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problemas

de
lingüística
general II
émile
b;nvi;7istz
lingüística
truduccwn de
JUAN ALMELA
PROBLEMAS DE
LINCU~STICA
GENERAL
11
PO7

ÉMILE BENVENISTE
m
siglo veintiuno editores, s.a. de C.V.
CE& DEL AGUA248 DELEGKIQN COYOACAN.04310. MéYlCO. D E

siglo veintiuno de españa editores, s.a.

portada de anhelo hernhdez

. .
Primera edición en esoanol. 1977
dc.imoquinta cdici6n en cspailol, 1999
C siglo xxi editores. s a de c v
isbn %8-234029-0 (ohra complr~a,
isbn 968-234333-8 (volumen 2)

primera edición en frances, 1974


O editions gallimard, parís, fraocia
titulo original: probldmes de I ~ n p r s o p eginé1~1Ie.2

derechos reservados conforme a la ley


impreso y hecho en mexico/printed and made in mexico
Prefacio

1. Estructuralismo y lingüística
2. Este lenguaje que hace la historia

3. Semiología de la lengua
4. El lenguaje y la experiencia humana
5. El aparato formal de la enunciación

6. Estructura de la lengua y estructura de la sociedad


7. Convergencias tipológicas
8. Mecanismos de trasposición
9. Las transformaciones de las categorías lingüísticas
10. Para una semántica de la preposición alemana vor

IV. FUNCIONES SINTÁCTICAS

11. Fundamentos sintácticos de la composición nominal


17. Formas nuevas de la coinposición nominal
13. Estructiira de las relaciones de auxiliaridad

V. EL HOMBRE EN LA LENGUA

14. El aiitóniiiio y el pronombre en francés moderno


15. La forma y e l sentido en el lenguaje

VI. LÉXICO Y CULTURA

16. Difusión de un término de cultura: latín orarium


17. Génesis del término scientifique 249
18. La blasfemia y la eufemia 2 56
19. Cbmo se formó una diferenciación Iéxica en francés 260
20. Dos modelos lingüísticos de la ciudad 274
PREFACIO

Para sus Problemas de lingiiística general, Émile Benveniste


eligió veintiocho articiilos entre sus publicaciones de 1939 a
1964, y los clasificó en seis partes: traiisformaciones de la lin-
güística, la conlunicación, estructuras y análisis, fuiiciones sin-
tácticas, el hombre en la lengua, léxico y cultura.
Ahora bien, de 1964 acá ha publicado numerosos estudios
importantes en diferentes compilacioiles y publicacioiies penó-
dicas, a veces de dificil acceso.
El inmenso interés despertado por los Problemas de linguísti-
ca general, tradiicidos bien pronto al inglés, el italiano y el es-
pañol, suscitó en buen núinero de amigos y discípulos el deseo
de que la empresa siguiera adelante y aparecicsc uii nuevo vo-
lumen. Cuando expusimos, con M. Lejeune. este anhelo a Émile
Benveniste, estuvo gustosamente de acuerdo y nos autorizó para
escoger entre sus artículos recientes (dc 1965 a 1972). Reuni-
mos así veirite estudios (los dos primeros en forma de conversa-
ciones), repartidos bajo las mismas seis grandes rúbricas del
primer volumen, bajo la estrecha vigilancia de Émile Benvenis-
te en persona.
1. ESTRUCTURALISMO Y LINGUISTICA1

PIERRE DAIX. En los últimos treinta, y aun cuarenta, años ha vi-


vido usted la transformación de la lingüística y de paso su ac-
ceso a una especie de posición central en las ciencias humanas,
de "ciencia piloto", coino dicen. Quisiera preguntarle qué es
lo que le parece que caracteriza esta evolución, esta transfor-
mación, desde el punto de vista de la lingüística. Pero, de no
tener usted inconveniente, me gustaría, a fin de situar mejor las
cosas, hacerle una pregunta personal correspondiente a una que
fue planteada a Jakobson en mi revista. ¿Qué lo condujo a
usted a la linguística?

ÉMILE BENVEN~STE. Tuve la suerte de abrazar muy joven la ca-


rrera científica, en gran medida bajo la influencia de un hombre
que fue un gran lingüista, que contribuy6 mucho a formar los
lingüistas y modelar la lingüística durante -diríamos- los vein-
te o treinta primeros años de este siglo: mi maestro Antoine
Meillet. Su encuentro resultó decisivo para mí en vista de mi
extrema juventud cuando estudiaba en la Sorbona y de que sin
duda me atraía mucho más la investigación que la rutina de
la enseñanza. Meiliet enseñaba estrictamente gramática com-
parada. Aquí hay que remontarse algo atrás, pues a través suyo
es la enseñanza de Ferdinand de Saussure la que fue trasmiti-
da en parte a los discípulos de Meillet. Esto es muy importante
para quienquiera trace de algún modo la biografía intelectual
de la lingüística francesa, con todo y que el Saussure que enseñó
durante diez años en la École des Hautes Otudes no fuese el
Saussure de quien tanto se habla en todas partes hoy en día.

P. D. Era en cierto modo el comparatista.

E. B. Era estrictamente el comparatista, extremadamente joven y


' Conveaación de Pieme Daix con Ernilc Bcnvmirtc, L a Letticr fnnpún, n6m.
1242 (24.30 de julio de 1968). pp. 10-13.

il31
14 TRANSFORMACIONES DE LA L I N G ~ ~ ~ S T I C A

precoz, quien apenas a los 21 o 22 aíios fue adivinado y idopta-


do por alguien que sabía conocer a los hombres, Michel Bréal.
Nos remontamos con ello al verdadero naciniiciito dc la lingüís-
tica en Francia. Bréal adivinó lo que podía ser un Saussure, lo
que cra ya. Se había afirmado con un verdadero golpe de gcnio
en gramática coniparada y habia renovado la restitución de las
formas del indocuropeo.

P. D. i E n qué época pasaba esto?

É. B. Exactamente en 1878. Saussure fue profesor a los 24 años


en la Ecole des Hautes Etudes, donde enseñó del 81 al 91. De
París volvió a Ginebra, a los 34 afios, un poco a disgusto, ahan-
donando una carrera brillante que se le abría en París y que
Bréal hubiera de fijo seguido apoyando. Durante aquel tiempo,
formó a varios hombres eminentes, de una misma generación,
en particular a los dos principales: Antoine Meillet y Maurice
Grammont. Los formó en cuanto a la disciplina comparativa,
es decir, el análisis y la comparación de cierto número de len-
guas de la misma cepa, y la restitución sistemática de los esta-
dos antiguos, que la comparación de las lenguas históricas per-
mite alcanzar. Tal es la disciplina y, pudiera decirse, el hori-
zonte, en que la lingüística se desarrolló como ciencia histórica,
como ciencia comparativa y como ciencia enderezada a la res-
titución de estados prehistóricos. Y todos los itinerarios de la
gramática comparada eran por naturaleza rigurosos y perseguían
sin cesar niayor rigor. Fue lo que me atrajo personalmente. Era
el carácter de las leyes que la lingüística estaba ya en condiciones
de formular y, al tiempo, el horizonte que abría sobre la ex-
tensión posible del método a otras familias de lenguas. Y efec-
tivamente, puede decirse que la gramática comparada, tal como
fue modelada en particular por Saussure, tal como la desenvol-
vió Meillei a su zaga, ha servido de modelo a los intentos para-
lelos que se siguen haciendo hoy por hoy en otras familias de
lenguas. Cuando ahora se razona acerca de las lenguas de Ocea-
nia y se procura constituir su genealogía, o cuando se empren-
de el mismo trabajo en el inmenso dominio amerindio, siempre
es en mayor o menor medida cl modelo indoeuropeo el que guía
las indagaciones, el que permite organizarlas.
ESTRUCTURALISMO Y LINGW~STICA 15
P. D. O sea que la lingüística comparada sigue desarrollándose en
la actualidad

É. B. Mucho, y con hermosos triunfos. Pero, en fin, a eso vol-


veremos luego. No hay duda de que todas las lingüísticas espe-
cializadas están destinadas a pasar por esa fase. Actualmente se
trabaja muy activamente en Francia y América para constituir
esas familias de lenguas, para coordinarlas y tratar de ver cómo
es posible representarse el desenvolvimiento lingüístico de los
diferentes continentes. Se realizan esfuerzos considerables en el
dominio africano: varias escuelas están en ello. De modo que
no se trata en modo alguno de un método que esté envejecien-
do o que pertenezca a una época pasada; absolutamente no.
Creo que, al contrario, la linguística comparada va a renacer
transformada por entero, y de hecho se transforma. Es eviden-
te que la que hoy practicamos no se parece nada a la fisonomía
de la misma disciplina hace treinta o cincuenta años.
He aquí, pues, cómo se definía lo esencial del trabajo lingüís-
tico en aquel tiempo. Había también, sí, una lingüística gene-
ral, pero trasponía a rasgos generales las características deslin-
dadas por los métodos comparativos. Los datos 1ingüí.t' ICOS eran
los que se recogían en textos. Ahora, como estos textos son la
mayoría -hablo del dominio indoeuropeo- textos muy anti-
guos, textos homéricos, textos védicos -y hoy en día ya conoce
usted la nueva dimensión que se agrega con los textos micéni-
cos, que hacen retroceder cuando menos medio milenio la pro-
tohistoria del griego-, había que interpretarlos en su realidad
de textos antiguos, en relación con una cultura que ya no co-
nocemos. Por lo cual el aspecto filológico-histórico disfrutaba
de un puesto de consideración en este estudio. Había, por tan-
to, ciertos preliminares antes de abordar directamente los he-
chos; preliminares que evidentemente no detienen a quien estu-
dia en conjunto el francés, el inglés, las lenguas vivas., No diría
que hubiese entonces un prejuicio contra las lenguas vivas, de
ningún modo. Sólo que la lengua viva era siempre concebida
como resultado de una evolución histórica. Verdad es que te-
níamos delante a un hombre que contaba mucho y cuyo pres-
tigio ha palidecido un poco a estas alturas: Gilliéron, con la
escuela de dialectologia francesa. Gilliéron y sus discípulos
opinaban que precisamente la restitución históricri no alcanzaba
la realidad compleja de la lengua viva y que ante todo era pre-
ciso registrar la riqueza de las hablas, coleccionarlas mediante
cuestionarios y representarlas en mapas.

P. D. Los datos hablados.

É. B. Datos hablados, orales, y representados en mapas; es lo


que se llamaba geografía lingüística. He aquí en cierta manera
los dos polos de la lingüística en los primeros años de este siglo.
En cuanto a Saussure, casi no era leído. Había vuelto a Gine-
bra. Casi de inmediato se había encerrado en el silencio. Sin
duda sabe usted esta historia. Es un hombre que ha actuado
sobre todo después de muerto. Lo que enseñó en materia de
nociones generales, y que entró en el Curso de lingüística gene-
ral publicado por sus discípulos, lo enseñó, sépase bien, a
regañadientes. No hay que figurarse que Saussure fuera un hom-
bre ridiculizado, impedido para expresarse, no. Aún no se ha
hecho la historia de las ideas de Saussure. Habrá muchos docu-
mentos que utilizar, en particular cartas que muestran con qué
estado de ánimo trabajaba. Saussure rechazaba casi todo lo que
se hacía en su tiempo. Hallaba que las nociones corrientes ca-
recían de base, que todo descansaba en supuestos previos no
verificados, y sobre todo que el lingüista no sabía lo que hacía.
Todo el esfuerzo de Saussure -y para responder a la pregunta
que usted me hacía esto tiene importancia decisiva, puede de-
cirse que aquí está el viraje de la lingüística- se concentra en
la exigencia que planteó de enseñarle al linguista qué hace. De
abrirle los ojos al itinerario intelectual que sigue y a las opera-
ciones que practica cuando, de modo en cierta forma instintivo,
razona acerca de lenguas o las compara o las analiza. ¿Cuál es
pues la realidad lingüística? Todo comenzó aquí y fue aquí
donde Saussure planteó las definiciones que hoy se han vuelto
clásicas, sobre la naturaleza del signo lingüístico, sobre los di-
ferentes ejes según los cuales hay que estudiar la lengua, la ma-
nera como se nos presenta la lengua, etc. Pues bien, todo esto
lo elaboró Saussure dolorosamente y sin que nada haya pasado
directamente a su enseñanza, salvo por tres años al final de su
vida, los años 1907 a 1911, durante los cuales, para suplir a un
TSIRUCTURALISMO Y LINGUISTICA 17
colega que se había jubilado, tuvo que dar un curso de introduc-
ción general a sus alumnos. Es el curso que Bally y Sechehaye
publicaron y sobre el cual se ha alzado, directamente o no, toda
la lingüística moderna. Opiiio que algo de aquello, algunos de
los principios fundamentales, debía asomar en las lecciones
que Saussure, muy joven, impartía en París: lecciones de gramá-
tica comparada, sobre el griego, el latín, sobre el germánico eii
particular, pues se ocupó mucho de lenguas germánicas. Y es
claro que desde aquella época padecía Saussure esta obsesión
a la que se entregó aíios enteros en silencio, este interrogarse so-
bre el valor de la lengua y sobre lo que la distingue de todo
otro objeto de ciencia. D e ahí que las ideas de Saussure fueran
más fácilmente comprendidas en Francia, aunque para impo-
nerse hayan tardado tanto como en los demás sitios. Así, pese
a todo, a través de la gramática comparada es toda esta inspira-
ción de lingüística general la que entró en la enseñanza de
Meillet. A partir de entonces, el paisaje se fue modificando, con-
forme poco a poco las nociones saussurianas se afianzaban, o
eraii redescubiertas por otros, o, bajo diversas influencias, sobre
todo en Estados Unidos, surgían ciertas convergencias. Es poco
sabido que hombres coiiio Bloonifield descubrieron a Saussurc
por su cuenta, por ii~uchoque suela tenerse la lingüística esta-
dounidense, y eii especial la corriente bloomfieldiana, por frutos
dc una reflexión independiente. Hay pruebas de que B!ooiiifield
conocía las ideas de Saussure y tenía concieiicia de su inipor-
tancia.

P. D. ¿Esto de Bloomfield nos conduce hacia los afios cuareiita?

É. B. Hay una resefia de Saussure, debida a Blooiiifield, dc 1921.


Muy distinta fue la formación de Sapir, lingüista y aiitropólogo
estadounidense.
Con todo, Sapir redescubrió algunas iiociones cseiicialcs,
coiiio la distinción eiitre foneiiias y sonidos, algo que correspoii-
dc iiiás o mciios a la distiiición saussuriana eiitre leiigua y lia-
hla. Vea usted, corrientes independiciitcs han convergido a fiii
dc cuentas y ocasioiiado el naciiniciito de uiia liiigüística tcón-
ca iiiuy exigente, cnipefiada cii foriiiularsc como ciencia y pro-
grcsando sieniprc cii csta árca ciciitífica. Es ilccir, tratando dc
darse un cuerpo de definiciones, de enunciarse como estructura
orgánica. Esto ha producido orientaciones muy diferentes. Está
por una parte el estructuralismo, que de ahí salió directamente.
Para un lingüista acostumbrado a practicar el trabajo lingüístico
y que desde temprano -es mi caso- tuvo preocupaciones es-
tructuralistas, es un espectáculo sorprendente la boga de esta
doctrina, mal comprendida, descubierta tardíamente y en un
momento en que el estmcturalismo en lingüística era ya para
algunos cosa superada. En mi obra he seguido brevemente la
pista a la suerte Iéxica de este término. En este año de 1968, la
noción de estructuralismo lingüístico cumple cuarenta años jus-
tos. Es mucho para una doctrina en una ciencia que va muy
aprisa. Hoy en día, un esfuerzo como el de Chomsky va dirigido
contra el est~ctiiralismo.Su manera de abordar los hechos lin-
güísticos,es exactamente inversa.
P. D. ¿Es decir que usted identifica el estmcturalismo en lin-
güística con el período en que se procuró sacar a luz las estruc-
turas lingüísticas propiamente dichas?

É. B. Se trató ante todo de rnqtrar en los elementos materiales


de la lengua y, en cierta medida, encima, en los elementos sig
nificantes, dos cosas. los dos datos fundamentales en toda con-
sideración estructural de la lengua. Primero, las piezas del jue-
go, después, las relaciones entre estas piezas. Pero no es nada
fácil, ni aun para empezar, identificar las piezas del juego. To-
memos los elementos no significantes de la lengua, los sonidos.
¿Cuáles son los sonidos de una lengua dada? No del lenguaje
en general, cuestión que no puede planiearse, sino de una leii-
gua dada; esto quiere decir cuáles son los sonidos que tienen
valor distintivo, que sirven para manifestar diferencias de senti-
do. ¿Y cuáles son los sonidos que, aunque existan materialmen-
te en la lengua, no cuentan como distintivos sino solamente
como variantes o aproximaciones de los sonidos fundamentales?
Se aprecia que los sonidos fundamentales tienen siempre iiú-
mero reducido, jamás hay menos de 20 y jamás hay más de 60
o cosa así. No son variaciones enormes, ¿por qué? En todo caso,
cuando se estudia una lengua hay que determinar cuáles son
los sonidos distintivos. Así, que en francés se pronuncie pauvre
ESTRUCTURALISMO Y LINCULSTICA 19
o jmvre no tiene la menor importancia; es sencillamente cues-
tión de origen local, ¿no?, pero que no crea diferencia de sen-
tido. Pero hay lenguas en las que esta diferencia, o algo com-
parable a la diferencia entre p v r e y povre, daría dos palabras
totalmente diferentes. Es la ~ n i e b ade que en este caso la dis-
tinción entre 6 y 3~en francés no cuenta, mientras que en otras
lenguas sería distintiva.

P. D. Y, sin embargo, si en francés dice usted @le y Pmil (ahí


sí cuenta?

É. B. Claro, como en suute y sotte, y por consiguiente es una dis-


tinción que hay que reconocer como fonológica, pero en condi-
ciones por determinar. En francés tenemos @, trátese de pedu o
de pot, poco importa, pero no hay po con o abierta, simplemen-
te porque las condiciones de articulación del francés exigen que
la o final de un monosílabo sea cerrada y no abierta, en tanto
que mmchm y m h & tienen dos fonenlas distintos porque
diferencian dos tiempos del verbo. Ve usted que el asunto es
complejo. Paso a paso, hay que estudiar toda la lengua muy
atentamente para discernir lo que es fonema y lo que es varian-
te. He aquí el nivel no significante, en el sentido de que se ttata
sencillamente de los sonidos. Hay un nivel encima, donde se
aborda el mismo problema desde puntos de vista mucho más
difíciles, cuando los elementos son los significantes o las por-
ciones de significantes y así sucesivamente. De modo que aquí
está la primera consideración: reconocer los términos constitu-
yentes del juego.
La segunda consideración esencial para el análisis estructu-
ral es precisamente ver cuál es la relación entre estos elementos
constituyentes. Estas relaciones pueden ser extremadamente va-
riadas, pero siempre se pueden reducir a cierto número de con-
diciones básicas. Por ejemplo, no es posible que tal y cual so-
nido coexistan. No es posible que tal o cual sonido no sean silá-
bicos. Hay lenguas como el'servocroata en las que sola, como
en krk, forma una sílaba. En francés no es posible esto, es pre-
ciso que haya una vocal. He aquí leyes de estructura, cada len-
gua tiene una multitud. Nunca se ha acabado.de descubrirlas.
Es todo un aparejo sumamente complejo, que se va extrayendo
20 T R A N ~ ~ R M A C I O N EDE
S LA LINGUISTICA
de la lengua estudiada como un objet'o, exactamente como el
físico analiza la estmctura del átomo. Tales son a grandes ras-
gos, muy sumariamente, los principios de la consideración es-
tructural.
.Cuando son extendidos a nociones sociales, la cosa adquiere
un aire mucho más imponente. En vez de a y de 6 se habla de
hombres y de mujeres, o de reyes y servidores. De inmediato los
datos alcanzan una amplitud, y al mismo tiempo una accesibili-
dad que los hechos lingüísticos no pemiiten, considerados en sí
mismos, a su nivel. Es lo que quizás explique que estas nociones
se hayan degradado a partir del momento en que el calificativo
de estmctural ha sido aplicado a realidades distintas de aque-
llas donde naciera. No obstante, al nivel de la reflexión seria,
el itinerario es el mismo, trátese de mitología o de matemáticas.
Un epistemólogo podría mostrar que la misma consideración
ha sido aplicada en lógica, en matemáticas. De hecho, hay una
especie de estructuración de la matemática, para suceder a la
labor más o menos intuitiva que los primeros matemáticos te-
nían por única posible. Todo esto representa en conjunto el
mismo movimiento de pensamiento y la misma manera de ob-
jetivar la realidad. Esto es 1- importante.

P. D.Acaba usted de decirnos que Chomsky rompía con esta co-


rriente de investigación.

h. B. Exacto; él considera la lengua como producción, lo cual es


del todo diferente. El estructuralista tiene que empezar por
constituir un Corpus. Así se trate de la lengua que usted y yo
hablamos, primero hay que registrarla, que ponerla por escrito
Decidamos que está representada por tal o cual libro, por 200
páginas de texto que acto seguido serán convertidas en material,
clasificadas, analizadas, etc. Hay que partir de los datos. En
cambio para Chomsky es exactamente al revés, parte de la pa-
labra como producida. Mas jcómo es producida la lengua? No
se reproduce nada. Al parecer se dispone de cierto número de
modelos. Ahora, todo hombre inventa su lengua y la inventa
toda la vida. Y todos los hombres inventan su propia lengua
en el instante y cada quien de manera distintiva, y cada vez dc
modo nuevo. Dar a alguien los buenos días cada día de la vida,
cs una reinvención cada vez. Con mayor razón cuando se trata
de frases, no son ya los elementos constitutivos los que cuentan,
es la organización de conjunto completa, la disposición original
cuyo modelo no puede haber sido dado directamente y que el
individuo fabrica, pues. Cada locutor fabrica su lengua. ¿Cómo
la fabrica? Es una cuestión esencial, pues domina el problema
de la adquisición del lenguaje. Cuando el niño aprende una vez
a decir que "la sopa está demasiado caliente", sabrá decir "la
sopa no está bastante caliente", o bien "la leche está demasiado
caliente". Construirá así frases donde utilizará en parte estruc-
turas dadas, pero renovándolas, llenándolas de objetos nuevos,
y así sucesivamente.

P. D.Pero ¿no cree usted -sin que pretenda yo que así haya sido
en realidad- que un proceder como el de Chomsky tenía, en
cierto modo, que seguir al estructuralismo, que supone el es-
tructuralismo?

E. B. Es muy posible. Ante todo como reacción, acaso, contra


una consideración exclusivamente mecanista, empirista, de la
estructura, particularmente en su versión estadounidense. En
Estados Unidos el estructuralismo proscribía todo recurso a
lo que llamaba "mentalismo". El enemigo, el diablo, era el
inentalismo, o sea todo lo que se refería a lo que llamamos pen-
samiento. Sólo una cosa contaba, y eran los datos registrados,
leídos u oídos, que podían ser organizados materialmente. En
tanto no bien se trata de un hombre hablando, el pensamiento
es rey, y el hombre está entero en su querer hablar, es su capa-
cidad de palabra. De manera que puede presumirse que hay una
organización mental propia del hombre y que le otorga la capa-
cidad de reproducir ciertos mbdelos, aunque variándolos al in-
finito. ¿Cómo se empalman tales modelos? ¿Cuáles son las le-
yes que permiten pasar de una estructura smtáctica a. otra, de
un tipo de enunciado a otro? ¿Cómo <e invierten a negativas
las frases positivas? ¿Cómo es que una expresión formulada por
medio de un verbo activo puede transformarse en formulación
pasiva? He aquí el tipo de problemas que se plantean los trans-
fdrmacionalistas, pues se trata en verdad de una transformación.
A ese nivel, entonces, y vistas así las cosas, la estructura fone-
mática de una lengua tiene poca importancia. Se trata ante todo
de la lengua'como organización y del hombre como capaz de
organizar la lengiia. Es como se explica que haya en Chomsky
un retorno. bastante curioso a los antiguos filósofos y una espe-
cie de reinterpretación de las nociones de Descartes acerca de
los vínculos entre el espíritu y la lengua. Todo esto es, a la vez,
muy interesante y muy técnico, muy seco, algebraico.

P. D.Pero, hablando, hemos perdido de vista una parte del lega-


do propiamente saussuriano, que disfmta de adelantos conside-
rables; hablo de la ciencia de los signos que preveía, de la se-
miología.

É. B. En efecto, es un gran asunto y que acaso esté aún más a


la orden del día de lo que se sospecha. En realidad, es cosa muy
nueva. Es claro que, cuando se habla, es para decir alguna cosa,
para trasmitir un mensaje. Se sabe también que la lengua se
compone de elementos aislables, cada uno de los cualcs tiene
un sentido y que se hallan articulados de acuerdo con un códi-
go. Son éstos los elementos que los diccionarios catalogan, y al
lado de cada uno de los cuales agregan una defiiiición; dan
pues lo que Ilamaii su sentido. Pero el simple hecho de que exis-
tan diccionarios implica en realidad un mundo de problemas.
¿Qué es el sentido? Si se mira de cerca, se advierte que los dic-
cionarios yuxtaponen cantidad de cosas muy dispares. Si busca-
mos sd, encontraremos una definición más o menos desarrolla-
da del astro así llamado. Si buscamos hacer hdliaremos doce o
quince rúbricas. Buscando en francés fuire en el diccionario de
Littré, hay 80, contando las subdivisiones. (Es el mismo sen-
tido? ¿Hay muchos sentidos? No se sabe.

P. D. Incluso somos los primeros en planteamos este género de


cuestión.

h. B. Absolutamente. Suele decirse entonces que el uso de la


lengua regula todo esto. Pero entonces topamos con cuestiones
fundamentales: ¿Cómo es que la lengua admite esta "polise-
mia"? ¿Cómo se organiza el sentido? Más generalmente, ¿cuáles
son las condiciones para que alguna cosa sea dada como signifi-
ESTRUC~.URALISMO Y LINGW~STICA 23
cante? Todo el mundo puede fabricar una lengua, pero no exis-
te ésta, en el sentido inás literal, en tanto no haya dos individuos
que la puedan manejar nativamente. Una lengua es primero
que nada un consenso colectivo. ¿Cómo es dado? El niño nace
en una comunidad lingüística, aprende su lengua, proceso
que parece instintivo, tan natural cnmo el crecimiento físico de
los seres o de los vegetales, pero lo que aprende, en realidad,
iio es el ejercicio de una facultad "natural", es el mundo del
hombre. La adecuación del lenguaje al hombre es la adecua-
ción del lenguaje al conjunto de los datos que le incumbe tra-
ducir, la adecuación de la lengua a todas las conquistas intelec-
tuales que permite el manejo de la lengua. Se trata de una cosa
fundamental: el proceso dinámico de la lengua, que permite
inventar nuevos conceptos y por consiguiente rehacer la lengua,
sobre el!a misma en cierto modo. Pues bien, todo esto es el
dominio del "sentido". Por lo demás, están las clases elementa-
les de sentido, las distinciones que la lengua hace constar o no,
así las distinciones de color, por tomar un caso clásico. No hay
dos lengua? que organicen los colores de la misma manera. ¿Di-
fieren acaso los ojos? No, es la lengua lo diferente. Por consi-
guiente, algunos colores no tienen "sentido" en cierto modo,
otros, en cambio, tienen demasiados, y así por el estilo. Aquí,
de paso, siento la tentación 4 s lo que trato de elaborar en
este momento- de introducir distinciones. Se ha razonado con
la noción de sentido como si fuera dna noción coherente, que
operase únicamente en el interior de !a lengua. Planteo, de he-
cho, que hay dos dominios o dos modalidades de sentido, que
distingo respectivamente como semiótica y semántica. El signo
saussuriano es en realidad la unidad semiótica, o sea la unidad
dotada de sentido. Se reconoce lo que tiene'un sentido; todas
las palabras que hay en iin texto francés tienen, para quien po-
see esta lengua, un sentido. Pero importa poco que se sepa cuál
es dicho sentido y no hay que cuidarse de ello. Tal es el nivel
semiótica: ser reconocido como poseedor o despojado de sen-
tido. Esto se define diciendo que sí o que no.

P. D. En tanto que la semántica.. .

E. B. La semántica es el "sentido" resultante del encadenamien-


to, de la adecuación a la circunstancia y del ajuste de los dife-
rentes signos entre ellos. Es absolutamente imprevisible. Es un
abrirse al mundo. En tanto que la semiótica es el ~ n t i d ocerra-
do sobre sí mismo y contenido, en cierto modo, en' sí mismo.

P. D. Es decir que, en suma, el sentido semiótica es un sentido


inmediato. En cierta manera sin historia ni ambiente.

É. B. Sí, así es. Se determina por unidad aislada: se trata de ave-


riguar, por ejemplo, si la palabra r6le es aceptada como signi-
ficativa. Sí, r6le sí; ril no.

P. D. E n francés, no.

É. B. En francés ril no significa nada, no es significante, en tanto


qiie rdle sí. H e aquí el nivel semiótico, es un punto de vista muy
distinto del de distinguir el r6le de la ciencia en el niundo, el
r6le de tal actor. Éste es el nivel semántico: esta vez hay que
comprender y distinguir. Es en este nivel donde se manifiestan
los 80 sentidos del verbo faire o del verbo prmdre. Son acep-
ciones seinánticas. Es cosa, pues, de dos dimensiones del todo
diferentes. Y si no se empieza por reconocer esta distinción, me
temo que no se sale de la vaguedad. Pero esto no pasa de ser
una visión personal, que falta demostrar. Tenemos que elabo-
rar poco a poco todo un cuerpo de definiciones en este inmenso
dominio, que no comprende nada más la lengua. Y esto me
lleva a la cultura. La cultura es también un sistenia que distin-
gue lo que tiene un sentido y lo que no lo tiene. Las diferen-
cias entre las culturas se reducen a esto. Tonio un ejemplo que
no es lingüístico: para nosotros el color blanco es un color de
luz, de alegría, de juventud. En China es el color del luto. He
aquí un ejemplo de interpretación de sentido en el seno de la
cultura; una articulación entre cierto color y cierto comporta-
miento y, por último, un valor inherente a la vida social. Todo
ello se integra en una red de diferencias? el blanco, el negro,
no valen en la cultura occidental como en la cu!tura extremo-
oriental. Todo lo que es del dominio de la cultura participa en
el fondo de valores, de sistemas de valores. De .articulación eii-
tre los valores. Pues bien, tales valores son los que se imprimen
~ < S I ~ R ~ J C T ~ R AYL L
I SI N
~C~~~S~ICA 25
eii la lengua. Sólo que es un trabajo muy difícil sacarlos a relu-
cir, porque la lengua arrastra toda suerte de datos heredados;
la lengua no se transforma automáticamente a medida que la
cultura se transforma. Y esto es justamente lo que provoca a
~iitnudola panoplia semántica. Considere usted la palabra fraii-
cesa homme (tomo el primer ejemplo que me pasa por la cabe-
z a ) . 'Tiene usted por una parte el empleo del término como de-
signación; por otra, los nexos de que es susceptible esta palabra,
Iiomme, y que son muy numerosos. Por ejemplo, el honndte
homme, concepción que data de cierta fase del vocabulario, que
se remonta a un aspecto de,la cultura clásica francesa. Al mismo
tiempo, una locución como je suis votre homme se refiere a la
edad feudal. Ahí tiene usted una estratificación de cultura que
deja rastro en los diferentes empleos posibles. Todos éstos es-
tán comprendidos hoy por hoy por la definición de la palabra,
porque son aún susceptibles de ser empleados con su verdadero
scntido en la misma fecha. Vemos aquí el correlato de una de-
finición acumulativa de las cultiiras. A nuestra cultura de hoy
está integrado todo el espesor de otras culturas. Es por aquí
por donde la lengua puede ser reveladora de la cultura.

P. D. Hay una noción muy importante que ha subrayado usted


diciendo que el hombre no nacía en la naturaleza sino en la
cultura. Creo que una de las rupturas entre la lingüística tal
conio usted la practica y -digamos- sus orígenes en el siglo
XVIII es que los primeros lingüistas tenían la idea de que la len-
gua partía de la naturaleza y trataban de dar con procesos natu-
rales de invención de la lengua por el hombre.

É B. Sí, y en los mismos principios del siglo pasado, en particu-


leir durante la primera fase de descubrimientos que permitía la
gramática comparada, hubo la idea de que se estaba ascendien-
do a los orígenes del espíritu humano, de que estaba siendo
captado el nacimiento de la facultad de lenguaje. Se pregunta-
han entonces si habría nacido primero el verbo o el nombre.
Eran planteadas cuestiones de génesis absoluta. Hoy se aprecia
que semejante problema no tiene la menor realidad científica.
La gramática comparada, aun la más refinada, la que benefi-
cia las circunstancias históricas más favorables. como la de las
26 TnANSFURMACiONES DE LA LINGW~SI
ICA

lenguas indoeuropeas, antes que la de las semíticas, atesiiguadas


con todo desde fecha miiy antigua, sólo nos entrega en su re-
construcción un trecho de unos cuantos milenarios. Es decir,
una fracción muy pequeíia de la historia lingüística de la hu-
inanidad. Los hombres que hacia el decinioquinto milenio an-
tes de nuestra era decoraban las cavernas de Lascaux, eran geii-
te que hablaba. Es evidente. No hay existencia comhn sin len-
gua. Es imposible por consiguiente fechar los orígenes del Ien-
guaje, ni más ni menos que los de la sociedad. Pero nunca sa-
bremos cómo hablaban. 'I'enenios la certidiimbre de que iii la
reconstrucción más audaz nos deja alcanzar nada que sea niiiy
elemental. La idea de que el estudio lingüístico revelaría el len-
guaje como producto de la naturaleza no puede ser ya sostenida
hoy. Siempre vemos el lenguaje en el seno de una sociedad, en
el seno de una c~iltura.Y si he dicho que el hombre no nace en
la naturaleza sino en la cultura, es que todo niño en toda época,
desde la prehistoria más remota hasta ahora, aprende necesaria-
niente con la lengua los rudimentos de una cultura. Ninguna
lengua es separable de una función cultural. No hay aparato
de expresión tal que se pueda imaginar que un ser humano
fuera capaz de inventar solo. Las historias de lengiiaje inven-
tado, espontáneo, fuera del aprendizaje huniaiio, son fábulas.
El lengiiaje sienipre ha sido inculcado a las criaturas huina-
nas, y sienipre en relación con lo que se llaman realidades,
que son realidades definidas, por necesidad, como elementos de
cultiira.

P. D. Realidades definidas, en cierto modo, bajo dos aspectos,


por tina parte la línea hereditaria, puesto que !a .cultura es una
cosa que se hereda y trasmite conocimientos adquiridos, pero
también, por otra parte, el ambiente inmediato, el presente.

É. B. E n absoluto; y lo que el niiío adquiere, aprendiendo, como


se dice, a hablar, es el mundo en el cual vive en realidad, que
el lenguaje le entrega y sobre el cual aprende a actuar. Apren-
diendo el nombre de tina cosa, adquiere el medio de obtenerla.
Empleando la palabra actúa, pues, sobre el mundo y muy pron-
to, se da cuenta oscuramente. Es el poder de acción, de trans-
formación, de adaptación, lo que es la clave de la relación hu-
ESTRUCTURALISMO Y LINCU~S.L.ICA 27
mana entre la lengua y la cultura, una relación de integración
necesaria. Y de paso respondo también a la pregunta que me
planteaba usted acerca del papel de la lingüística como ciencia
piloto. En la vida de relación hay la diferencia de que la lengua
es un mecanismo inconsciente, en tanto que un comportamien-
to es consciente: se cree que se comporta uno de tal o cual ma-
nera por razones que se eligen o, cuando menos, que puede uno
elegir. En realidad no es esto lo importante sino el n~ecanismo
de la significación. Es en este nivel donde el estudio de la len-
gua puede tornarse ciencia piloto, ilustrándonos acerca de la
organización mental que resulta de la experiencia del mundo o
a la cual la experiencia del mundo se adapta, no sé bien cuál de
las dos cosas. Hay, en particular, una manera de organizar rela-
ciones lógicas que aparece muy pronto en el niño. Piaget ha
insistido mucho en esta capacidad d e formar esquemas opera-
tonos, y esto va aparejado a la adquisición de la lengua. Esta red
compleja reaparecería a nivel profundo en los grandes meneste-
res intelectuales, en la estructura de las matemáticas, en las re-
laciones que constituyen el fundamento de la sociedad. Opino
que algunos conceptos marxistas pudieran ir ingresando a su
vez, ya debidamente elaborados, en este círculo de nociones ar-
ticuladas por las mismas relaciones básicas de las que la lengua
ofrece la imagen más fácilmente analizable. Pero hago mal en
hablar de todo esto como de teorías ya expuestas que bastaría
con buscar en un libro, cuando que son cosas en las que refle-
xiono, pero que aún están en elaboración.
P. D. La historia que acaba usted de contar se origina en el tiem-
po de la lingüística comparada. Se procuraba entonces, en el
fonda, merced a la comparación de las lenguas más antiguas
a nuestro alcance, reconstituir aquel mecanismo del, espíritu
humano, o al menos sus mecanismos fundamentales. Y se ad-
vierte que luego de echar por tierra muchos métodos y direccio-
nes de investigación, la lingüística a fin de cuentas vuelve a su
objeto primitivo, pero por caminos del todo diferentes, que creo
mucho más científicos.
E. B. Mucho más científicos, pues no se trata ya de los orígenes
sino de los fundamentos, y e11 el fundamento de todo está la
simbólica de la lengua como poder de significación.
28 T K A N S ~ Q R ~ ~ A C I O N EDE
S LA I.INCU~S.I.ICA

P. D. La simbolización.

É. B. La simbolización, el hecho de quc precisaiiiente la lengua


sea el dominio del sentido. Y, en el fondo, todo el riiecanismo
de la cultura es un mecanismo dc carácter sinibólico. Danios un
sentido a ciertos gestos, no danios ~iiiiguiioa otros, en el inte-
rior de nuestra cultura. Así es, pcro ¿por qué? Será cosa de iden-
tificar, de descompoiier y luego clasificar los eleiiientos signifi-
cantes de nuestra cultura, es un trabajo todavía por hacer. Se
requiere iina capacidad de objctivación bastante rara. Se vería
entonces que hay como una semántica que pasa por todos estos
elementos de cultura y qiie los organiza -que los organiza en
varios niveles. Está luego la manera conio estos elementos se
rigen unos a otros en su valoración, el prcdominio que hoy se
concede a algunas iniágenes: la jerarquía que sc establece entre
valores nuevos. La importancia que ganan hoy por hoy, diga-
mos, ciertas cuestiones de generación; hace treinta años, la no-
ción de juventud no tenía para nada el iiiismo sentido que hoy.
Hay un corrimiento completo que afecta a todos los elementos,
materiales o no, de la cultura, que va desde el vestido, la acti-
tud, hasta los fines últinios de la vida. La jerarquía, la acción
recíproca de estos valores, y por consiguiente los modelos que
uno se propone, los objetos que uno anhela -todo se cstá mo-
viendo dentro de nuestra ciiltiira, que ya no tiene nada en co-
mún con 1910 o 1930.

P. D. Es decir que ahora, eii cierto modo. ~ i o


sólo la lingüística
se halla situada en la situación central de que coiiienzainos ha-
blando, con ese carácter de ciencia piloto, sino también qiie se
vuelve indisociable del conjunto de las ciencias humanas.

É. B. Se hace indisociable, en efecto, sobre todo en virtud del


hecho de que otras ciencias confliiyen con ella en pos de mode-
los paralelos a los suyos. Puede suministrar a ciencias cuya mate-
ria es más difícil de objetivar, como la culturología -de admi-
tirse el término-, modelos que ya no habrá por fuerza que
imitar mecánicamente, sino que procuran cierta representación
de un sistema combinatorio, de suerte que estas ciencias de 13
cultura puedan a su vez organizarse, formalizarse a la zaga de
la lingüística. En aquello que ya ha sido intentado en el campo
social, la primacía dc la lingiiística es abiertamente reconocida.
No es cii iriodo alguiio a causa de uiia superioridad intrínseca,
sino sencillamente porque con la lengua estanios en el funda-
rncnto de toda vida de relación.

P. D. Quisiera plantearle uiia pregunta que se me ocurre eseu-


cháiidolo, y que en el fondo. crco yo, sc dirige muy naturalmen-
te al, universitario que es ustcd. ¿Opina usted qiie la ensefianza
de la lingüística, quiero decir la enseñanza universitaria ordina-
ria como existía, diríamos, aiites de los aconteciniientos, era
coherente coi] lo que acaba usted de decir acerca del papel de la
linguística eii las ciencias humanas?

É. B. Por desgracia, en la universidad se arrastra una carga muy


pesada; se está ( o se estaba) sometido -ignoro qué quede- a
constrefiimientos arcaicos, los de los exámenes, de los progra-
mas, etc. Con todo, son nunierosos los lingüistas que desean
renovar las enseñanzas en la universidaa. Pertenezco, como us-
ted sabe, al College de Frarice, donde se dispone por este lado
de completa libertad, en vista de que no hay que someterse a
ningún programa y de que, por el contrario, es preciso que un
curso nunca se repita, a más de que no baya tanipoco respon-
sabilidad de cxanienes, dc colación dc títulos; sólo se es respon-
sable ante la c<encia y tino niismo. Ahora bien, me Ilaina mucho
la atención ver que desde diferentes rumbos se iiiira hacia la
lingüística, hay entre los jóvenes uiia curiosidad muy viva hacia
las nuevas ciencias humanas. Se aprecia, tanto en filosofía como
entre quienes tienen concieiicia de la realidad de las ciencias
sociales, de sil especificidad, una comprensióii que es 1111 fenó-
iiieiio nuevo. De suerte que la leiigua no aparece como lo hizo
tanto tieiiipo, coiiio tina csprcialidad al lado de otras, paralela,
~ J U O no niás iniportante. Esto alimenta la esperanza de que, en
los planos un poco idcales que se elaboran, las cosas hallarán
su nivel real, aunque. . .

P. D. Ilabrá quc ver

É. B. No sé bieii cóiiio iiiarcharáii las cosas, pero lo iiiiportantc


es esta noción de ciencia humana que, ahora, está en condicio-
nes de tornarse organizadora, de reunir reflexiones dispersas,
en muchos hombres que aspiran a descubrir su hogar común.
Es muy importante. De manera general, estamos en la época
de las tomas de conciencia. Acaso, en el fondo, lo que caracte-
rice a toda la cultura moderna sea que se vuelva más y más
consciente. Cuando se ve cómo la gente razonaba, imaginaba
y creaba, en los siglos pasados y aun a principios del presente,
se nota que ha cambiado algo, y las manifestacioiies, las crea-
ciones más espontáneas hoy en día (no sé si esté bien o mal,
usted está mucho mejor situado que yo para juzgar) implicaii
una porción de conciencia mucho mayor que en otro tiempo.

P. D. Creo que tiene usted razón.

É. B. Hasta el artista trata de comprender lo que hace, no es ya


instrumento de la inspiración.

P. D. Creo que está dando usted una buena caracterización del


arte moderno. . .

É. B.Es muy nuevo. . . y no creo que esto altere las calidades de


la invención; saber qué es rechazado y por qué, puede estimular
a la conciencia hacia lo que hay que inventar, y ayudar a des-
cubrir los marcos en los que puede ser inventado.

P. D. Por supuesto.

É. B. Pues me parece que en el fondo es ahí donde encontramos


el problema que la lengua nos ha enseñado a ver. Al igual que
no hablamos al azar, quiero decir: sin marco, que no produci-
mos la lengua fuera de determinados marcos, de ciertos esque-
mas que poseemos, así creo que el arte ya tampoco se produce
fuera de marcos o esquemas diferentes, pero que existen tam-
bién. Y que se reforman o que renacen en la medida misma en
que se adquiere conciencia de lo periclitado. Esta toma de
conciencia es ya una vía abierta hacia el nuevo siglo. Actualmen-
te, lo cual me llama mucho la atención, se ve deshacerse el si-
glo xx, deshacerse muy de prisa.
ESTRUCTURALISMO Y LINGÜ~STICA 31
P. D. Sí, tiene uno la iiiipresión de estar ya más allá. . .
É. u. Muy claraniente. Se tiene la sensación de haber atravesado
una de esas fases de traiisfomiación en algunas semanas, aun si,
como pasa también, hay retrocesos n~omentáneos. Verdad es
que nunca es fácil pasar de un siglo al siguiente, ni de una for-
nia de cultura a la siguiente, pero me parece que la época favo-
rece tales tomas de conciencia por el hecho mismo de que tantos
valores aceptados vuelven a estar en tela de juicio, y hasta los
sistemas de producción.

P. D. Esto me parece una buena conclusión.


2. ESTE LENGUAJE Q U E HACE LA HISTORIA '

cuy DUMUR. Nunca se habló tanto de lingüística. Con todo, poca


gente sabe de qué se trata.

ÉMILE BENVENISTE. La lingüística es el intento de apresar ese


objeto evanescente que es el lenguaje, y de estudiarlo a la nla-
nera como son estudiados los objetos concretos. Se trata dc
transformar las palabras que vuelan -las "palabras aladas" que
decía Homero- en una materia concreta, que es estudiada, di-
secada, cuyas unidades son deslindadas, aislados los niveles.
Tal es siquiera una tendencia de esta disciplina, de una lingüís-
tica que procura constituirse como ciencia; es decir, que trata pri-
mero de constituir su objeto, de definir el modo como lo exa-
mina e intenta luego forjar los métodos apropiados para cer-
nir, analizar esta materia.

c. D. ¿En qué se distingue la lingüística de las antiguas ciencias


del lenguaje como, por ejemplo, la gramática, la filología o la
fonética?

É. B. La lingüística pretende englobar todo esto y trascenderlo.


Todo lo que ataíie al lenguaje es objeto de la lingüística. Algu-
nas de las disciplinas que menciona usted, la filología en parti-
cular, no se ocupan sino del tenor de los textos, de su trasmi-
sión a través de las edades, etc. La lingüística se ocupa del fe-
nómeno que constituye el lenguaje y, por supuesto, sin descui-
dar la porción del lenguaje que se traiisfom~aen cscrito. Las
preocupaciones del filólogo no son las del linpuista, por mu-
cho que éste aporte a aquél una ayuda iiidispenaable, en parti-
cular cuando es cosa dc interpretar textos en lenguas dcsapare-
cidas, ya que el lingüista tiene necesidad de conocer el mayor
número posible de lenguas para definir el leiiguaje. Es ésta uiia
1 Plátim recogida por Cuy Diiiiiur en Le Nouvel ohservateiir, especial literario, ~iiliii.
210 bis (20 de noviembre a 20 de dicienthrc de 1968). pp. 28-34.
1321
FSTE LENGUAJE Q U E HACE LA HISTOR!A 33
de las direcciones por las que se adentra la lingüística. Podría
decirse que es una dirección positiva -hay quien dice positivis-
ta-, con todas las implicaciones que este término acarrea.

c. D. La lingüística es una ciencia reciente, pero tiene una histo-


ria, un comienzo.

É. B. De liecho la lingüística ha tenido varios comienzos. Más


de una v a se ha reiniciado y reengendrado a sí misma -no sin
darse antecedentes cada vez. Hablando en absoluto, para nos-
otros, occidentales, la lingüística nació en Grecia, cuando los
filósofos más antiguos, contemporáneos del despertar del pen-
saiiiiento filosófico, empezaron a reflexionar acerca del instm-
mento dc la reflexión, y por consiguiente acerca del espíritu y
el lenguaje. Hubo otro comienzo en la Edad Media, cuando
a través de las categorías aristotélicas vuelve a iniciarse la defi-
nición de los fundamentos del lenguaje.
Iloy se descubre otro comienzo, fuera.y niuy lejos del i~iuiido
clásico: es la teoría hindii de PZnini. Es cosa extraordinaria,
una descripción lingüística puramente formal que data, según
la estiiiiación más prudente, del siglo IV antes de nuestra era.
l'31)ini. aquel gramático hindú, tomó como objeto la lengua
sánscrita. No dice palabra de especulación filosófica; es sólo
un análisis formal de los elementos constituyentes de la lengua
(palabras, frases, relaciones entre las palabras, etc.). Es un tex-
to sumaniente ardua, de una densidad increíble (cuando es tra-
ducido hacen falta diez palabras de glosa por palabra de texto),
pero esta concisión es cosa buscada, pues era un conjunto de
fórnitilas por memorizar, destinado a una ensefianza. oral que
los maestros se trasmitían y enriquecían con. comentarios. Este
texto es conocido en occidente desde mediados del siglo xix,
cuando se empezó a interpretarlo, y hoy suscita de nuevo in-
terés. Insisto niucho en el punto porque ahí está ya el ante-
pasado de las indagacioiies científicas de hoy. Esto es válido
cii partictilar a propósito de la escuela estructuralista, que de-
seaba apartar el "mentalisn~o" (que introduce en el estudio de
lenguaje nociones psicológicas), para atenerse al registro y al
anilisis fornial de un cuerpo de textos. Disociando las unidades
del lenguaje se trataba dc ciicoiitrar los eleiiieiitos de una es-
triiciiira v de describirlos en su articulación: constitiición vocá-
.iic:~
.
I. chisonántica d e las formas, distribución estadística de
t \ i o s clcriientos, naturaleza de las sílabas, longitud de las pala-
!>its,aiiálisis de estos elementos, análisis dc los tonos si se tra-
t.: <Icl cliirio, de la acentiiación si es una Iciigua qiie tiene aceii-
:]s. listo es el estudio de la lengua conio sistciiia foriiial. Y es
.oiitra semejante concepción contra lo que reacciona iiii lin-
r:iiista conio Chomsky. Hoy en día esta reacción no es ya indi~
i.ir::i;il sino colectiva. En esta investigación de los orígencs dc la
'.::-iiistica a lo largo de la historia, Chomsky ya no se enipalnia
:i !';ii!irii sino a Descartes. Sabe usted que Chomsky es autor dc
I:iritc,+;utii Linguistics, que va a ser traducida al fraiicés, y rcdcs-
:*iiiue en las consideraciones de Descartes sobre el funcioiia-
i::iento de la mente la justificación filosófica de lo que por sil
;;i:tc llama "gramática gcnerativa"

. , D Entre los comienzos, y por atenernos a la cronología t r i ~


\ i 1 1 . \,olvanios a S a u s s ~ r e . ~

. <! Szussure no es un comienzo, cs otra cosa, es otro tipo <le


r ,-;>:it:nzo. Sil aportación consiste en esto: "El lerigiiaje -dice-
C.: f:ir!na. 110 sustaricia." No hay absolutamente nada dc sustaii-
..i.ii c.11 el lenguaje. Todas las ciencias de la naturaleza hallan
::I cihleto constituido de punta a cabo. La lingüística, por sii
:! .rtc -y es lo que la diferencia de toda otra disciplina científi-
: se ocupa de una cosa que no es objeto ni sustancia, pero
-

es forma. Si no hay nada de sustancial en el lenguaje, iqiik


. Ii> que hay? Los datos del lenguaje no existen sino por sus
',f.:-ciicias, no valen más que por sus oposiciones. Puede con-
:.i:!!,larse un guijarro en sí, sin dejar de colocarlo en la serie de
. .: i~~iiierales. En cambio una palabra, por sí sola, no significa
!:colutaiiiente nada. Sólo por oposición, por "vecindad" o por
.....,!*.. ;inciación
, con otra, un sonido por relación con otro sonido.
- 5 ; sucesivaniente.
1.2 historia, para Saussure, no es por necesidad una diniensióii
4, la lengua, no es sino una de las dimensiones posibles y no
. . 1 1 historia lo que hace vivir el lenguaje, antes a la inversa.

.i.,ir rijrsor de litigiiistirr. piiblicador derpuLs dc su iiiuerte, datan de 1907-1911


ESTE 1.F.NGOAJE QUE HACE L A HISTQRIA 35
Es el lenguaje el que, por su necesidad, su permanencia, cons-
tituye la historia.
Saussure reaccionó contra la consideracióii histórica que impe-
raba en la lingüística cuando él escribía. Ciertamente, segui-
iiios, 1101 ejemplo, la historia del francés, durante cierto níime-
ro de siglos, gracias a los textos que han sido consignados por
escrito; podemos pues seguir el curso de lo que llamanios una
Iiistoria, un desenvolvimiento de acontecimientos en el tiem-
po, mas el lenguaje, en su funcionamiento, no conoce iiing~ina
rcfercncia histórica, en absoluto: todo lo que decimos está
comprendido en un contexto actual y en el interior de discur-
sos que son siempre ~iiicrónicos.~ No se niezcla la menor partí-
cula de historia al uso vivo de la lengua. He aquí lo que Saussure
quiso afiriiiar. A estas alturas, esto ya no sorprende a nadie; cuan-
do lo enunció, hace unos sesenta aiios, cuando la lingüística
llevaba la impronta de una concepción histórica, diacrónica, de
la lengua -cada lengua era considerada como una etapa en un
devenir, y descrita como tal-, era una novedad iniportante. Ha-
blaiido, nos referimos a situacioiies que son sieiiipre situaciones
presentes o situadas en funcióii del presente, de suerte que,
cuando evocamos pasado, es siempre eii el seno del presente. Si
podemos hablar, si nuestra lengua nos da manera de construir
frases, es porque uninios palabras que valen a la vez por los
siiitagiiias4 y por sil oposición. Saussure se dio cuenta de que
hay, así, dos ejes eii la manera de ver la lengua, a los que Ilainú
sincrónico y diacrónico. Hacemos dos cosas al hablar: dispone-
1110s palabras; todos los eleiiientos de estas ordenaciones repre-
sciitaii cada 11110 una elección entre varias posibilidades; cuaii-
do digo "soy", he eliminado "sois", "era", "seré", ete. Es pues,
de iiiia serie que se llama paradigma, una fonna la que elijo,
y así para cada porción de un enunciado que se constituye en
srntagma. Aquí tiene usted el principio y la clave de lo qiie se
Ilaiiia estructiira. Para alcanzarla es preciso: 1) aislar los ele-
.' "La Ii~~gnirt;raincr6r>io se ociipará dr Iss ~rlanoner Ikicar y psiml6giear que
iiiira tdrixiinos coeristcntcr ). que fonnan sistema, tal mmo aparecen n 11 mncicncia
colectiva. La lixigiiirtica discrónica estudiara por cl mntrario lar rclaciancr que unm
tCriiiiiios sucerivos rio apercibidos por tina ~iiirrna mncicncia mlectiva. y que K ic-
cti,plaraii utiur S otros sin foriiiar sirteiiii entre si." (Sauaurc. 'trad. de A. Alonso.)
' Grupo de palabras que foniiaii uiin unidad dentro de una fr.=.
36 TRANSFORMACIONES DE LA L I N G W ~ S T I C A

mentos distintivos de un conjunto finito; 2 ) establecer las leyes


de combinación de estos elementos.
Cuanta vez se dispone de estas posibilidades, se construye
una estructura. La sociedad es una estructura: hallamos en ella
elementos dispuestos de cierto modo; tenemos hombres y inu-
jeres de distintas edades, en diferentes situaciones, en diferen-
tes clases; por lo tanto, tenemos ya laS identidades y las diferen-
cias que permiten constituir un juego, y la primera caracterís-
tica de un juego es que haya un número limitado de piezas;
luego, hace falta que cada elemento sea otra cosa que el otro:
que sacerdote sea cosa distinta de obrero y obrero cosa distinta
de soldado, y así sucesivamente. Puede intentarse constituir
una especie de combinatoria con estos elementos. Así es como
el problema se plantea teóricamente.

c. D. ¿Yel signo, el valor simbólico del lenguaje? El sistema que


acaba usted de describir es positivismo. . . ¿En qué momento
interviene la ~emiología?~

É. B. Estamos aquí ante el problema esencial de hoy, el que va


más allá de lo que corrientemente se entiende por estructura-
lismo, con todo y que el estructuralismo lo implique. ¿Qué es
el signo? Es la unidad de base de todo sistema significante. Tie-
ne usted un sistema significante, que es la lengua. Pueden en-
contrarse otros. Saussure citó dos o tres: el lenguaje de los sor-
domudos, por ejemplo, que opera con otras unidades, las ges-
tuales; citó igualmente, y es más discutible, el ritual de los ges-
tos de cortesía. Pero es un repertorio limitado: no puede decir-
se con gestos de cortesía todo lo que el lenguaje permite decir
pero, a grandes rasgos, es del mismo orden. H e aquí sistemas
significantes. La sociedad por sí misma no puede ser dicha si
se la toma en bloque como sistema significante.

c. D. Se ha interesado usted en el lenguaje de las abejas, tal


como permiten estudiarlo los trabajos de Von Frisch. ¿Es del
mismo orden?
"Ciencia que estudia la vida de los signos en d seno de la vida social." (Satis-
surc.)
É. B. Ese lenguaje tiene una significación. Por lo que alcanza-
mos a entenderlo, las danzas de las abejas representan alguna
cosa y sus compañeras lo comprenden. Este lenguaje es signi-
ficante porque dicta un comportamiento que verifica la perti-
iicncia significante del gesto. En cambio, si hago un gesto para
abrir un libro, es un gesto útil pero no significa, no tiene alcan-
ce conceptual.
En sentido estricto, el estructuralisnio es un sistema formal.
No dice absolutamente nada acerca de lo que llamamos la signi-
ficación. La ponemos entre paréntesis. Suponemos que todo
el mundo comprende que si decimos: "Usted tiene hambre"
ponemos "tiene" a causa de "usted". Hay pues una combinato-
ria con ciertas correlaciones codificadas, fijadas por un código
de convención: usted va con tiene y no con tenemos. Pero ¿qué
significa "tener"? Cuando digo: "Usted tiene razón", el verbo
"teiier" ¿significa lo mismo que si digo: "Usted tiene frío"?
Esto no interesa en lo más mínimo al estructuralismo: interesa
a la semiología.

c. D. Pero jno son confundidos a menudo semiología y estruc-


turalismo?

E. B. Tengo la impresión de que en las discusiones a las que alu-


de usted se confunden muchas cosas. Lo que más se echa de
iirenos es rigor en el empleo de los términos y conocimiento
de los límites dentro de los cuales quieren decir algo: son con-
ceptos operatorios. No hay que tomarlos por verdades eternas.

c. D. La lingüística se alimenta de cierto número de ciencias, o


al menos de observaciones, y pienso que una de las primeras
cosas que han servido a la lingüística fue la gramática compara-
da, la coniparacióii de lenguas entre ellas, incluyendo las len-
guas "primitivas".

t.. B. Es exacto, salvo que hoy ya no se emplea la palabra "pri-


iuitivo", conio tampoco la expresión "sociedades primitivas". . .
Ilasta los alrededaes de 1900 puede decirse q u e hubo prima-
cía de las lenguas Lndoeuropeas. Seguimos su historia durante
iiiilenios; tienen literaturas muy bellas, muy ricas. que nutren
el humanismo; de ahí que hayan sido privilegiadas. Hacia 1900
'hubo gente, particularmente estadouiiidenses, que dijeron: "L.os
conceptos de ustedes son irreales o, en todo caso, muy parcia-
les, no tienen ustedes en cuenta más que una parte del mundo
lingüístico: el mundo indoeuropeo. Hay multitud de lenguas
que escapan a sus categorías." Esta ádvertencia fue niuy útil
y estas lenguas, sobre todo las lenguas indígenas de Arnérica,
que he estudiado personalmente, resultan muy instructivas por
lo que nos hacen conocer en materia de tipos de categorización
semántica y de estructura rnorfológica, rotundaineiite difcreii-
tes de lo que los lingüistas forn~adosdentro de la tradicióii
clásica consideraban inherente al espíritu humano.

c. D. Teniendo en cuenta esas diferencias fundamentales, iplie-


de hablarse de psicologías diferentes? Dijo usted hace uii 1110-
mento que el leiiguaje es un hecho en sí, que nada debe a la
liistoria.

É. B. En su ejercicio. Pues por otra parte toda lengua es sieiii-


pre una lengua heredada y tiene un pasado detrás. No hay razón
para pensar que las lenguas de los aborígenes de Aiistralia teii-
gan detrás menos pasado que las indoeuropeas. Sólo que no
hay testinionio escrito de ese pasado. Es la gran escisión en la
humanidad: hay pueblos que tienen lenguas escritas, otros
que no.

c. D. A propósito de esas lenguas no indocuropeas, ¿qué puede


aportar a la lingüística un antropólogo como Lévi-Strauss?

É. B. Siempre es útil ver cómo un etnólogo conceptualiza las


categorías sociales, puesto que, en esas lenguas, estanios niuclio
más cerca de la representación social que en las lenguas nues-
tras, mucho más desprendidas de su objeto. En nuestras socie-
dades hay una capacidad de distaiiciarniento, de abstracción en-
tre la lengua y los objetos concretos que describe. Puedeii cons-
truirse lenguas sobre lenguas, lo que se llaman nietaleiiguajes,
lenguas que sirven para describir una lengua, y tal es sii sola y
única funcióri.
i:Sl'L I.FiYGiIAJI, Q i l l . HACE LA H I S I O K I A

c.. D. ¿Podría poneniic uii ejeriiplo?

i. B. La lengua de la gramática, que dcscribe el uso de 1:is fui L I , ~ ~


de la lengua, es un nietalcnguaje: Iiablar de sustantivo, (!!: : ii
verbio, de vocal, de consonante, es Iiablar uii rnctalciigii,.l~c.
'Todo cl vocabulario del inetalenguaje no halla aplicación i:i:i\
qiic en la leiigua. Este inetalengiiaje puede a su vez scr cirsiiil:,
cii iina leiigua "foriiializada" en sirnbolos lógicos, plaiiteuLidi.
las relacioiies de iiiiplicacióii entre tal o cual categoría liiigiií::~
tica. Por ejemplo, en el verbo francés la persona está iirip1i:a-
da: no puede emplearse una forma verbal (salvo el iiifiriitivo)
quc iio acarree referencia a la persona. Tal pasa cii ira11c~~s,
pcro iio forzosaiiieiitc por doqiiier.
Con esto so11 ya dos iiivelcs. Con una iiientc más 1lcv:iii.i n 1:s
siiiibolizacióii niateniática, es posil~lc alc:iiizar otro ni\cl : i r ,
abstraccióii. E n cambio, lo que se conoce de las leiigiias de 1.:.
sociedades arcaicas son textos, trasiiiitidos oralmente, Ic!ciida:
o iiiitos, son textos tradicioiiales, iio siiiiplcs iilirracioiiis. l! i
tiialcs que sirven para que llueva, para que crezcan las p!:.,iit.is.
Eii este sentido, se está iiiucho inás cerca de la realidad vivids.
de la cxpcrieiicia. Sin ir iiiás lejos, los ariálisis de los ctir~igr:tic,
~~ircdeii resultar muy esclarccedores.

c. D. Hay otra disciplina que ha prcstado servicios a la i!i.::,i'


tica: cl psicoaiiálisis. ¿No hay en Frcud rcflcxioiics q11c i:.,, 2~

iiieii acerca del funrionaniieiito del lciiguaje?

¿. u. No son iiiiiy nuiiierosas, pero todas soii iiiipoítaiito, :til;'..


tivas, iiistructivas, auiique iio concierna11 sino al leiiguajc ordi
iiario. Está lo que pudiera llamarse la rctórica o!iírica'de Frii:<i
-no cs él quien eiiiplea la expresión. Descubrió que cl s i i i t ~ , >
a Pero sólo el psicoanalista puede conipreiider estc I r , ' ,
guaje. Freud intentó dar con sus rudiiiientos. Es aqui doiidc ::i
terviciic, scgíin yo, una especie de retórica articulada pc;i i i i :
gciics, suiiiaiiieiite sugestivas, y que, bajo la apariciici~i 21: .,,
eiicadeiiaiiiiento incoherente, halla, gracias a Freud, iiiia c s p
dc significación con referencia a cosas niuy Iioiidas.

,:. n. iCoiisidcra usted que el lenguaje del inconsciciitc, q 1,: ini:


es hablado, es tan importante como otro para su estudio liii-
güístico?

É. B. He tratado de indicar una analogía entre el lenguaje del


inconsciente y lo que llamamos las grandes unidades, un dis-
curso entero, un poema entero, a los que puede hallárseles un
sentido a menudo muy alejado del literal. Puede usted escri-
bir una carta cuyo sentido profundo será exactamente lo con-
trario de lo que las palabras tienen aire de significar. Es así
como opera la significación en el interior de un sueño. Igiial-
mente, un discurso que trata de conmoverlo puede eiiipujar a
determinada conducta sin pregonarla jamás. Ahí tiene usted re-
tórica, es decir un segundo sentido, diferente del literal y que
actúa sobre la afectividad.

c. D. Ha pronunciado usted la palabra poema. ¿Acaso el lengiia-


je poético es interesante para la lingüística?

É. e. Inmensamente. Pero el trabajo apenas empieza. No piicde


decirse que estén aún claramente definidos el objeto de estudio,
el método por emplear. Hay tentativas interesantes, pero que
muestran la dificultad de salir de las categorías utilizadas para
el análisis del lenguaje ordinario.

c. D. A partir de la lingüística y del estructuralismo hemos visto


crearse obras cada vez más difíciles, cada vez inenos accesibles
a la mayoría. ¿Le parece fundada semejante oscuridad?

É. B. Veo ahí dos cosas, y no sé si la idea que me hago al rcs-


pecto coincide con el sentir de quienes las realizan. 1) Un in-
tento muy nuevo, c~irioso,de sacudir todo lo qiie es inherente
al lenguaje, es decir, ciertd racionalización que el lenguaje apor-
ta por necesidad; de destruirla en el interior del lenguaje, aun-
que sin dejar de servirse de él. Tiene usted aquí una lengua que
se vuelve contra sí misma y que trata de refabricarse a partir de
una explosión previa. 2) Habla usted de la no comprensión,
precio de algunas creaciones: me parece que entramos en un
período de experimentación. No todo lo que se imprime está
hecho para ser leído, en el sentido tradicional; hay nuevos mo-
ESTE LENCUAJI. Q U E HACE L A 11ISIY>RIA 41
dos de lectura, adecuados a los nuevos iiiodos de escritura. Estos
intentos, estos trabajos, no interesan por el momento más que
a los profesionales, a los demás escritores, hasta el momento
-si es que llega- en que se desprenda algo positivo. Es volver
a poner en tela de juicio todo el poder significante tradicional
del lengiiajc. Se trata de saber si el lenguaje está destinado a
describir sieiiipre uri mundo idéiitico por medios idénticos, va-
riando solamente la selección de los epítetos o de los verbos.
O bien si puede uno considerar otros medios de expresión no
descriptivos y si hay otra calidad de sigiiificación que naciera
dc tal ruptiira. Es uii probleiiia.

c.D. En sil enseñanza ¿tiene usted la impresión de que proloii-


ga un estudio que usted inició hace mucho, o es cada vez un
nuevo coiiiienzo?

é. B. Hay de las dos cosas. Evidentemente, cierto número de


interrogantes lo acompañan a lino toda la vida, pero, después
dc todo, acaso sea inevitable en la iiiedida en que tiene uno
si1 nianera de ver las cosas. Pero está el enriquecimiento conti-
11110 del trabajo, de la lectura, el estín~uloque viene de los de-
más. Aprovecho también del desarrollo de todas las ciencias
que siguen la misma corriente. Duraiite largo tiempo la única
compañera de la lingüística era la filología.
Ahora vemos desarrollarse todo el conjunto de las ciencias
Iiumanas, toda una gran antropología (en el seiitido de "ciencia
general del honibre") que se fomia. Y se advierte que las cien-
cias del hombre son, en el foiido, iuucho más difíciles que las
ciencias de la naturaleza, y no por azar son las últimas que han
nacido. Hace falta gran capacidad de abstracción y de genera-
lización para eiiipezar a entrever los desenvolvimientos de los
que es sede el hombre.

c. D. ¿No le parece que la moda de la lingüística será sustitui-


da por la otra moda de la epistemología?

{Por supuesto, si considera iisted la lingüística como uiia


É. B.
moda! Para mí no lo es.
c. D. Naturalinente, pero cuando dice ustcd qiic cs preciso qiic
los conociniientos del hoiiibre confluyan, la ciencia de 121scieii-
cias debiera ser la episteiiiología.

É. B. La epistemología es la teoría del coiiociiiiicrito. Cóiiio sca


adquirido este conociiiiieiito, 210 es cosa dicha de aiiteiiiaiio.
Hay muchas posibilidades de episteiiiología. L.a 1iiigiiistic;i cs
una episteinología, puede coiisiderárscla coiiio tal.

c. D. Sí, pero decía usted que todas las cieiiciCis1- h'iii \,ilitlu al
encuentro.

É. B. Tengo la coiiciencia cada vez iiiás viva dc qiic cl i i i i cl sic-


nificante une el conjunto de las ciciicias del li(iiiil>re y de que,
por 10 tanto, llega uti iiioiiiento cii qiie es posiblc plaiitearsc
esta pregunta: "¿Puede leerse una significaci011 eii iiocioiics
que hasta el presente parecía11 pertenecer a la ii~iturnlezapiira
y siiiiplc?" Ahora se eiicuentraii aiialogias ciitrc la Iciigiia v 1;i
ccoi~oiiiia.
Ciiando le decía que veiiios hoy csta especie de coiivcrgeiicia
eiitre varias ciciicias, cra para subrayar que sc descul)rcii las iiiis-
iiias articulaciones eri las nociolics tal coiiio las liaii configura-
do ciertas iIieiitcs que de fijo iio tciiíaii prcsciiics las catcgori;is
liiigüísticas. Es esta convergencia lo interesaiitc, lo qiic se i.~icl-
ve uii iiucvo problenia para nosotros. La epistciiio!ogía, coiiio
usted ve, cs cosa que sc coiistriiye y sc rccoiistruyc de coirtiiiiio
a partir de la cieiicia tal coiiio se va Iiacierido.

c. D. ¿Desea usted que haya iiiuchos estudiaiitcs dc liiigiiistica?


La lingüística ¿es útil para otros estudios o no es iiiis qiic uiia
especialización?

É. B. Hay. que distiiiguir. Hay varias lingiiisticas, liav varizis iiia-


iieras de practicarlas, Hay a la vez, al niisiiio ticiiiio, estudios
de varios tipos, unos de iiaturaleza iiiis tradicioiial, otros dc
índole más avanzada, y hay lo que cae cntrc iiiedias: estiidios
qiie son la conversión de pri~icipiosgeiierales eii aplicacióii, etc.
Cada quien hace lo que puede, pero crco, por una parte, quc
hay iiiucho por hacer y, por otra, que pasar por aqiii da 3 la
ES1'E LFNCIIAJL QIlE HACE LA 111SrORIA
43
nieiite cierta fomiación. Pienso por slipuesto en aqliellos que
se interesan en el asunto particularniente. Para los que sí, es
otra cosa, no hay que decir por qué. Estos estudios pueden ser
formadores en el sentido de que destruyeii niuchas ilusiones
que se liacc uno espontáneaniente y que son muy tenaces en el
píiblico, acerca del valor absoluto de la lengua, los valores ab-
solutos que cada quien halla en su propia lengua eii compara-
ción cori otras. Esto permitc al espíritu toiiiar cierta distancia,
lo cual es iiiuy Útil. A partir de aquí, puede generalizarse la niis-
ma actitud y ver que de Iiecho existen niochos modos de consi-
derar, eii el doiiiinio literario, por ejemplo, iiiia obra, y que
no hay sólo iiiia iiiaiiera de compreiider a iiii autor. Pucde haber
puntos de vista nuevos aplicados a obras tradicioiiales, y qiic
no por ello las destruyen.

c. D. ¿Hay obras de crítica literaria que Iiaya~isatisfeclio a usted


particulariiiente?

É. R. Veo teiitativas iiiteresantes de estudiar, con rigor, obras a


las que Iiasta la fecha sólo se podían aplicar calificativos subjeti-
vos ("Es bello", "Es coiiiiiovedor", etc.) o epítetos coiivencio-
iiales. Aliora se intenta constrciir sisteiiias que periiiitati eiicon-
trar las verdaderas diiiiensioiics de la expresióii literaria y de la
obra literaria.

c. D. ¿Piensa usted en los trabajos realizados gracias a las coni-


putadoras?

É. R. No eii especial. No creo que la niáquiiia inteweiiga a este


iiivel. Peiisaba sobre todo en lo que se Ilaiiia explicación litera-
ria, e1 análisis literario, cuyos niétodos se renuevan por medio
de paráinetros 9 que puede11 dcsconcertar a qiiieiies sustentan
disciplinas tradicionales. Pero precisaiiiente aquí la iniciación a
la lingüística puede dar riiavor soltura, permite acoger inás
abiertaiiieiite iiociones o iiidagaciones que apuntan a coordinar
la teoría de la literatura y la de la Iciigua. Como usted ve -y

' Eleiiiciita coiirtante en uti cálculo


que sea nuestra conclusión-, hoy muchas cosas se colocan o se
desplazan en la perspectiva de la lengua. Estos cambios nos iiii-
ponen una readaptación continua; pues son cambios en profuii-
didad de donde nacerin acaso nuevas ciencias
11. LA COMUNICACION
La sesniologia tendrá mucho quc
hacer $610 para ver dónde acaba su
dominio.

rlesde quc atluellos dos genios antitéticos que fueron Peirce y


Saiissure coricihieron, desconociéndose por completo y más o
nienos al iiiismo t i e i i ~ p o la
, ~ posibilidad de una ciencia de los
siglios, y laboraron para iiistaurarla, surgió un gran probleiiia,
qne aúii no Iia recibido forma precisa y ni siquiera ha sido plan-
teado coi1 claridad, en la confusión que impera en este campo:
icuál es el plicsto dc la lengua entre los sistemas de signos?
Peirce, volviendo con la fornia semeiotic a la denoiiiinacióii
que John Locke ap!icaba a una ciencia de los signos
(TIJ\LFLWTI~.~J

de las sigiiificacioiies a partir de la lógica concebida, por su


parte. coiiio ciciicia del lenguaje, se dedicó toda la vida a la ela-
boración de este concepto. Una masa enorme de notas atesti-
gua su esfuerzo obstinado de analizar en el niarco semiótico las
nociones lógicas, iiiateiiiáticas, físicas, y hasta psicológicas y reli-
giosas. Llevada adelante durante una vida entera, esta reflexión
se coiistriiyó un aparato cada vez más con~plejodc definiciones
destinadas a distribuir la totalidad de lo real, de lo concebido
v de lo vi\rido cn los diferentes órdenes de signos. Para construir
csta "ilgcbra universal de las relaciones", Peirce estableció una
divisiti11 triple dc los signos en ICONOS, INDICIOS y S~MBOLOS, que
Seiriiotica. 1.a ll;i<.i. 51oiitoti & Co.. 1 (1969). 1, pp. 1-12, y 2. pp. 127.135.
S o t a ~itanurcrita~>iibliradaen los Cahierr Feidinand de Saiirrurc, 1 5 (1957). p. 19.

.
' Charlcr S. I'rircr (1879-191-1); Ferdinand de Saurrure (1857.1913)
.'S<) uiiircnai algchm of rclationr. with the subjaceiit indicer ai>d E atid FI is
iuscelitih!c uf beiiig ri>l.irgcd so ar to cotiiyrise e~erything2nd $0, rtill better. tliaiigli
iiat tn idca! pcrfcctioii, i< ilic ry5tclii of crirteritial gnphr" (Peirce. Selirtcrl \T1ritiilgs.
l ! , P. \ \ i r d . , o I'li'ti"~, 9 p. 389).

[+71
es punto más o menos 10 que se conserva hoy en día d e la iii-
mensa arquitectura lógica que subtiende.
Por lo que conciernc a la lengua, Peirce no formula nada prc-
ciso ni específico. Para él la lengua está en todas partes y en iiin-
guna. Jamás se iiiteresó en el funcionamiento de la lengua, si
es que llegó a prestarle atciición. Para él la lengua se reduce a
las palabras, que son por cierto signos, pero no participan de
una categoría distinta o siquiera de una especie constante. Las
palabras pertenecen, en su mayoría, a los "símbolos"; algunas
son "indicios", por ejemplo los pronon~bresdeiiiostrativos, y a
este título son clasificadas con los gestos correspondientes, así
el gesto de seíialar. Así que Peirce no tiene para nada en cuenta
el hecho de que semejante gesto sea universalmente comprendi-
do, en tanto que el den~ostrativoforma parte de iin sistema par-
ticular de signos orales, la lengiia, y de 1111 sisteiiia particiilar
de lengua, el idionia. Además, la misnia palabra puede aparecer
en distintas variedades de "signo": como QUALISIGN, como SIN-
SIGN,como LECISIGN? NO se ve, pues, cuál sería la utilidad opc-
rativa de seniejantes distinciones ni en qué aytidarían al lingüista
a constiuir la seiiiiología de la lengua como sistema. La dificul-
tad que impide toda aplicación particular de los conceptos peir-
cianos, fuera de la tripartición bien conocida, pero que no deja
de ser un marco demasiado general, es que en definitiva el signo
es puesto en la base del universo entero, y que funciona a la vez
como principio de definición para cada eleniento y coiiio priii-
cipio de explicación para todo conjunto, abstracto o concreto.
El hombre entero es un signo, su pensamiento es un signo," su
enioción es un signo.' Pero a fin de cuentas estos signos, que

' "As it is in itself, a sign is either oí the nature oí aii appearance. wlicn 1 cal1
it i ; seondly. it is an individual object or evenit, when I cal1 it a
p u ~ ~ i s i c r ior
SINSICH (the syllsble sin being the íirrt ayllahle o í scniel. siniid, singidar. etc.); or
thirdly, it is of the nature o í a general tvpe. when 1 cal1 it a ~ ~ c i s ~ .As . use thc
c n wc
terrri 'ward' in niort case; saying that 'the' is one 'word' and 'a"' ir a seeond
'word'. a 'word' is a legisign. But wlieii wc say o í a page in a hook, that it bar 250
'words' iipon it. of whieh twenty are 'the's', the 'ward' is a rinsign. A rinrign so
eii>bodying a Icgisign, 1 teriii a 'replica' oí tlie Icgirigti" (Peirce, "p. cit., p. 191).
e .* . . . the word or sigil wliieh inan iisen is thc tiiaii Iiimselí. For. as tlie fact tliat
every thotiglit is a sign. takcn in conjunction witli the íact tliat liíe ir a traiii oí
tliought, praves tliat nian is a rign; so that every thaught is an E n F n r r A L rign prores
tlist iiian is .m exteriial sign" (Peirce, op. cit., .1, 71).
! "Everything in whieb we take the least intereit creates in us its particular eiiio-
A LA I.ENGUA
S E ~ I I O L O C ~DE 49
son todos signos de otros, ¿de qué podrían ser signos QUE NO
FUERA signo? ¿Daremos con el punto fijo donde amarrar la
PRIMERA relación de signo? El edificio semiótico que constru-
ye Peirce no puede incluirse a sí, mismo en su definición. Para
que la noción de signo no quede abolida en esta inultiplicación
al infinito, es preciso que en algíin sitio admita el universo una
DIFERENCIA entre el signo y lo significado. Hace falta, pues, que
todo signo sea tomado y comprend.do en un S I S T E ~ I Ade sig-
nos. Ahí está la condición de la SIGNIFICANCIA. Se seguirá, con-
tra Peirce, que todos los signos no pueden funcionar idéntica-
mente ni participar de un sistenia único. Habrá que constituir
varios sistemas de signos, y entre esos sistemas explicitar una
relación de diferencia y de analogía.
Es aquí donde Saussitre se preseiita, de plano, tanto en la nie-
todología como en la práctica, en el polo opuesto de Peirce.
En Saussure la reflexión procede a partir de la lengua y la toma
como objeto exclusivo. La lengua es considerada en sí misma,
a la lingüística se le asigna una triple tarea:
I ] Describir en sincronía y diacroiiía todas las lenguas cono-
cidas; 21 deslindar las leyes generales que actúan en las lenguas;
31 delimitarse y definirse a sí n ~ i s m a . ~
Progranla eii el cual no se ha observado que, bajo sus aires
racionales, trasunta algo raro, que constituye precisamente su
fuerza y su audacia. La lingüística tendrá pues por objeto, en
tercer lugar, definirse a sí misnia. Esta tarea, si se acepta coni-
prenderla plenaiiiente, absorbe a las otras dos y, en un sentido,
las destruye. ~ C ó n i opuede la lingüística deliniitarse y definirse
a sí misma, si no es delimitando y definiendo su objeto propio,
la lengua? Pero ¿puede entonces desempeiíar sus otras dos ta-
reas, designadas como las dos primeras que, le incunibe ejecutar,
la descripción y la historia de las lenguas? ¿Cómo podría la
lingüística buscar las fuerzas que intervienen de manera perma-
nente y universal en todas las lenguas y des!indar las leyes gene-
rales a las que pueden reducirse todos los fenómenos particula-
res de la historia, si no se ha eriipeiado por definir los poderes
y los recursos de la lingüística, es decir, cómo capta el lengua-
tion, howevcr dight this einotion timy bc. Thir cmotion ir a sign and a prediate ot
the thing" (Peirce, o,>. cit.. p. 6 7 ) .
* F. de Saiirriire, Cotirr dc liiigciirtiqiio généralc (abreviado C. L. 6 . ) .41 ed.. p. 21.
50 LA C O ~ I U N I C A C I ~ K

je, y así la naturaleza y los caracteres propios de esta entidad


que es la lengua? Todo se interrelaciona en esta exigencia y cl
lingüista no puede mantener una de sus tareas aparte de las
demás ni asumir ninguna hasta el fin si no tiene por principio
de cuentas conciencia de la singularidad de la lengua cntrc
todos los objetos de la ciencia. E n eska torna de conciencia rc-
side la condici6n previa a todo otro itinerario activo y cognitivo
de la lingüística, y lejos de estar en el misiiio plano que las
otras dos y de suponerlas cumplidas, esta tercera tarea -"deli-
mitarse y definirse a sí mismam-, da a la liiigüística la niisión
de trascenderlas hasta el punto de siispender su consumacióri
por mor de su consumación propia. Ahí está la gran novedad del
programa saussuriano. La lectura del Cours confirn~afácilnien-
te que para Saussure una lingüística sólo es posible con esta
condición: conocerse al fin descubriendo su objeto.
Todo procede entonces de esta pregunta: "¿Cuál es el objeto
a la vez íntegro y concreto de la lingüística?"," y la priniera
misión aspira a echar por tiejra todas las respuestas anteriores:
6'
de cualquier lado que se mire la cuestión, en iiinguiia parte se
nos ofrece entero el objeto de la lingüí~tica".'~Desbrozado así
el terreno, Saussure plantea la primera exigencia nietódica: hay
que separar la LENGUA del lenguaje. ¿Por qué? Meditenios las
pocas líneas en donde se deslizan, furtivos, los conceptos esen-
ciales:

Tomado en su conjunto, el lenguaje es multifornie y heteróclito; :I


caballo en diferentes dominios, a la vez físico, fisiológico y psíquico,
pertenece además al dominio individual y al dominio social, no sc
deja clasificar en ninguna de las categorías de los hechos Iiumanos, por-
que no se sabe cómo desembrollar su unidad.
La lengua, por el contrario, es una totalidad en si y un principio de
clasificación. En cuanto le damos cl primer lugar entre los hechos de
lenguaje. introducimos un orden natural en un conjunto que no se
presta a ninguna otra cla~ificación.~~

La preocupación de Saussure es descubrir el principio de uiii-


dad que domina la multiplicidad de los aspectos con que 110s
C. L. C., p. 23 (trad. de A. Alonra).
C. L. C., p. 24.
'' C. L. C.,p: 25.
si;ziin~or.í~
oe LA I.TNGUA
aparece el lenguaje. Sólo este principio permitirá c1asific.i. ; .
hechos de lenguaje entre los hechos humanos. La rediicci6ri .!,.
lenguaje a la lengua satisface esta doble condición: pir;::;,
plaiitear la lcngua como principio.de unidad y, a la vez, e::( c . , .
trar el lugar de la lengua entre los hechos Iiumanos. P r i i i c ~ ~ ; .
d e la unidad, principio d e clasificación -aquí están iiitrorl:.! :
dos los dos conceptos que por su parte introducirán la sc i i ; i ~
logía.
Ui;o y otro son necesarios para fundar la lingüística c , . ~ ,1.
ciencia: no se concebiría una ciencia incierta acerca d e su o;:,,
to, indecisa sobre su pertenencia. Pero mucho más allá dc L:..
cuidado d e rigor está en juego el estatuto propio del corijrsr~it,
de los hechos humanos.
Tampoco aquí se ha notado bastante la novedad del caiii:;;,
saussuriano. No es cosa de decidir si la lingüística está más ceri:,
de la psicología o de la sociología, ni d e hallarle un lugar ci, i 8

seno de las disciplinas existentes. El problema es plantead(> c . ,


otro nivel, y en términos que creah sus propios conceptos. i i
lingüística fornia parte d e una ciencia que n o existe tod;l\-: :.
que se ocupará d e los demás sistemas del mismo ordcii eri <:i
conjunto de los hechos humanos, la SEMIOLOG~A.Hay que < i
tar la página q u e enuncia y sihía esta relación:

La lengua es un sistema de signos que expresan ideas, y por cso c<::i'


parable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, a los ritos siiiiii,:
licos, a las formas de wrtesía, a las señales militares, etc., etc. Sólo <!ti,
es el más importante de todos esos sistemas.
Se puede, pues, concebir uno ciencia que estudie la vida de los signr,.
en el seno de In vida mcial. Tal ciencia seria parte de la psicologi:i ,.o
cial, y por mnsiguiente de la psicología general. Nosotros la llaiiiarc,,.o.
semiología (del griego sémeion 'signo'). Ella nos ,enseñará en qiik c., !
sisten los signos y cuál= son las leyes que los gobiernan. Puesto ,.il.:
todaoía no existe, no se p u d e decir qué es lo que ella será; pcro i i c -
derecho a la existencia, y su lugar está deteriiiinado de antemano. La i ~ i .
güística no es más que una partc de esta cieiicia general. Las leyes .;'!..
la semiologia descubra serán aplicables a la,lingüistica, y así es coiiiti I.,
lingüística se encontrará ligada a un dominio bien definido en el c - i '
junto de los hechos humanos.
Al psicólogo toca determinar el puesto exacto de la semiología. l 2 1
rca del lingiiista es definir qué cs lo que hace de la lcngua iin sistr
especial en el conjunto de los Iiechos serniológicos. Más adelante volve-
remos sobre la cuestión; aquí sólo rlos fijamos en esto: si por vez pri-
mera hemos podido asignar a la lingüística un puesto entre las cien-
cias es por haberla incluido en la ~emiologia.'~

Del largo comentario que pediría esta página, lo principal


quedará implicado en la discusión que emprendemos más ade--
lante. Nos quedaremos nada más, a fin de realzarlos, con los
caracteres primordiales de la seniiología, tal como Saussure la
concibe, tal, por lo demás, como la había reconocido mucho
antes de traerla a cuento en su enseñanza."
La lengua se presenta en todos sus aspectos como una duali-
dad: institución social, es puesta a funcionar por el individuo;
discurso continuo, se compone de unidades fijas. Es que la len-
gua su unidad y el principio de su fuiicionaniiento? E n su carác-
consiste en "un sistema de signos en el que sólo es esencial la
unión del sentido y de la imagen acústica, y donde las dos par-
tes del signo son igiialmente psíqi~icas".'~¿Dónde liallp la len-
gua su unidad y el principio de su funcionamiento? En su carác-
ter semiótica. Por él se define su naturaleza, por él también sc
integra a un conjunto de sisten~asdel mismo carácter.
Para Saussure, a diferencia de Peirce, el signo es ante todo
una noción lingüística, que más ampliamente se extiende a cier-
tos órdenes de hechos humanos y sociales. A eso se circunscribe
su dominio. Pero este dominio comprende, a más de la lengua,
sistemas homólogos al de ella. Saussure cita algunos. Todos tie-
nen la característica de ser sistemas de SIGNOS. La lengua es sólo
el más importante de esos sistemas. ¿El más importante vistas
las cosas desde dónde? iSencillamente por ocupar más lugar en
la vida social que no importa cuál otro sistema? Nada permite
decidir.
El pensamiento de Saussure, muy afirmativo a propósito de
la relación entre la lengua y los sistemas de signos, es menos c!a-
ro acerca de la relación entre la lingüística y la seniiología, cien-
cia de los sistemas de signos. El destino de la lingüística será
vincularse a la semiología, que a su vez fomiará una parte de la
'C. L. C.,pp. 33-34.
U L nacidn y el termino estaban ys en una nota manuscrita de Spusrure pitblica.
da por R. Gadcl, Sources manurcriles. p. 46, y que data d i 189+ (d. p. 37).
'C. L. C., p. 32.
psicología social y, por consiguiente, de la psicología general.
Pero hay que esperar que la semiología, ciencia que estudia "la
vida de los signos en el seno de la vida social", esté constituida
para que averigüemos "en qué consisten los signos y cuáles son
las leyes que los gobiernan". Saussure encomienda pues a la
ciencia futura la tarea de definir el signo mismo. Con todo, ela-
bora para la lingüística el instrumento de su semiología propia,
el signo lingüístico: "Para nosotros. . . el problema lingüístico
es primordialmente semiológico, y en este heclio importante co-
bran significación nuestros razonamientos." l e
Lo que vincula la lingüistica a la semiología es el principio,
puesto en el centro de la lingüística, de que el signo lingüístico
es "arbitrario". De manera general, el objeto principal de la se-
miología será "el conjunto de sistemas fundados en lo arbitra-
rio del signo"." E n consecuencia, en el conjunto de los siste-
mas de expresión, la superioridad toca a la lingüística:

Se puede, pues, decir, que los signos enteramente arbitrarios son los que
mejor realizan el idcal del procedimiento semiológico; por eso la len-
gua, el más complejo y el más extendido de los sistemas de expresión.
cs tambikn el inás característico de todos; en este sentido la lingüística
puede erigirsc cn el modelo general de toda semiología, aunque la len-
gua no sea más que un sistema particular.'8

Así, sin dejar de formular netamente la idea de que la lin-


güística tiene una relación necesaria con la semiología, Saussu-
re se abstiene de definir la naturaleza de esta relación, de no ser
a través del principio de la "arbitrariedad del signo" que go-
beriiaría el conjunto de los sistemas de expresión y ante todo
de la lengua. La semiología como ciencia de los signos no pasa
de ser en Saussure una visión prospectiva, que en sus rasgos más
precisos es modelada según la lingüística.
Eii cuanto a los sistemas que, con la lengua, participan de la
sciriiología, Saussure se limita a citar de pasada algunos, sin
siquiera agotar la lista, ya que no adelanta ningún criterio deli-
initativo: la escritura, el alfabeto de los sordomudos, los ritos
siiiibólicos, las formas de cortesía, las señales militares, etc."
'O C. L. C.. pp. 34-35.
" C. L. C.,p. 100.
'* C. L. C., p. 101.
'" Antes, p. 51.
1 LA C O M U N I C A C I ~ N

l>r otro lado, habli de considera, :-S ritos, las costuiiibres, etc.,
:i;iio
Volviendo a este gran problenia en el punto en que Saus-
q ~ c c lo
. dejó, desearíamos insistir ante todo en la necesidad de
. ; ! I esfuerzo previo de clasificación, si se quiere promover cl
:'.zálisis y afianzar los fundamentos de la semiología.
Nada diremos aquí de la escritura; reservamos para 1111 exa-
, i c ~ iparticular ese problema difícil. Los ritos simbólicos, las
,iriiias de cortesía, ¿son sistemas autónomos? ¿De veras es posi-
> l eponerlos en el mismo plano que la lengua? Sólo mantienen
iiia relación semiológica por mediación de un discurso: el
'i:iitoWque acompaña al "rito"; el "protocolo" que rige las for-
iias de cortesía. Estos signos, para nacer y establecerse como
sistema, suponen la lengua, que los produce e interpreta. De
;iodo que son de un orden distinto, en una jerarquía por defi-
nir. Se entreve ya que, no menos que los sistemas de signos.
;as RELACIONES entre dichos sistemas constituirán el objeto de
la semiología.
Es tiempo de abandonar las generali+des y de abordar por
fin el problema central de la semiología, el estatuto de la lengua
cntre los sistemas de signos. Nada podrá ser asegurado en teo-
iia mientras no se haya aclarado la noción y el valor del signo
3 ;? los conjuntos donde ya se le puede estudiar. Opinamos que

.;te examen debe comenzar por los sistemas no lingüísticos.

i:1 papel del signo es representar, ocupar el puesto de otra cosa,


ncándola a título de sustituto. Toda definición más precisa,
:le distinguiría en particular diversas variedades de signos, su-

' i,)ic: una reflexión sobre el principio de una ciencia de los sig-
:.<, ;ie una semiología, y un esfuerzo de elaborarla. La más mí-

; , : .? atención a nuestro comportamiento, a las condiciones de


\id:t intelectual y social, de la vida de relación, de los nexos
. f . p~oduccióny de intercambio, nos muestra que utilizamos a
" C L. C., p. 35
SEIIIIOLOC~ADE LA I.BNGUA 55
la vez y a cada instante varios sistemas de signos: primero los
signos del lenguaje, que son aquellos cuya adquisición empieza
antes, al iniciarse la vida consciente; los signos de la escritura;
los "signos de cortesía", de reconocimiento, de adhesión, en
todas sus variedades y jerarquías; los signos reguladores de los
movimientos de vehículos; los "signos exteriores" que indican
condiciones sociales; los "signos monetarios", valores e índices
de la vida económica; los signos de los cultos, ritos, creencias;
los signos del arte en sus variedades (música, imágenes; repro-
ducciones plásticas) -en una palabra, y sin ir más allá de la
verificación empírica, está claro que nuestra vida entera está
presa en redes de signos que nos condicionan al punto de que
no podría suprimirse una sola sin poner en peligro el equilibrio
de la sociedad y del individuo. Estos signos parecen engendrarse
y multiplicarse en virtud de una necesidad interna, que en apa-
riencia responde tambikn a una necesidad de nuestra organi-
zación mental. Entre tantas y tan diversas maneras que tienen
de configurarse los signos, ¿qué principio introducir que ordene
las relaciones y delimite los conjuntos?
El carácter común a todos los sistemas y el criterio de su per-
tenencia a la semiología es su propiedad de significar o SIGNIFI-
CANCIA, y su composicibn en unidades de significancia o SIGNOS.
Es cosa ahora de describir sus caracteres distintivos.
Un sistema semiológico se caracteriza:
11 por su modo de operación,
21 por su dominio de validez,
31 por la naturaleza y el número de sus signos,
41 por su tipo de funcionamiento.
Cada uno de estos rasgos comprende cierto número de va-
riedades.
El MOIXJ DE OPERACI~Nes la manera como el sistema actúa.
especialmente el sentido (vista, oído, etc.) al que se dirige.
El WMINIO DE VALIDEZ es aquel donde se impone el sistema
y debe ser reconocido u obedecido.
La NATURALEZA y el NÚMERO DE LOS SIGNOS son función de
las condiciones mencionadas.
El TIPO DE FUNC~ONAMIENWJ es la relación que' une los signos
y les otorga función distintiva.
56 LA C O A I ~ J N I C A C I ~ N

Ensayemos esta definición en un sistema de nivel elemental:


el sistema de luces del tráfico:
Su modo de operación es visual, ,generalmente diurno y a
cielo abierto.
Su dominio de validez es el desplazaniiento de vehículos por
caminos.
Sus signos están constituidos por la oposición cromática ver-
de-rojo (a veces con una fase intermedia, amarilla, de simple
transición), por tanto un sistema binario.
Su tipo de funcionamiento es una relación de alternación
(jamás de simultaneidad) verde/rojo, que significa camino
abierto/camino cerrado, o en forma prescriptiva go/stop.
Este sistema es susceptible de extensión o de trasferencia,
pero sólo en una, nada más, de estas cuatro condicioiies: el do-
minio de validez. Puede ser aplicado a la navegación fluvial,
al abalizamiento de los canales, de las pistas de aviación, etc.,
a condición de conselvar la misma oposición cromática, con la
misma significación. La naturaleza de los signos no puede ser
modificada sino temporalmente y por razones de op~rtunidad.~'
Los caracteres reunidos en esta definición constituyen dos
grupos: los dos primeros, relativos al modo de operación y al
dominio de validez, suministran las condiciones externas, em-
píricas, del sistema; los últimos, relativos a los signos y a su
tipo de funcionamiento, indican las condiciones internas, se-
miótica~.Las dos primeras admiten ciertas variaciones o acomo-
daciones, los otros dos no. Esta forma estructural dibuja un
modelo canónico de sistema.binario que reaparece, por ejem-
plo, en los modos de votación, con bolas blancas o negras, le-
vantándose o sentándose, etc., y en todas las circunstancias en
que la alternativa pudiera ser (pero no es) enunciada en térmi-
nos lingüísticos como sí/no.
Aquí ya podemos deslindar dos principios que afectan a las
relaciones entre sistemas semióticos.
El primer principio puede ser enunciado como el PRINCIPIO
DE NO REDUNDANCIA entre sistemas. No hay "sinonimia" entre
sistemas semióticos; no puede "decirse la misma cosa" mediante
" Conrtrcfiirnientor materiale (niebla) pueden imponer praeedirnientos suplemen-
tarios, por ejcrnplo señales ronorar en lugar de reíides virusle, pero talcr expedien-
t n paujeia no modifican lar candiciancr normalcs.
SEMIOLOC~ADE LA LENGUA 57
la palabra y la niúsica, que son sistemas de fundamento dife-
rente.
Esto equivale a decir que dos sistemas seniióticos de difereri-
te tipo no pueden ser mutuamente convertibles. En el caso ci-
tado, la palabra y la música tienen por cierto un rasgo en co-
mún, la producción de sonidos y el hecho de dirigirse al oído;
pero este nexo no prevalece ante la diferencia de naturaleza
entre sus unidades respectivas y entre sus tipos de funciona-
miento, como mostraremos niás adelante. Así, la no converti-
bilidad entre sistemas de bases diferentes es la razón de la no
redundancia en el universo de los sistemas de signos. El honi-
bre no dispone de varios sistemas distintos para el MrsMo nexo
de significación.
En cambio el alfabeto gráfico y el alfabeto Braille o Morse o
el de los sordomudos son mutuamente convertibles, por ser to-
dos sistemas de iguales fundamentos basados en el principio
alfabético: una letra, un sonido.
D e este principio se desprende otro que lo completa.
Dos sistemas pueden tener un mismo signo en común sin
que resulte sinonimia ni redundancia, o sea que la identidad
s~istancialde un signo no cuenta, sólo su diferencia funcional.
El rojo del sistema binario de seíiales de tránsito no tiene nada
en coniúii con el rojo de la bandera tricolor, ni el blanco de ésta
con el blanco del luto en China. El valor de un signo se define
solamente en el sistema que lo integra. No hay signo transiste-
niático.
Los sistemas de signos json entonces otros tantos mundos
cerrados, sin que haya entre ellos más que un nexo de coexisten-
cia acaso fortuito? Formularemos una exigencia metódica más.
Es preciso que la relación planteada entre sistemas seinióticos
sea por su parte de naturaleza semiótica. Será deteriiiinada ante
todo por la acción de un mismo medio cultural, que de una
manera o de otra produce y nutre todos los sistemas que le son
propios. He aquí otro nexo externo, que no implica iiecesaria-
mente una relación de coherencia entre los sistemas particula-
res. Hay otra coiidicióii: se trata de determinar si un sistenia se-
niiótico dado puede ser interpretado por sí iiiismo o si necesita
recibir su interpretación de otro sistema. La relación semiótica
entre sistenias se enunciará entonces como un nexo entre SISTE-
58 LA (:~O~~UNICA<:I~X

M A INTERPRETANTE y SISTEMA INTERPRETAW. ES 13 quC posee-


1110s eii gran escala rntre los signos de la leiig~iay los de la socie-
dad: los signos de !a wciedad pueden ser í~ite~raiiiente iiiter-
pretados por los de ia lengua, no a la inversa. De sucrtc que la
lengua será el interpretante de la sociedad.z2 Eii peqiieiia esca-
la podrá considerarse el alfabeto gráfico como el iiiterpretailte
del Morse o el Braille, eii virtud de la iiiayor extensión de su
dominio de validez, y pese al hecho de que todos sean niutua-
mente convertibles.
Podernos ya inferir de esto que los subsistenias sciiiióticos in-
teriores a la sociedad serán lógicamente los interpretados de la
lengua, puesto que la sociedad los contiene y que la sociedad
es el interpretado de la lengua. Se advierte ya en esta relación
una disimetría fundamental, y puede ii11o ren~oiitarsea la cati-
sa primera de esta no reversibilidad: es que la leiigita ocupa tina
sitiiación particular en el universo de los sistenias de signos. Si
conveninios en designar por S el coiijiitito de estos sistemas y
por L la lengua, la coiivcrsión siempre sigue e1 sentido S + L,
nunca el inverso. Aquí tenemos un principio general de jerar-
quía, propio para ser introducido en la clasificacióri de los siste-
nias seniióticos y que servirá para construir una teoría seinio-
lógica.
Para realzar mejor las diferencias entre los órdcnes de relacio-
nes semióticas, ponemos ahora en la iiiisnia posición un sisteiiia
niuy distinto, el de la niíisica. En lo esencial, las difcreiicias van
a inanifestársenos en la naturaleza de los "signos" y cn su modo
de funcionar.
La música está hecha de SONIDOS, qiie tienen estatuto niusical
cuando han sido designados y clasificados corno NOTAS. No hay
en música unidades directaniente coiiiparables a los "signos"
, d e la lengua. Dichas notas tienen uii iiiarco orgariizador, la
GAMA. en la que ingresan a título de unidades discretas. discon-
tinuas una dc otra, en iiíiiiicro fijo, caracterizada cada tiria por
un níimero constante de vibraciones por tieniyo dado. Las ga-
inas coi~iprendeiilas niismas notas a alturas diferentes, definidas
por un núniero de vibraciones en progresióii geométrica, inien-
tras los intervalos sigiieri siendo los misnios.
" Este punto rrri desarrollad'> cn otra parte.
DI. J.A I.I<NCUA
SE~IIOI.OG~A 59
Los soiiidos nitisicales pueden ser producidos en monofonía
o cn polifonía; funcionan en estado aislado o eii simultaneidad
(acordes), cualcsquicra que sean los intervalos que los separan
en sus gamas respectivas. No hay limitación a la multiplicidad
de.los sonidos producidos siniultáneamente por un conjuiito de
instruiiientos, ni al orden, a la frecuencia o la extensión de las
coiiibinacioiies. El compositor organiza libremente los sonidos
eii uii discurso que no está soiiietido a ninguna convencióii "gra-
iiiatical" y que obedece a su propia "sintaxis".
Se ve, pues, por dónde el sistema musical admite, y por dón-
dc iio. ser considerado coiiio seniiótico. Está organizado a partir
de un conjuiito constituido por la gama, que a s ~ vez i consta de
notas. Las notas no tienen valor diferencial más que dentro de
la gama, y ésta es, por su lado, un conjunto que recurre a varias
alturas, especificado por el tono que indica la clave.
De iiiodo que la unidad fundamental será la nota, unidad dis-
tiiitiva y opositiva del sonido, pero sólo adquiere este valor en
la gaiiia, que fija el paradigiiia de las iiotas. ¿Es semiótica esta
unidad? Puede decidirse que lo es en su orden propio, en vista de
que deteriiiiiia oposiciones. Pero entonces iio tiene ninguna re-
lación con la semiótica del signo lingüístico. y de hecho es iiicoii-
vertiblc a unidades de lengua, en ningún nivel.
Otra analogía, que pone de manifiesto a la vez uiia diferencia
profunda, es la siguiente. La iiiúsica es un sistenia que funciona
sobre dos ejes: el eje de las sirniiltaneidades y el eje de las suce-
siones. Peiisaría iiiio eii una Iiomología con el funcionaniicnto
de la lengua sobre dos ejes, paradigmático y sintagmático. Ahora
bien, el eje de las simultaneidades en miisica contradice el priii-
cipio rnisiiio del paradigiiiático eii lengua, quc es principio de
selección, que excluye toda simultaneidad intrasegmental; y el
eje de las sucesiones en música tampoco coincide con el eje sin-
tagmático de la lengua, puesto que la sucesión iilusical es com-
patible con la simultaneidad de los sonidos, y que por aíiadidrira
no está sometida a ningún constreíiiiniento de enlace o exclii-
sión con respecto a cualquier sonido o conjunto de sonidos, sea
el que sea. Así, la conibinatoria niusical que participa &,la ar-
monía y del contrapunto carece de equivalente en la lengua,
donde tanto el paradigma como el sintagma están sometidos a
disposiciones específicas: reglas de compatibilidad, de selectivi-
60 1.n CO~IUNICACIÓN

dad, de recurrencia, etc.. dc lo que depende la frecuencia y la


previsibilidad estadísticas, por una parte, y, por otra, la posibi-
lidad de construir eiiunciados iiiteligibles. Esta diferencia no de-
pende de un sistenia n~iisicalparticular ni de la escala sonora
elegida; la dodecafonía serial la exhibe tanto como la diatonía.
Puede decirse, en suma, si la música es considerada como una
"
lengua", que es una lengua con una sintaxis, pero sin semiótica.
Este contraste perfila por adelantado un rasgo positivo y necesa-
rio de la semiología lingüística que vale la pena anotar.
Pasemos ahora a otro dominio, el de las artes llamadas plásti-
cas, dominio inmenso, donde nos conformaremos con indagar
si alguna siniilitud u oposición puede esclarecer la seiiiiología
de la lengua. Por principio de cuentas, se tropieza con una difi-
cultad de principio: ¿hay algo en común en el fundamento de
todas estas artes, de no ser la vaga noción de "plástica"? ¿Se halla
en cada una, o siquiera en una de ellas, una entidad fonnal que
pueda denominarse UNIDAD del sistema considerado? Pero ¿cuál
pudiera ser la unidad de la pintura o del dibujo? ¿La figura, el
trazo, el color? Formulada así, ¿tiene aún algíin sentido la cues-
tión?
Es tiempo de enunciar las condiciones mínimas de una compa-
ración entre sistemas de órdenes diferentes. Todo sistema semió-
tic0 que descanse en signos tiene por fuerza que incluir: I ] un
repertorio finito de SIGNOS, 21 reglas de disposición que gobiernan
sus FIGURAS, 31 independientemente de la naturaleza y del nú-
mero de los DISCURX)~que el sistema permita producir. Ninguna
de las artes plásticas consideradas en su conjuiito parece repro-
ducir semejante modelo. Cuando iiiucho pudiera encontrarse al-
guna aproxiniación en la obra de tal o cual artista; entonces no
se trataría de condicioiies generales y constantes, sino de una ca-
racterística individual, lo cual una vez más nos alejaría de la
lengua.

Se diría que la noción de UNIDAD reside en el centro de la proble-


niática que nos ocupa y que ninguna teoría seria pudiera cons-
" No pareció útil. iii auii posible, sobrecargar crtar páginas, que anuncian nuestros
puntos de vista personales, con una discusión de lar teorías anteriores. El lector infor-
mado advertirá en particular lo que noa repara de Louis Hjdinrlev en puntos erm-
tituirse olvidando o esquivando la cuestión de la unidad, pues
todo sistenia significaiite debe definirse por su modo de signi-
ficación. D e modo que un sistema así debe designar las unidades
que hace intervenir para producir el "sentido" y especificar la
naturaleza del "sentido" producido.
Se plantean eiitonces dos cuestiones:
11 ¿Pueden reducirse a unidades todos los sistemas semió-
ticos?
21 Estas unidades, en los sistemas donde existen, ¿son SIGNOS?
La unidad y el signo deben ser tenidos por características dis-
tintas. El signo es necesariamente una unidad, pero la unidad
puede no ser un signo. Cuando nienos de esto estamos seguros:
la lengua está hecha de unidades y esas unidades son signos. ¿Qué
pasa con los deniás sistemas semiológicos?
Consideranlos priiiiero el funcionamiento de los sistemas Ila-
mados artísticos, los de la iinageii y del sonido, prescindiendo de-
liberadariiente de su función estética. La "lengua" musical consis-
te en conlbinaciones y sucesiones de sonidos, diversamente arti-
culados; la unidad cleniental, el sonido, no es un signo; cada so-
nido es identificable en la estriictura escalar de la que depende,
ninguno está provisto de significancia. He aquí el ejemplo típico
de unidades que no son signos, que no designan, por ser sola-
mente los grados de una escala cuya extensión es fijada arbitra-
riamente. Estamos ante un principio discriminador: los sistemas
fundados en unidades se reparten entre sistemas de unidades sig-
ciales. Lo que él llama remiotics es definido conio "a hierarchy, any of whose mm.
ponents admits of a furthn analysir into dasser defined by mutual relation, so that
any of thcse dasser admits o í an analysis into derivates defined by mutual mutation"
(Pmlegomena to a Theory o í Language, trad. de Whitficld, 1961, p. 106). Semejante
definición no será aceptable más que dentro de una adhesión global S lar principim
de la glosmática. Las consideraciones del mismo autor (op, cit.. p. 109) accrca del
puerto del lenguaje en lar estructurar semibticar, wbre los limites entre la semiótieo
y lo no remiático, reflejan una poriciáti harto provirional y todavia imprecisa. No
podrá sino aprobarre la invitacibn a estudiar desde un mismo punto de vista las diver-
sas disciplinas seniióticar: "it seemr fruitful 2nd neceasary to ertabiirh a cornnnon point
of view for a large number of disciplines, from the study nf literatu're, s r t and music.
and general history. al1 the way to logisties a l d inathematin, so thnt froin thia com-
rnon paint of view therc seiences are roncentiated around a linguistically dcfinedset-
ting of prablenis" (op. cit.. p. 108) Pero este vasto programa no pasa de ser un pia-
doso anhdo mientrar no se hayan elaborado los fundamentas toi>ricw d e una com-
paración entre los sistemas. Er lo que tratamos de hacer aquí. Más recientemente,
Charla,Marris, Significatioii znd Sigriificanre [1964), p. 62, w liniita a hacer constar
que para numerosos lingüistas, <le cita a I I ~ la~ ~ i n~ ~ ü~i r t i ~cforiiia
a , partc d r
la senriótica, pero no definc la situación de la lengua desde ertc punto de vista.
62 LA cohrri~rc.rciór\
nificantes y sistenias dc unidades iio sigiiificantes. Eii la. priiiicra
categoría pondremos la lengua; en la segunda, la niíisica."
En las artes dc la figuracióii jpiiitura, dibujo, escultura) de
imágenes fijas o nióviles, es la existencia niisilia de uiiidadcs lo
que se torna tenia de discusión. ¿De qué naturaleza serían? Si
se trata de colorcs, se reconoce que compoiieii taiiibiéii una esca-
la cuyos peldaíios principales están identificados por s ~ i siioiii-
brcs. Son designados, no designan; no reniiten a nada, no sugic-
reii liada de manera unívoca. El artista los escoge, los aiiialgania,
los dispone a su gusto en el lienzo, y es sólo en la composiciaii
donde se organizan y adquieren, técnicamente Iiablando, una
"significación", por la selección y la disposición. El artista crea
así su propia semiótica: instituye sus oposiciones en rasgos que
él inisiiio hace significantes en su orden. De suerte que no recibe
un repertorio de signos, reconocidos tales, y tampoco establece
ninguno. El color, un material, trae consigo una variedad iliini-
tada de matices que pasan uno a otro y ninguno de los cua!cs
hallará equivalencia con el "signo" lingüístico.
En cuanto a las artes de la figura, ya participan de otro nivel,
el de la representación, donde rasgo, color, movimiento, se com-
binan y entran en conjuntos gobernados por necesidades propias.
Son sistemas distintos, de gran complejidad, donde la definición
del signo no se precisará sino con el desenvolvimiento de una se-
miología todavía indecisa.
Las relaciones significantes del "lenguaje" artístico hay que
descubrirlas DENTRO de una composición. El arte no es nunca
aquí más que una obra de arte particular, donde el artista ins-
taura libremente oposiciones y valores con los que juega con ple-
na soberanía, sin tener "respuesta" que esperar, ni contradicción
que eliminar, sino solamente una visión que expresar, segíin cri-
terios, conscientes o no, de los que la coinposición entera da tes-
timonio y se convierte en manifestación.
" Rolsnd Harweg, "Langu~ge and Miisic, an Iliiiiiancnt and Sign l'hcoretic hp-
pmaeh" (Foundations of Language, 4, 1968. py. 270rs.J. verifica atinadamente que
"the sign theoretic approacli is inadequate for tlie study of iiiuric. for the oiily thing
it can provide with regard to it are ncgative rtateziicnts - 'negative' taken in a logi-
n l , not in an cvaluatire sensc. All it can state iiia" be coinprised in the statement
that 'muik'is NOT 8 significational-repres~z~tational institution as is Innguage" (p. 273).
A esta .verificación le falta, no obstaiitc, el sitstento de uiia elabonción teórica. El
problenia que discutiiiios aqui cs prccisaiiie~itc cl de Ir wlidcz isitcrseiiii6tiia de la
ii6ción de "signo".
O sea que se pueden distinguir los sistemas en que la signifi-
cancia está iiiipresa por el autor en la obra y los sistemas donde
la significaiicia cs cxl~rcsadapor los elementos prinieros en es-
tado aislado, iiidc~~eiidiciiteiiieiite de los eiilaces que puedan con-
traer. Eii los priiiicros, la sigiiificancia se desprende de las rela-
ciones quc orgaiiizaii un iiiuiido cerrado, en los seg~iiidos,es in-
Iiereiitc a los sigiios iiiisiiios. La sigilificaiicia del arte no remite
nunca, pues, a una coiivciición idénticaiiiente heredada entre co-
partícipes." Cada vez Iiav que descubrir sus térmiilos, que son
iliniitados eii iiúiiiero, iiiibrevisibles en iiaturaleza, y así por rein-
veiitar eii cada obra -en una valabra.. inevtos Dara fiiarse en una
A

institiicióii. La sigiiificaiicia de la lengua, por'el contrario, es la


significancia iiiisnia, qiie funda la posibilidad de todo iiitercam-
b; y de toda coiiiuii~cación, desde ahí de toda cultura.
No deia dc ser válido., uues.
L , con algunas
u
nietáforas de vor rne-
dio, asiiiiilar la cjecuci6ii de uiia composición musical a'la pro-
ducción de uii enunciado dc leiigua; - ~. ~ o d hablarse
rá de un "dis-
curso" iiiusical, que se aiializa en "frascs" separadas por "pausas"
o "sileiicios", sriialadas por "motivos" reconocibles. También
se podrá, en las artes de la figuración, buscar los principios de una
iiiorfología y dc una siiita~is.'~ Cuando iiienos, una cosa es se-
gura: ninguna sernio!ogía del sonido, del color, de la imagen, se
formulará eii soiiidos, en colores, en imágenes. Toda semiología
Miccqslaw \\'allis, "hledine\al Art as a Langiiage". Acter du ~r Congres interna-
tioraal d'esthitiqiic (hiristerdriii, 1464). p. 427, ,m.; "La notion de chainp sémantique
et son appiicatio~i a la théorie dc I'Ait", Sciencer de I'art, núm. espccisl (1966). pp.
3 sr., hace útiles obrewacioncr acerca de los signos icónicor, especialnicnte en el arte
inedieval: discierne cn él un "vocabulario" y reglas de "sintaxi<'. Ea verdad que pue-
de reconocerse en la escultura ti)edieval cierto repertorio icónieo que corresponde r
ciertos temas religinrar, a ciertas eiireíializas teológicas a morales. Pem roli mensajes
conve~icionalrs. prodiicidos en uiia topologia igualmente convencional donde las figu-
ras ociipan piiestor sinib6licar. coiiiorii~er a represeiitacioiies fainiliarer. Por lo demás,
lar escenas figuradas soti la trarpnsición icónica de relatos o pnribolas; reproducen
u n a vcrbalización inicial. El verdadero probleiiia reiiiiológico, que no ha sido plantea.
do, que repaiiios, seria el biiriai c6hio se efectúa esta trasposición de una enunciación
verbal r una repreroitación ic6iiica. ciiáles son lar correrpondcncias posiblcs entre un
sirtema y otro y en qué inedida esta confrontación podria ser pcr-guida hasta la
deteriiiinacióii de correspondenciar cntre ricwos distintos.
" La posibilidad de extender lar categorías seiiiiológicar a lar tkniear de la imagc?.
y al cine, es debatida de inatiera instructiva por Chr. Metz. Esrais sur
B signi/ication au ciiiéiifa (París, 19681, pp. 66s.. 84 sr., 95 s. J. L. Scheffer, S c h o -
graphie d'iin tahicau (Parir, 1969). inaugura una "lectura" semiológin d e la obra
pintada y propone un análisis r~iyoanálogo al d e un "texto". Estar indaga60n"n"UCJ-
t n n ya el derpcrtar de uiia reflexión original sobre los campos y las catcgorias de la
reniiologia no liiigüistica.
64 LA C ~ M U N I C A C I ~ N

de un sistema lingüístico tiene que recurrir a la mediación de la


lengua. y así no puede existir más que por la semiología de ia
lengua y en ella. El que la lengua sea aquí instrumento y no ob-
jeto de análisis, no altera nada de la situación, que gobierna todas
las relaciones semióticas; la lengua es el interpretante de todos los
demás sistemas, lingüisticos y nc lingüísticos.
Debemos precisar aquí la naturaleza y las posibilidades de las
relaciones entre sistemas semióticos. Establecenios tres tipos de
relaciones.
11 Un sistema puede engendrar otro. La lengua usual engen-
dra la formalización Iógico-matemática; la escritura ordinaria en-
gendra la escritura estenográfica; el alfabeto nomial engendra el
alfabeto Braille. Esta RELACIÓN DE ENGENDRAMIENTO vale entre
dos sistemas distintos y contemporáneos, pero de igual naturale-
za, el segundo de los cuales está constnrido a partir del primero
y desempeña una función específica. Hay que distinguir cuida-
dosamente esta relación de engendramiento de la relación de
derivación, que supone evohición y transición histórica. Entre la
escritura jeroglífica y la escritura demótica hay derivación, no
engendramiento. La historia de los sistemas de escritura propor-
ciona más de un ejemplo de derivación.
21 El segundo tipo de relación es la RELACIÚN DE HOMOLOG~A,
que establece una correlación entre las partes de dos sistemas se-
mióticos. A diferencia de la precedente, esta relación no es veri-
ficada, sino instaurada en virtud de conexiones que se ciesctibren
o establecen entre dos sistemas distintos. La naturaleza de la
homología puede variar, intuitiva o razonada, sustancial o estruc-
tural, conceptual o poética. "Los perfumes, los colores y los so-
nidos se responden." Estas "correspondencias" sólo son de Bau-
delaire, organizan sti universo poético y la imaginería que lo
refleja. De naturaleza iiiás intelectual es la honiología que ve
Panofsky entre la arquitectura gótica y el pensan~ientoescolás-
tico." También se ha senalado la hornología entre la escritura
y el gesto ritual en China. Dos estr~icturaslingüísticas de índole
diferente pueden revelar homologías parciales o dilatadas. Todo
depende del modo como se planteen los dos sistemas, de los
".Ervin Panofsky, Alehiterture pthique a p*e~ l r r t i q u c . trad. de P . Bourdicu
(Parir. 1967). pp. 104 s.; d . P. Bourdieu. ibid.. pp. 1521.. citando lu houmlogiar
cntic la csnitura ). h arquitrrtun g6tics indicad= por R. Marichol.
DE LA LENGUA
SE~IIOLOG~A 65
parámetros que se empleen, de los campos donde se opere. Según
el caso, la homología instaurada servirá de principio unificador
entre dos dominios y se limitará a ese papel funcional, o creará
una nueva especie de valores semióticos. Nada garantiza por ade-
lantado la validez de esta relación, nada limita su extensión.
31 La tercera relación entre sistemas semióticos será denomi-
nada R E L A C I ~ NDE INTERPRETANCIA. Designamos así la que insti-
tuinios entre un sistema interpretante y un sistema interpretado.
Desde el punto de vista de la lengua, es la relación fundamental,
la quc reparte los sistemas en sistemas que se articulan, porque
iiianifiestan sil propia seiiiiótica, y sistenlas que son articulados
y cuya semiótica no aparece sino a través de la reja de otro modo
de expresión. Se puede así introducir y justificar el principio de
que la lengua es el interpretante de todos los sistemas semióti-
cos. Ningún sistema dispone de una "lengua" en la que pueda
categorizarse e interpretarse segíin sus distinciones semióticas,
iiiieiitras que la lengua puede, en principio, categorizar e ;?ter-
pretar todo, incluso ella misnia.
Se ve aquí cóiiio la relación seniiológica se distingue de toda
otra, y en particular de la relación sociológica. Si se interroga por
ejeiiiplo a propósito de la situación respectiva de la lengua y de
la sociedad -tenia de debates incesantes- y acerca de su modo
de dependencia niiitua, el sociólogo, y probablemente quien-
quiera enfoque la cuestión en términos dirnensionales. observará
que la lengua funciona dentro de la sociedad, que la engloba;
decidiri pues que la sociedad es el todo, y la lengua la parte.
Pero la consideración semiológica invierte esta relación, ya que
sólo la Iciigua permite la sociedad. La lengua constituye lo que
iiiaiitiene juiitos a los honibres, el fiindainento de todas las re-
laciones qiie a sil vez fundan la sociedad. Podrá decirse entonces
que es la lengua la que contiene la ~ociedad.~' Así la relación de
iiitcrpretancia, que es.seniiótica, va al revés que la relación de
eiicajoiiaiiiieiito, que es sociológica. Esta, objetivando las depen-
dencias externas, reifica parejaniente lengua y sociedad, en tanto
que aquélla las pone e11 dependencia mutua según su capacidad
de seniiotización.
Por aquí sc verifica un criterio que indicamos antes, cuando,
Trataiiios iiiár en dctalle de esta rclaci6n en una cxpariri6ii hccha cn octmbre de
1968 al Congreso Oliv~tti (cf. mivi, adelasite, pp. 95-106).
66 LA C O ~ ~ U N ~ C A C ~ ~ N

para determinar las relaciones entre sistenias semióticos, plantea-


mos que estas relaciones deben ser, ellas iiiismas, de naturaleza
semiótica. La relación irreversible de interpretancia, que incluye
en la lengua los otros sistemas, satisface esta condición.
La lengua nos ofrece el único iiiodelo de un sistema que sea
semiótica a la vez en sil estriictura foriiial y en sil fiinciona-
miento:
11 Se manifiesta por la enunciación, que alude a una situacióii
dada; hablar es siempre hablar de.
21 Coiisiste formalmente en unidades distintas, cada una de
las cuales es un signo.
31 Es producida y recibida en los mismos valores de refereii-
cia entre todos los miembros de una comunidad.
41 Es la íinica actualización de la comunicación intersubjetiva.
Por estas razones, la lengua es la organización semiótica por
excelencia. Da la idea de lo que es una función de signo, y es
la única que ofrece la fórmula ejemplar de ello. De ahí procede
que ella sola pueda conferir -y lo hace en efecto- a otros coii-
juntos la calidad de sistemas significantes informándolos dc la
relación de signo. Hay pues un MODELADO SEIIII~TICOque la leii-
gua ejerce y del que no se concibe que sil priiicipio resida cri
otra parte que no sea la lengua. La naturaleza de la Icngiia, sil
función representativa, su poder diiiáiiiico, su papel eii la vida
de relación, hacen de ella la gran iiiatriz semiótica, la estructura
modeladora de la que las otras estructiiras rcprodnccn los ras-
gos y el modo de acción.
¿A qué se debe esta propiedad? ¿Puede disccrnirse por qiié la
lengua es el interpretante de todo sistema significante? ¿Es sen-
cillamente por ser el sistema iiiás coinhn. el qiie tiene el caiiipo
más vasto, la inayor frecueiicia de eiiipleo y -en la práctica- la
mayor eficacia? Miiy a la inversa: csta situación privilegiada
de la lengua en cl orden pragniático cs iiiia conscciieiicia. iio
una causa, de su preeniinencia conio sistciiia sigiiificaiitc. y dc
csta preemineiicia puede dar razón 1111 principió seiiiio!ógico sólo.
Lo descubrirenios adquiriendo coiicicncia dcl hecho de quc la
lengua significa de tina niaiicra cspccífica y quc iio cs sino siiya,
de una nianera que iio rcprodiicc iiiiigúii otro sistciiia. Esti in-
vestida de una IX)RI.F: SIGNIPICANCIA. Hc aquí propiaiiiciitc un
iiiodclo sin análogo. La Iciigiia coiiihiiia dos iiiodos distiiitos dc
s~niio1.0~1~
DE I.A I.ENGUA
67
significancia, que llamamos el modo SEMIÓTICO por una el
modo SEMÁNTICO por
Lo semiótico designa el modo de significancia que es propio
del SIGNO lingüístico y que lo. constituye como unidad. Por
mor del análisis pueden ser consideradas por separado las dos
caras del signo, pero por lo que hace a la significancia, unidad
es y unidad queda. La íinica cuestión que suscita un signo para
ser reconocido es la de su existencia, y ésta se decide con un sí
o un no: árbol -canción - lavar - nervio -amarillo - sobre, y no
'ármol - 'punción - 'bavar - 'nertio - *amafillo - 'sibre. Más allá,
cs comparado para delimitarlo, sea con significantes parcialmen-
te parecidos: casa : masa, o casa : cosa, o casa : cara, sea con
significados vecinos: casa : choza, o casa : vivienda. Todo el
estudio seiiiiótico, en seiitido estricto, consistirá en identificar
las unidades, en describir las iiiarcas distiiitivas y en descubrir
criterios cada vez niás sutiles de la distintividad. De esta suerte
cada signo afiriiiará con crcciente claridad su significancia pro-
pia en el seno de uiia constelación o eiitrc el conjunto de los
signos. Toniado cn sí niisiiio, cl sigilo es pura identidad para
sí, pura alteridad para todo lo deiiiis, base significante de la
lengua, iiiatcrial necesario de la ciiuiiciacióii. Existe cuando es
rccoiiocido coiiio sigiiificante por cl conjunto de los niienibros
de la coiiiiiiiidad liiigüística, y evoca para cada quien, a gran-
des rasgos, las iiiisiiias asociaciones y las iiiisnias oposiciones.
Tal es el doiiiiiiio r cl critcrio de la seiiiiótica.
Coii lo seiiiántico ciitramos cii el modo específico de signi-
ficaiicia qiic cs ciigendrado por el DISCURSO. Los probleiiias
qiic se plaiitcaii aqui soii función de la lengua como productora
dc iiiciisajcs. Aliora. el nicnsaje no sc reduce a una. succsióii de
uiiidades por idciitificar separadaiiiciitc; iio es una suma de sig-
a Esta distiiicioii fue propuerta por pririiera irz en la resi6n inaiigural del XIII"
Coi~grCs de? Soriitfs de Phili>ropliic dc Lsngue Fraii~aise, celchrada cn G i i i e l > r ~rl 3
<Ic rrptiriiil>rc de 1966. 1.2 crpririci"n fiic piihlicadn eti lar Actrr de diclm congreso,
11. 29-411 («ni <lirci!st"ii. pp. i ( c f . zidilaiitc. cap. 151. Se vcri aqui il reiiiatc
del riiili\ii prirciit8do ,iiterioriiioite casi el titiblu de " S i \ r a i i r dc I'atirl!re liii~iiirti-
qiic' ( i i i iiiicrtros I'rohli,ritcs de liriptiictiqiie gCricrnlc. l . 1966. pp. 119sr. [trad. esp.
~pp. I I 8 r r . J ) . 1l.ihriniios ~prcfcrido cligir. a f i i i <Ic Ii.ictr iiidr notoria crta dirtiicióii.
tiriiii~i<is~ i i c t i o r l>.iricidos iilio al iotrr> que r ~ r t i < i i i < .v~ s ~ \ r i h n i c ~ ./~UCSIO
. qiie los dos
ariiiiirii ;iqiii i ~ i iaentid<i tériiiro. Il8ri:i frlki. r<,iito<lii. qiic i i t i r n ! <iirr> cincarcli Ir no-
ción rlrl \<.irl.i. .i l;i cii.iI \c iiiiriil.iii :iiiili<i\. ,¡ hirii <Iifrrriitciiitiitc. 1 L t . ~ c~!csti"ll
trrll,i,,<,l<,pic~l o,> < I C I > C ~~>crt,,rl,.,r
~,L :, <],l,C,IC, tc,ls~,l,:, t,ic,, <<,,,,¡<lc':,r 1 ~ 8 p"rsl,"ct~~.~
<,,,,,,>l~t,,clc ,,,,c\trc> .,l,,,ll\,\
68 LA <:ohfllxi~~ii~~
110s la que produce el sentido, es, por el coiitrano, el sentido,
concebido. globalmente, el que se realiza y se divide cn "signos"
particulares, que son las P A L ~ B R A S . En segundo lugar, lo seiiiáii-
tico carga por necesidad con el conjunto de los rcferciitcs, en
tanto que lo seiniótico está, por priiicipio, separado y es iiide-
pendiente de toda refcrencia. El orden seiiiántico se identifica
con el mundo de la eiiunciación y el universo del discurso.
El hecho de que se trata, por cierto, de dos órdenes clistiiitos
de nociones y de dos uiiiversos conceptuales, es algo que sc puc-
de mostrar también mediante la diferencia eii el criterio dc va-
lidez que requieren el uno y el otro. Lo seniiótico (el sigiio)
debe ser R E C O N O C I ~ ;lo semántica (el discurso) dcbe ser c o w
PRENDTW. La diferencia entre reconocer y comprender reiiiitc
a dos facultades mentales distintas: la de percibir la identidad
entre lo anterior y lo actual, por una parte, y la de percibir la
significación de un enunciado nuevo, por otra. En las fornias
patológicas del lenguaje, es frecuente la disociación de las dos
facultades.
La lengua es el íiiiico sisteiiia cuva sigiiificaiicia se articula.
así, cn dos dimensiones. Los demás. sistemas tiene11 uiia sigiii-
ficaiicia unidiinensional: o semiótica (gestos de cortesía; 111u-
drás), siii semántica; o seiiiintica (expresioiies artísticas), siii
semiótica. El privilegio dc la lengua es portar al niisiiio tieiiipo
la significancia de los sigiios 1. la significancia dc la e~iuiicia-
cióii. Dc ahí provicne su poder niayor, el de crear un iiiicvo rii-
ve1 de enunciación, donde sc \wclvc posihlc decir cosas sigiiifi-
cantes acerca de la significaiicia. Es cn esta facultad iiietaliii-
güística donde encontrainos cl origeii de la relaciOii dc iiitcrprc-
taiicia nierced a la cual la lengua cngloba los otros sistciiias.
Cuaiido Saussurc dcfiniíi la leiigua coiiio sisteiiia de sigiios,
echó cl fiiiidaiiiciito dc la sciiiiología lingüística. l'ero vciiios
ahora que si el signo corrcsl~oiidce11 cfccto a las ~iiiidadcssigiii-
ficaiitcs dc la lciigua, iio puede crigírsclo en ~~riiicipio íiiiico dc
la lciigua eri sii fuiicioiiaiiiieiito discursivo. Saussurc iio igiioró
la frase, pero es pateiitc quc Ic creaba uiia gravc dificultad y la
reiiiitií) al "liabla","" lo ciial iio rcsiiclvc iiada; cs cosa precisa-
iiiciitc dc sabcr si cs posiblc pasar dcl sigiio al "liabla", y cóiiio.
" Cl. C. 1.. C:.. p[>. 148. 172. ) lar i>liiervacionesdc IC. <;iidcl. Curreltt 'l'rcii<!s in
111. 'l'!rc~~rcti~,tl
I,~r~&ui$tx\. ~ r s , 111,. 49115,.
l ' c ~ ! # r ~ ! , # t l ~ ~1966,
si..~ii«i.o<;ia
i>i.: I.A I.I'NCUA 69

Eii rcalidad el inundo del signo es cerrado. Del signo a la frase


no liay transicióii ni por sintagiiiación ni de otra manera. LOS
separa un hiato. Hay pues que adiiiitir quc la Iciigua compreti-
dc dos doiiiiiiios distintos, cada uno de los cuales requiere su
propio aparato coiiccptual. Para el que llariiaiiios scrniótico, la
tcoría saussuriana del signo lingüístico servirá de base para la
investigacióii. El dominio semántico, en cambio, debe ser reco-
nocido conlo separado. Tendrá iiccesidad de 1111 aparato nucvo
de conceptos y definiciones.
La semiología de la lengua ha sido atascada, paradójicanicn-
te, por el instrumeiito niismo que la creó: cl signo. No podia
apartarse la idea del signo lingüístico sin supriiiiir el caricter
iiiás iniportante de la lengua; taiiipoco se podía extenderla al
discurso cntcro sin contradecir su definicióii corno unidad iiií-
nima.
En conclusión, hay que superar la noción saussuriana del sig
no como principio único, del que dependerían a la vez la es-
tructura y el funcionaiiiicnto de la Iciigua. iliclia superacióii se
logrará por dos caminos:
En el análisis intralingüístico, abriendo una nueva diinciisión
de significancia, la del discurso, que llamanios seiiiántica. eri
adelante distinta de l a que está ligada al sigiio, v que scrá
seniiótica.
Eii el aiiálisis transliiigüístico de los textos, de las obras, nier-
ced a la elaboración de una metasemántica que scrá coiistrui-
da sobre la semántica de la enunciación.
Será una semiología de "segunda generacióii", cuyos instru-
nientos y método podrin concurrir asimismo al desenvolvimien-
to de las otras ramas de la semiología general.
4. EL LENGUAJE Y LA EXPERIENCIA HUMANA'

Todas las lenguas tienen en común ciertas categorías de expresión


que parecen responder a un modelo constante. Las formas que
adoptan estas categorías quedan registradas e inventariadas en
las descripciones, mas sus funciones sólo aparecen con claridad
si son estudiadas en el ejercicio del lenguaje y en la producción
del discurso. Son categorías elementales, que son independien-
tes de toda determinación cultural y donde vemos la experien-
cia subjetiva de los sujetos que se plantean y se sitúan en el len-
guaje y por él. Tratamos aquí de poner en claro dos categorías
fundamentales del discurso, conjuntas por lo demás necesaria-
mente, la de la persona y la del tiempo.

Todo hombre se plantea en su individualidad en tanto que yo


en relación con tú y él. Este comportamiento será juzgado "ins-
tintivo"; nos parece reflejar en realidad una estructura de opo-
siaones lingüísticas inherente al discurso. El que habla se re-
fiere siempre por el mismo indicador yo a sí mismo que habla.
Ahora bien, este acto de discurso que enuncia yo aparecerá,
cuanta vez se reproduzca, como el mismo acto para el que lo
oiga, pero para aquel que lo enuncie es cada vez un acto nuevo,
así fuera repetido mil veces, pues opera en cada ocasión la in-
serción del locutor en un momento nuevo del tiempo y en una
textura diferente de circunstancias y de discurso. Así, en toda
lengua y en todo momento, el que habla se apropia el yo, ese
yo que, en el inventario de las formas de la lengua, no es sino
un dato léxico como cualquier otro, pero que, puesto en acción
por el discurso, inserta en él la presencia de la persona sin la
cual no hay lenguaje posible. No bien el pronombre yo apare-
ce en un enunciado donde evoca -explícitamente o no- el pro-
nombre tú para oponerse en conjunto a él, se instaura una v a
' Diogene, Paiii, umrm. Callimard. núm. 51 (julio-septicrnbre de 1965). pp. 3-13,
1701
E L LENGUAJE Y LA EXPERIENCIA IIUhlANA 71
más una experiencia humana y revela el instrumento lingüísti-
co que la funda. Baste para medir la distancia a la vez ínfima e
inmensa que hay entre el dato y la función. Ahí están los pro-
nombres, consignados y enseñados en las gramáticas, ofrecidos
con los demás signos e igualmente disponibles. Con que uno
de los hombres los pronuncie, los asume, y el pronombre yo,
de elemento de un paradigma, se trasmuta en una designación
única y produce, cada vez, una persona nueva. Es la actualiza-
ción de una experiencia esencial, cuyo instrumento es inconce-
bible que faltara jamás en una lengua.
Tal es la experiencia central a partir de la cual se determina
la posibilidad misma del discurso. Necesariamente idéntica en
la forma (el lenguaje sería imposible si la experiencia cada vez
nueva debiera inventarse, en boca de cada quien, una expresión
cada vez distinta), esta experiencia no es descrita, está ahí, in-
herente a la forma que la trasmite, constituyendo la persona
en el discurso y por consiguiente toda persona en cuanto habla.
Por añadidura, este yo en la comunicación caiiibia alternativa-
mente de estado: el que lo oye lo vincula al otro, de quien es
signo innegable; pero, cuando habla a su v a , asume el yo por
cuenta propia.
Una dialéctica singular es el resorte de esta subjetividad. La
lengua suministra a los hablantes un mismo sistema de rcferen-
cias personales que cada uno se apropia por el acto del lengua-
je y que, en cada ocasión de su empleo, no bien es asumido por
su enunciador, se torna único y sin igual, y no puede realizarse
dos veces de la misma manera. Pero fuera del discuno efectivo,
el pronombre no es más que una forma vacía, que no puede
adherirse ni a un objeto ni a un concepto. Recibe su realidad
y su sustancia del discurso nada más.
El pronombre personal no es la única forma de esta natura-
leza. Algunos otros indicadores comparten la misma situación.
en particular la sene de los deícticos. Al mostrar los objetos, los
demostrativos ordenan el espacio a partir de un punto central,
que es Ego, según categorías'vanables: el objeto está cerca o
lejos de mi o de ti, está orientado así (delante o detrás de mí,
arriba o abajo), visible o invisible, conocido o desconocido, etc.
El sistema de las coordenadas espaciales se presta así a localizar
todo objeto de no importa qué campo, una vez que quien lo OP
72 LA C O M U N I C A C I ~ N

dena se ha designado a sí mismo como centro y punto de re-


ferencia.

Entre las formas lingüísticas reveladoras de la experiencia sub-


jetiva, ninguna es tan rica como las que expresan el tiempo,
ninguna es tan difícil de explorar: así son de tenaces las ideas
recibidas, las ilusiones del "buen sentido", los cepos del psico-
logismo. Quisiéramos mostrar que este término de tiempo cu-
bre representaciones muy diferentes, que son otros tantos mo-
dos de plantear el encadenamiento de las cosas, y quisiéramos
mostrar sobre todo que la lengua conceptualiza el tiempo de
muy otro modo que la reflexión.
Una confusión bastante divulgada es creer que algunas len-
guas ignoran el tiempo, por el hecho de que, no perteneciendo
a la familia de las lenguas flexivas, parecen carecer de verbo.
Se sobreentiende que sólo el verbo permite expresar el tiempo.
Hay aquí vanas confusiones que deben ser denunciadas: la ca-
tegoría del verbo se consigue reconocer aun en las lenguas no
flexivas, y la expresión del tiempo es compatible con todos los
tipos de estructuras lingüísticas. La organización paradigmática
propia de las formas temporales de ciertas lenguas, notable-
mente de las indoeuropeas, no tiene el privilegio exclusivo, ni de
hecho ni de derecho, de expresar el tiempo.
Más general y, por decirlo así, natural es otra confusión que
consiste en pensar que el sistema temporal de una lengua re-
produce la naturaleza del tiempo "objetivo": así de intensa es
la propensión a ver en la lengua el calco de la realidad. Las
lenguas no nos ofrecen de hecho más que constmcciones diver-
sas de lo real, y quizá sea precisamente en la manera de elabo-
rar un sistema temporal complejo donde más diverjan. Tenemos
que preguntamos en qué nivel de la expresión lingüística pode-
mos llegar a la noción del tiempo que informa necesariamente
todas las lenguas, y luego cómo se caracteriza esta noción.
Hay en efecto un tiempo específico de la lengua, pero antes
de llegar a 61 hay que pasar dos etapas y reconocer sucesiva-
mente -para quitárnoslas de encima- dos nociones distintas
del tiempo.
I<L L E N G U A J E Y LA EXPERIENCIA HUMANA 73
El tiempo físico del niundo es un continuo uiiiforine, infinito,
lineal, segmentable a voluntad. Tiene por correlato en el hom-
bre una duración infinitamente variable que cada individuo
mide de acuerdo con sus cmociones y con el ritmo de su vida
interior. Es una oposición bien conocida y sin duda no hay por
qué detenernos en ella aquí.
Del tiempo físico y de su correlato psíquico, la duración inte-
rior, distinguiremos con gran cuidado el tiempo crónico, que es el
tiempo de los acontecin~ientos,que engloba asimisiiio nuestra
propia vida en tanto que sucesión de aconteceres. E n nuestra
visión del mundo, así como en nuestra existencia personal, no
hay más que un tiempo, éste. Debemos esforzarnos para carac-
terizarlo en su estructura propia y en nuestra nianera de con-
cebirlo.
Nuestro tiempo vivido corre sin fin y sin retorno, es la expe-
riencia común. Nunca recobramos nuestra infancia, ni el ayer
tan próximo, ni el instante huido al instante. No obstante,
nuestra vida tiene puntos de referencia que situamos con exac-
titud en una escala reconocida por todos y a los que ligamos
nuestro pasado inmediato o lejano. En esta contradicción apa-
rente reside una propiedad esencial del tiempo crónico que hay
que aclarar.
El observador que cada uno de nosotros es, puede pasear la
mirada por los acontecimientos consun~ados,recorrerlos en dos
direcciones, del pasado hacia el presente o del presente hacia
el pasado. Nuestra propia vida forma parte de esos aconteci-
mientos por los que nuestra visión baja o sube. En este sentido,
el tiempo crónico, fraguado en la historia, admite una conside-
ración bidireccional, en tanto que nuestra vida vivida fluye (es
la imagen tradicional) en un solo sentido. Aquí es esencial la
noción de acontecimiento.
E n el tiempo crónico, lo que llamanios "tiempo" es la con-
tinuidad donde se disponen en serie esos bloques distintos que
son los acontecimientos. Pues los aconteciiiiientos no son el
tiempo, están en el tiempo. Todo está en el tiempo, aparte del
tiempo mismo. Ahora bien, el tiempo crónico, como el tiempo
físico, trae consigo una versión doble, objetiva y subjetiva.
E n todas las formas de cultura huiiiana y en toda &poca,aprc-
cianios de iiiia 11 otra manera uii esfuerzo de objetivar cl tieiii-
74 LA conrviurc~ci6~
po crónico. Es una condición necesaria de la vida de las socie-
dades, y de la vida de los individuos en sociedad. Este tiempo
socializado es el del calendario.
Todas las socicdades humanas han instituido un cómputo O
una división del tiempo crónico fundado en la recurrencia de
fenómenos naturales: alternación del día y de la noche, tra-
yecto visible del sol, fases de la luna, iiiovimientos de las nia-
Teas, estaciones del clima y de la vegetación, etc.
Los calendarios tienen rasgos en común que indican a qué
condiciones necesarias tienen que responder.
Proceden a partir de un iiiomento axial que sirve de punto
cero del cómputo: un acontecimiento tan iniportante que pasa
por dar a las cosas uii curso nuevo (iiacimieiito del Cristo o del
Biida; advenimiento de tal o cual soberano, etc.). Es la condi-
ción primera, que llamaremos estativa.
De ella se desprende la otra condición, que es directiva. Se
enuncia mediante los térrriinos opuestos "antes. . . /después. . . "
con respecto al eje de referencia.
A la tercera condición la llamaremos mensurativa. Se fija un
repertorio de unidades de niedida que sirva para nombrar los
intervalos constantes entre las recurrencias de fenóiiienos c6s-
micos. Así el intervalo entre la aparición y la desaparición del
sol en dos puntos diferentes del horizonte será el "día"; el in-
tervalo entre dos conjiiiicioiies de la luna y del sol será el "nies";
el intervalo definido por una revolución completa del sol y de
las estaciones será el "año". Pueden agregarse a voluntad otras
unidades, sean de agrupamiento (semana, quincena, trimestre,
siglo) o de división (hora, minuto.. .), pero son menas
usuales.
Tales son las características del tiempo crónico, fundamento
de la vida de las sociedades. A partir del eje estativo, los acon-
tecimientos son dispuestos según la una o la otra ojeada direc-
tiva, o anteriormente (hacia atrás) o posteriormente (hacia
adelante) con respecto a este eje, y están alojados en una divi-
sión que permite medir su distancia al eje: tantos años antes o
después del eje, luego tal mes y tal día del año en cuestión.
Cada una de las divisiones (año, mes, día) se alinea en una se-
rie infinita, cuyos términos todos son idénticos y constantes,
que no admite ni desigualdad ni vacío, de suerte que el aconte-
E L LENGUAJE Y LA EXPERlEiiClA H U M A N A 75
cimiento por situar está cxactaiiicnte localizado en la cadeiia
crónica por su coincidencia coi1 tal o cual división particular.
El aíio 12 después de ].C. es el úriico que se sitíia después dcl
aíio I l y antes del aíio 13; el aíio 12 antes de ].C. cae también
después del año 11 y antes del aiío 13 pero en una visión de
dirección opuesta que, como se dice, reiiionta el curso de la
historia.
Son estos puntos de referencia los que dan la posición ohje-
tiva de los acontecimientos, y que así definen también nuestra
situación con respecto a dichos acontecimientos. Nos dicen en
sentido propio dónde estamos en la vastedad de la historia,
cuál es nuestro lugar entre la sucesión infinita de los hoiiibres
que han vivido y de las cosas que han pasado.
El sistema obedece a necesidades internas que son apremian-
tes. El eje de referencia no puede ser corrido, ya que lo niarca
alguna cosa que ocurrió de veras en el mundo, y no una con-
vención revocable. Los intervalos son constantes de uno y otro
lado del eje. Por último, el cóiiiputo de los intervalos es fijo
e iiiinutahle. De no ser fijo, estaríamos perdidos en iin tiempo
errático y todo nuestro universo mental partiría a la deriva. Si
no fuera iniiiutab!e, si los aíios perniutaseri con los días o si cada
cual los contase a su manera, ya no podría emitirse ningún dis-
curso sensato acerca de nada y la historia entera hablaría el
leiiguaje de la locura.
D e modo que puede parecer natural que la estructura del
tiempo crónico esté caracterizada por su permanencia y su fije-
za. Pero no hay que dejar de advertir a la vez que estos carac-
teres resultan de que la organización social del tiempocrónico
es en realidad intemporal. No estamos enunciando ninguna
paradoja.
Intemporal lo es este tiempo medido por el calendario, en
virtud de su fijeza misma. Los días, los meses, los aíios son can-
tidades fijas, que observaciones inmemoriales han deducido del
juego de las fuerzas cósmicas, pero estas magnitudes son deiio-
minaciones del tiempo que no participan para nada de la na-
turaleza del tiempo y están por sí mismas vacías de toda tem-
poralidad. Habida cuenta de su especificidad léxica, se asimi-
larán a los números, que no poseen ninguna propiedad de las
materias que enumeran. El calendario es exterior al tieinpo.
No transcurre con él. Registra series de unidades constantes,
llamadas días, que se agrupan en unidades superiores (nieses,
años). Ahora bien, como un día es idéntico a otro día, nada
dice de tal día del calendario, tomado en sí mismo, si es pasa-
do, presente o futuro. No puede ser colocado en una dc estas
tres categorías más que por aquel que vive el tiempo. "13 de
,febrero de 1641" es una fecha explícita y conlpleta en virtud
del sistema, pero que no nos permite saber en qué tieiii-
enunciada; puede lo mismo tomarse como prospectiv
ejemplo en una cláusula que garantice la validez de un tra.,do
concluido un siglo antes, que como retrospectiva, evocada dos
siglos más tarde. El tiempo crónico fijado en un calendario es
ajeno al tiempo vivido y no puede coincidir con él; por el he-
cho mismo de ser objetivo, propone medidas y divisiones uni-
formes donde se alojan los acontecimientos, pero éstas no coin-
ciden con las categorías propias de la experiencia humana del
tiempo.

Con respecto al tiempo crónico, ¿qué hay del tiempo lingüís-


tico? Al abordar este tercer nivel del tiempo hay que instaurar
de nuevo distinciones y separar cosas diferentes, incluso, o so-
bre todo, si no puede evitarse el llamarlas por el mismo nombre.
Una cosa es situar un acontecimiento en el tienipo crónico,
otra cosa insertarlo en el tiempo de la lengua. Es por la lengua
como se manifiesta la experiencia humana del tiempo, y el
tiempo lingüístico se nos manifiesta como igualmente irreduci-
ble al tiempo crónico y al tiempo físico.
Lo que tiene de singular el tiempo lingüístico es que está
orgánicamente ligado al ejercicio de la palabra, que se define
y se ordena como función del discurso.
Este tiempo tiene su centro -un centro generador y axial a
la vez- en el presente de la instancia de palabra. Cuanta vez
un locutor emplea la forma gramatical de "presente" ( o su
equivalente), sitúa el aconteciniiento como contemporáneo de
la instancia de discurso que lo menciona. Es evidente que este
presente, en tanto que función del discurso, no puede ser loca-
lizado en una división particular del tieinpo crónico, porque ad-
iiiite todas y no exige ninguna. El lociitor sitúa como "presen-
i l . I K X c i i A J E Y 1.A EXPERIENCIA HUMANA 77
te" todo lo que implica como tal en virtud de la forma lingüís-
tica que emplea. Este presente es reinventado cuanta vez un
lioinbre habla porque es, al pie de la letra, un momeiito nuevo,
no vivido aún. H e aquí, una vez más, una propiedad original
dcl lenguaje, tan particular que sin duda será cosa de buscar un
tériiiino distinto para designar el tiempo lingüístico y separarlo
así de las otras nociones confundidas bajo el mismo nombre.
El presente lingüístico es el fundamento de las oposiciones
tciiiporales de la lengua. Este presente que se desplaza con el
progreso del discurso, sin dejar de ser presente, constituye la
línea divisoria entre otros dos niomentos que engendra y quc
son igualmente inherentes al ejercicio de la palabra: el nionien-
to en que el acontecimiento no es ya conteniporáneo del dis-
curso, ha salido del presente y debe ser evocado por la iilemo-
ria, y el momento en que el acontecimiento no está todavía pre-
sente, va a estarlo y surge en prospección.
Se advertirá que en realidad el lenguaje no dispone sino de
una sola expresión temporal, el presente, y que éste, seíialado
por la coincidcncia del acontecimiento y del discurso, es por
naturaleza implícito. Cuando es explicitado fornialniente, es por
iiiedio de una de esas redundancias frecuenta en el uso cotidia-
no. Por el contrario, los tien~posno presentes, ellos sí siciiiprc
explicitados en la lengua, a saber, el pasado y el porveiiir, no
cstán en el mismo nivel del tiempo que el presentc. La lengua
no los sitúa en el tiempo según su posición propia, ni en virtud
de uiia relación qiie debería entonces ser otra que la de la coiii-
cidencia entrc el acontecimiento y el discurso, sino solaiiiciitc
coiiio puntos vistos detrás o adelante a partir del presente. (Dc-
trás y adelante, porque el hombre va al encuentro del ticiiipo o
el tieiiipo viciic a él, según la imagen que anime niicstra reprc-
sciitacióii.) La lengua debe por necesidad ordenar el tieiiipo a
partir de un eje, y éste es sie~iiprey solaniente la instancia de
discurso. Sería iniposible desplazar este eje de referciicia y plaii-
tarlo en cl pasado o en el porvenir; no piiede ni imaginarse qué
sería de uiia leiigua en que el punto de partidade la ordcna-
cióii del ticiiipo no coiiicidicsc con el prescntc liiigiiistico y
donde el eje teniporal f~icra,él iiiisiiio, iiiia variablc dc la tciii-
poralidad.
Sc llega así a iiiia \~crificación-sorprciidciitc a priiiicra vista
78 LA C ~ ~ ~ U N ~ C A C ~ ~

pero proflindaiiiente acorde con la naturaleza real del lengua-


je-: que el íinico tienipo inherente a la lengua es el presentc
axial del disciirso, y que cstc presente es iniplicito. Determina
otras dos referencias temporales; éstas son necesariamente ex-
plicitadas en un significante y, en conipensación, hacen aparc-
cer el presente coiiio una línea de separación entre lo que ya
iio está presente y lo que va a estarlo. Estas dos referencias no
llevan al tienipo sino a visiones del tiempo, proyectadas hacia
atrás y hacia adelante a partir del punto presente. Tal parece
ser la experiencia fuiidaiiicntal del tienipo que todas las lenguas
atestiguan a su manera. Informa los sistenias temporales con-
crctos y en particular la organización formal de los diferentes
sistenias verbales.
Sin entrar en el detalle dc estos sistemas, que a nieiiiido son
de gran coinplejidad, seiialareii~os un hecho significativo. Se
advierte que cn lenguas de los niás variados tipos la forma del
pasado no falta jamás, y niuy a menudo es doble o aun triple.
Las lenguas indoeuropeas antiguas disponen para esta expresión
del pretérito v del aoristo, y aun del perfecto. En francés sigue
habiendo dos formas distintas (tradicionalniente: pasado de-
finido e indcfiiiido) y el escritor sacará partido instiiitivaiiiente
de esta diferencia para separar el plano de la historia del de
la narración. Según Sapir, hay en ciertos dialectos de la leiigua
cliinook (hablada en la región del río Cnlunibia) trcs foriiias
de pasado, distinguidas por sus prefijos: 11,- indica el pasado iii-
dcfiiiido; ga-, el pasado muy reiiioto de los mitos; t i a - , cl pasado
bien reciente, ayer: "él fue" se dirá, segúii la circuiistaiicia,
ttiyuya (ni prefijo + y, el"
"1
+ uya, "ir") o gayuya (prcfijo
ga + +y uyd) o nayuya ( t i a+ + y uya). Por el coiitrario, mu-
chas Iciiguas iio tienen foniia espccífica de fiituro. Se usa a
iiiciiudo el prcseiitc con algíiii adverbio o. partícula iiidicador
dc iin iiioiiiciito por venir. En cl misiiio dialecto cliiiiook que
posec hcs formas.de pasado, no hay iiiis quc iiiia para el futu-
ro, y se caracteriza por 1111 iiiorfciii:1 rcduiidaiite a qiic es a la
vez prefijado v sufijado, a diferciicia dc los prefijos clcl prct6-
rito. Así se d ~ c ca~imludu."61 tc lo dari". dcscoiiipoiiiblc cii
a- futuro + F. "61" + i. "lo"+ +
771. "tíi" l. "a"+ lid, "dar"
+ a futiiro. El aiiálisis diacrónico, cii las Iciigiias cii qiic cs po-
sil~lc,iiii~cstraqiic cl fiitiiro sc coiistitiiyc a iiiciiiiclo cii fecha
RI. I.ENCIIAJE Y LA EXPERIENCIA HllhlANA 79
reciente por especialización de ciertos auxiliares, notablenieii-
te "querer".
Este contraste entre las foniias del pasado y las del fiituro
es instriictivo por sil generalidad aun en el mundo de las lcii-
guas. Hay evidentemente una diferencia de naturaleza entre
esta teniporalidad retrospectiva, que puede adoptar varias dis-
tancias en el pasado de nuestra experiencia, y la teniporalidad
prospectiva que no entra en el campo de nucstra experiencia
y que a decir verdad no se temporaliza sino en tanto que pre-
visión de experiencia. Aquí la lengua recalca una disimetría que
reside en la naturaleza desigual de la experiencia.
Merece atención un aspecto final de esta temporalidad: el
modo coiiio se inserta en el proceso de la coniunicación.
Del ticiiipo lingiiístico, indicanios la emergencia en el seno
dc la instancia del discurso que lo contiene en potencia y lo
actualiza en Iieclio. Pero cl acto de palabra es necesariaiiieiite
individual; la iiistancia específica de donde resulta el presente
cs nueva cada vez. En consecuencia, la teniporalidad lingüística
debería rcalizarse eii el uiiivcrso iiitrapersonal dcl locutor coiiio
titia cxpericiicia irrciiiediableiiicntc subjetiva c iiiiposible dc
trasiiiitir. Si cuento lo que "iiic pasó", el pasado al qiic iiic re-
fiero no es definido sino con respecto al presente de iiii acto
dc palabra, pcro coiiio el acto de palabra siirgc de iiii y nadie
sino yo puede Iiablar por iiii boca. iii iiiás ni niciios qiic vcr por
iiiis ojos o sentir lo que sicnto, cs a iiii solo a q~iiciicstc "ticiii-
po" sc rcfcririi. y a iiii sola cxpericiicia a la qiic sc atciidrii.
Pcro cl razonaiiiieiito alida iiial. Acontccc iiiia cosa siiigular,
iiiiiy sciicilla c infinitamente iiiiportaiite que logra lo qiic parc-
cia Iógicaiiiciitc iiiiposible: la tcinporalidad que cs iiiia cuaiido
ordciia iiii discurso cs accptada del todo coiiio suya por iiii iii-
tcrloc~itor.Mi "hoy" se convicrtc en sil "lioy", aiiiiquc iio lo
liaya instaurado en su propio disciirso, y iiii "ayer" cii su "aycr".
Rccíprocaniente. cuaiido él Iiablc coiitcstaiido, yo convertiré,
vuclto rcccptor, sil tciiiporalidad cii la iiiía. Tal aparccc la coiidi-
cióii de inteligibilidad dcl lciiguajc, rcvclada por cl lengiiajc:
consiste cii qiic la tciiiporalidad del locutor, por iiiuclio qiic sca
litcraliiiciite ajena e iiiacccsiblc para cl rcccptor, es idciitificada
por éstc con la tciiiporalidad qiic iiiforiiia sii propia palabra cueii-
do sc Iiacc a sil vcz lociitor. ,\si cl 11110 cl otro cstáii afiiiados
80 LA C O M I T N I C A C I ~ N

a la misma longitud de onda. El tiempo del discurso no es ni


reducido a las divisiones del tiempo crónico ni encerrado en una
subjetividad solipsista. Funciona como un factor de intersubje-
tividad, lo cual, de unipersonal que debía ser, lo vuelve omni-
personal. La condición de iritersubjctividad cs la única qiic per-
mite la coiiiunicación lingüística.
Específico, lo es el tiempo lingüístico dc una iiianera más.
Trac sus propias divisiones cn su propio orden, independientes
el u110 y las otras de los del tieiiipo crónico. Quienquiera diga
"aliora, hoy, cn estc iiiorncnto", localiza un aconteciiiiieiito
conio siiiiult.iiieo a sil disc~irso;su "hoy" pronunciado es nece-
sario y suficiente para que su interloc~itorse le reúna en la mis-
iiia representacióii. Pero separemos "hov" del discurso que lo
contiene, pongámoslo en un texto escrito; "lioy" no es ya el
signo del presente liiigüístico, puesto que ya no es hablado y
percibido, y taiiipoco puede remitir al lector a ningúii día del
tiempo crónico, puesto que no se identifica con ninguna fcclia;
pudo haber sido proferido no iiiiporta qué día del calendario
y se aplicará iiidiferentenicnte a todo día. El úiiico modo de
emplearlo y de hacerlo inteligible fuera del preseiitc lingüístico
es anexarle una correspoiideiicia explícita con una división del
tieiiipo cróiiico: "hoy 12 de junio de 1924". La niisrna situa-
ción se preseiita en u11 yo siistraído al discurso que lo introduce
y que, convenieiite entonces a todo lociitor posible, no dcsigiia
a su locutor real: hay que actiializarlo agregando el iioiiibre
propio de este locutor: "yo, Fulano. . . " De lo ciial se dcspren-
de que las cosas dcsigiiadas y ordenadas por el discurso (el lo-
cutor, su posición, su ticiiipo) no puede11 ser idciitificadas iiiis
que para quienes iiitcwieiieii eii el iiitcrcaiiibio liiigiiístico. Eii
otras palabras, para volver iiiteligiblcs cstas referencias iiitra-
discursivas, Iiay que vincular cada iiiia de cllas a un punto
deterniiiiado e11 uii coiijuiito dc coordeiiadas espacioteniporalcs.
Así se establecc la juiitura ciitrc el ticiiipo lingüístico y el tiem-
po cróiiico.
La tciiiporalidad lingüística cs a la vez de lo iiiás rotunda eii
sus trcs articulacioiics clistiiitivas y iiiuy liiiiitada cii cada una
de cllas. Cciitrada cii "lioy", iio puede corrcrse Iiacia atrás o
Iiacia adelante nihs qiic distancias de dos días: "ayer" y "ante-
ayer" Iiacia atris; Iiacia adcla~itc,"iiiaiiaiia" y "pasadoiiiaíiaiia"
EL LENGUAJE Y L A EXPERIENCIA HUMANA 61
Esto es todo. Un grado mis ("anteanteayer". . . ) es cosa excep-
cional. Incluso el segundo no suele tener expresión léxica inde-
pendiente; "anteayer" y "pasadomaíiana" no son más que "ayer"
y "maíiana" llevados un grado niás lejos en su orden. De mane-
ra que no queda sino "ayer" y "niaíiana", separados y deter-
minados por "hoy", coiiio términos originales que señalan las
distancias temporales a partir del presente lingüístico. En la
misma perspectiva deben ponerse algunas calificaciones: "úl-
timo" ("el invierno último, la noche última") y "próximo"
("la semana próxima, el verano próximo") no acarrean locali-
zación fija y única, ni más ni menos que "ayer" y "mañana". Lo
que caracteriza las series de designaciones del orden intersub-
jetivo, como se ve, es que una traslocación espacial y temporal
resulta necesaria para objetivar signos tales como "este", "yo",
"ahora", que tienen cada vez un referente único en la instancia
de discurso y que sólo ahí lo tienen. Esta trasferencia saca a
relucir la diferencia de los planos entre los que se deslizan las
iiiisnias formas lingüísticas, según sean consideradas en el ejer-
cicio del discurso o en el estado de datos léxicos.
Cuando, por razones pragmáticas, el locutor tiene que llevar
su alcance temporal más allá de los límites enunciados por
t.
ayer" y "mañana", el.discurso sale de su plano propio y utiliza
la graduación del tiempo crónico, ante todo la numeración de
las unidades: "hace ocho días", "dentro de tres meses". No
obstante, "hace" y "dentro de" siguen siendo indicios del dis.
tanciamiento subjetivo; no podrían pasar sin conversibn a una
relación histórica: "hace (ocho días)" se convierte en "(ocho
días) antes", y "dentro de (tres meses)" se vuelve "(tres me-
ses) después, más tarde", al igual que "hoy" debe tornarse
"aquel día". Estos operadores efectúan la trasferencia del tiem-
po lingüístico al tiempo crónico.
La intersubjetividad tiene, de esta manera, su temporalidad,
sus dimensiones. Ahí se refleja en la lengua la experiencia de
una relación primordial, constante, indefinidamente reversible,
entre el hablante y su interlocutor. En último análisis, es siem-
pre el acto de palabra en el proceso de intercambio a .lo que
remite la experiencia humana inscrita en el lenguaje.
EL LENGUAJE Y L A EXPERIENCIA HUMANA 61
Esto es todo. Un grado mis ("anteanteayer". . . ) es cosa excep-
cional. Incluso el segundo no suele tener expresión léxica inde-
pendiente; "anteayer" y "pasadomaíiana" no son más que "ayer"
y "maíiana" llevados un grado niás lejos en su orden. De mane-
ra que no queda sino "ayer" y "niaíiana", separados y deter-
minados por "hoy", coiiio términos originales que señalan las
distancias temporales a partir del presente lingüístico. En la
misma perspectiva deben ponerse algunas calificaciones: "úl-
timo" ("el invierno último, la noche última") y "próximo"
("la semana próxima, el verano próximo") no acarrean locali-
zación fija y única, ni más ni menos que "ayer" y "mañana". Lo
que caracteriza las series de designaciones del orden intersub-
jetivo, como se ve, es que una traslocación espacial y temporal
resulta necesaria para objetivar signos tales como "este", "yo",
"ahora", que tienen cada vez un referente único en la instancia
de discurso y que sólo ahí lo tienen. Esta trasferencia saca a
relucir la diferencia de los planos entre los que se deslizan las
iiiisnias formas lingüísticas, según sean consideradas en el ejer-
cicio del discurso o en el estado de datos léxicos.
Cuando, por razones pragmáticas, el locutor tiene que llevar
su alcance temporal más allá de los límites enunciados por
t.
ayer" y "mañana", el.discurso sale de su plano propio y utiliza
la graduación del tiempo crónico, ante todo la numeración de
las unidades: "hace ocho días", "dentro de tres meses". No
obstante, "hace" y "dentro de" siguen siendo indicios del dis.
tanciamiento subjetivo; no podrían pasar sin conversibn a una
relación histórica: "hace (ocho días)" se convierte en "(ocho
días) antes", y "dentro de (tres meses)" se vuelve "(tres me-
ses) después, más tarde", al igual que "hoy" debe tornarse
"aquel día". Estos operadores efectúan la trasferencia del tiem-
po lingüístico al tiempo crónico.
La intersubjetividad tiene, de esta manera, su temporalidad,
sus dimensiones. Ahí se refleja en la lengua la experiencia de
una relación primordial, constante, indefinidamente reversible,
entre el hablante y su interlocutor. En último análisis, es siem-
pre el acto de palabra en el proceso de intercambio a .lo que
remite la experiencia humana inscrita en el lenguaje.
EL APARATU FORMAL DE LA ENUNCIACI~N 83
Muy otra cosa es el empleo de la lengua. Aquí es cosa de un
mecanismo total y constante que, de una manera o de otra,
afecta a la lengua entera. La dificultad es captar este gran fe-
nómeno, tan trivial que parece confundirse con la lengua mis-
ma, tan necesario que se escapa.
La enunciación es este poner a funcionar la lengua por un
acto individual de utilización.
El discurso -se dirá-, que es producido cada vez que se
habla, esa manifestación de la enunciación, jno es sencillamen-
te el "habla"? Hay que atender a la condición específica de la
enunciación: es el acto mismo de producir un enunciado y no
el texto del enunciado lo que es nuestro objeto., Este acto se
debe al locutor que moviliza la lengua por su cuenta. La rela-
ción entre el locutor y la lengua determina los caracteres lin-
güístico~de la enunciación. Debe considerársela como hecho del
locutor, que toma la lengua por instmmento, y en los caract.5
res lingüísticos que marcan esta relación.
Este gran proceso puede ser estudiado de diversos modos.
Vemos tres principales.
El más inmediatamente perceptible y el más directo -con
todo y que en general no se le relacione con el fenómeno gene-
ral de la enunciación- es la realización vocal de la lengua. Los
sonidos emitidos y percibidos, ya sean estudiados en el marco
de un idioma particular o en sus manifestaciones generales,
como proceso de adquisición, de difusión, de alteración -son
otras tantas ramas de la fonética- proceden siempre de actos
individuales, que el lingüista sorprende en lo posible en una pro-
ducción nativa, en el seno del habla. En la práctica científica,
--
se procura eliminar o atenuar los rasgos individuales de la enun-
ciación fonética recurriendo a sujetos diferentes y 'multiplican-
do los registros, de w n e r a que se obtenga una imagen media
de los sonidos, distintos o ligados. Pero todo el mundo sabe
que, en el mismo sujeto, los mismos sonidos no son nunca re-
producidos exactamente, y que la noción de identidad sólo es
aproximada, precisamente cuando la experiencia es repetida en
detalle. Estas diferencias se deben a la diversidad de las situa-
ciohes en que es producida la enunciación.
El mecanismo de esta producción es otro aspecto esencial
del mismo problema.,La enunciación supone la conversión in-
84 LA C O M U N I C A C I ~ N

dividual de la lengua en discurso:+quí la cuestión -muy difí-


cil y todavía poco estudiada- es véí cómo el "sentido" se forma
en "palabras", en qué medida puede distinguirse entre las dos
nociones y en qué términos describir su interacción. Es la se-
iiiantización de la lengua lo que ocupa el centro de este aspec-
to de la enunciación, y conduce a la teoría del signo y al análi-
sis de la ~ignificancia.~ En esta misma consideración pondre-
mos los procedimientos niediante los cuales las formas liiigüís-
ticas de la enunciación se diversifican y se engendran. La "gra-
iiiática transforiiiacional" aspira a codificarlos y formalizarlos
para deslindar iin marco permanente y, a partir de una teoría
de la sintaxis universal, propone elevarse a una teoría del fun-
cionaniiento de la mente.
Puede, eri fin, considerarse otro enfoque, que consistiría eii
definir la enunciación en el marco formal de su realización.
Tal es el objeto propio de estas páginas. Tratamos de esbozar,
dentro de la lengua, los caracteres formales de la enunciación
5 partir de la manifestación individual que actualiza. Tales ca-
racteres son necesarios y permanentes los unos, los otros inci-
dentales y ligados a la particularidad del idioma elegido. Por
comodidad, los datos aquí utilizados proceden del francés usual
y de la lengua de la conversación.
En la enunciación consideramos sucesivaniente el acto mis-
nio, las situaciones donde se realiza, los instrumentos que la
consuman.
'El acto individual por el cual se utiliza la lengua introduce
primero el locutor como parámetro en las condiciones necesa-
rias para la enunciación. Antes de la enunciación, la lengua no
es más que la posibilidad de la lengua. Después de la enuncia-
ción, la lengua se efectúa en una instancia de discurso, que
enlana de un locutor, forma sonora que espera un auditor y que
suscita otra enunciación a cambio.
En tanto que realizacibn individual, la enunciación puede de-
finirse, eii relación con la lengua, como un proceso de apropia-
ción, El locutor se apropia cl aparato formal de la lengua y
enuncia su posición de locutor niediante indicios específicos,
' Nos ocupanios p?rticularniente de mto en un estudio publicado cni Serniotica, 1,
1969 (antes. pp. 47-69).
b:L A P A R A T O FORMAL DE LA E N U N C I A C I ~ N 85
por una parte, y por medio de procedimientos accesorios, por
otra.
Pero inmediatamente, en cuanto se declara locutor y asume
la lengua, implanta al otro delante de él, cuaJquiera que sea el
grado de presencia que atribuya a este otro.(Toda enunciación
cs, explícita o implícita, una alocución, postula un a l o ~ u t a r i o ~
Finalniente, en la enunciación,;la lengua se llalla enipleada
en la expresión de cierta relación con el mundo. La coiidición
misma de esta movilización y de esta apropiación de la lengua
es, en el locutor, la necesidad de referir por el discyrso y, en el
otro, la posibilidad de correferir idénticamente, en el coiisenso
pragmático que hace de cada locutor un colocutor. La referen-
cia es parte integrante de la enuiiciación.
Estas condiciones iniciales van a gobernar todo el iiiecanisnio
de la referencia en el proceso de enunciación, creando una situa-
ción muy singular y de la cual no se adquiere la menor con-
ciencia.
El acto individual de apropiación de la lengua introduce al
que habla en su habla. He aquí un dato constitutivo de la
enunciación. La presencia del locutor en su enunciación hace
que cada instancia de discurso constituya un centro de refe-
rencia interna. Esta situación se manifestará por un juego de
formas específicas cuya función es poner al locutor en relación
constante y necesaria con su enunciación.
Esta descripción un poco abstracta se aplica a un fenómeno
lingüístico familiar en el uso, pero cuyo análisis teórico apenas
se está iniciando. Está primero la emergencia de los indicios de
persona (la relación yo-tú), que no se produce más que en la
enunciación y por ella: el término yo denota al individuo que
profiere la enunciación, el término tú, al individuo que está
presente como alocutario.
D e igual naturaleza y atinentes a la misma estructura de
enunciación son los indicios numerosos de la ostensión (tipo
este, aquí, etc.), términos que implican un gesto que designa
el objeto al mismo tiempo que es pronunciada la instancia del
término.
Las formas llamadas tradicionalmente "pronombres perso-
nales", "demostrativos", nos aparecen ahora como una clase de
"individuos lingüísticos", de formas que remiten siempre y
86 LA C O M ~ I C A C I ~ N

solamente a "individuos", trátese de personas, de momentos, de


lugares, por oposición a los términos nominales que remiten
siempre y solamente a conceptos. Ahora, el estatuto de estos
"individuos lingüísticos" procede del hecho de que nacen de
una enunciación, de que son producidos por este acontecimien-
to individual y, si puede decirse, "semelnativo". Son engendra-
dos de nuevo cada vez que es proferida una enunciación, y cada
vez ~,signande nuevo.
Otra serie, tercera, de términos aferentes a la enunciación está
constituida por el paradigma entero -a menudo vasto y com-
plejo- de las formas temporales, que se determinan por rela-
ción con el ECO, centro de la enunciación. Los "tiempos" verba-
les cuya forma axial, el "presente", coincide con el momento
de la enunciación, forman parte de este aparato necesario.'
Vale la pena detenerse en esta relación con el tiempo, y me-
ditar acerca de la necesidad, interrogarse sobre lo que la sustenta.
Podría creerse que la temporalidad es un marco innato del pen-
samiento. Es producida en realidad en la enunciación y por
ella. De la enunciación procede la instauración de la categoría
del presente, y de la categoría del presente nace la categoría
del tiempo. El presente es propiamente la fuente del tiempo.
Es esta presencia en el mundo que sólo el acto de enunciación
hace posible, pues -piénsese bien- el hombre no dispone de
ningún otro medio de vivir el "ahora" y de hacerlo actual más
que realizarlo por inserción del discurso en el mundo. Podría
mostrarse mediante análisis de sistemas temporales en diversas
lenguas la posición central del.presente. El presente formal no
hace sino explicitar el presente inherente a la enunciación, que
se renueva con cada producción de discurso, y a partir dc este
presente continuo, coextensivo con nuestra presencia propia,
se imprime en la conciencia el sentimiento de una continuidad
que llamamos "tiempo"; continuidad y temporalidad se engen-
dran en el presente incesante de la enunciación que es el pre-
sente del ser mismo, y se delimitan, por referencia interna, en-
tre lo que va a volverse presente y lo que acaba de no sedo ya.
Así la enunciación es directamente responsable de ciertas
' El detalle de los hechos de kngua que abarcamos aquí en una ojeada sintitia
s cxpuerto en varios capítulos dc nuestros Probl¿mcs de linguirtique gdndrale, 1
(Parir, 1966; hay trad. esp. MCiiro, 1971). lo cual nos disculpa de insistir.
E L APARATO FORMAL DE L A E N U N C I A C I ~ N 87
clases de signos que promueve, literalniente, a la existencia.
Pues no podrían nacer ni hallar empleo en el uso cognitivo de
la lengua. Hay pues que distinguir las entidades que tienen en
la lengua su estatuto pleno y pemianeiite y aquellas que, enia-
nadas de la enunciación, sólo existen eii la red de "iiidi\~iduos"
que la enunciación crea y en relación con el "aquí-ahora" del
locutor. Por ejeinplo, el "yo", el "eso", el "maíiana" de la des-
cripción gramatical no son sino los "nonibres" inetalingüisticos
de yo, eso, moñanu producidos en la eiiunciacióii.
Aparte de las fuerzas que gobierna, la enuiiciacióri da las coii-
diciones necesarias para las grandes funciones siiitácticas: No
bien el enunciador se sirve de la lengiia para influir de algún
modo sobre el comportamiento del alocutario, dispone para
ello de un aparato de funciones. Está, priiiiero, la ittterroga-
n'ón, que es una enunciación construida para suscitar una "res-
puesta", por un proceso liiigiiístico que es al iiiisiiio tiempo un
proceso de comportaiiiieiito de doble entrada. Todas las fornias
Iéxicas y sintácticas de la iiiterrogacióii. partículas, proiionibres.
sucesión, entonación, etc.. participan de este aspecto de la
eniinciacióo.
Parecidaiiientc serán atribuidos los t6riiiiiios o foriiias qitc
Ilanianios de intiittacióli: órdciics, Ilaiiiados. coiicebidos cii ca-
tegorías coiiio el inipcratiro. cl vocativo. qiie iiiiplicaii una re-
lacióii viva e iiinicdiata dcl ciiuiiciador v cl otro, eii uiia refe-
rencia necesaria al ticiiiyo dc la ciiuiiciacióii.
Menos evidente qiiizi. pero no iiiciios cierta. cs la pertciieii-
cia de la aserción a este iiiisiiio rcpcrtorio. Tanto en so sesgo
siiitáctico ~01110en su ciitoiiaciúii, la ascrcióii apiiiita a coiiiu-
iiicar una ccrtiduiiibre, es la ii~iaiiifestacióiiiiiis coiiiúii dc la
presencia del locutor cii la eiiiiiiciacióii. hasta ticiic iiistruiiieii-
tos específicos que la esprcsaii o iiiiplicaii, las palabras sí !. IZO
que asertaii positiva o iicgatiraiiiciitc uiia proposici0ii. La iicga-
ción coiiio operacióii lógica es iiidcpeiidieiitc de la eiiiiiiciacióii.
tiene su forma propia en fraiiris, quc es iie. . . pus. Pero la par-
tícula asertiva no, sustituto de iiiia proposición, se clasifica conio
la partícula sí, cuyo cstatiito coiiiparte. eiitrc las fori~iasque
participan de la enuiiciacióii.
Más ampliamente aun, si bien de iiiaiiera iiienos categori-
zable, se disponen aqiii toda siicrte de iiiodalidades forn~ales.
unas pertenecientes a los verbos coiiio los "niodos" (optativo,
subjuiitivo) que enuncian actitudes del enunciador hacia lo
que enuncia (espera, deseo, aprensión), las otras a la fraseolo-
gía ("quizá", "sin duda", "probablemente") y que indican iii-
certidumbre, posibilidad, indecisión, etc., o, deliberadaniente,
denegación de ascrcióii.

'LO que en general caracteriza a la enunciación es la acentuación


de la relación discursiva al interlocutor, ya sea este real o ima-
ginado, individual o colectivo. ,

Esta característica plantea por necesidad lo que puede lla-


marse el cuadro figurativo de la eiiunciación. Como forma de
discurso, la enunciación plantea dos "figuras" igualmente ne-
cesarias, fuente la una, la otra meta de la enuuciacióu. Es la
estructura del diálogo. Dos figuras en posición de interlocutores
son alternativamente protagonistas de la enunciación. Este mar-
co es dado necesariamente con la definición de la enunciación.
Podría objetarse que puede haber diálogo fuera de la enuncia-
ción o enunciación sin diálogo. Deben ser examinados los dos
casos.
En la justa verbal practicada por diferentes pueblos, y de la
cual es una variedad típica el hmn-teny de los Merina, no se
trata en realidad ni de diálogo ni de enunciación. Ninguna de
las partes se enuncia: todo consiste en proverbios citados y en
contraproverbios contracitados. No hay una sola referencia
explícita al objeto del debate. Aquel de los dos competidores
que dispone de mayor provisión de proverbios, o que los em-
plea más diestramente, con mayor malicia, del modo más im-
previsible, sale ganando y es proclamado vencedor. Este juego
no tiene más que las apariencias de un diálogo.
A la inversa, el "monólogo" procede por cierto de la enun-
ciación. Debe ser planteado, pese a la apariencia, como una va-
riedad del diálogo, estructura fundamental. El "monólogo" es
un diálogo interiorizado, formulado en "lenguaje interior",
entre un yo locutor y un yo que escucha. A veces el yo locutor
es el único que habla; el yo que escucha sigue presente, no obs-
tante; su presencia es necesaria y suficiente para tomar signifi-
cante la enunciación del yo locutor. En ocasiones tambikn el
I(L APARATO FORMAL DE LA ~ U N C I A C I ~ N 89
yo que escucha interviene con una objeción, una pregunta, una
duda, un insulto. La forma lingüística que adopta esta interven-
ción difiere según los idiomas, pero es siempre una forma 'lper-
sonal". Ora el yo que escucha se pone en el lugar del yo locutor
y se enuncia pues como "primera persona"; así en espaiíol,
donde el "monólogo" será cortado por observaciones o injun-
ciones como: "No, soy tonto, olvidé decirle que. . ." Ora el yo
que escucha interpela en "segunda persona" al yo locutor: "No,
no hubieras debido decirle que. . . " Habría que establecer una
interesante tipología de estas relaciones; en algunas lenguas se
vería predoiiiiiiar el yo oyente como sustituto del 'locutor, po-
niéndose a su vez como yo (francés, inglés), o en otras dán-
dose por interlocutor del diálogo y empleando tú (aleiiián,
ruso). Esta trasposición del diálogo a "monólogo" doiidc itco
ora se escinde en dos, ora asuii~edos papeles, se presta a figiira-
ciones o trasposiciones psicodraináticas: conflictos del "yo
profundo" y de la "concieiicia", dcsdo,blamientos provocados
por la "inspiración", etc. Suiiiiiiistra la oportunidad el aparato
lingüístico de la enunciacióii sciirrcflcuiva que coniprciidc iin
juego de oposiciones del proiioiiihrc v del aiitóiiiiiio (cii fraiic6s
jelmel moi)?
Estas situaciones pedirían una dcscripciOii cloblc, dc fornia
lingüística y de condición figiirativa. Sc contenta uiio demasia-
do fácilmente con invocar la frcciiciicia y la utilidad prácticas
de la comunicación entre los individuos para admitir la situa-
ción de diálogo como resultaiitc de una necesidad y prescindir
de analizar sus múltiples variedades. Una de ellas se presenta en
una condición social de lo más trivial en apariencia, de las
menos conocidas en verdad. B. Malinowski la ha señalado con
el nombre de comunidn fática, calificándola así como fenóme-
no psicosocial de funcionamiento lingüístico. Trazó su confi-
guración partiendo del papel que tiene el lenguaje. Es un pro-
ceso donde el discurso, con la forma de un diálogo, funda una
aportación entre los individuos. Vale la pena citar algunos pasa-
jes de este análisis: =
' Ver un articulo del BSL, 60 (1965). fasc. 1. pp. 71ss.
Traducimos algunos pasaje del articulo de B. Malinowski publicado cn Ogdrn y
Richafd9, The Meaning of Meaning. 1923. pp. 313%.
90 LA COMUNICACI~N

El caso del lenguaje empleado en relaciones sociales libres, sin meta,


merece una consideración especial. Cuando se sienta gente alrededor
de la hoguera del pueblo después de concluir su faena cotidiana o cuan-
do charlan para descansar del trabajo, o cuando acompaíian un trabajo
simplemente manual con un chachareo que no tiene que ver con lo que
hacen, es claro que estamos ante otra manera de emplear la lengua,
con atro tipo de función del discurso. Aquí la lengua no depende de
lo que pasa en el momento, hasta parece privada de todo contexto
~ituacional. El sentido de cada enunciado no puede ser vinculado al
comportamiento del locutor o del oyente, a la intención de lo que
hacen. ,
Una simple frase de cortesía, enipleada tanto en las tribus salvajes
como en un salón europeo, cumple con una función para la cual el sen-
tido de sus palabras es casi del todo indiferente. Preguntas sobre el es-
tado de salud, observaciones sobre el tiempo, afirmación de un estado
de cosas absolutamente evidente, todas estas cosas son intercaiilbiadas
no para informar, no en este caso para ligar a personas en acción, tam-
poco, de fijo, para expresar un pensamiento.. .
Es indudable que estamos ante un nuevo tipo de empleo de la len-
gua -que, empujado por el demonio de la invención terminológica,
siento la tentación de llamar comunión fática, un tipo de discurso en
el cual los *exos de unión son creados por un simple intercambio de
palabras.. . Las palabras en la comunión fática json em leadas prin-
cipalmente para trasmitir una significación que es simbóqicamente la
suya? No, de scguro. Desempefian una función social y es su principal
meta, pero no son resultado de una reflexión intelectual y no suscitan
por necesidad una reflexión en el oyente. Una vez más podremos decir
que la lengua no funciona aquí como un medio d e trasmisión del pen-
samiento.
Pero ¿podemos considerarla como un modo de acción? ¿Y en qué
relación está con nuestro concepto decisivo dc contexto de situación?
Es evidente quc la situación exterior no intenrieiic dircctaiiiciitc en la
técnica de la palabra. Pero ¿qué se puedc considerar coiiio situación
cuaiido un grupo de gcutc charla sin nieta? Consiste sciicillaiiiciitc en
esta atmósfera de sociabilidad y en cl Iieclio de la coiiiuiiiói~pcrsoiial
de esa gente. Mas ésta es de hecho coiisuiiiada por la palabra, y la situa-
ción en todos los casos cs creada por cl iiitercaiiibio dc palabras, por
los sentimientos específicos que forniaii la gregaridad coiivivial, por el
vaivén de los decires que constituyen el cliacoteo ordinario. La situa-
ción entera consiste en acontecimici~toslingüisticos. Cada enunciación
es un acto que apunta directamente a ligar el oyente al locutor por el
nexo de algún sentimiento, social o de otro género. Una vez más el len-
guaje en esta función no se nos manifiesta como un instmmento dc
reflexión sino como un modo de acción.

Estamos aquí en las lindes del "diálogo". Una relación per-


sonal creada, sostenida, por una forma convencional de enun-
ciación que vuelve sobre sí misma, se satisface con su logro, sin
cargar con objeto, ni con meta, ni con mensaje, pura enuncia-
ción de palabras convenidas, repetida por cada enunciador. El
análisis formal de esta forma de intercambio lingüístico está
por hacer?
En el contexto de la enunciación habría que estudiar otras
muchas cosas. Habría que considerar los cambios léxicos que
la enunciación determina, la fraseología que es la marca fre-
cuente, acaso necesaria, de la "oralidad". También habría que
distinguir la enunciación hablada de la enuiicia'ción escrita.
Esta se mueve en dos planos: el escritor se enuncia escribien-
do y, dentro de su escritura, hace que se enuncien individuos.
Se abren vastas perspectivas al análisis de las formas comple-
jas del discurso, a partir del marco formal aquí esbozado.

' S610 ha sido objeto de unas cuantas refneneias, por ejemplo en Grace de laguna.
Spccch, 11s Fuitctioii and Developnient. 1927, p. 244n.; R. Jakobson, Esuir de lin.
g i i i r l i q t ~ eg<iirrale, t r x l de N. Riiret. 19h3, p. 217.
111. FSTRUCTURAS Y ANALISIS
6. ESTRUCTURA DE LA LENGUA Y ESTRUCTURA
DE LA SOCIEDAD '

Señoras y señores, voy a tratar un tema que conduce ora a enun-


ciar la evidencia, ora a plantearse una contradicción. Se trata
en efecto de examinar las relaciones entre dos grandes entida-
des, que son respectivamente la lengua y la sociedad.
El lenguaje es para el hombre un medio, de hecho el solo me-
dio, de llegar al otro hombre de trasmitirle y recibir de él un
mensaje. Por consiguiente el lenguaje pone y supone al otro.
Inmediatamente, la sociedad es dada con el lenguaje. La socie-
dad, a su v a , s61o se mantiene por el uso común de signos de
comunicación. Inmediatamente, el lenguaje es dado con la so-
ciedad. Así cada una de estas dos entidades, lenguaje y socie
dad, implica la otra. Parecería que se pudiera y aiin que se de-
biera estudiarlas juntas, descubrirlas juntas, ya que juntas na-
cieron. Parecería también que se pudiera y aun se debiera hallar
entre la una y la otra, entre la lengua y la sociedad, correlacio-
nes precisas y constnntks, puesto que la una y la otra han nacido
de la misma necesidad.
Ahora bien, todos los que más de una vez, y aun recientemen-
te, han estudiado esas relaciones son llevados a fin de cuentas
a concluir que no se descubre en realidad ninguna relación,
entre la lengua y la sociedak que revelara una analogía entre
sus estructuras respectivas. Esto es bien sabido e inmediatamen-
te aparente. Verificamos, en efecto, recomendo el mundo con
una ojeada inicial, que lenguas de estructuras comparables sir-
ven a sociedades muy diferentes entre sí. Este hecho resulta en
particular de lo que se llama la extensión de las lenguas comu-
nes, del hecho de que una lengua sea adoptada por sociedades
de estructuras diferentes que no son en principio destruidas o
modificadas como tales. Se ve asimismo en la historia que len-
guas, por el contrario, muy alejadas unas de otras por su tipo
' Linguaggi nclb so«'etd e ndh tecniea (Convegna intemionale Olivetti. Milán.
14-17 de odubic de 1968), Miihn, Ediiioni di Cornunitl, 1970, pp. 459-469.
96 ESTRUCTURAS Y A N ~ L I S I S

viven y se desarrollan en sociedades que comparten el mismo


régimen social. Basta con abrir los ojos hoy y ver, por ejemplo,
la situación mutua en que se hallan en la mitad oriental de
Europa, donde vemos lenguas eslavas, finougrias, germánicas o
romances servir de órganos a sociedades que tienen esencialmen-
te la misma estructura.
Si abordamos la evolución histórica, se ve también que len-
gua y sociedad evolucionan por separado. Una misma lengua
se mantiene estable a través de los vuelc6s sociales más pro-
fundos. Desde 1917 la sociedad rusa ha sufrido una profunda
modificación estructural -es lo menos que puede decirse-,
pero no ha sucedido nada comparable a la estructura de la len-
gua rusa.
De estas observaciones tantas veces repetidas nace ese senti-
miento que a menudo ha sido expresado, entre lingüistas y an-
tropólogos, de que la sociedad y la cultura inherente a la socie-
dad son independientes de la lengua.
Un hombre que conocía los dos aspectos de estas realidades,
Sapir, afirmó que en no importa qué nivel de la cultura se en-
cuentran tipos de lenguas simples y complejos con número in-
finito de variedades, y que vistas las cosas desde aquí no hay
diferencia, por tratarse de la misma lengua, entre un porquero
macedonio y Platón. Debiera pues concluirse que lengua y so-
ciedad no son isomorfas, que su estructura no coincide, que sus
variaciones son independientes, y limitarse a hacer constar esta
discordancia.
Pero otros autores afirman, y es no menos evidente, que la
lengua es -como dicen- el espejo de la sociedad, que refleja
la estructura social en sus particularidades y sus variaciones y
que es incluso por excelencia el índice de los cambios que se
operan en la sociedad y en esa expresión privilegiada de la so-
ciedad que se llama la cultura. Imposible conciliar estos puii-
tos de vista. Muestran en todo caso que el problema anda lejos
de ser sencillo, y es en efecto el problema esencial de la situa-
ción de la lengua en la sociedad; muestran también que la ma-
nera como ha sido debatido este problema hasta la fecha no
nos acerca en lo más mínimo a la :olución.
E n realidad, tenemos aquí nociones inmensas, cuyas comple-
jidades no han acabado de ser exploradas -la lengua y la so-
l..Sl'H1l<:'IUKi\S I1E I A I.l..NGIIA Y 1.A Y)CII..l>An 97
ciedad rcspccti\~anieiitc.La idea de buscar entre cstas dos ciiti-
dadcs relaciones unívocas que harían corresponder tal cstruc-
tura social a tal estructura lingiiística parece denunciar iiiia vi-
sión niuy siniplista de las cosas. Por supuesto, son niagiiitudes
no isoniorfas; se ve sin niás cii la diferencia que las separa en
sil orgaiiizacióii estructural.
La base dc la cstriictura liiigiiística cstii coiiipucsta dc unida-
des distintivas, y talcs uiiidadcs sc definen por cuatro caractc-
res: son uiiidadcs discretas, son finitas cii núiiicro, so11 combi-
iiablcs y cstáii jcrarquizadas.
La cstriict~iradc la socicdad no pucdc scr rcducida a cstc cs-
queiiia, su iiaturalcza cs cloblc. Hay por uiia partc u11 sisteiiia
rclacioiial, qiic se Ilaiiia cl sistciiia dcl parciitcsco; por otra, otro
sistciiia dc rclacióii, dc división, cl sistciiia dc las clases sociales
dispuesto por las fiiiicioiics dc prodiiccióii. Aliora, ni los iiidi-
vidiios iii los grupos variados dc iiidividuos pucdeii traspoiicrsc
a iiiiidadcs o grupos de unidades coiiiparables a las de la Icii-
gua. Se Iiabla a iiiciiiido dc la faniiliacoiiio dc la célula social.
Es iiiia iiictifora qiic no dcbc disfrazar cl fondo dc las cosas.
La socicdad no consiste en un agregado de sciiicjantcs células,
nii agregado dc faiiiilias. v coiij~iiitosde faiiiilias no tienen la
iiiciior aiialogfa coii los agriil>aiiiieiitos dc las uiiidadcs sigiiifi-
caiitcs cii la Iciigiia.
IIay qiic verificar. cntonccs. que no Iiay corrcspoiidciicia iii
de iiatiiralcza iii dc cstriictiira ciitrc los clc~iiciitosconstitiiti-
\.os de la Iciigiia y los clciiiciitos coiistitiitivos dc la socicdad.
l'cro cii realidad cs Cstc iiii piinto dc vista algo suiiiario, que
Iiay qiic superar. IIay qiic adquirir coiiciciicia de las iiiiplicacio-
iics qiic acarrcaii las iiocioiics dc Icngiia y, dc socicdad cuando
se ~ > O I I Cuno a coiiipaGirIas Así. liay quc sciialar Y corrcgir iiiia
coiifiisióii qiic es coiiictida ciitrc dos accpcioiics del tCriiiiiio
!$iigiia Y del tCriiiiiio socicdad, rcspcctivaiiiciitc.
Eski, por iiiia partc. la socicdad coiiio dato ciiipírico. IiistO-
rico. Sc Iial~ladc la socicdad cliiiia, de la socicdad fraiiccsa. clc
1;i socicdacl asiri;~;está por otra partc la socicdad coiiio coiccti-
\.¡dad Iiiiiiiaiia. fiiiiclatiiciito !. coiidiciOii previa dc la csistcii-
ci;i de los Iioiiil>rcs. Lo iiiisiiio, está la Iciiglia coiiio idioiiia ciii-
,>¡rico. IiistOrico. 12 Iciigiia cliiiia, la Iciigua fraiiccsa, la Iciigua
fl\ i ~ s l R , , ~ , l I , R ~ S\ s . \ ~ . í l , l ~ l ~

i ~ i r i a ;v csti la lciigiia coiiio sisteiiia de foriiias sigiiificaiitcs.


c o i i d i c ~ i ipriiiiera de la coiiiiiiiicaci<iii.
Operaiido esta distiiiciíiii iiiicial. se scparaii cii cada uiia de
las dris eiitidiidcs dos iiiveles, iiiio Iiistiirico, el otro fiiiidaiiieiital.
Se sd\.icrtc ciitoiiccs que cl problciiia de las relacioiics posibles
ciitre la Iciigiia y la sociedad se plaiitea eii cada uiio de estos
cI«s iiivelcs, de suerte qiic piiedeii adiiiitirsc, piies. dos respiiestas
<lifereiitcs. Ilciiios visto quc. ciitrc iiiia Iciigiia Iiistórica v uii'i
iocicclad Iiistórica iio sc pucdc plaiitcar correlacióii coii sigilo
(1c iicccsidad; pcro cii el iiivel fiiiidaiiieiital podeiiios advertir
cii el acto lioiiiologias. Alguiios caracteres soii coniunes a uiia !
a citr;i. a la leiigua v a la sociedad -repito- eii ese iií\.el. Leii-
giia 7 sociedad soii para los Iioriibrcs realidades iiicoiiscieiitcs,
!-
iiiia otra represeiitaii la iiaturaleza. por así decirlo, cl iiicdio
iiatnral v la espresión iiatural, que iio puede11 coiicehirsc de
otro iiiodo qiic coiiio soii y que iio piiedeii iiiiagiiiarse ausciites.
Lo ~iiiov lo otro soii sieiiiprc Iicredados y iio es iiiiagiiiablc, i i i
cii el ejc.rcicio de la leiigua iii en la práctica d e la socicclad, eii
cstc iiivcl fuiidaiiiciital, que iii lo 11110 iii lo otro liayaii tciiido
coiiiiciizo. Ni lo 11110 11; lo otro piiedeii caiiibiarse por voluiita<l
de los Iioiiibres. Lo que los Iioiiibres veii caiiibiar, lo qiic piic-
dcii caiiibiar. lo que cfecti~,aiiicntecaiiibian a lo largo clc 1'1
iiistoria. soii las iiistitucioiies, a reces la foriiia entera de oii~i
\ocicdad particiilar. pero iio. iiuiica, cl principio dc la socicdad
qiic cs el soportc y la coiidicióii de la vida colectiva c iiidi\,i-
diial. Igiialiiiente, lo qiic caiiibia eii la leiigiia, lo que los Iioiii-
Ixes pucdeii caiiibiar, soii las dcsigiiacioiies, qiic se iiiiiltiplicaii.
<pie sc eciiiplazaii !-que sieiiil~resoii coiisciciites, pcro jaiiiás e!
istciiia fuiidaiiiciital de la lciigua. Es eliie si la dirersificaci611
criiistaiitc y crcciciitc de las actividades sociales, de las iicccsi-
clsclcs, de las iiocioiics, exige <Icsigiiacioiics sieiiil>rc iiiicvas, cs
~>rccisoqiic, de rccliazo, I i a p uiia fucrza oiiivcrsal qiic cqiiili.
hrc. I'or eiiciiiia d e las clases, por ciiciiiia dc los griipos Y de las
;icti\.idadcs ~,articiilarizadas, rciiia iiii podcr c«licsi\ri cliic liac::
iiiia coiiiiiiiiclad de iiii agregado de iiidi\.idiios \ que crea 1;i
~xisiil>ilidadiiiisiiia de I;i prodiicci611 y <Ic 1s siil>sistciici;i colccti~
i ; i . Irstc podcr es 1;i Iciigii::. v s0lo 1s 1ciigii;i. I'or eso 1;i Iciigii::
r~~ircsciitii I I I I ; I l>cri~~:i~ici~ciii
e:i e1 SCIIO de lii s~cicclildOIIC ci~iii.
!>i,i,I I I I ; ~ coii\t;iiici;i qiic ligii las ; ~ c t i ~ i c l ~ i\iciiiprc
clc~ <Ii\~cr~ific,~~
$ , S IR l l < : 1 l l R ~ \ S ,DI: 1.A l , K N ( ; l I A Y 1.A S<)CIKnAl) 90
das. Es una identidad a través de las difcreiicias iiidividualcs.
Y de allí procede la doble naturaleza profiindaiiiente paradóji-
ca de la Iciigua, a la vez inniaiientc al individiio p trascendente
a la sociedad. Esta dualidad rcaparccc cii todas las propicda-
des del leiiguajc. f
Y eiitoiiccs jcóiiio podciiios plaiitciir la rclacióii ciitrc Iciigua
v sociedad a fiii de aclarar por el aiiálisis de la una (la leiigua)
bl aiiálisis de la otra (la socicdad)? Esta rclacióii no scrá iiiia
corrclacióii estriictural, puesto qiic hciiios visto que la orgaiii-
ración de los Iioiiibres no cs coniparable a la de la leiigua. No
scrá tipológica; el tipo de la Iciigua, iiioiiosilábica, polisilábica,
toiial o iiiorfológica, iio iiiflu~ceii absoluto sobre la iiaturaleza
específica de la sociedad. ~ ~ i i i p o cscrio liistórica o genética,
porque iio haceiiios depeiidcr el iiaciiiiiciito dc la tina del iia-
ciniiento de la otra. La lengua nace y se desarrolla en el seno
de la coiiiuiiidad Iiuiiiaiia, se elabora por el iiiisiiio proceso que
la sociedad, por el esfucrzo de producir los iiiedios de s~ibsis-
tencia, de trasforiiiar la naturaleza y de iiiultiplicar los instru
iiiciitos.
Es cii cste trabajo colcctivo y por este trabajo colccti\~ocoiiio
la leiigua se difcrciicia, acrcciciitn su eficiencia, lo iiiisiiio que
la socicdad se diferencia en sus actividades materiales c iiite-
Icctiiales. Coiisideramos aquí la lengua solaiiiciite conio inedia
de aiiálisis de la sociedad. Con este fin las plaiiteareiiios eii sin-
cronía v cii una rclacióii seiiiiológica, la relación eiitrc iiitcrprc-
taiitc C interpretado. Y foriiiularenios estas dos proposicioiics
coiijuiitas: priiiiero, la lengua cs el interprctaiitc de la socie-
dad; scgiiiido, la Ieiigiia coiitieiie la socicdad.
La jiistificacióii de la priiiiera proposicióii -la Iciigua coiiio
iiitcrprctaiitc de la socicdad- cs dada por la scguiida -la Icii-
giia coiiticiic la socicdad. Esto se \,crificn dc dos iiiaiicras: pri-
iiicro, ciiipíricainciitc, yor cl Iieclio dc qiic piicda aislarsc la Icii.
gaa, estudiarla v describirla por si iiiisiiia siii rcfcrirsc a sil ciii-
p ~ c ocii la socicdad. ni a sus viiiciilos coi1 las iioriiias y rcprcscii-
tacioiics sociales qiic foriiiaii la ciiltiira. Eii tanto quc es iiiipo-
siblc dcscribir la socicdad. dcscrihir la ciiltura fiicra dc sus c.;-
~>rcsioiicsliiigiiísticas. Eii cstc sciitido la Iciigiia iiiclii!-e la so-
cicdad. iiias lio es iiicliiida por clla.
Kii scgiiiiclo 1iig:ir. 1- \.olvcrL: dentro de 1111 iiioiiiciito a cstc
1O0 i;s 1 KII<:I 1IXAs Y N:\I.ISIS
punto, la Iciigua suiiiiiiistra la base constante y necesaria de la
diferenciación entre el iiidii,idiio Y la socicdad. Digo la leiigua
misma, sieiiiprc y iiecesarianieiitc.
Considerenios pues que la Iciigua interprete la socicdad. La
sociedad se liacc sigiiificaiitc cri la lcngoa y por ella, la socie-
dad es lo interpretado por cscclciicia dc la Iciigua.
Para que la leiigiia pucda dcsciiipciiar este papcl de iiitcrpre-
tante que cs, priiiicro r desde el punto de lista del todo literal,
hacer existir lo interpretado Y trasforiiiarlo ci: iiocióii iiitcli-
gible, la Iciigua dcbc satisface; dos coiidicioiies con rcspccto a
la socicdad. Coiiio esta socicdad cs iiaturalcza liuiiiaiia fijada
en institucioiics y iiiodclada por la técnica. por las coiidicioiies
de la prodiiccióii, la socicdad está eii coiidicioiics de difcrcii-
ciarse o ci~olocioiiarcoiistaiiteiiicnte. pa despacio, pa iiiuy de
prisa. Pero el iiitcrprctantc no debe caiiibiar coiiio tal, sin dejar
de ser capaz de registrar, de designar y aun de orientar los caiii-
bios que ociirrcii eii el interpretado. He aquí iiiia condición de
seniiología general. Un principio seiiiiológico qiic quisiera plaii-
tear es que dos sistciiias sciiiióticos no pueden coexistir cii
condición de hoiiiología si tieiieii diferente iiaturalcza; iiii piic-
den ser iiiutuanicntc iiiterprctarites el iiiio del otro, ni ser coii-
vertibles el uno en el otro. 'Tal es en efecto la situacióii clc la
lengua con rcspccto a la socicdad; la Iciigui pucdc acoger Y clc-
iioniinar todas las novedades qcic la irida social !, las coiidicioiics
técnicas prodiizcan, pero niiigiiiio de esos caiiibios rcaccioiia
dircctaiiiciitc sobre su propia estructura. Fuera de los caiiil>ios
violentos, producidos por las giicrras, las coiiquistas. el sistciiia
dc la leiigua sólo canibia iiiiiy Icntaiiiciitc, y hajo la prcsi6ii dc
iicccsidades internas. de suerte que -es iiiia coiiclicióii qiic Iiay
que subrayar- cii las condicioiics de vida iioriiial los lioiii-
brcs que hablan no son iiuiica testigos del caiiihio liiigiiístico.
Sólo se advierte retrospectivaiiieiite, al cabo de varias gciicracio-
iies, y por coiisiguieiite sólo cii las socicdaclcs qiic conservan los
testiiiioiiios de los estados lingiiísticos niis aiitiguos, las socieda-
des dotadas de escritura.
Ahora, ¿qué es lo qiic asigna a la leiigiia esta posición de in-
terpretante? Es que la Iciigiia es -coino se sabe- el instru-
mento d e coniuiiicaci6ii qiic es y debe ser conn'in a todos los
niien~brosde la sociedad. Si la Iciigiia cs un instruiiiento de co-
P : S , ' R ~ l C ' l ~ l U A l)l,:
S l.,\ l.P:N<;TI,\ Y l.,\ SO<.lP.l>ALl 101
iiiuiiicacióii o cl iiistruiiiciito iiiisiiio de la coiiiuiiicacióii, es
qiie esti iiivcstida dc propiedades scriiáiiticas !. que funciona
coiiio uiia iiiáquiiia de producir sentido. eii virtud de su estruc-
tura iiiisiiia. Y aquí cstaiiios eii el corazóii del problema. La len-
eoiia periiiitc la prodiiccióii indefinida de iiiensajes en variedades
iliiiiitadas. Esta propiedad única procede de la estructura de
la Iciigua que está conipiicsta de signos, de unidades de sentido,
nuiiieiosas, pero eii iiíiiiicro siempre finito, que ingresan en
coi~ibiiiacioiiesregidas por un código y que permiten. u11 núme-
ro de enunciaciones que va iiiás allá de todo cálculo, y que por
fuerza Ip deja más y iiiás atrás, ya que el efectivo de los signos
sieiiipre va acreceiitándose y que las posibilidades de utiliza-
ción de los signos y de coiiibinaciones de dichos sigiios aumeii-
tan en consecuencia.
Hay pues dos propiedades inherentes a la lengua, en su nivel
iiiás profuiido. Está la propiedad que es constitutiva de su na-
turaleza, estar formada de unidades sigiiificantes, y está la pro-
piedad coiistitutiva de su empleo -poder disponer tales signos
de una iiianera significante. Son dos propiedades que hay que
tener aparte, que gobiernan dos análisis diferentes y que se or-
ganizan en dos estructuras particulares. Entre estas dos propie-
dades es establecido el nexo por uiia propiedad más, tereera.
Heiiios dicho que hay por una parte unidades significantes, en
segundo lugar la capácidad de disponer estos signos de manera
significante, y en tercero, diremos, está la propiedad sintag-
mática, la de coiiibinarlos con ciertas reglas de consecución
y solamente de esta iiiaiiera. Nada puede ser comprendido,
hay que convencerse de ello, que no haya sido reducido a la
lengua. De-ahí que la lengua sea por necesidad el instrumento
propio para describir, conceptualizar, interpretar tanto la natu-
raleza como la experiencia, y así ese compuesto de naturaleza
y experiencia que se llama sociedad. Es gracias a este poder de
trasmutación de la experiencia en signos y de reducción catego-
rial como la lengua puede tomar por obieto no importa qué
orden de datos y hasta su propia naturaleza. Hay una metalen-
gua, no hay metasociedad.
La lengua rodea por todas partes a la sociedad y la rontiene
en su aparato conceptual, pero al mismo tiempo, en virtud
de un poder distinto, configura la sociedad instaurando lo que
1 O! IISI ni,<:, OHAS \ A N I I . I S I S

podria dcnoiiiiiiarsc sciiiaiitisnio social. Es csta partc dc la


Iciigua la que Iia sido estudiada iiiás a iiicnudo. Coiisistc cii
cfccto. sobrc todo iiias iio cxcliisivaiiiciite, cii desigiiacioiies, cii
licclios de vocabiilario. El vocabiilario proporciona aquí uria
niatcria iiiuv abiiiidaiitc doiidc abrcvaii a diestra y'siiiicstra los
historiadores de la socicdad v la cultura. El vocabiilario coiiscrva
testiiiioiiios iiisustitiiiblcs acerca de las fornias y las fascs dc
la orgaiiizaci<iii social, sobrc los rcgíiiieiies políticos, sobre los
iiiodos dc prodiiccióii qoc Iiaii sido ciiiplcados sucesiva o siiiiul-
táncaiiiciitc, ctc. Coiiio es el aspccto iiicjor estudiado de la rela-
ción eiitrc la lciigiia y la sociedad. de la lciigua coiiio conjunto
y coiiio sistciiia dc dcsigiiacioiics, por coiisiguicntc constaiitc,
eoiistaiitciiiciitc rciiovada, aiiipliada, iio iiisistirciiios iiiás. Nos
liiiiitaiiios .a rccalcar algiiiios rasgos de esta facultad sciiián-
tica.
Los testiiiioiiios que la leiigua ciitrega desdc este punto dc
vista no adquicrcii su cabal prccio iiiás que si estin ligados
cntrc sí y coordiiiados coi1 sil icfcreiicia. Hay ahí uii niccanismo
coiiiplejo cuyas ciiscíiaiizas dqbcii ser iiiterpretadas coi1 prii-
dencia. El estado de la socicdad eii uiia época dada iiunca apa-
rece reflejado en las desigiiacioiies que ella usa, pues las desig-
naciones puede11 subsistir iiiuchas vcccs luego que los rcferen-
tes, las realidades dcsigiiadas Iiaii cambiado. Es uii hecho dc
experiencia freciieiitc y quc sc vcrifica sin ccsar, y los iiiejores
cjeniplos son precisamente el tériiiiiio "lciigua" y el térmirio
"sociedad" que utilizamos en este iiioiiiciito, a cada instante.
La diversidad de las referencias que pueden darse a uno y otro
dc estos dos términos es testimonio precisaiiiciite dc ello, y la
condición del enipleo que debeiiios hacer de las foriiias. Lo quc
se Ilaiiia poliseinia resulta de csta capacidad qiic poscc la leii-
gua de subsumir eii uii tériiiiiio coiistaiite iiria grari varicdad
de tipos y con ello de adinitir la variación dc la rcfercncia cn la
estabilidad de la significación.
E n tercer lugar, para. pasar a una consideración un poco difc-
rente, pero en la que conviene insistir más particularmciite hoy,
cada quien habla a partir de sí. En cl caso de cada hablante,
cl hablar emana de sí y a sí retorna, cada quien se determiiia
coiiio sujeto con respecto al otro o a los otros. No obstante, y
qiiizás a causa de ello, la lciigua que cs así la eiiianacióii irrc-
ductiblc del si iiiis i>rofiindo eii cada iiidividiio es al iiiisiiio
tieiiipo una realidad supraiiidiridiial r coexteiisira con la colcc~
tividad entera. Es esta coiiicideiicia entre la leiigua coiiio rcali~
dad objetivable, supraiiidi\~idoaI,v la produccióii iiidi~ldualdcl
Iiablar, lo gue sustenta la situaci&ii paradójica de la lepgua coi1
respecto a la sociedad. En efecto, la leiigua siiiiiinistra ;iI Ii;i-
blaiite la estructura foriiial básica, que periiiitc el ejercicio de
la palabra. Proporciona el instruiiieiito liiigiiístico que asegii~
ra el doble fuiicioiianiieiito, siibietivo v refereiicial. del disciir-
so: es la distinción indispensablk, sicnipre presente en iio iiii~
porta qué lengua, en no importa qué sociedad o época, eiitrc el
yo y el iio yo, operada por índices especiales que so11 coiistaiitcs
e11 la lengua y que sólo sirve11 para esto, las foriiias que eii gra-
iiiática se Ilamaii pronoiiibres, que realizan uiia doble oposi.
cióii, la oposición entre el "yo" y el "tú" y la oposicióii del sis-
tenia "yo/tú" a "él".
La priiiiera, la oposicií~ii"yo/tú". es iiiia estructura de nlocii-
cióii personal quc cs excliisivaiiieiitc iiiterliuiiiaiia. IIa de ser
tiii código especial, religioso o poético, el qric :iiitoricc para
eiiiplear esta oposicióii fiicra del iiiedio Iiiiiiiaiio.
La seguiida oposicióii, la de "yo-tú/él". que opoiic 1;) l>ersoii.i
a la iio persona, efectiia la opcracióii de la rcferciici;i r fiiiid:~
la posibilidad del discurso eii algiiiia cosa, eii el iiiuiidb. eii Iii
que iio es la alocucióii. Aquí teiiciiios cl fuiidaiiiciito scibrc rl
cual descansa el doble sisteiiia rclacioiial de 1;i lciigiia.
Aparece ahora uiia iiue\.;i coiifiguraciiiii de la lciigiia qric \c
agrega a las otras dos que Iic analizado suiiiariaiiiciitc: cs 1;i i i i -
clusióii del hablante eii sil discurso, la coiisideracii>ii pr:igiii;iti-
ca qiic plantea a la persona en la sociedad eii taiito qiie partici
pante y que despliega una red coiiipleja de relaciones espiicio-
teniporales que determiiian los iiiodos de enuiiciacióii.
Esta rcz el hombre se sitiia y se iiicliiye con respecto a la so^
;
ciedad a la iiaturaleza, v sc sitiia iiecesariaiiieiitc cii iiiia clase
de autoridad o uiia clase d e producción. Eii efecto, la Iciigua es
considerada aquí en taiito que práctica Iiuiiiaiia, revela el iisci
particular que los grupos o clases de Iioiiibrcs Iiaceii ae la Icii-
gua r las diferenciaciones rcsiiltaiites en cl interior dc la Icii~
giia coiiiíin.
Podría describir este ieiióiiieiio coiiio tina ;ipropi;icii~ii p ~ i ~
104 i:siuii<:~ii~uns
Y AN.~\I.ISIS

grupos o clascs dcl aparato de dciiotacióii que cs coiiiíiii a todos.


Cada clase social se apropia dc los tériiiiiios generales, les atri-
buyc rcfcreiicias espccíficas v los adapta así a so propia csfcra
dc iiitcrils v a nieliudo los cDiisicrte cii base de dcrivacióii nuc-
va. h sil vcz cstos tériiiinos. cargados dc valores nuevos, ingresan
cii la Iciigua coiníni cii la quc iiitroduceii las diferericiacio~ics
I6sicas. Podría cstiidiarsc este proceso cuaiiiiiiando cierto níi-
iiicro de vocabularios cspccializados, pero que llevan en sí niis-
iiios su rcfercncia, quc coiistitiiycii uii universo particular rc-
latit.aiiiciitc coordiiiado. Tal podria ser por ejemplo -pero no
tciigo ticiiipo de desarrollarlo- el análisis de ciertos vocabula-
rios dc clascs cspccíficas. coiiio el vocabulario de lo sagrado
cii la Iciigoa dc los poiitíficcs romanos. Tomo a propósito una
Iciigiia ficil dc aiializar y 1111vocabulario bastante abundante,
cloiidc piidiera hallarse a la vez todo un repertorio de términos
cspccíficos y taiiibién de las maneras específicas de disponerlo,
1111 cstilo -en una palabra, los caracteres de una toma
dc poscsióii de la lengua común, realizada cargándola de no-
cioiics, de valores nuevos.
Podría verificarse así en un modelo reducido el papel de la
lciigua cii el interior de la sociedad en la medida en que esta
lengua cs expresión de ciertos grupos profesionales especializa-
dos, para quienes su universo es el universo por excelencia. Dis-
tinguiendo, como henios tratado de hacerlo, los diferentes tipos
de relaciones que unen la lengua a la sociedad, que son propios
para aclararlas a la una por la otra, hemos tenido que ver sobre
todo con el mecanismo que permite a la lengua volverse el
denominador, el interpretante de las funciones y de las estmc-
turas sociales. Pero más allá se entrevén algunas analogías me-
nos visibles entre las estructuras profundas, el funcionamiento
mismo de la lengua y los principios fundamentales de la activi-
dad social. Son comparaciones aún sumarias, homologías vastas
cuya teoría debiera ser llevada mucho más adelante a fin de tor-
narlas fructíferas, pero las creo necesarias y fundadas. No puedo
ofrecer aquí más que una primera aproximación designando tres
nociones esenciales.
La lengua puede ser considerada dentro de la sociedad como
un sistema productivo:: produce sentido, gracias a su composi-
ción que es enteramedte una composición de significación y
IKSI K I I C X I I K A S 1>1: I A 1.IKNC;llA Y l.,\ S<><:ll..I1Al> 10;
gracias al código qiic coiidicioiia esta disposicióii. Produce taiii-
bién, indefiiiidaiiieiitc, eiiuiiciacioiies. gracias a ciertas regias
de transforiiiacióii y de expaiisióii foriiiales; crea, pues, foriiias,
esquenias de foriiiacióii; crea objetos liiigüísticos que sbn intro-
ducidos eii el circuito dc la coniuiiicacióii. La "coinunieacióii"
debiera ser entendida en esta expresióii literal de establcciiiiieii-
to de coniuiiidad y de trayecto circiilatorio.
Estaiiios eii, el dominio de la ccoiioriiía. Ya Saussure advirtió
una aiialogía eiitre ciertas iiocioiies propias de la ecoiioiilía y
las que él fundaba, que él enliiiciaba, que él orgaiiizaba por vcz
priiiiera eii el proceso de la coiiiuiiicacióii liiigülstica. Seiíaló
que la ecoiioniía coi110 la lengiva es 1111 sisteiiia de valores: he
aquí otro tériiiino que es fundamental. Es uiia analogía que
provocaría largas reflexiones, pero podemos prolongarla en una
iioción más, tercera, vinculada al valor, es la noción de inter-
cambio, que pudiera asimilarse al intercambio paradigmático.
Es sabido que el eje paradigmático de la lengua es el que preci-
samente está caracterizado, con respecto al eje sintagmático,
por la posibilidad de remplazar un término por otro, una fun-
ción por otra en la medida en que precisamente tiene un valor
de utilización sintagmática. Con lo cual andamos bien cerca
de los caracteres del valor en economía. Saussure comparó la
relación salario-trabajo con la relación significante-significado,
porque en ambos casos se trata de un valor que está en juego
y porque los dos miembros de este binomio tienen naturaleza
del todo diferente y se reúnen en una relación arbitraria. No es-
toy del todo seguro de que sea el mejor ejemplo ni de que la
relación salario-precio, salario-trabajo sea rigurosamente homó-
loga a la del significante-significado, pero aquí se trata menos
de este ejemplo particular que del principio de la confronta-
ción y de la visión resultante acerca de la manera de aplicar
determinados criterios, determinadas nociones comunes a la
lengua y a la sociedad.
Bastará pues con plantear, con vistas a una elaboración fu-
tura, estas tres nociones básicas que proporcionan, sin más, a la
reflexión el medio de superar el marco tradicional q u e pone,
una al lado de la otra, la lengua y la sociedad.
H e procurado, harto sumariamente, revelar la necesidad y la
posibilidad de introducir en la discusión de este vasto tema dis-
tiiicioiics eseiiciales, tariibiéii de plantear ciitrc la Iciiguii y la
sociedad relacioiies que seaii a la vez lcígicas y fuiicioiiales: 16-
gicas coiisideraiido sus facultades y su relacióii sigiiificaiites.
fiiiicioiiales porqiie aiiibas pueden ser coiisideradas sistciiias
prodiictivos, cada uiia segúii su iiaturaleza. Así puede11 salir a
rdlftir aiialogías profiiiidas bajo las discordaiicias superficia-
les. Es eii la práctica social, coiiio eii cl ejercicio de la leiigoa,
eii esta relacióii de coiiiiiiiicacióii iirterli~iiiiaiia.doiidc Iiabri
que descubrir los rasgos coiiiuiies de su fuiicioiiaiiiieiito. pues
el hoiiibre sigue siendo -y cada vez ii~ás- iin objeto por desco-
brir, eii la doble iiaturalcza que el leiiguaje fuiida e iiistau-
ra cri 61.
Gciieralnientc sc entieiide por tipología el estiidio de los tipos
liiigüísticos defiiiidos por su estructura geiieral. De csta no-
cióii, bastaiitc suiiiaria, surgió la c!asificacióii tradicioiial de las
leiigiias eii flexivas, aislaiites. etc.. favorecida eii otro ticiiipo.
Parecc iiiás iiistriictivo caracterizar coiiio "tipos" coiijiiiitos iiias
liiiiitados, pero iiiejor definidos, cuya iiatoraleza piredc. por lo
deiiiis, ser liarto variada, coi1 tal de qiie cii iiiia Iciigua dada
exliibaii iiiia p;irticiilaridacl iiotablc. Si la observaciOii iiiicial
cs correcta y si dcsliiida las coiidicioiies del fciióiiieiio. coiiducc
eii ocasioiies a rccoiiocer el iiiisnio tipo eii uiia lengiia dc cs-
tructura iiiiiv diversa, doiide las iiiisiiias coiidicioiies lo Iiaii
producido. Fle aqiií iiii cjciiiplo dc estas coiivergeiicias eiitre
Ic~igiiasdifcrciites.
El fraiicts, c u y iiieiiguada aptitud para la coiiiposicióii iiiiii-
ca dcja de ser siibravada. posee. coi1 todo, dos tipos de coiiipiics-
tos verbales, ciiteraiiiciitc distiiitos ciitrc sí y iiicrccedores de
pareja ateiicióii.
Uiio, el iiiás coiiociclo, es cl tipo porte-iiionnuie, taille-cra-
yon, garde-cl~usse.caracterizado por la siiccsióii rcgciitc rcgi- +
do o deteriiiinado f dctcriiiiiiaiitc. Siibsiiiiie iiiia coiistruccióii
verbal traiisitiva coi1 objcto dirccto. El priiiier iiiieiiibro, que
cs cl témiiiio verbal, periiiaiiece iiivariable; cl seguiido sólo, tér-
iiiiiio iioiiiinal, está soiiietido a variaciúii dc iiiiiiicro. qiie sc apli-
ca de lieclio al coiiil>iicsto eiitcro, cii vista dc que éstc es iio-
iiiiiia!.'
Esta clasc de coiiipiicstos l>laiitca uii problciiia foriiial qiic
Iia sido discutido a iiiciiiido: jcii:il cs la iiatiiraleza de la foriiia
verbal del priiiicr iiiiciiil>ro? Sc diría quc las opiiiioiies sc rc-
parteii eiitre dos posibilidadcs liada iiiis: porte-. taille-, . . .
L'llo~i,nie, La llaga, Mautoii & C o . . \'I (19661, ciiudcriii> i i i i i t i . 2. ]>p. 5 ~ 1 2 .
No toiiiaiiior eii la i i ~ c i i o r ciietitn rapricliii. iirtogrifici,~ qiic prcicrihcin qiic l>ortc-
iiroiiiiaie sea iiivariahl~,qixc el pliiral de g;rr<lc-li.irrilre ,el gnrdcs-har,¡& o harri6res. y
que el pliirrl dc gardc-cate, si de,igiid a i i i i ,i>l<l;i<l<i.
re;i g;irrlrs-c<iter, Iicro si se trata
<Ic i ~ti;ivío,
~ i gardc~cdto.
1107l
108 L:S'IRlI<:IIIKAS Y I\N.<I.ISIS

scria o iin iiiipcrativo o un presente. La priiiiera iiitcrprctaciOii


descaiisa sobre todo cii uii argiiiiieiito liistórico y coiiiparativo
extraído de la forriiacióii. cii la etapa roiiiaiice, de iioiiibrcs
propios como Boileau (fr.), Ba:ilacqua (ita!.). Esto no es liada
probatorio para los coiiipiiestos no onoiiiásticos. Eii todo caso,
las consideracioiies históricas no ayudan nada aquí; cs eii la es-
tructura actual del fraiicés, donde se opone a otros tipos de
compuestos, donde estc tipo debc ser defiiiido.
Viendo siiicróiiicaiiiciitc cste tipo de coiiipuestos, el prinier
mieiiibro 110 aparece coiiio una foriiia del paradigiiia flexioiial,
sino coiiio uii tciiia vcrbal, qiic expresa la iiocióii apartc de
cualquier actualizacióii tciiiporal o iiiodal. Así tal iiocióii qiieda
planteada cii cstado virtiial, lo cual rcspoiidc a la iiaturaleza de
los coiiipuestos: de iiiaiicra general, uii coiiipucsto ticiie por
fuiicióii dejar pciidiciitc la actiializacióii iiilicrciitc. a cada 11110
de los dos tériiiiiios toiiiados eii sil ejercicio propio, y trasfcrir-
la al coiiipiicsto iiiiitario. Así el tipo garde-chasse traspone a
sustaiitivo o a adjetivo iin sintagiiia vcrbo +
iioiiibrc.:' Es a
partir de la fiincióii prcdicativa del siiitagiiia 'il garde la
chasse coiiio cs posiblc foriiiar IIII coiiipucsto garde-chasse, doii-
de il garde y la chassc están reducidos a su foriiia virtual garde
y chasse. 'i'al es la coiidicióii que Iiace quc cl siiitagiiia vcrbal
de fuiicióii predicativa pucda volverse uii coiiipuesto iioiiiiiial
de fiiiicióii denotativa. E1 papel de la fiiiicióii prcdicativa cii la
géiicsis de csta clase de coiiipiiestos debc ser subravado. La
iiiisiiia fiiiicióii cstá siibyaceiitc cn iiiia partc coiisidcrablc de
!a dcrivacióii. Volvcreiiios niis aclclaiitc al piiiito.

El segundo tipo de coiiipiiestos verbales cs cl dc i~iaintenir.


Contrasta dcsdc todos los puntos dc vista coi1 el precedente:
poco abundante, impfoductivo, constituido en plirte por super-
vivencias, pese a que algunos de sus representantes sean muy
usados. Es muy interesante estudiarlo, sin embargo, porque per-
petúa en la lengua -así sea en estado de residuo- no solainen-
te un conipuesto verbal como el precedente, sino un verdadero
' La reccibn transitiva del primer miembro sobre el segundo er común a la m i
totalidad de estos compuestos. Son muy raras o literarios oquelloi en que el tema de un
verbo intransitivo está unido a un adverbio: gag=-ptit, Ic've-tdt, trottc-menu.
CONV~HCLN<:I,\S ~ I I P O I . ~ C I < : A S 109
verbo contpuesto con flexión coiiipleta: iiiaiiitenir poscc la flc-
xión coiiipleta de teiiir o d e soutenir. Ahora, un verbo coiiipucs-
to es tina rareza, eii general. Eii el tipo lingiiistico iiidoeuropeo
iio se coiiocc cjeiiiplo. Doiidc se presenta, es a título de foriiia-
cióii sccuiidaria v conio derivado de un coiiipiiesto iioiiiirial:
así cii b -riego oikodoiiiein, -nomein, -phorein so11 eii realidad
desiioiiiiii:itiros de oikodóiiios, -iioiiiós, -phorós; igualiiieiite go-
iiupetein, -kliiieiit vieiieii dc gonupetés, -kliités. Una vez coiisti-
tiiido, cl prcseiite griego goiiuklinein, "arrodillarse", sirvió de
aiiodelo al tardío geiiiiflectere del latiii eclesiástico, si cs que iio
procede directaiiiciite de geiitrflexio (iiiiitado del gr. goiiirkli-
síu). al igual qtic cii fraiicés, partieiido de géiiirflexio~i,Alfrcd
Jarry' hizo gén~iflécliir.De iiiaiiera que iio Iiav aiitepasado iii
paralelo de iiiia foriiiaci6ii dc coiiipiicsto eii qiie uii verbo cstu-
viera deteriiiiiiado por iiii sustaiitivo que lo precediera. S610
iiii preverho es adiiiitido aiitc el verbo. Esto es coiiio dccir que
el fraiicés iio coiiocc vcrho coiiipiicsto. es dccir. coiiipiiesto
cluc tciiga la foriiia: sustaiiti\,o rcgido +
vcrho rcgciitc y flc-
xioiiado. Coiiocc s6lo. coiiio se Iia visto, iiii coiiipucsto iioiiii-
iiul de ordcii iiivcrso: tciiia verbal rcgciitc + siistaiitivo rcgido.
iC<iiiio sc caractcriz;~ ciitoiiccs cl tipo ~iidiiitei~ir, qiic es de
fijo uii vcrho teiiir coiiipiicsto coii el siistaiitivo iiiuiii? Aquí es
la rclaciOii siiit.ictica ciitrc los dos iiiiciiihros lo qiic es csl>ccí-
fico v distiiiti\.o. Aprcciaiiios cliic iiii siiskiiitivo iiiuiii dctcriiii-
iia y prcccdc al verbo teiiir, iiias iio lo Iiacc cii calidad clc objeto
clirccto. Muiiitetrir iio es "tciiir la iiiaiii", lo ciial iio teiidría
seiitido y coiitradcciría la recci6ii transitiva del verbo iiiuiiite-
i~ir,siiio "tciiir uvec la iiiaiii" (de cloiidc "coiisolidar 1111 ohjcto
cii sil l>osiiciciii" ) . K1 siistaiitivo ticiic iiiia rclacióii dc iiistruiiieii-
to coi1 cl vcrl~o.i\qiii csti el rasgo distiiitivo de esta clase de
\verbos coiiipticstos, y se verifica cii todos los vcrl~osclcl tipo
niuiiiteiiir cliic cskiii todavia cii iiso. Crcciiios ciiiiiiicrarlos aqiii
todos: .l boiilmerser, ch<iiirer, ch~iiitoii~iier. c«lporter. ciilbtite~.
maintenir, inaiioeu\'rer. iiiorfoiidre. suiipoiidrer: aparte. cii cs-
tado de derivados iioiiiiiialcs: r i i i o i . I ~ I I ~,~ i i p i q t ~ e t .
4 Gester ct opinions dii Doctriir I:.iiirtroll. 11. 9 ; : " l > i < i , i i \ r c t i , i <Ic\;iiii Ic I':iii\rc
Pkchcus t'indine devaiit Ics Moiict. giiiitflLcliis <Ici;iiit Irr I>c$;i\ ct !\lbistlrr. . "
Cf. Djctionnaire ginéral, 1. p. Xb, 5 203, 21 q<ic ; i i i ; i < l i ~ ~ i c i \;iigiitiii. iI.iliir. l..,
inaci6n sólo es coiisiderada en sur aiitcccdctiter latitios.
110 ):si K I ~ < :IIX K A S v .\N,\I,ISIS

Uiia docciia dc rcprcsciitaiitcs cii total. qiie rcpasaiiios aliora


por scparado, coi1 traducci6ii aiialítica de sus coiiipoiieiites:
Bouleverser cs litcraliiiente "retouriier [sentido primero de
ver.~erlcii hoiile".
Chavirer (cf. proveiizal cdpi'irar), "vircr siir le clief; se rc-
toliriier tCte en bas".
Chantouriier. "touriier dc cliaiit" (qiic se escribe cquivocada-
iiieiite de chaiiip).
Colporter, "portcr (srisl>ciidii) ao coo"; cf. Pasquier: " "les
reverideurs de livres, qui les porteiit ii Iciir col par la ville, soiit
;ippelcz. . . colporteiirs".
Culbuter, literaliiiciitc "butcr sur Ic c~il".
Maintenir. "teilir avcc la iiiaiii" (para iiiipcdir que caiga
conservar cn su posicióii) .
h.laizaeuvrer. "fairc foiictioiiiier (-ceilvrer) avec la iiiaiii".
h,lorfoiidre, literaliiiciitc "foiidre de rnorve" (se dice del ca-
ballo catarroso; tériiiiiio de veterinaria).
Satipoiidrer, "poudrcr de sel" (sau-) .
'S<u,hiquer (proveiizal salpicar), "piqiicr de sel", iio sobrcvi-
ve iiias que cii el derivado iioiiiinal saupiquet, "ragout l~iquaiit";
el iiiisiiio sau- en el adjetivo saugreiiir, antiguo sarigreiieiix,
"grciicux (igrcnu?) dc scl".
Veriiioul~r.litera!iiieiite "iiioiilii dc vers", "réduit cii poudrc
par I'actioii des vcrs".
A cstc iiiveiitario ' agregiiciiios algiiiios tcstigos dc iiii estado
iiiás aiitiguo de la foriiiacióii, de ciiaiido era todavía productiva:
Aillebarrer, "1-i;irrer ( i i i i tissii) ;isec dcs hillcs ( = raies)",
iiiarcarlo con rayas.
Blaitc-poudré. "pondré de bliiiic".
Cliaizfraiildre, "taillcr cii biseaii". litcraliiiciite "abattrc (frriiii-
dre) dc cliaiit", cf. choiltoirri~er.
Cloufichier. "fixcr avcc des cloiis ( = criicificr)".
I'erdriiier, ferlier, fervevtir: "ariiier, licr. vCtir de fer".
l'eilei~erser, "vcrscr ( - rctoiiriicr) :i la pcllc. lal>oiircr i la
I:Ccl1c".
" C,t.,<l,, 1,,r I,,tt,c, h . , . < C , I ~ > ~ ~ ~ ! C , , ~ .
: I>ci.iiiiiir <Ic l;i<li> .~lgiiii<,r \crl>i,r <I\IC u y l ~ r c ~ l ~ ~~ ~~V ~ l~ C~I I Cl C C~I I,N
~ 123~ ~W¡\IWI
~ ~ ~ t c
<1:3,c, ,>?M! C!>!C, \ ~ l , , ~ 21 l < ~ 1.8
\ ~ f c l r t # l > t clcl 1>r,,,,cr tcr,,,i,,,, L.\ , , ~ , ~ > < ~ , i I <> l ~ l c r l l , i .
: 1 1 . ; l l l t , l . I<.,.ir C,,ii iiiiiiii ., 14,s <li'rio,,.ino. \liii>iil,,
$'<U\.
r:os\'i:nc:i..scihs iii~oi.h~:i<:,!s 111
E! elenco de estos vcrbos revela liasta la evidencia que:
11 El tériiiirio iioniinal no tiene nunca función de réginicii
directo o iiidirccto; es sieiiipre u11 instrumental que precisa la
iiiodalidad dc coiisuiiiación de la noción verbal.
21 El sustaiitivo, cii el priiiier iiiieiiibro, puedc teiier 'una
foriiia uii poco diferente de la que posee conio vocablo libfe:
iizail- por "iiiaiii"; sdu- por "sel", lo cual apunta al estado dc
verdaderos prefijos.
3 / Los sustantivos so11 tériiiiiios generales -partes del ciicr-
110, sustaiicias, útiles- que pueden asociarse a verbos variados:
al lado de saupoudrer, saupiquer, pueden iiiiagiiiarse 'saugar-
tzir, "saupiler ("gariiir; piler avec dii sel"); la serie fer-, -arinc;,
-lier, -&ir podría seguir con fer-cercler, -barder. etc., desde el
iiioiiieiito en que estos térniinos de coiiiposicióii se toriiaroii
prefijos instrumentdes.
Este tipo de coiiiposición parece bastante siiigiilar. Si no es
descoiiocido en las dciiiás lengiias roiiiances (cf. ital. niaiite-
tiere, calpestore, capovolfare, esp. niuntener)." coiistituye, al iii-
\.el siiicróiiico que sc toiiic, iiiia aiioiiialía cstructural con rcs-
~ x c t oal iiiodelo iiidociiropeo. h t e iio adiiiite la coiiiposicióii
dc tiii sustaiitivo iiistrutiiental iiiás que con un pu~ticipiopasivo;
los ejciiiplos soii iiotorios. va aiitiguos, coiiio sáiiscr. deva-datta-.
gót. handu-wairrhts, va iiioderiios, coiiio en aleiiiáii Gottgesaiidt
v eii iiiglés man-mude." El iiistruiiiciital está siiitácticaiiieiitc
itistificado despiiés de iiii participio pasivo. Pero taii rcgiilar
es iiii coiiipnesto participa1 iiiglés haiid-ivoveii. "tejido a iiiaiio",
coiiio poco coiicchil>lc sería iiii verbo coiiio *to haildwerive.
No Iiav 1.crho coiiipiicsto cii iiid<iciiropco, doiiclc sólo cl prcvcr-
I>o I ) ~ ~ ser
d c prefijado al \jcrbo. Parccc pues qiie el tipo fraii-
cCs iiiairiteiiir rcaliza. cii la cstructiira geiicral del fraiicés. iiii
iiiodclo que iio cs iiidociiropco.
I>c Iicclio. por sorlxaidciitc qiic parczc;i, es fiicra del iiido-
ctiropco doiidc liallaiiios uii paralelo, e11 el griipo liiigüístico
iiiis clistaiitc, sc vca coi110 se vea: el de las Iciiguas aiiicriiidias.
I'ciisaiiios 1115sparticiilariiiciitc cii iiiia dc las Iciigiias de 1;)
\Icrr.crr~.i r\tiirli;i<lii
,<i <(iiii<i r\ <Irliidit rii I;ir otr;ir l c ~ i g wriiiii;iiicrr
~ \ roltfroii.
112 i..YiRii<:iiiKAS Y .\N~~I.ISIS

gran faiiiilia Ilaiiiada utoaztcca: la leiigiva paitite iiieridional


(Iiablada al sudoeste de Utali v el noroeste de hrizoiia), dc la
que Edward Sapir Iiizo una d~scripciúiiiiiagistral."'
El paiutc dispoiic de gran facilidad de coiiiposicióii. Pucdeii
iiiiirse i~crbocoi1 verbo, iioiiibre coi1 iioiiibrc. i. taiiibiéii iioiii-
brccoii verbo. Piies bicii, Iie aqiií uii procediiii~eiitode coiiipo-
sicióii típico y iiiuy prodiictivo: coiisistc eii prcfijar cicrtos sus-
taiitivos de gran frccueiicia y diversidad de eiiipleo, tales coiiio
"iiiaiio", "pie", "fuego", etc., a verbos de sciitidos variados, de
suerte que se coiistituyan verbos coiiipiiestos. Eii csta clase de
coiiipucstos, cl rasgo iiotablc cs que el priiiier iiiieiiibro dctcr-
iiiiiia el verbo iio coiiio objcto graiiiatical siiio coiiio íiidicc
de iiiodalidad o de iiistruiiiciito. Sapir Ilaiiia a estas foriiias iio-
iiiiiialcs instruniental prefixes." A iiiciiudo, eii efccto, estos
iioiiibrcs cii coiiiposicióii se presciitaii coi1 foriiia redticida, v
ticiidcii al estado dc prefijos, si11 dejar de ser ideiitificables coiii"
lexciiias: 1113'3- "iiiaiio" se viielve eii c o i i i p o ~ i c i ~iiiu(iz)-; i~
inu+~"i-"iiariz" se vuclvc iizu(ii)-; quna- "fucgo" sc coii\,iertc
eii qir-, ctc."
Coii cl prefijo iiistruiiicntal iita- "iiiailo", seráii coiistitiiidos
por cjciiiplo los coiiipucstos siguieiitcs:'"
+
Afa-xwivii- "opriiiiir coii la iiiaiio" ( i i ~ d qivii;i. cf. t(i-qi~~ii'il-
"opriiiiir con el pie").
M<;-riyqu- "coiiforiiiar coi1 la iiisiio" (iiiri +trgq<i- "rrair")
h'íd-vitda- "aplaiiar coi1 la iiiano" (iii<i pitc?a). +
Ma-yuivai- "frotar coii la iiiaiio" (iiio +
yirivai-. cf. tu-yiii~~ai-
"frotar coi1 el pic").
M(a)-oiisi- "tocar coi1 la iiiaiio" (cf. t u ) - 1 - "tocar coii
el pie") .''
Ma-iitc<;vai- "dcsycdir coii la iiiaiio".
Ma-7iiiki- "to stick oric's Iiaiid iii (water)" (S;ipir) iio es
traiisitivo iiiis qiic eii csta tradiiccióii: el tciiia 7 1 7iiiki-
sigiiifica "to stick, be stuck iii" '9 los cjciiiplos soii 11or cicrto
b:d$x~rdS,~pir,Southcrn Pai~at~,;r S I ~ ~ ~ ~ I l.,~ngt#;rgc,
~ C I , ~ ~Uoht<>n.
~ : ~ ~ ~1 9 ~ 0 .
'L Sitl1ir, I I ~ . cit., j 21. p. 101: " . . . I I x q ztrc L O I I tltc !vl>olc q>c'ci;~lvcd, I u r n n cd
iiicorl>iir;itcrl iioiiiis witb instruniriit.il f i i i i c t i < i i i " .
" Ver 10s dctalle~en Sapir, <q>."t.. i II
'l'udas lar foriiiar del paiutc riiii rit;i<l;i\ rii I;i tr;i~i\ciilicii,ii <Ic S;iliir, ligr.r;iiiii.ii
te riiiil>lifir~d~ )por ra~.oiier tiliiigr;ifi<;i\.
'' Sq>ir, o[>. cit., pp. 544-545
'"apir, op. cit., p. 584.
CONVERGENCIAS TIPOL~CICAS 113
los de un verbo intransitivo. Más valdría traducir "to be stuck
with one's hand in (water)".
El sentido de algunos verbos los hace aptos para recibir un
paradigma abundante de prefijos instrumentales. Así, de pantu-
"sacudir" "'e tienen:
Qi-Fntu- "sacudir con los dientes".
Tca'pantu- "sacudir con las n~anos"!~
Tu'-pantu- "sacudir con los pies".
?'m'-pantu- "sacudir con la cabe~a''!~
Pi'-pantu-i', "shakes, moves about (his) buttocks".
De paq-a- "sufrir, doler" '' se componen:
Tatjwa-mpaqa- "doler los dientes" (tarjwa-).
T3'tsi-qaqa- "doler la cabeza" (t~tsi-).
Movwi-pxtxa-"doler la nariz" (movWi-).
Saxwia~oqa-"doler el estómago" (saywia-).
Tuyu-paqa- "padecer sed" (tuy~-).~O
Este tipo no está igualmente desarrollado en todas las len-
guas del grupo shoshone; hay bastante pocos ejen~plosen tü-
batulabal." Pero es notoriamente característico del azteca, don-
de ha sido seíialado a iiienudo. Se habla de la "incorporacidn"
en iiáliuatl como equivalente dc la construcción del verbo con
un objeto direct~.~"in embargo, habría que precisar semejante
definición. La construcción sintáctica y la composición json
de veras equivalentes e intercambiables en azteca? La cuestión
nierece ser examinada más de cerca.
Será ventajoso proceder a partir de la descripción dada por
Whorf de este tipo de composición en azteca (dialecto de Mil-
pa Alta) .= Se trata de los compuestos nombre verbo: +
Thc first term of a compound is usually a bare noun stem, contrac
'* Sapir, op. cP., p. 602.
" El sentido de a t e prefijo esti mal definido; Sapir, op. cit., pp. 106107, 1s da d
sentido de "mano" m un ejemplo coma éste.
Ver inár addantc, p. 113.
...
'O Saoir. oo. cit.. D. 603.

' Sapir, op. cit.; 84 y 670.


" Por ejemplo, hani- "can" + hal. "sentarse" produw d tema verbal hsnihrl- "to
visit" ("to house-rit"): Voegelin, Tübatulabal Grarnrnzr, 1935, p. 89.'
* Cf. Bloomfield, Lanpuage, p. 241. Acerca de cstc problema gmml, d. Sapir,
Anier. Anthrop., 1911, pp. 250s.
m B. L. Whorf. "The Milpa Alta Dialect of Aztee", a p . Roiicr, d., Linguistic
Structures of Nativr An~erira, 1946, pp. 3 6 7 s
114 niic,riin~sY as,t~isis
bsi

ted if tlie nouii is of tlie coiitract class. or it iiia!- bc a nouii witli absol-
utive sufiix in forni -ti- (tliis typc is associated toda! with derived
verbal nouns, also found iii old petrified coliipo~lidsj.or an adjective.
~isiiallyin adverbial foriii with siiffix - h . If the final is a transitive
verb the antecedent may refer to its object ('incorporated object')
in which case the verb is inflected like al1 intraiisiti\.e, witliout piurio-
ininal object, e.g., mepani-po7poir.a 'wceds agave-ro\\,(s)", < meparni'-h
< ine-h 'agave', paini'-A 'row'. But the aiitecedciit is hasically a modifi-
cr, and its cqiiivalcnce to an object is coiiditioiied by graniiiiatical logic:
c.g., ).e-kwepo.ni (iiitransitive vcrb, iio objectj 'bursts from the action
of fire (hc.).)', C1 la.5047-i7kWilowa (transitive with transitive inflection)
'paints or cngraves sometliing ( l a - ) with floivcrs, floral desigiis (So:il
'flo\ver') .24

Sin entrar eii la discusión del problema general planteado


aqui por la noción de "objeto", debemos siibrayar u11 punto
dcl análisis de Whorf que atañe a la presente dcmostracióii.
IVhorf mismo recalca (señalemos los términos que ponc en
corsivas en sus traducciones) que e1 objeto nominal incorpo-
rado debc ser interpretado como un modificador ("a niodifier")
"cuya equivalencia con un objeto está condicionada por la ló-
gica gramatical", d e hecho, direnios, como un detcrminantc
instrumental del verbo. Nos lo muestra la flexión de los verbos
compuestos. La traducción d e mepum-po7powa por "escarda
1-po'poiva) hileras de niagueyes (meparni'-h)" haría pensar cii
uiia rección transitiva. Pero este verbo es flexionado coiuo 1111
iritransitivo; tiene pues igual construccióii que el siguieiitc:
j.ekKeP o:ni "él fuego-estalla", o sea "estalla por el efecto del
fuego (~e.i)':hsiiiiismo ha-:oti?-i7k"'ilowa "algo (la-) él flor-
piiita", es dccir "pinta algo con flores=adorna algo coi1 1111
iiiotivo floral". Eii cste último ejeniplo el vcrbo es transitiio.
si, por sil flcxión. pcrc la transitividad sc al~licaal prorioiiibrc
ol>jcto indcfiiiido ?.a- "algo", no a s o 3 "flor", quc ticiic clara-
iiiciitc fuiicióii de instriinieiital.
Dc iiiodo quc todos estos cjeiiiplos del aztcca rcproduccii cii
efccto el ii~isriiomodelo quc tciieiiios cii paiute. La uiiidad tipo-
lhgica dc esta clasc de verbos coiiipiicstos cs verificada cii dos
Iciiglias difcreiites de la faiiiilia."
:' O,?.cit., \ 5, p. 378.
2., 1,:" CYJI~CI> III& \asta clcl ~ p r o l ~ l clmhria
~ ~ ~ a que t c ~ ~ c?rm ~ h i < nVI, c u c ~ > t aotc;n
1.aiiiili;ts <Ic leiiguar a8iicricaiiar, por clciii(>l<i c l iro<(iirr <! c l t r l c l i i i a ~;acer<a<Icl coz1
< f . S;q>#r,Il;t~~dboukof thc ~\iiicriaixi 1iidi;iii I.;ir!i>ti;igcs. II.
1>1>. 11h \ h h r r i
c o ~ v r n c r ~ c TrI~P OsI . ~ G I C A S 115
Podemos ahora regresar a los verbos compuestos del francés y
ccrciorarrios de qiie responden a los mismos criterios descripti-
vos en las niisnias distinciones categoriales.
Que este tipo de compuesto esté vivo y sea productivo cn
paiote y apenas residual en francés, no es cosa que afecte en
liada al principio de esta comparación ni que altere su legitinii-
dad. Se trata esencialmente de la misma estr'uctura foniial y
funcioiial: iin nonibre entra en composición con un verbo, al
que precede a título de determinante instrumental. Los ejem-
plos citados tanto para el francés como para el paiute exhiben
uiia semejanza sorprendente.
Por afiadidiira, la niorfología de la composición presenta un
curioso rasgo de analogía. E n ambas lenguas el sustantivo, pri-
mer niieiiibro del conipuesto, puede tener una forma reducida
o siiiiplificada con respecto al lexenia libre:
Francés, main, coriipuesto man-.
Sel, compuesto sau-.
hlorve, coiiipucsto mor-.
Conio en paiute m>?,- "mano", compuesto r m ( n ) - .
Qum- "fuego", coiiipuesto qu-.
Pero no es una necesidad: francés boule, ver, fer se mantie-
ncii iguales en fomia libre y en composición, lo niisnio que
paiute tu- "pie", pa- "agua".
Por lo deniás, ciertos compuestos tradicionales pueden coii-
servar una fornia o un sentido fósiles del sustantivo: francés
boule-, bille-, chaii-; paiute tm- "cabeza" únicaniente en coni-
posicióii, frente a titsi- "cabeza", foriiia libre.
Es provechoso tener en cuenta correlaciones así. Ayudan a
apreciar hasta qué punto la tipología es independiente del pa-
rentesco liiigüístico. Pueden darse coivergencias tipológicas
fiiera de toda filiación genética. Es preciso no obstante un mí-
iiiiiio de analogía en la cstriictura foriiial de las lenguas coiii-
paradas. En el prekentc caso puede sciialarse que el paiute dis-
tiiigue claraineiite nonibre y verbo,?' qiic utiliza anipliaiiiciite
la coiiiposicióii dc los tenias iioiiiiiiales y verbales, qiie dispone
dc prcfijos v siifijos. Todos cstos rasgos reaparecen cii fraiicés,
con la diferciicia, siii cinbargo, dc quc en él el caiiipo dc la
" Sipir, 01,. cit., 47. 1). 213.
composición es reducido. El francés no ha llevado adelante en
realidad la composición mixta (tema verbal + tema nominal)
más que en el tipo porte-monnaie, que es nominal. Lo cual no
ha impedido la creación en francés, asimismo, de un tipo de
verbo compuesto con primer elemento nominal instrumental,
que'realiza, si bien en medida menor, una fórmula de composi-
ción cuyo análogo se encuentra en una lengua tan diferente
como el paiute. Lenguas como el inglés o el alemán, mucho
más aptas que el francés para la composición, no han ido tan
lejos. Esta creación romance que consideramos en francés, por
mucho que se haya agotado bastante pronto, permanece como
testimonio de una innovación tipológica de amplio alcance
general.
8. MECANISMOS DE TRASPOSICI(3N

El papel de consideración que tiene la trasposición podría


ser ilustrado en todos los capítulos de una descripción fun-
cional. Pero no es nada estudiado en algunas partes de la mor-
fología nominal, donde sin embargo es esencial, particularmen-
te en la derivación.
Tratamos aquí de sacar a luz el funcionamiento y la impor-
tancia de la trasposición analizando los derivados en -eur, Ila-
mados nombres de agente, en francés moderno. Tenemos con
ello la ventaja de estudiar una categoría intermedia entre el
nombre y el verbo, donde el mecanismo de la trasposición hace
intervenir dos clases de formas distintas. Tendremos oportuni-
dad de mostrar que la sintaxis y el sentido de los derivados en
-eur son estrechamente solidarios de la trakposición que los de-
termina.

El adjetivo en -eur constituye una clase distinta. Su estatuto lo


separa del nombre de agente. Por mucho que ciertas formas,
como truvailleur, joueur, sean comunes a ambas categoiías, no
son tomadas en el mismo sentido, y tampoco tienen igual cons-
trucción. Como todos los adjetivos, éstos son susceptibles de
gradación, pueden ser calificados o ciiantificados por un ad-
verbio. Es lo que los distingue de los sustantivos en eur. E n
tanto que se enuncia parecidamente: il est travuilleur, iE est pa-
veur, se dirá:
il est tres truvailleur
il est plus truvailleur (que su hermano)
pero no:
'il est tres puveur
'il est plus puveur (que su hermano).
Por lo que hace al sentido, estos adjetivos indican una incli-
! Cahicrs Ferdinand dc Ssuirure, Ginebra, Drar, 21 (1969) (= MOsqcr H. Frci),
pp. 47-59.
i1171
118 i;si-nuc.ri~x~s
Y AN,~LISIS

nación moral, un rasgo dominante y perniaiiciite del carácter:


travailleur "inclinado al trabajo", joueur "inclinado al juego",
rieur, moqueur, querelleur, farceur, meiiteur, jouisseirr, rageur.
Se prestan a determinaciones adverbialcs bastante variadas: "il
est fonci2ranent joueur", "il est joueur duns l'dme". Algunos se
pueden volver sustantivos cuando el rasgo de carácter quc de-
notan es elevado hasta el tipo. Le menteur, I,e joueur son títulos
de comedias de costumbres. En caiiibio. ningún adictivo en -eur
indica nunca una ocupación, un oficio, ni una capacidad física,
en forma del todo opuesta a los sustantivos en -eur, y en particu-
lar a los nombres de agente propianientc dichos.
A veces algunos nombres flotan entre el adjetivo y el nombre
de agente. Es notorianlente el caso de trwdleur. Coino adieti-
vo, travuilleur "que ania el trabajo" está atestiguado desde el
antiguo francés. Por otra parte el sentido de clase profesional
(Les fravailleurs de la mer; les travmlleurs du hdtimetit) tiene
hoy por hoy amplia difusión, pero resulta de un desenvolvimien-
to bastante reciente. Durante toda la época clisica, trovailleur
no es sino adjetivo. Apenas en el siglo XIX adquiere travailleur
~ i i isentido social, al despertarse la coriciericia de clases, expre-
sada en la oposición capitalistaltrabajador, que hace juego con
la de c<ipiial/trab~jo.~ Una condición particular lo separa, sin
ciiibargo, de los nombres de oficio, es el carácter colectivo y
vago del térniiiio, que priicticamente prohíbe emplearlo eii sin-
gular ("un travailleur" es CII realidad iin singulativo, quiere de-
cir "LIII niieiiibro dc la clase de los trabajadores"). Esto ataíie
a la naturaleza social, y no profesional, de la designación les tra-
vailleurs. El trabajo no es un oficio. De ahí que travailleur no
admita la construccióii predicativa: "il est travailleur" se dice
solamente de aquel "que ama el trabajo". De esta suerte el ad-
jetivo y el nombre de agente se delimitan.
Hoy en día, travailleur coino sustantivo cae en dos clases de
liso:
I ] Travailleur "que trabaja" iio existe iiiás-que con deterini-
nación: travailleur de nuit, d domicile, d plein temps; sólo csta
detcriiiinación le otorga estatuto de sustantivo.
' S e encoiitrari en la obra de J o n Dubois Le voobulaire pulitiquc et social cn
I'rarire de 1869 A 1872, Parir. 1962, pp. 17-46, una descripción ~ i ~ udociiiiientada
y de los
e8iipleor de travailleur durante este periodo, en el quc se foriiió y fijó en su valor
social. Los numeroros eieiiiplor quc sor, citados d d i i la palabra casi siciiipre cn plural.
21 Travdiileur, térrniiio de clase, y que prácticaiiiente sólo
aparece eii plural, deriva en realidad no de travailler sino de
travail. Nació cii las doctrinas socialistas que, a mediados del
siglo XIX,opoiiian cl travail al capitai, v los travailleurs a los cupi-
talistes. Cuando la entidad social tr<rvail.se cargó de sentido so-
cial y se convirtió en distintivo de una clase, travailleur fue, de
hecho, recreado como designación de los miembros de esta cla-
se. Hubiera podido hacerse 'travailliste, coiiio capitaliste, ade-
laiitándose a la innovación que llegaría más tarde para verter el
iiiglés Iubourite, pero trmailleur tenía la ventaja, para la ideolo-
gía y la propaganda, de vincularse a la oposición travailIeur/
oisif y travailleurl bourgeois.

En la clase, riquísima y en constante crecimieiito, de los "iiom-


bres de agente" en - e ~ rsólo , ~ tratamos por preterición el vasto
contiiigente de los nombres que responden estrictamente a esta
definición y designan a aquellos que ejercen una actividad pro-
fesional: tourneur, balayeur, imprimeur. La mayoría se vincu-
lan a verbos, pero iiiás de una vez se aprecia que derivaii de un
nombre con valor de "el que hace.. ."; chroniqueur de chro-
nique ("que hace cróiiicas"); parfumeur de parfum: el perfu-
iiiista hace v veiide perfumes, no es que él perfume; por lo de-
iiiis parfumer no admite casi sujeto personal. Lo inisiiio mineur
de mine, más bien que de miner. De donde creaciones como
phraseur "que hace frases", gaffeur "que hace tonteríasn(gaHes,
iiiis bien que "qui gaffe").
El valor de actividad profesional que marca profundaiiiente
esta clase de nombres facilita su expansión, a la zaga de la crea-
ción de oficios o de técnicas. Hasta del verbo penser, el menos
susceptible de especialización, se ha sacado penseur, como para
hacer del pensamiento un oficio.
No obstaiite, jesta función de sentido es la única? Dentro de
la iiiultitud de los nombres en -eur que se clasifican indistinta-
iiieiite coiiio iioiiibres de agente,vanios a iritroducir una distin-
'' Sólo nos ocuparemor aquí de lar trarposiciones sintácticas entre d verbo el nom-
hrc. No tratareiiios ni dc la distinción entre nombres de agente y nombres de inshu-
iiiclito en F U ~ , ni de la extensión de esta clase lexica en francés moderno. Este aspecto
di ia cucri.bn es tratado en detalle por Jean D~boir,Etude sur 1. derivation suffiirale
cli iransais i~ioderne,Parir, 1962, pp. 40sr.
120 ESTRUCTURAS Y ANÁLISIS

ción profunda que los reparte en dos categorías, de acuerdo con


el mecanismo d e la trasposición de que provienen y en virtud
de criterios sintácticos y semánticos.'
Los nombres de agente en -eur trasponen el verbo a sustan-
tivo con el sentido de "que hace. . ."', pero de dos maneras dife-
rentes. E n sentido estricto un nombre de agente como daweur
designa al "que baila", pero tiene dos empleos: uno profesional,
"danseur de ballet", el otro que pudiera llamarse ocasional, "el
que está bailando" en un momento determinado: "de nonibreiix
danseurs tournaient dans la salle". Los dos usos se distinguen
a la v a por su sentido y por su sintaxis: el primero puede cons-
truirse como predicado -"il est danseiir" (en la Opera)-, el
segundo no.
Ahora bien, ambos son la trasposición nominal de un mismo
predicado verbal, "il danse". Hay pues que pensar que ahí está
el origen de la distinción, en el seno mismo del predicado. Los
dos sentidos de danseur hacen aparecer dos líneas diferentes de
trasposicióii, y éstas presuponen en efecto dos acepciones distin-
tas de "il danse". La una sirve de definición, "il danse [como ofi-
cio]", la otra de descripción, "il danse [ante mis ojos]". De ahí
dos trasposiciones nominales diferenciadas no por la forma sino
por la construcción: danseur 1 "que hace de la danza un ofi-
cio" y danseur 2 "que está danzando". En francés estas dos fun-
ciones están representadas por una forma única en el verbo,
como en la trasposición nominal. Otras lenguas las distinguen
por medios variados: es así como el español de México opone
Mmía canta -"es cantantev- a canta hlmía -"éstá cantando".'
El criterio indicado se verifica en todos los casos en que el
nombre en -eur es susceptible de dos acepciones: voyageur (de
comercio) y voyageur "que está de viaje", por ejemplo "les
voyageurs A destination de Bordeaux; avis aux voyageurs". El
primero es predicable: "Pierre est voyageur", el segundo no, hay
que decir "Pierre est en voyage".
Aparecen otras diferencias entre las dos categorías. E1 -eur
"ocasional", por así llamarlo, indica una situación incidente,
' Esta distinción, que atablecemos en la rincrania del fnncés moderno y de aeuer-
do mn criterios erplicitoí. es indcpcndicntc de la que establccirnor entre dos tipos de
nombres de agente y nombres de acción en indoeuropeo y en otras. familias lingüisticas
(Nomr d'ngent et nornr d'action en indoeuropCcn, París, 1948).
' Cf. Kahane, Language, 26 (1950).
un papel que es asuiiiido en una circunstancia dada, un coin-
portamiento fortuito. Rara vez es cosa de un individuo aislado.
Las iiiás veces estos nombres en -eur se presentan en.plural: "les
spectateurs oiit applaudi les joireurs; les dineurs n'étaient pas
iionibreiix; une foule de baigneurs, de promeneurs, de fldneurs",
etc. Toda actividad de circunstancia puede originar una deno-
niinación así: "mettrc les rieurs de son CM;les conseilleurs ne
sont pas les payeurs". La base de estos derivados es generalmen-
te un verbo que denota un comportamiento físico, en una cir-
cunstancia doride es visible, público; jamás una actividad mcn-
tal o un estado afectivo. El nonlbre traspuesto en -eur indica
la realización actual, momentá,nea, observable, colectiva, no la
capacidad o la práctica individual de un oficio, de una ocupa-
ción permanente. En esta distinción, de sentido y de función
sintáctica, se realiza, por mediación de la trasposición, una dis-
tinción latente en la predicación verbal.

Un tipo de conversión que no parece haber sido estudiado, ni


siquiera debidamente apuntado en esta categoría, es el del nom-
bre cn -eur acompañado de un adjetivo: u n b o n marcheur, un
gros mangeur. Quisiéramos mostrar que la relación entre los dos
términos del sintagma cs menos sencilla de lo que parece, y que
no se reduce a una relación de calificación.
A priniera vista asimilaría uno un bon marcheur a no impor-
ta qué expresión de igual construcción, como un célebre écri-
vain. Sería una grave confusión, a la vez lógica y sintáctica, y
vale la pena sacar a luz las razones.
Comparemos las dos proposiciones:
Pierre est un bon marcheur.
Pierre est un célebre ém'vain.
Un "célebre écrivain" conjuga dos cualidades: es célebre y
es escritor. De modo que puede decirse de él: "cet écrivain est
cél&bren.Pero no puede decirse de un "bon marcheur:' que sea
bon y marcheur, y es imposible el enunciado: "'ce inarcheur est
bon". La identidad de la estructura formal disimula una dispa-
ridad en la estructura profunda.
Aparece una nueva diferencia en el orden secuencial: " b n
marcheur" obedece a un orden fijo; el adjetivo va siempre ante-
122 ES'I'RUC'TURAS Y ANÁLISIS

puesto. Pero el orden inverso, "un écrivain célclbre", es tan adnii-


tido como "un célebre écrivain": la diferencia entre los dos giros
es sólo la que resulta de la posición del adjetivo, mas no interesa
a la relación de calificación entre el adjetivo y el nonibre.
Estas disimetrías tienen una razón esencial, la naturaleza del
sustantivo calificado: "un célebre écrivain" es un écrivain, en
tanto que "un bon marcheur" no es un marcheur; este térmi-
no no puede emplearse solo. O sea que el adjetivo no tiene igual
estatuto en los dos casos: es diferente en "un bon marcheiir" y
en "un célebre écrivain". Todo procede en realidad del nombre
marcheur, aquí inseparable de su epíteto que es bon. Se carac-
teriza como la conversión nominal de un predicado "qui mar-
che.. ." aquí inseparable de un calificante que será bien. Ex-
plicaremos pues "un bon marcheur" como la trasposición de
"qui marche bien". El grupo nominal halla en esta relación su
fundamento lógico y su definicióii sintáctica. El adjetivo bon
es aquí un adverbio traspuesto, no un adjetivo de función pri-
maria, y mdrcheur es aquí un predicado verbal traspuesto, iio iin
sustantivo de función primaria. La diferencia entre "u11 boii
marcheur" y "un célebre écrivain" aparece ahora: "un célebre
écrivain" no es la trasposicihn de un predicado verbal, en vir-
tud de que écrivain no puede reducirse a "qui écrit". He aquí
el criterio de la distinción entre los dos enunciados, tan seme-
jantes en apariencia.
Se sigue que la definición de marcheur como nonibre de
agente de marcher, con todo y ser materialmente exacta en cuaii-
to al vínculo formal, no basta para caracterizar su función. Hay
que explicar la creación de mcrrcheur a partir de una expresión
predicativa donde la forma verbal va acompañada de tina califi-
cación llamada adverbio: por ejemplo "il marche bien". Queda
dada entonces la condición para la trasposición de "il iiiar-
che. . . " a "il est. . . niarcheur", lo cual acarrea la necesidad de
trasponer a su vez la calificación adverbial bien a foriiia noiiii-
nal, de donde bon. Pero este adjetivo, pese a las aparieiicias, no
califica un sustantivo, califica, bajo el disfraz iioiiiitial, la con-
sumación de un acto: decir que Pedro es "un bon niarclieur"
significa que Pedro tiene la propiedad de "bien iiiarcher". El
núcleo generador del sintagma iioiiiinal ("un bon niarcheur"),
y así de la categoría de nombres en -eur que tonia su origen de
~ I I : C A N I S ~ I U SIIE ~ I R A S P O S I C I ~ N 123
tal sintagrna, reside en un predicado verbal acornpaiiado de un
calificante, "il iiiarche bien".
El mecanismo de esta trasposición es función del nexo
particular que hay entre adjetivo y adverbio. No basta con po-
ner el adverbio y el adjetivo en simetría de función, y decir que
el adverbio es al vcrbo como el adjetivo al nombre. Hay que ver
que en realidad el adjetivo y el adverbio pertenecen a dos nive-
les lógicos distintos unidos por una correlación específica. Debe
mostrarse esto explícitamente.
Sean las dos proposiciones:
11 Pierre est un bon garcoil.
21 Pierre est un bon marcheur.
La proposición 11 puede reducirse a la conjunción de las dos
proposiciones: Pierre est un garcon +
Pierre est bon. Pero no
podría descoiiiponerse 21 en Pierre est un marcheur +Pierre
est bon, lo cual ni el sentido ni la sintaxis permiten.
Por las razones indicadas, Pierre est u n bon marcheur ha de
toiiiarse conio trasposición de Pierre marche bien. En conse-
cuencia, Pierre est un bon marcheur predica el "bienandar"
conio una propiedad dc Pedro, pero traspone la calidad del an-
dar dc Pedro a ciialidad dc Pedro-andante.
Así'bon tiene dos funciones sintácticas distintas. En 11 bol1
garcon, denota la propiedad de un sustantivo; en 21 borl mar-
cheur, denota la propiedad de la propiedad marcheur. Podría
definirse en 11 coino adjetivo de función priinaria, en 21 como
adjetivo de fuiición secundaria.
La transformación de Pierre marclre bien en Pierre est un bon
marcheur no afecta nada más la naturaleza de las formas, su
función sintagniática; produce una delimitación del sentido. La
proposición Pierre marche bien puede ser entendida diversa-
nientc, según sea Pedro un iiiíio pequeño que da los prinleros
pasos a satisfacción de sus padres, o haya Pedro vencido las di-
ficultades que le costaba andar, o participe Pedro en un desfile,
etc. Pero la trasposición Pierre est un bon marcheur elimina
todo eiiipleo de circuiistaiicia: sc predica así como propiedad de
Pedro la capacidad de andar bien, entendida exclusivamente
coiiio la capacidad dc andar largo tieiiipo sin cansarse, fuera
de cualquier contexto situacional. Debe notarse que jbon) mar-
cheur, (gros) mangeur y todos los nombres de la misiiia serie
124 EST.RUWURAS Y ANÁLISIS

proceden de una forma verbal de empleo absoluto y no actuali-


zada, que indica la noción en estado virtual. De ahí procede el
valor de capacidad ligado a las traspiiestas marcheur, mangeur
que predican esta propiedad fuera del marco temporal, a dife-
rencia de la categoría promeneur, baigneur, determinada tem-
poralmente.
Concluyamos que la trasposición efectuada por medio del
nombre en -eur en un bol1 marcheur crea una clase de nombres
que pone de relieve la capacidad apreciada, no la práctica habi-
tual o profesional de una actividad.
En el mecanismo de esta trasposición del adverbio a adjetivo,
ha tenido papel decisivo tina condición niorfológica que atañe
a la estructura del fraiicts. En esta lengua no es frecuente que
haya que trasponer un adverbio a adjetivo; normalmente la
conversión es en sentido inverso: es un adjetivo el que propor-
ciona al adverbio su radical, sea por trasposición directa ("par-
ler bus, niarcher droit, boire sec"), sea dándole forma femenina
y añadiéndole -ment, que convierte en adverbio: lentement, se-
chement, cruellement. Aqui la situación se invierte. Ciiando se
traspone un verbo a nombre de agente es preciso asimismo que
el calificador verbal (el adverbio) piieda ser traspuesto a cali-
ficador nominal (el adjetivo), lo cual crea iin problema difícil
en una lengua donde el adverbio no produce derivados. De ahí
que hayan sido elegidos adjetivos ya existentes, dándoles una
función nueva. La elección de estos adjetivos fue guiada por ra-
zones de sentido que es interesante deslindar. Se verá así que el
mismo adverbio puede ser traspuesto a varios adjetivos.
1] Tomemos primero el cuantificado1 verbal beaucoup. Po-
drían hallársele equivalentes adjetivos, como nombreux, maint.
Ni uno ha sido ensayado siquiera en el uso. Es gros lo que la
lengua ha empleado, por ejemplo en "un gros mangeur", a fin
de trasponer "il niange beaucoup". Precisamente porque la
elección de.gros no se justifica sin más ni niás (un "gros man-
geur" no es por fuerza gros), hay que correlacionarla con uno
de 10s valores semánticos de beaucoup, que tiene varios: con
el que precisamente se realiza en "il niange beuucoup". Lo defi-
niremos como "gran cantidad (en volumen o en masa) de ma-
teria consumible", de ordinario dinero o comida. En efecto, se
encuentra gros calificando en niás de una expresión relativa al
hriCANtSh1OS DE T R A S P O S I C I ~ N 125
dinero, en equivalencia con beaucoup: "perdre une grosse
soninie" es "perdre beaucoup d'argent". Igualmente, "posséder
une grosse fortune, avoir de gros moyens, de gros besoins, faire
de gros bénéfices, de grosses pertes, de grosses dépenses, prendre
de gros risques". En "jouer gros jeu", la equivalencia gros =
"mucho (dinero)" está iniplicita, permite traspoiier gros a ad-
verbio: "gagner gros, parier gros, il y a gros i paner". Entonces
el adverbio gros así fijado regresa a la condición de adje-
tivo para efectuar la trasposición nominal de estas locuciones:
8'.
11 parie gros, il joue gros", se vuelven "un gros parieur, un
gros joueur". Se establece una relación de trasposicióii entre el
adverbio beaucoup (en "beaucoup d'argent") y el adjetivo
gros. Se realiza lo mismo cuando beaucoup cuantifica un verbo
de consumo como manger: "manger beaucoup", es comer "una
masa de comida"; en consecuencia, "il mange beaucoup", al tras-
ponerse, pasa a "un gros inangeur". La relación también es vá-
lida en lo figurado: de "consommer beaucoup d'électricité" se
saca "un gros consomiiiateur d'électricité". Por analogía, con
travailler, y como beaucoup subraya sobre todo la masa de tra-
bajo suministrada, "il travaille beaucoup" se traspondrá a "iin
gros travailleur". Es como cuantificador de la adquisición, del
gasto, del consuiiio, en tériniiios de voluiiien y de masa, como
beaucoup se traspone a gros.
En esta función, gros tienc por opuesto a petit, qiic traspone
peu: "un petit iiiaiigeur'' < "il mange peu".
Ciiando beaucoup acoiiipaíia a verbos de iiioviniicnto e indi-
c i la frecuencia dcl ejercicio, el adjetivo de trasposición es, por
lo general, grand:
"il voyage beaucoup": "titi grtlild voyageur"
"il cliasse beaucoup": "un grand chasseiir"
"il court beaucoup (les fenimes)": "un grand coureur"
y por extensión para el ejercicio de otras actividades:
La expresión, vuelta ertcreotipada, grand chrsseiir devant I'Eteniel, proviene del
Antiguo Testamento, donde califica a Nemrad. Pero hay que fijarse en que giand
(cazador) no a sino una de las tradiiccianes del hebreo gibbar, "vigoroso, poderoso".
El griego de los Setenta vierte gigar (kiiiifgór), "gigante. poderoso". La Vulgata trae
roburtur (venatoi), la Biblia de Jerusalén vaillaiit (charseiir). Mar Boriuet crcnbi6:
Nemrod, le prcmier guenier et le pre>iiiei eonquérant, ert appelé dans rEcrituie un
fort chasreur. De fort a grand cambia el estatuto del adjetivo. Aunque ae oiga a veces
la expresión 'un fort ~ i i a i i ~ e u r " .el adjetivo fort cn cuando iiicnos aiiibiguo eii su
relación sintictiea con charseur.
126 E ~ T K ~ J C T U R YA ~ANÁLISIS

"11 lit beaucoup": "un grand liseur"


"il nient, hable beaucoup": "un grand meiiteur, hableur"
"il discourt beaucoup": "uii grand discoureur".
La relación opuesta no genera trasposición: "voyager w"
110 representa una característica que haga falta predicar en for-
nia nominal.
Pero el adverbio beaucoup, con la riiisiiia construcción,
puede tener otro valor, iriás abstracto: el de un alto grado en
el conociniieiito, en el gusto, coi1 verbos como aimer, (s'y) con-
naitre. Para trasponerlo se suele emplear grand, y el adjetivo
se hace susceptible de acompañar a los derivados aiwteur, con-
naisseur:
"il aime beaucoup la musique" > "il est graiid aiiiateur de
miisique"
"je ne m'y connais pas beaucoup" > "je ne suis pas grand
coiinaisseur".
Este valor implica evaluación y apreciación. Es susceptible,
llegado cl caso, de término coiitrario, tal coiiio piitre: "un pie-
tre connaissciir" < "il s'y coiinait peu, inaI".
II] El otro adverbio frccucnteiiieiite utilizado es.cl califica-
dor bien. Tieiic por traspucsto el adjetivo bon:
"il coiiduit bien": "un bon condrictcur".
Siiiiétricaiiiciitc, el calificador mal ticiie por traspuesto el ad-
jetivo mauvais:
''.11 coiidiiit mal": "uii mauvuis conducterir".
Con iitaiivais, y a título de variantes, coiitarenios pidtre, pau-
vre:
'6.
11 cause iilal": "iin puuvre causeur". A

Los dos calificadores bien y bon se refiercii a actividades fí-


sicas: "1111 bon iiiarclieor, 1111 boii griiiipcur, 1111 hon nageur", y
a vcccs a otros logros: hoil ei~teiideiir,cii ''a hoii entciideiir,
salut". (corrcsl~oiidiciitcal "a hiieii ciiteiidcdor. . . " cii cspaíiol).
A la iilvcrsa, hay calificacioiics que iio se presciitaii iiiis quc
iicgativaiiiciitc: cl adjetivo típico y, por así dccirlo, úiiico, cs
iiluiivais. Sohrc todo cii algiiiias lociicioiies tradicioiialcs: "uii
illdtivais ~>~l)'Cur.u' illuiivuis coucliciir"; ' pcro taiiibikii eii otros

1'1 !>S<>f~gc!v;~!o,~ n i c ocptc sol>rc\i>c !1cn ~ l k d~ c, cskn cxl~rcsi6t1, r~r,nr\wivco~rcltc~ar,


que 5' Iir licclio fa~iiili:tr, coi! el seiitidu dc ";i,<livi<liiu con rliiicii es dificil vi\.¡<',
vínculos: "un muvais conducteur" < "qui conduit mal". NO
obstante, su empleo no pasa de ser limitado; no se da tan a me-
iiudo la ocasió~io la intención de categorizar desfavorablerneii-
te una actividad, y por lo demás mrmvais es a veces ambiguo:
"iiiauvais joueur" puede oponerse a "bon joueur", pero también
a "beau joueur" (que se comenta luego).

El mecanisnio de la oposición aparece así. La calificación ad-


verbial bien que se traspone al adjetivo bon es complenientaria
de la cuantificación adverbial beaucoup que se traipone al ad-
jetivo grmd o gros. Este sistema asegura el funcionamiento y la
distribución de los adjetivos bon (op. mauvais) y grand, gros
(op. petit) en su unión con un nombre en -eur, segíin el sentido
de éste sea comparable con una determinación de cualidad o de
cantidad.
Algunos de estos noiiibres admiten uno o dos otros adjetivos,
con iiiatices particulares y fuera de sistema. Así beau, en "u11
beau parleiir", traspone iin adverbio teórico bellernent, diferente
dcl bellement liistórico que significa "suaveniente" (cf. tout
beau!), inás cerca del adverbio beau en la loc~iciónporter beau.
Eii el uso corrieiite, "beau parleur" equivale a "que habla con
elegaiicia, de una iiianera seductora ( a iiienudo con la intcncióii
de seducir)"; iio puede reducirse exactaiiiente a "que habla
bien". La inisiiia disinietría se extiende a "beau diseur", por
"que dice (los versos) con e!egaiicia" (taiiibiéii "fin diseur"),
v a "beau joueur", por "qiic juega (y quc sabe perder) con elc-
gaiicia", lo cual cs i11uy diferente dc "bon joiieiir" = "que juc-
gil bien". Con todo, las dos calificacioiies "bon joiiecir" v "beau
jouciir" tieiieii por tériiiiiio opiicsto cl iiiisino "mauvais jouciir"
quc, segíiii los casos, sigiiificará "que juega irial" o "a qiiicii iio
Iiacc gracia perder". Coi1 joileur es posible, pues, acoplar tres
adjetivos:
"bon joueur" < "qiii jouc bien"
gros joueur" < "qui jouc gros"
"

"bedu jouetir" < "qnc jouc beaii'."


Iiacc olildar su s a ~ t i d olirr>i>ii>: .xqt~el qiir. ii,liil>;~rti~iidi, i ~ i i Icclii,. ~pcrtiirha cl rixe"i>
dc su co2>~paficrc,. S O I ~c c ~ ~ t ~ l ~ccttc ~ t tois (l.:, b ' ~ ~ ~ ~ t ; t i ~ ~ c ) .
c r t r ~ w i tYC r c t m ~ r ~ccut
' I ' r d q ~ o ~ i r i i i i itciiric;t cii I;i qilc I>e;lu <Icbc x r lo>iiado rii r.1 rniticlo iiicliciiilo i8itr.s.
128 ssrnucrvn~sY ANÁLISIS

A esta corta lista de adjetivos traspuestos de adverbios aíia-


diríamos haut en haut-parleur. Este espécimen único tiene por
cierto la misma estructura que grand buveur, y teóricamente
haut-parleur remite a habla alto". Pero hay dos razones
que lo apartan: 11 es un término técnico completamente fijo
y lexicalizado, como lo indica la ortografía, un nombre de ins-
trumento forjado ad hoc y no una caracterización de individuo;
21 y sobre todo, haut-parleur no fue creado en francés, ni podía
serlo en modo alguno, en ausencia de todo modelo análogo. La
línea de las innovaciones léxicas en este dominio técnico en
francés para más bien en términos como amplificateur (de so-
nido), antes que en un nombre descriptivo, de imagen, perso-
nificado~del instrumento, como haut-porleur. D e liecho, es sa-
bido que haut-prleur es una traducción, introducida hacia 1923,
del inglés loud-speaker. El calco resultaba tanto más fácil cuan-
to que loud-speaker está formado por el mismo procedimiento
de conversión: loud-speaker < speaks Ioudly. El vínculo estre'
cho entre los dos miembros (*loud-and-clear-speaker sería im-
posible) por una parte, la difusión rápida de las técnicas soiio-
ras, por otra, facilitaron asimismo el préstamo.
Las mismas observaciones valen para la expresión única, mu-
cho más antigua, por lo demás, libre-pensar, donde libre- fuii-
ciona como exponente adverbial, "qui peiise librement". Pero
es conocida la historia de esta noción; libre-penseur fue creado
cn el siglo XVII para calcar el inglés free thinker (conio iiiás tar-
de libre-échangiste calcó free-trader, a partir de free-trade >
libre-échmge).
Vale la pena sefialar a este respecto las analogías entre el
francés y el inglés en el mecanismo de esta trasposición. A dife-
rencia del alemán, donde, por tener la misma forma el adjeti-
vo y el adverbio, se pasa sin cambio de "er isst viel" a "ein
Vielesser", el iiiglés, como -1 francés, convierte el adverbio en
adjetivo cuando el verbo es traspuesto a nombre de agente en
-er. Esta trasformación es paralela a la que fue descrita para
el francés y tiene por signo, en parte, adjetivos de igual sentido.
Se echa niano de ella sobre todo para caracterizar un comporta-
miento habitual en una función física. Los adjetivos más co-
munes so11 para la calificación, good (op. bad): "a good (badj
driver"; para la citantificación se dispone de great ("a great
eater"), y también de hemy: "a he- drinker (smoker, sleeper)"
< "he drinks (srnokes, sleeps) heavily", y de hearty: "a hearty
eater" < "eats heartily". Así, es posible en inglés diferenciar iiic-
diante lexemas explícitos los valores diversos de cualidad y
cantidad implicados en fran& por "bien manger" y que "un
bon mangeur" no puede trasponer por completo.
Estas observaciones han recalcado la diversidad de los valo-
res que saca a luz el examen en la clase de los nombres de agen-
te en -eur, que se acostumbra tratar como unitaria. Reponiendo
cada uno de estos valores en el cuadro sintactico del que parti-
cipa y partiendo de la construcción verbal que traspone, es
como pueden.ser puestos en claro los mecanismos que producen
y que diferencian estas categorías nominales.
9. LAS TRASFORMACIONES DE LAS CATECORfAS
LINGOlSTICAS '

La evolución de una lengua considerada como sistema de sig-


nos consiste en las trasformaciones sufridas por sus categorías.
Entenderemos por categorías las clases de formas caracterizadas
distintivamente y susceptibles de funciones gramaticales.
No todas las categorías se trasforman idénticamente, ni al
mismo tiempo. Pero en virtud de que todas están relacionadas
de algún modo, es inevitable que aun aquellas que parecen más
permanentes sean afectadas por las trasformaciones que tocan
a las menos duraderas, sea en su forma, sea en sus funciones, o
en ambas cosas a la vez.
Nos parece útil precisar la noción de trasformación como
proceso diacrónico estudiado en las categorías lingüisticas, dis-
tinguiendo dos géneros de trasformaciones, diferentes por su
naturaleza, que tienen causas y efectos distintos en el desen-
volvimiento de las lenguas:

1] Las trasforniaciones iniiovadoras. Son trasformaciones pro-


ducidas por desaparición o aparición de clases formales, lo cual
modifica la dotación dc las categorías vivas.
Desaparición de categorías serán, por ejemplo:
'la desaparición parcial o completa de las distinciones de gé-
nero: eliniinación del neutro, que reduce las oposiciones a la
oposición masculino/femenino; o elinlinación del femenino,
que produce una oposición: género animado/neutro;
*la reducción de las distinciones de número por eliminación
del número dual;
'la reducción, en proporciones variables, de los sistemas de
clases nominales y -correlativamente o no- de los sistemas de
deícticos, etc.
' Hada ahora sólo publicado en traducción inglesa cn Dircilianr for Hirbrical Lin-
yirrin (Symporiurn in Historial Linguirtio, 29-30 de abril de 19%. The Univerrity
of Tcm, Linguittia Depaitincnt). Austin-hndrn. Unkenity of Tcur Prerr. 1968,
pp. 85-94.
La creación de categorías podrá ser ilustrada por:
*la creación del artículo definido;
*la creación de nucvas clases de adverbios procedentes de coin-
pucstos (-ly, -ment), etc.
Estas desaparicioiics y aparicioiics altcran la dotación de las
categorías formales de la lengua; provocan por aiiadidura una
reorganización y una redistribucióii de las foriiias en oposicio-
nes cuya estructura se ha n~odificado:redistribucióii dc las tres
clases de número graiiiatical entrc las dos clases subsistentes;
redistribucióii del plural neutro latino cn el feii~eiiinoroiiiaii-
ce; reorganización de los demostrativos a partir de la especiali-
zación del artículo, etc.

111 Las trasforiiiacioiies conservadoras, quc consisten en el


rcmplazamiento de una categoría niorfemática por una catego-
ría perifrástica en la misnia función, por ejeniplo:
'remplazaiiiiento del coniparativo morfológico por el sintag-
ina adverbio + adjetivo;
"reniplazamiento de la desinencia casual por el sintagma pre-
posición + nombre.
Vamos a estudiar algunas de estas trasforinaciones, para
subrayar la iniportancia fundamental de la noción de perífrasis
eii el proceso mismo de trasforiiiación.
Las trasforiiiaciones que consideramos niás especialiiieiite
son las que a la vez producen una nueva clase de signos, que
podrían llamarse signos de auxiliación, y que son realizadas co-
rrelativaiiiente por esas formas de auxiliacióii.
Coiisideraiiios en especial este proceso de auxiliacióii eii el
desarrollo perifrástico de dos categorías verbales, el perfecto 1.
el futuro, en el doiiiiiiio roiiiaiice. Ahí hay cjeiiiplos privile-
giados, tanto por la abundancia de los datos coiiio por el iiúiiie-
ro de observacioiics teóricas que periiiitcii Iiacer.
La caractcrística formal de esta trasforiiiacióii es pues que
se opera por creacióii dc un sintagiiia, coiidicióii fuiidaiiiciital
suya, cualquiera que sea la suerte ulterior de tal sintagiiia (iiiaii-
tciiido distinto en el perfecto, soldado en unidad cii el futuro).
El sintagiiia de auxiliacióii puede ser descrito coiiio la aso-
ciación dc 1111 auxiliante fiexioiiado y dc u11 aiisiliado iio flc-
xioiiado. A estos dos elciiiciitos agregaiiios otro, tcrccro,. que
rcsidc cii la coiiibiiiacióii dc los dos, coiidicibii productora dc
uiia foriiia iiucva, distinta de cada tino de los dos coiiipo~iciitcs,
y dc uiia fuiicióii iiucva. En ofra parte hciiios ofrccido un aiiá-
lisis descriptivo dc la estructura de los sintagrnas de auxiliación
en fraricés.'
Aquí estudiaremos de qué maneta se define11 estas perífrasis
cii los casos respecti\los del perfecto y el futura en su forma la-
tiiia, cii su rclacióii foriiial y funcional.

La perífrasis típica del pcrfecto está constituida en latín por


habQre + participio pasado. 'l'eiienios aquí una estructura que
]>arecc clara, inniediataiiiciite inteligible y constante, sea en la-
tín o eii su estado prescntc, piiesto que volvemos a hallarla coiiio
tal eii las Iciiguas roiiianccs y en otras más. En realidad la cons-
titución de este sintagma obedece a condicioiies precisasi y su-
p011c algunas distinciones teóricas esenciales. Ni unas ni otras
parecen aún recoiiocidas como cs debido.
IIav dos condiciones para que las foriiias, la de habere y la
del participio pasado, puedan coiiibiriarse en un sintagma. Cada
1111: de estas dos condiciones consiste en ui:a elección entre dos
posibilidades.
El vcrbo habe5 cri construccióii predicativa es susceptible dc
dos sentidos: "tener" y "haber". Esta condición previa tiene
iiiiportancia priniordial: decide en la encrucijada de la eleccióri.
La difcreiicia entre "terier" y "haber" ha sido por regla genc-
ral dcscoiiocida en las numerosas obras didácticas que tratan de
cstc perfccto. La niayoría de las veces ni siquiera se nicncioiia.
De ahí cl estado de coiifusióii qiic iiiipcra a propósito de esta
coiistr[iccibri.
Esta distiiicióii prinicra es eseiicial; según sea toniado habe;
coiiio "tcncr" o "haber", se cierra o se abrc el caiiiino a la coiii-
prcnsióii de la perífrasis.
Esta distirición iiiicial, concerniente al sentido del auxiliar
~ i ~ ~ s r o n h r n cni;
i o ~i ~~scxr~conías
s i.i~ciiis.ric~s lii
hnbe6, cstá ligada a otra distiiicióii, relativa a la fuiicióii dc la
forriia auxiliada: ésta puede ser toiiiada o coiiio adjctivn ( c s el
caso de proinpttis, lectus, ratus, t<icitiis, clausirs, siihitiis, ctc. 1
o coiiio participio verbal cii seiitido cstricto.
Cada uiia dc estas dos funcioiies se viiicula rcspectivaiiiciite
a iiiio de los dos seiitidos de habeó 1, gobicriia un siiitagiiia dis-
tinto. Uiio de estos dos siiitagiiias jaiiiis realiza uiia perífrasis
dc perfecto: es cl siiitagiiia de habZre "tciicr" coi1 cl participio
coi1 \,al«r dc adjetivo.
El otro siiitagiiia rcaliza siciiiprc uiia perífrasis de perfecto:
es cl siiitagiiia dc habare "liabcr" coi1 el participio de valor
verl~al.
Es iicccsaria una coiidicióii iiiás para que la relacióii de per-
fecto sea iiiiplicada por la foriiia del siiitagiiia; ticiic que vcr
coi1 la iiatiiraleza sciiiáiitica del vcrbo. Es preciso, cii priiicipio,
que diclio vcrbo dciiotc iiii proccso "seiisorial-iiitelectual" iiiterior
al sujeto y iio iiii proccso "operativo" aplicado a ti11 objeto fucra
del sujeto. l'articipaii de esta categoría los verbos "coiiipreiider,
desciibrir. notar. \.er". los priiiieros eii qiie se realiza la perífrasis
+
/i<ibZre participio.
'l'alcs soii las coiidicioiics a las que cstá sonietido el perfecto
perifrástico. Soii apreciadas juiitas y piicdcii ser recoiiocidas coiiio
distiiitas cii iiiiii foriiia coiiio hoc coiiipertuiii habet ("ha coiii-
~>rciididoCSO"), doiidc h<,b?re siwiiifica por cicrto "haber, po-
9
sccr", doiidc coii~pertuiilcs por cicrto cl participio que deiiota
cl cstado cii qiic el objcto Iia sido piicsto, y doiidc el verbo
coiiiperíre "avcrigiiar, dcsciil>rirVdeiiota por cierto 1111 proceso
iiieiital.
La coiijuiicióii dc cstos trcs factorcs Iiacc qiie el autor del
coiiiperire y cl siijctu graiiiatical clc habe're coiiicidaii iiccesaria-
iiieiite. De allí, cii coiisecueiicia, que, cii este sintagrna y por él,
el autor del proceso sc:i designado coino poseedor del resiiltado.
'idqiiirido p;ir;i d. Ilc ;iqiii iiii r:i.\go distiiitivo dc uiia iiucva rcla-
cióii eiitre el ;igciitc ! cl yrocc-so, iii~i! difereiite de aquella que
eiiuiicia la foriiia tcii:poral siiiil>lc.
Otra coiiseciieiicia cs la sitiiacióii teniporal, enteramerrte niie-
va taiiibién, que este siiitagiiia atribuye al proceso. En virtud de
ser plaiiteado coiiio coiisuiiiado, pero al mismo tiempo \,iiicu-
lado al presente, el proceso se halla referido a una etapa ante-
134 ESTRUCTURAS Y ANÁLISIS

rior con respecto al iiioiiieiito actual en que es ciiunciado. En


hoc cotnpertuiii habet ("se ha eriterado de eso"), el tiempo
presente de liubet iiidica el iiexo duradero con el momento ac-
tual, el participio pasado compertuin el estado del objeto coiiio
acabado. y así lógicamcntc anterior al iiistaiite del discurso. Tal
es la doble característica distintiva del perfecto: el proceso es
plaiiteado coiiio prescntc, pcro en estado de iioción consuinada.
Ninguna otra for:na vcrl~alpuede hacerle la coiiipetencia con
este r,alor.
h partir de aquí, se generaliza cstc iiiodelo siiitaginático ex-
teiidiéiidolo a otros verbos, hasta llegar a episcopum invitatum
h ~ b e s(Grcgorio de 'rours). En adelante, el siiitagma se tor-
na uiia foriiia úiiica de dos rnieiiibros, el perfecto; los dos iiiieni-
hros desenipefian funcioiies iiitrasintagiiiáticas distintas y coni-
pleiiientarias: habere se vuelvc el aiixiliante encargado de las
re!aciones sintácticas con el eniinciado; el participio, el auxilia-
do encargado de la denotación semántica del verbo. Es el aco-
plamiento de los dos miembros el que realiza la forma del per-
fecto.
En el paradigma del verbo latino se da una trasforii~ación
del antiguo perfecto q~ic,por escisión, para en dos foriiias dife-
rentes. El valor iiihercnte al perfecto sintético pasa al perfecto
pcrifrástico, que rechaza al otro hacia la función de aoristo.
Por lo deiiiás, el liecho misiiio de que el auxiliante hube6
coiiserve el estatuto flcxional dc un verbo libre peniiite consti-
tuir uiia conjugación perifrástica completa qiie renueva el para-
digiiia del perfectum.
De esta suerte la forma perifrástica cs heredera del antiguo
perfecto, iio sólo en virtud de uiia sucesión histórica, sino por-
qiic hace explícito su valor inherente. Aquí podemos nada más
iiidicar esta relación particular, que requeriría largas precisio-
nes. La traiisforiiiacióii estructural acaba en una conservacióii
fiiiicioiial.
Nada de esto puede salir a relucir mientras iio se pase dc repe-
tir, como tantos iiianualcs, quc "tiene escrita una carta; tiene las
ropas desgarradas" anda niiiv cerca, si no cs Iiasta sinbiiinio,
de "ha escrito una carta; ha desgarrado sus ropas", lo cual es
erróneo desde el triple punto de vista de la descripcibii, de la
TRASF~RMACIONESnx LAS CATECOR~AS I.INCU~STICAS lis
historia y de la teoría general, y al instalar la confusión en el
corazón del problema, impide inclusive plantearlo.

La trasformación del futuro latino en futuro romance se ope-


ró, como es sabido, por mediación de una perífrasis hube6 +
infinitivo. Es lo que todos los nianuales representan en el es-
quema lat. cantare hube5 > fr. je chanterai.
No queda sino decir que esta manera de simbolizar el trán-
sito de un estado a otro es errónea a la vez en la realidad histó-
rica si pretende resiimirla, y como modelo teórico si pretende
hacerla comprender. Jainis fue cantabó reniplazado por cantare
habeó (si no es en la época ya roniance cuando todos los futu-
ros se habían vuelto perifrásticos), y jamás cantab6 hubiera po-
dido ser rejnplazado por cai~t¿irehabe6. Este doble error, histó-
rico y teórico. resulta de una interpretación inexacta del sintag-
ma habére + infinitivo que es efectivan~entela etapa interme-
dia entre el futuro latino y el futuro roniance.
Empecemos por restablecer las condiciones exactas en las
cuales aparece esta perífrasis.
Nació en los escritores y teólogos cristianos a partir dc Ter-
tuliano (a principios del siglo iii d.c.). La gran iiiayoría de los
ejemplos prueba que:
11 la perífrasis comenzó con habére y el infinitivo pasivo;
21 fue empleada primero con habére en imperfecto;
31 se restringía a las proposiciones subordinadas, sobrc todo
relativas.
Al principio es, pues, un giro muy específico. El tipo es:
". . . in nationibus a quibus magis suscipi habebat". No entra
en modo alguno en competencia con el futuro, que los iiiisiiios
autores eiiiplean regiilariiiente y sin liiiiitacióii ni vacilacióii.
He aqtií el primer rasgo importaiite.
Otro está ligado a éste, se trata del sentido de habere. Se dcs-
prende de esta coiistr~icción que habere no significa "tener
(que)" como en "tcngo que trabajar", sentido que jamás Iia-
bría conducido a un futuro "trabajaré", del que difiere incluso
136 ESTRUCTURAS Y ANALISIS
hasta el plinto de que, hov como siempre, "tengo que trabajar"
iiiiiica sc confiiiide con "trabajaré", ni "tengo que decir" con
"dirí.". Eii cl siiitagiiia latiiio tal conio se coiistitiiyó efectiva-
iiicritc, habere con el iiifinitivo tiene por función iiidicar la
prcdestiiiacióii del objeto designado a ser hecho tal. Es uii va-
lor seiiiáiitico iiiievo y distiiitivn, del todo diverso del valor de
iiiteiicióii que a iiieiiiido está asociado a la nocióii de futuro.
Esta perífrasis, cuando nace, tiene una estructura sintáctica
partic~ilar,conio sc Iia visto. LEs pues el sustituto dcl futuro?
Dc niiigiiiia iiiancra. No es, al principio, iiiia proposicií>ii li-
bre, siiio siibordinada y por lo general relativa. Hay por tanto
que dcfiiiir su fiiiición coiiio la dc 1111 adjctivo vcrhal o dc uii
participio. De hecho se eiiiiiicia nicrccd a esta pcrífrasis cl cqiii-
valciitc de un participio fiitiiro dc voz pasiva, quc iio indica la
obligación (conio hace la foriiia en -ndus) siiio la prcdcstiiia-
cióii. Ninguna forma iioniinal de1 paradigiiia verbal latiiio po-
día expresar esta noción que era a la vez iiiieva coi] respecto a
los "tiempos" clásicos del verbo, y necesaria en el niarco coii-
ceptual en que se prodiicía.
Una vez implantada, csta pcrífrasis gana tcrrciio. Se cxtieii-
de priiiiero a la proposicibii librc: 'Nuzurueus rocori Iiubebat sc-
cuiidum prophctioin; liicgo adiiiitc. con habere, cl iiifiiiitivo de
1111 verbo depoiieiite o iiitraiisitivo: qiria nasci habebat. quod in
oiiiiion tcrrum cxire hubehut pruedicntio upostoloriiiii; por í11-
tiiiio, el infinitivo dc todos los vcrl,os. Mas csta cstciisiOii iio se
coiistinia hasta iiiuy tardc (siglos VI-vrr).
Sólo ciitoiiccs el siiitagiiia coiiipitc cfcctivaiiiciitc con el fiitii-
ro y llega a siiplaiitarlo. Ilay quc rccoiioccr aquí dos proccsos
distintos:
11 El siiitagiiia hubZrc + iiifiiiitivo cocxistií) largo ticiiipo
con el fiituro antigiio, siii criizársclc, porque portaba una iio-
ción distinta. Fliiho así dos expresiones del futuro: lino como iii-
tención (cs la fciriiia siiiiplc cii -E. - U I I Z ) , otro coiiio prcdcstiiia-
ción (es el sintagiria: "lo.qiic tici~cqiic ociirrir" > "lo qiic ocii-
rrirá"). Inevitableiiiciitc las dos expresiones tcníaii qiic cncoii-
traae, y confundirsc cii diversas circunstancias dc ciiiplco. En tal
conflicto, la forma siiiiplc del futuro viejo, debilitada ya por su

el perfecto (amabit -
dualidad forma! (-bol-um) y por las confusiones fonkticas con
amZvit), debía ceder el puesto.
'TRASr'oRhiACIONi<S DI< LAS C ~ I . T T C O R ~ A SI.INGV~S.TICAS 137
21 Al iiiisiiio tiempo se realiza progresivamente una rediic-
cióii foriiial del siiitagiiia por fijacióii del ordeii dc sucesióii iu-
fiiiitivo + hbbhe 11 por fusióii de los dos miembros: entre la
filial vocálica de los iiifiiiitivos y la iiiicial vocálica de habere
a coiitiiiuación, desaparece h- y es abere lo que en adelaiite será
la foriiia portadora de flexióii: essere abetis "seréis" (s. VI),
acarrcaiido veiiire (li)abes, videre jh)abes y preparando así sol-
verai priiidcrui d e los Jiiraiiiciitos de Estrasburgo. Es esta tras-
foriiiaciOii del siiitagiiia cii uiia foriiia íinica la que lo toriió
apto para adoptar eii el paradigiiia el piicsto del antiguo futiiro.
Se ve aquí ci cjciiiplo dc una locucióri nacida para respoii-
dcr a uiia función particiilar y liiiiitada, ceíiida en un iiiarco
siiitáctico cstrcclio, qiic despliega sus virtualidades propias y
eiitoiiccs, por uii cfccto de seiitido iiiil>revisibIe, realiza cierta
expresióii del futuro. La lciigua explota cste recurso para insti-
tuir progresivaiiieiite una iiueva forma temporal que elimina
le antigua.

Otra trasforiiiacióii perifrástica del futuro antiguo se dio en


griego, y exliibc iiii ciirioso paralclisiiio con la precedente.
La forriia antigua d e l futuro es reiiiplazada en griego inedia
por perífrasis coiicurreiites que revclaii el conflicto entre dos
espresioiics distiiitas: 111i:i coiisiste cii tklió ("terigo") + inf.,
la otra cii théló ("qiiicro") + iiif. Al iiiisiiio tieiiipo sc prodii-
cc, cii cl iiiisiiio caiiipo, iiiia cstciisióii dc la foriiia moda1 de
siibjiiiitivo aoristo coi1 iia. (p;irtíciila iiiodal): nd id6 "veré". De
csta coiicurrciicia ciiiergc iiiia foriiia iiiieva, priiiiero perifrás-
t i a thGlo i d (grapsój, liicgo, con rcdiiccióii, thé lid. . . (si-
glo X I I I ) , t1d iia. y por últiiiio tlzu (grapso), futiiro de la lciigua
coiiiíiii. Dc iiiodo qiic cl futuro del griego inoderiio cs el pre-
sciite o el aoristo coi) prcfijacióii de uiia partícula tha. D e la
aiitigiia pcrifrasis. cl iiiiciiil)r« qiie exl>resaba la iiitención ha
sido eliiiiiiiado coiiio sigilificaiite, eii virtud del hecho de que
el seguiido niiriiibro (equivalciitc al iiifinitivo en la perífrasis
latina) era en griego uiia proposicióii final, necesariamente' pro-
vista de una foriiia verbal pcrsoiial. El auxiliante thélo, en tan-
to que forma flexionada, se volvía así redundante y podía redu-
cirse a una partícula.
138 ESTRUCTURAS Y ANÁLISIS

El sogdiano, dialecto oriental del iranio, proporciona un


cjemplo más de trasformación.
El futuro antiguo, con el morfema -ya-, representado por
el avéstico busyati "será", es remplazado en sogdiano por una
locución formada por el presente seguido de una partícula kam
(antiguamente = "deseo"): but kam "será". E n estados más
evolucionados del sogdiano, la partícula se une a la forma verbal
y finalmente se reduce a -kü, que no es ya significante: butqá
"será"
Parece que por una necesidad interna la perífrasis del futuro
esté destinada a eliminar el miembro auxiliante, sea por fusión
con el auxiliado (es la solución romance), sea por reducción al
estado de partícula (como en griego moderno y en sogdiano)

Estos ejemplos permiten ver, en la trasformación de las cate-


gorías formales, la similitud de los verbos empleados para efec-
tuar combinaciones sintagmáticas bastante diferentes entre sí,
y que no tienen igual suerte en las mismas lenguas.
El perfecto y el futuro nuevos han sido realizados por el mis-
mo verbo en calidad de auxiliaiite, habere. Hubiera podido mos-
trarse la trasforiiiación del pasivo antiguo en sintagma caracteri-
zado por el auxiliante esse ( o "ser", etc.). Por lo que toca a las
transformaciones de formas temporales latinas en romaiice occi-
dental, apenas hay más (cf. la variante tenere' en portiigués).
Hay otras trasformaciones, y otros auxiliantes que las efec-
túan. Una de las más comunes es la trasformación de las for-
mas verbales modales en sintagmas cuyo auxiliante es iin ver-
bo conio "poder". Hay asimismo trasforiiiaciones de fonnas
simples caracterizadas desde el punto de vista del aspecto en
sintagmas. provistos de un auxiliante con fiinción aspectual.
Pero, sea cual fuere la función particiilar qiie desempeííe, la
auxiliación es un procedimiento sintáctico muy vastamente em-
pleado en las lenguas mas diversas. El sintagnla de auxiliación
presenta por doquier caracteres comunes, que es interesante
Ter. Li.1
~ ~ x ~ s ~ ~ o n hDEr ~LASc iCoA T~E C~OsR ~ A SL I N C ~ ~ S T I C A S 139
sacar a relucir, a título de ejemplo, en dos lenguas amerindias
diferentes.
Doiidequiera es verificado el fenómeno de la a~ixiliación,pue-
de advertirse que el auxiliante es un verbo de naturaleza parti-
ciilai, y, niás allá de todas las diferencias de estructura lingüís-
tica, que pertenece a las mismas series. Es un verbo de sentido
iiiuy geiieral, a inenudo defectivo e irregular, supletivo en más
dc una lengua.
En tunica (Haas) se distinguen tres clases de verbos: auxi-
liares, activos, estáticos.
Los auxiliares son: ?úhki "es, vive"; ?úra "está acostado, ex-
tendido"; ?úna "está sentado, acampado, agazapado"; ?úsa "vie-
ne"; 'úwa "va"; -'úta "hace, causa", y aparte láka "viven"
(anóm., 3a. pl.).
Todos tienen un empleo libre, así como un empleo a modo
de auxiliares de otros verbos. Ahora bien, difieren de las otras
dos clases de verbos en virtud de las características siguientes:
I ] Ciertos auxiliares se flexionan irregularmente: ciertas for-
nias como las de los verbos estáticos, otras como los verbos
activos, otras más inanalizables.
21 Son supletivos, Únicos que emplean tal procedimiento.
31 Aplican la reduplicación en la forinación de los paradig-
nias repetitivos, y son igualmente los únicos que lo hacen.
41 Son todos eniplcados en la flexióii perifrástica de los ver-
bos activos, con todo y que tengan además (salvo uno de ellos)
LIII ciiipleo libre.
Tainbién en aztcca hay verbos auxiliares. Son verbos -Wliorf
cuenta diez- que tienen una existencia iiidependiente. Como
auxiliares, son sufijados al verbo y confieren a la forina verbal,
en la lengua clásica, cierto valor aspectual.
Los verbos auxiliares son: 11 ka "ser" (=contiiiuativo); 21
nemi "andar, viajar" (= va hacikndolo); 31 wic "venir" (- vie-
ne Iiaciéndolo); 41 mani "exteiiderse, estar exteiidido" (=circu-
la haciéndolo, lo hace en uii área: kiyawtimani "raiiis al1
arourid"); 51 ikak "estar de pie" (=se está en este estado, para
cosas erigidas); 61 ewa "levaiitar" (=no durativo "entra en el
proceso", o seiicillaiiieiite iiiceptivo: kon-anatewa "starts for-
ward to get it (-una-)"; 71 mornana y 81 mote.ka, los dos "settle
dowii"; el priinero con una idea de "difundirse" de empleo idio-
140 cs~niicriin~s
Y ANÁLISIS

iiiático; 91 kisa "go forth" y 101 tveci "caer", iio durativos e iii-
ceptivos de accióii vigorosameiitc eiiipreiidida: -k"ititc~rci"daslics
iipoii and takcs (-k"i-)".
El auxiliar es silfijado al presciitc -ti-, por ejciiiplo coi1 cl au-
xiliar ka "ser" + mo-klia "sits", se foriiia o,iiio-klitikatka "lic
was sittiiig", nio-Aalitiyes "he will be sittiiig".
La técnica dc la aiixiliación resulta particulariiicntc clara e
iiistriictiva en las lcng~iasaltaicas. El siiitagiiia dc auxiliacióii
eii tiirco antiguo (Gabain) coiisiste eii uii auxiliaiitc flcxioiia-
do y un "coiivcrbo" de foriiia fija en -u o eii -p. El paradigiiia.
bastante extciidido, dc los auxiliaiites, coiiiprciide verbos de scii-
tido geiieral quc, eii calidad de aiixiliaiitcs, forinaii pcrífrasis clc
fuiicióii descriptiva o iiiodal: con tur- "starc" puede foriiiarse
altayu tur- "tener costuiiibre de eiigaíiar"; coi1 tut- "tciier":
küyü tut- "proteger coiitinuameiitc"; coi1 alq- "agotar": qilii
alq- "hacer hasta el fin"; con tart- "tirar": qutu tart- "decaer
lentamente", etc.
Podrían ser citados otros muchos casos, que iiiostrariaii a la
vez cuán general es este procedimiento y cuán paralelos son !os
caiiiinos de la realizacióii.
Esto perniite colocar los siiitagiiias dc ausiliacióii dc las lcii-
guas indoeuropeas en un coiitexto descriptivo iiiás vasto v qiic
permite con~prenderlosmejor. Pero. a la iiiversa, donde Iiot.
apreciaiiios, eii lenguas siii liistori~i. estriictiiras dc ;iiisiliaci6ii
aiiálogas a las dc las Iciigiias iiidociiropcas, podciiins pciisnr cii
ccliar iiiaiio del iiiodelo iiidocuropco para cxplicar sil g61iesis.
10. PARA UNA SEMAN'L'ICA D E LA PREPOSICION
ALEhlANA VOR '

En un artículo anterior2 intentamos una interpretación unita-


ria de los usos de la preposición latina prae, a fin de mostrar
en particular que el sentido llamado causal de prae resulta de
una especialización del sentido general de "delante, en el extre-
nio, en el punto extremo". Rechazábamos pues la explicación
dada por Brugmann de la expresión prae (gaudio): "Etwas stellt
sich vor etwas und witd dadurch Anlass und Motiv für etwas."
P. Meriggi,' sin considerar en detalle la argumentación de nues-
tro artículo, vuelve a la tesis de Brugmann, y a nuestra pre-
gunta: "lloro ante la alegría. . . ¿En qué lengua se ha expresado
uno iiiinca así?", responde: "Iii tedesco, perche vor Freude 6
la espressione del tutto corrente e addiritfura unica pel lat. prae
gaudio. "
Opinamos que, lejos de modificar nuestra concepción del
sentido de lat. prae gaudio: la expresión alemana vor Freude
la refuerza. Pero ¿qué significa exactamente? Hay que empezar
por analizar este uso de vor en el contexto del valor general de
la preposición. A fin de abreviar nuestra den~ostración, nos
apoyaremos en las definiciones dadas en el artículo vor del dic-
cionario de Grimm?
Ante todo, hay que recordar que en las locuciones como vor
' Athenseiiiii, nueva serie, vol. L, frsc. iti.~v (1972). Universidad de Pavia, pp.
>7, ,-rr
>,L.,,,.

t Reiniprer<i
~ . . en nuRtra obra Pioblknicr de linguirtique ginérale, l. París. 1966.
pp. I32rs.
Atheiiaeirm, nueva serie, val. L. fasc. $ir-iv (1972). Universidad de Pavia, pp.
7 5 7 5 s . que tuvo Ir aniabilidad. que le agraderemo$, de trasmitirnos en manuscrito.
* No volvereiiiar aqiii a lat. prae, si no es p a n expresar nuestra satisfacción al hallar
eii el articiilo de P. Meriggi una inapreciable lista de ejemplos de piae que eonitir-
iiian nuestros puntos de vista acrrca de Irs condiciones de dicho enipleo. Setialemor
dc p s a d a qiie la cita 4 (Liv. iic, 46. 9 ) debe ser rectificada. El tkxto es en realidad
0 l l l i s ~ irebus
~ aliis prae iinicis cura, lit. "todos los deniir asuntos en" descuidados, al

- o ciiidado por tino". a conia traduce Bsillct (ed. BudC): "Cainmc On


r ~ t r c i i ~ del
iiCpligeaü toutes les autres affaircs pour nc ioccuper que de felle.ll."
Crinmi, Dcutsches Worterhtich, XII, Abt.
"Grirnm"
ir (1951). pp. 777% citado en delante

I1411
S E M ~ N T I C ADE UNA P R E ~ S I C I ~ALEMANA
N 143
al. vor Freude weinen; it. piangere di gioia; fr. pleurer de
joie;
al. vor Angst sterben; it. morire di p u r a ; fr. mourir de peur;
al. vor Müdigkeit umfallen; it. cascare di stailchezza; fr.
tomber de fatigue.
Como aquí no se trata de francés ni de italiano, no nos que-
da más que preguntarnos si este valor de vor puede explicarse
por el sentido general de la preposición tal como ha sido defi-
nido arriba. Creemos que tal es el caso, y !os datos concuerdan
con nuestra interpretación. P. Meriggi debe construir la suya
sobre dos sentidos opuestos, el de "causa" y el de "impedimen-
to", que nos parecen ilusorios ambos.
Se ve, sin más, con leer el comentario de Grimm: "vor be-
zeichnet die nrsache, den bewegcnden grund für zustande, be-
sonders innere, dann aber auch für ein verhalten in ganz allge-
meiner anwendung: vor begierde brennen, vor scham verstum-
men,. . . vor wut beben, vor freude weinen. . . Die wirkende
ursache ist gewohnlich nichts von aussen kommendes, abge-
sehen von kalte. hitze, u. a,, wo gleichzeitig ein innerer zustand
bezeichnet wird, und so ist dann das bewirkte wiederum ein
innerer zustand, dessen ausdruck, oder ein verhalten, eine hand-
lung, ein vorgang, die als unwillkürliche folgen angesehen wer-
den konnen; besonders oft wird auch durch eine negation eine
verhinde~un~, hemmung bezeichnet . . ."
El papel de vor sigue siendo el mismo en este uso específico.
Indica la posición en la que se encuentra uno bajo la impulsión
de una f u e m irresistible que empuja hacia adelante. Al igual
que el movin~ientodel navío es producido por la fuerza del vien-
to que lo impulsa, así el estado involuntario físico o psíquico
("weinen") es el resultado de una pulsión emocional ("vor
Freude") que sufre el sujeto. El comportamiento involuntario
("weinen, beben, brennen") del sujeto es asimilado al movi-
miento igualmente involuntario del velero ("segeln"), y el
paroxismo de la emoción impulsante a la fuerza impulsara del
viento.
Una vez aquí, todo lo que importa y basta comprender es la
relación semántica de vor con el verbo, por una parte, y por otra
Ciitinn. pp. 788-789
con el siistantivo. Qiie la violeiicia del afecto resentido Iiaga
llorar al uno o inipida al otro liablar, cs cosa quc ataíie al psi-
cofisiólogo, no al liiigiiista. Es igualiiiciitc vano atribuir a vor el
sentido de "causa" y el de "impedimento"; eso es confundir
e1,plano de la sensación y el de la lengua. Desde el punto de
vista Iingiiístico sólo viene al caso una consideración: la cons-
tmcción de vor y la relación que establece entre el verbo y el
nombre que articula j~~ntos. Diremos pues que, apuesto adver-
bialmente a un verbo denotador de un estado o un comporta-
miento involuntario ("llorar, temblar", etc.), vor indica la
avanzada extrema, resultante de una inipulsión, y forma sin-
tagma con el sustantivo denotador del agente de la impulsión
(aquí interno, enlocional, "Freude", etc.). Si vor indica la di-
rección impuesta al objeto por el inipulsor, es en virtud de la
misma construccióii que arializábanios antes. Dejando aquí a
un lado la cuestión del artículo, que no tiene relación directa
con nuestro propósito, subrayaremos el paralelismo y la unidad
esencial de los dos tipos de locuciones:

vor &m Wittd vor Fretide


segeln weinen

Exterior o interior, ciiiética o cmotiva, la impulsión actúa pare-


jamente, y en los dos casos tiene vor la iiiisma dcnotación. Hay
un nexo estrecho, necesario, entre cl carácter involuntario de
los conlportamientos iridicados por el verbo (sea actos, "llorar,
gritar", sea, lo cual se reduce a lo mismo, "no saber ya qué se
dice, no poderse mover") y la naturaleza irresistible de la pul-
sión que mueve al sujeto en la dirección vor.
La lengua no podría producir construcciones tan parecidas
si no hubiera entre ellas una siniilitud profuiida debida a un
niisino csquerna subyaccntc. Toca al liiigiiista descubrir esas
relacioiies profundas bajo la divcrsidad superficial dc los usos:
si quiere comprender los efectos de scntido quc resultan.
IV FUNCIONES SINTACTICAS
11. FUNDAMENTOS SINTACTICOS D E LA
COMPOSICION NOMINAL '

'Tanto en la práctica descriptiva como en la teoría de las clases


de formas se ha considerado siempre que la composición no-
niinal es cosa de la morfología, que no es otra cosa que una
variedad de la formación de los nombres, a igual título que la
derivación. Nadie discutirá que las particularidades formales
de los nonibres compuestos interesan en efecto a la niorfología
iiominal, en particular las variaciones características de un tema
nominal entre el estado de fornia libre y el de miembro de
compuesto, variación que es precisaniente una de las señales,
a veces la única, de la coniposición. Vistas así las cosas, los com-
puestos de las principales lenguas suniinistran a la descripción
materia abundante. Han sido descritos y a menudo analizados
con gran detalle.
Pero la consideración niorfológica deja sin responder, y a
decir verdad aun sin plantear, el probleiiia fundaniental: jcuál
es la función de los compuestos? ¿Qué los hace posibles y por
qué son necesarios? En una lengua consistente en signos siniples,
la existencia de unidades hechas de dos signos unidos invita a
preguntarse dónde está la fuente coiiiíin de los coiiipuestos y de
dónde procede la diversidad de sus foriuas.
Para responder es preciso, en nuestro concepto, consider~r
los conipuestos no ya coiiio especies iiiorfológicas sino conio
organizacioiies sintácticas. La coniposicióii noiiiinal es una mi-
crosintaxis. Cada tipo de conipuestos tiene que ser cstiidiado
conio la trasforniacióii de uii tipo de enunciado siiitáctico
libre.
Exaniinamos pues en estos términos las principales clases de
conipuestos, tal como son reconocidas por doquier, para sacar
a la luz los fiindainentos sint~ícticospropios dc cada uiia y, fi-
nalnieiitc, para buscar su coiiiíiii fiiiición.
' Biilletiii de Ir Suciétr' de Liiagtiistiqiic dc Parir, C . Klincksierk. t. ~ s i i (1967).
fasc. 1, pp. 15-31.
[lt7]
148 FUNCI0Nk.S SINTÁCTICAS

Planteamos en principio que un con~puestotiene sieniprc y


solaniente dos términos. Quedan excluidos de la función de
composición (lo cual es por lo deiiiás noción bastante arnplia-
mente admitida) los prcfijos y preverbos, cuyo coniportaiiiiento
y papel son muy otros. Pero, de los dos tériiiinos de un coiii-
puesto, uno puede scr, por su partc, conipiiesto: al. Bleistifthal-
ter; ingl. cocktail-mixer; gr. triakonta-etZs "treintafiero". El com-
puesto que pasa a scr término de compuesto cuenta por un solo
término; nunca hay más que dos en el conipuesto nuevo.
Deben distinguirse en el análisis de los compuestos dos fac-
tores que obedecen a condiciones diferentes: la relación lógica
y la estructura formal. Ésta depende de aquélla. La estructura
es dispuesta por la relación. La sola relación lógica proporcio-
na los criterios propios para clasificar funcionalmente los ttpos
de compuestos.
E n consecuencia, la relación por establecer entre los dos tér-
minos debe ser considerada como el primer criterio, el más ge-
neral, aquel al que serán subordinados todos los demás. Distin-
giiirenios dos grandes clases primordiales: los compuestos cuya
relación es entre los dos términos y les es equidimeiisional, y
aquellos donde la relación va más allá de los dos términos y,
cnglobándolos en una función nueva, se modifica ella ~iiisma.
Todas las demás clases serán incluidas en éstas a título de sub-
clases.

La primera gran clase comprende los conipuestos en que la re-


lación es entera y únicamente entre los dos términos. Éstos
constituyen -diversaniente- y deliiiiitan -constantemente- la
estructura sintáctica.

11 Contaremos aquí, primero, por la simplicidad de su estruc-


tura binóniica, el tipo llamado dvandva ("par"), que junta dos
siistaiitivos cquipotciites en una unidad que Ilaniare!~ios aco-
plante. El védico proporciona los ejeniplos clásicos: dyüvüprthivf
"cielo-tierra", pit~írümütárá"padre-madre", mitrivárun¿i "hlitrá-
Váruna"; en griego W X ~ ~ ~ P E P O "(duración
V de) noche-día". La
particiilaridad del dvandva es que los dos nombres son equipo-
tcntes. Es por esta relación por la que se caracterizan. No for-
iiian pues, juntos, una construcción sintáctica en sentido estric-
to, sino que están unidos por un vínculo de coordinación quc
iio podría ser aiializado sino en el marco de una teoría general
de la coordinación asindética. En consccuencia, el dvandva no
adiiiitc reducción de los dos miembros a uno solo o la prima-
cía de uno de los térniinos sobre el otro, aparte de la relación
de precedencia, fijado por la tradición y, por lo demás, reversi-
blc: pitárZ-matára o mütára-pitcira. La reunión de los dos iiom-
bres pone de manifiesto el nexo asindético, rasgo sintáctico, y
sirve de paso de resolución Iéxica a la forma sintética del dual
llamado elíptico: dyáva "cielo (+tierra)", mitrá "Mitrá ( + V i -
rupa) ".

21 Otro tipo está constituido por los compuestos que reúne11


dos sustantivos: pájaro mosca, pez gato, papel moneda, etc. Se
distingue del dvandva en virtud de una diferencia esencial: de-
signa 1111 solo objeto natural, no dos. Pero lo designa mediante
dos signos juntos, noiiiinalcs uno y otro. Se trata de reconocer
el víiiciilo eiitrc los dos iiiiembros, y lucgo la construccióii sin-
táctica dc la que deriva la unidad nueva.
De los dos iiiienibros, es sienipre el priiiiero el que suiiiiiiis-
tra la dcnoiiiinación: un pájaro mosca es un pájaro, un pez gato
es un pez. El segundo miembro aporta al priiiiero una cspecifi-
cación, adhiriéiidole el iioiiibre de otra clase. Pero ciitre los dos
referentes no hay sino una relación de disyunción: las moscas
no son una rama de las aves, ni los gatos una de los peces. El ser
designado coino "pájaro mosca" es pues'en apariencia niienibro
dc dos clases distiiitks que, con todo, no son ni hoiiiogéneas iii
siiiiétricas ni aun vecinas. Si esta designación doble sigue sien-
do, iio obstante, no contradictoria, es que la relación que insti-
tuve no es ni lógica ni grainatical,sino sciiiáiitica. El objeto así
ddioniinado no participa idénticaniente de las dos c!ases. A una
perteiiecc por naturaleza, a la otra es atribuido figuradaiiiente.
El pájaro niosca es por cierto un pijaro, pero iin pájaro que
culiibe cierta seiiiejanza con una iiiosca. El papcl nioneda es
papcl, no moneda, por ser lo propio de la moneda su materia
150 FUNCIONES S I N T ~ C T I C A S

(nietálica), su forma (en piezas), su marca (acuñada); es sin


embargo papel ,que tiene alguna analogía con la moneda, a la
que sustituye. Así signos léxicos como "pájaro mosca", "papel
nioneda" reúnen dos nociones, una de naturaleza, la otra de
figura. El papel de estos compuestos es acoplar en una designa-
ci& especifica una clasificación de realidad y una clasificación
de parecido. Es la prueba de que la relasón es planteada entre
las cosas, no entre los signos.
Se percibe la constitución sintáctica que fundamenta estos
conipuestos. "Pájaro niosca" se remite a un sintagiiia de defi-
nición: "pájaro que es una mosca" y "papel moneda" a "papel
que es moneda". En este tipo de construcción, dado el sentido
que prod~ice,el empalme "que es" entre los dos lexeiiias inipli-
ca una función particular de "ser". No es una marca lógica de
identidad entre dos clases, puesto que las condiciones del em-
pleo obligarían a estipular que esta función proposicioiial de la
forma "un x que es un y" se aplica aquí a un objeto real y, sin
ciiibargo, los referentes de x y y son inconipatibles, lo cual seria
contradictorio.
La relación por "ser" debe entonces niás bien ser entendida
aquí como una relación' de asimilación seniáiitica cntre dos no-
ciones distintas, sobre la base de un rasgo coiiiíiii que cs iiiipli-
cado, mas no indicado. Entre "pájaro" y "mosca", será el caric-
ter seniántico de pequeñez; entre "papel" y "n~oneda", el de
valor legal. Ideiitificación de siiiiilitud cntre un ser dcsignado
y un ser coniparado, esta construcción, que no responde a iiingu-
na de las significaciones lógicas de "ser", se refleia cii el coni-
puesto por la siniple yuxtaposición de los dos signos coiiiponeii-
tes, procedimiento descriptivo y expresivo. Como término léxi-
co, este compuesto tiene a menudo por equivalente un signo
simple: "pájaro niosca" y "colibrí", "pez gato" y "siluro" ("pa-
pel iiioneda" y "billete de banco", coiiipuesto de tipo difcreii-
t e ) . Se concluirá que este coiiipiiesto y la construcción libre que
lo sostiene tienen la función de figurar una relación de siiiiili-
tud iiituitivanicnte percibida entre un objeto desigiiado y otro
de clasc distinta, y dc enunciar esta rclación de siiiiilitud con la
foriiia de iin sigilo doblc cuyo priiner niicnibro cs deterniiiiado-
asiniilado, el scgundo, dcteriiiiiiaiitc-asiniilaiitc. tisí sc coiisti-
tuve cn la nomenclatura una nueva clasc, cuya designaci6ii.
SINTAXIS DE LA C O M P O S I C I ~ N NOMINAL 151
asociando dos signos ya conocidos en una unidad específica.
ahorra un signo único que sería suplementario, o permite suplir-
lo ("pájaro mosca" al lado de "colibrí"), o si no, cuando existe.
diferenciarlo de nuevo: a partir de un nombre básico (popular)
inartín para paserinas, se foriiiaii martín pescador y luego mar-
tín cazador.

31 El tercer tipo de esta clase es el compuesto de depeiideiicia,


cuyos términos son dos sustantivos en relación de deterniina-
ción: ingl. arrow-head "puiita de flecha"; gr. oiko-despótzs "aiiio
de casa"; sánscr. r¿ija-putrá- "hijo de rey". La base del compiics-
to es el grupo sintáctico libre con detemiinante en genitivo y
determinado en nominativo (de cualquier modo quc se realice
forinalrnente este vínculo, enunciado aquí, para siiiiplificar, en
términos de flexión casiial) .
De todas las clases de coniposición, ésta es, desde todos los
puiitos de vista, la que ofrece la relación iiiás clara e iniiicdiata
con la base sintáctica libre, Iiasta el punto de que a vcccs cl
compuesto y el sintagrna parecen periiiiitables a voluiitad.
Siendo así, y eii la iiiedida iiiisriia eii qíie el compiicsto y el
sintagma parecen ofrecerse libre c igualiiieiite a la clcccióii,
puede juzgarse plconástico este tipo dc coiiipiicsto y poiicr eii
tela de juicio sil legitimidad coi1 rcspccto al sintagiiia. Y siii
embargo se Iia desarrollado, cn ciertos casos Iia sido productivo.
iCiiál pudiera ser pues la funcióii? La cuestióii iio Iia sido plan-
teada todavía. Es cosa dc rccoiiocer el criterio que ascgura la
distinción entre el coriipuesto y el sintagrna, es decir el priii-
cipio que rige la selección de los términos de estos coiiipuestos.
Para desciibrirlo conviciie ante todo coiisidcrar csta clasc cii
sil invciitario y ver dc qué categorías dc noiiibrcs soii toiiiados
los constituyentes de los conipucstos de dctcriiiiiiacibii. A cstc
rcspccto las lenguas iiidocuropeas aiitigiias ofrcccii a la obscr-
vaci0ii 1111 caiiipo privilegiado. Sc sabe ya qiic cii cl origcii cstc
tipo cs raro y cstrcchaiiiciitc liiiiitado. Eii vbdico 1. cii gricgo
aiitigiio iio Iiay iiiás que 1111 griipo rcstriiigido dc rcprcsciitaii-
tcs."'or lo quc toca al vbdico, s0lo cs citada iiiia clocciia de
ciciiiplris. \- dc Iicclio, Iiast;i esto es <Iciii;isi;ido. Ilcclio cl ey~i-
1S2 FUNCIONES SINTLCTICAS
men apeoas guardaremos como seguros tres o cuatro compuestos
cepa? Sil misma rareza los hace típicos e incita a considerarlos
individualmente.
Esta primero el constituyente -+ti "jefe, amo", muy produc-
tivo y que desde el RV tiene un paradigma tupido: dampáti-
"amo de casa" (gr. des-pótzs), vif-páti- "jefe de clan", ibs-pati-
"jefe de familia", etc. También está bien atestiguado putra-
"hijo", en raja-putrá- "hijo de rey", brahma-putrá- "hijo de
brahmán", así como rüian- "rey", en jana-rdian- "rey de la raza".
De esta breve lista de la mayoría de los ejemplos primeros, se
extrae ya una idea precisa de la relación que había que definir.
Una formación de compuestos cuyo segundo termino es "jefe"
o "hijo" o "rey" se caracteriza en lógica como una función de
dos variables: "ser hijo" no es un predicado autónomo, exige
otro argumento para completarse; así "hijo, jefe, rey" va-
len necesariamente por "hijo-de, jefe-de, reyde".
Los nombres de esta categoría lógica son ante todo aquellos
que indican el parentesco o la relación con un grupo social. Este
rasgo está presente también en el nombre propio dívo-dasa-
"criado del cielo"' (con divo < divas gen:, sintagma fijado como
nombre propio). De ahí el efsctivo primero tan limitado de esta
formación. Con todo, recibe, llegada la ocasión, aportaciones
imprevisibles. Puede uno, por ejemplo, sorprenderse al encon-
trar hiraaya-rathá- "carro de oro", y se preguntará cómo es que
hirapya-rathá- va a ingresar en la misma clase que raja-putrá-
"hijo de rey", vista la diferencia de estatuto lógico entre ratha-
"carro" y putra- "hijo". La relación se aclara por el valor con-
textual de hirqya-rathá- (RV, I, 30, 16): no "carro hecho de
oro" sino "carro lleno de oro" (goidbekzdener Wagen: Wacker-
nagel; ein Wagen v d l Gdd: Geldner); rdha- es tomado aquí
como nombre de continente; se traduciría mejor: "carretada de
' M, de 1s listih que da Waekernlgel (op. cit, p. 241, 1 97) siguiendo a Arnold,
para la porciones mís antiguas d d . RV, habría que diminar varia eiemplos:
nava-jvld-, mahidhml-. mahl-vük haen adjetivo, mma primer término y pertenecen
asi a otra eitegoria, la de adra-m%- (d. Wxkernagcl, 1 101);
dwdkprra- (RV. v, M. 7) hay que tomarlo m m o , nombre propio. de acuerda mn
Oeldner (trad. ad loe.) y Renou (Et. v a . ct p..V. 1959. p. 80; VII, 1960, p. 4 5 ) ;
cn tal alidad r interpreta" mucho m j n mmo un hhuvrihi: "cuya kptra viene de
l a devar";
dru-pada-- cr un hhuvrihi "pie de madera", mma india yp A. pebmnner (Nach.
tr3ge a Wnr*, 11, 2. pp. 34.5);
sobre divodlsa- y hiraqya-ratha-, d. mír adelante.
SINTAXIS DE LA C O M P O S I C I ~ N NOMINAL 153
oro". Con ello hirapya-rathá- se torna siniétrico con riija-putrá-.
Funciones como "carretada de (heno), puñado de (grano)"
tienen la niisma estructura Iógica que "hijo de (rey), jefe de
(familia)", y el nexo continente-contenido es asimilable al de
miembro-totalidad, ya sea el de head hacia arrow en arrow-heod,
lit. "cabeza de flecha", o el de sánscr. pati- "amo (de)" hacia
dam- "casa, faniilia" en dap-pati- "amo de casa".
Esta clase de coiiipucstos cnuiicia pues funciones de dos va-
riables bajo la fornia sintáctica de la predicación: "x es de y"
realizada conio "hijo cs de rey, jefe es de familia". E l compues-
to se constituye con nombres que son por naturaleza términos
relativos que piden térininos complementarios, tales como nom-
bres de parentesco o de posición social. Este núcleo inicial cre-
ce con designaciones participantes de otras categorías seiiiánti-
cas, pero que contraen por su empleo la misma relación lógica
con sus términos coniplemcntarios.
A la vez queda fijada la demarcación de principio entre este
compuesto llamado de determinación iiominal y el sintagma:
éste no está sometido a ninguna restricción Iógica y puede
reunir en esta relación sintáctica nombres de todas clases.

41 El tipo que podría Ilaiiiarse clásico es el conipiiesto de pri-


nier miembro noiiiinal, determinante, y de segundo niiembro
verbal, determinado: gr. hippó-damos "que doma caballos", lat.
signi-fer "que porta la enseña", sánscr. havir-ad- "que come la
oblación", a. persa artti-bara- "que lleva la lanza", ingl. shoe-
maker "qiie hace zapatos", ruso medv-éd' "coniedor de miel"
(= oso). La relación es la misma, en orden inverso, sin elección
posible, en el tipo esp. portamonedus. Tan clara coiiio amplia-
mente desarrollada, esta formación descansa eii una proposición
libre con fornia personal del verbo transitivo que rige un tér-
mino nominal: gr. hippó-damos "doma caballos"; lat. signi-
fer "lleva la enseña", etc.'
Tropezainos sin embargo con una curiosa anomalía. Por evi-
' Basta can aiiadir, en vista de que nuestro objeto no en Ir dereripci6ii dc los coin-
puestos par ri mismas, que la rclaci6n objeto + nombre verbal transitivo re invierte
eii rccci6n pasiva cuando el tiriiiino verbal del compueito es CIadietivo en -?o. o
el padicipio pasado: ingles haiid-iiiadr. gr. khe;r~-~io~Ztor,lat. iimnci-factui, Y que 13
funci6n verbal intraniitiva aparece en sánrcr. rathe-s!há "que está en el carro". La sin-
taxis de las tres diPtesir re refleja de este ~iiodoen los eompuertor.
154 FUNCIONES SINT~CTICAS

dente que parezca la relación planteada entre este compuesto


y la proposición libre con rección transitiva, no puede dar.razón
de la existencia de un tipo paralelo, donde los mismos elemen-
tos están unidos por la misma relación interna, pero en orden
inverso: determinado verbal + determinante nominativo, y siii
embargo con el mismo sentido global. Este tipo está represen-
tado en la mayor parte de las lenguas indoeuropeas antiguas, muy
especialmente en griego y en indoiranio: gr. mkhé-kakos "quc
comienza el mal, que es responsable de una desgracia", pheré-
oikos "que lleva su casa", sánscr. t r a s a - d q u n. pr. "que asusta
al enemigo", kgyat-vtra- "que manda a los hombres", a. persa
xSayZrSan- n. pr. (xsaya-arban-) "que manda a los héroes", av.
barb.zao0ra- "que trae la ofrenda". Al parecer este tipo supone
también él una construcción libre de un verbo transitivo y de sil
régimen: gr. pharé-oikos "lleva su casa", sánscr. trasa-dasyu-
"
asusta al eneinigo", etc.
Los dos tipos de compuestos, formalmente distingiiidos por sil
sucesión, han sido siempre considerados como funcionalmente
análogos y de igual sentido. Los lingüistas que los han descrito
los consideran sinóniiiios, tanto riiás cuanto que a veces son los
mismos lcxeiiias los que están dispuestos eii orden iiiverso, y se
dispone así de compiiestos reversibles, por ejemplo cn avéstico
barZ.zao0ra- y zco8ra.bara-, que significan uno y otro "que trae
(bara) la oblación (zao0ro-)". N~incaha sido ni planteada la cues-
tión de una posible diferencia entre los dos órdeiics.
Sin embargo, es dificil pensar que los dos órdenes de cornposi-
ción nominal + verbal o verbal .+- nominal piiedaii periiiutarse
a voluntad y exhiban variación libre. A priori no serían tolera-
bles semejantes pleonasmos en una lengua donde la coniposición
obedece a normas fijas. Aún iiienos imaginable seri el que se
hayan desarrollado como lo hicieron, si no pasaran de ser va-
riantes cstilísticas.
Teneiiios que preguntarnos cómo dos tipos de coiiipiiestos, di-
ferentes por el orden de los térniinos, p~ieden~iiioy otro fundarse
cii la iiiisma constriicción libre de uii enunciado prcdicativo cii
presente. Debe existir, en el fuiidaiiicnto iiiisiiio dc csta coiistriic-
ción, una doble posibilidad siiitáctica qiic sc proloiiga cii la do-
ble ordenacióii de t6riiiiiios clc los coiiil~iicstos.
En cfccto, esta prcsiiiicióii cs vcrificad:i cii la sintaxis dcl ciiiiii-
SINTAXIS BE LA C O ~ ~ F O S I C INOMINAL
~N 155
ciado. No en la variación del orden entre el verbo y el régimen,
puesto que este orden es libre, no condicionado, y sin efecto
sobre el sentido, sino en el doble valor inherente a una forma de
presente. En "lleva. . ." puede verse o un presente intemporal
de definición: "Ileva. . . = es portador de. . .", o un presente ac-
tual de descripcióii: "lleva.. . = desempeña el acto de llevar".
Tal es la diferencia que hay que reconocer entre el coiiipuesto
griego en -vÓeos "portador por vocación o naturaleza" (defini-
ción) y aquel eii veeh- "que lleva efectivaiiiente" (descripción).
El sentido del primer tipo no necesita la menor demostración.
La abundancia misma de los compuestos en q o e o s pone de ma.
iiifiesto por doquier el llevar coiiio función: Aao<pÓeos "(cami-
iio) que lleva a la gente" (= frec~ientado);Ewocpóeo; "(estre-
lla) que lleva la aiirora, Lucifer"; qwovóeos "(astro, diviiiidad)
que lleva la luz"; xaeno~ópo; "(árbol, coniarca) que produce
fr~itos",etc.
Será útil, en compensación, sacar a la luz el valor propio de
los coiiipuestos en v e e i en s ~ empleo i textual. Herodoto carac-
teriza a los escitas nómadas que viveii en carros y "trasportan
su casa", eii la realidad del proceso y como actividad verificada:
iiiediante qeeh-0~x0~. Las iipnhaxía~rp~phnovo~de Píndaro (Pít. 2,
31) son "extravíos que han (efectivamente) traído su pena". Lo
iiiismo el adjetivo veekyyvos califica a aquel "que da efectiva-
iiiente garantía, que es digno de confiaiiza". Con otros temas
verbales: ExÉOv~os "que coiitiene sus pasiones", Exh<~pwv "que
guarda su reflexión, prudente". Muy instructivo en su contexto
es cl honi. UpxÉxaxos "que es causa de iiii iiial", epíteto aplicado
a un objeto particular en su relación con un acontecimiciito par-
ticular: . . ,vila;. . . r i g ~ ~ x ú x ma?
i ~ nñol
, xaxbv TeWEnt yhvovro ol T'
~ G T $ "cstos navíos causa de males, que fueron uiia desgracia para
todos los troyanos, y para él iiiisnio taiiibién" ( E 62-4); la frase
relativa parece una traducción analítica del conipuesto. Recorde-
iiios, por su lado y por el contraste, que - a p x o ~como segundo tér-
iiiino iiidica la calidad periiianeiite de "jefe" (vaúapxos "jefe de
flota, aliiiirante") y -EXO: la fiiiicióii de "tenedor, portador" (oxii-
nroilxos "portacctro", rey o hcraldo; QuRGoÜ~os"portavara", juez,
portero).
' ~ p r p i ~ ~ x ~ ;de kenriing entre los poetas para designar varios animales portado-
rirvc
res de concha: cf. H. Trorler, Sprache und Wartschatr Hcriodr, Zurich, 1964, p. 22.
156 FUNCIONES SINT~CTICAS

Esta interpretación concuerda con dos particularidades propias


de estos compuestos con primer miembro verbal y que rige: una
es que no designan un ser o un objeto como portador de una
función -esta función podría ser suya sin ser jamás realizada cii
acto-, sino como desempeñándola efectivamente o habiendo
realizado el acto denominado, y de esta suerte como particulares
y definidos. En consecuencia -es el otro rasgo característico-
esta formación produce epítetos que convienen a individuos,
no a clases, y los describen en sus realizaciones propias y no en
la virtualidad de una función. De ahí que proporcione un gran
contingente de nombres propios individuales, sobre todo en grie-
go y en iranio: gr. MEVÉ-haos,'AyÉ-haos, 'AezÉ-haos, M E V E - ~ r í ~ ~ i l : ,
TI?-nrMr~o~, etc.; véd. Trasa-dasyu-; a. persa Daraya-vahu- "que
mantiene el bien" (= Darío); XSayürtan- "que reina sobre los
guerreros" (= Jerjes); av. UxSyat-arata- "que incrementa el or-
den" (nombre del hijo mayor de ZaraBuJtra), etc.
La distinción entre las dos variedades de compuestos de rec-
ción interior según el orden del regente y del regido se reduce así
a su fundamento sintáctico, que es la suma de dos valores en la
forma verbal del enunciado libre en presente.
Es justamente esta posibilidad de producir dos variedades de
compuestos con los mismos términos lo que ilumina la estriic-
tura sintáctica del enunciado libre. Compuestos del tipo de oiko-
phulúks "guardián de casa", thanatz-phóros "portador de muer-
te", remiten a los enunciados "guarda la casa; porta la muerte".
Pero aquí el presente "guarda; porta" representa en realidad la
trasforniación de la locución predicativa "es g~iardián;es por-
tador", que da el fundamento conceptual y sintáctico a la vcz;
la forma verbal de presente contiene pues la predicación de u111
propiedad inherente. Pero en el tipo pheré-oikos el enunciado
básico libre "lleva su casa" no es la trasforniación de un enuii-
ciado predicativ~de esencia; formiila solaiiiente una descripción.
Aquí'la forma verbal de presente no aserta una propiedad de scr,
predica un proceso efectivo.
El campo de esta distinción no se limita a los compuestos.
Abarca otras forn~acionesnon~inales.En tanto que derivados coi1
fundamento sintáctico, las dos clases de nonibres de agente (res-
pectivamente en -ter y -ter) y las dos clases de nombres de acción
(respectivamente en -tu- y en -ti-) se distribuyen según el niisnio
SINTAXIS DE LA COMPOSICI~N NOMINAL 157
principio que las dos clases de compuestos verbales. IJna gran
articulación verbal sale así a la luz, vinculada a la naturaleza
fuiidamental del presenteverbal y que se prolonga hasta la de-
rivación nominal.

La segunda gran clase es la de los compuestos cuya relación no


es entre los dos términos sino que, en cierto modo, va más allá.

51 Son los compuestos llainados bahuvrihi, tipo de gran genera-


lidad, del cual he aquí algunos representantes: inglés blue-eyed
(azul+ojo) "ojiazul"; gr. kuno-képholos (perrofcabeza) "(iiio-
no) con cabeza de perro"; lat. quddru-ps (cuatro+pie) "(ani-
mal) de cuatro pies"; véd. ugra-biihu- (fuerte+brazo) "(dios)
de brazo fuerte"; a. persa tigra-xauda- (puntiagudo+casco)
"(sakas) de casco puntiagudo"; paiute cii)apwavin t ~ t s .(coyote
+cabeza) "(persona) de cabeza de coyote, crazy-headed per-
son"; ' fr. rouge-gorge (rojo+pechuga) "(pájaro) de pechuga
roja".
La definición de estos compuestos siempre ha sido dificultosa,
aunque haya acuerdo en el análisis empírico. Han recibido varias
denominaciones. La de bahuvrihi, la más inocente, designa en
sánscrito la clase niediante uno de sus representantes. También
se emplea "compuesto exocéntrico" para decir "cuyo centro cae
fuera (del compuesto)", lo cual tiene el inconveniente de recu-
rrir a una geometría azarosa (jcómo va a estar el centro de un
objeto fuera de él?), sin con ello elucidar la relación, que nada
iiiás es enviada fuera del compiiesto. Más claro, al menos en su
sentido inmediato, es el término "compuesto posesivo", y contie-
ne, como se verá, una pizca de verdad, pero no deja de ser aproxi-
mativo y mal definido, y cn suma inadecuado. Ninguna de estas
denominaciones, a decir verdad, alcanza la particularidad del
ohjcto por definir.
* 8agent el rionis d'action eil i~zdo-eilrop4cn.1948, l a . parte.
Nritiia
' Ejeiiiplo toiiiado de Sapir, Southcrn Paiutc, p. 74, quien la clarifica 61 misino
~citiiubahuvrihi.
158 FUNCIONES SINTÁCTICAS

La razón es que, a diferencia de las demás clases, que tienen


construcción sintáctica simple, ésta iniplica una construcción
sintáctica compleja. Sea un bahuvñhi como hom. arguró-toxos
"(dios) del arco de plata". Se remonta a una proposición aoalí-
tica que se enuncia "su arco es de plata" ( o indiferenteniente
"tiene un arco de plata"). Ahora bien -he aquí el punto iiiipor-
tante-, esta proposición no es simple y, no siéndolo, no podría
ser considerada como fundamento último del compuesto. Con-
siderainos que "su arco es de plata" es la contracción de dos pro-
posiciones lógicamente anteriores y sintácticamente distintas,
cuya articulación es el pronominal "su" ( o el verbo "tiene")
Una es predicativa de cualidad: "arco es de plata"; la otra, pre-
dicativa de atribución: "arcode-plata es de (X.)", ésta es sus-
ceptible de una variante formal: "(X.) tiene arco-de-plata"." La
proposición atributiva tiene por índice el predicado de existencia
"ser-de" que implica necesariamente un atributario, expresado
o no. Resulta pues que la proposición contracta "su arco es de
plata" incluye, a título de factor indispensable de la construcción,
el atributario actual o virtual del "serde". Es esta propiedad la
que define la estructura sintáctica del bahuvrihi.'
De que este conipuesto se funda en una construcción atribu-
tiva, diversas lenguas dan una prueba notable en forma de un
grupo sintáctico que preludia en cierto modo el conlpuesto atri-
blitivo, y donde la función de atribución es asumida por una
expresión posesiva. Es el caso del irlandés, que emplea con este
fin el a posesivo de 3a. persona: Cailti cruaid a chrí "C. duro su
cuerpo, C. de cuerpo duro"; ben.. . sion a gníad "una mujer
dedalera su mejilla, de niejilla de dedalera (= de niejillas purpu-
rinas)".lu Es el giro regular en semítico, donde constituye el
nieollo de la "proposición relativa":" mr7atun hasanun abii-ha
"una mujer bello su (-ha) herniano, cuyo herniano es bello". En
W n otra parte henios iiisistido en la relación tener:rer de (Problemer de lii~guistique
générale. 1, P. 195).
Propiedad vagaincnte entrevista por quienes clasifican estor compuestos como " p o ~
scrivor". Pero casi todos los adjetivo$ podrían ser llamador "posesiroí'. en virtud de
estar sintácticamente ajustador a un noii~bre,que seria "poseedor" de la "cualidad".
'"En general esta exprerión es descrita corno un "genitivo del relativo", lo cual
~ ~~ ~~
.
vale rolaiiiente oara las leneuar de dercrioei6n.. como las leneuas
u occidentales nioder-
nns. Para ejeniplos, ver 1. Vendryes, Cranii,~.di8 v. irlandair, 1 646. p. 141; Thurneg-
sen. A <;iiinmar af Old Irish, <i 507, D. 321: Lewis-Pedenen. A Concise Coiii~ar.
elt tic Craiiiinar, $ 192, p. 219.
''

1' ProblPmer de Iinguistique générale, 1, pp. 208si. [trad. esp.: Piobleii>as de lingüir-
t i a general, 1, Merico, 1971, p. 1441.
SINTAXIS DE LA CQMPOSICI~N NOMINAL 159
antiguo turco, qd-i kortlam "mi (señor) su-ceja (qd-i) [es] bella,
de las bellas ceja^",'^ turco ktzz güzal afandt "hombre su-hija
[es] bella, de la bella hija"; la dam-t qtrmtzi ev "casa su-techo
(&m-1) [es] rojo, casa de techo rojo"." Podrían ser citados otros
nluchos paralelos.16 Esta construcción coexiste en irlandés con
coinpuestos bahuvrihi donde el adjetivo, siendo de función pre-
dicativa, precede al sustantivo y donde un sufijo -ech marca la
atribución, así crún-suil-ech "dunkel-aug-ig, de ojo oscuro". La
comparación entre el compuesto crún-suil-ech "ojioscuro" y el
grupo sintáctico (beich) bec a nert "(las abejas) pequeña [es]
su (a) fuerza, de pequeña fuerza" muestra un paralelismo exacto
entre los dos procedimientos: tienen a la vez valor predicativo,
en el orden de los elementos, y valor atributivo, en el posesivo
u y el sufijo och.
Se ve así la función atributiva que el sufijo desempeña en el
bahuvnhi. Una ilustración notable la da el véd. devú-patni,
que no significa "dueña de los dioses" sino "(aquella) que tiene
por marido un dios (= mujer de un dios)". El femenino
patni representa en realidad puti "marido" dotado de un sufi-
jo de atribución; y como el atributario es un ser femenino, el
sufijo tiene por necesidad la forma -i Sólo que hay que notar
bien que la atribución tiene por objeto no pdi- "marido" sino
la predicación latente 'devb-pdi- "dios [es] marido", de suerte
que, con forma de atribución a un atributario de género feme-
nino, devú-putni significará analíticamente "dios-marido es de
(ella)", combinación de las dos predicaciones. Esta estructura
sintáctica es el fundamento de la relación semántica: el com-
puesto devú-patni (bahuvrilii) es solamente femenino; no puede
tener masculino,'" en tanto que grhú-patni (tatpurusa) "ama de
casa" es el femenino de grhúpati- "amo de casa", compuesto
este último fundado en la construcción "él (ella) es amo-de. . ."
(cf. antes). Por este lado gyhú-patni, uniplano, difiere funda-
mentalmente de devá-patni, biplano (cf. luego).
A. von Gabain. Altiüzkische Grammstik', 1950, 5 403.
K. Grbnhech, Der tiirkische Spnchbau, 1, p. 86.
'' J . Deny, Grairii,~aircde h languc turqoe, 1 351, p. 230.
'O Ver particiilrniimte G. heters. IF, 60, 1952, pp. 47s.. que reúne crpccimcnes
variados de estas construcciones (pp. Slss, para las lenguas caudsicas).
'#
Es necerarialiientc y 610 fernmino no nada niás a titula individnal y por n.6"
eoritextual, sino también porque todas l?s muipucrtor en -patni del RV, son bahuvrihts
160 FUNCIONES SINT~CTICAS

Desarrollemos sumariamente las iniplicaciones de esta defi-


nición del bahuvríhi.
11 La estructura formal no es homóloga de la estructura sin-
táctica de este compuesto en cuanto al número de los térniinos.
La estructura foriiial es binómica (los dos miembros de la uni-
dad morfológica); pero la estructura sintáctica es trinómica;
a más de los dos términos enunciados, incluye un término no
enunciado pero necesario, el atributario.
21 Esta disimetría viene de la naturaleza particular de la
construcción, que es una proposición contracta. En tanto que
articulada por una relación de atribución, la construcción hace
intervenir dos constituyentes: una función de atribuido, la
subunidad sintáctica que es predicativa de cualidad: "arco es de
plata", y una función de atributario: "arco-de-plata esde".
31 Esencial es la distinción de los dos planos de predicación.
Estos planos no son de igiial naturaleza:
la predicación de cualidad "arco es de plata" (en gr. arguró-
toxos); "brazo cs fuerte" (en sánscr. ugra-Ehu-) es una función
sintáctica, entre signos;
la predicación de atribución ("arco-de-plata es-de", "brazo-
fuerte es-de") es una función semántica, entre signos y refe-
rentes.
41 Por aquí puede organizarse lógicamente la distinción
planteada antes entre dos grandes clases que abarcan el con-
junto de los compuestos:
todos los compuestos colocados en la primera clase son pre-
dicativo~de cualidad y tienen función solamente siiitáctica, in-
cluyendo los compiiestos llamados de rección; son uniplmos;
todos los compuestos de la segunda clase (bahuvrihis) com-
binan la función sintáctica y la función semántica; son biplanos.
51 Los compuestos biplanos (bahuvñhis) se definen como
pdrtadores de doble predicación, de cualidad y de atribución.
En consecuencia, serán reinterpretados en una nueva estructura
lógica, que es binaria a su manera: un componente que indica
(cf. Wackernagel, op. cit., 11, 1 , S 38b, p. 90). De hecha, no hay en d RV p t n í
"esposa" coma femenino de pati- "esposo", sino solamente patni "dueña", femenino
de p t i - "ama". Los raros ejeniploi de patnT- 'berpo'' que citan los diccionarios se
refieren todos al mundo divino y pueden lo mismo significar "dueha". Hay que tomar
asimirn~o coiiio bahuurihi el ved. sá.patni, av. h a - p 0 n i "concubina", que ha de ana-
liurse ''(aquella). que time en común (S-, ha-) un esposo (= que mmpartc el esposo
con otra mujer)".
SINTAXIS DE LA W M P O S I C I ~ N NOMINAL 161
la atribución (es el compuesto formal entero) y un componente
que indica el atributario, éste inherente a la forma de compo-
sición. Esta función de atributario queda satisfecha, cuando
hay ocasión, por un argumento distinto ("Apolo del arco de
plata"), o si no por un sustituto, como un pronombre o un
anafórico que ocupa la posición vacía: "(aquel) que tiene. . ."
61 Esta relación sintáctica de atribución tiene un correlato
en la morfología del compuesto: es el cambio de clase formal
que afecta al término sustantivo determinado. La forma libre
fem. kephalé "cabeza" se torna -kephalos -e -on -oi 4 I en
(kutlo-)kepMos "con cabeza (de perro)", con variaciones de
género y de número; la fomia libre neutra lat. caput "cabeza"
se vuelve -ceps en (bi-)ceps "de (dos) cabezas".
La marca de este cambio de clase puede ser una variación
apofónica o de adición de un sufijo, o ambas cosas: la forma
libre al. Auge "ojo" :e convierte en aug-ig en (blau.)augig "oji-
azul"; la forma libre ingl. eye "ojo" pasa a eyed en (biue-)eyed
"ojiazul"; la forma libre húng. szem "ojo" se vuelve -szem-U
en kek-szem-6 "ojiazul", etc. Es la marca formal de la función
atributiva asignada a la proposición predicativa básica.
71 La estructura biplana y la naturaleza de compuesto van
aquí a la par. Una relación que sería uniplana, solamente esiva
o solamente atributiva, no podría producir en forma nominal
un compuesto, s610 un derivado. Se nota si se traspone una y
otra, por separado, a forma nominal: '61 es niño" prcduce "in-
fantil"; "él tiene arma" produce "armado". Sólo la combinación
de una predicación de cualidad y de una de atribución puede
producir una forma nominal compuesta.
81 Entre los dos planos hay una jerarquía de necesidad: pri-
mero la función esiva, luego la función atributiva: un objeto
no puede "ser-de" (= pertenecer) en tanto no "es tal o cual".
La función atributiva no toca sino a un sintagma predicativo de
ser-tal.

De este análisis se desprenden algunas conclusiones &entes


a la naturaleza y la función de los compuestos, .tal como los
hemos definido en sus relaciones intralingüísticas."
" Esta mnelusiones superan desde inuehor puntos de vista las de una erpoaici6n
162 FUNCIONES SINTÁCTICAS

La Icrigua no es un repertorio iniiióvil que cada locutor no


tendría siiio que movilizar para los fines de su expresión propia.
Es ella misma terreno de un trabajo incesante que actúa sobre
el aparato formal, trasforma sus categorías y produce clases
iiucvas. Los compuestos so11 una dc estas clases de trasforma-
ción. Rcprescntan la trasfonnación de ciertas proposicioiies,
típicas, siniples o coiiiplejas, eii signos nominales.
O sea que ya no puede explicarse la creación de los coiiipiies-
tos por siiiiplc uiiión iiiiiiediata de dos signos anteriores. Si la
coniposición nominal fuera, coiiio sieiiiprc la presentan, un pro-
ceso de naturaleza iiiorfológica, iio se comprendería por quk
parece realizarse por doquier, ni cómo pudieron iiacer esas cla-
ses formales cn número liniitado, tan parecidas entre las lcn-
guas iiiás diversas. Es que la iiiipulsióii que ha producido los
coinpuestos iio vino de la niorfologia, doiide iiinguiia necesidad
los llamaba; surgió de las construcciones sintácticas con sus
variedades de predicación. Es el modelo sintáctico el que crea
la posibilidad del conipuesto iiiorfológico y lo produce por
trasforiiiacióii. La proposicióii, eii sus difereiites tipos, ernergc
así eii la zona iioiiiinal.
Con ello cs preciso reconocer a los coiiipucstos una situacióii
particular. En gciieral so11 dispuestos, con los derivados, en la
"forniación de los iiombres". Más bien habría que insertarlos
en un capítulo niicvo de la teoría de las formas, consagrado al
fenómeno que podría ser llaniado metamorfisino: entendeiiios
por ello el proceso de trasforiiiación de ciertas clases en otras.
Estc proceso, considerado en el funcioiianiiento de la leii-
gua, respoiide a una función precisa, que será discernida corii-
paraiido la siiitaginática proposicional con la del compuesto.
Coino sc Iia visto, el niodelo siiitáctico acarrea sienipre una
1>redicaci&ii,siiiiple o conipleja; ésta enuncia por naturaleza un
proceso actual. Eii cuanto la proposición es trasformada en
conipuesto y los tériiiinos dc la proposicióii se vuelven los iniem-
bros del coniptiesto, la predicación queda en suspenso y el
ciiiiiiciado actual se toriia virtual. Tal es la consecueiicia del
proceso dc trasforiiiación.
ya vicia, liiiiitadida par lo demás a los colirpuestos dc deteriiiinacibn, y quc fue resuiiiida
brsven>cc>tc ti> BCL, 44 (1947.8). fasc. 1, "Prock-vrrbaux". p. x ~ i i .
SINTAXIS DE LA C O ~ I P O S I C I O N N O ~ I I N A L 162
Así sc define entonces !a función del compuesto: trasferir
a lo virtual el iicxo actual dc predicación eiiiiiiciado por la pro-
I>osicióii de fondaiiiciito. Es por cierto a esta fuiicióii a la qlic
respoiidcii tambicii los caractcrcs foriiiales del conipucsto. l'oclo
lo qne puede rciiiitir a iiiia situacióii actual se horra: la predica-
cióii verbal iio pasa de iiiiplicita, el priiiier iiiieiiibro, despojado
de todo íiidice de caso, de níiiiiero, de gciicro, qiicda rcdiicido
a uii sciiiaiitciiia, el scguiido niieiiibro, sobre el qiic reposa la
relacióii siiitagiiiática, adquierc una fornia y una filial iiiicvas,
iiidices del estatuto de adjetivo que rccibe el coiiipucsto. Otras
tantas pruebas de la función virtualizante que asuiiic el iiiievo
sigilo iioiiiiiial.
141 pasar así al iiiarco fornial del noriibre, la proposicióii librc
sufre uiia reducción inevitable de sus latitudes de csprcsiiiii. Dc
fijo era iiiil>osiblc que los dos térmiiios del coiiipucsto cargaraii
coi] la iiiultiplicidad de rcl.acioiies siiitácticas de que es susccp-
tiblc la proposición libre. No obstante, el coiiipiicsto es capar.
de iiiavor di\:crsidad dc lo qiic parcceria..)- las iiuiiicrosas varic-
tladcs qiic registrati las graiiiáticas corrcsl>oiidcii jiistaiiiciitc a
ti11osdivcrsos de proposicioiies. Por iio dar siiio uii cjeiiiplo:
\-&d.vdjru-liust<i-(iiiaza + iiiaiio) sigiiifica "(tciiiciido) I;i iii;iza
(eii su) iiiaiio"; se rciiioiita a uiia proposicióii coiitracta "iiiaiio
(tciiiciido) iiiaza es-dc (il)". lo qiic cqiiiwle a "ciiya iiiaiio tic-
iie iiiaza". Esto iiiiplica, cii un coiiipuesto biplaiio, uiia prolx>-
sición priiiiaria "iiiaiio (tiene) niaza". así. eii Iiigar de iiii;i
prcdicacióii por "ser", uiia \,ariaiitc I&sica por "tciicr".
l'ero este eiiil>ol>rcciiiiiciitorelativo cIc la csprcsióii siiiticti-
c;i trasfor~iiada cii cslircsiriii iioiiiiiial es coiiil>ciisado por 1;i
\-;iricd;icl de I;is coiiil>iiiacioiics qtic cl coiiil>ucsto ciitrcg;~:I 1;i
lciigiia. D;i la ca1>;icidsdde iii;iiicj;ir coiiio adjcti\.os o iioiiil>rc\
~>fi~l>osicioiics ciitcras. y de Ii;iccrl;is ciitr;ir I~aj<icstiis ii~ic~iis
csl>ccicscii otr;is ~>rol>osic¡ioiics. Ilc este iiiodo se coiistitiiyc. cii
~~;~rticiil;ir, iiii repertorio \.asta. siciiil>rc ;il)icrto. <Ic coiii~)iicstos
dcscripti~os,iiistriiiiiciitos cIc I;i c1;isific;iciiiii 1. <le 1;i iioiiiciicl;i-
Iiir;i. :il>tos p;iLi \(~l\.crsc dciioii~iii;icioiics ciciitific;i\ o cpitctri\
~>oCticos.Y qiic S í <Icl ~ I ~ ~ I I ~ ~ I Iqiic I ~ I > VI I ~I ~ III ~ J. I I I .
i~i;~iiticiiciicst:i ;icti\i<l;itl ii~rt;~ii~Í~ifii.i. I cl ~ ~ I I i iIi . i \J
~ l i i ~ l i l i <le
i r 1;i Iciigii~l.
12. FORMAS NUEVAS DE LA COMPOSICION
NOMINAL '

Las lenguas que hablamos se trasforman ante nuestros ojos


sin que tengamos siempre conciencia de ello; múltiples cate-
gorías tradicionales de nuestras descripciones no corresponden
ya a la realidad viva; se forman otras que no son aún recono-
cidas.
Es el caso de la composición nominal en el francés de hoy.
Quisiéramos sefialar dos desenvolvimientos que se dan, y dos
clases resultantes, a las que es cosa de conceder estatuto de
existencia.

1. LOS COMPUESTOS CULTOS

Hay en francés gran número de compuestos formados a partir


de elementos grecolatinos. La mayoría forman parte del vocabu-
lario científico. Son dejados fuera de los marcos de la compo-
sición, en virtud de su origen mismo. Parecen pertenecer a ta
morfología de las lenguas clásicas, por estar conformes con el
modelo heredado o imitado de estas lenguas, aun cuando hayan
sido creados en la época modema.
Este punto de vista tradicional ha impedido reconocer la
verdadera naturaleza de vanos neologismos instaurados en la
nomenclatura científica de hoy, y su interés para la descrip-
ción de los compuestos franceses.
Hasta se diría que no siempre han sido verificadas las condi-
ciones primeras de su treación. La convicción de estar ante
variedades modernas de una clase grecolatina ha sido tan inten-
sa que a veces conduce a descuidar hasta los datos lexicográfi-
cos básicos.
' Bidletin de b Sociétd de Linguiitique de Parir, C. Klinckrieek. t. LXI (1966).
l a r . 1, pp. 82-95.
FORMAS NUEVAS DE LA COMPOSICI~N NOMINAL 165
Creemos útil mcstrar esto estudiando la génesis de un térmi-
no decisivo para la ciencia moderna, creado en francés, de don-
de pasó a la mayoría de las demás lenguas: microbe.
He aquí cómo explican nuestros diccionarios la formación de
esta palabra:
Microbe: tomado del griego prxp66iog, "cuya vida es corta". N d o g .
palabra debida a Skdillot. (Dictionmire ghérd.)
Minobe, 1878. Tomado del griego mikrobios "cuya vida es corta" por
el cirujano fr. Sédillot 1804.1882, (Bloch-Wartburg, Dict. étym.')
Microbe (1878, Sédillot) tomado del griego microbios, "de vida
(bios) corta (mikros)". (Dauzat, Dict. Jtym.)
- del gr. microbios, de mimos, "pequefio", y bios, "vida". (Dau-
zat-Dubois-Mitterand, Nouvemr dict. dtym., 1964.)
Microbe, 1878, tomado del griego mikrobios "cuya vida es corta".
(P. Robert. Dict. alph., IV, p. 566.)

No hay inconveniente -y hasta puede ser ventajoso- en


que los diccionarios se repitan, y con los mismos términos, si
enuncian una explicación correcta. De hecho, la que dan aquí es
incorrecta; incluso lo es de varias maneras, y lo es insidiosarnen-
te, por combinar datos exactos en una interpretación falsa. Es
urgente decirlo,. pues el error adquiere autoridad por la repe
tición.
Empecemos por indicar que el compuesto mikrobios, por do-
quier alegado, jamás existió en griego en ninguna época. En
caso de estar atestiguado jcuál sería su sentido? Nada más que-
rría decir: "de pequeña vida", y no "cuya vida es corta". Pues
un adjetivo que quería decir "cuya vida es corta" ha existido
en griego, por cierto, y en la mejor lengua clásica, pe;o es
$ea~ú-$rosy no *pixeó6~os.Este Último no hubiera hallado uso
ninguno; el adjetivo prxpós no se aplica a ,Bias.
No salanlente nuestros diccionarios presentan así un cornpues-
to griego inexistente, al cual atribuyen un sentido que no podía
tener, no solamente dan por tomada del griego tina palabra que
en realidad fue formada en frands, sino que por añadidura
vuelven incomprensible la creación'de microbe en francés, pues
el autor de este neologismo no quería, de fijo, decir que los mi-
crobios tenían "corta vida". Científicamente, no habría teni-
do sentido.
¿Qiié se proponía entonces al adelaiitar el tériiiiiio rriierobe7
Para averiguarlo hay que remitirse a iiii cscrito que es uiia espe-
cic de acta de esta creación. La palabra fue iii\zciitada a la zaga
dc los dcscubrirnientos de Pasteur, qiie revelaba la accióii dc
los infinitamente pequciios. "La destruccióii dc las iiiaterias
orgaiiicas -escribía Pasteur cii 1862- se debc priiicipaliiiciite a
la iiiiiltiplicación de seres organizados microscópicos", y eii
1865: "Cuando se ve que la cerveza y el viiio expcriiiicntan
profundas alteracioiics por Iiabcr dado asilo estos líquidos a or-
gaiiisiiios iiiicroscópicos, que son iiitroducidos dc iiiaiicra inui-
sil>lc y fortuitameiite cn los iiitcriorcs, doiidc lucgo Iiaii piilii-
lado. . .", etc. Podríaii citarsc otros iiiuclios cjeiiiplos dc csos
"seres orgaiiizados niicroscópicos", de esos "orgaiiisiiios iiiicros-
cópicos", Pasteur no dispoiiía de otra cxprcsióii para cstos iiifi-
iiitaiiiciitc pcqueiios, agentes de todas las alteracioiics orgáiiicas.
Aquí es doiide interviene Sédillot. Prcseiita a la Acadkiiiic des
Scieiices, el 7 de iiiarzo de 1878, tina nota iiititiilacla "De I'iii-
fliieiice des dkcoiivcrtes de hf. Pastetir sur les progrhs de la chi-
rurgie", de la cual rcproducircmos el pasajc siguieiitc:
El sciior Pasteur Iia (Iciiiostrado que organismos iiiicroschpicos, di-
fiiiididos por la atiiiúsfcra, soii la causa de las fcriiiciitacioiics atribui~
das al aire, quc no es siiio su veliículo y no posec niiiguiia de sus pro-
piedades.
b:stos orgaiiisiiios coiistitu!.cn todo uii inundo, coiiipucsto dc cspccics,
de faiiiilias y de \aricdadcs, ciiya Iiistori:~, apciias iiiiciada, cs ya fc-
ciiiida cii previsiones y cii resultados de la iiiáxiiiia iiiiportaiicia.
Los iioiiibrcs de estos orgaiiisiiios son nuiiicrosos y dcheráii ser dc-
f i i i i d ~ ~y.s en parte, rcforiiiados. La palabra microhe, coi1 la veiitaja de
hcr i11.i~ cort:i y cIc sigiiificaciúii iiiás gciicral, a iiiás de Iial)cr sido apro-
Ii,iila 1x)r m i iliistrc aiiiigo el señor Littri., el más coiiip~.tciitcliiigiiista
dc I.'raiicia, scrá la que acloptarciiios, si11 por cllo rciiiiiiciar a las que
c\t.iii cii IIV,. I>;ir:i ~Iesigiiarvariccl;idcs cstiidia<!as i i i i s particiilariiiciite."

A1 pro~x)iicrla palabra ~iiicrobe,Skdillot sc ariiia de la auto-


ridad d c 1,ittrL: qiie -scgúii dice- la aprobó. Cosa tanto iiiás
Nota <le Séilillot: "S!tionyriier: iiiicro~rinirrr. niicropliyter, aérohier, anaérubics,
i ~ ~ ~ i c ~ I I~B I C<~ O~~ XcI I ~i< . , h;ictirier, haciiridies, i b i s iiiicrodcriiie,.
~ ( i i i f c i i r , frriiiciit~.
iiii>li;i<ie~. ;iiiiiii;~lciile~.roil>iisciilcr. tortiles, pcnicilliiirii. aspcrgillur.
iiifilr<iirr>, Ir~>t<itliriv. Irliliitliriciiiii. qiurr, de I'aclioriiiiii, de f a b i i r . de l'oidiuiii, du
~ ~ , I'rri<lr iartiirliir droit et gailclic. z!iiia.,rr
iizi~giic,. i i r q ~ i , i 5 1 ~ de icptiqiwr ct r e p t i d -
iiiiqiic,. c t c "
' C<iiiil>trrrciidiir dc rAcadririir des Scimrcr. trilnu Rh, 1878, p. 63<.
interesante de saber c u a n t o qiie microbe iio figura cii el D i c -
t i o i i ~ i a i r e d e la langue froricaise cuyo tercer voliiiiieii (letras
1-1.) aparccía a q u e l niisnio aíio de 1878. P o r fortuiia. los dcta-
Ilcs de aquella consulta los Iia coiiservado Reiié \'aller~-Ratlot,
vcrrio de Pasteor, qiiieli, eii sii V i e de Pasteirr. fiiiidadá cii iiiaa
~ o c u m e n f a c i ó n original, rccoiistruyc así estc episodio lcsico-
grifico:

E n cl iiics de iiiarzo de 1878; [Sédillot] Icyó cii la ,\c;idciiiia iiiia nota


irititiilada "De I'infliicncc dcs trnvaiix de hl. Pastciir siir lcs [ ~ t o g r Or i
I;i cliirurgic" ). . . ]
Sédillot cii csta coiiiuiiicacióii iiivciitó iin iicologisiiii~ para c;iractc-
rizar todo aqucl conjunto de organisiiios y de iiifiiiit;iiiiciitc pcqiicnos:
vihrioiics, hactcrias, hactéridas, cte. Propoiic <Icsigiiarlos t»dí~s coi1 cl
iioiiihrc de microhe. Esta palabra tenia, a ojos de S6dillot. la vciitaja
de ser corta y dc posccr iiiia sigiiificación geiicral. En todo caso. prcsa
dc cscrúpiilos aiitcs dc eiiiplearla, consultó a Littré. uiic Ic rcspciiidió
c.1 26 de fchrcro dc 1878:
"h,Iuu qiicriclo colcga y aiiiigo, iiiicrobe y iiiicrobie son p;ilahra, iiiiiy
l~iieiias. Para dcsigiiar los aniiiiálciilos daría yo prefcreiicia a iiiicrobe.
pririicro porqiic, coiiio iisted dicc, cs riiás corta, !. Iiicgo porqirc así qlie-
da disponible inicrohie, sustantivo fciiiciiiiiu, para 1;i dcsigiiacií~ii del cs-
t;ido dc iiiicrohio."
No faltaroii liiigiiisbas que se di\.irticron, cii el iioiiibre del gricgo.
criticando la for~nacióiide la palabra. hlicrobe -deciaii- significa iiiás
hien aiiiiiial de vida corta qiie aiiiiiial iiifiiiitaiiieiitc pcq~icfio. Littrt
dio el scgiindo certificado dc vida a la palabra microbe:
"Ek biea cierto -escribe a SCdillot- qiic pixpo6io~ v pni.pb6io:
~igiiificaii.cii la grccidad. de ccrtu vidu de Irrrgu vidu. Pcro, coiiro tistcd
iil~scrva jiistaiiiciite, no sc tr;ita d c la grccidad propiaiiiciitc dicliii siiio
dcl ciiiplco que Iiace iiucstro lcnguajc cieiitifico de los radic:ilci gric-
:os. Alioci hicn, la leiigii;~griega ticiic Pío;, iida, PioGv. vivir, Piiic;.
\.i\iciitc. cii-o r:idical piicdc iiiu! hicii figurar coi1 la furiii;i he 11 hie,
con cl scntido de \.i\-ientc. cii uérohie, unudrobie. iiiicrobe. hli sciitir
cs iio contestar ii la critica y rlcjar a la palahra qiic se dcficnda hola. lo
rli:il Ii;ir:i siii cliida." Pastciir. adopt.índiila, Iiarí:i qiic diera 1;i \uclt.i
al iiiuiidr>.l

Eii efecto, iiiciios dc dos iiicses iii:is tarde. el 29 d c abril d c


1878, l'astcur prcseiita a la :icadéiiiie iiiia ilota iiititiilada "La
tliénric des geriiics et ses applicatioiis :I 1.1 iiiédcciiic e t :i 1.1

. i.ic rle Parteair. Parir. 1900. pp. :S?\,


* Kriie \ ' a l l r r \ ~ K ~ d o t 1.a
168 FUNCIONES SINT~CTICAS

chirurgie" (en colaboración con Joubert y Chamberland): don-


de consagra de una vez por todas el término nuevo:
Para afirmar experimentalniente que un organismo microscópico es
realmente agente de enfermedad ): de contagio, no veo otro medio, en
el estado actual de la ciencia, que someter al microbe (nueva y feliz
expresión propuesta por el señor Sédillot) 6 al método de los cultivos
sucesivos fuera de la economía.

En la continuación de su exposición, la palabra es empleada


varias veces y del modo más natural. Limitémonos a una sola
cita (p. 124):

Si tuviera el honor de ser cirujano, persuadido como estoy de los pe-


ligros a los que exponen los gkrmenes de los microbios dispersos por
la superficie de todos los objetos.. .

Esta demostración era necesaria por dos razones: primero,


para hacer ver -lección de hechos que siempre es útil recordar-
que es imposible adivinar las condiciones en que ha sido creado
un neologismo; hay que descubrirlas en la fuente misma, en la in-
tención del creadsr. Nada puede dispensar de esta búsqueda,
que para el etimologista es una obligación.
Pero, sobre todo, era cosa de devolver a microbe su sentido
verdadero. Se ve ahora que la palabra no ha sido tomada del
griego; que no es un adjetivo sino un sustantivo, y que no sig-
nifica "de vida corta", lo cual por lo demás hubiese sido ajeno
a la concepción pastoriana. En realidad Sédillot inventó el tér-
mino microbe para designar e1 conjunto de los organismos mi-
croscópicos. Combinó libremente mikros y bios en un signifi-
cado nuevo; los dos componentes griegos representan, con gran
simplificación, los dos conceptos asociados: bios "vida", el de
''
organismo viviente", y mikros "pequeño", el de "infinitamen-
te pequeño, microscópico". Así microbe significa literalmente
"pequeña vida", para designar el "organismo microscópico".
Semejante compuesto hubiera sido imposible en griego, y si
' Comptcs iendus de I'Acaddrnie des Scienccr, resi6n dd 29 dc abril de 1878, 86,
pp.' 1037-1041 = (Euvres de Pasteur, t. VI, 1933, p. 112 (citamos negún esta edi-
--..,<
,.;A"
1
El editor de lar <Euvrcs remite aquí ni nota a la com"nicaci6n de Sédillot aniba
citada. donde se propone microbe para los divernos microorganirmar.
FORMAS NUEVAS DE LA COMPOSlCIdN NOMINAL 169
todos nuestros lexicógrafos se han confundido acerca de la for-
mación de microbe, es por razonar sobre un modelo griego,
cuando que el inventor había querido hacer un compuesto fran-
cés, y Littré había visto claro que ahí estaba el quid. Sédillot
simplemente vistió de griego una denominación que 1-'a b'ia con-
cebido en francés. Tal es, en efecto, el estatuto de este neolo-
gismo, como lo es de gran número de los que han visto la luz
desde hace un siglo o más: es, con lexemas griegos, un compuesto
francés. Responde a un designado que fue primero concebido
en francés, y traspuso al griego su definición, condensándola
de paso intensamente.
Esta observación vale también, por ejemplo, para photogra-
phie, cuyos elementos'por sí solos no pueden explicar el senti-
do: graphie "reproducción" y p h o t e "luz" están lejos de enun-
ciar lo que el compuesto quiere decir: "reproducción (de una
imagen sobre una placa sensible a la) luz". Y piénsese nada
más en el híbrido televisión.

¿Otro ejemplo? A fin de variar las condiciones de la prueba,


saldremos del marco de la composición y consideraremos un
neologismo científico que es esta vez un término simple. Es el
término oturie. creado en francés a del griego e ingresado
en la nomenclatura zoológica de la mayoría de las lenguas oe
cidentales modernas.
Los diccionarios dan la explicación siguiente:

Otmie, 1810. Tomado por el naturalista Pkron del griego Btarion


"orejita" (&m. de m, &os, v. otite), a causa de la pequeñez de las
orejas de este animal. (Bloch-Wartburga.)
Otmie (1810, Ann. du Musdum), sacado por Peron del griego Gtmion
",jrellta"
.. (ds, Btos, oreja), por tener esta foca las orejas pequeñas y apa-
rentes. (Dauzat, lo mismo en Dauzat-Dubois-Mitterand.)
Otarie, gr. otorion "orejita", a causa de la pequehez de las orejas de
este animal. (P. Robert, Dict. dph.)
Oturion (gr.) ohrchen. Fr. oturie, espece de phoque oreilles pendan-
tes (seit 1810), (FEW, VII, 443.)

Littré definía otarie: "grupo del género de las focas, mamí-


feros, uno de cuyos principales caracteres es poseer.orejas bien
visibles, aunque poca cosa", y el Dictionnaire général como una
"especie cle focas con orejas apireiites", indicaiido qiic la ala-
I>ra era debida a Péroii.
Todo esto sólo es exacto a iiiedias. Flav que referirse a la
l>ublicacióii de Fraiiqois Ptroii para coiiiprcndcr la foriiiaciciii
de este iicologisiiio. Eii iiiia "Noticc sur l'li3bitatioii dcs aiii-
iiiaux iiiariiis, par MM. Péroii et Lesiicur", este iiatiiralista.
que había realizado iiii largo viaje por las tierras aiistralcs ciitrc
1800 v 1804, distiiigiie varias especies clc focas iiidc1,idaiiiciitc
coiifuiididas por siis precursores bajo iiii iiiisiiio iioiiihre. Aiia-
liza sisteiiiáticaiiiciitc las difcrciicias -trece cii tot;il- que 1i;i
advertido ciitrc Phoca leot~iiiaclc Fahricio v Plioc<i leottitia dc
Steller; y precisa así la íiltinia cle cstas diferciicias:

f>ificrcn.por iiitiiiin. I<N r . ~ OREJAS.


s E1 1.cíili ~ i i a r i i ~de
n li:iIiricio 110
ticiie uuriculu: el de Stcllcr si, y pcrtciiccc cii c~iii~cciiciici;~ :i1 iiiic\.ri
géiicro qoc Iiciiios crcicl~i<lehcr c\tahleccr cii la faiiiilia dc liis i.o<:iciris.
I~aioel iiiiiiilire de Oturie.

Aqiií Péroii se refiere ;i sil \'oyuge de décoiii'ertes ciiix terres


uustrules. obra ciira rcdacciOii Iiahia ciiiprciidido v qiic. iiicoii-
cliisa a su iiiuertc.cii 1810, fiic coiiiplctada por ~ ó i i i s1"rcvciiict
v piihlicada eii 1816. Allí jiistifica iiiás coiii~ilctaiiiciite1;i desig~
ilación:

I ~ ~ ; i i i I.'ocdccos
i~i ~hfuiiiiiiu~iu,PliocucecI<rja toclos los aiiiiiialcs rciiiii<los
por 111s n;iturCilist;is I~ajoel iiaiiilirc clc Foc<rs. I;,i faiiiilia iiiicvii qiic prri~
l~oiig~i se divide cii <los g&iicr~>s. clistiiigiii<l<ispor 1;i prcsciici:~<le ;iiiricii.
las o sil ;iiiseiicia: 111s I~'ocáccoscoii ;iiiriciilas /I'h«caceu ui~ricirlut<ij so11
rciiiii<l~~s cii 1111 géi~enil~.irticiil;irctiii cl ii~iiiil>rcclc Oturie IOt<irr<iN.1.
L.iis I"oWccos <lcsprovistris < l i ;iiiriciil;is lPli«cuceu iiluiiiicitl<lf<l]consti~
tiiycii el géiicr~ide las ' I ~ o c ~ propi,iiiiciitc
is dicli~islI'lior<i N,].

I'éroii crc0 pues el tériiiiiio otcirie para caractcri7,ar la cspecic


cciii rclacióii al coiijuiito clc los I~'oc.iceos. iiierccd a 1111 rasgo
distiiitivo qiie aisló a la perfecciOii: presciicia/ausciicia de a i i ~
rículas.
Se ve eiitoiices qiic si eligid la foriiiiilaciiiii diiiiiiiiitiw de 1;i
palabra gricg:i. ijrdpio~~, i i i i es de iiiiigríii tiiod(i "a caiisa de la
~>eqiicficzde 1:is orej;~sde este ;iiiiiii;il". coiiio diccii los diccio-
ii;iricis cit;idus. siiio por la raz6ii eiitcraiiieiite foriii;il <Ic qiie e1
FORhlAS NlJli\'AS DE LA C O ~ ~ P O S ~ NOhIINAL
C ~ ~ N 171
tériiiiiio gricgo i>rÚ~io\.era cl correspoiidiente exacto del latín
uuriculu, y dc que, eii el lengiiaje de los naturalistas, auricula o
sil sustituto -eii fraiicés auricule- iio es un diiiiini~tivosiiio el
tériiiiiio aiiatóiiiico para la orcja extcriia, cl pabellóii de la ore-
ja. Esta especializacióii de auricula era por lo deiiiis antigua; ya
sc ciicuciitra cii el Nuevo Testaiiiciito Wr<ípiov para el "pabe-
11611 de la orcja", la partc de este órgaiio que puedc ser cortada,
1. la Vulgata lo vicrtc por aurinrlu (Mc. 14, 47; J. 18, 10). Bas-
ta recordar taiiibi6ii cl eiiiplco frccuciitc de aui.icula eiitre los
iii&dicos roiiiaiios y la siistitucióii de aiiris por auric~iluen ro-
iiiaiicc (fr. oreille, ital. oreccliia, orecchio, esp. oreja).
Se advcrtirii que esta trasposicióii dcl latíii al griego sólo es
al~roxiiiiada.Péroii iiistaura. cii el puiito de partida, la iioción
dc Phocacea aiiricirlata, "Focáccos coi1 auríciilas". Tciiía que
trasponer al griego el adjctivo auricirlata. Probahleiiiciitc por iio
Iiallar el cquivaleiitc, ya que Driípiov carece de derivado adjetivo,
se coiiforiiió con el sustantivo gr. otarion ( o coi1 el plural ota-
riu), quc adaptó al iicolatíii otaria, fr. otarie f.
Está claro ahora que la creación de este tériiiiiio liada debe
a las categorías griegas y que Péron no tratb de hcleiiizar. La
foriiia otarie es una trasposicióii aproxiiiiada del fraiicés "(pho-
que) i auricules". 'I'aiiibiéii aquí se trata de fraiicés vestido de
griego.
Estc iieologisi>io,coiiio tériiiiiio siiiiplc, coiifiriiia pues lo que
el coiiipuesto niinobe nos había inostrado: que alguiios iieolo-
gismos cieiitíficos de fornia grecolatina creados eii fraiicbs y
iiiuy particulariiiente los coiiipuestos (falta evaliiar las propor-
cioiies, previo examen), iio ticneii de griego o de !atín iiiás que
la foriiia iiiaterial. Son eii realidad coiiipuestos coiistruidos en
fraiicés y sólo traspuestos -a veces de riianera bastaiite floja-
a lexeiiias grecolatiiios. Este tipo de foriiinción es nuevo. Care-
ce de antecedeiitc coiiocido eii la historia de las lciiguas. Puede
prcdccirse que se desarrollará. Hay pues qiic Iiaccrlc liigar eii
el iiiveiitario de los procediiiiieiitos por los que se elabora el
vocabulario cieiitífico de nuestro tieiiipo.
FUNCIONES SINT~CTICAS

Hay composición cuando dos términos identificables para el


locutor se conjuntan en una unidad nueva de significado único
y constante. Pueden ser de origen culto, es decir grecolatino:
centirnetre, palmipdde, téiégraphe, o enteramente francés y de
tipos variados: portefeuille, orfevre, betterave, mmchepied, aver-
se, entresol. Es preciso, en todo caso, que el locutor pueda ais-
lar e identificar los dos términos. Si uno de ellos no puede ser
reconocido, el otro queda incierto. Bien se puede en aubépine
sospechar épine, pero si no se sabe lo que es oub(e), hasta épine
acabará por parecer dudoso. Hace falta también que el sentido
de los miembros tomado aisladamente tenga una relación más
o menos inteligible con el del compuesto; de ahí que el locutor
no remita espontáneamente plafond a un compuesto plat-fond.
Ya aquí está abolido el sentimiento de la composición.
De los compuestos distinguirenlos los GON~LOMERADOS. Llama-
mos así a unidades nuevas formadas de sintagmas complejos que
comprenden más de dos elementos. Unos son sintagmas pre-
dicativo~convertidos en sustantivos: va-nu-pieds, meurt-de-faim,
monte-en-l'air, décrochez-moi-ca. Los otros, locuciones adver-
biales donde viven elementos arcaicos: dorénavant (=$ore
en avant), désorrnois (=dCs or mais) no son ya analizables, y
jamais no lo es en absoluto, pero en aujourd'hui se percibe aún
cuando menos "au jour d'. . .", y en auparavant los tres miem-
bros "au par avant", aun si su disposición sintáctica no es pa-
tente dc inmediato. El sintagma predicativo antiguo n'a gudre
se estrecha así en nuestro nagudre. El rasgo general de estos con-
glomerados es que una construcción compleja se suelda dando
un bloque, sin que los elementos sean mutilados o alterados.
Éstos pueden ser completa o incompletamente reconocibles, se-
gún la edad del conglomerado: en justaucorps ("juste au corps")
se separan bien; en gendarme hace falta la conversión previa al
plural-para que gens recupere su fiiiición coiitextual. De ma-
nera general, los conglon~erados tienden al estado de signo
compacto.
Quisiéramos insistir muy particularmente en un tipo de com-
posición que, no reconocido todavía en su naturaleza propia,
cirece de estatuto definido. Consiste en un grupo entero de
FORMAS NUEVAS DE LA C O M P O S I C I ~ N NOMINAL 173
lexemas, ligados por diversos procedimientos y que forma una
designación constante y específica. El meollo inicial está en
ejemplos ya viejos como: pomme de terre, robe de chambre,
clair de Iune, plut ¿ bmbe. El hecho nuevo e importante es
que adquiere hoy día una extensión considerable y está llaina-
do a una productividad indefinida: es y será la formación bá-
sica en las nomenclaturas técnicas. Basta mencionar términos
como modulation de fréquence, avion ¿ reaction para dar una
idea del tipo, pero también para mostrar que está construido
según un modelo que no es el de la composición clásica.
Para designar estas grandes unidades y para consagrar el
fenómeno específico que representan, se hace necesario un tér-
mino nuevo, distinto de "composición" (precisamente se trata
de algo que no es composición), distinto también de "sintag-
ma", para dejar a "sintagma" su designación propia, que se
aplica a no importa qué grupo, aun ocasional, operado por me-
dios sintácticos, en tanto que aquí tenemos una unidad fija.
Proponemos con este fin un término que parece adecuado y
claro: SINAPSJA, del gr. oWa+ls "juntura, conexión, colección de
cosas unidas",' con su derivado sináptico (gr. awvarrrlxós "rela-
tivo a la conexión"), que podrá, llegado el caso, suministrar
compuestos: mono, di-, polisináptico. Nada impide incluso
prolongar esta derivación en nuestra terminología y decir simp-
tar, sinaptable, etc.
Lo que caracteriza la sinapsia es un conjunto de rasgos, los
principales de los cuales son: 11 la naturaleza sintáctica (no
morfológica) del vínculo entre los miembros; 21 el empleo de
juntores para este efecto, especialmente, en francés, de y a; 31
el orden determinado +
determinante de los miembros; 41 su
forma Iéxica plena, y la elección libre de todo sustantivo o ad-
jetivo; 51 la ausencia de artículo delante del determiliante; 61
la posibilidad de expansión para el uno o el otro miembro;
71 el carácter único y constante del significado.
Así, a diferencia de gmde-malade, que es un compuesto,
gardren d'asile es una sinapsia; mile de nuit es otra, y la combi-
' Está. por supuesto. la sinapris de las neurofisidlogar. pero de uso hn diferente
que no habrá confusi6n. Hemos referido para 11 adaptación iranena de la palabra
griega la terminación -si* para xguir el modelo de las palabras griegas en - n g llegadas
r travk del latín: Cpileptie, paralysie, -phybúc, -syncraUe, poérie, etc.
174 FIINCIONES SINT~CTICAS

nación gardien d'asile de nuit fornia una nueva siiiapsia. de dos


iiiieinbros, siinple el priniero, gardieii, sináptico él iiiisiiio el sc-
guiido, asile de nuit, y que en el caso presente 1l;iiiiareiiios
"subsináptico". Eii la sinapsia gardien d'asile de rxuit, el juiitor
de tiene por sí mismo doble función: ligameiito siiiáptico cii
" (gardien) d'(asile) ", ligamento subsináptico cii " (d'asile) de
(nuit)", Este análisis se impone eii virtud del enipleo idioriia-
tico hecho de una sinapsia coiiio gardien d'asile de iiuit: "gar-
dien d'asile de iiuit" es por cierto la conversión noinirial del
e n u r i a d o predicativo "il garde un asile de nuit". Pcro forniu-
lemos esta hipótesis: si la observación del uso demostrara que
se trata de una denoniinación "gardien d'asile" ampliada con
un determinante adverbial de nuit opoiiible a de jour (coiiio
gardien de nuitlgardien de jour), entonces habría que descorn-
poner gardien d'asile de nuit en un miembro subsináptico gar-
dien d'asile y un miembro simple de nuit. Será entonces la tras-
posición nominal del enunciado predicativo: "il gardc uii asile
- la nuit".
En todo caso la elección no sería posible en la siiiapsia eiri-
ployé d i chemin de fer, pues chemin de fer constituye una si-
napsia fija, y 'employé de chemin no existe; el íinico aiiilisis
posible es employé, miembro simple como determinado, y (de)
chemin de fer, miembro subsináptico como detcriiiiiiaiite. Es
siempre y solamente la naturaleza del designado lo que periiiitc
decidir si la designación sintagniática es o iio uiia siiiapsia:
valet de chambre lo es, iiias no coin de chanibre.
Mientras iiiás específico cs el desigiiado, iiiás iiecesario se
vuelve caracterizar la desigiiacióii iiicdiaiite uti rasgo difcreii-
ciai, y dicho rasgo piicdc por su parte ser harto coiiil>iejo. hbor-
daiiios aquí u11 caiiipo iiiiiiciiso. cii cl qiic apciias ciiipicz;iii a
iiiteresarsc los 1iiigiiist;is; cl de la iioiiiciiclatiira tfciiica.
El fciióiiiciio iiucvo cs Cstc: los ttriiiiiios básicos coii aviid;i
dc los cualcs sc coirstituyc iiiia iioiiiciiclatu~i ticiidcii a \.ol-
verse csplicitos v a coiistitiiir a sil vcc coiiibiiiacioiics cxl>licit;is.
por nicdio dc úiiidadcs It:xicas ii~dcpeiidiciitcs, idciitific,ihlcs
scparadaiiiciitc y org;iiiiz;id;is scgiiii iiiodclos siiit;icticos. 1,;s cl
doiiiiiii». por cscclciicia. de 1;i siiialisi;~.
i\ la siiitcsis iiiorfol0gic;i <le los aiitigtios coiiil>iicstos 1;i \ i i \ ~
tihiyc uiia siiiapsiii iicccs;iri;i~iiciitc;iiialitica. y los t6riiiiiios gc-
XO
F I J R ~ I . A SN I J I v . 1 ~I>E LA C O ~ I P O S ~ C ~ O NM I N A T . 175
iicraliiiciitc grccolatinos de la cori~posicióntradicional son rem-
I>lazados por tiiia scrie dc Icxciiias franceses.
Eii la coiiiposicióii culta, la juntura está caracterizada en
;il>uiidaiites cjeiiiplos por la filial -o- del priiiier niiembro, to-
riiada de iiiodelos griegos: ustro- géo- cosrno-, y la rclacióii de
los iiiiciiihros es dada por su ordcii. Pcro cii la siiiapsia, donde
todos los clciiientos so11 cii l>riiicipio idioiiiiticos y de foriiia
libre, y cuyos iiiieiiil>ros puedcii ser a su vez siiiapsias, están
iiiiidos por juiitorcs, ~~riiici~~aliiiciitc de y 2, !:su ordeii es sieiii-
prc cletcriiiiiiado +
dcteriiiiiiaiite. Por cl coiij~iiito dc estos
caractcrcs !a siiiapsia, eii taiito que iiiodo de desigiiacibn, tiende
,i realizar lo que Saussurc Ilaiiiaba la liiiiitación de lo arbi-
trario.
Es uii proccdiiiiiciito qiic contrasta coi1 la cornposicióii tradi-
cioiial por la facilidad y la aiiiplitud de sus rcalizacioiies. En
taiito qiic la coiiiposicióii, cii francés, llega en seguida a sus Ií-
iiiites y los coiiipuestos se foriiian a ritiiio Iciito y, por decirlo
:(sí, por coo1>tacióii iiidividual (se vcii aparecer los priiiicros
cspecíiiicncs dc una serie nueva en co~nio-,con cos~noi~uute, cov
itzodrolne), la siiiapsia prodiga siii tregua sus creacioiics. l'odos
los vocabularios téciiicos cclian niaiio de ella, y con soltura
taiito iirayor cuaiito que cs la úiiica qlic periiiitc la cspccifica-
cií~iidetallacla del dcsigiiado, v la clasificacibii de las series iiicr-
cctl a sil rasgo distiiitivo. Sii ~ X ~ ~ C flexibilidad
I I I ~ paradigiiiática
Iiace dc 1;i siiiapsia el iiistruiiieiito por escelciicia dc las iioiiieii-
claturas
SC la ciitiiciitra en todos los vocabularios cspecializados: vo-
lct de courbilre u fente, hélice 2 pus vuridble, moteur d refroidis-
i i tuir, soii tériiiiiios corrieiitcs cii aviacióii,* y cada téc-
s c ~ ~ i ~pur
iiiGi ticiie su rcl>crtorio. El criterio dc estas desigiiacioiics, cii
t;iiito qlic siiiál>ticas, siciiil~recsti cii la relacióii con el objcto:
b i es desigiiado coiiiplcta v íiiiicaiiieiite por diclia apelación coiii-
pleja, cntonces 6sta es una siiiapsia. N o Iiace falta que sOlo in-
cliiva leciiias dc uso téciiico; piiedc coiiipoiicrsc de vocablos
coiii~irics,siri:ipticariicnte clis[>iicstos.";\iglc p?clieiir i tetc hlaii-
' l.:,c\ta la ur~ai"!i rlc scnaiar 1.i "lira iiiiportaiilc rlc I.c>iiii C:iiilheri. !..a f<,,iii.flii,iz
,188 vixal>iilrirc <le 1 ' ~ r i . i t i o i ~(I'aris, l 9 6 í i . qiic ti<, r<iiiuci 1iart.i desl>iicr <ic ~ t 1 1 1 ~ 1 t t i r
ri ~ ~ c i a i i i t:irtictilo
e ! quc riiiiliiii,tra to<lus los elciiililos quc rc q i i i c n di r\tJr <Icrig
Il.lLi,,llC, I~~lli~d,.
che" podría ser un sintagma descriptivo de creación ocasional.
Pero si es dado en la nomenclatura zoológica como el nombre,
usual en cierta comunidad, de un ave particular, entonces aigle
@cheur d tdte blanche se vuelve, en francés de Nueva Caledo-
nia, una denominación sináptica que ha de registrar el léxico
de dicha ciencia y de dicha comunidad. Por la misma razón,
sin salir del francés caledoniano, la serie bois de fer + bois de fer
de montagne + petit bois de fer de montagne será acogida como
un paradigma donde la sinapsia bois de fer engendra dos sinap-
sias sucesivas, cada una de las cuales denota una variedad dife-
rente de la precedente. Y es únicamente gracias al criterio de la
designación como se decidirá si faux tamanou de fordt d petites
feuilles debe o no ser considerado una sinapsia: nada en sí se
ppone a que lo sea? Habrá que ver entonces cómo faux tama-
nou se torna faux tamanou de fordt d petites feuilles, al parecer
sin pasar por un 'faux tamanm de foret.

Las expansiones de las sinapsias se realizan sea por calificativos,


así en francés caledoniaiio boWI de rose -+ faüx bois de rose, sea
-y es mucho más común- por miembros de estructura variada,
ligados por los juntores de y d, que son, con mucho, los más
frecuentes.
Puede caracterizarse sumariamente la función respectiva de
estos juntores.

El juntor d entre dos miembros de la sinapsia indica:


a] el destino, sea con un infinitivo: salle d manger, fer d
friser, machine d écrire; sea con un sustantivo: service d café,
brosse d habit, boife d ouvrage, porc d bestiaux;
b] la característica distintiva: ceil d facettes, serpent d son-
nettes, bdte d cornes. Cuando el determinado designa un arte-
facto, el determinante precedido de ¿ indica el agente motor;
es una categoría muy abundante y productiva: mmlin a vent,
machine d vapeur, &ion d réaction, Zampe a pétrole.
e Tomo estor últimas cjmiplor de una erpasición sobre la terminologia de In flora
y la fauna en francés caledoniano presentada a la SociCtk de Linguirtique por K. J.
Hollyrnan y publicada en BSL, 61 (1966). niim. 1, pp. 96.109. El presente articulo
puede ayudar a resolver el problema discutido par Hollymm.
,\dvirtaiiios quc los dctcriiiiiiaiitcs precedidos de d. ptrticii-
lariiiciitc aqiicllos que iiiarcaii el destiiio. ~>iicdciiscr iioiiibrcs
dc aiiiiiialcs. pcro iiiiiica so11 iioiiibrcs de scrcs Iiiiiiiaiios; de
ello sc cuttacii efectos dcsprcciativos cii dcii«iiiiiiacioiics coiiio:
boiige d iiiatelots, fille d soldats. Por cso cs rciiil>lazado por
potlr eii los casos de ~icccsidad:tailleiir pour hoiiirries; coiiiptirti-
iiieiit potir duiiies.
Sc ol>scrvar:i taiiil>itii que sOlo la iiatiir;ile/a del desigiiado
~xriiiitcdistiiigiiir los dos ciiiplcos de a, iio el sciitido de los
Icxciiias uiiidos: iiii iriociliri a café iiiuclc café. pcro iiii iiioiiliti
u veiit es iiiovido por cl \.iciito: iiiia poiripe u esseiice piicde ser
igiialiiiciitc I~iciiiiiia boiiiba qiic suiiiiiiistra gasoliiia !iiiia I>oiii-
I>a que ftiiicioiia coii gasoliiia.

11 iiiiitor de iiidiai qiic:


CI] e1 d c t c r ~ ~ ~ i ~ es
i a cl
~ itodo
t e virtiial del cual el dctcriiiiiiado es
iiiia parte: pedir de porc. verre de 111orltre. pied de table; por
iiictifora: tite de 1o11p. pied de biclie, deiit de lioii;
bl la circiiiist:iiici;i cii 1;i cual es apropiado cl objeto: clie-
riiise de iiiiit, teiiiie [le soir&. iiiaiitetrii <le pliiie. table de trrivriil.
srrlle de jeilx. fiisil de ch~isse:o la clasc cIc iiidividiios dc los qiic
el clctcriiiiiisdo cs el atrihiito: robe d'trsoctit, be'ret de iiiatelot.
liirie de chrrrrffeirr. soitiire (l'erifoiit.
1 Ial>rciiios asi csl~ozado1;i iiatiiralcL;i, el <loiriiiiio 1- los r;isgos
guiemlcs de la clasc de foriii;is qiic Il;iiiiaiiios siiiapsi;~.a fiii clc
qtic "2 rcu)iiocicl;i \ rccil>a sil cstatiito liiiaiiistico,
b . '
!. iio a fiii
de coiiipilar ;iqiii los cjciiil>los. qiic soii iiiiiltitiid. Es ficil prc-
\cr que sc dcs;irroll;ir,i iii;is de pris:~aiiii de lo qiic ~ciis;iiiios.
coiiio coiiscciiciici;~del fciicíiiiciici qiic doiiiiiia iiiicstr:~ Cpoca:
el creciiiiiciito ripido 1- riiiilti~>ledc la\ ttciiic,i\.
13. ESTRUCTURA D E LAS RELACIONES DE
AUXILIARIDAD '

La iioción de "verbo auxiliar" es faiuiliar a aquellos que coiio-


cen alguna lengua occidental moderna, y es parte dc la nonicn-
clatura gramatical en la enseñaiiza tradicional. Pero con esta
noción pasa como coi1 tantas otras, que cierta faiiiiliaridad nos
impide apreciar bien, en su importancia y singularidad. Se tra-
ta de una forma lingüística unitaria que se realiza, a través de
paradigmas enteros, en dos elementos, cada uno de los cuales
asurne parte de las funciones granlaticales, y que a la vez están
ligados y son autónomos, distintos y complementarios.
Este fenómeno conocido,' señalado por todas las gra~iiáticas,~
apenas ha recibido atención por parte de los lingüistas. Sólo
conocemos dos estudios especialiiiente consagrados en estos Ú1-
timos años a la elaboración de su teoría.
G. Guillaurne' ha estudiado en los auxiliares sobre todo la
propiedad que los hace, entre todos los verbos, aptos para tal
función: es lo que llairia subductividnd, que los Iiace preexistir
idealmente a los demás verbos. "Etre, por ejeiiiplo, preexiste
a faire, y generalnicnte a todos los verbos quc espccificaii un
proceso realizado o padecido.'' Se dedica pucs a describir la
"subducción" del verbo como proceso psicoliiigüístico y en par-
ticular "el mecanisnio de la subduccióii esotérica, creadora del
estado de auxiliaridad".Vara él, "los verbos auxiliares son ver-
bos cuya génesis material, interrumpida por una consuniación
más rápida de la génesis foriiial, permanece en suspenso, no se
' Ach Linguistics Hafniesria, Copenhague, $01. 1X (1965), núiri. 1 , pp. 1-15.
' Acerca del driarrollo histórico. cf. Gougenheini, Etiide siir les pgriphrases vcrbrles
de la kngue francsise (París, 1929).
Nos limitaremos a citar, iiiás por la abundancia dc sus datos que por el tratamien-
to del problema, el lxrga capitulo robre "Les airniliaires" en Piehon y Darnourette,
Esrai de gnmrzinire dr la langue francaise, tomo V. pp. 1.160.
' En un articulo intitulado "Théorie des auxiliaires et eramcn de faits connexes",
BSL. 34 (1938). núiii. 1, pp. 5-23,
' Loe. cit., p. 5.
' Loc. cit., p. 10.
~781
I.SIRCICTIIRA DE J.AS RFLACIONI~S OV. A C I Y L L ~ A R ~ U A D 179
consuiiia y pide, cii coiisecuciicia, uii coiiil>l~iii~ilto de ~nateria
quc iio pucdc proceder -por estar cerrada la oiitogciiia dc la
~xiiabra- sino dcl exterior: de otra palabra". Asi, ai,oir marché
se aiializará en: a\,oir "verbo coiiipleto por cl lado dc la forma
(se conjuga en todos los iiiodos y todos los ticiiipos), pero in-
coiiipleto por cl lado de la niateria (subduccióii); tiiarché: pa-
labra que aporta la iiiateria faltantc 1. que sGlo a este titulo iii-
tervi~ne".~
Más o iiicnos al iiiisiiio ticiiipo, pero de iiiaiicra iridcpciidien-
te y con una visióii niuy distiiita de los fcii6iiic1ios liiigüisticos,
L. l'esniere prescntó en detalle una "l'liéoric structurale des
teiiips coniposés" "ue, dejando aparte la tcriiiiiiologia, no está
tan lejos cn el foiido de los puiitos de vista de G. G~iillauiiie
;iccrca de la repartición de las fuiicioiics cri la foriiia coiiipucsta.
Pero a L. Tesnihre le Iia preocupado sobre todo deslindar cl
principio general -la ley, dice él, regular y uiiiversal- que rige
la forinacióii de los tienipos coriipucstos. H e aquí esa ley:
"Cuando un tiempo siiiiple se dcsdobla cii ticiiipo coiiipucsto,
las caractcrísticas graiiiaticales pasan al auxiliar. la raíz verbal
al auxiliado.'' !' Eii il a nuirché, cl auxiliar il a porta las caracte-
rísticas grainaticales o cl iiiorfciiia, y cl auxiliado tiiarché la raíz
verbal o cl seniaiiteiiia. Todo el estudio de 'I'esiii6rc consiste
eii ilustraciones de esta Icy, por iiicdio de cjeiiiplos toiiiados de
variadas lenguas y de csqiieiiias aiialiticos!"
Estos estudios coiiservaii su valor." Nucstro prop6sito al vol-
ver a la cuestión Iia sido iiiostrar, priiiicro. qiic cstc fcriciiiieiio,
siciiipre corisidcrado globaliiiciite, coiiiprciidc distiiit:is \.ariccla-
des quc dcbcii ser recoiiocidas y estudiadas por scyarado. Locgo.
defiiiir cada una dc cstas variedades cii sus tCriiiiiios propios y
dar de ella uiia descripcibii foriiial quc saqiic a la luz los clc-
iiicntos coiistaiites, las variables y la estructura dc sus rclacioiics.
' Loc. cit., pp. 11-12,
* Es CI titulo dc rii articulo en loa \Illanges Ch. Bdlh 11939). pp.
l ii~lX3.
01,. cit.. p. 160.
"' 1.. lesniere ha tocado CI problenia de los "tictiipos conipuistos" en !arios para-
I c \ dc siis Elir?ieiits de s!ntarc strcicttlrdle (1959). >>p.+,; 159, 398. pcra se limita
2 rciiiitir al srticolu citado.
" llahri que agregar. sigiiiciido Ir litira de las c i > i i c ~ p r i udr~ ~6~. C.iiillrwsr. la rs-
Iprisicióti de J. Stcf.iliiiii, 1.4 viii\ I>ro~ioii>iriilc
cri ;iiac,cir ct FII rgtr>!en trilnl<ai~(1962)-
P I ~ 97-102.
.
La intención descriptiva nos exigía proceder, a la iiivcrsa dc
los dos lingüistas citados, por deliniitacióii de los rasgos distin-
tivos, e41 la sincronía de iiiia sola y niisiiia leiigua. Estiidiaiiios
II~ICS las relaciones de auxiliaridad en el vcrbo francés iiiodcriio.
Es iiiiportaiite fijar desde el priiicipio la teriiiiiiologia. cii
parte iiucva, que aplicanios a los eleiiiciitos cii ciiestibii. Nos
ociiparciiios dc un proceso lingüístico, la uuxiliucióit, que coii-
sistc eii la unibii siiitagmática de una fornicr uuxiliurzte y dc iiiia
forilia uuxiliada o, más brevemente, de uii uuxiliai~fey dc iiii
uiixiliudo. Será evitada la expresión "verbo auxiliar".
Esta unión produce una foma verbal de estructura biiioiiiial
<iiixiliuiite+ auxiliado de orden invariable, cuyos elciiiciitos
~xicdciiser disociados por inserción.
La foriiia creada por auxiliación se opone, por iiiarcada, a
iiiia fornia verbal siniple, no auxiliada.
Hay trcs tipos de marcas distintivas, que defiiicn trcs clases
dc ausiliación, caracterizada cada una por una oposicióii dife-
rciitc dc igual foriiia siniple:

11 il fruppe
7 1 il frappe
3 ( il frappe
--- il u fruppé
i[ est frappé
il peut frapper.

Soii estos trcs aslicctos de la auxiliacióii los que tenemos que


dcscribir succsivaiiiciitc. Los llamarenios:

11 aiisiliaciOii de tciiiporalidad
7 ( aiisiliacióii dc diátcsis
3 ( aiisiliacibii dc iiiodalidad.

Idciitificaiiios la uiixiliución de teinporalidud con la forma del


~>crfccto:"il a fralili"; "il cst arriví.". IJor siil>ucsto, cl ~icrfecto
i i i i cs so1;iiiiciitc iiii ticiiilio. pero es taiiil~iCiiiiri ticiiipo, !, aiiii
11, es c;ida ~ c ziiiis cii la Iciigiia li~iblada..qiic siistitii~,~ cl prc-
r i t o o el ~icrfccto.I'iicdc ~>iicsiiicloirsc ~c~ítiiii~iiiciitc el
1 RZ FIINCIONCS SIN.I..~CTI<:AS

rcaliza por iiicdio de dos aiisiliaiites. avoir y ktre, que cstiri eii
distribuci<iii co~~iplciiiciitaria."
Avoir sirvc cii Iü graii iiial-oría, de Iiccho cii la gcrieralidad
de los casos; dtre cii iiii iiiiiiiero restringido de verbos. iiiios \,ciii-
tc cii total.
" l c i i e iiitcrés. a caiisa. iii mis iii nicnos, de su carictcr de cx-
ccpcioncs, dcfiiiir lo qiic parece particiilar a esos vcrbos para
que pidaii cl ausiliantc etre. Se enuiiicraii cii scguida: aller,
i,enir. deveiiir, intervenir, siirveiiir, retouriier, accourir, partir,
arriver, rester. entrer, sortir, iiaitre, éclore. iiiourir, décéder, tom-
ber, échoir, iiioiiter, descendre.
Estos verbos son iiitraiisitivos y de la esfera persoiial. Dcrio-
taii iiioviiiiiciitos iiistantáiicos y de pura efectiiaciOii, que ca-
rcceii dc diiración v cle porcciiir, cuya rcalidad coiiicide coi1 sil
realizacióii, que ;lo pucden proseguirsc siii iicgarsc: naitre y
inotirir. eiitrer y sortir: otros tantos uiiibralcs traspuestos, des-
piiésdc los cciales cl acto desaparece y deja lugar al cstado que
eiiiincia el perfecto. Uiia l-cz realizado el "iiaccr", sc "est né"
v ya iiada .caiiibiar:i las cosas. "Partir", "llegar", apenas efcc-
tuados. sc "cst parti, arri\.&". v esti dicho todo. Uiia vez que
se "cst vciiu" iio piiedc contiiiiiarsc viniendo. Eii tanto que
courir ticiic por auxiliaiitc "avoir", accourir sólo adriiitc "btre":
cs que sigiiifica "i.eiiir cii coiirant". Este nioviiiiicnto iio puede
s m scr dciioiiiinado cii el piiiito eii que sc coiisiiiiia; iio Iiav iiiás
alli. Sc obscr\)ari quc iiiiiguiio de estos verbos puede ciiiplcarse
cii el prcsciite diirativo, siiio iiada iiiás cii el presente dc dcfi-
iiicióri o cii el prcseiitc liistórico. Rfonter y desceitdre no son
cxcepcióii cii sir valor estricto, quc es enuiiciar coiiio efectuacióii
iiistaiitáiiea el iiiovimieiito hacia arriba o Iiacia abajo. Pero,
eii el uso. soii ciiiplcados tanibién para describir el proceso dc
r,
ascciiso o dc dcscciiso, eii tal caso puedeii ir acoriipaíiados
dc iiii tí.riiiiiio de cxtensioii espacial. No es uiia casualidad que
sc iiitroduzca ciitoiiccs uiia sitiiacióii flotaiite en la elección del
aiixiliaiitc: "il est iiionté" y "il a monté trois étagcs"; "il est
dcsceiidii" y "il a dcsccndii la pentc".
'I'oclos los dcniás vcrhos ticiien el aiixiliaiitc "avoir", sean o
"I > c p r c ~ ayui
~ ~ s de lado. piir iii<liferin~cdesde el punto dc \,isla dc l a au~iliari6n.
Id cuoti&i dc los verbos que puedcii admitir étre a avnir con ligeras \,ariacioncr de
sentido (Ir lirre erf p r u l a pariil. Todzr 91. qraniiticas l a trataii.
FSTRIJCTURA DE LAS RELACIONES I1E AUXII.IARIDAD 183
iio transitivos, tanto &tre coino {dire; tanto exister o vivre como
inurlger o couper.
El papel distintivo de cada uno de los dos auxiliantes podrá
ser definido así:
"el perfecto con avoir indica la operación como adquirida;
'el perfecto con 2tre indica la situación como adquirida.
Por "situación como adquiridam entendemos que cierta situa-
ci61i está establecida, como consecuencia de la efectuación de
1111 nioviniiento que tiene necesariamente por resultado dicha
situación.
Podrá sorprender que un verbo como 2tre esté comprendido
entre los verbos con auxiliante moir. Pero aparte de que la des-
proporción nuiiiérica entre los dos auxiliantes debe llevar al te-
rreno de uvoir una variedad niuclio más grande de especies ver-
bales, hay una razón específica para que el perfecto de &re
ten&$el auxiliante avoir; es que excluye el auxiliaiite dtre. Este
principio será indicado más adelante, pp. 1934.
Están, por lo demás, provistos de dtre en perfecto los verbos
cxclusivaniente reflexivos se souvenir, s'élancer, s'éprendre: "il.
s'est souvenu, il s'est élancé, il s'est épris", y por extensión aque-
llos verbos transitivos que admiten por objeto el pronombre
reflexivo: "il a blessé: il s'est blessé"; "je I'ai jeté: je me suis
jeté", y con valor recíproco en plural: "ils les ont battus: ils se
sont battus".
Ahora tenemos que analizar el juego del auxiliante y del
auxiliado en la producción del perfecto.
El fenómeno típico, del todo singular, de la auxiliación de
teniporalidad consiste en la escisión de una forma verbal en
dos unidades autónomas y en la repartición subsiguiente de las
funciones entre las dos.
Si estas dos unidades son. coniplementarias, ¿de qué manera
lo son? Vinios antes la concepción de TesniCre (la de Guillaume
no difiere esencialmente de.ésta), para quien el auxiliar porta
el iiiorfema, y el auxiliado el semantenla. Tal es por lo demás,
a grandes rasgos, la explicación que dan las gramáticas del "tiem-
po comp~iesto". Esta dicotomía rigurosa es un tanto sumaria y
nos parcce inadecuada. Las relaciones reales resultan ante el
exaineii ser más complejas, y deben ser sistematizadas de otra
iiianera.
184 FUNCIONES S I N T ~ C T I C A S

Claro está que il a; auxiliante de il a chanté, indica la perso-


na y el número, accesonamente el género de la persona gracias
al pronombre. ¿Puede afirniarse que enuncia el tiempo? Car-
garía entonces, en efecto, con la tatalidad de las funciones ver-
bales, salvo el sentido. Pero este postulado admitido por doquier
nos parece insostenible. II a no indica por sí mismo más que
un tiempo: el presente. Pero como auxiliaiite forma el perfec-
to. Es una verdadera mutación. ¿Cómo va a ser concebible tal
mutación si todas las funciones morfológicas están concentra-
das, según se enseña, en el auxiliantc solo? ¿Por qué magia la
proximidad del auxiliado, si no es más que semantema, tras-
forma el presente en perfecto? Aquí está la auténtica cuestión,
que no ha sido discutida ni, se diría, advertida.
Con todo, es claro que esta mutación fuiicional del presente
il a a auxiliante de perfecto sólo es posible en virtud de la auxi-
liación. Sólo la unión sintagmática de il a con chanté hace del
presente de avoir el constituyente de un perfecto. Hay que ad-
mitir sin remedio, entonces, que el auxiliado chanté no es so-
lamente semantema; también es portador de una parte de la
función gramatical. Pues, a fin de cuentas, el papel de seman-
terna en el sintagma no exigía la forma específica del participio
pasado. Aparentemente esta forma del auxiliado era necesaria
para que pudiera consumarse en el sintagma el valor de perfec-
to, puesto que en otros tipos de auxiliación el auxiliado tiene
otras formas.
Se diría pues que el auxiliado debe ser reconocido como bi-
funcional. A más de su función paradigmática, que consiste en
garantizar el vínculo semantico con el verbo, desempeña una
función sintagmática complementaria de la del auxiliante. Auxi-
liado y auxiliante coadyuvan en este proceso.
A la inversa, ¿puede ser considerado el auxiliante como en-
cargado de una función exclusivamente gramatical? Semejante
definición no nos parece agotar su papel. Verdad es que porta
las marcas flexionales del perfecto. Pero no es indiferente el
que sea moir y no otro verbo el que haya sido escogido para
auxiliante del perfecto activo. Su sentido propio debe intervenir
asimismo.
De esta observación sacaremos una conclusión que sólo en
apariencia es ~a~adójica: es en realidad en virtud de su sentido
BSTRUCTURA DE LAS RELACIONES DE AUXILIARIDAD 185
como el auxiliante, y en virtud de su forma como el auxiliado,
se completan para realizar el valor propio del perfecto.
De esta suerte, el examen del papel que hay que asignar a
los dos mienlbros del sintagma de anxiliación temporal nos lle-
va a introducir una distinción entre 11 la función propia de cada
uno de ellos; 21 la función de su suma.
El auxiliante avoir (etre) tiene como cosa suya la función de
flexión: porta en cierto modo las desinencias e indica la perso-
na, el número, el modo, la voz.
El auxiliado (participio pasado) tiene como cosa suya la
función de denotación: identifica léxicamente el verbo, del cual
porta en cierto modo el radical.
Mas sólo la suma del auxiliante y el auxiliado, que asocia el
sentido específico del auxiliante a la forma específica del auxi-
liado, garantiza la función de temporalidad y produce el valor
de perfecto. La auxiliación de temporalidad es así el procedi-
miento de auxiliación que confiere a la forma verbal compuesta
que resulta el rasgo distintivo de "hecho adquirido" que carac-
teriza el perfecto.
En sunia, el papel y la relación de las unidades conjuntas pue-
den definirse así:
El perfecto es la forma temporal escindida en dos unidades
autónomas y separables, la primera de las cuales, llamada auxi-
liante, porta las desinencias en la forma flexionada del verbo
avoir (itre), y la segunda el sentido léxico del verbo con la for-
ma fija del participio pasado; la unión del auxiliante y el auxi-
liado produce el valor específico de "hecho adquirido".

El propio auxiliante avoir puede ser sede de un proceso de auxi-


liación, merced al cual se desdobla sin dejar de ser auxiliante.
Es lo que ocurre cuando avoir se vuelve avoir eu + participio
pasado. Así il a chanté produce la forma nueva il a eu chanté,
cuyo empleo está prácticamente limitado a las proposiciones
circunstanciales: "quand il a eu chanté, je suis parti".
Es cosa, pues, de una escisión del auxiliante "il a (chanté)"
a "il a eu (chanté)", que produce una auxiliación de segundo
grado. Hablaremos en este caso de sobreauxiliaci6n. Hay que
advertir que il a en "il a (chanté)" y il a en "il a (euxhanté)"
no tienen la misma forma, por iio perteiieccr al iiiismo iiivel. Dis-
tinguiremos el primero como il ai auxiliantc, y el scgundo coiiio
il az sobreauxiliante.
A este desdoblamiento de estructura corrcsponde u11 dcsdo-
blainiento de función: "il a eu (chanté)" dificre de "il a (cliaii-
té)"' por la noción de una consumación previa que crea 1111 ni-
vel de anterioridad lógica; es uii discordaiicial del pcrfccto.
Para situar relativamente cada uno de los dos niveles de auxi-
liación, puede decirse quc el auxiliante "il a (chaiité)" indica
el hecho adquirido, y que el sobreaiixiliante "il a eu (cliaiitb)"
subraya la noción de "proceso acontecido". Represeiitarcnios
estas relaciones mediante el esquema siguiente:

il chanté

donde il a es auxiliante de eu y forma con él 1111 sobreauxilian-


te il- del auxiliado chanté. Resulta así quc la sobreauxilia-
ción afecta al auxiliante pero no al auxiliado; iio liay "sobrc-
auxiliado". Por lo demás, sólo avoir es susceptible de tornarse
sobreauxiliante, nunca dtre, en virtud de uii principio de in-
compatibilidad: el auxiliante dtre no admite como auxiliado ni
el participio de dtre ni el de avoir.

El haber descrito detenidamente la auxiliacibii de teniporalidad


nos ahorrará un despliegue parecido en la auxiliación de diátesis,
que es la de la forma verbal pasiva.
No estiidiaremos aquí la naturaleza del pasivo (vasto tenia
que es ajeno a nuestro propósito), sino la estructiira de la auui-
liación en él. Nos basta con caracterizar esta diátesis conio la
de la "acción sufrida".
Si, desde el punto de vista lógico, el pasivo es la forma coii-
versa del activo, no deja por ello de presentar en su forma lin-
ESTRUCTURA DE LAS RELACIONES DE AUXILIARIDAD 187
güística en fraiicCs una particularidad que carece de todo aná-
logo en activo: se trata prccisaniente de la auxiliación. No ha,,
foriiia pasiva quc iio sea realizada por medio de la auxiliació".
.\hora, eiitrc la auxiliación de diátesis y la de temporalidad exis-
te11 por xiecesidad relaciones formales y funcionales estrechas.
bI: problema es dcsenmaraiiarlas.
La auxiliacióii de diátesis, manifestada por la oposición acti-
vo/pasivo, tiene por característica formal el auxiliante &re aso-
ciado al participio pasado del verbo auxiliado.
La auxiliación de diátesis está ella misma sometida a la auxi-
liación teinporal: una forma pasiva puede ponerse en perfecto,
y participa cntonces de ambas auxiliaeiones. Pero las dos auxi-
liacioiies lio se realizan en el iiiisrno nivel del paradigma fle-
xional. Su realización es disimétrica.

1] La auxiliación de diátesis comienza un grado más arriba


que la auxiliación de temporalidad. No hay simetría entre "il est
frappé" y "il a frappé".
La foriiia "siniple" de auxiliación de diátesis es la del pre-
sente: "il est frappé", pasivo de "il frappe". Esta forma de pre-
sente pasivo "il est frappé" coincide materialmente con la del
perJecto iiitransitivo: "il est arrivé". En realidad, "il est arrivé"
está eii el nivel del perfecto activo "il a frappé". Y la forma pa-
siva correspondiente a "il a frappé" es una forma de doble au-
xiliación "il a été frappé". Se aprecia pues que hay disimetría
inicial:

presente il frappe
perfecto il a frappé
--
il est frappé
il a Qtéfrappé.
De modo que la forma básica del verbo pasivo es una forma
biiiomial "il est frappé", donde est debe ser considerado como
diferente del est de "il est arrivé". En "il est anivé", est carac-
teriza diferencialmente, conio auxiliante de perfecto intransiti-
\,o, una clase de verbos (tales como aller, venir, etc.), por opo-
sicióii al auxiliante a del perfecto en multitud de otros verbos,
traiisitivos o intra~isitivos(prendre, voler, vivre, etc.).
Esto lo confiriiia la flexión del pasivo: construida con un
presente est, comprende una au~iliacióntemporal de perfecto
coi1 el ausiliaiite avoir: así "il a été frappé". Sc vcii aqiii dos aii-
siliacioiics siiii~iltiiicas: la aiisiliacióii de tciiiporalidad il a été
auiiiciitada coii la aii\-iliaci011dc cli~itcsispor adicibii del parti-
cipio aiixiliado frappé. La foniia de pcrfccto pasivo il a été frop-
pé periiiite piics distiiigiiir dos plaiios de ausiliacióii:
teiiipor~iidad:il ausi\iaiitc tciiiporal + été aosiliado
diiitcsis: ii a été aiisiliaiitc diatético +
fruppé auxiliado.

II] Lu auxiliacrón de didtesis se detiene u11 grado rlitis arriba que


la auxiliacióil de telnporalidad.
Eii cfccto, la ausiliaci6ii de tciiiporalidad. coiiio se Iia visto.
al~arcados grados cii pasado: "il a frzippí." y "il a cii frapp6".
El priiiicro, "il a frappé". se coii\ziertc cii pasi\,o. "il a été frap-
pi." l'cro "il a cu frappé" iio cs coiit.crtiblc cii pasivo: sciiic-
jaiitc foriiia dc pasivo Iiuhicra csigido dos participios siniultá-
iicos. iiiio de avoir para la aiixiliaci6ii d c tciiiporalidad, otro dc
2tre para la de diátcsis. Esta cxigeiicia es coiitradictoria.
Una vez que el pasivo se coiistitiiyc por el siiitagiiia 2tre +
pJmopio pasado. cl paracligiiia del aiisiliaiitc qiicda fijado dc
cabo a rabo. La coiijiigacii,ii ciitcra del pasivo será idéiitica a la
coiijiigacihii dc &re si11 variaci011 iii cxccl\ci<iii.
Piicdeii piics scr cstahlccidas dos rcglas dc corrcspoiidciicia
eiitrc cl activo Y el l,asivo qiie pcriiiitcii prcdecir la cstriictiir;i
de la aiisiliaciúii cii cl pasivo:
11 14 todos los ticiiipos siiiiplcs ( = n o auxiliados) dcl activo
corrcspoiidcii CII l>asivo ticiiil>os coiiipiicstos coi1 la foriiia siiii-
-
fruppé; iI frapperu -
plc clel auxiliaiitc &re. Sc tciidfií pucs: il fruppait
il scra frappé. ctc.
il étuit

21 h todos los ticiiipos del activo coiiipucstos coi1 la foriiia


siiiiple del auxiliaiitc ai~oir correspoiidcii cii pasivo tieiiipos
coiiipiiestos coi1 el aiixiliaiitc moir été. Se teiidr'í pucs: il a frap-
pé - il a été frdppé; il aiirait frappé - il aiirait été frappé. ctc.
Las otras \,ariacioiics posihlcs cii la cstructiira dcl pasivo dc-
pciiclcr:iii dc la coiiibiiiaci611 dc la auxiliacitiii clc diítcsis coii
la aiixiliacií~iide iiiodalidad. a la cual pasaiiios alior;~.
l S l N l l C 1 ' U R A 111; 1.AS NEI.ACIONI;S Dli AOXILIANIDAD 189
111

Ilav aiitc todo qiic lcgitiiiiar la categoría de la iiiodalidad.


Eiiteiidciiios por iiiodalidad una aserción coiiiplciiiciitaria
qnc ataiic al ciiuiiciado de una rclacióii. Eii tanto quc catego-
ría lógica, la iiiodalidad coiiiprciidc 11 la posibilidad. 21 la iiii-
lx~sibilidad, 31 la necesidad. Estos trcs "iiiodos" no coiistitii-
\cii sitio dos dcsdc cl punto de vista liiigiiístico. cii vista de qiic
la iiiiposibilidad iio tietic cxprcsióii distinta y sc cxprcsa por la
iicgacióii dc la posibilidad. Dc iiiaiicra quc posibilidad y iiecc-
sidad soii dos iiiodalidadcs priiiiordialcs, taii iicccsarias cii liii-
güistica coiiio en lógica y que iio Iiay razón liara discutir. Oiii-
caiiiciite sc tciidrá cuidado de distiiigtiirlas de los "iiiodos" ad-
iiiitidos tradicioiialiiicntc cii graniática cii la iiiorfología dcl
vcrbo (subjuiiti\~o,cte.) .'"
La categoría lingüística dc la iiiodal~dad coiiiprciidc aiitc
todo los dos vcrbos pocivoir v devoir. Por aiiüdidura, la lciigua
ha extendido la fuiicióii iiiod~lizaiitca otros \~crboscii parte dc
sus usos y iiiediaiitc la iiiisiiia cstructiira dc auxiliacióii; priiici-
paliiieiite: uller, voiiloir, frilloir. désirer. espérer. l'cro a clifcrcii-
cia de la teiiiporalidad y la diatesis. la iiiodalidad iio foriiia par-
tc de las categorías iieccsarias y constituti\,as del ~iaracligiiiaver-
bal. Es coiiipatible con la tciiiporalidad coiiio coi1 la diátcsis en
cada una de las foriiias \serbales.
La auxiliacióii de iiiodalidad sc ca~ictcrizaforiiialiiiciite por
la estructura biiioniial. El priiiier t&riiiiiio cs la foriiia flexio-
nada del auxiliante; el seguiido, el iiifiiiitivo del verbo auxi-
liado: "il peut arriver"; "je doia sortir".
1 Estos dos verbos, rnodalizaiites por excclericia, pouvoir, de-

voir, no tieneii otra coiistruccióii. Eii cuanto a los deniás vcrbos,


iiiodalizantcs en ocasiones, se coiistruvcn así cuaiido el siijeto
-explícito- del atixiliaiite cs idéiiticó al sujeto -iiiiplícito-
del auxiliado: "il a voulu chonter". Si el sujeto del auxiliado es
diferente, el infinitivo es reniplazado por una proposición su-
bordinada: "il a \-oulu que je chante". El verbo cesa eiitoiices
de ser auxiliante.
190 F U N C ~ O N F S SINTÁCTICAS

En virtud de que la auxiliación de modalidad se aplica a toda


forina verbal, se aplica necesariamciitc también a foriiias ya
auxiliadas por auxiliantes de temporalidad o de diátesis. Estas
dos situaciones de auxiliación y de sobreauxiliación scráii con-
sideradas sucesivamente.
La auxiliación de modalidad tiene por criterio la eonvcrsií,n
de la forma personal del auxiliado en una for:iia de infiiiitivo:
"Pierre chante" se convierte en "Pierre peut (doit) chanter".
De lo cual se sigue que el infinitivo es la forma rnodalizada del
verbo, principio que acarrea varias consecuencias de las que no
podemos ocuparnos aquí. El verbo auxiliado no representa sola-
mente un semantema, contribuye por su fornia morfológica a la
auxiliación de modalidad que el auxiliante garantiza por su sen-
tido léxico y su forma temporal.
Esta conversión se produce también cuando el verbo modali-
zado está en un tiempo que requiere la auxiliacióii de tempo-
ralidad: "Pierre a chanté" se vuelve "Pierre peut (doit) avoir
chmté".
Pero la auxiliación de modalidad comienza un grado ntás
arriba la auxüiación de temporalidad, puesto que es posi-
ble cbn una forma verbal siniple; no auxiliada, coino "Pierre
chante" que se convierte en "Pierre peut chanter". E n la auxi-
liación de modalidad la forma primaria es "il peut chanter"
correspondiente a "il chante", e n tanto que, eii la auxiliacióii
de temporalidad, la forma primaria es "il a clianté", que se vol-
verá "il peut avoir chanté". A la inversa, la auxiliaciótt de mo-
dalidad se detiene un grado más arriba que la auxiliación de
temporalidad. En tanto que "il a chanté" se torna "il peut avoir
chanté", el giro sobreauxiliado "il a eu chaiité" no es susceptible
en lo más mínimo de recibir tina forma modalizada.
Para describir el funcionamiento de esta auxiliación de mo-
dalidad, partiremos de dos observaciones preliminares:
11 El auxiliante de modalidad es uii verbo de ejercicio pleno.
que tiene su ~aradigniacompleto: je peux, vous pouviez, nous
pourrons, etc., contando formas temporales auxiliadas: fui pu,
il aura pu, etc.
21 La forma auxiliada de modalidad. siempre en infiiiitivo,
es susceptible de una variación temporal, y de una sola, por aii-
xiliación con avoir; el auxiliado será pues o un infiiiitivo preseii-
I<S'I'RUc?UKA Dk: LAS REI.ACIONES DE AUXILIARIDAD 191
tc, chanter, o 1111 infinitivo pasado, avoir chanté. En este último
caso, coiiio se ha de ver, se trata de una sobreauxiliación.
Dicho esto, pueden ser analizadas las relaciones entre auxi-
liante y auxiliado de modalidad. En principio el auxiliante de
iiiodalidad asuxiie el coiijunto de las funciones flexionales (tieni-
po, iiiodo, persoiia) del auxiliado. Se presentan dos casos, se-
gún la situación temporal del auxiliado:
a] cuarido el auxiliado es una fornia simple, es convertido en
iiifinitivo, y todas sus marcas flexionales son trasferidas al au-
xiliaiite:

il chante -, il peut chanter


il chantait + il pouvait chanter
il chantera + il pourra chanter, etc.

b] cuando la modalización se aplica a una forma temporal


ya auxiliada, se produce una sobreauxiliacióii: es el auxiliante
de la forma temporal el que se convierte al infinitivo, y avoir
( o &re) se vuelve el coiistituyente teniporal del sobreauxilia-
do de niodalizacióii:

"il a chanté" se convierte en "il peut dvoir chanté".

Conviene distinguir "il peut avoir chanté", foriiia sobreauxi-


liada de "il a chanté", del sintagma "il a ~ I Jchanter" y aun
"il a pu avoir chaiité" donde es solaniente el auxiliante de mo-
dalidad el que está en juego y despliega libremente las posibi-
lidades de su paradigiiia propio. En "il a pu chanter" no tene-
iiios la conversión de uiia foriiia no modalizada, sino una de
las variaciones teniporales dc "il peut chanter" resultante de
que el auxiliante de modalidad adinite él mismo la auxiliación
tcinporal: "il a pu (avait pu, aurait pu, etc.) chanter".
En todcs los casos, iiisistiiiios, el auxiliado no es sencillamen-
te Un semaiiteriia. Contribuye también, por el hecho mismo de
adoptar la forina del iiifinitivo, a la expresión de la modalidad.
Del todo análogas son las relaciones dc la auxiliación de ino-
dalidad con la de diátesis, en lo que concierne al auxiliado. El
pasivo "il est chaiité" se convierte en "il peut dtre chanté", y
"il a été chanté" en "il peut moir dté chanté". El auxiliante
LSTRUCTURA DE LAS RELACIONES DE AUXILIARIDAD 193
liantes tiene por otro lado su sentido pleno y otras construc-
ciones. Por ejemplo, croire, denota la convicción y admite un
régimen directo ("je vous crois, je prois cela") o indirecto ("je
crois d . . ., je crois en. . . "), gobierna una subordinada ("je
crois que.. ."). Es con valor debilitado (= "me parece
que. . .") como ie crois sirve de auxiliante, en "je crois vous com-
prendre"; "je crois poiivoir affimier q u e . . ." Tampoco deja
de ser interesante apreciar que basta que un verbo entre
en la esfera de la modalización por atracción o generalización
para que adquiera la característica de los modalizantes, la de
tener un auxiliado en infinitivo. Sobre el modelo de "je dois
pouvoir" se hace "je crois pouvoir", que eiigendra "je pense pou-
voir. . . , j'estime pouvoir. . ."; y a partir de "je dois párler" se
hace "je veux, je désire, je souhaite parler". Todo verbo que
asume la función modalizante asume al mismo tiempo un in-
finitivo auxiliado.
Distinguiremos pues modalizantes de función, esencialmente
pouvoir y devoir, y modaiimntes de suposición, tales como vou-
loir, désirer, savoir, faire, etc., según excluyan o no la construc-
ción con el infinitivo auxiliado. Esta distinción eiitre las dos
categorías de modalizantes es susceptible de variar eii funcióii
de las épocas y de los estados de la lengua.

Para concluir estos análisis podenios asentar tres reglas rclati-


vas a la estructura formal de la auxiliación.
En priiiier lugar: el prii~cipiode iio reflexhidad de la fun-
ción auxiliai~te.Significa quc ningún aiisiliaiitc puede aiisiliarse
a sí iiiisiiio. Hay que verifica; cstc principio cii cada uiia dc las
tres categorías dc aiixiliacióii.
a] En la auxiliación de temporalidad' se presenta eii el acto
iiii ejeniplo en contra, y sólo uno: "il a eu", donde el niismo
verbo "avoir" es auxiliante y aii\-iliado. Pcro cstc atialisis tradi-
cjoiial procede de uii puiito dc vista iiicsacto. Eii "il a cii"
el auxiliado eii proccdc de avoir coiiio vcrho lihrc cqiii\alciitc a
"poseer" ("il a e11 dc la fortuiic. uiic propriktb"), iio dc avoir
194 FUNCIONES SINTACTICAS
auxiliante; y en la sobreauxiliación temporal "il a eu chanté"
eu es en realidad un segmento del sobreauxiliante il a eu, no es
auxiliado; s61o chanté es el miembro auxiliado. De manera que
en el primer caso, "il a eu une propriété", el estatuto de il a-
y el de eu son diferentes y las dos formas no tienen en común
mes que el pertenecer al mismo paradigma verbal; en el segun-
do, "il a eu chanté", eu pertenece al sobreauxiliante ante chan-
té, único auxiliado, y en su plano. Parece así que ninguna forma
verbal puede, sin contradicción lógica, tomarse a sí misma como
auxiliante temporal.
b] En la auxiliación de modalidad pasa lo mismo: "*il doit
devoir", "*il peut pouvoir" son igualmente imposibles. La úni-
ca cuestión será la de los cuasiauxiliantes como aller, ya que el
uso admite "il va aller". Pero aparte de que il va está, con esta
función, restringido de hecho al presente ("il allait aller" es
evitado, y todo tiempo o modo distinto es imposible), debe
aplicarse a "il va aller" la misma observación que antes a "il
RU"; il va cuasiauxiliante no tiene el mismo estatuto que aller
como verbo libre: "il va aller i I'école" contiene un cuasiauxi-
liante de inminencia il va que es tan distinto en realidad de
d e r como lo sería de cualquier otro verbo pleno, por ejemplo
de manger en "il va manger".
c] En cuanto a la auxiliación de diátesis, ni siquiera puede
concebirse cómo el auxiliante il est-, il a été- podría auxiliarse
a sí mismo.

El segundo principio es que ningún auxiliante admite la auxilia-


ción de di8tesi.s. Significa que un auxiliante no puede ser troca-
do en forma pasiva. Esto es fácil de verificar en los casos de
&re, avoir, pouvoir, devoir, etc. No estará de más recordar que
nuestro análisis se aplica al francés y puede no ser válido para
otras lenguas. Por ejemplo, el sánscrito sak- "poder" admite las
dos series de desinencias, activa y media.
Inclusive en francés no tenemos en cuenta giros antiguos,
caídos hoy en desuso, tales como se pouvoir en una construc-
ción como: "Ce champ ne se peut tellement moissonner/que
les derniers venus n'y trouvent a glaner" (La Fontaine).

El tercer principio es el de la no reversibilidad de la relación


ESPRUCTURA DE LAS RELACIONES DE AUXILIARIDAD 195
auxiliante : auxiliado. Un auxiliante se vuelve el auxiliado de
un sobreauxiliante, nunca al revés. Es éste un principio que por
naturaleza se verifica sobre todo en la diacronía, pero que taúi-
bién tiene su importancia en sincronía, en virtud de que se ob-
serva, en la vida d e una lengua, tendencia a crear nuevos auxi-
liantes.
14. EL ANTONIMO Y EL PRONOMBRE E N FRANCÉS
MODERNO '

El francés tiene, como es sabido, dos series de pronombres per-


sonales, la serie ie tu iI, la serie moi toi lui.
La relación entre las dos series exhibe aspectos sumamente
complejos y sólo puede ser elucidada si se define con claridad
el estatuto de cada una de ellas. En el estado actual de la in-
vestigación no puede darse por cumplida esta condición previa.
La mayoría de los autores recurren a una presentación histó-
rica de las dos formas y hablan de caso sujeto y de caso régi-
men, de fonna átona o débil ie y de forma tónica, acentuada o
fuerte moi. Quienes desean caracterizarlas en el uso actual
subrayan e1 valor de "insistencia" o de "relieve" propio de moi
en relación con ie. Nadie dirá lo contrario, pero semejante va-
lor no es sino un efecto, no una causa; resulta de una función
sintáctica que no se ha tenido el menor cuidado de deslindar.
Una definición que ha sido utilizada con bastante amplitud en
años recientes %S la de Pichon y Damourette, que oponen je,
"
persona tenue" a moi "persona guarnecida"? Estos tkrminos
cubren la misma concepción, estilística o impresiva, con la cual
solemos confonnamos, y carecen de mayor alcance. Tal distin-
ción sólo sería aceptable si hubiera libre elección y posibilidad
de intercambio entre las dos series de pronombres en las mis-
mas posiciones. Esto nunca pasa, como es sabido; je' y moi no
' Bulktin de b Sociétd de Linguirtique
- . de Parir. C. Klincksicck, t. LX (1965). fue.
1, pp. 71-87.
' Por ejemplo, Dnuzat, Gramn~aire nisonnée de la tangue tran~aiw, 1947, p. 267.
E m i de grammairc de b bngue I r a n ~ a k , VI. p. 254: "Defimuior empeirond-
niente tenue el que re expresa por el aglutinatiw, criipersonalmcnte guarnecido d
que se expresa por cl independiente.
"El emprnan#liiimte tenue reduce la p m n a a lo que hace su esencia gramatical
esencial.
"Cuando, al contrario, es considerada la pcrrona, a en rdaribr c m el rnundo
exterior a intmpctivamente, como un panoniiia coniplejo, aun coino una
global que reinplazar en otras eircunrtanciaa una niasa global de otra permna
gramatical, re expresa por el indcpmdiente; es el ~ m ~ ~ ~ ~ a n i guarnecido.
iento que
deja t d n su amplitud a la pcrsonalidnd de la persona."

11991
200 EL HOMBRE EN LA LENGUA

nueden nerniutarse en ningún


" caso.' En' vista de ello. hablar de ~~~ ~~~ ~

"persona tenue" o "guarnecida" no pasa de disfrazar de noción


psicológica una realidad lingüística insuficientcnlente descrita.
~ a d a pues,
, puede dispe&arnos de examinar la distribución
respectiva de los dos pronombres je y moi.

De la serie je hay poco que decir: es la forma siempre unida del


pronombre, innlediatanlentc prepuesta a la forma verbal en
la aserción, pospucsta en la interrogación. Fuera del imperativo
y las formas nominales del verbo, ninguna forma verbal es sus-
ceptible de uso sin pronombre; en la tercera persona, el pro-
nombre personal siempre es permutable con un sustantivo, un
nombre propio o un pronombre de otra clase ("11 vient. - Ln
nuit vient. - Pierre vient. - Qui vient?").
El cmpleo de la serie moi, serie del pronombre autónomo,
comprende variedad mucho mayor. Hay que enumerar sus ca-
racterísticas:

I ] Este pronombre designa la persona sintáctica y puede,


' Aqui contradecimos expreramcnte a Pirhon y Damourette, op. cit., p. 253, S 2311,
quienes estiman que "cn niuchar dominios hay competencia posible de exprcri6n en.
tre uiio y otro órdenes de pronombre$ personales". (Qué pruebas presentan de esta
sorprendente afirniaeibn? Están en el S 2312, donde empiezan por remnocer que "el
abajamiento se exprcra ciertamente del moda más natural mediantc lar aglutinativor",
es decir por la serie je, tu.. .. ej.: "11 fut captif.. .; je ne vour contrainr par.. .",
pcio, afiadoi, "el abajainiento puede cxprerarre también por medio de los .indepen.
dienta", ej.: "Vdentin nous avait invités i diner, et nioi emmenair, naturellement,
Pollet et sa femme"; "Moi. qui ruis I'affaire et la mnnaio bicn, AL touo l a démoits
poui lui cn prler"; "Tu as bien fajt. mon garpn. dit M. de Coetquidan, avec un
~ n i s l n edont Pii et son neveu rerterent inmnsiinit~". He squi los tres ejemplos que
debm probar 18 "mmpetencia" que Pichon y Damaurette creen observar entre los
dos bdenes de pionoiiibrcs. El primero. ejeiiiplo onl. ennana de una persona de quien
no re indican ni el origen (iprovincima?) ni el grado de cultura: puede afirmarse
que "moi emrnenair" no w oye nunca; ci o un descuida sin trvcendencia o una des-
vbci6n individual. En el segunda ejemplo, igualmente oral: "n~oi,qui ruii i'affiire et
qui la mnnair, ni". hay por el contraria omiri6n de jc ante ai por empefio, fuera dc
lugar, de bicn decir y por falsa analogia de la mnrtiuceOn en que d ielstivo esti
separado dcl verbo, por ejemplo: "rnoi qui, dcpuk longtemps, avair pikiu ce qui cst
arriué.. ." Tainpom prueba nada; la menor comprobaci6n mostrará quc autoiiiltica.
mente todos lar infonnadores restablecen je delante del verbo: "moi qui mnnais
I'affaire. j'ai tous les B h e n t r . . ." Por último, d tercer ejemplo. esta vez tomado de
un texto escrito (Montherlant), m u n t n , al contrario, un ciiipleo en el que piecira.
mente no habla mmpetencia posible: "lui et son neveu" es d único modo de expre.
urw. Por lo d m l i , se trata de la tercera persona, cuyo comportamiento lintádim es
distinto (d. luego. p. 212). Puede mncluirse que no hay competencia entre las dos
x r i n pronoininaler.
como tal, emplearse solo: "Qui est la? -hloiM, O: "Moi, j'aime
marcher; lili non".
21 Admite una aposición identificadora: "moi, Pierre; moi,
le factcur".
31 Sirve de antecedente a un pronombre personal conjunta-
do que es el único que puede unirse al verbo: "moi, je pense
9,
que.. .
41 Sirvc de antecedente a un pronombre relativo: "moi, qui
suis. . .
2,

51 Sirve de forma predicativa: "C'est moi. - C'est moi qui


l'ai fait".
61 Sc combina con todas las preposicioncs: "a moi; chez
toi; avec lui", etc.
71 Se combina, por mediación de prcposiciones, con diversos
adjetivos: "digne de moi; parcil a toi".
81 Puede ir scguido de adverbios: "nioi aussi", y de ciertos
adjetivos: "iiioi-mdme; toi seul; nous autres; vous tous".
91 Se coordina, antepuesto o pospuesto, con otros pronom-
bres autónomos: "iiioi et toi"; con nonibres propios: "moi et
Pierre"; con sustantivos: "moi et mes amis".

Ninguno de estos rasgos puede ser exteiidido a je. La serie


autónoma y la serie conjuntada aparecen cn distribución com-
plementaria. Dificren en su comportamiento sintáctico y sus
capacidades combinatorias.
Ahora, los rasgos distintivos, funcionales y siiitácticos de la
serie pronoiiiinal autiiiioiiia reaparecen por entero en otra clase
de formas: la de los nombres propios.
El pronoinbre autónomo moi se comporta, se vea como se
vea, como un nombre propio. Pueden aplicarse al nombre pro-
pio todos los criterios que definen el pronombre autónomo y
verificar la homología funcional de estas dos clases.

11 E n respuesta a qui?: "moi", como "Pierre".


21 Seguido de una calificación apuesta: "moi, votre ami;
Pierre, votre ami".
31 Aquí pronombre y nombre propios se coordinan: MOI,
Piene; luego se ha de ver por qué,
41 Antecedente de relativo:"moi, qui. . .; Pierre qui. . .
9,
202 EL HOMBRE EN LA LENGUA

51 Función predicativa: "c'est moi; c'est Pierre".


61 Régimen de preposiciones: "avec moi; avec Pierre".
71 Combinable con adjetivos seguidos de preposiciones: "dig-
ne de moi; digne de Pierre".
81 Seguido de ciertos adverbios y adjetivos: "moi aussi; Pier-
re. aussi"; "moi sed; Pierre seul"; "moi-meme; Piene (lui-)
meme".
91 Coordinado con otros pronombres o nombres: "moi et
toi; Pierre et toi; moi et mes amis; Pierre et mes amis".

La interpretación que damos del estatuto de los pronombres


autónon~ostiende a constituirlos en una categoría homóloga
de la de los noiiibres propios, y sin embargo distinta. Cabe
precisar esta relación determinando la especie particular de
nombre propio que representa el pronombre autónomo.
Lo que de ordinario se entiende por nombre propio es una
marca convencional de identificación social tal que consiga
designar constanteniente y de manera única a un individuo
único.
A semejanza y a diferencia del nombre propio social, MOI
es, en la instancia del discurso, la designación áutica de aquel
que habla: es su nombre propio de locutor, aquel merced al
cual un hablante, siempre y solamente él, se refiere a sí mismo
en tanto que hablante, y entonces nombra frente a él a TOI y
fuera del diálogo a LUI.
Para este "nombre propio de locutor" que se realiza siempre
y solamente en el acto de habla y que todo hablante asume por
su cuenta personal, proponemos el tkrmino de antónimo: pro-
cede del gr. dvtow~iaque es el original traducido al latín por
pronomen. Aprovechando a la vez su situación "pronominal" y
su consonancia "onomástica", aplicamos este término de antó-
nimo a la serie autónoma de MOI como distinta del pronom-
bre le.
Los antónimos, como acabamos de mostrar mediante una
conlparación sistemática, tienen las mismas construcciones y
las mismas propiedades sintagmáticas que los nombres propios,
de los que son una variedad específica, propia de la lengua ac-
tualizada en el discurso. El hecho mismo de que el nombre
propio pueda unirse al antónimo (antes, p. 201) es una confir-
A N T ~ N I M O Y PRONOMBRE EN FRANCÉS MODERNO 203
mación de su simetría. Es en efecto muy significativo que el
antónimo admita una aposición identificadora tal como un
nombre propio: "MOI, Pierre". Los dos se completan: MOI.
nombre propio instantáneo de todo locutor, suirreferencia en
el discurso, antóninio; Pierre, nombre propio permanente de un
individiio, referencia objetiva en la sociedad, antropónimo. Esta
conjunción: "MOI, Pierre" definc el sujeto a la vez por su situa-
ción contingente de hablante, y por su individualidad distin-
tiva en la comunidad.
Al estatuto "oiiomástico" de los antóiiimos rcniitimos asimis-
mo una particularidad sintáctica de la 3a. persona. E n taiito
que MOI (TOI)exige sieiiipre ser relevado por je (tu) delante de
la forma verbal personal, I.UI puede ser relevado por il o unirse
directamente a la forma verbal: "MOI, j'ai parlé tout le temps;
lui n'a rien dit". No es cosa de licencia de uso, como parece
creerse, sino una doble posibilidad, igualmente lícita. El antó-
nimo LUI, ni más ni menos que los demás antónimos, se hace
seguir del pronombre: "TOI, tu as tout; LUI, il n'a rien". Pero
LUI, en tanto que se refiere a la tercera persona, puede, ni más
ni menos que un nombre propio, o un sustantivo, ser el susti-
tuto del pronombre: "LWI s a l est venu" como "PIERRE. seul
est venu". Así LUI pertenece a dos paradigiiias: como forma de
antónimo, al paradigma de los antónimos MOI, TOI; como seña-
lador de la 3a. persona, al paradigma de las formas permutables
que fungen de sujeto para una forma verbal de 3a. persona:
"il est venu", remplazable por "l'homme" o por "Pierre", y
también por "LUI".
Los antónimos y los pronombres son formalmente distintos
en las dos primeras personas del singular. En la 3a. del singular,
que conoce una distinción de género, parece comíin una forma:
LUI. Pero el examen revela que en el plano sincrónico sólo hay
homofonía entre el antónimo LUI de 3a. sg. masculino y el
pronombre lui complemento indirecto de los dos géneros: su
paradigma y su distribución hacen de ellos formas distintas
(cf. pp. 209-10).
En el plural de las dos primeras personas, antónimos y pro-
nombres tienen igual forma, ~ o u ys vous; en la 3a., ei mascu-
lino distingue el antónimo EUX y el pronombre ils, pero en el
femenino coinciden en ELLES.
204 EI. HOMBRE EN LA I.I;NCUA

Nos proponemos ahora describir las condiciones y las relacio-


nes de empleo de los antónirnos y de los pronombres cn fran-
cés moderno?
Se impone una observación preliminar, por el lado del csta-
tuto de cada una de las tres personas en las formas pronomina-
les que las repre~entan.~
l e es una persona única; tu es una persona única; pero il re-
presenta no importa qué sujeto compatible con su género y
número y, repetido en el mismo enunciado, puede remitir a
sujetos diferentes.
Por tanto:
I] je tiene un régimen directo, me, y sólo uno, pues je y me
remiten a la misma persona, única;
tu tiene un régimen directo, te, y sólo iino, pues tu y te renii-
ten a la misma persona, única;
pero il, que puede remitir a dos sujetos distintos, tiene dos
regímenes directos: se, cuando sujeto y objeto coinciden; le,
cuando sujeto y objeto no coinciden;
21 el pronombre objeto me, .que remite a la persona única
je, puede entrar cn relación sintagmática coi1 los tres pronom-
bres sujeto: je m e . . ., tu m e . . ., il m e . . . En efecto, el refc-
rente de me, por ser único, debe necesariamente ser el mismo
para nií y para los deniás (cs decir para ti y para él);
el pronombre objeto te, que remite a la persona íinica tu,
puede entrar en relación sintagmática con los tres pronombres
sujeto: tu t e . . ., je t e . . ., il t e . . . En efecto, siendo íinico el
referente de te, debe por necesidad ser el mismo para ti y para
los demás, es decir para nií y para él;
pero el pronon~breobjeto de 3a. persona no puede reiiiitir a
un sujeto único, puesto que el pronoiiibre sujeto il rcmplaza
a no importa qué nonibre propio o sustantivo, puede tener
dos referentes distintos o incluso funciona sin referente: "il
dit qu'il va partir" (=Pedro anuncia su partida); "il dit qu'il
va partir" (=Pedro anuncia la partida de Pablo); "il dit
0 En esta deicripcidn sincrdnica del usa actual no habrá ninguna referencia a un
estado mar antiguo del francés.
" Advertimos de una vez par todas que las observaciones hechas a continuación
acerca de lar formas del singular o ilurt-adai por ejemplos en singular valen tarnbiéii,
salvo indieacidn en mntra, para el pluri; asirnirmo lo que se dice de un ejeniplo en
masculino es aplicable al femenino.
a r r ó s i ~ oY PRONOhlBXE 1;N F R A N C ~ S ~ S O D E R N U 205
qu'il va pleuvoir", etc. En consecuencia, il es susceptible de te-
ner dos prononibres objeto distintos, le y se, que no tienen las
iiiisiiias latitudcs de coiiibiriacióii sintagniática: 11 le, coiiibi-
iiablc coi1 los tres pronombres sujeto: je l e . . ., tu le.. ., il
l e . . . , pero il le supone dos il difercrites, que notarenios ili y
ili; 21 se, conibinable solaniente con il; y il se supone el mismo
il; 31 cada pronoiilbre siijcto pucde entrar en relación sintag-
iiiática con los pronombres objeto de las otras dos personas, a
condición de que éstos sean respectivamente objeto directo y
objeto indirecto: "je te le (doiine)"; "tu me le (domes)",
ctc. Pero il gobieriia aún dos combiiiaciones distintas: 11 il se
le. . ., donde hay que plantear dos il, pues il y se remiten a ili
y le a ilz; 21 il le lui. . .', donde hay que plantear tres il distiii-
tcs. Represeiitareiiios pues cn este sintagnia il sujeto por ili, le
por ilz y lui por ils.
Nuestra faena es describir de nianera exhaustiva las conibina-
cioncs de las tres series de pronombres, la serie je tu il, la serie
tile te le se, la serie moi toi lui soi, su selectividad mutua, su
conipatibilidad respectiva con las formas niodales del verbo.
Mostraremos en detalle que este juego coiiiplejo está deter-
iiiinado por tres variables: la persona, el modo del verbo, y la
función gramatical de la forma pronominal.
Estudiemos la distribución respectiva de las series me te le
(se) y nioi toi lui (soi) para el pronombre objcto, según sea ob-
jeto directo u objeto indjrecto.
Esta distribuciGn es dcfinida por 18 naturaleza de la relacióii
siiitagiiiática entre el prorionibrc objeto y el prononibre sujeto
para cada persona. Varía según los modos del enunciado: por
tiiia partc indicativo, subjuntivo, coridicional (todos los ejeiii-
plos scráii, por comodidad, dados eii indicativo); por otra parte
el iiiiperativo.
.\] Eiiuiiciado en niodos distintos del imperativo.
Kcgla dc ordcii: el prononibre objeto precede al verbo.
1) Cuaiido el pronoiiibre siijeto (je tu il) tiene el misino refe-
iciitc que el proiiornbrc objcto, es decir en el prononibre refle-
\¡\.o. la serie me te le valc a la vez para el objeto directo y para
cl objeto iiidirccto cii todas las personas:
206 EL HOMBRE EN LA LENGUA

2
3
x 2
x 3
tu TE vois
il SE voit --iI tu
SE
TE dis
dit

El pronombre impersonal on (símbolo N ) se comporta co-


q o il:

N x N on SE voit - on SE dit

21 Cuando el pronombre sujeto (je tu il) no tiene el mismo


referente que el pronombre objeto, se origina una distinción
de acuerdo con las personas:
a] E n las personas primera y segunda, los pronombres obje-
to me te valen igualmente para el objeto directo y para el ob-
jeto indirecto:

1
3
x 2 je TE vois
x 2 il TE voit --il-je tuditdis diS
TE
TE

2 X 1 tu ME V O ~ S
3 x 1 il ME voit il - ME
ME
dit

Igual indistinción con el pronombre sujeto on:

N X 1 on ME voit
N x 2 on TE voit -- on ME dit
on TE dit

b] Pero en la 3a. persona se distinguen el pwnombre obje-


to directo le (plural les) y el pronombre objeto indirecto lui
(plural leur). Esta distinción vale necesariamente también cuan-
do 11 il sujeto (2,) tiene un referente diferente de il objeto
(il~);21 el sujeto es el pronombre on:

1 X 3 je LE vois
2 X 3 tu LE vais --- je LUI dis
tu LUI dis
31 X 3 2 il LE voit
N x 3 on LE voit - il LUI dit
on LUI dit

B] Enunciado en imperativo?
' "lmpentivo" implica siempre la forma pa~itivade este modo,
A N T ~ N I M O Y PRONOMBRE EN FRANCOS MODERNO 207
Regla de orden: el pronombre objeto sigue al verbo.
La forma verbal (en singular) está limitada a una sola per-
sona, la segunda, y no lleva pronombre; las tres personas pue-
den ser objeto, la segunda es entonces de empleo reflexivo.
También aquí la distinción entre un objeto directo y un ob-
jeto indirecto depende de la persona:

11 El pronombre objeto de las personas primera y segunda


adopta la forma moi toi y vale a la vez para el objeto directo
y para el objeto indirecto:

21 El pronombre objeto de la 3a. persona distingue el objeto


directo le (plural les) y el objeto indirecto lui (plural leur):

En suma, la distinción entre un pronombre objeto directo


le y un pronombre objeto indirecto lui es constante para la ter-
cera persona, sin importar el modo (orden dc las palabras apar-
te), en tanto que en las personas primera y segunda la distin-
ción entre la sene me (te) y la serie moi (toi) depende exclusi-
vamente del modo, sin importar la función de objeto directo
o indirecto del pronombre: me (te) en los modos distintos del
imperativo, moi (toi) en el imperativo.
En el primer cuadro anexo figuran estas relaciones, comple-
tas; la serie vertical es la de los pronombres sujeto, la horizon-
tal la de los pronombres objeto.
Ahora puede darse un paso más y considerar la situación pro-
ducida por el empleo de dos pronombres consecutivos, objeto
directo el uno, el otro objeto indirecto.
Las dos cuestiones que se plantean son las de su forma y de
su orden.
En los modos distintos del imperativo, los dos pronombres
objeto preceden al verbo, tienen la forma me te le, y se siguen
en el orden: indirecto + directo cuando el pronombre objeto
indirecto es el de la. y 2a. persona: ie me le dis; je te le dis.
208 E LA LEXGUA
EL I I O ~ ~ R REN

bIOüOS DISTIN'TOS DEL IhIPERATlVO

dir. - le les
moi nour toi
sg.
indir. - lui lear

dir. - - - le les
pl.
I*
indir. -
nouf
- - 111i Ieur

dir. - le les
7.8 pl. moi nour UOUI
iridir. - lui lar
R O N O h l B R E EN FRANCÉS ntoDERNu
A N ~ Ó N I ~Y ~P O 209
Cuando el pronombre objeto indirecto es el de 3a persona,
tiene la forma lui y el orden se invierte: je le lui dis.
En el imperativo, los dos pronombres objeto siguen al verbo;
cl pronombre objeto indirecto tiene la forma moi toi lui, y el
orden de los pronombres se vuelve:' directo +
indirecto: dis-le
inoi! "
Pero estos siiitagmas formados de pronombres objeto directo
c indirecto sucesivos están sometidos a dos importantes reglas
de compatibilidad.
11 me (te se) como prononibre objeto directo no es conipati-
blc con ningún pronombre objeto indirecto antes del verbo;
s6lo es posible el prononibre objeto indirecto de la fornia moi
toi lui precedido de la preposición d y puesto detrás del verbo.
Así 'je me te confie, +tu te me confies son inlposibles; tiene
que ser: je me confie d toi; tu te confies d moi.
Es regla, por el contrario, la sucesión le (la, les) pronombre
objcto dirccto + lui (leur) objeto proiioiiiinal indirecto que pre-
cede al verbo: je le lui confie; tu les leur confies.
Z ] nle (te se) coiiio pronoiiibre objeto indirecto no es compa-
tiblc con ningún pronoiiibre objeto directo de la. o Za. perso-
iia aiitcs del verbo; sólo es posible el pronombre objeto indi-
recto de la foriiia moi toi lui precedido de la preposición d y
pucsto detrás del verbo. Así, *je me vous appelle, 'il te me re-
coriimaiide son iiiiposibles; tiene que ser: je vous appelle d moi,
il ine recoiniilande d toi.
Es regla, por el coiitrario, la sucesión rne (te, se) prononibrc.
objcto itidirccto +le (la, les) preccdiendo al verbo: ie me le dis,
il te la doniie, tu te les rappelles.
Estas rclacioiies figuran eii su totalidad en nuestro segundo
cuadro, donde cada persona objeto está reprcscntada por la
coiijuiicióii de los dos proiioiiibres directo e indirecto en el or-
deii y con la variación antes indicados, y el objeto directo en
singular y en plural (le implica siempre la).
Hay pues dos particularidades que subrayar:
I ] Cuando cl pronoiiibre objcto indirecto se rcfiere a la 3a.

pronoiiibrc objcto dirccto: "il le lui dit" -


persona, se coloca, cualquiera que sea el iiiodo, después del
"dis-le-lui!"
' El uso cr a vecci algo flotrnte: rrnds-ler.riour es de regla, pero Hugo escribió
rbiidr-rious-les. SC IBdlrdn cjexvplas cii Crmirre. Le bon uugP, p. 420.
210 EL H O M B R E EN LA LENGUA

MODOS DISTINTOS DEL IMPERATIVO

MODO IMPERATIVO
A N T ~ N I M OY PRONOMBRE EN FRANCÉS MODERNO 211
21 el pronombre objeto indirecto de la la. persona es lui,
cualquiera que sea el modo, en tanto que para la la. y la 2a.
persona, el pronombre objeto indirecto es moi toi en impera-
tivo, y me te en los demás modos.
D e ello resulta que el problema es el de la 3a. persona. Los
pronombres de la. y de 2a. persona, por una parte, los de 3a.,
por otra, no obede2en a la misma distribución.
Las personas primera y segunda emplean me te para los dos
objetos, directo e indirecto, en los modos diferentes del impera-
tivo; y moi toi para los dos objetos, directo e indirecto, en el
imperativo. Las dos series de formas están pues, sin importar
la naturaleza directa o indirecta del objeto, en distribucióii com-
plementaria de modo: me te eii los modos distintos del impera-
tivo, moi toi en imperativo.
Pero en la 3a. persona, le es objeto directo y lui objeto in-
directo, cualquiera que sea el modo. De suerte que estas dos
formas, sin importar el modo, están en distribución comple-
mentaria de régimen: le directo, lui indirecto.
Una vez localizada, falta explicar esta diferencia. ¿Por qué
esta distinción le/lui en la 3a. persona, cuando las dos prime-
ras emplean me (te) indistintamente para el objeto directo y el
indirecto?
No hay que buscar la respuesta eii la naturaleza gramatical
de uno u otro objeto, sino en una razón formal, que es la com-
patibilidad de las formas pronominales necesariamente conjun-
tas eii el sintagrna de objeto doble.
Se ven en el segundo cuadro, por una parte, los sintagriias de
pronombres reflexivos: "je me le (dis)", tu te l e . . ., il se le. . .,
que son enteraniente simétricos; por otra, los sintagmas de
pronombres no reflexivos: je le lui. . ., tu le Iui.. ., il le lui. . .,
igualniente siiiiétricos. Eiitre los dos hay uiia trasforiiiación,
cuyo punto de partida podemos ver; está en el siiitagiiia que
comprende ili sujeto y ilz y ils objetos directo e indirecto. Se-
gún il me le. .., il te le: . . se esperaria 'il le le. . . Hasta podría
generalizarse este niodelo teórico scgúii el paradigiiia del pro-
iioiiibre objeto indirecto a las dos otras personas.'Eii virtud de:

la. je me le. . . - tu nte le. . . - il nte le. . .


Za. je te l e . . . - tu te l e . . . - il te l e . ..
212 EL H O h I R R L LN L 4 I I Y G U A

Ii~briaque tener:

3a. 'je le le. . . - 'tu te le. . . - 'il le le. . .

Esto es lo que la lengua Iia querido evitar: la succsióii de


dos-foriiias proiioiiiiiiales idénticas portadoras de dos f~iiicioiies
distiiitas, eii particular eii la 3a. persoiia, doride el siiitagiiia
"il le le. . . liabria iiicluido, frente a ih sujeto, dos le objeto
por ilz y ila iiidistiiitanieiite. Así, fue reiiiplazado "le objcto
i~idircctode 3a. persoiia por Iui. Pero eiitoiices surgia otra difi-
ciiltad: lui iiuiica precede a otro proiioiiibre objeto, lo cual
toriiaba iiiiposible *je LUI le. . . Dc iiiancra que sc iiitcrcaiiibia-
roii los proiionibrcs; el ordeii se volvió je le L U I . . ., tu le r.ui. . . ,
il le L U I . . ., y por la misiiia razón cii iiiiperativo: "(dis)-le-
-r.ui!" Así eii toda condicióii niodal lui es solaiiietitc objeto iii-
directo dc 3a. sg., distiiito de le objeto dirccto: je le dis: je le
LIJI dis.
Esta graiiiaticalizacióii de lui ha sido reforzada por uiia cir-
ciiiistaiicia auxiliar, la foriiia de los proiio~iibrcsde la. y l a . pcr-
soiia cii iiiipcrativo. Dado que los aiitOiiiiiios hroi .roi fiiiici<i-
iiaii cii kiiperativo coiiio prorioiiibrcs objeto: ldisse-hioi!
~ I O I !pudo
,
-
dis-
atribtiirsc taiiibii.ii el aiitóiiiiiio r.ur a la fiiiicióii clc
~>ro~io~iibrc objeto, rcstriiigiéiidolo de paso, por 1;i razOii aiites
iiidicada, al objcto iiidirecto: dis-LWI!,distiiito del objeto dircc-
to: dis-le!
[ l e aqiri la cxplicacióii de los priiicipios de iiicoiiipatibilidad
qiie IICIIIOS o l ~ ~ c r w d(antes,
o 11. 709) e11 la rclacibii siiitagiiiitica
ciitre proiioiiibrcs objeto directo e iiidirccto.
11 Dado qlic la foriiia iiie (te se) es a la vez la del proiioiiil>re
ol>jcto dirccto y la del proiioiiibrc objcto iiidirccto, la iiidistiii-
ciciii foriiial proliibc ciiiplcar dos proiioiiibrcs de esta scric coii-
scciitivaiiiciitc; seria eii cfccto iiiil>osiblc, cii 1111 ctiiiiiciado tal
coiiio 'je me te confie, disccriiir cuál. ine o te, es el objeto di-
recto v ciiil el iiidirecto. Sc evita el ricsgo de aiifibologia di-
cieiidó: je me confie u t»i. Pero el problciiia iio existe cii el raso
<Icl ~ x o ~ o i i i b rol~jcto
c de 3a. pcrsoiia, doiidc le l . les) di-
recto se distiiigiic de liii (letir) iiidirecto; ciitoiiccs la sriccsicíii
de los dos pruiioiiil~rcs,clirccto + iiiclirccto, es pleiiaiiiciitc li-
cit;~,v se dicc: je le lili cul~fie.
. ~ ~ . r h ~ lYn i~~oxonrnnr
o I:,N TRANC~F hionr~Íi<, 21;
21 ¿Por qui. ciitoiiccs. si je le liii coiifie cs rcgiilar, iio piicde
dccirsc 'jc iiie liii coiifie o 'je te lui confie? Es iiiiposible por-
qnc Iiahría contradicción ciitre la fiincihii y cl ordeii de los pro^
iioiiihrcs. El l>roiioiiibrc objcto iiie (te. se), sea objeto dirccto
(je ine vois) o iiidirccto (je iiie dis), cae sieiiipre iniiicdiataiiiciitc
dcsl~iii.s dcl sujeto; todo otro proiioiiibrc se pone después dc
cstc pronoiiibrc ohjcto. Tal cs cl principio dc ordcii. Pcro por
otro lado ine (te, se) scgiiido dc otro proiioiiibre no puedc ser
sino prorioiiibrc objeto indirecto; es la siiccsióii prcscrita iiidi-
rccto $- directo: "je tc le doiiiie". Ln anteposicióii dc me
(te, se) lc atribuvc la fuiición dc objcto indirecto y es preciso
qnc cl proiioiiibk sigiiicnte sea objcto dirccto. Por coiisigiiieii-
te, iiii ciiuiiciado coiiio 'je iiie lui confie contendría dos pro-
iioriihrcs sucesivos de objcto indirecto y niiiguno de objcto di-
recto; Iiabría conflicto ciitrc ine que sería objeto indirecto cii
virtud de su posicióii, y lui que es objeto indirecto por iiatiira-
!cm. Tampoco podría decirse 'je lui ine confie por la razón ya
indicada: quc iio puede insertarse nada ciitre je y ine." Las su-
cesioiies "je irle lui.. . y "je lui m e . . . son pues igualmc~itci i i i ~
posibles. 1lahr.í qiic decir: "je me (coiific) a lui".
No liar conflicto así cn cl caso de le, puesto que. a difcrcii-
cia dc iiie (te, se), indistiiitaiiientc objeto directo o indirecto.
le es sólo objcto directo. y liii objeto indirccto; de ahí: je le
lui.. .
Así se dcsliiida el priiicipio quc gobierna el doble estatiito
graiiiatical dcl antóiiiiiio. Forina disyunta: 1101, je suis, o re-
gida por una prcposicióii: de hroi; 4 hroi, deseiiipeiia la fuiicióii
de objcto cii iiiipcrativo. objcto indirecto: dis-nrot!, o dirccto:
laisse-xroi!. paralclaiiiciitc a: 1-111. il est. . . (pero feiii. Er.1.r.
elIe est. . . ), u LIII, dis-LIJI! (iiidirecto soiaiiicnte) .
La íiiiica discordaiicia foriiial del sisteiiia está cii el paradig-
iiia del plural dc la 'la. persona. Eii las persoiins priiiiera Y se-
guiida, los aiitóiiiiiio~dcl pliiral soii idénticos a los proiioiiihrcs
de coiiiiigaci011: uoris, iioiis soiiiiizes. . . . voris, i,oiis &tes.. . : \
a los proiioiiil)rcs ol~jeto:"il iioiis soit". "il iious dit" l'cro eii
1;i 32. del pliiral cl ;iiiti,iiiiiio cs i:riu. distiiito del ]~roiioiiil~re
cIc
' l..i iii,criii>ii rli iuii.i iir@iciui, i'',r, iic iiic ". ''tu iir 1.1 ' i iii, r<iiitr.iiii<i
<\ti, 1:i I > C ~ , ~ C K >t It ~
o G ~ # I > I N . rii
I
ii;irl.i 1.3 c.tiiicliir.i ,ic,r.irt>cr 'Ir1 c~niiiiii.erl<i i i i 1.85 I<
Idriiiiic\ ciitrc 1i>r i>ri>ii<iiiihrra
214 EL HOMBRE EN LA LENGUA

conjugación ils, distinto también del pronombre objeto directo


les y del pronombre objeto indirecto, que es leur. Esta abun-
dancia dota al plural de cuatro formas distintas en la 3a. persona
del masculiiio: EVX, ils sont.. . (fern. ELLES,elles sont. . . ),
"le les vois",'"ie leur donne", en tanto que en la 3a. persona
del masculino singular no hay más que tres: lui, il, le.
La anomalía consiste en que el plural tiene un prononibrc
objeto indirecto leur distinto del antóiiiiiio EIJX, frente al sin-
gular, donde el pronombre objeto indirecto lui es fonnalinentc
idéntico al antónimo LUI. En virtud de este hecho, se tiene uii
paradigma plural de cuatro términos, eux, ils, les, leur, contra
tres términos en singular, Iui, il, le. Es precisamente lo opuesto

sola en plural: "htoi, je me (repose)", "mi, tu te (reposes)"


"
nous, nous nous (reposons) ", "vous, vous vous (reposez) ".
-
de las otras personas, que por tres formas en singular tienen una

Por lo demás, el antónimo EVX es también la forma regida


por una preposición, lo cual limita leur a la función gramatical
de objeto indirecto del verbo, sin distinción de modo ni de gé-
nero.
Este desdoblamiento euxlleur del plural frente al lui único
del singular no nos parece susceptible de ninguna explicación
Sincrónica. Razones de eufonía (je le leur. . . para evitar 'je le
eux. . .) o la atracción fonética (leur con la niisma inicial que
fui) no serían suficientes. Sólo la historia de las formas puede
dar razón.
Asimisino, iio puede sino verificarse la coincidencia formal
de leur, pronombre indirecto del plural, con Ieur posesivo. Pero
aquí la coincidencia no tiene alcance; el examen muestra que
las dos forinas son completamente diferentes en estatuto y fun-
ciones. Junto al segundo cuadro anterior, que sitúa el pronom-
bre leur en el paradigma pronominal, no estará de más prescii-
tar leur en el paradigma de los adjetivos llamados posesivos.

Singular Plural
mon mes
nous notre nos
tu ton tes
VOUS votre vos
A N T ~ N I M OY PRONOMBRE EN FRANCÉS AIODERNO

Singular Plural
il son ' O S ~ S
ils leur hrs

Entre el adjetivo leur y el pronombre leur, las diferencias


emanan de su estatuto respectivo:
11 El adjetivo posesivo es un calificante de doble relación
de número, a la vez con el objeto (poseído) y con el sujeto
(poseedor): leur coordina un poseído singular y un poseedor
plural de 3a. persona.
El pronombre leur se refiere exclusivan~entea un plural y
sólo como objeto indirecto.
21 El adjetivo posesivo no se emplea solo; o con un sustantivo
o precedido de un artículo definido que lo sustantiva a su vez:
c'est leur livrelc'est le leur.
El pronombre leur no puede usarse más que solo.
31 El adjetivo posesivo de 3a. persona es parte de un para-
digma con dos ciitradas y dos variantes, que suministra cuatro
términos: son/ses, leurlleurs (fonéticamente [lcer/loeF]). En
esta red, leur es el plural léxico de son, y el singular gramatical
de leurs.
El pronombre leur forma parte de un paradigma de dos tér-
minos luilleur, donde leur no es más que plural y se opone a
un singular lui que nada tiene en común con el singular son
del adjetivo leur.
fodría intentarse unificar los dos leur alegando que ciertas
construcciones les serían comunes, salvo por un elemento:

je viens de LEUR (dire)


je viens de LEUR (maison)

El parecido es falaz. Aparte de que venir es tomado en dos


acepciones difcrentcs, basta ren~plazarlos dos leur por el sin-
gular respectivo y se obtiene:

je viens de LUI (dire)


1" Se advertirá que mil corrisponide a la vea a il y a an: "il a (an a) ron canctk-

re". sin cquivalentc de la distinción entre lui y mi.


216 EL HOMBRE EN I.A LENGUA

pero
je viens de SA (maison)

Igualmente, si se estableciera un paralelismo entre la posibi-


lidad de remplazar uno y otro leur por d eux en construccio-
nes como:

je LEUR ai dit (= j'ui dit iEUX)


LEUR mdi~0n(= la muison 1 EUX)"

se tropezaría de todos modos con la discordancia que aparece


entre las formas del singular:

je I.UI ai dit (= j'ai dit A LUI)


pero
SA maison (= la maison A LUI)

que acusa aún más la desemejanza de leur pronombre y de


leur posesivo.
Todo coficiirrc pucs para ilustrar la verificación general de que
la 3a. persona es profundamentc diferente de las otras dos en
su estatuto," sil función y la distribución de sus foriiias, y de
que, espccialrnente en los antónimos y los pronombres, el sin-
gular y el plural de la 3a. persona pueden no ser siquiera si-
métrico~.'~

" Por lo demás.


~ ~~

de justificado.
.
etir ri auiii iin caiii\~alcnte convencional:. d'etir seria lo ti~iriiio

'* Cf. para una tcorii de coiijiiiito RSL. 47 (194h). fac. l . pp. 1.12 (= Prol>li!nes
de lingiiirtiqxic gOtLrale, l. pp. 225-276 [trad. esp.. pp. 161.171]1
"Soir roiini>leliieiiVrrin: I'.ii la priiiicra paitr de niientro reqiiiid<i cuadro se iibier~
rará que los bronoiiihrcr regiiiiciic; i I i b de lis dos priiiieris personir re reficrcii por
el reniido a il, ) il_ Hrit sido. coii todo. puertos bajo il, Y il, por riiiirtria coii la 32.
permna. a r;l;iia de la ,ucrri;~s directo + indirecto.
15. LA FORMA Y EL SEN'1'II)O E N EL L E N G I J A I E 1

Aprecio iiiuclio cl Iioiior qiic rcciho al ser'iiivitad,.~a iiiaugurar


con uiia plática el ~)rcsciitccoiigrcso. '1.31 sciitiiiiieiito se iiicz-
cla cii iiií a gran iiiqiiictiid, al pciisar qiie iiic dirijo, igiioraiitc
conio soy d e 1:i filosofía, :I iiiia asaiiiblea clc filósofos. Algo mc
aiiiiiia, sin ciiil>argo, el licclio dc que sciiicjantc coiigrcso sc Iia?
iiiipuesto ~~recisaiiiciitc t:il prograiiia, dc que Ii;iya filósofos quc
coiisidcrcii oportuno dc1):itir ciitrc cllos prol>lciiias clcl lciiguajc.
Eii las coiiiuiiiGicioiics r discusioiies qiic ociipa~iiicstas jor-
liadas, la filosofía sc rciiioiitari así Iiasta uria dc las fuentcs
priiicipalcs dc sil iiispiración pcriiiaiicntc. y a la vcz seráii pro-
piicstas a los liiigiiistas. a quieiics sc ocupan dcl lciiguajc cii plan
-conio sc dicc- (le cs1>ecialistas, ciertas maneras, proha1)lc-
iiicntc difereiites, de reflexionar acerca del lciigiiajc. Así conicii-
zará -tarde: Iiav qiie clecirlo-- 1111 iiitcrcaiiibio que puede ser
iiiuy \,alioso. Por iiii partc. coinetida la iiiiprudeiicia dc aceptar
la iiivitacióii a Iiahlar aq~ií.rio iiic qiicdaba iiiás que haccr sino
agravarla coii otra iiiil>riidciicia, iiiis seria aún: clegir un teiiia
cuyo enunciado parccc coiivenir iiiás a uii filósofo que a uii liii-
güista -la fornia r el sentido en el Iciiguajc.
Es evidente q i ~ cabordo el asunto coiiio lingüista y n o como
filósofo. N o habrá qiic figurarse, coii todo, qiic aporte algo así
como el ~>iiiitod e vista de los lingüistas; iio cxiste un punto de
vista tal, quc sea coiiiúii al conjuiito o cuarido iiiciios a la iiia-
yoría de los liiigüistas. N o sólo iio Iiay eiitre éstos doctrina rcco-
iiocida eii esta iiiatcria, sino que se advierte en iiiuclios de cllos
aversión hacia prohlcinas scnicjantes y tendencia a dejarlos fuc-
ra d e la liiigüístic?. N o hace tanto que la esciicla del lingüista
estadoiiiiidciise Hlociiiifield, que reprcsciitaba prácticaiiientc
toda la liiigiiistica de sil país y qiic irradiaba vastaiiicntc, taclia-
ba d e iiieiitalisiiio el estudio del ineaiiiiig -coiiioquiera que se
traduzca tal t6riiiiiio. Este calificativo cqiiivalía a rechazarlo
' Le lai>gagc 11 iS<icictir <Ic I'liilusr>pliic de iaiigur fraiiyairc, c l c r dii X l l l r Coiigro.
Ginebra, 1966,. Yeiichdtcl. La Bacoiiiii2re. 1967. pp 2940

.[? 171
218 EL HOMBRE EN LA LENGUA

por maculado de subjetivismo, por escapar a la competencia


del lingüista. Se pensaba que sería de los psicólogos o de los
psicofisiólogos de quienes habría que esperar algunas luces sobre
la naturaleza y el funcionamiento del sentido en la lengua, por
no ocuparse el lingüista más que de lo que puede ser aprehen-
dido, cstudiado, analizado merced a técnicas cada vez más pre-
cisas y cada vez más concretas. Hoy por hoy ha sido suprimida
esta interdicción, pero subsiste la desconfianza y -reconozcá-
moslo- no deja de estar justificada en cierta medida por el ca-
rácter bastante vago, tenue y aun inconsistente de las nociones
que se encuentran en las obras, generalmente de espíritu bastan-
te tradicional, que son consagradas a lo que se llama semántica.
A decir verdad, las manifestaciones del sentido parecen tan li-
bres, huidizas, imprevisibles, conio concretos, definidos, descrip-
tibles son los aspectos de la forma. No habrá que sorprenderse
si de los dos térnliuos del problema de que nos ocupamos aquí
sólo el segundo parece concernir a la lingüística. Los filósofos
no deben creer que un lingüista, cuando aborda estos proble-
mas, puede apoyarse en un consenso, y que le baste con resumir,
presentándolas un poco diferentes o siniplificándolas, ideas que
fueran generalmente aceptadas entre los especialistas en len-
guas, o ideas que se impusieran al analista del lenguaje. Quien
ahora habla, lo hace en su nombre, y propone puntos de vista
que le son propios. La presente exposición es un esfuerzo para
situar y organizar las nociones gemelas de sentido y de forma,
y para analizar las funciones fuera de todo supuesto filosófico
previo.
Nuestro dominio será el lenguaje llamado ordinario, el len-
guaje común, con excliisión expresa del lenguaje poético, que
tiene sus propias leyes y sus propias funciones. Se convendrá
en que la tarea no deja de ser bastante amplia. Pero todo lo que
se ponga en claro en el estudio del lenguaje ordinario aprove-
chará, directamente o no, a la comprensión del lenguaje poético
también.
En primera aproximación, el sentido es la noción implicada
por el término mismo de lengua como conjunto de procedi-
mientos de comunicación idénticamente comprendidos por un
conjunto de locutores; y la forma es, desde el punto de vista
lingüístico (que debe distinguirse bien del punto de vista de
FORMA Y SENTIDO EN EL LENGUAJE 219
los lógicos), ya la materia de los elementos lingüísticos cuando
es apartado el sentido, ya la disposición formal de dichos ele-
mentos en el nivel lingüístico correspondiente. Oponer la forma
al sentido es una convención trivial y cuyos términos mismos
parecen gastados; pero si procurainos reinterpretar esta oposi-
ción en el fuiicionainieiito de la lengua, integrándosela y esela-
reciéndola por ahí, recupera toda su fuerza y su necesidad; ve-
mos entonces que eiicierra en su aiitítesis el ser mismo del len-
guaje, pues he aquí que de golpe nos pone en el corazón del pro-
blenia iiiás iiiiportaiite, el de la significación. Antes que nada,
el lenguaje significa, tal es su carácter priniordial, su vocación
origiiial que trasciende y explica todas las funciones que garan-
tiza en el medio huiiiano. iCuáles son estas funciones? ¿Nos
pondreiiios a eiiumerarlas? Son tan diversas y numerosas que
eso sería citar todas las actividades de palabra, de pensanliento,
de acción, todas las realizaciones individuales y colectivas que
están vinculadas al ejercicio del discurso: para resumirlas con
una palabra, diría yo que, inucho antes de servir para comuni-
car; el lenguaje sirve para vivir. Si sostenemos que en ausencia
del lenguaje no habría ni posibilidad de sociedad ni posibilidad
de liuiiienidad es, por cierto, porque lo propio del lenguaje es
ante todo significar. La amplitud de esta definición da la medi-
da de la importancia que corresponde a la significación.
Surge uiia cuestión en el acto: ¿qué es la significación? Pero
¿podrá definírsela a estas alturas sin correr de innlediato el ries-
go de circularidad? Los lingüistas aceptan esta noción hecha,
empíricamente; no sé si los filósofos la habrán escrutado por
ella misma; a decir verdad, es uno de esos problemas inmensos
que, por ataiier a demasiadas ciencias, no pertenecen propia-
mente a ninguna. Sólo veo que se hayan ocupado de ello los
lógicos, muy especialrneiite eii Estados Unidos, la escuela de
Cariiap y de Quine. E n realidad, en su preocupación de rigor
han dado de lado todo inteiito de definición directa de la signi-
ficación; por no caer en el psicologismo han remplazado el análi-
sis de la significación por el criterio objetivo de aceptahitidad, en-
sayado iiiediantc pruebas, según unos predicados sean aceptados
o no por el locutor. Así para Carnap la significación o, como pre-
fiere decir, la intensión (opuesta a la extensión), de un predicado
Q para un sujeto parlaiite x es la coiidición general que debe sa-
220 1'1. IlOXlnRE EN l . A I.I:.NCTI

tisfacer un objeto y para quc el sujcto parlaiite x acepte atribuir


el predicado Q a este objeto y. Así la "designación sigiiificaiitc",
lo que él Ilania significont desigiiatioii, scrá obtenida por iiidaga-
ción, de acucrdo con la reacción positiva o ncgativa dcl lociitor,
que aceptará o no asociar tal predicado n una serie de objctos
variables. Quine no opera dircctaiiientc con el conccpto de sig-
iiificación. Utilizando un proccdiniiciito Iúgico qiic otrora sin46
a Russcll para definir cl núnicro, ponc cn lugar dc la sigiiifica-
ción la rclación dc "misma significación" De sucrtc que la sig-
nificación es idéntica a la sinoiiiniia. Estc procedcr, del qiic ilo
tengo que ocuparnic niás aquí, p~icdcser justificado cn uiia coii-
ccpción estrictamente positiva a fin dc cliiiiiiiar toda coiitaiiiiiia-
ción de psicologisnio. No creo qiic valga para cl lingüista, quc
se ocupa ante todo de la lengua por clla inisnia; y, coiiio vcrc-
nios, no podenios contcntariios coi1 un concepto global coiiio
el de la significación, por definir en sí y dc uiia vez por todas.
El ciirso misnio de nuestra reflexión nos conducirá a particula-
rizar csta noción, qiie entcndeiiios de modo iiiuy otro qiie los
lógicos. Por atenernos de iiiomcnto a lo quc cada cual entieii-
de por ello, piiede darse por adiiiitido qiic cl leiiguajc cs la ac-
tividad significante por excelencia. la iniagcn iiiisnia dc lo quc
puede ser la significación; todo otro iiiodelo significativo que
pudiéranios construir sería aceptado cn la medida cn que sc
aseniejara al d e la leiigiia cti tal o cual de sus aspcctos. Eii cfcc-
to, en cuanto una actividad es concebida coiiio rcpreseiitacióii
de alguna cosa, conio "significante" dc alguna cosa. siirgc la
tentación de llamarla lenguaje; de ahí que se Iiable de leiiguajc
a propósito de diversos tipos dc actividades Iiiin~anas,coiiio to-
dos sabenlos, dc siicrte qiic se instituva iiiia categoría coiiiúii
a niodelos variados.
Que la lerigua signifiqcic, qiiiere decir que la significación iio
cs cosa que reciba por aiiadid~ira.o cii iiiavor iiiedida que otra
actividad; es su ser niisiiio; si estuviera ausente, no sería iiad;i.
Pcro tiene tanibiéii 1111 carictcr iiiuy difcrcntc, pcro igualiiiciitc
necesario y presente eii toda lengua real, aunqiie siihordiiiado
-iiisisto- al priiiiero: cl de rcalizarsc por iiicdios vocales. clc
consistir prácticaiiiciitc eii iiii coiijuiito de soiiidos ciiiitidos Y
pacibidos, que sc organizan cii palabras dotadas dc sciitido. K \
cstc doble aspccto, iiiliereiite al leiiguajc. cl que cs distiiitivo.
ronhin Y SEN'IIIW EN E L ;.I:NGUAJE 221
Direiiios pues con Saussure, a título de primera aproximación,
que la leiigua es un sistenia de signos.
Es la noción de signo la que integra en adelante en el estudio
dc la lengua la noción iiiuy general de significación. Esta defi-
riici611 ¿la plantea exactamciite, la plantea enteramente? Cuan-
do Saussure iiitrodujo la idea del signo liiigüístico, pensaba ha-
berlo diclio todo accrca dc la naturaleza de la lengua; no parece
Iiaber considerado que pudiera ser otra cosa al niisnio tienipo,
bina en el iiiarco de la oposición bien conocida que establece
ciitrc leiigua y habla. Nos incuiiibc pues tratar de ir iiiás lejos
del plinto donde Saussure se detuvo en el análisis de la lengua
coiiio sisteiiia significante.
H a y que ciiipezar por comprender todo lo que iiiiplica, en
cuanto a las iiocioiies qiie nos ocupan aquí -noción de seiitido
\ así taiiibiiii de fornia-, la doctrina saussiiriana del signo. No
se asoiiibrará uno bastante de ver a tantos autores inancjar iiio-
cciiteiiiciitc este tériiiiiio, "signo", sin discernir lo que tiene
de coiistreiiiiiiieiito para qiiieii lo adopta, iii a qué lo conipro-
iiictc cii adelante. Decir que el lenguaje está hecho de signos es
decir, priiiicro, que el sigiio es la unidad semiótica. Esta pro-
~>osiciónqiic -siibrayén~oslo- no está en Saussure, quizá por-
CINC pais0 qiic caía por sil propio peso, y que foriuulaiiios aquí
cii el iiiiibral dcl cxaiiien, encicrra una doble relacióii que hay
que cxplicitar: la noción dc sigiio en tanto que unidad, y la iio-
cióii dc signo coiiio participante del orden sciiiiótico.
'l'oda discipliiia que aspirc a adquirir cl estatuto de ciencia
dcl~cante todo dcfinir siis coristantcs y sus variables, sus opera-
cioiics y sus postulados, y priiiicro que nada decir cuáles son sus
~iiiidades.En las ciencias de la iiatilraleza, las uiiidades son cii
general porcioiies idénticas coii\~ciicio~ial~iie~~tc dcslindadas en
iin c<iiitiiiuo cspccífico; hay así unidades cuaiititativas, idén-
ticas y siistitiiibles, en cada disciplina de la naturaleza. El leii-
;uajc cs iiiuy otra cosa, no participa del niundo físico; no es
algo continuo, ni idéntico, siiio inuv al contrario, discoritiniio v
dcsciiiejniite. De ahí que no se deje dividir sino descoinponer: sus
iiiiidadcs son clciiiciitos básicos cii iiúiiicro liiiiitado, distinta
c;ida uiia de la otra, y estas iiiiidadcs se agrupan para foriiiar
iiiicv:is iiiiidacles, 1, Cstas a sii vcz podriii foriiiar otras iiiás, de
iiivcl siil>crior cada vcz. illiora bicii, la irnidad particular que
222 EL HOMBRE EN LA LENGUA

es el signo tiene por criterio un límite inferior: este límite es el


de significación; no podenios descender por debajo del sigilo sin
afectar a la sigiiificacióo. La unidad, diremos, será la entidad
libre, mínima en su orden, iio descoiriponible en uria unidad in-
ferior que sea, a su vez, un signo libre. Es pues signo la unidad
así'definida, participaiite de la consideración semiótica de la
lengua.
Una de las tesis principales de Saussurc es que la leiigua for-
ma una rama de una semiología general. Ha sido el iiifortunio,
y será la gloria, de Saussure el haber descubierto el principio de
la semiología medio siglo antes de tiempo. Tratando del signo
lingüístico, abrió por adelantado el camino a una descripción
de las unidades semióticas: éstas deben caracterizarse desde el
doble punto de vista de la forma y del sentido, puesto que el
signo, unidad bilateral por naturaleza, se ofrece a la vez como
significante y conio significado. Quisiera proponer aquí algunas
observaciones sobre uno y otro de estos aspectos.
El significante no es sólo tina serie ordenada de soiiidos que
exigiría la naturaleza hablada, vocal, de la lengua; es la forma
sonora que condiciona y determina el significado, el aspecto
formal de la entidad Ilaiiiada signo. Se sabe que toda forma lin-
güística está constituida cn último análisis por un número res-
tringido de unidades sonoras Ilainadas fonenias; pero hay que
iiotar bien que el signo no se desconlpone inmediatamente en
fonemas, ni más ni menos que una serie de foiieiiias iio com-
pone de inmediato un signo. El análisis semiótico, diferente
del análisis fonético, exige que planteemos, antes del nivel de
los fonemas, el de la estructura foiieriiática del significante. Aquí
el trabajo consiste en distinguir los fonenias que foriiian sólo
parte, necesariamente, del inventario de la lengua, unidades dcs-
lindadas por procediniientos y una técnica apropiados, y aquellos
que, simples o combinados, caracteriza11 la estructura formal del
significante y desempefiau una función distintiva en el interior
de esta estructura.
He aquí un par de ejemplos, elegidos entre los más sencillos.
En latín, la fiiial de una forma nomiiial flexionada, ciialquie-
ra que sea la clase de flexióii, admite iio iiiiporta cuál de las
cinco vocales (I e i O U, pero dos coiisoiiaiites nada iriás: s y in,
muy rara vez r, aíin niás raraniente 1, y es todo; no es admitido
F O R M A Y SENTIDO EN EL LENGUAJE 223
ningún fonema dental o nasal o gutural. H e aquí, pues, una
selección operada, para constituir signos forniales, en el inven-
tario de los fonemas que la lengua posee. De la misma manera,
al final de las formas verbales flexionadas son admitidas sola-
mente cuatro vocales de las cinco: a e i o; jamás hay u; las con-
sonantes son sólo tres, m s t , y en una función especial (medio-
pasivo), r; ninguna de las numerosas otras consonantes es admi-
tida en esta posición. Aquí está un ejemplo de selectividad so-
metida a la constitución formal del significante latino. E n fran-
cés podría asimisnio darse con cierto número de características
que son determinadas siempre por la función de constituir uiia
parte de un significante. Así la vocal [É], escrita in- (en invisi-
ble), con una variante mecánica in- (en inédit), en la inicial de
una larga serie de adjetivos; esta vocal está necesariamente ahí
porque asume cierta función en cierta clase de signos; esta fun-
ción es la función de negación.
Hay así una serie de características que pueden ser averigua-
das, en cada lengua, por examen atento de la estructura formal
de los significantes. Llegamos así a crear en el análisis del signi-
ficante un plano distinto del de los fonemas, es el de los com-
ponentes formales de significantes. Este análisis puede ser lle-
vado inás adelante; permitirá establecer grandes inventarios es-
tadísticos, que requerirán como tales un tratamiento lógico y
inateniático. Cada lengua, en su organización cntera, será sus-
ceptible de parecidos análisis y se pondrán así en claro esque-
mas que ilustrarán la estructura propia de cada idioma. Instau-
ramos pues, bajo la consideración semiótica, clases particulares
que nombramos semióticas, algo pesadamente si se quiere, a fin
de delimitarlas mejor y para especificarlas en su orden propio:
semiolexemas, que son los signos léxicos libres; semiocategore-
nias, que son subsignos clasificadores (prefijos, sufijos, etc.)
que vinculan clases enteras de significantes, asegurando con ello
grandes unidades, superiores a las unidades individuales, y final-
mente semiofonemas, que no son todos los fonemas de la no-
menclatura corriente, sino aquellos que, como acabamos de in-
dicar, caracterizan la estructura formal del significante.
Consideremos ahora el significado. El signo se define, decía-
mos, como la unidad semiótica; es recibido como dotado de sig-
nificación en la comunidad de aquellos que practican una mis-
214 1.1. I I O h I I I R I ~ : >:N LA LENGUA

iiia leiigua, y la totalidad de estos sigiios foriiia la totalidad de


la lengua.
En seiiiiología rio tienc que defiiiirse lo que cl sigiio sigiiifica.
I'ara que uii signo exista es prcciso, y basta, que sca recil>ido y
que se viiicule de uiia u otra iiiaiiera a otros sigiios. ¿La ciitidad
-
ccnsiderada sieiiifica? La rcsuucsta es sí o iio. Eii caso dc auc sí.
se la rrgistra; si iio, se la rccliaza, y todo qricda dicho. ~Existc
"cabello"? Sí. i"Caiiiello"? Si. i"Calello"? No.
De iiiodo q;c ra iio es cosade dcfiiiir el sciitido, en tanto
que participa del .ordcii sciiiiótico. Eii el plaiio dcl sigiiificado,
el criterio cs: jsigiiifica csto, o no? Sigiiific;~res tciicr uii seiiti-
do, si11 iiiás. Y tal si o iio sOlo piicde ser prciiiiiiiciado por aqiie-
llos que niaiicjaii la leiigua, por aquellos para quiciics esta leii-
gua es la leiigua a secas. Elcraiiios piies la iiocióii de iiso v de
coriipreiisióii de la leiigua a la altiira de iiii priiicipio dc djscri-
iiiiiiación, de iiii criterio. Es eii el uso dc iiiia Iciigua doiide tic-
iie existencia ~ i i isigiio; lo quc iio ciitra cii la práctica de la Icn-
gua iio es uii sigiio, y literaliiieiite iio existe. NO ha\ estado iii-
tcrniedio; se está deiitro de la lciigua o fiicra dc clla. tertiuiii
noit datui. Y que iio se objeten los arcaísiiios que sul>sisteii eii
el uso, aunque iio seaii definiblcs ii oponiblcs lioy. Basta que la
palabra francesa rez estí. coiistaiitciiiciitc ligacla a de chaussée
(rez-de-chaiissée), o fitr a la expresión d nlesi~re i ~ i ~fur i et d
iriesure) para que sean idciitificadas, dado qiie iio sc iiiaiitieiieii
siiio e11 grupos coiistaiitcs, prcvisiblcs, y qiie foriiiaii parte iiite-
grante dc sigiios úiiicos.
Eiiuiicieiiios pues este priricipio: todo lo que coiicieriie a lo
semiótico ticiie por criterio iiecesario y suficiciite el que piicda
ser ideiitificado cii el sciio y cii el uso de la 1cngii;i. Cada sigiio
iiigrcsa eii iiiia red dc rclacioiics y dc oposicioiics coi1 otros sig-
110s que lo defiiieii, qiic lo deliriiitaii eii cl iiiterior de la leiigiia.
Quien dice "semiótico" dice "iiitraliiigüístico". Lo propio de
cada sigrio.es lo que lo distiiigiic de otros sigiios. Ser distintivo
v ser significativo es lo iiiisiiio.
De ello rcsultan trcs coiisecucricias de principio. Priniero, en
iiiiigúii nioiiierito, eii seiiiiíitica, se ocupa uiio dc la relacióii del
sigiio coi1 las cosas deiiotaclas, iii dc las rclacioiics eiitrc la leii-
gua y el iiiiindo. Eii seguiido Iiigar, cl sigiio ticiie siciiiprc y sola-
iiieiitc valor geiiérico y conccptual. No adiiiite, así, sigiiificado
FORMA Y SENTIDO EN EL L E N G U A J E 225
particular u ocasional; todo lo que es individual queda excluido;
..
las situaciones de circunstancia han de tenerse por no dadas.
Ierceramente, las oposiciones semióticas son de tipo binario.
La binaridad iiie parece ser la característica semiológica por
excelencia, en la lengua priniero, luego eii todos los sistemas de
comportarnieiito iiacidos en el seno de la vida social y partici-
pantes de un análisis semiológico. Por último, hay que enten-
der que los signos se disponen siempre y solamente en la rela-
ción llamada paradigniática. D e modo que hay que incluir en
la semiología, a más de las diversas categorías de signos, los
modelos y los esquemas según los cuales se engendran y orga-
nizan los signos: los paradigmas, en el sentido tradicional (fle-
xión, derivación, etc.). Aquí, evidenteniente, puede plantearse
todo género de probletiias, algunos con importancia filosófica.
Si el inventario seniiótico comprende el signo si (conjunción de
hipótesis), hay que admitir igualmente su función particular
que es la funcióii de inducción: "si.. . entonces.. ." Esta con-
clusión tendría un interés cierto, el fundamento de la inducción
sería lingüístico antes de ser lógico.
La naturaleza seiiiiótica parece ser comúii a todos los compor-
tamientos que se institucioiializan en la vida social, pues son
cntidades de dos caras, parecidos al sigilo lingüístico. Y esta co-
mún facultad semiótica conipone para cada conjunto un siste-
ma, el cual por lo demás, en la mayoría de los casos, está aún
por desliiidar.
Todo lo anterior atafie a la estructura o a las relaciones del
signo. Pero ¿qué es de la frase? ¿Qué es de la función comuni-
cativa de la lengua? Después de todo, es así como nos comuni-
carnos, por medio de frases, así sean truncadas, enibrionarias. iri-
completas, pero siempre mediante frases. Es éste en nuestro
análisis un punto crucial. Contrariamente a la idea de que la
frase pudiera constituir un signo en el sentido saussuriano, O
que se pudiera por simple .adición o extensión del signo pasar a
la proposición, y de ahí a los tipos diversos de construcción sin-
táctica, opinanios que el signo y la frase son dos mundos distin-
tos y que requieren descripciones distintas. I~stauramosen la
lengua una división fiindainental, del todo diferente de la que
Saussure inteiitó eiitrc leiigua y habla. Nos parece que hay que
trazar a través de la leiigua entera una Iíiiea que separe dos es-
226 FI. H O M R R E EX I.A I.E'CIIA

pecies y dos doniinios del sentido r de la foriiia. por i~iuchoque


scan -y h e aqiii iina de las pradojas del lenguaje- los iiiisinos
elciiieiitos los que reside11 dc iiiia parte y de otra, dotados sin
eiiibargo de difcrciitc estatuto. La lengua tiene dos niancras de
ser leiigua eii el seiitido la foriiia. Acabamos de defiiiir uria;
la Ichgiia coiiio settiiótica; Iiav qiie justificar la seguiida, qiie lla-
iiiaiiios la lciigiia coiiio seiiiúiztica. Esta coiidición eseiicial que-
dari -lo cspcraiiios- hastaiitc clara para que se nos perdone
ciiiplear tcriiiiiios taii cercanos v se nos conceda el derecho de
especializar, distiiigiiii.iidolos, los térniinos "semiótica" r "se-
riiaiitica"; no Iieiiios eiicoiitrado iiiejores para definir 1;s dos
iiiodalidades f~iiidaiiiciitalcsde la fiiiicióii liiigiiística, la de sig-
iiificar. para la sciiiiOtica, I:i de coiiiiiiiicar. para la sciiiiiitica.
La iiocióii de scniáiitica nos iiitrodiicc en cl doiiiiiiio de la
leiigua en uso y cii accitiii; \.eiiios esta vcz cii la Iciigiia su fun-
ción de mediadora ciitrc ci Iioiiihrc r cl Iioiiihrc, ciitrc el Iiombre
y el iiiuiido, eiitrc la iiieiitc v las cosas. tr;isiiiiticiido la iiiforma-
cióii, coniiinicaiido 1;i cxpcriciicis, iiiipoiiiciido la adlicsióii. sus-
citaiido la respiicsta. iiiiplor;iiiclo. coiistriíiciido -cii iiiia pala-
bra, orgaiiizando toda 1;) \,ida <le los Iioiiihrcs. Es la Iciigiia coiiio
iiistriiniento de la descripcióii r dcl rx~.oiiaiiiiciito.S010 el fun-
cionaniieiito seniáiitico dc la Iciigiia ~~criiiitc la iiitegracióii de
la sociedad v la adcciiaci0ii al iiiiiiido; por coiisigiiieiitc 1;i rcgii-
lación del peiisaiiiiciito r cl dcscii\~olviiiiiciit«de la coiisciciicia.
Ahora, la expresióii seiiiáiitica por exccleiicia es la frasc. De-
cimos: la frase eii geiiefal, siti siquiera distiiigiiir la proposi-
ción, para atenernos a lo esciicial, la produccióii del discurso. Ya
iio se trata, esta vez, del significado del signo, sitio dc lo que
puede llamarse lo inteiitado, lo que el locutor quiere dccir, la
actualización lingiiística de su pensainiento. D e lo seiniótico a
lo sernántico hay un cambio rotuiido dc perspectiva: todas las
nociones que hemos repasado regresan ante nosotros, pero niu-
dadas, y para ingresar en nexos nuevos. Lo serniótico se caracte-
riza como una propiedad de la lengua, lo sernántico resulta de
una actividad del locutor que pone en acción la lengua. El sig-
no serniótico existe en si, funda la realidad de la lengua, pero
no trae aplicaciones particulares; la frase, expresión de lo se-
mánticoj no es sino particular. Con el signo se alcanza la rea-
lidad intrínseca de la lengua; con la frase se está vinculado a las
FORIIIA Y SENTIDO EN EL LENGUAJE 227
cosas de fuera de la lengua; y en tanto que el signo tiene por
parte constituyente el significado que le es inherente, el sentido
dc la frase iinplica referencia a la situación del discurso y la
actitud del locutor. Dado así el marco general de esta defini-
ción. inteiitenios decir cómo aparecen esta vez las nociones de
fornia sentido a la luz semántica.
La primera ~crificaciónes que el "sentido" (en la acepción
sciiiántica quc acabamos de caracterizar) se consuma en una
foriiia especifica, v por ella: la del sintagnia, a diferencia de lo
semiótico, que se. define por una relación de paradigma. Por
un lado la sustitución, por el otro la conexión, tales son las dos
operaciones típicas !. complementarias.
Eii scgundo lugar, tenemos que determinar el tipo de unidad
que coiivieiic a esta estructura forinal. Se ha visto que la unidad
semiótica cs el signo. ¿Qué será la unidad semántica? Sencilla-
mente la palabra. Después de tantos debates y definiciones acer-
ca de la naturaleza de la palabra (ha llegado a llenarse un libro
ciitero). la palabra reciiperaría asi su función natural, al ser la
unidad iiiíninia del iiiensaje !. la unidad necesaria de la codifi-
cación del peiisaiiiieiito.
El sentido dc la frase es en efecto la idea que expresa; este
sentido cs realizado foriiialniente en la lengua por la elección,
la disposición de las palabras, por su organización sintáctica, por
la acción que ejercen iiiias sobre otras. Todo está dominado
por la condicióii del sintagnia, por el nexo entre los elementos
del enunciado destinado a trasmitir un sentido dado. en una
circuiistaiicia dada. Una frase participa siempre del "aqui-aho-
ra"; deteriiiiiiadas iinidades del discurso están en ella unidas
para traducir cierta idea que interesa a cierto presente v cierto
locutor. Toda foriiia 1.crbal. sin excepción, en el idioma que sea,
está siempre ligada a cierto presente, v así a un conjunto de cir-
cunstancias único cada vez, que la lengua enuncia en una mor-
fología específica. Que la idea no halle forma sino en una dis-
posición sintagniática, es una condición previa, inherente al
lenguaje. El lingüista se encuentra aquí ante un. problema que
se le escapa; apenas puede conjeturar que esta condición siem-
pre necesaria refleja iiiia necesidad de nuestra organización ce-
rebral. E n los niodelos construidos por la teoría de la informa-
228 FL N O M B R E EN LA LENGUA

ción reaparece la misma relación entre el mensaje y las unida-


des probables de la codificación.
Procuremos ahora elucidar el proceso merced al cual se rca-
liza el "sentido" eii semáiitica. Reina al respecto tal coiifusión o,
peor,.tal falsa claridad, que hay que ponerse a escoger y delinii-
tar bien los términos del análisis. Planteaiiios coiiio priiicipio
que el seiitido de una frase es otra cosa que el sentido de las
palabras que la coiripoiien. El sentido de una frase es su idea,
el sentido de una palabra es su empleo (siempre en la acepción
semántica). A partir de la idea cada v a particular, el locutor
reúne palabras quc en este empleo tienen un "sentido" particu-
lar. Por afiadidura, hay que introducir aquí un térniino que el
análisis seiniótico no reqiicría: el dc "refereiite", independiente
del sentido, y que es cl objeto particular al que la palabra co-
rresponde en lo concreto dc la circunstancia o del tiso. Aun
comprendiendo el sentido individual de las palabras, bien pue-
de, fuera de la circuiistancia, no cntenderse el sentido que re-
sulta de la reunión de las palabras; es uiia experiencia corrien-
te que muestra que la noción de referencia es eseiicial. De la
confusión, tan frecuente, entre seiitido y referencia, o entre re-
ferente y signo, Iian nacido tantas vanas discusiones sobre lo
que se llama el principio de la arbitrariedad del signo. Esta dis-
tinción, que se verifica fácilmente en la seiiiántica Iéxica, ¿debe
ser introducida también cn la semáiitica de la frase? Así lo
creemos. Si el "sentido" de la frase es la idea quc expresa, la
"referencia" de la frase es el estado de cosas que la provoca, la
situación de discurso o de hecho a la que se refiere y que jamás
podemos ni prever ni adivinar. En la mayoría de los casos,
la situación es una condición única, cuyo conocimiento no
puede ser suplido por nada. De suerte que la frase es cada vez
un acontecimiento diferente; no existe niás que en el instante
en que se la profiere, y se borra en el acto; es un acoiitecimien-
to evanescentc. No puede, sin contradiccióii en los términos, im-
plicar empleo; por el contrario, las palabras que estáii dispuestas
en cadena en la frase y ciiyo sentido rcsulta precisamente de la
inanera como están combinadas, sólo tienen empleos. El sentido
de una palabra consistirá en si1 capacidad de ser integrante de
un sintagnia particular de desciiipefiar una fuiicióii proposi-
cional. Lo que sc llama polisciiiia tio cs siiio la siiiiia iiistitucio-
m n n r ~Y S E N T I ~ OE N EL I.'NGUAJE 229
nalizada, si es que puede decirse esto, de tales .valores contex-
tuales, siempre instantáneos, apfos continuamente para enri-
quecerse, desaparecer -en una palabra, sin permanencia, sin
valor constante.
Todo recalca así el estatuto diferente de la misma entidad 1é-
xica, según se la tome como signo, o como palabra. De ello re-
sultan dos consecuencias opuestas: por una parte, se dispone a
iiienudo de una variedad bastante grande de expresiones para
enunciar, como se dice, "la iiiisina idea"; en lo concreto de cada
situación y de cada loctitor o interlocutor, hay iio sé cuántas
maneras posibles de invitar a alguien a que tome asiento. por
no hablar del recurso a otro sistema de comunicación, m lin-
güístico, y no obstante sublingüístico: el simple gesto desig-
nando un asiento. Por otra parte, pasando a palabras, la idea
debe sufrir el constreñimiento de las leyes de su unión; hay aquí
por necesidad una mezcla sutil de libcrtad en el enunciado de
la idea, de constreñimiento en la forma de dicho enunciado,
que es la condición de toda actualización del lenguaje. Es en
virtud de su coadaptaeión como las palabras contraen valores
que no poseían en sí mismas y que hasta contradicen los que
poseen en otras partes. Se ven aliarse conceptos lógicamente
opuestos y que aun .se refuerzan juntándose. Es esto tan común
que ni ctieiita nos damos; tal es la alianza entre "haber" y "per-
der" en "he perdido", de "ir" y "venir" en "va a venir", entre
"deber" y "recibir" en "debe recibir". El proceso de la auxilia-
ción en el verbo ilustra bien esta trasforiiiación que las condi-
ciones de enipleo pueden producir en el sentido misnio de las
palabras Ilaiiiadas a uiia siiitagniación estrecha. Así el "sentido"
de la frase está en la totalidad de la idea percibida por una coin-
prensión global; la "foriiia" es obtenida por la disociación ana-
lítica del eiitinciado empujada hasta las tinidades seniánticas,
las palabras. Más allá, las unidades no pueden ser ya disociadas
sin cesar de deseiiipeñar su función. Tal-es la articulación se-
mán'tica.
El sentido que ha de ser portado o, si se quiere, el mensaje,
es definido, delimitado, organizado por mediación de las pala-
bras; y el sentido de las palabras, por su parte, es determinado
por relación con el contexto de situación. Ahora bien, las pa-
labras, instrumentos de la expresión semántica, son, material-
2 30 EI. HOUBRF. EN LA I.ENCUA

mente, los "signos" del repertorio semiótico. Pero estos "sig-


nos", conceptuales, genéricos, no circunstanciales cii si iiiismos,
deben ser utilizados como "palabras" para iiocioiies siempre
particularizadas, especificas, circunstanciales, en las acepciones
contingentes del discurso. Esto explica que los signos menos
delimitados en el interior del repertorio seniiótjco de la leiigua.
2.
ser", "hacer", "cosa", "eso", tengan, como palabras, la iiiá-
xima frecuencia de empleo. Además, la convcrsióii del pciisa-
miento en discurso está sujeta a la estructura foriiial del idioiiia
considerado, es decir, a una organizacióii tipológica quc, scgíiii
la lengua, hace predominar ora lo graiiiaticai, ora lo lcxico. El
hecho de que, con todo, sea posible, a grandes rasgos, "decir
la misma cosa" en una como en otra categoría de idioiiias, cs la
prueba, a la vez, de la independencia relativa del pciisaiiiiciito
y al misnio tiempo de su modelado estricto en la estructiira liii-
güística.
Reflexiónese de cerca en este hecho notablc. quc nos parccc
sacar a la luz la articulación teórica qiie 110s cnipcíiaiiios en
deslindar. Puede trasponerse el semantismo de tina leiigiia al de
otra, salva ventate; es la posibilidad de la traduccióii; pero no
puede trasponerse el semiotismo de una leiigua al de otra, cs la
imposibilidad de la traducción. Tocamos aquí la diferencia cii-
tre lo semiótico y lo semántica.
No obstante, también es una verificación esencial el qiie la
traducción no deje de ser posible como proccso global. Este
hecho revela la posibilidad que tenemos dc clevariios por ciici-
ma de la lengua, de abstraernos, de contemplarla, siii dcjar de
utilizarla en nuestros razonamientos y iiuestras ohscnacioiics.
La facultad mctaliiigüística, a la que los lógicos Iiaii atendido
más que los lingüistas, es la prueba de la sitiiacióii tr;iscciiclcii-
te de la niente con respecto a la lengiia cii sil cal~cidadsc-
mántica.
Estos dos sistemas se superponen así cii la Icngiia tal coiiio
la utilizamos. En la basc rcsidc cl sisteiiia sciiiiótico. orgaiiiza-
ción de signos, según cl critcrio de la sigiiificacióii. cada iiiio de
ellos con una denotación conccpt~ral,c iiicluycndo cii iiiia siil>-
unidad el conjunto de sus sustitutos paradigiiiáticos. Sobre estc
fundamento semiótico, la lengua-disciirso construye una seiiiiii-
tica propia, una significación de lo intentado prr~diicidapor sin-
tagniacióii de palabras, donde cada iina iio retieiie sino una pc-
qucña parte dcl valor que ticiic eii taiito q ~ i csigiio. Es pues nc-
cesaria iiiia descripci0ii distiiita para cada elciiieiito, segíiii cl
doniiiiio e11 el qiie estc iiietido. scgiiii sea toniado coiiio signo
o sca toiiiado coiiio palahra. l'or lo dciiiis, tia! qiic trazar ulia
distiiicióii dcritro del doiiiiiiio seiiiáiitico ciitrc la iiiiiltiplicidad
iiidefiiiicla de las frascs posibles. a la vez por su diversidad y por
la posibilidad qiic tieiieii de ciigciidrarse iiiias a otras. y el iiúiiir-
ro sieiriprc liiiiitado. iro stilo de leseiiias iitilizados coiiio palabras,
siiio taiiil>iéii de los tipos dc iiiarcos siiitácticos a los cuales recu-
rre por iicccsidad la leiigiia. 'l'al es el doble sistciiia coiistaiiteiiieii-
te cii accióii cii la Iciigiia v qiic fiiiicioiia t~iiide prisa, y coi1 iiic-
go taii siitil. quc reqiiicrc iiii largo esfuerzo de aiiálisis y u11 lar-
go csfiicrzo de dcs~~rciidiiiiiciito si se qiiicrc disociar lo qiic
coiicieriic a lo iiiio ;i lo otro. Pero cii cl fuiidaiiiciito de todo
está el poder sigiiificaiitc de la leiigiia. qiie va iiiiiv por dclaiite
del de decir algiiiia cosa.
Al tériiiiiio de esta reflexióii \~olvciiios al piiiito de partida.
a la iiocióii de sigiiificaci6ii. Y hc aquí que se reaiiirna e11 nues-
tra iiieiiioria la palabra liiiipida v inistcrioia del viejo Heráclito,
que confería al Sciior del oráculó de Delfos el atribiito quc con-
feriiiios iiosotros al ~iicollo iiiis profiindo del lenguaje: oute
légei, oute kr+ptei -"no dicc iii ocultan-, aliu semaínei -"pero
significa"

<:oc~ii.:.i..El seiior Beiivciiiste Iia Iiecho tina distincióii entre se-


iiiiótica y sciiiántica, cs dccir uiia clasificación dicot6inica.
iCóiiio cs posible cii esas coiidicioiies situar ia oposición gciie-
raliiiciitc rccoiiocida Iiov. cii filosofía analítica, entre la frasc y
cl ciiiiiiciado, la frase. eii iiiglés seiitence, y el enunciado, state-
iiieiit? Eii cfccto, sc diría quc la frasc participa a la vez de dos
cliiscs opuestas: por iiii lado. sc parece a' la palabra, cii la iiiedi-
da eii que cs uiia pura disponibilidad. en que no es necesaria-
iiiciitc ascrt:ida sino siiiipleiiientc prcsciitada, sin que exprese
uiia adlicsióri de quien la pronuncia; conio cri el caso de la frase
en mención, por oposición a la frase en empleo (mention y use).
Por este lado la frase (sentence) tiene una disponibilidad que
la hace asemejarse mucho a la palabra v no parece scr cosa de
lo semántico sino de lo semiótico. Por otro lado, la frase tiene
,m cierto carácter cn coniíin con lo que ha llamado usted efec-
tivamente "frase", cs decir con iin enunciado único, no repe-
tible, ligado al locutor y al marco cn-quc es pronunciado, lo
cual se traduce al inglés con el término statement. Mi cuestión
es pues:
¿Cómo es posible hacer justicia al hecho de que la frasc, en
el primer sentido, tenga ya rasgos sintácticos, cn vista de que
no es una simple lista de palabras? ¿y que por otra parte no
tenga aún todos los rasgos semánticos, ya que no cs todavía un
enunciado? La frase está disponible, un tanto a la manera de
una palabra sacada de iin diccionario y que no está siendo utili-
zada aún, pero lo está ya menos que una palabra. puesto que
no es una simple lista. ¿Tiene ya una unidad sintáctica, pero no
tiene todavía un valor semántico bien determinado como el
enunciado, el statement?

BENVENISTE. Esto cae algo fuera de la distinción que intenté


instituir, pero preveía qiic esta distinción acarrearía más pro-
blemas de los que he mencionado. El lenguaje tiene, en su uti-
lización, una diversidad de empleos, de juego, de la que toda-
vía no podenios hacernos tina idea.
Hav que distinguir, naturalniente, como lo ha hecho el ora-
dor, dos posibilidades en la utilización de una frase, y es el hc-
cho que ha ilustrado con la distinción entre sentence y state-
rnent.
Respondo que, en la dicotomía que propongo, ninguna for-
iiia de frase tiene cabida en el dominio de lo seniiótico. Todo
cs del orden semántico a partir del momento en que abandona-
iiios el dominio del signo tal como lo circunscribí. El que habla
ticiic. cómo no, la posibilidad de avalar o no determinado enuii-
ci:ido que articula, es decir o bien de presentar un enunciado
dc opiiiion. situado "aquí-ahora", o bien de proceder por cita.
I'cro es exactamcntc la misma situación en que 110s encontra-
iiicis cri una circunstancia que no mencioné, a propósito dc la
~xil;il>ra,ciiando tratamos de la palnbra I&ca, considerada como
materia lexicológica. El diccionario nos presenta entidades Iéxi-
cas que tienen una realidad sui generis, que no es la realidad
del empleo lingüístico. Creo que otro tanto pasa coi1 la frasc.
La frasc, tal como la he comprendido, enunciado de carácter
necesariamente sernántico, no excluye la posibilidad de produ-
cir una frase ya hecha, por ejcmplo para ilustrar una regla de
sintaxis, y eventualmente de einplearla como tal, sin que pueda
ser considerada como un elemento de mi propio discurso, sino
precisamente en calidad de elemento referido.

GUEROULT. M e pregunto si esta distinción entre la mencióii y


el enunciado que uno avala no será un poco superficial en la
especie. Cuando hago uqa cita, me borro detrás del interlocu-
tor que es objeto de la cita. Por consiguiente, se está ante una
afirmación que alguien avalaba; es otro el que hago que me sus-
tituya. Desde el punto de vista de la situación filosófica, no se
ve que ello plantee un probleiiia diferentc. Hago una cita, por
ejemplo; evidentemente no soy yo quien habla, sino un inter-
locutor que introduzco en mi lugar y que, él, avala la frase que
he citado.

GOCHET. Pensaba yo en una frase mencionada en un ejemplo de


gramática, que representa lo que un orador cualquiera podría
decir. No hay entonces elemento asertivo, ni en segundo grado.
Era a este género de mención, utilizada a título ilustrativo, a
la que yo aludía, para realzar la diferencia entre, por una parte,
la frase que está ahí, disponible, y, por otro lado, el enunciado
asertado por un individuo determinado o atribuido a un indi-
viduo determinado en una cita verdadera. Esa frasc que está
ahí, disponible, es sin embargo un conjunto estructurado, un
sintagma y no nada más un elemento de orden paradigmático
que ilustra alguna cosa. Es una frase ya, pero que no es asertada
por nadie en particular ni es atribuida a nadie en particular.

BENVENISTE. Para dejar del todo las cosas en su lugar:'voluntaria-


mente di de lado (debí decirlo expresamente) toda noción de
frase disponible, existente ya fuera del empleo instantáneo, es-
pontáneo. personal, que puedo hacer en tanto que locutor. Es
decir, prácticamente, un material de enunciados fijados en for-
ma escrita, permanente, no personal.

PERELMAN. El filósofo sieiiipre busca entrar en contacto con es-


pecialistas en disciplinas de las que podría apreiider algo; tal
pasa con la lingüística. Pero sieiiipre hay un peligro en las coii-
versaciones de quienes cultivan disciplinas difcrciites: quc sus
clasificacioiies y su visión, que sus problenias difieran a tal puii-
to que acaso geiiereii abundantes iiialeiitendidos, iiiieiitras cada
quien lleva adelante su propia disciplina. Por cjcinplo, cuaiido
usted proloiiga a De Saussurc. el filósofo que escuche piensa,
por su parte, en la historia de su propia disciplina, que clabo-
ró progresivanieiite una distinción cntre siiitaxis. seiiiiiitica Y
pragiiiática, lo que en conjunto se Ilaiiia semiótica; las iiiisiiiai
palabras tienen un sentido muy diverso para ustcd y para él. Si
planteo la cuestión es para saber qué considera usted secuiidario
cn esta tripartición. En la prágmática interviene no sólo el loco-
tor sino también el intalocutor, o sea aquellos a quicnes se diri-
ge uno con todos los problemas que ello puede conllevar. Dado
que usted se queda en una dicotomia, es preciso que su seinán-
tica cargue con ciertos elementos de la seniáiitica y con otros
de la pragmática de los lógicos. Me gustaría saber en qué iiie-
dida sus preocupaciones le permiten dispensarse de esta di-
visión.
El señor Gochet ya ha intervenido distinguiendo stateinerit
de sentence, es decir la frase iinpersoiial, de su uso en un coii-
texto determinado; pero una vez que examinamos 1111 caso coii-
creto, no sólo tenemos una situación objetiva, teiieiiios todo el
trasfondo cultural e histórico, tenemos todos aquellos a quienes
110s diriginios, y todo un coiijiiiito de elementos que periiiitcii cs-
plicar la acción sobre el interlocutor, gracias al trasfondo por el
cual se puede actuar. De ahí qiic quisiera saber lo qiic es puesto,
por así decirlo, en segundo plaiio, lo que considera usted scciiii-
dario, al contentarse con una dicotoiiiia, eii lugar de uiia triple
división.

eENvENisre. Será útil, en efecto, confrontar aquí dos usos tcr-


iiiinológicos, pues no son nada niás teriiiiiiológicos c iiiiplicaii
precisamente tal o cual concepción de conjunto. Creo iiecesa-
F O R M A Y S E N T I M EN EL 1.ENCUAJE 235
rio, por lo que a mi toca (y tengo la impresión de no ser un
caso único entre los lingüistas), partir de la lengua y procurar
llegar a los feiióiiienos que ella permite entrever. La contribu-
ción de los lingüistas a la teoría general del conocimiento está
precisaiiieiite cn la iiidcpciidencia de su itinerario, y en la ma.
iit-ra coiiio, por cuenta propia, tratan de elaborar este conjunto
que rcpreseiita la lengua con su complicación siempre crecien-
te, la variedad de sus niveles, etc. . . Es cosa, pues, de saber si la
dicotoiiiia que presento cs o no conciliable (y si no, por qué)
con la triplicidad que instituyen los lógicos. Si no rne equivoco,
la noción de sintáctica, la noción de semántica, la noción de
pragiiiática, son los tres órdenes de nociones a los que en gene-
ral sc adhieren los Iógicos.'Estas tres nocioiies constituyen un
coiijuiito iiiuy distintaniente articulado de como la lengua per-
iiiite coiiccbirlo. Juntas o separadas, perteiieccn exclusivanien-
tc al doiiiinio que es, eii nii terminología, el de lo seinántico.
En efecto. lo qiic para el lógico es siiitáctico, a saber, el enlace
entre los eleineiitos del enunciado, ataiie a una consideración
que para iiií es ariihigua, en el sentido de que, por una parte,
lo que es sintaginático para el lingüista coincide con lo que se
Ilaiiia siiitáctico eii lógica, y cae por consiguiente dentro del or-
den de lo seiiiáiitico; pero, por otro lado, a los ojos del lingüis-
ta este viiiculo puede ser gobernado por una necesidad pura-
iiieiite graiiiatical, que depende por entero de la estriictura del
idioiiia, que no cs cosa oiiiversal. que adopta foriiias particula-
res scgúii cl tipo dc lengiia coiisidcrado. Hay así no solanieiitc
cierta iiiaiiera de codificar el peiisaiiiiento, sino cicrta iiiatiera
de ciicadciiar los elciiieiitos del discurso, que es fuiicióii de lo
qiic puede llaiiiarsc una grainática. Ve usted cóiiio el lingüista
Y cl lógico pueden a la vez coincidir y diferir cii la iiiaiiera dc
coiicchir lo "siiitáctico". Por lo qiic toca a la distiiicióii adnii-
tida cii I6gica ciitrc lo pragiiiático y lo seiiiáiitico, cl lingüista
-crco yo- no la eiiciicntra iieccsaria. Es iiiiportaiitc para CI
Ibgico distiiigiiir por u11 lado la relación ciitre la lengua y las co-
sas, es el orclcn sc~n;íiitico;por otro, la relación entrela Iciigiia
y aqucllos que la lengua iniplica en su juego, aqiiellos qiie se sir-
ven de la lengua, es el orden pragiriático. Pcro para un liiigüis-
ta, si puede ser útil recurrir a seniejaiite subdivisióii cii tal o cual
nioniento del estudio. en principio tal distiiicióii de principio
no es necesaria. A partir del moiiieiito en que la lengua es coii-
siderada como acción, como realización, siiponc iiecesariamente
un locutor y supone la situación de este locutor en el 'niuiido.
Estas relaciones son dadas juntas en lo que defino como lo
semántico.

PERELMAN. La sintaxis coniprende niás de lo que ha dicho us-


ted, puesto que comprende ta~iibiéntodos los signos utilizados
en la lengua y no sólo su concatenación y los nexos entre dichos
signos. Es a la vez una especie dc vocabulario y cl coiijuiito de
las reglas de gramática, según la concepción tradicional de la
sintaxis. Por otra parte, coniprendo a la perfección que la se-
mántica en el sentido del lógico esté en segundo plano en la me-
dida en que el lingüista no se interesa en el problema de la ver-
dad. Se trata evidentemente de un problema filosófico y se
aprecia a la perfección que en determinada coriccpción realista
del discurso el problema de la verdad pasc al primer plano, lo
cual representa una preocupación más bien secundaria para el
lingüista.

J.-c.PICUET. El seílor Benveniste ha dicho más o menos esto:


"El sentido de la frase es otra cosa que el sentido de las pala-
bras que la componen; el sentido de las frases es dado por la
idea, el sentido de las palabras por su empleo en la frase." Ha
agregado: "El sentido de la frase equivale a la totalidad de la
idea, percibida semánticainente; la forma de la frase, en desqui-
te, es dada por la disociación de esta totalidad en unidades se-
miótica~ o por la composición de unidades seniióticas inde-
pendientes." Parece pues que la semiótica y la semántica cons-
tituyen dos planos que participan, si no de métodos, sí al me-
nos de ideas epistemológicas o metodológicas distintas. La se-
mántica presupondría un método global de aprehensión del
sentido. Opuestamente, el método o la dirección mental que
se.requiere en la semiótica sería de composición o de descoinpo-
sición, y así de naturaleza analítica y no global.
Con ello, mi cuestión es la siguiente: ¿cómo se alían estos
dos métodos en el interior de la lingüística? ¿Cómo la semió-
tica y la semántica pueden coexistir metodol6gicamente, si la
una es de tipo analítico, la otra de tipo global no analítico?
¿Cuál debe ser eiitonces, a fin de cuentas, el inétodo fuiidamen-
tal rector de la lingüistica en su conjunto?

BENVENISTE. ES una cuestión que se adelanta mucho; toda res-


puesta categórica siipondría justamente lo que aparté desde
el principio: que existiera uiia doctrina lingüistica al respecto.
Lo que forniulé son puntos de vista personales, son proposiciones
que falta discutir, precisar, extciider, circunscribir en todos los
doiiiiiiios de la lingüistica.
Distirigo entre las unidades llamadas signos de la lengua toma-
dos en sí y en tanto que significan, y la frase, donde los mismos
elenientos están construidos y dispuestos con vistas a un enun-
ciado particular. Concibo pues dos lingüísticas distintas. En la
etapa presente del estudio, es una fase necesaria de la gran re-
construcción que apenas iniciamos y de ese descubrimiento de
la lengua que sólo coniienza. En la etapa presente hay que ela-
borar métodos y conjuiitos conceptuales distintos, estrictamente
apropiados a su objeto. De suerte que me parece niuy veiitajo-
so, para aclarar las iiociones que 110s interesan, que se proceda
por lirigüísticas diferentes, si deben, separadas, conquistar cada
una más rigor, sin que ello obste para ver luego cómo pueden
iiilirse y articuldrse.

RICOEUR. Mi intervención concernirá a dos puntos: por una par-


te, consideraré las implicaciones filosóficas de la distinción pro-
puesta por el señor Benveniste; por otra. plantearé una cues-
tión atinente a su extensión eventiial. La distinción de lo se-
miótico y lo semántico es de considerable fecundidad filosó-
fica; permite reanudar la discusión acerca del problema funda-
mental de lo cerrado del universo lingüístico. La lingüística se
conquistó precisamente proclamando dicho cierre, instituyén-
dolo, por consiguiente separando la constitución interna del
sistema de los signos en la lengua de la captación de la realidad
por el lenguale. Y al mismo tiempo la lingüística ha creado una
paradoja, a saber, que el signo desaparece en su función esen-
cial, que es la de decir algo. Ahora bien, la doble lingüística del
seiior Benveniste permite volver al problema por otro lado: su
coiicepto de semántica permite restablecer uiia serie de niediacio-
nes entre el mundo cerrado de los signos, en una semiótica, y la
238 EL H O ~ I R R EEN LA LENGUA

captación de lo real por nuestra lengua, en tanto que semántica.


Esta distinción de lo semiótico y de lo semántico llega mucho
más lejos que la dicotomía saussuriana de la lengua y el Iiahla.
El señor Benveniste c ~ ~ e l va eencontrar el problenia, ya visllini-
brado por Meillet cuando distinguía la inniaiieiicia v la tras-
cendencia de la lengua, es decir las relacioiies iriteriias a la len-
gua y su superación hacia algiiiia cosa otra. La doble lingüís-
tica del señor Benveniste permite compretider que el lenguaje
se constituye en la clausiira del niundo de los signos v no obs-
tante se supera hacia lo que dicen. Al misiiio tiempo que el
apuntar a la realidad al nivel de la frase, Benvcniste permite
resolver otro problema, el de la instancia del sujeto a su propio
lenguaje por medio del nombre propio, de los prononibres, de los
demostrativos, etc. Sería iiiteresante, por lo deiiiás, sabcr cómo
se sitúa el señor Benveniste ante Gustave Guillaunie, quien
también se propuso "volver al universo" el lenguaje por medio
de la morfología del discurso.
Quisiera aliora plantear la cuestión siguiente a Benveriiste:
en la perspectiva que ha abierto, jno habría que prolongar la
dualidad de la seriiiótica v de la seriiáiitica Iiasta e11 el orden
sintagmático? ¿No Iiay po; iin lado los sintagmas quc soii cada
instaiicia de discurso, cada vez circunstaiiciales !. referidos a una
situación y a iin locutor siiigular, v por otro lado uiia "graniá-
tica" que perniite tratar como uiia producción autoiiormada la
creación de un iiúniero infinito de frases? Esta vez es por el
rumbo de Chonisky por donde habría que llevar la coniparación
v la discusión. No es solamente la palabra la que puede ser
abordada desde el punto de vista semiótico y desde el punto
de vista semántico, sino asiniismo la frase. ¿Aceptaría usted ha-
blar de una semiótica y de tina semántica de la frase?

BENVENISTE. NO me parece que la frase pueda hallar lugar en


lo serniótico. El problema de la frase no se plantea sino en el
interior de lo semántico, y es por cierto la región de la lengua
a la que concierne la cuestión del señor Ricceur. Verificamos
que hay, por una parte, empíricaineiite, frases y posibilidades de
frases indefinidas, por otra, ciertas condiciones que rigen la ge-
neración de las frases. Cada lengua posee sin duda alguna deter-
FORhlA Y S E N T I W EN E L L E N G U A J E 2 39
niiiiado número de mecanismos, de esquemas de producción,
que pueden formularse, que hasta pueden formalizarse; es a re-
conocerlos e inventariarlos a lo que se dedica cierta escuela de
lingüistas hoy por hoy. Pues bien, veamos, en lo concreto de su
labor, las operaciones que practican los teóricos de la gramática
generativa: observamos que siempre se sitíian dentro de una
sintaxis real para fundar en razón lo que puede ser dicho y lo
quc no puede ser diclio. Ahí está la distinción fundamental. Se
preguntan. por ejcniplo: ¿por qué procedimiento se pasa de
determinada manera de decir a otra? ¿Por qué procedimiento
puede convertirse una frase de tipo activo, transitivo, en una
frase pasiva? ¿Por qué procedimiento se trasforma una proposi-
ción asertiva en una proposición negativa? ¿Cuáles son las leyes
quc gobierna11 esta generación?
Por formales que sean estos procedimientos, expresados con
forma axioiiiática, inclusive matemática. apuntan en defiiiitiva
a realizaciones. No dejanios de estar en lo seniántico.
Quisiera precisar aquí u11 punto que quizá no realcé bastante.
Lo que participa de la necesidad idiomática. del mecanisnio gra-
iiiatical, es algo distiiito, que pertenece a la estruct~irafortiial
de la lengua v permanece fuera de lo semáiitico y de lo seiiiióti-
co, por iio ser significación, propiamente hablando.

.\ LA PREGUNTA DE UN CONGRESISTA ACERCA DE LAS RELACIONES


ZNTRE 1.óG1C.4 Y SEMIÓTICA, BENVENISTE RESPONDE: La necesidad
Y la justificación que los lógicos se dan a sí n~ismosa propósito
de su eiilprcsa es evideiitemente la noción de verdad, que condi-
ciona los itinerarios y las divisiones instauradas en el interior de
la lógica. Esta condición de conocimiento no es la condición pri-
iiiordial para el lingüista, que analiza lo dado que es la lengua
1, que intenta reconocer sus leyes.
En cuanto al lugar de lo serniótico, creo que es un orden dis-
tinto, que obligará a reorganizar el aparato-de las ciencias del
hombre. Estamos, en efecto, enteramente al principio de una
reflexión sobre una propiedad que no es aún definible de ma-
nera total. Es una cualidad inherente del lenguaje, pero que se
descubre también en dominios donde no se imaginaba que pu-
diera nianifestarse. Son conocidos los intentos actuales de orga-
240 EI. HOMBRE EN LA LENGUA

nizar en nociones semióticas algunos datos tocantes a la cultu-


ra o la sociedad en general. En el lenguaje se unifica esta duali-
dad del hombre y de la cultura, del hombre y de la sociedad.
gracias a la propiedad de significación cuya naturaleza y alcaii-
ce.procuramos deslindar.
Vi. LCXICO Y CULTURA
16. DIFUSION DE U N 'TÉRMINO DE CUL'I'URr\:
LATfN ORARIUhl '

El vocabulario de las lenguas antiguas y nioderiias está lleno


de préstaiiios quc se cruzan en todos seritidos. Nuiiierosas de
estas palabras Iiaii viajado hasta lejos de su fuente, pasando
de una lengua a otra mediante rodeos iinprcvistos, pero es ini~v
raro que llegue a describirse el trayecto entero. En la iiiayoria
de los casos, los etiiiiologistas no s.c quedan niás que con una
parte de los datos, los que interesan a su doiiiinio respectivo.
cuando que hay que seguir toda la contiiiuidad del proceso \-
abarcar la extensión entera del caiiipo lingüístico para tener la
seguridad de describir exactamente v de coinprender el fenóme-
no de difusión.
Quisiéramos mostrar esto mediante urr ejemplo. Luego de
hallar la resultante extrema de un préstamo, a fin de aclararlo
tuvimos que remoiitariios hasta la fuente priiiiera, que es lati-
na. Pero la exposición seguirá orden inverso al de nuestra iiidaga-
ción y partirá del latín para definir las condicioiics iniciales y
para alcanzar en su consccución Iiistórica las foriiias sucesi\.as
del préstaino, que se escalonan dcsdc Ronia Iiasta cl corazóii
de Asia.

El texto del Nuevo Testainento presenta cuatro ejeiiiplos dc 1;i


palabra no~~búpiov "scrvilleta, paíiuelo" v, baskante ~ ~ a t i ~ r a l ~ ~ i c ~
te, la Vulgata la vierte cada vez por súddriuti~"paíiiiclo ]);ira
enjugar el sudor", ya que sudariutii es el origiiial dcl prCstn~iio
griego OIIl'bd~i~v.
Hav que citar los cuatro pasajcs.
Lucas 19, 20: ( pvá ooit iiv ~ 7 x <0 i~ ~ o ~ ~ t ~II,
i ¿ inotq><t<>i(!~
, ~ ~ i , "ti1
mina, la cual he tenido guardada en un paíio"; \'iilg. ttirtu tiici

' Siudia classica el orie!italir ,Antoiiio Paglraro ohlata, I s t i l i ~ t < ir l i l:liitli>loqir rlcll.3
Univarsitl di Roma, vol. 1 (1969), pp. 2 1 3 ~ 2 1 8 .
quaiii habtii repositani 111 siidario (ariii. varSaiiiak;' a. csl.
ubrusli:"
Hcclios 19, 12: ~ O T Exai EA ri~i*;iin0t.v11i'\frix; iino<pigso0ai rinb
roC ~ ~ i o r iii9ri1C
i ~ ; niii-h~í~iri FI nt~iixi\~O~íi "De tal iiiaiicra qiie auii se
Ilerahaii sohrc los ciifcriiios pafiiiclos o paíios qiic Iiabiaii toca-
do su picl ( y craii ciirados) ";\'ulg. ita ut etiain super laiiguidos
deferreiitiir a corpore eius siiduria et seiiiicinctia (ariii. t'aSki-
iiak ' kaiii var3aiitak; a. csl. iibrrisii) .
Sieiiiprc coii igual seiitido. la palabra es eiiipleada eii uiia
circuiistancia particular cii Saii Juan. en dos pasajes:
J. 11. 4-t (rcsurrcccióii de Lázaro) : il iiilii; aiirol; oovba~iC!I
xgts8Éharo "sil rostro estaha envuelto cii iin lieiizo": Vulg. facies
illius sii,dario erat Iigata (ariii. ~~urdaiii<~k; a. csl. tibrusii).
j. 20, 7 (cl sepiilcro vacío): r8 noihii«iov ii ilv Eni rt; xerpaiijg
n6nli; "el liciizo que Iiahía estado sohrc sil caheza (= de Jc-
SI~S 1 "; \'ulg. sridariurtt giiod fuerat super caput eitis (ariii.
i~arSaiiiak;a. csl. siidari I : :
Estos dos pasijcs Iiaii dcsciiil>cñad~iiii papel decisivo cii la
Iiistoria Iésica de si~dariiriii.Fiic ;i partir clc cstc rclato" como
suduritiiii, que dcsigiiaha cii gciicral, \. taiiihi6ii aqiii. iiii liciizo
p a ~ "ciijtipür d siidor, adopth. 1101 ser iiiciicioiiado ciitrc los
aclcrczos fiiiicrarios cu;iiido 1;i Kcsiirrcccióii. cl sciitido cspcci-
fico de "liciizo qiic ciivuclvc la cabeza de los iiliiertos". de doii-
de viciic fr. siraire.'
h l i s iiitcrcsniitc aíiii, pero iiiuclio iiieiios aparciite. Iia sido 1;i
' Siihrc n n i i vurbxriik. piervniio del iraiii<i. cf. RSI,. $ 1 1 1 9 í X 1 , 1,. 711.
" Coi8 riisi, iuhrii* "pniiiielii'. riwi di;il. ohriis "renillctv dc iiicsa". dcl prefijo u-
1 d i l . rsl. h h ' ' . \l. \ . t . Vi'l~..
111. p. 170.
' Sohrc t':ilkii~ai. rf. 11. Iliiliscliiii.iii~i. .\riii. <;rairiiir., 1, i l l , i cl <Iicciutirno dc
d a 1 1 . 1132. tzin p i i i r , ciiiirlii\c8itt. CI i i i i o rniiiii cI i)tro. lil r,rigeii i n i i i o es
pmbrhle.
' I d foralir a. c$lata suddr; ( r u s o w ~ l d r 'L W I W ~ C ~ I ~ I I Icclcsii~tico)
W ~ I C I I C del gric~
qo noadiipov (d. \'as-tier. "p. cit., I I I , p 191. I.:rti ~irl.ihra griega liar" igualiiientc
al sirirni cnii la loriiia sÜd5rá (Iuati 11, 44; 20. 71; rf. S. 1'. Hruch. 1.c \Iriséoii, 80
(1967). p ~ >41. $.h.
' Iris rrlrtos paralelos de los otros e%asgelior tieneti tcrgiiitio< diferentes: nivbhv.
Irt. <¡"don í\larcor 15. 4 6 ) ; orohfi. lat. rtola (16. 5 ) ; iiflóvi«. lat. Ili~teamina (Lu-
crs z+. 12).
' Aparte dc esto. ~itdariiini no sobrevive en romance m i s que eti el dilniata sudar
"paRuclu" (dini>in. siidarr,li. dc sudariolum), que mnrerra el setitido prliiiern de la pa-
labra latina. Cf. F13Vf. XII. p. 195..
' Pera cii eipanol y yortugues, antes de 11 acepción fúnebic: ''sudidcro para Iinl-
piar el sudor" (hird.) ) "paiia, coxn qitc intigamente re lirnparí <r sitor" (Figu«redo);
y en italiano, sin ella: "paninulino per areiupre il sudore" (Zingarelli). [T.]
D I F I I S I ~ N 111.. IIN . I ~ . R L I I N Oni:. ciii.iun,\ 145
situación de sudariuiii eii la tradicióii tcxtiial latiiia. Nos pro-
ponemos precisamcnte porier eii claro uiia particiilaridad que
preseiita y las coiisccuciicias qiic Iia tenido.
Para Juan 11, 44, fi iiilli flii~niinnlifiripiip mpi~fiihfro"sil rostro
estaba eiivuelto cii iiii lieiizo". la \'iilgata da. coiiio viiiios. fa-
cies illius sudario erat ligata, v nada parccc iiiás iiatural quc
Iiallar, aquí coiiio cii otros ladoi. cl gr. nniikii~iouvertido por lat.
sudariiiiii. Pero, de iiiodo bastante curioso. la iiiis aiitigua tra-
duccióii latiiia. la \'etiis Latiiia (Itala) no traía aquí strdariuiii
si110 uiia palabra difereiitc, oratitiiil. qiic la \'iilgata cliiiiiiií~
para poiier el siidariiiiii del texto actiial. No se Iia prestado atcii-
ción a esta discordaiicia. qiic iio deja de ser iiotal~lcl>or iiiis
de uii lado.
Aiite todo Iiay qiic rctciier el Iicclio de qiic el latiii disl>oiiia.
para la iiiisiiia iiocióii. dc dos tériiiiiios. orariiiii~y siidariiiiii. Si
los iiiás antiguos tradiictores. al tciicr qiic tradiicir cl noidii«ii~v
de Juaii 11, 44, cligieroii oruriiiiii. ciiaiido qiic siid<iriuiii parc-
cía imponerse o. en todo caso. se presciitaba priiiicro. sciiicj;iiitc
preferencia debe tener algiiiia r:izóii. SC explica. crcciiios. por
la sitiiacióii respectiva de sudariiiiii \ clc or<iriiiiii cii el iiso. Eii-
trc las dos palabras, prácticaiiieiite siiii,iiiiiias. la difcrciici;~es
de nivel estilística. Stidariiiiil pcrteiiccc a la hiiciia Iciigiia clá-
sica (Catulo, Quiiitiliaiio); orariiiiii dcl>ía clc ser tiiás coiiiíiii.
si iio cs qiic viilgar. La foriiia iiiisiiia iic orariiiiii "liciizo ptra
(enjugar) la cara". doiidc el tciiia de os Iia rc~iipla~ado a sud-,
i~iiicstraiiiia crcacióii seciiiidaria de iiitciicióii csprcsiva. La pa-
labra lio aparece 1iast;i el siglo iv. cii la Historiu oiigirst~,doiidc
dcsigiia los liciizos qiie los cspcctadorcs agitaban eii el teatro
para iiiaiiifcstar sil coiitciito: ipsiiiiiqiie prii~iiiiiidoimsse oraria
popiilo roiiidiio qiiihiis iiteretiir popiilirs ad flisoreiii: cf. en
Eiiscl>io: ~ i i ~ < 1 < i ~ i ?ni;
í - 1 1 ~i18ori<ii;1). reí; 8fiiryat;.'' Se cita e11 se-

giiida. ;i ~>riiicil>ios clcl .siglo \,. cii Saii i\giistíii: Tuiic. sicut
potiiit. octiliiiii l<ipsiiiii (itqire peiideiiteiii. loco suo re\acutiiin.
ligui'it orurio.'" I'riidciicio. cxaltaiido a dos iiiirtircs, recuerda
el iiiil;igro qiic ;icoiiil>;iñó ;i sil iiiiicrtc: se vio ascciidcr al ciclo
dos ol~ictos.el ;iiiillo dc iiiio. el l>aiiiiclo clcl otro: illiiis fideiit
a \'upi,ri>. \tireli:tnris. c,q> xtvi!!.
1 l . 1 , t r 1 1 l .l . l . 2. p 2322.
'" Cii. Uw. Y V ~ , S
216 ~Oxrcor COI.TORA

figuraits nube fertur a~iiilus,liic sui dat pigilus oris, ut ferunt,


orariiim," con figura etiiiiológica, orariuin sui oris. Otros ejem-
pl»S de la latinidad cristiana, más recientes. son citados por
R¿jiiscli."
Fiiedc verse. pucs, cti la cleccióii de orariiim por los prinieros
traductores de los evaiigelios para cl noihii?iov de Juan 11, 44,
iiii rcflejo del iiso coiiiíiii. v e11 cl sudarium qiie pone en su 111-
g ~ lar \'iilgata i i i i ciiipeíio de bien decir. Es un liecho del niisnio
cirdcii qiic c1 rciiiplazariiieiito de lauacruni, que era el priiiier
ti2rriiirio latino para "bautismo", por baptisiim (-mus).
Pero la aparicióii de orariiiiii en la Itala no interesa sólo a
la liistoria dcl vocabulario latino. Ha tciiido, afuera, consecuen-
cias qiie aúii iio Iiaii sido advertidas.
La vcrsinii g6tica dc los cvaiigclios 110s queda por lo que toca
a dos .pasajes, aiitcs citados, donde el gr. ~nvli(iotovy lat. suda-
riiitli se corrcsl>oiidcii. Es iiitcrcsaiite vcr cóiiio traduce Úlfila.
El priiiicr cjeiiiplo es Liicas 19, 20: "(tu niiiia que he guar-
dado ciivuclta) Ev n o i ~ h a ~ i win, sudario", cii gótico: (su skatts
Peiris Puiiei habaida gdugidariaj in fanitz. Esta palabra gótica,
fana. \sicrte eii otros lados (hlat. 9, 11;, Mc. 7, 21 ) el gr. háy.o;,
lat. panilus "picza de tejido (para reparar iiii vestido)". De
iiiodo qiic cl tradiictor ha toiiiado aquí sudarium no eii su sen-
tido propio, siiio en su acepción coiitextual de "picza de tela,
paño (para eiivol\~crti11 objeto cualquiera)".
El seguiido cjeiiiplo gótico es, casualniciite, Juan 11, 44, "su
rostro cstaba ciivuclto cii iiii lienzo (novhar!iw)", el pasaje mis-
ino cloiidc la ltala da oruriiiin y la Viilgata sudarium. Es tradii-
cido: wlits is auralja bibundaiis. El tériiiiiio gótico no es ya
faiia sino aurali quc, coiiio lia sido rccoiiocido desde Iiace mu-
cho, procede del latín orariuiii.'"e aprecia pues un ac~ierdo
notable eiitrc la vcrsióii gbtica v la de la Itala. N o puede ser azar
" Priideibcio. I'riirtcph. r, VV. 85.6.
" Ile aqui, integra. la noticia de I f . Roiisch. Itila tlnd \'iilgats, 1875. pp. 318-9:
orariinri, = sildariiiiii. linteiirii. ]o. 11, 44: ct facies ciiis niario [oou6apiq>]mnligata
r r i t , Rrix Kclid. :\iiibros., Corb. (ligata). - .\iig. Civ. mi. 8: oculurn Iapsum.. .
-
ligavil i i n r i < i . .\ii)hroi. <l. Ohit. fritr.: divi~iuiii illiid fidcliiiiii sacra incntuni ligari
fecii i i i ornrio ct uiariiiili involvii collo. - Paulin. vit. Ambroi.: iactabat etiam tur-
h s . . . iiiaria ve1 seniicinctia sua. - Prud. pcrirt. 1: hic sui dat pignur arii, ut ferunt
<irrriiini. - .\ct. Jril. iiiart c. 2 ap. Kiliiiart: srccpit orariuts ct ligavit oculor suor. -
Act. %larcirn. ct Sicandr. c. 3 ib : orariir oculis martyium eircumdatb. - Treb. Poll.
Clrud. 17. \'upisc .Aurel. 48.
'' C f . S. F C I I ~Vcrgl.
, Wh. drr got. Spr.", p. 681.
D I F U S I ~ NDE IJN T ~ . R ~ I I N DE
O CULTURA 217
el que, en el lugar niisn~odonde ésta presenta ormium, el gó-
tico diga aurali por gr. aov8áeiov. El traductor gótico ha debido
utilizar, al lado del griego, un texto latino antiguo tal como el
Brixianus, que trae en efecto orarium."
Fue preciso que la forma latina 6rürium se volviese 'orürium
para dar el gótico a u r ~ l i . ' El
~ préstamo del latín fue tomado
-lo cual confirma su carácter popular- por varios dialectos
geriiiánicos iiidepeiidieiitemente; de ahí que las formas difieran
del gótico por la flexión: a.a.a. orul, orel; a. ingl. orel, orl, de
donde a. noruego url(an) "velo para el rostro"." Debía de ser
una palabra difundida por las provincias romanas, y que diver-
sos pueblos germánicos adoptaron eii fechas diferentes.
El destino de orarium habría quedado en esto, sin duda, y la
palabra no habría alcanzado otra notoriedad, de no ser porque
una circunstancia iiiiprevista le abrió nuevas vicisitudes. A par-
tir del siglo vr se denominó orarium, en la liturgia cristiana, a la
pieza de paíio que el diácono llevaba sobre el hombro izquier-
do lí y que más tarde, hacia los siglos XI-XII, se llamaría stola
"ectola".'" Del lenguaje común, ectonces, pasó orarium al vo-
cabulario eclesiástico. Con el sentido de "estola" era un térmi-
no nuevo, y a tal título se difundió amplianiente fuera del la-
tín, hacia el este de Europa, y de ahí a las lenguas del cristia-
nismo oriental. No estará de más reunir los testimonios.
La etapa decisiva fue la adopción de orarium en griego, con
la forma heúerov "estola". Fue a partir del griego como se rea-
lizb el proceso de difusión. La palabra fue adoptada por a. esl.
urari "heúeiov" en el Eucólogo sinaítico 38 b," de donde a. ruso
urar~,or&, ruso orar' "banda estrecha sobre el hombro izquier-
do de la vestimenta del diácono".20 Del griego procede asimismo
" Acerca de la iniiportancia del Bririanur pm la traducción gbtia, d. W. Streit-
beig, Die gotisrhc Bihel, pp. xLiin.
Is hf. H. Jellinek. Cesch. dcr got. Sprachc. 1926. pp. 183, 185.
" E. Schnwz, Goten, Nordgerrnancn, Angelsachren, 1951, ?p. 4142.
" Acerca del conjunto del problema del orarium litúrgim, sigue sicodo de pmvccho
leer el estudio
~~~ ~~. ~ ~-
. ~ de Hefcle.
~ ~~~
" ~.
. , Britiiee zui Kiiehenecrchichte. . ..
11., 1864. oo. 186s. Una
forma mis rcdcnte de oraiiuni esorale (ci. Du Cangc), que dio n. fr. orel, ridnimo
de orici "estala" < orariilrn (cf. FEW, VII. pp. 384-1).
En una honiiliz de San IuaR Ciiróstama (ef. Hefele. oii. cit.. 11. DD. 186s). los di&
conos san mniparadar con ingeles, y los lev& panos de hombro '&quierdo (icrnd
686vai *ni riuv dpiatepWv Upw) mn las dns de los 6ngcla. ,
'O "Se odveriirá la repmsentacibn de a, inscmtuadn par ul. u" (Mnllet, Et. t.:
rtiym. et le vocab. du v. slnvs p. 187).
Ct. M. Vsrmm, Russ. ciym. Wb., 11. p. 274.
248 L ~ X L C OY C ~ T L T I J R A

el armenio or,ar, urar "estola" " cn los escritores eclcsiisticos,


así como el georgiano olari, definido coiiici tina "larga I~aiidnde
paño sembrada de cruces que el sacerdote oficiaiitc se pone
sobre el honibro izquierdo"." Reaparecc cn siriaco coino 'ora-
r¿7,2'. y el siriaco 'orara proporciona a su vez el origiiial de la
palabra sogdiana cristiana wrr' qiie hcnios idciitificado '' en UII
fragmento de un escrito acerca del sitiibolisiiio de los accesorios
del c u l t ~ . ~ Waquí
e la traducción del pasaje sogdiario: "Los dos
diáconos junto al altar son a imagen de esos iiigclcs que son
visibles a los pies y la cabeza de Nuestro Seíior. La estola (ivrr')
sobre su hombro izqiiierdo (pr uySiity s'ptw fyq) es para qiic
muestren que son servidores (frm'i~pt:.iv$yt)"."'
Así ormium, "paño para el rostro, paiiuelo", vuelto tériniiio
de liturgia con el sentido de "estola", ha ido n lyarar hasta el
Asia Central 27 gracias a los rnisioiieros de lengua siriaca, cn
tanto que desaparecía del latín misino. Desde la Vulgata ora-
rium ha sido remplazado en su sentido propio por sildariic771, y
más tarde, en su sentido litúrgico, por stola. Sólo los pr6starnos
extranjeros conservan testin~oniode su cxistcnci;~.

H. Hübrchxiiann, A r i ~ i .Graiiim., p. 369, ii. 7013.


En el diccionario de Chtibinov, p 391.
a Ejemplos en Payne Sinith, Thcniiricr, 1, p. 100. 1 . 2 1~1alir.1 no es citada sino
ineidrntalnieiite cn A. Scliall. Stiid. ither griccl?. I'reiiidiiortci i i n S,ri<clten, 1960,
p. 176 fin,, 244 fin.
BSL, 53 (1958). fasc. 1, p. ¡O.
" Ed. Hanren, Rerliner sogdisclie 'l'evte. 11. 1955. pli. 9ll7sr, 11 5. 2 - . 28.
" Frigiiiento citada cn 11, 255s. Para CI siiiiholisiiiri de l a crtr,iz, r o i i i i > ~ r c \ cu n trv
lo de lnoerncia 111 (citado por Ilcfclc, o,> cit.. 11. 1). 19-11 "Sti,la qu.w 5t11>m aniirtiiin
mlla rreerdotir incuiiihit, ohord,eiitiuiii e t \ervitiitriii < i < i , i f i ~ . ~ t < I I ~ ~I >I < ~ U I ~ L I Siiiii-
i i i i i i i i proptcr saliiteiii rer\,oriiiii riihnit "
F<EIIIOS p,erntado un panoraina del $oral>itlari<i cri$ti;iiii, c i i r < i g < I i ~ i i i)i cri tilrc?
antiguo cii la cninpilaciiin irititii1;ida 1 . 0 1 t iirlir $ t i i r i d dilli r i i i l t $ .
Aciad. dci Liiicei, Konia, 1964. pp 35-91,
13. GÉNESIS DEL TÉRMINO SCIENTIFIQUE'

La constitución de una terminología propia marca en toda


ciencia el advenimiento o el desenvolvimiento de una coiicep-
tiialización nueva, y con cllo señala un iiiomcnto decisivo de
sil historia. Hasta podría decirse quc la historia propia de una
cieiicia sc resume eii la de los términos que le son propios. Una
ciencia 110 comienza a existir ni puede iinponersc m i s que eii
la riiedida en qiie Iiaqe existir o iiiipoiie sus conceptos en su
deiiomiiiacióii. No tiene otro modo de establecer su legitiini-
dad sino especificar, denoniinándolo, su objeto, quc puedc ser
1111 orden de fenómeiios, un dominio nuevo o un niodo nuevo
de relación entrc ciertos datos. El instrumental dc la iiientc con-
siste priiiiero en 1111 inventario de términos que enumeran, coii-
figuran o analizan la realidad. Denominar, es decir crear un con-
cepto, es la operación a la vez primera y última de una ciencia.
Coiisidcraiiios así la aparicióii o la traiisforiiiacióii dc los tér-
iiiiiios eseiiciales de iiria cieiicia como aconteciinientos princi-
pales dc su evoliicióii. 'l'odos los trayectos del pensaniiento cs-
tán jaloiiados por estos tériiiiiios qitc iiidicaii progresos decisi-
vos y que, incorporados a la ciciicia, siiscitaii a su vez iiiicvos
coiiceptos. Es que, siendo por iiatiiralcza iiiveiicioiies, estinirilan
la iiiventiva. Con todo, la historia de la cieiicia todavía no pone
cstas creacioiies en cl lugar qiie iiicrccen: pasan por no iiitere-
sar sino a los lexicógrafos.
Pero hay que distiiig~iir. Nombres de materias, dc ciierpos
nuevos -aparecen sin cesar cii qiiímica-, tieiicii uii interés de
iioniei~clatura,pero restringido a la especialidad y, por lo dc-
iiiás, conio a iiicniido soii invciitados cii el instantc o por aso-
ciación arbitraria. rcpresciitaii cl cxtreiiio dc la paiticiilaridad.
Los tériiiinos iiistriicti\.os son los qcic se viiiciilaii a iiii coiiccpto
iiucvo designado a partir de uiia iiocióii tcórica ("civilizaciOii",
"cvoluciciii". "transforiiiisiiio", "iiiforiiiacióii", etc.), pero tam-
' L'Age de Ir Scicnrc. Aix, 11 (1969), tiúxii 1, pp. 3-7

(2491
250 ~.i:xrcoY CULTURA

biéii aquellos que, derivados de una noción anterior, Ic agregan


una determinación nueva.
Con el fin de estudiarlo aquí, proponernos un ejeniplo típi-
co, el de un adjetivo tan usual que nadie le busca coniierizo, !.
tan necesario qiie ni se iiiiagiiia uno que tuvo quc coincnzar; el
adjetivo scientifique. Parece dado con la noción inisriia de
science, de la que instintivaniente se le creería contemporáneo e
inmediatamente derivado. Pero las apariencias nos cngaiian taii-
to acerca de la relación con cl térriiiiro básico conio sobrc el
concepto que introduce.
Entre science y scientifique la relación de derivación formal
no es ni clara ni usiral. Los adjetivos extraídos de términos no-
tables en las grandes provincias de la ciencia acaban general-
mente en -ique (tipo sphere : sphénque; atonie : atoinique) o,
por vía culta, en -o1 (espace : spatial; genre : général). Nada im-
pedia la creación de un adjetivo coiiio 'scientique o 'sciential;
incluso hubiera sido la forma más natural, la que se presentaba
de buenas a priineras. A la generalidad del concepto de science
hubiera respondido un derivado de clase muy general. Así han
procedido por su cuenta las lenguas modernas que, fuera de la
tradición latina, tuvieron que crear scniejantc adjetivo. De Wis-
senschaft "ciencia", el aleiiián sacó wissenschaftlich, de nauka
"ciencia" el ruso hizo nauEilyj. En los dos casos el adjetivo apli-
ca una forma sufijal, -1ich en aleiirin, -nyj en ruso, de función
muy amplia y así de débil especificidad.
Del todo opuesta es la relación entre scieiitifique y scieiice.
Este tipo de adjetivo derivado en -fique sobre la base de un
sustantivo abstracto no tiene otro representante en francés más
que precisamente scientifique, y éste ocupa una situación sin-
gular con respecto a la formación de que participa. Si se ex-
ceptúa cierto número de fcrmas vueltas inanalizables (prolifi-
que), los derivados en -fique no son nunca siinples adjetivos de
relación, como lo es scientifique ante science. Muestran una
función "factitiva" muy pronunciada: calorifique, frigorifique.
soporifique "que produce calor, frío, sueño", pacifique "que
trae la paz", honorifique "que procura honor". Repuesto a esta
serie a la que ciertamente pertenece, scientifique significará
propiamente no "de ciencia" sino "que hace ciencia". Es lo que
obsewa con razón Lalande:
Scientifique. Propiamente, que sirve para construir la ciencia. De or-
dinario y más ampliamente: que concierne a la ciencia o que pertene-
ce a la ciencia.=

Pero no se ofrece ninguna interpretación de este sentido pro-


pio, y no se ve por qué science -y sólo science- habría recibi-
do conio adjetivo un derivado en -fique que significa "que hace
(cieiicia)", más bien que un simple adjetivo de relación fácil
dc formar con uno de los sufijos usuales.
Ya Littré había presentido este problema cuando, indicando
la etimología de scientifique por "lat. scientia, science, et faeere,
'faire' ", observaba:
Esta palabra que parece haber sido creada en el siglo xrv significa:
que hacc cicncia, y es tambien el sentido que tiene en 0resrne.J Pero
con el scntido que le damos, estaría mejor con final en al o aire: scien.
t i d o scientiaire.4

¿De dónde viene entonces que la lengua haya hecho esa elec-
ción singular, dejando el camino que se le ofrecía de una deri-
vación normal, la que indica Littré?
Estamos ante un caso particular, que parece salir de la norma
y del que no hay causa general que dé razón. Hay pues que exa-
minar las condiciones de hecho que han producido este adje-
tivo. Contrariamente a lo que creía Littré, scientifique no se
formó eri francés. Conio todos los adjetivos en -fique, viene del
latín, donde la clase de los compuestos en -ficus "que hace",
bien establecida desde la lengua clásica (bene-ficus "bienhechor",
honori-ficus "que hace honor"), se mantuvo productiva hasta
baja época."
De hecho, scientificus data del período tardío del latín?
Aparece por primera vez en el siglo VI de nuestra era. Es ya un
* Lalande, Vocabulaire de philosophie, s.v. rcientifique.
' Citar del siglo xiv en Littrk: "De n s pnrties une est scientifique ou sp.4culative.
Yautie est iaciocinative ou patiquc, Chnmc. Eth. 171. Et pour n aussi que la p r o p
sitian ringulDre laquele est le derrmici t e m e en eeste pntique. n'cst par univenclle
ne odcntifique c'est-Pdirc que de elle n'nt pos rcicnn, Id. 199."
Littrt, Didionnaire, art. scientifique, fin.
A n r n de estos mmpuntos, d. F. Bnder, La formatian des eompoaér norninaux
du latin (Ann. litteraires de I'Univ. de Bnswon. vol. 46), Parir, 1962, p 207.221.
En la obra a n t n citada de F. Bnder. reicntifiew figura al final d%pilyiio 250,
entre los sdjetivci en .ficus que indimn mcillamento "que se tefierr a . . .". Mostnma
aqui que no n h t e el sentido origbd.
252 L É X ~ C OY CU1.TUP.A

hecho digno de observación qiic semejante intervalo separe


scientia, usual entre los niejores aiitorcs clásicos, dc scieiitificus,
nacido siete siglos despiii.~.Se diría qiic la 11oci011dciioiiiiiiada
scientia hubiera permanecido inerte largo ticiiil~o,iiial definida,
fluctuante, representando segíiii los casos iiii "sabcr", un "co-
~iocimicnto", un "arte", lina "técnica", liasta alcanzar iiiucho
más tarde la ctapa de "ciencia". Y la creación dc scieiitificiis
CII el siglo vr parece confiriiiar la ciiicrgeiicia del coiiccpto de
"ciencia" en esta época. Pero ja qué ncccsidad obcdccc la foriiia
propia del adjctivo? Ilay qiic reniitirsc aqiii al autor qiie creó
scientificiis. Boccio.
Es a Boecio a qiiicii sc debe la invciicióii dc este tiriiiiiio.
quc se tornaría la calificaci0ii iicccsaria dc toda "ciciicia". No
obstante, no fuc mi iieologisiiio qiic bastc con registrar,' y sc
simplifican las cosas cstablcciciido una rclacióii liiical. del la-
ti11 scientificus al francés scientifique: por una parte, scieittifi-
cua en Boecio no significa "cieiitifico" cii el scntido que nos-
otros entendeiiios; por otra, scientificus no es el único derivado
de scientia forjado por Boecio. Creó taiiibiéii el adjetivo scieil-
tialis. ES pues una doble relación lo que hav que eliicidar, la dc
scientificus a scientia, y la de scientificus a scientialis, tomando
una y otra en su fuente niisma.
Boecio no produjo scientificus en sus escritos originales a se-
guidas de una reflexión personal acerca de la ciencia; forjo la
palabra para los fines de su traducción de Aristóteles. En tal
faena tuvo que inventar muclios equivalc~itcs latinos dc 1111
vocabulario técnico qite Aristóteles. por su parte. iiivciit0 cii gran
iiiedida en griego. El adjetivo "ciciitífico" aparccc varias \.eccs
en la versión de los Segiiiidos analíticos, cii l~articularcii cstc
pasaje decisivo (1, cap. 2, 71 b 18):
Lor diccionarios etiiiioI6gic0, del fntices (Hlocl>\\nrtl>iirg. 1 ; ) rciiiitcli
rcientifict,~a Roccio, si, pero q i i i Iniayor prcciribji, iii i i i i r i i i iiieniis <IIK lo5 <lic<ioii;iri<i\
latiiioa.
P. Ziiiiitlior. ni \\'arthilrg. Fr;tiiri>sircher ct~~ii<ilogisrhcr \Viirtcrl>iicti. SI, 19111. 1'11
309b y 310b. infori~ia 6tiliiieiitc dc lu ew>liicióii rlel rr .ticlo <Ic rciciltiiirltrc rii f r s l i ~
c h , lo nial nm alinrr;i iiisirtir, prrii iio dicr ti;td;i ;scrc.i rlr I;i for~in:iciiiii <IF 1;it.
rrinitificirs. Dattisti-Alrnio, Biiioii.iri<i t i i l \ 196(i. 1, 3198. r \
uciciitiiim. ii>dicaii sulaiiicnte: "lat. tardo ( H o n i < i ) ~ c t c u t i f i c t ~1.1 ~ ~ s c i ~ ~ ~ ~1,ctrcI
~~c~tti~
i i i l ii~idcllo di hrnifiriir riiileficur i i , t i i i i f i c i i b e r c " \Iriius c~lilicitii aiiii Coroiiiiiir\.
I>~ciioii.iri«critico etiiiii>lúg~cude la leingiia ~ ; i < t r i l x i i 1~ . (1954 i . p -91 h "ctciitifirii
<Icl lat. trrdiu scientificus".
" Para este texto aristot6lico utilizamo~ la ediciúii dc \\. D. Roas ! L. \Iiiiio-PaI-
iinóh~iEivh? hÉyie ni~hhnyiolibv 6ninrilpui'izOv. Ininrilposizbv h i
i t y i u . . . zir0' 81. r@ IXELI'
ui~rbv$nlnrlip~0a'.. . (11~Moyiopi1;L L F V j l í l )
Enriti ziii ;f1*~1' iinób~iEi; h' oi'x EOTUI. o6 :.&e noiilnei 6ntn-
TO~,T(UI~.
1fi~li~lf.

Por detnostracinn ciitiendi] el silogismo científico. y Ilanio científico


A 1111 silogisiiio cuya poscsión iiiisiiia constitiiyc para iiosotros una cicii-
cia. . . Uii sili~gisiiiopucde de f i j o cxistir sin estas coiidiciuiics. pero iiu
\erá iiiia <Iciiií~str;ici<iii.
piics no scri prodiictivo <le ciencia.!'

Boecio traduce: "'

Deiiionstrationeni nutern dico syllogisrnurn episternonicon id est facicii-


tein scirc. sed episteiiionicon dico secundiiiii qiiciii ( i n Iiabendo ipsuiii i
sciiiius. . . ct siiic Iiis dciiionstratio autrm non erit, iion enini facict
sciciitiani.

Toda la articulación del razonamiento y la elección de los


térniinos latinos se elucida11 juntos en la versión de Boecio.
Vierte la expresión en acusativo ni~Unyinp0v tniorilpvixóv tras-
crihiéndola por syllogismum epistemonicon, pero aiíade la glo-
sa: it est facienteiii scire "(silogisiiio epistemónico), es decir que
hacc saber", utilizando por adelantado la definición que hristó-
telcs da Iíiieas .abajo: el silogismo será una demostración porque
"producirá la ciencia", noitoe~trcioripiiv, faciet scientiam. Aquí
te~ienios,en esta cualidad de "producir la ciencia, scientiam fa-
cere", el criterio y la fórmula misma que hacen reconocer una
demostración scienti-fique. Y un poco más lejos, cuando Aris-
tóteles se ocupe de las tniorqpovixai irnofieiEei5 (75 a > O ) ,
Boecio dirá con toda naturalidad scientificae demonstrationes."
La equivalencia ha sido encontrada y el término queda fijado.

Citemos ahora de los Tópicos:

luelo (Oxford, 1964). donde la introducción (p. v i ) informa sobre la historia de la


traducaón latina de los Segundos analfticos y da (p. xr) las referencias ,al Ari~totder
Litinus.
De la traducción f n n r r u de J. Trieot, Organon IV. Les Secondes Analytiques.
ed. de 1966, p. 8.
'O Boecio, Portrriarum Analyticorum Ariitotelis lnterprelatio i. cap. 2, cd. de Migne,
Patrologie grecque. t. 64, p. 714.
" Ibid., p. 720.
2 54 LÉXICO Y CULTURA

' A d . 6 ~p&v d v pÉ;lru>v ri> rOv ngoriewv r a Üorega migÜo8ai


o v l b roioütóv Eoti (141 b 16).
y v w e b l v B n l o q p o v i x ~ ~ ~yde

En el sentido absoluto es pues preferible esforzarse por hacer cono-


cer las cosas posteriores por las cosas anteriores, pues tal procedimiento
es más productivo de saber.12

En Boecio:
Simpliciter igitur melius per priora posteriora tentare cognoscere, nam
magis scientificum tale est.I3

En el mismo tratado, oi hntorqpovixoi ovUoylopoi (155 b 15)


es traducido scientifici syllogismi."
Resulta pues que Boecio forjó scientificus para traducir el
término aristotélico Qntorii~ovixó;, y que emplea siempre este
adjetivo scientificus en la plenitud del sentido etimológico:
"que produce el saber". Los contextos de los pasajes citados no
dejan duda sobre este valor, iínico que puede explicar la forma-
ción del neologismo.
Tanto más interesante es descubrir que Boecio da una tra-
ducción diferente del misrno término aristotélico krnotqpvixós
en un pasaje de los Segundos analíticos ( 7 7 a 18) donde EeOrqlra
&nrmqpvixÓv es traducido por interrogatio scientialis. He aquí
otra creación de Boecio. Juzgó necesario introducir aquí un de-
rivado distinto y nuevo, scientialis; es que aquí, en efecto, en-
tiende Aristóteles por EeOriipa i8ntorripv~xóv una interrogación
merca de 14 ciencia, como lo muestra la continuación (Eewrqpa
~ w ~ r e i x ó iare~xóv
v, "interrogación sobre la geometría, sobre la
medicina"), y no "que crea la ciencia". De manera que Boecio
ha distinguido dos acepciones de k n t o r ~ ~ o v t x ó sI: ] "propio dc
la ciencia", que traduce scientialis, y 21 "que produce ciencia",
que vierte por scientificus. El término griego i n i o r ~ ~ o v i x óera,
;
por su parte, un neologismo creado por Aristóteles sobre el tema
de Eniorfipwv "que posee el conocimiento científico" (cf. Segun-
dos andticos) (74 b 28) para que sirviera de adietivo a h o -
U pe la trad. ffrrneua de Trimt. Organon V, L a Topiqucs, ed. de 1950, p. 216.
Boccia, loe. Ot., p. 973.
'' Boecio, lac. cit., p. 993.
riipli.'Wcasiona eii Boecio una doble definición; cada una exi-
ge un término distinto v iiuevo. Pero scientiali~'~no ha sobrevi-
vido. Solame~itcscientificiis sc ha gerieralizado, sea por razones
doctrinalcs, sea a causa de sil iiiayor expresividad y, pasado a
las leiiguas riioderiias del Occidente, se ha coiivertido en un útil
conceptual inseparable de la iioción de ciencia y de la ciencia
misma.

En lo toqnte a la formación, compárese con los adjetivos ~ y i p o v r u ó ~y, v o p


iwó5. pvqpavixó;.
'' Hubiera dado al franrér el adjetivo sciential que Liltr.6. con atinada wntido dc In
derivacibn, estimaba más apropiado que scientifigue para el usa moderno.
18. LA BLASFEMIA Y LA EUFEMIAi

Blasfemia y eufemia: adelantamos estos neologismos para aso-


ciar en la unidad de su nianifestación dos conceptos que no
se acostumbra estudiar juntos, y para establecerlos conio activi-
dades siiiiétricas. Vcnios en la blasfeiiiia y la eufemia las dos
fuerzas opuestas cuya acción conjunta produce el reniego ["blas-
feniia contra Dios, la Virgen o los santos": Acad.; fr. juron].
Consideramos aquí el reniego conio la expresión blasfémi-
ca por excelencia, enteramente distinta de la blasfemia [blm-
phinte] coino aserto difamante con respecto a la religión o la
divinidad (así la "blasfeiiiia" [blmphbme] de Jesús prodanián-
dose Iiijo de Dios, Marcos 14, 64).3 El reniego pertenece por
cierto al lenguaje, pero constituye por sí solo una clase de ex-
presiones típicas con la quc el lingüista no sabe qué Iiacer y que
cri gencral reiiiite al léxico o a la fraseología. Con ello sólo se
conservan del reiiicgo los aspectos piiitorcscos, anecdóticos, sin
fijarse en la iiiotivación profunda ni en las foriiias específicas
de la expresióii.
En las leiiguas occidentales, el léxico del reniego o, si se
prefiere. el repertorio de las locuciones blasféiiiicas, tiene si1
origen y su unidad en una característica siiigular: procede de
la necesidad de \,iolar la iriterdicción bíblica de pronunciar el
nombre de Dios. La blasfeiiiia es, de punta a cabo, un proceso
de palabra; consiste, en cierto modo, en reniplazar el nombre
de Dios por su ultraje.
' Archivio di Filoroiia ("L'analyse du langage théologique. Le nom de Dieu". Actes
du callaque arganisé par le Centre international d'Etudes humanistes et par I'lnstitut
d'Etudcs philosophiqucs de Rome, Ronia. 5-11 de enero de 1966), dirctta da Enrica
Castdli, Roma, 1969, pp. 71-73.
' En espaiial no son neologismos; la segunda palabra existe al menor como nombre
propio. En fiancés si: blasphémie, euphemic. La "blasfemia" de rienipre en espaaol
cr en francés blasphAmc. En este capitulo "blasfeinia" traduce blaaphéniie. neologiario
francés. salvo indicaci6n en contra. Con el distingo que establece el autor a co~itinuacián,
los sentidos quedan claros. [T.]
' Al paieccr. las diccionarios no suelen atender a esta distincibn: "blasfemia: palabra
injuriosa contra Dios, la Virgen y los santos" (Acad.); "blaspheme: parale qui outrage
la Divinite, la rcligian" ( R o k r t ) . [T.]

i2561
LA BLASFEMIA Y LA EUFEMIA 2 57
Hay que prestar atención a la naturaleza de esta interdicción
que cae no sobre el "decir alguna cosa"', que sería una opinión,
sino sobre el "proiiunciar uii iioiiibre", que es pura articulación
vocal. Es propiaiiiciite el tabú lingüístico: cierta palabra o nom-
bre iio debe pasar por la boca. Siiiiplcniente se retira del regis-
tro de la leiigua, se borra del uso, no debe existir iiiás. Sin eiii-
bargo, v es coiidicióii paradójica del tabú, este noiiibre debe al
iiiisiiio tieiiipo coiitiiiuar existiendo como prohibido. Es asi,
coiiio existente-proliibido, coiiio hay que plantear igualiiieiite
el noiiibre diviiio, pero adeniás la proliibición va acoiiipañada
de las iiiás severas saiiciones, y es acogida por pueblos que des-
conoceii la práctica del tabú aplicado al noiiihre de los difun-
tos. Esto siibrava aíiii más intensaniente el carácter siiigular de
esta intcrdiccióii del noiiibre diviiio.
Para coiiipreiiderla, y así para ver mejor los resortes de !a
blasfemia, Iiav que remitirse al análisis que Freud dio del tabíi.
"El tabíi -dice- es una proliibición iiiuy antigua, impuesta
desde afuera (por una autoridad) y dirigida contra los deseos
más intensos del Iionibre. La teiideiicia a trasgredirla persistc
en su iiicoiisciente; los Iioinbres que obedece11 el tabíi son ani-
bivaleiites coii respecto al tabú." Parecidaiiieiite, la iiiterdic-
cióii del iioiiibre de Dios refrena 11110 de los deseos iiiás iiiteiisos
del Iioiiibre: el de profanar lo sagrado. Por sí iiiisiiio. lo sagrado
iiispira coiiductas aiiibivalentes, coiiio se sabe. La tradicióii re-
ligiosa iio Iia querido quedarse iiiás que con lo sagrado diviiio
v ha excluido lo sagrado iiialdito. La blasfeiiiia, a su iiiaiiera.
quiere restablecer esta totalidad profaiiando cl iioiiibre iiiisiiio
de Dios. Se blasfema el nombre de Dios, pues todo lo qiic sc
posee de Dios cs su iiotnbre. Sólo por ahí sc puede alcanzarlo.
para coiiiiioverlo o para herirlo: proiiunciaiido su noiiibre.
Fuera del culto, la sociedad exige que el nombre de Dios sea
invocado en una circiinstancia soleiiiiie, que es el jiiraiiiciito.
Piies el jiiraiiieiito cs 1111 sacranlentuin, un llaiiiado al dios. tes-
'tigo supremo de verdad, y uiiá devocióii al castigo diviiio cii
caso de iiientira o de perjurio. Es cl iiiás grave coiiiproiiiiso
que pueda contraer el Iioiiibre y el iiiás gravc qiiebraiitaiiiiciito
que pueda coiiieter, piics cl perjiirio no atañe a la iiisticia de
los Iioiiibrcs siiio a la saiicióii diviiia. De iiiodo qiic cl iioiiibrc
del dios debe figurar cn la fórniula del jiiraiiieiito.
258 ~ÉxicoY CULTURA

En la blasfemia también debe aparecer el nombre de Dios,


pues la blasfemia, como el juramento, toma a Dios por testigo.
El reniego es un juramento, sí, pero un juramento de ultraje.
Lo que lo caracteriza propiamente concierne a cierto número
de condiciones que tenemos que deslindar sucesivamente.
La principal consiste en la forma misma de la expresión blas-
fémica. Abordainos aquí el dominio de la expresión einocional.
tan poco explorado todavía, que tiene sus reglas, su sintaxis, su
elocución. La blasfemia se manifiesta como exclamación, t i e
ne la sintaxis de las interjecciones, de las cuales constituye la
variedad más típica; no utiliza sino fornias sigiiificantes, a di-
ferencia de las interjecciones-onomatopeyas, que son gritos
("joh! jay! jeh!"), y se iiianifiesta en circunstancias especí-
ficas.
Hay que devolver su fuerza plena al término "exclamación"
cuando se estudia el fenómeno lingiiístico de la blasfemia. El
Dictionnaire général define así la exclamación: "grito, palabras
bruscas que se dejan escapar para expresar un sentiniiento vivo
y súbito". El reniego es en efecto una palabra que se "deja esca-
par" bajo la presión de un sentiniiento brusco y violento, irn-
paciencia, furor, percance. Pero esta palabra iio es coiii~inicati-
va, sólo es expresiva, por mucho que tenga un sentido. La fómiu-
la pronunciada en blasfemia no se refiere a ninguna situación
objetiva en particular; el iiiisiiio reniego es proferido eii circuns-
tancias bien diferentes. No expresa más que la intensidad de
una reacción a esas circunstancias. 'Taiiipoco se reficre a aquel
con quien se habla, ni a una tercera persona. No trasmite nin-
gún mensaje, no abre diálogo, no suscita respuesta; iii siquie
ra es necesaria la presencia de un interlocutor. Tainpoco descri-
be a quien lo emite. Éste más se traiciona que se revela. Se le
ha escapado el reniego, fuc una descarga emotiva. Con todo.
csta descarga se realiza en fóriiiulas fijas. inteligibles y descrip-
tibles.
La forma básica es la exclamacióii "jnonibre de Dios!", es
dccir la expresión tiiisma de la interdicción, y se refuerza con el
epíteto que subravará la trasgresión: "jsanto nombre de Dios!" '
Adjiiracióii invcrsa donde Dios puede ser rcniplazado por una
a Sacre iir>lti dc Dicii o cn fraiic6 ~ruclio n i i s "fiierte" qia "santo nombre de
1 c l . (r]
LA BLASFEhllA Y LA E U F E h l l A 2 59
de sus paredras, "Madona, \'irgen", etc. Es el "feo juramento"
que mencionan los cronistas de la Edad Media. Se acentúa la
intención ultrajante adhiriendo al nombre divino una iiivectiva,
sustituyendo el "n3mbreWpor el :'cuerpow ' o tal o cual de sus
órganos, o por su "inuerte", redoblando la expresión (tipo:
"bon Dieu de boii Dieu!"). Cada una de estas variedades gene-
ra numerosas variantes Y permite invenciones insultantes o
burlescas, pero siempre dentro del mismo modelo sintáctico.
Otro procedimiento consiste en invocar por su nombre al anti-
Dios, al Diablo, con la exclaniación "iDiablo!" La necesidad de
violar la interdicción, profundamente replegada en el incons-
ciente, halla salida en un proferimiento brutal. arrancado por la
intensidad del sentimiento, y que se consuma vejando lo divino.
Pero esta exclamación suscita en el acto una censura. La blas-
femia suscita la eufemia. Se ve ahora cómo se sustentan los
dos movimientos. La eufemia no refrena la blasfemia, la co-
rrige en su expresión de palabra y la desarma como juramento.
Conserva el niarco de locucióii de la blasfemia, pero introduce
en él tres modos de cambio:
I] Remplazar el nombre "Dios" por cualquier término ino-
cente: jnom d'une pipe!, jnom d'un petit bonhomme!, o ibon
sang! [o liada: ¡por vida d e . . .!"l.
21 Mutilar el vocablo "Dios" por aféresis de la final: par
Dieu! > pardi!, o sustituirlo por una misma asonancia: par-
bleu!
31 Crear una fomia sin sentido en lugar de la expresión blas-
fémica: par le sang de Dieu! se vuelve palsambleu!, je renie Dieu!
pasa a ser iarnibleu! [en cspaiíol, p. ej., "pardiez"].
La blasfemia subsiste, pues, pero es enniascarada por la eofe-
mia que Ic quita su realidad fémica, y así su eficacia sémica.
volviéiidola literaliiieiite despojada de seiitido. Asi anulada, la
blasfemia alude a una profanacióti por el habla, sin consuiiiar-
la, y deseiiipeiía su función psíquica. pero iiivirtiéndola J. dis-
frazándola.

' Delanos lar eiernplor frinceres, agregando apenar alguno en erpahol. Quizá J
Icitor Ic agrsidc iiii>ltiplirar los ejciiiplor yur s i i riiciila. (c.]
1'). C ó h l O SE F O R M O UNA DI1:ERENCIACIÓN
LkXICA E N FRANCÉS '

iiii Iicclio de la obscrvacióii el qiic dos sigiios léxicos de for-


iiia iiiiiy vcciiia piiedcii carecer d c rclacióii asociativa p«rqiic
sus sigiiificados pcriiiaiicceii distiiitos. Si Iia!. iio obstaiite razo-
iics INGI pciisar qiic diclios dos sigiios so11 cn efecto (le igiial
faiiiilia. se plaiitca la ciicsti011 de avcrigiiar quC factores los lizii
disociado v cciiiio se Iia realizado esta dcliiiiitacióii iiiie\.a, qiic
ticiic si11 fa1t;i qiic desplazar otros sigiios.
.la1
,
es el prol>leiiia tei~rico cii toriio del cual se orgaiiizar;í
cl aiiilisis aqiii presciitado de iiii dato léxico del fraiicés. El
i>uiito de partida fiic iiiia ohscrvacióii fortiiita. Nos Ilaiiiti la
atciicitiii l~riiiicro.v liiego iios la rctiivo, cl parecido qiic cxliihcii
d os. sigiios
.' del fraiicés, distiiitos \ todo: el \crl>o oi7ieiiiiiser !
cl siistaiitivo tiiriiiiisier. 'l'aii clara !ceñida coiiio es la rclacinri
foriiial. lo es clc iiicicrta la del sciitido. Aiiieiiirisrr es "liaccr iiiis
iiiciiiiclo, iii:is delgado"; iiii i~ieiiilisieres iiii "ohrero qiic trabaja
la iiiadcra". ¿l lap algiina rclacióii? h l i s bicii, lo qiic cxpcriiiicii-
t.~tr.1
.' el "sciitiiiiiciito liiigiiistico" es iiiiii aiisciicia de rclaciOii.
I'iicdc coiijctiir;irsc. I>ast:iiitc va&iiiiciitc, cliic 1;i joiitii~i es cl
iidjctivo i7ieiiii, pero ii;id;i cii el iiso actiial aprosiiiia iiieiiiiisier
\ iiieiiti, cs scgiiro qiic estas i ~ ~ ~ i d aIéxicas
c l c ~ iio scr:íii ;isocia-
das espoiit:íiic;iiiiciitc. aiitcs al coiitrario. se tciidcri a scl>a~
r;lrl;ls.
K1 ~xol>lciiiacs. ~>iics.ver cii qiiC iiivcl <le la lciigiia l>iicdc ser
rcst;iiir;id;i cst;i rclacitiii. ! ctiiiio v por qii6 fiic rot;i. N o es iiii
cstiiclio Iiistcirico cii el sciitido tradicioiial del tí.riiiiiio. siiio iiii
;iii;ilisi\ (1cscril)tivo de i i i i ~ irclaci0ii coiisidcracl;~cii v;irios cstadot
\iiccsivos de iiiia cvoliiciOii liiigiiístic;~.
k:ii efecto. dcsclc el piiiito cii qiic se trata de i i i i ; ~rclacitiii cii-
trc ~igiios.el c:iiiil>o <Icl cstii<lio es siiicrí~iiico,\ cii:iiidr: c ~ t i i
rcl;iciOii es iiiiii vari:il>lc. se l>ss;i de iiii;i siiicroiiia ;i otrci. I>c
iilod<r qiic tciiciiios qiic clcliiiiitsr estas siiicroiiias, si11 ciiidar~
iios de las di\isioiics Iiisttiricas. cii la coiitiiiiiidad liiigiiistica de
la qiie el fraiicés es la fiisc actii;il.
Eiitrii priiiiero la tciitaci0ii dc 11iisc;ir cir iiiitigiio friiiiccs cl
iicxo qiic \-iiiciilaría uiiiciiiiisrr v iiiciiiiisier. Pero, por el coii-
trario. allí estos tl:riiiiiios piircccii divergir iiiis aíiii. 9qiic ii. fr.
(a)ii~eiiuiscrsigiiifica "reducir ;i polvo" v a . fr. iiieiiiiisirr se clicc
de artcsaiios cii divcrs;is iiiatcrias. iio solaiiiciitc cii iiiadcra.' La
diferencia existe \ a . si110 qiic articiilada de otra iiiiiiicra.
Iia! por taiito qiic rciiioiitarsc iiiis atris. ii la ctal>a del Iiitiii.
descrihir el dato básico. qiic es el adjctivo iiiiiiiitiis. Iiicgo la
relaciOii de este acljcti\.o coii siis dcri\iidos, v constriiir asi el
inodclo coi1 cl qiie scr.i coiiiparado ciitoiiccs el estado de cst;i
rclacióii cii fraiiccs. Ksta clcscripcitiii de los Iicclios 1;itiiios dc-
bcr;i realzar los rasgos distiiitivos de la iiociOii. Niiiicii sohraii
dctcriiiiiiacioiies a fiii de dcfiiiir iiii sigilo.

No Iiav por qué dcteiiersc cii la foriiia de iiii~tiitiiscoi1 rcsliccto


a iiiiiiuo. "disiiiiiiiiir": es perfcctaiiiciitc iioriiial, dc participio
pasivo. El valor <le participio esti igiialiiieiitc clarci eii iiii cjciii-
plci coiiio éste: "coiisiil alter cqiicstri proclio iiiio ct vuliicre
suo iiliiiiitiis ('disiiiiiiiiido. dchilitado') "."
Lo que Iia prodiicido rtii caiiihio en los \.alores sciiiáiiticos de
riiiiiictiis \. dc sus derivados es su caiiihio dc cstatiito: dc parti-
cipio. sc Iia viiclto adjetivo. y Iia adqiiirido el seiitido aproxiiiia-
tiva de "iiieiiiido". 'l'odo partici dc aqui; es clc este t~iiisitodc
uiia fiiiicii>ii a otra. qiic iilcja iiii~iiitii.~
de sil pcrtciicncia verbal.
del qiic resiiltaii los rasgos iiiicvos qiic coiiipoiicii su dcfiiiicii>ii
1ésic;i. Ilav que ~ioiicrloscii claro.'
Uiia particiilaridacl iiiicial. yiic iio Iia sido ohscnada, CII la
fiiiicifiii de adjctivo que iiiiiiiitiis asiiiiic. es coiiio la proloiiga-
c;Oii de sil origcii participial. FGi virtiid d c qiic iiiiilutiis liarti-

: l., II,,, 1 t l " S I l t 1, ?',l.


' l.,,. X Y , , $ 2 . 2 .
' Ni, Iiacriiior iiii cstiiclx, tiltilirgico. I)rl rtcn iiiaterinl oficcido por cl .irt~iiilu
dcl 'I'lirraiirits I,i~gil;ir I.itit,.ie ( \ ' I I I , pp. 1038r., I i r ~ i i o iclqido algunns citar
iiiiiitiitlr
i.irartrrirtiia>.Otras proccdcn dc iiiitrtras propirs Icr.tiira,.
262 I . ~ X I C O Y CULTURA

cipio enunciaba uii cstado rcsiiltaiite de uii proceso traiisitivo,


y de que el proceso denotado por minuo consiste en un cambio
gradual ("disminuir" es "liacer iiienor"), minutus adjetivo
enuncia la calificación coiiio relativa v opositiva. No indica
una,propiedad eii cstado absoliito 1; no Sirve de sustituto popu-
lar a parvus "pequeíio".6 Por 1nii;utus se cntieiide lo que es
"más reducido cii volunicn (quc el estado noriiial)". Esto se
desprende de la sintaxis iiiisnia de los usos aiitiguos, donde con
frecuencia minutus es empleado. ya sea eii coiiiparativo o en
superlativo. ligado u opuesto a un adjetivo coiiiparativo, o bien
eii gcneral eri iiti coi~testoque sugiera tal valor coiiiparativo, por
ejciiiplo con diniiiiiitivos. He aquí algunos ejemplos que perte-
necen a varias fases de la lciigua:
O Si veiiisses Capuaiii. quod ct pueros niinutos vides libeii-
ter et maiores animadvertere non vis. . ."'te gusta ver a los
niíios peqiieíios, los mayores no te interesan";
O pisciculos minutos aggerebant frequenter ut a maioribus
absumerentur;
O forma esse oportet magnitudine media. Quod nec vastas
nec minutas decet esse cquas "el contraste con media mues-
tra qiic vastas y minutas indican el exceso de las cualidades
contrarias).
O Di me omnes magni minutique et etiam patellarii. . . fa-
xint. . .!'
Uiius tihi Iiic diiiii propitius sit Jupiter, tu istos minutos
cauc dcos flocci fcccris, "coii sólo que este Júpiter (= yo) te
sca propicio. no hagas caso de esos dioses subalternos"."' A lo
cual cl otro responde: "Sed tandem si tu juppiter sis mortuus,
cuiii ad deos minoris rcdierit rcgnuni tuiini, quis niihi subve-
) Coiiio diecii P:.:riiout hlcillet, p. 405s. Se dieruii rlgiiiias surtitiicioiics de pnrvipr
por ii~isutur, pero $610 eii sentido figurada. Cicerón lar condena: "abuticziur sacpc
verbo. iit ciliii grandcm ontionexii pro inagna. rniniituni niimuiii pro parva dicimur"
iin Orat. 271.
' Fr~giiieiito de una Epirttilr Latitir de Varróni ap. Nonio 141. 11. El sentido fuc
elucidado por H . Dahlinmn. .\liiicu#r~ Helvcticurn. VI1 (1950). pp. 2 l l s s . . que re-
iiiite r Suitoiiio Aiig. 81. laidchal cuni pircrir rninutzr, > hacc una objervación iuita,
pro ~umaria e inmnipleia. acerca dc la oposición minuturimaioi.
Varió", R. R. iii. 17, 6.
' Varrón. " p . cit.. ti, 7, 4.
" Plauto, Cirt. $22.
'" Plsuto, CPI. 131%
U N A D I F E R E N C I A C I ~ NI.LXICA EN FRANCÉS 263
niet tergo. . ."," "siipoiigaiiios qiie tú, mi Júpiter, acabes por
morir, cuando tu reino haya vuelto a los dioses inferiorcs, iquién
es el qiie protegcrá iiii espalda.. .?", indicando la ecuación
minutus = minor.
O curculiunculos iniiiutos fabulare, "no me ofreces más que
gorgojitos diiiiiiiiitos" (coiiio quien dice: tres veces nada); l 2
vínculo entre miiiutus y el dinlinutivo;
O eugc, litteras niiilutas. . . ! -Veruiii qui satis videat, gran-
des satis sunt, "¡ab! ¡qué inenuda escritura!. . . -Para quien tie-
ne buenos ojos es bastante grande"; l 3
O nutricas pueros infantes minutulos ut domi procurent; l4
O pisdculos miiiiitos; ''
U ossa iiidelicet e pauxillis atque minutis 1 ossibus hic, et de
pauxillis atque minutis / uisceribiis uiscus gigni, "(él enseíia)
que los huesos están formados de huesos infinitamente peque-
íios y menudos; la carne, de carnes infinitamente pequeíias
y menudas"; l e
O multis partibus hic (sc. aer) est mobilior, multisque mi-
nutior, et mage pollens (op. aer crassior); "
O aer. . . dispergitur ad partis ita quasque minutas corporis,18
"el aire se difunde casi en las partes más menudas del cuerpb"
(= superlativo);
O . . . ne laneuni latus~ulummaniisque mollicellas. . . tibi
flagella conscribillent. . . uelut iniiiuta niagno deprensa nauis in
iiiari. . .'" (los alrededores ponen minuta en el rango de un di-
minutivo) ;
O saleni iioii niiniuin miiiutuiii aspcrgito; '"
O iiapi quoquc. sed integri; si ininuti siiit, inaiores etiaiii in-
secti; "
O itaqiie popiilus miniitus laborat; iiaiii isti niaiores iiiasillae
" Ibid. 3 3 5 , de Ir trad. de Ernoiit.
'* Pbuto, Riid. 1325.
" "Plnulo, Raceh.. 991.
'4 Pbuto, Poeii., prol. 28. Son éstos todos loi ejri8iplos dc mini,ti~r c ~ iPlruto.
'' Terciicio. Aisdr. 369.
'' Liirrecio i. 835-7, dr In trad. de Eriiuut.
': Lueicrio ,v. 318.
'# Lucrecio ,v. 895.

'"Catulo 25, 10.


Coluiiiclr xir. 56.
" Colunicla. loi. cit.
semper Saturnalia agunt, "es así como el pueblo i~icnudoesta
en la iiiiseria; pues para todas esas grandes mandíbulas, siem-
pre son las Saturnales";
O minutis maioribusq'ue abscessibus;
O (Attila) forma breuis, lato pectore, cal~itegrandiore, minu-
tis ocnlis . . . ''
Estos ejeiiiplos, que ilustran el valor de coiiiparativo propio
de minutus, iiiuestraii lo que lo distingue de parvus y de tenuis,
en virtud principalniente de los eiilaces y oposicioiies siiitagiiiá-
ticos en que ingresa, tanto en empleos figurados -que no cita-
iiios- como en aquellos donde minutus conserva sil sentido
literal.

Una circunstancia particular aíiade un nuevo rasgo a esta defi-


nición: es la influencia del adjetivo griego knró;. Como esta
influencia no parece haber sido a d ~ e r t i d a , ~ q aque y exponer
brevemente la razón y las pruebas:
I] Al igual que minutus, knró; es un viejo participio vuelto
adjetivo; minutus se le acerca en sentido, a partir de uiia noción
verbal del todo distinta. La relación entre el verbo hknw "des-
vainar. mondar" v knrós coiiio participio no se aprecia más que
eii un ejeiiiplo h0nibrico ( Y 497) donde henrb; califica el gra-
iio de iiiaiz [sic: T.] despojado de cascarilla bajo los pies de los
biieycs. Pero es una siipervivencia. En todo el resto de Hornero,
aun desde el miceiiio (re-poto), knró; aparece como adjetivo
Con el sciitido dc "delgado, iiietiudo, fino";
21 iaxró; tiene eii sus primeros eiiipleos iiiia iiiiplicación coin-
parativa que se iiiaiiifiesta va por uiiióii a otro adjetivo en coin-
parativo (Iioiii. iiMií rh ni Bpúnnwv TE vóns, )ien~ilhk re pfiri;, K
226). va por uiia oposición coiitextual: cii Herodoto, rix k n r i
rWv n~op~iriov "cl gaiiado iiiciiudo", eii contraste coi1 los aniina-
les grandes (1. 133; vrii. 137); i*nx& d o i n "eiiibarcaciones rnenu-
das", op. n ~ v r i ~ ó s r e p o ri ,p i f i ~ ~ i(vil,
; 36); Lnrai Ü x ~ a i"menu-
" Prtranio. Sal. 1%1, dc la trad. de Ernout.
'Celr. v. 18. 7.
" Jordriier. <;cI 35. 182.
No es iiiencionadr ni CII CI articula del Thcsauru, rii en los diccionarios etinia-
lágiror de .Ernoial-ileillct ! dc J. B. I i u f i a ~ n n .
1 I N A D I F P . R E N C I A C ~ ~ NI.ÉXICA E N F R A V C ~ S 265
das puntas rocosas", demasiado iiicnudas, eri efecto, para rocas,
y toiiiadas por iiavíos dcsde lejos ( v r i , 107)
Estas dos características de A~nró: prcfigiirabaii las que se
perfilaii eii latín en el eiuplco de niiiiutus. Ante estas coiiici-
delicias, nada tiene de sorprendente que escritores roniaiios ini-
buidos de cultura griega hayan propendido a confrontar mi-
nutus y k ~ n r ó ; ,y luego a hacer de minutus el equivalente de
henró; en varias acepciones nuevas, que son verdaderos calcos.
El neutro k~nróvtoiiiado coiiio sustantivo designa e11 el Nue-
vo Testaiiiento iiiia iiioiicda nienuda: fue vertido al latín coiiio
rninutuni: I b a k v hFnt<l ni10 = Vulg. "niisit duo minuta"; &o:
zai ri, Enxaro\ henrov dnobW; = Vulg. "doiiec etiarn iiovissiiiiuin
minutuni reddas"," locucióii proverbial: "(no saldrás de aquí)
hasta que hayas pagado Iiasta el últiiiio iiiaravedí"."
Otra acepción, igualniente técnica, del neutro Aenróv, tras-
puesta al latín, habría de correr con gran suerte. Los astrónomos
griegos designaron por Acnróv, eii el sistema sexagesinial de l'o-
lomeo, la sesentava parte de 1111 grado de círculo, y después de
la hora. Para traducir esta iioción, el latín escogió minutus, que
empezó por especializar cii una expresión descriptiva; así en
Agustín: "dies et horas minutioresque horarum articulo~";'~
luego lo convirtió en designación directa, primero mi'nutum,
después minuta ("minuto"), que se iinplantó en la mayoría de
las lenguas iiiodernas. Por últiiiio, y sieiiipre iiiiitando el griego,
el latín distinguió la minuta prima (neGrov k x r ó v ) , que es nues-
tro "niinuto", y iina subdivisióii sexagesimal, minuta secunda
(8eÚreeov k x r ó v ) , nuestro "segundo".
Por lo denlas, minutus reproduce k n r ó ~en una serie de ex-
presiones iio técnicas, de las cuales he aquí algunas:
O aer miiiutior (op. crassior) en Lucrecio evoca la ;henrÓ~tl;
del aire segun Platóii, así como la definición de Aristóteles: ;\En-
róreeov iie ii8aro5;
O mi,nutus para calificar los seres "menudos" recuerda ti
h ~ n r irWv neopúrwv (Herodoto, antes);

" Marcos, 12, 42; Lucas, 21, 2.


" Luras 12, 59.
" Son éstos todos los eleinplos de hrnr.5~en el NT
Aug. Conf. "ir. 6 , 8.
U Arirtóteles, Phyr. 2 1 5 b 4.
266 LÉXICO Y CULTURA

O minuta m i s (Catulo, antes), y k m 9 d o i a (Herodoto,


antes);
O sal minutum, "sal molidan,3' y &as kmóv (Hippiatr. gr.);
O populus minutus, minuta plebes, "el pueblo menudo", y
oi kmoi (Polibio).
Toda posibilidad de coincidencia fortuita o de desenvolvi-
miento espontáneo queda excluida en los ejemplos que propor-
ciona la Itala, donde minutus fiie elegido para traducir krrró~:
O concides de illis minutum traduciendo nvyxóq~~rs i x ruú~mv
knróv (Vulg. in tenuissimum pulverem) ;
j2

O facta sunt mi.nuta = k i r r Ó r ~ ~ o v ~ ~ Vcontrita


u l g . sunt);
lo mismo en la Itala, el denominativo minutare traduce kn-
T ~ V E L Ven Salmos 17, 43: minutabo = knrvvó (Vulg. commi-
nuam), "yo (los) reducir6 a polvo", y el participio minutatus,
en locución predicativa con facere, vierte gr. kmbv noreiv: simu-
lacra. . . minutota facies = ~ i ü d aknrQ notí)a~r~ (Vulg. dis-
perges) .
Fuera de los textos bíblicos, pero bajo la dependencia de esta
equivalencia consagrada, se encuentra en Tertuliano el com-
puesto minutiloquium, que debe ser una traducción del gr. kn-
~oAoyia?~
La expresión concidere minute (minutim, minutatim), "cor-
tar en trozos menudos" (cf. arriba la cita bíblica de la Itala),
es paralela al gr. knr9 riiar en Teócrito; 4 v birav xó~arA E ~ W ~ V
(Hippiatr. gr.). Es frecuente en latín en las recetas culinarias.
El tratado de Apicio De re coquinaria, escrito en los primeros
aíios del siglo I d.c., trae ya muchos ejemplos; minute con-
cidere se comparará con el gr. knrov.omiv "picar menudo".

Definiendo así las zonas de empleo donde minutus conciierda


con el gr. krnós hasta haberse vuelto su equivalente de traduc-
Varib, R. R. itz, 9, 12.
Exodo 30. 36.
' Dan. 2. 35.
* luím 30, 12. El nmcnio ticnc aquí mmrarc'n, "harás pedazos".
" hfás bien que de )itxpoAoyía indindo por Ernout.hleillct.
" Ver Apicio, De m q u i n a r i a . cd. de Andit (Parir, 1965). $ 1 68. 103. 104-5. 126.
174, etc., y para la dsfiniei6n d d minuta1 "frinst de pacado, rncnudillo o carne pi-
cador" (p. 125).
UNA D I F R R E N C I A C ~ ~LÉXICA
N EN FRANCOS 267
ción, se advierte mejor dónde no coinciden. Aquí está el punto
esencial.
La noción central de minutus, y que permanece constante en
los más diversos empleos, se deja definir ahora. Este adjetivo
califica lo que tiene poco volumen por estado natural -seres
vivos, órganos corporales, etc.- o que es reducido al estado de
fragmento por rotura, aplastamiento, segmentación; es lo que
pasa con las materias inertes: minutum ferrum, "un trocito de
hierro (para probar un imán)".J7 Se dirá de todo lo que se ob-
tiene por división de un continuo o de un entero: así minutum
para una pequefia división monetaria, minuta para una pequeña
división del grado. Con un verbo que signifique "cortar", el
adjetivo minutus o los adverbios minute minutim minutatim
indicarán lo que tiene poco espesor, lo que está reducido a re-
banadas delgadas (aquí se ve la transición de minutus al fr.
mince, émin~er).*~ Esta definición cubre todo el conjunto de
los nexos de minutus y conviene así, pues, también a los em-
pleos equivalentes del gr. knrós.
Pero el dominio del gr. knrós es más extenso que el del lat.
minutus. En una porción importante de sus empleos, knrós re-
basa minutus. Desde la época homérica y aun ya en micenio
(ri-no re-po-to = Lívov kmóv) el adjetivo griego se aplica a las
materias trabajadas por el hombre, a los objetos de dimensiones
reducidas y finamente trabajados: hilo, cordones, tejidos, vesti-
dos, velos, cueros, bronces, ñinr' fiLáxara ( Q 97), kmñ pqeív0y
( y , 885), Lívoro kmbv dwrov (1 661), kmas MÓms ( 595),
eipara knrá ( X 51 1), iorbv kmóv ((B 95), rp¿í~oskmóv (e 231 ),
nÉnhoi Lenroí ( y 97), kmóraros xahzÓ< ( Y 275). hnrorárq hrvbq
@oó<(Y 276); ligaduras finas como de telaraña: 8Éo~ara.. . fiúr'
i~áxvtaLemd (0 280), y en general a las obras de gran habili-
dad: ola 8ebv k m á re zar ~ a q i e n azai dyLahau BQya d o n a r ,
como la tela tejida por Circe ( x 223).
La noción preñada aquí se desprende de la última cita: ;hemi
E"~ya,es la finura de un objeto realizado por el trabajo huma-
" Varrón, L. L. w, 94.
S610 por preterieib mcncionamor esta relaci6n del lat. minutur mn el fr.
minec, no ;otra en nuestro tema.
Cf.Lejcune, Mtmaircr de philologic rnydnienne, pp. 1 3 3 s . ; icfcrcneias tertua-
les en Marpurgo. .Uyccnaeae graecihtir Icrimn. 1963, pp. 291. 296.
268 i.kxico Y <:I~I:IIIRA

no. No va la pequeíia dimensión natural de iiii scr o dc una


cosa. ni el fragmento menudo arrancado a tina niatcria. siiio
la delicadeza de una obra: h~ñró;,calificando a ivyov, iiitrodii-
ce en la definición los valores de la técnica y del arte.
'Tan característica es. tan antigua taiiibién, esta relación iiis-
tauraaa entre benró; v Eyyov. que produce el conipucsto Q~nri>u«-
~ i i ; que
, aparece desde la &poca hoiiiérica: En0os h ~ n r o v v y k "1111 ,
vestido dc fino trabajo",'" y Iiicgo vienen los derivados A~nr(lil?-
yeív, henroityyó;, A~ñrovgyia,N n r o ~ ~ y y i r ó quc
;. se desarrollaii con
los oficios, y que se encuentran sobre todo a partir de coiiiieii-
zos de iiuestra era, cii los papiros.
El Iiecho que iiierece aquí atención particular es que el iiom-
bre de agente A~nrovyyósse especializa bastante pronto para el
artesano que trabaja la madera: es un "carpintero". un metiiii-
kier. Ya Diodoro de Sicilia. en el siglo i a.c., da Aentov~yó:COI1
este sentido: i i ~ ~ i r i x r o v a6Oeoina;
; rai k n r o v ~ y c ü vd j 0 o ; (para
.
la pira de Heplaistioii)," donde k n r w y y ó ; "carpintero" sc opo-
ne a U o ~ i r i x r w v"encargado de la obra grande", v abuiidaiites
menciones en papiros e iiiscripcioiies lo confiriiiaii.'U~ia va-
riante, knronoió5, ha sido seiialada recienteniente.'" El griego ha
realizado en k m w e ~ ó ;un noiiibre de artesano que respoiidc
exactamente al fr. menuisier.
Ahora, este desarrollo de k n r ó ; para calificar los objetos iiie-
nudos producidos por la labor del artesaiio, carece dc paralclo
en latín en el empleo de minutus. No se eiicuentra iiiiiiutirs eii
la tenninologia latina de los oficios. 0, riiás bicii, ayarccc cii
una sola ocasión, en un contexto harto instructivo, a propósito
de un artista griego alabado por Varróii. Para que el ojo -dice
Varróii- pudiera discernir iiiejor cl detalle de los iiiciiiidos iiiar-
files que esculpía Mirmécides. Iiabía que poiierlos delante dc
un fondo negro; " eran en efecto minuta opera. coiiio dicc por
lo deniás: "in Myriiiecidis minutis operibiis".'" Y Ciceróii cariic-
"' Hixiinos hamCrimr 31, 11.
" Diod. Sic. 17, H5.
0 Los testiinonias priticipler están reunidos en Iiir diccioiisrios dc 1.iddcll-Scuti
McKenrie v de Preipigkc, r.r.
e Louis ' ~ ~ b Nonnr
~ ~ tindig?nn
. danr I'Arlr \Ia,iccire gréru-ruiii;ti!ic. Par¡,. 1963. 11
292. n. 1. Hay que n~cncionar adcrnís Edovpyó;. que re Iia iiiantcnido eii griego
inoderno. Sobre fuhix6~iug "rrrpintero", cf. L. Rabcrt. Xayiorh~iuv ti; .* K
'O~AáuBov,Atenas, 1x4,pp. 338s.
*-Vair6n. L. L. VII. l.
* Ibid. m, 8.
i7sn ~irr.mr.sci~ciós
I . ~ X I C ; A ES V R A N C ~ S 269
teriza coii los iiiisiiios tcriiiiiios la obra de este artista: "Myrine-
cidcs iiiinutoruiii opusculortini fabricator".'" Eii estos dos auto-
res, i~iitridosdc cultiira Iielbiiica, Iiablaiido dc iin escultor gricgo
qiic cra cL:lebrc por siis obritas de iiiarfil y dc brotice." la cx-
~>rcsi<iii iiiiiiiita opero, ajciia al uso latiiio, es verosiiiiiliiieiite la
tradiiccióii dc iiii tcriiiiiio gricgo tal coiiio knroiiyyin,
Si iiiiiiuttis iio desigiiaba janiás Iin producto fabricado y cae
fiiera dcl vocabulario de las artesanias, coi1 niayor razóii llegó
iitiiica el latíii a designar por minutus o por uii coiiipiicsto o
deri\-ado dc miiiiitus el trabajo especifico del "carpintero", coino
lo Iiizo el griego coi1 j L ~ n r o ~ i ~ yHav ó s . uiia prucba iiotable: eii el
Edicto de Diocleciaiio. doiide aburidaii los noiiibres de oficios,
ciicoiitraiiios precisaiiiente i i ~ n r o i l ~ yrke ~ v i r l lpor
~ "carpiiitero".
pero el cqui\,aleiite latino es f a b a intestinarius.'"
.\si cra deiioiiiiiiado cl obrero que ejecutaba el opus ititesti-
1itiii1. los trabajos de carpintería del interior de la casa, eii oposi-
cióii al opus tectorium; por ejeiiiplo en Varrón, "villaiii opere
tectorio et iiltestino. . . spectaiidaiii"; '"s Pliiiio dice del abeto:
"al>ics.. . ad quacciiiiiquc libeat intestina opera aptissiiiia siue
Graeco siuc Caiiipaiio siiie Siculo fabricae artis genere", "el
abeto.. . es iiiiiy bueiio.. . para todas las obras de carpiiiteria
cii cstilo gricgo, caiiipaiiiaiio o siciliaiio". "' Faber iiitestiiiarius:
cl latiii iio teiiia otra niaiiera dc desigiiar el "carpiiiter~" eii la
é1>oca 01qiic c1 gricgo dccía hntoilr,:.n; r e ~ v í r i ) ,o sencillaiiieiite
jexroi~p:ió:. La crcacióii dc iiii térmiiio de igual seiitido eri las
dos Iciigiias obedeció a iiiodclos coiiiplctanieiite difereiitcs: el
sricgo aprovcclió que Nnrós calificaba dcsde el origeii cl trabajo
artcs:iiial para restriiigirlo al trabajo particular dc los artesaiios
de 1:i iiiadcra, coi1 la foriiia del coiiipucsto knroiryió:; cl latiii,
iio ~>i~diciido ciiiplcar coi1 estc f i i i ntiiiutirs, v por lo dciiiás poco
iiicliiiado a forjar coiiipucstos (los cii -fex conio aurifex soii ra-
ros poco prodtictivos), crcó iiiia deiioiiiinación de tipo des-
crip;ivo. coi1 faber acoiiipaiiado de uii adjetivo quc especifica
r.1 iiiodo dc actividad: iiitesti~iarius.Era el proccdiiiiieiito tisital
' 1 . 1 u. 1211 1.1 gr;tiiialiro \]>ulc!o dtcc t a i i i h i b de \lir~a6eides: "Fiiit scitllitor
.i<liiitr.iii<liii 8 3 , I~IT cis t ~ r ~ n a n d ~iOithngi.
~ t ~ i a r ~ w ~ r111>~rihtts ~'' Si,.
' f l . 1' 11. 8. 1;: \ t I i vi. 7X21,: I'liniu "ti. 21, 21. xxxvz. S. l i .
" i IHliiiiiiicr, I)cr \I;i\iii!.ilhrO d r r I>ioklcili;~#i.1,. 106.
' \ ' . 1 I ( . ,?l. 1. 1 1 1 .
l'liiiii, \ \ $ . I ? ; . <Ir 1.4 tr.i<l <Ir \ii<lrc
para formar nombres de artesanos: se extraía u11 derivado en
-arius de un nombre de materia, acompañado o no de faber: así
(faber) ferrarius "herrero"; (faber) aerarius "fundidor", plum-
barius "plomero", lapiúarius "tallador de piedras", etc., y tam-
bién lignarius, el cual no se sabe a qué orden de la carpintería

Tal es en definitiva, comparada con la de kntó;, la situación


de minutus. Ni el adjetivo ni ninguno de sus derivados (minuta-
re, minutia, minutalis, minutatim) se refieren a una actividad
artesanal, y especialmente al trabajo de la madera.

Consideremos ahora los datos del antiguo francés. Se distri-


buyen con bastante claridad y no es preciso gran aparato de ci-
tas para situarlos con respecto al modelo latino.
El adjetivo menu (que tiene un diminutivo menuet) "de
poco volumen, de poca talla" (op. gros) ocupa la misma posi-
ción que tenía minutus en latín, y la conservará en francés mo-
derno.
El verbo menuiser que prolonga el lat. minutare (de hecho
*minutiare), significa asimismo "reducir a pedazos menudos".
Ejs.: "cum poudre [les] menuiserai; les jours de son tens me-
nuisas; la terre pour apporter fruict sera menuisée et amollie par
le soc de la charrue", etc. Es aún por cierto el sentido latino.
Y cuando Montaigne escribe: "(Le vif argent) se va menuisant
et esparpillant", ya es el sentido actual de s'amenuiser.
El valor técnico comienza a aparecer con menuier "adelga-
zado, delgado", que designa, con un nombre de persona, el que
"ejerce un oficio menudo" (marchans menuyers), y sobre todo
con menuierie "obras menudas", producidas por artesanos en
diversos oficios. Puede medirse la variedad de los enipleos coi1
estos tres ejemplos: "enrichir d'entaillures, paintures. arnioie-
ries et autres menuieries plaisans a I'ueil"; "joyaulx d'argent de
menuietie"; "faire mettre ladite maison et ses appartenances en
bon et souffisant point ct estat de m(i)enuierie, charpenterie et
autres reparacions".
'' Cf. Liv. u x v . 41. 10.
' La que dtinar proceden del diccionario de Codefro", bajo lar encabezados cn
Wb.. 1, p. 341; V. pp. 1455sr.
cucstióii. Cf. tanxbiCn Tobler-Lainniatzsrh, Alttr.
UNA O I F E R E N C I A C I ~ N LÉXICA EN FRANCES 271
Más duradera será una derivación paralela, que se constituye
sobre el tema menuis-, base del verbo menuiser, y que produce
los nonibres genéricos femeninos menuise (lat. ininutiue) "pe-
dazo menudo, objeto pequeiio", menuisaille "trozos meiiudos,
restos; pececitos", y por último menuiserie.
Con menuiserie empieza un desenvolvimiento nuevo que va
a enriquecer el vocabulario de los oficios. Por menuiserie co-
i~iienzapor entenderse toda suerte de obras menudas ejecutadas
en todas las materias por artesanos calificados, en oposición a
grosserie, que designa las piezas grandes, particularmente las de
los herrero^!^ Hay una tnenuiserie de los orfebres, una menui-
serie de los herreros. Todavía en 1498 una ordenanza menciona
"les ouvrages tant d'oi. que d'argent, en grosserie et menuyserie",
y eii la misma época se habla de menuiserie en el oficio de ce-
rrajero.
A la vez se instituyó menuisier como nombre de artesano, con
ia misma extensión y variedad de empleos. D e acuerdo con la
oposición entre menuiserie y grosserie, existió, ante menuisier,
un nombre de artesano grossier "herrero", atestiguado en el
siglo XIII, pero pronto desapareció. Un menuisier puede trabajar
materias preciosas: "ung ouvrier, d'or et de pierres menusier",
o la madera: "vous menuziers, besognez de bois sec", o meta-
les. En su Glossaire des émam, Laborde define bien el término:

Cada oficio tenía sus menuiners, el fabricante de artesas al igual que


los orfebres, los hojalateros, los cerrajeros, etc. Eran obreros cuyo talen.
to aptitud empujaban a la ejecución de las obras más delicadas. más
menudas. En las cartas patente de 1396 se habla de huchiers-menui-
siers. cuerpo de oficio que comprci~diaa la vez los dos géneros de apti-
tudes: los fabricantes de artesas, quc responden a nuestros menuisiers.
los huchiers-nténuisiers, a nuestros ebanistas. La acepción de la palabra
menuisier, restringida a los obreros en madera, data de fines del si-
glo X V I . ~ *

H e aquí cómo se llega al sentido moderno de menuisier. Esta


palabra no tiene antepasado latino, ni en su forma ni en su
sentido. Para producirla hicieron falta dos innovaciones suce-
sivas en antiguo francés.
El a. fr. grorserie se volvió en inglh gmccry
j' Citado p r Co<lefr<i!. s.v. ~zieniiisicr.
272 l , ~ , x i cY ~ctJi.ItlRA
~

En primer lugar, la crcacióri del tériiiiiio mciiuisier, para


responder a uiia división crecieiite de las téciiicas y clc los cuer-
pos dc oficios. que acarreó la iiiultiplicacióii de los iioiiibres dc
cspccialidad. Esta creación se Iiizo priiiicro directaiiiciite a par-
tir de rnenu \. sólo secuiidariaiiieiitc eclió iiiaiio del teiiia ine-
iiiiii-. Coiiio iioiiibre dc artesano, ri~eriuisier es aje110 al verbo
menuiser "reducir a partículas iiieiiudas". qtic riuiica desigiib
iin trabajo dc obrero.""
Otra iiinovacióii, realizada a fines del siglo XVI, restriiige
menuisier al seiitido de obrero eiicargado de las obras e11 iiiade-
ra. A partir de este iiioiiiento sc transforiiia la sittiacióii del
térmiiio:
11 meituisier iio tiene iiiás que un viiiculo de coiisoiiaiicia
con (ajmenuiser;
21 el significado de rneiiuisier pierde toda relaciOii con el de
menu;
31 en adelante iin vínculo asociativo liga ntenuisier, signo
aislado, al grupo de huchier (anticuado hoy), cliarfleiitier, ébé-
niste, parqueteur, etc., por el rasgo distintivo que se les Iiace
común: "trabajo de la madera";
41 la ruptura del nexo entre inertuisier menu y la especifi-
cación técnica de menuiserie para el trabajo de la iiiadera. ha-
cen que menuiserie deje de oponerse a grosserie. Este últiiiio
térriiino, quedado siii eiiipleo preciso, desaparcce. Eii adelante
meiiuisier se delimita con respecto a charpentier: " . . . taiit pour
I'art de la Iiasclie. que 1'011 appelle la charpeitte eii Lcvaiit quc
pour la menuiserie" (Brantdnie); "Si o11 regarde bien le plus
beau buffct ou clialit d'alors, iie dira-t-o11pas que c'est charpen-
terie et iion pas menuiserie?" (Estieiiiie)."'
Eii suiiia, el fraiicés rehizo cspoiitáneaniente el niismo ca-
mino que el griego antiguo, cuando especializa ntenuisier para
cl obrero de la iiiadera, coiiio el griego lo hizo con Lnrone-
-:Os. No Iiubo iiiediador latino ciitrc estas creacioiies si~ccsivas.~~
' KI vcrho iiteiiiUser col) el sentido dr "rteiutar trahato de carpinteria'. es iiio-
iiii

r l e r ~ ii rcmiistriiido sobre aiicriaiinrr.


' Cttndor por LittrC. a t,. cli;irlwnte
:' SF C I I C U C I ~ ~ en ~ S I>ii Cziigc. I\'. 425, esta cita de eiia carta de 1219. "Praecipi
ficri d i iiicii prol>iio <Ir. trigiiila ~ i n a r c l i i r argeiitets queitidniii iiiilitciii . .. iiiinintitiilii super
r q i ~ i i i t i $ t i a i i i . ct illii<l tr;icli ccclcri;ic B.\I Carnatei>si piarccpt. F:rtr riiipleii dr
, c ~ i < l c ~ t c ~lmil
r # ! i t ~ t t t ~ l t r ~L.$ ~~~ti del a fr. i i i i i r i i i s r "tr;ih;ija<l<i eri iile.
~ > tr;l$p<>sictór~
UNA D I F E R C N C I A C I ~ N LÉXICA EN F R A N C ~ S 273
Pero en griego el vínculo entre hExr65 y k r o v e y ó ~subsistió,
porque hnrás estaba desde el principio asociado a la terminolo-
gía dc los oficios, en tanto que en francés menu no portaba va-
lor técnico. Así menuisier se alejó de menu y de su derivado
amenuiser.
Esta ruptura de vínculos formales entre signos muy próximos,
en beneficio de nuevas agrupaciones asociativas, es un fenóme-
no muclio más frecuente de lo que parece. Sena provechoso
realizar un estudio sistemático de estos fenómenos, que mani-
fiestan la vida cambiante de los signos en el seno de los sistemas
lingüísticos, así como los desplazamientos de sus relaciones
en la diacronía.
20. DOS MODELOS LINGOfSTICOS D E LA CIUDAD1

E n el debate incesante acerca de la relación entre lengua y so-


ciedad, no se suele salir dcl plinto de vista tradicional de la
lengua "espejo" de la sociedad. Nunca se desconfiará bastante
de estc género de imágenes. ¿Cómo podría la lengua "reflejar"
la sociedad? Estas grandes abstracciones y las relaciones, falsa-
mente concretas, en que son reunidas, no producen más que
ilusiones o confusiones. La verdad es que cada vez sólo son
comparadas así una parte de la lengua y una parte dc la socie-
dad. Por el lado de la lerigiia, es el vocabiilario el quc hace de
representante, y del vocabulario sc pasa -indebidamente, por
falta de justificacióii previa- a la lengua entera. Por el lado
de la sociedad es el hccho atómico cl que es aislado, el dato
social en tanto precisamente que es objeto de denominación.
El uno remite al otro indefinidaiiiente, y el térriiino designante
y el hccho designado no contribiiyeii, en este apareamiento
de uno a otro, sino a una espccic de inventario lexicológico de la
cultura.
Consideramos aquí otro tipo dc coiiiparacióii, a partir de la
lengua. El análisis concernirá a un hcclio de derivación, pro-
fiindamente ligado a la estructura propia de la lengua. Con ello
se introduce un cambio de perspectiva cii la indagación. La
comparación sociolingüística no se ejerce ya sobre una sustan-
cia, un dato léxico, sino sobre una relación entre un término
básico y un derivado. Esta relación intralingüística responde a
cierta necesidad de configuración a la vez formal y conceptual.
Además, siendo intralingüística, no le toca suministrar una de-
nominación de objeto, sino que significa un nexo (por interpre-
tar según el caso como siibordinación o dependencia) entre dos
nociones Formalmente vinculadas. Hay que ver en qué dirección
se produce la derivación. Entonces el modo como se configura
' Echanger ct communicntions, Mélanger offeits Claude Lévi.Strauss A Paccasion
de son 6 0 ~
inniveisaire, reunidas por lean Pouillon y Pierre Maranda. La Haya, Mou-
ton & Co., 1970, pp. 489-496.

12741
ws ~ ~ O D E L OLINCUJSTICOS
S DE I.A CIUDAD 275
en la lengua esta relación nocioiial evocará en cl canipo de las
rcalidadcs sociales la posibilidad (cs todo lo que puede dccirsc
a priori) dc una situación paralela. Si se verifica el paralelismo.
queda iniciada una fructiiosa investigación que conducirá qui-
zás a descubrir nuevas correlaciones. En todo caso, la relación
de derivación de quc se partió debe, a su vez, ser sonietida a una
indagacióii comparativa en su orden propio, a fin de vcr si da
o no el solo ~node!o posible de la jerarquía entre los dos tér-
minos.
La noción a la que nos dedicaremos aquí es, e11 su expresión
léxica, la de "ciudad". La consideraremos con la forma en quc
se enuncia en latíii, civitas. Primero en su estructura formal.
Nada más sencillo, más iiiniediatamentc claro, sea para el locii-
tor romano, sea para el arialista moderno, que la forniación de
civitds: es el abstracto cn -tos derivado de civis.
Aquí empieza a formarse un problema iniprevisto. Sabenios
lo que significa civitas, ya que es el térmiño que da cuerpo en
latín a la noción de "ciudad", pero ¿qué significa civis? La ciies-
tión sorprenderá. ¿Hay por qué poner en tela de juicio el sen-
tido de "ciudadano" coiicedido siempre y por doquier a civis?
Sí, es preciso. Ni que decir tiene, en iiiultitud dc sus cnipleos
esta palabra no puede traducirse m i s que por "ciudadaiio",
pero creemos poder establecer, contra toda la tradición. que
no es éste el sentido propio y primero de civis. La tradiicción
de civis por "ciudadano" es un error de hecho, uno de esos ana-
cronismos conceptuales que el uso fija, de los que se acaba por
no tener conciencia, y que impiden la interpretacióii d r todo
un conjunto de relaciones.
Puede mostrarse esto, primero, por razón 'lógica. 'Traducir
civis por "ciudadano" implica rcfereiicia a una "ciiidad". Es
poner las cosas al revés, en vista dc que el latiii civis cs el tér-
mino priniario y ci~itdsel derivado. La palabra bisica por fiier-
za debe tener uri sentido que permita que el derivado sigiiifi-
que "ciudad". La traducción dc civis por "ciudadaiio" rcsulta
ser un hysteroti proteron.
Si esta traduccióii no liubiese sido recibida coi110 una eviden-
cia', y por poco que se Iiiibiera atendido a vcr cóiiio la palabra
sc definía para quicncs la ciiiplcah:~ii,sin falta se habría advcr
tido el hecho, registrado cii los diccioiiarios por lo dctiiis, aiiii-
276 LEXICO Y CULTURA

quc relegándolo a segunda o tercera posición, de que civis en


la lcngua antigua y aún en la época clásica se construye a me-
nudo con un pronombre posesivo: civis meus, cives nostri. Esto
" ,
bastaría para revocar la traducción por ciudadano": ¿qué es
lo que podría significar "nii ciudadano"? La construcción con
el poseiivo revela de hecho el verdadero sentido de eivis, que
es un término de valor recíproco y no una designación objeti-
\.a: es civis para mí aquel de quien soy civis. Dc ahí civis meus.
El tériiiiiio más próximo que pudiera describir en espaíiol csta
rrlacióii será "conciudadano" en función de término mutuo.'
Que cl sentido de civis es ciertamente "conciudadano" es cosa
qiie rcsalta hasta la evidencia en una serie de empleos epigráfi-
cos y literarios de los que apenas podernos citar unos cuantos,
pcro que concuerdan sin excepción. Son significativos a la vez
por la naturaleza de los textos, documentos oficiales por una
parte, lengua familiar de la comedia por otra, y por su fecha
antigua. La característica común es la construcción de civis con
ti11 proiiombrc posesivo: civis meus no puede significar otra
cosa qiic "rtii conciudadano".' Tal es la traducción que se impo-
ric cii los cjemplos siguientes.
En la Lex repetundmum 60: regis populeive civisve suei no-
tiiiiie.
En Plaoto: '
O facilem hanc rem meis civibus faciam
"iiic las arreglaré para facilitar la cosa a mis conciudadanos"
ifseud. 586a) ;
O adtllescens quidam civis huius Atticus
"uiio de sus compatriotas, un joven ateniense" (Rud. 42);
: I)elal~os de lado aqui el problema etimol6gic0, que será tratado en otro lugar
1l.c incahillaire des intitutions indo-europeenner. 1, 1969). Mortraremor que lo que
l S , s . leva-, pót. hei~ia-. etc., implica precisaniente esta rdación
lillitill.
I.:I~ fraiirc\. Iial>n que pcnrar eti la crprerión caiiipesiua nion PP!.S, lila payse, que
biirctirrc ~ I c f i l i i a as,: "un salut de gueur, un nom dant ils s'appellent l'un I'autre
il\~an<l11, siiiit dii iiicriiie pa!s". [Ct. "paisano". "paisa", eri erpsnol. T.]
' l:li r l I ' l i ~ . ~ . i i i r i i \ \.v.
. civis, re eiirsentra una siihdiviri6n donde el término es deti-
iiirli) C ~ I I I ~ C ," M ~ L C / C P ~ F ~ I C I C~ ~E C I ~ ~ ~Vi v S alius quoqite civis, de quo
~ lUt a t ~Cs L > ~ ~est
i ~ i t i i i ,g s t ~ $cqtii<lrcrctate 'c<iiwivis' aiihicbat (inde civis rriciir e t c i " , y una lista de
: i i ~ i i l > l , i \ . c i i t r r rll<i, los q i ~ e citaiiios.
l..,, c ) t . i \ <le L'l.iiit<i ~ a i iaioiiipaiiadar a proposito de la traducción [parada al es-
II,"'UI!c l i \ I..rii<iiit (Rcllcr-L.cttre~1. qiie vicrtc siciiigre ci~.ir por "coricii8dadano.
< , ~ ~ ~ ~ l ~ , ~ <t ~O ,i I, I~~ lu t ; ~rcquicre
'', cl coliterto.
O opsecro, defende civis tuas, senex
"te lo ruego, anciano, defiende a tus conciudadanas" (Rud.
742) ;
U turpilucricupidum te vocant cives tui
" 'hombre bajamente codicioso' te llaman tus conciudadanos"
(Tri. 100).
En ~ i t oLivio:
O invitus quod sequitrs sit de meis civibus loquor
"siento tener que hablar mal de mis coiiipatriotas" (ir,
37. 3);
O adeste, cives; adeste, commilitones
"isocorro, cives! jsocorro, camaradas de guerra! (ir, 55, 7 ) .
La simetría entre cives y commilitones acusa bien en cives el
aspecto comunitario.
U iuvenem egregium. . . suum quam alienum malleiit c i v e n ~
esse
"que debían preferir que este joven sin par fuese su propio
conciudadano y no el de extranjeros" (111, 12, 6 ) .
En Varrón:
O non sine causa maiores nostri ex urbe in agris redigebai~t
suos cives
"no sin razón nuestros antepasados devolvían dc la ciudad
a los campos a sus conciudadanos" (R. R. Irr, 1, 4 ) .
E n Cicerón, cives nostri, "nuestros coiiciudadaiios", no es
raro.
No habría que creer que este sentido de civis se limitara a
determinada latiiiidad y desapareciera después. Quicii se ponga
a seguirle la pista a través de las fases ulteriores dc la lengua
lo descubrirá hasta en la Vulgata, donde aúii iio ha sido ad\.er-
tido: cives eius en Lucas, 19, 14, para volcar el gr. hoi politui
autou, con el iiiismo valor recíproco de polítzs."

Las tres traducciones antiguas de los Evangelios lian reprodii-


cido la expresión: en gótico. baurgians is; cii arrnciiio. k'atak'-
"entido poco freiiiciite en griego. S o re adjudicara ~iitigun valor idioiiiitico a l
uno, úiiico. de p l i t ? s por "(su) pr6jiniu" en iin pasaje de la Epist<i!a a los Ilcbrru,.
8. 11. que er iiii;i cita dc Icrciiiiar 3 1 , 34: hrknitos t i ~ nIxilitéri rutoii. \.iilg. i i i i i 1 5 < ( i i i i ~
quaiii proriiiiuiri riiiiiri "cada qilicii (no ciiceiixi i a 1 a sil p!61i~~>o": aqui gr. p o l i t í i
r s iin bebrairiiio.
(lc'ik'i~nora. y cn a. cslavo grazdane ego. Iiicluso cuaiido el ori-
giiial griego del N I ' dicc syiiipolítes por "coiiciudadaiio", la
Vulgata evitará concivis 1. iiiaiitendrá civis. Así cives sutictoruii~
"coiiciiidadaiios de los saiitos" (Ef. 2, 19); pero las otras versio-
iics imitan el derivado griego: gót. gabaurgja, arm. k'atak'akic',
a. esl. sotiteli.
:\sí dcfiiiido en siis ciiiplcos contextuales, civis lo esta tain-
bien por la relación paradigmática en que se opoiie a hostis.
La pareja civislhostis es por cierto coiiipleiiientaria cn csta re-
prcsciitación doiidc el valor mutuo se afirma sieiiiprc. Coiiio
para hacerlo evidente, Plauto llega a foriiiularlo explícitaiiicii-
te. r\iiipelisca, sirvienta del teniplo de Venus, pide un ciiitaro
de agua a su vecino Esceparnióii, que le pide a cambio otro
favor (Rud. 438-440) :
Cur tu uquum grmare, amubo, quam hostis hosti commo&l?
Cur tu operum gravare mihi quam civis civi commo&t?
-¿Por qué hacerte tanto de rogar, dime, por agua que no se le nicga
a uiiextrano?
-¿Por qué hacerte tanto de rogar, por una complacencia que no se le
nicga a un compatriota?

Un hostis tieiie delante a un hostis; un civis lo es para otro


civis. La cuestión es siempre hostine un civis (Triii. 102). Son
dos términos polares, iiiutuos ambos: cgo es hostis con respecto
a un hostis; parccidamente es civis coi1 respecto a un civis. No
hay pues civis fuera de esta depcndeiicia recíproca. Se es civis
de otro civis antes de scr civis de deteriiiiiiada ciiidad. En civis
Romanus el adjetivo no añade iiiás que una iiidicación localiza-
dora, iio una definición de estatuto.
Ahora resiilta posible v fácil fuiidar coii rigor la relacióii liii-
güística que hay entre chis y civitas. Conio foriiiacióii de abs-
tracto, civitas designará propiamciite cl "coiijiiiito dc los cives".
Tal es, en efecto, la idea que sc hacían dc civitas los iiiejorcs
escritores. Plauto da uii ejeiiiplo al priiicipio del ~)rOlogo al
Rudens (VV. 1-?), donde habla cl astro Arturo:
Qui gentes omnis mariuque et terras movet
eius sum civis civitate ccelitum
"Del dios [Júpiter] que mueve todas las naciones, las tierras y
los mares, soy el civis en la civitos dc los habitantes del cielo."
Aquí queda ilustrada una doble relación: civis eius sum "soy su
civis ( 5 , 61 es el mío) "; civis civitate "soy su civis en y por la civi-
tos de.los celestes", es decir, a la vez entre el conjunto de los
cives del cielo y en virtud de la calidad de civis. También es a la
civitas como colectividad y mutualidad de los cives a donde
remite César, B. Gall. 7, 4, 1: cuius pater. . . ab civitate erat in-
tetfectus "su padre había sido muerto por sus conciudadanos".
El niismo César hace comprender el vínculo entre tivis y civilis
cuando escribe: ne cives curn civibus armis decertarent "que los
(con)ciudadanos no se combatan entre ellos (= no se entre-
guen a una guerra civil)" (B. Civ. 111, 19, 2, cf. 31, 4 ) ; civilis
significa en un principio, sin duda, "que ocurre entre cives".

Un modelo muy distinto de esta misma relación (decimos que


es la misma no sólo porque opera entre terminos del mismo
sentido, sino porque no puede variar más que por inversión:
A + B o B + A) es dado por el griego. Los térniinos griegos
por considerar son los del binomio @lis "ciudad": polítZs
"ciudadaiio". Esta vez el derivado en -ités se determina en re-
lación con un término básico pólis en tanto que designa "el
que participa de la polis", el que asume los debates y los dere-
chos de su ~ o n d i c i ó n .Esta
~ relación aparece también en griego
en una serie:

Se parte pues en griego del nombre de la institución o dcl


grupo para formar el del miembro o del participante. El itine-
rario es inverso del que hemos observado en latín y esta parti-
Ver acerca d e esta formación G. Redard, Lrr noms grrcr en -tBr, -ti$ (París, 1949),
pp. 20si.
' A veces, pcra iniiy raraniente, p l i t Z r re Ilari~a al "conciudadano". Norrnaliiientc
politG no sc presta a la construccibii coti uii pronombre de persona.
' I f a ~quc distinguir bien en lntin la relaciún civis : iivitas d ~ .la d c pagui : paganur.
.
u r b ~: urbsnus, que ce reduce n la clasr d e los 6iniros Roma Ruxilanur.
280 LÉXICO Y CULTURA

cularidad saca a la luz la diferencia entre los dos modelos. Hay


que precisarla en sil estructura formal y en el movimiento con-
ceptual del que procede.
En latín el término básico es un adjetivo que remite siempre
a u:i estatuto social de naturaleza mutua: tal es civis, que no
puede definirse más que en una relación con otro civis. Sobre
este término básico se construye un derivado abstracto que de-
nota a la vez la condición estatutaria y la totalidad de aquellos
que la poseen: civis + civitas.
Este modelo se reproduce en latín en cierto número de rela-
ciones típicas que caracterizan agrupaciones antiguas de la so-
ciedad romana. Primero:
socius : societas. Un socius lo es en relación con otro socius,
y el círculo entero de los socii se integra como societas.
Lo mismo en las cofradías:
sodalis : sodalitas
o en las clases:
nobilis : nobilitas.

Así la civitas romana es ante todo la calidad distintiva de los


cives y la totalidad aditiva constituida por los cives. Esta "ciu-
dad" realiza una vasta mutualidad; no existe sino como suma.
Reaparece este modelo en las agrupaciones, antiguas o moder-
nas, fundadas en una relación de mutualidad entre gente de
igual pertenencia, ya concierna a parentesco, clase, profesión:
sodalidades, fraternidades, corporaciones, sindicatos; italiano so-
cio : societd, alemán Geselle : Gesellschaft, antiguo francés
compain : cornpagne ( "cornpagnie" ) , etc.
D e modo enteramente opuesto, en el modelo griego el dato
primero es una entidad, la polis. Ésta, cuerpo abstracto, Estado,
fuente y centro de la autoridad, existe por sí misma. No encar-
na ni en un edificio, ni en una institución, ni en una asamblea.
Es independiente de los hombres y su sola sede material es la
extensión del territorio que la funda.
A partir de esta noción de la palis se determina el estatuto
del polítZs: es polítzs el que es miembro de la polis, quien parti-
cipa de ella de derecho, recibe de ella cargos y privilegios. Este
estatuto de participante de una entidad primordial es algo es-
pecífico, a la vez referencia de origen, lugar de pertenencia, títu-
lo de nacimiento, constreñimiento de estado; todo emana de
este vínculo de dependencia con respecto a la polis, necesario
y suficiente para definir el polítes. No hay más tériiiino que po-
IítZs para denotar el estatuto público del hombre en la ciudad
que es suya, y es por necesidad un estatuto de relación y de per-
tenencia, puesto que por necesidad la polk va por delante del
polítes. Tenemos aquí una situación inicial cuyas implicaciones
sería imposible sacar a relucir sin extender el análisis a otros de-
rivados, como el adjetivo politikós, el abstracto politáa, el pre-
sente politéuein, que se sustentan estrechamente y cada uno de
los cuales aporta a los demás sus determinaciones propias. Un
estudio completo de estos derivados pondría aún mejor de mani-
fiesto la especificidad de esta noción de polis. Recordemos que
Aristóteles consideraba la polis anterior a toda otra agrupación
humana, que la ponía entre las cosas que existen por naturaleza
y que están ligadas a la esencia de la humanidad y a ese privile-
gio del hombre que es el lenguaje (Política 1253a)
Puede resumirse esta confrontación de dos tipos de relaciones
mediante el esquema siguiente:

MODELO LATINO MODELO GRIEGO


civitas @lis
t 4.
nvis porítés

En el modelo latino, el término primario es el que califica al


hombre en cierta relación mutua, civis. Ha engendrado el deri
vado abstracto civitas, nombre de colectividad.
En el modelo griego, el término primario es el de la entidad
abstracta pólis Ha engendrado el derivado polítés, que desig-
na al participante humano.
Estas dos nociones, civitas y polis, tan próximas, parecidas y
por así decirlo intercambiables en la representación que se hace
el humanismo tradicional, se construyen en realidad de modos
inversos. Esta conclusiói~,fruto de un análisis interno, debiera
ser punto de partida para un iiuevo estudio comparativo de las
instituciones iiiismas.
Hoy, en el vocabulario político de las lenguas. occidentales y
282 LÉXICO Y CULTURA

de las que pertenecen a la misma área, es el modelo griego el que


ha prevalecido. Ha producido:

esp. ciudad : ciudadano


fr. cité : citoyen
ingl. city : citizen
al. Burg : Bürger
ruso gorod : grazdanin
irlandés cathir : calhrar

Ha eliminado el modelo latino, puesto que es el antiguo de-


rivado secundario civitas el que se ha vuelto en las lenguas ro-
mances el térmirio primario: fr. cité, it. citta, esp. ciudad. . .
sobre el que se construyó el término nuevo -citoyen, cittadino,
ciudadano. Un binomio nuevo, ciudad : ciudadano ha sucedido
al binomio inverso latino civis : civitas. Valdría la pena indagar
en detalle si esta recreación procedió de causas mecánicas: re-
ducción fonética de civitus en las lenguas romances y elimina-
ción de civis, o si tuvo un modelo (como en el caso de a. esl.
grazdaninñ, imitado del gr. polítEs). Toda la historia léxica y
conceptual del pensamiento político está todavía por descubrir.
Este segundo volumen de Problemasde
lingüística general reúne, slgulendo el
modelo del primero, veinte Importantes
estudios publicados por Emile üenveniste
entre 1965y 1972. con loscualesse
completa una vasta lntroduccldna la
probiemdtlcadel lenguaje.
Los dos Drlmerosatticulos. en forma .de
-.
dldlogo. tratan de la evclucldnde la
lingüísticay de los cambios recientes en los
doctrinas acerca del lenguaje. Se pasa
entonces al problema fundamental de la
comunicación y del signo, al
desenvoivlmlento de la semiología de la
lenaua. Las nociones de estructura v de
funEldn son objeto de los estudlos
siguientes. La sintaxis está representada
por la composlcidn nominaly las relaciones
de auxiliaridad. Luego de dos estudlos
dedicados a mostrar cómo estd Implícitoel
hombreen la lengua, los ÜMmoscapítulos
llevan adelante la lndagacidnde la
genesls de términos y conceptos culturales
importantes.