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La dimensión psicosocial en el entendimiento del

comportamiento humano frente al cambio climático


Por: Rodrigo Arce Rojas1

¿Por qué resulta tan difícil que en los procesos de negociación internacional se
lleguen a acuerdos vinculantes para reducir las emisiones antrópicas de Gases
de Efecto Invernadero? ¿Por qué no se aprecian medidas colectivas para la
mitigación y adaptación al cambio climático? ¿Por qué nos resulta difícil pasar
del conocimiento a la acción de manera individual respecto al cambio
climático? Esas fueron las inquietudes que nos llevaron a profundizar la
dimensión psicosocial para un mejor entendimiento del comportamiento
humano frente al cambio climático.

La base de muchas decisiones para hacer frente al cambio climático radica en


los mecanismos de mercado. Según esta perspectiva, lo que no tiene precio,
propiedad y actores definidos de transacción económica no puede ser
convertido en una herramienta de solución a los problemas ambientales. Así,
desde un enfoque de mercado Fisher (2000) menciona que los derechos de
propiedad son un componente fundamental de nuestra conducta social,
particularmente en el campo económico, y su existencia no depende de un
ordenamiento legal ad hoc, sino que estos se han desarrollado como módulos
mentales instintivos por su utilidad adaptativa durante el proceso de
consolidación de nuestra especie. Garret Hardin en la tragedia de los comunes
nos da cuenta que si cada uno busca sacar el mejor provecho de los recursos,
la libertad de los recursos comunes resulta la ruina para todos. Sin embargo,
las explicaciones basadas en una racionalidad económica instrumental no son
suficientes para explicar la complejidad de las decisiones ambientales. Crespo
(2008) habla de empezar a abordar desde una racionalidad ética estratégica.

El problema ambiental no se puede abordar las posibles estrategias de solución


de manera sesgada apelando sólo a los instrumentos políticos, económicos y
jurídicos. Si la sociedad deja de ignorar que el problema no es de la naturaleza
sino de nuestra forma de relacionarnos con ella, entonces estaríamos en
condiciones de ahondar en nosotros más que en elementos externos (Omland,
2011). De ahí que el tema de la conciencia colectiva y la conciencia emocional
sean elementos que debemos profundizar. Por ello la importancia de abordar
las dimensiones psicosociales del cambio climático.

Lo primero que tenemos que reconocer a la persona humana como un ente


biopsicosocial. Ello nos permite establecer claras relaciones de interacción e
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Ingeniero Forestal. rarcerojas@yahoo.es

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influencia entre el individuo y la sociedad. A nivel individual podemos hablar de
personalidad y a nivel social hablamos de sintalidad. Hay que reconocer
además que existen sociedades individualistas (como las occidentales, que
enfatizan la competencia, el logro individual y la autonomía) y sociedad
colectivistas (que privilegian la cooperación y la cohesión grupal) (Triandis y
colaboradores, 1985).

Una constatación digna de ser tomada en cuenta es nuestra complejidad como


personas. Según la teoría de la reversión es parte de la naturaleza humana ser
complejos e inconstantes. Así nuestra conducta revierte entre los cuatro pares
de estados opuestos: entre ser egocéntricos y ser altruistas, entre ser
solidarios y ser dominantes, entre ser conformista y ser rebelde y entre ser
serio y juguetón (Kourdi, 2008).

El descubrimiento más importante de la neurociencia es que nuestro sistema


neuronal está programado para conectar con los demás, el mismo diseño del
cerebro nos torna sociables y establece inexorablemente un vínculo
intercerebral con las personas con las que nos relacionamos (cerebro social).
No es de extrañar entonces que nuestras relaciones no sólo configuren nuestra
experiencia, sino también nuestra biología (Goleman, 2006). A la complejidad
de los individuos hay que agregarle entones el hecho de la mutua influencia
que se verifica en los grupos con los que alternamos.

Tomando prestado las explicaciones sociales de los movimientos sociales


podríamos re parafrasear y decir “sólo si el grupo define colectivamente la
situación como algo negativo que debe ser corregido podremos decir que ha
emergido un problema ambiental” Javaloy y colaboradores, 2001). Esta
explicación tiene un símil en la teoría de conflictos que dice que la existencia
de un problema no significa que estemos frente a un conflicto sino que para
que sea tal requiere una acción deliberada de bloqueo.

El International Human Dimensions Program-Global Enviromental Change


(IHDP-GEC) reconoce cinco características de orden psicológico que complican
el fenómeno:

• La baja visibilidad del cambio global


• La extrema dilación en mostrar la relación causa-efecto
• La psicofísica de los eventos de baja probabilidad
• La distancia social entre actores y víctimas del cambio ambiental,
• El bajo índice subjetivo de costo/efectividad de la conducta protectora
del ambiente (Urbina, 2008).

De la revisión de los diversos autores que han abordado la dimensión


psicosocial del cambio climático se desprende que nuestro comportamiento
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frente al cambio climático basa en la forma cómo percibimos el tema. La
percepción representa el proceso psicológico por el que la gente reúne
información del medio y la da sentido a su mundo (Banks y Krajicek, 1991).
Dos factores a considerar refieren a la distancia que percibimos el problema y
el grado de afectación personal o colectiva que asumimos.

Por distancia se entiende a la cercanía o lejanía (física o temporal) del


problema, que no quiere decir necesariamente distancia de las evidencias de
los efectos del cambio climático. Podría estar al frente nuestro a ser parte de
nuestra realidad pero igual podemos sentirlo distante. Bajo esta lógica los
efectos del cambio climático son para otros, en lugares que no son los míos.

De manera similar el grado de afectación alude al grado de riesgo que asume


la persona o colectivo frente a los efectos del cambio climático. Tampoco tiene
que ver con la existencia de evidencias sino con el patrón mental. La actitud de
invulnerabilidad personal sustenta la argumentación que “podrá afectar a otros
pero a mi no me afecta”

A los dos factores arriba mencionados Omland (2011) añade un tercer factor
referido a la búsqueda permanente del confort presente. Bajo esta lógica el
confort futuro (o el confort de otros) no es mi problema. Un tema similar,
aunque en otra perspectiva, refiere al “derecho a contaminar”: “si ellos (los
países desarrollados) contaminaron para poder desarrollarse, entonces porque
nosotros tendríamos que dejar de hacerlo”.

Tanto el factor distancia como el grado de afectación están influidos por el


grado de veracidad que los sujetos y los colectivos creen o quieren reconocer
en los efectos reales o aparentes del cambio climático. Aunque el IPCC
menciona de manera inequívoca la responsabilidad antropogénica del cambio
climático hay que reconocer que existe un grupo de escépticos que relativizan
el origen antrópico del cambio climático actual o incluso lo niegan totalmente.
Otros no discuten la certidumbre del cambio climático sino las estrategias y
mecanismos cómo se los aborda.

Es indudable que la información y comunicación tienen un gran papel en la


generación de la conciencia colectiva para abordar seriamente el cambio
climático pero hay que analizar con mucha objetividad la forma cómo se las
viene tratando, si es para generar temor, culpabilidad o es para generar el
sentido de urgencia del cambio de actitudes.

Siguiendo a Lofland (1981) el modelo de comportamiento colectivo se


sustenta, entre otros, en los componentes cognitivos, emocionales y de acción.
Estos factores están estrechamente interrelacionados y no deben ser vistos de
manera fragmentaria. Por ello, si bien es cierto el conocimiento es importante,
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no basta pues hay que llegar hasta el corazón y el espíritu de las personas y
los colectivos. Hemos podido apreciar que tanto en la distancia como en el
grado de afectación puede producirse bloqueos mentales a la luz de los
paradigmas o creencias con las que actúan las personas y los colectivos.

La polémica sobre el cambio climático dista de ser sencilla y de fácil solución


debido en gran parte a la falta de conocimiento científico, pero también a las
barreras ideológicas y epistemológicas así como a los grandes intereses
políticos y económicos que están involucrados tanto en sus causas como en
sus posibles soluciones (Pisanty, 2008).

Frente a los límites de los enfoques legalistas y economicistas, una invitación a


los psicólogos y psicólogos sociales para profundizar sobre estos temas y
contribuir a la generación de estrategias efectivas para hacer frente al cambio
climático. Todavía tenemos mucho que aprender sobre cómo convivir con
nuestro niño (a) interior para poder desarrollar relaciones más armoniosas con
el ambiente y la sociedad.

Bibliografía revisada:

Banks y Krajicek, 1991. Perception. En Annual Review of Psychology. 42: 305-331.

Crespo, Patricio. 2008. Decisiones ambientales y liberalismo. Abya Yala. Quito, 143 p.

Goleman, Daniel. 2006. Inteligencia social. La nueva ciencia de las relaciones humanas. Kairós.
Barcelona, 543 p.

Javeloy, Federico; Rodríguez, Alvaro y Espelt, Esteve. 2001. Comportamiento colectivo y


movimientos sociales. Prentice Hall. Barcelona, 443 p.

Kourdi, Jeremy. 2008. Estrategia. Claves para tomar decisiones en los negocios. 1ª. Ed. The
Economist. Buenos Aires, 220 p.

Lofland, J. 1981. Collective Behavior: the elementary forms. En Rosenberg, M. y Turner, R.


(Eds.): Social Psychology: sociological perspectives. Nueva York: Basic Boos, 411-446

Omland, 2011. Biodiversidad y cambio climático ¿Necesidad o solidaridad internacional? Editorial


San Marcos. Lima, 242 p.

Pisanty, Irene. 2008. Cambio global y biodiversidad. En: Urbina Javier y Martínez, Julia. 2006.
Más allá del cambio climático. Las dimensiones psicosociales del cambio ambiental global.
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Instituto Nacional de Ecología. Universidad
Nacional Autónoma de México/Facultad de Psicología. México, 288 p.

Triandis, H. J. Leung, K., Villarreal, M. J. y Clack, F. L. 1985. Allocentric versus idiocentric


tendencies: convergent and discriminant validation. Journal of personality and Social Psycology,
38, 257-267

Urbina, Javier. 2006. Dimensiones psicológicas del cambio ambiental global. En: Urbina Javier y
Martínez, Julia. 2006. Más allá del cambio climático. Las dimensiones psicosociales del cambio

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ambiental global. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Instituto Nacional de
Ecología. Universidad Nacional Autónoma de México/Facultad de Psicología. México, 288 p.