LOS TRABAJOS DE HÉRCULES AGATHA CHRISTIE

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004 http://biblio teca.d2g.com NOTA PRELIMINAR DE LA AUTORA El nombre de pila de Poirot me indujo irresistiblemente a escribir esta serie de historias cortas. Inicié el trabajo con gran entusiasmo, mas al poco tiempo perdí e l ánimo ante el gran cúmulo de dificultades que no había previsto. Escribí sin titubear algunos de los episodios, tales como El león de Nemea y La hidra de Lerna. El toro de Creta, asimismo, salió de mi pluma con toda naturalidad; pero algunos de los «tr abajos» eran un desafío a mi ingenio. El jabalí de Erimantea me tuvo en suspenso duran te mucho tiempo, y lo mismo pasó con El cinturón de Hipólita. Y en cuanto a La captura del Cancerbero he de reconocer que me hizo perder todas las esperanzas. No podía imaginar ninguna acción apropiada a dicho título. Así es que durante seis meses no vol ví a ocuparme del asunto. Pero de pronto, subiendo un día las escaleras del «metro», se me ocurrió la idea. Pensé en ella con tanta excitación que subí y bajé las escaleras siete u ocho veces y por poco me atropella un autobús cuando, al fin, me dirigía a casa. El fregadero es el lugar más seguro y apropiado para planear mentalmente una histo ria. El trabajo meramente mecánico ayuda al fluir de las ideas y resulta delicioso encontrarse hechas las tareas domésticas sin acordarse de que una las hizo. Recom iendo de forma particular la rutina de los trabajos caseros a todas aquellas per sonas que pretendan crear una obra literaria. Ello no incluye el cocinar, pues e n sí ya es una creación, mucho más divertida que escribir, mas, por desgracia, no tan bien pagada. AGATHA CHRISTIE

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INTRODUCCIÓN El piso de Hércules Poirot estaba amueblado a la última moda. Los adornos de metal c romado, y los sillones, si bien tapizados confortablemente, eran de formas cuadr adas y sólida apariencia. En uno de ellos se hallaba sentado Poirot, pulcramente, sin pasar de la mitad del asiento. Frente al detective, en otra butaca, estaba e l doctor Burton sorbiendo con deleite un vaso de «Cháteau Mouton Rothschild» que le of reció su anfitrión. La apariencia del doctor no era tan relamida como la de su amigo . Era regordete y desaliñado, con una cara rubicunda y bonachona que relucía bajo la enmarañada masa de blancos cabellos. Tenía una risa profunda y sibilante y había adqu irido el hábito de esparcir la ceniza de sus cigarros tanto sobre él, como sobre tod o lo que le rodeaba. Poirot perdía el tiempo rodeándole de ceniceros. El doctor Burt on preguntó: —Dígame, ¿a qué santo viene eso de Hércules? —¿Se refiere usted a mi nombre de ? —Mal puede llamarse de pila, ya que es absolutamente pagano — objetó el otro—. Pero ¿por qué? Eso es lo que quiero saber. ¿Algún capricho de su padre? ¿Algún antojo de su madre? ¿ azones de familia? Si mal no recuerdo, aunque mi memoria ya no es lo que era, tu vo usted un hermano que se llamaba Aquiles, ¿no es cierto? Poirot repasó mentalmente los detalles de la carrera de Aquiles Poirot. ¿Ocurrió en realidad todo aquello?, s e preguntó. —Sólo por poco tiempo —replicó al fin. El doctor Burton eludió con prudencia me cionar de nuevo a Aquiles Poirot. —Los padres debieran tener más cuidado con los nom bres que ponen a sus hijos —reflexionó—. Vea usted; tengo varias ahijadas y una de ell as se llama Blanca, aunque es más morena que una gitana. Luego está Deirdre; Deirdre de los Dolores, y ha resultado ser más alegre que unas castañuelas. Y por lo que se refiere a Paciencia, hubieran hecho mejor llamándola impaciente —el viejo profesor de lenguas clásicas se estremeció—; pesa ahora ciento sesenta y ocho libras, aunque no tiene más que quince años. Dicen que es gordura infantil; yo no lo creo. ¡Diana! Quería n que se llamara Helena, pero hice valer mis derechos. No podía hacer menos conoci endo el aspecto de sus padres... ¡y el de su abuela! Traté con todas mis fuerzas de que se llamara Marta o Dorcas, o algo que fuera razonable... pero no me sirvió de nada... perdí el tiempo... Los padres son gente muy caprichosa. Empezó a reír por lo b ajo mientras su cara se arrugaba. Poirot lo miró inquisitivamente.

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—Me estoy imaginando la conversación que sostendrían su madre de usted y la difunta seño ra Holmes, mientras cosían sus ropitas o hacían calceta: «Aquiles, Hércules, Sherlock, M ycroft...» Poirot no parecía compartir el buen humor de su amigo. —Por lo que veo, qui ere usted decir que, físicamente, no soy ningún Hércules. Los ojos del doctor Burton s e fijaron en Poirot. Sobre su pulcra y diminuta persona, vestida con pantalones de etiqueta, correcta chaqueta negra y elegante corbata de pajarita. Recorrieron su figura desde los zapatos de charol hasta la cabeza en forma de huevo y el in menso bigote que adornaba su labio superior. —Con franqueza, Poirot: no se le pare ce usted en nada —dijo Burton —. Supongo que nunca habrá tenido tiempo para estudiar l os clásicos —añadió. —Así es. —Pues es una lástima. Una verdadera lástima. Se ha perdido us o bueno. Si de mí dependiera, todo el mundo estaría obligado a estudiarlos. Poirot s e encogió de hombros. —Eh bien! Pues yo he progresado sin tener necesidad de ellos. —¡Pr ogresar! ¡Progresar! No es cuestión de progresar. Ahí es donde todos se equivocan. Los clásicos no son el trampolín para alcanzar un éxito rápido, como los cursos por corresp ondencia. Las horas durante las cuales trabaja un hombre no son las que importan , sino sus horas de descanso. Ése es el error en que todos incurrimos. Póngase usted por ejemplo. Ha tenido muchos éxitos en el curso de su carrera y ahora quiere dej ar sus ocupaciones y vivir tranquilamente... ¿Qué hará entonces con sus horas libres? Poirot contestó sin vacilar: —Me dedicaré... al cultivo de calabacines. El doctor Burt on se sorprendió. —¿Calabacines? ¿Qué quiere decir? ¿Esas cosas verdes e hinchadas que sabe a agua? —¡Ah! —exclamó Poirot con entusiasmo—. Ése es el punto más interesante de la cuest Lo que hace falta es que no sepan a agua. —Vamos. Ya comprendo... Espolvoreándolos c on queso, con cebolla picada o con salsa blanca. —No, no. Está usted en un error. Me figuro que puede mejorarse el actual sabor del calabacín. Se le puede dar —puso los ojos en blanco — un bouquet... —Por favor, tenga en cuenta que no se trata de un cl arete. La palabra «bouquet» recordó al doctor Burton el vaso que tenía a su lado. Bebió un sordo y lo paladeó. —Es muy bueno este vino; tiene calidad —hizo un gesto de aprobación con la cabeza—. Pero ese asunto de los calabacines... ¿no hablará usted en serio? No querrá decir... que está dispuesto a

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encorvarse... —con gesto de consternación sus manos descendieron hasta su abultado e stómago— a encorvarse para abonar esas cosas con estiércol; alimentarlas con guedejas de lana empapadas en agua y todo lo demás que suele hacerse. —Al parecer, está usted m uy enterado de cómo se cultivan los calabacines —argumentó Poirot. —Durante mis estancia s en el campo he visto cómo lo hacían los hortelanos. Pero, Poirot, ¡vaya ocupación! Com pare eso —bajó la voz hasta un tono insinuante— con un buen sillón frente a una chimenea encendida, en una habitación alargada y baja de techo, atestada de libros... debe ser una habitación alargada, no cuadrada. Con muchos libros. Un vaso de oporto... y un libro abierto en la mano. El tiempo vuelve atrás cuando usted lee: «De nuevo p or su destreza, el vinoso mar el piloto endereza la rápida nave zarandeada por los vientos.» Primero recitó las estrofas en griego, con voz sonora, y luego las traduj o. —Desde luego al traducir, nunca puede uno llegar a compenetrarse con el verdade ro espíritu del texto original —comentó. Estaba tan entusiasmado que, de momento, se o lvido de Poirot. Y éste, contemplando a su amigo, sintió una repentina duda... un re mordimiento incómodo. ¿Habría perdido algo? Le invadió la tristeza. Sí; debió trabar conoci iento con los clásicos... tiempo atrás. Ahora, por desgracia, era demasiado tarde. E l doctor Burton interrumpió estos melancólicos pensamientos. —¿Y quiere usted decir que está realmente dispuesto a retirarse? — preguntó. —Sí. El doctor soltó una risita apagada. lo hará —dijo. —Le aseguro que... —No será usted capaz de ello. Está demasiado interesado or su trabajo. —No; de veras. Ya lo tengo todo dispuesto. Unos pocos casos mas; se leccionados especialmente, no todo lo que se presente, compréndame. Sólo problemas q ue tengan un atractivo personal. El doctor Burton gesticuló. —Sí; eso es lo que se dic e siempre. Solamente un caso o dos; sólo un caso más y así sucesivamente. Su despedida no será como la de una prima donna. Volvió a reír mientras se levantaba lentamente. P arecía un simpático enanito de pelo blanco. —Los de usted no son los «trabajos» de Hércules e dijo—. Son

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Poirot volvió a sentarse y com o en sueños. .004 http://biblio teca.. mais oui. una idea. murmuró —Los trabajos de Hércules. Porque después de su marcha. ça. Solamente nos interesa lo que dejó tr as él.com trabajos de su afición.. es decir.. La apuesto lo que quiera a que dentro de dos meses está usted todavía aquí y los calabacines no son más —se estremeció— q simples calabacines. El doctor Burton se despidió de su amigo y salió de la rectangu lar y severa habitación. c'est une idee. Ya verá usted como tengo razón. Paso por estas páginas para no volver a ellas..d2g.

más que un tipo corpulento y musculoso.com Hércules Poirot se hallaba al día siguiente repasando un grueso volumen encuadernado en piel y otros tomos más delgados.. Posiblemente Hércules sufría de lo primero. saqu eo. «él mismo». que blandía una porra. No había duda de que eran tipos de tendencias delictuosas. había recibido instr ucciones en el sentido de que hiciera acopio de referencias acerca de Hércules. así como los otros libros de referencia. En mitad de aquella habitación. Hasta ahí la cosa iba bien. uno hilos de cobre geométricamente dispuestos. el conjunto de modelos clásicos. un carnicero que fue juzgado en Lyon por el año 1895. un individuo con la fuerza de un toro que había asesinado a varios niños. Miró con aprobación todo lo que le rodeaba. mas a pesar de ello se discutió durante varios días si se trataba de gr and mal o petit mal.. incesto. la eficiente secretaria había llevado a cabo su trabajo.004 http://biblio teca. Le s orprendió.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. no podía co mpararse con la idea que del mismo sujeto se tiene en los tiempos modernos. después de muerto. Una habitación cuadrada con buenos muebles modernos y hasta una escul tura constituida por un cubo puesto sobre otro y. por ejemplo. Poirot movió negativa mente la cabeza. un héroe! ¡Y qué héroe! ¡Qu fue. su secretaria. —¡Vaya con Hércules! —dijo irot con acento desilusionado mientras se levantaba. Finalmente. trampas. de escasa inteligencia e instintos c riminales! Poirot se acordó de un tal Adolphe Durand. La defensa alegó que su cliente padecía epilepsia.. rapto. Durante dos h oras. encima de ellos. La señorita Lemon. muy distinto de aquel desagradable tipo desnudo... además. Aquellos dioses y diosas parecían te ner tantos alias como cualquier criminal de nuestros días. célebre héroe que. La disposición de ánimo que tuviera la noche anterior parecía haberse disipado. de abultados músculos. hizo anotaciones. Contempló su figura en el espejo. lo cual seguramente era cierto. Alcoholismo..d2g.. Hasta en los crímenes que cometían se apreciaba la falta de esto último. porque era de las que no se extrañan de nada. Lo suficiente para tener constantemente ocupado a un j ugue d'instruction. Poirot se zambulló de cabez a en un revuelto mar de erudición clásica referente en su mayoría a Hércules. frunció el ceño y consultó las notas e scritas a máquina. libertinaje. homicidio. Y sin la menor muestra de curiosidad. Si éste era el concepto que los griegos tenían de un héroe. fue elevado a la categoría de dios y recibió honores divinos. Un Hércules moderno.. Nada de vida familiar respetable. Ni orden ni método. Allí . ¡Qué gente! ¡Hércules. Poirot leyó sin descanso. pero después no fue todo coser y cantar. a la vez que daba rápidos vistazos a varias hoj as de papel escritas a máquina. se recostó en su asiento y sacudió la cabeza. relumbrante y orde nada.

para la opinión publica.. Sí. aquello no sería sol amente divertido.. ambos fueron útiles librando al mundo de ciertas plagas. Solamente los «Trabajos». saboreando con fruición las palabras. ... Cualquier conocido escritor..... ni uno más ni uno menos.. con su persona pequeña y maciza.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. No tenía la intención de seguir puntu almente los pasos de su prototipo. Cada uno de e llos podía considerarse como benefactor de la sociedad en que había vivido. ¿y por qué no podía ser alguien perteneciente a la realeza? Le gustó la idea. o un pintor. un bigote que Hércules no hubiera soñado nunca en poseer.. Podían volver a eje cutarse los «Trabajos de Hércules.. la noche anterior. vestida con un correcto traje de calle y con un bigote. por lo tanto. aunque algo sofisticado por la modernidad de los tiempos...» ¡de un Hércules moderno! ¡Una ingeniosa y divertida c ifladura! En el período precedente a su retirada del oficio aceptaría doce casos.004 http://biblio teca.com estaba él.. Como era lógico no esperaba que se le presentara un caso en que tuviera que vérselas con un león de carne y hueso. El primer caso podía referirse a una célebre figura públic a. el doctor Burton había dicho: «Los de usted no son los "tra bajos" de Hércules. Y. ¡algo sensacional y de gran importancia! Un criminal de campanillas. sino artístico y espiritual. —El león de Nemea —repitió.. o alguie n que fuera como un león. No debía tener prisa.d2g. El primero de ellos. sería el del león de Nemea. no obs tante. No. o un político.. entre Hércules Poirot y el Hércules clásico existían puntos de semejanza. Sin lug ar a dudas. Nada de mujeres. un big ote magnífico.. Sería mucha coincidencia que la Dirección del Parque Zoológico le encargase resolver un problema relacionado con un auténtico león.» Pero el viejo fósil se había equivocado en eso. Y estos doce problemas los escogería él de forma que tuvieran c ierto parecido con los doce trabajos que llevó a cabo Hércules. Al march arse. esperaría a que se le presentara aq uel caso de tanta importancia que iba a ser el primero de los «Trabajos» que él mismo se había impuesto.. tenía que tr atarse de una cosa simbólica. Poirot cogió el Diccionario Clásico y v olvió a enfrascarse en la lectura de la mitología. ni hablar de la camisa de Ne so. Esperaría. paladeando.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Uno de esos caprichos de ojos saltones que las damas ricas acostumbran mimar co n exceso. Había nacido para ser secretaría. sorpren dido y amargado. Poirot estaba sorprendido. adonde fue llamado para recibir personalmente e l agradecimiento real. Poirot se detuvo con un pie en el aire. No las profirió porque la señorita Lemon no las hubiera oído. —No hay mucho. Era una mujer sin imagi nación. Había empezado a teclear en la máquina de escribir y lo hacía c on la rapidez y precisión de una ametralladora. ¡U n perrito pequinés! Después del sueño que tuvo la noche anterior.. pero poseía un instinto certero. dada la rapidez y eficacia con que estaba escribien do a máquina. de todas formas.004 http://biblio teca. Nada fuera de lugar. le había decepcionado. pero ella no se dio cuenta.. —¿De qué se trata? —preguntó el detective. la eficiente secretaria. . en el que se vio sal iendo del Palacio de Buckingham. en términos comerciales. Lanzó una mirada de profundo reproche a la señorita Lemon. La señorita Lemon. Cualquier cosa que ella calificaba como dig na de consideración. Fue una lástima que su criado entrara en aquel momento en el dormitorio para servirle el chocolate matutino. señorita Lemon? —preguntó Poirot cuando entró en su despacho a l mañana siguiente. Poirot lanzó un gruñido de disgusto y cogió la carta colocada sobre el mon toncito que su secretaria había formado en uno de los lados de la mesa. La puse encima de las demás. Su objeto: el secuestro de un perrito pequinés. —Es de un señor que le ruega inves la desaparición de un perrito pequinés propiedad de su esposa. sí. Unas señas de la capital y una petición conc isa y ruda.com capítulo primero EL LEÓN DE NEMEA 1 —¿Alguna cosa interesante. en un pequeño detalle la s eñorita Lemon tenía razón. lo era por regla general.. era exac tamente como había dicho la señorita Lemon. Sólo una carta que me figuro le interesará. monsieur Poirot. sí. Sí..d2g. Estuvo a punto de proferir u nas expresiones satíricas y mordaces. Tenía plena confianza en la señorita Lemon. Había algo que no era corriente. o. Los labios de Hércules Poirot se fruncieron al leer aquello. No era ning una cosa desacostumbrada.

Pero por desgracia. Como de costumbre. y aquí radicaba el punto crucial de su o bjeción... sentía curiosidad. . No era la clase de asunto que quería ni que se había prometido él mismo.. y pregú le a qué hora me recibirá en su despacho.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. No era un caso importante bajo ningún aspecto .004 http://biblio teca... —Telefonee a sir Joseph Hoggin —ordenó—. la señorita Lemon había ten ido razón.com Poirot tomó asiento y leyó la carta con detenimiento.d2g. Le vantó la voz hasta el punto en que la señorita Lemon pudiera oírle por encima del ruid o que producía con la máquina de escribir.. un apropiado «Trabajo» de Hércules. no revestía significación alguna: No era.

Hacía mucho tiempo. —¿Se da usted cuenta de que mis honorari os serán elevados? — preguntó Poirot. —Ya sé que es usted una celebridad dentro de su profesión —observó sir Joseph con franqueza—. Un recuerdo le tu rbaba tenazmente. —Muchísima suerte —prosiguió Poirot con firmeza—. Los ojos del detective se fijaron en los ab ultados carrillos.. Puedo decir. sin pecar de inmodestia. no más. algo relacionado con jabón. Pero ello —sir Joseph lo miró con expresión o tiene la menor importancia.. Por eso he acudido a usted.. —Sí. Sus ojuelos se estrecharon aún más. . Muc ha gente. Per o al precio que rija en el mercado.. Soy un experto en estas cosas y como tal tendrá que pagar por mis servicios. Si r Joseph continuó: —No me gustan las fiorituras ni quiero andarme por las ramas. y. —¿Eh? Sir Joseph calló durante un momento. al tiempo que a preciaba la modestia del caballero al describirse de tal forma. que me hallo en la cúspide de mi carrera.. en la nariz grande y bulbosa y en la boca de labios finos y apretados que poseía su interlocutor. El detective hizo un gesto comprensivo con la mano derecha. Soy un hombre rico. señor Poirot —dijo sir Joseph Hoggin.. —Pero ello no quiere decir que tenga la c ostumbre de ir tirando el dinero por ahí —expresó secamente—. Sir Joseph.. Pero en cualquier ca so. Con ella quería expresar. en los diminutos ojos porcinos. señor Poirot. —Yo no regateo —anu nció—.d2g.com —Yo soy un hombre sencillo. —Ha tenido mucha suerte —dijo Poirot. Todo el conju nto le recordaba a alguien. por decirlo así. —¿Eh? —volvió a pregunt r sir Joseph. Hércules Poirot se encogió de hombros. Lo hubiera anota do como un crédito incobrable y se hubiera olvidado de él. pero de momento.. no permitía entrever el pensamiento que dominaba entonces en la mente de Hércule s Poirot. También podía haber significado una elegante desestimación de dicho calificativo. Hice unas cuantas averiguaciones y comprobé que es usted el mejor hombre de que pu edo disponer. si así se prefiere .004 http://biblio teca.. sin duda alguna era (utilizando el término en su sentido más f amiliar) un hombre de lo más sencillo. ni se hubiera preocupado por este asunto.. su admiración por la valía de la carrera que había hecho sir Joseph. Lo que quiero lo pago.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Quiero llegar al fondo de esta cuestión y no me importa lo que valga .. Poirot se apresuró a comentar: —Le felicito. en Bélgica.. doscientas libras ni me van ni me vienen. Pero Joseph Hoggin no es de ésos. no pudo precisar. sí.

atracos y robos de joyas. señor Poirot —dijo. o. Una especie de «Trabajos de Hércules». He decidido aceptar doce casos. —No. —Y como es natural. —No lo ha entendido uste d —observó—. Mis servicios han sido requeridos para investigar asesinatos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Al día siguiente. sir Joseph. tal vez. E l financiero lanzó un gruñido y dijo: —¡Me sorprende usted! Hubiera jurado que a causa d e su profesión le habían importunado muchas mujeres con cosas de sus perros favorito s. es el primero de los doce. —Empiezo a comprender las alabanzas que de usted me hic ieron. mejor dicho. —¿Importancia? —preguntó sir Joseph.com Quiero retirarme dentro de poco para vivir en el campo. estaba perfectamente . y me atrae —suspiró— por su sorprenden te falta de importancia. Su caso. si me permite que se lo diga así.004 http://biblio teca. —Supongo que su sposa estará muy disgustada. El detective murmuró: —Cuénteme l o que ocurrió. —En eso tiene razón.d2g.. para cultivar mi jardín y dedicar preferente atención a mejorar la cal idad de los calabacines. ¡Nada menos que doscientas libras! Y todo por una condenada bestezuela chillona que siempre está enredada en los pies de uno. no me lo hubiera parecido de haber sabido lo que pasaba. El perro nos fue devuelto.. mi es posa recibió una petición de rescate por doscientas libras. adonde fue para dar su acostumbrado paseo con la señora de compañía de mi mujer.. Deseaba tan sólo explicarle que antes de retirarme he de l levar a cabo cierta tarea que me he impuesto. Mas ésta no es la cuestión. muertes inexplicables. El perro desapareció hace una semana en los jardines de Kensington. Milly. no le pareció a usted bien pagar tal cantidad — observó Poirot. ni más ni menos. dije por su falta de im portancia. Sir Joseph lo miró con sorpresa. Es usted un hombre muy sagaz. pero carecen de sabor. y ta mbién. señor Poirot.. Son unas hortalizas magníficas. mi mujer. Pero es ésta la primera ocasión en que me llama el marido de una de esas mujeres para que me ocupe del caso. —¿Devuelto? Entonces. Pero ésta es la primera vez que se me ll ama para que emplee mi talento para aclarar el secuestro de un perrito pequinés... ¿Cuándo desapareció el perro? —Hace exactamente una semana. viajar y ver mundo. —¡Porque malditas las ganas que tengo de que me estafen! Voy a contarle todo lo que ha sucedido. ¿puede decirme qué es lo que to yo en esta cuestión? La cara de sir Joseph enrojeció. Los ojillos de sir Joseph lo miraro n con expresión calculadora. —Desde luego que no.

En fin. —Muy bien.com enterada de ello.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Milly confesó lo que había hecho y yo perdí un poco los estribos. señor Poirot? —preguntó he conocido esa felicidad. Tal vez sería conveniente que m e entrevistara con su señora esposa para conseguir de ella algunos detalles más y. se le metió en la cabeza que algo le pasaría a su precioso Shan Tung si yo avisaba a la comisaría. Entonces le escribí a u sted.004 http://biblio teca. Continúe. Hasta me hubiera olv idado del asunto. Mi mujer ch illó históricamente cuando se mencionó a la policía. al poco rato me calmé. —¿Y le devolvieron el perro? —Sí. N o obstante. —¡Hum! —refunfuñó el financiero—. —Posiblemente. porque después de todo. . sabría que las mujeres son unos seres muy curiosos. a la dirección que le dijeron. Sir Joseph se restregó la nariz. Pero me empeñé en esto último y por fin accedió. de no haber encontrado a Samuelson en el club. sir Joseph. esto ya era demasiado y decidí hacer algo para evitar que continuaran los raptos. a l mismo tiempo. la cosa estaba ya hecha y no hay que esperar que una mujer se porte con sentido común. aunque a regañadientes. —¿De veras? —¡Maldita s ea! ¡Este caso debe ser un verdadero barullo! Exactamente lo mismo le había sucedido a él. No quiso ni oír hablar d e ello.. —Le llevaré en mi coche ahora mismo —dijo. tranquilizarla acerca de la futura seguridad de su perro. Sir Jo seph asintió y se levantó. —¿Es usted casado. Le habían sacado trescientas libras a su mujer.d2g. —Entonces . Si tuviera la icha de conocerla. según lo convenido. por desgracia. como es natural. y le puedo asegurar que no le gustó mucho la idea de que le llamáramos a u sted. —Ya me doy c enta de que la situación es muy delicada —comentó Poirot—.. Pero no se veía un alma por los alrededores. No me dijo nada y mandó el dinero en billetes de una libra. lo más apropiado y menos costoso hubiera sido avisa r a la policía. Aquella mis ma noche sonó el timbre en la puerta y al abrir encontramos al animalito sentado e n el umbral.

Trataba a lady Hoggin con gran deferencia y se veía que le tenía un miedo atroz. —Pues verá. es un excelente perro guardián. lady Hoggin —dijo Poirot—. tan sensitivos como los niños.. señor Poirot. la señorita Carnaby cogió en brazos a Shan T ung. de aspecto petulante y cabellos teñidos de color rojizo. Con la respiración anhelante. —No sa be cuánto me alegro de oírle decir eso.. ¿Cómo pude ser ta a. —¿Qué ocurrió? La señorita Carn mpezó a hablar volublemente y con cierto . Ven con tu mamita. de apariencia agradable. desde luego —convino—. fue una cosa inicua. la aturdida señorita Carnaby. ven aquí. pero creo que debió tener más cuidado. Cójalo.. tan descuidada? Lady Hoggin comentó con acidez: —No quiero hacerle ningún reproch e.. y su edad po día cifrarse entre los cuarenta y los cincuenta años. inicua. No teme a nada ni a nadie . señorita Carnaby. La otra mujer se apresuró a obedecer y Poirot observó: —Un ve rdadero león. —Shan.. La mujer se sonrojó.d2g. —Por favor. Los pequin eses son terriblemente sensitivos. señorita Carnaby.. Lady Hoggin era una mujer corpulenta. Después de haber hecho las necesarias presentaciones sir Joseph anunció: —Bueno. cariño.004 http://biblio teca. El pobrecito S han Tung pudo morir de miedo o de cualquier otra cosa peor. señor Poirot. yo tuve la culpa —prorrumpió la aludida—. cué teme todas las circunstancias de este abominable crimen. Shan. profusa decoración y atmósfera caldeada. era rolliza. Pero es un buen chico.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. . cuénte e lo que sucedió.. Le dejo solo para que prosiga el asunto. La señorita Carnaby se apresuró a subrayar tal afirmación. Cuando entraron sir Joseph y Hércules Poirot.com 2 En un salón de grandes proporciones. un perrito pequinés corrió hacia ellos ladrando con furia y dando peligrosas vueltas alrededor de los tobillos del detective. Shan Tung salió a dar un paseo por el parque con la señorita Carnaby. —Sí. —Sí. se halla ban sentadas dos mujeres. Porque fue un crimen. —Y ahora..... Y hacie ndo una ligera inclinación de cabeza salió de la habitación. Su acompañante .. —¡Ay pobre de mí! Sí.

L a señorita Carnaby pareció a punto de echarse a llorar... el señor Poirot no pertenece a la poli cía. Dios mí ! Me temo que ahora. pero me dijo que no se había fijado. que debe usted pro ceder con mucho cuidado. Se lo garantizo. desde luego.. pues ya había dado su carrerita por el césped.com aturdimiento: —¡Fue una cosa extraordinaria! Estuvimos dando un paseo. La señorita Carnaby murmuró otra vez entre sollozos: —¡Oh. le cortarían las orejas y el rabo a Shan Tung.. No pude resistir la tentación de habl ar con su niñera y preguntarle qué edad tenía el bebé.. pero al fin no tuve más remedio que volver a casa. Llevaré a cabo las indagaciones de una forma muy discreta.. —En el correo de la mañana siguiente. como ha dicho la señorita Carnaby... «Diecisiete meses». —¿Y luego se recibió la carta? —preguntó. ¿Cómo puede haber gente tan mala? Lady Ho ntinuó: —Decía también que si mandaba el dinero en seguida me devolverían aquella misma no che a Shan Tung sano y salvo..004 http://biblio teca. Lady Hoggin prosiguió la relación.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.d2g. pero que si luego avisaba a la policía. Shan Tung pa garía las consecuencias. —De haber prestado más atención. de que Shan Tung estará completamente seguro.. —¡Qué horrible! —murmuró—. señor Poirot. cuando de pron to miré a mi alrededor y no vi a Shan.. Shan Tung iba atado con la correa. El detective se apresuró a calmar su ansiedad. —¿Y qué ocurrió luego? —preguntó Po —Miré por todos lados. en billetes de una libra. Me sonrió. nadie hubiera podido cortar la correa a hurtadillas —dijo lady Hoggin. aunque. Decía que si yo quería vivo a Shan Tung debía enviar dos cientas libras. lady Hoggin.. Pregunté al guardia si había visto a un hombre con un perrito pequinés en brazos. tenía unas m ejillas sonrosaditas y unos rizos adorables. La señor ita Carnaby calló y Poirot no tuvo ninguna dificultad en imaginar la escena que se guiría.. Ambas mujeres parecieron a liviadas de un gran peso al oír esto . a nombre d el capitán Curtis. 3. Estaba ya a pun to de dar la vuelta para regresar a casa cuando me llamó la atención un bebé que tomab a el sol en un cochecito.. una preciosidad de criatura. Seguí buscando.... Habían cortado la correa.. Y est y segura de que llevaba tan sólo un minuto o dos hablando con ella. La señorita Carnab y empezó a lloriquear. Lady Hoggin observó con ansiedad: —Ya comprenderá. como es natural... por paquete sin certificar. Puede tener usted la seguridad.. Bloomsbury Road Square. Añadía que si marcaba el dinero o avisab a a la policía le. —Yo no perte nezco a la policía.. me dijo. No supe qué hacer.

La entregó solemnemente a Poirot mientras le dirigía una mirada llena de esperanza. Ambas mujeres dieron un suspiro de alivio. estoy completamente segura de que ella no tiene nada que ver con es to. lle vando en la mano la correa del perro. debemos asegurarnos de su honradez.! Es una lástima. pero como le dije. Después cuidó por algún tiempo de una he na inválida que tiene.. En realidad. ¡y qué otra cosa podía hacer.. Pero Amy está muy encariñada con Shan Tung y se disgustó terriblemente cuando se lo quitaron. El detective había hecho lo que esperaban de él..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Mais oui —dijo—.. es una persona excelente. —Así parece —convino Poirot—. Tengo excelentes referencias de ella. La señorita Carnaby observó con v o yo guardo la correa del perro.. —Me la guardaré —anunció por fin Poirot. si se preocupó por un bebé y descuidó a mi cor zoncito! No. completamente tonta. No hay duda de que la cortaron.. Pero como el perro desapareció estando con ella. durante diez años. Las dos mujeres seguían sus movimie ntos con expectación. En aquel momento volvió Amy Carnaby. Estuvo con lady Hartingfield hast a que ésta murió. —¡Hum. es de completa confianza! Una buena persona..d2g. —¿Amy Carnaby? ¡Oh. He tenido varias señoritas de compañía y todas ellas han sido completamente ton tas. . —¿Y lo hizo así? —Sí. según creo.004 http://biblio teca. El detective examinó cuidadosamente la corre a. Y se la guardó en un bolsill con gran ceremonia.. Me dijeron que la enviara junto con e l dinero. un poco más sofocada. aunque algo s imple.com último y Poirot prosiguió: —¿Conserva la carta? —No. ¿Puedo ir por ella? La mujer salió de la habitación y Hércules Poirot aprovechó su ausencia para formular unas cuantas preguntas acerca d e ella. ¿Hace mucho tiempo que está al servicio de usted? —Cerca de un año.

. algo corpulenta. de todas clases. En el interior fue recibido por un ambiente lóbrego y un olor a coles cocidas con cierta reminiscencia de arenques ah umados. 39 y 40. Luego se dirigió al 3 Bloomsbury Ro ad Square. correspondían conjuntamente al «Balaclava Private Hotel». La conozco de vista. pequineses. perro salchicha. Poirot explicó ap resuradamente que la señorita Carnaby seguía todavía en su empleo. —Una mujer de mediana edad.d2g. pues trae el perrito casi to das las tardes. no parecía posible que la señorita Carnaby fuera otra cosa más que la mujer ato ntada y algo estúpida que aparentaba ser.. La vi cuando llegó y lo llevaba consigo. dice usted? —preguntó la señorita Hartingfield—. alemanes... hasta borzois. Hércules P oirot convino en que la señorita Carnaby tal vez no pudiera ser descrita de tal fo rma. Era una buena persona y hacía muy buenas migas con tía Julia... A la izquierda se veía una mesa de caoba sobre la que descansaba una melan cólica maceta de crisantemos.. . El hombre recordaba el inc idente. ¿Qué le parece? El parque está lleno de perros. aunque no precisamente una intelectual. es una buena persona. la recuerdo perfectamente.. ha bía perdido a su perrito pequinés. ¿Cómo quiere que me fije en un pequinés más que en otro? Hércules Poirot hiz o un pensativo gesto afirmativo con la cabeza. Colgado de la pared. Desde luego. sobrina de la difunta lady Hartingfield. encima de la mesa. Creo que se llevó un disgusto terrible cuando el perrito se le murió. parecía estar fuera de sí.. Los números 38.004 http://biblio teca. Se lo dejó a ella cuando murió y Amy estaba loca por él. Su siguiente gestión fue localizar al guarda del parque que habló con la señorita Carnaby la tarde de autos. Hace cosa de un año facilité informes de ella a una señora cuyo nombre empezaba por H. No le costó mucho lograrlo..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Estaba muy apurada cuando se le perdió. Vino corriendo a buscarme y me preguntó si había visto a alguien llevan do un perrito pequinés. Mi tía tenía un pequinés. Poirot subió los peldaños y abrió la puerta.. por lo visto. Sólo se trataba. Muy aficionada a los perr os y una excelente lectora. Poirot se las arregló para entrevistarse c on una encopetada señora.com 3 Hércules Poirot tenía la costumbre de no dejar nada sin comprobar. dijo .. terriers.. —A la señorita Carnab y le gustan muchos los perros. ¿Qué le ha ocurrido? Espero que no se encontrará en ningún apuro. de un pequeño incidente ocasionado por un perro que se extravió. Sí. para todo s los gustos. Aunque. Tenía también mucho tacto y nunca contrariaba a un enfer mo. —¿Amy Carnaby. un .

¿Capitán Curtis? ¿ yo ese nombre? Poirot no le ayudó a recordar. Deseaba saber si residió aquí últimamente amigo mío. Poirot llamó con los nudillos y como no recibiera respuesta. otro pasillo que derivaba en ángulo recto del primero conducía a lo que parecía ser el comedor de los huéspedes. ¿podría ver a la patrona? La muchacha lo miró con ojos apagados. Vio una gran mesa cubier ta de papeles. —No lo sé —respondió.. Salió. —Curtis. cuando el crujid o de unas faldas y un fuerte olor a violetas de Devonshire le anunciaron la lleg ada de la patrona. Po irot contempló pensativamente todo aquello durante unos momentos y luego abrió la pu erta que había a su derecha. —No sabe cuánto sient o que no me haya encontrado en la oficina — exclamó—. Correspondía a una especie de sala de estar. —No hay nadie en la «oficina» —explicó Poirot. llevando un cestito con cuchillos y tenedores. —Pues no le ir dónde estará. con algunas cartas en sus departamentos.d2g. La señora Harte era la amabilidad en persona. abrió y dio una ojeada al interior. iba de aquí para allí. Hércules Poirot enrojeció y volvió a cerrar la puerta.004 http://biblio teca. Tres señoras ancianas y un viejo caballero de fiero aspecto levantaron la mirada y contemplaron al intruso con expresión de grave reproche. Recorrió un pasillo hasta llegar al pie de la escalera. —Tal vez —prosiguió pacientemente el detective— podrá usted encontrarla. L uchacha lanzó un suspiro. —Bueno.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. .. vestida con un delantal suc io. con mesill as y ciertos mal llamados sillones recubiertos de cretona de dibujo deprimente. Hacia la mitad de este pasillo había una pue rta sobre la que un letrero rezaba: «Oficina». Un tal capitán Curtis. Poirot le dio las gracias y salió de nuevo al vestíbulo . ¿Desea alquilar alguna habitación? —N era precisamente lo que quería —murmuró Poirot—. A su derecha.com gran casillero recubierto de bayeta. sin atreverse a exponer su persona a las malévolas miradas de los que ocupaban l a sala de estar. veré lo que puedo h acer —anunció con triste acento. cerró la puerta de nuevo y e ntró en el comedor. Contemplaba el casillero recubierto de bayeta. Una muchacha de aspecto melancólico. pero en la habitación no había nadie. El detecti ve preguntó con timidez: —Perdone. La mujer sacudió la cabeza con obstin ación. —repitió la señora Harte—. Ya era bastante fatigosa su rutina diaria para que ahora viniera a colocarle esta nueva carga sobre sus deberes.

desde luego. Como comprend erá. sin embargo. —Si viniera su amigo. Espero que no sería nada importante. Poirot hizo un lento gesto afirmativo con la cabeza. Pero como. ¿debo entender que no se ha hospedado aquí el capitán Curtis? —preguntó Poirot. Aunque con alguna dificultad.004 http://biblio teca. Déjeme ver. —Cobramos un os precios muy moderados —dijo la señora Harte—. no tenía ninguna importancia.com —Entonces.. no. en realidad. Pero si pasado mucho tiempo nadie reclama las cartas o paquetes postales... puede suceder que la persona en cuestión llegue al poco tiempo de recibirse la carta. no. —Ya está todo explicado. la señora Harte. El café después de la comida está incluido en el precio de la pensión. —Comprendo —dijo—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. seguro. se hospedan aquí tantos militares r etirados. Debí ver se nombre en un sobre. el nombre me resulta familiar.. Poirot pudo escapar al fin.. los devolvemos a la estafeta de Correos. Registró el casillero. Me gustaría que viera una de las habitaciones. —¿Y qué hacen con esas cartas? —Pues las guardamos durante cierto tiempo. Y. Cuando Poi rot se dirigió hacia la puerta.d2g. —No está a hí —dijo Hércules Poirot.. Supongo que algunas ve es recibirán cartas para gente que no vive aquí. La cara de la señora Harte se iluminó. mamente. suele ocurrir. envuelta en el penetrante olor a vi oleta lo siguió. o se quedan por unos pocos días. ¿verdad? —Sí. Debí equivocarme.. Lo cierto es que escribí una carta a mi amigo y la dir igí a este hotel. Lo siento mucho. —No es probable. —Supongo que se la habrán devuelto al cartero. ¿Puede describ irme a su amigo? —Eso resultaría un poco difícil —se excusó Poirot—.. . —No.

significa niñera o enfermera. —¿Una nurse? ¿Una enfermera? —No. Después de todo..com 4 El salón de la señora Samuelson era más grande. señor Poirot. . La señora Samuelson era más alta que lady Hoggin y se teñía el cabello con peróxido. llorosa: —Todo ocurrió en un segundo. mucho más profusamente adornado y disfru taba de una cantidad más sofocante de calefacción central que el de lady Hoggin. Su señora comentó agriame te: —Y mientras la señora Kebler se inclinaba sobre el cochecito de un niño que nada t enía que ver con ella. era delgada y macilenta. pero hablaba tan volublemente como ésta. —Créame. Una nurse me pre guntó qué hora era. tartamudeó unas palabras y calló.. Dicen que los niños de Londres no tienen aspecto saludable. Clonnel Garden.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2... Sus ojos saltones miraron a Poirot con arrogancia. se trataba de trescient as libras. tan sólo tenía en mi mano la correa cortada. —Ellen —atajó la señora Samuelson. al salir de Harrods. 76. Sólo dos cosas eran diferentes: la suma de d inero solicitada.. fui yo misma a esa dirección. Poi rot avanzó un poco aturdido entre doradas consolas y grandes grupos escultóricos. Un chiquitín con unas mejillas sonrosadas. 1 Nurse. pues no quería ha cer colección de correas cortadas—..d2g. que ascendía a trescientas libras. Esta vez era el comandante Blackleigh. La carta y las amenazas de violencia respecto a las orejas y el rabo de Nanki Poo. fue la cosa más aso brosa del mundo. Kensington. acompañante de la señora Samuelson. Miré a mi alrededor y n o vi a Nanki.. También ha bía sido inculpada de la desaparición del perro. y la dirección a que debía remiti rse. una niñera1.. Llevaba un bebé oso. La señorita Kebler murmuró. ¿Tal vez le gustaría verla.004 http://biblio teca.. en inglés. no. parece que poco después recibió usted una carta. La s eñora Kebler. La historia era exactamente la misma. La señorita Kebler se sonrojó. La señora Samuelson prosiguió: —Cuando me devolvieron sano y salvo a Nanki Poo. al contrari o que la rolliza señorita Carnaby. señor Poirot? —De ninguna manera —se apresuró a contestar el detective. aquel atrevido pícaro cortó la correa de Nanki Poo y se lo llevó. en el Harrington Hotel.. El pequ inés se llamaba Nanki Poo. pero estoy segura de que. Todo ocurrió en un segundo.

Como es lógico.. —Nunca lo vi tan furioso. cuando lo abrió vio que sólo contenía unos recortes de papel.. Mientras esperaba a que acudiera la propietaria me guardé el sobre en el bolsillo.. lo sabe? —La señora Samuelson se volvió espantada hacia él.d2g.. antes de mandar e l dinero? —Claro que no —contestó con decisión la señora Samuelson. Tal vez le hubiera ocurrido algo a mi pequeñito Nanki Poo. chére madame.004 http://biblio teca. estaba fuera de sí. Pero por desgracia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —La primera cosa que vi fue el sobre en que había enviado el dinero... —comentó Poirot... El detective sonrió. el ladrón se cuidó de recoger el dinero antes de devolv er el perro.. Poirot la miró con expr sión inquisitiva y ella explicó: —No me atreví. mi marido se in comodó muchísimo al saberlo. —Como es natural.. ejem. completamente fuera de sí. —Allí no se había hospedado nunca nadie que se llamara comandante Blackleigh. Los hombres —dijo la señora Samuelson. Reemplazó los billetes por trozos de papel y repuso el sobre en el ca sillero para que no advirtieran su falta. Los hombres son muy especiales cuando se trata de dinero... —Desde luego. . completamente de acuerdo con él. —¿No se puso usted. mientras se ajustaba un elegante brazalete de diamantes y daba vuelta a las sor tijas que llevaba en los dedos— no piensan en otra cosa más que en el dinero. Poirot se encogió de hombros. —Eso es.. Jacob hubiera insistido en acudir a la policía y yo no podía arrie sgarme a ello. cuando todo hubo pasado tuve que decírselo a mi marido. —Po r desgracia —terminó Poirot—. e so es. porque debía explicar las causas de que hubiera puesto en descubierto mi cuenta corriente.com —Naturalmente. me tido en una especie de casillero que había en el vestíbulo. A decir verdad.

Al cabo de un rato. y con razón. —No tiene por qué preocuparse. —Enteramente. ¿Tiene algo nuevo que contarme? El detective contestó: —El asunto en sí es de una simplicidad encantadora. cuando tenga que informarme de alguna cosa. —Bien. Luego. una arrogante ru bia salió del despacho de sir Joseph. Por lo tanto.com 5 Hércules Poirot subió en el ascensor hasta las oficinas de sir Joseph Hoggin. Hércules Poirot nunca falla. nos enc ontramos con que la pista termina en un callejón sin salida. habrá llevado a cabo un excelente trabajo —opinó sir Joseph. el dinero se envió a una de esas pensiones u hoteles privados en los que no hay portero ni encargado de recepción y donde gran cantidad de huéspedes entran y salen continuamente. llevando en la mano gran cantidad de papeles . —Bien —sir Joseph se recostó en su sillón—: Ya sabe que ant la caída siempre está orgulloso uno de lo bien que sabe andar. incluyendo entre ellos un buen porcentaje de militares retirados . —Tiene usted mucha confianza en sí mismo.. Sir Joseph Hoggi n miró fijamente al hombrecillo. o retirar una c arta del casillero. Resulta. pues. facilísimo para cualquiera.d2g. . —Buen trabajo. no fracasaré. —Si llega usted al fondo de este asunto. Sir Joseph lo miró con curiosidad. Entregó su tarjeta y le anunciaron que sir Joseph estaba ocupado en aquel momento. ¿verdad? —pregu ntó. o puede sacar el dinero y reem plazarlo por recortes de periódicos. en todas las ocasiones. Ento nces. —¿Quiere usted decir que no tiene idea de quién lo hizo? —Tengo algunos proyectos. En cada uno de los caso s. Al pasar dirigió una mirada desdeñosa al estrambótico hombrecillo que esperaba. o bien puede llevársela. En la barbilla tenía una man cha de carmín. Siéntese. entrar en el vestíbulo. señor Poirot. Sir Joseph estaba sentado tras una inmensa mesa de caoba. mas harán falta unos pocos día s para llevarlos a la práctica. pero que le recibiría tan pronto le fuera posible.. —Iré a su casa.004 http://biblio teca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.

de Lieja. George? —Perfectamente. —Comprendido. señor. Al sur del parque. Un caso muy interesante.. si puedo llamarlo así. Y tenemos. se parece a un fabricante de jabón.com 6 Hércules Poirot. —Lo más probable será un piso o departamento pequeño.. Desearía que mi cliente me fuera más atractivo. Demuestra que hemos topad o con un verdadero talento para la organización. al este de la iglesia de Kesington. sentado frente a la estufa eléctrica. Debe encontrarse dentro de un aérea limitada. por desgracia. además. . pero. Poirot observó: —Es un caso curioso. al oeste de los cuarteles de Knightsbridge y al norte de Fullham R oad. que le producía una plácida satis facción por su diseño geométrico. —¿Has entendid . son responsables de u na gran cantidad de disgustos. la sorprendente invisibilidad del actor principal.004 http://biblio teca. que envenenó a su esposa pa ra poder casarse con una secretaria rubia que tenía. el propia león de Nemea.d2g. daba instrucciones a su criado y factótum. señor. señor. Fue uno de mis primeros éxitos. George sacudió la cabeza y dijo gravemente: —Esa rubias.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.

Poirot s ubía trabajosamente la angosta escalera de caracol.com 7 Tres días después. y no había ascensor. Por debajo de la puerta del número 10 salió un ruido qu e vino a romper el silencio. como si anduviera en sueños. La habitación era pequeña y estaba atestada de chismes. La seño ra Carnaby murmuró desmayadamente: —¿Lo sabe todo. no necesitamos esperar. Hoy. entonces? Hércules Poirot. por fortuna. sé —miró a la mujer del sofá—. éste es el señor Poirot. Y sin aguardar la respuesta pasó ade ante. el detective subía las escaleras de un humilde bloque de viviendas situada en una calleja que derivaba de una vía más transitada. —Sí.004 http://biblio teca.d2g.. el inapreciable George anunció: —Ésta son las señas. siguió al detective. ¡É el primer actor! ¿Cómo estás. que era el último. Veinte minutos después. Su hermana. La señora Carnaby. El agudo ladrido de un perro. Oprimió el botón del timbre. Poirot hizo un gesto afirmativo con la cabeza y sonrió ligeramente. es jueves. Los ladrid os crecieron en intensidad. asintió. George. cerca de la estufa de gas.. señor. Entre ellos se veía un ser humano. ¿Y qué día de la semana? —Los jueves. amiguito? Se inclinó y extendió la mano. A su derecha vio abierta la puerta de un saloncito y entró por ella. El número 10 de Rosholm Mansions estaba en el tercer piso.. señor. ¿verdad? La señorita Carnaby contestó mecánicam Emily. —L eves. Se detuvo para recobrar el ali ento en el último descansillo. un perrito pequinés saltó del sofá y avanzó lanzando unos cuantos ladridos recelosos. El perro la olfateó ientras sus inteligentes ojos no se apartaban de la cara del recién llegado. una mujer anciana t endida en un sofá. La señorita Carnaby dio un paso atrás llevándose una mano al amplio pec ho. Emily Carnaby dio un respingo y exclamó: —¡Oh! . —¡Aja! —dijo Poirot—. —¿Me permite que entre? —preguntó Hércules Poirot. Se oyó el ruido de unos pasos que se acercaban y se ab rió la puerta.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Por lo tanto. —Excelente.. Hércules Poi ogió el trozo de papel. Cuando entró Poirot.

han descubierto. No he sido capaz de ahorrar nada. Hu bo una gran pausa. movió la cola y luego resumió su escruti e la mano de Poirot. escapó sin esperar un momento y vino directamente a casa. Amy Carnaby preguntó con voz seca y dura: —¿Lo sab e usted todo. señor Poirot. y que tal vez me comprenderá. He sido una ladrona.. tomó asiento y puso a Augusto sobre sus rodillas. no tengo nada más que decir. Supongo que será difícil de entender para un c ero.004 http://biblio teca. hasta que por fin ni siquiera pue des pagar el . Sepa usted que he tenido una gran preocupación. Poirot cogió al perro con s uavidad. Y yo.. Quieren gente joven y activa. asegurará que cuando usted le habló llevaba consigo un perro de tal raza. No soy una mujer inteligente. Usted organizó este ne gocio. —Nada —replicó la señorita Carnaby—. sin fuego y con no mucho para comer. lo trajo aquí y luego se dirigió al parque.. De nuevo meneó la cola ligeramente. Estoy segura de que es usted un ho mbre bondadoso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.com —¡Augusto! —llamó su hermana.. La señorita Carnaby se enderezó orgullosa y con cierta patética dig nidad. He llevado a cabo mi tarea. —No. y la niñera. si alguna vez damos con ella..d2g. Además. Ocurrió todo de esa forma. La mujer que se hallaba tendida en el sofá empezó a llorar suavemente. Pero mientras conversaba con la niñera cortó usted la correa y Augusto. —Así lo creo. Salió con el perrito de su señora a dar el acostumbrado paseo. ni poseo preparación adecuada para desempeñar otr o oficio que el que tengo actualmente. contando con la ayuda de Augusto. en realidad? Poirot asintió otra vez.. —¿Nada en absoluto. El detective murmuró: —¿No tiene usted nada que decir. —Ya he capturado al león de Nemea. ¿y cómo podía hacerlo si tenía que cu idar de Emily? Y a medida que tenga más edad seré más incompetente y no habrá nadie que necesite mis servicios. pero llevándose a Augu sto.. pe rfectamente adiestrado. señorita ? ¿Está segura? —preguntó Poirot. El pequinés la miró. —¿Preocupación? —Sí. Conozco a muchas que se en cuentran en mi situación... no me pesa lo que hice. —Sí —dijo—. en su propi a defensa? Una mancha encarnada se extendió de pronto por las pálidas mejillas de la señorita Carnaby. como siempre. Cuando nadie te necesita tienes que vivir en un cuarto m iserable. me estoy haciendo vieja y el porven ir me aterra. El guarda la vio acompañada de un pequinés. Pocos minutos después dio usted la alarma diciendo que le habían robado el perro.

Tal como creemos que son los chinos.! Aunque nun ca tuve la impresión de serlo. —Amy fue siempre una gran organizadora. Lady Hoggin. y lo laneé todo. Supongo que me comprenderá. Hay muchísimas mujeres como yo . pero. Cualquiera que entienda algo de perros no confundirá a Augusto con Nanki Poo. —Y ver cómo mal tan el dinero. Poirot hizo una peq ueña reverencia y dijo: —De acuerdo. —Así fue como —continuó hablando— algunas de nosotras nos unimos.. por ejemplo. Nuestro padre. no se cansaba de repetir que Am y era un verdadero genio planeando cosas.com alquiler. El detective levantó las cejas. Infringía y.. y yo no los tengo.. Pero.. sin nada más en perspectiva que un miedo mortal a la vejez. . Y lo que más enfurece es e! no poder decir nada ni contestar como se merece. Contando t ambién con el hecho de que la casi totalidad de las señoras adineradas tienen perros pequineses. eso es lo que soy.. pero no resulta fácil entrar en ellos si no se tienen amigos influyentes. Y más cosas por el estilo —la señora Carnaby enrojeció—. En realidad fue Augusto quien me lo sugirió.. es irritante. nunca mi de el alcance de las palabras que me dirige. —Ha debido ser un sustancioso. compréndame..004 http://biblio teca. Augusto me dio la idea.. Emily Carnaby intervino. desde luego. Amy Carnaby exclamó: —¡Yo una delincuente! ¡Dios mío... —¿Qué sintió. con Shan Tung y con otro pequinés.. Aunque.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. señorita. ¿Cuántas compo en la banda? ¿O tal vez sería mejor preguntarle si han llevado a efecto con éxito esta s operaciones frecuentemente? La señorita Carnaby contestó: —Shan Tung hizo el número di ecisiete. —Le felicito.. Augusto es mucho más inteligente y más fino. pobres seres inútiles.d2g. como le dije. Ella se encargaba en todas las ocasion es de los preparativos para las fiestas y tómbolas de caridad. que fue vicario de Kellington. en Essex. —La comprendo a la perfección —contestó Poirot. Como delincuente. Sir Joseph nos relata . es usted de las mejor es. desde luego. entonces? —Tiene usted mucha razón.. Existen asilos. Todo ello es realmente desagrada ble. para la mayoría de la gente.. ¿cómo se lo explicaría? Casi todas esas mujeres que utilizan nue stros servicios son groseras y desagradables. Ya sabe usted que para much a gente un pequinés es exactamente como otro. Su organización tuvo que ser e xcelente. Poirot sonrió. es ridículo pensar una cosa así. El otro día dijo que el tónico que suel e tomar tenía un gusto raro y prácticamente me acusó de haber estado manipulando con él. Su voz tembló.. negocio —dijo—. un pequinés no se diferencia de otro.

Dígame. —Un moderno Robin Hood —comentó oirot—. En mi fuero interno imaginaba lo que yo sentiría si fuera Augusto el amenazado y. como es natural. las propias señoras se encargaron d e echar las cartas en el buzón. —Ya sabía yo que lo daría. me di cuenta de que el secuestro de Shan Tung con stituía uno de los eslabones de una cadena. las señoras de compañía se encargaban de depositar la carta en Correos. —Y no obstante.. la cual. además. no iba a perjudicarse por la pérdida. Pues bien. cosas que en la mayor parte de las ocasio nes me parecen francamente deshonestas. Pero antes abríamos los sobres utilizando el vapor. señor Poirot. No se menosprecie nunca a sí misma. Su actuación del otro día. ¡Eso era inevitable! Después de la entrevista que sostuve con la señora Samuelson. Hércules Poirot suspiró. —Su ps icología es excelente —dijo—. pero no hay nada que falle en su cerebro. Puede ser usted l o que llamamos una mujer inexperta.. sacábamos los billetes y los reemplazábamos con recortes de papel. Pero eso no presentaba muc has dificultades. Entonces. todo esto me tr astornaba y creí que si le quitaba un poco de dinero a esta gente. por otra parte quería estar segura de que las in teresadas no dirían nada a sus maridos hasta que hubiera pasado todo. Por lo tanto. ¿hubiera usted llevado a cabo alguna vez las amenazas que intercalaba en sus cartas? —¿Amenazas? —¿Hubiera llegado a mutilar a los animales en la forma que detallaba? La señorita Carnaby lo miró con horror. creí que aquello no estaría mal. El plan dio un magnífico resultado en todas las ocasiones. ¡Nunca h ubiera hecho una cosa así! Eso era tan sólo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Amy Carnaby sonrió con desgana. La organización irreprochable y.. un toque artístico.004 http://biblio teca. Dio bue n resultado. En resumen. ni se puede dudar de su valor. Ya me . cuando me entrevisté con lady Hoggin.d2g. —Sólo por mí. es usted una magnífi a actriz.. al fin y al cabo. De todos es sabido que las viejas se vuelven locas por los be bés. señor Poirot. señorita Carnaby. En el noventa por ciento de los cas os. tuvimos que ir hasta el hotel a que iban dirigidas y cogerlas del casillero. no tuvo el menor fallo. señorita Carnaby. si bien he de reconocer que mi cabeza no comprende los misterios de las finanzas.com a veces los coups que da en la City. era completamente natural que al quedar absortas por uno de ell os no se dieran cuenta de lo que sucedía a su alrededor. En una o dos ocasiones.. —¿Y la cuestión de la niñera? ¿Hubo tal niñera en todos los casos? —Pues usted. —Claro que no. he sido descubierta. había tenido pocos escrúpulos en conseguirlo. —Muy artístico. señor Poirot..

Luego se leva ntó.004 http://biblio teca. Ello me anima a pedirle un favor. Augusto posee la piel de l león que lo hace invisible. a través del tránsito callejero? —No. por no ser menos. ¡Y todavía conservan el corazón del rey de los animales! —Supongo que Augusto será el perro que le legó lady Har tingfield y que. su hermana dio un grito de júbilo y Augusto. Pero si puede. Fue muy sencillo. señorita Carnaby. Me imagino que podré entrar en la prisión con nombre falso. sí. . El detective cogió el dinero y lo contó. De acuerdo con lo que dice l a leyenda. dirigiéndose al perro—. Este negocio debe terminar. ¡Se acabó! —Sí. los pequineses fueron leones en tiempos pasados.com había enterado de que había heredado usted un perro pequinés y que tenía una hermana invál ida. señor. No deben desaparecer más perros. señor Poirot! Amy Carnaby juntó las manos. y para los pocos que nos conocieron e n otros tiempos. Pero antes que nada. amigo mío —dijo Poirot. desearía me pudieras dar una de tus cualidades. ocupado por una señora inválida que tuviera un pequinés y una hermana que la visitara una vez a la semana en su día libre. Augusto sabe muy b ien lo que hacer. señor Poirot. conseguiré convencer a sir Joseph para que no pres ente ninguna demanda. abrió un cajón de una cómoda y volvió. ¿No la preocupó nunca el dejar que vini era solo a casa. —Y en cuanto a ti. ladró y movió la cola como gratitud haci a el detective. desde lu go. Tu manto de invisibilidad. —Posiblemente. —En ese caso —opinó Hércules Poirot—. ¿Cree ust ed que sería contraproducente solicitar una cosa así? —Me parece que podré hacer algo me jor que eso —contestó Poirot—. Ya sé que no puedo eludir el castigo que merezco por lo que he hecho. Supongo que me enviarán a la cárcel.. llevando en la mano un puñado de billet s envueltos que dio a Poirot. —¡Oh. En todos esos casos nadie sospechó que había un segundo perro complicado. Lo adiestré cuidadosamente para ello.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Desde luego. Amy Carnaby cruzó la habitación. según me dijeron. había muerto. —Y tiene que devolver el dinero que consiguió de lady Hoggin. quiero dejar bien sentada una cosa .. Amy Carnaby se irguió. Hasta sabe cuáles son las ca lles de dirección única. —Ha sido usted muy amable —dijo—.d2g. evite que se haga mucha publicid ad sobre el caso. Sólo tuve que rogar a mi insustituible criado que buscara un pisito. Sería penoso para Emily. Poirot. señor Poirot. es superior a muchos seres h nos. dentro d e un radio determinado.

Es curioso. Eso necesita que se piense un poco.. Sí.004 http://biblio teca. —Pero yo no soy un policía —prosiguió Poirot—.. Era un r ico fabricante de jabón. El financiero dobló el cheque y lo guardó en su bolsillo.. señor Poirot? —Mis honorar ios no van a ser muy elevados. Pero en ese caso. este asunto carecía de toda import ancia —hizo una pausa y luego prosiguió—: casi todos los casos de que me encargo ahora son asesinatos. ¿Consigu llevar a cabo su bravata? —Permítame que antes le formule una pregunta —replicó el detec tive mientras tomaba asiento—.com 8 Sir Joseph recibió a Poirot en el despacho de su casa.. dudo de que pueda ust ed recobrar nunca su dinero. Hablando en términos estrictos. hace muchos años. — lgunas veces. el parecido es extraordinario. que había tomado un . El personaje protagonista se le parecía mucho a usted. señor Poirot —dijo—. Hércules Poirot se levantó. —¡Maldita sea! ¿Quién diablos es e l culpable? —preguntó sir Joseph. Creo que podré recobrar intacto su dinero si no presenta demanda algun a. supongo que debería denunciar el caso por bien del interés público. —Es una lástima. Nadie lo hizo sin que pagara las consecuencias. —Si acepta el dinero no debe hacer preguntas —replicó Po irot. Envenenó a su esposa para poder casarse con su secretaria. Si hay al guna cosa que yo aborrezco. Actúo en este caso meramente para defender los derecho s de usted. —Eso creo yo —contestó secamente el financiero—.d2g. Un débil sonido salió de los labios de sir Joseph . —Bien. —¿Y son interesantes? —preguntó. —¿Eh? —dijo sir Joseph—. —Bien. me recuerda usted uno de mis primeros casos.. Como ya le dije. Pero aq uí de lo que se trata es del dinero.. Sir Joseph se sobresaltó ligeramente. Al fin y al cabo no sería su dinero el que se volatilizaría. ¿Y cuánto le debo a usted. Sir Joseph dio un enérgico puñetazo sobre la mesa. Mucha gente le aconsejaría lo mismo. en Bélgica. —Usted es el que ha de dec idir.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Sé quién es el delincuente y estimo posible presentar p ruebas suficientes para que le condenen. La cara de sir Joseph tomó un tinte violáceo. ¿Qué decide enton ces? —¡Quiero la «pasta»! Nadie se ha jactado de haberse quedado con doscientas libras d e mi propiedad. es que me estafen. fue hacia la mesa y extendió un cheque por doscientas libras que luego entregó a su interlocutor.

comentó para sí mismo: —Por lo tanto. sacó el cheque que extend iera Poirot y lo rompió en pedazos.004 http://biblio teca.com extraño color azulado. ¿entiende? Considere est o como sus honorarios. mis honorarios no hubieran sido tan cons iderables. . sir Joseph. con mano trémula. —El asunto queda zanjado. Hércules Poirot salió de la casa y cu ando llegó a la acera.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Dio la impresión de encogerse en el sillón dond e se sentaba. Tendré mucho cuidado. deberá tener usted un cui dado extraordinario con lo que hace. Poirot se inclinó hacia delante y advirtió: —Estimo muy conven iente indicarle. Miró a Poirot con o jos que parecían salirse de las órbitas. Después. El tono rojizo de sus mejillas desapareció. que.. estaba yo en lo cierto. Guárdeselos. La voz del financiero era casi inaudible al contestar: —No se preocupe. —Está bien. —Pero. sir Joseph..d2g. registró su bolsillo. —Haga con ellos o que le dé la real gana. —Los invertiré en una obra de caridad. dada su actual posición.

Son unos descuidados. —¡Es li sto el condenado! —dijo. ¿verdad? Sir Joseph se estremeció y levantó la vista. si no? —¿Averiguó s hombre acerca del rapto de Shan Tung? —Sí. Pero no tienes por qué pr eocuparte. —Claro que es eso. Cada vez hacen las cosas diferentes. —Eso debe de ser —replicó ella dubitativamente. ¿Qué podía ser. ¿Por qué será? Su marido rezongó: —Cosas de los farmacéuticos. este tónico tiene un sabor completamente di ferente.d2g. Hércules Poirot es un tipo muy reservado. Ha conseguido recuperar el dinero.com 9 Lady Hoggin dijo a su marido: —Es extraño. como si sintiera la invisible presencia de Poirot detrás de su hombro derecho. Ya no sabe tan amargo como antes. Y añadió para sí mismo: «¡Greta puede irse al diablo! ¡No voy a ju me el cuello por una rabia platino!» .004 http://biblio teca. —Es un hombre curioso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¿Quién fu e? —No me lo dijo.

Piensa dónde podrías esta a estas horas. . Hércules Poirot.. »Suyo afectuosamente. —En Woorwood Scrubbs... ¿no es verdad. .d2g. o sus amigas.com 10 —¡Oh! Amy Carnaby miró. Lanzó un suspiro. Augusto? Se acabaron los paseos por el parque con tu amita. —¡Mi pequeño Augusto! Qué lástima..004 http://biblio teca. —¡Emily! ¡Emily! Oye est clamó. Has tenido una suerte inaudita.. el cheque de doscientas libras. Pero ya pasó todo. ¿o en Holloway? —murmuró Amy—. «Apreciada señorita Carnaby: «Permítame ofrecerle una pequeña aportación a su merito colecta. Aprende cualquier cosa.» —Amy —dijo su hermana—. Con listo que es. antes de que quede cerrada definitivamente. y unas pequeñas tijeras. incrédula..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.

para hacerle una petición bastante extraña... parecía como si le fuera dificultoso llegar a tratar el asunt o primordial de su visita. Con un tono desesperanzado en su v oz. Tome asiento otra vez. Calló y Hércules Poirot acabó la frase: —¿Que tal vez se le pudiera ayudar? Muy bien. no sé qué hacer. Estuvo enferma durante algunos años.. Oldfield refunfuñó: —No sé por qué pensé que t z. Además... Cuénteme su problema. —¿Qu s lo que empeora? —Los rumores. Y sin embargo. —Respecto a ese punto. No puede usted HÉRCULES . según supongo. Es muy sencillo..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. quizá pueda ser así. mas nunca llegué a suponer que llegaran a tal extremo —adelantó un poco la silla e n que estaba sentado—. —Sí. —Cálmese. Tartamudeando ligeramente dijo: —He venido a verle. Tenem os pues. permíta me que sea yo el que opine — observó Poirot.. Y ahora dicen. El doctor Oldfiel d tendría unos cuarenta años. Oldfield se irguió y Poirot se dio cuenta de nuevo de cuan preocupado parecía aquel hombre.. que usted no envenenó a su señora.com capítulo II LA HIDRA DE LERNA 1 Poirot pareció animar con la mirada al hombre sentado frente a él. Hace poco más de un año murió mi mujer.. casi me i nclino a no seguir adelante. Yo.. ¡que la envenené! —¡Aja! —exclamó el detective—. señor Poirot.. Usted practica la medicina en un distrit o rural. en Berkshire. Oldfield dijo: —No sacaría ningún provecho acudiendo a la policía.. Su cabello rubio le griseaba en las sienes y los ojos azules tenían una expresión preocupada. Pues ahora me doy perfecta cuenta de que es un asun to sobre el cual posiblemente nadie pueda hacer nada. Siempre estuve se guro de que era un pueblo donde la gente se dedicaba en gran escala a la murmura ción.. cada día que pasa empeora la situación.. todos dicen q ue yo la maté. Y ahora que estoy aquí.d2g.004 http://biblio teca. Estaba algo turbado y sus maneras denotaban incertidumbre. señor Poirot. No podría hacer n ada... ¿Y la envenenó usted en r r Poirot! —exclamó el doctor Oldfield levantándose.. En Market Loughborough.

contra este tejido de mentiras y sospechas. Hércules Poirot permaneció callado durante unos inst antes y luego observó: —No diría yo tanto.. —Eso es —convino el doctor Oldfield—.. Tenía cinco años más que yo.. que t enía nueve cabezas y no podía ser destruida. —Sí.. su señora murió hace poco más de un año. y en cada uno de ellos.. No puede hace rse nada. nacían dos para reemplazarla. Luego. Venía padeciendo de trastornos gástricos desde hacía bastante t iempo.. contando con usted como último recurso. El rumor es exactamente igual que la hidra de Lerna... He recibido una o dos cartas.. Dur ante los diez últimos años se han producido. —Y los síntomas de una inflamación gástrica. . la víctima ha sido enterrada sin que se so spechara nada. y los del envenenamien to por arsénico son muy parecidos. Notaba que la gente se mostraba menos cordial. cuénteme algo más sobre las circunstancias que dieron lugar a tan maliciosa murmuración. —¿Hacía mucho t estaban ustedes casados? —Quince años. achacándose la muerte.com imaginar lo que he tenido que pasar. señor Poirot. No sé cómo he de luchar tra esto. en el certificado de defunción.. que existía cierta t endencia a evitar todo encuentro conmigo. la gen te cambiaba de acera para no hablar conmigo. M e gustaría destruir el monstruo policéfalo.. Un hecho que todo el mundo sabe hoy en día.. doctor Oldfield.. Poirot afirmó co n aspecto pensativo. Hasta en la calle. ¿Cuál fue la causa de su muerte? —Una úlcera gástr e hizo la autopsia? —No. Adonde quiera que vaya tengo la sensación de que se habla en voz baja . Según me ha dicho... Al principio no me di cuenta de lo que sucedía. por lo menos. porque tan pronto se le cortaba una de ellas.. y yo no sé qué podría hacer para evitarlo. ¿Cómo se puede refutar una c osa que nunca se dice cara a cara? Soy impotente.d2g. pero no creo que pueda hacer algo por mí. Pero antes de ello. ¿Su señora era más joven que usted? —No. no puedo encontrarle una sal ida a esto. de que ojos hostiles me vigilan. Hizo una pausa y luego prosiguió: —Y..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. y lenta y despiadadamente me están buscando la ruina. cuatro sensacionales caso s de asesinato. repugnantes. Su problema me interesa. a desórdenes gástr icos.. ¡nada! Vine a verle. pero todo lo achacaba a mi reciente desgracia familiar..004 http://biblio teca. la cosa se hizo más patente. Poirot asintió. Cada día acuden menos pacientes a mi consultorio. mientras las lenguas maliciosas van vertiendo su veneno mortal..

—No existe ninguna dama en el caso —dijo—. La expresión de su cara era fría y dur a... na mujer muy sensata y competente. una criada de confianza? —Una enfermera fija.004 http://biblio teca. posiblemente. —Le bon Dieu ha dado lengua hasta a las personas más sensatas y competent es. —¿Nada de peleas ni escenas? —Bueno.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. de que no la cuidaba. tendía siempre a enojarse y a no encontrar nada a su gusto.. y de que habló todo el mundo! Ahí tiene usted todos los materiales que se requieren para iniciar un sabroso escándalo pueblerino . Poirot asintió de nuevo y comentó: —Sí. Mi esposa era lo que se pudiera llamar una mujer de trato difíci l. El doctor Oldfield se levantó. Siento mucho. Me hubiera gustado ayudarle. —Ya se la he dicho. No creo que sea ella quien haya empezado las habladurías. ¿Quién es ella? —No lo comprendo —el doctor Oldf ield enrojeció a impulsos de su irritación.com —¿Dejó algunos bienes al morir? —Sí. Había días en que nada de lo que yo hi ciera la complacía. haberle h echo perder tanto tiempo. de que hablaron los criados. Poirot prosiguió: —¿La cuidó alguna enferm era? ¿O una señora de compañía? ¿O. El médico se de tuvo y dio la vuelta. sonriendo. —Yo también lo siento —observó Poiro t—. monsieur Poirot. ya conozco a esa clase de muje res. Dejó aproximad e unas treinta mil libras. Se dirigió hacia la puerta. —Una suma muy bonita.. a menos que me cuente usted toda la verdad. Por lo tanto.. y no siempre la emplean con cordura. —Lo ha comprendido usted exactamente —dijo. tal vez.. La c ara de Oldfield reflejó la verdad encerrada en las conjeturas del detective.. Le estoy preguntando por la dama con quien su nombre se ha visto mezclado. Poirot comentó suavemente: —Yo creo que me h a entendido muy bien. —¿Estaba usted e uenas relaciones con su esposa? —Claro que sí.. Estaba en muy buena posición económica. ¡No tengo ninguna duda de que la enferm era habló. . pero no puedo hacer nada.d2g. —Char es Oldfield titubeó—.. Se quejaría. Estaba enferma y se preocupaba mucho por su salud. de que se la despreciaba. —No. Su caso me interesa. Y ahora le voy a preguntar otra cosa. ¿Se la legó a usted? —Sí.. de que su marido estaba cansado de ella y de que se alegraría cuando muriera.

debe usted volver a tomar asiento y contestar a la pregunta que le hice antes. Eso es psicología elemental. dijo: —Me figuro que tal v ez hayan hablado acerca de la señorita Moncrieffe. Pero cuando están convencidos de que el asesinat o se cometió con el fin de que el hombre pudiera casarse con otra mujer. ¿cree acaso que no conozco la mentalidad femenina? Las murmuraciones de los pueblos s e basan siempre en las relaciones entre un hombre y una mujer. ¿No es verdad que dejó de gustarle su mujer desde . El doctor Oldfield replicó con enérgico y seguro acento: —¡Simplezas! En ninguna ocasión le dije a Jean Moncrieffe cosa alguna que no pudiera oír mi esposa. Por pequeñas e inconcretas que sean las pruebas.. Si un hombre enve nena a su esposa con el fin de poder hacer un viaje al Polo Norte.004 http://biblio teca. voy a hacer cuanto pueda en e ste caso. fundamentalmente siempre tienen razón. sin preocuparse d e las apariencias convencionales o sus propios sentimientos. Lentamente. —¿L resultaba simpática a su esposa? —Ejem. Pero e so no altera la veracidad de cuanto le acabo de decir —Hércules Poirot se inclinó haci a delante y con voz apremiante añadió—: Doctor Oldfield. Existe un aforismo comercial que dice que el cliente siempre tiene razón. por inmotivados y extravagantes que parezcan.. Poirot prosiguió: —Por consiguiente. —Tal vez. no hay cuidado de que sus conveci nos se tomen el menor interés por él.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. pues no.. lo mismo ocurre con el marido o la esposa que sienten celos. casi con repugnancia.. Pero le diré algo más. las habla durías crecen y circulan. Jean Moncrieffe es mi ayudante. Pero necesito que me sea usted absolutamente franco. Oldfield replicó con irritación: —¡Y no soy responsable de lo que piensen un hatajo de malditos murmuradores! —Desde l uego que no. no del todo. o para disfru tar de la paz que depara la vida de soltero. Ruborizado en extremo. ¿ver dad? Pues bien. —¿Ha trabajado durante mucho tiempo con usted? —Tres años. e l médico volvió a ocupar su asiento. Basándome en mi experiencia puedo asegurar que los celos. —Los celos de las mujeres casadas son proverbi ales.d2g. siempre están fundados en hechos re ales. una muchacha muy agradable.com —¿Por qué insiste en que hay una mujer relacionada con el asunto? —Mon cher docteur. —¿Estaba celosa de ell a? —¡Hubiera sido absurdo! Poirot sonrió.

—¿Y por lo que respecta a esa muchacha? Un tenue sudor cubrió la frente del médico. dar mayor publicidad al asunto y hacer que la gente dijera: «No se ha podido probar na da... este asunt o acabará conmigo —dijo al fin—.. doctor O ldfield: me encargaré de su caso. tal vez mi nombre fuera vindicado.. fui para ella un buen marido. —Dígame. le hubiera pedido que se casara conmigo hace tiempo. con franqueza. —¡Por fin hemos llegado a los hechos verdaderos! —comentó—. .004 http://biblio teca. ¿hay algún modo de er salir de esta pesadilla? —Siempre existe una manera adecuada —contestó el detective ..com cierto tiempo antes de que muriera? El médico no replicó en seguida. Pero debo tener esperanza. Mi mujer no me gustó nunca. monsieur Poirot . pero jamás est uve enamorado. Oldfield contestó con amargura: —¡No será la verdad lo que me perjudi que! Titubeó un instante y luego añadió: —Sepa usted que estuve considerando la posibili dad de presentar una demanda por difamación. a no ser po r todo el escándalo y las habladurías que se han producido — confesó.. presie nto que será usted capaz de hacer algo por mí. De cualquier forma. Si pudiera atribuir una acusación concr eta a alguien. Algunas veces he pensado en el lo.. Según creo. Poirot se recostó en su asiento. —Eh. Seré sincero con usted.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.d2g. mas en otras creo que tal proceder sólo serviría para empeorar las cosas. Pero recuerde que lo que sacaré a la luz será la ver dad pura y simple.. —Le. pero cuando el río suena. Eh bien.» Miró a Poirot.

Era una muchacha alta de cabel lo cobrizo y de firmes ojos azules. Su tono carecía de entusiasmo. cesen de habl ar así.d2g. y no es que quiera decir que ex ista algo equívoco entre los dos. no! estoy completamente segura de que no hay nada de eso. A la mañana siguiente de su llegada ..004 http://biblio teca. lo que dirán será: «Desde luego. No me refiero a un animal de carne y hueso. George. acaso? —le pre guntó Hércules Poirot. Lo hizo en la posada del pueblo. —¿De veras. no cuidó de ella como debiera y. —Debe existir una manera de abordar la situación —replicó P irot sosegadamente. ¡Oh. —¿De qué forma? —la muchacha profirió estas palabras con desdén— Quizá ir a visitar a todas las viejas murmuradoras y decirles: «Por favor. aunque la verdad es que. Daba la sensación de estar siempre vigilante y en guardia contra los demás. Tenía la cara sonrojada y respiraba con . A veces es difícil precis ar cómo empiezan esas cosas. señor. señor. yo no creo esa historia acerca del doctor Oldfi eld y su mujer.. Los ojos de ella se fijaron en los del detective. No espere que e digan: «¿No se le ocurrió nunca que la muerte de la señora Oldfield no fue lo que pare ció?» No.» La joven se detuvo.. señor? ¿Algo parecido al monstruo de Loch Ness? —No tan palpable com o eso. —¿Qué puede usted hacer en este caso? —inquirió.com 2 —Nos vamos al campo.» Y ellas le contestarían: «Le aseguro que nunca creí esa patraña. —Desde luego. señor? —replicó perturbable George.. además. Estoy segura de que él no hubiera hecho tal cosa. —Sería mucho más fácil si el monstruo fuera un ser real. George —dijo Hércules Poirot a su criado. —De modo que el doctor Oldfield acudió a usted. No hay nada tan intangible y tan elusivo como el origen de una calumnia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.» Ahí está precisamente lo malo de esta cuestión. —¿No le parece bien. —¿De veras.. —Exactamente. No es conveniente para el pobre Oldfield. —Y el objeto de nuestro viaje es destruir un monstruo de nueve cabezas. tal vez. Ya sabía que pensaba hacerlo.. no me parece muy prudente tener como ayudante a una muchacha tan joven. tuvo su primera entrevista con Jean Moncrieffe. —No le comprendí. Hércules Poirot no se hospedó en casa del doc tor Oldfield.

La joven no pareció sorprenderse por la pregunta. me alegré cuando murió. Luego contestó: —Porq ue no le he dado ninguna esperanza... —Sí —convino Poirot—. —N o me lo ha pedido —replicó. —¿No cre e que la calumnia le seguiría adonde fuera? Ella se encogió de hombros. —¿No le parece algo raro? —preguntó Hércule t.com precipitación. —Lo mejor que podría hacer el doctor sería traspasar su clientela y empezar de nuevo en cualquier sitio. pero ahora. —¡Seré tan franca como usted guste! Cuando me di cuenta de que la gente decía que Charles se desembarazó de su esposa con el propósito de casarse conmigo. la muert de la esposa fue muy conveniente para usted.. —No. —¿Va usted a casarse con el doctor Oldfield. La muchach a respondió fríamente: —Sí.. —Debe arriesga rse. Lo quise desde el momento en que lo conocí. sabe usted muy bien lo que se dice por ahí —comentó Poirot. ¡Es usted anca en extremo! Ella sonrió con desdén. Poirot calló durante un momento.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. . Jean contestó con acritud: —La gente no tiene aquí muchas cosas para divertirse. ¿Y ué solución le daría usted a eso? Ella cerró la boca firmemente.004 http://biblio teca. —Al parecer. Esperé entonces que al n o verse ningún propósito de casamiento entre nosotros los rumores se extinguirían por sí solos. me pareció que si nos casábamos daríamos razón a todos. —Pero no ha sido así. durante un segundo. —¿Sí? —Aquí hace falta que se tomen medidas drásticas. —¿Por qué no? Los ojos de ella volvieron a fijarse en los del detective. —Entonces. escriba al Ministerio de la Gobernación. parecieron vacilar. p siblemente usted misma. —Tengo que hacerle una sugerencia —continuó el de tective.d2g. Le sugiero que alguien.. ¿verdad? —La señora Oldfield fue una muj er muy desagradable.. no lo fue. —¡Qué suerte encontrar a alguien que sea completam ente franco! — exclamó Poirot. Francamente. —¿Quie re usted casarse con Charles Oldfield? —volvió a preguntar Hércules Poirot. señor ita Moncrieffe? — preguntó por fin.

004 http://biblio teca. di ciendo que no hay nada que demuestre lo que causó la muerte. es conseguir que se exhume el cadáver y se haga la autopsia. Tal como dijo Jean. no hubo ninguna di ficultad en los trámites de la presentación. mademoiselle? La joven contestó impaciente: —Sé perfectamente lo que digo. —¿Sabe usted lo que está sugiriendo. Hércules Poirot no respondió de momento. si el veredicto es de que la muerte sobrevino por causas naturales. es posible. A est as horas de la mañana todas las viejas andan por el pueblo haciendo sus compras. y que puede probar que no fue envenenada de tal forma. —Buenos días. Qué día tan estupendo. Pueden pronunciar un diagnóstico impreciso. Ya sé cómo son esos análisis oficiales. mademoiselle? —preguntó por fin. Abrió los labios y luego los volvió a cerrar.. Pero hay otra s sustancias letales. —¿Por qué no? Con toda seguridad. —Permítame que le presente a monsieur Poirot. ni aun en el caso de que hubieran sido usados . y las malas lenguas volverán a murmurar con más malicia que antes.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. señorita Leather an.. los alcaloides vegetales. —En su opinión. El la retrocedió un paso. de una vez para siempre.. N os bastará dar un paseo por la calle Mayor.d2g. —¡Ah! ¿Le serí presentármela. Jean. Está usted pensando en un envenenamiento po r arsénico. —Buenos días. callarán las malas lenguas. de una manera casual. —¿Bien. de mediana edad. Poirot.com —¿Qué es lo que se propone? —Creo que la mejor forma de terminar con los rumores. entretant o. —No estoy de acuerdo con usted... Jean se detuvo ante la estafeta de Corr eos y se dirigió a una mujer alta y delgada. no la perdía de vista. en cuya cara destaca ba una nariz afilada y unos ojos agudos e inquisitivos. .. Al cabo de un año no es probable q ue se encuentren rastros de ellos. a ser posible? —No creo que sea difícil. ¿quién es el más inveterado charlatán del pueblo? — preguntó luego. —Si llega a pronunciarse tal vere dicto. La jov capacitó y dijo: —Creo que la señorita Leatheran es la peor víbora de todas. que estará en el pueblo durante unos pocos días. ¿verdad? Los astutos ojos de la mujer explo raron detenidamente al acompañante de la joven.

por co nsiguiente. Desde luego.004 http://biblio teca. hizo varios signos afirmativos con la cabeza. Y esto sí que lo sé. siempre me ha parecido..d2g. a la pobre señora Oldfield? Poirot.. hasta que murió. —¡Van a desenterrar a la pobrecita! —exclamó la señora Leatheran—.... —¡Ah. por favor —bajó la voz—.. que la enfermera sospecha algo. Tengo orden de informar sobre si hay suficientes motivos o n o para una exhumación.. Durante algún tiempo el detective fue refrenando con habilidad los intentos de la vieja solterona para hacerle hablar. se hizo el firme propósito de averiguar exactamente qué se proponía hacer en el pueblo aquel pequeño y raro extranjero. La enfermera Harrison. —¡Bien. bien! —la mujer exhaló con estas palabras toda una gama de emociones agradables.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. lentamente.. desde luego —la señorita Leatheran s e sintió halagada y emocionada hasta lo más íntimo de su ser—. Pu do ser. He conocer que es usted demasiado lista para mí. Adivinó usted mi secreto. —Como comprenderá. ¿no querrá usted referirse.com 3 Mientras mordisqueaba delicadamente una pasta y sostenía sobre las rodillas una ta za de té. Hércules dejó que la conversación se hiciera más confidencial entre él y la señor Leatheran. se inclinó hacia delante. pero por la forma en q ue habla se puede deducir. . Luego. Y. simplemente. He venido a este pueblo a requerimiento del Ministerio de la Gobernación. además. ¡ ror! Si hubiera dicho: «¡Qué estupendo!». de buena tinta. en lugar de: «¡Qué horror!». No hay duda de que el doct or Oldfield se ha portado de una forma rara desde que ocurrió la muerte de su muje r. No creo que ella haya dicho nada por ahí. El Ministerio de la Gober nación. Pero. es un asunto muy delicado —dijo Poirot—. no haga uso de esta información. —¿Cuál es su opinión sobre el caso. monsieur Poirot. las palabras hubiera drado mejor al tono de su voz.. señorita Leatheran? —Pue verá. está conforme con tal afirmación. se han dicho muchas cosas. Ya sabe cuántas habladurías infundadas circulan por ahí. ¿no le . él y su mujer no se tenían mucho afecto. ¿sabe usted?. el efecto de la pena que sentía. Pero yo nunca hice caso de ella s. que cuidó de la señora Oldfield durante tres o cuatro años. cuando juzgó que h abía llegado el momento.. La mujer había tenido la amabilidad de invitarlo a tomar el té y. con lo que consiguió excitar aún más la curiosidad de ella. señorita Leatheran! —exclamó—. —Desde luego. pero yo siempre dije que no había por qué asociarlo a una conciencia culpable.

. se lo aseguro.com parece? Poirot comentó con tristeza: —¡Existen tan pocos indicios sobre los que pueda uno trabajar.. —Me estoy convenciendo de que existen suficientes moti vos para iniciar una investigación —dijo solemne Poirot. Pensar que nuestro apacible pueblecito aparecerá en los periódicos. desde luego. ya lo sé.. —Desde luego —convino el detective—. pero si exhuman el cadáver lo sabrán todo .. con la autopsia y todo lo demás.004 http://biblio teca. si se piensa en las dificultades con que se tropieza hoy para encontrar servidumbre. y el de Crippen. —Ya han ocurrido casos como éste. . —¿Puedo fiarme de su discreción.. y el de aquel otro hombre no me acuer do de su nombre. la criada de los Oldfield. —Yo estaba pensando exactamente lo mismo —admitió Poirot.. Poirot sonrió y se despidió. en especial. agua lleva. y en toda la publicidad que se d ará al caso.! —Sí.. La miró con expresión inocente e inquisitiv a..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. mademoiselle? —¡Oh. La señorita Leatheran se estr emeció con aparente repugnancia. ¿verda ? Me refiero a los sirvientes. —No es muy agradable la idea —dijo—.. —Y. ¿no le parece? Y. desde luego. Siempre me pregunto si Ethel le Neuve fue su cómplice. El de Armstrong. desde luego. El detective se levantó. calculada para producir un nuevo lujo de información.. desde luego —dijo la señorita Leatheran. temblándole las aletas de la nariz con excitación—. estuvieron si empre demasiado juntos. desde l uego —siguió ella—. ¿no le parece? Y. En su fuero interno se es taba divirtiendo al contar las veces que repetía las palabras «desde luego».... Los criados están enterados siempre de muchas inter ioridades. Da la impresión de que el doctor Oldfield tuviera miedo de que ella supiera demasiado. fue d espedida casi inmediatamente después del entierro. posiblemente todo se reducirá a unas cuantas habladurías. —¿Eso le preocupa? —Un poco. Estoy algo chapada a la antigua. ¿verdad? Beatrice. saldrán a relucir muchas cosas. como dice usted. Desde luego Jean Moncrieffe es una muchacha muy agradable. desde luego! No diré ni una abra a nadie. pero los hombre s hacen muchas tonterías por una chica.d2g.. —Y. Entonces lo sabremos todo. Poirot no replicó. —Bueno.. no me atrevería a decir que influyera sobre él. Siempre me pareció una cosa rar a. Pues sepa usted que hay mucha verdad en el refrán de que cuando el río suena.... yo no diría tanto. monsieur Poirot. por ejemplo. es completamente imposible impedirles qu e se entreguen a la murmuración.

Estaba allí cuando murió la señora Oldfield. pero te agradeceré que guardes la más estricta reserva sobre ello. Fue Beatrice. Respirando con excitación.. eso cree. —Y ella cree que hubo. casi se desplomó sobre el paragüero. pr eguntó: —Oh. Encontrará la casa con fac ilidad.com En el vestíbulo. no he sido yo quien lo ha creído.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. señor. en las afueras del pueblo.. Gladys afirmó agitadamente: —Sí. cosa que no hubiera hecho de no haber sucedido algo irregular. porque después de ocurrir el fallecimient o se puso decididamente frente al doctor. Beatrice dice que la enfermera Harrison sabía algo. La enfermera Harrison. dijo: —He venido a investigar las circunstancias que concurrieron en la muerte de la señora Oldfield .004 http://biblio teca. Qu ería mucho a la señora Oldfield y tuvo un disgusto terrible cuando se murió.. al recoger el sombrero de manos de una doncella. ¿entonces fue el doctor quien lo hizo? —Así lo has creído desde hace ti o. . ¿no le parece? —¿Dónde está ahora la enfermera Harrison? —Cuida de la anciana señorita Bristow. Gladys. ¿no es cierto? —Bueno.. que así s e llamaba la chica. dice que la enfermera también está convencida de lo mismo. señor. Tiene un porche delantero sostenido por columnas.d2g. —Poirot seleccionó cuidadosa ente las melodramáticas palabras— «juego sucio».

ya s abía que circulaban por ahí esos desagradables rumores. —¿Quiere usted decir que la señora exageraba su condición? La enfermera asintió.. mayormente.. —S lo sé.004 http://biblio teca. —¿De veras? . La enfermera Harrison era una mujer. La enfermera Harri son se sonrojó. La señora Oldfield era una mujer m uy difícil de manejar. —dijo—... en principio. El detective notó que la expresión de zozobra reflejada en la cara de ella se ac entuaba aún más. quien inició los rumores y me figuro qué fue lo que le puso tal idea en la cabeza.d2g. estoy seguro —dijo Poirot— de que usted sabe lo que. —Creo. Pero la mujer se limitó a negar con la cabeza. falleció. —Bueno. su propia salud era. Veía su turbada confusión y su palpable incertidumbre. Tenía las serenas facciones de una madonna. guapa todavía.. —Y. c osa de su propia imaginación. Escuchó atentamente al detective y luego dijo con lentitud: —Sí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Tal vez —sugirió Poirot— e octor Oldfield y su esposa no se llevaran bien y eso dio lugar a los rumores. sin duda algun a.. —¿Estaba realmente muy enamorado de ella? La mujer titubeó. no lo podría asegurar. B eatrice. A la gente le encantan estas emociones.. con ojos oscuros. tal vez lo pueda conjeturar. dio lugar a todas estas historias. no estaba contenta de nada y hacía constantes peticiones de s impatía y atención que no siempre estaban justificadas. Hércules Poirot estaba sentado frente a la persona que. cuya edad rondaba los cuare nta años.. Creo que fue la criada. —No. —No. pero ha sido inútil.. sabía más cosas que nadie sobre las circunstancias que dieron origen a los rumore s. ya lo sé. El doctor Oldfield f ue siempre muy amable y paciente con su esposa. grandes y de expresión afable. La enfermera Harrison volvió a sacudir la cabeza con decisión. sin embargo —observó Poirot con gravedad—. —Sí.. El detective la contempló durante unos instantes. ¿verdad? —preguntó Poir ot...com 4 Poco después.. —Pero deb e de haber ocurrido algo que haya dado lugar a esas habladurías.. He hecho lo que he podido pa ra impedirlo.

. —¿Cuál fue esa conversación? La enfermera calló durante uno instante.. un f ragmento de conversación entre el doctor Oldfield y la señorita Moncrieffe.. resp ondió él. de veras que no. no! —la enfermera parecía horrorizada—.. como si e l doctor y Jean Moncrieffe estuvieran. Pero creo que debe de haber. ¿sabe usted algu na cosa más? ¿Algo que todavía no me haya dicho? Ella enrojeció y dijo con violencia: —No. La expresión turbada de antes volvió a reflejarse en su cara. —Fue algo que tuve ocasión de escuchar.. —¿Y no lo cree así usted misma? —No.. Hércules Poirot comentó: —Es posible que el Ministerio de la Gobernación ordene la exhu mación del cadáver de la señora Oldfield.. no. lo que hablaron podía tomarse en dos sentidos. ¡Qu terrible! —¿Cree usted que lo sería? . Nada puede salir mal.com La mujer habló con alguna incoherencia. Como podrá usted ver... desde lu ego que no. Luego dijo: —Ocurrió tres semanas antes del ataque que causó la muerte de la señora Oldfield.. querida. ¿Qué más podría saber? —No lo sé. sufrí una fuerte impresión.d2g... ¿Crees que todo irá bien?» «Desde lu .. como i comprobara la fidelidad de su memoria. te l o juro. algo Ella sacudió la cabeza. Volví a subir la escalera. Yo sabía que él sentía gran admiración por ella y que ambos eran muy buenos amigos.. Ellos se encontraban en el comedo r y yo bajaba la escalera cuando oí que Jean Moncrieffe decía: «¿Cuánto va a durar esto? N o estoy dispuesta a esperar más. de que había algo entre el doctor y la señorita Moncrieffe. por estas fechas. Po día significar tan sólo que el doctor sabía que su esposa estaba muy enferma y no podría sobrevivir mucho más. —Enfermera Harrison —dijo—-.. Dentro de un año..004 http://biblio teca.. La mujer hizo una pausa.. y no tengo ninguna duda de que esto fue lo que quiso deci r. bueno. aunque supongo que ella no lo a dmitiría nunca. Y estoy completamente segura de que Beatrice lo oyó también..» Ella repitió: «No puedo soportar esta espera. —¡Oh.. pero nada más. estaremos casados».» Y el doctor le contestó: «Ya queda poco. Poirot la miró escrutadoramente. no. —Ésta fue la primera noticia que tuve. pero para alguien como Beatrice debió parecer la cosa diferente..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. estuvieran planeando deliberad amente librarse de la señora Oldfield.. pero me había dado cuenta de que la puer ta de la cocina estaba abierta y desde entonces pienso que Beatrice debió de estar escuchando. monsieur Poiro t.

Sería terrible. pud iera ser una cosa favorable para él? —¿Qué quiere usted decir? —Si es inocente —dijo Poirot su inocencia quedaría probada.d2g.com —Creo que sería espantoso... Aspiró profundamente el aire y miró a Poirot. Puede imaginarse lo que se diría. Estrechó la mano de Poirot y salió precipitadamente de la habitación. Debo ir a ponerla cómoda an tes de que le traigan el té y salga yo a dar mi paseo. —No había pensad o en ello —dijo—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Vio cómo ella fruncía el ceño. —Es mi paciente . Ya se ha despertado de su siesta. Al fin y al cabo. es la única cosa que se puede hacer. perpleja.004 http://biblio teca. Sí. El detective calló y esperó a que la insinuación enraizar a en la mente de la enfermera Harrison. —¿No opina usted que. Una autopsia aclarará de una vez para siempre este asunto. y lue go se aclaraba su frente. Pondrá las cosas en su sitio y se acabarán esos chismes contra el pobre doctor Oldfield. . verdadera mente terrible para el pobre doctor Oldfield. en realidad. creo que tiene usted razón. monsieur Poirot. la señorita Bristow. Se oyeron uno s golpes en el techo y la enfermera Harrison se levantó de un salto.

El que quedará satisfecho seré yo. Poirot le dio las gracias y compró dos postales.. —Éste es un caso especial —respondió el detective.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Por sus ojos pasó un destello de interés cuando preguntó: —¿Tal vez será para eso por lo que quiere hablar con Beatrice King? Tod os vimos algo raro en la forma tan imprevista con que fue despedida. según creo lo habrá podido usted oír por ahí.. —Muy repentina. mi querido Poirot? ¿Está seguro de que en este caso debemos intervenir nosotros? Ya sabe a qué se reducen muchas veces esas habladurías de pueb lo. —¿ dicho? No le oigo. a nada en absoluto. dónde reside actualmente la criada que estuvo con el doctor Oldfield? Creo que se llama Beatrice. Ella ha hecho algunas insinuaciones b astante claras. sin embargo ... Una voz malhumorada sonó al otro extremo del hilo.. madame.d2g. y tal vez sea así. Poirot sonrió y murmuró: —No. Utilizando su tono de voz más atractivo... Alguien cre yó que la chica sabía algo.. Se dio cuenta en seguida de la peculiar expresión furtiva que adoptó la cara de la enc argada de la estafeta. —Nada. qu e vive al lado del Banco.004 http://biblio teca. Nada de particular. sépalo. Pero si todo esto resulta luego una alarma infundada. Colgó el teléfono. ¿verdad? —dijo la mujer—.com 5 Hércules Poirot se dirigió a la estafeta de Correos y pidió una conferencia con Londre s. —¿Beatrice Kin g? Desde entonces estuvo sirviendo en dos casas. pero sus ojos eran mucho más inteligentes de lo que sus maneras hubieran dejado sospechar.. —¿Qué obligación tiene de ir sacando a la luz estos asuntos. Su apariencia exterior era de estólida estupidez. Se limitó a repetir : —No sé absolutamente nada.. Cuando salió de la cabi na se apoyó en el mostrador de la oficina de Correos. No soy quién para decir lo que ocurrió . preguntó: —¿Por casualidad podría decirme. si lo cree así. Beatrice King era una muchacha bajita de aspecto mojigato y linfát ico.. Parecía. Tiene usted la desesperante costumbre de estar siempre en lo cierto .. un libr ito de sellos y un ejemplar de la cerámica local. —Bueno. Mientras efectuaba estas compras se las arregló para derivar la conversación hacia la muerte de la señora Oldfield. no quedaremos muy satisf echos de usted. Ahora está con la señora Marley. Ha dado mucho que habla r. que no sacaría nada de Beatrice.

. Es un poco egoísta. No soy de las que gustan escuchar detrás de las pu ertas y no tiene usted ningún derecho a decir que yo lo hice.com allí. No sé nada. me di cuenta de ello. —¿Eso es.. Y siempre he sabido qué está loca por el doctor.004 http://biblio teca. Era una medicina parecida al ag ua. entonce s. tal vez era algo más que eso. lo que había en la botella de la medicina? — inquirió.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. la enferme ra se la llevó otra vez a la cocina y la vació. la olió.. la vertió en el lavab o y volvió a llenar la botella con agua del grifo... No había más que ver la forma cómo lo mirab a. porque dijo que el té no estaba hecho con agua hirviendo. Claro que todo eso fueron cosas que acerté a ver. Poirot movió de nuevo la cabeza afirmativamente. La enfermera estuvo muy preocupada.d2g. Entonces pen sé que eran debidas a las costumbres minuciosas y exigentes que tienen algunas enf ermeras. Volvió a la posada y dio determi nadas instrucciones a George. Beatrice? —No le hacía nunca caso. Y una vez que la señorita Moncrieffe le preparó una tetera a la señora. .. Probó la medicina.. Poirot asintió y dijo: —¿Te gus taba la señorita Moncrieffe. No sé qué es lo que quiere usted decir con eso de que oí una conversación entre el doctor y la señorita Moncrieffe. —¿Qué botella? —Una de las botell de medicina que preparó la señorita Moncrieffe para la señora.. pero ahora no sé. Poirot pre guntó: —¿Has oído hablar alguna vez del envenenamiento por arsénico? Un estremecimiento ráp do y un furtivo interés se reflejó en el rostro adusto de la muchacha.

—¿Lo ahorcarán? —Tienen que probarse muchas cosas todavía. s usted el hombre que siempre tiene razón. —Ya sabía yo que había algo más —respondió Poirot—.. —Bueno —dijo—. —contestó el detective—. Poirot comentó con dulzura: —Ya sab usted que siempre la verdad ha de resplandecer.? ¿Es verdad lo que dicen. la conmoción había llegado a su más alto grado de temperatura. —Pero suponiendo.. pudiera haber resu ltado esto. que él n o tenga nada que ver con ello. Se ha encontrado arsénico en cant idad más que suficiente para causar la muerte.. —y se echó a llorar. Fue una cosa. monsieur Poirot. La enfermera Harrison exclamó: —Nunca p ensé.. Sería eniente que me lo dijera ahora. cuando se hicieron los prepa rativos para la exhumación. será absuelto. Ella sollozó. debí decirle antes. —¿Es ver dad..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. Supongo que esto le satisfará. «Entra el rum or. .... —Muy amable —replicó el detective.. Mas no pensé que. nada en absoluto. acceso al vene no.004 http://biblio teca. ni por un momento pensé. vehículo con que fue administrado.. analista del Departamento oficial. cuando le avisaron que una señora quería hablar con él.. regado todo ello con buen a cerveza. La excitación había empezado aunque suavemente.. Y ahora que los descubrimientos de la autopsia habían tr ascendido. Tenía el rostro blanco y ojeroso. en realidad.com 6 El doctor Alan García.» Al día siguiente Poirot tomó una vez más el tren para Market Loughborough. Oportunidad. —¿Qué es lo q le puso a usted sobre la pista? ¿Habladurías acaso? —Como dicen ustedes. con el zumbido de una c olmena. El pueblecito hervía de agitación. según creo... rara.. monsieur Poirot..... algo qu e. Se dirigió en derechura hacia Poirot.. Era la enfermera Ha rrison. monsieur Poirot? —Sí. —En ese caso —Poirot se encogió d e hombros—..d2g.. lleno de lenguas pintadas sobre él.. se frotó las manos e hizo un guiño a Hércules Poirot. Hacía cerca de una hora que Poirot estaba en la posada y justamente acababa de tomar una susta nciosa comida compuesta por carne y un «pudding» de riñones. La enfermera Harrison dijo lentamente: —Hay algo...

apretó el resorte y la cajita se abrió. Una muchacha competente. pero ahora sé que la señora Oldfield fue envenenada. Esto y seguro de que él no sabía nada. P or lo que veo. cuya vida podía durar años y años. Jean Moncrieffe estaba haciendo algo.» Jean Moncrieffe no deseab a que se hiciera la autopsia. Enamorada de un hombre l igado a una esposa enferma y quejumbrosa. Con el pañuelo sobre la mano. d e color rosa.. Estaba vertiendo en él unos polvos que contenía una de las botellas del a rmario de los venenos.com —No es mucho..d2g. —No sabe a nada en particular. Hércules Poirot suspiró. —¿Me perdona un momento? —dijo Poir t. cuando bajé al dispensario a buscar una cosa.. y puso rápidamente la botella en el armario para que no viera lo que era.. pero el hecho s ubsistía.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. resuelta. Cuando ella me vio se sobresaltó y cerró el estuche y lo guar dó en el bolso. —Esto no es polvo para la cara —elijo Grey. —calló de pronto. —contestó Poirot. de brillante color de rosa.004 http://biblio teca.. . En la man o llevaba un objeto envuelto en un pañuelo de seda. Salió de la habitación y telefoneó al sargento Grey.... —¿Sí? —Pero no lo estaba rellenando de polvos... Tomó un poco con la punta del dedo y lo probó con la lengua. —¿De veras? —Parece una tontería. —No. polvos para la cara qui ero decir. ya que.. —Lo hemos encontrado en el fondo de un cajón de la cómoda q ue hay en la habitación de la señorita Moncrieffe. Cuando volvió tomó asiento y tanto él como la enfermera Harrison guardaron silen cio.. Lo desenvolvió y lo depositó cuida dosamente.. pero he de tener especial cuidado. sus males eran principalmente imaginarios . Solamente que un día. eficiente. Tan sólo fue que ell a estaba rellenando su estuche de polvos para la cara. —No creo de ninguna forma que él supiera algo del asunto. Yo hubiera dicho que todo ello no tenía ningún significado.. Con la imaginación veía Poirot la cara de una muchacha pelirroja y la que con s u voz clara y fuerte decía: «No estoy de acuerdo con usted. —Lo malo de estas s. s egún lo dicho por la enfermera Harrison. —Ése es el que vi —ex clamó la enfermera Harrison.. Se abrió la puerta y entró el sargento Grey. un estuche esmaltado... dentro de una cajita de pañuelos. Dio una excusa bastante plausible. detective de la policía de Berks hire. —El arsénico blanco no tiene gusto alguno —dijo Hércules P oirot. Era un estuche esmaltado. no hay huellas digitales en él. —¿En qué piensa usted? —preguntó la enfermera.

George? —preguntó el detective. La mujer sepultó la cara entre las manos. estaba loca.. De acuerdo con las instrucc iones que tenia ya estaba yo en dicha casa. . Después volvió a su casa. El sargento Grey suspiró. Poirot tocó el timbre. —¿Puede usted explicar estos hech os. la enfermera Harrison.d2g. día dieciocho.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. La enfermera dio un respingo y miró fi jamente a Poirot con sus ojos grandes y oscuros. Puede decirse que en este pueblo nadie c ierra la puerta de la calle y entonces estaba anocheciendo. Miró a Poirot e hizo un signo afirmativo con la cabeza. es de un modelo y color que solamente se ha fabricado durante los tres últimos meses. Miró a la enfermera Harrison—. donde compró esta cajita. Tomó un autobús el día que he mencionado y fue a Darmington. señor. Hérc ules Poirot dijo: —Ha identificado usted este estuche de polvos. una semana antes de que muriera la seño ra Oldfield. Poirot se dirigió a la enfermera Harrison con voz dura y en tono mordaz. —Sí.com —Lo analizaremos en seguida —anunció Grey.. e l perfecto sirviente. Ése es el estuche que vi en poder de la s eñorita Moncrieffe cuando bajé al dispensario. No había arsénico en esa cajita cuando salió de l os Almacenes Woolworth. George dio un paso adelante. Y todo para nada. Siguiendo las instrucciones que me dio usted fui detrás de esta señorita para vigilar sus movimientos. s e dirigió hacia donde se hospeda la señorita Moncrieffe. —Digan a mi criado que venga. Más tarde... todo es verdad. George. lo compraba en los Almacenes Woolworth el vier nes. . dijo: —Es verdad.. como el que vio en poder de la señorita Moncrieffe.. ¿Puede usted jura que ésta es la misma caja? —Sí. Yo vi cómo es a persona. Después esta señora sal ió de allí creyendo que nadie la había visto. el mismo día. señorita Harrison. enfermera Harrison? Creo que no. pero sí lo contenía cuando salió de la casa de la señorita Brist ow —y añadió suavemente—: No fue usted muy prudente al guardar una reserva de arsénico en su poder. además. yo la maté.. fue vendida por los Almacenes Woolwor th hace unas pocas semanas y que.004 http://biblio teca. Con voz baja y empañada. Se sorprend erá de saber que esta cajita. por favor. —¿Ha visto este estuche antes de ah ora. en particular... hace cosa de un año. discreto y callado. Estoy segura. nada. entró y miró inquisitivamente a su señor. Vi cómo ella entraba en el dormitorio de la señorita Moncrieffe y escondía el estuche en el fondo de uno de los cajones de la cómoda. Lo pude ver muy bien por una rendija de la puerta.

Ella se hizo la ilusión de que si la s eñora Oldfield moría.. Fui a verla.... parecía ser una mujer agradable. Era el caso de una mujer c elosa y de un rumor falso. e n lugar de ello. con seguridad..com 7 —Debo pedirle que me perdone. pero el conocido refrán de que cuando el río suena. empezó a espa rcir el rumor de que el doctor Oldfield había envenenado a su esposa. ¿Quién empezó l as habladurías? No me costó mucho tiempo el descubrir que tal persona fue la enferme ra Harrison.. después de la muerte de la mujer se enteró que el doctor estaba ena morado de usted. el doctor le rogaría. a la original.. guiada por la cólera y los celos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. Me parecía que estaba usted empeorando las cosas. Así era cómo yo había visto la situación en principio —prosiguió el detective—. Me contó que la enfermedad de la señora Oldfield era. Eran palabras que podían haber sido imaginadas por la enfermera Harrison para ser utilizadas por ella misma en circu nstancias parecidas. Eran las palabras de una mujer mucho más vieja y de un tipo completamente diferente. monsieur Poirot —dijo Jean Moncrieffe—. »Por entonces —continuó Poirot— ya había considerado yo el asunto com o una cuestión simple en extremo. en su mayor parte . Pero. sostenida entre usted y el doctor. Poirot sonrió. Me había dado cuenta de que la enfermera Harrison era una mujer no muy vieja y todavía hermosa. El doctor la apreciaba mucho y le estaba agradecido por su tacto y simpatía.. Psicológ icamente era inverosímil. Sin perder momento. —Eso es lo que hice al empezar —dijo—. Pero.. las palabras que le atrib uía a usted no encajaban con su modo de ser.004 http://biblio teca. Si usted y el doctor habían planeado matar a la señora Oldfi eld. . Pero a poco de hablar conmigo cometió una gran equivocación: repitió una conversac ión que oyó. los rumores crecían y se multiplicaban. Algunas cosas que ella dijo sonaban un poco extrañamente. al igual que mi tocay o Hércules.. Al principio. terriblemente enojada. Estaba muy enoja da con usted. que se casara con él.d2g. agua lleva. Cada vez que se cortaba una cabeza nacían dos en su lugar. me venía a la cabeza una y otra vez. mi objetivo era llegar a la primera cabeza. eran ambos bastante inteligentes y equilibrados para no hablar de ello en u na habitación con una puerta abierta y donde podían ser fácilmente oídos por cualquiera que bajara la escalera o estuviera en la cocina. Además. Me pregunté si la enfermera Harrison había hecho algo más que esparcir un rumor. Era como en la vieja leyend a de la hidra de Lerna. había tenido un contacto constante con el doctor Oldfield durante cerca de tres años. mas esa conversación era falsa. inteligente y simpáti ca.

Hasta falsi fiqué el registro de los venenos. casi de repente.... Pensó para sus adentros: «Esos dos han salido de la sombra para disfrutar del sol. Poirot comentó con tristeza: —Sí. Hacer que la enfermera Harrison se pasara de lista.004 http://biblio teca... El doctor Oldfield intervino. que en realidad no sufría muchos dolores.com imaginaria. me figuré que la Harris on no dejaría piedra por remover con tal de verla complicada en el crimen. he .. El arsénico del armario de los venenos no coincidía con la cantidad que yo tenía anot ada.. Oldfield exclamó: —¡Jean. no. Consultó a otro médico antes de ocurrir el fallecimiento y su colega había convenido en la gravedad de su estado.. Di inst rucciones a mi fiel George. el más discreto de los hombres y a quien ella no conocía .... Y de esta forma. Pero sus emociones eran demasiado fuertes para el la —exhaló un suspiro y murmuró para sí mismo—: Ésa ha sido la lástima. Pero la última persona de quien hubiera sospechado era de la enfermera Harrison. La joven contestó lentamente: —Estuve muy angustiada. como una «madonna». Debía seguirla sin perderla de vista. Pero luego... Lo que pensé fue q señora Oldfield se había apoderado de él.? —No. y yo. Nunca podré darle bastantes gracias. Luego dirigió una s a al hombre de aspecto feliz y a la muchacha de cara vehemente que se sentaban f rente a él.. Una mujer tan femenina y tan dulce. No quedaba más que una esp eranza —agregó Poirot—. Por eso nunca dije nada sobre el arsénico que faltaba. todo acabó bien. ninguna sospecha recaía sobre su persona. Tú no.. y que lo estaba utilizando con el fin de producirse una dolencia y atraerse la simpatía de los demás. pero que por inadverten cia había tomado una dosis excesiva.. adelanté la propuesta de la exhumación. —Ha sido u sted maravilloso —comentó Jean Moncrieffe. El doctor y Jean Moncrieffe serían quienes pagarían las consecuencias.... La enfermera Harrison se asustó terriblemente ante tal idea. —Yo también. ¡Qué tonto y ciego fui! —¿Fue usted también tan c a. Aunque encontraran arsénico.. Si existie ra una posibilidad de que Jean Moncrieffe pudiera escapar. Su mue rte no le había sorprendido. Temí que si se practicaba la autopsia y encontr aban arsénico nunca tomarían en consideración tal teoría y llegarían a la conclusión de que tú lo habías hecho.d2g. de veras —di jo—.. Pero el propio doctor no t enía ninguna duda acerca de la realidad de la dolencia que padecía su esposa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. los celos y el odio se apoderaron de ella . —dijo Oldfield—...! ¿No creerías que. —Sí. A modo de ensayo. mademoiselle? —preguntó Poirot. posiblemente hubiera si do una buena esposa y madre.

com llevado a cabo el segundo "trabajo" de Hércules.» .004 http://biblio teca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.d2g.

aunque la reparación se realizara con toda rapidez. Su coche. Su arraigado sentido de la economía se sintió ofendido. En este automóvil y no en ningún otro se había p ropuesto continuar su viaje de regreso a la ciudad. El «Cisne Negro» registró cierta consternación ante la llegada de un huésped. no había tenido ningún éxito al querer arreglar las cosas. agitando los brazos y soplándose los dedos. Se arrodilló ante la gran chimenea de estilo victor iano y empezó a encender el fuego. Y su chófer. ordenó a la criada qu e se .d2g. Luego se sopló los dedos.com capítulo III LA CORZA DE CERINEA 1 Hércules Poirot dio con los pies contra el suelo buscando la forma de calentarlos.004 http://biblio teca. —Sí. Copos de nieve se deshacían sobre su bigote.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. con la nieve que caía. de lenta respiración y rechonchos contornos. El detective estaba contrariado. Hércules Poirot.. Pidió una habitación. Poirot rechazó la su gestión. El po sadero estuvo hasta elocuente cuando insinuó que el garaje del pueblo podría proporc ionar un coche para que el caballero pudiera seguir su viaje. y de los caros. su costo so «Messarro Gratz». un joven que disfrutaba de sustancioso salario. hasta la mañana siguiente. la amabilidad de encender el fuego? La chica salió y volvió al cabo de un rato tray endo consigo papel y astillas. una localidad que dur ante todo el verano estaba bastante animada. ¿Alquilar un coche? Ya tenía él uno. pero que en invierno parecía casi des ierta. Y de cualquier modo. Era posible que la joven no hubiera visto jamás una cosa como aquélla. fuego y comida. po r lo menos. no podría irse.. —¿Ha llamado usted? —preguntó. Dando un suspiro de desaliento.. grande. en el mismo momento en que empezaba a caer una buena nevada. Sonó un golpe en la puerta y apareció una criada. Era una muchacha campesina. que lleva ba como de costumbre unos elegantes zapatos de charol. a milla y media del lugar habitado más cercano. el posadero lo llevó hasta la habitación. El coche se había detenido definitivamente en una carretera secundaria. no se había conducido a la perfección mecánica que él esperaba de un a tomóvil. se vio obligado a recorre r milla y media que le separaba del pueblo de Hartly Dene. que miró con no poca curiosidad a Poirot.. Poirot continuó golpeando los pies.

Levantó la vista y miró con aprobación al joven que entró y se quedó parado. ha venido un hombre del garaje y desea hablar co n usted. un joven p astor de la Arcadia. pensó Poirot mientras miraba con agrado las vacilantes llamas y daba delicados sorbos a una taza llena de un lodo líquido eufóricamente ll amado café. No obstante. un joven sencillo con la apariencia externa de un di os griego..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. tenían un corazón de piedra. Un a hora más tarde. señor. Opinaba que existían en el mundo demasiadas fa lsificaciones en aquel aspecto. En realidad. —Perdone. El queso estaba duro y las gal letas blandas.» El muchacho habló con voz baja y ronca: —Es acerca del coche. Tampoco se podía alaba r la ración de manzana asada con natillas que siguió. Murmuró para sí mismo: «Sí.» El joven calló de pronto. —¿Qué es lo que se ha descompuesto? —preguntó Hércules Poirot. «He aquí —pensó Poirot—. Poirot reflexionó indulgentemente sobre lo que acababa de comer. señor.. las coles de Bruselas. llevando zapatos de charol. Poirot consideró benévolamente que la descripción que de él diera la joven a s us amigos les proporcionaría diversión para muchos días. un golpe diferente..004 http://biblio teca.. mejor era tener el estómago lleno que vacío. la c arne había sido dura y cartilaginosa. y el detective invitó: —Pase. Estará arreglado dentro de una hora o poco más. Sonó un golpecito en la puerta y apareció la criada..d2g. Se oyó otro golpe dado en la pu erta. La muchacha soltó una risita y se retiró. Poirot replicó con amabilidad: —Dígale que suba. el sentarse frente a un buen fuego era como encontrarse en la gloria. con aire confuso. grandes. uno de los más bellos ejemplares d la raza blanca que jamás vi. con los pies extendidos hacia el agradable calor de las llamas. asimismo. lo hemo s traído al pueblo y hemos encontrado el origen de la avería. Fue entonces cuando las cejas de Poi rot se fruncieron durante un segundo. las patatas. El j n se lanzó ansiosamente a explicar detalles técnicos y el detective movió de cuando en cuando la cabeza. Su primera reacción había sido . descoloridas e insípidas. La perfección física e ra una de las cosas que más admiraba.com cuidara del fuego y se retiró a discutir con su mujer el problema de la comida. y después de haber chapoteado p or senderos cubiertos de nieve. aunque sin escuchar lo que el otro le decía. dando vueltas a la gorra que llevaba en las manos. un dios griego..

pero la segunda fue mental. Cerró un poco los ojos con curiosidad cuando l evantó la mirada. —¿De veras? La cara del muchacho era ahora de color e scarlata... se trata de una muchacha. ejem. me dije. El mecánico tartamudeó: —Sí. señor. perdone.. —Eso es —contestó Poirot. No hay ningún inconveniente en ello.004 http://biblio teca. sí. ¿Qué es lo que quiere de mí? Las palabras s entonces como un torrente de la boca del joven.. El color de la cara del joven creció en intensidad. Sí.. Poirot se irguió en su asiento y dijo con sequedad: ... señor.. ya comprendo —hizo una pausa y luego añadió—: Mi c me explicó todo lo que acaba usted de explicarme detalladamente. Movía los dedos convulsivamente.. —Leí un ar ulo sobre usted en un periódico. —¿Buscarla? ¿Es que ha desaparecido? —Es o es. sabiend o quién es usted y de qué forma tan admirable resuelve los casos. bueno.. Quisiera saber si. si se encargaría usted de buscarla por mi cuenta.. ¿verdad? P oirot sacudió la cabeza. sí. Hércules Po irot acudió en su ayuda. —Eso demuestra que es usted muy concienzudo en s us cosas.. mas Poirot no esperaba que el otro se fuera. creo que debo consultarle. Pero ya que por casualidad ha venido usted a est e pueblo. —Comprendo —dijo—. señor. —¿Necesita usted que le ayude en algo? —preguntó. y acertó.. estrujando fuertemente la gorra. El joven asintió y con voz ronca dijo: —Se trata. es una oportunidad que no puedo desaprovechar. señor. ¿no es cierto que es us ted detective. Había en sus ojos una expresión de angustia y de súplica a la vez. —Temo que considerará esto como una desfachatez por mi parte. El jo ven no se movió. ¿verdad? —Ejem .. Pensé que sería preferible.. Hércules Poirot pr on suavidad: —Pero pensó usted que sería mejor venir en persona a decírmelo. Ya lo sé.d2g.. Vio el color subi r a las mejillas del muchacho y la súbita contracción de los dedos sobre la gorra qu e sostenían.? ¿Es usted el señor Hércules Poirot? —pronunció el nombre con todo cuidad o.. —¿De veras? —repitió—... De cualquier modo. En las últimas palabras había un ligero pero inconfundible acento de despedida.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. A l fin dijo con voz baja y turbada: —Ejem.com estética. señor.. Y más. Muchas gracias.

El d eño de la casa y los invitados estaban en el río. señor.. observó: —No puedo hacer eso. Cuénteme todo lo que ocurrió. Debía ser francesa. Ella se quedó allí mientras yo t rabajaba.d2g. sin descuidarse nada.. Acostumbra tr aer gente alegre y divertida. —¿De qué nacio nalidad era? ¿Inglesa? —No.. Sin embargo. es algo extraordinario.. Así es que nos pusimos a charlar. ni siquiera su nombre. la radio se estropeó y me llamaron para que la arreglara. Acercó una silla y se sentó cuidadosamente en el borde de ella. según creo. No se trata de una cosa así. y po r ello. ¿Cómo se llama usted? lliamson. Poirot asintió con la cabeza. —No tengo ni la menor idea. —P ertenece a sir George Sanderfield. Y esto ocurrió el pasado mes de junio. señ r. —Así es que fui a ver lo que pasaba —continuó el joven—.com —Sí. El muchacho restr egó los pies en el suelo y con acento indeciso. —Pues verá usted. Ella. Poirot le miró fij amente y luego le indicó una silla.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Cuénteme —repitió Poirot. Ocurrió de esta forma. —Eh bien. Ted Williamson. se mostró amigable desde el principio.. la devolución de mi carta y todo lo demás. y era la doncella de una bailarina rusa que había sido invitada por sir George. Era la doncella de una de las invitadas. A decir verdad. Y no sé nada más de ella. En la casa sólo había quedado aquella muchacha. señor: esa gran finca de recreo que h ay junto al río. Se llamaba Nita. gente de teatro y cosas parecidas.. señor. según me dijo. siéntese. pero me contestó que su señora la necesitaría. cuénteme las cosas tal como sucedieron. le pregunté si podría salir aquella noche para ir al cin e. —Sí. Pero a quien debe usted acudir es a la policía..004 http://biblio teca.. Sus ojos tenían toda vía aquella expresión perruna de súplica. una vez pasado el puente que lo cruza. la cocinera había salido y el mayord omo fue a servir las bebidas en la lancha donde paseaba su señor y los demás. tal vez conocerá usted Grasslawn. al cabo de un rato... Yo no la vi más que aque lla vez. —Gracias. Ted Williamson aspiró ndamente el aire. Tenía un acento muy curi so. tal vez le podría ayudar. quien la utiliza durante el verano para pasar los fines de semana y para organizar partidas de caza o de pesca. si es así... Bueno. M e hizo entrar y me llevó hasta donde estaba la radio. se . No se dé prisa. pero hablaba bien el inglés. Pero todo ha sido muy raro . —Siéntese. señor.. —Empiece por el principio —interrumpió Poir ot—. Ellos se ocupan en estas cosas y tienen a su disposición más medios que yo. dijo que podría salir a p rimera hora de la . Ted. señor.

lo que por poco me cuesta el empleo. La esperé en el sitio convenido. pero después me armé de valor y me las arreglé para ver otra vez a Mar ie con el fin de pedirle que me diera la dirección de Nita. recapacite sobre este punto. «No estaba yo allí. De momento o supe qué decir. indicando que el destinatario no vivía ya allí. señor. y nos fuimos a dar un paseo por la orilla del río. señor? —preguntó—. —el co lor de su cara subió de tono—. Ted Williamson calló. No le dejé sospechar siq uiera que desconocía incluso su apellido. Tengo. bueno. de momento. Era una muchacha morena y de aspecto desenvuelto y d escarado.. Se llamaba Marie. Sus ojos fijos de profundo color azul se clavaron en Poirot .004 http://biblio teca. lo llevaba recogido a ambos lados. unas señas de North London. No tengo por qué ocultarlo. Su pelo era como el oro. . mientras sus ojos. con expresión soñadora.. una ligera sonrisa disten dió sus labios. Nita. No es un caso para la policía. y escribí a Nita. En resumen..com tarde. —¿Se ha dado cuenta. —No necesitamos. Le prometí que le haría un regalo si me prop orcionaba las señas que me interesaban. me enamoré de ella sin más preámbulos. n o.d2g. me dijo con acento gazmoño. aquella tarde hice fiesta sin pedir permiso. «¿Cómo quiere que jo. —Era la cosa más preciosa que pueda usted maginar. señor: todo aquello me dejó desconcertado. aunque no sé ni por dónde empezar..... como dos alas. Pero no volvió nunca más.. pero no vino. pues Marie era de las que no trabajaban en balde. Y tenía una manera tan fácil y alegre de andar. que daba gloria verla. ¿verdad? —preguntó Poirot. Entonces empezó a reír y me conte stó que la última doncella había sido despedida súbitamente hacía pocos días.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Me facilitó la dirección. tengo algo guardado.. ¿sabe su nombre de usted y dónde trabaja? ... Pero necesito enco arla. hasta que decidí ir hasta la casa y preguntar por ella... Primero. discutir el aspecto monet ario de la cuestión. Esa muchacha. «¿Despedida?» nté—. Debió darse cuenta de mi sorpresa. Po irot hizo un nuevo gesto afirmativo con la cabeza y el muchacho prosiguió: —La chica me dijo que su señora volvería dentro de una quincena y quedamos de acuerdo para ve rnos otra vez —hizo una pausa—.. pero cua ndo llegó vi que no era Nita. «¿Quería usted verme?».. Si.. Le pregunté si era la doncella de la señora rusa y le dije al go acerca de que ella no era la que yo conocí antes.. Me dijeron que la bailarina rusa estaba allí y su doncella también. Pero a l os pocos días me devolvieron la carta. Fueron a buscarla..» «Pues bien. parecían rememorar aquellos m omentos. «¿Y por qué?» La chica se encogió de hombros y extendió las manos. —Era bonita. porque los demás no regresarían del río hasta el anochecer. Puedo disponer de cinco libras.. Yo.. o de diez acaso. si pudiera hacerlo usted por mí. Se detuvo.

—Sí. señor. He recapacitado sobre todo esto y tengo la seguridad de q ue debe existir un motivo para lo que ha ocurrido.. pero que ella no me corresponde.» Sí.com —Sí. Si la memori no me falla. y no hay más que hablar. ¿todavía desea encontrarla? El rubor volvió a crecer de punto en la cara de Ted. ya sabe a qué me refiero.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Quiere uste ecir que yo me enamoré de ella... si lo hubiera deseado? Ted respondió con entitud.. Poirot lo miró con aspecto pensativo y murmuró: —Y si lo que usted supone es cierto.. ¿verdad? Quizá sea ci erto en un sentido. tal vez.. —¿No cree. —Sí. aquello no fue un mero pasatiempo para ella... le gustaba.. Si se decidiera usted a buscarla. .. —¿Cree usted que se vio envuelta en circunstancias deshonrosas para ella? ¿Por culpa de usted? —Mía. no.d2g. Quiero casarme con ella. Ya sabe usted que estaba mezc lada con una pandilla bastante divertida.004 http://biblio teca. Entre ella y yo no hubo na censurable. creo que aquello ocurrió en Arcadia. Pero yo le gustaba. lo deseo. —¿Pudo ponerse en contacto con usted.. Hércules Poirot sonrió y dijo para sí mismo: —«Cabel los como alas de oro.. Y no me importa absolutamente nada la clase de lío en que haya podido verse envuelta . Debió de encontrarse en algún apuro. creo que éste es el tercer «trabajo» de Hércules. señor. si accede. entonces.. señor —Ted enrojeció—....? El joven le interrumpió.

Actuaba en el Thespiam. número 15. ¿verdad? — ueno. Cr eo que regresó a Italia. —¿Tal vez podría usted facilitarme su dirección a ctual? —No puedo decírsela.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. abrió la puerta del número 17 cuando llamó Poirot. —¿Sabe usted por qué causa perdió su empleo la señorita Valetta? La mujer ti tubeó un momento antes de contestar. estaba seguro de que no se enteraría de muchas cosas. Se marchó precipitadamente. eso es. ¿era italiana? —Eso es.d2g. —¿Cuándo se marchó? —Este verano pasado. de todas formas.. —No sabe lo que me gu staría poder ayudarle. Señorita Valetta. No era de las que se van de la lengua. Es más. fue antes. Pero había sido la única pista que Ted le pudo ofrecer. aun que parecía estar fuera de sí por lo . El detective avanzó un paso cuando vio que la puerta iba a cerrarse otra vez. do nde dos medias coronas chocaban entre sí con buena camaradería. señor.004 http://biblio teca. Upper Renfrew La ne. —Entonces.. pero no lo sé. —Estuvo al servicio de u a bailarina rusa. —La despidieron. creo que hubo un poco de jaleo. la señorita Valetta no dejó entrever nada de lo que ocurrió. —¿L señorita Valetta? —Se marchó hace mucho tiempo.. Derrochó afabilidad. Madame Semoulina o algo parecido. —Lo siento. Una mujer corpulenta. Agosto. Durante la primera semana de julio. Era una de las estrellas principales. Déjeme que recuerde. de ojos legañosos.. Upper Renfrew Lane era una calle apartada pero respetable. en ese ballet que ha tenido tanto éxito. julio. pues no dejó ninguna... Dudaba de que pudiera conseguir algo en aquellas señas. Pero. señor. no. Julio. 17.com 2 Poirot miró con aspecto pensativo el trozo de papel en que Ted Williamson había escr ito laboriosamente un nombre y una dirección.. cirme exactamente cuándo? Un alegre tintineo surgió de la mano derecha de Poirot. La mujer de los ojos legañosos se suavizó de una forma casi mágica. ¿verdad? —Ni más ni menos.

Pero ya ve. —Quisiera saberlo. se marchó de pronto y así quedó la cosa. —Sí.004 http://biblio teca. Yo no me hubiera atrevido a ponerme frente a ella cuando tenía uno de sus arrebatos.com que le había pasado. Tenía un genio endiablado. —¿Y está usted completamente segura de que no sabe la dirección actual de la señorita Valetta? Las medias coronas volvieron a sonar incitantemente. pues tendría mucho gusto en decírselo. así quedó la cosa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.d2g.. . como de buena italiana. La resp uesta llegó con acento verídico.. sus ojos neg ros centelleaban y la miraba a una como si fuera a meterle un cuchillo entre las costillas...

tuvo un asunto con Katrina. pero ya sabe usted cuánto gusta a la gente decir cosas como éstas. Dijeron que era una espía bolche vique o algo así. su p adre fue un príncipe o un gran duque.! ¿Algo con una bailarina? Desde luego..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. Y siguió charlando animadamente. «El cisne de Tounela».. —¿Sanderfield? ¿George Sanderfield? Un sujeto desagradable. Y eso de Debussy ¿o de Mannine?.. pero dicen que es un bribón. mi querido amigo. debe profundizar adecuadamente en la tradición s emítica. personalmente no lo creo. Forrado de bille tes...d2g. si quiere ust ed captar el esprit de Bathsheba. Es. También es un magnífico bailarín. es deliciosa. Seguramente la habrá vis to usted bailar. La biche au bois.... Katrina Samoushenka. mon chéri. Ella bailó Con Michel Novgi n. ¿no es cierto? —¿Era amiga de George Sanderfield? —Sí. —¿Le sería posible.. ¡Una buena pieza... Yo lo expreso con. pasar los fines de semana en la finca que él tiene junto al río. presentarme a mademoiselle Samoushenka? — ero. ... ¡lo de siempre! Viste mucho más —Vandel hizo una pausa y volvió a la conversación que más le absorbía— como le iba diciendo..004 http://biblio teca. con bastante precipitación por cierto. Katrina siempre pretendió ser una rusa blanca. debe haberlo visto ust ed.com 3 Ambrose Vandel tuvo que dejar a la fuerza la entusiasta descripción de un decorado que estaba preparando para un nuevo ballet y facilitó sin rodeos los informes que le pedían.. Yo. ¡si la chica ya no está en Londres! Se fue a París o a cualquie r otro lado. Creo que da unas fi estas espléndidas.

d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¡Válgame Dios! ijo con afectación—. —Bien. Sanderfield volvió a mostrar el desasosiego de antes. Yo en su lugar no haría caso de una de las palabras que dijera esa muchacha. la recuerda us ed? —preguntó Poirot. —Según creo —dijo Poirot—. ¿verdad? No sabía que le interesaban lo s negocios. La «buena pieza». —No. como había dicho Ambrose Vandel. p ero no tengo ni la más mínima idea de dónde debe estar ahora.. Era una temperamental. estaba ligeramente mosqueado por aquella visita. Sanderfield rió.. monsieur Poirot —dijo—. Sir George se inclinó en el sillón y pareció descansar. era una chica de cuidado. —A h. francamente. —Qui ere que le dé algún informe de carácter reservado. una simple información. conocía usted a mademoiselle Katrina Sam ushenka. no lo sé. Una criatura encantadora. se trata de su don cella. No habíamos sido presentados. —¿Tal vez. No.. Servil y fisgona. ¿cómo había de acordarme de ella? Recuerdo que tenía una. —¿Su doncella? —Sanderfield miró fijamente al detective. una mujer. no es nada de particular. Siento no poder ayudarle. —¿De veras? —No. Su voz tenía un acento de despedida cuando se levantó. —Sí. —Pero no es a mademoiselle Samo ushenka a quien me interesa encontrar —observó Poirot. No he sabido más de ella. Supongo que se enfadaría con Dirección... —B ueno. ¿En qué puedo servi rle? Creo que. no nos conocíamos antes de ahora. —Oh. Es una cuestión relacionada con una dama. Su voz tenía ahora un tono más tranquilo..com 4 La entrevista que Hércules Poirot concertó con sir George Sanderfield no empezó bajo b uenos auspicios. desde lu go.. Es una mentirosa ... un genio muy ruso.004 http://biblio teca. —¿Cuándo se marchó? —Pues. El otro soltó una risita nerviosa.. —No se trata de los affaires. Sir George era un hombre bajo y fornido. de cabel lo basto y pescuezo grueso y grasiento. ¿De qué se trata? Le confieso que siento gran curiosidad por saberlo. Es una lástima que se haya ido de Londres.

. Poirot comentó: —En el «Thepsian Theatre» me dijeron que s e llama Marie Hellin y hasta me facilitaron su dirección.. Pero yo me refiero. temo que no le podré ayu dar a encontrarla. todo lo que puedo decirle es que no la rec uerdo...com innata. E stoy hablando de Nita Valetta..d2g. Sander field se apresuró a contestar: —Tan sólo la impresión que me causó. Hércules Poirot sacudió la cabeza. —La chica a que hago mención estuvo en Grasslawn en el pasado mes de junio. a la doncella que tuvo mademoiselle Samoushenka antes de Marie Hellin. No creía estarlo. —Por lo que se ve.. Una muchacha morena de mirada desagradable . Marie fue la única que conocí.004 http://biblio teca. nada más. Lo siento. No creo que Katrina trajera ninguna doncella.. sir George..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Debe estar usted equivocado . Marie. —No la recuerdo en absoluto. Sander field contestó con un gesto huraño: —Bueno. Sanderfield miró extrañado a Poirot. Ni siquiera recuerdo su nombre. recuerda usted muchas cosas de ella —murmuró Poirot. no sé qué.. En fin. Déjeme ver.

eso es todo lo q ue sé. En sus ojos se reflejó la desilus ión y el enojo que aquello le causaba. —¿Sir George Sander field? ¿Le gustaría saberlo? Tal vez sea eso lo que quiere usted saber en realidad. Pero en otras se mostraba alegre a más no poder. Tan pronto lloraba como reía. o algo parecido. —Lo recuerdo perfectamente.. —¿No pudo enterarse usted de la causa de la marcha? —Se fue.. con la boca abierta.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Madame no lo dijo.. Las bailarinas son así. Un destello desagradable brilló en sus ojos.com 5 Con los ojos pequeños e inteligentes.d2g. le podría contar. Madame Samoushenka me tomó a su servicio en la última s emana de junio.. Lo otro tan sólo fue un pretexto. . por ejemplo. —No es neces ario. En ocasiones esta a tan desalentada que ni comía. ¿verdad? Le podría decir algunas cosas curiosas acer ca de sir George. Es lo que se llama tener temperamento. Tal vez se puso enferma. —¿Y sir George? Marie pare ció ponerse en guardia... de pronto.004 http://biblio teca.. monsieur —su voz era suave y de tono uniforme—. y con la misma rapidez apartó la vista. Ella lo miró fijamente. —Muy raro. —¿Qué tal genio te nía su señora? —preguntó Poirot. La doncella anterior tuvo que marcharse precipitadamente.. Marie Hellin dirigió una rápida mirada a Poirot. Poirot la interrumpió.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.d2g. El carraspeo de Poirot rompió aquel trágico encanto. Morirá. Sus indagaciones le habían llevado aquella noche al «Samovar». Pero todo acabó de rep ente.. —¿No se acordará usted. d espués de investigada... . Donde van los e contraen esa traicionera tosecilla que los consume poco a poco. la exquisita bailarina? ¡Ah! ¡Qué maravilla de criatura! —se besó las puntas de los dedos—. por casualidad. En Vagray les Alpes. de una doncella que tenía mademoiselle Katrina? ¿Una chica llamada Nita Valetta? —¿Valetta? ¿Valetta? En cierta ocasión vi que la acompañaba una doncella. ¡Qué fuego. Aquel ins ignificante asunto de la doncella desaparecida estaba resultando uno de los más la rgos y difíciles problemas que Poirot tuvo que afrontar. ¡morirá! E s una fatalista y morirá sin duda alguna. El ruso asintió con aire complacido. Alexis Pavlovitch.. ¿Quiere usted saber dónde fue la pequeña Samoushenka. de Pisa. —Sí. no conducía a parte alguna. hubiera sido la mejor bailarina de estos días. Poirot gimió: —En este caso.. al fin del mundo. Era italiana. Cada una de las pistas. qué pasión! Hubiera egado lejos. —¿Dónde está ahora? —preguntó el detective? —En Suiza. Lo sé todo... ¡demasiado pronto!.. Hércules Poirot pronunció esta s palabras con su tono más adulador. amigo mío. ¿verdad? Sí.com 6 —Siempre opiné que usted lo sabe todo. se olvidarán de ella . Y pronto. cuando Katrina se fue a Londres. Estaba pensando que este tercer «trabajo» de Hércul es había necesitado más viajes y entrevistas de lo que en principio imaginó. estoy seguro de que era italiana y procedía de Pisa. se vanagloriaba de conocer todo lo que ocurría en el mundillo artístico. siempre estoy enterado de t do. sí. en la estación. un restaurante de París cuyo dueño. Necesitaba información. el conde Alexis Pavlovit ch..004 http://biblio teca. sí. tendré que hacer un viaje a Pisa. Se fue..

La madre. Hércules Poirot murmuró para sí mismo: —Murió en plena juventud. —Todo ocurrió tan de repente... ¿Acaso no terminaría el asunto de forma tan clara? ¿No encajaría todo de manera ta n patente? Hércules Poirot suspiró. aquí. de ancha cara ca mpesina. De bajo de él descansaba la alegre criatura que perturbó el corazón y la imaginación de un sencillo mecánico inglés. sí. todo desaparecería para siempre.. fuerte y rígido contra el choque del dolor recién sentido. que la apendicitis debía ser operada inmediatamente... ¿Fue la propia primavera lo que le hizo sentir una rebeldía interna y una fuerte aversión a aceptar aquel veredicto final? ¿O había algo más? Algo que forcejeaba en el fondo de su cerebro.» Su búsq ueda había terminado. Hércules sacudió la cabeza con tristeza. —Bianca fue siempre una muchacha muy list a.com 7 En el cementerio de Pisa. sí. Debía emprender otro viaje para dejar las cosas ac laradas por completo..004 http://biblio teca. morena y de duros labios. las penas y las desilusiones ... Se la llevó al hospita l y allí. signor.. «Ella no era para usted. Aunque en los últimos años sufrió varios ataques.. murió cuando todavía se encontraba bajo los efectos de la anestesia.. El médico dijo que no había altern ativa. La madre sollozó... Hércules Poirot se detuvo y miró la tumba que tenía ante sí. tan de repen te.. la muchacha viviría siempre en la memoria del joven tal como la vio d urante aquellas pocas horas de una tarde de junio. Ha sido una lástima que muriera tan joven. palabras.. El antagonismo de las naciona lidades opuestas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2... el padre. A llí era. la her mana.d2g... pues. amigo mío.. Debía ir a Vagray les Alpes. una frase. donde finalizaba su búsqueda. ¿Tal vez era el mejor fin para aquel rápido y extraño idilio? De esta forma.. como promesas de la vida y alegría que vendría después. de los diferentes modos de vivir. ante aquel humilde montón de tierra. Recordó la conversación que había sostenido con la familia Valetta.. N o recobró el conocimiento. donde la torre inclinada se destacaba contra el cielo y las primeras flores de la primavera se abrían pálidas y tímidas. . un no mbre. Murió en plena juventud. Éste era el mensaje que debía dar al joven que solicitó su ayuda con tanta confianza.

y a Michel Novgin. con cuerno s en la cabeza y centelleantes pies de bronce. haciéndome pasar una velada llena de b elleza.com 8 Aquí.. Nita? —preguntó. Aquí. herida de muerte.. y cómo Ted Williamson se había quedado allí de pie. —Pero también he venido para tratar de otras cosas. señora. cuando se le estropeó el coche. —Creo que no nos habíamos conocido antes de ahora. capaz de h acer olvidar cualquier otra expresión estética. con sus mejillas hundidas sobre las que se distinguía una mancha d e vivido color rojo. señora. —¿Q sabe usted acerca de. . pensó.. Se llamaba Nita. había sido arrastrado y fascinado por aquel supremo arte.. Recordó su colapso final. —Se lo diré. Ella sonrió tenuemente. en este repecho lleno de nie ve. de pie. eternamente deseable.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. dándole vueltas a la gorra entre sus manos y contando con frases entrec ortadas todo su amor y su pena. No se acordaba de su nombre. Katrina Samoushenka miró al detective ligeramente perpleja. Sus ojos se abrieron con expresión asustada. Hércules Poirot asintió. en estos lechos protegidos del viento donde yacen los que luchan contra un a muerte insidiosa. deseo darle las gracias. aturdido. sí. —¿Nita? La joven la miró fijamente. —Antes que nada. Poirot relató los sucesos ocurridos aquella noche. Recordaba a Michel Novgin. Por fin encontró a Katrina Samoushenka. eternamente perseguida.d2g. es donde en realidad termina el mundo. Ella escuchó atentamente y cuando Poirot calló.004 http://biblio teca. un recuerdo le vino a la memoria. Y recordaba a la hermosa y veloz Cierva... ¿verdad? ¿Qué desea de mí? —preguntó.... pero la había vi sto bailar. po r el arte con que me fascinó en cierta ocasión. con el cuerpo inanimado de la Cier va en sus brazos.. una adorada y adorable criatura. He buscado durante mucho tiempo a cierta doncella que tuvo usted. con las manos largas y enflaquecidas posadas sobre la colch a. muy conmovedor. Hércules ot hizo una pequeña reverencia.. tendi da en su lecho. dijo : —Es conmovedor.... saltando y girando en aquel desaforado y fantástico bosque que el cerebro de Am brose Vander había concebido. Cuando la vio. el Cazado r.

los cabellos ondulados de Katrina. siempre estaba fisgoneando los cajones c errados y las cartas dirigidas a los demás. aunque débil y casi imperceptible. ¿Por qué causa? Una ligera expresión de disgusto pasó po r la cara de la bailarina. Era una muchacha odiosa.d2g. Supongo que su verdadero nombre era Bianca. palabras finales.. señora? Katrina Samoushenka suspiró.. Al cab o de unos momentos prosiguió con insistencia. —Tuve una doncella. —¿Murió? —Sí. —Juanita se apellidaba Valetta y murió e n Pisa a causa de una operación de apendicitis.... dijo: —Pues yo creo que hay otra explicación mucho más convincente... Su familia se refirió a ella llamándola Bianc a.. hay una cosa que no aca bo de entender —dijo—.. —Bianca.. cambi o de entonación. irrevoc ables. Eran las mismas palabras que empleó Poirot.. —¿Alas de oro? ¿Astas d e oro? Todo se reduce al punto de vista con . Ahora las oía en boca de otra persona. eso es. hubo en la inclinación de cabeza que hi zo la bailarina.com —Es un cuento de la Arcadia. basándose en algo sucio que descubrió acerca d e él. El detective calló durante unos instantes.004 http://biblio teca. Le ocurrió lo que a menudo sucede a los favoritos de los dioses. no Juanita.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2... existe una pequeña discrepancia. —Sí. pero ella debió pensar que Ju anita era mucho más romántico y decidió llamarse así. ¿no le parece? ¿Qué puede usted decirme de aquella muchacha . ¿no es eso? Se dio cuenta de la inde cisión que. Pensa ría que se trataba de Marie.. pareció asustarse. Juanita. —La muchacha que conoció Ted Williamson tenía el cabello como dos alas de oro. la chica que tomé a mi servicio cuando se fue Juanita . —contestó ella. pero persistió en su empeño. Se inclinó un poco más y s us dedos tocaron. curiosa. —Se refirió usted solamente a una de mis doncellas.. Era bonita y ale gre.. —¿Cuál oirot se inclinó hacia delante. —Eso lo explica todo —murmuró Poirot. Creo que intentó hacerle un chantaje.. Juanita. rozándolos.. —¿Lo cree usted? Calló y luego. Poirot comentó con aire pensativo. ¿Qué importa eso? —dijo—. así lo describió él cuando vino a verme.. Murió en plena juventud. Katrina encogió sus delgados hombros. —Sin emb rgo. Cuando le pregunté a sir George Sanderfield sobre la doncella q ue tuvo usted. —A pesar de ello.

Se produjo una larga pausa. un general? Ella r ió repentinamente. . señorita. —¡Ah.. tal vez.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. No Juanita.? Katrina retuvo el alien to.com que la miren. Katrina habló con voz helada y enronquecida. Y ento nces inventó usted una muchacha para él. —¡Pero esa idea es fantástica! —De todas formas —dijo Poirot con evidente satisfacción— o creo que se convertirá en realidad. pues entonces no tenía ninguna doncella a su servicio.. señorita? Creo que hubo un fin de semana en que fue usted sola a Grass lawn. ya que Bianca Valetta había vuelto a Italia y todavía no había tenido ocasión de contratar otra chica.. al meno s.. sino Incógnita. ¿Quiere que le diga lo que pienso sobre esto.. Debe ser usted ambas cosas a la vez. Pero recuerde que hay otra clase de vida. y durante una s pocas horas paseó usted con él por la Arcadia. De pronto se convirtió en una persona prosaica. —¡Conducía un camión en Leningrado! —confesó. con pies que. cu ando los demás salieron para hacer una excursión por el río que duró toda la jornada. —y su voz tenía la entonación del que no abriga ninguna esperanza. al fi nal de la cual. Veamos. fue usted a abrir y vio. ¿Fue su padre en realidad un gran duque.004 http://biblio teca. un príncipe o por lo menos. danz ando sobre sus pies de bronce. cierto día. Le he relatado el final exacto de la historia.. —¡Muy bien! ¿Y por qué no sted la esposa de un simple mecánico de pueblo? ¿Y tener hijos hermosos como dioses. Golpeó la mesa con la m ... —En un aspecto... triste.. le he contado la verdad. tan sencillo como un niño y tan hermoso como un dios. Puede usted luchar por su vida con tanto éxito como pudiera hacerlo otro cualquiera.. Usted no necesita morirse... P oirot continuó: —Desde el principio. ¿no es eso? Ella sacudió la cab eza. sea usted franca.d2g. la descripción que de usted me hizo Ted Williamso n me tuvo preocupado. entre el bosque. Y ese algo era usted. sin esperanza. ¿O acaso son las astas doradas de la cierva herida. bailen como usted hizo antes.. ¿es necesario que se lo diga? Vio usted a un joven. tanto puede ser un demonio como un ángel. Por en tonces ya se resentía usted de su enfermedad actual y se quedó en casa.? Katrina murmuró: —La cierva herida.. mundana y práctica. —¡Eso es completam ente innecesario! —exclamó—.. me trajo algo a la memoria. compréndalo.. Nita morirá en plena juventud.. no! —Hércules Poirot se transformó. So nó el timbre de la puerta. —¿Y qué vida me espera? —No la vida del teatro..

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Aldermatt. ¡no podían escoger sitio mejor. Tal v ez querrá usted ayudarme. podía aprovechar la ocasión y visitar ciertos lugares que hasta entonces le eran desconocidos. desp legó el papelito. que resultó ser una nota escrita con lápiz y a toda prisa.004 http://biblio teca. —Aquí no es posible quedarse —se dijo Poirot—. P oirot pensó que. que allí se respiraba con dif icultad. rodeado de altísimas mo ntañas coronadas de nieve. Reciba mi afectuoso saludo.com capítulo IV EL JABALÍ DE ERIMANTEA 1 Puesto que las incidencias del tercer «trabajo» de Hércules lo habían llevado a Suiza. por lo visto! Desde luego . Poirot no se proponía subir a tal altura. abra bien los ojos. un lugar que l e habían alabado en gran manera varios amigos suyos. Después de haberlo examinado y taladrado con unas pinzas de aspecto am enazador. Pasó un agradable par de días en Chamonix. sin embargo. ascendía primero hasta Les Avines. ha concertado una cita con varios miembros de su banda en Rochers Nieges.d2g. Le parecía. según pu do comprobar. . con toda parsimonia. es necesario que suba más arriba. ¿no es cierto? Por lo tanto. Estaba al final de un valle. que tan importante papel juega en la v ida. Marrascaud. tenía ahora en la mano un pequeño papel doblado. Pero en aquel momento vio un fun icular y pensó—: Decididamente. a diez mil pies sobre el nivel del mar. apreciado colega. «Es imposib le —decía— confundir esos bigotes. hasta Rochers Nieges. le pr odujo una impresión deprimente. Pero no contaba con un elemento. Las ceja s del detective se levantaron ligeramente.. pero los informes que nos han dado son di gnos de confianza. El funicular. Había arrancado ya el funicular. una vez allí. luego hasta Caurouchet y. contra toda lógica. todo puede ser una alarma infundada. finalme nte.. Poco después. se detuvo otros tantos en Montreux y luego se dirigió hacia Aldermatt. serían suficientes para él. cuando el revisor se acercó a Poirot y le pidió el billete. Se cr ee que el asesino. según pensó. Siempre hay alguien que se va de la lengua. Es posible que haya leído algo sobre el caso Salley. junto al billete. Les Avines. Poirot notó enton ces que. se lo devolvió haciendo al propio tiempo una reverencia. como es el azar.

E n el asiento opuesto se sentaba un turista americano. Era un sitio muy poco provisto de entradas y salidas. Tendrá las manos más libres si todos creen que es usted un si mple turista. Sabía que era un hombre eficiente y entendido en su of icio.. pero el funicular era su único medio de comunicac ión con el resto del mundo.. perplejo.. No había duda. Pero atrapar a un jabalí salvaje en la ladera de una montaña no era cosa que le sedujera en extremo.004 http://biblio teca.. pero est a vez su culpabilidad se probó cumplidamente. Se sospechaba que había cometido otros asesinatos. Alguna razón desconocida llevaba Marrascaud para acudir a una cita en un sit io tan apartado de la civilización. Hércules Poirot sentía gran aprecio hacia e l comisario de policía suizo. Es muy importante que se detenga a Marrascau d. Un lugar inverosímil para ser elegido como punto de reunión de una b anda de criminales. meramente especulativo. se adaptaba mejor a sus métodos. llevado a cabo en un cómodo sillón. ¿Y qué querían de él? Había leído en los periódicos todo lo referente a o Salley. Cazar a un asesino despiadado no era la idea que tenía formada acerca de cómo debían ser unas vacaciones. es un jabalí salvaje. Uno de los a sesinos más peligrosos que existen. el jefe de una banda que operaba en las carreras de caballos. Poirot sacudió lentament e la cabeza. El hotel se abría en junio aunque raramente se veía a nadie por allí hasta julio o agosto.com amigo mío. pues estaba emplazado en un estrecho resalte de la mon taña. Tranquilo. Lementeuil. No es un hombre. el asesinato a sangre fría de un conocido «bookmaker» de los hipódromos de París . De manera qu e Marrascaud había concertado una cita en Rochers Nieges.. éste era el término empleado por Lementeuil . pu es podríamos ser vistos. Poirot suspiró. según se creía. Marrascaud. sin ostentación. —El cuarto «trabajo» de Hércules —se dijo— balí de Erimantea. pasó revista a sus compañeros de viaje. La policía de todos los países europeos estaba sobre aviso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. salió de Francia. Aquélla sí que era una coincidencia extraña. Póngase en contacto con el inspector Drouet.» Hércules Poirot se acarició el bigote con aspecto pensativo. Se sabía quién era el asesino. suspendido sobre el valle.. El corte de . si Lementeuil decía que los informes eran dign os de confianza. posiblemente tendría razón. y que se le arreste vivo. El trabajo. Porque Rochers Nieges estaba por encima de la línea de las nieves eternas.. era imposible confundir los bigotes de Hércules Poirot.. Había allí un hotel. Si un hombre llegaba acosado a Rochers Nieges. No me atreví a hablar con usted en Aldermatt. Desapareció de París y. ¡Buena caza! Su viejo amigo. podía considerarse cogido en una trampa. Y. Un jabalí salvaje. que no pretende llegar a la altura alcanzada por Hércules Poirot. sin embargo.d2g.

se sentaban tres hombres que parecían cortados por el mismo patrón . Dedicaba toda su atención al valle que se vela allá abajo. y se había percatado de que en ninguno de los restaurantes y cafés en que había estado se tocaba buen hot jazz.. Pero en un funicular casi vacío. Y de ser así. de aspecto distinguido. Tenía los dedos fuertes y ágiles de un médico o un ciru jano. No había nada de ex traordinario en aquellos tres hombres.. empezará a charlar. Le ha bía gustado mucho el castillo de Chillón. Tenía hermosas facciones. Dentro de unos instantes. el saco que llevaba.d2g. o en barco de carga y pasaje. un hombre alto.. una cara que podía expresar las emociones más v ariadas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. No se apeó nadie en Les Avines ni en Caurouchet. No le agradaba París como ciudad. estaba leyendo un libro alemán. Dijo que se l lamaba Schwartz y visitaba Europa por primera vez.004 http://biblio teca. Estaban jugando a las cartas. Al otro lado del coche. camino de cualquier parte do nde se celebran carreras de caballos. pero después se le volvería la suerte de espaldas.com sus ropas y de su abrigo.. Diez mil pies no estaba mal. Más alejados. No mi raba a nadie. La única cosa rara en ellos era el sitio en que se encontraban. le gustaron mucho las fuent es. pero aquél se limitó a mirarlo fríamente por encima de sus gafas y volvió a la lectu ra del libro. Había visitado el «Folies Bergére». el señor Schwartz intentó mezclar en la co nversación al caballero de los cabellos grises que se sentaba al otro lado del coc he. Podía habérseles visto en un tren. lo proclamaban como un americano pueblerino que visitaba a Europa por primera vez. ¡no! El último ocupante del coche era una mujer... unido a su actitud de amistosa co nfianza. el nuevo jugador ganaría varias mano s al principio. . Con toda la can dorosa amistad que encerraba en su corazón.. cabellos blancos y nariz aguileña. El paisaje era magnífico.. todo muy caro. Alta y vesti da de negro. al cabo de un rato empezó a charlar el americano.. el Louvre y Notre Dame. Su anhelante expresión perruna era suficientemente inconfundible. especialmente cuando estaban iluminadas. pero que entonces parecía congelada por una extraña falta de expresión. Tal como Po irot había supuesto. Siempre deseó subir muy a lto y encontrarse rodeado de montañas cubiertas de nieve. Opinaba que los Campos Elíseos eran muy buenos. su ingenua admiración por el paisaje que contemplaba y la guía que consulta ba de vez en cuando.. Posiblemente al cabo de un rato sugirieran que u n extraño tomara parte en el juego. había oído que no se podía cocer bien un huevo a tales alturas. Se veía que todos los ocupantes del funicular subían hasta Rochers Niege s. pensó Poirot. Hombres de piernas arqueadas que daban clara idea de su afición por los caballos . El señor Schwartz expuso sus propias razones para ello.

ella no entendía el inglés.004 http://biblio teca.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Pe ro de todos modos. parecían decir expresivamente sus ojos cast años. . no hay ningún mal en que haya un poco de compañerismo por ahí. El señor Schwartz lanzó un suspiro. El americano se dirigió a Poirot: —Es raro ver a una mujer viajando so la. Al parecer. Después de todo. Encontraba al mundo poco dado a la amistad. Una mujer necesita gran número de cuidados cuando viaja. Poirot recordó a ciertas damas americanas que conoció durante sus viajes por Europa y convino con ello. D esde allí podía ver mejor el panorama.com El señor Schwartz ofreció entonces cambiar de sitio con la mujer vestida de negro. sin que nadie cuide de ella. explicó. movió negativamente la cabeza y se arrebujó todavía más en el cuello de su abrigo.

. El gerente era un hombre corpulento y distinguido. parecía algo cómico en aquel lugar apartado del mundo o.. de mane ras presuntuosas. Era como una peregrinación sagrada. sin embargo. llamado Gustave. No venía nadie hasta finales de juli o. No había empezado todavía la temporada. Iba de aquí para allá. amigo mío. La comida fue servida en una gran habitación que daba vista a un profundo valle. Algo le turbaba.. a pesar de sus obsequiosidades. ¿ ted que también desean . El señor no debía juzgar con mucho rigor al hotel. a descansar.! ¿Y qué me dices de Denise.? ¿ e acuerdas del sacre penco que nos hizo aquella jugarreta en Auteuil? Todo parecía sincero. no estaba tranquilo. Los tres hombres que parecía n mozos de cuadra se sentaron juntos a la misma mesa. es un sitio muy tranquilo —admitió Poirot—. —Sí. el gerente se dirigió hacia él y habló con más confianza.. Había venido. a Poirot le pareció que detrás de aquella cortés façade se veía un reflejo de aguda ansiedad. mej or dicho.. Fue una tragedia. Estaba aturdido por el inesperado número de visitantes que habían llegado. La servidumbre no estaba completa tod avía. Tod o aquello fue dicho con profesional urbanidad y. hacía tres años.004 http://biblio teca..com 2 El ser recibido por un gerente de hotel.. Ella venía siempre antes de que empezara la temporada.. La mujer vestida de negro ocupó una mesa en un rincón. l evantando la voz. No habla comenzado todavía la temporada. ¿Y los señores? — indicó a los tres hombres—. —¡Vaya con el viejo Joseph. parecía ducho y diestro en su oficio.d2g. ¿Tal vez se había fijado el señor en la señora? Venía todos los años por aquellas fechas Su esposo se mató en una escalada..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. El único cama rero. porque así todo estab a más tranquilo.. Después de comer. según dijo. muy en consonancia con el carácter de ellos. haría lo posible para que los señores estuviesen bien atendidos. Pero naturalmente. pues se querían m ucho.. Se deshizo en disculpas. N o miró a nadie.. tan sobre él. cuando Poirot estaba sentado en el salón. el doctor Karl Lutz de Viena... pero absolutamente fuera de lugar en aquellas alturas. Las cosas eran difíciles de llevar en buen orden dado lo apartado del lugar.. Reían y hablaban en francés. la instalación de agua caliente se estropeó. vestido correctamente de frac y calzado con zapatos de charol. El caballero de más edad era un méd ico famoso... Aquel hombre. ac onsejando los platos y facilitando la lista de vinos.

. como una bandeja en el cielo.004 http://biblio teca. —El camarero me ha dicho que se llama señor a Grandier. El americano bajó la voz. y vio también la forma tajante con que la mujer rechazó su s proposiciones. Lo que yo digo.? Tratar de que salga de su prolongada abst racción. y si alguna vez viene a Fountain Springs. Su marido se mató durante una escalada.» Schwartz entró en el salón.. los nazis lo ex pulsaron de Austria. Poirot aceptó la tarjeta y con una mano se golpeó el bolsillo. señor. Soy de Lyon. y cosas por el estilo. Su ros tro se iluminó cuando vio a Poirot y se dirigió rectamente hacia él. Por eso viene ella. —No h ay nada que hacer —dijo. psicoanalista. que en aq uel momento se encontraba junto a la ventana. Tenía la cabeza erguida. Los dos permanecieron durante unos minutos perfilados contra la luz.. comerciante en sedería. —Acabo de ver a ese doctor —dijo—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.d2g. Creo que es especialista de los nervios. Aquella noc he. pensó Poirot. ¿No le parece. Es judío. Me parece que debíamos hacer algo.. con expresión fría y proh ibitiva.? Ya ve. y añadió con ardor—: Siendo seres humanos que debemos estar jun tos por fuerza no veo que exista ninguna razón para que no nos mostremos sociales unos con otros. pero Schwartz volvió con aspecto alicaído. mie ntras decía: —¡Qué contrariedad! No llevo ninguna de las mías en este momento. sólo eso ya es de por sí una novedad.com descansar? El gerente se encogió de hombros. «Arrib a. Poirot no oyó lo que hablaron. Dirigió la mirada a la mujer vestida de negro. —Yo en su lugar no lo intentaría —advirtió Poirot. leyó . —Me llamo Poirot — ontestó el detective—. Habla un inglés con un acento bastante raro. cuando el detective se retiró a su habitación. contemplando el grandioso espectácul o de las montañas. todavía no sé su nombre.. . Los versos de una canción infantil le pasaron tontamente por la imaginación. tenga la seguridad de que será bien recibido.. La a ltura. ¡esa gente no está bien de la cabeza! El doctor Lutz es un gran hombre. Ella era más alta que Schwartz.. no era aquélla una sen sación agradable. —Tengo mucho gusto en darle mi tarjeta. A pesar de todo. ¿no le parece.. Otra vez apareció en sus ojos la expres ión conturbada.. encima del mundo. Poirot presenció cómo el americano se acer caba a ella y le hablaba. —Los turistas quieren siempre sensaciones nuevas —dijo vagamente —. Pero los sentimientos amistoso s del señor Schwartz no conocían el descanso. Se había dado cuenta de que el corazón le latía más rápidam e.

.com detenidamente la nota de Lementeuil antes de volverla a colocar en su cartera.004 http://biblio teca. d oblada con sumo cuidado. Al meterse en la cama.d2g. . t al vez..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. dijo para sí mismo: —Es curioso.

estamos aislados aquí arriba. compuesto de café y bol los. entretanto.. Fue hacia la puerta. Esto no tiene sentido común.d2g. es imposible establecer ninguna comunicación con el valle. El inspector asintió. —Ha ocurrido algo grave. Tal vez haya sido ocasionad o por causas naturales.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Hierve demasiado pronto. Poirot comen tó: —Hay que soportar con entereza los caprichos de la Naturaleza. Gustave le sirvió a Poirot el desayuno. Yo soy Drouet. —¿Un accidente? —Poirot se sentó en la cama—. —¿El s eñor Hércules Poirot? —dijo—. . Por mi parte —hizo un g esto afirmativo con la cabeza— estoy seguro de que está loco. había figurado. —Un loco homicida —murmuró P oirot. pero es así. Ya sabe usted que ese Marrascaud es un tipo extravagante. —Sí —dijo—. cerró la puerta de nuevo y volvió al lado de la cama. ¿Qué clase de acci te? —No ha habido desgracias. comprenderá que en estas altitudes es imposible conseguir que el café esté realmente caliente. —Señor. Marrascaud tiene una cita a quí y ha tomado sus medidas para que nadie le interrumpa durante su estancia. Demue que la información facilitada al comisario era cierta. exclamó con acento impaciente: —¡Pero eso es increíble! —Estoy de acuerdo con u sted —el inspector Drouet extendió las manos—. Ha habido un accidente en el funicular. Pero es posible que la mano del hombre tenga algo que ver en ello. La estación n o está todavía muy adelantada y como la nieve ni siquiera ha empezado a fundirse. el resultado es que pasarán muchos días antes de que se arre glen los desperfectos y que. pero en lugar de salir de la habitación dio un rápido vistazo al pasillo. —Convengo en que no es nada divertido —replicó secamente Drouet.. Una pequeña tormenta que arrastró rocas y tierra.. señor Poirot.com 3 A la mañana siguiente. —Eso es muy interesante —comentó suavemente. —El señor es un filósof o —contestó Gustave. Drouet bajó la voz. No hay manera de sabe rlo. —¡Ah! —exclamó Poirot—. Sucedió esta noche pasada. inspector de policía. De cualquier modo.004 http://biblio teca. Pidió disculpas por el café. Poirot siguió sentado en la cama.. Hércul es Poirot.

004 http://biblio teca. feroz. en este apartado lugar cubierto de nieve.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. La fotografía «Bertillon» y las medidas debían mandármelas hoy. altura un poco más que mediana y de tez morena. se deduce que Marrascaud ya llegó. pero c uando los americanos viajan no se sabe nunca por dónde saldrán. mas no creo que sea peligroso. se ve obliga do a fingir. —De todas formas. ha pasado gran parte de su vida entre ingles es y americanos. —Superficialmente —explicó— parece ser un hom bre inofensivo. —Eso puede aplicarse a cualquiera. Tal vez sea algo extraño el que haya decidido venir a un sitio como éste. El caballero que vino con usted tiene un gra n parecido con dichas fotografías. —No lo cre . señor P irot. No tiene la astucia ni el disimulo de la serpiente. debe haberse disfrazado más o menos. terrible. Usted ha h ablado con él. —Pero si Marrascaud sabe disfrazarse. Es un jabalí salvaje. No tiene ninguna señal distintiva especial. A primera vista parece ser un turista. y según tengo entendido. por lo tanto.. —Eso es —respo ndió Poirot. Juraría. Es un fugitivo de la justicia y. ¡Quién lo sabe! . . puede desem peñar ese papel con éxito.. ¡Que me aspen si no son ratas de hipódromo! Y uno de ellos puede ser el mismo Marrascaud. y la s comunicaciones están cortadas ahora. Poirot se encogió a su vez de hombros. —Sí. He visto su fotografía en los periódicos. Su pasaporte está en regla . Así es que puede o. El inspector asintió y su rostro mostró una repentina preocupación. que esos tres hombres forman parte de la banda de Marrascaud. Sólo sé que es un hombre de tr ta y pico años. Ambos hombres guardaron silencio durante unos instantes y. —Sí. y del tipo que buscamos. ¿Qué opina usted? Hércules Poirot sacudió la cabeza con aire perplejo. Quizá sea un latoso. aunque un tanto dado a trabar amistades. Po irot preguntó: —¿Podría ser Marrascaud el doctor Lutz? Drouet sacudió la cabeza. ¿Y qué me dice del americano Schwartz? —Eso le iba a preguntar.com —Pero si ha concertado una cita aquí. pues es un hombre famoso y muy conocido. —dijo Poirot.. mejor dicho. —De una forma superficial. al fin. Pero tenemos tres visitantes más. ya sé. Existe en realidad un doctor Lutz. —¿Tie ne usted su descripción? El otro se encogió de hombros. que ataca con furia ciega.d2g. —¿Cree que llega a tal grado su habilidad? Nunca oí decir que f uera un experto del disfraz.

Poirot trató de imbuir al inspector Drouet algunos de estos conceptos y el p olicía convino sin ninguna dificultad en ellos. en una estac ión de ferrocarril: en un cine lleno de gente. en cualquier si tio donde hubiera muchas salidas. . No tiene sentido.. es verosímil. —Es de suponer que el g erente sabrá quién es usted. pero no allí. nada más. —¿No le ha llamado la atención su aire preocupado? La observación pareció afect ar a Drouet. Uno de los tres podía ser Marrascaud. —¿Opina usted que p s hacerle decir lo que pasa? Poirot sacudió la cabeza dubitativamente. es que no se entere de nuestras sospechas.. En su mente pasó revista a la cara de los tres hombres. se gún creo. de cara puntiaguda y estrecha. entonces. Se necesitaba su cooperación para el cambio. es Marrascaud? —¿Qué me dice del servici o del hotel? —preguntó Hércules Poirot.com Poirot reflexionó. —Lo mejor. —Puede decirse que n o existe.. es verdad —dijo pensativamente. debemos hacer una segunda suposición. en un parque público. esto no tiene sentido. Y el camarero cuyo puesto ocupo yo ahora. —Tal vez sea tan sólo la ansiedad de ver se envuelto en una acción policíaca. —¿Cree usted que habrá algo más que eso? ¿Supone que p a saber alguna cosa? —No ha sido más que una idea. entre las nubes y las nieves ete rnas. Con cara preocupada. flaco. —¿Por ué hicieron el viaje juntos si se trataba de una cita? No. pero si era así. Drouet asintió y se dirigió hacia la puerta. No lo pierda de vista ni un m omento. Eso es todo. con objeto de subir a una montaña y caer en una ratonera? La cita hubiera sid o fácil de convenir en un sitio menos extravagante que aquél. volvía a surgir la pregunta: ¿Por qué motivo Marrascaud y los componentes de su banda habían hecho aquel viaje jun tos. Drouet opinó: —En ese caso. Drouet se encogió de hombros. El tercero era un tipo de cara redonda con cierto aire presuntuos o.004 http://biblio teca. de cejas encrespadas y rollizos carrillos. ¿no es eso? —Naturalmente. una cara porci na y bestial. con ojos de expresión fría.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Sí. ¿Quién. Hay una vieja que cocina y su marido. Creo que hace cincuenta años que v iven aquí. Esos tres hombres son miembros de la banda de Marrascaud y han venido hasta aquí para entrevistarse con su jefe. Hizo una pausa y lue go prosiguió: —Posiblemente sea así —comentó Drouet con acento sombrío. En un café.d2g. —Sí. El otro individuo.. La de uno de ellos era ancha.

El peor lugar imaginable para a reunión de criminales. la razón para una cit a en este sitio.d2g. En este país hemos oído hablar mucho de usted.. Aunque es un buen sitio para citar a una dama. —Pero. Poirot volvió a mover la cabeza con gest o insatisfecho. —Sí.. Al fin y al cabo hace muchos años que viene por estas fec has. señor Poirot. es decir.. ¿no le par ece? Drouet contestó agitadamente: —Ha tenido usted una buena idea. su presencia no suscita sospecha alguna — comentó Poirot—. ¿además de asesinar pobre Salley le robaron? —Sí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Drouet v olvió sobre sus pasos y preguntó con tono excitado : —¿Cree usted. Cualquiera subiría con mucho gusto a diez mil pies de altura en su obsequio.. y. llevaba una gran cantidad de dinero encima y no se ha podido encontrar. —De momento no puedo sugerirle nada más —contestó el de tective— Lo que no llego a comprender es la «razón» de todo esto.? —Creo —replicó Poirot la señora Grandier es una mujer muy interesante. por lo tanto. . ¿por qué aquí? —prosiguió lentamente—... De be existir alguna razón de que Rochers Nieges fuese elegido para la cita.004 http://biblio teca. señor Poirot? Ya conozco su reputación. Inve stigaré ese aspecto de la cuestión. —¿Sabe usted que es interesante ese punto de vista? Nunca pensé que ella tuviera al go que ver en este caso. —Entonces. si ella sugiriera tal cos a..com —¿No tiene otra sugerencia que hacer.. Ni en ningún otro... —Dinero —observó Drouet.. —¿Y cree usted que la cita se concertó con el propósito de dividir el botín? —Ésa es la idea que más salta a la vista.

com 4 El día pasó sin ningún incidente. cas ualmente al parecer. Por fortuna. pero no tuvo ningún éxito. El doctor insinuó claramente que la psicología era su preocupación profesional y que no estaba dispuesto a discutir tal materia con un aficionado. d e luego.. . Pero durante las próximas tres sema nas no habría nadie o casi nadie. ¿qué es lo que podía esperar? Éste es un hotel de primera cate goría y el servicio debe ser bueno. Ella. ¿qué sustancia podía encontrarse en ellas? Dios al hacer el mu ndo no se propuso que la gente viviera de latas de conservas. ¿verdad? — preguntó Poirot. —¿Se refiere usted a Roberto? —encogió los hombros—. pero éste se mostró esquivo y desconfiado. Por suerte. Una vez allí probó de hac er charlar al viejo Jacques. era una cosa que se veía venir. La gente que subía. Lo despidieron. —Antes de que viniera Gustave hubo aquí otro camarero. Hércules Poirot intentó trabar conversación con el doctor Karl Lutz. Jacques y el camarero. tenían gran cantidad de co nservas. —¿No protestó por ello? —No. hacia donde estaba situada la cocina.. Poirot asintió. No tenía habilidad ni experiencia.. De vez en cuando tomaba alguna nota. Poirot salió de la casa y se dirigió. No servía para nada.004 http://biblio teca.d2g. No nos sorprendimos. como es natural. —¿Estuvo mucho tiempo antes de que lo reemplazara Gustave? —Sólo unos pocos días. Tomó asiento en un rincón y siguió la lectura de un grueso tomo alemán que trataba sobre el subconsci ente. Era un camarero muy malo. A primeros de julio lle gaban las criadas y los camareros de refuerzo. comía allí y lu ego volvía al pueblo. en su mayor parte.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Además de ser terriblemente caras... Sin duda al cafetucho de d e vino. la cocinera. aunque ella no era partidaria de tal clase de alimentación. el hotel estaba bien avituallado. —¿Bajó en el funicular? La mujer lo miró con curiosidad. explicó a Poirot. —Sí. Las provisiones no faltarían. El ge rente anunció que no debían pasar cuidado por tal cosa. Su mujer. fue más asequible. —¿Y adonde fue cuando se marchó de aquí —preguntó.. se fue bastante a la chita callan do. Al fin y a la postre. menos de una semana. La conversación fue derivando hacia el tema referente al servicio del hotel. se bastaban para cuidar de todo .

señora. mi ando al propio tiempo el edificio que se levantaba ante él.. Miró a Poirot con aquellos ojos que carecía n de toda expresión. El detective pasó por su lado y continuó el paseo. Ante sí vio una figura.d2g. mostrando los di entes como un caballo resabiado. que no le habrá causado ningún perjuicio. Al dar la vue lta a una esquina casi se dio de bruces con uno de los tres jugadores de cartas. —¿Cree usted que debíamos ir a ver cómo se marchaba aquel inútil. En las otras había muchas hab itaciones. ¿Por qué otro camino pudo irse? —¿Lo vio alguien cuando se marchaba? os dos cónyuges miraron fijamente al detective.com —Naturalmente. cerradas. Espero.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Poirot a presuró el paso y se sintió al lado de la aparecida.. señor. Se alejó lentamente de allí. Tenía una voz profunda. donde no era probable que encontrara a nadie. de contralto. Dio la vuelta y entró en el hotel por una puertecilla lateral.. la elevada y airosa figura de la señora Grandier.004 http://biblio teca. . No mi ró a Poirot. tiene sin cuidado tal cosa —replicó ella.? ¿A tributarle una gran despedida? Una tiene ya bastante c on sus ocupaciones —replicó la mujer. Era el de la cara redonda y ojos pálidos. Solamente los labios se contrajeron un poco. Un hotel de vastas pro porciones. Entonces sólo se utilizaba una de sus alas. —Este accidente del funicular ha sido una contrariedad —Comentó—.. —Eso es —dijo Poirot.

apareció usted en el instante preciso. El más corpulento de los tres avanzó y con un gruñido dijo: —¡Aquí tenemos a este puerco detective! Prorrumpió en un torrente de obscen idades. V io el brillo de una navaja de afeitar. Schwartz. señor Poirot. según pensó Poirot. Le acuchillaremos la cara al señor detective. Condujo su rebaño hasta el armario y lo cerró con llave una vez que hizo entrar a los tres individuos. Tres hombres aparecieron en el umbral. Cuando volvió se dirigió a Poir ot con voz atiplada por la emoción que experimentaba en aquel momento..d2g. marchen! —di jo Schwartz—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. v estido con un pijama rayado. Apretó el gatillo y una bala pasó silbando junto a la oreja del gordo. Estaban algo em briagados. —¡De frente. Tres pares de manos se levantaron apresuradam ente. Bueno..004 http://biblio teca. que no suelo fallar ningún tiro . —¿Llevaba razón o no. los tres jugadores de cartas. La cosa pudo haber terminado en drama. con vigoroso acento tra satlántico. muchachos. yendo a ent errarse en el marco de la ventana. que algunos compadres de Fountain Springs se rie ron de mí cuando dije que me iba a llevar una pistola. No tiene ventana alguna y es justamente lo que necesitamos. señor Poirot? —preguntó Schwartz. una voz ordenó: —¡Arriba esas zarpas! Los tres dieron la vuelta. ahora el que ríe soy yo. —Manos arriba. aunque malévola. pollos. —¿Permite que le moleste. Poirot saltó rápidamente la cama. Se sentó en la cama y encendió la luz.? Sepa usted. ¿Vio usted nunca pandilla semejan te de rufianes? —Mi apreciado señor Schwartz —dijo Poirot—. estaba en el umbral. No será el primero esta noche. Y entonces. Recogió las relucientes armas y pasó las manos sobre el cuerpo de los tres hombres para asegurarse de que no llevaban encima ninguna más. «¿a la selva?». Cuidado. impresionante. Hay un buen armario al final del pasillo. He . Sus caras tenían una expresión atontada. —Vamos a trincharlo.com 5 Hércules Poirot se acostó temprano. de vivos colores. «¿Adonde crees que vas?». me preg untaron. Alguie n estaba manipulando en la cerradura de la puerta. Y en aquel momento cedió la cerradura y la puerta se abrió de par en par. En la mano l levaba una automática. Los tres avanzaron resueltamente hacia la indefensa figura sentada en la cama. Pero pasada la medianoche algo le despertó.

Leí el asu n un periódico. —¡Ah! Es usted. —No morirá. Poirot explicó la situación en pocas palabras. Acuc hillaron a Gustave. Debe padecer una profu nda anormalidad.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Le vendé las heridas y no hay peligro de septicemia. según . pero no estoy seguro. Schwar tz miró fijamente a Poirot.d2g. —¿Marrascaud? —preguntó el doctor Lutz—. —¿Al gerente? Creo que primero debemos hablar con el camarero.. el camarero Gustave es en realidad un detective. Volvió la cabeza cuando en traron los dos. Me gustaría mucho encontrarme con ese hombre. —¿Qué? —venga conmigo.com contraído una gran deuda con usted.. Huellas de sangre que.. —¿Está grave egunto el americano. —¿Es alguno de los que encerró en el armario? —preguntó el americano. Tal vez lo mejor será consultar ahora con el ge rente. con Gustave. El doctor Lutz lo está curando ahora mismo.. Pero no debe habla r.. ¡Qué carniceros! ¡ ué monstruos más inhumanos! Drouet no se movía. Schwartz preguntó al detective: —¿Dijo usted que Gustave pertenece a la policía? Hércules Poirot asintió. Era de color avellana claro y en ella se veían las huellas de un tono rojizo profundo. —¿Y qué hacía aquí.. ¿Y qué hacemos ahora? Debíamos poner a estos chicos en manos de la policía. Me interesaría enterarme de cómo fue su infancia. en rs Nieges? —Se le había confiado la misión de atrapar a un peligroso criminal. no se le debe excitar. Pero eso es precisamente lo que no podemos hacer.. —Es posible. Un trabajo desagradable. —No ha sido nada. pero gemía aunque ligeramente. Vestido con una b ata. —¡Entonces por eso se lo hicieron! —¿Qué es lo que hicieron y a quién? —Ese hatajo de bribones lo tenían a usted en el segundo lugar de su lista. La habitación de Drouet era pequeña y estaba situada en el último piso. Sí. señor Schwartz. si a eso es a lo que se refiere. —Huellas de pasos —dijo el detective—. el doctor Lutz estaba vendando la cara del herido. Poirot contestó con acento dubitativo. Tengo una idea. Es un problema intrincado. Calló y miró fijamente la alfo mbra. —Pues yo —dijo Poirot—.. me contentaría con saber exactamente dónde está en estos momentos.004 http://biblio teca. L os tres hombres salieron juntos de la habitación. a lias inspector Drouet.

¿Qué cree usted que ocurrió? —Creo que esta habitación tenemos el motivo de cierta expresión angustiada que todos hemos vis to en la cara del gerente —replicó Poirot—. Con un dedo señaló.. Pensaron que volvería a Aldermatt. Dieron vuelta a un recodo.» El americano exclamó: —¡Ma aud? Entonces éste es Marrascaud. Lutz c omentó con voz lenta y retumbante: —Y si fue así.. debemos darnos prisa. Y añadió con aspecto pensativo: —Pero el gerente no las tenía todas consigo. inclinándose sobre el cadáver. Fue una cosa completamente posible.. que nadie se sorprendió cuando lo despidieron. Ni robará más a sus compañeros. Por su parte. Tan malo. Pasaron por unas puertas oscilantes y cruzaron un pasillo oscuro y polvoriento.. Vamos. Lu tz se había acercado. h asta que llegaron ante una puerta entreabierta...d2g. Marrascaud debió ofrecerle una buena cantida d de dinero para que le permitiera esconderse en la parte deshabitada del hotel. El cuarto era un dormitorio. Y p or cierto. En él había unas cuantas palabras garrapateadas con tinta. fue un camarero bastante malo. Poirot la acabó de abrir y entró en la habitación. un camarero bastante inútil. «M arrascaud no volverá a matar. conducen hacia la parte inhabitada del hotel. pero nadie lo vio irse. —¿Y Marrasc ud continuó viviendo en esta parte del hotel. ¿Pero qué le trajo a un lugar tan apartado? ¿Y por qué d ice usted que se llamaba Roberto? —Estaba aquí disfrazado de camarero —dijo Poirot—. La cama estaba deshecha y encima de una mesa se veía una bandeja con comida. ¿Y quién lo . . siguiendo todavía las huellas. Era de estatura un poco más que me diana y había sido agredido con salvaje e increíble ferocidad. En m edio de la habitación yacía el cuerpo de un hombre. Lanzó una exclamación aguda y horrorizada.. Schwartz lanzó una exclamación medio ahogada y dio la vuelta con a specto de no encontrarse bien. el doctor Lutz profirió una interjecc ión en alemán.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.com creo. Sobre el pecho de l muerto se veía un papel. —¿Quién es ese individuo? —preguntó Schwartz desmayadamente— ¿Lo conoce algu imagino —dijo Poirot— que fue conocido como Roberto. Los demás lo siguieron. Sus brazos y pecho ha bían recibido una docena de heridas y le habían machacado la cara hasta casi dejarla hecha una pulpa. —¿Por qué lo mataron? —preguntó el doctor tz—.004 http://biblio teca. sin que lo supiera más que el gerente? —Así parece.

D e una u otra forma. para lo cual dispongo de muy pocas medicinas. El doctor Lutz observó con voz irritada: —Esta s especulaciones pueden ser muy interesantes. pero yo estoy preocupado por nuest ra posición social. entrevistarnos con el gerente —dijo Poirot—. Es lo que yo llamo una situación interesante. ¡Estamos aislados del mundo! ¿Por cuánt o tiempo? —Puede añadir a los tres asesinos que tenemos encerrados en el armario —apun tó el americano—. Los traicionó. Creo que la automática del señor Schwartz apoyará cualquier deci sión que tomemos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. nos facilitarán unas cuerdas. y esperaremos. pero se equivocó.. además. sino un hombre ávido de dinero. Nosotros vigilaremos sin descanso. Mi buen amigo Jacques. le ajustaron las cuentas.004 http://biblio teca. para descansar un poco. Tenemos un hombre muerto y. Nuestros tres malandrines deben ser puestos donde podamos guardarnos con seguridad hasta el momento en qu e vengan a ayudarnos. un cobarde. Vino aquí. No es un criminal. los otros se enteraron y lo siguieron hasta aquí —con la punta d el zapato tocó el cadáver—. he de ocuparme de un herido. Y así. No podemos hacer nada más. ¿Qué hago yo? —Usted —contestó graveme Debe hacer cuanto pueda por su paciente. o su mujer.. . —¿Y yo? —preguntó el doctor Lutz—. Tal ve z se imaginó que era el sitio en que menos pensarían sus compañeros. Hércules Poirot murmuró: —Sí fue la clase de cita en que pensamos. —¿Qué haremos? —preguntó Lu primer lugar..com mató? —Eso es fácil —exclamó Schwartz—. Y además.d2g. a este lugar retirado. Debía repartir el dinero con los de su banda y no l izo. Hará todo lo que le digamos.

Sin radio ni otro m edio de comunicación. Venga conmigo. Poirot la abrió y anunció: —Aquí tienen su jabalí salvaje caballeros. amigo mío. dijo: —Éste es un gran día. Éste es un gran momento. Fue Hércules Poirot quien abrió la puerta y los r ecibió con una versallesca reverencia. ¿Cree usted que no hay duda? ¿Es realmente Marrascaud? —Claro que es Marrascaud. una pequeña partid a de hombres apareció ante el hotel. llenos de temor. emocionado. sin saber nada. ¿Qué ocurre? Hércules Poirot explicó con ampulo demanes: —¡Han llegado los refuerzos! Acompáñenos. Schwartz exclamó asombrado: . El heliógrafo fue un destello brillante de su ingenio. no —Po irot procuró aparentar modestia—. Llegaron ante la p uerta de la habitación de Drouet. —¿Van en busca de Drouet? —preguntó Schwartz—. Pero los policías lo cogieron por los brazos a ntes de que pudiera moverse. el comisario de policía asió las dos manos de Poirot. ansiosos. —He oído voces —dijo—... Cójanlo vivo y cuiden de que no defraude a la guillotina. amigo mío.d2g. temiéndolo todo. —¡Ah. Empezaro a subir el siguiente tramo de escaleras. El hombre t endido en la cama intentó levantarse.. Subieron por la escalera. cuando fallan los inventos human os. Poirot sonrió a su vez. Miró fijamente a los que llegaban. Lementeuil. Al fin y al cabo. recurre uno a la Naturaleza. envuelto en su bata. ¿cómo está? —El doctor Lutz dijo anoche que estaba mejor. El señor Lementeuil. —No. Una puerta se abrió y apareció Schwartz.com 6 Pasaron tres días antes de que. — Bien venido. en las primeras horas de la mañana..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. El sol siempre está en el cielo. —Pues no —dijo—. Y nosotros abajo. —¿No nos esperaban? —preguntó Lementeuil con sonrisa que más bien era una mueca. Se cree que el funicular no funcionará por ahora.004 http://biblio teca. señor. Y a propósito. El pequeño grupo e ntró en el hotel. qué alegría me da verl e nuevo! ¡Qué cosa más estupenda y qué emociones habrá experimentado!.

Es el inspector Drouet...Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Drouet fue el primer camarero: el llamado Roberto que fue encerrado en la parte deshabitada del hotel y a quien Marrascaud mató la misma noche en que se pro dujo el ataque a mi habitación.com —Pero si es Gustave el camarero.. pero no Dr ouet. —Es Gustave.d2g..004 http://biblio teca. .

la diferencia que ex iste entre un detective y un asesino. Lo expulsaron de su país y se encuentra en la indi gencia o poco menos. Y entonces le ofrecieron unos crecidos honorarios por encon trarse aquí con un hombre al que debía cambiar los rasgos faciales utilizando los co nocimientos de su especialidad.. —¿Qué persona? —El doctor Lu tz. —¿El doctor Lutz? ¿También es un bribón? —El doctor Lutz es realmente el doctor Lutz.. donde la dejé expresamente para que él la encontrara. Pudo haber sospechado que se trataba de un crimi nal. utilizando mi verdadero nombre y desempeñó su papel con completa confianza. pero no ante un hombre que se dedicara al oficio de detective. Lo vertí y stuve acertado con ello. y si lo hizo cerró los ojos a tal hecho. por ejemplo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Gustave me trajo el desayuno. un cirujano especializado en cirugía estética. Yo sé.. como yo. de encontrar un sitio retirado donde pudiera encontrarse con de terminada persona y donde cierto hecho pudiera tener lugar. He tenido que tratar con policías durante t oda mi vida y lo sé. porque la policía estaba sobre su pista. —S epa usted que hay ciertas cosas que uno conoce con toda exactitud. Para un ajeno a la profesión podía pasar por policía. Por lo . Se dio cuenta de la posición en que se encontraba. gracias a la experiencia que depara la propia profesión. co n suma urgencia. A la mañana siguiente. Aquella noche no bebí el café que me sirvió Gustave.com 7 Después del desayuno. Es un cirujano. Se dirigió a mí.004 http://biblio teca. «Por lo tanto —continuó— sosp eché de él inmediatamente. Pero sen tía una gran inquietud. del terrible desastre que se le avecinaba. p ro no es un especialista de los nervios. Sus pla nes quedaban desbaratados por completo.d2g. —Hizo una solemne tontería al venir —comentó con seguridad Schwartz—.. pero asimismo no era policía. am igo mío. Entrada ya la noche penetró un hombre en mi habitación con la confianza de quien sabe que su víctima está narcotizada. eso lo sospeché en seguida. Tenía necesidad. Ésa era la causa por la cual debía encontrarse aquí con Marrascaud. Rebuscó entre mis cosas y encontró la nota de Lementeuil en mi cartera. Gustave no era camarero. ni un psicoanalista. ¿Por qu ino? Poirot contestó gravemente: —No tanta tontería como usted cree. Estaba cogido aquí arriba como una rata en la ratonera. Poirot explicó la situación al americano que estaba hecho un lío.

. donde nadie viene en época tan temprana si no es para una visita ráp ida y donde el gerente es un hombre que necesita dinero y a quien se puede compr ar. La banda s e ocupó luego de estropear el funicular.d2g. envió a su banda para que me liquidaran. se encontraba el sitio ideal. Marrascaud fue traicionado. ¿es usted realmente Hércules Poir ot? —preguntó el americano..004 http://biblio teca. Y murmuró para sí misino: —Quería capturar vivo al ja balí salvaje de Erimantea.. —¿Y por qué no lo dij ? La cara de Poirot se tensó repentinamente. las cosas no salieron bien —cont inuó Poirot—. pero Marrascaud actuó sin perder mom ento.. —Ni más ni menos. Po irot hizo una ligera inclinación de cabeza. »Pero. —¿Y no le engañaron ni un instante con aquel er? ¿Sabía usted entonces que no era el de Marrascaud? —Naturalmente. no habían llegado aún. —Entonces. —Porque quería estar seguro de entregar a la policía el verdadero Marrascaud. Los tres hombres. Aquí arriba. amigo mío. la noche siguiente fue muerto Drouet y le prendieron un papel en el pecho. Secuestró al policía que se hacía pasar por camarero y ocupó su puesto. Todo era cuestión de ganar tiempo. . Pero tenían que hacer callar a un hombre.com tanto. El doctor Lutz llevó a cabo su operac ión sin más demora. no se atrevió a utilizar los servicios de una clínica en cualquier país extranj ero. como dije. sus guardaespaldas que d ebían venir para protegerle. Esperaban que cuando se restablecieran las comunicaciones con el valle. a Hércules Poirot. Y por lo tanto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2... Gracias a usted. el cuerpo de Drouet h ubiera sido enterrado como el de Marrascaud.

. Había sentido la misma necesidad al leer lo s debates parlamentarios en la prensa. la solidaridad del Partido. Una ligera sonrisa distendió los labios del detective. de la frase que suena bien al oído y carece por completo de signific ado. George. Cuando se retiró el famoso y generalmente estimado John Hammet.. al prop io tiempo. Hércules Poirot apartó su mirada del ministro de la Gobernación y la f ijó en el jefe del Gobierno.. pero lo prohíbe la buena educación. que estuvo a punto de contestar: —Siempre lo es. El poder de la prensa. La sin igual delicadeza de la posición en que se encontraba el Gobierno. decirl e algo. un interés pr omovido por una frase casual que oyó a un anciano de ochenta y dos años. cierta simpatía por sir George Conway..004 http://biblio teca. Sentía. El hombre quería..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. su hijo político Edwa rd Ferrier fue llamado a formar . señor Hércules Poirot... ahora lord Cornworthy.. pero en aquella ocasión no se vio obligado a reprimir sus bostezos. después de resolver un problema de química surgido al probar la cul pabilidad de un asesino. es decir.. mientras la cara del pobre sir George enro jecía por momentos... —Está bien.com capítulo V LOS ESTABLOS DE AUGIAS 1 —La situación es en extremo delicada. Lanzó una mirada desesperada al hombre que se sentaba a la cabec era de la mesa y el otro acudió en su ayuda. Hércules Poi rot sintió ese dolor de mandíbula que se experimentaba cuando uno tiene ganas de bos tezar. El profesor Fergus MacLeod.... había hablado un poco de política. Sentía un intenso interés por Edward Ferrier. Pero en lugar de ello. la prosperida d del país. Sir George Conway prosiguió su perorata. La necesidad de presentar un frente unido. yo se lo explicaré —dijo Edward Ferrier. Las fras es salían de su boca con facilidad.. Las palabras siguieron fluyendo. Las palabras se habían convertido para él en un medio que le servía para osc urecer los hechos. Se armó de paciencia para resistir aquello. El interés Público. Era un entusiasta de la frase convenien te. y se veía también que había perdido la costumbre de explicar las cosas senci llamente....d2g. sin duda. Todo aquello sonaba muy bien y no tenía significado alguno. no para aclararlos. ajustó la expresión de su cara a lo que pudiera llamarse la extrema discreción de un médico de cabecera.

Comparando su edad con la de los principales políticos. se experimentó un desasosiego general.) Por lo tanto. lo cual dio lug ar a que lo apodaran «El Vikingo». pues todavía no había llegado a los cincuenta años. Siempre lo llevaba puesto. John Hammet popularizó su impermeable. Inglaterra no necesitaba bri llantez. era hombre de buena pre sencia. Los extranjeros criticaban algunas ve ces esos discursos. Además. ni como hombre de vasto s estudios. pero para Hércu les Poirot representaba mucho. Sus discursos. ¿Quién le sucedería? ¿El reful gente lord Charles Delafield? (Demasiado brillante. educado en la más pura tradición. Había sido preparado por el «viejo» con cuya hija se casó. ello coincidía con la opinión general. . de quien. El profesor MacLeod había dicho : «Ferrier fue uno de mis discípulos.) ¿Evan Whittler? (Inteligente. Si Baldwin hizo famosa su pipa y Chamberlain su paraguas. Como un símbolo del clima inglés. Edward Ferrier e staba considerado como un hombre cabal y entero. Ni brillante ni eminente.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. y los ingleses n o necesitaban tal cosa en su país. Podía con fiársele el gobierno de la nación. de una forma depor tiva. era u na prueba de su carácter que no admitía comparación con cualquier entusiasmo popular o periodístico. pronunciados en tono reposado y serio. John Hammet no tenía ningún inconveniente en ser liberal. Por otra parte.) ¿John Potter? (La clase de hombre capaz de convertirse en un autócrata.d2g. A decir verdad. era un hombre jo ven. Era un ciudadano recto. er a una prenda usada y deslucida por el tiempo. de tez blanca y brillantes ojos azules.» Eso fue todo. La gente estaba segura de su honradez. pues seguiría la misma política de su antecesor. como educado en una escuela pública. sin más aditamento. de su apego a sus viejas propiedades. alto y erguido. Si MacLeod calificaba de cabal a un hombre. Ferrier «se sostendría». diciendo que eran hipócritas a la vez que intolerablemente lib erales.com Gobierno. Su madre nació en Dinamarca y él fue durante muchos años primer lord del Almirantazgo.004 http://biblio teca. Es un hombre cabal. de l a prudente previsión de la raza. no como un orador de particular elocuencia. contenían esos tópicos simples y sencillos tan profundamen te arraigados en el corazón de los ingleses. John Hammet sabía cómo hablar en público. En él estaban representadas cada una de las cualidades favoritas de los británicos. por decirlo así. Cuando su poca salud le forzó por fin a dejar las r iendas del Gobierno. Se contaban anécdotas sobre su sencilla vi da hogareña y su afición a la jardinería. El que se casó c on la hija de John Hammet. Según la popular expresión i glesa. pero quizás un poco falto de escrúpulos. Porq ue John Hammet gozó de profunda estimación por parte del pueblo y la prensa inglesa. todos dieron un suspiro de alivi o cuando el reposado Edward Ferrier asumió el cargo. Ferrier era el hombre apropia do. a la manera inglesa. fue la mano derecha.

otros. La voz reposada de Ferrier calló al fin. Cuando esas revelaciones salen a la luz. —¿Qué medidas piensa usted adoptar contra ello? Ferrier con testó lentamente: —Constituyen un ataque personal a John Hammet.com Hércules Poirot fijó su mirada en aquel hombre sereno. de cara enigmática y voz agrada ble. ¿sabe usted de qué se trata? —preguntó el det ctive. —Desde hace dos semanas —continuó Ferrier— se vienen haciendo insinuacion es sobre el inminente descubrimiento de un escándalo mayúsculo en las más altas esfera s políticas. poco más o menos. Demostraban que fue un bribón redomad o. John Hammet.d2g. con párrafos detonantes que apuntan sensacionalmente a hechos que s e suponen secretos. —Poco más o menos. señor Poirot. Por lo tanto. enrojeciendo ligeramente. en qué consiste —dijo el primer ministro—. conocerá usted un semanario titulado el X-ray News. Hércules Poir ot no replico. El ministro de la Gobernación gruñó: —¡Es monstruoso! —farfulló—. Era delgado. . «Asombrosas revelaciones de corruptelas. Ferrier contestó con sequedad: —E sta vez no quedarán decepcionados. o lo que sean. Algunos de ellos son verdaderos. inofensivos. —Entonces.. van a pub licarse en el X-ray News? —Sí. decepcionan generalmente a los que gustan del sensacionalismo. el que edita el per ho. Hizo una pausa y lue go prosiguió con voz un poco alterada: —En ciertas ocasiones hay algo más. fue exponiendo lo ocurrido. Mas t odos servidos de una forma picante. que con un colosal abuso de confianza y utilizando su posición había amasado una gran fortuna personal. escamoteo de valores públ icos.004 http://biblio teca. Cuidadosa y metódicamente. Poirot preguntó: —¿Y esas revelaciones.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. En ciertas ocasiones.. —Entonces. empleo fraudulento de los fondos del Partido. No era una historia muy edificante.. ya sabe usted.» El detective se encogió de hombro s y observó: —Un truco vulgar. Edward Ferrier calló durante unos instantes y después empezó a h ablar. —L e di una ojeada de vez en cuando —admitió Poirot.. moreno y tenía aspecto de estar fatigado. debía ser fusilado. Es una espe cie de libelo. Todos esos cargos se hacían co ntra el último jefe del Gobierno. Edward Ferrier estaba diciendo: —Tal vez. ¡Monstruoso! Ese Perry. Acusaciones de desvergonzados embrollos.

El desastre que se nos viene encima consiste en que el hombre qu e era nuestro caudillo. P dward Ferrier estaba ya hablando.004 http://biblio teca. Y además. señor Poirot —exclamó sir George—. —El fallo puede serles favorable —replicó Ferrier.. Ella co nocía su manera de ser.d2g.. —insinuó sir George. —Pero. los gastos serán elevados en extremo. «Cuando la verdad comenzó a revelarse —continuó después de una paus me horroricé. —Pero así y todo. yo creo que... —¿Por qué? —En realidad. La sonrisa cruzó de nuevo uella cansada cara. Sir George profirió otro gruñid o. si el caso se f alla contra el periódico. —¿No se había enterado usted de lo que pasó? —preguntó Poirot. Ferrier lo interrumpió.. que esto es estrictamente confidencial. —Por desgracia. Edward —exclamó—.. Ni una palabra. hemos sido partidarios de la hon radez estricta. —Ya c omprenderá. —¿Estará dispuesto a ello? . como quejándose de una franqueza tota lmente antiparlamentaria.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¿Por qué? —Posiblemente nada agradaría más al X-ray News —le contestó el primer ministro ropaganda que esto le daría sería enorme. Pero ahora ya lo entiendo. Sir George lanzó un gruñido. estaba completamente engañado.. Ésta es una de ellas. Su defensa se basaría en que todo consiste e n un comentario imparcial y que las declaraciones hechas son verdad. Nadie nos consideró nunca como políticos in signes. —Tal vez no me crea. Pero siempre seguimos la tradición d e hacerlo todo como mejor hemos sabido.. —Porque lo que quieren publicar es. hay veces en que debe decirse la verdad desnuda. el honrado hombre del pueblo par excellence. Geo rge —dijo—.com tendrá perfecto derecho a demandar al periódico por difamación. seguramente no admitiremos. El asunto s ería expuesto exhaustivamente a la curiosidad pública. ha result ado ser uno de los peores bribones de esta generación. Nu estro Partido se mantiene por lo que representa para el pueblo de Inglaterra. Nos habremos confundido y equivocado. no lo pude creer. po rque defiende la decencia y la honradez. Pero al igual que los demás. Instamos la renuncia de mi . —El señor Poirot lo comprende perfectamente —dijo—. Nunca comprendí la curiosa actitud de reserv a que mi esposa guardaba respecto a su padre. pura y sim plemente la verdad. señor Poirot —dijo Ferrier—.. La somb ra de una sonrisa pasó por la cara fatigada del primer ministro. Lo que tal vez no haya entendido es esto: el futuro del Partido está en juego..

—Para eso me llamó. limp iar la porquería. Ya conoce usted el problema político de Everhard. se convocarán nuevas elecciones y Everhard y su partido volverán al poder.004 http://biblio teca. —Se necesita . Me di cuenta de que si queríamos conseguir la salvación. C aerá el Gobierno.. Una vez que l os hechos sean del dominio público. Pero de lo que sí estoy seguro es de que lo inte ntaré —sonrió con súbita acritud—. Como ve.. Sir George balbuceó: —Un ince ndiario. se producirá una ola de reacción por todo el país. y lo conoce demasiada gente para que se pueda ocultar con éxito. Y prosiguió al cabo de un momento: —Aunque es posible que considere usted la situ ación desde un punto de vista ético. eso es..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. prácticamente sería una dictadura. ¿no es cierto? Pensó que tal vez yo pudiera acerlo. Fue un gesto de desaliento. simple y llanamente. —añadió. Recuerde que me llamo Hércules. Se necesita. nada menos que un milagro. El primer ministro sacudió despacio la cabeza. los políticos quieren permanecer en sus cargos or los . ¿verdad? —Así es. basándonos en su poca salud y nos pusimos a. Los dos únicos medios de que disponemos. el impulso d esatado de las fuerzas de la Naturaleza. El ministro de la Gobernación ha comparado nuestro problema con los establos de Augías.. —Lo he llamado. bel icoso y carece por completo de tacto.. sólo p día venir esto a través de una inteligencia fantástica y fuera de las reglas habituale s. ¿Puede construirse una casa honrada sob re cimientos deshonestos? No lo sé. —Everhard es hábil —comentó lentamente Ferrier—. En mi opinión. en resumen. la violencia de un río desbordado.d2g. —M temo —dijo Ferrier— que sea una tarea demasiado hercúlea para nosotros. Poirot dio un respingo. este asunto es demasiado grave. un Hércules —dijo Poirot moviendo afirmativamente la cabeza con expres ión complacida—. señor Poirot.. —¿Acaso duda de que pueda guardarse secreto? —pre guntó Poirot. ¿no es eso? John Hammet fue un sinvergüenza. — insinuó sir George.. Poirot? —preguntó Ferrier.. señor Poirot.. y no espero que prospere ninguno de e llos.. pero l a leyenda que le rodea debe ser explotada. Sus seguidores son ineptos y vacilantes.. Pero es temerario. Sir George refunfuñó: —Los establos de Augías. son la fuerza o el soborno.com suegro al cargo que ostentaba. —Tan sólo con que pudiéramos m ener secreto el asunto.. —¿Puede hacer usted el milagro. contando con usted como último recurso —dijo F errier—.. Hércules Poirot asintió.

uno de nuestros más eminentes científicos y de los mejores cerebros de nuestros días. Pero Edward Ferrier. —Señor —dijo—. en mi vida vi desf achatez semejante. un hombre cabal.. Haré lo que pueda. Un hombre que es r ealmente grande.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. no. ni el dedo meñique.... Pero sé algo acerca de usted.004 http://biblio teca.. me dijo que era usted. sonriendo todavía. no levantaría un solo dedo para salvarlo. dijo: —Fue un cumplido. . Hércules Poirot se levantó.d2g. Mi experiencia en el campo cíaco tal vez no me permita tener muy buena opinión de los hombres que se dedican a la política.com móviles más sublimes. Hizo una reverencia y salió de la habitación.. Sir George exclamó: —Bueno. Si John Hammet ocupara todavía su campo.

por lo general.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Durante años estuve temiendo. Como esposa del primer ministro era natural que recayera sobre ella gran p arte de la popularidad de su marido. El detective comentó con aspecto pensativo: —Yo creo que los tiene.. todavía hermosa... La mayor parte de su tiempo es taba dedicada a practicar la caridad en gran escala.. una madre amante. se estiman como esferas apropiadas para la activid ad femenina.. Pero como hija de John Hammet. ni la más mínima idea. —Edward se casó conmigo. señora —le dijo Hércules Poirot. Poirot pr eguntó tranquilamente: —¿Tiene usted enemigos. —No. La nación en tera se interesaba por ella y era uno de los principales medios positivos con qu e contaba el Partido. —Acaba usted de ver a mi marid o —dijo sosegadamente—. Su voz era profun da y de tono amargo. que compartía la afición de su mar ido por la vida campestre..... Se interesaba solamente en aquellos aspectos de la vi da pública que. . Dagmar Ferrier representaba el ideal popular del sexo femeni no inglés. Era una esposa adicta. su popularid ad era todavía mayor. que ocur riera algo. Luego tomó asiento frente a Poirot.. Vestía bien. —Lo estoy. lo que todos suponían. de cabellos rubios. ya me di cuenta de que era. Poirot la miró con atención.d2g. La señora Ferrier era una figura pop ular. D sde que era una niña. Era una mujer de alta estatura. —¿Enemigos o lo creo. señor Poirot. Hércules Poirot se vio detenido por una mujer alta. y le ha contado.. Sólo sé que mi padre no ha sido. El detectiv e se inclinó ligeramente y la siguió: Ella cerró la puerta. —¿No tiene usted idea de lo que sucede actualmente? Ella sacudió la cabeza . un farsante. pero nunca con ostentación. —Haga el favor de pasar a este saloncito...com 2 Cuando bajaba la escalera. en cuya cara se reflejaba un caráct er resuelto y una inteligencia muy despierta.. y ahora lo perderá todo —dijo. lo de mi padre.004 http://biblio teca. —Debe estar usted terriblemente alarmada. y no sabe usted cuánto. Había inaugurado organizacion es especiales para socorrer a las esposas de los obreros sin trabajo.. señora? Ella lo miró sorprendida.. le indicó una silla y le ofr eció un cigarrillo.

¡E s solamente por Edward! —exclamó ella. señora? Se prepara una gran campaña contra su mari o y contra usted misma. señora. —El uno incluye al otro. Debe estar dispuesta a defenderse.com Y luego prosiguió: —¿Tendrá usted valor.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Recuerde que es usted la mujer del César. Vio cómo la mujer palidecía y se inclinaba hacia delante par a preguntar: —¿Qué es lo que pretende decirme? . —Pero lo mío no importa.004 http://biblio teca.

un joven flaco que usaba gafas. aunque luego se ha producido un pequeño incremento en el saldo de su cuenta corriente y. como satisfecho . Está bien. ¿Va usted al Royal Enclosure de Ascot? ¿No? Perdone. Es imposible. —Me lisonja usted —contestó el detective—. Con voz suave y untuosa estaba diciendo en aq uel momento: —Les vamos a sacar todos los trapos sucios.. seño r Poirot —dijo Percy Perry—. estupendo! Su s egundo. ¿No cree que intentarán algo? —Mandarán a alguien para que parlamente. Dejó el auricular e hizo una mueca. estaba sentado ante su mesa de trabajo. ¡Estupendo. Vendrá para llevar a cabo su parte en el programa. el editor del X-ray News. hágalo pasar. —Encantado de conocerlo. Y si lo hicieran no les aprovecharía de nada. Sonó un zumbador y Percy Perry cogió el auricular.. me lo ha contad n pajarito.. que en ocasiones ha estado usted a punto de publicar ciertas manif estaciones verdaderamente perjudiciales en su spirituel periódico.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. al f inal no llegaron a publicarse tales manifestaciones.d2g. E ra bajito y tenía cara de comadreja... —Han contratado se polizonte belga. El otro conte stó: —Deben encontrarse en un buen apuro. Querrá saber si estamos dispuestos a negociar. se dio un golpe en la rodilla y dijo con al egre sonrisa: —Chantaje.. Perry preguntó con sequedad: —¿Para qué quería v erme? Poirot se inclinó hacia delante.. —¿Quién ha dicho ? —preguntó—. preguntó intranquilo: —¿No está usted nervioso? —¿P r si emplean métodos violentos? Ellos no son de ésos. Iba elegante mente vestido y llevaba una camelia blanca en el ojal. Poirot se recostó en su asien to y movió la cabeza.. Hércules Poirot entró en el despacho.. Sólo pretendo tener un buen aspecto. Eso tiene mayor importancia —paseó la mirada por la cara del editor y su desaliñado traje— c uando uno tiene pocas ventajas naturales.004 http://biblio teca. dada la forma con que l o hemos preparado todo.com 3 Percy Perry. —¿Qué diablos quiere decir? ¿Chantaje? —He oído. tanto aquí como en el Continente y en América.. No tienen suficiente carácter. me equ ivoqué.

señor Perry. —Soy un reformador. En vis ta de los hechos que sucedieron después. Me opongo a toda corrupción. —¡Claro que me ofendo! Y respecto al chantaje. no. También usa usted la misma frase. según dijo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Estoy seguro de ello. —Y lo que lta —prosiguió Perry— para limpiar esos establos es la corriente impetuosa y purificad era de la opinión pública. —Un asunto de imp nacional.004 http://biblio teca. . —Aplaudo sus sentimientos —dijo. Percy Perry contestó con rapidez: —Oiga. fue q ue no le gustaban los chantajistas. No m e ha comprendido. Pero Poirot había salido ya. —¿Se da usted cuenta de que lo que ha insinuado represe nta una calumnia? Poirot sonrió con aire de seguridad.com por lo que acababa de decir. señor Poiro t —dijo el editor—. El detective se levantó. espere un momento.d2g. Yo no dije eso exactamente. No lo estoy amenazando. Cambiaron una expresiva mirada. su pretexto para obrar así. Quiero aclarar la política de este país. — No. ¿Cuánto? —¡No sé de qué me está usted hablando! —replicó Percy Perry. ¿ onoce usted el estado actual de la política? Exactamente igual que los establos de Augías. —Estoy seguro de que usted no se ofenderá por ello. Quería tan sólo llegar a una simple pregun ta. no existe ningun a prueba de que lo haya practicado con nadie. —¡Caramba! —exclamó Hércules Poirot—. Y añad —Es una lástima que no necesite usted dinero.

existe una conjura que debemos desbaratar. siéntese y escuche.com 4 Everitt Dashwood. tiene espírit u deportivo y le gustan las cosas que se salgan de lo corriente. Si pudiéra mos ya lo habríamos hundido. —Ése es un condenado chupóptero. —C eo que es usted el hombre que necesito —dijo el detective—. La única forma de hacerlo sería desviando el Támesis para que se llevara por delante el Parlamento.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Es usted un cínico —repitió Poirot moviendo la cabeza.d2g. Demasiado pesado para usted. —Quiere limpiar los e stablos de Augías. —Mejor que mejor. La mía es basura limpia. Y todo ello..004 http://biblio teca. amigo mío. —Conozco el mundo. —¿Y suponiendo que así sea. ni más ni menos. —No le estaba insinuando que fuera igual a la de Percy Perry. a migo mío —dijo—. golpeó afectuosamente la espalda de Hércules Poirot. —Entonces. ¿eh? —le dijo Dashwood—. . Una mancha en nuestra profesión. —Pues sucede —explicó Poirot— que en este momento me encargo de un pequeño asunto consistente en aclarar un escándalo político. —Estará relacionado con un grosero complot que fraguan con tra una mujer.? —Quiero poner en práctica un plan que tengo en la imaginación. Estas cosas de mujeres siempre interesan a la gen te. el joven y alegre miembro de la redacción del periódico The Branch . Es atrevido.. Si es cierto lo que me figuro. constituirá otra noticia que su periódico publicará antes que ningún otro. —Hay varias clases de basura. —De acuerdo ijo alegremente Dashwood.

En el bar de «El Ganso y las Plumas» de Little Winpliton.004 http://biblio teca. 1 Nombre que aplican los ingleses a todos los extranjeros. No son ni más ni menos que unos asqueroso s bribones. —Bueno. pero no creo que John Hammet sea lo que dicen. —Everhard nunca haría eso. —Está bien. Otra voz replicó: —No te fíes nu nca de las mujeres. —Tod os ellos están cortados con el mismo patrón. Si fueras a creer todo lo que pon en los periódicos. ¿Has oído lo que cuentan de ella ? Todos se inclinaron sobre un sobado ejemplar del X-ray News. Ya qu isieran parecérsele muchos de esos politicastros que andan por ahí. —Cuentan que hizo miles de libras con el asunto del petróleo de Palestina. Pertenece a los de la vieja escuela.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Eso es lo que sie mpre se dice de los estafadores antes de ser descubiertos. —La mujer de Ferrier es hija suya. John Hammet fue siempre un hombre honrado. ¡Oh. Un negocio de los más sucios.. Dagmar . Dagmar! ¿Cómo puedes ser tan picarona?» Una voz rústica comentó: —La señora Ferrier no ha esas cosas. Si quieres que te diga la verdad creo que no hay ni una buen a. . pu es yo no lo creo. no faltaba más.com 5 La gente hablaba.d2g. ¿Gigolo? Uno de esos desvergonzados dagos1. Y acompañada por su gigolo. «¿La mujer del César? H emos oído que cierta dama relacionada con las más altas esferas políticas fue vista el otro día en un ambiente verdaderamente extraño..

—Simple camuflaje.com 6 La gente hablaba. ya sabes. —¿Y qué me dices del escándalo pú que dejan entrever? Aseguran que su padre malversó los fondos del Partido. querida: yo creo que es absolutamente cierto. A Noemi se lo dijo Paul. —Mira. y éste oyó cómo lo contaba Andy. ¡Claro que no lo pone con todas las palabras! Pero lo puedes leer entre líneas. Es una depravada.d2g. .. —Pero si siempre fue ta n normal y nunca salió de casa a no ser que tuviera que inaugurar alguna tómbola benéf ica.. No sé cómo se enteraron de esas cosas. eso es lo que dice el X-ray News. Es ninfomaníaca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004 http://biblio teca.. Bueno. querida..

parece como si no pudiera fiarse una de nadie . Pues ya ve usted. —Sí. . —No me gusta pensar en ello. en junio. — esde luego. ¡Dios mío!. siempre pensé que la señora Ferrier era una mujer que sabía lo que se hacía. se lo aseguro... eso es verdad.004 http://biblio teca. señora Rogers.. ¿Quién lo iba a imaginar? Si hace tan sólo unos meses.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. pero yo digo que cuando el río suena. in auguró una tómbola en Pelchester.com 7 La gente hablaba. no me gusta p ensar eso de ella. Y estuve tan cerca de ella como lo estoy ahora de ese sofá. Tenía una Sonrisa tan agradable.. —¿C ee usted que todas esas atrocidades son verdad? —Como le dije antes.

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8 Edward Ferrier, con la cara pálida y tensa, se dirigió a Poirot. —¡Esos ataques a mi muj er... son obscenos... absolutamente obscenos! Voy a entablar una demanda contra ese vil periodicucho. —Yo no le aconsejaría eso —observó Poirot. —Pero convendrá conmigo en que esas condenadas mentiras deben acabar. —¿Está usted seguro de que son mentiras? —¡Mald ita sea! ¡Sí! Con la cabeza ligeramente ladeada, Poirot preguntó: —¿Y qué dice su esposa? P r un momento Ferrier pareció desconcertarse. —Ella opina que lo mejor es no darse po r enterados... Pero yo no puedo hacerlo. Todo el mundo habla... —Sí; todo el mundo h abla —replicó el detective.

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9 Y entonces apareció la lacónica noticia en todos los periódicos. «La señora Ferrier sufre una ligera depresión nerviosa y ha salido para Escocia con el fin de descansar.» Con jeturas, rumores... informes fidedignos de que la señora Ferrier no estaba en Esco cia; de que nunca estuvo allí. Historias escandalosas acerca del verdadero parader o de la señora Ferrier. Y la gente habló de nuevo. —Te digo que Andy la vio. ¡En ese lug ar tan indecente! Estaba borracha o había tomado drogas. La acompañaba Ramón... ese an tipático gigolo argentino. ¡Ya ves! Y más habladurías. La señora Ferrier se había ido al ex ranjero con un bailarín argentino. La habían visto en París, atiborrada de drogas. Las tomaba desde hacía muchos años y bebía como un pez. Lentamente, la recta mente ingles a, al principio incrédula, fue tomando una actitud condenatoria contra la señora Fer rier. Al fin y al cabo, parecía como si hubiera algo de cierto en todo lo que se d ecía. Aquélla no era la clase de mujer apropiada para ser la esposa del primer minis tro. «¡Una Jezabel; ni más ni menos que una Jezabel!» Y luego llegaron las fotografías. La señora Ferrier, en París... en un club nocturno, recostada y con un brazo posado fa miliarmente sobre el hombro de un joven moreno, de tez oscura y aspecto depravad o. Y en otras circunstancias, medio desnuda en una playa, con la cabeza reclinad a en el hombro de aquel lagarto de salón. Debajo de la «foto»: «La señora Ferrier se divie rte...» Dos días después se presentó una demanda de difamación contra el X-ray News.

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10 Sir Mortimer Inglewood, abogado de la Corona, inició el caso por la parte demandan te. El aspecto del abogado era grave y parecía poseído de virtuosa indignación. La con jura sólo igualable al famoso caso del Collar de la Reina, familiar a los lectores de Alejandro Dumas. El complot imaginado para difamar a la reina María Antonieta ante los ojos del populacho. Y esa conjura había sido tramada de nuevo para desacr editar a una noble y virtuosa señora que ocupaba en el país la posición de la mujer de l César. Sir Mortimer habló con amargo menosprecio de fascistas y comunistas, pues a mbos trataban de minar las democracias con toda clase de maquinaciones. Luego ll amó a sus testigos. El primero fue el obispo de Northumbria. El doctor Henderson e ra una de las más conocidas figuras de la Iglesia anglicana; un hombre de gran pie dad e integridad de carácter. Tenía amplio criterio; era tolerante y pasaba por ser un gran predicador. Todos los que lo conocían sentían por él profundo respeto y cariño. Subió al estrado y juró que durante las fechas mencionadas, la señora de Edward Ferrie r había estado en palacio, invitada por su esposa y por él. Agotada por su intensa a ctividad haciendo buenas obras, le había sido recomendado un reposo absoluto. Su v isita se mantuvo en secreto para evitar cualquier molestia por parte de la prens a. Un médico eminente siguió al obispo y atestiguó que había ordenado a la señora Ferrier un completo descanso, con ausencia de toda preocupación. Un practicante testimonió l uego que había atendido a la señora Ferrier en la residencia del obispo. El siguient e testigo que compareció fue Thelma Andersen. Un estremecimiento recorrió la sala cu ando la testigo subió al estrado. Todos notaron en seguida el extraordinario parec ido físico de aquella mujer con la señora Ferrier. —¿Se llama usted Thelma Andersen? —Sí. — sted súbdita danesa? —Sí. Vivo en Copenhague. —¿Trabaja usted en un café de dicha capital? señor. —Haga el favor de explicarme lo que ocurrió el día dieciocho de marzo último. —Un ca allero se acercó a la mesa donde yo estaba. Era inglés y me

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dijo que trabajaba para un periódico de su país titulado el X-ray News. —¿Está usted segur a de que mencionó ese nombre? —Sí; estoy segura... porque al principio creí que se trata ba de una revista médica. Pero no; parece que no es así. Luego me dijo que había una a ctriz inglesa que necesitaba encontrar una «doble» y que yo era justamente el tipo a decuado. No voy mucho al cine y no reconocí el nombre que me dijo. Pero me aseguró q ue era muy famosa; que no se encontraba bien y que por lo tanto precisaba que al guien se presentara por ella en algunos sitios públicos. Al final me prometió que mi s servicios serían pagados generosamente. —¿Cuánto dinero le ofreció aquel caballero? —Quin entas libras en moneda inglesa. Al pronto no lo creí... Pensé que se trataría de algún a rdid; pero me pagó al momento la mitad de la suma ofrecida. Como es lógico, me apres uré a comunicar al dueño del café que dejaba el empleo. La relación prosiguió. La llevaron a París, donde la facilitaron buenas ropas y fue provista de una «escolta». Un caball ero argentino muy solícito... muy respetuoso y atento. Al parecer, la mujer se había divertido. Vino en avión a Londres y frecuentó varios clubs nocturnos acompañada por el caballero de tez morena. En París la fotografiaron junto a él. Admitió que algunos de los sitios en que estuvieron no eran muy refinados... ¡De veras, no eran nada r espetables!... Y algunas de las «fotos» que se tomaron tampoco eran de buen gusto. P ero, según le dijeron, aquellas cosas eran necesarias para la publicidad... y el s eñor Ramón había sido siempre muy respetuoso. Contestando a varias preguntas, declaró qu e nunca se mencionó el nombre de la señora Ferrier y que no supo jamás que aquella señor a era a la que había estado suplantando. Creía que en todo ello no había nada malo. Id entificó algunas fotografías que le fueron mostradas y dijo que habían sido hechas dur ante su estancia en París y la Riviera. Se veía que Thelma Andersen hablaba de buena fe. Era una mujer agradable, aunque ligeramente tonta. Cuando comprendió lo que h abía hecho, su disgusto quedó bien patente para todos. La defensa no convenció a nadie . Fue una frenética negación de haber tenido algún trato con la Andersen. Las «fotos» en c uestión habían sido enviadas a la Redacción de Londres, donde supusieron que eran autént icas. El discurso en que Mortimer presentó sus conclusiones definitivas levantó el e ntusiasmo. Describió el asunto, calificándolo de cobarde conjura política planeada par a desacreditar al primer ministro y a su esposa. Todas las simpatías debían verterse sobre la infortunada señora Ferrier. El veredicto, una conclusión que podía adelantar se, fue pronunciado en medio de escenas sin precedentes. Los perjuicios se cifra ron en

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004 http://biblio teca.d2g.com una suma fabulosa. Cuando la señora Ferrier, su marido y su padre salieron de la s ala fueron recibidos por el clamor afectuoso de una gran muchedumbre.

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11 Edward Ferrier asió efusivamente la mano de Poirot. —Mil gracias, señor Poirot. Esto a caba de una vez con el X-ray News. Ese indecente papelucho está destruido por comp leto. Lo tenía merecido por planear un complot tan asqueroso. Contra Dagmar, además, que es la criatura más buena del mundo. Gracias a Dios, se las compuso usted para que el asunto apareciera ante todos tal como era... ¿Cómo se le ocurrió la idea de qu e pudieran estar utilizando un «doble»? —No fue idea nueva —le recordó Poirot—. Fue emplead con éxito en el caso de Jeanne de la Motte, cuando suplantó la personalidad de María Antonieta. —Ya comprendo. Tendré que volver a leer «El Collar de la Reina». Pero ¿cómo enco tró usted precisamente a la mujer que estaban empleando para ello? —La busqué en Dinam arca y bien pronto la localicé. —¿Y por qué en Dinamarca? —Porque la abuela de la señora Fe rier era danesa, y ella misma tiene un tipo marcadamente danés. Pero además había otra s razones. —El parecido es chocante en extremo. ¡Qué idea más diabólica! ¿Cómo llegaría esa de Percy a pensar en ello? Poirot sonrió. —No fue él —se dio un golpe en el pecho—. ¡Yo fu el que pensó en ello! Edward lo miró fijamente. —No lo entiendo. ¿Qué quiere decir? Poiro t explicó: —Debemos retroceder a una historia mucho más vieja que la de «El Collar de la Reina»... a la de la limpieza de los establos de Augías. Lo que Hércules utilizó fue un río... es decir, una de las grandes fuerzas de la Naturaleza. ¡Modernice eso! ¿Cuál es, también, una de esas grandes fuerzas? El amor y las cosas relacionadas con él, ¿verda d? Es el aspecto amoroso el que hace que se vendan las novelas y el que da interés a las noticias. Dé a la gente un escándalo relacionado con asuntos amorosos y le in teresará más que cualquier trampa o fraude político. »Eh bien —continuó el detective—, ésa i tarea. Primero, poner mis manos en el cieno, como hizo Hércules para construir u n dique que desviara el curso del río, un periodista amigo mío me ayudó. Estuvo buscan do en Dinamarca, hasta que encontró a una persona adecuada para intentar la suplan tación. Al presentarse a ella mencionó casualmente el X-ray News, confiando en que s e acordaría

. Ed ward Ferrier aspiró profundamente el aire. el próximo mes. —Eso es lo que nosotros pensamos. —Bue no —dijo ella—. Y así fue. —¡Mi esposa! Se atrevió usted a utili zarla como.d2g.. Sería considerada como otra conjura política para desacreditar del todo al Gobierno. Por fortuna quizá. Todo acabó bien.. Repartió u sonrisa entre su marido y el detective... —¡Claro que no lo hubiera permitido! Da gmar sonrió. Cieno. la señora Ferrier entró en aquel preciso instante. gran cantidad de cieno mujer del César fue salpicada por él. nadie lo creería. querido —contestó Dagmar Ferrier.. Si todos los periódicos del país publicaran ahora la noticia de los desfalcos cometidos por John Hammet. en bien de la popularidad. ¿el dénouement? ¡Qué va! ¡La reacción tud vindicada! ¡La absolución de la mujer inocente! Una gran marea de romanticismo y simpatía barriendo los establos de Augías. »¿Y qué ocurrió luego? —prosiguió—. Por unos momentos..004 http://biblio teca. Poirot estuvo más cerc a que nunca de ser víctima de una agresión personal. de haberlo sabido no hubier as permitido que monsieur Poirot lo hiciera.. Y sonrió con gentil y maternal sonrisa de un a esposa afectuosa. ¿estabas enterada de. para bautizar un nuevo buque de guerra. C reo que será conveniente ir.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.com del nombre. y añadió: —Descansé muy bien los días que estuve en casa de nuestro querido obispo y ahora me encuentro llena de energías. . —¡Y no me dijiste nada! —Pero. Edward. Y como resultado. Quieren que vaya a Liverpool.. todo lo que pasaba? —Desd luego.. —¿Nosotros? —Monsieur Poirot y yo.. —Dagmar. Una cosa más interesante para la gente de la cal le que ningún escándalo político.

la señora Rice. La ma yor parte de los huéspedes eran extranjeros. Los demás huéspedes del hotel no llamaron la atención del jo ven. sin que nadie ni nada le molestaran. Por lo general.. Se pintaba muy poco. de buena posición y completa mente libre de lazos románticos. Le habían dicho que el primer ministro comentó con alguien que «el joven Waring llegaría lejos». caminando muy despacio. Los únicos ingleses que había entre ellos eran una mujer de edad. mientras fumaba una pipa. Y sucedió que. Se veía claramente que su vida estaba ligada a la de su hija.com capítulo VI LOS PÁJAROS DE ESTINFALIA 1 Harold Waring las vio por primera vez cuando subía por el sendero del lago. eran excursionistas o turistas que llegaban en autopullman. Su carrera política se desarrollaba bajo buenos au spicios. Harold. Paraban allí durante una o dos noches y luego se marchaban. La vida se le pre sentaba de color de rosa. Una Subsecretaría a la edad de treinta años. tanto por apartarse de las rutas frecuentadas. cuando atrajeron la atención de Harold. casi nada. Elsie Clayton era bonita. aunque de una manera bastante pasada de moda. Las dos subían por el sendero del lago. El hotel del lago Stempka. era cosa de la que uno podía eno rgullecerse.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Haro ld había pasado unas cuantos horas muy agradables en compañía de las dos mujeres. Harold estaba bastante satisfecho de ello. aunque no le faltaba el sentido del humor ni resul taba mala compañía. era confortable y no estaba atestado de gente. A Harold le g ustaron. Era joven. pensó que el mu ndo era un lugar muy agradable. Hacía un buen día. El muchacho no se había fijado en nadie más. y su aspecto era apacible y algo tímido.. Había decidido pasar las vacaciones en Morzoslovaqu ia. Estaba sentado en la terraza del hotel.004 http://biblio teca. La señora Rice podía ser considerada como una mujer de carácter. y su hija. no mal parecido. hasta aquella tarde. una nube cubrió . aunqu e de reducidas dimensiones. el lago tenía un profundo color a zul y el sol lucía brillantemente. de voz prof unda y ademanes autoritarios. y co mo ellas no intentaron acapararle. las relaciones entre los tres seguían siendo am istosas y nada exigentes. como por gozar de un completo descanso. la señora Clayton. Alta de estatura.

y cuando volvió a su asiento preguntó: —¿Dónde está a esta tarde? —¿Elsie? Hemos salido juntas a dar un paseo. no! La señora Rice miró su reloj y dijo: hora de tomar el té. —¡Oh.. Caminamos un poco junto a l lago y luego volvimos por el pinar. Harold pensó: —Parecen pájaros. empezó a mover vigorosamente las agujas de la calceta . Sin dud a.. «¡Qué repugnantes!». . Son muy parecidas. volvió a estremecerse. pero siento de un modo instintiv que hay algo de maligno en ellas. pensó. No eran jóvenes.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Y añadió: —El conserje nos d irá quiénes son..004 http://biblio teca. —¿Las e las capas? Sí. —Quizá sean apreciaciones mías —comentó Harold—. como de costumbre. Su semblante era desagradable... señora Rice. —¿No cree que son dos personas muy extrañas? —Pues. «Son como aves presa. le distrajo de estos pensamientos. No creo que sean inglesas. los ojos de amb as se fijaron en él durante un instante. adoptaban un aire impasi ble.d2g. como el pico de un pájaro. Las dos mujeres se dirigieron hacia la terraza y pasaron junto a él. tal vez sean algo raras. Ha sido un magnífico paseo. casi i nfrahumana. que salía del hotel. Tenían la nariz larga y aguileña. —y añadió casi sin querer—: Páj de mal agüero. Cuando pasaron junto al joven..com el sol.. —¿Ha visto a esas dos mujeres que acaban de entrar en el hotel? — preguntó Harold. Vio la mano de una de las dos hermanas.. Creo que llegaron ayer. La mujer le dio las gracias.. deben ser gemelas. había algo raro en aquellas dos mujeres. Fue una mirada fría y calculadora. —¡Qué curioso! Cuando las vea otra vez me fijaré en e llas para comprobar si coincido con usted en esa impresión. El joven se estremeció ligeramente. tal vez su edad se acercaba más a los cincuenta que a los cuarenta y su parecido era tan grande que no podía dudarse de que se trataba de dos hermana s. El j oven se levantó de un salto y le acercó una silla. señor Waring? —No faltaba más. La impresión de enfrentarse con algo maligno creció en el interior de Ha rold. pasaron junto a mí. una mano que parecía garra. y sus caras. Luego las miró con detenimiento. ¿Tendría inconveniente en tocar el timbre. tomó a siento y. Aunque e l sol brillaba otra vez..» La señora Rice. de un gran parecido físico. Llevaban sobre los hombros unas capas sueltas que movía el viento y parecían la s alas de dos pajarracos. El joven se levantó.

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Un camarero salió en aquel momento y recibió orden de servir el té. La señora Rice siguió hablando, mientras hacía volar las agujas: —Elsie ha recibido una carta de su marido . Puede ser que no baje a tomar el té. —¿Su marido? —preguntó Harold sorprendido—. Siempre ensé que era viuda. La señora Rice le dirigió una penetrante mirada y dijo con sequeda d: —No; Elsie no es viuda —y añadió con cierto énfasis—: ¡Por desgracia! Harold se sobresal a mujer hizo un signo afirmativo con la cabeza, frunció el ceño y observó: —La bebida ti ene la culpa de muchas desgracias, señor Waring. —¿Bebe su marido? —Sí. Y hace muchas otra s cosas más. Es terriblemente celoso y tiene un genio violento en extremo —suspiró—. Éste es un mundo lleno de desgracias, señor Waring. Le tengo mucho afecto a Elsie, pues es mi única hija... y ver cuan infeliz es, resulta una cosa nada fácil de soportar. Harold comentó con emoción: —Es una criatura tan dulce. —Tal vez demasiado. —¿Qué quiere d r? La señora Rice contestó lentamente: —Una persona feliz es más altiva. La dulzura de E lsie proviene, según creo, de un sentimiento de derrota. La vida ha sido muy dura con ella. El joven preguntó con ligera vacilación: —¿Y cómo... llegó a casarse con él? —Phi layton era un chico muy atrayente —contestó la señora Rice —. Tenía... y todavía tiene... u aspecto encantador. Poseía además algo de dinero... y no hubo nadie que nos enterar a de su verdadero carácter. Me quedé viuda hace muchos años y dos mujeres que viven so las no son los mejores jueces para apreciar la condición de un hombre. —Desde luego; así es —observó Harold pensativamente. Sentía que en su interior se levantaba una ola d e indignación y lástima al propio tiempo. Elsie Clayton no podía tener más de veinticinc o años. Rememoró la expresión clara y amistosa de sus ojos azules y el suave gesto ape nado de su boca. Se dio cuenta, de pronto, que el interés que sentía por ella rebasa ba el límite de la amistad. Y estaba ligada a un bruto...

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2 Aquella noche Harold se reunió con madre e hija después de cenar. Elsie Clayton llev aba un vestido color de rosa, apagado y mate. El joven vio que tenía los párpados en rojecidos. Había estado llorando. La señora Rice anunció con viveza: —Ya me enteré de quién s son esas dos arpías, señor Waring. Son polacas... de muy buena familia; eso me ha dicho el conserje. Harold miró al otro lado del salón, donde estaban sentadas las do s mujeres. Elsie preguntó, sin demostrar ningún interés: —¿Aquellas dos señoras? ¿Las del c llo teñido? Tienen un aspecto bastante desagradable... No sé por qué. Harold exclamó tri unfalmente: —Eso mismo pensé yo. La señora Rice rió. —Me parece que ambos desvarían. No se uede juzgar a la gente por su solo aspecto externo. Elsie rió a su vez. —Supongo que así será —dijo la hija—; pero, de todas formas, me hacen el efecto de dos buitres. —¡Arran ando los ojos a los muertos! —dijo Harold. —¡Oh. no! —exclamó Elsie. El joven se apresuró a excusarse: —Lo siento. La señora Rice sonrió y dijo: —Sea como fuere, no creo que se met an con nosotros. —No tenemos ningún secreto pecaminoso —comentó Elsie. —Tal vez lo tenga e l señor Waring —añadió su madre guiñando un ojo. Harold soltó una carcajada, inclinando la abeza, hacia atrás. —Ni de los más pequeños —dijo—. Mi vida es un libro abierto. Y un pensa iento cruzó su mente: —¡Qué tontos son los que abandonan el camino recto! Una conciencia limpia... eso es todo lo que se necesita en la vida. Con ello puede uno enfrent arse con el mundo y mandar al diablo a quien se interponga. De pronto, sintió que su vitalidad aumentaba; se notó más fuerte, mucho más dueño de su destino.

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3 Harold Waring, como muchos ingleses, era un mal políglota. Su francés dejaba mucho q ue desear y, además, lo hablaba con un terrible acento británico. De alemán e italiano no sabía nada. Pero hasta entonces su poca habilidad lingüística no le había preocupado en gran manera. Siempre encontró que en la mayoría de los hoteles de Europa el pers onal hablaba inglés. ¿Para qué molestarse entonces? Pero en aquel lugar tan apartado, donde la lengua nativa era un derivado del eslovaco, y aun el conserje sólo hablab a alemán, a veces le resultaba irritante que alguna de sus dos amigas le sirvieran de intérprete. La señora Rice, que sentía gran afición por los idiomas, podía hablar, inc luso, un poco de eslovaco. Harold decidió iniciar el estudio del alemán. Se propuso comprar algunos libros de texto y dedicar un par de horas cada mañana al estudio. Hacía un buen día y después de escribir varias cartas, Harold miró el reloj y vio que te nía todavía tiempo para dar un paseo de una hora antes del almuerzo. Bajó hasta el lag o y se adentró en el pinar. Al cabo de cinco minutos de caminar bajo los pinos, oyó un ruido inconfundible. No muy lejos de allí una mujer lloraba desconsoladamente. Harold se detuvo un momento y luego se dirigió hasta donde provenían los gemidos. La mujer era Elsie Clayton. Estaba sentada sobre un tronco caído, con la cara entre las manos. Sus hombros se estremecían con la violencia de su pena. El joven titubeó un instante y después fue hacia ella. Llamó suavemente: —Señora Clayton... Elsie. Ella s e sobresaltó y levantó la mirada hacia él. Harold tomó asiento a su lado. —¿Puedo ayudarla n algo? —preguntó afectuosamente—. ¿Hay algo qué pueda hacer? Elsie sacudió la cabeza. —No. no... Es usted muy amable. Pero nadie puede hacer nada por mí. Harold preguntó con t imidez: —¿Tiene algo que ver con... su marido? La joven asintió. Se enjugó los ojos y sa có la polvera, luchando para volver a recobrar el dominio de sí misma. Con voz trémula dijo: —No quiero que mamá se preocupe. Se disgusta mucho cuando ve la poca felicida d de que disfruto. Por lo tanto, vine aquí para llorar a mi

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gusto. Ya sé que es una tontería. El llorar no resuelve nada. Pero... algunas veces. .. me parece que la vida es completamente insoportable. —No sabe cuánto lo siento —sim patizó Harold. Ella le dirigió una mirada de gratitud y luego explicó apresuradamente: —Es mía toda la culpa, desde luego. Me casé con Philip por mi propia y libre voluntad . Y si... si luego salió mal, sólo soy yo la culpable; yo y sólo yo. —Es usted muy valie nte al considerarlo así —dijo Harold Waring. La joven sacudió la cabeza. —No; no soy val iente. No tengo ánimos para nada. Soy una cobarde. Por eso llegaron, en parte, las desavenencias con Philip. Me tiene aterrorizada... por completo... cuando se en furece. Emocionado, Harold apuntó: —¡Debe usted separarse de él! —No me atrevo. No..., no me dejaría. —¡Tonterías! ¿Qué me dice del divorcio? Elsie volvió a sacudir la cabeza con le tud. —No tengo motivos —enderezó los hombros—. Tengo que soportarlo. Paso gran parte del año con mamá. Philip no se opone a ello, especialmente cuando vamos a sitios poco f recuentados como éste — y añadió, mientras el color subía a sus mejillas—: La mayor parte d los disgustos provienen de los celos terribles que siente. Si llego siquiera a conversar con un hombre, es capaz de hacer las más espantosas escenas. La indignac ión de Harold subió de punto. Había oído quejarse a muchas mujeres de los celos de sus m aridos, y si bien había expresado su simpatía hacia ellas, secretamente abrigaba la opinión de que los maridos, en aquellos casos, llevaban toda la razón. Pero Elsie Cl ayton no era una de ellas. No le había dirigido tan siquiera una mirada insinuante . La joven se apartó de él estremeciéndose ligeramente, y miró al cielo. —Se ha ocultado e l sol —dijo—. Hace frío. Será mejor que volvamos al hotel. Debe ser la hora de comer. Am bos se levantaron y tomaron la dirección del hotel. Habían caminado por espacio de u n minuto cuando vieron a otra persona que seguía su mismo camino. La reconocieron por la flotante capa que llevaba. Era una de las hermanas polacas. Cuando pasaro n por su lado, Harold hizo una ligera inclinación de cabeza. Ella no correspondió al saludo, pero sus ojos se posaron sobre los dos jóvenes y hubo tal malicia en aque lla mirada que el hombre se sintió enrojecido. Tal vez, aquella mujer lo habría vist o sentado junto a Elsie en el tronco. Y si así era, probablemente pensaría... Y por lo visto, eso era lo que pensaba... Un acceso de indignación lo

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004 http://biblio teca.d2g.com sobrecogió. ¡Qué mente tan asquerosa tenían algunas mujeres! Era raro que el sol se hubi era escondido y que los dos se estremecieran... tal vez en el mismo momento en q ue la mujer los espiaba. Sea como fuere, Harold se sintió en aquellos instantes un poco intranquilo.

se colocó al otro lado de Harold. oh. Elsie estaba aco rralada contra las cortinas de la ventana. con espesas cejas y pelo negro liso. Harold extend ió el brazo para sostenerla. Cuando . Pero Philip Clayton tenía un solo propósito: coger a su espo sa. ¿eh? —chilló el hombre—. —Equivocado. El hombre entró en la habitación y Harold oyó el horrorizado grito de Elsie. Creo.d2g. juro que te voy a matar por esto! Con un rápido movimiento apartó el brazo de Harol d. al final del pasillo. no. Y cuando hizo esto.. Harold entró en su habitación un poco después de las diez. No es verdad. ¡Tienes un enredo este tipo! —No. creo que me mat ará.. salió corriendo de la habitación. salió tras ellos. Está loco. aterrorizada. no permita que me encuentr e —avanzó dos pasos. ¡Perdida. Harold oyó el ruido de la llave al girar. —¡Es mi marido! —balbuceó—. y Philip Clayton abrió dando un empujón. Sorprendido. el joven entró también en el cuarto.. Había escrito ya tres cartas y estaba justamente empezando la cuarta cuando se abrió de pronto la p uerta y Elsie Clayton entró tambaleándose en la habitación. Era de una mediana estatura. Se puso una bata sobre el pijama y tomó asie nto ante la mesa con el propósito de despachar su correspondencia. con andar tan inseguro que por poco cae al suelo. Estás equivocado. dando un fuerte grito. La joven se dirigió re ctamente hacia su propio dormitorio.com 4 Por la noche. Philip —exclamó Elsie—. Sin perder un instante.. Había llegado c orreo de Inglaterra. Harold empujó r damente a la muchacha hasta situarla detrás de él. quien se volvió p ara rechazar el ataque.. cuando vio que Philip avanzaba ha cia ellos. loco por completo. algunas de las cuales necesi taban ser contestadas inmediatamente. Elsie había cerrado la puerta tras ella y se apoyó en una cómoda. aunque la cerradura no se cerró a tiempo. Levantó la voz.! —vociferó—. En la mano llevaba una pesada llave inglesa. con unas cuantas cartas para él. Parecía estar mortal mente asustada. Su marid o la siguió y Harold. Dio otro rodeo y Elsie.. Su r espiración era entrecortada y tenía la cara blanca como el papel.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¡De modo que la polaca tenía razón. la puerta se abrió de nuevo y apare ció un hombre en el umbral. Ha llegado sin avisar. Acudo a usted. Y te encuentro en su habitación..004 http://biblio teca. aguda y t emblorosa por la ira.. Harold se lev antó de un salto. sin dudarlo un momento. Elsie.

por favor —dijo en voz baja y ca si sin aliento—. Elsie volvió a gritar. —¿Tal mal herido está Clayton ? —preguntó el joven.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. mientras Harold quedaba como petrificado en el umbral de la puert a. Se oyó un golpecito en la puerta y Harold la abrió de un tirón. En el pasillo se oyó el ruido que produjo el pestillo de una puerta al cerrarse. Respiraba con dificultad. Haciendo el menor ruido posib le desanduvo el camino hasta su dormitorio y justamente cuando llegaba a él oyó el r uido de una puerta que se abría.d2g. esperand o. Philip Clayton se dirigía hacia su esposa blandiendo la llave inglesa.004 http://biblio teca. me encuentro perfectamente. —Parece que no s e encuentra usted bien —dijo Harold—.. . Clayton se desplomó como un fardo y la joven l anzó otro grito.com llegó Harold. Ella tomó asiento.. Harold as intió. lo lanzó a la cabeza de su marido. y encontrarle aquí. Ella retuvo el aliento.. El joven se apresuró a lle varla hasta una silla. Había comprendido la situación en un santiamén. sino su madre. Ha muerto. Llevaba los grises cabellos completamente en desorden y los ojos rodeados por dos círculos oscuros. Pero los gritos de Elsie podían haber sido oídos y si lo encont raban en la habitación de la joven sólo podía esperar compromisos y malentendidos. sin atreverse a salir.. Elsie se levantó apr esuradamente y se dirigió hacia Harold. Philip Clayton es taba hors de combat. —Peor que eso.. —Por favor. ¿Quiere que le traiga algo? La mujer sacudió la ca beza. Vuelva a su habitación. Elsie se arrodilló junto a Philip. que no daba señales de vida. y Harold quedó horrorizado al ver su aspecto. Parecía que de pronto hubiera envejecido muchos años. Estaba seguro de que tarde o temprano Elsie iría a verle . En beneficio de ambos no debía producirse ningún escándalo. Ha sido sól o la impresión. —No. Pueden venir. no se preocupe por mí. y cogiendo un pesado pisapapeles de la mesa que tenía al lad o.. Por un momento. Cerca de media hora estuvo en su cuarto. En realidad. ha ocurrido una cosa terrible. Señor Waring. No era Elsie la que llamaba.

su voz tenía el tono monótono que produce el cansancio. y ella confirmará la de usted. La sensación de que un chorro d e agua helada le corría por el espinazo paralizó al joven y le impidió pronunciar pala bra alguna durante unos momentos. las polacas no hablaban inglés. Aquella mujer podía reconocer el significado de algun as palabras.. sólo podrían acusarlos de homicidio.. Y ahora... ¿Los creerían? Un miedo cerval lo sobrecogió. Sólo la palabra de Elsie y la de él. la polaca había contado algo a Clayton. estoy asustada. —Yo puedo confirmar la declaración de Elsie —dijo el j oven.com 5 La habitación pareció dar vueltas alrededor de Harold. En cualquier caso. desastre. De todas formas. Pero. No le cabía en la imaginación que tanto él como E lsie estuvieran en peligro de ser condenados a muerte por un asesinato que no ha bían cometido. Y luego e xistía el hecho de que habían sido vistos en el pinar por una de las polacas. ¿habrá alguien más que lo crea? Francamente.! Ésta era la palabra que sonaba insistentemente en el cerebr o de Harold. ¡Desastre. parecía claro que para soliviantarlo de tal modo. Elsi e y él habían pasado juntos gran parte del tiempo desde que se conocieron. desastre. pero quizá lo entendían un poco.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. o también lo sé. Cu ndo habló. Desastre.d2g. Recordó t odo lo sucedido y se dio cuenta de la fragilidad de su posición en el asunto. —¿Muerto? —repitió torpemente. —Sí. pero lo cierto es que ha muerto... en cir cunstancias bastante comprometedoras. No estamos en Inglaterra. Nada que probara que el celoso marido no los había encontrado juntos... . Yo vi cómo ocurría. Y no había nada que desmintiera q ue él.. —Pero fue un accidente —dijo con veheme ncia—. dichas en el transcurso de la conversación que tal v ez estuvo escuchando. de por sí aguda y precavida. vio con rapidez lo que la mujer quería decir. Eso. deliberadamente. como «celos» y «marido». —El borde del pisapap eles le dio en la sien y al caer se golpeó la cabeza con el guardafuegos metálico de la chimenea.. Harold se encontraba en la habitación de Elsie. estaba muerto. eso es justamente.. atacó a Clayton con el pisapapeles. Ha rold. La señora Rice contestó secamente: —Claro que fue un accidente. La mente de Harold . Al parecer. No sé qué es lo que le habrá producido la muerte. Cuando mu rió. La señora Rice asintió.004 http://biblio teca..

Tal vez pudiera hacerse algo. Ya sabe cómo es la gente de aquí.. .. «joven y prometedor político». Tenía el ceño fruncido y su cereb ro trabajaba a toda presión. imprevi sto. Es cierto.. por lo menos. mi pequeña Elsie.. desde luego. Así era....». todo.. Sí. su carrera..d2g. pensó lúgubremente Harol d. Como si se cogiera a un clavo ardiente. no estamos en Inglaterra. Inten tar una cosa así sería una locura. ni razonable! Sería diferente si entre ella y usted existiera algo. —¿No sería posible deshacernos del cadáver? —preguntó impulsivamente—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. «marido celoso.. estaba muy lejos de decir lo que sentía. Y las negativas de la señora Rice serían consideradas como un inten to desesperado de salvar a su hija. Ambos se miraron fijamente y la mujer dijo con voz ronca: —Els ie.. La muje r habló con tono incisivo. no es tamos en Inglaterra. Pero yo sé muy bien que no hay nada. esto no es una novela de detectives.. en realidad. ¡desastre! Terrible. Se moriría si tuviera que afrontar una co sa así —y añadió—: Y usted también. El joven comentó con tristeza: —Es verdad. Pero puedo telegrafiar pa a que me manden más.com Pero ¿distinguirían el asesinato del homicidio en estos países extranjeros? Aunque los absolvieran tendrían que hacer antes una encuesta y el asunto se publicaría en la p rensa. La mujer prosiguió con t ono amargo: —¡Esto no es justo.. ¿Llevarlo a cualquier otr sitio? La mirada asombrada y desdeñosa de la señora Rice le hizo enrojecer. —Pero. Mala suerte. vituperable... —¡Ah! —la señora Rice levantó la cabeza—.. ¿Qué podríamos hacer? Dios m cer? La señora Rice sacudió la cabeza con desesperación.»... «Se acusa a dos ingleses. Harold sugirió: —Diga eso a todos. eso parece —gruñó él—. No podría soportar un escándalo semejante.. Me parece muy bien.. —Sí. sól o falta que nos crean. Harold volvió a preguntar: —¿No podemos hacer nada? ¿Nada que evitara este pavoroso desastre? Ya lo había dicho. Para una mente continental no había duda de que debía existir una relación culpable entre Elsie y él.004 http://biblio teca. Harold. L mujer inquirió de pronto: —¿Cuánto dinero tiene aquí? —No mucho. —¿Sí? —preguntó ávidamente Harold. Harold murmuró: —No se preocupe p Pero. Haré cualquier cosa. —Sí. llo representaría el final de su carrera....

—¿Lo cree usted así? —Harold abrigaba una leve esperanza. excepto el portero nocturno.d2g. No oyeron nada. que nos será posible hacer pasar inadvertido el asu nto y conseguir un certificado de que Philip murió por causas naturales. —¿Qué se propon e? —dijo Harold. Le interesará que no trascienda el asunto. por lo menos una. Todo es c uestión de elevar la cifra suficientemente. no creo que ningún huéspe del hotel oyera lo que sucedió. . el gerente del hotel estará a nuestro l ado. no tenemos más remedio que intentarlo. sintiendo que su ánimo cobraba nuevas fuerzas. —¿Quién ocupa la habitación contigua a la de Elsie. Harold sonrió... de que podamos hacerl o «oficialmente». —Sí. aunque en el fo do no creía en todo aquello. Harold replicó pensativamente: —Pues t al vez tenga usted razón. y de encontrar el hombre apropiado. Creo Harold. —Eso parece una ópera cómica. La señora Rice prosiguió: —Por fortuna. frent e a la de usted? —Las dos señoras polacas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. después de todo. Pero creo que vale la pena intentarlo. mas creo que existe..com —Vamos a necesitar una gran suma. por una parte. Philip llegó a una hora avanzada y nadie le vio. Opino que en estos apartados países balcánicos se puede sobornar a todo el mundo.004 http://biblio teca. La señora Rice habló con decisión: —No tenemos ninguna posibilidad de ocultar esta muerte valiéndonos de nuest ros propios medios. que seguramente será el jefe de policía. ¿verd Bueno. pues de otra forma hubier an salido al pasillo.

La señora Rice explicó: —El gerente estipuló que la muerte no ocurrió en el hotel.d2g.. Estaba pálida y parecía cansada. Primero llamó al gerente.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Leyó las cantidades que traían anotadas en un papel: El jefe de policía . A la mañana siguiente llegaron al hotel vario s agentes de policía que fueron conducidos a la habitación de la señora Rice. le hubiera parecido que nada de lo sucedido e ra anormal. ya que de todos modos no hubiera podido hace rlo. si bien no tomó parte en los procedimientos que se seguían. A las doce.. —Ha surtido efecto —dijo si mplemente. La juventud y bell eza de Elsie se granjearían más simpatías...com 6 La señora Rice era la energía personificada. El comisario. Salió al pasillo para respirar un poco de aire. Había convenido con la señora Rice que se ría mejor presentar el asunto como una riña entre marido y mujer. No salie ron de allí hasta el mediodía. Harold dijo con sequedad —No es éste el momento de dis cutir sobre la corrupción de los funcionarios públicos. ¿Cuánto ha sido? —La tarifa es bas tante elevada. —¡Gracias a Dios! ¡Es usted maravillosa! ¡Parece increíble! La mujer contestó: — la facilidad con que se desarrolló. Se apo yó en una y cayó a la vía. ¿verdad? Supongo que sólo será cuestión de taparle la boca. Prácticamente. pero el ali vio que se reflejaba en su cara hacía inútil toda explicación. La relación oficial de los hechos será que Philip sufrió un ataque al corazón cuando venía en el tren. y ya sabe usted cuántas veces no se cierran bien las portezuelas del tren. El agente. apartado de todo aquello. El gerente. ¡Hay que ver de lo que es capaz la policía cuando quiere! . todos tendieron la mano a la primera insinuación. pues ninguno de aquellos personajes oficiales hablaba inglés. En real idad. es algo desagradable. El portero nocturno. Harold se l imitó a comentar: —El portero nocturno no ha sacado mucho. Harold permanec ió en su habitación. la señora Rice entró en la habitación del joven. El médico.004 http://biblio teca. Harold telegrafió pidiendo dinero.

d2g.com —Bueno —dijo Harold—. Gracias a Dios. .Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Y con una disp osición de ánimo muy británico bajó al comedor.004 http://biblio teca. nuestra policía no es de esa clase.

—¡Su madre está llevando el asunto maravillosamente! —Ya lo sé. Harold se reunía habitualmente con la señora Rice y su hija para tom ar café. Por el aspecto de su cara.. no tratemos más de ello. Fue un accidente y usted lo sabe. Mamá es una gran luchadora. Harold añadió: —Y de todas formas ya pasó todo. Los dos jóvenes vieron cómo al llegar a la puerta del hotel salu daba a un policía de uniforme. los dos jóvenes vieron que todo iba bien. Decidió no introducir ningún cambio en esta costumbre.004 http://biblio teca. haciendo comentar ios vulgares sobre el tiempo y el paisaje. —No. Un «botones» se acercó y dijo que buscaban a la señora Rice.. aquellas narices aguileñas. haciendo ganchillo. Aquellas caras inexpresivas. La mujer se levantó y lo siguió. Era la primera vez que veía a Elsie después de lo ocurrido la noche anterior.. Pero . —¿Cree usted. Pero en su interior sintió un súbito acceso de miedo. No había nadie más que ellos en la terraza. Ya pasó todo. Com o siempre que las veía. que lo maté. La conversación recayó sobre un nuevo huésp ed que acababa de llegar. Elsie contuvo la respiración.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Elsie dijo en voz baja: —Yo no puedo olvidar. Trate de no pensar más en ello.. ¿verdad? —Vamos. El pasado es el pasado. cuya nacionalidad trataron de conjeturar. Harold opina ba que un bigote como aquél sólo podía ser francés.d2g. no creo que haya pasado nada .com 7 Después de comer. aquellas manos que parecían garras. La cara de la joven adoptó una expresión ligeramente más serena. que estaban sentadas en uno de los extremos. Nunca admite la derrota — Elsi e se estremeció—. y la señora ce creía que era español. —Me ha dado un susto atroz —dijo la mujer con tono jovial—. que algo ha brá salido mal? Harold se apresuró a tranquilizarla. a excepción de las d os polacas. Elsie decía que era alemán. Pero esto ha sido horrible.. Harold sintió que un extraño estremecimiento de aprensión pasaba por él.. Estaba muy pálida y se notaba que todavía se encontraba bajo los efectos de la fuerte impresión. Harold replicó apresuradamente: —No debe pensar en eso. La señora Rice volvió en aquel instante.

las dos hermanas se levantaron y después de inclinarse levemente. todavía se pone p eor la cosa. Las dos mujeres que estaban al otro lado de la t erraza se levantaron. Anoche l o oyeron todo. la cara de la oyente era lo bastante expresiva como para no dejar lugar a dudas. . No hay nada que temer. En sus labios campeaba una ligera sonrisa que. quien estaba esc uchando a la otra hermana. según pensó H arold. Y ahora que hemos tratado de ocultar lo sucedido. El muchacho miró a la señora Rice.. Hicieron unas ligeras reverencias y toma ron asiento al lado de la señora Rice.com sólo se trataba de una formalidad que debía cumplirse con los documentos. Pidieron las copas y cuando se las sirvieron. —Por el futuro —brindó la señora Rice. era la reacción natural después del miedo pasado. La mujer escuchaba y de vez en cuando contestaba con una breve palabra. y aunque él no entendía una palabra de lo que estaban dic iendo. cada uno levantó la suya. Al cabo de un rato. Enrollaron cuidadosamente su labor y luego se encaminaron hacia donde se sentaban los otros tres. entr aron en el hotel. no tenía nada de agradable. hijos míos. ¡Las sombras ha bían desaparecido! Todo iba bien.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004 http://biblio teca. Todo va pe rfectamente. Harold preguntó con voz ronca: —¿Qué ocurre? La señora Rice contestó con ono monótono y desesperado: —Esas dos mujeres nos amenazan con un chantaje. casi aturdidos. Harold dirigió una sonrisa a Elsie propuso: —iPor su felicidad! Ella sonrió a su vez y replicó: —¡Y por usted. Creo que debíamos pedir unas copas d e licor para celebrarlo.. Toda la angustia y desesperación de antes se reflejaban en ella de nuevo. Se sentían aleg res.. porque teng a muchos éxitos! Estoy segura de que llegará a ser un hombre eminente.d2g. Una de ellas empezó a hablar y la otra fijó sus ojos en los dos jóvenes..

Como le dije. ejem. buenas tardes. Con tono qu e le pareció ridículo. todo c oincide exactamente.. de férreos picos. Pero.004 http://biblio teca. muchas gracias. Sí. H arold no supo qué decir. El detective escuchó en silencio y en una o dos ocasiones asintió graveme nte. gracias. creo que puedo ayudarle. Harold no estaba todavía seguro de qué fue lo que le hizo confiar repentinamente e n un hombre a quien acababa de conocer hacía unos pocos minutos.. que se alimentaban de carne humana y habitaban junto al lago. El extranjero replicó suavemente: —No obstante. creo que puedo ayudarle . . que en aquel momento salía de entre los pinos. Había paseado febrilmente durante una hora . procurando con aquel esfuerzo físico acallar el clamor de desesperación que sentía. —¿Sabe usted algo de ellas? Y a t odo esto.d2g. Llegó por fin al lugar donde vio por primera vez a las dos lúgubres mujeres que tenían bajo sus pies la vida de él y de Elsie. yo. Aquel hombrecillo seguramente oyó la exclamación. ¿Estoy en lo cierto al suponer qu e sus preocupaciones están relacionadas con las dos señoras que en este instante se encuentran en la terraza? Harold lo miró con fijeza.com 8 Harold Waring se hallaba junto al lago. Relató a Poirot toda la historia. monsieur.. —Harold se turbó otra vez. el hombrecillo anunció: —Yo soy Hércules Poirot. ¿Podríamos adentrarnos un poco en el b osque? Cuénteme entretanto lo que le ocurre. En voz alta.. —Pues. exclamó: —¡Malditas sean! ¡Malditas sean esas arpías! Una ligera tosecilla le hizo dar la vuelta... ¿Puedo ayudarle en algo? —No. reo que se encuentra usted en un atolladero. ¿quién es usted? Como si confesara pertenecer a una ascendencia principesc a.. ocurrió.. dijo: —Oh. Tal vez fue la ex cesiva tensión que le dominaba.. El otro contestó en perfecto inglés: —Temo que para usted no serán muy buenas. Cuando Harold calló.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. Se encontró frente al extranjero del bigote exuberante. sea como fuere. Sólo me estaba desahogando un poco. Poirot comentó vagamente: —Los pájaros de Estinfalia.

intrigado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. bueno. . Arruinarían mi carrera. se vería env uelta en este asunto infernal. aquel estrambótico hombreci a loco de remate. —Por lo tanto —dijo Poirot—. Y si aca so las desafiara. ¿qué pasaría? El joven comentó con amargura: —Todo se descubrirí .. me parece que se encu entra usted en una situación bastante desagradable. Hércules Poirot sonrió. amigo mío.004 http://biblio teca. y pagar. —Es el mome nto de utilizar las castañuelas de bronce. pensó. Sólo Dios sabe cuál sería el final de todo ello. Mañana me encontraré en situación de poder lib rarle de sus perseguidoras.d2g. —Estaba reflexionando. debemos hacer algo.. Esas arpías le forzarán a pagar.. Tengo mi propio siste ma de ver las cosas. —Mais non! Só hago lo posible para seguir el ejemplo de mi gran predecesor Hércules. ¿qué decía? —preguntó Harold. y pagará otra vez. Harold preguntó con malos modos: —¿Qué? Hércules P ot inclinó hacia atrás la cabeza y casi cerró los ojos cuando habló... —¿Está usted loco? —dijo el joven. Tenga pacie ncia durante unas pocas horas.com —Perdón.. Quizá. Harold replicó con impaciencia: —¡Es o no es menester que usted lo diga! El detective prosiguió: —El chantaje es un asunt o muy serio. las dudas acerca de su buen estado mental cruzaron de nuevo por el pensamiento de Harold. Y por lo que se refiere a este punto. y una pobre chica que nunca hizo mal a nadie.

—¿Estaban reclamadas por la policía? ¿Las han detenido? —Preci amente. —Oh. A pesar de sus dudas. Eran las otra s señoras a las que buscaba la policía.d2g.004 http://biblio teca. —Bien —Harold volvió a entarse—. ¿esas señoras? Son inofensivas por completo. —¿Pero qué ha ocurrido? El detective volvió a emplear su tono vago. dos damas polacas de muy buena familia. encontró a Hércules Poirot sentado solo en la terraza. La señora Rice. Su aspecto.. monsieur.. mon chéri.. tal como le dijo el conserje. utilicé el telégrafo .! —No. no sea muy ag radable. En resumen.. —He utilizado las castañuelas de bronce. Fue ella quien hizo de . V a buscar a la señora Rice y a su hija para decírselo. he hecho que vibraran los hilos metálicos. con su alta estatura y su voz profunda . Con voz desmayada pre guntó: —¿Pero el hombre... —Ya lo saben.... tal vez.? —No murió nadie. —¿Qué quiere decir? —Que todo s aclaró satisfactoriamente. el joven se había dejado impresionar por las promes as del detective. Sus pájaros de Estinfalia. Harold t uvo la sensación de que el mundo daba vueltas alrededor de él.. pero eso es todo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Harold exhaló un profundo suspiro. Eran ellas las aves de presa. Las dos vivían del chantaje. Dígame cómo. —¡Pues no lo comprendo! —No.com 9 Cuando Harold bajó a la mañana siguiente. Harold se dirigió a él y preguntó con ansiedad: —¿Qué ha pasado? Poirot l miró con ojos brillantes. La ingeniosa señora Rice y la llorosa señora Cla yton. han sido puestos donde no podrán perjudicar a nadie durante algún tiempo. —¡Creí haberle oído decir que se las habían llevado! —exc amó el joven. ¡Y no hubo tal mbre! —¡Pero si yo lo vi. expresándome en términos m odernos. —Todo ha salido a pedir de boca. el hombre que resultó muerto. representa muy bien los papeles masculinos. —¡Estupendo! Nunca pensé en ello —se levantó—. O mejor dicho. no lo comprenderá. Por el sendero del lago subían dos mujeres de perfil aguileño y f lotantes capas sobre los hombros.

Harold Waring volvió a suspirar. tal vez. No atrae hacia ella más que un sentimiento noble. Por consiguiente. Llega la policía y entra en su habitación. con el fin de que usted los vea.d2g. quien se encarga de todas las negociaciones. y luego lo entrega a la señora Rice. ¡No quiero que nadie me t ome el pelo por segunda vez! . Y en cuanto al resto de ello. Es una actriz consumada. pero ést a no supo resistir la tentación de volver a repetir el juego.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. por lo general.. —¿Y Elsie? —Desempeñó muy bien su p Siempre lo hace.com marido. Hace ver que todo es muy raro. mucho menos cuando se trata de un asesinato. ¿Pero qué sucede en realidad? Usted no lo sabe. Y añadió pensativamente: —Es o tiene siempre éxito cuando se trata de un inglés. tienen todos los ingleses de los idiomas extranjeros.. amigo mío. gran cantidad de él. ¿qué he de decirle? Telegrafía usted para que manden dinero. muy inocente. Como habla francés y alemán. dinero que la señora Rice se encargaría luego de distribuir entre otras pers onas según pretendía. Sabía que usted no ent endía ni una palabra de lo que hablaron. —Te ngo que aprender todos los idiomas europeos que existen. ¡y eso es todo! Pero estas aves de presa son insaciables. Cualquier excusa para hacerlos venir.004 http://biblio teca. Esas mujeres se aprovecharon de la ignorancia que. desde luego. La policía de un país no se soborna tan fácilmente ni. habrá mane ra de conseguirlo. Vieron que usted sentía una irrac ional aversión hacia esas dos infortunadas señoras polacas. la señora Rice es la que siempre se ocupa de entrevistarse con el gerente y de llevar el asunto. Harold aspiró profundamente aire. Las damas en cuestión lleg aron y sostuvieron una conversación inocente por completo con la señora Rice. Se inclinó hacia delante y dio un golpe cito en la rodilla del joven. Tal vez les dirá que ha perdido un broche o algo parecido... claro es que sin la peluca gris. tuvo usted que pedir más dinero. —No se debe ir por la vida con tal cantidad de buena fe.

Cuéntemelo todo. dijo: —He acudido a usted porque el hombre a quien esta ba prometida desde hace poco más de un año. toda una señora rural. ¿q estar loco? Todos lo estamos un poco. Ante él tenía una cara en la que destacaba una barb illa agresiva.» Diana Maberly habló con voz que tembló ligeramente. si se puede hacer algo. que ella llevaba.. Poirot sacu ió la suya con lentitud. —No. No tengo ninguna duda de que es uste d muy inteligente. —¿Me permite que sea quien juzgue ese punto? El color subió de pronto a las mejillas de la joven. —Al contrario. Se detuvo y lo miró desafiante.d2g. Con r apidez y casi sin aliento. Hércules Poirot levantó un poco las cejas. debe existir algo muy raro en esa ruptura de compromiso. mi mótier en la vida no es pacificar riñas de enamor ados. y con voz clara y precisa. Desde luego. —¿Y no está usted de acuerdo? —No lo sé. y yo sé muy bien que está usted perfectamente enterada de ello. siquiera. —He venido a verle porque sé qué hacer —le dijo ella—. —Debe usted pensar —añadió— que no estoy bien de la cabeza. Cree que los locos no deben casarse.004 http://biblio teca.. —¿De veras? —animó Poirot—.. No sé. . Unas faccio nes propias de la Grecia clásica. n sé si podrá usted ayudarme. señorita.com capítulo VII EL TORO DE CRETA 1 Hércules Poirot miró a su visitante. dijo —Hugh rompió nuestro compromiso porque pi ensa que se va a volver loco. Es eso. monsieur Poirot. ¿verdad? La mucha cha asintió.... tras la excitación patente que embargaba a la joven. El det ective pensó: «Sí. un tanto us ado. ha roto nuestro compromiso. Se fijó en la buena hechura del traje. Por lo tanto.. en el raído bolso de mano y en la inconsciente arrogancia q ue tenía en sus maneras. de una situación verdaderame nte extraordinaria. pero sin blanca. Al fin y al cabo. unos ojos más bien grises que azules y un pelo negrísimo..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Le debe haber ocurrido algo extraño para que acuda a mí. Se trata.

nunca dio ninguna. —Creo que su abuelo estuvo algo chiflado y alguna que otra tía abuela. Todo fue muy repentino. Algunos son medio tont os y otros demasiado listos. Su padre es el almirante Chandler.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¿No hubo escándalo de ninguna especie? —¿Pr vido por Hugh? Ninguno. Di jo que era necesario que Hugh aprendiera a administrar su hacienda. Su padre no hubiera consentido otra cosa. mademoiselle.com —Eso dicen —convino con cautela. Ingresó en la Marina. Hugh se alistó en la Armada como si ello fuera algo inevitable. Y sin embargo. el más viejo amigo del almirante y padrino de . —Sólo cuando uno empieza a imaginarse que es un huevo e scalfado o algo parecido. Hércules Poirot sacudió la cabeza con tristeza.. ¿Tal vez se han dado casos de demencia en la familia? Como si le repugnara hacerlo. Hasta George Frobisher se dio cuenta de ello. —¿Cuándo ocurrió eso? —Hace casi un año. mademoiselle. —¿Y qué razón dio el almirante Chandler? —En realidad.. iere usted contarme.. ¡Es la persona más cuerda que conozco! Formal. sensato. pero eso sólo fue un pretexto. pues todos los C handler han sido marinos. La joven adelantó la barbilla y exclamó: —¡No quiero que me compadezca! ¡Lo que quiero es que haga algo! —¿Y qué desea de mí? —No lo sé. fue su propio padre quien insistió en que renunciara a d icha carrera. Hugh es hijo único. Pero ya sabe que en casi todas las familias pasan esas cosas.004 http://biblio teca. —¿Y su novio no ha llegado a t al extremo? —Yo no advierto nada extraño en Hugh. Sus ojos tenían una expresión suplicante. pero hay en todo esto alguna cosa que no es normal. Viven en Lyde Manor. —Se llama Hugh Chandler y tiene veinticuatro años. todo lo referente a su novio? Diana habló con r apidez.. una finca que pertenece a la familia desde los ti empos de la reina Isabel. —¿Estaba Hug ndler contento de su profesión? —Por completo.. —Lo siento mucho por usted. es cuando deben encerrarlo. —¿Quién es George Frobi sher? —El coronel Frobisher. desde que sir Gilb ert Chandler navegó con sir Walter Raleigh en mil quinientos y pico. es una especie de tradición familiar. —Entonces. Diana inclinó la cabeza en mudo asent imiento. Progresaba en su carrera y no pudo comprender la actitud de su padre. ¿qué es lo que le hace pensar que se está volviendo loc o? —Poirot hizo una pausa antes de proseguir—.d2g..

Y la chica añadió furiosamente: —Pero si piensa usted que. aparecieron con el cuello cortado.. ¿no opina nada? ¿Nada en absoluto? La joven dijo con ti midez: —Hace una semana.com Hugh. —¿Le preguntó la causa de ello? —Desde luego.. —¿Qué opinó el coronel Frobisher acerca de la determinación tomada por su amigo? —Se quedó sin saber qué decir. La policía cre yó que se trataba de alguien que le tenía ojeriza. —¿Qué ocurrió? La joven contestó de mala gana: —Hubo cierto r vuelo acerca de unas ovejas. entonces. Dígame. qued ara asombrado.. —¿De qué clase entonces? —¡Creo ue es usted odioso! A menudo suceden cosas raras en el campo. Pasa largas temporadas en el Manor. que su padre tenía razón. —No hubo nada. —¿Acaso no era lo mejor que podía hacer? Diana replicó despacio: —No quiere.... o alguien. ¡Oh..004 http://biblio teca... ¿consultó su novio con un médico —No. No lo entendió en absolu to.. pero ahora. —¿Y su padre? — creo que su padre tenga mucha fe en ellos.... nada de lo que usted se imagina. fue horribl e! Pero todas ellas pertenecían a un granjero que tiene fama de tacaño. que. Venganza.. —¿Ni siquiera Hugh Chandler? Diana tardó unos instant es en contestar y Poirot aprovechó la pausa para continuar: —Tal vez. —¿No cogieron al que lo hizo? —No... Hércules Poirot reflexionó unos momentos y luego preguntó: —¿Han o currido cosas insólitas en la comarca donde viven? ¿Cosas que tal vez empezaron hace un año? ¿Algo que dio motivo a gran cantidad de habladurías y conjeturas pueblerinas? —No sé a qué se refiere —replicó ella con rapidez. Ni nadie llegó a comprenderlo. Que era la única cosa que podía hacer. me lo hubiera dicho.. me confesó. —¿Y qué tal aspecto tiene el almirante? ¿Se encuentra bien? ¿Es . Aborrece a los médicos.. —Sería mejor que me lo contara sin ocul me nada.. Dice que son una pandilla de charlata nes y negociantes.. Poirot levantó una mano y obser vó: —No tiene usted idea de lo que estoy pensando. Estoy segura de que no lo hizo. Pero no quiso decírmel pese a mi insistencia.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. o el t onto del pueblo.d2g.

Poirot asintió. Ella asintió. —Le encontré ayer por la mañana.» —Y. Estaba mortalmente pálido. Se alegró muchísimo cuando Hugh y yo nos prometimos. —¿Puede usted hacer algo? —preguntó desasosegada.. —Y aho ra. Pero. en.com feliz? La joven contestó con voz baja: —Ha envejecido terriblemente en. Las tierras de mi familia lindan con las suyas.004 http://biblio teca. Pero el chico hace lo que debe.. por lo menos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. Hemos vivid o allí durante generaciones. la única cosa que puede hacer.. . Es una ruina.d2g. —No lo sé —replicó ive—. Me cogió las manos entre as suyas y me dijo: «Ya sé que esto es muy duro para ti. hija mía. acude ust d a mí.. —¿Aprobaba el no zgo de su hijo? —Oh.. sí.. —¿En un año? —Sí. puedo ir allí y verlo todo personalmente. una sombra de lo que fue antaño. por lo tanto —comentó Poirot—.. ¿qué dijo cuando se enteró de que había roto el compromiso? La voz de la muchacha te mbló.

—Sí. del asunto? —¿Del asunto? —Lo del joven Hug h. con los hombros encorvados como si soportaran una carga excesiva. Se sorprendería usted . —Buen ejemplar. Los otros tres habían colocado sus sillas al extremo opuesto de la mesa y conversa ban animadamente. Tenía la costumbre de fruncir las cejas al tiempo q ue inclinaba y adelantaba la cabeza. Un perfecto ejemplar de vigorosa masculinidad. y con un par de ojillos e n los que brillaba la astucia.. Al llegar Diana a su casa. Al cabo de un rato. Frobisher preguntó —¿Le h a traído la muchacha para que se encargue. Pareció dar a entender que no «viajaba de incóg nito». de ojo s oscuros y angustiados. ¿verdad? Frobisher suspiró. Puede decirse que es el toro dedicado a Poseidón. —Yo me encargo de todo lo que se presente. aunque de una forma algo artificiosa. mientras miraba con aquellos ojos sagaces a su interlocutor. ¿verdad? —dijo el coronel F robisher.com 2 El aspecto físico de Hugh Chandler fue lo que más impresionó a Poirot.. Po rot agitó una mano con gesto majestuoso. Magnífico. junt o con Poirot. Después de unos instantes. . El detective asintió con la cabeza. donde encontraron el té esperándolos en la terraza. Tal vez no pensó que estas cosas caen fuera de su esfera de ac ción. de pelo rojizo que blanqueaba en las si enes. Inquieto. con un formidable pecho. —Parece bastante robusto.. Sus agudos ojillos se volvieron y contemplaron a Hércules Poirot . enve jecido. irascible. anchas espaldas y cabellera de matiz leonado. ya veo que lo sabe todo. que un médico estaría mucho más indicado. —No es ningún secreto.004 http://biblio teca.d2g.. y con el té. Estaba sentado junto a Frobisher. magníficame nte proporcionado.. Un toro joven. Sí.. Su amigo. a tres hombres. telefoneó inmediatamente al almirante Chandler y a continuación ella y el detective se dirigieron a Lyde Manor.. el coronel Frobisher.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. . Habló en voz baja al darse cuenta de que Poirot contemplaba detenidament e al joven. es magnífico —murmuró Hércules Poirot—. Allí estaba el almirante de pelo blanco. Alto. Un hombrecillo reseco y fuerte. El otro hombre era Hugh.. dijo: —Sé quién es usted y a qué se dedica. Mas lo que no acabo de comprender es por qué acudió la chica a usted. sino bajo su verdadero nombre.. arisco como un fox terrier. ofrecía un fuerte contras te con él. Se veía que rebosaba fuerza y vitalidad.

Cualquiera hubiera asegurado que ninguno de ellos tenían la menor con goja que los turbara. El abuelo de Hugh fue el último. —Lo que quise decir es que no comprendo del todo qué espera ella de usted. Hasta los treinta años no dio señal alg una de ello. Por ello no quiere que le vea un doctor. lo es. pues yo pensaría igual si me encontrara en su situación. —¿Y qué dice el almirante Cha ndler? —Esto le ha destrozado por completo —contestó Frobisher con sequedad.. Tiene miedo de que lo encierren para toda la vida. sino todos los que la conocían. Poirot dirigió una rápida mirada hacia donde estaban los otros tres... era perfectamente normal. Después ya se contó que estaban ocurriendo cosas que se trataba de ocultar . Era.com si supiera de la diversidad de casos en que he intervenido. acabo más loco que un cencerro. Eso es lo que teme Hugh. pero de todas formas. Su cara tomó de pronto una expresión envejecida y cansada.. ¡Pobre diablo! Pero tenía anías homicidas y tuvieron que encerrarlo. —¿Quería m o a su esposa? —La adoraba. —¿Está muy enc riñado con su hijo? —Por completo. El coronel Frobisher hizo un caluroso gesto de asentimien to.004 http://biblio teca. Pero luego empezó a volverse loco. Bueno —se encogió de hombros—. No solamente él. Una chica excelente. ¿no es eso? El otro asintió. Poirot bajó la voz todavía más y murmuró discretamente : —Tengo entendido que se han dado casos de demencia en la familia. —El abuelo se volvió loco furioso al final. media una generación o d s entre ellos. ya sabe usted que hay cosas contra las que no es posible luchar. Por lo general.. Hasta que la gente se dio cuenta de ello y gran cantidad de rumores empezaron a circul ar por ahí.. Desde entonces no vivió más que para su hijo.. Su mujer pereció en un accidente marítimo cuando el m uchacho tenía solamente diez años. .. —Sí. No se rinde jamás. Diana llevaba la conversación.d2g. un a de las mujeres más agradables que he conocido en mi vida — calló durante unos instan tes y después preguntó repentinamente—: ¿Le gustaría ver su retrato? —Me encantaría. —Algún caso de vez en cuando —dijo—. No lo censuro por el lo. Hizo una corta pausa y luego continuó: —Cre o que vivió muchos años. riéndose y haciendo bu rla de Hugh. —¿En qué forma se presenta la locura? —preguntó suavemente el detect ive. —La señorita Maberly es una lucha dora tenaz —dijo Poirot.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.

al final de la Galería.... Al principio le pareció todo tan oscuro. que con dificultad pudo distinguir las cosas.. La cara de Diana se despojó por un instante de su máscara alegre y pareció expresar un a pregunta llena de congoja.004 http://biblio teca.. El detective entró en la casa junto con Frobisher.. —Pintado por Orpen —dijo. hombr es vestidos de etiqueta o con uniforme de marino. El almi rante levantó una mano con gesto vago. sí. Ella tenía entonces dieciséis años. ni su femi neidad. pero en todas las partes esenciales. —su voz s e quebró—. El coronel Frobisher l e condujo hasta la Galería de Pinturas. Luego me destinaron al Ejércit en la India.. los veía a menudo? . ¿No lo cree ust ed? —En algunas cosas. —El chico no tiene su delicadeza. Y el detective dijo con tono suave: —¿La conocía íntimamente. Con voz alta anunció: —Charles. como subalterno. —El muchacho es su vivo retrato —comentó el coronel—. Es mi mejor amigo y siempre lo ha sido... Caras austeras y alegres. Representaba la figura de una mujer de alta estatura. Frobisher cruzó la terraza y Poirot lo siguió. —¿Lo conocía también a él? —Charles es uno de mis má jos amigos. debido al súbito cambio desde la brillante luz del sol.d2g. Como si los difuntos Chandler lamentaran la tara que llevaban en la sangre y que sin saberlo se pasaba de unos a otros... desde luego. y cuando regresé. Tenía el cabello de color castaño claro y una expresión de radiante vitalidad. —¿Después que se casaron. Ambos guardaron silencio. Lástima que heredara de los Chandler la única cosa sin la cual hubiera ido me jor. Es un entendido en la materia.... El aire alrededor de ellos parecía tener un hálito de melancolía. Mujeres engalanadas... George Frobisher contemplaba todavía a la hermosa m ujer del cuadro..com Frobisher empujó hacia atrás la silla y se levantó. Es una edición masculina. ásperame nte.? Frobis her balbuceó: —Siempre estábamos juntos cuando éramos niños. De las artesonadas paredes pendían los retra tos de los Chandler desaparecidos hacía ya tiempo. Hugh levantó también la cabeza y miró fijamente al hombre cillo de los negros mostachos. que con una mano suje taba el collar de un galgo. se había casado con Charles Chandler. Hércules Poirot volvió la cab eza para mirar a su acompañante.. Frobisher se detuvo ante un retrato.. voy a enseñarle unas cuantas cosas al señor Poirot..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Pero se dio cuenta de que la casa estaba llena de objetos antiguos y hermosos.

Por eso estoy ahora aquí. Sus cejas se abatieron sobre lo s ojos. ya lo sabía. —Diana me lo dijo. —Creo que cuanto menos se hable de ello. y de pronto adelantó la cabeza con aire belicoso—. Frobisher se mantuvo erguido... no sé q ué es lo que hace usted aquí... Si Charles tuviera necesidad de mí. para ayu dar en lo que haga falta. —¿Y conoce la razón de ello? Frobisher replicó con sequedad: —No tengo ni la meno idea... Poirot murmuró: —¿Tuvo algo que ver con unas cuantas ovejas que apareci eron degolladas? El otro habló con acento colérico. señor Poirot. tanto si se quiere como si no. Y para serle franco. es herencia. —¿Qué opina usted. —¿Es que no hay más remedio que hablar de este maldito asunto? — exclamó el coronel—. células cerebrales.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Los jóvenes arreglan estas cosas entre ellos. porque iba a volverse loco. gérmenes embri onarios. —Pero si no me ha dicho nada. —Pues ella no cre e que esto sea conclusivo. ¿qué otra cos a podía hacer más que romper el compromiso? Es algo que debe llevarse a cabo. Vio cómo el sudor perlaba la frente de Frobisher. No veo la razón de que Diana le trajera. No tiene la culpa de ello.004 http://biblio teca.com —Solía pasar aquí casi todos mis permisos. —Ya le advertí que no quería hablar de esto. —¿P r qué obligó el almirante Chandler a su hijo a que abandonara la armada de tan súbita manera? —Porque no podía hacer otra cosa.. —Fíese de lo que le he dicho. No debe uno mezclarse. mejor.. .. Aquí me tendrá. ¿por qué razón? Frobisher sacudió obstinad nte la cabeza. —Por lo visto ya oyó hablar de ello.. acerca de todo e sto? —preguntó Poirot. —Pero..d2g. —Esa chica hubiera hecho mejor cerrando la boca. —Si pudiera llegar a convencerme de ello. —¿Está ted enterado de que ha sido roto el compromiso entre Diana y Hugh Chandler? —Sí. La som bra de la tragedia se cernió otra vez sobre ellos.. Pero una vez que el chico lo ha sabido. Charles y Caroline siempre me tenían preparada una habitación —enderezó los hombros. —Hugh le dijo a Diana que no tenía ningún derecho a casarse con ella. ¿Qué cree usted que puede hacer? Hug h se ha portado como debía. Esta casa ha sido para mí como un segundo hog ar.

No podía arriesgarse a que causara un escándalo en la Armada.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. sin desvestir.. —¿Qué es lo que no sabe? De mala gana y con enfado. «Charles me vino a buscar y me lo contó todo —continuó el coronel— ¿Qué era lo or que se podía hacer? Luego sucedió otra vez. manchados de barro. Frobisher replicó con aspereza: —No voy a responder a ninguna pregunta más. Chandler oyó un ruido y pensó que alguien había entrado en la casa. Chandler entró y vio a Hugh do rmido en la cama. Tenía las ropas llenas de sangre y el lavabo rebosaba de ella.004 http://biblio teca. Preguntó a Hugh. . No sabía nada de lo que había pasado. Posteriormente. aunque se encontraron sus zapatos. No pu do explicar tampoco el origen de la sangre que llenaba el lavabo.. junto a la puerta trasera. No recordaba haber salido de casa. Viviendo aquí al lado de su padre. Salió a ver qué ocurría y se encontró con qu la luz de la habitación de su hijo estaba encendida. El pobre chico no estaba enterado entonces de lo que estaba ocurriendo. Su padre no pudo despertarlo y a la mañana si guiente se enteró de que habían encontrado a unas cuantas ovejas degolladas.d2g. El chico tuvo que abandonar el servicio.. éste podía vigilarlo mejor. ya puede imaginárselo. bueno.. Era la única cosa que se podía hacer. .. pero el muchacho no sabía nada.. no estaba dispuesto a admitir que alguien supiera una cosa mejo r que Hércules Poirot. Frobisher contestó: —Est ien. ¿No cree usted que Hugh conoce mejor lo que le está pasando? Poirot no contestó. —¿Y desde entonces. Co mo de costumbre.? —p eguntó Poirot. tres noches después.com —No sabe nada.. Cierta noche. profundamente dormido. ya que de todas formas ha de enterarse.

004 http://biblio teca.. Desde su niñez nunca dio muestras de a normalidad hasta ahora. que comprend erá usted perfectamente que no estamos dispuestos a permitir que los extraños se mez clen en ello. estaban ustede s ahí. El almirante le indicó u no de los grandes sillones y tomó asiento en el opuesto. bajo mi vigilancia. Se detuvo.. y no voy a hacerlo! El chico está bas ante seguro aquí. —Puede estar seguro de que comprendo a la perfección sus sentimientos... El hombre se detuvo en el umbral.... Nada en él recordaba a los Chandler y yo esperab a que la semejanza con ella fuera completa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. ¡Pobre chica! Ya sé lo duro que esto es para ella. —La pobre Diana no lo puede creer.com 3 Cuando llegaron al vestíbulo encontraron al almirante Chandler que entraba en aque l momento. H gh se parecía en todo a su madre. Me refiero a esa tara hereditaria. Tuvo la sensación de que había sido llamado al puente de mando para dar cuenta de la guardia. —¿Qué es lo que sabe? —Que lo llevamos en la sangre..d2g.. Pero ante el almirante Chandler percibió una sensación de quieta y profunda desesperación.. es una tragedia que sólo nos incumbe a nosotros y creo. bueno.. . pero cuando ocurrió no tenía yo ni la más mínima idea de lo que pasaría.. No puedo encerrarlo entre cuatro paredes com o si fuera un .. Y ahora posi blemente no lo creería si no supiera. dijo: —¡Oh!. Frobisher sal ió a la terraza y el detective siguió al almirante. Yo no podía saber que. aprobó usted el noviazgo? El almirante Chandler se sonrojó. signos eviden tes de una gran tensión mental.. su negra silueta recortada sobre la brillante luz del exterior. señor Poirot. —¿Quiere usted decir que podría haberme nega do entonces? Sí. —¿Y a pesar de ello. Quisiera hablar con usted. Poirot había quedado impres ionado por la inquietud.. Con voz baja y malhumorada. Venga a mi despacho. Pero. señor Poirot. ¡la verdad es que existen indicios de demencia en casi todas las familias de rancio abolengo! Poirot preguntó en tono suave: —¿No ha consultado usted con un médico? —¡No. nerviosismo e irritabilidad de Frobisher. Tampoco lo creía yo al principio. Lanzando un profundo suspiro. Chandler comentó: —No puedo evitar mi desagrado por el hecho de que Diana le haya hecho intervenir en este asunto.

—Ha dicho usted que aquí está seguro. ¿verd ad? —Mi mejor amigo —rezongó el almirante. al decir todavía no? —Estas cosas van tomando incremento. Su cuerpo f ue rescatado dos días más tarde.. Aquellas ovejas. ahogó? —preguntó Poirot.. Debió de abrírsele de pronto una vía de agua... Chandler opinó con melancolía: —Cada uno entie nde de su oficio.. No se encontraba bien y se quedó en cas Salimos Caroline y yo. todo hubiera terminado aquel día..com animal salvaje. Volvió a lanz ar un nuevo suspiro. su esposa? Chandler onrió.. —¿Qué pretende. señor Poirot. —George hubiera hecho muy bien callándose. —¿Y era también amigo de. Ahora. y me figuro que ésa es la razón.d2g.. Y también su amigo.. ¿pero lo están los demás? —¿Qué quier con ello? Poirot no contestó. cuando ella era todavía una ch iquilla. ¡Gracias a Dios. tuve la esperanza de que. no han llegado a casarse! ¡Eso es todo lo que puedo d ecir! . — ¿Es un viejo amigo de usted. Lanzó un suspiro y sus ho mbros se encorvaron aún más.. Creo que George estuvo enamorado de Caroline.. —¿Quién le contó lo de las ovejas? —Diana Maberly. pero miró fijamente a los ojos tristes y oscuros del viejo marino. Nunca he llegado a comprender cómo zozobró la embarcación.... —Todavía no. el coronel Frobisher. bueno. Usted busca a un criminal y mi hijo no lo es. —su voz se quebró—.. —Somos los últimos Chandler. —¿Estaba con usted el coronel Frobisher cuando su esposa se . —Sí. yo fui el afortun ado. Bueno. señor Poirot .. así lo pensé. eso fue lo que pensé entonces. profundo y desesperado. es mejor que no habl emos de ello.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Al cabo de unos momentos. El día en que Hugh ini ció su noviazgo con Diana.. ¡Menos mal que no llevábamos con nosotros al pequeño Hugh ! Por lo menos. Chandler asintió.. —Sí.. Nos encontrábamos en medio de la bahía y la mare a subía violentamente.. La conseguí.004 http://biblio teca. En fin.. tal vez hubiera s ido mejor que lo hubiéramos llevado. No se ha casado. para perderla. o al menos. Cuando desaparezcamos nosotros no habrá más Chandler en Lyde. La sostuve hasta que no pude más..

. Los niños se dispersaban y corrían al verme ll egar y los hombres trataban de pegarme un tiro. junto a Hugh C handler.. Hugh Chandler prosiguió. señor Poirot —dijo. Y luego era un perro. y cuando sueño me vuelvo loco.d2g... El joven volvió la cara.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. un perrazo d e fauces babeantes.. Primero er a un toro enloquecido. de correctos rasgos. Estaba rabioso.! Se detuvo. señor Poirot. Fui hacia el lavabo. Corro con el viento. no lo está. horriblemente reseca. Hércules Poirot profirió un murmullo de simpatía.... Continuará creyendo que yo.. y me di c uenta de que lo que había soñado era verdad.. yo no era un hombre. formas horribles que me miran. Diana no lo sabe. Tenía la boca reseca .com 4 Hércules Poirot estaba sentado en uno de los bancos de la rosaleda.. —Y luego hay cosas que no son sueños. pero esto va empeorando.. Tenía las manos fuertemente cogidas a las rodil las. Alguien me puso delante un gran barreño de agua y no pude beber.. estoy sano. —Me desperté.. Hizo una pausa y luego prosiguió: —Ya sabe usted que Diana no es de las que se rinden. ¿eh? El muchacho dio un respingo. y los malos espíritus me hacen compañía. —Todavía no h e perdido la cabeza por completo. y miró a su interlocutor.. no era capaz de beber... ¡Oh. puedo abandonar la cama y atravesar el aire. corriendo bajo la deslumbrante luz del sol. La cabeza adelantada y los ojos medio cerrados.. ¿qué sucede? Hugh Chandl er exhaló un profundo suspiro y dijo: —En ciertos aspectos.. todo ocurre en sueños.004 http://biblio teca. sintiendo en mi boca el sabor del polvo y la sangre... —Debe hacer lo posibl e para que ella comprenda lo que ocurre... como si viera algo que avan zara hacia él.. Espectros. —Mient ras sigue usted creyendo que no lo está. aunque de torturada expresión.. estoy.. ¡No pude beber... No p odía tragar. Poirot chasqueó la lengua. Y una gran sed.. Anoche. Y algunas veces pue do volar. Fue un ligero ruidito que parecía contener una disculpa para lo que le estaban contando... Nunca aceptará un hech o que no hay más remedio que admitir. Sól o me ve cuando estoy. —Y cuando. Dios mío!. bien. Pero no pude beber. por ejemplo.. Diana Maberly acababa de dejarlos. . Cosas que veo cuando estoy comple tamente despierto.

estará segura. chasquea los huesos. La sangre en mi habitación. En los alrededores. quedaron fijos bajo su r adiante luz solar. me hace señas. Pero cuando yo muera no tendrán por qué padecer. Me lla ma.. Está perdidamente enamorado de ella y es un buen chico.. Quiero. El joven prosiguió con voz ronca: —El ver cosas no me conmueve mucho. Puso una mano sobre el brazo de Poirot —Debe hacer usted lo que pueda para que ella lo comprenda. Sus ojos. Yo no llegaré a viejo... corderos. Le dejaré todo mi dinero a Diana. Se inclinó. Tiene a Ste ve Graham. y la familia de ella tampoco..004 http://biblio teca. Graham no tiene mucho dinero. pe ro algunas . Ahí. Algún día encontrará a otro. aproximándose a Poirot.. El joven sacudió la cabeza y replicó con sequedad: —No. Es preciso. es un esqueleto. Y luego.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. en mis ropas. Mi padre me encierra por las noches. Luego se echó hacia atrás y se estremeció ligerament e. La voz de Hércules Poirot lo interrumpió: —¿Por qué no tendrán que padecer cuando usted se uera? Hugh Chandler sonrió... sosteniendo en mi mano una navaja d e afeitar manchada de sangre. Lo que me asusta es la sangre. Será feliz con él . —¡Dios mío! ¡Mire! —exclamó. desde lu ego... Es preciso que me olvide. con las pupilas dilatadas. antes de que me casara con Diana! Me horroriza pensar que hubiéramos pod ido tener un hijo al que le habría legado ese horrible mal.. Fue una sonrisa gentil y amable. De pronto se inclinó hacia un lado. dijo con voz que más bien parecía la de un niño: —¿No ha isto usted nada? El detective sacudió la cabeza. señor Chandler.. señor Poirot. mientras su vista se dirigía a un punto situado sobre el ho o de Poirot—. en el pueblo... —Y últimamente han ocu rrido más muertes de ésas —murmuró—... Debe d ecírselo. y yo estaba en la cama. que sea feliz. Teníamos un loro y una mañana apareció en mi dormitorio con el cuello cortado. Ovejas.com Hugh Chandler se volvió hacia él.d2g. Es la herencia de mi familia y no tengo escape... Poi rot se recostó en su asiento y dijo simplemente: —¡Ah! Y luego comentó: —Pero usted puede vivir muchos años. —Tengo la herencia de m i madre. un perro de pastor. junto a usted.. Tenía mucho dinero propio y me lo legó.. ¡Gracias a Dios que me di cuenta a tiempo.. en las colinas. —No hay ninguna duda en ello. Lo llevo en la sangre.. dirigiéndose a Poirot.. como si fuera a desplomarse .

. se dará cuenta de que he elegido una salida para esto....... que me convierte de hombre en un monstruo sediento de sangre y que no puede beber agua.. perteneció al Ejérc to de la India. Tiene que ir al oculista muy a menud o.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. un corte bastante molesto. Tan fuerte como un toro. No soy yo quien hace esas cosa s.. No lo sé. al limpiar la escopeta. pero el detectiv e no respondió al reto. y cosas así. encerrado entre cuatro paredes. Mi padre me dio un sobre salto el otro día.. En su lugar. De pron to ocultó la cara entre las manos. —¿No lo entiende usted? Físicamente soy fuerte. ¿Cree usted. la puerta está bien abierta por la mañana... —¿Pesadillas producidas por una indigestión? ¿Es eso lo que piensa? Poirot se limitó a repetir: —¿Qué es lo que come y bebe usted? —Todo lo que comen y beben los demás...004 http://biblio teca. —¿Ninguna medicina especial? ¿Ni sellos ni píldoras? —Nada de eso. Hace tiempo que tengo los nervios d e punta. Diana me comprenderá. de sus costumbres. Debo tener una llave escondida e n algún sitio. muchos años. cuando me estaba afeitando... el coronel F obisher pasó la mayor parle de su vida en la India. ¿no es cierto? —Sí. Puedo vivir d urante muchos años. que unas pildoritas pueden curar mis padecimientos? —Y citó burlonamente—: «¿No puedes entonces auxiliar a una mente enferm a?» Hércules Poirot replicó secamente: —Yo voy a probar. que toma posesión de mí. en realidad.d2g.. es alguien que entra dentro de mí. ¿Hay alguien en esta casa que suf ra de una afección a los ojos? Hugh Chandler lo miró fijamente y dijo: —Los ojos de mi padre le han causado un cúmulo de molestias. Al cabo de unos momentos Poirot preguntó: —Todavía no comprendo por qué no ha visitado usted a un médico. pero no sé ahora dónde la escondí. —¡Ah! Poirot meditó durante unos momentos y luego preguntó: —Según supongo... preguntó blandamente: —¿Qué es lo que come y bebe ust ed? El joven echó hacia atrás la cabeza y lanzó una carcajada. Un acc idente. Ya sabe que hay muchos medios para ello. Y ahora me ha quedado esta rozadura. ¡No podría soportar lo! Sería mejor acabar de una vez. Me molesta . Es un entusiasta de ese país.. Y no cesa de hablar de él. —Sí. Hugh Chandler sacudió la cabeza.com veces. Miró desafiante a Poirot. de sus tr adiciones.. Poirot volvió a murmurar: —¡Ah! Luego observó: —Veo que se ha cortado en la barbilla.

—Ya la utilizo. Volvió a poner una m ano sobre el brazo de Hércules.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. haga lo que pueda por ella. Las maneras de Hugh cambiaron. cremas suavizantes. píldoras y trastornos de la vista. —Sí. ¡Oh.. Dígale que no conseguirá nada esperando.. Dígale. —Hablamos como si estuviéramos en un instituto de belleza femenina. dígale que. Dígale alguna de las cosas que le acabo de contar.. señor Poirot? El detective contestó tranquilamente: —Estoy tratando de hacer todo lo posible por Diana Maberly. por amor de Dios. Su cara tomó una expresión seria.com mucho cuando me afeito. ¡Alejarse. El tío George me la dio... Lociones. ¿Qué conseguiremos con ello? ¿Qué es lo que se propone usted. Dígale que debe olvidar me. —Debería usar crema suavizante —observó Poirot.d2g. y tratar de olvidar! ..004 http://biblio teca. se aparte de mí! Eso es lo únic o que por mí puede hacer ahora. Rió de pronto...

Ella se aproximó más al detective. —¿Y usted. ¿verdad? ¿Está loco? Hércules Poirot replicó: —No so alienista. señ rita? —¿Yo? ¡Yo digo que no está loco! Por eso. No utilice esa palabra. Los ojos de profundo col or gris se abrieron de par en par y se fijaron en él. Poirot la contempló. —¿Stephen Graham? ¡Oh!. es necesario que usted y yo pasemos la noche en Lyde Manor.. —Es mucho más fácil coger a un asesino que evitar un asesinato — replicó. supongo que sí Pero. ¿por qué? . es cierto. ¿Por qué me hace se ntir este temor? —Tal vez porque yo también esté atemorizado. —¿Qué es lo que piensa usted? ¿Qué es lo que se imagina? Hasta ahora se ha limi tado a estarse quieto. La muchacha murmuró: —¿Qué es lo que teme? Hércules Poirot exhaló un profundo suspiro. Y.. no puedo decir si está cuerdo o loco. habló rápida y perentoria mente.. señorita? ¿Se siente con ánimos suficientes? Porque va a necesitarlos . por lo tanto..004 http://biblio teca. Hasta el propio Hugh está convencido de ello.... —¿Por eso acudió usted a mí? — día tener otra razón para ello. ¡ah! estoy terriblemente asustada. —¿Asesinato? —exclamó la joven—.d2g. es. —Señorita. tan sólo un conocido. Me asusta usted. tengo más remedio que usarla.. —El almirante Chandler cree que sí lo está y George Frobisher t ambién.. ¿Lo podrá hacer? —Sí. detrás de esos bigotes. Poirot cambió el tono de su voz. —No lo entiendo.. Espero que se encargará de arreglar los detalles precisos. Se detuvo. ¿no lo cree? —Eso es justamente lo que me he estado preg untando hasta ahora. con los ojos medio cerrados y sin d ecirme nada. La joven cogió al detective por el brazo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¿Quién es Stephen Graham? Ella lo miró fij mente. señorita.com 5 —¿Tiene usted valor. Diana exclamó: —Entonces. señorita.

almirante Chandle r? —Diana ha insistido en que ella y usted deben pasar aquí la noche. Y ahora. simple y llanam ente. Encima de él. según me ha dicho él. había unos cuan tos tubos. No llego a comprender la razón de ello.d2g. No quisiera pa recer inhospitalario. por mí mismo. quiero verlo todo. Se encontraba ya en el vestíbulo cu ando Diana salió de la biblioteca. señor Poirot. pero. —Sí. La muchacha tenía la cara enrojecida y su aspecto demostraba la rebeldía que sentía interiormente. —Oiga... Poirot le interrumpió: —Créame. no quiero que se quede n. almirante Chandler . francamente.004 http://biblio teca. la p uerta no está cerrada por la mañana. En el piso superior no había nadie. D esde la biblioteca le llegó la voz de la muchacha y la de tres hombres. no fui yo quien le dijo que viniera. .. —¿Qué es lo que no le gusta nada. ¿pero qué es lo que quiere ver? ¡Le digo que aquí no hay nada que ver! Encierro a Hugh en su habitación t odas las noches y no hay más. Esto no me gusta nada. El almira nte Chandler hizo pasar a Poirot a la biblioteca y cerró la puerta tras él. En uno de los rincones vio un lavabo con grif os de agua fría y caliente. Estoy aquí. señor Poirot —dijo—. señor Poirot.. No. La muchacha asintió sin proferir palabra y se alejó. Me dijo antes que tenía valor.com —Porque no hay tiempo que perder.. —Ya está todo arreglado —dijo.. comprendo y aprecio perfectamente su punto de vista. pues demuéstrelo ahor a. Lo que debía hacer no le llevó mucho tiempo. con perdón.. —Y. tarros y botellas. sobre un estante de cristal.. gracias a la obstinación de una muchacha enamorada. El coronel Frobisher me ha relatado otras y el propio Hugh me ha dich o otras. Usted me ha contado cier tas cosas. Al cabo de unos momentos Poirot entró en la casa. sin embargo. algunas veces. —No es cuestión de hospitalidad. no quisiera parec erlo. —Pero oiga. en primer lugar. No le costó mucho trabajo encon trar la habitación de Hugh Chandler. es cosa mía..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. no me gusta. paso a paso. Hércules Poirot se puso a trabajar rápida y eficientem ente. —Como le decía. Subió por la ancha escalera.. ¿Qué posibles beneficios conseguiremos? —¿Podría os considerarlo como un experimento que trato de llevar a la práctica? —¿Qué clase de ex perimento? —Eso. Haga lo que le he dicho y no pregunte nada acerca de ello.

. ¡Maldita sea! Todo se transforma cuando se trata de un loco. cuando está despierto.. Diana no debe quedarse aquí. ..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. se había olvidado de poner un cepillo de dientes en el maletín.. la cogemos de allí por las mañanas. —¿Cree que Hugh me hará daño? A modo de contestación oirot le preguntó si tendría inconveniente en detenerse ante la farmacia del pueblo. dijo: —No me gusta esto. la propia Dian a será quien decida. desde uno de los extremos de la habitación. ¿quién.d2g. La muchacha no debe quedarse aquí esta noche.. aunque no le es posible decir dónde. La chica.? —Su hijo cree que tiene una llave scondida en algún sitio. que yo se pa. Diana le esperaba en el coche. Diana rió despectivamente. Charles. Yo mismo. —¿Tiene otra llave? —No. El almirante Chandler contestó rápidamente: —Eso es justame nte lo que estaba yo pensando. Le extrañó que Poirot tardara tanto en escoger un cepillo de diente s.. Venga usted si gusta. o Georg e. señor Poirot. En esto s casos. —Pero. Frobisher comentó: —Es demasiado arriesgado.. —¡Por eso precisamente! —exclamó ndler—. Diana e speró en el coche... Poiro t repitió la conversación que acababa de sostener con el almirante y con el coronel Frobisher. La farmac ia estaba en el centro de la calle principal de aquel pacífico pueblecito. —insinuó Poirot. —Iremos a recoger lo que nos hace falta para pasar la noche y regresaremos a tiempo para c enar —indicó la joven. La coloco en un cofre del pasillo. Según dijo. E l coronel Frobisher. —Por lo que se refiere a eso —dijo Poirot—. el mayordomo. o Whiters. Salió de la biblioteca. ¿qué es lo que quiere usted decir con ello? —¿Dónde dej a llave? ¿En la cerradura? —No... Yo diría que sabe de qué se trata. Cuando bajaban por el camino que conducía a la carretera. —Hugh la quiere. Se detuvo. Le hemos dicho a Whi ters que lo hacemos así porque Hugh es sonámbulo. —Podrían haber hecho un duplicado.. per o me es fiel y ha estado conmigo durante muchos años. En voz baja. —¿Por qué no quiere que duerma aquí la señorita Maberly? — eguntó el detective..com —¿Qué me dice? —¿No encontró usted mismo en algunas ocasiones la puerta abierta? —Siempre i iné que George la había abierto..004 http://biblio teca.. Y Hugh lo sabe.

y el tirador de la cerradura.. En el pasillo había dos hom bres. En su mano derecha se veía un cuchillo afilado.. Haci a las últimas horas de la madrugada llegaron las señales de alarma. tenías la puerta cerrada. Hubo alguien que intentó entrar. qué ho rrible. Diana contuvo la respiración cuando pasaron por su lado. aquí y allá estaba oscurecido por relucientes manchas rojas.. Luego arañaron en los paneles.. Los dos hombres se inclinaron y levantaron el cuerpo in clinado. dos hombres de mediana edad con aspecto de tener muchos años más de los que tenían en realidad.. Poirot o cómo el almirante gruñía para sí: —¡Mi hijo! ¡Mi pobre hijo! Se oyó el ruido producido por rrojo al descorrerse.. Tenía la cara mor talmente pálida. Tenía hechos todos los preparativos. No podía hacer más que esperar. Hércul es Poirot exclamó en voz baja: —¡Dios mío! Frobisher dijo con sequedad: —Ella está bien. Al oír ruido de pa sos ante su puerta. Chandler dijo simplemente: —¿Quiere venir con nosotros.. Diana abrió la puerta y apareció en el umbral.004 http://biblio teca.. La luz cayó sobre una cabeza morena. El coronel observó con aspereza: —Gracias a Di os. —Levantémosle y lle vémosle dentro —indicó Poirot. ¡Oh. —¡Hugh! ¿Es Hugh? ¿Qué es . curvo y brillante. crispado y tembloroso.d2g. con el rostro rígido y ceñudo.! Como si fuera un animal.. déjenos entrar. seño r Poirot? Ante la puerta del dormitorio que ocupaba Diana Maberly se veía una conf usa figura yacente.. No le ha hecho nada —levantó la voz y llamó—: ¡Diana! Somos nosotros.... en el gran dormitorio amueblado a estil o isabelino. Llevaba puesta una bata y las zapa tillas. esperando.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Poirot descorrió los cerrojos y abrió. El almirante. el coronel Frobishe r. Hugh Chandler estaba tend ido en el suelo y respiraba estertorosamente. —El señor Poirot me dijo que lo hiciera..com 6 Hércules Poirot estaba sentado. Pero no brillaba todo él. —¿Qué ha ocurrido? —balbuceó—.. lo que tiene en las manos? Las manos del joven estaban manchadas y humedecida s por una sustancia rojiza. Diana murmuró: . Oí cómo ta a puerta.

Con voz tranquila. Hubo un momento de silencio.. Frobisher le cogió por un brazo y observó: —No. ¿no es cierto? Creo que voy a dar una vuelta por el bosque para v er si cazo un conejo. Dejó su asiento. El almirante asintió y dijo : —¡Pero no humana. De mala gana y con grandes vacilaciones se lo contaron. La cara del muchacho estaba ahora tranquila y su voz era firme. sonrió y se desperezó.com —¿Es sangre? Poirot miró inquisitivamente a los dos hombres. hasta que Chandler exclamó: —¡Maldit a sea! ¿Dónde está ese condenado extranjero? . Después debe de haber subido aquí. En aquellos momentos estaba saliendo el sol. George. Lo encontré abajo con el cuello cortad o. Charles . Frobisher comentó con voz también insegura: —Es todo un hombre. Diana se dejó caer sollozando sob re la cama y el almirante Chandler.004 http://biblio teca.. —¡Decidme lo que ha ocurrido! ¡Debo saberlo! —exclamó el joven. El joven se irguió y parpadeó.. por fortuna! Es de un gato.. —¡Hola! —dij con voz ronca e insegura—. no. Hércules Poirot descorrió una cortina y la claridad del nuevo día ent ró en la habitación. —¿Aquí? —la voz de Diana se desvaneció por el horro ue sentía—.. di jo: —Hermosa mañana. Pero pasados unos instantes el almir ante hizo ademán de salir tras él. Los demás lo miraron fascinados... ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy. El chico es valiente. Sus ojos pas n de uno a otro y por fin se detuvieron en Diana. Su padre movió negativamente la cabeza. ¿Por mí? Hugh Chandler se agitó en la silla donde le habían sentado y musitó al entre dientes. —Ya comprendo —dijo al fin. No tuvieron más remedio ante la persistencia de Hugh.d2g. Es lo mejor.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. con voz trémula... t ienes mucha razón. Y abandonó la habitación.. —¿Le hice algo a Diana? —volvió a preg untar Hugh...? Se detuvo y miro fijamente el cuchillo que todavía tenía en la mano. replicó: —Tienes razón. —¿Qué es lo que he hecho? —preguntó. para él y para todos los demás.

Hugh lo contempló ahora detenidamente y preguntó: —¿Está usted loco o lo est oy yo? Hércules Poirot replicó: —Ninguno de los dos lo estamos. —¡Esto sí que es diver ido! ¿Es de estar cuerdo el ir cortando el cuello de las ovejas y de otros animale s? ¿Estaba yo cuerdo cuando maté al loro? ¿Y cuando degollé al gato esta noche? —Ya le he dicho que usted no mató a esos animales. Usted no lo mató. —Entonces. Y ese alguien fue el que se lavó las manos ensangrentadas en el lavabo. . Ni al loro a las ovejas. Usted no hubiera hecho el meno r daño a la señorita Maberly. —Pero. En cada una de aquellas o casiones le administraron un fuerte soporífero y le pusieron en la mano un cuchill o manchado de sangre o una navaja de afeitar. —Maté al gato. descolgó su escopeta y se aprestaba a cargarla. En aquel momento entra ron en la armería el almirante Chandler y el coronel Frobisher. Hugh lanzó una carcajada. la hubiera degollado? —Nada de eso. ¿no es eso? —No.com 7 Hugh Chandler entró en la armería. Una carcajada como la que profería un lunático. ¿quién lo hizo? —Alguien que lleva en el ánimo el solo propósito de demostrar que está usted loco. pero la dijo con extraordinaria autoridad: —¡No! El joven lo miró fijame nte y con voz colérica advirtió: —Quíteme las manos de encima y no se meta en esto.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Detrás de ellos entró Diana. El detective pronunció una sola palabra. ¿por qué? —Con objeto de que hiciera usted lo que estaba dispuesto a llevar a cabo cuando yo lo detuve. Le d igo que va a producirse un accidente. —Este individuo dice que no estoy loco —dijo Hugh con voz débil. cua ndo la mano de Poirot descansó pesadamente en su hombro.d2g. —Tengo la gran s atisfacción de anunciarle que está usted entera y completamente sano —añadió Poirot.004 http://biblio teca. De nuevo volvió a repetir Poirot: —¡No! —¡No! ¿Acaso no se da cuenta de que si no hubiera sido porque Diana cerró la puerta. Es la única forma de acabar.

Pues bien. la droga tendrá un acc eso constante al sistema circulatorio. El consabido triángulo. Diana Maberly ganaba económicamente al morir usted. ¿No oyó hablar de casos en que alguien se ha vuelto loco porque se le administraron drogas intencionadamente? La cara del militar se ilu minó.. le diré que esto no son suposiciones.. El almirante gritó: —¡George! No lo creo. originará cortes y rozaduras al afeitarse.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. en fin.. Trataba de encontrar el mot ivo para un asesinato. Terminan por volverse locos de veras. pero no consideré en serio tal aspecto de la cuestión. Aplicada a la cara. Charles. —No tuve ocasión de ver ningún caso personalmente. Los envenenan con estramonio. El cor onel Frobisher estuvo enamorado de su madre de usted. Cogí una muestra y la hice analizar. sino hechos reales. a su vez. Todo ello causa ciertos síntomas. dificultad en tragar.. Hugh preguntó: —¿Quien lo hizo? ¿Y por q ué? —Eso es lo que he estado buscando desde que llegué aquí. alucinaciones y. puede conseg uirse una gran cantidad de veneno sin provocar sospechas. Su crema de afeitar estaba fuertemente impregnada de sulfato de atropina.com Hugh lo miró asombrado y Poirot se dirigió al coronel Frobisher: —Coronel: ha vivido u sted muchos años en la India. —Y para borrar toda duda de su mente. producirá una especie de sarpullido que. Se volvió hacia el joven.. Hugh comentó con tono incrédul : —¿Cree usted que su odio podía extenderse hasta mí. tales com o sequedad de boca y garganta. El alcaloide puede ext raerse de dicho preparado e introducirse luego en. una crema de afeitar. —Exactamen te. con lo cual.004 http://biblio teca. Duplicando una receta y haciéndola preparar en diferentes sitios. E lmirante se apartó de su lado mientras murmuraba: . Frobisher exclamó: —¡Eso es mentira! No lo creas.. pero oí hablar de ello muy a menu do.d2g.. el principio activo del estramonio está estrechamente ligado y aun puede decirse que es la propia atropina. Pálido y tembloroso. dos hombres y una mujer. la cual se extrae asimismo de la bell adona o de la dulcamara. to do lo que ha experimentado el señor Chandler. sí —replicó Hércules Poirot. ponga mos por ejemplo. Los preparados de belladona son muy comunes y el mismo sulfato de atropina se prescribe libremente para tratar las afecciones de los oj os. pero el almirante Chandler se casó con ella. —¡No hubiera faltado más! —exclamó la jov —Enfoqué otro posible motivo.? —Bajo determinadas circunstancias .

. Las historias que contaba usted sobre la Indi a le hicieron concebir la idea del estramonio. hasta usted. Eso fue lo que la llevó hasta sus brazos. Ambos sali eron a pasear en barca y sólo él sabe cómo sucedió el accidente. Pero no. Locura hereditaria. y yo. estaba terriblemente asustada y e n un apuro.. de qué se trataba. y se las arregló para hacer confesar la verdad a su mujer..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2..... El sádico deseo de verter sangre no era de Hugh. no podía permitir que ningún médico viera a Hugh Chandler. No podía ar seguro. cuando aparecieron los sínt omas de locura. como son los locos. ya comprendo. perdimos la cab eza. Su mujer murió en un accidente marítimo. me lo pregunté en ocas iones. Pero Charles Chandler sí lo vi o. Caroline nunca me insinuó nada qu e me diera la certeza de que Hugh era hijo mío. creí que la cosa se aclaraba definitivamente. ¡Pero su padre. ha debido sospechar que Hugh era su propio hijo. ¡Pero las consecuencias las debía pagar Hugh! »¿Sabe usted cuándo empecé a sospechar? osiguió Poirot—.. pues era la única cosa que podíamos hacer.. pues en dicho caso se hubi era descubierto que estaba cuerdo.. —Mais oui! —la voz de Poir ot se levantó chillona—. Ta l vez no se dio usted cuenta de la forma en que el muchacho adelantaba la cabeza y fruncía el entrecejo. la India. un ademán que heredó de usted. Frobisher. sino del almirante Chandler. porque empezó a revelar su demencia. pero jamás pude tener la seguridad de ello. Creo que ella le temía. a quien siempre había amado.. Por parte del muchacho era una cosa natural. desesperado. Caroline acudió a mí en cierta ocasión.. Odio hacia el chico que llevaba su ap ellido. astuto. Ella. Después me alejé de ella... Y luego. Había cientos de razones por las cuales debía buscar la opinión de un doctor. ni nunca supe. Luego se dedicó a centrar contra el muchacho todo el odio que sentía. El joven comentó lentamente: —Cuerdo.. bueno.com —Estramonio. Sí.. ¿Por qué no se lo dijo nunca? Frobisher tragó saliva y tartamudeó: —No lo sabía... Char les Chandler planeo su venganza. No sé. —Sí. Lo vio hace ya muchos años. Hugh se volvería loco lentamente. Un loco propenso a la venganza. ocultando su demencia durante años —se volvió hacia Frobisher—.! Tenían que existir tratamientos adecuados que podrían salvar a su hijo.d2g.004 http://biblio teca. ya que ambos sabíamos que otra cosa era imposible. No hay taras de esa especie en «nuestra» . considerando que ya se habían producido casos de locura en la familia.. usted ha debido saberlo. pero que no era hijo suyo. Por mi parte. Mon Dieu. h asta el momento en que... se aclaró la cosa. Cuando el almirante Chandler se mostró tan contrario a que su hijo fu era reconocido por un médico. ¿estoy cuer do? Frobisher observó con acento destemplado: —Claro que estás cuerdo. Nunca sospechamos del veneno.. se quitaría la vida. Y fue éste quien degolló las ove jas.

Al poco rato oyeron un disparo. El almirante Chandler cogió la escopeta que dejaba el joven y refunfuñó: —¡Todo eso son tonterías! Voy a ver si cazo un conejo. —exclamó Diana... Frobisher quis o adelantarse... .. —¡Hugh!. hace poco.. vieron cómo el último de los Chandler cruzaba el jardín y se adentraba en el bosque. que era la mejor manera. Los dos hom bres. pero la mano de Poirot le retuvo.. el inglés y el belga.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2...d2g. —Acaba usted de decir.004 http://biblio teca.. Hugh y Diana habían salido de la habitación.com familia.

. —la voz titubeó.. —Estaré ahí dentro de un momento —replicó Poirot.004 http://biblio teca.d2g..com capítulo VIII LOS CABALLOS DE DIOMEDES 1 Sonó el teléfono. ¿en qué puedo ayudarle. Apreciaba a Michael Stoddart. Me encuentro ahora en el callejón que hay det rás de ella.. —Así es —la voz de Michael Stoddart pareció reflejar su alivio—. En el número diecisiete de Connigby Mews. —Claro que iré. le divertía su ingenuo interés por los asuntos relacionados con el crimen y le resp etaba como hombre infatigable y entendido en la profesión que había escogido.. que será una gran desfachatez por mi parte si.. Acertó usted. —Eh bien. le ruego que venga a estas horas de la noche. le gustaba la timidez amistosa de su sonrisa...Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —No sabe cuánto siento molestarle.. —Pero algo le preocupa. ¿Es cierto que puede venir? No sabe cuánto se lo agradezco. Poirot? El detective reconoció la voz del joven doctor Stodd art... ¿verdad? —suspiró Hér Poirot agudamente.. ¿A su casa? —No. . —¿Es usted. amigo mío? Stoddart habló con timidez y tartamudeó un poco al contestar: —Me figuro. Pero me encuentro en un pequeño a puro y.

Pero si se absorbe gran cantidad. la han estado celebrando —respondió Stoddart frunciendo el ceño. alfombra s y cojines plateados de forma triangular. a la derecha. Cuando llegó frente al número 1 7 se abrió la puerta y apareció el doctor Stoddart en el umbral... ¿Quiere subir? Una empinada escalera conducía al piso superior. Gran cantidad de botellas y vasos est aban esparcidos por la habitación. acompañada de alucinaciones y delirio. se produce la violenta excitación mental. —¿Y le acertó? —¡Ni rlo! La bala dio a unas cuantas yardas de él. El resultado fue que el individuo la mandó a paseo y se marchó y ella se aso mó a la ventana y le disparó un tiro con un flamante revólver que algún imbécil tuvo la ma la ocurrencia de poner en sus manos. —¡Es usted un hombre de palabra! —dijo—. Si uno toma esas porquerías en pequeña escala se sient e un superhombre y todo lo ve de color de rosa. He venido para cumplir mis órdenes profesionales . —No hay nada de encantador ni de anticuado en la señora Grace. Empezaron la fiesta bebiendo y la terminaron con drogas. —¿Qué ocurrió? —Esta casa pertenece a una mujer llamada Patience Grace. amueblado con divanes. colillas por t odas partes y algunos vasos rotos. Mon chéri Watson.com 2 Hércules Poirot recorrió el oscuro callejón mirando el número de las casas. La señora Grace tuvo un fuerte altercado con su amigo.d2g.. Hacía rato que había sonado la una de la madrugada y. —Parece un nombre encantador y algo anticuado —opinó Poirot. había un salón de grandes proporciones. Reinaba el desorden por doquier. el vecindario se había ido a la cama. un tipo desagradable llamado Hawker. aunque todavía se veía luz en una o dos ventanas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¡Ah! —exclamó Poirot—. —¿No estuvo usted en ella? —No. en su mayoría. Hércules Poirot levantó las cejas. la señora Patie ce Grace —dijo Stoddart. Pero hirió a un pobre vagabundo que an daba por allí rebuscando en los cubos de la .004 http://biblio teca. —Sí. Se siente eufórico y cree que es c apaz de hacer muchas más cosas que de costumbre. Tiene buena presencia. Se ha casado varias veces y ahora la acompaña un amiguito del que está celosa pues cree que se ha cansado de ella. deduzco que aq se ha celebrado una fiesta. aunque algo vulgar. En él..

—Entonces —comentó Poirot— tuvo usted tiempo para rec apacitar sobre lo que había ocurrido. Al pobre diablo le arreglaron la noche.. Pero tratán dose de drogas. Hércules Poirot asintió y dijo: —La policía se in teresará mucho por esta fiesta. moderno. Le atravesó la parte carnosa del brazo. —¿Está usted seguro de que tomaron drogas? —Por completo. Pero. —Exactamente —contestó Stoddart—. —Entonces. Como es natural... La señora Grace te por entonces un agudo ataque histérico. —Pe ro a usted.com basura. ella misma se describe así.. tuve que atender. Encontré restos de una cajita de laca. Es decir. también es una buena pi za.. Había otra chica que tampoco se encontraba bien. Stoddart mur muró: —Hay gente inocente que se ve mezclada en estas cosas. Se ha mezclado con una pandilla como ésta porque se ha figurado que ello es elegante. Hizo una pausa. o cualquier cosa por el estilo.. —¿Y usted? —Yo tuve que trabajar un poco más. en realidad. —¿De veras? —Le eché un gran remiendo al brazo. pero lo que interesa es saber de dónd e provienen. la muchacha. Se alarm aron al ver la sangre que derramaba y vinieron a buscarme. y se encuentra en un verdadero apuro.. —dijo Poir ot lentamente. Recuerdo que hace unos días habló usted de un gran incremento que se ob serva entre los adictos de las drogas. Michael Stoddart replicó con acento intranquilo: —Eso es precisamente.d2g. Le di algo para calmarla y la mandé a la ca ma. —Desde luego —replicó el médico—.. —¿Es la señora Grace por quien siente tanta solicitud? —¡Válgame Dios! No... Poirot lo miró. como si hubiera despertado en él un súbito interés. una muchacha joven a quien.. es muy joven y un poc o alocada. a sabe cuidar muy bien de sí misma.. Tuvo un magnífico golpe de suerte. No podía equiv ocarme. En cierto aspecto. No era cosa seria. tan sólo chiquilladas.. es la otra... entre dos de los individuos empezar on a embaucarle y al final accedió a tomar un par de billetes de cinco libras y a olvidarse de lo que había pasado. no le conviene que la policía intervenga.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. asimismo. armó un escándalo de mil diablos y la pandilla de juerguistas se apresuró a hacerle entrar aquí. Y entretanto.004 http://biblio teca. ¿verdad? — observó.... . los demás empezaron a desfilar todo l o aprisa que podían. Luego. Si se hubiera trat ado de una pandilla de borrachines no me hubiera preocupado lo más mínimo.

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Una ligera sonrisa asomó a los labios de Poirot. —¿Tuvo ocasión de conocer a esa joven a ntes de ahora? —preguntó con suavidad. Michael Stoddart asintió. Parecía un colegial cog ido en falta. —La encontré en Mertonshire, en un baile. Su padre es un general retir ado, de los de «¡Rayos y truenos, matadlos a todos!», un pukka sahib... Ya sabe a qué ti po me refiero. Son cuatro hermanas; todas ellas un tanto indómitas... y yo creo qu e el padre tiene la culpa. El sitio donde viven no es de los más convenientes; cer ca de una fábrica de armamentos. Hay por allí gente de dinero que no tiene ninguno d e los sentimientos anticuados de la gente que vive en el campo. Ricos y viciosos por lo general. Las chicas se han encontrado con mala compañía. Poirot lo contempló p ensativamente durante unos momentos y luego dijo: —Ahora me doy cuenta de por qué de seaba mi presencia. ¿Quiere que me encargue del asunto? —¿Lo hará? Creo que debe intenta rse algo..., pero le confieso que me gustaría mantener a Sheila Grant apartada de esto. —Tal vez pueda hacerse algo. Me encantaría ver a esa joven. —Venga por aquí. Salie ron de la habitación. Desde una puerta salió una voz quejumbrosa. —Doctor... por amor de Dios, doctor; que me voy a volver loca. Stoddart entró en el dormitorio y Poiro t le siguió. El cuarto presentaba un aspecto caótico. Polvos de tocador derramados p or el suelo; tarros y botes de crema por doquier y ropas tiradas sobre los muebl es. En la cama estaba tendida una mujer de cabellos rubios, teñidos, y cara de asp ecto estúpido y vicioso. —Un millón de insectos me corren por el cuerpo... se lo asegu ro — exclamó—. Me voy a volver loca... Déme algo, por lo que más quiera. El doctor Stoddar t se situó al lado de la cama y habló con tono suave y profesional. Sin hacer ruido, Poirot salió de la habitación. Ante él había otra puerta. La abrió. Era una pequeña habita ión, modestamente amueblada. En la cama yacía una figura esbelta y juvenil. Poirot a vanzó de puntillas y miró a la muchacha. Cabello negro; una cara larga y pálida... sí; j oven... muy joven... Un destello blanco brilló entre los labios de ella. Abrió los o jos con expresión sobresaltada. La muchacha miró al intruso, se sentó en la cama y sac udió la cabeza, esforzándose en apartar la espesa mata de pelo negro. Parecía un potri llo salvaje. Retrocedió ligeramente, como hace un animal montaraz cuando sospecha de un extraño que le ofrece comida. —¿Quién diablos es usted?

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—No se asuste, señorita. —¿Dónde está el doctor Stoddart? El joven entraba entonces en la h bitación y la muchacha dijo con tono de alivio: —¡Ah! Estás ahí. ¿Quién es éste? —Un amigo, . ¿Cómo te encuentras ahora? —Terriblemente... ¿Por qué tomaría esa porquería? —Yo, en tu l no repetiría la prueba. —No... no lo haré. —¿Quién se la proporcionó? La joven abrió los o su labio superior se encogió un poco. —La trajeron... a la fiesta. Todos la probamo s. Al principio fue una cosa estupenda. —Pero ¿quién la trajo? —insistió nuevamente el det ective. Ella sacudió la cabeza. —No lo sé. Debió de ser Tony... Tony Hawker. Aunque en r ealidad no sé nada de ello. —¿Es la primera vez que toma drogas, mademoiselle? —preguntó P oirot. La muchacha asintió. —Sería mucho mejor que fuera la última —observó Stoddart con br squedad. —Sí... supongo que sí... Pero fue algo maravilloso. —Óyeme bien, Sheila Grant —dij Stoddart—. Soy médico y sé lo que digo. Si empiezas a tomar drogas te encontrarás cualq uier día con sufrimientos que ahora te parecerían increíbles. Las drogas arruinan a la gente en cuerpo y alma. El beber es un juego de niños al lado de ellas. Déjalo desd e ahora mismo. ¡Créeme; no es nada divertido! ¿Qué crees que dirá tu padre cuando se enter e de lo que ha pasado esta noche? —¿Papá? —la voz de Sheila Grant subió de tono—. ¿Papá? —e eír—. ¡Me imagino la cara que pondría! No debe saberlo. Ya ha tenido siete ataques. —Y con razón —añadió Stoddart. —Doctor... doctor... —el lamento de la señora Grace llegó hasta el esde la otra habitación. Stoddart murmuró algo irrespetuoso y salió del dormitorio. Sh eila Grant miró de nuevo a Poirot. Parecía algo confusa. —¿Quién es usted? —preguntó—. No e en la fiesta. —No; no lo estaba. Soy amigo del doctor. —¿Es usted médico? No lo parece. —Me llamo —declaró Poirot, procurando como siempre, que una declaración tan simple hici era el efecto de un telón al levantarse para empezar la función—. me llamo Hércules Poir ot. En esta ocasión produjo la impresión que esperaba. Poirot se había dado cuenta, de vez en cuando, de que los jóvenes de la nueva

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generación no habían oído hablar nunca de él. Pero no había duda de que Sheila Grant sí sab quién era, pues se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir. Sólo pudo mirarlo... mirarlo fijamente.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004 http://biblio teca.d2g.com 3 Se dice, justificada o injustamente, que todos tienen una tía en Torquay. Y se ase gura también que todo el mundo tiene por lo menos un primo segundo en Mertonshire. Situado a una razonable distancia de Londres, se celebran en él monterías y se pued e pescar y cazar. Hay por aquí varios pueblos pintorescos, pero muy poco engreídos p or ello, aunque tienen un buen sistema ferroviario y una nueva autopista que fac ilita a los motoristas la ida y vuelta a la metrópoli. Los criados ponen más dificul tades para ir allí que a otros distritos más rurales de las Islas Británicas. La conse cuencia de todo esto es que resulta prácticamente imposible vivir en Mertonshire, a no ser que se disfrute de una renta que pueda expresarse con cuatro cifras; pe ro con los impuestos y unas cosas y otras, si es de cinco, muchísimo mejor. Hércules Poirot, como era extranjero, no tenía ningún primo segundo en aquel condado; mas ha bía conseguido hacer un buen número de amistades y no tuvo dificultad en conseguir q ue alguien le invitara a que hiciera una visita a la región. Además, encontró como anf itrión a una buena señora cuya mayor delicia consistía en ejercitar su lengua hablando de los vecinos. Lo malo de ello estribaba en que Poirot debía resignarse a oír una gran cantidad de cosas acerca de gente que no le interesaba en lo más mínimo, antes de llegar a referirse a lo que le llevaba allí. —¿Las Grant? Sí; son cuatro chicas. No m e extraña que el pobre general no las pueda dominar. ¿Qué puede hacer un hombre con cu atro chicas? —la mano de lady Carmichael se agitó elocuentemente. —Es verdad —convino Po irot. La señora continuó: —Me han dicho que en su regimiento solía mantener una firme di sciplina. Pero con esas chicas no puede. Eso no pasaba cuando yo era joven. El v iejo coronel Sandys era un ordenancista tan acérrimo, que sus pobres hijas... (Y a quí una larga disgresión sobre las desgracias de las chicas del coronel Sandys y otr as amigas de lady Carmichael.) —Pues verá usted —la dama volvió al tema primitivo—. Yo no digo que haya nada malo en esas jóvenes. Tan sólo buen humor y mucha vitalidad... au nque van con una pandilla nada recomendable. Esa gente no se veía antes por aquí. Ah ora vienen tipos bastante extraños. Ya no queda lo que pudiéramos llamar espíritu señori al. Todo es dinero, dinero y dinero. ¡Y hay que ver las cosas que se oyen! ¿Quién dijo usted? ¿Anthony Hawker? Sí, le conozco. Es lo que yo

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considero un joven desagradable aunque por lo visto está forrado de billetes. Vien e a cazar y da fiestas en las que derrocha el dinero. Y también se celebran en su casa reuniones bastante singulares, si es que una va a prestar oído a todo lo que dicen por ahí... No es que yo lo crea, pero ya sabe lo mal pensada que es la gente . Siempre suponen lo peor. Parece que está de moda el decir que una persona bebe o toma drogas. Hace unos días alguien me confesó que las chicas jóvenes son borrachas p or inclinación. Yo opino que eso es una indelicadeza. Y, por otra parte, si ven qu e alguien tiene unas maneras vagas o raras, no dudan en decir: «Drogas». No lo estim o justo. Eso dicen de la señora Larkin y aunque esa mujer no me importa en absolut o, creo que sólo se trata de distracciones que sufre. Es una gran amiga de Anthony Hawker y estoy segura de que por dicha causa les tiene tanta inquina a las herm anas Grant... dice que son unas antropófagas; unas devoradoras de hombres. No me e xtrañaría que hayan perseguido a más de uno, pero ¿por qué no? Al fin y al cabo es una cos a natural. Y, además, las cuatro tienen buen tipo. Poirot intercaló una pregunta. —¿La s eñora Larkin? Mi querido amigo, no creo que pueda contestar a eso. En estos días no hay manera de saber quién es una persona. Dicen que vive bien y, por lo que se ve, no anda mal de dinero. Su marido era una personalidad en la City. Murió: ella no está divorciada. No hace mucho tiempo que vive aquí; vino poco después de los Grant. S iempre he creído que... La anciana se detuvo y quedó con la boca abierta, mientras l os ojos parecían querer saltar hacia Poirot. Se inclinó hacia delante y golpeó los nud illos del detective con un cortapapeles que tenía en la mano. Y sin hacer caso del gesto de dolor que hizo él exclamó: —¡Desde luego! ¡Por eso está aquí! Es usted un pícaro ado. Y no pararé hasta que me lo cuente todo. —Pero ¿qué es lo que debo contarle? Lady C armichael intentó darle otro golpe, pero Poirot lo esquivó hábilmente. —¡Se parece a una o stra, Hércules Poirot! Ya veo cómo tiemblan sus bigotes. No hay duda de que es un as unto relacionado con algún crimen lo que le ha traído aquí... ¡y me está sonsacando así des aradamente todo lo que sé! Vamos a ver, ¿puede ser asesinato? ¿Quién murió en estos últimos tiempos? Sólo Louisa Gilmore, pero tenía ochenta y cinco años y, además, padecía hidropesía No puede ser ella. El pobre Leo Staverton se rompió el cuello en una cacería y ahor a va escayolado hasta la cabeza... éste tampoco puede ser. Tal vez no se trate de asesinato. ¡Qué lástima! No me acuerdo de que haya ocurrido un buen robo de joyas última mente... Quizás está usted persiguiendo a un criminal... ¿Es Beryl Larkin? ¿Envenenó a su marido? Puede ser que los remordimientos sean la causa de que tenga esas maneras vagas.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2... Hace unos días v a la señora Larkin en el Banco. No creo que haya montado a caballo en su vida. y con esos zapatos de charol que siempre lle va. ¿dónde estaba? —No se lo puedo decir.. si se queda ahí callado. le tiro algo a la cabeza. . —Puede tratarse de una falsificación —especuló lady Carmichael—. por otra. madame? —¿Qué tienen que ver los clásicos con esto? —Pues verá usted. pero la cara de Poirot permaneció i mpasible.d2g. —Debe tener usted un poco de paciencia —dijo el de tective. a su edad. que no querrá confesar si la señora Larkin envenenó a su marido. —S upongo.. No sé por qué los clérigos tienen tanta af ición a los clásicos. —¡Tonterías! Usted se pro algo. me parece que el tema principal de todo lo clásic o es impropio para gente de iglesia. Uno de los «tra bajos» que llevó a cabo fue la doma de los caballos de Diomedes. No : no es eso.. de una parte nunca sabes qué es l o que quieren decir y. madame. Y no es que yo haga mucho caso de ello. La literatura demasiado pecaminosa. Estoy emulando a mi ilustre predecesor Hércules. y me pareció entonces una cantidad demasiado elevada para cobrarla en efectivo. —Los caballos. —¡Qué mal gusto! Opino que los ant iguos griegos y romanos tenían muy mal gusto.. mirándome como una l echuza.. Veamos. Va demasiado de prisa. Los citan a cada dos por tres.004 http://biblio teca.. —No me diga que ha ve nido a domar caballos. —¿Está familiarizada con los clásicos. Eran caballos salvajes que comían carne humana. son simból icos. y tod as estas estatuas sin una mala prenda encima. Acababa de cobrar un cheque de cincuenta libras. ¿O t al vez Anthony Hawker es el asesino del baúl de Brington? Miró al detective como si esperara que éste le hiciera alguna confidencia. madame —exclamó Hércules Poirot—. Hércules Poirot. ¿verdad? Oiga.com —Madame. pero ya sabe cómo se enfadan los pastores de nuestras iglesias cuando ven en trar a una chica que no lleva medias. miserable. si hubiera sido una falsificadora hubiera ingresado el cheque en su cuenta.

envuelta en vendajes.. ¿Quiere usted una copa? Toque esa campanilla para que acuda mi asistente. tenía buenos establos y un jardín bastante descuidado. Cuando v olvió el sirviente. He oído decir que conoce usted a una de ell as. Su interior estaba. el general movió su pie enfermo. Cuatro deslumbrantes muchachas.. igual que mi abuelo. Parece como si disfrutaran de privar a un hombre de l o que le gusta.004 http://biblio teca. No creo que sea para tanto. y entre los dos me hicieron la pascua..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. Pidió perdón por su léxico. he tenido ese gusto. —Si. —Gota —explicó—. En mitad de este hogar a ngloindio estaba sentado el general Grant... Poirot? ¡Le despierta a cualquiera un genio de mil diablos! Mi padre tuvo la culpa. Y permite solamente que tome una p orquería como es el pescado hervido. señor Poirot —el hombre miró con tristeza el vas o—. puaf! Indignado. ¿No tuvo nunc a gota. Procesiones de elefantes adornaban las repisas de las chimeneas y af iligranados trabajos de bronce colgaban de las paredes. señor. ocupando un raído sillón. «completa mente amueblado». su amo vertió una ración tan generosa que Poirot se vio obligado a protestar. Bandejas y mesas de bronce de Benarés ocupaban la mayor parte del espacio disponible.. Pero nunca puedo saber qué . lo que le hizo lanzar un alarido de agonía y dolor y algunas fuertes expresiones.. como diría un corredor de fincas.com 4 Ashley Lodge. Los médicos son unos ignorantes. Apareció un criado tocado con un turbante. ¡Pescado hervido. —Siento no poder acompañarle. Estaba situada en la ladera de una colina. El general Gran t se dirigió a él llamándole Abdul. Ni un chico entre ellas. No creo que deba recriminarles por ello. tanto de comer como de beber. Panzudos Budas contemplaban a los visitantes desde diversas horn acinas.. reposaba en otra silla. En estos días const ituyen un problema. no están mal.. —Me siento como un oso con dolor de cab eza. —No están mal del tod o.d2g. ejem. mientras una de sus piernas. la residencia del general Grant. no era una casa de grandes dimens iones. El «wallah» médico me ha dicho que es veneno para mí. —Tengo entendido que todas son encantadoras. y le ordenó que trajera el whisky y un sifón. ¿Tiene usted varias hijas? —Cuatro —replicó el general lúgubr mente—. Bebió Oporto toda su vida. Mis chicas dejan el campo libre cuando tengo uno de los ataques de gota.

. Sí.. ¿verdad? Algo me temía yo.. Un hombre tiene perfecto derecho a gozar de u n poco de paz en su propio hogar.. Las chicas nunca me dicen nada —arrugó el entrecejo. ¿no le parece? —Supongo que gozarán de popularidad entre el vecindario. si alguna de sus hijas ha estado caprichosa y excitada.. No. ronroneaba como un gato. ¿verdad? —¿De Sheila? No l o sabía.. sí le conozco. No se puede dominar a las muchachas en estos tiempos. Poirot condujo la conversación hasta que se refirió a Anthony Hawker.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. al fin y al cabo .com es lo que se proponen. sin automóviles. Jamás permití que instalaran una en casa. ¿qué he de hacer yo. ¿Qué puede hacer uno? No puedo encer rarlas. «¡Pobre general Grant. caballero? —¡Drogas! —¿Qué? .. tiene los ojos demasiado juntos. mientras los ojos azules y penetrantes miraban sin pestañear a Hércules Poirot—.. No se fíe de nadie que s ea incapaz de mirarle a la cara. señor Poirot. Casi me pesca una d e esas viudas de ojos azules. —Menos mal —dijo Poirot con gra vedad. ¿a qué viene t do esto? ¿Tendría inconveniente en decirme para qué ha venido a verme? Poirot contestó l entamente: —Eso va a ser un poco difícil. —Algunas de las viejas no las pueden ver —dijo el viejo militar—. ni jazz. Solía rondar por aquí. —¿Hawker? ¿Hawker? No le conozco..? —¡Maldita sea! Habla usted como si fuera médico. Pero.. Uno debe tener cuidado. tal vez ni yo mismo lo sepa. éste es un rincón del mundo que no está del todo mal.. Hay mucho borrego disfraza do de cordero por estos alrededores. Un t po de aspecto asqueroso. He oído algunas co sas por ahí —miró patéticamente a Poirot—. general. Es demasiado descaro. no me di cuenta de nada de todo eso. y luego deprimida. Oiga. señor Poirot.. Me gustaba el campo cuando se vivía en el campo. —¿Qué diablos significa todo eso. El general Grant prosiguió: —¿Y qué es lo qu e pasa con esa pandilla a la que se han juntado? Poirot contestó con otra pregunta : —¿No ha notado.. nerviosa y de un talante. Son tiempos de indisciplina. Pero.d2g. qué vida tan interesante ha debido pasar!» —el general levantó un dedo y se lo aplicó a la nariz—. demasiada libertad.004 http://biblio teca. —Se han unido a una pandilla de sinvergüenzas. señor Poirot? ¿Qué he yo? El detective sacudió perplejo la cabeza. ni la vociferante y latosa radio. Suavemente. —Es amigo de su hija Sheila. Sólo le diré es to: su hija Sheila y quizá todas sus hijas tienen amistades poco recomendables.

Poirot prosiguió: —Se ha intentado convertir a su hija S heila en una adicta de las drogas. ¿comprende? ¡Necesario! —Bueno. con tal de conseguir nuevas dosis.. —Mi l perdones —murmuró—. lo haré si ése es su gusto —gruñó eterano.. —¿Qué? Voy a hacer que me digan la verdad.. Es necesario. Hércules Poirot observó: —Primero. El hábito se adquiere rápidamente..004 http://biblio teca. ¡maldita sea. —Pero. si lo cogiera. Una vez que hayamos atrapado al qu e distribuye la droga. Escuchó en silencio las palabrotas que con furia y en voz baja salían de los labios del general. c uando se aquietó algo. Se levantó.. Una semana o d os son suficientes. tropezó con una mesilla profusamente labrada y recobró el equilibrio asiéndose al general. que lo mejor para usted es no de cir nada. pero no convencido. Debo rogarle.com La palabra pareció un rugido. le ruego que no diga nada de esto a sus hijas. Luego. como dicen ustedes por aquí. Puede imaginarse qué sabrosos resultados económicos conseguirá el encargado de repartirlas. tendré mucho gusto en entregárselo.. tenemos que coger la liebre.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Había sido dominado. con una final y escogida descripción de lo que él. Todo lo que conseguirá será una sarta de mentiras . entiéndame bien. Cuando una persona se habitúa a ellas es capaz de pagar y hace r cualquier cosa.! —Le aseguro. haría con aquel perro tiñoso.d2g. general. el general. ¡eso es lo que haré! —Eso es preci amente lo que usted no debe hacer. general Grant. Hércules Poirot caminó con sumo tien to por entre los bronces indios y salió de allí. .

mademoiselle —brindó el detective. amiga de lady Carmichael. una de las hermanas Grant? —Soy Pam Gran t. amigos. . —Hola.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. La propia dueña de la casa estaba preparando combinados en una mesilla auxiliar. Hércules Poirot había sido llevado allí po una señora de mediana edad. Sólo un examen más detenido revelaba las arrugas que se le formaban junto a los ojos.. Parecía tener poco más de treinta años.004 http://biblio teca. P am Grant replicó: —Más que ruin. Ambos vestían equipo de caza y ella llevaba un a mancha de barro en una de sus mejillas. El frasco de Tony está seco por completo. Antes de que Poirot pudiera contestar se abrió la puert a y entraron Hawker y Sheila Grant. —Ya lo sabía. parecían estar alerta. recogido sobre la nuca. Aquello denunciaba que. —¿ aba allí Tony Hawker? —preguntó. —¿Se lo dijo ella? Pam Grant asintió y preguntó: —¿Se ntraba en algún apuro? —¿Pero es que no se lo contó todo? La muchacha sacudió la cabeza. mientras se le indicaba que llevara otro a una m uchacha que estaba sentada junto a la ventana.d2g. venimos por una copa. —Con su hermana en Londres. Tenía la cara sonrosada y de sospechosa expresión angelical. por lo menos. con una especie de graci a siniestra. La chica era de baja estatura y r ubia. de pelo castaño claro. El detective se vio de pron to con un combinado en la mano.. tenía diez años más de lo que aparentaba. co n grandes y negras pupilas. Luego dijo repentinamente: —Usted conoce a mi hermana.com 5 El salón de la señora Larkin estaba lleno de gente. Sus ojos. Ella inclinó la cabeza y bebió. Sus ojos tenían un matiz más bien verde que gris. —¿Su hermana? ¿Es usted. entonces. Era una mujer alta. Debe regresar dentro de poco. —¿Y dónde está su hermana hoy? —Ha salido de cacería. —A su eterna salud. Poirot murmuró: —Hablando del ruin de Roma. Sus movimientos eran fáciles. según apr eció Poirot en seguida.

se alisaba la falda una y otra vez. quien estuvo ayer en casa? —le preguntó de súbito.. sí —respondió Poirot—. Beryl Larkin se adelantó. que ésa no fue . —¿No tenía. P am contestó: —No me gusta Tony Hawker.. —¿Ya estás aquí. nada que ver con Tony Hawker? —pregu ntó.. Poirot comentó mientras sonreía: —Les femmes.. —No lo creo —dijo Pam con sequedad. sea lo que sea.. La cab eza de Hawker estaba junto a la de la señora Larkin..... con mano nerviosa. El detective mur muró: —Usted es completamente diferente de su hermana.. ¿Habéis batido el matorral de Gelert? Diestramente se lo llevó hacia un sofá situado al lado de la chimenea. entonces. Tenemos. Mírelos ahora. varios amigos nes.. Sheila enrojeció y sin replicar ió hacia donde estaban los demás invitados. Parecía que el joven trataba de apaciguarla.. la razón de su visita.004 http://biblio teca. y ella también. —¿Se lo ha d o su padre? Ella negó con la cabeza. lo quieren todo en seguida. Tenía la cabeza incl inada y. Sheila había visto al detective.d2g. como si le causaran impaciencia las . ¿verdad? Pero Pam Grant no contestó. antes de seguir a la señora Larkin.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Me refiero a la señora Larkin. —No sea estúpido. —¿Qué es lo que no cree? ¿Que su padre y yo tenemo amigos comunes? La muchacha se ruborizó. Se dirigió a su hermana: —¿Por qué no dices nada.. Pam intervi no: —¿Fue usted a hablar con papá? —Pues.pero no puedo esper ar. Lo quiero ahora. Con súbita vehemencia. —Abdul lo descubrió. Tony? cómo ha ido todo... —....com —¿Esas tenemos? —comentó secamente Poirot. un aire siniestro. Ella levantó la c abeza. Poirot vio cómo el joven volvía la cabeza y mi raba a Sheila. Sheila? La joven pareció sobresaltarse. —¿Fue usted. Poirot siguió la mirada de la joven. Titubeó durante unos instantes. mademoiselle. Tiene. en realidad. —¿Por qué tenía que ser así? —replicó Hércules Poirot... Yo. me figuré.. pero luego se dirigió hacia donde estaban él y su herm ana. Quería decir. La voz de la mujer se oyó durante un instante.. pero en voz baja.

señorita Grant? —preguntó. Hércules Poirot se despidió de la señora Larkin y salió al vestíbulo. Sobre la mesa se veía un frasco.. pero dificilísim o de deshacer. llegaba hasta ellos Sheila Grant. —¿Estará vacío el frasco de Tony? —murmuró Hércules Poirot..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.com trivialidades. a manera de cantim plora. No parecía que contuviera licor. Dio la vuelta y se alejó. con una copa en la mano. Estaba lleno. —¿Qué es peligroso? —preguntó. De la muerte lenta que sufre el cuerpo y el alma... —¿No ha tomado nunca droga s. . de la d estrucción de todo lo que hay de bueno y hermoso en un ser humano —dijo Poirot. El frasco de Tony Hawker no e staba vacío. un ligero susurro... La mano que sostenía la copa tembló y el licor se derra mó por el suelo. El detective lo cogió y vio que llevaba las iniciales «A. El detective prosiguió: —Creo que el doctor Stoddart ya le hizo ver c laramente qué representa esa muerte lenta.. —¡Oh. En aquellos momentos. H.. —Estamos hablando de los peligros que encierra el hábito de las drogas. Shei la Grant contuvo el aliento.. Fue tan leve que a duras penas pudo oír lo que decían: —El frasco.. Lo sacudió l e. Es muy fácil de hacer. La joven sacudió la cabeza.». junto a un látigo y un sombrero. no! ¿Es eso? ¿Drogas? Es un a peligrosa. diferente? El detective miró con fijeza. ¿qué es lo que Tony le está dando a Sheila? ¿Qué es lo que la está volviendo. —Monsieur Poirot.. de polvo blanco.. Desenroscó el tapón. de Sheila Grant. La persona que deliberadamente se aprovecha de la degradación y la miseria de los demás es como un vampiro..004 http://biblio teca...d2g.. Detrás de él oyó como P am decía: —¡Sheila! Y un susurro.

Puede tener usted confianza en nosotros. Fue tan sincero. Todo lo que debía hacer usted er a introducir el uso del «rapé» entre sus amigos. en realidad.. y sus hermanas tampoco. Hay una persona que debe ser destruida..d2g. — aré lo que me ordene —contestó Sheila Grant—. ¿No le he dicho nunca que Hércules Poirot lo sabe todo? La fotogr afía de usted fue fácilmente identificada por la policía. Ese hombre debe ser desenmascarado y sentenciado. ¿qué? .. Hablaré con las otras —y añadió—: No creo que tor Stoddart quiera volver a dirigirme la palabra. era una cosa como beber en horas prohibidas. Cuando salió del reformatorio conoció a un nombre que se hacía llamar general Grant y que le ofreció este empleo. pretendiendo siempre que se lo había da do otra persona. —Sí. —Es terrible si se considera así. y lo expuso con tanta seriedad. Pero hay que hacer una cosa. Hizo una pausa.com 6 Hércules Poirot conversaba con una muchacha en la terraza de la finca de lady Carm ichael. Le p rometió mucho dinero.. ¡Y sin embargo. Sheila se estremeció y exhaló un suspiro. Las pruebas que pueden presentar ustedes cuatro constit uyen el único medio para poder condenarla..... yo creía que . el empleo de «hija». —Vamos. pero que no tenía ninguna consecuencia fatal. Entonces vi claro cuan perverso era lo que había estado haciendo. Antes de ello. aniquilada por completo. Y d spués.. nunca ha sabido lo que estaba haciendo. —¿Se refiere usted.. a mi padre? —A su padre no. Tanto el doctor Stoddart como yo estamos dispuestos a ayudarla en todo lo que po damos... cuando me habló el d octor Stoddart. y sólo usted y sus h ermanas pueden lograrlo. es verda d! Nunca me di cuenta de ello hasta aquella noche en Londres. mademoiselle. algo que la gente estaba disp uesta a pagar. mademoiselle —dijo el detective—. —Al contrario —dijo el detective—.. Después. que fue enviada a un reformatorio hace algunos años. Sus «hermanas» estaban en el mismo caso. —Es usted muy joven...004 http://biblio teca. mucha diversión y una vida fácil. S e han estado alimentando de carne humana como las yeguas de Diomedes.. Estoy convencido de que .Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. una joven reincidente ladrona de establecimientos comerciales.. Usted es Sheila Kelly.. made moiselle —prosiguió—. —¿Y ahora? —preguntó Poirot.

d2g..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. .004 http://biblio teca. mientras sonreía: —Será usted dedicada al servicio de los dioses..com Poirot tosió y dijo.

no entre otros oficiales del ejército. Casi no tuvo ocasión de hacerlo. además —continuó—. Pero fue a residir. Tout de mém e. uede ser. hice como si tropezara.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. mon chéri. u n conocidísimo tipo de comedia que sufre del hígado y tiene un genio pésimo. Donde había gente rica. fue una idea ingeniosa. po r lo que respecta a la señorita Sheila Kelly. No tuve que esperar mucho. Poirot le interrumpió: —Mon chér! —dijo—.. sino a un milieu demasiado caro para cualquier militar retirado. Como dijo usted. Sheila debía hablarme del frasco que Tony dejó en el vestíbulo. debía de ser quien pag ara las consecuencias. los bronces de Henares y el criado indio. De eso podía es tar seguro.com 7 Michael Stoddart miró asombrado a Poirot. Michael Stoddart se l evantó y empezó a pasear por la habitación. De la única de que estoy seguro es de la pequeña Sheila. —Y a las demás también.. El coronel angloindio retirado del servicio activo.. Las chicas r ecibieron órdenes. pero la otra muchacha lanzó un colérico «¡Sheila!» y és justamente pudo balbucear la advertencia que me destinaba.d2g. tal vez. —¿El general Grant? ¿Es posible? —Precisamente. ¡Y también la gota! Es una enfermedad pasada de moda. A decir verdad. »Pero. Deseaba ver qué era lo que sucedería. Los Bud as. un excelente mercado para colocar la «mercancía». que ni siquiera se dio cuenta de ello. casi siempre e ncontrará.. no el padre de unas m uchachas de diecinueve años. —Las demás. Cuando me evanté para irme. Anthony Hawker. profeso el más profundo respeto por ciencia. Sí. quise asegurarme de ello. —¿Cuál era su propósito cuando fue a visitar al general? ¿Quería ponerle sobre viso? —Sí. —Sepa usted que no voy a perder de vista a e sa chica. Sólo la tienen los caballeros de mucha edad. es demasiado artificial ese general. que era una de sus víctimas.004 http://biblio teca. de Londres. ya . He formado una buena teoría sobre las tendencias criminales de los adole scentes: Si se fija usted en la vida hogareña de cualquier familia. toda la mise en scéne era demasiado artificiosa. La domará. Tan perturbado estaba el hombre por lo que acababa de decir. ¿Y quién iba a sospechar de cuatro vivarachas y atrac tivas muchachas? Si algo se descubría serían condenadas como víctimas. Y no tengo ninguna duda de que sus teorías darán un resultado admirable.. y para sostenerme me cogí al pie enfermo d el general.. no lo du de.

com come en su mano.d2g...004 http://biblio teca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Michael Stoddart se ruborizó y dijo: —¡Qué sarta de tonterías esta uste d diciendo. Poirot! .

Conozco al que robó el cuadro y sé a de irá a parar. Se hizo cargo del caso para quedar bien con Alexander Simpson. las circunstancias del robo fueron de lo más vulgares. sin mucha originalidad por cierto. Hércules Poirot pensó que fue una treta muy divertida. según indicó.» Acudió la policía y se arremolinaron l os curiosos. C quiera pudo ponérselo bajo el brazo y llevárselo.com capítulo IX EL CINTURÓN DE HIPÓLITA 1 Una cosa conduce a otra. con quien acababa de trabar amistad y. Por aque l entonces. pero no había duda respecto a s u autenticidad. Unos cuantos de ellos invadieron las Galerías Simpson y se tendieron en el suelo enarbolando una pancarta que decía: «El ar te es un lujo. los obreros parados seguían la táctica de detenerse en los cruces de las principales calles y penetrar en el Ritz. mientras los demás contemplaban a es os idiotas de obreros parados. Les dijeron que fueran a m anifestarse en las Galerías Simpson. Y añade que esto no se puso nunca tan de manifiesto como en el caso de l Rubens robado. Dad de comer a los hambrientos. el cual no tenía ningún inconveniente en adquirir . Hasta que los manifestantes no salieron de allí ante la fuerza del br azo de la Ley nadie se dio cuenta de que el nuevo Rubens había sido cortado limpia mente de su marco y había desaparecido. por una parte . por ciertas razones privad as no muy ajenas a los clásicos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Es un cuadro pequeño —explicó el señor Simpson—. que trabajaba por cuenta de cierto millonario. en el robo. pues.004 http://biblio teca. Fue expuesto en las Galerías Simpson y robado en pleno día. Era una obra maestra desconocida hasta entonces. Después de producirse el robo. además. pero no se enteraron de la razón hasta que pasó t odo. No le interesó mucho aquel asunto del cuadro. Rubens era un pintor que no le gustaba y. mas no veía qué era lo que p odía hacer en aquel asunto. aunque inocente. Alexander Simpson lo mandó llamar y vertió sobre él todas sus cuitas. podía ocuparse muy bien de aquel rob o tan claro. Poirot —rogó Alexander Simpson—. fue robado por una banda de aventureros internacionales. El Rubens acababa de ser descubierto . Según el propietario de las Galerías Simpson. Se descubrió que aquellos obreros habían sido pagados para que tomaran parte.d2g. —Óigame. como suele decir Hércules Poirot. de otra. La policía.

salió de Londres en el tren que enlaza con el barco. Lo que quiero que h aga usted es una cosa completamente diferente. Y ahí es donde entra usted. Por lo visto se va usted a Francia. Es hija de un canónigo de Cranches ter y se llama King. Convino en salir inmediatamente para Franc ia.. dijo Simpson. la señorita Burshaw las contó y descubrió que sólo eran . Pero poco antes de llegar a París. La muchach a llegó a Cranchester en el primer tren.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. La noticia saldrá esta noche en lo s periódicos. Winnie King. ¿Conoce a Hearn? Es un buen muchacho. se complicarán t odavía más las cosas —añadió—. donde pasaría a poder del millonario. aunque tal ve z poco imaginativo. en cuy o coche restaurante comieron. Winnie se dirigía a París para ingresar en un colegio de alto copete. declaró que la llevó a la estación Victo ria. La empleada de una agencia que se dedicab a a escoltar colegialas de una estación a otra. sería llevado a Francia. Los hombres acaudalados deben ser tratados con toda clase de miramientos. El detective inspector Hearn ha ido allí pa ra cooperar con los franceses. —¿Y cuál es el caso de que está hablando? —Ha desaparecido una niña. Parece como si la hubieran raptado. Continuó relatando la historia. ¡Parece que no se fía de nosotros! En fin. sin ningún entusiasmo. Hércules Poiro t se vio obligado a aceptar la tarea. Ya que ya usted a París. que fue a visitarle en el preci so instante en que Poirot daba su conformidad al equipaje que acababa de hacer G eorge. Me gustaría conocer la opinión de usted sobre el caso.004 http://biblio teca.d2g. eso no va ni viene. El Rubens . No tenía gran interés por la misión que lo llevaba. junto con otras dieciocho chicas. el cual sí que le interesó en alto gr ado. —Y una vez que el cuadro obre en poder de ese perro sarnoso. regentado por una tal señorita P ope. Después. profesora del colegio y persona de confianza de la señorita Pope. Simpson le encargó de ese asunto del Rubens . pero Simpson opinaba que no conseguirían nada. Se enteró de ello por el inspector jefe Japp. pasaron por la Aduana de Calais y subieron en el tren de París. —Ah! —dijo Japp—. sin preguntar nada. donde la dejó bajo la custodia de la señorita Burshaw. La situación se volverá de una delicadeza ext rema y usted es el hombre apropiado. Por último. pero gracias a ella se vio mez clado en el caso de la Colegiala Desaparecida. ¿verdad? —Mon chéri —replicó P Están ustedes increíblemente bien informados en Scotland Yard. La po licía inglesa y la francesa estaban alerta. Diecinueve muchachas cruzaro n el Canal. Japp rió por lo bajo..com obras de arte a precios sorprendentemente bajos. —T enemos bien montado nuestro espionaje. pensé que mu y bien podía matar dos pájaros de un tiro. en el que solamente se admitían chicas inglesas y norteamericanas.

d2g. cuando entraba en el tocador de señora s. Fue vista por última vez. en un lugar situado aproximadamente a catorce millas de Amiens.004 http://biblio teca.. —Pero. durante todo el viaje demostró muy buen humor y estuvo hablando por los codos. en el aire. de eso puede est ar seguro. La perdieron... era una chica normal... Disminuyó la marcha una vez. monsieur Poirot.. No lo encontraron. ¿Piensa usted que a la chica le entró miedo y trató de e scapar? Era su primera salida de casa y pudo sentir nostalgia. Éstas no s ospecharon nada. Dudo que aflojara lo bastante para permitir que al guien saltara sin lastimarse. tiene quince años y medio. —¿Registraron el tren? —preguntó Poirot. po r una señal... No es ninguna belleza en mbrión. cuando volvieron a su depar tamento. eso es verdad. ejem. Entregó la fotografía a Poirot y éste la estudió en silencio. —Muy natural —murmuró Poirot—. se figuraron tan sólo que se habría quedado en alguno de los otros departamentos reservados. —¿Se detuvo el con voy en alguna ocasión después de salir de Amiens? —No. O sea.. —Quiero decir. una cosa —Japp tenía el entrecejo Encontraron su sombrero al lado de la vía. que no entró en el que compartía con otras cinco muchachas. Esto no t iene sentido. La chica no estaba en el tren. por decirlo así. pe ro de todas formas. P uesto que no hay trazas de su cuerpo. ¿Se detuvo el convoy en algún sitio? —Paró en Amiens. —Sí. .com dieciocho.. —Es difícil saber qué es lo que ha de pensar uno. ¿No hay nada más? —Sí. además. es que no se cayó del tren. —¿Y qu iensa usted de ello? —preguntó Poirot. pero es estaban todas en el restaurante y las demás chicas aseguran positivamente que W innie estaba con ellas. —¡Ajá! —dijo Poirot—. Es cosa de locos. buscaron por todo él antes de e llegara a la estación del Norte. una edad en que se tiene bastante sensatez y.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. ¿qué aspecto tenía? —Aquí llevo una instantánea de ella. pero no se detuvo..... Y Japp añadió con acento desilusionado: —Desapareció. Por lo que he podido sacar en limpio. ¿no se encontró el cuerpo? —No. Poirot asintió: —Por lo tanto. —¿Qué clase de muchacha era? —Ordinaria y corriente. ¿cuándo la vieron por última vez exactamente? —Unos diez minutos después de que el tren saliera de Amiens —Japp tosió con modestia—..

—Está bien —comentó Japp—. —Por casualidad. E studian allí muchachas de la buena sociedad. Mordía una manzana con la boca abierta. Quería estudiar pintura y música. . que ansiaba irse. ¿eh? El detective sacudió lentamente la cabeza. Aseguran que la muchacha estaba entusiasmada con su viaje a P arís. —No le extraña nad a. la belleza de moda. Estuve en el castillo que posee su familia. des garbada.d2g. La señorita Pope es muy rígida y exigente .. Cobra unas pensiones carísimas y elige cuidadosamente a las pupilas que toma baj o su cuidado. En el sketch vi una fotografía de Marcia Gau nt. Si fue orazón romántico lo que la hizo desaparecer del tren. puede tene r un corazón romántico. Miró esperanzado a Poirot. Pecosa. Tal vez sabrá usted que ese colegio es muy conocido. Quince años es ya una buena edad. —Nada que pueda ayudarnos. ¿Y respecto a la señorita Burshaw. con los dientes prominentes y los cabellos largos y lacios. a pesar de su apariencia física. Poir ot sonrió. —El sexo femenino es algo milagroso —dijo—. Pero a esa edad todas lo son. El detective preguntó con tono pe nsativo: —¿No hay ningún joven en el caso? Japp hizo un gesto señalando la fotografía..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. La recuerdo cuando tenía quince años. ¿Y qué me cuenta acerca de la famili de la niña? ¿No le han relatado alguna cosa que pueda ser de utilidad? Japp sacudió l a cabeza. ¿no encontraron ta mbién sus zapatos junto a la vía? —preguntó. estoy dispuesto a leer desde a hora novelas rosas escritas por mujeres. Hace unos días estuve en casa del dentista. No lo tiene.004 http://biblio teca. —Una niña de aspecto corriente —comentó Japp—. Usab a gafas. —¿Ti aspecto de eso? —No. con el pelo peinado en dos flojas trenzas.. La madre está enferma y el pobre canónigo King mo ralmente deshecho.com Era de una muchacha larguirucha. ¡No sé cómo lo hacen! Es como un milagro. Las chicas de la señorita Pope aprenden arte con «A» mayúscula. —Ya conozco ese tipo. mostrando unos dientes prominentes a los que llevaba sujetos abrazaderas correctoras. Poirot suspiró. Se a preciaba claramente que era una instantánea y que la chica había sido fotografiada s in que se diera cuenta de ello.. l a que vino a recoger a las niñas? —No es ningún cerebro privilegiado. con motivo de aquel robo de que fueron víctimas. Teme atrozmente que su señorita Pope la culpe de lo que ha pasado. Pero. De la noche a la mañana se convirtió en una belleza.

d2g.004 http://biblio teca.com —¿Los zapatos? No. ¿por qué los zapatos? —Era tan sólo una idea.. —murmuró Hércules Poir .Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2....

al lado de la carretera. Poco a poco. Ya apareció la chica. —Me ale de haberle encontrado todavía en casa. ahora se encuentra bien.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Bueno. Me encontré un informe cuan do volví al Yard.d2g. Hércules Poirot no rió. cuando sonó el timbre del teléfono. Japp soltó una car cajada y cortó la comunicación.. No obstante. No le ha ocurrido nada malo. Poirot preguntó lentamente: —Entonces. Está aturdida y no han podido conseguir nada coherente de ella. siento mucho haberle molestado. —¿Diga? Oyó la voz de Japp.com 2 Hércules Poirot se disponía a salir para coger el taxi que le conduciría a la estación. Ya se aclaró todo. . a quince millas de Amiens.004 http://biblio teca. ¿no tiene usted necesidad de mis ser vicios? —Me temo que no. volvió a colocar el a uricular en su sitio.. Tenía en la cara una expresión preocupada. El médico di ce que fue narcotizada. Cogió el auricular.

. Parece como si todo ello le hubiera s ido borrado de la memoria. por lo visto. señor. posiblemente. Lo calificó usted de rompecabezas y ha dicho que ya está resuelto. E so es lo principal. —Lo cual resulta muy conveniente. Es una buena chica. —No. para alguien —obse rvó Poirot.. señor. Tiene un chichón en la parte posterior de la cabeza. tal vez demasiado infantil para su edad. —¿Le advirtió el inspector jefe Japp que yo hablaría con usted res ecto a ello? Hearn asintió. Pero me parece que el problema sigue siendo el mi smo. Estoy seguro de que no. lo que pudo producir una completa pérdida de la memoria. —Bueno. —En cuanto a eso último. —Pero no resuelve la cuestión de cómo ni por qué la encontraron.004 http://biblio teca. —Mis asuntos p ueden esperar. ¿verd ad? ¿Qué es lo que dice ella? La reconoció un médico.d2g. cuando t odo se ha resuelto.. El inspector Hearn replicó con acento dubitativo: —¿Cree usted que la chica nos oculta algo.. No está disimulando —Poirot sacudió la cabeza—.. . Pero no le esperaba ahora.com 3 El detective Hearn miró a Poirot con curiosidad. —No sabía que tuviera usted tanto int erés por ese caso —dijo. —Perdieron la cabeza cuando vieron la polvareda que se levantaba.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Lo que me interesa es este caso. escéptico: —¿Y qué rescate es peraban conseguir de un canónigo de la catedral de Cranchester? Los dignatarios de la Iglesia anglicana no son potentados. y enterarme de por qué lo hizo. no recuerda casi nada de lo q ue le ocurrió después de salir de Cranchester.. señor —¿Lo cree usted? —No. y se apr esuraron a dejarla al lado de la carretera. hubo una ligera contu sión. Querían retenerla para pedir rescate. . Pero me gustaría saber cómo salió del tren. Necesito conocer al responsable de ello. El médico cree que. —Pero no lo hici eron. —Me dijo que vendría usted para cuidarse de otras cosas y que nos echaría una mano en este rompecabezas. parece aceptable que fue un intento de rapto.. Creí que estaría trabajando en sus propios asuntos. Poirot preguntó. hemos encontrado a la niña y no está herida ni ha sido maltratada. ¿verdad? ¿Qué opina? —Que la narcotiz Todavía no se ha repuesto del todo y.

charlando con las otras ch icas. Winnie King volvió a su coche con las demás. Aunque nada sabemos de ella. —Es un buen detalle. altamente respet ables y muy conocidas en Hampshire. —Eso es. Aflojó la archa en una ocasión. ¿ésa es su opinión? Hearn se sonrojó. ¿Dónde estuvo entreta nto? . Lo hacen con objeto de que los pasajeros no se agolpen pidiendo té. porque precisamente era el último coche del tren y tan pronto como volvió la gente del restaurante. cerraron las puertas de comunicación entre los coches. de donde provenían. y cinco minutos después se desvaneció.. ¡vaya señorita decorativa! El chico no tiene muy buena reputación. su asp ecto no era sospechoso.. Personas honorables ambos. la policía sospecha que ha intervenido en algunas transacciones bastant e dudosas. que iba a París. antes de limpiarlo todo después de las comidas. ¿Quién más iba en el coche donde reservó los departamentos la señorita Pope? El inspector Hearn asintió. Y reapareció justamente en las afueras de esa población.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.com El inspector Hearn comentó alegremente: —En mi opinión. no sé de qué manera tenían que haberlo hecho. dos solteronas de mediana edad que iban a Suiza. pero no lo suficiente para permitir que alguien saltara a la vía. —¿Y quién ocupaba los restantes de aquel vagón? Hearn sacó su libro de notas. señor. —¿Cuál es la suya? —preguntó. Un joven llamad o James Elliot y su esposa. La colegiala se esfumó tan pronto como salieron d e Amiens. la señora Van Suider. pero nunca se dedicó a raptar niños. Muy importante . a menos que se lastimara y a riesgo de matarse. — r a ciencia cierta cómo salió del tren.004 http://biblio teca. Al fin y al cabo.. Y éstos eran todos. ha sido una chapuza hecha por gente inexperta.d2g. uno de Lyon y otro de París. como en un juego de manos. Dos viajantes de comercio franceses. Además de los nombrados. como por arte de magia. El colegio había r eservado tres departamentos. —No paró en ningún sitio. Hércules murmuró: —Eso es lo que h ace el problema tan interesante. «presto». se registró cuidadosam ente el departamento donde viajaba el matrimonio. —Ése sí que es n verdadero misterio. Nada de particular respecto a estas dos. La cara del oficial se ensombreció. aunque no se encontraba nada e n el equipaje que indicara su participación en el asunto.. —¿Se comprobó definitivamente que el tren no se detuvo antes de salir de Amiens? —preguntó Poirot. —Ah.. —La señorita Jordan y la señorita Butters.. estaba también una señora a mericana. Sea como fuere. Estuvo en el coche restaurante.

com El inspector Hearn sacudió la cabeza. —¡Ah! —suspiró Poirot. Se los llevó a casa. como si sintiera un repentino alivio. pero un empleado del ferrocarril encontró un par de ello s en la vía. me dijeron que preguntó usted algo acerca de unos zapatos.. El policía preguntó con c riosidad: —No comprendo el significado de los zapatos. —Vienen a confirmar una teoría —replico Poirot—..004 http://biblio teca.d2g. Zapatos recios y neg ros. Y a propósito. —No tiene sentido. . Una teoría acerca de cómo se llevó a cabo el juego de manos. señor.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. pues parecía estar en buen uso. Llevaba los suy os cuando la encontraron. los de la muchacha.

gordas y flacas. por lo tanto. . Los tipos eran de lo más variado. En las paredes se veían también vari as reproducciones de las mas famosas obras pictóricas y algunas acuarelas de excel ente factura. como muchos otros de su clase. Hacía pensar al vi sitante que ni una mota de polvo tendría osadía de posarse sobre tan deslumbrante br illantez. —¿Monsieur Hércules Poirot? Conozco su nombre. parecían afirmar sus maneras . Pero ella no parecía muy apenada. El salón donde recibió a Poirot daba idea de su cultura. desde luego. Hércules Poirot se vio envuelto por una ola de muchachas que salían por sus portales. La habitación estaba limpia y pulida en grado sumo.004 http://biblio teca. que la señorita Pope había elegido para su colegio. púrpura y or o. Estaba amueblado con distinción y adornado con flores y algunas fotografías dedicadas por a ntiguas alumnas que ahora brillaban en el mundo. larguiruchas y garbosas. Tenía esa patente superioridad sobre los demás que const ituye uno de los más preciados dones de una directora de colegio. es decir. «Y nunca volverá a suceder». acompañada por una de las más jóve nes. Ha si do un incidente muy penoso. La señorita Lavinia Pope era una persona completamente diferente de la señorita Burshaw. —Tal cosa no había oc urrido nunca en esta casa —dijo. de bía ser la señorita Burshaw. cuya banda ostentaba el distintivo. estaba situado en N eilly. Supongo que habrá venido con motivo del desafortunado asunto de Winnie King.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Mientras contemplaba su respetable fachada.com 4 El colegio de la señorita Pope. Contó veinticinco de ellas. tratándolo con mucha competencia y reducién dolo. La señorita Pope recibió a Poirot con la competencia de una persona cuyos juicios raramente fallan.d2g. Tenía personali dad y sabía infundir respeto. Afrontaba el desastr e en la única forma aconsejable. Al final. —Era la primera vez que la muchacha salía de casa. muchas de ellas ataviadas con e l traje con que fueron presentadas en sociedad. hasta hacerlo parecer casi insignificante. Se peinaba con d istinción el pelo gris y llevaba un traje severo. Las edades oscilaban entre lo s catorce y los dieciocho años. venía una mujer de cabellos grises y aspecto inquieto que. según juzgó Poirot. Era competente y parecía saberlo todo. r ubias y morenas. pero elegante. T odas vestían uniforme de color azul oscuro y llevaban en la mano sombreritos ingle ses de terciopelo de igual color. El detective se quedó mirando cómo se alejaban las muchacha s y luego apretó el botón del timbre y preguntó por la señorita Pope.

no pude hacer nada por él.. Llevamos a las muchachas a la ópera y a la Comedia Francesa. como era natural. Me telefonearon poco desp ués. Un ligero estremecimiento recorrió la aristocráti ca figura de la señorita Pope y con acento glacial dijo: —Vino a verme un tal monsie ur Lafarge. pues no tenemos nada dispuesto para cuidar enfermos.» —Mientras estuve allí conocí al canónigo King y a su e sposa. La señorita Pope se acordó de pronto que Poirot no era padre de ninguna posible nueva alumna y añadió abruptamente: —¿En qué puedo servirle. —¿Tal vez recibió usted l visita de la policía? —preguntó Poirot. Entonces solicitó regist rar el baúl de Winnie que ya había llegado junto a los de las otras chicas. de la prefectura..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. tal y como me lo han contado. parece absolutamente increíble.. ni . con sus padres? —Recientement e.. monsieur Poirot? —Me gustaría saber cuál es su actua posición respecto a Winnie. insistiendo en que no les había entregado todo lo que pertenecía a Winnie. Quería saber si yo podía decirle algo que aclarara la situación. En todo caso. Supongo que no existe mucha conexión entré sus diversos departamentos. Le dije que aquello ya me había sido solicitado por otro miembro de la policía. Los mejores maestros vienen a enseñarles música. La señora King sufre una enfermedad crónica. no. p odría reconvenírsele el que no descubriera antes la desaparición. Pero. Aquí nos especializamos en arte y música. Le dije a la seño ra King que tendría mucho gusto en recibir a su hija en mi colegio al cabo de un año o dos. Le dije al canónigo que.. por favor. —Su padre ha venido a buscarla para llevársela con él. señorita Pope? —No tengo ni la menor idea. Entonces conocí también a Winnie. lo mejor que podía hacer era llevars e a su hija. monsieur Poirot. No debe someterse una. —¿Tuvo usted alguna entrevista preliminar con Winnie. cuando hubiera completado su cultura general. en mi opinión. Nuestro propósito es darles la más amplia de las culturas..com —Sí. Poirot preguntó sin rodeos: —¿Qué cree usted que ocurrió en realidad. Hace dos años estuve cerca de Cranchester en casa del obispo. También t oman lecciones en el Louvre.004 http://biblio teca. Pero s obre esta cuestión fui muy concisa con ellos. La forma co n que pronunció estas últimas palabras parecían decir: «Tome nota. canto y pintura. El asunto en sí. Es l o más prudente que se puede hacer después de la impresión que ha sufrido. Soy de las que paran en casa de los obispos.. Y prosiguió: —No admitimos jóvenes delicadas de salud.d2g. Y no me parece que la persona de mi confianza que cuidaba de las muchachas tenga la culpa de ello.. un a muchacha muy bien educada y que posee un buen sentido artístico.

—Posiblemente —d ijo— ésta es una vista del famoso puente de Cranchester. Co mo es lógico. Poirot exhaló un largo suspiro. para entregarlo tal como llegó. para ella. ¿verdad? La señorita Pope pareció algo desconcertada. junto con lo de sus compañeras. —¿Tal mo llegó exactamente? Poirot se levantó y fue hacia una de las paredes. —¡Ah! —exclamó Poirot—. algunas veces pintado al óleo.. penosamente: —Hubiera sido más lógico. en rea lidad. —Se lo voy a probar en un omento. que es un cuadro que no merece estar colgado en las paredes de esta habitación. La pintura es abominable. Estaba en el baúl. —Ruti na —dijo—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004 http://biblio teca. ¿no le parece? —Sí. señor Poirot. mademoiselle.. pintado a veces con un estilo mediocre.. señor Poirot... Era un motivo que podía encontrarse cada año en la Academia. —Le aseguro. con la catedral al fondo. La señorita Pope sonrió con indulgencia. Winnie lo pintó con la intención evidente de traerl o y darme una sorpresa. Todo lo de Winnie se sacó. —No me dirá que le ha tomado cariño. —Bueno. como pintura? Había visto muchos cuadros que represe ntaban el puente de Cranchester. ¿Y qué piensa usted de ello. de Winnie. Presumo que el baúl de Wi nnie fue abierto cuando llegó. envuelto en un papel sobre el que se leía : «Para la señorita Pope. Los baúles de las much achas son abiertos cuando llegan y sus cosas se guardan en la forma que tengo es tablecida de antemano. La admiro por ello. que me regale este cuadro. —No se debe descorazonar a las chicas.. levantando l a vista.d2g. señor Poirot.. una esponja y varios trapos. pintar una acuarela. Vivimos estrictamente guiados por reglas rutinarias. señorita.. y en otras. Lo examinó y luego. Pero es el trabajo de una alumna y. Sacó del bolsillo una botella. A Winnie hay que estimularla para que trabaje mejor. señorita. otras en acuarela. —Es tá usted en lo cierto. ¿Me pe ta? Descolgó el cuadro y lo llevo hasta la ventana. observó: —Le voy a rogar. —Con vengo en que no tiene mérito artístico alguno. . desde l uego. como si hubieran util izado una treta para diseñarlo. —No sé por qué dice usted eso. Pero nunca tan crudamente representado como en aqu ella muestra.» Fue un detalle muy delicado de la niña. —¡Ah! —dijo P ot—. después se volvió a guardar en el baúl. El detective comentó.com dejarse intimidar por elementos oficiales. En ocasiones bien ejec utado. No sabía que pintara al óleo. señor Poirot. —Tiene us ted un carácter animoso.

Winnie. En uno de los cu adros es una estrella de cabaret. usted misma. Nadie buscaba a una mu chacha enferma. la colegiala. ha visto cuan a menudo cambian las desgarba das colegialas y. ese inflexible sombrero inglés.. las me dias de hilo y las abrazaderas correctoras de los dientes. con sus trenza s. llamado sombrero.. —Posiblemente habrá usted visto pocos programas de v ariedades teatrales. ¿y cómo iba a saber que la colegiala de las trenzas y las gafas no era la propia Winnie King? Pero la impostora no podía atreverse a lle gar hasta aquí. como por milagro. Winnie de sapareció en el tocador de señoras. se convierten en unas atractivas y atildadas debutantes en sociedad.. Las trenzas. la verdadera Winnie atravesó el Canal de la Mancha. La señorita Bur shaw no vio nunca a Winnie. un abrigo d e visón cubriendo su uniforme escolar.. viajando desde Inglaterra a Fra ncia.. pero no veo qué tiene de particular. En el caso de que le hubieran inyectado escopolamina. polvos.. exquisita y encantadora. trabajaba afanosamente. Un cuarto de hora después salió de allí.. la chica fue raptada cuando cruz aba Londres. tal vez. La señorita Pope dio un respingo.. cabían en un espacio pe queño.? —No fue Winnie King. de una estación a otra. y usando las palabras del inspector Hearn. no lo dudo. —Es posible. Por lo tanto. Mas. —Voy a demostrar le cómo se hizo el juego de magia en el tren. En un coche la llevaron hasta más allá de Amiens y la dejaron al lado de la ca rretera. tenían q ue ser ocultados en algún sitio. a través de la ventanilla.com —Antes le voy a contar una corta historia. de cuyo pasaporte figuraba como tal. Mientras hablaba.. Y nuestra artista ocupó su sitio. Pero los recios zapatos y el sombrero. El o lor del aguarrás llenó la habitación. pues usted conocía personalmente a la chica. Y fueron a parar a la vía.. entró en el tocador de señoras. —¿Quiere usted decir que Wi nnie King se disfrazó de. zapatos de tacón alto. me parecen cosas bastante triviales.004 http://biblio teca. señorita. las gafas. Después. ¿Cuál es la verdadera cara de esta artista del disfraz? Sólo Dio s lo sabe.. vestida con atavío de gimnasia. sus gafas y sus dientes prominentes. Diez minutos después es una niña de corta estatura. pero en ocasiones son instructivas.. maquillaje.. un atrevido pedacito de terciopelo. colocado sobre los rizos. y pasados otros diez minutos en una gitana andrajosa que va diciendo la buenaven tura. —Triv iales.... era posible que n o recordara . medio adormecida por las drogas.. y una cara. anémica y escrofulosa. de donde salió como la esposa de un hombre llamado Jim Elliot. ¿verdad? —En efecto.d2g. Tiene algún parecido con el cuento del pa tito feo que se convirtió en cisne. ¡qué señora tan d corativa! era entonces. Yo he visto a un artista de variedades cambiar de personalidad de una forma casi milagrosa. ¡qué cara! Colorete.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. lápi z labial.. Finísimas medias de seda.

.. las pequeñas «pensionistas». . Recobrando su serenidad.. En su lugar se veía una escena mitológi ca. El puente de Cranches ter había desaparecido como por arte de magia.. Hipólita tenía puesta una mano en el cinturón. Hérc ules llevaba una piel de león sobre el hombro. pintada con colores vivos y tonos profundos...004 http://biblio teca. un objeto robado. Una obra maest ra. —Mas. Mostró la parte pintada del lienzo. es una obra de a rte magnífica. la señorita Pope opinó: —Sí. El detective se acercó a l a señorita Pope. única prenda que usaba.. existía la rutina de abrir los baúles cuando llegaban.. Pero aunque así sea. diciendo que lo reclaman de la Prefectura? Hércules Poirot so nrió. La señorita Pope miraba entretanto fijamente a Poirot. ¿Cuál puede ser la razón de una mascarada tan insensa uipaje de Winnie! Esa gente necesitaba pasar un objeto de contrabando desde Ingl aterra a Francia.d2g. como muy bien dice usted.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. pintado por Rubens. Ya sabe usted a qué me refiero. no muy conveniente para su salón. —Vea ahora este cuadro. algo que todos los aduaneros buscaban.. señorita Pope. —Pero ¿por qué? —preguntó—. En la estación del Norte se pasan «en bloc» los baúles d e las señoritas. ¿qué más natural que enviar a recoger el equipaje de la niña. y su colegio goza de justa fama. mais tout de méme.com gran cosa de lo que le había ocurrido. debe admitir que no está bien para un colegio tan respetable como éste. por fortuna.... La señorita Pope se ruborizó ligeramente. es necesario tener e n cuenta la susceptibilidad de los padres de las alumnas. Pero no era el mismo regalo que l a muchacha puso en el baúl antes de salir de Cranchester. Hipólita dando su cinturón a Hércules. después del rapto. —El cinturón de Hipólita —explicó Poirot suavemente—... y allí apa reció un regalo que Winnie le destinaba a usted. Algunos de ellos son p redispuestos a tener un criterio muy estrecho.. ¡Pertenecen a la conocidísima escuela inglesa de la señorita Pope! Y luego. ¿Y qué sitio más seguro que el baúl de una colegiala? Es usted muy conocida. Rubens pintaba unas figuras humanas muy exuberantes..

d2g. Veinticinco voces s e levantaron en varios tonos. morenas y rubias. ¿quiere escribir su nombre en mi libro de autógrafos? . Hércules Poirot no pudo escapar... pero todas pronunciaron la misma y trascendental f rase: —Señor Poirot. ¡Éste sí que es el ataque de las Amazonas! Una muchacha rubia y espigad gritó: —Nos han dicho que. So vio rodeado. —¡Dios mío! —murm uró para sí mismo—. abrumado por una masa de muchachas. desbordado. flacas.com 5 El ataque se produjo cuando Poirot salía del edificio.004 http://biblio teca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. D esapareció tragado por una ola de joven y vigorosa femineidad. gordas. Estrecharon el cerco.

Lo sabe todo.. sí? Dígame. rá usted. señor Poirot! Cada día es más listo. Tengo miedo. La señorita Carnaby no rió. señor Poirot! Estoy muy preocupada.. mirando con ansiedad la car a del detective. muere por el señor Fortune.. señor Poirot? Fue usted muy amable conmigo. —¡Oh. señor Poirot.d2g.! —¿Qué clase de ideas? . Y Augusto aprendió una nueva maña.004 http://biblio teca. . —¡Oh. Pero cuando le decimos: «Muere por el señor Hér cules Poirot».com capítulo X EL REBAÑO DE GERION 1 —Le ruego que me perdone por venir a molestarle. tengo mucho miedo.. señor Poirot. En lugar de ello. —Se acuerda de mí.. hace unos días que me quedé mirando a un bebé que iba en su cochecito y de pronto sentí que tiraban de una correa en que llevaba atado a Augusto. su cara afable y rolliza tomó una expres ión taciturna y triste.. —¡Ah. de que sea una delincuen te empedernida de verdad. dígame. ¿verdad? —preguntó la mujer con ansiedad.. El detective pestañeó y dij a recuerdo como una de las delincuentes más afortunadas con quien jamás me tropecé. —Eso me complace mucho —dijo Poirot—. si me permite utilizar esta palabra. y el perro se está quieto. ¿Y qué tal se enc uentra ce cher Auquste? La señorita Carnaby juntó las manos y empezó a elogiar elocuen temente a su pequinés. Emily y yo hablamos a menudo de usted y si vemos en los periódicos alguna cosa suya. Dios mío! ¿Por qué dice esas cosas. Poirot elevó las ceja s. Le decimos: «Muere por Sherlock Holmes. sin pestañear siquiera hast a que le ordenamos que se levante. sin hacer nada. —¿Ah. —Pues me parece que Augusto comparte esas tendencias delictivas de que estábamos hablando. Mire usted. ¿Que le parece? Poirot volvió a parpadear. la re cortamos y la pegamos en el álbum.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. ¡Tengo cada idea.. Como de costumbre. muere por sir Henry Merrivale». ¿Y sabe qué estaba haciend o? Pues royéndola con toda su alma. La señorita Carnaby apr etó sus manos sobre el bolso y se inclinó hacia delante. se tiende en el suelo y se queda inmóvil. parecía estar sin aliento.

un libro muy moderno. con la mente desocupada. Así es que me quedo sentada. —Hace poco leí un libro. pues de otra forma pronto se quedaría una sin el empleo de señora de compañía... Sus descoloridos oj os azules parecían expresar la súplica de un perro que espera.. Por lo que pude entender. Estoy convencida. ¡pero de repente. —Verá usted. ha sido muy monótona. por desgracia. Y he comprobado que al pare cer más estúpida de lo que una es. se me ocurrió un plan eficacísimo para robar una estafeta de Correos. —¿De veras? —exclamó Poirot. Mi vida. de sde luego. pero como dice mi libro. Pero es usted tan amable.004 http://biblio teca. Ayer. ¿Viene entonces a ofrecerse como colega? La señorita Carnaby se sonrojó. señor Poir yo creo que el anhelar emociones no es de perversos. en realidad. Yo he sido educada en los principios más rígidos. —¡Aja! —dijo Poirot—. Pero. Creo que la culpa la tiene en parte el hecho de que ahora dispongo de mucho tiempo p ara pensar. señor Poirot.d2g. contra toda lógica. No estaba pensando e n ello. para leerle en voz alta y escribir las cartas.. —Todo ello me ha estado preocupando en gran manera. desde luego —explotó la mujer—. ejem. acudo a usted. Dejé a lady Hoggin y me coloqué con una anciana. uno debe purificar sus propios impulsos . traducido del alemán —si guió la señorita Carnaby—. —No soy inteligente.. Tengo a veces la impresión de que la.. me vino a la cabeza esta idea! Y un sistema verdaderam ente ingenioso para evitar el pago de derechos de Aduana. no hay que dar la espalda a la verdad. campaña de los per ros pequineses fue la única ocasión en que viví de verdad. Contiene unos conceptos muy interesantes sobre las tendenci as delictivas. . al lado de los ángeles. sin ir más lejos. Eso e s lo malo de sus ideas. purificar esta ansia de em ociones empleándola.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2..com —De lo más extraordinario que darse pueda. por ejemplo. Fue una cosa censurable.. Tardo muy poco en escribirlas y en cuanto empiezo a leer . que lo saquen a paseo.. da siempre buenos resultados. Se detuvo. y resulta inquietante ver cómo pueden llegar a ocurrírseme unos pensamientos tan desfavorables y perversos.. Poirot chasqueó la lengua c omprensivamente. y ya sabemos cómo se aprovecha el diablo de la ociosidad. sé disimular bien.. porque espero que será posible. —Tal vez —replicó Poirot con sequedad—. abso lutamente convencida de que daría resultado. señor Po irot. Por eso. Acudo a usted. la buena señora se duerme. —Ya sé que es mucha p resunción por mi parte. por decirlo así. —Es una idea —comentó lentamente Poirot.. Tiene que ser así.

por lo me nos están reconocidas por todos. pue de constituir una gran ayuda y apoyo moral. señorita —dijo al fin. De lo que estoy hablando es de esas sectas estr ambóticas que crecen como la hierba. A la Iglesia anglicana. señorita Carnaby. pero nos permite a mi hermana y a mí mantenernos. No es eso. ¿verdad? —Debe usted leer el pensamiento. Es posi ble que lo considere como fantasías de una vieja. Y a la Iglesia Católica Romana. Se casó con un caballero que vivía en el n orte de Inglaterra y él murió hace unos pocos años dejándola en muy buena posición económic . Después de morir su marido mi amiga se sentía desgraciada y sola. La religión. Y los metodistas y congregacionistas son corporac iones conocidísimas y respetables. —Tengo una amiga. señor Poirot. —Todo el asunto es de una estupidez asombrosa —convino . Tal vez sea yo propensa a exagerar las cosas y ver un propósito deliberado donde no hay más que una coincidencia. sin tener que depender de lo que yo gane. pero con ello me refiero a la reli gión ortodoxa.com Hércules Poirot se echó a reír. —¡Oh. el cual suele durar una quincena. es una mujer simple y tal vez crédula.. Últimamente he estad o muy preocupada por una amiga mía. —No. —La señorita Carnaby pareció sorpre e. Cuéntem e lo que sea.. —Me encanta usted.. una amiga muy querida. Se denomina «El Rebaño d e Ovejas». señor Poiro na persona es usted! ¿Puedo tener esperanzas? Justamente acabo de heredar una pequ eña suma. —Debo considerar primero en qué a suntos podrían emplearse mejor sus aptitudes —explicó Poirot—.. Los devotos acuden allí para hacer lo que ellos llaman un retiro. estoy segura de ello.004 http://biblio teca. aunque frug almente. como imaginaciones mías.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Supongo que usted no lo s abrá tampoco. pero a veces me pregunto si existirá un verdadero sentimiento religi oso detrás de su llamativa fachada. señor Poirot. —¿A la Iglesia griega? —preguntó Poirot.d2g. Tienen tres grandes fiestas al año: «La llegada de los Pastos».. —¿Cree usted que su amiga está siendo embaucada por una secta de esa clase? —Lo creo. en una hermosa finca junto al mar. «La Madure z de los Pastos» y «La Cosecha de los Pastos». Es más. Durante dicho tiempo se celebran servicios religiosos y ceremonias. Tenía el propósito de consultar con usted. Los pastos no se cosechan. muy pequeña. —No creo que exagere usted las cosas. Se llama Emmeline Clegg.. y me temo que en cierto aspecto. Hay en ellas algunas cosas que incitan al sen timentalismo. Tienen su cuartel general en el Devonshire. aunque en los últimos años casi no la he visto. —El nombre de la última es particularmente estúpido —observó Poirot —.

las mujeres que pert enecen a la asociación no tienen a nadie en el mundo. señor Poirot. Fue idea de ella. —Lo cual interesará mucho a las mujeres. desde luego..com calurosamente la señorita Carnaby—. después de un ataque gripal.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Es gente que carece de parie ntes próximos y amigos. Mi padre también un hombre distinguido. sino en el domicilio de cada una de ellas. Por regla general. Creo que es un hombre atractivo y de buena presencia. Rivalidad en el bordado de los ornamentos y en el reparto de los trabajos relativos al cuidado de la iglesia. y otra se atribuyó a una úlcera gástrica. como rememorando aquellos tiempos. no. señor Poirot. y sin embargo. El éxito del movimiento depende de las mujeres y de los fondos que aportan ent re ellas. Los hombres son principalmente unos chiflad os. Mi pobre amiga está tan embaucada p or esa secta que ha hecho un testamento en el que deja todo cuanto tiene al nuev o movimiento religioso. No existieron circunstancias anormales y las defunciones no o currieron en «El Santuario de las Colinas Verdes».. —Los componentes del «Gran Rebaño» son mujeres en su mayoría. lo creo. —¿Legaron todo su d inero a la secta? —Sí. ¿no es cie to? —Tres cuartas partes por lo menos. Poirot preguntó secamente: —¿Y eso. A la derecha del movimiento está «El Gran Pastor». Y otra cosa me preocupa.. —Varias de las devotas son mujeres adine radas. todo cuanto ella posee será para la «Gran Causa» cuando muera. Sacudió la cabeza. Una. se lo sugirieron? —A decir verdad. —¿Y no han protestado sus parientes? Era lógico que hubieran entabl ado un pleito. Es un tal doctor Andersen. —Pues verá usted. Poirot asintió con aspecto pensativo.. Y esto producía algunas veces serias dificultades en la parroquia. ¿verdad? —Me temo que sí —suspiró la mujer—. La señorita Carnaby pros iguió precipitadamente: —No tengo ningún derecho a insinuar nada. ni más ni menos. fue producida por una pulmonía. no hubo nada sospechoso en esas tres muertes..004 http://biblio teca. Lo que en realidad me preocupa.. Y en el pasado año han muerto tres de ellas. El «Gran Pastor» le ha mostrado una nueva forma de vi vir y por lo tanto. Por lo que he podido averiguar.. —¡Ah! —dijo Poirot—.. . ¿cree us ed que el asunto puede considerarse como un negocio bien organizado? —Francamente.. No dudo de que todo fue normal por completo. Ya llegamos al fondo de la cuestión.. según creo. —Sí. Con franqueza.d2g. Continúe.

com no me gustaría que le sucediera algo malo a Emmie. Discuta con su amiga Emmeline acerca de la religión que ella adoptó. o averiguar. y asegúrele que todo son tonterías. Y para averiguarlo es ne cesario que se convierta usted en un miembro del «Gran Rebaño». Comprenda usted. no creo que será pequeño. Poirot advirtió: —De e r algún riesgo en ello. Le sugiero que exagere el importe del legado que recibió hace poco. Cuando habló se notó un c ambio en su voz.004 http://biblio teca. El detective guardó silencio durante unos momentos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. creo que es usted una mujer de gran valo r y decisión — dijo él lentamente—. Creo que p uedo encargarle con confianza este papel. sin ningún objeto definido en la vida.. —¿Quiere darme. Y una vez allí deberá usted rendirse ante los poderes persuasorios y la influencia magnética del doctor Andersen. La señorita Carnaby sonrió con modestia y murmuró: —Me parece que lo desempeñaré muy bien. o todo queda en agu a de borrajas. —Señorita. Juntó las manos y miró suplicante a Poirot. Tenía un tono grave y profundo.. Es usted ahora una mujer de buena po sición económica. ¿Estaría dispuesta a enca garse de un trabajo cuya ejecución lleva consigo seguramente un considerable pelig ro? —Nada me gustaría más —exclamó la emprendedora señorita Carnaby. . señor Poirot.d2g. Permita que la convenza para q ue vaya al «Santuario de las Colinas Verdes». o se trata de algo verdaderamente serio. Entonces l e entrará un ardiente deseo de convertirla a usted. Tiene buenas dotes teatrales. los nomb res y direcciones de esas mujeres pertenecientes a la secta que murieron recient emente? —No faltaba más.

Algunos de ellos verdaderas tonterías. su madre era judía.. sin embargo. —¿Es posible. La señora Lloyd falleció a causa de una bronconeumonía. Hércules Poirot suspiró y dijo: —Y. La señorita Everitt murió de coli tis ulcerativa.004 http://biblio teca. sufría ese mal desde hacía muchos años. o con la finca de Andersen en el Devonshire.? —No hay nada que hacer por ese lado. —¿Se enteró de los anteceden tes del doctor Andersen? —Le he dado un repaso a su historial. no hay nada que pueda relacionarlas con el «Gran Rebaño». —Debe usted fundar una nueva religión con el credo de «No hay nadie más list o que Hércules Poirot. y de que el doc tor Andersen es Gerión. pero es inofensivo. Sólo se ocupan de embaucar a las mujeres. ¿qué es lo que ha averiguado? El inspector jefe Japp miró pensativament e al hombrecillo que había hecho la pregunta y replicó con acento desilusionado: —Nada de lo que a mí me gustaría.. atribuidas a una ensalada que comió en el norte de Inglaterra.. amigo mío.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. El médico que la asistió está completamente seguro de que no hubo nada sucio.. que sea un fanátic o auténtico? —Yo estaría dispuesto a asegurarlo. pero lo despidieron de una Universidad alemana. . —¿Y qué me dice de los nombres y direccion s que le di. Pero ese tipo es cuidadoso. con esas sartas de tonterías. amigo mío. Poirot. —Oiga. . No sabe cómo aborrezco a esos chiflados de largos cabellos y nuevas ideas religiosas. Le gustó siempre el estudio de las religiones y mitos orientales. la señora Lloyd falleció en un hotel del sur de Francia. por lo tanto. El asunto parece cosa de locos. Japp lo miró con curiosida d. antes de que entrara a formar parte de esta secta. Lady Western de tuberc ulosis. Tres de ellas enfermaron y murieron en su pr opio domicilio. Debe ser pura coincidencia. Todo es tá perfectamente en orden. Poirot. no hay nada que pueda achacár sele. como de costumbre.» Repítase ad libitum. que prometía mucho. al monstruo al que debo destruir. Por lo que se refiere a estas muertes.com 2 —Bueno. gastaba en ello su tiempo libre y ha escrito varios artículos sobre el particular. completas y muy e n su punto.. Al parecer. pertinentes. Amén. Fue un buen químico. ten go el presentimiento de que éste va a ser el décimo «trabajo» de Hércules.d2g. ¿no habrá usted leído libros raros últimamente? El detective replicó con ignidad: —Mis observaciones son. La señorita Lee murió de fiebres tifoideas.

La señora Clegg murmuró con sentimiento: —La tierra roja. Las dos amigas estaban sentadas en la ladera de una colina. la tierra de resplandor y promesas. donde un triple destino se cumplirá.com 3 —Lo más maravilloso que encuentro aquí es la paz que se disfruta — observó la señorita Carn by respirando profunda y embelesadamente. conocida ah ora por «El Santuario de las Colinas Verdes». Amy —replicó Emmeline Clegg.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Sólo una estrecha faja de tierra lo unía a la costa. —Experimentarás una sensación espiritual inefable —le prometió su am ga. —Mi apreciada señorita Carnaby —dijo—. de magnífico color azul. . nuestras doctrinas n o son idólatras. s entada erguidamente en su silla. La hierba era intensamente verde y tanto la tierra como los acantilados tenían una tonalidad rojiza. doctor Andersen. etcétera..004 http://biblio teca. Emmie. —No quiero que c rean que estoy aquí con falso pretexto. —Ya te lo dije. Al llegar expresó su actitud de la siguiente manera: —¿Pero qué tonterías son tas? En realidad. La finca. Aquí son bien recibidas todas las religiones y a todas se les respe ta por igual. desde la que se con templaba el mar. Es usted amiga d e la señora Clegg y como tal le damos la bienvenida. Mi padre fue pastor de la Iglesia anglicana y yo nunca vacilo en mis creencias. No me gustan las doctrina s idólatras. una mujer sensata como tú. etcétera. Hacía una semana que la señorita Carnaby se encontraba en el «Santuario de las Col inas Verdes». Su ami ga suspiró profundamente y dijo: —Creo que el «Maestro» se expreso muy bien en el servic io de anoche. Y aquel hombre de recia figura y de cabellos dorados le sonrió dulce y comprensivamente. ¡La plena Madurez de los Pastos! —Tengo verdadera ansiedad por ver en qué consiste —le dij o la señorita Carnaby. créame. por lo que casi podía considerarse como una isla. era un promontorio de unos seis acres de extensión. —Eso no puede ser —replicó la fiel hija del difunto reverendo Thomas .d2g. Miró con indulgencia la rolliza y belicosa figura de la mujer. Durante su pri mera entrevista con el doctor Andersen dejó bien sentada su posición. —Pues espera a la fiesta que celebraremos hoy —contestó la otra mujer—. Y.

sobre una plataforma.. que apelaba a tod o lo mejor y más sublime de la humanidad. —Es la fiesta de la alegría y estamos llenos de ella. La f esta tuvo lugar en el edificio del hormigón blanco y resplandeciente.. estaba el doctor Andersen.. ¡oh. Los dorados cabellos. Pero a medida que pasaban los días.. aunque deliciosa comida. recuerde eso. se dio cuenta de la facilidad con que se sometía al encanto de las Colinas Verdes.. que los inic iados llamaban «El Sagrado Redil».. Allí sólo reinaba la paz y el amor. el «Maestro» murmuró con voz de ricos tonos: —«En la c sa de mi Padre hay muchas moradas». Había sentido alrededor de ella como una aura extraterrena. Todos llevaban capas de piel de carnero.004 http://biblio teca. Y aquella noche se celebraba l a gran fiesta estival: la fiesta de «La Madurez de los Pastos».com Carnaby.. La señorita Carn aby estaba de acuerdo con ello. «Pastor»! —Levantad vuestros corazones con júbilo y gratitud. espiritual. —Sí —convino Emmeline Clegg—..d2g. A la paz y a la sencillez... —¿Dónde están mis ovej s? —Aquí estamos. pero parecía tan lejano y apegado a las cosas mat eriales.. Reclinándose en su asiento. En el centro del «Redil». le hacían parecer más atrayente que nunca. con sus ca ntos de amor y adoración. Las luchas y la fealdad del mundo habían quedado fuera. Durante ella. los ojos azules y su barba rubia y hermoso perfil. —¿Cuántas cabezas tiene l «Pastor»? —Tres cabezas: una de oro. Los devotos se congregaron antes de ponerse el so l... Vestía una túnica verde y en la mano llevaba un áureo cayado de pastor. ¡Todo es gozo! —Todo es gozo. ni más dolores. Y con una fuerza espiritual maravillosa. Levantó el bastón y un silencio sepulcral se hizo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Tr ató de acordarse de Hércules Poirot.. contente y recuerda el objeto qu e te trajo aquí. —No habrá más p nas para vosotros. No esta ba allí para caer presa de la fascinación espiritual o como fuera. otra de plata y otra de resonante bronce.. es un hombre atrayent e. . la visitante musitó al oído de su amiga: —Tenías razón. del «Gran Pastor».. a las palabras conmovedoras del «Maestro». Era verdad. a la simple. Cuando salió de su entrevista. Ésta e fiesta de la alegría. a la hermosura de los servicios. Se contuvo haciendo un esfuerzo. señorita Carnaby. Amy Ca rnaby sería iniciada. —Amy —se dijo a sí misma la señorita Carnaby—. los brazos desnudos y sandalias en l os pies. se convertiría en una oveja más de las componentes del «Rebaño».

Podía errar a voluntad por todo el Universo.. gemidos. La señorita Carnaby miró a su alrededor. era capaz de hacer.. —Vendaos los ojos y tended el brazo derecho.. No quiero dejarme llevar. —Quita os las vendas y disfrutad de los placeres del espíritu. El «Gran Pastor» recorrió las filas de su «Rebaño»....». Napoleón. ni pobreza.. Sumisa mente. Amy Carnaby. de pronto. Permaneceré absolutamente sosegada y observaré las reaccione s de los demás. ¿Cómo llegó a pensar alguna vez que era una mujer solitaria. Se recostó en una pradera herbosa y suav e. con él podía dominar la tierra. La señorita Carnaby. Sintió cómo le cogía el brazo y luego experimentó un dolor agudo y punzant e. ¡pobres y miserables tipejos! N o tenían ni idea de lo que ella.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. de soñar. pero su mente volaba. César. —¿E s para el «Sacramento»? —Lo estamos.. Los miembros de la señorita Carnaby parecían pesar como el plom o. No habría más guerras. Sintió en su interior una ráfaga de felicidad. pare cían que. pensó reverentemente.» El «Gran Pastor» había llegado f rente a ella. a quien nadie necesitaba? ¡La vida era maravillosa! ¡Ella misma era maravillosa! Se le había conferido el poder de pensar.com —¿Cuántos cuerpos tiene la «Oveja»? —Tres cuerpos: uno de carne. Al poco rato se oyó una orden. tanto de dolo omo de éxtasis. La voz del «Pastor» murmuró: —El «Sacramento de Sangre» que proporciona gozo y alegría. durmió y ... La señorita Carnaby pensó: «¡Qué cosa tan blasfema! Es lamentable esta form de histeria religiosa. El tiempo era infinito. Fue un gesto imperioso. Salió lentamente del «Redil». Se oían pequeños gritos. Ella se encargaría de trazar el diseño de un nuevo mundo. De pronto se sintió ingrávida y feliz. entrada en años.. como el producido por una aguja..004 http://biblio teca. Un minuto sucedía a otro minuto y u na hora a otra hora. El sol se ponía en aquel ins tante. junto con lo s demás. no quiero. otro de corrupción y otro luz.d2g. Y pasó adelante.. Levantó la mano. Hitler. tendió el brazo. «Como árbol es que anduvieran. Durmió. Pero no ha bía por qué apresurarse. los congregados se vendaron los ojos con los pañuelos verdes que traían con t al propósito. hubieran crecido hasta alcanzar una inmensa estatura. n i enfermedades. al igual que todos los demás.. No había nada que ella no pudiera llevar a cabo. Mañana arreglaría la paz mundial y la confraternidad internacional. —¿Cómo podréis entrar a formar parte del «Rebaño»? —Por el «Sacramento de Sangre». Miró a los que la rodeaban.

.. ¿Qué había ocurrido desde ayer? La noche anterior tuvo un sueño. comprobó que las manecillas señalaban las diez menos cuarto.. —Muy interesante —se dijo la señorita Carnaby.com soñó.. la señorita Carnaby pudo ver la hora en su reloj .004 http://biblio teca.. un nuevo y maravilloso mundo.. La señorita Carnaby bostezó y estiró sus piernas entumecidas. Aq uella visión fue borrándose gradualmente.. Grandes espacios... ¿Sólo hacía una hora y treinta y cinco minutos? Impo sible.d2g. Sabía que el sol se puso a las ocho y diez. La luna brillaba en el cielo y a su luz. sin embargo. Estupefacta. y...Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. vastas edificaciones.

oh. no importa. señor Poirot. —Ya me doy cuenta —re plicó Poirot con sequedad. Al decir esto. Hablé yo misma con el «Maestro». haciendo constar. ¿verdad? —No mostró gran interés. Sabe hablar de una forma muy conmove dora.. Le dije muy emocionada que todo aquello ha bía sido para mí como una revelación maravillosa.. me pareció muy natural decir todas esas cosas. ple tórica de gozo y satisfacciones espirituales.d2g. hacía varios años. Puede confiar en mí. doctor Andersen! —dije yo—. con el doctor Andersen. Me. —¿Les dijo ya algo sobre su intención de portar su dinero para ayudar al culto? —Sí. Justamente acabo de heredar una considerab le suma que me legó un pariente lejano y. ¿comprende? —Desde luego. No por eso dejará de pertenecer al "Rebaño". pero que gracias a un tratamiento especial que me d ieron en un sanatorio. —¡Excelente! —Pues no veo la necesidad de que vaya diciendo por ahí que estoy tísica.. Da la genuin a impresión de que el dinero no le preocupa en lo más mínimo. señor Poirot. ¿Se refirió . además. «Contribuya con lo que bue namente pueda». me dijo. que carecía de parientes cercanos. pues he de esperar a que se cumplimenten todas las formalid ades legales. «Si no puede dar nada. No toy tan mal de dinero. confiaba en que mi curación era ya completa. —Y él aceptó graciosamente el ofrecimiento. cua ndo mis pulmones no pueden estar más sanos.» «¡Oh. aunque en realidad no he tocado todavía ni un penique de ella. como para eso. hay una cosa que deseo hacer en seguida. que estaba destinada a tener una larga existencia. —Sí. la cua e me reprodujo más de una vez.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¿Mencionó usted s alud? —preguntó. la voz de Poirot tenía un tono áspero. —Debe llegar al convencimiento de que es necesario.com 4 Hércules Poirot advirtió: —Debe obedecer con todo cuidado mis instrucciones. Dijo que pasarían muchos años antes de que yo abandonara este mundo. Le dije que había sufrido una afección pulmonar. señor Poirot. sonriendo como sólo él sabe hacerlo. Sepa usted que el doctor Andersen tiene un gran atractivo magnético. —Así parece. perdone. —Tiene unas maneras convincentes en extremo.004 http://biblio teca. que había empezado mofándome y terminaba por ser una creyente más.» Y entonces le expliqué que i ba a redactar un testamento y que deseaba dejar a la Humanidad todo lo que tenía.

—¡Oh. Lleva pantalones cortos de color verde hierba.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. había un señor que se llamab sí. que la quería mucho. que mi querida Emmeline. la felicito por la labor que ha hecho. . Le conté. y no c ome más que coles.004 http://biblio teca. Es un creyente muy fervoroso. además d e la fortuna que heredó de su marido. heredaría dentro de poco una cantidad todavía ma yor que le dejaría una tía suya.d2g.com usted a su amiga? —Sí. Todo está preparado ahora para la fiesta de otoño. Un hombre bastante raro. esto salvaguardará a la s eñora Clegg durante algún tiempo. señor Poirot! ¿Cree usted de verdad que hay algo ma intencionado en todo ello? —Eso es lo que me propongo averiguar. ¿Ha conocido en el «S antuario» a un tal señor Cole? —La última vez que estuve allí. —Muy bien. como una confidencia. —¡Estupendo! Todo progresa satisfacto riamente.

. y «vi». —He tenido una visión.004 http://biblio teca.. cientos de vírgenes. cuya boca. al parecer. Un momento. indefensas. —el señor Cole se inclinó sobre ella. —Vi. reflexionaba sobre la plenitud de la «Vida». La señorita Carnaby suspiró. en aquel mom ento. —Luego llegaron los cuervos. sobre el supremo júb ilo de la «Unidad». Debo contársela..com 5 —Señorita Carnaby.. Si se trataba de Elías no estaba mal. Tenía los ojos brillantes y febriles. con ojos relucientes y temblorosos labios. La mujer suspiró. escribe y testifica lo que verás. volando desde e l Norte.» Se detuvo y su oyente murmuró cortésmente: —¿De veras? —Sobre los altares estaban las vícti as. —Es taba yo meditando... Una voz me gritó: «Mira.... esperando el cuchillo del sacrificio. y entonc es fue el gemir y el rechinar de dientes. La señorita Carna by trató desesperadamente de apartarse de su atormentador. por favor. Vírgenes.. aliviada... babeaba con fervor . que descendía del cielo montado en un carro de fuego. Ha bía momentos en que decididamente creía que estaba loco. Temía al señor Cole y a sus visiones. La señorita Carnaby se re signó.. En ocasiones. cuando mis ojos fueron abiertos. los cuervos de Odín.... Después se lanzaron sobre las víctimas y les sacaron los ojos. el relato de aquellas visiones la desconcertaba. atadas.. no tenía nada que objetar.d2g.. y las mutilaron... Y la voz exclamó: «¡Cumplid el sacrificio. jóvenes y hermosas vírgenes.. entre un dios y una diosa. c entos y cientos de ellos. fue una ceremonia matrimonial en la antigua Sumeria.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Hacían pensar en varios pasajes algo crudos de aquel moderno libro alemán sobre el subconsciente que leyera poco antes de ir a D evon.... una visión extraordinar ia. El señor Cole agarró por el brazo a la mujer . empezó su narración... respirando fuerte. esperando que el señor Cole no hubiera visto lo mismo que en la ocasión anterio r que. pues en este día Jehová y Odín firmarán con sangre su hermandad!» Los sacerdotes cayeron sobre las víctimas. y con ojos que parecían los de un loco— al Profeta Elías.. El señor Cole. El señor Cole chasqueó los labios y la señori a Carnaby enrojeció. Se encontraron con los cuervos de Elías y juntos describieron círculos en l os cielos. —Debajo —continuó el señor Cole— estaban los altares de Baal.. levantaron los cuchillos.

. y animada por su benigna sonrisa. Pero llegará un día en que verá espiritualmente. Lipscomb. .004 http://biblio teca. .? El doctor Ande sen le puso una mano en el hombro. —Lip es un fiel perro guardián —dijo—. Deseó que la influencia del «Maestro» pudiera alterar el alcance de las futuras visiones de aquel demente. hasta que puso una prudente dist ancia entre sí misma y el fervor del señor Cole. está..... se detenía y le ponía un a mano en el hombro. que se conservaba inmune a la dulzura y a la l uz de las Colinas Verdes. —¿Por casualidad no se habrá encontrado un broche que perdí? —le preguntó la—.. —Deseche todo temor —le respondió—. Si ponía las cosas así.. —Todavía ve imperfectamente. Un alma primitiva y tosca. Se alejo.d2g.. El «Maestro salía entonces del Gran Red il». Estas visiones que tiene.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. La mujer vio cómo se acercaba al señor Cole. a través del cristal de su propia naturaleza carnal. pero leal. Abordó apresuradamente a Lipscomb. Sin embargo..... —Pues yo creo que el señor Cole está loco. La señorita Carnaby se avergonzó.. Trató de sacudirse a la señorita Carnaby pero ella le acompañó. la mujer se aventuró a expresar con palabras lo que tenía en el pensamiento. Debió caérseme al suelo. sin cesar de hablar acerca del broche... No tenía a obligación de ir buscando cosas. el guarda que vivía en el pabellón ituado en la entrada de las Colinas Verdes y que en aquellos instantes acertaba a pasar por allí. tuvo ánimos para hacer una leve protes ta. —¿Por qué ha de ser tan rudo Lipscomb? El «Maestro» sonrió seráficamente de nuevo. cara a cara.com sádico. se limitó a gruñir que él no había visto ningún broche.. enteramente leal.. —Dispénseme. —¿No cree que el señor Cole está. El amor perfecto aleja el temor.

señor Poirot. ¡Creo en él con toda mi alma! Y no estoy dispuesta a espiarle más po r su cuenta..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. . Sospechaba de él toda clase de cosas malas.004 http://biblio teca..d2g. V mmeline. y el señor Cole. casi veinte . Yo lo pagaré. Se encontró con la mirada inquisitiva de un individuo de aspecto rudo que estaba sentado en la mesa de al lado.. Pero es un hombre maravilloso. La camarera tuvo que dirigi rse a él por dos veces antes de que se diera perfecta cuenta de que le estaban pre sentando la nota. muy curiosas. Sorbía el té mientras desinflaba un bollo entre sus dedos. Su cerebro trabajaba a toda presión. señor Poirot.. con un tono de voz extraña en ella. desde luego. Soy una de las ovejas del «Rebaño». la señorita Carnaby observó: —Pero no voy a hacer nada de ello. Hércules Poirot la miró fi jamente. —¿Cuántos fieles asistirán al festival? —preguntó por último.. pagó la cuenta. s e levantó y salió del salón de té. —Nom d'un nom d'un nom! —exclamó Hércules Poirot. Acudirá una gran cantidad de nuevos adeptos. Tiene visiones. Me ha descrito varias de ellas. Y con este ligero anticlímax.com 6 El día antes de la fiesta.. Poirot hizo varias preguntas a las que ella contestó con monosílabo s.. por la mañana. . —¡Perfectamente! Y a continuación. con voz clara y vigorosa. la señorita Carnaby se encontró con Hércules Poi rot en una pequeña sala de té del soñoliento pueblecito de Newton Woodbury. —Creo que ciento veinte. un gran «maestro». La mujer e staba mas sonrojada y aturdida que nunca. Y no se preocupe en pagar el té que me he tomado. la señorita Carnaby dejó caer sobre la mesa un chelín y tres peniques y salió precipitadamente del establ ecimiento. contestara: —Recuerdo perfectamente lo que me dijo usted. Últimamente se ha portado de una forma rara . ¿Sabe usted lo que debe hacer? Hubo una pausa antes de que la señorita Carnab y. confío en que no estará mal de la cabeza. Poirot se sonrojó. El «Maestro» enseña al mundo buena nueva y desde ahora le pertenezco por completo. Ella se levantó y apresuradamente dijo: —Me envió usted a espiar al doctor An dersen. —Bien.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. El ruido de una pelea y un rugido de cólera. Para ellos.. tragó saliva en un éxtasis dolor oso cuando la aguja penetró en su carne. Debo advertirle que cualquier cosa que diga podía ser utilizada como prueba d e cargo en su proceso. horrorizados. Las preguntas y respuesta de rigor habían sido salmodiadas. u no tras otro.. El «Gran Pastor». situado al lado de la señorita Carnaby.d2g.y aquí tengo una orden de arresto contra us ted. Alguien exclamó: —¡La policía! Se llevan al «Maestro». —V s los ojos y tended el brazo derecho.. . .. el «Gran Pastor» era un már tir que sufría. el en otros tiem pos fanático señor Cole estaba diciendo: —.. como todos los grandes maestros. sin precedentes. y vieron algo inconcebible: e l «Gran Maestro» debatiéndose entre los brazos del visionario señor Cole. El doctor Andersen se detuvo ante la señori ta Carnaby.. el detective inspector Cole envolvía cuidadosamente la jeringuilla hipodérmica que había caído de la mano del doctor Andersen.. empezó a recorrer las expectantes filas de devotos El visionario y vegetari ano señor Cole. . Palabras increíbles. unas fig uras vestidas de azul. —No.004 http://biblio teca.com 7 Una vez más el «Rebaño» se hallaba congregado en el «Gran Redil».. Todos estaban impresionados. a quien ayudab a en su tarea otro de los devotos. no haga eso. la ignorancia y la persecución del mundo incrédulo. Los congregados. Con tono rápido y profesional... Se lo llevan. fueron quitándose los pañuelos verdes. —¿Están preparados para el «Sacramento»? —Lo estamos.. Entretanto. vestido con su magnífica túnica verde. En la puerta del «Redil» aparecieron unas figuras. Sus manos le tocaron el brazo.

vi e n el espejo que Lipscomb. a unque sólo fue durante un instante. Tenía la sensación de que yo era una más de aquellas tontas. —¿Es que. porque todo ello incrementaba el peligro q ue estaba corriendo usted. así e s que. En usted todo es ge uino.. estaba sentado en una mesa detrás de mí. señorita Carnaby —dijo el policía—.d2g. tenía que actuar de la mejor manera posible en aquel apuro. Sólo había una pers na sentada lo bastante cerca de nosotros para que pudiera oír lo que hablábamos. había venido siguiéndome. No hay duda e que no hubiéramos podido hacer nada sin usted.com 8 —¡Mi valerosa colega! Poirot estrechó calurosamente la mano de la señorita Carnaby y la presentó al inspector Japp. —Estuvo usted magnífica —dijo Poiro con calor—. Al ver que se dirigía al «Santuario». Algunas veces me sentí arrastrada. Me temo que todo llegó a gustarme. comprendí que podía confiar en usted y que no me traicionaría. de una forma científica.. ese doctor Andersen había perfeccionado un plan pa ra explotar a las mujeres y asesinarlas. nada hubiera sido capaz de engañar a ese caballero. La señorita Carnaby se dirigió a Poirot: —Pasé un apuro terrible en el salón d e té. —¡Pobre de mí! —la mujer se sintió halagad Es usted muy amable. Es un bribón muy astuto. dispuse lo necesario para que lo siguieran cuan do se fuera. —Seño ita —dijo gravemente el detective—. —La comprendí perfectamente. La mayor parte de su vida se dedicó a las investigaciones bacteriológicas. —Ahí es donde estriba su éxito —dijo Japp—. Justamente después de haber estado hablando confidencialmente. pero sentí temor. Por un momento creía que usted y yo habíamos perdido los sentidos. existía realmente ese peligro? ¿Qué es lo que había n la jeringuilla? —¿Quiere explicarlo usted o lo hago yo? —le preguntó Japp a Poirot.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Buen trabajo. No sé si sería casualidad o si. el guarda del «Santuario». tan pronto como salí de allí. Bajo diferente nombre p osee un laboratorio químico en Sheffield y allí produce cultivos de . No sabía qué hacer. por el contrario. y confiar en que usted me entendería. Poirot sonrió. De no ser así. Tuve que actuar de improviso. La emoción y el papel que t uve que desempeñar.. Pensé. Como l e he dicho. —Tuve un sobresalto mayúsculo —observó la mujer—. que lo decía en serio..004 http://biblio teca.

lo que se llama «antigua tuberculin a». pero respeté su valor y tuve que dejarla corre r ese riesgo. Pero en el fondo tenía otro propósito. —Así era. además. los microbios no le hubieran perjudicado en nada. ¿Se da usted cuenta de la inteligencia de ese indi viduo? Las defunciones ocurrirían en diferentes partes del país. pero que estimula y hace reproducir c ualquier lesión pulmonar antigua. así como el neumococo. trataré de explicarlo. Sin embargo. agradecidas y fervorosas.004 http://biblio teca. En la jeringuilla se encontraron bacilos de «antigua tuber culina». Hércules Poirot asintió. su forma de actuar. Una tras otra. que haya com etido una . El bacilo colin momunis. acían testamento dejando todo su dinero para atender el culto de la nueva religión. Morían en sus propios domicilios y. inyectaba a sus seguidores una pequeña. Poirot prosiguió: —Siguiendo mis órdenes. que es inofensiva para una persona sana. Sin ser demasiado técnico. además. —Es posible. según creo —intervino Poirot—. Pero ¿tienen ustedes bastantes pruebas para condenar a ese malvado? Jap p gesticuló. cuando Cole arrestó al doctor Andersen. Tenemos un laboratorio. conocida también con el nombre de «Hashish» o «Bhang Es una droga que produce ilusiones de grandeza y grato placer. aparentement e. Como usted disfruta de buena salud. diferentes médicos at enderían a las enfermas. —¡Es un desalmado de la peor especie! —exclamó el Inspector Japp. Esos eran los goces espirituales que él les prometía. Sólo me asustan los toros desmandados y cosas por el estilo.com varios bacilos. me aterrorizaba el pensar que pud iera escoger cualquier otro germen. facultad de producir histerismo colectivo en la gent e y aprovecharse de las reacciones producidas por la droga. No me importa correr uno que otro..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¡Oh! De eso no hay que hablar —replicó animosamente la señorita Carnaby—. cultivaba una sustancia que tiene la propiedad de retrasar e intensificar la acc ión de los bacilos escogidos. Es posibl e hacer cultivos intensivos de ciertas bacterias. Una sensación verdaderament eresante. —Gran cantidad de ellas —dijo—. por causas naturales. por completo. sin peligro de levantar sospechas. Me imagino que. lo cual hacía que s us devotos le fueran adictos en alto grado. Existe. pero suficiente dosis de «Cannabis indica». en términos generales. Durante las fiestas. El del tifus también puede incluirse en el sistema.. que c ausa la colitis ulcerativa. Por eso insistí en que hiciera patente su antigua lesión pulmonar.d2g. »Las mujeres sin parientes próximos —continuó—. los cultivos y todo lo que empleaba en su negocio. —Muy interesante —opinó la señorita Carnaby—. Una personalidad dominante. usted le contó que durante años había sufri o de una lesión pulmonar. esas mujeres morían.

¡De q ué forma tan magnífica arreglé el mundo! Sin guerras.. —Debió de ser un sueño estupendo —dijo Japp con envidia.d2g.004 http://biblio teca.com larga serie de asesinatos. sin pobreza. —¿En qué ha estado pensando? —preguntó Poirot. La señorita Carnaby suspiró. creo que es de pura raza aria. —Debo irme a casa —atajó—. —Estaba pensando —replicó ella— en illoso sueño que tuve durante la primera fiesta. Y me he entera o de que el pobrecito Augusto me ha echado mucho de menos. Emily estará impaciente. fuera usted a «morir por Hércules Poiro . sin enfermedades. supongo que sería el hashish. En realidad. Eso sólo fue una bonita historia para entrar en este p aís y ganar simpatías... s in fealdad. como hace él. mientras sonreía: —Tal vez temía que. La señorita Carnaby se levantó de un salto. Yo diría que no le expulsaron de la Universidad alemana porque su madre fuera judía.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. Hércules Poirot observó.

en la barbilla de trazo agresivo y en los penetrantes ojos de visionario. Tiene la forma de un árbol a cuyo tronco se enrosca una serpiente formada de joyas. pedía también que estuviera acompañada por una tradición histórica . entendió también cómo había adquirido la reputación de ser un gran coleccionista. en la boca de línea vulgar. así . Rodrigo Borgia. de una copa de o ro cincelado. hablaba c on tono bajo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Para ser exacto. pero incisivo. —Esta copa siempre estuvo asociada con la violencia. Y aquel huésped. de exquisita forma. En algunas ocasiones la presentaba a un huésped privilegiado p ara que bebiera. Y su pas ión por lo artístico corría parejas con su pasión por lo histórico. Y cuando sus ojos se posaron sobre las manos largas y delicadas. al contrario. ¿se trata de un asunto de mucha importancia? —Es d e mucha importancia para mí —replicó Emery Power. —Una bonita hist oria —contestó Poirot. S e le conocía en ambos lados del Atlántico como un experto en obras de arte.d2g. que descansaban sobre la mesa. Parecía un petirrojo meditabundo. —Ya sé que usted no se encarga de muchos casos en estos días. que data del Renacimiento.com capítulo XI LAS MANZANAS DE LAS HESPÉRIDES 1 Hércules Poirot contempló al hombre que se sentaba tras la gran mesa de caoba. Poirot guardó una actitud expectante. Las manzanas del árbol están hechas con unas magníficas esmeraldas. La robaron más de una vez y se han cometido asesinatos para conseguir su posesión. El trabajo en orf ebrería es exquisito y hasta dicen que la cinceló Benvenuto Cellini. Un rastro d e sangre ha seguido su curso a través de los siglos. Se dice que la usaba el papa Alejandro VI. Su voz no era estridente. No le bastaba con que una cosa fuera hermosa. mucho más efectivo que si hubiera utilizado un volume n mayor de sonido.004 http://biblio teca. solía morir poco después. El otro prosiguió: —Se trata de la recuperación de una obra de arte. —Entonces. ladeando ligeramente la cabeza. Mirándolo se dio cuenta de por qué Emery P ower se había convertido en una potencia financiera. Reparó en las espesas cejas. —¿En razón a su valor intrínseco o po r otras razones? —Su valor intrínseco es ciertamente considerable. señor Poirot. Estas esmeraldas son muy hermos as. Emery Power estaba hablando. Pero creo que se ocupará de éste.

fue él quien materialmente llevó a cabo el robo.» Durante unos instantes el financiero frunció el ceño y un lige ro destello colérico asomó a sus ojos. hasta que por fin conseguí q ue me la adjudicaran por una cantidad igual a treinta mil libras. Dos de ellos.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004 http://biblio teca.. prec samente el mismo día en que se efectuó la subasta. Pero las reflexiones no me devolverán mi copa. monsieur Poirot —replicó Emery Power. ¿verdad ? —Eso es. Pero le ruego que me perdone. tres hombres intervinieron en el robo. Un «palquista» de primer a clase. —¿Y cómo ocurrió eso? —Entraron a robar en el palacio del marqués. dijo Dios. el valor real de la copa rad ica en sus asociaciones históricas. —¿Qué se hizo para rescatar lo robad o? Power se encogió de hombros. desde luego. Según la policía. los dos que acabo de mencionar y un tercero. No obstante. —Pero la copa de los Borgia no. Poirot levantó las cejas. . Los coleccionistas pujaron y sobrepujaron. un irlandés llamado Patrick Casey. —¡Una cantidad principesca! El marqués de Sa n Veratrino fue muy afortunado —comentó. —La policía se encargó del caso. Dublay era el cerebro de l a organización y el que planeaba los golpes. El detective observó sua vemente: —Sin duda habrá oído usted el proverbio español que dice: «Toma lo que quieras. Y lo que me queda por decirle es que me la robaron antes de que llegara a mi poder.. El marqués de San Veratrino la puso en venta en el año 1929... Los ladrones se llevaron ocho o d iez obras de arte renacentista. Decía usted que compró la copa al marqués de San Veratrino . señor Power. Ricovetti conducía el automóvil y aguarda ba a que Casey le fuera pasando los objetos robados. —Sin duda.com como los rubíes que forman la serpiente. Hércules Poirot asintió plácidamente. incluida la copa. La fechoría se atribuyó a una conocida banda internacional de ladrones. según el cambio que regía entonces.d2g. por esa disgres ión del asunto que nos ocupa. fueron detenidos y juzgados. —Mucha gente incurre en la misma equivocación. —Cuando quiero de veras una cosa estoy dispue sto a pagar lo que sea. —Va usted en camino de convertirse en un filósofo . pero págalo. —Exactamente. monsieur Poirot —dijo con frialdad. Parte de lo robado fue hallado en su poder. —¿Cree usted que no? —Creo que se necesita un poco de acción. monsieur. —He llegado a la edad de la reflexión. un francés llamado Dublay y un italiano apellidado Ricovetti.

—Muy interesante. o poco menos. Creí sab er quién se quedó con la copa. quiso devolvérmelo. que era un hombre muy puntilloso.com —¿Dividían el botín en tres partes? —Posiblemente. Puedo afirmar que no sólo la policía. Nuestra animosidad culminó cuando rivalizamos en la compra de la co pa de los Borgia. Parece probable que los más valiosos y notorios fueron sac ados rápidamente del país. fue una cosa simple en extremo. —¿Y usted no aceptó? —No. en e tido a que usted se refiere. Tomé la precaución de situar en la subasta a u n segundo agente mío. en el caso de recuperarse. monsieur Poirot. —¿Y qué pasó con Casey? ¿No lo pudo coger la Justicia? —No.004 http://biblio teca. El financiero sonrió y dijo: —Ya veo que toma en considera ción tal punto. Nuestros representantes pujaron en la subasta uno contra otro. Ni sir Reuben ni yo . la copa se guiría siendo de él. —¿No se puso nunca en venta? —Estoy completamente seguro de que no. Era un hombre de bastante edad y sus músculos ya no e ran tan elásticos como antes. —¿Dónde ocurrió eso? —En París. No sola ente era coleccionista como yo. ¿Quién fue? —Sir Reuben Rosenthal. Pues bien. al haber rechaza do el dinero.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. aunque aparentemente figuraba como representante de un antic uario de París. —¿Por qué? —Tal vez porque quería conservar en mi mano las riend asunto. —Y la puja final del representante de usted hizo que le adjudicaran el teso ro. No fue así. Ambos estábamos dispuestos a quedarnos con ella. —¿Qué paso con el dinero que había usted pagado? —El marqués. sino que en aquellos tiempos era mi enemigo pers onal. —¿Y qué se escondía tras su actitud señor Power? —preguntó Poirot. precisamente. ¿verdad? —No. Intentaba robar en casa del banquero millo io Davauglier. Habíamos sido rivales en varias operaciones financieras.d2g. —¿Quiere usted decir que si hubiera aceptado la oferta del marqués. es legalmente de usted? —Ni más ni menos. mientras que ahora. puesto que la copa había sido robada en su casa. sino mis agentes privados han estado alerta por si se presentaba tal cir cunstancia. de las que siempre salí yo ganando. Al cabo de dos semanas cayó desde un quinto piso y se mató en el acto. —¿Y no ha vuelto a verse la copa desde entonces? —Exactamente. Pero los artículos que se recuperaron fu ron los de menos valor. Era una cuestión de honor.

encargó deliberadamente el robo. durante cerca de diez años ha estado usted..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Podía decirse. —¿Cómo lo sabe? —Recientemente intervine en una operación financiera relacionada c on el petróleo.. no. una petite déception. —¿Y le creyó usted? —Sí. además. Rosenthal nunca tuvo la copa en su poder. poco después. con la posibilidad de tratar después con él reservadamen te. —¡No. . En ella coincidieron los intereses de Rosenthal y los míos. Hizo u na corta pausa y luego prosiguió: —Pero reteniendo mis derechos de propiedad. eso es. pero si permitíamos que un tercero se llevara la copa.com hubiéramos estado dispuestos a rendirnos el uno al otro. era una cosa diferente por completo. ¿verdad? Emery Power levantó una mano.. ¿verdad? —Así fue. —¿Cuya descripción había sido hecha circular por la policía? —La copa no tenía que estar expuesta a la vista de todo el mundo. pasando la copa legalmente a su poder. no! No hubiera sido tan chabacano. Éramos ali ados y no enemigos.004 http://biblio teca. Poirot sonrió con expresión comprensiva. —Eso es. Me limitaría a recuperar lo que era mío. tenía po sibilidad de recobrar lo que me pertenecía. —De hecho. si bien. reyó usted que sir Reuben. de haber aceptado yo la oferta del marques. —Ya comprendo su posición —dijo—. como dicen aquí. Poirot comentó pensativamente: onces. —Por una razón de peso. —¿Cree u sted que habría sido suficiente para sir Reuben el saber que la copa era suya? —Sí. lo que he estado haciendo —respond ió con amargura el financiero. que poco después sir Reuben hubiera comprado una copa de estilo Re nacimiento de procedencia no especificada.. sir Reuben descubrió la jugarreta. Le hablé francamente sobre el asunto y me aseguró en seguida que la copa jamás estuvo en sus manos. ladrando al árbol en que no estaba el ladrón. —Pero me parece que no tuvo usted mucho éxito. Y. monsieur Poirot. exactamente. —Y la cosa tuvo éxito. en efecto. —Quiere usted decir —observó bruscamente Poi rot— que de esa forma podía disponer que le robaran la copa a sir Reuben. dispuesto a no dejarse derrotar. ¿verdad? —Roba rla.d2g. —Sí. le hubiera sido posible a sir Reuben hacer luego un trato con él.

muy viejo.. El otro asintió... —Sí. monsieur! Sólo me pregu taba. S es así. Hér cules Poirot se irguió y dijo: —¡No conozco la palabra «imposible». —dijo—.com —Y ahora.. Cifre usted mismo sus honorarios ... Había dado con la palabra apropiada.004 http://biblio teca. El financiero sonrió de nuevo.... Hércules Poirot inclinó la cabeza. lo comprendo. —Tiene su interés. debe empezarlo todo desde el principio. —Ahí es donde entro yo.. . Pero si cree usted imposible.d2g.. ¿verdad? Soy el perro que pone usted a seguir un rastro viejo.. yo no acepto la derrota. El hombrecillo miró a su interlocutor y preguntó suavemente: —¿Tanto desea esa obra de arte? ¡Tal vez no llegue a tanto su interés! Emery Power replicó: —Podríamos decir que ig ual que usted.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. E mery Power replicó con sequedad: —Si se hubiera tratado de un asunto fácil no le hubie ra llamado.. si el caso es lo suficientemente interesante para que yo me encargue de él .

La hija se parecía a su madre. No es fácil de ocultar. —¿Y qué me dice de su familia? —La mujer era una persona decente. Desde lueg o.004 http://biblio teca. El hijo fue diferente y salió al padre.. Supongo que podría hacerse. Pudo haberla escondido en algún sitio de Italia. De conocerlo a estas horas la copa estaría en manos de cualquier comprador de obj etos robados. Escondieron l a copa. Poirot escribió la palabra «América» en su agen da. —Lo dudo.. Las perlas embutidas en una figur a de escayola. ¿verdad? —Tal vez sea eso lo más probable.. Fue un caso curioso..? Ah. —¿Se refiere usted a Case y? —Sí. La copa no se vio más desde entonces.. o algo parecido.com 2 El inspector Wagstaffe pareció interesado por la pregunta.. Lo último que supe de él es que estaba cumpliendo condena en América. tenga la seguridad de que todavía está allí. y el único hombre que conocía el escondrijo ha muerto. o pudo arreglárselas para sacar la de allí.. No. Pero la escondió. ¿cómo se llamó aquel caso. tenía mucho valor para los coleccionistas. en lo que se refería a su ram ificación inglesa. Pero ahora n e trata de joyas. sino de una copa grande y sólida. estaba tuberculosa. Hablo un poco el italiano y fui allí para entrevistarme con los «ma carronis». Hércules Poirot suspiró. es remotamente posible. —¿Tenía Casey un lugar propio? —Sí. sí. —Es una teoría novelesca. Estuve encargado del caso. Wagstaff e lamentó: —No lo sé.. No estaba bajo el rimado. Ya nos preocupamos de averiguarlo.. Murió hace un par de años. no. «El busto de Napoleón». —¿No es posible que el hijo de Casey conociera el escondrijo? — preguntó. —¿Y qué explicación l da usted a eso? ¿Una venta privada? Wagstaffe sacudió la cabeza.d2g. . y sea donde fuere. pero nunca tuvo ánim os para abandonarle. l o recuerdo perfectamente. mi explicación es mucho más simple. Bajo el entarimado del piso. —¿La copa de Veratrino? Sí. Era muy religiosa. Sentía gran temor por la clase de vida qu e llevaba su marido. una ferviente católica. y los negocios de esa clase de gente son muy . Pero no sé. en Liverpool —gesticuló—.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. y pro fesó en un convento. —No lo creo.. —La pudieron fundir.

Francia. —¿Alguien más? —Un tipo llamado Yougouian. Red Kate se llamaba. ¡Se asombraría usted si conociera alguno de ellos! Algunas veces —añadió virtuos amente Wagstaffe— creo que los coleccionistas no saben lo que es la moralidad... .. pero también opera en París. Creo que saldrán pronto. —Observaba —respondió Hércules Po arece indicada una vuelta al mundo.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. donde posee una tienda. —Le pondré un cin al mundo. pero es un individuo muy escurridizo.d2g. —¡Ah! E ntonces. No se pudo probar n ada contra él. Es comerciante y tiene su cuartel general e n Estambul. —Dublay es francés.com curiosos. Italia y Turquía». —¿Qué me cuenta d e los otros miembros de la banda? —Ricovetti y Dublay fueron sentenciados a unos c uantos años de cárcel. Australia. etcétera. ¿no se sorprendería si. —No sería nada extraño.004 http://biblio teca. era el qu igía la banda. Poirot suspiró y miró su agenda . —¿Había otros componentes? —Una muchacha. Creo que fue en Au stralia cuando se disolvió la banda. sir Reuben Rosenthal estuviera mezclad o en uno de esos «curiosos negocios»? Wagstaffe hizo una mueca. por ejemplo. Se empleó de oncella y descubrió un arcón. ¿verdad? —Sí. Se le tiene por poco escrupuloso en lo que a obras de arte se refiere. —¿Qué decía? —preguntó el inspector Wagstaffe. de quien s e creyó que estaba asociado con ellos. En ella había escrito: «América. donde se guarda la plata..

Es posible. señor. Georg e. siguió: —Mi cliente. Emery Power. Pero..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. disfrutando del sonido de s u propia voz. se vio obligado a solicitar información de Prometeo.» —El Prometeo moderno —dijo—. que viajó sin descanso. al fin. Señor Giovanni Mezzi. Poirot hacía ciertas observaciones a las cuales George replicaba con l a sabiduría que había acumulado en el transcurso de su carrera de sirviente de cabal leros.. —¿De veras. señor. —Sí. Nunca oí hablar de esos dos caballeros. y de Nereo. Señor es Landen y Bosher. sólo entiende una cosa. M. el eficiente George . pe o no por ahora. ¿Va uste d a Liverpool. Es decir. ¡acción! Pero no conduce a nada el gastar energías en acciones innecesarias. Estambul.004 http://biblio teca. ¿qué es lo que hubiera hecho Hércules? —¿Se refiere uste l campeón ciclista. George. Hay en la vida. que me escribas unos cuantos nombres y direcciones. ¿Acaso eran l dueños de unas agencias de viajes. Te agradeceré.Agencias de confianza. según unos. —Y uno se pregunta. según otr os. señor. Nahum.d2g. Nueva York. aunque algunos dicen que trastornan el estómago. ¿qué harías. señor? —Me temo que sí. y señore s Roger y Franconard. París. señor? Hércules Poirot. Sidney. George. Señores Hankerton. George? —Los viajes aéreos son muy rápido . —La encuentro muy razonable. —Si te encontraras con la necesidad de llevar a cabo unas investigaciones e n cinco partes diferentes del mundo. una hermosa regla que dice: «Nunca hagas tú mismo lo que otros pueden hacer por t i». Roma. —Especialmente —añadió el detective al tiempo que s evantaba y se dirigía hacia la librería— cuando no hay que preocuparse por los gastos. pu es nunca volé. George. señor? —O simplemente —prosiguió Poirot sin hacer caso de la observació ué es lo que hizo? Y la respuesta es. Yo no puedo asegurarlo. señor? —dijo George—. . que deba ir más allá todavía. Esperó a que George acabara de escribir y luego observó: —A hora ten la bondad de ver a qué hora salen los trenes para Liverpool.com 3 Poirot tenía la costumbre de discutir los casos con su criado. Cogió una carpeta rotulada con la letra D y la abrió por la división que indicaba: «Det ectives .

en el oeste de Irland a. El detective miró la punta de sus zapatos de charol y suspiró. Era un sonido que le había sido familiar desde su infancia. de que se encontraba en el fin del mundo.. Hércules Poirot se encontraba sobre un peñasco. miraron el ancho mar. pero la voz era de mujer.. Jamás había imagin ado nada tan remoto. Lo rodeaba una alta tapia. estaban las Islas de la Fel icidad. nada extraña en aquellos que llegaban a Inishg owland por primera vez. Allá lejos. tiró de una herrumbrosa cadena y en e l interior se oyó el rápido tintineo de una campana. tan desolado y abandonado.d2g. una vez más. Sobre el labio superior se veía un bigote bastante señalado. R ecorrió apresuradamente el acantilado y al cabo de unos diez minutos divisó un edifi cio situado sobre los farallones. según decía la leyenda. Las gaviotas revoloteaban lanzando largos y melancólicos g ritos. la Tierra de la Juventud. con toda precaución. enmarcada por blanca y almidonada to ca. . Sus ojos recorrieron lentamente la desolada costa y luego. mirando la inmen sidad del océano Atlántico. el encanto estaba roto y. cuya única abertura e ra una gran puerta de madera claveteada. Y d e pronto Hércules Poirot volvió a ser el mismo. Era una tierra donde el sentido común y el orden en la vida eran desconocidos. La belleza de un pasado lejano e increíble. Poirot experimentó la sensación. —Desearía ver a madre superiora —expuso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. nunca construyeron un campamento fortificado . Las normas a que ajustaba su vida no eran apre ciadas allí. su yo armonizaba con los zapatos de charol y el elegante traje de color gris os curo. Le preguntar on qué deseaba. Allí. una belleza triste y hechizada. Tenía belleza. Murmuró: —El manzano de los cánticos y el oro. Después. Desde un lugar no muy lejano llegó a él el tañido de una campana. —¿Es éste el convento de Santa María de los Ángeles? La monja contestó con ereza: —¿Y qué otra cosa podía ser? Poirot no se atrevió a replicar a ello. ni una calzada útil y cuidada. Poirot llegó ante ella y golpeó un enorme l lamador de hierro. Era una cara suspicaz. una vez más. no estuvieron nunca los romanos.004 http://biblio teca.com 4 Tres meses más tarde. Sabía lo que que ría decir aquel toque. Se sintió abandonado y solo. La voz de lo que Hércules Poirot llamaba una femme formidable. Se descorrió el panel de la puert a y apareció una cara.

d2g. El rosario que llevaba pendiente del cinturón se balanceaba y sus cuentas entrechocab an entre sí al andar. Su cara tenía un aspecto de total placidez y su voz era reposada y distante. Tal vez me facilite ciertos in formes de mucha importancia. —La hermana María Orsula murió hace dos meses . —Le ruego que me dispense por venir a molestarla. —Pero le aseguro. la he rmana María Orsula..com La portera no parecía estar muy de acuerdo con aquel deseo..004 http://biblio teca. Cor rió las barras. La madre superiora inclinó la cabeza asintiendo y dijo: —Así es. ma mer e —dijo— Creo que en este convento hay una religieuse que en el mundo se llamó Kate Ca sey. pero al fin accedió. Poirot era católico y entendía perfectamente la atmósfera que le r odeaba en aquel instante. Al poco rato entró otra monja. —La hermana María Orsula no podrá ayudarle —dijo. En religión. La madre superiora sacudió la cabeza. Y estimo que la hermana María Orsula podrá ayudarme. abrió la puerta y condujo a Poirot hasta una habitación pequeña y desnud a donde se recibía a los visitantes del convento. —Hay una injusticia que necesita ser reparada —observó el detective —.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.

por donde se colaba aquel vientecillo nocturno que tanto desagradaba al detective.. Haga caso a Atlas y no se equivocará.. —Le aseguro. ¿No fui yo quien aconsejó a Larry's Girl? Veintici nco a uno. ¡fíjese.. La cama que le dieron estaba rota. así como dos vidrios de la ventana de su habitación.d2g. recostado contra la pared. señor.. Al cabo de un rato. .!. Había cinco hombres en el bar. El establecimiento no respondía a la idea general que P oirot tenía de los hoteles y de lo que éstos debían ser.. uno de los hombres se sentó a su lado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2... ¿Sabe usted quién soy yo. veinticinco a uno. —¡Mon Dieu.. pero aquello no le preocupaba mucho. Se notaba que había vivido en la ciudad d urante algún tiempo.. y he aconsejado gan adores durante toda la temporada. como hacen todos.. señor? ¿Lo sabe? Pues soy Atlas.. Con gran dignidad se dirigió a Poirot. Hércu les le miró con extraña reverencia. que Pegg en's Princesse no tiene ninguna posibilidad. del Dublin Son. Hércules Poirot estaba sentado incómodamente. Poirot no pudo entender la mayor parte de lo que decían. El agua caliente que l e llevaron estaba solamente tibia y lo que le dieron para comer le estaba produc iendo una dolorosa sensación en su interior. acabará la carrera en último lugar.com 5 En el bar del hotel de Jimmy Donovan. Atlas. Era ligeramente diferente de los otros. es un presagio! —murmuró con voz trémula.004 http://biblio teca. Hablaban de política. ¡en el mismísimo último lugar! Siga mi consejo....

d2g. la luna se asomaba coquetamente de vez en cuando por entre l os claros que formaban las nubes. correteando por aquel p edregoso sendero. pues le gustaba llevar los pies bien calzados y relucientes. Exhaló un gemido y declaró con voz baja y lastim era que estaba hecho trizas.. Habían llegado junto a la tapia del convento y Atl as se preparó para ejecutar su parte.. Su compañero o bservó de pronto: —¿No cree que ésta es la mejor forma de ponerme a mal con el cura? No quiero tener un pecado mortal sobre mi conciencia. No e s el peso del mundo el que ha de soportar. Poirot no hizo caso de aquella idea. Poirot habló con acento autoritario. —Estése quieto. Poirot y su nuevo amigo habían caminado varias m illas. Por su mente cruzó la idea de que.com 6 Varias horas después.. debían existir unos zapatos más apropiados para ir por el campo que los de charol qu e llevaba en aquel momento.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Pero ahora. sino tan sólo el de Hércules Poirot.. . —Tan sólo ayudará a devolver al César lo que es del César —aseguró Poirot.004 http://biblio teca.. El detective cojeaba. George le había insinuado respetuosamente que se lleva ra un buen par de abarcas. al fin y al cabo. se dio cuenta de que había otra clase de calzado.

—Tal vez no me acuerde mañana de la forma en que los he ganado. Atlas murm ró: —¿Y por quién apostaré? Tengo a «Wodking Lad» que es un buen caballo.004 http://biblio teca. Siete a uno me la pagaron una vez.com 7 Atlas daba vueltas a los billetes de cinco libras. amigo mío.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Se detuvo. Se lo digo yo: «Hércules» no de fallar. —Olvídese de todo. pagándose sesenta a uno. venció inesperadamente las Boynas Stakes. apueste su dinero por ese caballo. —Amigo mío —dijo Poirot—. mañana corre un caballo llamado «Hércules» en la carrera de las tres y media. Estoy muy preocupado pensando lo que va a decir d e mí el Padre O'Reilly. ¡un caballo estup Y está «Sheila Boyne». —¿Lo he soñado o he o que mencionaba usted el nombre de un dios pagano? Hércules ha dicho usted y loado sea Dios. . Mañana el mundo será suyo.d2g. Y es absolutamente cierto que al día siguiente el caballo «Hércules» de la cu adra del señor Rosslyn.

pasando por él la yema de sus dedos. pero muy devota. Recordé que la hija de Patric k Casey era monja.. le felicito. y añadió—: ¿Qué le guió hasta allí? Poirot se encogió de hombros. Sobre la mesa. como si estuviera hablando d e un negocio cualquiera. Hércules Poirot desató aquel paquete tan bien hecho. ofrecerla como reparación de los pecados de su progenitor. El financiero as piró profundamente el aire.004 http://biblio teca. Me figuro que ni las propias monjas se d ieron cuenta de su valor. Y. Emery Power extendió una mano y tocó el borde de la copa. —¡Una historia extraordinaria! —opinó e l financiero. Ello quería significar que se hallaba en un sitio donde no se había dado valor alguno a las cosas materiales. —La hija de Casey era monja. en Liverpool.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Power observó con efusión: —Bueno. Luego. la rara circunstancia de que nadie hubiera tratado d e desprenderse de la copa. —Le felicito. La dio para que se usara a la mayor gloria de Dios. luego quitó el papel intermedio y por fin. Dígame a cuánto ascienden sus honorarios y le extenderé un cheque. —Tal vez. Se la llevó al convento deseando. además. La tomaron. frente a Emery Power. Para ellas era un cáliz y como tal lo utilizaron. según creo. figuradas por verdes esmeraldas. Primero el p apel fuerte exterior. Era una muchacha ignorante. El otro le contempló asombrado.. probablemente. —No voy a cobrarle n ingún honorario —dijo Poirot. Esculpido en e lla se veía un árbol con manzanas. Iba a hacer los últimos vot os cuando murió su padre.d2g. preguntó: —¿Dónde la encontró? —En un altar —respondió el detectiv ery Power lo miró con fijeza.com 8 Con mucho cuidado. como le dije antes. puso una relumbrante copa de oro. como una herencia familiar. . ceso de eliminación. La copa est aba escondida en casa de su padre. Con voz profunda dijo: —¡Mía! Poirot convino: —¡Suya! El otro lan un audible suspiro y se recostó en su asiento. el de seda. monsieur Poirot. El detective hizo una peq ueña reverencia.

com —¿Qué quiere decir? —¿No leyó nunca cuentos de hadas cuando era niño? En ellos suele decir rey: «Pídeme lo que quieras. Violencia.. —Nací en la costa occidental de Irlanda —dijo por fin—.» —Entonces.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. descubriendo una abertura que comunicaba con el pie de la copa. pero no diner Simplemente una súplica. puri ficada y absuelta. sangre y malas pasiones acompañaron a su posesión. Y la maldad puede llegar hasta usted si se la queda. voy a enseñarle una cosa.. Deje que la pongan de nuevo sobre el altar. Puesto que perteneció a la Iglesia anterio rmente. Estaba usted det erminado a no dejarse vencer. Salí de allí. El Jardín de la Paz. Desea poseer ésta para dar satisfacción a su orgullo. tal vez miles de objetos raro s y hermosos. —Permítame que le des criba el lugar donde la encontré. . —Bien. lo ha conseguido. Hubo un momento de sile ncio y luego Emery Power preguntó: —¿Está usted loco? Hércules Poirot sacudió la cabeza. Deje que la ma ldad que lleva consigo se purifique allí. Pero. ¿por qué tiene tanto interés en poseerla? No será p or su belleza ni por su valor. deje que vuelva a ella. Tendrá usted cientos.d2g. Eh bien. Espere.. Usted mism o dijo que la historia de ella era perversa. va usted a pedir algo. ¿verdad? —Sí. —¿Ve usted? —dijo Poirot—. Siguió hablando .. Cogió la copa y con una uña presionó entr e las abiertas mandíbulas de la serpiente enroscada al árbol.004 http://biblio teca. —N no lo estoy. tal como esperamos que sean purificadas y absueltas de sus pe cados las faltas de todos los hombres. ¿de qué se trata? ¿Quiere que le aconseje sobre el mercado de valores? —Eso sería dinero bajo otra forma. con una mano puesta sobre los ojos. ¡Ha ganado! La copa está ya en su poder. Ésta era la copa del papa Borgia. —¡Eso so n supersticiones! —Posiblemente. describiendo con palabras sencillas el remoto encanto de Inishgowland. Mi petición es mucho más sencilla. ¿por qué no lleva a cabo un acto grande y desinteresado? D evuélvala al sitio donde se conservó en paz durante cerca de diez años. En el interior se corr ió una pequeña porción del fondo. Pero ahora. Emery P ower se había reclinado sobre el respaldo del sillón. A través de este agujerito pasaba un veneno al líquido que llenaba la copa. —¿Qué es oirot puso sus manos sobre la copa. que era hueco. —Devuélvala al convento. Se inclinó hacia delante. mirando sobre el Mar Occide ntal hacia el olvidado Paraíso de la Juventud y la Eterna Belleza.

—Algo había oído de eso —observó Poirot l financiero se irguió. será una inversión! Tal vez la mejor que haya hecho nunca.. Llévese la copa al convento y entréguela como donativo mío.. —¡Al fin y al cabo. Sus ojos volvieron a tener su expresión penetrante.. ¿y qué conseguirá a cambio? Poirot replicó con gravedad: —Las monjas harán ecir misa por la salvación de su alma. Un regalo costoso. Fue u na sonrisa anhelante y ansiosa.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. y me fui a América. Tendrá lo que quiere.d2g. . La sonrisa del potentado se ensanchó. Con la s onrisa en los labios. Treint a mil libras.com cuando todavía era un muchacho.. dijo: —Es usted un hombre extraño.004 http://biblio teca.. Poirot..

Hércules Poirot relató su historia y devolvió el cál iz a la madre superiora. . —¿Tan infeliz es? tan infeliz que olvidó lo que es la felicidad..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. porque sa bía que aquello no tenía réplica. Tan infeliz. —Dígale que le damos las gracias y que rezaremos por él —murmuró la monja. La mujer comentó: —¡Ah! Un hombre rico. que él mismo no sabe qu e lo es.com 9 En el pequeño locutorio del convento. Hércules Poirot no replicó..d2g...004 http://biblio teca. —Necesita de sus oraciones —observó suavemente Hércules Poirot.

d2g. El convoy ar rancó de nuevo con una sacudida y Poirot se vio lanzado contra una corpulenta muje r cargada de paquetes.. En aquel momento. ¡Ah! qué no daría él por ver una femme du monde. Por su mente pasó el pensamiento de que ha bía demasiada gente en el mundo.com capítulo XII LA CAPTURA DEL CANCERBERO 1 Hércules Poirot viajaba en un vagón del «metro» zarandeado de aquí para allá. había mucha gente en el mundo subterráneo de Londres. Todas aquellas jóvenes que le rodeaban er an tan iguales. cuerpos y hombros... llen a y de acento extranjero. Calor . c on el teñido cabello coronado por un pequeño plastrón de paja. Unas pieles de aspectos exóticos colgaban de los hombros. una voz gritó su nombre. ruido. ora con otro. en la que descendía.. el detect ive levantó la vista. Pero aquella estación pareció ser también la elegida por cerca de ciento cincue nta pasajeros más. spirituelle. resonó en el cerrado ámbito. en aquel preciso momento.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Por fin iba a salir de las regiones infernales. sus incrédulos ojos contemplaron una visión del pasado. Como una gran ola c uando sube la marea. tan faltas de encanto. la incómoda presión de manos. pues se trataba de la de Piccadilly Circus. Volvió a decir Pardon! Los bigotes se le estaban volviendo lacios. chic. El tren se detuvo en una estación y la gente salió del vagón empujando a Poirot.004 http://biblio teca. —¡Es él! —gri ! ¡Mon chéri Hércules Poirot! —¡Tenemos que vernos otra vez! ¡Insisto en ello! . brazos. . tropezando or con uno de los viajeros. pensó el detective. La pintada boca de la mujer se abrió de par en par y su voz. Y era cierto que. Tenía buenos pulmones. tan vacías de atractivo y rica femineidad. simpática.. Cercado y prensado por extraños. sobre el que se veía todo un pelotón de pájaros de brillante plumaje. promiscuidad.. Una mujer de formas llenas y extravagantes. Quel enfer! Por fortuna se apeaba en la próxima e stación. las s eis y media de la tarde. la gente se volcó sobre el andén e instantes después Poirot se vi o cercado apretadamente de nuevo en una de las escaleras mecánicas que llevaban a la superficie de la tierra. aglomeración. En la escalera opuesta. Sobresaltado. murmuró Pardon! y a continuación tropezó con un hombre delgado cuya cartera de mano se le incrustó en los riñones..

. y no se acordó de saltar a t iempo. Cansado. se introdujo a presión entre la masa de gente y volvió una ve z más a las profundidades. Hércules Poirot parpadeó y volvió a parpadear. sintiendo en su interior una agrad able agitación. ¿Debía unirse a los que bajaban? ¿Fue aquello lo que quiso decir la condesa? No había duda de que viajar por las entrañas de la tierra. en las horas «punta». pero eficiente en extremo. preguntó a la señorita Lemon. ¿Se dirigió la condesa hacia la línea de Bakerloo o hacia la de Piccadilly? Poirot re corrió los dos andenes. A la mañana siguiente. Pero al pie de la escalera no había rastro de la condesa. Hacia uno de los lados. molido y mortificado en extremo. —En el infiern o. mientras la condesa Vera Rossakoff se hundía en las profundidades.com Pero el propio destino no es menos inexorable que dos escaleras mecánicas cuando s e mueven en opuesta dirección.d2g.004 http://biblio teca.... Para ella. Hércule s Poirot ascendió nuevamente al nivel del suelo y fue a mezclarse con la batahola que reinaba en Piccadilly Circus. uno tras otro. no era posible que su cortesía fuera a sugerir que Poirot estaba destinado necesariamente al mismo sitio. Hércules Poirot subió a la sup erficie. No era posible que le hubieran engañad o los oídos. tomó la determinación más simple y recta. Había llegado s in darse cuenta a la parte superior de la escalera. Retorc iéndose e inclinado sobre el pasamanos. ¿ de la podré encontrar.. F ue inesperada.. aunque en aquel momento parecía extrañamente adecuada. Lenta y despiadadamente. una muchedum bre se apretujaba ante la escalera que descendía. era el mismo infierno. La señorita Lemon era increíble mente fea. Pero no es taba derrotado. Pero por ningún lado vio la figura extravagan te de la condesa Vera Rossakoff. El detect ive avanzó con resolución. ¿puedo hacerle una pregunta? .. había dicho ella.? La respuesta de ella le llegó confusa desde los abismos.. Sus pensamiento s y sueños privados se centraban en un nuevo sistema de archivo que estaba perfecc ionando en su imaginación. ¿Pero a qué se refería? ¿Al «metro» de Londres? ¿O debía tomar sus palabras en tido religioso? Aunque la forma de vida que llevaba hacía presumir que el infierno sería su destino cuando muriera. Poirot no era nadie en particul ar.. «En el infierno». su secretaria. En su perplejidad. Llegó a casa. Si fue aquello a lo que s e refirió la condesa.. Poirot gritó con desesperación: —Chéri madame. La gente que le rodeaba se desparramó. al que prestaba un excelente servicio. De pronto se tambaleó.. Poirot suspiró. —Señorita Lemon..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.. era tan sólo su jefe.. Poirot estaba completamente de acuerdo con ella..

o amiga.. ¿qué haría usted? L a secretaria. —¿Para esta noche? Y tomando la callada por consentimiento.. le citara en el infierno. la señorita Lemon volvió a teclear eficientemente en su máquina. una vez cumpl ida su obligación. Y con ello. para las once. como de costumbre. una mesa. como haciendo presente que ya había malgas tado bastante tiempo.d2g. entonces.. Si quiere arreglaré las cosas para que le extiendan el carnet de socio antes de la noche. —¿Reservaría. La señorita Lemon dejó de teclear en la máquina de escrib ir y esperó atenta. Parecía decir con él que.004 http://biblio teca.. La señorita Lemon asi y acercó el teléfono. —¿Qué es.. ese infierno? —preguntó La señorita Lemon lo miró algo sorprendida. Sobre su cara se veía un ligerísimo gesto de impaciencia. —Si un amigo. no titubeó en contestar. Hace poco tiempo que lo inauguraron y se ha puesto de moda.. —¿Temple Bar 14578? ¿Es «El Infierno». —¿No lo sabe usted. Creo que es de una rusa. esperaba que su jefe le dejara continuar lo que estaba haciendo . por teléfono? —preguntó admirado.. Pero Hércules Poirot necesitaba aclaraciones. Se sabía todas las respues tas. .. monsieur Poirot. monsieur Poirot? Es un club nocturno.com —Desde luego.? ¿Haría el favor de reservar un a para dos? A nombre de monsieur Hércules Poirot. Poirot la miró estup efacto. —Creo que sería aconsejable reservar un mesa por teléfono —dijo. Dejó el auricular y sus dedos volvieron a volar sobre las teclas de la máquina de escribir. marcó ráp damente un número.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.

» La tercera: «Puedo dejarlo cuando quiera. Poirot vio un decorativo cesto lleno de galleta s redondas para perros. Al pie de ella había un estanque lleno de agua en la que flotaban nenúfares encarnad os. —¡Ah! ¡Vino usted! ¡Mi querido. Un caballero vestido de frac rojo le ayudó a quitarse el abrigo. A su izquierda. las paredes esta ban adornadas con frescos y en uno de los extremos se veía una parrilla atendida p or cocineros vestidos de diablos. un letrero rezaba: «Un regalo para Cerbero. Y entonces. a las once. la condesa Rossakoff. Poirot lo atr avesó..d2g. La primera decía: «Mi intención es buena...» El perr azo tenía la vista fija en las galletas. con las manos extendidas. Cerbero abrió la cavernosa boca y después se oyó un chasquido cuando las poderosas quijadas volvieron a cerrarse. luciendo un esplendoroso traje de noche encarnado. negro y feo que Poirot viera jamás. en una especie de gruta de mármol. La sala no era muy grande. Se mantenía tieso e inmóvil. Poirot siguió adelante y entró por una pu erta abierta.. Estaba llena de mesitas. Sobre cada peldaño había escrita una frase . La iluminación provenía de unas lamparitas rojas. pero en aquel instante el perro volvió la fea y feroz cabeza. Del fondo de su negro cuerpo salió un feroz gruñido sordo y apagado. Una vez más se oyó el sordo gruñido y Poirot. con la cola y cuernos incluidos. Hércules Poirot entró por una puerta sobre la que un letr ero de neón mostraba discretamente a intervalos una letra tras otra. cayera so bre él. De todo ello se dio cuenta Poirot antes de que. cogió una galleta y se la lanzó al perro. Sobre él cruzaba un puente cuya forma recordaba la de una barca. El detective deseó que no fuera de carne y hueso. estaba sentado el perro más grande. Encima. El g uardián del infierno había aceptado el regalo.» —Las buenas intenciones que pav imentan el camino del Infierno — murmuró Poirot—. con todo el impulso de su naturaleza rusa. C'est bien imaginé.com 2 Aquella noche. mi muy querido amigo! ¡ ué alegría . ráp idamente. Con un gesto le indicó un tramo de anchas escaleras que descendían al sótano. ça! Bajó la escalera.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Un sonido terrorífico.004 http://biblio teca. rodeando una p ista para bailar.» La segunda: «Borra lo que has hecho y empie za de nuevo.

Poirot observó detenidamente los frescos. sin más ropas que la que les dio la Naturaleza. En la pared de e nfrente estaba Orfeo dirigiendo una orquestina. El que sabe más cosas acerca de los t iempos pasados y el que me dio acertadas ideas para decorar esto. bastante mal por cierto. mientras Eurídice miraba ansiosa l a parrilla.. —murmuró—. sin pecar por falta de caridad. —Mi amigo. no diremos los que son. inclinándose sobre la mano de la dama. el célebre amigo monsie ur Hércules Poirot —anunció—.004 http://biblio teca. no. Ha conseguido graduarse. una mu chacha de aspecto austero. Se levantaron y empezaron a bailar. Poirot hizo una ligera reverencia a la segunda ocupante de la mesa. señorita.. ¿No es verda d? El hombre delgado y ya de años a quien se dirigió contestó : —Nunca diga que es aburr ida. Y siguiendo sus propios pensamientos . No crea que es porque están locos. que llevaba chaqueta y falda a cuadros.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Existen toda clase de razones. —«La tierra de la eterna juven tud» —explicó la condesa. El caballero pareció halagado. Usaba gafas d e concha. La condesa Rossakoff podía calificarse de ruina. Lo encuentro bastante raro. La muc hacha llamada Alice sonrió con amabilidad. Arrastró a Poirot ha sta una mesa donde estaban sentados dos personas. En otra de las paredes Osiris e Isis parecían estar lanzando una barca egipcia de ultratumba.. Y ésta es mi pequeñ lice. ¡El terror de los malhechores! En cierta ocasión le tuve much miedo. No ha cambiado usted en lo más mínimo. —El profesor Liskeard —presentó ella—. —Es muy lista —dijo la condesa Rossakoff—. Es psicólo ga y sabe cuál es la causa de que los lunáticos sean lunáticos. chérie amie —exclamó Hércules Poirot.. En la tercera pared. Y además sabía mejor que nadie cómo halagar a un hombre. pero ahora llevo una vida de extremo y virtuoso aburrimiento. El resultado n puede ser más aterrador. aunq ue indeciso. Con vo z firme.d2g. aunque con un poco de desprecio. se daba cuenta ahora de que veinte años no pasan en balde. Pero. —Solamente sé bailar el vals. e ra una ruina espectacular. —Usted tampoc o. condesa.. Para mí. La exuberancia y el goce pleno de la vida todavía se veía n en ella. ¿cuánto hace? No.com volverlo a ver! Después de tantos años. —Esto es un vals —replicó pacientement Alice. varios jóvenes de ambos sexos tomaban el baño. le preguntó al profesor si quería bailar. parece que fue ayer. La condesa Rossakoff suspiró. tantos. Y sin respirar. por lo menos. completó sus presentaciones—. No obstant e. —Si hubiera sabido lo que se proponía. El arqueólogo se estremeció ligeramente..

. Y el pelo arreglado de forma que una resultara favorecida.004 http://biblio teca. Francamente. Pero nos adoram os. per o se enamoraron mientras hablaban del bienestar de los obreros. Se conocieron en un avión. o un barco... Era innegable que todavía tr ataba de agradar con todas sus fuerzas. no lo a cabé de entender. bancos. S e echó hacia atrás los bucles que le caían sobre la frente. —El contentarse con lo que la Naturaleza l e dio a cada uno.d2g. Por eso quiero también a la pequeña Alice. pero ¿es divertido? Fíjese en lo gris que esos jóvenes han vuelto el mundo. —¡Mi querido Niki! Ahora es un grandullón. madame? —preguntó Poirot. ¿es ingeniero o arquitecto? —¿Y qué importa eso? —dijo la condesa—. o tal vez en el tren. ¿cuántas veces la ha invitado un hombre a pasar el fin de semana en Brighton? Todo se reduce a palabras retumbantes sobre el trabajo.. ¿por qué lo has dejado en América?» Me habló del «trabajo» q mi hijo estaba llevando a cabo y del libro que ella escribía. ¡e insolente! La pequeña Alice escribe páginas y páginas acerca del amor. —Pero no se arregla —comentó Poir ot sentenciosamente. La cara de la condesa se iluminó c n entusiasmo maternal. Cosas que nunca yo llegaré a comprender. el corsé apret ado a la cintura. sin embargo. guapo y con unas esp aldas. están prometidos.. —Con franqueza —exclamó la condesa—....... Sí.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Y cuando ella ll egó a Londres vino a verme y la estreché contra mi corazón —la condesa se oprimió con las manos el ancho seno—. En mi juventud ésa era mi gran preocup ación. y por lo tanto yo también te quiero. Y entonces le dije: «Tú y Niki os queréis.. Poirot pareció estar un poco co nfundido. maquinaria y lo que llaman resis tencia de los materiales. Tiene mérito. Todo son regla s y prohibiciones. chéri ami. Los colores que me favorecían. ¿cómo está su hijo. fer rocarriles y todo lo que necesitan los americanos. En el último momento había dicho «hijo» en lugar d pequeño». —Entonces. Construye puentes. ¡E rable! No se preocupa más que de vigas de hierro. grandes almacenes. No consigo entender a la gente joven de ahora. —Y eso me recuerda. un poco de relleno en los trajes. la chica no está mal en realidad.com dijo: —Y. me parece estúpido. Nada de eso ocurría cuando yo era joven.. hoteles. acordándose de que habían pasado veinte años. el bienestar de los obreros y el futuro del mundo. Está en América. siempre nos hemos querido mucho. pero yo siempre dije que se debe ser tolerante —y sin respirar añadió —: ¿Y qué me dice usted. no lo niego. No hacen nada por agradar... acerca de todo lo que he hecho aquí? —Está muy bien imagi ado —dijo Poirot mirando a su alrededor con . pero si lo amas. pero.

Ya sabe que sólo r oba cosas que brillen. entonces. El salón estaba lleno y se veía que el local había tenido éxi o. Entre el público se encontraban lánguidas parejas vestidas con traje de etiqueta. . Era bonita. sí.. —Todavía no sé su apellido —dijo el detective. La vida nocturna de este club me instruye mucho. Eso es lo que hay e n el fondo de su afición al robo. —Cunnin gham. tras de enjugarse el sudor que le cubría la frente y tomar un sorbo de vino.. su afición al robo. Me ha enterado de que cuando era niña la mimaron y la consintieron.. Debe ser así. aburrida y segura. me interesa como madre del hombre con quien voy a casarme. ¿verdad? Las puertas del infierno están abiertas para todos. Doctora Alice Cunningham. tocaban música moderna. usted ya conoce las tendencias de Vera.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.com aire de aprobación—. —La considero como una interesante materia de estudio — ijo la doctora Alice Cunningham—. Nunca dinero. pero todo ello sin dejarla que tuviera con tacto con personas extrañas. Algunos me han contado sus vidas. la «notoriedad» de ser cast igada.. Luego se excusó y se dirigió a ot ra mesa donde trabó conversación con su ocupante. aunque turbadora. un delgado Mefi stófeles. «El Infierno» tenía un extraordinario éxito. ansiaba que la castigaran. —Aquí viene toda clase de gente —observó la esa—. El profesor. Naturalmente. Es chic. Hay varios delincuentes que vienen aquí todos los días. ya la conozco —dijo Po irot ligeramente sorprendido. Desde luego.d2g. siempre joyas. Su naturaleza pedía drama. —¿De veras? —Sí. bohemios con pantalones de pana y corpulentos caballeros ataviados con traje de calle. Necesitaba la «importancia». —Sí. —Yo le llamo el complejo de Magpie. mas al propio tiempo me atrae desde un punto de vista p rofesional. —¿No dicen que es muy difícil que un rico ntre en el Reino de los Cielos? Es natural.. —Excepto para los pobres —sugirió Poirot. dijo : —Tiene personalidad. El profesor y Alice volvieron a la mesa y la condesa se levantó. No había dud a. y luego fue de mesa en mesa. —Tengo q ue hablar con Arístides. Tengo entendido que conoció a Vera en otros tiempo s. Estoy escribiendo un libro sobre psicología criminal. quiero decir. Cambió algunas palabras con el maestresala.. ¿verdad? —Hará unos veinte años. La vida le fue insufriblemente aburrida. Cuando Poirot quedó solo con la much acha.004 http://biblio teca. Los de la orquesta. La condesa rió. ¿verdad? La gente se da cuenta. que tengan prioridad en el infierno. se sintió ligeramente turbado al encontrarse con la fría mirada de sus azules ojos. vestidos de diablo. hablando con los parroquianos.

apuesto y elegante.d2g. Aquella chiquilla era capaz de decirle cuál era su complejo. Poirot se sintió al armado. Pe ro esto no es un campo de golf. ¡Paul Va esco! Vive a costa de las mujeres y tiene unas extrañas y depravadas tendencias. Poirot pr osiguió: —Me asombra que usted. —¡Ah! —exclamó—. de ojos insípidos. más que na da por su aristocrática provenance y no estaba dispuesto a que le estropeara su gu sto aquella chica con gafas. me temo que no está ust ed al corriente de la ideología moderna. —¿Sabe usted qué e s lo que encuentro desconcertante? —preguntó. —Cada uno cree lo que quiere cre er —observó la señorita Cunningham.. mirándole con ojos de profesional..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. pero no presta ninguna atención al hecho de serlo. Alice Cunningham no admitió con palabras que lo desconocía. me sorprende que no haya sentido esa preocupación. como miembro del ancien régime.. Le gustaba la compañía de la condesa Rossakoff. Y yo le pregunto: ¿po r qué? ¡Es una lástima! Por un momento tuvo la satisfacción de vez que Alice Cunningham se volvía más humana. Le reluce la nariz. N ecesito que me cuente algo más acerca de una niñera que cuidaba de él cuando tenía tres años. y se ha pintado la boca sin poner ninguna atención. bueno. Se limitó a mirarle con aspecto aburrido e indulgente. sino un sótano con temperatura de setenta y un gra dos Fahrenheit. se acercaba a ellos. —Mi apreciado monsieur Poirot —dijo la joven—. pero usted no se la empolva. Hasta un relámpago de ira pasó por sus ojos. no lo s adornos. Lleva usted esa ch aqueta y esa sólida falda. que es joven y parecería bonita si se preocupara de el lo.. aunque tuvo que ap artar ciertos molestos recuerdos relativos a varios relatos muy vívidos que de su pasada existencia le había hecho la propia condesa. sin resaltar la curva de los labios. Poco después estaba bailando con el joven.004 http://biblio teca.com —Su vida no debió ser segura ni aburrida. Es usted una mujer. Luego recobró su actitu d de menosprecio. con grandes bolsillos como si fuera a jugar al golf. Lo que importa es lo fundamental. graduada en psicología. Levantó la vista en el instante en que un joven. ¿Miembro del ancien régime? ¿Se lo ha contado ella? — uede negar que es una aristócrata —replicó Poirot. En una de las ocasiones en que pasaron junto a él. en Rusia. que seguía el ritmo maravillosamente. —Este sí que es un tipo interesante —murmuró ella con deleite—. du rante la Revolución —objetó Poirot. Poirot oyó que ella decía: —¿Y después e pasar el verano en Bognor ella le regaló una grúa de . Decidió llevar la guerra al campo enemigo. fiel a su amiga. Una expresión ligeramente divertida asomó a los pálidos ojos azules de ella.

per o era lo bastante sincero para reconocer que la razón de ello estribaba en el hech o de que la joven no se había impresionado en absoluto ante Hércules Poirot. Durante un instante Poirot se permi tió jugar con la idea de que el interés que mostraba la señorita Cunningham por aquell os tipos criminales podía ser la causa de que cualquiera día encontraran el cuerpo m utilado de la joven en algún bosque solitario. Llevaba traje de etiqueta y su apariencia era la de quien pasa una vida fácil y agradable. Frente a él se sentaba una chica cuyo a specto coincidía con el de su acompañante. en realidad. El muchacho la miraba con aire abstraído. y a Poirot le pareció probable que su presencia en el loca l tuviera algo que ver con sus ocupaciones profesionales.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. ¡Su vanid ad quedó malparada! Luego vio algo que alejó momentáneamente a Alice Cunningham de sus pensamientos. C ualquiera diría a la vista de aquella pareja: «¡Un rico ocioso!» Pero Hércules Poirot sabía que aquel joven no era rico ni estaba ocioso. En una de las mesitas situada al otro lado de la pista estaba sen tado un joven de cabellos rubios.d2g. sí. el detective ins pector Charles Stevens.004 http://biblio teca. ..com juguete? Una grúa.. eso es muy interesante. No le gustaba Alice Cunningham. Era.

tiene dificultad en conseguir dinero efectivo. no sabemos de quién se trata. La propietaria es una rusa que se hace llamar condesa.. ¿Y qué pasa si tarde o temprano s e descubre que una diadema o un collar son de piedras falsas? La pobre lady Tal está consternadísima y jura que el collar nunca se apartó de ella y que no tiene ni id ea de cómo ni cuándo se efectuó la sustitución. Y allá va la pobre y sudorosa policía .d2g. Lo bueno del caso es que los compradores no las pagan con dinero. no se habla de robo. o la condesa C ual.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. La cosa no puede ser más sencilla. Pero tiene joyas. que algunas veces son herencia de familia. Somos viejos amigos. Se ha encontrado u na mina. a parentemente es uno más de los que hay por ahí. divirtiéndose a costa de los pobres contribuyentes. poco más o menos. En realidad.. —¡Aja! —La cosa ocurre así. Sólo es fútil curiosidad. —¡Viejo zorro! —dijo el policía afectuosamente—. aunque los gastos deben ascender a una respetable cantidad. sino con piedras preciosas. La forma con que Japp recibió sus preguntas fue algo sorp rendente.com 3 A la mañana siguiente Poirot fue a Scotland Yard para hacer una visita a su viejo amigo el inspector Japp. Japp pensó para su capote que aquello podía contárselo a su abuela. Distribuidores de drogas en gran es cala. un tal Arístides Papopoulos. y lo que hacen es qu itar las joyas de sus engarces y reemplazarlas por piedras de imitación. Ha tenido éxito y debe ganar mucho din ero. —¿Quiere u sted saber todo lo que se relaciona con ese club llamado «El Infierno»? Pues bien. —Pero sólo hace de pantalla —prosiguió Japp—. ¡No sé cómo se las arregla para arse de estas cosas! —Pues le aseguro que no sé nada.004 http://biblio teca. no quiere ex traer crecidas sumas del Banco. —¿Y para saberlo va allí todas las noches el inspector Stevens? —¡Oh! Vio usted a Stevens. Tiene parte en el negocio. o en todo caso. nada en absoluto. —¿Y qué piensa hallar allí? —Estupefacientes. Tal vez fue el jefe de los camareros. ni se organiza ningún escándalo. Las gemas sueltas se venden luego aquí o en el Continente. No fue lla quien puso el capital. Lady Tal. pero no creemos tampoco que sea él quien es té detrás de todo ello. ¿verdad? Bonito zángan o está hecho. —Conozco a la condesa Rossakoff —replicó Poiro t con frialdad—. Las lleva a un sitio para «limpiarlas» o «ajustarlas».

—Pero las investigaciones sobre las drogas no han prosperado un . Han ocurrido varios casos. contracciones de los músculos. en la redada cogimos a Paverel. etcétera. dilatación de la s pupilas. —Un «fiasco» en realidad. —Suponemos que es el cuartel general de la banda.. llevándoselas consigo. S. y no ll evaba encima las piedras. recogió algunas piedras y después se dirig ió hacia «El Infierno». pero de verdad. —¿No tiene idea de ello por ahora? —Yo diría que es la condesa rusa.. Ahora está más concurrido que nunca. pues se le s uponía en Escocia.com buscando doncellas despedidas.. ¡Ah! Ya veo que lo conoce. pues se dedican a la fabricación de bisutería fi na. —Ahí es donde me gustaría verlo. irritabilidad. Tiene cierta rel ación con la «Golconda» y estoy por decir que es él quien se esconde tras «El Infierno».. Hay un tipo asqueroso llamado Paul Varesco. uno tras otro. pero no tenemos pruebas. —¡Y que lo diga! ¡Aquel registro casi nos hace enseñar la oreja! Mas por fortuna. L. y en todos ellos hemos encontrad o un denominador común: todas las mujeres afectadas mostraban los efectos de las d rogas. Ya hemos descubierto dónd e se hace el cambio de las joyas. Nerviosismo. aun las decentes.. mayordomos recelosos y sospechosos limpiaventanas . —¿Cree usted que el cambio de la s joyas por los estupefacientes se hace allí? —Sí. Registramos el club y arrestamos a todos los que estab an dentro. Cuando Varesco salió del local lo detuvimos. Resultado: Ni drogas ni joyas. pero las mujeres. Hace unas pocas semanas creímos que por fin habíamos conseguido algo. »Pero no somos tan simples como se figuran esas damas de la alta sociedad —prosigu ió Japp—. Varesco fue al taller de la «Golconda». se vuelven locas por él.. En fin. Es de lo peor que hay. Es un taller propiedad de «Golconda. —Lo vi. Uno de nuestros sargentos lo reconoció. Pero queda en pie la pregunta: ¿De dónde sacan la droga y quién es la persona que se la proporciona? —Y según cree usted. jugadores profesionales.. etcétera. felicitaciones para nosotros y una estupenda propaganda para el club. en «El Infierno». Es un sitio ideal para su propósito. pero no pudo ver cómo entregaba la droga. Pura suerte. pues allí va gente de todas clases: mujeres elegan tes.». la respuesta está en «El Infierno». el asesino de Battersea. . Ya conocemos la parte que se relaci ona con el escamoteo de las joyas. y ahora necesitamos saber lo que se refiere a las drogas. Super ficialmente es bastante respetable. Un lugar apropiadísimo.004 http://biblio teca. Stevens lo estaba vigilando.d2g.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. bien está lo que ac aba bien. Es preciso averiguar quién es el que proporciona el material y de dónde proviene éste... Japp dio un respin go.

amigo mío.» Y Jap p se echó hacia atrás soltando una carcajada. ¿Sabe cuál fue el duodécimo trabajo de Hércul tengo ni idea. Resulta apropiado. Tal vez hay un escondrijo por los alrededores.. —La captura de Cerbero. duerm e allí. Vaya un nombre para un perro. —Esto lo complementaría todo. Y eso sí que es «El Infierno» propiamente dicho. Nuestro «invest igador» extraoficial casi resulta despedazado por aquel perrazo.. Esto es de la más estricta eserva. —¿Y qué le parece si nos echara una mano.. le diré que hasta hubo un registro extraoficial —Guiñó un ojo—.d2g. Y confidencialmente. . —Cerbero —murmuró Poirot pens nte..com ápice —comentó Poirot—. pero no lo hemos podido encontrar. Poirot? —sugirió—. Al parecer.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Arruina a la gente e n cuerpo y alma. —¡Aja! ¿Cerbero? —Sí. ¿no le parece? —No sé de qué me está hablando. Es un bonito problema y v le la pena probarlo. Cuestión de forzar una cerradura y entrar. que muerde. No dejamos rincón sin registrar. Aborrezco el tráfico de estupefacientes.004 http://biblio teca. sí —habló Poirot como consigo mismo—. Pero no hubo éxito. pero recuerde lo de «Cuidado con el perro. —Puede ser.

—¿Trafican en drogas? —¡Ah. Y no quisiera verla en ningún apuro. —Ya habló el bon bourgeois. —¿Es suyo este negocio? Los ojos de la condesa se vol vieron un poco evasivos. Y viene n aquí para ver delincuentes: ladrones. acariciándose el bigote.004 http://biblio teca. Pero en ese caso. es aún más necesario que me diga qu es el propietario de esto. —Querido amigo. el club se hallaba casi lleno. Era todavía temp rano y. la encuentro muy ab urrida. —¿Quién le ha dicho e —preguntó la condesa de pronto. ¡Claro que me he dado cuenta ! ¿No ve usted que eso constituye la mayor atracción de este club? Esos jóvenes de May fair están cansados de ver siempre a los de su misma clase en el West End. otra emoción más: En una mesa. no soy tan tonta como cree. La condesa y Poirot ocup aban una mesa cercana a la puerta. hay un inspector de Sc otland Yard. . —Le creo —dijo—. ¿Qué diversión va a encontrar mi pobre Niki? Ninguna. y tal vez a u n asesino. entre nous. —No conozco lo que es la formalidad —protestó ella—. un inspector vestido de frac. —Pero tiene usted un socio. Y lo mis mo hace el próspero comerciante que se ha pasado la semana vendiendo ropa interior de señora. pero con la máxima formalidad —dijo Poirot. —Sepa que le tengo a usted mucho afecto —continuó Poirot inmutable—.d2g.. ésa sí que es siempre formal.. ¿Se da usted cuenta de que este sitio es frecuentado por male antes? La condesa se echó a reír. creen que están viendo la vida en toda su crudeza. chantajistas. Poirot la miró durante unos momen tos y luego suspiró. —Claro —replicó.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. a pesar de ello. pero. confidentes. Le s resulta emocionante. —¿Es Paul Varesco ese socio? —¡Oh! ¡Paul Varesco! ¡Qué ide pésimos antecedentes. al hombre que aparecerá en los periódicos del domingo la próxima semana. ¡Qué diferente es esto de su respetable vida y de sus respetables amigos! Y además. eso n o! —la condesa replicó vivamente—. La petite Alice. —¿De modo que lo sabe usted? —preguntó Poirot suavemente.com 4 —Necesito hablar con usted. —¡Pero qué as más absurdas dice! Puede considerarse que ahora estoy encaramada en la cima y e l dinero me viene a las manos. Eso sería abominable.

—Pero ese nombre es ridículo. —¿Sabe d. al propio tiempo que le decía unas cuantas palabras en ruso. Tanto yo. Luego cogió un hueso que tenía en el plato y se lo tiró al perrazo ne gro. Pero hay alguien detrás de usted. amigo mío. miró a su alrededor. —¿Ve usted? ¡Y no es cuestión de unos minutos! Así estaría durante horas si fuera necesario.com —Yo misma —contestó secamente. ¡Espere! Se levantó.. que lo encuentro demasiado curioso? ¿No te parece que es demasiado cur ioso. ¡Sí: mil pedazos! Se echó a reír. Pero basta decirle una palabra y no hace falta más..d2g. como Alice. —¡Ah! Mi perrito es adorable. Vera Rossakoff rodeó con sus brazos el cuello de l can. todo. como sus amigos. Poirot la interrumpió apresuradamente. Dou dou? Su voz descendió hasta convertirse en un murmullo cuando dijo estas últimas palabras. —El profesor Liskeard desea hablar con usted —dijo. . Fue hacia el nicho de mármol y puso el plato ante el perro.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. por ejemplo. Se oyó el feroz chasquido de las quijadas al cerrarse.. Le aseguro que haría pedazos... ¡Es un perro policía! Y sa e hacerlo todo.. El filete desapareció como por arte de magia. —¡Mire qué dócil es! —exclamó—. y súbitamente cogió un p lato en el que acababa de ser servido un suculento filete a un comensal que se s entaba en una de las mesas contiguas. El inspector Stevens podía encontrarse en verdadero peligro. No se fia ba del sentido del humor de la condesa. como si el filete no existiera. inmóvil. —¿Cómo ha llamado a ese perr o? —preguntó Poirot. Cerbe ro siguió mirando al frente. El aludido es taba de pie al lado de ella. Luego murmuró u na palabra y Cerbero inclinó su largo cuello con la velocidad del rayo. distraído de sus pensamientos por aquella acción. podemos hacer que queramos con él. a un inspector de policía.004 http://biblio teca. —Me gustaría decir esa palabra. —Es mi segundo Dou dou. —Ha cogido usted mi filete —dijo—. ¿Por qué lo ha hecho? Era un buen filete. —Sobre el papel sí.

las desconectaron desde el interruptor general. Cuando empezó la batida se apagaron las luces. desde luego. —No. ¡Esta vez los cogeremos! —¿Y por qué el jueves precisamente? El poli cía guiñó un ojo. Parte de ésta gira sobre sí misma. continuó: eo que hemos resuelto el problema. Una vez dejó el vaso. No.. —Tenemos ahora bien vigilada a la «Golconda» y nos hemos enterado de que l jueves saldrá de allí una expedición de material. llevándose el cuerpo del delito. no quiero ninguno de sus caprichosos sirops. ya que es cosa de la Br igada de Estupefacientes.004 http://biblio teca. Hay otra salida del club y la hemos descubier to. —¿Me permitirá que yo también haga por mi parte unos cuantos preparativos? —preguntó Poiro .. amigo mío —anunció Japp—. . Aparece la policía.d2g. pero ahora parece claro que alguien se escurrió por la salida secreta. gracias. y alguien estará al otro lado de la puerta secreta esperando a ver lo s que salen por allí. De ello se encargará Andrews. Pero el chico estará encantado de contarle entre los suy os. Debo cuidar de mi estómago. Hemos estado registrando la casa que hay detrás del club y así es como nos enteramos del truco.. —Pero si es as n que verlo cuando. —Dejar que todo ocurra como de costumbre.. —¿Dónde está? —Detrás de la parrilla. —¿Qué se proponen hacer? J app parpadeó. Las esmeraldas de lady Carrington.com 5 —El jueves por la noche.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. amiguito. Nadie salió por la puerta principa l porque estábamos vigilándola. ¿Es whisky aquello que veo allí? Eso está mejor. se apagan las luces. Entonces será cuando salte todo el asunt por los aires.

. l simbolismo es inconfundible. Puede decirse que es un tipo criminal. Relumbraban con mero interés científico y Poirot pu do oír varios fragmentos de la conversación que sostenía la pareja cuando pasaban junt o a él bailando. pero atractivo. El profesor Liskeard se acercó y tomó asiento al otro lado de Poirot.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —¿Los conoce usted a primera vista? —Claro ue sí. Varesco será uno de los casos más importantes de mi libro. un atractivo miembro del sexo opuesto. por saber a qué colegio fui yo. señor Poirot. aparecía con una especie de at avío «apache». Había llegado Paul Varesco.. —El reformar a un bribón ha sido siem pre una de las ilusiones favoritas de las mujeres —comentó Poirot. batía pal mas y reía estrepitosamente. Parecía feliz y excita da. Le solicitó un baile. La condesa se había arreglado mucho más extravaganteme nte que de ordinario. cerca de la entrada. Sin embargo. Algunas veces iba vestido d e rigurosa etiqueta. El joven se libró de una mujer corpulenta de mediana edad. Alice Cunningham lo miró fríamente. Cuando acabó el baile. —En esto no hay nada personal. La dama de los diamantes miró furiosa a la m uchacha y luego contempló con ojos tiernos a Varesco. .d2g. «El Infie rno» estaba rebosante de público. recubi erta de diamantes. como aquel jueves. —Es interesantísimo —dijo—. con todas sus asociaciones—. estudiando el ambiente que le rodeaba. americana ajustada y pañuelo de seda al cuello. pero s e le podría curar con un tratamiento adecuado. pero otras. Aquella noche parecía más rusa que en otras ocasiones. Como de costumbre. Tenía un aspecto depravado. Alice tomó asiento junto a Poirot. o cómo me trataba la maestra? —Usted no es un ti po delincuente —replicó la señorita Cunningham. —Nunca lo hay —dijo el dete tive—.004 http://biblio teca. sin lugar a dudas. permite comprender claram ente su carácter. se encontraba Poirot el jueves por la noche.com 6 Sentado en su mesa habitual. La joven había completado sus averiguaciones sobre la niñera y ahora se ocupaba de informarse sobre la maestra que tuvo Varesco en la escuela de prim aria. a caso. Siempre se trata del más puro y desinteresado altruismo. Su repugnancia hacia los chalecos —y al decir chale cos entiéndase «camisas peludas». y se acercó a la mesa donde Alice Cunningham escribía afanosament e en una libreta. ¿Se interesa usted. pero su objeto suele ser. los ojos de Ali ce no reflejaban dulzura alguna. por lo general.

a su alrededor se notaba un olor penetrante. señor Poirot. jefe. pegado a la pared. Las palabras del profesor quedaron a hogadas por un griterío general. —Espero que no se meterán conmigo. —¡Pero eso está plagado de polizontes! e preocupe. Las babilonias eran un as mujeres que entendían mucho de negocios. Hércules Poirot estaba a la mitad de la escalera que conducía al exterior. Es muy interesante. desde luego. considerando la ayuda que. —Y las leyes. Pero ella es u na mujer maravillosa. pues cuand o me consultó no tenía yo idea de lo que se proponía. La condesa. aprecian mucho mejor el valor del dinero —dijo pensativamente el profesor—. —Con migo no lo será —respondió el hombrecillo confiadamente—. El detective salió a la calle y se dirigió a la esquina.. todavía más viejas. según dice. ¿Es ya hora de que haga lo mío? —Sí. dijo: —Aquí estoy . Sepa usted que me gusta este sitio —añadió—. la echaría al río. —No lo harán. escr ito el año mil ochocientos antes de Jesucristo. le presté aconsejándola acerca de la d ecoración del local. Vengo casi todas las noches y no tengo que pagar nada.» Más barato y fácil que un divorcio. lo di spuso así. Los policías que custodiaban la salida le s aludaron.com —¿Están hablando de delincuentes? Debería usted estudiar el código penal de Yamurabi. sólo tendría la obligación de pagarle cierta cantidad de plata. Como un contrapunto a la barahúnda.d2g. No tengo nada que ver con esas horribles pinturas.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Siempre la misma historia —comentó Alice Cunningham—. A la vuelta de el la. Pero si el marido dijera eso a la muj er. Ya los avisé. Cuando volvieron a encenderse las luces. Con un murmullo ronco y apremiante.» Su mirada se dirigió hacia la parrilla eléctrica.004 http://biblio teca. Nadie lo echaría al río. Vamos. que es muy amable. . «El hombre que sea sorprendido robando durante un incendio. será arrojado al fuego. ¿Está usted segu de poder llevar a cabo lo que le dije? El animal en cuestión es grande y feroz. —Las mujeres. Espero que nadie sepa nunca que existe ni la más mínima co nexión entre yo y esos esperpentos. Así es que entre ella y el pintor lo han hecho todo al revés. las mujeres se levantaron de sus asientos y se armó un verdadero pandemónium. la voz del profesor siguió recitando tranquilamente varios puntos de las leyes de Yam urabi. de los su merios: «Si la esposa aborreciera al marido y le dijera: "Tú no eres mi marido". siempre la comparo a una babilonia. Se oyó la palabra «policía». A continuación se apagaron las luces y lo mismo ocurrió con la parrilla eléctrica.. Una ley para el hombre y otra para la mujer. No podría refutar una calumnia así. esperaba un hombrecillo de nariz colorada.

com Aquí traigo una cosa que lo amansará. lo sacará usted fuera de él —replicó Hércules Poirot.004 http://biblio teca. ¡Cualquier perro me seguiría hasta el infierno por conseguirla! —En este caso.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. .d2g.

¿qué ocurre? . A nadie le preocupa que un político conservador se gaste los cuartos en francachelas. amig o mío. Y el minist ro Vitemian Evans. Anoche estaban allí. lady Beatrice Viner fue la última. tal como me pedía en su nota. que nunca ha habido drogas en ese club. Llegó ayer mismo a Londres.d2g. se casa pasado mañana con el presumido duque de Leomi nster. —Sí. Poirot cogió el auricular. no encaja en ello. —¿Quién fue? —Yo. Pertenece a la alta sociedad y hasta se rel aciona con el Museo Británico. esto iba a ser muy comprometedor —exclamó ella—. ¿no salió nadie por la puerta secreta? —Sí. no sé qué pensar. —Si no fuera por lo vi ejos que somos. Pareció tan as mbrado como un niño de pecho. amigo mío —respondió Poirot suavemente. Creo que me ha seguido un policía. —Y es tá usted en lo cierto. y así y t odo. pues debe andar uno con mucho cuidado. Ya ve que he venido. Es un oficio bastante peliagudo ser ministro laborista. bien. —¿También se sorprende usted? Con franqueza. —¿Quería hablar conmigo? —preguntó el policía. Pero cuando se trata de un laborista.004 http://biblio teca.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. la gente piensa en seguida que está de rrochando los fondos del partido. El prínci nry de Scandenberg y su caballerizo mayor. En lo único que gasta el dinero es en libros. los compra de segunda mano. ¡maldita sea!. pero. No puedo imaginarme a un hombre c omo Liskeard mezclado en una cosa así. De todas formas. —Pues sí que las hubo. ¿Qué me cu ontramos las drogas. así suele ocurrir. No creo que ninguno de ellos tenga nada que ver con lo que nos ocupa. las drogas estaban en el club y alguien la s sacó de allí. Las miró y dijo que no tenía ni la más remota idea de cómo h abían llegado a su bolsillo. Se oyó la voz de Japp. Varesco pudo ponér selas fácilmente mientras estuvo la luz apagada. Colgó el auricula do los farfulleos de Japp. No.com 7 El timbre del teléfono sonó a primeras horas de la mañana. Y dígame. Y a decir verdad. pero conseguimos las esmeraldas. Bueno. porque todos se figuran que gasta de su di nero. por mí. eso es. Empiezo a creer que estába mos equivocados. —¿Dónde? —En el bolsillo del profe sor Liskeard. que se espere en la calle. amigo mío. al oír que sonaba el timbre de la puerta. creo que decía la verdad. El detective la abrió personalmente y dejó que entrara la condesa Rossakoff.

causaba la impresión de que no había otra cosa más que él. —Pues lo que me propu se fue ponerlas en el bolsillo de usted. —Dou d ou! —exclamó la condesa—. ese reptil de Paul Varesco. sí. —¿De veras? ¿Lo sabe usted? —Claro que lo sé. él fue quien puso el dinero. sí ¡que ha sido él! —Cálmese oirot—. ¿Pero cómo? ¿Cómo? . Lo recupe ré de un manotazo y sentí a través del terciopelo una cosa dura en su interior. Abrió la puerta. —Permítame que le presente al señor William Higgs —gritó Poirot para hacer e oír sobre el estruendo que hacía el perro con la cola—. el señor Higgs indujo a Cerbero que sal iera de «El Infierno» y le siguiera.. con voz ronca. Mi pobrecito Dou dou. A su lad o. Es el dueño. ese traidor. Pero ya que me ha vendido. Ce n'est pas gentile. mi querido amigo. ¡Ah!. ce q ue vous avez fait la! La condesa abrió los ojos de par en par.d2g. ese monstruo.com Poirot.. Introd uje la mano. pero supongo que al estar las luc es apagadas. que ha querido entregarme a la policía.. jefe —dijo el acompañante del perro. —¡Pero. Es un maestro en su profesión. ¡Es ese salaud! basilisco.. y por el tacto supe que eran piedras preciosas. por inadvertencia puse las esmeraldas en el bolsillo del profesor. ¿comprende? Y aquello era lo mejor que podía hacer..! Llegó la policía y se apag aron las luces. —Realmente. Cerbero parecía despropor cionado en el espacioso sitio que ocupaba en «El Infierno».. y una mano cogió el bolso que tenía sobre la mesa. Vera . —Hemos venido de acuerdo con lo acordado. Durante el batiburrillo que se armó anoche. —¿Que usted le indujo? —la condesa miró incrédulamente hombrecillo—. Hasta ahora nunca le traicioné.004 http://biblio teca.. —¿En mi bolsillo? —Claro que sí..Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. En el acto comprendí quién las había puesto allí. considere. —¿Su socio? —Sí. esto último es un arreglo que hemos hecho para los clientes que no desean ser molestados. P ero no se movió. sin embargo.. Fui precipitad amente hacia la mesa donde solía usted sentarse. La habitación era pequeña y de momento daba la sensación de que estaba toda llena de «perro». ahora he de decir a todos que ha sido él. pero en el pequeño comedor del piso de Poirot. ese hipócrita. le ayudó a quitarse las pieles. Entre conmigo en esta habitación. es usted impayable. Cerbero golpeó el suelo con la cola. —¿Por qué puso las esmeraldas en e l bolsillo del profesor Liskeard? — preguntó el detective—. s empre le he sido fiel. Tuve que decid irme con rapidez.. estaba el odorífero hombrecillo de la noche anterior. galantemente. —¿Y por qué quería hacerme cargar con unas esmeraldas robadas? —Me pareció.

—¡Claro que la cre caso no me he tomado molestias y he dedicado mi tiempo a desenmascarar al organi zador de ese tráfico de drogas? ¿Acaso no he llevado a cabo el duodécimo trabajo de Hérc ules y he sacado a Cerbero del infierno para probar mi caso? Y oiga bien esto.. ya comprenderá usted que no podría hacer lo mismo si se tratara d e una perra. Un perro me seguirá a cualquier lado si yo qu iero. —Pero dígame que me cree. porque era usted la que estaba destinada a servir de cabeza de turco. La destapó y en su interior apareció un p aquete de polvo blanco. —No tiene usted el sentido de l o bueno y de lo malo —comentó tristemente Poirot dirigiéndose a la condesa. Las quijadas de Cerbero se abr ieron y su lengua pareció que caía al suelo. y los objetos raros. Ella prosi guió: —¡Pero drogas. puede llevar una cosa e boca hasta que se ordene que la suelte.. Pero hay cosa s que los perros no pueden resistir. La mujer contuvo el aliento y después gritó: —Y ust ed cree que yo.d2g. eso es diferente.004 http://biblio teca. ¿Quie re usted ordenarle que suelte lo que lleva ahora? Vera Rossakoff lo miró con fijez a.. Desde luego. No.. son cosas que ayudan a vivir. . de que mi encantador. Las esmeral das debían ser . dolor y degeneración! No tenía idea.. —¿Qué es eso? —preguntó vivamente la condesa. n o me gusta ver cómo inculpan alevosamente a mis amigos. inocente y delicioso «Infierno» estaba si endo utilizado para tal propósito. amigo mío —imploró la condesa.. Sí. Durante horas enteras si es preciso. pero basta para valer miles de libr as para aquellos que estén dispuestos a pagarlas. ya sabe. —¿Po r qué? ¿Por qué lo hizo? —preguntó. ¿Y por qué no? ¿Por qué una persona ha de poseer más cosas que otra? —Eso e lo que opino de los perros —intervino el señor Higgs... ¡pues no es verdad! ¡Le juro que no es verdad! En tiempos pasados me divertían las joyas. La condesa Rossakoff se volvió hacia Poirot. Poirot replicó tranqu lamente: —Droga. Poirot se adelantó y recogió una cajita env uelta en una goma esponjosa de color rosa. si las cosas salían mal. —Convengo con usted en lo de las drogas —dijo el seño r Higgs—. Envenenar a los perros es asqueroso.. los bibelots. —No sé cómo decirlo ante una dama. Basta para llevar la ruina y l a miseria a cientos de personas. se volvió hacia el perro y pronunció dos palabras. —Un perro enseñado a propósito.com El señor Higgs bajó los ojos avergonzado.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. ¡eso es! Yo nunca tuve nada que ver c on tales cosas. eso no! ¡Porque causan miseria.. ni la más mínima idea. Parece que hay poca cantidad.

... En mitad de aquella escena de júbilo se oyó el sonido de un timbre.. y diga cuan listos han sido otra vez los de Scotland Yard.. —hizo una prolongada pausa—..d2g. Para que la detenga. El . —Y si no hubiera sido por usted. como yo. yo ya estaba dispuesto a seguirla. Ella introducía la droga de contraban do e inducía a sus pacientes ricos a que se acostumbraran a tomarla.. No es natural que una mujer descuide hasta tal punto su aspecto. Poirot se dirigió a la puerta del vestíbulo. ¿no le parece? Poi rot obedeció e hizo un movimiento de retroceso ante lo que vio. Esto será terrible para él. ¿no es verdad? Y ese perro obedecía incluso a la petit e Alice.. es la misma tela a cuadros. en la cárcel. bolsillos. Cuan do hubo salido.. Le abrió la boca al perro y le introdujo dentro el paquete. La condesa lo miró con estupefacción. ¡Aja! Los bolsillos eran fundamentales. ¡Buena pantalla! Nadie podía sospechar de la formal y científica psicóloga. —Tal vez será mejor que pase a la otra habitación —dijo ella.com encontradas en su bolso y si alguien hubiera sido tan listo. Se abalanzó sobre Poirot y lo abrazó con todo el fervor de que es capaz la raza eslava. ni su jerga científica ni la falda y chaqueta que llevaba..004 http://biblio teca. Cuando se apagaron las luces me levanté rápi damente y fui a situarme junto a Cerbero. Es usted maravilloso. digámoslo así.. desasiéndo pronto de la condesa.. ya es hora de que abra usted los ojos! Desde un principio no me gustó es a joven.. De pronto lanzó un gemido comp arable al de una sirena de barco. ¡Sí. Pero despreció a Hércule s Poirot y pensó que podía engañarlo con su charla acerca de niñeras y de chalecos. sentada en una celda y oliendo a desinfectante. Será preferible que se mire antes en el espejo. mi pobre Niki. delicadamen te y sin que ella se diera cuenta... Eh b ien.. En la oscuridad oí cómo se acercaba ella. maravilloso. En ellos podía traer la droga y llevarse las joyas.. La voy a entregar a Japp para que compruebe que pertenece a su chaqueta. Con aire dramático sacó del bolsillo un trocito de tela.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. con unos bolsi llos tan grandes. Eso es. con el pelo rapado.. —Pero mi Niki. con título académico y gafas de concha. le corté con unas tijeras un trozo de la manga de su chaqueta. que sospec hara que la boca del perro era.. ¿O acaso cree usted que no.. en realidad. Y me dijo que lo fundamental era lo que importaba..? —Hay muchas chicas más en América —replicó Hércules Poirot. al que pretendía considerar com o un caso psicológico. —Oiga. Un cambio que hacía mientras bailaba con su cómplice. con un pasado turbio. —Vea. el escondrijo de las drogas.. —¡Japp! —exclamó Poirot.. el per ro en todo caso era de usted. Puso el diner o para montar un club nocturno y dispuso las cosas de forma que figurara como pr opietario alguien con. su madre estaría la cárcel.. Pero yo. El señor Higgs los miró con aire comprensivo y Cerbero volvió a golpear la cola contra el suelo. jefe —susurró ansiosam ente el señor Higgs—.

Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. —Del león de Nemea a la captura de Cerber o —murmuró—. —Como guste —dijo el señor Higgs—. de Scotland Yard.com lápiz de labios y el maquillaje adornaban su cara en fantástico revoltijo. le he tomado un poco de aprecio. —Si es el s eñor Japp. seguro —comentó el señor Higgs. aunque no es de la clas e que me apaña. .d2g.. mientras sonaba otra vez el timbre de la puerta y Poirot frotaba febrilmente sus bigotes para limpiarlos de aquella grasa colorada: —¿Qué quiere que haga? ¿Qué me dice de ese podenco? —Si no recuerdo mal. va a pensar lo peor.004 http://biblio teca. E imagínese lo que me costaría entre huesos y carne de caballo. Y añadió. Debe comer más que un león joven. A decir verdad. Cerbero volvió al infierno. demasiado vistoso.. Todo completo.

si mal no recuerdo..d2g. "El Infierno". Pero en realidad. Florista.. Todos sus instintos femeninos se desp ertaron en ella. señor Po rot. ocho cheli nes y seis peniques... La señorita Lemon miró cómo se alejaba. En esta época del año resultan algo caras.com 8 Siete días después. la señorita Lemon le presentó una factura a su jefe. 1. FIN .. W. Quisiera saber. El hijo de la condesa ha co ntraído relaciones formales en América. obsequio. Un pequeño. Salió de la habitación canturreand o una cancioncilla.Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2. Las rosas encarnadas son. enviadas a la condesa Rossakoff. C. con la hija de su jefe. Enrojeció hasta el blanco de los ojos.. —¡Válgame Dios! —murmuró—. señorita Le mon. para un acontecimiento. Once libras. un magnate del acero . Olvidó su nuevo sistema de archivo. Su paso era ligero y casi juvenil. —Es conforme. ¡a sus años Seguramente no.. ¿Debo pagar esto? «Leonora. Hércules Poirot se irgui ay momentos en que uno no debe reparar en gastos.004 http://biblio teca. —Perdone.» Las mejillas de Poirot se pusieron como las rosas que acababa de men cionar su secretaria. —No está mal —op inó la señorita Lemon—.. Rosas encarnadas. sus flores favoritas. 13 End Stre et.

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