ADORNO, Theodor. Tres estudios sobre Hegel

TheodorWAdorno .

.
1res-estudios
sobreFlegel
taurus
T
-. -- -
TRES ESTUDIOS SOBRE HEGEL
ENSAYISTAS - 61
OTRAS OBRAS DEL AUTOR
pub licadas por
TAURUS EDICIONES
Sociulo¡¡ictl (en co la bo r ación co n Max Hcrkheirner).
l-a i dc% gla como lenguaje.
EN PREPARACION:
Crit icas de la t alÓn literaria.
Dialéctica negativa.
Teor/a estilicd.
Tuminologia filos ófica.
(r
THEODOR W. ADORNO
TRES ESTUDIOS
SOBRE HEGEL
Versió n españo la de
VICTOR SANOUZ DE ZAVAlA
0700787918

Título o rigi na l: Drei Studien zu Hegel
0 1963, SUHRUM P Ver la g, Frankfur t "m Mai n.
(El texto Aspekte der hegeb ch en Philosophic, O 1957,
SUHRKAMP Ve rlag , Frankfurt am Maill.)
Pri mer a edi ci ón: junio de 1%9
Segunda ed ición: ener o de 1974
10 1970, TAURUS EDICIONES, S. A.
Plaza del Ma rq ué s de Sa lama nca, 7. MADRlIl·6
I SBN: 84-306-Hl61-8
Depósito lega l: M. 37.666-1973
PRINTED IN SPAlN
(
Dedicado a
KARL H SINZ HAAG

NOTA LIMINAR
. Al llegar el momento de reeditar los Aspectos de la
filosofia de Hegel, el autor quiso com pletar lal t rabajo
con el opúsculo que había publicado mient ras ta nto
ace rca de la sustancia experiencial hegeliana; pero la
analogía con la sent enci a tres homincs fuclunt colle-
glum, o sed, tr es opúscu los hacen 1111 libro (aunqu e sea
bre ve), le ha movido a pasar más adelan t e. De ahí que,
de acu erdo con un plan largo t iem po abrigado, haya
puesto por escrito ciertas consideraciones sobre los pro-
bl emas de la comprensión de Hegel que proced en del
t raba jo desarrollado en el Semi/tarjo de Filosofía de la
Universi dad, en Fr ancj or t ; desde trace much os afios se
han ocupado allí repetidament e de lIegel Has: Horkhei-
mer y el au tor, y había que referirse a lo encon trado
en la docencia. (En cuant o a la unidad del pensamiento
fi losófico de ambos responsabl es de las int erpretaci o-
nes pro puestas, hemos creí do posible prescindir de in-
dicaciones concretas. ¡
Subrayemos , con 'objeto de evitar desengaños, que
«Skot e ínc s» no pretende algo as í COIllO efect uar el mis-
mo la aclaración pendi ente de los principotes textos he-
gelianos: formulamos, si mplement e, WUH reflexiones de
principio relativas a tal tarea, aconsejando, a lo SWllO,
sobre cómo puede lograr se la com prensiá u, pero sin
que nadie se encuentre dispensado del esfuerzo por
9

concretar en los textos tales reflexiones. No se trata,
pues, de facilitar la lectura, sino de evitar que se mal-
gaste la extraordinaria fatiga que sigue exigiendo H ~
get. Por lo demás, habría que trasladar a las orienta-
ciones sobre cómo habría de leérselo lo que él recuerda
respecto de la teoría del conocimiento: que solo cabe
tener éxito cuando se consuma una interpretación sin-
gular llevada hasta el fin; pero de es(e modo transgredi-
ríamos los limites de la propedéutica que el autor debe-
ría imponerse. Acaso disculpe-a éste de 'las manifiestas
insuficienéias que lo desazonan el haberse detenido pre-
cisamente donde habría que empezar. .
El conjunto tiene la intención de preparar un con-
cepto modificado de ta dialéctica.
10
ADVERTENCIA
Citamos los escritos de Hegel de acuerdo con la nueva edi-
ción del jubileo, preparada por Hermann Glockner, Stuttgart
[Frommannj, a partir de 1927. [En esta edición española damos
además la referencia, siempre que es pos ible, a la última edí-
cíen critica correspondiente a cada tomo de las «obras com-
pletas» citadas por el autor (ediciones que no sólo son prefe-
r ibles intrí nsecamente, sino por la facilidad de consulta y
adquisición); a lo que añadimos las traducciones castellanas más
aceptables, con tal de que sean versiones directas. ] Empicare-
mos las siguientes abreviaturas:
WW 1. Aufsiit;.e aus dem kr:itischen Journal der Philosophie
(und andere Schriften aus der rensener Zeit) Ledo crtt.
parcial, de G. Lasson: Erste Druckschriiten, Leipzig,
Meiner (ephllosophísche Bíblíotbek», 62), 1928; de ella
se han reimpreso sueltos, en 1962, los opúsculos Ditte-
renz der Fichte'schen und Schelling'schen Systems der
Philosophie, Hamburgo, Meiner (<< Ph. B.», 62a), y Glau-
sen und Wissen, Hamburgo, Meiner (<<Ph. B.», 62b)].
WW 2. Phiinomenologie des Geisles Ledocr ft., de J. Hoffmeister
6.' ed., reimpr.}, Hamburgo, Meiner ( "Ph. B.», 114),
1962; verso cast o de W. Roces: Fenomenología del es-
píritu, México, F.C.E., 1966] .
WW 3. Philosophische Propadeutik Ledo crú. (con otros tra-
ba jos), de Hoffmeister: Nürnberger Schriften, Leipzig,
Meincr, ("Ph. B.», 165), 1938].
WW 4. Wissenschaft der Logik , 1. Tell Ledo cnt., de Lasson
11
WW 11. S ystem der Phiiosophie, I. Teíl.
WW 9. Svet em der Phi l osophi e, I I. TeH.
WW 10. S}'stem der Phílosopníe. III. Teil.
[ En es tos t res volúmenes de la ed ición de Gloc kner
se encierra, aumen tada con muchas ead iclones» pro-
cedentes de apuntes de clase y algo altera da por los
editores póstumos , la última ed ición (1 830 ) de la
Enci clopedia p ublicad a en vida de Hegel, de la cual
existe la ed. crtt. de F. Nicolin y O. Póggeler, E,,·
Zyklopiidi e der phi/osophi schen wíssens cnot ten im
Crundr i sse (1830), 6.' ed., Hambur go, Meíner (_Ph .
B.", 33), 1959; hay ver socasto de la ed. de 1830, trad. por
E. Ovejero y Maury : Enciclopedia de ras cie ncias ti-
Ios óttcas, 3 t, Madrid, V. Suárez, 1917-8.]
(re tmpr.j, Hamb urg o. Mciner , l . I (_ Ph. B._, 56), 1967,
Y lo JI ( _Ph. B._, 51), 1966; verso casto de A. y R. Mon·
dolfo : Ciencia de la lógica, 2 t., Buenos Aires , Hachen e,
tt . 1 Y 11, 1956] .
W\'I/ 16. Vorles rmgen über die Philosophie der Religion, 2 Bd .
WW 17. Vor fesllngen über di e Geschichte der Phílosophie, 1.
Bd. red. crn. de las lecciones introductori as, al cuidado
de lIoff meist er y F. Nicoli n : Einleitllng in di e Ges-
chic hle der Phílo sophie, 3,' ed., Hamburgo, Mcincr
( ePh. B.", 1(6), 1959 (de la que existe ver sión caer . por
E. Terrón ; I ntroducción a la hi stor ia de la í i íosoí ía,
Buenos Air es , AguiJ'lr, 1956); ver so cast . (de WW 11) de
W. Roces ; Lecciones sobre la historio. de la filosoNa,
México, F.e .E., 1955, t. r j.
WW 18. Vorlesullgen über die Gescllichte der Phitosophie, 2, Bd.
t vers. cast. como WW 17, 1. II J.
WW 19. VorleSlln/iell ilber di e Geschichte der Phiíosophie, 3. Bd.
[ verso cast . como WW 17, l. lI J.
ledo crt t ., de
B._, 124 a),
como WW 4, Wissel1schaft der Logik , 2. TeH red. cnt.,
t . JI: versocas t., como WW 4, 1. II].
Grundlinien der Philosophie des Rec hts
Hoffmei st er , lIambu rgo, Mcincr ,( _Ph.
retmp r., 19621.
ww s.
WW 7.
'ww ti. Vork sungen über die Philosophie der Gesch ichte l ed o
cr tr. de las lecc iones introductor ias , al cu idado de
Hoffmeist er : Die Vernunft in der Geschichte, S.' cd .
{r eimpr.), Hamburgc, Meiner (_Ph. B.•, 171 a ), ]966;
verso cast . (de WW 11) de J . Oaos : Lecciones sobre la
f ilosof ía de la historia universal, Madr id, Rev. de
Occ., 2 t., 3.' ed., 1953, y también en Buenos Aires ,
Anaconda, 1946].
WW 12. Vorlesrmgen über die Aesth eti Jc , l . Bd . [verso casto de
és te y los si guien tes tomos (WW 13 y WW 14), por
F. Giner de los Ríos : Estét ica, 2 l., Madrid, V. Su á-
rez, 1908J•
•ww15. liI/er die Phílo sophie der Rel igiml, 1. Bd.
12 13
AS PECTOS
Una ocasión cronológica como el 125 aniversario de
la muerte de Hegel podria induci r a lo que se lla ma una
apreciación crít ica. Pero es te concepto se ha vuel to in-
sufri ble ( su puesto que, por lo demás, haya servido de
algo en otro t iempo): anunci a, por parte de qui en po-
sea la cuestionable di cha de vivir después y esté obli-
gado por su profesión a ocuparse de aquel so bre el que
haya de hablar, la desvergonzada pretensión de señalar
soberanamente al difunto su puesto y. de es te modo,
colocarse en cierto senti do por enci ma de él; y en la
abominable pregunta de qué significan para el presente
Kant y, ahora, Hegel (ya el llamado renacimiento hege-
liano comenzó hace medio siglo con un lib ro de Bene-
dettc Croee que se compr ometía a desenredar lo vivo
y lo muerto de Hegel) resuena semej ante presunci ón.
No se lanza, en cambio. la pregunta inversa. la de qué
significa el presente ante Hegel: si. po r ejemplo, la ra-
zón a que, tras los tiempos de la suya, la absoluta . nos
figuramos haber llegado no se encu ent ra. en realidad.
sumamente rezagada t ras aqué lla y se ha acomodado
a l mero ente, cuya ca rga la razón hegeliana queda po-
ner en movimiento va lién dose de la que impera en el
ente mismo. Todas las apreciaciones cr ít icas cae n ba jo
el juicio expresado en el pró logo de la Fenomenoíogí a
15
, I
I

del espírit u, juicio que se ap lica a la s que son única-
me nte sobre las cosas , porque no es tán en las cosas;
ante todo, les falta la seriedad y obligatori edad de la
filo sofía de Hegel . dado qu e siguen ejerci tando a su
respecto lo que él. despectivamente-y con todo dere-
cho de serlo-e, llamó un a filosofía de punt o de vista.
Si no se qu iere rebota r de él con. las primeras palabras
que se digan, es preciso. por insuficientemente Que se
haga. comparecer ante la pretensión de verdad de su
filosofía, en luga r de parlot ear meramente de ella des-
de ar ri ba y. por consiguiente, por debaj o de ella .
De igual modo Que otros sistemas especulativos con-
clusos, ap rovecha ta l filosofía la dudosa- ventaja de no
tener que admitir crít ica alguna: t oda la Que se diri ja
a los detalles será parcial. marrará el todo . qu e, de to-
dos modos, la tiene en cue nta; mas, a la inversa, crit i-
car el t odo como todo sería abstract o, «sin mediación»,
y dejaría de lado el motivo fundamental de la filosofía
hegeliana: que no ca be dest ilarl a de ninguna «senten-
cía », de ni ngún principio general, y sólo se acredita
como totalidad, en la concreta comp lexión de todos sus
momen tos. Por lo que únicame nte honra rá a Hegel
qui en, sin dejarse intimidar por el pavor an te la enre-
dosidad poco menos Que mitológica de un proceder crf-
ticc que aquella tot alida d parece volver fal so en todos
los casos , en vez de otorgarl e o denegarle. favorable
o desfavorablemente , mé ritos. persiga el todo tras del
cual él mismo iba.
Difícilmente habrá pen sa miento teoré t ico alguno de
ci er to aliento que. sin haber atesora do en sí la filosofía
hegeliana, pueda hoy hacer justicia a la expe riencia de
la conciencia; y, verdaderamente, no de la concie nci a
sola, sino de la viva y corporal de los homb res. Pero no
se ha de explicar t al cosa con el escuálido apert;u de
que el ideali st a abs oluto se habría conver tido en un rea-
16
lista todavía mayor y, sobre todo, en una persona con
una aguda mira da hist órica: las calas de Hegel en los
contenidos. que osaron llegar hasta la írreconcí tíabítí-
dad de las contradicciones de la sociedad burguesa, no
se pueden separar, como de un gravos o añadido. de la
especu lación (cuyo concep to vulgar no tie ne nada que
ver con el hegeliano ); por el contra rio . la es peculación
fuc lo que las maduró. y pi erden su sustanci a en cuant o
se las concibe como merame nte empíricas. La doctrina
de que lo a priori es ta mb ién a posterior í (doct rina que
en Fichte era programática y que solo con Hegel pasa a
la efecti vidad ) no es ninguna audaz flor retórica, sino
el nervio vita l hegeliano: inspira tanto la critica de la
cmpl rt e testaruda como la del apriorismo est ático.
y donde Hegel dej a hablar al material opera el pensa-
miento de la ident idad de sujeto y objeto en el «cspí-
ri tu ». ident idad originaria que se escinde y se reúne de
nu evo: si no fuese así, el contenido del sist ema, de una
r iqueza tan inagotable, serí a, o mero ap ilamiento de
datos y prc filosófíco. o simplemente dogmáti co y sin
estrictez . Richard Kroner se ha revuelto con razón con-
Ira la ma nera de describir la hist oria del ideal ismo ale-
mán como si fuese un progreso rectil íneo desde Schel-
ling a Hegel : ant es bi en, éste se defen dió del momento
dogmático de la filosofla scheIlinguiana r ecurriendo al
impulso gnoseológico fichtiano e incluso kantiano; así,
la di námica de la Fenomenología del espíritu comienza
siendo gnoseológica , para después, sin duda (como ya
se esboza en la In troducción), hacer salta r las posici o-
nes de una teorí a del conoc imiento aislada-o, en el
lenguaje hegel iano, abst rac ta-o La plenitud de lo con-
cre to, que en Hegel que da interpretada por el pensa-
miento y al cual, a su vez. nu tre, no cor responde tanto,
pues, a su ta lante realista cuanto a su mo do de efectuar
la anamncs¡s, la inmer sión del espíri tu en sí mismo (o,
17
2
con las palabras de Hegel, al ent r ar en sí y re cogerse
en sí del ser). Si, para salvar el contenido material de
la filosofía hegeliana frente a la supuestamente anti-
cuada y arbitraria especulación, quisiéramos planchar
su idealis mo, no nos quedaría entre las manos otr a
cosa que posi tivismo, una sosa his tor ia espiritual; pero
lo que él pensó ti ene incluso un rango enteramente dis-
t int o que el del embutir en t otali dades (ant e la s que las
cienci as part iculares cierran los ojos): su sistema no
es una organi zación de asilo científico, como tampoco
un conglomerado de ob servaciones geniales . Y cuando
se estu dia su obra le parece a uno, en ocasiones, que
el progreso que el esp íritu se imagina hab er efectuado
a pa r tir de la muerte de Hegel y contra él, tanto mer-
ced a una me todología clara como gracias a una empi-
r íe invulnerable, es una peculiar regresión; mientras
que a los filósofos que creen conservar al go de su he-
rencia se les escapa la mayor parle de aquel concreto
contenido sobre el que se puso a prueba antes que nadie
el pensamiento hegeliano.
Acordémonos , por ejempl o, de la teorí a de la forma
[Gestalt] ampliada que con Kohler, pri meramente, se
ha convertido en una espec ie de filosofía. Hegel reco-
noció la preeminenci a del todo con respecto a sus par-
tes, finitas, insufi cient es y contradictorias cua ndo se las
confronta con él; pero ni derivó una metafísica del pri n-
cipio abst racto de la t ot alidad, ni glorificó al t odo en
cuanto tal en nombre de la «bue na forma»: de igual
mo do que no independi zó las partes frente al todo,
como ele mentos suyos , sabía pe rfectamente el crítico
del Romant icismo que el t odo s610 se reali za a través
de las partes, únicamen te a t ravé s de la desgar r adura, de
la distanciac ión , de la reflexi ón ; en resumen, de todo 10
que es anatema para la teoría de la forma. Su t odo
es, en definit iva, solamente el dechado y quintaesencia
18
de los momentos pa rci al es, que en cada ins tante re mi-
ten fuera de sí mi smos y brotan, di sociándo se unos de
otros ; no es nada que estuviese más allá de ellos. A es to
es a lo que apunta la catego rí a de to talidad, qve es
incompatible con toda inclinación armonizadora (por
mucho que el Hegel tardío la haya abr igado subjetiva-
me nte); y su pensamient o crítico ha alcanzado de igual
modo a la constatación de lo desvinculado como al pri n-
cipio de continuidad: en el conjunto complejo no hay
un paso continuo, sino un vue lco; el proceso no trans-
curre por aproximaci6n de los di versos momentos , sino
mediante un salto. Mas si bien la modern a t eoría de la
forma, en la int erp ret ación dada po r Max Scheler, pro-
testa vivamente cont ra el sub jetivismo gno-seológíco
tradicional e interpreta como algo ya determinado y
estruc turado el mat erial sensorial, el estado en que se
dan los fenómenos (que para el conjunto de la tradi-
ción kantiana quedab a descalificado, caótico) , Hegel ha -
bía hecho hi ncapié con toda energía en tal deter mina-
ción del objeto, sin por ello convertir en un ído lo la
certidumbre sensorial (con cuya crítica comienza la Fe-
nomenotogta del espíritu), como tampoco ni nguna in-
tuición int electual : just ament e a t ravés del idealismo
absoluto, que no deja que nada se quede fuera del su-
jet o dilatado hasta 10 infi ni t o, sino qu e mete a la fuerza
todo dent r o del circuito de la in manencia, se resuelve
la oposición entre la conciencia contcridora de for ma
y de sentido y la me ra materia. En Hegel se encuentra
explícitament e toda la crítica post erior del llamado foro
malismc, tanto de la teoría del conocimiento como de
la ética, por más que no por ello-eomo antes que _él
Schelling y ac tualmente la ontología exis tencial-e-sal ta-
se de un bri nco a lo supuestamente concreto: la expan-
sión sin límites que en él encontramos desde el sujeto
al esp íri tu absoluto ti ene como con secuencia que se
19

presente f ácticamente, como momento inherente a este
espíritu, no únicamente el sujeto, sino asimismo el ob-
jet o, y reivindicando íntegramente su propio ser; por
lo cual la misma tan admirada riqueza de materiales
de Hegel es función del pens amient o esp eculativo, y él
fue el primero que contribuyó a que éste no siguiese
me ramente hablando sobre los instrumentos del cono-
cimiento, sino que dijese lo esencial acerc a de sus ob-
jetos esenciales (no obstante que no suspendiese jamás
la autorreflexión cr it ica de la conciencia), En la medida
en que cabe hablar de un re ali smo en Hegel, estriba en
el impulso de su ideali smo, no le es het erogéneo; ten-
dencialmente, el idealismo hegeliano se saca fuera de
sí mismo.
En modo alguno cabe despachar como una petulan-
cia del concept o al que se hubiese dado suelta preci-
sa me nte la máxima agudeza idealista de su pensamien-
to, esto es , la construcción del sujeto-objeto. Ya en
Kant lo que constituía la fue nte secreta de en ergía era
la idea de que el mundo dividido en sujeto y obj eto
(en el que, algo así como prisioneros de nuestra propia
constit ución, solo no s las habemos con fenómenos) no
es lo últ imo que hay; a lo cual añade Hegel al go nada '
kantiano: que al captar nosotros conceptualmente el
recinto y límites fij ados a la sub jetividad, al contem-
plar ést a como «mera» 'subjeti vidad, hemos traspuesto
ya sus límites. Y Hegel , que en muchos respectos es un
Kant que se ha encontrado a sí mi smo, se ve llevado
por ello a concluir que, de acuerdo con su propia idea,
el conoci miento-si es que hay semejante cos a-es co-
no cimiento tota l, que todo juicio unilateral alude por
su simple forma a lo abstracto, y qu e no descansará
hasta quedar en suspenso [aufgehoben] * en ello. El
* Tr aducimos siempre auíhcben y autgehob en werden por
20
idea lismo absoluto no desdeña t emerari amente los lí-
mites de la posibilidad del conocimiento, sino que bus-
ca las pa labr as con que decir que en todo conocimiento
que propiamente 10 sea se encuentran ínsitas, sin más,
las indicaciones 'necesarias para ser pagado por la ver-
dad, y que el conocimiento, para serlo y no una simple
duplicación del sujeto, ha de ser más que me ramente
subj etivo, ha de ser una objetividad análoga a la razón
objetiva de Platón (cuya herencia se impregna en Hegel
químicamente con la subjetiva filosofía trascendent al.
Hablando hegelianarnente-y, a la vez, mediante una
interpretación que lo refleja un a vez má s y 10 alt era
centralme nt e- podría decirse que en él la con strucción
del sujeto absoluto hace justi cia a una objetividad irre-
soluble en subjetividad. Paradójicamente, es el idealis-
mo absoluto quien emancipa el método al qu e en la
Introducción de la Fenomenología se le llama el «mero
mi ra r»; y es él sólo el qu e ca pacit a a Hegel para pensar
a par tir de la cosa que sea y para respons abili zarse algo
así como pasivamente de su prop io cont enido, puesto
que, por vir tud del sis tema , se ve llevada a su iden tidad
con el sujeto absoluto; las cosas mismas hablan en una
fi losofía que se hace fuerte en proba r que es una y la
misma cosa con ellas. Por mucho que el Hegel fichtiano
haya subrayado el pensamiento de la «pos ición», del
engendrar po r el espíri tu, y por enteramente activa y
«deja r en suspenso» y «quedar en sus penso», r espect ivamente,
ya que, por una par te , es tas expresiones reflejan bast ante bien
el matiz de ope ración con cosas físicas que poseen estos verbos
alemanes y, por otr a, no es aconsejable r eservarlos para t ra-
ducir otr os verbos de es te idioma (fr ente a lo que sucede con
«super ar », «sublimar s-e-Adorno emplea sublimieren en esta mis-
ma obra-e-o «cancelar). «Suspender. queda así libr e, est o es, al
margen del t érmlno técnico que hemos forjado para corres-
ponder a esta compl eja voz aleman a. (N. del T.)
21
prácticamente qu e haya pensado su concepto de des-
a rrollo , no menos pasivamente , si n embargo, se encue n-
tra a la vez ante lo det erminado: compr enderlo no sig-
nifi ca ot ra cosa qu e obedecer a su propio concepto. En
la fenomenología husserli ana la doct r ina de la recep-
ti vidad espontánea desempeña cierto papel; también
esta doctrina es hegeli ana de punta a cabo, si bien en
él no está limit ada a un ti po determinado de actos de
la conciencia. sino q ue se despli ega por todo s los nive-
les de la subjetividad ta nlo como los de la objetividad:
Hege l se inclina por doqui er ante la esencia propia del
obj et o. por doqui er le es renovadamenre inmedia to,
pero precisamente ta l subor dinación a la disciplina de la
cos a exige el máximo esfuerzo del conce pto; y t r iunfa
en el instante en qu e las intenciones del sujeto se ex t in-
gan en el objeto. La crít ica de Hegel acier ta en el vacío
centro a la estática descomposición de l conocimiento
en suj eto y objet o, qu e a la lógica de la ciencia hoy
acept ada le parece cosa obvia, y a aquella teoría resi-
dual de la verdad según la cual es objetivo lo que reste
una vez que se hayan tachado los lla mados facto res
subjet ivos; y las acierta tanto más mortalmente cua nto
qu e no opone a ellas ninguna irracional un idad de su-
jeto y objeto. sino qu e mantiene los momentos de 10
subj eti vo y lo objetivo, que en cada caso se di stinguen
ent re sí, y, con todo, los concibe como resultado de
una mediación recíproca. Y el darse cuenta de que en
los dominios de las ll amadas ciencias sociales (y donde-
quiera q ue el objet o mismo experi mente la medi ación
del «espíri tus) se logra que los co nocimientos sean fruc-
tíferos no excluyendo el suj eto, sino en virtud de su
supremo empeño. mer ced a todas sus inervaciones y
experiencias. es te caer en la cue nta que se arranca a
viva fuerza, gracias a la re flexión sobre sí, a las ci en-
cias sociales que se re sisten a él, proviene de l co nj unt o
22
del sist ema hegeli ano; in telección que le otorga supe-
r ior idad sobre el ejercicio de la cie nci a que. al mi smo
tiempo que se enfurece contra el sujeto. exper ime nta
un a r egresión al r egist ro precientífico de hechos. datos
fáct icos y opiniones sueltos, o sea, de lo subjetivo más
vano y fortuito. Por muy sin reservas que se entregue
Hegel a la determinación de su objeto, est o es , propia-
mente, a la dinámica obj eti va de la soc iedad, se halla
radica lment e inmune, en vir tud de su concepción de la
relación exis tente entre suj et o y objeto (concepción que
es suficiente en todo co noci miento de hechos), fr ente
a la tentación de aceptar acrít icamente la fachada : no
en vano ha pasado a enco nt rars e en medio mismo de
la lógica la dialéctica de la esencia y el fenómeno ; cosa
de qu e conviene acordarse en una situación en la qu e
los adminis tradores de la dialéctica en su versión ma-
terialista-esa cháchara de pe ns amientos oficia les en el
bl oque orient al- la han degr adado a irreflexiva teor ía
de simple copia ; pues la di aléct ica , una vez limpia del
fermento cr ít ico, se prest a tanto a l dogmatismo como
en otro tiempo lo hi zo la inmedia tez de la intuición
intelectual schelli nguiana, contra la que se enderezó el
fil o de la polémica de Hegel. Est e había hecho j ust icia
a la crí tica de Kant al criticar, a su vez, el dua lismo
kantiano de forma y co ntenido y al arrastrar a una di-
námica las rígidas determinaciones dife renciales de
Ka nt y-de acuerdo con la int erpretación de Hegel-
asimis mo de Fichte, mas sin sacri ficar. por ello. la in-
disolubilidad de los momentos a una cha ta identidad
inmediata; en su idealismo, la razón se convierte en
critica (en un sentido que cri tica reiteradamente a Kant)
al hacerse negat iva , movili zadora de la es tática de los
momentos, que , sin embargo, se conservan como tale s:
la re flexión atraviesa de t al manera todos los polos que
Kant había contrapuesto entre sí (l a for ma y el cante-
23
nido , la na tu ra leza y el espíri tu, la teoría y la praxis, la
libertad y la necesidad, la cos a en sí y el fenó meno)
que ninguna de es tas determinaciones queda parada, a
modo de al go úl timo; y cada una de ellas requiere por
sí mi sma exac tame nte aquel otro momento que en Kant _
se le contraponí a. ..Q.e ahí que en Hegel mediación no
quiera jamás deci r, como se figura esa mala inteli gen-
cia que no ha podido ser má s fat al y que procede de
Kierkegaard, al go intermedio entre unos ext re mos, sino
que acontece a t ravés de los extre mos y en ellos mis-
mo s: .t al es el aspecto ' radical de Hegel, que es incom-
patible con todo moderanti smo. Pues, según él mu es-
tra, lo que la filosofía tradicional espera hacer crista-
lizar en unas ent idades ont ológicas fundamentales no
son ideas colocadas en forma di scret a unas fr ente a
otras, sino que cada una de ellas exige su opuesta, y el
proceso es la relación de todas ent re sí. Mas de esta
forma se altera tan profundament e el sentido de la
ontología que parece ocio so ap licarlo-según querrían
hacer actualmente varios int érp ret es de Hegel-a una
llamada es t ructura fundament al cuya esencia consiste
preci samente en no serl o, en no ser de
la misma manera que, en el sentido de Kant, no es
posible ningún mundo, ningún constítutum sin las con-
di ciones subjetivas de la razón, de lo constituens, la
autorreflexión hegeli ana del idealismo aña de que tam-
poco ca be ningún constituens, no cabe n ningunas con-
diciones generadoras del espíritu que no hayan sido
abstraídas de sujetos fácti cos y, por lo t anto, en último
tér mino, a su vez, de al go no meramente subjetivo, del
«mundo»; pues, merced a la insistente respuest a que se
le había venido dando, Hegel perdió confianza en el
fatal legado de la metafísica tradicional, en la pregunta
po r un último principio.
Por ello no se puede comparar la dialéct ica (quinta-
24
esencia de la filosofía hegeli ana) a ningún principio
metódi co ni ontológico que la caract erizase de manera
semejante a como lo hacen la do ct rina de las ideas al
Platón intermedio o la mo nadología a Leibni z: di aléc-
tic a no qui ere decir un mero proceder del espíritu me-
diante el cual se sus t ra jese éste a su objeto (ocurre en
él literalmente 10 con trari o, una confr ontaci ón per ma-
nente del objeto con su pro pio concept o), como t ampo-
co una visión en cuyo esquema hubiese que comprimir
la realidad; la di aléctica es tan poco aficionada a la
definición aislada como apt a pa ra encaja r a su vez en
una, cualquier a que sea: es un impertérrito afana rse
por obligar a qu e se empare jen una conciencia de la
ra zón crít ica de sí misma y la experiencia crítica de
los objetos. El concep to científico de verificación es na-
tu ra l de aquel rei no de concep tos rí gidos y sep arados
-c-comc los de t eoría y exper ienc ia- al que Hegel decl a-
ró la guerra; pero si quisi éramos , j ustamente, pedirle
su veri ficación a aquell a doctrina de la dialéct ica, pre-
cisamente t al doctri na, a la que la ignoranci a suele des-
pach ar como camisa de fuerza de los conceptos, se ha
veri ficado en las f ases históricas más rec ientes en una
medida que const ituye un di ct amen sobre la t ent ati va
de ajustarse a la s circunst ancias prescindiendo de la
supuesta arbit rariedad de tal construcción [e spe culati-
va] : Hit ler, de acuerdo con su propia ideología y como
alguacil tolerado de otros intereses más fuertes, salió
dispuesto a extermina r el bolchevismo, mient ra s que
su guerra ha proyectado sobre Europa la gigan tesca
sombra del mundo eslavo, mundo del que Hegel ya de-
cía, lleno de presentimientos, qu e no ha bía entrado aún
en la hi st oria; pe ro lo que le facultó a Hegel para ello
no fue ninguna mirada históric a profética, sino esa
energía construc tiva que penet ra en lo que haya sin
2S
por eso renuncia r a sí mi sma en cuanto razón , cri tica
y concienci a de la posibilidad.
No obstante todo est o, aun cuando la dia léctica hace
patente la imposibili dad de reducir el mun do a un pol o
subj et ivo fijado. y pe rsigue met ódicamente la negación
y producci ón alte rnat ivas de los momentos subjet ivos y
obje tivos , la filosofí a de Hegel, por ser una ñlo soña del
espírit u, se af erró al idealismo; mas sólo la doctrina
(inherent e a tal idealismo) de la iden tidad del sujeto
y el obj eto, la cual, por su pura forma, va a parar siem-
pre a la preeminencia del sujet o, le otorgó aquella fuer-
za de lo total que llevó a cabo el t rabajo negativo, la
flui difi caci ón de los concep tos ai slados, la re flexión de
lo inmedi ato y, luego, el dej ar otra vez en suspenso la
reflexión. En su Historia de la filosof ía se encuent ran
las fonnulaciones más drásticas al res pecto, según las
cuales no solamente es la filosofla fichtiana la perfec-
ción y acabamiento de la kantiana (como el mismo
Fich te había as egurado siempre), sino que llega Hegel
a decir que no hay «fuera de la de ést e y la de Schelli ng
ninguna filosofí a» 1: lo mi smo que Fichte, pret endió
sobrepujar en ideali smo a Kan t disolviendo el momen-
to no propio de la conciencia, el momento dado de la
realidad, en una posición del suj et o infinito. Y, fr ente
al carácter radicalmente quebradizo del sistema kan-
tiano. encareció--e incluso acrece nté-e-la superior con-
secuencia de sus seguidores: no le chocó que las quie-
bras kantianas bosquejasen jus tamente aquel momento
de no ide ntidad que, de acuerdo con su propia mane-
ra de ver las cosas, acompaña inevitablement e a la filo-
sofía de la identidad, sino que, por el cont rario, juzga
a Fichte del sigui ent e modo: «Píchte dejó en suspenso
esta falta, la descuidada inconsecuencia kantiana por
1 Hegel , WW 19, pá g. 611 tv. cast., pá gs. 460-1].
26
la que la totalidad del sistema carece de unidad es.
pecutat íva. .. Su filosoffa es cultivo de la forma en sí
üa razón se sintetiza en sí misma. es síntesis del con.
cepto y la realidad) y. sobre todo. una presentación
más consecuent e de la filosofía kantianas a. El acuerdo
con Fichte llega todavía má s allá: - La filosofía fichtíana
posee la gran ven taja e importa ncia de haber sentado
que la filosofía ti ene que ser una ciencia que proceda
de un solo axioma supremo, del cual se deri ven necesa-
r iamente todas las det ermlrracíones : sil grandeza es la
unidad del principio y el intento de desarrollar a par.
tír de él, en forma científicamente consecuente, todo
dicho, de const ru ir todo el mundos s, Pocas cosas po-
drfan revelar más pregnantemente que estas palabras
la relaci ón de Hegel con el idealismo. llena en sí mi sma
de contradicciones : pues lo que constituye el conteni-
do de la filosofía hegeliana es que no cabe expresar la
verdad (e n Hegel, el sistema) como si fuese semejante
axioma. como un principio originario, sino que sería
la totalidad dinámica de todas las proposiciones que
se engendren unas a otras en virtud de su cont radic-
ción; ahora bien, tal cosa es exactamente lo opuesto al ¡
int ento fichtiano de extraer el mundo de la pura iden-
tidad, del suj eto absoluto. de una posición ori ginaria.
Pese a lo cual , Hegel admite enfá ticamente como válido
el postulado de Fichte del sistema deductivo; sólo que
él otorga a este segundo axioma un peso infinitamente
mayor que el concedido en la propia Teoría de la cien-
cia [de Fichte] : no insist e-en el lenguaj e hegeliano-
en la eforma absoluta•• que Fichte habla asido y que
la realidad debería encerrar en sí. sino que se construye
la realidad mi sma al captar con el pensamiento la con-
, Hegel, WW 19, pá g. 613 Iv. ces t., pág. 462].
• Id., pág. 615 Iv. cast., pág. 464].
21
traposición entre el contenido y la forma y- si se quie-
re-al des plegarse a partir de la for ma misma el con-
tenido opuesto a ella. En la deci sión de no tolerar lí-
mite a lguno y de liquidar todo residuo de determína-
ción di ferenci adora, Hegel dio litera lmente cien vueltas
al idealismo fichtiano; por lo cual precisamente pier-
den los ai slados axiomas de Fieht e su significación de
remate. Hegel sabía perfectamente la insuficiencia de
un axioma abstracto, situado más all á de la dialéctica,
del cual debiera seguirse todo; y lo que se ti ene ya en
Fichte, pero no se desarrolla todavía, lo convierte en
motor del filosofar: la consecuencia qu e procede del
axioma niega éste y, a la vez, quebranta su preeminen
cia absolut a; de ahí que Hegel se viese obligado tanto
la Fenomenol ogía) a empezar partiendo del sujeto
y captar a la vista del au tomovimiento de éste todos
los contenidos conc ret os, como, a la inversa (en la Lo-
gíca), a instituir con el ser el movimiento del pe nsa-
miento. Cuando se la entiende debidamente, la elección
del punto de partida, de Jo que en cada momento sea
lo pri mero , es indiferent e para la filosofía hegeliana:
ésta no rec onoce semejante elemento primero como si
fuese un principio fijo que permaneciese inalt erada-
me nte igual a sí mismo en el avanzar del pensamiento.
ASÍ, pues, Hege l de ja muy a la zaga, de este modo, toda
la metafísica tradicional y el concepto pre-especulativo
del idealismo; pero , con todo, no abandona este últi-
mo: la absoluta estrictez y clausura del curso del pen-
samiento , a la que, con ,Fiehte, aspira (frente a Ka nt),
ha es tat uido ya, por serlo, la prioridad del espíritu, por
mas que en cada nivel t anto el sujeto se determine
en cuanto objeto como, viceversa, éste se de termine en
cuanto sujeto. Mas al atreverse a probar el espíri tu que
observe que todo lo que hay es conmensurable con el
l agos, con las determinaciones intelectuales (por serl o
28
con el espírit u mi smo), éste se erige en algo ontológi-
cemente últ imo, aunque comprenda j untamente la fa la-
cia que en ello yace (la de l a priori abstracto) y se es-
fuerce por alejar esta su propia t esis general. En la
objetividad de la dialéctica hegeli ana, que echa abaj o
todo me ro subjet ivismo, se "encier ra algo de la volun-"
tad del sujeto de saltar sobre la propia sombra: el
sujeto-objeto de Hegel es un sujeto. Lo cual explica
una cont ra dicción que no est á resuelt a, pese a la propia
exigencia hegeliana de consecuencia omnilateral, la de
que la di aléct ica del sujeto-objet o, desprovis ta como
está de todo concepto supremo abstracto, constituya
el todo y, sin embargo, se realice como vida del espí-
ritu absoluto: la qui ntaesencia de lo condicionado se-
ría lo incon di cionado. Y no en último término se apoya
aquí eso que flota en la filosofía hegeliana y que el lo
mismccst é en el ai re, su escándalopermanenÚ;: el-que
el nomb re de su concepto especulati vo supremo, inclu-
so el de _de sin más califica-
ciones, sea literalmente el nombre de aquello, lo que
está flotando. Pero el escándalo hegeliano no se ha de
atribuir a ninguna falta de claridad ni confusión, sino
que constituye el precio que ha de pagar Hegel por la
cons ecuencia absoluta (la cu al choca con las bar reras
del pensar consecuente sin poder quitarlas de en me-
dio). En lo mal compuesto y achacoso de la dialéctica
hegeliana se encuentra est a su máxima verdad, la de su
imposibilidad-por mucho qu e ella, la teodicea de la
autoconcíencía-c-, carezca de au tocon ciencia de t al cosa.
Mas con ello se ofrece Hegel a la crítica del idealis-
mo, a una crítica inmanent e, como r eclamaba él de
toda crí tica: su crecida le alcanzó a él mismo. Richard
Kroner ha cara cterizado la relación entre Hegel y Fich-
te con palabras que, po r lo demás, en cier to modo con-
vienen ya a est e úl ti mo: «El yo, en cuanto que median-
29
te la reflexión se contraponga a todo lo demás, no se
di st ingue de lo demá s: en cua nto tal corresponde más
bien a lo contrapuesto, a las leyes impuest as, a los con-
tenidos mentales, a los momentos de su actividad»4.
La respuest a del ideali smo alemán a est a intelección
del condici onamiento del yo (adquirida de nuevo traba-
josa mente por la filosofía de la re flexi ón en su perfec-
cionamiento ci entífico moderno) consiste-e-dicho tosca-
mente- en la distinción fichtiana entre indi viduo y
sujeto, y, en definitiva, en la kant iana entre el yo como
sust rato de la psicología empíri ca y el yo pienso tras-
cende ntal: el súj e!º-.!!r:tJ!o~ S L como decía Husserl, un
trozo _del mundo, y, afectado como está él mi smo por
larel arívídad, no bast a para fundamenta rIo absoluto;
Jo cua l supo ne ya que, como »cons tituuun» ka ntiano.
es preciso elucidarlo primeramente mediante la filoso-
fía trascendentalv Frente a esto, el yo pi enso, la pura
identidad (pura en el enfático sentido kantiano), se
toma como algo ind ependiente de toda fact icida d espa-
cioternporal: sólo entonces se de ja resolver sin residuo
en su concepto tod o lo exis tente. Kant, sin embar go, no
llego a efectuar este paso: del mismo modo que, po r
un lado, las formas ca tegoriales de l yo pienso re quie-
ren un conteni do que les corresponda y que no proven-
ga de ellas mismas, pa ra posibilita r la verda d (o sea, el
conocimiento de la naturaleza), por el otro se respeta n
el yo pi ens o mismo y las formas categortates ka nti anas
como una especte de datos; así, pues, en el _para nos-
otros » que Kant emplea una y otra vez sin reflexionar
sobre él, con ens imismada ingenuidad, se reconoce la
referenci a de las formas categorlales prec isamente a lo
exist ente aludido, a saber , a los hombres (referencia no
• Rich ard Kroner : VV.'l K ant bis He.gel. Tüb íogcn, 1924. t . H,
pág. 279.
3D
solamente respecto de su aplicación, sino asimismo en
cuanto a su pr opio origen); y la refl exión kantia na que-
dó interrumpida en este punto, atestiguando la irreduc-
ti bilidad de lo fáct ico al espírit u, el cruce de los diver-
sos momentos. Fichte no llego a decidirse acerca de
eIJo: I ~ n z ó sin contemplaciones sobre Ka nt la di sti n-
ción entre el sujeto t rascendenta l y el empí rico, e in-
tentó, po r mor de la irreconcili abilidad de ambos, arran-
car el principio del yo a la facticidad, justifi cando de
esta suerte el ideali smo en aquella ab solu tcz que luego
se convir t ió en el medio en que había de vivir el siste-
ma de Hegel. Así puso en libertad el radicalismo fich-
tiano lo que se a lbergaba en la semioscuridad de la
fenomenología trascendent al. pero. cont ra su voluntad,
también salió a luz el carácter di scuti ble de su propio
sujeto ab soluto: él mi smo dijo de és te que era una
abstracción s (cosa que se han guardado cuidadosísima-
mente de llamarle todos los idealist as tardíos, y, entre
ellos , cier ta mente, los ontólogos). Si n embargo, el _yo
puro » ha de oca sionar aquello de lo cua l se lo abst rae,
que, a su vez, le oca sionará en la medi da en que sin
semejante abstracci ón es simplemente imposib le pen-
sar su propio concep to; pues no cabe independizar
"Cf ., por ejemplo, J. G. Fichte : Erste Einleitull g in die
Wissellschaf tslehre, en WW (reimpresión de la edi ción comp leta
publicada por J. H. Fichte). 1 [§ 3], págs. 425-6, y Zwt?Íte EiJl-
leitung in di e Wisseruchaft sl elrre, loe. cit . [§ 6J, págs. 477-8
(en cuanto a ediciones más recientes, se encuen tran es tos pa-
sajes en las AusgewahIu Werke in sechs Blinden (reimpres ión
de la ed. de F. Medicus, de 1911 ), Darmst ad t , wt ssenscharrü-
che B., 1962, t . l JI , págs. 9-10 Y 61-2, }" en el cómodo volumen
sue lto Brsi e und zweite Ein leitung... . Hambur go, Meiner (.Ph.
B.•, 239). 2." ed., 1967 (que también reprod uce la cd. de Medi-
ces), páas. 12-3 y 63-5; vers ocasto de J . Gaos : Primera y segunda
introducció n a la Teor ía de la Cienc¡,i, Madr id. Rev. de o cc..
1934, págs. 15·7 y 104-6].
31
\
absol utamente el resu ltado de la ab stracción r espect o
de aq uello de lo que se lo haya extraído; como el ab s-
tract o ha de seguir . siendo aplicable a lo subsumido
bajo él. como la vuel t a a trás tiene que ser posible, siem-
pre se conserv ará a la vez en él, en cierto sentido, la
cualidad de aque llo de donde haya sido ab straído, aun-
que sea en una generalidad superi or. Por consigui ente,
si la formación del concepto de sujeto t rascendent al se
sobrepone totalmen te a la conciencia indi vidual. sim-
plement e es paciotempora l, de la que fue obtenido, no
cabe redimir ya tal concepto; de lo cont ra rio, él mi smo,
que ha demolido todos los fetiches, se volverla otro
más. Mas los filósofos especulativos a parti r de Ftcht e
no se di eron cuenta de ta l cosa: Fichte hipostasió el
yo así abs traído, :y Hegel permaneció siempre prisione-
ro suyo en este as pec to; ambos pasaron por alto que
la expres ión yo, ta nt o la pura y t rascendental como la
empírica e inmedi ata, ha de des ignar una conciencia.
Ya Schopenheuer, frente a Kan t , insisti ó en ello, dando
un giro ant ropológico-ma teri alista a su polémi ca: la ra-
zón pura kantiana eno se ha tomados, por 10 menos en
la filosofía moral. «corno una facu lt ad cognoscitiva del
hombre, que es lo único qu e, sin embargo, es, sino que
se la ha hipost asiado, sin autorización alguna para ello
y convirtiéndose en el más pern icioso de los ejemplos
y precedent es (para documentar lo cual puede valer
nuest ro deplorable período filosófico present e ): y ent re-
tant o, es ta formulación de la moral como algo no pa ra
hombres como ta les, sino pa ra todos los seres racion a-
les en cuanto tales, es para Kant una cosa es encial y
noción favorit a ta n establecida que no se cansa de re-
petirla en toda ocasión. Con tra lo cual digo qu e no
estamos autor izados nu nca a formular un género que
nos es té dudo en una ú nica especle , y en cuyo concep-
t o, por conslgulenrc, no se pueda inclui r ab solut amente
32
I
nada que no se haya tomado de es ta y sola especi e (por
la cual lo que se dijese del género habrí a de entenderse
siempre, con todo, como dicho exclusivament e de és ta);
mi ent ras que, en caso de que para formar el género se
hubiese prescindido sin aut orización de algo propio de
tal especie, ta l vez preci samente por ello se habría deja-
do en suspenso la condici ón de posibilidad de las res-
tantes propi edades, hipostasiadas en géne ro »6, Pero
ta mb ién en Hegel-y, ciertamente, no por desaliño lin-
güístico-se loman de la experi encia de sí mi smo de l
sujeto finito las expresiones más enfáticas, como esptrt-
tu y autoconciencia: tampoco pu ede él cortar los hi los
entre el es pírit u ab soluto y la per sona Si _el:
yo absoluto. fichtiano y hegeliano, en cuanto abs tracción
del -;-
contenido peculiar de éste que ya no fuese, en defi ni ti--
va, aquello de lo que se lo ha ab straído (o sea, un yo),
que se deshiciese to talmente de la factici dad que acom-
paña a este concepto, ya no ser ía aquel se r del espíritu
cabe si , aquella patria del conocimiento (de la cual úni-
camente, por otra parte, depende la preeminencia de
la subjetividad en los grandes sistemas idealistas): un
yo ya en ningún sentido yo, esto es , que
se pasase sin . hecer referencia alguna_!,__ concienci a _
individuali zada y, por ello, necesariamente, a la persona
es paciot emporal, sería un sinsent ido, que no sólo flo-
taría libremente de acá para allá y ser ta tan indeter-
minabl e como Hegel se lo re prochaba a l concept o opues-
to, al ser , sino que ya no habría man era de apre henderlo
como yo, o sea, como en mediación con respect o a la
concíencía. E! análi sis del sujeto
• Arthur Schopenha uer-: «Pre ischrift über Grundlage der Mo-
ral», Siímaiche Werke, ed. de Paul Dcussen, Munich, 1911, 111,
pá g. 601.
33
,
\
c l : m o c ~ r la_irresolubilidad de un mome nto empí rico, no
Idéntíco. , en J o_que las doctr inas del suje to absoluto,
los. sistemas idealistas de la identidad, no osaban reco-
nocc=.t:._c_omo irresoluble. En esta medida, la filosofía de
Hegel es fal sa de acuerdo con la sentencia dicta da por
su propio concepto. Pero entonces, ¿cómo es . con todo,
verdadera?
Para responder a esto es preciso descifrar lo que do-
mina toda la filosof ía hegel íana, sin de jarse detener en
ningún momen to: el espíri tu. No se lo hace contrastar
absolutamente con algo no es piri tual, material. no es
originariamente esfera algun a de objetos pa rti culares
(la de las post eriores ciencias del espíritu): más bien
serí a inconfinado y absoluto, y por ello Hegel , como
heredero de la razón práctica kantiana . lo llama libre.
Mas, de acuerdo con la defini ción de la Enciclopedia,
es «esencialmente activo , producente»1, de igual modo
que ya la razón práctica kantiana se diferenciaba esen-
cial mente de la teórica en que creaba su «objeto", el
acto; y el momento kant iano de la espontaneidad. que
en la unidad sint ética de la apercepción se aúna com-
pletamente con la ident idad cons ti tu tiva (el concepto
de Kant__ de l yo pienso era la fónnula de la indiferenci a
ent re la espontaneidad engendradora y la identidad ló-
gica), se convit;.rte con Hegel en total, totalidad en la
que se hace principio del ser no menos que del pen sar.
Pero como Hegel deja de contraponer el enge ndrar y
el actuar, en cuanto obras meramente subjeti vas . a la
ma teria, y los busca en los objetos concretos, en la rea-
lidad objetiva , se traslada a lo más espeso del secreto
que se oculta t ra s la apercepción sint ética, y alza a ésta
por enci ma de una mera hi póstasis arbitraria del con-
cepto ab stract o; lo cual no es otra cosa qu e el t ra bajo
' Hegel, WW 11). pág. 305.
social. Es to se reconoció por primera vez en los manus-
critos filosóllco-económicos del joven Marx, descubier-
tos en 1932: «La grandeza de la fenomenología hegelía-
na y de su resulta do. la dialéctica, la negatividad como
pri ncipio motor y engendrador, consi ste. .. en que capta
la esencia del trabajo y concibe a los hombres objeti-
vos, verdaderos por ser hombres reales , como resultado
de su propio trabaj o. ' . El momento de universalidad
del act ivo suje to t ra scendental fre nt e al meramente em-
pí ri co, aislado y conti ngente, no es una simple quimera ,
como ta mpoco lo es la validez de las propos¡{¡ones ló-
gicas fr ente al decurs o fáctico de los actos mental es
indivi duales singulares; por el contra ri o, tal uni versali-
dad es la expresión al mismo tiempo exacta y-c-tenic n-
do en cuent a la tesis general ideali sta-oculta a sus
propios ojos de la esencia social del trabajo; untversa-
lidad que se convierte en t ra baj o, en general, sólo en
cua nto éste es algo para otro, algo conmensurable con
otros, en cuanto salida de lo fortuit o del sujeto singu-
lar. Segú n ya decía la Pol íti ca de Ari stótel es , Ia subsís-
tencia de los suje tos depende del t ra bajo de los demás
no menos que depende la socieda d del obrar de los in-
di viduos singul ares; y con la remisión del momento ge-
nerativo de l espíritu a un sujeto absoluto, en luga r de
a la pers ona singular individual que en cada caso t ra-
baje, se define el t rabajo como organizado, social : su
propia «raciona lidad», la ordenación de las funciones.
es una relación social.
La traducción del concepto hegeliano de espí ri tu en
trabajo soc ial desencadena el reproche de socíotogís-
mo, que confundiría la génesis y el efecto de la filoso-
I Kar l Marx.: Die Frílhschriiten, ed. de Siegfri ed Lands hu t,
Stuttgart , 1953, pág. 296 [vers o cast o de F. Rubio Uorente en :
Manuscritos: econom ía y filoso/la, Madrid. Alianza Edit., 1968,
págs. 189·90].
35
ña de Hege l con su contenido. I ndudablement e, era él ,
como Kant, un analis ta trascendental; y podría demos-
trarse hasta en los detalles que, como crítico de éste,
trató de hacer jus ticia a sus intenciones pasando más
allá de la Critica de la raz6n pura, del mismo modo que
ya la Teoría de la ciencia de Fichte había forzado el
concepto kan tiano de lo puro. Las categorías hegelia-
nas, sobre t odo el espírit u, caen en los dominios de
los constituyentes trascendentales, en tanto que la so-
ciedad, la complexión funcional de las personas em-
píricas, sería en Hegel-hablando kantianamente-un
constitutum, un trozo de eso existente que en la gran
Lógica" (en la doctrina de lo absolutament e incon-
dicionado y de la exis tencia como devenida 9), a su
vez, se despliega a partir de lo absoluto , que sería es-
píritu. Por lo tanto, la interpretación del espíritu como
sociedad parece una ere 1j),)..fJ l É',lfJ<; , incom-
patible con el sentido de la filosofía hegeliana ya sólo
por faltar a la máxima de la crítica inmanente y por
intentar la captura del contenido veritativo de la filoso-
fía hegeliana en algo exterior a ella, en algo que és ta
habría derivado en su propia estructura como cosa con-
dicionada o fijada. Desde luego, la crítica explícita de
Hegel podría hacer patente que no consigue efectuar
semejante deducción: la expresión lingüísti ca existen-
cia, que necesariamente es algo conceptual, queda con-
fundida con lo que designa, con algo no conceptual,
* Como es sabido, suele llamarse «gran lógica» de Hegel a la
publicada por él como libro independiente (Wissenschaft del
Logik: Ciencia de la lógica), frente a las partes que tratan de
ella en su Enzyklopiidie der phi tosophischen Wissenschaft en
(Enciclopedia de las ciencias filosóficas), (N. del T. )
' Hegel, WW 4, págs. 588 ss. red. crít., t. 11, págs. 94 ss.:
v. cast. t . 11, págs. 115 ss.
36
que no habria de refundirse en una ident idad l0 ; y no
debería tolerársele a Hegel .t ínmanenternente, la absolu-
tez del espíri tu (cosa que, al menos, atestigua su propia
filosofía en cuanto que no encuentra lo absoluto en
ningún otro lugar que en la totalidad de la discord ia,
en la unidad con lo otro de uno). Pero, recíprocamente,
la sociedad, por su parte, no es un mero ser ahí exis-
tente, un mero hecho; pues sólo para un pen samiento
rabiosamente antitético, abstracto-en el sentido hege-
liano de la palabra-, sería la relación entre espíritu y
sociedad la lógico-trascendental que hoy entre el cons-
títuens y el constitutum: a la sociedad le incumbe hasta
lo que Hegel reserva al espíritu f rente a todos los mo-
mentos singulares, aislados, de la empirie; momentos
que la sociedad hace aparecer por su propia medi ación,
que se constituyen a través de ella simplemente como
para cualquier idealista sucede con las cosas con res-
pecto al espíritu, y, verdaderamente, antes de todo influ-
jo particular de la sociedad sobre los fenómenos: ésta
se manifiesta en ellos como-para Hegel- lo hace la
esencia. La sociedad es concepto tan esencialmente
como loes __
sujetos que mediante__ surrabajc reproducen .Ia.vída de .;
la es pecie; se convierte el espíritu en obj etivo, en fnde -,
pendiente de _toda de
.. t rabajo
Y.4e los t rabaj ador es; y el principio de la
del trabajo social cambia a la sociedad-en el sentido
burgués modemo-en algo abstracto y máximamente
real: cabalmente lo que Hegel enseña de l concepto en-
fático del concepto. rºr .. uno de los pasos del
capad: -
taría 1?ara d<:jarla como ta l, más
»veese, a este respecto, el texto: parte final de «Skoteínos•.
37
/
entre En cuanto a lo que permit e al dialéctico
Hegel resguardar al concepto de espíri tu de contamina-
ción con el iactum bruturn y, de est e modo, sublimar
y justificar en el espfritu la brutalidad de lo fá ctico,
es cosa secunda ria. La experiencia (inconscie nt e de sí
misma) del trabaj o soci al ab stracto se transfigura pa ra
el suje to que reflexiona sobre ella: el trabajo se con-
vierte para él en su forma de reflexión, en un puro acto
del espíritu. en su productiva unidad. ya que no puede
haber nada fuera de él: pero el factum brutum, que se
desvanece en el concepto total de esp ír itu , regr esa a él
como coacción lógica, a la cual no puede sustraerse lo
particular, como tampoco puede hacerl o el individuo
part icular a la contrainte socjale. Sólo que tal brutali-
dad de la coacción da lugar a una apariencia de recon-
ci liaci ón en la doctrina de la identidad restaurada.
Ya con anterioridad a Hegel, las expresiones me-
diante las cuales se define el espíritu en los sistema s
idealistas como un producir or iginario se t omaron , sin
excepción, de la esfe ra del tra bajo; mientras que no es
posible encontrar otras porque lo que se mi ent a con
sí ntes is t rascendental no puede desp renderse. teniendo
en cuenta su propio senti do, de la relación con el tra-
bajo. la actividad sistemática regulada de la razón hace
virar el trabajo hacia el inter ior; y el peso y la coacción
del dirigido haci a el exterior se t ransmiten como legado
al esfuerzo de reflejar y modelar que hace el conoci-
mien to en torno al «objeto.., además de necesitarse de
nuevo en el progresivo dominio de la natural eza. Ya la
antigua distinción ent re se nsibilidad y razón es indicio
de que és ta, en oposición a lo meramente dado por
aquélla , hace algo así como un obsequio, sin contrapar-
ti da: lo sensori almente dado seri a como los frutos del
campo, en tanto qu e las operaciones de la razón depen-
derían del capric ho, podrí an acontecer o no r ealiza rse .
por ser aquello mediante lo cual los hombres , ante
todo, formarían algo frent e a ellos. La primada del
logos ha sido siempre una par te de Ia moral del tra-
bajo. La manera de comportarse el pensami ento como
tal. indiferente a lo que t enga como contenido, es po-
lémica con la natural eza hecha habitual e interiori zada,
una int ervención. no un mero recibir; por ello, cuando
se habla de pensami ento se hab la conjunta mente de
un material, del cua l el pensamiento se sabe sep arado,
para di sponerlo como hace el trabaj o con su materia
prima. Así, pues, a todo pen sar le está asociado ese mo-
mento de esfuerzo violento (reflejo en las necesidades
vit ales) que caracteriza el t rabaj o: las fatigas y el es-
fuerzo del concepto no son nada me tafórico.
El Hegel de la Fenomenología. para el cual la con-
ciencia del espíritu en cuanto actividad viviente y su
identidad con el sujeto social real eran a lgo menos des-
medrado que para el Hegel tardío, reconoció el espíri tu
espontáneo como trabajo (si no en la teoría, por la
fuerza del lenguaj e) : el camino de la conciencia na tu-
ral ha cia la ident idad del saber absoluto seria también,
por su par te, trabajo; y present a la relaci ón que el es-
,\
piritu mantiene con el estado de cosas siguiendo el mo- ....
delo de un acontecer social , precisamente el de un pro-
ceso de trabajo: saber que hay
espíri tu inmediato, es lo care nt e de_esp íri tu, Ia concien-
cia sensorial ; _.y para convertirse __en saber,
o sea , para engendrar el elemento de la ciencia que es :;
su mi smo concepto puro, ha de t rabajar a lo largo _de .......
un dil atado caminos 11. Lo cual no es, en modo alguno.
algo figurad o: si el es píri tu ha de ser real, antes ha de
serl o su trabajo. Mas el et ra be]o del concepto. hege-
liano no es un laxo eufemismo de la act ividad del sa-
II Hegel , WW 2, pág. 30 red. alto pág. 26; v, cest., pá¡. 21].
39
bio: Hegel pinta siempre a la vez ésta, en cuanto 610-
sofía-y no grat uitamente-, como eccntemptadora»:
pues aquello en 10 que trabaja el filósofo no será pro-
piamente sino en otorgar la palabra a lo activo en la
cosa mi sma. a lo que, en cuanto trabajo social, tiene
forma objet iva frente a los hombres y, sin embargo,
sigue siendo trabajo de ellos: ..El movimiento por el
que la conci encia inesencial t rat a de alcanzar es te ser
una-leemos en un pa saje posterior de la Fenameno-
logiar-es a su vez triple, de acuerdo con las t ri ples
relaciones que habrá de sostener con su más allá con-
figurado: primeramente como conciencia pura, después
como es encia singular que guarda relaci ones de ape ten-
cia y t rabaj o para con la realidad, y, en tercer lugar,
corno concie ncia de su ser para sfa u,
La interpretación de Hegel ha insistido con razón
en que cada uno de los movimientos principales que en
su filosofí a se distinguen ent re sí seria, a la vez, el t odo;
mas es to vale también, ci ertamente, para el concepto
de t rabajo como rel aciones con la realidad, ya que éso
tas, en cuanto dial éctica del sujeto-objeto. son. en suma,
dial éctica. En cuanto a la vinculación de los concept os
de apetencia y de trabajo, tan central, desliga a este
último de la mera analogía con la abstracta actividad
del espíritu abstracto; pues , en su sent ido íntegro, el
t rabaj o está vincul ado en acto a la apetencia. a la que
niega una vez más : sat isface las necesidades de los
hombres a todos los nivel es, los auxilia en su desam-
paro, Jes reproduce la vida y les inspira resignación
para ello. Incluso en su forma intelectual, el t rabaj o
sigue siendo un brazo que se ha alargado para aportar
subsistencias, el principio de dominio de la naturaleza,
si bien independizado y luego distanciado de si mi smo
11 Hegel, WW 2, pág. 171 [ed. crí t., pág. 162; v. cast., pág. 131].
40
(desde luego. a sabiendas ). Pero el idealismo yerra al
t rocar la totalidad del trabajo en su ser en sí , al subli-
mar su principi o en metañstco, en act us purus del es -
píritu, y al t ra nsfigurar tendencialmente lo creado en
cada caso por los hombres, eso perecedero y limitado
juntamente con el t rabajo mi smo (que es su pena), en
algo ete rno y just o. Si nos est uviese permitido es pecu-
lar sobre la especulación hegeliana, podrí amo s conje-
turar que en la dilatación del es píri tu a totalidad se
encuentra, cabeza abajo, el conocimiento de que el es-
píritu no es ningún principio aislado, ninguna susta n-
cia eutosuñcíente, sino un momento del trabajo social,
el que es tá separado de l corporal. Mas el t rabajo COl'·
poral se ve remitido, necesari amente. a lo que él mismo
no es. a la naturaleza, sin cuyo concepto es tan impo-
sible formar una noción del trabajo (y, en último tér-
mino, de su forma reflexiva. el espíritu ) como lo es
formarlo de ella sin éste: a mbos encuentran a una la
di ferencia y la . m ~ ~ ~ ~ i ó n - mut ua. La crit ica-de Marx
al "Programa de Got ha" mi enta t anto más exact amente
cierta sit uación real profundamente hundida en la filo-
seña hegeliana cuanto que no pret endía ser UDa po-
lémica cont ra Hegel; todo ello gir a en torno de la cele-
brada sente ncia según la cual ..el trabajo es la fuente
de toda riqueza y de toda cultura», a la cual opone
Ma rx lo siguiente: _El t rabajo no es la fuente de toda
riqueza: la naturaleza no es menor fuente de valores
de uso (en los que consiste, ciertamente, la riqueza fác-
t ica) que el trabajo, el cual. por su par te, es una fuerza
de la naturaleza, la fuerza humana de trabajo. Tal frase
se encuentra en t odas las cart illas infantiles, y tiene
r azón en la medida en que se sobree nt ienda que el tra-
baj o avanza con los obje tos y medios correspondientes;
pero un programa socialista no ha de permitir seme-
jantes locuciones burguesas, por no hablar de las con-
41
I
[,
diciones únicamente bajo las cuales tiene n se ntido; y
en tanto el hombre desde un pr incipi o se compor te
como dueño para con la natural eza, la fuente primera
de todos los medios y ob jetos de t rabajo, la t rate como
perteneciente a sí, su trabajo será fuente de valores de
uso y, por consiguiente . de ri qu eza. Los bur gueses tie-
nen excelentes razones para at ribuir a su gusto al tra-
bajo una fuerza creadora sobrenatural ; pues justamen-
te del condicionamiento del t rabajo por la natural eza
se sigue que el ser humano que no posea ninguna otra
propiedad má s que su fuerza de trabajo tiene que ser ,
en tod as las circunst ancias sociales y cult urales, esclavo
de los demás hombres, los que se hayan hecho propi e--
t ari os de la s condiciones ob jetivas de trabajo. lJ . De
ahí qu e Hegel no pueda a ni ngún precio asentir a la
separación entre el trab aj o corporal y el intelectual , y
que no descifre el esp íri tu como aspecto ai slado de l
trabaj o, sino que, volátilmente, a la inversa, t enga a
éste por un momento del espíri tu, eligiendo en cier to
modo como máxima la figura retór ica P'!..rs pro toto.
Mas cuando seJ o desprende de lo que no es idént ico a
él mismo. el trabajo se vuelve ideología; y los que dí s-
ponen del trabaj o de los demás le a tribuyen una dig-
nidad en sí, la absolutez y originari edad aludidas , jus-
t ament e porque es sólo algo para ot ros: la met aflsica
del t rabaj o y la apropiación del t rabajo ajeno son com-
plementarias. Est as relaci ones sociales dictan la falacia
a Hegel , el enmascaramiento de l sujeto como sujeto-
objeto, el renegar __ dejo no idé ntico en lo total , por
- "
- - - ~ - · l
» Kar l Man: : ..Krit ik des Got haer Programms e, en Kar l
Man: un d Fri edrich En¡ els : Ausgewahlte Schrilten, St uttgart ,
1953, 11 [al comienzo de la ..Cri tica del programa.. ,-] , pág. 11
[vers o cast., ..Crí tica dcl prollr ama de Gctha», en K. Marx y
F. Engels : Obras escosidCls en dos tomos, Moscú, Ed. en Len-
gua s Bxtr., s . a., t. I1, pág. 10].
42
mu cho qu e en la reflexión de ca da j ui cio pa rt icul ar en-
cuentren su merecido.
Descontando el capit ulo sobre el se ñor y el esclavo,
es asombroso qu e la esenci a de l espírit u productivo
hegelian o sa lte a la vi sta con la mayor fuerza en la doc-
trina de la Fenomenología del espíritu a cerca de ela
r eligión natural», en cuyo tercer escalón adquiere por
primera vez lo espiri tual un contenido religioso como
«prod ucto del trabaj o humano e u: . EI espirit u se ma-
nifiest a aqu í, pues, como el artesano y su obrar, median-
te el cual se produce a sí mi smo como objeto; pero no
ha captado aún su pensamiento. es un t rabajar inst in-
t ivo. como las abejas const ruyen las celdas.. . Los cr is-
tales de las pirámides y los obeliscos ... son los trabaj os
de este ar tesano de la forma ri gurosa. 15. Puesto que
Hegel no contr apone simplemente la idolatría a la rel i-
gión, a modo de estadio t osco o degenerado, sino que
lo define como momento necesari o de la formación del
espírit u religioso y, por ello (en el sentido de la di al éc-
ti ca del sujeto-obj eto de la Fenomenología), del conte-
nido religioso en si y. en último término. de lo abs o-
luto, el t rabajo humano queda asumido, en su forma
materi al cósica, en las determinaciones esenci ales del
es piri tu en cuanto absoluto. Ba staba sólo algo de muY
poca monte-cía rememoración del momento natural
del trabajo, a la vez re sultado de mediación y, sin em-
bargo, indisoluble-para que la dialéctica hegeliana se
hu bi ese llamado a sí misma por su nombre.
Aun cuando. con la separación ent re el t rabaj o cor-
poral y el intelectual , éste, el más leve de los dos, se
reserva los privilegi os (pese a todas las aseveraciones
en cont rario), en el pr oceso intelectual . en esa imagen
"Cf. Kroner," op. cit., 11, págs. 404-5.
" Hegel, WW 2, pág. 531 red. crtt., pág. 486; v. cast., pág. 405].
43
del ac tuar fís ico conseguida por medio de la imagina-
ci ón, reaparece monitoriamente una y otra vez tal se-
paración: el espíritu no puede desenlazarse jamás e n-
terament e de sus relaciones para con la naturaleza que
ha de dominar; pues para dominarla, las obedece, e ín-
cluso su or gull osa soberanía se compra con grandes
fatigas 16, Mas la metafísica del espíri tu, que hace a éste
al go absoluto (por ser la de su propio t rabajo incon s-
ciente), es la afirmaci ón de su cautivida d. el intento
del espíri tu que se hace a sí mismo objeto de reflexi ón
por reínt erpreta r como bendición y justifica r la rrial -
di ci ón a que se pli ega, al difundirla. Tal es. ante t odo,
lo que permite incriminar de ideológica la filosofía he-
geliana: la exégesis, peraltada hasta lo inconmensura-
bl e, de la loa burguesa del trabajo; y los sobri os rasgos
realistas de Hegel encuentran asil o, precisamente , en
es te exalt ado paraje del sist ema ideali st a. lo absoluto
que tan r uidosamente se proclama al fina l de la Peno-
menoíogia: Sin embargo. incluso esta mendaz identifica-
ción de l trabajo con lo absoluto t iene sus razones ati-
nadas: el mundo , en t anto forme un sistema, lo hará
justamente a través de la cerrada universalidad del
trabajo social, el cual es, de hecho, la mediación radi-
ca l; y, de igual modo que lo era entre el hombre y la
naturaleza, lo será dentro del espír it u si, que no
tolera nada fuera y respeta la memoria de lo que hubi e-
se fuera. Así, pu es, no habrá nada en el mundo que
no se le aparezca al hombre excl usivamente a través
del t rabajo social: incluso la pura natural eza, en la
medida en que el t rabaj o carezca de poderío alguno
sobre ell a. qu eda de terminada precisamente por él. si-
quiera sea merced a su nega tiva relación con el traba-
" Cf. Max Horkheimer y Theodor W. Adorno : Dialektik du
AufkUirung, Amst erdam, 1947, pág. 38.
44
jo. Sólo el ser autoconsci ente de tod o esto podría haber
llevado a la dial éctica hegeliana más allá de sí misma;
pero tal autoconci encia ha hecho que se le desvanezca
semejante cosa, p ues de serlo se pronunciarfa ese nom-
bre que la tiene hechizada. Puesto que de nada se sabe
sino de lo que pasa a través de l trabajo, éste se con-
vierte. a tuertas y a derechas. en algo absoluto, de des-
dicha en dicha; y por ello aquel todo que es una parte
ocupa forzosa, inevitabl emente el puesto de Ia verdad
en la ciencia de la conciencia que se revela. pues Ja
absolutizaci ón del trabajo es la de las relaciones de
cjese: u na libre de trabaj o estaría libre de
__esto, n\i"ssin permitirse -
saberlo; y__talesJa miseria. toda .._ el
paso a cuyo través el trabajo se a lza si n más a princi-
pio metafísico no es otro que una eliminación conse-
cuente de ese «material» a qu e todo trabajo se siente
ligado. que le seña la a él mi smo sus límites, que le
recuerda lo inferior y relativiza su soberanía. Con todo
lo cuaJ hace j uegos malabares la teor ía de! conocimien-
to mientras lo dado produzca la il usión de engendrado
por el esp írit u mismo: ha de desvanecerse el hecho de
que también el espíritu se encuentre bajo la coacci ón
del traba jo e inclus o sea tra bajo; y la gran filosofía,
li teralmente, int r oduce de modo subrepti cio el dechado
de la coacción como si fuese la libertad. Pero se verá
desmentida, porque no se puede lograr la r educci ón de
lo existente al espíri tu, y porque-como sabía el mi s-
mo Hegel-es preci so aban dona r la postura gnoseoló-
gica cuan do se la ll eva hasta el fin (mas su verdad con-
sís t e en que nadie es capaz de salir del mundo cons-
tituido a t ravés del trabajo para pasar a otro que fuese
inmediato). Sólo puede ejercerse la cri tica de la iden-
tificación del espíritu con el trabaj o confrontando su
concepto filosófico con lo que propiamente efectúe, no
45
recurriendo a algo positivamente trascendente, del gé-
nero que sea.
El espíritu no ha llevado a cabo semejante cosa. Es
sabido que de,.. en su vigorosa ver-
sión hegeliana (que, ciertamente, no corresponde al con-
cepto de sistema deductivo de las ciencias positivas),
se ha de como un crecer y_ha-
ber. crecido uno dentro de otro todos los momentos
un todo, por virtud de éste; en el que cada
uno de s_e encontraría ínsJ!o. Tal concepto de
sistema implica una identidad de sujeto y objeto des-
plegada hasta encerrar todo en sí, ha sta lo absoluto;
y la verdad del sistema choca con semejante identidad.
(Ahor a bien: ésta, la -reconcili ación .perfecta a través del
espíri tu en medio de un mundo real de antagonismos,
es una mera aseveración, y la anticipación filosófica de
la r econciliación atenta contra la reconciliación real,
pues aparta lo que la contradiga, sea est o lo que sea,
como algo propio de la exist encia corrompida e indigno
de la filosofía. Pero un sistema sin lagunas y una recon-
ciliación llevada a cabo en su perfección no son lo mis-
mo, sino, incluso, lo cont rario: la unidad del sistema
Jpr oviene de un poderío no r cconcñíadoz Así, el mundo
que el sistema hegeliano había concebido se ha acre-
ditado como sistema, en sentido saber: el de
una. sociedad_radicalmente.. socializada)!__ al
cabqde__ ciento veinticinco años, y lo ha hecho sat áni-
camente. (Entre las hazañas más grandiosas de Hegel
se cuenta que extrajese del concept o el carácter siste-
mático de la soci edad mucho antes de que és te pudiese
imponerse en el ámbit o de la propia experiencia hege-
lia na, en Alemani a , que se habí a quedado m uy retrasa-
da en cuanto a desarrollo burgu és.) El mundo que está
trab ado en un todo mediante la «producción», median-
t e el trabajo social confor me a las relaciones de cam-
46
bio, depende en todos sus momentos de las condicio-
nes sociales de la producción y hace realidad así, de
hecho, _del_todo partes;
IQ_que_la _d esesperada impotencia de t odo - iñdividuo
desaforada
de sistema. tlncluso el culto del elaborar, de la produc-
._.,-- - -
ci ón, no es solamente ideología del hombre dominador
de la naturaleza, ilimitadamente acti vo-o automáti-
co-,- : en él queda sedimentado que la relación univer-
sal de cambio, en la que todo cuanto hay es un ser
para ot r o, se halla dominada por quienes disponen
acerca de la producción social; y de es te modo se ve-
nera filosóficamente semejante dominación. Justamente
la producción arrastra consigo el ser para otro, que es
el título legal de la existencia de todas las mercancías;
e incluso el mundo, en el que no hay nada por mor de
sí mismo, es a la vez el mundo del producir desenca-
denado, olvidado de su destino humano. Este olvido de
sí mi sma de la producción, el insaciable y destructivo
principio de expansión de la soci edad de cambio, se
refleja en la metafísica hegeliana: ésta describe-pero
no en perspectivas históricas, sino esenci alment e- lo
que el mundo auténticamente es, sin por ello ponerse
en los ojos una venda con la pregunta por la autentl-
cidu9- ';
La sociedad burguesa es una totalidad antagonísti-
ca: _se mantiene viva únicamente merced a sus antaga.:.
nísmo s, Y. no puede suavizarlos. En la obra hegeliana
de peor reputación por su tendencia re stauradora, su
apología de lo existente y su culto del Estado, la Filoso-
fía del der echo, se for mula tal cosa sin rodeos. Mas
precisamente de la conciencia del carácter antegonís-
ti eo de la totalidad cabe de rivar las exce ntricidades de
Hegel, esos provocadores pasajes responsables de que
varios pensadores importantes del mundo occidental,
47
1
1
como Veblen, Dewey y hasta Santayana, lo pusieran en
el mismo mont ón con el imperi ali smo alemán y con el
fasci smo; por lo cual no ha de bagatelizarse la idolatría
hege liana del Estado, ni tratarla como una mera abe-
rración empírica y una adición si n importancia: su
origen está en haberse percatado de que las contradtc-
cio nes de la sociedad burguesa no pueden suavizarse
por su propio movimiento. St\n decisivos al r especto
pasaj es como éste: «As! sale a luz que, con todo su
exceso de riquezas. la sociedad burguesa no es suficien-
temente r ica (o sea, no posee una cantidad suficiente
de su peculiar caudal ) para poner remedio al exceso
de pobreza y a la fonnación del populacho .. . Merced
a es ta su propia dialéctica, la sociedad burguesa se
verá llevada más al lá de sí (por lo pronto, es ta soc ie-
dad concreta), para buscar fuera de eIJa mi sma , en
otros pueblos que le vayan a la zaga en cuanto a los
recursos de que ella tiene profusión, o, más en general,
en cuanto a industria, e tc., consumidores y, de este
modo, les necesari os medios de vida. 11. El libre juego
de las fuerzas de la sociedad capit al is ta , cuya teorta
económica li beral había aceptado Hegel, de sconoce toda
medicina para el hecho de que con la riqueza social
crezca la pobreza (el epauper tsmos, de acuerdo con la
anticuada terminol ogía de Hegel ), y menos aún podía
imaginarse él un incremento tal de la producción que
el aserto de que la sociedad no es suficientemente rica
en bienes se convierta en una burla. Por lo demá s, invo-
ca desesperadament e al Estado como instancia situada
más allá de tal juego de fuerzas; el parágrafo 249 se
refiere explíci ta mente al pasaje que ha salido inmedia-
tamente antes, el si tuado en la extrema avanzada, y su
comienzo dice así: . EI cuidado po lid aco r ealiza y con-
" Hegel, WW 7, págs. 319-20.
48
- - - ~ -
serva, por lo pronto. lo general que es tá contenido en
la singulari dad de la sociedad burguesa, a modo de or-
den y organización ext erior que sirva de protección y
seguri dad a las masas fre nte a finalidades e inte reses
particulares (puest o qu e consis te en lo general menta-
do ), de l mi smo modo que se cuida, como di rección su-
perior de los intereses (§ 246) que van más all á de tal
soc iedad. ~ 8 ; así, pues, ha de apaciguar lo que por otra
parte no ha bría qu e apaciguar . La filosofía polftica de
Hegel es un golpe de fuerza necesario: golpe de fuerza
porque det iene a la dialéctica en nombre de un prin-
cipio qu e le corres pondía a la propia cr it ica hegeliana
de 10 abst racto, e incluso lo ha ce porqu e- según al
menos da a entende r-no tiene su pues to, en mo do a l-
guno, más allá de l j uego social de fuerzas: «l os inte-
reses sociales particulares, que decl inan en la sociedad
burguesa y se encuentran fuera de lo gene ral del Est a-
do, qu e es en sí y para si, se admini stran por las corpo-
raci ones muni cipales y de los demá s oficios y profes io-
ne s, as í como por sus autoridades, jefes, ad ministra-
dores y ot ros cargos semejantes. Mas en la medida en
que tales asuntos, de que éstos se ocupan, cons t it uyen
por una parle la propi edad privada e intereses de estas
esferas particulares, y, desde este lado, su autoridad
descan sa en la confianza de sus colegas y conci udada-
nos, mientras que, por otra parte , es tos grupos tienen
que queda r subord inados a los superiores intereses del
Estado, para la provisión de tales puestos tendrá lugar,
en general, una mezcla de elección común por los inte-
resados y de rati ficación y disposición superiores» " .
Pero el golpe de fuerza era necesario, ya que, en ot r o
caso, el principio di al éctico se sacaría de lo existente
" Hege l, WW 7. págs. 322-3.
" I d., pág . 3%.
49
,
sobrepasándolo, y de est e modo habría negado la tesis
de la identidad absoluta (que sólo en cuanto realizada
es absoluta: tal es el corazón de la filosofía hegeliana).
En ninguna parte se acerca t anto la filosofía de Hegel
a su propio substrato, la sociedad, como allí donde
desatina a su respecto; mas, en realidad, es esencial-
mente negativa: es una crítica, Hegel, al convertir la
filosofía trascendental de la Crítica de la razón pura
en crítica del ente mismo (justamente en virtud de su
tesis de la identidad de la razón con el ente), va más
allá _de _toda _ L (cuy a,
teodicea constituye su propio progra ma) en su
integridad y coherencia como en su coherencia culpo-
sa , en la que todo lo existente merece perecer. Ahora
bien: la fa lsa pretensión de que el mundo es , sin em-
bargo, bueno, cont iene en sí otra, esta legítima: la de
que habría que ha cer bueno y reconciliar el mundo
re al y fá ctico no merame nte en la idea que se le opone,
sino corporalmente; y si bien, en definitiva, el sistema
hegeli ano pasa a ser un error merced a su propia con-
se cuencia, ello no sent encia tanto a Hegel-según que-
rría la just icia por su propia mano de las ciencias po-
sitivas-cuanto a la r ealidad. El burlón «t anto peor
para los hechos» se moviliza tan aut omát icamente con-
tra Hegel porque dice la sangrienta verdad sobre los
hechos; pues él no los calcó meramente, sino que, gra-
cias a hab erlos engendrado con el pensamiento, los con-
cep t uó y cr-itic ó: su negatividad los hace siempre al go
distinto de lo que simpleme nte son y de lo que sost ie-
nen ser. Mas el principio de l devenir de la re alidad,
.segun el cual ésta es más qu e su positívidad, y que es
el mot or idealista central de Hegel, es al mismo 'tiempo
ant iidealista: es la críti ca de la realidad por el suje to
(de esa realidad que el idealismo hace equivaler a l su-
j et o abs oluto ), a saber : la conciencia de la contra dic-
50
clan que hay en la cosa y, de es te modo, la fuerza de
la teoría, me rced a la cual és ta se vuelve cont ra sí
misma. De modo que si la filosofía hegeliana fraca sa
medida con el cri terio más alt o, el propio, se acredita
a la vez por él: la no identidad de lo antagoníst ico, con
la que choca y que sólo a du ras pena s consi gue doble-
gar completa mente, es la de ese todo qu e no es verdad,
sino fal sedad, oposición abs olu ta a la j usticia; pero
precisame nte esta no identidad adopta en la realidad
la forma de la identidad, el ca rá cter de cla usurador
omnicomp rensivo sobre el qu e no imp eraría ni ngún ter-
cer elemento reconciliado r ; y semejante ciega identidad
es la esencia de la ideología, de la ap ariencia social-
me nte necesari a. Ahora bien: és ta únicamente podría
desvanecerse pasando por la cont ra dicción devenida
absoluta (no merced a mit igarla en lo absoluto), y tal
vez sería así capaz un día de encontrar aq uell a recon-
ciliación que Hegel tuvo que simular- pues se le ocul-
t aba su posibilidad real -o La filosofí a hegeliana quiere
ser negativa en todos sus momentos particulares ; mas
cuando, cont ra su intención, se convierte también en
su conj unto en negativa, rec onoce de esta suer te la
negat ividad de su obj et o; y al sa lir a luz irresistibl e-
mente, al final , la no identidad de sujeto y objeto, al
desvanecerse en la negatividad absoluta, deja atrás lo
que hab ía promet ido y se convier t e en verdaderamente
idéntica a su embrollado objeto; pero la ces ación del
movimiento, lo absoluto, no significa tampoco en és te
otra cosa, en último t érmino, que la vida r econciliada,
la de Jos impulsos satisfechos , que no siente ya priva-
ción al guna y no sabe del trabajo (a l cua l únicamente;
sin embargo, debe la re conciliación ). Por consiguient e, \
la verdad de Hegel no tiene su puesto fue ra del siste-
ma, sino que se adhiere a él tanto como la falsedad,
51
pues és ta no es ot ra que la del sist ema de la sociedad,
qu e forma el sustrat o de su filosofía.
El giro obj eti vo que tomó en Hegel el ideali smo,
as í como la restituci ón de la metaf ísica espec ulati va
(destruida por el crit ici smo), que restauró incluso con-
ceptos como el del ser y qu iso salvar ha sta la prueba
ontológica de la existenci a de Dios, todo ello ha alen-
tad o a recl amar a Hegel para la ontología exis te ncial;
de lo cual el test imonio más conoci do (si bien no el
primero, en modo a lguno) es la interpret ación heidegge-
ri ana de la "Introducción " a la Fenomenología que apa-
rece en las Sendas perdidas. Estas reivindicaciones nos
permiten entera rnos de qu e la ontologia exi st enci al oye
hoy de mala gana que se hab le de su afinidad con el
idealismo t rascendent al , al cual se figura vencer merced
a su pateti smo acerca del ser. Pero mientra s que lo
que act ualmente pa sa con el nombre de pregunta por
el ser hall a un sit io en el sistema hegeliano, como
momen to suyo, és te deniega al ser preci samente esa
absolut ez, ese estar an tepues to a todo pensar y todo
concepto de que espe ra incautarse la más reci ent e re.
surrección de la metafísica : la teorí a hegeli ana del se r,
debido a ha ber definid o és te como un momento reflejo
y crit icado, eseací at mente negativo, de la dialéctica, es
incompat ible con su teo logización con temporánea; y
apenas hay punto en que su filosofía sea más actual
que donde desmonta el concepto de ser. Ya la defini-
ci ón del ser qu e se encuent ra al comienzo de la Feno-
menología dice exactamente lo contrario de lo que hoy
qu iere sugerir tal pal abra: ..La subst anci a viviente es
ad emás el ser, el cual únicamente es en verdad sujeto
(o bi en--cosa que quiere decir lo mismo-el cua l úni-
camente es en verdad real) en la medi da en que sea
el movimiento del ponerse a sí mi smo, o sea, la me-
52
diación del devenir otro que si mismo.. lO; de manera
que la diferencia ent re el se r como sujeto y el que se
es cribe con y griega (en tiempo de Hegel todavía orto-
gráfica, hoy arcaica) afecta a la totalidad. Como es
sabido, y en opos ición a aquel partir de la conciencia
subj et iva, la Lógica de spliega las categorí as de l pensar
mismo en su objetividad. empezando por el concepto
del ser ; es te comienzo, sin emba rgo, no sirve de fun -
dament o a ninguna prima phiíosophia, pues el ser hege-
liano es lo opues to a una ent idad origi naria; y Hegel
no abona al concepto de ser . como una hon ra primi -
tiva, la inmedi atez (la apa rie nci a de que el ser esté
preordenado lógica y genét ica mente a tod a reflexión, a
toda escisión entre suje to y obj eto) , sino que se la li-
quida: es-se lee inmediatamente al comienzo de la
parte de la Lógica que lleva por título la pa lab ra ser-
19_.. 21; mas_incluso tal inme:
dl at ez, a la que se aferra la ontología exist encial. se
para Hegel, que calaba a fondo la medi atez
Cosa inmediata, y en vir tud de su inde-
terminación, en un argumento contra la dignidad del
ser, en su negatividad, simplemente, en motivo para
dar paso el ser a la nad a:
«En su indet erminada __ inmedi atez sólo es igual a sí
mi smo. . . es _la . pura indeterminación _y__cl _pu ro vacío.
No hay nada que intuir en él, si es que puede hablarse
aq ui de intuici ón; o bien es únicament e es a mi sma In-
tuición pura y vacía. Tampoco hay en él nad a de qué
pensar, o bien es tan sólo ese pensar vacío. El ser, lo
Inmedi ato indeterminado, es, de hecho, nada, y ni más
ni menos que nada»22. Semejante vacío, sin embargo,
· WW 2, pág. 23 [ed. crtt., pág. 20; v, cast., págs. 15-6].
" WW 4, pág. 87 Ied. cnt., t . 1, pág. 66; v. cust., t. 1, pág. 10n
n Id., pá gs. 87-8 [ed. erlt ., t . 1, pá gs. 66·7; v. cust., loe. cit.] .
53
no es tanto una cualidad ontológi ca del se r cuanto un a
car encia del pens amiento filosófico que termina en el
ser ; pues «Si exp resamos el ser como predicado de lo
absoluto-esc ri be el Hegel de la madurez en la Bnci-
cíopedia-c, ello nos proporciona su primera definición:
lo absolu to es el ser ; y ésta es la que (en el pensarnien-
to) es enteramente inicial, má s abstracta e insufi cien-
te» 2.1. La última herencia de la intuición hu sserlian a
,
qu e entregaba originar iamente, celebra hayal concepto
de ser como lo arrobado lejos de toda cosificación ,
como la inmediatez absoluta; mas Hegel no sólo lo
ca ló con la mirada como inintuitivo en vir t ud de ta les
indeter mi nación y vacío, sino como un concepto qu e se
olvida de que lo es, y se t apuj a de inmediatez pura:
en ciert o modo, el más cósíco de todos...Con el ser en
cuanto aquello simpl e e inmediato queda olvidado.. .
el recuerdo de que es resultado de una abstracción to-
tal y, ya por ello mi smo, negati vidad abs tracta, nada.. 24,
se dic e en un pasaj e post erior de la Lógica; y en un as
fr ases de es ta obra que se aguzan especí ficamente con-
tra Jacobi puede verse que con lo an t erior, sin embar-
go, no se dramatizaba un elevado lance en qu e j ugasen
pa labras or iginarias, sino que ] 0. crí t ica del ser quiere
deci r, en realidad, critica de todo uso enfát ico de este
concepto: «Con es ta pureza tot almente ab stracta de la
continui dad, es deci r, indeterminaci ón y vaciedad del
imaginar, es indiferente que llamemos a esta abst rae.
ción espacio o bien intuir puro, pensar puro : todo es
lo mi smo, lo qu e el indio denomina Brahma (cuando
ext er iormente inmóvil, e igualmente qui eto en cuanto
a sensación, imaginación, fantasía , deseos, et c., no mira
al WW 8. pago 204 red. crít . de ta Enzyklop(idi e, pág. lllS;
v. cast o de la Ellciclopedia, t . J, pág. 159].
"' \ V\Y 4, pá g. 110 l edo crt t., t . 1, págs . 85-6; v , cast., t. 1,
págs. 128·9}.
54
durant e añ os más que la punta de su nariz '.i dice int e-
ri ormente en sí am, am; am, o bien no dice ab soluta-
ment e nad a) , Y esta sor da y vacía conciencia es, enten-
dida como conciencia, el se r- 25. Hegel oyó la invoca-
ci ón al ser con ri gidez maníaca como fo rmalista ma-
traqueo de UII moli nillo de oraciones, y supo lo que
actualmente ha quedado falseado y perdido, pese a tod a
la par la de lo concret o (pr eci sament e en y po r la magia
de la concreción indeterminada, que carece de todo
contenido salvo su propia aura): que Ia filosofía no
debe buscar su obj eto en los supremos conceptos uni-
versal es, por mor de sus pretendidas ete rnidad y no
ca duci dad, que lu ego se avergüe nzan de su propia con-
cept ualidad universal. Como después de él únicamente
lo ha hecho, en realidad, el Nietzsche de El ocaso de
los ídolos, rechazó la equipa ración del contenido filo-
sófico y de la verdad con las abstracciones supre mas,
y colocó la ver dad precisament e en aquellas determi-
naciones con las cuales la met afí sica t radicion al era
demasiado re finada para mancharse l ~ s manos ; y el
idealismo se trasciende a sí mismo con Hegel no en
último t érmino con est a intención, que ob ra del modo
má s grandi oso en la trabad a referencia de la s etapas
de la conciencia a las etapas sociohis tóricas en la Feno-
menología del espíritu. Lo que hoy (como invocaci ón
de las palabras or igmarias, como ..saga ..) pretende que
se alza por encima de la dialécti ca , la abs tracci ón, se
convierte just amente así en presa suya , la cual se hin-
cha a ente en y para sí, y se hu nde de es te modo a
totalmente carente de contenido, a t autología , a ser,
que no dice nada sino solame nte , una y otra vez, ser.
A partir de Husserl. los filósofos contemporáneos
del ser se opone n al ideali smo. En ellos se expresa , en
:lO WW 4, pág. 107 red. crn., t . 1, pág. 8.1: v. cast., t. 1, p::\ gs . 125-6) .
55
,
r
realidad , la sit uación ir revocabl e de la conciencia his.
tórica, hasta el punto de que regis tran que a partir de
la mera inmanencia subjetiva, la conci encia. puede des-
pl egarse o seguirse algo que no es; pero han hiposta-
siado así el resultado supremo de la abs tracción subje-
t ivo-con ceptual. el ser , y de est a suer te, sin percatarse
de ello . han quedado cogidos en el idealismo. t anto en
lo qu e se refiere a postura teórica como en su acti t ud
hacia la sociedad. Nada hay que los haga convictos de
ta l cosa más contundent emente que la espec ulación del
archtldealista Hegel : si bien los r est aurad ores de la
on tología se sienten de acuerdo con él, come ya suce-
día leja namente (a saber: en lo que se refiere a la
concepción de conj unt o de la metafísica occidental, a
la que posteríormeme esperan escapar) en el temprano
escrito he idegger iano sobre un a pret endida obra de
Duns Seoto, con Hegel, de hecho. un máximo de idea-
lismo hará que se trascienda la mera subjetividad y
que se rompa el cegador circulo de la inmanencia filo-
sófica. (También en Hegel-por aplicar un a expresión
de Emil Lask a algo más gencral-apunta el ideali smo
por encima de sí mísmo. j Sin embargo, t ras la coinci-
dencia fonna l con el impulso ontológico se esconde n
diferencias cuya sutil eza mira al todo. Así, la idea que
con Hegel propiamcnte se vuelve contra el idcalismo
tradicional no es la de l ser, sino la de la verda d: «Lo
que sostiene la filosofía . en general, es que la forma del
pens ar es la abs oluta, y que la verdad se manifi est a en
ella como es en sí y para sb 26; de manera que el carác-
ter ab soluto del espír itu, contrapuesto a todo lo mera-
mente finit o, sería garante de la absolutez de la ver dad,
que se sus t raer ía a l mer o opi nar. a tod a intención y
todo «hecho de conciencia . subjeti vo: tal es la ci ma
lO WW 8, pá g. 91.
56
de la filosofía de
relación ent re
predicado del pensar-subjet ivo, sino__que__
porenclmadeeüo, incluso como uneen
y el saber de la verdad no es, __a 2us
de 10 absolut o.jpues a eso tiende su cr-ítica
m-;;- que inconciliadorarnente la subje t ividad del
ser. en.sf en un pasaje ci tado por Kroner se dice que
tal criticismo ha «ot orgado una recta conciencia a la
fal ta de ciencia dc lo eterno y di vino. al asegurar la que
ha de mostrado que no se puede saber nada de es to
úl timo. .. No hay nada que sea mejor recibido por la
superficialidad del saber y del carácter, nada que com-
prenda t an de buen grado como esta doc t ri na de la
carencia de saber , merced a la cual, justamente, dicha
superfici alidad e insipidez se presenta como la met a y
result ado de todo esfuerzo intelectual» v . Se mejante
enfática idea de la verdad da un nt:ntís al subjetivis-
mo, cuya asidua preocupación por si la verd ad es sufi-
cientemente verdade ra termin a en la supresión de la
ver da d mi sma ; pues el cont ení dodeconcícncía que se
despliega__en verdad no _es _meramente ver da d para eL
cognoscente, éste el sujeto trascendcntau,
la _ de la ()bj t:.tivi!l3' d., de_la verdad robust ece la ca-
zón de l sujeto ( le ha de se r posible, y en
tanto los intentos act uales de evas ión del subj eti-
vismo están ligados a la difamación Mas la
idea hegeliana. por ser de1a razón, se diferencia de
la restauración del concepto absoluto de ser en qu e en
sí es debida a una mediación; para Hegel, en efecto,
la ver dad en sí no es el «ser»: precisamen te en éste se
oculta la ab stracción. el modo de compact a rse del su-
jeto que fabri ca nominalísticamente sus conceptos. Con
'I WW 8, pág . 35.
57
todo. en la idea hegeli ana de la verdad se encarece e l
momen to subjet ivo, el de la relat ividad . debido a per-
ca ta rse és te de si mismo: en lo verdadero está conte-
nido el pen samiento en el que. sin embargo, él no bro-
ta. _por lo cual. cuando la reflexión queda excl uida de
lo verdadero y no se la capta como momento positivo
de lo ab soluto, se desconoce a la razón »28. Acaso nada
pueda deci r má s acerca de la esencia del pensamien to
dialéct ico que el que la autoconciencia del momento
subj etivo que hay en la verdad, la reflexión sobre la
r eflexión, haya de ;econcilia rse con la injusti ci a que
la apront adora subjetividad irroga a la verd ad en sí. al
mera mente figurársel a y dar por verdadero lo que no
lo es en absoluto; y si la di aléctica ideali st a se vuelve
contra el idea lismo. ello es porque su propio principio,
que es preci samente la exalt ación de su pretensión idea-
lis t a. es , al mi smo tiempo, anti-idealísta. La dialéctica
es un proceso no menos bajo el aspecto del ser en sí
de la verda d que baj o el de act ividad de la conciencia.
pues el proceso es la verdad misma; cosa que hace
r esaltar Hegel medi ante giros siempre nuevos: «Ie ver-
dad es su movimiento en ella misma, mientras qu e
aquel método--el mat emático-es el conoci miento ex-
teri or a la materia»29; t al movimien to se des liga del
sujeto pen sante. ya que «todo depende de apre hende r
y expresar lo verdadero no como sustancia, sino igua l-
mente como sujeto.. 30. Mas pues to que en todo juicio
aislado la cosa de que se trate se confronta con su
concepto, y puesto que, debido a ello, todo juicio finito
ai slado se desvanece, por fala z. la act ividad subjetiva
de la reflexión t ra slada la verdad más allá de l concepto
" WW 2, pá g. 25 [ed. crtt ., pág. 21; v. cas t., pág . 21].
,. Id., pág. 46 red. crü., pág. 40; v. cast., pág. 33].
.. Id. , pá g. 22 [c d. crtt., pág. 19; v, cast., pág. 15] .
58
tradi ciona l de adec uación del pensamient o al estado de
cosas: la verdad ya no se deja capt ura r como cualidad
de los juicios. En Hegel . ciertamente, verdad quiere
decir, de modo semejante a la definición tradicional,
pero en secreta oposición a ella. «precisamente coinci-
denci a del concepto con su r ealidad.. 31. y consiste een
la coinci dencia del obje to consigo mismo, ... con su
concepto»32; ahora bien: como ni ngún juicio finito al-
canza jamás ta l coinci dencia, el concepto de verdad
queda arrancado a la lógica predicativa y trasladado
por entero a la dial éctica. pues- dice Hegel-habría
..que deja r de lado la opinión según la cual la verdad
tendrí a que ser algo palpable. 33. La cri t ica de la se pa-
ración rígi da de los momentos del j uicio hace que la
verdad, en cuanto ap re hendida como mero resultado,
se t rasfunda en el proceso, y destruye la apari encia de
que la verdad en general pudiera ser un ajustarse la
conciencia a algo singular sit uado frente a ella: «Lo
verdade ro y lo fal so se encue ntran ent re esos pensa-
mi entos det erminados a los que se t iene. inmóviles . por
ent idades propias que se ma nt uvies en, fijas y aisladas.
una allá y otra acullá, sin comunidad con las otras.
Mas es preciso soste ner , por el contrario, que la verdad
no es una moneda acuñada qu e pudiese darse t ermi-
nada. y embolarse de igual modo; ni hay lo fa lso.. .
Saber falsamente algo quiere decir que el saber se
halla en desigualdad con su sustancia; sólo que precio
samente esta desigualdad es. en gene ral , el di stinguir ,
el momento esencial: pues a partir de ta l di stinción
surge su igualdad, y es ta igua ldad devenida es la ver-
dad. Pero no es ella verdad como si la desigualdad se
" WW 10, pág. 17.
" ww 8, pág. 372.
" WW 4, pá g. 46 [ed. cr Jt., t . J, pá g. 31; v, cast., t. 1, pá g. 66] .
59
1
l'
I
expulsase lejos, al modo de la escoria con respecto al
metal, ni tampoco como la herramienta se deja lejos
de la vasija terminada, sino que la desigualdad se en-
cuentra inmediatamente presente en lo verdadero mi s-
mo como ta l en cuanto lo negativo, lo mismoe >. De
es te modo rompe con la doctrina de la verdad como
adaequat ío rei arque cogita tíonis, que el conjunto de
la filosofía moderna re cita devota y repite maquinal-
mente: gracias a la dialéctica, ese proceder del noml-
nalismo consecuente despertado a la conciencia de sí
mismo que somete a prueba con su cosa correspondíen-
te todo concept o y lo convence así de su insufi ciencia,
hace cent ellear una idea platónica de la verdad; pero
no sos t iene tal idea como si tuese inmedi atamente in-
tuitiva, evidente, sino que la espera justamente de
aquella insist encia del laborar del pensamiento que t ra-
di ci onal ment e se detiene en la crítica del platonis mo;
pues también la razón filosófica tiene su ardid. Y la
verdad pasa por sí misma a una idea objetiva, ya irre-
du ctible nominalíst icamente. sólo merced a que la exi-
genci a de verd ad deja t ranquilamente que se proteste
la pretensión de verdad de todo juicio limitado (y, por
ello, fal az), merced a que la adaequatio subjet iva queda
negada gracias a la autorreflexi ón. Así, pues, Hegel in-
te rpreta una y ot ra vez el movimiento en que ha de
consist ir la verdad como «movimiento propio», que es-
taria tan motivado por las circunstancias del juici o
como por la sí ntesis menta l; y que el sujeto no deba
contentarse con el mero ajuste de sus juicios a las cir-
cunstancias obed ece a qu e el juicio no es una simple
actividad subj et iva y a que la verdad, por su pa rte, no
es una mera cualidad de l juici o, sino que en ella se
impone siempre. a la vez, lo que, sin ser ai slab le, no
" WW 2, p ágs. 39-9 red . cnt., págs . 33-4; v, cas t. , pág. 27].
60
cabe retrotraer al sujeto y que las gnoseologías idealis-
tas trad icionales creían poder desat ender como una
mera x. La ver dad se desprende, entonces, de su subje-
tividad: puesto que ningún juicio subj eti vo puede ser
verdadero y, sin embargo, todos tienen que querer
se rlo la verdad t rasciende hasta el en sí. Con todo, en
cuanto eso que pasa as í al otro lado, ni mera mente
..desvelada. ni tampoco meramente «puesta», es tam-
bién incompati ble con lo que pregunta la ontología:
la verdad hegeliana ni está ya en el tiempo, como lo
es taba la nominalista, ni , a la manera ontológica, se
ha lla por enci ma de él, sino que para Hegel el ti empo
es un mo mento de ella mi sma. La verdad, como proce-
. ,
so, es un "atravesar todos los momentos» que se opone
ala «propos ición libre de contradicción» y, en cuanto
tal , posee un núcleo temporal ; cosa que liquida aquella
hi póst asis de la abstracción y del concepto igual a sí
mismo que domina la filosofía tradi cional. Aun cuando
el movimiento hegeliano del concepto ha resucitado en
cierto sent ido el pla tonismo, éste ha quedado a la vez
curado, sin embargo, de su está tica, de su herencia míti-
ca, y ha as umido en sí toda la espontaneidad de la con-
cie nci a liberada. Mas si bien, en último término, Hegel
sigue adhiriéndose, pese a todo, a la t esis de la identidad
y, con ella, a l idealismo, la cr ítica de és te, que desde
hace muc ho se ha vuelto nada costosa y que en otros
t iempos tenfa ante todo que arrancar a viva fuerza el po-
derío incont rastable al ideali smo hegeliano, ha de recor-
darnos preci samente (en una hor a del espírit u de és te
- muy diferentemente a como suce día hace cien años-
es tá encadenado por el conformismo) un momento de
la verdad de aquella tesis de la identidad: si- hablando
kantianamente-e-no hubiera padecido alguno entre el
sujeto y el objeto, si ambos se encont rasen s e p a r a ~ o s ,
absolut amente opuestos y sin mediación (como quiere
61
el positivismo desatado), no solamente no habría ver-
dad alguna, sino tampoco ninguna razón y ningún pen-
samiento; pues un pensar que hubiese extirpado com-
pletamente su impul so mimético, un tipo de ilustración
que no lleve a cabo la autorreflexión (que forma el
contenido del sis tema hegeliano y mienta la semejanza
entre la cosa y el pensamiento), desembocaría en des-
varío. El pensar absolutamente li mp io de alusiones (en
oposición perfecta a la filosofía de la identidad), aquel
que rechaza toda participación de l sujeto, todo «ama. '
mento», todo antropomorfismo en el objeto, es la con-
ciencia del esquizofrénico; y su ob jetividad t ri un fa en
un narcisismo de lirante. El especulativo concepto hege-
liano salva la mimesis gracias a que el espíri tu para
mi entes en sí mismo: la verdad no es adaequatio, sino
afinidad, y, mer ced a Hegel, est e t ener presente la ra-
zón su esencia mimética sa le a luz con el ideali smo
moribundo en ca lidad de sus derechos humanos.
Es to es lo que pe rmite la obj eción según la cua l
Hegel, el realist a platónico e idealista absoluto, se ha-
brfa entregado con la hipóstasis del espír it u al fetichis-
mo del concepto no menos que hoy se hace en nombre
de l ser. De todos modos , el juicio que insiste en seme-
jante parecido es , a su vez, abstracto: por mucho que
el pensar abstracto y el ser abstracto sean una y la
misma cosa (como se dice en los comienzos de la filo-
sofía occidental en un versículo-por lo demás, contro-
vertido-del poema de Parménides), los papeles desem-
peñados por el concept o ontológico de ser y por el he-
geliano de razón son di stintos, si bien ambas categorías
participan de la dinámica histórica. Teniendo en cuenta
su crí tica del refl exionar finito y limitado, se ha in ten-
tado-incluso por Kroner-encuadrar a Hegel entre los
irracionalistas, y cabe apelar al respecto a algunas de-
claraciones suyas, como la de que la especulación, igual
62
que la fe inmediata, haría frente a la refl exión; pero,
Jo mismo que hace Kant en las t res Críticas, también
él retiene r esueltamente a la razón como algo uno,
como razón, ratio, pensar; e incluso el movimiento que
habr ía de llevar más allá de todas las determinaciones
fi nitas de l pensar es movimiento autocrttíco de éste,
pues el con cepto especulativo no es ni un int ui r m una
«intuición ca tegorial». Cabe dudar de la estrictez de la
t entativa hegeliana de salvación, frente a Kant, de la
prueba ontológica de la existencia de Dios; pero 10 que
le mov ió a ello no fue una vol untad de oscurecimiento
de la razón, sino, por el cont rar io, la utó pica esperanza
de que el bloque constituido por los «límites de la po-
sibilidad de la experi encia » no sería lo último, de qu e,
pese a todo, se sa ldrí a bien (como en la escena fina l de l
Faust o) y de que, con toda su debilidad, su condicio-
namiento y su negatividad, el espíritu se asemejaría a
la verdad y, por ello , valdría para conocerla. Si en otro
tiempo se recalcó, con razón, la de smesura de la doc-
t r ina hegeliana del espíritu absoluto, hoy que todos
(y má s que na die los secretamente idealistas) difaman
al ideali smo se ha ce patent e un saludable correctivo
en la noción del carácter absoluto del espíritu; y lo que
sentencia la paralizante resignación de la conciencia
ac tual es que está siempre di spuesta a reforzar una
vez más con su propi a debilidad la degradación que
se le inflige con el exceso de poderío del ci ego ser exis-
tente [Dasein]: «En la llamada demostración ontoló-
gica de la existencia de Dios se encuentra la mi sma con-
versión de l concepto absoluto en el ser que en la época
moderna hizo sali r a luz la hondura de la idea , pero
que en la contemporánea se ha dado por cosa in con-
cebible; y en virtud de lo cual, puesto que la verdad
63
sólo es la un idad del concepto y del ser existente, se
ha desi stido del conoci miento de la verdad »e.
Aun cua ndo la razón hegeliana se opone a ser me.
rament e subjetiva y negativa, aunque oficia repetida.
mente de portavoz de lo contrapuest o a tal razón sub-
jetiva e incluso encuentra gus tosamente la razón en lo
irraciona l, Hegel -no reduci rá a obediencia al que pro-
teste ha ciendo meramen te qv c le sepa bien , como si
fuese cos a propia, lo heterónomo y ena jenado; ni ta m-
poco me ramente lo ad octrinará sobre que de nada sir-
ve dar coces cont ra el agu ijón; sino que supo rast rea r
ha sta lo más int imo que el dest ino de l hombre en ge-
neral sól o puede rea liza rse a t ravés de aque llo qu e está
ena jenado, sólo algo así como a tra vés de l exceso de
pode r del mundo sobre el sujeto: debe apropiarse los
po deres qu e le son ene migos , en cierto modo int rodu -
cirse en ellos de con trabando. Hegel dio ent rada en la
filos ofía al ardid de la razón para hacer plausible que
la razón ob jetiva, la realización efectiva de la libertad,
sa lga con bien merced a las ciegas e ir raciona les pa-
siones de los ind ividuos hi st óricos; concepción que de-
lata algo del núcleo experiencia! de su pensamiento:
es tá lleno de ardides, y espera que sea suya la victoria
sobre el incontrast able poderio del mundo (hast a el
fondo del cual ca la si n hacerse ilu siones), ya que tal
poderío se vue lve contra él mi smo, hasta t ra nsfor marl o
de un vue lco en otro. En la conversación con Goet he
qu e nos ha transmitido Ec kerman n, en la que se quitó
la .care ta como en muy pocos lugares, defini ó Hegel la
dialéc tica como el es pírit u de con tradicción organiza.
do; con lo cual mi ent a a la vez, y no en último término,
ese tipo de ardid (al go as í como una gr an di osa gra má-
tica parda campesina) que ha aprendido durante ta nto
" WW 7, págs. 387·8.
64
tiempo a agazaparse bajo los podero sos y a ada ptarse
nuevamen te a sus necesidades que puede arrebatarles
el poder de las manos-según divulga la dialéctica del
se ñorío y la servidumbre, en la Fenomenologia-:-, Es
sabido que Hegel, a lo largo de toda su vida, incluso
cuando pretendidamente era el filósofo político prusia-
no, no renunció a lo suabo, y los informes que tenemos
sobre él toman nota una y otra vez. atónitos, de la
asombrosa sencillez en la forma de ser de aquel escr i-
tor excepcionalmente difícil: guardaba imperturbable-
mente fidelidad a su origen, lo cual es condici ón de un
yo robus to y de toda elevación del pensamiento. Cierta-
ment e, ta mbién desempeña en ello un papel un mo-
mento no resuelt o de fa lsa positi vidad; pues fijaba lo
ya dado , dentro de lo cua l se encont raba de una vez
y para siempre, como quien creyese re forz ar su di gni-
dad anunciando con gestos o pa labras que es una pero
sana de procedencia humilde, Pero tal ingenuidad de
quien nada tenía de ingenuo, y a la qu e corresponde
en el sistema la reconst rucción de la inmedia tez a todos
sus niveles , da testimonio, un a vez más , de una astucia
genial, especialme nt e frente al sordamente pérfido re-
proche de artificioso y arcbísut ll qu e desde entonces
se vi ene repitiendo incansablemente con tra todo pen-
sa miento di aléctico; y en la ingenuidad del pensa r que
se halla t an próximo a su objeto como si lo tratase de
tú a tú , salvó-e-dicho con las pal abra s de Horkheimer-
é l, por lo demás, ta n adult o Hegel una par te de su in-
fancia, el valor de tener debilidad, que le inspira a és ta
ingen io para que, pese a todo, acabe por vencer a la
ma yor dureza.
Indu dablemente, también bajo este aspect o la filo-
sofía hegeli ana (acaso más dialéctica de lo que é l mis-
mo se figuraba ) se encuen tra colocada sobre el lilo de
la navaja; pues, por poco que quiera haber «desis tido
65
5
del conocimiento de la verdad», es innegable su ten-
dencia a la resignaci ón: querría justificar lo exist ente
llamán dolo incl uso raciona l, y deshacerse de la refle-
xión que se eriza cont ra semej ante cosa medi ante la
consideración que insist e en lo complicado que es el
mundo y extrae de ello la sabia conclusión de qu e
no es posible transfonnarlo. Si hay un pasaje en qu e se
presente aburguesado Hegel. éste es; no obsranre lo
cual, sería algo subalterno administrar justicia inclu so
a est e respecto, pues lo más discut ible-y también, por
ello, lo más difundi do-de sus doct ri nas, eso de que la
rea lidad seri a raciona l, no era mera mente apologét ico,
sino que la razón se encuent ra en él formando cons te-
lación con la liberta d: la razón y la liberta d serian un
sinsent ido una sin la ot ra . Lo real únicamente puede
se r t enido por racional en cuanto que sea t ransparent e
a [a idea de la libert ad, es to es, a la autodeterminación
real de la humanidad; y quien escamot ee de Hegel esta
here ncia de la Ilust ración, y proclame airadament e que
su lógica propiamen te no tiene na da que ver con la
construcción raciona l del mu ndo, lo fal sea. I ncluso all í
donde. más tarde, defiende lo posit ivo, lo que e n su
j uventud había atacado (esto es . lo que hay), a pela a
la razón, que concibe lo que merament e haya como
algo que es más que el mero haberlo , que lo conci be
bajo el aspecto de la autoconciencia y de la nutolibe-
ración de los hombres; pues Jo mismo que el idealismo
absolut o no puede desp renderse de su origen subjetivo
en la razón del individue singu la r, que se au todefiende
a sf mi sma. ta mpoco puede hacerlo su conce pto de ra-
zón objetiva (ya en la filosofía kantiana de la historia
la aut od efensa pasa de un vuelco, en virtud de su pro-
pio movimiento, a obj et ividad, a «humanida d», a una
socieda d j usta ). Cosa que es lo único que induj o a He.
gel u definir la razón subj etiva (momento necesario del
66
espíri tu absoluto) como lo general al mismo ti empo:
la razón de cada individuo singu lar, por la que comlen-
za el movimiento hegeliano del concepto en la dialéc-
tica de la certeza sensible. es ya siempre potencialmen-
te, aun cuando ella no lo sepa, la razón de la especie.
Todo lo cual es tamb ién verdad con respecto a la, por
10 demás, falaz doctrina del idealismo que coge la con-
ciencia trascendental. que es una ab stracción a partir
de la individualidad, y. pese a que re mite genét ica y
lógicamente a ésta, la instala como algo en sí y sustan-
ci al. El j énico carácter de la filosofía de Hegel se ma-
nifiest a ante todo en la ca tegoría de lo individual; él
comprendió ta n perfectamente como su a ntípoda Scho-_
penhauer el momento de apariencia qu e hayen la indi- _
vidualización, la obstinación con que cada cual se em-
e-n lo que meramente sea, la est rechez y parti cu-
lari smo del interés del individuo; pero, no obst an te
todo ello, no expropi ó a la obje tividad o esencia de su
referencia al individuo y a lo inmed iato: lo gene ral es
siempre. al mismo tiempo, lo particular, y es to, lo ge-
neral. La dialéctica, al despiezar esta relación. hace j us-
tici a al campo social de fuerzas, en el que todo lo in-
di vidu al se encuentra ya de antemano socialmente
preformado, pero en el que nada se realiza sino a través
individuos; y_ las...Eat ego!:!as dJE.....rarticula.r Y
neral, de indi viduo y de soc iedad han de darse por bu!"
nas tan poco como las de suje to y_obje to , _de_igt!al for-
ma que no ha de interpreta rse el proceso ent re
y otra cosa como si aconteciese ent re dos polos inmu-
tables: sólo en la conc reci ón hist órica se t iene que for-
mar la part icipación de ambos momentos, lo que e n
definit ivasen. Si n embargo, aunque en la const rucción
de la filosofía hegeli ana se acentúa con el máximo de
fuerza lo general y, en último término, lo institucional
frente a la caducidad de lo sustancial del individuo, en
67
todo ello ha bla algo más que el acuerdo con el decurso
del mundo, algo más que el módico consuelo acerca de
la caducidad de la existencia de que es precisamente
caduca, y nada más: mientras que la filosofía de Hegel
saca la más acabada consecuencia de l subjetivismo bur-
gués, o sea, concibe propiamente la to talida d de l mun-
do como un producto de trabajo-si se quiere, como
me rcancía-,-, él a cabo al mismo t iempo la más
inci siva crítica de la subjetividad, que excede amplia-
mente a la discriminación fichtiana e indi-
viduo; pues Hegel, por su parte, desarroll a el no yo,
que en aquél era algo pues to abstractamente, 10 somete
a la dialéctica y lo convierte de modo concreto (esto es ,
no general, sino con la determinaci ón Íntegra de su con-
tenido) en la limit ación del sujeto. Y mient ras que Rei-
ne- sin duda alguna, no el menos entendedor de sus
oyentes-capta preponderantemente en la doctrina he-
geliana un ha cer valer la individualidad, en innumera-
bles estratos de l sistema se encuentra és ta tratada con
verdadero menosprecio; mas ello refleja ' la ambigüedad
de la sociedad burguesa, qu e en Hegel, frent e a la indi-
vidualidad, logra verdaderamente llegar a aut oconcien-
cia : a esta sociedad, el ser humano en cuanto produc-
tor libre de ataduras le parece autónomo, heredero del
legislador divino , virtualmente todopoderoso; pero, al
mismo tiempo, el indivi duo singular (que en ella es, en
verdad, mero agente del proceso social de producción
y cuyas necesidades propias quedan en cier to modo
perfiladas en común a lo largo de tal proceso) resulta
ser, por tanto, algo totalmente impotente y anulado.
Hegel, en contradicción no resuelta con el éntasis hu-
manístico, prescrib ía exp líci ta e implícitamente a los
hombres que se sometieran, en cuanto ejecutores de
un trabajo soc ialmente necesario, a una necesidad
extra ña a ellos; con lo cual encarna tcoréucamente la
68
an tinomia de lo general y lo particular en la sociedad
burguesa; pero al formularla sin contemplaciones la
hace más perspicua de lo que nunca lo había sido, y la
critica incluso al defenderla: puesto que la liber tad ha-
bría de ser la de los individuos singulares reales, des-
precia su apariencia, el individuo, que se porta en me-
dio de la falta general de liber t ad como si f uese ya
libre y general. El saber que la razón únicamente t iene
esperanzas de realizarse, de convertirse en una reali dad
racional, cuando señala el punto de apoyo de l cual ha-
brí a que desquiciar la antiquísima carga del mito, este
saber igual a a la confianza hegeliana de que a la razón
tcor étíca le sería posible ta l cosa; en cuanto a tal carga,
es el mero ente, que se abroquela, en último tér mi no,
en el indi viduo; y el punto de apoyo es su razón toma-
da como la de l ente mismo. La apologética y la resig-
nación hegelianas constituyen la máscara de per sonaj e
burgués que se ha puesto la utopía para no ser reco-
nocida inmedi at ament e y sorprendida, para no perma-
necer en la impotencia.
Es posible que en la postura que toma la filos ofía
de Hegel con respecto a la moral (postura que forma
un momento de la crítica que él efectúa de la categoría
de individualidad) se patenti ce al máximo lo poco que
se agota en el concepto de lo bur gués. Fue él, cier ta-
mente, el primero que, en la Fenomenología, dijo expre-
que la desgarradura entre el yo y el mundo
atraviesa además el mismo yo, . que- dic.ho las Pe-
labras de Kroner 36_se conti núa en el interior de l indi-
viduo y escinde su querer y su obrar de ac uerdo con
objetiva o subjetiva:" tempranament e
supo él que el in di viduo mismo es t anto algo que fun-
ciona socialmente, algo deter minado por la «cosa» (a
l . Kroner, op. cit ., H. pág. 386.
69
r
sa ber : su trab ajo), como una entidad pa ra sí mi sma,
con inclinaci ones, in ter eses y disposiciones especi fica s,
y que es tos dos momentos apuntan diversamente. Mas
por ello, la actuación purament e moral , en la que el
individuo se figur a poseer se to tal y ent eramente a sí
mismo y darse a sí mismo la norma , se vuelve ambi -
gua, UD autoenga ño: y la moderna psicología anal ítica.
a l reconocer que lo que el ser humano singular piensa
de sí mismo es en gran medida aperí encíal. mera era-
cíonalizaci én», ha acompañado a una parte de la es-
peculación hege liana. Hegel derivó el tráns ito de la
autoconci enci a moral pura a la hipocresía ( que luego
se convierte completa mente, con Nietzsche, en el punto
critico de penetración de la filosofía> del momento de
su falsedad objetiva; y si bien, sin duda, hay formula-
ciones qu e hi stóricamente forman un todo con la cri-
tica poskantiana-digamos, schilleri ana-de la rigur osa
ética de Ka nt (así. la que encont ramos en la Fenome-
nología ac erca de l «dur o coraz ón» que r eclama insis-
tentemente la pu reza de l mandamiento del deber), pre-
ludi an ya. a l mi smo tiempo. la doctrina niet zscheana
del resentimien to, de la moral como evenganzae. La
afirmación hegeliana de que no ha y nada moralmente
real no es ningún mero momento de l paso a su doc-
trina de la eticida d objet iva, sino que en ella irrumpe
ya el reconocimiento de que lo moral en mod o algu no
se entiende a si mismo, de que la conciencia moral no
es ni nguna garantía de actuar con justicia y de que la
pura autoinmersión del yo en lo que ha ya qu e hacer
o qu e no hacer se enreda en absurdo s y fa tuidades.
Hegel continúa cierto impulso .de la Il ust ración radi-
cal: no contrapone el bien a la vida empírica a modo
de princip io ab stracto, de idea suficiente en sí mi sma,
sino que 10 vinc ula, de acuerdo con su pr op ia sustan-
cia , a la formación de una totalidad justa-c-preci samen-
70
te a lo que aparece en la Critica de la razón pr áctica
bajo el nombre de humanídad-c-: y de esta suer te tras-
ciende Hegel la separación burguesa ent re el ethos
como algo que, sin duda, obliga incondicionalmente,
per o que es exclusivamente válido para el sujeto, y la
objetividad de la sociedad, que prel endidamente seri a
sólo empírica. Tal es una de las más grandiosa s pers-
pect ivas de la medi ación hegeliana entre el a priori y el
a- posteriori. I nesperada es también la mordacidad de
esta forma de expresarse: • Puesto que la moralidad
es, en gene ral, imperfect a, está fuera de lugar, y sólo
tiene un fundamento ar bi trar io, la desi gnación de un
individuo como inmoral ; por lo cua l el juicio de la
experiencia no t iene otro sentido ni cont eni do que el
de que a algu nos no les debe ca er en suer te la bienaven-
t uranza en sí y para si: o sea, es envidia que adopta
las apari encias de la moralida d; mientras que la razón
por la que otros de berían t ener pa rte en la llamada fe-
licidad es la buena amist ad , que permit e y desea para
ellos y pa ra sí mismo t al gracia, es deci r, tal azars " ,
Ningún mero burgués hubiera hablado así : pues en la
glorifica ción burguesa de lo existent e se encuentra in-
duida siempre, además, la ilusión de que el individuo,
el puro ente para sí, por ser lo que el sujete se mues-
tra necesariamente a sí mismo en lo existente, sería
dueño del bien; ilusión que Hegel ha echado por tier ra.
Su crítica de la soci edad es ir reconciliable con aquella
apología de la soci edad que , para mant enerse en su
propia inj ust icia para con la vida, necesita de la ideolo-
gía moral de l individuo singular y de su desdén por la
felici dad.
Una vez que se mi ra a través del cliché de la bur-
guesldad de Hegel se deja de ceder a la sugesti ón de
" Hegel, WW 2, pág. 479 [ed. crt t ., pág. 440; v. cas t., pág. 3651.
,
71
Schopenhauer (y, luego, de Kierkegaard) , que despa-
charon a su persona como conformista e insignificante,
y no en últ imo lugar extrajeron de ahí el veredicto emí-
tido cont ra su filosofí a. Para honra suya , Hegel no fue
un pensador existencia l (en el sent ido inaugurado por
Kierkegaa rd y hoy pervertido a frase pagada de si mi s-
ma ); y el hecho de que no le siente bien la más recien-
te-y, entre tan to. ya raída-versión del culto de la
per sonalidad no le degr ada a profesor metido en su
docencia. bien sit uado e indiferente a los dolores de
los hombres, tal y como con negros colores le pinta-
ron, con t anto éxito en la posteri dad, Kierkegaa rd y
Schopenhauer ; cosa que sucedió t ra s de que este últ i-
mo hubiese mostra do personalmente frente a Hegel in-
finit amente menos human idad y largueza que el ancia.
no, que le confi rió la habili tación [docente uni veraita-
rla] , pese a que, en una insensata disputa habida en el
coloquio, presumió arrogantement e frent e al filósofo de
sólido y compete nte investigador cientffico-natural. La
crítica hegeliana aventa jó a esa noción de existe ncia
( que pre t ende tener los triunfos cont ra él) mucho an-
tes de que la exis te ncia, el ser humano filosofante y su
autenticidad se ufanasen y. después, incluso se es table-
ciese n académicamente. Como la me ra persona empirt-
ca del que piense se qu eda a trás con respect o a l pode-
río y la obj etividad del pensamient o por él pensado.
cualquiera que sea és te, la pretensión de verdad de un
pensamiento no es su acomodación por copia al que
piense. ni una mí sera repetición de lo qu e simplemente
sea; sino que semejante pretención se acredita en aqueo
110 que excede del encogimiento en el mero est arse ext s-
tiendo ( Dasein ], aquello en lo cual el ser humano aís-
lado, para salir con bien, se desprende de sí mismo;
desprendimento de que dan muest ra los apasionados
ademanes de Hegel, la faz, hundida de tanto pensar, de
72
quien lite ralmente se r educe a cr ue les cenizas. Y su
burguesa insignificancia es el inconmensu rable esfuer-
zo. marcado con la propia imposibilidad, por pensar lo
incondicionado y llevarl o a buen término (imposibili-
da d que la filosofía hegeliana refleja en si co mo decha-
do de la negatividad mi sma); frente a lo cual es suma-
me nte comed ida la apelación a la autenticidad, el ri esgo
y las sit uaciones límite. Si verdaderamente se ti ene ne-
cesidad en la filosofía del sujeto pensant e. tal vez sin
ese elemento que hoy circul a bajo la ma rca de fábrica
de lo exís tenciarí o no es posible lograr ninguna cala en
la objeti vidad de la cosa misma, entonces semejante
moment o no se legi tima allí donde afecta es ta rlo, sino
donde, por virtud de la di sciplina que le impone la
cosa. rompe su autoafirmación y se extingue en ella ;
tal es la vía seguida por Hegel como apenas nad ie la
ha seguido. Pero en el mi smo instant e en que el mo-
mento existencial se sos tiene a si mismo co mo funda-
men to de la verdad, se convierte en me nti ra; y también
reza con ella el odio de Hegel a quienes otorgan el de-
recho de la entera verdad a la inmedia tez de su expe-
ri enci a.
Es incomparabl e la plenitud expe riencial de que en
él se alimenta el pensamiento: experiencia que queda
acuñada en el pensami ento mismo. pero nunca como
mera materia. como «material» o incluso como ejemplo
y comprobación exterior : el pensamiento abst ract o se
re transforma a través de 10 expe rimentado en algo
vivo. y la mera materi a igualmente, merced al impulso
del pensar (como podr ía demostrarse sobre cualquier
frase de la Fenomenologia del espí ritu], Lo que-en la
mayoría de los casos, muy injustamente- se celebra en
los artistas, la sublimación, le fue dado, en realidad ,
a él; pues, verdaderamente, sublimó la vida en dest e-
llos multicolores, en la recapitulación en el espírit u.
73
Mas en modo alguno ha d e imaginarse la sublimación
hegeliana como si fue se una y la mi sma cosa con la
profundización íntima: su doctrina del desprendimien-
to, lo mi smo que la critica de la subjet ividad para sí
y ciega, «fatua » (crítica que lleva a cabo coinci diendo
con Goethe, y que se sale fuera del ideali smo), es cosa
contrapuesta a la profundización ínt ima , de la que in-
cluso su persona apenas muestra hue llas. El ser huma-
no Hegel absor bió dentro de si en el espírit u-como
el sujeto de su doctrina- ambos, el suje to y el obje to:
la vida de su espírit u fu e en si de nuevo toda la vida;
de ahí qu e su retracci ón de la vida no deba confun-
dirse con la ideología de la ab stención del sabi o. En
cuanto espíritu sublimado, la persona resuen a con lo
exte rior, lo vivo y corporal, lo mismo que una gran
música; y la filosofía de Hegel susurra ; como con su
oyent e y crít ico Kierkegaard, podrí a hablarse de u n
cuerpo espirit ua l. Su promet ida , la baronesa Marí a ven
Tucher, le tomó a ma l que añadiese en una carta que
ell a ha bía escr ito a la hermana de Hegel las pa labras :
_Esto te hará ver lo feli z que puedo ser con ella du-
r ant e todo el r es to de mi existencia, y lo feliz que ya
me hace--en la medida en que la felicidad ent re en el
destino de mi vida- haber alcanzado semej ante amo r ,
que jamás pod ía haber espe rado en este m u n d o " ~ ; es-
las privad as pa labras son lodo el anti privado Hegel ;
y el pensamiento qu e al ber gan se reviste posteriormen-
t e en el Zaratrustra con una forma poét ica: _¿Pers igo,
acaso, la felicidad? Yo persi go mi obra . (mas la seque-
dad y sobriedad, casi comerciales, en que con Hegel se
desinfla de todo énfas is 10 supre mo confiere a l pensa-
mi ento una dignidad que és te pierde en cuanto inst ru-
JOKuno Fischer : Hegels Lebe" , Werke und Lchre, Heidelberg,
1901, 1.' parte, pág. 87.
74
menta con trompetas el propio énfasis) . El des tino de
aqu ella vida es taba adherido a] contenido de su filoso-
fía; ninguna se ha abismado más en la riqueza, ningu- -
na se ha mantenido tan imperturbablemen te en medio
de la experiencia, a la que se confió sin reservas; e in-
cluso los hitos de su fracaso est án acuñados por la
verdad mi sma.
75
LA SUSTANCIA EXPERIENCIAL
Acerca de algunos modelos de la experiencia espi-
ritual es preciso ocuparse de cómo ésta motiva objeti-
vamente (no, por ej emplo, biográfica o psicológicamen-
t e) la filosofía hegeliana y con stituye su sustancia veri-
tativa. Mas el concepto de experiencia permanece de
est e modo todavía en el aire: sólo la representación
puede concretarl o. Tal concept o no apunta a ninguna
«exper iencia originaria» fenomenológica, ni tampoco
- como hace la interp retación de Hegel de las Sendas
perdidas heideggerianas-a lo ontológico, a la «pal abra
del ser», al «ser del ente» 1: de acuerdo con la propia
doctrina hegeliana, del avance del pensamiento no ca-
bría destilar nada de semejant es cos as; nunca hubie-
ra admitido su pensamiento la pretensión heideggeriana
de que «el [ . .. ] objeto que en cada caso, en la historia
de su formación, surge ante la conciencia no es na da
que sea verdadero, que sea ente, sino la ver dad de lo
verdadero, el ser del ente, el aparecer de lo aparecí en-
te»2, ni lo hubiese bauti zado nunca, además, con el
nombre de exp eriencia; sino que, para Hegel, lo que
'Mar tin Heidegger: Holzwcge, Frankfurt del Main [Klostcr-
mann], 1950, pág. 166 [versocasto de J. Rovira Arrnengol : Sendas
perdidas, Buenos Aires, Losada, 1960, pág. 151].
, [d., pá g. 170 [v. cast., pág. 155].
77
1/
en ca da ca so se tenga y a que se re fiera la experiencia
es la moviente cont radicci ón de tal verdad absolut a.
Nada se sa be ..qu e no esté en la experíencía » ' . luego
tampoco aquel ser en el que la ontología existenci al
malcoloca el funda mento de lo qu e es y es exper imen-
tado: en Hegel. el ser y el fundamento son edeter rni-
naci ones reflexivas.., ca tegorí as insepa ra bles del sujeto.
como en Ka nt; y la suposición de la exper iencia como
un modo del se r, como algo presubjet ivamente eacon-
t ecídoe o «despejado.. es, simplemente, incompati bl e
con la fonna en qu e Hegel aprehe nde la experi encia
-como ernovlmiento dialéctico que la conci encia efec .
túa en si mi sma. tanto en su saber como en su objet o.
hast a el punto de que el nuevo objeto verdadero brote
ante ella a partir de él .
4

Per o tampoco nos referi mos a obser vaciones aisla-
das empíri cas que en la filosofía de Hegel se elabora-
sen sintéticame nte (la sus tanc ia experiencial de la filo-.
seña hegeli ana no está temát icamente en ella); sino
que lo entend ido toca más bien a lo que él llama, en
la Int roducción a su «Sistema de filosofía » ", la _pos-
tura del pensamiento con respecto a la obj et ividad..,
esto es, la de l suyo propio. Intentaremos traduci r a
una posible expe rienci a ac tual lo que se le abri ó esen-
cialmente. lo que vio en el mundo; si bi en ello má s acá
de las categorí as t radicional es de la filosofía (incluso de
la hegeliana) y de su cri t ica; no entramos a cons iderar
la controversia sobre la pr iori dad hist óri co-espir it ua l
' Hegel, WW 2, pág. 613 [ed. cr tt., pág. 558; v. cas t ., pág. 468J.
• Id., pá g. 78 (cd. crí t., pág. 73; v. cas t., pá g. 581.
• Recu érdese que Hegel no escribió la «obra» titulada SiMe·
ma de fil osofía , sino el compendio Enciclopedia de las cie'lcias
filos óf icas, con cl cual y los apunt es de diversos cursos sobre
temas t ratados en tal «enciclopedia» redactaron los discípulos
el libro a que alude Adorno. (N . del T.)
78
en la biografía de Hegel de los mot ivos teol ógicos o so-
ciopclít icc s, ni nuestro in terés afecta a qu ien. como él,
ha ya Ll egado subj etivamente a esta o aq uella doctri na ,
sino-con espírit u hegeli ano-a la presión de lo objet i-
va mente apareclente que se refl ej ó y templó en su filo-
sofía. También dej aremos de lado lo que ha quedado
codificado como efec to hi st órico suyo, es to es, la con-
ce pci ón del concepto de evolución y su vinculación con
la estática metafísica p r o c e ~ e n t e de Plat ón. e incluso
de Ari stó teles. así como t odo lo que ha pasado a las
ci encias particulares; por lo tanto, vamos a preguntar
po r lo qu e su filosofía exprese como ta l: qué es lo que
tendrá- y no en último t érmino-e-su substancia que la
hace no agotars e en resultados de ciencia s par ucu-
lares.
Parece que ya es t iempo de plantear un recurso a
ello ; la t radi ción (por lo menos la de l idea lismo alemán
poskantiano, que encontró su for ma má s expresiva en
Hegel) ha quedado descolorida, y la te r mi nologfa, ab-
sor ta y lejanfsima desde muchos puntos de vista. En
conj un to. la acti tud hegeliana se mant iene en di rección
t ransversal al programa de asunción inmediat a de lo
llamado dado como base inconmovib le del concctmlen-
to: programa que. ya desde los dí as de Hegel, se ha
. vuelto ca si obvio no meramente para el posit ivismo.
sino también para sus autént icos enemigos, como Berg-
son y Husserl. Cuanto menos sufran la inmediat ez hu .
mana los omnipresentes mecanismos de mediación del
intercambio. tanto más se apresurará una complaciente
fil osofía a aseverar que posee en lo in medi at o el funda-
mento de las cosas; y este espírit u ha triunfado sobre
la espec ulaci ón, tanto en las ciencias costeas como en
sus adversarios. Pero no se trata de que hayan cambia.
do los est ilos de pensar o las moda s filosóficas (como
aca so imaginen los enfoques este uzante s y ps lcologi-
79
zantes de la hist oria de la filosofía) ; por el contrari o,
el bien cult ural, empujado por una presión y una nece-
sidad: la presión del sentido crítico y la necesidad ya-
cente en la tendencia evolut iva de una sociedad que
cada Vt. "7. ha honra do menos la prognosis hegel iana se-
gún la cual sería espíritu abs oluto, sería racional. Hasta
los pensamientos firmemente acuñados poseen una hi s-
toria de su verdad, y carecen de supervivenci a: no per-
manecen en sí indifere ntes frente a lo que les suceda;
ahora bien : la filosofía de Hegel (y todo pensar dial éc-
tico) se doble ga hoy a la para doja de qu e está anti-
cuada con respecto a la ciencia y, a la vez, es más ac-
tua l que nunca frente a ella ; y el qu e la concienci a
actual de Hegel- no pa se de ser un renacimien to aca-
démico, anticuado hace ya largo tiempo, o que ca pte
una sus t anci a veritativa que se nos de be depende de
que carguemos con tal para doja, y no la tapemos con
una «vuelt a a. o con una sepa ración entre ovejas y ca-
britos en el interior de la filosofía hegeliana. Si no se
qu iere conservar (con ba stante menos que con toda el
alma) Jo qu e se alaba como su sentido de la realidad
yaguar, sin embargo, su filosoffa, no se t iene otra op-
ción que referir incluso los momentos suyos que hoy
nos resultan ext ra ños a las experiencias que encierra
és ta , por muy cerradas que estén bajo siete llaves, y
aunque su verdad se hall e oculta.
De este modo no entregaremos a Hege l al empiris-
mo, sino que seremos fieles a su propia filosofía : man-
tendremos el deside r átum de la crí tica inmanente, que
se cuenta en tre las piezas cen tra les de su método. Pues
la filosofía hegeli ana reivindica encontrarse por enci-
ma de la oposición en tre racionalismo y empirismo, lo
mismo que sobre todas las oposiciones rígidas de la
t radi ción filosófica; rei vindica, por consig uiente, tanto
haberse adueñado del espíri tu en sus experi encias in-
80
ter pre tar ívas del mundo como construir la experi encia
en el movimiento del espíritu . Y para tomarle la pal a-
bra a su filosofía basta, poco menos que sin preocupar-
se por su lugar en la historia de la filosofía, hacerla
que vuelva sobre su núcleo experiencial, que debe ser
una y la misma cosa que su espíritu (él mismo identi-
fica la experiencia con la dialécti ca en un pasaj e-tam-
bién ci tado por Heidegger-de la «I nt roducción. a la
Fenomenología S) . Pero si, frente a esto, se pro testa di-
ciendo que asf se escogen de antemano ca tegorí as y doc-
trinas aisladas, sin ace ptar de una vez un sist ema con-
cl uido (que, sin embargo, según él, sería lo único que
decidiría sobre todo lo ai slado y singular), su propia
intenci ón pone una vez má s a cubierto t al cosa: el sis-
tema no es nada que se excogíte abst ractamente pri-
mero, no es ningún es quema omnícomprenslvo. sino el
cent ro de fuerzas que actúa, latente, en los momentos
singu la res; y ést os , por sí mismos, por su movimiento
y su te ndencia, salen disparados a formar un todo, que
no es nada fuera de sus det erminaciones particu lares.
Por lo demás, desde luego, no hay ninguna garantía de
que la reducción a exper iencias haya de confir mar aque-
lla identidad de los opuestos que en un mi smo punto
for ma el supuesto previo y el result ado del método he-
geliano: tal vez la re ducción pierda la vida ante la pre-
tensi ón de identidad.
No se debe silenciar la dificultad específica del co-
mienzo. En las es cuelas de t radición human a, que lo
emplea n enfát icamente, el concepto de experiencia ha
hecho de l carácter de inmediatez incluso un crit erio, a
saber , de inmediatez al sujeto: con «experi enci a» debe-
t ia llamarse lo que esté inmedi at ament e ahf, dado in-
mediatamente, algo así como puros añ adidos del pen-
' Cf. el text o, págs. 24-25.
81

sa mi ento y, por ello. infalible. Pe ro la filosofía hege-
liana desafia a este concepto de inmedi atez y. con él,
al tan difundido de expe rie ncia: ..Frecuent emente tie-
nen los hombres por super ior a lo inmediato. y se figu-
ra uno como dependient e lo medi ado; mas el concepto
tiene ambas caras: es mediación merced a deja r en
sus penso , e igualmente sucede con la inmediatez»6;
según él. no hay nada ent re el cielo y la t ierra que no
est é «mediado», y que, por lo t anto, no encierre en su
determinaci ón de lo que mera mente sea la reflexión de
su mero estarse ahí existiendo, un momen to espir itual:
«... la mi sma inmediatez está esencialmente mediada s 7.
Si bien la filosofía kan tian a (que Hegel pres upone en
toda polémica) inten tó despoj ar a todo conoci mie nto
válido de tes Iormas del es pír itu , en cuant o cons ti tu-
tivo s suyos, Hegel . para sortear la separaci ón de Kant
entre fonna y conte nido, interpretó todo ente como
algo al mismo tiempo siempre esp iritual; y no es el
más insignificante de sus hall azgos gnoseológicos e l de
que incluso los momen tos en los qu e el conoci miento
se figura poseer lo que para él es último e irreductible
son t amb ién siempre, a su vez, producto s de la abs trac-
ción y, por ello, del «espíritu». Aclaremos simplemente,
al respect o, que. por ejemplo. las llamadas impresio-
nes sensoriales. a las que la antigua te oría del conocí-
mi en to re trotraía todo saber , son. por su parte, meras
construcciones, que no se dan puramente co mo tales
en la conciencia viva; de modo que. por ej emplo. no se
percibe ningún rojo aislado (a partir del cual se com-
pusiera n luego las llamadas síntesis superiores) fuera
de las condicion es del laborator io, preparadas y extra-
ñas al conocimi en to vivo: aquellas supuesta mente ele-
• Hegel , WW 9, pág. 58.
' WW 15, pág. 174.
82
men tales cualidades de la inmediatez se presentan siem-
pre como ya ea tegorialmente prefonnadas, por lo cual
no es posible separa r limpiamente como «capas. los
momentos sensible y categoria l. «La empine no es un
mero observar. oír. sentir. etc.; no es percibi r lo singu-
la r. sino que estriba esencialmente en encontrar espe-
cies. lo general y leyes ; y al hacer que salga todo es to
a luz concuerd a con el fondo del concepto »' , La ci encia
modern a ha dado alcance a est a antipositivist a inte-
lección de Hegel en la medida en que la t eoría de la
forma ha hecho patente que no se da ningún «est o-
se nsible a islado y sin cualificar. sino qu e siempre se
encuent ra ya estruct urado; pero es ta teorí a no ha sacu-
dido la primacía de l dato fác tico. ni la fe en su preemi -
nencia con respecto a los añadidos subjetivos. y ha
armonizado de esta suerte el conocimiento : de igual
manera que para el posit ivismo do dado era inmediato,
para ella es inmediata su uni dad con la forma, es una
especie de cosa en si en medio de la inma nencia de la
concie nci a; y la teoría de la forma concede sólo de
modo acc idental, vali éndose de distinciones como la de
las buenas y ma las formas (que, por su parte, caen den.
tro del concept o ya de antemano sancionado de forma ),
que la forma y el dato-que la antigua epistemología
había distinguido en bruto-e-dejan una vez más de re-
cubrirse sin solución de ,conti nuidad. Mas Hegel se ha-
bía elevado muy por enci ma de todo es to ya en la Feno--
menología del espíritu, al demoler la t esis de la mera
inmediatez como fundamento del conocimiento y echar
abajo el concepto empirista de experiencia (si n glorifi-
car. con todo, lo dado como algo dotad o de sentido).
Es caracter íst ico de su método que haya med ido a la
inmediatez con su propia medida, y que haya mostrado
• WW 19, pág. 283 [v, cnst., pág. 219].
83
que no es tal; la crit ica en principio (no simplemente
de modo atomí stico-mecánico), puesto que lleva ya
siempre en sí mi sma algo distint o de ella, la subj etivi-
dad, sin la cual, en último t érmino, no esta rí a «dada»,
y que no es ya, en cuanto ta l, una obj et ividad: «El
pri ncipio de la experiencia conti ene la precisión, infini-
t amente importante, de que para asumir y dar por bue-
no un contenido tiene que estar cabe él 'el ser humano
mismo; más precisamente, que encuentra dicho cont e-
nido en unidad y aunado con la certeza de sí mismo»9.
Sin embargo, con ello no sacrifica Hegel el concepto de
inmediatez (si así no fuese, su propia idea de la expe-
riencia perdería todo sentido razonabl e): «La inmedia-
tez del saber no solamente no excluye su mediación,
sino que están entre sí tan vin culadas que el saber in.
mediato es incluso producto y r esultado del medi a-
do»JO; as í, pues, es tan dif ícil hablar de la mediación
sin algo inmediato como, a la inversa, enc ont rar a lgo
inmediato que no esté mediado. Pero él no cont rapone
rígi damente por más tiempo ambos momentos: se pro-
ducen y reproducen recíprocamente, se forman de nue-
vo a cada nivel y únicamente en la unidad del todo se
desvanecen, reconci liados. «Mas la misma lógica, y t oda
la filosofía, es ej emplo del hecho de semejante conocer ,
que no avanza ni en una inmediatez ni en una media.
ci ón unilaterales »JI ; sin embargo, de esta forma parece
que el propósito de hacer que la filosofía hegeliana
vuelva sob re las experiencias está juzgado, a su vez, por
el veredicto que ella lan za al encarecer al máximo el
criti cismo kantiano; pues la única experi enci a de que
• WW 8, pág. SO.
IOId., pá¡. 182.
1I Id., pá g. 181.
84
puede tratars e con Hegel y frente a él altera profun-
damente el concepto usual de experiencia.
Donde mayor dificultad ofrece apoderarse de la sus -
t ancia experiencial es allí donde la filosofía hegeliana
se hace a sí misma apartarse de quienes aclaman a la
experi encia como principio. I ndudablemente, como es
sabido, Hegel acentúa con la máxi ma energía el mo-
ment o de no yo que hay en el espíritu; pero impugna r
que haya sido idealista es, sin duda, una prerrogat iva
de las artes interpretativas que siguen la máxima de
hacer hablar por boca de ganso dondequi era que ven
el albur de aprovechar propagandí sticamen te la autc ri-
dad de un gran nombre; artes que t ienen que rebaj ar
a irrelevan cia aque lla frase según la cual la verdad se-
r ía esencialment e sujeto 12 (que, en definiti va, no de ja-
rí a ninguna differentia spe cíi ica que encont rar tras ella
en el sis tema hegeli ano). Más bien habría que buscar
la sustancia experie ncial del propio idealismo de He-
gel, que comparte el ideali smo con el conjunto del mo-
vimiento de los sis temas poskantianos de Alemania , en
especial con Fichte y Schelling. Pero este pe ríodo-aca-
so bajo la tenaz suges ti ón de Dilthey-se constriñe
siempre demasiado es trechamente a la pers pectiva de
los pensadores singul ares y de sus diferencias; en rea-
lidad, en los decenios que van desde la Teoría de la
ciencia hasta la muerte de Hegel, el ide alis mo era un
movimiento no tant o est ri ct amente individuado cuan-
to colecti vo: de acuer do con la terminol ogía hege liana,
un ét er de pensamient os; y és tos ni se ataban con ex-
clusivi dad a un sistema u otro, ni los individuos singu-
lar es los ar ticulaban siempre plenamente. (I ncl uso tras
la desunión de Schelling y Hegel se encuent ran en amo
bes-e-en Las edades del mundo de aquél y en la Feno-
«cr., por ejemplo, WW 8, § 2IJA, págs. 423-4.
85
menologio de éste-formulaci ones y seri es completas
de pensamientos cuyo autor no es más fáci l de Idenu-
fica r que lo era en su j uventud.) Lo cual. por lo de-
más. permit e también deshacerse de varias dificult ades;
pues aquellos escritores no operaban con conceptos ñ -
jades, como cierta filosofía po sterior, que hast a ha ele-
gido como dechado aquella ciericia a la que se resistió
la generación idea list a: en el cli ma de acuerdo col ee-
tivo era posible dar a conocer las propias opiniones
incluso cuando no se había logrado darl es un cuño in-
dividua l exac to y totalment e perspicuo; y acaso j usta-
mente la preocupaci6n por la exac titud haya sido con-
traproducente, ya que al producir la pr opiamente la
lesionaba, pues se sabía uno de acuerdo en punto a
ella . La sustancia exper iencial del idealismo no col ncl-
de sin más , en modo alguno , con sus po siciones gnoseo-
lógico-metafísicas. El énfasis conferido a la palabra «es-
pfrft u e, que acabó por hacerla sospechosa de hybris,
se volvió contra los primeros sfntomas de aque l ti po
de ciencia que a partir de entonces empuña el pode r
incl uso donde su propio objeto debería ser el espíritu;
impul so que puede rasrrea rse hasta en pasajes como
aquel del traba jo sobre La dif erencia [ent re los sis te-
mas filosófi cos de Fichte y de Schelling]: . Sólo en la
medida en que la reflexi6n se re fiera a lo absoluto será
razón, y su acto, un sa ber ; pero en virtud de tal refe-
rirse olvida su obra, quedando sólo la referencia. que
es la única realida d del conocimiento; por consiguiente .
no hay ninguna verdad de la reflexión aisl ada, del pen-
sar puro, sino la de su ani qui lamiento. Mas lo absoluto,
puesto que )0 produce en el filosofar la reflexión para
la conciencia, se convierte merced a ello en una tot a-
lidad objeti va, en un t odo del saber , en una organiza-
ción de conocimientos. En tal orga ni zació n, cada parte
es, a la vez, el todo, ya qu e cons iste en la r efer encia
86
a lo absoluto; mas en cuanto parte que ti ene otras
fuera de ella , es a lgo limitado. que sólo es merced a
las otras; ai slada en su confinamiento es insufi cient e.
y sólo t iene senti do y significado en vi r tud de su uni6n
con el todo. Por lo cual no se puede hablar de concep-
tos aislados y por si. de conocimientos ai slados. como
si fu esen un saber. Cabe que haya un conj unto de co-
nacimientos empíricos ai slados, que, en cuanto sabe r
de la experi encia, muestren su j ust ificaci ón en ésta.
o sea. en la identida d del concepto y el ser, del sujeto
y el objeto; mas preci samente por ello no constituyen
un sa ber científico, ya que ta l j usti ficación reposa en
una identidad limit ada y re lativa, y ni se legiti man
como par tes necesari as de un conj unt o de conocimien-
tos organizados en la conciencia, ni se reconoce en
ellos, medi ante una especulación, la referencia a lo ab-
scl utc» IJ. Hast a el idealismo total de Hegel posee ac-
t ualida d en cuanto crítica del tejemaneje. científico tan
imperant e hoy como ent onces (act ua lidad frent e a otra
cosa , no en sí) : el impulso-tan ciego como siempre-
por ensalzar el espír it u saca fue rzas de la resi stencia
cont ra el saber muer to, contra la conciencia cosificada,
que Hegel, a la vez, di solvi6 y, en su inevitabifidad , sal-
vó fr ente al romantici smo. Así, pues, la experienci a del
idealismo alemán poskan tiano reacciona contra la Iimi-
t ación provinciana, contra el con te nto en la división
del t rabajo dent ro de sec tore s de la vida prefijados de
una vez para siempre y .en el interior del conocimiento
orga nizado; y por ello poseen peso filos ófico escri tos
aparentemente periféricos y prácticos. como el Plan ra-
zonado [para la creación de un establecimiento de en-
señan.;:.a superior] fichtiano y la l ruroduccion a los estll·
dios académicos schellinguiana. El santo y seña de la
" WW 1. págs. 54-5 [ Differ enz .., cd. cit .• págs. 20-1].
87
infinitud, por ejemplo, que a todos ellos les tluía Oc
la pluma con facilidad (a diferencia de Kant), adquiere
color primeramente de cara a lo que para ellos era la
miseria de lo finito, del interés propio endurecido y de
la test aruda minuci a del conocimiento en que aquél se
re fleja; mas a partir de entonces, la parla de la tota-
lidad , privada de su se ntido polémico, es solamente
ideología ami-intelec tual, mientras que en el ama necer
del idealismo la critica de lo particul ar t enía muy otra
digni dad (dado que en la subdesa rrollada Aleman ia no
había llegado a formars e como un todo, en absoluto, la
sociedad burguesa): en la es fera teór ica, el idealismo
significaba percatarse de que la suma de los sabe res
singulares aislados no constituye un todo, y de que lo
mejor del conocimiento, en cuan to potencial humano,
se escapa por entre las mallas de la di visión del t ra-
bajo (el goet hiano eSólc fa lta el lazo esp iritual.. ext rae
y resume sentenci osament e la suma de todo ello) . · En
otro tiempo, el ideali smo fue contra el pasante Wagner
[del Faust o de Goet he ]; mas una vez que lo heredaron
sus igual es, se descubri ó como particula ridad (que He-
gel había visto ya penetrante ment e en Eichte, por lo
menos). En la sociedad tota l la totalidad se convierte
en el mal radical; cosa que, necesitada de una unión
progresiva, resuena en Hegel en su búsqueda de una
reconci liación- pero la totalidad interrumpirá esta t ras
haber alcanzado aquella realidad que Hegel an tici pó
ent usiásticamente en el concepto.
Sin emba rgo, para darse cue nta del motivo de la
crítica de la cie ncia (el de que lo más cercano, lo inme-
di atamen te cierto para el suj eto singular de cada caso,
no es f undamento de la verdad, no es absolutamente
cie rto y seguro, ni «inmediat n») no se necesita en modo
alguno el concepto espe culativo; pues cabe penetrar
en la ca ndencia personal del individuo, cuya comple-
88
xi ón analiza la t eorí a tradicional del conocí mento. y
verla como una apariencia: no sólo debe su portador
a la sociedad la exist enc ia y la reproducción dc la vida,
sino que todo aquello merced a lo cual se constituye
como un ser específicamen te cognoscente (y, por lo tan-
to, tambi én la universalidad lógica , que impera en todo
su pensar ) tiene siempre una esencia social--como en
otro t iempo documentó la escuela durkhcimiana- . El
indivi duo, que en virtud de lo que le haya de estar dado
inmedi at amente se ti ene a sí mi smo por el título legal
de la verd ad. obedece a la cegadora complexión de una
sociedad que necesariamente se desconoce a sí mi sma
COnsiderándose individualista; y lo que cree que es pri-
mero, e irrefutablemente absoluto. está der ivado de
ella , y es secundario, hasta en todos sus datos singu
lares sensibles: cEl individue, ta l y como aparece en
este mundo dc lo coti diano y prosai co, no ... es acti vo
por su propia totalidad, ni por sí mi smo, sino que es
comprensible por lo otros 14. El precio de demencia que
ha de pagar aquella cegadora complexión es que la sa-
lida de la pura inmediatez del ceso que hay ah í.., de
lo supuesta mente más seguro, no alcanza a supera r la
azarosidad de la persona singu la r que en cada caso es
lo que fuese¿ o sea , el solipsismo: que-por decirlo con
la fr ase de Schopenhauer-quizá pueda cura r el solip-
sismo, pero no refutar lo. Mas el pensa r que conci ba
como implícitamente sociales tanto al ser humano sin-
gu lar en cuanto zoon poluikon como las categorí as de
la conciencia subje tiva no se seguirá aferra ndo a un
concepto de experiencia que, aunque sea cont ra su vo-
luntad, hipostasía al individuo: el avance de la expe·
r iencia hast a llegar a conciencia de su inte rdepe nden-
cia con la de todos corrige retroact ivamcnte su inser-
"ww 12, p ág. 207.
89
ción en la meramente individual. La filosofía hegeliana
advirtió tal cosa: su cri t ica de la inmediatez da cuenta
de que aquello a lo que se confía la conciencia ingenua
como inmediato, como lo más cercano a ella , es tan
esca samen te inmedi ato y primero como propiedad de
todos; mas Hegel destruye inclu so la mitología de lo
pri mero : ..Lo qu e es en si, lo inmedia to, abs tracto y
gene ral, lo que todavía no ha progresado, const ituye el
comienzo; lo más concreto y rico es lo t ardío, mi en -
tras que lo primero es lo má s pobre en determínacío-
nese u. Bajo el aspec to de semejante desmit ologizaciÓn
se convie rte la filosofía hegeliana en la f órmula de la
general ob ligación de no ser ingenuo (temprana res -
puest a a una situación del mundo que teje incesante-
mente su prop io velo): ". _. de hecho, el pe nsar es esen-
cialmente la negaci ón de eso qu e estada inmediatamen-
te ante nosotros»1_. Como su anti poda Schopenhauer,
Hegel querría desgarrar el velo, y de ahí su polémica
contra la doctrina kant iana de la incognoscibilidad de
la cosa en si " ; ta l es, sin duda, uno de los moti vos
más hon dos de su filosofía, por más que oculto pa ra
ella misma.
La región del pensar a que así aludi mos se dist in-
gue de Kant y del conjunto del siglo XVII I (como ya
sucedía, por lo' demás, con Fichte ) por virtud de una
nueva necesidad de expresión: el pensamiento mayor
de edad quiere esc r ibir la historia del espíri tu (cosa
que hasta entonces hacía de mod o meramen te incons-
ciente), quiere conver tirs e en eco de las horas que le
hayan tocado; ta l es la dif ere nci a ent re el idealismo
alemán (Hege l especi almen te) y la Il ustración, má s
" WW 17, pág. 69 tv . cast ., págs. 42·3].
" WW 8, pág. 57.
v e r. WW 19, pág. 606 rv. cast., págs. 457-8].
90
bien qu e la que la historia oficial de la filosoffa señala
como ta l : más important e, inclu so, que la autoc rí üca
de la Ilustración, la expresa asunción del sujet o con-
creto y del mundo hist óri co y la di mani zación de l filo-
sofar. La filosofía teóri ca, cuando menos, habia apli-
cado con Kant su ca non a las ci encias positivas, la
comprobación de su validez (o sea, la pregunta sobre
cómo es posible el conocimiento científico) ; mas ahora ,
puest a toda la armadura de la autorreflexión de la teo-
n a de la ciencia, se vuelve, sin embargo, a expresar de
mod o que obligue expresamente lo que se di visa como
central en la realidad, pero que se escapa a t ravés de
la red de las ci encias particula res; y lo que motiva
aquella convers ión del filosof ar hacia el contenido no
es ninguna mayor riqueza de mat eria l, sino el moderno
clima de Hegel (fr ente a Kant e incluso Fichte). Pero
él impulsó la filosofí a a una elaboración intelectual-
mente cons ecuente de las experiencias de la realidad
no gracía s a un inquebrantable pensar en ello sin pa-
rar (ya fuese ingenuo-realist a, ya lo que se suele llamar
vulgarmente una es peculación desenfrenada), sino que,
merced a una autorreflexión crí t ica incluso de la filo-
sofía crítico-ilustrada y del método de la ciencia, llevó
a la filosofía a percata rse de conte nidos esenciales, en
lugar de limit arse a una comprobación propedéutica
de posibilidades epi stemológicas: ejercitado como es-
taba en la ciencia, y con sus medios, t raspasó los con-
fines de una ciencia sólo consigna dora y or denadora,
que aspiraba a aco moda r materiales y había dominado
hasta llegar él (y de nuevo tras él, cuando el pensa-
mient o perdió la inconmensurable tensión de su auto-
rreflexión). Su filosofía es al mismo ti empo de la razón
y antipositiva; se opone a la mera teorí a del conoci-
miento al ha cer patente que las formas que según ella
cons ti tuye n és te dependen del conteni do del conocí-
91
miento tanto como a la inversa: «Pero, en general, no
hay materi a sin forma, ni forma sin materia. La ma-
t eria y la forma se engendran recíproca mente» 11; para
proba r lo cual se sirve a su vez, sin embargo, de una
gnoseología más consecuente. Pues si bien és ta , en cuan-
to doctrina de la azarosidad e Impenet rabilidad del con-
tenido y de la inevitabi lidad de las formas, pone un
foso entre aquél y ésta, él la intensifica hasta la eviden-
cia de algo que a ella no le incumbe extraer: que la
conciencia que traza límites, con ta l t razar trasciende
necesari amen te lo as í limitado-e-para Hegel es canónica
la sentencia goet hiana de que todo lo perfecto en su
género apunta fuera y por encima de su género ( pues
tiene con Gocthe mucho más en común de lo que la
superficial dif erencia entre las doctrinas del protofe-
nómeno y del semoviente absoluto pe rmite sospechar).
Kant hab ía "amarrado. la filosofía a los juicios sin-
téticos a priori: en cierto modo había reunido en ellos
lo que quedó de la antigua metafísi ca tras la crit ica
de la razón. Mas tales juicios es tá n at ravesados por
una profunda contradicción: si f uesen a priori en sen-
tido kantiano estricto, carecerían de t odo cont enido,
serían for ma s en acto, proposiciones puramente lógi-
cas, tautologías, en las que el conocimiento no añadiría
nada nuevo a si mi smo, nada de lo otro; pero si fues en
sintéticos (y, por tanto y en serio, conocimientos, no
una mera autoduplicación del suj eto) precisarían aquel
contenido que Kant queda proscribir de su esfera por
azaroso y meramente empírico. y teniendo en cuenta
la radical fisura entre ellos, se vuelve un enigma có mo
entonces se encuentran, en general, y se aj usta n uno
a otro la forma y el contenido: qué le sucede a aquel
conocimiento, cuya validez, sin embargo, quería Kant
" WW 3, pág. 125.
92
j ustificar. Hegel responde a ello que la fonna y el con-
ten ido están esencialmente mediados el uno por el
ot ro; cosa que quiere decir, sin embargo, que una mera
doctrina formal del conocimiento como la que proyc( ta
la gnoseología se deja en suspenso a sí misma, no es
posible, y que la filosofía, para alcanzar la obligatorie-
dad que acaricia la teoría del conocimiento, ti ene que
hacer saltar ésta; asf, pues, el filosofar que atiende al
contenido queda ocasionado merced justamente a la
autorreflexión del filosofa r formal, que habfa ahuyen-
tado y prohibido el de contenido como meramente dog-
mático. Con este paso al con tenido se obtiene la casa-
ción del divorcio del a priori y la empirie, que se había
con servado en toda al t radición platónico-aristotélica
hasta Kant y sólo con Fichte habia empezado a poner-
se en duda: «Lo empí rico, aprehendi do en su sí ntes is,
es el concepto especulativo . 19; con lo que la filosofía
exige el derecho y acepta el deber de recurri r a los
momentos materiales, que brotan del proceso vital real
de los hombres socializados (y ello en cuanto mamen-
los esenciales. no meramente azarosos). La met afí sica
fal samente resucitada en nu estros días, que censura t al
cosa como un hundirse en la mera fac t icidad y se arro-
ga la protección de l ser del ente frent e a es te últi-
mo, queda en lo deci sivo a la zaga de Hegel, por mucho
que se tome a sí misma como progresada con respecto
al idealismo de és te; pues ese Hegel al que de abst rac-
t o se reprende por su idealismo, frente a la concreción
de las escuelas fenomenológicas, antropológicas y onto-
lógicas, ha int roducido en los pensamient os filosóficos
infini tamente más de lo concreto que t ales tendencias;
pero, ciertamente, no porque el sentido de la realidad
y la visión hist éri ca de su fan tasía especulativa se equi-
"ww 18, pág. 341 [v. cast., pág. 252].
93
librasen , sino en virtud del arranque de su filosofía (y
podría decirse que debido al carácte r experiencial de
la especulación misma). La filosofía-e-exige Hegel-de-
bería esta r ent erada de «que su conte nido es la reali-
da d; y llamamos experiencia a la conci encia más próxí -
roa a ta l cont enido» 1(1; no se quiere dej ar amedrentar,
ni abandona r la esperanza de percatarse de aquel todo
de la r eali dad y de su sus ta nci a que el estableci miento
científico le alt era en nombre de result ados váli dos, in.
vulnerables e inatacables. Hegel vislumbró lo regresivo
y despótico qu e hay en la humildad kantiana, y se re-
beló contra la conocida frase en la que la Ilustración
de Kant se congraci a con el oscurantismo (<<AsÍ, pues,
tendría yo qu e dejar en suspenso el saber, con objeto
de hacer sitio para la fe; y el dogmatismo de la meta-
física, esto es , el prejuicio de avanzar en ella sin crí -
ti ca de la razón pura, es la verdadera fuente de toda
fal ta de fe que combata a la moralidad, que se rá siem-
pre, desde luego, muy dogmática»21); su ant itesis a ella
r eza así : «La oculta esencia del universo no ti ene en
si fuerza alguna que pueda ofrec er resi stencia al de-
nuedo del saber ; tiene que abrirse ante él , poniéndole
ante la vista, para que las goce, sus riquezas y hondu-
ras »22. En seme ja ntes formulaciones se dila ta el precoz
énfas is burgués de Bacon a uno de una humanidad ma.
yor de edad (el de que, con todo, se llegará ); y en este
:lO WW 8, pág. 47.
" Irnrnanuel Kan t: Kríük der reinen í/ ernunj t, «Prólogo de
la segunda edición», ci tado por la edición Insel, s. a., pág. 24
lcorrespondc a la pá g. B XXX; en la versión cas tellana üncom-
pleta ) de M. Carera Morente (Crítica de la razón pura, 2 t . Ma.
drid, V. Su érez, 1928), t . I, pág. 48; en la de B. del Perojo y
J. Revira Annengol (Id. , Buenos Aires, Losada, 1961), t . I,
pág. 139].
:l2 Hegel, WW 8, pág. 36.
94
impulso, frent e a la resignación de la época present e,
se basa la verdadera actualidad de Hegel. Mas el extre-
mo idealista, de acuerdo con cuya medida juzga el He-
gel temprano-e-análogamente a como ha ce HOl derlin-
al espíritu comprometido a ser «útil» y, por elle, des-
leal a sí mismo, posee sus implicaciones materi ali st as
(que se esfuman cuando ta l ideali smo extremo pacta
con 10 que post eriormente se ha llamado realis mo,
cuando el es píri tu se acomoda; si bien, indudablemen-
te, habría que demostrarle con mucha evidencia que
no le cabía reali zars e de ot ro modo que a t ra vés de
una acomodación). Hegel se acerca tanto más al ma-
terialismo social cuanto más lejos lleva el idealismo,
inclus o el gnoseológico, cuanto más se empeña, contra
Kant, en concebir los obje tos a partir de su interiori-
dad; y la confianza del espíritu de que él mi smo seria
el mundo «en sí» no es sólo una aldeana ilusión de
omnipoten cia : se alimenta de la experiencia de que,
en definitiva, no exist e nada fuera de lo producido por
hombres, nada definitivament e independiente del tra-
bajo social (pues la naturaleza aparentemente intacta
por él se define como tal merced al trabajo, y está , de
este modo, mediada por él; conexiones que son pate n-
tes, por ejemplo, en el problema de los llamados espa-
cios no capitalis t as , ya que és tos los necesitan par a
hacer valer el capita l). La pretensión leibnizian a de
construir el mundo a partir de un principio interno,
que Kant había rechazado como met afísica dogmática,
re aparece en Hegel, pues, en forma de su opuesto: el
ente se aproxima al producto del trabajo, sin que, por
lo demás, perezca en él el momento nat ural; pero cuan-
do, al hacer el total, ent ra todo, en definitiva, en el
sujeto en cuanto espíritu absoluto (como suce de con
Hegel ), el idealismo se dej a en suspenso a sí mismo al
hacerlo, dado que no sobrevive ninguna diferencia en
9S
la que cupiese captar al sujeto como algo di stinto, como
sujeto: una vez que, en lo abs oluto, el obj eto es suje-
t o, deja aquél de ser inferior con respecto a ést e. (En
su ápice, la iden tidad se convi erte en agente de lo no
idéntico.) Por inf ranqueablemente que se trazaran en
la filosofía hegeliana las front eras que prohí ben da r ta l
paso en forma man ifiesta, su propia sustancia es , sin
embargo, igual de inevitable ; y el hegelismo de lzquicr-
da no const ituyó un desarrollo his tórico-espiritual por
enci ma y más aJlá de Hegel que 10 malentendi ese y des-
figurase. sino, con fidel idad a la di al éc tica, una parte
de la autoconcie ncia de su filosoffa-parte que ésta te-
nía que denegarse pa ra seguir siendo filosofia.
Por ello es menester no deshacerse ap resuradamen-
te ni siqui era del fermento idealista hegeli ano, como si
fuese una desmesura: éste extrae su fuerza de lo que
el llamado sentido común precientífico percibe en la
ci encia. y sobre lo cual ést a resba la, demasiado satis-
fecha de sí misma. Pues, con objet o de poder operar
con conceptos sobri os y cl aros, de los que se ufana, la
ciencia los estat uye inmóviles, y juzga luego sin tener
en conside ración que la vi da de la cosa mentada po r
el concepto no se agota haci endo que éste quede fijad o.
En cambio, la protesta del espírit u aún no acabado
por la ciencia cont ra las determinaciones conceptuales
practicables y las meras definiciones verbales, así como
la exigencia de no manejar los conceptos como s¡ fue-
sen fichas, sino-e-como lo quiere su nombre---concebir
en ellos lo que propiamente sea la cosa y lo que con-
t enga en sí en cuant o a momentos esenci ales y en modo
alguno mutuamente concordant es, nos ent regan el ca-
non de aquel idealismo hegeliano-al que se ha re-
prendido por di sparatadamente soberano-que quiere
poner en claro enteramente la cosa valiéndos e de su
concepto, ya que cosa y concept o serían, al fin y a la
96
postre, uno y lo mismo. Nunca se a lej a más en la su-
perficie la filosofía hegeliana del concepto predialéctic o
de experiencia que en est e punto: lo que re cae en el
esplri tu le cae en suerte, en lugar de di sponerlo sim-
plemente él , ya que ello, a su vez, no se ria otra cosa
que espírit u. Pero ni siquiera est a antiempírica ci ma
de ta l filosofía apunta al vado: mi enta la diferencia
entre la cosa misma, el objeto del conocimiento, y su
mero vaciado científico, con el que no puede conten-
tarse la ciencia autocrítica: c ólo que, indudablemente,
el conce pto no permite que se salte por enci ma de su
esenci a abs t ract íva y clasi ficatoria, separa dora y arbi-
traria; y Hegel odiaba especialme nte-y con ra zón-
los intent os de hacer tal cosa (sobre todo , de Schelli ng),
pues delataban de qué se trataba princi palmente: del
sue ño de la verdad de la cosa mi sma dándose en una
intuición intelect ual (que no se halla por enci ma del
conc epto, sino bajo él , y que just amente al usurpar su
objetividad re trocede y cae de nuevo a la sub jet ividad
del mero opinar). Apenas hay nad a fr en te a lo cual sea
má s sens ible el pensamiento filosófico qu e fr ente a lo
más próximo a él, 10 que le compromete escondiendo
la diferencia que mira al todo en un matiz inaprecia-
ble; de ahí que Hegel enseñase que es preciso tanto
estat uir en forma fija, more scíensíi íco, los significados
de los conce ptos (de modo que sigan siendo, en gene-
ral, conceptos) como «mover tos .., vari arl os de ac uerdo
con lo que mande el objeto, para no desfigura rlos; y se
espera de la dialéctica que desarrolle es te postulado,
el cual, sin desarrollar, sería meramente pa ra dójico.
Dialéctica no qu iere decir est ar dispuest o a sus t ituir el
significado de un concept o por otro , subre pti cio (a lo
qu e sí se llega en su parodia lo mismo que en su pe-
trificación do gmática ), ni - como se sospe cha de la I ó-
gica hegeliana-a tachar el principio de cont radicción;
97
7
sino que la cont radicción misma, la existe nte entre el
concepto fijado y el mov ido , se vuelve agente del filo-
sofar. Al quedar fijo el concepto y confrontarse su sig-
nificado con lo aprehendido bajo él, en su identidad
con la cosa se muest ra que la forma lógica de la defini-
ción exige a la vez la no identidad, es to es, que el con-
cepto y la cosa no sean uno y lo mi smo; jus ta mente
por ello tiene que variar el concept o que se ma ntenga
fiel a su propio significado; y, siguiendo lo mandado
por ella mi sma, la filosofía que considere el concepto
como algo más elevado que un mero instrumento del
entendimiento tiene que abandona r la definición , que
tiende a parali zarl a allí. Así , pues. el movimi en to del
concepto no es manipulación sofística alguna que I ~
imp usiera desde el ext erior signi ficados cambiantes .
sino la omnipresente conciencia, vivificadora de todo
genuino conocimiento, de la unidad y. sin embargo,
inevitable diferencia entre el concepto y aquello que
haya de exp resar; y puest o que la filosof ía no desist e
de tal unidad, ha de respo nsabilizarse de esta dif:-
rencia.
No obstante toda la autorreflexión, empero, las ex-
presiones re flexión y filosofía reflexiva, así como sus
sinónimas, tienen fre cu entemente en Hegel un tono es-
ti mati vo; con todo, su crí t ica de la reflexión (en la que
no perdonó ni siquiera a Fichte ) era, a su vez, reflexión,
como se muestra crasamente en aquella escisi ón del
concepto de sujeto que tan drás ticamente les di st ingue
a él y a sus predecesores especulat ivo-idealist as de
Kant. Con es te último, la filosofía había efectuado una
crítica de la razón: se habfa aplicado a la conciencia,
en cua nt o condición del conocimiento, una conciencia
científica en cie r to modo ingenua, un exa men de acuer-
do con las reglas de la lógica (según los uso s lingüí sti-
cos de hoy, de la «fenomenologla»): mas en Hegel pa!¡a
98
a se r temát ica, refl eja , la relación-e-de que no se había
hecho ca rgo Kant-entre ambas, ent re la conci encia fi -

losófica, cri t icant e, y la criticada , la conocedora inme-
di atamente de objetos; con lo cual la conciencia como
objete , como algo que ha de aprehenderse filosófica-
mente, se convierte en algo finito. limit ado e ins uficien-
te, tal y como ya la hab ía concebido tendenci almente
Kant (el cual, por mor de tal finitud, prohibió redon-
dear exuberantemente la conciencia en mundos inte-
ligibles). La limitaci ón kantiana de la conciencia a ci en-
tíficamente judi catlva, sin más, reaparece con Hegel
como su negatividad. como algo ma lo y que a su vez
hay que crit icar; y a la inversa, aquella conciencia que
penet ra en la finitud de la conci encia. la subjetividad
contemplado ra, que es la que, en definit iva, «pone» al
sujeto cont emplado, justament e por ello ha de ponerse
a sí misma como infi nita y-según la int ención de He-
gel-en una filosofía acaba da ha de most ra rse en su
infinitud, como espíri tu a bsoluto (en el que se desva-
nezca la difere ncia entre sujeto y objet o, por no haber
nada fuera de él) , De todos modos, por cuestionable
que sea es ta pretensión, incluso la reflexión de la refle-
xión, la reduplicación de la conciencia filosófica no es
ningún mero juego de un pensamiento desatado y algo
así como privado de su materia, sino cosa muy certe-
ra ; pues a l acordarse la conciencia, medi ante la autorre-
ñextcn, de lo que le falta de la realidad, de lo que mu-
tila con sus conceptos ordena tori os y arruina con su s
dat os procedentes de la azarosidad de lo cercano, el
pensar cientí fico se topa en Hegel con lo que la ciencia
mecánico-causal dej a que acontezca en cuanto nat ural-
mente imperante en la natura leza En lo cua l no era
Hegel ta n disti nto de Bergson, quien , lo mi smo que él ,
con los medios proporci onad os por un análisis gnaseo-
lógico descubrió la insufici encia de la ciencia miope y
99
cosificadora, su inconveni encia para con lo real (mien-
t ras que la cienci a no refleja gusta de recusar como
me'tafísica la conciencia de semej ante ínconveníenc ía ).
Desde luego, con Ber gson el esp íritu ci entí fico lleva a
cabo la cr it ica de sí mi smo sin preocuparse por la con-
tradicción de semej ante autoc rníca, por lo cual él pudo
ser a la vez gnoseológi co e irracionahsta : su filosofía
no superó la re lación entre ambos aspect os. Mas en lo
que respecta al cien años anterior Hegel : él sabía que
t oda crítica de la conci enci a ccsíficadcr a, fragmenta-
dora y enajenadora que meramente la haga contr ast ar ,
desde fue ra, con otra fuente de conoci mientos perma-
nece impotent e, y que una concepción de la ratio que
brote de ésta tiene que suc umbir de nuevo, sin salva-
ción, a sus pr opios cri teri os; por ello Hegel hizo de Ja
contradi cción misma entre el espíri tu cientifico y la
crítica de la ci encia , que se entreabre en Bergso n, el
motor del filosofar. Sólo mediante la reflexión a punta
el pensar reflexivo fuera y por encima de sí mi smo;
y la contradicción, prohibida por la lógica, se convier te
en órgano del pensar, en la verdad de l l agos.
La crí tica hegeliana de la ciencia, cuyo nombre se
reitera siempre en él enfátic amente, no qui er e re stau-
rar apologét icamente la met afísi ca prekantiana fr ente
al pensar científico, que cada vez le arrebata más obje-
tos y doctri nas, si no que obj et a, fren te a la ciencia ra-
cional , algo racional de punta a cabo: que ella, que se
imagina ser la fuente legal de la verdad, prepara y ade-
reza los objetos, por mor de sus propios concept os oro
denatorios, de su no cont radicción y pract icabilidad
inmanent es. hasta que encajen en las discipli nas insti-
tucional es, «posít ívas• . Y lo que motiva el concepto
hegeliano de cosificación es que la ciencia se cuide me-
nos de la vida de las cosas que de su compati bili dad
con sus propias reglas de j uego; pues lo qu e procede
como si fuese verdad intangible e irreductible es ya
pr odl;lc( o de cierto aprestar, al go secundario y deriva-
do. No es la últ ima tare a de la conciencia filosófica la
de fluidifi car de nuevo lo verti do en la ciencia, merced
al autoconoc imiento de ésta. y retroverterlo en aquello
'de lo cual lo había alejado ella. En cuanto a la propia
objetividad de ésta. es meramente subjeti va, por lo
cual la objeción deHegel cont ra el trabajo sin re flexión
del entendimient o es igualmente razonab le que la co-
rrecci ón que le hace . En él est á ya perfectamente des-
arrollad a la crítica de ese positivista tejemaneje cien-
tífico que hoy se presenta a sí mismo cada vez más en
todo el mundo como la única forma legftima de cono-
cimiento: mucho a ntes de que hubiera llegado t an le-
jos , Hegel lo diagnosticó tal y como hoy se manifiesta
en in nume rables invest igaciones vacías y obt usa s, est o
es, como un idad de la cosificación (o sea, una objetivi-
dad más fa laz, más ext erior a la cesa mi sma y--en el
lenguaje hegeliano-e-más a bstracta ) y de una ingenui-
dad que confunde el vaciado del mundo. los hechos y
los números, con su. por qu é.
Hegel expresó, en el lengua je de la teoría de l cono-
cimi ento y el de la met afí sica especulativa (extrapolado
a partir de aquél), qu e la sociedad cosificada y raciona-
lizada de la época bur guesa. en la que se ha consumado
La razón que se enseñorea de la natu ral eza, podría con-
vertirse en digna de los seres human os, no mediante
una regresión a estadios más antiguos, a nter iores a la
división del t rabaj o y más irracionales, sino aplica ndo-
se a si misma su raciona lidad; dicho con otras paLa-
bras, cuando, sanando de las marcas de la sinrazón. se
perca te de su propi a razón . pero también de las hue-
llas de lo racional que hay en lo irracional. (Mie ntras
tanto, sc ha vuelto patente el aspect o de sinrazón en
las cons ecuencias de la r acionalidad moderna, que ame-
100 101
nazan con una cat ást rofe universal. ) Experienci a hege-
liana a. Ia que el scbopenhauer tano Richard Wagner dio
una fórmula esquilea: la herida cierra sólo con el dar-
do que la hir iese. La concie nci a de Hegel padec ió, como
ninguna conciencia filosófica anter ior, con la distancia-
ción ent re sujeto y objeto, entre la conciencia y la rea-
Iidad; pero su filosofía tuvo fuerzas pa ra no hu ir en
reti rada ante ta l padecimiento. a la quimera de la mera
inmediatez de mundo y sujeto; y no dej ó que la extra-
viase el que la sinrazón de una razón meramente par-
t icular (a saber : la que sirva a unos in tereses puramen-
t e part icula res) se derri ta sólo merced a realizarse la
ve rdad de l todo; cosa que cuenta en favor de su reñe-
xl ón de la reflexión más que los gestos ir racionali st as
a qu e se dejó inducir Hegel de vez en cuando, cuando
t rataba desesperadamente de sa lvar la verd ad de una
sociedad qu e ya se había vuelto falsa. La autorreflexión
hegel iana del sujeto en la conciencia filosófica es , en
verdad, la conciencia crítica de sí misma de la socie-
dad. en el momento de alborear.
El mo tivo de la contradicci ón y, con él, el de una
sociedad que se abalanza sobre el sujeto dura, ajena .
brutalmente (motivo con el que Hegel aventa ja a Ber g-
son, el metafísico del fluir ), pasa . en general, por se r
el pr incipio globa l de su filosofía ; y el mé todo dialéc-
tico lleva su nombre po r razón de él. Pero ello, just a-
mente, fomenta la t raducción a la expe riencia espiri-
tual de que hab la: muy fácilmente mana de él un modo
de cons iderar purament e histórico-filosófico que subs u-
me los niveles de l esp ír itu bajo sumos conceptos ro-
tundos, convir t iéndo los en rúbricas; con lo que se re-
baj a la dialéctica a una concepción elegible del mundo,
como la que la filosofía cr ít ica apor tada po r Hegel ha-
bía herido mortalmente. Asimi smo es inevitable que se
pregun te de dónde saca propiament e Hegel el derecho
102
de. dobl egar al pr incipi o de cont radic ción cualquier
cosa con qu e se t ropiece el pensami ento, y éste mismo:
y en est e punto, sobre tod o, se recelará en él, qu e quería
abando narse al movimi ento de la cosa mi sma y curar
al pensa mi ento de su ar bit rar ieda d. un momento arbi -
t rari o, de dogma tismo antiguo (puest o que, de hecho,
la filosofía especula tiva. a partir de Saloman Mai mon,
recurrió en muchas cosas al raciona lismo prekantiano ).
No ba sta para desvirtuar esta sospecha que Hegel expu·
siese las más tajantes objeciones a l mat raqueante es-
quema de la triplicidad de tesi s, ant ítesis y síntesis
en cuant o meramente met ód ico, ni que en el Prólogo de
la Fenomenología se diga que mientras siga siendo es-
quema y. por tanto, meramente se 10 est ampe desde
fuera a los obje tos es una emar tingala s P que se apren-
de velozmente; y di fícil ment e se contentará tampoco
na die con que principio aislado alguno (ya sea el de la
mediación, el del devenir , el de contradicción o el de
la dialéctica mi sma ) sea en cuanto principio, desligado
de todo y absoluto, llave de la verdad, ni con que ésta
cons ista únicamente en la unión de unos momentos
que broten, di sociándose, cada uno del otro: todo ello
podrían ser meras aseveraciones. La sospecha fr ente a
la dialéc tica (la de que a su vez sea--con palabras de
Hegel-un lema sentado a islada, «abst ra ctamente») se
ve hoy confirmada por la perversión a dogma está tico-
lit eral sufrida en el campo orienta l, bajo la horrible
abreviatura de Diamat [dialek tische Materialismus, ma-
te ri ali smo dialéctico] , por la versión ma terialista de la
dialéctica (del pensar di námico 7:a-c ' deri varla
de la hegeliana: la apelación a sus inau gurado res de gra-
dados a clásicos impide, como siempre, toda considera-
ción atenida a las cosas t ildándola de desviación obje-
v cr. WW 2, págs . 47-8 ledo crt e., págs. 42·3; v. ces t., pág. 35l
103
tivista, y el movimient o hegeliano del concepto queda
congelado en el D íamat en una confes ión de fe. Por el
cont rari o, cada vez t iene más en común con la expc-
riencia motivadora de la dialéctica lo que , largo ti empo
después de Hegel, expresó Niet zsche en la frase: «Nada
se present a en la reali dad que corresponda rigurosa-
mente a la lógica» 24; pero Hegel no lo proclamó sim-
plemente, sino que llegó a ello a parti r de una crí tica
inmanent e de la lógica y de sus formas: demostró qu e
el concepto, el juicio y el raciocinio, instrumentos inevi-
tables para, en general, cerciorarse de un ente, van a
parar en todos los casos a una contradicción con éste,
y que, ateniéndose a una idea enfática de la verdad.
todos los j uicios, conceptos y raciocinios singulares son
fal sos. De este modo, Kant , el enemigo mortal del pen-
sar merament e «rap sód ica», absolutizador de det ermi-
naciones singulares azarosas y ai sladas, se encontró a
sí mi smo en Hegel , su crítico. Es te combate la do ct rina
kantiana de los límites del conocimient o, y, sin embar-
go, la respeta : de ella procede la teoría de la diferencia
entre suj et o y objeto que se manifestaría en toda de-
terminación singular; diferencia que luego se movería
má s allá de sí misma- mirando su propia corrección-
hacia un conocimiento más ajust ado. Por consiguiente,
la justificación del primado de la negación en la filos o-
fía hegeli ana serí a que los límites del conocimiento a
que lleva su autoconsideración crítica no son nada exte-
rior a él, nada a lo cual estuviese condenado de for ma
meramente heterónoma, sino que son inherentes a to-
dos sus momentos. Pues t odo conocimiento-no sólo el
que se avent ura en lo infinito-quiere mentar, ya por
:>l Fricdrich Nietzsche: «Aus del' Zeit der Morgenrüthe und
del' Irolichen Wissenschaft 1880-1882», Gesammelte Werke, edi-
ción Musarion, 1. XI. Mun ích, 1924. pág. 22.
104
la mera forma de la cópula, tod a la verdad, y ninguno
la alcanza; y de ahí que para Hegel los límites kantia-
nos del conocimiento se conviertan en el principio de
su progreso: "Cada cosa es lo que es únicamen te en
sus límites y por ellos ; por lo cual no se deben mirar
los límites como meramente exteriores al ser exi stente,
sino que, antes bien, ellos atraviesan la totalidad de
éste» 25. La universalidad de la negación no es ninguna
panacea met afísica ante la qu e hubieran de abrirse t o-
da s las puert as. sino únicamente la consecuencia de
aquella crit ica del conoci mient o que acabó con las pa-
naceas, desarrollada hasta convert irse en autoconcien-
ci a; con otras palabras, la filosofía hegelian a es en un
sentido emi nente filosofía crít ica, y el exame n a que
some te sus concept os (empezando por el ser ) acumula
siempre en ella, al mismo tiempo. lo que se le puede
obj etar específicamente. De todas las tergiversaciones
de Hegel debidas a la intel ectualidad escasa de molle-
ra, la más indigente es la de que la dialéctica, sin hacer
distinción alguna, tendría que admitir todo o no admi-
ti r nada; pues si con Kant la critica lo es de la razón,
con Hegel. que critica a su vez el divorcio kantiano de
la ra zón y la realidad, la crít ica de aquélla se vuelve,
a la vez, de 10 real: la insufici encia de todas las deter-
minaciones singulares ai sladas es siempre, al mi smo
tiempo, insuficiencia también de la realidad particular
aprehendida por ta les determinaciones. Aun cuando el
siste ma acaba por hacer equivalentes entre sí la razón
y la realidad, el sujeto y el obj eto, la di aléctica, en vil"
tud de la confrontación de cua lquier realidad con su
propio concepto, con su pr opia ra cionalidad, vuelve la
punta polémica contra la sinrazón del mero ser exis-
t ente, de la sit uación natural que se está perennizando:
1$ Hegel. WW 8, pág. 220.
105
la realida d se le desemboza como cons agrada a la muer-
te en cuant o que no sea enteramente racional, mient ras
es té irreconciliada. Y con el concepto de la negación
determinada, con el que aventaja Hegel a aquell a frase
de Nietzsche y a todo írracíona llsmo, no sólo se revuel-
ve contra los con ceptos supremos abstract os (también
contra el de la negación mi sma), sino qu e la negación
interviene al mi smo tiempo en aquella realidad en la
que adquiere por pr imera vez sustancia el concepto que
se cr it ica a sí mismo, en la sociedad: ' entiende que «En
Jo que se re fiere al saber inmediato de Dios, de lo j us to
y lo ét ico», todo ello «estaría enteramente condiciona
do a través de la mediación que se llama desarrollo,
educación y for mación» 26.
La contradicción dialéctica , donde se la ha experi-
mentado es en la sociedad; la pr opia cons t rucción he-
geliana de un a filosofía de la identidad fomenta su cap-
tación tanto a parti r del objeto como del sujet o; y en
tal cont radicción cristaliza, incluso, un concept o de ex-
periencia que apunta fuera y por encima de l idealismo
ab soluto: el de' la totalidad antagonís tica. Lo mismo
que el principio de la mediación universal (frente a la
inmediatez del mero suj eto) se basa en que la objeti-
vidad del proceso soci al antecede a la azarosidad del
suj eto singular hast a en t odas las categorías del pen-
sar , se llega a la concepción met afísica del todo re-
conciliado-de lo qu e es dechado de todas las cont ra-
dicciones- apoyándose en el modelo de la sociedad
escindida y, sin embargo, una (verdaderamente, modelo
de la sociedad); pues Hegel no se da por satisfecho con
el concepto general de una realidad antagonística, por
ejemplo, con la noción de la polaridad or iginar ia del
ser: antes bien, en su salida crí tica de lo más cercano,
" Hegel, WW 8, pág. 173.
106
de la conciencia inmediata del ser humano singular,
lleva a cabo (en la Fenomenología del esp íritu¡ su me-
diación a todo lo lar go del movimiento hi stór ico del
ente-con el que se ve llevado por enci ma y más allá
de toda mera metafísica de l ser-o Mas una vez que se
ha dado suelt a a la ccncretización de la filosofía, no
es po sible interrumpirla excu sán dose con su mendaz
di gnidad: «La pusilani midad del pensamiento abs t rac-
t o cons iste en asustarse, a est ilo monástico, de la pre-
sencia sensorial; y la abstracción moderna es así de
delicadamente distinguida frente al moment o de dicha
presencia» 27. Aquella concreción permite a Hegel im-
pregna r completamente la idea de tot alidad, que prove-
nía del sistema idealista, con la de contradicción: la
teoría lógico-metafísica de la totalidad como dechado
de cont radicci ones dic e-descifra-que la sociedad no
es tá meramente cr uzada y alterada por contradiccio-
nes y despropcrcíonatídadcs. y qu e no se convierte en
totalidad por ser un todo recompuesto, sino en virtud
de sus contradicci ones. La socialización de la sociedad,
su unión a lo que verdad eramente-y vinculado a He-
gel- se par ece más a un sistema que a un organismo,
ha resultado, hasta hoy, del principio de dominación
(e incluso de división), y se continúa t rans miti endo:
la sociedad se ha conservado con vida, se ha continua-
do reproduciendo y ha de sarroll ad o sus fuerzas única-
mente a t ravés de la escis ión en los in tereses, mutua-
mente opuest os, de quienes di sponen y de quienes pro-
ducen; y Hegel preservó la mirada de todo sentimen-
talismo, todo romanticismo y todo es tancamient o del
pensamiento y la realidad en niveles pasados: o bien
la totalidad se encuentra consigo misma reconciliándo-
se (esto es, elimina la propia contradíctoriedad salven-
,., WW 16, pág. 309.
107
tanda sus contradicciones). con lo que dejaría de se r
totalidad. o la antigua fal sedad continúa hasta dar en
ca tás trofe. (El conjunto de la sociedad, en cuanto con-
tradictorio, se saca fuera de sí mísmo.) El princip io
goethi ano-mefistofélico según el cual t odo lo que nace
merece sucumbir dice. en el caso de Hegel, que la ani-
quilación de cada mie mbro individual vendría impues-
ta a la ley del todo por la desmembración misma, por
la particularidad: . EI individuo para si no correspcn-
de a su concepto; y esta limitación de su ser existente
es origen de su finit ud y de su ocaso- A Asf, pues. el
individuo, en cuanto separado, es culpable frente a la
justicia, frente a la paz (que es taría libre de la presión
del todo); mas puest o qu e los seres humanos individua-
les quedan entregados a la limitación, la ne cedad y la
n ~ d e r í a cuando no ati enden cada uno más que a su
propio provecho, y puest o que una sociedad que sólo
quede unida y viva merced al momento univer sal del
provecho particular se es trella completamente cont ra
la consecue ncia de sus motivos, tod o eJ10 no son ma-
neras metafóricas de hablar dialécticamente correspon-
di entes a en unciados simples sobre la realidad: su for-
mulación no coquetea meramente---como más tarde se
di ce en un famoso pasaje de Marx--con Hegel, sino que
en cierto modo re traduce la filosofía hegeliana a aque-
llo que él había proye ctado en el lenguaje de lo abso-
lut o. Y el que Hegel. medi ante una brusca absolutiza-
ció" de una categoría (la de Estado), intenumpiese en
la Filosofía del derecho semejantes pensamientos, como
si la dialéctica se hor rori zase de sí misma. es t ri ba en
que su experie ncia se cercioró del límite de la socie-
dad burguesa que yace dentro de su propia tendencia.
y en que él, sin embargo, como ideali st a burgués que
,. WW 8, pág. 423.
108
era, se det uvo ante ta l límite, porque no vio más allá
de él ninguna fuerza históri ca real: no pudo domi nar
la cont radicción entre su dialéctica y su experiencia, y
aquel critico para con lo afirma tivo únicamente dis imu-
ló ' tal contradicci ón.
El nervio de la dial éctica en cuanto mé t odo es la
negación determinada, y se basa en la experiencia de
la impot encia de la crítica mi entras se mantenga en lo
gene ral (por ejemplo, mi entras despache a l objeto c rt-
t icado subs umiéndolo desde arriba ba jo un concepto,
como mero representante suyo): sólo es fmctifero el
pe nsamiento crítico que desata la fuerza almacenada
en su prop io objeto, y la desata al mismo tiempo a su
favor (haciéndole encontrarse consigo mismo) y en con-
t ra suya (al recordarle que aún no es él mismo). Hegel
not ó la es teri lidad de todo el llamado t rabajo espir i-
tua l que sabe manej arse en la esfera de lo general sin
ensuciarse con 10 específico. pero no se lamentó de
ella, sino que la volvió crí tico-producti va; pues la di a-
léct ica expresa que el pensami ento filosófico no es tá
en su propia casa donde la tradición lo as entara, donde
ha prosperado demasiado fácilmente, en cierto modo
insati sfecho con la du reza y la resistencia del ente. sino
que propiamente ha comenzado justament e allí don de
ha abi erto a viva fuerza 10 que al pensar tradicional
le parecía opaco, impenetrable. mera individuación.
(A esto se refie re la proposici ón dialéctica de que • . .. lo
real es , simplemente, una identidad de lo universal y
lo particular. 19. ) Sin embargo, este desplazamiento no
hará que la filosofía, en cuanto r esultado de sus es-
fuerzos, involucione a comprobación de un ser existen-
te desvinculado y, al fin y a la postre. otra vez a un
positivismo. Cier tamente, en la divi nización del decha-
" WW 1, pág. 527.
109
do de lo que hay impera secre tament e en Hegel un
impulso positi vist a; pero la fuerza que excluye del co-
noc imiento al indi viduo singular determi nado es sie m-
pre la de la insuficiencia de su mera singularidad: lo
que hay es siempre más que ello mismo; y en la me-
dida en que el todo act úe en el mi crocosmos del indio
viduo singular podrá hablarse con razón de una repo-
sición de Leibniz en Hegel . por decididamente que se
enf re nte éste. por lo demás. con el caráct er abstracto
de la mónada . Por explica r esto valiéndose de una expe-
ri encia esp iritual no refleja: todo el que no qui era en-
volver una cosa con cat egor ías , sino conocer la a ella
mi sma, tendrá , sin duda, que ent regarse premeditada-
mente a ella sin reservas. a l descubierto; pero sólo
logrará tal cosa cuando en él mi smo (en cuanto teor ía)
aguarde ya el potencial para aquel sabe r que se actua-
lizará a l hundi rse en el objeto; y así es como describe
la dialéctica hegeliana, con autoconciencia filosófica, la
vía de todo pensamiento productivo, que no se limite
a cal car o a repeti r (por lo demás, le permanece oculta
a ese mi smo pensamiento; y cas i le gustaria a uno creer,
con Hegel . que le t iene que estar oculta para que pue-
da ser productivo). Pero no es una teoría induci da ni
una de la que hubiera que saca r consecuenci as deduc-
tivamen te. Lo que suele choca r más al lect or ingenuo
de la Fenomenología del espíritu, la impetuosidad de
los rel ámpagos que salt an entre las ideas es peculativas
más elevadas y la experienci a política actua l de la Re-
volución fr a ncesa y de los tiempos napoleónicos, es lo
propiamente dialéctico; pues refiere en cada caso en sí
mismo el concepto universal, y el aconceptu al 'ti .
(como acaso ya hacía Aristóteles con la :t"ptil'n¡ a
opues to, en una especie de explosión permanente que
• Que podrl a traducirse por «esto (que hay aquí )». (N . del T.)
110
se enciende al contact o de los ext remos. El concepto
hegeliano de dialéctica rec ibe j ustament e su tempera-
tura específi ca y se dist ingue de tri vialidades de filo-
sofía de la vida como las de Dilthey merced al brío
del movi miento a través de ext remos : el de sarroll o
como discontinuidad. Pero es ta última brota de la ex-
periencia de la sociedad antagonística . no de un esque-
ma mental meramente inventado: la historia de la edad
del mundo irreconci liada no puede ser una de desarro-
llo armón ico (lo único que ella hace al respecto es
ideol ogía, que niega su carácter a ntagonls tico); y las
cont radicci ones, que constit uye n su verdadera y única
ontología, son al mismo tiempo la ley formal de esa
hist oria que, a su vez. progresa excl usivamente en la
contradicción y con Indecibles dolores. Hegel había di.
cho de ella que era un ara >, de modo que, pese a todo
su optimismo hi st óri co tantísimas veces sacado a la
luz (y a l que Schopenhauer llamó infame) , la fibra de
la filosofía hegeliana-la concie ncia de que todo ente,
al encontrars e a sí mismo, se dej a a la vez en suspenso
y perece-no se encuent ra, en modo alguno, tan lej os
del schopenhaueríano pensamient o del uno como dice
la hi stori a oficial de la filosofía, repitiendo las invecti vas'
de Schopenhauer.
La doctrina hegeliana según la cual sólo como ..ne-
gaci ón det erminadas llega el pensami ento a algo que
convenga con la gravedad de su objeto, se puso, indu-
dablement e, en lugar de disparar sin tardanza por en-
ci ma de él, al servicio del aspecto apologético, de la
justificación del ente: pues el pensamiento que sólo
llega a convertirse en verdad al asumir en teramente en
· cr. WW 11 , pág. 49; ed, cnr. (Di e Vernunf t ...J. pág. 80
(v. cas t., t . I , pág. 64 (ed. de la Rev. de Occ.) . y pág. 6() (ed. de
Anaconda)).
111

sí lo que se le oponga sucumbe siempre, asimismo, a
la tent ación de explicar, justamente por ello, lo mismo
que se le oponga como pensamiento. idea o verdad.
Georg Lukács ha ci tado incl uso recientement e 31 aquel la
teorí a de Hegel no sólo par a dü amar la lit eratura que
se aparte de la r eali dad empíri ca, sino, yendo más allá
de ello, para refrescar de nuevo una de las tesi s hege-
lianas más discutibles, la de la racionalidad de lo real.
De acuerdo con la distinción entre la posibilidad abs-
tract a y la real, sólo seri a propiament e posible lo que
haya llegado a suceder realmente; filosof ía, ésta , que
ma rcha un ida a los bat all ones má s fuer tes, ya que se
apropia la sentenci a dictada por un a reali dad que en-
ti erra bajo sí una y otra vez lo que podría ser de ot ro
modo. Sin embargo, tomar partido precisamente' con
respecto a eso no es hacerlo en virtud de me ros sen-
timientos; pues una ocupación insi stente con Hegel en-
seña que en su filosofl a--como, por lo demás, en toda
que lo sea grande-no se puede escoger lo que a uno
se le acomode y rechazar lo que le sea enfad oso; y es
es ta sombrí a necesidad, no idea l de complet ud alguno,
lo que engendra la seri edad y susrancíalíddd de la pre-
·tensión sistemática de Hegel : su verdad se hinca en
el escándalo, no en lo plausible. De ahí que salvar a
Hegel- y no es re novación. sino mera salvaci ón, lo que
es debido con respecto a él-quiera deci r present arse
a su filosofía allí donde duela más, arrebata rle la ver-
dad allí donde sea manífiesta su falsedad. Citemos lo
que sigue de una ca rta sobre la tardía novela corta de
Thoma s Mann Los engañados. de 1954: «Si no me eq ui-
voco, la figura de Kcn ti ene todos los signos de un
••ef. Gerg Lukács : Wjller den missverstandenell Realismus,
Hamburgo, 1958; y sobre este punto, Thecdor W. Adorno : eEr-
presste Versohnunge, en Noten zur Lit eratur 1/ , Frunkfur t
[Su hrkamp}, 1961 , págs. 152 ss.
112
americano de los últimos años cuarenta o de los cin-
cuenta, y no del decenio siguiente a la primera gue-
rra... Ahora bien : podría deci rse que tal es la legiti ma
libertad de la creación, y que el requisit o de veraci-
dad cronológica no pasa de ser subalterno. incIuso
cuando se trate de acribia en la pintura de seres hu-
manos. Pero dudo que esto posea verdaderamente toda
la fuerza de un argumento que se quiera imponer como
o b ~ i o : pues si la obra se t raslada a mil novecientos
veíntl tamos, tras la pri mera guerra, y no t ras la se-
gunda, hay excelentes razones para ello (l a más sólida
es que no podrí amos imaginarn os hoy una existenci a
como la de la señor a van Tümmler ; y en un es trato
más profundo desempeña un papel, sin duda, el empe-
ño por di st anciar lo cercano, por trasponerlo en pa-
sado: en aquel pasado con cuya especial pátina t iene
ta mbién que ver Krull " ). En cualquier caso, sin em-
bargo, semejante t ransposición de fechas conlleva una
especie de compromiso, en forma parecida a como su-
cede con el primer compás de una obra musical. de
cuyo desider átum ya no se desembaraza uno hast a lle-
gar el úJlimo sonido. que p roduce el equilibrio: no me
refiero a un compromiso de fidelidad exteri or al «color
de épocas, sino al de que las imágenes conjuradas por
la obra de arte brillen también como imágenes hi st óri-
cas (compromiso, desde luego. que sólo difícilmente
puede quedar dispensado por motivos es t étt co-ínma-
Dentes de aquel otro, exterior). Asf, pues, supues to que
no me equivoque. se lropieza con la paradój ica sit ua-
ción de que el conjuro de tal es imágenes-o sea, lo
propi amente mágico del objete artístico-se logra tan-
to más perfectamente cua nto más auténticas sean las
• Personaj e cent ral de la novela de Mann que lleva su nom-
bre. (N. del r.)
11l
8
realidades; y casi podría creerse que la penet ración
subjetiva no cont rasta simplemente con el requisito de
realismo, como querrían hacemos creer nuestras for-
mación cultural e historia (requi sito que en cier to sen-
tido resuena a través de toda la oeuvre de Thomas
Mann), sino que se alcanzarla t ant o mejor la espiri tua-
lización , el mundo de la imago, cuanto con mayor pre-
cisión se atuviese uno a lo hi stórico, incluso en los t ipos
humanos. Di por primera vez en estas ext raviadas re-
flexiones con Proust , que en esta región reaccionaba
con la exactitud propia de su idi osincrasia; y con Los
engañados me han importunado de nuevo. En este ins-
tante se me ocurre que mediante esa especie de preci-
sión habría que exp iar algo de l pecado que labora en
toda ficción artística: como si tuviera qu e curarse de
sí mis ma a t ravés de l medio de la fant así a exact as v.
Algo semejante se oc ulta tr as de aquel teorema de He-
gel; ahora bien: en la obra de arte, que se diferencia
de t odo lo meramente exi stente po r virtud de su ley
formal, el cumplimiento de ésta, la pr opi a esenciali-
dad, la «posibilldad» en sentido enfático, depende de
la medida de realidad que lleve en sí, por refund ida
y en variadas configuraciones que lo haga; y también
el pensamiento, que mantiene contra la realidad la po-
sibili dad superada una y otra vez, meramente la retiene
cuando enti ende a la posibilidad, desde el punto de
vista de su realización , como de la realidad: como aque-
llo confonne a lo cual la posibilidad misma, por débil-
mente que sea, extiende sus tentáculos, y no como un
«hubi era sido tan hermosos, cuyo sonido se hace anti-
cipadamente al fracaso.
Ta l es la sus t ancia verttatíva misma de las regiones
.. Theodor W. Adorno: ",Aus einen Brief über die 'Betroeene'
an Thomas Mann-, en Ak.¡;ente, 1955, fascículo J, págs. 284 ss.
114
de la filosofía de Hegel en las que-como en la filosofía
de la hi storia y, especialmente, en el «Prólogos de la
Filosofía del derecho-parece dar razón , resignada o
ta imada mente, a la realidad y se mofa de los reforma-
dores del mundo. Por lo demá s, son los elementos más
reaccionarios de Hegel, en modo alguno los lib eral-pro-
gresivos, los que han preparado el t er reno a la poste-
r ior critica socialista del utop ismo abstracto (para lue-
go, indudablemente, proporciona r una vez más, en la
hi st oria del socialismo, pretext os para re novadas repre-
siones, cuyo ejemplo más drá st ico es la difamación,
actualmente sólita en el ca mpo oriental, de todo pensa-
miento que se eleve sobre la testaru da inmediatez que
all í se persigue bajo el concept o de praxis>. Sólo que no
debería car gársele a Hegel con la culpa cua ndo se mal-
empleen sus motivos pa ra echarle un capote ideol ó-
gico al horror ininterrumpi do; pues la ver dad dialéc-
t ica se expone a semejante malempleo: es de esencia
frági l.
Sin embargo, no debe negarse la falsedad de la j us-
tificación por Hegel del ente, f rente a la cual se rebeló
en su t iempo la izquierda hegeliana y que en el ínterin
ha creci do hasta el absurdo. La doctrina de la raciona-
Iidad de lo real parece oponerse a la expe ri enci a de la
r e ~ l i d a d ( e incluso a la de su llamada tendencia gene-
ral) más que ninguna otra de sus doctrinas; sin em-
bargo, es una y la misma cosa que el idealismo hege-
liano. Pues una filosofía en la que, como resultado de
su movimiento y del de su conj unto, se disuelva t odo
en el espír itu, y que, por lo tanto, anuncie en lo grande
aquella identidad entre sujeto y objeto cuya no iden-
t idad en lo singular es su inspiradora, semejante filo-
sofía tomará partida apologéticamente por el ente , que,
desde luego, ha de ser uno y lo mismo que el espíritu.
Pero al quedar desmentida por la realidad la tesis de
as
la ra cionali dad de lo real, la concepción de la filosofía
de la iden ti dad se derrumba filosóficamente: de igual
modo que la diferencia entre suj eto y objeto ha st a el
momento no ha quedado allanada en la experiencia de
la realidad, tampoco se la puede borrar en la teoría.
Mas si bien, fr en te a la tensión del esp íritu, que en la
concepción de 10 rea l jamás se muest ra más poderoso
que con Hegel, la hist oria de la filosofía t ra s él se nos
presenta como debilitamiento y resi gnación de la fuer-
za conci piente y constructiva, el proceso que con ello
se ha producido es irreversible; y no deben hacerse los
cargos únicamente a una falta de ali ento espiri tual y
de memoria, ni a una ingenuidad por desdicha resuci-
tada: en é l obra, de mod o perfecta y a ter ra dora me nte
hegeli ano, algo de la lógica de la cosa misma. Con He-
gel se acredita, as í, aquel filosofema según el cual a 10
que sucumbe se le hace su propia j usticia (como pe n-
sador protoburgu és [ ur bürgerlicher] está sujeto a la
protourbana [urbürgerlicher] sent encia de Anaximan-
dro): la razón se vuelve impotente para concebir lo
real no meramente debi do a su propia impotencia, sino
porque lo real no es la razón. El proceso ent re Kant
y Hegel, en el que las argumentaciones contundent es
tenían la últ ima palabra, no ha terminado aún (acaso
porque lo cont unde nte, el supremo poder te de la mi s-
ma estrict ez lógica, es una fa lsedad fr ente a las fisuras
kantianas); en efecto, aunque Hege l merced a su crí-
tica de Kant, amplió grandiosament e la filosofía crític a
por encima del campo formal. a una con ello escamo-
teó, al hacerlo, el momento crítico supremo: la crítica
de la totalidad , de lo infinilo dado como término de
todo; as í, pues, apartó de delant e autocrá ticamente
aquel bloque-irresoluble para la conciencia---cuya ex-
periencia fue la más profunda que tuvo la filosofía tras-
cendental kantian a, bloque gracias a cuyas fisuras se
116
est ipula una concordancia sin fisuras del conocimiento
(que tiene algo de fantasmagorí a mülcaj: y apartó con
el pensamiento la diferencia entre 10 condicionado y lo
absoluto, otorgando a aquello la apariencia de incon-
dicionado (con 10 cual, en definit iva, trató contra todo
derecho a la experiencia de que se aliment aba). Mas
la fuerza cognosci tiva de su filosofía desapa rece junta-
me nte con los dere chos de la experi encia en ella; y la
pretensión de hacer sa ltar lo particular valiéndose de l
todo se convierte en ilegítima, puesto que semejante
todo, a su vez, no es--como lo quiere la famosa fr ase
de la Fenomenotogia-us: verdad (ya que la ac titud afir-
mativa y cierta de si misma con respec to a dic ho todo,
como si lo tuviera uno seguro, es fictici a ).
No es posible suavizar esta critica, pero ni siquiera
ella debería proceder sumariamente con Hegel : hasta
cuando hi ere en el rost ro a la experiencia (incluso la
que motiva su propia filosofía ), sc le oye hablar a clla
en él. Pues, por más que aquel sujeto-objeto hacia el
que se desarrolla su filosofía no sea siste ma alguno del
espíri t u abs oluto reconciliado, el espíritu experiencia
el mundo como siste ma; nombre que acierta con la
inexorable re unión en un todo dc todos los momentos
y actos parciales de la sociedad burguesa, merced. al
princi pio del interc ambio, con más exactitud que otros
más ir racional es, como el de vida, pese a que ést e con-
venga mejor a la irracionalidad del mundo, a su írre-
eonciliabili dad con los intereses racional es de una hu-
manidad consciente de si mi sma. Sólo que la razón de
tal reunión en una t ot alidad es, a su vez, sinrazón, la
totalidad de lo negativo; y «el t odo es lo fal so», no so--
lamente porque la misma tesis de la totalidad es la
falsedad, el principio de dominación infl ado hast a con-
ver t irl o en absoluto: la idea de una positividad que
crea subyugar todo lo que se le oponga gracias a la
117
\
prepotent e coercson del espír itu concipient e des figu ra,
volviéndola de la ot ra ma no. la experiencia de la pre-
potente coe rci ón ínsi ta en todo ente por virtud de su
reunión bajo el Poder. Tal es la verdad que hay en la
fal sedad hegeliana; y la fuerza del todo que ella movi-
liza no es una mera fantasia del espíritu, sino la de
aquel cegador conjunto en el que todo lo singular per-
manece sujeto. Pero la filosofía, al determinar, contra
Hegel, la negatividad del todo, cumple por últ ima vez
el postulado de la negación determina da (que se ria la
posición); y el destello que da a conocer en todos sus
momentos a l todo como lo fal so no es otro que el de
la utopía , la de la verdad total, que tod avía seri a lo
primero a reali zar.
SKOTEINOS'
O CÓMO HABRIA DE LEERSE
Nada tengo sino un susurro.
RUDOLF B ORCH ARDT.
Las resist encias qu e las grandes obras sistemáticas
de Hegel , especia lmente la Ciencia de la lógica, opone n
a la compre nsión son cua litativamente distintas de las
que acompa ñan a ot ros textos ma lfamados. Pues la t ao
rea no consiste simplemente en hacer se con un signi-
ficad o que sin lugar a dudas se encuentre en el texto,
valiéndose de una ate nción exacta a ést e y de cierto
esfue rzo men tal, sino que en muchos pasaj es el sen-
tido mi smo es incier to, y hast a e l momento ni ngún art e
hermenéutica lo ha estableci do incuesn onablemente (si n
lo cua l no existen filología hegeliana ni critica text ua l
suficie nte alguna). Por lo demás, las ti radas de Seho-
penhauer con tra tal supuesto galimatías, con toda su
mezquindad y rencor. y siquiera fuese negativament e,
denotaban (como el nido frente a los nuevos [ e invi si-
bies) vestidos del rey ) una rel ación con la cuesti ón,
ante la que se echaban a un lado el re spet o educado
y el miedo a ponerse en ridfculo. En el terreno de la
gra n filosoffa, Hegel es , ciertament e, el único con el
cua l de vez en cuando no se sabe, ni se puede averiguar
de forma concluyente, de qué se es tá hablando, en de-
finitiva, y con el cual no está garantizada ni siquiera
* Adjet ivo griego que significa <oscuro. tenebr oso, inintcligi-
ble». IN. del T. )
118 119
la posibilidad de se mejante averiguación. Mencionemos
sólo. entre los casos de principio. la di ferencia entre
las categorías de razón o fundamento y de causalidad
que aparece en el libro segundo de la gran Lógica; y
como detalle, veamos un par de proposiciones de l pri-
mer capítulo de es te mismo libro: «El devenir de la
esencia. su movimiento re flejador, es . por lo tanto. el
movimiento de la nada a la nada, Y. por' ello, a sí mis-
ma: el transit o o devenir se deja en sus penso en ~ u
propio t ran sitar. pues lo otro, lo que devi ene en seme-
jante t ránsito. no es el no ser de un ser. sino la na da
de una nada ; y esto, se r la negación de una nada , es
lo que const ituye el ser. El ser existe solamente en
cuanto mov imiento de la nada a la nada. por lo cua l
es la esencia: mas ésta no ti ene en sí tal movimi ento,
sino que es. en cuanto el aparecer absoluto mi smo, la
pura negatividad. que no tiene nada fuera de ella a lo
cual nega r, sino que úni camente niega a su mismo ne-
gat ivo. que sólo existe en est e negar» t. Pero ya en el
Hegel temprano hay algo análogo, incluso en el trabajo
sobre Lo. diferencia... • qu e es sobremanera t ransparen-
te como programa; pues el final de la secci ón sobre las
relaciones entre la especulación y el sentido común
reza asl: _Si bi en al sentido común sólo se le aparece
el lado aniquilador de la especulación, ta l ani quilar no
se le aparece en toda su ext ensión: si pudiera a prehen-
der ésta no tomaria a aquélla por su adversaria. ya que
la es peculación. en su supre ma síntesis de lo cons cie n-
t e y lo inconsciente. exige también la aniquilación de
la conciencia misma. y la razón hunde así su re flejar la
ident idad absoluta . su saber y a si misma en su propio
abismo ; y en tal noche de la mera reflexión y del enten-
'Hegel, WW 4, pág. 493 red. cr tt.. t. 11, págs. 134; v. cast ot . 11,
pág. 22].
120
dimiento razonador , que es el mediodía de la vida. pue-
den encontrarse ambos »1, Sólo la fantasía ingeniosa y
precisa de un participante apasionado en un seminari o
hará que se encienda sin violencia la luz de la última
frase (que rivaliza con la prosa más expuesta de Hñl -
de..Iin, procedente de aquellos mi smos años): la de que
la «noche de la mera reflexión» es la noche para la me ra
reflexión, mientras qu e la vida , a la qu e se vinc ula con
el medi od ía, es la especulación; pues el concepto hege-
liano de és ta no significa otra cosa (una vez despojado
de su revest imiento terminológico) que la vida de nue-
vo, const ruida haci a adentro l ; y a llí se hermanan una
con otra la filosofía especutat íva (i ncl uso la de Scho-
penhauer) y la música. Este lugar se hace inter pre table
conoc iendo el registro completo hegeli ano. en especial
la construcción conceptual del capítulo, pero no pa r-
tiendo únicamente del texto de l párrafo; y a quien se
enca rnice con ést e y luego. desenga ñado, rehúse ocu-
pa rse de Hegel. por ser tan abisal. difícilmente podrá
contesté rsete con mucho más que lo enderezado a lo
universal, de cuya insuficiencia reprochaba Hegel mi s-
mo en aquel t rabajo al entendi miento meramente rene-
jador . Pero no hay que deslizarse por enci ma de los
pasaj es en los que queda en el ai re, indccisamente, de
qu é se trate. sino que hab ri a que derivar su estruct ura
de la sus tancia de la filosofia hegel iana ; pues a ella va
asociado el carácter de eso que es té en el aire. de acuer-
do con la doc trina de que no es posible asir la verdad
en ninguna tes is singu lar, en ningún enunciado posltt-
va limitado. La fonna hegeli ana concuerda con tal inten-
ción: nada puede entende rse aislado. todo únicamente
en conjunto (con el dolor que. una vez más. el conj unto
• WW 1, pág. 60 [Dif f ere'l Z..., ed. cír., pág. 251.
' ef. el texto, pág. 74.
121
(
,
ti ene únicamente e n sus mo mentos si ngulares) ; dupli-
cida d de la dial éct ica que, verdaderamen te , se le escapa
a la expos ición li terari a , ya que ésta es necesariamente
fi nita, en cua nto que denote un ívocamente algo unívo-
co; y po r eso es menester concederle en Hegel tanta
venta ja. ( El hecho de que. por principio. no pueda ha-
ce r efect iva de un golpe la unidad del todo y de sus
pa rt es se convier te en su flaqueza.) Si bien se convence
de su propia inadecuación con respecto a la ñl osoña
hegeliana a toda frase i n d ~ v i d u a l de ésta. la forma ex-
presa este hec ho al no ser capaz de captar de modo ple-
namen te adec uado contenido alguno-en caso contra-
rio se verí a libre de la miseria y fali bilidad de los con-
ceptos que di ga su con tenido-; por lo cual la compren-
sión de Hegel se fragmenta en momentos mutuamente
medi ados y que, sin embargo, se contradi cen. Hegel se
resiste a quien no esté familiarizado con su intención
tot al . qu e ha de Infer tr se. ante todo , de su cri t ica de la
fil osofía pasa da y de la de su propia época: ha de te-
nerse presente, por provisionalmente que sea , tras de
qué ande en cada caso, y algo as¡ como desencapotarlo
hacia a trás. Hegel exige objetivamente, y no sólo para
que el lector se habitúe a la cuestión. varias lect uras;
mas. indudabl ement e, si centramos todo en est o, se lo
puede fal sear una vez más: entonces se produce con
facil idad lo que hast a la fecha ha sido más perj udi cia l
para la interpretaci ón, es to es, una conci encia vacía del
sis tema; la cual es incompatible con que fr ente a sus
momentos no se forme ningún sumo concepto abs trac-
to, sino que sólo pasando por sus momentos concretos
se alca nce su verdad.
Hay algo esencial en Hegel mi smo que induce a com-
prenderl e insuficientemente , de un punto sumo haci a
abajo; pues, de acuerdo con su propia doctrina. t odo
paso dial éctico presu pone ya, de hecho. lo que el todo y
122
su resultado ha n de ser (la cons trucció n de l sujeto-
obje to, aq uel mostrar que la ver dad es esencialmente
suje to); y las ca tegor ías del ser ser ían ya en sí lo que
la doc tr ina del concepto, como su en y para sí, acaba
po r descubri r. En el ..Sis tema» (la gran Enciclopedia )
se expresa es to con la máxima franqueza: - La finitud
del fin cons iste en que. en su realizaci ón, el ma teri al
utilizado para ello como medio sólo se le subs ume y se
le adecúa exteriormente. Ahora bien: de hecho. el ob-
jeto en sí es el concepto, y puest o que aquél. como fin.
se realiza en ést e. este últ imo es sólo Ja mani festación
de su propio in t eri or ; y la ob jetividad es . por lo tanto,
algo así como una cáscara bajo la que el concepto ya-
cena oculto. En 10 finito no podemos presenciar ni ver
si verdaderamente se alcanza el fin; en cuanto al cum-
plimiento del fin infinito, únicamente es preci so dejar
en sus penso el engaño de que no se haya cumplido aún:
el bien. el bien absoluto. se cons uma etername nte en
el mundo, y el resultado es que se cumple ya en y para
sí, sin que necesite esperarnos a nosotros. Mas este en-
gaño es aquello en lo cual vivimos y. al mismo t iempo ,
lo único que actú a, en lo que est riba el interés de l mun-
do : en su pr oceso. la idea mi sma se vuelve este enga-
ño. opone otra cosa y su acción consist e en dejar el
engaño en suspenso: la verdad sólo brot a de este error.
y en ello se enc uentra la recon ci liaci ón con el error y
con la finitud . El ser otra cosa o error. en cuanto pues-
to en suspens o, es, a su vez, un momento necesario de
la ver dad, que sólo existe al volverse en su propio re-
sultado » 4. Esto sir ve pa ra con trapear aquel puro ent re-
garse a la cosa y sus momentos al que se confía la
«Intr oducci ón» de la Fenomenol ogía: el compor tamien-
to no será tan concret o como ésta querría, pues los
• Hegel WW 8, § 212, Adición , pág. 422.
123
momentos ai slados sólo llevan más allá y por enci ma
de sí mismos porque se ha meditado de antemano en
la identidad del sujeto y del objeto; y la primacía abs-
tracta del todo quebranta una y otra vez la pertinencia
de los análisis singulares. Sin embargo, la mayoría de
los comenta ri os (incluso el de McTagga rt S) fallan. al
abandona rse a tal primado: t oman la intención por el
hecho y la orie ntación ent re las tendencias directivas
del pensa miento por su recti tud; con lo que sería su-
perflua la ejecución. Hegel mi smo no es tá Ubre, en
modo alguno, de toda culpa por lo que se refiere a tal
insuficiente procede r : sigue .la línea de mínima resis-
tenci a. pues siempre es más fáci l encont ra r el camino
en un pen sar como si fuese sobre un mapa que perse-
guir su acierto en lo llevado a cabo ; así. pues, a veces
"dor mita el mis mo Hegel, se contenta con indicaciones
formales, con tesis de que algo es de tal modo, cuando
lo que habría que hacer sería hacerl o efectivo. Entre
las t areas de una interpreta ción debida. no ~ la menor
ni la más simple la de separar tales pasaj es de aquellos
otros en los que real mente se haya meditado. Induda-
blemente. comparado con Kant . en Hegel di sminuyen
los elementos es quemát icos; pero es fr ecuente que el
sistema haga marchar el programa de la pura conte m-
plación en un brillante desfile (cosa que era inevitable:
S! no. ~ I todo se hubiera embrollado sin es peranza ).
Ocasionalment e, y para oculta rlo, Hegel se afana con
una pedant eria que le va muy poco a quien juzga des-
pect ivamente sobre definiciones verbales y cosas seme-
jantes; así, en el tránsito de la sociedad burguesa al
Estado, según la Filosofía del Derecho. leemos: «El
concept o de es ta idea existe sólo como espír it u, como
t Cf, J. E. M. McTaggar t: A Commentary on lJegel's Logic,
Cambridge, 1931.
124
sabedor de sí mismo y real. siendo la obje tivació n de
sí mismo, el movimiento a t ravés de la forma de sus
mo mentos. De ahí que sea: A) el espí ritu inmedi ata
o naturalmente ét ico, la familia; esta substancialidad
llega a la pérdida de su unidad. a la desavenencia y al
punto de vista reja üvízant e, con lo que es ; B) la socie-
dad burguesa (un enlace de mi embros en cuanto indi-
víduos singulares aut ónomos, en una gene ralidad, por
ende. formal), la cual, me rced a sus necesidades, alar-
denamíento jurídico como medi o de obtener la seguri -
dad de las personas y de la propi edad y a un orden
exter ior con vistas a sus intereses par ticulares y comu-
nes, que es el Estado exterio r; C) se recoge y re úne en
el fin y la realidad de lo universal subst anci al y de la
vida públi cament e consagrada a ello: en la Constitu-
ción.. ' . (En lo que se refiere al contenido, la configura-
ción del moment o dinámi co-dialéctico y el conservado r-
afirmati vo debería condicionar-y no sólo en la Filoso-
t ía del Derecho--aquel excedente de rí gida universali-
dad que hay en todo lo devini ente y particular tanto
como ella es tá condicionada por él; pues la lógica de
Hege l no es meramente su met afí si ca, sino as imismo su
política.) El ar te de leerle te ndría que señala r cuándo
int roduce a lgo nuevo y con contenido y cuándo sigue
anda ndo una máquina que no quiere serlo y no deber ía
seguir haciéndolo. En todo inst an te habría qu e tener
en cuenta dos máximas aparen tement e incompatibles:
la de una inmers ión minuciosa y la de una distanci a
má s libre; para 10 cual no fa lta ayuda , pues lo que el
sentido común se imagina ser desvar íos es de liviano
momento en Hegel (incluso para aquél ); y a partir de
ello el sentido común puede ap roxima r se a él, con t al
de qu e no se lo impida el odio (qu e, por lo demás, He-
' Hegel, WW 7, § 157, págs. 236-7 red. crtt., p ágs. 148-91 ·
125
gel mi smo diagnosticó en el trabajo sobre La dii eren-
cía... 7 como algo innato en tal sentidol . Asf. hasta los
capit ula s crípticos proporcionan frases-como las que
se encuent ran en la elucidación de la aparie nci a-que
expresan de modo complementa rio que está mentan do
pol émicamente el ide alismo subj eti vo y el Ienomenis-
mo: «la apari en cia» sería «el fenómeno del escepticis-
mo; y t ambi én es el aparecer fenoménico del idealismo
aquella inmediatez q ue no es nada ni cosa alguna. ni,
en general, un se r in diferente que se hallase fuera de
su det erminación y r efer enci a al suj et o.. .• l .
/Q"ui en se re tra iga an te las consideraciones efect úa-
{- das por Hegel sobre su concepción to tal, y sus ti tuya
la transpar encia de lo s ing ular por la det erminación
del valor de pos ici ón del det alle en . el sis te ma. habrá
r enunciado a entender estrictament e, habrá capitulado:
Hegel no t endrí a que ser entend ido es t r ic tamente. Allí
donde se lo rechaza expre samente-ante todo en e l
posit ivismo-apenas se lo abor da hoy; y en luga r de
ej ercer una cr it ica se lo aparta como ca r ente de sen-
t ido (expresión que es una forma más elega nte del ano
ti guo r eproche de la falta de claridad): no valdr ía la
pena de desperd iciar el ti empo en quien no sea capaz
de expresar inequívocamente lo que quier a deci r. Este
concepto de 'claridad, de manera parecida al ansia de
definiciones ver bal es, ha sobrevivido a la filosofía en
la que surgió en otro ti empo, y se ha independizado
de ella; mas ahora se lo retra slada de las ciencias par-
l icular es, que lo conser va n dogmáticament e, a la filo-
sofía, que había hecho reflexión cri t ica sobre él desde
hace la rgo t iempo y q ue, por ell o. no lo complacía sin
cond iciones . En los Principia ( philosophiae] es donde
1 WW 1. págs. S().7 (Diff ere"".... . ed. cit.• pág. 2Z] .
I WW 4. pág. 488 (ed. crít., t . 11. pág. 9; v, cast., t . 11. pág. 17].
126
se tratan más a fondo los cartes ianos conceptos de la
cl ari dad y di stinción (que todavía en Ka nt van empa-
r ejados) : «I nclus o muchí simas perso nas no perciben
en toda su vida nada suficientemente bien pa ra poder
emit ir un j uici o cie r to sobr e ello; pues el conocimiento
t perc ept ío¡ sobr e el que pueda asen tar un juici o cier to
e indubit abl e no só lo se requi er e que sea claro , s ino
también di stinto. Llamo cla ro al q ue le sea presente y
manifies to a un espíri tu atento, de igual manera que
decimos que vemos claramente las cosas que. es ta ndo
presentes alojo que mi ra . lo muevan lo bastant e fuerte
y manifies tamente ; y d isti nto al que, s uponiendo que
sea cla ro. es té tan separado de todos los demás y sea
tan p reci so ( seiu nCla el praeci sa ) que no encierre en
sí nada sino 10 que sea claro» 9. Mas estas [ rases. cuya
fertilidad hi stórica ha sido extrema . no son gnoseolo-
gicamente tan aproblemáticas, en modo algu no, como
querría el senti do común. tanto hoy como entonces :
Descartes las presenta como es t ipulaciones ter minoló-
gicas {eclaram voco ilIam.. . perceptionem-). defmiendo
la claridad y la di s tin ción con el fin de lograr un entc n-
dimi ento; pero queda por resolve r que los conoci mien-
tos como tal es, de acuerdo con su propia índole, sa tis-
• Descart es : Die Prínzipicn der Philasophie, tr. y notas de
Artur Buchenau, Hambur go, 1955; l.' par te, pág. 15 Cedo cr tt. de
la obra original (Principio philosophiae¡ en la edición completa.
preparada por Adam y Tarmcry - Oeuvres de Descartes. 11 vots.,
París, le Cerf, 1897-1909 ( reím pr., 1951), t. VIII. 1905. págs. 21-2;
puede verse la versión francesa ant igua, corregida por el mismo
Descartes y que presenta algunas variant es con r espec to al text o
latino, en la cómoda ed. de A. Bridoux: Descartes: O ~ u v r e 5 el
tet tres, Par ís, GdUimdrd ( _Bibl. de la Pléiadea), 1952. páS. 591;
vera, cas to en la trad. de M. de la Revilla de las Obtds filosófi-
cas de Descartes, Madrid y París, S. a., t. J, pág. 183, Y en la
de J. Izquierdo y Moya de Los principios de la filosu/fa, Ma·
drld, Reus, 1925, pág. 44].
127
fagan o no ambos cri teri os (y ello, ciertamente, en ob-
sequio del mét od o) l0. La doctrina cartesiana se aho r ra
la fenomenologia de los actos cognoscitivos mismos,
como si hubiese qu e manej arlos de igual modo que una
axiomática matemát ica, sin tener en cuenta su est ruc-
tura propia ; pero es te idea l matemático determina am-
bas no r mas metodológicas incluso en cuanto a su con-
tenido; pu es Desearles no sabe explicarlas de otro modo
que mediante una comparación con el mundo sensible
(. sieut ea ciare a nobis vide ri dici mus, quae, oculo
in tuent¡ praescnria, sa tis fortiter et aperte illum mo-
vent a) 11. Ahora bien: no puede darse por bueno el he-
.. Toda historia filosófica de la claridad debería refl exionar
sobre el hecho de que, de acuerdo con su origen, ésta era atri-
buto de la Deidad intuida y de su modo de aparecerse, el aura
luminosa de la mística cristiana y judía; mas con la incesante
secularización se conviert e en algo metodológico, en el modo
de conocimiento exaltado a absoluto; conocimiento al que bas-
tan sus reglas de juego, con independencia de dónde proceda
ese ideal y a dónde vaya, e incluso del contenido: la claridad
es la forma hipostasiada de una conciencia subjetiva suficiente
de alll:o en general. Pero se vuelve un fetiche para la concien-
cia: su adecuación a los objetos les suprime a estos mismos,
finalmente, el sentido trascendente; la filosof!a ha de ser ünjce-
mente, entonces, un -estoraarse por claridades últimas. , y la
palabra . I1ustración. habria de estampillar con su santo y seña
semejante evolución (indudablemente, su depotenciación va unt-
da al hecho de que en el interin se haya extinguido el recuerdo
del modelo de claridad, la luz. Que su patetismo, con todo, si-
gue presuponiendo). El modernismo, paradójico empate de acti-
tud romántica y positivismo, como mirando hacia atrás ha
dado una fórmula del doble carácter de la claridad; pues un
lema de Jacobsen reza asi : . La luz sobre los campos: tal es lo
que queremoe.s Y cuando Husserl maneja los eníveíes de cla-
rtdade, está utilizando involuntariamente una metáfora tomada
del tesoro del templo del modernismo, de la esfera sacra
profana.
uDescartes : Oeuvres red. de Adam y Tannery], t. JII: «Prtn-
cipia philosuphiue». Par ís, 1905; pars prima, págs. 21-2 [es un
128
che de que j us tame nte al t ratar de la clari dad se con-
tente Descartes con una mer a metáf or a (<<s iCUb), que
necesariamente ha de apar tarse de lo qu e ti ene que ex-
plicar y que, por consiguiente. será todo menos clara:
él tuvo que ext raer el ideal de cl aridad de la cer teza
sens ible, a la que alude al hablar del ojo; mas, según
es perfectamente sabido, su subs trato, el mundo sen-
siblc-espacial, es en Descartes idéntico al objeto de la
geomet rí a, desnudo de toda dinámica, cuya insufi cien-
cia quedó madura merced a la doctri na lci bniziana de
un cont inuo infinitesimal desde las nociones oscuras Y
confusa s hast a las cla ras; doct rina que Kan t adop tó
frent e a Descartes: «La claridad no es. como di cen
los lógicos, la conciencia de una represent ación (Var-
st ellzm g) , ya que incluso en diversas representaciones
oscuras ha de hallarse cierto grado de conciencia, que,
sin embargo, no basta para la evocación: pu es carentes
de toda conciencia no podríamos hacer diferencia algu-
na al enlazar representaci ones oscuras, cosa que. con
todo, somos capaces de hacer con Jos rasgos caracte-
rísticos de varios conceptos (como los de j ust ici a y
equidad, y del músico cuando, improvisando, toca si-
multáneamente varías notas); sino que es clara un a
representación cuya conciencia baste para t ener con-
ci encia de su diferencia con ot ras»: así, pues, ca rtesia-
namente sería «dts ünta», sin que, pese a ello, quede
ga rant izada su verdad, como sucedía en el DisCOllrs de
la methoáe. y Kant continúa diciendo : «En caso de
que es to baste para la diferenciación , pero no para la
conciencia de la diferencia, habrá que llamar oscura
a la re presentación. Así, pues, hay infinitos grados de
fragmento de la cita anterior de Descartes, cuya traducción, por
consiguiente, aparece en el texto correspondiente a la nota 9].
129
,
/( '
conciencia, hast a su extinción» 12: a él no se le ocurrió,
como tampoco se le había ocurrido a Leibniz, desva-
lorizar todos esos grados salvo el supremo e ideal; pero
éste es el que maneja el concept o cientifico de conoci-
miento, como si fuese un en sí a nuestra disposición
en todo tiempo y a voluntad, y como si no se hubiese
patentizado como hipóstasis en la era po stcarteslanc.
El ideal de claridad creerá capaz de conocimiento-e-ra-
cionalísticarncnte, en sentido histórico de la palabra-
a lo que aderece su objeto a priori, como si hubiese
de ser estático-matemático; pero la nor ma de claridad
t iene _sQl() en caso_de suponerse que
aquel objeto mismo sea, a su vez, de tal género que le
al sujeto parar mi entes fiJame nte
con la mirada y las figuras geométricas; y al
sostener est o en general se decide de antemano sobre
el objeto, al cual, sin embar go, habría de acomodarse
el conocimiento (si --se entiende -del modo más sencillo
Así, pues, sólo
puede exigirse cl aridad a __ todo conocimiento de
que se convenga en que las cosas están puras de toda
dinámica-q ue: las s·ust rajese a la mirada unívocamente
atenazadora; mas el desider átum: de claridad se hace
doblemente cuestionable en cuanto se descubre el con-
secuente pensamiento de que aquello sobre lo que filo-
sofa no sólo pa sa por el cognoscente como en un vehícu-
lo, sino que se mueve en sí mismo, y qu e de ese modo
se desprende de la última semejanza con la res ext ensa
cartesiana, con lo extenso espacialmente; y correlativa-
mente con esta intelección se forma la de que tampoco
" Kant : Kritik der reinen Vernunft, ed. de Raimund Schmidt,
2.· ed., Leipzig [Meiner ( <<Ph. B.», 37 a )], 1944 [hay relmpr. en
Hamburgo, a partir de 19571, pág. 398 b [nota; cor responde a
B 415; vers o cast o de Morente, t. 11, pá g. 289; id. de Perojo-
Rovira Anm:ngol, t . 11, pág. 125].
130
el sujeto se está quieto como una cámara colocada so- _
bre un trípode, sino que, en virtud de su referencia a
un objeto que se mueve en sí, también él se mueve
(que es una de las doctrinas centrales de la Fenome-
nología). Frente a est o, el modesto r equis it o de la cla-
ridad y distinción se vuelve cabeza abajo; pues en me-
dio de la dialéctica las categorías t radi cional es no per-
manecen rígidamente intactas, sino que aquélla at ra-
vies a cada una de ell as y transforma su complexión
inter na.
Pes e a lo cual , la praxis de l conocimiento, con la
primitiva di scrím'__naci ón entre claro y no claro, se afe-
rra a un escantillón que solo conviene a un sujeto y un
objeto cosa que hace, ciertamente, llevada
de su diligente celo por el tejemaneje de las ciencias
particulares (dominado por la división del trabajo), que
se proponen sin reflexión sus objetos y es fer as de ellos
y tipifican dogmáticamente la relación que ha de tener
con ellos el conocimiento. La claridad y la dis tinción
tienen como modelo una cósica conciencia de cosas; y
de hecho, Descartes, enteramente dentro del esp ír itu de
su sistema, habla de la cosa de manera ingenuo-realista
en un estudio anterior de l ideal de claridad: «y habien-
do observado que en esto de pienso, luego existo no
hay nada en absoluto que me asegure que digo la ver-
dad, salvo el ver muy claramente qu e para pensar es
menester exi stir, juzgué que podía toma r como regla
general la de que todas las cosas que concebimos muy
cIara y distintamente son verdade ras, si bien hay algu-
nas di ficultades para percatarnos correctamente de cuá-
les son las que concebimos distintamente»». En la
" Descartes : Discours de la méthode, t r. de Lüder Gabe,
Hamburgo. Meiner, 1960; 4.' parte, pág. 55 [ed. de Adam y Tan-
nery, t. VIII, pág. 33; ed. de Bridoux, pág. 14B; vers o cast. : Dis-
curso del mét odo, del que hay varias ediciones ; la mej or es la
131
\
di ficull ad que advierte Descartes (la de percatarnos
correctamente de qué es lo que concebimos CaD dísün-
ción) se ha ce sent ir débilmen te el recuerdo de que en
los actos cognosciti vos de l sujeto los objetos no se so-
met en sin más a tal pretensión; pues de otro modo,
su claridad y dist inción, sus atri butos verítat ívos, no
podrían causar de nuevo difi cult ades. Mas una vez que
se concede que la claridad y la distinción no son me-
ros carac teres del esta do de cosas dado, ni son ellas
mismas ningún dato, no puede segu ir juzgándose acer-
ca de la dignidad de los conocimientos de acuerdo con
lo cl ara y unívoca, dist intamente que se present e ca da
uno de ellos ; y en cuanto la conciencia no se conciba
a sí mi sma como fijada cósicamente, como-por as í
decirlo-fotografiable, se cae necesariament e en con-
tradicción con la ambi ción cartesiana: la concienci a
cos ificada hace que los obje tos se congelen en un en
si, de suer te que se encuentre n disponibles en cuanto
para ot ro (para la ciencia y la praxis). Sin duda, no
cabe desat ender groseramen te al requisito de cla ridad
si es que la filosofía no ha de a la confusión
y destrui r su propia posibilidad: 10 que habría de sal-
var de él es la necesidad de que la expresión acier te
exactamente con la cosa expresada inclu so cu ando ést a
se encuentre en conflicto con el _ de las
cosas dadas claramente. Con lo que también en eso cho-
caria la filosofía con una paradoja: la de expresar cla-
ra mente, no lo difícil, sino lo no claro y no limpiamente
deli mitado de la cosificación, de ta l modo que resulten
dibujados con distinción máxima los momentos que se
le escapen al rayo visual que mira fijamente, o qu e
en general, inaccesibles. Pero esto no es ningún
bilin güe de la Universidad de Puerto Rico (Madrid, Rev. de
Occ., 1954), pág. 33].
132
mero requisito formal , sino una parte de la sus tanci a
t ras de la que va la filosofía: es paradój ico este requí-
sito porque el lenguaje se malp re nde al proceso_de _la
cosificación. En efecto: ya la sola forma de la cópula,
el _es_, sigue de cerca a esa intención de espetar cuya
corrección le incumbiría a la filosofía; y todo lenguaje
filosófico, en cuanto que va cont ra el lenguaje, traza
desde la línea de partida su propia imposibilidad.
habría que contesta r _aJa aplazadora _acti tud la
cual el requis ito de cla ridad no es válido al insta nte ni
para lo ai slado, sino que volvería a su terreno a través
de l todo (como el sist emático Hegel podía aún esperar,
sin, por lo demás, cumplir en teramente su promesa).
Verdaderamente, la filosofía re húye aquel requisi to, si
bien con una negación determi nad a; y ti ene que hacer
ésta cosa suya ín_cluso en la exposición: deci r conc re-
t amente qué es lo que no puede decir, e intentar poner
en claro hasta los confines inmanentes de la claridad.
Es mej or qu e hable de que decepci ona la expecta tiva
de que en cada insta nte diese pleno cumplimien to a
todo concepto y t oda proposición que emplee, a que,
conmocionada por el éxito de las ciencias pa rticula res,

lome presta da de ellas una norma ante la cual ha de
caer en bancarrota (pues la filosoffa liene
de lo n.9.. t iene un pues lo en orden preestableci -
do de pensamientos y obj etos--como se imaginaba la
ingenuidad del de él
si sistema de En la nor-
ma de la claridad se parapet a el antiguo realismo de
copia de la critica del conocimient o, sin preocupa rse
por sus propios efectos: sólo él per mite la creencia de
que, sin dudas e incont rover tiblemente, cabria obtener
una imagen de cua lquier objeto. Si n embargo, la filo-
sofía tiene que reflexionar sobre la objeti vida d, la de-
t erminación y el cumpli miento tant o como sobre el len-
133
gua je y sus relaciones con las cosas; y en tanto se
esfuerce permanentement e por escapar a la cos ifica-
ción de la conciencia y de las cuestiones, no podrá asen-
tir dócilmente a las reglas de juego de la conciencia
cos ificada sin borrarse a sí misma (por poco que, por
lo demás, para no degenerar en balbuceo, ose dej ar
simplemente de t omar en consideración tales reglas ).
La sentencia de Wittgens tein «Acerca de lo que no se
puede hablar es preciso callarse» 14, en la que repercute
el extremo del positivismo con el porte de la autenti-
cidad reverencial-autoritari a, y que ejerce, por ello, una
especie de sugesti ón de masa s intelectual, es t otalmen-
te ant ifilosófica: cabe defini r la filoso fía-si es que es
posible hacerlo de algún mo do-como el esfuerzo por
deci r algo de eso acerca de lo que no se puede hablar ,
por cont ri buir a expresar lo no idéntico, aun cua ndo la
expre sión, sin embargo, siempre identifique. Hegel in-
t ent ó hacerlo; y como jamás puede decírselo inmedia-
tamente, puesto que todo lo inmediato es falaz (y, por
lo tanto, en la expresión necesariamente no es claro), lo
dice en forma mediata inca nsablemente-no en úl timo
término apel a por ello a la totalidad, por problemática
qu e sea-oLa filosofía que, en no mb re de una capci os a
lógica formal matematizada a la que se acostumbra,
reniega a priori de su prop io concepto, se encuentra
con que la razón misma supri me virtualment e lo que
ella quería (a lo cual es constitutivamente inherente la
imposibilida d P0(i la cual Wittgens tein y sus seguido-
res han hecho un tabú de la razón re fere nte a la filo-
soffa).
"Ludwig Wittgenstein: Trac/ atus [ogico-philosophicus, 7: en
Schrifte n, Frankfurt , 1960, pág. 83 [ed. orig., Nueva Yor k/Len-
dres, Humanities Press/Rout ledge (muchas reímpr. a part ir de
1922), págs. 188-9; verso ca st. de E. Tierno Galván, Madr id, Rev.
de Dcc., 1957, pág. 191} .
134
Raras veces se ha trazado teorí a alguna de la c lari-
da d filosófica 15: en vez de ello se emplea su concepto
como si fuese obvio; y con Hegel no se atrevió a hacer-
se temática en ningún lugar : a lo sumo, e contrario,
como donde defiende a Heráclito: «La oscuridad de
esta filosofía reside principalmente en que en ella se
expresa un pensamient o profundo, especulativo; y éste
es siempre difícil y oscuro para el entendimiento (mien-
t ras qu e la matemática carece t otal ment e de dificul-
tad): el concepto, la idea, le es contraria al entendi-
"Ciertamente, quien primero lo hizo fue la especulación me-
tañsica de Alfred North Whit ehead en su libro Adven tures of
Ideas (Nueva Yor k, 1932 [r eediciún en rustica, Cambridge,
C. Univ. Press, 1964}). Sólo podrí a haber clari dad y distinci ón
cuando se suponga al «sujeto» r ígidamente idéntico con el
«cognoscente», y al «obje to» con lo «conocido»: «No topic has
suítere á more from this tendcncv of philosophers /han their
account 01 /he obícct-subiect structure of experíence. In the
ií ret place, this structure has been. identiíied wit ñ the bare
retation. 01 knO'wer to known. Th is su bject is the knowen, t he
obiect is the known. Thus, wíth thís interpreta/ion, the object-
sulriect retat íon is the known-knowcr rdatlan. J/ /hen follows
that the more clearly any íns tunce 01 this reEation s fands out for
discrimi na/ion, file more safel y we can utitize ít ior the interpre-
fa/ion al/he status of experience in the universe 01 things, Hence
Descartes' appea l to clari/y and. assunctness» l eNo ha habido
tema que haya padecido tanto por efecto de esta tendencia de los
filósofos como su versión de la estructura obj eto-subjetiva de la
experiencia. En pri mer lugar, se ha ident ificado tal estructura
con las meras relaciones de cognoscente a conocido: este sujeto
es el cognoscente, el obje to es lo conocido. Así, pues, con esta
interpret ación, las relaciones entre objeto y sujeto son las que
hay entre conoci do y cognoscente; de lo cual se sigue que cuan-
to más claramente se des taque ante la discrimi nación un ejem-
plo cual quiera de tales relaci ones , con tant a mayor seguridad
podremos ut ilizarlo para interpretar la condición de que goce
la experiencia en cI universo de las cosas; y de ahí la ape la-
ción cartesiana a la claridad y distinción» (pág. 225; reed. cír.,
p ág . 177)].
135
\
miente s-e-fren te a lo que sucede con la razón-, «éste
no puede aprehenderlas 16. Las tdeas de Husserl se ocu-
pan de este desidenuum, si bien no conforme a su
letra textual, sino a su sentido: indudablemente , el
concepto que al lí aparece de exactitud 118 de equipa-
rarse con el tradici onal de cl aridad. Husserl lo reserva
para las mu ltiplici dades matemáticas definidas " , y pre-
gunta si se debería o podría cons tituir su propio mé to-
do fenomenológico al modo de una - geomet rta de la
vivencia »1': ..¿Hemos de buscar también aquí un siste-
ma axiomát ico definito y construir sobre él t eorí as de-
ductivas h 19; per o en la r espuest a va má s allá de seme-
jante método: se da cuenta de que no es posibl e juz-
ga r metodológicamente acerca de la posibilidad de ex-
traer teorías deductivas de un sis t ema definito de axio-
mas, sino únicamente basándose en su cont eni do; lo
cual entra en tangencia con la llamad a exact itud en la
formación de conceptos (que, según él, es una condi-
ción de toda teoría de ductiva): és ta no sería, «en modo
alguno, cosa de nue stro lib re albedrío y del arte lógica ,
sino que, en 10 que respecta a los presuntos conceptos
axiomáticos (que, pese a ello, habrán de ser compro-
bables en una intuición di recta ), presupone la exac ti-
tud de las esencias mismas aprehendida s. Mas depende
totalmente de la índole propia del campo de esencias
que sea hasta qué punt o cabrá encontrar en él unas
lO Hegel, WW 17, pág, 348 [v. cesr., pág. 261].
" Cf. Edmund Husserl: I deen w eincr reinen Phiinomcllolo-
rie und phiirwmclWlogi.schen Philosophie [Entes Buch] , Halle,
1922, (§ 72] , pág. 136 red. cnt. en la serie «Husserñana-, t . 111.
La Haya, Nijhoff, 1950, págs. 167-8; vers o casto de Gaos : [d eas
reÚJtillf1S a una f enomenologúl. pur a y una í ítosot ía íenomenoto-
gica, 2.° ed., México, 1962, págs. 162-3J.
" Td., pá g. 133 [ § 72; ed. crn., pág. 165; v. cast ., pá g. 160].
v tc, páa: . 137 [ § 73; ed. crtt., pág. 168; v. cest., pág. 164J .
136
esencias M exactas " y el que sean o no cimentables abo
solutamente todas las esenci as aprehendibles en una
intuición real (y, con ello, asimis mo todos los compo-
nentes escnclales)» 20. En el parágrafo siguient e distin-
gue las ciencias descri ptivas de la s exact as, y juzga así
sobre aquéllas: «La vaguedad de los conceptos , o sea ,
la ci rcunst ancia de que posean esfe ras de aplicaci ón
flu idas, no es una mancha que haya que plantarles en-
ci ma: pues para la esfera cognoscit iva 'a la que sirve n
. son aquél los simplemente inel udi bles, es to es, son los
únicos que en ella es tán justificados. Cuando de lo que
se trata es de dar una expresión concept ual ad ecuada
a unos es tados de cos as intuibl es, y hacerl o en sus ca-
racteres esenciales int uiti vamente dados, ello quiere de-
ci r precisamente que se los tome tal y como se den;
mas no se dan de otro modo que como fluyentes, y las
esencias tipicas únicament e pueden a prehenderse en
ellos mediante una int ui ción esencial que analice inme-
diatamente. La más perfecta geometrí a y su domini o
prác tico más perfecto no pueden servir al investigador
natural descriptivo precisamente para dar expresión (e n
conceptos geométr icos exactos) a lo que él expresa de
fonna tan llana, comprens ible y enteramen te adecuada
con las palabras ganchudo, corvo, lent icul ar , umbelifor-
me, etc.: conceptos sin tac ha , que son esencialmente
( no por casualidad ) inexac tos y, por ello, también no
mat emáticos» l l . filosóficos se diferen-
cian, pues, de los exac tos por serñuyentes , .en_vir tu!,J.
de la Indole de aque llo sobre lo Es to di c ta.
a la vez, Jos confines de la intelección lograda por
Husser] : se contenta con la di syunción en tre lo fijo y
(disyunción de filosofí a reflexi va), en tanto
20 Husserl ; Ideen zu dller reinen Plliinomcllologie...
"Id., pág.. 138 [§ 74; cd. crtt. , pág. 170; v. ctt., pág. 165}.
137
\
que la di al éctica heseliana define ambas como mediada
__en si cada un a de ellas por la otra; mas lo que se con-
cede al lógi co Husserl-que. por Jo demás, une su voz
al coro de quienes reprende n como a un niño de escue-
la a Hegel por su crí tica del principio de cont ra dic-
ción-es ci ertamente válido para Hegel mismo, el cual .
con mucha mayor energía que Husserl. quería forma r
Jos conceptos de tal modo que en ellos se manifest ara
la vida de la cosa .mí sme, y no siguiendo el abstracto
ideal cognoscit ivo de claridad. enterame nte
en la cosa, parecía desplegarla sólo a partir de ella y
por mor de ella, escasamente por su propia inspi ración
y por ca usa de los oyentes; no obs ta nte lo cual, surgía
sólo de él, y una preocupación casi paternal po r la cl a-
ridad mitigaba aquella rígida seri edad. que hubiera po-
dido arredrar ante la recepción de t an arduos pensa-
mientes »Z2 .
\ Mientras qu e el requisito de claridad se comp lica
Iingülst icamente, pues el lenguaje no tol era, en reali-
dad, que las palabras mi smas la posean (y también en
es te aspecto converge su ideal con el matemático ), la
claridad Iingüistica, a la vez, hasta tal punto depende
de la actitud del pensar con respecto a la objetividad
que, en general, sólo se puede decir claramente y sin
residuo lo que sea verdadero; pues no sólo pende toda
la t ransparencia de la expresi ón de la relaci ón exis tente
ent re ella y el es tado de cosas que se represente. sino
asi mi smo de que el juicio sea acer tado (o si ést e es in-
fundado o cons t it uye una conclusión errónea, se ob stru-
ye a si mi smo una formulación exacta; y en la medida
en que no posea enteramente la cosa, será vago frent e
a ella): el lenguaje mismo, que no es índice alguno de
'" Vorstudien jiir Leben und Kunst, ed. del Dr. H. G. Hotho,
St ut tgurt y Tübingen, 1835, pág. 386.
138
10 verdadero, si lo es. en cambio, de 10 falso. Pero si
el veredicto de Hegel (de que filosóficament e no es ver-
dadera ninguna proposición ai slada ) conserva su fue r-
za hasta sobre él mi smo. toda frase de este tipo mos-
trada, además, su insuficiencia: podrfa
decirse-aunque. desde luego, si n hacer caso de su pro- k
pi a praxis lingüistica-que la falta de cla ridad qu e in-
cansa blemente se le cens ura no es una mera debilidad,
sino asimismomotor para rectificar la no verdad de lo
particular. que se declara como no claridad de lo sin- I
guiar y ai slado. --J
Lo primero de t odo. un lenguaje filosófico da r ía sa-
t isf acción a la necesidad que insist e en la comprensi-
bilidad, sin confu ndirla_con la El lenguaje.
en cua nto expresi ón de la cuestión. de la cosa que sea,
no se agota en la comunicación, en el transmitir a otros;
per o ta mpoco es simplemente-y eso lo sabía Hegel-
independiente de la comunicación, ya que de otro modo
escaparía a t oda crítica enderezada a sus rel aciones con
la cosa, y se degradaría a pretensión arbit raria: el
guaje como expresión de la cosa y como comunicación
están entret ejidos mutuamente. La facultad de nombrar
la cosa misma se ha formado bajo la coacción de trans-
mitirla, y conserva es ta coacción tan to como . a la in-
versa, no podría comunicar nada que ella mi sma, inde-
pe ndientemente de otras consideraciones. no tuv iese
como intención propia; y semejante dialéctica aconte-
ce en su propio medio. no es an te todo ni ngún pecado
original de un afán social. desdeñador del hombre. que
vigi lara para que no se pensase nada que no fuese co-
municable. Asi, pues. ni el pro ceder lingüístico más ín-
t egro puede apartar el antagonismo del en si y el para
otro; pe ro mientras que en la poesía acaso se imponga
descolla ndo del text o, la filosofla está obligada a englo-
barlo; cosa que se ve dificu lta da por efecto de una
139
hora hi stórica en la que la comunicación di ct ada por
el mercado-es sintomática la sustitución de la teoría
de l lenguaj e por la de la comunicación-pesa'"de tal
modo sobre el lenguaje que éste, para re sisti r a la con-
formi dad de lo que en el positivismo se llama «el len-
guaje ordinario», ti ene forzosamente que derogar la
comunicación-será preferible que sea incomprensible
a que desfigure la cosa mediante una comunicación que
impide comulgar en ella- o fatigas lingüí sticas
teórico..t ropiezan con una frontera que ti enen que
respetar si es que no han de convertirse en sabotaje
de sí misma-s ta nto- a la fidelidad a la
infidelidad: el momento universalidad del lenguaj e,
cual éste seria posible, atenta ineluctablemen-
te contra la plena determinación cósica de lo particu-
lar (a lo cual quiere det erminar ); y su correctivo son
los esfuerzos, por disimulados que sean, en pro de la.
comprensibilidad, que cons tit uye el polo opuesto a la
P.!:ir!l objetividad .la _t ensión
entreambos florece la verdad de la e.l'.pr esión; te nsión
que , sin embargo, no es una sola cosa con la vaga y
brutal orden de cl ar idad (que por 10 regular acaba en
que debe deci rse lo que de t odos modos ya se diga, y
de jar de decirse lo que sea de otra manera y sólo de
otra forma haya de decirse): el precepto de cl ari dad
- de claridad sin int errupci ón, aquí y ahora , inmedia-
ta mente-pide en vano al lenguaj e algo que éste , en
general, no puede conceder en la inmedi atez de su s
palabras y frases, sino únicamente con su configura-
ción, y de un modo bastante fragmentario.
otro proceder: el de que, evitando cuidadosamente las
defi'ñiCioñes._verbales en cuanto meras. es tipulaciones,
configurase los . conceptos con la máxima fidelidad po-
sobre lo que di gan en la lengua: vi rtualmente, en.
cuanto nombres (la reciente fenomenología «material»
140
fue siempre una escuela preparatoria en ta l dirección);
y los esfuerzos del sensorio lingüí stico por logr ar preg-
nancía son a este respecto mucho mayores que los me-
cánicos por sujeta rse a definiciones ya decretadas (por
.mucho que se imagine, quien se de las
propias pal abras se ve aliviado, en lugar de agravado,
haciéndolas r esbalar ante las .cosas ). Con todo, semc-
jante insatisfact orio:
los idiomas empíricos no son nombres puros, sino siem-
pre, as imismo, Béoet *, productos de la conciencia sub-
jeti va y, por su parte, en cuanto tales, semejantes a
definicione s; y quien salt a por encima de es to, al arran-
carlas a la r elatividad de la est ipulación las dej ará a
me rce,d de una segunda relativida d, de un res iduo de
arbitrariedad de lo que cap ellas haya que pensarse
(contra lo cual el lenguaj e filosófico no posee otro re.
medio que el de emplear con discreción las palabras
que habrían de zozobrar si se las usase literalment e
como nombres, de ta l suer te que gracias a su valor
posicional se aminore aquella arbitrariedad). Así, pues,
la
te tensa sobre la palabra singular que ella requiera se
completan: juntas el intermedio compren-
derse mutuamente, esa viscosa capa entre la cosa y la I
comprensión. Y un proceder lingü ísti co correcto podría J?
compararse.. al modoen que apr enc:Ic __ un._emigrante un
es posible que, impacien temente, so-
meti do a presión, opere menos con el diccionario que
lea cuanto le caiga en las manos; numerosas palabras
así pero estarán ro deadas
.Ealo de indetermi naci ón,
padecerán confus iones cómicas, has.t a que, merced a la
ri queza de combinaciones en qu e hayan aparecido, se
* Instituciones . u ordenaciones. (N. del T.)
141
descifren totalmente (e incluso mejor de lo que per-
mltlrfa el diccionario, en el que ya la elección de sín ó-
nimos ad olece de todas las limitaciones y la indiferen-
ciación Iingüist ica del lexíc égrafo).
Es verosímil que la razón de que los textos de He-
gel sean tan recalcit ra ntes sea, y no en últ imo término,
la de que él, llevado de una confianza excesiva en el
espíri t u objetivo, creyó que se podía pasar sin seme-
jante impacto de lo ext ra ño, que pod ía decir lo inde-
cible de la forma que hablaba. Si n embargo, los ele-
mentos que concu rren en él, sus conceptos, juicios y
raciocinios, no se vuelven incomprensibles: únicamen-
te que apuntan por encima y más allá de sí mismos,
son-ya de acuerdo con su propia idea- tan escasa-
mente cumplibles en cua nto a islados como, por lo de-
más, las piezas int egra nt es del lenguaje extrafilosófico,
que únicamente sabe n de sí mi smas. Bajo es te aspecto,
la tarea de comprender la filosofía, y, en especial, la
hegeliana, sería la de comprender algo que t endría que
se r objet o de un protesto por parte de la solita norma
de claridad; meditar en lo mentado incluso cuando no
quepa re presentars e clare et dist incte lo que implique,
Visto, pues, desde la cienci a, en la mi sma racionalidad
filosófica se encuentra ínsito, como momento suyo, algo
que es irraciona l, y a la filosofía le compete absor ber
tal momento sin por eJlo pactar con el írr acionalísmo:
en cuanto al método dialéctico, es, en suma, el intento
de de spachar tal propuest a al quedar libre del anatema
del pere ntorio instante y desplegarse en una impulsora
estr uct ura intelectual. La experiencia filosófica no puc-
de pre scindir, en el horizonte de la vaguedad más in-
deleb le, de la evidencia ejemplar, del «es to es así»:
t ampoco ha de quedarse parada en tal punto, pero a
quien, en definitiva, no se le encienda súbitamente se-
mejante evidencia en la lect ura de algunos grávido s
142
pa sajes de la Lógica de Hegel, quien no advierta con
lo que ha acertado (aunque sea de manera no perf ec-
tamente articulada ), compre nderá tan poco como el que
se extasie an te Jo mera mente aproximado del sent í-
mie!1
lo
filosófico. Los fan áticos de la claridad querrían
extinguir aquel súbito relampagueo: la filos ofía habri a
de pagar de mo do contante, sin demora, y la part ici-
pación en ella se t asa ría en un ba lance que siga el mo-
de lo de un gas to de trabajo, que ha de tene r su re mu-
neraci ón equivalen te; pero elJa es la pro test a contra el
pr incipio de equivalencia, }' de ahí que no sea burguesa
incluso eo cuanto burguesa. El que la exija equivalen-
tes ( << ¿por qué tendría yo que inter esarme por eso?»)
se engaña rá en cua nto a su elemento vi ta l, el ri tmo de
la cont inuidad y la int ermi tenci a de la experie nci a es-
pi ri tual.
La preci sión de la filosofía en cua nto configuración
de mamenlos es cualitati vamente di stinta de la univo-
cidad de uno cualquiera de ellos incluso en la confígu-
raci ón, ya qu e ésta, a su vez, es más que la quintaesen-
cia de sus momentos y otra cosa que ella ; pues conste-
lación no es sistema: no se a lJana, no asimila todo a
ella, si no que uno proyect a luz sobre el ot ro, y las figu-
ras qu e los momentos singulares forman junt os son
unos signos precisos y determinados y un escrito legi-
ble. Todo es to se encuen t ra en Hegel. cuya manera de
expon er se comporta soberana-indifere ntemente para
con el lenguaje, sin llegar a a rt icularse y, en cualquier
caso, sin haber penetrado apenas en el qu irnísmo de su
propia forma lingüísti ca, a la que, con su confianza en
la reali dad, demasiado simple, le fa lta la agudeza de la
aut oconci encia critica que la dial éctica introdujo en el
len guaj e juntamente con la reflexión de" su necesaria
inadecuaci ón. Esto es fatal, ya que sus formulaciones,
que ni quieren ni pueden ser concluyentes, suenan fr e-
143
cuen tement e, sin embargo, como si así fuesen : el len-
guaje de Hegel posee un ademá n doct rinal, mo tivado
por la pre pondera ncia de la presentación oral sobre el
texto escrito; y la vaguedad. indelebl e en la dialéct ica,
se convier te con él en un defecto, puesto que no mez-
cló con ella ningún contraveneno, mien tra s que, de he-
cho, al ace ntuar y-finalmente-alabar todo ti po de ob-
jetivaci ones, su filosofía, de ord inari o, no es parca en
ellas. Lo que más le hubiese gustado hubier a sido escri -
bi r al modo filosófico t radicional sin recoger en el len-
guaj e la dif erencia con respecto a la t eoría tradicional
(déficit con el que ha de conta r un intérpret e leal); y
habria que hacer con él lo que Hegel descuidaba: dar
Jugar a l máximo posibl e de pregnancia, con objeto de
sacar a luz la estri ctez del movimiento dial écti co que
no se contenta con l ~ pregnancte. Ciertament e. a nadi e
menos qu e a Hegel le conviene la, por lo demás, pro-
blemática nor ma de la filologia de hacer que se dest a-
qu e el sentido a que subjetivamente se refiri ese el
autor; pues ~ u mét odo, que es indisoluble de la cues-
tión entre mimos, quiere dejar a ést a que se mueva, no
desarrollar consideraciones propias; y de ahí que sus
t extos no hayan adqui ri do forma t ot al ment e (cosa que
seria necesariamente decir que es tuviesen indi vidua-
dos), ya que su medi o espiri tual no es del géne ro que
se hubiera podido esperar como algo obvio al cabo de
los dento cincuenta años transcurridos: dan al otro el
pie para que lo siga. le da n la entrada, casi como en
música. Semejante apriórica comunicación se convierte
luego, en la gra n Lógica, en fermento de un texto no
comunica tivo, y lo vuelve hermético.
La objeción má s difundida contra la sup uesta falta
de claridad de Hege l es la de los equívocos ( incluso la
144
Historia [de la filosof ía) de Oberwcg la rep ite 23. Cier-
tament e, está cuajado de ocasiones para tal objeción:
así, al principi o de la lógica subjetiva leemos: eEs no
menos imposible declarar inmedi atamente cuál sea la
natural eza del concepto que se ntar inmedi atamente el
concepto de cualquier otro obje to... Mas, aun cuando
no solamente haya que consídera r el concepto como
un supues to subjet ivo previo, sino como fundamento
ab soluto. ello no puede serl o, sin emba rgo, más que
con t al de que se haya vuelto fundamento. Lo inme-
diato ab st ract o es, cie rtamente, al go pri mero: pero este
abst ract o es más bien, sin embargo, algo mediado, a
cuyo respecto hay que buscar ante todo un fundamen-
t o, si es qu e hemos de apre hender lo en su verdad. De
ahí qu e es te último tenga que ser. indudablemente, al go
inmedi at o, pero de tal suerte que se haya vuelt o inme-
di ato al dej ar en sus pe nso la mediaci ón» 14; incuestio-
nablemente, las dos veces se emplea de un modo dife-
r ente el concepto de concepto: una, enfá ticamen te,
como ..funda mento absol uto». o sea, obje tivamente, en
el sen tido de la cosa mi sma , que esencialmente seri a
esp íri tu ; pero los conceptos no sólo t endrían que ser
es o, sino, al mismo t iempo, el «supuesto subje tivo pre-
vio», lo cons t r uido, baj o lo cual subs umida el pensar
lo airo que sí. La terminología es desconcer ta nte, ya
qu e incluso en el segundo caso no se emplea--como
era de esperar-el plural, sino el singu lar (sin duda,
porque forma tan por principio parte del concepto he-
geliano del concepto el que sea resultado de una sínte-
sis subjetiva que el que expres e el en sf de la cosa).
A diferencia de lo que sucede con ot ros mu chos equf-
DCt. Fr iedrich Uberweg: Grnndríss der Geschicñte der Phi-
/osophie, I V. refundici ón de T. K. Oester reích, BerlJn, 1923,
pág. 87.
,. Hegel , WW 5. pá g. 5 Ied. crtt., pág. 213; v. cast., pá g. 249].
145
10
vocos hegelianos, la comprensión se facilita merced a
que en el capítulo enel concepto en general. se hacen
temáticas las di ferencias entre ambos conceptos de l
concepto: pero He gel ofrece la justificación de este
equívoco un par de páginas más adelante, donde de s-
aITOlIa la unidad de a mbos conceptos del concepto:
eMe limito aquí a . una observa ci ón que puede servir
para compre nder los conceptos que he desar rollado
y para faci litar el orientarse de nt ro de ellos. El con-
cepto, con tal de que haya creci do hasta un a exist encia
que sea, a su vez, lib re, no es otra cosa que el yo o la
autoconciencia pura. Ciertamente, t engo conceptos , y
esto quiere decir conceptos determinados; pero el yo
es el concepto puro mismo, que en cuanto concep-
to ha llegado a ser exis tente. ..• lS, Así, pues, el conce pto
objet ivo-según, Hegel , el de la cosa misma-que haya
crecido hasta la existenci a, se convier te en ente en si
y, de acuerdo con la tesis general de l sistema hegelia-
no, es simultáneamente , a su vez, subjetividad; en lo
cual coincide finalmente el lado nominali sta de l con-
cepto, en cuant o formado subjet ivamente, con el reatis-
ta , el del concepto como ser en sí (que deberá mos-
trarse como sujeto. como yo, en el curso de las media-
ciones de la lógica mi sma) . Esta est ructura es proto-
Ilpiea del carácter subalt erno de la objeci ón con tra los
equívocos: allí donde Hegel es formalmente culpable
de ellos, se trata , en la mayoría de los casos , de alusio-
ne s con un contenido, para explicar que dos momentos
di stinguidos entre si sean tan diferentes como relativos
a una sola cosa. Pero la ob jeción trascende nte a Hegel
apenas r oza esto: as ient a el pr incipio de identidad de
que los t érminos han de mantenerse fijos en el significa-
do ' que se les haya conferi do deñnítoríamente. Se trata
"Hegel, WW S, pá¡¡; s. 13·4 [ed. crtt., pág. 220; v. cast., pág. 257].
146
de un nominalismo inqu ebrantab le: le s" conceptos no
deben ser sino índices de los rasgos uni tarios de una '
pluralidad; y cuanto más subjetivamente se los ac uñe
tanto menos deberá uno agitarse por ello s como si, por
el cont rar io, se tuviera una revelación de algo-e-que ,
por lo demás, les se r ía exter ior, meramente construí-
do--:. El sentido común raciona liza esto di ciendo que'l \
el desacato de la defini ción destruye el orde n del peno V'
sa r: y el pro testo cont ra tal desacato surte efectos tan
indefectiblemente porque se basa en una concepción
qu e no quiere saber del objeto nada merced a lo cual
cupiera desmentir 10 que le haya endos ado el espíritu
subjeti vo; concepción que se obstina vigorosamente
cont ra la exper ienci a (que quiere dej ar que habl e la
cosa mi sma ), tal vez sospechando que ante aquéll a su
propio concepto de verdad , aparentemente Incorrupr í-
bl e, se verla obligado a confesar su fal acia. El nomina-
lismo per tenece a la roca ur bana primigen ia, y en las
fa ses y naciones más distintas se asocia a la con soli -
dación de la sit uación ciudadana, cuya ambiva lencia la
lleva él hincada ; pues contri buye a libe rar la conciencia
de la auto ridad del concep to (que se habi a establecido
como universalidad previa) al desencantarlo a mera
abreviatura de las particulari dad es descubi er tas por é l.
Pero semejante Ilustración es siempre, al mi smo t iem-
po, lo opuesto a ell a, o sea, una hipóst asis de lo par-
ticular, hasta el punto de que la clase burgue sa estimu-
la al nominali smo a recel ar como de una mera ilusión
de cuanto pudiera es tor bar al ind ividuo ai slado en su
pursuit 01 tiappiness», en la ba tida ir reflexiva e n pos
del propio provecho de ca da cua l; y no debería de ba-
ber nada general, nada que ar ranque a lo particular
las anteojera s, la creenci a de que su azarcsidad es su
"Persecución de la felicidad. ( N . del T.)
147
!
ley. c¿Y el concep to, qué es ? : el ademán expresa siem-
pre, a la vez, qu e el individuo singular tiene qu e ganar
dinero, y que eso es más imp or tante que todo lo demás.
En caso de que el concepto fuese tan aut ónomo que no
se agotase en los pormenores de que se compone, el
burgués principio de individuaci 6n se veda sacudido
hast a lo má s profundo; pero se lo defiende tanto más
mali ciosamente cuanto que él mi smo es una apariencia
(puest o que a través de los int ereses indi viduales se
realiza esa generalidad malvada que t endencialmente
sepulta una vez más bajo sí ta les intereses), apariencia
a la que se aferran convulsivamente, ya que de otro
modo ni podrian conti nuar, incontrovertidos, los cega-
dos, ni creer en la metafísica de su clo que en es te
caso es míos, de la sant idad de la posesi6n, simple-
mente. Bajo este aspecto, la individuali dad es el sujeto
convertido en posesión para si mismo: el nominali smo
anti-ideológico es as imismo, desde el comienzo, ideolo-
gía ; y la lógica de Hegel quería usar de esta dialéctica
valiéndose de sus medi os (que no son transparentes
sobre la sociedad) , con el res iduo ideológico de que
así se le transfiguraría al liberal en algo positivo la ge-
neralidad que impera en el individuo singular y por
encima de él. Sólo un giro ideológico semejante per-
mitió a Hegel neutralizar en dialéctica lógica la di al éc-
tica social de 10 general y lo particular: el concepto,
que en él habría de ser, con todo, la realidad mi sma,
sigue siendo concept o merced a proclamarselc reali-
dad; pero, como sucede en Platón, para Hegel la me-
dida del concepto es la exigencia de la cosa misma, no
la organización defi nitoria del suje to, y por ello sus-
pende la identidad del concepto como criterio de la
verdad; pero ello degrada a mera equivocidad la va-
riación de los significados de los conceptos por mor
de su propia sus tancia.
148
Sin embargo, Hegel no declaro simpleme nte nulo el
principio de iden tidad, sino que lo restringió: a su
modo, lo tuvo simultáneamente en mucho y en nada.
Pues, en definitiva, gracias a ta l principio, es to es , al
compara r la vida de la cosa expresada en el concepto
con el significado anteriormente fijado y al de volver
protestado el an tiguo, por no válido, se cons t ituye el
otro significado. Ahora bien: Hegel pued e ma neja r los
t érminos de la misma manera que el lenguaj e no filo-
s ófico, sin vacilar, lo hace con muchas de sus pa labras
y clases de palab ra s, o sea, ocasiona lmente (si bien en
ellas permanecen constantes muc hos est ratos signi fica-
ti vos, ot ros los reciben del contexto); y el lenguaj e filo-
s6fico se forma sobre el ingenuo en cuanto que, escép-
tico f rente al científico, fluidifica, merced a su trabazón,
la ri gidez de los sistemas de definiciones de és te. En
Hegel , equívocidades ocasionales de es ta índole sobre-
vienen a expresiones tal es como la tan profusamente
empleada de «Inmedía tamcnre-: cuando quiere decir
que la mediación se encuen tra en la cosa mi sma, no
entre varias cosas, apli ca fr ecuentemente «inmediato»
a 10 mediado, de modo que el que una categor ía sea
inmediatamente su opuesta quiere decir algo equiva-
lente a que en sí misma sea también su op uesta (en
lugar de serl o por referencia a algo exte rior a ella).
Así : «Por lo tanto, la relación excluyente es un poner
lo positivo como excluyente de lo ot ro, de modo que
este poner es inmediatamente el poner lo otro que ello,
lo qu e lo excluya. Tal es la absoluta cont radicción de
lo posit ivo, que, sin emba rgo, es inmedi atamente la
absoluta cont radicción de lo nega tivo; y el poner am-
bos es una reflexión. .. _216; según esto, la mediación mi s-
ma es inmediata, dado que lo pues to y med iado no es
,. WW 4, pág. 536 [ed. crn . pág. 220; v. cas t.. pág. 257].
149
\
nada di st in to de lo primario, ya que esto mi smo sería
algo puesto; y de modo semejante, pe ro aún más era-
semente. se dice en una not a: «Es importantísimo ad-
vertir la inme diat a identidad de la forma tal y como
aquí la hemos puesto. incluso sin el movimi ento de la
cosa mi sma, tan lleno de con tenido; identidad que apa-
rece en la cosa según ésta se halla en su comienzo:
así, el pur o ser es inmediat amente la nada... ~ n . ( el n-
mediatamente e suena aquí a mera paradoj a; pero lo
qu e se mienta es que la nada no es ninguna categoría
que se le añadi era al puro ser desde el exteri or , sino
que éste, en cuanto lo absolutamente indet erminad o,
no es nada en sí mi smo.) Un análisis te rmi nológico de-
tenido del lenguaje hegeliano podría registrar en su in-
tegridad tales equi vocas y, segú n es de presumir, disi-
par los; mas también tendría que ocuparse de palabras
a r tificiales [en alemán], como reflexión (que, siguiendo
una di stinción corriente en el idealismo post kantiano.
abarca el uso finito y limitado del entendimiento y,
al go más genero samente, el conj unto de la acti t ud cien-
tífico-po siti vista), y luego-en las lineas maestras de
la Ciencia de la lógica-, as imismo, de las ..determina-
ciones de la reflexión», o sea, de la reflexión crít ica de
la doctrina de las ca tegorí as objeti vamente primera,
cuasi aristotélica (a la que, a su vez, convencerá más
tarde de apariencialidad y conducirá al concepto enfá-
tico del concepto). O bi en las cquivocidades pueden ser
tales con toda seriedad, pueden ser artificios filosóficos
merced a los cuales quiera realizarse lin güisticamente
la dialéctica del pensa miento: en ocasiones, con una
tendencia algo violenta (y que anticipa a Heidegger )
a independizar el estado de cosas lin güisti co frente al
mentado; aunque. desde luego. con menos insistencia
21 WW 4, págs. 686-7 [ed. crít ., t . n, pág. 153; v. cast., pág. 183].
150
que Hei degger y, po r ello, no tan culpablemente como
él. Ya en la Fenomenología hace Hegel juegos malaba-
res, por ejemplo, con «recor dar »: e, . . Puest o que su
perfeccione-e-la del espí r it u- ..consist e en saber per-
fectamente 10 que es, su subst ancia, est e saber es su
entrar en sí, en el qu e aban dona su ser exis tente y en-
liega su figura al recordar. Con el ent rar en si se hun-
de en la noche de su autoconciencia, pero en ella se
conserva su desaparecido ser existente , y és te-el an te-
rior, per o renacido a partir del saber-ces el nuevo se r
en la existencia, un nuevo mundo y figura espiri tua l;
y en él, t an sin qu e nada le empezca, ha de empezar
des de el principio, en su inmediat ez, y ha de crecer de
nuevo desde él como si todo lo precedente se hubiera
pe rdi do para él y no le hubiese ense ñado nada la expe-
riencia de los espíri tus anteriores. Pero lo re-cordado
se conserva, y es el hondón cordial y, de hecho, la for-
ma super ior de la substancia; por lo tanto, cuando este
espíri tu empieza de nuevo desde el principio su forma-
ción, que pa rece provenir úni camente de si, donde co-
mi enza es , a la vez, a un nivel superi or . 21. La equivo-
cidad funci onal más t ri llada es la de "deja r en sus-
penso»; pero se puede observar esa técnica en casos
más sutiles, en juegos de palab ras ocultos (y perpetra
algunos. en especial, con el concepto de la nada ). Tal es
figu ras del lenguaje no pretenden que se las tome lit e-
ralmente, sino en forma irónica, como t ra vesuras: He-
gel conduce sin pest añear al len guaj e a través del len-
gua je de la vana presunción de un sent ido pagado de
si mi smo : y en tales pasajes la función de l lenguaje no
es apologét ica, sino cri tic a, ya que desautoriza al j uicio
fi nito, que en su particularida d, objetivamente y sin
poder nada en cont ra de ello, se compor ta como si go-
" WW 2, púg . 619 [cd. erH., págs. 563-4; v. cast., pág. 4731.
151
zase de verdad absoluta. La equivocidad quiere demos-
trar con medios lógicos la inadecuación de la lógica
estática para la cosa mediada en sí , que deviene como
ente; y la convers ión de la lógica cont ra sí misma es
la sal dialéctica de tales equívocos. En cuanto a la con-
cepción corriente del equívoco, no ha de aceptársela
como tal, sin el menor reparo. En efecto: el análisis
semántico que los equi vocas di secan es una condición
necesaria-si bien en modo alguno suficiente-para ren-
dir cuent as lingüí sticas de la filosofía; en realidad, quien
no haya separado ya, por ej emplo, los significados in-
manente y-correlativamente-trascendent e del térmí-
no del caso, el significado lógico (el que un examen
se quede o no dentro de los presupuestos del teorema
que le corresponda ), el gnose ológico (si es que el pen-
samiento proviene de la inmanencia de la conciencia.
de la llamada complexión de lo dado en el interior del
sujeto) y el metafísico (acerca de si el conocimiento se
detiene en los confines de la expe ri encia posible) no
puede entenderla. Mas la elección de una misma pala-
bra pa ra distintos l ÉVY¡ no es fort uit a ni siquiera en
la terminología cor ri ente : así, el significado gnoseol ó-
gico y el metafísico penden unidos del t rascendente,
pues lo que gnoseol ógicamente sería ab solutamen te
t rascendente (la cosa en sí kantiana), est o es , lo no
identificable en la llamada corriente de la conciencia,
sería asimismo metafísicamente t rascenden te- si bien
Hegel peralta es ta relación a la t esis de que la lógica
y la metafísica son uno y lo mismo- , Ya en la lógica
predialécti ca los equívocos no encubr en dife rencias ab-
solutas, sino que atestiguan la unidad de lo dif erente;
y su esclarecimiento re quiere ta nto que se caiga en la
cuenta de tal unidad como qu e se marque lo diferen-
cial. La filosofía di aléctica, pues, proporcionó au tocon-
ciencia a un es t ado de cos as que se impone en la t er-
152
minologfa t radicional y su historia , cont ra su propia
voluntad; y de él se alimentan los equívocos de Hegel,
aunque en él se at rofie de cuando en cuando el mo-
mento de la di stinción en benefi cio de una igualdad
indiscriminada.
Pese a tal es negligencias, en los escrit os hegelianos
hay espa rcidas declaraciones super1at ivizadoras acerca
del lenguaj e: «para el espíri tu» sería la «expresión más
perfect a» 29, y aun «el poder supremo entr e los seres
humanos» JO; tampoco la Lógi ca se apar ta al respec t o:
al ocuparse del «elemento de la comunicación», dice
que «en lo general, el agua desempeña la función de
t al medio; en lo espiritual- en cuanto que tenga asien-
to en ello al go análogo a tal relación-hay que consi-
derar de este modo el signo en general y, más especí-
ficamente, el lenguaj e» 31; y de la misma t endencia es
ya la doct rina de la Fenome nología según la cual el
lenguaj e pe rtenece al nivel de la cult ura, en el que «la
singularidad que es para sí de la autoconci encia entra
como tal en la existencia, de sue r te que es para atto»32,
De acuerdo con esto, parece ser que Hegel-cosa ba s-
t ante sorprendente- no admit ió a l lenguaje (al que ha-
bí a as ignado su sitio en el libro tercero de la Lógica)
en la esfera del espíri t u obj etivo, sino que esencialmen-
t e lo consideró como «me dio» o «para otro», como por-
t ador de contenidos subjet ivos de conciencia, en lugar
de como expresión de la idea. (No faltan por nin guna
parte rasgos nominalistas a su siste ma, que se aguza
cont ra la usual dicot omí a, se ve obligado a absorber
hasta lo qu e l ~ es cont ra rio y cuyo t enor está en pugna
,.ww 10, § 411, Nota. pág. 246 [ed. crít. de la Enl.;;kloplidie,
pág. 343; v. casto de la Enciclopedia, t . lII , pág. 79].
lO WW 3, pág. 211.
l' WW 5, págs. 202-3 [ed. crtt., pág. 379; v. cast., pág. 431)].
J2 WW 2, pág. 390 [ed. crtt ., pág. 362; v. cast., pág. 3001.
153
con la infructuosa tentativa de retrotraer simplemente
la crí tica a la autonomía del concepto.) Hegel, en la
medida en que prestaba atención al lenguaje (y es harto
chocant e que aquel contemporáneo de Humboldt se
preocupase por él tan poco), prefería más bien consi-
derarlo como medio de comunicación-dicho con los
conceptos actuale s-que como aquella aparición de la
verdad que el lenguaje, lo mismo que el ar te, debería
haber sido para él ; con lo cual armoniza su aversión
a las formulaciones ar tifici osas e insistentes, y emite
un juicio poco ami stoso sobre el «espiri t ualísimo len-
guaje» del espíritu enajenado de sí, de la mera cul-
tura. Así han reaccionado siempre los alemanes frente
a Voltaire y Diderot. En Hegel se encuentra ya al ace-
cho el r encor académico frente a una autorreflexión
lingüística que se aleja demasiado de la mediocre com-
pre nsión mutua; y su indiferencia estilfstica nos hace
presente lo fatalment e que está dispuesto, gracias a
la reflexión de la reflexión, a hacer causa común con la
precríticay, a su falta de ingenui-
dad, a corr oborar a los ingenuos en su complacencia;
mas es difícil que deseara una oposición ent re el pen-
samiento y la comprensión mutua, en la que se conden-
sase su propia experi encia lingüística o su falta de ella.
Su praxis lingüística obedece a una noción levemente
arcaica de primacía de la palabra hablada sobre la es-
cri ta, como la que fácilmente abriga quien se apegue
obstinadamente a su dialecto (la tan f recuentemente
reiterada observación-que, en último término, procede
de Horkheimer-de que únicamente entenderá recta-
mente a Hegel quien sepa el suabc no es ningún mero
apercu sobre peculiaridades lingüísticas, sino qu e des-
cribe el ad emán verbal hegeliano mismo ); y él no se
" WW 2, pág. 405 red . 'crí t., pág. 375; v. cas t., pág. 311 ].
154
dio por satisfecho menospreciando la expresión líugüís-
tica, no escribió profesoralmente sin preocuparse por
la expresión (cosa que sólo adquirió carta de natura-
leza en la época de la decadencia de las universidades) ,
sino que, siquiera fues e inconscientemente, elevó a
principio estilístico su escépt ica relación con el lengua-
je, inclinada a desligarse de compromisos. A ello le
obligó cierta aporía: él desconfiaba de la expresión des-
pótica, en cierto modo brutal, y, sin embargo, la es-
peculativa esencia de su propia filosofía, sobremanera
di stanciada del senti do común del lenguaje cotidiano,
lo arrastró a una forma lingüística específica; y su so-
lución fue, a su poco vistosa manera, complet amente
radical: en vez de entregar se él mismo-ya que desde-
ñaba la palabra construida en todos sus detalles-al
lenguaje de la cult ura, a la jerga filosófi ca de todo el
mundo, en cuant o algo ya dado de antemano y parlo-
t eante, desafió paradójicamente el principio de la fije-
za, sin el cual, en general, no existe nada lingüístico.
De igual modo que hoy se habla de antimateria, los
textos hegelianos son antitextos: mientras que el extre-
--. -- - ---
/ mo de ab stracción que los mejores de ellos consiguen
y reclaman involucra una tensión máxima del pensar
que se libera de la inmediatez del suje to que tenga la
experiencia, sus libros, ver daderamente, no son t ales,
sino conferencias recogidas en apuntes , una mera reso-
nancia múltiple, que incluso impresa qui ere segui r si n
comprometerse; y excent ricidades como la de que edi-
ta se sólo la parte má s pequeña de su obra, que la con-
figuración principal-e incluso más circunstanciada-
del conjunto del sistema sólo se encuentre en cuader-
nos de clase de oyentes o bajo la for ma de un borrador
manuscrito, t ales ra sgos son inherentes a su filosofía .
Durant e t oda su vida fue Hegel ari stotélico en querer
reducir t odos los fenómenos a su forma; y así procedió
155
ha sta con lo azaroso de las lecciones universitari as: sus
textos son la idea platónica correspondiente a ellas. En
cuanto a que un pensar de pretensión t an desmesurada
haya desdeñado transmi tirse él mismo en fonna pre-
ci sa y definitiva, únicamente puede exp licarse teniendo
en cuenta su ideal de exposición (l a negación de ésta );
a l mi smo tiempo, en lo encrespado de un di scurso más
habl ado que escri to. incluso el;) las partes más expues-
tas, hay que buscar un correctivo contra aquella hybris
de lo concl usivo y terminante en la obra de Hegel de
la que ya en vida suya hubo quejas (porte que en modo
alguno es propio únicamente de las partes del sistema
que sólo existen en forma de notas mnemotéc nicas y
qu e él no pub licó, o solamente en resumen, sino que,
más bi en. se reforzó manifiesta mente con el correr de
los años) . En ca so de necesidad puede aún conside rarse
la Fenomenotogia como un li bro ; pe ro la gran Lógica
no 10 consiente ya, y su lectura nos recue r da la des-
cripción que hace H. G. Hotho del docente Hegel en
sus t iempos be rlineses: ..Se sentaba abatida y mel ancó-
Iicamente, recogido dentro de sí con la cabeza inclina-
da, y pasaba las hojas, rebuscando en los grandes cua-
dernos en foli o ade lan te y at rás, arri ba y abajo, sin
cesar de hablar; la constante carraspera y las toses
perturbaban la más mínima fluidez del di scurso, todas
las frases se quedaban allí paradas, ai sladas, y las sa-
caba afuera penosamente, fragmentadas y en pleno
desorden; cada palabra y cada sílaba se desprendían
de .mala gana , para luego recibir un énfasis asombro-
samente exage rado en el metálico sonido del abierto
dial ecto sua bo, como si cada una fuese 10 má s impor-
ta nte... Una oratoria que fluya suavemente presupone
qu e se haya acaba do interior y exteriormente con su
obj eto, y la destreza formal per mite deslizarse ver bo-
semente del modo más placenter o entre "semis " y tri-
156
vial idades . Pero él t enía que conjurar los pensamien-
t os más pode ro sos desde los últ imos fundamentos de
las cosas, y si habían de ejercer una influencia viva, te-
nían que engendrarse en él mismo otra vez, en un pre-
sente siempre vivo, por más que durante años los hubie-
ra pensado y reelaborado y volviese a hacerlo siempre
de nuevo s 3L-e1 conferenciante se rebelaba cont ra el
endurecido en sí del lenguaj e, y por ello se rompía la
cabeza contra el suyo propio-c. Un monumento conme-
morativo de esta intención es el comienzo del primer
capít ulo del primer libro de la Lógica, ese ..El ser, el
puro ser, sin ninguna det erminaci ón ulterior»35, anaco-
luto que con astucia igual a la hegeli ana trata de za-
fa rse de la necesidad de que la ..inmediatez índeter mi-
nadas reciba ya a su vez una det erminación- siquiera
revestida con la forma de una frase predica tiva tal
como ..el ser es el concepto más general, sin ninguna
det erminaci ón ulter íor s-c-, con la cual el enunciado se
contradiría a sí mismo; pero si a semejante juego de
'manos opusiéramos que el puro nombre no puede en-
t enderse, en sentido estricto (por no habl ar , en ab so-
luto, de su contradicción, puesto que sólo pueden con-
tradecirse enunciados, y no meros concept os ), él podría
asenti r pícaramente a ello: la objeci ón ha dado motivo
ya para la pri mera antítesis de la pr imera tesis, y de-
clara ella misma, pues , que el ser no es nada . Con se-
mej a nt es sofismas, sin embargo, no sólo hace el tonto
una filosofí a de la identidad que ya en las primeras pa-
labras quiere a t oda costa-aun la más suave de pur o
raída-e-quedarse con la última, pues a l final habría de
tener razón, sino que la protesta de la dial éctica con-
,. Vorstudi en tür Leben und Kun st, ed. ci t., págs. 384-5.
" Hegcl, WW 4, pág. 87 [ed. cr-ít., t. 1, pág. 66; v. cast., t. 1,
pág. 107] .
157
t ra el lenguaje no puede hacerse pública de ningún otro
mod o que en él mi smo; de ahí que siga est ando conde-
nado a una impotent e paradoxia, y que haga de su ne-
ces idad virtud.
La descripción de Hotho ext rae calas que llegan has -
ta el cent ro de la forma lit eraria hegeliana. Esta se
opone ás pe ra mente a la máxima de Nietzsche por la
cua l sólo podría esc ri birse sobre aquello con lo que se
haya acabado, lo que haya uno dejado t ras de si: dado
que la sustanci a de su filosofía es el proceso, quema
expresarse como proceso en stat us nascendi pennane n-
t e, como negación del exponer como si fuese algo coa-
gulado, lo cual sólo correspondería a lo exp uesto en
caso de que est o mi smo estuviese coagulado. Las pu-
blicaciones de Hegel son-e-con una comparación ana-
crónica- más bien films del pensamient o que text os;
pero del mi smo modo que el ojo no adiestrado no pue-
de nunca re tener detall es de una película como de una
imagen fija , así sucede con sus escritos; ahí hay que
buscar lo específicamente prohibitivo que ti enen , y pre-
cisamente en este punto se queda Hegel ret rasado con
respecto a su conten ido di al écti co, que precisaría, en
virtud de la más sencilla consecuencia, una exposició n
antit éti ca co n respecto a él (lingüísticamente, los mo-
men tos singulares tendrían qu e destacarse t an tajan te-
men te, tendrían que expresa rse con ta l responsabili dad,
que el proceso menta l subjetivo y su antojo los aban-
donasen) . Si, por el contrar io, la exposición se as imila
sin resi st encia alguna a la es t ructur a del movimi ento,
el precio que la critica del concepto especul ativo tiene
que pagar a la lógica t radici onal de éste se medirá con
un ra sero dema siado baj o; y Hegel no ha sido justo a l
respect o. Pos iblemente haya de inculparse, en conjun-
to, a fa lta de sensibilidad para la región del lenguaje
(y varias cosas de su es té tica, materialme nte muy cru-
158
da s, suscit an esta sospecha ); pero aca so era tan pro-
fundo el impulso hostil al lenguaje de un pen sar qu e
percibía el límite de cualquier cosa singular determi-
nada como si fue se del lenguaje qu e el est ilista Hegel
sacrificó la preeminencia de la objetivación (preemi-
nencia que, en cuanto al contenido , sostuvo és ta en el
conj unto de su oeuvre) . Asi , pues. quien habi a reñexio-
nado sobre toda re flexión no reflexionó sobre el len-
guaje. sino que en él se movió con una desdicha que
es incompa tible con lo que dijo, ya que sus escrit os
son el intento de asemejarse inmed iat amente en la ex-
posici ón a su sus tancia: su caráct er significati vo re t ro-
cede t ra s de un carácter mimético t ras de una espec ie
de escritura gesticulatoria o de gráfi cos o curvas curio-
sa mente dispareja con las imp onent es pretensiones de
la razón que Hegel heredó de Kant y de la Ilustración.
Aná logamente, los dialect os- hasta el suabo. con su in-
t raducible «ha no » *-son repositorios de gestos, a los
que se desacostumbran los idiomas principales; y el
romanticismo, al que el Hegel maduro trató desdeño-
sarnent e, pero que era el fer mento de su propia cspccu-
laci ón, podía vengars e de él a l apoderarse de su len-
guaje como suyo propio en lo que se refiere a su tono
popular. El estilo de Hegel , que afluye en una abstracta
corri ente, adquiere , de modo semejante a lo que sucede
con los ab st ractos de HOlderlin, una calidad musica l
que le fa lta al-más sobr io-e-del románt ico Schelli ng;
hay ocasiones en que se revela así . por eje mplo, en el
uso de partículas antitéticas, como _pero », pa ra fines
de me ro en lace: «Pues to que en lo absoluto la forma
es sólo la sencilla identidad cons igo, lo ab soluto no
es tá determinado, ya que la de termi nación es una dife-
* Exclamación que generalmente se emit e en circ unstancias
en las que en nuestro idioma podría decirse : . y qué.• (N. del r.)
159
rencia de for ma, que por lo pronto vale como tal. Pero
dad o que a l mismo t iempo contiene, en gen era l, tod a
diferencia y determinación de forma, o bien, ya que
a su vez es la forma y refl exión absoluta, también ha
de aparecer en ello la diferencia del contenido . Pero lo
absoluto mismo es la identidad abs oluta, y ésta es su
det erminaci ón, a l quedar en suspenso en ello toda mul-
tiplicidad de Jos entes en sí y del mundo fenomén ico,
o de la total idad interi or y exterior» lb. Ciertamente, el
estilo de Hegel va en contra del ent endimiento filosófico
acostumbrado; no obstante lo cual, gra cias a sus flaque-
zas, prepara otro: hay que leer a Hegel mi entras, acom-
pañándolas, describe las curva s del movimiento espi ri -
t ual y-por as í dccirlo---acompaña con el oído especu-
lativo a los pensamientos, como si fuesen notas ; y si es
que, en resumen, la filosofía se alfa con el arte (en la
medida en que quisiera salvar dent ro del medio del
concepto la mimesis 17 supri mida por éste), Hegel se
compo r ta al respecto como Alejan dro con el nudo gor-
diana : depo tenci a los conceptos singul ares, los mani-
pula como si fuesen imágenes no imaginativas de lo
que ent iendan; cosa que se deca nta en la frase goethia-
na sobre el absurdo de la filosofía del espiri to absol ut o
(aquello con lo que quiere sobrepasar al concepto la
empuja siempre de nuevo, en los det all es, bajo él). Mas
sólo hace hono r a Hegel el lector que, en lugar de me-
rament e ano ta r en contra suya tan incuestionab les de-
bilida des , se perca ta del impulso que hay en ellas y
compre nde po r qué esto o aquello t iene que ser incom-
prensible, con lo que hast a eso comprende.
Hegel espera del lect or dos cosas (y ello que no le
.. WW 4, páll. 665 [cd . crít., t . 11, págs. 158-9; v. cas t. , t. 11,
págs. 190-1].
" Cf, Max Hcr kheimer y The odoe W. Adorno: Dialek tik der
Auf ktarimg, ed. clt ., págs. 311 55.
160
sienta mal a la misma ese nci a di aléct ica ): debe desli-
zar se, dejarse llevar por la corriente, sin forzar a per-
manencia a lo momentáneo (en otro caso lo altera ría,
pese a su mayor fidelidad y merced a ella ); y por otra
par te, sin embargo, ha de forma rse un proceso de lupa
tempora l intel ect ual, ha de dila ta rse de ta l modo el
l empo de los pasajes nebulosos que és tos no se vapo-
ri cen, sino que se dejen capta r por la vista en cuanto
agita dos. {Di fíci l mente podrán participar jamás ambos
procesos del mismo acto de lectu ra , que ten drá, preci-
sa me nte, que di vidirse en sus elementos opuestos, como
la misma sust ancia [ de lo leído] .) En cierto sent ido, la
for mulación de Marx de que la filosofía pasa a ser
historia 3l caracteriza ya a Hegel : dad o que con él la
filo sofía se convierte en contemplar y describir el mo-
vimiento del concepto, la Penomenoíogia del espiritu
esboza ya virtualmente su hi st oriografia; Hegel intenia
algo a sí como modelar a toda pri sa la exposición de
" • .. La filosofía autónoma p ierde , con la exposición de la
r eali dad, su mínimo existencial; y en su IUIlar ent ra, a 10 sumo,
un conjunto de resul tados untversalístmcs, que cabe abstraer
de la observa ción del desarrollo his tórico de los seTCS huma-
nos. Pcro es tas ;¡. bs tracciones, por sí mismas, di vorc iadas de la
his toria real , carecen enteramente de valor : sólo pueden servtr
para fac Uitar la ordenación del materi al hi stórico y señalar el
orden de s ucesión de sus diversos estratos...• (Marx· Engels : Die
deul sche l deologie, Berl ín, 1953, págs. 23-4 [vers. cas r. : La ideo-
logía alemana, Montevideo, Pueblos Unidos, 1959, págs. :z6.7J) .
Hay una variante t extual más ace nt uada: - sótc sabemos de una
única ciencia, la ciencia de la his t or ia. La historia puede divi-
dirse, mi rada desde dos lados, en historia de la natu ra leza y de
la huma nidad; sin embargo, no hay que divor ciar estos dos
lados: mien tras existan seres humanos, la hi s toria de la natu-
raleza y la de los hombres se condicionarán mutuamente, de
uno a otro Jada » (Deutsche ldeoto gie, en la edic ión MEGA, t . V,
l . secc ión, Ber lín, 1932, pág. 567 [est a var Iant e falta en la
ed. cest . cit ada, qu e suprime el apar ato cr ürcc textuat j ).
161
11
acuerdo con ella, filosofar como si se es cribiera hi sto-
ria y se consiguiera a viva fu erza, merced a l modo de
pensar, la un idad de lo sistemá tico y lo histórico con-
cebida en la dialéctica . Desde es ta pe rspectiva, lo que
de darte le falta a la filosofla hegelia na se ria conse-
cuencia de la dimensión hi st órica qu e se adent ra en
ella: en la exposi ción se oculta la huella de un elemen-
to empírico, inconmens ura ble con el conce pt o; r por
no poder ést e penetrarlo enteramente es tan fantasmal
frente a la norma de cíart é (la cual, originariamente
explici ta, se toma luego prestada , sin acordarse de ello,
del ideal ta nto de toda empiri e como as imismo de sis-
temas históricos opues tos ). Mient ra s que Hegel se ve
arrastrado a la integración del mo mento hi stórico en
el momento lógico, y viceversa, esta tentativa se transo
forma, sin embargo, en crítica de su propio sis tema:
ést e ti ene que hacer declaración de la irreduct ibilidad
concept ual del concepto hi stórico en sí mismo (pues,
pese a todo, según los criteri os lógico-sistemáticos, lo
hist óri co perturba como un de scolorido remi endo ); He-
gel vio es to perfecta men te en la Filosofía del Derecho.
con lo cual desautorizó una de sus intenciones cent ra-
les y optó por la tradicional separación de lo histórico
y lo sistemát ico: . EI observar la aparición y desar rollo
en el tiempo de las disposiciones legales (empe ño pura-
ment e hi stórico), así como el conocimiento de sus con-
secuencias razonabl es, que brota de su comparación
con las relaciones jurídicas preexistentes, tiene su mé-
rito y su apreciación en su propia esfera. pero es aj eno
a toda relaci ón con la consideración filosófica; a sabe r:
en cuant o que el desarrollo a pa rtir de funda mentos
hi stóricos no se confunde con el desarroll o sob re el
concepto, y la explicación y justificación históricas no
pueden ampliarse a la acepción de una justificaci ón vé-
Jida en y por sí. Es ta diferencia, que es impor tantí sima
162
y a la que, cierta mente, hay que atenerse, es a l mismo
ti empo muy es clarecedora; pues cabe most ra r qu e una
di sposición legal esté perfectamente fundada en cíer-
tas ci rc uns tancias y en unas instituciones jurídicas
existentes y sea consecuent e con ellas. siendo en y por
si, no obsta nt e ello, injusta e irrazonable; como sucede
con el conjunt o de disposiciones del derecho privado
romano, que se siguen de modo enteramente cense-
cuente de instituciones ta les como la pa tria pot estad
y el matri monio romanos. Pero, aun siendo las disposi -
ciones lega les asimismo j ustas y razonables. es ent era-
mente una cosa mostra r que sólo pueden verdadera-
mente acontecer merced al concepto y otra exponer lo
hi stóri co de su aparición, las circunstancias, cas os, ne-
cesidades y sucesos que hayan conduci do a es ta tuir las.
A ta l mostración y conocimiento pragmático a parti r
de causas hi stóri cas próximas o remotas se lo llama
fr ecuentemente explicar, o, mejor aún , comprender ;
pues se opina que merced a este mostrar lo históri co
se realiza todo-o, más bien , lo ese ncial de-cuanto es
únicamente menester para compre nder conceptualmen-
te la ley o la institución j uridica; mient ras que , ant es
bien, lo verdaderamente esencial. el concept o de la
cosa, no llega a mentarse siquiera con todo ello_".
En Jo aconceptual que resiste al mo vimiento hege-
liano del concepto. la no ide nt idad se le sobrepone; y
lo que a l final habría de ser la verdad que se sos tiene
fr ente a l sistema de la identidad se convierte en est e
mismo en mancha suya. en lo inexponible. Los lectores
de Hegel han reaccionado siempre alérgi camente con-
tra ello, pues aquel libera l restaurador atenta contra
un tabú burgués: lo presentado debería estar acabado
y concluso, enteramente de acuerdo con lo acosturn-
lO Hegel, WW 7, § 3, Nota, págs. 434 [ed. cr tt., págs. ll-3}.
163
brndc en el intercambio de mercancías, en el que el
cliente insiste en que lo que se le suministre por un
precio to ta l incorpore también el cuanto comp leto de
t rabaj o cuyo equiva lent e pague él ; y si queda algo por
hacer al respecto, se siente def ra udado. ASÍ, pu es, se
le ano ta en cont ra suya, como si no hubiese derrochad o
suficient e sudor. el t rabajo y esfuerzo del concepto, que
la filosoffa de Hegel no espera meramente de st. sino
del lector (en un se ntido que excede cualitativamente
de la recepción con una medida por encima de todo
lo usual ); y el tabú llega hasta alcanzar la no r ma pccu-
liar de la idiosincrasia del mercado según la cual se
bo rre en el producto la huella de lo humano, y sea un
puro en si; de modo que el carácter de fe tiche de la
mercanc ía no es mero vel o, sino imperativo. y se recba-
za con asco el trabaj o cuajado que permit a advert ir
que lo es de hombres: su olor humano del at a a l valor
como re lac i ón entre sujetos en lugar de ser algo ad he rí-
do a las cosa s. según es tá registrado. (La propiedad,
categoría bajo la que subsume la sociedad burguesa
incluso sus bienes intelectuales, no es nada a bsoluto;
ma s si se hace visible ta l cosa, parece que se peca con-
tra lo más sa nto.) Los ci ent íficos montan fáci lmen te en
cólera ante teoremas o pensamientos que no puedan
aún llevarse cons igo, como perfectament e demost ra -
do s; y la desazón a nte ese carácter conceptua l que no
es extrínseco a la filosofía hegeliana se racionaliza lue-
go en la mali gna aseveración de que lo incri minado, a
su vez, no efec tuaría aquello con vistas a lo cual retie-
ne a los ot ro s. Asi sucede en el conocido infor me sobre
Hegel del cancille r de la Universidad de Tübingen Gus-
tav Rümelin, en el que pregunta con barata vena ir ó-
nica: «¿Lo enti endes, pues? ¿Se mueve en ti el con-
cep to, po r sí y sin tu int ervenci ón ? ¿Se cambia s úbi-
t amente en su opues to y brota de ahí la superior uni -
164
dad de los opuestos zs ": .como si se t ra tase de que esa
«cabeza especulativa.. que tan to se Invoca (maravill ada
o despectivamente actuara subjet iva me nte dando ci er-
ta clase de peculiares salt os con objeto de lleva r a cabo
lo que Hegel a tribuye al conce pto mismo; como si la
especulación fuese una facu lt ad esotérica, y no la auto-
medición de la reflexión, hosti lmente hermanada a ella
(como ya ocur ría en Kant con la razón y el ente nd i-
miento). Ciertame nt e, entre los supuestos previos para
leer rectament e a Hegel, el primero es el de deshacerse
de semejantes cost umbres, tan arraigadas. a las que
desmi ente el conteni do de la filosofía hegeliana; y no
sirve de nada t ratar agi tadamen te de zafarse, como el
califa y el gran vis ir que se ac uerdan en vano de la
pal abra nuuabor; pue s el cambio súbi to enseñado por
Hegel de las determinaciones finitas en infinit as ni es
una sit uación fá ctic a de la conciencia subjet iva ni re-
qu iere acto alguno especi al : a lo que alude es a una
crítica filosófica de la filosofía tan racional como es ta
misma; y el único desider átum subjeti vo es el de no
obstinarse. sino--como con Kant y Fichte-darse cuen-
ta de las moti vaciones, sin qu e, po r lo demás, necesi te
acep ta r creyen temente quien sea capaz de ello el mo-
vimient o del concept o como una realidad sui gene ris,
Pero solamente logra remos preserva r de la di vaga-
ción estos desiderata de la lectura de Hegel cuando los
completemos con la insistencia más tenaz en el deta-
lle: ésta pu ede genéticamente ir por delante. y sólo alH
donde fr aca se ca tegóricamente po drá j ust ificarse una
for ma de entra r en relación el lect or dinámica men te
distanciada. Ahora bien: justamen te la falta indiscuti-
s Gustav Rümcli n : Reden und Auf sa1ze, Tübingen, 1875, pági-
nas 48-9, apud Friedrich Ijberwcg: Gnmdriss der Geschichte der
Phit osophi e, ed . cit., pág. 77.
165
da de discriminación entre conceptos y reflexiones, la
fa lta de pla sticidad, induce a la micrología, de suerte
que, en ocas iones, incluso al legendario benévolo lector
de principios del siglo XIX tiene que haberle da do vuel-
las por la cabeza como una rueda de molino: apenas
se hace hi ncapié j amás en la separación entre la apli-
cación de categorías al todo y su significado es pec ífico
y limitado allf mi smo; la idea misma significa. por una
parte, lo absoluto. el sujet o-objeto; mas, por otra par-
te, en cuanto su aparición fenoménica espiri tual ha de
se r, de nuevo, otra cosa que la tota lidad objetiva. Am-
ba s cosas aparecen en la lógica subjetiva: la idea es
allí, reiteradamente, sujeto-obj eto: c. .. únicamente la
idea ab soluta es ser, vida imper ecedera, verdad que
se sabe a sí mi sma y toda la verdad.. 41; o bien: cPero
la idea no sólo t iene el senti do, más gene ral, de ver-
dadero ser, de unidad del concepto y la realidad, sino
el más determínadc de concepto subjetivo y de obje-
t ividad.. 42. En cambio, en ese mismo tercer libro la
di stingue Hegel, por otra parte, de la totalidad objeri-
va : cLa idea se nos ha rncstradc como el concepto li-
berado una vez más de la inmediatez en la que se halla
sumido el objeto, liberado para su subjetividad; con-
cepto que se diferencia de su objetividad, la cual, sin
embargo, es tá igualmente determinada por él, y sólo
t iene su substancialidad en aq uel concepto .. . Mas es
preciso comprender es to más puntualizadamente. El
concept o, al a lcanzar verdadera mente su realidad, es
aquel juicio ab soluto cuyo sujeto, por ser la unidad
negativa que se refiere a sí misma, se distingue de su
objetividad y es el ser en y para sí de ésta, pero que
esencialmente se refiere a ella a través de sí mismo» 43;
"Hegel, WW 5, pá¡ . 328 [ed. crí t., pág. 484; v. cast., pág. 559].
vL á., pá¡j". 240 red. crít., pág. 410; v. ca st., pág. 475].
"Id., pá¡:s. ledo crtt., pág. 411; v. cast., ¡bid. ]. ,
166
y en forma correlativa: "La determineidad de la idea y
el decurso completo de aquélla han const ituido el ob]e-
to de la ciencia lógica, decurso de l cua l ha surgido in-
cluso la idea absoluta para si; pero ésta se ha mos-
trado, por sí, del siguiente modo: que la de termineidad
no es figura de un contenido, sino forma sin más, y que
la idea. en consecuenci a. es la idea universal sin más.. 44.
Final mente, utiliza ambas cosas en el mi smo contexto
a rgumenta tivo: «En efecto: la idea, al ponerse como
unidad absoluta del concepto puro y de su realidad
(con lo que se recoge en la inmediatez del se r ), se en-
cuentra en cuanto totalidad en esta forma, la natura-
leza. Pero esta det erminación no es un ser devenido
y un tránsit o. lo mismo que, según lo a rriba dicho, el
concepto subj etivo, en su totalidad, se convierte en
objetividad y asimismo la finali dad subje tiva se con-
vierte en vida: la idea pura, en la qu e la determineidad
o rea lidad del concepto se eleva incluso a con cepto, es
más bien libe ración ab soluta, para la cua l ya no hay
ninguna determinación inmediata que no esté igual-
mente puesta y sea concepto; y de ahí qu e en es ta li-
bertad no t enga lugar ningún tránsito, y que el simple
ser (al que se determina la idea) siga siendo perfecta-
mente transparente y sea en su determi nación el con-
cepto que sigue estando cabe sí mismo. Asf. pues , el
tránsit o ha de entenderse más bien de ta l modo que la
idea se ponga en libertad a sí misma, absolutamente
segura de sí y descansando en si-". Lo mismo que la
exist enci a corrompida se exime en Hegel de lo real
que ha de existir raciona lmente, la idea, pese a todo,
pe rmanece inevitabl ement e ta n de la realidad
" WW 5, pág. 329 red. cr Jt., pág. 485; v. cnst., pá¡¡;. 561].
" Id., págs. 352-3 ledocrí t ., pág. 505; v. cast., pág. 583] .
* Separada, ais lada. (N. det T.)
167
como ést a es ta mbién existenci a corrompida; y tales
incond icio nidades se encuentran, cabalmente , esparci-
das por los text os principale s de Hegel. La t are a con-
siste, pues, en la disyunción de lo especifico y lo más
uni ve rsal (lo que no acontece hic et nunc), pues a mbos
se ensamblan en las figuras del lenguaje favoritas de
Hegel . El querfa rechaza r el peligro de huida a lo ge-
neral al contesta r. en un té. a una estética dama qu e
le pregunt ó qué debería pensarse de tal o cua l cosa:
eso mi smo . Pero la pregunta no era ta n insen sata como
parece por la forma de despacharla : la Megera podrfa
haber observado que la concie nci a vacía (o sea. el he-
cho de funcionar en cada caso un párrafo dent ro de un
nexo lógico ) usurpa el puest o del funcionario mismo .
del cual exclus ivamente de pende el que. en genera l, se
llegue a establecer tal nexo; mas lo que habría de pen-
sarse de ello ofrece una pretensión fal sa. dado que
anuncia una mera incomprensión y espera la salva-
ción de explicaciones ilust rativas. que yerran (en cuan-
to ilust rat ivas); en cambio. quiere deci r. con toda razón.
que ha de efec tuarse todo análisis singul ar. y que es
pre ciso conseguir la lect ura de estados de cosas aclara-
dos. en los que se haya acertado y que se estén transfor-
mando ( no me ras cons tantes orientadoras). Asf. el fallo
más fr ecuente de las Int erpre taciones de Hegel es qu e
el análisis no se lleva a cabo acompañando al conte-
nido. sino que ún icamente se parafrasea el t exto; luego
semej ante exégesis ma ntíene principal ment e con la
cuestión una re lación igual a la que, según la agudeza
de Sche ler. existe entre el poste indicador de ruta y la
ruta recorrida. Hegel mi smo no llevó a término mu o
chas veces la efectuación. sino que la sustit uyó po r
perifrásti cas declaraci ones de su propósito; en la Fil o-
sofía del Der echo, por ejemplo, pretende hacerse la
deducción especulativa de la mo na rquía, pero no se
[68
la reali za. por 10 cual su resultado queda inerme fre nte
cualquier objeción : «Este último yo mi smo de la vo-
luntad esta tal es, en esta su abstracción. una s ingula-
ridad simple y, por ello. inmedia ta; con lo cual, en su
mi smo concep to se halla la detcrminación de la natu-
ra lidad ; de ahí que el mona rca quede destinado csen-
cia lme nte a la dignidad de mona rca e n cua nto es te in-
dividuo (abstrayendo de todos los demás conte nidos},
y es te individuo de un modo inmed iatamen te natural,
en vir tud del nacimiento natural. Este t ránsito del con-
cepto de la pura autodeterminación a la inmediatez
del ser y. po r ello. a la na turalidad. es de naturaleza
purament e especulativa. y su conocímíento correspon-
de, por lo tanto. a la filosofía lógica . Por lo demás, es
en conjunto el mismo t rá nsit o--en cuanto se conoce la
naturaleza del querer, en general, y el proceso---de t ra s-
ladar un con tenido de la subjetividad (como finalidad
representada) a la existencia (v. § 8). Pero la for ma
pecu liar de la idea y del trá nsito de que aquí nos ocu-
pamos cons iste en el cambio súbit o e inmediato de la
pura autodeter mi nación del querer (del simple concep-
to mi smo) en un ..este. y ser existente na t ural. sin que
haya medi ación de un conte nido particular-(una fina-
lidad de la acción)-... Adi ción *. Si bien se sost iene
a menudo cont ra los monarcas que gracias a ellos de-
pende de la casualidad cómo le vaya al Estado. pues
el monarca podría estar mal for mado. de sue r te que
acaso no fuese idóneo para asenta rse en su cús pide. y
qu e es absurdo que haya de exi st ir seme jante sit uación
má s que otras más ra zonables, aquí es preci samen te
nula y sin valor la prcsuposición de que dependa de
• Como ya hemos indicado. en las «adlcíones- refundieron
los discípulos apunt es diversos dc clase, en oca siones proceden-
tes de épocas separadas entre sí por decenios. (N. del r .)
169
,
,
la pccuJaridad de l carácter. Pues en una organizaci ón
acabada, se trata sólo de la cúspide de un deci dir for-
mal, y sólo se necesit a como monarca una per sona que
diga ..sí- y ponga el punto sobre la i, ya qu e la cús pide
ha de ser tal que lo impor tante no sea la peculi aridad
del car ácter: y lo que le queda al monarca en esta úl-
tima deci sió n es cosa que recae en la part icu laridad de
la que no cabe que dependa . Ciertamente, puede haber
sit uaciones en las que sólo entre en j uego t al particu-
lari dad. pero entonces el Estado no estará completa-
men te formado. o no bien construido: en una mona r-
q uía bien ordena da. únicamente a la ley le corresponde
el lado objet ivo, al cual el monarca s610 ha de agre-
gar el subjet ivo "yo qu iero" "'. Ahora bien: o este ", yo
quiero» arrastrará cons igo, empero, toda la mala casua-
lidad que Hegel impugna, o el monarca es realmente
una per sona que dice amén, y super flua. Sin embargo,
es tas debili dades encier ran muchas veces las indicacio-
nes deci sivas para compre nderl as; y la fidelidad inma-
nente a la intenci ón exige. en casos mej ores que el
torpemente ideológico de la Fi l osofía del Derecho, que
para entender el texto lo completemos o lo rebasemos.
Por ello no sirve de nada meditar profundamente sobre
formulaciones aisladas crípticas ni entrar en contro-
versias, frecuent emente indiri mibl es, sobre lo que haya
qu erido decir: es preferible dej ar al descubier to la in-
tención; y a par tir de su conocimiento hay que recon s-
trul r los hechos (que Hegel ti ene casi siempre pr esen-
tes, incl uso cuando su propi a for mulación r ebot a so-
br e ellos). Pues más importante que 10 que quisi era él
decir es aquell o sobre 10 que habla: a par tir del pro-
grama hay que r ecstablecer el estado de cos as y el
problema, y luego hay que meditarlo a fondo indcpcn-
.. W\V 7, § 280, con la Adición, pá gs. 387 ss . [ed. crrt., pág. 247l.
170
díentemente. La preeminencia de la obj etividad con
respecto al conj unt o querido de pensami entos, la de
las cir cun st ancias det erminadas que hayan de t enerse
en cuenta , const ituye en la filosofía hegeliana incluso
una inst ancia (r ente a ésta; y cua ndo en el interior de
un párrafo se dibuj e su problema como a lgo delimit ado
y sue lt o (puede sospecharse que el secreto del método
fi losófico es que comprender un problema y haberl o
resuello es propiamente una sola cosa ), quedará asi-
mi smo acl ar ada la intención de Hegel, ya sea que 10
pensado crtpttcamente por él se desvele de por sí, ya
que sus cons ider aciones se articulen mer ced a 10 que
ell as mi smas descuidaran.
La tar ea de sumer girse ponnenorizadamente exige
que se medite sobre la estructura del interior de los
text os hegelianos. Tal estructura no es el usual de sarro-
llo progresivo en línea r ecta de los pensamientos, como
tampoco una sucesión de análisis yux tapuestos en fonna
di screta y sufici entes en sí; e incluso la comparación
con un tej ido-que en ocasiones provoca-es inexacta.
ya que sustrae el momento dinámico (sin embargo, es
ca racterí s tica su fusión con el es tá tico). Los sobrecar-
gados capítulos hegelianos se niegan a hacer dist inción
ent re el anális is de conceptos o «acla raci ón» y la sín-
tesis como avance a al go nuevo, q ue no esté contenido
en el concepto mismo; lo cual perturba la orientación
acerca de dónde se haya detenido uno. «Ya al empe-
zar se interrumpió. luchó un poco, comenz ó de nuevo,
se detuvo otra vez, siguió hablando y pensando; al pa-
recer, la palabra justa se le habfa ido definitivamente,
hast a que, por fin, dio con ella: parecí a normal y era,
sin embar go, inimitablemente apropiada, insólita y,
pese a ello, la única cer ter a. Siempr e parecía que ha-
bfa de seguir 10 más auténtico, y, no obs tante, habfa
pasado complet amente inadvertido nada más haberlo
171
pronunciado. Cuando se capta ba un cl aro significado
de una fras e esperaba uno ansiosamente continuar
avanza ndo; pero en vano: el pensamiento, en lugar de
moverse hacia adelante, giraba incesant emente , con pa-
labras análogas, en tor no al mi smo punto. Pero si la
atención, desfallecida, se desviaba, esparciéndose un
poco, y vol vía repentinamente a la conferencia, sobresal-
tada, al cabo de algunos minutos, se encontraba como
testi go, ar rancada de t odo contexto: pues suave y cir-
cunspec tame nte, avanzando a través de eslabone s inter-
medios apare nteme nte insignific antes, cualquier colma-
do pensamiento se había ci rcuns cri to a un aspecto uni-
lateral, se había escindido en di stinciones y enredado
en contr adicciones, cuya vic tori osa solución era lo úni-
co con fuerza suficiente pa ra obligar a 10 má s reacio
a re unirse, por fin, de nuevo. Y de este modo, reasu-
miendo cuidadosame nte una y otra vez lo primero, para
desarrollar a par ti r de ello, profundamente transforma-
do , lo último (más desavenido y, sin embargo, siempre
más abundantement e reconciliado), se entrelazaba, se
agolpaba y ser penteaba incesantemente hacia adelante
el más asombroso torrente de pensamientos, t an pron-
to desmembrando como resumiendo ampliamente, a
vece s vacilando o ar ra st ra ndo a empellones »47; y, to-
mándose algunas libertades, podría sos tenerse que, t an-
to en el sistema hegeliano mismo como en aquella con-
ferencia, los juicios analíticos y los sint éticos no se
mantienen separados tan estrict amente como según el
ab ecedario de Kant. Así, pues, t ambién en este caso
compone Hegel una reposición-mediada por la subje-
t ividad-del ra cionalismo prekantíano, en especial del
Ieibniziano, cosa que modela la exposición: ésta posee
t endencialmente la forma de un juicio analítico, por
"Vorstudien für Leben und Kunst, ed. cit ., págs. 386-7.
172
po co aficionado qu e fuese Hegel a esta f orma lógica
precisamente y a la identidad abstrac t a del concepto;
pero el movimiento mental, la entrada de lo nuevo,
añade-nada kantianamente-algo al concepto del su-
jeto gramatical: lo nuevo es 10 antiguo, y merced a la
exp licación de los conceptos (o sea, gracias a lo que,
según la lógica y la t eoría del conocimiento tradicio-
nales, efectúan los juicios analíticos) se hace evidente
en el concept o mismo, sin afectar a su extens ión, lo
ot ro y no idéntico a él como implicado por su sent ido.
Hegel da vueltas y vuelt as al concept o hasta que pro-
porcione lo que es má s qu e él (se malogra en cuanto se
empeña en sí mi smo, mi entras que, en cambio, sólo
la catás t rofe de tal empeñarse ocasiona el movimiento
que en sí le vuelve otro); en cuant o al modelo de es ta
estructura men tal, está con stituido por la ma nera de
manejar la proposición idént ica, A ::::: A, que ya se bos-
queja en el trabajo sobre La diferencia. . ., y que luego
se lleva a té rmino enérgicame nte en la Lógica. (La no
identidad de sus miembros forma par te del senti do de
un juicio idéntico puro, ya que en un juicio singular
s ó l ~ puede espe cificarse, en general, la igualdad de lo
desigual-a no ser qu e se haya de desatender la pre-
t ensión inmanente de la forma judica ti va, esto es , que
haya algo que sea es to o aquello-.) Numerosas re fle-
xiones hegelianas están organizadas análogame nte, y es
preciso haberse uno puest o en claro antes acerca de su
modo para no sumirse una y otra vez en la conf us ión;
pues, de acuerdo con su mí croest ructura y su forma
literaria, el pensamiento de Hegel era ya lo que Benja-
min ha llamado una di aléctica en estado estaci onario,
comparable a lo que percibe el ojo en las gotas de
agua que empiezan a pulular bajo el microscopio (sólo
que no está delimitado con firmeza objetiva aquello so-
bre 10 qu e cae esa testaruda y exorcizadora mira da ,
173

sino al go así como deshilachado por los márgenes). Uno
de los pasajes más famosos del prólogo de la Fenome-
nología dela ta a lgo de tal es tructura del interior : tila
aparición fenomén ica es el nacer y perecer, que. a su
vez, no nace y perece, sino que es en sí. y que co ns ti-
tuye la realidad y el movimiento de la vida de la ver-
dad. Lo verdadero. pues , es el delirio báquico, con el
que ningún miembro deja de embriagarse; y puesto que
cada uno de ellos, "a l apartarse , se descompone igual
de inmedi atament e. es igualmente la quiet ud tra nspa-
rente y simple. Cierta mente. en el tribunal de aquel
movimiento no salen airosas las formas singula res del
espíritu, como ta mpoco los pensamientos det ermina-
dos, pero son moment os tan positivos y necesarios
como negativos y pasaj eros. En el todo del movimiento
aprehendido como quietud, lo que se dist ingue en é l
y da lugar a un ser exis te nte pa rticular se conse rva
como lo que recuerda y cuyo ser es el saber de sí mis-
mo, lo mismo que és te es, igua l de inmed iat amente, el
ser en la exist encia.. 41. Es indudab le que en es te y en
otros lugares análogos de la Lógica ~ queda exceptuado
de la totalidad el es tado estacionario. lo mismo que en
la sentencia goe thiana sobre todo apremio como quie-
tud eterna; pero, de igual modo que sucede con cua l-
quier aspecto del todo, también éste es a la vez en He-
gel aspecto de todo individuo singular, y acaso su
ubicuidad le impidió dar cuenta de él-estaba dema-
siado cerca para ello. y se le ocultó como una pa rte
de la inmediatez írreñextonada . .
Tal es t ructura del interi or posee. sin embargo, una
consecuenci a de gran alcance incl uso pa ra la conexión
.. Hegel, WW 2, págs. 44-5 red. crt t., pág. 39; v. cas t ., pág. 32J.
.. Compárese WW 4, págs. 66s.6 Cedo crtt., t. 11, págs. 159-60;
v, cu., t . 11, pág. 191], con WW S, pág. 212 [ed. crü., pág. 386;
v, cast., págs. 447-8J.
174
tot al : fuerza retroactiva, La difundida idea de la di -
námica del pensar hegeli ano (la de que el movi mi ento
de l concepto no seri a nada más que el progreso de uno
a otro en vir tud de la mediación interna del uno) es,
por lo me nos. unilat eral ; pue s en cuanto que la refle-
xión de cada concepto, unida, por lo regular, a la re-
fl exión de la reflexión, hace saltar el concepto demos -
trando su discrepancia. el movimiento de éste afecta
ta mbién al estadio del que se desprende; con lo que el
progresivo avance es crítica permanente de lo prece-
dente. y semejante movi miento se completa con e l rno-
vimi ento que progresa sinté ticamente. Así, pues, en la
di al éctica de la identidad no sólo llega como forma su-
prema a la identidad de lo no idént ico, al A = B o jui-
cio sinté tico, sino que se reconoce la sustancia propia
de és te como mo mento necesario ya en el juici o analí-
ti co, A = A; y, a la inversa, en la equiparación de lo no
idén tico se conserva la simple identidad formal del
A = A. Como corresponde a ello, la exposición da en
varias ocasiones un salto a trás: lo que de acuerdo con
el simple esquema de la triplicidad seria lo nuevo. se
desemboza como el concepto de partida, iluminado por
otra parte y modificado, de l movimiento singular dia-
léctico de que en cada caso se hable. Documentémoslo,
como algo querido por el mismo Hegel, con la «auto-
det erminación. de la esencia hacia el fundamentos, del
libro segundo de la Lógica: «Dado que a partir de la
determinación, en cuanto lo primero e inmediato, se
avanza hacia el fundamento (por la naturaleza misma
de la determinaci ón, que sucumbe por sí, yéndose al
fondo o fundamento). és te es , por lo pronto, algo de-
t erminado merced a aquello primero. Sólo que este
determinar, por una parte. es. en cuanto dejar en sus-
penso el determinar , la identidad de la esencia- úni-
camente que restaurada, purificada o re velad a-e, la
175
cual es en si la determinación de la reflexión; por otra
parte. en cuant o deter minació n, este movimiento ne-
gador es ante lodo el poner de aquella deter míneidad
de la reflexión que parece ser inmediata , pero que so-
lamente está puest a por la re flexión del fu ndamento
(reflexión que se excluye a si mi sma) y, en con secuen-
cia, como algo pu esto, o dejado en suspenso. Por lo tan-
to, la esencia, al de te rminarse como fundamento, sólo
procede a parti r de sí...• 50. En la lógica subjetiva, por
otra parte, Hegel define (de manera genera l y un poco
formali sta ) el «tercer mi embro. del esquema de tres
compases como el primero, modificado, del movimien-
to singular dia léctic o de que se est é tratando: cEn este
punto de inflexión del método r etrocede sobre sí mis-
mo, a la vez, el curso de l conocer, Esta negatividad es ,
en cuanto contradicción que se deja en suspenso a si
misma, el restableci miento de la primera inmediatez,
de la simple universalidad: pues es inmedi ato lo otro
que lo ot ro , lo negativo de lo negativo, lo positivo, idén-
tico y universal . En el curso completo, esta segunda
inmedi atez es-si es que, en último término, quere-
mos conta r- lo tercero para con lo primario inmediato
y lo mediado; pero tambi én es lo t ercero con respecto
a lo negati vo primario o formal, y con respec to a la
nega tividad absoluta (o lo negativo segundo); mas pu es-
to que aquello primeramente negativo es ya un segun-
do término, lo conta do como terc ero puede contarse
también como cuarto, y podrí amos adop tar, en lu gar
de la fo r ma abs tracta de la triplicidad, una cuadrupli-
ci cl ad: de es t a manera , lo negati vo o difere ncia se cuen-
t a como una dua lida d. - . .. Viéndolo más de cerca: lo
t ercero es lo inmedi ato, pero de jando en sus penso la
'" WW 4, pág. 552 [ed. erít ., t . 11, págs. 63-4; v. ces t., t . n,
pá g. 80].
176
mediaci ón, lo simp le cuando se dej a en sus pens o la di -
ferencia , lo po sitivo si se deja en sus pens o lo negativo,
y el concepto, que se realiza a través del ser otro y al
dej ar en suspenso esta realidad.. . reest abl ece su sim-
ple referencia a sí. De ahi que este resultado sea la
verdad.. . [pero] no es posibl e comprender ... que lo
tercero sea inmediatez y mediación , o la unidad de
ambos. ya que no es un tercer elemento en reposo, sino
j usta mente tal unidad, que se es un movimiento y una
ac tividad medi adores consigo mi smos. - ... Ahora bi en :
es te resultado, en cuanto el todo que ha pa sado a si
e idéntico consigo, se de vuelve a sí mismo la forma
de la inmediatez; con Jo cual él mismo es ahora tal
y como lo hubiera determinado lo que comienza. ... SI.
La música de tipo beet hoven íano. de acuerdo con cuyo
ideal la reposici ón (esto es, el retomo evocador de com-
plejos previamente expuestos) quiere ser resultado de
la ejecución y, por tanto, de la dialéct ica , nos present a
un análogo al respecto, qu e excede de la mera ana logfa ;
pues también la músi ca ricamente organizada ti ene que
o írse multidi mensionalmente, a la vez haci a adelante
y hacia atrás. Tal es lo que requiere su principio de
organiza ción temporal : el tiempo se ha de es t ructura r
merced a la di stinción ent re lo conoc ido y lo no co-
noc ido, entre lo ya pasado y lo nuevo; y el mismo avan-
zar t iene como condición una conciencia que retroceda;
pues para ente rarse de una fr ase completa es preciso
tener a la vista en todo instante, retrospectivamente.
lo que le haya precedido: los pasajes singulares han
de entenderse como consecuenci as suyas, hay que dar-
se cuenta de l sentido de las r epetici ones di screpantes
y es menest er que lo que se vuel va a manifest ar sea
percibido no meramente como correspondencia arqui-
" WW S, págs. 343 ss . le docr ít ., págs. 497·9; v, ces t., pálls. 574-6] .
177
ra
tect ónica, sino como algo llegado a ser en virtud de un
imperativo. Acaso ayude a comprender tanto esta ana-
logia como lo más profu ndo de Hegel el que la ap rehen-
sión de la totalidad como la identidad mediada en sí
po r la no identidad transfiera a lo filosófico una ley for-
mal artística; transferencia que, a su vez, está filosó-
ficamente moti vada. Pues el idealismo absoluto estaba
tan poco dispuesta a tolerar nada ajeno y ext er ior a su
propia ley como la teleologí a dinámica del arte con-
temporáneo, especialmente de la música clásica; y si
bien el Hegel de la madurez proscribió la intuición in-
telec tual schelli nguiana como una ilusión al mismo
ti empo aconceptual y mecánica, la for ma de la filoso-
ña hegeliana se encuentra, en cambio, incomparabl e-
mente más próxima a las obras de arte que la de
Schelli ng, el cual quen a cons t ruir el mundo siguien-
do el modelo de la obra a r tís tica. El arte, en cuanto
que se destaca de la empir ie, requiere constitutivamente
algo ind isoluble, no idé nti co: sólo es arte con lo que,
a su vez, no lo sea; y esto se tran smite al duali smo de
la filosofia de Schelli ng (que éste no liquidó nu nca ),
cuyo concepto de verdad es tá tomado del arte; pero si
és te no es una idea sepa rada de la filosofía, que la guíe
a modo de modelo, si la filosofía como tal quiere lle-
var a cabo lo que en el arte, en cua nto apariencia, no
puede hacerse , la t otalidad filosófica será, j us tamente
por ello, estética, escenario de la apariencia de la iden-
tidad absoluta (escenario que en el arte es inocuo mten-
t ras és te se ponga como apariencia y no como razón
realizada).
Lo mi smo que en las obras de arte reina una t ensión
entre la expresión y la const rucción, así sucede en He-
gel entre el elemento expresivo y el argumentati vo (cosa
de la que, desde luego, sabe más ad ecuada me nte t oda
filosofía que no se contente con una imitación sin re-
178
flexionar del ideal de la ciencia), En Hegel , el elemento
expresivo representa la experiencia: lo que propiamen-
te querría salir a luz, pero que no puede hacerlo-en
cua nto lo exi ja la necesidad-de otro modo que a tra-
vés de un medio conceptual, que primariamente es lo
opuesto a ella. Imperativo de expresión que en modo
alguno lo es (y menos que con nadie, con Hegel) de
visión subjeti va del mundo, sino que él mi smo es tá de-
t ermi nado objetivamente (y esto es aplicable, en toda
fil osofía explíci ta, a la verdad que se manifiesta hi st ó-
ricamente), En la vida ult erior de las obras filosóficas
- el despliegue de su sus ta ncía-c-, lo que expresan se
libera gradualmente de lo que hubieren meramente
pens ado ; pero en la filosofía da señales de vida pri me-
ro que todo, como si fuese su momento subjetivo, [u s-
t amente la objetividad del conte nido cxperíencíal, qu e,
en cuanto hi st oriografía inconsciente, de l es píri tu, ob -
serva cui dadosament e lo que subjetivamente se quisie-
ra decir: y por ello se fortalece precisamente con
aquella act ividad mental que acaba por exti nguirse en
e l contenido experiencial patente. (Las llamadas expe-
riencias filosóficas fundamentales o incluso originarias,
que querrían explicarse inmediatamente como tales sin
desp renderse de sí con vis ta s a la meditación, no pasan
de impotentes inervaciones: la experi encia subjetiva es
sólo la cáscara de la filosófica , que se oculta bajo ell a
y luego la t ira.) Tod a la filosofí a de Hegel es un único
esfuerzo por traducir la experi encia espir it ua l en con-
ceptos; y el incremento de los aparatos mentales, que
t an gustosamente .se le cens ura como mecanismo coac-
t ivo, corresponde proporci on almente al ímpetu de la
exper iencia a la que hay que imponer se. Es posible que
ha st a en la Penornenoíogía creyese Hegel que cabía
descri birla senci llamente; pero la experiencia espi r itual
no pue de expresarse de ningún ot ro mo do que re fleján
179
dose en su mediación: se la piensa act ivamente. En
cuanto a la indiferencia entre es ta experienci a expre-
sada y el medio de los pensamientos, es cosa que no
cabe alcanzar; y lo que de falsedad hay en la filosofía
hegeliana se manifiesta justame nte en que imagina rea-
lizable tal indiferencia merced a un esfuerzo conceptual
sufici ente; de ahí las innumerables gr ietas entre lo ex-
perimentado y el concepto. Hay que leer a Hegel a re-
dropelo también porque lleva a su núcleo experiencia!
toda operación lógica, por formalment e que se presen-
te; y lo que en el lector equivale a tal experiencia es
la imagi nación: en caso de que qui era me ramente con s-
t at ar lo que deba lee rse en un pasaje, o incluso da r
caza a la quimera de descubrir lo que el autor haya
querido deci r, se le volatilizará la sustancia por cuya
cert idumbre filosófica da de m ~ n o todo: nadie puede
sacar de la lectura de Hegel más de lo que él pusiera.
El proceso de la comprensión es la aut ocor rección pro-
gresiva de tal proyección merced a compararl a con lo
que se encuentre escrito; y la cuestión mi sma contiene,
como ley formal, la expectativa de una fantasía pro-
ductiva en el lector , que ti ene que inve nt ar, a partir
de la experiencia propia, lo que haya podido quedar
registrado en punt o a ésta (la comprensión ti ene que
enganchar se justamente en las gr ietas ent re la expe-
ri encia y el concepto). Cuando los conc eptos se autono-
mizan en conjunto de apara tos-y sólo una locura en-
tusiástica podrí a absolver a Hegel de que de vez en
cuando desdeñe su propio canon- hay que restituir-
los a la experiencia espiritual qu e los mo tivara, y ha-
ce rl os tan vivos como ellos quisieran e inevitable mente
no pued en serlo. Por otra parte, en Hegel, la primada
de esta experiencia afe cta incluso a la forma concep-
tual: él, al que se acusa de panlogismo, se an t icipó a
una t endencia qu e sólo cien años después, en la feno-
180
menología de Husserl y de su escuela, se presentó en
una declaración metódica. El proceder de su pensa-
mi ento es paradójico: es cierto que se mantiene extre-
mosamente dentro del medio del concept o (dicho de
acuerdo con la jerarquía ~ e la lógica cxtcnsíonal: en
el nivel de abstracción má s alto), pero en sentido pro-
pio no argument a, como si quisiese economizar así los
avías objetivos del pensamiento con respecto a aquell a
experi enci a, que, por lo demás, es espiritual e incluso
pensamiento. El programa del puro conte mplar , de la
introducción a la Fenomenol ogía, posee en las obras
principales mayor peso de 10 que le cree capaz la con-
ciencia filosófica ingenua: puesto que, según su con-
cepción, t odos los fenómeno s están en sí espiritual-
mente mediados (y, en el sentido de la Lógica, entre
sus categorí as se encuentran también los fenóme nos,
eso que se nos aparece dado y en tal medida mediado,
como destella ya en un lugar de la deducci ón kantia-
na 52), no es menes ter el pensar para apre henderl os ,
sino aq uel compo r tamiento para el cual la fenomeno-
» , ... Sólo son re glas para un entendimi ento toda cuya ca-
pacidad cons ista en pensar, esto es, en el manejo, la sí ntesis
de lo múltiple que le está dado ul terior mente en la intuición ,
para llevarlo a la unidad de la eporcepcton: el cual, así , pues, no
conoce absolutamente nada por si, sino que únicamente enlaza
u ordena la materi a para el conoci miento . la in tuición, que le
tiene que es tar dada merced a los objetos. Pero tan imposible
es señalar un fundamento ult er ior de ta peculiari dad de nues-
tro entendimiento de que solamente efect úe a prio ri la unidad
de la apercepcíón por me diación de las categorías, y precisa-
mente merced a tal tipo y número de ell as, como de por qué
poseemos j ustamente es tas funciones par a juzgar, y ninguna
ot r a, o de por qué el tiempo y el esp acio son las úni cas formas
de nuestra posible intuición» (Kant ; Kri tik der reinen v emuntt ,
ed. cit ., págs. 158b-9 b [corresponden a B 145-6: v. cas t o(trad. de
Morcnt e), t. 1, págs. 261-2, y (trad. de Peroj o-Revira Arrnengol)
t . 1, pág. 261].
181
,
logta de un siglo después encont ró el t ér mino de r ecep-
tividad es pontánea; y al sujet o pensante habrá que exi-
mi rlo del pensa r. ya que se encuentra a sí mi smo de
nuevo en el objeto pensado (sólo habrí a qu e saca rlo
de dent ro de és te, y tendrí a que identificarse allf}, I n-
dependientemente de cómo resi sta a la crítica tal intui-
ción, su propio proceder se ri ge por ella ; por lo cual
ún icamente cabe entenderlo cuando no se leen los aná-
lisis singulares como a rgume ntaciones, sino como des-
cri pciones de «Imphcacíones de sent ido " (sólo que no
considera éstas, lo mi smo que la escuela husserliana,
como significados fijos y unidades ideales. invariantes,
sino como dotadas en sí de movimiento). Hegel de scon-
fía profundamente de las argumentaciones, y con ra-
zón; pues aquel dia léc t ico supo primariamente lo que
posteri or men te volvió a descubrir Simrnel : que lo que
se queda en argumentat ivo se expone siempre, por ello,
a la re fu tación ; y de ahí que a Hegel le defraudara ne-
cesariamente la búsqueda de la argume ntación. I ncluso
la pregunta por el por qu é, que el lect or a cuer po lim-
pi o se siente frecuentement e obligado a diri gi r a las
transiciones e inferencias hegeli anas cuando se le figu-
ran abier ta s otras posibilidades que las ventiladas por
él. es inadecuada: la intención global esboza las cons-
tantes orientadoras, pero lo qu e se dic e del fenómeno
se saca de él (o. al menos, así debería ser ); y hay cate-
ga rfas. como la de nexo fundamentante, que no han de
suponerse, sino que cae n dentro de la mi sma di al écti ca
hegeliana de la esenci a. Si la tarea ante la que Hegel
se encuentra no es la de unas marchas forzadas inte-
lect ual es. casi hab ría que llamarl a op uesta a és ta: el
ideal es un pensar no argumentativo. Su filosofía, que,
por ser una de la identi dad suprc mament e distendida,
pide la máxima t ensión del pensamiento. es di al éctica
hasta el punto de moverse en el medio del pe."sami en-
182
to relajado ; y su consumaci ón de pende de que se con-
siga el re lajamiento (en esto se diferencia notablemen-
t e de Kant y de Fichte, como. po r lo demás, también
del intuici onismo, al que a tacó en Schelli ng). Como
tod as las dicotomías está ticas, t ambi én quebra ntó la de
tesis y argumentación; pero no sucede en él que. como
ocurre muchas veces en filosofía, la argume nt ación sea
algo subs idiari o y que cupiese eludir en cuanto se haya
infiltrado la tesis: éstas (de la s que Hegel se bu r ló Ha-
llándol as «sentencí as ») son tan escasas como las argu-
ment aciones; y una cosa es siempre vi rtua lmente la
ot ra: la argumentación. un predicar lo qu e sea una
cosa. y, por lo tanto. tesis; y ésta. una slntesis [udíca-
fiva, o sea, una argumenta ción .
El relajame intc de la concienci a como modo de
compor ta mient o no quiere decir que se rec hacen las
asociaciones, sino abrir el entendimiento a ellas : Hegel
sólo puede leer se asociativamente. Hay que inten tar ad-
mi tir. en efec to. todas las posibilidades de lo mentado,
todas las referencias a otras cosa s que le salt en a uno
a la vista; pues el efecto y funci ón de la fant asía pro-
ductiva no reside en últi mo tér mi no en ello (por lo
menos una parte de la energía sin la que es tan impo-
sible leer como sin relajamient o se emplea rá en sac u-
dir aquella automat izada di sciplina que exige la pura
concent ración en el objeto y que. po r ello. fácilment e
lo marra ). Por lo demás. el pensamiento as ocia tivo tie-
ne en Hegel el [undameruum in re: su concepción de
la verdad como una verd ad que se va haci endo, así
como la absor ción de la emplrie en la vida del concep-
to, pasan por enci ma del divorci o de los sect ores filo-
sóficos de lo sistemá tico y lo hist óri co, pe se a las de-
claraci one s en contrar io de la Filosof ia del Derecho.
Y, como se sabe , el subst rato de su filosofía. el espírí-
tu , no ha de ser un pensamiento subj et ivo y apartado,
183
sino real. con lo que su movimi ento ha de ser la his-
toria real; no obstante lo cual. ni siquiera los últi mos
capítulos de la Fenomenol ogía estrujan brutalmente
una contra la otra, con un ritmo incomparab le, la cie n-
ci a de la experie ncia de la conducta y la de la historia
huma na: ambas esferas osc ilan al entrar en conta cto.
En la Lógica, en cambio, conforme a su temát ica e, in-
dudabl emente, bajo la presi ón de la consolida ción del
último Hegel, la . historia externa queda ab sorbida por
la histori cidad interna de la doctrina de las ca tegorías ;
pero és ta- por lo menos-apenas olvida j amás la hi sto-
ria espirit ua l en sent ido est ricto: cuan do la Lógica se
separa de otras post uras sobre la mi sma cuest ión, remi-
te, sin excepciones , a las tes is de la t radición histórico-
f ilosóf ica (en general, es aconsejable, en los pá rrafos
oscu ros, extrapolar ta les remisiones) . Conviene hacer
refere ncia a textos hegeli anos primerizos, como el tra-
bajo sobre Lo. diferencia. .. o la lógica de J ena; pues
ellos formul an progra má ticamente lo que la Lógica
quer ría rescata r, y se permi ten todavía las indicacio-
nes hi st óri co-filos óficas que más tarde se silenci an en
beneficio del ideal del movimi ento de l concepto. I ndu-
dablemente, también sobre es ta etapa hegeli ana cae
una sombra de ambigüedad, pues, lo mi smo que las
conside raciones sistemá tica s reciben el impulso de las
históricas, és tas se encuentran guiadas por aquéllas:
rara vez acaban en el filosofema al que aludan, y se
orient an más por el interés objetivo que por la llamada
confrontación con unos libro s. Ya en el escr ito sobre
Lo. diferencia. .. , por eje mplo, se duda en ocasiones so-
bre qué va dir igido contra Reinhold, qué contra Fichte
y qué lo esta ba ya cont ra Schelling, CU)'O punto de vis-
ta era lo que oficia lmente defendí a, aunque en su fuero
interno lo tuviese superado; pregunt as qu e serí an reso-
lubl es por la filología hegeli ana, si es que la hubiera;
184
y mi entras tanto, la interpretación históri co-filosófica
habrá de esforzarse por lograr la mi sma liberali dad
qu e la sistemát ica.
Por lo demás , las asociaci ones hi st óricas no son las
únicas que se le adhiere n a Hegel. Men cionemos, al
menos, otra dimensión: la de que su dinámica es a su
vez, una vez más, la existente ent re los elementos di-
námicos y los fijos (cosa que la divor cia ir rcconcilia-
blerncnte de ese fluir de filosofía de la vida en el que,
po rej emplo, se macero el método diltheyano). Habría
que seguir en detalle las consecuencias que ello tiene
sob re la estr uctura. En med io del semoviente concep to
se sos tie ne una invari ancia mucho mayor de la espe ra-
da por quien se imagine el concepto mi smo de di aléc-
tica demasiado adi aléct icamente: la concepc ión de la
identidad en el todo, la del sujeto-objeto, requiere una
teor la categori al tanto como se la niega en detalle; y
pese a toda la ri queza de lo que Marx, con una met á-
fora mu sical, llamó grotes ca melodí a de las rosas 53, el
número de los mo tivos hegelianos es finit o. Una ta rea
urgente, por paradóji ca que sea, es la de es tablecer un
catálogo de los invariantes hegelianos y hacer que sal-
ga a luz su relación con lo dotado de mo vimient o; tarea
que serí a út il para las cues t iones mismas no menos que
como apoyo pedagógico (si bien sólo teni endo concien-
cia integra de la unilaterali dad que, según Hegel , es la
falacia mi sma ). La lectura tiene que hacer, de la nece-
sidad del pert urbador sonsonet e de que Richard wag-
ner, análogamente, se quej ó en lo que se refiere al cla-
sicismo musical , la virtud de la dedicación; así, en los
pasaj es más difíci les, y conociendo los invari ant es que
Hegel en modo a lguno dejó al descubierto, sino que
acaso cont ra su voluntad es tán hincados en su ob ra,
" Marx: Die Fríihschr íit cn, cd. ci t. , pág. 7.
185
será bueno que asociemos (a lo cual se recuest a siem-
pre el examen singu lar) . pues es frecuente que una
comparación del motivo general con el texto partlcu-
lar nos proporcione el sentido: la nada ortodoxa oj ea-
da al todo. sin la cual no se acaba con él, otorga a
Hegel el resgua rdo para que . a su vez, pueda proceder
no ortodoxament e. Mas si bien no cabe pensar en él
-como tampoco en el pensamiento libre. en suma-
faltándole un elemento lúdico. al que se deben las aso-
ciaciones . éstas son meros momentos parciales, y su
polo opues t o es el texto. La segunda et apa de la ded ]-
cací ón seri a, si es que se la ensaya sobre és te: elimí-
nense las asociaciones que se le .resistan, y consérvese
lo que condiga con él y esclarezca los detalles. Pero el
criterio de las asociaciones es, además de esta fer fili-
dad, el de que sean compatibles, no meramente con lo
que allí se encuentre, sino, ant e todo, as imismo con
el conjunt o. Leer a Hegel seria, de acuerdo con esto,
un proceso de experimentación: una vez que se ocu-
rra n las posibles interpretaciones. hacer una propuest a
y contrasta rla con el texto y con lo ya interpretado (el
pensamiento. que necesa riament e se aleja de lo di cho.
t iene que recogerse de nuevo en el lo) . Un pensador
contemporáneo que. pese a su positivismo. se encuen-
tra más cercano a Hegel de lo que lo están sus presun-
tos puntos de vista respect ivos. John Dewey, ha llama-
do experí mentalísmo a su propia filosofía; y al lector
de Hegel le conviene algo de su actitud, pues tal empi-
ri smo de segundo grado sacarí a a la superficie del ni-
vel actual del despli egue hi st óri co de Hegel el momen-
to positivist a lat ente que su propia filosoña, pese a
todas las invectivas contra el pensar r eflexivo intimi-
dado, alb erga en su obsti nada insis tencia sobre lo que
existe. Quien, buscando la quintaesencia del espírit u,
equivoca la medida de la sit uación de las cosas, se plie-
186
ga a és ta mucho más profundamente de Jo que aseve-
ra; y su ideal de reconstrucción no es absolutame nte
distinto de l cienti fico (lo cual es. en tre las contradiccio-
nes de la dial éctica de Hegel que él mi smo no allana.
acaso la de mayores consecuenci as) : provoca el mét o-
do experimental. que. por lo demás. sólo recomendaban
los puros nominalistas-y leerle experimenta ndo signí-
fica med ir lo con su propia medida.
Pero es to quiere decir nada menos que ninguna lee-
tura de Hegel que pretenda hacerl e justicia puede dejar
de criticarlo. Y. en general, es falsa la noción (sacada
de las convenciones pedagógicas y de los prej uicios
autorita rios ) de que la critica se construiría, a modo
de segundo est rat o, sobre la comprens ión: la filosof ía
mi sma se consuma en la permanente di syunción de lo
verdadero y lo fal so; y el comprender es su consuma-
ción conjunta, por lo cual será también siempre una
crítica virtual de lo que haya de comprenderse en cuan-
to al llevarlo hasta el sumo final se obtenga otro juicio
que el que hubiera de comprenderse. (No será nunca
el peor lector quien provea al libro de glosas margl-
nal es despectivas .) Es innecesario negar el pe ligro pe-
dagógico de que los es tudia ntes caigan en parloteos
y decir lindezas. colocándose cómoclo-narcisist icamente
por encima de la cuesti ón; pero eso no tiene nada que
ver con la situaci6n de hecho gnoseológica, y al pro-
fesor le compete poner a cubierto de ello el eentram-
has» del comprender y de la crít ica. y de que degenere
en vacuidad pret enciosa (eentrambos» que en lo que
respecta a Hegel ha de exigirse en especial medida).
Las indicaciones sobre cómo habrfa de leérs elo son ne-
cesariamente inmanentes: qui eren contribuir a la ex-
tracción de la sustancia objetiva de los textos, en lugar
de filosofar sobre su filosoffa desde fuera (no de otro
modo se llega al contacto con las cuestiones) . La obje-
187
l
r
cien de que carece de punto de vista, es moluscoso y
relativista no tiene por qué amedrentar al proceder
inmanente: los pensamientos que t ienen confianza en
la propia objetividad deberían ent regarse al objeto en
el que se sumer jan (aunque sea, a su vez, un pensa-
miento) con un va banque, sin reservas mentales; tal
es la cuot a de riesgo por no ser sis temas. En cambie ,
la cr ít ica trascendente elude de antemano la exper ien-
cia de lo que sea de otro mo do que su propia concien-
cia : es ella, no la inmanente, la que se aferra a ese
punto de vista contra cuya ri gidez y ar bitrariedad se
vuelve igual mente la filosofía; y ya en su mera forma
simpat iza con la autoridad, ant es de que se ha ya expre-
sado siquiera contenido alguno, pues la forma misma
tiene su momento de contenido. El giro «yo, como... »,
del qu e gustan colgarse todas la s tendencias, desde el
Diamat al protestantismo, es sint omático de tal cosa ;
y qui en juzga de lo expuesto (ya sea arte o filosofía )
de acuerdo con supues tos previos que no t engan cur so
en ello se compor ta reaccíon aríament e. aun cuando
jure sobre cons ignas progresivas. Por el cont rari o, la
reivindicación que el movimiento inmanente hegelia no
hace de ser la verdad no es postura alguna; y por ello
llevará más allá de su pura in manencia ( aun cuando
ésta , por su parte, comience también deli mitando un
punto de vista). Quien por tales razones se conf íe a
Hegel se verá conducido al umbral en el que ha de
aclararse su pretensión de verdad: se convertir á en
cr ítico suyo, al seguirlo; pues, bajo el aspecto de la
comprens ión, lo incomprensible de Hegel es la llaga del
pensami ento mismo de la identidad. Su di alé ctica fi -
losofía para en una di aléctica de la cua l ella misma
no puede dar cuenta al guna, y cuya solución sobrepasa
su omn ipotencia (su pr omesa sale bien falazmente).
Mas la verdad de lo irresol ub lemente no idé ntico se
188
manifiesta en el sistema, de acuerdo con su propia ley,
como er ror, como no resuelto en otro sentido (el de
lo no domeñado), como su falsedad; y no puede com-
prenderse nada fals o. De este modo, el sistema ha ce
saltar lo incomprensible: con toda su insistencia en la
negatividad, la di scordia y la no identidad, Hegel, ver-
daderamente, sólo sabe de su dimensión por mor de la
identidad, únicamente como instrumentos de ella. Se
hace fuertement e hincapié en las no identidades, pero
no se las reconoce, justamente por su extrema carga
especulativa: como en un gigantesco sistema de crédi-
t o, cada individuo singular estaría en deuda con otro
(no idéntico), pero el todo, sin embargo, es taría libre
de deudas, idéntico. De esta manera perpetra la dia-
léct ica idealista su razonamiento mendaz: dic e . patéti-
camente «no identidad», y habría de definirla por mor
de ella misma, como lo heterogéneo; pero la dialéctica,
al definirla, se figura estar ya segura acerca de la no
identidad y de la identidad absoluta. Es cierto que lo
no idéntico y desconocido se convierte en idéntico mer-
ced al conocer, y lo no conceptual, en concepto de lo
no idéntico, merced al concebir; pese a ello, lo no idén-
tico mismo no se vue lve concepto en vir tud de tal refle-
xión, sino que sigue siendo su sustancia, di stinta .de
ello: del movimiento lógico del concept o no se puede
pasar a la existencia. Según Hegel , es menester consti-
tutivamente lo no idéntico para que tengan lugar con-
ceptos y la identidad, 10 mismo que, a la inversa, se
requiere el concepto para hacerse con sciente de algo
no conceptual y no idéntico; s,610 que atenta contra su
propio concepto de dialéctica-que habr-ía que def en-
der en contra suya-al no atentar contra él, sino fusio-
narlo en una suprema unidad lib re de contradicción
189
(summum ius summa iniuria ] "; pues, al dejarlo en
suspenso, la reciprocidad involuciona a unilateralidad,
y desde aquélla no cabe tampoco saltar a 10 no idén-
tico: de otro modo, la dialéctica perdería su intelección
de la mediación universal. Pero el momento de no esfu-
mabilidad ínsito en ella no permite hacerl a desapareo
cer (salvo que se ejecute un número münchhauscnia-
no); lo que la contraría es la sustancia veritativa que
antes que nada habria que ganar para ella, y únicarnen-
te se volvería acorde cuando, movida por su propia
consecuencia, abandonase el acuerdo. Hay que enten-
der a Hegel nada menos que por esto.
"Es el clásico aforismo del Derecho romano, que podría tra-
ducirse, acas o, por «La aplicaci ón al máximo del Derecho, lesio-
na al máximo los derechos.» (N. del T.)
190
PROCEDENcrA DE LOS TEXTOS
Los ..Aspectos» proceden del discurso conmemorativo pro-
nunciado por el autor el 14 de noviembre de 1956, en la Unlver-
sidad Libre de Berlín, con ocas ión del 125 aniversario de la
muerte de Hegel. El trabajo preparatorio alcanzó una extensión
excesiva para poderlo dominar en el discurso, de modo que el
autor se vio obligado a elegir para aquella ocasión berlinesa
un comp lejo de motivos-desde luego, centrales-y ocuparse
de otros en una conferencia transmitida por la Radiodifus ión
del t err-itorio de Hesse; sin embargo, como los elementos se
concibieron formando un todo, los ha reunido luego, con cier-
tos complementos esenciales, en un opúsculo.
"El contenido experiencíal» es una versión, as imismo muy
ampliada, de una conferencia oficial del autor en la sesión del
25 de octubre de 1958 de la Heget-Geseílschatt alema na, en
Frankfurt; poco después la repitió, en francés, en la Sor bería.
Este trabaj o se encuentra impres o en el Archiv fiir Philosophie,
1959, tomo 9, fascículo 1-2.
«Skoteínos», escrito durante el invierno de 1962.(i3, no se
había publicado.
Dado que las tres partes complementarias quedaron fijadas
literariamente con cierta independencia unas de otras, determt-
nades motivos aparecen repetida mente; pero siempre bajo una
perspecti va cambiante.
Tengo que dar las gracias de todo corazón a los ayudantes
del Seminario filosófico de Frankfurt, en especial al profesor
Hermann Schweppenhauser, al Dr. Alfred Schmídt, a Werner
Bccker y a Herbert Schnadelbach.
191
,
(1
INDICE
Non. LIMINAR 9
ADVERTENCIA •••" ,. . . . ••• 11
TRES ESTUDIOS SOBRE HEGEL
ASPECTOS .
SUSTANCIA " .
S k OTEI NOS, o CóMO HA8R!¡\ mi l EIORSC
15
77
11'
Procedencia de los textos 191
193

ESTF. Ll IIRO SIl TER/. II NO DI! nl PRl lol lR ¡:L
O, " 17 00 D I C I E ~ I I R I ! DE 1973, l/T l u nNDO
PAPEl. Ilf\ TORRM HOSI t:NC II , S. A_,
EN CL OS"S- ORCO YIlN, S. c..
MARJl S-F../: PUr!, 5 .
W",DRIP-29
Dífídlmcmc hanr á pensamiento reor é.
tiro ---ha escrito el propio Adorno---
que, sin ha ber atesorado en si la filoso
ti a hegeliana pueda hoy i",ticia a
la cxpcrk nca (1;;: la conciencia; y verda-
deramente, no de la conciencia sola sino
de la viva y cor por al de los hombres.
Este es uno de los vari os motivos que
él slIbraya naru probar {si es n..cesario
proharlo} 1.1 permanencia cid pensamien-
to hegeliano. Adorno nn ha prele ndid"
con este enfrentamiento con ni pon ·
rificar en torno a un (il' ISt ,fo dd pasado
ni tr atar de situarl'; en un present e al
que no per«-"".:d<), es decir, po r usar
su.< pab,hras, .. no parlotear meramente
acerc.i de Su fl1osofía, desde arri ba y, por
consiguiente, po r de ba jo de ella.., sino
comparecer ante la pretensión de verdad
de -su Iilosoífa. Ant es que enjuiei.ar. per-
seguir el todo tras el que: 51: eocam-na
el propio En persecución de esta
recogida de la verdad hegelian.1 llega
Adorno a cs rablccce los inva riante'< hin-
cados en Sil obra, 'los pa"<l-
jcs más dilícik'S por su l .... uivocidad.. por
su. rel ativa amhi gü.....la<1 y po r el sUl,l
sent ido de la idea de inrncdia rea.
De este de relaciones se d<
prende n las estruct uras fundamental
del pensamkOlo he¡:dhtno. raz ón mar'
de la fertilidad <k 5(1 JLtlé<:licó\.
• Theodor \'í/. Adorn o se ha ocupad
JI" Ikgd en t rI" ocasiones: la primee¡
en 1956 con mOLivo <I d ciento vein ticir
en aniversari o de la muer te de l fi!Ó';of(
El discurso preparado para tal ocasión
rebasó sus limites consmuyendo un VCf '
dadero libro que se complel a aquí con
,k", estudios posteriores: ..n <nnlc-nido
experiencial.. y .. Skoteinos...

TRES ESTUDIOS SOBRE HEGEL

ENSAYISTAS - 61

(r
OT RAS OBRAS DEL AUTOR pu b licadas p or TAURUS EDICION ES
Sociulo ¡¡ictl (en co la bo r ación co n Max Hcr kheirne r). l-a id c% g la com o lenguaje.

THEODOR W. ADORNO

EN PR EP ARACION:

Crit icas de la t alÓn literaria. Dialéctica negativa. Teor/a estilicd. Tum inologia filos ó fica.

TRES ESTUDIOS SOBRE HEGEL
Ve rsió n espa ño la d e

VICTOR SANOU Z DE ZAVAlA

0700787918

MA RlIl·6 D I SBN: 84-306-Hl61-8 Depósito lega l: M. 37. S UHRUM P Ver la g. SU H RKAMP Ve rlag . S.) Prim er a edi ci ón : junio de 1%9 Segunda ed ició n : ener o de 1974 Dedicado a KARL H SINZ HAAG 10 1970. TAURUS EDICIONES. Frank fu r t "m Main.• ( Título o rigina l: Drei Studien zu Hegel 0 1963. A. Frankfurt am Maill. O 1957.666-1973 PR IN TE D IN SPAlN . (El texto Aspekte der hegeb ch en Philosop hic. 7. Plaza del Ma rq ué s de Sa lama nca.

NOTA LIMINAR

. Al llegar el momento de reed itar lo s Aspec tos de la filosofia de Hegel, el autor quiso com ple tar lal t rabajo con el opú sculo que había publicado mient ras ta nto ace rca de la sustancia ex perien cial hegeliana; pe ro la analogía con la sent enci a tres homincs fuclunt colleglu m, o sed, tr es opúscu los hacen 1111 libro (aunqu e sea bre ve), le ha m ovido a pasa r m ás ad elan t e. De ah í que, de acu erdo con un plan lar go t iem po abrigad o, haya

puesto por escrito ciertas consideraciones sobre los problem as de la comprensión de Hegel que proced en del t raba jo d esa rrollado en el S emi/tarjo de Filosofía d e la
Universidad, en Fr ancj or t ; d esde trace m uch os afios se

ha n ocupado allí repetidament e de lIegel Has: Horkheim er y el au tor, y había que re ferirse a lo en con trado en la docencia. (E n cua nt o a la unidad del pensamiento fi losófico de ambos responsabl es d e las in t erpretaciones pro pu estas, hemos creí do posible prescind ir de ind icaciones concretas. ¡ Subrayemos , co n 'objeto d e ev itar d esengaños, que «S k o t e ínc s» no pretende algo as í COIllO efec t uar el mism o la aclaración pendiente de los principotes textos heH gelianos: form ulam os, si m plement e, WU reflexio n es de principio relativa s a tal tarea, aconse jando, a lo SW llO, sobre cómo puede lograr se la com prensiá u, pero sin que nad ie se encuentre dispensado del esfuerzo po r 9

concretar en los textos tales reflexiones. No se trata,

pues, de facilitar la lectura, sino de evitar que se malgaste la extraordinaria fatiga que sigue exigiendo H~
get. Por lo demás, habría que trasladar a las orientaciones sobre cómo habría de leérselo lo que él recuerda

ADVERTENCIA

respecto de la teoría del conocimiento: que solo cabe tener éxito cuando se consuma una interpretación singular llevada hasta el fin; pero de es(e modo transgrediríamos los limites de la propedéutica que el autor debería imponerse. Acaso disculpe-a éste de 'las manifiestas insuficienéias que lo desazonan el haberse detenido precisamente donde habría que empezar. . El conjunto tiene la intención de preparar un concepto modificado de ta dialéctica.
Citamos los escritos de Hegel de acuerdo con la nueva edición del jubileo, preparada por Hermann Glockner, Stuttgart [Frommannj, a partir de 1927. [En esta ed ición española damos además la referencia, sie mpre que es pos ible, a la última ed ícíen critica correspondiente a cada tomo de las «obras completas» citadas por el autor (ediciones que no sólo son prefer ibles in trí nsecam en te, sino por la facilidad de consulta y adquisición); a lo que añadimos las traducciones castellanas más aceptables, con tal de que sean versiones directas. ] Empicaremos las siguientes abreviaturas: WW 1. Aufsiit;.e aus dem kr:itischen Journal der Philosophie (und andere Schriften aus der rensener Zeit) Ledo crtt. parcial, de G. Lasson: Erste Druckschriiten, Leipzig, Meiner (ephllosophísche Bíblíotbek», 62), 1928; de ella se han reimpreso sueltos, en 1962, los opúsculos Ditterenz der Fichte'schen und Schelling'schen Systems der Philosophie, Hamburgo, Meiner (<< Ph . B.», 62 a), y Glausen und Wissen, Hamburgo, Meiner (<<Ph. B.», 62b)]. WW 2. Phiinomenologie des Geisles L o cr ft., de J. Hoffmeister ed 6.' ed., reimpr.}, Hamburgo, Meiner ( "Ph. B.», 114), 1962; verso casto de W. Roces: Fenomenología del espíritu, México, F.C.E., 1966] . WW 3. Philosophische Propadeutik Ledo crú. (con otros traba jos), de Hoffmeister: Nürnberger Schriften, Leipzig, Meincr, ("Ph. B.», 165), 1938]. WW 4. Wissenschaft der Logik , 1. Tell Ledo cnt., de Lasson

10

11

(re tm pr.j, H am b urg o. Mciner , l . I (_ Ph. B._, 56), 1967, Y lo JI ( _Ph. B._, 51), 1966; verso ca sto de A. y R. Mon· do lfo : Ciencia de la lógica, 2 t., Buenos Aires , Hachen e, tt . 1 Y 11, 1956] .

W\'I/ 16.

Vo rles rmgen ü ber d ie Philosophie der R eligion, 2 Bd . Vor feslln gen über di e Gesch ich te der Phíloso phie, 1. Bd. red. crn. de la s lecciones introductori as, al cuida do de lIoff m eist er y F. Nicolin : E inleitllng in di e Geschic h le der Phílo soph ie, 3,' ed., H amburgo , Mcincr ( e Ph . B.", 1(6) , 1959 (de la que existe ver sión caer . por E. Terrón ; I n troducción a la his tor ia de la í i íosoíía, Bu enos Air es , AguiJ'lr, 1956); ver so cast . (de WW 11) de W. Roces ; Lecciones sobre la historio. d e la filosoNa, México, F.e .E., 1955, t. r j.

WW 17.

ww s.

Wissel1schaft der Logik , 2. TeH red. cnt., como WW 4, t. JI: verso cas t., como WW 4, 1. II].

WW 7. Gru ndlin ien d er Ph ilosophie des R ec h ts led o crtt., de H offm ei ster , lI a m bu rgo, Mcincr ,( _Ph. B ._, 124 a), retm p r., 19621. WW 11. S ystem der Ph iiosop hie, I. Teíl.
WW 9. Svet em der Phil osoph ie, I I. TeH.

WW 18. Vo rlesu llgen ü ber d ie Gescllichte der Ph itoso phie, 2, Bd . t vers. cas t. com o WW 17, 1. II J.

WW 10. S}'stem der Phílosopníe. III. Teil. [ E n es tos t re s volú menes de la ed ició n de Gloc kner se encierra, a umen ta da co n muchas ea d ic lo nes» proced entes d e apuntes de clase y algo a lte ra da por los editores pó stumos , la última ed ición (1 830 ) de la E nciclo pedia p ublicad a e n vida de Hegel, de la c ua l e xiste la ed . crtt. de F. Nicolin y O. Póggeler, E,,· Zyklo piidi e der phi/osophis chen wíssens cnot ten im C ru ndr isse (1830), 6.' ed ., H ambur go, Meín er (_Ph . B.", 33), 1959; hay ver soca sto de la ed. de 1830, tra d . por E. Ovejero y Mau ry : E nciclo ped ia de ras cie ncias tiIos óttcas, 3 t, Madrid , V . Su árez, 1917-8.]

WW 19. V orleSlln/iell ilber di e Gesch ich te der Phiíosophie, 3. Bd. [ vers o cas t . com o WW 17, l. lI J.

'ww

ti. V o rk sun gen üb er die Philoso phie der Gesch ich te l ed o cr tr. de las lecc iones in tro d ucto r ias , al cu idado de Hoffm eist er : Die V ernu n ft in d er Gesc hich te, S.' cd . {r eimpr.), H ambu rgc, Meiner (_Ph . B.•, 171 a ), ]966; verso c as t . (de WW 11) de J . Oa o s : Lecciones sobre la f ilosof ía de la h istoria universal, Mad r id , Rev. de Occ., 2 t., 3.' ed., 1953, y tamb ién en Buenos Aires , Anaco nda, 1946].

WW 12. V o rlesrm gen ü ber die Aesth eti Jc , l . Bd . [verso ca sto de és te y los si guien tes tomos (WW 13 y WW 14), po r F. Giner de los Ríos : Es tét ica, 2 l., Madrid , V. Su árez, 1908J•

•ww 15.

Vo rle ~ lI n gen

liI/er die Phílo sop hie der Rel igim l, 1. Bd .

12

13

po r ejem plo. Todas la s apreciacion es cr ít icas cae n ba jo el juicio expresado en el pró logo de la Feno meno íogí a I 15 . cu ya ca rga la razón hege lian a queda poner en mov imien to va lién dose de la q ue impera en el ente m ismo. la absolu ta .I AS PEC T OS Una ocasión cronológica como el 125 aniversario de la muerte de Hegel podria induci r a lo que se lla ma un a apreciación crítica. la razón a que. la pregunta in ve rsa . haya servido de algo en otro t iempo): anuncia. No se lanza. y en la abominable pregunta de qué significan para el presen te Kant y. de es te modo. su mamente rezagada t ras aqué lla y se h a acomodado a l mero ente.. la de qué significa el p resen te a n te Hegel: si. ahora. en ca mbio. nos figuramos haber llegad o no se encu ent ra. tras los tiempos de la suya. por lo demás. colocarse en cierto se nti do po r enci ma de él. en realidad. Pero es te concepto se ha vuel to insufri ble ( su pu esto que. por parte de qui en pose a la c uestionab le di ch a de vivir después y esté ob ligado por su profesión a ocu pa rse de aquel so bre el que haya de habla r. Hegel (ya el llam ado renacimien to hegeliano comenzó hace med io siglo con un lib ro de Be nedettc Cro ee que se compr ome tía a desenredar lo vivo y lo m uerto de H egel) resuena sem ej a n te p resunción. la desvergonzada pretensión d e señalar so be rana men te al difunto su puesto y.

de una r iqueza tan inagotab le. a la inv ersa. de ni ngún principio general. no se pueden separar. las p rimeras palabras q ue se digan . la es pecu lación fuc lo que las mad uró . co mparecer ante la pretensión de verdad de su filosofía. a su vez. es prec iso.del espíritu. m as.ventaja de no ten er que admitir crít ica alguna: t oda la Que se d irija a los detalle s será parcial. y. y sólo se acredita como to talidad . abst rac ta-o La plenitud de lo concre to. por el contra rio . marrará el to do . se rí a. en una persona co n una agu da mira da h ist órica : las ca las de Hegel en los conte nido s. ante todo.u d e que el ideali st a abs olu to se habría conver tido en u n rea- lis ta todavía mayor y. para después. y pi erden su sustanci a en cuant o se las concibe co mo merame nte empíricas. La doctrina de que lo a prio ri es ta mb ién a posterior í (doc t rina qu e en Fichte era programática y qu e solo con Hegel pasa a la efecti vidad ) no es n inguna a udaz flor retórica. que osaron llegar has ta la írreconcí tía b ítídad de las co ntradicciones de la soc iedad burguesa. éste se defen dió del momento dogmático de la filosofla scheIlingu iana r ecu rriend o al impulso gn oseo lógico fichtiano e incluso kantiano . la inmer sión del esp íri tu en sí mismo (o. por debaj o de ella . por co ns iguie nte. dado qu e siguen ejerci tando a su respecto lo q ue él. sino de la viva y corporal de los homb res. de la espe cu lación (cuyo concep to vu lgar no tie ne nada que ver con el hegeliano ). nu tre. la tiene en cue nta. en la conc reta co mp lexión de todos sus momen tos. com o de u n gravos o añadido. sin dejarse intimidar por el pavor an te la en redosidad poco m enos Que mitológica de un proced er crfticc que aquella tot alida d parece volver fal so en tod os los casos . sino el nervio vita l hegeliano: inspira tanto la critica de la cmplrt e tes taru da como la del apriorismo est ático. en el lenguaje hegel iano. despectivamente-y con todo d erecho de serlo-e. no de la concie nci a sola. Si no se qu iere rebota r de él con. «sin mediación» . pue s. llam ó un a filoso fía de punt o de vis ta . no cor responde tanto. por in suficientemen te Que se haga. de todos modos. les falta la seriedad y obliga toried ad de la filo sofía de Hegel. a su ta lante realista cuan to a su mo do de efectuar la anamncs¡s. qu e. en vez de otorgarl e o denegarle. sin ha ber atesora do en sí la filosofía hegelian a. Pero no se ha de explicar t al cosa con el escu álido ap ert. hacer salta r las posici ones de u na teorí a del co noc imiento ais lada-o. pueda hoy hacer jus ticia a la expe riencia de la co nciencia. así. verdaderamente. • 16 2 17 . crit icar el t od o como todo sería a bstract o. persiga el todo tras del cual él mismo iba. la di námica de la Fenom enología del espíritu comienza sie ndo gnoseológica . mé ritos. De igual modo Que otros sis temas especulativos concluso s. ap ro vecha ta l filosofía la du dosa. sin duda (co mo ya se es boza en la In troducción ). juicio que se ap lica a la s que son únicame nte sobre las cosas . sobre todo. Por lo que ú nicame nte honra rá a Hegel quien. porque no es tán en las cosas . fav orable o d esfavorablemen te . Difícilmente habrá pen sa miento teoré t ico algu no de ci er to aliento qu e. o mero ap ilamiento de datos y prc filosófíco . y donde Hegel dej a hablar al material opera el p ensam iento de la ident idad de su jeto y ob je to en el «csp íri tu ». Ric hard Kroner se ha revuelto con razón co nIra la ma ne ra de describir la hist oria del ideal ismo alemán como si fu ese un p rogreso rectil íneo desd e Schellin g a Hegel: an t es bi en . y de jaría de lad o el motivo fu ndamental de la filosofía hegeliana: que no ca be dest ila rl a de ninguna «se nte ncía ». que en Hegel que da interpretada p or el pensam iento y al cu al. el co nte n ido d el sist ema. ident idad origin aria que se escinde y se reúne de nu evo: s i no fuese así. en luga r de parlot ear meramente de ella desde ar ri ba y. o simp lemente do gmáti co y sin es trictez .

sino mediante un salto. sabía pe rfectamente el crítico del Romanticismo que el t odo s610 se reali za a través de las p artes. una sosa his tor ia es piritual. Su t odo es. p ara salvar el con tenido material de la filosofía hegeliana frente a la sup uestamente anticuada y arbitraria esp ecu lación. caótico) . protesta vivam en te co nt ra el sub jetivismo gno-seo lógíco tradicional e in terpreta co mo algo ya determinado y estruc turado el mat erial sensorial. Y cuando se estu dia su ob ra le parece a uno. finitas. como tampoco u n conglomerado de ob servaciones geniales . A es to es a lo que apunta la catego rí a de to talidad. de la reflexión . en definitiva . disociándo se unos de otros . se resuelve la oposición entre la conciencia contcridora de for ma y de se ntido y la me ra materia. pri meram en te. de la teorí a de la forma [Gestalt] amp lia da que con Kohler. solamente el dec hado y quin taesencia de los momentos pa rci al es.con las palabras de Hegel. y su p en samien t o crítico ha alcanzado de igu al modo a la constatación de lo desvin cu lado co mo al pri ncipio de continuidad: en el conjunto complejo no hay un p aso contin uo. Si. mientras que a los filósofos que creen conservar al go de su heren cia se les escapa la m ayor parle de aque l concreto contenido sobre el que se puso a prueba antes que nadie el pensamien to hegeliano. pero lo que él pensó ti ene incluso u n rango enteramen te dist in t o que el del embutir en t otali dades (ant e la s que las cie nci as p art iculares cierran los ojos): su s istema no es u na organi zación de asilo científico. insufi cient es y contradictorias cua nd o se las con fro nta con él. al ent r ar en sí y re cogerse en sí del ser). Acordémonos . es una peculiar regresión. sin por ello convertir en un ído lo la certidumbre se nsorial (con cuya crítica com ienza la Fenomenotogta del espíritu). Hegel reconoció la preeminenci a de l todo con respecto a sus p artes. de la distanciac ión . quisiéramos planch ar s u ide alis m o. tanto de la teoría del conocimiento co mo de la ética. sino un vue lco. p or ejemplo. únicamen te a t ravé s de la desgar r adura . que el progre so que el esp íritu se imagina hab er efectuado a pa r tir de la muerte de Hegel y contra él. como ele mento s suyos . pero ni d erivó un a metafísica de l pri ncipio abst racto de la t ot alidad. qve es incompatib le co n to da inclina ción armoniz adora (po r mucho que el Hege l tardío la haya abr igado subjetivame nte). en la int erp ret ació n d ada po r Max Sch eler. que en cada ins tante re m ite n fu era de sí mi smos y brotan. no es nada que estuviese más allá de ellos. por más que no por ello-eomo antes que _él Schelling y ac tu almente la ontología exis tencial-e-sal tase de un b ri nco a lo supuestamente concreto: la expansión sin límites que en él encontramos desde el sujeto al esp íri tu absolu to ti ene como con secu encia que se 19 18 • . el proceso no transcurre por aproximaci6n de los di versos momentos . no nos qu edaría entre las mano s otr a cosa que posi tivism o. de todo 10 que es anatema pa ra la teoría de la forma. en ocasiones. tanto merced a u na me to do logía clara como gracias a una empir íe invu lnerab le. en resumen. el estado en que se da n los fe nómenos (que para el conjun to de la tradició n kantiana quedab a descalificado. sino qu e mete a la fuerza todo de nt r o del circuito de la in manen cia . como tampoco ninguna intuición int ele ctu al : just am ent e a t ravés de l idealismo absoluto. se ha convertido en u na es pec ie de filosofía. que no deja que nada se quede fuera del sujet o dilatado has ta 10 infi nit o. ni glorificó al t odo en cu anto tal en nombre de la «bue na forma»: de igual mo do que no independizó las partes frente al to do. En Hegel se encuentra exp lícitament e toda la crítica post erior del llamado foro m alismc. Hegel ha bía hech o hi ncapié con tod a en ergía en tal deter min ación de l ob jeto. Mas si bien la modern a t eoría de la forma.

es tas expre siones reflejan ba st ante bien el matiz de ope ración con cosas físic as que p oseen estos verbos alemanes y. y reivindicando íntegramente su propio ser. que da así libr e. sin más. El * Tr ad ucimos siemp re au íhcben y autgehob en w erden p or id ea lismo absoluto no desdeña t emerari amente los límites de la po sibilidad de l conocimiento. ya qu e. (N. Ya en Kant lo que con s tituía la fue nte secreta de en ergía era la idea de que el mundo dividido en su jeto y obj eto (en el que. algo así como prisioneros de nuestra propia constit ución . «sublimar s-e-Ad orno em plea sublimie ren en esta misma obra-e-o «ca ncelar ). Paradójicamente. por u na par te . y qu e no descansará hasta quedar en su sp enso [aufgehoben] * en ello. se ve llevada a su iden tidad con el sujeto absoluto. ha de ser una objetividad análoga a la razón objetiva de Pla tón (cuya herencia se impregna en Hegel químicamente con la subjetiva filoso fía trascendent al.presente f ácticamente. no es aconsejable r eserv arlos para t radu cir o tr os verbos de es te id ioma (fr ente a lo que sucede con «su per ar ». En modo algu no cabe despachar como una petulancia de l concept o al que se hubiese dado suelta precisa me nte la máxima agudeza idealista de su pensamiento. las indicaciones 'n ecesarias para ser pagad o por la verdad. sino asimismo el objet o. r espectivamen te . como momento inherente a este espíritu. Hablando he gelianarnente-y. la construcción del sujeto-objeto. En la medida en qu e cabe hablar de un re ali sm o en Hegel. por vir tud del sis tema . ha de ser más que me ramente subj etiv o. solo no s las hab emos con fenómenos) no es lo últ im o que hay. no le es het erogéneo.p odría decirse que en él la con strucción del sujeto a bsoluto ha ce justi cia a una objetividad irres oluble en su bjetividad. para serlo y no una simple duplicación del su jeto. y que el conocimien to. que todo juicio unilateral alude por su simple forma a lo abstracto. y es él sólo el qu e ca pa cit a a Hegel para pensar a par tir de la cosa qu e sea y para respons ab ilizarse algo así como pasivamen te de su prop io cont enido. no únicamente el sujeto. de acu erdo con su propia idea. Por muc ho que el Hegel fichtiano haya su brayado el p ensamiento de la «pos ición». estriba en el impulso de su ideali smo. y él fue el primero que con tribuyó a que éste no siguiese me ramente hablando sobre los in strumento s del conocimiento.) 20 21 . a la vez. el conocim ien to-si es que h ay semejante cos a-es cono cimiento to ta l. del en gendrar po r el espíri tu. del T. es el idea lismo absoluto quien emancipa el método al qu e en la Introducción de la Fenomenolo gía se le llama el «mero mi ra r». pues to que. Y Hegel. que en muchos respecto s es un Kan t que se ha encon trado a sí mi smo. tendencialm ente. al margen del t érm lno técnico que he mos forjado para corresp on der a esta compl eja voz alem an a. por otr a. y por en teram ente activa y «deja r en su sp en so » y «quedar en sus pen so». por lo cu al la mism a tan admirada riqueza de materiales de Hegel es función del pe ns am ient o esp eculativo. se ve llevado p or ello a conclu ir que. mediante una interpretación q ue lo refleja un a vez má s y 10 alt era centralme nt e. a lo cual añade Hegel al go nada ' kantiano: que al captar nosotro s conceptualmente el recinto y lím ites fij ados a la sub jetividad . las cosas m ismas hablan en una fi los ofía que se hace fu erte en proba r que es una y la misma cosa con ellas. est o es. esto es . hemos traspuesto ya sus límites. «Suspe n der. sino que busca las pa la br as con que decir que en todo conocim iento que propiamente 10 sea se encuentran ín sitas. sino que dijese lo esencial ace rc a de sus ob jeto s esenciales (n o obstante que no suspendiese jamás la au torreflexión cr it ica de la conciencia). el idealism o hegeliano se saca fu era de sí mismo. al con te mplar ést a com o «mera» 'sub jeti vidad .

m er ced a todas sus inervaciones y experiencias. y las acierta ta nto m ás m ortalmente cua nto qu e no opone a ellas nin guna irra cional un idad d e sujeto y objeto. de lo subjetivo m ás vano y fortuito. sin embargo. sino q ue se despli ega po r to do s los niveles de la subjetividad ta n lo co m o los de la o bjetividad : Hege l se inclina por doquie r a nte la esencia prop ia del obj et o. también esta doctrina es hegeliana de punta a cabo.prácticamente qu e ha ya pensa do su co ncepto de desa rrollo . gracias a la re flexió n sobre sí. cos a de qu e con viene aco rdarse en una situa ción en la qu e los admin is tradores de la dialé ctica en su versión materialista-esa cháchara d e pe ns a mientos oficia les en el bl oque orient al. La crít ica de Hegel acier ta en el va cío centro a la estática descomposición de l conocimiento en suj eto y objet o. Por m uy sin reservas qu e se entregue Hegel a la determinación de su objeto. E st e había h echo j ust icia a la c rí tica de Kan t a l criticar. mas s in sa c ri fica r. y a aquella teo ría resid ual de la ve rda d según la cua l es objetivo lo que reste una vez q ue se hayan ta chado los lla m ados fac to res subjet ivos. q ue en cada caso se di stinguen ent re sí. una vez limpia del fe rmento c r ít ico. la razón se co nvierte en critica (en un sentido que cri tica reiteradamente a Kant) a l h acerse negat iva . m o vilizadora de la es tática de los momentos. a la dinámica obj etiva de la soc iedad. por e llo . en su idealism o. a las ci encias sociales q ue se re sisten a él. en vir tud de su concepció n de la relación e xis ten te entre su jet o y o bjeto (c oncepción que es su ficien te en todo co nocim iento de hechos ). fr ente a la tentación de a ce ptar ac rít ica m en te la fa chada : no e n vano ha pasado a enco nt rars e en medio m ismo de la lógic a la dialéctica de la esencia y el fenómeno . a l mi smo tiem po que se enfurece co ntra el sujeto. s i bien en é l no está limita da a un tipo determinado de actos de la conciencia. proviene de l co njunt o 22 del sist em a hegeliano. y. in telección q ue le otorga super ior idad sob re e l ejercicio de la cie nci a qu e. la ind isolu bilida d de los mo m entos a una cha ta ide ntida d inmediata. es te caer e n la cue n ta que se a rranca a viva fuerza . se enc ue ntra a la vez a nte lo det erminado : compr enderlo no s ignifica ot ra cosa qu e obedecer a su prop io co ncepto. e l d ua lismo kantiano de fo rma y co nte n ido y a l a rrastrar a una d inámica las rígidas determinaciones dife renciales de Ka nt y-de ac uerdo c on la int erpretación d e H egelas im is mo de Fichte. con todo. ex per ime nta un a r egres ión a l r egist ro precientífico de hecho s. est o es . q ue . por doqui e r le es renovadame nre in m e dia to. sino en virtud de su sup rem o em peño. se halla radica lm ent e inmune. Y e l darse cuenta d e que en los dominios de las llama das c ien cias socia les (y do nd equiera q ue e l objet o m ismo experi mente la me di a ción del «espíri tus) se logra qu e los co noc im ientos sea n fructíferos no excluyendo el su je to. s ino qu e mantie ne los mom en tos de 10 subj eti vo y lo objetivo . a su vez.la han degr adado a irreflexiva teo r ía de simple copia . no m enos pasivamente . p ro piam ente. co ntra la que se enderezó e l fil o de la p olémic a d e Hegel. los concibe como resultado de una mediación recíproca. se conservan como tale s: la re flexión atraviesa de t al m anera todos los po lo s qu e Kant hab ía co ntrapue sto en tre sí (la for ma y el cante- 23 . o sea. se prest a tanto a l dogm atism o como e n otro tiempo lo hi zo la inmedia tez de la intuició n inte lectua l schelli nguia na. pero precisamente ta l subo r dina ción a la discip lina de la cos a exige el m áximo es fuerzo del co nce p to. datos fá ct icos y opiniones sueltos. qu e a la lógica de la ciencia hoy acep t ada le parece cosa obv ia. pues la di a léct ica . sin embargo. En la feno m eno log ía husserlia na la doct r ina de la rec eptividad espontánea desempeña cie rto papel. y t r iunfa en el instante en qu e las intenciones del sujeto se ex t ingan en el objeto.

en el sentido de Kan t. la dialéctica es tan poco aficionada a la definición aislada como ap t a pa ra encaja r a su vez en una.WXÚ l l E 'II) 'I . mundo del que Hegel ya decía. pedirle su veri ficación a aquell a doctrina de la dia léc t ica. no es posible ningún mundo. Hegel perdió con fianza en el fatal legado de la metafísica tradicional. co mo t am poco u na visión en cuyo esquema hubiese que com primir la realidad. y cada una de ellas requiere p or sí mi sm a exac tame n te aquel otro momento que en Kant _ se le contra poní a .e ah í que en Hegel mediación no quiera jamás deci r. ningún constítu tum sin las condi ciones sub jetivas de la razón. que es incompatible con to do m od eran ti smo . Pu es. la na tu ra leza y el esp íri tu . lo que la filosofía tradicional esp era ha cer cristalizar en unas ent idades ont ológic as fundamentales no so n idea s coloca das en forma di scret a unas fr en te a otras. sino que acontece a t ravés de los extre m os y en ellos mismo s: . El concep to científico de verificación es natu ra l de aquel rei no de concep tos rí gid os y sep arados -c-com c los de t eoría y expe r ienc ia. qu e no ha bía entrado aú n en la hi st oria . de lo constitu ens. a modo de al go úl timo. la cos a en sí y el fenó meno) que n ing una de es tas determinaciones queda parada. de al go no m eramente sub jetivo. al go intermedio entre unos extre mos. la lib ertad y la ne cesidad. com o se figura esa mala in teli gencia que no ha podido ser má s fat al y que p roce de de Kierkegaard. pe ro lo qu e le facu ltó a Hegel para ello no fu e ningu na mirada históric a p rofética. una confr ontaci ón p er ma nen te del ob jeto con su pro pio conce pt o ). a su vez. precisamente t al doctri na. mient ra s que su guerra ha p roye ctado sobre Europa la gigan tesca sombra del mundo eslavo. de la m isma manera que.Q. sino esa energía construc tiva que penet ra en lo que h aya sin 24 2S .t al es el asp ecto ' radical de Hegel. Mas de esta forma se altera tan profundamen t e el sentido de la ontología que parece ocio so ap licarlo-según querrían h acer actualmente varios int érp ret es de Hegel-a una llamada es t ructura fundament al cuya ese ncia consiste precisamente en no serl o. de l «mu ndo». pues.al que Hegel declaró la gue rra . se ha veri ficado en las f ases históricas más rec ien tes en u na m edida que const ituye un dict amen s obre la t ent ati va de ajustarse a la s circun st ancias prescindiendo de la supuesta arb it rariedad de tal construcción [e spe culativa] : Hit ler. justamente. la auto rreflexió n hegeliana del idealismo aña de que tampoco ca be ningún constituens.n ido . la teoría y la praxis. sino qu e cada una de ellas exige su opuesta. en la p regunta po r u n último p rincipio. a la que la ignoran ci a suele de sp ach ar com o cam isa de fuerza de los conceptos. no cabe n ningunas condicion es generadoras del espíritu que no hayan sido ab straídas de su jetos fácti cos y. lleno de p resentimientos.. en no se r ~ .. p or lo t anto. merced a la in sistente respuest a que se le ha bía ven ido dando. cualquier a q ue sea: es un im pertérrito afana rse po r obligar a qu e se empare je n una conciencia de la ra zón crítica de s í misma y la experienc ia crítica de los ob jetos. y el proceso es la relación de todas ent re sí. en último tér mino. pe ro si quisi éramos . Por ello no se puede comp arar la dialéct ica (quinta- esencia de la filosofía hegeli ana) a ningún p rincipio metódi co ni ontológico que la caract erizase de manera semejante a co mo lo hacen la do ct rina de las id eas al Platón intermedio o la mo nadología a Leibniz: dialéctic a no qui ere decir un mero p roceder del es píritu me dian te el cual se sus t ra jese éste a su objeto (ocu rre en él literalmente 10 con trari o. salió dispu esto a extermina r el bolchevis mo. de acuerdo con su propia ideología y como alguacil to lerado de otros intere ses más fuertes. según él mu estra.

pá g. No ob stante todo esto. en forma científicamente consecu en te. sino que llega Hegel a decir que no h ay «fu era de la de éste y la de Sch elli ng ninguna filosofí a» 1: lo mi smo que Fichte. 464]. cas t. 611 tv.. la cual. WW 19. El acuerdo co n Fichte llega todavía má s allá: . WW 19. En su H istoria de la filosofía se encuen t ran las fonnulaciones más drásticas al res pecto. Pese a lo cual . el sistema) como si fuese semejante axioma. según las cu ales no solamente es la filoso fla fichtiana la perfección y acabamiento de la ka ntiana (como el mismo Fich te hab ía as egurado siempre). mas sólo la doctrina (in herente a tal idealism o) de la iden tidad del sujeto y el obj eto. sino que. se af erró al idealism o. sino que se con struye la realidad mi sma al cap tar con el pensamiento la con. fr ente al carácter radicalmente quebradizo del sistema ka ntiano. 21 . Su filosoffa es cultivo de la forma en sí ü a razón se sintetiza en sí mism a. luego.. Hegel. como un principio originario. 613 Iv. p ret endió sobrepujar en idealismo a Kan t diso lviendo el momen to no propio de la conciencia. de un a p osición ori ginaria. 26 pá gs.La filosofía fichtíana posee la gran ven ta ja e importa ncia de haber sen tado que la filosofía ti ene que ser u na ciencia que proceda de un solo axioma supremo. sobre todo. la filosofí a de Hegel.. en una po sición del suj eto infinito. 615 Iv. va a parar siempre a la p reem inencia del suje to. • Id. Poc as cos as podrfan revelar más pregnantem ente que estas palabras la relaci ón de Hegel con el idealismo. tír de él. u na p resentación más conse cuente de la filosofía kantiana s a. cri tica y concienci a de la posibilidad. aco mpaña inevitablem ente a la filosofía d e la identidad. cast. de acu erdo con su propia manera de ver las cosas. de cons t ru ir todo el mundos s. pecutat íva. la re flexión de lo inmedi ato y. juzga a Fichte del siguiente modo : «Píchte dejó en sus penso esta falta . en careció--e incluso ac rece nté-e-la su perior co nsecuencia de sus seguidores: no le choc ó qu e las quiebras ka ntianas bosquejasen jus tamente aquel momento de n o ide ntidad que. por el co nt rario. todo dich o. le otorgó aquella fuerza de lo to tal que llevó a cabo el t rabajo negativo. la descuidada inco nsecuencia ka ntiana por 1 la que la totalidad del sistema carece de unidad es. ta l cosa es exactamente lo op uesto al ¡ in tento fich tiano de extraer el mu ndo de la p ura id entidad.. Hegel. llen a en sí mi sma de con tradicciones : p ues lo que constituye el contenido de la filosofía hegeliana es que no ca be expresar la verdad (e n Hegel. 460-1]. el mo me nto dado de la realidad. cepto y la realidad) y.por eso renu ncia r a sí mi sma en cuanto razón . pág . sino que sería la totalidad dinámica de todas las proposiciones que se engen dren un as a otras en virtud de su cont radicción. ahora bien. pág. por ser una ñlo so ñ a del espírit u . ces t. del suj eto ab soluto. del cual se deri ven necesar iamente to das las det ermlrracíones : sil grandeza es la un idad de l principio y el intento d e desarrollar a par.. Y. el dej ar otra vez en su spenso la refle xión .. pá g. es sín tesis del con . y pe rsigue met ódicamente la negación y p roducción alte rn ativas de los momentos s ubjetivos y obje tivos . Hegel admite enfá ticamen te como válido el postulado de Fichte del sistema deductivo. por su pura forma. sólo que él otorga a este segundo ax ioma un peso infinitame nte mayor que el concedido en la propia T eoría de la ciencia [de Fichte] : no in siste-en el lenguaj e hegelianoen la eforma abso luta •• qu e Fichte habla asid o y que la realidad debería encerrar en sí. pág. 462]. au n cuando la dia léc tica hace patente la imposibili dad de reducir el mun do a un polo subj etivo fijad o. la flui difi caci ón de los concep tos ai slad os .

pero no se de sarrolla todavía. de ahí que Hegel se viese obligado tanto ~ en la F enom enología ) a empezar partiendo del sujeto y captar a la vista del au tomovimiento de éste to dos los contenidos conc ret os. Mas al atreverse a probar el es p íri tu que observe que todo lo que hay es co nmensurable con el l ago s. su escándalopermanenÚ. En la ob jetividad de la dialéctica h egeli ana. Cuando se la entiende debidamente. con todo. es indiferent e para la filosofía hege liana: ésta no rec onoce semejante elemento primero como s i fuese un principio fijo que permaneciese inalt erada me nte igual a sí mismo en el avanzar del p ensamiento. E n la decisión de no tolerar límite a lguno y de liqu idar todo residuo de determínación diferenci adora . Hege l de ja muy a la zag a. viceversa.Fiehte. a la vez . de Jo que en cada momento sea lo p ri m ero . constituya el todo y. que echa ab aj o todo me ro sub jet ivismo. ha es tat uido ya. Mas con ello se ofrece Hegel a la crítica del idealismo. qu ebranta su preeminen cia absolu t a. se "encier ra algo de la volun-" tad del sujeto de saltar sobre la propia sombra : el sujeto-ob jeto de Hegel es un sujeto. lo que está flotando. Hegel dio litera lmente cien vueltas al idealismo fich tiano.ab s olu.. to da la metafísica tradicional y el concepto pre-es peculativo del idealismo. ASÍ. incluso el de 12..traposición entre el contenido y la forma y. En lo mal compu esto y achacoso de la dialéctica hege liana se encuentra est a su máxim a verdad. por mas que en cada nivel t an to el su jeto se determ ine en cuanto ob jeto como. se realice como vida del es píritu absoluto: la qui ntaesencia de lo co ndicionado sería lo in con dicionado. p or lo cual precisamente p ierden los aislados axiomas de Fie ht e su significación de remate. _de )()_. con las determinaciones intelectuales (por serl o 28 con el espírit u mi smo). p ese a la propia exigencia hegelia na de consecuencia omnilateral. de este modo. éste se erige en algo ontológicem ente ú lt imo. como. po r lo demás. lo convierte en motor del filosofar: la consecu en cia qu e procede del axioma niega éste y. desprovis ta como está de todo concepto supremo abstracto. a instituir con el ser el movimien to de l pe nsam iento. la de que la dialéct ica del sujeto-ob jet o. la elección de l punto de partida.si se quiere-al des plegarse a p artir de la for ma m isma el contenido op uesto a ella. en cuanto que med ia n- 29 . la prioridad del espíritu. Pero el esc ándalo hegeliano no se ha de atribuir a ninguna falta de claridad ni confusión. Heg el sabía perfectamente la insuficiencia de un axioma abstracto. pe ro . sino que constituye el precio que ha de pagar Hegel p or la cons ecuencia ab solu ta (la cu al choca con las bar reras de l pe nsar consecuente sin po der quitarlas de en medio). a u na crítica inman en t e. pues. a la que. como r eclamab a él de toda crí tica : su crecida le alcanzó a él mismo. sea literalmente el no mbre de aquello. Richard Kroner ha cara cterizado la relación entre Hegel y Fichte con palabra s que. la de su imposibilidad-por mucho qu e ella.~o .: el-que el no mb re de su concep to especula ti vo supremo. y lo que se ti en e ya en Fichte. a la inversa (en la Logíca). Lo cual exp lica una con t ra dicción que no est á re sue lt a. situ ado más all á de la dialéctica. Y n o en último término se apoya aquí eso que flota en la filosofía h egeliana y que el lo mismccst é en el ai re . éste se de termine en cuanto sujeto. !'!1:l-~u"e! ~o sin más calificaciones. aspira (frente a Ka nt). no ab andona este ú ltimo: la ab soluta estric tez y clausura del cu rso del p ensamiento . aunque comprenda juntamente la fa lacia qu e en ello ya ce (la de l a priori abstracto) y se esfuerce por alejar esta su propia t esis general. s in embargo.. con . por serlo. carezca de au to con cienc ia de t al cosa. la teodicea de la autoconcíe ncía-c-. de l cual debiera seguirse todo. en cier to modo convienen ya a est e úl ti mo: «E l yo.

así. Meiner (.. 1924. sola men te respecto de su a plicación . a su vez.. Gaos : Prim era y s egunda 5 introducció n a la Teor ía de la Cienc¡. e intentó. los ontólogos). 9-10 Y 6 1-2." ed. no b ast a pa ra fundamenta rIo a bsoluto. 279. l JI . se recono ce la referenci a de las fo rmas categorlales prec isamente a lo exist ente aludido. B. por el otro se respeta n el yo piens o mismo y las formas categortates ka nti anas como una esp ecte de d atos. a las leyes impuest as. es preciso elucidarlo primeramente mediante la filosofía trasc endentalv Frente a esto. Darmst ad t. 12-3 y 63. en la kantia na entre el yo como sustrato de la p sicología empíri ca y el yo p ienso trasce nde ntal: el súj e!º-. e n definitiva. 15·7 y 104-6]. sino asimism o e n cuanto a su p r opio origen). Fichte no llego a decid irse acerca de eIJo: I~n zó s in contem p lac iones so bre Ka nt la dis ti nción e ntre el sujeto t rasce nd enta l y el empí rico. le oca sion ará en la m edi da e n que sin se mejante abstracci ón es simplemente imposib le pensar su propio concep to . el yo pi en so . Fich te ). Medicus. cit . de o cc. 2. pero... y. Así pu so en lib ertad el radicalis mo fichtiano lo que se a lbergaba en la semioscuridad de la fenomenología trascende nt al. el conocimiento de la naturaleza). con t ra s u voluntad . 477-8 (en cuan to a ediciones más rec ien tes. Fich te : E rste Einleitull g in die Wiss ellschaf ts leh re. pá gs.•. 1962. H . págs. Tüb íogcn . 425-6. a sa ber .gel. 1967 (que también rep rod uce la cd. La respuest a del id eali smo ale mán a est a intelección del cond ici ona miento del yo (adquirida de nuevo trabajosa men te por la filosofía de la re flexi ón en su pe rfeccionamiento ci entífico moderno) cons iste-e-dic ho toscam ente. po r un lado. como »cons tituuun» ka ntiano..e n la distinción fichtiana entre indi viduo y su jeto. y. }" en el cómodo volu men sue lto Brsi e un d zweite Ein leitu ng. se toma como algo ind ependiente de toda fa ct icida d espacioternporal: sólo en ton ces se de ja resolve r s in residuo en su concepto tod o lo exis te n te. u n trozo _ mundo. también salió a luz el carácter discu tible de su propio sujeto ab soluto: él mi smo dijo de és te que era una abstracción s (cosa qu e se han guardado cu idado sísimamente de lla ma rle todos los idealist as tardíos. po r mo r de la irrecon cili abilidad de a m bos. H. Hambur go. Rev. afectado como está él mi smo por del larel a rívídad .. [§ 6 J. entre ellos .. a testiguando la irreductibilidad de lo fác t ico al espírit u. de 1911 ).. a los co ntenidos mentales. justifi cando de esta suerte el ideali smo e n aquella ab solu tcz que luego se convir t ió en el m edio en que había de vivir el s istema de Hegel. Ka nt. y Zw t?Íte EiJlleitung in di e Wisseru ch aft sl elrre. pues no cabe independ izar " Cf . la pura id entidad (pura en el e nfático sentido ka ntian o ).Ph. t . y. 239).!!r:tJ !o ~SL como decía Husse rl.\ te la reflexión se con traponga a todo lo demás. las formas ca tegoriales de l yo pienso re qu ieren un contenido que les corresponda y que no provenga de ellas mismas. se en cuen tran es to s pasajes en las AusgewahIu Werke in sech s Blin den (reimpres ión de la ed. en WW (re im pre sión de la edi ción co mp le ta publicada por J. sin em ba r go. cier ta me nte. páas. Jo cua l supo ne ya que. el c ruce de los d iversos momentos. a los homb res (referencia no • Rich ard Krone r : VV. Si n embargo .i. G. 1934. págs. en el _pa ra nosotros » que Kant emplea una y otra vez sin reflexionar sobre él. 1 [§ 3]. pa ra po s ib ilita r la verda d (o se a. J. pá g. no se di st ingue de lo demá s: en cua nto tal correspond e más bien a lo contrapue sto. por ejem plo. no llego a efectua r este paso: del m ismo modo que. pues. que. loe. pág s.'l K ant bis He. el _yo p uro » ha de oca sionar aq uello de lo cua l se lo a bst rae. con ens im ismada in genuid ad. arrancar el principio del yo a la facticidad. t. vers o casto de J . wt ssen sch arrüche B. 3D 31 . de Medices). a los mo mentos de su actividad » 4. Mad r id . y la refl exión ka n tia na quedó interrumpida en este punto. de F.

sin au torización algu na para ello y convirtiéndose en el más pern icio so de los ejemplos y p reced ent es (para docu mentar lo cual puede va ler nuest ro dep lorable período filosófico p resent e ): y en t retant o. fren te a Kan t. hece r referencia algu na _!. es p ara Kant u na co sa es encial y noción favorit a ta n estab lecida que no se cans a de repetirla en toda oca sión. como el ab stracto ha de seguir . por otra parte. es to es . necesariam ente. ta nt o la pura y t ra scendental como la emp írica e inmediata. ll~ ~ra -. simplemente es paciotem pora l. :y Hegel permaneció siemp re pris ione ro suyo en este as pec to.. sino que se la ha hipost asiado . Por co nsigui ente.q~e• Arthur Schopenha uer-: «Pre ischrift über Gru ndlage der Mora l». no cabe re dimir ya tal concep to.absolu tame nte el re su ltado de la ab s tracción r esp ecto de aq uello de lo qu e se lo haya extraído . en defini ti-va. Mas los filósofos especu lativos a parti r de Ftcht e no se dieron cue nta de ta l cosa: Fich te h ipostasió el yo así abs traído. con todo. Ya Schopenheuer. 32 . no por desaliño lingü ístico-se loman de la experiencia de sí mi smo de l sujeto finito las expresio nes más enfáticas. ed. de la que fue obtenido. a la p ersona es paciotemporal. aque llo de lo que se lo ha ab straído (o sea. dando un giro ant ropológic o-ma terialis ta a su polémi ca : la razón pu ra kantiana eno se ha tomados. 601. sino que ya no habría man era de ap re hende rlo como yo. q ue no sólo flotaría libremente de acá p ara allá y ser ta tan indeterminabl e co mo Hegel se lo re prochaba a l concept o op uesto. po r cons lgulen rc.. 33 . de lo cont ra rio. como en m ed iación con resp ecto a la concíencía. o sea . sin embargo. depende la preem inencia de la su bjetividad en los grandes sis temas idea lista s): un yo qu~ ya _~ ~}l!-e~_e en ningún sentido yo. sino pa ra to do s los seres racion ales en cuanto tales. 111. la cualidad de aque llo de donde haya sido ab straído. siemp re se conserv ará a la vez en él. que es lo ún ico qu e. sería u n sinsentido. siend o ap licable a lo su bsu mido bajo él. que ha demolido todos los fetiches. E! análisis del sujeto ab s olu t ~t ~ . que se pasase sin . en cuanto abs tracción del empirico. com o la vuel ta a trás tiene que ser posible. mient ras que.__ I ~_concienci a _ individuali zada y. por ello. Si _ el: yo abso lu to. in sisti ó en ello. es ta formu lación de la moral co mo algo no pa ra hombres como ta les. no se pueda in clui r ab solu tamente I \ nada que no se haya tom ado de es ta y so la especi e (por la cua l lo que se dijese del género habría d e entenderse siempre. ta l vez preci samente p or ello se habría dejado en susp ens o la condici ón de posibilidad de las restantes propi edades. ambos p asaron por alto que la exp res ión yo. u n yo). al ser .:. ciertamen te.eJiminar-ta~ -radicalmente el ~· contenido peculiar de éste que ya no fuese. co mo esp trttu y au toconciencia: tam poco pu ede él cortar los hi los en tre el es pírit u ab soluto y la pe r sona e~pírica. 1911. y en cuyo concepto. Pero ta mb ién en Hegel-y. ha de des ign ar u na co ncie ncia. Munich.n :. Siímaich e Werke. por 10 m enos en la filosofía moral. a que lla patria del conocim iento (de la cual ú nica mente. en caso de que para formar el géne ro se hubiese p rescindido sin autorización de algo propio de tal especie. como dich o exclusivament e de és ta). «corno una facu lt ad cognoscitiva del homb re. si la fo rmación del concep to de sujeto t ra scendent al se sob repone totalm en te a la conciencia indi vidual. él mi smo. pá g. se volverla o tro más. ya no ser ía aquel se r del espíritu cabe si . es. de Paul Dcussen. Con tra lo cual digo qu e no estamos au tor izados nu nca a formular un género que nos es té dudo en una ú nica especle . fichtiano y hegeliano. en cierto sen tido. au nque sea en u na generalidad superi or. que se deshiciese to talm ente de la facticidad que ac omp aña a este concepto . hipostasiad a s en géne ro » 6.

¿cómo es . el acto. Ma s. como re sultado d e su propio trabaj o . de igu al modo qu e ya la razón práctica ka ntiana se diferenciaba esencial me n te de la teórica en que creaba su «objeto". se define el t rab ajo como organizado. en general. La traducción del concepto hege liano de espí ri tu en trabajo soc ial desencadena el reproch e de socíotogísmo. la dialéctica. producen te» 1. sólo en cua nto éste es algo para otro. totalidad en la que se hace princip io del ser no menos q ue del pen sar._como irresolub le. 35 . ed . se convit. en cuanto ob ra s meramen te subjeti vas . de Siegfri ed Lands hu t. material. No se lo ha ce contrastar absolu tamente con algo no es piri tual. y p or ello Hegel. En esta medida. y alza a ésta por enci ma de u na mera hipós tasis arbitraria del co ncepto ab stract o. Alianza Edit.la_irre solub ilidad de un mome nto empí rico. en la realidad objetiva . co mo hered ero de la razón p rá ctica kantiana . la negatividad como p ri ncipio motor y engendra dor. verdaderos por ser hombres reales . 1968. 189·90].. 305. aislado y co nti ngente. verdadera? Para responder a esto es preciso descifrar lo q ue dom ina toda la filosof ía hegelían a. descubiertos en 1932: «La grandeza de la fenome nología he gelíana y de su resulta do. co mo ta mpoco lo es la validez d e las p ropos¡{¡on es lógicas fr ente al decu rs o fáctico de los actos mentales indivi duales singu lares. la filosofía de _ Hegel es falsa de acuerdo con la sentencia dicta da por su propio conce p to.. lo cual no es otra cosa qu e el t ra bajo cl:moc~r soc ial. lo llama lib re . Pero como Hegel deja d e contrapo ner el enge ndrar y el actuar. a la ma teria. ' Hegel. tal u niversalidad es la expresión al mismo tiem po exa cta y-c-tenic ndo en cue nta la tesis general idealista-oculta a sus propios ojos de la esen cia socia l del trabajo. S tuttgart. Ia subsístencia de los suje tos depen de del t ra bajo de los demás no menos que dep en de la socieda d del obrar de los individuos singul are s. que confun diría la génesis y el efecto de la filosoI Ka r l Marx. con todo. 1953. y los busca en los objetos co ncreto s. en cuan to salida de lo fortuit o de l suje to sing ular. Es to se reconoció por primera vez en los manuscritos filosóllco-económicos del joven Marx. no osaban reconocc=. Segú n ya decía la Pol ítica de Aristóteles . es «ese ncia lmen te activo . es una relación social. no es originariamen te esfera algun a de ob jetos pa rti cu lares (la de las post eriores ciencias del espíritu): más bie n sería inconfinado y absoluto. Rubio Uoren te en : Manuscritos: econom ía y filoso/la. El momento de universa lidad del ac tivo s uje to t ra scendental fre nt e al meramente empí ri co. que en la unid ad sint ética de la apercepción se aúna completamente con la identidad cons ti tu tiva (el concepto de Kant__de l yo pienso era la fónnula de la indiferencia ent re la espontaneidad engendradora y la iden tidad lógica ). sis temas idea lis tas de la iden tidad. por el con tra ri o. en que capta la ese ncia de l trabajo y concibe a los homb res objetivos. se traslada a lo más espeso de l secreto que se oculta t ra s la apercepción sint ética. y con la rem isión del momento generativo de l espíritu a u n sujeto absoluto. sin de jarse deten er en ningún momen to: el es píri tu . en luga r de a la pers ona singular ind ividu al que en ca da caso t ra baje. la ordenación de las funciones. Ma drid. '..: Die Frílhschriiten. Pero entonces. untversalidad que se convierte en t ra b ajo . WW 11). social: s u propia «raciona lidad». no Idéntíco.. pág. los. págs .t:.rte con Hegel en total. de acu erdo con la defini ción de la Enciclo ped ia. no es u na simple q uime ra . co nsi s te .. algo con mensurab le co n otros. en J o_que las doc tr inas del suje to absolu to . 296 [vers o cast o de F. y el mom en to kantian o de la espontane idad. pág.

págs.Ia. abstracto-en el sentido hegeliano de la palabra-. págs.:uiiidad _de. _~n_eila. (N. que sería espíritu. págs. antes de todo influjo particula r de la sociedad sobre los fenómenos: ésta se manifiesta en ellos como-para Hegel.. crít. verdaderame nte. aislados. al me nos. 11. momentos que la sociedad hace aparecer por su propia mediación . incompatible con el sentido de la filosofía hegeliana ya sólo por faltar a la máxima de la crítica inmanente y por intentar la captura de l contenido veritativo de la filosofía h egeliana en algo exterior a ella. pendiente de _toda refle~ión·Y_~n_algº_qu_~ _pr. 37 / 36 .~~ d~ _ 12~ pr9~us~_~~_ ?~I.espíritu. 94 ss. la es pecie. la interpretación del espíritu como sociedad parece una IH't"d. que necesariamente es algo co nceptual. por su parte .~HQ!.-c_ª. recíprocamente. 11. La sociedad es concepto tan esencialmente como loes el. del mismo modo que ya la Teoría de la ciencia de Fichte había forzado el concepto kan tiano de lo puro. como crítico de éste. la absolutez del espíri tu (cosa que.:. con algo no conceptual. sería en Hegel-hab la ndo ka ntianamente-un constitutum. Desde luego. del T. atestigua su p ro pia filosofía en cuanto que no encuentra lo absoluto en ningún otro lugar que en la totalidad de la discord ia. la sociedad.. no es un mero ser ahí existente .). la complexión funcional de las personas em píricas. 588 ss.to"l<.t ínmanenternente. a este respecto. un trozo de eso existente que en la gran Lógica" (en la doctrina de lo ab solu tamen te inc ondicionado y de la exis tencia como devenida 9).~inde de 1_~ _~l:I_~!id_a~~~.vída de . de la em pirie..~en__ cuaiiio ..ºº-Jf1 ~º~!~~aª". un analis ta trascendental.. red.'~o. la crítica explícita de Hegel podría hacer patente que no consigue efec tuar semejante dedu cción : la expresión lingüísti ca existencia. t.Jos ~ sujetos que mediante__ surrabajc reproducen . y. 115 ss. Por lo tanto. trató de hacer jus ticia a sus intenciones pasando más allá de la Critica de la raz6n pura. sobre todo el espírit u . ere 1j). y podría demostrarse hasta en los detalles que.~s. sería la relación entre espíritu y sociedad la lógico-trascendental que hoy entre el constítuens y el constitutum: a la sociedad le incumbe hasta lo que Hegel reserva al espíritu f rente a todos los momentos singulares. se despliega a partir de lo absolu to . rºr . _ ~sp2d~E. en fnde -.lfJ<. qu e no ha bria de re fundirse en u na ident idad l0 . suele llamarse «gran lógica» de Hegel a la publicada por él como libro independiente (Wissenschaft del Logik: Ciencia de la lógica).. t rabajo Y .y -~i~~. se convierte el espíritu en obj etivo. en tanto que la sociedad. en algo que és ta habría derivado en su p ro pia estructura como cosa condicionada o fijada. queda confundida con lo que designa.4e los t rabaj ador es.lo hace la esencia. com~E~ "cosa más »veese. era él.. como Kant. que se constituyen a través de ella simplemente como para cualquier idealista sucede con las cosas con respecto al espíritu. caen en los dominios de los constituyentes trascendentales.. pues sólo para un pen sam iento rabiosamente antitético. * Como es sabido. Pero. cast.. y el p rincipio de la equivale~ci~­ de l trabajo social cambia a la sociedad-en el sentido burgués modemo-en algo abstracto y máximamente real: cabalmente lo que Hegel enseña de l concepto en fático del concepto. a su vez. un mero hecho. WW 4.. frente a las partes que tratan de ella en su Enzyklopiidie der phi tosophischen Wissenschaft en (Enciclopedia de las ciencias filosóficas).9~ uno de los pasos de l p'eQ§~Ljr9pitl~!L9.fJ l É'.ña de Hege l con su contenido. .-· capad: taría 1?ara d<:jarla clava~a como ta l. I n dudab lemente. .~r. t.. en la unidad con lo otro de uno ). y no debería to lerársele a Hegel .) ' Hegel.: v. Las categorías hegelianas. el texto: parte final de «Skoteínos•.

La manera de comportarse el pen sami ento como tal. es polém ica con la naturaleza hech a habitual e interiori zada. por ser aque llo me dia nte lo cual los ho mb res .0_ saber. Mas el et ra be]o del concep to. qu e se desva nece en el concepto total de esp ír itu . La primada del logos ha sido siemp re una p ar te de Ia moral del trabajo . para engendrar el ele mento de la ciencia qu e es :. trabajo . para di sponerlo como hace el trab aj o con su materia prima. de la esfe ra del tra bajo. es cosa secunda ria. re gr esa a él como co acción lógica.. antes h a de serl o su trabajo. de l cua l el pensamiento se sab e sep arado. y present a la re lación que el es. _o esp íri tu inmediato. Só lo que tal bru talid ad de la coacción da lugar a una apariencia de reconciliaci ón en la doctrina de la identidad restaurada. en modo algu no. en un puro ac to de l espíritu... alto pág .. hace algo así como un obsequ io. o sea . sin contraparti da : lo sensorialmen te dado seria co mo los frutos del ca mpo. _. ha de t rab ajar a lo largo _ de . su mi smo concepto pu ro. la actividad sis tem ática regulada de la raz ón hace virar el trabajo hacia el inter io r. delo de un acontecer soc ial. precisamente el de u n proceso de trabajo: ~ El saber que h ay prim er~mente. pues. adem ás de nec esitarse de n uevo en el progresivo dominio de la naturaleza..y para convertirse __en _ aut én t~c. indiferente a lo que tenga como contenido.. formarían algo frent e a ellos. com o tam poco puede hacerl o el in dividuo particu lar a la contrainte soc jale. de est e mod o. 21].. a todo pen sar le está asoc iado ese momento de esfuerzo violento (reflejo en las n ecesid ad es vit ales) que caracteriza el t rabaj o : las fatigas y el esfuerzo del concepto no son nada me ta fórico . Ya la antigua d istinción ent re se ns ibilida d y razón es indicio de que és ta. v. en oposició n a lo m eramente dado por aqu élla .. WW 2. u n dilatado camino s 11. ante todo. Ia co nciencia sensorial . En cu an to a lo que permit e al dialéctico Hegel re sguardar al con cepto de esp íri tu de contamina ció n con el iactum bruturn y. por la fuerza del lengu aj e) : el camino de la conciencia na tural ha cia la ide nt idad de l saber absolu to seria también. sin excepció n. cuando se habla de pens ami en to se hab la con jun ta men te de un material. La experien cia (incon scie nt e de sí misma) de l trab aj o social ab stracto se transfigura pa ra el suje to que re flexiona sob re ella: el trabajo se convierte para él en su fo rma de reflexión.. Lo cual no es.\ piritu mantiene con el estado de cosas siguiendo el mo. en tanto qu e las operaciones de la razón d ependerían de l cap ric ho. las expresiones mediante las cuales se define el espíritu en los sis tema s ide alistas como un p ro ducir or iginario se tom aron . 39 .entre . hegeliano no es u n laxo eufem is mo de la act ividad del saII Hegel. no un mero recibir. de la relación con el trabajo. es lo ca re nt e de_esp íri tu . por su par te. E l Hegel de la Fenom enología. 26. Así. algo figurad o: si el es píri tu ha de ser real.l a s ~os a s .. cest. sublimar y justificar en el espfritu la bru talidad de lo fá ctico. pá¡.. por ello . mientras que no es posible encontrar otras porque lo que se mient a con sí ntes is t rascendental no pue de desp ren derse.. para el cual la conciencia del espíritu en cuanto actividad viviente y su identidad con el suje to social real eran a lgo menos desmedra do que para el Hegel tardío. en su productiva unidad. ten ien do en cue nta su pro p io senti do. 30 red. reconoció el espíri tu espontáneo co mo trabajo (si no en la teoría. una int ervención.. Ya con anterioridad a Hegel. a la cual no puede su straerse lo particular.. pág. ya que n o puede haber nada fu era de él: pero el factum bru tum. y el peso y la coacción de l dirigido hacia el exterior se t ransmiten como legad o al esfuerzo de re flejar y modelar que hace el conocim ien to en torno al «objeto. podrían acontecer o no r ealiza rse .

corno co ncie ncia de s u ser para sfa u. el que es tá separa do de l corporal.bio: Hegel pinta siempre a la vez ésta. eso pere cedero y limitado juntamente con el t ra bajo mi smo (q ue es su pena). por su par te. En cu anto a la vinculación de los con cept os de ap etencia y de trabajo. WW 2. necesari am ente. el t rabaj o sigue siend o un brazo que se ha alarg ado para aportar subsistencias . Incluso en su forma in telectual. como eccn temp tadora»: pues aquello en 10 que trabaja el filósofo no será p rop iamente sino en otorgar la palabra a lo activo en la cosa mi sm a.. de acuerdo con las t ri ples relaciones que habrá de sos tene r con su más allá co nfigu ra do : primeramente como conciencia pura. Mas el t rabajo COl'· poral se ve re mitido. sino u n momento del trabajo socia l. Jes reproduce la vida y les in spira resignació n para ello. los auxilia en su desamparo . el t rabaj o está vincul ado en acto a la apetencia. en suma. después co mo es encia singular que guarda relaciones de ape tencia y t rabaj o para con la realidad. de su forma re flexiva. el conocimiento de que el espíritu no es nin gún principio aislado. y tiene r azón en la medida en q ue se sobree ntienda q ue el trabaj o avanza con los obje tos y medios correspondientes. crí t. tiene form a objetiva frente a los hombres y. pues . en cu anto dialéctica del suje to-objeto. pág. (desde luego. el principio de dominio de la naturaleza. Si no s est uviese permitido es pecular sob re la especulación hegeliana. pág. a la que niega una vez más : satisface las n ecesidades de los hombres a todos los nivel es. 162. para el concep to de t rabajo como rel aciones con la re alidad. La interpretación de Hegel ha in sistido con razón en que ca da un o de los movimientos principales que en su filosofí a se d istinguen ent re sí seria. ninguna s us ta ncia eutosuñcíente. ciertamente. a lo que él m ismo no es. a la vez . a lo que. sin em bargo . en último término. mas es to vale también. la riqueza fáctica) que el trabajo. desliga a este último de la mera analogía con la abstracta actividad del espíritu abstracto . si b ien independizado y luego distanciado de si mi sm o 11 Hegel. podríamo s conjeturar que en la dilatación del es píri tu a totalidad se encuentra. a sa biendas ). a la naturaleza. en cuanto trabajo socia l. ciertamente. el espíritu ) co mo lo es formarlo de ella sin éste: a mbos encuentran a una la di ferencia y la . por no hablar de las con41 I [.. todo ello gir a en torno de la celebrada sen te ncia seg ún la cual . en actus purus del es píritu. ya que éso tas. en cuanto 610sofía-y no grat uitamen te-.. pág.El movimiento por el que la conciencia inesencial t rat a de alcanzar es te ser un a-leem os en un pa saje posterior de la Fename nologiar-es a su vez triple. dialéctica. La critica -de Marx al "Prog rama de Got ha" mi enta tanto más exactamente cierta sit uación real p rofundamente hundida en la filose ña hegeliana cuanto que no pretendía se r UDa polémica cont ra Hegel.. al sub limar su principi o en metañ stco. sigue siendo trabajo de ellos: . Tal frase se en cuentra en todas las ca rtillas infantiles. pero un programa socialis ta no ha de permitir semejantes locucione s burguesas. es un a fu erza de la naturaleza. m~~~~ión. en algo ete rno y ju sto. sin cuyo con cepto es tan imposible fo rmar un a no ción del trabajo (y. 40 . la fuerza human a de trabajo.el trabajo es la fuen te de toda riqueza y de toda cultura ». Pero el idealismo yerra al t roca r la totalidad del trabajo en su se r en sí. y. v. y al t ra nsfigurar tendencialmente lo creado en ca da caso por los hombres. cast. son. a la cual opone Ma rx lo siguie n te : _El t ra ba jo no es la fuente de tod a riqueza: la naturaleza no es menor fuente de valores de uso (en los que consiste. en tercer lu gar. 171 [ed. tan central.mut ua. el cu al. cabeza abajo. 131]. el todo . en su sentido íntegro.

I1. y en tanto el hombre desde un pr incipio se compor te como dueño pa ra con la na tural eza.. en Kar l Man: un d Fri ed rich En¡ els : Ausgewahlte Schrilten . t enga a és te por un momento del espíri tu . pu es justamente del cond iciona m iento del t ra bajo por la na tu ral eza se s igue que el se r humano que no pose a ninguna otra propiedad má s q ue su fu e rza de trabajo tiene que ser . 42 43 . t." op. s in embargo. 405]. a la inversa. pág. Kro ner. en cuyo tercer escalón adquiere por p rimera vez lo es piri tual un contenido religioso como «prod ucto del trabaj o hu mano e u: .Krit ik mu ch o qu e en la reflexión de ca da j uicio pa rt icula r encue n tren su merecido. Puesto que Hegel no contr ap one sim plemente la idolatría a la rel igió n. esclavo de los demás hombres.. son los trabaj os de es te a r tesano de la forma ri gurosa.-] . eligien do en cier to modo co mo máxima la figura retór ica P'!. WW 2. St uttgart.diciones únicamente bajo las cuales tiene n se ntido. los que se hayan hecho propie-t ari os de la s condiciones ob jetivas d e trab ajo . el trabajo se vuelve ideología. " Hegel. 11 [vers o cast. pág. Aun cua ndo. Los bu r gueses tienen excelentes razones p ara atribuir a su gu sto al traba jo u na fu erza c readora so brenatural . De ahí qu e H egel no pueda a ni ngún precio asentir a la se paración entre el trab aj o corporal y el intelectual . el enmascaramien to de l su jeto como sujetoobjeto. 1953. Marx y F.Cri tica del progra m a . lJ . . es asombroso qu e la esenci a de l espírit u productivo h egelian o sa lte a la vista con la ma yor fu erza en la doctrina de la Fenom enología del espíritu a ce rca de ela r eligión natural». como las abejas const ruye n las celdas. se rese rva los p rivilegi os (pe se a todas las aseveraciones en cont rario). crtt. sino que.rs pro toto. 11 [al com ienzo de la . la absolutez y origina ri edad alud idas . como el a rtesano y su ob rar.. su trabajo será fuente de valores de u so y. a. Moscú. Descontando el capit ulo sobre el se ñor y el escla vo.Crí tica dc l p ro llr am a de Gctha ». E st as relaci on es sociales dictan la falacia a H egel .. por consiguiente . la fuente prime ra d e todos los medios y ob jetos de t raba jo. pues. con la se paración e nt re el t rabaj o corporal y el intelectual .. EI espirit u se manifiest a aqu í. 11... mediante el cual se produce a s í mi smo como objeto. cast.. el t rabajo human o queda asumido. Ba staba sólo algo de m uY poca m onte-cía rememoración del momento na tural del trabajo. indisoluble-para que la d ialéctica hegelian a se hu biese lla mado a s í misma por su nom bre. s . Los c r istales de las pirámides y los obeliscos . sino qu e lo defin e como momento necesa ri o de la formación del espírit u religioso y. e n último té rmin o. a modo de estadio t osco o degenerado. v. just ament e porque es só lo algo para ot ros: la m et aflsic a del t rabaj o y la apropiación del t raba jo ajeno so n complementarias. el re nega r __ dejo no idé ntico en lo total . pág. e n el p r oceso intelectual .. » Kar l Man: : . en tod as las circunst ancias sociales y cult u rales.. 531 re d .. éste. Engels : Obras escosidCls en dos tomo s. en K. la t rate como perteneciente a sí. pág. págs. es un t rabajar inst int ivo. en su forma materi al cósica. en esa imagen "Cf. 404-5. por ello (e n el sentido de la di al écti ca del su jeto-obj eto d e la Fenom enología). en Lengua s Bxtr. y los que dí sponen del trab aj o de los demás le a trib uyen u na d ignid ad en sí. y que n o descifre el esp íri tu como asp ecto ai slado de l trab aj o. pág. Mas cua ndo seJ o desprende de lo que no es idént ico a él mismo. 15.. 486. por ~-·l " des Got hae r Programms e. en las de termina ciones esenci ales del es piritu en cuanto absoluto. 10]. d el contenido religioso e n si y. a la vez re sultado de mediación y. cit. Ed . de lo abs olu to.. pero no ha cap tado a ún su p ensamiento. . de ri qu eza. .. el más leve de los dos. volátilm en te.

e ínclu so su or gull osa soberanía se compra con grandes fatiga s 16. en la medida en que el t rabaj o carezca de poderío alguno sob re ell a . _. _P. Ma s la m etafísica del espíri tu . Pero se verá desmentida. pero tal a u toconci encia ha hecho que se le desvanezca semejante cosa. no 44 45 . p ues de serlo se pronunciarfa ese nombre que la tien e he chizada. Sólo puede ejercerse la c ri tica de la id entificación del espíritu con el trabaj o confrontando su concepto filosófico con lo que propiamente efectúe. pág. toda dela .EL e§pm~.§-ºfí~. pu es. 38. pues para dominarla. en t an to forme u n sistem a. n\i" sin permitirse s saberlo. al d ifundirla. lo se rá dentro del esp ír it u p ~ra si. Amsterdam. lo absoluto que tan r uidosamente se proclama al fina l de la Penom eno íogia: Sin embargo. y porque-como sa bía el mi smo H egel-es preci so aban do na r la po stura gn ose ológica cuan do se la ll eva hasta el fin (m as su verdad consís t e en que nadie es capaz de salir del mundo constituido a t ravés del trabajo para pasar a otro que fu ese inmediato). porque no se puede lograr la r edu cci ón de lo exis ten te al espíri tu . la mediación radica l. de hecho. las obedece.e~ro el _ . de igual modo que lo era entre el hombre y la naturaleza. jo.. y los so bri os rasgo s realistas de H egel encuentran asilo. de desdicha en dicha. peraltada hasta lo in conmensurable. lo que permite incriminar de ideológica la filosofía hegeliana: la exégesis . Sólo el se r a u toconsci ente de tod o esto podría haber llevado a la dial éctica h egeliana más allá d e sí misma. Adorno : Diale ktik du AufkUirung. a tuertas y a derechas. reap arece monitoriamente una y otra vez tal sep a ración : el espíritu no puede de senlazarse jamás e nte rament e de sus relaciones para con la naturaleza que ha de dominar. que le recuerda lo inferior y relativiza s u sob eranía. paso a cuy o través el trabajo se a lza si n más a princip io metafísico no es otro qu e una eliminación con secuente de ese «material» a qu e todo trabajo se sien te liga do. no habrá nada en el mundo que no se le aparezca al hombre e xcl usiva men te a través del t rabajo social: incluso la pura natural eza.. literalmen te. y_talesJa miseria . d e la loa burguesa del trabajo. y. en es te exalt ado paraje del sist ema id eali st a. que hace a éste al go absoluto (por se r la de su propio t rabajo in con sciente). Max Horkheimer y Theodor W. precisamen te . 1947. que le se ña la a él mi smo sus límites. y por ello aquel todo que es una parte ocupa forzosa. qu eda de terminada precisamen te por él. incluso esta mendaz identificación de l trabajo con lo ab so luto t iene sus razones atinadas: el m undo . Tal es. lo hará justamente a través de la cerrada universalidad del trabajo social. el intento del esp íri tu que se hace a s í mism o ob jeto de reflexi ón por reínt erpreta r como bendició n y justifica r la rrialdi ci ón a que se pli ega. inevitablemente el puesto de Ia verdad en la ciencia de la conciencia que se revela. y la gran filosofía. en algo a bsoluto. Puesto que de nada se sab e sino de lo que pasa a través de l trabajo. Así. el cual es. Con todo lo cuaJ hace juegos m alaba res la teor ía de ! conocimiento mientras lo dado p ro du zca la ilusión de engendrado por el esp íritu mism o : ha de desvan ecerse el hecho de que también el espíritu se encu en tre bajo la coacci ón del tra ba jo e inclus o sea tra bajo. que no tolera nada fu era y respeta la memoria de lo que hubiese fuera . s iquiera sea merced a su nega tiva relación con el traba" Cf. ante t od o. int r odu ce de modo subre p ti cio el dechado de la coacción como si fuese la libertad.ll_m ~nidad lib re de trab aj o estaría libre de dominación.del ac tuar fís ico con seguida por medio de la imaginaci ón. es la afirmaci ón de su ca u tivida d. éste se convierte.u_ ~~__esto.fiJo. pu es Ja ab solutizaci ón del trabajo es la de las relaciones de cjese: u na _ ~-.

se for mula tal cosa sin rodeos.ó l. Y. lo cont rario : la unidad del sis te ma J p r oviene de un poderío no r cconcñíadoz Así. En la obra hegeliana de peor reputación por su tendencia re stauradora. e incluso el mundo. Pero un sistema sin lagunas y una reconciliación llevada a cab o en su perfección no son lo mismo.: en él queda sedimentado que la relación universal de cambio. como algo propio de la exist encia corrompida e indigno de la filosofía.. incluso. no puede suaviza rlos.rgánicarn. ciertamente.socializada)!__ ~.:. en el que cada uno de_~!!º ~ s_e encontraría y.~_nte. de la produc.!=Plº---de.ió~ hege.~ saber: el de una . ilimitadamente acti vo-o automático-. Justamente la producción arras tra consigo el ser para otro. (Ahor a bien: ésta. en sentido lit~~al. el insaciable y destructivo principio de expan sión de la soci edad de cambio.. sino.iñdividuo d si_ryf: E.¡. sociedad_radicalmente.(L~hº ra . es una mera aseveración. sin o esenci alment e. se refleja en la metafísica hegeliana: ésta describe-pero no en perspectivas históricas. olvidado de su destino humano. Ia . y lo ha he cho sat ánicamente. Tal concepto de sistema implica una identidad de sujeto y objeto desplegada hasta en cerrar todo en sí. s e ha de e~!~I!. que s e h abí a quedado m uy retrasada e n cuan to a desarrollo burgu és. y la verdad del sistema choca con semejante identidad. la Filosofía del der ech o. ~ 47 . sea est o lo que sea.. esos provocadores pasajes respon sables de que varios pensadores importantes del mundo occidental.. su apología de lo existente y su culto del E stado.al~s. La sociedad bu rguesa es una totalidad antagonística: _se mantiene viva únicamente merced a sus a ntaga. en el que no hay nada por mor de sí mismo.i~~~cia_d el_todo s ob r~a s partes. del género que sea. y de es te modo se venera filosóficamente semejante dom inación.perfecta a través del espíri tu en medio de un mundo real de antagonismos. crecido uno dentro de otro todos los momentos parc i. sin por ello ponerse en los ojos una venda con la pregunta por la autentlcidu9-'.recurriendo a algo positivamente trascendente.oy_p~~_verifica ~a desaforada n?~. ~ on IQ_ que_la _ esesperada impotencia de t odo . al cabqde__cie nto veinticinco años.. tlncluso el culto del elaborar. el mundo que el sistema hegeliano había concebido se ha acreditado com o sistema.< . Es sabido que ~U:9~. por virtud de éste. de hecho._.C:!~ ~_ g.p ~e<:~. no es sola mente ideología del hombre dom inador de la naturaleza. El espíritu no ha llevado a cabo semejante cosa. (Entre las hazañas más grandiosas de Hegel se cuenta que extrajese del conc ept o el carácter sistemático de la soci edad much o antes de que és te pudiese im ponerse en el á mbit o de la propia experiencia hegelia na. depende en todos sus momentos de las condiciones sociales de la producción y hace realidad así.!i<l~a de sistema. y la anticipación filosófica de la r econciliación atenta contra la reconciliación real. se halla dominada por quienes disponen acerca de la producción social.-. ha sta lo absoluto.. como un crecer y_haber. nísmo s. Este olvido de sí mi sma de la producción. en la que todo cuanto hay es un ser para ot r o.sist~I)2¡h_ en su vigorosa versión hegeliana (que. que es el título legal de la existencia de todas las mercancías.ci ón. la reconciliación .: .~ ín sJ!o.. no corresponde al concepto de sistema deductivo de las ciencias positivas). _~e un todo.) El mundo que está trab ado en u n todo mediante la «producción». mediant e el trabajo social confor me a la s relaciones d e cam46 bio. en Alemania . pues aparta lo qu e la contradiga.lo que el mundo auténticamente es. es a la vez el mundo del producir desencadenado. Mas precisamente de la conciencia del carácter antegonísti eo de la totalidad cab e de rivar las exce ntricid ades de Hegel.

el principio di al éc tico se sacaría de lo existente " Hege l. e tc. págs. ha de a paciguar lo que por otra parte no ha b ría qu e apacigu ar . cons t it uyen por una parle la propied ad privada e intereses de estas esferas particulares. " I d. para la p rovisión de tales p ues tos te ndrá lu ga r. p or lo cual no h a de b agatelizarse la idolatría hege liana del Estado. más en general. jefes. es ta soc iedad concreta). EI cu idado po lid aco r ealiza y con" Hegel. ad ministradores y ot ros cargos se mejantes. una m ezcla de elección común por los interesados y de rati ficación y disposición superiores» " . y menos aún podía im aginarse él u n inc re m ento tal de la p roducción que el aserto de que la sociedad no es suficien te men te rica e n b ienes se convierta en una burla. su autoridad descan sa e n la confia nza de sus colegas y conciudadano s. e incluso lo ha ce porqu e. WW 7. de que és tos s e ocupa n. qu e es en sí y para si. mientras que. e n otros pueblos q ue le vayan a la zaga e n cuanto a los recursos de qu e ella tiene profusión. como di rección s uperior de los intereses (§ 246) que van más all á de tal soc iedad. el p a rágrafo 249 se refiere explíci ta men te al pasaje que ha salido inmediatamente a ntes. les necesa ri os medios de vida. o. ni tratarla como una mera aberración empírica y una adición si n importancia: su origen está en haberse percatado de que las contradtccio nes de la socie da d burguesa no pueden s uavizarse por su propio mo vimiento. Pero el golpe de fuerza e ra necesa rio. ~8. de es te modo. de sconoce toda medicina para el hecho de que con la riqueza socia l crezca la pobreza (el epa upe r tsmo s. por lo pronto. más allá de l juego socia l de fuerzas: «l os intereses sociales particulares. cuy a teorta económica liberal había aceptado Hegel. 322-3. no posee una cantidad suficiente de su pec uliar caudal ) p ara poner remedio al exceso de pobreza y a la fonnación d el populacho . 3%. se admini stran p or las corporaciones m uni cipales y de los de má s oficios y profes ione s. consumidores y. Merced a es ta su propia dialéctica.según al menos da a entende r-no tien e su pues to. en cuan to a industria. qu e decl inan e n la sociedad burguesa y se encuentran fu era de lo gene ral del Est ado. . 319-20. con todo su exceso de riquezas. y. as í como por sus a utoridades. ya que. pág . el si tuado e n la ex trema avanzada. en ot r o caso. es tos grupos tienen que q ueda r subo rd inados a los superiores intereses del E stado. invoca desesperada ment e al E stado como instancia situada más allá de tal juego d e fuerzas. lo pusieran en el mismo mont ón con el im pe ri ali smo alemán y con el fasci smo. la sociedad burguesa no es suficientemente r ica (o sea. de l mi smo modo que se cu ida. para buscar fu era de eIJa mi sma . en mo do a lguno. pues. así. Dewey y hasta Santayana.. 49 . Por lo demá s. La filosofía polftica de H egel es un golpe de fue rza necesario: golpe de fuerza porque de t iene a la dialéctica en nombre de un principio qu e le corres pond ía a la propia cr it ica hegeliana de 10 abst rac to . St\n decisivos al r especto pasaj es como éste: «As! sale a luz que. WW 7. de acuerdo con la a nticuada terminol ogía de H egel ). págs. desde este lado... Mas en la medida en que tales asuntos. E l libre juego de las fuerzas de la sociedad capit al is ta . 48 . a modo de orden y organización ext erior qu e sirva de protección y segu ri dad a las masas fre nte a finalidades e inte reses pa rticulares (puest o qu e consis te e n lo general mentado ). serva. 11. lo general que es tá con tenido e n la singula ri dad de la sociedad burguesa.---~- 1 1 como Veb len. en general. por otra p arte . la sociedad burguesa se verá lle vada más al lá de s í (por lo pronto. y su comienzo dice así: .

sobrepasándolo. que no s iente ya privación al guna y no sabe del trabajo (a l cua l ú nicam ente. los concep t uó y cr-itic ó: su negatividad los hace s iemp re al go distinto de lo que simpleme nte son y de lo que sost ien en se r. En ninguna parte se acerca t anto la filosofía de Hegel a s u propio substrato. rec on oce de esta s uer te la negat ividad de su obj et o. en de finitiva . se convierte también en su con junto en ne gativa. la no identidad de su jeto y objeto. al final . oposición a bs olu ta a la justicia. sin embargo.!. ello no sent en cia tanto a Hegel-según querría la just icia por su propia mano de las ciencias po sitivas-cuanto a la r ealidad. lo absoluto. y que es el mot or idealista central de H egel. como allí donde desatina a su respecto. y se me jante ciega identidad es la esencia de la ideología. \ la verdad de Hegel no tiene su puesto fue ra de l sis tem a. la de Jos impulsos satisfech os . teodicea constituye su propio progra ma) ta~t. sino que. es esencialm ente n egativa: es una crítica. en su integridad y coherencia com o en su coherencia cu lposa . Heg el. en realidad. de la ap ariencia socialme n te necesari a. el ca rá cte r de cla usurador omnicomp rensivo sobre el qu e no imp eraría ningún tercer ele mento reconciliado r . sino corporalmente. de es te modo. el propio. debe la re conciliación ). 50 51 . al convertir la filosofía trascendental de la Crítica de la razón pu ra en crítica del ente mismo (justam ente en virtud de su tesis de la iden tidad de la raz ón con el ente). es al mismo 'tiempo ant iide alis ta: es la críti ca de la realidad p or el su je to (de esa realidad que el idealismo ha ce equivaler a l suj et o a bs olu to ). pues él no los calcó meramente. y al sa lir a luz irresistibl em en te. a saber : la conciencia de la con tra dic- clan que hay en la cosa y. y si bien . es ta legítima: la de que habría qu e ha cer bueno y reconciliar el mundo re al y fá ctico no m erame nte en la idea que se le opone. la sociedad. pero precisame n te esta no identidad adopta en la realidad la forma de la identidad.p ues se le oc ult aba su p osibilidad real-o La filosofí a hegeliana quiere se r negativa en todos sus mo mentos particulares . la fu erza de la teoría. va más allá _de _toda _pl?~itiv. no significa tampo co en és te otra cosa. en último t érmino. p ero la ces ación del movimiento. se acredita a la vez por él: la no identidad de lo antagoníst ico.!~_ L denuncia-eL~undo (cuy a. sino que se adhiere a él tan to como la falsedad. cont iene en sí otra. me rced a la cu al és ta se vuelve con t ra sí misma. gracias a hab erlos en gendrado con el pensamiento. que la vida r econciliada. con la que ch oca y que sólo a du ras pe na s consi gue do b legar com pleta mente. . sin embargo. en la que todo lo existente merece perecer. y tal vez sería así cap az un día de encontrar aq uell a reconciliación que Hegel tuvo que simular. sin o fal sedad. es la de ese todo qu e no es verdad . y de est e modo habría negado la tesis de la identidad absoluta (que sólo en cuanto realizada es absoluta : tal es el corazón de la filosofía hegeliana). Aho ra bien: la fa lsa pretensión de qu e el mundo es . Ahora bien: és ta ún icamente p od ría desvan ecerse pasando por la cont ra dicción de venida absoluta (no merced a mit igarla en lo absoluto). De modo que si la filosofía hege liana fraca sa m edida con el cri terio m ás alt o. m as cuando. Mas el principio de l dev enir de la re alida d . buen o. Por consiguient e. cont ra su inten ción. al desvanecerse en la ne gatividad ab soluta.!. El burlón «tan to p eor para los he chos» se moviliza tan a ut omát icam ente co ntra Hegel porque dice la sangrien ta verdad sob re los hechos. el sistema hegeli ano p asa a ser un error merced a su p ropia co nse cuen cia. m as. deja atrás lo que hab ía promet ido y se convier t e en verdad eramente id én tica a su embrollado objeto.segun el cu al ésta es más qu e su po sitívidad.

y apenas hay punto en que su filosofía sea más actual qu e d ond e desmonta el conc ep to de ser. de la dialéctica. a toda esc is ión entre su je to y obj eto) . es te com ienzo .. sin embargo. la Lógica de sp liega las categorías de l pensar mismo en su objetividad. 52 53 . todo ello ha alentad o a recl amar a Hegel para la onto logía exis te ncia l. v. Ya la definición del ser qu e se enc uent ra al comien zo de la Fenom enología dice exactame n te lo contrario de lo que ho y qu iere sugerir tal palabra : . de hech o . y en opos ición a aquel partir de la co nciencia subj etiva . es _la . i nm c4ialqjn~~te_nn a_~0 . mas_inclus o tal inme: j':l dlat ez. eseací at me n te negativo. es. v. loe. v. y en vir tud de su indetermina ción. nada . la me- diación de l devenir otro que si mismo . 1. hoy arcaica) afecta a la totalidad. · WW 2... 66. como u na hon ra primi tiva. en motivo para dar a9u~t paso _ . si es que pued e hablarse aq ui de intuición . en s u negatividad . empe zando por el co nce p to del ser . 1. és te deniega al ser preci samente esa absolutez. 87 Ied. pura indetermina ción _y__cl _pu ro vacío . crtt. o bien es tan sólo ese pen sar vacío. en un argumento co n tra la d ignidad del ser. t. pá gs . Semejante vacío.] . Pero mientra s que lo que act ualmente pa sa co n el nombre de pregunta po r el ser hall a un sit io en el sistema he geliano. de m an era que la diferencia ent re el se r co mo s ujeto y el que se es crib e con y griega (en tiempo de Hegel todavía ortográfica .. de lo cua l el tes timonio más conoci do (si bien no el primero.. o bien es únicam ent e es a mi sma Intuición p ura y vacía . en modo a lguno) es la interpret ación heideggeriana d e la "Introducción " a la Fenom enología que aparece en las Senda s perdidas. as í como la restituci ón de la metaf ísica espec ulati va (d es truida por el crit icismo). 1. qu e res tau ró inclus o conce ptos co mo el del ser y qu iso sa lvar ha sta la prueb a ontológica de la exis tencia de Dios.. pá gs. 15-6]. pág. 10n n Id. s urrec ción de la metafísica : la teo ría hegeli ana del se r. a la que se aferra la ontología exist encial. 23 [ed . " WW 4. 66·7. No hay nada que intuir en él. cit. 87-8 [ed ..~!é~ ~ ico_ q~~qL! ip_a ra el ser a la nad a: d «E n su ind eterminada __ inmediatez sólo es igu al a sí mi smo. Esta s reivindicacio nes nos permiten en tera rnos de qu e la ontologia exi st enci al oye hoy de mala gana que se h ab le de su afinidad co n el idealism o t ra scen dent al. la inmediatez (la apa rie nci a de que el ser esté preorde nado lógica y gené tica mente a tod a re flexión .. erlt . sino que se la liquida : es-se lee inmediatamente al co mienzo de la parte de la Lógica que lleva por título la pa lab ra ser19_. simpleme n te. cust. pues el ser hegelian o es lo op ues to a una entidad origi naria . no sirve de fun dam ent o a ninguna prima phiíosophia. y Hegel no abo na al co ncepto de ser . es incompatible co n su teo logización con temporánea . t. pág.. qu e forma el sustrat o de su filosofía . se con~ierte para Hegel.. o sea. como mom en to suyo. 20. pág. Tampoco hay en él nad a de qué pen sar. y ni más ni menos que nada » 22. 21. q ue calaba a fon do la medi atez d~ se~ejante' Cosa inmed iata. lO. cast.. cnt. E l ser.. t. ese estar an tepues to a todo pensar y tod o concepto de que espe ra incautarse la más reci ent e re . pág. Como es sab ido . lo Inm edi ato indeterminado. el cual ú nic amente es en verdad su jeto (o bi en--cosa que quiere decir lo mismo-el cua l ú nicamen te es en verdad rea l) en la medi da en que sea el movimiento de l ponerse a sí mi sm o.La substancia vivien te es ad em ás el ser.pues és ta no es ot ra que la del sistem a de la soc iedad . E l giro obj eti vo que tomó en Hegel el ide ali smo. pá gs. pá g. al cual se figura ven cer merc ed a su pateti smo acerca de l ser.!.. debido a ha be r definid o és te co mo un momento reflejo y crit icado. cus t. sin emba rgo.

. 128·9}.. 8. deseos. es indiferente que llamemos a esta a bst rae. que ob ra del modo má s grandi oso en la trabad a refe rencia de la s e ta pas de la conciencia a las etapas sociohis tóricas en la Fenom enología del espíritu.1. p ues «Si exp resamos el ser como predicado de lo a bsoluto-esc ri be el H egel de la madurez en la Bn cicíopedia-c. cast. o b ien no dice ab solutament e nad a) . a t autolo gía . v. t . qu e en trega ba originar iamente. t. 110 l edo crt t. por mor de su s pretendidas e te rn idad y no ca ducidad. pago 204 red. que carece de todo conte n ido salvo su propia a ura): qu e Ia filosofía no debe buscar su obj eto en los supremo s conc eptos universal es. que no d ice na da sino sola me nte .. pese a tod a la par la de lo conc ret o (pr eci same nt e en y po r la magia de la concreción indeterminada. pá g.25. rechazó la equipa ración del contenido filosófico y de la verdad con las abstracciones sup re mas.. indete rmin aci ón y vaciedad d el imaginar. t.. p::\gs .. pág. como . e igu almente qui eto en cu an to a sensación . cas t. A partir de Husserl. La última herencia de la intuición hu sserlian a . la a bs tracción.i dice in t eri ormente en sí am. de ta E nzy klop(id ie. lo qu e el indio denomina Bra hm a (cu ando ext er iorme nte inmóvil. cast o de la E llcicloped ia. lllS. se convierte just amente así e n presa suya . 24. se dic e en un p asaj e post erior de la Lógica. el Nie tzsc he de El ocaso de los ído los. et c. im aginación . en :lO WW 4. no es ta n to una cualidad ontológi ca del se r cua nto un a car encia d e l pens amiento filosófico que termina en el s er . durant e añ os más q ue la pu nta de su nariz '. el se r. Lo que hoy (como invoc aci ón de las p alabras or igmarias. pág s . ya por ello mi sm o. e n realidad. sin embargo. sino com o u n concepto qu e se olvida de que lo es. Como de spués de él únicamente lo ha hecho. y el idealismo se trasciende a sí mismo con Hegel no en último t érmino co n est a intención. crn.saga .. 1. crí t ica del se r quiere decir. mas Hegel no sólo lo ca ló con la mirada como in intuitivo en vir t ud de ta les indeter mi nación y va cío. sino que ] 0. no se dramatizaba un ele vado lance en qu e jugasen pa labras or iginarias. ser. 159]. Y es ta so r da y va cía conciencia es. y supo lo que actualmente ha quedado falseado y perdido.. pág. 107 red. J. una y otra vez. na da . 125-6) . no m ira al WW 8. 85-6. que lu ego se avergüe nza n de su propia concept ua lidad universal. pe nsar p uro : todo es lo mi smo.) pretend e que se alza por encima de la dialé cti ca . En ellos se exp resa . crít . y se hu nde de es te modo a totalmente carente de con te nido. los filósofos conte mporáneos del se r se opo ne n al ideali sm o.. 1. es decir. t. la cual se hincha a en te e n y pa ra s í. el más cósíco de tod os. má s abs tracta e insufi ciente» 2. . co mo la inmediatez a bsoluta. n egativid ad abs tracta. el recuerdo de q ue es resu ltado de una abstracción total y. v .. ello no s proporciona su primera definición: lo a bsolu to es el ser . y ésta es la que (e n el pe nsarnie nto) es enteramente inicial. e n realidad. 1. 1. y en un as fr ases de es ta obra que se aguzan especí ficame nte contra Jacobi p ued e verse que con lo an t erior. y co locó la ver dad precisament e en aque llas de terminacion es con la s cuales la met afí sica t radicion al era dem asiado re finada para mancharse l ~ s manos . 1 54 55 . y se t ap uj a de inmedia tez pura : e n cie rt o mod o . pág. Hegel oyó la invocaci ón al ser con ri gid ez m an íaca como fo rmalis ta matraqueo de UII molinillo de oraciones . celeb ra hayal concep to de ser como lo arrobado lejos de toda cosifica ción . : v. ción espacio o bien intuir puro .. a ser. t. entendida como conciencia.. "' \ V\Y 4. am . am. fan tasía . págs. c ritica de todo u so enfá t ico de es te concepto: «Con es ta pureza tot almen te ab stracta de la co ntinuidad. pá g.Con el ser en cuanto aquello simpl e e inmediato queda olvidado .

~a de la ()bjt:. pero han hipostasiado así el resu ltado supremo de la abs tracción sub jet ivo-con ceptual.-l!!~cio y ~l~jeto. No hay nada que sea mejor recibido por la supe rficialida d del sa ber y del carácter. y s ufici ~~ tc ) e n ta nto q~~.tivi!l3'd.para ~si !~ y el saber de la verd ad no es. para H egel. t ras la co incidencia fonna l con el impu lso on tológico se esconde n diferencias cuya sutil eza mira al todo. 35. la ve r dad en sí no es el «se r» : precisamen te en éste se oculta la ab stracción. un máximo de idealismo ha rá que se trasc ienda la me ra subjetividad y que se ro mpa el cegador circulo de la inmanencia filosófica . s ino__que _h <LºLeleva rs~ _ porenclmadeeüo . contrapuesto a todo lo meramente finit o. han que dado cog idos e n el idealism o.que e s~inde inconciliadorarnente la sub je t ividad del ser. nad a que comprenda t an de b ue n grado como esta doc t ri na de la carencia de sa be r . subjeti vo: tal es la ci ma lO de la filosofía de :tlegeLPara J ¡L'lí:rd a dJlo _ e s_n i ngu~_ ~I nª----silJl~le relación ent re ~l. Con 'I WW 8.r realid ad . la _id. d icha superfici alidad e insipidez se prese nta como la met a y result ado de todo esfuerzo intelectual» v .. con Hegel. WW 8. en general. el mod o de com pact a rse del s uje to que fabri ca nominalísticamente sus conceptos. de manera que el carácte r ab soluto del es p ír itu . come ya suced ía leja na mente (a saber: e n lo que se refie re a la conce pción de conjunt o de la metafísica occide ntal. de hecho. a la que pos teríormeme es peran escapar) e n el temprano escrito he idegge r ian o sobre un a p ret endida obra de Duns Seoto. t a nto en lo qu e se refie re a postura teórica como e n su acti t ud hacia la sociedad. _ de 10 absolut o. Mas la idea hegelia na . el ser .! . puede d esplega rs e o seguirse algo que no es.. y de est a sue r te. se dife rencia de la restauración del concepto absolu to de ser e n qu e en sí es debida a una m ediación . la id ea que con Hegel propiamcnte se vu elve contra el idcalismo tradicio nal no es la de l se r. j Sin embargo. Así. pág . al asegurar la que ha de mostrado que n o se puede sabe r nada de es to úl timo . 91.jpues a eso tiende su cr-ítica ~del. hasta el punto de que regis tran que a partir de la mera inma ne ncia sub jetiva. la sit uación ir revoca ble de la concienc ia his. por ser de1a razón. sin percatarse de ello . de_la verdad robust ece la cazón de l su je to ( le ha de se r posible. _a 2us oj~_. inf~rior_a. se ría garante de la a bsolutez de la ver dad.. pá g. aunque_~ éste ~a_ el su jeto trasce ndcntau .. cuya asidua preocupación po r si la verd ad es suficie n temente verdade ra te rmin a e n la supresión de la ver da d mi sm a .. a tod a inte nción y todo «hec ho de conciencia . inclu so como unee n sí --y. (También e n Hegel-por a plicar un a e xp res ión de Emil Las k a algo más genc ral-apun ta el ideali smo por encima de sí m ísm o. en efecto. pues el con tení dodeconcícncía que se despliega__en verdad no _ _me ramente ver da d p ara eL es cognoscente. justamente. tórica. y que la verdad se manifi est a en ella como es en s í y para sb 26.los inte ntos act uales de evas ión del subj etivismo están ligados a la difamación del_~uj e to . Se me jante enfática idea d e la verdad da un nt:ntís al su bje tivismo. la concie ncia. 56 57 . merced a la cual._I!i!lg(ln predica do del pensar-subjet ivo. sino la de la verda d: «Lo que sostiene la filosofía .sf e n u n pasaje ci tado por Kroner se dice que tal criticismo h a «ot org ado una recta conciencia a la fal ta de cie ncia dc lo eterno y di vino . en . Nada hay que los haga convic tos de ta l cosa más co ntu ndent emente que la espec ulación de l arch tldealis ta Hegel: s i bien los r est aurad ores de la on tología se s ien te n de acuerdo con él.5!it~c~s­ m-. es que la forma del pens a r es la abs olu ta. que se s us t raer ía a l me ro opinar.

19.. v.. crtt. . 31. 33. t . pág.dice H egel-habría . con su concepto » 32. tal movimien to se des liga del sujeto pen sante. pág. 21. t.. pág. . todo ju icio finito aislado se desvanece. crü. debido a ello . pá g. pág. La cri tica de la se para ció n rígi da de los mom entos del j uicio hace que la verdad.. en cuanto ap re hendida como mero re su ltado . pá g. inmóv iles . En Hegel.. p ág. Mas pues to que en tod o juicio aislado la co sa de qu e se trate se confronta co n su concepto. pág. 21]. y puesto que.econcilia rse con la in justi cia que la apront adora subjetividad irroga a la verd ad en s í. y si la di aléctica ideali st a se vuelve contra el idea lismo. v. pero en secreta oposición a ella. Pero no es ella verdad como si la desigu aldad se " WW 10. 22 [c d.. que es preci samente la exalt ación de su pretensión idealis ta. 66] . 372. el momento esen cial: pues a partir de ta l di stinción surge su igualdad. cast. 30. pá g.. cast. que la verdad no es una mon ed a acuñada qu e pudiese darse terminada. . " WW 4. la re flexión sob re la r eflexión... al mi smo tiempo. Sa ber falsame nte algo quiere decir que el saber se halla en desigualdad con su sustancia.que deja r de lado la op inión segú n la cua l la verdad tendrí a qu e ser algo palpable. pág. _por lo cua l. en gene ral . Mas es preciso soste ner . tradicion a l de adec uación del pen samient o al estado de co sa s: la verdad ya no se deja capt ura r como cua lidad de los juicios. pá g. ya que «todo depende de ap re hende r y exp resar lo verdadero no co mo sustancia . pág . ha ya de . de modo semejante a la definición tradicional. se de scon oce a la razón » 28. el di s tinguir . fijas y ais ladas. . se t ra sfunda en el proceso . cosa que hace r esaltar Hegel mediante giros siempre nu evos: «Ie verda d es su mo vimiento en ella misma. pág. 33].. cas t. 15] .. ahora b ien : como ni ngún ju icio finito alcanza jamás ta l coinci dencia. cr Jt. la actividad subjetiva de la re flexión t ra slada la verdad más allá de l concepto " WW 2. 8. verdad quiere decir. Acaso nada pued a deci r má s acerca de la ese ncia del p en samien to dialéctico que el que la autocon ciencia del momento subj etivo que hay en la verdad. anti-idealísta. en la idea hegeli an a de la verdad se encarece e l momen to subje t ivo. al mera men te figurársela y dar por verdade ro lo qu e no lo es en ab soluto. La dialéctica es un proceso no men os bajo el aspecto de l ser en sí d e la verda d que baj o el de ac tividad de la co ncienc ia. ciertamente. v. pá g. y es ta igua ldad devenida es la verdad. es . Id. sólo que p rec io samente esta desigualdad es. y co nsiste een la co inci de ncia del obje to consigo mismo . por ent ida de s p ropias que se ma nt uvies en. J. ca st. él n o brota . y destruye la apari encia de que la verdad en general pudiera ser un aju starse la conciencia a algo singular sit uado fren te a ella: «Lo verda de ro y lo falso se encue ntran ent re esos pen samien tos det ermina dos a los que se tiene. 25 [ed. po r el con trario. el de la relat ividad . mientras qu e aque l método--el m atemático-es el conoci mien to exteri or a la materia » 29. . u na allá y otra acullá. el concepto de verdad queda arrancado a la lógica pred icativa y trasladado por en tero a la dial éctica. crtt. 46 [ed. 17.. y embolarse de igu al modo . sin embargo.. l' 1 I " ww 58 59 . cuando la re flexión queda excl uida de lo verdadero y no se la ca p ta co mo m omen to positivo de lo ab solu to.todo.. por fala z. Id. «precisamente coincide nci a del concepto co n su r ealida d ... ni hay lo fa lso . 31. p ues el proceso es la verdad mis ma. sin comu nidad con las otras.. 40. sino igua lmente como sujeto . 1. 46 red. ello es porque su propio principio. debido a pe rca ta rse és te de si m ismo: en lo verdadero está contenido el p en samiento en el que. v. pues.

La .. de su es tá tica. es también incompati ble co n lo que p regu nta la ontología : la verdad hegeliana ni está ya en el tiempo. a la tesis de la iden tidad y. po r ello. Hegel inte rpreta una y ot ra vez el movimiento en que ha de co ns ist ir la verdad co mo «movimiento propio».m uy diferentemente a como suce día hace cien añoses tá encadenado por el co nformismo) un mom ento de la verdad de aque lla tesis de la identidad : si. lo que.hab lando kantianamente-e-no hubiera padecido algu no entre el suje to y el objeto. la cr ítica de és te. sin em bargo. que el conjunto de la filosofía moderna re cita devota y rep ite maquinalmente: gracias a la dialéctica. Aun cuando el mov imiento h egeliano del concepto ha resucitado en cierto sentido el pla tonismo. merced a que la adaequ atio subjetiva q ueda negada gracias a la autorreflexión. ab solutam en te opuestos y sin med iación (co mo qu iere a 60 61 . 27]. no es una mera cualidad de l juicio.desvelada. en cuanto tal. por su pa rte. ha de reco rdarnos precisam en te (en una hor a del espírit u de és te . pues también la razón filosófica tiene su ard id . ni tampoco como la herramienta se deja lejos de la vasija terminada. ni . sino que para Hegel el ti empo es u n mo mento de ella mi sma.verdad . y ha as u mido en sí toda la espontane idad de la concie ncia liberada . Así. en ú ltimo término. a la m anera ontológica . sino que la espera justam ente de aquella insist en cia del labo rar del pensamiento que t ra dicion al ment e se detien e en la crítica del p lato nis mo. Con todo . en cua nto eso que p asa as í al otro lado. 33-4. De es te m od o rompe con la doctrina de la verdad como adaequat ío rei arque cogita tíonis. 39-9 red . Hegel sigue adhiriéndose. al modo de la escoria con re sp ecto al metal. de su h eren cia mítica. p ero no sos tiene tal idea como si tuese inmedi atam ente intuitiva. de su subjetividad : pues to que n ingún juicio subj eti vo puede ser verdadero y. a la vez. La ver dad se desprende. cnt. pues. sino que la de sigualdad se encu entra inmediatamente presente en lo verdadero mismo como ta l en cuanto lo negativo. evide nte. so. a l idealism o. si ambos se enco nt rasen separa~ os . sin ser aislab le. v... ese procede r del nom lnalismo consecuente despertado a la conciencia de sí m ismo que somete a prueba con su cosa correspondíente todo concept o y lo convence así de su insuficiencia. n i tampo co meramente «puesta». só lo merced a que la exigenci a de verd ad deja t ranquilam ente que se proteste la pretensió n de verdad de tod o juicio limitado (y. que desde ha ce muc ho se ha vuelto nada costosa y que en otros tiempos tenfa ante todo qu e arrancar a viva fu erza el poderío incont ras tab le al idealis mo hegelia no . cas t. entonces. ya irredu ctible nominalíst icamente. hace cent ellear una idea p latónica de la verdad . no " WW 2. cosa que liquida aque lla hipóst asis de la abs tracción y de l concep to igu al a sí mismo que domina la filosofía tradi cional. p ágs. Mas si bien. éste ha quedado a la vez curado. que estaria tan mo tivado por las circunstancias del juici o como por la sí ntesis menta l. cabe retrotraer al sujeto y que las gnoseo logías idealistas trad icionales creían poder desaten der co mo una mera x. todos tienen que que rer se rlo la verdad t ra sciende hasta el en sí. sino q ue en ella se impone sie mpre.expulsase lejos. posee u n núcleo temporal. y que el sujeto no de ba co ntentarse con el mero ajuste de sus juicio s a las circunstancias obed ece a qu e el ju icio n o es una simple actividad s ubj etiva y a que la verdad . ni mera me n te . pág. p ágs . Y la verdad pasa por sí misma a u na idea objetiva. lo m ismo e >. fal az). se ha lla por en ci ma de él. como lo es taba la nom inalis ta. sin embargo. pese a todo. co n ella. como proce. es un "atravesar todos los momentos» que se opo ne la «p ropos ición lib re de co ntradicción » y.

pues to que la verdad 62 63 . la de sm esura de la do ct r ina hegeliana del esp íritu absoluto. est e t ener presente la razón su ese ncia mim ética sa le a luz con el id eali smo moribundo en ca lid ad de sus derechos hum anos. y en virtud de lo cual. igual que la fe inmediata. todo «ama. por ello . si b ien ambas categorías participan de la dinámica histórica. como la de que la especulación. todo antropomorfismo en el objeto. como razón. con toda su debilidad. abstracto: por mucho que el pensar abstracto y el se r abstracto sean una y la misma cosa (como se d ice en los comienzos de la filosofía occidental en un versículo-por lo demás. pues un pensar que h ubiese extirpado completamente su im pul so mimético. con razón. también él retiene r es ueltamente a la razón como algo uno. frente a Kant. sino afinidad.el positivismo desatado). su condicionamiento y su negatividad. de la prueba ontológica de la existencia de Dios. se ha brfa entregado con la hipóstasis del espír it u al fetichismo del concepto no menos que hoy se hace en nombre de l ser. por el cont rar io. haría frente a la refl ex ión. ' mento». pues el con cepto especulativo no es ni un int ui r m una «intuición ca tegorial». la utó pica esperanza de que el bloque constituido por los «límites de la po s ibilidad de la experi encia » no sería lo ú ltimo. ratio. Es to es lo que pe rmite la obj eción según la cua l Hegel. los papeles desempeñados por el concept o ontológico de ser y por el hegeliano de razón son di stintos. Teniendo en cuenta su crí tic a del refl exionar finito y limitado. se ha in te n tado-incluso por Kroner-encuadrar a Hegel entre los irracionalistas. valdría para conocerla. el realist a p latónico e id ealista absoluto. e incluso el movimiento que habr ía de lleva r más allá de todas las determinaciones finitas de l pensar es movimiento autocrttíco de éste. De todos modos . se sa ldrí a b ien (como en la esce na fina l de l Faust o) y de que. y su ob jetividad t ri un fa en un narcisismo de lirante. Cabe dudar de la estrictez de la t en ta tiva he geliana de salvación. el espíritu se asemejaría a la verdad y. El pensar absolutamente limp io de alusiones (en oposición perfecta a la filosofía de la identidad). con trovertido-del poema de Pa rménides). y. a su vez. p ese a todo. y lo que sentencia la paralizante resignación de la conciencia ac tual es que está siempre di spuesta a reforzar una vez más con su p ropia debilidad la degradación que se le in flige con el exceso de poderío del ci ego se r e xis tente [Dasein]: «E n la llamada demostración ontológica de la existencia de Dios se encuentra la mi sma conversión de l concepto absoluto en el ser que en la época moderna hizo sali r a luz la hondura de la id ea . aquel que rechaza toda participación de l sujeto. y cabe apelar al respecto a algunas declaraciones suyas. hoy que todos (y má s que na die los secretamente idealistas) difaman al ideali smo se ha ce paten t e un saluda ble correctivo en la noción del carácte r absoluto del espíritu. de qu e. no solamente no habría verdad alguna. pero que en la contemporánea se ha dado por cosa in concebible. m er ced a Hegel. sino. pero 10 qu e le mov ió a ello no fue una voluntad de oscurecimiento d e la razón. Si en otro tiempo se recalcó. sino tampoco ninguna razón y ningún pensamiento. un tipo de ilustración que no lleve a cabo la autorreflexión (que forma el contenido del sis tema hegeliano y mienta la semejanza entre la cosa y el pen samien to ). E l especulativo conce p to hegeliano salva la mimesis gracia s a que el es p íri tu para mi entes en sí mismo: la verdad no es ada equatio. pensar. el juicio que insis te en semejante parecido es . es la conciencia d el esquizofrénico. pero. desembocaría en desvarío. Jo m ism o que hace Kant en las t res Críticas.

sino que supo ra st rea r ha sta lo más int imo que el des t ino de l hom bre en general sólo pued e rea liza rse a t ravés de aque llo qu e está ena jenado. defini ó Hegel la dialéc tica como el es pírit u de con trad icción organiza. y en la ingenuidad de l pensa r que se halla t an próximo a su ob jeto como si lo tratase de tú a tú . un a vez más . In du dablemen te. y a la qu e corresponde en el sis tema la reconstrucción de la inmedia tez a todos sus n iveles . en cierto mo do int rodu cirse en ello s de con trabando. el valor de tener debilidad. por lo d emás. por poco que quiera h ab er «desis tido 65 5 . salv ó-e-dic ho co n las pal ab ra s de Horkheimeré l. y los informes que tenemos sobre él toman nota una y otra vez. se ha desistido del conoci mien to de la verdad »e. pese a todo. Heg el dio ent rada en la filos ofía al ardid de la razón para hacer p lausible que la razón ob je tiva. Ciertament e. Aun cua ndo la razón hegelian a se opone a se r me . do. ya que tal poderío se vue lve contra él mi smo. especialme nt e frente al sordamente pé rfido reproche de artificioso y arcbísut ll qu e desde enton ces se viene repitiendo incansablemen te con tra tod o pensa mie nto di aléctico. rament e sub jetiva y nega tiva . pues. de una astucia genial. de la asombrosa se nc illez en la forma de ser de aquel escr itor excepcionalmente d ifícil: guardaba impertu rba blemen te fidelidad a su origen. 387·8. incluso cuando pretendidamente era el filósofo político prusiano. lo cual es condici ón de u n yo robus to y de tod a elevación del pe nsamien to . la rea lización efectiva de la lib ertad.care ta como en mu y poco s lugares. atónitos. mente de portavoz de lo contrapuest o a tal razón subjetiva e in clu so en cu entra gus tosamente la razón en lo irraciona l. acabe por vencer a la ma yor dureza. Hegel -n o reduci rá a ob ediencia al que p roteste ha ciendo meramen te qv c le se pa bien . y no en último término. 64 tiempo a agazaparse bajo los podero sos y a ada ptarse nuevam en te a s us n ecesidad es que puede arrebatarles el poder de las manos-según div ulga la dia léctica del se ño río y la servidumbre. en la que se quitó la . no renunció a lo suabo . como quien creyese re forz ar su dign idad anunciando con gestos o pa labras que es una pero sana de procedencia humilde. co mo si fu ese cos a p ro pia. que le inspira a és ta ingen io para que. lo heterónom o y ena jenado. en la Fenomenologia-:-. dentro de lo cua l se encon t raba de una vez y para sie mp re. pues fijaba lo ya da do . y espera que sea suy a la vic toria so bre el incontrast able poderio del mundo (hast a el fondo del cual ca la si n hacerse ilu siones). ta n adult o Hege l un a par te de su infancia . ni ta mpoco me ramente lo ad octrina rá sobre que de nad a s irve dar coces cont ra el agu ijón. En la conversación con Goet he qu e nos ha transmitido Ec kerman n. págs. tamb ién bajo este as pect o la filosofía hegeli ana (acaso más dialéctica de lo que é l mismo se figuraba ) se en cuen tra colocada sobre el lilo de la navaja. a lo largo de toda su vida. sa lga con bien merced a las ciegas e ir raciona les pa sione s de los ind ividuos hi st óricos. concepción q ue delata algo del núcleo expe riencia! de su pen samiento : es tá lleno d e ard ide s. con lo cua l mient a a la vez.sólo es la un idad del co ncepto y del se r ex istente. da testimon io. sólo algo así como a tra vés de l exceso de pode r del mundo so bre el su jeto: de be a propiarse los po deres qu e le son ene migos . Pero tal inge nuidad de quien nad a tenía de ingenuo. ta mbién de sempeña en ello un p ap el un momento no resuelt o de fa lsa po siti vidad. aunque oficia rep etida. Es sabido que Hegel. ese tipo de ardid (al go as í co mo una gr an diosa gra mática parda campesina) que ha apren did o durante ta nto " WW 7. hasta t ra n sfor marl o d e un vue lco en otro.

no obsranre lo cual. pues lo más discut ible-y también. la est reche z y parti culari smo del interé s del individuo .. es ya siempre poten cialmen te. por 10 demás. que es u na ab stracc ión a partir de la individualidad . Todo lo cual es tamb ién verdad con re s pecto a la. aunque en la con st rucción de la filosofía hegeli ana se acentúa con el m áximo de fuerza lo gen eral y. lo general. lo que e n su j uventud había atacado (esto es . no expropi ó a la ob je tividad o esencia de su referencia al ind ividuo y a lo in med iato : lo gene ral es siemp re. que se au todefiende a sf mi sma. de individu o y de soc iedad han de darse por bu!" nas tan poco como las de suje to y _obje to . y de sha cerse de la reflexión q ue se eriza co nt ra semej ante co sa mediante la con side ració n que insiste en lo complica do que es el mundo y extrae de ello la sab ia conclusión de qu e no es posib le tran sfonnarlo. lo fal sea ._ vidu alización . ta mpoco pued e hacerlo su conce pto de ra zón ob jetiva (ya en la filosofía kantiana de la h is toria la aut od efensa p asa de un vuelco . Si hay un pasaje en qu e se p re sente aburgu esado Hegel. a «human ida d ». _ de_igt!al forma qu e no ha de interpreta rse el p ro ceso ent re ~ y otra cosa com o si aconteciese ent re dos polos inmutables: sólo en la conc reci ón h ist órica se tiene que formar la participación de amb os momentos. Sin embargo. sería algo su ba lterno administrar ju sticia inclu so a est e re spe cto. aun cuando ella no lo sepa. sino que la razón se encu ent ra en él form ando cons telación con la liberta d : la razón y la liberta d serian un sin sentido un a sin la ot ra . lo particular. la razón de la esp ecie.del conocimien to de la verdad ». Cosa que es lo único que indujo a He. a pela a la razón.rarticula. pero . pero en el que nada se rea liza sino a través d~los individuos. E l j énico carácter de la filosofía de Hegel se manifiest a ante todo en la ca tegoría de lo ind ividu al. a una socieda d j usta ). que lo co nci be bajo el aspe cto de la au toconciencia y de la nu to liberación de los hom bres. lo más d ifundi do-de sus doct ri nas. y es to. y.Eatego!:!as dJE. éste es. pese a que re mite genética y lógicam ente a ésta. al m ismo tiempo . lo que e n definitivasen. es innegab le s u tenden cia a la resign ación: querría ju stifica r lo exist en te llam án dolo incl uso raciona l. y proclame airadament e que su lógica propiam en te no tien e na da que ver con la cons trucción raciona l del mu ndo. la instala como algo en sí y sus tancial. a la autodeterminación real de la humanidad . en último término . por la que comlenza el mo vimiento hegeliano del co ncepto en la dialéctica de la certeza sens ib le. más tarde. hace j usticia al cam po social de fuerza s. no era mera mente apologét ico . y qu ien escamotee de Hegel es ta he re ncia de la Ilust ración.. p ues Jo mismo que el idealismo absoluto no puede desp ren derse de su origen subjetivo en la razón del ind ivid ue singu la r. en el que todo lo indi vidu al se encuentra ya de antema no socialme nte p reformado. Lo rea l únicamen te pued e se r ten ido por racional en cu anto que sea t ransparent e a [a idea de la libertad . lo qu e hay ).. es to es. y_ las. él comp rendió ta n p erfectamente como su a ntípod a Sch o-_ p enhau er el mom ento de aparien cia qu e hayen la indi. que co ncibe lo q ue merament e h aya como algo que es más que el m ero haberlo . no ob st an te todo ello . por ello. La dialéctica. la obstinación con que cada cual se empefi~ · e-n lo que meramente sea . lo ins titucional frente a la caducidad de lo su stancial del individuo.. en virtud de su p ropio mov imie nto. I nclu so all í donde. falaz doctrina de l idealismo que coge la conciencia trascen dental. eso de qu e la rea lidad seria ra cio na l... gel u definir la razón subj etiva (mome nto necesario del espíri tu absoluto) como lo general al m ism o ti em po : la razón de cada individuo singu lar. al despieza r esta relación .r ~~_ neral. defiende lo posit ivo. en Y 66 67 . a obj etivida d.

pero. que excede ampliamente a la d iscriminación fich tia na ent~-~uj~t~-. Fue él. y el punto de apoyo es su razón tomada como la de l ente m ismo. op. qu e en Hegel. de conv ertirse en una reali dad racional. no general.~acionalidad ob jetiva o subjetiva:" tempranament e supo él que el in di viduo m ismo es t anto algo que funcio na socialmente. . heredero del legislador divino . a un a necesidad extra ña a ellos. en cuanto ejecutores de un trabajo soc ialmente necesario. sino con la determinaci ón Íntegra de su contenido) en la limit ación del sujeto. 68 69 . al mismo tiempo. H. en contradicción no resuelta con el éntasis humanístico.sin duda alguna. pero al formularla sin con templaciones la hace más perspicua de lo que nunca lo había sido. qu e. Hegel. es te saber igual a a la con fianza hegeliana de que a la razón tcor étíca le sería posible ta l cosa . algo totalmente impotente y an ulado. virtualmente todopoderoso. con lo cual encarna tcoréucamen te la an tinomia de lo general y lo particu lar en la sociedad burguesa. dijo exp resa~nte que la desgarradu ra en tre el yo y el mundo atraviesa además el m ismo yo. es el mero ente. pág. El saber que la razón únicamente t iene esperanzas de realizarse. Kroner. mero agente del proceso social de prod ucción y cuyas necesidades propias quedan en cier to modo perfiladas en común a lo largo de tal proceso) resulta ser. y nada más: mientras que la filosofía de Hegel saca la más acabada consec uencia de l subjetivismo burgués. algo más que el módico consuelo acerca de la caducidad de la existencia de que es precisamente caduca. en el indi viduo .e in d ivid uo. el primero que. 10 somete a la dialéctica y lo convierte de modo concreto (esto es . algo deter minado por la «cosa» (a l. en último tér mi no. frent e a la individualidad. cit. como me rcancía-. en verdad. el se r humano en cuanto p roductor libre de ataduras le parece autónomo.-. La apologética y la resignación hegelianas constituyen la máscara d e per sonaj e burgués que se ha puesto la utopía para no ser reconocida inmedi at am ent e y sorprendida. para no permane cer en la impotencia. el indiv iduo.todo ello ha bla algo más que el acuerdo con el decurso del mundo. mas ello refleja 'la ambigüedad de la socie dad burguesa. por tanto. 386.. en la Fenomenología. por su parte. que en aq uél era algo pues to abstractamente. cuando señala el punto de apoyo de l cual hab rí a que desquiciar la antiquísima carga del mito. l~va_ él a cabo al mismo t iempo la más inci siva crítica de la su bje tividad. cier tamente. Y mient ras que Reine. que se abroquela. concib e propiamente la to talida d de l mundo como un producto de trabajo-si se quiere. en cuanto a tal ca rga. desarrolla el no yo. desprecia su apariencia. o sea.dic. en innumerables estratos de l sistema se encuentra és ta tratada con verdadero menosprecio. E s posib le que en la postura que toma la filos ofía de H egel con respecto a la moral (p ostura que forma un m omento de la crítica que él efectúa d e la categoría de individualidad) se p aten ti ce al máximo lo poco que se ago ta en el concepto de lo bur gués. el in dividuo singu la r (que en ella es. y la critica incluso al de fenderla: puesto que la liber tad habría de ser la de los individuos singulares reales. no el m enos entendedor de sus oyentes-capta preponderantemente en la doctrina hegelia na un ha cer va ler la individualidad. prescrib ía exp líci ta e implícitamente a los h omb res que se sometieran. logra verdaderamen te llegar a au t oconc iencia : a esta sociedad.ho c o~ la s Pelabras de Kroner 36_s e con ti núa en el interior de l individuo y escinde su querer y su obrar de ac uerdo con su ". que s e porta en m edio de la falta general de liber t ad com o si f uese ya libre y general. pues Hegel.

p relu di a n ya . a l mi sm o tiempo. s ino que 10 vinc ula. se vuelve ambigua. pág. en la qu e el in d ividuo se figur a poseer se to ta l y ent eramente a s í m ismo y darse a s í mismo la norma . v. sc hille ri ana-de la rigur osa ética de Ka nt (así. Ta l es una de la s más grand iosa s perspect ivas de la medi ación hegeliana e ntre el a prior i y el a. de ac uerdo con su pr op ia sustancia . . de la moral como evenga nzae . e n gene ral. que permit e y de sea para ellos y pa ra sí mismo t al gracia. sin duda. tal azars " . sería dueño del b ien . con inclin aci ones. sin duda. la que enc ont ra mos en la Fenomenología ac erca de l «dur o coraz ón » que r ecla ma insistentemen te la pu reza de l ma ndamien to del deber). de que la concie ncia moral no es ni nguna ga rantía de actua r con justicia y de que la pu ra autoinmersió n del yo en lo que ha ya qu e h ace r o qu e no h acer se e nreda en absurdo s y fa tuidades. para mant e nerse e n su propia in just icia pa ra con la vida. 440. de idea suficiente en sí mi sma. que prel endidamente se ri a sólo em píric a. ilu sión que H ege l ha echa do por tier ra. con Nietzsche. a l reconocer que lo q ue el ser humano singu la r pie nsa de sí mismo es en gran medida aperíencíal. y que es tos dos momentos apun tan diversamen te. U D autoenga ño: y la modern a psicolog ía a nal ítica .. 71 . per o q ue es exclu sivam en te válido para el su je to. el puro ente para sí. por ser lo que el s uje te se muestra ne cesariamente a sí m ismo en lo exis te nte. en el punto c ritico de pe netración de la filoso fía> del momento de su fa lsedad obje tiva. y sólo tiene un fundamento ar bi trar io. h ay formulaciones qu e históricamente forman un todo con la critica poskantiana-digamos. Hegel derivó el tráns ito de la a u toconci enci a mo ral pura a la h ipocresía ( qu e lu ego se convierte comp leta men te. además. es envidia que adopta las apari encias de la moralida d. m ientras que la razón po r la que otros de bería n t ener pa rte en la lla mada felicidad es la buena amist ad .de la Il u st ración radical: no contra pone el bien a la vida em pírica a modo de princip io ab stracto. la desi gnación de u n individ uo como inmoral . pág . como una en tid ad pa ra sí mi sma. y si bien . por lo c ua l el juicio de la experiencia no t iene otro sen tido ni cont enido que el de que a algu nos no les debe ca er en su er te la bienavent uranza en sí y para si: o se a. cas t. la doctrina nietzscheana del resentimien to. Ningún mero burgués hubiera hablado así : pues en la glorifica ción burguesa de lo exis te nt e se encuen tra induida s iem p re.posteriori. H egel co ntinúa cierto impulso . mera eracíonalizaci én ». Una vez que se mi ra a través del cliché de la burguesldad de Hegel se deja de ceder a la suges ti ón de " Hegel. s ino que en ella irrum pe ya el reconocimiento de que lo moral en mod o algu no se en tiende a s i mism o . obliga in condicionalmente. Mas po r ello. 479 [ed. La afirmación hegeliana de que no ha y na da moralmente real no es n ingún mero momento de l paso a s u doctrina de la e ticida d objet iva. ha acom pa ñado a una pa rte de la especulación hege liana. pág. crt t. y la objetiv idad de la sociedad.. está fuera de lu gar. a la formación de un a totalidad justa-c-preci sa me n70 te a lo que aparece en la Critica de la razón pr áctica bajo el nombre de h uma nídad-c-: y de es ta suer te trasciende Hegel la separación burguesa en t re el ethos como algo que. la ilu s ión de que el individuo. Su c rítica de la sociedad es ir reconciliable con aque lla apología de la soci ed ad qu e . la ac tuación pu rament e m oral . in ter eses y disp osiciones especi fica s. I nespe rada es también la mordacid ad de es ta forma de e xpresarse: • Puesto que la moralidad es. 3651. WW 2.r sa ber : su trab ajo). necesita de la id eología moral de l individuo singu la r y de su desdén por la felicidad. imperfect a. es deci r.

Lo que-en la mayoría de los casos. ya raída-versión del cu lto de la per sonalidad no le degr ada a profesor m etido en su docen cia. que despa charon a su persona como conformis ta e in significante. y la mera m ateria igu almente. para salir con bien. desprendimento de q ue dan m uest ra los ap asionados ad emanes de Hegel. sino donde. hundida de tan to pensar. marcado con la propia imposibilida d. cosa que sucedió t ra s de que este ú lt imo hubiese mos tra do pe rsonalm en te frente a Hegel infin it amen te menos human idad y largueza que el ancia . b ien sit ua do e indiferente a los dolore s de los homb res. de qu ien lite ralmente se r edu ce a cr ue les ceniza s. frente a lo cual es sumame nte comed ida la ape lación a la au ten ticidad . se desprende de sí mismo . la faz. tal vez sin ese elemen to que hoy circul a b ajo la ma rca de fábrica de lo exís te ncia rí o no es posible lograr ningu na ca la en la ob je ti vidad de la cosa misma .Sch op en hauer (y. Pero en el mi smo in stante en que el mom en to existencial se sos tie ne a si m ismo co mo fundamen to d e la verdad. Kierkegaa rd y Schop enhau er . merced al impulso del pen sar (como podr ía demostrarse sob re cu alqu ier frase d e la Fenomenologia del es pí ritu]. co n tan to éxito en la posteri dad. pese a que. a él. el riesgo y las sit uaciones límite. el ser humano filosofante y su au ten ticidad se ufan asen y. presumió arroganteme nte frente al filósofo de sólido y co mpete nte inves tigador cien tffico-na tural. 72 73 . Para honra suya . en la re capitulación en el esp íritu.se celebra en los artistas. en u na insensata disputa habida en el co loq uio. se co nvierte en me nti ra. y también reza co n ella el odio de Hegel a q uienes otorgan el dere cho de la entera verdad a la in media tez de su experi enci a. sino que semejante pretención se ac re dita en aqueo 110 que excede del encogimie nto en el mero estarse ext stie ndo ( Dasein ]. pero nunca como mera materia. Si verdaderamente se ti ene necesidad en la filosofía del sujeto pensant e. la sublimación. tal es la vía seguida po r Hegel co mo apenas nad ie la ha seguido. por pensar lo incondicionado y llevarl o a buen término (impo sibilida d q ue la filosofía he geliana refleja en si co mo dech ado de la negatividad mi sma). entre tan to. aquello en lo cual el ser human o aíslado. entonces semejante momen to no se legitima allí do nde afec ta es ta rlo. le fue dado. y no en últ imo lugar extrajero n de ah í el veredicto emítido cont ra su filosofí a. Como la me ra persona empirtca del que p iense se qu eda a trá s con resp ecto a l pod erío y la obj etividad del pensamien to por él pe nsado. Es incomparabl e la plen itud expe riencia l de que en él se alimenta el pensam iento : experiencia que qu eda acu ñada en el pen samiento mismo. de Kierkegaard) . p or virtud de la di sciplina qu e le im po ne la cosa. que le confirió la habilitación [doc en te u niveraitarla] . incluso se es tableciese n académ icame nte. y el hecho de que no le sien te bien la más reciente-y. en realidad . Hegel no fue un pen sad or existenc ia l (en el sentido inaugurado po r Kierkegaa rd y hoy pervertido a fra se pagada de si misma ). como «material» o incluso co mo ejemplo y comprobación exterior : el pen samiento abst ra ct o se re transforma a través de 10 expe rimen tado en algo vivo. su blimó la vida en dest ellos multicolores. tal y co mo con negros co lores le pintaron . la p retensión de verdad de u n p en sam iento no es su acomodación por copia al q ue p ien se. rompe su au toafirm ación y se extingue en ella . La crítica hegeliana aventa jó a esa noc ión de exis te ncia ( que pre tende ten er los triu nfos con t ra él) mu cho an tes de que la exis te ncia. cu alquiera que sea és te . luego. verdaderamente. no. ni un a mísera repetición de lo qu e simplemente sea. pues. de spués. muy injustam ente. Y su burguesa in significancia es el in conmen su rable esfuerzo.

en que con Heg el se desinfla de tod o énfas is 10 supre mo co nfiere a l pensa miento u na dignidad que és te pierde en cuanto inst ru Kun o Fischer : Hegels Lebe" . lo mism o que un a gran música. a la qu e se confió sin reservas. d e la que inclu so su persona ap en as muestra hue llas. JO 1901.am bos.na se ha m anten ido tan im perturbablem en te en medio de la expe riencia. «fa tua » (crítica q ue lleva a cabo coinci dien do con Goethe.' parte. 74 75 . Su promet ida . Werke und Lch re. la felicidad ? Yo persi go m i obra . le tomó a ma l que añadiese en u na carta que ell a ha bía esc r ito a la hermana de Hegel las pa labras : _Es to te hará ver lo feli z que puedo ser con ella dur ant e tod o el r es to de m i exis tencia. que jam ás pod ía habe r espe rado en este mundo" ~. e incluso los hitos d e su fraca so est án acuñados por la verdad mi sma. lo mi smo que la critica de la subjetividad para sí y ciega. y que se sale fu era del ideali sm o). de ahí qu e s u retracción de la vida no deba confundirse con la id eología de la ab stención de l sabi o. el s uje to y el obje to : la vida de su espírit u fu e en si de nu evo toda la vida . es cosa contrapues ta a la pro fu nd ización ínt ima .haber alcanzado semej ante amo r . Heidelberg . la baronesa Marí a v en Tucher. ninguna se ha ab ismado más en la riqueza.Mas en modo alguno ha d e imaginarse la sublimación h egeliana como si fue se una y la mi sma cosa con la profundización íntima: su doctrina del desprendimiento . E n cu anto espíritu sublimado. lo vivo y co rpora l. El ser hum ano Heg el absor b ió dentro de si en el espírit u-como el sujeto de su doctrina. (mas la seque dad y sobriedad. 87. y el pe nsamiento qu e al ber gan se reviste posteriormente en el Zaratru stra con una forma p oé tica : _¿Pers igo. menta con trompetas el propio énfasis) . podría hablarse de u n cu erpo espirit ua l. pág. E l des tino de aqu ella vida es taba ad herido a] conten ido de su filosofía. como con su oyent e y crítico Kierkegaard. y la filosofía de Hegel su su rra . y lo feliz que ya me hace--en la medida en que la felicid ad ent re en el de s tino de m i vida. eslas privad as pa labras son lodo el anti privado Hegel . casi comerciales. acaso . la persona resuen a con lo exte rior. n ingu. 1.

LA SUSTANCIA EXPERIENCIAL

Acerca de algunos modelos de la experiencia espi-

ritual es preciso ocuparse de cómo ésta motiva objetivamente (no, por ej emplo, biográfica o psicológicament e) la filosofía hegeliana y con stituye su sustancia veritativa. Mas el concepto de experiencia p ermanece de est e modo todavía en el aire: sólo la representación puede conc re ta rl o. Tal concep t o no apunta a ninguna «exp er iencia originaria» fenom enológica, ni tampoco - como hace la interp retación de Hegel de las S endas perdidas heideggerianas-a lo ontológico, a la «pal ab ra del ser», al «se r del ente» 1: de acuerdo con la propia do ctrina h egeliana, del avance del pensamiento no cabría destilar nada de sem ejant es cos as; nunca hubiera admitido su pensamiento la pretensión heideggeriana de que «el [ ... ] objeto que en cada caso, en la historia de su formación, surge ante la concie ncia no es na da que sea verdadero, que sea ente, sino la ver dad de lo verdadero, el ser del ente, el aparecer de lo ap arecí ente» 2, ni lo hubiese bauti zad o nu nca, ad emás, con el nombre de exp eriencia; sino que, para Hegel, lo que
'Mar tin Heidegger: Holzwcg e, Frankfurt del Main [Klostcrmann], 1950, pág. 166 [vers o casto de J. Rovira Arrne n gol : S endas perdidas, Buenos Aires, Losada, 1960, pág. 151]. , [d., pá g. 170 [v. cast., pág. 155].

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en ca da ca so se ten ga y a que se re fiera la experiencia es la moviente contradicci ón de tal verdad ab solut a. Nada se sa be ..qu e no es té en la experíencía » ' . lu ego

tampoco aquel ser en el qu e la ontología existenci al malcoloca el fu nda mento de lo qu e es y es expe r imentado: e n H egel. el ser y el fun damento son ede te r rninaci on es reflexivas.., ca tegorí as insepa ra bles del s ujeto . como en Ka nt; y la supos ición de la expe r iencia co mo u n modo del se r, como algo p resubjet ivamente eacont ecído e o «d es pe jado .. es, s im ple mente, in compa ti ble con la fonna en qu e Hegel a prehe nde la experi encia -como ernovlmiento dia léc tico que la conci encia efec . túa en si mi sma. tanto en su sabe r como en su objet o. h ast a el pun to de que el nu evo ob jeto verdadero brote ante ella a partir de él . 4• Per o tampoco nos referi mos a obser vaciones aisladas em p íri cas que en la filosofía de H egel s e ela borasen sintéticame nte (la sus tanc ia expe rienc ial de la filo-. seña hegeli a na no está temá t ica mente e n ella); sino que lo en te nd ido toca más b ien a lo que él lla ma, en la Int roducción a su «Sis tema d e filosofía » ", la _po stura del pe nsam iento con respecto a la obj et ividad .., esto es, la de l suyo propio. Intenta remos traducir a u na pos ible expe rienci a ac tual lo que se le a bri ó ese ncialme nte. lo que vio en el mundo; s i bien ello má s acá de las ca te gorí as t radicion al es de la filosofía (incluso de la he gelia na) y de su c ri t ica ; no entramos a cons idera r la con troversia sobre la p r iori dad hist óri co-espir it ua l
' Hegel, WW 2, pág. 613 [ed. cr tt., pág. 558; v. ca s t., pá g. 468J. • Id ., pá g. 78 (cd . crí t., pág. 73; v. cas t., pá g. 581. • Recu érdese q ue Hegel no escribió la «obra» titulada SiMe· m a de fil osofía , sino el compendio Enciclopedia de las cie'lcias filos óf icas, con c l cual y los apunt es de diversos cursos sob re tem as t ra tad os en tal «enciclopedia » redactaron los dis cípu los el libro a q ue alude Adorno. (N . del T.)

en la b iografía de H egel de los mot ivos teol ógicos o sociopclít icc s, ni nuestro in terés afe cta a qu ien. co mo él, ha ya Llegado subj etiva me nte a esta o aq uella do c trina , s ino-con espírit u hegeli a no-a la p res ión de lo objet iva me nte a pa reclen te que se refl ej ó y te m pló e n su filosofía . También dej aremos de lado lo que ha q uedado codificado como efec to hist órico s uyo, es to es, la conce pción del conce p to de evolu ció n y su vin culación co n la estática metafísica p roce~ ente de Plat ón. e incluso de Ari s tó teles. así como t odo lo que ha pa sado a las ci encias pa rticula res; por lo tanto, va mo s a p reguntar po r lo qu e su filosofía exprese como ta l: qué es lo que ten drá- y no en último t érm ino-e-su su bsta ncia q ue la hace no agotars e e n resultados de ciencia s p a r ucula res. Pa rece q ue ya es t iempo de pla ntea r un recurso a ello ; la t radi ción (por lo menos la de l idea lismo alemán poskantia no , que e ncontró su for ma má s expresiva en Hegel) ha quedado desco lorida, y la te r mi nologfa, absor ta y lejanfsima d esde m uc hos puntos de vista. En conj un to. la actitu d hegeliana se mant iene e n di rección t ransve rsal al programa de asunción inmed iat a de lo llamado dado como base in conmovib le del concctm lento: programa qu e. ya desd e los dí as de Hegel, se ha . vuelto ca si obvio no mera me nte para el po sit ivis mo . s ino ta mbién para sus a uté nt icos ene m igos, como Bergson y Hus serl. Cuanto me no s sufra n la inmediat ez hu . mana los om nipresentes mecanismos de mediación del inte rcambio. tanto m ás se apresura rá u na com p lacie n te filosofía a asevera r que posee en lo in medi at o el fundamento de la s cosas; y este espíritu ha triunfado sobre la es pec ulaci ón, tanto en las ciencias costeas como e n sus adversarios. Pero n o se trata de que haya n ca m bia. do los es t ilos de pensar o las moda s filosófica s (como aca so im aginen los enfoques es te uza nte s y ps lcolog i79

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zantes de la hist oria de la filosofía) ; por el con trari o, el b ien cult ural, em pujado po r una p resión y una neces idad: la pre sió n del sentido crítico y la necesidad yacente en la tendencia evolut iva de una sociedad que cada Vt."7. ha honra do menos la prognosis hegel iana segú n la cual sería esp íritu a bs olu to , se ría racional. Hasta los p ensamientos firmemente acuñados poseen una hi storia de s u verdad, y carecen de supervivenci a : no permanecen en sí indife re n tes frente a lo que les suceda ; ahora bien : la filosofía de Hegel (y todo pensar d ial éctico) se d oble ga hoy a la para doja de qu e está anticua da con respecto a la ciencia y, a la vez, es más actua l que nunca frente a ella ; y el qu e la co ncienci a actual de Hegel- no pa se de se r u n renacimien to académico, antic uado hace ya largo tiempo , o que ca p te una sus t anci a veritativa que se nos de be depende de que carguemos co n tal para doja, y no la tapemos con una «vuelt a a . o con una se pa rac ión en tre ove jas y cabrito s en el in terior de la filosofía hegeliana . Si no se qu iere conservar (con ba s tante menos q ue con toda el alma) Jo qu e se alaba como su sen tido de la realidad yaguar, s in embargo, su filosoffa , no se t iene otra opción que referir incluso los m omentos suyos que hoy no s resultan ext ra ños a las experiencias que encierra és ta , por muy cerradas que estén bajo s iete llaves, y au n que su verdad se hall e oculta. De es te mo do no entregaremos a Hege l al empirismo, sino que seremos fieles a su prop ia filosofía : manten dremos el deside r átum de la crí tica inmanente, que se cuenta en tre las piezas cen tra les de su método. Pues la filosofía hegeli ana reivindica encontrarse por encima de la oposición en tre racionalismo y empirismo, lo mismo que so bre tod as las oposiciones rígidas de la t radi ción filosó fica; rei vindica, por consig uien te, tanto hab erse adueñado del espíri tu en sus experi encias in-

ter pre tar ívas del mundo como construir la experi encia en el movimiento del espíritu . Y p ara to marle la pal abra a su filosofía ba s ta, po co men os que sin preocuparse p or su lugar en la h is toria d e la filosofía, h acerla que vuelva sobre su núcleo experiencial, que debe ser una y la m isma co sa que su es píritu (él mism o ide ntifica la experiencia co n la dialécti ca en un pasaj e-también ci tado por Heidegger-de la «I nt ro ducción. a la Fenomenología S) . Pero si, frente a esto, se p ro testa dicie ndo q ue asf se escogen de an te mano ca tegorí as y doctrinas ais ladas, sin ace ptar de u na vez un sist ema co ncl uido (que, sin embargo, segú n él, se ría lo ú nico qu e decidiría sobre to do lo ais lado y s ingula r), su propia intenci ón pone una vez má s a cubierto t al cosa: el sistema no es nada que se excogíte abst ractamente primero, no es ningún es quema omn ícomprenslvo. sino el cent ro de fu erzas que actúa, la tente, en los momento s singu la res; y ést os , por sí mismos, por su movimiento y su te ndencia, salen disparado s a formar un tod o, qu e no es nada fuera de sus det erminaciones particu la res. Por lo demás, de sde luego, no hay ninguna ga ra ntía de que la reducción a exper iencias haya de confir mar aquella iden tidad de los op uestos que en u n mi smo punto for ma el supuesto previo y el result ad o del método hegeliano: tal vez la re ducción p ierda la vida ante la preten si ón de identidad . No se deb e sile nciar la dificultad específica del com ien zo. En las es cu elas de t radición human a, que lo emp lea n enfát icamente, el co nce p to de experie ncia ha hecho de l carácter de inmediatez incluso u n crit erio, a sab er , de inmediatez al sujeto : con «expe ri enci a» debet ia llam arse lo que esté inmedi at ament e ahf, dado inmediatamente, algo así como puros añ adidos del pen' Cf. el texto, pá gs. 24-25.

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Si bien la filosofía kan tian a (que Hegel pres upone en tod a polémica) in ten tó despoj ar a todo co noci m ie nto válido de tes Iorm as del es p ír itu .Frecuentemente tienen los hombres por supe r ior a lo inmediato. que. interpretó todo ente como algo al m ismo tiem po siem pre esp iritual. mera s construcciones. un momen to espir itual: «. Hegel. caen de n. las llamadas impresiones sensoriales. pág. no ha y nada ent re el cielo y la tierra que no est é «m ediado ». no se percibe ningún rojo aislado (a partir de l cual se compusiera n luego las llamadas sín tesis superiores) fu era de las co nd icion es del laborator io. po r lo cual no es posible separa r limpiame nte co mo «ca pas. por ej emplo. del «espíritu ».. pág. para ella es inmediata s u uni dad con la forma . e igualmente s ucede con la inm ediatez» 6. sino que estriba esencialmente en en contrar especies. La ciencia m od ern a ha da do alcance a esta antipositivist a intelección de Hegel en la medida en que la teoría de la form a ha h echo paten te que no se da n ingún «estose ns ible a islado y sin cualificar. Mas Hegel se hab ía eleva do muy po r enci ma de todo es to ya en la Feno-menología del espíritu. sentir. a su vez. al demoler la tesis de la mera inmediatez como fundamento del conocimiento y echar abajo el concepto empirista de experiencia (si n glorificar. 283 [v. men tales cualidades de la inmediatez se p resentan siemp re co mo ya ea tegorialmente prefonnadas. que la forma y el dato-que la antigua epis temología hab ía distinguido en bruto-e-dejan una vez má s de recu brirse sin so lució n de . vali éndose de distincion es como la de las buen as y ma las forma s (que. n i la fe en su preemi nencia co n re specto a los añadidos subjetivo s.. por ejemplo. y ha armonizado de esta sue rte el conoc imien to : de igu al manera que para el positivismo do dado era inmediato. con él. no encierre en su determinación de lo que me ra men te sea la reflexión de su mero estarse ahí ex istiendo. pág. por su parte. al resp ect o. po r s u parte. so n... pág. Es caracter íst ico de su métod o que haya med ido a la inmed iatez con su propia medida.. WW 9. 174. con todo. lo dado como algo dotad o de sen tido ). oír. y la teoría de la form a concede sólo de modo acc ide ntal. no es percibi r lo singula r. tro del conc epto ya de an temano sancionado de forma ). Aclaremos sim plemen te. lo general y leyes . los momentos sensible y categoria l. producto s de la abs tracción y. y al hacer que sa lga todo es to a luz concuerd a con el fondo del concepto »'. al tan difundido de expe rie nc ia: . etc. de modo que. 82 83 . la mi sm a inmediatez es tá esencialmen te mediada s 7. a las que la an tigua te oría del co nocímien to re trotraía todo sabe r . pero es ta teoría no ha sacud ido la primacía de l dato fác tico. y que haya mostrado • WW 19. «La em pine no es un mero observar. en cua nt o cons ti tutivo s suyos. es una especie de cosa en si en medio de la inma nencia de la concie ncia. que no se dan puramente co mo tales en la concien cia viva. cnst. p reparadas y extrañas al co noc imien to vivo : aque llas supuesta me nte ele• Hegel. por ello. 58. infalible. y no es el más insig nifica nte de sus hall azgos gnoseo lógico s e l de qu e incluso los momen tos en los qu e el co nocimiento se figu ra po seer lo que p ara él es ú ltimo e irreductible son tamb ién siemp re.sa miento y. mas el concep to tiene ambas caras: es mediación merced a deja r en sus penso . ' WW 15. sino qu e siemp re se encu ent ra ya estruct urado. 219].co nti nuida d . y que. por ello. por lo tanto. y se figura u no como dependient e lo medi ado . Pe ro la filoso fía hegeliana desafia a este concep to de inm edi atez y. para so rtear la separación de Kant entre fonna y conte nido. seg ún él.

Pero este pe río do-acaso bajo la tenaz suges ti ón de Dilthe y-se constriñe siempre demasiado es trechamente a la pe rs pectiva d e los pe ns ado res singul ares y de sus diferencias. sin la cual.. la crit ica en principio (no sim pleme nte de modo atomí stico-mecánico). ni los individuos singular es los ar ticulaban siempre plenamente. a su vez. «Mas la misma lógica. en especial con Fich te y Sche lling. que comparte el idealismo con el con jun to del movimiento de los sis temas poskantianos de Alem ania .. m ediato es incluso producto y r esultado del medi ado » JO. en los de cen ios que van desde la Teo ría d e la ciencia hasta la muerte de Hegel. pues. Donde mayor dificultad ofrece apode rarse d e la sus tancia experiencial es allí donde la filosofía hegeliana se hace a sí misma apartarse de quienes aclam an a la experien cia como principio. 181. 85 . infinitam en te importante. pá¡. se forman de nuevo a cada nivel y únicamente en la unidad de l todo se desvanecen. as í. en último término. puesto que lleva ya siempre en sí misma algo distint o de ella. la subj etividad. sin embargo.. con ello no sacrifica Hegel el concepto de inmediatez (si así no fu ese. no esta rí a «dada» . el ide alis mo era un movimien to no tanto est ri ctam ente individuado cu anto colecti vo : de acue r do con la term inología hege liana . y tod a la filosofía. Pero él no cont rapone rígidame n te po r más tiempo ambos momento s: se producen y reprod ucen recíp rocamen te. pá gs . qu e encuentra dicho conten ido en unidad y aunado con la certeza de sí mismo » 9. pág. WW 8. sin duda. en cuanto ta l. sino que están entre sí tan vin culadas que el saber in. 182. I ndudab leme nte. que no avanza ni en una inmediatez ni en una media. 84 po r ejemplo. enc on t rar a lgo inmediato que no es té mediado. pues la única expe riencia de que • WW 8. reconciliados . y que no es ya. es tan dif ícil hablar de la mediación sin algo inmediato com o.que no es tal. SO. en definiti va. no de ja rí a nin guna differen tia spe cíi ica que en cont rar tras ella en el sis tema hegeli ano ). una p rerrogativa de las artes interpretativas que siguen la máxima de hacer hablar por boca de ganso dondequiera que ven el albur de aprovechar propagandí sticamen te la autc ridad de un gran no mbre. es ej emplo del hecho de sem ejante conocer . pero impugna r que haya sido idealista es. Más bien habría que buscar la sustancia experie ncial de l propio idealismo de Hegel. y és tos ni se ataban con exclusividad a u n sis tema u otro. su propia idea de la experiencia perdería todo sentido razonabl e): «La inmediatez del saber no solamente no excluye su mediación. un éter de p ensamien tos. artes que tienen que rebaj ar a irrelevan cia aque lla frase según la cual la verdad ser ía esencialmente sujeto 12 (que. de esta forma parece que el p ropósito de hacer que la filosofía hegeliana vuelva sob re las experiencias está juzgado. a la inversa. pá g. IOId. 423-4. por el veredicto que ella lan za al en carecer al máximo el criti cismo kantiano. 1I Id. una obj etividad: «E l p ri ncip io de la exp erie ncia con ti ene la p recisión. más p recisamente. como es sabido. en re alidad. ci ón unilaterales » JI . Hegel acentúa con la máxi ma energía el momento de no yo que hay en el espíritu . (I ncl uso tras la desunión de Schelling y Heg el se encuen t ran en amo b e s-e-en Las edades del mundo de aquél y en la Feno- «cr. § 2IJA. pued e tratars e con Hegel y fren te a él altera profundamente el concepto u s ual de experiencia. de que para asumir y dar por bueno un contenido tiene que estar cabe él 'el ser humano m ismo. Sin embargo.

en un t od o del saber . Hast a el id ealismo total de Hegel posee act ua lida d en cuanto crítica d el tejemane je. La sustancia expe r iencial del idealismo no col nclde sin más . pues se sab ía uno de acuerdo en punto a ella . por consigu iente . cada parte es. Mas lo a bsolu to . El san to y se ña de la " WW 1. ya que al producir la pr op ia mente la lesionaba. no hay ninguna verdad de la reflexió n aisl ada. en m odo algu no . con sus po siciones gnoseológico-metafísic as.en el interior del conocimien to orga nizad o. de cono cimientos ai slados. es a lgo limitad o. y sólo t iene se nti do y significado en vi r tud de su uni6n con el tod o. la experienci a del idealismo alemán p oskan tia no reacciona con tra la Iimit ación provincian a. Así. pu es. ya que ta l justi ficación reposa e n un a identidad limit ada y re la tiva.menologio de és te-form ulaci ones y se ri es com p le tas de pensam ientos cuyo a u to r no es más fáci l de Iden ufica r q ue lo era e n su j uventud. y su acto. en su in evitabifidad . ai sla da e n su confina mien to es insufi cient e. e n cuanto sa be r de la experi encia. p ágs. mas en cua nto parte que ti ene otras fuera de ella .) Lo cual. se volvió contra los primeros sfntomas de aque l ti po de ciencia que a partir de e ntonces empuña el pode r incluso donde su propio objeto debería ser el espíritu . a la vez.. mas p reci samente por ello no cons tituyen un sa be r científico. del su jeto y el objeto. o sea. como el Plan razonado [para la cr eación de u n establecimien to de enseñan. 20-1]. que aca bó por ha cerla sosp echosa de hybris. que Hegel. 86 87 .. a la vez.:. y acaso j ustamente la preocupaci6n por la exac titu d haya sido contraproducente. salvó fr en te al romantici smo. científico tan im pe rant e hoy como ent on ces (a ct ua lidad frent e a otra cosa . cd. 54-5 [ Differ enz . el todo.• págs. pue s to que )0 p ro duce en el filosofa r la reflexión para la concienc ia. Sólo en la medida en que la refle xi6n se re fiera a lo ab soluto será razón. p ero en virtud de tal referirse olvida su obra. m ue s tren su just ificaci ón en és ta . e n la identida d del concepto y el se r.. como si fu esen un saber. medi ante una esp ecu lación. Por lo cual no se puede hablar de conceptos ais lados y por si. que es la única realida d del conocim iento. del pensa r puro. E l énfasis conferido a la palab ra «espfrftu e. cit. y po r ello poseen peso filos ófico escri tos aparente mente periféricos y prácticos. en una organización de conocimientos.a su perior] fichtia no y la l ruroduccion a los estll· dio s académ icos sc he llinguian a . que sólo es m erced a la s otras. permit e también deshacerse de varias dificult ad es. Cabe que ha ya un con junto de conacimientos e mp íricos ai slados. En tal orga nizació n. ya qu e cons iste en la r efer encia ñ - a lo absoluto. contra la concie ncia cosificada. se convierte m erced a ello en una totalidad ob jeti va. no e n s í) : el im pulso-tan ciego como siem prepor ensalzar el espír it u saca fue rzas de la resi stencia cont ra el sa be r muer to. por lo demás. como cie rta filosofía po sterior. s ino la de su a niqui lam iento. que. qu e hast a ha elegido como dechado aquella ciericia a la que se resistió la gene ración idea list a: en el clima de acuerdo col eetivo era pos ible dar a conocer las p rop ias opiniones incluso cuando no se ha b ía logrado da rl es un cuño individua l exac to y totalme nt e perspicuo. ni se reconoce en ellos. p ues aquellos escritores n o operaban con con ceptos jades. di solvi6 y. la referencia a lo abscl utc» IJ . queda ndo sólo la referencia. y n i se legiti man como p ar tes ne cesari as de un con ju nt o de conocimientos organizados e n la conciencia. impulso que p uede rasrrea rse has ta en pasajes como aque l del tra ba jo sobre La d iferencia [en t re los sis temas filosó ficos d e Fichte y de S che lling ]: . contra el con te nto en la división del t rabajo den t ro de sec tore s de la vida prefijados de u na vez para siem p re y . un sa ber .

y lo que cree que es prim ero.. aunque sea cont ra su voluntad. Mas el pensa r que conciba como implícitamente sociales tanto al ser humano singu lar en cuanto zoon poluikon como las ca teg orías de la conciencia subje tiva no se seguirá aferra ndo a un concep to de experiencia qu e.. por eje mplo. en cu an to poten cial humano. la parla de la totalidad . pe ro no re futar lo. no alcanza a s upe ra r la azarosidad de la persona singu la r q ue en cada caso es lo que fu ese¿ o sea . mas a partir de en tonces. d el in terés propio endurecido y de la test aruda minucia del co nocimiento en que aqué l se re fleja. p ues cabe p en etrar en la ca ndencia personal del individuo. tambi én la un iversalidad lógica . E n la sociedad tota l la to talidad se co nvierte en el m al radical. ni por sí mi smo . cuya comple- xión analiza la teoría tradicional del conocí mento.. en absoluto . no es f un damen to de la verdad. es ac ti vo por su propia totalidad. ne ces itada de una unión p rogresiva. · En otro tiem po . p ág .. adquiere color prim eramente de cara a lo q ue para ellos era la miseria de lo finito . por lo men os). para darse cue nta del motivo de la crítica de la cie ncia (el de qu e lo más cerc ano. p rivada de s u se ntido po lémico. que impera en todo su pensar ) tiene siem pre una ese ncia social--como en o tro tiem po documentó la escue la durkhcimiana.. hipostasía al individuo: el avance de la expe· r iencia h ast a llegar a conciencia de su in te rdepe ndencia con la de todos corrige retroact ivamcnte su inser- "ww 12. ta l y como aparece en es te mundo d c lo coti diano y prosai co. ma s una vez que lo heredaron sus igual es. cosa que. ext ra e y resu me sen tenciosame nte la suma de todo ello) . el solipsis mo: que-por decirlo con la fr ase de Schopenhauer-quizá pued a cu ra r el solipsism o. 207. es sola me nte ideología ami-intelec tual. sino que todo aquello merced a lo cu al se cons tituye como un ser específicamen te cognoscente (y. hasta en todos su s datos singu lares sen sibles: cE l individue. El p recio d e dem encia que ha de pagar aquella cegadora complexión es que la salida de la pura inmed iatez del ceso que hay ah í. Sin em ba rgo.infinitud. E l indivi duo. que a todos ello s les tluía Oc la pluma con fac ilidad (a diferencia de Kant). el idealismo significaba pe rc atarse de que la suma de los sabe res singu lares ais lados no constituye un todo. se descubri ó com o particula ridad (q ue Hegel había vis to ya pe ne trante ment e en Eichte. mientras que en el ama necer del idealismo la critica de lo particul ar tenía muy o tra d igni dad (dado que en la subde sa rro lla da Alem an ia no había llegado a formars e como un tod o. no es absolutamente cie rto y seg uro. está der ivado de ella .pero la totalidad interrumpirá esta t ra s haber alcanzado aque lla realidad que Hegel an tici pó ent us iás tica mente en el conc epto. lo inmediatamen te cierto para el suj eto singu lar d e cada caso. e irrefutablemen te absoluto. por lo tanto. y verla com o una apariencia: no sólo deb e su portador a la soc iedad la exis tenc ia y la reproducción d c la vida. la sociedad burguesa): en la es fera teór ica . ni «inme diat n») no se necesita en modo algun o el concepto espe cu lativo. el id eali smo fue con tra el pasante Wagner [d el Faust o de Goethe ]. de lo su puesta mente más seguro. resu en a en Hegel en su búsqued a de una reconci liación. y de que lo mejor del conoc imien to. obe de ce a la cegadora co mplexión de una sociedad que necesariamente se de sconoc e a sí mi sm a COns ide rándose individualista. 88 89 . sino que es co mprens ible po r lo otro s 14. no . y es secundario. que en virtud de lo q ue le ha ya de es tar d ado in medi at am ente se ti ene a sí mismo por el títu lo legal de la verd ad . se escapa por entre las mallas de la división del t ra bajo (el goethia no eSó lc fa lta el lazo esp iritual..

Como su anti pod a Schopenhauer. uno d e los moti vos más hon dos de su filosofía. lo qu e toda vía no ha progresado. ya lo que se sue le llamar vulgarmente una es pecu lac ión desenfrenada). con Fichte ) por virtud de una nueva nece sida d de expresión: el pensamie nto mayor de edad qu iere esc r ib ir la his toria del esp íri tu (co sa q ue hasta entonces hacía de mod o meramen te inconscien te). sin embargo. 457-8]. cas t. pero que se esc apa a t ravés de la red de las ciencia s p articula res. sin duda. en lugar de limit arse a una comprobación propedéutica de posibilidades epi stemológicas: ejercitado como estaba en la cien cia . 606 rv. 69 tv . po r lo' dem ás. mien tras q ue lo primero es lo má s p ob re en de te rmín acíones e u. sino que. merced a una autorreflexión crí tica incluso de la filosofía crítico-ilus trada y de l método de la ciencia. se opone a la mera teoría del conocimiento al ha cer p atente que las formas que según ella cons ti tuye n és te dependen del conteni do del conoc í- 90 91 . La filosofía h egeliana advirtió tal cosa: su cri tica de la in mediatez da cu en ta de que aquello a lo que se confía la co nciencia ingenua co mo inmediato. de h echo. que la au toc rí ü ca de la Ilustración. ta l es. sino el mod erno clima de Hegel (fr ente a Kant e inclu so Fichte). pág. La región del pe ns ar a que a sí aludimo s se d istingue de Kan t y del conjun to del siglo XVII I (com o ya sucedía. pág s. 42·3]. abs tracto y gene ra l. La filosofía teóri ca. ta l es la dif ere nci a en t re el idealismo alemán (Hege l espe cialmen te) y la Il u stración. la co mprobación de su valide z (o sea. Pero él impu lsó la filosofí a a una elaboració n intelectualmente cons ecuente de las experiencias de la realidad no gracía s a un inquebrantable pe n sar en ello sin parar (ya fu ese ingen uo-realist a. y lo que motiva aquella convers ión de l filosof ar hacia el con tenido no es ninguna mayor riqu eza de m ateria l. " WW 8. Bajo el as pec to de semejan te desmit ologizaciÓn se co nvie rte la filosofía hegeliana en la f órmula de la general ob ligación de no ser ingen uo (temprana res puest a a una situación del mundo que teje incesantemente su p rop io velo ): " . págs. por má s qu e ocu lto pa ra ella misma. pá g. como lo más ce rcano a ella . que aspiraba a aco mo da r m ateriales y había dom inado hasta llegar él (y de nuevo tras él. a expresar de mod o que ob ligue expresamente lo q ue se di visa como cen tral en la realidad. llevó a la filosofía a percata rse de conte nidos esen ciales. cu ando el pen samient o perdió la inconmen surable ten sión de su au torreflexión ). má s " WW 17. 57.. se vuelve. es tan esca sam en te inmedi ato y primero como propied ad de todos. mas Hegel des truye inclu so la mitología de lo pri mero : . y de ahí su polém ica contra la d octrina kantiana de la incognoscibilidad de la co sa en si " .Lo qu e es en si. v e r. constituye el co mienzo . lo inmedia to. quiere con ver tirs e en eco de las h oras que le hayan tocado. _.ción en la meram en te ind ividual. Hegel querría desgarrar el velo. la expresa asunción del sujeto concreto y del mundo hist óri co y la di manización de l filosofar. t ras pasó los confines de u na ciencia sólo consigna do ra y or denado ra. cast. pá g. Su filosofía es al mismo ti emp o de la ra zón y antipositiva. inclu so. y co n sus medios. cuando menos. WW 19. bien qu e la que la historia oficial de la filosoffa señala com o ta l: más importante.. puest a toda la armadura de la au torre flexión de la teon a de la cien cia. mas ahora . habia ap lica do con Kant su ca non a las ciencias positivas. el pe nsar es esencialmente la negaci ón de eso qu e e stada inm ed iatamen te an te nosotros » 1_. lo más concreto y rico es lo tard ío. la pregunta sob re cómo es posible el co nocimiento científico) ..

j ustifica r. 125. tautologías . y teniendo en cuenta la rad ical fisura entre ellos. por tanto y en se rio. pues. 252]. y se aj u sta n uno a otro la forma y el co n tenido : qué le s ucede a aquel conocimiento. Hegel responde a ello que la fonna y el conten ido están esencialme n te mediados el un o por el ot ro. la filosofía a los juicios sintéticos a pr iori: en cierto modo había reunido en ellos lo que qued ó de la antigua m etafísi ca tras la crit ica de la razón. antropológicas y ontológicas. proposicio nes puramente lógicas. en gen eral. pág. pero. se vue lve un enigma có mo en tonces se en cu entran. pero si fues en sin téticos (y. que una mera doctrina formal del conocimiento como la qu e p ro yc( ta la gnoseología se deja en suspenso a sí m isma. carecerían de todo cont en ido. el filoso far que atiende al contenido queda ocasionado merced jus tamente a la autorreflexión del filosofa r fo rmal. en las que el conocimiento no añadiría nada nu evo a si mi sm o. sin embargo. quería Kant " WW 3. en gen eral. queda en lo deci sivo a la zaga de Hegel. asf. ti ene que h acer sa ltar ésta . pues ese Hegel al que de abs t racto se reprend e p or su idealismo. para alcanzar la obligatoriedad que acaricia la teoría del con ocimiento. con lo que la filosofía exige el derecho y acepta el deber de recurrir a los momentos materiales. pág. sin embargo. Mas ta les juicios es tá n at ravesados por una profunda con tradicción : si f uesen a priori en sentido kantiano estricto. que se había con servado en to da al t ra dición p latónico-aristotélica hasta Kant y sólo con Fichte habia empezado a ponerse en duda: «Lo em pí rico. no meramente azarosos). serían for ma s en acto. aprehendi do en su sí ntes is. n i forma sin materia. por mucho q ue se tome a sí misma como progresada con respecto al idealismo de és te . cosa que qu iere decir. pone un foso entre aquél y ésta. La metafí sica fal samente resucitada en nu estros días. cu ya validez. él la in ten sifica hasta la evidencia de algo que a ella no le incumbe extraer: que la conciencia que traza límites. y que la filosofía. en cuanto doctrina de la azarosidad e Impenet rabilidad del contenido y de la inevitabi lidad de las formas. co noc im ientos. de un a gno seología más consecuente. no h ay m ateria sin fo rma. nada de lo otro.miento tanto como a la inversa: «Pero . 341 [v. La materia y la forma se enge ndran recíp roca me nte» 11. que hab fa ahuyenta do y p rohibido el d e contenido como meramente d ogmático. que brotan del proceso vital real d e los hombre s socializados (y ello en cuanto mamen los ese nciales. no una mera autoduplicación del suj eto) precisarían aquel contenido que Kant queda p roscribir de su esfera por azaroso y meramente empírico. sin em b argo. 19. co n ta l t razar trascien de necesariamen te lo as í limitado-e-para Hegel es ca nó nica la sentencia goe t hiana de que to do lo perfecto en su géne ro ap unta fuera y por encima de su género ( pues tiene con Gocthe mucho más en común de lo que la superficial dif erencia entre las doctrina s del protofenómeno y del sem oviente abso luto pe rm ite sospechar). ha in t roducido en los pensamientos filosóficos infini tamente más de lo concreto que tales tende ncias. Kant h ab ía "amarrado . fren te a la concreció n de las esc uelas fenom enológicas. no es posible. Con este paso al con tenido se ob tiene la casación del divorcio de l a priori y la empirie. 93 . para proba r lo cual se sirve a su vez. p ág. que censura tal cosa como un hundirse en la m era fac ticidad y se arroga la p rotección de l ser del ente frent e a es te último. es el concepto especulativo .. Pues si bien és ta . cast. ciertamente. no porque el sen tido de la realidad y la visión h ist érica de su fan tasía especulativa se equi- " ww 92 18.

pág. tendría yo qu e dejar en suspens o el saber. por eje mplo. tiene qu e abrirse ante él. con todo. al hacer el total. se basa la verdadera actualidad de Hegel. Losada. en forma de su opuesto : el ente se aproxim a al producto del trabajo. 13 9]. en definitiva. La filosofía-e-exige Hegel-debería esta r en terada de «que su conte nido es la realida d. del Perojo y J. Hege l se acerca tanto más al materialismo social cuanto más lejos lleva el idealismo. 1928). " Irnrnanuel Kan t: K ríük der reinen í/ ernunjt. sin que. 48. desleal a sí mismo. vulnerables e inatacables. pues. no se quie re dej ar ame drentar. ya qu e és tos los ne cesitan p ar a hacer va ler el cap ita l). . en definitiva. t. p ero cuando. t. indudablemente. desde lue go. 1961).librasen . 2 t. sino en virtu d del arranque de su filosofía (y podría decirse que debido al carácte r exp erie ncial de la especulación m isma).. y la confianza de l espíritu de que él mi smo seria el mundo «en sí» no es sólo una aldeana ilusión de omnipoten cia : se alimenta de la experiencia de que. impulso. pág . Mas el extremo idealista. La pretensión leibnizian a de construir el mundo a p artir d e un principio interno. con objeto de h acer sitio para la fe. V. 36. sus riquezas y honduras » 22. y llamamos experiencia a la conci en cia más pró xíroa a ta l cont en ido» 1(1. habría que demostrarle con muc ha evidencia qu e no le ca bía realizars e de ot ro modo que a t ra vés de una acomodación). en la versión cas tellana üncom pleta ) de M. Ma. de este modo. el idealismo se dej a en suspenso a sí mismo al hacerlo . y el dogmatismo de la metafísica. pág. pág. ent ra todo. drid. en concebir los obje tos a partir de su interioridad . WW 8. nada definitivamen te independiente del trabajo social (pues la naturaleza aparentemente intacta por él se define como tal merced al trabajo. cuando el es píri tu se acomoda. s. 24 lcorrespondc a la pá g. de acuerdo con cuya medida juzga el Hegel temprano-e-análogamente a como ha ce HOlderlinal espíritu comprom etido a ser «ú til» y. con tra Kant. y se rebe ló contra la conocida frase en la qu e la Ilustración de Kan t se congraci a co n el oscuran tis mo (<<AsÍ. mediada por él. I. Buenos Aires. ni abandona r la esperanza de pe rcatarse de aquel todo de la r eali dad y de su sus ta nci a que el establecim ien to científico le alt era en nombre de result ados váli do s. si bien. in . Hegel vislumbró lo regresivo y despótico qu e hay en la humildad kantiana. conex iones qu e son pate ntes. Carera Morente (Crítica d e la razón pura. el prejuicio de ava nzar en ella sin críti ca de la razón pura. en la de B. pág. En seme ja nte s formulaciones se dila ta el precoz énfas is burgués de Bacon a uno de una humanidad ma. es la verdadera fu ente de toda fal ta de fe que com b ata a la moralidad. a. en el problema de los llamados espacio s no cap italis tas . para que las goce. «Prólogo de la segunda edición ». Su érez. I. y en este :lO WW 8. 47. :l2 Hegel. pues. cu anto más se empeña. y está . ci tado por la edición Insel. B XXX . po r elle. poniéndole ante la vista. dado que no sobrevive ninguna diferencia en 94 9S . re ap arece en Hegel. yor de ed ad (el de que. muy dogm ática » 21). qu e Kant había re chazado com o met afísica do gmática. es to es . en el sujeto en cuanto espíritu absolu to (co mo suce de con Hegel ). se llegará ). po r lo demás. que se rá siemp re. posee sus imp lic aciones materi alist as (que se esfuman cuando ta l idealismo extremo pacta con 10 que post eriormente se ha llamado re alis mo. inclus o el gno seológico . perezca en él el momento n at ural. su antitesis a ella r eza así : «La oculta esencia del universo no ti ene en si fu erza alguna que p ueda ofrec er resi s ten cia al denuedo del saber . Revira Annengol (Id. no exist e na da fu era de lo producido por hombres. frent e a la resignación de la época p resent e.

sino. y juzga luego sin ten er en co nside ración que la vida de la cosa m entada po r el conc epto no se agota haci en do que éste quede fijad o. 96 7 97 . va ri arl os de ac uerdo con lo que m an de el ob jeto. sub re pti cio (a lo qu e sí se llega en su p arodia lo m ism o que en su petrificación do gmática ). el co nce pto no permite que se salte por enci ma de su ese nci a a bs t ract íva y clasi ficatoria. una parte de la autoc oncie ncia de su filosoffa-parte qu e ésta tenía que denegarse pa ra segu ir siendo filosofia. E n cambio. y sob re lo cual ést a res ba la. Pu es. ya que cosa y concept o serían.) Por inf ranqueablemente que se trazaran en la filosofía hegeliana las front eras que pro híben da r ta l paso en forma m an ifiesta. el cual. indudab lemente. como si fuese una desmesura : éste extrae su fuerza de lo que el llamado sen tido com ún p recien tífico p ercibe en la ci encia. en lo abs olu to.. el obj eto es su jet o. Apen as hay nad a fr en te a lo cual sea má s se ns ible el pensa mie nto filosófico qu e fr ente a lo m ás próximo a él. sino bajo él. Pero ni s iqu iera est a an tiem pírica ci ma de ta l filosofía apunta al vado: mi enta la diferencia en tre la cosa m isma. y se espe ra de la dia léctica que desarrolle es te postulado. Nunca se a lej a m ás en la supe rficie la filosofía h egeliana del conc ep to predialé ctic o de exp eriencia que en est e punto: lo que re cae en el esp lri tu le cae en su erte.. conceptos ) como «move r tos . deja aquél de ser inferior con respecto a ést e. y su mero vaciado científico . no se ria otra cosa que espírit u. nos en t regan el canon de aquel idealismo hegeliano-al que se ha reprendido por disparatadamente soberano-que quiere poner en claro enteramente la cosa va lién dos e de su concepto. así com o la exigencia de no manejar los co nceptos como s¡ fuesen fich as. la protesta del espírit u aú n no ac abado por la ciencia co nt ra las determinaciones co nce p tuales practicables y las meras definiciones verbales. con el que no puede conte ntarse la ciencia autocrítica: c ólo que. a su vez. en general. sin desarrollar. sino-e-como lo quiere su nombre---concebir en ellos lo qu e propiamente sea la co sa y lo que cont enga en sí en cuant o a momento s ese nci ales y en modo algu no mutuamente concorda nt es. al fin y a la postre. el objeto del con oc imie nto . igu al de inevitable . more scíe nsíi íco.la que cup iese cap tar al s ujeto como alg o di stinto. con objet o de poder operar con concep tos sobri os y cl aros. la cie ncia los estatuye inmóviles. en lugar d e di sponerlo simplemente él . y que just am ente al u surp ar su ob je tivid ad re trocede y cae de nuevo a la sub je t ividad del mero op inar). con fidel idad a la dial éc tic a. de Sche lling). demasiado satisfecha de sí m isma. ni. de ahí que Hegel enseñase q ue es p reciso tanto es tat uir en forma fija. sería meramente pa ra dó jico. los significados de los conce ptos (de modo que siga n siendo. para no desfigura rlos. sin embargo. y Hegel odiaba es pecialme nte-y con ra zónlos in tent os de h ace r tal co sa (sobre to do . 10 que le co mpro mete escondiendo la diferen cia qu e m ira al tod o en un matiz ina preciab le. su propia sus tancia es . ya que ello. y el hegelismo de lzquicrda no co nst ituyó un desa rrollo his tó rico-espiritual por enci ma y más aJlá de Hegel que 10 malentendiese y desfigu rase. (En su ápice. como su jeto: u na vez que. uno y lo mismo.como se so spe cha de la I ógica hegeliana-a tachar el principio de cont radicción . de los que se ufana . Dialéctica no qu iere decir est ar d ispuest o a sus t ituir el significado de u n concept o p or otro . se pa ra dora y arbitraria. pues delataban de qué se trataba princi pa lm en te: del sue ño de la verdad de la cosa mi sma dándose en una intuición in telect ual (que no se halla por enci ma del conc ep to. la iden tidad se convi erte en agente de lo no idéntico. Por ello es men es ter no de shacerse ap re suradamente ni s iqui era del fermento idealista hegeliano.

a su vez. limit ado e ins uficiente. con los medios p roporcionad os por un anális is gnaseológico de scub rió la in suficiencia de la cien cia miope y 98 99 . po r no haber nada fu era de él) . ine vitable diferencia entre el concepto y aquello que haya de exp resar. se vuelve agente de l filosofar. con lo cual la conciencia como objete . pues a l acordarse la conciencia. el pensar cientí fico se topa en Hegel con lo que la ciencia mecánico-causal dej a que acontezca en cuanto nat uralmen te imperante en la natura leza En lo cua l no era Hegel ta n disti nto d e Bergson . incluso la reflexión de la reflexión. la re dup licación de la conciencia filosófica no es ningún mero juego de u n pe ns amiento desatado y algo así como privad o de su materia. que el concepto y la cosa no sea n uno y lo mi smo. lo mi smo que él. Así . siguiendo lo mandado po r ella misma. la conocedo ra inmediatamen te de ob jetos. es to es. y la criticada . sino la omnipresente concien cia. reap arece con Hegel como su negatividad. re flexión. aq uella conciencia que pen et ra en la finitud de la conci encia. y puest o que la filosof ía no desist e de tal un idad . de la «fenom enologla »): mas en Hegel pa!¡a a se r temática. en definitiva. ha de re spo nsabilizarse de esta dif:ren cia. cri t icante. la existe nte entre el conce p to fijado y el mov ido . que es la que. u n exa men de acuerdo con las reglas de la lógica (según los uso s lingüí sticos de hoy. con todo. «po ne» al sujeto contemplado. las expresiones re flexión y filosofía re flexiva. prohibió redondear exuberanteme nte la concien cia en mundos in teligibles).sino que la cont radicción mis ma . como se mu estra crasamente en aquella escisión de l concepto de suje to que tan d rás ticamente les di stingue a él y a sus predecesores especulativo-idealistas de Kant. que tien de a paralizarla allí. la relación-e-de que no se había hecho ca rgo Kant-entre ambas. sin embargo . y a la inversa. en su identidad con la co sa se muest ra que la form a lógica de la definición exige a la vez la no identidad. así co mo sus sinón imas. de lo que mutila con su s co nceptos ordena tori os y arruina con su s datos procedentes de la azarosidad de lo cercano. se co nvierte en algo finito. La lim itaci ón kantiana de la conciencia a científicamente judicatlva. refleja . como algo qu e ha de aprehen derse filosóficamente. tienen fre cu entemente en Hegel un tono esti mati vo. el movimi en to del concepto no es manipulación sofís tica algu na que I~ imp usiera desde el ext erior signi ficados camb iantes . Al quedar fijo el concepto y confrontarse su significado con lo aprehendido bajo él. justament e por ello ha de ponerse a sí misma como infi nita y-según la int ención de Hegel-en u na filosofía aca ba da ha de most ra rse en su infinitud . una conciencia científica en cie r to mod o ingenua. la subjetividad contemplado ra. qu ien . la filosofía que cons idere el concep to como algo más eleva do q ue un mero instrumento del en tend imien to tiene que abandona r la defin ición . la filosofía había efec tuado una crítica de la razón : se ha bfa aplicado a la concien cia. No obstan te to da la auto rreflexión . ent re la co nciencia fi • losófica . su crí tica de la re flexión (en la que no perdonó ni siquiera a Fic hte ) era . sin más. y. empero. de lo que le falta de la re alidad. tal y como ya la hab ía conc ebido tendencialmente Ka nt (el cual. por cuestiona ble que sea es ta preten sión . en cua nt o cond ición del conocimie nto. pues. como es píri tu a bsolu to (en el que se desvan ezca la d ifere ncia entre sujeto y objeto . jus ta me nte por ello tiene que variar el concepto que se ma ntenga fiel a su prop io significado. vivificadora de todo gen uino co nocimiento. medi ante la autorreñextcn. Con es te último. por mo r de tal finitud . como algo ma lo y que a su vez hay que criticar. De to dos modos. de la unidad y. sino co sa muy certera .

y la contradicción. no mediante u na regresión a es tad ios más a ntigu os. en la verdad de l lagos. y que u na conc epción de la ratio que brote de ésta tiene que suc u mb ir de nuevo. p ro hibida por la lógica. por lo cual él pudo se r a la vez gnoseológi co e irraciona h s ta : su filosofía no supe ró la re lación entre ambos aspect os. qu e am e- 101 . con otra fu ente d e conoci mientos permanece im pote nt e. qu e la sociedad cosificada y racionalizada de la é poca bur guesa. sa nando de las marcas de la s in razón. Mas en lo que resp ec ta al cie n años anterior Hegel: él sa bía que t od a crítica de la co nci enci a cc síficadcr a. En cuanto a la propia objetividad de ésta. por lo cual la ob jeció n deHegel cont ra el trabajo sin re flexió n del entendimient o es igualmente razonab le que la correcci ón que le hace . si no que ob j et a. los hec hos y los nú meros. Y lo que m otiva el concep to hegeliano de cosificación es que la cie ncia se cuide m eno s de la vid a de la s cosas que de su com pa tibilidad con sus propias regla s de juego. que se imagina ser la fue n te legal de la verdad. sino ap lica ndose a si misma su racion a lidad . desde fue ra. por mor de sus propios concep t os oro denatorios. por ello Hegel h izo de Ja contradi cción mism a entre el es píri tu cientifico y la crítica de la ci encia . como un id ad de la cosificación (o sea. La crí tica hegeliana de la cie ncia. con su. a nte r iores a la división del t rabaj o y más irracionales. s in salvació n. fragmentadora y enajenadora que m eramente la h aga contr ast ar . qu e se entreabre en Be rgso n. pero también de las hu ellas de lo racional que ha y en lo irracion al. de su no cont radicción y pract ica bilidad inmanent es. a sus p rop ios cri te ri os. su inconveni encia para con lo real (mient ras que la cie nci a no refleja gu sta de recusa r co mo me'tafísica la conciencia de se mej an te ínconven íenc ía ). algo racional de punta a cabo: que ella . y retrove rte rlo en aquello 'd e lo cual lo había alejado ella. no qui er e re staurar apolo gét icamente la m et afísica prekantian a fr ente al pensar científico. fren te a la cie ncia racional . Desd e lu ego. No es la ú lt ima ta re a de la conciencia filosófica la de fluidifi car de nuevo lo vertido en la cien cia. al go secu ndario y derivado. pues lo qu e procede 100 como s i fuese verdad in tangible e irreductible es ya p r od l. hasta que encajen en las d isciplinas institu cional es. «posít ívas• . Sólo mediante la reflexión a punta el pensar reflexivo fuera y por encima de sí mi sm o.cosificadora. cuyo nombre se reitera siem pre en él enfátic amente. u na ob jetividad más fa laz. p or qu é. c ua ndo. es meramente sub jeti va . se convie r te en órgano del pensar. se perca te de s u propia razón . merced al a utoconoc imien to de ésta. el motor del filosofar. est o es. que cada vez le arrebata más objetos y doc trinas. Hegel lo diagnosticó tal y como hoy se manifies ta en in nu me rables in vest igaciones vacías y obt usa s. con Ber gson el esp íritu ci entí fico lleva a cabo la cr it ica de s í mi sm o s in preocuparse por la contradicción de semej an te autoc rníca . En él est á ya perfectamente d esarrollad a la crític a de ese p ositivista tejemaneje científico que hoy se presenta a s í mismo cad a vez m ás en todo el mundo como la única forma legftima de co nocim iento: mucho a ntes de que hubiera llegado t an lejos . (Mie ntras tanto. podría convertirse e n dign a de los se res human os. más exte rior a la cesa mi sma y--en el lenguaje hegeliano-e-más a bstracta ) y d e u na ingenuidad que confunde el vaciado del mundo. en la qu e se ha consu mado La razón q ue se ense ñorea de la na tu ral eza. p repara y adereza los objetos. d icho con otras paLabras.lc( o de cierto apresta r. en el lengua je de la teoría de l cono cimi ento y el de la met afí sica especulativa (extrapolado a partir de aq uél). H egel exp resó. sc ha vue lto patente el aspect o de sin razón en las cons ec uencias de la r acionalidad moderna.

cada u no del otro: todo ello pod rían se r meras aseveracione s. en gene ral. ) Experienci a hegelia na a. deri varla de la he geliana : la apelación a s us in au gurado res de gradados a clásico s impid e. ant ítesis y s íntesis en c ua nt o meramente met ód ico. bajo la ho rrible a b revia tura de Diamat [dialek tische Materialismus. con la d is ta nciación e nt re s uje to y ob jeto. como nin guna concie ncia filosófica an ter ior. sob re tod o. toda con side ración a te nida a las cosas t ildá ndola de de sviación objev cr. La autorreflexión he gel ia na del su je to en la conciencia filosófica es . ajena . de dogma tis mo antiguo (puest o qu e. fomenta la t raducción a la expe riencia es piritual de que hab la : m uy fácilmente mana de él un modo de cons ide ra r puramen t e h istórico-filosófico que su bs ume los niveles de l esp ír itu bajo sumos conceptos rotundos. d esligado de tod o y ab soluto. No ba sta para desvirtua r esta sospecha q ue Hegel expu· s iese las más tajantes objecione s a l m at raqueante esquema de la triplicidad de tesi s. un momento a rbi t rari o. por tan to. ces t. mate ri ali smo dia léctico] . just amente. disocián dose. convir t iéndo los en rúbricas. el de una sociedad que se a bala nza sobre el su je to dura. por se r el p r incipio globa l de su filosofía . pág. 47-8 ledo crt e. m eramente se 10 est ampe desde fuera a los ob je tos es u na ema r tingala s P que se aprende velozm ente. y éste mismo: y e n est e punto. a la quime ra de la mera inmed ia tez de mundo y s uje to. recurrió en muc has cosas al raciona lismo p reka ntia no ).. v. 35l 102 103 . El mo tivo de la con tradicci ón y. cuando t rataba de sesp eradamente de sa lvar la ve rd ad de u na socie dad qu e ya se había vuelto falsa. 42·3. La concie ncia de Hegel padec ió . y no de j ó que la ex traviase el que la sin razón de una razón meramen te part icu la r (a sa be r : la que s irva a unos in tereses purament e part icu la res ) se derrita sólo merced a realizarse la ve rd ad de l tod o. Ia qu e el sc bopenhaue r tano R ichard Wagner dio una fórmula esquilea : la herida cie rra sólo con el dardo q ue la hir iese. e n ve rdad. ni con que ésta cons ista únicamente en la unión d e uno s mo mentos que b roten. pasa . WW 2. La sospe cha fr ente a la d ia léc tic a (la de que a su vez sea--con palab ras de Hegel-un lema sentado a islada . como la que la filosofía c r ít ica apor tad a po r Hegel había herid o mortalmen te.. e n el mome nto de alborear. y el mé todo dialéctico lleva su nom bre po r razón de él. el de contradicción o el de la dialéctica mi sma ) sea en cuanto principio. la filosofía espec u la tiva. lla ve de la verdad . el del devenir . p or la versión ma terialis ta de la d ialéctica (del pensar di námico 7:a-c ' i ~fJlt ~v) .n aza n con una cat ást rofe universal. qu e quería abando na rse al mo vimi ento de la co sa mi sm a y curar al pensa mi ento de su a r bit ra r ieda d. y di fícilment e se contentará tampoco na die con que p rincip io aislado alguno (ya sea el de la mediación. doblega r al pr in cipio de contradic ción cualqu ier cosa con qu e se t ropiece el pensa mi ento. brutalm en te (motivo con el que H egel aven ta ja a Ber gson. «ab st ra c ta me nte») se ve hoy co nfirmada por la perversión a dogma está ticolite ral su frida en el cam po orie nta l. Asimi smo es inevitable que se pregun te de dónde saca p ropiament e Hegel el derech o de. con lo que se rebaj a la d ia léc tica a u na conce pción elegib le del m undo. en tre la conciencia y la reaIidad . de hecho . ni que en el Prólo go de la Fenomenología se diga que mien tras siga siendo esquema y. cosa que cuenta en fa vo r de su re ñexl ón de la reflexión más que los gestos ir racion ali st as a qu e se de jó inducir Hegel de vez en cuando. págs . págs. se recelará en él. a partir de Salo man Mai mon. con él. como siem pre. Pe ro ello. la conciencia crítica de sí mism a de la sociedad . el metafísico del fluir ). pe ro su filosofía tuvo fue rzas pa ra no hu ir en reti rada a nte ta l pa decimiento.

De todas las tergiversacion es de Hegel debidas a la intelectualidad escasa de mollera. el juicio y el raciocinio. diferencia que lu ego se movería má s allá de sí misma. la m era forma de la cópula. la respeta : de ella proced e la teoría de la diferencia entre suj eto y objeto que se manifestaría en to da d eterminación singu lar. tendría que admitir todo o no admiti r nada. 1924. largo ti empo después de Hegel. absolutiza dor de det erminaciones singu lares azarosas y ai sladas. ed ición Musarion. Mun ích. la crít ica de aquélla se vuelve. y. al mis mo tiempo. lo que se le puede obj etar esp ecíficamente. nada a lo cu al estu viese conde nado de for ma m eram ente heterónoma. de sarro llada hasta convertirse en autoconciencia. tod a la verdad. Gesammelte Werke. 105 104 . de la sit uación natural que se está perennizand o: La 1$ Hegel. por lo cual no se deben mirar los límites como me ramente exteriores al ser exi stente. con Hegel. la más indigente es la de que la dialéctica. con otras palabras. cerciorarse de un ente. pág. Por el cont rari o. vuelve la punta polémica contra la sinrazón de l mero ser existente. sino que. antes bien. en general. panacea m etafísica ante la qu e hubieran de abrirse toda s las puertas. insuficiencia también de la realidad particular aprehendida por ta les determinaciones. pero Hegel no lo proclamó simplemente. que critica a su vez el divorcio kantiano de la ra zón y la realidad. en vil" tud de la confro n tación de cua lquier realidad con su propio concepto. y que. ateniéndose a una idea enfática de la verdad.tivista. y el movim ien to h egeliano de l concepto queda congelado en el D íamat en una con fes ión de fe. van a parar en todos los casos a u na con tradicción co n éste . XI. sin hacer distinción alguna. Aun cuando el sis te ma acaba por hacer equivalentes entre sí la razón y la realidad. y ninguno la alcanza. y de ahí que p ara Hegel los límites kantianos del co nocimien to se conviertan en el principio de su progreso : "Cada cosa es lo que es únicamen te en sus límites y por ellos . la justificación del primado de la ne gación en la filos ofía hegeli an a sería que los límites del conocimiento a que lleva su autoconsideración crítica no son nada exterior a él. Por cons igu iente. la filosofía hegelian a es en un sentido emine n te filosofía crítica. pues si con Kant la critica lo es de la razón. Kant. el ene migo mortal del pensar merament e «rap sód ica». 220. WW 8. conceptos y raciocinios singulares son fal sos. se encontró a sí mi smo en He gel . de 10 re al: la insuficiencia de todas las determinaciones singu lares ai slad as es siemp re. y el exame n a que some te sus conc eptos (empezando por el ser ) acumula siem pre en ella. a la vez. sino únicamente la consecuencia de aquella crit ica del conoci miento que acabó con las panaceas.mirando su propia correcciónha cia un conocimiento m ás ajus tado . 22. in strumentos inevitables para. todos los j uicios . ellos atraviesan la totalidad de universalidad de la negación no es ninguna éste» 25. al mi smo tiempo. la dialéctica. el sujeto y el obj eto. Es te combate la do ct rina kantiana de los límites del conocim iento. 1. sin embargo. con su pr opia ra cionalidad. expresó Niet zsche en la frase: «Nada se p resent a en la reali dad que corresponda rigurosamente a la lógica» 24. De este modo. cad a vez tiene más en común con la exp criencia motivadora de la dialéctica lo que . ya por :>l Fricdrich Nietzsche: «Aus del' Zeit der Morgenrüthe und del' Irolichen Wissen sch aft 1880-1882». su crítico. pág. Pues todo conocimien to-no sólo el que se avent ura en lo infinito-quiere mentar. sino que son inherentes a todos sus m omentos. sino que llegó a ello a p artir de una crí tica inmanen te de la lógica y de sus formas: demostró qu e el concepto.

de lo jus to y lo ét ico ». todo ello «estaría e nteramente condiciona do a través de la m ediación qu e se llama desarrollo. sino qu e la negación intervie ne al mi sm o tiem p o en aquella realidad en la que adquiere por p r imera vez sustancia el concep to que se cr it ica a sí mismo.la realida d se le desemboza como cons agrada a la muerte en cuant o que no sea e nteramente racional. en su salida crí tica de lo más cercano.se par ece más a un sistema que a un organismo.. elimina la p ropia contradíctoriedad salven. 309. pág. WW 16. en la socie dad: ' entie nde que «En Jo que se re fiere al sa be r in mediato de Dio s. incluso. Y con el concep to de la nega ción de terminad a. 106 107 . con la de contradicción : la teoría ló gico-metafísica de la totalidad como dechado de cont radicci ones dic e-descifra-que la sociedad no es tá meramente cr uzada y alterada por contradicciones y despropcrcíona tídadcs. y en ta l cont radicción cristaliza. ha resultado. y Hegel preservó la mirada de todo sentim entalismo. La socialización de la sociedad.. que provenía del sistema id ealista. se llega a la con ce pción met afísica del todo reconciliado-de lo qu e es dechado de todas la s cont radicciones. m u tu am ente opuest os. WW 8. y se con tinúa t ra ns miti endo : la sociedad se ha conservado con vid a. sin embargo. y qu e no se convierte en totalidad por ser un todo recompuesto. del principio de dominación (e incluso de división). pág. un concep t o de experiencia qu e apunta fu era y por encima de l id ealismo ab soluto: el de' la totalidad antagonís tica. La contradicción dialéctica . con el que aventaja H egel a aquell a frase de Nietzsche y a to do írracíona llsmo. de la presencia sen sorial. educación y fo r mación» 26. no sólo se revuelve contra los con cep tos supremos abstract os (también contra el de la negación mi sma). se ha continu ado reproduciendo y ha de sa rrollad o sus fu erzas únicamente a t ravés de la escis ión en los in tereses. por ejemplo. Aque lla concreció n p ermite a Hegel impregna r comp le tam ente la id ea de tot alidad.apoyándose en el modelo de la sociedad escindid a y. lleva a cabo (en la Fenomenología del esp íritu¡ su mediación a to do lo lar go del movim iento hi stór ico d el ente-con el que se ve llevado po r encima y más allá de toda mera metafísic a de l ser-o Mas una vez que se ha dado sue lt a a la ccncretización de la filosofía. Lo mis mo qu e el principio de la mediación universal (frente a la inmediatez del mero suj eto ) se basa en que la objetividad del proceso soci al antecede a la azarosidad del su j eto singu lar hast a en t odas las ca tegorías del pensa r . la pr opia cons t rucció n hegelia na de un a filosofía de la identidad fomenta su ca ptación tanto a parti r del objeto como del su jet o. pues Hegel n o se da por satisfecho con el conce p to general de una realidad antagonística. sino en virtud de sus con tradicci ones. " Hegel. donde se la ha experimentado es en la sociedad . una (verdaderame nte. mie ntras es té irreconciliad a. todo romanticismo y todo es tanc a mient o del pe n sa mie nto y la realidad en niveles pasados: o bien la totalidad se encu entra consigo misma reconciliándose (esto es. de la concie ncia inmedia ta del ser humano sin gular. mo delo de la so ciedad). a est ilo monástico. de quienes di sponen y de quienes producen. con la noción de la po laridad or igina r ia del ser: antes bien . no es po sible interrumpirla excu sán dose con su m endaz di gnidad: «La pusilani midad del pen samiento abs t ract o cons iste en asustarse. hasta hoy. 173. y la abstracción moderna es así de delicadamente distinguida frente al mom en t o de dicha p resen cia» 27. su unión a lo que verdad eramente-y vinculado a Hegel.

como mero representante suyo ): só lo es fmctifero el pe nsamiento crítico que desata la fuerza alma cenada en su prop io ob je to. pág. y se basa en la experiencia de la impot encia de la crítica mientras se mantenga en lo gene ra l (por ejemplo.tanda sus contradicciones).) Sin embargo. y en que él. al fin y a la pos tre. en cuanto separa do. El nervio de la d ialéctica en cu an to mé todo es la negación determinada. en la divi nización de l decha" WW 1.. pues. mas puest o qu e los seres humanos individuales quedan entregados a la lim itación. involu cione a comprobación de un ser existente desvinculado y. sino qu e en cierto modo re traduce la filoso fía hegeliana a aquello que él había p roye ctado en el len guaje de lo absoluto. en cuanto r esultado de sus esfu erzos. Y el que Hegel. en cierto mod o insati sfecho con la du reza y la re sistencia del ente. do nde h a prosperado demasiado fácilmen te. 19. Cier tamente. en cuanto co ntradic to rio. impenetrable. (A esto se refie re la proposici ón d ialéctica de que • . otra vez a un positivismo. simplemen te. y aque l critico para con lo a firma tivo únicamente dis imuló 'tal contradicción . WW 8. porque no vio más allá de él ninguna fuerza históri ca real: no pudo dominar la cont ra dicción entre su d ialéctica y su experiencia. 527. por la particularidad: . como ideali st a burgués que . el individuo. la ne cedad y la n~dería cuando no ati en den ca da un o más que a su propio p rovech o. o la antigua fal sedad continúa has ta dar en ca tás trofe. se det uvo ante ta l límite. intenumpiese en la Filosofía del derecho semejan tes pensamientos. sino que propiamente ha comenzado ju stamente allí don de ha abi erto a viva fuerza 10 que al pensar tradicional le parecía opaco.A Asf. 423. mera individuación. Hegel n otó la es teri lid ad d e todo el llam ado t rabajo espir itua l que sabe man ejarse en la esfera de lo general sin ensuciarse con 10 específico . tod o eJ10 no so n ma neras metafóricas de hablar dialéc ticamente correspondientes a en unciados simples sobre la realidad: su formulación no coquetea meramente---como más tarde se dice en un famoso pasa je de Marx--con Hege l. en el caso de Hegel. E I ind ividuo para si no correspcnde a s u conc ep to. (El co njunto d e la socied ad. mientras despache a l objeto c rtt icado subs umiéndolo d esde arriba ba jo un concepto. es t ri ba en que su expe rie ncia se cerc ioró del límite de la sociedad bu rguesa que yace dentro de su propia ten den cia. este desp lazamiento no hará qu e la filosofía. pues la dialéc tica expresa que el pe nsamiento filosó fico no es tá en su propia casa donde la tradición lo as en tara. sin embargo. 108 109 . lo real es . medi ante una brusca ab solutizació" de una categoría (la de Estado).. sino qu e la volvió crítico-p roduc ti va. fren te a la paz (que es taría libre de la presió n de l todo). que la aniquilación de cada mie mbro individual vendría impuesta a la ley del todo por la d esmembración misma. es culpable fren te a la justicia. como si la d ialéctica se hor ro ri zase de sí mism a. pero no se lam entó de ella.. p ág. una identidad de lo universal y lo particular. co n lo q ue d ejaría de se r totalidad. y puest o que u na sociedad que sólo quede unida y viva m erced al momento univer sal de l provecho particular se es trella com pletam ente co nt ra la con secue ncia de sus motivos. y esta limitación de su ser existente es origen de su finitud y de su ocaso. era.) El princip io goethi ano-m efistofélico segú n el cual tod o lo que nac e merece sucumbir dice. y la desata al m ismo tiempo a su favor (haciéndo le encontrarse consigo mismo) y en cont ra suya (al recordarle que aún no es él mismo). se saca fuera de sí mísmo.

111 110 . la impetuosidad de los rel ámpagos que sa lt an entre las idea s es peculativas más elevad as y la experienci a p olítica ac tua l de la Revolución fr a ncesa y de los tiempos napoleónicos. y el aconcep tu al 'tci ~ a 'ti . po r decididamente que se enf re n te és te. le permanece oculta a ese mi smo pen samiento. pese a todo su optimismo hi st óri co tantísimas veces sacado a la luz (y a l que Sch openhauer llamó infame) . Hegel h abía d i. pero la fuerza que excluye del conoc imie n to al individ uo singular determi na do es sie mp re la de la insuficiencia de su mera sing ula ridad: lo qu e hay es siempre más qu e ello mismo . sin duda. Lo que suele choca r más al lect or ingenuo de la Fenom enología del espíritu. de Occ. por lo demás. p ues refiere en cada caso en sí mismo el concep to universal. con autoconciencia filosófica . indudablement e. se puso. y pág. y así es como describe la dialéctica hegeliana . Pero es ta última brota de la experiencia de la sociedad antagonís tica .) se enciende al contacto de lo s ext remos . 6() (ed. pág.. de la jus tifica ción del en te: pues el pensamien to que sólo llega a convertirse en verdad al asumir en teramente en · cr. la fibra de la filoso fía h egeliana-la concie ncia de q ue todo en te. de Anaconda)). en una especie de explosión perm anente que • Que p odrl a tr adu cirse por «esto (que h ay aquí )». (Die V ernunf t . Por exp lica r esto valiéndose de una experien cia esp iritual no refleja: todo el que no qui era envolver una cosa con categor ías . (N . La doctrina hegeliana segú n la cual sólo como . de la Rev. y las cont radicciones. co n el caráct er abstracto de la m ónada . cho d e ella que era un ara >. tendrá .. que nie ga s u carácter a ntagonls tico ). WW 11 . con Hegel. que ent regarse premeditadamente a ella sin reservas. y en la med ida en q ue el tod o act úe en el microcosm os del indio viduo singular podrá habla rse con razón de una reposición de Leibniz en Heg el. 64 (ed . (como acaso ya hacía Aris tóteles con la :t"ptil'n¡ ')~:Jia ) . la vía de todo pensamiento productivo. en luga r de disp arar sin tardanza por enci ma de él. sino conocer la a ella mi sma. qu e constit uye n su verdad era y única on to logía. pág. tan lej os del schopenhaueríano pen samient o d el uno como d ice la hi storia oficial de la filosofía. so n al mismo tiempo la ley forma l de esa hist oria que. a l descubierto .. que le tiene que estar oculta para q ue pu eda ser productivo). del T. pe ro só lo logrará tal cosa cuando en él mi smo (en cuan to teo r ía) aguarde ya el potencial para aquel sabe r que se actualizará a l hundirse en el objeto. en modo alguno. es lo p ropiamente dialéctico . no de un esq uema mental meramente inventado: la historia de la edad del mundo irre conciliada no puede ser una de desarrollo armón ico (lo ún ico q ue ella hace al respecto es ideología. y cas i le gustaria a uno creer. cas t. al encon trars e a sí mismo. que no se limite a calcar o a repeti r (por lo dem ás. a opues to . t. repitiendo las invecti vas' de Schopenhauer. Pero no es una teoría inducida ni un a de la que hubiera que sac a r cons ecue ncias deductivamen te. ed.. progresa excl us iva me nte en la contradicción y con Indecib les dolores.) . 49. a s u vez. de modo que.J. 80 (v. I .• do d e lo que hay impe ra sec re tament e en Hegel un impulso positi vist a. al serv icio del aspecto ap ologético . se dej a a la vez en suspenso y perece-no se enc ue nt ra. cnr. p ág.negaci ón determinada s llega el pen sami ento a algo que convenga con la gravedad de su ob jeto. El co ncep to hegeliano de dialéctica rec ibe j ustame nte s u tem pe ra tura específi ca y se d ist ingue de tri vialidades de filosofía de la vida co mo las de Dilthey merced al brío del movimiento a través de ext remos : el de sarrollo como d iscontinuidad.

Frunkfur t [Su hrk amp}. arrebata rle la verdad allí donde sea manífiesta su falsed ad. lo que es deb ido co n respecto a él-quiera decir present arse a su filosofía allí donde duela más. y no t ra s la segunda. Asf. filosof ía. lo propiamente mágico de l ob jete artístico-se logra tanto más perfectamente cua nto más au tén ticas sea n las • Personaje cent ra l de la novela de Mann que lleva su nombre. justame nte por ello . incIuso cuando se trate de acribia en la pintura de seres humanos. De ahí que salvar a Hegel. por trasponerlo en pasado: en aquel pasado con cuya especial pátina tiene ta m bién que ver Krull " ). De acuerdo con la d istinció n entre la pos ib ilidad ab stracta y la real. Sin embargo. la figu ra de Kcn ti en e to dos los signos de un ••ef. exterior). el empeño por di st anciar lo cercano. Hamburgo. 1958. asimismo . sino al de que las imág ene s conju ra das po r la obra de arte brillen también como imágenes hi st órica s (compromiso. págs. pues. sino mera sa lvación. del r. a la tent ación d e exp lica r. la d e la racionalida d de lo real. en toda que lo sea grande-no se puede escoger lo qu e a u no se le aco mode y rechazar lo que le sea enfad os o. por lo dem ás. para refrescar de nu evo un a de las tesis hegelian as más d iscutibles. en forma parecid a a como sucede con el primer compás de un a ob ra musical. sólo seria p rop iam ent e posible lo que haya llegado a sucede r realmente.y no es re novación. 152 ss. Pero dudo que esto posea verdaderam en te toda la fu erza de un argumento que se quiera imponer co mo ob~io: pues si la ob ra se t raslada a mil no vecien tos veíntltamos. Adorno : eErpresste Versohnunge. y q ue el requ isito de veracidad cron ológica no p asa de ser subalterno. lo que engendra la seriedad y susrancíalídd d de la pre·tensión sis tem ática de Hegel : su verdad se h inca en el escándalo. to mar partido precisam ente ' con respecto a eso no es hacerlo en virtud de me ros sentimientos. y en un es trato más profundo desempeña un papel. tras la pri mera guerra. qu e sólo difícilmen te pued e quedar dispensado po r motivos es t étt co-ínmaDentes de aquel otro. Ahora bien : podría decirse que tal es la legiti ma libertad de la creación . se lropieza co n la paradój ica sit uación de que el conjuro de tales imágenes-o sea.. Georg Luk ács h a cita do incl uso recientement e 31 aquella teoría de Hegel no sólo par a dü amar la literatura que se aparte de la r ealidad emp írica . y es es ta somb ría necesidad. lo m ism o que se le oponga como pensamiento. no en lo p lau sible. ésta . supues to que no me equivoque . que ma rcha un ida a los bat allones má s fu er tes. Gerg Luk ács : Wjller den m issverstan denell Realismus. pues una oc upación in sistente con Hegel enseña que en su filosofl a--como. semejan te t ransposición de fechas conlleva un a especie d e compromiso. no idea l de comp let ud alguno . que p rod uce el equilib rio: no me refiero a un comprom iso de fidelidad exterior al «color de épocas. sin o. 112 am ericano de los últimos años cuarenta o de los cincuen ta . (N.sí lo que se le oponga sucu mbe siemp re . de 1954: «Si no me eq uivoco. Thecd or W.. ya qu e se apropia la sentencia d ictada p or un a realidad que enti erra bajo sí una y otra vez lo que podría ser de ot ro modo. de cuyo d eside r átum ya no se desem baraz a uno hast a llegar el úJlimo so nido .) 11l 8 . idea o verdad . 1961 . Citemos lo que sigue de un a ca rta sobre la tardía novela corta de Thoma s Mann Los engañados. desde luego. En cu alquier caso. sin duda. yendo más allá de ello. en Noten zur Lit eratur 1/ . y no del decenio sigu iente a la p rimera guerra . hay excelente s razones para ello (l a má s sólida es que no podríamos im aginarn os hoy una existencia como la de la señor a van Tüm mler . sin embargo. y sobre es te punto.

la pr opia esenc ia lidad . y con Los engañado s me han importunado de nuevo. Pues una filosofía en la que. el cumplimie nto de ésta. se disue lva t odo en el espír itu.realidades.ente. a la realidad y se mofa de los reformadores del mundo . los qu e han prep arado el t er reno a la p oster ior critica socialista del u top ismo abstracto (para luego. como querrían hace m os creer nues tras formación cultural e historia (requisito que e n cier to sentido resue na a través de toda la oeuvre de Thomas Mann). Di por primera vez en estas ext raviadas reflexion es con Proust . extiende s us tentáculos. y que. so n los elementos más reaccionarios de Hegel. Algo se mejante se oc ulta tr as de aque l teorema de Hegel. desde el punto de vista de su realización . y cas i podría creerse que la pe ne t ración s ubjetiva no cont rasta s im plemente con el requisito de realismo. como de la realidad: como aquello confonne a lo cual la posibilidad misma. cuanto con mayor precisión se atuviese uno a lo hi stórico. se meja nte filosofía tomará partida apologéticamente por el ente . f re nte a la cual se rebeló e n s u t iempo la izquierda hegeliana y que e n el ínterin ha c recido hasta el absurdo. q ue en esta región reacciona ba con la exactitud propia d e su idi osin crasia. meramente la retie ne cuando enti ende a la posibilidad. Por lo demá s. p ue s la ver dad d ialéct ica se expone a semejante malempleo : es de esencia frági l.Aus einen Brief ü ber die 'Betroeene' an Thomas Mann-. de todo pensamiento que se eleve sob re la testa ru da inmediatez que all í se persigue ba jo el concept o de praxis>. el mundo de la imago. en el «Pró logos de la Filosofía del d erecho-parece dar razón . En es te in stante se me ocurre q ue mediante esa especie de precisión habría que exp iar algo de l p ecado que labora en toda ficció n artística : como si tuviera qu e curarse de sí mis ma a t ra vés de l medio de la fant así a e xact as v. no debe negarse la fa lsedad de la justificación por Hege l del e nte. en la hi st oria del socialismo. como resultado de s u movimiento y del de su conjunto. y no como un «hubie ra s ido tan he rmoso s. cuyo so nido se hace a n ticipadamente al fracaso . a nuncie en lo gra nde aquella id entidad entre su jeto y objeto c uya no ident idad en lo singular es su inspiradora. actualmente sólita en el ca mpo oriental. ahora b ien: en la obra de arte. prete xtos para re novadas represiones. depende de la medida de realidad que lleve e n s í. que se diferencia de t odo lo meramen te exis te nte po r virtud de su ley formal. por débilmente que sea. desde luego. proporcion a r una vez más. es una y la misma cosa que el idealismo hegeliano. La doctrina de la racionaIidad de lo real parece op on e rse a la e xpe ri encia de la re~lidad ( e in cluso a la de su lla mada te ndencia general) más que ninguna otra de sus doctrinas. Pero al queda r de smentida por la realidad la tesis de 114 as . en mod o algu no los lib eral-progresivos. por lo tanto. y también el pensamiento. págs.. Adorno : ". fascículo J. 1955. sin emba rgo. por refund ida y e n variadas configuraciones que lo haga. 284 ss. qu e. en Ak. especialmente. indudab lemente. q ue mantiene contra la realidad la posibilida d supe rada una y otra vez. Sin e mbargo .¡. de la filosofía de Hegel en las que-como e n la filosofía de la historia y. resignada o ta imada mente. Theodor W. Só lo que no debería ca r gársele a Hegel con la culpa cua ndo se malempleen sus motivos p a ra ec harle un capote ideol ógico al horror ininterrum pido . incluso en los t ipos humanos. cuyo ejem plo más drá st ico es la difa mación. ha de ser uno y lo mismo que el espíritu. sino que se alcanzarla t ant o mejor la es piri tu alización . la «posibilldad » e n sen tido enfático. Ta l es la sus t ancia verttatíva misma de las regiones .

pero ni siqu iera ella debería proceder sumariamente con Hegel: hasta cuando hiere en el rost ro a la expe riencia (incluso la que motiva su propia filosofía ). el momento crítico sup remo: la crítica de la totalidad . la concepción de la filosofía de la iden ti dad se derrumba filosóficamente: de igual modo que la diferencia entre suj eto y objeto ha st a el mo mento no ha quedado allanada en la experiencia de la realidad. no so-lamente porque la misma tesis de la totalidad es la falsed ad. al hacerlo. as í. Con Hegel se acred ita. Mas s i b ien. a s u vez. No es posible s uavizar esta critica. en el qu e las argumentacion es contunde nt es tenían la últ ima palabra. puesto que seme jante todo. el proceso que con ello se ha producido es irreversib le. de lo infinilo da do como término de tod o. trató contra todo derecho a la experiencia de que se aliment aba). a unque Hege l merced a su crítica de Kant. o torgando a aquello la a pariencia de incondicionado (con 10 cual. sc le oye hablar a clla en él. tampoco se la puede borrar en la teoría. merced. la h ist oria de la filosofía t ra s él se nos presenta co mo d ebilitamiento y re si gnación de la fuerza conci pien te y constructiva . amplió grandiosa ment e la filosofía crític a por encima del campo formal. Mas la fu erza cog nosci tiva de su filosofía desapa rece juntame nte con los dere ch os de la experi encia en ella . la to talidad de lo negativo.la ra cionali dad de lo real. el espíritu experiencia el mundo co mo s is te ma . El proceso ent re Kant y Hegel. aquel filosofema segú n el cual a 10 q ue su cumbe se le ha ce s u propia j usticia (co mo pe nsador protoburgu é [ u r bürgerlicher] está su jeto a la s protourbana [urbürgerlicher] sent encia d e Ana ximandro ): la razón se vuelve impotente para concebir lo real no meramente debido a su propia impotencia. a partó de delant e autocrá ticamente aquel b loque-irresoluble para la conciencia---cuya expe riencia fue la más profunda que tuvo la filosofía trascen de ntal kantian a. y no deb en hacerse los cargos únicamente a u na falta de ali en to espiri tual y de memoria. es una fa lsedad fr ente a las fisuras kantianas). pues. a su írreeonc ilia bilidad con los intereses racional es de una humanidad consciente de si misma . Só lo que la razón de tal reunión en una t otalidad es. co n más exactitud qu e otros más ir racional es. a su vez. el supremo pod er te de la misma estrict ez lógica . no ha te rminado a ún (acaso porque lo cont unde nte. as í. algo de la lógica d e la cosa misma. a una co n ello escamoteó. como s i lo tuv iera uno segu ro. y «el t od o es lo falso». b loq ue gracias a cuyas fisu ras se 116 est ipula u na co ncordancia sin fisuras del co nocim iento (que tiene algo de fantasmagorí a m ülcaj: y a partó con el pensam iento la diferencia entre 10 condicionado y lo a bsoluto. Pu es. el principio de dominación infl ad o hast a conver t irl o en absolu to: la idea de u na positividad que crea subyugar todo lo que se le oponga gracias a la 117 \ . al princip io del interc ambio. es fictici a ). en efecto. sinrazón. fr en te a la tens ión del es p íritu. y la pretensión de hacer sa ltar lo particular valié ndose de l todo se co nvierte en ilegítima. co mo el de vida. no es--como lo quiere la famosa fr ase de la Fenomenotogia-us: verdad (ya que la ac titud afirmativa y cierta de si misma con respec to a dic ho todo. que en la concepción de 10 rea l jamás se muest ra más poderoso qu e con Hegel. sino porque lo real no es la razón . ni a una ingenuidad por desdicha resu citada: en é l obra. pe se a que ést e co nvenga mejor a la irracionalidad del mundo. en definitiva . nombre que acierta co n la inexorable re unión en un todo dc todos los momentos y actos parciales d e la sociedad burguesa. de mod o perfecta y a te r ra dora me n te hegeli ano. por m ás qu e aque l su jeto-o bjeto hacia el que se desarrolla su filosofía no sea siste ma alguno del es píri t u a bs olu to reconciliado.

) 118 11 9 . inin tcligib le». ciertam ent e. sino la de aque l cegador conjunto en el que todo lo singu lar permanece sujeto. y hast a e l mom ento ni ngún arte hermen éutica lo ha es tableci do incu esn ona blemente (si n lo cua l no existen filología hegeliana ni critica text ua l suficie nte alguna). volviéndola de la ot ra ma no. al de terminar. co ntra Hegel. RUDOLF B ORC H ARDT. de qué se es tá hablando. ni se puede averiguar d e forma concluyente. la negatividad del todo. la experienc ia de la prepotente coe rción ínsi ta en tod o en te por virtud de su reunión bajo el Poder. las ti ra das de Se hopen hau er con tra tal supues to galimatías. opone n a la comp re nsión son cua litativamente distin tas de las que acompa ña n a ot ros tex to s ma lfamados. IN. qu e tod avía seria lo primero a reali zar. Las resist encias qu e las grandes ob ras sis temáticas de Hegel. y el destello que da a co nocer en tod os s us mome n tos a l todo como lo fal so no es otro que el de la u topía . SKOTEINOS ' O CÓMO HABRIA DE LEERSE Nada tengo sino un susu rro. en defin itiva. ante la que se echaban a un lad o el re sp eto educado y el miedo a ponerse en ridfculo. el único co n el cua l de vez en cuando no se sabe. del T. con toda su mezquindad y rencor. En el terreno de la gra n filosoffa. Hegel es . ten ebr oso. Tal es la verdad que hay en la fal sedad hegeliana . cu mp le por últ ima vez el pos tu lado de la negación determ ina da (q ue se ria la posición). va liéndose de una ate nción exacta a éste y de cierto esfue rzo m en tal. Por lo demás. Pero la filosofía. Pues la t ao rea no co ns is te simplem ente en h acer se con u n significad o que sin lugar a dudas se en cuen tre en el texto. especia lme nte la Ciencia de la lógica. sino que en m uchos pasaj es el sen tido mismo es incier to. den otaban (como el nido frente a los nuevos [ e invi sibies) vestidos del rey ) una rel ación con la cuesti ón .prep oten te coercson del espír itu concipient e des figu ra. y siqu iera fuese negativament e. la de la verdad to tal. y co n el cual no está garantizada ni siquiera * Adjet ivo grieg o qu e sign ifica <oscuro . y la fu erza del todo que ella moviliza no es una mera fantasia del espíritu.

pág .. pues el concepto hegelian o de és ta no s ignifica otra cosa (una vez despojado de su reve s t imiento terminológico) que la vida de nuevo. y como detalle. por lo c ua l es la esencia : mas ésta no ti ene en sí tal movimi ento. La fonna he geli ana concuerda con tal intención : nada puede e ntende rse aislado. y e n tal noc he de la me ra reflexión y del ente n'Hegel. Es te lug a r se hace in te r pre ta b le conoc iendo el registro com ple to hegeli a no . en ningún enunciado po slttva limitado. v. procedente de aquello s mi smos a ños): la de que la «noche de la me ra reflexión » es la noche para la me ra reflexión. dim iento razonador .. difícilmente po drá contesté rs e te con mucho más que lo e nderezado a lo universa l. diferencia . que es el mediodía de la vida. pues lo otro. t. ya que la es peculación . pág. p ág. 134. que no tiene nada fuera de ella a lo cual nega r. El ser existe sola mente e n cuanto mov imiento de la nada a la nada. sino la na da de una nada . Y. q ue sólo existe e n est e negar» t. cast o t. sino que es. WW 4. tod o únicamen te en conjunto (con el dolor que. sino que ú nicamente niega a su m ismo negat ivo. es la espe cu lación. se r la negación de una nada . 60 [Dif f ere'l Z. ' ef. no es el no se r de un ser. Pero no hay que deslizarse por e nci ma de los pasaj es en los que queda e n el ai re. sino que hab ri a que deriva r s u estructura de la s us ta ncia de la filosofia hegel ia na . una vez más. indccisamente. el texto. en su sup re ma síntesis de lo cons cie nt e y lo inconscien te. 11. cr tt. a la qu e se vinc ula con el m edi od ía. Pero ya en el Hegel te m prano hay algo a nálogo. pero no pa rtiendo únicamente del texto de l párrafo.. es . su saber y a s i misma e n su propio abismo . 493 red .. y es to.. es lo que const ituye el ser. • qu e es so bremanera t ra nspa rente como programa. y a llí se herman an una con o tra la filoso fía es pec utatíva (i ncl u so la de Schopenhauer) y la música. p ág. el conjunto • WW 1.. por' ello. mientras qu e la vida . ta l aniquilar no se le a pa rece e n toda s u extensión : s i pud iera a prehender ésta no tomaria a aquélla por su adversaria.la posibilidad de se mejan te averiguación. a sí mism a: el tra nsit o o devenir se deja en sus pe nso en ~u propio t ran sitar. 22]. p ágs. const ruida haci a ad entro l . la di ferencia entre las categorías de razón o fundamento y de causalidad que aparece en el libro seg undo de la gran Lógica. su movimiento re flejador. y a quien se enca rnice con ést e y lu ego.. 120 121 . en cuanto el aparecer absoluto mi sm o. la pura negatividad. Sólo la fanta sía ingeniosa y precisa de un participante apasionado en un se mina ri o h ará que se encienda s in violencia la lu z de la última frase (que rivaliza con la prosa más expuesta de H ñlde. 74. 11. pág. y la razón hunde así su re flejar la id ent idad absoluta . pues el fina l de la secci ón sob re las relaciones e ntre la es pe cula ción y el sentido com ún re za asl: _Si bi en al se n tido común sólo se le aparece el lado a niqu ilador de la especulación . exige también la an iquilación de la conciencia misma.. ed . incluso e n el tra bajo sobre Lo. por se r tan a bisal. pueden encontrarse ambos » 1. por lo tanto. veamos un par de proposiciones de l p rimer capítulo d e es te mismo libro: «E l devenir de la esencia. dese nga ñado . el movimiento de la nada a la nada. lo que deviene en se mejante t rá nsito. de qu é se tra te. Mencionemos sólo. pues a ella va asociado el carácter de eso que es té en el aire. e n especial la construcción concep tual del capítu lo. entre los casos de principio. rehúse ocupa rse de Hegel. de acuerd o con la doc trina de que no es posible asir la verdad en ninguna tes is s ingu la r. 251. de cuya insuficienc ia re p ro chaba Hegel mi smo en aque l t rabajo al entendi m iento me ramente renejador . cír.Iin .

ante todo . a su vez.. se lo puede fal sea r un a vez más: entonces se p roduce con facil idad lo que hast a la fec ha h a sido m ás perjudi cia l pa ra la inte rpre taci ón. tras d e qué a nde en cada caso. 122 123 .La finitud del fin co ns iste en que. va rias lect uras. y la ob jetividad es . es to es. El se r otra cosa o error. de un punto sumo haci a abajo. se cons uma etername nte e n el mundo. t od o paso dial éc tico presu pon e ya. § 212. por lo cual la comprensión de H egel se fragmenta en momentos mutuamente medi ados y qu e. la forma expre sa este hec ho al no ser capaz de cap tar de mod o p lenamen te adec uado co ntenido algu no-en caso contrario se verí a lib re de la miseria y fali bilidad de lo s conceptos q ue di ga su con tenido-. de hech o. se contradi cen. de su c ri t ica de la filosofía pasa da y d e la de su propia época: ha de tenerse presente. el bien a bsoluto. indudable me nt e. un mo mento necesario de la ver dad. pá g. s in que necesite esperarno s a noso tros. únicamente es preci so de jar en sus penso el engaño de que no se haya cumplid o aún: el bien. no p ueda hace r efect iva de un golpe la unid ad del todo y de sus pa rt es se convie r te en s u flaqueza. por p rovisionalmente que sea . y puest o que aqué l. Adición . en c ua nto al cumplimiento del fin infinito. por princip io. y el resultado es que se cu m p le ya en y para sí. la idea mi sma se vuelve es te engaño . en cua nto pue sto en suspe ns o. verda deramen te . y po r eso es menes ter concederle en Hegel ta nta venta ja. Hegel exige objetivamente. se le escap a a la expos ició n lite raria . y no sólo pa ra qu e el lec tor se ha bitúe a la cuestión. acaba po r desc ubrir. y las ca tegor ías del se r se r ía n ya e n sí lo que la doc tr ina del concepto. y algo as¡ como desencapotarlo hacia a trás. ( E l hec ho de que. lo único que actú a. algo así como una cáscara bajo la que el concepto yacena oculto. de acuerdo con su propia do ctrina. el ma teri al u tilizado para ello co mo medio sólo se le subs ume y se le adec úa ex teriormente. aq ue l mos trar que la ver dad es ese ncialmen te su je to ). Esto sir ve pa ra con trapear aque l puro entregarse a la cosa y sus mom entos al que s e confía la «In tr odu cci ón » de la Fenomenol ogía: el com por tamiento no será tan con cret o como ésta querría. es. en lo que es t riba el interés de l mundo : en s u pr oceso. el objeto en sí es el concepto. este últ imo es sólo Ja m a nifestación de su propio in t eri or . sin embargo. por lo tanto. pues los • Hegel WW 8. En el .Sis tema » (la gran Enciclopedia ) se expresa es to con la má xima fra nqueza : . En 10 finito no podemos presenciar ni ver si verdaderamente se alcanza el fin. al mismo t iem po . en su realizaci ón . e n cua nto que den ote un ívocamente algo unívoco . ya que ésta es n ecesariamen te finita. Ha y algo esencial en H egel mi sm o que indu ce a comp ren derl e in suficientemen te . 422. se realiza en ést e. como fin. una conci encia vacía del sis te ma. duplicida d de la dial éct ica que. p ues.) Si bien se convenc e de su p ropia inad ecuación con respecto a la ñlosoñ a hegelia na a toda frase ind~vidual de ésta. lo que el todo y su resultado ha n de se r (la cons trucció n de l su jetoob je to . la c ua l es incompatible con que fr ente a sus momen tos no se forme ningún su mo concepto a bs tracto. qu e ha de Infer tr se. Ahora b ien: de h ec ho. mas. s i centramos todo en est o. ( ti ene únicamente e n sus mo mentos si ngulares) . y en ello se enc ue n tra la recon ci liaci ón con el erro r y con la finitud . como su en y para sí. Mas es te e ngaño es aquello en lo cual vivimos y. H egel se resiste a quien no esté fam iliarizado con su inten ción total . sino que sólo pasan do por sus mo mentos concre tos se alca nce su verdad . que sólo existe al volverse en s u prop io resu ltado » 4.. opone otra cosa y su acción con s ist e e n de jar el engaño en s usp enso: la ve rdad sólo brot a de este e rror.

148-91 · Cf. en el trán sito de la sociedad burgu esa al E stado. en Hegel di sm inuyen los eleme n tos es quem áticos. fo rmal). pero es fr ecuente que el sistema ha ga marchar el programa de la pura co nte mplación en un brillante desfile (co sa q ue era inevitable : S! no. cuando lo que h abría que hacer sería hac erl o efectivo.mo men tos aislados sólo llevan más allá y por enci ma de sí mismos porque se ha meditad o de an temano en la identidad del sujeto y del objeto. es ta substancialid ad llega a la pérdida de su un idad . págs. Hegel se afana con una ped ant eria q ue le va muy poco a quien juzga despectivame n te sobre definiciones verbales y co sa s seme jantes. Sin emb argo. y para oc ulta rlo . como t sabedo r de sí m ismo y real. Hegel mi smo no es tá Ubre . en modo alguno. (En lo que se re fiere al contenido. p ara 10 cual no fa lta ayu da . y la primacía ab stracta del todo quebranta una y otra vez la pe rtinen cia de los análisis singu lares. así. pues la lógica de Hege l no es meramente su m et afísi ca. al aba ndona rse a tal primado : toman la inten ción po r el hecho y la orie ntación ent re las tenden cias directivas d el pensa miento por su rectitu d . C ) se recoge y re ú ne en el fin y la rea lidad de lo universal substancial y d e la vida p úbli camente cons agrada a ello: en la Constitución . J. en una gene ra lida d. pues lo que el sen tido común se imagina ser desva r íos es de liviano momento en Hegel (inclus o para aqué l ).la línea de mínima resistencia. según la Filosofía de l Derecho.. Oca sionalment e. la cual. sino as im ismo su política. de tod a culpa por lo que se re fiere a tal insuficiente procede r : sigue . el m ovim iento a t ravés de la forma de su s mo men tos. la familia . me rce d a s us necesidades. Entre las tarea s de una in terpreta ción debida. En tod o instan te habría qu e ten er en cuen ta dos máximas aparen tement e incom patibles: la de una inme rs ión minucio sa y la de u na distancia má s libre. crtt. ' . con lo que es . se contenta con ind icaciones dor formales. la mayoría de los co me nta ri os (inclu so el de McTagga rt S) falla n. 124 125 . WW 7. comparado con Ka nt. no ~ la menor ni la más simple la de separar tales pasaj es de aq ue llos otros en los que realme nte se haya meditado. que es el Estado exterio r.) E l ar te de leerle te ndría que señala r cuándo int roduce a lgo nuev o y con co ntenido y cuá ndo sigue anda ndo una máquina que no qu iere serlo y no debe r ía segu ir haciéndolo. § 157. 236-7 red . a la desavenencia y al pun to de vista re ja üvízan te. por ende . a vece s " mita el mis mo Hegel. por lo demá s. He' Hegel. pues. la configuración del moment o d inámi co-dialéctico y el co nservado rafirmativo debería co ndicionar-y no só lo en la Filosot ía d el Derecho--aquel exceden te de rí gid a universalidad que ha y en todo lo devini ente y particular tanto como ella es tá co ndicionada p or él. Cambridge. siend o la obje tivació n de sí mis mo. alardenamíento jurídico como medi o de obtene r la seguridad de las personas y de la p ropi edad y a un orden exte r ior co n vis tas a sus intere ses par ticulares y comunes. pues sie mpre es más fáci l enco nt ra r el ca mino en un pen sar como si fuese sobre u n mapa que perseguir su acierto en lo llevado a ca bo . De ahí qu e sea : A) el espí ritu in medi ata o natu ra lmente ético. M. co n tesis de que algo es de tal modo. ~ I todo se hubiera embro llad o sin es peranza ). y a partir de ello el sen tido común pued e ap roxima r se a él. McTaggar t: A Com m en tary on lJegel's Logic. co n lo que se ría superflua la ejecució n. leemos: «El concepto de es ta idea exis te sólo como espír it u . con tal de qu e no se lo impida el odio (qu e. E. B ) la sociedad burguesa (un enlace de miem bros en cuanto indivíduos singulare s aut ón om os. 1931. p ágs.. así. Indudab lemente.

pe rception em -). WW 1.ge l mi smo d iagnosticó en el trabajo sobre La dii erencía. co rregida po r el mismo Desca rtes y que p resen ta a lgunas variant es con r espec to al text o la tin o . Hamb ur go. 1905. 488 (ed. pág. Este co ncep to de 'claridad .• pág. Ma· drld. ha sobrevivido a la filo sofía en la que su rgió e n otro ti empo. y notas de 55.. de igua l m anera q ue decimos que vemos clarame n te las cosa s q ue. v. no son gnoseologic am ente tan aprob lem áticas. pág. por e llo. p ues el conocimiento t perc ept ío¡ s ob r e el que pueda a sen ta r un juici o cie r to e indubit abl e no só lo se requier e que s ea c la ro . J.. 1 897-1909 ( reím p r. de la Pléia de a). Asf. 11 vots. hasta los ca pit u la s críptico s proporciona n frases-como la s que se e nc ue nt ra n e n la elucidació n de la a parie ncia-que e xp resan de modo com p lementa rio que e stá m entan do pol émicamente el ide alism o su b jetivo y el Ien omenis mo : «la apa ri en cia » sería «e l fenómeno del escep ticism o. pág.. 11. s u pon ie nd o que sea cla ro. 591. cas to en la trad. de A. co mo querría el se n tido co m ún . de la obra original (Princip io philosophiae¡ en la e dición co mpleta. 183. t. s ino también di stin to. e l sis te m a.Oeu vres de Descartes. t. 7 c o mo a lgo in nato en tal sentidol .' par te. le Cerf. Reus. no lo complacía sin co nd icio nes . VIII. y en lu ga r de ejercer una c r it ica se lo apa rta como ca r ente de sent ido (expresió n que es una fo rma más e lega nte del ano ti guo r eproche de la fa lta de claridad): no valdr ía la pena de desperd icia r e l ti empo en quien no sea capaz de expresar in equívocamente lo que quier a decir. que lo conser va n dogmáticament e. edo Artur Bu chen au. t. de M. cuya fe rtilidad hi stórica ha sid o extrema . 1952. 44]. cast. 1951).. a. 9. E n los Principia ( ph iloso phiae] es donde 1 I se tratan m ás a fondo los cartes ia no s conce p tos de la cl ari da d y di stinción (q ue todavía en Ka n t va n empar ejados) : «I nclus o m uc hí simas perso nas no pe rciben en toda su vida na da suficien tem ente b ien pa ra pode r em it ir u n juicio cie r to so br e ello. páS. vera. sa tis• Desca rt es : Die Prínzipicn der Philasophie. 2Z] . Allí dond e se lo rechaza e xpre sa mente-ante todo e n e l posit ivismo-apenas se lo a bor da hoy. 1925. pág. e n ge neral. un se r in d iferente que se halla se fuera de su det erminación y r efe r enci a a l su jet o .. S. en la có moda ed . y sus ti tuya la transpar encia de lo s ing ular por la det erminación del va lor de pos ici ón del det alle e n . de manera parecida a l ansia de definiciones ver bal es. Izquierdo y Moya de Los principios de la filosu/fa. pág. lo muevan lo basta nt e fuerte y m anifies tamente ..d a s por He gel sobre su co nce pción to ta l. puede verse la versión francesa ant igua. S(). Par ís. de la Revilla de las Obtds filosóficas de Descartes. 19 l. y se ha in dependizado de ella. Madrid y París. Y en la de J.. Ma s estas [ ra ses . Llamo cla ro a l q ue le sea pre se nte y ma n ifie s to a un espíri tu atento. n i. WW 4. págs.• l . y d isti nto a l que. defmien do la clarid a d y la di s tin ción con el fin de lograr un entc nd imi ento . 126 127 . preparada por Adam y Tarmcry . ed. París. tr.. habrá ca pitula do : He gel no t endrí a que ser en te nd ido es t r ic ta m ente. GdUim drd ( _Bib l.. p ágs.7 (Diff ere"". cit. t. de ac ue rdo con su pro pia índole . habrá r enunciado a e nte nder e strictam ent e. a la filoso fía. tanto ho y como ento nces : Descartes la s presenta co mo e s t ipulacio ne s te r mino lógica s {ecla ram voc o ilIam . .. /Q"ui e n se re tra iga an te las co nsidera cio nes efect úa{. Bridoux: Desca rtes: O~uvre5 el tettres. 17].. mas a hora se lo retra slada de la s ciencias parl icula r e s. crít. y t ambi én e s el aparec er fenoménico del idealismo aque lla inmedia tez q ue no e s nada ni cosa a lguna. . 21-2. es ta nd o p re se ntes a lojo q ue mi ra . que había hecho reflexión c ri t ica sobre él desde hace la rgo t iempo y q ue.. 11. pág. pero queda por re solve r q ue los conoci m ie ntos co mo tal es. es té ta n se pa ra d o de to dos los demás y sea tan p reci so ( seiu nCla el praeci sa ) q ue no e ncierre e n sí nada sino 10 que sea claro » 9. en m od o a lgu no. . 15 C cr tt.

su depotenciación va untda al hecho de que en el interin se haya extinguido el recuerdo del modelo de claridad. pues. sin que. oculo in tue nt¡ praescnria. pese a ello. Ahora b ien : no pued e darse por bueno el he. . págs. quede ga rant izada su verdad. de la esfera sacra profana.. finalmente. Que su patetismo. como di cen los lógicos. sin te ner en cuenta su est ructura propia . cuya insufi ciencia quedó madura merced a la doctri na lci bniziana de u n cont inuo in finitesimal desde las nocione s oscuras Y confusa s hast a las cla ras. e incluso del contenido : la claridad es la forma hipostasiada de una conciencia subjetiva suficiente de alll:o en general. el sentido trascendente. de acuerdo con su origen. mas. un -estoraarse por claridades últimas. El modernismo. en el modo de conocimiento exaltado a absoluto. cuya traducción. de Adam y Tannery]. desnudo de toda dinámica. sigue presuponiendo). a la que alude al hab lar del ojo . por consiguiente. t. el mundo se ns ib lc-espacial. pero no para la conciencia de la diferencia. es en Desc artes id é ntic o al objeto de la geomet rí a. conocimiento al que bastan sus reglas de juego. según es perfectamen te sa bido. habrá qu e lla ma r oscu ra a la re presen tación . La luz sobre los campos: tal es lo que queremoe. la filosof!a ha de ser ünjcemente. 129 . con tod o. como mirando hacia atrás ha dado una fórmula del doble carácter de la claridad. entonces. y Kant con tinúa diciendo : «E n caso de que es to baste para la diferenciación . y la palabra . ya que incluso en diversas representaciones oscuras ha de hallarse cierto grado de conciencia. quae. como sucedía en el DisCOllrs de la methoáe. impro visan do . y del m ú sic o cuando. sa tis fortiter et aperte illum moven t a) 11. sino que es clara un a re presentación cuya conciencia baste para t en e r conci encia de su diferencia con ot ras »: así. con independencia de dónde proceda ese ideal y a dónde vaya. no basta para la evocació n : pu es caren tes de tod a conciencia no podríamos hacer diferencia alguna al enlazar represen taci ones oscuras. Así. Toda historia filosófica de la claridad debería reflexionar sobre el hecho de que. toca s imultán eamente varías notas). JII: «Prtncipia philosuphiue». cosa q ue. el aura luminosa de la mística cristiana y judía. la luz. mas con la incesante secularización se conviert e en algo metodológico. Par ís.s Y cuando Husserl maneja los eníveíes de clartdade. La doctrina cartesiana se aho r ra la fen omenologia d e los actos cognoscitivos mismo s. como s i hubiese qu e ma nej arlos de igual modo que una axiomática matem át ica. hay infinitos grados de fragmento de la cita anterior de Descartes. la conciencia de u na represent ación (Varst ellzm g ) . Pero se vuelve un fetiche para la conciencia: su adecuación a los objetos les suprime a estos mismos. se rá tod o men os clara: él tuvo que ext raer el id eal de cl arid ad de la ce r teza se ns ib le. pars prima. sie u t ea cia re a nobis vide ri dicim us. 21-2 [es un 128 che de que jus tame nte al t ra ta r de la clari dad s e contente Descartes con una m er a metáf or a (<<siCUb). pues un lema de Jacobsen reza asi : . . pues . pero es te idea l matemático de termina a mbas no r mas metodológicas incluso e n cua n to a su co ntenido . 1905. con todo. por consiguiente. I1ustración. ciertamente. paradójico empate de actitud romántica y positivismo. que necesa riamente ha de apar ta rse d e lo qu e ti ene que explicar y que. ca rtesianamente s ería «dts ünta». sin em barg o. habria de estampillar con su santo y seña semejante evolución (indudablemente. ésta era atributo de la Deidad intuida y de su modo de aparecerse. está utilizando involuntariamente una metáfora tomada del tesoro del templo del modernismo. aparece en el texto correspondiente a la nota 9]. en obse quio del mét od o) l0. doct rina que Kan t adop tó frent e a Descartes: «La claridad no es. pu es Desearles no sa be e xp licarlas de otro modo que med iante una com pa ración con el mundo sensible (. somos capaces de h acer con Jos rasgos ca racterísticos de varios conceptos (como los de j ust ici a y equidad. que. u Descartes : Oeuv res red. su subs trato .fagan o no a mbos cri te ri os (y ello.

se afe_ n rra a un escantillón que solo conviene a un sujeto y un objeto estático ~. 14B. y de he cho. también él se mueve (que es una de las doctrinas ce ntrales de la Fenomenología). cosa que hace. juzgué que podía toma r como regla general la de que todas la s cosas que con cebimos muy cIara y distintamente s on verdade ras. de Bridoux. como si fuese un en sí a nuestra disposición en todo tiempo y a voluntad. pág. ed. sian~ ) . 289. e d. el modesto r equis it o de la claridad y distinción se vuelve cabeza abajo. : Discurso del m ét odo.». como tampoco se le h abía ocurrido a Leibniz.' parte. Meiner.!!:. Pes e a lo cual . só lo e puede exigirse cl aridad a _ todo conocimiento c_2. sino que se mueve en sí mismo. como si hu biese de ser es tático-matemático. de tal género que le p:. Leipzig [Meiner ( <<Ph. con lo extenso es p acialmente. 11._ bre un trípode. sa lvo el ver muy claramente qu e p ara p en sar es m enester existir. 37 a )].!:atiQ e s~o l ás ti~y_c:~r. La claridad y la dis tinción tienen como modelo una cósica con ciencia de co sas. 398 b [nota . VIII.. pues en medio de la dialéctica las categorías t radi cional es no perman ecen rígidamente intactas. la praxis de l conocimiento. pero la nor ma de claridad t iene c omp l e t~_ va l ~ez _sQl() en caso _de suponerse que aquel objeto mismo se a. en sentido histórico de la palabraa lo que aderece su objeto a priori. B.· ed. En la " Descartes : Discours de la m éthode. que se proponen sin reflexión sus objetos y es fer as de ellos y tipifican do gmáticamente la relación que ha de tener con ello s el conocimie nto. 12 5]. pero éste es el que maneja el con cept o cientifico de conocimiento. vers o cast. pág. la mejor es la 130 131 . id. y qu e de es e modo se de sprende de la última semejanza con la res ext ensa cartesiana. 55 [ed.. 1944 [hay relm pr. en Hamburgo. 11. 4. pues.:t. de Raimund Schmidt. ~ita al sujeto para r mi entes fiJa m nte . del que hay varias ed iciones .en~~l. t. pág. Descartes./( ' \ conciencia . en virtud de su referencia a un objeto que se mueve en sí. ha bla de la cosa de m an era ingenuo-realista en un estudio a nterior de l ideal de claridad: «y habiendo observado que en esto de pienso. sin em ba r go. t. Así. a partir de 19571. t. mas el d esider átum: de claridad se hace doblemente cuestionable en cuanto se descubre el consecue nte pensamiento de que aqu ello sobre lo que filosofa no sólo pa sa por el cognoscente como en un vehículo.!aeq . desvalorizar todos esos grados salvo el supremo e ideal. 1960. si bien hay algunas di ficultades para percatarnos correcta mente de cuále s son la s que concebimos distintamente » » . pág .~J:~1 de que se conve nga en que la s cosas están p uras de toda dinámica-q u e: las s·ustrajese a la mirada u nívocamente atenazadora. El id eal de claridad creerá cap az de conocimiento-e-racionalísticarncnte. t r. pág . enteramente dentro del esp ír itu de su sistema. de Lüder Gabe . llevada de su diligente celo por el tejemaneje de las ciencias particulares (dominado por la división del trabajo). habría de acomodarse el conocimiento (si --se entiende -del modo más sencillo ~. s ino que. ciertamente. pá g. a su vez. vers o casto de Morente. 33. de Adam y Tannery. al cual. 2. y correlativamente con esta in telección se forma la de que tampoco " Kant : K ritik der reinen Vernunft. con la p rimitiva discrím'_ ación entre claro y no claro. _~omo e suc:~de con la mirada y las figuras geométricas. sino que aquélla atravies a cada una de ell as y transforma su complexión inter na . y al sos tener est o en general se decide de antemano sobre el objeto. h ast a su extinción» 12: a él no se le ocurrió. y como si no se hubiese patentizado co mo hipóstasis en la era po stcarteslanc. cor responde a B 415. el su je to se está quieto como una cá mara colocada so. lu ego existo no hay nada en absoluto qu e me asegure qu e digo la verdad. Hamburgo. de PerojoRovira Anm:n gol. Frente a est o.

en general. Sin embargo.. la determinación y el cumpli miento tant o como sobre el len - 132 133 . en cuanto que va cont ra el lengu aje. sino lo no claro y n o limpiamen te deli mitado de la co sificación. sigue de cerca a esa intención d e espetar cuya correcció n le incumbiría a la filosofía . a q ue. no pued e segu ir juzgándose acerca de la d ign idad de los conoc imien tos de acuerdo con lo clara y unívoca. no cabe desatender groseramen te al requisito de cla rida d si es que la filoso fía no ha de suc~mbir a la confusión y des truir su propia posibilidad: 10 que hab ría de salvar de él es la nece sidad de que la expresión acier te exa ctamente con la co sa expre sada inclu so cu ando ést a se encuen tre en co nflicto con el _~pecto _usual d e las co sas dadas claramen te. Rev . y en cuanto la conciencia no se conciba a sí mi sm a como fijada cósicamen te. Con lo que también en eso chocaria la filosofía con una paradoja: la de expresar clara men te. Verdad erame nte. • lome pres ta da de ellas una norma ante la cual ha de cae r en bancarrota (pues la filosoffa liene q"!. cab ria obtener una imagen de cua lquier objeto. Pero es to no es ningú n bilin güe de la Univ ersidad de Puerto Rico (Madrid.~~P!l~e de lo q~n. o qu e s~ . Sin dud a. como-por as í decirlo-fotografiable.9.dificull ad q ue adv ie rte Descartes (la de percatarnos correctame n te de qué es lo que conceb imos CaD dís ünció n) se ha ce sen t ir débilmen te el recuerdo de que en los ac tos cognosciti vos de l sujeto los objetos no se somet en sin más a tal pretensión. sin p reocupa rse por sus propios efectos: sólo él per mite la cree ncia de que. Mas una vez que se concede que la claridad y la distinción no son mero s carac teres de l esta do de co sa s dado. de Occ. su claridad y dist inción . ni son ellas mismas n ingún dato. su s atri bu tos verítat ívos. pues de otro modo. no podrían causar de nuevo dificu lt ades. En efecto : ya la sola forma de la cópu la. sino q ue volvería a su terreno a través de l tod o (como el sist emático Hegel pod ía aún esperar. el _es_ . cump lir en teramente su p rom esa). no lo difícil. de sue r te que se en cuen tre n disponib les en cuanto para otro (para la ciencia y la praxis). la filoso fía tiene que reflexion ar sobre la obje ti vida d. d istintamente que se p rese nt e ca da uno de ellos . t iene un p ues lo en u~orden preestableci do de pen samiento s y obj etos--como se imaginaba la ingen u idad del racionali smo-n . En la norma de la claridad se pa rapeta el antiguo realismo de cop ia de la critica del co noc im iento. M~! hab ría que contesta r _aJa aplazadora _ actitud ~eg ú n la cual el requis ito d e cla ridad no es válido al ins ta nte ni para lo ai slado.r~e de él ~o mo si ru c:_~ s~ sis tema de coorde~adas). sino una parte de la sus tancia t ra s de la que va la filosofía es paradój ico este re qu í: sito porque el lenguaje se malp re nde al proceso_d e _ la cosificación. sin d udas e incont rover tib lemente. Es mej or qu e hable de que decepci ona la expecta tiva de que en ca da ins ta nte d iese pleno cumplimien to a todo concepto y tod a p roposición que emp lee. si bien co n u na negación determinad a . se cae n ecesariamen te en contradicción con la am bi ción cartesian a: la concienci a cos ificada hace que los ob je tos se conge len en u n en si. por lo demás. de ta l modo que resulten d ibu jados co n distinción m áxima los mome nto s qu e se le esca pen al rayo visual que mira fijamente. y todo len guaje filosófico. la filosofía re húye aquel requisi to.i-~_de cc!p}!.. conmocionada po r el éxito de las ciencias pa rticu la res. pág. inaccesibles. 33]. y ti ene que hacer és ta cosa suya ín_cluso en la exposición : de ci r conc retamente qué es lo que no puede decir.. e intentar pon er en claro hasta los con fines inmanentes de la claridad . mero req uisito formal . sin. 1954). traza desde la lín ea de partida s u p ropia imposibilidad .

como donde defiende a Heráclito: «La oscuridad de esta filos ofía reside principalmente en qu e en ella se expresa u n pen samient o profu ndo . the ob jectsulriect retat íon is the known-knowcr rdatlan. C. Raras veces se ha trazado teorí a alguna de la c larida d filosófica 15: en vez de ello se emplea su co nce pto como si fuese obvio. 188-9. por problemática qu e sea-o La filosofía que. una espe cie de sugesti ón de masa s intelectual. La se n te ncia de Wittgens tein «Acerca de lo que no se puede hablar es preciso callarse» 14. siempre identifique. y con Hegel no se atrevió a hacerse temática en ning ún lugar : a lo sumo. J/ /hen follows th at the more clearly any íns tunce 01 this reEation s fands out for discrimi na/ion.. no podrá asentir dócilmente a las reglas de juego de la conciencia cos ifica da sin borrarse a sí m isma (por p oco que. Univ. en la exp resión necesariamente no es claro). Sólo podrí a h aber clari dad y d istinci ón cuando se suponga al «sujeto» r ígidamente idéntico con el «cognoscente». especula tivo. assunctness» l eNo ha habido tema que haya padecido tanto po r efecto de esta tendencia de los filósofos como su versión de la estruc tura objeto-subjetiva de la experienc ia . por cont ri buir a exp re sar lo no idén tico. 191} . Th is su bject is the k nowen. para no degenerar en b albuceo. el obje to es lo conocido . en no mb re de una capci os a lógica formal mate matizada a la que se acostu mbra. se enc uentra con que la razón misma supri me virtualm ent e lo que ella quería (a lo cual es constitutivamente inhe rente la imposibilida d P0(i la cual Wittgens tein y sus segu idores han he ch o un ta bú de la razón re fe re nte a la filosoffa). de lo cual se sigue que cuanto m ás claramente se des taque ante la discrimi nación un ejemplo cual qu iera de ta les re laci ones . reed. 177)]. 1932 [r eed iciún en rustica. this structure has been. es t otalmente ant ifilosófica: cabe definir la filoso fía-si es que es posible hacerlo de algú n mo do-como el esfuerzo p or deci r algo de eso acerca de lo qu e no se puede hablar . p ágs. lo dice en forma mediata inca nsablemente-no en úl timo término a pel a por ello a la to talida d. pág. Así. y que ejerce. por lo demás. \ 134 135 . e contrario. Nueva Yo r k/Lendres. a p art ir de 1922). P ress . 7: en Sc hrifte n . y al «obje to» con lo «conocido»: «No topic has suítere á more from this tendcncv of philosophers /han their account 01 /he obícct-sub iec t structure of experíence. orig. sin embargo. a un cua ndo la expre sión. file more safely w e can utitize ít ior the in terprefa/ion al/he status of experience in the universe 01 things. ose dej ar sim plemente d e t om ar en co nsideración tales reglas ). cír. Tiern o Galván. "Ludwig Wittgenstein: T rac/ atus [ogico-philosophic us . Hence Descartes' appea l to clari/y and. Th us. 1957. w íth thís interpreta /ion. puesto que to do lo inmediato es falaz (y. y éste es siempre difícil y oscuro p ara el entendim iento (mient ras qu e la matemática carece t otal m en t e de dificultad): el concepto. 225. verso ca st.. de Dcc.. t he obiect is the known. y en tanto se esfuerce perman entement e por escapar a la cos ificación de la conciencia y de las cuestiones. de E. Cambridge . Rev. Frankfurt . p ág . In the ií ret p lace. Hegel int en t ó hacerlo. Humanities Press/Rout ledge (muc has reímpr. y como jamás puede decírselo in med iatam ente. quien primero lo hizo fue la especulación metañsica de Alfred North Whit eh ead en su libro Adven tures of Ideas (Nu eva Yor k. En pri mer lu gar.gua je y sus relaciones con las cosas. Madr id. las relaciones entre objeto y sujeto son las que hay en tre conocido y cognosce n te. se ha ident ificado tal estructura con las m eras re laciones de cognoscente a conocido: este sujeto es el cognoscente. 01 knO'wer to known. la idea . 1964}). p ues. reniega a priori de su prop io concep to. con tant a mayor seguridad podre mos ut ilizarlo para interpretar la con dición de que goce la experiencia en cI universo de las cosas. con esta in terpret ación . 83 [ed . en la que repercute el extremo del positivismo con el porte de la autenticidad reverencial-autoritari a. por lo tanto. identiíied witñ the bare retation. le es con traria al entendi"Ciertamente. por ello. y de ah í la ape lación cartesiana a la claridad y distinción» (pág. pág. 1960.

ed. "Id. y las esencias tipicas ú nicament e pueden a prehenderse e n ellos med iante una intuición esencial que analice inm ediata mente. WW 17._concep tos filosó ficos se diferen cian. pues. la ci rcunst ancia de que posean esfe ras de ap licaci ón flu idas. mas no se dan de otro modo que como fluyen tes. si bien no conforme a su letra textual. H alle. La s tdeas de Husserl se ocupan de es te desidenuum. cnt. ctt. 1962. ed. v. comprens ible y enteramen te adec uada con la s p ala bras ganc hudo. Ideen zu dller reinen Plliinomcllologie. v.: conce ptos s in tac ha . en tanto M gica .geome t rta de la vivencia » 1': . 165. pág s. 348 [v... pág. " Cf. Mas d epende totalmente de la índole p ro pia del campo de esencias que sea ha s ta qué punt o cabrá e nc ontrar en él unas lO Hegel. lo cual e ntra e n tange ncia con la lla mad a e xact itud e n la fo rmación de conceptos (que. según él. con ello. p ur a y una í í osot ía íenomeno tot esencias exactas " y el que sean o no cimen ta b les ab o solu tamente todas las esenci as aprehendibles en una intuición real (y. v. cest.. crtt. vers o casto d e Gaos : [d eas reÚJtillf1S a una f enomenologúl. lent icul a r . o sea . c d . 133 [ § 72.. p ág.. 164J. Nijhoff. e tc. «en modo alguno. t . crtt. sino únicamente basándose en su cont eni do. pág.schen Philosop h ie [Entes Buch] . págs. pá g. v tc.en_vir tu!. 1950. 160]. pero en la r espuest a va má s allá de semejante método: se da cu en ta de que no es posible juzga r metodológicamente acerca de la posibilidad de extraer teorías deductivas de un sis t ema d efinito de axiomas.° ed. 20 Husserl . pá g. y pregunta si se debería o podría cons tituir su propio mé todo fenomenológico al modo de una .. el concepto que allí aparece de exactitud 118 de equipararse con el tradici on al de cl aridad. por ello.mie nte s-e-fren te a lo que sucede con la razón-. 2. 170.. c ast. sin o que. y juzga así sobre aquéllas: «L a vagu edad de los conc e ptos . p ág . no es una mancha que haya que plantarles enci ma: pues para la esfera cognoscit iva 'a la que sirve n . corvo.J. a la vez. _ Es to dic ta . umbeliforme.. (§ 72] . pág. que son esencia lmente ( no p or cas u alidad ) inex ac tos y. 111. 8 137 136 .. sino a su sentido : indudablemente . . también no ma t emáticos» l l . " Td. 168. México. 167-8. 136 red.. pág. Cuando de lo que se trata es de da r una expresión conceptua l ad ecuada a unos es tados de cos as intuibl es . p áa:. de la Indole de aque llo sob re lo qu~er§3 n . La Haya . 162-3J. Jos confines d e la intelección lograda por Husser] : se contenta con la di syunción en tre lo fijo y ~fl uyen te (disyunción d e filosofí a reflexi va). cesr. 1922. «éste no puede aprehenderla s 16. son aquéllos s implemente in el udi bles. pág. cosa de nue stro lib re albedrío y del arte lógica . ello q uie re deci r precisa mente que se los tome tal y como se den. en la serie «Husserñana-. presupon e la exac titud d e las esencias mismas aprehendid a s.. 13 [§ 74. de los exac tos p or se rñuye ntes . es to es. Edmund H usserl: I deen w eincr rein en Phiinom cllolorie u nd phiirwmclWlogi.. En el parágrafo sigu ient e dis tingue las ciencias descri ptivas d e la s exact as. habrán de ser comprobables en una intuición di recta ). en 10 q ue respecta a los presunto s conceptos axiom áticos (que. Husserl lo reserva para las mu ltiplicidades matemáticas defin idas " .. 165}. 261].¿H emo s de buscar también aquí un sistema axiomát ico definito y construir sobre él t eorí as deductivas h 19. 137 [ § 73. es una condició n de toda teoría de ductiva): és ta no sería. son los ú nicos que en ella es tá n justificados. pág. y hacerl o en sus caracteres ese nciales in t uiti vamente dados. !-o ~. crn. p ág. La más pe rfecta geome trí a y su d ominio p rác tico más perfecto no pueden serv ir al investigad or natural d escriptivo p recisamen te para d ar e xp res ión (e n concep tos geo métr icos e xac tos) a lo que él exp resa de fonna tan llan a. pese a ello.. asimis mo todos los componentes escnclales)» 20.

de 10 falso.\ que la di al éctica hes eliana define ambas como mediada __en si cada un a de ellas por la otra.I gu iar y ai slado. parecía de splegarla sólo a partir de ella y \ por mor de ella . la filosofla está obligada a eng lobarlo. toda frase de este tipo mostrada. no podría comunicar nada que ella mi sma. y co nserva es ta coacción tan to como . 1835. que vigi lara para qu e no se pensase nada que no fuese comunicable. ni el pro ceder lin güís tic o más ínt egro pue de apartar el antagonismo del en si y el para otro.mí sme. y se mejante d ialéctica acontece en su propio medio. no tuv iese como in te nción propia. de la cosa que sea. --J Lo p rimero de t od o. Asi. a la vez. que las palabras mi smas la posean (y también en es te as pe c to con verge su ideal con el matemático ). une su voz al coro de quienes reprende n como a un n iño de escuela a Hegel por su crí tica de l principio de cont ra d icción-es ci ertamente válido para Hegel m ismo. que se declara como no claridad de lo s in. Hotho. indepe nd ientemente de otras conside raciones. un lenguaje filosófico da r ía sat isf acción a la necesidad que insist e en la com prensibilidad. pues. si lo es. escasa mente po r su propia in spi ración y p or ca usa de los oyentes. hasta tal punto depend e de la actitud del pensar con respecto a la objetividad que. sino asimismomotor para rectifica r la no verdad de lo particular. e n realidad. surg ía sólo de él. Pero s i el veredicto de Hegel (de que filosóficament e no es verdadera ~ ninguna proposición ai slada ) conserva su fue rza hasta sobre él mi smo. H. 386. Mientras qu e el requisito de claridad se co mp lica Iingülst ica mente. se rá vago frent e a ella): el lenguaje m ismo. que hubie ra podido arredrar a nte la recepción de t an a rd uos pen sam ientes » Z2 . en cua nto expresi ón d e la cu estión. del Dr. El lengua je. sin confu ndirla_con la _~ la rid a d . en el transmitir a otros. por Jo demás. pe ro mientras que en la poesía acaso se imponga descolla ndo del text o. a la inversa. y en la medida en que no posea enteramente la cosa. sólo se puede decir claramente y sin residuo lo que sea verdadero. c1nm~rso entera me nte en la cosa . s ino asi mi smo de que el juicio sea acer tado (o si ést e es infundado o cons t ituye una conclusión errónea. y una preocupación casi p aternal po r la cl aridad mitigaba aque lla rígida se ri edad. e d. que no es ín dice alguno de '" Vorstudien jiir Leben und Kunst. ade más. la claridad Iingüis tica. mas lo qu e se concede al lógico Husserl-que. pues el lenguaje no tol era. se ob struye a s i mi smo una formulación exacta. no obs ta nte lo cual. pue s no s ólo pende toda la t ranspare ncia de la expresi ón de la relaci ón exis te n te ent re ella y el es tado de cosas que se rep resente. G. pág. y se degradaría a pre ten sión a rbit raria: el le ~ guaje co mo expresión de la cosa y como co mu nicación es tán entret ejid os mutuamente. ya que de otro mod o escaparía a t od a crítica end erezada a su s relaciones co n la cosa. cosa qu e se ve dificu lta da por efecto de u na 138 139 . pe r o ta mpoco es s im p lemente-y eso lo sa bía H egelindependiente de la comunicación. en gene ral. que ría forma r Jos concep tos de tal modo que en ellos se manifest ara la vida de la cosa . La facultad de nombrar la cosa misma se ha formado bajo la coacción de tra nsmitirla . St ut tgurt y Tübingen. su insuficien cia : ~geliana me n te po drfa decirse-aunque. desdeñador del hom bre. en ca mbio. 10 verdadero. no es an te todo ni ngún pecado original de un afán social. con mu cha mayor energía que Husserl. si n hacer caso de su pro. el cual . desd e lu ego . y no s iguiendo el abstracto ideal cognoscit ivo de cla ridad.k pi a praxis lingüis tica-que la falta de cla ridad qu e in cansa blemente se le cens ura no es una mera debilidad. no se agota en la com unicación.

pero estarán ro deadas !arg~ _tie'!1PO:..) 140 141 ..pr esión . p ara re sisti r a la confo rmi dad de lo que en el positivismo se llam a «el lenguaje ordinario»._verbales en cuanto meras . en . en pro de la . evitando cuidadosamente las defi'ñiCioñes. por su parte. inmed iata mente-pide en vano al lenguaj e algo que éste . n o pu ede concede r en la inmedi atez de su s palabras y frases . impacien temen te.~ ._c:x tra ño : es p osib le que. Y un proceder ling ísti co correcto podría J? ü compararse.mucho que se imagine. mi te tensa sobre la palabra singular que ella requiera se completan: jun tas disuelv~_n _ el intermedio comprenderse mutuamente. u ordenaciones. comprensibilidad. de un res iduo de arbitrariedad de lo que cap ellas haya que pensarse (contra lo cual el len guaj e filosófico no posee otro re. Así. al arrancarlas a la r elatividad de la est ipulación las dej ará a me rce.Ealo de inde terminaci ón. en luga r de agravado. semejantes a de fin icione s. y de jar de decirse lo que sea de otra manera y só lo de otra forma haya de decirse): el p recepto de clari dad . sino ú nicamente con su configuración. merce d a la ri queza de com binaciones en qu e hayan aparecido. esa viscosa capa entre la cosa y la I comprensión. Con todo. productos de la conciencia subje ti va y. universalidad de l len guaj e. quien se :hace-escl~lvo de las propias palabras se ve aliviado. po. sin em bargo . . es tipulaciones. Béoet *.._em igrante un !~l oma. y quien sa lt a por encima de es to. numerosas p alabras s~ ~~!~!-:!lrán así C:!l _~L~ont exto .la _tensión en treambos florece la verdad de la e. por disimulados qu e sean .ej or_sería otro procede r: el de que.de claridad sin interrupción._ teórico. que cons tit uye el po lo op uesto a la P. (N. ti ene forzosamente que de rogar la comunicación-será preferible que sea incomprensible a que desfigure la cosa mediante una comunicación que impide comulgar en ella. del T. atenta ineluctableme n~ te contra la p lena determinación cósica de lo particular (a lo cual quiere determinar ).ón li n~ í s tica_ L~J?:~ rad a maníac~en. ~s!.al modoen que ap r enc:Ic __un. cuanto nom bres (la reciente fenomenología «material» la fue siempre una escuela preparatoria en ta l dirección). la configur<l:~l.. no es una so la cosa con la vaga y brutal orden de clar idad (que por 10 regular acaba en que debe decirse lo que de todo s modos ya se diga . p~l~b ras~ los idiomas empíricos n o son nombres puros. e l cual éste ~~ seria posib le. h acién dolas r esb alar ante las . medio que el de emplear con discreción las palabras que habrían de zozobrar si se las usase literalmente como nombres.conceptos con la máxim a fid elidad p o~ib!~ sob re lo que di gan en la lengua: virtualmente.d de una segunda re lativida d.~n . de ta l su er te que gracias a su valor p osicional se aminore aquella arbitrariedad). te nsión que . som eti do a presión . en general..me~ced a la fidelidad ~omo a infidelidad: el mome nto _d~.~)ncIus o padecerán con fus iones cómicas. y de un mo do bastante fragme ntario. configurase los . pues. semcja n te pr~~eder e~ in satisfactorio : p~es la ~~. y su correctivo son los esfu erzos. en cuanto tales.l'. aquí y ahora .o ~~r()Jas fatigas lingüí sticas d~l. op ere menos con el dic cionario que lea cuanto le caiga en las manos. as imismo. y los esfuerzos del sensorio lingüí stico por logr ar pregnancía son a este respecto mucho mayo res que los me cánicos por sujeta rse a defin icion es ya decretadas (p or .t ropiezan con u na frontera que ti en en que respetar si es que no han de convertirse en sab otaje de sí m isma-s ta nto. sino siempre.cosas ). has.ta que.hora hi stórica en la que la comun icación dict ad a po r el mercado-es sintomática la sustitución de la teoría de l lenguaj e por la de la comunicación-pesa'" de tal modo sobre el lengu aje que éste.!:ir!l objetividad 1i ngüística~nica~(:Il ~~ en . }\~. se * Instituciones .

Todo es to se encuen t ra en Hegel. ya qu e és ta. Es verosímil que la razón de que los textos de Hegel sean tan recalcit ra ntes sea . por lo demás. y las figuras qu e los momentos singu lares form an juntos son unos signos precisos y determinados y un escrito legible. la de que él. el ri tmo de la co nt in uida d y la int ermiten cia de la experie nci a espi ri tual. Visto. pero elJa es la pro test a con tra el pr incipio de equivalencia. La precisión de la filosofía en cua nto co nfigu rac ión de mamen los es cualitativamente di s tinta de la univocid ad de uno cualquiera de ellos incluso en la con fíguraci ón . pero a quien . ya que sus formulacio nes. es más que la quintaesencia de sus mom entos y otra co sa que ella . que únicamente sabe n d e sí mismas. }' de ah í q ue no sea burguesa incluso eo cu anto bu rgu esa . sin llegar a a rt icu la rse y.tan esca samente cu mp lib les en cua nto a islados co mo. algo que es irraciona l. demasiado simp le. con su confianza en la realidad . el inten to de de spach ar tal propuest a al quedar libre del anatema del pe re ntorio instante y desplegarse en una impulso ra estr uct ura intelectual. Bajo es te aspecto. Esto es fata l. es. en el que ya la elección de sín ónimos ad olece de todas las limitaciones y la indiferenciación Iingüist ica del lexíc égrafo). qu e pod ía decir lo inde cible de la fo rma que hablaba. los elementos que co ncu rren en é l. las piezas integra ntes del lengu aje extrafilosófico. en el horizonte de la vaguedad más in deleb le. no asimila tod o a ella. La experiencia filosófica no pucde pre scindir. en esp ecial. d e la evide ncia ejemplar. si no que uno proyecta luz sob re el o t ro . juicios y raciocin ios. Sin embargo. que ni quieren ni pueden ser conclu yen tes. y no en ú lt imo término. pues. creyó que se podía pasar sin semejante impacto de lo ext ra ño. y a la filosofía le comp ete abs or ber tal mo mento sin por eJlo pactar con el írr aciona lísmo: en cuanto al método d ialéctico. s us conceptos. de sd e la cienci a. la tarea d e comprender la filosofía. en cualquier caso. en la misma racionalidad filo sófica se encuentra ínsito. p ues constelación no es sis tema: no se a lJan a . compre nderá tan poco como el que se ex tasie an te Jo mera me nte aproximado del se nt ím ie!1 lo filosó fico . Los fan áticos de la claridad querrían extinguir aq ue l súbito relampagu eo : la filos ofía habria de p agar de mo do con tan te. sería la de comprender algo que tendría que se r objeto d e un protesto por parte de la solita norma de claridad . en definitiva. llevado de una confianz a excesiva en el espíri t u ob jetivo . la hegeliana. que ha de tene r s u re mu neraci ón equ ivalen te . y. y la particip ación en ella se tasa ría en un ba lance que siga el mode lo de u n gas to de trabajo . no se le encien da s úb itamen te semejante evidencia en la lect u ra de algunos grávido s 142 pa sajes de la Lógica de Hegel. cuya manera de expon er se co mporta soberana-indife re nteme nte para co n el len gua je. son-ya de acu erd o con s u pro pia idea. sin haber penetrado apenas en el qu irnísm o de su propia forma lingüísti ca. le fa lta la agudeza de la aut ocon ciencia critica que la dialéctica introdujo en el len guaj e juntamen te con la re flexión de" s u necesaria inadecu aci ón. E l que la exija equ ivale ntes ( << ¿por qué tendría yo que inter esarme por eso ?») se engaña rá en cua nto a su elemen to vita l. no se vuelven incompren sibles: únicamente que apun tan por encima y más allá de sí mismos. quien no advierta con lo que ha acertado (aunque sea de manera no perf ectamente articulada ). del «es to es así»: tampoco ha de quedarse parada en tal punto. a la que.descifren totalmente (e incluso mejor de lo que p ermltlrfa el dic cionario. sin demora. como momento suyo. suenan fr e143 . a su vez. me ditar en lo men tado inclu so cuando no quepa re p resentars e clare et distincte lo que implique . en suma.

. algo mediado. Se mejante apriórica comunicación se co nvierte luego. cast. La terminología es desco nc er ta nte. com o si así fu esen : el lengu aje de Hegel posee un ademá n doct rinal. pá g. Mas. no es p arca en ellas. obje tivamente. refun dici ón de T. a nadi e menos qu e a Hegel le co nviene la. inde lebl e en la dialéctica.. enfá ticamen te. cie rtamente. y de ahí que sus textos no hayan adqui ri do forma total ment e (co sa que seria necesariam ente decir que es tuviesen individuados). incuestionablemen te. Ciertam ente. Oester re ích. o sea. 5 Ie d. a cuyo res pecto hay qu e buscar ante tod o un fundamento. está cuajado de ocasiones para tal objeción: así. lo co ns t r uido. aun cu ando no solame n te haya que consídera r el co ncepto como un su pues to subjetivo p revio. quiere dejar a ésta que se m ue va. de ord ina ri o. Lo qu e más le hubiese gu stado hubier a sido escribi r al mod o filosófico t radicion al sin recoger en el lenguaj e la dif erencia con re specto a la teoría tradicional (d éficit con el que ha de conta r un intérprete leal). sin emb argo. sino. De ahí qu e es te último tenga que ser. 1923. Ciertament e. sino como fundamento ab soluto. sin em ba rgo. si es qu e hem os de ap re hender lo en su verdad. pe ro de tal sue rte que se hay a vuelt o inmediato al dej ar en sus pe nso la mediaci ón» 14. las dos veces se emp lea de un modo difer ente el concep to de co ncep to : una.cu en tem ent e. mo tivado po r la p re pondera ncia de la presentación oral sobre el texto escrito.. y lo vuelve hermético. v. al principi o de la lógica subjetiva leem os: eEs no menos im posible declarar inmedi atamente cuál sea la n atu raleza del concep to que se ntar inmedi atamente el concep to de cualquier otro obje to . su filosofía. Hegel . y la vaguedad. sino el singu lar (sin duda. por lo dem ás. no d esarrollar consideraciones propias.funda men to ab sol u to ». le da n la entrada. I V. y habria que hace r co n él lo qu e Hegel descuidaba: dar Jugar a l máximo p osibl e de pregnan cia. indudablem en te . el «supu esto subje tivo p revio». Lo inmediato ab st ra ct o es. pá g.. 145 10 . en ferm en to de un texto no comunica tivo. que esencialmente seri a esp íri tu . pág.. mien tra s que. crtt. qu e es indisolub le de la cuestión entre mim os. Fr ied rich Uberweg : Grnndríss der Geschic ñte der Ph i/osoph ie. . p roblemática nor ma de la filologia de hacer que se destaqu e el sen tido a que subjetivam en te se refiri ese el autor. 249]. 213. al mismo tiem po. porque forma tan por principio parte de l co nc ep to h egeliano del concep to el que sea re su ltado de u na sín tesis subjetiva que el que exp res e el en sf de la cosa ). en la gra n L ógica. sin em bargo. al ace ntuar y-fina lmente-alab ar todo ti po de objetivaciones. Be rlJn. pues to que no me zcló co n ella ningú n contraveneno. K. ello no pued e serl o. baj o lo cual subs umida el pensar lo airo q ue sí. de hecho. con objeto de sacar a luz la estri ctez del mov imien to dialécti co que no se contenta con l~ pregnancte . WW 5. A d iferen cia de lo que s ucede con ot ros mu chos equfDCt. como . más que con tal de que se h aya vuelto fundam ento. ya que su medi o es piri tual no es del géne ro que se hubie ra podido esperar como algo obvio al cabo de los dento cin cu en ta años transcurridos: dan al otro el p ie p ara que lo siga .. pues ~u m ét od o. 87. pero los conceptos no sólo tendrían que ser es o. casi como en mú sica . en el sen tid o de la cosa mi sma . La objeción má s difund ida con tra la sup uesta falta de claridad de Hege l es la de los equívoco s ( incluso la 144 Historia [de la filoso fía ) de Oberwcg la rep ite 23. se convier te con él en un defecto. ya qu e incluso en el seg u ndo caso no se emplea--como era de esperar-el p lural. algo p ri m ero: pero este abst ra ct o es más b ien . pág. algo inmedi ato.

con tal de que haya creci do has ta un a exist encia qu e sea.vocos hegelianos. el conce pto ob jet ivo-según. v. subjetividad. Hegel . al mi s mo t iempo. pág.) ! 146 147 . me rame nte cons truído--:. se tra ta . E l se ntido com ún raciona liza esto di ciendo q ue'l \ el desacato de la definición des truye el orde n del peno V' sa r: y el pro testo contra tal desacato surte efec tos ta n indefectiblem ente po rque se basa e n u na concepción qu e no quiere sabe r del obje to nada merced a lo c ual cup iera desmentir 10 que le h aya e ndos ado el espíritu sub jeti vo. en la ba tida ir reflexiva e n po s del propio pro vecho de ca da cua l. Pero la ob jeción trascende nte a H egel apenas roza es to : as ient a el p r incipio de identidad de que los t érminos han de mantenerse fijos e n el s ign ificado 'que se les haya conferi do deñnítoríamente. de acue rdo con la tesis gene ral de l s is tema hegeliano . y esto quiere decir concep tos determinados. y no de bería de baber nada general. pero el yo es el conce p to puro m ismo.. pág. a su vez. se ha cen temáticas las di fe re ncias entre a m bos conce ptos de l concepto: pero He gel ofrece la justificación de este equívoco un par de páginas m ás adelante.• lS. en lo cual coincide finalmente el lado nominali sta de l co nce pto. concep ción que se obstina vigorosamente contra la expe r ie nci a (que q uiere dej ar que ha ble la cosa mi sma ). el del concep to como se r en sí (que deberá mostrarse co mo su jeto. Pero semejante Ilus tración es s iem pre. les se r ía ex te r ior. que en cua nto concepto ha llegado a se r exis tente. ·4 d e un nominalismo in qu ebra ntab le : le s" concep tos no deben se r s ino índ ices de los rasgos unitarios de u na ' p luralidad. t engo concep tos . de alu sione s con un con te nido. por lo dem ás. el de la cosa misma-que haya c recido hasta la existe nci a. El concepto . pues contri bu ye a libe ra r la concie ncia de la a u to ridad del conc ep to (que se habia esta b lec ido como un iversalidad previa) al dese ncantarlo a mera a bre via tura de las particu la ri dad es descubi er tas por é l. E l no minalismo pe r te nece a la roca ur ba na primigen ia. se tuviera una revelación de algo-e-que . la creenci a de que su azarcs idad es su "Persecución d e la felicidad. ( N . en el curso de las mediaciones de la lógica mi sm a) . lib re. por el cont ra r io. a su vez. lo opuesto a ell a. para explica r que dos momen tos distinguidos entre s i sean tan diferentes como relativos a una sola cosa. se verla obliga do a confesa r su fal acia . e n c uant o formado sub jet ivamente. pues.s. 257]. 13 [ed. Ciertamente. cast. pá¡¡. cuya ambiva lencia la lleva é l hincada . u na ob serva ci ón que puede se rvir para co m pre nder los conceptos que he desar ro llado y pa ra faci litar el orie ntarse de nt ro de ellos.. Así. del T. WW S. 220. nada q ue a r ranque a lo particu la r la s a n teoje ra s. no es otra cosa que el yo o la autoconciencia pura. hasta el punto de que la clase burgue sa estimula al nominali smo a recel a r co mo de una mera ilusión de cua n to pudiera es tor ba r al ind ividuo ai slado e n su pu rsuit 01 tiappine ss». en la mayoría de los casos . la com p re n sión se facilita merced a que en el cap ítulo e nel concepto en gene ral. do nde de saITOlIa la unidad de a mbos concep tos del conce pto: eMe limito aqu í a .. crtt.. a parentemen te In corrupr íble. o sea. Se trata "Hegel. con el reatista . y cuanto más subjetivamente se los ac uñe tanto menos deberá uno agitarse por ello s como si. y en las fa ses y naciones más distintas se asocia a la con soli dación de la sit uació n ciudadan a. ta l vez sospechando que a nte aq uélla su p ropio concepto de verdad . Es ta es t ructura es protoIlpiea del ca rácte r subalt e rno de la objeci ón con tra los equívocos: allí donde Hegel es formalmen te culpable de ello s. es sim u ltá neamen te . se convie r te en ente e n s i y. como yo. u na hipóst asis de lo particular.

el burgués principio de ind ivid uaci 6n se ve da sac u dido hast a lo má s profundo. para Hegel la medida de l concep to es la exigencia de la co sa misma. inco ntrovertidos. los cegados. lo hace co n m uch as de sus pa labras y clases de palab ra s. sin vacilar.. de la santidad de la posesi6n . \ 149 . c¿Y el concep to.ley. En Hegel. fluidifica . qu e el individuo singular tiene qu e ganar dinero. co n todo. pero. cas t. no la organización definitoria del suje to . la in dividuali dad es el su jeto co nvertido en posesión para si mis mo: el nominalismo anti-ideológico es as imis mo . Pues. sino que lo res tringió : a su modo.. dado que lo p ues to y med iado no es . pero se lo defiende tan to más mali ciosam ente cu anto que él mismo es una apariencia (puest o que a través de los int ere ses individuales se realiza esa gene ralidad malv ad a que tenden cialmente sepulta una vez más bajo sí ta les intereses). y por ello su spende la identidad del concep to como criterio de la verdad . po r no válido. ot ro s los reciben del co ntexto ). Hegel no declaro sim pleme nte nulo el principio de iden tidad. y el lenguaj e filos6 fico se forma sobre el ingen uo en cuanto que. pág. y el po ner ambos es una reflexión . qué es ? : el ade mán expresa siempre. que. 220. y que eso es más imp or tante que todo lo demás. Sólo un giro ideológico semejante permitió a Hegel neutralizar en d ialéctica lógica la dialéctica social de 10 genera l y lo particular: el concepto. p ág. ideología . ocasiona lmente (si bien en ellas permanecen con stantes muc hos est ratos signi ficati vos. v. eq uívocida des ocasionales de es ta índole sobrevienen a expresiones tales como la tan profusamente empleada de «Inmedía tamcn re. con el res iduo ideológico de que así se le transfiguraría al lib eral en alg o positivo la generalidad que impera en el individuo singular y por encima de él.. E n caso d e que el concepto fu ese tan aut ónomo que no se agota se en los pormenores de que se co mpone. se cons t ituye el otro sign ificado. crn . al compara r la vida de la cosa expre sada en el concepto con el sign ificado anteriormente fijado y al de volver protes tado el an tigu o. a la vez. y la lógica de Hegel quería usar de esta dialéctica valié ndose de sus m edi os (que no son transparentes sob re la sociedad) . WW 4.: cua n do quiere decir que la mediación se en cuen tra en la cosa mi sma. 536 [e d. lo tuvo simu ltáneamente en muc ho y en nada. gracias a ta l principio. sigue sien do concep to m erced a proclamarselc realida d. _ 216. desde el comienzo. apariencia a la que se aferran convulsiva mente. es to es . Bajo este aspecto. que en él h abría de ser. Así : «Por lo tanto .. merced a s u trabazón. 257]. no entre varias cosas. ya que de otro modo n i podrian co nti nuar. sin emba rgo. de modo que el que una categor ía sea inmediatamen te su opuesta quiere decir algo equivalen te a que en sí m isma sea también su op uesta (en lu gar de serl o por referencia a algo exte rior a ella). de modo que este poner es inmed iatamente el poner lo otro que ello. Ahora bien: Hegel pued e ma neja r los términos de la misma manera que el len guaj e no filos ófico. pág. la re lación excluyente es un pone r lo positivo como excluyen te de lo ot ro. simp lem en te. segú n esto. 148 Sin embargo. escéptico f rente al cien tífico. co mo su cede en Platón. apli ca fr ecu en temente «inmediato » a 10 mediado. n i creer en la meta física de su clo que en es te caso es m íos. lo qu e lo excluya. la mediación mi sma es inmediata. la ri gidez de los sis temas de definiciones de és te. pero ello degrada a mera equivocidad la variación de los significados de los conceptos por mor de su propia sus tancia. o sea. la realidad misma. es in mediatam ente la absoluta cont radicción de lo nega tivo. en d efinitiva. Tal es la absoluta con t ra dicción de lo posit ivo.

su subst ancia. WW 4. a su vez . La equivocidad funci onal más t ri llada es la de "deja r en suspenso».. y ha de crece r de nu evo desde él como si todo lo p recedente se hubiera pe rdido para él y no le hubiese e nse ña do nada la experiencia de los espíri tus an teriores. a barca el uso finito y limitado del en te ndimiento y. e n su inmediat ez. sigu iendo una distinción corrie n te en el idealismo po st kantiano. as im ismo. pero lo qu e se mienta es que la nada no es ninguna ca te goría que se le a ña di era al puro ser desde el ex te ri or . 4731.. pero se p uede observar esa técn ica e n casos más su tiles. Ya en la Fenomenología hace Hegel juego s malabares. a la vez. cast. pueden ser artificios filosóficos merced a los cuales q uiera realiza rse lin güisticamente la dialéctica del pensa miento: en ocasiones.. que pa rece provenir únicamente de si. con «recor da r »: e. sino en forma irónica. no es nad a en sí mi sm o. púg . disip a r los. 150 151 . est e sa ber es su en tra r en s í. Con el entrar e n si se hunde en la no che de su a u tocon cie ncia. con una tendencia algo vio lenta (y que an ticipa a H eidegger ) a independizar el estado de cosas lin gü isti co fren te al mentado .. o sea. y és te-el an terior.. págs. la forma super ior de la su bs ta ncia. por lo tanto. el pur o ser es inmed ia t amen te la nada . cast. desde luego. con menos insistencia 21 que Hei degger y. ya qu e esto mi smo se ría algo pues to. segú n es de presumir.. pero en ella se conse rva su desaparecido ser existe n te . por eje m plo. un nu evo mundo y figura esp iri tua l. cuasi aristotélica (a la que.nada di st in to de lo primario. en cuanto lo absolutamente indet erminad o. en especial. conve ncerá más tarde de apariencialidad y conducirá al concep to enfá tico del conc ep to). sino cri tic a. y en él. en juegos de palab ras ocultos (y perpetra algu no s. con el concepto de la nada ).. 3. en el qu e a ban dona su se r exis te nte y e nliega su figura al recorda r. 183]. pe r o renacido a partir del sa be r-ces el nu e vo se r en la existe ncia. y lu ego-en la s lin eas maestras de la Ciencia de la lógica-. ( el nmediatamente e sue na aqu í a m era paradoj a.) Un análisis te rminológico detenido del le nguaje hegeliano podría registrar en su in tegrid ad tales equivocas y. que e n su particu larida d. pág. c ua ndo este espíri tu empieza de nuevo de sde el principio su formació n . a un que. pág... ya que desautoriza al ju icio finito. ha de empezar des de el principio. se com por ta como si go" WW 2. y d e modo se meja nte. t an sin qu e nada le em pe zca. po r ello . no tan culpablemente como él. id entidad que aparece en la cosa según ésta se halla en s u comienzo : así. 15 v. Puest o que su perfeccio ne-e-la del espí r it u. erH. mas también tendría que ocuparse de palabras a r tificiales [en alem án]. t . de la reflexión crít ica de la doctrina de las ca tegorí as ob jeti vamente primera. pe ro a ú n más e ra- semente. págs. se dice en una not a: «Es importantísimo advertir la in me diat a id entidad de la forma tal y co mo aquí la hem os puesto. v. crít . a un nivel superi or . de las . de hecho. tan lleno de con tenid o. pág. Pero lo re-cord ado se conserva. ~ n.consist e en sa be r pe rfectamente 10 que es.. el con junto de la acti t ud científico-po siti vista). co mo t ra vesuras: H egel conduce sin p est a ñear al len gu aj e a través del lengua je de la vana presunción de un sent ido pagado d e s i mi smo : y en tales pasajes la función de l lenguaje no es apologét ica. Tal es figu ras del lenguaje no pretenden que se las tome lit eralmente. incluso s in el movimi ento de la cosa mi sma. n. 686-7 [ed. O bien las cquivocidades pueden ser tales con toda seriedad. objetiv a men te y sin poder nada en cont ra de ello. al go más gene ro sa men te. y es el hon dón cordial y. s ino que éste. 21. 563-4. donde comi enza es . como reflexión (que..dete rminaciones de la reflexión ». 619 [cd.

por ejemplo. 246 [ed. en lo espiritual. sería asimis mo metafísicamente t rascenden te. t . dic e que «en lo gen eral. Pese a tales ne gligencias.. d e sue r te que es para atto » 32. lII . 431)]. se ve obligad o a absorber h asta lo qu e l~ es cont ra rio y cuyo tenor está en pugna . l' WW 5. sino que atestiguan la unidad de lo dif erente.. págs. 379. 362.zase de verdad absoluta.ww 10. v. lO WW 3. 3001. lo no identificable en la llamada corriente de la con ciencia. 211. en los escrit os hegelianos hay espa rcida s declaraciones super1at ivizadoras acerca del lenguaj e: «para el esp íri tu» sería la «expresión más perfecta» 29. pág. los significados inmanente y-correlativamente-trascenden te del té rm íno del ca so. § 411. 343. crtt. parece ser que He gel-cosa ba stante sorp renden te. (No faltan por nin gu na parte rasgos nominalistas a su siste ma. pues. cast. el lenguaj e» 31. pues lo que gnoseol ógicam ente sería ab solutamen te t rasce ndente (la cosa en sí kantiana). 390 [ed.. crít.klo plidie..si bien Hegel p eralta es ta re lación a la tesis de que la lógica y la m eta física son uno y lo m ismo. pág.. el gnose ológico (si es que el pensamiento proviene de la inman encia de la conciencia. La filosofía di aléctica . v. el sign ificad o gnoseol ógico y el me tafísico penden unidos del t rascen de nte. v. en lugar de como expresión de la ide a.. proporcionó au toconciencia a un es tado de cos as que se impone en la ter- minologfa t radicional y su historia . casto de la E nc iclopedia. pág. pág. y la convers ión de la lógica cont ra sí misma es la sal dialéctica de tales equívocos. pág. 202-3 [ed. cast. sino que ese ncialmente lo con sideró como «me dio » o «para otro». Ya en la lógica predialé cti ca los equívocos no encubr en dife rencias absoluta s. En efe cto: el análisis semántico que los equivocas di secan es una condición necesaria-si bien en modo alguno suficiente-para rendir cue ntas lingüí sticas de la filosofía. más espe cíficam ente. quien no haya separado ya. en realidad. que se aguza co nt ra la u sual dicotomí a. pág. aunque en él se at rofie de cuando en cu ando el momento de la di stinción en benefi cio de u na igualdad indiscriminada. 153 152 . 79]. pág. Mas la elección de una misma palabra pa ra distintos l ÉVY¡ no es fortuita ni siquiera en la terminología cor riente : así. De acuerdo con esto. est o es . cont ra su propia voluntad. Nota. En cuanto a la con cepción corriente del equ ívoco . en el que «la singularidad qu e es para sí de la autoconciencia entra como tal en la existencia. como po rtad or de contenidos sub jetivos de conciencia . el significado lógico (el que un examen se qued e o no dentro de los presupuestos del teorema que le corresp on da ).. de la llamad a complexión de lo dado en el interior del sujeto) y el metafísico (acerca de si el conocimien to se detiene en los confines de la expe rien cia posible) no puede entenderla.en cuan to que tenga asiento en ello algo análogo a tal relación-hay que considerar de es te modo el signo en gene ral y.no admit ió a l lengu aje (al que habí a as ign ado su sitio en el lib ro tercero de la Lógica) en la esfera del esp íri t u obj etivo. y de la misma tendencia es ya la do ct rina de la Fenome nología según la cu al el len guaj e pe rtenece al nivel de la cu lt ura. crtt. y su esclarecimiento re qu iere ta nto que se caiga en la cue nta de tal unidad como qu e se marque lo diferencial. sin el menor reparo . y aun «el poder supremo entr e los seres humanos» JO. y de él se alimentan los equívoco s de Hegel. no ha de aceptársela como tal. pág. de la Enl. J2 WW 2.. tampoco la L ógica se apar ta al respec to: al ocuparse del «elem ento de la comunica ción». pág. qu e deviene como ente. La equivocidad quiere demostrar con medios lógicos la inadecuación de la lógica estática para la cosa mediada en sí. el agua de sempeña la función de tal medio.

. siquiera fues e inconscientemente. en la medida en que prestaba atención al lenguaje (y es harto chocante que aquel contemporáneo de Humboldt se p reocupase po r él tan poco). en la que se condensase su propia experi encia lingüística o su falta de ella . mas es difícil que deseara una oposición en t re el pensamiento y la comprensión mutua. Así han reaccionado siempre lo s alem anes frente a Voltaire y Diderot.) Hegel. desafió paradójicamente el principio de la fijeza. Su praxis lingüística obedece a una noción levemente arc aica de primacía de la palabra hablada sob re la escri ta. en cierto modo brutal. los textos hegelianos son antitextos: mientras que el extre-. comp letame nte radical: en vez de entregar se él mismo-ya que desdeña ba la palabra construida en todos su s detalles-al lengua je de la cult ura. prefería más bien considerarlo como medio de comunicación-dicho con los conceptos actuale s-que como aquella aparición de la verdad que el lenguaje. y emite un juicio poco ami stoso sobre el «espiri t ualísim o lenguaje» ~3 del esp íritu enaje nado de sí. a hacer causa comú n con la -~~ nci~~cia precríticay. y. 405 red . sin o qu e describe el ad emán verbal hegeliano mismo ). pág. de la mera cultura. cas t. dio p or satisfecho menospreciando la expresión líugüística. y él no se " WW 2. en general. E n Hegel se encuentra ya al acecho el r encor académico fren te a una autorreflexión lingüística que se aleja demasiado de la mediocre comp re ns ión mutua. sino conferencias recogidas en apuntes . ver daderamente. 154 155 . lo mismo que el ar te. en último término. que la configuración principal-e incluso más circunstanciadadel con junto del sistema sólo se encu entre en cuadernos de cla se de oyentes o bajo la for ma d e un bo rrador manuscrito. no esc rib ió profesoralmente sin preocuparse por la exp resión (cosa que sólo adquirió carta de naturaleza en la época de la decadencia de las universidades) . con lo cual armoniza su aversión a las formulaciones ar tificiosas e insistentes. sino que. 375. debería haber sido para él. procede de Ho rkheimer-de que únicamente entenderá re ctamente a Hegel quien sepa el su abc no es ningún m ero apercu sobre peculiaridades lingüísticas. Durante toda su vida fu e Hegel ari stotélico en querer reducir todos los fenómenos a su forma. gracias a la reflexión de la reflexión. 'crí t. v. como la que fácilmente abriga quien se apegue ob stinadamente a su dialecto (la tan f recuentemente reiterada observación-que. · ~:cias a su falta de ingenuidad. A ello le obligó cierta aporía: él desconfiaba de la exp resión despótica. en cuanto algo ya dado de antemano y parloteante. pág.. una mera re sonancia múltiple. no son tale s. inclinada a desligarse de compromisos. pág. sin el cual. que incluso impresa qui ere segui r si n comp rometerse. a corr ob orar a los ingenuos en su complacencia. n o existe nada lingüístico. sobremanera di stanciada del senti do común del lenguaje cotidiano. lo arrastró a una forma lingüística específica.--/ mo de ab stracción que los mejores de ellos consiguen y reclaman involucra u na tens ión máxima del pensar que se libera de la inmediatez del suje to que tenga la exp eriencia. tales ra sgos son inherentes a su filosofía . a su poco vis tosa manera. elevó a principio estilístico su escé ptica relación con el lenguaje. y exce nt ricidades como la de que edita se sólo la p arte má s pequeña de su obra.con la infructuosa tentativa de retrotraer simplemente la crí tica a la autonomía del concepto. a la jerga filosófica de todo el mundo. 311 ]. De igu al modo que hoy se habla de an timateria. la especulativa esencia de su propia filosofía. y así procedió --. sus libros. y su solución fu e. sin embargo. y su indife ren cia estilfstica nos hace presente lo fatalment e que está dispuesto.

y declara ella m isma. y si habían de ejercer una influencia viva. a l mi smo tiempo. sino que la protesta de la dialéc tica con. pág. ai s ladas. sin n inguna det erminaci ón ulte r íor s-c-. ese . s in cesar de hablar. pero si a se mejante juego de 'm an os op usiéramos que el puro nom b re no pued e ent enderse.) las partes más expue stas. pues a l fina l habría de tener razón. arriba y abajo. 87 [ed. tenían que engendrarse en él mismo otra vez.. Una oratoria que fluya suavemente presupone qu e se haya acaba do interior y exteriormente con su obj eto.. y no meros concept os ). no sólo hace el tonto u na filosofí a de la identidad que ya e n las primeras palab ras quie re a t od a costa-aun la más suave de pur o raída-e-quedarse con la últim a. " Hegcl. págs. sino que. Un monumento conmemorativo de esta inte nción es el com ienzo del primer ca pít ulo del primer libro de la Lógica. fragme ntadas y en p leno desorden . de su contradicción.Se sentaba abatida y mel an cóIica mente. con la cual el enunciado se contradiría a sí mismo. que el ser no es nada . t. en un presente siem p re vivo. G. más bi en. WW 4. cr-ít. cada palabra y cada s ílaba se desprendían de . puesto que sólo pueden contradecirse enunciados..siquie ra revestida con la forma de una frase p redica tiva tal como . para luego recibir u n énfasis asom bro samente exage rado en el metálico sonido del abierto dial ecto sua bo.. y pasa ba las hojas. y la destreza formal p er mite deslizarse ver bo se mente del modo más placenter o en tre "semis " y tri156 vial idades . incluso el. En ca so de n ecesidad pue de aún conside rarse la Fenomenotogia como un libro .ha sta con lo azaroso de las lecciones univers itari as: sus textos son la idea platónica correspondiente a ellas. rebuscando en los grandes cuadernos en foli o ade lan te y a t rás. En cuan to a que un pensar de pretensió n t an desmesurada haya desdeñado transmitirse él m ismo e n fo nna preci sa y definitiva. pues . ú nicamente pue de exp licarse teniendo en cuenta s u ideal de exposición (l a negación de és ta ). hay que bu sca r un correc tivo contra aquella hyb ris de lo concl usivo y terminante en la ob ra de Hegel de la que ya en vida suya hubo quejas (porte que e n modo alguno es propio únicamente de la s partes del s istema q ue sólo ex is te n e n forma de notas mnemotéc nicas y qu e él no pub licó. ci t. 384-5.E l ser. ed. 66. por más que d urante años los hubiera p ensado y reelaborado y volviese a hacerlo s ie m p re de nuevo s 3L-e1 conferenciante se rebelaba cont ra el e ndurecido en sí del lengu aj e. Hotho del docente H egel e n su s t iempos be rline ses: . se reforzó manifies ta mente con el correr de los años) . como si cada una fue se 10 má s importa nte .. 1. Vorstudi en tür Leben und Kun st. él podría asentir p ícaramente a ello : la objeci ón ha dado motivo ya para la p ri mera antítesis de la p r imera tesis.inmediatez índe te r minadas reciba ya a su vez una det erminación. pág. cast. el puro se r. a nacoluto que con astucia igual a la h egeli ana trata de zafa rse de la necesidad d e que la . en ab soluto. o solamente en resumen. 157 . la constante carraspera y las toses perturbaban la más m ín ima fluidez del di scurso.. todas las frases se queda ba n allí paradas. 107] . y por ello se rompía la ca beza contra el suyo propio-c. t. pág. recogido dentro de sí con la cabeza inclinada. en se n tido estricto (por no ha bla r . y su lectura nos recue r da la descripción que hace H. 1.. pe ro la gran Lógica no 10 consiente ya . Con semej a nt es sofismas. sin embargo. Pero él t enía que conjurar los pensamient os más p ode ro sos desde los ú lt imos fundamentos de la s cosas.el ser es el concepto más general.mala gan a . v... y las sacaba afuera penosamente.. e n lo encrespado de un di scurso más habl ado que escri to. sin ninguna d et erminaci ón ulterior» 35.

Aná logamente. sostu vo és ta en el conj unto de su oeuvre) . un a calidad musica l que le fa lta al-má s sobr io-e-del romántico Sc helli ng. adquiere . pero aca so era tan profundo el impu lso hostil al len guaje de un pen sar qu e percibía el límite d e cualquie r cosa singu lar determin ad a como si fue se d el lengu aje qu e el est ilista Hegel sacrificó la preeminencia de la objetivación (preem inencia que. y que haga de su neces id ad virtud. tendrían que expresa rse con ta l responsabilidad . ahí hay que bu scar lo específicame nte proh ibitivo que ti en en . a los que se desacostumbran los idioma s principales. de modo semejan te a lo que s ucede con los ab st ractos de HOlderlin. ha y ocasiones en que se revela así . los momen tos singulares tendrían qu e destacarse tan tajan temen te. ya que la de terminación es una dife- * Exclam ación que generalmente se emit e en circ unstancias en las que en nuestro id ioma podría decirse : . así sucede con sus esc ritos. en el uso de partículas antitéticas. ya que sus escritos son el in tento de asemejarse inmed iat amente en la exposici ón a su sus tancia : su carácter significati vo re t rocede t ra s de un carácter mimético t ra s de una espec ie de escritura ges ticulatoria o de gráfi cos o curvas curiosa me nte dispareja con las imp onent es preten sion es de la raz ón que Hegel heredó de Kant y de la Ilus tra ción. E l es tilo de Hegel . materialme nte muy cru158 da s. lo ab soluto no es tá determinado. lo cual sólo corresp ondería a lo exp ues to en caso de qu e est o mi sm o es tuviese coagulado. quema exp resarse co mo proceso en stat us nascendi pennane nte. co n su int ra ducib le «ha no » *-son repositorios de ges tos.t ra el len gua je no puede hacerse pública de ningún otro mod o que en él mi sm o . sus citan esta sospecha ). pues. Pos iblemente haya de inculparse. Si. pa ra fines de me ro en lace: «Pues to que en lo ab soluto la form a es sólo la senc illa identidad cons igo. que precisaría. el precio que la critica del concep to esp ecul ativo tiene que pagar a la lógica t radicional de éste se m edirá con un ra sero dema siado baj o . como _pe ro ». y qué. qu e el proceso menta l su bjetivo y su anto jo los ab an donasen) . en cuanto al co n ten ido . en con junto . por el con trar io .más bien films del pensamiento que textos. pe ro que era el fer mento de su propia cspccu lación. Es ta se opone ás pe ra men te a la máxima de Nietzsche po r la cua l só lo podría esc ri birse sobre aq ue llo con lo que se haya acabado . quien habi a reñe xionad o sobre to da re flexión no reflexion ó sob re el lenguaje. pero del mi sm o modo que el ojo no adiestrado no pu ede nunca re tene r de tall es de una pe lícula como de una imagen fija . a fa lta de sens ibilidad para la región del lenguaje (y varias co sas de su es té tica.• (N . Las publicacion es de Hegel son-e-con u na comparación anacrónica. una exposició n an titéti ca co n respecto a él (lingüísticamente . los dialectos. al que el Hegel maduro trató d esdeñosarn ente. Asi . como negación de l exponer como si fu ese algo coagu lad o. por eje mplo.) 159 . lo que haya uno deja do t ras de si: dado que la sustancia de s u filosofía es el proceso. sino q ue en él se movió co n un a desd icha qu e es incompa tible con lo que dijo. en virtud de la más sencilla cons ecu encia. q ue afluye en una ab s tracta co rriente. de ahí que siga est ando condenado a u na im potent e p aradoxia. la exposición se as imila sin resi st encia algu na a la es t ructur a del movimi ento. La descripción de Hotho ex t rae calas que llegan has ta el cent ro de la fo rm a lit eraria he geliana. del r.hasta el sua bo. y el romanticismo. podía vengars e de él a l apoderarse de s u lenguaje como suyo p ropio en lo q ue se re fiere a su ton o popular. y Hegel no ha sido jus to a l respecto . y precisamente en este punto se qued a Hegel retra sado con re specto a su conten ido dialécti co.

sino que se dejen cap ta r por la vista en cu anto ag ita dos. en la edic ión MEGA. a l qued ar en sus pens o en ello toda mu ltip licidad de Jos entes en sí y del mundo fenom én ico . sienta m al a la mism a ese nci a dialéct ica ): debe deslizar se. clt. su mín imo existe ncia l.. Ciertamen te. ca rece n en teramen te de va lor : sólo pueden servtr para fac Uitar la o rdenación del m ateri al hi stórico y seña la r el o rden de s ucesión de sus d iversos estratos . con la exposición de la r eali dad. WW 4.. la filosofía se alfa con el arte (en la medida en que quisiera salvar dent ro del medio del concepto la mimesis 17 supri mida por éste). dejarse lleva r por la corriente. 567 [e st a var Iant e falta en la ed . cit ada. V. y ésta es su det erminaci ón . t. La historia p ued e d ividirse. la for mulación de Ma rx de que la filosofía pasa a se r historia 3l caracteriza ya a Hegel: dad o que co n él la filo sofía se convierte en con temp lar y describ ir el movim iento del concepto. 23-4 [vers . el estilo de Hegel va en contra del ent endimiento filosófico acostumbrado. 1953. Pero lo a bsoluto m ismo es la identidad a bs oluta . en lugar de merament e ano ta r en co ntra suya tan incuestion ab les debilida des . co mo la m isma s ust anc ia [ de lo leído] . : La ideología alemana. la Penomenoíogia d el espiritu esboza ya virtualmen te su hi st oriografia .. prepara otro: hay que leer a Hegel mientras. cas r. tod a diferencia y determinación d e forma. n o hay que divor ciar esto s dos la dos: mien tras existan seres humano s. l . Mas só lo hace h ono r a Hegel el lector que. t. p ág. o bien . 1959. . con lo que hast a eso comprende. Hegel es pera del lect or dos cosas (y ello qu e no le . mi rada de sde dos la dos. ed . qu e suprime el apar ato cr ürcc textua tj ).¡. ha de dila ta rse de ta l modo el l empo de los pasajes nebulosos que és tos no se vapori cen. " Cf. en resumen . precisa me nte. 0 un conjunto de resul ta do s untversalístmc s. sin embargo . Pero dad o que a l m ismo t iempo contiene. la cienc ia de la his t or ia. tam b ién ha de a parecer en ello la d iferencia del contenido . págs. aco mpañá n dolas. Pcro es tas . Ber lín. como si fu esen notas . gra cias a sus flaquezas. ha de forma rse u n proceso de lu pa tempora l intel ect ual. en los det all es. b ajo él). cest. en historia de la na tu ra leza y de la hu ma nidad.sótc sabemos de u na ú nica ciencia. pá ll. 11. no obstante lo cual. 158-9. Hay una varian te t extual m ás ace nt ua da: . 665 [cd . 190-1]. Hegel in tenia algo a sí como modelar a toda pri sa la exposició n de " • .bs tracciones. o de la to tal idad interi or y exterior» lb. y si es que. y por otra par te. Hegel se compo r ta al re specto como Alejan dro co n el nudo gordia na : de po ten ci a los concep tos singul ares. di vorc iadas de la his to ria real .• (Ma rx· Engels : Die deul sche l deologie. los manipula co mo si fuesen im ágenes no imaginativas de lo que ent iendan . p ágs . Max Hc r kh eim er y The odoe W.) En cierto sent ido. La filosofía a u tónoma p ierde . 1932. q ue cabe a bstraer de la observa ción del de sarrollo his tó rico de los s e TCS hu manos.rencia de for m a. t. secc ión .7J) . q ue ten d rá. y en su IUIl a r e nt ra. :z6. p ágs . 11. Berl ín.. de scribe las cu rva s del movimie nto espiri t ual y-por as í dccirlo---acompaña con el oído especula tivo a los pensamientos. p ágs . 160 11 161 . sin fo rzar a permanencia a lo momen táne o (en otro caso lo altera ría. pese a su mayor fidelidad y merced a ella ). se perca ta del impu lso que hay en ellas y co mpre nde po r qué esto o aq uello t iene que ser incompren sib le. cosa que se deca nta en la frase goeth iana sob re el absurdo de la filosofía del espiri to a bsol ut o (aque llo co n lo que q uiere sobrepasar al concep to la empu ja s iempre de nuevo. crít. {Difíci lm ente pod rán participar jamás ambos p rocesos del mismo acto de lectu ra . Pueblos Un ido s. Mon tevideo . Adorno : Dialek tik der Auf ktarimg. sin embargo.. en gen era l. a 1 sumo. de un o a o tro Jada » (Deu tsche ldeoto gie. q ue di vidirse en sus elemen tos op ues to s. p ágs. por sí mismas. 311 55. v . que por lo pro n to vale como tal. ya que a su vez es la forma y refl exión a b soluta.. la hi s toria de la na tu raleza y la de los homb res se condicionarán mu tua men te . cas t.

cas os. que brota d e su co mparación con la s relaciones jurídicas preexistentes. tiene su mérito y s u apreciación en su propia esfera. Hegel vio es to perfecta men te en la Filosofía del Derecho. y viceversa. Mientra s que Hegel se ve arrastrado a la integración de l mo mento hi s tórico en el mom ento lógico. lo h ist óri co perturb a co mo u n de scolorido remien do ). ant es bien. filosofar como si se es cribiera hi s toria y se cons iguiera a viva fu erza. págs. la un idad de lo sis temá tico y lo his tó rico con cebida en la d ialéctica . Desd e es ta pe rspectiva. que se sigu en de mod o enterame n te censecue nte de ins titucio nes ta les como la pa tria pot es tad y el matrimonio ro manos. pese a to do . y la explicación y justificación históricas no pueden ampliarse a la acepción de un a justificación v éJida en y por sí. el concep to de la cosa. págs. A ta l mostración y con ocim iento p ragmático a p artir de cau sa s hi stó ri cas próxim as o remotas se lo llama fr ecu entemente explicar. pues aquel libera l restaurado r atenta contra u n tabú burgués: lo presentado debería estar acabado y concluso. sin embargo. neces idades y sucesos que h ayan con ducido a es ta tu ir las. así co mo el conoc imien to de sus co nsecuenc ias razonabl es. las circunstancias. como sucede con el conjunto de disposiciones del derech o p rivado rom ano.. que es impor tantí sima 162 y a la que. lo ese nc ial de-cuanto es únicamente me nester para co mpre nde r co ncep tualmente la ley o la institución j uridica. más b ien . WW 7. comprende r . pu es se opina que merced a este mostrar lo históri co se realiza todo-o. es a l mismo ti empo muy es clarecedora . aun siendo las d isposi cio nes lega les asimismo j us tas y razonables. pu es cabe mos t ra r qu e una di sp osición lega l esté perfectam en te fundada en cíe rta s ci rc uns tancias y en unas instituciones jurídicas exis ten tes y sea consecuente con ellas. pero es aj eno a toda relación con la consideración filosófica . § 3. originariamente exp lici ta. injusta e irrazonab le. 434 [ed. siendo en y por si. y lo que a l fina l habría de ser la verdad que se sos tie ne fr ente a l sis tema de la identidad se con vierte en est e mismo en manch a suya. inconme ns u ra ble con el co nce pt o . Pero. enteramente de acuerdo co n lo acosturnlO Hegel.ac uerdo co n ella. según los criteri os lógico-sistem áticos. Es ta diferencia. en crítica de su prop io sis tema : éste ti ene que hacer declaración de la irreductibilidad concep t ual del concepto hi stórico en sí mismo (p ues. mient ras que . cierta me nte. no obsta nte ello. mejor aún . ll-3}. lo verdaderamente ese ncial. no llega a mentarse siquiera con todo ello _". Nota. lo que de darte le falta a la filosofla he gelia na se ria consecuencia de la dimensión hi st órica qu e se adentra en ella: en la exp osi ción se ocu lta la huella de un elemento em pírico. 163 . sin acordarse de ello. o. r por no pod er ést e penetrarlo en teramente es tan fantasmal frente a la norma de cíart é (la cual. EI observar la aparición y desar rollo en el tiempo de las disposiciones legales (em pe ño pu rament e hi stórico ). co n lo cual desautorizó u na de su s intenciones cent ra les y optó por la tradicional separación de lo his tórico y lo sis temático : . es ent eramen te u na cosa mostra r q ue sólo pueden verdadera mente acontecer merced al concepto y o tra exponer lo hi stóri co de su ap arición . a sabe r: en cuanto que el desarrollo a pa rtir de fu nda mentos hi stóricos no se confunde co n el desarrollo sob re el conc ep to. hay q ue atenerse. Los lec tores de Hegel han re accionado siempre alérgi ca mente contra ello. cr tt. la no ide ntida d se le sobrepone. me rced a l mod o de pen sar. se tom a luego prestada . en lo inexponible. del ideal ta nto de toda em p iri e como as im ismo de sistemas his tó ricos opues tos ). esta tentativa se transo forma. En Jo aconceptual que resiste al mo vim iento he gelian o del co ncep to.

que la filosoffa de Hegel no espe ra meramente de st. pue s el cambio súbi to enseñado po r Hegel de las de terminaciones finitas en infinit as ni es una situación fá ctic a de la co nciencia subjet iva ni requ iere acto alguno especi al : a lo que alude es a una crítica filosófica de la filosofía tan racional co mo es ta m isma. y sólo alH d onde fr aca se ca tegórica mente po drá ju st ificarse una for ma de entra r en relación el lect or d inámica men te distanciada. y no sirve de nada t ratar agi tadamen te d e za farse. categoría bajo la que subsu me la soc ie dad burguesa incluso sus bien es intelectuales. po r lo demás. y la desazón a nte ese carác te r concep tua l que no es extrínseco a la filosofía hegelian a se racionaliza luego en la mali gna aseveración de que lo incri minado. y s i queda algo por hacer al respecto. se s iente def ra udado. sin o--como con Kant y Fichte-darse cuenta de las moti vaciones. el t rabajo y esfu erzo del concep to . en el que pregunta con b arata vena ir ónica: «¿Lo enti endes. pu es. a su vez. cit. necesite acep ta r creyen temen te quien sea capa z de ello el movimient o del conc ept o como u na rea lidad sui gene ris. ma s si se hace visible ta l cosa. 164 165 . pues? ¿Se mueve en ti el concep to. como si no hubiese derrochad o suficient e sudor. po r sí y sin tu int ervenci ón ? ¿Se camb ia s úb it am ente en s u opues to y brota de ahí la su pe rior uni- dad de los op ue stos zs ": . tan arraigadas. pa rece que se peca contra lo más sa nto.como s i se t ra tase de que esa «cabeza especulativa . hos ti lmente hermanada a ella (como ya ocu r ría en Kant co n la razó n y el ente nd imiento).. d e modo que el carácter de fe tic he de la mercanc ía no es mero vel o. Ahora bien : jus tamen te la falta ind iscutis Gustav Rümclin : Reden und Aufsa1ze. Ciertame nt e. y el ta bú llega hasta alcanzar la no r ma pcculia r de la idiosincrasia del mercado segú n la cual se bo rre en el producto la huella de lo human o. y sea un puro en si.. y el único desider átum sub jeti vo es el de no obstinarse . y no la a utomed ición de la reflexión. como si la es pecu lación fuese una facu lt ad esoté rica .) Los ci ent íficos mo n tan fáci lm en te en cólera ante teoremas o pensa m iento s q ue no p uedan aún llevarse co ns igo. 77. apud Friedrich Ijberwcg: Gnmdriss der Geschichte der Ph it osoph ie. qu e tan to se Invoca (maravillada o despectiva men te actuara subjet iva me nte dando ci erta clase de pe cu lia res salt os con objeto de lleva r a cabo lo que Hegel a tribuye al conce pto m is mo. y se recbaza con asco el trabaj o cuajado que permita advert ir que lo es de h om bres: su olor humano del at a a l va lor como re lac i ón en tre sujetos en lugar de ser algo ad he rído a las cosa s. pág. según es tá registrado. páginas 48-9. en el que el clien te ins is te en que lo que se le sumin istre por un precio to ta l incorpore tam bién el cuanto comp leto de t ra baj o cuyo equ iva lent e pagu e él . 1875. como perfectament e dem ost ra do s. no efec tuaría aquello co n vistas a lo cual retiene a los ot ro s. como el califa y el gran vis ir que se ac uerdan en vano de la pal ab ra nuuabor. A SÍ. sin qu e. Tübingen. no es nada a bsoluto. el primero es el de deshacerse de semejantes cost umbres. se le ano ta en co nt ra s uya. Asi sucede en el conocido infor me sobre Hegel de l canc ille r de la Universidad de Tübingen Gustav Rümelin. a las q ue desmi ente el conteni do de la filosofía hegeliana . ed . entre los sup uestos previo s para leer rectament e a Hegel. Pero solamente logra remos p reserva r de la di vagación estos d esid erata de la lectura de Hegel cuando los co mpletemos con la insis tencia más tenaz en el detalle: és ta pu ed e genéticamen te ir por delante. sino del lector (en u n se ntido qu e excede cualitativamente de la recepción con una medida por encima de tod o lo usual ). (La prop iedad.brndc en el intercambio de mercancías. sino imperativo.

Lo mismo que la exist enci a co rrompida se exime en Hegel de lo real que ha de existir raciona lmente. se distingu e de su objetividad y es el ser en y para sí de ésta. pá¡¡. utiliza ambas cosas en el mi smo contexto a rgu menta tivo: «En efec to: la idea. mas. p ág. y en forma correlativa : "La determineidad de la idea y el decurso com pleto de aquélla han const ituido el ob]eto de la ciencia lógica . por otra parte. p ág.. en ocas iones. Asf. es aquel juicio ab solu to cuyo sujeto . 42. crít. págs. por ser la unid ad negativa que se refiere a sí misma. de verdadero ser. p ág . el sujeto-objeto. pero que esencialmente se refiere a ella a través de sí mismo» 43.. 484. por sí. y que el simp le ser (al que se determ ina la idea) siga siendo perfec tame n te transparente y sea en su determinación el concepto qu e sigue estando cabe sí mismo. crí t.. es tá igu alm en te determinada por él. 583] . pe rmanece ine vitabl em ent e ta n zr. al a lcanzar verdadera mente su realidad. por otra parte. 411.. pág . 352-3 ledo crí t.. en su totalidad.. el tránsit o ha de entenderse más b ien de ta l mod o que la idea se po nga en libe rtad a sí misma. sino forma sin más. co nce pto q ue se d iferencia de su ob jetividad.. pág. 328 [ed. vida impe r ecedera. es más bien libe ra ción ab soluta . 329 re d. pág. Pero esta determin ación no es un ser devenido y un tránsit o. segú n lo a rriba d icho. únicamente la idea ab soluta es ser. (N.) 166 167 .t~ ¡ ~ " de la realidad " WW 5. v. pá¡ .. de suerte que. la cual. para la cua l ya no hay ninguna determinación inmediata que no esté igu alm ente p uesta y sea concepto. Mas es preciso comp render es to más puntualizadame nte. induce a la micrología. 240 red . pág. o bien: cPero la idea no sólo tiene el senti do. de nuevo. reiteradamente. liberado para su subjetividad. v. v.. verdad que se sabe a sí mi sma y toda la verdad. de unidad del co ncep to y la realidad. 475]. .. pág. y só lo tien e su s ubs tancialidad en aq ue l concep to . sujeto-obj eto : c. Amba s cosas aparecen en la lógica subjetiva: la idea es allí. ab solutame nte segura de sí y descansando en si-". lo absolu to. ¡bid. WW 5.. El concept o. y que la idea. ... decurso de l cua l ha surgido incluso la idea ab so luta para si.. en co ns ecuenci a . por una parte. incluso al legendario benévolo lecto r de principios del siglo XIX tiene que haberle da do vuellas po r la cabe za como una rueda de m olin o: apenas se hace hincapié j am ás en la sep ara ción entre la aplicación de categorías al todo y su significa do es pec ífico y lim itado allf mis mo. ca st. pues . 2~1 le d o crtt. crJt. ]. en cuan to su aparición fenoménica espiri tua l ha de se r. la idea m isma sign ifica. 505.. p ese a tod o. vL á pá¡j". en la qu e la d etermine ida d o rea lidad del concepto se eleva incluso a con cepto. 561]. en ese mismo tercer libro la di stingue Hegel. la fa lta de pla sticidad. de l sigu ien te modo: que la de termineida d no es figura d e un contenido. pág.. la idea. se encuentra en cua nto totalidad en esta forma . Final mente. pero ésta se ha mostra do. v. lo mismo que. cas t. se co nvierte en objetividad y asimismo la finali dad subje tiva se convierte en vida: la idea pura. sino el más determínadc de concepto subjetivo y de ob jetividad . cnst. sin embargo... al ponerse como unidad absoluta del concepto puro y de su realidad (con lo que se recoge en la inmediatez del se r ). 41. la naturaleza. el concepto subj etivo. cast. "Id. y de ahí qu e en es ta libertad no tenga lugar ningún tránsito..da de discriminación entre conceptos y reflexiones. otra cosa que la to ta lidad objetiva . det T. 559]. ais lada. cast. v. " Id. es la idea universal sin más.. de la totalidad objeriva : cLa idea se no s ha rnc s tradc como el concepto liberado u na vez más de la inmed iatez en la que se halla sumido el objeto. 485. * Separada. 44. más gene ral. En cambio. pá¡:s. 410. "Hegel..

pretende hacerse la deducción esp ecu lativa d e la mo na rquía. es d e naturaleza purament e especulativa. según la agudeza de Sche ler. Pero la fo r ma p ecu liar de la idea y del trá nsito de que aq uí no s ocupamos cons is te en el cambio súbit o e inmediato de la pura a u tod eter mi nación del querer (del s imp le conce pto mis mo) en un . el hecho de funcionar en cad a caso un párrafo dentro d e un nexo lógico ) u surpa el puest o del funcionario m ismo . se llegue a establecer tal nexo . en u n té. en cambio. cabalmente . por 10 cual su resu ltado qued a ine rme fre n te cualquier ob jeción : «Es te últim o yo mi smo de la volu ntad es ta tal es. y su co nocímíento corresponde. en oca siones pro cedentes de épocas separadas entre sí por decenios. y es te individuo d e u n mod o in med iatam en te natural. u na s ingu laridad simp le y. S i bien se sost iene a menudo co nt ra los mo narcas que gracias a ellos depende de la casualidad có mo le vaya al Es tado. por ejemplo. Pero la p regunta no era ta n insen sata co mo parece por la forma de despach arla : la Megera podrfa haber observado que la co ncie nci a vacía (o sea. La t are a consis te. § 8). del cual exclus ivamente de pende el que . exis te entre el po ste indicador de ruta y la ruta recorrida. mas lo que habría de pe nsarse de ello ofrece una pretensión fal sa. en general.es te. Por lo demás... en la d isyu nción de lo especifico y lo más unive rsal (lo que no acontece hic et nunc) . E l q uerfa rech aza r el p eligro de huida a lo general al co ntesta r. y tales inc ond icio nidade s se encue ntran. pero no se la reali za. s in que haya mediación de un conte nido particu lar-(u na finalid ad de la acción)-.como ést a es ta mb ién exis te nci a corrompida. es en conjunto el mis mo t rá nsit o--en cuanto se conoce la naturaleza del querer. a la filosofía lógica . Adición *. quiere deci r. Asf. en los que se haya acertado y que se estén transformando ( no me ra s co ns tan tes orientadora s). en su mismo concep to se halla la detcrminación de la natura lida d . con lo cual. del r .refundie ron los discíp ulos apunt es diversos dc clase. en la Fil osofía d el Der ech o. dado que anuncia una mera incomprensió n y espera la salvación de explicaciones ilu st rativas. por ello. luego semej ante exégesis ma ntíen e principal ment e con la cuestió n una re lación igual a la que. (N . po r ello. esparcidas por los textos principale s de Hegel. de sue r te que acaso no fuese idóneo para ase nta rse en su cús pide . p ues. de ahí que el mona rca qued e destinado csencia lme nte a la dign idad de mon a rca e n cua nto es te ind ividuo (abstrayendo de todos los demás conte nidos}. en genera l. que ha de efec tuarse todo análisis singul ar. [68 169 . s ino que ún icamente se parafrasea el t exto. E ste t ráns ito del concep to de la pura a u todeterminació n a la inme diatez d el se r y. a la na turalid ad. por lo tanto. y que es pre ciso co nsegu ir la lect ura de estados de co sas aclarado s. a una estética dam a qu e le pregu ntó qué debería pensarse de tal o cua l cosa: eso mis mo . y qu e es absurdo que haya de exist ir se me jante s it ua ción má s que otras más ra zonables. aquí es preci samen te nula y sin valor la prcsuposición de que depe nda de • Como ya hemos indicado . con tod a razón . Hegel mi smo no llevó a término mu o chas veces la efectua ción. sino que la su stit uyó po r p erifrásti cas declaracion es de su propósito. y el proceso---de t ra sladar u n con ten ido de la subjetiv idad (como finalidad represen tada) a la existencia (v.) . pues a mbos se ensamblan en las figuras del lengu aje fa voritas de Hegel.. en esta s u abstracción. en las «a dlcíones .. y se r existente na t ural. p ues el monarca podría estar mal fo r mado. que yerran (en cuanto ilu st rat ivas ). en vir tud del na cimiento natu ral. inmed ia ta . el fallo más fr ecuente de las Interpre taciones de Hegel es qu e el anális is no se lleva a cabo acompañando al co ntenido.

y la fid elidad inm ane nte a la intenci ón exige. ú nicamente a la ley le co rres ponde el lado ob jet ivo. insólita y. 247l. a l parecer. § 280. es tas debili dades encie r ran muchas veces las in dica ciones d eci siva s pa ra com pre nderl as. Ahora b ien : o este ". Pu es m ás im portante que 10 que quisi era é l decir es aquello so bre 10 que hab la: a p a r tir del p rograma hay que r ecstab lec er el esta do de cos as y e l problem a. ya qu e la c ús pide ha de se r tal que lo im por tante no sea la peculi aridad de l ca r ác ter: y lo q ue le q ueda a l m onarca e n esta última deci sió n es cosa que reca e e n la part icu laridad de la que no ca be que dependa . 387 ss . [ed. ya q ue sustrae el momento dinámico (s in e mba rgo. q ue dará asimi smo acl ar a da la inten ción de Hegel. Po r e llo no sirve de nada meditar p rofundamente so bre form ulaciones a isla das críp ticas ni entra r e n co ntroversias. o el monarca es realmente u na p er sona q ue dice amén. la única cer ter a. en casos mej o res que el to rpe m ente ideológico de la Filosofía del Derech o.sí. o no b ien construido: en una mona rq uía bien o rdena da. y a par tir de su conocim ien to hay q ue recon strul r los hechos (que Hegel ti ene casi siem p re p r ese ntes . frecue nt emente ind iri m ibl es.. pá gs. crrt. díentemente . ya sea q ue 10 pensado crtpttcamente por é l se desvele de p o r sí. pero en tonces el E stado no estará com pletamen te formado. yo qu iero » a rrastra rá co ns igo. lo cua l perturba la orien tación acerca de dónde se ha ya de tenido un o. W\V 7. so bre lo que haya qu erido decir: es p referib le dej ar a l descubier to la in te nción . Ciertamente. pág. co m o tampoco una sucesió n de análisis yux tapuestos en fo nna di sc reta y sufici en tes en sí. ya q ue sus co ns ide r a ciones se a rticule n m er ced a 10 q ue ellas mi smas descuid aran. Siempr e parecía que ha bfa de seguir 10 m ás auténtico. q ue no esté contenido e n e l concepto m ismo. const ituye en la filosofía hegeliana incluso una in st ancia (r ente a ésta . em pero. pese a e llo. incl uso cua ndo su propi a for mulación r e bo t a sobr e ellos).la pccu Ja ridad de l cará c ter. Sin em bargo . lu chó un poco. Pues en una organizaci ón a cabada. po r fin. Ta l estructura no es e l usual de sarrollo progresivo en línea r ecta de los pensamientos. que para e n te nder e l texto lo co m ple te mos o lo re basemos. come nz ó d e nuevo. y só lo se necesit a co m o monarca u na per so na que d iga . inimitablemente apropia da. sin em bar go. «Ya a l e m peza r se interrumpió. la de la s cir cun st ancias det ermin ad as q ue h ayan de t en erse e n cuenta .. y cua ndo e n el interio r de un párrafo se dibuje su problema com o a lgo d elimit ado y sue lto (puede sospecharse q ue el se creto de l m étodo fi losófico es que com prender u n prob lem a y ha berl o resuello es propiamente una so la cosa ). y super flua. y. hast a que. dio con ella: pare cí a normal y era. y luego hay que meditarlo a fondo indcp cn. la palabra justa se le habfa ido definitivamente.. La preeminencia de la obje tivida d co n resp ecto al con junt o querido de pen sa mi entos. Los sobrecargados ca pítu los hegelia nos se n iegan a hace r d ist inción e nt re e l a nális is de conceptos o «acla raci ón » y la síntesis com o avance a al go nuevo. es ca racte rí s tica su fusión co n el es tá tico ). se tra ta sólo de la cú spide de un deci dir fo rm a l. no ob s tante. e incluso la comparación con un tej ido-que en ocasiones p rovoca-es inexacta. La ta r ea de su mer girse ponnenorizadamen te exige que se medite sobre la estructura del interior de los text os hegelianos. con la Ad ición. habfa pasado com p let am en te in advertido nada m ás haberlo 171 170 . puede ha ber s ituaciones en las qu e sólo en tre e n j uego t a l particula ri dad. toda la m ala casualidad q ue H egel impu gna.y ponga el punto sob re la i. siguió hablando y pen sando. al cual el monarca s610 h a de agregar el subjet ivo "yo qu iero" "'. se de tuvo otra vez .

sie mpre m ás abundantement e reconciliado). en cambio. págs. de acu erdo con su mí croest ructu ra y su forma literaria. el p en samiento de Hegel era ya lo que Ben jamin ha llamado una dialéctica en estado estaci onario. en general. giraba incesant em ente . y vol vía repentinamente a la confe rencia. sin afectar a su extens ión . lo último (más de sav enido y. con palab ras análogas. cit . que hay a algo que sea es to o aq uello-. pues. y m erced a la 0 exp lic ación de los conceptos (o sea. pero el movimiento mental.) Numerosas re flexiones hegelianas están organizadas análogame nte.. mientras qu e. la entrada de lo nuevo. tomándose algunas libertades. se había escindido en distinciones y enredado en contr adicciones. y es preciso haberse uno puest o en claro antes acerca de su modo para no sumirse una y otra vez en la conf us ión. sólo la catás t rofe de tal emp eñ arse oca siona el movimiento que en sí le vu elve otro). a vece s vacilando o ar ra st ra ndo a empellones » 47 . Cu an do se ca pta ba un cl aro significado de una fras e es peraba uno ansiosamente continuar ava nza ndo. t an pronto desmembrando co mo re sumiendo ampliamente. Pero si la atención. desfallecida. al cabo de algunos minutos. de nuevo . se agolpaba y se r pe n teab a incesantemente hacia adelante el más asombroso torrente de pensamientos..pronunciado.. los juicios analíticos y los sint éticos no se mantienen separados tan estrict amente com o según el ab eced ario de Kant. se entrelazaba. pero en vano : el pensamiento. que ya se bosqueja en el trabajo sobre La diferencia. po co aficionado qu e fuese Hegel a esta f orma lógica precisamente y a la identidad ab strac t a del concepto. en lugar de m overse hacia adelante. se desviaba. p ro fund amente transformado . comparab le a lo que p ercibe el ojo en las gotas de agua que empiezan a p ulular bajo el microscopio (sólo que no es tá delimitado con firmeza objetiva aquello sobre 10 qu e cae esa testaruda y exorcizadora m ira da . cualquier colmado p ensamiento se h abía ci rcu ns cri to a un aspecto unilateral. por fin. ar ran cada de t od o contexto : pues suave y circu nspec tame nte. ed. Heg el da vu eltas y vu elt as al concept o hasta que propo rcione lo que es má s qu e él (se malogra en cuanto se empeña en sí mi smo. gracias a lo que. t ambién en este caso compone Hegel una reposición-mediada por la sub jet ividad-del ra cionalism o p rekantíano. Y de este modo . efectúan los juicios analíticos) se hace evidente en el concept o mismo. y que luego se lleva a té rmino enérgic ame nte en la Lógica. 386-7.. Así. en tor no al mi smo punto. se encon trab a como testi go. pues. sin embargo. y. está con stituido por la ma ne ra de manejar la proposición idé nt ica. cosa que modela la exposición : ésta posee t endencialmente la forma de un juicio analítico. podría sos tenerse que. lo ot ro y no idéntico a él como implicado por su se nt ido. por "Vors tudien für Leben und Kunst. cuya vic tori osa solu ción era lo único con fuerza suficie n te pa ra obligar a 10 má s reacio a re unirse. en esp ecial del Ieibniziano. añade-nada kantianamente-algo al concepto del sujeto gramatical: lo nuevo es 1 antiguo. (La no identidad de sus miembros forma p ar te de l sen ti do de un juicio idéntico p uro. la igualdad de lo desigual-a no ser qu e se haya de desatender la pret ensión inmanente de la forma judica ti va. ya que en un juicio singular sól~ puede espe cificarse. en cuant o al modelo de es ta estructura men tal. reasumiendo cuidadosame nte una y otra vez lo primero. para desarrollar a par ti r de ello. esparciéndose un poco. A ::::: A. avanzando a través de esla bone s intermedios a pare nteme n te insignific antes. esto es . según la lógic a y la t eoría del conocimien to tradicionales. 172 173 . sobresaltada. t anto en el sistema he geliano mismo como en aquella conferencia.

unilateral . y puesto que cada uno de ellos. págs. en la dialéctica d e la id en tidad no só lo llega co mo forma sup rem a a la identidad de lo no idént ico. también és te es a la vez en Hegel aspecto de todo individuo singular. de l movimiento singu la r dialéctico de que en ca da ca so se hable. a la refl exión de la re flexión. en cuanto lo primero e in mediato.. pero. A = A. es el delirio báquico. que.. La difundida idea d e la di námica del pen sar hegeli an o (la de que el movi miento de l co ncep to no seria nada más que el progreso de uno a otro en vir tud de la med iación in terna del u no ) es.. del lib ro segundo de la Lógica: «Dado que a partir de la determinación. el ser en la exist en cia . 66s. se descompone igual de inmedi atament e. de la esencia hacia el fundamentos. se desemboza como el concep to de partida. Compárese WW 4. 191]. y acaso su ubicu idad le impidió dar cuenta de él-estaba dem asiado cerca para ello. con el que ningún m iembro deja de embriagarse. .. "a l apartarse . t. sin em bargo. y semejante movimiento se com pleta con e l rn o vimi ento q ue progresa sinté ticamente. hace saltar el concepto demos trando su discrepancia. lo mismo que és te es. edo crtt. la 174 175 . 11. en la equ iparación de lo no idén tico se conserva la simple iden tidad form al de l A = A. pero son mom en tos tan positivos y necesarios como negativos y pasaj eros. y. págs.. se avanza hacia el fundamen to (po r la naturaleza misma de la determinaci ón. 11. en cua nto dejar en sus p en so el determinar . y que co ns tituye la realidad y el movimiento de la vida de la verdad . pues .6 C v. págs. cas t. págs. En el todo del mov im ien to aprehendido como quietud. al A = B o juicio sinté tico. yéndose al fondo o fundame nto). es. es igualmente la quiet ud tra nsparente y simple. lo mismo q ue en la sen tencia goe thia na sobre todo apremio como q uietud eterna. tot al : fuerza retroactiva. pues. v. pue s en cuanto que la re flexión de ca da concepto. 44-5 red. com o algo querido por el mismo Hegel. la exposición da en varias ocasiones un salto a trás: lo q ue de acuerdo con el sim p le esquema de la triplicidad seria lo nuevo.. 159-60.únicamente que restaurada. pág. igua l de inmed iatamen te. 447-8J. no nace y perece . . una consecue nci a de gran alcance incl uso pa ra la conexión .. sino que se reconoce la su stancia prop ia de és te como mo mento necesario ya en el juicio analíti co. co n la «au todet erminación. Es indudab le que en es te y en otros lugares análogos de la Lógica ~ qued a excep tuado de la totalidad el es tado estaciona rio. és te es .. t.• sino algo así co mo deshilachado por los márgen es). Documentémoslo. pág. po r lo regular. unida. con WW S. pág. la iden tidad de la esencia. lo que se dist ingue en é l y da lugar a un ser exis te nte pa rticular se conse rva como lo que re cu erda y cuyo ser es el saber de sí mismo. Así. crtt. pág. que suc umbe po r sí. a su vez. a la inversa. Lo verdadero. en el tribunal de aq uel movimiento no sa len airosas las formas singu la res del esp íritu. el mo vimiento de éste afecta ta mbién al estadio del q ue se desprende. iluminado po r otra parte y modificado. 41. 386. por una parte. 212 [ed. Cierta me nte. sino q ue es en sí. por lo pronto . con lo que el prog re sivo avanc e es crítica permanente de lo p recedente. Como correspo nde a ello.. 39. v. Uno de los pasajes más famosos del prólogo de la Fenomenología dela ta a lgo de tal es tructura del interior : tila aparición fenomén ica es el nacer y perecer. por lo me nos. Só lo que este determinar. WW 2. 32J. de igual modo que sucede con cua lquier aspecto del todo. Tal es t ru ctura del in terior posee. purificada o re velad a-e. algo determinado merced a aquello primero. y se le ocultó como una pa rte de la inmediatez írreñextona da . crü. cas t . Hegel. como ta mpoco los p en samientos d etermin ado s. pág. cu.

reest ablece su simple referencia a sí. mod ificado. págs.. sino jus ta mente tal unidad. esta segu nda inmedi atez es-si es que.cu al es e n si la determinación de la reflexión . la esencia.. lo simp le cuan do se dej a en sus pens o la di ferencia . y con respec to a la nega tividad abso lu ta (o lo nega tivo segundo ). el retomo evocado r de comp lejos previamente expuestos ) quiere ser resu ltado de la ejecución y. Ahora bien : es te resultado .lo te rce ro para con lo p rimario inmedia to y lo med iado ... 497·9. un a cuad ruplici clad: de es t a ma nera . de la sim ple unive rsalidad : pues es inmedi ato lo otro que lo ot ro . a la vez . lo que le haya preced ido: los pasajes s ingula res han de en te nderse como co nsecue nci as suyas.. E n la lógica subjetiva ... 343 ss . en cua nto el todo que ha pa sad o a s i e id én tico con sigo. d e la dialéc t ica .• 50. retrospectiva men te. lo negativo o difere ncia se cuent a co mo una dua lida d. p ero que solamen te está pu est a por la re flexión del fu ndamento (reflexión que se excluye a si mi sma ) y. t . d el movim iento s ing ula r d ia léctic o de que se es t é tratando: cEn es te pu nto de inflexión del método r etrocede sob re sí m ismo. y el concepto. . qu e excede de la mera a na logfa . del esquema de tres com pases como el primero .. y el mismo avanza r t iene como cond ición u na conciencia q ue re troceda. E sta negatividad es . 11. con Jo cual él mismo es ahora ta l y como lo hubiera determinado lo que comienza. e ntre lo ya pasado y lo nue vo . 63-4.. erít. queremos con ta r. págs. qu e se es un movimiento y u na ac tividad m edi adores consigo mi smos. pues para ente rarse de una fr ase com p leta es p reciso ten er a la vista e n todo in stante. nos present a un análogo al respecto.. a la vez haci a adela nte y hacia a trás.. 574-6] . se de vuelve a sí m ismo la forma de la inmedia tez. o la unid ad de a m bos. ces t. p álls. SI. que lo tercero sea inmedia tez y mediación .. le d ocr ít . en cuanto contradicción que se deja en suspenso a s i m isma. ha y qu e darse cue nta de l se ntido de las r epetici ones di screpantes y es menest er que lo que se vuel va a manifest ar sea percibido no mera mente como correspon dencia arqui" WW S. id é ntico y u niversal . en lu gar de la fo r ma a bs tracta de la triplicidad. pero de jando en sus pe nso la '" WW 4. De a h i que es te resultado sea la verdad . v. al de te rmina rse como fundamento. pe ro tambié n es lo t ercero co n respecto a lo negativo prima rio o fo rmal. Tal es lo que requie re su principio de organiza ción temporal : el tiempo se ha de es t ructu ra r merced a la distinción e nt re lo conoc ido y lo no conoc ido. 552 [ed. lo conta do como terc e ro pu ede con ta rse también como cuarto... ces t. lo po sitivo si se deja e n sus pens o lo negativo . pues tam bién la m úsica ricam en te organizad a ti ene que o írse multidi mensio nalm ente.. n. por otra parte. de acuerdo con cuyo ideal la rep osici ón (e sto es. Viéndolo m ás de ce rca: lo t ercero es lo inm edi ato.. en c uant o deter m inació n. pág.. lo negativo de lo negativo. mediaci ón. Por lo ta nto. v. lo positivo. sólo proced e a partir de sí. el curso de l conocer.. este mo vimiento negador es a n te lod o el poner de aquella d eter míneidad de la reflexión que p arece se r inmedia ta . Hegel define (de man era gene ra l y un poco formali s ta ) el «te rce r mi em bro. ya que no es un te rce r ele me nto en reposo. . La música de tipo b eet hoven íano . o dejado e n suspenso. págs. el restableci miento de la prim era inmedia te z.. pá g. 80]. . en último término. [pe ro] no es posible co mp re nde r . que s e realiza a tra vés del ser otro y al dej ar en su spenso es ta realidad . como algo pu es to. por otra parte. 177 176 ra . en con secuencia. t . mas pu esto que aq uello primera mente negativo es ya u n se gu ndo término. y po drí a mos adop tar. En el curso com pleto. por tanto..

transferencia que. e n tod a filosofía explíci ta. [u st amente la objetividad del conte nido cxp eríen cía l. y el inc reme nto de los aparatos mentales. el cual quen a cons t ruir el mundo s iguie ndo el modelo de la obra a r tís tica. y s i bien el H egel de la madu re z proscribió la intuición in telec tual sc helli nguiana como una ilusión al m is mo ti empo aconce p tual y mecánica. sabe más ad ecuada me nte t od a filo sofía que no s e contente con una imitación sin re178 flexion ar del id eal de la cie ncia). así sucede en Hegel en tre el elemento expresivo y el argumenta ti vo (co sa de la que.) Tod a la filosofí a de H egel es un único esfue rzo por traducir la experi encia es p ir it ua l en conceptos. no pasan de impotentes inervaciones: la experi encia subjetiva es sólo la cáscara de la filosófica . a su vez . Imperativo de expresión que en mod o alguno lo es (y menos que co n nadie. E s posible que ha st a en la Penorne no íog ía creyese H egel que cabía descri birla se nci lla mente . E l arte. e n cuan to que se destaca de la em pir ie. está filosóficamente moti vada. la t otalidad filosófica será. ob se rva cuidadosa men t e lo que su bje tiva men te se qu isiera decir: y por ello se fortalece precisamente con aquella ac t ividad mental que acaba por exti nguirse en e l conte nido experiencial pate nte. pero que no p uede hacerlo-en cua nto lo exi ja la necesidad-de otro modo que a través d e un medio concep tual. en cu an to hi st oriografía inconsciente. a su vez. de l es píri tu. lo que expresan se lib e ra gradualmente de lo que hubieren meramente pe ns ado . com o si fu ese su momento sub jetivo. no puede hacerse . sino que él mi smo es tá det ermina do objetivamente (y esto es a plic able.el desp liegue de su sus ta ncía-c-. incom parabl emente más p róxim a a las obras de arte que la de Sche lli ng. e n ca m bio. Pues el idealismo absoluto estaba tan poco dispuesta a tolerar nada ajeno y ext er ior a su propia ley como la te leología dinámica del a rte contemporáneo. En H egel . escenario de la a pariencia de la id entidad a bsolu ta (escenario que en el a rte es inocuo m te nt ras és te se ponga como apariencia y no como razón realizada). correspo nde prop orci on alm ente al ímpetu de la exper iencia a la que hay que imponer se. Lo mi s mo que en la s obras de arte reina una t en sión e ntre la exp resión y la const rucción . no idé nti co: sólo es arte con lo que. cuyo concep to de verdad es tá to mado del a rte. la fo r ma de la filosoña hegeliana se encuentra. (Las lla madas e xperiencias filosófic as fun damentales o incluso originarias. con H egel) de visión sub jeti va d el mundo. estética. que la guíe a modo de mod elo. y esto se tran smite al duali smo de la filosofia de Schelli ng (que éste no liquidó nu nca ). qu e. requiere constitutivamente algo ind isoluble. que se oculta bajo ell a y luego la t ira. qu e t an gu s tosamente . pe ro la experiencia es pi r itual no pue de expresa rse de ningún ot ro mo do que re fleján 179 .se le ce ns ura como mecanismo coact ivo . pe ro si és te no es una idea sepa rada de la filosofía.tect ónica. el elem ento exp res ivo re presenta la experiencia: lo que propiamente querría salir a lu z. a la verdad qu e se ma nifiesta hist óricamente). que primariamente es lo op uesto a ella. si la filosofía como tal quiere llevar a cabo lo que en el a rte. jus tamente por ello. especialme nte de la m úsica clásica . pero en la filosofía da señales de vida pri mero que todo. de sde luego. sino como algo llegado a se r en virtud de un imperativo. no lo sea. Acaso ayude a comprender tanto esta analogia como lo más p ro fu ndo de Hegel el qu e la ap re hens ión de la totalidad como la identidad mediada en sí po r la no identidad transfiera a lo filosófico una ley formal artística. que querrían exp licarse inmediata men te como tales sin desp rende rse de sí con vis ta s a la meditación. en cua nto aparien cia. E n la vida ult e rior de las obras filosóficas .

cas t o (trad. y ninguna ot r a. pá gs. no es menes ter el pen sar p ara ap re hende rl os . 1.. pá g. es cosa qu e no ca be alcanzar. eso que se nos a parec e dado y en tal medida mediado. a partir de la experiencia propia. lo que haya podido qued ar reg is trado en punt o a ésta (la comprensión ti ene que enganchar se justamente en las gr ietas ent re la experi en cia y el concep to). que.. es espiritual e incluso pe nsamiento. y hace rl os tan vivos como ellos quisieran e inevitable mente no pued en se rlo. se an t icipó a una t endencia qu e sólo cien años de spués. 180 181 . como ley forma l. se p resentó en una declaración metódic a. de Peroj o-Re vira Arrnengol) t. Hay que leer a Hegel a redropelo también porque lleva a su núcleo experienc ia! toda op eración lógic a. t. El pro grama del puro co nte mp lar . y lo que en el lector equivale a tal exp eriencia es la imaginación: en ca so de que qui era me ramente con st at ar lo que deba lee rse en un pasaje. po see en las obras principales mayor peso de 10 que le cree cap az la concien cia filosófica ing enua : puesto que. t odos los fenóm eno s están en sí espiritualmente me diados (y. esto es . 261-2. Kri tik de r reinen v emun tt .. la primada de esta experiencia afe cta incluso a la forma conceptual: él. la expectativa de una fanta sía p roductiva en el lector . así . dose en su mediación: se la p ien sa activamente. 261]. o de por qué el tiem po y el esp acio son las ú ni cas formas de n ues tra p osible intuición» (Kant . qu e ti ene que inve nt ar. cit. ed . E l proceso de la comprensión es la autocor rección pro gresiva de tal proyección m erced a compararl a con lo que se encuentre escrito. p or lo demás. pa ra llevarlo a la unidad de la epo rcepcton: el cual. qu e le tien e qu e es tar da da merced a los o bjetos . 1. como destella ya en un lugar de la deducción kantiana 52). y lo que de false dad hay en la filosofía hegeliana se man ifiesta justame nte en qu e imagina realizable tal indiferencia merced a un esfu erzo conceptu al sufici en te. y la cuestión mi sma con tie ne. Sólo son re glas p ara un entend imi en to toda cuya cap acidad cons ista en pe nsar. de la in troducción a la Fenomenología. E l proced er de su pensami ento es paradójico: es cierto que se m antiene extremosamente dentro del medio de l concept o (dicho de acuerdo con la jerarquía ~e la lógica c xtcnsíonal: en el nivel de abstracción má s alto). no cono ce abs olu ta m ente nada por si. en el se n tido de la Lógica. pá gs. por formalment e que se presente. de Morcn t e).. sino aq uel com po r tamie nto para el cual la fen om en o» . . Por otra parte. en Hegel. como si quisiese econom izar así los avías ob jetivos del pensamiento con respecto a aquell a expe ri enci a. Pero ta n imposib le es señalar un fun damento ulter ior de ta pecu liaridad de nuestro entendim iento de que solamente efec t úe a prio ri la u nidad de la apercepcíón po r me diación de las ca teg orías. en la fe no- menología de Husserl y de su escuela. como de por qué p oseemo s justamen te es tas funciones pa r a juzgar.hay que restituirlos a la experiencia espiritual qu e los mo tivara. o incluso da r caza a la quimera de descubrir lo que el autor haya querido deci r. y (trad. p ues. de ahí las innumerables gr ietas en tre lo experimentado y el concepto. la sí n tesis de lo múltip le qu e le está dado ul terior mente en la intuición . entre sus categorí as se encuentran también los fenó me nos. en el m anejo. y precisam ente merced a tal tipo y número de ell as. sino q ue únicame nte enlaza u ordena la materi a para el conoci m ien to . la in tu ición. 158b-9 b [corresponden a B 145-6: v. se le volatilizará la sustancia por cu ya cert id umbre filosófica da de m~no todo: nadie puede sacar de la lectura de Hegel más de lo qu e él pusiera. Cuando los conc ep tos se autonomizan en conjunto de apara tos-y sólo una locura entusiástica podrí a ab solver a Hegel de que de vez en cuando desdeñe su p ropio cano n. E n cuanto a la indiferencia en tre es ta expe rienci a expresada y el medio de los pensamientos. según su concepción . al que se acu sa de panlogismo. pero en se ntido propio no argum en t a.

y su consumaci ón de pe nde de que se consiga el re lajamiento (en es to se diferencia nota blement e de Kant y de Fichte. u na s lntesis [udícafiva. lo mis mo que la escuela husserliana. invariantes. y al su jet o pensante ha brá que ex imi rlo de l pen sa r. el pensamiento as ocia tivo tiene en Hegel el [u ndam eruum in re: su concepción de la verdad co mo una verd ad qu e se va haci endo. Hay que inten tar admi tir. al menos. que el lect or a cuer po limpio se sien te frecuentemen t e obligado a diri gi r a las trans iciones e inferencias hegeli anas cuando se le figuran abie r ta s o tras pos ibilidades que las ventiladas por él. Y. pasa n p or enci ma del divorci o de los sect ores filosóficos de lo sistemá tico y lo h ist óri co. todas las posibilidad es de lo mentado. como se sabe . pero no sucede en él que. y ésta. así como la a bsor ción de la emp lrie en la vida del concepto . I ncluso la p regunta por el por qu é. 183 ."sami en182 to rela jado . qu e. I ndep endien tem ente de cómo resi sta a la crítica tal intuición. casi hab ría que llamarl a op uesta a és ta: el ideal es un pensar no argumen tativo. co mo significa dos fijo s y unidades ideales. po r lo de más. co mo ocurre much as veces en filosofía . es ina decua da : la intención global esboza las constantes o rientado ras. el esp írítu . Com o tod as las dico tomías es tá ticas. Hegel de sconfía p rofundamente de las argumentaciones. y de ahí que a Hegel le defraudara necesariamente la b úsqued a de la argume n tación. una argumenta ción . como la de nexo fu ndamentante. un predicar lo qu e sea una cosa. el subst rato de su filos ofía. a la re fu tación . pero lo qu e se dic e del fenómeno se saca de él (o. por lo cual ún icam en te cabe ente nderlo cu ando no se leen los aná lisis singu lares como a rgu me n taciones. t ambi én q uebra ntó la de tes is y argu mentación. El relajame intc de la co ncienci a como modo de compor ta mient o no quiere decir que se rec hacen las asociaciones. Po r lo demás. s u prop io p roc ed er se ri ge por ella . pide la máxima t en sión del pensamiento . como. en efec to . po r lo tanto. sino co mo dotadas en sí de movim iento). pe se a las declaraci one s en contrar io de la Filosofia del Derecho. fácilment e lo marra ). Si la tarea an te la que Hegel se encuentra no es la de unas m arch as forzadas intelect ual es. po r ello. por ello .logta de un s iglo despué s encont ró el t ér mino de r ecep tivid ad es po ntáne a. pues aquel dia léc t ico supo primariamente lo q ue po s te ri or men te volvió a de scubrir Simrn el: que lo que se qu eda en argumentat ivo se expone siempre. y tendrí a qu e identificarse allf}. sino co mo descri pc iones de «Imph cacíones de sent ido " (s ólo que no co nside ra éstas. no ha de ser un pensamiento subj et ivo y ap artado . q ue no han de supone rse. al que a tacó en Sch elling). pues el efecto y funci ón de la fant as ía productiva n o reside en últi mo tér mi no en ello (por lo menos una parte de la energía sin la que es tan imposible leer como sin relajamient o se emplea rá en sac udir aquella a u tomat izada di sciplina que ex ige la pura concent ración en el objeto y q ue. y. sino abrir el en tendim iento a ellas : Hegel sólo puede leer se asocia tivamente. y con razón . y una co sa es siempre virtua lmente la ot ra: la argumentación . tesis. así debería ser ). es dial éctica hasta el p unto de moverse en el medio de l pe. por ser u na de la iden ti dad su prc mament e distendida. y hay catega rfas. ya qu e se encu en tra a sí mi smo de nuevo en el ob jeto pe nsado (sólo habrí a qu e saca rlo de den t ro de és te. también del in tuici onismo. todas las referencias a otras cosa s que le salt en a u no a la vista. Su filosofía. la argume nt ación sea algo subs id iari o y que cu piese elu dir en cua n to se haya infiltrado la tes is: éstas (de la s qu e Hegel se bu r ló Hallándolas «sentencí as ») son tan escasas co mo las argument aciones. sino que cae n dentro d e la mism a dial écti ca h egeliana de la esenci a. o sea.

I ndudablem ente. 7. es aconsejable. con lo que su mov imi ento ha de ser la h istoria real. sino que acaso cont ra su voluntad es tán h incados en su ob ra .po r lo menos-apenas olvida j amás la hi storia esp irit ua l en sent ido es t ricto : cuan do la Lógica se separa de o tra s post uras sob re la mi sma cuest ión. es la de es tablecer un catálogo de los invariantes hegelianos y hacer que salga a luz su relación con lo dotado de mo vimiento. 185 . con una met áfora mu sical. la exis tente ent re los eleme n tos dinámicos y los fijo s (cosa qu e la divor cia ir rc concilia blerncnte de ese fluir de filosofía de la vida en el qu e. requiere un a teor la ca tego rial tanto como se la niega en d etalle. en los pá rra fos oscu ro s. " Marx: Die Fríih schr íit cn . La lectu ra tiene q ue hacer. la .. Habría que seg uir en detalle las consec uencias que ello tiene sob re la es tr uc tu ra. indudabl em ente. a las tes is de la t radición his tóricof ilosóf ica (en gene ral.. remite. pág.sino real. E n la Lógica. la interpretación históri co-filosófica hab rá de esforzarse por log rar la misma liberali dad qu e la sis temát ica. se macero el método diltheyano). la virtud de la dedica ción . y pese a toda la ri queza de lo que Marx . diferencia. pregun tas qu e serían resolubl es por la filología h egeli an a. y se pe rmi ten to davía las ind icaciones hi st óri co-filos óficas que más tarde se silencian en beneficio del ideal del movimi ento de l con cepto . al men os. pero és ta. la cie ncia de la experie nc ia de la co nducta y la de la historia hu ma na : ambas esferas osc ila n al entrar en conta cto. es la falacia mi sma ). co mo el trabajo sob re Lo. si es que la hubiera. según Hegel . no obstan te lo cual.. otra d imensión: la de q ue s u d inámica es a su vez. análogamente. cd. bajo la presi ón de la consolida ción del último Hegel. ni siquiera los último s ca pítulos de la Fenom enología estrujan brutalmente una contra la otra. por paradóji ca que sea. E n med io del semoviente conce p to se sos tie ne u na invarian cia mu cho mayor de la espe rada po r quien se imagine el concep to mi smo de dialéctica demasiado adi aléct icamente : la co nce pc ión de la identidad en el todo. pues ellos fo rmulan p rog ra má ticame nte lo que la Lógica quer ría re sca ta r. de la necesidad de l perturb ador sonsone te de que Richard wagner. el número de los mo tivos hegelianos es finit o . Ya en el escr ito sob re Lo. en ca mbio. 184 y mientra s tanto. co nforme a su tem át ica e. po rej emplo. és tas se encu en tran guiadas por aquéllas: rara vez acaban en el filosofema al que aludan.. llamó grotes ca melodí a de las rosas 53. u na vez más. también sobre es ta etapa hegeli ana cae una sombra de ambigüed ad. ci t. .. por eje mplo. Conviene hacer refere ncia a textos hegeli anos primerizos. Men cio nemos. y se orient an má s por el interés objetivo que po r la llamada confrontación con unos lib ro s. o la lógica de J en a. la del sujeto-objeto . tarea que sería ú til para las cues tiones mism as no menos que co mo apo yo pedagógico (si bien sólo teni endo conciencia integra de la unilaterali dad que. qué contra Fichte y qué lo esta ba ya co nt ra Sch ellin g. con u n ritmo incomparab le. las asoc iaciones hi st óricas no so n las única s que se le adh iere n a Hegel. sin excepcio nes . en los pasaj es más difíciles. lo mi smo que las co ns ide raciones sistemá tica s recib en el impu lso de las his tóricas. historia externa qu eda ab sorbida por la h istori cidad interna de la do ctrina de las ca tegorías . así. se quejó en lo que se refiere al clasicismo musical. aunque en su fuero in terno lo tu viese superado. Por lo demás . CU)'O pun to de vista era lo que oficia lmente defen dí a. difere ncia . ex trapo lar ta les remision es) . pues. se duda en ocasiones sobre qué va dir igido contra Reinhold . y conoc iendo los invariant es que Hegel en modo a lguno dejó al descu bierto . Una ta rea urgente.

hacer un a propuest a y con trasta rla co n el texto y con lo ya interpre tado (el pensamiento. y de que degenere en vacuida d pretenciosa (eentrambos» que en lo que resp ecta a Hegel h a de exigirse en especia l medida). en lugar de filosofar sobre su filosoffa desd e fu era (n o de otro modo se llega al contacto con las cuestiones) . y su ide al de reconstrucción no es absolutame nte distinto de l cienti fico (lo cual es. acaso la de mayores consecu encias) : provoca el mé todo experimenta l. Un pensador contemporáneo que. que necesa riame nt e se aleja de lo di cho. Leer a Hege l seria. a su vez. si es que se la ensaya sob re és te: elim ínen se las asociaciones que se le . se encuentra más cercano a Hegel de lo que lo están sus p resunto s puntos de vista resp ect ivos . y consérvese lo que condiga con él y esclarezca los detalles. as imismo con el conjunto. y al p rofesor le compete poner a cu bierto de ello el een tramhas» del com prender y de la crít ica. pueda proceder no ortodoxamente. otorga a Hege l el resgua rdo para que . ha llamado expe rí mentalísmo a su propia filosofía . el de que sean compatib les. sólo recomendaban los puros nominalistas-y leerle experimenta ndo signífica med ir lo con su propia medida. ant e todo.) Es innecesario negar el pe ligro pedagógico de que los es tudia ntes caigan en parloteos y decir lindezas. no meramente co n lo que allí se encuentre. Pero es to quiere decir nada m enos que nin gun a leetura de Hegel que pretenda hacerle justicia p uede dejar de critica rlo. y el compre n der es su consumación conjunta. pero eso no tiene nad a qu e ver con la situaci6n de hecho gnoseológica. por lo demás. pues ta l empirismo de seg undo gra do sacaría a la superficie del nivel ac tu al del despli egue hi stórico de Hegel el momento positivist a lat ente que su propia filoso ña. y al lector de Hegel le convie ne algo de su actitu d. y su polo opues to es el texto . (No será nunca el peo r lector quien provea a l libro de glosas marglnales despectivas . en sumafaltándole un elemento lúdico. tien e que recogerse de nuevo en ello) . La obje- l 186 187 . alb erga en su obsti nada insis tencia sobre lo que existe . sobre la compre ns ión: la filosof ía mi sma se consum a en la permanente di syunción de lo verdadero y lo fal so. además de esta fer filidad. buscando la quintaesen cia de l espírit u . Las indicaciones sobre cómo habrfa de leérs elo son necesa riamente inmanentes: qui ere n con tribuir a la extracción de la su stancia objetiva de los textos. Quien. Y. en tre las co n tradicciones de la dialéc tica de Hegel que él mi sm o no allana. se p lie- ga a és ta much o más profundam ente d e Jo que a severa . al que se deben las asociaciones . a modo de segu ndo est ra to. de acu erdo con esto. equivoca la medida de la sit uación de la s cos as. pues es frecuente que un a comparación del motivo general co n el texto partlcular nos proporcione el sen tido: la nada ortodoxa oj eada al todo. Pero el criterio de las asociaciones es . Mas si bien no cabe pensar en él -como tampoco en el pensamiento libre. p ese a su positivismo. sino. que. ésta s son meros momentos parciales. p ese a todas las invectiva s con tra el pensar r eflexivo intimida do . John Dewey. sin la cual no se acaba con él. La segunda etapa de la ded ]cací ón seria.será bue no que asociemos (a lo cual se recuesta siemp re el exame n singu lar) .resistan . colocándose cómoclo-narc isisticamen te por encima de la cuesti ón. en general. por lo cual será también siempre un a crítica virtual de lo que haya de comprenderse en cuanto al llevarlo hasta el sumo final se obtenga otro juicio que el que hubiera de comprenderse. es falsa la n oción (sacada de las convenciones pedagógicas y de los prej uicios autorita rios ) de que la critica se construiría. un proceso de experime ntación: una vez qu e se oc urra n las posibles interpretaciones .

patéticamente «no iden tidad ». sin embargo . es menester con s titutivamente lo no idéntico para que tengan lugar conceptos y la identidad. un pensamiento ) con un va banque. » . cada individuo singula r estaría en deuda con otro (no idéntico). verdaderamente. al definirla. como. es taría libre de deudas. y ya e n su mera forma sim pa t iza con la autoridad. Según H egel . pese a ello. la que se aferra a ese punto de vista con tra cuya ri gidez y ar bitra riedad se vu elv e igu al mente la filosofía. merced al concebir. ant es de que se ha ya expresado siquiera con tenido alguno. y lo no conce p tu al. la di scordia y la no identidad. s in reservas mentales. pero el todo. y cuya solución sobrepasa su omn ipotencia (su prom esa sale bien falazmente). Qu ien por tales razones se conf íe a H egel se verá conducido al umbral en el que ha de aclararse su pretensió n de verdad : se convertir á en cr ítico suyo. aun cua ndo jure sobre cons ignas progresiv as. Se hace fuertement e h incapié en las no identidades. pero no se las reconoce. justamente por su extrema carga especulativa: como en un gigantesco sis tema de c rédit o. De esta manera perpetra la dialéct ica idealis ta su razonamiento mendaz: dic e . como lo heterogéneo.. Hegel. de acuerdo con su p ropia ley. a la inversa. se figura estar ya segu ra acerca de la no identidad y de la identidad ab solu ta. di stinta . no la inmanente. lo no idéntico m ismo no se vue lve concepto en vir tu d de tal reflexión. desde el Diamat al protestantismo. y no puede comprenderse nada fals o. sino que sigue siendo su sustancia. Por el cont rari o.r cien de que carece de punto de vista. idéntico. s. por su parte. es moluscoso y relativista no tiene por qué amedrentar al proceder inman ente: los pensamientos que t ienen confianza en la propia objetividad deberían entrega rse al obje to en el que se sumer ja n (a unque sea. E s cierto que lo no idéntic o y desconocido se convierte en idéntico merced al conocer. la cr ít ic a trasce nd ente elude de antemano la exper iencia de lo que sea de otro mo do que su propia conciencia : es ella. 10 mismo que. pues la forma m isma tiene s u momento de contenido. y habría de de finirla por mor de ella m isma. sólo sabe de su dimensión por mor de la identidad. lo incom prensible de H egel es la llaga del p en sa mi en to mism o de la iden tidad . pero la dialéctica. Su di alé ctica fi losofía para en una di aléctica de la cua l ella misma n o puede dar cuenta al guna. como su fa ls edad. comience también deli mitando un punto de vista).. a su vez. se requiere el concepto para hacerse con sciente de algo no concep tual y no idéntico . el sistema ha ce saltar lo incomprensible: con toda su insistencia e n la negatividad. en concepto de lo no idéntico. Mas la verdad de lo irresol ub lemente no idé ntico se 188 manifiesta en el s istema. bajo el aspecto de la compre ns ión . del qu e gustan colga rse todas la s tendencias. como no resuelto en otro sentido (el de lo no domeñado). De este modo. y quien juzga de lo exp uesto (ya sea a rte o filosofía ) de acuerdo con supues tos p revios que no t en gan cur so en ello se com po r ta reaccíon aríament e. tal es la cuot a de riesgo por no ser sis temas. únicamente como ins trumentos de ella. pues.de ello: del movimiento lógico del concept o no se puede pasar a la existencia. E l giro «yo. y por ello llevará más allá de su pura in man encia ( aun cuan do ésta .610 que atenta contra su propio concepto de dia léctica-que habr-ía qu e def ender en contra suya-al no atentar contra él. es sint omático de tal cosa . s ino fu sionarlo en una suprema unidad lib re de contradicción 189 . como e r ro r. la reiv indicación que el movimiento inma ne nte hegelia no hace de ser la verdad no es postura alguna . al seguirlo. E n ca m b ie .

en un opúsculo..(i3. Pero el momento de no esfumabilidad ínsito en ella no permite hacerla desapareo cer (salvo que se ejecute un número m ünchhau scn iano ). determtnades motivo s aparecen repetida mente. acas o.) Los . en la Unlversidad Libre de Berlín. PROCEDENcrA DE LOS TEXTOS "Es el clásico aforismo del Derecho romano. y únicarnente se volvería acorde cuando. sin embargo. por «La aplicaci ón al máximo del Derec ho. en la Sor bería . escrito durante el invierno de 1962.. abandonase el acuerdo. movida por su propia consecuencia. los ha reunido luego. fascículo 1-2. al Dr. "El con tenido experiencíal» es una versión. no se había publicado.Aspectos» proceden del discurso conmemorativo pronunciado por el autor el 14 de noviembre de 1956. de una conferencia oficial del autor en la sesión del 25 de octubre de 1958 de la Heget-Geseílscha tt alema na . Dado que las tres partes complementarias quedaron fijadas literariamente con cierta independencia unas de otras. del T . pero siempre bajo una perspectiva cambiante. con ciertos complementos esenc iales. en especial al profesor Hermann Schw eppenhauser. (summum ius summa iniuria ] ". al dejarlo en suspenso. en francés. Hay que entender a Hegel nada menos qu e por esto. Tengo que dar las gracias de to do corazó n a los ayudantes del Seminario filosófico de Frankfurt. centrales-y ocuparse de o tros en una conferencia transmitida por la Radiodifus ión del terr-itorio de Hesse. y desde aquélla no cabe tampoco saltar a 10 no idéntico: de otro modo. as imismo muy ampliada. 19 tomo 9. poco después la repitió. lesiona al máximo los de rechos. en Frankfurt. El trabajo preparatorio alcanzó una extensión excesiva para poderlo dominar en el discurso. a Werner Bccker y a Herbert Schnadelbach. «Skoteínos».» (N. 59. pues. 190 191 . con ocas ión del 125 an iversario de la muerte de Hegel. de mo do que el autor se vio obligado a elegir para aquella ocasión berlinesa un comp lejo de motivos-desde luego. la dialéctica perdería su intelección de la mediación universal. Este trabaj o se encuentra impres o en el Archiv fiir Philosophie. lo que la contraría es la sustancia veritativa que antes que nada habria que ganar para ella. como los elementos se concibieron formando un todo. la reciprocidad involuciona a unilateralidad. que podría traducirse. Alfred Schmídt.

. LIMINAR ADVERTENCIA •••" .. " .(1 INDICE Non. o CóM O HA8 R!¡\ mi 11' 191 Procedencia de los textos 193 .. l EIORSC 15 77 SUSTANCIA EXN: R W ~C1 M S k OTEI N OS. ••• 9 11 TRES EST UDIOS SOB RE HEGEL A SPECTOS l~ . .

S. 5. S. A_ . l/T l u nNDO PAPEl. II NO DI! nl PR l lol lR ¡:L O.• ESTF. W". Ilf\ T ORRM HOS I t:NC II . " 17 00 DICIE ~ IIRI! DE 1973./: PUr!. M AR Jl S-F. Ll IIR O SIl TER/. ..ORCO YIlN.. EN CL OS"S .DRIP-29 c.

.Dífídlmcmc hanr á pensamiento reor é...of ( El discurso p rep ara do para tal ocasión rebasó sus limites cons muyendo un V Cf ' dadero libro qu e se complela aq uí con . por su...l 1 sent ido de la idea de inrncdia rea. Adorn o se ha ocupad JI" Ikgd en trI" ocasiones: la primee¡ en 1956 con mOLivo <I d ciento vein ticir en aniversari o d e la muer te de l fi!Ó'. k • Theodor \'í/. estudios poste riores: .cesario proharlo} 1. En persecución de esta recogida de la verdad hege lian. tiro ---ha escrito el propio Adorno--que.. y .:d< es decir. De este c'mil< ~" de relacio nes se d< p rende n las estruct uras fundame nta l del pe nsamkOlo he¡:dhtn o. po r de ba jo d e ella. perseguir el todo tras el que: 51: eocam -na el propio H~I.ar..k".. y verdad eramente. sin ha ber atesorado en si la filoso ti a hegeliana pueda hoy ha~...r i".hras.fo dd pasado ni tr ata r de situarl'. no parlotear meramente ac erc.< pab... su. uivocid ad. Este es u no de los vari os mo tivos que él slIbraya naru pro bar {si es n. Ad orn o nn ha prele nd id" con este enfren tamie n to con T1t'~el ni pon · rificar en torno a u n (il' ISt. relativa amhi gü. d esde arri ba y. permanencia cid pensamien1 to hegelia no ..i d e Su fl1osofía.1 llega Adorno a cs rablccce los inva riante'< hincados en Sil obra...: la conciencia. en u n p resent e a l que no per«-"".ticia a la cxpcrk nca (1. po r usar ). por cons iguiente. Ant es que en juiei. sino comparecer ante la pretensión d e verd ad d e -su Iilosoífa.. . Skoteinos... da-~ifiea ndo 'los pa"<ljcs más dilícik'S por su l .. n <nnlc-nido experiencial.la< y po r el sUl. . no de la concie ncia sola sino de la viva y cor por al d e los hombres.. raz ón mar' de la fertilidad < 5(1 JLtlé<:licó\.

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