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24/2/11

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Rubén Caravaca dinamizador y comunicador cultural

ciberpolítica

Hegemonía cultural
Acudo en Sevilla al I Encuentro Internacional “Creando Redes”. Todos parecen decir que son necesarias e imprescindibles. La realidad demuestra que estamos ante buenas palabras e intenciones. La globalización económica da más poder a los mercados financieros sin apenas regularización, marca agendas y políticas gubernamentales, y ahora pretende imponer la hegemonía cultural. Indica María José Fariñas que “la globalización económica necesita de la cultural para completar el dominio de nuestras vidas”. Entienden solo la riqueza en términos económicos. Visión totalizadora y excluyente que impide reconocer la existencia de otras realidades, otros mundos, otras formas de vida. Los causantes de la miseria económica, que condena diariamente a millones de personas, no pueden concebir otros baremos donde mirar la riqueza de los pueblos. Es imposible asumir que muchos de ellos, económicamente muy pobres, son extraordinariamente ricos culturalmente. A los depredadores de lo ajeno no les es fácil entender los valores morales de muchos lugares de África, Asia y América Latina, que evidencian la miseria ética de buena parte de los gobernantes, no necesariamente políticos, de nuestro “primer mundo”. Ni se lo plantean. Están a lo suyo: acumular riqueza, generar pobrezas, globalizar miserias. Logrado el control económico, toca ahora la privatización del conocimiento y la creación. Para obtenerlo pretenden mostrar la cultura como un todo, homogénea, reducirla a una sola, monolítica, de consumo fácil. Intentan mostrar que los intereses de las industrias culturales son los de la cultura, pero nada tienen que ver. Su estrategia ha calado en la clase política dejándose engatusar por bellas palabras en defensa de la creatividad. En Público, Javier Gomá director de la Fundación Juan March, comenta que “la librería que prima la mercancía y su consumo a cualquier otra cosa, fomentando una geografía laboral donde las condiciones de vida, de trabajo, la anulación de derechos de los trabajadores que tienen que hacer las labores de mecanización para conseguir el mayor beneficio nunca se tienen en cuenta. Una industria que se nutre de mano de obra infantil, cercana a la explotación, en países donde los derechos sindicales son inexistentes. Una industria que nadie puede controlar pero que quiere fiscalizar nuestras vidas imponiendo ministros, ministras y altos cargos para la defensa de sus intereses a los que premia una vez abandonan sus cargos de responsabilidad pública. Su comportamiento manifiesta la vigencia de textos como El Manifiesto Comunista. Paradojas de la vida; los que entonces reivindicaban y se nutrían de las primeras literaturas marxistas son ahora los que desarrollan las formas de intervención allí denunciadas. Evidencian el revisionismo de nuestra historia por creadores cercanos a la extrema derecha, pero no son capaces de reconocer que su pragmatismo ideológico y económico fomenta más desigualdades e injusticias. La hegemonía cultural es el único paso que queda para lograr la primacía ideológica. Ante ello, nos queda resistir. Nosotros seguimos en el mismo lugar, defendiendo las mismas ideas. Quienes han ■ cambiado han sido ellos.
http://rubencaravaca.blogspot.com

La hegemonía cultural es el único paso que queda para lograr la primacía ideológica. Ante ello, nos queda resistir
que más libros vende en España es la de Carrefour”. Fue uno de los primeros pasos para la hegemonización. Convertir las grandes superficies y centros comerciales de los barrios en los centros culturales del siglo XXI, en pos de un desarrollismo absurdo que profundiza la brecha cultural entre los que pueden acceder a todo tipo de manifestaciones culturales, y los que solo pueden conocer las que dictan los mercados del ocio. El gran peligro para la cultura y su diversidad es una industria

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CAMBIO16 • 7 marzo 2011 • Nº 2.048 • cambio16.info

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