Retorno 2012

(O cómo sobrevivir a una invasión de zombis)

Por: Jaime García

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ÍNDICE Página Capítulo 1: ¡Entren, santos peregrinos! Capítulo 2: El origen. Capítulo 3: Estado de sitio. Capítulo 4: El quinto poder. Capítulo 5: El informe Castello. Capítulo 6: Sobrevivientes. Capítulo 7: Arcadia. Capítulo 8: Insomnio. Capítulo 9: El profesor chiflado. Capítulo 10: Un juego de espías. Capítulo 11: Llamada de auxilio. Capítulo 12: Secuestrados I. Capítulo 13: La ley y el orden. Capítulo 14: Drenaje profundo. Capítulo 15: Secuestrados II. Capítulo 16: Tenebra. Capítulo 17: Sicarios y zombis. Capítulo 18: Bailando con un zombi. Capítulo 19: La traición. 3 17 24 33 42 51 63 74 86 96 112 122 127 139 153 155 168 183 193

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1.- ¡Entren, santos peregrinos!

Antes de salir hacia el Palacio Nacional, Armando Guerra decidió dar un último vistazo a su atuendo. El evento de esa noche era crucial para sus planes. Cualquier error de su parte y ya se podía despedir de la posibilidad de conseguir detener el caos. Bajo la mortecina luz que arrojaba el foco que pendía de un cable (era un milagro que hubiera corriente eléctrica) Armando se colocó frente al espejo de su cómoda y se observó detenidamente. Su cara estaba extremadamente sucia, producto de tres semanas sin asearse y de la tierra de sus macetas, con la cual se restregó todo el rostro en un momento de inspiración. Su pelo, desordenado y crespo, enmarcaba a la perfección sus facciones regulares que, ocultas bajo una capa marrón de diversas tonalidades, se convertían en una suerte de máscara. Sobre sus hombros se sostenía a duras penas un raído saco negro, roto en diversos lugares y cuya manga izquierda había unido con grapas. El conjunto le recordaba a Armando al de un pordiosero que deambulaba por el Mercado de la Merced cuando él era niño y a quien todos llamaban piojo. Armando sonrió satisfecho por el resultado. Tomó la invitación que había dejado sobre la cama, apagó la luz y salió al oscuro pasillo. Bajó con gran cuidado la estrecha escalera y pasó junto a la cabina del portero, que miraba absorto la pequeña pantalla de un minúsculo televisor. El portero tenía la boca abierta y un hilo de baba se escurría sobre sus flacas manos, que mantenía entrelazadas sobre su regazo. Armando se le quedó viendo un momento. Recordando que había suministro eléctrico en el edificio, Armando se acercó hasta el televisor y lo encendió. Pasaban una reposición de “Pepe el toro”. El portero ni se inmutó. Continuó babeando. Saliendo deprisa a la calle, Armando se preguntó que le convenía más: ir caminando hasta el Palacio Nacional, que le quedaba relativamente cerca o tomar un taxi. Ambas opciones entrañaban bastantes riesgos. La calle estaba en penumbras, ya que sólo funcionaba una luz mercurial que parpadeaba a mitad de la cuadra. Armando se dirigió a la titubeante luz y acercó la invitación a sus ojos. El mensaje de la invitación era escueto y estaba impreso en una especie de cartón
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de muy baja calidad: “La presidencia de la República se complace en invitarlo a nuestra posada navideña el sábado 17 de diciembre 2011 a las 9:00 P.M. Etiqueta rigurosa”. Eso era todo. Sin embargo, fue suficiente para que Armando se decidiera por el taxi. Estaban por dar las ocho y aunque corriera todo el camino no llegaría a tiempo (eso si lograba llegar con vida). El problema con el taxi era que… Armando decidió mejor no pensar en ello. La calle estaba vacía y era muy probable que ningún taxi hubiera pasado por ahí en meses. Así que se dirigió a paso rápido hasta la avenida más cercana, donde debían de circular vehículos a esa hora. En efecto, la avenida estaba repleta de vehículos en sus dos sentidos, aunque era difícil adivinar cuáles de éstos circulaban y cuáles estaban varados. Armando observó que uno de los carriles internos del flujo del tránsito que se dirigía al Zócalo parecía avanzar a buen paso. Así que cruzó la avenida, saltó la barrera del camellón y se colocó ante un auto varado, siguiendo atentamente el movimiento de los vehículos en el carril libre que quedaba frente a él, intentando localizar un taxi. Para su fortuna, el auto varado ocupaba una parte del carril, lo que hacía que los vehículos disminuyeran su velocidad. Esto era mucho más efectivo que un agente de tránsito, los cuales ya habían desaparecido, irónicamente, a fuerza de mordidas. Los vehículos pasaban lentamente frente a Armando, que después de ocho minutos vio acercarse a un taxi. El taxi estaba ocupado, pero eso no era problema. Armando corrió a un lado del taxi, abrió la puerta trasera del lado derecho y jaló de la blusa a la pasajera, tirándola a la calle. Luego trepó al taxi y cerró la puerta. La mujer rodó por el pavimento unos metros y se detuvo a centímetros de donde había estado parado Armando, frente al vehículo varado. Luego se irguió y se quedó sentada sobre el pavimento. Salvo la ropa manchada y el pelo revuelto, quedó en la misma posición que tenía en el taxi, sólo que con las piernas extendidas. Armando apenas si echó un vistazo a la mujer. Sintió alivio al ver que ésta había quedado a salvo de ser atropellada, pero después la sacó de su mente. Tenía que asegurarse de que el taxi iba en la dirección correcta y de seguro la mujer no se daría cuenta que ya no iba sentada dentro del taxi hasta muchas horas después. O quizá nunca. El taxista parecía ajeno a todo el asunto. Seguía manejando tranquilamente con la mano izquierda sobre el volante mientras con su mano derecha daba vuelta al dial del radio del auto pasando de una estación a otra. Sólo permanecía unos tres segundos en cada estación para luego cambiar.
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Siguió conduciendo tranquilamente mientras cambiaba constantemente de estación. Algunos invadían los carriles por los que avanzaban los autos y eran atropellados. Dos cuadras más Adelante de la salida. Ya la provincia había dado muestras de que las cosas no hacían más que empeorar cada día. Armando no traía dinero. Conforme aumentaba la oscuridad. Armando resopló. y se arrebujó en su asiento. Estuvo a punto de chocar con un camión. Armando supo entonces que esperaba el pago del viaje. Sólo esperaba. Luego. los cuales no parecían haberse dado cuenta de que no avanzaban. con sus dos manos en el volante. Armando soltó una maldición al ver que el taxista cambiaba de rumbo. Aquí y allá humeaban las ruinas de algún local comercial abandonado. los vendedores ambulantes subían aún más el sonido de sus voces y un ambiente de tensión se hacía casi palpable. Bruscamente alcanzó una salida y se metió a la calle lateral de la avenida. impotente. que arrogantemente se había creído a salvo del cáncer que había atacado a México. Las aceras estaban plagadas de basura y escombros. Algunas veces se detenía bruscamente. ¿Qué hacer? El taxista permanecía quieto.Esta actitud del taxista molestó un poco a Armando. lo único que le interesaba es que el taxi llevaba el rumbo correcto. Cuando faltaban unas diez cuadras para llegar al Palacio Nacional. así que dejó de concentrarse en el taxista y se puso a ver por la ventana. —¡Dele más rápido. El taxi continuó su camino. la mayoría de ellos aún con sus ocupantes dentro. El norte de México estaba sumido en el caos y ese caos se había extendido hasta la Capital. Sin embargo. Armando se preguntó por cuánto tiempo más podría subsistir la Capital del país antes de quedar completamente muerta. No decía palabra. que ni siquiera reaccionó con el claxon. Otros ofrecían mercancías a voz en grito sin que nadie los mirara siquiera. así que buscó en el interior del taxi algo que pudiera utilizar para el pa5 . el taxi viró a la derecha y se internó en una zona residencial. el taxista dejó de cambiarle al radio del auto y cambió de carril rápidamente. con un chirrido de llantas se estacionó frente a un edificio de departamentos de cuatro pisos. para luego continuar su marcha. las personas empezaban a formar grupos compactos. hombre! ¿No ve que llevo prisa? —le gritó Armando al taxista. Habían llegado a su destino. que no le hizo el menor caso. Armando tardó un momento en comprender que ahí era donde vivía la mujer que él había arrojado del taxi. Había muchos vehículos varados. No le quedaba más que esperar. Multitud de peatones iban de un lado a otro sin rumbo fijo.

Este tipo de zombis eran de lo más peligroso. Le echó un vistazo rápido y se lo llevó a la boca. de seguro huyendo de los zombis. que lo tomó con una mano. Se paró en seco. Así que Armando se armó de valor y dio vuelta a la esquina. así que le dijo: —A Palacio Nacional. Eran una especie de gruñidos mezclados con un estrépito metálico. Lo primero que pensó Armando fue en cruzar la calle sin hacer ningún ruido para no llamar su atención y luego echar a correr. Sabía que los SMES. El taxista no se movió. por favor. Esperó que eso fuera suficiente. Armando le entregó el ratón muerto al taxista. pero no le quedaba otra opción. No conocía muy bien la zona donde se encontraba. Debía apresurarse.go. No le gustaba para nada la idea de caminar el resto del camino. que gruñían o avanzaban hacia el asesinato en completo silencio. Casi al llegar a la esquina escuchó unos ruidos que le pusieron los pelos de punta. Quizá el taxista esperaba que le dijera a dónde quería ir. arrastrándose con las manos. el taxista y la pasajera. Lo masticó unos momentos y se lo tragó. Caminó a paso rápido por la calle vacía. Vio a un grupo de unos veinte zombis que intentaban derribar una valla metálica tras la cual se habían refugiado un grupo de unas seis personas. Tras buscar bajo los asientos encontró el cadáver de un ratón. Sin embargo. no se detenían ante nada hasta alcanzarla y comerse sus vísceras. maldiciendo su mala suerte. los cuales en esos momentos utilizaban sus manos . había algo que no cuadraba: si las seis personas que estaban dentro de la valla habían buscado refugio (una idea tan loca que tuvo que deberse a la desesperación) eso significaba que no eran Ciudadanos —personas en proceso de zombificación como el portero. ¿Qué debía hacer? Ya casi era la hora de la posada en Palacio Nacional. Armando abrió la puerta y bajó del taxi. Y tenían un apetito insaciable. Era inútil. Les encantaban las vísceras. Nada sucedió. que actuaban en forma automática siguiendo rutinas esta6 . tubos y palos contra la valla. “¡SMES!” pensó Armando. Se les llamaba “SMES” porque era lo que repetían constantemente cuando buscaban su alimento. Si no atravesaba la calle de donde procedían los ruidos tendría que dar un rodeo y quizá se perdiera. Armando esperó durante un rato para ver si el taxi reemprendía la marcha. una vez localizada su víctima. Era como un grito de guerra que los diferenciaba de otros zombis. Había escuchado aterradoras historias acerca de zombis SMES que continuaban avanzando aún y cuando se les habían cortado ambas piernas. Consultó su viejo reloj de pulsera (¡cómo extrañaba su Smartphone!) y vio que eran las 8:47 PM.

“¿por qué no reaccionan? ¿Acaso se había equivocado y esos seis no eran individuos. que tiene prisa. Armando corrió hacia la valla. Todo había pasado tan rápido para esos pobres infelices. Armando no podía dejar que esos individuos perecieran a manos de los zombis. Así que. 7 . Luego se fueron corriendo lejos de ahí. mientras utilizaba un tubo para forzar la cadena que mantenía a la valla unida. aterrados. el taxi se estrelló contra una barda al otro lado de la calle. como él mismo. abrió la puerta del conductor y arrojó a éste a la calle. afianzándose en el volante. que aún no comprendían que un zombi viniera a salvarlos. Sólo rezaba para que no se le hubiera roto. que estos zombis están por reaccionar. Lo peor de todo era que había salido completamente desarmado. Dio vuelta a la esquina y. que le dolía espantosamente. aceleró al máximo dirigiendo el taxi hasta del grupo de zombis que gruñían ¡SME! ¡SME! ¡SME! mientras golpeaban la valla. rápido!. ya que estoy invitado a la posada en Palacio Nacional. fieles a su terquedad. Sólo porque su ataque había sido premeditado alcanzó a superar el shock. ¡afuera. aplastando a tres zombis. “¡Maldita sea!” pensó Armando. El alivio de los refugiados fue patente. —No soy un zombi —les dijo Armando. —Soy uno de ustedes. Con sonrisas y palmadas le agradecieron a Armando su rescate. Armando a duras penas bajó del taxi. se levantaron como pudieron y volvieron a arremeter contra la valla. Apenas avanzó unos treinta metros. sino Ciudadanos?”. Los zombis SMES habían sido tomados por sorpresa y aún no alcanzaban a reaccionar. Dos de ellos golpearon en el parabrisas del taxi. que ahora estaba abierta… y vacía. Armando los vio alejarse unos momentos y él mismo echó a correr en sentido contrario.blecidas y quienes no reaccionaban ante el peligro de ninguna especie— sino individuos no contaminados. Así que se regresó corriendo. ¿Qué hacer? Armando se acordó entonces que el taxista no había arrancado su vehículo. El impacto fue tremendo y la mayoría del grupo de zombis salió volando por los aires. dejando atrás a los aturdidos SMES que. Cuando llegó a la puerta de la valla. Cojeaba de su pierna izquierda. Entonces cayó en la cuenta de su error: él mismo se había disfrazado de zombi. que se destrozó por completo. Subió al taxi y arrancó con un chirrido de llantas. los refugiados se agazaparon.

una edad de oro habitada por héroes patrios a quienes no les importaba nada más que el 8 . donde se construían templos magníficos y se elaboraban exactos calendarios. La seguridad era estricta. buscar la sombra. cambiar de rumbo. Conforme avanzaba. pero al parecer no se la había roto.Armando corría todo lo que le permitía su pierna herida. Una edad de oro en la que las tribus indígenas habitaban un paraíso que no había sido hollado por invasor europeo alguno. siempre hay un vínculo muy estrecho con el pasado. Consultó su reloj de pulsera y vio que había llegado cuarenta y cinco minutos tarde. En México las tradiciones cuentan. Armando caminó lentamente ante las rejas de la Catedral Metropolitana. Armando llegó a la entrada al Palacio Nacional. hasta casi desaparecer por completo cuando llegó a una esquina del Zócalo. Es una carga muy pesada la que arrastramos en México con la cadena de la tradición. la fila se abrió y Armando entró tranquilamente al Palacio Nacional. sonidos y olores lo hacían avanzar más rápido. Armando sacó su invitación y la colocó delante de la cara de uno de los guardias. su cojera iba disminuyendo. ilusorio: sentimos nostalgia por una edad de oro que nunca existió. donde todos vivían de acuerdo a la sabiduría emanada de los dioses. No importa lo mucho que se haya logrado avanzar. De inmediato. Sólo esperaba que no le fueran a impedir la entrada. recuperando algo de sus fuerzas y preparándose mentalmente para enfrentar a los guardias del Palacio Nacional. lo cual se evidenciaba porque la plancha del Zócalo se encontraba prácticamente desierta. agacharse. última extravagancia del Gobierno del Distrito Federal para mantener entretenidos a sus habitantes. Todavía le dolía bastante. En el trayecto Armando procuró no pensar en nada. Siluetas. Sólo quedaban los sempiternos campamentos de protesta y la réplica en miniatura del volcán Popocatpetl. Armando se dio cuenta de que sus temores eran infundados: los soldados eran todos Ciudadanos. Sin embargo. Sólo concentró sus cinco sentidos en sobrevivir. formando un muro. detenerse. Un contingente de soldados formaba una apretada fila frente a la entrada. Así que Armando se sorprendió encontrarse de pronto en el Zócalo. Y es pesada por el hecho de que mucho de ese pasado que arrastramos los mexicanos es un pasado ficticio.

La pobre era tan fea que siempre le había parecido una zombi a Armando. Armando tomó asiento en una mesa cercana al podio en el que el presidente Felipe Calderón. ¿Se estaría acelerando el estado de zombificación? ¿Pasarían aquellos Ciudadanos a convertirse en unos cuantos días en unos zombis asesinos? Unas risas casi histéricas atrajeron la atención de Armando. quizá causadas por ellos mismos. así como una gran variedad de huesos. sino que sus facciones se asemejaban cada vez más a una máscara llena de cicatrices. Sus compañeros de mesa eran desconocidos para él. anfitrión de la noche. aunque en el lugar abundaban las figuras relevantes de la aristocracia mexicana. piñatas con forma de tarros de cerveza. pinos de navidad adornados con flores de cempasúchil. El menú era lo que quizá hubiera sido lo mejor planeado por los Ciudadanos encargados. Para tomar. una edad de oro donde se realizó la revolución que habría de terminar con todas las injusticias.bien de la Nación. Lo primero que se dio cuenta Armando cuando recorrió el amplio salón con su mirada era que había muchos Ciudadanos en los que el estado zombi parecía muy avanzado. esparciendo pedazos de tortilla y sesos por todos lados e incluso gruñendo cuando algún mesero se acercaba para cambiarles el plato. poseían un ingenio sin igual y hacían los mejores festejos. toros y gallinas. En suma. alebrijes. una edad de oro formada de deseos no realizados. aún y cuando aquella fuera la maestra Gordillo era imposible establecer su estadio de zombificación. daría su discurso. Además. El resultado era una espantosa mezcla de estilos y motivos que poco. o nada. No sólo sus movimientos eran torpes. pulque. eran los mejores anfitriones del mundo. 9 . muchos políticos parecían haber cambiado de prioridades y no estaban presentes. tequila y sangría. aunque no estaba seguro: después del resultado de las pasadas elecciones en el Estado de México. La enorme sala donde tenía lugar la posada navideña de Palacio Nacional de 2011 había sido engalanada para la ocasión de acuerdo a esos principios tradicionales. comían de una manera que hacía pensar en una jauría de perros salvajes (aunque algo lentos). Además. dado los tiempos que corrían: bufete de tacos de seso o tuétano. guirnaldas de papel con figuras de brujas. una edad de oro en la que todos sus pacíficos habitantes se burlaban de la muerte. el problema era que la decoración se había dejado en manos de Ciudadanos. A tres mesas de donde se encontraba creyó ver a la maestra Elba Esther Gordillo departiendo la velada con algunos de sus allegados. masticando ruidosamente. que por lo visto seguían sus rutinas adquiridas antes de su contagio. tenía que ver con una posada navideña: un altar de muertos coronado por una figura de Santa Claus.

Rolando Mota era un personaje peculiar. sus servicios habían sido requeridos. Aunque el nombre de “resistencia” no tenía nada de original y se había utilizado repetidamente después de la Segunda Guerra Mundial por cualquier grupo minoritario que se opusiera a un poder autoritario —emulando con ello a la original “Resistencia” francesa ante los nazis— la “Resistencia zombi” estaba integrada por individuos no contaminados que pretendían detener la invasión zombi en México. de manera tan repentina que fue objeto de las más diversas especulaciones. Por medio de sus nuevos compañeros. lo cual le había permitido llegar muy alto en el ambiente político. Estaban bastante zombificados y en realidad a él no le importaba ver a ninguna figura pública. cuando corrió el rumor de que había regresado.También creyó ver a algunos empresarios destacados. Rolando Mota presentó a sus empleadores su renuncia. por los tres principales partidos políticos de México. Excepto en Yucatán. Lo que le interesaba a Armando era encontrar a Rolando Mota. cuando unos miembros del movimiento impidieron que Armando fuera devorado por un grupo de zombis. Ahí fue cuando Armando se integró al movimiento y supo de la existencia de Rolando Mota. Pero algo extraño pasó. en Monterrey. Se había topado a la Resistencia zombi de manera accidental. en forma separada. Dos meses antes de la elección. Armando se enteró que la Resistencia zombi había tenido su origen en el norte del país. Tlaxcala y en algunas poblaciones diseminadas aquí y allá por el territorio nacional. sino como líder de una célula clandestina de la llamada “Resistencia zombi”. esta vez no como operador político. ya que voluntariamente se mantenía alejado de todo lo que involucrara política. del cual nunca había oído nada. las cuales se vieron multiplicadas por el hecho de que un buen día Rolando Mota desapareció sin dejar rastro. Era temido y respetado por todos. pero no podía estar seguro. 10 . en donde la existencia de zombis era prácticamente nula. Armando Guerra era uno de los escasos “no contaminados”. en el resto de los estados se habían formado pequeños grupos de individuos no contaminados que luchaban por restablecer el orden en un país invadido por zombis. y de ahí se había extendido al resto de la República. quien era su contacto y la razón por la que estaba ahí esa noche. Operador político de infinitos recursos. Nadie había sabido nada de Rolando Mota hasta el pasado día de muertos. Por esa razón. su falta de ideología le había permitido trabajar con todos los partidos políticos. a fin de que los ayudara a preparar el escenario de las elecciones a gobernador del Estado de México en Julio 2011. como Carlos Slim y Emilio Azcárraga.

Tenían que actuar en forma clandestina, ya que al parecer la invasión zombi no se extendía en forma aleatoria: al parecer había un poder oculto tras la invasión. La sospecha de que había una “mano negra” tras la invasión zombi creció a la luz de los acontecimientos de los meses recientes. Simplemente, resultaba muy extraño que en los estados donde se celebraron las elecciones intermedias el número de Ciudadanos hubiera crecido de forma exponencial, en tanto se mantenía casi sin cambios en los demás estados. Eso hacía pensar que quien (o quienes) formaban ese ente oculto utilizaban a los Ciudadanos con el fin de alcanzar el máximo escalón de poder en la imaginería mexicana: la presidencia de la República. En otras palabras, alguien estaba creando y utilizando a los zombis para gobernar al país. Cuando se lo comentaron a Armando, pensó que era la sospecha más ridícula que había escuchado en toda su vida. Sin embargo, eso cambió cuando se había encontrado cara a cara con Rolando Mota. Sucedió tras la reunión que habían tenido los miembros de la resistencia zombi capitalina tres semanas antes de la posada en Palacio Nacional. Se habían reunido treinta miembros (hombres, mujeres y niños) en una biblioteca pública, ya que era uno de los lugares más seguros de la Capital. Al parecer a los zombis no les atraía la lectura. Después de ponerse de acuerdo para establecer refugios y grupos de vigías en diversos puntos de la Capital, el grupo se deshizo y cada quién se fue por su lado. Armando se colgó al hombro su raída mochila (formaba parte del paquete básico de supervivencia) y empuñó su machete, el cual había empezado a utilizar como arma defensiva después del ataque de zombis que sufrió y que fue frustrado por sus compañeros de la Resistencia zombi. Armando enfiló hacia la puerta pensando en si le convendría poner una nueva tranca a la puerta de su departamento. —¿No quedaste muy convencido, verdad?— Armando se volvió hacia la voz y se encontró con un sujeto que había visto en las tres reuniones a las que había asistido, pero que nunca había abierto la boca o intentado siquiera participar. —¿A qué te refieres? —preguntó Armando, a la defensiva. Hasta ese momento no había tenido ningún roce con ninguno de los miembros de la Resistencia zombi. El sujeto pareció captar la reacción de inquietud de Armando y sonrió. Era un sujeto anodino, con una calva incipiente que le imprimía un aire de contador público. Usaba lentes de montura gruesa y un traje que parecía no haber conocido nunca la tintorería. Pero había algo en su persona (¿La voz? ¿La sonrisa?) que parecía desmentir su apariencia anodina, descubriendo lo que realmente era: un disfraz.
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—Vamos Armando, siéntate —lo invitó el sujeto con un gesto, señalando una silla vacía frente a él. —Tenemos que hablar. Armando se acomodó en la silla, preguntándose qué era lo que “tenían que hablar”. —Rolando Mota —se presentó el sujeto, estrechando la mano de Armando en un firme saludo y exhibiendo aún su luminosa sonrisa. —Sé que no me has visto participar en las reuniones y que te preguntas qué es lo que tenemos que hablar, ¿no es así? Armando no contestó, aunque ya no sentía inquietud, sino curiosidad. —Bien, el motivo de esta breve charla —continuó Rolando, sin ofenderse por el silencio que mantenía Armando—, es para dejar claro dos cosas. Uno: yo soy el que organiza todo el movimiento de la Resistencia zombi en la Capital, y dos: existe una conspiración para llevar a los zombis a elegir un líder supremo en Julio del próximo año. —Eso último es lo que se me hace increíble —contestó Armando, que omitió mencionar que tampoco podía creer que un tipo tan anodino como Rolando Mota fuera un líder. —¿Por qué? —preguntó Rolando. —Pues porque los zombis carecen de organización alguna. Sólo son muertos vivientes, a los que lo único que los mueve es un apetito insaciable por todo ser vivo. —Pero esos son únicamente los zombis que están en su etapa final —respondió Rolando Mota— los cuales, para nuestra fortuna, aún forman una minoría. Los zombis a los que yo me estoy refiriendo son a esos que hemos llamado “ciudadanos”, o sea, aquellos que están en proceso de zombificación. —Eso es lo que menos alcanzo a comprender —dijo Armando, alzando las manos en un gesto de impotencia. —Sabemos que están contagiados, eso es obvio, pero ¿por qué no se han convertido en zombis completos aún? —Nadie lo sabe, Armando —respondió Rolando, levantándose de su silla. Caminó hasta uno de los estantes de la biblioteca y pareció buscar algo. Mientras lo hacía, continuó hablando: —Sin embargo, hay una posibilidad. Como lo sabes (porque ya lo hemos comentado en las reuniones) es que aquellos que logran sobrevivir al ataque de un zombi se convierten en zombis completos sólo tres días después. ¿Qué nos indica esto? Que el causante de la zombificación es un virus, pero que éste sólo actúa de forma inmediata al ser inoculado directamente al cuerpo de una persona por medio de una herida causada por el zombi, el cual viene a ser así el agente portador del virus, que tiene un período de incubación de setenta y dos horas. —Pero eso no explica a los Ciudadanos —replicó Armando.
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—A eso voy —contestó Rolando, que tomó una carpeta metálica del estante y volvió a sentarse en su silla. —Los Ciudadanos no fueron heridos por ningún zombi, lo que significa que se contagiaron con el virus por otro medio. De alguna manera, esto debilita al virus, haciendo que su período de incubación sea mucho más lento. Se ha calculado que a una persona contagiada de ésta manera le toma entre tres y seis meses alcanzar el estado zombi completo. —¿Y es posible detener ese proceso? —preguntó Armando. —Creemos que sí —respondió Rolando al tiempo que le pasaba a Armando la carpeta metálica que había tomado del estante. Era un folleto intitulado “Síndrome atáxico neurodegenerativo de deficiencia de la saciedad” cuyo autor era Steven C. Schlozman, profesor de la Universidad de Harvard. —Lo encontré en Internet ya hace tiempo, en 2009—explicó Rolando. La explicación resultaba superflua, ya que en México se había bloqueado el acceso a Internet en abril de 2011. Lo único que no le quedaba claro a Armando era el por qué Rolando se había interesado en zombis desde al menos el 2009. Guardó la carpeta metálica en su mochila —Es un ensayo que habla acerca de los síntomas que presentaría un zombi —continuó Rolando—, y viene a colación porque aquí en México hay un científico que trabajaba en el mismo estudio del síndrome y creemos haberlo localizado. Esto alegró a Armando, que le preguntó si podría ayudarlos. —¡Por supuesto! —exclamó Rolando. —Pero antes déjame responderte a tu inquietud inicial: el por qué estamos casi seguros que existe una conspiración para utilizar a los Ciudadanos para obtener el poder. Como sabes… En ese momento, Rolando fue interrumpido. La puerta de la biblioteca se abrió violentamente y tres de los miembros de la Resistencia zombi entraron corriendo. —¡Rápido, huyamos! Un grupo de zombis nos pisan los talones —gritó uno de los miembros, tomando del brazo a Rolando Mota y dirigiéndose a la puerta trasera. Armando tomó su mochila y su machete mientras los otros dos miembros vigilaban la puerta. Luego todos salieron corriendo de la biblioteca. La puerta trasera del edificio daba a un callejón. Cuando se cercioraron de que no había peligro, corrieron hacia la calle. Mientras corrían, Rolando Mota le alargó un papel a Armando y le dijo: —Toma, estás invitado a la posada navideña en Palacio Nacional. Búscame entonces y ahí seguimos con la plática y se te darán tus instrucciones.

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…Y Armando seguía sin recibir sus instrucciones: Rolando no se veía por ningún lado. Además, el coro de niños contratados para cantar durante la posada estaba a punto de volverlo loco. Desde que Armando había llegado a la posada (con cuarenta y cinco minutos de atraso) el coro de niños no había cantado otra cosa que el villancico “Los peces en el río”, una y otra vez. Y lo peor de todo es que no la cantaban, más bien la gritaban. Armando se tapó los oídos con las manos y cerró los ojos. Total, nadie parecía interesarse por su presencia ahí. Se sentía inquieto. Quizás debía haberse disfrazado como un Ciudadano y no como un zombi casi completo. La pierna volvía a dolerle y eso acentuaría su condición de zombi. ¿Y si Rolando Mota no lo había localizado precisamente por no reconocerlo? Armando pensó que quizá había cometido un grave error. Un movimiento de sillas a sus lados le obligó a abrir los ojos. Sus compañeros de mesa se habían levantado y miraban hacia el fondo del salón. Armando se levantó a su vez y miró también. Casi pega un grito de espanto al ver a acercarse al podio al presidente Felipe Calderón acompañado de su familia. El presidente y su familia parecían estar muy cerca del estado zombi completo. Su avance era torpe y los rostros de todos se veían marcados con las heridas que acompañaban la última etapa de zombificación. Al ir avanzando, miraban a la concurrencia con esa especie de mirada sicópata de los zombis. Tardaron un buen rato en llegar hasta el podio. Margarita Zavala, la primera dama, tuvo que ser alzada hasta la tarima, ya que fuertes cadenas sujetaban sus miembros. Quizás el Estado Mayor presidencial lo había considerado conveniente, ya fuera para evitar que se dañara a ella misma o dañara a otros. Sin embargo, era la visión de los hijos del presidente lo que más impacto causaba. Armando se sorprendió cuando el presidente Calderón inició su discurso. Esperaba oír la serie de gruñidos propios de un zombi y en su lugar se escuchó de manera bastante clara el consabido “Mexicanos y mexicanas; sean ustedes bienvenidos a esa posada navideña en donde…” Alguien agarró el brazo izquierdo de Armando, que se volvió bruscamente. Se encontró con el rostro repulsivo de un zombi. Su primer impulso fue golpear a su atacante, pero una inconcebible sonrisa en el rostro del monstruo lo dejó paralizado. El zombi lo atrajo hacia sí y le susurró: “Ven conmigo”, para acto seguido llevarlo hasta una mesa apartada. Armando se dejó llevar para no atraer la atención, aunque esto
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—Quiero decir. —Por otra parte. hayas decidido pasar por zombi. por qué te disfrazaste de zombi? —Esa pregunta me corresponde más a mí que a ti —dijo Rolando Mota. La voz de Rolando Mota le confirmó a Armando su sospecha inicial: los zombis no sonreían ni susurraban. sentí que estaría más protegido si en mi camino hacia aquí la gente pensaba que yo era un zombi y no un simple Ciudadano. todo había sido tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. más sano. ya que la atención de todos estaba centrada en el discurso del presidente. —De alguna manera. Lo impresionante es que tú. visiblemente preocupado. —Ten en cuenta de que ha tenido un sexenio muy duro —dijo Rolando. —Lo mismo digo —respondió Armando. —¿Y funcionó? —Más o menos —respondió Armando.. Así que te pregunto. es importante? —Mucho —respondió Rolando Mota y se quedó muy serio. con una sonrisa y le contó a Rolando Mota su encuentro con los zombis SMES. que no conoces nada acerca de esa estrategia. —¿Pero. —¿Estás seguro que eran SMES? —le peguntó Rolando. Sin embargo.hubiera sido superfluo. Armando y el zombi llegaron hasta una mesa vacía al fondo del salón y se sentaron. Pretende gobernar el infierno como si fuera el paraíso. Armando dejó un momento de ver a Rolando Mota y dirigió su atención hacia el podio. Ni siquiera se habían vuelto a sentar. —Yo me disfracé de zombi por una cuestión estratégica que sólo yo y unas pocas personas más conocemos. —Buen disfraz —comentó el zombi. El presidente Calderón había terminado su discurso y permanecía muy serio. Armando. con su familia a su lado. ¿Por qué. Ya sabes: ¡SME! ¡SME! ¡SME!. —Nunca me imaginé que vería al presidente de México en ese estado —comentó Armando. con sinceridad.. ¿Por qué te disfrazaste de zombi? —No lo sé —respondió Armando. el que aparezca en los medios con ese semblante más sano es propaganda. 15 . en los noticieros y en los periódicos se le ve con otro semblante. —Eran SMES.

mientras todos en el salón guardaban silencio. —Es nuestra última esperanza —contestó Rolando Mota y echó a correr. el canto se elevó a niveles de ruido. Como los dos parecían zombis. —¿Qué hacemos? —preguntó Armando. —Tenemos que ir a reunirnos con el profesor Chilinsky —le informó Rolando Mota mientras lo guiaba por una calle secundaria. 16 . Armando quedó horrorizado al ver cómo un zombi atrapaba a un anciano y le arrancaba un brazo. seguido por Armando. ya que los asistentes se removieron inquietos en sus asientos. El intercambio de cantos entre los de la posada y los peregrinos pareció calentar el ambiente. —Está en una casa de seguridad. El Palacio Nacional era un caos. tras la puerta cerrada se oyó un estridente canto: “¡E-e-en-el nombre del cie-e-e-lo. la cual se cerró. De repente. como indecisos entre quedarse sentados o pararse y unirse al grupo de los cantores. alguien del equipo presidencial anunció que daría inicio el acto de pedir posada. Como la gran mayoría de éstos eran Ciudadanos. sino que contenía a una multitud de zombis. —Vámonos de aquí —le dijo Rolando Mota a Armando y se dirigieron hacia la puerta. —¿Y quién es el profesor Chilinsky? —quiso saber Armando. los zombis se dieron un festín. gruñidos. Enormes llamas brotaron de las ventanas del ala izquierda del edificio cuando Armando y Rolando salieron a la plancha del zócalo. o-o-os pido posa-a-a-da…!”. Acto seguido. Gritos. nadie reparó en su huída.A continuación. mientras otro abría el vientre de una mujer joven y le devoraba las entrañas. zombis. los del grupo encendieron unas pequeñas velas y miraron hacia la puerta cerrada. Cuando les llegó el turno de cantar a los del salón. que ya no estaba vacía. La apoteosis llegó cuando llegada la estrofa de: ”¡Entren santos pee-regrinos…!” la puerta del salón saltó por los aires y un grupo de zombis entró en el salón y empezó a devorar a los asistentes. Hubo un confuso movimiento mientras un grupo de Ciudadanos se abandonaba sus lugares y ocupaban su lugar frente a la puerta del salón. que calculaba en mil el número de zombis. sin rumbo. gente corriendo por todos lados. objetos que volaban.

El edificio principal estaba rodeado por un muro de cuatro metros de altura y cincuenta centímetros de espesor. Nada detuvo o retrasó el convoy de las camionetas hasta que se detuvieron delante de una enorme hacienda llamada El mojón. El propósito de las reuniones era el de establecer límites de acción al crimen organizado.El origen. Las reuniones en El mojón se habían iniciado tres años atrás. De esta manera. como el nuevo traje del emperador del cuento. el cual era custodiado por cinco sujetos fuertemente armados. El mojón era ignorado por todos los lugareños. En una noche sin luna de abril 2011. en 2008. Era la cuarta reunión en tres años a la que asistían y ya no era necesario confirmar identidades. al igual que en otras zonas del mundo donde el estado de derecho brilla por su ausencia. ya que. se mantenía al país en tensión —a fin de obtener concesiones para implementar ciertas acciones que favorecían los intereses particulares de cada bando— sin caer en el caos. antes de que empezara realmente la escalada de violencia relacionada con el narcotráfico. un convoy de seis camionetas blindadas atraviesa un camino rural en la zona conocida como Los Altos de Jalisco. Al igual que el convoy de camionetas. en esta ocasión no dejaba de sentirse un ambiente cargado de tensión que no se había presentado antes. En México. 17 .. un convoy de vehículos blindados es el mejor camuflaje posible. sólo los tontos lo ven. Algo muy grave debía de haber pasado. Las puertas de las camionetas se abrieron y ocho hombres descendieron de ellas.2. mediático y narco. La causa principal era que la presente reunión había sido convocada con carácter de urgente. que ni siquiera volvían la vista cuando atravesaban el camino de acceso. A ellas asistían representantes de los tres poderes que se habían adueñado del país: político. Entraron a la hacienda sin ser molestados por los guardias o siquiera intercambiar un saludo o algún gesto con ellos. Sin embargo.

cómo es que se encontraron once cadáveres destripados en una plaza pública en Oaxaca? —preguntó un sujeto al que todos conocían como “el míster” y que representaba los intereses de la empresa Televisa. Así que llegaron preparados. regaños y acusaciones mutuas los mantuvieron ocupados cerca de tres minutos. Los ocho hombres recién llegados pertenecían al mismo número de cárteles de la droga. Así. utilizando un tono de voz conciliador. Los gritos. quiero agradecerle a todos los recién llegados su asistencia a esta reunión —exclamó ceremoniosamente un sujeto sentado en la cabecera de la mesa al fondo del salón. Todos los de la mesa se pusieron a hablar al unísono. las cosas funcionan bien para todos. Esto había ocasionado desequilibrios importantes en diversos momentos (como el incendio de la guardería ABC en Hermosillo o el reclutamiento de sicarios sin preparación. Se acercan las elecciones y a nadie nos conviene que las cosas se calienten. por lo que sé. ¡¿alguien me puede explicar qué chingados está pasando en Michoacán?! El grito de furia del comandante desató una tormenta de voces. hasta que el comandante reclamó silencio. que habían derivado en la muerte innecesaria de civiles inocentes). Vestía el uniforme de comandante de la Agencia Federal de Investigaciones y fumaba tranquilamente un puro. el cual contenía una enorme mesa de madera de encino rodeada por quince sillas de altos respaldos. Muchos de los integrantes de esos tres poderes incluso ignoraban su existencia. alguien cerró la puerta por fuera y la reunión empezó. comunicadores y narcos mexicanos estaban representados en El mojón. un tipo con pinta de ganadero. pasillos y escaleras y penetraron en un gran salón. ninguno de los otros cárteles tampoco. Estos hechos causaron un profundo enojo y repudio de la sociedad mexicana. pero siempre se había logrado el siniestro propósito de las reuniones en El mojón: mantener la tensión necesaria en el país para impulsar agendas particulares. maldiciones. Habían mantenido un breve contacto al reunirse esa mañana en la ciudad de Guadalajara para organizar el convoy y creyeron saber el motivo de la reunión de emergencia. Sabiendo perfectamente a dónde se dirigían. siete de las cuales estaban ocupadas. —Ahora bien. —Antes de cualquier otra cosa. ¿por qué habríamos de romper la tregua? —¿Entonces. dicho esto. atravesaron salas.Por supuesto. —Ninguno de los nuestros ha roto el pacto —dijo el representante del cártel de Juárez. señores —exclamó. —No perdamos el tiempo en idioteces. —Y. Hasta ahorita. no todos los políticos. Una vez que intercambiaron saludos y todos estuvieron sentados. 18 . —Lo único que interesa saber es quién está violando la tregua que teníamos acordada.

—Eso ya todos lo sabemos —interrumpió el representante de los Zetas. eso creo —respondió Esteban Rico.—También algún grupo de sicarios atacó un poblado en la sierra de Guerrero y mató a cerca de veinte personas —añadió el representante del gobernador de ese estado. Trae noticias muy importantes. por lo cual Esteban Rico continuó: —El cártel del 19 nació apenas el año pasado. —El cargamento era de ese loco del 19. pues? —Lo importante está en el hecho de que el cargamento de metanfetaminas al parecer estaba contaminado —respondió Esteban Rico. con el tono de quien está acostumbrado a hablar en público: —Hace dos semanas se perdió un cargamento de metanfetaminas que había sido interceptado por los Zetas y que después el ejército se los requisó a éstos en Nuevo Laredo. la puerta del salón se abrió y entraron tres hombres. el tipo enloqueció o algo por el estilo. quien es mi operador financiero. molestos. —¿Contaminado? —preguntó el comandante de la AFI. Esteban Rico se aclaró la garganta y dijo. Sin embargo. Total. en tanto los otros dos. ¡Ya te he dicho que no me…! ¿Qué? ¿Aquí?. —Ese tipo de acciones… —empezó a decir otro de los presentes cuando su teléfono celular sonó.. La droga fue llevada a la Ciudad de México para servir como prueba y luego ser destruida y también se llevaron detenidos a seis integrantes de los Zetas. En ese momento. necesito hablarles acerca de éste. Su líder es un loco que antes trabajaba como investigador en la industria farmacéutica. ya que por un acuerdo tácito no se hacían o recibían llamadas durante las reuniones.. Nadie sabe qué pasó. —Caballeros —anunció el que había contestado el teléfono—. —En vista de lo que pasó. Uno de ellos se adentró al salón. que tenían toda la facha de campesinos. ¡Que pasen. Se le hizo fácil entrar al negocio de la droga. les presento a Esteban Rico. hombre! —se volvió hacia los presentes y dijo: —Creo que ahora vamos a saber qué está pasando. Los demás lo voltearon a ver. para que se entienda lo que está pasando. —No es necesario explicarles a ustedes quién es el 19. que nunca había oído nada parecido. ¿Están de acuerdo? Todos estuvieron de acuerdo. —¿Bueno?. ¿En dónde está lo importante. Pero el helicóptero donde se llevaba la droga y a los detenidos sufrió una falla mecánica y se estrelló en la sierra. pero lo despidieron de su trabajo en 2009 y quedó muy afectado.. Tenía muchas deudas y su esposa estaba muy enferma. se quedaron a unos pasos del umbral de la puerta. ya que tenía 19 . Mis muchachos fueron los que interceptaron el cargamento y los pinches militares se los agandallaron.

Sabía que no podría competir con los cárteles. así que decidió crear una nueva droga. Somos ciento cincuenta personas y nos dedicamos a la elaboración de barro cocido. Pero ellos nos dejaron las armas y se llevaron unos paquetes cafeses que tenían pastillas rojas y azules con 20 . lograron recuperar diez de los treinta kilos de droga. Somos pobres. Encontramos también muchas armas y nos las llevamos para venderlas después. que está como a tres horas de La Ascensión. Total que nos fuimos y nos encontramos con otros compañeros y llegamos al lugar del accidente. Estaba loco. Así que trabajaron juntos en un laboratorio en la casa del amigo y lograron producir treinta kilos de una clase nueva de metanfetaminas. en un lugar llamado La barranca. No sabíamos si se había estrellado un avión o un helipótero. —Vivo en un poblado de la sierra llamado La Ascensión. para que comprendan lo que les quiero decir. Sus tripas fueron devoradas. Yo y mi compadre Matías aquí presente decidimos ir a ver qué había pasado. Fulgencio —le dijo Esteban Rico—. El helipótero había explotado y había muchos restos de metal por todos lados. pero ahí la llevamos. pero no era idiota. así como partes de cuerpos y muchos muertos. aparentemente abrumados por el lujo de la hacienda y por el aspecto de los concurrentes a la reunión. un helipótero del ejército se cayó. Afortunadamente para los dos socios. ya que lo acusaron de haberse robado unas muestras de la cepa de la influenza porcina. —¡No entiendo! —exclamó “el mister”— ¿Qué tiene que ver todo eso con lo que estamos tratando aquí en la reunión? ¿Qué tiene que ver con los cuerpos destripados de la plaza en Oaxaca? ¿Qué si la droga estaba contaminada? —Que a los cadáveres no les sacaron las tripas. Estuvo preguntando aquí y allá hasta que encontró alguien dispuesto a facilitarle dinero y materia prima. —Cuénteles a todos lo que vio. Todos se voltearon hacia el que había hablado. la famosa AH1N1. —¿Y cuándo se contaminó el cargamento? —preguntó el comandante. Los hicieron pastillas y las mandaron a la frontera. Fulgencio se armó de valor e inició su narración. Era uno de los dos hombres con aspecto de campesino que habían permanecido cerca de la puerta. Muertos. Era un conocido suyo que trabajó en la Secretaría de Salud de Guadalajara hasta que también lo corrieron. Contamos siete militares y cinco hombres completos. con el resultado que ya conocemos. Hace como cinco días. Tuvimos problemas con unos que viven en La Chona que también es una comunidad de la zona y estuvimos a punto de pelearnos. Pero hubo un accidente y el laboratorio explotó.los conocimientos y todo eso. ya que en el radio sólo dijeron que una nave del ejército había caído por el rumbo de La barranca. —Lo más seguro es que en el incendio.

Pero lo que nos dio más miedo era que los demonios eran dos militares y cuatro de los hombres del helipótero que se había caído. ¿no dijiste que cuando fueron a ver lo del helicóptero caído todos estaban muertos? —Sí. Esteban. —No entiendo nada de lo que cuentan éstos dos. pero tenemos sospechas de que algo tiene que ver con la droga que estaba en el helicóptero. acercó una silla a la mesa y se sentó. la cual se tomó de un trago. que hasta ahora no había hecho otra cosa que darle vueltas a su sombrero entre las manos mientras asentía a todo lo que contaba Fulgencio. Así que más vale que nos lo expliques —dijo el comandante. dos estaban vestidos de uniforme militar y los otros como buchos. Hace dos días mi compadre Matías y yo llevamos las armas al mercado para venderlas a alguien y al pasar por la plaza oímos muchos gritos y disparos y vimos a mucha gente que corría. —Yo tampoco lo entiendo. pero completos. Esteban Rico se acercó a un mueble que servía de bar y se sirvió una copa de tequila. eran siete militares y cinco hombres. —¿Entonces por qué dices que esos muertos eran los que estaban matando gente y comiéndose sus tripas en la plaza? —Porque eran los mismos —dijo el compadre Matías. Después nos regresamos a La Ascensión. Sé reconocer las caras de todos aunque estén manchadas o llenas de cicatrices como las de los demonios de la plaza. comandante —respondió Esteban —. —De los seis. momento! —Interrumpió a Fulgencio el representante de los Zetas—. Así les dicen a los señores narcos. Tiramos las armas y nos subimos al quiosco de la plaza y vimos que unos demonios mataban a la gente y les abrían la panza y se comían las tripas. Nos dio mucho miedo.forma de estrellas. Luego. ¿no? En ese momento todos se pusieron a hablar al mismo tiempo. Los que estaban muertos. Nadie entendía qué estaba pasando ni por qué esos dos campesinos hablaban de muertos que mataban a otros. traían puesta las mismas ropas que vestían en el accidente —dijo Fulgencio. —Yo hago figuras de barro y soy muy bueno para las caras. que todos guardaron silencio. 21 . Entonces… —¡Momento. Esteban Rico les pedía calma a todos los presentes. —Además. Así los contamos. volviendo a guardar su arma. todos muertos. pero nadie le hacía caso. con sus piernas y brazos y cabeza y manos. No fue sino hasta que el comandante de la AFI sacó su arma y cortó cartucho.

acerca de personas que caían enfermas con síntomas de influenza. Se empezaron a obtener reportes en varios estados del país. pero yo les creo. Así que se vendió al menudeo antes de llegar a la frontera. —A lo que pasó después con la droga que algunos se llevaron del lugar del accidente —respondió Esteban Rico y continuó—: Esa droga fue vendida al cártel del Golfo. —¿A qué se refiere con eso? —preguntó un representante perredista. —A eso voy —respondió Esteban—. a los pocos días algo empezó a cambiar. —¿Y eso qué tiene que ver con éste asunto? —preguntó “El míster”. también se habló de unos ataques horribles que ocurrieron en la sierra de Guerrero. sino que entraban a un estado que el médico de que les hablo calificó como “hipnótico”. pero sin sus efectos secundarios. no sólo en el norte. No sé ustedes. lo que obligó a las autoridades a levantar una alerta sanitaria. Y tampoco que once personas que fueron heridas en los ataques se convirtieron en zombis a los tres días. Por otro lado. —¿Zombis? —Así es. un asunto que pudo ser solventado fácilmente (identificar al culpable de haber roto la tregua) se había convertido de pronto en un problema insoluble. la mayoría de esas personas infectadas por la influenza habían sido consumidores de la droga robada en el lugar del accidente. Sin embargo. Todos se quedaron callados ante la revelación. Esa droga nunca llegó a pasar la frontera. zombis. el cual la repartió en varios lotes pequeños y la mandó para el norte del país. Pues bien. —Ya Fulgencio y Matías nos contaron cómo fueron al lugar del accidente y lo que vieron. lo que no se dijo de ese ataque es que a esas personas las mataron y también les comieron sus vísceras y a algunos sus cerebros. Como sea. De alguna manera. que hasta entonces había estado callado. aquél en donde murieron veinte personas. sin dirigirse a nadie en particular. Y les creo por la sencilla razón de que ésta historia tiene cola. Tenía el efecto de euforia que la cocaína más pura. Aquellos que la probaban inmediatamente quedaban enganchados a la droga. Esto lo supimos por un médico de la Secretaría de Salud que nos ha prestado algunos servicios anteriormente. los que sufrían de éste brote particular de influenza no evolucionaban de la misma manera que los infectados por esa enfermedad. 22 .—Si hace rato mencioné lo de la droga contaminada fue porque han sucedido otras cosas que apuntan en ese sentido y que pueden explicar qué está pasando —dijo Esteban. La causa fue que de alguna manera la droga al parecer era realmente maravillosa.

—Les propongo que levantemos la reunión y nos mantengamos en contacto. el tipo aquél que había inventado esa nueva droga todavía estaba vivo en Guadalajara y podían tratar de reclutarlo… Los representantes de los medios vieron en la historia una verdadera mina de oro. nadie dijo esta boca es mía. Yo sólo soy un operador financiero que trabajo para uno de los aquí presentes y creo que ya he hecho mucho de mi parte investigando este asunto y trayendo a éstos dos señores ante ustedes para que contaran lo que habían visto. Todos estaban muy confundidos y no sabían si lo que acababan de escuchar era una broma de mal gusto. Después de todo. ¿Cómo es que explica eso.—Pero si los zombis no existen —comentó el comandante de la AFI —. Este asunto de los zombis parece complicado. eh? —Mire comandante —replicó Esteban Rico con brusquedad —. caballeros —exclamó su jefe. Por supuesto. ya que a la violencia del asunto se le agregaba un ingrediente de misterio con eso de los zombis… En cuanto a los representantes de las principales fuerzas políticas. yo no sé cómo explicarlo ni si los zombis pueden existir o no. sólo había una palabra que los había hecho poner atención: hipnotizados. 23 . un problema real o una fuente potencial de ganancias. —Esteban tiene razón. A menos de que se trate de los zombis del vudú. Si nadie tiene algo que decir. son como los vampiros. Así que les recomiendo que todos utilicemos nuestros contactos y veamos qué se puede hacer o si hay alguna manera de sacar provecho de la situación. Si la gente no moría después de contraer el virus y quedaba en un estado de elevada sugestión… Todos abandonaron El mojón prometiéndose mantener en contacto y esperando secretamente ser los primeros en aprovecharse de la supuesta aparición de los zombis. entonces levantamos la sesión y nos vamos. los representantes de los cárteles en la reunión pensaron en que si era cierto lo que habían escuchado. o como el chupacabras.

—Aunque suene trillado. latas y papel periódico. libre expresión e instituciones sólidas. La máquina de café había dejado de funcionar.. pero un delgado chorro de agua hirviendo seguía cayendo al suelo. gozaba de todas las libertades civiles propias de una democracia: había libertad de tránsito. ¿A quién demonios le importa quién lo gobierne o lo represente. no sufría una guerra civil y que. en una forma del juego de la ruleta rusa. Fueron ellos los que permitieron la existencia de los zombis y el querer utilizarlos para sus mezquinos propósitos. La hemorragia había cesado. ya sabes la respuesta: los políticos mexicanos. el asesinato. el secuestro (y ahora los zombis) habían ido escalando posiciones gracias a la visión mezquina de su clase política. Sin embargo. que permitía a todo el que violara la ley el mejor de los ambientes. Esto se traducía en la más completa impunidad. dejándose curar el brazo por Armando Guerra. Luego dejó que Rolando le examinara la pierna. mientras cumpla con sus funciones? Si querías saber cuál era ese poder oculto tras los zombis. que había sido dañada durante la refriega. formando un charco que no dejaba de crecer. Era una situación extraña. un cáncer había invadido al país: la corrupción. que anhelaba el poder más que cualquier otra cosa en el mundo. Rolando Mota dejó de hablar y se recargó contra las puertas de los frigoríficos en donde se guardaban las bebidas. caminar por el Distrito federal se había convertido. Una vez caída la noche. inédita en un país que no estaba en guerra con algún país extranjero. la extorsión. según las apariencias. al igual que en otras ciudades de México. Armando terminó de sujetar su improvisado vendaje en el brazo de Rolando y vio con satisfacción que parecía funcionar. fue culpa de los políticos el que ahora estemos intentando salvar nuestras vidas.Estado de sitio. 24 . que improvisaba un vendaje con toallas sanitarias que había conseguido en un estante. Estaban refugiados en un Oxxo que había sido saqueado dos días atrás. La mitad de los estantes habían sido vaciados y el piso estaba lleno de mercancía aplastada.3. El robo.

sin más. Ahora los Vigilantes los habían dejado provisionalmente en el Oxxo mientras una patrulla exploraba el área en busca de zombis. —La sociedad en conjunto es la culpable del estado actual de las cosas en nuestro querido México. Tú afirmas que todo el embrollo este de los zombis es culpa de los políticos. pero de eso a afirmar que son los causantes de todo… —Yo no afirmo que son los culpables de todo —respondió Rolando Mota. dándole pequeños tragos a su refresco. Armando le pasó a Rolando una lata de refresco que había encontrado y le dijo—: Déjame ver si entendí. quiero saber cuánto sabes de mí. Odio la política y odio a los políticos mexicanos. los cuales son en mi opinión los 25 . que los habían tomado por un par de zombis auténticos. Por decisión propia siempre me he mantenido ajeno al quehacer político en éste país. —¿Y no sabes el por qué renuncié? —No. juntos emprenderían la marcha para llegar hasta la casa en donde estaba oculto el profesor Chilinsky.. Eso es lo que sé de ti. Ambos caminaron hasta un par de bancos que había y ahí se sentaron. ¿no es así? ¿No crees que es un poco exagerado? Coincido contigo de que los políticos son una mierda. —Según veo. Después de que la patrulla hubiera regresado. —¿Qué cuánto sé de ti?. tu pierna está bien —le dijo Rolando Mota a Armando. También sé que te pidieron organizar la estrategia para las elecciones a gobernador en el Estado de México. Hubo un inevitable intercambio de golpes antes de que Armando y Rolando convencieran a los Vigilantes de que eran zombis disfrazados y que también ellos pertenecían a la Resistencia zombi. Sin embargo. Anteriormente trabajaste como operador para todos los partidos políticos en México. veamos: eres uno de los actuales dirigentes de la Resistencia zombi.. en especial para los más importantes. —Tienes un horrible moretón de varios colores. Luego desapareciste de la faz de la tierra.Los dos habían sido atacados por un grupo de Vigilantes. —¿Cómo? —Antes de responder a eso. pero fuera del dolor no creo que vaya a empeorar. mientras lo ayudaba a ponerse de pie. —Bueno… lo que también sé es que un buen día te presentaste ante ellos y renunciaste así. sí afirmo que los políticos son los que están detrás de la invasión zombi. ¿voy bien? Rolando Mota asintió.

Pero su alcance es muy limitado. intentar conseguir un puesto pagado por el erario. Nunca sentí que traicionaba a esos malditos al trabajar simultáneamente para varios de ellos. 26 . Así que. por supuesto que no —Rolando Mota se echó a reír. que se sentía confundido con la franqueza con la que hablaba Rolando Mota de su ambición por el dinero. que se había distanciado de los partidos políticos por escrúpulos éticos. en la cual se llevan a cabo unas reuniones secretas de las que muy pocos están enterados y a las que asisten representantes de diversos partidos políticos. todo lo que pasa en México tiene que ver con la política. —A nivel individual. Pero ahora veía que se había equivocado. —¿Y por eso fue que renunciaste? —¡Oh no. No. —¿Qué son…? —Los tres principios del quehacer político mexicano son: Hacer quedar mal al que actualmente detenta el poder. y defender dicho puesto consiguiendo que tu partido se perpetúe. intentar distanciarse del quehacer político no es algo muy sensato que digamos. —¿Eso es todo? ¿Con eso se consigue hundir al país? —Así es. qué es eso? —preguntó Armando. Sólo falta aplicar esos tres principios para mantener tu fortuna y la desgracia del país. pero creo que tu alejamiento del tema no es algo muy sano que digamos. Así que no sabía ni quién eras.peores políticos del mundo. De alguna manera. —¿El mojón. Por desgracia. lo que me hizo renunciar fue un plan secreto que surgió en una de las reuniones en El mojón. —A mí lo único que me interesaba era hacer dinero. —Entiendo tu punto de vista acerca de los políticos —dijo Rolando Mota—. No hay esfera ciudadana que no esté infiltrada por la política. Tarde o temprano te topas con alguno de los tres principios en los que se basa el poder político mexicano. sí. hasta que me lo dijiste cuando nos conocimos. hasta entonces Armando había creído que Rolando Mota era un hombre honesto. —Pero se puede de llevar una vida ajena a la política perfectamente normal. medios de comunicación y del crimen organizado. —El mojón es una hacienda que está en Jalisco —explicó Rolando Mota—.

ya que se estaba cansando de esa plática. con sarcasmo. —¿Para que se quejen de lo mal que está el Gobierno. entre peor estén las cosas para el que detenta el poder actualmente. se dedique a la política como medio de vida está más que podrido. ya que si logran su cometido y alcanzan el poder esto podría perjudicarlos. si te fijas bien. pero no tanto para que se pierda el rumbo. Ambos encendieron sus cigarrillos y se pusieron a fumar. Es por eso que se realizan reuniones secretas como las de El mojón. en la cual obtuve muy buenos tratos. y cualquiera que. Me dedico… perdón. tampoco les conviene a los que quieren alcanzar el poder que las cosas estén tan malas. —Bien. mejores son las perspectivas para los que desean ese poder. quien nunca había creído en conspiraciones. siendo que él mismo es parte del gobierno o como López Obrador que… —Has captado la idea —lo interrumpió Rolando Mota. como yo. a muchos les conviene que impere la inseguridad. —La razón principal por las que iniciaron las reuniones en El mojón fue para intentar manejar el caos. Rolando Mota continuó. En otras palabras. sin ofenderse. para nada —respondió Rolando Mota. —¿Y tú abandonaste la política por eso. desde el 2006 27 . Ahí se hacen concesiones para que las cosas sigan mal. lo repito: la sociedad en conjunto es también parte del problema. —No. porque no estabas de acuerdo en esa clase de pactos secretos? ¡Vaya. lo dijiste —respondió Armando. —¿Recuerdas el primer principio de la política mexicana? —¿Hacer quedar mal al que detenta actualmente el poder? —Exacto —Rolando Mota alargó la mano y tomó un paquete de cigarrillos que había quedado tirado. Si te fijas bien. como acostumbra hacerlo Manlio Flavio Beltrones. —Yo mismo asistí a alguna reunión en El mojón. pues qué honrado! —exclamó Armando. el desempleo y la falta de crecimiento económico.—¿Y eso por qué? —se horrorizó Armando. que la sociedad en su conjunto también tenía la culpa? —Sí. —Sin embargo. pero que siempre se había preguntado si el gobierno no mantendría un pacto secreto con el crimen organizado. ¿Cómo? Les ha seguido el juego. ¿Qué quiero decir con esto? Que bajo la lógica del primer principio. lacónico. sino que también se ha unido a su causa. me dedicaba a la política. ¿Recuerdas que hace poco dije que los políticos no eran ellos solos los causantes de todo lo malo. No sólo no se ha unido para acabar con todas las tropelías que cometen los políticos. Abrió el paquete y ofreció un cigarrillo a Armando.

la sociedad se ha vuelto más política. —¿Y eso. —Eso me recuerda que ya llevamos mucho tiempo aquí —comentó Armando. que dejó su lugar en el banco y fue hacia donde estaba uno de los Vigilantes haciendo guardia. 28 . No es influenza. que los querían utilizar para ganar las elecciones. sino que después de los síntomas iniciales quedaban en un estado que llamaron “hipnótico”. como tú. —O sea. lo cual les venía como anillo al dedo para sus propósitos proselitistas. Así que renuncié a seguirles el juego y me dediqué a investigar todo lo que pudiera acerca de los zombis. es bueno o malo? —Es más malo que el pecado. pero en esos momentos creían que era influenza. Y eso. Nadie es tolerante cuando se trata de política. Todos se han interesado en política y son muy pocos los que se mantienen al margen. El problema no está en que la gente se haya involucrado en política. aquellos de los integrantes de la reunión que representaban a los partidos políticos se dieron cuenta de que esto podría representar una mina de oro para ellos. Esa reunión en El mojón fue distinta de las otras porque fue convocada de emergencia. Y la emergencia fue por la primera noticia que se tenía de la existencia de los zombis. Sin embargo. que a pesar suyo volvía a interesarse en el tema. Pues bien. pero lo que te quiero dar a entender es que la polaridad ha llevado al fanatismo. —Eso lo sabemos ahora. —Exacto. que los infectados que no se convertían en zombis eran personas altamente sugestionables. Sé que esto suena a Perogrullo. Los que son de izquierda defienden encarnizadamente a la izquierda y los de derecha a los suyos. —¿Y qué tiene que ver eso con la reunión esa en El mojón? —Qué bueno que preguntas eso. porque ya me estaba desviando del tema. —¿Cómo? No lo entiendo —exclamó Armando. también sabían que los infectados por el virus no se comportaban igual que los enfermos normales de influenza. también se dijo en la reunión que los que cayeron enfermos de influenza fue por haber ingerido droga contaminada. era algo intolerable. sino el virus zombi. aún para un perfecto cínico como yo. —Esos tipos pensaron. Yo tengo un contacto dentro de esas reuniones y él fue el que me informó de todo lo que ahí se trató. —Pero eso no es verdad. con razón. Así fue como me enteré de la existencia del doctor Chilinsky. Además de la noticia del ataque de los zombis. sino en la polaridad que dicho involucramiento ha representado.

—¿Y qué encontraron? —preguntó Armando. ya basta de plática. cinco figuras se acercaron a la tienda rápidamente. —Encontramos la guarida de Huitzilopochtli —respondió el líder. El explorador se acercó cargando un saco de yute al parecer muy pesado. Si había una mejor defensa contra un zombi en un país como México. Ya no estaban dispuestos a que los volvieran a confundir con zombis. de nombre Joaquín. Le pidió a otro de los exploradores que se acercara y que les mostrara a todos lo que habían conseguido. —Bueno. Armando y Rolando aprovecharon para deshacerse de sus disfraces de zombis. dispuestos a enfrentarse con los zombis si se los encontraban en el camino. todos pudieron ver una gran cantidad de hachas. —Paramos al ver las mochilas —dijo José —.—¿Cómo va todo. Parecían muy excitados. —Peinamos la zona y establecimos una ruta que podría resultar segura. (Mientras habían estado ocultos en la tienda. Armando Guerra se alegró muchísimo con el botín e inmediatamente hizo suya una espada samurái. —El camino está lleno de zombis —dijo el líder de los exploradores entre jadeos. Todos entraron a la tienda y comentaron con Rolando Mota los pormenores de la exploración. un muchacho de apenas dieciséis años que tenía un curioso aspecto. llenaron sus mochilas con artículos varios que podían necesitar y salieron a la noche. machetes y cinco espadas samuráis. Tenemos que llegar hasta el profesor Chilinsky —dijo Armando. —Fue en una tienda de antigüedades que está cerca de aquí —comentó Joaquín. Cuando lo abrió. En ese momento. los zombis no las usan —. que agregó —: ¿Cómo está Rolando. La ropa no la podían cambiar. en el que la posesión y portación de armas por particulares estaba prohibida. con una amplia sonrisa. —¡Vaya paliza que nos pegaron! Lo bueno que los pudimos convencer a tiempo de que no éramos zombis. ya que vestía un uniforme camuflado y unos tenis de color rojo. Tomaron cremas y navajas de afeitar y procedieron a lavarse el rostro y a afeitarse en la trastienda). José? —le preguntó al Vigilante. ya se tardaron mucho allá afuera —respondió el muchacho. —No lo sé. Armando no la conocía. y tu pierna? —Ambos están bien —respondió Armando con una sonrisa. aprovechamos para buscar algo con qué defendernos. 29 . Sin embargo. pero sí su cara y su pelo. Se repartieron las armas. Fue por eso que nos tardamos un poco más.

Los dos grupos recorrieron las desiertas calles durante quince minutos sin haberse topado con ningún zombi. la peculiar forma de locomoción de los zombis. Avanzaban en dos grupos de cuatro en extremos opuestos de la calle. —Recuerden apuntar a la cabeza —les había dicho Rolando Mota antes de abandonar el Oxxo. Luego lo atrajo hacia sí y le pegó una mor30 . deben de cortarles la cabeza. Las calles estaban vacías. que se había ceñido la espada en su cadera izquierda. —Porque yo me topé con un grupo de SMES bastante lejos del Palacio Nacional. eso no significaba que el camino era seguro. Había que hacerles frente o morir devorado. con su arrastrar de pies y sus movimientos pausados. pueden cortarles una pierna o los brazos. Pero si los quieren matar. que balanceaba su machete de arriba abajo mientras caminaba. En ese momento doblaron la esquina y un grito del grupo de la acera de enfrente les puso los pelos de punta: ¡Zombis! Un grupo de unos treinta zombis aparecieron ante ellos. Aún los Ciudadanos. No creo que todos los zombis de la zona se hayan unido a los del ataque. que por lo general eran indiferentes al peligro. Además. habían decidido al parecer quedarse en sus casas.El grupo estaba compuesto por ocho personas. Salieron a relucir las armas y la lucha comenzó. —Es la única manera de acabar con ellos. Por lo general uno se topaba con ellos de forma tan repentina que era muy difícil escapar. —No lo creo —respondió Armando. Un zombi cayó sobre uno de los exploradores que acompañaba a Rolando Mota y le arrancó el brazo con el que empuñaba el hacha. Era una chica bonita de veinticinco años. lo cual le permitiría extraer la espada con facilidad llegado el momento. Esto les daba una menor visibilidad como grupo y un mayor grado de maniobra en caso que se toparan con zombis. Si los quieren detener. Armando avanzaba junto a Joaquín. A cada tanto se escuchaba el ruido de gruñidos y lamentos y gritos. El ataque de los zombis esa noche en Palacio Nacional había hecho cundir el pánico. —¿Por qué? —preguntó Joaquín. Sin embargo. José y una exploradora (la única mujer del grupo) llamada Gloria. —Pues parece que todos los zombis se quedaron en el Palacio Nacional —comentó Gloria. hacía muy difícil localizarlos a la distancia. con un cuerpo delgado muy bien proporcionado y con la valentía suficiente para descabezar a un zombi.

Esta duró unos diez minutos. ya que se vieron cercados por el grupo de zombis. que a todos les parecieron siglos. Armando pudo ver la cara contorsionada de Gloria. El explorador se convulsionó mientras el zombi le comía el cerebro. —De nada —contestó Gloria y ambos volvieron a unirse a la lucha. Dos zombis niños se acercaron rápidamente a donde Armando había caído e intentaron arrancarle la espada de las manos. Rolando Mota y el resto de los Vigilantes y exploradores estaban muertos. se retorcían en el suelo intentando avanzar. Armando Guerra blandía su espada samurái con ambas manos y pronto dejó de cortar brazos y piernas y se centró en las cabezas de sus atacantes. 31 .dida tan salvaje que le destrozó el cráneo. Gloria no esperó a que Armando retirara su espada y de un golpe furioso cercenó la cabeza del zombi herido. Ninguno del grupo de exploradores pudo impedir su muerte. Efectuando amplios círculos con los brazos. que tenía una mirada salvaje de triunfo al cortar las cabezas de los niños zombi. Al final de la lucha sólo quedaron tres sobrevivientes: Armando. todo se trataba de sobrevivir y no de deseo de venganza. Los once zombis que habían quedado indemnes se encontraban devorando sus entrañas en esos momentos. —Gracias —alcanzó a musitar Armando. Aquellos zombis a los que los exploradores habían alcanzado a amputar alguna pierna. con su uniforme camuflado lleno de sangre que hacía juego con sus tenis rojos. Total. Los zombis no mostraban signos de dolor. alcanzó a cortar nueve cabezas de zombis antes de que un fuerte golpe en la espalda le hubiera hecho caer al suelo. Gloria y José. No lo lograban. cercenado extremidades u ocasionando horribles heridas. Las espadas samuráis. Las cabezas de ambos niños fueron cortadas por dos certeros golpes de machete y sus cuerpos decapitados cayeron sordamente al suelo. hachas y machetes se movían a diestra y siniestra. los cuales mostraban una mayor movilidad que muchos de sus iguales. continuaban atacando a pesar de haber perdido algún brazo. antes de saltar e impedir que un zombi la atacara por la espalda. La espada samurái de Armando pasó rozando la coronilla de Gloria y se incrustó en medio de la cara del zombi. Los tres sobrevivientes decidieron dejar a los zombis devorar los cuerpos de sus amigos caídos. pero estorbaban la defensa.

El nombre del juego era sobrevivencia. en donde podían estar asechándolos otros zombis. y se retiraron corriendo del lugar de la masacre. Así que les dijo a sus compañeros ¡vamos!. internándose en otras calles.Armando sabía a dónde dirigirse para encontrar al profesor Chilinsky. 32 .

Luego colocaban los cuerpos en unas bolsas de plástico y los llevaban en una ambulancia hasta una morgue en donde les realizaban las necropsias. tomó asiento en su sillón de cuero. Sacó un cigarrillo de un arrugado paquete y lo encendió. Con un suspiro. a los que les habían comido las entrañas. Con los primeros rayos de sol pudo verse en toda su crudeza el horror que había tenido lugar durante la noche en la esquina de las calles 20 de noviembre y Constitución: los cadáveres de 19 zombis decapitados y ocho personas. Los cadáveres de los zombis y sus miembros mutilados eran arrojados a un contenedor especial por miembros del equipo de limpia. El contenido del camión era llevado directamente a una instalación sanitaria en donde los cadáveres eran incinerados en unos hornos modificados de circuito cerrado. también manchadas de sangre. en los cuales el humo de la combustión se atrapaba y pasaba por una serie de filtros antes de ser arrojados a la atmósfera. 33 . Aquella mañana había asistido con su equipo de colaboradores al lugar donde se habían recolectado esos objetos que tenía sobre el escritorio. El inspector Palomino Estrada miraba los objetos que el Servicio Médico Forense había dejado sobre su escritorio: dos espadas samuráis. dos hachas y cinco mochilas de tela desgarradas.4. El equipo forense se ocupaba de los cuerpos de las ocho personas fallecidas. sabiendo de antemano que eso podría acarrearle una sanción administrativa. Les tomaban fotografías y se levantaba un inventario de los objetos que pudieron haberles pertenecido en vida.El quinto poder. El fumar se había vuelto pecado y decían que era tan peligroso como besar a un zombi. yacían en el suelo como si fueran modelos posando para un cuadro de Goya.. tres machetes manchados de sangre y tejidos viscosos. Un grupo de limpieza del Gobierno del Distrito Federal compuesto por trabajadores de limpia y personal del Servicio Médico Forense se encargaba de recoger los cuerpos. Los habitantes del lugar se toparon con el macabro espectáculo cuando se dirigían a realizar sus labores cotidianas.

No obtuvieron gran cosa: las imágenes de matanzas que involucraban zombis se habían convertido en algo tan común. Con una maldición estrelló el auricular en el apa34 . Él mismo había tomado la costumbre y nunca salía a la calle sin llevarla. La escena de la carnicería también recibió la visita de la prensa. Una vez que los cadáveres de las personas muertas por zombis hubieran sido estudiados. Tenían el monograma RM y su propietario debió de ser o alguien muy rico o alguien muy quisquilloso. Se sorprendió que el grupo de gente que había sido atacado en la noche no hubiera acabado con todos los zombis. pero a mitad de camino recordó que no tenían línea en la comisaría. Al inspector Estrada el nombre le sonaba. Levantó el auricular para comunicarse por el interfono. Todas las mochilas contenían más o menos lo que él acostumbraba a cargar: una linterna con pilas.Los datos que se obtenían ingresaban a un centro de procesamiento. botellas de agua. recortes de periódicos y blogs. con esas magníficas espadas. cuchillos. paquetes de galletas saladas o carne seca. algunos implementos de primeros auxilios. Bueno. El inspector Estrada hojeó rápidamente el contenido de las carpetas. aunque por más esfuerzos que hacía no lograba ubicarlo. el inspector Estrada volvió a dejar la espada samurái sobre la mesa y procedió a inspeccionar las mochilas. Ahora todo el mundo cargaba mochilas. Lástima. Por otro lado. Se trataba de una especie de apuntes personales. al menos todos los que aún se defendían de los zombis. Como no tenía Internet. Las carpetas pertenecieron en vida a un tal Rolando Mota. se les llevaba también al crematorio especial. El inspector tomó una de las espadas samurái del escritorio y la estudió con detenimiento. Esperaban poder obtener información relevante que llevara posteriormente a descubrir una cura para los zombis. Ya eran muy pocos que reclamaban el cadáver de un ser querido para darle sepultura. recurrió a su centro de datos infalible: el siempre servicial Memo. así como una serie de gráficas y cifras sin sentido en una de las carpetas. que ya no se consideraba noticia importante. ¿dónde habían conseguido esas espadas tan raras? Arrojando una nube de humo. Además. Intuyó que los zombis debieron superarlos con mucho en capacidad numérica. un mapa de la ciudad. Sólo una de las mochilas contenía algo más que algunos de estos objetos comunes a todas: varias carpetas encuadernadas en cuero. los comentarios de los curiosos se limitaban a expresar reacciones que carecían de impacto mediático. Un reportero y un fotógrafo se dedicaron a tomar algunas fotografías y a levantar testimonios de curiosos.

estaba la indefensión de la sociedad civil. Por ejemplo. los medios habían presentado fotografías. Utilizaban los sobornos o la intimidación con los reporteros de los medios a fin de que publicaran los desmanes de sus rivales o dejaran de publicar los suyos propios. La violencia tiene un feo rostro. ya porque las corporaciones policíacas habían sido infiltradas. Como sabía que le iba a llevar un buen rato (la pobre de Lupita había aplazado su jubilación en dos ocasiones y era más fácil encontrar la felicidad que a Memo) cogió una de las carpetas y se puso a leerla. no recibían ayuda de las autoridades. El crimen organizado se había fortalecido tanto. pero vende. gritó—: ¡Lupita. los ciudadanos comunes estaban por completo indefensos ante los ataques. Las primeras páginas eran una especie de ensayo en el que Rolando Mota comparaba la invasión zombi actual con la guerra contra los cárteles de la droga de los últimos años. que uno de los principales diarios de Ciudad Juárez había presentado un editorial preguntando al crimen organizado qué querían que publicaran. Ya fueran narcos o zombis. También se llevaba un recuento de las ejecuciones del narco o de los asesinatos de los zombis. tomando aire. corrompidas o contaminadas. podían encontrarse paralelismos inquietantes entre ambos fenómenos. El problema con este tipo de exposición descarada se vio por primera vez durante la guerra contra el narco. búsqueme a Memo. La excusa para presentar esos macabros conteos era el presentar a la ciudadanía una “realidad” a la que tenía derecho y presionar de ésta manera a las autoridades para que tomaran medidas al respecto. Rolando Mota también sacaba a relucir la similitud de la reacción de los medios de comunicación ante los ataques. Los medios se vieron así envueltos en víctimas del fuego mediático cruzado de bandas rivales del crimen organizado. lo cual ocasionaba que fueran víctimas fáciles y que los asesinos fueran los que ponían las reglas. Por otro lado.rato y. no se les permitía poseer y portar armas. Por una parte. que eran sus integrantes los que establecían las reglas. Fue tanta la confusión. 35 . Según afirmaba. Dígale que venga a mi oficina. de inmediato! El inspector Estrada oyó cómo su secretaria se levantaba para ir a cumplir con el encargo. ya que contaban con toda la fuerza de su parte. Tanto al inicio de la escalada de violencia del narcotráfico como de la invasión de los zombis. videos o artículos que arrojaban a la cara del público imágenes y reportajes que anteriormente estaban relegados a periódicos de nota roja. ya fuera porque habían sido rebasadas por el crimen organizado.

eso de organizado no es verdad. Fue toda una lección de cómo robar y hacer lo que se te pegue la gana sin que te puedan tocar. presentamos la entrevista (bueno.U: ¿Y cómo quieren que les digamos? Ch: Preferimos que nos llamen comercio informal. Si estuviéramos organizados no nos estaríamos partiendo la madre entre todos y ya nos hubiéramos repartido las plazas… ¡Organizados los diputados y senadores! Esos cabrones sí que están bien organizados. su cartera y su iPhone. sin violencia. la parte de la entrevista que podemos publicar) que tuvo lugar en La casa de seguridad: Prosapio Ulloa: ¿Qué quiere el crimen organizado que se publique? Chancro: Antes de responder a eso. ubicado en la esquina de las calles México lindo y Seguro de la colonia La ilusión. nuestro compañero se ganó la confianza del “Chancro” (por cuestiones de seguridad se utiliza un alias de su alias verdadero) y le preguntó acerca del angustioso llamado que lanzó en días pasados El Diario de Juárez acerca de lo que el crimen organizado quería y lo que no quería que se publicara. sería bueno que los medios nos dejaran de llamar crimen organizado. ya que durante esos meses de 2010 estuvo asignado en misión especial precisamente en Ciudad Juárez. P. Abriendo un cajón de su escritorio.. Chihuahua (27 de Septiembre 2010). para que aprendiéramos como se hacen las cosas.U: ¿Entonces dice usted que el poder legislativo es el crimen organizado? Ch: ¡Pos’ claro! En la última reunión que tuvimos nos hicieron ver la toma de protesta del diputado Godoy ese. Por el sencillo expediente de cederle sus botas. Además. sacó unas hojas que contenían un artículo de un blog satírico llamado El Guajolote que lo había divertido bastante (al grado que había guardado una copia) y lo leyó: Lo que el crimen organizado quiere EL GUAJOLOTE/REDACCIÓN Ciudad Juárez. aunque no pagamos impuestos.El inspector Estrada recordó claramente ese episodio. los cobramos a otros. Movemos mucha mercancía y. A continuación. ¿No viste cómo le aplaudió la tribuna al pelado ese Godoy? 36 . P.En uno de esos giros del destino que hace del periodismo un oficio de valientes. nuestro compañero Prosapio Ulloa se topó por casualidad con uno de los personajes clave del crimen organizado de esta ciudad mientras se tomaba un tepache en el bar La casa de seguridad.

eso es porque la mayoría de nuestros rivales comerciantes no saben leer. pero no ejecutamos.U: ¿Y los colgados de los puentes? Ch: Bueno. ¿de qué entonces? 37 .U: Está aceptando entonces que ustedes los comerciantes informales usan la violencia. Por eso.U: ¿Y qué más? Ch: Podrían escribir “horóscopo” en vez de “zodiaco”. con eso de los “ejecutados” la gente con lana se está yendo para el otro lado. P.U: ¿Y eso por qué? Ch: Pues porque esa letra sólo trae problemas al estado. P. Esas son las que fomentan el calentamiento global que tanto daño hace. y ya no queda mucho de donde sacar. P. ¿No publican ustedes a cada rato que cayó una lluvia de plomo? ¿Que la plaza está caliente? Está muy contaminado el aire y las maquiladoras tienen la culpa. competimos con otros comerciantes y así. Ch: ¡No me cambie las palabras de la boca! Nosotros no somos violentos. para que entiendan. Los del comercio informal no ejecutamos gente: cobramos deudas.U. Si eso es de lo que no podemos escribir. O tercos.U: Pero… Ch: Además. Y también evitar hablar de Valle de Zaragoza o de cualquier otro municipio que empiece con zeta. P. P.P. mutilados o colgados de puentes! Ch: Pues es que eso del calentamiento global está muy grueso. Lo que pasa es que los demás son demasiado blandos. P. Por eso los mensajes tienen que ser un poco más crudos.U: ¡Pero si a cada rato aparecen cuerpos acribillados. P. Pone uno mantas y luego luego las quitan. P. O blandos y tercos.U. con respecto a lo que no quieren que se publique… Ch: Para empezar nos gustaría que dejaran de hablar de “ejecutados”.U: ¡¿Quiere decir que el calentamiento global es el culpable?! Ch: Pos’ claro. Bueno. Así que deberían ustedes de dejar de publicar cada vez que alguien se muere por causas naturales (como el exceso de plomo en el cuerpo) y enfocarse en el calentamiento global.

el inspector Estrada ya no lo encontró tan divertido esta vez. mutilados… Ahora que lo pienso.U: ¡Ah.U: ¿Me podrían regresar mis botas? Ya me dio frío en los pies. Un blog que no se va amilanar con las amenazas del comercio informal y que va a atacar al calentamiento global hasta sus últimas consecuencias. chingados! Ch: Eso sí.Ch: Pues pueden escribir de lo que quieran. P. la gente estaba tan acostumbrada a las imágenes sangrientas que ya no era capaz de advertir la diferencia entre 28. Hasta aquí con la entrevista de Prosapio Ulloa y el Chancro. Luego sacó otro cigarrillo y continuó leyendo lo escrito por Rolando Mota. Éste señalaba que el resultado involuntario del acercamiento agresivo de los medios (exponiendo a la gente a visiones de pesadilla. secuestrados. En el punto más alto de la violencia del narco. En un acto de valentía (como lo comentamos en un inicio) nuestro compañero llegó descalzo y caminando muy raro hasta la redacción de este blog y nos entregó el material que aquí transcribimos. Prosapio Ulloa nos ha demostrado que lleva muy puesta la camiseta de El Guajolote. llevando la cuenta de los muertos) fue el hastío de la sociedad. encajuelados. Ch: Pues entonces escriban del calentamiento global.U: ¿Qué? Ch: Chingados. antes de llamar a una ambulancia para que le extrajeran su iPhone de ahí donde ya se imaginan. Cuando terminó de leer el artículo. todo lo que acabe en “ados”. P. siempre que no trate de ejecutados. Es una mala palabra. extorsionados. Con este acto de valentía. que se dio en el segundo semestre de 2010. Así que abrió de nuevo el cajón y lo dejó ahí. Caiga quien caiga. P.U: Eso ya lo dijo. P. Ch: ¿Entonces? P.000 sólo representara un número y no seres humanos. como si esa diferencia de 2.000 y 30.000 muertos.U: Pero eso no lo podemos publicar. colgados. 38 . levantados.

envidiando la memoria del joven. Hay un Rolando Mota que es operador político. la mayoría habían tenido un día por completo normal. —¿Rolando Mota? Déjeme ver… —Memo volteó los ojos al techo. —¿Qué sabes de un tal Rolando Mota? —le preguntó el inspector Estrada a Memo a bocajarro. de seguro se alegraban de no haber sido ellos a los que les había tocado morir. Sin embargo. de los buenos. El inspector Estrada se acordó entonces. ¿Qué les importaban a ellos esos cadáveres de zombis y personas si no eran más que estadísticas? Aunque conservaran aún la capacidad de horrorizarse. Memo era un muchacho de diecisiete años. Por eso le sonaba el nombre. Hacía las funciones de mensajero dentro de la comisaría. ¿no se acuerda? Lo anduvimos buscando. era muy curioso. Toda una fichita. sin embargo. Dejó a un lado la carpeta y le indicó a Memo que se sentara. Trabajaba para todos los partidos políticos. no dudaba que algún día se convertiría en un detective. El inspector Estrada no podía estar más de acuerdo con eso. pero su mayor deseo era convertirse en detective. 39 . La existencia se convirtió en una especie de lotería macabra. —¿Y tú cómo lo sabes? —preguntó el inspector. como si estuviera pensando—. Lo habían buscado durante casi tres meses. el hombre. —Pues ya apareció —dijo el inspector Estrada. Las personas leían en el periódico acerca de una balacera que había tenido lugar a mediodía en pleno centro de la ciudad y. sin encontrarlo. aunque a veces lo desesperaba. Recordó cómo esa misma mañana la gente había reaccionado ante la carnicería: con una palpable indiferencia. Entre sus habilidades más destacadas se encontraban el de pasar desapercibido y el tener una memoria prodigiosa. jefe? El inspector Estrada dio un respingo al ver aparecer a Memo en su despacho. sin intercambiar ningún saludo. —¿Me buscaba. Además.Otro de los efectos perniciosos de la cobertura mediática que se presentaron durante la llamada guerra contra el narco fue el de la distorsión de la realidad. La cohesión social se pulverizaba: ya cada quién se cuidaba de sí mismo. después de haber renunciado ante sus patrones a seguir con la campaña para la elección en el Estado de México. —Desapareció allá por el mes de abril pasado. Al mismo tiempo. Sabía de todo un poco y el inspector Estrada lo tenía en gran estima. donde lo más deseado era no estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

el inspector Estrada empezó a sentirse enfermo. Memo. Y también el que había sido esa clase media la que había llevado al poder a Felipe Calderón. —En una esquina no muy lejos del Zócalo. Sabían del abismo que separaba a los pobres de los ricos. Y los partidos políticos querían aprovechar eso para sus fines electorales. El inspector Estrada tomó otra carpeta y se dispuso a leerla. era hora que fuera aprendiendo que el mundo no sólo era cruel. Muchas gracias por la información. Rolando escribió en sus apuntes que los partidos políticos fueron los primeros en ver una oportunidad de ganancia con la llegada de los zombis. sí? ¿Dónde? —se interesó Memo. Memo se levantó de la silla y salió de la oficina. 40 . Si sólo se hubiera tratado de monstruos. Conforme avanzaba en la lectura. Después de setenta años de gobierno revolucionario. casi la totalidad de los mexicanos creían que su país era mayoritariamente pobre y brutalmente desigual. pero el hecho de que únicamente los heridos por zombis se convertían en éstos últimos a partir de las 72 horas fue lo que marcó la diferencia. El rostro de Memo se ensombreció. querían ampliar su influencia sobre la clase media. Pero si aquél muchacho esperaba convertirse en un detective. Devorado por zombis. —Puedes retirarte. que tardaba en desarrollarse de tres a seis meses. Esta llevaba como título “Las oportunidades políticas de los zombis”. El inspector Estrada sabía que su respuesta había sido muy dura. y quedaban en un estado prácticamente hipnótico.—¿Ah. donde estaban los individuos más independientes del espectro político y quiénes eran los que realmente imponían a los gobernantes. los partidos políticos quizá hubieran actuado de manera racional. con su mítica proletaria y su aborrecimiento hacia el rico. puesto que los apuntes eran personales) ahora entendía el por qué un operador político tan importante como él había renunciado a la que hasta entonces era su forma de vida. pero ignoraban que ese abismo cada año estaba siendo llenado con las familias de clase media. Sobre todo. Muerto. siendo muchos de ellos altamente sugestionables. Si realmente era cierto lo que Rolando Mota había escrito (y no había por qué dudarlo. Porque los infectados de forma indirecta (que no habían tenido contacto con zombis) incubaban el virus. sino una mierda.

Rolando Mota esbozaba el posible plan que elucubrarían los partidos políticos en los próximos meses y mostraba preocupación por dos de los principales actores políticos. el inspector Estrada entendió mucho de lo que estaba pasando actualmente. Y llegó a una conclusión: México tenía sus días contados. que serían el medio ideal para lograr su cometido. que se preguntaban si sería posible utilizar a los zombis como medio de presión. pero no era tan efectivo como con la llegada del virus zombi. 41 . Para terminar. Ya existía un plan anterior para llevar al triunfo a sus respectivos candidatos. Rolando Mota también consignaba que oscuros operadores de los partidos políticos planeaban financiar un estudio para conocer de primera mano las posibilidades que ofrecía el estado “hipnótico” que afectaba a la mayoría de los infectados y esperaban hacer mancuerna con los medios de comunicación.Por eso era indispensable aprovechar el inesperado regalo que representaba el inesperado brote del virus zombi. Los partidos políticos influirían sobre los sugestionables infectados para lograr alcanzar el poder. Con esta lectura.

algo que ha demostrado repetidas veces ser completamente inútil. En la memoria de muchos aún se conservaban las escenas de personas portando cubrebocas en las calles y centros de trabajo. No es que fuera la intención de las autoridades hacerlo. El sentir popular era que el brote de influenza AH1N1 de 2009 había tenido una reacción exagerada de parte de las autoridades y que todo el asunto no había sido más que un acto de corrupción de enorme magnitud. Por ello las personas que no eran asesinadas por los zombis. La causa de ésta indiferencia. bares. mismos que se presentaban durante los primeros tres días. el contagio se extendió por el país como un incendio forestal. El problema empeoró cuando el gobierno de los Estados Unidos mandó un comunicado. la baja en el turismo y. la mala imagen de México que se dio en todo el mundo. exigiendo a sus ciudadanos que salieran de inmediato de México. el cierre de restaurantes. 42 . que se creía portador del virus de la influenza AH1N1.. se dedicaron por todos los medios a desviar la atención. dolor de cuerpo. Las autoridades mexicanas. temiendo que se repitiera la psicosis del brote de influenza del tipo AH1N1. sino que fue la misma sociedad la que les obligó a ello.El informe Castello. El resto. cines y escuelas. y que por sus heridas se convertían en portadores del virus zombi (algo que se desconocía en esos momentos) fueron tratadas en un principio como si estuvieran atacados por el virus de la influenza. sobre todo. cubiertos tan sólo con un cubrebocas para. según ellos.5. ya que un nuevo brote de influenza amenazaba al país. estornudos y tos. no abandonó sus actividades normales y fue a trabajar o al colegio. fue porque los síntomas de los virus AH1N1 y Zombi eran los mismos en su mayor parte: fiebre elevada. además de la mala experiencia que se tuvo en el 2009. Después de que tuvieron lugar los primeros ataques de zombis en abril de 2011. no contagiar. Menos del 10% de los infectados fueron internados en clínicas o en hospitales. lo que contribuyó en gran manera a la expansión del virus. que golpeó fuertemente al país en 2009.

lamentos y maldiciones para con los gringos alcanzaron dimensiones épicas. en especial por psicólogos y sociólogos. pero su mirada se volvía ausente y su hablar mesurado. Quien superaba los síntomas de la “influenza” iniciaba un comportamiento singular: entraba a una especie de estado que sólo podía ser calificado como hipnótico. así como el flujo de personas a los Estados Unidos. Las etapas iniciales de la epidemia transcurrieron. Se suspendieron todos los vuelos comerciales entre los dos países. La aparición de zombis era cada vez más común en toda la extensión del territorio nacional. nunca se supo la verdad. Por supuesto. En el ambiente de histeria y nacionalismo que surgió. en un supremo ejemplo de hipocresía. Este dejaba de estornudar y toser y la fiebre disminuía (aunque quedaba cerca de un medio grado inferior a la temperatura normal). la influenza parecía abandonar al paciente por completo. todos sus movimientos eran más lentos que lo normal y eran por completo sugestionables. esto causó una batalla diplomática entre los dos países. La frontera se militarizó en toda su extensión y los gringos amenazaron con cerrarla. Los infectados eran capaces de realizar todas sus tareas normales.Sin embargo. al finalizar las setenta y dos horas. 43 . Obedecían casi cualquier orden que se les daba. casi un susurro. Este aspecto de la enfermedad fue estudiado en profundidad por un grupo interdisciplinario de especialistas. así. Además. No se sabía el por qué. los resultados del estudio nunca habían llegado a ser de dominio público. aunque no todos los infectados mostraban la misma intensidad de sugestión. liderado por el eminente sociólogo Edmundo Castello. donde las protestas. pero había algunos (que resultaron ser mayoría) que eran capaces de obedecer la orden más inverosímil que fuera —como imitar a una gallina o saltar de una azotea— en tanto otros no parecían capaces de acatar ninguna orden que no fuera pertinente. El resto del mundo criticó duramente a los Estados Unidos por tomar medidas tan draconianas pero. Pronto las personas se dieron cuenta de que esto no era así. A muchos les llamó la atención que ese grupo de especialistas. misma que fue exacerbada por el llamado de alerta del Gobierno de los Estados Unidos a sus ciudadanos. el contagio siguió su curso. Algunos rumoreaban que el dinero había provenido de un acaudalado empresario cuyo hijo primogénito fue infectado con el virus zombi. con lo cual se lo consideraba por completo curado. aunque todavía no alcanzaban un número preocupante. también aislaron a México. Sin embargo. Por si fuera poco. obtuviera un elevado financiamiento (casi tres millones de dólares) para el proyecto de forma casi inmediata y que el origen de dicho financiamiento no pudiera ser ubicado. en gran confusión.

estableció que el virus. Porque. sus rostros mostraban señales de cicatrices que ellos mismos se infligían y su voz se iba perdiendo y daba lugar a una especie de gemido o gruñido apagado. aunque monstruo. el número de zombis en México se calculaba en unos 80. Muchos preferían la muerte a convertirse en zombis. Por supuesto. el cual ocasionó acalorados debates. dicha zona era la que albergaba al mayor número de infectados. eran aún seres humanos. algunos decían que. según transcurría el tiempo. La CNDH y algunas de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) tomaron como suya la causa zombi.Para el mes de Julio de 2011. Si había sido infectado por un virus eso había ocurrido en contra de su voluntad. presionada por las instancias internacionales. enfrentados ante el fracaso para vencer la obstinación de los Estados Unidos de cerrar la frontera. que se calculaba en varios cientos de miles (aunque ya se hablaba de más de un millón de ellos). aunque tenía algunas características similares al de la influenza AH1N1. fue el de la cuestión ética. Sin embargo. misma que los llevaría a convertirse en zombis en un período que fluctuaba entre los tres y los seis meses. consideró que sí: los zombis. Y como tales deberían de ser respetados sus derechos individuales. el zombi era un ser humano. Declararon que los zombis. La tesis del profesor Chilinsky fue duramente criticada. los que pensaban de ésta última manera no habían sido infectados. exiliado en México desde 1968. además de pertenecer a una minoría. Otro aspecto del problema. tanto la cámara de diputados como la de senadores. sino una mutación de éste. ¿los zombis no tenían derechos? La Comisión Nacional de los Derechos Humanos.000 y parecían concentrarse en la zona centro del país. aquellos infectados iniciales mostraban cada vez mayores signos de zombificación: su andar se volvía más lento y errático. no era tal. vieron en “las leyes zombis” una oportunidad para hacerse ver como “progresistas” y 44 . Todos estaban de acuerdo en que un zombi era un monstro que asesinaba sin piedad para alimentar un apetito insaciable. En base a los resultados de las pruebas preliminares. argumentó que los infectados con este virus (al que llamó por primera vez “zombi”) enfrentaban un proceso de transformación irreversible. a los cuales empezó a llamárseles “ciudadanos” para diferenciarlos de los zombis completos. a todos los “ciudadanos”. aunque muertos vivientes. El congreso en su conjunto. ya que nadie parecía querer aceptar que el destino de un infectado fuera tan atroz. fue uno de los primeros científicos en estudiar el brote del virus zombi. Por otro lado. eran seres humanos enfermos cuyos derechos debían ser respetados. su destino les era indiferente. Sin embargo. El profesor de origen polaco Chilinsky. Asimismo. Y si esto era así.

se consideró un delito el matar a un zombi. había que ofrecerle al zombi un sustituto de carne humana. aunque fuera de manera superficial. misma que estudió con detenimiento durante un fin de semana en su casa de campo en Valle de Bravo. en la reunión de emergencia en la hacienda El mojón: eran algunos de los representantes furtivos de los partidos políticos y los medios de comunicación. según un editorial del periódico El Norte). Se recomendaba correr o. a partir del día primero de junio de 2011. Existía un reducido grupo de individuos que encontraron una ventaja en la tragedia que afligía a millones de mexicanos. cuando entraron en vigor las Leyes Zombi. las víctimas debían de hacer todo lo posible por interponer la mayor distancia posible entre ellas y el zombi a fin de que éste no resultara lastimado. Ya tuvimos la oportunidad de conocerlos. Los ciudadanos debían de hacer todo lo que estuviera de su parte para no atraer la atención de algún zombi. Uno de estos pocos era Rolando Mota. Estas leyes tan absurdas —que parecían proteger a los zombis más que a las víctimas de éstos— les dieron a los mexicanos tres certezas: 1) Que los políticos mexicanos eran unos imbéciles totales. Rolando Mota entendió hacia dónde iban dirigidos los esfuerzos de los partidos políticos y decidió no seguirles el juego. no salir de sus casas a menos de que fuera necesario y evitar caminar mientras se comía algún bocadillo o antojito. Este siniestro matrimonio. Se recomendaban las entrañas de equino o en su defecto.defensores de los derechos humanos. del cual ya conocimos algunos pormenores. aprobadas al vapor (en una olla exprés. También. no todo el mundo lamentaba su suerte. decidió “refrendar sus votos” y unir fuerzas para ver si podrían aprovechar de alguna manera el elevado nivel de sugestión que evidenciaban los infectados con el virus zombi. Así. que tenía una larga historia en México. además de una salida política para ganar tiempo y la simpatía de los demás países (en especial de los de la Unión Europea) para presionar a los Estados Unidos. saltar de un lugar elevado. de ser posible. 45 . en su caso. como el de que nunca llegó a ser de conocimiento público. que se hizo con una copia clandestina del informe. Había que bañarse al menos dos veces diarias y utilizar desodorante. Por increíble que parezca. Después de leído el informe y sus conclusiones. contenían algunas recomendaciones para los ciudadanos. Sólo unos pocos conocían el informe Castello y sus conclusiones. como las que se señalan a continuación: De enfrentarse a un ataque de un zombi. Estas leyes. pollo. en ese estado de confusión y zozobra en el que estaba hundido el país. 2) que estaban indefensos y 3) que ya todo estaba perdido. Destinaron veinte millones de pesos para el financiamiento de un proyecto que sería conocido posteriormente como el informe Castello.

el norte del país contabilizó el mayor número de ataques de zombis en tanto la proporción de infectados se mantenía baja. las capas más bajas de la sociedad tendían a ser más sugestionables. era el que señalaba que aquellos infectados que fumaban tenían menos probabilidades de tener un alto grado de sugestión. Esta paradoja podría explicarse. por ejemplo. la exposición a los medios de comunicación y la actividad propia de cada uno de los infectados podían en conjunto influir en el resultado. en abril de 2011. Los hallazgos del equipo de especialistas que elaboraron el informe Castello eran realmente perturbadores. En primer término. Las cifras preliminares señalaban incluso que en los estratos más altos de ingresos existía la misma proporción de infectados que en estrato económico de pobreza extrema. que mostraban también un alto grado de capacidad de sugestión. Sin embargo. lo cual estaba en concordancia con la teoría del sincretismo. media alta y alta. el entorno familiar y los rasgos de carácter individuales. El nivel de masa corporal. Así. Durante el primer mes del brote del virus zombi. La distribución también variaba de acuerdo a las zonas geográficas del país. señalaban los investigadores. tendían a ser más urbanos que rurales y los rangos de edades de mayor susceptibilidad a la sugestión estaban eran entre los dieciocho y los sesenta y cuatro años.El lunes siguiente presentó su renuncia a continuarles prestando sus servicios como operador político. Sin embargo. No se sabía si era la nicotina o algunos de los demás químicos que contenían los cigarrillos los que causaban este efecto o era el repetido ignorar (debido al grado de adicción) a las constantes advertencias sobre los peligros de fumar. la masa corporal. era posible establecer parámetros generales. por la cantidad de variables que parecían influir en el grado de sugestión que mostraban los infectados. El 46 . y que dicha variación estaba correlacionada con factores tan diversos como el nivel socioeconómico. el grueso de los infectados que eran altamente sugestionables se ubicaba en las clases bajas. Las clases media y alta no carecían de infectados. Así. pero el número de infectados se incrementaba rápidamente. la situación era la inversa: había pocos casos de ataques de zombis. En el centro del país. aún ante esta avalancha de datos contradictorios. incluyendo la capital. esto no quería decir que no existieran infectados con alto grado de sugestión en ambientes económicos más acomodados. Un dato curioso. estaba el hecho de que el grado de sugestión que mostraban los infectados variaba considerablemente de persona a persona.

su siguiente paso fue el de intentar encontrar la manera más efectiva de extender el contagio sin que fueran descubiertos. en las cuales se establecía que el proceso de transformación a zombi —irreversible en ese momento— fluctuaba entre los tres y los seis meses). Para ponerse de acuerdo e iniciar un plan de acción que los satisficiera a todos por igual. esta vez no era necesaria la ostentación de una enorme hacienda como la de El mojón. Así como casi desde un principio quedó claro que había algunas personas infectadas que eran más sugestionables que otras. A ellos lo que les interesaba únicamente era atraer al mayor número de personas infectadas. Algo que parecía influir en la aceleración de la transformación era el carácter individual de los infectados: si el carácter de la persona infectada era tranquilo. fácilmente sugestionables. El informe Castello también hacía mención de un aspecto quizá aún más perturbador que el grado de susceptibilidad a la sugestión de los infectados: la velocidad de transformación al estado zombi. En cambio. sin que esto significara que dejaba de ser altamente sugestionable. también se observó que algunos infectados por el virus parecían avanzar más rápidamente que otros en su deterioro personal hasta convertirse finalmente en zombis. esto último no pareció interesarles mucho (lo que a la postre resultó su más grave error. si la persona infectada era violenta (o su carácter tendía hacia la violencia) su proceso de zombificación se aceleraba. que habría de costarles muy caro). lo cual no dejaba de ser paradójico dado el alto grado de pobreza de los estados sureños. su nivel de sugestión era elevado y se mantenía por más tiempo en el estado conocido como “zombificación”.sur del país se mantenía relativamente libre de zombis e infectados. a fin de que ayudaran a sus respectivos candidatos a conseguir las gubernaturas que estaban próximas. Necesitaban urgentemente reunir al mayor número de votantes en los cuales se pudiera influir. Una vez que tuvieron los datos en su poder. aunque por un tiempo más corto. para así allanar el camino hacia el premio máximo: la presidencia de la República. (En el informe Castello se tomaron en cuenta las conclusiones a las que había llegado el equipo de investigación del profesor Chilinsky. necesitaban reunirse de nuevo. 47 . Sin embargo. Para quienes habían financiado el informe Castello.

Algo así como un ante bellum. dos representaban a las televisoras y los dos restantes a la prensa escrita. —No es necesaria ninguna ventaja inicial para nadie —respondió otro que estaba sentado cómodamente en un sillón bajo. les juro que me gustaría poder publicarlo. En realidad todos ellos eran conscientes de que se estaban acercando al punto de hacer “estallar la bomba”. nos deja a todos en una situación de relativa igualdad. creo que nos merecemos al menos tener alguna ventaja inicial —comentaba uno de ellos mientras se preparaba un trago en el bar. pero eso no significa que perdamos nuestro tiempo y recursos en pleitos inútiles. Una vez que se calmó un poco les pidió disculpas a todos los presentes y dijo: —Si mi padre hubiera oído eso. —Lo que pasó en la elección del Estado de México. Perdónenme una vez más. que no tiene caso discutir aquí. —…Si partimos del hecho de que las Leyes Zombi se aprobaron a pesar de nuestra oposición. 48 . que tenía un carácter más íntimo. De los quince invitados anteriores a la hacienda El mojón sólo quedaron ocho: cuatro de ellos eran representantes de las principales fuerzas políticas del país. trucos ni a antiguas enemistades. de seguro se volvería a morir. Sus palabras tuvieron el efecto de contener los ánimos de los presentes. No creían poder ser descubiertos. Si no fuera por el hecho de que sé que lo que aquí se trata es muy secreto. —Él tiene razón —exclamó un tercero desde su posición junto a la puerta de cristal que daba al balcón.Un elegante departamento de la colonia Polanco en el Distrito Federal fue suficiente para llevar a cabo la reunión. pero con tantas grabaciones ilegales que se filtraban por todos lados no podían estar seguros al cien por ciento. uno de ellos soltó la carcajada. Lo que cada uno haga por su lado representará la victoria… o la derrota definitiva. Ante estas palabras. El informe Castello nos pertenece a todos por igual. Estoy esperando el momento en que esto estalle como una bomba. Cada uno de nosotros queremos que los candidatos de nuestros partidos ganen. como había dicho ese patán. que representaba los intereses de la prensa progresista. Seamos civilizados al menos por esta ocasión tan especial. —Desde hace tiempo pactamos en que no recurriríamos a descalificaciones. El que la reunión era secreta sólo podía sospecharse por el hecho de que los reunidos no se llamaban por sus nombres ni por sus apodos. pero aún no puedo creer que todos ustedes estén hablando en forma “civilizada”.

Esto podía ser el fin de sus acuerdos. estar hablando como gente “civilizada” estaba dentro de los atributos naturales de todos ellos. las mentes de millones de mexicanos infectados habían sido manipuladas a través de la propaganda. El triunfo del candidato… que nadie en la reunión quería traer a colación. plantones y otras formas de protestas multitudinarias. Sólo una cosa inquietaba a algunos de los reunidos en el elegante departamento de Polanco: los ataques de zombis parecían haber crecido exponencialmente durante los dos meses previos a la elección. no todos quedaron satisfechos con el resultado. Pero lo que ahora se estaba jugando era tan importante. Sin embargo. Durante los meses de junio y julio 2011. eran políticos. y los acuerdos a los que habían llegado durante la reunión posterior a la de El mojón estuvieron a punto de romperse. los perdedores sabían que si lograban superar los errores cometidos. El esfuerzo había valido la pena: prácticamente todos los que estaban inscritos en el padrón electoral fueron a emitir su voto. la elección de gobernador del Estado de México no había resultado ser tan determinante para asegurar el triunfo en la próxima elección para la presidencia de la República: los dados aún no habían sido tirados. Para todos los involucrados. La elección de gobernador en el Estado de México. 49 . las cosas podían cambiar para ellos en julio de 2012. Así que preferían la alusión indirecta por medio del diálogo “civilizado”. la elección para gobernador del Estado de México sólo había sido ante todo un entrenamiento con miras a realizar el experimento de ingeniería social más ambicioso que el mundo había visto desde los tiempos de Stalin y Mao. afectando el resultado final. Por supuesto. como ya se dijo. Habían existido muchos roces entre ellos. había resultado una dura prueba.Por supuesto. para la que todos se habían preparado desde hacía mucho tiempo. Después de todo. Lo cual llevaba a los presentes a preguntarse: ¿era esto parte del desarrollo natural de la propagación del virus zombi o alguien —quizá alguno de los presentes en la reunión—estaba alterando dicho desarrollo artificialmente? Sin embargo. que realmente resultaba difícil mantener el tono civilizado. Y lo que era más grave: prácticamente todos los zombis habían surgido de las filas de las centrales de los sindicatos y otras organizaciones sociales y campesinas que en el pasado se habían caracterizado por las marchas. nadie quería ser el primero en acusar a los otros. les había demostrado a todos (ganadores y perdedores por igual) que ahora que los zombis entraban en la ecuación.

Lo hizo como de pasada. 50 . dijo: —La que tienen en sus manos es la última actualización del informe. Como pueden ver en las gráficas… Durante los cuarenta minutos siguientes. —Con respecto al informe Castello… —lo interrumpió alguien que deseaba desviar la conversación hacia otros derroteros. el hombre estuvo repasando con los demás reunidos los puntos más importantes que se habían presentado en las últimas semanas. abriendo su carpeta. Abriendo su portafolio. —A los zombis los tenemos controlados —exclamó uno de los reunidos con una gran seguridad. aparentando no darle ninguna importancia. sacó unas delgadas carpetas que distribuyó entre los presentes. Se caló unos lentes y. Luego tomó asiento ante una mesa. sobre la cual colocó la suya. Contiene datos específicos sobre la actual distribución de los Ciudadanos.—Si no encontramos la manera de controlar los ataques de zombis. —¿Por qué crees que junto con la bancada de ustedes propusimos implementar las Leyes Zombi? Si podemos evitar que los individuos no infectados acaben con ellos. esto puede salírsenos de las manos —comentó el tipo que se había preparado el trago. incluso los podemos utilizar como fuerza de presión. El destino de México estaba en las manos de aquellos canallas.

por lo menos a José. pero ambos sabían que éstos parecían disminuir cuando alguien ya casi había rebasado los cuarenta. Armando casi los doblaba en edad. 51 . jadeando entrecortadamente mientras intentaba recuperar el aliento.Sobrevivientes. atentos a cualquier ruido. Armando no contestó. Sin embargo. Después de todo. a Armando se le había pasado por alto explicarles a los dos jóvenes el por qué el profesor Chilinsky era tan importante: Según le había revelado Rolando Mota mientras se recuperaban en el Oxxo del encuentro con los Vigilantes. Gloria y José voltearon a ver a Armando. Hasta ahora les había demostrado que tenía energía y coraje. —Hay un refugio seguro cerca de aquí en donde podríamos parar. Armando les había dicho que su misión a partir de ese momento era localizar y reunirse con alguien llamado Chilinsky. aunque no sé si tenemos tiempo para detenernos —dijo Gloria. pero no entendían el porqué Armando lo buscaba con tanta ansiedad. —Detengámonos un momento. ya no puedo más.. dado que avanzaban por una zona peligrosa en la que existían hordas de zombis con las que se podían encontrar en cualquier momento. mientras los tres sobrevivientes corrían por calles desiertas. Tanto Gloria como José ignoraban quién era el mentado profesor Chilinsky.6. encorvado y con las manos en sus caderas.. Sabían que era alguien importante.. mientras interrogaba a Armando con la mirada. supuestamente el profesor Chilinsky había encontrado la manera de revertir el proceso de zombificación de un infectado. Luego del fatal encuentro con los zombis.. Los dos jóvenes intercambiaron miradas y llegaron a la conclusión tácita de que era imprescindible parar. —¿Falta mucho para llegar a donde está el profesor Chilinsky? —preguntó José. que era un profesor experto en zombis. pero asintió con la cabeza.

tras la cual se encontraba una puerta de aluminio. quien ya había recuperado al menos el habla. así que Gloria exclamó: —¡Soy Gloria. Gloria buscó en su mochila y sacó un manojo de llaves. sino con lo que parecía un estacionamiento abandonado. Cruzaron el estacionamiento y saltaron una frágil barda de malla. a cuyos lados se veían altos estantes con contenedores de plástico transparente en los que se veían ojos de vidrio. brazos y piernas. cabezas calvas con las cuencas vacías. que se alegraba que pudieran tomarse un respiro. Por fin Gloria dio con la llave y abrió la puerta. —Además. Gloria tocó la puerta tres veces. —Es importante que encontremos lo más pronto al profesor Chilinsky. Así que Armando y José siguieron a Gloria. con las fachadas de pintura deslavada y las ventanas cubiertas de mugre. ahora sí podrías contarnos algo más de ese profesor —comentó José. Al final de pasillo llegaron ante una puerta detrás de la cual se oía un apagado murmullo de voces. El murmullo de voces se extinguió y durante unos momentos reinó el más absoluto silencio. Después de caminar cerca de veinte metros. —Es una fábrica de muñecas —les informó Gloria mientras avanzaban por un pasillo. Traigo a dos amigos conmigo! Hubo un sonido de cerrojos que se corren y la puerta se abrió sólo unos centímetros. así como pequeños torsos. A la luz de la linterna pudieron ver un montón de cajas apiladas. La explicación de Gloria pareció tranquilizar a Armando y José. Los tres entraron y Gloria encendió su linterna. Esta vez no dieron con otro patio interior. pero la acción de esa noche lo tenía abrumado. al cual estuvo dando vueltas un buen rato. Alguien los observó por la rendija unos segundos y después la puerta se abrió. pero no existe una fecha u hora específica para ello. intentando localizar la llave adecuada ante la poca luz que les llegaba desde una minúscula lámpara que estaba sobre la puerta. Un sonido tras la puerta les indicó que alguien se había acercado a ésta. que se internó por un oscuro callejón. a quienes la mirada de esas partes de muñecas a la luz de la linterna les producía escalofríos. Él era joven. 52 . salieron a una especie de patio interior rodeado de viviendas de departamentos de tres pisos que mostraban un aspecto deplorable. Atravesaron el patio y se internaron en otro callejón. pelo artificial de diversos colores. ya que el interior del edificio estaba en la más completa oscuridad.—Podemos parar —respondió Armando. así como material de embalaje y los que parecían ser los cuerpos de cientos de bebés.

ya lo sabes. señora —le dijo Armando a la mujer mientras ésta le colocaba un gran vaso de jugo de uva y unas cuantas tortillas junto al plato donde humeaba el puchero —. Estamos muy cansados y necesitamos recuperar fuerzas. Sin embargo. —¿Creyeron que éramos zombis? —le preguntó José. Ésta era una mujer de mediana edad. En el centro se formaba un amplio pasillo en donde habían colocado cuatro largas mesas y numerosas sillas. bastante guapa. Ahí en esa alacena hay gel desinfectante. pero es que tuvimos un encuentro con zombis hace un rato. La mayoría estaban sentadas ante las mesas. Mientras la mujer les servía la cena. Vestía de manera sencilla. Pónganse cómodos mientras les sirvo algo de comer. En una esquina de la habitación había una minúscula cocina con una estufa de gas butano sobre la que humeaba una gran cacerola en la que hervía un puchero. Gloria y José se lavaron las manos y luego se sentaron a la mesa. —¡Dios mío.Gloria. los refugiados no están acostumbrados que alguien entre por la puerta trasera. haciendo un gesto con la mano como para quitarle importancia al asunto —precisamente por eso habilitamos el refugio. con un pantalón de mezclilla y un delgado suéter negro. Armando y José traspusieron la puerta y se encontraron en una gran sala en donde se veían dos hileras de camas alineadas en las paredes. Llegaron a una pequeña habitación separada de la gran sala por una mampara. Armando. en verdad que necesitábamos esto. los zombis no tocan puertas. soltando una carcajada. mientras otras yacían en las camas. no! —exclamó la mujer. —Por si no lo sabes. —No te preocupes por eso. —Muchas gracias por todo. una mesa redonda y seis sillas. Sólo nosotros tres sobrevivimos. Sin embargo. Todos se les quedaron viendo a los recién llegados mientras avanzaban por el pasillo siguiendo a la mujer que les había abierto la puerta. —Perdón por entrar por la puerta trasera —le dijo Gloria a la mujer —. Gloria —le dijo la mujer. La mujer se acercó a la estufa y apagó la lumbre mientras decía —: Esto ya está listo. 53 . La sala estaba llena de gente de todas las edades. algo en sus maneras indicaba que era ella la que llevaba la voz de mando en el refugio. en la que había dos catres. cansados y hambrientos.

arqueando las cejas. Gloria se rió al ver la cara de sorpresa de sus dos nuevos amigos. Lo único que sé es que es muy importante que me reúna con él. aunque se estaba quemando la boca. —Lo último que me dijo Rolando —les dijo Armando a los dos jóvenes. Tampoco sé si el profesor Chilinsky tiene una fórmula o medicina o algo parecido. —¿Cazador de zombis? —exclamó José. Los dos decidieron convertir a esta vieja fábrica de muñecas en un refugio para las personas que huyen de los zombis—respondió Gloria tranquilamente. mi marido no es Vigilante. —Ahora coman. Si ustedes dos quieren conversar un poco antes de dormir —les dijo la mujer a Armando y José— pueden hablar con mi marido. para esos estamos aquí. pero le interesaba más conocer la respuesta de Gloria. —Pues porque nos has traído corriendo a José y a mí por todos lados y no nos has explicado el por qué es tan importante ese tal Chilinsky. Armando y José se quedaron inmóviles por la sorpresa. —Esa mujer es mi madre y este lugar perteneció a un tío. Rolando Mota me dio unos papeles que quería que Chilinsky viera. —¿Su marido es Vigilante? —le preguntó José. —¿Quién es esa mujer y cómo sabías de este lugar? —le preguntó Armando a Gloria. No esperaban oír esa respuesta. Es cazador de zombis —respondió la mujer. A él también se le hacía muy extraño que alguien se dedicar a cazar zombis. Armando su disculpó con Gloria y luego les contó cómo se había encontrado con Rolando Mota y lo que éste le había dicho acerca de la “mano negra” que había detrás de los zombis. sin hacer mucho caso a la pregunta de José. —Perdón por no haberles dicho eso antes —le dijo Gloria —pero es que me sentía un poco molesta contigo. Además.—No te preocupes. añadió todo lo que sabía sobre el profesor Chilinsky. hermano de papá. dándole un buen trago a su jugo. que comía con fruición su puchero. por qué? —preguntó Armando. —¿Conmigo. que lo escuchaban muy atentos —fue que al parecer el profesor Chilinsky descubrió la manera de (no estoy muy seguro si dijo detener o revertir) el estado zombi. que no tarda en regresar. Pedro. como le dije a Gloria —respondió la mujer con una sonrisa. Armando. Está haciendo su ronda. —No. visiblemente apenado. 54 . que salió de la habitación cargando con cuidado la cacerola del puchero.

—¿Y por qué te los dio a ti y no se los llevó él personalmente? —le preguntó José, que ahora sentía un singular respeto por el fallecido Rolando Mota. —No lo sé. Quizá presintiera su muerte —dijo Armando—, o quizá sabía que su manera de funcionar era utilizando su mente, más que su cuerpo. Después de que Armando terminara de hablar todos guardaron silencio, sumidos en sus pensamientos. Luego se pararon de la mesa y llevaron los platos a lavar. Sobre todo Armando y José sentían que era su deber contribuir en algo en aquél refugio que tanto bien les había dado. Luego, Armando y José se tumbaron en los catres, mientras Gloria se sentó a la mesa. Con un trapo que había encontrado restregaba la hoja de su machete, quitándole todo rastro de sangre o tejido zombi. —¿Cómo está eso de que tu papá es cazador de zombis? —le preguntó José a Gloria desde su catre, donde yacía acostado, cubriéndose los ojos con el brazo. Gloria sonrió ante la pregunta. Sentía un cariño especial por su padre, que siempre había sido un excéntrico, pero a su manera. —Papá simplemente se hartó de estar escondiéndose —dijo Gloria, mientras seguía limpiando su machete —, al principio actuó como todo el mundo, creo, y se dedicó a protegernos a mamá, a mi hermano y a mí. Después vio que el problema se extendía y, junto con mamá, pusieron a funcionar este refugio en la antigua fábrica de muñecas que era de un hermano de papá. La gente se enteró del refugio y pronto este lugar estuvo lleno hasta los topes. Gloria terminó de limpiar su machete y se levantó para servirse más jugo de uva. Luego volvió a sentarse a la mesa y continuó—: A papá esto lo mantuvo ocupado un tiempo, pero después empezó a darse cuenta de que la gente sólo buscaba refugio y no se interesaba en nada más. Era como si dijeran “somos refugiados y su deber es darnos comida y techo”. Cuando papá intentó crear un grupo de Vigilantes, por ejemplo, sólo consiguió a tres voluntarios, siendo que en ese momento había cerca de noventa hombres y jóvenes en el refugio. Así que un buen día, hará cerca de un mes, decidió salir a las calles, no para vigilar, sino para cazar zombis. —¿Con gente voluntaria del refugio? —preguntó José. —Ya te dije que sólo consiguió tres voluntarios aquí —respondió Gloria —, así que al resto tuvo que conseguirlos allá afuera. Han tenido un gran éxito. Llevan cerca de trescientos zombis muertos. Lástima que no estuviera cerca de nosotros esta noche. Quizá nos hubieran ayudado acabar con esos monstruos.

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José meditó en las palabras de Gloria. A él también le parecía que era mejor pelear que huir. Él se había hecho Vigilante porque desconocía que hubiera cazadores de zombis. De haberlo sabido, se habría convertido en uno de ellos. —¿Y por qué entonces hay más Vigilantes que cazadores de zombis? —preguntó José, que se irguió y se sentó sobre el catre. —Porque los cazadores de zombis estamos fuera de la ley —dijo Pedro, el padre de Gloria, que en ese momento entró a la habitación. Era un tipo delgado y bajo, que llevaba el pelo muy corto y vestía pantalón de mezclilla, una camiseta de Green Day y tenis Converse. Si no fuera porque en su pelo se veían bastantes canas, cualquiera lo hubiera tomado por un muchacho. —¡Papá! —lo saludó Gloria, levantándose de la silla para abrazarlo. —Hace rato tuvimos un encuentro con zombis. Maté ocho. —¡Esa es mi niña! —exclamó el padre de Gloria y se sentaron juntos a la mesa. José y Armando también se levantaron de sus catres y se sentaron. —Estos son Armando y José —los presentó Gloria a su padre. —José es Vigilante y conoce a Federico. Armando es… una especie de correo. Necesita nuestra ayuda para encontrar a un profesor que puede acabar con los zombis. —¿A sí? —se interesó el padre de Gloria. Armando estaba a punto de responderle, cuando intervino José, que por lo visto era muy terco. —¿Por qué dice que están fuera de la ley? —le preguntó al padre de Gloria. —¿No sabes nada de las Leyes Zombi? —le dijo éste. —Sí, las conozco, pero no sabía que las estaban aplicando. Ya sabe, estamos en México y, por lo general, las leyes se pasan por alto, sobre todo en momentos como los actuales, en los que las autoridades han sido rebasadas. —Pues esas Leyes Zombi se están aplicando y de manera muy estricta —dijo el padre de Gloria. —A seis de mis compañeros se los llevaron presos la semana pasada. —¿Pero quién las está aplicando? —exclamó José, confuso. —¿Quién? —exclamó a su vez el padre de Gloria, muy serio. —Eso es una de las cosas que me gustaría saber. Sí supieron ustedes del ataque de esta noche al Palacio Nacional, ¿verdad?

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—¡Y que lo diga! —intervino Armando. —Yo estuve en la posada, invitado por un amigo al que mataron los zombis cuando nos atacaron. —Pues tuviste suerte de salir vivo de ahí —le dijo el padre de Gloria. —Hasta el momento van cerca de cien muertos, según nos informó un amigo que también anduvo por allá. No sé si sea verdad, pero me dijeron que los zombis mataron al presidente Calderón y a su familia o alguien se los llevó secuestrados. —¡Dios mío! —exclamó Gloria. —Sí, pero esperemos que esos sólo sean rumores —continuó el padre de Gloria, que se sirvió un vaso de jugo de uva. —Lo que no me gusta nada de este asunto es que simplemente no me explico cómo un grupo de zombis tan grande pudo haber planeado un ataque así al Palacio Nacional. De mi experiencia con zombis les puedo asegurar que esos monstruos no piensan. —Creo que yo sé la respuesta a su pregunta — le dijo Armando. —Sin embargo, antes de decírsela me gustaría saber el por qué se decidió a matar zombis sabiendo que estaba prohibido por la ley. Quiero decir, me imagino que usted es un hombre honrado que siempre ha respetado la ley. —Sí, siempre he respetado la ley —dijo el padre de Gloria. —Tuve un problema de pago con tarjetas de crédito, pero fue por causas ajenas a mi persona y no tuvo nada que ver con fraudes, dolo o alguna cosa parecida. Sin embargo, fuera de andar escondiéndome de los cobradores, nunca hice nada fuera de la ley. El padre de Gloria se tomó el vaso de jugo y continuó: —Cuando mi esposa y yo habilitamos este refugio, me di cuenta de muchas cosas que antes había ignorado. Por ejemplo, que habitamos un país de víctimas. No sé si ustedes se habrán dado cuenta, pero cuando sucede un desastre natural, lo primero que hacen las personas es auto calificarse como “damnificados”, esto es, como víctimas. Una vez hecho esto, esperan que terceras personas, ya sea el gobierno o alguna institución de caridad, sean las que les resuelvan la vida: exigen comida, refugio y que les sean reintegrados los bienes materiales que perdieron. —Bueno, pero eso es algo que, dadas las circunstancias de desastre, es el comportamiento natural en todo el mundo, creo —comentó Armando. —De acuerdo: es natural que así sea —respondió el padre de Gloria. —Pero si se fijan bien, esa no fue la reacción que tuvieron los “damnificados” en el terremoto de 1985. Entonces la gente se unió, hubo un sentimiento de solidaridad y, antes que esperar a que el Gobierno les ayudara, surgieron grupos civiles de ayuda voluntaria y entre todos sacaron adelante la situación. Y, ¿saben por qué fue así?
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Al ver que todos guardaban silencio, el padre de Gloria continuó: —Las cosas fueron de esa manera en el terremoto de 1985 porque el Gobierno se tardó mucho en reaccionar. Simplemente, la ayuda gubernamental brilló por su ausencia, sobre todo durante las primeras horas o incluso los primeros días de la tragedia. Los ciudadanos pronto se dieron cuenta de que no podían contar con la ayuda del Gobierno, así que se olvidaron de que eran víctimas o “damnificados” y eso los llevó a actuar. —¿La ausencia del Gobierno evitó la victimización? —aventuró Armando. —Exacto —respondió el padre de Gloria. —En este país, el Gobierno siempre nos ha tratado a sus ciudadanos como si fuéramos unos niños que no nos podemos valer por nosotros mismos. Y el problema es que la mayoría de la gente se lo cree. Así que no somos capaces de enfrentar las cosas malas cuando se presentan y siempre necesitamos de terceros para resolver nuestros problemas. —Pero en los últimos años los mexicanos hemos estado involucrándonos cada vez más en asuntos que antes correspondían únicamente a los políticos —comentó José, que desde hacía tiempo se consideraba a sí mismo como un ciudadano comprometido, razón por la cual se había unido a un grupo de Vigilantes. —Sí, pero hemos sido engañados —dijo el padre de Gloria. —Cuando el Gobierno vio que los ciudadanos se involucraban cada vez más en sus asuntos no hizo nada por cambiar o mejorar su desempeño, minimizando así la necesidad de contar con esos mismos ciudadanos. Al contrario, siguió haciendo las cosas como hasta entonces y acogió con gusto a los ciudadanos comprometidos. Fue la jugada perfecta, porque así aparentaba apertura, seguía sin cambiar su manera de gobernar y disminuía la presión. —¡Pero eso no tiene sentido! —protestó José, que no le gustaba perder. —¿No? —dijo el padre de Gloria. —Al contrario, está lleno de sentido. Según veo, por lo menos tú, José, estás involucrado en algún movimiento ciudadano, ¿o me equivoco? —No se equivoca. Pertenezco a un grupo ciudadano encargado de auditar el avance de la transparencia en la función pública —respondió José, no sin cierto tono de orgullo en la voz. —Bien por ti, te felicito —le dijo el padre de Gloria con sinceridad. —Sin embargo (y aquí quiero que seas lo más franco posible), ¿crees que en verdad tu grupo ciudadano ha logrado influir en el nivel de transparencia de la función pública? José no contestó. Permaneció callado, desafiante.

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59 . basta! —exclamó Gloria. ya que a la vez que lo contaba se iba haciendo una idea más clara del asunto. No creo que hayan planeado desarrollar sus campañas políticas en medio de ataques de zombis. —Su truco está en aceptar el consejo ciudadano (incluso permitiendo que sus miembros asistan a las reuniones importantes) pero tomando las decisiones como si éste no existiera. ellos pueden excusarse diciendo que los mismos ciudadanos intervinieron en el proceso. según creo. Así que dejen eso para otro día. irguiéndose en su silla. —Es demasiada casualidad de que la mayoría de los zombis estuvieran en los alrededores del Zócalo precisamente mientras tenía lugar la posada en el Palacio Nacional. —¿Cómo lo sé? Bueno. No omitió nada. en algún momento se les fue de las manos. el plan original de los partidos políticos de influir en los infectados para obtener su voto. principalmente de los partidos políticos. que aventajaba a su marido en cuestiones de índole política. Todos lo escuchaban con atención y no lo interrumpieron ni una sola vez. están tras este asunto de los zombis. la verdad es que el nivel de transparencia de la función pública ha permanecido tan opaco como antes —se respondió a sí mismo el padre de Gloria. —¡Bueno. que se había incrementado con la llegada de la mamá de Gloria y otras tres personas que vivían en el refugio— es que. Gloria —dijo Armando —. De esa manera. Dana —dijo el papá de Gloria. pero considero que tu papá tiene razón. incluso si las cosas siguen como antes. los ataques de zombis más recientes no son producto de la casualidad. aunque su intervención fuera sólo como adorno. Ahora lo que necesitamos todos es descansar y buscar al profesor Chilinsky ese. —… Lo que no alcancé a comentar con Rolando —decía Armando a su auditorio. —¿Qué dices? —dijo el papá de Gloria. —Sin embargo. —Estoy de acuerdo contigo. —Estoy de acuerdo contigo. —Las discusiones sobre política siempre son aburridas y por lo general terminan mal. Armando procedió entonces en lo que le había contado Rolando Mota. —Yo tampoco lo creo —replicó la mamá de Gloria. Alguien tuvo que influir para que estuvieran en el lugar y la hora correctos para sus planes.—No. y creo que Pedro estará de acuerdo conmigo. porque resulta que gentes en el Gobierno. porque yo mismo pertenecía a uno de esos grupos ciudadanos. con lo que Armando y José conocieron el nombre de la mujer. —¿Y dónde está el truco del Gobierno? —preguntó José.

Armando llegó al baño después de sortear a una multitud de chiquillos que jugaban a los zombis en el centro del pasillo franqueado por las hileras de camas. Armando se preguntó cuántos de ellos estarían dispuestos a poner sus vidas en riesgo buscando a un científico desconocido. Armando pudo darse cuenta de que lo que decía el papá de Gloria era verdad: aquellos refugiados parecían sentirse en su casa. —¿De qué se trata todo esto? —preguntó Armando. Después de todo. En el baño pudo orinar finalmente. Gloria y su mamá conversaban con los demás. que le pidió a su mujer que por favor le trajera su mochila que había dejado en la entrada. cerca de la puerta por la que había entrado. —Las señales han sido hechas durante las últimas seis semanas. mucho —contestó el papá de Gloria. En la habitación reinaba el bullicio. que eran treinta. gracias a los informes que nos ha facilitado José. Se lavó las manos y observó su rostro en el espejo sobre el lavabo. —En este mapa señalamos aquellos puntos en los que han tenido lugar los ataques de zombis más recientes —le explicó el papá de Gloria mientras daba vuelta al mapa. eso dije. que como Vigilante ha cubierto una parte de la ciudad que está más allá de la zona que cubríamos los cazadores de zombis. del cual el refugio parecía tener grandes provisiones. Ya no parecía zombi. ¿Acaso eso es algo importante? —Sí lo es. a fin de que Armando pudiera verlo. Tenía una cara espantosa. 60 . Estaba tan cansado que no sabía si podría continuar un día más. Estas negras que vez aquí las hemos puesto ahora. Esperaban ser vestidos y alimentados. tomando asiento. Mientras la mamá de Gloria fue por la mochila. —Sí. eran “damnificados”. sino que semejaba más a una de sus víctimas. Armando se excusó con los presentes para ir al baño y tanto Gloria como José se levantaron para estirar las piernas y servirse de nuevo jugo de uva. la cual aparentemente había seguido muy atenta la narración de Armando. Armando esperaba que todo concluyera rápidamente. Al regresar a la habitación donde sus amigos se encontraban reunidos. El papá de Gloria discutía con José y uno de los recién llegados unas cifras y señales que estaban escritas en lo que parecía un mapa de la ciudad. No podía asegurarlo. ¿no dijiste que te encontraste con unos zombis SMES y que eso sorprendió a Rolando Mota? —le preguntó Gloria. pero creía que ninguna de aquellas gentes se ofrecería de voluntaria.—Armando. Armando preguntó a unas personas por el baño y estas le indicaron que estaba al fondo. según contó. aparentemente tratando el asunto que se desarrolló ahí mientras Armando estaba en el baño.

que resultó muerto por un zom61 . Evaristo. o tenían ciertas características comunes que los diferenciaban de otros zombis. —Lo que más nos llamó la atención —continuó Daniel— es que la mayoría de los zombis pertenecían antes a alguna agrupación sindical o de esos grupos de protesta profesionales como los de “Antorcha campesina”. lo cual se podía esperar tratándose de zombis. Al principio. —Zombis que parecían formar parte de tribus o clanes. Esto lo notamos porque había grupos de ellos cuya forma de vestir era parecida. parece existir un patrón. Efectivamente.Armando observó el mapa. Como los zombis SMES. azul. Armando pudo ver un patrón definido. Las zonas rojas son las que señalan los puntos en que matamos zombis hace seis y cinco semanas —explicó un sujeto que se llamaba Daniel y que formaba parte del escuadrón de cazadores de zombis. conforme las semanas y los colores se sucedían. las que definitivamente indicaban que los ataques de zombis estaban siendo orquestados. corresponden a las de hoy. los de hace cuatro semanas. los de hace tres semanas. las cafés son de la semana pasada y estas negras. llamados así porque eso es lo que gruñen. eso es seguro —comentó Armando. Y esto lo supimos porque un compañero cazador. seis semanas atrás. como un mantra. que contaba con quince miembros. las marcas tendían a estar más concentradas. Las señales cafés. —Las azules. “Los cuatrocientos pueblos” o los del CNTE. —Y refuerza además lo que plantea Dana: esto está orquestado. nuestro compañero Daniel aquí presente. Hace un rato les dije que eso de los zombis SMES era importante —dijo el papá de Gloria. los de hace dos semanas. morado. señalando el mapa con ligeros golpes de dedo sobre las zonas café y negra. las que apenas se habían puesto en el mapa. verde. las marcas rojas aparecían dispersas. es cazador de zombis y también se ha dedicado a registrar qué tipos de zombis eran. que como dijo Pedro. que señalaban los puntos de los ataques de apenas una semana atrás ya mostraban una distribución tan definida que difícilmente podría achacársele al azar. Si te fijas bien. —¿Y eso para qué? —preguntó José. café y negro. Sin embargo. un tipo moreno y robusto. —Bueno. que estaba bastante poblado por cruces de varios colores: rojo. Además. aquí hay algo. las verdes. —Pero diles qué fue lo que más nos llamó la atención —le dijo el papá de Gloria. Pero eran las señales negras. —Pues porque empezamos a notar que en nuestras cacerías habían ciertos tipos definidos de zombis —respondió Daniel. las moradas.

Las palabras de Daniel sumieron a los reunidos en el silencio. podremos averiguar quién está detrás de todo esto. 62 . Si logramos contestar a eso. fue la que rompió el silencio: —La pregunta que todos nos debemos hacer es por qué. Cada uno intentaba asimilar lo que se había dicho en esa habitación del refugio. Afuera. la mamá de Gloria. Mañana continuaremos con esto y oiremos lo que Armando nos tiene qué decir sobre su misterioso profesor Chilinsky.bi en una de nuestras rondas. Sin embargo. los zombis continuaban con su cena. creo que lo que debemos de hacer es irnos a dormir. nos comentó que él había formado parte en su juventud de varios de esos grupos de protesta y había reconocido a muchos de sus antiguos compañeros en las cabezas de zombis de las que llevábamos la cuenta. en parte para ordenar las ideas. Así que cada quién se buscó un lugar y se dispuso a intentar recuperar las fuerzas durmiendo. en parte para poder contribuir de alguna manera a ayudar a todos a despertar de la pesadilla. ¿Todos de acuerdo? El silencio que imperó fue la respuesta. Dana.

Arizona y. Mientras en el refugio de los padres de Gloria todos se buscaban un espacio en dónde intentar conciliar el sueño. Brown y le preguntó secamente: —¿Qué es esto. El ambiente ahí dentro era muy denso. Oscar Nié.7. los cuales estaban seguros que les esperaba una larga noche. también creado recientemente. La asistente preguntó a los presentes si se les ofrecía algo más. Wide. una asistente llenaba la última de las tazas de café de los ahí reunidos. por supuesto. Fueron recabados por nuestro sistema satelital de defensa y por las unidades de inteligencia que mantenemos en la zona. que llevaba sólo unos meses en el puesto. un tipo con cara de póker enfundado en un uniforme de campaña. Brown. asistente especial del presidente. el doctor Don Playwithme. sheriff del condado de Maricopa. Además del general Stack A. carraspeó antes de contestar: —Es el último reporte que tenemos de la situación en la frontera. Apenas se cerró la puerta. de la FDA. Al no obtener respuesta. 63 . solicitada por el encargado de los Servicios de Seguridad Interna de los Estados Unidos. el general Joseph Stack A. Barak Obama.Arcadia. sintiéndose aliviada. quien presidía el Comité de Telecomunicaciones Nacional. Brown.. encargada de la oficina de inmigración. señor. Fijó su mirada en el general Stack A. Joe Arpaio. Era una reunión de emergencia. abandonó discretamente el salón. en un salón anexo a la Oficina Oval de la Casa Blanca. presidente en funciones de los Estados Unidos. se encontraban reunidos en la sala Ian Busy. el presidente levantó la vista de los papeles que tenía ante sí sobre la mesa. señor. Joe? El general. a miles de kilómetros de ahí. Ann O. —¿Y podemos tener confianza en estos datos que nos presenta? —Absolutamente. señor. ya que la oficina SSI era de reciente creación.

Los mexicanos nunca habían estado tan unidos como hasta ahora en su odio a los Estados Unidos. ya que no esperaba que el presidente Obama cambiara de tema de una manera tan brusca. El gobierno mexicano ha puesto el grito en el cielo. Joe. Nos precipitamos en anunciar que cerraríamos la frontera para el paso de personas. cómo le hacía falta un cigarrillo!) Todos los que estaban ahí reunidos sabían que las amenazas que había lanzado acerca de cerrar la frontera tenían como objeto unir a los americanos contra un enemigo común en vista a las elecciones. señor. Sus rivales republicanos estaban intentando hacer que cometiera un error y de seguro querían más. estuvo a punto de derramar su café en el regazo del doctor Playwithme. Esperaba que al menos por ese lado las cosas no fueran tan malas. (¡Dios. —… Tres mil kilómetros de frontera. Ann —replicó Obama— es porque han sabido aprovechar nuestra torpeza. pero es lo que hemos venido amenazando con hacer desde hace meses. —Si no han emprendido ninguna acción. la acción que más nos convendría tomar en este momento? Lo pregunto desde su punto de vista. Al hacerlo. si se puede saber. —Cerrar la frontera de inmediato. —¡¿Cerrar la frontera?! —Estalló Barak Obama— ¿La única solución que se le ocurre en este momento es cerrar las tres mil millas… —Kilómetros. por supuesto. sus asesores habían estado seguros que ante la invasión zombi a México su reelección sería un mero trámite. Wide y del sheriff Arpaio (¡ese patán racista!) no prometía nada bueno. Pero ahora Barak Obama no estaba tan seguro. en reuniones como aquella se sentía a punto de explotar. La presencia en la reunión de Ann O. 64 . Ian? —preguntó Obama a su asesor. Si a George W. Ian Busy dio un respingo. El presidente Obama guardó silencio y suspiró. así como así? —Con el debido respeto. Esto les sirvió de excusa a los políticos mexicanos para hacer crecer el sentimiento nacionalista. Bush el ataque del once de septiembre le había servido para obtener un segundo mandato. señor. Wide—. —¿Qué tenemos de novedad en el avance del virus zombi. señor presidente —intervino la encargada de inmigración Ann O. Si de por sí él siempre tenía los nervios a flor de piel.—¿Y cuál sería. pero no ha emprendido ninguna acción diplomática definitiva hasta el momento.

propugnaba por que se diera a conocer la verdad. a las que les echó un vistazo antes de hablar. —Bien… —Ian Busy se acomodó los lentes y sacó unas hojas de su portafolio. intentando conservar la calma. asustado. además de un incendio que dañó gravemente un ala del edificio. 65 . no. principalmente en el centro del país. —En México la situación es caótica. Los ataques de zombis se han multiplicado. ¿por qué preguntas si me refería aquí o a México? —dijo Obama. —Entonces. Lo que yo quería señalar con mi pregunta. Playwithme.—¿Se refiere aquí en América o en México. —Sin embargo —se defendió Ian Busy— debes considerar. señor presidente —respondió Ian Busy— afortunadamente. ya que formaba parte del grupo de epidemiólogos que descubrió al paciente cero original en los Estados Unidos. si tomamos en cuenta que el virus se originó en este país y no en México. Posteriormente se conoció ésta. claro. como siempre le ocurría cuando estaba nervioso. pero ya era demasiado tarde: en México ya se había extendido el contagio y el mundo entero llamaba a la influenza AH1N1 la “gripe mexicana”. señor presidente? —preguntó tímidamente. Nos acaban de reportar que hace algunas horas se efectuó un ataque de zombis en el Palacio Nacional. —¿Ya tenemos casos de zombis aquí? —preguntó Obama. aunque al parecer la Primera Dama se unió a las hordas de zombis. Cosa que no debería sorprendernos. no. incluida la Capital. Pero las autoridades del Gobierno impidieron que se conociera la verdad. Un informe no confirmado todavía la señala como una de las participantes en un ataque a un asilo de ancianos que está por la zona. En aquella ocasión él. en México. era que si el presidente deseaba conocer el avance del virus zombi desde nuestra perspectiva aquí en América o lo que está pasando en México. —Oh. Don. que esos indicios o sospechas no han sido confirmados. parpadeando con rapidez detrás de su gruesos lentes. Se calcula que hubo unos setenta muertos. Aún recordaba la jugada que habían hecho sus colegas en los Estados Unidos con la llamada influenza porcina en 2009. Las últimas palabras las dijo en un tono irónico. —Empecemos por México —dijo Obama. señalando como el paciente cero a un niño de Veracruz. siendo que el primer caso de influenza porcina se había originado en el medio oeste de Estados Unidos. El presidente Calderón y sus hijos están en un lugar seguro en estos momentos. —Porque resulta —intervino el doctor Don Playwithme— que existen indicios que nos hacen sospechar de la existencia de al menos cincuenta casos de infectados por el virus zombi aquí en los Estados Unidos. donde tenía lugar un evento.

pero sólo hasta cierto punto. El general carraspeó sonoramente y continuó —: Podemos contener el flujo de enervantes que atraviesan la frontera. —No. a quien la turbación del presidente le ponía aún más nervioso —. Por otro lado. —El presidente Calderón y sus hijos muestran un avanzado grado de zombificación. (carraspeo) señor. haciendo un lado la imagen de Margarita zombi atacando un asilo. los sindicatos y otras organizaciones “populares”. —Es muy posible. a quien le empezaba a vibrar la voz. estatales y federales) o cuentan con antecedentes penales (principalmente por delitos violentos) o pertenecen a algún sindicato o a una de esas organizaciones de manifestantes profesionales que toman las calles y que son tan populares en México. Brown—. General. pero no al extremo de la Primera Dama. señor —respondió el general Stack A.—¿Margarita. zombi? —Se espantó el presidente Obama. —Lo que quiero saber es qué ha pasado con el crimen organizado. —El crimen organizado prácticamente ha desparecido. Don —dijo Obama. —Margarita zombi… —susurró Obama. No sabemos aún cómo pudieron haberse contagiado. señor —respondió Ian Busy. Sabemos que en México las fuerzas del orden están terriblemente corrompidas y que más del 50% de sus efectivos se hallan coludidos con el crimen organizado. que la razón sea la propensión a la violencia que muestran ese tipo de individuos. —Es posible que tenga mucho que ver con lo que mencionó el doctor Playwithme hace unos momentos. —Así es. Sin embargo. Además. —¿Alguna razón para eso? Preguntó Obama a su asesor. señor. —Otra cosa interesante —continuó Ian Busy. Detener completamente el paso de enervantes sería realmente un suicidio. Brown. —¿Se detuvo el paso de drogas a los Estados Unidos? —Quiso saber Obama. también el combate directo al narco que se dio en estos últimos años realmente debilitó a los cárteles de la droga y a las bandas de delincuentes que aprovecharon la confusión reinante y el miedo de sus ciudadanos. 66 . —En un momento más volvemos al punto. nuestros estudios demuestran que la violencia acelera el proceso de zombificación. eso hubiera representado un verdadero terremoto para la seguridad nacional de los Estados Unidos. como las llaman allá. señor —intervino una vez más Don Playwithme—. señor. es que tenemos reportes de la CIA en los que se informa que la mayoría de los zombis (ellos calculan un 90%) corresponden a individuos infectados que anteriormente pertenecían a las fuerzas policiacas (tanto municipales. señor. que aún no se lo podía creer. señor. señor —respondió el general Stack A. también tienden a ser violentas.

Amaba a su país y apreciaba a la mayoría de sus compatriotas. a fin de evitar de que cunda el pánico entre la población. pero en ocasiones como la presente sentía una especie de vergüenza. el país de la libertad por excelencia. La triste realidad era que los Estados Unidos necesitaban las drogas. —Sólo un poco de aire fresco y humo. Todavía no entendía el porqué el general había invitado al sheriff Arpaio a la reunión. —Existen sospechas (aún no confirmadas) de que están empezando a surgir brotes del virus zombi aquí en América. —El Sheriff Arpaio preguntó si le podíamos explicar lo del asunto del origen real del virus zombi —explicó el general Stack A. El doctor Playwithme lanzó una mirada de ira al general. 67 . Y no precisamente por la hora. equipos médicos especiales están efectuando pruebas preliminares en pacientes que presentan síntomas de influenza. Ian? —preguntó el presidente a su nervioso asesor. un integrante del servicio secreto se le acercó y le preguntó si necesitaba alguna cosa. Sin embargo. Trini —respondió Obama. Siete minutos después. Patético. según la opinión del doctor Don Playwithme. Todos los pacientes sospechosos de infección del virus zombi han sido puestos en cuarentena y están siendo monitoreados en estos momentos. Conforme avanzaba la reunión las cosas se estaban poniendo cada vez más feas. Por supuesto. Una acalorada conversación que mantenían en ese momento Don Playwithme y el sheriff Joe Arpaio se interrumpió. prometiéndole que no se lo diría a la Primera Dama. estaba compuesto por los seres más hipócritas del planeta. Así que lo acompañó hasta un área del jardín y le ofreció uno de sus cigarrillos a Obama. En el acto. con una sonrisa que denotaba un gran cansancio. éste es un asunto confidencial que no tiene por qué ser conocido por todo el mundo. El agente del servicio secreto Trinidad T. —¿Y qué hay con el avance del virus aquí.El presidente Obama meditó unos momentos lo que había dicho el general. las pruebas se realizan con las más estrictas normas de confidencialidad y a los pacientes se les dice que están padeciendo los síntomas de una cepa debilitada de la gripe aviar. Tolueno estaba acostumbrado a esas “escapadas” del presidente. Brown al presidente —. El presidente Obama les indicó con un gruñido y un gesto que continuaran con la conversación que mantenían. un chiste privado que ya estaba empezando a perder su gracia. El presidente Obama se excusó con los presentes y salió de la habitación. —Lo que ya se dijo también. América. el presidente Obama regresó a la sala. Para estar seguros de ello. señor —respondió Ian Busy de inmediato.

68 . así que se decidió por revelarle el secreto al sheriff.—El sheriff Arpaio está en todo su derecho por pretender conocer la verdad —dijo el presidente Obama. Finalmente encontraron el lote del virus. con horror. No sabemos qué pasó (nuestros amigos de la CIA y del FBI no pudieron. —Nuestros muchachos de la CIA pasaron la frontera y se encontraron con que la droga contaminada con el virus había sido incautada por el ejército mexicano en una redada de narcos. o no quisieron. explicarlo) pero el hecho es que se esfumó un lote que contenía el virus. Brown. —El lado humanitario del ejército —ironizó el doctor Playwithme. El doctor Playwithme hizo una pausa y tomó unos sorbos de su café. La CIA y el FBI se lanzaron hacia la cacería más importante desde el ataque al World Trade Center. que ya estaba helado. Se llevaron a los detenidos y a la droga en helicóptero a la Ciudad de México. a quién consideraba un ser estúpido. armas y drogas. Luego continuó con su relato. —Presionados por los escándalos de torturas durante la pasada administración. quién aún se sentía irritado por haberse dejado convencer de la absoluta necesidad de tender una cortina de humo acerca del verdadero origen del virus zombi. —El propósito principal (carraspeo) era diseñar una droga que permitiera obtener información de los sospechosos de terrorismo sin que hubiera necesidad de recurrir a la tortura. que se volvió hacia el sheriff Arpaio y continuó con su explicación —: Como siempre sucede en estos casos. que había sido robado por un soldado en activo que estaba metido en asuntos de drogas y exportación ilegal de armas de asalto a México. para no dar la impresión de que el ejército de los Estados Unidos estaba dirigido por una manada de lobos. Nuestros servicios de inteligencia descubrieron. El doctor Playwithme no estaba seguro de cómo interpretar las palabras del presidente. nuestros amigos del Pentágono buscaron el usual “Hocus Pocus” y contrataron los servicios de un chalado experto en biotecnología genética. que el virus se había mezclado (nadie sabe cómo) con un preparado de la droga éxtasis y había pasado la frontera mexicana en un intercambio de dinero. Las órdenes que tenían eran las de localizar y destruir de inmediato el lote que contenía el virus. —El Pentágono no tenía intención de crear zombis —intervino el general Stack A. el lote que contenía el virus se esfumó. quien quería presentar los atenuantes del caso a los presentes que no estaban enterados de éste. —El virus zombi se originó aquí en los Estados Unidos —dijo el doctor con un tono de voz que dejaba traslucir el desprecio que sentía hacia el sheriff Arpaio. pero la CIA cumplió la orden recibida y se encargó de destruir la droga contaminada: el helicóptero sufrió un “accidente” en su vuelo de destino a la Ciudad de México.

se puso tieso al escuchar el pedido del presidente.—¿Y cómo fue entonces que los mexicanos creyeron que el virus se había originado en México? —le preguntó al doctor Ann O. Aprovecharon el hecho de que ese narco recién llegado efectivamente estaba tratando de diseñar una nueva droga. creo que el sheriff Arpaio y algunos otros aquí presentes ya conocieron la historia. 69 . muchos se dieron cuenta de que una cosa no tenía nada que ver con la otra. Sin embargo. que había estado callado durante toda la reunión. millones de estadounidenses son de origen mexicano y mantienen lazos estrechos con sus familiares en México. que se levantó de su asiento y se acercó a una de las paredes de la sala que tenía una gran pantalla plana que se utilizaba para las proyecciones. Brown. Después de todo. que no conocía tampoco el asunto. enfático. Por supuesto. —Con respecto a las telecomunicaciones —comenzó a hablar precipitadamente al tiempo en que consultaba unos papeles —. El efecto fue un tanto cómico. Brown. —La CIA hizo correr el rumor que un narco sin importancia llamado el 19 tuvo que ver con el asunto de contaminación de la droga. como sabemos) nos proporcionó una excusa excelente. pero por fin conseguimos bloquearlos aduciendo a supuestas cuestiones de seguridad nacional. antes me gustaría saber qué novedades nos tienes. ya que la decisión de sus legisladores de detener el cambio de la televisión analógica a la digital (lo cual fue por cuestiones electoreras. No fue tan difícil aislar a México con respecto al Internet. Así que les propongo proseguir con nuestra reunión. Todavía nos falta discutir la razón por la que esta reunión fue convocada por el general Stack A. Brown. ya que Oscar Nié era un tipo robusto. La atención de los presentes se centró en el general. —Bueno —cortó el presidente Obama en ese momento—. Por supuesto. fue en el ámbito doméstico. —El peligro sobre la seguridad nacional es real —exclamó el general Stack A. ya que no podía competir con los cárteles. —Lo cual es precisamente el hecho por lo que pedí convocar a esta reunión de emergencia al presidente Obama —dijo el general Stack A. Aún no lo sé cómo pudimos lograrlo. Wide. —La mayor dificultad que enfrentamos —prosiguió Oscar Nié sin hacer caso de la interrupción del general —. Oscar Nié. existen fallas en el proceso y tememos que pueda surgir algún problema importante en cualquier momento. Oscar —dijo Obama. el flujo de información lo tenemos controlado. Fue un verdadero reto canalizar los flujos de remesas que se mandan diariamente a ese país por canales ajenos a la red e interceptar el correo regular entre los dos países. cuyo traje se le veía tan ajustado que parecía iba a romperse por las costuras. dirigiéndose al presidente del Comité de Telecomunicaciones Nacional.

señor. señor —intervino Ian Busy. —Creo que ese número se refiere al total de ilegales en el país. quien hacía un esfuerzo por contener su ira. a quien le tembló visiblemente la voz. consideramos a aquellos mexicanos que están más en contacto con los ilegales. el general Stack A. Con un movimiento involuntario se enjugó la frente y continuó: —Verá…. mostrando un mapa coloreado de los Estados Unidos. señor. seguro de sí—. Y la razón de ello. aunque por dentro se sentía hervir la sangre.El general presionó el mando correspondiente y la pantalla se iluminó. —Lo siento. los cuales se calculan en unos once o doce millones. tiempo —dijo el asesor. —Bien…. la razón por la que esta reunión de emergencia se ha convocado. ejem —contestó el general. —Por la seguridad de América. volviéndose hacia su asesor. es indispensable deportar de manera inmediata a todos los inmigrantes ilegales de origen mexicano. —Eso incluye al resto de latinos. —¿Y cuál es esa razón. vacilante. ¿qué beneficio. señor. sí señor. —Pero con esa estimación. 70 . sacaríamos nosotros al deportar en masa a esos once millones de personas? —Obtendríamos tiempo. —¿Sabe lo que me está pidiendo. a quien el sudor empezó a perlar su frente. general —señaló el presidente Obama. —¡¿Qué?! —rugió el presidente Obama. cuya voz se iba elevando de volumen conforme hablaba. señor —exclamó el general. —Lo que estamos viendo es la distribución actual de todos los mexicanos que residen actualmente en América —explicó el general. —Sí. si acaso pudiera existir alguno. general? —dijo Obama. terminando casi en un grito. con suficiencia. general? —preguntó suavemente Obama. —Las áreas que están marcadas con gris y que aparecen difuminadas en el mapa son los asentamientos en los que residen (o es muy posible que residan) los mexicanos ilegales. pero es la única solución que puede tomarse en estos momentos. Ian? —exclamó Obama. —¿Sabe lo que costaría deportar en este momento a once millones de personas? ¿Tiene aunque sea la más remota idea del costo político y de imagen que tendría Estados Unidos a los ojos del mundo? Además. asiáticos y demás extranjeros sin papeles. —¿Tiempo. es para pedir su apoyo en la acción de emergencia que las circunstancias actuales exigen.

hay individuos en el gobierno mexicano que están buscando desesperados al profesor Chilinsky. señor —dijo el general Stack A. no sólo de México. señor presidente —dijo el doctor Playwithme —. señor. Y esas mismas fuentes señalan que su propósito es asesinarlo. ya que hay algunos indicios de ello. sino de todo el mundo. pero están intentando averiguar si alguien más se les adelantó. señor. —Sí. —¿Don…? —inquirió Obama. eh? —dijo con mofa el presidente Obama. —¿Y qué tiene que ver eso con lo de ganar tiempo? —dijo el presidente Obama. Brown. quien se sintió aliviado al ver que volvían al tema sin que el presidente hubiera estallado. Durante muchos años fue ignorado por el círculo serio de científicos. Es un polaco que emigró a México en los años sesentas del siglo pasado y que posteriormente adoptó la nacionalidad mexicana. señor. Es por eso que el profesor Chilinsky se adelantó a los nuestros. —La CIA está tras la pista del profesor Chilinsky. cuando todo el mundo sabía que eran criaturas de fantasía. intrigado. mientras se preguntaba interiormente el por qué los científicos americanos que trabajaban junto al ejército siempre buscaban la manera más efectiva de destruir en vez de concentrar sus esfuerzos en prevenir o defender. ejem. —¿Un científico mexicano? —preguntó Obama. su apellido es Chilinsky. —¿Criaturas de fantasía. —¿Esas criaturas fantásticas que actualmente asolan México y que es muy probable que muy pronto rebasen la frontera y empiecen a comerse a los americanos? ¡Vaya con el profesor. 71 . qué ingenuo! El doctor Don Playwithme acusó el golpe de ironía y continuó: —Cuando se supo de la realidad de los zombis. —¿A qué se refiere con eso.Brown ya había hablado conmigo acerca del asunto y creo que comprenderá mejor su punto de vista si escucha lo que tiene que decirnos el doctor Playwithme. ¿La razón? El profesor Chilinsky se especializó en el estudio de los zombis. —Creen haberlo localizado. Joe? —preguntó Obama. —Yo no conozco exactamente a qué se refieren Ian y el general con eso de ganar tiempo. —Según fuentes encubiertas. nuestros científicos se dieron a la tarea de encontrar la manera de exterminarlos y no de encontrar una cura para el virus. señor. pero infiero que tiene que ver con el hecho de que al parecer un científico mexicano ha descubierto la manera de detener y posteriormente revertir el avance del virus zombi.

—Lo quieren matar para poder invadir América. Desde que había sido convocado a la reunión de emergencia por el general Stack A. ¿Ann. Todos los presentes voltearon a ver al sheriff Arpaio. Los republicanos estarían felices de llevar esa política de deportación hasta sus últimas consecuencias. señor presidente —dijo Ann O. que se preguntó por enésima vez por qué a alguien se le había ocurrido llevar a aquel idiota. Wide con energía. Odiaba a México y odiaba a los mexicanos. Siento que no hemos podido establecer prioridades en estos momentos tan difíciles. Brown. Ahora quieren aprovecharse de los zombis para atacarnos. Todos en la reunión tenían un puesto que superaba en mucho al suyo propio. Luego hizo una breve pausa destinada a acomodar sus pensamientos y dijo: —Estamos perdiendo el tiempo en esta reunión. como si estuviera al mismo nivel que el presidente Obama —. —¿Invadir América? —exclamó el presidente Obama. señor —respondió el general. quien pronunció las últimas palabras con un tono fervoroso.—¿Matarlo? —se asombró el presidente Obama. los mexicanos son lo peor que existe sobre la tierra. Así que procedamos a desechar aquello que esté fuera de nuestro alcance. Hasta el momento no he escuchado sino desvaríos. qué nos puedes decir de ello? —Que la deportación masiva es imposible. estuve trabajando unos años allá como agente de la DEA. Oscar —afirmó el presidente. pero fuera de los fanáticos del Tea Party. creo que ellos conocen realmente la imposibilidad de llevarla a cabo. Créanme. —Con todo respeto. el sheriff sabía que iba estar en desventaja. Empecemos con lo último que hemos tratado: la deportación masiva e inmediata de los indocumentados mexicanos. —Así que podemos descartar la deportación masiva de indocumentados —dijo el presidente Obama. sheriff —dijo Oscar Nié —. sino que carecemos de los recursos materiales para llevarla a cabo. fue porque estaba de acuerdo con la idea del general Stack A. —Pero eso no tiene sentido. Brown de expulsar a los mexicanos. saltándose el protocolo. —Definitivamente. Si había aceptado asistir. —No sólo representaría casi una declaración de guerra. pero eso es lo más estúpido que he escuchado en mi vida. en prestigio e influencia. señor —replicó Ann O Wide. 72 . ¿Para qué querría alguien eliminar al científico que al parecer ha dado con la cura del virus? —Eso no lo sabemos. —Yo conozco a los mexicanos —dijo el sheriff Arpaio. —Estoy de acuerdo con eso.

Ian? —Creo que lo más indicado en este momento es seguir el consejo del general Stack A. que hasta ese momento había funcionado. Por otro lado. Cerrar la frontera con México en toda su extensión llevaría a aumentar la presión internacional en contra de los Estados Unidos. el profesor Chilinsky! —exclamó Obama. señor. Don. 73 . La de ganar tiempo. a los que podríamos agregar al menos veinte mil efectivos de los recientemente desplazados de Irak y Afganistán. Las amenazas habían sido un farol. tendría que ser por un tiempo breve. Sólo quedaba pendiente una cuestión. mientras pasa la emergencia. que le tenía un odio feroz a los mexicanos desde que una morena de ojos negros lo había despreciado. —Me sigo preguntando el por qué alguien del gobierno mexicano querría matar al profesor. dirigiéndose a todos los presentes en la reunión. —¡Ah. Debemos cerrar la frontera el tiempo suficiente para… ¿Alguno de los presentes me podría recordar para qué necesitamos ganar tiempo? —Necesitamos ganar tiempo para localizar al profesor Chilinsky. Actualmente contamos con miles de efectivos de la Guardia Nacional en la zona. negarse a cerrar la frontera podía llevar a los fanáticos a intentar realizar acciones tan absurdas como la de la deportación masiva de indocumentados. La simbiosis entre ambos países es muy fuerte. señor.—Lo que nos deja con la propuesta inicial del general —continuó Obama. sí. Brown carraspeó antes de contestar: —Cerrar la frontera con México en toda su extensión no nos acarrearía demasiados problemas. al menos temporalmente. cierto. ¿Quién lo había mencionado? ¿Joe. —Por supuesto. —Porque los mexicanos son lo peor que hay en la tierra —dijo el sheriff Joe Arpaio del condado de Maricopa en Arizona. —Hay que ver si es conveniente cumplir finalmente con nuestra amenaza y cerrar la frontera con México. ¿Joe? El general Stack A. El presidente Barak Obama reflexionó sobre las palabras del general. pero tenía como atenuante en que ya se habían emitido amenazas de realizar esa acción. señor presidente —respondió el doctor Don Playwithme. en el tiempo en que recorría las calles de México como agente de la DEA. Así que cerrar la frontera era lo más indicado en ese momento. La falta de respuesta diplomática de parte de México así lo indicaba. Brown y cerrar la frontera con México —dijo el presidente Obama.

Cada centímetro de su cuerpo reclamaba para sí la primacía del dolor. Y estaba el miedo. que ni es hogar ni posada ni lugar de descanso. desesperanza. A su padre le gustaba decir a menudo: ¡sólo en México!. Ronquidos. Mientras todos en el refugio se preparaban para dormir. La pierna izquierda le seguía doliendo y apenas si era capaz de levantar los brazos. cargado de olores humanos: sudor. impidiéndole cerrar los ojos. inclusive a los zombis. que parecían habérsele llenado de arena.8. intentando dormir después de haber cortado brazos y cabezas de zombis con una espada samurái! Ni en sus fantasías más locas Armando había considerado nunca la posibilidad de llegar a pelear con zombis. Como vendedor de artículos eléctricos. A su alrededor se escuchaban los ruidos propios de un refugio. Armando Guerra se revolvía sobre su catre. ¿A qué huele la desesperanza? Armando no lo sabía. A Armando le parecía increíble estar echado en un catre en un sitio desconocido compartiendo su miedo con otros desconocidos. 74 . como una visita indeseable que se negara a abandonar al país. que llevaba una existencia por completo anodina. gemidos y susurros inconexos llenaban el ambiente. a Armando no le hizo falta ver los rostros o los gestos de los refugiados para captar su desesperanza: simplemente la olió. incapaz de conciliar el sueño a pesar de desearlo con ansia. Cuando le tocó recorrer la frontera norte de México dos años atrás fue cuando se enfrentó cara a cara con el miedo. mugre. sino la sensación de estar dentro de una pesadilla sin estar dormido. como si el hecho de que el país poseyera algunas características surrealistas fuera excusa suficiente para permitir hacer realidad cualquier cosa. no era ajeno a éste. ¡Y helo hoy aquí. Pero lo peor de todo no era el dolor. pero estaba seguro de que aquel refugio debía de oler precisamente a eso. Aunque Armando sólo conocía el miedo real desde hace sólo unos pocos meses. siendo que apenas ocho meses atrás era un individuo completamente normal. disputándose las contadas camas y los sitios en donde se podía dormir con las piernas extendidas. sino tan sólo un sitio en donde se comparte el miedo. Armando había recorrido la mayor parte del país.Insomnio..

Basta con una amenaza para que la víctima capitule ante su agresor. el cual reducía su capacidad de raciocinio y le hacía aceptar cualquier esperanza. lo cual arroja un 0. Porque el miedo mata el raciocinio. paralizando a la gente.02%. sino seres humanos infectados que deambulaban en busca de carne humana para satisfacer su apetito insaciable.000 muertos por causa del crimen organizado. de regresarlos a su calidad de criaturas de fantasía? Armando había escuchado a Rolando Mota hablarle del profesor Chilinsky con una especie de reverencia pero. era más probable que una persona fuera atropellada o que incluso se contagiara de un simple resfriado. 75 . quizá ese genio científico también era una víctima del miedo. Porque no hay mejor propagandista que el miedo. Ahora ya no era el crimen organizado el que imponía sus reglas. sólo había hecho énfasis en que era imprescindible encontrarlo. Pero el miedo estaba ahí. En otras palabras. armados hasta los dientes y escudados por la impunidad que otorga el miedo. como vivir sus vidas. De esas miles de muertes se calculaba que más del 90% correspondían a personas involucradas en el crimen organizado.000 muertos correspondían a civiles inocentes. Alguien podía ser despojado de su camioneta empuñando un pedazo de madera pintado de negro. ¿qué si Rolando se equivocaba? ¿Acaso no podía éste ser una víctima más del miedo. En ciudades de Chihuahua. los bandoleros comunes se subieron al tren. Aprovechando las rivalidades entre grupos de narcotraficantes. la libertad perece. por leve que fuera? Quizá el profesor Chilinsky no fuera el genio que Rolando Mota decía. como el que sentía actualmente. Y cuando el miedo impera. que de ser herida o muerta por el crimen organizado. Nuevo León y Tamaulipas la gente vivía en un estado permanente de alerta. ¿Habría alguna forma de detenerlos. cerca del 10% correspondían a elementos de policía y del ejército que combatían al crimen y sólo 600 de esos 28. sino con el miedo de los demás.Pero no con un miedo personal. ¿Acaso no se ocultaba? ¿De qué. haciendo que ésta se refugiara en sus casas y evitara salidas innecesarias. Los periódicos y otros medios de comunicación hablaban de una cifra de 28. de quién? Rolando Mota no lo había dicho.

en el suelo.Pero Rolando Mota estaba muerto. 76 . De seguro el voltaje estaba bajo. —Además. Necesitaba ocuparse en algo. Con un quejido. Y ahora sólo quedaba él. Cuando Armando estaba a punto de llegar al baño divisó a su izquierda un angosto corredor al final del cual se veía un suave resplandor. Tropezó con las piernas de José. Ahí la claridad era mejor. Armando decidió seguir el corredor. para guiar a un grupo de desesperados en la búsqueda del mítico científico. me estaba llenando la cabeza de malos pensamientos. Gloria terminó su cigarrillo y lo aplastó contra el suelo. —Porque me duele todo el cuerpo. con las piernas cruzadas y fumando un cigarrillo. El humo de éste se elevaba recto hacia el cielo abierto. El angosto corredor terminaba en una puerta vidriera corrediza detrás de la cual se veía un minúsculo patio interior alumbrado por la luz de la luna. Armando se levantó del catre. Durante un buen rato ninguno de los dos habló. —¿Y tú por qué no puedes dormir? —le preguntó Gloria a Armando. En medio del patio había una figura sentada en el suelo. Armando recuperó el equilibrio y dejó atrás a José. que ni siquiera se había despertado. manteniendo su vista en el suelo. Hasta el pelo —respondió Armando. ya que la perspectiva de llegar hasta el baño y sentarse en la tasa a pensar en las mismas reflexiones oscuras que tenía en el catre no le atraía para nada. quién no volteó al oír deslizarse la puerta y se sentó a su lado. Abrió la puerta y salió al patio. Armando avanzó a tientas intentando recordar dónde estaba la puerta de la habitación. Con mucho cuidado Armando avanzó por entre la fila de camas. Se acercó hasta Gloria. que dormía en el suelo utilizando su mochila como almohada. pero entonces reconoció a la figura sentada. Estar inmóvil en la oscuridad rumiando pensamientos oscuros e incoherentes sólo lo llevaría a la locura. tres y hasta cinco personas cada una. Permanecieron sentados a la fría luz de la luna. las cuales estaban ocupadas por dos. Al traspasar el umbral se encontró en la gran sala común en donde estaban reunidas más de sesenta personas. estirando las piernas ante sí. Sin embargo. Los zombis le comieron las entrañas. Armando. ya que un pequeño foco que estaba sobre la puerta del baño arrojaba una mortecina luz. pronto. Su voz era algo ronca y denotaba cansancio. y estuvo a punto de caer. Armando titubeó un instante ante la puerta corrediza.

Así que mandamos a mi hermanito con unos amigos que tenemos en Yucatán (porque sabíamos que ahí estaría seguro) y mis papás y yo nos dispusimos a enfrentar la amenaza. pero es un miedo racional. No se le hacía un tipo particularmente guapo. —Yo había pensado en algo similar antes —dijo Gloria en voz baja. Mamá y yo nos unimos a los primeros grupos de vigilancia y papá 77 . No me cabía en la cabeza de que hubiera personas que no sabían defenderse por sí mismas y que buscaban a otros para que los sacaran del apuro. leones o perros rabiosos para que te paralices y te escondas. —El miedo de los demás te confunde porque es un miedo irracional. yo y mi hermanito) habíamos enfrentado la misma amenaza que los demás y. —Sí —Armando suspiró. —Sí tengo miedo a los zombis. tenía un no sé qué que lo hacía muy interesante. —Cuando mis papás pensaron en abrir este refugio para que la gente se pudiera resguardar de los zombis. pero era atractivo. Quizá tenía que ver con el hecho de que no era un hombre que ocultara sus pensamientos o tal vez porque su percepción del mundo no se limitaba a sí mismo. sino que tomaba en cuenta a los demás. El miedo de las demás personas es el que me paraliza y confunde… No sé si me explico. Lástima. intentando acomodar sus pensamientos. no hay duda. Si a eso le agregas el dolor corporal comprenderás el por qué me levanté. pronto habíamos decidido que lo mejor era presentar pelea. volviendo a fijar la vista en el suelo. Armando le agradaba. Todo eso me daba vueltas en la cabeza y no lograba quitármelo de encima. Si tan sólo Armando fuera unos diez años más joven. pensó para sí. Nosotros (papá. negándote a seguir tu vida normal y abandonando toda iniciativa para acabar con esas supuestas amenazas. mamá. —Tiene sentido —comentó lacónicamente Gloria. Es un miedo irracional porque no es necesario que tengas delante de ti a un zombi o a un león o a un perro rabioso: basta que creas que allá fuera hay zombis. diría yo. —Pensaba en la desesperanza. Además. me indigné. Eso es un miedo racional porque hay un peligro concreto frente a ti que puede herirte o incluso matarte… Pero el miedo que realmente siento es el miedo de los demás. volteando a ver a Armando.—¿Malos pensamientos? —inquirió Gloria. en el miedo y en la imposibilidad de los zombis. —¿Miedo? Sí. No… no lo sé —Armando se llevó las manos a la cabeza. —¿Tienes miedo? —preguntó Gloria. ¿Cómo explicarlo? El miedo que me dan los zombis es el mismo que me daría algún perro rabioso o una bestia salvaje escapada del zoológico a los cuales me topara de repente en la calle. —Exacto. aunque en un principio sólo nos limitamos a escondernos. habría muchas posibilidades que ambos siguieran juntos después de haberse conocido.

Necesitan de alguien que lo haga por ellos. —Y tú te indignaste por eso —dijo Armando. Además de que al parecer pueden ser curados. —¿Por qué ellos no llevaban armas para defenderse? ¿Por qué no dejaron a sus niños en casa o en un lugar seguro como lo hicimos nosotros? —No todo el mundo es capaz de defenderse. —Si me dejas continuar… —dijo Gloria. Aunque pueden ser curados. —Touché —dijo Armando. 78 . como las mujeres y los niños. y están protegidos por la ley. Mamá y yo localizamos a varias hordas de zombis. Cuando volvió en sí. Sin embargo. Mamá quedó muy afectada. El dolor fue tan fuerte que se desmayó. sonriendo por primera vez en toda la noche. Durante las primeras dos semanas o algo así todo fue bien. la mayoría mujeres y niños. —Adelante —invitó Armando con un gesto de la mano. Hubo noventa muertos. Le parecía que esas personas pudieron haberse salvado si hubieran contado con un refugio en donde pudieran ser defendidos. —¿Y no atacaste a tu papá por un punto de vista tan machista? —bromeó Armando. intentando suavizar el tono amargo de Gloria.reunió algunos amigos y se convirtieron en los primeros cazadores de zombis. bajando de nuevo el tono de voz. cerca de veinte minutos después. impresionado por lo acalorado del discurso de Gloria a pesar de su tono de voz bajo —. pero su pie cayó en un pozo y se hizo un esguince. No estaban dispuestos a esperar cruzados de brazos a que esas bestias nos comieran. —Total. —Los sicópatas asesinos también son seres humanos enfermos —contestó Gloria levantando la voz — y son perseguidos por la ley. todos prefieren encerrarlos o matarlos en la silla eléctrica. Gloria. también con una sonrisa. mis papás y yo habíamos decidido dar pelea. dimos la alarma y mi papá y sus amigos se encargaron de eliminarlos. —Yo me indigné por eso porque en ese momento no comprendía cuál era la diferencia entre esas familias que estaban en el supermercado y la mía —contestó Gloria. —Pero esas “bestias” son seres humanos enfermos —dijo Armando. los zombis habían atacado el supermercado. un día mamá localizó a un grupo de zombis que se dirigían a un supermercado y se dispuso a dar la alarma. —Algo así me explicó mi papá cuando me dijo lo de la necesidad de un refugio para las personas indefensas.

A algunas mujeres jóvenes les gustaban los hombres maduros. —Nunca me gustó jugar con muñecas ni al té —exclamó Gloria. —Me gusta el trabajo doméstico y quiero tener al menos dos hijos cuando me case. que lo volteó a ver con mirada somnolienta.—Estuve a punto de hacerlo —confesó Gloria con una sonrisa —. Hasta yo. —¿De pequeña jugaste con muñecas o te gustaban los autos? —le preguntó Armando. pero el muy canalla me ofreció entonces el puesto de exploradora. Alguien había abierto la ventana que daba a un pequeño callejón y la luz y el aire frío penetraban por ésta. —Debemos estar preparados para cuando vayamos en busca del profesor Chilinsky. Aquella chica le gustaba. Ambos entraron al refugio por el estrecho corredor. ¿No me ayudas a levantarme? Armando se paró y tomó de la mano a Gloria. sintiendo que se sonrojaba. me estoy cayendo de sueño. Andaba explorando la zona y me uní a un grupo de Vigilantes que habían encontrado armas en una tienda de antigüedades. como soy una chica. ayudándola. Armando decidió dejar de pensar en eso antes de sentirse turbado también. por lo que me tuve que conformar con mi machete. 79 . Su mutua compañía parecía reconfortarlos. —A mí lo que me gustaban eran los juegos de video. —Tienes razón. Pero no vayas a creer que me gustan las chicas o algo así —añadió. Los dos permanecieron callados cerca de quince minutos. donde se acostó y se quedó dormido de inmediato. Gloria cerró de golpe la boca y se aferró las rodillas con los brazos. —¿No te parece que deberíamos intentar dormir un poco? —le preguntó Armando a Gloria. Armando. más que actuar como Vigilante. no me dieron una espada samurái. Puede que fuera un tanto joven para él (¿unos quince años de diferencia entre ellos?) pero él sabía que había muchos casos de parejas así. Poco a poco la luz de la luna se fue apagando y un tenue resplandor les avisó que el amanecer estaba cerca. Claro. serviría de guía al grupo de cazadores. la cual estaba iluminada por la luz matinal. No sabía por qué le contaba esas cosas a Armando. una chica. Así fue como te encontré. Cuando abrió los ojos. Armando sintió su turbación y no presionó su silencio. Armando se dio cuenta de que estaba solo en la habitación. a quien la valentía de Gloria lo dejaba perplejo. Ahora. riendo. Gloria se recostó en una bolsa de dormir y Armando regresó hasta su catre.

ayer lo tuvimos que llevar con Ernesto. amable como siempre. Armando. Luego preguntó: —¿Dónde están Gloria. Era la mamá de Gloria. —¡Pasa. que le indicó con una seña que se acercara. que se sintió aliviado al saber que al menos Gloria estaba bien. descubrió que tenía unas marcas rojas. pasa! —exclamó el papá de Gloria con un amplio ademán y le señaló una silla vacía. pero no le dio mayor importancia. —Muy bien. Dana —respondió Armando. Eran dos habitaciones amplias que estaban comunicadas por una puerta interior. Su pierna ya casi no le dolía y el resto de su cuerpo parecía haberse recuperado. 80 . muchas gracias. —¿Por qué? ¿Le pasó algo a José? —preguntó Armando. pero ya no se sentía tan mal. Armando se sentó y de inmediato le fue servido un plato de cereal y un vaso con jugo de uva por Dana. Armando se dirigió al baño y luego de orinar y echarse agua en la cara se sintió mucho mejor.Armando se levantó del catre entumecido. Cuando se sentó a desayunar con nosotros comentó que se sentía sumamente cansado y que quizá estuviera agripado. Fue en busca de Gloria. Y al quitarse la camisa porque la quería lavar un poco. en la que estaban reunidos los papás de Gloria. Armando llegó a una zona del refugio que no conocía. un doctor amigo nuestro que atiende a la gente del refugio. No podía ser que algo malo le hubiera ocurrido a Gloria. —Llámame Dana. algunos cazadores de zombis y unas cinco personas que debían ser refugiados. como de uñas. sonriendo. —Cuando José se levantó ayer por la mañana muy temprano —explicó Dana —fue al baño. señora —respondió Armando. Armando. Armando? ¿Pudiste descansar bien? —le preguntó ésta. “Señora” me hace sentir anciana. —Sí. la cual estaba perfectamente cuando la llevó a acostar. Salió de la habitación y vio que en la sala común había menos gente. No se veía a Gloria ni a José. y José? El rostro de Dana perdió la sonrisa. Armando se puso pálido. la mamá de Gloria. —Me temo que hay malas noticias. —¿Qué tal dormiste. En el camino escuchó una voz que el llamaba. Había ahí una gran mesa. —José ya no está con nosotros —prosiguió Dana —.

No estaba seguro de que el papá de Gloria no le hubiera guiñado el ojo cuando mencionó lo de su hija. alarmado. Mi esposo y yo nos volteamos a ver y le preguntamos si eso era lo único raro que sentía. Toda la mesa estalló en carcajadas. Fue entonces cuando nos comentó lo de los rasguños y se levantó la camisa para que los viéramos. Armando se puso rojo como un tomate. el papá de Gloria. Aún y cuando mi esposa y yo estamos seguros de que José había recibido los rasguños de un zombi. —De que hoy es lunes —le informó aún riendo el papá de Gloria. —No sé qué tomaron ustedes dos. Armando era el único de la mesa que desayunaba. Rodeando la herida (en este caso unos simples rasguños) hay una especie de mancha blanca. Armando se quedó de una pieza. —Si acaso no has visto una herida de zombi. pero se la pasaron dormidos todo el día de ayer. Jamás en su vida había dormido tanto. En ese momento Gloria entró a la habitación. Armando. —¿De qué se ríen. para ser domingo ustedes se levantan muy temprano. 81 . así que dejó el vaso sobre la mesa y volteó a ver a la recién llegada. Mi querida Gloria aún duerme. qué dije? —preguntó Armando. Ahora se explicaba el por qué se había sentido tan recuperado cuando se levantó. como cenicienta. no podía fingir más de la cuenta o parecería un idiota. Cuando peguntó la hora le informaron que eran las siete y media de la mañana. te diré que es bastante peculiar. Armando hizo un esfuerzo tremendo para tomar su jugo de uva aparentando no haberla visto. ¿Habían notado algo los papás de Gloria? ¿Los habían visto a los dos platicar en el patio hacia tan sólo unas horas? ¿Tan transparente era? Armando comió su cereal sin despegar sus ojos del plato. —Definitivamente —contestó Pedro. Al parecer todos se habían levantado muy temprano o él se había levantado muy tarde. —¿Están seguros de eso? —preguntó Armando. la mancha blanca se va tornando verde y luego gris.ya que sentía la cabeza muy congestionada. Conforme pasan los días. ¡Pero come. mi hija Gloria está perfectamente. lo mandamos con Ernesto para que lo tenga en observación. —Vaya. confundido. La muy canalla duerme como un angelito en estos momentos. que tu amigo José pronto será curado por el profesor Chilinsky! Además. —¿Las siete y media de la mañana y ya todos se desayunaron? —preguntó Armando. Sin embargo. Inmediatamente supimos de que se trataba: a José lo había herido un zombi durante la pelea que tuvieron anoche.

Gloria saludó a Armando con un ¡hola! mudo acompañado de un ligerísimo alzamiento de cejas. Se sentó a la mesa y se puso a comer con gusto un plato de cereal. —añadió socarronamente— dado que algunos de nosotros se la pasaron durmiendo a fin de recuperar sus fuerzas. Los tenues círculos azules que rodeaban sus ojos no hacían más que resaltar su belleza. Fueron cinco enfrentamientos. 82 . a Gloria se le pusieron los ojos como platos. —¡Señores. es necesario ponerlos al tanto de la frenética actividad que hemos tenido en las últimas veinticuatro horas. De seguro. En otras palabras. Nuestra prioridad en estos momentos es encontrar al profesor Chilinsky. —¿No te parece extraño? —le preguntó a Armando el padre de Gloria. Así que cualquier cosa que planeemos el día de hoy debe de tomar en cuenta de que necesitamos una fuerza de defensa que se quede para defender el refugio. platicando a intervalos con su vecina. con un saldo de cincuenta y dos zombis decapitados y por desgracia tres de nuestros compañeros que fueron devorados. Pero Gloria no pareció darse cuenta siquiera de la presencia de Armando. Se la veía radiante. —De nada sirve discutir de algo si no tenemos claros los detalles.Gloria saludó a sus padres de beso y efectuó un saludo genérico a los que estaban sentados la mesa. prosiguió: —El día de ayer estuvimos muy ocupados los cazadores. Creo que muchos de los aquí presentes no estuvieron presentes el otro día. Discutían sobre la cantidad de elementos que debían quedarse y cuántos harían falta para ir a buscar al profesor Chilinsky. un saludo por completo anodino. calma! —el papá de Gloria exigió silencio. Sin embargo. Todos en la mesa se pusieron a hablar al mismo tiempo. cuando supimos del profesor. es que hemos tenido un gran incremento de zombis por la zona. es preciso que nos pongamos de acuerdo en lo que vamos a hacer. que aún no se decidía a mirarla directamente. pensó Armando. principalmente al norte de… —¡Pero si esa es la zona en donde está oculto el profesor Chilinsky! —le interrumpió Armando. Sólo después de terminar con su vaso de jugo de uva. una refugiada regordeta que llevaba a una criatura en sus brazos. —Ya que estamos todos reunidos —dijo en ese momento el papá de Gloria. Así que le voy a pedir a Armando de que nos hable más específicamente de ese tal Chilinsky. También algunos querían saber si no resultaría adecuado evacuar el refugio. Sin esperar la respuesta de Armando. pensó Armando. Al oír a su padre. —Lo primero que quiero hacer notar —comenzó el padre de Gloria —. ella tampoco sabía que había estado durmiendo todo el día anterior. acaparando la atención de los presentes —. señoras.

Se suponía que recibiría instrucciones específicas. recién armados y protegidos por los Vigilantes fuimos atacados por los zombis. en especial de Gloria y de sus padres. En estos momentos. para convencerlos mediante propaganda que votaran por su candidato. una espada samurái que espera su próximo cuello zombi y la inapreciable ayuda de todos ustedes. pero el recinto fue asaltado por zombis y tuvimos que huir. —Cuando nos dirigíamos hacia la casa del profesor Chilinsky. no representaría mayor problema. Gloria fue la que nos trajo a José y a mí hasta este lugar. ya que lo que busca ese grupo secreto es el de colocar a su candidato en la presidencia de la República en julio del próximo año. Su primera tentativa tuvo lugar en el proceso de campaña para la gubernatura del Estado de México que tuvo lugar en julio pasado con el resultado que todos conocemos. sino que alguien al parecer está utilizando a los zombis con un propósito desconocido. Los vigilantes nos confundieron con zombis y nos atacaron. Rolando renunció a seguir prestando sus servicios de operador a los principales partidos políticos del país cuando se enteró de un plan secreto para aprovechar a los Ciudadanos con diversos grados de zombificación con fines políticos. El día de ayer… antier. Como tanto Rolando como yo íbamos disfrazados de zombis. José y yo sobrevivimos al ataque. Mientras nos recuperábamos del encuentro con los vigilantes dentro de un Oxxo abandonado. nos topamos en nuestra huída con un grupo de vigilantes entre los que se encontraba Gloria y también José. Nueva pausa de Armando para que todos los presentes pudieran procesar lo que contaba. Rolando Mota fue devorado junto a los otros. lo que algunas personas planeaban hacer era aprovechar que los Ciudadanos eran muy sugestionables. Armando hizo una pausa para tomar jugo de uva y prosiguió: —Pero lo del Estado de México era sólo una prueba preliminar. Las risas ayudaron a disminuir la tensión que se sentía en el ambiente. —Cuando estaba en un grupo de la Resistencia zombi conocí a Rolando Mota. Rolando Mota me contó la mayor parte de sus teorías y me dijo que era muy importante reunirnos con el profesor Chilinsky. que estaba con nosotros hasta el día de ayer. Sólo Gloria. ¿Gloria se habría reído? Armando la apartó de su mente y continuó: —Como decía. La ocurrencia de Armando fue bien recibida. 83 . lo único que poseo es la dirección en donde se localiza el profesor Chilinsky. el problema no era ese. Ahora bien. si tan sólo fuera eso.Armando sintió sobre sí todas las miradas y se dispuso a tratar de explicarse de la mejora manera posible. un científico que al parecer ha encontrado la cura para el virus zombi. Al parecer. Rolando Mota resultó herido en un brazo y yo me llevé unos buenos golpes también. que era un operador político que tenía multitud de contactos. me reuní con Rolando Mota en la posada en Palacio Nacional. ya que México ya ha tenido algunos presidentes que bien podrían ser calificados de zombis.

—Estoy de acuerdo en lo que propones. tu hija mató ocho zombis ella sola! —¡Gloria. —¡Usted se queda aquí. entre exploradores y cazadores. —Pero los equipos serían de ocho personas. —Es que en ese equipo los siete estaríamos protegiendo a Armando —le replicó su padre. Y aún cuando Armando nos lo dijera. Es muy peligroso y yo quiero que te quedes. —Tu papá tiene razón. —¡¿Peligroso?! —gritó Gloria. Sólo se escuchaban los ruiditos que hacía el bebé que cargaba la regordeta refugiada. —No me importa si mataste a ocho. quizá Rolando Mota ya hubiera establecido antes de su muerte contacto con el profesor Chilinsky y éste supiera quién era él. que decirlo hubiera sido una bajeza. escribieron los nombres de los ocho integrantes de los tres equipos y todos estuvieron de acuerdo.Armando dejó de hablar. menos Gloria. papá? ¡Ocho zombis. Además. según entendí —dijo Gloria. Todos. Pero todas aquellas personas se estaban portando tan bien con él. yo propongo que se formen tres equipos —dijo un sujeto calvo y musculoso que Armando supuso pertenecía al equipo de cazadores del papá de Gloria. —¡Ah. —Contamos con veinticuatro hombres y mujeres. levantando su machete. Para ir en busca del profesor Chilinsky bastarían dos exploradores y cinco cazadores. diez o a mil zombis. Cuando terminaron. Durante los siguientes veinte minutos estuvieron confeccionando los equipos en el consejo de los cazadores. señorita! —replicó su padre. Se sentía exhausto y con la boca seca. furiosa —A mí no me van a dejar aquí. Creo que tres grupos de ocho servirían para defender el perímetro en caso de ataque e ir en busca del profesor ese. —Es demasiado peligroso que nos acompañes al encuentro con el profesor Chilinsky. Armando se cuidó mucho de decir que él tampoco sabía que haría cuando se encontrara con el profesor Chilinsky. baja inmediatamente ese machete! —gritó su padre. no! —exclamó. —¿A cuántos zombis crees que maté la otra noche. en el equipo de vigilantes del refugio. —Sería mejor que te quedaras aquí. Gloria. que Armando es el contacto con el profesor Chilinsky. Si él cayera no sabríamos cómo localizarlo. Por varios minutos nadie pronunció palabra. ¿recuerdas? 84 . defendiendo a los que no pueden hacerlo. —Lo que nos falta es ponernos de acuerdo en cómo se van a conformar los equipos. Gloria —intervino Armando. Sebastián —dijo el papá de Gloria. no sabríamos qué hacer. —Bien. echando chispas. —Recuerda.

Hablaré con ella y la convenceré. La prefería enojada. él se sentiría aliviado. Gloria se levantó de su asiento y abandonó la habitación. Gloria lo miró como si no alcanzara a comprender sus palabras. como su padre. que a Armando le parecieron siglos. pero la mamá de Gloria le indicó con un gesto que se quedara sentado y dijo. Armando estuvo a punto de levantarse. Durante unos instantes. que devorada por un zombi. Pero una cosa estaba clara: si Gloria se quedaba en el refugio. La mamá de Gloria abandonó la habitación. Armando se sintió fatal. Ustedes sigan con los planes —. que las mujeres no estaban capacitadas para cazar zombis. sin dirigirse a nadie en particular: —Voy con Gloria.Si la mirada de Gloria fuera combustible. Como si no supiera si habían sido pronunciadas por un amigo que buscaba su bien o por un machista que consideraba. Apenas si escuchó cómo todos se repartían los roles y decidían la mejor manera de llegar hasta el profesor Chilinsky. Armando habría quedado reducido a cenizas en ese momento. 85 .

donde el clima cálido hacía innecesarios los sótanos. porque simplemente no acababa de entender el por qué alguien querría matar a un genetista molecular. azúcar y leche que había utilizado.El profesor chiflado. Quizá si la próxima vez usaba unos cuantos gramos menos de azúcar o agregaba dos mililitros adicionales de leche… La mente científica del profesor nunca descansaba. el profesor había podido trasladar su laboratorio a la casa. por lo cual sólo los pocos habitantes de la privada estacionaban ahí sus coches. no por ello se deshizo de su café: años de penurias le habían enseñado que nunca se debe desperdiciar. ya que estaba en el fondo de una privada. (El profesor pensaba que cualquiera con ese nombre estaba destinado a seguir una carrera de investigador tan demandante como la genética molecular). En un principio no les había dado importancia a dichas amenazas. lo cual no era algo nada común en México. Otra ventaja de la casa de Elano era que pasaba desapercibida.. al encontrar una lengua de res dentro de su buzón empezó a tomar en serio lo de las amenazas. Tal vez por eso se sentía tan cansado. Pero un buen día de junio. No entendía cómo una persona capaz de realizar una separación iónica del ADN mitocondrial no era capaz de prepararse un café decente. El profesor Chilinsky y su hija vivían de manera provisional en una modesta vivienda que pertenecía a uno de sus discípulos más brillantes. Todavía tenía que ultimar los detalles de su preparado definitivo. que tenía un amplio sótano. Sin embargo. ya que la consideraba pequeña. Aunque la casa no era de su total gusto.9. Además. había tomado nota de las cantidades exactas de café. cuyo único activo real se encontraba dentro de su cabeza. un joven genetista llamado Elano Prieto. Y el pasar desapercibido se había convertido en una cuestión de suma importancia para el profesor Chilinsky: había recibido amenazas de muerte. que la lengua de res había sido dejada por error por un Ciudadano que estaba cercano al fin del 86 . Aquella mañana le había pedido a su adorada hija Isabela que procurara que nadie le molestara durante el día. El profesor Chilinsky le dio un trago a su café y soltó una maldición polaca. Su hija le había dicho que no se preocupara.

admitía que había tomado algunos datos directamente de Wikipedia. Para quitarle un poco de importancia al asunto. pero que recibió el visto bueno de Stalin (aquí el profesor solía escupir al suelo) por así convenirle. ya que Lysenko ayudó a motivar a los campesinos. el profesor Chilinsky no tenía problema de explicárselos. Pero el profesor Chilinsky desoyó a su hija y. era la capacidad de los organismos de trasladar a la herencia los caracteres adquiridos en vida —Esto era una reverenda tontería —proseguía el profesor. Lysenko fue acreditado por el diario soviético Pravda de haber descubierto un método para abonar la tierra sin utilizar fertilizantes o minerales y de haber demostrado que una cosecha invernal de guisantes podía crecer en Azerbaiyán! ¡Paparruchas! Nunca se dio ni tal cosecha ni ninguna. sintiendo una especie de amargor en la boca al pronunciar el término — fue una campaña contra la genética desarrollada en la Unión Soviética desde mediados de los años 30 hasta mediados de los años 60 de siglo pasado. Todo fue un enorme engaño que lo único que demostró es lo que puede pasar cuando la ciencia se somete abiertamente a la política. que se iba acalorando conforme avanzaba en su explicación —. que habían perdido toda motivación a causa de la colectivización forzada. con sólo 29 años de edad.proceso de zombificación. Le recordó la época en la que tuvo que huir de Polonia y pedir asilo político en México. Algo 87 . La precipitada y furtiva mudanza le había traído amargos recuerdos al profesor Chilinsky. basando sus teorías en la noción falsa de "herencia de caracteres adquiridos" propuesta por Jean-Baptiste Lamarck. cuando sólo era una joven promesa científica de tan sólo veintidós años. decidió aceptar la oferta de Elano Prieto. que según afirmaba. que ya se mostraba preocupado cuando el profesor Chilinsky empezó a recibir amenazas y que les ofrecía una casa que podía resultar segura. Aquellos que se confesaban ignorantes de lo que significaba el Lysenkoísmo. —El Lysenkoísmo —explicaba el profesor Chilinsky a su auditorio. al hacerlos partícipes de supuestos descubrimientos que revolucionarían para siempre el campo ruso. El problema que enfrentó el profesor Chilinsky en su natal Cracovia fue que la influencia rusa del Lysenkoísmo en el campo de la genética había corrompido los estudios genéticos en Polonia y eso afectó el desarrollo profesional de un joven genio como Chilinsky. aduciendo a su seguridad y la suya propia. Este afirmó haber hecho descubrimientos agrícolas que podrían mejorar el rendimiento de las cosechas. mientras trabajaba en una estación experimental en Azerbaiyán. más de cuarenta años atrás. Representaba para él una suerte de exorcismo. ¡Imagínense. Su principal exponente fue el malnacido de Trofim Denisovich Lysenko.

88 . Los padres de Chilinsky. a Chilinsky no le fue difícil obtener el asilo solicitado. En vista de los recientes hechos de la matanza de estudiantes. cuando Chilinsky se hubo instalado y obtenido un puesto de docente en el Tecnológico de Monterrey (a Chilinsky le había sido imposible ser admitido en la Universidad Autónoma de México por haber huido de Polonia) se enteró con gran alivio que sus padres no habían sufrido represalias de importancia por haber tenido un hijo traidor a la patria. A la segunda semana de estar en tierras mexicanas. una pareja de avejentados profesores de instituto. pero al fin llegó a la conclusión que sus padres tenían razón. un compañero suyo de estudios. le hacía llegar libros y ensayos con lo último de la genética occidental. Chilinsky se mantuvo oculto durante el resto de la olimpiada. Tuvo otro golpe de suerte al lograr que fuera admitido como asistente científico de la delegación de deportistas polacos que asistirían a las olimpiadas que se realizarían en México en el año de 1968. Al parecer. Para su fortuna. El sentimiento anti-comunista era muy fuerte en el país. En Polonia no podría llegar nunca a nada. que algunas veces parece un ejemplo más de Lysenkoísmo.similar a lo que ha pasado con lo del Cambio Climático. Así que Chilinsky partió con la delegación polaca a las olimpiadas. Tiempo después. un genetista joven no le importaba gran cosa al Partido Comunista Polaco. material que Chilinsky devoraba con avidez. un radio de transistores y un poco de dinero en dólares que había conseguido ahorrar comprándolo con grandes esfuerzos en el mercado negro. al menos mientras estuviera sometida al yugo comunista. Luego entró en contacto con disidentes polacos y solicitó asilo político en México. Para Chilinsky fue una decisión muy dura de tomar. llegando a alcanzar unos conocimientos fundamentales de genética que le permitieron sortear el obstáculo. Chilinsky aprovechó una distracción de los guardianes y abandonó la villa olímpica. Al profesor Chilinsky le importaba tanto el tema porque sus profesores en la Universidad de Cracovia no tenían más remedio que someterse a las directrices gubernamentales que estaban fuertemente influenciadas por Rusia y esto afectaba la adquisición de conocimientos genéticos que no fueran basura pseudo científica. cuyo padre tenía un alto cargo en el Partido Comunista Polaco y por lo tanto gozaba de privilegios especiales. llevando consigo sólo la ropa que traía puesta y una pequeña maleta con libros. alentaron a su hijo único a abandonarlos y buscar un mejor futuro en el extranjero.

Su esposa había fallecido trágicamente en un accidente automovilístico a las dos semanas del ataque terrorista. pero había perdido a su mujer. que tanto parecía contravenir con los estudios genéticos que habían dado un sentido a su vida. Por supuesto. Tenía sólo treinta y cinco años. luego del ataque terrorista del once de septiembre. su productividad y. El sueldo era magnífico para un científico como Chilinsky. El hecho afectó profundamente a Chilinsky. era suficiente para sentir una fascinación con el tema. Pero el profesor Chilinsky no quería tener nada que ver con una universidad que de autónoma no tenía más que el nombre. Chilinsky pronto entró en contacto con los principales centros de investigación genética de los Estados Unidos. El profesor Chilinsky estuvo encantado con la prerrogativa y así se dedicó en su “tiempo libre” al estudio de los zombis. que Chilinsky regresó a México sólo con Isabela. en caso de que alguno de sus empleados descubriera algo valioso en su “tiempo libre”. a quien los bienes materiales le interesaban poco. la compañía canadiense no actuaba de esa manera por razones altruistas: al otorgar tal libertad a sus empleados. que a sus veinte años era una chica hermosa y muy inteligente. que habían llegado a la imaginación popular por medio del cine de Hollywood. Como era un joven brillante y un magnífico profesor. Además. 89 . Al año siguiente nacería la que sería su única hija. donde tuvo acceso a lo más avanzado del campo de la ingeniería genética. tenía prioridad sobre la patente que se derivara del descubrimiento). la que convenció a su padre de buscar de nuevo una oportunidad en la UNAM. Las cosas habían cambiado mucho desde entonces y era posible que fuera admitido. Pero la simple idea de los muertos vivientes. la compañía tenía como política alentar a sus empleados a que tuvieran la mente abierta. enfocada al ramo médico. Así que Chilinsky prefirió trabajar con una firma independiente de origen canadiense que se dedicaba al desarrollo de la genética molecular. el profesor sabía que los zombis eran criaturas fantásticas.Así que Chilinsky estuvo las próximas dos décadas viviendo en Monterrey. No fue sino hasta 2001. Fue Isabela. Ahora tenía conocimientos y prestigio. donde contrajo matrimonio con una bella joven en 1980. se aseguraba su lealtad. En 1985 encontró una plaza de intercambio en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Isabela. Esa institución estaba infectada de Lysenkoísmo: mantenía mucha sumisión ante el poder político. por lo cual les suministraba algunos recursos tecnológicos y una buena prima en dinero para que dedicaran su tiempo libre a algún estudio en particular que les interesara (por supuesto.

tendríamos como resultado al zombi que no puede abrir puertas o ventanas a no ser con golpes. el profesor Steven C. Como dichos estímulos no podrían ser procesados por el lóbulo frontal. donde enseñaba. 90 . insistiendo. donde se localiza la empatía entre seres humanos acabaría con todas las emociones de tristeza. que podía encontrarse en Internet. ataca al lóbulo frontal del cerebro. supongamos un virus. el doctor Schlozman señalaba en su artículo que un daño causado por el virus en las llamadas “neuronas espejo”. insistiendo. a quien había conocido cuando éste dio una conferencia en la Universidad de Harvard. Por último. eran una posibilidad. ocasionaría el que llamó Síndrome Atáxico Neurodegenerativo de Deficiencia de la Saciedad (ANSD por sus siglas en inglés). sin poder parar. el doctor Schlozman afirmaba que el foco de infección. una bacteria o radioactividad. Para su sorpresa. Además. existían otros investigadores que también ocupaban su tiempo libre en estudiar a los zombis. o amígdala. lo cual acabaría con la coordinación del infectado. Artículos como el de su amigo Schlozman indujeron al profesor Chilinsky a dedicar parte de su tiempo al estudio de los zombis. La agresividad de los zombis se ocasionaría por el fallo ya mencionado en el lóbulo central.Además. los zombis no eran una realidad. temblores y el arrastrar de pies que son propios del zombi. Para el profesor Chilinsky. trabajara de manera defectuosa y no controlaría adecuadamente las funciones ni modularía la agresividad. e insistiendo. Schlozman. los zombis sufrirían de hiperfagia (carencia de saciedad al alimento) porque el virus causaría un daño en el hipotálamo ventromedial. alegría y miedo. lo cual haría que la región cingulada anterior. En ese artículo. el profesor Chilinsky descubrió que muchos de los conocimientos que adquiría al estar estudiando a los zombis como si fueran una realidad y no un producto de la ficción los podía trasladar a problemas reales a los que se enfrentaba cotidianamente. había publicado un artículo en el que enumeraba las afecciones que sufrirían los zombis en caso de existir. partiendo del supuesto que éstos existían. ya fuera un virus. produciendo los tropiezos. El virus zombi atacaría también al cerebelo y a los ganglios basales. Un amigo suyo. Los efectos del ANSD pueden resumirse de la siguiente manera: el foco de infección. El virus inhibiría la capacidad resolutiva del infectado y las únicas instrucciones que llegarían a su lóbulo frontal son las que provendrían de los estímulos sensoriales que recoge el tálamo.

Lo primero que hicieron el profesor Chilinsky y su grupo de investigadores al estudiar a los zombis. Así fue cómo. También se enteró del brote simultáneo de una infección que en un principio se creyó era la influenza AH1N1 que nuevamente atacaba a México. por accidente. éste respondió sinceramente que no. Entonces. ¿era posible curar a un zombi. pero que pronto dio muestras de comportarse como lo haría un virus zombi. Cuando en una entrevista se le preguntó al profesor Chilinsky si se conocía alguna cura para el virus zombi. El profesor Chilinsky se sintió orgulloso de sí mismo al encontrar en los cadáveres de zombis reales precisamente la clase de cambios fisiológicos y químicos que había predicho en sus estudios. ya que no todos estaban dispuestos a aceptar ese destino tan atroz. ya que se alargaba de tres a seis meses. pero 91 . con el visto bueno de las autoridades sanitarias gubernamentales. el profesor Chilinsky se vio convertido en el único experto mundial en zombis reales. Eso significaba que no había estado perdiendo el tiempo. el profesor Chilinsky formó un equipo de investigación con algunos de sus colegas. El profesor Chilinsky se puso de inmediato en contacto con las autoridades sanitarias del Estado. los mismos que antes se habían burlado abiertamente de la manera tan tonta de Chilinsky de emplear su “tiempo libre” y que lo consideraban un chiflado. posterior al cual la persona infectada se convertiría en un zombi completo. se enteró por medio la televisión y de los periódicos de los reportes increíbles de que existían zombis reales que estaban atacando a personas. en tanto el virus trasmitido en forma indirecta (por medio del contagio similar a la influenza) tenía un periodo de incubación completamente diferente.Llegado a un punto de sus estudios zombis en los que ya conocía todo lo relacionado a éstos. fue el dar a conocer a la sociedad mexicana que el brote que se pensaba era de influenza en realidad se trataba de una mutación que producía zombis. que en un principio no podían creer su buena suerte de que hubiera un experto en zombis mexicano con doctorado en genética molecular por el MIT. Fue entonces cuando se toparon con algo que no se le había presentado al profesor Chilinsky mientras estudiaba zombis ficticios: el virus que era trasmitido de forma directa (al recibir una herida por parte de un zombi) tenía un periodo de incubación de setenta y dos horas. El anuncio de esto último causó un gran revuelo. el profesor Chilinsky se puso a intentar resolver un problema peculiar: ¿Cómo podría revertirse el estado zombi? En otras palabras. regresando al cuerpo a su estado original antes de la infección? Mientras se encontraba trabajando en esto.

real) de cómo conseguir una cura para el estado zombi. Al profesor Chilinsky esta actitud de las autoridades sanitarias le sorprendió mucho. 92 . producto del dinero que había recibido de su empleador y de ahorros que había efectuado personalmente. Así que se reintegró de nuevo a su empleo y siguió con su vida normal. esta vez el profesor Chilinsky no recibió una respuesta favorable de las autoridades sanitarias: en vez de ayudarlo a formar un nuevo grupo de investigadores. Se detuvo unos momentos en lo alto del último escalón.que él estaba trabajando en el asunto. Fue entonces cuando empezó a recibir las primeras amenazas contra su vida. En el sótano tenía lo más avanzado en equipo de ingeniería genética. echando una mirada orgullosa a su laboratorio. poniendo especial cuidado en no derramar su café mal preparado. el laboratorio tenía su propia planta generadora a gasolina. Cuando encontró una lengua de res en su buzón (lo cual su hija insistía que se había tratado de un error) es cuando ya no pudo más y buscó ayuda entre sus conocidos. En un principio nadie le creyó y su nombre pronto fue relegado en los periódicos por otras noticias de sucesos más terribles relacionadas con los zombis. ya que se puso de nuevo a estudiar el problema (ahora sí. manteniendo la cuestión en el más absoluto secreto. Después de meses de pruebas. Su discípulo Elano Prieto le ofreció su casa y el profesor se mudó a ésta con su hija. ya que tenía estudios anteriores que lo podían guiar en el camino correcto. Para evitar problemas con los cortes de luz. habló una vez más con las autoridades sanitarias para informarles que tal vez había hallado la cura. pero consideró que quizá se debiera a cuestiones de seguridad. el profesor Chilinsky creyó haber encontrado la solución con un compuesto derivado del hipotálamo por medio de la reducción mitocondrial. con la única salvedad que ahora esta normalidad estaba amenazada por los zombis. El profesor Chilinsky. Al profesor esta separación de los reflectores públicos le supuso una ventaja. El profesor Chilinsky bajó cuidadosamente la escalera del sótano. emocionado. fracasos y más fracasos. Sin embargo. sólo le recomendaron que por el momento guardara el secreto de su descubrimiento y que se mantuviera alejado de los medios de comunicación.

pero los terribles tiempos que se vivían obligaban a pasar por alto algunas consideraciones éticas: si quería acabar con los zombis los ratones tendrían que sufrir. Al profesor Chilinsky le llamaba mucho la atención que el período de incubación del virus replicara al de los humanos. En un principio no sabía si el virus zombi sería capaz de migrar entre especies. El profesor calculó tres horas para empezar a ver los primeros resultados. Al profesor Chilinsky no le agradaba utilizar criaturas vivas para probar sus experimentos. En cuatro de las jaulas unos pequeños ratones zombi se daban de topes contra los barrotes. intentando romperlos a fin de escapar y llegar hasta las jaulas vecinas. cuando el contagio se adquiría al contacto de saliva o algún otro fluido corporal de un ratón infectado. El profesor Chilinsky dejó su tasa de café sobre un estante y abriendo la centrifugadora tomó el tubo de ensayo. según indicaba la minúscula luz verde del tablero de instrumentos. pero al inocular a los primeros seis ratones con el virus confirmó que así era. Tomando una jeringa que llenó con el nuevo preparado. que ya había terminado con su último ciclo. el profesor Chilinsky se calzó unos gruesos guantes y procedió a inyectar a algunos de los ratones. el cual observó a trasluz. Los había quienes daban lentas vueltas dentro de sus jaulas y quienes estaban parados frente a su charola de comida sin moverse o siquiera intentar comer. Luego su atención se centró en las dos filas de jaulas en las que mantenía a ratones destinados para las pruebas. el profesor grabaría la fórmula en una memoria USB. en donde ocho ratones mostraban diversos grados de inmovilidad. Mientras tanto. Era un enorme riesgo.El profesor Chilinsky terminó de bajar la escalera del sótano y se dirigió hasta donde estaba la centrifugadora. 93 . como si pudiera asegurarse de su calidad viendo cómo la luz atravesaba el líquido verdeazulado. Una ventaja de trabajar con ratones era que los resultados podrían verse en muy poco tiempo. Tomaría a tres de ellos zombis y a cuatro con diferentes niveles de zombificación. Al fondo de la centrifugadora descansaba un pequeño tubo de ensayo que quizá contuviera (el profesor rezaba por ello a Dios) el preparado final de la cura definitiva del estado zombi. misma que mandaría a las autoridades de salud gubernamentales en caso de que los resultados con los ratones fueran alcanzados. pero no había tiempo para pruebas más rigurosas. dependiendo de si el contagio había sido directo (ratones zombis que herían a sus compañeros) o indirecto.

pero según lo que he observado hasta ahora. Isabela. después de haber sido inyectada con el preparado. No sabía exactamente por qué estaba actuando de esa manera. los ratones zombificados se comportaban de una manera tan parecida a los ratones no infectados. no es para tanto —dijo el profesor Chilinsky. hija: los ratones han sido curados. se recuperaría completamente. ¿estás bien? Te oí gritar —exclamó Isabela. querida Isabela. pero por falta de tiempo y exceso de zombis no había podido leer. —¡Felicidades papá. tengo que hacerles unas cuantas disecciones. —Velo por ti misma. —¡Papá!. aún es muy pronto para tener una completa certeza. abarcando con un gesto a las jaulas de los ratones. Pasadas cuatro horas. vamos. No mostraban lesiones visibles. deshaciendo el abrazo. Amaba mucho a su hija. el profesor Chilinsky dejó su lectura y se acercó temeroso a las jaulas. Quizá le quedara 94 . perfectamente! —dijo el profesor Chilinsky. emocionada. —¡Perfectamente.El profesor Chilinsky grabó la fórmula en la memoria USB y posteriormente borró la que estaba grabada en el disco duro de su computadora. bajando precipitadamente por la escalera del sótano. El profesor Chilinsky se dejó querer. El profesor Chilinsky se dio a la ingrata tarea de sacrificar a los ratones recién curados. —Quiero que me guardes esto en un lugar seguro —le dijo a su hija. El profesor Chilinsky no podría asegurar si una persona infectada. Después se dedicó a unos ensayos que había deseado leer desde hacía ya mucho tiempo. Yo tengo que ocuparme un rato con estos amiguitos ratones. hay muchas posibilidades de que así sea. lo cual indicaba que su poder neurodegenerativo había sido exagerado. Isabela se separó de su padre y volvió a su habitación. poniéndole en la mano la memoria USB —. Bueno. dándole un fuerte abrazo a su padre. que el profesor Chilinsky tuvo que hacer un esfuerzo para ver cuáles eran los que había inyectado. —Vamos. Sabía que cuando el profesor hacía su trabajo no le gustaba ser molestado. eres un genio! —dijo Isabela. pero sentía que los datos insertos en su computadora eran vulnerables. como preguntándose qué demonios les había pasado. Sin embargo. Los cerebros de los ratones no daban muestras de estar dañados irremisiblemente. Por otro lado. contiene información que deseo conservar. el sentimiento de congoja que sentía se veía compensado con creces: aquellos ratones no habían muerto en vano. Desgraciadamente. Al ver a los ratones soltó un grito de júbilo: los ratones zombis habían dejado de golpear los barrotes y se paseaban lentamente en sus jaulas.

las posibilidades de una curación altamente satisfactoria era muy buenas. 95 . Sólo cuando oyó ruidos en la escalera del sótano volvió la cabeza y se dio cuenta de que sus perseguidores al fin lo habían encontrado. principalmente motora. Después de casi cinco horas de trabajo de disección. el profesor seguía tan inmerso en su tarea que no oyó cuando la puerta de entrada de la casa fue abierta con violencia.alguna secuela. pero según lo que observaba en los cerebros de los ratones diseccionados.

Armando se sorprendió al ver lo organizados que estaban todos. sino en el equipo que patrullaría el perímetro al derredor del refugio a un kilómetro de distancia de éste. se convertían en un eficiente canal de comunicación. los cuales se mantenían unidos hasta en el peligro. Armando sintió una suerte de envidia por la pareja que formaban los papás de Gloria. Unas cuantas palabras. Lo primero que había pensado Armando cuando el papá de Gloria le dijo a ésta que no podía ir en la 96 . Armando se limitó a asegurarse que el contenido de su mochila estuviera completo y halló un limpiador de metales con el que se puso a limpiar su espada. Lucas. el tipo calvo y musculoso (cazador). lo remitieron a la pizarra en donde se habían escrito los nombres que conformaban los tres equipos. el ir y venir de las personas se convirtió en el entretenimiento de los que estaban ahí refugiados. Cuando Armando preguntó quiénes lo acompañarían. En el refugio. Sanjuana. Lo que a Armado le llamó la atención fue que el papá de Gloria no estuviera incluido en su equipo.. Felipe. Después alguien le dijo que al parecer la espada se la habían llevado junto con la mochila del muchacho. En dicho equipo también estaba incluida la mamá de Gloria.10. El equipo de Armando (de ataque) lo conformaban Sebastián. pecho plano y cuerpo de atleta (exploradora) y Ramón.Un juego de espías. dos de defensa y uno de ataque. Humberto. Armando buscó la espada samurái de José para dársela a uno de los cazadores que lo acompañaría (al principio pensó en ofrecérsela al papá de Gloria. cuyo signo distintivo era un tupido bigote (cazador). un tipo que sobrepasaba los dos metros de estatura (explorador). una simple seña. esperando que éste no dañara la hoja. pero después lo pensó mejor) pero no la encontró por ningún lado. que lucía un sombrero tipo australiano (cazador). También le llamó la atención el que en su equipo hubiera una mujer. que sostenía perpetuamente un palillo en su boca (cazador). musculoso también y con una larga trenza que le colgaba a la espalda (cazador). Por su parte. Enrique. La salida se programó para las once de la mañana de ese mismo día.

Armando titubeó. Lo más seguro es que el calvo musculoso sintiera tanto miedo como él. Cuando se dirigía a la salida. Armando volteó a ver hacia el pasillo que llevaba al patio interior y se detuvo de golpe. que estaba oculto por el pelo que le caía recto y corto a los lados. el resto eran mujeres. —El profesor vive en la calle del sinsonte 1313 —respondió Armando. muy serio. 97 . Que incluyera a Sanjuana en el equipo de Armando y a su esposa en el suyo propio hablaba bien de él. Quería decir que realmente amaba a su hija y se preocupaba por ella. Armando buscó a Gloria en la lista. que fue a la habitación del catre a recoger su mochila y su espada. Armando buscó con la mirada a Gloria. limpiando su machete que mantenía sobre su regazo sobre sus piernas cruzadas.búsqueda del profesor. fue de que al señor no gustaba que las mujeres se enfrentaran al peligro. Por último. Le pareció que sería una descortesía de su parte no decirle un hasta luego a Gloria. A través de la puerta corrediza vio a Gloria. —En diez minutos salimos —le dijo Humberto mientras se acomodaba el sombrero de forma que sólo se le veía la mitad de la cara. gracias —le respondió Armando. Armando se sorprendió de la capacidad de convencimiento que debería de tener la mamá de Gloria para haber logrado que ésta aceptara quedarse a vigilar el refugio. Fueron a hacer un reconocimiento. Al salir de la habitación. Sebastián se le acercó. No la encontró. —Muy bien. Felipe y Sanjuana están por llegar. ¿Dónde dices que está ubicado el profesor Chilinsky? A Armando le pareció muy graciosa la manera telegráfica de hablar de Sebastián. y le dijo: —Saldremos en unos minutos. así que mejor decidió irse sin hablar con ella. todos con sus mochilas a la espalda y las armas en la mano. sino por la lentitud con que pasaba un trapo húmedo por la hoja de su machete. no por su rostro. pero de perfil. sentada en el suelo como la otra noche. En la reunión en el refugio había mostrado un hablar más fluido. Al verlo. La localizó en el equipo que rodearía el edificio del refugio. Sólo dos hombres (cazadores) formaban parte del equipo. Ya tendría ocasión de hacerlo cuando regresaran de casa del profesor Chilinsky. Armando siguió su camino y se encontró en la calle con cinco de sus compañeros de equipo. Pero lo detuvo la expresión de tristeza que se adivinaba en Gloria. Pero ahora veía que no había sido así.

—¿Espiando? —se asombró Armando. se vinieron para acá en el auto gris. —Esa Barranca del muerto. que no entendía nada. Sebastián? —A que en las cercanías hay pocas posibilidades de toparnos con zombis. —¿Qué es…? —Armando quería más información. pero quizás incluya dos pichoncitas. —Los notamos por primera vez ayer en la mañana. cuando acompañé a Pedro y a Dana a llevar a ese muchacho José con el doctor Ernesto. Todos en el grupo se echaron a reír por el comentario de Lucas. pero hay movimiento en tránsito —le informó Felipe a Sebastián. sí —dijo Lucas. pero más allá es posible que veamos acción. —¿Y cómo saben que son espías? —No lo sabemos. en tanto Armando trataba de comprender qué habían dicho. Esto no me preocupa. —Desde ayer por la mañana hay unos tipos rondando —intervino Sanjuana. con voz firme. —¡Eso está mal! —dijo Sebastián. Dos se quedaron cerca del refugio y dos nos siguieron en un auto gris hasta el consultorio del doctor. En ese momento se acercaron al trote Felipe y Sanjuana. —Barranca del muerto está muy lejos de aquí. Eran cuatro tipos. lo intuimos —dijo Humberto desde su media cara bajo el sombrero. Evidentemente hablaban por medio de claves que ellos conocían. donde recogieron a dos tipos y dejaron uno de guardia. riéndose. Sebastián frunció el ceño ante los informes de los dos exploradores y se rascó la calva. porque ya esperábamos algo así. —La barranca del muerto a la que me refiero es el nombre de una cantina que está cerca de la calle del sinsonte. cerca de La barranca del Muerto —comentó Lucas. 98 .—Yo sé donde está. —Despejado en perímetro. así que preguntó: —¿A qué se refieren. lo cual venía a confirmarle a Armando que todos estaban a punto de explotar por la tensión. por lo que Armando supo que éste era el líder del equipo. —No sabemos quiénes son ni qué quieren. Apenas bajamos de la camioneta y vieron que era José al que llevamos con el doctor. jadeando por el esfuerzo que acababa de realizar. —Parece ser la parvada de ayer. —¿Pero cómo pueden estar seguros que no fue una confusión? —preguntó Armando. Pero lo que es seguro es que nos andan espiando. —Hay pájaros en el alambre —intervino Sanjuana. Lo que sí me tiene inquieto es lo que nos informa Sanjuana. Fueron directo con Sebastián.

—¿Qué clase de obstáculos? —Basura. escombros. se regresan al refugio. Lo que quiere decir que alguien los está ayudando. Armando. donde recogen a dos tipos y dejan uno de guardia… Son demasiadas coincidencias. —No lo podría asegurar al cien por ciento. no llevan armas y viajan en auto. Conocemos a todos los que realizan esas funciones. nadie —respondió Armando. barricadas. Hay demasiados obstáculos en las calles para que puedas circular sin que quedes varado. ¿cómo saben que son espías? —insistió Armando. no hay confusión posible —dijo Felipe —. Ni un auto —continuó Felipe. pero estoy casi seguro de que nadie nos siguió. rondan el refugio por la parte delantera y la trasera. —No. claro. —Los autos se han convertido en verdaderas trampas mortales en zonas en las que merodean los zombis. Armando. esos tipos no son Vigilantes ni exploradores ni cazadores. —Los espías —dijo Sanjuana. colocando obstáculos en puntos estratégicos. gustándole aquello cada vez menos. —¿Y eso último qué tiene que ver? —Mira a tu alrededor. Además.—Armando. —Piénsalo bien. señalando sus dedos: —Los vemos por primera vez el día de ayer por la mañana y tú llegaste al refugio la noche anterior. no sólo en esta zona donde estamos. —¿Qué? ¿Yo? ¿Por qué? —Armando estaba anonadado. —¿Qué espían? ¿Cuál es su objetivo? —Tú eres el objetivo. —Porque los zombis no son capaces por sí solos de poner obstáculos —respondió Armando. Yo no sabía ni siquiera que el refugio 99 . Armando —le dijo Sebastián y empezó a enumerar. ¿Por qué lo preguntas? —quiso saber Felipe. sino de prácticamente toda la ciudad. al que no le molestaban las constantes preguntas de Armando. los zombis intentan atravesar un auto en vez de sacarle la vuelta. nos siguen en auto hasta el consultorio del doctor Ernesto y al ver que era José y no tú al que llevamos al consultorio. —Pero. algunos autos. Nos espían para ver en dónde te encuentras —dijo Sebastián. —No tienen capacidad intelectual para eso y ellos mismos podrían quedar atorados ante un obstáculo. Ya saben. —¿Estás seguro de que nadie te siguió cuando llegaste antier al refugio? —le preguntó Lucas a Armando.

nos aseguraremos de hacer perder el rastro a los espías. Todos se quedaron en silencio. Aunque avanzaron en línea recta durante tres cuadras. pasaron por un amplio patio central en cuyos cuatro costados se erguían apartamentos. El silencio era impresionante. aunque se cuando en cuando se escuchaba algún ruido que los hacía detener o avanzar más deprisa. Aunque faltaban tan sólo doce días para Navidad. con adornos navideños colgando de las puertas de las casas y con gente caminando deprisa e ambas direcciones mientras iban o venían del mercado para comprar los artículos con los que celebrarían la Navidad. Estaban por salir del patio cuando escucharon unos sonidos que les pusieron los nervios de punta: el arrastrar de muchos pies. ¡adelante. 100 .existía. Lucas y Ramón formaban el otro contingente. Sanjuana. Sebastián. A Armando se le hacía increíble el hecho de que aquellas calles deberían de haber lucido llenas de vida tan sólo un año atrás. ésta se veía lejana en aquellas calles vacías en las que por todos lados había basura y papeles que volaban al viento. Finalmente. vamos a reunirnos con el profesor! Se pusieron en camino siguiendo la misma estrategia que Armando y sus compañeros Vigilantes habían utilizado la noche anterior. De esta manera. los dos grupos se separaron y cada uno tomó las salidas paralelas en los costados del patio. A una nueva señal de Sebastián. Atravesaron corriendo unas canchas de futbol y se internaron en una zona en la que predominaban los edificios de apartamentos. Así que. Avanzaban por aceras distintas en grupos de cuatro. Las calles estaban desiertas. Sebastián habló: —No nos vamos a arriesgar de más. sino que también tenían que lidiar con tipos de los que desconocían sus intenciones. sopesando las posibilidades. dando la apariencia de ser un decorado gigantesco de alguna película post apocalíptica. pero haremos un rodeo. Felipe y Humberto acompañaban a Armando. Incluso llegamos por la parte trasera del refugio. Como caminaban en zigzag. La calle del sinsonte queda a unos dos kilómetros de aquí en línea recta. de cuatro y cinco pisos. a una señal de Sebastián ambos grupos doblaron bruscamente a la izquierda y se internaron en una zona en la que abundaban los talleres mecánicos y las bodegas. pero que aparentemente estaban tras la pista de Armando. Ahora no sólo se enfrentaban al peligro de toparse con zombis. Fue Gloria la que nos guió a José y a mí hasta el refugio y avanzamos por callejones estrechos y otros lugares en los que sería muy difícil seguir a alguien. Enrique.

vieron a los integrantes del otro grupo. intentando controlar su corazón desbocado. arrastrando consigo a otro zombi. Doblaron la esquina prácticamente a gatas y luego echaron a correr. —Seguiremos juntos —indicó Sebastián y se pusieron de nuevo en marcha. cuarenta y cinco zombis y el cuerpo mutilado de Sanjuana yacían en tierra. que convulsionaba. estaba exhausto. —…Tenemos… que… salir de aquí ahora… ¡Rápido! —Exclamó Sebastián entre jadeos. Sebastián lanzó un grito de terror cuando vio salir una mano del pecho de Sanjuana aferrando su corazón. Colocó la punta de la hoja de su espada manchada de sangre en el suelo. rodeados por al menos cuarenta zombis. —Es necesario… —dijo Sebastián.Armado y su grupo corrieron en fila india por una pequeña banqueta adyacente a uno de los bloques de departamentos. —Allá atrás alguien nos disparó. que se había acostado en el suelo. Lucas lanzó un gruñido enfadado. arrojando pedazos de yeso y ladrillo. esta vez de furia. ya que no podía sostenerla en el aire. A lo lejos. como el resto de sus compañeros. que estaban espalda contra espalda y blandían sus machetes efectuando movimientos en semicírculo. —¡Pero si no me puedo mover! —protestó Lucas. Nadie supo cuánto tiempo estuvieron luchando contra los zombis. que aún latía. se pusieron a luchar. Sabía lo importante que era salir de ahí lo más rápido posible. una serie de estruendos los hicieron arrojarse al suelo. Armando se abrió paso cercenando la cabeza de un zombi y cortando la pierna de otro a la altura de la rodilla. en la otra esquina del edificio contiguo. Armando. A punto de doblar la esquina. Cuando llegaron hasta donde estaban sus compañeros. Jadeaba sonoramente. El zombi cayó de lado. Alguien les estaba disparando. Cuando fue cercenada la última cabeza. pero se levantó. Sebastián reaccionó y con otro alarido. cercenó el brazo que atravesaba el cadáver de Sanjuana y luego la cabeza del zombi. en un intento por retirar el brazo y comerse el corazón. 101 . Pero tenía el brazo atorado. La pared del edificio estalló en cinco puntos distintos a unos cuarenta centímetros sobre sus cabezas. Quizá los que habían efectuado los disparos querían que los dos grupos se enfrentaran a los zombis y así liquidarlos a todos. lo cual sólo podía significar que estaban siendo atacados por zombis. El zombi levantó el cuerpo de la chica.

—¡Alto. Hasta ese momento no habían vuelto a aparecer los tiradores. heridos mortalmente. lo cual le decía a Armando que debía tratarse de uno de los espías/tiradores que los perseguían. pero la precaución no estaba de más. Lo extraño es que corría a la manera femenina. deténganse un momento! —exclamó Armando en voz alta. El grupo se detuvo en el acto. Sebastián y Humberto se adelantaron al grupo para ver si había peligro adelante. pero tuvieron la precaución de vigilar su retaguardia.Ahora las cosas eran peores. Armando se acercó a Sebastián y le dijo: —Sanjuana dijo hace rato que la parvada de pájaros incluía a dos pichoncitas. —¿Eso quiere decir que el grupo de espías incluía a mujeres? Sebastián volvió a asentir. Las calles se sucedían. Lucas y Humberto cayeron al suelo. Los dos exploradores regresaron y señalaron que al parecer el camino estaba libre. Los demás se cubrieron tras la fila de autos estacionados. Estaban tan sólo a unas cinco cuadras de llegar a su destino. Cada tantos pasos oteaban el horizonte tras de sí. porque creo haber visto a una espía atrás de nosotros. Armando y Felipe fueron los encargados de servir como espejos retrovisores al grupo. pero sin gritar. monótonas. sorprendidos de que los disparos hubieran llegado de adelante y no de atrás. Cuando estuvieron a sólo cien metros de la calle del sinsonte hicieron un alto. por lo que Armando dijo: —Entonces debemos apurarnos. sin vida y peligrosas. cuando una nueva andanada de disparos cayó sobre ellos. Apenas se había extinguido la voz de Armando. Los zombis no disparaban armas. ¿verdad? Sebastián asintió. Armando volteó atrás por última vez y su corazón se saltó un latido: había visto una figura que cruzaba la calle a unos sesenta metros atrás. No sólo tenían que estar atentos a lo que les esperaba más adelante sino que tenían que cuidar su retaguardia. preparados para cualquiera cosa. La figura se movía muy rápido. Lucas había recibido un disparo en la frente y Humberto tres disparos en el pecho. como suponían. cuando avistaron a un grupo de zombis en la lejanía. así que reemprendieron la marcha. mientras Felipe y Armando vigilaban el camino ya recorrido. Esta vez también cambiaron el rumbo para no entrar en contacto con los zombis. 102 .

Era la penúltima casa del lado izquierdo de la calle. donde se encontraba el profesor Chilinsky. volviendo a cerrar la puerta tras de sí. cuando ésta se abrió con un ligero quejido metálico de los goznes. ¿no creen? Lo que vamos a hacer es avanzar hasta la intersección. Así que Armando llevó su mano a la empuñadura de su espada y. Felipe. guiado por la numeración de las casas. Enrique. manteniendo a Armando cubierto a nuestro flanco derecho. ¿Alguien había abierto violentamente aquella puerta y luego se había tomado la molestia de cerrarla de tal manera que pareciera cerrada o se trataba de un accidente doméstico? ¿Habría alguien atacado al profesor Chilinsky? Armando tuvo ganas de volverse sobre sus pasos en ese momento. Armando volteó a ambos lados de la privada antes de subir los escalones y tocar a la puerta. tras un corto titubeo. Por fin localizó la casa con el número 1313. pero discreto al mismo tiempo. Era una casa angosta. Los cinco formaron un grupo compacto. a la que se accedía por medio de cinco escalones bordeados por pequeñas macetas con hermosas flores y un barandal de hierro forjado. Ramón y yo continuamos corriendo. que empezó a avanzar. 103 . “Algo no está bien”. Sin embargo. pensó Armando. Armando se dirigió rápidamente al final de la calle. empujando suavemente la puerta con la mano y las yemas de sus dedos extendidos.—La calle del sinsonte es una privada que está a sólo cien metros adelante —dijo Sebastián—. ¿qué les parece? —¿No es muy arriesgado? —preguntó Armando. Cruzaron corriendo la intersección y antes de llegar a la entrada de la calle del sinsonte viraron bruscamente a la izquierda. —¿Acaso tenemos opción? —respondió secamente Sebastián. Apenas rozó la puerta con los nudillos de su mano. así que si nos dispararon desde esa dirección es porque ignoran a dónde vamos. Cruzamos la calle y viramos a la izquierda. Una puerta de madera de color gris perla daba al conjunto un toque elegante. con Armando a la izquierda. penetró en la casa. Armando se internó en la privada y sus compañeros siguieron su camino. muchos hombres y mujeres a los que apenas conocía habían arriesgado sus vidas o habían muerto para que él estableciera contacto con el profesor Chilinsky y no se sentía capaz de cargar con la culpa de que esos valientes hubieran muerto en vano. La puerta se abrió un poco más y Armando pudo ver que el marco interior de la puerta estaba vencido. pero alta. mientras Armando se desprende de nosotros y se interna en la privada.

De seguro ahí no había problemas con el voltaje. A la izquierda había una escalera en forma de “L” invertida y más atrás se veía un comedor de seis sillas. pasando por un pasillo que tenía empotrado un librero con cientos de volúmenes en una de sus paredes. Se trataba de un sótano. Unas jaulas metálicas vacías estaban tiradas sin orden ni concierto. Frente a la escalera se veía una puerta corrediza de madera. Había papeles por todos lados y fragmentos metálicos y vidrio en toda la extensión del piso. sintiéndose más nervioso a cada momento —. Cuando estaba por bajar el último escalón le pareció oír que la puerta de la calle se abría. Así que se dio la vuelta y subió los escalones de dos en dos. Corrió por el lado del comedor y llegó hasta el recibidor. Armando regresó a la puerta del sótano y bajó la escalera. que llamaban la atención porque estaban alineados en dos filas. ya que sólo utilizó su mano izquierda. La puerta estaba cerrada. Al fondo de la casa se veía una parte de la cocina. Armando se acercó a lo que parecía una enorme plancha de mármol sobre la que se veían unos extraños bultos de tamaño minúsculo. ésta se extendía hacia la parte de atrás. Tras la puerta corrediza había una amplia sala. con dos grandes sillones y un televisor de plasma de 42 pulgadas. Armando dejó la sala y se dirigió a la parte de atrás de la casa. Armando empezó a bajar la escalera.—¿Hola? ¿Hay alguien en casa? —Preguntó Armando en voz alta. tal y como él la había dejado. Se sorprendió de la brillantez. Si había tenido alguna duda de que en esa casa había ocurrido algo malo. el sótano acabó por disiparla: todo ahí estaba en desorden. aguzando el oído y dando un vistazo al interior de la casa. A un lado de la cocina había una puerta blanca y decidió investigar hacia dónde conducía. con cierta dificultad. ¿Profesor Chilinsky? Nadie respondió a su llamado. sosteniendo la espada en alto con las dos manos. De ahí emanaba el ruido blanco del refrigerador. 104 . Buscó el interruptor con la mano y encendió la luz. No estaba dispuesto a dejar de empuñar la espada. Según había adivinado por la fachada de la casa. por lo que Armando se quedó quieto un momento en el recibidor. Armando abrió la puerta y vio una escalera que descendía. Armando se acercó lentamente a la puerta y la abrió sólo unos treinta centímetros.

apuntándole con sus armas. que sostenía de un brazo a un cadáver. Luego dio media vuelta y salió de la casa. Armando llegó hasta la plancha y se dio cuenta de que se había equivocado de especie. Que esto apenas empieza —le dijo el sujeto a Armando sin dejar de apuntarlo con su arma. Armando envainó la espada samurái en su funda. Se quitó el cinturón con la espada y la depositó suavemente en el suelo. Armando abandonó el sótano. El sujeto acomodó las dos sillas frente a frente y sentaron al cadáver en una de las sillas. Armando obedeció. Alguien había arrancado los cables a la computadora del profesor Chilinsky y se la había llevado. Con un suspiro de impotencia. 105 . —Ahora patéela suavemente hacia mí. Armando dejó a los ratones muertos y se fijó en un manojo de cables que colgaba de una de las paredes que tenía empotrada un escritorio. Eran cadáveres de pájaros.Al acercarse supo qué eran esos extraños bultitos por el olor nauseabundo que emanaban. que habían sido abiertos en canal y que carecían de la parte superior de sus cráneos. Al verlos aparecer. el tipo que le apuntaba bajó su arma y se dirigió al comedor. Pero lo que atravesó la puerta no fue ningún zombi. —¡Quítese la espada y póngala en el suelo! —volvió a ordenar el mismo sujeto. sino el compañero del hombre que lo encañonaba. Armando atravesó el comedor y estaba a punto de subir la escalera cuando la puerta de enfrente se abrió violentamente y dos hombres entraron corriendo. El otro brazo del cadáver lo sostenía un tipo vestido con un uniforme de la Agencia federal de Investigaciones que traía un puro en la boca. Apagó la luz de la escalera y volvió a cerrar la puerta. lo cual le puso a Armando los pelos de punta. —¡Quieto! ¡Suelte esa espada inmediatamente! —le ordenó uno de los hombres. cuyo respaldo daba hacia la escalera. Aquellos minúsculos cadáveres eran de ratones. amigo. Su compañero se agachó y recogió la espada. Afuera hubo un ruido de pasos y arrastre. donde tomó dos sillas que llevó al recibidor. —No se mueva. Armando hizo lo que se le pedía. de los cuales se les habían extraído sus cerebros. El hombre pareció relajarse. Decidió que ya era tiempo de ver si había algo en el piso de arriba.

El tipo de uniforme le volvió a hacer la misma pregunta y el tipo que sostenía a Armando del cuello lo acercó aún más. sino un tipo que estaba vivo y que había sufrido una paliza tremenda. Observó alternativamente al tipo golpeado que tenía ante sí y a Armando. La nuca del tipo golpeado estalló en un surtidor de sangre. en el cual los ojos eran dos simples rendijas hinchadas. sus ojos tan hinchados. La sangre salpicó el rostro de Armando. —Nnn…. arrastrándolo hasta donde estaban las sillas. pero estaba tan golpeado. 106 . que casi estaba ciego. —¡Míralo bien. —¿Es este Rolando Mota? El hombre golpeado pareció no entender. te hubieras ahorrado las muestras de cariño de mis muchachos. Luego le hizo una seña a uno de los hombres y le dijo: —Tráemelo para acá. para que éste lo reconozca. y se dio cuenta de que aquél no era un cadáver. Pero no te guardo rencor. eso de traicionar a un amigo. —¿Qué dices? ¡No te oigo. sé —farfulló el hombre golpeado. cuando te enseñamos la foto. es él —dijo el tipo golpeado. —Es Rolndo Mota. Armando pudo oler la sangre coagulada y el sudor que despedía el hombre golpeado. —De habérnoslo dicho antes. Te admiro por haber traicionado a tu amigo. Observó más detenidamente aquel rostro desfigurado. —Sssí. Uno de los dos hombres armados se acercó a Armando y lo jaló de la camisa. —A ver. Luego lo tomó del cuello y le acercó la cara para que lo viera el tipo golpeado. dime —le dijo el tipo de uniforme al hombre golpeado.Armando ahogó un grito al ver que el cadáver gemía. —Nno sé… —volvió a decir el hombre golpeado. Yo nunca lo hubiera hecho. compadre! —exclamó jubiloso el hombre de uniforme. El hombre de uniforme desenfundó su pistola y disparó. que había quedado momentáneamente sordo de su oído izquierdo. habla más fuerte! —le gritó el hombre de uniforme. —¡Sabía que o reconocerías. dando una chupada a su puro y arrojándole el humo a la cara. carajo! El hombre golpeado pareció hacer un esfuerzo por ver a Armando. —¡¿Qué no sabes?! —estalló el hombre de uniforme. y pedazos de hueso y masa encefálica se adhirieron en la pared de la escalera. ¿Sabes por qué? Porque odio a los traidores. El tipo del uniforme de la AFI y el puro se sentó en la otra silla. en un susurro.

¿qué tenemos aquí? —exclamó el comandante. desearás no haber nacido nunca.. Evaristo. —¿Quiere la verdad? —Le preguntó Armando. por favor. sólo eso te pido. Así que quiero que te dejes de hacer el pendejo y me digas toda la verdad. —¡Tú eres Rolando Mota y te ordeno que te sientes! —exclamó el tipo de uniforme. —Y tú. Se sentó en la silla. dejando caer la ceniza de su puro en el piso. escondida! —lo interrumpió la voz de Genaro. que bajaba la escalera arrastrando a la fuerza a una joven. El hombre de uniforme suspiró y se restregó los ojos con la mano. Pues bien. 107 . Si me la dices. —Tú. te prometo una muerte rápida e indolora. que forcejeaba débilmente. Estoy muy cansado y me están presionando mucho de arriba. ve a ver qué encuentras arriba. Genaro. Si me mientes. que estaba asqueado del tipo aquél. Ya viste lo que soy capaz de hacerles a los que traicionan. apuntando a Armando con su pistola. y dime toda la verdad. Así que ya no me mientas. —¡Te dije que no me mintieras. Luego fijó su atención en Armando y le dijo: —Mira. —La verdad. —No soy Rolando. —La verdad —repitió Armando —: Me llamo Armando Guerra y vine hasta aquí para buscar al profesor Chilins… El tipo de uniforme le soltó un golpe a la cara con el revés de la mano con la que sostenía el puro. tenemos que hablar —le dijo a Armando. La cabeza de Armando se sacudió con violencia. soy Armando —afirmó éste.. En ese momento regresaron los dos hombres y se quedaron parados junto a su jefe. —¡Siéntate Rolando!. A Armando no le quedó otra que hacer caso. vaya!.—Saquen a este traidor de aquí —ordenó el hombre de uniforme. esperando sus órdenes. mire lo que encontré allá arriba. Rolando. Los dos hombres se retiraron. —El tipo que sujetaba a Armando lo soltó y ayudó a su compañero a sacar el cadáver. comiéndose a la joven con la mirada. ve y checa la parte baja de la casa —le dijo el hombre de uniforme. desgraciado! Ahora vas a… —¡Comandante. —¡Vaya. otra cosa que no soporto es a los mentirosos.

Se había percatado que la chica parecía haberse impresionado por su uniforme policial y creía que se la estaba viendo con un guardián del orden que le iba a ayudar a recuperar a su padre. que a ese sujeto Rolando Mota lo tiene frente a usted —dijo el comandante. la hija del profesor Chilinsky —respondió con voz firme. Dijo que él era alguien muy importante —respondió Isabela y añadió: —Pero mi padre no pareció impresionarse por eso. arriba. —¿Y por qué no te llevaron a ti con ellos? —inquirió. —Pues déjeme decirle. si supiera que sólo nos va a servir como diversión”. Me quedé en el rellano de la escalera y pude oír que en el recibidor estaban varios hombres. cuando oí que alguien tumbó a la puerta —explicó Isabela. señorita. que ya no podía esperar más para poseerla. lo cual imponía al conjunto un toque extra de exotismo. pensó el comandante. “Pobre. También a él le había impresionado la belleza de Isa108 . que no podía creer su buena suerte. —No. Isabela volteó a ver a Armando con una mirada de incredulidad.La chica era hermosa. Tenía el pelo rubio y un cuerpo estupendo. fui a investigar. realzado si cabe porque sólo vestía un ceñido pantalón de mezclilla y un sostén rosado. güerita? —le preguntó el comandante. con un ligero acento gringo. señalando con un gesto a Armando. —¡Ustedes fueron los que se llevaron a mi padre! —¡La hija de Chilinsky! Eso es interesante —dijo el comandante. burlón. —Soy Isabela. —¿Y se lo dijeron? —preguntó el comandante. alguien muy… —¡¿Rolando Mota?! —le interrumpió el comandante. sin despegar la mirada de los senos de Isabela. Entonces se lo llevaron a la fuerza. —Como me estaba cambiando. Genaro dejó a la chica junto con Armando y el comandante y fue al comedor a buscar una silla. —Sí. Le decían a mi padre que tenía que acompañarlos. a quien al parecer no le molestaba la mirada lasciva del comandante. —¿Y tú quién eres. Armando había asistido al intercambio de palabras entre el comandante y la hija de Chilinsky como un mero espectador. pero mi padre se negaba y les preguntaba que quiénes eran ellos. desafiante. —Yo estaba en mi cuarto. Sólo uno de ellos que dijo que él era Rolando Mota. Al cuello llevaba un escapulario sostenido por un cordón grueso. Regresó con ella y sentó a la chica violentamente. Rolando Mota.

—Es por tu seguridad. Isabela —le dijo el comandante. lo cual era una noticia terrible. de una vez —ordenó el comandante. a pesar de que ya fuiste reconocido por dos personas. —Yo no soy Rolando Mota —dijo Armando. Genaro regresó con la cinta. la primera vez que hablaron. El comandante tiró su puro al suelo y se concentró nuevamente en Armando. El comandante se agachó y le arrancó la mochila de la espalda a Armando. —¡Listo! —dijo. señalando a Armando. Me estás mintiendo y sabes que eso no me gusta. El rostro del comandante se contrajo de furia y le pegó un puñetazo a Armando en el estómago. —Me llamo Arm… —¡Es su voz. Se limitó a atar con cinta los tobillos y las manos en la espalda. señalando a Isabela. Su rostro adquirió una actitud siniestra. Genaro se acercó a recogerlo. —¡Pero…! —protestó Isabela. Levantó a Armando del suelo y lo ató a la silla envolviendo sus brazos y pecho con varias vueltas de cinta plateada. Déjame terminar con esto y ahorita los llamo —le dijo el comandante a Genaro. La cinta adhesiva plateada y otros implementos que utilizaban para obtener “confesiones” las tenían en la cajuela del auto. pero 109 . preparado para recibir nuevas órdenes. Pero quedó estupefacto cuando Isabela mencionó a Rolando Mota. ¡Te crees muy listo!. Aquello era imposible. —También a ella. pero fue más gentil que con Armando. Genaro se retiró y salió de la casa. —Sigues negando que eres Rolando Mota. Su tono de voz era igualmente siniestro y fue subiendo de volumen conforme hablaba.bela y sintió lástima por ella al enterarse de que el profesor Chilinsky había sido secuestrado. El comandante abrió la mochila y sacó la carpeta que Rolando Mota le había dado a Armando en la biblioteca. que boqueaba intentando aspirar aire. Genaro ató a Isabela a la silla. consígueme cinta para amarrarlo a la silla. es su voz! —gritó Isabela. Armando se dobló y cayó de la silla. que se dirigió a la sala tras la puerta corrediza que estaba frente a ellos. pero el comandante lo detuvo con un gesto de la mano y le dijo: —¡Déjalo!. —Ve a buscar a Evaristo.

—¡Es un transmisor. —¡Eso es absurdo! —exclamó el comandante. —¡Explícate. eso significa que ustedes son los espías. Rolando! —Lo interrumpió el comandante. que no se ha dado cuenta de que alguien se las ha jugado muy feo —dijo Armando en tono de burla. Un hilo de sangre empezó a manar de la comisura de su boca cuando comenzó a hablar: —Usted afirma de que yo soy Rolando Mota. 110 . ¿no es así? Armando hizo una pausa. y que utilizaron un transmisor para seguir mi rastro y encontrar así el escondite del profesor Chilinsky. y entonces no podríamos haber dado con el escondite del profesor Chilinsky. El rostro del comandante mostró una expresión de perplejidad. —¡Así que ustedes eran los espías que nos dispararon! —dijo Armando. ¿Acaso eres tan imbécil para no saber para qué sirve un transmisor? —Pues no soy tan imbécil como usted. te juro que… —Alguien me siguió al refugio y nos disparó a mí y a mis amigos cuando veníamos para acá —dijo Armando en un tono glacial. Armando enderezó la cabeza y miró al comandante con furia. los habríamos matado a todos ustedes. gritando —Un trasmisor de última generación que nos permitió seguirte hasta aquí. cabrón! —gritó el comandante. Quería que ese tipo con cerebro de Neanderthal tuviera tiempo para procesar toda la información. comandante. —Es una carpeta que me dio Rolando Mota en… —respondió Armando. confundido. —¿Qué espías? ¿Quién disparó? —preguntó. dándole otro revés a la cara. Así que ya no me vengas con cuentos.déjame decirte que no es así. sino que en estos momentos sabrían dónde estaba secuestrado el profesor Chilinsky? El comandante parpadeaba. —Si ésta es otra de tus sucias mentiras. confuso. ¿cómo hubiera podido secuestrar al profesor Chilinsky sin que ustedes se enteraran? ¿Acaso su trasmisor de última tecnología no les habría informado no sólo que Rolando Mota había llegado al escondite del profesor. furioso. —Si nosotros les hubiéramos disparado. ¿Sabes qué es esto que saqué de tu mochila? —el comandante levantó una delgada carpeta metálica y la puso frente al rostro de Armando. —Si yo fuera Rolando Mota —continuó Armando—. —Si ustedes fueron los que pusieron un trasmisor en la carpeta que me dio Rolando Mota.

Así que se dejó caer en su silla y sacó su pistola. hubiera regresado al escondite del profesor Chilinsky si ya lo había secuestrado? Es usted un imbécil. Así que prepárate para morir. si fuera Rolando Mota. Genaro y Evaristo no aparecían. 111 . que quedó muerto al instante sobre la silla. comandante. hundiendo la hoja de su espada samurái en el cuello del comandante.—Además —concluyó Armando—. vénganme a ayudar a darle una calentada a este cabrón! El comandante siguió golpeando a Armando hasta que empezó a cansarse. Yo no soy ningún imbécil y trabajo para la gente más poderosa del país. —No me importan tus mentiras —le dijo. la cual colocó a veinte centímetros de la frente de Armando. ¿qué sentido tendría que yo. te mato —dijo una voz de mujer detrás del comandante. Evaristo. —Suelta esa pistola o deja de apuntarle a Armando. si no. El comandante saltó de su silla y empezó a golpear a Armando mientras llamaba a sus esbirros: —¡Genaro. —Lo que me encabrona es que me hayas llamado imbécil y hasta ahora nadie que me ha llamado así sigue vivo. perplejo: —¿Quién eres? —Soy la muerte —respondió Gloria. El comandante dejó caer la pistola y preguntó. que sintió una punzada de dolor en la nuca.

—¿Cómo llegaste hasta aquí? —preguntó Armando. que le pasaba suavemente un paño húmedo sobre la herida que tenía en su pómulo derecho. como intentando quitarse de encima el mal recuerdo de la visión de sus dos compañeros caídos —. Felipe. Sin embargo. Gloria le dedicó una sonrisa cansada.. Luego vio. fascinado. —¿A poco creíste que papá se iba a deshacer tan fácil de mí? —le respondió Gloria. Humberto y Lucas tampoco merecían esa clase de muerte tan trágica. ¿Fue tuya la idea? —preguntó Gloria más animada. Quizá sonreía para darse ánimo a ella misma. Armando creyó percibir una voz familiar. Armando se desmayó. hay bastante gente competente en el refugio como para que mi presencia ahí resulte indispensable. como para darle ánimo. 112 . tuvo una muerte horrible. —¿Viste quién nos disparó? —preguntó Armando. En realidad estuvo genial. Los vi tirados en la banqueta cuando tú te internabas en la privada y Sebastián. —Pero. destrozándole los dientes centrales inferiores y dejándole una expresión del más completo estupor en el rostro. cambiando el paño húmedo a otra herida que Armando tenía en su ceja derecha. —¡Gloria!. Por poco y te perdía de vista. Pobre Sanjuana. —No —dijo—.11. sintiendo un dolor sordo en la mandíbula. pero no fue capaz de establecer a quién pertenecía debido al zumbido que llenaba su cabeza. —Estuvieron a punto de perdérseme cuando tuvieron el encuentro con los zombis. no alcancé a ver a ninguno de los que les dispararon en las dos ocasiones. sus ojos irritados dejaban adivinar que había llorado. —Los seguí —respondió sencillamente Gloria. cómo la hoja de una espada salía de la boca del comandante. la hoja de la espada volvió a entrar a la boca. Cuando volvió en sí estaba acostado sobre algo blando y vio a Gloria. El rostro de Gloria se ensombreció. ¿qué haces aquí? —preguntó Armando. Unos momentos después. el refugio… —El refugio se cuida solo —lo interrumpió Gloria —. Ramón y Enrique seguían de largo.Llamada de auxilio.

Gloria le acercó a la nariz una bolita de algodón impregnada en alcohol mientras le echaba aire con la otra mano. No tuve tiempo de esconderme. Así que tuve que hacer un esfuerzo para recordar el número de la casa. —¡Gloria!. Enseguida se sintió mareado y se dejó caer de espaldas en el sillón. —¿Lo mataste? —se asombró Armando. —Llegué a la privada pero no te vi. con la puta esa. irguiéndose en el sillón. ¿por qué llamas puta a Isabela? —exclamó Armando. sonriendo. —¿Ah. —Pero si quieres saber cómo es que estoy aquí… —Adelante —dijo Armando. Así que me puse a elaborar un plan para saber qué hacer si acaso lo llamaban. quien empezaba a olvidarse del dolor que sentía. Vi cómo metían al pobre tipo aquél. empezó por revisar precisamente esta sala. entré y en ese momento creí oír un ruido en la calle. Fue entonces cuando el cerdo ese del comandante mandó a sus achichincles a revisar la casa. así que vi la puerta corrediza y me metí a esta sala. sí? —se asombró Gloria. —Recordé el número y encontré la casa —continuó Gloria sin hacer caso de la interrupción —. También vi cuando te sentaron en la silla del ejecutado. Evaristo. —¿Por qué no la soltaste? 113 . —Sí. Amarrada. que mencionaste una vez en el refugio… —Parece que estás muy atenta a todo lo que digo —la interrumpió Armando. —Tenía miedo que descubrieran su ausencia. Pensé que eras una espía. —¿Dónde está? —preguntó Armando. Genaro. Estaba pensando en el plan cuando bajó el otro cerdo.—Fue idea de Sebastián —respondió Armando y añadió: —Vi cuando nos seguías. No confío en ella. El tipo grasoso ese. y al que ejecutaron en forma tan cruel. Según lo que pasó después. intrigado por la actitud de Gloria. Pero no sabía que eras tú. así que no me quedó más remedio que matarlo. Desde este lugar pude ver todo sin que me vieran. todo golpeado. fue una suerte que lo hiciera. —Está allá afuera. Tenía el ceño fruncido y contestó secamente: —Le llamo puta porque eso es precisamente lo que es. te vi. en una silla en el recibidor. arqueando las cejas. —Eso de los espías es algo que me vas a tener que explicar con detalle —dijo Gloria.

—Y lo tuviste que matar. —¡Vaya. Sólo quiero decirte que sufrí mucho verte golpear y no ayudarte. En verdad que pensé que te iba a matar. créeme cuando te lo digo. Gloria guardó silencio y se levantó del sillón. Armando. irónico. Armando cerró los ojos y se contuvo de responder. —¡¿Qué?! ¿Por qué? —Por su seguridad. En el poco tiempo que la había conocido. cuando Gloria se mostrara más tranquila. No me preguntes el por qué no lo detuve en ese momento. por lo que Armando no pudo ver la expresión de su rostro. decidí seguir oculta en la sala. creyó adivinar el motivo por el cual Gloria se mostraba tan extraña con él: Gloria creía que él. Pero. 114 . no es necesario hacerlo. ya que todos sabemos que lo eres. Gloria le había demostrado ser una chica decidida y de muchos recursos. sé que lo que te trajo hasta aquí fue el intentar demostrarnos a todos que eres una chica valiente. De seguro tendría que existir una explicación lógica de su comportamiento. pues qué amable! —dijo Armando. Tuve que hacer un gran esfuerzo por contenerme mientras te golpeaba. Así que decidió dejar para más tarde el asunto. Pero también era impulsiva. Cuando el cerdo del comandante los mandó amarrar a ti y a la puta pensé en salir de mi escondite. Gloria pareció notar el cambio en Armando. Sin embargo. se escandalizaba por el hecho de que una chica mostrara un comportamiento tan violento. dándole la espalda. Pero la volví a amarrar. irguiéndose despacio y sentándose —. El que los hubiera seguido hasta la casa del profesor Chilinsky lo confirmaba. así que continuó: —Ya que nadie echaba en falta al cerdo grasoso. aunque Armando no lograba adivinar cuál. porque no te gustaría mi respuesta. Escuché todo el interrogatorio al que te sometió el cerdo del comandante y lo que dijo de ti la puta esa. Continuó con su relato con un tono de voz neutro: —Cuando ya no me pude contener fue cuando el cerdo del comandante te apuntó con su arma. No alcanzaba a entender la actitud de Gloria ni el por qué actuaba de esa manera.—Ella misma se soltó. como dijo el cerdo del comandante. Parecía que el comentario de Armando le había afectado realmente. Entonces el cerdo del comandante te empezó a golpear. —Gloria —dijo Armando. Entonces salí de la sala y le atravesé el cuello con la espada. pero luego el otro cerdo grasoso empezó a buscar al cerdo grasoso y también entró aquí. —Exacto. Gloria bajó la vista hacia el piso. Y esta vez lo hice mejor que el cerdo ese de Genaro.

que no alcanzó a comprender qué había de malo en lo que había dicho. dejando atónito a Armando. sino que también tenía un pedazo de cinta tapándole la boca. Tenía la cabeza agachada y de su boca destrozada bajaba un reguero de sangre que ya había coagulado. 115 . La había llamado valiente y ella había huido. No vio a Gloria. sentado en la silla desde donde intentó imponer su torcida mente. Atravesó rápidamente la puerta corrediza y la cerró. despegó suavemente la cinta que cubría su boca. —Gracias. Isabela se levantó de un salto de la silla y lo abrazó. que respondió al abrazo. gracias —murmuró Isabela. Después. primero la de los tobillos y luego la que rodeaba toda la esbelta cintura y los brazos de Isabela. —Esa chica está realmente loca. frotándose los brazos con las manos. que no sólo estaba atada a la silla con una cantidad de cinta plateada que a Armando le pareció excesiva. Por último. En una esquina de la sala vio los cadáveres de Evaristo y Genaro. Armando creyó notar que Isabel se había calmado y estaba a punto de deshacer el abrazo. Luego fue hasta donde estaba Isabela y empezó a cortar la cinta. —En un momento regreso contigo.Gloria soltó un sollozo y se precipitó fuera de la sala. gracias. tenemos que hablar. Armando fue hasta donde estaba tirada su mochila en el suelo y sacó de ella una navaja. Armando pensó que tratar de comprender a las mujeres era como intentar agarrar el aire con la mano. El cuerpo de Isabela era cálido y Armando pudo oler su perfume. Isabela —le dijo. en un movimiento que sorprendió a Armando. gélida. Finalmente lo logró. por lo que a éste le resultó difícil separarse. por lo que parecía vestir un babero macabro. Permanecieron abrazados cerca de un minuto. —Armando. poniendo mucho cuidado en ello. cuando oyó tras de sí la voz de Gloria. Armando se levantó del sillón y se dirigió al recibidor. pero sí a Isabela. Isabela se aferró con más fuerza a Armando al oír la voz de Gloria. mientras hundía su cara en el cuello de Armando. También estaba ahí el cadáver del comandante. —Tengo que tratar un asunto de importancia con Gloria. —¡Gracias a Dios! —exclamó Isabela.

Gloria. No quería más problemas con ella. sin levantar mucho la voz. eh. Simplemente la volviste a amarrar a la silla. Así que aprovechó el momento y le preguntó: —¿Estarías dispuesta a ofrecerle una disculpa a Isabela? —¿Eso es lo único que quieres Armando. —Eh. —¿Y qué querías que hiciera. —¿No te acuerdas que ella “reconoció” en tu voz a Rolando Mota? Además (no sé si tú te diste cuenta. lo cual Armando consideró positivo. una disculpa? —Eso es todo —respondió Armando. Isabela ni siquiera levantó la vista cuando pasaron frente a ella. —Mira Gloria. ya que al parecer se sentía avergonzada. agradecida. Sólo le sonrió. Tenemos tres cadáveres en ésta casa y han secuestrado al profesor Chilinsky. dejándose sin embargo ser llevado por Gloria. le preguntaste la razón de su proceder? No. Mira que taparle la boca… —Isabela no es de confianza. —¿Hablaste con ella. Recuerda que fue testigo del secuestro de su padre. pero yo sí. Armando? —le preguntó enojada Gloria.Isabela no respondió. Los dos entraron en la cocina. Armando —se defendió Gloria. —¿Por qué la soltaste. Gloria no cerró la puerta. Es muy posible que Isabela sepa muchas cosas. y se sentó de nuevo en la silla. porque lo vi todo desde la sala). Sin embargo. —¿Qué pasa. ni siquiera abrió la boca mientras el cerdo del comandante te pegaba o cuando te apuntó a la cabeza. Gloria? —Le preguntó de la manera más amable posible. eh. —¿Y si está mintiendo? 116 . Gloria no dijo nada y bajó la vista. despacio. si te lo pido es porque este maldito asunto no ha concluido. Gloria? ¿Dejarla ahí amarrada hasta que el cuerpo se le pusiera morado? Exageraste con ella. Armando fue a donde estaba Gloria. a quien estaba empezando a molestarle la actitud de Gloria. Gloria lo tomó fuertemente de un brazo y lo arrastró hacia la cocina. Gloria —protestó en un susurro Armando. donde se puso a frotar sus tobillos. —Quizá es porque estaba muy nerviosa —dijo Armando. como Armando había pensado que lo haría. Isabela no lloró ni protestó.

Gloria. —Aquí cerca hay unas cabinas telefónicas que creo aún funcionan —dijo Gloria. Gloria esbozó una sonrisa torcida. aún si llegara a mentir (que no lo creo) es posible obtener información de las mentiras. Isabela le sonrió a Gloria y le dijo: —No hay necesidad de que te disculpes… ¿cómo te llamas? —Gloria. a fin de tenerlos al tanto de los acontecimientos. tomando el escapulario con los dedos y girándolo para ver la imagen. Isabela se quitó el escapulario y se lo dio a Gloria. colgándose el escapulario en torno al cuello. Gloria le dijo a Armando que debían salir para intentar establecer contacto con el refugio. —Es la espada de José —explicó. Armando quedó admirado al ver la manera tan amable en que las mujeres resolvían sus conflictos. Luego. Me porté muy mal contigo. En caso de que no funcionen los teléfonos. Gracias de todos modos por disculparte. —Además. —Es la Virgen morena. ya veremos la manera de establecer contacto. Por eso es que conservo algo de acento americano y en los años que llevo en México he tratado de recobrar sus costumbres. 117 . Al ver la cara de duda de Gloria. la guadalupana. Llegaron hasta donde estaba Isabela y Gloria se adelantó y dijo: —Isabela. Se sentía feliz de haber hecho entrar en razón a Gloria. Lo que pasa es que he tenido un día muy malo y he andado muy nerviosa. diciendo: —Te lo regalo. Armando corrió tras ella y la alcanzó. como le dicen en México. Gloria!. —No hay necesidad de que te disculpes. ¿de quién es la imagen? —¿La imagen? —preguntó Isabela.—¡Vamos. al tiempo en que se colgaba la mochila a la espalda y tomaba su espada. —Bueno… gracias —dijo Gloria. quiero que me disculpes por lo que hice. —Voy a disculparme con ella —dijo Gloria y salió de la cocina. ¿por qué habría de mentir Isabela? —Armando se estaba enojando. Todos hemos pasado por momentos muy terribles. aunque Armando no se lo había pedido —. señalando el escapulario que Isabela llevaba colgado al cuello le dijo: —Está muy bien ese escapulario. Fuiste muy valiente por acabar con esos hombres malos y por disculparte conmigo. Isabela añadió: —Mi padre y yo estuvimos viviendo varios años en los Estados Unidos.

ve a darte un baño. No sé tú. Gloria —dijo Armando —. Armando se volvió a Isabela y le dijo: —Creo que ya es momento de poner orden en tu casa. 118 . Armando se agachó y empezó a arrastrarlo. en donde encontró la puerta y salió al patio trasero. por lo que era difícil manejarlo. Armando utilizó todas sus fuerzas para levantar el cuerpo de la silla. de tan nerviosa que estoy. Ahí puede haber algo que te sirva—. es horrible —dijo Isabela. —Yo voy a aprovechar el tiempo dándome un baño. Ya le comentaría algo después. El patio estaba lleno de las pequeñas macetas con flores que Armando había visto al frente de la casa. Voy a mover a este imbécil de aquí —Armando señaló al cadáver del comandante —. Nos vemos más tarde —y salió de la casa. yo me quedo aquí cuidando a Isabela. que esbozó una sonrisa y dijo alegremente: —Como quieras. luego dijo: —En la cocina creo que hay una puerta que da al patio trasero. —Adelante —le dijo Armando—. pero sólo lo levantó unos centímetros y lo empujó. que aún mostraba el rigor mortis. Armando suspiró y se dirigió a la cocina. estremeciéndose. El comandante cayó al suelo con un ruido sordo. unos limpiadores de pisos y unas toallas y trapos que colgaban de un gancho. Isabela subió rápidamente la escalera. Empezó con el del comandante. Había una especie de cobertizo donde se encontraban la lavadora y la secadora y a un lado de estas había un cuartito en donde se guardaban artículos de limpieza. ¿Dónde puedo encontrar algunos trapos viejos y cosas de limpieza? Isabela pareció titubear. el cual era pequeño. Conservaba la posición de sentado.—Ve tú. pero yo con muertos rondando por aquí no puedo hacer nada. lo cual hacía el efecto de agrandar el espacio con las notas de color que le daban las flores. un trapeador. Armando. pero odió tanto a Armando en ese momento. Cuando regreses podemos preparar algo de comer. Regresó al interior de la casa y se dio a la ingrata tarea de mover los cadáveres. pensar qué vamos a hacer con los otros dos cadáveres de la sala y limpiar. Armando tomó una cubeta que llenó con agua. Me muero de hambre. —Sí. Gloria le quería gritar a Armando que debían de salir de la casa de inmediato porque Isabela era una mentirosa y podía ser muy peligrosa. Armando estuvo seguro de que ese detalle de las macetas debía ser de Isabela. pero en donde estaba aprovechado al máximo el espacio. Me siento sucia por todo lo que ha pasado y apenas si me puedo sostener.

con una piel blanca y suave. empática y violenta. Gloria había realizado un trabajo impecable. encendió la luz y arrojó al cadáver por las escaleras. Por otro lado.Había decidido que el mejor lugar para esconder los cadáveres era el sótano. Quizá los golpes recibidos dolieran más de lo que desfiguraban. La cara de dolía bastante y no tenía intención de verse en el espejo. pero en el caso de Gloria esos dos lados puestos estaban yuxtapuestos. Y algunas veces no convenía dejar huellas de tortura en un rostro. quedando atorado en el tercer escalón. De seguro presentaría un aspecto horrible. Cuando regresó a la casa. Gloria se había portado con él tiernamente. No sólo era hermosa. se encontró con Isabela en la cocina. franco. unos ojos negros almendrados sobre los altos pómulos. Armando abrió la puerta del sótano. sí. cooperativa y egoísta. Todavía quedaban dos cadáveres más. Armando terminó con la limpieza y fue a dejar las cosas al cobertizo de patio. Así que avanzó penosamente por el piso de toda la planta baja arrastrando al comandante. como todas las personas. el cabello de un negro azabache que llevaba corto hasta los hombros. Y el problema con ello era que Armando se había enamorado de Gloria. 119 . ora pasando el trapeador o las toallas y trapos por el piso para desaparecer las manchas de sangre. Aquella chica representaba todo un enigma para él. Después de todo. de seguro lo consideraba un viejo. que vestía una falda cortísima que enmarcaba unas piernas torneadas. pero también había demostrado su desdén. Ella estaba apegada a sí misma y seguía sus propias reglas. deteniéndose de vez en vez a recuperar el aliento. Ese pensamiento le trajo de nuevo a Gloria a la mente. ora arrastrando un cadáver. el comandante y sus esbirros habían tenido una amplia práctica con la tortura. Calzaba unas sencillas sandalias y una ajustada blusa de color negro que realzaba sus atributos superiores. Sin embargo. Durante los siguientes veinte minutos. La que más trabajo le dio (y asco) fue la mancha de sangre de la escalera. por los quince años que los separaban. Armando estuvo yendo y viniendo por la planta baja de la casa. Armando sabía que estar enamorado de Gloria era un error. todo a un tiempo. que tenía adheridos pedacitos de hueso y cerebro del hombre golpeado. Gloria tenía un lado luminoso y un lado oscuro. Gloria era tierna e implacable. Además. También era ese carácter fuerte. abierto con que enfrentaba la vida. aún y cuando ni Gloria ni Isabela parecían reaccionar de mala manera ante su aspecto. Se le fue el aliento al ver a Isabela. Armando estaba impresionado de ver tan poca sangre en el piso. El comandante no llegó al piso de sótano. pero a Armando no le importó.

—Sí. Su pecho subía y bajaba con rapidez. —Qué. —¿¡Cómo que por qué?! —exclamó Isabela. Traía la espada desenvainada y con la hoja apuntaba hacia Isabela. Armando se dejó conducir dócilmente. Isabela con las piernas recogidas de manera tan provocativa que Armando difícilmente podía separar su vista de ellas. Llegaron a la sala en donde Isabela comentó admirada el trabajo de limpieza que había hecho Armando. en mi casa. incrédulo. —¿Qué? ¡Explícate. con esa espada horrible. —Vamos Armando. —Esa loca mató a tres hombres aquí. —¡Pero si esos hombres eran unos canallas! —dijo Armando. como si hubiera corrido. —¡Gloria! ¿Qué pasa? —exclamó Armando. que te dijo Rolando Mota de mi padre. estás perfecta —respondió Armando. levantándose de un salto del sillón. Qué haces. Parecía zombificado. —¿Y por qué hiciste eso? —le preguntó Armando. sin notar el énfasis que había dado a la última palabra. Tenemos que salir de aquí de inmediato. Se sentaron en uno de los sillones. volviéndose a Isabela le preguntó: —¿Es cierto eso? —Claro que es cierto —respondió Isabela. entrando precipitadamente a la sala. —Cuéntame todo de ti. Se irguió en el sillón y señaló a Gloria. calmada. 120 .Isabela notó la cara de embobado de Armando y sonrió. —¿Qué? —exclamó Armando. —Torturaron y ejecutaron a un tipo y querían matarme. Gloria! —No hay tiempo para ello. la policía. como llegaste hasta aquí. muy juntos. La policía viene para acá. ¿me veo bien o quizá me vestí de manera muy veraniega? —No. tenemos que hablar —le dijo Isabela. Gloria se veía muy alterada. —¡No le digas ni una sola palabra a esa puta! —Gritó Gloria. —Esa puta es una espía —dijo Gloria. —Nos ha tendido una trampa. Esta puta los llamó. —Yo los llamé. —¿La policía? —Armando estaba confuso. —Háblame de ti Armando —le dijo Isabela. exaltada por primera vez. tomándolo de la mano y llevándolo hasta la sala.

En esos momentos se escuchó el ruido de varios autos que frenaban frente al 1313 de la calle del sinsonte. ¿qué estás diciendo? —exclamó Armando. —¡Pero Isabela!. quedan detenidos! —gritó uno de los hombres. a lo cual siguieron los sonidos de puertas que se abren y de pies que corren. con una sonrisa cruel. donde tomó asiento. empuñando sus armas. 121 . —Demasiado tarde —dijo Isabela. —Vámonos de aquí. Un grupo de hombres entró en la sala. rápido. —¡Ustedes dos. En efecto. sacando un par de esposas con las que otros hombres sujetaron a Gloria y Armando y se los llevaron. atónito. Armando. Luego se abrió la puerta de la calle y una voz gritó: ¡Policía! Gloria enfundó su espada y se dirigió al sillón.—Esos hombres eran policías y querían información para ayudar a encontrar a mi padre.

Aún faltan pruebas. ¿Cómo decirle que no estaba segura de que la fórmula ya la tuvieran sus secuestradores? Es cierto que estaba oculta y que consideraba no cualquier persona podría encontrarla. en el cual la oscuridad era casi total. esa mujer se la arrebató! —¿Qué pasa. no tanto como tú. —Está en un lugar seguro. Hacía frío. ¿Guardaste en un lugar seguro lo que te di? Isabela se llevó instintivamente la mano al pecho. —¿Y qué querías que hiciera? Esos hombres tienen malas intenciones y yo no estaba dispuesto a darles nada. ¿sientes frío? —Sí papá. sintiendo una oleada de angustia. —Bien. por lo que se tenía que utilizar algo para llegar a ésta. un poco.Secuestrados I. aunque el ambiente era seco. —Bien. que contenía varias pilas de cajas de madera. mientras le arremetía de nuevo un temblor. papá —mintió. —Isabela. Quiero estar atenta para ver si puedo escuchar algo que nos pueda ayudar. 122 . que debes de estar sufriendo los primeros efectos del virus. El profesor Chilinsky y su hija estaban encerrados en un gran cuarto. bien. —Sí. Isabela? ¿Dónde estás? —Estoy sobre la silla. Sólo se filtraba la luz por una rendija que estaba en una de las paredes. por lo que Isabela no se explicaba el por qué del frío. ¡Pero se la habían quitado. La rendija estaba alta. bien —susurró el profesor. No fue una buena idea de tu parte inocularte tú sólo.12. Ahí está guardada la fórmula para eliminar el virus zombi y poder curar a la gente. Mi descubrimiento es muy importante y no puede caer en poder de gente así. Sin embargo.. Isabela se levantó y se retiró de su padre. pero estoy cien por ciento seguro de que funciona.

Maté a dos de ellos y el resto corrieron hacia la casa del profesor. todo lo que tenía el profesor referente a su trabajo estaba en el sótano y nos trajimos todo. tenemos al profesor. así que pegó su oreja a la rendija y escuchó. Hace unas pocas horas que se infectó. pero parecieron haberse asustado y siguieron de largo. yo estaba con la chica en la calle y los vi pasar frente a nosotros. Su intención inicial fue de constatar si por la rendija podía verse algo del exterior. no hay nada sobre la cura. Va a revisar todo. —¿Estás seguro de eso? —Sí. pero se dio cuenta con desesperación de que la rendija era demasiado estrecha para ver a través de ella. —¿Y qué puede encontrar Nastiusa en la casa? ¡Ahí no hay nada!. sí era posible oír por ésta. algo debe de haber escondido en la casa del profesor. Nos trajimos todo lo que estuvo al alcance. —¿Algún papel. documento o informe impreso? —Nada. vi a esos tipos que veníamos siguiendo y que les dimos a los zombis. Las voces hablaban en inglés. —No creas. —¡Qué! ¿Y qué pasó? —Les disparé. Hemos revisado la computadora y aunque hay mucha información relacionada. Eran cuatro y estaban muy asustados. ¡Jodidos polacos locos! —¿En qué estado está? —Va para zombi. —… ningún lado. Sin embargo. La primera vez que llegó hasta la rendija creyó oír voces.Isabela había utilizado una silla que había encontrado por medio el tacto. Sólo que es zombi”. Las señales blancas en la herida lo señalan. Sólo dejamos a los jodidos ratones muertos. así que para pasado mañana ya será zombi. Cuando sacaba a la hija de la casa. 123 . ¿Qué le vamos a decir a Playwithme? “Doctor. Iban hacia la casa del profesor. ¡Jodidos polacos! —Nastiusa se quedó en la casa del profesor. Ya revisamos todos los documentos y nada. causándose una herida. Se infectó del virus. ¿El profesor no ha dicho algo? —¡Ese maldito profesor! Cuando nos vio llegar tomó a uno de los ratones zombi y se encajó los dientes de éste en el brazo.

pero el hombre la tomó del brazo y la lanzó a la cama. 124 . el hombre se limitó a mirarla mientras le apuntaba con su arma. —Eso espero. que entró en la habitación y le dijo a su compañero: —Ya se llevaron al profesor y al material. que le apuntaron con sus armas. Al parecer no se encontró nada. Isabela gritó y trató de correr al baño. apareció de nuevo la mujer. Sin embargo. Vamos a ver si podemos encontrar algo que hayamos pasado por alto en los papeles del profesor Chilinsky. Tiempo después. Después. En el momento en que estaba por ponerse los aretes. sino por su padre. ¡Jodidos polacos! Isabela dejó de oír voces y se bajó de la silla. Isabela no sentía miedo por ella. Isabela estaba en su habitación terminándose de cambiar después de haber tomado un baño. volviéndose a Isabela. oyó que la puerta de enfrente de la casa era abierta de una patada. en inglés. —¡Nastiusa cuidado! ¡Dame un respiro! Si esa mujer es el demonio mismo. en español: —¡Desvístete! — al tiempo en que la mujer empezaba ella misma a desvestirse. —¡Vigílala! —dijo la mujer al hombre. Una mezcla de arrogancia con deseo no satisfecho. Durante unos minutos que a Isabela se le hicieron eternos. Nastiusa debe tener cuidado. Oyó el sonido de pisadas en el piso de abajo y se encaminó a la puerta de la habitación para ir a ver qué ocurría. La conversación que acababa de escuchar tuvo el efecto de sacarla del estado de shock en el que aún estaba y recordó con angustiosos detalles los detalles del secuestro. Sintió que su estómago se encogía.—Pues si es que hay algo escondido en la casa del profesor y otros lo saben. le ordenó. Me voy a quedar a revisar la casa. En su mirada se veía esa expresión del depredador observando a su víctima. y salió del cuarto. Isabela oyó que el piso de abajo se oían voces alteradas y parecía que había gente entrando y saliendo de la casa. La puerta de su habitación se abrió en ese momento y entraron en ella un hombre y una mujer. Tú llévate a ésta. sentándose en ésta.

pensando que aquél hombre se le hacía agua la boca. Con un gesto de la mano. la mujer le indicó a Isabela que se pusiera sus ropas. Después de cerca de una hora llegaron hasta una bodega. El hombre empezó a caminar rápidamente. Cuando salían de la privada. el hombre la volvió a tomar del brazo y empezó a conducirla a la puerta. Las calles estaban vacías.Isabela se quedó confundida. 125 . Al terminar de vestirse. Isabela empezó a desvestirse. Sin embargo. al tiempo en que señalaba al escapulario: —También eso. Salieron de su escondite. Abrió la puerta y la echó dentro del auto. —Ahora ya soy tú —le dijo a Isabela. El hombre hizo sonar el claxon en dos ocasiones y la puerta cochera se abrió. La mujer los detuvo y. Bajaron la escalera y salieron a la calle. Isabela obedeció. Luego echó a correr con Isabela. No alcanzaba a comprender por qué tenía que desnudarse al tiempo en que la otra mujer lo hacía. Entonces el hombre jaló a Isabela y la sacó de la habitación. el hombre se subió al auto y arrancó. La mujer se le acercó y le quitó el escapulario. El hombre la arrastró por la calle hasta llegar a un automóvil Ford de color gris. pasándoselo por encima de la cabeza y se lo colocó en su cuello. moviendo su pistola en un gesto de apuro. Isabela vio algo que su captor no vio: un hombre se había desprendido del grupo e internado en la privada. Cruzaron la calle y se ocultaron tras un seto. —Come on! —dijo. ya que dos mujeres se desvestían ante él. El hombre que le apuntaba la tomó del brazo y la alzó violentamente al tiempo en que la apuraba. llevando a Isabela bien sujeta. le dijo. echándole un vistazo a Isabela. sonriéndole. Sin dejar de apuntarle. El hombre sacó su arma y disparó en cuatro ocasiones. el hombre que la llevaba se paró en seco y le torció el brazo a Isabel de tal forma que ésta se agachó. Sonreía con sorna. La ropa de la mujer le quedaba un poco grande. La mujer que le ordenó desvestirse era muy hermosa y cuando quedó desnuda (sin que al parecer le molestara la mirada lasciva de su compañero) fue tomado una a una las prendas de las que se desprendía Isabela y se las ponía. Al poco tiempo Isabela vio cómo cinco hombres cruzaban la calle frente a ellos y su captor los seguía con la vista hasta que se perdieron de vista. más para tenerla sumisa que para que otros la vieran. El hombre la obligó a meterse al hueco frente al asiento del copiloto.

—Isabela. papá. —Papá. 126 . —Herido no. quien dentro de su angustia se sintió aliviada al oír que su padre estaba vivo. Soy yo —exclamó Isabela. Isabela llegó hasta su padre y así se enteró por éste de lo que había pasado. donde abrieron una puerta metálica y la echaron dentro. Isabela sintió un súbito miedo al oír de nuevo la voz de su padre. infectado —contestó el profesor Chilinsky en un susurro. —Sí. El cuarto quedó completamente a oscuras cuando volvieron a cerrar la puerta. ¿estás herido? —preguntó Isabela. tal vez por no estar inundada de alivio. —¿Dónde estás? —Aquí atrás. se la oyó débil y enferma. sobre el piso —respondió el profesor Chilinsky. ¿eres tú? —oyó la débil voz de su padre. ya que en ésta segunda ocasión.Otros dos hombres la sacaron del auto y la llevaron hasta un segundo nivel.

Tenía confianza en que sus hombres atraparan a la asesina. Abrió el paquete. guardando unos papeles en el cajón de su escritorio. Yo bajaré en unos minutos. Los policías llegaron a la casa en dos patrullas y pudieron sorprender a la asesina y a un cómplice. —Llegaron los detenidos. A unos cien metros de la casa encontraron en la calle los cuerpos acribillados de dos hombres. Le esperaba una tarde difícil y antes debía de establecer el curso de acción a seguir. traidores a la patria y asesinos.La ley y el orden. sacó un cigarrillo y lo encendió. efectivamente.. (En México. Volvió a abrir el cajón de su escritorio y sacó un paquete nuevo de cigarrillos. —Gracias. Se había encargado personalmente de depurar el departamento de policía y sólo había conservado a los mejores hombres. inspector. solos. Hasta aquí el caso resultaba normal hasta cierto punto. pero ya antes de llegar a ésta habían comenzado las complicaciones.13. Julián —respondió el inspector Palomino Estrada. a los cuales aprehendieron. aunque estadísticamente en un grado mucho más bajo que los hombres. 127 . —Diles a los muchachos que los dejen ahí. Y las mujeres también participaban en los asesinatos. Así que el inspector Estrada envió un destacamento de ocho hombres al lugar de la emergencia. Están en la sala tres. Revisaron la casa y. Aún en tiempos de zombis había personas que se asesinaban entre sí. El inspector Estrada no estaba de acuerdo con eso y quiso recuperar la confianza de la población). El caso lo ameritaba: Hacía unas horas se había recibido una llamada a la central en la que una mujer solicitaba la presencia de la policía. Al parecer habían asesinado a tres personas en su casa y la asesina (porque era mujer) seguía rondando por la zona. Necesitaba el humo para ayudarse a pensar. No le importaba si lo sancionaban. que Román monte guardia ante la puerta de la sala. Salió Julián del despacho y el inspector Estrada suspiró. Sus hombres habían localizado la casa. encontraron los cuerpos de tres hombres asesinados. la policía se había convertido en los últimos años en una verdadera caterva de ladrones.

Cuando el inspector Estrada recibió la información desde el lugar de los hechos. Los otros dos eran policías ministeriales vestidos de paisano. Al revisar las mochilas se encontró con otra sorpresa: una carpeta metálica que contenía un folleto incluido en los apuntes de Rolando Mota. sargento.Y aquí el caso se complicó definitivamente: los tres hombres habían sido asesinados con una espada y eran policías. 128 . Uno de ellos vestía el uniforme de la Agencia Federal de Investigaciones y tenía el grado de comandante. pero cuando se la buscó para que rindiera su declaración no fue posible encontrarla. Así que encendió otro cigarrillo y lo fumó lentamente antes de bajar y efectuar el interrogatorio. como sus mochilas. enojado. Entendido —dijo el inspector Estrada. En treinta minutos tuvo sobre su escritorio la espada y las mochilas de ambos sospechosos. —Mándenme inmediatamente la espada y cualquier otro implemento que llevaran los sospechosos al momento del crimen. —Entendido. —¿Qué tipo de espada fue la que utilizó el asesino? —le preguntó el inspector Estrada al sargento encargado. desapareció. el asesinato de tres policías. —¿Qué quiere decir con eso. dos hombres acribillados y el ataque de zombis en el que falleció Rolando Mota? El inspector Estrada tenía muchas preguntas que hacerles a los dos sospechosos. ¿Tendrían relación ambos casos. y que estaba en la casa cuando llegamos. —Ordenó— Después me los traen a los dos esposados para acá para interrogarlos. —Lo que quiero decir es que la mujer estuvo presente durante la captura de los sospechosos. inspector. —Muy bien. inspector —respondió el sargento. inspector —añadió el sargento: —La mujer que efectuó la denuncia de hechos. —Una espada samurái. frunció el ceño ante la mención de la espada como arma del crimen. Una cosa más. Al ver la espada. —Mándenme de inmediato eso que les pedí y después me traen a los sospechosos. sargento? —preguntó el inspector Estrada. el estómago se le encogió: era prácticamente idéntica a la que habían obtenido en la escena de la carnicería zombi dos días atrás. Se fue de la casa. aunque en realidad no estaba seguro de haber entendido la implicación de la huida de la mujer.

Era un idiota. —Me estaban golpeando e interrogando y no me pude dar cuenta de las reacciones de Isabela en esos momentos. Por ejemplo… —Armando se sintió feliz de haber logrado hacer hablar a Gloria. que te lo dibujara? Armando no tuvo respuesta para eso. Pero. Y fue de manera directa —contestó Gloria. esposados y en silencio. —Gloria —comenzó. Gloria no había dicho una sola palabra desde que entró la policía a la casa del profesor Chilinsky. 129 . Pero parte de la culpa es tuya (perdóname por decírtelo) por no haberme dicho las cosas de manera directa. había intentado explicar a la policía lo que había ocurrido e incluso se había atribuido los asesinatos. ahora que estaban solos. sé que me comporté como un idiota y que no te hice caso. tres pisos más abajo Gloria y Armando esperaban dentro de la sala de interrogatorios. ¿Acaso hay una manera más directa de decirte las cosas? ¿Qué querías. —No sé. como debería haberlo hecho. ¿cómo fue que te diste cuenta de que Isabela no era de fiar? —Ya te lo dije. ya que si no lo hacía Gloria volvería a su mutismo. Estaban sentados frente a frente ante una mesa de madera desnuda. Y también te dije que esa mujer dijo haber reconocido en ti a Rolando Mota. Armando quería que Gloria le dijera qué fue lo que había pasado. por tu voz. por otra parte. Por supuesto que Gloria se lo había dicho de esa manera. por su parte. Gloria nunca le había dicho de manera directa el por qué ella no confiaba en Isabela. sin levantar la vista de la mesa. Gloria —dijo Armando en un intento por atenuar su estupidez. —Por ejemplo.Mientras el inspector Estrada reflexionaba. Sólo utilizó indirectas. Los minutos pasaban y Armando no podía dejar de culparse por haber sido tan estúpido de no haberle hecho caso a Gloria cuando ésta le dijo que no debía confiar en Isabela. —Pero debes de tener en cuenta que yo no tenía tu perspectiva. y también había tratado de hablar con Gloria. y él no le había hecho caso. esperando con ello proteger a Gloria. Armando. Pero tenía que tener cuidado en escoger bien sus palabras. levantando la mirada por primera vez. A partir de ahí había mantenido la mirada baja. desafiante: —Te dije que esa mujer no reaccionó cuando el cerdo comandante te golpeaba ni cuando te apuntó con su arma. —¿Cómo? —preguntó en voz baja Gloria. Sólo había intercambiado una mirada de furia con Armando cuando los metieron en un auto patrulla. utilizando un tono de voz suave —. así que decidió intentarlo de nuevo. que había optado por la sordera voluntaria.

Armando se quedó pasmado por la explicación de Gloria y aventuró una pregunta. —Estabas tan embobado por la belleza de esa puta. —Mi nombre completo es Gloria Garza Zdzitowiecki. Brillante. Luego. endureciendo el tono de voz. con voz entrecortada le preguntó a Armando: —¿Tan difícil resulta para ti darte cuenta que te amo? 130 . —¿Por qué no me insististe que me fuera contigo cuando dijiste que te gustaría ponerte en contacto con el refugio? —preguntó Armando. Fue una suerte (bueno. porque tampoco quisiste salir esta vez. la Virgen negra. y te fuiste. —En vez de eso. Así que cuando alguien dice que las imágenes de la Virgen morena y la Matka Boska son las mismas. de retirarte de las garras de esa puta. Armando quedó mudo. evaporando cualquier tentativa de atenuante. —Lo hice de esa manera para darte una lección —dijo Gloria. Mamá es de origen polaco y es devota de la Virgen negra de Częstochowska. Algo inútil. pero que era necesario hacer: —Gloria. —Cuando se lo pregunté. una suerte a medias por lo que pasó después) porque pude ver que los autos patrulla se dirigían a la casa del profesor Chilinsky. —Apenas me conoces. —No. que sabía que le podía costar muy cara. Hasta que la policía nos sacó de ahí. devoción que comparto. Y tenía razón: apenas la conocía. sonriendo a pesar suyo al ver la expresión de asombro de Armando. —¿Y eso fue lo que te convenció definitivamente de la falta de confianza en Isabela? —Preguntó Armando. y eso no es verdad. ese alguien no sabe de lo que habla. Ojalá pudiera llegar a conocerla mejor algún día. ¿acaso llamas puta a Isabela porque estabas celosa de ella? Gloria bajó la cabeza y comenzó a llorar.—Pero cuando te lo dije ya nadie te golpeaba o interrogaba —dijo Gloria. El hablar por teléfono fue sólo una excusa para intentar sacarte de ahí. la guadalupana. que simplemente no pude soportarlo y me fui. La imagen de este escapulario es la de Matka Boska Częstochowska. en un último intento de redención. cuando le había pedido disculpas a petición de Armando. dijiste simplemente ¡adiós!. Armando pensó que Gloria realmente era una chica muy especial. Armando —dijo Gloria. Lo que me convenció definitivamente de que esa mujer no era una persona de fiar fue esto —Gloria alzó las manos esposadas y tomó el escapulario que Isabela le había regalado. en un gesto de aparente buena voluntad. esa mujer me dijo que la imagen del escapulario era la de la Virgen morena.

Sé que me juego mi carrera y mi reputación por actuar de esta manera. Generalmente no soy tan amable en los interrogatorios. que tenía un don especial para llegar en el momento justo en que los sospechosos que esperaban un interrogatorio estaban emocionalmente deshechos. 131 . Armando cerró la boca. que por fin reaccionó. así que decidió empezar el interrogatorio con Gloria. —Sí. Gloria aceptó el cigarrillo.Armando quedó como fulminado por un rayo. que se estremecía cada vez que alguien confesaba haber cometido un asesinato. que el inspector puso gentilmente en su boca y se lo encendió. En su caso creo que nos enfrentamos a algo distinto. El inspector lo notó. Armando no tuvo tiempo de recuperarse de la impresión que le causaron las palabras de Gloria porque en ese momento se abrió la puerta y apareció el inspector Palomino Estrada. —Gloria. —Soy el inspector Palomino Estrada y me gustaría hacerles unas preguntas. ¿mataste tú a esos hombres? —¡Ella no los mató. molesto. El inspector hizo una pausa y ofreció cigarrillos a Gloria y a Armando. notando entretanto las lágrimas que se secaban en las mejillas de la chica. yo lo hice! —exclamó Armando. el matar a aquellos hombres… Todo lo había hecho por él. la persecución. y culpables por añadidura. Eso explicaba el comportamiento de Gloria que antes le pareció tan enigmático: su comportamiento en el refugio. —¿Cómo te llamas? —Gloria Garza Zdzitowiecki. También sacó una grabadora de bolsillo que colocó sobre la mesa. Sacó un paquete de cigarrillos y un encendedor y los puso sobre la mesa. —Gloria. Para protegerlo. —¿Por qué? —preguntó el inspector. Porque lo amaba. porque el noventa y nueve por ciento de los que interrogo son criminales. —No interrumpas o haré que te saquen de aquí —. yo los maté. pero sin encenderla. —Buenas noches —saludó y se sentó a la mesa. su furia por no ser incluida en los equipos de búsqueda. —Fue en defensa propia. mientras Armando ni siquiera reaccionó. pero es a ustedes y no a mí a los que les corresponde el confirmarme que no estoy equivocado. su salida subrepticia del refugio. —Estoy interrogando a Gloria —le dijo el inspector a Armando. ¿mataste tú a esos hombres? —repitió el inspector. Seguía estupefacto por la confesión de Gloria.

El inspector alzó las cejas. impresionado por la sangre fría de la chica. los cadáveres mostraban heridas producidas por un arma punzo-cortante. 132 . tuviera el valor de manejar una espada y matar con ella a tres hombres. En el acto se abrió la puerta y se asomó el rostro del guardián. —Sí —contestó Gloria. lacónica. —¡Román! —gritó el inspector. Quizá fueran policías. confundido. El tiempo transcurría y todos guardaban silencio. Así que eran ellos o nosotros: defensa propia. según los informes preliminares de la escena del crimen que me hicieron llegar. —¿Qué hay en esa cajuela? —preguntó el inspector. La puerta de la sala de interrogatorios se abrió y entró Román. después iban a ejecutar a Armando. ¿Me puedes explicar cómo se puede interpretar eso como defensa propia? Gloria exhaló el humo del cigarrillo y dijo: —Esos tipos eran unos cerdos malos. comunícate de inmediato con el sargento Taboada. Es un auto azul. Dile que necesito saber en éste momento si ya se revisó el auto del comandante Villa y si se encontró algo en su interior. —Mi prueba —contestó Gloria. dijo” y volvió a salir. evitando continuar el interrogatorio. —Román. —Gloria —le dijo. Torturaron a un tipo y lo ejecutaron frente a nosotros. y preguntó: —¿Ya revisaron la cajuela del auto de los cerdos? Está estacionado cerca de la casa. que entregó una hoja de papel al inspector Estrada. muévete! El inspector Estrada tomó un cigarrillo y lo encendió. sorprendido por la respuesta de Gloria. La herida de éste último indicaba que el arma punzo-cortante había ingresado por la base de la nuca y salido por la boca. dos de ellos en los costados y uno en el cuello. Sin embargo. le parecía imposible que una chica tan delicada y bonita y con apenas uno cincuenta de estatura. —¿Puedes probar eso? —le preguntó el inspector. No sabía si la chica decía la verdad o no. En ambos casos. y apagó el cigarrillo en el cenicero con sus manos esposadas. ¡Vamos. hasta él comenzaba a sentir la presión. El inspector Estrada era consciente del paso del tiempo y lo utilizaba como medida de presión. pero en ese caso eran unos cerdos policías malos. con voz calma —. “Su informe.

Pero su mente aceleró su movimiento frenéticamente. ¿Acaso el informe que le habían dado decía que no habían encontrado nada en el auto? ¿No se habría equivocado Gloria de auto? —¿Qué hacías en la casa donde se cometieron los asesinatos? —Era la casa del profesor Chilinsky. El inspector Estrada no modificó en nada su expresión (no por nada era el mejor jugador de póquer de la corporación) y apagó su cigarrillo suavemente en el cenicero. Después me enteré que lo habían secuestrado. Así que se llevó a su casa la mochila de Rolando Mota con todo su contenido y se dispuso a leerlo detenidamente. que presentaba una herida de arma de fuego en la cabeza y signos diversos de una tortura previa. y bastante concreto. ahí se señalaba que en la cajuela del auto del comandante Villa. Apuntaba a una gran conspiración que se fraguaba al interior del gobierno: escrito en un lenguaje cifrado que resultaba comprensible una vez que se aislaban ciertos nombres clave. Luego llegaron los policías esos y me confundieron con otra persona. el inspector Estrada tuvo el presentimiento de que había algo más en todo el asunto. por lo que quisieron matarme. sobre todo una carpeta en la que había visto gráficos y cifras aparentemente sin sentido. intrigado por el hecho de que el inspector no hubiera continuado con su interrogatorio a Gloria. un Honda azul 2011. que al oír que la casa pertenecía al profesor Chilinsky sintió un nudo en el estómago. En efecto. se perfila133 . Al día siguiente de la muerte de Rolando Mota. —¿Con quién te confundieron? —preguntó el inspector.El inspector Estrada leyó el escueto informe. a fin de que la información que había recibido en esos momentos pudiera ayudarle a llegar al fondo de la cloaca que había descubierto dos días atrás. El inspector dejó la hoja sobre la mesa y le preguntó a Armando: —¿Cómo te llamas? —Armando Guerra —contestó. —Con un hombre llamado Rolando Mota. Debía de utilizar sus recursos de la mejor manera posible. Cuando llegué me di cuenta que algo malo le había pasado. con el que planeaba reunirme. Resultó que ese galimatías de cifras tenía un sentido. Ahí estaba. Gloria me salvó. se había encontrado el cadáver de un hombre. La conexión que había estado esperando. Casi intuía la respuesta de Armando. después de leer en su despacho parte del material que guardaba éste en su mochila.

el comandante Ireneo Villa (cuando leyó en el informe de esa tarde que uno de los asesinados era el comandante. Me citó en la posada de Palacio Nacional para darme instrucciones. sin saber las intenciones de éste. como exploradora. cómo Rolando Mota había sido muerto por los zombis cuando se dirigían a la casa del profesor Chilinsky… —Un momento. de una forma que ni el más fanático de los revolucionarios hubiera podido soñar. en donde sólo se hablaba de “el lugar de los hechos”) y ahora sacaba a colación el nombre de Rolando Mota. cómo habían tenido un encuentro con los Vigilantes. si con Gloria o con Armando. El inspector Estrada sentía que también había descubierto otra cosa importante.ba un plan para obtener el poder absoluto en México. a la Resistencia zombi y me escogió para hacer de contacto con el profesor Chilinsky. pero aún no se decidía con quién. frenética) y el de Anastasia Silovenka. —¿Conocías a Rolando Mota? —¡Claro! —respondió Armando. su alarma interna empezó a sonar. El inspector Estrada sabía que debía de jugar muy bien sus cartas. como yo. —¿Estuviste presente en el momento de que los zombis mataron a Rolando Mota? —Los dos estuvimos presentes. pero no lograba aprehenderla. —Rolando Mota pertenecía. pero hubo un ataque de zombis y tuvimos que huir… Armando continuó relatando. cómo habían conseguido las espadas. quien estaba impresionado del involucramiento de Armando en el asunto. que se sintió molesta con Armando por no haberla incluido en el relato. Y entre esos nombres clave figuraban los del profesor Chilinsky. —Yo formaba parte. Armando acababa de revelarle que la casa de los asesinatos pertenecía al profesor Chilinsky (otro dato importantísimo que no le había llegado con el informe de los asesinatos. que se habían recuperado de sus heridas en un Oxxo abandonado. —Armando —le dijo. del grupo de Vigilantes que confundió a Armando y Ro134 . cómo se habían encontrado con los zombis. que vio una buena oportunidad en la pregunta para desviar la atención de la policía de los asesinatos de Gloria. pero que quizá fuera el más importante de todos. con un torrente de palabras producto del nerviosismo. Armando —lo detuvo con un gesto de la mano el inspector Estrada. que no le decía nada al inspector. Como cuando no se logra recordar algo y se dice: “lo tengo en la punta de la lengua”. Decidió continuar con Armando. inspector —intervino Gloria.

volteando a ver a Armando. que al parecer comparte con otras personas (mirada fulminante a Armando) la idea de que las mujeres somos débiles e incapaces de enfrentarse al peligro. —… Y también les dispararon y murieron dos… —¡Un momento. Fueron atacados por un grupo de zombis… —Y también nos dispararon —interrumpió Armando. —No —respondió Gloria.lando con zombis. —Yo sí sé —dijo Gloria. inspector —respondió Armando. —Sólo lo vi unos pocos momentos. un momento! —interrumpió ésta vez el inspector. —Porque debe de saber usted que mi papá es un experto cazador de zombis. El hecho de que los dos estuvieran juntos en todo le añadía complejidad al caso. según pensó Armando. También le contó lo referente a la partida de caza y defensa que se organizó para ayudar a Armando a llegar a la casa del profesor Chilinsky. con su manera peculiar de contestar. ya que formaba parte del grupo de la acera de enfrente. que parecía querer atraer la animosidad de la policía hacia su persona. inspector —dijo Gloria y continuó: —El hecho fue que Armando se fue con un grupo y yo los seguí. aunque creo que eso está contra la ley —continuó relatando Gloria. inspeccionándose las uñas de sus manos esposadas. poniendo énfasis en sus últimas palabras. —Se organizaron los equipos de defensa y ataque y yo fui excluida por mi padre. —Eso no tiene nada que ver. Pero luego Armando me explicó quién era Rolando Mota cuando estuvimos en el refugio. —No sabemos quién. 135 . —¿Tú también conocías a Rolando Mota? —le preguntó a Gloria. al cual le preguntó: —¿Cómo está eso que les dispararon? ¿Quién les disparó? Es obvio que no fueron los zombis. —En tu caso yo diría que eso no aplica —le dijo el inspector. —Continúa. Gloria —le dijo el inspector. El inspector Estrada quedó anonadado con las palabras de Gloria. —Gracias. Después de ahí. contento por haber atraído otra vez la atención del inspector. Entonces Gloria le relató al inspector Estrada que sus padres habían habilitado un refugio para protegerse de los zombis y cómo había llevado a Armando y José al refugio. Armando y yo seguimos juntos —concluyó Gloria.

—Fue la gente de la puta esa. extrañado. —La supuesta hija del profesor Chilinsky —contestó Gloria. —¡Román! —gritó el inspector Estrada. Así que subieron por las escaleras. ¿Sería posible que ahí hubiera algo? El inspector volvió a sentarse lentamente en la silla y miró a Gloria. ese recuerdo que “tenía en la punta de la lengua” y que no había podido aprehender: la desaparición de la mujer que hizo el llamado de socorro desde la casa del profesor Chilinsky. —Tráeme las llaves de las esposas de estos dos y pídele a Noel que me suba a mi despacho una cena para tres. El inspector Estrada sonrió ante el atrevimiento de Gloria. asombrados. Ya no necesitamos la sala. Las palabras de Gloria le habían traído el recuerdo ese que se le escapaba. Continuaremos nuestra charla en mi despacho. ya que el inspector Estrada les dijo que cada vez eran más comunes los cortes de luz en la zona. —Además. si no es mucho pedir. De aquella chica podía depender el esclarecimiento del caso y quizá el futuro de la nación. Gloria y Armando son personas libres y ya no se les imputará ningún cargo. Sin embargo. El inspector sabía que debía hablarle con cuidado. por favor? —le preguntó Gloria al inspector. porque Gloria parecía una de esas mujeres por completo fuera de serie. levantando su manos esposadas. Román apareció de inmediato en la puerta. que nos trajeran algo de comer. —¿Nos podría quitar las esposas.Armando y el inspector voltearon a ver a Gloria. calmada. 136 . Tengo mucha hambre. no tomaron el elevador. al oírle decir con total aplomo que ella sabía quién había disparado. —¿Y esa quién es? —preguntó el inspector. Isabela —dijo Gloria. me gustaría poder comunicarme con mis padres para informarnos mutuamente y. Gloria y Armando fueron liberados de las esposas y salieron de la sala de interrogatorios tras el Inspector Estrada rumbo a su despacho ubicado en el cuarto piso del edificio. El inspector Estrada dio un respingo en su silla y se levantó. Pero sabía que Gloria se había dado cuenta de que él necesitaba esa información y que estaba en su poder. en silencio. En su rostro se leía la más profunda sorpresa.

sino su actitud: cuando el cerdo de Genaro la bajó por la escalera y la sentó en la silla. ¿Por qué no había cerrado la boca y esperado a tener más elementos con los que apoyar su hipótesis? Isabela le había chocado a Gloria desde el primer momento en que la vio. Isabela estaba buscando algo en la casa. ¿Por qué? Porque quería estar sola de nuevo en la casa. Algo que los que secuestradores del profesor Chilinsky (los compañeros espías de Isabela) habían olvidado llevarse junto con el profesor y su hija. Después de todo. que debía ser por lo menos dos tallas menos que los de la Isabela puta. Ardía en deseos de tocarla. actuaba. Y ese papel incluía matar a Armando. Gloria estaba segura que Isabela sabía que Armando no era Rolando Mota. Pero viendo la firmeza con la que Gloria ascendía por la escalera decidió dejar cualquier muestra de cariño y agradecimiento para más tarde. en 137 . Ya por llegar al despacho del inspector Estrada. no era su ropa. La ropa que llevaba Isabela. Y lo que completaba la hipótesis de Gloria era el escapulario que llevaba al cuello con la imagen de la Matka Boska Częstochowska.Mientras subían. pero intuía que era lo que Isabela puta y sus espías andaban buscando. Isabela no se comportó como la inocente hija de un profesor secuestrado. Gloria se dijo que quizás sí tuvo razón en decir que las gentes de Isabela fueron los que dispararon. Armando se preguntaba si sería una buena idea tomar de la mano a Gloria ahora que le había dicho que lo amaba. tenía insertada una memoria USB. ¿Por qué? Porque quería que el cerdo comandante matara a Armando. Era la ropa de la verdadera Isabela. Gloria no sabía lo que contenía esa memoria USB. Isabela no reaccionaba. Gloria. No fue sólo por el hecho de que todos los hombres (incluido Armando) babeaban al verla. se preguntaba si no habría sido un error de su parte afirmar en el interrogatorio como un hecho algo que sólo era una hipótesis en su cabeza: que Isabela era una espía y que los compañeros de ésta habían intentado matar a Armando. Porque si una cosa estaba clara para Gloria era que Isabela no era la verdadera hija del profesor Chilinsky. a fin de representar mejor su papel de la hija del profesor Chilinsky. que la Isabela puta le debió haber quitado a la Isabela verdadera sin saber lo que era. o esa falda cortísima y blusa negra ceñidísima también muy sexy que vistió más tarde. por su parte. Porque aquél escapulario. Apenas si se resistió al agarre del cerdo y no mostró emoción alguna mientras el cerdo comandante interrogaba y golpeaba a Armando. Aún así fingió haber reconocido a Rolando Mota en Armando por su voz. ese sexy atuendo de sólo pantalón de mezclilla y sostén rosado. Era una actriz consumada que representaba un papel.

y podría comunicarse con sus padres. Lo que ella ignoraba de seguro lo sabía el inspector Estrada. libres. que debían de estar muy preocupados.unos momentos iban a sentarse y comer en el despacho del inspector. que por algo los había liberado y llevado hasta su despacho. 138 .

Mientras tanto. —¡Esta Lupita! —exclamó el inspector dirigiéndose a Gloria y a Armando. Después abrió un cajón y sacó un enorme machete. —Buenas noches. adelante. Armando echaba un vistazo al despacho de inspector. El inspector Estrada salió y Gloria y Armando entraron al despacho. vieron a una mujer de unos sesenta años que se levantó de su escritorio y se acercó al inspector. —Buenas noches inspector. Lupita —dijo distraídamente el inspector. que ya se dirigía a la salida. no me gustaría ser un zombi que se topara con ella. inspector! —dijo Lupita desde la puerta. Con el pasar de los años. Era la primera vez que lo habían detenido y nunca había estado en una comisaría. Gloria… Tienes que marcar el nueve para que te de línea. me voy a casa. ahorita los alcanzo. Drenaje profundo. —¿Puedo usar su teléfono? Tengo que llamar al refugio. entregándole unos papeles. Gloria se dirigió rápidamente al teléfono y marcó. —Ahí como la ven. —¡Cuídese! —añadió. había tenido confianza en la policía cuando era niño. pónganse cómodos! Voy a tener que bajar un momento. levantando el machete y salió. que leía rápidamente los informes. Armando. ¡Pero pásenle. —¿Sí? —preguntó el inspector. como la mayoría de los mexicanos.14. muchachos. —¡Inspector! —dijo Gloria. —Sí. —Son los reportes que me pidió antes de bajar a interrogatorios —dijo y regresó a su escritorio. sin embargo. —¡Por supuesto. mucho menos en el despacho de un inspector de policía. esa confianza se había ido diluyen139 . donde tomó una gran bolsa que se cargó al hombro. Cuando llegaron al recibidor del despacho del inspector Estrada.

Armando y el inspector esperaron a que Gloria terminara su llamada. Gloria ya no es culpable.do hasta casi desaparecer por completo. —Explícame lo de los disparos —le dijo el inspector. Armando y el inspector fingieron no darse cuenta del hecho. ni alguna otra fotografía en la que se viera al inspector Estrada posando con algún político u otro personaje importante. Por su parte. no por culpa de Armando. que siempre había acatado las leyes y respetado a las Instituciones. Armando está conmigo y la policía nos protege… Sí. un sillón pequeño de cuero y una computadora que pedía a gritos una actualización. —Cómo. que pensó que podía confiar plenamente en el inspector Estrada. Armando —le dijo —. Armando se sentó en una silla frente al escritorio del inspector y oyó cómo Gloria hablaba por teléfono con sus padres. ni del jefe de la policía. Existen bastantes elementos para considerar que Gloria actuó en defensa propia al matar a aquellos tipos. No había foto del presidente. dónde y por qué crees que les dispararon. Sin decir palabra. sorprendida. En las paredes sólo colgaban dos cuadros con escenas campestres y un enorme mapa de la ciudad. Gloria no se había dado cuenta de que Armando buscaba protegerla. dos sillas. Esa austeridad confortó a Armando. En ese momento entró al despacho el inspector Estrada y se sentó tras su escritorio. Estoy bien. ¿Quedó claro? Armando asintió y se sonrojó al notar que Gloria lo miraba. Sólo un escritorio. Adiós. El despacho del inspector Estrada era austero. Gloria parecía discutir algo. 140 . así que debes contestar a mis preguntas sin intentar protegerla o desviar la atención hacia ti. que habían entrado en una espiral de corrupción y crimen. Sin embargo. hasta que el inspector lo mencionó. sino por los mismos policías. Mantenía la cabeza baja. ustedes también cuídense. yo también te quiero. Por supuesto. ya no están como sospechosos. —Bueno. —… Sí mamá. intentando ocultar a los dos hombres que había llorado. por lo cual el inspector inició la conversación dirigiéndose a Armando. como era común en otras dependencias. Gloria colgó el teléfono y se dirigió a la silla que estaba junto a la de Armando. Sintió una extraña mezcla de cariño y vergüenza hacia éste. luego callaba y volvía a subir el tono de voz. en ningún momento se la oyó gritar. dile a papá que siento mucho haberlo preocupado y que lo amo… Sí rezaré a la Matka Boska.

sino desviarnos hacia donde estaban los zombis. Con respecto a éste último. Pensamos que era una espía. arqueando las cejas. Armando recordó entonces que mientras hacía la limpieza en la casa del profesor Chilinsky no había visto la pistola con que el comandante lo amenazó y que quedó tirada a un lado del cadáver. —No eran ellos —dijo el inspector. Y digo suponemos porque no fue hallada ningún arma en la casa del profesor Chilinsky. que podemos suponer era el arma registrada a nombre del comandante. —Los del refugio me informaron —explicó Armando —. que nos seguía. sin saber que era ella. Y añadió: —Luego te digo el porqué. sino el tipo de proyectiles que se encontraron en los cuerpos de sus amigos. Es por eso que se hicieron los grupos. ahora pienso que es posible que esos espías fueran el comandante y sus esbirros. pensativo. los disparos vinieron de frente a nosotros y mataron a Lucas y Humberto. Pero no fue así. que unas personas sospechosas andaban rondando por ahí y que aparentemente me buscaban. Pertenecen nada menos que a una pistola Parabellum. con tono cansado: — Como si esta historia de zombis. policías corrup141 . cuando intentábamos rodear a unos zombis que creíamos estaban frente a nosotros. —Como creímos que nos seguían los espías. —¿Una espía? —lo interrumpió el inspector. Después tomó una de las hojas de los reportes que le había pasado su secretaria y dijo: —Aquí tengo el reporte de balística de los proyectiles que mataron a sus amigos y del hombre que fue encontrado en la cajuela del auto del comandante Villa.—Los primeros disparos los recibimos —explicó Armando —. Sin embargo. sería por la espalda. —Lo más extraño. —Continúa —le dijo el inspector. aunque ellos dijeron que no. tenemos que fue asesinado con una pistola Magnum . no es esto. Nos separamos en dos grupos y a nuestro grupo nos dispararon en unas cinco ocasiones. Quedamos muy sorprendidos. Sigue. porque pensamos que si los espías nos disparaban de nuevo. comúnmente conocida como Luger. Yo había visto a Gloria. espías. echamos a correr y entonces nos dispararon por segunda vez. No creo que nos quisieran matar. Armando se calló y el inspector permaneció en silencio. El inspector hizo una pausa para que Gloria y Armando captaran la gravedad del caso y añadió. no le dio importancia. —La segunda vez que nos dispararon fue como a cien metros antes de llegar a casa del profesor Chilinsky.357 reglamentaria. Si me pregunta mi opinión. sin embargo —continuó el inspector —.

Esa chica era de armas tomar. la ropa que utilizaba la Isabela puta no era de ella. Eso hacía que su escultural cuerpo hiciera babear a todos los presentes. sino una espía que se hacía pasar por ésta. ¿En qué me baso para ello? En primer lugar. —¿Cómo lo sabes? —preguntó el inspector. Luego sacó un paquete de cigarrillos y los ofreció. por lo menos dos tallas. el inspector Estrada decidió empezar a cuestionar a Gloria. creo que estaría de acuerdo conmigo. que por lo visto no quería dejar su actitud desafiante. después! —exclamó el inspector. Cuando terminaron. en silencio. hija del profesor Chilinsky. —La ropa de Isabela puta le quedaba chica. a quién había reconocido por la voz y que supuestamente había participado en el secuestro del profesor. el inspector Estrada puso las charolas y las latas vacías en la bolsa y la dejó tras de sí. la Isabela falsa (a la que llamo Isabela puta) no reaccionó como se supone debería reaccionar una hija a la que le han secuestrado a su padre recientemente y que se enfrenta a la violencia ahí mismo. En ese momento asomó la cabeza un muchacho. ¿A qué te referías con eso? —Antes usted me tendría que explicar por qué me hizo caso —dijo Gloria. afirmó ante el cerdo comandante que Armando era Rolando Mota. —¡Después. abriendo la bolsa y repartiendo las charolas (que contenían cinco tacos. Esta vez Armando también aceptó el cigarrillo. Gloria —comenzó —: abajo nos dijiste que había sido la gente de Isabela había sido quien había disparado. Si usted hubiera visto la total indiferencia que mostró ante la sangre en la escalera y la golpiza que le daban a Armando. entre irritado y divertido. dos sopes y salsa pico de gallo) y las latas. en el recibidor de su casa. Gloria apagó su cigarrillo en el cenicero y continuó: —En tercer lugar. —Tengo la hipótesis de que Isabela no era la verdadera Isabela. Mientras fumaban. 142 . Pertenecía a Isabela. ahora tenemos que agregar la posibilidad de que por ahí anden rondando los nazis. Cenaron ahí mismo sobre el escritorio del inspector. Gloria. en el suelo.tos y políticos conspiradores no fuera ya de por sí estrafalaria. que dijo: —¡La cena! El muchacho entró en el despacho y dejó una bolsa con tres charolas de poliestireno y tres latas de Pepsi. En segundo lugar. —Comamos —dijo el inspector. El inspector Estrada le firmó un recibo y el muchacho se retiró. a la que consideró apta para el interrogatorio después de ver la forma en que había devorado su cena. —Vamos a ver.

la guadalupana. y en realidad es la de Matka Boska Częstochowska. el profesor Chilinsky fue secuestrado junto con su hija y ésta fue reemplazada por la Isabela puta. Zdzitowiecki? —y continuó. el escapulario? —preguntó el inspector. pero antes de insertarla en la computadora decidió explicarle a Gloria el por qué él le había hecho caso. como si no hubiera oído nada. impresionado por la capacidad deductiva de Gloria. la Virgen negra —ante la mirada interrogativa del inspector. considero que Isabela puta y sus compinches querían ver muerto a Armando o simplemente querían alejarlo de la casa del profesor Chilinsky por esto. no una computadora. ya que tenía el mismo color que el fondo plano del escapulario. perdón. Estuve en la escena del ataque de zombis que ustedes habían tenido unas horas antes y pedí que me enviaran las posesiones materiales de los fallecidos. falsa. 143 . ¿Qué? El escapulario que usted tiene en la mano. —Conocí a Rolando Mota —dijo el inspector a Gloria— de la peor manera posible: a través de sus escritos póstumos. ¿Por qué lo hizo? Para revisar la casa y hacerse pasar por Isabela. —según sospecho. La chica se lo había ganado. Cuando le pregunté por la imagen del escapulario. Gloria añadió: —Es que soy media polaca. El inspector Estrada quería ver lo que contenía la memoria USB. que tomó sus ropas y lo que traía puesto. de las cuales la única que llamó mi atención fue la de Rolando Mota. El asombro del inspector Estrada rebasó el límite y dio vuelta al escapulario. la hija del profesor Chilinsky. porque junto al equipo de supervivencia básico contenía esto que les voy a enseñar. Pero ahí estaba. —¿Y qué contiene la memoria USB? —le preguntó a Gloria el inspector. —No lo sé. Me lo dio la Isabela puta porque ignoraba qué era. y esto es lo más importante. —¿Y para qué querría la Isabela puta. por si alguien llegaba. Sobre este escritorio estaban las armas de sus compañeros caídos y sus mochilas.Armando acusó el golpe y siguió fumando. —Por último. Gloria se quitó el escapulario del cuello y se lo pasó al inspector Estrada. en la parte de atrás se veía una pequeña memoria USB. inspector —dijo Gloria. —Ese escapulario pertenece a Isabela. —Porque la Matka Boska es milagrosa: El escapulario tiene inserta una memoria USB. ¿Qué buscaba la Isabela puta? Buscaba algo que no habían podido obtener cuando se llevaron al profesor y su hija. ¿Recuerda mi segundo apellido. En efecto. ella dijo que se trataba de la Virgen morena. —Soy una mujer. Con un simple vistazo no era visible.

—Exacto —exclamó el inspector. pero lo más importante en este momento es el contenido de esta carpeta. —Las gráficas y números que aparecen ahí son por completo irrelevantes —explicó el inspector. hasta que Gloria mencionó a Isabela. que puso sobre el escritorio y les explicó —: Estas carpetas contienen una serie de notas. números y nombres. que sabía más que ella sobre Rolando Mota. pero Isabela (o más bien.El inspector Estrada sacó de un cajón cinco carpetas. Tres de esos nombres estaban resaltados por un círculo rojo. pero no vi su alcance en ese momento. Ahí me di cuenta de muchas cosas. supe que había dado con algo. El sargento encargado de su arresto me había comentado ese hecho. mismos que señalé con marcador: el del profesor Chilinsky. Luego. el nombre de Anastasia Silovenka. y les explicó: —Cuando Armando me dijo que la casa pertenecía al profesor Chilinsky y que conoció a Rolando Mota. que fue el comandante de la AFI que intentó matar Armando y que tú te encargaste de impedírselo y. cuando hace poco Gloria explicó lo de su hipótesis sobre la falsa Isabela. establecido una conexión. mirando interrogativamente al inspector. —¿Quién es Anastasia Silovenka? —preguntó Armando. Sin embargo. —Ustedes dos no lo saben. pasé por alto el hecho de que Gloria hubiera dicho que Isabela era la “supuesta hija” del profesor Chilinsky y sólo me aferré al nombre. De otra manera. Rolando Mota reflexiona sobre la situación actual y habla de un plan espantoso que se fragua dentro de las esferas gubernamentales. En sus notas. Pero aún así me faltaba una pieza importante para que todo encajara. El inspector Estrada se levantó y comenzó a andar despacio por el despacho mientras continuaba. Anastasia) desapareció mientras los traían acá para interrogarlos. que la hojeó. Consistía en una serie de gráficas. no podía dar con ella. —Rolando Mota los utilizó sólo como una tapadera. hice una última averiguación y me confirmaron que la llamada de auxilio había partido de la casa del profesor Chilinsky. lo hubiera tomado por un galimatías. Así que la única pregunta que me quedaba por contestar era: ¿por qué Anastasia había suplantado a Isabela? La respuesta ya me la dio Gloria: Anastasia buscaba 144 . El inspector le pasó la carpeta a Gloria. blogs y cosas así. Es tan denso el material que me lo llevé a casa para estudiarlo. recortes de periódico. Una vez que conocí la clave. todo encajó: la falsa Isabela debía de ser Anastasia Silovenka. el de Ireneo Villa. un tanto mosqueado porque el inspector Estrada le hubiera pasado la carpeta a Gloria y no a él. Gracias a que leí el resto de las carpetas pude darme cuenta de eso. Antes de subir al despacho con ustedes. por último. encontré tres nombres. Entonces todo pareció encajar y me pregunté: ¿Isabela tenía algo que ver con esa pieza faltante? En ese momento. ya se había ido de la casa. Cuando le intentaron tomar la declaración. —¿Isabela puta? —aventuró Gloria.

una información. La memoria USB contenía un solo archivo. exhibiendo una sonrisa radiante —no sabía que a veces lo que buscamos está en nosotros mismos. Eran las 3:45 AM cuando dieron por terminada la jornada. —¿Quién es Anastasia Silovenka? —preguntó Gloria. pero no me quiero adelantar… ¿Vemos lo que contiene la memoria USB? Sin esperar respuesta. admirado ante la agilidad mental de Gloria. aunque idénticas. así que esperemos tener en poco tiempo la información. Eso representaría un golpe bajo para él y para Gloria. quien le había hecho la misma pregunta que Armando. Si toda esa aventura acababa felizmente. el inspector Estrada pensaba hablar seriamente con Gloria y ofrecerle trabajo de investigadora. que al ver la cara de decepción de Gloria y Armando se apresuró a agregar: —Hace un rato me comuniqué personalmente con Tomás Carrington. lo cual hacía que ambas preguntas. lo que tenemos aquí es la cura para el virus zombi. sea quien sea —dijo el inspector. Tiene un equipo especializado que le permite acceder a Internet por canales restringidos. esperando sólo que la información no fuera una oración a la Virgen negra o algo por el estilo. Muchachos. pero después de contar con toda la información pertinente. Después de aquél día tan ajetreado. El inspector Estrada regresó a su escritorio. muy pesado. el inspector Estrada desprendió la memoria USB del escapulario y la introdujo en el puerto de su computadora. Cuando el inspector Estrada vio que el archivo se llamaba “Cura para el ANSD” vio recompensados todos sus esfuerzos hasta el momento. que por ignorancia no sabía que la tenía colgada al cuello y se la regaló: el escapulario con la memoria USB oculta. —Anastasia Silovenka. —¿Alguna pregunta antes de ver qué es lo que contiene esta memoria USB? — dijo. Él se ofreció a colaborar de inmediato. El inspector Estrada sonrió. encendiendo la computadora. los tres estaban exhaustos. fueran por completo diferentes. porque me dijo que supo que Anastasia Silovenka había entrado al país recientemente. —Aún no lo sé con exactitud —respondió el inspector Estrada. quien es un amigo mío que trabaja en Interpol. balanceando el escapulario de su cordón y se sentó. Yo tengo una idea de quién puede ser Anastasia. El inspector Estrada decidió que lo mejor que podían 145 .

reprimiendo un bostezo. Humberto y Lucas no sobrevivieron. —Es posible que sólo haya lugar para dos personas. Gloria no se movió. a todos menos a papá. así que Armando y yo podemos bajar y Gloria se queda aquí a descansar. así que el inspector Estrada ofreció a Gloria y a Armando quedarse con él en la comisaría. como si la pregunta de Armando hubiera sido la única indicada para ese momento. que no es muy grande. con una sonrisa torcida. —Por mí está perfecto —dijo Gloria. antes de salir de su despacho. gracias. Estaba muy enfadado conmigo y culpó a mamá de haberme dejado ir tras ustedes. —Sí —dijo Gloria. —Gloria. quién pedía a gritos mi cabeza. En un momento lo alcanzo en el sótano. ¿estás dormida? —le dijo en voz baja. donde Gloria ya se había acostado. Sólo era una voz amable que reaccionaba. —Tenemos un cuarto en el sótano que utilizamos para las guardias —dijo el inspector.hacer era irse a descansar. sin moverse un milímetro de su posición ni descubrirse los ojos. —¿Y es cierto eso? —preguntó Armando. Armando se dirigió al sillón. —Mis padres están bien. cubriéndose los ojos con su antebrazo. dirigiéndose al sillón. Bueno. Pero en su voz no había enojo. Así que aquella noche en las que se hicieron 146 . Todos en el refugio estuvieron comiéndose las uñas por nosotros. Gloria se dio la vuelta y se le quedó viendo a Armando con una expresión tierna. El inspector Estrada no dijo nada. admirando a la vez el cuerpo y el espíritu de Gloria. Sin embargo. También todos quedaron muy tristes por saber que Sanjuana. que titubeó y preguntó al inspector en un susurro: —¿Puedo quedarme un momento con Gloria? Necesito comentar algo con ella. Luego se sentó suavemente en el sillón a la altura de los muslos de Gloria y estirando la mano le acarició el pelo suavemente. —Mamá sabe que una vez que algo se me mete a la cabeza es imposible quitármelo. pero que creo que será suficiente para Gloria. —Esa es una pregunta estúpida que no admite un sí —respondió Gloria. —Yo también estoy de acuerdo —comentó Armando. Está el sillón de cuero. Sólo sonrió y le palmeó la espalda a Armando. el resto de los compañeros llegaron a salvo y eso los alegró un poco. Durante un momento Armando se detuvo al lado del sillón. boca abajo. ni malicia. —¿Cómo están tus padres? —preguntó Armando. No venía al caso que todos se fueran a sus casas.

Los chilaquiles están fabulosos. a un lado del gimnasio. levántate… Armando abrió los ojos y vio sobre él la cara sonriente de Gloria. Te harán firmar un recibo. amodorrado. el cuarto estaba lleno de hombres que miraban hacia ellos con curiosidad e intentaban adivinar qué hacía una chica tan linda en el cuarto de guardia. —Es en el sexto piso. rechazándolo con un ligero empujón. que salió del cuarto con todas las miradas sobre ella. El inspector Estrada ya se encontraba roncando sobre un catre. asombrado. ¿estás dormida? —le preguntó Armando otra vez. —Levántate. —Gloria. —¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Armando emocionado.los equipos decidió hacerse de la vista gorda. Diles que estás con el inspector Estrada. Bajó por las escaleras hasta el sótano y encontró el cuarto de descanso. Llegando a la escalera. Ella se iría con papá y yo me iría tras de ti. en broma. Si te quieres lavar e ir al baño. Gloria se detuvo y se giró hacia Armando. hay un área de baños y servicios en el segundo piso. —Hueles a zombi y aquí hay mucha gente. —Sí —respondió lacónicamente Gloria. 147 . sintió que alguien lo llamaba por su nombre y lo sacudía de un hombro. —Tenemos una reunión con el inspector a las tres —le dijo. En la cafetería en la planta baja puedes encontrar algo de comer. te los recomiendo. Apenas puso la cabeza en el catre. Sentía que ya Gloria y él habían hecho las paces. cerró los ojos y se durmió. —¿Ya trabajas aquí o qué? —le preguntó Armando. Es la una —respondió Gloria a sus preguntas. Armando se irguió y le quiso dar un beso a Gloria. Armando se levantó del catre y siguió a Gloria. —¿Qué? ¿Pasó algo? ¿Qué horas son? —preguntó Armando. despacho 404. —Armando… Armando. —Ahora no —dijo Gloria. Armando sonrió y se retiró del despacho. enderezándose para darle un rápido beso en la boca a Armando y volviendo a su posición anterior. —Buenas noches —dijo Gloria. Apenas un segundo después. Armando se dirigió al otro único catre que se encontraba desocupado y se acostó. No. en la sala de juntas. Cada quién con su hombre. En efecto.

Después te vas a enterar —dijo Gloria y subió la escalera. Alrededor de una gran mesa estaban sentadas ocho personas. Bueno. 148 . donde tuvo la oportunidad de ir al baño y de darse una ducha. en cuya pared era proyectada una fotografía ampliada que a Armando le cortó el aliento. Armando se preguntó si acaso había perdido tanto tiempo en bañarse y desayunar o la reunión había empezado antes. y le echó la culpa a los chilaquiles que acababa de comer. inspector. Armando subió la escalera hasta el segundo piso. sonriendo. Muy a su pesar llegó jadeando. que lo miró con cierto reproche. Comió despacio. Era una fotografía de pasaporte. —¿A dónde vas? —le preguntó Armando. quizá por su tardanza. Cuando terminó firmó el recibo y subió hasta la sala de juntas del sexto piso. Nos vemos en la junta. Con un suspiro. junto al inspector Estrada. En la sala se respiraba un ambiente cargado de tensión. —Lo que pasa es que me levanté temprano y tuve tiempo de hablar con el inspector Estrada y de recorrer las instalaciones. de esas en las que el maquillaje se reduce al mínimo y las expresiones son serias. Era increíble su vitalidad. Nada más al traspasar el umbral. Porque eran machos: hombres recios enfundados en sobrios trajes oscuros que miraban hacia uno de los extremos de la sala. Se preguntó si podría aguantarle el ritmo a Gloria. me tengo que ir. —Tomás está terminando su presentación. Sólo la presencia Gloria desentonaba en aquella reunión de machos. burocráticas. —Tengo que hacer una llamada muy importante. —Lo siento. perdiéndose de vista. siete de las cuales eran hombres.—Casi —le respondió enigmáticamente Gloria. Aún así. el rostro de Anastasia era hermoso. es que no sabía que… —le dijo Armando en un susurro. Cerró la puerta tras de sí y se sentó en el primer lugar que encontró libre. intentando despejar su mente y no pensar en nada. Armando volteó la vista hacia la pared sobre la que estaba proyectada la imagen ampliada en blanco y negro de Anastasia. Armando se sintió rejuvenecido y bajó al comedor de la planta baja en el que por supuesto pidió chilaquiles. el buen humor que había tenido desde el final de la noche anterior se esfumó. Después del baño. —¡Shhh! Siéntate y escucha —le interrumpió el inspector Estrada. Encontró la sala de juntas y entró. Armando se quedó sin moverse durante un rato.

Uno de nuestros agentes localizó y arrestó a Giovanni en la aduana del aeropuerto de la Ciudad de México. Los cinco sujetos que no conocía (suponía que el que acababa de hablar. que trabaja para la Agencia Central de Inteligencia. corbata gris. era el Tomás Carrington de Interpol del que les habían hablado la noche anterior) parecían salidos del mismo molde: traje oscuro. al fondo del sitio donde tuvo lugar el arresto. —Es un conocido traficante de arte prehispánico que no tiene nada que ver con Anastasia Silovenka. En ese momento la fotografía de Anastasia Silovenka fue sustituida por la de un hombre joven que posaba en traje de playa ante una estatua de arena de un delfín. llamó la atención mundial por la torpeza de los espías y fue. La cortina de humo que se formó alrededor de ella y que la incluyó en el círculo de los patéticos espías rusos descubiertos fue obra de la propia CIA. el momento justo en el que Anastasia Silovenka y un grupo de cuatro hombres llegaban al aeropuerto de un vuelo procedente de la ciudad de Atlanta. además de un fiasco. siguiendo una orden emanada de un alto cargo del gobierno norteamericano ligado con la FDA. Uno de ellos comentaba algo en voz baja con el Inspector Estrada. por favor! Las luces de la sala cobraron intensidad al tiempo en que se extinguía el proyector. vacacionando en Puerto Vallarta en 2008 —dijo el hombre llamado Tomás. Armando tuvo oportunidad entonces de observar a los reunidos. un duro golpe al prestigio de los servicios de inteligencia soviéticos. Si se los presento aquí es porque gracias a que en Interpol le seguíamos el rastro fue como nos percatamos de que Anastasia había entrado al país hace apenas una semana. —Giovanni Francesco Cuomo. Entre paréntesis.—Resumiendo: Anastasia Silovenka Petrovich —decía con voz modulada y gruesa un hombre de mediana edad. cara de póker. un afortunado accidente fue el que nos puso sobre aviso de la llegada de Anastasia Silovenka a México. no saben lo que me molesta el hecho de que sigan llegando algunos vuelos del extranjero mientras a nosotros no se nos permite salir. En fin. El caso. 149 . supuestamente formaba parte del grupo de espías rusos que hicieron el ridículo el año pasado al ser descubiertos. Debían ser agentes de Interpol o guardaespaldas. si recuerdan. tratando de abandonar el país y se armó un altercado. ¡Luces. de cabello rizado muy corto. ¿Qué hacen juntas la CIA y la agencia encargada de las drogas y alimentos en los Estados Unidos? Responder a eso nos va a corresponder a nosotros. Georgia. —Sin embargo —continuó—. Las cámaras de seguridad a las que tuvimos acceso más tarde para revisar el incidente nos mostraron. la realidad es que Anastasia Silovenka es una agente doble: es una americana nacida en 1985 en Wisconsin. como ven. la CIA. no a ustedes. sentado al extremo de la gran mesa —. y que el inspector Estrada le había presentado como Tomás.

así que cúmplanlas al pie de la letra. Nos mantendremos en contacto. —Gloria planeó todo esto y es ahora la jefa. Tomás Carrington y el inspector Estrada. Armando se preguntó de qué estarían hablando. lanzándole otra de sus miradas mortales. acaso no cuento. pues parece que decidieron empezar sin mí —dijo Armando en voz alta. según entendió por las palabras finales del inspector. Armando se quedó anonadado por lo que acababa de oír. tú eres ese idiota perfecto que necesitamos! —dijo Gloria. caballeros —dijo el inspector Estrada —gracias por su atención. ¿Por qué? ¿Qué había pasado? ¿Acaso no lo querían en la reunión? ¿Y si había empezado justo cuando Gloria lo dejó en la escalera aduciendo que debía realizar una llamada importante? ¿La reunión era esa llamada? ¿Por qué? —Bueno. misma que fue aumentando de volumen conforme hablaba. Los cinco sujetos se levantaron de sus sillas en silencio y abandonaron la sala. quizá de manera inconsciente. Pero la reunión ya había terminado. con desdén. lo cual fue aprovechado por el inspector Estrada. Su mirada era seria y parecía estar totalmente concentrada en la plática. Más vale que la escuches —dijo con su voz de barítono Tomás Carrington. sonriendo. —¡Y un cuerno! —exclamó Armando. —Bueno. 150 . —¡Siéntate y te lo explico todo! —¿Qué. acaso tú eres la que planeó todo esto o te crees ya la jefa? —exclamó Armando. El director Carrington ya les explicó la importancia que tiene el presente caso y la necesidad de su más absoluta discreción. hablaba con Tomás Carrington. —Si no son capaces de confiar en mí o me consideran un estorbo para sus planes. Sólo se quedaron en sus asientos Gloria. ¿Significaba aquello que la reunión había tenido lugar en su ausencia? Gloria le había dicho que la reunión empezaba a las tres y él estaba seguro de que había llegado al menos veinte minutos antes de esa hora. entonces búsquense otro idiota perfecto que les sirva. —¡Armando. por su parte. De seguro estaba disfrutando el espectáculo. —Armando… —dijo el inspector Estrada. Recuerden: está en juego la seguridad personal de sus familias y de todos los mexicanos.Gloria. —¿Por qué me citaron entonces? ¿No hubiera sido mejor haberme dejado dormir hasta las tres o más tarde? ¿Qué. Ya recibieron sus instrucciones. Armando se sintió perplejo. aunque volvió a sentarse. saltando de su asiento. no soy tan bueno como Gloria haciendo sus deducciones? —Les dije que iba a reaccionar así —comentó Gloria.

—Los sujetos que acaban de salir —intervino Tomás Carrington— son profesionales independientes que anteriormente han trabajado como apoyo de Interpol. si ella no está a cargo de la operación? —preguntó Armando. —No entiendo nada —dijo Armando. perdido. Asistieron a la reunión para saber quién es Anastasia Silovenka y recibir sus instrucciones. a dónde? —preguntó Armando. —Van a formar un equipo de búsqueda que va tras Anastasia Silovenka y yo seré el encargado de coordinarlos. la naturaleza del caso no nos permite arriesgarnos a que todo el mundo sepa que tenemos la cura para el virus zombi. En éste Gloria es la jefa. Su jefe. existen dos razones muy poderosas que nos obligaron a actuar de esa manera. Armando —dijo. Aunque todavía no estamos seguros de si Anastasia y los suyos aún mantienen secuestrados aquí en México al profesor Chilinsky y a su hija o ya los sacaron del país. del cual soy el jefe. 151 . y otro que va a entregar a Rolando Mota y a Isabela a los poderosos. —Me imagino que estás enojado con nosotros por no haberte incluido en la reunión y lo entiendo. —¿Y qué instrucciones son esas? —preguntó Armando. No te hará falta para que actúes de forma natural y no comprometas el plan. Yo mismo hubiera tenido una reacción similar a la tuya. —¿Actuar? ¿Cómo tengo que actuar? ¿Qué plan? —preguntó Armando. que se sentía con el derecho a saber más de todo el asunto. sólo que el asunto es tan complicado que lo tuvimos que dividir en dos equipos de trabajo: uno que va tras la pista de Anastasia. —Gloria está a cargo de la operación —ratificó Tomás Carrington —. —No era imprescindible que supieras lo que aquí se trató. —Recuerda que la CIA puede estar involucrada en el secuestro. de seguridad —respondió el inspector. —¿Sacarlos del país. —En segundo lugar —continuó el inspector—. —A los Estados Unidos —respondió Tomás Carrington. aún dolido por lo que consideraba una traición de parte de Gloria. —¿Qué tipo de razones? —preguntó Armando que aún no podía creer todo aquello.—Mira. —Para empezar. —¿Y entonces por qué me dijo usted que Gloria era la jefa. Sin embargo. Sólo los que estamos en esta sala conocemos ese dato.

creyó necesario simplificar su explicación.—No entiendes nada porque no has dejado de quejarte —dijo Gloria. Sólo se preguntó en qué momento Gloria se había vuelto completamente loca. sonriendo a pesar suyo al ver la cara de angustia de Armando. así que dijo: —Yo me haré pasar por Isabela y tú por Rolando Mota. Gloria. —Mi plan es sencillo y se basa en el hecho de que el cerdo comandante se fue al infierno creyendo de que tú eras Rolando Mota e ignorando que Anastasia no era la hija del profesor Chilinsky. El inspector será el encargado de “entregarnos” a los exjefes del cerdo comandante y así poder entrar al fondo de la cloaca. al ver que Armando no captaba (o su subconsciente se negaba a captar) lo que decía. 152 . Armando no dijo nada.

¿Habían salido los hombres? Cuando estaba a punto de bajar de la silla. Así que pegó de nuevo su oreja en la rendija. —¿Estás seguro? —Seguro. Isabela pensó que al menos dos días. Tiene prisa. desde ahora. 153 . ¿Qué nos podría decir? —No sé. Así que ahora quiere dejar claro su mensaje: yo controlo a los zombis. —¿Esteban Rico? Él es más bien un desinformador. su padre le dijo que debía conservarse lejos de él. creyó percibir movimiento en el exterior. Sin embargo. Por supuesto. —Está por llegar nuestro contacto. Así que Isabela se quedó sentada en la silla bajo la rendija. Isabela escuchó las voces de los mismos hombres de la vez anterior. Piensa llevar cerca de doscientos esta noche hasta la mansión. Aunque no podía ver a su padre. ya que cada vez era más evidente de que en su padre avanzaba el proceso de zombificación.15. Seguían hablando en inglés. Pero tienes que recordar que está muy bien relacionado. Siempre ha sido impulsivo. —¿Pero qué sentido tiene? —Demostrar su poder. Ahora casi siempre le susurraba. Isabela oía cómo éste se movía convulsivamente y que su habla se hacía más lenta. dice que trae información importante. Isabela dejó de oír voces. pegando de nuevo su oreja a la rendija. Atacar mientras todos estén dentro. estarán presentes. Así estaba cuando creyó sentir movimiento fuera del cuarto y se volvió a trepar a la silla.Secuestrados II. Isabela no sabía cuánto tiempo llevaban encerrados en ese cuarto oscuro su padre y ella. tratando de no llorar.. Casi tres. Sólo dos personas lo saben. Su misión era hacer creer a todos que el brote del virus fue en México. Para intentar protegerla. —… Va a hacer su demostración esta noche.

Sólo saben que alguien tiene al profesor Chilinsky y creen que éste tiene la cura. Despegó la oreja de la rendija y ya no pudo escuchar nada más. y presentarles al profesor Chilinsky en ese estado. sino también tener la capacidad de revertir el proceso de zombificación! Y nosotros tenemos a Chilinsky. El jodido polaco es casi un zombi. Punto. por Dios! El jodido virus zombi fue una mutación. Son quince sicarios que podemos llevar con nosotros. Sabrían que todo es un bluf. ¿recuerdas? Isabela estuvo a punto de caer de su silla al oír eso. los eliminamos. —Pero no tenemos la cura. Vayamos esta noche a la mansión y les decimos que tenemos la cura. Podemos usar a los presos para formar un ejército de zombis y mandarlos a Afganistán o a Irán. ¿qué podemos hacer nosotros? Esos sujetos que dice Esteban que pueden controlar a los zombis no estarán dispuestos a revelarnos su secreto. 154 . El Pentágono buscaba una droga para obtener información. —¿A qué te refieres? —¡Piensa como un agente de inteligencia. —Pero eso no lo saben ellos. ¡Y ahora Esteban nos dice que hay quien puede controlar a los zombis! Imagínate eso: ¡Un ejército de zombis! —¡Un ejército de zombis! Así podríamos… —Las posibilidades son infinitas. —En eso tiene razón. lo importante es que podemos aprovechar la oportunidad. —Pero no podemos ir esta noche.—Pero. —Pero. Quizá decepcionemos a Playwithme. Ellos quieren apoderarse de México y… —¡Pero ellos necesitan no sólo controlar a los zombis. pero el general quedará encantado. No hay manera de que eso pueda suceder. un accidente. aunque sea con escolta. Ya que tengamos eso. La pesadilla seguía y ella iba a ser su principal protagonista. ¿cómo le hace? —¿Acaso es importante? ¡Piensa!. —Pero tenemos a Isabela. Podemos ofrecer la cura del virus zombi a cambio de que nos digan cómo se controla a los zombis. Ernesto Rico ya habló con unos narcos que nos pueden servir para ejercer presión.

Tenebra. establecían directrices. que de seguro se pondrían a discutir. maquinaban planes al vuelo. le dijo: —Armando. Él había esperado. después de ver la ternura con que lo miró y la forma tan cariñosa con la que había tomado sus manos. de la misma forma en que los había convencido a Tomás y a él. que las tenía entrelazadas. como la de Gloria. ¿Crees que no me he portado a tu altura o que yo no soy capaz de establecer conexiones y de hacer planes como tú? Gloria se le quedó viendo a Armando con una mirada que podía significar muchas cosas.. con un tono de voz suave. Ya estaba cansado de que Gloria lo manipulara. Armando estaba sentado muy quieto. Gloria se levantó de su asiento y se acercó a Armando. ¿Por qué eran así los hombres?. El inspector tenía la certeza de que Gloria terminaría por convencer a Armando de aceptar su descabellado plan. Las palabras de Gloria tuvieron en Armando el efecto de una bofetada. ¿Quién se creía ella que era? —¿Por qué me tratas así? —le dijo Armando a Gloria. Se sentía ofendido y pensaba que no sería él el que realizaría el primer movimiento. le dijo él era un cerdo machista. con los antebrazos apoyados sobre la mesa y la mirada al frente. Mientras ellos se sentían protectores se comportaban en forma valerosa y audaz. pero estos pocos días han sido muy intensos. superaban obstáculos difíciles… Pero apenas aparecía una mujer que no se limitara a querer ser defendida. no eres más que un cerdo machista. 155 . quizá una disculpa por su comportamiento hacia él. cierto. pero en la que destacaba la tristeza. dejando solos a Gloria y a Armando. pero tú me gustas y creo que yo a ti también.16. sino que buscara también participar en el ataque. que Gloria le dijera otra cosa. Se sentó a su lado y le puso con delicadeza una mano sobre las de él. —Hemos estado juntos en esto por muy pocos días. Eran tiempos difíciles. pensó. sin poder contenerse a pesar de su resolución. y los hombres se replegaban en sí mismos y rechazaban toda ayuda posible. No esta vez. Apenas nos conocemos. El inspector Estrada salió de la sala de juntas con Tomás Carrington. que requerían mentes difíciles. Luego. Pero no.

¿recuerdas? Tu argumento fue el siguiente: Si él (el cerdo comandante) había utilizado un trasmisor para seguirle el rastro a Rolando Mota. como retándolo. —¿Cuál fue esa magnífica idea que te llevó a pensar un plan capaz de convencer a un inspector de policía y a un director de Interpol de que podía funcionar? —le preguntó Armando a Gloria. aceptando que nunca podría con ella. sino que le demostraste que era un imbécil. —Yo nunca dije eso. —No lo dijiste. Gloria vio el cambio en Armando y supo que había hecho bien en enfrentarlo. las vencidas no son sólo cuestión de fuerza. Fuiste muy valiente. —¿A qué te refieres? —preguntó Armando. sentándose derecha. Necesitaba su energía. Si quieres te lo demuestro —. ¿cómo habría podido secuestrar éste al profesor Chilinsky sin que él se enterara? ¿Acaso no sabrían ya. También hay algunos trucos que se pueden utilizar para ganar. No sólo te atreviste a llamar imbécil a un cerdo que te tenía a su merced. gracias al trasmisor. Necesitaba su cooperación. Gloria —se defendió Armando. evocadora. Al parecer los cerdos machistas también pueden pensar. —Le demostraste al cerdo comandante que tú no eras Rolando Mota cuando le mencionaste lo del trasmisor que traías en tu mochila. divertido. hoy lo confirmé: no eres más que un cerdo machista que no puede concebir que una mujer piense y pueda elaborar algún plan medianamente aceptable. pero te había dado el beneficio de la duda. —Tu actitud es la de un niño a quien una niña le ha ganado a las vencidas. pero lo pensaste —la voz de Gloria se endureció. —No entiendo —dijo Armando. que se sintió raro al oír hablar a Gloria de él de esa manera. —Creo que ese fue el momento que me enamoré de ti. —En realidad yo sólo desarrollé el plan —dijo Gloria. Simplemente no puede aceptar que una niña más débil que él lo derrote. porque no estaba seguro en un cien por ciento de ganarlo. Sin embargo. Gloria soltó a Armando y puso su codo sobre la mesa en posición de jugar vencidas. Sin embargo. Armando se le quedó viendo.—Desde ayer lo había notado —continuó Gloria. No estaba dispuesto a enfrentarse a Gloria en un duelo de vencidas. dónde estaba secuestrado el profesor 156 . —Estuviste magnífico cuando te enfrentaste al cerdo comandante —dijo Gloria. Lo necesitaba. intrigado. que apenas podía contener la risa al ver la cara de Armando —. —Pero la idea original fue tuya.

—¿Y…? —¿No entiendes? Si al cerdo comandante se le ordenó localizar a Rolando Mota fue para que los guiara al escondite del profesor Chilinsky. —¿Qué quieres decir? —Las órdenes que había recibido el cerdo comandante —continuó Gloria —eran las de localizar. los jefes del comandante son los políticos de los que me habló Rolando Mota. Y eso significa que querían al profesor Chilinsky y no a Rolando Mota. que volvió a tomar las manos a Armando. ¿qué sentido tendría que regresaras al lugar del secuestro? —Y lo llamé imbécil —dijo Armando. —Para que les diera la cura del virus zombi —respondió Gloria. levantándose de la silla. Entonces caí en cuenta de que el cerdo comandante había muerto convencido de que tú eras Rolando Mota. ni que el profesor Chilinsky había sido secuestrado. aprovechándose de los infectados zombificados y de los zombis. ¿por qué habrían de querer la cura? ¿Qué sentido tendría utilizar a los zombis para después curarlos? 157 . —¡No te hagas el viejo. —No. Todavía se acordaba de cómo él se había dormido de inmediato nada más puso la cabeza en el catre. divino tesoro! —exclamó Armando. —¡A ver. se lo demostraste —dijo Gloria. Si esto es así. —Si no estoy equivocado. ya que éste los llevaría a encontrar al profesor Chilinsky. no te queda! —lo regañó Gloria y continuó —: No podía dormir y me puse a pensar en todo lo que había pasado el día de ayer. confortado por el gesto de Gloria. —¡Juventud. lo que buscan es obtener la presidencia de la República dentro de unos meses. según me explicó. a Rolando Mota.Chilinsky? Y la puntilla: Si tú eras Rolando Mota. no eliminar. como él decía. y que no tuvo tiempo de avisar a sus superiores que te había localizado. a ver…! —dijo Armando. Después me puse a pensar que te habría matado sólo porque le llamaste imbécil y lo sacaste de sus casillas. que se estremeció al recordar el momento. —¿Y para qué querrían ellos al profesor Chilinsky? —preguntó Armando. —¿Y cómo fue que desarrollaste un plan a partir de eso? —preguntó Armando. pero que esas no eran sus órdenes. —Ayer que me dejaste no podía dormir… —dijo Gloria. Y esos políticos.

Porque cuando se obtiene el poder por medio de la fuerza se arriesga a perderlo todo en manos de los oprimidos. y nosotros pensamos aprovechar dicha ignorancia.Armando se volvió a sentar. Pero. —¿A ti te gustaría ser presidente de zombis? A mí no —dijo Gloria. No podía hacer nada más que confiar en Gloria. quizá por la CIA. —¡Nada! ¿Entonces? —Armando. al obtener el poder por medio de la persuasión no se arriesga nada. —¿Nada? —se asombró Armando. Sin embargo. la segunda de estas maneras ha demostrado ser la más efectiva. Una cosa era utilizarlos para llegar al poder y otra muy distinta el de intentar gobernarlos. 158 . Y los políticos siempre negocian. —Así que tu plan es hacernos pasar por Rolando Mota e Isabela y llegar así a donde están los conspiradores —comentó Armando. ¿Y qué negocian? Nada. Ahí está su fortaleza y su mayor debilidad. Y también se dice que el poder absoluto corrompe absolutamente. —¿Y entonces a qué vamos? —Sólo vamos a negociar. En cambio. La persuasión crea cómplices. sepultando con ello las esperanzas de Armando de tener su misma capacidad de raciocinio. ¿cómo? ¿Qué les podemos ofrecer? —No les podemos ofrecer nada —dijo Gloria. —¿Negociar? ¿Qué vamos a negociar? —Nada. —Ellos no saben que el profesor Chilinsky y su hija han sido secuestrados. recuerda una cosa: esos canallas son políticos. cambiando de tema. Armando no entendió nada y se cubrió las manos con la cara. Nosotros vamos a aprovecharnos de eso. Existen dos maneras de alcanzar el poder: por medio de la fuerza y por medio de la persuasión. Confiar en ella y rezarle a su Matka Boska. Ambos son efectivos. No era posible gobernar un país de zombis. Se dice que el poder corrompe. sintiendo que le había mostrado a Gloria de que él también podía razonar como ella. Gloria tenía razón. La opresión crea vengadores.

ex candidatos y un grupo de cómplices que buscan ser candidatos.Desde hace más de ochenta años. Primero se le convence al pueblo que el poderoso va a resolverle todos sus problemas y después se le engaña. De filtraciones que amenazan con descubrirlos. De la manera de seguir distrayendo a la opinión pública. De extorsiones. la poca que queda. Por eso cambian los colores y cambian los partidos y todo sigue igual. De amistades y traiciones. los nervios en tensión y las promesas en el aire de mantener el contacto. sí. regentes. ¿Quiénes son aquellos poderosos reunidos? ¿Cuáles son sus nombres? ¿Acaso importa? Baste con saberse que todos ellos forman parte de la piel la serpiente. La persuasión crea cómplices. Lo 159 . Porque no hay otro lugar en el mundo en donde sea posible ejercer el poder político con tanta impunidad. De esa enorme serpiente que se muerde la cola. Del destino de la Primera Dama. De su futuro. A punto de terminar la reunión. Ven ese círculo de poder que se agranda hasta el infinito sin saber que es un círculo. Mudando de piel. Ahí. De lo buena que está la cena esa noche. El político profesional. Ni en Afganistán. haciéndole creer que dichos problemas no pueden ser resueltos a menos de que el poderoso conserve el poder. De sobornos. De pactos y acuerdos. que es una enorme serpiente que se muerde la cola. que el poderoso es el mismo. encontró en México su paraíso terrenal. Y los cómplices ven cómo se las gasta el poderoso sin hacer nada por impedirlo. ex regentes. De rumores de ataques de zombis que atacan en grupo de manera coordinada. Y de eso están conscientes aquellos que están reunidos en una mansión de la colonia del Valle. Zaire o Burkina Faso es tan patente la complicidad del pueblo para mantener a los poderosos en su ciclo interminable de poder. Están inquietos porque las cosas no han venido desarrollándose de la manera en que habían previsto. De su pasado. De negocios turbios ya cerrados. gobernadores. De reparto de escaños. en México se ha obtenido el poder por medio de la persuasión y del engaño. presidentes… la serpiente mudando de piel. aquél aborto del Siglo Veinte. De amenazas ya no tan veladas de cerrar la frontera por parte de los Estados Unidos. De la falta de resultados en la búsqueda del profesor Chilinsky. se recibe la noticia esperada: Rolando Mota ha sido localizado. ex gobernadores. en esa elegante mansión de la colonia del Valle están reunidos ex presidentes. intercambiando impresiones. pero sin cambiar su naturaleza. ¿De qué hablan? ¿Qué los inquieta? Hablan del feo cariz que están tomando las cosas.

Al escuchar la palabra mágica. ¡Una psicóloga! ¿Cómo podía confiar tanto en una psicóloga que estaba por terminar su especialización? Y también estaba Armando. ¿Gloria? Gloria era una chica muy inteligente. ¿Y cómo sabemos que no nos engaña de nuevo y que tiene a Chilinsky? Tiene a su hija. —¿Cómo puedes estar tan calmada. Su amigo Tomás era un profesional de Interpol y sabría arreglárselas. Siguió mordiéndose la cola. No recordaba algún otro día de su vida (y eso que tenía 58 años) en que hubiera estado tan nervioso. ¿Qué quiere de nosotros? Negociar. nos enteramos de sus verdaderas intenciones. Según recordaba de su plática de esa mañana. tienen que pagar. ¡Un vendedor! ¿Y en esos dos estaba el futuro del país? ¿Juntos iban a poder derrotar definitivamente a los hombres más poderosos de México? ¡Eso no era posible! Era una locura. ¿por qué exagerar el asunto? Vamos con esos políticos intrigantes. Pero.mantiene preso la policía y piensa entregárselos. ¿Cuánto? No sabemos. —Estoy tan nerviosa como usted. Sin embargo. la serpiente se relajó. un hombre joven un tanto impulsivo y quién se dedicaba a vender material eléctrico. menos posibilidades le veía. El inspector Estrada se paseaba de un lado al otro de su despacho. pero ahora estaba tranquila: si algo sabía hacer. inspector —dijo Gloria —. Con respecto a Anastasia Silovenka estaba más tranquilo. Pero Rolando Mota se ha rebelado de nuevo: si quieren al profesor Chilinsky. incapaz de serenarse ni estarse quieto. les decimos que le paren a su carro y los amenazamos: de no hacerlo. era negociar. no les entregamos al profesor Chilinsky. pero no era una profesional. pero factible. a medida que pensaba más en éste. En un principio. preparando su mochila. el plan de Gloria le había parecido descabellado. Gloria? —le preguntó el inspector. Sin embargo. Estaba sentada en el sillón del despacho de inspector Estrada. una verdadera locura… —Si sigue paseando de esa manera me va a marear. Así que la reunión se extendió y la serpiente se puso a esperar. Gloria estaba estudiando el último semestre de su maestría en psicología. intentando calmarlo. ¿Cuánto? Mucho. 160 . inspector —le dijo Gloria en tono de broma.

que sonrió al ver el rostro asombrado del inspector. inspector. Pero muchos otros estudiaron Ciencias Políticas. ya no recuerdo qué periódico hizo una prueba de lectura subrepticia en el congreso. pero es muy impulsivo. pero eso no es del todo verdad —le dijo. tenía una velocidad de lectura de 103 palabras por minuto. —Es posible que lo referente a Armando sí sea como dices. —Discúlpame Gloria. inspector —dijo Gloria. ¿no es así? —dijo Gloria. Escudados por su fuero.. los políticos se pasean por la hacienda como si les perteneciera y en realidad ni a peones llegan. —Lo que pasa es que usted no ha podido dejar de pensar como mexicano. Gloria. mientras que Armando y yo sólo somos un par de atolondrados que no sabemos a qué nos enfrentamos. a lo Juárez. es sólo que… —Mire. ¡Y si viera cómo actúan todos frente a él. abriendo un lata de Pepsi —. ¿A qué me refiero con esto? En este país. Pero en lo que respecta a ti.—¡Pero si no sabemos ni siquiera dónde está el profesor! —exclamó el inspector. Los escaños los obtienen no por sus logros académicos o ciudadanos. 161 . no adivina —dijo Gloria. El inspector Estrada se detuvo de golpe. gracias!. el líder! Debe de dejar de pensar en los políticos como seres superiores y omnipotentes. claro. que la miraba. la clase política se ha forjado un prestigio inexistente. sino simplemente por sus amistades o relaciones. La ironía se asomaba en sus palabras. levantando las manos en un gesto de desesperación. —¿Cree que no me di cuenta de cómo trataba a Tomás Carrington y el tono que se daba usted al hablar de sus éxitos en Interpol? Por el contrario. —Él es todo un profesional. ya que dicha profesión se presta muy bien a sus propósitos. Lo considero un buen hombre.. inspector. levantándose del sillón y sentándose en una silla frente al escritorio del inspector. el equivalente a un tercero de primaria. —El año pasado —continuó Gloria. que vaya usted a saber qué les enseñarán (porque la política no tiene nada de científica) o simplemente estudiaron cualquier cosa. sindicalista él. —Pero su amigo Tomás lo va a encontrar. No confía en nosotros. ¿verdad? —No es eso. Más de la mitad de los políticos estudió la carrera de Derecho. sólo son unos don nadie. te considero fuera de serie. cada vez que habla con Armando o conmigo (pero sobre todo con Armando) emplea un tono que deja ver que nos considera un par de desadaptados. Créame. Uno de los ponentes. ¿Y cuál es el resultado? Ninguno. Pareció buscar las palabras adecuadas antes de hablar. —¡Vaya. El inspector Estrada fue hasta su escritorio y se sentó. —Soy psicóloga. Pero no me tiene confianza.

uno de los cuales llevaría a cuatro policías de la absoluta confianza del inspector Estrada y en el otro irían éste y Rolando Mota e Isabela (habían quedado que a partir de la implementación del plan así debían de llamarse mutuamente. ni dentro de ella. seria. El inspector Estrada suspiró. La cueva de los ladrones a las que estamos citados para esta noche estará llena de políticos. Y entre más prescindibles sean los sicarios. sonriendo. —Luis Spota. burlona. haciéndose pasar como un amigo del comandante Ireneo Villa (de cuya muerte nadie fuera de la comisaría estaba enterado) al que supuestamente el comandante le había encargado entregar a Rolando Mota y a la hija del profesor Chilinsky a sus superiores. —¡Claro que son peligrosos. confortado de alguna manera por las palabras de Gloria. no soy una niña —dijo Gloria. (Todos confiaban en que esos “superiores” del comandante no sospecharan de nada. conociendo lo corrupto que era el comandante). el escritor. 162 . —Inspector. —Sé perfectamente a lo que se refiere y sé también que los políticos pueden llegar a esos extremos. —No bromeo. Los políticos. mejor. saldrían en dos autos patrulla. Aparentemente los superiores del comandante no sospecharon nada. no antes. todos ellos iban derecho a enfrentarse a la Tenebra. Gloria —dijo el inspector. pueden recurrir a ese tipo de medidas extremas.—Pero no me puedes negar que pueden ser peligrosos —dijo el inspector. Sicarios. se refería a eso como la Tenebra: la política que llega al asesinato. Sin embargo. Gloria. Si no. El resto de la tarde lo pasaron en los preparativos. A éstos quizás nos los encontremos después de haber salido de la cueva. lo hacen por medio de terceras personas. mire como tienen al país! —No me refiero a eso. —¡Uy. aún cuando lleguen al asesinato. así que la cita se fijó para las ocho de la noche en una mansión en la colonia del Valle. qué miedo! —exclamó Gloria. para evitar deslices que les pudieran costar caro más tarde). Según el plan. Ya el inspector Estrada había establecido el contacto. no de sicarios. cuando se ven amenazados. Sólo esperaba que Gloria tuviera razón.

sino que también están los zombis. No podemos ir desarmados. —¡Qué! ¿Por qué?—saltó Gloria. Además. a quién se le hacía más fácil la sustitución de nombres con Armando. atentos a cualquier cosa. Los peligros son muchos. inspector! —dijo Gloria. —¿Qué tipo de ayuda? —Refuerzos —dijo Gloria. —¡Pues por mí que sospechen. no Gloria. —Pero llevamos protección. Gloria —dijo el inspector. Estarán vigilando por los alrededores. no sirven. inspector —dijo Gloria. —¿Qué? —Soy Isabela. De acuerdo a cómo se desarrollaran las cosas dentro. —Es posible que algo salga mal y cuatro policías. —Cuatro de mis hombres nos acompañarán y ellos tienen la capacitación y el armamento necesario para protegernos de cualquier cosa. —¡Ah. y por lo tanto no pueden ir armados. —¡Qué! —exclamó el inspector. —No sólo nos podemos enfrentar con su temida Tenebra. los cuatro policías se quedarían afuera como vigilantes y el inspector llevaría a Rolando Mota y a Isabela al interior. huir o pedir refuerzos. Son unos veinte hombres y vendrán en sus vehículos. —Se supone que ustedes dos son mis prisioneros. 163 . —Isabela tiene razón. Isabela… Ustedes son mis prisioneros. esta mañana hice una llamada al refugio para que nos mandaran ayuda extra. Así que exijo llevar armas para protegerme. ya fuera para salir. sí!. inspector —intervino Armando —. por más entrenados que estén. —De cualquier cosa no. El primer desacuerdo surgió al momento de definir las armas. Papá y sus hombres vendrán a protegernos. perdón. —No estoy dispuesta a enfrentar vaya usted a saber qué cosa sólo con cuatro policías que me protejan. dependía la salida de la mansión: tenían tres planes diferentes. Rolando —dijo el inspector. —Isabela —dijo Gloria. Sospecharían.Al llegar a la mansión. No serán visibles. —Ustedes dos no pueden ir armados —les dijo el inspector Estrada a Gloria y a Armando mientras estos revisaban sus mochilas. Isabela.

pero no al grado del inspector. inspector —dijo Gloria. —Isabela —le dijo a Gloria el inspector con tono seco —. que no sólo se le enfrentaba. pero no. En ese momento volvió Gloria. Le llamó la atención que la mochila de Gloria pesara tanto. Buscó con la vista su mochila y la localizó sobre el escritorio. —Gracias —dijo Gloria. ya que había visto la sombra que cruzó el rostro de Gloria al no ver su mochila en donde la había dejado. Armando también estaba impactado. dígale a Román que me suban las espadas samurái que tenemos resguardadas.Armando vio cómo el inspector se debatía en contestarle a Gloria. como a tu padre… —¿El profesor Chilinsky? —lo interrumpió Gloria. —Ellos arriesgan su integridad diariamente. lo hacen por sus familias y por desconocidos. Armando fingió no ver la expresión acongojada del inspector y tomó su mochila y la de Gloria para colocarlas sobre el escritorio. sino el futuro de nuestra nación. de la violencia y de la economía y dele a esos políticos ese voto que desean para seguir matando a México. incluso la que se encontró en el auto del comandante Villa. dejando al inspector Estrada anonadado y profundamente avergonzado. No sin permiso de ella. Todas ellas. —No estoy dispuesto a arriesgar la integridad de tu padre y de sus amigos. no estoy dispuesto a arriesgar a más personas en la operación. Lo que nos estamos jugando en este momento no son sólo nuestras vidas. —Ésa era mi espada —comentó Armando. —¡No hagas bromas! —estalló el inspector. —Yo moví tu mochila —le dijo Armando. entonces déjenos a nosotros hacer el trabajo y váyase a su casa a quejarse de la inseguridad. Si usted no está dispuesto a arriesgar tanto su vida como la de otros para salvar a México. del desempleo. Ya no creía posible sorprenderse por algo que hiciera Gloria. la cual se colocó en la espalda. Gloria se levantó y abandonó el despacho. Fue hasta el escritorio y tomó su mochila. 164 . Lo hacen por su país. aumentando el volumen de su voz conforme hablaba —. pero no fue capaz de abrirla para revisar su contenido. le agradó que Gloria no le hubiera mentido a él y realmente hubiera hecho la llamada que le dijo. adelantándosele. El inspector Estrada pareció volver en sí y acercándose al interfono dijo: —Lupita. Por otro lado. Pareció querer agregar algo. sino que tomaba sus propias decisiones.

—Ya pedí las espadas samurái, para que las lleven —le dijo a Gloria el inspector. —Gracias —volvió a decir Gloria. —Veo que llevas un nuevo atuendo —le comentó el inspector a Gloria, cambiando de tema. Se sentía aliviado porque Gloria no continuara molesta. —¿Dónde lo conseguiste? Pareces una de esas caricaturas japonesas de Anime. Gloria estaba vestida totalmente de negro. Llevaba un pantalón ajustado que contaba con múltiples bolsillos, una camiseta negra ajustada y tenis negros. Su mochila también era negra. Su pelo negro azabache le caía recto, cubriéndole parte de la cara y realzando la palidez de su rostro. —Es de mi época dark —dijo Gloria. —Lo pedí ésta mañana al refugio. —Estás preciosa —le dijo Armando, que se sentía ridículo por la manera en que él vestía, ya que estaba disfrazado de pies a cabeza. Armando Guerra y Rolando Mota sólo se asemejaban en el nombre. Así que uno de los primeros problemas que se les había presentado durante la planeación, fue el de cómo debía presentarse Armando a la cita de esa noche. Porque ellos habían conocido a Rolando Mota muy recientemente, vivo o muerto, pero todos los políticos lo conocían. Así que se decidieron por presentar a un Rolando Mota herido: dirían que fue víctima de un atraco, tan comunes en estos tiempos, sobre todo en la Capital. Armando lucía un vendaje en la cabeza que le cubría buena parte de su frente. También calzaba lentes de montura gruesa como los de Rolando Mota, aunque los cristales no estaban graduados. Por último, vestía un traje similar a los que usaba Rolando Mota, de buena calidad pero que no parecían haber conocido nunca la tintorería. El resultado final no era perfecto, pero todos esperaban que los políticos estuvieran tan atentos en Isabela que no notaran el disfraz. —Sus espadas, inspector —dijo Román desde la puerta. Entró rápidamente con las espadas samurái cargadas en sus brazos y las dejó sobre el escritorio, con un suspiro de alivio. Las espadas juntas eran muy pesadas. —Muchas gracias, Román —le dijo el inspector, viendo cómo éste se retiraba. Luego se volvió hacia Gloria y Armando y les dijo: —Aquí están sus espadas. Gloria y Armando se abalanzaron al escritorio para tomar sus espadas, pero el inspector Estrada los detuvo con un gesto. —Yo llevaré sus espadas. Recuerden que van a ir
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en la patrulla conmigo. Llegando se las daré —. El inspector pareció dudar un momento, pero después añadió: —Ya llevo mi arma de fuego, pero esta espada samurái está muy bien como complemento. También voy a usar una de éstas. El inspector abrió un cajón y sacó dos pares de esposas. Al ver la cara de sorpresa de Gloria y Armando, añadió: —No se preocupen, yo llevo la llave en mi bolsillo. Además, los esposaré con las manos al frente y no las dejaré muy ajustadas. Sólo lo suficiente para que surta efecto el engaño. Gloria iba a protestar pero se lo pensó mejor y no dijo nada. Ya había reconvenido al inspector. Así que estiró los brazos y dejó que el inspector la esposara a ella y a Armando. Una vez hecho esto, el inspector Estrada consideró que ya estaban listos y todos abandonaron el despacho. En el sótano los esperaban las dos patrullas. A Gloria y Armando los subieron en la parte posterior de una patrulla como si se tratara de detenidos reales. Estaban en una representación y todos eran actores. Con esto querían precaverse de posibles espías infiltrados en la corporación. Salieron las dos patrullas del edificio con las sirenas encendidas. Al frente iba la patrulla con los cuatro policías encargados de cuidarlos y atrás la patrulla con el inspector, Gloria y Armando. Avanzaban rápidamente gracias a las precauciones tomadas por el inspector Estrada, quién pidió el apoyo de otras comisarías para despejar el camino. Aún así, se tuvieron que detener en tres ocasiones, dos por accidentes de tránsito ocasionados por Ciudadanos y un ataque de zombis a un autobús urbano. Armando veía pasar la ciudad a través del vidrio verdeazulado de la patrulla. Observaba con aprensión las escenas de caos y deterioro que había ocasionado el arribo de los zombis a la Capital. Comparados con criaturas fantásticas como los vampiros o los hombres-lobo, los zombis eran una verdadera nulidad. Mientras los vampiros podían volar, ser rapidísimos e invulnerables a casi todo y los hombres-lobo adquirían los atributos de los lobos mediante una metamorfosis, los zombis eran unos monstruos torpes, lentos, estúpidos. Sin embargo, ni todos los vampiros y hombres-lobo juntos podrían llegar a crear el caos que propiciaban los zombis. Un mundo habitado por vampiros y hombres-lobos sería un mundo que viviría en continuo terror; un mundo habitado por zombis significaba un mundo que se muere.

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Gloria también mantenía su vista en su ventana, pero ella no era consciente de la ciudad sumida en el caos que pasaba frente a ella. Gloria pensaba en los posibles escollos que podrían enfrentar. Creía haber tomado todas las precauciones posibles, pero aún así repasaba en su mente todas las partes del plan, intentando encontrar algo que hubiera pasado por alto. —Cuando te diga que te agaches, hazlo de inmediato, sin pensarlo —le dijo Gloria a Armando de improviso, volteándolo a ver. —¿Qué dices? —preguntó Armando, saliendo de su ensoñación. —Que cuando te diga ¡abajo!, te agachas, sin pensarlo. —¿Por qué? —preguntó Armando, perplejo. —No sé —dijo Gloria, muy seria. —Tú sólo hazlo. Gloria se volteó de nuevo hacia su ventana y se quedó así, en silencio. Armando no dijo nada. Estaba aprendiendo a seguir las órdenes de Gloria, sin cuestionarlas. Hasta ahora su intuición había sido asombrosa. Quizá eso era algo que compartían todas las mujeres, en mayor o menor grado. Durante un par de kilómetros Armando estuvo repitiendo para sí: si oigo ¡abajo!, me agacho; si oigo ¡abajo!, me agacho… Sabía que era un tanto infantil, pero quería hacerlo así para poder actuar de manera inconsciente cuando se lo pidiera Gloria. Los últimos veinte minutos de camino transcurrieron sin incidentes. Por fin llegaron hasta la mansión. Los autos patrulla apagaron sus sirenas y atravesaron un enorme portón. En el interior, un enorme estacionamiento estaba lleno de autos de lujo y camionetas. Estacionaron ambas patrullas de manera que sus frentes dieran al portón abierto. El inspector Estrada bajó del auto patrulla cargando las espadas samuráis y abrió la puerta. Gloria y Armando descendieron. El inspector Estrada les ayudó a ceñirse las espadas y él mismo se ciñó una. Mientras lo hacía, Gloria levantó la cabeza y oteó el aire. —Aquí hay zombis —dijo, verificando que su espada pudiera sacarse fácilmente. Claro, sin las manos esposadas. —¿Qué quieres decir? —le peguntó el inspector, alarmado.

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—Que por aquí rondan los zombis —dijo Gloria, muy seria. —En estos tiempos en que he sido exploradora he aprendido a captar ciertos signos que indican la presencia de zombis. Pueden reírse de eso, pero es posible llegar a captar su olor. Y aquí huele a zombi. —Pues este sitio está bastante despejado —comentó Armando —, así que deben ser muchos, para que puedas captar su olor. —Razón de más para que nos apresuremos entonces —dijo el inspector. —Si hay zombis en los alrededores esperemos que el padre de Gloria y sus amigos los encuentren. ¡Vamos, entremos a la mansión! Se encaminaron a la entrada de la mansión, Gloria y Armando caminando delante del inspector. La fachada de la mansión era enorme, ya que el edificio contaba sólo con una planta. Grandes ventanales se alineaban en ambos extremos de la entrada, donde había una enorme puerta de roble labrado. El inspector Estrada pulsó el timbre. Transcurrió cerca de un minuto para que abrieran. Un mayordomo les deseó las buenas noches y les preguntó sus nombres. No pareció sorprendido al ver a dos de los visitantes esposados. —Soy el inspector Palomino Estrada —se presentó el inspector y le enseñó su placa al mayordomo. —Traigo a los detenidos: Rolando Mota e Isabela. El mayordomo, que había permanecido sin expresión alguna mientras el inspector hablaba, pareció turbarse al escuchar el nombre de Isabela. —Perdón, ¿quién dijo que era la señorita? —le preguntó al inspector. —Isabela, la hija del profesor Chilinsky —respondió el inspector secamente. —Discúlpeme un momento —dijo el mayordomo y cerró la puerta. El inspector, Gloria y Armando se voltearon a ver, como si cada uno buscara explicación a la reacción del mayordomo en el otro. —Esto no me está gustando nada —dijo Armando en voz baja. Antes de que alguien pudiera añadir algo, la puerta se abrió. Esta vez no era el mayordomo, sino un hombre trajeado, que les dijo con un tono seco, al tiempo que los invitaba a pasar con un gesto de su mano libre:

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pero es que sufrió una pequeña confusión.—Perdonen al mayordomo. pero eso es imposible cuando alguien te está apuntando con una pistola Luger. Gloria y Armando entraron en la mansión. y ahora se presenta de nuevo… El inspector. la hija del profesor Chilinsky. 169 . Su primera reacción fue echarse a correr. Como hace apenas quince minutos llegó a la mansión Isabela.

. Jestem Izabela. —Es polaco —dijo Gloria. Gloria y Armando se quedaron estupefactos cuando reconocieron a Anastasia Silovenka. Rolando Mota e Isabela. Los condujeron por una serie de estancias amuebladas elegantemente. 170 . En una de las paredes había como veinte sujetos de pie. Todos ellos con armas. Apenas entraron y el silencio se hizo absoluto. que se levantó de su asiento. —¡Eso es falso! —gritó una mujer. señalando a Gloria con el dedo.Sicarios y zombis. que quedó helada ante las palabras de Gloria. no más de dos sexenios atrás. utilizando un tono burlón. alzando la voz. Yo soy Isabela. córka profesor Chilinsky —dijo Gloria. —Esa es una impostora. El sujeto que les apuntaba con la pistola Luger abrió la puerta y les hizo seña que entraran. por lo que era difícil establecer los rasgos de los rostros. —Dicen que son el inspector Palomino Estrada. —Ella no es Isabela —continuó Anastasia. Doblaron una esquina y descendieron dos escalones para seguir un pasillo franqueado de estatuas griegas que terminaba en una puerta de madera pulida.17. la hija del profesor Chilinsky. pero con una falta de gusto que hacía ver que el dueño era un patán que había obtenido el dinero recientemente. —¡¿Qué?! —exclamó Anastasia. pero él por no saber qué estaba pasando. —Ona leży. La serpiente se enroscaba y se ocultaba en las sombras. La iluminación era muy tenue. —Significa: Ella miente. Gloria. la hija del profesor Chilinsky —anunció el hombre. que permanecían velados. El inspector Estrada también estaba estupefacto. —Se llama Gloria y está loca. Armando y el inspector vieron una amplia sala con una gran mesa en donde estaban sentadas cerca de treinta personas.

Era la voz de la serpiente. don Carlos —respondió Armando. ¿Qué quieren de mí? ¡Yo no sé nada! Gloria se volvió hacia Armando y le hundió la cara en el cuello. —Como ve. y pedí al inspector que se trajera también a su hija Isabela. A propósito. como si fuera una mujer indefensa buscando consuelo. Santiago —le dijo una voz más. Haciendo un lado a Gloria. del que no sé nada. exclamó: —¡Qué decir ni qué ocho cuartos. O estaban impresionados o confundidos o las dos cosas a un tiempo. enojado. que Armando reconoció al instante —Muchos de los que estamos aquí lo conocemos. avanzó dos pasos hacia la mesa y dijo. Antes de que Anastasia pudiera abrir la boca. refiriéndose a Anastasia. con un marcado acento tabasqueño.Durante unos momentos nadie dijo nada. —Nosotros tenemos al profesor Chilinsky y a su hija. al tiempo en que le susurraba al oído: “¡Haz algo!” Armando apenas si tuvo tiempo de reaccionar ante la sorpresa. me dejaron casi irreconocible. Rolando. ¿qué te pasó? —Sufrí un asalto anoche. —Eso no es verdad! —rugió Anastasia. la voz de la serpiente. caballeros —exclamó en voz alta Anastasia. Me dieron una buena paliza. —Éste hombre se llama Armando… —Ese hombre se llama Rolando Mota —la interrumpió una voz meliflua. Cuauhtémoc! ¡Aquí alguien nos las quiere jugar! —Nadie se las quiere jugar. —¿Por qué ésta mujer dice entonces que ella es hija del Profesor? —preguntó la serpiente con otra voz. en su mejor imitación de la voz de Rolando Mota: —¿Quién es esa mujer? ¿Por qué se está haciendo pasar por Isabela? Yo sé dónde está escondido su padre. —Nos secuestraron a mi papá y a mí y ahora me traen hasta este lugar. cambiando el tono de su voz. —Veamos qué nos dice ella. el profesor. que decidió que más valía decir la verdad. Somos de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos… 171 . como si estuviera luchando por contener el llanto. que no sabía si sentirse aliviado porque alguien lo hubiera tomado por Rolando Mota. Armando no sabía ni lo que estaba diciendo. grave y modulada. —¿Por qué nos hacen esto? —prosiguió Gloria. Las palabras brotaban de su boca sin que pudiera pensarlas.

—¿Qué tiene que ver aquí la CIA? ¿Acaso nos ha dicho por qué está suplantando a Isabela? En ese momento Gloria empezó a jadear sonoramente. —Isabela padece de asma —exclamó el inspector Estrada. jalando el aire. 172 . señalando a Gloria que estaba agachada tras él.—¿Qué está diciendo ésta mujer? —intervino Armando en su papel de Rolando Mota. interrumpiéndola. como si le faltara el aire. Eso cambiaba radicalmente las cosas. El inspector Estrada le quitó las esposas a Gloria y se dispuso a abrir la mochila de ésta. Si Armando hubiera visto la cara que puso Gloria al oír sus palabras. —Si esa mujer en verdad fuera la hija de Chilinsky sabría que la cura la tengo yo. El inhalador… aaaah… está en la… mochila. —Mi… asma. pero Gloria se resistió. dirigiéndose hacia Anastasia le dijo: —¡Sigue! —Pertenezco a la CIA y tenemos a Chilinsky y a su hija —dijo Anastasia. Los ojos de Anastasia se agrandaron por la sorpresa al conocer el hecho de que la fórmula de la cura se la había dado a Gloria sin saberlo. —¿Por qué lo buscas tú? Déjame ayudarte. —Tenemos la cura del virus zombi y venimos a ofrecérselas a ustedes a cambio de… —¡Miente! —gritó Armando. furiosa. que supo había captado su atención. siguiendo con la farsa. —Yo… la abro —jadeó Gloria y quitándose la mochila se agachó al suelo tras Armando. Luego. —¡Déjela que lo busque ella! —le gritó la serpiente con su acento tabasqueño. aaaah… —jadeaba Gloria. asustado. —Isabela —le dijo el inspector a Gloria en voz alta. —Aaaah. se habría desmayado. por lo que ya no tenía caso seguir. —Voy a quitarle las esposas para que pueda buscar su inhalador. La fórmula estaba grabada en una memoria USB oculta en un escapulario que pertenece a ésta Isabela. Armando se volvió hacia ella. Continuaba improvisando. que estaba tan impresionado como Armando. pero que tenía el suficiente temple para darse cuenta de que Gloria planeaba algún movimiento. dispuesta a jugarse el todo por el todo. Ahora su cometido era obtener la fórmula a como diera lugar. la verdadera hija del profesor Chilinsky —concluyó Armando.

Estaba a punto de traspasar el umbral cuando Gloria apareció. Mientras decía eso. Aún respiraba. Yo voy a ver dónde está Anastasia —. Pasada la puerta arrastraron al inspector a una esquina y lo examinaron. Al ver la cara de asombro de Armando le informó: —Son las pistolas de los cerdos —y salió corriendo hacia la sala. Armando dudó si ir tras ellos o buscar a Gloria. un objeto metálico que había lanzado Gloria desde el piso cayó en el centro de la mesa y estalló con un ruido sordo. Una bala le había rozado la frente. que alguien había abierto. gritos. Gloria sacó de su mochila dos pistolas tipo escuadra. Gloria lo levantó y lo jaló. ruido de sillas al volcar. 173 .—¡A mí todos! —gritó Anastasia. gritándole al oído: —¡Ayúdame a sacar al inspector! Empleando el tacto y la memoria a corto plazo lograron saber que el cuerpo al lado de ellos era el inspector. vio que Anastasia y el tipo de la Luger salían de la sala. Armando lo tomó de una de las solapas del saco y lo arrastró hacia la puerta. con los brazos extendidos y una pistola en cada mano. que sangraba cerca de una de sus entradas de pelo. Tenía una mirada salvaje en el rostro. En el momento en que se acercaba a la puerta. Se decidió por ésta última. Los disparos seguían dentro de la sala. Armando se volvió al inspector y lo curó como pudo. lamentos. un spray desinfectante y cinta quirúrgica. ya que cojeaba. Gloria los siguió. los hombres armados y el tipo de la Luger se retiraron de la pared y levantaron sus armas. —¡Véndalo como sea! —le ordenó a Armando. Sin embargo. que estaba muerto o desmayado. avanzaban despacio. pero estaba sin sentido. haciendo de aquello un verdadero caos. que al parecer estaba herido. ya que Anastasia sostenía a su compañero. ya que era difícil manejar los objetos con las manos esposadas. La sala se llenó de humo y del ruido de disparos. Los aspersores del equipo contra incendios dejaron caer el agua. Armando se tropezó con Gloria y cayó al suelo. Las esposas le hacían daño en las muñecas. Gloria abrió su mochila y sacó un cuadrado de gasa. maldiciones. En el acto. Una nube de humo brotó impetuosa en todas direcciones. Al mismo tiempo. tras Gloria. Armando se levantó y se dirigió hacia la sala. Habían escuchado las palabras claves para actuar.

174 . —¡Quédate a mi espalda! —le gritó a Armando. Gloria y Armando dejaron atrás el pasillo con los zombis heridos o muertos. convergiendo hacia la mansión. No podemos dejar que se nos escape esa puta. sin verlos. —¿Qué hacemos con él? —le preguntó Armando. Sin saber qué hacer. aunque fuera unos momentos. Gloria le puso a Armando una pistola escuadra en sus manos esposadas y desenvainó su espada samurái. Gloria corrió hacia la salida. Con un grito de furia. Gloria cortó la cabeza de un zombi y con un movimiento de revés cercenó la pierna de otro. —Bien —dijo Gloria. y empezó a disparar enloquecido con su AK-47 hacia el pasillo. acercándose. Las entrañas del hombre de la AK-47 eran devoradas por un zombi herido por múltiples balas. que cayó de lado arrastrando con su caída a su compañero. el sonido de un arrastrar de pies por el pasillo les heló la sangre. aplastándosela. —¿Quiénes? —dijo Armando. Anastasia y su compañero estaban por llegar hasta un auto gris.—¿Dónde están? —preguntó. pero pronto rectificó y añadió: —Anastasia y su compañero van hacia la puerta. Entonces Gloria Gritó: —¡Ahí están! —y apuntó hacia el estacionamiento. Armando empujó el pedestal de una de las estatuas del pasillo. Antes de que Gloria pudiera responder. dirigiéndose a la mansión. —¡Zombis! —gritó alguien que acababa de salir de la sala. Era consciente que con eso no podía matar a ningún zombi. pronto vio que era un deseo irrealizable: cinco zombis avanzaban por el pasillo hacia ellos. que cayó pesadamente sobre la cabeza del zombi. Sin embargo. dirigiéndose hasta donde estaba el inspector sin sentido. —Vamos a la salida. Llegaron a la gran puerta y salieron de la mansión. Anastasia está herida. pero sí los detenía. esperando no utilizarla. Mantenía en alto su espada. Se mantenían a distancia de un grupo de zombis que pasaban a unos diez metros delante de ellos. Gloria y Armando se quedaron ante la puerta. Los esperaba una visión de pesadilla: cientos de zombis se arrastraban por el amplio patio anterior. seguida por Armando. Armando levantó la pistola y disparó.

atropellando a zombis a su paso. —¡Vamos tras ellos! —dijo el padre de Gloria. —Yo manejo —le dijo Gloria a Armando mientras subían a la camioneta. siguiendo al auto gris. Gloria vio que Anastasia y su compañero subían a su auto. Allá adentro está el inspector Estrada. préstame las llaves de la camioneta. ¡Rápido! El padre de Gloria metió la mano en su bolsillo y le dio sus llaves. armados con machetes y hachas. desmayado. cerca de la puerta de una gran sala. seguida por Armando. con rapidez — por lo que te expliqué por teléfono. al ver la hoja de su espada manchada de sangre. La camioneta dio un salto hacia delante y se detuvo bruscamente. papá —le dijo Gloria.Entonces Armando gritó: —¡Gloria. De las camionetas descendieron cerca de veinte hombres. quienes de inmediato fueron tras los zombis. Armando y yo tenemos que darnos prisa. —¡Papá! —gritó Gloria al tiempo en que abrazaba a su padre. tu papá! Cuatro camionetas entraron por el portón a toda velocidad. —Perdón —dijo Gloria y volvió a encender la camioneta. Luego se detuvieron con un chirrido de llantas cerca de la puerta. —¡Qué! Pero… —Las necesitamos. papá. Nos topamos con algunos zombis allá dentro. —Estoy bien. Gloria le dio un rápido beso en la mejilla y salió corriendo junto a Armando. Se volteó hacia su padre y le dijo: —Papá. Ahí te lo encargo… Te puedes quedar con la espada. Esta vez el vehículo arrancó con un chirrido de llantas y pronto pasaron el portón. —Nosotros no podemos. Tenemos que encontrar al profesor Chilinsky. Gloria encendió la camioneta y arrancó. a regañadientes. Es un señor con traje azul y una espada samurái al cinto. 175 . El motor se apagó. Se quitaron las mochilas y las espadas y las metieron en un compartimiento de la cabina. —¡Gloria! ¿Estás bien? —preguntó su padre. Gloria reconoció a su padre y corrió hacia él.

El auto gris estaba como a setenta metros de ellos. en metro. —Me muevo en taxi. —Así que. cuidado! —gritó Armando. cállate. Eran más los peatones que los autos. —No sé manejar —repitió Gloria. —¿Por qué tú papá se sorprendió tanto cuando le pediste la camioneta? —le preguntó Armando a Gloria. El auto gris dobló bruscamente en una esquina y Gloria estuvo a punto de pasarse de largo. Armando cerró la boca. pero aún así era difícil avanzar.Antes de pasar el portón. —¡Gloria. No los habían perdido. Gloria mantenía una distancia de unos cincuenta metros entre ambos vehículos para que Anastasia y su compañero no se percataran que los iban siguiendo. Armando alcanzó a ver el auto patrulla de los policías que formaban su escolta. ya que las calles presentaban obstáculos diversos que impedían el paso. Gloria siguió acelerando y pronto estuvo a veinte metros del auto gris. Gloria aceleró. Ambos saltaron y se pegaron en la cabeza contra el techo de la camioneta cuando las dos llantas tocaron el suelo. Conforme se acercaban a la zona centro de la ciudad las cosas se complicaron. con amigos… —¡¿Cómo que no sabes manejar?! —le gritó Armando. mientras zigzagueaba tratando de recuperar el control de la camioneta. buscando aligerar la tensión que sentía haciendo plática. Armando no le comentó nada a Gloria. No tenía caso discutir con Gloria. no creo que lo hagas muy bien con las manos esposadas —respondió Gloria. Giró bruscamente y la camioneta dio la vuelta en dos llantas. Avanzaron a gran velocidad por calles cada vez más transitadas. —Es que no sé manejar —contestó Gloria. —Perdón —dijo Gloria. La camioneta avanzaba rápidamente siguiendo al auto gris. —¡Qué! —Armando sintió que la sangre abandonaba su cabeza. que me desconcentro. —¿Entonces por qué me dijiste “yo manejo” con tanta seguridad? —Pues porque tú. Ni siquiera se habían bajado de la patrulla. aunque sepas manejar. Los zombis habían llegado hasta ellos y se los habían comido. 176 . aterrado.

Se juntaron en la parte de atrás. El auto gris volvió a virar bruscamente en una bocacalle y ésta vez Gloria fue incapaz de seguirlo. —¡Cuidado! —gritó Armando al tiempo en que dos balas penetraron por el parabrisas de la camioneta. Armando se arrellanó en el asiento e impulsó sus dos piernas contra el parabrisas. La camioneta voló por el aire y aterrizó violentamente a veinte metros. Gloria y Armando brincaron como muñecos de trapo dentro del vehículo. —¡Dispárales! —gritó Gloria. Gloria sacó su espada samurái del compartimiento. que cayó pesadamente sobre el techo del vehículo.Entonces vieron que alguien se asomaba por la ventanilla del copiloto y les apuntaba con un arma. 177 . por lo cual su caída sobre el techo del vehículo fue casi suave comparada con la de Armando. Estaban de cabeza. impidiendo toda visibilidad. que se desprendió al segundo golpe y se perdió en la noche. El estruendo de los disparos y el viento huracanado que entraba por el hueco del parabrisas no le permitió darse cuenta si había acertado con algún disparo. —Lo siento —dijo Gloria. intentando detener el ritmo acelerado de sus corazones. El parabrisas estalló y se volvió opaco. Si salieron vivos fue gracias a los cinturones de seguridad y a una barra de protección que tenía la camioneta. volcándose. sacando la cabeza por la ventanilla para intentar ver el camino. donde se pusieron las mochilas y se ciñeron las espadas y después se sentaron en el suelo para recuperar el aliento. colgando de sus cinturones. Armando levantó el arma y disparó en seis ocasiones. Ambos salieron arrastrándose por las ventanillas. obligando a Gloria a avanzar en zigzag por la avenida. Sólo respiraban con fuerza. —¡Patea el parabrisas Armando. Intentó dar la vuelta. ninguno de los dos dijo nada. la desenvainó y con ella cortó el cinturón de Armando. Durante unos minutos. envainando su espada y accionando con la mano el mecanismo de apertura de su cinturón. intentando recuperar el aire. pero se encontró con un montón de escombros en la esquina de la bocacalle y chocó con éste. —¡Ouch! —exclamó Armando. no veo nada! —gritó Gloria. cargando sus mochilas y espadas que se habían quitado al subir a la camioneta. Nuevos disparos salieron del auto gris.

Ya no venía al caso seguir representando a Rolando Mota. está asegurada —respondió Gloria y lo jaló de la camisa. Armando fue tras ella y durante siete cuadras siguieron a los tres hombres. cuando Gloria se levantó y se acercó al depósito de gasolina de la camioneta. Al rato vamos a sentir todos los golpes. llevándolo a la parte de enfrente de la calle. En ningún momento voltearon hacia donde estaban escondidos Gloria y Armando. Llevaban cerca de tres minutos en silencio. Armando ya no le quiso preguntar a Gloria la razón de su proceder. —Sí. Viendo para todos lados.—¿Estás bien? —le preguntó Armando a Gloria. Los lentes sin graduación se le habían caído hacía mucho. que llegaron hasta una bodega. —No te preocupes. quien tomó un papel del suelo. No pasaron ni cinco minutos cuando vieron aparecer a tres sujetos de la bocacalle. aléjate de la camioneta. bien. avanzaron hacia la camioneta volcada envuelta en llamas y se le quedaron viendo durante un largo minuto. donde se escondieron tras un auto estacionado. ¿y tú? —También. que había sacado un cigarrillo de quién sabe dónde y fumaba. Una gran llama brotó del depósito perforado. abandonando su escondite. Así que esperó junto a Gloria a que algo sucediera. Al lado de un portón color negro se veía una puerta de aluminio 178 . Luego conversaron algo entre ellos y se volvieron por donde habían venido. y empezó a quitarse el vendaje de la cabeza. ¿Qué vamos a hacer ahora? —En eso estoy pensando. Vio que la gasolina manaba por una grieta del tanque y dijo: —Armando. lo arrugó y lo prendió con su encendedor. —¿Por qué hiciste eso? —preguntó Armando. Ella tenía una forma irritante de responder a sus cuestionamientos. —Sigámosles —dijo Gloria en un susurro. pensó Armando. estoy bien. Luego tiró el papel encendido a la camioneta. pero de momento. obligándolos a alejarse del vehículo. “Así que cállate”. Armando se levantó y le preguntó: —¿Qué vas a hacer? —Esto —contestó Gloria.

—¿Y qué ventajas tenemos al ser simples amateurs? —Que actuamos a lo loco —contestó Armando. Practicas con otros compañeros o incluso con el instructor. —¿A qué te refieres? —comentó Gloria. Aquí no vamos a enfrentarnos con 179 . —Cuando tomas clases de defensa personal —explicó Armando —. colgándose la mochila en la espalda. Al contrario.357 Magnum y una pistola escuadra nueve milímetros. Le pasó la Magnum a Armando y ella se quedó con la pistola escuadra que traía éste y también la cargó. Gloria y Armando se agazaparon tras un auto estacionado en la acera de enfrente de la bodega. se quitó la mochila y buscó algo dentro. Pero ellos te atacan de acuerdo al manual. dos. —El problema es: ¿cómo vamos a saber si nos creen vivos o no? Debes de recordar que esos tipos son de la CIA. como les enseñaron a hacerlo en sus entrenamientos. Los hombres entraron en la bodega sin haber volteado ni una sola vez hacia atrás. —Es el arma del cerdo comandante imbécil —dijo. que esos hombres formen parte del equipo de Anastasia y hayan salido para verificar que nos matamos con el choque. a lo loco. Luego sacó los cargadores y cargó las armas. Es por eso que no siempre te sirve lo aprendido. eso puede ser su debilidad. lo mismo que lo anterior pero que sepan que de alguna forma sobrevivimos y que los seguimos hasta la bodega. —¿O sea…? —O sea que esos tipos de la CIA no se están enfrentando a profesionales. —Las municiones son regalo de la comisaría. el asaltante callejero te ataca a su manera. que sean unos vecinos que escucharon un estruendo a siete cuadras de aquí y fueron a ver de curiosos. sino que se enfrentan con un par de amateurs. y tres.cuyas orillas presentaban manchas marrones. quiero decir. Llegaron hasta la puerta de aluminio y Gloria se agachó. Sacó una pistola . así que son unos profesionales… Sin embargo. y al ver la camioneta volteada y en llamas hayan pensado que así fue. te atacan de una manera estudiada. Gloria ahogó una maldición y echó a correr tras él. —Hay tres posibilidades —dijo Gloria —: Una. levantándose y echando a correr hacia la bodega. mientras estás en la clase te enseñan cómo defenderte. que se hacen pasar por algún atacante. —Me quedo con la una y la dos —dijo Armando. que de seguir así acabaría matándola.

Con una señal. por su parte. encegueciéndoles. Armando se arrojó al piso. Armando sonrió con satisfacción al ver que el auto presentaba varios impactos de bala. Ráfagas de AK-47 surcaron el aire. intentando no hacer ningún ruido. despacio. estos tipos son tan profesionales que creen que nadie va a ser tan estúpido como para entrar por la puerta del frente —comentó Armando en voz baja. entrando en la bodega. El interior de la bodega estaba en penumbras. así que consideró que tres era el número mágico. viendo que los disparos parecían haberse concentrado en el piso de abajo. todas las luces de la bodega se encendieron a un tiempo. Consistía en una amplia nave llena de cientos de cajas de diversos tamaños apiladas sin orden ni concierto. Las ráfagas de disparos parecían venir de tres puntos diferentes. Gloria. tras el portón. Debían de ser sicarios. Cuando iban a mitad de la escalera. —¿Ves?. haciendo saltar nubes de yeso y astillas de madera de la escalera. esperando que no se abriera ninguna de las dos puertas. y empezó a disparar. Con sus manos esposadas y la culata de la pistola. Armando bajó el picaporte de la puerta.zombis. en donde alcanzaba a vislumbrarse una luz que se filtraba por el marco de una de las dos puertas que presentaba la fachada posterior. Gloria lo siguió. Casi al final de la nave se veía a la derecha una escalera que ascendía a un segundo nivel. trataba de establecer cuántos tiradores había. A la izquierda de la entrada. Una de las luces traseras estaba destrozada y el vidrio presentaba dos perforaciones. Luego. Armando se apresuró para llegar antes que Gloria a la escalera. ya que los tipos a los que siguieron no parecían ser de los que usan AK-47. que se abrió sin ruido. una en cada mano. Gloria le indicó a Armando que subieran la escalera. se veía el auto gris estacionado. Armando se acercó a la orilla. 180 . Armando ascendió la escalera mientras Gloria descendió. obligándolos a separarse. Así que avanzaron en silencio por entre las cajas y empezaron a subir la escalera. a fin de refugiarse tras alguna pila de cajas. Esa mujer se arriesgaba mucho y Armando no deseaba que sufriera daño. así que no creo que necesitemos las espadas —. arrastrándose. Llegado arriba. Empuñó las dos pistolas.

de cuyo marco escapaba la luz. localizó a un tercer sicario al momento en que éste también le quitaba una espoleta a una granada y disparó. manteniendo también apuntando su Magnum al frente. viendo el movimiento de Gloria. Gloria levantó sus armas. pero no soltó las pistolas. —¡Déjate de estupideces y bajen ustedes sus armas! —exclamó la voz de Anastasia. la lanzó en esa dirección. Armando. Gloria subió por la escalera para reunirse con Armando. La granada estalló con un ruido seco y Gloria abandonó su escondite y avanzó disparando hacia otra de las fuentes de las ráfagas. La puerta estaba cerrada. Éste se había levantado y se había acercado a la puerta del lado derecho. —¡Suelta las malditas armas! —le gritó Anastasia a Gloria. empuñando una pistola Luger que apuntaba a la frente de Gloria. Armando entró tras Gloria. que se acercó despacio desde la izquierda de la habitación. haciéndolo estallar. —Bajen sus armas y dejen de apuntar a Isabela —dijo Gloria. que le apuntaban a la cabeza con sus pistolas Luger. rodeada por los tres tipos que habían seguido. 181 . apuntando a la puerta mientras Armando bajaba el picaporte. que adivinó aquella era la hija del profesor Chilinsky. mientras Gloria pareció titubear. Armando soltó su arma. con el rostro destrozado por los tiros de Gloria. La bala le atravesó el cráneo saliendo por la mandíbula y la granada cayó recta. adelantando su pistola. Así que se dirigieron a la puerta de la izquierda. Gloria estableció un punto aproximado de donde tenía que estar uno de los tres tiradores y quitándole la espoleta a una granada. Repitieron el procedimiento. Gloria abrió sus manos a un tiempo y las pistolas cayeron al suelo. La puerta se abrió y pudieron ver a una chica sentada en una silla. Al notar que ya no había ningún movimiento. Un sicario que estaba subido en una pila de cajas cayó. traspasando el umbral de la puerta manteniendo las pistolas apuntadas al frente con los brazos extendidos. Haciendo un disparo al aire para develar su posición. Finalmente bajó sus brazos.Haciendo contorsiones para quitarse la mochila sin soltar sus armas. Eran tres armas contra tres. Gloria hurgó dentro de la mochila y encontró lo que buscaba. Gloria se adelantó despacio.

—Buena chica —dijo Anastasia. 182 . con el tono de voz que se utiliza con los perros para felicitarlos por haber hecho alguna gracia.

Durante unos momentos el tiempo pareció congelarse. Nadie se movía. en silencio.Bailando con un zombi. echando chispas. 183 . pero no al profesor Chilinsky. por su seguridad.18. como pensando qué decir a continuación. —¿Por qué? —preguntó Armando. En estos momentos está convertido en zombi. —Nunca es una palabra muy grave que no conviene usar.. —Queremos a Isabela y a su padre. —¿Dónde está? —preguntó Armando. Tuvimos que separar a Isabela de su padre. que hasta el momento se había limitado a observar la escena sin saber qué hacer. —Nunca —exclamó Gloria. uno de los tipos que apuntaban a Isabela se acercó a Gloria y a Armando y recogió sus armas del suelo. el profesor Chilinsky —dijo Gloria. haciendo una breve pausa. en un intento de hacerse el mártir. —Entonces no hay trato —sentenció Gloria. —Me temo que eso no va a ser posible —respondió Anastasia. Su tono de voz también perdió la aspereza que había utilizado con Gloria. Finalmente. —Ahora que están aquí. No tienen opción: o nos entregan el escapulario o matamos a Isabela. se inoculó con el virus zombi. furiosa. dando la impresión de que todos eran figuras de cera en un museo. —Les podemos ofrecer a Isabela. que se percató del cambio del tono de voz de Anastasia (que de seguro debía de odiar a Gloria) y decidió aprovecharse de ello. —Bien hecho —dijo Anastasia. —El profesor Chilinsky. —¿Nunca? —Anastasia enarcó sus lindas cejas. queremos que nos entreguen el escapulario ese con la memoria USB con la cura para el virus zombi. estúpida! —exclamó Anastasia. —¡No has entendido. Anastasia se volvió hacia Armando y su rostro se suavizó.

que cumplen con sus órdenes emanadas de nuestro gobierno. nosotros también somos patriotas que cumplimos nuestro deber para con nuestra nación: América. —América es un continente y no una nación —respondió Gloria. —La voy a sacar y te la voy a entregar. La noticia que el profesor Chilinsky era un zombi lo había sumido en el espanto. pero no nos pertenece. haciendo un gesto vago con la mano —. —¿Para qué quieren la cura del virus zombi? —preguntó Gloria. Gloria se quedó pasmada con la reacción de Anastasia. Armando y ella estaban desarmados y en desventaja numérica. Armando volteó a ver a Gloria. al tiempo que hacía una seña a uno de los hombres para que le 184 . Esa mujer no admitía réplicas. Hasta entonces había estado sentado en silencio en una silla en una equina apartada de la habitación. La pensamos entregar a las autoridades para que se produzca masivamente y así poder curar a todos los mexicanos infectados. que busca el bien de su nación. —Eso no es asunto tuyo —respondió el hombre que les había abierto la puerta en la mansión. ¿por qué la quieren? ¿Para qué? —Como dijo Tim. —¡Entréganos ese escapulario ya! —gritó Anastasia. y Anastasia era perfectamente capaz de cumplir con su amenaza. eso no es asunto tuyo —dijo Anastasia. Pero quiero que primero liberes a Isabela y luego nos dejes ir a Armando y a mí. Veo que eres una patriota. —Nosotros tenemos la cura para el virus descubierta por el profesor Chilinsky. Ahora bien —continuó Anastasia —. —En verdad que estás loca si crees que te voy a dejar que metas la mano en tu mochila —le dijo Anastasia. por lo que Gloria supo que había sido él y no Anastasia el que había resultado herido en la sala. también impresionada por el hecho. ¿Qué podía hacer? —Pensó—. —México está en América y necesita la cura del virus zombi con urgencia. —¡Por supuesto que sí! —respondió Gloria. Que sollozaba sobre la silla.—Está encerrado cerca de aquí —respondió Anastasia. Pues bien. poniendo la pistola en la sien derecha de Isabela. Mostraba un vendaje en una de sus piernas. en un tono glacial. que sentía náuseas cada vez que hablaba con esa mujer. si nos entregan el escapulario con la memoria USB les damos a Isabela. Pero ustedes. —Dentro de mi mochila tengo el escapulario con la memoria USB —le dijo Gloria a Anastasia. —Somos agentes de la CIA. preguntándole con la mirada qué hacer. El país está al borde del caos.

Luego yo los alcanzo en el auto. un cuchillo y un spray de gas pimienta. Isabela casi se desmayó de la impresión al ver su escapulario.quitara la mochila a Gloria. en alguna avenida. Había estado a punto de echar a perder toda la operación por un objeto tan corriente. tú te encargas de vendarles los ojos a Isabela y Armando y llevarlos también al auto. Oliver. mirado fijamente a Gloria. Gloria. que vio acercarse a Oliver con una venda negra para cubrirle los ojos. saliendo con ambos de la habitación. John y Tim salieron de la habitación mientras Oliver le ponía la venda a Isabela y la levantaba de la silla tomándola del brazo. Finalmente alzó la mano sosteniendo el cordón negro del que pendía el escapulario. —Pero. —Tenemos un asunto que tratar. ¿y Gloria? —preguntó Armando. los ojos de Anastasia brillaron de satisfacción. una cadena corta y gruesa. ¿Qué pretendía Anastasia? 185 . —Tom. —Gloria se queda aquí un momento conmigo —respondió Anastasia con un tono de voz neutro. Tom. estirando su mano libre y tomando el escapulario. tres cajas de municiones. —Nos vamos de aquí —anunció a continuación. Luego se acercó a Armando y también lo tomó del brazo. intentando pensar en algún plan que les permitiera salir de ahí una vez que Anastasia tuviera en su poder el escapulario con la memoria USB. El hombre le quitó la mochila a Gloria y se agachó. John… ustedes ayuden a Tim a bajar hasta el auto. —Pero… ¡Ese no fue el trato! Ya les entregamos la memoria USB —dijo Armando. ya que no esperaba que su huida fuera tan rápida. Durante todo ese tiempo Gloria se había mantenido inmóvil. eres muy peligrosa. al tiempo en que Oliver le ponía la venda sobre los ojos. La decisión de Anastasia de salir de ahí de inmediato la había tomado por sorpresa. una bomba de humo. la quería para sí. Luego le dio la vuelta y se cercioró que la memoria USB se encontrara inserta. —Dame eso —le dijo a su compañero. Sacó tres granadas. Vamos a dejarlos por ahí libres. En cambio. Abrió el cierre y se puso a sacar su contenido. Pero Gloria quedó aún más sorprendida cuando oyó a Anastasia decir que Isabela y Armando iban a ser liberados mientras que a ella. —He tenido tiempo de observarte los últimos días y debo decir que además de loca.

Cuando todos hubieron salido de la habitación, Anastasia le hizo una seña a Gloria con la pistola para que se sentara en la silla donde estuvo Isabela. Gloria avanzó despacio hacia la silla, sintiéndose impotente, y se sentó. Anastasia se acercó a Gloria y se puso a su espalda. Le colocó el cañón de la Luger en la sien izquierda a Gloria y se agachó hasta tocar con sus labios su oreja derecha. —¿Sabes, Gloria? —le susurró Anastasia al oído con un tono sensual. —Me gustas. Mucho… Pero así como me gustas, te odio. Te odié desde el momento en que le atravesaste el cuello con la espada a ese policía. Y te odié todavía más, si cabe, cuando supe que me habías engañado al quitarme el escapulario con la memoria USB oculta. —Yo no te engañé —dijo Gloria. Su voz le temblaba ligeramente. Las caricias que le hacía Anastasia con sus labios la confundían y no le dejaban pensar con claridad. —Si recuerdas, tú fuiste la que me dio el escapulario. Yo nunca te lo pedí. —En eso tienes razón, fui una tonta —siguió susurrando Anastasia, pasando su lengua por la mejilla de Gloria, que se estremeció a pesar suyo. —Y por eso pedí que te dejaran aquí conmigo, para demostrarte que soy más lista que tú. Anastasia cambió de posición. Deslizó pegado al cráneo el cañón del arma por la nuca de Gloria, hasta que éste quedó en su sien derecha, por lo cual quedaron frente a frente. Anastasia volvió a agacharse hasta que sus rostros quedaron a la misma altura, separados por sólo diez centímetros. Gloria vio así de primera mano la hermosura de aquella mujer, en cuyos grandes ojos verdes podía observarse el profundo mar de la locura. —¿Te gusta matar zombis? —le preguntó Anastasia a Gloria, incongruente. —Sí —Respondió Gloria. —¿Por qué? —le preguntó Anastasia, pasando suavemente su mano por la mejilla izquierda de Gloria. —Porque es en defensa propia. Los zombis son seres malignos. Matan personas. —¿Y no te gusta matar personas? —No, a menos que sean como el cerdo comandante… o como tú —respondió Gloria, decidida a hacer reaccionar a Anastasia. Sus caricias la estremecían.

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Pero al parecer Anastasia no la escuchó, ya que acercó sus labios a la boca de Gloria y la besó. Gloria quedó atrapada entre la amenaza del arma y la caricia del beso. Fue incapaz de reaccionar, de moverse, de pensar. —Para demostrarte que soy más lista que tú y que a mí nadie me engaña —dijo Anastasia, levantándose —te dejaré que te las veas con un pequeño problema ético. Sin dejar de apuntarle a Gloria, Anastasia se acercó a una puerta metálica que estaba en la pared derecha de la habitación y pulsó un botón que había al lado del marco. Sonó una chicharra y la puerta se abrió con un chasquido. —¡Entra! —le ordenó Anastasia a Gloria, amenazándola con su pistola. Gloria se levantó despacio de la silla y se acercó a la puerta. Anastasia dio tres pasos atrás cuando Gloria pasó ante ella. Cuando Gloria estaba a punto de atravesar el umbral de la puerta, Anastasia la empujó dentro y la cerró. Luego salió de la habitación sin mirar atrás. Tenía prisa por llegar con sus compañeros, liberar a Isabela y a Armando y salir del país. Ya había cumplido su misión.

A Gloria la tomó por sorpresa el empujón de Anastasia, así que sólo tuvo una fracción de segundo para ver el sitio antes de que la puerta se cerrara: un cuarto grande, con cajas apiladas como fuera y con una silla pegada a la pared. Gloria cayó violentamente en el piso y la oscuridad se hizo completa al cerrarse la puerta. No tuvo fuerzas para levantarse. Un sollozo de rabia e impotencia le atenazaba la garganta, dificultándole la respiración. Permaneció acostada en el piso, que estaba frío, boca arriba, intentando recuperarse. Su pecho subía y bajaba con rapidez, por lo que se obligó a controlar su respiración. Poco a poco fue disminuyendo el ritmo. Aspiraba aire profundamente para luego soltarlo despacio. Cuando sintió que ya respiraba casi normalmente, se sentó sobre el piso. Entonces se dio cuenta de que la oscuridad no era absoluta. Había una tenue línea de luz en la parte de arriba de la pared que tenía pegada una silla.

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Gloria se levantó y se acercó a tientas hacia la luz. Chocó con su rodilla con la silla y utilizando el tacto se subió al asiento. No alcanzó a ver nada a través de la rendija por la que se filtraba la luz, así que se bajó de la silla y se sentó en ella. Afortunadamente, no la habían despojado de todas sus armas. Aún tenía la espada samurái, además de algunas cosas en los bolsillos del pantalón. ¿Por qué a nadie se le había ocurrido registrarla? Apenas iba Gloria a auto felicitarse por ser tan precavida, cuando un gruñido al fondo del cuarto le heló la sangre. El gruñido de un zombi en la oscuridad. Instintivamente, Gloria saltó de la silla y su mano fue hasta la empuñadura de su espada samurái, que desenvainó. Gloria sostuvo la espada con las dos manos frente a sí, cuando su cerebro estalló por dentro al intuir quién era el zombi: el profesor Chilinsky. Una oleada de pánico la invadió, pero pronto fue sustituida por la ira: así que esa era el “pequeño problema de ética” que había dicho la bruja de Anastasia. ¡Dios, cómo odiaba a esa mujer! El zombi (¿el profesor Chilinsky?) se acercaba. Podía oír sus pies que se arrastraban por el suelo, inexorables. De seguro la había olido u oído. Los zombis eran muertos vivientes que no tenían poderes especiales, salvo quizá una gran fuerza. Pero no podían ver en la oscuridad. Y tampoco pensaban: reaccionaban. Si a Gloria la hubieran encerrado en ese mismo lugar con un zombi cualquiera, ella habría sabido defenderse. Sin embargo, el zombi que la amenazaba era alguien a quien conocía, si no personalmente, sí al menos por descripciones de otras personas. Y todos habían descrito al profesor Chilinsky como un hombre sabio y laborioso, que había contribuido con sus conocimientos a hacer del mundo un lugar mejor. Y ahora él era un zombi, que buscaba su alimento para saciar un hambre inconmensurable, que había olido, que había oído, que sabía de alguna manera que su alimento estaba ahí cerca, sollozando, temblando, incapaz de moverse. Porque Gloria se debatía interiormente. No sabía cómo actuar. Recordó fugazmente la plática que había tenido con Armando días atrás, cuando éste le dijo que los zombis no eran más que seres humanos enfermos y ella le había respondido que los psicópatas asesinos también eran seres humanos enfermos a los que había que encerrar o eliminar.

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¿Cómo se obtiene la capacidad de asesinar? ¿Se nace con ella o se aprende? Muchos dicen que esa capacidad surge de la pobreza y la desigualdad, pero las legiones de pobres que no son asesinos y aquellos que aún teniendo fortunas asesinan, desmienten esa hipótesis cargada de prejuicios. El zombi Chilinsky se acercaba. En su ansia por alcanzar su alimento destrozó una caja que se interponía entre él y su víctima. El ruido de cristal haciéndose añicos en el suelo le dijo a Gloria que las cajas contenían objetos de vidrio. El profesor zombi continuó avanzando, destrozando a su paso aquellos objetos molestos que se interponían en su camino. El ruido de cristales rotos se intensificó. Gloria se corrió a su derecha, alejándose de aquella oscuridad que se hacía añicos sobre el suelo. Tropezó con algo y cayó de costado, golpeándose la cabeza. Sintió que la oscuridad se encendía en un resplandor opaco y que el aire abandonaba su cuerpo. Durante unos angustiosos segundos Gloria se vio envuelta en un torbellino de confusión. Era como si un gigantesco ser hecho de sombra la hubiera apresado entre sus titánicas manos y le hiciera dar vueltas, vueltas, vueltas. Un choque eléctrico que recorrió su cuerpo desde su pie izquierdo hasta su cerebro a la velocidad del pánico la hizo reaccionar y levantarse de un salto, logrando liberar su pie de las manos del profesor zombi, que por fin la había alcanzado. Gloria se adelantó como pudo, gateando, sin saber a dónde se dirigía. Sintió sobre su frente la sangre que le escurría y se dio cuenta de que había perdido su tenis izquierdo. La punta de su espada chocó con algo, quizá la pared. Gloria se dijo que era imprescindible que pudiera ver. Así que se sentó en el suelo y empezó a buscar frenéticamente su encendedor en los bolsillos del pantalón. Por fin lo localizó en uno de los bolsillos y lo encendió. Lo que vio a la mortecina luz del encendedor la dejó helada. Al fondo del cuarto, tras una pila de cajas, el profesor zombi tenía su tenis en la mano. Lo veía como si tratara de saber qué era o por qué no había comida pegada a éste. La mitad del piso estaba lleno de astillas de madera y cristales rotos. El profesor zombi volteó a ver hacia la luz del encendedor. Su cara se había contorsionado y presentaba algunas cicatrices auto infligidas. Avanzó hacia Gloria con una mirada sicótica en los ojos. El tenis de Gloria, al caer de las manos del profesor zombi, fue el que la hizo reaccionar. Apagó el encendedor y echó a correr hacia la esquina opuesta por la que avanzaba su atacante.
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190 . Gloria no sabía por qué. Un ruido de arrastre y vidrios rotos le indicó que el profesor zombi se aproximaba. Acumuló un puñado y se fue saltando. Gloria aprovechó el ruido que hacía el profesor zombi al avanzar para establecer su posición.Gloria soltó un grito de dolor al pisar un vidrio roto con su pie descalzo. Gloria se echó hacia atrás y se alejó lo más posible de la silla. Volvió a encontrar la silla y decidió que ahí iba a hacer su diversión. Una llama brotó. eso sería como haber matado a Luis Pasteur sólo porque éste hubiera contraído la rabia. Como el ambiente dentro del cuarto era muy seco. Con su mano tocó un pequeño cilindro de aluminio que estaba guardado en un bolsillo a la altura de su muslo derecho. así que saltó de la silla. cojeando de su pierna izquierda. Al poco. Debía hacer algo ya. Gloria chocó contra la silla. alejándose veinte segundos de su perseguidor. las virutas encendieron rápidamente. También oyó cómo el profesor zombi destrozaba otra de las cajas y el ruido de la madera y el vidrio al caer sobre el piso. Calculó que tendría unos veinte segundos antes de que fuera alcanzada. Para ella. cuidando de no cortarse. No podía seguir con esa demencial danza en la oscuridad. al sentir cómo brotaba la sangre. palpando el piso con las manos. iluminando por primera vez el cuarto. Saltando en un pie. alcanzó el extremo más alejado al profesor zombi y se agachó. manteniéndose perpetuamente alejada del profesor zombi. Así que decidió distraer al profesor zombi. ¿Qué era eso? Entonces se acordó: era un cilindro de gas butano para rellenar su encendedor. Se sentó en ésta y se quitó un gran trozo de vidrio del talón. Puso las virutas sobre el asiento de la silla y las prendió con el encendedor. lo cual era un tiempo muy corto para planear algo. ahogando un grito de dolor y el pánico. Luego se puso a buscar en sus bolsillos del pantalón algo que pudiera ayudarle. En esos momentos no recordaba qué había guardado en sus bolsillos. Pero también estaba su supervivencia y Gloria no dudaba en que llegado el momento optaría por la suya propia. pero se resistía a matar al profesor Chilinsky ahora que era un zombi. encontró lo que buscaba: las virutas de madera que protegían los objetos de cristal en las cajas.

Entonces se preparó para su escape: se limpió la sangre del ojo y levantó su encendedor. En ese momento oyó cómo la masilla estallaba por efecto del calor. por lo que el gas a presión empezó a salir con un siseo. La trampilla era estrecha. esperando que el fuego tuviera algún efecto sobre la masilla. “¡Vamos. el fuego intentaba abrirse paso a la comprensión en su cerebro infectado. Tenía veinte segundos antes de que él la alcanzara. que quedó oscuro de nuevo. Al igual que con el tenis de Gloria. Esa debía de ser la habitación que tenía la puerta cerrada que habían visto ella y Armando cuando subieron al segundo nivel de la bodega. Así que dejó caer el cilindro y se fue saltando en un pie al extremo opuesto del cuarto. que empezaba a extinguirse. Con la mano izquierda sostuvo el cilindro de gas butano y presionó con el dedo la punta de plástico. La trampilla se abrió un poco.El profesor zombi quedó como fascinado por el espectáculo. Sólo uno de sus extremos mostraba una abertura. Tenía las dos manos ocupadas y no podía limpiarse. la sangre de su herida en la frente cayó sobre su ojo derecho. ya que la llama era muy intensa en aquella oscuridad. Gloria envainó la espada. Para colmo. y con su mano derecha accionó su encendedor. El profesor zombi pareció estar perdiendo la atención del fuego sobre la silla. pero la masilla adherida al marco le impedía abrirse más. Con un estremecimiento observó el reguero de sangre que había dejado en el piso cubierto de vidrios y astillas de madera y se dedicó a intentar encontrar algún punto débil en la estructura del cuarto. Gloria se quedó quieta al tiempo en que se aseguraba que el profesor zombi cambiaba el rumbo y se dirigía de nuevo hacia ella. y alcanzó a ver que el profesor zombi volteaba hacia ella. En la pared contraria a la puerta había una especie de trampilla de acero a un metro del suelo que comunicaba con otra habitación. Gloria metió la hoja de su espada en la abertura e hizo palanca. por la que entraba un aire gélido. Gloria aprovechó la que quizá fuera su última oportunidad. encegueciéndoselo. Una violenta llama escapó del cilindro y Gloria la dirigió hacia las orillas de la trampilla. Tuvo que voltear la cara. Esperaría a que el profesor zombi estuviera a 191 . vamos!” pensaba Gloria mientras veía con horror que el profesor zombi empezaba a moverse. El problema era que la trampilla estaba sellada con una especie de masilla endurecida. pero Gloria consideró que ella era lo suficientemente delgada para atravesarla.

le sacaría la vuelta. quedando de espaldas a la habitación desconocida. La trampilla cayó hacia el otro cuarto y una ráfaga de aire helado golpeó su rostro. Gloria cayó violentamente en la habitación desconocida. Alcanzó a atravesar la cabeza y el torso.pocos pasos de ella. que no supiera cuánto esfuerzo le estaba costando a ella el estar comportándose como una víctima. Gloria tomó impulso y se lanzó de frente por la abertura. Cuando casi sintió el aliento del profesor zombi frente a ella. 192 . Le entristecía el hecho de que el profesor zombi no se diera cuenta de cuánto estaba haciendo Gloria por él. Así que estuvo tirada en el suelo durante un buen rato hasta que su respiración volvió a su normalidad. En eso sintió que el profesor zombi le rozaba la punta de su pie herido. Sentía la garganta seca y tenía ganas de llorar. Llegó saltando hasta la trampilla y la empujó con su mano libre. así que se dejó caer. prendería el encendedor e intentaría atravesar la trampilla. sino porque ahí adentro estaba helado. Gloria esperó en la oscuridad a que su atacante se acercara. Gloria podía oír cómo el profesor zombi intentaba pasar no sólo el brazo. Gloria se puso en movimiento. perdiendo de nuevo todo el aire de sus pulmones. Efectuó un rodeo en semicírculo al tiempo en que prendía el encendedor. sino el resto de su cuerpo por la trampilla. pero con las caderas se tuvo que rotar. Esta vez tardó más en recuperarse. no sólo por sus recientes heridas.

La traición. parpadeó varias veces y le sonrió. —Estoy bien. era el tipo de belleza que él siempre había buscado. Armando temía que ella hubiera sufrido un golpe como el suyo. Armando se levantó y ayudó a Isabela a ponerse de pie. o por lo menos eso le pareció a él. Luego se quitó la venda negra que le cubría los ojos. quedando tendidos sobre el arroyo. Se apresuró a ir junto a Isabela. 193 . en voz baja. Armando no se había fijado realmente en Isabela. La puerta del auto gris se abrió y dos bultos cayeron a la orilla de la calle. Isabela tenía los ojos cerrados. —Apóyate en mí —le dijo Armando. En otras palabras. sin prisas. Era bella en el sentido que Armando daba al concepto. que permanecía tirada boca abajo en la calle. Anastasia y los suyos le habían quitado las esposas. Isabela abrió los ojos. sintiendo un fuerte dolor en su hombro derecho. Armando volteó con cuidado a Isabela. —Puedes abrir los ojos. ¿Estás bien? Armando sintió que el cuerpo de Isabela se relajaba. lo que indicaba que era consciente de lo que hacía. sin moverse. No tenía la belleza natural de Gloria ni la belleza sofisticada de Anastasia. pero con fuerza. Ésta soltó un pequeño grito y le dijo: —Creo que me he falseado el tobillo. Luego. —Isabela —le dijo Armando. ya que había dado un buen golpe en la banqueta. pero en la cabeza. Lo que vio fue el rostro más hermoso del mundo. Armando contó hasta treinta y se levantó. ya se fueron. Armando nunca había visto una sonrisa como aquella. El auto arrancó y se alejó. Le levantó la cabeza apoyándosela sobre el antebrazo y con la otra mano le desanudó la venda. Era la sonrisa que le otorga la damisela en peligro al caballero de blanca armadura que ha venido a rescatarla. Isabela no era bella. Hasta ese momento.19. gracias —le dijo.

No habían avanzado ni doscientos metros. —No estamos paseando. oficial —le respondió Armando. que no se veía en buen estado. Anastasia Silovenka y su grupo conocían su oficio. —¿Entonces? —preguntó el policía. El auto dio tantas vueltas. que Armando pronto se sintió completamente perdido. Estaba sucio y presentaba varias marcas de golpes en la cara. Sin embargo. Mientras caminaba lentamente con Isabela por aquel desierto urbano. sorprendido por el cambio que veía últimamente en la policía. sorprendido. Armando tuvo una súbita iluminación y le dijo al policía: —Oficial.Isabela se apoyó en el hombro izquierdo de Armando y éste le pasó el brazo derecho por la cintura. Además. que no llegaban a tomar forma. Armando se dio a la tarea de tratar visualizar en su mente el camino por donde los llevaban. el lugar en donde estaban no tenía nada de romántico. Armando no tenía idea de dónde se encontraban. quien volvió a subir la ventanilla del auto patrulla y tomó el micrófono de su radio. y pareció dudar de las palabras de Armando. Parecían una pareja de novios dando un paseo. Empezaron a caminar. El policía arqueó las cejas. intrigado. Era una zona industrial. No sabía si se habían alejado mucho de la bodega o estaban cerca de ésta. Un auto patrulla acababa de doblar la esquina y se dirigió directo hacia ellos. Me llamo Armando Guerra y es urgente que me ponga en contacto con él. ¿conoce usted al inspector Palomino Estrada? —Por supuesto que lo conozco —respondió el policía. con decenas de talleres y bodegas alineadas a lo largo de la calle. —¿Qué están haciendo paseando por aquí a estas horas? —les preguntó un policía. —Voy a verificarlo —dijo el policía. —¿Por qué lo pregunta? —Porque hace unas horas yo lo acompañaba en una misión especial. Armando se preguntaba qué podrían hacer. traía una espada colgada al cinto. El amanecer ya no estaba muy lejano y la oscuridad diluida pesaba sobre sus pensamientos. El auto patrulla se detuvo a su lado y la ventanilla del conductor se bajó. Sin embargo. cuando la calle se iluminó con destellos intermitentes de luces azules y rojas. 194 . Cuando los habían subido vendados al auto.

que agradeció al policía su gesto para con ellos. Los llevaré con el inspector Estrada. Lupita los vio llegar y gritó: —Inspector. Armando se sorprendió de ver ahí a Lupita. Durante el trayecto. Sin embargo. Cuando llegaron al recibidor del despacho de inspector Estrada. Al poco tiempo. Armando se puso feliz al oír aquello. Llegaron a la comisaría que ya conocía Armando. A los pocos segundos. 195 . Armando e Isabela permanecieron callados. Creí que era Gloria. En vista del tobillo falseado de Isabela. pero la sonrisa en su boca señalaba que su herida no era grave. el inspector Estrada salió de su despacho. Ninguno de los dos notó que mantuvieron las manos entrelazadas. su sonrisa desapareció en el momento en que vio a Armando e Isabela. ya que significaba que el inspector había sobrevivido al ataque de la mansión. Armando decidió entonces visualizar en su mente el camino que seguían para poder volver más tarde en busca de Gloria. —Inspector. la secretaria del inspector. Después subió con Isabela hasta el despacho 404. En ese momento él le había preguntado a Anastasia que dónde estaba Gloria y ésta le respondió que eso a él no le importaba. alarmado al ver el súbito cambio en su expresión. ¿qué pasa? —le preguntó Armando. ¡Gloria! Armando no había pensado en Gloria desde que oyó que Anastasia subió al auto y salieron de la bodega. que era muy vulnerable. —¡Oh. Así que ayudó a Isabela a subir al auto patrulla. al contrario de Gloria. —Es que me sorprendí al verlos. se arriesgaron y tomaron el elevador. sumidos en sus pensamientos. nada. sentada en su escritorio con rostro de sueño. que partió de inmediato hacia la comisaría. ya están aquí. pero luego la había sacado de su mente y su atención se había concentrado en ayudar a Isabela. Armando! —exclamó el inspector de manera nada convincente. Me avisaron que habían encontrado a un tal Armando Guerra que decía conocerme y que lo acompañaba una mujer joven. que le había demostrado repetidamente que se podía cuidar sola. En su cabeza tenía un enorme vendaje. volvió a bajar la ventanilla y les dijo: —Suban.Armando e Isabela permanecieron de pie junto al auto patrulla mientras el policía verificaba lo que le había dicho Armando.

. en el cual mató a uno tirándole una estatua en la cabeza. pero Gloria se adelantó y… —Lo del escapulario no tiene importancia —le interrumpió el inspector. —¡Gloria se los dio! Yo estaba pensando en alguna otra opción que nos permitiera llevarnos a Isabela. pasen a mi despacho. la pelea en la bodega. inspector! —dijo Armando. Entonces Armando se soltó contándole al inspector todo lo que les había pasado a él y a Gloria después de que se armara el caos en la sala de la mansión. el encuentro de Isabela. —… Entonces no nos quedó más opción que entregarles el escapulario con la memoria USB. la persecución de Anastasia. inspector —decía Armando. —¿Por qué no los liberaron a ti y a él juntos? 196 . haciendo un gesto vago con la mano. —La fórmula de la cura está en la memoria de… —La fórmula de la cura que tiene en su poder Anastasia está alterada —explicó el inspector. Había notado que el relato de Armando estaba sesgado: él se ponía como protagonista principal y dejaba a Gloria de lado. su encuentro con los zombis en el pasillo de la mansión.—Esta es Isabela. como si ésta no hubiera intervenido en la aventura. —¿Encontraron a esa mujer? ¿La siguieron?. que tenemos mucho de qué hablar! Isabela y Armando entraron al despacho del inspector. si la fórmula caía en las manos equivocadas y ese alguien tuviera los conocimientos necesarios y la examinara. —De Gloria no sabemos qué pasó con ella. —Lo que quiero saber es qué pasó con tu padre. con énfasis. que mandó pedir café y un paramédico. la hija del profesor Chilinsky —dijo Armando. De ésta manera. Armando se quedó mudo.. la negociación con ésta. —El día de ayer por la mañana hicimos una copia de seguridad y alteramos la fórmula grabada en la memoria USB. —Lo que quiero saber es qué… —¡Cómo que no tiene importancia el escapulario. —¿Qué quiere decir? —Fue idea de Gloria —dijo el inspector. ¡Pero pasen. molesto. Isabela —el inspector dirigió su atención a la hija del profesor Chilinsky. —¿La memoria alterada? —se asombró Armando. Anastasia Silovenka la retuvo y… —¡Anastasia Silovenka! —exclamó el inspector. Armando hablaba como si quisiera impresionar a Isabela. Armando le contó todo: de cómo él lo sacó arrastrando fuera de la sala y lo curó. no se daría cuenta al primer vistazo que era una fórmula inútil. para que revisara el tobillo de Isabela.

—Todo sucedió tan rápido que… —¡Tenemos que localizar a Gloria de inmediato! —exclamó el inspector. —¡Cómo! —el inspector se espantó. Ya estaba harto de la nula cooperación de Armando. que al ver la mirada interrogativa del inspector explicó—: Antes de localizar la bodega perdimos al auto gris y Gloria volcó. cómo habían sido secuestrados. que seguía sollozando suavemente. —Pero eso fue cuando los sacaron a ustedes dos de ahí. El inspector Estrada se volvió a sentar en su escritorio y se quedó en silencio. Después le prendimos fuego a la camioneta para llamar la atención y seguimos hasta la bodega a tres tipos del equipo de Anastasia que fueron a ver el accidente.—Porque mi padre es un zombi —respondió Isabela. molesto. —Nos sacaron de la bodega con los ojos vendados y dieron tantas vueltas con el auto que es imposible saber dónde está esa bodega. inspector —respondió Armando. investígame de inmediato algún reporte de una camioneta accidentada que se incendió. —¡Sí. Pero su preocupación por Gloria aumentó al máximo. sí. 197 . —Rodrigo —dijo—. que en ese momento se dedicaba a consolar a Isabela. empezando a llorar. Al inspector Estrada le impresionó la entereza de Isabela y admiró la valentía del profesor Chilinsky. entre sollozos. —¿Y qué pasó con Gloria? —preguntó el inspector. Pero cuando tú y Gloria llegaron a la bodega… —¡La camioneta! —dijo Armando. eso ya lo sé! —exclamó el inspector. levantándose del escritorio y empezando a caminar por el despacho. El inspector Estrada tomó el teléfono. Quiero saber exactamente el lugar en que se encuentra. la suplantación de Anastasia y el acto insensato que realizó su padre al inocularse voluntariamente con el virus. Entonces Isabela le contó al inspector. acercándose al escritorio y golpeando su superficie con la palma de la mano abierta. La bodega está a siete cuadras en línea recta desde el lugar del accidente. —¿Dónde está? ¿Para qué quiso Anastasia retenerla? —No lo sabemos. —¡Pero no sabemos dónde está! —dijo Armando.

Aquél debía ser un cuarto de refrigeración. sabía que debía sacar fuerzas de flaqueza y recobrar el ánimo. que difícilmente podía realizar algún movimiento. Dígale que ya estoy bajando. Estaba encerrada en un sitio desconocido y no venía al caso esperar que alguien la encontrara. Sin embargo. donde ya no se oía movimiento. Las lágrimas brotaron silenciosas y se escurrieron heladas por sus mejillas. en completa oscuridad. por leve que fuera.El teléfono sobre el escritorio sonó y el inspector lo tomó de inmediato. En uno de ellos palpó un pequeño paquete de plástico suave. pero era indispensable desinfectar la herida. 198 . El dolor y el ardor fueron inmediatos. Volvió a prender el encendedor al tercer intento y vio. con las piernas flexionadas y la espalda apoyada en la pared opuesta a la trampilla. —Bien… ya tengo la dirección. a la luz de una minúscula llama. Su pie descalzo parecía haber dejado de sangrar por causa del frío. Sus dientes castañeaban debido al frío. Además. Gloria se sentía tan cansada. Escuchó lo que le decían al tiempo en que tomaba apuntes en una libreta. enjugándose las lágrimas y sorbiendo los mocos. Luego se dirigió hacia la puerta y le dijo a Lupita: —Ahí le encargo a Isabela. Gloria apagó el encendedor y con sus manos temblorosas buscó en los bolsillos del pantalón. apoyando el codo en la rodilla. Dentro del cuarto. tan herida. Gloria lloraba. Estaba sentada en el suelo. Abrió el paquete con la ayuda de sus dientes y se aplicó una de las toallitas en el talón de su pie izquierdo. Me voy a llevar a Armando y a mi grupo en una misión de rescate. que se trataba de un sobre con toallitas húmedas antisépticas. tan golpeada. Así que. Comuníquese de inmediato con Taboada. Gloria prendió su encendedor después de cinco intentos (el gas debía estarse agotando) y lo sostuvo en alto. lo sentía entumecido. empezó por hacerse un reconocimiento. Gracias —y colgó. pero reprimió el grito para no llamar la atención de su vecino zombi.

las cuales utilizó como vendas en su pié izquierdo y su frente. Con la mano izquierda se levantó el pelo de su frente y con la derecha aplicó la toallita a la herida. pero sentía que su mente divagaba por causa del frío. Necesitaba pensar qué hacer a continuación. dejando su vientre al descubierto. La camiseta rota le alcanzaba a cubrir hasta un poco más debajo de los senos. Ahí adentro debía de estar a -10° C cuando menos. ¿Hacia dónde estaba la puerta? ¿A su derecha. ¿Qué estaría haciendo en estos momentos? ¿La estaría buscando? Armando se había portado muy torpe en general. Estaba encerrada en un lugar desconocido y con un zombi de vecino de cuarto. pero más tranquila al respecto de contraer alguna infección.Gloria aplicó dos toallitas más a la herida y luego tomó otra. ¿Qué haría Anastasia? ¿Le echaría la culpa a ella y buscaría venganza? ¿Diría que el profesor Chilinsky era un fraude? Luego pensó en Armando. pero Gloria estaba segura de que él haría todo lo que estuviera a su alcance para encontrarla. Esta vez el dolor fue menos intenso. pero el gas se había agotado finalmente. Gloria sintió pánico. El profesor zombi había dejado de moverse y ella había perdido la orientación. Sin saber el por qué. Gloria rompió de nuevo el pedazo de camiseta e hizo dos tiras. Le dolía cada vez que hacía presión contra el suelo helado. a su izquierda? 199 . Gloria se dio una fuerte cachetada en la mejilla para obligarse a reaccionar y dejar de pensar en cosas ajenas a su situación actual. pero podía apoyarlo. Quizá tuviera que cojear un poco. Gloria pensó en el chasco que se llevaría Anastasia cuando sus jefes le dijeran que la fórmula de la cura del virus zombi no servía. pero pensó que podría caminar. Terminado con eso se sintió exhausta. Conservó la parte rota de la camiseta en su regazo y se volvió a vestir. completamente expuesto al frío. A la luz de la chispa de la piedra del encendedor sólo alcanzaba a ver fragmentos del piso. Terminado con eso se quitó la camiseta y poniéndola a lo largo aplicó sus dientes a la tela y la rompió por la parte de abajo. aunque también le ardió como el fuego. La oscuridad era total y el silencio y el frío absolutos. Gloria intentó prender su encendedor para inspeccionar el lugar en que estaba. Así sentada probó apoyar su pie herido. Temblaba incontroladamente a causa del frío.

200 . Avanzó. Gloria colocó ambas manos sobre la pared y avanzó despacio. así que no supo cuándo llegó hasta la esquina del cuarto. Con los dedos entumecidos accionaba la rueda del encendedor. Por otro lado. En aquella pared debía de estar la puerta. Así que puso los dedos de su mano derecha sobre la helada pared y empezó a avanzar. Debía escapar de esa tumba helada. Gloria perdió la noción del tiempo. Así que Gloria pensó que la puerta debía de estar en la pared opuesta a ella si colocaba su espalda contra la pared. Otra esquina. Una vez más llegó hasta la esquina. Gloria avanzaba en la fría oscuridad.Los dientes de Gloria castañeaban. ¡ya!. Debía moverse. empujando su espalda contra la pared. e investigar aquel cuarto vacío y helado. que le entumecía el cuerpo y el pensamiento. pero Gloria no podía apostar a que el brazo de éste no seguía ahí. Decidió empezar a su derecha. sintiendo cómo las yemas de sus dedos le ardían al contacto. intentando sentir el cambio de superficie con las yemas de sus dedos casi insensibles. Gloria decidió desandar el camino. podría llegar accidentalmente hasta la trampilla y ser atrapada por el profesor zombi. Gloria avanzaba despacio. temblando. que sólo le daba destellos demasiado breves para permitirle observar más allá del fragmento de pared a su lado. Ya no se le oía moverse. Llegó a la esquina opuesta de esa pared sin encontrar la puerta. Ya no aguantaba aquel frío. Siguió. sintiendo una cuchillada de dolor cada vez que apoyaba su pie herido en el piso. Así que se dio la vuelta. Así que avanzó despacio. ¿qué esquina? ¿La esquina de la pared que tenía la puerta o la que estaba frente a ésta? Gloria tiró el encendedor vacío y decidió seguir el contorno del cuarto por medio del tacto. si seguía avanzando pegada a la pared. Las yemas de sus dedos pasaron sobre una ranura vertical. sintiendo cómo sus fuerzas le abandonaban. esperándola. El corazón de Gloria se aceleró. puso su mano izquierda sobre la pared y empezó a andar. Pero. Gloria se levantó. Pero no se podía rendir. Pero Gloria no se decidía si avanzar en la oscuridad frente a ella: Podía desviarse y acabar dando una vuelta de 180°. Debía de hallar la puerta. cojeando.

La puerta de la habitación 218 se abrió y dio paso a una enfermera. las últimas horas. —¡Vamos. —Sí mamá. con una sonrisa triste. ¡Habría sido tan fácil el escapar de aquella trampa helada!. Gloria vio salir a su madre y cerró los ojos. Al ver llegar al inspector Estrada y su equipo al segundo nivel de la bodega. Ya todo eso acabó. olvidar los últimos días. Prométeme que no vas a intentar hacer una cuerda con las sábanas para escapar por la ventana para irte a matar zombis. prometiendo volver pronto. gracias a Dios. intentando no pensar en nada. —Me quedaré aquí acostada y me olvidaré de todo. Gloria sintió que su cordura la abandonaba. Cuando el inspector Estrada y su grupo de rescate subieron al segundo nivel de la bodega. por la que escapaba una neblina blanca a nivel del suelo. La sensación de triunfo que la embargó fue casi instantáneamente opacada por el pánico: Gloria recordó que esa debía de ser la puerta que ella y Armando habían intentado abrir cuando subieron al segundo nivel de la bodega. Los que estaban dentro de la habitación protestaron. La última en salir fue Dana. que se acercó a darle un último beso a su hija y le dijo: —Tienes que descansar.. Si sólo hubiera atravesado la trampilla y hubiera corrido hacia 201 .Por fin sus manos toparon con el picaporte de la puerta. vamos. intentando vaciar su mente por completo. todos quedaron perplejos al encontrar a Gloria revolcándose de risa en el suelo. ¡Y esa puerta estaba cerrada! Gloria bajó la palanca del picaporte esperando oír un click que el indicaría que esa sería su tumba. que tenía el ceño fruncido. —La hora de visita ya terminó y la paciente tiene que descansar. te lo prometo —contestó Gloria. ante la puerta de un cuarto abierta de par en par. No podía dejar de reír. así que dio un respingo de sorpresa al ver que el picaporte bajaba y la puerta se abría. —Cuídate —le dijo su madre y abandonó la habitación. Gloria. fuera de aquí! —dijo. pero uno a uno abandonaron la habitación..

El inspector Estrada. —¿Tres días sin sentido? —se asombró Gloria. Gloria se despertó en la cama del hospital.la puerta habría salido de ahí en un santiamén. aunque los círculos oscuros alrededor de sus ojos lo desmentían. Al sentir el frío que escapaba del oscuro cuarto. 202 . —Tres días —le informó suavemente su madre. —¡Claro que no! —dijo la mamá de Gloria. Siempre había sido sentimental. —Tenemos que hablar acerca de mi camioneta. sin saber dónde se encontraba. donde se convulsionaba de la risa sin poder parar. —Eres la mujer más famosa de todo México. —Además teníamos que cerciorarnos de que no te hacías zombi —bromeó Sebastián. —¿Cuánto tiempo llevo aquí? —le preguntó Gloria a su madre. la prensa. con el cual la cubrió. —Estabas demasiado agotada. que no pudo reprimir una sonrisa de orgullo ni las lágrimas. que a duras penas podía contener el llanto. —¡Rápido. agradecida y apenas tuvo tiempo de ver a los que acompañaban al inspector (vio que eran los mismos que los habían detenido a Armando y a ella) antes de perder el sentido. que se acercó. todos tus amigos. ¡Ah. el inspector dejó a Gloria sobre el piso y se quitó el saco. pidan una ambulancia! —ordenó. Se notaba que había pasado mucho tiempo en un estado de tensión. la televisión… —¿Qué? —se asombró Gloria. —Ha venido todo el mundo. Gloria —le dijo su padre. Gloria le sonrió. —¿Sólo ustedes han venido a visitarme? —preguntó Gloria. que recibió un codazo de parte de la mamá de Gloria. demasiado golpeada y demasiado herida —dijo su padre. señorita —le dijo su padre en tono de broma. que le acarició la mejilla. Doña Compleja había escogido el camino más difícil! El inspector Estrada corrió hacia ella y la levantó del piso. prácticamente todos los del refugio. riendo aún por la broma de Sebastián. Sólo cuando vio a sus padres y a Sebastián que la observaban se dio cuenta de que estaba a salvo en un hospital. pero no. —¿Por qué? —Gloria no se podía creer eso.

203 . sino que también nos mencionó a nosotros los del refugio y a tus padres. sabiendo que le llevaría algún tiempo asimilarlo. —Querían controlar a los zombis con el propósito de utilizarlos con fines militares. Además.—Apenas y se restableció el servicio de Internet —comentó Sebastián —cuando Wikileaks soltó un montón de documentos clasificados tanto de México como de los Estados Unidos. —No sólo tú te llevaste las palmas. —En algunas entrevistas ha dejado muy en claro que si a alguien le debemos la salvación de México. —¿Qué planes? —Gloria estaba asombrada. —Ese inspector es muy justo —dijo Sebastián. que se encargaron de servir como cómplices. parece ser que buscaban la cura para estar preparados en caso de que sus planes fallaran. pero con otros fines —explicó la mamá de Gloria. —Todos los zombis que matamos en la mansión formaban parte de una “demostración” del control sobre los zombis que esos políticos iban a hacer —dijo el papá de Gloria. su voz mostraba desprecio. —Querían hacer lo mismo que nuestros políticos. En fin. Yo creo que los tenían retenidos hasta que el país contara de nuevo con Internet. Como siempre que hablaba de política. —Si aquí se depositó la mierda (perdona la expresión) los Estados Unidos fueron los que jalaron la cadena —la mamá de Gloria volvió a exaltarse. —Al parecer fue allá dónde se originó el virus zombi y nos echaron la culpa. No satisfechos por haber utilizado a los infectados con fines proselitistas y de voto. ¿por qué soy famosa? —preguntó Gloria. —¿Y qué se filtró por Wikileaks de los Estados Unidos? —preguntó Gloria. —Salió a la luz parte del contenido de la cloaca política —intervino la mamá de Gloria. —El inspector Estrada se ha encargado de que todo México sepa de ti —dijo la mamá de Gloria. —Y eso fue suficiente para sumir al país en el estupor. Gloria se quedó pensando un momento en todo aquello. sonriendo. principalmente Televisa. —Pero. ese alguien eres tú. así como a nuestros compañeros caídos. algunos políticos utilizaron a los zombis para ejercer presión sobre ciertos sectores de la sociedad que se resistían a seguirles el juego. la cosa es que esos documentos fueron una verdadera bomba. en un tono de desprecio que igualaba al de su esposa. Además. también estuvieron metidos en el juego sucio los medios.

sino que representó un retroceso. Gloria empezó a llorar.000 el país tuvo la oportunidad de aprovechar el cambio. ya comidos por los zombis. Y ahora. ya fuera por las balas. todos los políticos reunidos en la mansión fallecieron. Gloria. Se habla de un Nuevo Orden. intentando olvidar. ¿qué pasa? Cuando el inspector Estrada había dicho que la visitaba como amigo. lo cual ocasionó la pregunta del inspector. el inspector continuó —: Esta fractura trajo como consecuencia de que los partidos políticos y los sindicatos hayan perdido ese enorme poder que habían estado acumulando durante años y que estaba a punto de llevar a México a su destrucción. gracias a ti. —Creí que ya se había terminado el tiempo de visitas —dijo Gloria. El cambio del partido dirigente no llevó a la evolución del país. dos días después. tú? ¡No me hagas reír! —le dijo el inspector. Murieron los maestros y sus discípulos. —¿Fallar. Y eso está a punto de cambiar. Ahora en la mañana escuchaba por la radio que se está tomando muy en serio la posibilidad de cambiar el sistema presidencial actual por uno parlamentario. —Lo que hiciste no tiene parangón en la historia de México. Hubo unos toques suaves en la puerta y ésta se abrió. pero ésta oportunidad fue totalmente desperdiciada. Al ver que Gloria no decía nada. Sonreía. Según los primeros reportes. —Y así es. En el año 2. su mamá le contestó que ya habría tiempo después para explicárselo. sino de controlarla. una vez que curemos a los zombis. Sin embargo. En su cabeza se veía el vendaje que le habían puesto sobre su herida de bala. esta es una visita de amigo… Gloria. Y entre ellos estaban los políticos de la vieja guardia y de la nueva. durante los siguientes dos días llegaron al hospital un montón de gente para hablar con ella o llevarle algún regalo. —¿En qué fallé? —preguntó Gloria casi en un susurro.Cuando Gloria le pidió una explicación a eso. Gloria. 204 . que traía un ramo de flores en la mano. —Además. Claro. con los ojos anegados de lágrimas. estaba sola de nuevo. Esto ocasionó que las estructuras del poder político se fracturaran. Pero tiene sus ventajas ser policía —el inspector Estrada dejó el ramo de flores sobre un montón de otros regalos y se sentó en un sillón que estaba al lado de la cama. Que debía descansar y ya no recibir visitas. dando paso al inspector Estrada. de una nueva forma no sólo de hacer política.

apártalo de tu mente. sólo se le quedó mirando al inspector. has llevado a niveles de antología. energía y valor. cualidades que. Nos apoyamos en organizaciones no gubernamentales para ello. pero te tuvo miedo. miedo. en todos los aspectos. sin importarnos si es de amor o de flores exóticas. te hable de esta manera y trate contigo este tema del amor. —Evitamos que cayeran en poder de gente mala. utilizando su tono de voz más suave. Sabía que la cura estaba lista para ser producida en masa. Todos los que son zombis actualmente están siendo atrapados y puestos en un lugar seguro. eres muy superior a él. —No te amaba. no está a tu altura. —¿Miedo? —Sí. yo me alegré mucho por saber que esta205 . sonriendo. —Quizá se te haga extraño que un hombre maduro como yo. pero es muy inestable. —Pero es que yo creí que… que me amaba —dijo Gloria. con una sonrisa triste. En este país los hombres les tememos a las mujeres. —Cuando hace cinco días me avisaron que habían encontrado a Armando y a una mujer en una zona industrial —dijo el inspector—. Armando es un buen tipo. —La fórmula de la cura del virus zombi está en las manos adecuadas —dijo el inspector. Al oír mencionar al profesor Chilinsky. —Tú no fallaste en absoluto. un inspector de policía que es temido por sus subalternos. Pero soy un hombre pensante y nosotros los hombres pensantes hablamos de cualquier tema. —Así soy. —¡Precisamente. Ya localizaron a la Primera Dama y el profesor Chilinsky también ha sido internado. Olvídalo. —¿Y eso que tiene de malo? —preguntó Gloria. pero no le habían explicado a ella quién había hecho llegar la cura a las autoridades sanitarias que no estuvieran politizadas. Entonces el inspector Estrada comprendió el verdadero sentido de la pregunta inicial de Gloria: “¿En qué fallé?” —Gloria —le dijo el inspector. Además. fue él. En estos momentos se están haciendo las primeras pruebas clínicas y se calcula que en un mes se haya revertido la infección. el rostro de Gloria se ensombreció y volvió a bajar la mirada. Así que te puedo decir que Armando sólo vio en ti a una mujer hermosa y se sintió impresionado por tu inteligencia. —Y ese es el problema. para posteriormente reciban la cura. Gloria —le dijo el inspector. Gloria no dijo nada.Gloria levantó la mirada. en espera que continuara. Armando quizá creyó amarte. así eres! —exclamó el inspector. Por eso adoptamos esas actitudes tan machistas. sinceramente.

Y cuando le pedí a Armando que me pusiera al corriente de lo ocurrido. —Se quedó con ella y nosotros no te rescatamos. pues todo ese tiempo que pasó entre la llamada y la llegada de Armando a la comisaría. —Inspector. en este país los hombres les tememos a las mujeres. —¿Y por qué haría eso? —preguntó Gloria. 206 . —Y él se quedó con ella —dijo Gloria. —¿Por qué? —exclamó el inspector. ten por seguro que la narración empezaría y acabaría con Armando en el papel protagónico. sino Isabela. que necesita de un hombre para que la proteja. Si esta aventura de zombis en México fuera escrita alguna vez. la que acompañaba a Armando. yo pensé que la mujer que estaba con él eras tú. —Comparadas con las acciones que tú llevaste a cabo. que no podía aceptar aún que Armando fuera tan infantil. —Armando hizo eso sólo para impresionar a Isabela. así que las rebajamos. ¿no tiene hambre? —preguntó de improviso Gloria.ban bien. éste se puso a contarme su versión de los acontecimientos como si fuera él quien luchó solo contra todos los malos. Te encontramos muerta de la risa en la puerta de un cuarto refrigerado. —Lo que quiero que entiendas. —¡Heroicas! —dijo el inspector. Gloria. a quien no le gustó nada lo que contaba el inspector. A ti ni te mencionó. Armando hizo algunas cosas que pueden ser consideradas heroicas —dijo Gloria. Sólo a un escritor loco o un traidor a los machos se les ocurriría empezar la narración con Armando de protagonista y terminarla contigo como la protagonista. Esto se hizo patente en el momento que Isabela le pidió a Armando que se quedara con ella y que no nos acompañara a rescatarte a la bodega. —Así que no te imaginas mi sorpresa —continuó el inspector —al saber que no eras tú. —Bueno. Gloria mostró una sonrisa triste. Sin embargo. alzando las manos. Gloria y el inspector se quedaron callados. así que hice que me los llevaran a la comisaría. es esto —dijo el inspector —: Armando escogió a Isabela porque vio en ella a una mujer vulnerable. las de Armando palidecen. —Me gustaría leer esa novela —dijo Gloria. sonriéndose mutuamente. Bueno. como te dije antes. Quería hacerse pasar por el héroe de esta aventura.

—Algo así —contestó Gloria. parece que hicieron todo lo posible para hacernos daño. —Mi plan no tiene que ver nada con lo que hemos pasado. aún para el inspector. Al contrario. pero él me enseñó que el fuerte siempre debe ayudar al débil. aunque sabía que eso era casi imposible de lograr en un hospital. Y los Estados Unidos no han hecho nada por ayudar a México. riendo.—¡Y que lo digas! —exclamó el inspector. presionando el botón para llamar a la enfermera. esperando que el inspector Estrada pudiera convencer a la enfermera para que le trajeran su hamburguesa. —¿Quieres que pida algo? —Se me antoja una hamburguesa —dijo Gloria. —Así con algo en el estómago le podría contar más a gusto el plan que tengo en la cabeza. —¡No ponga esa cara! —exclamó Gloria. 207 . —¿Qué plan? —preguntó alarmado el inspector. Quizá Armando no sea mi tipo de hombre. eh? —dijo el inspector. Es más bien con respecto a los jefes de Anastasia Silovenka. Fin. —¿Y tú has pensado en un plan maquiavélico porque quieres darles una lección a los gringos. sonriendo.

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