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Zaragoza, enero 2011

FILOSOFÍ LA CONFIGURACIÓN DINÁMICA DE LA PAREJA


PÚBLICO/PRIVADO
A
POLÍTICA

Las distintitas configuraciones de la dicotomía hasta


su superación | DELGADO ONTIVERO, Lionel Sebastián
Resulta ya una de las dicotomías clásicas del pensamiento político. La
distinción entre público y privado se ha mantenido como uno de los rasgos
básicos para entender la organización política y su estructuración y
reestructuración a lo largo de la historia. Desde el primer esbozo de dos
esferas (separación que, como veremos, se dibujará originalmente en el
modelo griego), esta pareja ha ido describiendo reconfiguraciones que,
progresivamente, han ido desdibujando una separación clara. Hoy
podríamos llegar a vernos en la situación de necesitar una redefinición de
los espacios, quizás no ya desde la clásica pareja público/privado al ver
(ejercicio que intentará llevar a cabo este trabajo) que ésta quizá haya
superado dialécticamente la confrontación dicotómica hacia una esfera
única que engloba (y deforma) la pareja inicial (esfera que, como ya
trataremos, identifico con la esfera de la mercancía). Los antiguos
instrumentos, como el arma conceptual público/privado parecen ya no
servirnos. Ante esto, posiblemente nos haga falta un nuevo arsenal con el
que poder entender la estructura política. Sin embargo, los objetivos de este
trabajo son más humildes, no se intentará proponer una nueva estructura
conceptual, sino plantear un problema que, como ya hemos dicho, es la del
camino progresivo de la básica pareja hasta la superación de la dicotomía
en una esfera única.
Esbozo de definición

Cuando se habla de la dicotomía público/privado se habla de uno de los


grandes ejes de las ciencias sociales y jurídicas. Lo primero que debemos hacer, si
queremos partir de una base firme, es esclarecer los significados y sentidos de
ambos ámbitos. Para ello nos remitiremos a Norberto Bobbio:

“la dicotomía clásica entre derecho privado y derecho público (él se dedicará a
pensar la cuestión desde el derecho, nosotros no nos dedicaremos estrictamente a
ello, pero la cita sigue siendo válida) muestra la situación de un grupo social en el
que se manifiesta ya la distinción entre lo que pertenece al grupo en cuanto tal, a la
colectividad, y lo que pertenece a los miembros, específicos, o más en general,
entre la sociedad global y grupos menores (como la familia), o también entre un
poder centra superior y los poderes periféricos que con respecto a él gozan de una
autonomía relativa, cuando no dependen totalmente de él”. 1

Atendiendo a esto, podríamos ver una oposición entre dos ámbitos, uno
dedicado a la vida singular, encerrada, oculta; a la vida privada en cuanto lugar
donde el individuo se pertenece sólo a sí, dejando de lado el otro ámbito: el ámbito
de la luz, de la exposición y encuentro con otros individuos, ámbito donde el
individuo es visto y oído por los demás, y donde reina el campo de la discusión y la
persuasión2. Se trata, en este segundo ámbito, de un espacio 3 de iguales, donde no
se da la relación de imperativos y obediencia, sino la de encuentro y lucha de
discursos e ideas. Esta relación horizontal, no es la que se da en el ámbito privado;
el privado es el ámbito de la familia, ámbito de la desigualdad, del gobierno del
paterfamilias. Por lo menos originalmente, es decir, en los pasos griegos, el
concepto de gobernar y ser gobernado pertenecían más al ámbito de la esfera
privada que de la pública. El espacio político es el de los hombres libres, la vida del
ciudadano, mientras que el privado lo es de los gobernantes y gobernados4.
1
BOBBIO, N. Estado, Gobierno y Sociedad. Por una teoría general de la política.
Fondo de Cultura Económica, México, 1998, pág. 13.
2
Hannah Arendt (en La condición humana, Paidós, Madrid, 2005, Cap. II “La esfera
pública y la privada”) hablará de la esfera pública como lugar donde sus actividades
específicas serán la praxis y la lexis (‘acción’ y ‘discurso’). Ambas acciones
íntimamente ligadas al ejercicio de hablar, lo que etiqueta a la polis griega como
posiblemente, “el más charlatán de todos los cuerpos políticos”.
3
Podría hablarse, aunque quizás más estrictamente pueda hacerse sólo refiriéndose
al espacio público griego, de verdaderamente un espacio, es decir, un lugar físico
donde se desarrolla la actividad política. El espacio privado, al ser, como veremos
más adelante, el espacio del ocultamiento de cierta porción de la vida, no se
referiría, como ocurre con el ámbito privado, a un espacio físico concreto, sino más
bien a una variedad de espacios que comparten la posibilidad de servir de escudos
a la mirada de los demás.
4
Fustel de Coulanges, en The Ancient City (Anchor ed. 1956, pp. 89 y sigs.),
argumenta que todas las palabras que hacen referencia al gobierno (rex, pater,
anax, basileus, etc.) se refieren originalmente a las relaciones domésticas y eran
nombres dados por los esclavos a sus amos.
Si seguimos el criterio de atender a qué sujetos se aplica cada esfera (es decir,
en el ámbito del derecho), nos encontramos que, mientras la esfera pública, según
el jurista romano Ulpiano, sería “quod ad statum rei romanae spectat”5, la esfera
privada sería “quod ad singulorum utilitatem pertinet”6 . Podríamos, pues, atender a
la noción de utilitas como criterio fundamental para diferenciar ambas esferas;
como defiende Bobbio7, “al lado de la singolorum utilitas (de la definición de
Ulpiano) no debe olvidarse la célebre definición ciceroniana de res publica, de
acuerdo con la cual es una ‘cosa del pueblo’ cuando por ‘pueblo’ no se entiende
cualquier agregación de hombres sino una sociedad que se mantiene integrada no
sólo por los vínculos jurídicos, sino por la ‘utilitatis comunione’”8. Ésta utilitatis
comunione podría traducirse como comunidad de interés, es decir, por el interés
común9. De esta forma, el derecho público (y la esfera pública en general) sería el
ámbito del interés común, de la comunidad política (de la colectividad si volvemos a
la primera cita de Bobbio), mientras que el derecho privado (y la esfera privada en
general) se caracterizaría por ser el ámbito de la carencia de dicho interés común10,
es decir, es el ámbito del interés singular (y tal vez del particular), nunca del
universal.

Sin embargo, no podemos pararnos a analizar más profundamente las


nociones de público y privado sin adentrarnos en particularidades socio-históricas
(la relación entre ambos términos no fue siempre igual), algo que haremos más
adelante.

Siguiendo nuevamente a Bobbio, intentaremos introducirnos en una serie de


dicotomías que, si bien salen de ésta que nos ocupa (es decir, la de
público/privado), en cierto modo giran en torno a ella, esclareciéndola y, en cierta
manera, completándola. Este análisis buscará fortalecer aún más las nociones de
público y de privado en nuestra dicotomía, demostrando que, “ella comprende, o en
ella convergen, otras dicotomías tradicionales y recurrentes en las ciencias
sociales, que la complementan”11.
5
[Trad.: lo que se refiere a la condición del Estado romano]
6
[Trad.: lo que atañe a la utilidad del individuo]
7
BOBBIO, N. Op. Cit. Pág. 15
8
Texto original: CICERÓN, De re publica I, 39: “Est igitur… res publica res populi,
populus autem non omnis hominum coetus quoquo modo congregatus, sed coetus
multitudinis iuris consensu et etilitatis communione sociatus”.
9
Este lazo común haría referencia a la comunidad política como patrimonio general
de todos los que forman dicha comunidad. Para un análisis más profundo de la
etimología de la comunidad y lo común, partiendo de la raíz latina munus, véase
ESPOSITO, R. Communitas, Amorrortu, Bs. As., 2002; y BENVENISTE, E. Vocabulario
de las instituciones indoeuropeas, Sección II: “Dar y tomar”; Taurus, Madrid, 1983.
10
Toda gran dicotomía puede ser definido a través de uno de sus términos, un en
grado positivo, y el otro negativamente a través del primero. La dicotomía
público/privado (la cual, como veremos más adelante, no es tal, sino que tiende a
ser superada como tal enfrentamiento de únicamente dos elementos) no es
excepción.
11
BOBBIO, N. Op. Cit. Pág. 14.
La primera de las dicotomías que veremos es la de sociedad de
iguales/sociedad de desiguales, distinción que es la traducción más evidente a nivel
social de la dicotomía público/privado.

Las relaciones que dibuja la sociedad de desiguales son relaciones de


subordinación, donde existen gobernantes y gobernados, mandatos y obediencia.
Este tipo de relaciones es vertical, con un extremo superior que detenta el poder de
mandato, y todo un grupo (que detenta un poder cada vez más reducido según va
alejándose del extremo superior, o que no detenta poder alguno) por debajo, que
debe acatar y obedecer. La sociedad de iguales es, por el contrario, un campo
horizontal donde los individuos mantienen relaciones de coordinación en lugar de
las de subordinación. Este campo de igualdad permite a los individuos moverse
libremente (libres de sumisión) por un mundo común que equidista de los
individuos, que a nadie permanece, pero que a todos une por igual. Vemos, pues,
que, en la dicotomía sociedad de iguales/ de desiguales, la primera y la esfera
pública se encuentran de una manera clara. El ámbito político y las relaciones entre
iguales mantienen una estrechísima unión, sobre todo en la concepción política más
clásica (la griega) por la que la política es la actividad propia de los ciudadanos,
desarrollada en el ágora, que, en palabras de Jesús Ezquerra, es “ese centro
común. Punto de convergencia de una geometría política basada en la igualdad de
derechos (isonomía) y en la equivalente distribución de la palabra pública
(isegoría). Ese centro, precisamente por ser el depositario del kratos común, es un
espacio «ácrata». De nadie y de todos. Punto ciego, neutro, vacío, del orden
político, que es, sin embargo, condición de posibilidad suya“12.

La esfera de lo privado se encontrará, por su parte, con la sociedad de


desiguales en lo que es la unidad de organización privada básica: la familia. Es el
primer escalón por encima de lo meramente individual (el cual no es considerado
como un modelo posible ya que se trata de un modelo inviable: no puede existir la
vida individual, las necesidades más básicas del individuo necesitan de, por lo
menos, dos individuos, uno de cada sexo, para poder sobrevivir más de una
generación13), un escalón caracterizado, además de por estar cerrado al exterior,
por mantener una estructura desigual, donde sobresale una cabeza (según la
tradición patriarcal y paternalista occidental, un hombre, encarnado en la figura del
paterfamilias) por encima de los demás, los cuales deberán obedecer. Lo
interesante de esta desigualdad es que, en la estructura griega, será esta cabeza
que sobresale, este paterfamilias, el único que se encuentra libre para poder
acceder al ámbito político, a ese escalón superior.

Esto engarza la dicotomía público/privado y la de sociedad de iguales/de


desiguales, con la de libertad/necesidad: el espacio de la familia es el lugar de las
necesidades y de las exigencias, un lugar donde el individuo se reúne con otros
para poder sobrevivir y procurarse las necesidades más básicas. Arendt ve en este
12
EZQUERRA, J. “Polis y caos. El espacio de lo político” en Res publica, 21, 2009, pp.
21-37.
13
Nos referimos con esto al carácter social del animal humano, carácter en el que
entraremos más profundamente más adelante, cuando nos ocupe la definición y
tratamiento de la esfera social.
rasgo el pilar básico de la construcción familiar: “la comunidad natural de la familia
nació de la necesidad”14. Este lugar es el lugar pre-político donde cobran
protagonismo la fuerza y la violencia (éstas pierden su sentido en el ámbito político,
pasando a ser las herramientas básicas la acción y el discurso) como únicos medios
para poder satisfacerse las necesidades15. En este lugar de necesidad es imposible
pensar la política, ya que, desde el punto de vista arendtiano, la política es sólo
posible desde la igualdad, y ésta no cabe pensarse sin libertad. Para hacer posible
la política, debe procurarse aquella, y no aparecerá hasta que las necesidades sean
cubiertas. La libertad necesita la liberación de la necesidad. La esfera política es la
esfera de los hombres libres que han podido superar las necesidades, es decir, de
los hombres que han podido desligarse de la esfera propiamente vital y pueden
dedicarse a la polis. La lacra de este modelo en Grecia es que la distinción de
hombre libre suponía todo un suelo de individuos no libres que sostenían,
literalmente, la libertad del ciudadano; este suelo lo conformaba la mayoría de la
población, era únicamente el paterfamilias, cuando era ciudadano, el que podía
acceder a la esfera superior.

Aparte de estas dos dicotomías, la de sociedad de iguales/de desiguales y la


de libertad/necesidad, encontramos otra más, que se encuentra íntimamente ligada
a la de público/privado y que nos ayudará a entenderla un poco más. Seguiremos,
una vez más a Bobbio en esta tercera dicotomía que es la de las formas
tradicionales de justicia: justicia conmutativa y justicia distributiva. La primera,
según Bobbio, “es la que regula los intercambios; su objetivo fundamental es que
las dos cosas que se intercambian sean de igual valor, con el fin de que el
intercambio pueda ser considerado ‘justo’” 16.Mientras, la justicia distributiva es “en
la que se inspira la autoridad pública para la distribución de honores y gravámenes:
su objetivo es que a cada uno le sea dado lo que le corresponde”. En definitiva “la
justicia conmutativa ha sido definida como la que tiene lugar entre las partes, la
distributiva es aquella que tiene lugar entre el todo y las partes”17. Si tomamos la
distinción de Giambattista Vico, por la que la justicia conmutativa, a la que Vico
llama equatrix, es la que regula la sociedad de iguales, y la justicia distributiva,
rectrix, según Vico, es la que regula la sociedad de desiguales, entonces, la
vinculación entre las dicotomías se hace más clara: la rectrix es el tipo de
regulación dentro de las estructuras familiares o estatales, una relación entre
desiguales, y por lo tanto, más propio, en tiempos antiguos, de la esfera privada 18.
14
ARENDT, H. Op. Cit. Pág. 56.
15
Como hablamos aquí de estructura familiar, podríamos arriesgarnos y hacerlo
también de “estructura estatal”, puesto que la Modernidad europea asume las
posturas patriarcales y paternalistas, construyendo el Estado como una familia en
grandes dimensiones, atribuyendo al soberano las competencias del paterfamilias y
estableciendo entre el soberano y los súbditos, las mismas relaciones que la del
padre con el resto de la familia.
16
BOBBIO, N. Op. Cit. Pág. 20.
17
Op. Cit. Pág. 21.
18
Hay que aceptar que esto no puede, quizás, aplicarse más que a la estructura
público/privado griega. El modelo de rectrix puede afirmarse que se dará en casi
todos las esferas públicas, donde un todo (Estado) se relacionará con las partes
La equatrix, por el contrario, se dará entre iguales, al tratarse de una justicia
establecida libremente entre partes horizontales, ejercicio más propio de la esfera
auténticamente política.

Acabamos de ver cómo unas dicotomías auxiliares nos han permitido entender
mejor la distinción público/privado; sin embargo, como ya se ha apuntado antes, es
imposible profundizar en esta pareja sin entrar en especificaciones de épocas y
sociedades, ya que la relación entre ambos términos no ha sido, ni de lejos,
constante a lo largo del tiempo. A continuación haremos un repaso (que
desgraciadamente será demasiado rápido por limitaciones espacio-temporales de
este trabajo) por los modelos que la pareja público/privado ha presentado en
distintos momentos.

Grecia

A lo largo del trabajo ya se han apuntado bastantes características de la


relación público/privado en el modelo griego. Hemos visto cómo el ámbito público-
político se configuraba como el espacio donde los hombres libres de las
necesidades podían desarrollar relaciones políticas entre iguales, relaciones libres
de violencia y de fuerza (instrumentos propios de la esfera privada), las cuales son
reemplazadas por la acción y el discurso. La esfera privada era, por el contrario, el
lugar de las relaciones desiguales, donde el paterfamilias gobernaba sobre el resto,
resto que se mantenía en el ámbito de lo privado mientras que el soberano podía
participar de la política al poder satisfacer, mediante los que estaban por debajo de
él, las necesidades y poder despreocuparse de lo biológico para participar en lo
político.

El modelo griego será el primer modelo donde aparece la distinción entre


público y privado, esto es así por la aparición de la polis, la cual hará posible que,
en palabras de Jaeger, el hombre reciba “además de su vida privada, una especie
de segunda vida, su bios politikos. Ahora todo ciudadano pertenece a dos órdenes
de existencia, y hay una tajante distinción entre lo que es suyo (idion) y lo que es
comunal (koinon)”19.

El ámbito político en los griegos será el lugar donde ser vistos y ser oídos, el
lugar donde aparecer en público, lugar donde poder demostrar lo que se es ante los
demás; es el lugar de la exposición, lugar, por lo tanto, de la apariencia20. Lugar
donde publicitarse, de resaltar y poder demostrar la originalidad de uno mismo. La
esfera pública es el espacio donde luchar contra la futilidad de la vida, el espacio
donde poder conseguir inmortalizarse mediante las acciones que dejen huella en la
política, es el espacio donde trascender la propia vida.

El ámbito privado es el ámbito del ocultamiento, el ámbito de la oscuridad, de


lo que se esconde de la política. Este ámbito mantiene para Arendt un carácter
(ciudadanos). Sin embargo, aunque no sea estricta la separación y la relación
rectrix-esfera privada/equatrix-esfera pública, aún nos sirve para aclarar un poco
más las características de ambas esferas.
19
JAEGER, W. Paideia (1945), Vol. III, Pág. 111
20
ARENDT, H. Op. Cit. Pág. 71.
principalmente privativo: vivir privadamente es “estar privado de la realidad que
proviene de ser visto y oído por los demás, estar privado de una ‘objetiva’ relación
con los otros que proviene de hallarse relacionado y separado de ellos a través del
intermediario de un mundo común de las cosas (…) La privación de lo privado
radica en la ausencia de los demás, hasta donde concierne a los otros, el hombre
privado no aparece y, por lo tanto, es como si no existiera”21. Sin embargo, lo
privado posee también un aspecto positivo, ya que, aunque lo privado priva al
individuo del discurso y la acción22, le permite mantener un lugar en el mundo, y
realizar un ocultamiento de lo que debe ser ocultado23.

Además, la entrada a la esfera política sólo podía hacerse desde el


ocultamiento24, por lo que, en el fondo, no existe la esfera política sin la esfera
privada. No obstante, el ocultamiento sólo es permitido para el que tuviese los
medios materiales para tal ocultamiento, es decir, sólo era posible la esfera privada
para el que tuviese propiedad privada entendiendo como tal la pertenencia al
mundo a través de un lugar material25. La propiedad privada permitía la esfera
privada y, por extensión, la pública-política; sin embargo, los griegos no lograron
captar la importancia de la coexistencia de las dos esferas y terminan por sacrificar
lo privado a lo público, cobrando ésta toda la importancia en detrimento de aquella.
El pensamiento griego tachaba de necio este retraimiento del individuo de la esfera
pública a la privada, volviéndose una actividad incomprensible, marginal, errónea,
contraria a lo correcto, que es la máxima participación pública. Serán los romanos
los que comprendan el papel de ambas y apuesten por la coexistencia de ambas
esferas.

Roma

21
Op. Cit. Pág. 78
22
La acción, en Arendt, es la actividad libre que crea la política, frente a la labor,
destinada a procurar la vida, o al trabajo, destinado a construir, transformar o
modelar la Tierra; estas dos últimas actividades son las que quedan relegadas al
lugar privado de la familia, al espacio de las necesidades. Hannah Arendt
profundizará en esta distinción a lo largo de prácticamente toda su obra,
especialmente en La condición humana, dedicada al análisis de la noción griega de
la vita activa.
23
La importancia de la posibilidad de ocultamiento es grande: una vida
enteramente dedicada a lo político (recordamos que esta esfera es la de la
apariencia), sin posibilidad de ocultarse de tal esfera, termina por convertirse en
una vida completamente superficial, carente de la más mínima profundidad.
24
A la esfera política no se puede pertenecer desde un comienzo (es un espacio al
que se entra desde la no-política), ni tampoco entrar en ella desde un lugar que no
sea el de lo privado (a la política pertenecen únicamente los ciudadanos libres y
éstos deben de haber superado el nivel de necesidad biológica, superación que sólo
se da pasando por el nivel familiar de la esfera privada).
25
ARENDT, H. Op. Cit. Pág. 80 y ss.
Roma sabrá equilibrar ambas esferas; devolverá la importancia a la esfera
privada mediante el desarrollo del derecho privado (dedicado a los temas de la
familia, la propiedad, el contrato y los testamentos26), el cual será el derecho por
excelencia hasta la época de la formación del Estado moderno. La esfera privada
marcará su territorio, dejando de lado las connotaciones mayoritariamente
privativas que mantenía en el modelo griego. Para los romanos la capacidad de
retraimiento que ofrecía la esfera privada no resultaba propia de un
comportamiento necio, sino que daba la oportunidad de poder respirar de la res
publica, respiro necesario para poder mantener una vida plena27.

El peligro de este equilibrio entre esferas es el olvido que aparentemente los


romanos tuvieron acerca de la complejidad y la profundidad del sentido de lo
político. Arendt verá en el modelo romano el inicio de un proceso que se
completará bien entrada la Modernidad por el cual lo político es parasitado,
envenenado por el concepto de lo social. Una prueba de esta invasión de lo político
por lo social se encuentra, según ella, en la precaria traducción del zoon politikon
aristotélico por animal socialis (por Séneca y luego apropiado por santo Tomás 28).
La palabra social es de origen latino, no griego; los griegos no conocían tal vocablo.
Presenciamos, pues, un giro (o el comienzo de tal giro) de matiz en la concepción
de lo público: de lo público-político, comienza a derivar en público-social2930.

Como ya se ha dicho, este giro continuará hasta la Modernidad, momento en


el que surge un nuevo espacio.

Modernidad

26
La importancia del desarrollo de este derecho, codificado en el Corpus Iuris de
Justiniano, es indiscutible, tanto que el derecho privado romano se extenderá a lo
largo de los siglos por la difusión y la notable recepción de éste a lo largo de la
historia, logrando convertirse en derecho natural, derecho de la razón, “un derecho
cuya validez es reconocida independientemente de las circunstancias de tiempo y
lugar que la originaron” (Bobbio, Op. Cit. Pág. 23).
27
Véase nota nº 23
28
“homo est naturaliter politicus, id est, socialis”, tomado del Index Rerum de la
edición de Tauro de santo Tomás (1922). Como afirma Arendt (Op. Cit. Pág. 93), “la
palabra ‘politicus’ no se da en el texto, pero el Index resume correctamente el
significado de santo Tomás, como puede comprobarse en la Summa theologica, I.
96.4:II.II.109.3.”
29
Como social aquí tratamos la cualidad humana de existir con los demás, pero con
un sentido más potente que la mera posibilidad; hay una exigencia del ser humano
de vivir con los otros. El hombre no puede vivir sin compañía, no existe el hombre
solitario, éste se define por ser social, exige por constitución el nivel asociativo con
los demás. Sin embargo, esto no exige necesariamente el ámbito político, es una
esfera aparte. Según Arendt, en el pensamiento griego, el ámbito político “no sólo
es diferente (de la capacidad social del hombre), sino que se halla en directa
oposición a la asociación natural cuyo centro es el hogar y la familia”.
30
Otro síntoma de que el significado de lo político se debilita podría encontrarse en
la adopción de la estructura familiar en la propia práctica política: en Roma
comienza a igualarse el poder del soberano y el del Paterfamilias.
Con la Modernidad se da un gran cambio en la estructura que
contemplábamos hasta ahora. Si hasta el momento era posible hablar de una esfera
pública, diferenciada (en mayor o en menor medida) de otra privada, en la
Modernidad dicha diferenciación queda anulada. La barrera que las separaba se
destruye. Ambas esferas ahora se mezclarán, constantemente fluirá una sobre la
otra, y ya no podrá hablarse de dos esferas diferenciadas. Arendt explica este
fenómeno por el proceso por el que “lo privado se convierte en interés público” y
“lo público adquiere forma de gestión privada”. Rasgos tradicionalmente propios de
la esfera privada (tales como “el auge de la administración doméstica, sus
actividades, problemas y planes organizativos”) adquieren protagonismo en la
esfera pública. La sociedad adquiere la forma de una “familia superhumana”, hecho
que se da desde el nacimiento de la “economía social” (o Volkswirtschaft) o
“economía política”, la definitiva invasión de lo privado (la economía) en la esfera
pública. Al generalizarse el interés privado por la propiedad privada se termina
convirtiendo en un interés público, un interés público de carácter privado, el interés
público por la economía. La sociedad, el conjunto no-político de individuos, se
adentró en la esfera pública (que no política) como un agregado de propietarios
(etiqueta propia de la esfera privada).

Este fenómeno coincide con la proliferación de un modelo de comunidad


caracterizado por ser una sociedad de trabajadores y empleados. Estos
trabajadores estarán centrados en la actividad necesaria (recordemos lo privado
como reino de la necesidad) para mantener la vida. Estos dos rasgos, la necesidad
y la mantención de la vida, eran propiamente privados; sin embargo, con la
proliferación de lo social, según Antoine Prost 31 lo privado se filtrará en lo público,
“el trabajo emigra fuera de los domicilios y se establece en lugares impersonales
regidos por una red formalizada por reglas jurídicas y de convenciones colectivas”.
Las esferas pública y privada desaparecen fundiéndose en la nueva esfera social. El
etiquetar esta nueva esfera como una familia superhumana viene por el hecho de
que, con lo social la sociedad se convierte en un espacio doméstico gigantesco,
ahora administrado por el Estado, asimilándose a una gran familia, una familia que
se extiende en toda una nación32. Para Arendt, colonizar el ámbito de lo político con
cuestiones propias del ámbito de lo privado termina por destruir el ejercicio político,
logrando fagocitar el mundo de la libertad con el de la necesidad. El ejercicio
político, que desde el punto de vista arendtiano no debería tener un fin ajeno al
propio ejercicio (a no ser que sea, como defiende Arendt, el fin de relacionar al
individuo con los otros), pasa a tenerlo identificándose éste con los intereses
privados de los sujetos.

31
PROST, A. “Fronteras y espacios de lo privado”, en ARIÉS, P. y DUBY, G. (comp.),
Historia de la vida privada, Vol. V, Taurus, 2000.
32
Si las referencias que hemos hecho antes al carácter familiar que adoptó la
política a partir del fin del modelo griego hacían hincapié en el rasgo meramente
político-relacional, en tanto que relaciones políticas; ahora el rasgo familiar se
refiere a un ámbito económico, a unas relaciones propias de este ámbito, referentes
a cuestiones sobre la propiedad sobre los bienes, o la satisfacción de necesidades
básicas.
Esta es la estructura que sigue el modelo moderno (atendiendo básicamente a
los trabajos de Hannah Arendt); no obstante, se han sucedido una serie de cambios
desde entonces (recordemos que cada vez son más las voces que defienden que se
ha dado una especie de superación de lo meramente moderno, encontrándonos
ahora en un espacio más bien indeterminado, etéreo, todavía extraño, denominado
frecuentemente como posmodernidad), que nos permitirán hablar de un nuevo
modelo.

Posmodernidad

Utilizaremos el término posmodernidad33, conociendo el riesgo de usar un


término que trae detrás de sí demasiada heterogeneidad como para resultar
cómodo, para intentar clasificar el mundo de lo post que hoy nos envuelve, mundo
donde las teorías modernas han sido rechazadas en gran medida (con más fracasos
que éxitos, habría que aclarar), donde las condiciones sociales, políticas y, sobre
todo, económicas, necesitan un nuevo análisis.

Hemos visto cómo en la Modernidad, lo social termina colonizando tanto la


esfera de lo público como la de lo privado, fundiendo ambas en la nueva esfera de
lo social, esfera que moverá al ámbito público los intereses que tradicionalmente
ocupaban el ámbito privado, presenciamos el auge de la economía política. Visto
esto cabía esperar que el modelo evolucionase, y lo ha hecho. La evolución que
sufre el modelo social es hacia un modelo que denominaremos sociedad de la
mercancía34.

Lo primero que cabe hacer es aclarar el término de mercancía. Por tal no


puede entenderse ingenuamente todo tipo de producto fabricado. En ese caso no
tendría mucho sentido estudiarla de la manera tan seria y profunda en que se ha

33
Se utilizará aquí este término, a sabiendas de que se refiere a una cantidad de
cosas demasiado heterogéneas como para ser asimilables en un solo concepto. La
posmodernidad es el tiempo de lo etéreo, de los conceptos poco definidos, del
maremágnum teórico que desestabiliza y tumba toda posición segura, pero no para
proponer la suya propia, ya que el posmodernismo no la tiene, sino para
únicamente abrir demasiadas preguntas sin contestar ninguna. El posmodernismo
podría caracterizarse por el ahogo de la filosofía en la explosión del propio mar de la
filosofía; tantas voces que lo único que se escucha es ruido. Como todo lo post, el
posmodernismo posee rasgos modernos, sin poder reducirse a ellos. Es un
momento de superación, pero sin encontrar su propio espacio.
34
Resulta casi criminal que en un espacio tan corto se intente siquiera explicar
someramente un tema tan complejo como es el tema de la mercancía, tema que,
abierto por Marx y que desde él no ha hecho sino complicarse, adquiere una
dificultad de comprensión notable, pero con una importancia y una actualidad
pasmosas. Sobre este tema se han escrito muchísimas páginas, sobre todo en los
últimos años (básicamente en el ámbito francés e italiano), hecho que se potencia
por la poca cantidad y gran complejidad con que Marx abre el tema llamando esto
la atención de pensadores actuales, encontrando en este tema uno aún poco
explorado y bastante obscuro.
hecho. Marx no entendía eso por mercancía 35, y tampoco lo haremos nosotros.
Siguiendo a Anselm Jappe36, la mercancía podría entenderse como “un producto
destinado desde el principio a la venta y al mercado”. La mercancía es un producto
en el que cuenta únicamente su valor de cambio, pasando por encima de su valor
de uso, su utilidad efectiva. El producto no vale por su utilidad, sino por su
capacidad de “venderse y transformarse, por mediación del dinero, en otra
mercancía”.

La aparición de la mercancía la podemos tomar como un efecto lógico de la


superposición de la esfera privada en la pública. Con la extensión de la economía
en el ámbito público, con el incremento en su importancia, con el desarrollo que
sufre, toman cada vez más importancia y protagonismo sus efectos: los productos.
Tanta importancia toman éstos que terminan por independizarse del propio
productor, adquiriendo un papel propio. En la sociedad de la mercancía los sujetos
políticos son las propias mercancías, sujeto automático que adquiere el
protagonismo social. La sociedad ha terminado por reducirlo todo a mercancía, ha
surgido la nueva esfera contemporánea: la esfera de la mercancía.

En este triunfo mercantil, la propia mercancía, como sujeto, termina por


controlarlo todo. La producción deja de ser regulada por las necesidades inmediatas
de los individuos para pasar a ser regida por el mercado, agente completamente
anónimo e impersonal. La economía se convierte, así, en una suerte de máquina
autorregulada que no necesita del individuo como agente (a lo sumo necesitará al
individuo como paciente consumidor).

El hombre ha transferido a la mercancía su vida social. Este fenómeno es lo


que Marx denominó fetichismo de la mercancía37, la dominación del hombre por la
mercancía que produce, hecha ahora agente independiente del productor (el
productor se convierte en mero atributo del objeto producido). Para Jappe, este
proceso es el efecto del hecho de que “la mercancía ha embrujado la entera vida
social, porque todo lo que la sociedad hace o puede hacer se ha proyectado en las
mercancías”38.

Para Jappe, el análisis, quizás, más poderoso y completo de esta esfera es la


que realizará el movimiento situacionista en los años sesenta, representado

35
De haberla entendido tan simplemente como cualquier producto fabricado, no
habría calificado a la mercancía como un objeto “arcano” con “sutileza metafísica”,
“carácter místico”, “carácter enigmático”, “forma fantasmagórica”, “misticismo”,
“brujería”, etc.
36
JAPPE, A. “Las sutilezas metafísicas de la mercancía”, en V.V.A.A., El absurdo
mercado de los hombres sin cualidades, Pepitas de calabaza, Logroño, 2009. Pág.
65-82
37
De nuevo, sólo puedo disculparme al tratar temas tan complejos en tan poco
espacio. Sólo puedo llamar a la lectura de ciertos autores que se han ocupado
adecuadamente del tema. Así nos topamos con el ya citado Jappe, con Robert Kurz
y todo el colectivo Krisis, que recupera los conceptos de “fetichismo” o “valor” de la
teoría marxista, para desarrollarlos y profundizar allí donde Marx no lo ha hecho.
38
Op. Cit. Pág. 70.
básicamente por la obra de Guy Debord, La sociedad del espectáculo, polémica
obra en la cual se dedica al estudio de dicha sociedad, entendiéndola como la
esfera de la mercancía, creada y gestionada por la propia mercancía. Esta esfera es
el desenlace del capitalismo posindustrial que lleva a la mercancía a ocupar
totalmente la vida social. La mercancía se convierte definitivamente en agente
público, en tanto que lo que caracteriza a la sociedad del espectáculo es el parecer
y el ver, rasgos constitutivos del espacio público desde su comienzo. Y el medio por
el que la mercancía ocupa lo público es por la imagen, por la representación de lo
vivido, tanto que las relaciones entre personas, en la sociedad del espectáculo
terminan siendo mediatizadas completamente por dichas imágenes, “el
espectáculo (…) (no es) sino una relación social entre personas mediatizada por
imágenes”39.
El panorama con el que nos encontramos no es nada alentador. La
independización de la mercancía, dibujando una estructura política gobernada por
la lógica fetichista y cosificadora del capitalista, anulando la capacidad política de
los individuos, reducidos ahora al mero papel de productores-consumidores
transforma la esfera pública en la esfera del mercado. Esto resulta problemático,
terriblemente polémico; lo difícil, en este momento, es encontrar una salida a esta
situación penosa y verdaderamente negativa. Sin embargo, intentar esbozar un
plano, en el sentido estricto, revolucionario sobrepasa con creces las limitaciones
de este trabajo. Sin embargo, quizás en un momento de valentía, no puedo
resistirme a plantear la posibilidad de que la solución se encuentre, tal vez, en la
confrontación de un nuevo elemento a esta única esfera, buscando con ello
conseguir una nueva pareja dicotómica. La superación de la clásica pareja
público/privado en la esfera única de la mercancía, esfera que ha conseguido
absorberlo todo, quizás necesite la aparición de un elemento que lo niegue, que se
presente como la esfera de la no-mercancía, el espacio donde la lógica del mercado
no gobierne, donde pueda esconderse el individuo como lo hacía de lo público-
político en la esfera de lo privado. De esta manera se puede volver a plantearse la
cuestión como una dicotomía dialéctica que tal vez termine por superarse en una
nueva esfera única. Sin embargo, esto no es más que un boceto de propuesta, con
incontables puntos por definir, modificar, completar, o, sencillamente, eliminar. La
problemática está expuesta, lo que cabe, ahora, es resolverla.

39
DEBORD, G. La sociedad del espectáculo, Tesis 4.
Bibliografía

- BOBBIO, N. Estado, Gobierno y Sociedad. Por una teoría general de la política.


Fondo de Cultura Económica, México, 1998.

- ARENDT, H. La condición humana, Paidós, Madrid, 2005.

- ARIÉS, P. y DUBY, G. (comp.), Historia de la vida privada, Vol. V, Taurus, 2000.

- V.V.A.A., El absurdo mercado de los hombres sin cualidades, Pepitas de calabaza,


Logroño, 2009.

- DEBORD, G. La sociedad del espectáculo.