo una y otra vez en mi cabeza la voz de Simon Johnson. con el contrato y con todo lo demás. todo habría sido diferente. no digamos ya una audiencia completa.212 - . He descubierto unas cuantas cosas de mí. así que al final me levanto y voy a la cocina a prepararme una taza de té. —Fi —digo en cuanto responde—. saco mi móvil y pulso un número directo. A menos… No. Ya no soy la Cobra. Pero los almohadones están demasiado impecables. y menos aún para montar una operación de importancia. me siento abatida y decepcionada. Nunca en la vida. El agua ha empezado a hervir y no me he dado ni cuenta. me da miedo humedecer la tela. Soy la chica con problemas de memoria. me dirijo a la escalera y empiezo a subir lentamente los relucientes escalones de cristal y acero que nunca usan los residentes del bloque. él no va a darme otra oportunidad. un desastre completo. Simon no me hará pasar a su despacho para escucharme. Simon Johnson no va a concederme cinco minutos ni en broma. Como en un sueño. enciendo la chimenea con el mando a distancia y trato de acurrucarme en el sofá crema. Ya no soy la chica prodigio.

me recorre un escalofrío. Antes tenías una mirada realmente glacial. Llamó ayer a la oficina diciendo que estaba enferma y luego vino cargada de víveres. mejor. Tendrías que hacerlo tú. Fi ha estado asesorándome durante las últimas veinticuatro horas. Sé que Byron salió furioso de una reunión hace unos meses. —No tienes una pinta lo bastante borde. mequetrefe —gruño con mi mejor voz de Bruja Malvada—. El mensaje de mi indumentaria no puede ser más claro: «Hablemos de negocios. ¡Ese ceño! —Apártate de mi vista.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 19 Piensa como una bruja. sal de mi vista. ha hecho un trabajo impresionante. —Ni hablar. —Era una auténtica cerda. Todo está arreglado. vestida con un traje pantalón azul marino. Tengo el pelo recogido en un moño y llevo el conjunto más formal que he encontrado en el armario: una falda de tubo ceñida. No te sale del todo. me repasa con aire crítico—.» — Entorna los ojos e imposta una voz dura y desdeñosa—: «Soy la jefa y las cosas se van a hacer como yo diga. Ahora lo sé todo. Intercambiemos los papeles. Toda esta comedia me resulta agotadora. que luego nos hizo una reclamación porque el color estaba mal e intentó demandarnos… Tengo la cabeza tan atiborrada de datos que creo que me va a estallar. —¡Bien! Así está mejor. —Menea la cabeza—. cada vez que lo recuerdo. Me repaso en el espejo y me pongo más pintalabios. —Me da un empujón—. Y eso no . —Sí.» Ayer me pasé dos horas con Jeremy Northpool en su despacho de Reading y. Venga. vuelve a hacerlo. Como una jefa. Es un gris rosado pálido que muy bien podría llamarse «Bruja repulsiva y tiránica». Suspiro y me desplomo en la cama. Soy la jefa y aquí se hace lo que yo diga. pero parezco a punto de estornudar. llamándome «arrogante advenediza». Los dos deseamos que salga bien el acuerdo. —Fi. Tan concentradas estábamos que acabó quedándose a dormir.213 - . Procura fruncir más el ceño.» —¡Perfecto! —le digo. Y desvía la mirada cuando te cruces con la gente. Sé lo que pasó en la fiesta de Navidad del año pasado. Pero no podemos permitirnos que la gente lo adivine. ya. Cuanto más malvada. Y la verdad. como si ni siquiera tuvieras tiempo para advertir su presencia. Ahora ya sólo depende de mí. Arrugo la nariz. En plan: «Eres un pringado insignificante. admirada—. Como la Cobra. ¿no? —Tampoco te comportabas así todo el tiempo —me consuela un poco—. Sé que las ventas de vinilo subieron en marzo un dos por ciento. a causa del pedido de una escuela de Wokingham. zapatos de tacón de aguja y una blusa blanca a rayas grises.

Lo más importante es que dé la impresión de ser la antigua mala pécora de Lexi y que logre engañar a todo el mundo. Al fin y al cabo. He hecho un gran esfuerzo para llegar hasta aquí. Y ni siquiera soy yo quien va a actuar. He madrugado y todo. Bueno. Mamá estaba muy contenta. De todos modos. —Ya. Hoy no es precisamente un día… —¡Me lo prometiste! —Le tiembla la voz—. Ahora sí. —¡Tráeme un café! —le grito al espejo—. pero ayuda lo suyo ser una lesbiana cachonda. mejor. Ha dicho que tú también te alegrarías. Sí. —¿Qué? La miro con ojos desorbitados. Vale. medias de malla. —Cuando entres en tu despacho. —Vacila un instante—. —Me llevo una mano a la cabeza—. —Uf. En la solapa luce un pin que reza: «No hace falta estar loco para trabajar aquí. —Tú sí que serás única si lo consigues. una diminuta minifalda a rayas y un chaleco a juego. —Se da media vuelta y se suelta la cola de un tirón—. No sé cómo voy a arreglármelas para que Debs y Carolyn no me lo noten en la cara. Siempre en este orden. pues tendrás que hacer un esfuerzo. no tenías por qué hacer todo esto. cierra siempre de un portazo —prosigue Fi—. A ellas no les hemos explicado nada. Venga. Me vuelvo. —Gracias. noto un nudo en el estómago y ni siquiera logro charlar para pasar el rato. Mientras nos dirigimos en taxi a la oficina. ¡Rápido! —Entorna más los ojos… —Me observa y asiente—. —Me vuelvo y la abrazo—. Debo de estar loca para atreverme a hacer esto. Fi. Vengo a trabajar contigo. —Me rasco la nariz. pero soy yo la que se queda boquiabierta. ¿vale? —Le suelto con la voz de la nueva Lexi y casi me entra la risa floja al ver cómo se sobresalta. estoy loca. —Se echa atrás un mechón de pelo con aire desafiante—. Luego vuelve a salir y pide un café. Va con tacones (en precario equilibrio). y lleva su pelo con mechas azules recogido en una cola. —Dios mío. pago al taxista y aprovecho para practicar mi mirada más borde cuando recojo el cambio. incómoda—.214 - . En realidad no te intereso. me está entrando pánico escénico —murmura Fi cuando nos acercamos—. Sé que te han ofrecido un puesto importante. —Bueno. bueno. —¿Amy? ¿Qué demonios haces aquí? —Estaba esperándote.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? es todavía lo más importante. también si no lo consigues. Eres única. ¡suenas espeluznante! Eres una artista. Me dijiste que lo arreglarías. dispuesta a estrenar mi expresión intimidante con algún desprevenido. —¿Lexi? —oigo a mi espalda. Pensamos que cuantas menos personas lo sepan.» —Amy. Ésa no es la cuestión. Dejo la barra de labios y recojo mi maletín. —¡Estoy muy contenta! Pero es que precisamente hoy… —Eso ya me lo dijiste la otra vez. Bajamos. ¿recuerdas? Como interina. pero es la única solución que se me ha ocurrido. vamos. no quiero tu trabajo de .

Venga. Me dirijo hacia los ascensores y. a ver si así consigo un acuerdo muy importante. en cuanto se cierran las puertas. está al teléfono. Pero me temo que Simon tiene una mañana muy ocupada. —Hola —le digo secamente—. nos desternillamos de risa.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? mierda. me gustaría saber por qué no la han subido a mi despacho. Quizá sea una buena idea. Tengo que hablar con el equipo. Lexi. Llega el ascensor. Supongo que habrás recibido mi mensaje y que ya sabes que he recobrado la memoria. Se han escaqueado mucho últimamente. Tener como hermana a una artista de la estafa también tiene sus ventajas. —Necesitarías una pinta más borde. junto a la puerta de Simon Johnson. súbitamente interesada—. Su mente trabaja a cien por hora. subimos y. Allá vamos. —¡Excelente! —susurra Fi a mi lado. ¿Lo captas? Ella no parpadea. en efecto. estoy completamente recuperada. alzando la mano—. ¿Tenéis un secreto? —Está bien —me decido por fin—. ¡Ha sido genial! Bajamos en la octava planta y me dirijo directamente al escritorio de Natasha. con la cabeza muy alta y aire imperioso. ¿Para qué? —Se acerca con los ojos brillantes—. adopto mi expresión más ceñuda. —¡Chócala! —dice Fi. Flanqueada por Amy y Fi. avanzo con paso firme por el suelo de mármol hasta el mostrador de recepción. vamos. . Tengo que ver a Simon cuanto antes. Amy —bajo la voz—. ¿Podemos fiarnos de ella? —¿Fiaros? —pregunta Amy. —Podría servir para desviar la atención —me murmura Fi—. oigo cuchichear a Jenny: «¿Sabes qué? ¡Lexi ha recuperado la memoria!» Me vuelvo disimuladamente y. Aunque no sea cierto. lo recibí —asiente ella—. —Bueno… sí —responde Fi con escasa convicción—. pero ojo: voy a decir a todos que he recobrado la memoria y que soy otra vez la de antes. puedes subir. Entonces… ¿ya lo recuerdas todo? —Ajá. —Exacto. En cuanto empujo las puertas de cristal. asimilando. a mis espaldas. Y si tienes correspondencia para mí. —No hay nada para ti. Fi. —¿Era amable alguna vez? —pregunto con tono lastimero. Escucha. Amy. —O sea que te harás pasar por la antigua Lexi —dice al cabo. —Sí. Comienza el show. Vamos. Llegamos tarde. —Sí. —Dar a entender que para ti todo el mundo es… un gusano. Para tu información. —Hola —le gruño a Jenny—. —Jenny parece desconcertada mientras rellena el pase de Amy—.215 - . A veces. Ésta es mi asistente interina. Dale un pase. —Eso digo yo —asiente Fi. Las veo tan convencidas que me deprimo.

Buen trabajo. Empiezo a deprimirme y no han pasado ni cinco minutos. —Buena suerte. —Y quiero hablar contigo de la convención de ventas —añado—. ¿Adónde. Luego respiro hondo. tanto gruñir y soltar impertinencias me agota. De acuerdo —rectifico sobre la marcha con una mirada borde—. La del año pasado fue un desastre.» Llego al umbral y me detengo unos instantes. —Siento una punzada de angustia—. —¡Vaya. ¿dónde están las actas de la última reunión de producto? Tú eras el encargado. tecleando a toda prisa—. —Lanzo en derredor una mirada airada—. Puedo ser una jefa repulsiva. —Pues lo he recordado —replico con una sonrisa mordaz—. Vamos.216 - . . —Más tarde os hablaré a todos de vuestra actitud. Conque leyendo Hello! ¿Te parece que eso es trabajar? Melanie. ¿Te acuerdas del problema que tuvimos en octubre? Byron se ha quedado con la boca abierta como un idiota. Por cierto. —A las diez y media —dice Amy cuando volvemos al ascensor—. —Eh… enseguida te las traigo. Lo he recordado todo. Ahora. —Echo a andar hacia mi despacho pero me vuelvo de nuevo hacia él—. Necesito reunirme con él esta misma mañana. —¡Lexi! —Por poco se le cae la taza de café—. Dios mío. ¿Qué demonios…? —Byron. «Puedo hacerlo —me repito—. cerrando la revista. —Está pasmado. ¿No os dije hace dos meses que me trajerais cada uno una hoja de gastos detallada? Las quiero en mi despacho. creo recordar. contemplando el panorama. Tengo que hablar contigo de Tony Dukes —lo corto con tono tajante— ¿Cómo resolviste las discrepancias que había en sus cálculos? Porque todos conocemos su tendencia a hacer trampas.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Pues arréglalo. —Creíamos que lo habías olvidado —alega Carolyn. Y vosotras quizá recordéis que dependéis exclusivamente de mí para obtener referencias. vaya! —suelto con tono duro y sarcástico—. que estaba hojeando la revista con el auricular en la oreja. Salgo con aire arrogante y casi me tropiezo con Byron. ahora? —Al departamento de Suelos y Alfombras. Puedo hacerte un hueco a… ¿las diez y media? —Fantást… —Fi me da un codazo—. guapa. Fi. da un respingo y se sonroja. —Yo sólo… estaba esperando a que me pasaran con Contabilidad… — balbucea. —Fi me da un apretón en el hombro cuando se abren las puertas. —Muy bien —dice. Cancela alguna cita. Mientras cruzamos el pasillo hasta la oficina principal. siento unas ligeras náuseas. Y eso me recuerda otra cosa. Voy a tener que seguir fingiendo hasta las diez y media.

Lucinda. ¡Has estado genial! ¡Exactamente como antes! Yo todavía estoy muerta de vergüenza. Bueno. Me doy cuenta de que le ha entrado un ataque de risa tonta.217 - . ¡estoy harta de tu actitud! — Improviso mientras Clare deja las tazas en el escritorio—. Cuento hasta tres y me asomo de nuevo—. me he quedado en blanco respecto a la falta de Fi— no voy a permitir… ¡que te sientes sobre el escritorio! A Fi le sale una especie de resoplido. —Sacude la cabeza—. ¿Has vuelto? —Ya lo creo que he vuelto. —No harás muchos amigos. Alguien llama a la puerta y nos quedamos paralizadas. no tengo ganas de saber lo que dijo. que me saluda con la mano. —¡Tendrías que dedicarte al teatro! —exclama en un susurro—. . ¿Sabes lo que dijo papá? Dijo… De repente. No quiero interrumpiros. Así seré yo cuando me meta en negocios gordos. Se abre la puerta y aparece Clare con una bandeja. Clare. —Eso está mejor. ¿puedes venir un momento? Mientras Fi entra y cierra la puerta. Fi se incorpora en su silla. me desplomo en el sofá.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Cada cosa que he dicho ha dado en el blanco. Fi. Y otro para mi asistente Amy. —Fi consulta su reloj y se sienta en el borde de mi escritorio—. retrocediendo—. Tomo asiento ante el escritorio y ella ocupa una silla enfrente. —Intento mantener una expresión seria—. sin aliento. —Ya me lo contarás luego —la interrumpo. Clare contempla la escena petrificada. —¡Rápido! —susurra Fi—. Sólo falta media hora. ya sin rastro de risa. por favor —jadea. —Te has portado como una auténtica cerda —me dice Amy con admiración. —No quiero ganar amigos. y se lleva un pañuelo a los ojos. Ha sacado el rímel y se está poniendo una capa de refuerzo—. La jefa soy yo y no voy a permitir… —Dios mío. —Perdón. Esto es intolerable. —¿Quieres decir la Lucinda que trabajó con nosotras el año pasado? Clare me señala la puerta con un gesto y veo a un grupito de gente alrededor de una rubia con un porta-bebés. un café. ¡Fi es genial! —¿O sea que te has recuperado? —dice Byron mientras abro la puerta de mi despacho—. —Hago pasar a Amy y cierro de un portazo. ¡No puedo creer que me haya comportado como una bruja! —Ahora tenemos que aguantar hasta las diez y media. Fi. Y procura parecer cabreada. pero Lucinda está aquí… con su bebé. No me suena de nada. Quiero ganar dinero. ¿Tienes algo que decir? —Perdona. —Adelante —digo con impaciencia. —Eh… Lexi —dice. Siéntate. Sacudo la cabeza con irritación—. Lexi —musita ella cabizbaja.

—Señalo con un gesto seco al bebé. le gusta el poleo menta… —Aquí está el regalo. —Bien… —digo por fin—. para ganar tiempo—. Felicidades. —Lucinda estuvo con nosotras unos ocho meses —murmura Fi a toda prisa mientras salimos del despacho—. —Qué tal.218 - . Es un gimnasio para bebés. Se sentaba junto a la ventana. No los culpo. —No hace falta —replico con expresión glacial—. —¡Que hable! —dice alguien al fondo. Ha sido siempre…. aclarándome la garganta—. Los jefes siempre sueltan un discursito en estos casos. junto a la ventana… con sus tazas de poleo. No puedo negarme. ufana ante tanta atención. querrás decir. —Bueno. Pero también tristes por tener que decirle adiós a un miembro tan valioso de nuestro equipo. —Lucinda siempre ha sido… —Doy un sorbo a mi café. controlando las cuentas europeas… Levanto la vista y veo a Fi al fondo. No puede irse sin unas palabras. la verdad. Al acercarme. —¡Se los come! —susurra alguien. De parte de todo el departamento.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Lexi! ¡Ven a ver al bebé! Mierda. Quedaría muy raro. ya podéis volver a… —¡Sí hace falta! —objeta Debs. Es lo acostumbrado. —¡Que hable! —corean dos más. No puedo negarme a ver un bebé. —Clare me entrega un enorme paquete de regalo rematado con un lazo de raso—. Ahí. desafiante—. —Siempre recordaremos a Lucinda por lo mucho que le gustaba… montar en bicicleta —digo. ¿Te has enterado alguna vez de lo que hacía? . ¿no lo recuerdas? —dice con ceño—. Byron se suma al corrillo de gente y me observa con atención. Lexi —dice Lucinda. A caballo. indecisa. aporreando los escritorios. Es… ¿niño o niña? —Se llama Marcus. los demás retroceden. Es la despedida de Lucinda. Y todos te agradecemos tus esfuerzos con esos… clientes franceses. ¡Si ya lo habías visto! Tengo que esforzarme para encoger los hombros con aire despectivo. Sólo un segundo. Se ocupaba sobre todo de las cuentas europeas. —¿En bicicleta? —Lucinda me mira perpleja—. —Qué tal. aquí tienes esto —digo. todas nos alegramos por Lucinda y estamos muy contentas por el nacimiento de Marcus. Bien. —Me temo que los bebés no son lo mío. entregándole el paquete. —Me mira indignada—. Dios del cielo. —¡Unas palabras! —pide Clare. —Eso es. —Yo no me ocupaba de Francia. que lleva un pijama blanco—. haciendo gestos frenéticos de algún tipo de ejercicio físico. a caballo —me corrijo—. —Naturalmente —digo por fin.

Mi apellido de soltera. Miro desesperada a Fi. —El de siempre —dice. mirad! —El grito de Amy atrae la atención de todos—. —Admítelo.219 - . Lexi? —Es la voz insulsa de Byron. ¡Es Jude Law! ¡Sin camisa! —¡Jude Law! —¿Dónde? La voz de Byron queda ahogada por la estampida general hacia la ventana. —No sé a qué te refieres —replico cortante—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Cuenta la historia de Lucinda y la mesa de billar! —grita alguien desde el fondo y se desata una carcajada general. Lo ha adivinado. Sólo has de poner el nombre de Lucinda. Lexi —dice Byron. ¡Se nos olvidaba el otro regalo! El vale del balneario para mamas y bebés. ¡Incluso peor que antes! —¡Un momento! —La voz de Byron se eleva por encima de los murmullos—. Le echo una mirada y siento un espasmo de angustia. Volved todos a vuestros puestos. —Me han quedado secuelas en la muñeca —digo a nadie en particular—. —No es momento —replico. —¿No te acuerdas de esa historia. —Bien —digo con aire de hastío—. —¿Y el apellido? —murmura Byron. Lucinda… recuérdame qué apellido usas ahora. Me ha pillado. —Por supuesto que la recuerdo —replico con mi tono más cortante—. Hago una pausa y estiro el brazo. como un torturador girando el potro. Me llevo el volante a mi despacho un momento… —¡Venga ya! ¡Por el amor de Dios! ¿Te crees de verdad que vas a engañar…? —¡Eh. —Ajá. . meneando la cabeza—. Muy despacio. ¿Dobson? ¿Dodgson? Conteniendo el aliento. Estamos en horario laboral. Tengo los músculos… un poco agarrotados a veces. —Ya. Debs aparta a Carolyn de un empujón y hasta Lucinda estira el cuello para ver. —Y el apellido también —añade mientras quito el capuchón del bolígrafo. —Desde luego —respondo con vivacidad—. Tengo cosas que hacer. Bueno… a la salud de Lucinda—añado alzando mi taza. Mierda. escribo «Lucinda» en la línea de puntos. —¡Por Dios. nerviosa—. Levanto la vista y veo cómo le brillan los ojos. ¿quieres terminar de rellenarlo? —Le lanzo el volante. Pero no es momento para anécdotas triviales. Adoro a mi hermanita. meciendo a su bebé—. —Me alcanza el papel con exagerada deferencia—. menuda bruja despiadada! —musita Lucinda creyendo que no la oigo—. como jefa del departamento. Mejor que lo hagas tú. como para desentumecerlo. La pantomima ha terminado. escribo cuidadosamente una «D». Clare. que trata de decirme algo con los labios.

¿Cómo voy a impresionar a sir David Allbright? Yo nunca he hecho una presentación ante gente tan importante y no se me da bien hablar en público… —¡Claro que sí! —replica Fi—. Me hundo en el sofá. tratando de hacerse oír—. Sir David Allbright es el presidente del consejo de administración. ¿De acuerdo? Siento una oleada de pánico. Te aseguro que vuelve a ser la que era. Tendríamos que llamar a Hello! —¡No recuerda ni una puñetera cosa! —dice Byron furioso. Ya se lo digo… —murmura antes de colgar y mirarnos—. —Muy bien. aún temblorosa por el enfrentamiento con Byron. Lexi. —¿Venís a hablar las dos con Simon Johnson? —me pregunta al ver a Fi. —¿De veras? .220 - . tengo que empolvarme la nariz. —No. La puerta de Simon Johnson está cerrada cuando llego arriba. —Exacto. atemorizada. —Ya veo —responde Natasha. Sigue explicándome eso en el lavabo. Simon está reunido con sir David y otros directivos. Un instante después suena el teléfono. Corro al lavabo. En cinco minutos. Fi ha venido sólo… —No puedo decir «para darme apoyo moral». —¿Qué? —No puedo. Simon dice que tendrás que entrar y sumarte a la reunión. Giro sobre los talones con mi estilo más intimidante y me apresuro a salir de la oficina. El pez más gordo de todos. Y es un tipo muy temible. Eh… Fi. —No soy capaz. mucho más que Simon. Este plan es una estupidez. —Claro. tú has hablado más de una vez ante todo el personal de la empresa. según dicen. Perfecto. El tiempo es oro. Vamos. —Está bien. Natasha me indica que tome asiento. Y has estado fantástica. ¡Todo es pura comedia! —Tengo una reunión con Simon. donde por suerte no hay nadie. volved a vuestros puestos. —Abrazo la carpeta. Simon. y me siento jadeando en un taburete. —¿Sir David Allbright? —pregunto. —Lexi tenía que hacerme una consulta sobre un contrato —interviene Fi con naturalidad. Natasha descuelga y escucha un momento. Lexi. Acabo de verlo besando a Sienna. impotente—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¡Es Jude Law! —insiste Amy—. Yo no contaba con sir David y los demás directivos. y le dirige una mirada alzando las cejas—.

—Ya. pero en algunos casos era necesario. deseando creerlo. —Vacila un momento y retuerce un pañuelo desechable—. Todas vosotras —le recuerdo. —¿Puede darnos dos minutos? —le digo con mi tono más tajante—. seguro. Estábamos cabreadas y te lo hicimos pasar lo peor posible. Una locura. —No sé. Aunque no sé si puedo fiarme de lo que estoy oyendo. —De veras. En la última convención estuviste genial. Y han acabado dándose cuenta. Cuando me ascendieron y me nombraron directora. tú no la fastidiaste —dice Fi con ansiedad—. de la noche a la mañana. no estuve a la altura. y además te habías convertido en nuestra jefa. Eres buena motivando al personal. Os perdí a todas vosotras. tratando de imaginármelo. —Pongo los ojos en blanco. Mil veces mejor que el imbécil de Byron —añade. Nosotras… no fuimos justas contigo. Puedes hacerlo. Merecía una buena bronca… Yo nunca te he dicho esto —añade con una sonrisa. —Se agacha y me coge de los hombros—. Tal vez debería dejarlo… —¡Ni hablar! ¡Tú has nacido para jefa! —¿Cómo puedes decir eso? —Me tiembla la voz—. Carolyn se llevaba cierto cachondeo con sus gastos. —Yo sólo quiero ser… una de vosotras —le digo. tirando el pañuelo de papel— que estábamos celosas. Sólo tienes que creértelo. Pero hiciste algunas cosas muy importantes. . —Me cubro la cara con las manos. Se abre la puerta y asoma la mujer de la limpieza con el mocho. tenías un pelo increíble. Quizá no esté hecha para esto. — La puerta se cierra otra vez. eras demasiado impaciente a veces. la dentadura perfecta y un despacho propio. —Ya. —La cuestión es.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Yo no te mentiría. No lo tengo registrado. Lexi. Te admiraban. —Se ruboriza—. Como si quisiera recordar que soy una fabulosa trapecista. Lexi… —prosigue Fi. la tensión empieza a remitir. —¿Celosas? —Tú eras la Dientotes hasta hacía cuatro días y de pronto. Gracias. —Me mira con franqueza. —No es ninguna locura. Por eso me han degradado. Todo el mundo estaba animado. sí. Ni siquiera sé por qué habría de molestarme. Eras una buena jefa. girando los ojos en plan burlón. capaz de hacer un triple salto mortal. —Lexi. no supe controlar el departamento… La fastidié. A medida que asimilo sus palabras. —A veces te comportabas como una bruja. mientras entrelaza el pañuelo de papel entre sus dedos—. Tú puedes ser la directora. Pero no me suena de nada. Puedes hacerlo si confías en ti misma. —Me froto la cara. La gente quería impresionarte.221 - . Me quedo callada unos segundos. Su convicción me conmueve. —Pero vosotras me pintasteis como una bruja espantosa. Ascenderte fue una buena decisión. —Se queda pensativa. cada vez más desanimada—. —Suspiro—. Sí.

David Allbright levanta la vista. ¿Recuerdas cuando íbamos al colegio? ¿Te acuerdas de la carrera de sacos? —Eso no me lo recuerdes —resoplo—. toma asiento. lo reconozco enseguida— le está hablando al directivo sentado a su lado acerca de su villa en Provenza. porque me consta que tenías algunas ideas bastante contundentes sobre la fusión de departamentos. También entonces la fastidié. Llegas en el momento justo. La cuestión es que estabas ganando. —¿Lexi? —Es Natasha. No lo pienses. está muy bien. —Señala con un gesto los documentos esparcidos sobre la mesa—.222 - . Puedo hacerlo. No hay nada más que hablar sobre Suelos y Alfombras. Ven. —Se sienta sobre sus talones—. —Simon me dirige una sonrisa radiante—. Lexi! —Sí. Todos con tazas de café. Ya hemos discutido ese punto. —Por el amor de Dios —murmura alguien. —¡Pero es que acabo de cerrar un acuerdo! ¡De eso quería hablar! —Respiro hondo—. si no nos hubieras esperado. —¡Pero ésa no es la cuestión! —Sacude la cabeza—. Alrededor de una mesa pequeña hay cuatro directivos sentados en sillas de cuero. —¿De qué? —De Suelos y Alfombras. —Lexi. Simon hace una mueca.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Y lo serás. pero no me muevo del sitio. No sabía dónde os habíais metido. En realidad quería hablaros… de otra cosa. Un hombre flaco y de pelo gris —es David Allbright. Me alegro de verte. me pongo en pie y alzo la barbilla. Todos parecen muy a sus anchas. Estoy lista. —Lexi. ¡Gran noticia. ¿verdad? —Me ofrece una silla. Conoces a todo el mundo. —Me mira casi con ferocidad. Puedo puedo puedo. habrías ganado. no mires atrás. Llevabas mucha ventaja. ¿Estás lista? Le echo una última mirada a Fi. si hubieras seguido adelante. con esos ojos verdes que conozco bien desde los seis años—. Siempre he tenido la sensación de que el archivo de muestras de Deller era . Sigue adelante. que frunce el entrecejo al vernos—. —En realidad… —Tengo las manos húmedas y las retuerzo en torno a la carpeta—. Lo eres. —Sí. —Simon me habla con voz tirante—. —¡Así que has recobrado la memoria! —Simon me alcanza una taza de café—. Pero alguien tiene que estar ahí delante. —Estábamos analizando precisamente todas las consecuencias de junio de dos mil siete. La puerta se abre otra vez y las dos nos sobresaltamos. tengo la espalda más tiesa que un palo y sólo me sale una sonrisa forzada. Me caí de morros. Al entrar en el despacho de Simon Johnson. arrugando el entrecejo.

de sopetón. Como bien sabes. irritado—. bruscamente. Lexi. Luego. Quizá Jon acierta. No aprovecharlos sería un crimen. Noto que me retraigo y vuelvo a esconder las garras. dispuesta a decirlo y dejarlos boquiabiertos. Bueno. cambio de idea. y un directivo aprovecha para revisar su BlackBerry. Uno de ellos suelta una risita y a mí me entra un acceso de furia. Para comercializarlos por mi cuenta y riesgo. Me detengo a media frase mientras reflexiono furiosamente. ¡Sólo una más! Me detengo sin aliento y observo todas las caras. cuando lo sepan… Me enderezo con orgullo. Deller es una empresa de alta tecnología en este nuevo milenio. quizá podría comprar los derechos de esos diseños. Sir David conserva el mismo aspecto impaciente de antes. no entiendo qué pretendes… —¡Pretendo hacer negocios! —replico. Simon parece al borde del asesinato. Y revolucionará el departamento por completo. He de aguardar el momento oportuno. vuelvo a animarme. Noto el hormigueo del triunfo. —Joven —me dice sir David—. Su marido es promotor inmobiliario —explica a los demás. ¿Alfombrar un par de apartamentos? ¿Es que sólo me creen capaz de eso? Cuando sepan en qué consiste el acuerdo. —Se me escapa un tono eufórico—. —Por los clavos de Cristo —musita sir David. ¿Por qué hemos de volver a plantear la cuestión? —La decisión está tomada. —¡Yo no me encallo! Los antiguos diseños de Deller son fabulosos. si no os interesa. Tienes un puesto aquí. sir David. no vas a salvar a tu departamento alfombrando un par de apartamentos de muestra. con muchas posibilidades. y se vuelve hacia mí—. como si se me hubiera ocurrido una idea—. quizá sí es verdad que tengo algo de cobra. —Si queréis saberlo… —empiezo. Lexi. Lo que necesitamos es otra oportunidad. —¿Tiene todo esto algo que ver con tu marido? —dice Simon. No hay ninguna necesidad de hacer un gesto . Ahora tengo en puertas un acuerdo con una empresa que desearía usar uno de nuestros viejos diseños. como si lo entendiese de repente—. No he causado ningún impacto. Durante meses he tratado de encontrar un modo de aprovecharlos. mezclado con una pequeña dosis de veneno. Y entonces.223 - . —Lexi. con una mirada llameante. por favor. no pierdas tu tiempo y tu dinero —dice Simon—. los negocios consisten en mirar hacia delante. dicho sea con todos los respetos. —Simulo una enorme decepción y me muerdo una uña. Lo cual servirá para realzar la imagen de Deller. —La tomamos hace tiempo —dice Simon—. no encallarse en el pasado. Estoy segura de que puedo motivar al personal y de que esto puede ser el principio de una etapa distinta y apasionante. Hay que evolucionar. apretando los dientes. —De acuerdo. —Entonces ¿la decisión está tomada? —digo con voz de resignación.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? uno de sus grandes activos. —Creía que la decisión sobre ese departamento ya había sido tomada —le dice sir David a Simon.

Pero necesito el copyright de inmediato para cerrar este acuerdo. El abogado de la empresa. He intentado . Calcula el precio y prepárame los documentos. eso no era verdad. Byron —lo corto—. como sabes. No. sarcástico—. Vamos a cerrar el departamento. —Escucha un momento—. —Hola —digo. —¿Quién es ése? —le digo a Fi. —Asiento y me guardo el papel. —Entonces. Fi está esperándome expectante. Mientras abro la puerta. Puedes quedarte mi trabajo de mierda. Lo comprendo. pero ella tiene una idea para comercializarlo por su cuenta. ¿De veras vas a ponerte otra vez al frente? Me vuelvo y lo observo con aire inexpresivo. Sé que hablamos de unas vacaciones de tres meses. —Simon se dirige a su escritorio. —Ahí esta. —Muy bien —asiento—. ¿se supone que hemos de creer que has recobrado la memoria? — dice. Yo creo de verdad en Alfombras Deller. si quieres. Adiós.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? como ése. Llámale para que te dé una cita. —Llego a la puerta de la oficina principal y doy unas palmadas para captar la atención general. —Resolvamos esto de una vez —dice sir David Allbright con un ademán de impaciencia. —Es que quiero hacerlo —insisto tercamente—. —Se dio un golpe en la cabeza en un accidente de coche —le susurra Simon a un tipo que no reconozco—. levanta el auricular y marca un número—. Pero si te crees… —Déjame en paz. Los directivos se miran unos a otros. la verdad. —Byron sale de su despacho en ese momento—. no es ninguna empresa. —Cierra el pico —le espeto por encima del hombro. —Por cierto… —Simon hace una pausa—. No he recobrado la memoria. La chica de la recuperación milagrosa. Irá a verte una de nuestras empleadas para hablarte del copyright de un antiguo diseño de alfombra. todavía lo oigo decir: —Es una verdadera pena. Esta chica tenía un potencial… Me las arreglo para no dar saltos de alegría. —Gracias. —Ken Allison. ¿Ken? Simon Johnson. Es una sola persona. —De acuerdo. —Muy graciosa. que suelta una risotada. pero creo que tu contrato aquí debería darse por terminado.224 - . Sí. Y gracias. —¿Y bien? —No ha funcionado —murmuro mientras nos dirigimos a la oficina del departamento—. cuando la gente levanta la vista—. Es una lástima. Pero aún no está todo perdido. No ha estado bien desde entonces. ¿de acuerdo? Cuelga y me anota un nombre y un número en un papel. ya lo sé. Quiero explicaros que no estoy curada. Cuando salgo del ascensor en la tercera planta.

. —Me pican los ojos y tengo que parpadear una y otra vez—. gracias —interviene Clare. hasta que la gente del pub se dio cuenta de que es menor de edad y tuvieron que echarla. alguien empieza a aplaudir. —Bueno. no es para tanto. ¡todo tuyo! —Advierto el sobresalto que se lleva y sonrío—. los ordenadores. el personal del pub puso la música a tope y nos sirvieron cosas para picar.225 - . La otra noticia es que estoy despedida. Lexi —aclara. que ha seguido mi discurso con los ojos como platos. Sé que me equivoqué muchas veces. incluido un Byron muy irritado. he sido despedida.) Y luego dos chicas que apenas conozco hicieron un número divertidísimo imitando a Simon Johnson y sir David Allbright en una cita a ciegas. No he conseguido nada. —Sí. Y de pronto. Fi pronunció un discurso y Amy organizó un concurso de karaoke. Casi todos los empleados de Suelos y Alfombras han regresado ya a la oficina. aunque naturalmente yo no lo recordaba. Cuando enseñé mi American Express de platino. Ya sé que sólo son las once pero… ¿alguien se apunta? A las tres. Adiós y buena suerte a todos. (Le dije que volviera a la oficina y que nos veríamos allí. En fin. Carolyn y yo. la sala entera está aplaudiendo. —Una carcajada general—. Pero… no lo he conseguido. Estamos las cuatro alrededor de una mesa. los gráficos colgados de las paredes. por lo visto. Todos se lo pasaron bomba. Gracias por intentarlo. Como digo. Este pequeño mundo habrá llegado a su fin. la única que no se emborrachó del todo fui yo. de hecho. —Gracias. que está aplaudiendo a rabiar—. porque tengo una reunión a las cuatro y media con Ken Allison. Para mi sorpresa. bueno. Ya lo habían hecho en Navidades. Y a todos los que me odiabais o me considerabais una bruja implacable… —prosigo. así que me voy al pub ahora mismo a emborracharme. Lo siento mucho. brindando con Debs. Lo retirarán todo y acabarán vendiéndolo a peso o tirándolo en contenedores. quitándose del pelo una serpentina—. Como en los viejos tiempos. —Miro a Fi. Lexi—dice Melanie—. —Por el paro —añade Debs. —Saludo con la mano. mi cuenta en el pub asciende a trescientas libras. Mientras me miran emocionados. —Procuro mantener la compostura—. repasando los rostros silenciosos— os pido perdón. Por nosotras —dice. No podía. —Bueno. No es que te culpe. que se ha presentado varias veces durante las últimas cuatro horas para exigir a todos que regresaran a sus puestos. —He hecho todo lo que estaba en mi mano… —Doy un suspiro—. Ha sido una de las mejores fiestas que recuerdo. me adelanto unos pasos y contemplo los escritorios. He fallado. En fin. pero no era mi intención. —Fi alza su copa—. pero creo que se ha ido de tiendas.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? marcarme un gran farol para salvar el departamento. O sea que Byron.

¡Mejor! Me van a conceder una licencia para usar esos diseños por un precio irrisorio. —Yo me apunto —anuncia Fi. Hay una empresa que quiere usar uno de nuestros diseños de alfombra de estilo retro. ¿Quieres que trabajemos contigo? —Si os interesa… Pensadlo primero. Si la cosa fuera a más. aún no entiendo qué pasó allá arriba. Es decir. Lexi. O sea. Pero no podéis contárselo a nadie. Por una bicoca. esto podría ser sólo el principio. ¿y quién es? —pregunta Debs—. Ellos suponen que es algún proyecto de Eric. muy resuelta.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Doy un buen trago de vino y me inclino hacia delante. ¿No reaccionaron cuando les dijiste con quién vas a firmar ese contrato? ¿Es que se han vuelto locos? —Ni siquiera me lo preguntaron. imitando el tonillo paternalista de Simon Johnson. Es lo que intentaba contarle a Simon Johnson. sólo me queda redactar el contrato. tengo algo que deciros. «¡No vas a salvar tu departamento alfombrando un par de apartamentos!» —digo. Lo único que les interesa es ese rollo de los sistemas de entretenimiento doméstico. a las tres. es sólo una idea. Abre una bolsa de patatas y se mete un puñado en la boca—. —¿Nosotras? —A Debs se le ilumina la cara—. podríamos expandirnos y dar trabajo a más gente del equipo… convertirnos en una empresa… —No puedo creer que no les interesara —dice Fi. que todos los beneficios serán para mí. Hay mucho material en el archivo. Pero ¿cómo vas a hacerlo si estás despedida? —La dirección me va a dejar comercializar esos viejos diseños por mi cuenta. —¿Qué? —dice Carolyn con los ojos brillantes—. esperando que capten el mensaje. —Bueno. ¿Estás embarazada? —¡No. vacilante—. tonta! —Bajo la voz—. . Digamos. He hecho un negocio muy importante. —Me encojo de hombros—. Pero. estoy demasiado excitada para comer—. ¡Tienen tan poca vista! —Cojo una empanadilla y vuelvo a dejarla. Y para quienes trabajen conmigo… Las miro. Utilizarán el nombre de Deller y montarán una campaña brutal… ¡Va a ser increíble! Ya están decididos todos los detalles. chicas. ¿De qué empresa se trata? Miro a Fi y sonrío mientras digo: —Porsche. —Bueno. —Suena muy bien —dice Debs.226 - . —Ellos han dejado las alfombras por imposibles. una edición limitada que va a contar con mucha publicidad. una por una.

Tengo licencia oficial para comercializar los diseños de alfombras de Deller.227 - . Vamos a formar un buen equipo. con una cafetera vacía en el centro. Voy a la cocina y. ¿Os traigo más café? —Ya se encargará Gianna. Es una chica muy mediocre. que está anotando un montón de ideas y posibles contactos para cerrar acuerdos exclusivos. Penny y un tipo llamado Steven. Están Clive. y también esta mañana. mientras preparo otra cafetera. Vuelvo al estudio con la cafetera y empiezo a servir discretamente el café. Ya he recibido esta mañana un e-mail de Carolyn en que me decía. Luego he de pensar dónde vamos a instalarnos. Penny está revisando un listado de nombres con cifras anotadas a lápiz. envío un mensaje a Fi. Carolyn y Debs para explicarles que todo ha salido bien. Tengo que llamar a las chicas para contárselo todo. —A mí me cae bien —digo—. Podríamos decorarlo con lucecitas de fantasía. Todo está firmado y la orden de pago ya ha sido tramitada en el banco. Y también poner un espejo como Dios manda en el lavabo. cuyo puesto nunca he acabado de averiguar. cariño —dice Eric. Eric debe de haber regresado de Manchester mientras yo estaba con el abogado. —¡No hay problema! No tengo nada que hacer. ¿Por qué no? Será nuestro despacho. Y Debs está enloquecida con la idea de convertirse en relaciones públicas. ¿Sabes que su madre estuvo bastante enferma hace poco? —¿Ah. ¿No tendrías que estar en el trabajo? —Eh… te lo explico luego. luego frunce el entrecejo—. algún sitio adecuado y barato. entusiasmada. Me asomo por la puerta entreabierta y veo que está reunido con su equipo directivo alrededor de la mesa. y música mientras trabajamos. seguro. Ayer me reuní con el abogado.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 20 Ya está. sí? —Penny hace una mueca. Se oyen voces en el estudio cuando llego al apartamento. —¡Hola! ¿Ha ido bien el viaje? —Perfecto —asiente Eric. He quedado mañana con Jeremy Northpool para firmar el contrato con Porsche. Gracias. la jefa de recursos humanos. al fin y al cabo. Nos encontraremos esta tarde y lo hablaremos todo a fondo. como diciendo: «¿Y qué?» . con un tonillo de reprobación. Lexi. quizá en Balham. —Yo no creo que Sally Hedge se merezca un aumento ni una bonificación — dice mientras le sirvo una taza—. pienso entusiasmada. necesitamos un despacho. Cuando llego a casa todavía estoy acelerada y llena de adrenalina.

A años luz de donde estáis vosotros. Porque yo sí lo recuerdo. aunque me tropiezo con un maletín que alguien ha dejado en el suelo. preguntándome si las cosas mejorarían algún día y aguantando el chaparrón en mitad de la calle… —Me estoy embalando demasiado—. —Qué tal —le digo—. Estamos de acuerdo. cuando estabais sin blanca y tratando de abriros paso? —Miro uno a uno a los directivos de Eric. ¿No recordáis cuando erais jóvenes. Hazme el favor de no volver a interferir . Eh… revisaremos el caso de Sally Hedge —dice haciendo una señal. Pasemos a Damián Greenslade… Ya sé que no es asunto mío. —Me lleva rápidamente a mi dormitorio y cierra la puerta. aunque tal vez una revisión después de Navidades. ¿Te tomas un descanso? —Lexi. Eric tiene una sonrisa lívida en la cara. Yo era como ella. Me imagino a Sally esperando noticias sobre su bonificación y sufriendo una tremenda decepción cuando se entere. —Penny vuelve a su listado—. Recojo la cafetera y procuro salir en silencio. Pero tiene una importancia enorme para Sally Hedge. Continuad. cuando veo salir del estudio a Eric. —¡Disculpad! —Dejo la cafetera de golpe en el estante que tengo más a mano y Penny se interrumpe. ni bonificación ni aumento por ahora. ella lo agradecerá de verdad y rendirá más. —Gracias. No pretendía interrumpir. Pero ¿qué es lo que dices? ¿Que todos hemos de ser pobres? —Yo no he dicho eso. Y es una chica muy interesante. Se hace un silencio. Todos me miran perplejos. Sin blanca. ¿Sabías que estuvo a punto de entrar en el equipo británico de gimnasia de los Juegos de la Commonwealth? Es capaz de hacer un salto mortal en la barra fija. —Me armo de paciencia—. Simplemente.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Lexi se hizo amiga de todas las secretarias y del personal subalterno cuando vino a la oficina —tercia Eric con una risita—. y a veces me da la sensación de que sólo han pasado unas semanas desde entonces. —Bueno. Yo era esa chica. —Penny arquea las cejas—. Al menos lo he intentado. —¡No es ningún «cometido»! —replico dolida—. —Lexi. todos vestidos con ropa elegante y accesorios carísimos—. es el chocolate del loro en el balance final. —Hago un ademán en torno a la mesa—. Lo que digo es que conviene tener presente lo que significa estar abajo de todo. Quizá le den la bonificación o quizá no. —Muy bien. sorprendida—.228 - . Cojo el periódico y lo ojeo en busca de la sección «Despachos en alquiler». ¿Puedo decir una cosa? Una bonificación quizá no sea gran cosa para la empresa. Es muy buena en esa clase de cometidos. Una cosa. —Steven pone los ojos en blanco—. todavía con esa horrible sonrisa en la cara—. ya sabemos que tienes un corazón sensible. me puse a hablar con ella. Os lo digo: si se la dais. En fin. pero no puedo resistirlo. esperando una bonificación.

Y repentinamente. Luego me vuelvo hacia él—. Esto no está funcionando. —Me acerco a la ventana. ¿Cómo puede creer semejante cosa cuando ni siquiera le interesa saber lo que pienso ni tampoco quién soy realmente? —Eric. —Vuelvo a dejar la fotografía y suspiro—. Dios. Pero ahora que la miro con más atención. No sé qué hago aquí. En conjunto. —Eric. de nosotros? ¿De nuestro matrimonio? ¿De todo esto? —Creo que vamos progresando —dice él. —Doy un profundo suspiro y me dejo caer en una silla de ante—. No volveré a hacerlo. llenos de felicidad aparente. mientras intento ordenar mis ideas. Para mí sigues siendo un tipo que conocí hace unas semanas. ¿Puedo preguntarte una cosa. Ay. yo diría que son buenas noticias. lo lamento. ya me parecía que estaba cabreado. Sus palabras surgen como un disparo. como si estuviera a punto de hacer una presentación en PowerPoint con un gráfico que mostrara lo felices que somos. —Eric. ya que estamos hablando? ¿Qué piensas de verdad. Tenemos una relación más estrecha… tú has experimentando algún flashback… has vuelto a aprenderlo todo en el manual conyugal… Las cosas van encajando. Me pregunto durante cuánto tiempo fui feliz. con una mujer que no recuerda nada. veo en mis ojos una especie de tensión. . —No me hace falta ninguna opinión. Yo estoy con un hombre al que no conozco. Sólo he expresado una opinión. miremos las cosas de frente. asombrada—. —¿Te lo inventaste? ¿Por qué? «Porque era eso o la montaña de nata. Y cuándo me di cuenta de que había cometido un error. Pero no estoy de acuerdo. Para ninguno de los dos. Eric se desploma sobre la cama y nos quedamos los dos callados. Lo dice en un tono práctico. perdona. como si hubiéramos pasado a otro punto del orden del día—. Me mira consternado. No creo que tengamos una relación más estrecha.» —Supongo que porque quería que fuera cierto —improviso vagamente—. Cojo una fotografía en blanco y negro del día de nuestra boda en la que aparecemos brindando y sonriendo. Y… tengo que confesarte una cosa: me inventé lo del flashback. Tiene todavía puesta esa extraña sonrisa. —Pero ¿no es mejor hablar de las cosas? —digo. cambiando de humor de inmediato. ¿Aunque discrepemos? ¡Es eso lo que mantiene vivas las relaciones! ¡Hablar! —No estoy de acuerdo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? en mis negocios.229 - . como si necesitara ocultar lo enfadado que está. Y tú. —Perdona por interrumpir la reunión —me apresuro a contestar—. igual que una máscara. Pero la verdad es que no he recordado nada en todo este tiempo. No estoy enamorada de él. realmente. la verdad. es como si se me cayera una venda de los ojos: no conozco a este hombre.

No me siento cómoda con ellos. Pero no es para mí. Le diré a Gianna… —¡No estoy hablando de la pasta! No lo entiendes. No a mí. —Le señalo la pantalla gigante—. —Me sabe mal haber denigrado su creación—. Quizá un descanso sea una buena idea. Seguramente le había dicho que era todo natural. No sé quién habré sido durante estos tres años. Quizá es que te has esforzado demasiado. Me gusta… —agito los brazos— ¡me gusta comer pasta! Durante todo este tiempo no me he sentido hambrienta de éxito. podemos comprar pasta. me produce una gran admiración. —¡No necesito un descanso! ¡Lo que necesito es ser yo misma! —Me pongo de pie. Y ya no puedo más. —No lo creo. —Claro que sí. A decir verdad. No tenía ni idea de que te sentías así. Y yo no puedo continuar así. —¡Por supuesto! —Parece ofenderse—. desbordada por la frustración—. —Lo miro a los ojos—. Yo no estoy hecha para… el estilo de vida loft. Tienes talento. Tómate un descanso. Lo lamento. Durante estas semanas he estado actuando. Argggg. —Supongo que hemos corrido demasiado —dice al fin—. —¡Sí que te quiero! —Recupera su seguridad—. —Meneo la cabeza—. —Creo que debería mudarme a otro sitio —añado. No puedo creerlo. Es despampanante. sino hambrienta a secas. Acabo de hacer ese gesto de deslizar las manos como poniendo ladrillos. a la Lexi de verdad. Eric se ha quedado pasmado.230 - .SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Eso no importa. A mí me gusta el color. Me gusta el desorden. —Cariño —dice con cautela—. pero hay… demasiada tensión. Eric. ¡Volviendo a empezar! —Gesticula con las manos para enfatizar sus palabras. pero no era yo. si tanto significa para ti. eres preciosa… —Tú no crees que yo sea preciosa. —Ahora pasa automáticamente al modo «preocupadomarido-de-inválida-trastornada»—. —Este sitio es fantástico. —Está realmente aturdido—. ¡Desde luego que sí! —Tú crees que son preciosos mis implantes de colágeno —lo corrijo con suavidad—. Y mis fundas dentales y mi pelo teñido. Eric. y me alejo unos pasos con la vista clavada en la moqueta—. —Pero lo más importante es que no me quieres. Sabes muy bien que sí. Dentro de un par de semanas verás las cosas de otra manera y . Se queda mudo y me examina con incredulidad. Eric. yo no soy la chica con la que tú crees que te casaste. En cualquier momento va a decirme que estamos disfrutando del «estilo de vida matrimonial». —¿En una casa? —Me mira tan horrorizado como si hubiera dicho que quiero vivir en un iglú. preferiría vivir en una casa. A mí no me van estos trastos de alta tecnología. —Me dejas… de piedra. cariño. Estamos construyendo un nuevo matrimonio.

Ésta no es mi vida. Resulta muy raro hacer el equipaje en esta habitación. y contemplo la inmaculada y enorme habitación: la cama de diseño de última generación. es verdad. Quizá. —A mí me importas mucho. Meto sólo lo imprescindible en una maleta Gucci que he encontrado en el armario: ropa interior. Mientras recorro la cama con la vista. si vamos a eso. ¿Quién va a quedárselos. vacila un momento y luego se acerca y me da un abrazo bastante ortopédico. No por Eric. Me pongo de pie. Lexi. Eso debes saberlo. Y tampoco los quiero. —Eric. Él se separa por fin.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? podremos volver a hablar. Bueno. Es absurdo. si no? También . ¿yo doy grititos cuando duermo? —le pregunto con fingida indiferencia. mi increíble vida de ensueño. Tengo la sensación de que estamos siguiendo las instrucciones del manual conyugal: «Separación (abrazo de despedida). Debo de estar loca. Gracias. muy rígido—. — Cierro la cremallera de la maleta y no puedo evitar una mueca ante ese sonido tan definitivo—. Eric —le digo. —Hay auténtico dolor en sus ojos. el vestidor para todos esos millones de vestidos… Estoy segura de que nunca volveré a vivir en un lugar tan lujoso. Una hora más tarde. Sé que también para ti ha sido difícil. Ella vuelve pronto del trabajo. —Sale de la habitación a grandes zancadas y un momento después oigo la puerta. Ya nos veremos. Al final. pegada a su carísima y perfumada camisa—. sino porque se ha terminado. —Adiós. —Sí. Eric deja en su sitio el spray. Mi vida perfecta. Seguro. ¿Quieres llevártelo? —No —digo tras una pausa—. Te aconsejó que te inyectaras agua salada en las fosas nasales antes de dormir y te recetó un spray nasal. Incluso fuimos al médico. Iré a casa de Fi en taxi. Eric… gracias por todo. Mientras termino de meter cosas. pero me siento al borde de las lágrimas. no te preocupes. algunos pares de zapatos. —He de salir —dice Eric desde el umbral. pero no puedes vivir con alguien sólo porque te sientas culpable. percibo una presencia a mis espaldas. saca una caja y me muestra un chisme de plástico—. me pasa una idea por la cabeza. —Sí—asiento—. ¿Podrás arreglártelas? —Sí. Y una tercera repleta de abrigos. Estoy tomando la decisión acertada. O porque esa persona sepa pilotar una lancha. no he podido resistir la tentación de llenar otra maleta con prendas de La Perla y productos de maquillaje Chanel. he terminado de recoger. unos tejanos.231 - . Siento una punzada de culpa.» —Adiós. frotándome la espalda. la pantalla empotrada. No creo tener ningún derecho sobre los trajes de diseño de color beige. sino la de otra chica. —Se acerca a un cajón.

para ser justa. Recuerdo que cuando llegué aquí pensé haber aterrizado en el edén. o como se llamen. Pero nunca me he sentido como en casa. supongo que no me sirvieron una vida perfecta en bandeja. eternamente bebé. Me doy la vuelta y veo en el suelo un gran estropicio de hojas. pero me da pena igualmente verlo atrapado ahí. lo barro todo y lo tiro a la basura. Tan mono como siempre. a fin de cuentas. Y Eric. —Adiós. No tendrás que soportarme más tiempo. —¡Arggg! Retrocedo horrorizada y oigo un tremendo estrépito. Aun así. Lexi Justo cuando estoy firmando. Tengo la misma sensación que si dejara la habitación de un hotel sofisticadísimo. Traigo una escoba de la cocina. vuelvo dentro. estilo boutique. en su mundo virtual. Lexi. Ha sido estupendo alojarse aquí. Quizá sea más inteligente de lo que yo creía. Arrastro las maletas al salón y miro el reloj.232 - . pero me voy.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? me llevo mi bolso Louis Vuitton. Ya sé que he creado problemas. Creo que a su manera lo ha entendido. Le he dado un gran abrazo y ella ha murmurado algo en italiano mientras me daba palmaditas en la espalda. Ya sé que no es real. Arthur —digo. Lo siento. Mientras cierro la puerta de la terraza se me ocurre despedirme de mi mascota. Me pareció un palacio. las instalaciones son increíbles. Doy un golpecito en la pantalla y hago clic en «Mascota». También hice un siete en el sofá. Orquídeas. Hago clic en «Titán» y aparece en la pantalla aquella araña espantosa de dos metros. —¡Lo siento! —le digo a la pantalla—. Fantástico. A fin de cuentas. Faltan unos minutos para que llegue el taxi. Luego cojo un trozo de papel y le dejo una nota a Eric. Acabo de derribar una de esas plantas superpijas del demonio. protegiéndome con la mano del sol de mediodía. un dios griego. suena el timbre. Querido Eric: He roto la orquídea. no puedo evitar una punzada tremenda cuando salgo a la terraza por última vez. Estoy contemplando aún el desastre cuando empiezan a parpadear en la pantalla unas letras en azul eléctrico sobre fondo verde: «¡Problema! ¡Problema!» Ese cacharro parece querer decirme algo. Lo cual probablemente significa que yo nunca fui Gandhi. Despedirme de Gianna ha sido bastante duro. Con un suspiro. Quizá debería despedirme también de Titán. Aparece mi gatito y lo contemplo un minuto mientras empuja un ovillo de lana. Mándame la factura. por los viejos tiempos. Y ahora ya sólo quedo yo. Todavía puedo evocar con claridad aquella eufórica sensación de haber ganado la lotería. y me apresuro a dejar la nota . por favor. tierra y cristal.

todo lo contrario del aspecto impecable de Eric. No logro mirarlo a los ojos. —Levanta una mano—. Salgo al descansillo y oigo llegar el ascensor. con la vista fija en el suelo y estrujándome las manos. Suena tan realista que se me hace un nudo en la garganta. Dios. Y aún no sabe nada. lo estoy intentando. cuando él no paraba de mirarme con aire torturado. tratando de que se encuentren nuestras miradas—. Y yo no te he ayudado. como para darme espacio. Estás haciendo todo lo que puedes.la. Sé lo que quieres decir. Va con unos tejanos y una camiseta. —Jon. Lexi. —Te he llamado a la oficina y me han dicho que estabas en casa. —Voy a dejar a Eric —le suelto de golpe—. Y lo que quería decirte es que no te atormentes. Ahora entiendo muchas cosas. No es ningún taxista. Estoy del todo confundida. tan oscuros e intensos como siempre. Veremos qué dice Fi cuando me vea llegar. Doy un paso atrás. Jon se da cuenta y se aparta. —Respira hondo y parece poner en tensión todos los músculos—. Recuerdo la primera vez que nos vimos en el aparcamiento. —Se acerca un poco más. No has de exigirte más. como si estuviera a punto de darse la vuelta e irse.. yo le he dicho que sólo me llevaba una caja de zapatos con lo imprescindible. Yo no soy tu amante. —¿Cómo te fue en el trabajo con ese negocio? —Bien.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? apoyada en el nuevo leopardo de cristal. —Ya. Sólo un tipo que acabas de conocer. —Ay. Me doy cuenta de que has pasado por una situación muy difícil. Todo esto ha sido bastante duro para ti. Y… tenías razón. pero tengo muchas male… El corazón me da un vuelco. Ahora sé por qué parecía tan desesperado. como si hubiera dormido fatal. —Hola—digo por el telefonillo—. —Estupendo. el pelo revuelto y la cara contraída. ¿Podría subir al último piso? Quizá necesite ayuda con las maletas. En fin. Bueno. que parece siempre un modelo de Armani. No me parece justo. No tendría que haberte atosigado. —Sí. Me alegro por ti. —De repente se me seca la garganta—. como si no pudiera creer que yo no lo recordara. —Quiero decirte una cosa. voy a ponerme a llorar. No entiendo por qué está aquí. sobre todo cuando le hablé de mi maravilloso marido. No me esperaba esto. —Lo siento —digo en cuanto se abren las puertas—. —Se me nota que estoy al borde de las lágrimas—. —Ho. —He pensado mucho —continúa—. —Hace una pausa—. Tengo las maletas listas y el taxi está . Él va asintiendo como si esto fuera el final.. No pasa nada. sus ojos. Han pasado algunas cosas en el trabajo.233 - . Me quedo consternada. yo no quería… —Ya. Tengo que… disculparme. ¿Qué…? Su rostro resulta casi monástico. Es Jon.

pero se recompone enseguida y sonríe. subo al taxi y me dispongo a cerrar la puerta. ¿Estábamos bien juntos? —Sí. he de irme. —Me alegro —dice por fin. No puedo huir corriendo de un tipo que no recuerdo para echarme en brazos de otro. le doy al taxista la dirección de Fi y me quedo de pie ante Jon. Y lentamente. veo que el taxi ya está abajo. —Bueno.234 - . Jon… —Tengo la voz estrangulada. Las lágrimas me resbalan por las mejillas. —Te acompaño hasta el taxi. Se me tensa el estómago de angustia y me flaquean las fuerzas. Seguramente necesitas tiempo para reflexionar. —No. —No es justo. con una opresión en el pecho y sin saber cómo despedirme. —Tú… —trago saliva— tú también. el taxi se aleja. Tiene la voz tan quebrada que apenas se le entiende—. —No digas nada. volviendo la cabeza para no verlo y frotándome los ojos—. midiendo sus palabras—. para oír ese chasquido definitivo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? a punto de llegar… La esperanza ilumina su rostro un instante. He de irme. —Menea la cabeza. —Asiente con una expresión de amor y tristeza. Cierro la puerta por fin. y luego se oculta otra vez. Jon sigue mi mirada y percibo su desolación. muy bien. Ahora todo es nuevo para ti. Por el ventanal que tiene detrás. . lo estábamos. —Ajá. Y ni siquiera sé lo que quiero decir. —Bueno. Con las piernas flojas. Nosotros perdimos nuestra ocasión. Pero no consigo reunir las fuerzas para cerrarla aún. con una sonrisa torcida—. Cuídate. —Me toca la mano un instante—. decirle que he cambiado de idea… Pero no. Podría apearme. Muy. —Jon —digo levantando la vista—. Después de bajar y cargar las maletas. —He de irme —susurro. como un rayo de sol.

no tengo más remedio que frotarme los ojos. Tengo el pelo largo y reluciente. Tampoco ningún anillo en la mano izquierda. me echo un vistazo en un espejo. —¿Envuelto para regalo navideño? —pregunta. Hay un árbol de Navidad cubierto de bolas en la entrada y un coro asomado a la galería del entresuelo. Tal vez no sea una vida de ensueño. Después de cuatro meses. Fi ha vendido mi diseño favorito de Deller —un estampado en círculo de color naranja— a un spa de moda. los pies cómodamente calzados en unas zapatillas de ante. Voy con tejanos y una chaqueta de punto verde. La chica casi da un traspié de la sorpresa. El contrato con Porsche ya está en marcha y ha atraído el interés de la prensa. por favor —le digo. los negocios han ido tan bien que a veces tengo que pellizcarme. una millonaria instalada en un ático desde donde se domina todo Londres. Ésta es la prueba. Motivo por el cual ya no me entran mis tejanos más ceñidos. Pago el perfume.235 - . Me gusta mi vida. Por eso he venido aquí. hoy mismo. Aunque pensándolo mejor… a Debs le gusta este perfume. ni yo. —Sí. pronto empezarán la pretemporada navideña el 1 de enero.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Capítulo 21 El mundo se ha vuelto loco. O será Navidades todo el año. Igual se lo compro. —Señora. Los miembros del equipo se merecen un regalo. tengo el despacho encima de mi apartamento. cojo la bolsa y sigo adelante. Y lo que es mejor. Al entrar en los almacenes Langridge y quitarme mi bufanda rosa. o sea que he de hacer el trayecto más corto del mundo para ir al trabajo. Estamos sólo a 16 de octubre y ya está todo decorado como si fuera diciembre. Hemos llegado a otro acuerdo con una cadena de restaurantes y. —Envuelto para regalo. rodeando rápidamente el mostrador (no vaya a ser que cambie de idea). A este paso. de compras. cantando villancicos a voz en grito. Pero no navideño. La esquivo antes de que pueda rociarme. ¿un pack Calvin Klein de oferta navideña? —repite su cantinela una chica. Mientras ella prepara el paquete. No llevo maquillaje. Al pasar frente a una hilera de . Pero Balham es un barrio muy chulo. Por eso y por las tres tostadas que desayuno cada mañana. Me gusta lo que veo. aunque no tan brillante como antes.

mamá hizo un auténtico cargamento con sus viejas ropas de volantes y lo envió a Oxfam. que yo era su mejor amiga y que ella se iba a convertir en mi máximo apoyo. sin decir nada a nadie. Ni lo pienses. Una semana después de mi mudanza. Luego subo al piso de arriba y encuentro una camiseta chulísima de los años setenta para Carolyn. Aún está convencido de que lo nuestro es una separación provisional. Otros. (O sea: dos niños de ocho años zurrándose. Vino a verme una vez. Por lo visto. al día siguiente de mi visita. Me propuso que mantuviéramos un «encuentro conmemorativo» cada mes. Pero Amy me ha puesto al corriente. y su profesora está alucinada con sus progresos. —¿Vino caliente navideño? . me acuerdo de Rosalie y sonrío. Se las ha arreglado para conseguir una plaza en Empresariales Nivel A. o como se llame. me envió un documento escrito a máquina titulado «Lexi y Eric: Manual de Separación». ha superado a mamá. por mucho que yo haya contactado con un abogado para hablar del divorcio. Luego fue a la peluquería. Llegó una hora tarde porque su GPS. más o menos. La cuestión es que no tiene sentido obsesionarse con el pasado. sencillamente. con los alumnos de sexto curso. según dijo. pero no hemos celebrado ninguno. Y en otro frente más positivo todavía.) Aun así. ahora lleva una melena corta que le queda muy bien y se ha comprado unos pantalones de aspecto moderno. Vendrá a trabajar con nosotras en régimen de prácticas durante las vacaciones de Navidad. No es que sea mucho. Reconciliación.» ¿Otros? ¿Qué demonios…? No. Rosalie anunció a los cuatro vientos que no se iba a poner de parte de ninguno de los dos. Me detengo en la sección de Accesorios y le compro a Fi un bolso de charol morado supermoderno. No hemos vuelto a tener una conversación como Dios manda desde que fui a verla aquel día. También llamó a un hombre para que arreglara ese problema de putrefacción seca. Pero en el caso de mamá es un paso de gigante. de la casa y le pagó para que se llevara el montón de baldosas que papá dejó en el jardín. La mayor parte del tiempo es como si el pasado fuese una zona sellada y precintada de mi mente.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? zapatos de tacón. ya lo sé. Y estoy aprendiendo a hacerlo bastante bien. No vale la pena darle más vueltas. no funcionaba al sur del río y porque se había quedado traumatizada al ver un violento disturbio entre bandas rivales. No puedo ver a Eric ahora mismo. Tampoco me animo a leer la sección del manual titulada: «Sexo durante la Separación: Infidelidad.236 - . y a mí me ilusiona muchísimo. En cuanto a Eric… Suspiro siempre que pienso en él. Al parecer. En cuanto se enteró de que Eric y yo nos separábamos. a Amy le está yendo de maravilla en sus estudios. Es tal como dijo Fi: tienes que mirar hacia delante. que se las ha arreglado para anular cada visita poniendo como excusa alguna dolencia de sus perros. Solitario.

—Me froto el labio húmedo—. La cinta de embalaje se está desprendiendo por un lado. me han atrapado. con un jersey medio doblado en las manos—. ¿Por qué tendría que recordarlo? Yo me acuerdo porque usted estaba tan… —Hace una pausa. pero me pareció tan enamorada… —Ya —asiento—. —Sonríe—. —¡Hola de nuevo! Es una mujer rubia con una melenita corta. Se la veía rebosante de felicidad. —La mujer me examina con curiosidad—. que está doblando jerséis de color pastel en la sección de Ralph Lauren. Pero mientras permanezco allí. Empiezo a sentir el síndrome navideño. empiezan a emerger un montón de sentimientos enterrados que se abren paso en mi interior como vapor a presión. diciéndome a mí misma que sonría y me marche sin más. Era Jon. las voces que cantan Noche de paz y esa rubia desconocida que me cuenta lo que hice las Navidades pasadas. La miro y trato de imaginarme la escena. Siempre me acuerdo de aquella conversación. Vamos. Que nunca se había sentido así antes. En Navidades. Tengo que salir de aquí antes de que empiece a comprar paquetes gigantes de pastelillos y discos de Bing Crosby. ya no puedo continuar guardando el pasado en su sitio. Yo. Nada del otro mundo. entre las luces parpadeantes. Siento un nudo en la garganta. Las compras de Navidades. Ya. escuchando villancicos y mirando cómo parpadean las luces de fantasía… Ay. Pero no importa. ¿Qué le conté? —¡No se preocupe! —Se echa a reír—. Pero… ¿mencioné el nombre de él? —Creo que no. La antigua Lexi. Estamos sólo en octubre. —¿Qué le compré? . —Eh… ¡hola! —digo vacilante—. Quizá sea una tontería. no tengo prisa. Tuvimos una larga conversación mientras se la envolvía para regalo. aquí. —Lo siento —le digo por fin—. Me aparto un mechón. no. Sólo dijo que la hacía sentirse viva. Estoy buscando dónde dejar el vasito vacío cuando me llega una voz muy jovial. —¿Del año pasado? —Usted vino a comprarle una camisa a su… novio. Es una coincidencia insignificante. ¿De verdad no lo recuerda? —Pues no. Al seguir adelante me doy cuenta de que me he despistado con la nueva distribución de esta planta y he ido a parar a Ropa de Caballero. —Quizá le parezca rara la pregunta. Dios.237 - . Deambulo un poco dando sorbos al vino especiado. La recuerdo del año pasado. He tratado de no pensar en él cada día desde que me marché en aquel taxi. seguramente ceñuda y estresada. —Me mira la mano—. sonríe y lárgate. —Deja el jersey y me mira intrigada—.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? Un tipo con un gorro de Papá Noel me ofrece una bandeja llena de vasitos y cojo uno. Tengo una memoria terrible. seguramente con un traje beige y mucha prisa. Esto es fatal. ¿Nos conocemos? —Bueno.

Es un recuerdo. como si fuera la mantita de un bebé. ¿Qué desea? Sostengo la camisa e intento imaginarme a Jon con ella. Tal vez sea el vino o tal vez el cansancio de un largo día. y a mí misma eligiéndola. Un instante fugaz. en tensión y aferrándome a la agarradera. Lo tengo. un jersey gris… y esa melodía. Lo miro como si me hablara en una lengua desconocida. El taxi se detiene y subo al asiento trasero como una autómata. —¿Adónde? —pregunta el conductor. Cuando salgo de Langridge y paro un taxi. Tampoco debo pensar en ello o se acabará desgastando. —¿Adónde. El taxista se vuelve. Canturreo quedamente.238 - . señora? El taxista se ha vuelto para abrir la ventanita del panel de separación. No puedo hablar. . si no recuerdo mal. Si no está en casa. La canción es Jon. como un destello de luz. Nada más. aunque yo apenas lo oigo. cuidarlo como un tesoro… —¡Por Dios! —resopla—. Tengo que contárselo a él. La aprendí de él. No sé qué ocurre en mi cabeza. Mientras avanzamos por las calles de Londres permanezco muy rígida. Cierro los ojos desesperada. El zumbido es cada vez más fuerte y sigo aferrando la camisa. Siento como si mi cabeza contuviera un líquido precioso que podría derramarse a la menor sacudida. haciéndole señas para que se detenga…. Significa Jon. No puedo dejar de pensar en Jon. iré a donde sea. lo tengo en la cabeza. —Me la quedo —le digo a la mujer en cuanto queda libre otra vez—. —A… a… Hammersmith. De él. tratando de atraparlo. He de mantener intacto este recuerdo. No sé qué me pasa. De los dos juntos. Olor a aire salado. Tengo que ir. su mandíbula rasposa.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —Esta camisa. Intento evocar nuestra felicidad. Saco el móvil y marco su número. tengo que mantener sujeto este recuerdo. No lo consigo. pero no puedo soltar la camisa. Y de pronto. pago al taxista y bajo del coche. Sólo entonces caigo en la cuenta de que tendría que haber llamado primero. En cuanto llegamos a la calle de Jon. No se moleste en envolverla. Me viene un recuerdo. No me cabe ninguna otra cosa en la cabeza. Y lo único que sé es… que es Jon. ni mucho menos permitir que entre ninguna otra cosa en mi mente. pone una marcha y arranca. —Me muestra una de color verde pálido y se vuelve hacia otro cliente—. La cabeza me zumba y el mundo parece difuminarse. ni mirar por la ventanilla. todavía llevo la camisa verde pegada a la cara. Estoy tarareando una melodía que no conozco. como si estuviera incubando la gripe. Pero lo tengo. ¿A-dón-de-quie-re-que-la-lle-ve? Sólo puedo ir a un sitio.

—¿Es suficiente con eso? Su voz me pilla por sorpresa. pero no puedo evitarlo—. Y llevábamos una radio… Vuelve a tararearla otra vez. Empiezo otra vez. con . Adiós. He pensado que querrías saberlo. en la playa. ¿Es eso? —No sé —digo impotente—. —¿Y eso es todo lo que recuerdas? ¿Una melodía? Al decirlo de ese modo. No la conozco. —Fuimos a Whitstable a pasar el día —asiente—. con un jersey de cuello alto. me doy por vencida y lo miro con expectación. medio mortificada. se abre la puerta en lo alto de los escalones y ahí está. —¡Sí! —exclamo—. la fría realidad revienta mi burbuja: ya no le intereso. ¿Cómo? ¡Venga. Sólo oigo por el móvil unos pasos precipitados. jadeando—. Quizá. ¡Qué vergüenza! Tengo que largarme de aquí ya mismo. Al final. Jon se frota la cara. aclarándome la garganta y fingiendo en vano un tono indiferente— . Eh… Bueno. He quedado como una pardilla. ¡Escucha! —Y empiezo a tararear. pero sé que me la enseñaste tú. pero nosotros estábamos abrigados y tú no te habías afeitado… llevabas un jersey gris… Su cara se transforma de repente. He recordado… Se hace un silencio. hace que me sienta como una idiota integral por haber atravesado Londres con este único fin. —Estoy aquí delante —digo. —¿Cómo que no te acuerdas? —me indigno—. Supongo que fuimos juntos alguna vez. —No me acuerdo —dice. Yo canto de pena. A la playa.239 - . Hacía un frío del demonio. perplejo. Me giro y veo que ha bajado varios peldaños. ¿Dé qué me estás hablando? ¿Por qué traes esa camisa? ¿Es mía? —¡La oí contigo en la playa! Estoy segura. Dios sabe qué me estará saliendo ahora… —Espera. ¿No es aquella canción que sonaba por todas partes? Bad Day. Sólo eso. perplejo. unos tejanos y unas viejas Converse. —¡Dios mío! La vez que fuimos a Whitstable. piensa! Hacía frío. —Balbuceo de un modo incoherente. —Sí —digo. llena de esperanza—. y la melodía era así… —Vuelvo a tararearla. —Se pone a cantarla él y es como si un sueño se hiciera realidad. Una canción. Me acuerdo del aire salado y recuerdo que tenías la cara rasposa. antes de que pueda bajar los peldaños—. Al minuto. Ha seguido adelante. No tendría que haber mencionado la canción. —He recordado algo —le suelto sin más. ¿La recuerdas? —Lexi… —Se pasa las manos por el pelo—. Seguramente tiene novia y todo.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? —¿Lexi? —responde enseguida. me alegro de verte. así que nos abrigamos bien. Recojo mis bolsas con torpeza y me vuelvo abochornada para marcharme. pero me sale peor y no logro afinar. Él tuerce el gesto. De pronto. Vale. ¡Exacto! ¡Es ésa! Se hace un silencio.

—Entrar en tu casa… apagar todos los teléfonos… y disfrutar del sexo durante veinticuatro horas seguidas —digo. rodeándome la cintura con las manos y acariciándome las caderas con los pulgares. con determinación. mirando a Jon—. Incluso recuerdo la fecha exacta. —Chasqueo la lengua—. De mi mente. por supuesto. Y me basta con verlo para dejar de lado todos los disimulos. —Baja otro peldaño—. Un hilo que nos guiase hasta… nosotros.240 - . Una canción. muy seria—. ¿Cuándo? —El dieciséis de octubre de dos mil siete. Como de telaraña: finísimo. —¿Qué? —Su rostro se ilumina. Ahora ya tienes uno. —Por cierto —digo cuando él cierra la puerta—. Se quita el jersey de un tirón y siento una oleada instantánea de lujuria. Qué sexy. Aunque me parece que fueron cuarenta y ocho horas. un poco desconcertado—. No dejes que se rompa. —Sí —asiento. —Cierto. —Uau —dice uno—. —Me toma de la mano y me guía escaleras arriba mientras los niños se mofan y nos vitorean. —Llega por fin y me estrecha entre sus brazos. toma mi rostro entre sus manos y me examina unos instantes en silencio. ¿Cómo se me puede haber olvidado? —Vamos. Fue una experiencia alucinante. —Muy sexy —dice él. —El hilo más delgado del mundo. Dijiste que necesitabas un recuerdo. ¿Tú qué crees? —Tienes que decidirlo tú. No puedo evitar una sonrisa. ¿Sabes qué? Acabo de recordar otra cosa. Qué sexy. Y dime… ¿qué pasó después de aquellas cuarenta y ocho horas? . —Aguanta. Jon se echa reír. baja el resto de los escalones. De mis brazos. A las… —miro el reloj— a las cuatro y cincuenta y siete de la tarde. Mi cuerpo sí se acuerda de esto. aunque aún tengo los ojos brillantes de las lágrimas.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? expresión esperanzada. —Oye. Lexi. Somos nosotros. no veinticuatro. —Suelto un ruidito extraño que quiere ser una risa—. No he disfrutado del sexo desde dos mil cuatro. —No lo sé —acierto a decir—. Claro. —Se acerca. —Entonces sujétalo bien. Yo también lo recuerdo. veo a tres niños mirándome desde los peldaños del portal contiguo. —Acepto el desafío. Con sus oscuros ojos fijos en los míos. como si ése fuera su lugar favorito. —No lo permitiré —susurro y lo abrazo a mi vez. —¿De veras? —Jon sonríe. Para que lo sepas. —Me llevo una mano a la boca como súbitamente inspirada—. Cuando vuelvo por fin a la superficie. Los tres últimos meses parecen disolverse. hasta que empiezo a derretirme por dentro—. No dejaré que se me escape. —¡Ajaaaá! —Ahora sí lo ha entendido—. Perfectamente. ¿verdad? —Me pasa un dedo por la espalda y me estremezco por anticipado—. otra vez.

SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? No puedo resistir ni un segundo más. Tengo que atraer su rostro para darle un beso. Y éste no voy a olvidarlo.241 - . con la boca sobre su piel cálida y suave— cuando me acuerde. *** . Éste lo conservaré para siempre. —Te lo diré… —murmuro por fin.

Estudió en Oxford. su última novela. un auténtico éxito de ventas. la famosa «loca por las compras». «Diversión de la buena. ¿TE ACUERDAS DE MÍ? ¿Y si un día abrieras los ojos y. pero asegura que siempre paga sus facturas.» FORT WORTH STAR-TELEGRAM *** . Lexi se propone disfrutar de su nuevo yo. Está casada con un profesor y tiene dos hijos. Tenía un trabajo mal pagado. Publicó su primera novela. Actualmente vive en Surrey y está escribiendo su próxima novela. Sophie confiesa que le encanta ir de compras y le vuelven loca las rebajas. con lo cual podrá comprobar de primera mano las ventajas e inconvenientes que puede acarrear una inesperada vida perfecta. una mañana. ha sido número uno en Inglaterra. a Lexi Smart ese sueño se le ha hecho realidad. ha pretendido ocultar sus huellas. sólo viaja a Nueva York por razones culturales y mantiene una excelente relación con el director de su banco. se han vendido más de un millón de ejemplares solamente en inglés y más de 250 mil en alemán. Y.» PUBLISHERS WEEKLY «La novela perfecta para leer en vacaciones. sus uñas presentan una manicura inmejorable. uno de los personajes más simpáticos y peligrosos que ha dado la literatura. está casada… ¡¡¡con un desconocido!!! Superada la gran sorpresa. tu vida fuese perfecta? Por increíble que parezca. han sido traducidos a más de 30 idiomas. De ¿Te acuerdas de mí?. Sus libros.» AP «Kinsella vuelve a deleitarnos. Kinsella es la autora de la popular serie protagonizada por Becky Bloomwood. Estados Unidos e Italia. Madeleine Wickham nació en Londres. mientras trabajaba como periodista financiero. autora de varias novelas. por si fuera poco. y su ropa y complementos son los de una mujer muy rica. se despierta en una cama de hospital y descubre que su espléndida dentadura deslumbra como en un anuncio de dentífrico. no apagarás la luz hasta acabarla. The Tennis Party. los dientes torcidos y una vida sentimental desastrosa cuando.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? RESEÑA BIBLIOGRÁFICA SOPHIE KINSELLA Sophie Kinsella es el seudónimo con el que Madelaine Wickham. Asimismo. de repente.242 - .

730-2009 Printed in Spain . 2009 1ª edición. 2008 Titulo original: Remember Me? Traducción del inglés de Santiago del Rey © Ediciones Salamandra.SOPHIE KINSELLA ¿TE ACUERDAS DE MI? © Sophie Kinsella. junio de 2009 Ilustración de la cubierta: Getty Images ISBN: 978-84-9838-221-1 Depósito legal: B-20.243 - .

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful