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Noticias de los DirCom

LA VALENTÍA Y LA NECESIDAD DE INNOVAR

De la innovación a la revolución

La innovación en las organizaciones


Compartir y colaborar al mismo tiempo es lo que hacen en los mejores equipos,
donde todos reman en la misma dirección pero cada uno intenta también remar
más que nadie.

Charles Leadbeater, experto en innovación, se explica así: Para conseguir


innovar, eliminen de las empresas todo aquello que impide el flujo cotidiano,
natural y placentero de esfuerzo e ideas: las rigideces jerárquicas; los
malentendidos -se combaten con comunicación instantánea- y los celos -se
frenan con transparencia retributiva-. Además, debe reinar el orden, pero sin
órdenes, porque cuanto más inteligente es una organización, menos policías
necesita. En esos espacios de libertad nace la innovación: un esfuerzo que no
cansa, sino que da energía.

Leadbeater reconoce que para algunos, innovación no es ahora un concepto


nada innovador. Pero también aclara que no es innovador si se aplica mal. Y
pone el ejemplo de muchas empresas que se creen que por poner un ping-
pong y una máquina de café, ya surgirán las ideas y los creativos... Y no es
eso. La creatividad surge en el libre y placentero intercambio de ideas entre
personas que se saben iguales -aún con funciones diversas- en ambientes que
propician la complejidad. “Por ejemplo -añade socarrón-, en un laboratorio, los
microscopios a veces son tan importantes como la cafetería”.

La cafetería -continúa- en este caso sólo es un símbolo de la complicidad y el


intercambio de ideas en horizontal: fluido y amigable. Como sucedía en la
cafetería del mítico laboratorio de Biología Molecular de Cambridge. Allí era
imprescindible -y lo repetía el premio Nobel de Medicina, Sydney Brenner-, que
siempre recordaba cómo en la cafetería del laboratorio se discutía
informalmente sobre las investigaciones y allí todos contribuían a ellas y así se
motivaban.

Meterse en el despacho no ayuda. Todo cuanto te aísle te aleja de la fuente de


las ideas, que no es tu cerebro, sino las mentes de tu equipo: tu red creativa. Si
tienes una tribu creativa inteligente, aprendéis juntos a ver cosas nuevas en lo
obvio. Y lo obvio es la rutina; los cargos, lo previsible; lo que sabes que debes
hacer como todo el mundo...

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Por eso muchas empresas son enemigas de la innovación, porque en ellas
importa más cumplir con lo esperado que superar lo previsto. En esas
empresas se te considera no por el valor que creas, sino por el rango que
ocupas. Esas organizaciones son incompatibles con la innovación, y eso, hoy,
significa desaparecer.

En la empresa innovadora importa más la idea que la estructura; el valor que


eres capaz de crear que tu cargo; aunque no olvides que cierto orden es
necesario para la gestión productiva. Así que toda empresa innovadora debe
resolver esa aparente contradicción: orden, pero con innovación. Y ello
requiere gran inteligencia colectiva. Competir y cooperar al mismo tiempo. Es lo
que hacen en los grandes equipos.

La esencia de la motivación, según Leadbeater, es que si dejas de aprender en


tu trabajo, ningún sueldo lo compensa. Creando nuevas relaciones puedes
aprender más: si siempre estás con la misma gente haciendo lo mismo, no
estás aprendiendo: conozca gente. El mero conocimiento personal ya
enriquece.

Si creas relaciones y aprendes, el dinero vendrá después, y si no aprendes y te


aburres, al final dejarás de producir valor para la cadena y acabarás perdiendo
sueldo.

Es necesario un equipo -concluye Leadbeater-. Hoy ya no hay personas


geniales, sino equipos -y redes- geniales.

La innovación en el mundo
Escuchemos ahora a Don Tapscott, importante impulsor de las nuevas ideas.

Igual que la imprenta de Gutenberg permitió evolucionar de un modo agrario a


la era industrial con todos sus cambios sociales y de gobierno, internet nos
lleva de la era industrial a la digital.

La era industrial y todas sus instituciones se han quedado sin energía.


Periódicos, universidades, corporaciones, gobiernos, educación, sistemas de
salud, red de energías... todo está basado en modelos de la era industrial, y
están fallando.

Tapscott promueve cinco principios para construir el nuevo modelo. El primero


es la colaboración, modelo opuesto a la jerarquía. Ahora la colaboración se
puede dar en una escala astronómica: millones de personas han creado una
enciclopedia. Linux, el sistema operativo gratuito, ha sido creado por cientos de
miles de colaboradores.

Segundo principio. Apertura y transparencia. Eso va en contra de la manera de


hacer de los gobiernos del mundo, pero la luz es un buen desinfectante. Todo
el mundo está preocupado por Wikileaks, que es sólo la punta del iceberg. Hay

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muchas cosas feas en los gobiernos y en las corporaciones, y cuando salen a
la luz evolucionan para mejor.

Tercer principio. Interdependencia, los negocios no pueden triunfar en un


mundo que está fallando. Si España no pagara su deuda soberana, el euro en
su conjunto se hundiría y llevaría el mundo entero a la depresión.

Cuarto. Compartir la propiedad intelectual, que ya no es necesaria. The


Guardian ha liberado todas sus ediciones pasadas, IBM entregó 400 millones
de dólares en software a Linus, que se encargó de desarrollar con voluntarios y
de paso IBM aprovecha para desarrollar un negocio multimillonario de
hardware ligado a este nuevo software. Compartir es crear riqueza.

Cinco. La integridad. Las instituciones del mundo en el que vivimos no han sido
construidas sobre la integridad. La falta de integridad de los banqueros casi
destrozó el modelo capitalista en su totalidad. El resultado de la falta de
honradez de los banqueros de Nueva York es un 40% de desempleo juvenil en
España.

Tapscott continúa con estas reflexiones que entresacamos de sus textos: El


modelo capitalista está basado en la ley del más fuerte y el más listo. Ese es el
capitalismo de la era industrial y no volverá. Muchas corporaciones se están
viendo obligadas a la transparencia y están mejor gracias a ella.

Los ejes del cambio son: la comunicación global; internet; las nuevas
generaciones, que son nativos digitales; la revolución social a través de las
redes sociales, y los emprendedores.

Las empresas también están cambiando. Hasta ahora, el talento estaba dentro
de las instituciones. Procter & Gamble tiene 700 químicos contratados, pero el
50% de sus innovaciones viene de comunidades de internautas. Las empresas
están dejando de seguir modelos piramidales.

En todos los rincones del mundo y en todos los sectores, un nuevo modelo de
innovación económico y social está arrasando. La gente con dinamismo, pasión
y pericia toma ventaja de las nuevas herramientas web.

Hay que revisar la democracia. El voto de los jóvenes está bajando en todo el
mundo y no es un tema de falta de valores, es el momento de la historia en que
el voluntariado de los jóvenes es más alto. Quieren participar y ellos son el
futuro.

Textos seleccionados por

www.joancosta.com
www.reddircom.org

Enero 2011