“El ascensorista”

Norberto Costa

Retazos, siempre retazos. Su vida estaba condenada al fracaso de escuchar fragmentos de conversaciones que comenzaban en el ascensor y siempre terminaban en otro lugar . Como si la parte más jugosa de cualquier historia, le fuera vedada de antemano. Subir, bajar, subir, era el juego absurdo de todos los días. Arriba, abajo, arriba, siempre encerrado en esa jaula de acero, condenado a viajar a ninguna parte. Comandante de una nave estrecha que conocía demasiado, Vicente saludaba a sus ocasionales pasajeros con cierto optimismo, como si el viaje de segundos qie iban a compartir, fuera una larga travesía llena de aventuras. Enfundado en la resignada dignidad de su traje de franela gris con botones tan plateados como su cabello, y con su gastada, pero siempre limpia, camisa celeste con corbata azul, Vicente Gómez era toda una institución dentro del edificio. No como Julio Recalde, el otro ascensorista de aspecto cansino que, casi, no intercambiaba palabras con los pasajeros. Tal vez, por un misterioso pacto con la administración, Recalde había logrado reemplazar la corbata azul del uniforme por un anacrónico corbatín de cuerdas que, sumado a sus mostachos canosos y tristes, le daban el aspecto de ser un viejo sheriff del oeste venido a menos, cuya presencia dentro del ascensor era tan indiferente y se mimetizaba de tal manera con su entorno, que parecía ser parte del equipamiento. Vicente, en cambio, era el ascensorista preferido, el confesor, el cómplice, donde siempre se obtenía un punto de vista muy particular, ya sea sobre el estado del tiempo, la política, el deporte, el arte o la filosofía de la vida, tema sobre el cual, se declaraba un especialista. Se diría que Vicente era un tipo que quería vivir y no se resignaba a ser enterrado en vida en ese nicho de dos por dos. Era injusto, pero así eran las cosas. Por suerte, estaba el enmascarado. Para impartir un poco de justicia en este mundo tan despiadado. El enmascarado no era otro más que Flashman, el protagonista de la historieta que devoraba Vicente cuando los pasajeros eran

1

indiferentes a su presencia o decidían tratarlo sólo como a un simple ascensorista. ¿Y Vicente? ¿ Siempre con tu revistita vos? Sí, doctor Ribelli. Es mi forma de volar. De hacer más llevadero este… Quinto, por favor. Como no, señorita.

Siempre la interrupción, la realidad fragmentada como un rompecabezas del que sólo podía reunir unas pocas piezas. Así como había días en los que todos indicaban el piso al que se dirigían con gran seguridad, había otros en los que venían pasajeros dubitativos, visitantes ocasionales del edificio que se quedaban eternamente mirando la pizarra negra con pequeñas letras blancas a la que, inexplicablemente, le faltaban bastantes letras como para llegar a ser medianamente legible y no se decidían a preguntar. Un anciano muy bien vestido, pero de andar lento estaba en esa situación cuando Vicente lo interrumpió: ¿ Adónde va? Ah! A la Compañía de Seguros… “La Principal” Compañía de Seguros, muy bien. Así es. ¿Qué piso es? Depende… ¿Cómo? Claro. Administración está en el once y Ventas en el diez. Ah! Administración. Muy bien, suba que lo llevo al once. Gracias.

A Vicente, sentirse útil lo hacía sentirse bien. Le gustaba dialogar con los pasajeros cuando se presentaba la ocasión o al menos meter algún bocadillo de vez en cuando. En cambio, lo que más le molestaba, eran las primeras horas de la tarde, cuando algunos de los empleados del edificio, 2

en grupo, casi siempre algo chispeados, regresaban del almuerzo. Venían bromeando entre ellos y ni siquiera le dirigían la palabra porque Vicente ya sabía que todos ellos eran de Turismo “Siete lagos” y que iban al octavo piso. Y cuando el tipo termina de hacerle la pregunta, el loro lo mira y le dice: ¡Con usted ya van cuatro! Ja,ja, ja!!! Ja, ja, ja!!!

Siempre retazos. Fragmentos. Estaba predestinado a escuchar el final de un chiste que jamás sabría completo o el principio de una historia de la que jamás conocería el final. Pero no todo era así. Por suerte, estaban las cinco chicas de Contaduría de la Compañía Tabacalera del Norte, en el tercero, que siempre al llegar por la mañana y al despedirse por la tarde lo saludaban con un besito, “como a un padre”, decían, aunque él, tal vez fantaseando con avances menos incestuosos prefería que lo llamaran tío. A veces, de puro aburrimiento, le gustaba jugar con el sentido ambiguo y paradójico de las palabras. - ¿Baja? - Sí. Arriba. - Pero ¿sube o baja? - Le digo que sí, que bajo. Súbase que bajamos. Inventaba pequeños juegos, estrategias para matar el tiempo, aunque el tiempo no sólo no moría, sino que tal vez, fuera el verdadero asesino de esa rutina. Últimamente, estaba acostumbrado a seguir dos o tres conversaciones en paralelo, sin perder palabra de lo que decían, pero la experiencia le había enseñado que las conversaciones más interesantes eran aquellas que se llevaban a cabo en voz baja.

3

Que el jefe de personal de Rodepra S. cuando las puertas estaban por cerrarse. mientras él afinaba sus oídos para no perder palabra. del sexto. Pero no un respeto de admiración. siete años menor. inmutable. gozando el hecho de que los demás no sabían todo lo que él sabía. El Dr. sin saludar. Uno sabía que no debía mirarlo a los ojos ni acercársele demasiado. imponían respeto. Ya de lejos uno notaba que era un hombre importante. como si una comida le hubiera caído mal para siempre. eso la transformaba en sumamente atractiva a sus oídos. se introdujeron de golpe en el ascensor . presidente de “La Principal” Cía. Cuando algunos pasajeros subían con aire de superioridad.Quien así hablaba quería que su charla fuera estrictamente privada y si había algo que esconder y no quería que se enteraran los demás. por su sola presencia. de Seguros. Así se había enterado que los abogados del quinto piso Fleischman & Antunez habían perdido dos juicios en la misma semana. dos hombres altos. la recepcionista del tercero. de temor. Ordoñez y Gutiérrez del piso once. era un déspota con sus empleados y los hacía entrar media hora antes que la que marcaba el reglamento. 4 .. bien trajeados. bueno. o se lamentara de tener que compartir en un pequeño espacio. se ubicaba a escasos cinco centímetros de su naríz. de 22 años. De esa manera. tal como era su costumbre. él sonreía interiormente. Ordoñez. Que la Agencia de Publicidad Publika Advertising estaba a punto de perder la cuenta de automóviles que habían ganado hacía sólo un mes y como si eso fuera poco. Eran el Dr. dando la espalda a los pasajeros y mirando fijamente al tablero. era uno de esos tipos impecablemente vestidos que. hasta que una tarde después del almuerzo. salía con el cadete de la empresa. Su rostro estaba endurecido en un gesto de permanente desagrado. que cuando el ascensor estaba lleno.A. sino más bien. Vicente desaparecía físicamente ante los ojos de aquellos que susurraban algún secreto. Las semanas siguientes transcurrieron tranquilas. unos segundos con seres tan inferiores como los que poblaban en ese momento el ascensor.

5 . Los hombres se bajaron en el once y se perdieron en el pasillo lateral. A unos los identificaba por el nombre. la morocha de la minifalda azul. Ordoñez. una chica rubia que había subido en el quinto y no se sabía bien a qué piso iba y hasta un cafetero que se había instalado silenciosamente detrás suyo. tenía todo el aspecto de que a él aquella misma comida le había caído bien. presidente de la empresa y Gutierrez. el flaco alto con cara de japones y corbata finita. Mientras dos cadetes.dijo Ordoñez con aire grave. el jefe de personal? ¿Quién habría faltado ayer? Y sobre todo ¿Por qué hablaban en voz tan baja. Y pronto. con viajes silenciosos de pocos pasajeros. antes de oprimir los botones correspondientes. ¿Sobre? – inquirió Gutiérrez. si bien por su actitud y su vestimenta parecía un gangster de la misma banda. ¿De quién hablarían el Dr. a viva voz. debemos hacer algo.. Los dos cadetes. subió Betty. Vicente. Tenemos que hablar. el jefe de personal. escuchó un susurro a sus espaldas.Volvió a faltar. la Jefa de Contaduría de “La Principal”. Por supuesto . Esto no puede ser. comentaban el resultado del partido del domingo. con ese aire tan enigmático de algo que le harian a alguien de la empresa que estaba definitivamente condenado? La tarde transcurrió tranquila. como si le molestara la presencia de testigos. comenzó a pasar revista a un listado imaginario con los nombres de cada uno de los empleados de “La Principal”. a otros por el apellido y a varios más los recordaba por detalles como la petisa de remera roja. hasta que en el siguiente viaje al piso once.etc. Vicente pensó ¿Quién habría faltado ayer? Y enseguida ¿Qué habría hecho el enmascarado en su lugar? Entonces. – dijo Ordoñez. Odoñez adoptó de pronto un aire enigmático y miró a ambos lados. Ayer….En cambio Gutiérrez. Al cerrarse la puerta del ascensor.

Llevaba sus 17 o 18 años con mucho orgullo y se desplazaba dentro y fuera de la empresa con la desenvoltura de un gerente desfachatado. ¿Querés una. Mientras pasaban las horas. Y tomamos el día de ayer y yo le aposté que ayer habían venido todos como siempre. el extrovertido cadete de la empresa. si seguía fumando tanto y ella le reveló que sí. gracias. Hasta que la salvación vino en forma de Tito. Vicente comprendió que ya no obtendría de ella ninguna otra información. Los viajes se sucedían uno tras otro y casi ningún empleado de la empresa estaba fuera de su puesto o bien. paquetes de galletitas. ¿En serio que apostaste a eso? Sí. Le hice una apuesta a un amigo y le dije que tu empresa es todo un ejemplo. dejame pensar. Somos gente cumplidora . las posibilidades de averiguar algo se reducían. El. atados de cigarrillos y una selección de pastillas varias que llevaba con gran soltura en un equilibrio inestable. Al principio le preguntó cómo andaba. Tito era todo un personaje. ahora bajaba a comprarse dos atados. Allí nunca falta nadie. Al llegar a planta baja y despedirse. 6 . Bueno. Tito. la chica nueva y ella le contestó que allí estaba siempre. Vos que lo sabés todo. nunca falté. le dijo que a la que hacía tiempo que no veía era a Leonor. que casualmente. Pero. Vicente? – le ofreció haciendo malabarismos con la mano libre que abría hábilmente un paquete de pastillas. cambiando de tema. sentada en su escritorio todo el santo día frente a ella. hasta ahora. alguno que bajaba hasta el kiosco a comprar algo. a ver. – dijo Vicente mientras se demoraba quitándole el envoltorio cuidadosamente y aguardaba que viniera más gente para iniciar el viaje. Venía cargado de sobres de diferentes tamaños. Decime . ¿Vos sabés algo? No es tan así. pero no es para tanto. Está bien que yo. no era de suficiente confianza como para que él lo encarara con tamaña pregunta.Enseguida supo que esta era su oportunidad de averiguar quién había faltado el día anterior.

vino? Sí. Pero el tipo falta para llevar la nena al hospital y no le dice nada a nadie porque no quiere que nadie se entere. Ese puede ser. estaba en comisión. ¿ Y nadie más? ¿ Y qué se yo? Dejame pensar. Ahora que sabía quién había faltado. Y tiene un traje beige que no se lo saca ni para dormir y hoy. Ese flaquito. No sabés. pero por favor no digas nada. después cuando se vaya lo vas a reconocer enseguida. creo que vino con una corbata roja.¿ A ver? Ayer a Matías no lo ví en todo el día. se sentía exultante y como no había movimiento a esa hora. el tipo baja la vista y le dice que no se sentía con ganas. Ah. que no habla con nadie. llegamos! Y perdonáme. Hace dos meses tuvo una nena que le nació con problemas. mientras una explosión de menta le estallaba en la garganta. Lucía. Enzo. tímido. porque siempre mira hacia abajo. Ledesma…¿Y hoy. siempre saluda como si estuviera pidiendo permiso. Ese no faltó. no! Ahora que me acuerdo. Colombres… No. decidió levantar la tapa del banquito alto donde guardaba su revista y consideró que ese era un buen momento para premiarse con las aventuras de Flashman. Creo que lo ubico. Tito. de archivo. el Justiciero. medio tucumano. No importa. El ascensorista miró hacia ambos lados del pasillo a ver si venía alguien más. ¡Uy. Y cada vez que Gutiérrez le pregunta por qué faltó. Gracias por el dato. ¡Ya sé! ¡Ledesma! ¿Quién? Julio Ledesma. oprimió el botón del piso once y se introdujo la pastilla en la boca. 7 . Pobre tipo. estaban todos. pero creo que perdiste la apuesta. sólo cabía esperar la hora de salida para reconocer a Ledesma. Yo me enteré de casualidad. De pronto.

las chicas de la Compañía Tabacalera del Norte eran sumamente puntuales tanto para entrar a las nueve como para irse a las seis. porque a las seis en punto estaban todos listos esperando el ascensor. Al realizar un segundo charter. hora de salida del personal de algunas oficinas del edificio. Ledesma tampoco estaba y los reclamos eran mayores por la demora. Cuando por fin llegó al piso once. no quería perder la oportunidad de reconocer a Ledesma. entre Betty . Lo mismo sucedía con los empleados de “La Principal” que seguramente. resoplando en una clara señal como si le faltara el aire. Leonor y un tipo alto de contaduría vió el rostro esquivo de Ledesma. Al bajar. Al llegar al piso diez. pasó su dedo índice por el cuello de su camisa como para aflojarlo. el ascensor se llenó rápidamente. Llegado el momento. no hablaba con nadie y parecía estar sufriendo interiormente. de modo que aguardó en planta baja hasta encontrarse con Recalde y le pidió que se ocupara de los otros pisos y que le dejara el diez y el once que él “los desagotaba”. Así como los de “Turismo Siete Lagos” y los de la agencia de publicidad . Mientras todos parecían hablar a la vez. comprobó que allí no viajaba Ledesma y tuvo que discutir con algunos que pretendían subir a toda costa y hasta tuvo que bajar a un par de pasajeros porque excedían la cantidad permitida. una o dos veces. Incluso. Por supuesto. no todos salían a la misma hora. todos se despidieron de Vicente y hasta se empujaban unos a otros para salir antes. 8 .Luego de una media docena de viajes intrascendentes. Vicente buscó sus ojos esquivos y a su hasta mañana le agregó una sonrisa. como él los llamaba. comenzaban a prepararse a las seis menos cuarto. de un vistazo. Ledesma fue el último en bajar y cuando se despidió educadamente. echó un nuevo vistazo y de pronto. el ascensor se volvió a llenar. pegado a la pared del fondo. Vicente. Ledesma. se estaban haciendo las seis de la tarde . como lo llamaban con Recalde cuando realizaban viajes directos sin paradas en otros pisos. eran de los últimos en irse.

Las siguientes dos semanas. hasta que a media mañana. con cinco pasajeros a bordo y justo antes de cerrarse las puertas. seductoramente. a ese lo “liquido” yo. – dijo Ordoñez. visiblemente molesto. Ordoñez. amaneció lluvioso. antes del fin de semana. muy amablemente y mirándolo a los ojos. al nueve. todo el ascensor se volvió hacia el personaje maleducado que. saludó con un: Buenos días. Quiero que desaparezca. Ante ese hecho. Dame tiempo hasta fin de mes para preparar su “liquidación” – contestó Gutiérez. Ordoñez y Gutiérrez. El murmullo no se hizo esperar. quien asintió con la cabeza con un Buenas. Vicente había desarrollado una técnica para ridiculizar a su adversario. se introdujeron el Dr. Ordoñez agregó algo más que no se pudo escuchar y por último añadió: …Me parece que. mientras Ordoñez. Eso lo puso algo molesto porque los pasajeros mojados. tal como era su costumbre continuó sin saludar. que estaban desocupadas y el casting convocado por la agencia de publicidad. Ordoñez y Gutiérrez. A viva voz. A los consabidos comentarios sobre la lluvia que parecía no parar. 9 . esperando que comenzaran las primeras conversaciones. Vicente parpadeó al escuchar esa palabra. Y ante el palpable silencio. sorpresiva. además de chorrearle todo el piso del ascensor con la descarga del agua de los paraguas. como si le estuvieran pidiendo otra cosa. alegró las tardes de Vicente con modelos de veintidós a veinticinco años. Hubo un poco de movimiento por el posible alquiler de las oficinas del cuarto y del séptimo piso. transcurrieron sin grandes novedades. escuchó confusamente la conversación entre el Dr. no respondió al saludo. Vicente sonrió interiormente y volvió su cabeza hacia el tablero aguzando sus oídos . capitalizaban como único tema de conversación el estado del tiempo. que esta vez parecían hablar en voz aún más baja. Así se sucedieron varios viajes. le suplicaban: por favor. que parecían competir no sólo en su actitud sexy. Dr. sino hasta en el tono de voz ronca con el que. e inexplicablemente secos. El siguiente lunes.

él también tenía una misión. sin mirarlo. Arriba que nos vamos. Algo valioso. Algo heróico. pero Vicente estaba ausente. junto a Fleischman.Vicente se quedó frío mientras bajaban dos chicas del quinto. lo primero que tenía que conseguir era… Un momento. ¿Pero quién? El no conocía 10 . Ordoñez. actuó como un autómata pensando que debía elaborar un plan. porque el sábado ya sería fin de mes. Y tal vez. Gutiérrez quedaba descartado. La agencia esa de publicidad ¿ es en el nueve. Y así lo haría. Tal vez. Al llegar a planta baja. Gracias. él era quien debía “salvar” a Ledesma. Tenía que conseguir a alguien que lo hiciera por él.” Tal vez. Algo que llenara de orgullo esa vida gris y sin sentido que habitaba todos los días. de una muerte segura. allí voy. Tal vez. Mientras una y otra vez escuchaba en su cabeza “… a ese lo “liquido” yo. estaba escrito en su destino que él era el elegido. Publika. debía hacer algo con su vida. Siete. pensando en lo que acababa de escuchar. sólo se limitó a abrir la puerta sin dejar de mirar fijamente al tablero que tenía delante de sus narices. Voy al ocho. En los siguientes viajes. verdad? Sí. Julio Recalde se acercó y comenzó a hacerle un monótono y predecible comentario sobre la lluvia. Luego paró en la agencia donde bajaron un creativo y un hombre de cuentas y al llegar al piso once. Después de lo que había escuchado. Y debía hacer algo pronto. tendría que … Tercero. sólo faltaban cuatro días para el fin de semana. como el enmascarado justiciero. Los hombres bajaron en silencio. el abogado. no se vaya. por favor. Evidentemente el asesino de Ledesma sería el repelente Dr.

Vicente había quedado muy impresionado. también podía hacer desaparecer personas. bien. en aquella ocasión. y recordó que tal vez. tampoco podía permitir que el Dr. para ofrecerle sus servicios.a ese tipo de gente. falsos robos en casas de familia. como si temiera que alguien pudiera verla. por un precio mayor. hacía desaparecer automóviles para que sus dueños cobraran el seguro. El era un hombre honesto que no se codeaba con malandras ni asesinos. Cada vez. y si se daba el caso. Y la verdad era que él no era capaz de matar ni una mosca. Sin embargo recordaba que una vez Recalde le había dado la tarjeta de un tipo muy extraño. Parece que se ocupaba de fingir hurtos. El tipo se iba a encontrar con un cliente de la compañía de seguros y aprovechó el viaje a solas. por supuesto. Decididamente. Ahora. El texto simplemente decía: Ricardo Sanders “El Mago” y daba un número de teléfono. Y él no conocía a nadie. El. Vicente introdujo rápidamente la tarjeta en el bolsillo derecho de su saco. Buscó en los distintos compartimientos y justo detrás de un pequeño y resquebrajado calendario del año pasado. el oficio que aparecía en la tarjeta era una fachada. una cosa era salvar a Ledesma y otra muy distinta matar a una persona. Además. ni siquiera era capaz de lastimar o herir conscientemente a alguien. ¿Matar?¿Pero de qué estaba hablando? La sola idea le daba escalofríos. la muerte era un límite que no estaba dispuesto a atravesar. 11 . algo tenía de cierto. la solución se le presentaba más clara: tenía que conseguir a alguien que lo hiciera por él. aunque pensándolo bien. sin que él hiciera nada para impedirlo. la encontró. Ordoñez matara impunemente a Ledesma delante de sus narices. que viajó con él a solas. Por supuesto. ¿Cómo a un tipo como él se le ocurría una idea semejante? Hablar de la muerte de alguien era llegar demasiado lejos. todavía tuviera la tarjeta en su billetera.

el miércoles. por supuesto. Quisiera contratarlo para una …digamos…animación.Pero tal vez. Yo termino a las ocho. en la esquina con Perú. En realidad. Mire un amigo me dio su tarjeta y necesito hablar con usted cuanto antes sobre un trabajo. Yo no soy Sanders. Comprendo. Por favor. ¿Por qué asunto es? Es por una …. podríamos encontrarnos mañana en un bar.Por un instante. ¿Ocho y cuarto le parece bien? Allí lo espero. Ahora le doy con él. Mañana martes. vea.a ver…en el “London” ¿Lo conoce? Si. mucho gusto. Sanders. usted a mí no me conoce. ¿ Cuál es su nombre? 12 . con Ricardo Sanders. Bien. Traiga un diario y aunque esté sentado. no puedo. No me explique nada por teléfono. ¿A las seis está bien? No. Pero no nos conocemos. un amigo me dio su tarjeta. Habla Sanders. Yo soy puntual. Buenas noches. déjelo doblado bajo el brazo. al salir del trabajo llamaría a “El Mago”. ¿Quién habla? Bueno. Tal vez. una voz grave contestó el teléfono. diga. tan ajeno a todo lo que pudiera sucederle y enseguida decidió que esa misma noche. pensó en el pobre Ledesma.consulta…cómo le diría… Cuidado con lo que dice. ¿ Dónde está usted? En Avenida de Mayo entre Perú y Chacabuco. Luego de dos minutos extremadamente largos.

El martes amaneció nublado y fue un día tan vacío e intrascendente que hasta Vicente prefirió olvidar. Eduardo. No hay cuidado. fuera un día más. pensó en Ledesma. Debía averiguar varias cosas antes del encuentro con Sanders y sobre todo. Sanders también era un nombre falso. Decididamente. Mañana lo espero allí. Buenas noches. debía ordenar sus ideas. el miércoles. un rotundo rayo de sol partió la avenida en dos. Los taxis pasaban lentos como prostitutas sedientas. Se dirigió a la parada. En cambio. Bien. Al salir del bar. Luego. Buenas noches. Al colgar. sintió una desazón pensando en el largo viaje. pese a que el cielo había amanecido plomizo. Eduardo – mintió Vicente. Y venga solo. – Eduardo Rodríguez. Vicente sintió un nudo en el estómago al comprender que acababa de poner en funcionamiento la cuenta regresiva de una máquina de matar. Ya no había tiempo de volver atrás. vivía demasiado lejos. pero enseguida pensó que era mejor que nadie supiera su verdadera identidad. Para los demás. Todavía debía tomar dos colectivos para llegar a su hogar donde. Había dejado de llover y la Avenida parecía más triste esa noche. Por un instante. tal vez. Pero Vicente sentía que ese era un día de mucho trabajo. nadie lo esperaba.Vicente estuvo a punto de revelarle su verdadero nombre. aunque tuviera que ofrendar otra a cambio. sintió un gusto amargo en la boca. 13 . Esta era su oportunidad de salvar una vida. llenándola de una esperanza que se reflejaba en un alborotado vuelo de palomas que volaban en círculos cada vez más grandes. desde que su compañera había muerto hacía diez años. sorpresivamente. Seguramente.

llega hasta la playa de estacionamiento. Debía evitar hablar con Sanders dentro del edificio. tenía que elegir cuál sería la manera de eliminar a Ordoñez. Sanders pueda seguirlo en otro automóvil y en el trayecto hacia la casa de Ordoñez. una chica que iba a Fleischman y mezclado entre ellos. 14 . sabría cómo hacerlo y por algo lo llamaban “El Mago”. Ordoñez. porque después del penal. Lorenzotti se agrandó y hubo dos jugadas que hicieron tembar a Batista. Sanders era un especialista. subió Ledesma. se sentía sumamente nervioso. – El Dr. Ultimamente. Por favor. porque Recalde podría reconocerlo y se sorprendería de saber que Vicente lo conocía y además… Quinto. El auto…. debía resolver el modo de indicarle a Sanders quién era Ordoñez para que lo identificara y lo siguiera sin levantar sospechas. Después de todo. A ese arquero no hay nadie que lo haga temblar. Después de un buenos días dijo once y bajó la vista. …pero eso fue en el primer tiempo. el problema más grave que tenía por el momento.Por un lado. sin que él quedara expuesto. Como no. Tal vez. Continuaron los viajes durante toda la mañana.pensó Vicente. Ordoñez subían al ascensor. lo pone en marcha y se va. al tercero. Tenía grandes ojeras y todo el aspecto de haber pasado la noche sin dormir. a eso de las siete. Arriba. De cualquier manera. hacerle hacer alguna brusca maniobra que lo desvíe de la ruta haciéndole perder el control del vehículo o dispararle a corta distancia. que nos vamos. En el viaje siguiente subieron dos muchachos que iban al ocho. Ocho. era cómo hacer para que Sanders identificara al Dr. Al no tener fotografías de su futura víctima. y llegó a la conclusión de que no debía preocuparse por los detalles. por favor. pueda encerrarlo. Ordoñez viene a trabajar en su BMW y cuando regresa . cada vez que Ledesma o el Dr.

todo el hastío del día. Sanders era un profesional y. en plena conversación. o por lo que había visto en las películas. baldes y escobillones. de tranquilizarlo. En los viajes que siguieron después del almuerzo. El iba a salvarle la vida. seguramente. no sería nada barato. Nada debía vincularlo con un asesinato. lo observaba detenidamente. El “London” era un bar con mucho movimiento durante el día y solía tener sus mesas permanentemente ocupadas. sentía un nudo en el estómago ante su sola presencia. apagó la luz y cerró la puerta despacio. lo alisó y acomodó exageradamente y lo guardó en el pequeño placard del cuarto donde compartía también algunos instrumentos de limpieza como escobas. en el mundo del hampa. Luego tomó su camisa escocesa. Vicente se cambió con su ropa de calle. pagar por tamaño trabajo? Por lo poco que había leído en historietas. se hicieron las ocho menos cuarto de la noche. hasta que lenta e inexorablemente. un nuevo terror se instaló en su mente. pero a la noche. Después se acomodó el cuello de la camisa y con un suspiro que acumulaba. Este tema lo torturó durante toda la tarde. cuando faltaba 15 . tal vez. A veces le parecía que Ordoñez.durante varios minutos comenzó a peinarse. Como lo hacía habitualmente. Y cuando subía Ordoñez. Se pagan por las buenas o por las malas. sólo un poco más oscuros y arrugados que los del traje del uniforme y por último se calzó su incansable saco marrón de invierno. las deudas son sagradas.Cuando subía Ledesma tenía ganas de hablarle. con su pequeño sueldo de ascensorista. Luego tomó un gran peine que guardaba en el bolsillo izquierdo del saco y mirándose en un pequeño espejo circular que colgaba detrás de la puerta y que habían adquirido a medias con Recalde. lenta y obsesivamente. Pero sabía que no podía hablar con nadie. ¿ Cómo podría él. Primero colgó prolijamente su traje de ascensorista. de decirle que todo iba a salir bien. se colocó sus pantalones de franela gris. como si sospechara algo.

Sorpresivamente. como escrutando cada mesa. que echó una mirada general al local. guardó el espejo en la cartera y le dio la bienvenida con un beso. al volver la cabeza. No esperaba que ese fuera Sanders y si bien no tenía una idea formada de cómo sería físicamente un asesino. que se sobresaltó. avanzó hacia la mesa de la chica sola que. había mesas ocupadas por hombres solos. pidió un café y comenzó a preguntarse si había elegido bien la ubicación. la puerta se abrió y apareció un hombre de unos cuarenta años. El corazón le latía tan a prisa que parecía desbocado. Estaba a dos mesas de la mesa ocupada más cercana. Por un instante se tentó con leer el periódico que acababa de comprar. Antes de llamar al mozo echó una mirada alrededor. No estaba solo. ¿ Eduardo? Vicente tardó en contestar. 16 . En otra. Sabía que debía ser discreto y hablar en voz baja y esperaba que Sanders también lo fuera. que perdían el tiempo fumando o mirando cansadamente hacia la calle. pero enseguida recordó que debía plegarlo y ponerlo bajo su brazo para que Sanders lo identificara. bajaba la iluminación general del local y sólo se ocupaban unas pocas mesas. A su derecha. nunca lo había imaginado así. En una de las mesas. En distintos ángulos. una chica sola. perfeccionaba su maquillaje frente a un pequeño espejo que había extraído de su cartera.poco para cerrar. El hombre giró levemente la cabeza hacia el lado opuesto y con una sonrisa seductora. A las ocho y cuarto estaba sumamente impaciente y no sabía si beber su café o esperar a Sanders como símbolo de cortesía. rápidamente. sentado a su mesa estaba Sanders tendiéndole la mano. una pareja parecía estar discutiendo en forma contenida. Vicente llegó a las ocho y diez y se ubicó en un rincón. en una mesa del fondo. Vicente se paralizó. Fue en ese momento. y con una amplia sonrisa. muy bien vestido. Cuando llegó el mozo.

de aspecto deportivo y con el pelo teñido de castaño oscuro.dijo Vicente y por primera vez pareció estudiar a su interlocutor. Esto es sólo una consulta. Tenía la piel de la cara curtida con colores ligeramente distintos. – dijo con mirada pícara. - Comprendo.contestó. Sanders era un tipo morocho. Ajá. Bueno. mientras de un trago terminaba su café. pero el mío.. Sanders agregó: Luego que el mozo se alejara a una distancia prudencial. señalando una mesa del costado a la que Vicente no había prestado demasiada atención. Y yo quiero evitarlo. En esa mesa. Ricardo Sanders – dijo el otro y recién allí Vicente le tendió su mano que Sanders apretó como si quisiera desarticularla por completo. –dijo. Y de que usted viniera solo. como si alguna vez se la hubiera quemado. Me cambié a la mesa del señor. Sanders abrió el fuego y comenzó a hablar en voz baja.Tengo que tomar mis recaudos. Usted sabe lo que hago. Debía cerciorarme de que no fuera una trampa. Yo estaba aquí antes que usted. ¿Y usted? – preguntó el mozo mirando a Vicente. cortado. Y traigame otro café. presidente de una empresa. que antes del fin de semana. Yo también. visiblemente molesto por el cambio de mesa. 17 . afirmando también con la cabeza. ¿Por dónde entró? – preguntó VIcente.- S…Sí. Hay un tipo.. jeans y unas impecables zapatillas blancas. va a cometer un crimen. Quiero que me cuente sintéticamente qué es lo que quiere que haga. Al llegar el mozo. – comenzó Vicente – Después veremos si… Adelante. Su nariz aplastada era típica de boxeador y vestía simplemente una remera roja. Bien. de unos treinta y cinco años. cuando y dónde.

En el 666 de la Avenida. “El Mago” no tardaría mucho en descubrir que él no era Eduardo sino Vicente. Sí. hablaba en voz baja con otro y lo escuché claramente.- ¿Y cómo? Eliminándolo a él. 18 . ¿ Cómo supo de mí? ¿Quién me recomendó? Vicente se puso pálido. justamente. Vayamos por pasos. ¿Y qué hace? Soy ascensorista.mintió Vicente como si no supiera que había hablado con Recalde. Sanders hablaría con él. Bien. antes. Y como si eso fuera poco. No podía contestar vagamente. Y una vez fui a “La Principal” porque un cliente quería que yo estuviera presente y leyera detenidamente todas las cláusulas de su póliza antes de firmarla. ¿Tiene alguna foto del él como para que pueda identificarlo? Precisamente. pero le tuvieron que reconocer el cien por cien de lo que marcaba la póliza. Pero si él mencionaba a Recalde. - ¿Para qué? El quería que yo hiciera desaparecer su coche y antes de asegurarlo. ¿Dónde trabaja usted? Aquí a media cuadra. y Recalde comenzaría a hacerle preguntas a Vicente. agradeciéndole. porque eso pondría furioso a Sanders. en uno de los viajes. quería estar seguro de que se lo pagarían. Es como una galería que da a Hipólito Yrigoyen. pero después. Primero hubo que esperar algún tiempo antes de hacerlo. Pero vayamos a lo nuestro. ¿En serio?. No la tengo. ese es el problema. tarde o temprano. - Un momento. ¿Y cómo se enteró que ese hombre va a cometer un crimen? Trabajo en el mismo edificio y. Yo conozco ese edificio. De la vereda de enfrente. El es el presidente de “La Principal” Compañía de seguros que está en el piso diez y once del edificio. tardaron en admitir que el automóvil se había esfumado para siempre. ¿ Y lo logró? Por supuesto.

nadie empiece a atar cabos. –dijo Vicente – El amenazó con hacerlo antes del fin de semana. Recalde… Ya lo ubico. Un amigo …del edificio. Y a mí también me interesa que cuando la policía comience a interrogar. 19 . Diga. ¿Pero quién? El otro ascensorista.Sanders lo miró con recelo. Hoy es miércoles. Luego de decir “tenemos” y “nos quedan”. se dirigió hasta allí como si fuera a hablarles y se sentó en la mesa de al lado. no quisiera que Recalde sepa nada de este asunto. Muy bien. Pero hay un tema que quiero aclararlo de antemano. Vicente comprendió que se estaba involucrando demasiado. yo a usted no lo conozco. por si alguna vez la necesitaba. me acordé…y aquí estamos. como si fuera un cómplice de Sanders. Después de todo. nos quedan sólo dos días. en la mesa del fondo. de común acuerdo. ¿Cuánto tiempo tenemos? – dijo Sanders en un susurro. no sin antes volverlos a mirar. Sanders y Vicente se miraron y sin decir palabra. porque estaba tardando demasiado en contestar. Tenemos que actuar rápido. él era un simple cliente que encargaba un trabajo. El me dió una tarjeta suya el año pasado. Debía tener más cuidado sobre la forma de tratar el tema. No quiero dejar ningún cabo suelto. de campera negra. Descuide. Por suerte. Yo soy de los que piensan que “un secreto es un secreto cuando no se lo comparte con nadie” Y la verdad. decidieron hablar en voz aún más baja. Para los demás. En ese momento se abrió la puerta del bar y un tipo calvo. ¿Uno de bigotes? Sí. echó una mirada escrutadora a cada uno de los presentes y al verlos a ellos.

sino con el movimiento mecánico de una vaca cansada. De eso no se preocupe.. quien luego de leerlo. luego de beber un trago de whisky. giró la cabeza lentamente hacia ellos. no tanto por curiosidad. En ese momento. Tengo mis métodos. sé que tiene un BMW negro con vidrios polarizados. Lo que todavía no he resuelto es cómo usted va a poder identificarlo si yo no le indico cuál es Ordoñez. El texto decía: ¿Cuál es el nombre del sujeto? No me lo diga. agregó en voz baja: ¿Tiene automóvil? Sí. También recordó que muchas veces llegaba correspondencia para Ordoñez y allí pudo conocer su nombre completo. escribió: Dr. pero el tipo pareció no registrarlos. podrían saber de quién estaban hablando. escribió algo y enseguida lo colocó delante de Vicente. Por comentarios de sus empleados. por más que aguzaran el oído.Sanders extrajo un pequeño anotador del bolsillo trasero de su jean junto a una lapicera. Y lo estaciona en una playa de estacionamiento que está junto al edificio. Rápidamente comprendió que esa actitud era una forma de proteger la privacidad. Julio Aníbal Ordoñez Y enseguida giró el anotador hacia Sanders. Escríbalo. enderezó uno haciéndolo girar sobre la mesa y 20 . Sanders y Vicente guardaron silencio y le devolvieron una dura mirada. una y otra vez.Se trata de saber ¿cuánto me saldría este trabajo? Sanders también pareció ponerse nervioso. el calvo de campera negra.. Con la letra más clara que pudo. Ahora. Desde ninguna mesa. viene un tema delicado. Ese era un gesto inconsciente que él hacía cuando estaba sumamente nervioso. porque sacó un atado de cigarrillos aplastados. Vicente comenzó a peinar con la mano su abundante cabello blanco.dijo y tragó saliva.

Tal vez. Vamos a ser claros. Hasta acá llegamos. Y una vez liquidado el asunto. A lo sumo perdimos un par de horas tomando café. Por favor. Matar a un tipo no es un juego de niños. A Vicente se le revolvió el estómago.Voy a ser sincero con usted. Si no los tiene. Ni en la más negra de sus pesadillas había imaginado una situación semejante. – No se lo tome así. que tenía todo el aspecto de no haber sido comprado por él. no hablemos más. ocho mil pesos es una cifra inalcanzable. De modo que tómelo o déjelo. Pero en mi caso. usted me abona mis ocho mil pesos. Creo que el precio del trabajo es justo por el riesgo que representa. ¿Alternativa? ¿Qué alternativa? No sé. Y no dejar huellas.lo encendió al primer intento con un reluciente encendedor de oro. ¿Y de qué otro modo podría pagarle? ¿De qué otro modo? 21 . de pronto se veía envuelto en una deuda impresionante. haya alguna alternativa. – dijo Sanders con una mirada seria que Vicente nunca le había visto antes.dijo Vicente. Dentro de los dos próximos días. . Mire Sanders. yo resuelvo su problema.Eduardo. Eso no lo discuto. sólo puede hacerlo un profesional como yo. – dijo Sanders en voz muy baja. Algo… Mire. Por salvarle la vida a una persona.. cuando él apenas llegaba a ganar seiscientos pesos por mes. – dijo Vicente.

Muchos ensayan lo que deben decir y lo que no. En mi caso. Si manejaba él. El tema es que necesitaría muchos de esos trabajos para pagar su 22 . no recibían casi nada. se levantó y se fue. Otro día subieron dos tipos que salían de ver al abogado y necesitaban urgente comprar un testigo. El ascensor es un lugar privilegiado. Y no se ponían de acuerdo sobre lo que debían decir.- Sí. la póliza reconocía su parte. Bien. yo estaría allí para recomendarlo. Yo podría haberles dado su tarjeta. Después de todo. yo podría recomendarlo a usted. - Sí. el tipo calvo de campera negra abrió su billetera. - Déjemelo pensar. - Por ejemplo… ¿Y qué se yo? La semana pasada subió una pareja que había chocado el coche que manejaba ella. sin mirar otra cosa que la puerta de salida. Pero si manejaba ella. pero requeriría un compromiso muy. Si yo le diera información… En mi ascensor sube mucha gente con problemas y a veces escucho cosas que no debiera. antes de llegar. Sanders y Vicente le clavaron la mirada en la nuca y no la despegaron hasta que el tipo desapareció en la Avenida. colocó un par de billetes bajo el vaso de whisky y haciéndole una seña al mozo. no sería la primera vez que hago un “pacto” de esa naturaleza. - Ajá. Si por ejemplo yo le brindara algún servicio. Otros suben despistados y no saben a quién recurrir. muy serio de su parte. En ese momento.

Una cosa más . . le había hecho pensar cosas 23 . por que sino dejaría de ser negocio para mí.. Y de pronto. Exactamente. Volvió el resplandor verde de la penumbra y la paz del “London”. Entonces va a necesitar esto. o si no…”. el terror de asumir un compromiso que lo sobrepasaba. El pinchazo en el dedo.dijo Sanders. como una alucinación. la hoja que recogía la huella. Tal vez. un resplandor rojo iluminó de pronto la cara de Sanders. Vicente se sobresaltó porque la luz no parecía venir de afuera. todo se esfumó.decía Sanders aunque no parecía la voz de Sanders. Por un instante. pero era imposible.Apenas nos estamos conociendo pero quiero que sepa una cosa: no soporto que me mientan.deuda. mientras Vicente intentaba infructuosamente bajo la poca luz.dijo Vicente acompañando la afirmación con la cabeza. Vicente las miró como si fuera la primera vez que las veía y luego.. compadre. Todo sucedió como en cámara lenta. tratar de verse la incisión en forma de cruz en el dedo pulgar. Todos los que usted diga. Creo que es un buen acuerdo y los dos saldremos ganando.Sí.-dijo Sanders con aire severo.. Es la garantía de que usted va a cumplir exactamente con lo pactado. los ojos inyectados que lo miraban fijo y la sentencia que decía: “Esto es todo lo que necesito. ¿Está claro? S.. la luz cambió. mientras sacaba un fajo de tarjetas personales y separaba unas veinte para entregarle. SI bien el interior de la confitería continuaba en penumbras. sino del interior mismo de su rostro. mirando sigilosamente a ambos lados las guardó en el bolsillo del saco. Y no debe extenderse en el tiempo. Perfecto.

alisando los billetes. a eso de las siete. Vicente se adelantó y tomando los tickets de ambos. les voy a tener que cobrar porque vamos a cerrar. Y no me llame. Disculpen señores. dejando la propina sobre la mesa. De modo que aunque estaba aún temblando y dudaba de lo que realmente había ocurrrido. Yo lo llamaré. ¿Se siente bien?. Ya tengo el nombre. No se preocupe. no con Eduardo. decidió calmarse. dirigiéndose a ambos – Si me permiten. se hizo cargo de la cuenta. casi siempre. él aclararía que quería hablar con el ascensorista de pelo blanco. Espere un segundo que ya lo llamo.raras.. ¿Cómo sigue esto? – preguntó Vicente. Allí le dirían que no lo conocían. como si nada de lo que recién había pasado. Le doy el del trabajo porque en casa no estoy nunca. mientras se alejaba de la mesa como si no quisiera tener que quedarse para dar más explicaciones. Así es. – dijo Vicente mientras anotaba el número y de pronto. se qué auto tiene. comenzó a ponerse pálido al comprender que Sanders lo llamaría preguntando por Eduardo Rodríguez. 24 . dónde lo guarda y que se va. – dijo Sanders acercándole el anotador que continuaba sobre la mesa. Si llama a la Compañia Tabacalera del Norte.preguntó Sanders en un inesperado gesto de humanidad. hubiera pasado realmente. entonces la chica le diría: Ah! Entonces usted quiere hablar con Vicente. las chicas me conocen y me avisan enseguida.dijo el mozo. ¿Tan temprano cierran? – preguntó Sanders mirando el reloj en forma exageradamente calma. -dijo el mozo. Con eso tengo bastante. Deme su teléfono.

¿De acuerdo? De acuerdo. - ¿Vamos? – dijo Vicente como para darle un corte al asunto.el choque producía una sensación pegajosa y extraña.. tiene que preguntar por Vicente porque a las chicas . Si llama allí. una vez. pero no lo dijo.Todo saldrá bien. como si no hubiera un nombre más horrible en el mundo.. sumado al vaho caliente que salía de la rejilla de ventilación del subte. Cuando salieron a la calle. al calor de la avenida. - ¿Vicente? –repitió Sanders con cara de asco. Jamás pensé que sería tan difícil matar a una persona. y cuando comenzaban a separarse. sólo quedaba una mesa ocupada por un hombre que. Sanders guardó el anotador y la lapicera en el bolsillo trasero del jean y ambos hombres se levantaron y se dirigieron a la puerta.. agregó: ¿cómo lo hará? 25 . Usted no me llame.dijo Vicente. todas me llaman así. a menos que haya surgido un nuevo trabajo. Al llegar a la puerta. intentaba leer un diario. El cambio de temperatura fue brusco.dijo Sanders y agregó. no nos conocemos.- Ya me va a pasar.Y usted se enterará solo. – Le explico. la luz se apagó.acercándolo a escasos diez centímetros de sus ojos mientras una luz pálida parpadeaba intermitentemente. sin que tenga necesidad de avisarle. Y si me llegara a ver rondando por aquí. – contestó Vicente mientras un sudor frío corría por su espalda.. les hice creer que me llamaba Vicente y desde entonces.pensó Vicente . Del aire acondicionado de la confitería.

al estribo. mejor. esa misma noche. a esa hora. cuanto menos sepa usted de todo esto. De pronto. donde las cosas siempre terminaban bien. su único contacto con la vida. poco a poco. vivía encerrado en esas cuatro paredes metálicas. Ordoñez estacionaba su BMW negro. Prefería refugiarse en la fantasía de un comic. ¿Qué arma utilizaría Sanders para asesinar a Ordoñez? ¿Por qué se había negado a contarle cómo lo haría? Pensaba en cómo. un simple ascensorista. – dijo Sanders y ambos partieron con rumbos distintos. Vicente pensaba en mil cosas. Sanders le advirtió que preferia una que estuviera bien cerca de donde su amigo. Pensaba en Ledesma. se había involucrado con los acontecimientos de tal forma. Vicente comprendió que casi pierde el viaje por estar totalmente distraido y tuvo que correrlo varios metros hasta treparse. El cuidador le explicó 26 . No leía diarios ni revistas de actualidad. las imaginó sin Ledesma.- Mire. no tomaba conciencia de que no tenía calle. tal vez. tosiendo en su cuna y a su madre. Esa imagen le daba fuerza como para seguir adelante. Cuando el colectivo comenzó a arrancar. preparando la cena en la cocina de una casa. porque era ascensorista desde los veinte años y desde hacía cuarenta y seis años. El guardia le advirtió que la mejor manera de asegurarse un lugar por la mañana era alquilarla ahora por un día y ya tendría reservado su lugar. en la vereda de enfrente. su único contacto con el mundo. Le daba la certeza de que lo que estaba haciendo era justo. Sanders había logrado llegar a la cochera y hablar con el cuidador para reservar un lugar libre para el día de mañana. tan humilde como la suya. Imaginaba a la beba. Entretanto. el Dr. no tenía mundo. enferma. impotente. postrada en la cama. él que era un hombre honesto. por fin. que estaba a un paso de convertirse en asesino. Mientras se dirigía a la parada del colectivo. Mientras bajo la macilenta luz de la Avenida buscaba en el bolsillo derecho del saco las monedas para el pasaje del colectivo.

Vicente llegó al trabajo más temprano que de costumbre como para no perderse nada. pero de todas maneras se iba a fijar en los registros. sino por la cantidad de trabajo sucio que se veía obligado a ofrecer para saldar su endemoniada deuda con Sanders. con una amplia sonrisa. El plan comenzaba a funcionar. le explicaba al cuidador de la mañana que él. No sólo por el crimen de Ordoñez. Al rato volvió y le explicó que el único BMW que figuraba allí era la cochera veintiseis que estaba ubicada al fondo y que tenía libre la veintisiete. que él era nocturno y entraba a las veinte horas y se iba a las ocho de la mañana y tal vez. desde anoche.que él no recordaba ningún BMW. bajo la luz del ascensor.casi sin mirar. le pagó el día completo por adelantado y luego. A propósito. Ordoñez. Mientras tanto. reservó la veintisiete. en forma de cruz. un elegante Sanders . se perdió en la Avenida. ese automóvil estuviera estacionado allí durante el día y se fuera antes de que él entrara. tenía terror de encontrarse con él. pero estaba nervioso. “El Mago” era un frío asesino que no dudaría un instante en hacerlo desaparecer de este mundo si él no cumplía con lo pactado. Los primeros viajes fueron rutinarios y comenzó a inquietarse a medida que se acercaba la hora de entrada del Dr. Luego de buscarlo en los registros. echó una mirada distraída a su propio pulgar y un escalofrío lo invadió de pronto. 27 . preguntándole si deseaba reservarla también para mañana. El jueves amaneció un hermoso día de sol. vestido de traje gris plomo. el cuidador asintió. presentando su ticket. había dormido mal. a unos pocos metros de allí. tenía reservada la cochera veintisiete. Sentía que su vida había tomado otro rumbo. caminando lentamente.Allí estaba clara e impresionante la pequeña incisión que le hiciera Sanders. Por otro lado. Sanders. Un camino peligroso que jamás había sospechado y del cual sería ya muy difícil salir. Aunque no era seguro que tomara precisamente su ascensor.

apagó el motor. la cochera veintiseis permanecía vacía. El auto se acercó cauteloso y con una audaz maniobra Ordoñez lo metió de culata. Al estacionar sobre el número veintisiete. El traje era un uniforme digno que lo convertía automáticamente en un ciudadano respetable.Entonces. encendió un cigarrillo y se dedicó a esperar. Por suerte. eso era lo más parecido a un BMW que le podía conseguir.contestó el otro y comenzó a llenar una planilla. nunca fallaba. Caminaba con gran seguridad. señor. Ordoñez bajó con su maletín. 28 . mientras él sonreía interiormente porque lo habían llamado “señor”. Aunque los automóviles no se parecían en nada. lo cual le aseguraba que el guardia tendría una visión bastante lejana de lo que ocurría al fondo el establecimiento. –Antes tengo que solucionar un problemita que tengo en el motor. Con la espalda recta como un general pasando revista a su tropa. Sanders le echó una mirada despreocupada que era lógica para cualquier conductor que estuviera estacionado y otro automóvil se ubicara a su lado. como si desfilara. le aviso. pero cuando el Dr. según su amigo. Ordoñez vestía un traje azul petróleo. salvo en el color negro.- Depende. eso era precisamente lo que quería que recordaran de él. Y ante cualquier problema. su andar acompasado tenía un cierto aire marcial. Mientras se alejaba hacia la entrada. la cochera estaba a unos cincuenta metros de la casilla de la entrada. Al ver los vidrios polarizados Sanders se abstuvo de girar la cabeza. de modo que Ordoñez no había llegado todavía. bien cortado y llevaba un maletín de cuero negro. Al apagar el tercer cigarrillo la imponente silueta del BMW se recortó en la entrada.dijo Sanders. Así que usaré la cochera como taller. mientras se dirigía al fondo. notó que.La autoridad que daba un traje. Cualquier cosa. tal como lo esperaba. .. - De acuerdo. Sanders avanzó hacia el fondo con el Ford Fairlane negro que esa misma mañana le había prestado el gitano de la calle Warnes.

se ubicó delante del capó del BMW y con un par de pinzas comenzó a maniobrar hábilmente sobre la cerradura. Al llegar a planta baja. Lo importante – pensó – es no abollar la carrocería. sin abollar la carrocería en lo más mínimo. Fue así que entre un grupo de pasajeros que se apiñaban para entrar al asecensor de Recalde. Bajó el capó y logró trabarlo de tal manera que permaneció cerrado. pudo concentrarse. deben trabarse. Al terminar el cigarrillo. se perdió lentamente en la Avenida como si acaso ese jueves fuera un día más. se limpió las manos con una franela. aunque él no parecía darse cuenta. en el caso de que hubiera olvidado algo. “El Mago” atornilló y desatornilló piezas con gran destreza hasta que concluyó con su trabajo. se cercioró de que no viniera nadie. se apresuraba a controlar a los pasajeros que subían por el otro ascensor. Sin prisa.Cuando desapareció por la Avenida. Debía darle tiempo a que regresara. Considerando la distancia que los separaba. en caso de que el guardia mirara hacia el fondo de la cochera. lo puso en marcha y luego de intercambiar saludos con el guardia. pero al pasar los cien o cientoveinte kilómetros. Deben funcionar correctamente a velocidad normal. sólo vería a Sanders. volviendo al auto ingobernable. Sanders encendió un cigarrillo en vez de apresurarse a bajar. Todo lo que necesito ahora – se dijo – es darle un toque a los frenos. Por su parte. pero no 29 . Al cabo de unos minutos de hacer palanca. guardó la caja de herramientas en el baúl de su propio automóvil. en vez de aguardar dentro del ascensor. bajó despacio con su caja de herramientas y como si fuera lo más natural del mundo. Dos o tres veces intentó retomar la lectura de “El Enmascarado” para distraerse. la traba cedió limpiamente y pudo levantar el capó. que había levantado el capó de su automóvil y estaba arreglando ese “problemita” que tenía en el motor. descubrió a Ledesma. Vicente pasaba la mano por su pelo una y otra vez en señal de nerviosismo.

Ordoñez y todo volvió a complicarse. Si Ledesma se asustaba. Tal vez. volvió al suyo y oprimió el botón del piso once. Pero de pronto. En ese mismo momento a unos metros de allí. cerró con llave los controles y se apresuró a hablar con Recalde. con la misma pulcritud con la que había llegado. lo apreciaba mucho y él mismo se iba a ocupar de protegerlo. donde el Dr. Al llegar a planta baja. Rápidamente. A las siete y diez el Dr. Cubríme por un rato que voy al baño. eso es algo que no resistiría. Ahora. Sanders jamás le perdonaría un error de esa naturaleza. aunque nunca habían hablado entre ellos. No lo podría soportar. un BMW negro con vidrios polarizados iniciaba su elegante marcha hacia el Country de Ingeniero Maschwitz . podía echarlo todo a perder. hasta que llegaron las siete de la tarde. de modo que cuando se encontró con Recalde le agradeció que lo cubriera y tuvo que morderse la lengua para no preguntarle si el Dr. Corrió unos pasos hacia el otro ascensor. la hora de salida del Dr.dijo y desapareció antes de que Recalde pudiera contestar palabra alguna. – pensó. Sentir su respiración en mi nuca. Debía avisarle que. pensó en Sanders y detuvo el ascensor. pero llegó justo en el momento en que se cerraban las puertas. Ordoñez. puso el stop. Ordoñez ya se había retirado. lo único que falta es que baje en mi ascensor.Verlo entrar sin saludar..Cualquier detalle que pusiera en descubierto el plan. que se cuidara porque el Dr. él estaba al tanto de su desgracia. tal vez hablaría con alguien y a partir de allí los acontecimientos se tornarían impredecibles. con ese repulsivo aire de superioridad. 30 . sin parar en los otros pisos. Vicente calculó que veinte minutos era tiempo más que suficiente para regresar a su trabajo sin problemas.Por un instante sintió como un vuelco en el corazón y la necesidad imperiosa de advertirle que su vida corría peligro. se retiró de la empresa. Además. Volvió a planta baja respirando ofuscadamente y a lo largo del día se fue calmando . pudiera alcanzarlo y hablar con él antes de que llegara a su oficina. Ordoñez lo iba a matar.. Ordoñez tenía su residencia.

hasta que de pronto. mientras le decía: nos va a tener que acompañar ya mismo. era la noche del jueves y todo había sido nada más que una terrible pesadilla.Alguien le daba la terrible noticia: habían matado a Ledesma. muchos empleados curiosos que ingresaban al edificio. en vez de subir al otro ascensor . despertó.El viernes. al llegar al trabajo. comenzó a voltear la cabeza violentamente hacia un lado y el otro. La noche anterior había entrado un desconocido a su casa y de cinco disparos. alias “Ricardo Sanders”. el ascensorista del edificio. por suerte.presidente de “La Principal” Compañía de Seguros. puesto que la descripción dada por Acevedo. Y de un empujón se lo llevaba detenido. Acevedo fue detenido y en su declaración afirmó que no estaba solo. en la planta baja. alias ”El Mago”. 31 . lo esposaba. se agolpaban rodeando a Vicente y a los policías.Querían saber si conocía a un tal Julio Acevedo. Pero eso no era todo. sorpresivamente. encontró a todos convulsionados. Todavía. que ese era un trabajo a pedido de Eduardo. Estaba acostado. coincidía exactamente con la del ascensorista. Miró el reloj. La policía lo estaba esperando a Vicente. en su propia cama. totalmente transpirado y el corazón le latía desbocado. Vicente vio que uno de los agentes. Vicente no pudo soportar tanta humillación y comenzó a respirar ofuscado y en un instante. había acabado con él. pero por otro asunto.El intento fue frustado. El viernes amaneció nublado. Las palomas de la Avenida de Mayo revoloteaban inquietas en vuelos rasantes como si no hubiese cornisa que les viniese bien. Ante el bochorno de esta situación. Ante la negativa de Vicente. los policías deducían que Eduardo Rodríguez era el “alias” utilizado por Vicente para cubrirse. su verdadero nombre era Vicente Gómez. Si bien en su documento. Mientras sucedía esto. Ordoñez. para interrogarlo. los policías le explicaron que habían detenido a Acevedo por intento de asesinato hacia el Dr.

¿Cuándo? Ayer a última hora. una y otra vez. mientras Tito. Vicente sintió como una trompada en el estómago y comenzó a mover la cabeza negando el hecho. llegó a su trabajo unos minutos más tarde que de costumbre. Tito le seguía hablando. ¿Te enteraste de lo de Ledesma? – disparó Tito. Pero ¿Ledesma está vivo? Claro que está vivo! ¿Estás seguro que está vivo? Claro. lo echaron.visiblemente cansado. el cadete. las imágenes se agolpaban en su mente y veía a la beba enferma en su cama. Como un autómata comenzó con los primeros viajes sin prestar demasiada atención a los pasajeros. Así que ayer fue el último día que vino. desarticulado en el piso. como gozándose la primica. No podía ser cierto que la peor de sus pesadillas se transformara de pronto en un sueño premonitorio. Hey. Ya pasó. le dijo: Lo rajaron! ¿Qué? Que lo rajaron. a la madre inválida y el cuerpo inerte de Ledesma. las terribles palabras de Ordoñez: “Antes del fin de semana a ese lo liquido yo!” Todo sucedía velozmente . Vicente! Contestáme. viejito.Vicente. sumamente excitado. Te decía que si ¿te enteraste de lo que le hicieron a Ledesma? Vicente negó con la cabeza. salpicado de sangre. ¿ Qué decís? Que te echen de un laburo no es la muerte de nadie. pero él no le prestaba atención. No podía ser cierto que hubieran matado a Ledesma. 32 . Hasta que lo llamaron del piso once y al abrirse la puerta subió Tito. Todo su plan para protegerlo se derrumbaba como un castillo de naipes . ¿Estás bien? SI . permaneció mucho tiempo despierto y le costó conciliar el sueño. cayendo en cámara lenta. Gutiérrez lo llamó a su despacho y le dio la novedad. abriendo grandes los ojos. Después de la pesadilla de la noche anterior. Vicente. En su cabeza resonaban.

Voy al kiosco. al detenderse en el piso once le llamó la atención la extraña escena que se estaba desarrollando detrás del blindex cerrado del hall. Gutiérrez. ya tendría tiempo de conseguirse otro trabajo y de rehacer su vida. Fue una imagen fugaz. que permanecía de pie escuchando en un respetuoso silencio. que le llenó el ascensor . La mañana transcurría lenta. Tito . sesenta.Ahora que Ledesma estaba vivo. Lo importante es que está a salvo. Tito que volvía del kiosco y algunos muchachos de la oficina de Turismo que entraban más tarde. Recién al mediodía. gracias. ¿Querés que te traiga algo? – dijo Tito. No. Ordoñez ingresaba a la empresa. formado en el hall central. tendría cincuenta ..Vicente respiró hondo sintiendo un profundo alivio. de una buena vez. la luz que le faltaba al asunto. pero curiosamente . de espaldas al ascensor le hablaba a todo el personal de “La Principal”. como siempre.Vicente trató de poner orden en su cabeza. Ya me trajiste lo que necesitaba.. a la hora del almuerzo. 33 . todavía la recordaba en detalle. Si Ledesma estaba vivo. mientras abría la puerta de la planta baja. Pero se dijo a si mismo que no le afectaria. subió un contingente en el piso once. El resto de la mañana transcurrió relativamente tranquila. pero al llegar a planta baja. En los próximos viajes transportó a las chicas del quinto que. tipo joven. pensó.Ya se acercaba la hora en la que el Dr. siempre con esa cara de amargo… …y yo me quedé muda porque no me lo esperaba. en el que todos hablaban a la vez y echó. se sentía con más fuerzas para enfrentar cualquier contrariedad. Betty que volvía de comprar cigarrillos. no pudo transportar a ningún empleado de “La Principal” como para enterarse sobre lo que ocurría. poque enseguida se cerraron las puertas. A media mañana. lo saludaron afectuosamente con un beso. cincuenta y dos años… …para mí.

Por primera vez sentía correr la adrenalina por su cuerpo. referido a un sueldo.- …parece que iba a cientocuarenta y le fallaron los frenos. “…lo liquido yo. por no comprender el significado exacto de algunas palabras. algo que lo despegaba de esa vida gris y sin sentido de todos los días. Por primera vez. Después de devorar páginas y páginas de Flashman. incompleta de la vida.” . En su vida rutinaria. como el enmascarado. de modo que desconocía por completo el término contable “liquidar” o preparar una liquidación. se sentía “vivo de verdad”. varias veces. Podría decirse que era tan fragmentada culto como ignorante.. durante años. mientras iba armando el rompecabezas. El plan había funcionado.. suposiciones o rumores. La realidad era algo que debía ir construyendo a través de comentarios.” Vicente tenía una visión fragmentada. conformando un cuadro escalofriante. por primera vez sentía que había hecho algo heroico. Ordoñez estaba definitivamente muerto. Al igual que Flashman. evitaría que la policía metiera las narices en el asunto. Se sentía confundido y tenía emociones mezcladas. Por un lado. era el protagonista de una peligrosa aventura donde una vez más triunfaba la justicia. 34 . el enmascarado.. Cada una de las piezas encajaba con otra..”. El Dr. sonaron en su cabeza las palabras de Ordoñez. “…lo liquido yo. …Ay. cuando volvía a su casa … …¿te parece que nos dejarán ir a casa?. …estuvieron como tres horas para sacarlo… …fue un accidente. “El Mago” era un verdadero profesional. como en este caso le hacía sacar conclusiones erróneas. estaba hablando exactamente de “eliminar físicamente a una persona” o de “matar a alguien”. tuve ganas de matarlo… …anoche. estaba convencido de que cuando un personaje decía que iba a “liquidar” a alguien. que muchas veces. lo llenaba de satisfacción haber hecho justicia. pero te juro que cuando te trataba despectivamente . “Antes del fin de semana . Luego. Y el hecho de que pareciera un accidente. a ese lo liquido yo. nena ¿pero qué te crees? ¿Qué es el colegio esto? Vicente escuchaba en silencio. yo mismo.

“El Mago” o como quiera que se llamase. cerró las puertas y partió rápidamente sin esperar más pasajeros. comprendió que su vida había cambiado para siempre. pero creo que puedo ayudarlos. El tipo rubio le explicaba al otro. Vicente. Cómo no – dijo Vicente. en voz baja. Para cobrar la póliza. Ya nada sería igual. De modo que se volvió rápidamente y con su mejor sonrisa. por favor.preguntó un tipo alto . desapareciera. Piso once. Mientras les explicaba los detalles. F I N 35 . arriba.- ¿Sube?. rubio. Y era bueno que comenzara a acostumbrarse. siempre iban a correr el riesgo de que lo encontraran. -y con gran soltura les extendió la primera de las veinte tarjetas que le había entregado Ricardo Sanders. literalmente. lo que necesitaban era que el auto. sorpesivamente. pensó que esta era su primera oportunidad de comenzar a saldar su “pacto” con Sanders. Sí. que venía con otro pelirrojo con pinta de extranjero. que mientras el auto existiera. les propuso: Disculpen que me meta.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful